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  • La sobrina nieta inglesa

    La sobrina nieta inglesa

    A un viejo amigo mío le regalara una sobrina nieta de su mujer una vídeo cámara Panasonic Hc – V 180. El viejo grababa todo lo que se movía. Iba por la casa cómo un cuervo de día y cómo un murciélago de noche, y de noche, a la una de la madrugada…

    Lo seguiré contando en primera persona.

    A la una de la madrugada fui a la nevera video cámara en mano y grabé lo que había en su interior antes de coger una Heineken. La verdad es que llevaba conmigo la vídeo cámara hasta a mear. Al acabar la cerveza y de vuelta a mi habitación (mi vieja dormía en otra cama porque decía que yo roncaba), vi que la puerta de la sobrina nieta de mi mujer estaba entreabierta y que tenía la luz encendida. Asomé la cabeza y vi en la pantalla del ordenador que en otro ordenador un tipo masturbaba su polla y al otro lado de la pantalla mirando cómo se masturbaba, una chica se hacía un dedo. Mejor dicho, se veía la mano, la polla, el pecho y el vientre del tipo y el cuerpo de la chica.

    Samantha, la sobrina nieta de mi esposa (había venido quince días de vacaciones) estaba con las piernas abiertas y los pies encima de la mesa donde estaba el ordenador y en su cabeza tenía puestos unos cascos. Su cabello rubio caía en cascada por detrás de la silla giratoria. Vi cómo movía el hombro derecho. Era obvio lo que estaba haciendo. La habitación estaba tan silenciosa cómo un cementerio, y digo cementerio porque se me levantó el muerto. El tipo que se la estaba pelando se corrió sobre una mesa con la parte de arriba de cristal… Luego apareció otra polla y otra… Grabé y meneé la polla, pero no me iba a dar tiempo a correrme, Samantha, se me adelantó… Cuando la chica del video se corrió, Samantha, comenzó a gemir, sus gemidos fueron subiendo de tono progresivamente y al final oí cómo decía:

    -I´m cuming, John, I´m cuming. I cum! (Me voy a correr, Juan, me voy a correr. Me corro)

    John, pensé que sería su novio o un amigo, fuera quien fuera, se hiciera el dedo pensando en él. Me fui sin hacer ruido. Me metí en la cama de mi mujer, le bajé las bragas. Se despertó y me dijo:

    -¡Tira para tu cama!

    Al sentir mi polla tiesa entre sus piernas, cambió de idea.

    -¡Qué dura!

    Encendí la luz y me puse a follar y a grabar. Ella ni se enteró de que estaba grabando cómo se la metía… La follé hasta que se corrió. Me corrí dentro de su coño y después volví a mi habitación.

    A la mañana siguiente, Samantha, que era una joven preciosa, rubia de ojos azules, alta, ni gorda ni flaca, con tetas medianas, buen culo y buenas piernas, estaba en la cocina untando mantequilla en una tostada. Al verme con la vídeo cámara, me dijo:

    -Good mornig to you and to you friend (Buenos días para ti y para tu amiga.)

    -Good morning.

    Mi esposa, que ya se iba a trabajar, dijo:

    -Para mí ya son tardes.

    Se fue y nos dejó solos. Samantha, que tenía una eterna sonrisa en los labios, ya estaba vestida para ir a Santiago. Vestía una chaqueta gris, blusa blanca, falda gris que le daba por debajo de las rodillas, zapatos marrones y calcetines grises.

    -What are you going to do this morning? (¿Qué vas a hacer esta mañana?)

    – I will go for a walk (Iré a dar un paseo.)

    Me cogió la vídeo cámara.

    -Let me have a look (Déjame echar un vistazo)

    -Don´t look! (¡No mires.)

    No sé cómo hizo pero encontró su video en un plis plas. Visionándolo, en vez de enfadarse, me dijo:

    -You are a boyeur (Eres un mirón.)

    -It wasn´t on purpose (Fue sin querer.)

    En vez de enfadarse, sonreía. Estuvo un rato mirando, después me devolvió la video cámara, y me dijo:

    -It is of low cuality. Come tonight to my room at te same hour. I will show you how to create a porn video. By the way, a like you dick (Es de baja calidad. Ven esta noche a mi habitación a la misma hora. Te enseñaré cómo crear un video porno. Por cierto, me gusta tu polla.)

    No había visto solo su vídeo. Se bebió el té de un sorbo, dejó la tostada a medio untar, cogió su mochila y se fue para Santiago de Compostela a ver la catedral, entre otras cosas. Me dejó para allá y con la polla morcillona.

    Llegó la noche. Entré en su habitación y le puse el cerrojo a la puerta.

    Estaba en la misma posición que la noche anterior, con los cascos puestos, las piernas abiertas y los pies sobre la mesa donde estaba el ordenador, su cabello caía en cascada y su hombro derecho se movía. Miraba en el ordenador cómo follaban una joven y un maduro. Saqué la polla, dura, y comencé a menearla. Me puse detrás de ella y grabé sus piernas abiertas, su mano derecha moviéndose dentro de sus bragas rojas y la izquierda magreando las tetas que cubría con un mini camisón rojo de seda transparente. Sintió mi aliento en su cogote. Bajó los pies de la mesa. Se dio la vuelta. Mirando para mi polla se tapó la boca con las manos, sonrió, cerró las piernas y se quitó los cascos, que fueron a parar al piso de la habitación, y en bajito, para que no la oyera mi mujer que dormía en la habitación de al lado, me dijo:

    -What are you doing in my room whith the dick in you hand, daddy? (¿Qué estás haciendo en mi habitación con la polla en la mano, papi?)

    Si quería que yo fuese su padre, lo sería. No le iba a estropear la fantasía. Le pregunté:

    -What were you doing? (¿Qué estabas haciendo tú?)

    -Touching myself (Tocándome.)

    -Are you wet? (¿Estás mojada?)

    Sin dejar de sonreír, se volvió a tapar la cara con las manos, y después dijo:

    -I´m socked (Estoy empapada.)

    -Show me the pussy, bad girl. (Enséñame el coño, chica mala.)

    Samantha se levantó, se quitó el camisón y las bragas. Estaba para comerla viva. Sus tetas eran redondas, con areolas rosadas y pequeños pezones, sus caderas anchas, su cintura normal, su culo gordo y su coño lo tenía pelado. Se sentó de nuevo en la silla giratoria, abrió las piernas, abrió el coño con dos dedos, y me dijo:

    -Eat my pussy, daddy. (Come mi coño, papi.)

    Me acerqué con la cámara y le grabé el coño. Su vagina era pequeña, sus labios rosados, su clítoris gordo y estaba muy mojada.

    Le di la vídeo cámara, le cogí el culo, y después metí todo su coño en la boca y la lengua dentro de la vagina hasta donde entró, después lamí de abajo arriba apretando mi lengua contra su clítoris al llegar a él. Lamí los labios, le volví a follar la vagina con la lengua, y de nuevo lamí de abajo arriba, otra vez los labios… Me estaba comiendo el coño de una preciosidad de dieciocho años. No me iba a ver en otra. No volvería a sentir unos gemidos tan dulces, ni encontrarme con otro coño que se mojara tanto. Mi polla latía cómo el corazón de un caballo desbocado y me moría por meter en aquel coño estrechito. El glande de su clítoris salió en busca de mi boca y la encontró, lo lamí y chupé y se armó el belén. De su coño salió disparado un pequeño chorro de jugos, o de meo, no sé lo que fue, lo que sé es que a continuación comenzó caer sobre mi lengua una pequeña cascada de jugos espesos y con sabor agridulce. ¡Qué ricos estaban! Y que sensuales eran sus gemidos mientras se corría en mi boca.

    Después de descargar volvió a su rostro su sonrisa angelical. Parecía frágil, pero engañaba, en su interior había fuego. Al ponerme en pie me cogió la polla, lamió el glande y me iba a hacer una mamada que acabaron por temblarme hasta los pelos del culo, y más cuando me metió un dedo dentro de él y me lo folló al tiempo que me mamaba el glande. En ese momento, si no me aparto le lleno la boca de leche, y no podía hacerlo, no podía correrme, si me corría tendría que irle al entierro a mi polla, ya que se me había acabado el viagra. Le cogí la video cámara y grabé sus tetas mientras se las magreaba con la otra mano. Las tenía duras. Cogió una y la quiso llevar a la boca pero no le llegaba, a lo que si le llegaba era al coño, y metió y sacó un dedo dentro de él mientras le mamé y le magree las tetas, que ella grabó después de quitarme la videocámara de la mano. Luego, me dio un toque con la palma de la mano en la frente, y me dijo:

    -lie in the carpet (Échate en la alfombra.)

    Me eché boca arriba. Me devolvió la video cámara y con ella grabé cómo cogía la polla en la mano, cómo la ponía en la entrada del coño y cómo se la clavaba hasta el fondo del coño. Gimiendo, dijo:

    -Oh my god, is fuking good! (Oh dios mío, es jodidamente bueno.)

    Grabé su pelvis moviéndose de atrás hacia delante y de adelante hacia atrás con mi polla dentro, una polla que resbalaba apretadita por sus paredes vaginales y me hacía sentir en el cielo. Grabé su linda cara sonriendo y gimiendo. Grabé su cabello rozando mi pecho. Grabé su boca acercándose a mí para besarme. Grabé sus labios, unos labios tan frescos cómo el agua del manantial que baja entre acacias, y grabé su boca diciendo:

    -I love you dick (Amo tu polla.)

    Estaba viviendo un sueño erótico. Todo su cuerpo invitaba a la lujuria… Al rozar mis labios su cuello, su mejilla, o al mamar sus tetas, su piel estaba tan caliente que quemaba. Deseaba que aquel polvo se eternizara cuando sentí su respiración acelerarse, sus gemidos de pre orgasmo, su pelvis moviéndose cada vez más aprisa. Grabé su cara de excitación. Ya no sonreía. Se mordió los labios, apretó las tetas, y con los ojos cerrados, me dijo:

    -I´m cuming, daddy (Estoy llegando, papi.)

    Le respondí:

    -Me too (Yo también.)

    Mirándome a los ojos, me dijo, en bajito y casi susurrando:

    -Cum, cum, cum, cum, cum (Córrete, córrete, córrete, córrete.)

    Me corrí. Al sentir mi leche, gimiendo y entre suspiros, dijo:

    -I cum, daddy (Me corro, papi.)

    Con la cabeza echada hacia atrás y gimiendo en bajito, se corrió cómo una bendita. Su coño encharcó mi polla y no me la dejó sacar hasta que se recuperó, luego lo que hizo fue chuparla llena de jugos para volver a ponerla dura y… ¡Sorpresa!, la puso. No me quedó más remedio que enseñarle unas cuantas cosas. Cosas guarras, cositas mías.

    Quique

  • Nuestra obra maestra (Segunda parte)

    Nuestra obra maestra (Segunda parte)

    Desfile de gala. (Erothic)

    Alfombra roja y caravanas anunciando mi presencia. Aplausos y ovaciones de pie cada que desfilaba en mi residencia de lujo antes de salir y al regresar del trabajo.

    Era mi propio teatro, mi propio escenario donde podía ser yo misma. La protagonista de un guion escrito y dirigido por mí misma. Engalanada por un vestuario natural, forjado a base de una dieta estricta y horas de trabajo en el teatro de la ciudad.

    Me daba mucho gusto. Me sentía encantadora tanto sobre los plafones de madera en al centro de entretenimiento, como sobre la alfombra de mi casa. Bastaba con salir un momento a mi piscina para cautivar enseguida todas las miradas de los maestros de obra del edificio de enfrente. Y la tuya, especial desde tu palco privado.

    No me importaba lo que pensaran de mí. Me tenía sin cuidado. No me interesaban, ninguno de ellos. Era mi trabajo, mi vida, mi cuerpo. Simplemente disfrutaba de mi profesión y aquella gavilla de hombres afanosos debían hacer lo mismo con la suya, después de todo era solo un vil pasatiempo recreativo y eran ellos quienes tenían la libertad de consumirlo, les gustase o no.

    Ya no me exhibía con descaro, a menos no a propósito, era solo yo misma. Yo y aquella inmunda rutina de la que originalmente había escapado.

    Meses habían pasado desde mi arribo a mi nueva vida, todo andaba de mil maravillas, todo me gustaba; mi trabajo, la playa, mi residencia, el vecindario y los vecinos. Especialmente ese edificio de ingeniería del cual habían terminado los trabajos de remodelación pocas semanas atrás.

    Aunque no suelo quejarme, había algo no me tenía del todo satisfecha en casa; era el área de estudio de la planta baja, estaba muy alejada de la estancia principal y no me agradaba tener que pasar por esos molestos escalones y el inservible pasillo para salir al traspatio que tanto me gustaba frecuentar. Seguramente si pudiese quitarlos podría ampliar mi estudio para poder practicar mejor mis guiones, hacer yoga, Pilates y la danza que tanto me relajaba.

    Quizá sea hora de hacerle una visita a aquel despacho de arquitectos para presupuestar una remodelación y darle un aire más fresco a mi vida.

    Lo había pospuesto mucho tiempo. No me atrevía a entrar a aquel edificio hasta asegurarme que los industriosos ya no estarían más. Me moriría de vergüenza el encontrarme con alguno de ellos después del descaro que me planté en la piscina, especialmente con aquel arquitecto supervisor. Espero no topármelo por allí. Me pondría muy nerviosa.

    No obstante me decidí. Fue en un día hermoso, el cielo estaba azul como nunca, hacía mucho calor, pero era acompañado por una refrescante ventisca muy característica de la zona. Ese día tendríamos una importante junta con los directivos de la empresa para un nuevo proyecto.

    Estaba muy alterada pero al mismo tiempo me sentía emocionada y alegre. Sin duda me vestiría con mi mejor traje, debía dar la mejor impresión de mí. Usaría aquel conjunto de falda color moscada y saco de un café más claro que me habría comprado en una prestigiosa marca de lujo, acompañado con una blusa blanca de manga a tres cuartos. Y debajo de todo eso me forraría con una lencería de cuerpo completo de lo más sexy y sensual, con trasparencias y encajes preciosos, delgados tirantes y pantimedias incluidas dejando la parte de mis pompas y vagina al descubierto, con listones en la parte de la espalda y bajo vientre como envuelta en un erótico regalo, revistiendo ajustadamente mi piel.

    Aquella increíblemente seductora lencería me empoderaba, me hacía sentir más mujer, más femenina, insuperable, fuerte e imbatible. Por último, me calcé unos zapatos de tacón muy altos color camello, me puse mis lentes de aumento y salí engalanada rumbo a la junta corporativa.

    Ya por la tarde, terminaba la reunión. Estaba muy satisfecha, seguro que los inversionistas y directores habrían quedado encantados con mi actuación, todo había salido de las mil maravillas, no tenía duda que formaría parte de ese nuevo y ambicioso proyecto.

    Daban las nueve de la tarde, aún había mucha actividad en la ciudad pero el sol nos había abandonado, posteando aquel hermoso paisaje de luces en las calles de la preciosa urbe donde transitaba en mi auto, justo frente a aquel despacho. Llena de felicidad y adrenalina que me había dejado mi exitosa presentación, me decidí a entrar para satisfacer la única inquietud que aun pendía en mi vida.

    Finalmente estacioné mi camioneta y entré decididamente al despacho. Ahí me recibía amablemente la recepcionista, se le miraba cansada y ansiosa por terminar su jornada. Le pregunté por algún asesor. Enseguida me encaminó al cuarto piso donde me aseguraba que podrían ayudarme.

    Yo pienso que solo quería deshacerse de mí, porque al subir por el elevador hasta el piso seleccionado no me encontré a nadie. Pero que mal servicio. Pensaba caminado por el alfombrado y elegante pasillo buscando alguna alma aún con vida en cada oficina y cubículo.

    Entonces apareció un sujeto, muy elegante y formal. Enseguida me cuestionó sobre mi presencia ofreciéndome su ayuda al tiempo que me encaminaba a una de las oficinas de cristal opaco en uno de los largos pasillos.

    No tardando, le expuse mis deseos con toda ilusión y alegría para que me ayudara a hacer realidad la residencia de mis sueños. Cuál fue mi sorpresa cuando me cortaba las alas de tajo explicándome que aquel despacho solo atendía a grandes constructoras y no daba servicio a particulares como yo.

    Eso me puso furiosa, había terminado con la racha de éxito de aquel hermoso día. ¿Qué clase de despacho era ese? Cualquier cliente debía ser bien recibido, fuese para un proyecto industrial o uno pequeño. Le levanté un poco la voz recuerdo, me sentía timada y ofendida. Le reclamaba visiblemente molesta mientras salía de su oficina regreso al elevador, decidida a salir para no saber más de aquel inmundo edificio.

    Pero ahí apareciste de nuevo. Justo cuando menos te quería ver, bajabas por las escaleras, seguramente alarmado por el teatro que estaba armando en tu empresa.

    Nos vimos directo a los ojos, nos reconocimos al instante, aquellos calientes recuerdos aparecían en nuestras mentes. Pero yo estaba frenética, no había nada que me encolerizara más que no ser atendida como se debe. Te corté la mirada enseguida, disgustada, envuelta en furia.

    Te acercaste tratando de tranquilizarme mientras te reclamaba de forma enérgica, pero yo no me tranquilizaría solo con palabras. Entonces me ofreciste tu oficina en lo alto del edificio para encontrar alguna solución. La rechacé, no me dejaría extorsionar con hipocresías. Soy una mujer que consigue lo que quiere a cualquier costo. Estaba decidida y no me conformaría con menos.

    El contrato. (Julio G)

    Mi sorpresa fue máxima al encontrarte en mis oficinas. No te reconocí al principio, pero cuando te giraste y vi tu cara, tus ojos y tus labios, los tuve claro. Esos hermosos ojos caramelo eran inconfundibles.

    Como pude conseguí tranquilizarte y convencerte de atenderte en mi despacho para escuchar tus necesidades. Una vez dentro no fue fácil acceder a tus demandas. Tu proyecto de reforma no era un trabajo que habitualmente aceptáramos. Pero tu seductora persuasión y tus insinuaciones me hicieron cambiar de opinión.

    Ponerme a redactar el contrato fue una amarga tortura combinada con tus insinuantes movimientos que poco a poco mostraban tus senos y que calentaba lo más profundo de mi cuerpo. Mi mente era una tremenda mezcla de excitación y concentración que hacía que el redactado saliera bien casi de casualidad. Siento como me caliento al contemplar tu lencería insinuándose entre medio de la abertura de tu blusa.

    (Erothic)

    Exigía se me cumpliesen mis demandas o simplemente no estaría ahí un segundo más. Solo así accediste. Parece que te había convencido cuando me decías que aceptarías revisar mi proyecto insinuando que lo harías en privado susurrándome de cerca para no ser escuchado por tu pupilo y evitarte problemas.

    Aquello me había tranquilizado un poco, al menos lo suficiente para que accediera acompañarte a tu oficina a platicar decentemente. Ahí desfilaba en pos de ti, poderosa sobre mis tacones altos enmudecidos por la alfombrada loseta al centro del largo pasillo rumbo a tu despacho privado.

    Así era como debía ser tratada, con respeto y personalmente por el jefe. Entraba en tu oficina, me ofrecías asiento amablemente frente a tu escritorio. Una vez más te explicaba lo que tenía en mente aún no muy convencida de que pudieras ayudarme.

    -¿Cómo es su residencia? –Me preguntabas. ¿Acaso no lo recuerdas o eres imbécil? ¿Es acaso qué quieres hacerte el tonto conmigo? Puedes ahorrarte tu profesionalismo siempre que cumplas con mis exigencias.

    -Vivo en la casa que está sobre aquella colina, puedes verla desde aquí. –Te respondo refrescándote la memoria para que no te andes con hipocresías.

    Te asomas por un momento dándome la espalda cuando sacas medio cuerpo a tu balcón. Esa farsa no te queda, esperaba más de ti. Haz colmado mi paciencia y te pregunto tajantemente si vas a hacer lo que te pido ¿o no?

    -No puedo hacer ese tipo de trabajos. –Me respondes. Por política de la empresa te excusas. Pero que desgraciado. ¿Y para qué me hacer perder el tiempo? Mero pretexto para traerme a tu oficina. Si así serán las cosas entonces te atenderás a las consecuencias. Siempre obtengo lo que quiero y no me iría de ahí con las manos vacías, no después de todo lo que había pasado.

    -Estoy dispuesta a pagar cualquier precio, ¿y tú? –Te pregunto con voz seductora y sinuosa mientras me pongo de pie para recargarme en el borde de tu escritorio esperando respuesta.

    Entonces te giras aún parado en la frontera de tu oficina y el pasillo del balcón. Balbuceas como idiota, no sabes qué decir, mientras yo me subo al escritorio cruzando elegantemente mis piernas con extrema seducción balanceando mis tacones altos pendiendo en el aire.

    Finalmente accedes. Lo sabía. Eres muy fácil. Te acercas a mí con malas intenciones chantajeándome con poder hacer una excepción conmigo. Pero no caeré en ese sucio truco. Soy una mujer tenaz y no soy estúpida. Te pido que realices el contrato ya mismo. Enmudeces de nuevo, no lo esperabas, pero si no lo cumples estaba más que decidida a largarme y conseguirlo de otra manera.

    Sin dejarte más opciones regresas a tu silla y comienzas a elaborar el escrito que habremos de firmar. Te sonrió llena de maldad aún sentada sobre tu elegante bufete de madera pulida, espiando la pantalla de tu ordenador asegurándome que cumplas con tu prometido.

    Entonces mi cuerpo se llena de malicia, me embriaga todo ese poder, me carcome mi propio éxito, todos esos triunfos en el día me enaltecen fastidiosamente en exceso. Me encanta, me fascina como obedeces mis órdenes, como buen chico.

    Juego con mi cabello, comienzo a ponerme un poco ansiosa, no sé por qué, pero me gusta mucho. Mis manos me tiemblan un poco, lo disimulo como puedo palpando el botón más alto de mi blusa hasta que finalmente cede desprendiéndose y abriendo un poco los holanes de mi vestimenta.

    Me miras de reojo en un pésimo acto de disimulo. Me parece gracioso, aunque un poco patético. Una sonrisa nace en mi boca sin voltearte a ver. Sé que estarás espiando mi erótica lencería bajo mi ropa. Te abras dado cuanta ya de lo sexy y trasparente que es ¿no?

    (Julio G)

    Y me tienes alterado por la excitación contenida que me estas provocando. Hasta que tras todo ese calvario y tras firmar la maldita hoja de nuestro compromiso profesional, puedo liberarme de tu seductor chantaje y consigo que te desprendas de tu blusa y de tu falda. Te exhibes ante mí, excitándome aún más, hasta que te vuelves a sentar en mi mesa ofreciéndome la lujuriosa visión de tu cuerpo expuesto para mí. Ese conjunto de lencería con medias, el hecho de descubrir que no llevas bragas y contemplarte ofreciéndome tu mojado y brillante coño para mi disfrute me pone más cachondo todavía.

    Estreno (Erothic)

    Pero venga, no te desconcentres que mi residencia no se va a construir sola, te señalo la pantalla en un párrafo especificándote mis deseos para que los sigas al pie de la letra y quede constatado en el documento que escribes a duras penas intentado ocultar tu excitación.

    No te culpo. Estoy igual. Pero no podrás hacer nada al respecto hasta que termines tu trabajo. Estas atado a tu juramento diplomático y no te levantarás de tu silla hasta dejarme completamente satisfecha con cada línea y estatuto.

    Has quedado atrapado por tu propio juego. Lo sé. Te dije que lo pagarías. Me deshago de otro botón. Te haré sufrir. Ahora puedes mirar mejor mi lencería. Sigo desvistiendo mi blusa si perder de vista tus manos temblorosas y tus ojos deseosos de mí. Finalmente mi blusa queda completamente abierta, exponiendo mis dulces senos bajo la trasparente tela de sensuales encajes.

    ¿Te gusta? Estoy segura que sí. Pero si quieres más tendrás que mejorar el presupuesto, ¿Qué tal un descuento? Así está mejor. Buen chico. Me abro la blusa, ahora mira mis pezones erectos levantando la endeble tela sin censura que los cubre, te lo has ganado.

    Terminas el contrato. Ansioso y sin poderte resistir más, te lanzas sobre mí. No tan pronto aún hace falta firmarlo. Debes imprimirlo. Te apresuras a hacerlo, mientras yo me bajo de tu escritorio quitándome el saco, caminando a tus espaldas para colocarlo en el respaldo de tu silla donde también descansa el tuyo.

    La hoja se imprime. Corres a recogerla aceleradamente, ya no puedes contenerte un segundo más. Pones el contrato sobre la mesa, lo firmas sin titubeos ni dudas, seguramente ya no puedes ni pensar con claridad.

    Me extiendes el bolígrafo fino para que lo firme, pero no será tan fácil. No hay prisa. Me encanta verte muerto de excitación, derrumbado a mis órdenes. Antes, me terminó de quitar lentamente la blusa quedando completamente expuesta en aquella erótica lencería de ensueño con ese hermoso y coqueto listón en forma de moño bajo mi vientre plano. Me llevo las manos a la cabeza, levantando mis senos frente a ti debido a la sugerente pose, para desatarme el cabello que llevaba peinado en un elegante espiral trenzado, soltando mi larga cabellera rizada.

    Estás incontenible, quieres tomarme justo en ese instante. Mirando petrificado como deslizo la cremallera de mi falda para dejarla caer al suelo sobre mis pies entalonados. Cuando cojo tu plumilla de punta de oro, me inclino un poco y comienzo a plasmar mi rubrica celebrando así el contrato de mis sueños. No tenía duda que cumpliría con esa propuesta, ese día no podía terminar mal, ahora era perfecto.

    Me sentía muy feliz, agraciada y realizada. De nuevo me senté en tu escritorio, lo entiendes enseguida y tomas asiento en primera fila para admirar mi obra teatral. Enseguida separo mis largas piernas forradas en las pantimedias hasta medio muslo unidas al resto de la intima prenda, alrededor de tu silla, posando mis tacones sobre los apoyabrazos. ¿Qué te parece mi lencería de cuerpo completo? Lo siento creo que olvide ponerme las bragas. Supongo que así podrás mirar cuan mojada estoy. Mira como brillan los rosados labios de mi vagina depilada a una delgada franja de vello púbico. Tómala, bebe, te lo has ganado, te lo mereces.

    (Julio G)

    Sentado en mi butaca frente a tu sexo agarro tus muslos y meto mi cabeza entre tus piernas. Empiezo a devorar tu coño. Con ansia, con muchas ganas. Te lo chupo. Lo lamo de todas las formas posibles. Paso mi lengua con toda su superficie sobre él repetidas veces. Capto enseguida tu sabor. Me deleito por un momento aspirando el aroma de tu mojado sexo. Me encanta tenerte así de excitada para mí. Ahora sin darte cuenta tú estás rendida a las sutiles caricias de mi lengua en la parte de tu cuerpo que provocará tu cascada de orgasmos. Y me gusta tenerte así. Caliente, cachonda y gozando cuando mi lengua juega entre tus labios vaginales acariciándolos y lamiendo la miel que produce tu exquisito sexo. Meto mi lengua dentro de él penetrándote todo lo que me permite esa posición. La saco llena de tus jugos y la deslizo hacia abajo buscando tu otra entrada para lubricarla. Me centro en tu ano llenándolo de saliva. Lo beso, lo chupo abriendo tus nalgas para que mi lengua juegue en ese agujerito.

    (Erothic)

    Y te lanzas como ave de rapiña sobre su presa, agarrando mis muslos, pasando tus brazos alrededor de mis piernas aferrándote con desesperación y temor a que te fueran a quitar de mí, defendiendo tan suculento manjar, devorando con locura y desdén mi rico y dulce coño mojado, sorbiendo de mis néctares de placer, haciéndome jadear como cachorrita, seductora, domínate, sumisa, coqueta e indefensa a tu feroz boca que lame y succiona apasionadamente toda mi vagina, jugando con mi cerrado y tierno anito. Arrancándome una serie de gemidos incontenibles, haciéndome lubricar más y más. Obligándote a beber cada gota de mis eyaculaciones continuas casi sin dejarte respirar, restregándote el rostro en mi coño hasta ahogarte en mis secreciones orgásmicas, haciéndote gimotear rogando por un poco de aire.

    (Julio G)

    Oigo tus suspiros según mi lengua juega en toda tu entrepierna. Subo hasta quedarme en tu clítoris para centrarme en él. Abro tus labios y lo veo ahí erecto. Dispuesto para jugar. Para recibir mis caricias. Y lo atrapo con mis labios. Lo succiono. Lo absorbo. Lo beso repetidas veces y me quedo lamiéndolo intensamente. Le paso la punta de mi lengua de arriba abajo y al revés. Y de derecha a izquierda. Sin parar. Cada vez más y más rápido. Más intenso y con más presión, mientras mis dedos entran en tu vagina. Entran fácil. Estas tan mojada.

    Te follo con mis dedos, como si estuvieras masturbándote. Lo único es que no son tus dedos. Son los míos los que te penetran. Te masturbo rápido. Profundo. Combinando mi lengua y mis dedos arrancándote gemidos de placer intensos. -Sí. No pares. Sigue. –Me ruegas casi al borde del orgasmo.

    Y sin dejar de lamer tu coño ahora mis dedos buscan tu culo. Meto un dedo en ese delicado hoyito, percibiendo lo fácil que entra. Lo muevo también dentro de ti. Hago círculos mientras sigo paladeando tu chorreante sexo.

    Tus palabras y sentir como tu mano acaricia mi cabello presionándome contra ti proyectan la intensidad de mis acciones haciendo que meta dos dedos entre tus nalgas dilatando más y más tu sabroso culo. Hasta que finalmente me das todo el suculento néctar que llevas dentro de ti corriéndote en mi boca estremeciéndote y temblando del placer alcanzado. Elevando tu pelvis te vienes en mis labios llenándome la lengua de tu delicioso sabor íntimo obteniendo por fin tu anhelada explosión de placer que con tanta intensidad esperabas.

    (Erothic)

    Enseguida me bajo al suelo alfombrado poniéndome de rodillas ante ti. Con desesperación te saco tu larga tranca, tiesa como empuñadura enfilada a mi carita. Me acomodo mis gafas y acerco mi boca lentamente a tu pene, comienzo a besarlo desde la punta hasta su base. Que rico, siempre me ha gustado lamer un buen pene, limpio y pulcro como el tuyo; húmedo, duro y caliente por lo excitado que te he puesto. Lo saboreo, recorro mi lengua probando tu semen escurriendo por todo tu falo mezclándose con la tibia saliva de mi suave boca hasta posar mis carnosos labios pintados de marrón claro sobre tu glande, para comenzar a chupártelo lento y suave.

    Te gusta, puedo escuchar cómo me gradeces con sutiles quejidos mientras me acaricias el cabello por detrás de la nuca. A mí también me gustan tus caracas, y ese delicioso pene que tienes y que me estoy comiendo, deslizándolo lo más profundo que mi pequeña boca puede soportar, ahorcándolo en las profundidades de mi garganta, lamiendo, succionando y sorbiendo complicadamente.

    (Julio G)

    Tras recobrar cierta normalidad en tu respiración te bajas de la mesa sonriendo de oreja a oreja por la satisfacción alcanzada y por lo que estas deseando hacerme. Te arrodillas frente a mí, aún sentado en mi butaca. Sin dejar de mirarme con tus brillantes ojos desabrochas mi cinturón y mis pantalones liberando mi miembro hinchado. Sentir tus manos sobre él me hace suspirar. Me gusta el contacto de tus manos. Como lo acaricias desde mis testículos hasta mi glande. Lo contemplas ampliando tu sonrisa antes de acercar tu boca a él. No me dices nada. Tan solo con sentir la caricia de tus húmedos labios me transmites todas tus intenciones.

    Llevaba unos minutos interminables deseando sentirte así, lamiendo mi pene hinchado y duro por la excitación que me has ido provocando, primero con tus insinuaciones y luego con todo el espectáculo de tu disfrute mientras te hacía ese oral del que tan deliciosamente has gozado. Tu lengua recorre toda la longitud de mi falo haciendo que me palpite mientras amasas mis esferas carnosas jugando con ellas. Sabes que tienen la esencia que tanto deseas y que pronto sentirás dentro de ti. Y tu rítmica felación empieza a llevarme al paraíso. Lo haces lentamente. Tragándote gran parte de mi verga que cada vez está más morada.

    Por un momento cierro los ojos disfrutando del delicioso instante percibiendo con intensidad todas las ricas sensaciones que me transmite tu cálida boca. Hasta que los abro de nuevo y veo como tu oscura y ondulada melena se mueve dándome ese exquisito placer que me hace temblar de gusto. Meto mis dedos entre tus holanes castaños y sin pretenderlo en ese momento de máximo placer presiono tu cabeza sobre mi miembro queriendo que lo tragues todo, consiguiendo que llegue a tu garganta engullendo mi polla dentro de tu boca y llenándola de tu caliente saliva.

    Joder como gozo. Cómo disfruto de la increíble mamada que me estás dando. Me lo haces despacio y siento cada roce y cada caricia de tus cálidos labios succionando mi polla y recorriendo cada centímetro de ella. Noto como la presión de tus labios me está llevando al límite y empiezo a retorcerme de gusto jadeando.

    Y cuando pienso que ya no puedo más y que pronto explotaré sacas mi verga de tu boca y me miras con una cara llena de lujuria y deseo. Te incorporas delante de mí girándote y mirándome por encima del hombro dándome la espalda.

    (Erothic)

    Es hora, sellemos este compromiso. Me levanto y te doy la espalda, de inmediato te restriegas en mi espalda empuñándome tu parado falo en mis suaves nalgas, acariciándome las tetas desde atrás. Sí, eso me encanta, adelante, te encamino sujetándote las manos con las mías para que sigas tocándome como me gusta.

    Entonces me inclino recargándome sobre el escritorio, parándote mi indefensa colita para que abuses de ella como más te plazca. No tardas mucho antes de calvarme tu duro falo en mi mojada vagina. Me está gusta tanto que inevitablemente exhalo un profundo gemido tras otro en cada dura embestida, estrellando tus duros muslos en mis delicados glúteos blanquecinos, produciendo un sonido de acuosos aplausos en mi vagina que no deja de secretar más y más fluidos lubricantes por todo ese placer que me haces sentir.

    Estaba completamente perdida y excitada, mi respiración me sofocaba, mi corazón bombeaba con desdén, y mis piernas sucumbían ante el éxtasis del momento, no podía soportarlo más. No me quedaba más remedio que parar un momento para darme media vuelta y sentarme sobre el escritorio. Así que me giré y me senté una vez más en tu buró, separé mis muslos tanto como pude descansando mis largas piernas tambaleantes forradas de seda negra, forzando a sacar tu anchado pene deseoso de mí, tan solo un instante antes de regresarlo al los confines de mi intimidad par que continuase dándome todo ese placer desmedido.

    (Julio G)

    Vuelves a sorprenderme cuando sin avisar te separas de mí, perdiendo el contacto de nuestros sexos y te sientas de nuevo en mi escritorio. Lo entiendo enseguida. Conduzco mi miembro que está durísimo de excitación a tu vagina. Mi glande contacta con tus labios y percibo tu humedad. Lo froto sobre ellos alargando mi caricia hasta tocar tu clítoris y es cuando se te escapa otro gemido. Vuelvo a frotarme contra tu botón del placer y gimes de nuevo y me posiciono con la punta morada e hinchada de mi polla sobre tus labios. Entro en ti despacio. Muy despacio. Quiero disfrutar ese instante. Te penetro a cámara lenta. Siento todo el contacto de tu cálida cueva sobre mi falo. Tu humedad me envuelve y noto como tu calor interno se transmite a mi sensible piel. Gozo. Disfruto la intensidad del instante. Gimes. Hasta que estoy totalmente dentro de ti. Que delicia de sensación.

    Y es entonces cuando empiezo a moverme sacando y metiendo mi pene de tu chorreante coño. Lo que inicialmente fue algo lento se convierte en duras y rápidas embestidas buscando el placer mutuo arrancando tus gemidos encadenados creando un rítmico sonido acuoso en cada contacto de mi pelvis con tus nalgas.

    Noto como tus pezones están duros, los pellizco incrementando gradualmente la presión sobre ellos. Tus manos se posan sobre las mías para que no deje de hacerlo hasta que lanzas un jadeo de excitación. Siento cómo te enloquece que te acaricie los senos. Tus manos no dejan que los abandone y me guían para seguir amasándolos, forzando a mis dedos abrirse para que abarquen y presionen tus firmes y dulces mamas.

    Finalmente liberas mis manos para apoyar las tuyas en mi mesa y levantar tu pubis un poco más para exponerme todo tu culo para mi deleite. Me esperas con ansia. Me deseas dentro. Lo sé. No te hago esperar. Yo también deseo poseerte. Penetrarte y gozar follándote. Quiero metértela todo lo profundo que pueda. Ahora es mi momento de gozar plenamente de ti. Sentir tu cuerpo y conseguir que goces y me excites con tus jadeos.

    (Erothic)

    No había más, estaba perdida en tus caricias, ahora era yo la sucumbía ente ti. Pero quería más, estaba gozando como nunca antes, como hacía mucho que no me follaba un hombre tan viril como tú. Estoy al borde. Soy tuya ahora, y te daré todo lo que soy, todo lo que tengo y lo que tanto he guardado con recelo y recato.

    Restregó mis fluidos en toda mi fogosa vagina hasta mi culito lubricándolo lo suficiente para introducirme un par de dedos. No había duda que lo quería.

    -Pónmelo aquí. –Te lo pido jadeado de excitación con la voz engarzada. De inmediato me enfilas tu engrasado pene colocándolo en mi estrecho y pequeño ano, forzando a los pliegues de mi trasero a dilatarse a medida que me penetras en mi recién estrenado culito.

    (Julio G)

    Así, exponiéndome tu precioso hoyuelo no hace falta que me digas más. Estás en una postura tan provocativa. Tienes un culo tan apetitoso. Lo deseo. Los dos lo sabemos y me incitas a que te posea. A que te penetre.

    Y cuando oigo que me pides que ponga mi verga ahí, lo hago de inmediato; empiezo a presionar mi glande sobre tu ano sujetándome a tus piernas empujando mis caderas para ir introduciendo mi miembro dentro de ese delicioso y hermoso agujero que posees y que ahora es mío, que ahora poseo yo penetrándolo y sintiendo como el anillo de tu culito presiona sobre el vástago de mi pene.

    ¡Dios! Que sensación más placentera. Follarte por el culo es sensacional. Penetrarte así en esta posición viéndonos. Viendo nuestras caras de excitación. Viendo como nos damos placer me fachina.

    (Erothic)

    Diablos como me dolió al principio, pero estaba tan excitada que no quería parar, me estaba dando tanto placer que sabía que me harías venir de nuevo en cualquier momento.

    Tu largo pene se deslizaba lentamente en mi estrecha y pequeña oquedad, esforzándose por hacerte paso mientras empujabas fuertemente haciéndome mojar hasta secretar mis fluidos que escurrían estimulados por tu pene desde dentro y por detrás de mi endeble trasero.

    Así finalmente lograbas meterlo hasta las profundidades de mi delgado cuerpo, relajado y dilatado por los placeres de lo prohibido. Abriéndote paso, para que pudieses acelerar tus arremetidas estrujando tu falo en mi tierna colita, haciéndome gozar incomodadamente, gimiendo y gritando cual zorra apasionada, levantando mis largas piernas dejando bailando mis tacones en el aire mientras me estimulaba mi erecto clítoris con mi mano derecha y penetrándome mi coño con la izquierda, obligándome a venir apresuradamente.

    (Julio G)

    Sé que ahora te dolerá hasta que tu esfínter se acomode a mi extremidad invasora. Por eso trato de penetrarte despacio hasta que tu culito se acomode a la presencia de mi pene en tu interior. Poco a poco hasta que llego a metértela toda dentro de tu hermoso trasero. Me voy retirando y volviendo a entrar con precaución hasta que ya tus ansias de gozar me incitan a moverme más deprisa.

    Escucho como me pides más, mis caderas inician un ritmo veloz follándote y provocándote más jadeos que se contagian con mi placer cogiéndote de esta manera tan excitante. Amaso tus senos mientras te das más placer acariciándote tu clítoris y metiéndote los dedos en tu cada vez más mojado coñito.

    Aprieto tus pezones pellizcándolos a través de tu lencería. Hasta que la aparto para lamer tus pechos. Succiono tus pezones y tiro de ellos con mis dientes. Les paso infinidad de veces la punta de mi lengua consiguiendo que se pongan completamente erectos, mirándome y desafiándome.

    Sigues provocándonos a los dos un placer extraordinario y ya veo que estas a punto de venirte acelerando tus propias caricias e incitándome a que te sodomice con más intensidad. Clavo mi polla una y otra vez entre tus nalgas gozando sin parar. Busco mi placer para correrme contigo.

    Empujo y empujo mi pelvis para penetrarte ahora sin piedad para descargar toda mi leche acumulada en mis bolas dentro de tu culo. Hasta que empiezas a estremecerte. Tiemblas y chillas jadeando intensamente.

    (Erothic)

    Ya no podía aguantar más. Lo quería. Lo necesitaba. Sí. Más. Más. Por favor. Te suplicaba porque no pararas a punto de hacerme venir. Sí. Sí. Pujaba mientras me obedecías estrujando mis duras tetas aún debajo de aquel sensual y seductor conjunto de lencería transparente, apresurando velozmente tus embestidas en mi dilatado hoyuelo pequeño que aprisionaba tu grueso y sonrojado pene estimulándome desde lo más profundo, acompañado por las caricias de mis manos en mi clítoris a punto de hacerme estallar, y las tuyas que masajeaban con extrema pasión mis suaves pechos naturales ahora a la intemperie tras haberme bajado el conjunto para poder tocarlas mejor.

    (Julio G)

    Estas estallando de placer, mientras siento la presión intensa de tu ano sobre mi polla cada vez más hinchada. Levantas tu pelvis para sentirme mejor temblando de gusto corriéndote con un alarido lleno de la máxima excitación estrangulando mi miembro con las contracciones de tu cuerpo, lo que hace que me venga dentro de tu culo estallando en un orgasmo fabuloso y jadeando sonoramente descargando mi semen en sucesivas embestidas y espasmos. Vaciándome en tu interior en varias sacudidas de mi cuerpo y sendos chorros de leche caliente inundándote por dentro. Me sigo moviendo hasta que nos acabamos de desahogar totalmente y nuestras respiraciones empiezan a acompasarse y regularizarse. Recuperamos el resuello sintiendo como nuestros pechos pierden la agitación anterior y te atraigo hacia mí para darnos un beso profundo entrelazando nuestras lenguas dentro de tu boca coronando el placer recibido y entregado.

    (Erothic)

    Entonces mientras me penetrabas por atrás, mis manos me masturbaban por delante metiéndome un par de dedos en mi vagina, y tú me estrujabas mis deliciosas tetas, finalmente mi coño estalla estimulada por todas esas sensaciones al mismo tiempo; eyaculando intensa y fluidamente sobre tu falo a su vez viniéndose dentro de mi esfínter, arrancándome un feroz alarido de goce, que se hacía escuchar en toda tu oficina y en todo el edificio, silencioso en la última hora de la jornada.

    Zaceada y satisfecha, caigo rendida en a mis espaldas, exhalando un profundo suspiro aligerando mis pulmones, descansando y relajando mi cuerpo al fin, sellando un largo y exitoso día.

    Me besas cariñosamente, te respondo de la misma manera a manera de agradecimiento sincero. –Gracias, me ha gustado mucho. –Te susurro al oído. Antes de reincorporarme, vestirme y salir del escenario, sin ovaciones ni aplausos pero completamente orgullosa por mi actuación del día.

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  • La secretaria aria

    La secretaria aria

    Admito que el tipo de mujer que me gusta es de cadera grande, tetona o piernona, las prefiero por gusto personal, es muy raro que me dé o que quiera estar con alguien muy delgada, pero todo eso cambió una noche del mes de diciembre.

    Dana, una mujer blanca, de cabello castaño claro, ojos verdes y sonrisa bonita, es notorio que su ascendencia es aria, pero bueno, volviendo a lo que importa, aquella noche ella se quedó conmigo a terminar un papeleo, honestamente nunca había puesto atención a su cuerpo, pero se veía bien, traía un pantalón tipo pescador que mostraba sus blancas espinillas, sus sandalias que me dejaban ver sus pies blancos y arreglados y una blusa negra entallada, que no sabía si era por el hartazgo del trabajo, pero marcaban unas tetas grandes y duras.

    La noche entraba más y mientras arreglábamos carpetas y hablábamos más a fondo de nuestras vidas ella más coqueta me sonreía y me guiñaba el ojo.

    Ahí me enteré que era casada, su marido era el mensajero, lo cual me dejo impactado ¡ay que el mensajero es un hombre como diez años mayor!

    Mientras más interactuábamos, más ganas me daban de cogérmela, así de plano, una erección empezaba a formarse en mi pantalón cada vez que ella subía a acomodar las carpetas y me dejaba ver sus ricas y pequeñas nalgas.

    L: ¿Necesitas ayuda compañera?

    D: No, ¡muchas gracias!

    L: ¡Ok!

    D: ¡Tu sígueme viendo, jajá!

    Su cotorreo me confundía, no sabía si estaba bromeando o lanzándome indirectas, pero yo seguía el juego, la verdad estaba ya en modo degenerado y mil fantasías cruzaban mi mente.

    Eran aproximadamente a las 11 de la noche, su marido le fue a decir que se adelantaría, ella y yo nos quedamos solos prácticamente ya que los demás estaban en el piso de abajo, sin que se diera cuenta trabé la puerta con el escritorio y como un degenerando comencé a darle pequeños arrimones de mi verga.

    D: Ah, órale, ¿qué paso?

    L: Lo siento, jajá, ¡estás muy ancha!

    D: ¡Jajá, hazme la buena!

    L: ¿Qué? ¡Que eres la buena!

    Entre broma y broma, la flaquita recibía mis arrimones de verga, ella entre ganosa y burlona me arrimaba sus nalgas, en un momento cuando se cayeron unas carpetas, estaba por levantarlas cuando ella se me empinó, con una tremenda adrenalina le di, ella hasta sacó los ojos, cuando se puso de pie y antes de que me reclamara, la besé.

    D: ¡Espérate!!

    L: ¡Rica boca!

    D: ¡Nos van a ver!

    L: No, tranquila, ¡ven!

    La llevé en medio de los anaqueles y levanté su blusa, le besé su cuerpo, era blanco como la nieve, todo un contraste con mi piel morena.

    Le quité el brasear y me encontré con unas tetas enormes para su fisonomía, duras y con un muy rico pezón color clarito.

    L: ¡Ay Danita que ricas chichis tienes!

    D: ¡Ah, chúpalas!

    La chica resultó ser una puta, me pedía le mordiera las tetas, como buen macho devoraba toda esa carne, incrédulo por el tamaño ya que tenía dos años trabajando ahí y nunca se le vieron como ese día.

    Lentamente le bajé su pantalón, tenía una muy bonita piel, aunque no era tan dotada, ese cuerpo era suave, olía bien y me calentaba al máximo.

    Bajé lentamente su bóxer y me encontré con una rica pucha, con un vello púbico color clarito, mi verga no podía más, la adrenalina me dominaba, ¡la blanca Dana me tenía a mil!

    D: ¡Ah, que rico, chúpame, ah!

    L: ¡Me encanta tu vagina, uhm!!

    Dana me permitía devorar su cuca, la casada de piel blanca estaba lujuriosa, al parecer estaba urgida de pene y yo me apunté solito a solucionar su problema.

    L: ¡Parece que no te cumplen!

    D: ¡Ah, él es mayor, a veces no me aguanta el ritmo!

    L: Uhm, que rico, ¡así que eres insaciable!

    D: Me encanta el sexo, ¡pero a veces me tengo que contener!

    L: ¡Pues hoy no lo harás!

    Dejé de chuparla, me levanté y me dirigí a cerrar la puerta con seguro, después me bajé los pantalones dejando a la vista mi pene que ya tenía una erección magnifica.

    L. Ven, ahora, a lo tuyo!

    D: ¡Es grande, uhm!

    L: ¡Disfrutemos la suerte!

    D: ¡Uf, papi!!

    La mujer blanca mamaba riquísimo, me encantaba ver sus ojos verdes cuando devoraba mi tranca, no importaba que había gente arriba, solo quería que Dana devorara mi duro palo.

    L: Así, uf, ¡que rico!

    D: ¡Es deliciosa!

    L: ¡Cómetela mami!

    D: ¡Uhm, mejor que lo que tengo en casa!

    Después de ponérmela dura con sus ricas mamadas, la acomodé en una silla levantando sus piernas y la penetré.

    Su vagina apretaba riquísimo, ella aullaba como loba, le encantaba ser embestida por mí, yo lo hacía con fuerza, el ruido de mi pelvis chocando con la suya me dictaba que se estaba comiendo enterita mi verga.

    D: Ah, así, que rico, ¡agh!

    L: ¡Toma, ah, aprietas rico!

    D: ¡Hace tiempo que me gustas, ah!

    L: ¿En serio?

    D: ¡Si, soñaba con que me hicieras tuya!

    L: ¡Pues toma, uf!!

    Nos pusimos de pie y ella subió su pierna, me sorprendió la flexibilidad que tenía y parados continuamos cogiendo.

    L: ¡Aun no puedo creer que seas esposa de Arnulfo!

    D: ¡Ah, larga historia!

    L: ¡Que rico coger casadas insatisfechas como tú!

    D: ¡Ah, que macho!!

    La llevé hacia una mesa donde teníamos papeles que cayeron al suelo una vez que ella, se empinó sobre la mesa, me dejaba su rico trasero blanco listo para embestirla.

    D: Métemela, ¡ya la quiero!

    L: ¡Que rica hembra!

    La tomé de su cintura y al embestí rápido, como perro encima de ella movía mi cadera con velocidad, Dana gemía muy rico, además sentía como escurría, le besaba el cuello le mordía su oreja, estaba haciendo mía a la esposa del mensajero.

    L: Toma, ¡seguro que no te habías comido un pito como este!

    D: ¡Ah, no, ah, es magnífico!

    L: ¿Quién te coge mejor?

    D: Tu, ah, tu coges mejor, ¡eres un macho!

    L: Eso, pídeme mi verga, ¡pídele verga a tu macho!

    D: ¡Por favor!! ¡Dame verga!!!

    Dana ya estaba toda entregada, yo disfrutaba de su cuerpo, jamás había estado con una mujer que me atrevo a decir de otra raza, era una explosión de locura y sexualidad enorme, me sentía orgulloso de estar empalándola deliciosamente…

    D: Amo tu verga, ah, ¡me haces sentir súper!

    L: ¡Admito que no imagine que cogieras así!

    Se dio vuelta y le hice un patas al hombro, me encanta lamer sus piernas bancas y sus ricos pies.

    El morbo que me generaba su piel me la ponía más dura, su vagina estaba empapadísima y mi verga entraba por completo.

    Más y más fuerte me empujaba a ella, la mesa se movía, ya no nos importaba que nos descubrieran, solo quería hacerla sentir un orgasmo.

    D: Ah, Luis, más duro, ¡más duro!

    L: Toma, ah, ¡toma!

    D: Me voy a venir, ¡me voy a venir!!

    L: ¡Ah, yo también, ah!

    En una rica explosión, nos corrimos riquísimo. Mi leche llenaba su coño y su venida me empapaba todo, el orgasmo era magnifico, la joven administradora recibía mi néctar.

    D: Que rica leche, ¡uhm!!

    L. Ah, uf, toma, ah!

    Antes de terminar, ella bajó a darme unas ricas chupadas, me limpiaba los fluidos de la batalla, ella resultó ser muy puta, esa mujer albina era una bomba sexual.

    Terminó de ordeñarme y nos arreglamos la ropa, en medio de risa continuamos trabajando hasta la 1 am.

    Podría decir que esa fue mi primera experiencia interracial, ya que Dana si era de ascendencia albina y la muy puta se había dejado coger por mí.

    Pronto les contaré más momentos con ella, espero nuestras historias sigan siendo de su agrado para continuar escribiéndolas.

  • Mega vecina dominicana

    Mega vecina dominicana

    Me llamo José Luis, tengo 30 años de edad, mido 167 y peso 55 kg. Soy originalmente de México, pero viví en Los Ángeles muchos años hasta que me mude a Nueva York. Lo que les voy a contar sucedió hace un año.

    Cuando llegué a Nueva York me quedé unos días con una prima hasta que conseguí un estudio.  En esta área donde me mudé la mayoría de personas que viven son de origen dominicano, son alegres les gusta la buena comida y también bailar.

    Al llegar al edificio un hombre mayor me saludó, con mucha amabilidad su nombre era Rubén. Era mi vecino de enfrente y me dijo que cualquier cosa que necesitara que no dudara en pedírselo. Al día siguiente cuando salí para comprar azúcar y café me lo encontré en el pasillo.

    -A dónde vas muchacho?

    -Voy a comprar azúcar y café para el desayuno.

    -Mejor te invito a desayunar, mi esposa Carmen acaba de hacer huevos con mangú te va a gustar.

    Cuando llegamos a su apartamento pude notar que era un fanático del beisbol y de la música ranchera, allí estaba su esposa Carmen arreglando la mesa.

    -Carmen te presento a José Luis el nuevo vecino que se acaba de mudar ayer.

    -Hola mucho gusto mijo, yo soy Carmen la esposa de Rubén y es un placer conocerte.

    -Igualmente señora, me dijo Rubén que usted cocina muy rico.

    -Pues eso le dice a todos, pero no le hagas caso.

    Carmen es una mujer de unos 50 años de contextura gruesa culona y tetona en cambio don Rubén es un hombre delgado de unos 65 años que apenas puede caminar. Carmen lleva puesto una blusa negra y falta blanca que hacen notar su figura sus senos deben medir unos 120 cm y su culo es enorme.

    Platicamos de todo un poco y me despedí para volver a mi apartamento con la figura de Carmen en la mente… al día siguiente me encontré a Carmen en la lavandería que tiene el edificio era temprano y no había casi nadie. Llevaba puesto una licra negra y una blusa con escote, casi me voy de espaldas cuando vi aquello, esa mujer tenía un cuerpo llamativo para su edad a pesar de unas cuantas libras de más.

    -Hola muchacho veo que madrugaste.

    -Así es, me gusta lavar temprano para que el día me rinda.

    -A mi también aprovecho que Rubén está dormido todavía para lavar con calma y después preparar el desayuno.

    -Ya veo doña Carmen y dígame ¿ustedes tienen hijos?

    -No pudimos tener hijos ya que Rubén es estéril y pues ni modos me tuve que resignar.

    -Qué pena doña Carmen, lo siento mucho.

    -Dime y tú tienes novia o eres casado?

    -Para nada soy soltero y no pienso en casarme todavía.

    -Aprovecha ahora que eres soltero para gozar la vida porque una vez casado ya no es lo mismo, mira que te lo dice esta vieja.

    -Usted no es vieja para mi gusto y tiene un cuerpo muy bonito.

    -Que locuras dices si soy una vieja gorda.

    -No para mí y con todo respeto si no fuera casada ya le hubiera tirado los perros.

    -Pues es como si no lo estuviera, Rubén ya casi no es cariñoso creo que es por su edad.

    Aquello que escuché prendió las alarmas y me imaginé mil cosas con Carmen. Nos despedimos con un beso en la mejilla y sin querer le toqué las nalgas, le pedí disculpas y ella me dijo que no había problema que eso le pasaba por tener un culo tan grande.

    Ese fue el comienzo de una aventura ardiente que continuará…

  • El oscuro encanto de la sumisión (1)

    El oscuro encanto de la sumisión (1)

    En un silencio casi ritual, Silvio y Orestes terminaron de ajustar los grilletes alrededor de sus muñecas. Con la mejilla derecha pegada a la tarima, Emilia miraba hacer al primero de los sirvientes e imaginaba la misma acción en el segundo intuyendo en ambos las miradas cargadas de silenciosa lascivia al espiar su cuerpo desnudo como un jugoso pedazo de carne blanca en una gran fuente de madera. Se removió al percibir detrás el suspiro de impaciencia, las manos seguras verificando las abrazaderas que le inmovilizaban las rodillas y que la obligaban a ofrecer su trasero abierto de par en par.

    –Pensaste que esto iba a quedar así, ¿no?

    –Me merezco el castigo, amo –musitó Emilia.

    –¡Cómo si no lo supiera! La pregunta es si valió la pena el desliz.

    No contestó enseguida. Esa mañana había ido al pueblo por algunos víveres y se metió en un bar para escapar del calor agobiante. Ordenó una cerveza bien helada y, mientras contemplaba el perezoso ir y venir de la gente, como peces nadando en alquitrán, se iba poniendo cachonda. Quizás fuera el cosquilleo de las burbujas o el hecho de que tuviera el estómago vacío pero lo cierto era que le habían entrado ganas locas de un polvo. Un fugaz y rico polvito vainilla como los que le gustaba echarse de vez en cuando, a escondidas de Martiniano. Entonces, como si su genio privado la hubiera escuchado, lo que necesitaba entró empujado por ese calor infernal. Cruzaron la primera mirada a dos mesas de distancia. La segunda, solo a dos jarras de cerveza. En el hotel de mala muerte de la esquina, se desnudaron sin siquiera presentarse. Él había intentado ser todo lo tierno que podía ser un hombre en el primer encuentro sexual con una mujer, pero la sed de Emilia lo desató…

    –¡Ay!

    El primer azote le mordió la carne blanca de las nalgas, era el precalentamiento pero la tomó desprevenida. Desde la incómoda posición en la que se hallaba, podía ver a los sirvientes sobándose los miembros semierectos con las miradas absortas en el trasero redondo de Emilia que un nuevo latigazo marcaba con otra línea roja. Mientras la misma pregunta se replicaba en sus oídos como un campanazo seco: ¿había valido la pena?

    Sí. Un ventilador de techo revolvía el aire caliente de la habitación y el sol entrando a través de la ventana la convertía en lo más cercano a la antesala del infierno. Sin dejar de besarse, el hombre la desnudó y ella le desabrochó el pantalón y le acarició la verga muy dura. ¡Dios, como le gustaban de ese tamaño! Rebotó sobre el colchón y él le sobó las tetas, le lamió los pezones, los mordisqueó, jugó con ellos como con dos pequeños botones. Se enloqueció cuando sintió dos dedos suaves escurriéndose en su vagina empapada, entrando y saliendo, moviéndose dentro en ondas excitantes. Se retorcía, un tercer dedo presionó contra su ano, empujó, se abrió paso. La barba incipiente le punzó el vientre siguiendo el rastro descendente de saliva. La lengua reconoció el ombligo, la suave elevación de su bajo vientre y se internó entre sus piernas. Le besó con suavidad la cara interna de sus muslos antes de que su lengua pincelase la vulva caliente. Una lengua que más parecía un estilete, que se introducía como un pez por cada rincón de su concha mojada, jugaba con el clítoris erecto, lo succionaba, lo frotaba con dos dedos suaves antes de introducirlos en la vagina y de que ella gritara como poseída por el diablo…

    Sentados a un costado, los sirvientes continuaban masturbándose en silencio, sus vergas estaban ahora completamente rígidas. Era la primera vez que se las veía, se sorprendió del tamaño del miembro de Orestes y tomaba nota cuando un nuevo latigazo estalló contra las nalgas enrojecidas. Emilia cerró los ojos y apretó los labios para sofocar el dolor.

    –¿Sos una puta?

    –Sí, amo. Sí. Soy una puta. Muy puta, eso es lo que soy. Sí, una puta.

    Nuevo latigazo que le surcó caliente las nalgas.

    –¿Le entregaste este culo? Quiero saberlo todo, zorra.

    –No, no. Le juro que no.

    –¡Estás mintiendo! –rugió Martiniano dejando caer un nuevo y furioso azote.

    Había rogado, implorado porque se la metiera antes de que alcanzase el orgasmo a puras lamidas. Sintió el glande duro abriéndole los labios mayores, jugando sin terminar de entrar mientras las pupilas ardían de deseo. Aquello era un suplicio delicioso y cuando finalmente se deslizó dentro de ella, se desarmó como hecha de gelatina. Exhaló un prolongado gemido de placer, cada embestida la elevaba un poco más hacia el cielo del éxtasis… ¡Dios, había sido un polvo de campeonato!

    Dejó escapar un breve gemido al sentir el extremo de la lengua de Martiniano rozando su ano, introduciéndose juguetona, el dedo colándose rígido, moviéndose en círculos en su interior, una escupida caliente deslizándose por sus entrañas.

    –Sabés bien que este culo es solo mío. Decíselo a ellos también, perra.

    Emilia volteó hacia los dos sirvientes un rostro donde comenzaban a asomar los primeros atisbos de placer. Las manos subían y bajaban por las pijas duras como estalactitas mientras los ojos la recorrían ávidos.

    –MI culo es solo de mi ammm…

    Apretó los labios cuando el glande se coló entre sus nalgas muy separadas. El recto se dilató para recibir a un Martiniano que ingresaba lentamente, como el dueño indiscutible y omnipotente de una heredad. Exhaló un gemido cuando los huevos golpearon la vulva y la cabalgata comenzó. El roce violento de la tela que forraba la tarima contra la mejilla y en las rodillas le calentaba la piel y las cachetadas le dejaban marcas rojas en las nalgas.

    –Estoy seguro de que querés cogerte también a estos dos, ¿no, puta?

    –No, amo. ¡Ahhh! Así, más. Más. Llename toda con esa pija rica. Culeame, papi.

    –Veo cómo mirás a Orestes. La tiene grande, ¿no? ¡Hablá, hija de puta!

    –Sí, amo. La tiene grande. Muy grande.

    Las arremetidas eran feroces, de modo que Emilia no podía detenerse a verificar aquello. El culo se le partía al medio de tanto como Martiniano la barrenaba. Con las manos asidas con fuerza a la cintura, parecía querer perforarla o partirla al medio como en un mal truco de magia. Las muñecas enrojecidas forzaban en vano los grilletes mientras desde el costado llegaban los gemidos sofocados de los sirvientes.

    –¿Te gustaría que te la metiera, que te reventara este culo de puta viciosa?

    –Más, amo. Por favor. Más, así. Quiero todo, mi culo es todo suyo.

    –¡Vos sos toda mía!

    Un rugido triunfal llenó el recinto y Emilia recibió con sonrisa satisfecha toda la lecha caliente. Sin moverse, sintió a Martiniano retirarse y a los sirvientes liberarla de los grilletes. Aún permaneció un largo minuto en esa posición, sintiendo la tibieza del semen resbalando por su interior. Y sonrió. Era una chica mala y se había ganado el castigo, pensó mientras recordaba cómo aquél desconocido esa misma tarde había jugado de la manera más exquisita con su culo.

    La melodía del timbre la devolvió a la realidad de las visitas que, con tanta agitación, había olvidado por completo. Mientras se incorporaba despacio y se frotaba las rodillas, se preguntaba cómo sería ese famoso Isaías del que tantas cosas había escuchado.

  • Denislava y el placer

    Denislava y el placer

    Un día a mí me dijeron: 
    «Con Denislava es difícil follar». 
    Y no, no me mintieron. 
    ¡Basta de presentar! 
    Aquí está: es la historia que os voy a contar:
    Denislava es escritora;
    y tiene un estilo propio:
    de vivencias hace acopio, 
    y luego, transformadora, 
    las hace arte en la impresora. 
    Tiene unas tetas hermosas; 
    grandes, redondas, frondosas 
    Sus labios, rojos, muy gruesos. 
    Gordita, no está en los huesos;
    de piernas, firmes, preciosas.
    Estando en la biblioteca, 
    la abordé, un día gris de marzo, 
    el cielo de color cuarzo. 
    Me respondió ella muy seca:
    «Esto no es la discoteca, 
    vete a ligar a otro lado». 
    Yo respondí entusiasmado:
    «Pues a ese otro lado iremos, 
    lo que quiero es que follemos». 
    Y dijo con gesto airado:
    «Yo no puedo, hombrón, amarte, 
    no creo que pueda jamás, 
    ni cuatro versos atrás, 
    deja ya de imaginarte
    que mis besos pueda darte, 
    que mi boca tú traspases
    ni mis pechos me chupases
    ni nuestros cuerpos, concluyo 
    (aunque diciéndolo no huyo), 
    se enganchen como compases».
    Ella esto lo dejó dicho;
    yo la miraba contento:
    sabía que al próximo intento
    (en un verso está entredicho) 
    podría alojar mi vil bicho, 
    que se empalma alborotado, 
    cuando la tengo a mi lado
    y huele su perfume de hembra. 
    Porque es periodo de siembra, 
    y ella ya es campo abonado.
    No tardó mucho en llamarme, 
    mi teléfono sabía 
    Me dijo: «Por tu osadía, 
    por tus ganas de follarme, 
    he decidido dejarme». 
    Quedamos en calle Larios, 
    junto a la Plaza Mayor. 
    Y no había lugar mejor, 
    pues allí había hoteles varios.
    Llegué puntual y me puse a esperar. 
    Di algunas vueltas como un vagabundo. 
    Ella no venía, un poco más y me hundo. 
    Mas vi el mensaje: me volvía a citar:
    estaba en una suite. Llegar. Entrar. 
    ¡Vaya, vaya!; sufrí un shock tremebundo, 
    pues como su madre la trajo al mundo
    ella en la cama yacía: era soñar. 
    Denislava dijo: «Me dejo hacer, 
    sólo espero que tú estés a la altura, 
    que todos la polla queréis meter, 
    follar, follarme, no tenéis hartura, 
    pero ninguno buscáis mi placer». 
    Denislava entonces buscó postura.
    Toda la noche follando. 
    Sus tetas bien las chupé, 
    sus flujos los saboreé. 
    Ella mi nombre gritando
    y yo sobre ella botando. 
    Denislava de mi vida, 
    tu poema de despedida 
    me lo encontré en la mesilla  
    Disfrutaste, sí, chiquilla;
    tus versos dan la medida:
    «Me acuesto desnuda sobre el colchón, 
    quiero ver qué pasa, dejarme hacer;
    contemplo el techo de la habitación, 
    aguardo ese instante previo al placer;
    oigo ese cambio en tu respiración, 
    deduzco qué quiere todo tu ser. 
    Y tras masturbarme te has desbocado;
    vibran mis pechos, mi grito firmado».
    Denislava, yo te busco con desesperación, 
    pienso en ti todo el tiempo, no se por qué te marchaste. 
    Mientras mi fiel esposa ahora me hace esta felación, 
    recuerdo el mentón de tu cara cuando te manchaste.
    Aunque la chupa tan tan bien mi esposa… 
    Excitado acaricio sus pezones; 
    estrujo sus tetas, suspiro: «Ay, Rosa»,
    y ella asfixiada me da lametones. 
    Mi polla para ella es cosa valiosa, 
    se bebe mi semen a borbotones…
    Y en ese instante Denislava ha muerto,
    que obtener placer es siempre un acierto.

  • Los inicios de mi madre como sumisa

    Los inicios de mi madre como sumisa

    Continuo con la historia anterior donde mi madre me contaría sus comienzos, luego de que mi Amo le mandara el video donde me lo estaban haciendo y cumpliendo la promesa que le hicieron de abrirme el culo.

    Luego de contarle como me habían contactado y que decidí ir me dijo:

    Madre: Bueno, tienes derecho a saber más sobre mi y por lo visto (mirando el video) ya no eres una niña -cruzamos nuestras piernas entre nosotras sentándonos abiertas una a la otra y dijo:-Desde que tenía más o menos tu edad, me prostituía, comencé por dinero, pero la verdad es que desde que tengo memoria siempre he sido muy caliente, siempre he querido más, sin ninguna vergüenza, me encanta el sexo así que no dudé en hacerlo, todo era muy normal, pero un día atendí a un cliente, uno que me ofreció mucho dinero por mis servicios, así que fui sin preguntar el por que, me recogió su chófer y me llevó hasta su casa en las afueras, una casa enorme, al llegar me llevaron hasta la sala, donde me encontré con cuatro hombres, al verlos mi corazón dio vuelta y entendí en que me había metido.

    -esta es la puta, esta rica

    (Nunca me habían hablado así, pero no podía reaccionar)

    -bien puta, vamos a usarte duro como la perra que eres para enseñarte tu lugar.

    (Una parte de mi quería gritar y correr, la otra ya comenzaba a excitarse)

    -desnúdate!

    Comencé a quitarme la ropa, mientras ellos comenzaban a masturbarse, luego uno se levantó con una navaja, mis ojos se abrieron de golpe, el me sostuvo y rompió todo mi vestido de un tirón hasta abajo, luego me lo arrancó con fuerza, me tomó del cabello y me arrastró hasta el sofá, de rodillas, sacó su verga dura del pantalón ya lubricada y la metió de golpe hasta mi garganta y la mantuvo unos momentos hasta que me dejo respirar y lo repitió con fuerza, y decía «eso perra, chúpalo» mientras mi boca estaba ocupada, otro de ellos se puso detrás de mi, y me dio con la correa en las nalgas, muy duro, tanto que me sacó la verga de la boca y me hizo gritar, me abrió las piernas y comenzó a masturbarme con fuerza y rudeza, hasta el punto de hacerme mojar, y dijo «jajaja, ya estas lista verdad perra, ya quieres tenerla adentro» me puso en 4 y yo estaba lista para ser penetrada, cuando sentí otra vez la fuerza de la correa, una y otra vez, podía sentir el ardor en mis nalgas, luego paso su correa por mi cuello y la apretó dejándole el control, cuando entonces si sentí la cabeza de su verga en mi raja y de pronto una fuerte penetración, dándome duro una y otra vez.

    El tercero se acercó al que estaba sentado, sacó su verga y ya tenía dos para mamar, las dos muy gruesas y el cuarto se acercó a mi oído y se dedicó a insultarme «eso perra, te gusta cómo te usan verdad puta”.

    “Respóndeme!!!» me haló del cabello sacándome la verga de su amigo de la boca y le digo “si señor me gusta que me usen, háganme lo que quieran”.

    La excitación, el miedo, el dolor, la humillación, todo combinado era una locura, jamás había sentido eso, al punto que todo combinado me hizo correrme hasta estremecerme, entonces sentí un bofetón en la cara «no te hemos dado permiso que corras puta», me pusieron la cara contra el suelo y sentí otras fuertes nalgadas y luego, llevaron mi cara contra el suelo, uno puso su pie sobre mi cara y otro siguió penetrándome hasta correrse, sentí toda su leche caliente quemándome, la sacó y siguió otro y así cada uno, los últimos dos eyacularon sobre mi todo lo que pudieron, duramos varias horas así, mi cuerpo no podía más y ellos tampoco, regresé a casa bañada en semen y dinero, no sin antes, uno de ellos invitarme a su casa para proponerme algo, quien sería mi primer Amo.

    Yo estaba impactada por los detalles que me contó, nunca habíamos hablado de esta manera tan explícita y menos sobre nosotras, y no me di cuenta que ya estaba excitándome, crecí soñando y tocándome pensando en mi madre, así que inconscientemente ya estaba tocándome un poco por encima del pantie, ella lo notó y me dijo «me alegra que te gustara mi historia».

    Me sorprendió y retiré mi mano de golpe, pero la humedad ya comenzaba a notarse, así que ella metió su mano y comenzó a masturbarme, sentirla masturbarme y sus dedos dentro de mi fue el mayor placer que jamás había sentido, luego me besó tan largo y excitante que no pudimos contenernos y ahí mismo en el sofá tuvimos nuestra primera vez, el sexo más delicioso que jamás he tenido. Desperté como tanto tiempo había soñado, desnuda, cansada, sudada sobre ella.

    Muchas gracias a todos por escribirme, lamento a quienes no he podido contestar o me he demorado.

    En el próximo contaré mi presentación y exhibición con los Amos, espero sus comentarios y mensajes, bye.

  • Sexo con mi sobrino

    Sexo con mi sobrino

    Soy una mujer cerca de los 40, si bien dicen que esta edad, supone un cambio en muchos aspectos y según algunas mujeres, a partir de esa edad, empezamos a ser invisibles para el resto de los mortales.  Creo que es una idea equivocada, y me quedo más con la afirmación de Pitbull ‘Los cuarenta son los segundos treinta, eso sí con bastante más sabiduría’.

    Cada vez somos más las mujeres maduras que preferimos hombres jóvenes, no es que necesitemos estar con alguien de poca edad para sentirnos divinas. Chicas seamos sinceras, los tíos a medida que avanza en edad, se vuelven más pesados y empiezan a crecer de forma horizontal, al más puro estilo de Homer Simpson. Así que sí, sinceramente me considero una mujer madura que busca sexo con un chico joven.

    El hecho de que solo puedan hacer una cosa a la vez, les hace atrofiarse con el paso del tiempo, así que salvo honrosas excepciones, prefiero los ‘yogurines’, sobre todo desde que seduje a mi sobrino de tan solo 18 años. Un incesto entre tía y sobrino en toda regla.

    Todo comenzó cuando fui a visitar a mi hermana mayor Amanda y me encontré a mi sobrino Carlos, que hacía bastante tiempo que no veía. Joder el muchacho, se había hecho todo un hombretón. Medía más de 1,85 y tenía su cuerpo bastante modelado, ya que le gustaba hacer deporte y solía acudir al gimnasio. Para mi había sido como un hijo, pero ese día sentía algo más que un amor fraternal. Era fuerte solo pensarlo, mi sobrino empezaba a atraerme. La idea de un incesto con mi sobrino era algo prohibido.

    Estos pensamientos me hacían sentir bastante culpable, no podía reprimirlos e incluso me masturbaba teniendo fantasías con él. Era algo que me superaba y que hacia palpitar todo mi ser. Me estaba convirtiendo en una auténtica guarra degenerada, pero decidí que no debía frenar esa fantasía y al menos, podía tener sexo solitario pensando en él, era como cuando una chica busca chico de forma desesperada.

    Me solía vestir sexy sola en casa, me miraba en el espejo y con ayuda de mis consoladores, imaginaba de todo con mi sobrino. Era como un ritual y empezaba a ser un sexo que me volvía totalmente loca, nada me había excitado tanto antes como pensar en un incesto con mi sobrino.

    Estaban cerca las fiestas navideñas y nos teníamos que reunir toda la familia. Me daba un poco de miedo ver a mi sobrino por si se notaba lo que sentía hace él, pero por otro lado, la idea de verle me ponía a 100. Decidí vestirme muy guapa para ir a la cena de navidad. Un vestido negro con unas medias de rejilla, acompañadas de un buen liguero y unos buenos taconazos, estaba increíble, aunque tenía una pinta de zorra que asustaba al tío más audaz. Mi parte mala quería seducirle e ir a toda caña con mi sobrino. Quien sabe podría darse un incesto con mi sobrino, en definitiva soy una mujer busca chico guapo y atractivo.

    Cuando llegué toda mi familia me agasajó con piropos por lo espléndida que estaba, notaba como mi sobrino no me quitaba ojo, mirándome los pechos y las medias. El pobre se estaba poniendo cardíaco y eso me estaba encantando. Mi sobrino me pidió que me hiciera “selfies” con él. Nos agarrábamos, reíamos, los dos nos estábamos poniendo cardíacos con la suerte que nadie estaba sospechando nada. Estaba gozosa, tenía a mi sobrino totalmente a mis pies.

    Estaba tan excitada que decidí subirme a una habitación para arreglarme un poco. Era solo una excusa, sólo quería alejarme de mi sobrino porque veía que la cosa se podía desmadrar. También empecé a masturbarme a ver si me calmaba un poco. Cerré la puerta de la habitación para poder correrme tranquilamente y fantasear con tener un incesto con mi sobrino.

    Cuando estaba en plena acción, sentí como la puerta se movía un poco dejando un resquicio, puede ver como mi sobrino me estaba espiando. Dudé si debía parar, pero decidí que podía verme así, como una auténtica zorra. Cada vez me masturbaba más fuerte y gemía para que él me pudiera escuchar. La situación era de lo más morbosa, una escena tórrida donde las haya. Saber que mi sobrino estaba observándome, era algo alucinante. Estaba deseando que entrara en la habitación, la escena era la usual en estas fiestas navideñas.

    Mi sobrino se decidió a dar el paso y entró en la habitación de forma sigilosa. Yo le podía ver por un espejo y él estaba de espaldas a mí. Nos mirábamos cara a cara, sin ningún pudor, como dos animales excitados. Pude ver como se había sacado su miembro y estaba masturbándose. Joder que tamaño tan descomunal. Ninguno de los dos se atrevía a acercarse al otro, como si los perjuicios del incesto nos tuvieran paralizados. La fantasía de un incesto con mi sobrino parecía cada vez más real.

    Él me respeta mucho, no se atrevería a tocarme sin mi permiso, así que tenía que ser yo quien le diera las instrucciones pertinentes. Le dije que se acercara ‘Carlos puedes tocarme, tu tía te lo ordena y no querrás que se enfade, ¿no?’. Carlos estaba tan dócil y excitado, que podía hacer lo que quisiera con él. Pero antes de nada había que cerrar bien esa habitación para que hiciera realidad mi fantasía.

    Carlos no se atrevía a hacer nada conmigo, simplemente se masturbaba de forma compulsiva, así que le dije que se estuviera quieto, que parecía un cerdo y le di una bofetada. Sin tiempo para que pudiera reaccionar, me introduje su polla en mi boca de forma desesperada y noté como el muchacho se movía de forma salvaje, era como domar a un potrillo. Le bajé los pantalones y de vez en cuando le azotaba el trasero. Noté como eso le gustaba y la polla, a cada uno de mis castigos se le ponía más dura. El incesto con mi sobrino estaba teniendo matices sado y eso me gustaba.

    No deje que se corriera, que mala soy. Le di golpecitos en su pene para que no eyaculara y le obligué a que chupara mi clítoris totalmente rasurado. El chico lo hacía de manera impetuosa y no lo bien que debía, por lo que tenía que enseñarle. Me quité el cinturón que llevaba de complemento y azoté su espalda cuando sus lametones no eran lo suficientemente buenos. Este correctivo hizo que mi sobrino aprendiera correctamente hacer el sexo oral y menudo orgasmo tuve. Para acabar le hice una paja y se corrió de forma extraordinaria, no estaba nada mal lo que sacó.

  • El nuevo escuadrón de porristas, el maravilloso anillo

    El nuevo escuadrón de porristas, el maravilloso anillo

    El maravilloso anillo umbreon. 

    Unos días después de aquel descubrimiento y tras mucho esfuerzo, negociaciones con algunos de sus compañeros de trabajo para reemplazarlos en sus guardias nocturnas y unos cuantos sobornos, fue cuando Gary al fin tenía en su poder el único prototipo funcional del Proyecto «Control Maestro» del Team Rocket, o por lo menos el componente más importante y difícil de hallar de este, el cual era un extraño cristal volcánico, que se encontraba incrustado en un aro plateado.

    “¡Parece que alguien dentro del Team Rocket finalmente uso el cerebro!” pensó el arrogante investigador mientras estudiaba cuidadosamente cada detalle del dispositivo.

    En realidad el funcionamiento del Anillo de Control era bastante sencillo. Ya que en teoría sólo se necesitaba utilizar un ataque del tipo Psíquico en la víctima deseada para que el cristal sirviera como un potente amplificador de las ondas psíquicas, aunque ese efecto aún no estaba del todo probado.

    “Admito que siempre me ha dado curiosidad utilizar la ciencia en mi propio beneficio” pensó el joven investigador para sí mismo antes de seguir trabajando en aquel mecanismo.

    — ¡Finalmente lo he logrado! —exclamó Gary eufórico al ver que sus sueños más pervertidos por fin estaban a punto de hacerse realidad, el Anillo de Control finalmente estaba terminado y no sólo eso, ya que gracias a la Señora Delia y a un estúpido logro de Ash todos sus objetivos estaban en el mismo lugar, por lo que el no perdió la oportunidad para atraparlas.

    En ese mismo momento Misty, May, Dawn, Iris y Serena estaban atadas de brazos, piernas y boca en su Laboratorio frente a él, las chicas lo veían con temor y algunas lágrimas caían por sus mejillas, pero ver a esas preciosas chicas tan indefensas en lugar de apelar a su piedad lo excitó de inmediato.

    El momento de pasar a la acción por fin había llegado y sin dudarlo accionó su artilugio, y aunque en ese momento él no lo noto, la cámara que instaló en el Laboratorio inmortalizó para siempre el momento en que las lágrimas dejaron de caer de los rostros de las chicas y en que el miedo en sus miradas fue sustituido por amor y deseo.

    — ¿Gary? ¿Eres tú? —preguntaron con ilusión las 5 hipnotizadas chicas al mismo tiempo mientras se ponían de rodillas en el suelo, ya que el ataque psíquico había hecho desaparecer sus ataduras.

    —Lo soy, preciosas. Soy su Amo y de ahora en adelante vivirán para adorarme y obedecer todas mis órdenes —anunció el chico muy contento por el resultado obtenido.

    —Servirle y adorarle es nuestro único deseo, Amo Gary ¿Qué desea que hagamos, Amo? —se ofrecieron amablemente las chicas.

    —Por ahora sólo cambiense de ropa por la que está sobre la mesa —al oír aquella orden las chicas rápidamente se pusieron de pie para cambiarse de ropa y sin ningún pudor comenzaron a desnudarse de manera sensual.

    Una vez cumplida aquella indicación el chico se tomó unos breves momentos para admirar la provocativa indumentaria de sus nuevas esclavas: Una ajustada minifalda de cuero y un diminuto top con un impresionante escote, las chicas no usaban ningún tipo de prenda íntima y por el momento permanecían descalzas.

    Ese era el momento de triunfo que tanto había soñado y que finalmente se había hecho real, mientras que en su casa en Pueblo Paleta un abatido Ash se entristecía porque sus amigas y Gary jamás llegaron a la fiesta, el castaño disfrutaba el ver como esas preciosas 5 chicas estaban de rodillas a sus pies esperando con ansias su turno para ser atendidas por la verga de su nuevo Amo.

    Después de aquella estimulante fantasía el deseo de Gary por ejecutar su plan y esclavizar a las ex compañeras de Ash aumentó aún más. Aunque su lado más racional salió a su rescate, ya que aquel sueño no era tan sencillo de hacer realidad.

    Ya que suponiendo que el Anillo de Control funcionará a la perfección, aún quedaba el hecho de que llamaría demasiado la atención sí de la noche a la mañana unas chicas que apenas lo conocian, y que en el mejor de los casos lo considerarían como un amigo, de pronto decidieran dedicar el resto de su vida para vitorearlo y adorarlo.

    De alguna manera tendría que solventar esa molesta dificultad y la opción más viable era disfrazarlas ¿Pero cual seria el sentido de apoderarse de aquellas hermosas chicas si tendría que ocultarlas en lugar de poder presumirlas al mundo?

    Mientras pensaba en ello se encontró con otro par de “inútiles” investigaciones del Team Rocket, las cuales parecían ser su salvación enviada por el mismo Arceus.

    Se trataba de un tinte nano-molecular que era capaz de cambiar el color del pelo de las personas y pokémon haciéndolos pasar por sus formas shinny; Además de unos lentes de contacto muy especiales ya que no sólo permitían cambiar el color de los ojos sino que eran capaces de cambiar por completo el mapa retinal, lo cual volvía prácticamente imposible un reconocimiento de ese tipo.

    Aunque esos artilugios teóricamente eran su salvación también le daban otro problema, ya que probar todos estos inventos dentro del Laboratorio en donde trabajaba era demasiado arriesgado y complicado.

    “Si alguien detecta mis actividades sin duda iré a parar a la prisión” pensó Gary con calma y llegó a la conclusión de que era imperativo encontrar un lugar en donde pudiera experimentar sin el riesgo de ser descubierto.

    —Veamos tiene que haber algún sitio que pueda usar como mi laboratorio privado —se dijo a si mismo el chico mientras buscaba lugares en renta en su computadora. Lo que necesitaba era un sitio privado, sin vecinos molestos y entrometidos, que de preferencia contará con un sótano y con los servicios básicos para un investigador pokémon.

    Después de algunas horas de intensa búsqueda Gary por fin encontró lo que necesitaba, el sitio lucía prometedor y la renta era muy accesible. Incluso el dueño anterior había acondicionado un mini laboratorio en su sótano.

    Sin embargo el último, y no menos importante, problema que Gary debía afrontar era el de encontrar a un sujeto de prueba para comprobar que el “Aro Umbreon”, como había rebautizado al proyecto, realmente funcionara.

    — ¿Y si pongo un anuncio en el periódico? “Se busca un sujeto de prueba para un controvertido y nada ético experimento que tiene el riesgo de dejarlo como si fuera una zanahoria. Interesados favor de comunicarse con Gary Oak” pensó con ironía al saber que aquello no funcionaría, sería muy difícil encontrar a un papel tapiz viviente, alguien a quién nadie fuera a extrañar en caso de que desapareciera.

    Sin embargo el investigador estaba tan absorto en sus pensamientos que apenas pudo darse cuenta de que ya había caído la noche, aunque por desgracia a él le correspondía quedarse de guardia en el Laboratorio para cumplir con los acuerdos que hizo con sus colegas.

    Pero mientras el se encontraba pensando en su dilema fue cuando se activó la alarma silenciosa del lugar, al principio Gary vio la pantalla molesto por ser interrumpido, pero de inmediato sonrió, ya que parecía que Arceus de nuevo le acababa de enviar la solución a todos sus problemas y envuelta para regalo: Ya que 3 integrantes del Team Rocket que el conocía a la perfección acababan de activar la alarma.

    No le costo mucho trabajo dejar fuera de combate a los intrusos y después de atar a su presa de pies y manos, colocarle una mordaza en la boca y llevarla a la cajuela de su auto, el cual era el único vestigio de sus buenos tiempos como entrenador, volvió al Laboratorio donde edito los vídeos de la cámara de vigilancia para no delatar la presencia de su víctima y llamo a la Policía, quien en cuestión de minutos llego al lugar en compañía de su jefe.

    Lo que en un principio parecía ser un problema terminó siendo una oportuna bendición, ya que después del procedimiento de rutina, el investigador a cargo del Laboratorio quedo tan sorprendido de la hazaña de su empleado que decidió darle al joven Oak unas vacaciones pagadas durante un mes, además de que la Oficial Jenny le comunico que unos días se depositaria a su cuenta de banco el monto de la recompensa que correspondía a los reclutas arrestados.

    Alegando estar cansado Gary solicito permiso para retirarse a descansar, el cual tanto su jefe como Jenny le concedieron sin ningún problema. Una vez que subió a su auto y empezó a conducir en dirección a su Laboratorio no pudo evitar sonreír de la emoción, por fin tenía al conejillo de Indias perfecto y si todo salia bien dentro de poco todos sus sueños se harían realidad.

    Algunas horas después, una aturdida Jessie comenzó a despertar y de inmediato notó que estaba encerrada en la sala de un pequeño laboratorio, al tratar de mover sus manos se percató de que estaban atadas con cuerdas, además de que estaba empapada de pies a cabeza.

    — ¡Ahora lo recuerdo! —exclamó la mujer una vez que su mente se aclaró.

    Su equipo había sido encomendado por Giovanni en persona como el encargado de recuperar algunos datos perdidos durante la última redada en contra del Team Rocket, al llegar al lugar que se les asignó se separaron para abarcar más terreno y encontrar una entrada al Laboratorio de Ingeniería Avanzada Pokémon.

    Ella estaba caminando por un oscuro corredor cuando de un momento a otro una sorpresiva Hidrobomba la impacto por la espalda dejándola inconsciente.

    — ¿En dónde diablos estoy? —dijo al mirar más detenidamente su prisión y darse cuenta de que estaba atrapada en una especie de jaula de cristal transparente.

    —Veo que finalmente despiertas, preciosa —comento la alegre voz de un joven castaño que la veía con deseo y soltó una risa de felicidad —No puedo esperar para que empecemos a divertirnos.

    — ¿De que estás hablando? ¡Admito que tienes muy buen gusto, pero estoy fuera de tu liga niño! —aclaró la recluta del Equipo Rocket con una ligera nota de satisfacción en su voz antes de recuperar su habitual tono de desafío — ¡Pero veamos cuanto te ríes cuando vengan a mi rescate!

    Sin embargo en lugar de mostrarse sorprendido Gary se limitó a activar un monitor en donde se podía ver la imagen de un golpeado James y un congelado Meowth siendo subidos a la parte trasera de una patrulla.

    — ¿Quienes decías que iban a salvarte? ¿No me digas que te referías a tu patético compañero de los comentarios divertidos? ¿O estabas pensando en el débil Meowth parlante? —comentó Gary con sorna —Además seamos honestos, cariño. Aparte de esos dos a nadie más le importa lo que suceda contigo ¡Estas completamente sola y lo sabes!

    — ¿Entonces por que no me entregaste a mi también, maldito mocoso? —preguntó Jessie tratando de contener sin éxito la ira que le causaron las duras palabras de su captor, nadie a excepción de ella insultaba a sus compañeros.

    —La respuesta a tu pregunta es muy sencilla. A diferencia de los inútiles a quienes llamas “tus compañeros” a ti te necesito para probar los resultados del nuevo experimento en el cual estoy trabajando. Necesitaba de una hermosa y rebelde mujer y tu eres la candidata perfecta.

    — ¿Y que pretendes hacerme? —preguntó la mujer, quién ya no podía disimular una nota de temor en su voz tras oír aquella inquietante declaración.

    —Podría aburrirte con largo discurso sobre mi plan justo como tú y tus compañeros lo hacían, pero le quitaría lo divertido y ese no es mi estilo, por eso dejare que seas tu misma quién descubra lo que haré contigo.

    Gary acariciaba la cabeza de su Umbreon con tranquilidad y ajustaba un 25 en el medidor de poder del accesorio de su pokémon favorito, por su parte el pokémon oscuro miro a su dueño cuando este habló y entendió cual era su tarea, en ese momento sus ojos comenzaron a brillar mientras miraba a su objetivo y el aro plateado que tenía en su cuello comenzó a emitir un aura blanca que era prácticamente imperceptible

    Jessie se disponía a protestar pero una poderosa fuerza de color morado con toques blancos inmovilizo por completo su cuerpo y le impidió emitir algún sonido. Ella trato de luchar, pero una agradable y embriagante sensación comenzaba a invadir su mente y poco a poco le hacia perder el control sobre sus acciones.

    Gary veía atentamente a la mujer hasta que su pokémon lo llamo, el proceso había terminado y era tiempo de ver comenzar a experimentar. Y con mucha cautela Gary se acerco hacia donde se encontraba la mujer.

    —Jessie ¿Puedes escucharme? —preguntó con duda y su pokémon estaba a su lado en caso de que tuviera que pelear.

    Cuando Gary hablo la mujer abrió sus ojos azules, mostrando una mezcla de emociones en su mirada: furia, molestia, confusión y una pizca de paz y tranquilidad.

    — ¡Claro, que puedo oírte niño! ¡¡¡Asi que mas te vale soltarme de una buena vez!!! —gritó furiosa la integrante del Equipo Rocket, aún tratando de soltarse de sus ataduras.

    Al ver y escuchar que la actitud de la mujer no había cambiado en nada, Gary se desilusiono un poco. Sin embargo como todo un científico él sabia que aún era muy pronto para sacar alguna conclusión fehaciente, así que trataba de decidir cual seria su plan de acción. Sin embargo dicha tarea era un tanto complicada ya que las constantes patadas que Jessie le daba al cristal intentando romperlo no le permitían pensar con claridad.

    — ¡Podrías quedarte quieta! ¡Intento pensar! —exclamó con fuerza y volteo a ver a su prisionera, a la vez que su mirada de furia rápidamente se convirtió en una de sorpresa, ya que no creía lo que sucedía: Jessie dejo de moverse.

    Si la sorpresa de Gary era enorme, la de Jessie era inmensa, ya que en cuando escuchó esa orden todo su cuerpo se detuvo de inmediato y por más que lo intentaba no era capaz de moverse ni un milímetro.

    “¡Por Arceus! ¡No puedo creerlo! ¡Está cosa en verdad funciona! Sin embargo aún es muy pronto para confiarme tanto” pensó el castaño, quien recupero el ánimo para continuar con el experimento.

    —Muy bien, ahora arrodíllate ante mí —ordenó el investigador con firmeza mientras recibía una mirada de odio de la pelirroja, en definitiva ella no haría eso ante nadie y menos ante un mocoso engreído, pero antes de darse cuenta ya estaba de rodillas en el suelo.

    Gary no pudo evitar sonreír y su sensación de triunfo se hizo mayor al ver como aquella hermosa y orgullosa mujer se encontraba de rodillas a sus pies, en una posición tan sugerente, en donde sus enormes pechos resaltaban aun más.

    Sin duda debía seguir investigando, pero la excitante visión que tenía frente a el empezaba a nublar su juicio. El solo quería divertirse con esa preciosa mujer y abrió la jaula transparente que la contenía.

    —Ahora te desataré, pero te quedaras quieta en tu lugar y obviamente a partir de ahora tienes totalmente prohibido intentar huir o hacerme daño —ordenó con firmeza mientras se acercaba al cuerpo de su prisionera y retiraba sus ataduras, aprovechando la oportunidad para sentir el contacto de sus cuerpos.

    La recluta del Equipo Rocket no contestó, pero no por sumisión, sino porque esperaba el momento en que su captor se acercara a ella. Ese chico pervertido probaría el fruto del entrenamiento que para ella había sido perseguir al Pikachu del bobo por 6 regiones distintas, por lo que decidió empezar con una fuerte patada en su entrepierna, sin embargo su cuerpo no respondía en absoluto.

    —Excelente. Ahora quiero que me hagas un striptease muy sexy, tienes que excitarme ¿Lo entiendes Jessie? —ordenó Gary después de soltar una carcajada de felicidad al ver que por más que lo intento la mujer era incapaz de desobedecerlo

    — ¡Ni lo sueñes niño! ¡YO JAMÁS HARÉ ESO! —contestó la mujer haciendo una mueca, mientras que una furia inconmensurable se reflejaba en sus ojos. Pero su cuerpo se levantó del suelo y sin que ella pudiera controlarlo sus caderas comenzaron a moverse de manera muy sensual.

    “¡¿Que clase de horrible pesadilla es esta?!” pensó la mujer, quien comenzó a estirar sus brazos al igual que una bailarina y se quitaba sus guantes para jugar un poco con los delicados hilos de color carmesí de su mojado cabello.

    — ¡NO SE QUE ES LO QUE ME HAS HECHO NIÑO! ¡¡¡PERO TE JURO POR ARCEUS QUE TE MATARÉ!!! —gritó Jessie con la vana esperanza de que alguien pudiera escucharla, mientras que sus manos, que ignoraban por completo sus órdenes, bajaban hacia sus suculentos pechos y los recorrían lentamente, apretándolos entre ellos y levantándolos mientras se quitaba su camisa blanca.

    — ¡YA BASTA! ¡DETENTE DE UNA BUENA VEZ! —ella continuó gritando con desesperación, pero no solo para detener aquella tortura sino también para ocultar la creciente excitación que sentía al tocar sus perfectos pechos. Después de todo cualquiera que la conociera un poco sabia lo orgullosa que ella se sentía de su cuerpo.

    Unas lágrimas de furia comenzaron a surcar el bello rostro de Jessie mientras ella se despojaba de su camisa, y sus manos se dirigieron hacia sus bien torneadas piernas, acariandolas de manera muy lenta y sensual.

    Muy a su pesar ella terminó volteándose un poco para mostrarle su redondo y bien formado trasero a su captor, mientras se desabrochaba sus botas lentamente hasta quedar descalza.

    Al darse la vuelta de nuevo, una mirada de odio puro y un ceño fruncido era la expresión del rostro de la pelirroja, mientras sus manos, que desobedecian todas sus órdenes y volvían a recorrer sus piernas hasta llegar a su abdomen, en dónde levantaron su camisilla negra dejando libres unos espectaculares y redondos pechos talla 95, cuyos pezones ya se encontraban totalmente erectos.

    La furia de Jessie ahora convivía con la vergüenza de mostrarse desnuda ante la persona más despreciable que ella había conocido y con la ligera sensación de morbo que le daba que aquel chico no pudiera quitarle los ojos de encima. Mientras tanto sus brazos volvieron hacia su diminuta cintura para quitarse su minifalda y sus bragas de color negro con suma sensualidad y en un inesperado brote de excitación las arrojó en dirección al joven investigador.

    — ¡ME DAS ASCO MALDITO PERVERTIDO! ¡CUANDO SE DESHAGA LO QUE SEA QUE ME HAGAS HECHO SIN DUDA ALGUNA ACABARÉ CONTIGO! —bramó Jessie intentando en vano de ocultar su desnudez, pero sus manos seguían sin obedecer sus órdenes y al terminar su sexy danza volvieron a una posición firme.

    Gary quedó momentáneamente hipnotizado admirando el bello cuerpo desnudo de la mujer, el ya sabía que ella era hermosa pero hasta ese momento se dió cuenta de lo sexy que era.

    Después de permitirse admirar el fruto de su trabajo durante algunos minutos, su lado de frío y calculador investigador volvió a tomar el control, tomando una pluma y su bitácora personal en la que anotó en los resultados de su investigación.

    Prueba 1. Aro Umbreon. Capacidad 25%

    Resultados: Los resultados de las primeras pruebas son muy prometedores. Está confirmado que al usar el 25% del poder del Aro Umbreon la sujeto de prueba Jessie es incapaz de resistirse a cualquier orden que le dé. Aunque cabe destacar que ella permanece consciente. Es muy aburrido y un poco extraño ver a una sensual mujer realizando un striptease mientras que te maldice y se queja.

    El investigador anotó esos datos en una libreta de bolsillo que siempre llevaba con él, y que además estaba escrita en código, por lo que en caso de caer en otras manos no sería sencillo descifrar la información.

    Después de anotar los resultados decidió seguir experimentando y en esta ocasion aumentó el poder del Aro a un 30%. En el momento en que la mujer recibió el ataque se quedó totalmente estática, justo como un maniquí.

    Prueba 2. Aro Umbreon. Capacidad 30%

    Al usar el 30% del poder del Aro, Jessie se convirtió en una zombie sin voluntad. La sujeto obedece sin dudar ni quejarse cualquier orden que se le dé, pero ver ese rostro inexpresivo de muñeca no me resulta para nada atractivo

    Aunque algo muy curioso ocurrió mientras ella estaba inmóvil bajo la influencia del 30%. Para distraerme un poco reproducí un archivo de video que tenía guardado, en el cual aparecía mi antiguo escuadrón de porristas y Jessie estaba totalmente inmóvil mirando la pantalla.

    Después de que el vídeo terminó decidí realizar otras pruebas. En cuanto le mencione que ella sería la porrista perfecta me lleve una sorpresa mayúscula al ver que la sexy pelirroja era capaz de repetir la coreografía que usaba mi antiguo escuadrón sin equivocarse una sola vez.

    Incrédulo, repetí varias veces el experimento usando los vídeos de diversas rutinas de espectáculos de animadoras. Al parecer mientras está bajo el influjo del 30% la sujeto de prueba es capaz de absorber y asimilar cualquier tipo de información, ya que fue capaz de realizar todas las rutinas que le mostré a la perfección, con solo ver los vídeos una vez.

    —Veo que el estado zombie tiene su utilidad, y creo que también se como puedo controlarla para que deje ser un maniquí viviente —dijo el investigador con una sonrisa triunfante, ya mientras revisaba los archivos adjuntos en la carpeta del “Control Maestro” descubrió la manera de ejercer el control que tanto deseaba.

    —Dentro de poco nacerá una nueva y perfecta Jessie.

    Continuará…

  • Aquella noche en la cabaña…

    Aquella noche en la cabaña…

    Después de las clases… mis mejores amigas me invitaron a celebrar, junto a ellas, el próximo cumpleaños de nuestra compañera de la universidad: Nicole. Ella cumpliría 20 años.

    Nicole y yo no éramos muy cercanas, mas sin embargo me agradaba.

    Sería en una cabaña alejada del pueblo donde se llevaría a cabo.

    Yo, sin dudar, acepté.

    Mis amigas se emocionaron más.

    – ¡Genial! Lo bueno empezará a las 10… Las veo 9:20 en mi casa para que vayamos en la camioneta de mi papá. Él nos llevará. -nos indicó Amelia.

    El padre de mi amiga siempre había sido muy amable y muy dispuesto.

    Yo sospechaba que tal vez se sentía atraído por una de nosotras… pero esa es otra historia.

    – ¡Súper, sí! -dijo Jennifer.

    – ¡Va! ¿Estás dentro Charlotte? -me preguntó Amelia.

    – ¡Sí! Solo pediré permiso y les digo. -les prometí.

    Se dibujó una gran sonrisa en sus rostros.

    – Más te vale ir. -bromeó Jennifer.

    Reí.

    – No tendrían motivos para no dejarme ir. -aseguré.

    – De acuerdo. ¡Tenemos que ir juntas, se va a poner bueno! -dijo Amelia.

    Ella estaba muy entusiasmada.

    – Pensé que no te llevabas muy bien con Nicole. -le recordó Jennifer a Amelia.

    – Así era. Pero ya nos llevamos mejor. Además… ¡Habrá una sorpresa! -anunció Amelia.

    – ¿Qué sorpresa? -pregunté con curiosidad.

    – No puedo revelártelo pero… ¡te va a encantar!

    Amelia me dejó con más deseo de saber.

    Viernes, 7:40 PM

    Llegó el día esperado.

    Yo casi estaba lista y me sobraba tiempo para hacer alguna otra cosa.

    Decidí llamarle a Jennifer.

    – ¿Hey?

    – ¡Hey! ¿Todo bien?

    – ¡Sí!, ya estoy lista. ¿Y tú?

    – Aún no. Ya sabes… «Detalles finales». -bromeó.

    – Claro. ¿Te digo algo?

    – Sí, dime.

    – Me quedé con la duda…

    – ¿De qué?

    – De cuál será la sorpresa que tanto nos ha presumido Amelia.

    – ¡Ah!… Eso. -dijo riendo.

    – ¿Qué crees que sea? -me sentía ansiosa.

    – No lo sé, pero ella asegura que va a ser grandiosa.

    – Sea lo que sea, ya quiero saber qué es. -dije impaciente.

    Ella rio.

    – Como sea… Te veré en un rato. Me seguiré arreglando.

    – Va.

    – Adiós, perra. -bromeó.

    Me reí.

    – Pendeja. -le contesté, siendo cómplice de nuestros juegos.

    Colgué y acto seguido, bajé a ayudar a mi mamá con la cena.

    Viernes, 9:25 PM

    Luego de una larga espera… finalmente llegó Jennifer en un taxi.

    Llevábamos ya veinte minutos en la camioneta.

    – ¡Ya estoy aquí, perras! -anunció su propia llegada.

    – ¡Bien, ahora sube al auto! -le pidió Amelia a Jennifer.

    Pero en vez de eso, comenzó a caminar como modelo de una pasarela de belleza a propósito… hasta que llegó con nosotras.

    – Eres una pinche diva, Jennifer. -exclamó Amelia.

    – A mucha honra. -aceptó el comentario con orgullo.

    – Ahora sí, nos vamos. -anunció el padre de Amelia.

    Era un tipo serio pero agradable; maduro pero carismático. Me gustaba que le permitía a Amelia expresarse y ser ella misma cuando estaba con gente de confianza como nosotras.

    – ¡Música! -gritamos con euforia Jennifer y yo al mismo tiempo.

    Amelia, desde el asiento del copiloto, conectó su celular y puso música pop.

    – ¡Amo esa canción! -exclamó Jennifer.

    Viernes, 10:07 PM

    Habíamos perdido algo de tiempo buscando la cabaña en el camino, pero finalmente llegamos a la indicada.

    El padre de Amelia nos dejó en la entrada y nos recordó que volvería por nosotras a las 3 de la mañana. Luego, se fue.

    – ¡Vamos a hacerlo, perras! -nos animó Jennifer.

    – ¡Yeah! -nos animamos nosotras también.

    El entorno estaba repleto de árboles y la cabaña aparentaba ser no muy grande, era de hecho del mismo tamaño de una casa.

    Nuestros tacones sonaron sobre los escalones de piedra caliza.

    Tocamos el timbre.

    Aproveché unos segundos para verificar de reojo que las tres lucíamos divinas con nuestros vestidos cortos.

    La puerta fue abierta y el sonido de la música en el interior se intensificó.

    – ¡Hey, me alegro de verlas aquí. Pasen! -nos recibió Nicole.

    Pasamos una tras otra y una vez dentro saludamos a las otras invitadas.

    Había dos de ellas conversando sentadas en uno de los sillones y otras tres sirviéndose más alcohol en sus vasos.

    La música era buena.

    La cabaña era muy linda por dentro, casi todo era de madera y el enorme ventanal en el fondo dejaba apreciar una magnífica vista de las luces provenientes del pueblo a lo lejos.

    – Con confianza, sírvanse lo que quieran. -nos dijo.

    – ¿Y los chicos? -preguntó de pronto Jennifer, siendo que en la Uni Nicole se llevaba bien con hombres y mujeres por igual.

    – ¿Ya estás pensando en los chicos? -bromeó Amelia.

    Todas nos reímos.

    – Ya vendrán. -le contestó Nicole tranquilamente.

    A mí no me extrañaba, sabía que varios de sus amigos hombres eran impuntuales. Además, ellos solían llegar en grupo a todos lados.

    – ¿Podemos dejar nuestros abrigos en alguna parte? -preguntó mi refinada amiga Amelia educadamente.

    – Claro. Dénmelos por favor. Hay un armario donde pueden estar guardados. Cuando los necesiten solo pídanmelos.

    Nicole fue muy amable.

    La vimos irse a la otra habitación.

    – Yo quiero vodka, ¿ustedes? -preguntó Jennifer.

    – Yo también. -dijo Amelia.

    – Yo esperaré un rato. -dije.

    – Como quieras, pero hoy venimos a divertirnos juntas. -me dijo Amelia, reconfortándome porque sabía lo que yo estaba atravesando emocionalmente en ese entonces.

    Me sentía afortunada tener dos amigas tan increíbles.

    A pesar de ser tan distintas… éramos inseparables.

    Viernes, 11: 48 PM

    Para este punto, yo ya había bebido dos vasos con vodka y una cerveza.

    Jennifer ya habría bebido cuatro vasos con vodka.

    Amelia se había detenido para continuar bebiendo más tarde.

    Desde que estuvimos allí, llegaron tres chicas más y una estaba entrando por la puerta en ese momento.

    Afuera, dos chicas estaban fumando y conversando.

    El vodka ya casi se acababa mientras que las botellas de cerveza empezaban a amontonarse.

    – Creo que ya son todas, así que… ¡el momento llegó! -anunció Nicole con entusiasmo.

    En seguida, ella cerró la puerta principal con un candado, lo que captó mi atención.

    Algunas de nosotras volteamos en señal de duda, preguntándonos a qué momento se refería.

    Las chicas que antes estaban afuera procedieron a pasar y sentarse.

    – ¿Es la sorpresa que nos mencionabas? -le pregunté a Amelia.

    – Así es. -me confirmó.

    Al estar todas juntas, sentadas en los sillones, pude observar dos cosas.

    La primera es que, para mi sorpresa, había cuatro chicas allí que eran de otros grupos en la uni. La segunda, la más extraña, es que todas las invitadas presentes éramos mujeres.

    – Ya abre la habitación. -le pidió Nicole en un susurro no muy disimulado a su mejor amiga Grecia.

    Eso me hizo preguntarme qué traían entre manos.

    Nicole se detuvo de pie frente a todas las invitadas y con su segura voz de anfitriona, se dispuso a dar un discurso.

    – Gracias a todas y cada una de ustedes por venir. El día de hoy estamos aquí para celebrar mi cumpleaños y disfrutar esta fantástica noche, por esa razón hoy les tengo una sorpresa. Algunas de ustedes ya saben de qué se trata. Pero antes, quiero compartir una breve historia con ustedes: desde hace tiempo, me percaté de que, en nuestro grupo, hay un chico en particular que ve a las chicas con ojos de deseo…

    – ¡Di el nombre de ese pervertido! -exigió una de las chicas.

    – Vamos por partes. -pidió amablemente Nicole.

    – Perdón. Continúa. -se disculpó la chica.

    – Está bien. Como decía: ese chico se vio muy obvio cuando, un día en la clase de deportes, se quedó contemplando mi trasero luego de que el maestro nos pidiera que trotáramos alrededor de la cancha. Lo atrapé en el acto pero en ese momento decidí esperar y no dije nada. Al finalizar la clase, dos de ustedes se acercaron a mí y me dijeron que también lo habían visto observándome, entonces tuve una idea. Nuestro siguiente paso fue dejar una carta falsa en su mochila. Logramos hacerle creer que una chica se sentía atraída por él y que quería verlo después de clases para conversar en persona. Lo citamos detrás de los salones, donde pudiéramos tener más privacidad. Como lo suponíamos, él llegó puntual. Entonces, con mucha determinación, nos acercamos a él y lo acorralamos. Él comenzó a sospechar que algo andaba mal. Cuando lo tuvimos incapaz de escapar, justo como queríamos, dio inicio nuestro plan. Él, ya angustiado, nos preguntó qué queríamos. Le advertimos que lo habíamos visto viendo mi trasero y viendo a otras chicas en otras ocasiones. Él se veía aterrorizado. Fuimos muy claras: si quería que nosotras no le dijéramos nada a nadie, incluyendo a los profesores, tendría que hacer algo por nosotras. No importaba qué fuese… él lo haría porque si no, acabaríamos con su reputación. No tenía otra opción y lo sabía, y por eso accedió.

    – ¿Y qué fue lo que hizo por ustedes? -preguntó una de las chicas.

    – Ahora lo verán. ¡Tráelo Grecia!

    En ese momento… Grecia se hizo presente en la habitación y entendimos a qué se referían. ¡Mis ojos no podían creer lo que veían!

    Sujetado con una resistente correa de metal, con la cual Grecia lo jalaba, el chico del que Nicole hablaba unos instantes atrás se encontraba completamente desnudo y sometido por ambas. En la misma posición que un perro, apoyando su peso sobre rodillas y manos, se notaba que él no quería estar ahí.

    Sentí una combinación de asombro y compasión. Él había sido nuestro compañero de clases desde el primer semestre, y ahora podía ver su cuerpo desnudo frente a mí.

    Sabía que él era un mirón, lo había atrapado en múltiples ocasiones viéndome los senos, pero al mismo tiempo siempre había sido un tipo educado y amable, al menos conmigo, así que no estaba segura de que se mereciera ese castigo.

    – Vaya, hasta que recibe su merecido. -exclamó una chica.

    – ¡Sí! -gritaron algunas.

    – Cuenten sus casos, chicas -sugirió Nicole.

    – A mí me observa cada vez que entro o salgo del salón. Parece que me examina con la vista. -expuso Amelia.

    Personalmente no me fijaba en quién miraba a quién y en qué ocasiones.

    – A mí escribe pequeñas notas de papel y las deja sobre mi mesa. Cuando regreso y las leo, casi siempre son una invitación para vernos después de clases o ver una película en su casa. -dijo otra chica un poco más tímida.

    No podía darle crédito a esos testimonios. No cabía duda de que las apariencias engañan. Aun así, no estaba totalmente convencida de humillarlo así.

    – A mí constantemente me hace preguntas sexuales, me habla sobre sexo o menciona el sexo en alguna oración. -confesó Jennifer.

    Me constaba.

    Y entonces recordé…

    – En mi caso, siempre hacemos pareja para estudiar o hacer la tarea juntos en la casa de alguno de los dos. Siempre he pensado que él es un chico inteligente. La verdad es que también me he percatado de que, cuando yo me distraigo, él aprovecha para ver «disimuladamente» mis senos. Ahora que mencionan todo lo dicho, creo que él solo me ayuda para acostarse conmigo en el futuro. -dije armada con valor.

    Hasta este punto, deducía lo que estaba sucediendo.

    Al no tener otra opción, aquél chico accedió a ser el esclavo de Nicole y Grecia, lo que además tenía sentido. Grecia era la jefa de nuestro grupo, la encargada de representar al grupo cuando se tratase de asuntos escolares, y ese chico era su «segunda mano», el encargado de asistir a la jefa de grupo cuando ella lo necesitara. Por el otro lado, Nicole era una chica ruda, energética y extrovertida, lo que la hacía perfecta para controlar al chico mencionado ya que él era pasivo, tranquilo y callado. Era sabido por todos que este chico y Nicole son puntos opuestos, lo que quedaba demostrado con sus repentinas discusiones en la preparatoria. Evidentemente ambas ejercían poder sobre él, por esa razón cobraba sentido verlo sometido por ellas.

    – ¿Ya oíste imbécil? ¡pagarás por tus crímenes! -gritó Grecia, introduciendo a las chicas al juego.

    Lo que no sabía era qué tan en serio era todo: ¿estarían castigándolo de verdad con un juicio oral real, o acaso todo sería parte de un solo castigo el cual sería verlo humillado siendo partícipe de un juego de dominación?

    Como fuese, esto estaba siendo muy real.

    – ¿Qué haremos con él? -preguntó una de las chicas, queriendo iniciar un matadero.

    – Tranquilas chicas. Tenemos toda la noche para castigarlo y hacerle lo que queramos. Su verdadero castigo es el de no poder defenderse, lo tiene prohibido. Lo convertí en mi obediente puta y hará lo que yo le diga, ¿verdad, esclavo?

    – Sí, Ama. -respondió obedientemente.

    Las chicas observaron boquiabiertas.

    – Bien dicho. Chicas… ¿Alguna idea?

    A continuación hubo una lluvia de ideas.

    Sábado, 12:22 AM

    – ¡Perfecta! -exclamó emocionada una chica al obtener una buena «selfie» junto al cuerpo del esclavo.

    Todo su cuerpo estaba cubierto con insultos, frases humillantes y dibujos de penes hechos con un plumón negro. Eran impactantes a la vista las cosas escritas en su piel.

    Nosotras jugábamos Póker y bebíamos cerveza.

    – Tu turno -le recordó Grecia a Amelia.

    – Claro.

    Amelia tiró su última carta, ganando el juego.

    Todas protestaron.

    – ¡Tienes suerte, perra! -dijo Jennifer.

    – Claro que sí, querida. -contestó Amelia, usando su estilo y elegancia para derrochar supremacía.

    Grecia la interrumpió.

    – Tu premio. -le recordó.

    – ¡Es verdad!

    Amelia pasó a donde estaba el esclavo, se quitó las calcetas, las metió con descaro en la boca del esclavo donde ya habían tres pares de calcetas, tomó el plumón y escribió «como penes todos los días» en su torso desnudo. Luego volvió a su asiento.

    No quería ni imaginar el hedor de aquellas calcetas sucias en su boca.

    – ¡Goloso! -exclamó una de las chicas.

    Todas rieron.

    – Mírenlo, ¿no es patético? -preguntó Grecia.

    – ¡Sí, es patético!

    – ¡Es ridículo!

    – ¡Es horrible!

    – ¡Es un perdedor!

    – ¡Es un desperdicio de hombre! -dije yo.

    – ¡Así me gusta. Insúltenlo, que aprenda a respetarlas! -les pidió Nicole.

    Me empezaba a gustar este escenario. Era divertido burlarse de él, de un chico.

    – Ya me aburrí. Hagamos otra cosa. Humillemos al esclavo. -pidió Jennifer.

    – ¿Ideas? -preguntó Nicole.

    Nadie contestó de inmediato.

    – Tengo una. -destacó Elizabeth, una chica de otro grupo.

    – Dinos cuál es. -pidió Grecia.

    Ella tomó unos segundos.

    – ¿Qué tal si todas escupimos en un vaso y se lo damos a beber al esclavo?

    Se dibujó una sonrisa en el rostro de todas.

    – ¡Sí! -aceptaron.

    – Decidido. Usemos este vaso. -dijo Grecia tomando un vaso rojo de la mesa.

    Una a una, cada chica dejó caer el exceso de saliva de su boca en el vaso, formando así un asqueroso menjurje. Unas incluso se pusieron creativas e hicieron gárgaras antes de escupir en el vaso.

    – ¡Mira lo que te va a tocar, esclavo. Pinche afortunado! -le dijo Jennifer.

    El esclavo observaba con detenimiento, sabiendo lo que le esperaba.

    – Ya es hora. -dijo Grecia, portando el vaso medio lleno.

    El esclavo tragó saliva.

    – Abre la boca. -ordenó Grecia.

    Él se negó. Ella le dio una bofetada.

    – ¡Abre la boca dije!

    Sin salida, él abrió la boca y levantó la cabeza para ver al techo.

    Grecia depositó todo el contenido del vaso en su boca, hasta la última gota posible.

    Él cerró la boca y contuvo todo el líquido allí dentro.

    Grecia, con su mano, tapó la boca del esclavo y sujetó su cabeza.

    Con una mueca de disgusto total, él procedió a tragárselo todo.

    Acto seguido, abrió la boca para dejarnos ver que lo había logrado.

    – Al menos para eso sirves. -le dijo Grecia con desprecio.

    – Yo creo que lo disfrutó. -dijo Amelia.

    – Sí. Solo es un malagradecido. -dijo Nicole.

    Yo seguía sorprendiéndome.

    Sábado, 1:18 AM

    Luego de fumar y platicar durante al menos veinte minutos, Amelia y yo entramos de nuevo a la cabaña.

    La sala estaba vacía y se escuchaban voces provenientes del baño.

    Decidimos seguir las voces.

    Cuando llegamos, me extrañé al ver que Grecia y Nicole estaban pegando con cinta canela al esclavo en el suelo del baño. Alrededor de ellas estaban las chicas.

    – Qué bueno que ya entraron. Tenemos otra idea para humillar al esclavo. -anunció Jennifer.

    – ¿Cuál? -pregunté.

    – Vamos a orinar sobre él.

    – ¡¿Qué?! -Amelia no lo creía.

    – ¡Sí. Vengan! -Jennifer nos guio con las otras chicas.

    Ellas nos recibieron con dos cervezas, una para cada una.

    – ¿No han ido al baño, cierto? -preguntó Jennifer.

    – No. -respondió Amelia.

    – Una vez. -respondí yo.

    Mi vejiga nunca ha sido capaz de aguantar mucho tiempo.

    – Eso está bien. Una no es mucho. Beban cerveza para que les den más ganas de orinar.

    Querían que todas orináramos.

    Yo bebía pequeños tragos de mi cerveza de vez en cuando.

    – Listo. Ya está bien con eso. -indicó Grecia.

    – Sí. Ya está. -indicó Nicole.

    – ¿Quién quiere ser la primera? -preguntó Grecia.

    Algunas levantaron la mano.

    – Frida. -escogió Nicole.

    Frida pasó al frente.

    – Hazlo. -dijo Grecia, guiñándole el ojo a Frida.

    – Bien. -dijo Frida con su dulce voz.

    Se bajó lentamente sus pantalones blancos y continuó con su ropa interior rosa.

    Una de las chicas la ayudó a sostenerse mientras se ponía en cuclillas sobre el rostro del esclavo.

    Con su mano libre, Frida usó sus dedos para separar sus labios vaginales para así poder apuntar a la boca del esclavo con precisión.

    Todas las chicas esperábamos pacientes el momento.

    Frida suspiró e hizo su cabeza hacia atrás, relajándose y dejando que todo dentro de ella fluyera.

    A los segundos, la boca y el rostro del esclavo fueron cubiertos con los chorros de orina de nuestra amiga.

    El líquido fue derramado sobre todo su rostro.

    Él atrapaba lo que podía en su boca y lo bebía al instante.

    – ¡Aleluya, ahora serás bendecido con nuestros preciosos fluidos dorados! -exclamó Grecia.

    Todas se estaban divirtiendo. Incluso yo.

    Una a una, las chicas pasaron a liberar su vejiga sobre él.

    Fue un largo rato de contemplar la lluvia dorada que le llovía encima.

    Cuando me tocó a mí, pasé con algo de timidez. No había orinado frente a tantas personas antes.

    – Hazlo Charlotte. -mi amiga Amelia me dió ánimos.

    Jennifer me ayudó a sujetarme.

    Yo respiré profundo.

    Lo dejé salir.

    Sentí aquello como liberarme. Fue placentero, divertido y excitante. Estar haciendo algo tan sucio, tan inesperado, tan lleno de morbo, me hacía sentir que podía hacer lo que yo quisiera. Se sintió muy bien.

    Ignoré cómo él pudiera estar sintiéndose y me enfoqué en mí, lo que yo obtenía con eso. De algún modo, se sintió bien tener poder sobre otra persona de tal manera. Estaba orinando en su boca y él no dudaría en beber mis meados, esa sensación de poder era incomparable.

    Lo que más disfrutaba era ver su expresión facial mientras recibía mis fluidos. Me reía en su cara.

    – ¡Así se hace! -me felicitó Grecia.

    Todas me daban ánimos para dejar salir hasta el último chorro.

    Así fue.

    Jennifer me ayudó a ponerme de pie.

    Me volví a poner mi ropa interior y mi vestimenta.

    – ¿Cómo te sentiste? -me preguntó Amelia.

    – ¡De maravilla! -exclamé.

    – ¡Fantástico! -exclamó ella.

    – Bien hecho Charlotte. -reconoció Nicole.

    – Gracias a ustedes. -dije.

    – Creo que ya nadie tiene ganas de orinar. -interrumpió Grecia.

    – De acuerdo. Ahora vamos a la otra habitación. -nos invitó Nicole.

    – El esclavo va a quedar oliendo. -nos hizo ver Elizabeth.

    Todas caímos en cuenta de ello.

    – Es verdad. Tengo una idea: hay que rociarlo con agua de la manguera. -sugirió Grecia.

    – ¿Afuera? -preguntó Jennifer.

    – ¡Sí!, síganme.

    Grecia tomó al esclavo con la correa y lo llevó afuera, al jardín.

    Las chicas la seguimos.

    Nicole tomó y desenrolló la manguera.

    No hace falta mencionar que hacía frío afuera.

    – Muy bien esclavo. Ahí te va. -anunció a punto de dejar salir el chorro de agua.

    El esclavo cerró los ojos y puso fuerza sobre su propio cuerpo, estando acostado sobre el césped y cubriendo su pene.

    El agua salió con fuerza y lo mojó completamente.

    Nosotras admirábamos.

    – Toma esto imbécil. -le dijo Nicole con euforia.

    Él gritaba por la reacción del agua helada sobre su piel.

    – ¡Sí, lo está sufriendo! -dijo Grecia, disfrutándolo.

    Luego de que las chicas se aburrieron… su tortura se acabó.

    O no, ya que su cuerpo desnudo ahora temblaba por el frío.

    – No seas llorón. -le espetó Grecia.

    – Qué patético eres. -le dijo Amelia.

    El esclavo recibía toda clase de comentarios sin problema alguno.

    Todas entraron para ir a la habitación principal.

    Yo me quedé allí y me acerqué al esclavo lentamente para no asustarlo.

    Tenía curiosidad.

    – Hola, Shakespeare. ¿Cómo te sientes?, quiero decir… honestamente. -pregunté.

    Aquella noche seguramente había sido una tortura para él.

    Él intentó hablar a pesar de su boca temblorosa.

    – De maravilla. -respondió, sorprendiéndome.

    – ¿Acaso te gustó todo lo que te hicimos? -tenía que estar bromeando.

    – Sí. Me gusta ser tratado así. De hecho, Nicole lo sabe, por eso me sometió a esto.

    – ¿Cómo es que ella lo sabe?

    – Se lo dije. Fue parte de nuestro acuerdo.

    No podía creerlo. Él disfrutaba de sufrir mientras nosotras disfrutábamos de hacerlo sufrir.

    En ese momento, Grecia apareció con una toalla seca y abrigadora.

    – Gracias. -dijo el esclavo.

    Él se cubrió con la toalla.

    – Así que, ¿todo es parte de un trato? -le pregunté a Grecia.

    – Sí. Su reputación a cambio de nuestra diversión. Además, a él le gusta ser humillado así… así que es un «ganar-ganar». -me aclaró ella.

    – Te lo dije. -me presumió el esclavo.

    – ¡Tu cállate! -le dijo Grecia.

    También le dio un puñetazo en el hombro.

    Él gimió de dolor.

    – ¡Débil! -le espetó ella.

    – Esto es fascinante. -confesé.

    – Y aún tenemos toda la noche para usarlo…

    Sábado, 3:00 AM

    Tal como lo dijo, el papá de Amelia llegó puntual.

    Hizo notar su presencia con el claxon de la camioneta.

    Mis amigas y yo nos despedimos del grupo de chicas. Era una lástima tener que dejar el juego de «Tu ama dice…» a medias.

    Ellas continuarían torturando al esclavo.

    – ¿Cómo les fue? -preguntó el papá de Amelia cuando nosotras abordamos la camioneta.

    – Estuvo muy divertido. -respondió Amelia.

    – Sí, me la pasé muy bien. -dijo Jennifer.

    – ¿Y a ti, Charlotte? -preguntó él.

    Lo miré con aparente inocencia.

    – Fue una buena noche.

    Él me sonrió.

    – Me alegra escucharlo. Es tiempo de ir a casa a descansar.

    Puso en marcha la camioneta y dejamos atrás aquella hermosa cabaña.

    Me puse a observar los árboles y me perdí en mis pensamientos.

    Realmente me había relajado y, además, ya no vería a aquél compañero de clases de la misma manera.

    Fin del relato.

    Narrado por «Charlotte».

    Relato escrito por Shakespeare (Pseudónimo).

    Hola. Te agradezco por haber leído este relato.

    Espero que hayas disfrutado su lectura.

    Me considero un amante del arte de la dominación femenina y adoro la mayor parte de sus prácticas. Soy un hombre sumiso.

    Este relato es ficticio… escribo por amor al arte.

    Contactarme es fácil, tan solo envíame un correo a:

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    O sígueme en Twitter: @shakespeareXIX

    Hasta el próximo relato.