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  • El mejor amigo de mi marido me llena la boca de semen

    El mejor amigo de mi marido me llena la boca de semen

    J: Ah, así, ¡que rico!

    L: ¡Mmm! ¿Te gusta?

    J: ¡Si, Lety, sigue!

    L: ¡Me encanta tu rica verga!

    J: ¡Cómetela, agh!

    Jonathan, es el mejor amigo de Luis y porque terminé dándole una rica chupada en su carro, muy simple, para pagarle con lo mismo a Luis.

    Todo iba muy bien, el excelente ambiente, amantes, los encuentros grupales, el sexo y mi vida familiar estaban en lo mejor, hasta que vi su celular.

    Revisándolo encontré chats, con mis amigas, Lucero, Paula, Bere, Paty, ¡el muy maldito les mandaba fotos de su verga y las muy traidoras le correspondían con fotos provocadoras y videos tocándose!

    Me afectó la traición al cuerdo, con todas menos con mis amistades, le reclamé y él sin decir más me insinuó que hiciera lo mismo, eso me enfadó como no tienen idea.

    Una tarde me dirigía a casa de mis padres, aun me encontraba molesta, justo cuando tomaría un taxi me tocaron un claxon, al mirar estaba Jonathan.

    J: Hola, ¿cómo estas Lety?

    L: Bien ¿y tú?

    J: Bien, ¿oye necesitas un aventón?

    L: Jajá, ¡voy a casa de mis padres!

    J: Déjame acercarte ahí, ¡igual el taxi es menos!

    L: Bueno, ¡está bien!

    Subí a su carro, en el pasado Jonathan me cortejo, pero yo me decidí por Luis.

    Él es un tipo moreno, de ojos color claro, buen físico y se rumoraba que tenía una gran polla, no podía negar sentirme atraída por él.

    J: ¿Y cómo han estado? Hace meses no veo a Luis.

    L: Pues más o menos, ¡ando enojada con tu amigo!

    J: ¡Cómo crees! ¿ahora que te hizo?

    L: ¡Rompió un acuerdo que teníamos!

    J: Ese hermano, jajá, ya no te enojes con él, esta lurias, ¡pero es buena bestia!

    L: ¡Lo defiendes por ser tu amigo!

    J: Jajá, ¡es mi deber!

    Jonathan tenía una actitud que me agradaba, el muy fresco y seguro de sí mismo, entablaba todo tipo de conversación, yo estaba pasándola bien, por un momento olvide que era amigo de Luis y me sentía atraída sexualmente por él.

    J: Bueno, llegamos a su destino.

    L: Ay, ¡eres un amor!

    J: Perdón mi atrevimiento, pero espero aceptes tomar un café conmigo algún día.

    L: Jajá, ¡pero soy la esposa de tu amigo!

    J: Lo sé, solo es para convivir, me la pasé muy bien en el trayecto, tienes una sonrisa envidiable y además a veces es bueno que te vean con una escultural mujer como tú.

    Lo miré fijamente, su cara mostraba sinceridad, analicé las cosas y tomé una decisión que ni él se esperaba.

    L: Sabes, creo que acepto tu invitación, ¡pero sería hoy!

    J: ¿No vas a ir con tus padres?

    L: ¡Nene, ahí estaré, jajá!

    J: Jajá, ok, ya entiendo, bueno, sube, ¡te llevaré a un buen lugar!

    L: Sabes, cerca de la avenida grande hay un mirador donde se ve la ciudad, vamos ahí, compremos algo para amenizar la charla.

    J: ¡Guau! Está bien, ¡vamos!

    Estábamos cerca del Ajusco y la calle donde le dije era donde Luis y yo teníamos sexos en el pasado, no sé por qué, pero me calentó la idea de ir con él a ese lugar.

    J: ¡Bonito lugar!

    L: Aquí venía con tu amigo.

    J: ¿En serio?

    L: Claro, jajá, me trae recuerdos.

    J: Uhm, jajá, ¡eres tremenda!

    L: ¿Tú crees?

    Comenzamos a charlar y beber unas cervezas que pasamos a comprar, él me contaba su vida, pero yo como si fuese una puta, miraba el paquete en sus piernas, se notaba que, aunque me hablaba él pensaba lo mismo, me deseaba y su pene aplastado por el pantalón quería escapar y poseerme.

    J: Bueno, creo que es hora de irnos, no creo que sea correcto que tú y yo estemos solos aquí.

    L: ¿Y por qué no?

    J: Porque los hombres somos débiles, ¡más con una diosa como tú!

    L: ¡Pues las diosas también son débiles!

    Dicho eso, me acerqué y lo besé, él trató de rechazarme, pero yo toda poseía por algún espíritu sexual metía mi lengua en su boca.

    Me gustaban sus carnosos labios, el cedió y comenzó a meter su lengua en mi boca, me encantaban su forma de besar, estábamos en el cofre de su auto besándonos y traicionando a su amigo, ¡mi marido!

    J: Esta buenísima, no sabes cuánto te deseo.

    L: ¿En serio? Aprovecha mi desliz.

    Me acosté en su cofre y besaba mi cuello, como traía una licra café muy entallada, lograba sentir su duro pene, bajó su lengua en medio de mi escote y chupó como bebé, me levantó la blusa para disfrutar mis pechos, estaba fascinado con tenerme ahí para él.

    J: ¡Soy el peor amigo!

    L: Uhm, no te culpes, ¡yo soy cómplice también!

    Sus manos acariciaban mis muslos, yo lo abrazaba y rasguñaba su espalda por encima de su camiseta, me encantaba el amigo de mi marido.

    Me puse de pie y sin titubear bajé su pantalón, el muy canijo estaba sin ropa interior, pero para mí fue más fácil ya que su verga de buen tamaño grosor quedó lista para mi boca.

    La tomé con mis dos manos y la lamí como si se tratara de una paleta, él cerraba sus ojos y aguantaba sus quejidos, ese tronco era gruesísimo, bajé su prepucio y chupé su glande, él gemía y temblaba, yo arrodillada sobre el pasto, comencé a meterlo poco a poco a mi boca…

    J: ¡Ah, nena, dios, uf!

    L: ¡Está enorme y muy rica!

    Comencé a mamársela rápido, la verga entraba a la mitad, el grosor me impedía meterla hasta mi garganta, él me tomaba de la cabeza y guiaba mis chupadas…

    J: ¡Ah, Lety, uf!

    L: ¡Uhm, ah, mmm!

    J: Mamas muy rico, pinche Luis, ¡qué envidia!

    Me tomó de la cabeza y comenzó a follarme la boca, no me dejaba respirar, de hecho, no quería que lo hiciera, me encantaba tener su verga en mi boca, el amigo de mi marido me estaba follando la boca como bestia.

    Colocó mi cabeza recargada en el cofre del auto y como loco movía su pelvis, yo apretaba sus nalgas y metía mis dedos en su ano, eso lo ponía más y más loco.

    J: Toma, ah, así perra, méteme los dedos, uf, toma mi verga, agh, ahógate, ¡agh!

    Me estaba asfixiando, pero más que quererlo quitar yo gustosa recibía sus embestidas.

    J: Siempre quise que me lo mamaras, no sabes cuantas pajas te he dedicado.

    Sus palabras me ponían más calientes, mi tanga estaba súper húmeda, ¡estaba desquitándome de mi marido y lo estaba disfrutando como nunca!

    No importaba que pasaban carros, quería continuar recibiendo en la boca al amigo de Jonathan…

    L: ¡Rica verga, uhm!

    J: Ah, Lety, uf, ¡sigue!

    L: ¿Te gusta cómo me como tu verga?

    J: Si, no pares, uf, ¡no pares!

    Sentía como poco a poco Jonathan se inflaba, él estaba desquiciado por las mamadas que le daba, se había olvidado de la amistad con Luis y solo cumplía su más grande fantasía.

    J: ¡Ah, nena, me voy a venir!

    L: ¡Uhm, mmm!

    J: Ah, así, ¡que rico!

    L: ¡Mmm! ¿Te gusta?

    J: ¡Si, Lety, sigue!

    L: ¡Me encanta tu rica verga!

    J: ¡Cómetela, agh!

    Sentí como se inflaba su verga y de pronto, una rica lluvia de leche caía en cara y boca, yo tragaba su espeso semen caliente, él gemía y se tambaleaba, yo continúe mamando su rica verga para hacerlo gozar más.

    J: ¡Uhm, chiquita, ah, dios, ah!

    L: ¡Deliciosa verga, uhm, ah!

    Le exprimí todo lo que pude, mi cara quedo cubierta de su semen, me tomó una foto y me prometió masturbarse viéndola, nos bebimos una última cerveza y me llevó cerca de casa.

    En ese momento supe que ni Luis ni yo, cumpliríamos cualquier trato, nuestros deseos carnales habían llegado a otro límite, así que solo me resigne a gozar.

    Saludos su amiga Lety.

  • Un grato encuentro durante un viaje (Parte 2)

    Un grato encuentro durante un viaje (Parte 2)

    Después de nuestro primer encuentro en la alberca, comenzamos a enviarnos mensajes, en esos primeros mensajes me enteré que se llamaba Esteban, que tenía 29 años, que trabajaba en un lugar en el que se dedican a hacer prensas para autos, la verdad ni idea, pero ese era lo de menos, lo importante era que estaba guapísimo y habíamos tenido una sesión de sexo muy rica, en fin, ya saben los generales, igual le compartí de donde era, que estaría ahí por un par de semanas y que el motivo de mi estancia era implementar unos cambios en un sistema informático ya que nuestro cliente la ha ido bien y necesitaba ampliar un poco su plataforma.

    En fin, me comentó que por su trabajo iba a estar saliendo tarde, de cualquier forma yo seguí visitando la alberca en las últimas dos horas que eran de 6 a 8 de la noche, finalmente dos días después me envió un mensaje diciendo que podíamos ir a cenar a lo que accedí muy ilusionada de verle de nuevo, quedó de pasar por mí al hotel a eso de las 7:00, ese día por supuesto que tuve que suspender mi sesión de natación así que me apure a ducharme y estar lista cuando él llegara.

    De camino al restaurant, la plática fue un tanto ligera ya saben, aprovechamos para terminarnos de conocer. Ya en el lugar que estaba a casi 40 minutos, un poquito lejos, pero valió la pena ya que es un restaurant bastante agradable, me encantó la decoración de las mesas, el arreglo que tenían de las servilletas, en fin, le daba un ambiente muy romántico. La cena estuvo riquísima, él ordenó algo para compartir, botella de vino tinto la chica que nos atendió prendió un par de velitas que estaban en el arreglo al centro de la mesa y yo estaba encantada. Durante la cena me comentó que él tampoco era de esa ciudad pero que la visitaba con frecuencia porque era una sucursal más y que a él lo enviaban para supervisar un poco. En fin, ninguno de los dos estaba en una relación y acordamos que aprovecharíamos el tiempo y la fortuna de habernos conocido.

    Durante el camino de regreso ya un poco con más confianza recargué mi cabeza sobre su hombro como toda una damita enamorada, me sentía un poco nerviosa, pero al final decidí preguntarle si aceptaba pasar a conocer mi habitación, a lo que él respondió:

    -¡Claro cariño!, dijimos que tenemos que aprovechar el tiempo.

    -¡Perfecto! -le dije- porque la cena estuvo muy rica y todo, pero yo tengo ganas de un postre de arroz con leche que no veas, ¡eh!

    -No te preocupes, traigo suficiente para dejarte más que satisfecha

    Para esto yo ya le venía masajeando la verga que no tardó en despertar y en ponérsele bien dura. No pude resistir la tentación de aflojar su cinturón para poder desabotonarle el pantalón y bajarle la cremallera.

    -¡Uhm!, estaba ya que ya no te cabía dentro del pantalón cariño.

    -¡La verdad si! -respondió- Gracias por el masajito, lo acaricias bien rico.

    Noté entonces que el siguiente tramo de carretera era recto así le pedí que levantara un poco las caderas y me ayudara a bajar sus pantalones, una vez hecho lo anterior, acomodé el asiento y todo para poder agacharme y empezar a saborear esa verga, primero le di unas ligeras mordiditas, (siempre tengo ansias de morder), después empecé a recorrerlo todo con la lengua, ¡uhm! Lo tenía bien rico, el empezó a gemir y acariciaba mi cabello, yo continué jugando con mi lengua sobre su glande que lo tenía bien hinchado, le di varias vueltas con mi lengua y el dio unos gemidos más fuertes, me separe un poco para mojar mis labios para luego empezar a rozarle la puntita de la verga así con labios cerrados, finalmente con un movimiento suave fui bajando muy lentamente mi cabeza para meterme ese trozo de carne por completo, acompañe mi movimiento con un largo gemido de placer. Ambos estábamos locos de placer en este punto, yo no podía pensar en otra cosa que llegar y entregarme a mi hombre, a entregarle mi cuerpo, mis besos, mis caricias, a someterme a sus más bajos instintos sin ninguna reserva, sin ningún pudor. Finalmente atinó a decir en medio de sus gemidos -ya estamos llegando cariño.

    Así que tuve que suspender esa degustación de verga que me estaba dando, entonces me acomodé de nuevo en mi asiento como niña buena y solo le medio subí un poco el bóxer.

    -¿Qué lástima que estábamos tan cerca? Me hubiera gustado continuar

    -A mi también cariño -respondió-. Pero tranquila ahorita le seguimos

    Apenas pasaban las 11:00 de la noche y el lugar era muy tranquilo ya todo se veía apagado y silencioso. Tan pronto se estaciono en el hotel, se apresuró a arreglar sus pantalones, bajamos del auto, me tomó de la mano y yo lo guie hasta mi habitación, una vez dentro, nos desvestimos apresuradamente, tan pronto pude empecé acariciarlo y besarlo, mi instinto de hembra en celo dirigió mis labios a su enorme y delicioso pene, se lo mamé con mucha pasión y lujuria unos segundos, él se inclinó un poco hacia mí y me ayudó a ponerme de pie, al principio me resistí porque no quería dejar ese jugoso postre, pero insistió así que me fui levantando mientras continuaba besado su cuerpo.

    Continuamos besándonos apasionadamente, me recostó sobre la cama y recorrió cada parte de mi cuerpo con sus besos, yo estaba loca de placer, gemía, jadeaba y le decía:

    -Papito me encantas, me vuelves loca.

    El continuó besándome yo hacía lo mismo cuando podía, de pronto el se incorporó y llevó su verga hasta mi cara, entendí lo que quería y no tardé en metérmela hasta el fondo, se la empecé a mamar despacio para ir subiendo el ritmo poco a poco, la acariciaba sus nalgas que las tenía bien redonditas y firmes, de pronto me la sacó y me acomodó en la cama boca arriba de tal forma que mi cabeza colgaba por la orilla. Se bajó de la cama y me dijo:

    -Ahora si te la vas a comer completa cariño

    Diciendo y haciendo, me acercó de nuevo su bella verga mientras yo abría mi boca para recibirla, el empezó a menear sus caderas mientras yo encantada saboreaba sus líquidos y disfrutaba con gran placer ese vaivén, estaba completamente entregada a mi macho, usaba mis manos para acariciar sus nalgas, sus muslos, sentía como sus testículos rozaban mi cara lo que me excitaba y me ponía a mil. Sentía un gran placer ver y sentir como me la empujaba hasta el fondo, yo misma jalaba sus piernas para darle a entender que la quería toda adentro. Así estuvimos un par de minutos más hasta que la sacó y me puso sus testículos, que yo sin dudar comencé a chupar, lamer y acariciar con mucho gusto. Unos momentos después le dije:

    -¡Ya métemela papi, quiero sentirte dentro de mí!

    -Claro que sí cariño -me respondió.

    Yo solo me acomodé bien sobre la cama, esperando recibir instrucciones de mi macho, quería que me cogiera de todas las formas posibles, él se acercó, tomó ambas almohadas y me las colocó debajo de la espalda baja, lo que me hizo quedar un poco arqueada, pero luego él se arrodilló y levantando mis piernas las colocó sobre sus hombros mientras acercaba su rica verga a mi culito, no tardé en sentir cosquillas y empecé a gemir, el continuó jugueteando con su verga entre mis nalgas y me preguntó:

    -¿Ya quieres que te la meta cariño?

    Solo alcance a asentir con la cabeza mientras me mordía un dedo y gemía, pero esa no era la respuesta que él esperaba. Así que volvió a preguntar:

    -¿Ya quieres que te la meta cariño?

    -¡Sí! -le respondí.

    Yo estaba loca esperando sentir su verga adentro pero el solo seguía restregándomela entre mis nalgas, entendí que una vez más no era la respuesta que él esperaba. Yo no veía la hora de sentirme en la gloria y por más que empujaba mis caderas hacia las suyas no conseguía ensartarme en ese rico y delicioso trozo de carne. Él respondía mis intentos moviendo sus caderas hacia atrás. Finalmente me dijo:

    -Quiero que me la pidas, ¡pídeme que te la meta! -me ordenó y volvió a preguntar:- ¿Ya quieres que te la meta?

    -¡Sí, papito! -le respondí-. ¡Métemela por favor, quiero sentirte! ¡Cógeme papito! ¡Métemela!

    No tardó en empezar a empujarla y con esto yo empecé a sentir la gloria, había extrañado esa verga durante apenas un par de días que se me habían hecho como semanas. La sensación de tenerlo otra vez dentro de mí fue indescriptible, acompañe su penetración con un largo y lujurioso gemido de placer, estaba loca gozando de su enorme verga. No tardó en empezar el vaivén y cada embestida me volvía loca, fue muy lindo al empezar a darme embestidas suaves, largas y profundas, sentía con cada embestida como su verga recorría la entrada de mi culito y como su cabecita tocaba mis paredes internas, era una delicia, un placer inmenso que me tenía a mil.

    -¡Uhm!, ¡Que rico estás papito! ¡Ay, que rico me coges!

    Con tanta excitación que tenía, comencé a mover las caderas para ensartarme con más fuerza, el usó sus manos para ayudarme y poco a poco las embestidas que me daba se hacían más fuertes y por supuesto más ricas.

    -¡Ay, que rico siento papito!, ¡me vuelves loca! -le dije.

    -¿Quieres más? -me preguntó

    -¡Sí!, ¡Dame más papi!, ¡Dame duro! -le respondí.

    -¿Más duro?

    -¡Sí!, ¡Dame más papito! y ¡Dame más duro por favor!

    -¡Uhm! -alcanzó a gemir

    Sus caderas respondieron muy bien a mis peticiones y solo me dejaba coger por ese macho que resultó ser un gran semental. Entonces bajó un poco el ritmo, usando sus manos me dobló las piernas mientras él se inclinaba hacía mi y me empezó a embestir de nuevo suavemente mientras el comenzó a girar hacia los lados, yo sentía bien rico como esa verga me llegaba a cada rincón y como mi culito le respondía con gusto.

    Dejó de girarse y ahora tomó mis piernas así dobladas por mis rodillas e hizo que me girara a mi derecha, mi culito quedo aún más abierto y a toda disposición de mi macho, me puso a mil esa posición y más enloquecí cuando empezó a embestirme fuerte mientras me decía:

    -¡Así se te ve más bonito el culo!

    Estaba loca y entregada a él sin reservas, empecé a gemir con fuerza, mis manos apretaban con fuerza las almohadas mientras me concentraba en abrir bien las nalgas y parar el culo para entregárselo a mi macho, me concentraba en mantener mis caderas firmes y duras para aguantar sus embestidas, no pasó mucho tiempo cuando empecé a sentir que mi cabeza alcanzaba la cabecera, así que aproveche para usar mis brazos y empujarme contra el con todas mi fuerzas, al notar esto bajo un poco el ritmo y me ayudó jalándome de las caderas para mantenerme bien ensartada.

    Aprovechó esta ligera pausa, tomó un poco de aire mientras sus manos hacían que me girara de nuevo, igual que antes con las piernas dobladas, pero ahora me hizo girar hacia mi izquierda, culito bien parado y abierto. Empezó de nuevo a embestirme suave pero conforme aumentaba el ritmo su respiración se hacía más agitada lo que me hizo notar que no tardaría en soltarme toda su leche. Así que me adelanté a pedírsela y le dije:

    -¡Vente papito!, ¡Dame lechita papi! ¿Sí?

    La única respuesta que tuve fueron los empujones de verga más fuertes de esa noche, y los más placenteros también. De mi parte apreté el culito y empecé a menearlo para acariciarle la verga y darle todo el placer posible a mi macho, después de unos minutos soltó un fuerte gemido de placer y sentí como su verga se ensanchaba y se contraía mientras su leche me llenaba toda de un inmenso placer.

    -¡Ay!, ¡Que rico papi! -le dije.

    -¡Uhm!, ¡Si… que rico culito tienes!

    -¡Me encantó la cogida que me diste! ¡Me volviste loca!

    -¡Uhm, tú también estuviste maravillosa!

    Nos duchamos rápidamente, nos despedimos con varios besos y a pesar de mi insistencia en que se quedara esa noche me dijo que no podía, pero que a la noche siguiente que ya era viernes se quedaría conmigo el fin de semana, acepté y le di otro beso para despedirlo y esperar nuestra siguiente noche…

  • Mi joven esposa, mi amiga, mi amante, mi puta (Parte 2)

    Mi joven esposa, mi amiga, mi amante, mi puta (Parte 2)

    Inmediatamente Marco llamó al celular de su mujer…

    -Amor, te esperamos… si… si todo está acordado… le encantas y se muere de deseos por estar contigo… lo sé amor… tranquila todo está bien yo solo quiero verte feliz y disfrutando…

    Pasaron algunos minutos que me parecieron una eternidad lapso en el que no comentamos nada entre nosotros, ambos volteábamos instintivamente a ver la ruta por donde vendría su mujer… de pronto entre la gente apareció Lety caminando sensualmente, se notaba más maquillada, sus labios rojísimos y el entorno de sus ojos más acentuados, llegó, se sentó besando amorosamente a su esposo y cruzando sus poderosas piernas, me obsequio una mirada profunda y coqueta que me dejo helado, para mi a estas alturas Lety era un manjar, la excitación me ahogaba…

    -Nos vamos amor? -Lety se levantó mirándonos alternadamente, acomodándose el vestido y tomando su bolso, esperando que nos incorporáramos para salir de ese lugar.

    Marco, con toda calma colocó y acomodó el abrigo sobre su esposa al mismo tiempo que algo le hablaba al oído y le daba un ligero masaje de hombros, Lety me miraba coqueteándome con descaro y dueña de la situación, su mirada me derretía… era extremadamente sexual, algo que rebasaba los límites de lo que alguna vez había experimentado, sin siquiera intimar tenía una total erección que para mi era incontrolable, deseaba lanzarme sobre ella y poseerla ahí mismo!

    Salimos del antro no sin antes pedir el resto de la botella dirigiéndonos en silencio al estacionamiento, silencio sordo solo interrumpido por el sonido de la lluvia y el fuerte taconeo de las zapatillas altas de Lety, la pareja me seguía cariñosamente abrazados, llegamos al auto, se subieron a la parte trasera aun besándose mientras yo me colocaba frente al volante.

    -A donde nos dirigimos? -pregunté con voz ahogada por la excitación.

    -Nuestro hotel está a unas calles de aquí David, Mesón de Santa Rosa -Me respondió con voz ronca Marco.

    -Muy bien no estamos muy lejos -Me dirigí de inmediato.

    Llegamos 20 minutos después a un hotel colonial de buen gusto por el que había pasado infinidad de veces camino a mi oficina pero en el que jamás había entrado. Cuando me estacione me asalto la duda si no sería extraño entrar junto a la pareja…

    -Una pregunta, al parecer es un hotel muy exclusivo, no tendré algún impedimento en entrar a su habitación?

    -No lo creo David, rentamos una suite double bed es de suponer que esperamos visitas, no te preocupes -Me contesto Marco al tiempo que ayudaba a su mujer a salir del auto.

    Entramos al hotel, Marco de inmediato se dirigió a la recepción y charlo entre risas con una de las recepcionistas en turno, Lety y yo nos sentamos en una especie de salita a esperar a su esposo, ella enfrente de mí, cruzando sus hermosas y bien torneadas piernas, mirándome evasiva con una sonrisa entre angelical y diabólica. No había caído en cuenta que no nos habíamos dirigido la palabra en todo el trayecto del antro al hotel, ahora parecía burlarse de mi por haberse salido con la suya, sin duda era una señora caprichosa acostumbrada a ser mimada y complacida en todo y su marido siempre dispuesto a hacerlo…

    -Nos vamos chicos? -Marco sostenía una bolsa de hielo y una bolsa con frituras.

    La suite estaba en primera planta y muy cerca de la recepción, entre después de la pareja, al entrar había unos cómodos sillones, cocineta equipada y al final una amplia habitación y otra pequeña contigua y comunicada, ideal para una familia en vacaciones. La suite tenía una barra y un servibar surtido con toda clase de licores y cerveza. Lety se fue a la habitación cerrando la puerta tras de sí, nosotros nos quedamos en la otra área de la suite. Marco puso música y me ofreció una copa de la botella de whisky que les había obsequiado en el bar, opte por una cerveza, abrió dos paquetes de frituras vertiéndolas sobre un plato, me destapo mi cerveza y sirvió dos copas de whisky para esperar a su mujer.

    -Bueno amigo pongamos cómodos -me invito a sentarnos en la sala

    -Gracias Marco, confieso que estoy algo nervioso -me sincere

    -Es normal David, relájate la vamos a pasar muy bien te lo garantizo, es un juego entre personas adultas -Me tranquilizo realmente

    -Es algo que hacen con frecuencia?… es decir espero no incomodarte con la pregunta, me refiero ya se tienen experiencia en este tipo de situaciones me has confesado… es solo que

    -En realidad cada situación es inédita David, sé que es difícil para ti en este momento entenderlo, pero si te refieres a periodicidad, digamos que hacemos algo externo con otras parejas o solteros quizá 5 o 7 veces por año, no es algo que planeemos, como ya te comente, ya tenemos un grupo de amigos dentro de nuestro ambiente con los que interactuamos, tenemos confianza, compartimos afinidades me explico?

    -Entiendo… y en este caso fue algo diferente

    -Así es amigo, fue flechazo a Lety le llamaste la atención en el restaurante, no es la primera vez lo confieso, pero si es especial créemelo, le encantaste a Lety, las otras dos veces fue una chica y en otra un chico que conocimos fuera de nuestro entorno swinger.

    Marco me sirvió la segunda cerveza casi de inmediato, por la excitación y la plática me sentía ansioso, de pronto se me helo la sangre, Lety abrió la puerta de la habitación y salió vestida solo con un fino y transparente vestido de lencería caminando sensualmente sobre unas zapatillas de tacón de aguja, adicionalmente tenía una liga en una de sus hermosas piernas… sus pantaletas eran transparentes y se apreciaba claramente la raya de su vulva, sus senos apenas los cubría con un brasiere de encaje…

    -Es esta mi copa amor? -Pregunto a su esposo dirigiéndose a la barrita dándonos la espalda moviendo sensualmente sus paradas y fuertes nalgas.

    -Si mi vida… ven siéntate con nosotros te ves riquísima!… no es así David?

    -Si Lety te ves espectacular! -Conteste ya más tranquilo y decidido

    -Gracias amores…

    Lety se sentó junto a su esposo en el respaldo del sillón individual subiendo una pierna sobre el cuerpo de su marido quedando ambos frente a mí, su pelo ondulado caía en cascada sobre la frente de su esposo, en este momento era una mujer sin edad, se veía muy juvenil, transformada. Se besaron apasionadamente, Lety acariciaba a su esposo desabotonando y abriendo por completo su camisa. Su mano derecha acariciaba el pecho de Marco recorriéndolo hasta acariciar su miembro sobre el pantalón que en apariencia estaba erecto. La visión de la pareja me excito, Lety tenía por momentos abiertas las piernas y podía adivinar su vulva bajo sus pantaletas blancas. De pronto Lety se incorporó dando un largo sorbo a su vaso de whisky. Al levantarse me miro directamente esbozando una sonrisa de picardía.

    -Amor no te olvides de nuestro invitado -Marco empujo a Lety propinándole una nalgada

    Después de dar un largo sorbo a su vaso con whisky hasta terminarlo se acercó a mí, trate de pararme por cortesía pero ella me lo impidió empujando mis hombros, dejo caer su perfumado cabello sobre mi rostro embriagándome de una excitación ya incontrolable, Lety era fuego y me consumía, me dominaba su presencia, me tomo ambas manos y las coloco sobre sus nalgas al tiempo que me ofrecía su carnosa boca, la bese apresuradamente pero era ella quien marcaba el ritmo, introdujo su lengua poco a poco en mi boca y jugueteando simulaba un pene que me penetraba y hurgaba, la sensación era indescriptible, mis manos acariciaban sus nalgas y espalda sobre su ropa y sin poder evitarlo metí mis manos bajo sus pantis permitiéndome sentir la firmeza y suavidad de sus nalgas, ella continuaba besándome, acariciando mi pelo y dándome un placentero masaje en mis hombros.

    Marco se acercó a nosotros colocándose atrás de su mujer al tiempo que le besaba la nuca y acariciaba sus senos, Lety se derretía entre nuestras manos, Marco pego su cuerpo a las nalgas de su mujer apretando también mis manos lo cual me hizo sacarlas de inmediato ante el embate de su esposo y las coloque en las tetas topándome ahora con las manos de Marco, era algo incómodo y extraño ya que había otro hombre tocando a la misma mujer y era inevitable constatarlo sin embargo la excitación era superior a cualquier análisis o prejuicio que en ese momento rondara mi mente…

    -Amooor… vayamos a la recamara -Marco le dijo al oído a su mujer, mientras ella continuaba besándome.

    -Sii… vamos -Se incorporó Lety

    El matrimonio se adelantó a la recamara y me quede en shock al ver el espectáculo de Lety conducida diligentemente por su marido caminando en zapatillas con el liguero removido por nuestras manos, uno de sus generosos senos ya salía por completo del brasiere y la pantaleta metida entre sus nalgas al caminar…

    La pareja se dirigió a la cama sin dejar de besarse, los chasquidos del sonido de sus besos me erizaron la piel, a pesar de mi excitación tuve la calma de admirar con cierto grado de envidia a la pareja madura, ella en la plenitud de su vida y Marco si bien un poco mayor también en muy buena forma física y emocional, no sabía más de ellos que lo poco que me compartieron, no sabía nada de sus hijos, de su vida en común, de los años que tenían juntos, ni como fue el proceso de noviazgo, ante mi estaba un hombre agradable de buen físico besando a su bella esposa, ella recostada sobre su espalda semi vestida con un provocativo negligé que a duras penas cubría su hermoso cuerpo.

    Marco recostado sobre su mujer separo la pantaleta y hurgo con un dedo su vulva sacándole de inmediato un grito que parecía cercano a un orgasmo, se besaban con verdadera pasión, Lety recibía la lengua de Marco y la chupaba con gemidos ahogados como si fuese un pene erecto, algo que seguramente siempre hacían ya que yo recibí el mismo tratamiento e incluso aprendí rápido a succionar la lengua de esta hembra hambrienta de pasión. Por un momento tanto ellos como yo parecíamos olvidarnos de mi presencia, la escena era hipnótica, la habitación se llenó de sexualidad, la secreción y mezcla de feromonas de Lety y Marco crearon un elixir demasiado poderoso para mis sentidos… saque mi miembro y empecé a masturbarme sin control ni pudor…

    -David… ven… únete amigo, la fiesta es de tres -Me invito Marco desnudándose por completo

    Me acerque a la pareja despojándome de mi ropa, Marco se incorporó y se arrodillo al borde de la cama separando las piernas de Lety haciendo a un lado su pantaleta para introducir la lengua en su vulva rosada y excitada por la espera, Lety al instante se derritió al sentir la lengua de su esposo entrando de inmediato en éxtasis, sus gemidos aumentaban de nivel, su boca se veía apetitosa formando una enorme O, la cara de Lety se tornó roja, la pintura labial debido a la fricción de los besos se había esparcido por su cara, el contraste de su perfecta dentadura y el movimiento de su lengua humedeciendo sus labios solo me hizo pensar en meter mi miembro en esa cavidad…

    Lety recibió mi verga erecta introduciéndola en una profunda estocada más allá de la mitad, la saco de inmediato pasando su lengua por todo mi pene, humedeciéndolo e introduciéndolo de nuevo ávidamente, por momentos sentía a Lety al borde del orgasmo ya que gemía más fuerte, sentí su aroma caliente en mi verga… Marco metía la lengua en su vulva chupándola con verdadera fruición como si se tratase del más rico fruto, con todo morbo y descaro mire su sexo expuesto y separado de par en par por los dedos y lengua de Marco… vi una vulva rosada con muy poco vello púbico, un clítoris prominente quizá debido al ejercicio que se adivinada en el cuerpo de Lety… que mujer!! Era un manjar, una verdadera hembra…

    -Quieres probar David?… está muy mojada

    -Sii…

    Sentir las mamadas de Lety me estaban llevando a un estado de delirio y temí acabar algo que no quería que terminara nunca, así es que acepte sin pensar la invitación de Marco.

    Saque mi pene de la boca de Lety y me acerque a tomar el lugar de su esposo.

    Marco le quito las pantaletas a su mujer cediéndome su lugar y tomando el mío. Ante mis ojos tenía la vulva más hermosa que jamás había visto o quizá jamás en realidad vi una vulva a mi antojo y disposición como ahora, abierta, jugosa, palpitante y dispuesta… Sin perder tiempo abrí con ambas manos su vulva y metí mi lengua, sentí su clítoris entre mis labios, era una protuberancia extraña como un pequeño pene, obviamente anteriormente había chupado otras vulvas pero jamás había tenido el deleite de saborear una de esa forma, digamos que fue esa noche que aprendí a saborear a una mujer como lo hice después con mi pareja, con mi esposa…

    -Mi vida… te gusta tu regalo?

    -Sii mi amor!

    -Feliz aniversario!… ufff ya tenía ganas de verte así!

    -Sii!! Me la debías amor!

    -Disfrútalo mi amor es tu noche…!

    -Nuestra noche!…

    Nuevamente me sentí de alguna forma excluido al escuchar la forma y dulzura de sus frases, ahora a la distancia recuerdo que aun habitaba en mí el sentimiento de pertenencia, por momentos no los comprendía, veía en esa mujer un manjar pero también inconscientemente la juzgaba al considerarla algo así como una puta y a Marco un depravado, deseaba poseerla y no entendía del todo el gozo de hacerlo en compañía de su esposo, deseaba que esa hembra fuese mía, no era acaso porque le parecí atractivo?, no era un premio a mi galanura?… lo entendí plenamente después… con el tiempo y la propia experiencia.

    Marco recibía una soberbia mamada que su esposa interrumpía por segundos para gemir por el placer que le brindaba mi lengua, me jalaba bruscamente del pelo realmente lastimándome y prácticamente ahogándome con su vulva. No recuerdo los minutos o segundos que dure lamiendo su deliciosa cavidad pero jamás olvidare el primer orgasmo de muchos que tuvo Lety esa noche, de pronto me jalo el pelo, sentí claramente como su clítoris se hinchaba en mis labios emanando un tibio liquido viniéndose copiosamente acompañado de espasmos y escalofríos mamando con más fuerza a su esposo…

    Entonces inesperadamente Marco saco su miembro de la boca de su mujer alejándose un par de metros y me pidió con una seña que me levantara y me acercara a él. Lety estaba excitadísima recostada en la cama, tocándose con ambas manos los pechos hinchados, moviendo y apretando sus piernas y reponiéndose del tremendo orgasmo que le había provocado con mi lengua…

    Enseguida inicio una vorágine de situaciones y diálogos en donde entre realmente a su mundo de lujuria y a mi juicio un alto grado de perversión y degradación que no por ello dejaba de ser súper excitante, inicio un dialogo que hasta el día de hoy quedo marcado en mi mente y que arme muchas noches recordando palabra por palabra y que fue el inicio de mi propia perversión…

    -Ya quieres que te la meta David?… quieres que te meta la verga?… eso quieres? -Marco le dijo a su mujer masturbándose y deteniéndose para no eyacular, los dos estaban muy excitados, yo por igual pero por el momento me desconcerté al grado de perder un poco mi erección…

    -Si

    -Dilo!

    -Si quiero…

    -Si quieres… que?

    -Que me… la meta

    -Te quieres venir en su verga?… he??… eso quieres?

    -Siii…

    -Pídeselo!… eso querías que no?!

    -Sii… eso quiero

    -David… ven, acércate… pon tu verga en la boca de Lety… quieres mamarle la verga a David?…

    -Si…

    -Sí que?

    -Quiero mamársela…

    -Mamarle que?…

    -La verga mi amor… se las quiero mamar a los dos

    -A los dos juntos?… eso quieres?

    -Sii

    -Te gusta tener dos vergas al mismo tiempo?

    -Sii

    -Sí que?… dilo!… no era lo que querías??… DILO!!

    -Sii!!… quiero sus vergas en mi boca… en mis tetas… en mi concha

    -Las dos vergas?

    -Sii!!

    -Si hubiera más vergas aquí también te las comerías?

    -No… solo tu verga y la de David

    -Por qué??… te gusta David?

    -Sii mucho!!… quiero su verga adentro!

    -Ven David… mi mujer quiere mamarte, te desea…

    Obedecí y caí en cuenta que Marco de pronto era quien tomaba el control de las acciones y Lety al tener su orgasmo parecía perderlo, era totalmente sumisa a su marido y al parecer también lo era yo…

    Marco sin dejar de mirarme me indico que me arrodillara a un lado de la cara de su mujer, que acercara mi miembro al tiempo que él ya lo estaba haciendo, Lety tomo cada miembro en sus manos acareándolos alternadamente, masturbándonos al unísono acercándolos a su cara, por momentos soltaba alguno para escupirse la mano y volver a tomarlo, hasta ese momento no me había percatado de lo bien dotado que era Marco, y no es que anduviera por la vida viendo o midiendo otros miembros salvo por alguna película pornográfica que en mi juventud llegue a ver, pero en este momento era evidente la diferencia de nuestros miembros, el tipo supera los 20 centímetros y un grosor fuera de lo común al menos comparado con mi miembro que apenas llega a los 16 cm y aunque guardando distancias lo tengo algo grueso y me jacto de una muy buena erección.

    El miembro de Marco apenas cabía en la mano de Lety, era un pene no circuncidado con un prepucio grueso que su mujer subía y bajaba hasta apenas abajo del glande, note que a diferencia de la forma como me masturbaba a su esposo se lo hacía más lento y suave, en cambio a mi me lo hacía con gran rapidez.

    -Mámasela!!… quiero ver cómo te la tragas toda! -Le ordeno Marco zafándose nuevamente de su mano y masturbándose el mismo

    -Si amor! -Me acaricio con una mano los testículos y con la otra se empujó más de la mitad de mi miembro en su boca.

    -Te gusta su verga?

    -Sii… la tiene muy rica

    -Chúpale los huevos… mójaselos con tu saliva

    -Si… -Me jalo literalmente de mi pene acercándome mas a su cara, sentí su fuerte y excitada respiración en mis testículos, su lengua experta me hizo sentir en otra dimensión, movía la lengua con gran rapidez succionando por momentos mis testículos, en algún momento se introdujo uno en su boca con sumo cuidado de no lastimarme, me acariciaba con mucha delicadeza mis partes nobles, era una experta, me llevaba al éxtasis cuando en su juego bajaba hasta la parte más baja de mis testículos y utilizaba su boca y dientes para lamerlos, su lengüeteo fue bajando y en ese momento me preocupe un poco por mi higiene ya que en algún momento me jalo hacia ella prácticamente montando mis nalgas en su cara, su larga lengua no solo lavaba mis testículos con su saliva sino que me la pasaba por el ano, trate instintivamente de zafarme pero era demasiado tarde el placer que sentí me lo impidió…

    -David, voltéate… -Ordeno Marco con voz ronca

    -Si… -Conteste poniéndome de rodillas con las nalgas directamente en la cara de su esposa dándoles la espalda (mejor dicho las nalgas) a la pareja no importándome lo expuesto o ridículo de la posición.

    -Chúpale y mámale todo como tú sabes -Ordeno Marco que seguía masturbándose viendo como su esposa me masturbaba en esa posición y al tiempo me pasaba la lengua por los testículos y el orificio del ano, besándome también los cachetes de mis nalgas

    -Te gusta amigo?… te gusta cómo te trata mi mujer?… habías alguna vez estado con una verdadera mujer?… una puta en la cama?…

    -N… no… Marco

    -Te gusta tener así a David amor?… te gusta su verga?… sus huevos… sus nalgas?

    -Si… está muy rico

    -Ábrele las nalgas… bésale el culo le va a encantar

    -Si…

    La sensación era indescriptible el solo hecho de tenerme a su antojo y petición me excitaba, era una especie de juguete, Lety me besaba y mamaba pene, ano, testículos, nalgas, abriéndome totalmente las piernas, por momentos subía hasta mi nuca y regresaba dándome pequeños besos por mi espalda, nalgas, ano, testículos y de nuevo se metía mi verga en su boca…

    -David… voltéate -Me ordeno de nuevo Marco

    -Ss… si

    Nuevamente quedamos con nuestros miembros frente a la cara de Lety, inmediatamente se introdujo mi pene en su boca y con una mano se tocaba la vulva, Marco casi pegando su miembro en la cara de su mujer seguía masturbándose, se detenía por momentos y volvía, le excitaba hablar, dar órdenes, por momentos parecía denigrar a Lety ya que era algo brusco, la faceta contraria que conocí antes de entrar a esa habitación, en donde Lety tenía el control absoluto y parecía no solo humillar a su esposo sino a mi también, un perfecto desconocido…

    -Mámasela!… es tuyo… es tu regalo!

    -Si amor…

    -Te gusta nuestro amigo?

    -Si

    -Sí que?

    -Si… mucho -Contestaba Lety sacándose mi miembro

    -Pásale toda la lengua por la verga… de la punta hasta la base…

    -Sii

    -Humedécele toda la verga, ensalívalo quiero ver que le brille, aun tienes saliva?, quieres algo de tomar?

    -Si tráeme por favor agua…

    -Continúen ya regreso…

    -Si amor…

    Lety continuo mamándome, pasando su lengua por todo el miembro, su cara me mostraba que lo disfrutaba, no dejaba de gemir aunque lo hacía más discretamente, era como un volcán en descanso, ahora gemía tímidamente, sus pechos ya libres se hinchaban al ritmo de lo agitado de su respiración, por mi parte me sentía a punto de eyacular…

    -Te gusta cómo te lo hago? -Al fin hablo y se dirigió a mí!

    -Si… mucho

    -Me gustó mucho como me lo hiciste con tu boca… eres bueno mmmm que rico, así se lo haces a tu esposa?

    -N… no soy casado

    -Mmmm… tan atractivo y solo?

    -A mi me gustó mucho hacértelo… besarte tu…

    -Mi concha?… mi panocha?

    -Si… tu concha… sabe deliciosa

    -Mmmm… me excita que me digan cosas… me deseas?

    -Mucho!!

    -Que me quieres hacer?… cogerme?… metérmela?

    -Si!

    -Hazlo!… ahí hay condones en esa mesita

    -Pe… pero y Marco?

    -Jajaja aun pides permiso?

    -No!… es solo que -Me salvo Marco que regreso con la botella con agua

    -Chicos es momento de hacer un break… David quieres otra cerveza o ir al baño? porque yo iré por una copa… amor deseas algo más?

    -La verdad tengo algo de apetito me pareció ver unos sándwiches en el servibar -Contesto Lety sentándose y soltando de golpe mi pene que ya estaba algo irritado y mis testículos algo hinchados.

    -Te traigo algo David?

    -Eeee si, Marco una cerveza, no te molestes iré por ella y también iré al baño -A la vez deseaba darme algún aseo a mis partes más recónditas.

    -Muy bien, la noche es larga y Lety nos necesita fuertes y descansados verdad amor?

    -Por supuesto!

    Vaya pareja!… como pareja y en lo individual… ufff!!

    Continuará…

  • Madre no hay más que una

    Madre no hay más que una

    Hace cuatro años que mi madre se divorció de mi padre. Lo ha pasado bastante mal y no ha sido hasta este año que ha recuperado la alegría de vivir.

    Pese al divorcio mi madre tiene un buen sueldo, ya que trabaja en una multinacional, y aunque mi padre le pase una pensión por mi, porque yo todavía no trabajo, con su sueldo sería suficiente para mantenernos a los dos.

    Ese verano me propuso que nos iríamos los dos por ahí de vacaciones a pasarlo bien y disfrutar de la vida. En julio nos iríamos a Cullera, un pueblo de Valencia donde unos amigos tenían un apartamento en un complejo residencial muy cuco con piscina y todo. Para agosto me había prometido un viaje sorpresa.

    Una semana antes de irnos, se dedicó a sacar toda la ropa que le había comprado mi padre y dejarla sobre la cama. Me habló de regalarla a sus amigas y el resto donarlo a caridad. No quería conservar nada de lo que ese capullo, así llamaba a mi padre desde el divorcio, le había comprado.

    Por lo tanto al día siguiente nos fuimos de compras. Compró dos maletas para ella y una para mi. Varios vestidos, tres bikinis, unas gafas de sol y una pamela que le cubría toda la cabeza. Cuando se la probó no pude evitar una sonrisa.

    Pagamos, bueno pagó ella evidentemente, y pidió dejar las compras en el punto de recogida porque nos fuimos a merendar a la cafetería del centro comercial.

    Sobre las 8 de la tarde salimos de allí y cogimos un taxi. Había decidido tirar la casa por la ventana.

    Cenamos un poco y nos fuimos a acostar temprano. Estábamos cansados con las compras.

    Por fin llegó el día del viaje. Llegamos pronto a la estación del AVE por lo que nos sentamos en unos bancos a esperar la hora de salida del tren.

    -¿No vamos a tomar nada? -Le pregunté.

    -Es pronto. Yo no tengo hambre. ¿Te apetece a ti tomar algo?

    -No, que va. Lo decía por ti.

    -Tomaremos algo en el tren.

    Por fin salimos de Madrid y nos fuimos a tomar algo al tren en cuanto arrancamos.

    Llegamos a Valencia menos de dos horas después de haber salido. Cómo mi madre andaba muy rumbosa, decidió coger un taxi en lugar de esperar al tren de Cercanías. 60 euros le costó. Cuando estaba casada con mi padre en la vida se hubiera gastado ese dinero. Pero ahora era distinto.

    Ya en el apartamento nos pusimos ropa cómoda. Sacamos algo más y mi madre me comentó si queríamos bajar a la piscina o esperar y comer antes.

    -Yo ahora no tengo hambre mamá.

    -Pues vamos entonces.

    Mi madre sacó los tres bikinis y se quedó mirándolos. Finalmente se decantó por uno verde. No me di cuenta hasta que salió del cuarto que la braga del bikini era un tanga. ¡Dios mío! Cuando se giró para salir me fijé en su culo. Era perfecto, casi sin celulitis para su edad.

    Se puso un pareo y cogió la pamela. Yo ya estaba preparado y nos bajamos a la piscina.

    Directamente nos metimos en el agua. Risas y chapoteos nos acompañaron un buen rato. Yo quería nadar pero mi madre no me dejaba, todo el rato haciendo el tonto.

    Estaba disfrutando como nunca en mi vida, hasta que ocurrió una situación que lo cambió todo.

    Habíamos salido del agua, yo iba delante y mi madre se escurrió un poco con el borde de la piscina. La agarré de la muñeca para que no se cayera y tuve sus pechos grandes frente a mi botando bajo ese sujetador verde.

    Esa visión provocó que mi pene creciera un poco bajo el bañador. Mi madre ni se enteró y tras agradecerme que la sujetara, nos tumbamos en la hamaca.

    Se puso las gafas de sol y la pamela y se quedó dormida enseguida. Yo a su lado me giré y me fijé en que unas gotas de sudor se escurrían desde su cuello hasta su escote.

    Su pecho subía y bajaba al respirar. Las gotas de sudor se iban haciendo más grandes y mi pene se enderezó del todo provocándome una erección bastante grande. Me cubrí enseguida con la toalla aunque ella no podía enterarse.

    Yo también me dormí y cuando desperté, noté una sombra. Pensé que se había nublado, pero era mi madre que estaba agachada frente a mi, con las gafas de sol y la pamela.

    -Cariño, te has quedado dormido, me dijo. Ya es hora de comer. Volvamos al apartamento.

    Me levanté y ella me cogió de la mano. Nos fuimos así al apartamento. Afortunadamente ya había perdido la erección.

    Mientras yo dormía ella había encargado paella para comer. Así me dijo, no tendríamos que preocuparnos de hacer comida.

    Comimos en la cocina que tenía una puerta corredera que daba a la terraza. Estábamos a la sombra y entraba el aire por lo que se estaba muy a gusto.

    Mi madre seguía con el bikini puesto, por lo que tenía a la vista sus dos preciosos pechos. Algunas gotas de sudor volvieron a aparecer en su escote. Yo trataba de mirar el arroz para que no se diera cuenta de que no podía quitar ojo de sus pechos.

    Una erección urgente volvió a mi. Enseguida estaba de nuevo empalmado. Me puse nervioso y tiré el tenedor al suelo.

    Al agacharme para recogerlo vi sus piernas cruzadas. Sus muslos eran increíbles. En la piscina no me había dado cuenta. Nunca había visto a mi madre desnuda ni en ropa interior hasta ahora y sé que la gente que escribe estos relatos dice que su madre está bastante buena para su edad, pero en mi caso es totalmente cierto.

    A partir del tropezón en la piscina y de esa comida, empecé a ver a mi madre como lo que era, como una mujer y no como una madre. Una mujer a la que podrías follarte hasta que no te quedara una gota de semen en el cuerpo y a la que le dejaras el coño escocido de tantas veces como te la hubieras follado. Sé que lo que digo es una barbaridad, pero en ese momento no la veía de otra forma.

    Acabamos de comer y mi madre me sonrió mientras me retiraba el plato. No me dejó ayudarla a fregar y no sé si realmente fue peor, porque claro, se puso a fregar de espaldas a mi, sin pareo, con su culo a la vista con ese tanga que os dije que llevaba moviéndolo de un lado a otro mientras fregaba y aquello fue lo más.

    Tuve que excusarme para ir un momento al lavabo a hacer pis, pero con esa erección que tenía no conseguí mear sin salpicar la taza.

    La limpié como pude y metí la cabeza bajo el grifo para quitarme el calentón. Con la excusa de haberme mojado el bañador me puse un pantalón vaquero holgado que disimuló un poco mi erección y volví a la cocina.

    Mi madre había preparado café frio. Le agradecí que lo hubiera hecho y con el frio me tranquilicé y mi pene también recuperando su tamaño normal.

    Recogí yo los vasos y nos fuimos a echar la siesta. Por supuesto cada uno en su cuarto.

    En cuanto oí a mi madre roncar, aparté la sábana, me bajé el calzoncillo y comencé a acariciarme el pene. Frotaba el frenillo y mi glande y enseguida mi pene estaba otra vez en posición de firmes.

    Cerré los ojos recordando la imagen de mi madre en bikini, ensalivé mi polla y agarrándola con mi mano derecha, soy zurdo pero las pajas me las hago con la derecha, empecé con el sube y baja imaginando que era la mano de mi madre y no la mía la que me estaba haciendo la paja.

    Gemía su nombre bajito, Gema, Gema, Gema, y lo iba alternando con mamá, mamá, que gusto me das, con la fantasía de que ella me pajeaba.

    No duré nada y enseguida me corrí sobre mi tripa dejándola perdida de semen. Hacía varios días que no me masturbaba y la corrida fue bastante grande.

    Me incorporé con cuidado tratando de no manchar las sábanas y fui al baño donde me limpié bien con papel higiénico. No quise abrir el grifo para que no se despertara.

    Satisfecha mi lujuria volví a la cama donde nada más caer me quedé profundamente dormido.

    Me desperté a eso de las ocho y oí la ducha. Mi madre se lavaba, pero no me atreví a espiarla.

    Cuando salió me propuso ir a un restaurante que le habían recomendado sus amigos. Yo acepté y cenamos, vestidos de calle por supuesto, por lo que mis fantasías se olvidaron, en parte también gracias a la paja.

    Amaneció un nuevo día y después de desayunar y guardar las dos horas de rigor para hacer la digestión nos fuimos a la playa y nos metimos en el agua.

    Chapoteamos de nuevo, para nada nadamos. Estaba claro que mi madre era una mujer nueva y estaba disfrutando de la vida.

    Salimos del agua después de bastante rato. Los socorristas paseaban de un lado a otro de la playa pero el tiempo era estupendo y el mar estaba en calma, por lo que afortunadamente no tenían mucho trabajo.

    Me di cuenta de que mi madre no le quitaba ojo a uno de ellos. Un chico de unos 25 años, alto, musculoso y bronceado.

    Se levantó y se dirigió al agua. Al llegar hizo como que tropezó en la orilla y se quedó mirando el tobillo. El socorrista se acercó a ella.

    No pude oír que decían con el ruido del mar y el de la gente. Pero sin duda mi madre estaba ligando con él.

    En ese instante una ola fuerte llegó hasta ellos y empujó a mi madre quitándole el pareo con el golpe. El chico la cogió antes de que cayera. La acompañó hasta mi.

    -Tienes una madre muy simpática y muy guapa. Cuídala, me dijo guiñándome un ojo.

    Cuando se alejó, mi madre me dijo:

    -Está buenísimo el socorrista, ¿eh? Bueno cariño, ya sé que a ti no te gustan los hombres, pero vamos que está para comérselo. Dijo riéndose.

    -Mamá, me alegro. Ya es hora de que te alegres. Estos años desde el divorcio has estado muy triste.

    -Ya lo sé hijo, y te pido perdón si no he estado a la altura. Ahora soy otra persona.

    -No pasa nada mamá. Pero mira, seguro que te lo has ligado. En la orilla no te quitaba ojo de encima.

    -Ja,ja,ja. Qué dices.

    Volvimos a casa para la hora de comer, serían las dos y media o así. Comimos, recogimos todo y nos fuimos a echar la siesta. Por supuesto una siesta con paja incluida. Pero ese día fue distinto.

    Me levanté al oír unos gemidos que venían del cuarto de mi madre.

    No podía creer lo que estaba viendo. Estaba tumbada en la cama, desnuda, abierta de piernas y sudorosa con una polla de plástico rosa metida en su coño. Se acariciaba el clítoris con la mano derecha y con la izquierda se metía y sacaba la polla. Joder cómo había cambiado mi madre. ¿Cuánto tiempo haría que no follaba?

    Me quedé unos segundos mirándola. Sin el bikini podía apreciar su cuerpo entero. Sus tetas grandes, aunque no demasiado, justo como me gustaban. Sus piernas, sus muslos, sus caderas y su tripa, con un poco de barriguita, pero tampoco demasiado.

    Me estaba poniendo súper cachondo y en cuanto aceleró el ritmo de la masturbación, corrí a mi cuarto y allí me pajeé con la puerta abierta y sin disminuir los gemidos.

    Más tarde descubriría que mi madre se levantó desnuda después de correrse y se quedó mirándome en el umbral de la puerta. Su coño aún estaba húmedo después de la corrida.

    Merendamos algo después de la siesta. Yo miraba a mi madre por si se le ocurría decirme algo sobre la paja que me había hecho durante la siesta, pero no soltó palabra. Yo tampoco le dije nada.

    A eso de las 8 me sorprendió dándome dinero para que me fuera al cine de verano. Me dijo que ella se encontraba cansada y que se quedaría en casa. Ya me acompañaría otro día.

    El cine estaba lejos de donde estaba el apartamento y tuve que coger un autobús hasta allí.

    Al llegar vi que solo echaban Dolor y Gloria de Pedro Almodóvar. Nunca he sido muy fan de Almodóvar, pero no había otra película que ver.

    Compré palomitas y un refresco y me senté en una de las últimas filas en el centro tal y como solía hacer cuando iba al cine en Madrid.

    Media hora después me había acabado las palomitas y el refresco y me estaba entrando sueño. La película no me gustaba para nada. Entonces decidí abandonar el cine.

    Pregunté en la parada de taxis cuánto me costaba llegar hasta la urbanización y me sobraba dinero, por lo que tomé uno hasta el apartamento.

    El taxista me dejó a la entrada y se disponía a subirme hasta arriba, pero le dije que allí estaba bien y subí andando.

    Abrí la puerta y vi luz en la habitación de mi madre. Oí como unos gemidos y di marcha atrás. Cerré la puerta con cuidado y salí fuera. Girando un poco, la ventana de la habitación de mi madre daba al exterior y desde allí podría cotillear.

    Me puse en la ventana y vi algo que me dejó pasmado. Más que haberla pillado masturbándose.

    Mi madre estaba desnuda sobre la cama, con las bragas por los tobillos y agarrada al cabecero. El socorrista del otro día estaba detrás de ella follándosela en la postura del perrito.

    Los dos gemían con dos bestias salvajes. Esperaba que el tío estuviera follándosela con preservativo porque mi madre todavía podía quedarse embarazada y no me gustaría tener un hermano de un desconocido, aparte de que pudiera pegarle cualquier enfermedad.

    Me agaché y me apoyé contra la pared mientras terminaban.

    El tío se despidió un rato después de haber terminado. Yo seguía sentado al otro lado del apartamento donde no pudiera verme al salir.

    Miré el reloj y calculé la hora a la que terminaría la película y lo que tardaría en llegar al apartamento.

    A la hora que pensé, abrí la puerta y me encontré a mi madre mirando la televisión como si nada hubiera pasado. Evidentemente no le conté nada de lo que había visto.

    Pasaron un par de días en los que no me masturbé y tampoco me pareció oír a mi madre hacerlo. Hasta que pasó lo que pasó. Esa noche se fue la luz. Como por allí estaban preparados tenían velas guardadas.

    Mi madre sacó unas cuantas y las puso por todo el apartamento.

    Se sentó en un cojín en el suelo y me propuso jugar al strip póker.

    -Como no tenemos luz no podemos ver la televisión. Antiguamente las parejas no tenían nada que hacer y hacían el amor a luz de las velas.

    No entendí a que venía eso. ¿Habría visto que la había pillado con el socorrista?

    No tenía ni idea de cómo jugar al strip póker. Ella me enseñó.

    Enseguida estaba perdiendo ropa, aunque no llevábamos mucha. Al poco cogí ventaja y le hice perder la camiseta. Luego el sujetador y yo terminé en calzoncillos y ella en bragas.

    Sus pechos estaban frente a mi. No sabía dónde meterme y agaché la cabeza mirando las cartas.

    -Vamos, aún no hemos terminado.

    Volví a lanzar y mi madre perdió. Se quitó las bragas y se quedó desnuda frente a mi. Ya no podía disimular más. Mi polla se enderezó bajo el calzoncillo y ella lo vio. No sé si lo había hecho aposta o que.

    Ella se levantó y se acercó a mi. Estiró el calzoncillo y liberó mi polla.

    -Mi niño está a punto, me dijo.

    Se agachó y se metió la polla en la boca. No sabía dónde meterme. Solo pensé: tierra trágame.

    Pero no era la tierra lo que me tragaba sino su boca que tragaba mi polla.

    Comenzó una mamada tremenda. Joder, mi madre me estaba mamando la polla como seguro le hizo cientos de veces a mi padre mientras estuvieron casados.

    Después de un rato de mamarla, la sacó de la boca y comenzó una paja.

    -Joder, mamá, le dije. Qué gusto me das.

    -¿Te gusta mi niño? La otra noche te vi meneándotela en la cama.

    -Yo no, no…

    -¿Qué te crees, que no sé qué te la meneas desde hace años?

    -Joder mamá, pero esto es muy fuerte, es incesto, no sé.

    -Incesto seria si estuviéramos follando, pero esto es solo una paja.

    -Aaaah, no puedo más mamá, me voy a correr.

    Ella aceleró el sube y baja y terminé corriéndome. Salpiqué sus tetas que se llenaron con mi leche caliente. Solo llevaba dos días sin meneármela, pero eyaculé bastante.

    Se cogió las tetas después de terminar y las movió frente a mi. Me sonrió y me ayudó a levantarme.

    Nos duchamos los dos y traté de evitar mirar su cuerpo desnudo para no empalmarme otra vez.

    -Mañana te haré otra paja mi niño, me dijo, si tú prometes masturbarme a mi también. No quiero que nos toquemos a solas.

    Aquello finalmente terminaría en un polvo, estaba seguro. Cerré los ojos y me dejé limpiar con la ducha.

    Esa noche dormimos juntos y abrazados los dos.

    Si os gustado y queréis comentar, escribidme a: [email protected].

    Para Lara, mi más fiel lectora.

  • Un fin de semana de mucho placer (1/2)

    Un fin de semana de mucho placer (1/2)

    Han pasado muchos años y lo recuerdo como si hubiera sucedido apenas ayer. Y no es para menos, aquel fin de semana ha sido, tal vez, la mejor experiencia que haya vivido y que quizá vaya a recordar por el resto de mis días. Por aquellos años yo todavía era un universitario que rondaba los veinte y que empezaba a ganarse sus primeras oportunidades de trabajo.

    Por motivos que aún no logro entender y que no vale la pena tratar de explicar, llegué como practicante al Congreso de mi estado, en la conflictiva y enorme Ciudad de México. Aunque ya anteriormente había participado en actividades del mundo de la política, aquello no dejó de sorprenderme: El poder, la opulencia que se palpaba por los pasillos, el dinero que se derrochaba entre esa gente y el desdén con el que se veían unos a otros me pareció abrumador y al principio desafiante.

    En medio de ese mundillo de gente superficial y con grandes dotes de influyentes, conocí a Mariana, una mujer más grande que yo (siempre me han atraído las mujeres mayores) y que era uno de los objetos de deseo de aquellos hombres poderosos y acostumbrados a tener lo que querían cuando lo deseaban.

    Ella era de estatura mediana, morena clara, cabello lacio y castaño, delgada con dos piernas largas y torneadas, un trasero que reflejaba una buena rutina de ejercicios, dos tetas de muy buen tamaño y una sonrisa deslumbrante. Era realmente hermosa. Desde el primer momento en que la vi me gustó, aunque lo imponente del medio y su belleza hicieron que no me hiciera muchas esperanzas con ella.

    Inicialmente el trato era cordial, el saludo y una sonrisa cuando coincidíamos en algún pasillo o los elevadores, y alguna que otra conversación sobre nuestras actividades. Hasta ahí. Cierto día hubo una manifestación de inconformes (en México hay decenas todos los días) que impidió que pudiéramos ingresar al recinto legislativo, por lo que todos tuvimos que quedarnos afuera a la espera de que se levantara el mitin y pudiéramos ingresar. Cuando empezaba a mostrar signos de fastidio, escuché a alguien hablar detrás de mí, balbuceando palabras que delataban el mismo cansancio que había en mí, así que giré la cabeza y la vi ahí, recargada sobre una pared, luciendo un vestido negro entallado corto y unos tacones que remarcaban aún más esas piernas tan bien cuidadas. Debajo de su vestido, llevaba unas medias negras que la hacían ver muy sensual. La saludé y por primera vez me acerqué a ella para completar el ritual con un beso en la mejilla. Su aroma era exquisito, fresco y mis labios lograron sentir esa piel humectada y suave que correspondía a una mujer de no más de 40 años de edad. Empezamos a platicar y en uno de esos arrojos que no tampoco puedo explicar, le propuse ir alguna cafeteria mientras la manifestación terminaba. Para mi asombro aceptó, aunque ella insistió en que no fuera muy retirado del Palacio Legislativo, por aquello de que la pudieran buscar en cualquier momento.

    En la cafetería yo pedí café negro y sin azúcar, como era mi costumbre y ella pidió un té. Pude conocerla mejor y descubrir que además de hermosa era una mujer con un sentido del humor fantástico y una inteligencia excitante. Ella tenía 35 años. Me contó que era soltera, que hacía unos años había vivido con un hombre, pero que por sus celos y su poca disposición para divertirse terminó por aburrirla y sin más lo terminó. Me contó que había muchos tipos en la Asamblea que la cortejaban: políticos, asistentes, secretarios particulares, líderes de bancada, etc. pero que a su gusto eran gente sin cerebro que solamente la veían a ella como un trofeo. Escuchar que ella se asumía como un trofeo me calentó. Saber que en ese preciso momento tenía a aquella chica frente a mí, contándome pasajes de su vida y ver esa sonrisa tan natural y perfecta me hacía latir y vibrar. Terminamos nuestras bebidas y volvimos al Congreso a retomar nuestras actividades, pues la manifestación ya había terminado.

    Después de aquella breve reunión el saludo fue siempre acompañado de un beso, una sonrisa y un abrazo. Algunas veces ella estaba conversando con uno, dos o tres hombres que la rodeaban en actitud de asecho y ella interrumpía la conversación para ir hacia mi o ponerse en una posición disponible y abrazarme. Era maravilloso. Ahora ya podía oler ese perfume fresco y besar esa piel suave todos los días.

    En otra ocasión coincidimos en una sesión del Congreso, llegué mucho antes de que iniciara la reunión y me senté lo más retirado posible de la tribuna. No me gustaba estar cerca de esa gente porque el aburrimiento se hacía latente después de dos horas de escuchar discursos vacíos. Justo estaba revisando mi celular cuando la vi entrar por la puerta principal, con un vestido blanco entallado que le marcaba su figura espectacular y un abrigo que la hacía ver muy elegante. Yo todos los días llevaba saco y corbata. Cruzamos miradas, alcé la mano y le extendí el saludo. Aunque varios hombres se acercaron a saludarla, ella no perdió el rumbo y se dirigió exactamente donde yo estaba sentado, se inclinó, me besó en la mejilla y me dijo al oído, «menos mal que estás aquí, esta gente es insoportable». Acto seguido se sentó en el lugar continuo al mío y empezamos a platicar de cualquier cosa. Me sentía feliz, viendo como esos tipos potentados me veían con recelo y cierto desprecio.

    Sacó su celular, hizo un par de llamadas y cuando colgó me dijo «¿no tengo tu número, verdad?». Le dije que no y se lo pasé, advirtiéndole (en tono de broma) que no me gustaban las llamadas a media noche, ni muy temprano. Guardó mi número y me marcó, para que pudiera guardar el suyo. No sé qué habrán aprobado en aquella sesión, cuántas leyes o reformas habrán debatido ni cuántos legisladores asistieron, pero recuerdo perfectamente esas cinco horas en medio de risas, pláticas sobre nuestros gustos, recomendaciones de cine, música, lugares comunes y viajes del pasado y futuro. Cada conversación con ella reforzaba más y más mi gusto y mi deseo hacia aquella chica tan especial. Solamente una cosa me distraía, su constante cruce de piernas. Ese vestido blanco y ese movimiento me recordaban a Sharon Stone, una de mis fantasías más grandes, por lo que mi deseo no hacía más que crecer.

    Nuestra relación era cada vez más íntima, me contaba de sus ex parejas, de sus pretendientes, de su familia, de sus amigas, de su vida como universitaria, de sus experiencias laborales, los rumores que se decían en los pasillos del Congreso sobre tal diputado o tal político. Fueron meses muy divertidos a su lado. Con el tiempo se hizo más común vernos juntos.

    Un día como a las dos de la mañana sonó mi celular. Revisé la pantalla y vi que era ella. Contesté aún adormilado y me dijo algo como «ya sé que odias que te marquen en la madrugada, me lo dijiste cuando me diste tu número, pero ahora mismo quiero decirte que estoy muy ebria y que pensé en llamarte para decirte que eres un chico muy especial para mí». Me quedé helado. Le dije que yo también la consideraba una mujer muy especial y que ojalá estuviera con ella en el mismo lugar que se encontraba, para disfrutar de su buen humor y alegría del momento. Me pidió que fuera por ella, pero le dije que no podía salirme a esa hora, ya que mi auto estaba en el taller y viajar dos horas a las afueras de la ciudad era complicado. Dijo que estaba bien, con un tono de desencanto y quedamos en vernos al otro día en el trabajo.

    Ya en el Congreso, llegó con unos lentes oscuros que evidenciaban su desvelo y mal estado físico, me acerqué a saludarla y su actitud era de arrepentimiento, de pena por haberme despertado. Le dije que ella podía llamarme cuando quisiera y yo me disculpe por no haber ido a su rescate, pero le dije que a esa hora salir y trasladarme dos horas en transporte público era un suicidio en México. Me pidió que la acompañara por un café y ahí me contó que estaba con dos de sus mejores amigas, que les contaba sobre mi y que ellas la habían motivado para que me marcara. Tenía una oportunidad con ella, pensé.

    Una semana después, me invitó a un concierto en día viernes, tres días antes de su cumpleaños que era el lunes. Le dije que sí, que aceptaba y después de eso podíamos ir a bailar o algo. Acordó que pasaría por mi en su auto, ya que mi vehículo seguía en reparaciones, aunque yo me encargaría de manejar como muestra de agradecimiento. Para mi mala (o buena) fortuna, salí más tarde de trabajar y me retrasé, así que cuando llegó a recogerme yo todavía no me metía a bañar. Le expliqué la situación y le pedí que subiera a mi departamento para que no estuviera esperando en el estacionamiento, a lo que ella accedió. Cuando abrí la puerta la vi con unos jeans blancos que la hacían ver fantástica, unas zapatillas negras, un saco negro y una blusa blanca. Se veía extremadamente bien. Noté que debajo de su blusa blanca llevaba un sostén negro. Me prendió al momento. Le pedí que entrara, que se pusiera cómoda y me comprometí a que en 15 minutos estaría listo. Le destapé una cerveza, le puse un CD de la banda que iríamos a ver y me fui a alistar.

    Mientras estaba en la regadera noté que tenía una enorme erección, haberla visto con esas prendas, saber que estaba sentada en mi sofá y sentir el agua caliente cayendo sobre mi me excitaba mucho. Cuando salí para irnos la descubrí sin el saco, con el olor de su perfume envolviendo toda la sala y una cerveza destapada para mi. Me senté a su lado, le di un trago a la cerveza y sin voltear a verla le dije que hacía muchos meses que había deseado estar así con ella. Apenas empezaba a ligar las palabras cuando se subí sobre mi y nos empezamos a besar. No sé exactamente qué hora era, pero calculo que eran cerca de las 20 h.

    Un beso, luego otro beso y después uno más. Besos suaves, lentos, con mucho cariño y afecto. Después de aquel primer acercamiento, la miré y le dije que prefería no ir al concierto, que prefería irme con ella a un hotel. Propuse el hotel porque mi departamento era pequeño y estaba algo desordenado, no creía que fuera un buen lugar. Me sorprendió cuando con una sonrisa (esa misma sonrisa que me volvía loco) me dijo que no tenía boletos, que no sabía como invitarme a salir y que esa le pareció la mejor coartada. Cuando nos disponíamos a salir rumbo al hotel, la tomé de la cintura y la jalé hacia mi, nuevamente la besé, pero ahora sí al estar de pie pude tocar sus nalgas, firmes y grandes y apretarlas delicadamente. Pegarla hacia mi verga erecta y sentirla más de cerca. La besé lentamente por todo el cuello y puse mis manos sobre sus tetas. Aquello era increíble.

    Antes de bajar al estacionamiento, miré el reloj y vi que ya eran cerca de las 22 h. En tres besos habían pasado casi dos horas. El tiempo a su lado se iba volando y eso empezaba a hacerse evidente con solo un poco de contacto. Cuando bajamos al estacionamiento y encontramos el auto estacionado, volví a tomarla por la cintura y repetí el ritual de besos por su boca, su mejilla, su cuello y su apretón hacia mi. Fue en ese momento, cuando por primera vez, puso su mano sobre mi verga que estaba ya bastante dura.

    Cuando le iba a abrir la puerta del copiloto, metí la lleve en la puerta trasera, la abrí y me metí, me dejé caer en el asiento y con mis manos la invité a que me siguiera; sin pensarlo dos veces, se dejó caer sobre mi. Besos, besos y más besos. Cada vez más profundos. Su aliento era fresco y con un toque a la cerveza que se había tomado. La tomé por las nalgas nuevamente y la apretaba hacia mi. Entendió mi deseo y empezó a moverse simulando que tenía mi pene dentro de ella, de arriba hacia abajo. Cuando ya los dos estábamos más calientes, sonrío nuevamente y me dijo «no vamos a llegar a ningún hotel, mejor hay que subir». Sin decir palabra salimos del auto y nuevamente entramos al departamento.

    Ya en mi habitación, seguimos besándonos y poco a poco fuimos quitándonos la ropa hasta quedar totalmente desnudos. Era una mujer espectacular, su cuerpo estaba bien trabajado, su olor era delicioso y no podía dejar de besarla y acariciar cada rincón suyo. Sus pezones estaban erectos, muy firmes. Cuando quise empezar la verdadera acción, la recosté sobre mi cama y empecé a bajarme poco a poco, al tiempo que besaba sus muslos y sus caderas. Cuando descubrió mi intención, me detuvo y me pidió que no lo hiciera. Me extrañé al principio pero aún con mi corta experiencia de aquel entonces sabía que lo mejor era no insistir. Subí nuevamente hacía sus tetas y seguí besándola.

    Después de unos minutos me miró a los ojos y me confesó que no le gustaba el sexo oral, ni hacerlo ni que se lo hicieran, que había tenido malas experiencias y que prefería saltarse esa parte. En vez de molestarme, me excité aún más. Era mi obligación darle el placer con mi boca que no le habían dado. Le dije que no había problema y no le di más importancia.

    Le ofrecí otra cerveza, fui al refrigerador y tomé una para cada quien, luego al sanitario y al regresar la encontré con sus pantaletas puestas, debajo de las sábanas. Sabía que su negativa había tensado el momento y comprendí que cualquier error terminaría con la noche. Le entregué la botella y encendí la televisión, para retomar el buen ánimo. Recuerdo que en ese momento eran cerca de las 12 de la noche. Se tomó la cerveza, pegó su cuerpo semidesnudo al mío y en un suspiro se quedó dormida. Yo no dejaba de acariciar su cuerpo. Cuando sentí que mi cuerpo desvanecía y que pronto me vencería el sueño, busqué la mejor posición y ambos nos quedamos sumergidos en el cansancio de una semana de trabajo.

    Ya entrada la madrugada una erección me hizo despertar. Haberme quedado con las ganas unas horas antes y esa reacción deliciosa de los hombres de tener erecciones en la madrugada o muy entrada la mañana, me hizo despertar nuevamente con el deseo en ella. Giré levemente en la cama y acomodé mi pene erecto entre sus nalgas, pegándome tanto como fuera posible. La sensación era tan placentera que inconscientemente empecé a moverme sobre ese culo firme y redondo, disfrutando de la sensación de estar cogiéndomela. En esa misma posición pasé mi brazo derecho por debajo de su cabeza y con la mano izquierda empecé acariciarle las piernas, tocar sus nalgas y acariciar sus pechos. Suponer que en ese momento ella ya estaba despierta y que fingía no sentir nada y continuaba durmiendo me excitaba demasiado.

    Justo estaba en eso, cuando puse mi mano sobre su vagina, la misma que horas antes se había negado a recibir mi boca sobre ella. Empecé a hacer movimientos circulares y a ejercer cada vez más presión sobre ella, cuando Mariana se movió y pude liberar el brazo derecho que pasaba por debajo de su cabeza. Sin más preámbulo, me metí por debajo de las sábanas y fui bajando nuevamente hacia su sexo. Moví lentamente sus bragas y empecé a besarla en las piernas, las nalgas, las caderas. Tiempo después ella me confesó que simularse dormida también la excitaba bastante.

    La desnudé otra vez por completo y sin más empecé a besar su vagina. Mi lengua recorría cada rincón y mi boca salivaba por el deseo de comerse esa zona caliente y suave que ahora estaba totalmente dispuesta a mi voluntad. En aquellos años, tenía una técnica básica pero muy efectiva: escribir con mi lengua el abecedario, primero en mayúsculas, después en minúsculas. Tomándome todo el tiempo del mundo. Disfrutando de aquella mujer voluptuosa y mayor, que había ocupado mi cabeza en los últimos meses. Una vez. Otra más. Una vez más. Tres veces seguí el mismo ritual del abecedario, entregándome totalmente a su sexo. Estaba tan concentrado en aquello que no vislumbré cuando ella, en un estado de excitación total, tomó con sus manos la sábana y la apretó con fuerzas, como queriendo controlar aquello a lo que se había negado horas antes.

    Cuando ya mi verga estaba que explotaba de deseo, recompuse mi posición y me subí sobre ese cuerpo delineado y deseado, pero ella me sorprendió y me dijo «ahora es mi turno». Me puso boca arriba y se arrojó a mi pene, comiéndoselo como nunca antes lo habían hecho. Su lengua recorría cada rincón de mi verga, succionaba la punta y besaba mis testículos que reventaban a más no poder. Cuando sentía que más no podía, la tomé por la cabeza y la jalé hacia mi. Me montó y cuando mi verga por fin logró entrar en su cavidad, los dos nos fundimos en un gemido que después nos robó una sonrisa a los dos. Su sonrisa nuevamente.

    La manera en la que me montaba me volvía loco, con movimientos firmes y a veces más profundos, ver sus tetas colgando sobre mi cabeza era maravilloso. La tomé por las caderas y con mis manos hacía aún más profunda la penetración. Cuando sentía que iba a terminar y venirme sobre ella, la cambié de posición, la puse en cuatro y la embestí con todo lo que tenía. Nuestros cuerpos estaban húmedos y su perfume se hacía más penetrante. Justo cuando disfrutaba de sus nalgas con mis manos y la embestía, sentí como subía por mi pene toda mi leche, así que le di un par de nalgadas y clavé mis uñas en ese culo que tan bien lucía en las tardes del Congreso, liberé un grito sonoro y dejé ir sobre ella todo lo que tenía. Nuestros jadeos estaban en sincronía, llevaban el mismo ritmo y reflejaban la misma sensación de satisfacción. Pero no era suficiente para mi, todavía faltaba su orgasmo.

  • Mi joven esposa, mi amiga, mi amante, mi puta (Parte 3)

    Mi joven esposa, mi amiga, mi amante, mi puta (Parte 3)

    Con calma fui al baño de la misma habitación, orine y me asee un poco, mi pene estaba semi erecto y algo irritado, me sentía excitado y a la vez cansado, esta pausa me estaba relajando demasiado. Salí y note que no estaban ni Lety ni Marco, me dirigí al recibidor y me los encontré en la barrita, Lety de pie totalmente desnuda conservando solo sus zapatillas altas, se veía espectacular, su culo y tetas levantados, de inmediato recupere mi erección… Los dos comían con avidez un sándwich y platicaban animadamente recargados en la barrita en donde tenían cada quien un vaso con whisky y mi cerveza me esperaba ya destapada…

    -Que música te gusta David? -Pregunto Marco

    -Eeee jejeje la que sea! -Conteste acercándome

    -No puede ser… la que sea?, no seas apático David alguna música debes tener preferida o de plano no te gusta la música así de simple! -Respondió una renovada Lety con su viejo tono de mujer mandona

    -Déjalo mujer jejeje quizá no nos quiere incomodar y nos deja a nuestra elección…

    -Bueno me gusta la música de merengue, a veces de banda…

    . De banda?… es como de naquitos no? -Arremetió Lety

    -Bueno vámonos por algo de merengue o de salsa -Concluyo Marco

    Al iniciar la música Marco abrazo a su esposa bailando con maestría una pegajosa música de salsa. Desde mi posición los veía bailar desnudos, era un espectáculo, Lety hacia una parodia muy graciosa cantando la música que bailaban mirando amorosamente a su marido, me destape otra cerveza y me dirigí a la sala a sentarme para observarlos más cómodo.

    -Amigo la siguiente la bailas tú!

    -Con gusto Marco

    Marco hacia girar a su esposa lo que me daba la oportunidad de admirarla en todo su esplendor, un cuerpo llenito bien trabajado en el gimnasio, Marco a su vez un tipo atlético, con nalgas firmes y su pene aunque flácido le colgaba y rebotaba al bailar. Por mi parte la excitación me ahogaba era un momento que disfrute mucho pero a la vez era angustiante y confuso.

    -Vamos amigo relévame!

    Lety me recibió con una mano en señal de que bailaríamos abrazados, por lo alto de sus zapatillas quedamos del mismo tamaño, me acerque y mi pene no tiene ningún tipo de educación ya que se erecto al máximo de inmediato al rozar los escasos vellos de su pelvis.

    -Ups!… Alguien más quiere bailar jajaja -Lety refiriéndose a mi verga parada apuntando a la raja de su vagina

    -Perdón… es que…

    -Jajajaja vamos David baila no te dejes intimidar que se acaba la melodía! -Ordeno entre risas Marco

    Marco al igual que yo ya tenía una erección viéndonos bailar, se sobaba el miembro lentamente fue inevitable observarlo al girar bailando. En algún momento Lety bajo sus manos de mis hombros y me acaricio las nalgas al tiempo que bajaba las mías para que yo hiciera lo mismo con su apetitoso culo, de pronto apareció Marco uniéndose al baile abrazando a su mujer por la espalda y frotando su miembro en sus nalgas y si… de nueva cuenta tuve que quitar mis manos que por instinto e inspiración fueron a parar a sus senos…

    -Qué se siente estar bailando desnuda entre dos hombres mamita?

    -Es simplemente delicioso…

    -Te gusta cómo te rozamos con las vergas?

    -Si… sabes que me encanta esto…

    -Te encanta estar entre dos machos?

    -Ssii… me excita muchísimo… mmmm

    Marco le besaba y mordía con morbosidad la nuca y espalda moviéndose frenéticamente recorriendo el cuerpo de su mujer y le decía algo al oído que no lograba escuchar del todo pero notaba en Lety un estremecimiento que le salía por los poros y se retorcía de placer metiendo su lengua en mi boca. Éramos un nudo de 3 personas fundidas bailando un pegajoso merengue. Marco intercambio posición conmigo pasando yo a la espalda de Lety mientras ellos se besaban. Con mi lengua recorrí cada parte de su cuerpo hasta arrodillarme deteniéndome en sus delicioso culo parado, separe sus nalgas y metí mi lengua con avidez buscando tanto su vagina como su ano, el aroma que emanaba de sus interiores era embriagador, en esa posición Lety se inclinó hacia adelante para levantar más sus nalgas y permitirme introducir más mi lengua, Marco aprovecho para introducir su verga erecta en la boca de su mujer.

    -Te gusta cómo te come el culo mi amor?

    -Aghhh siii… me encantaaa

    -Se la quieres chupar…?

    -Siii

    -Quieres chupar las dos vergas?

    -Siii… quiero las dos

    -Las dos que??…

    -Las dos v… ergasss

    -Que quieres hacer con las dos?

    -Se las quiero mamar… Aghhh!

    -David… amigo ven acércate…y  tú híncate!! -Le ordenó a su esposa arrodillándola bruscamente

    -David… cuéntale a Lety que le quieres hacer -De inmediato me coloque a un lado de Marco. Lety subía y bajaba el grueso prepucio del pene de su marido dándole lengüeteadas e introduciéndolo en su boca al mismo tiempo que me miraba con lascivia invitándome a unirme…

    No me atreví a decir nada, Marco estaba trastornado, la lujuria lo consumía igual que a mí, con la diferencia que la calentura en su mente funcionaba en otro sentido, yo deseaba comerme a su esposa, poseerla de una vez como animal…

    -Aprovecha mamita, chupa las dos vergas… esto querías verdad?

    -Siii!!…

    Lety se metía un miembro a la vez en la boca, el mío se lo introducía casi por completo llenándolo de saliva y pasando la lengua por mis testículos, en cambio a su esposo lo hacía con más suavidad bajándole lentamente el grueso prepucio, dando pequeños besos en la punta de su miembro, ambos teníamos nuestras erecciones al máximo, alternaba sus tratamientos sin fallar en la misma técnica, largas mamadas al mío y regresaba al de su esposo lamiendo lentamente el enorme y grueso miembro sin circuncidar mientras jalaba con fiereza el mío, al grado de que temí terminar…

    -Metete las dos vergas al mismo tiempo…

    -Mmfff… lo intentare… la tienes muy gruesa amor… y David no canta mal las rancheras

    -Tu puedes vieja!… mas grandes te has comido, te acuerdas de Javier?… esa era una señora verga!!… y pudiste tragarte las dos… no me hagas quedar mal con David y trágatelas!!

    Primero se metió la mía dándome una profunda y larga mamada, Marco puso una mano sobre mi hombro para guardar el equilibrio e instintivamente hice lo mismo, y así semi abrazados acerco su grueso miembro abriéndose camino en la boca de su mujer, la sensación de sentir otro miembro rosando el mío al contacto me causó estupor y un rechazo inicial, mi heterosexualidad reacciono pese a la calentura e instintivamente trate de zafarme, ambos lo notaron ya que sentí la fuerza de la mano de Marco sobre mi hombro evitando que me zafara y a la vez tranquilizándome dándome paternales masajes en mi espalda y nuca, al mismo tiempo la mano de su mujer apretó mas mi miembro y se lo introdujo más profundamente en su boca sacando brevemente el de su marido al tiempo que bajaba y subía lentamente el prepucio, la respiración de Lety era más fuerte, de pronto acerco más el miembro de Marcos a su boca juntando nuestros glandes y propinándonos besos y húmedos lengüetazos…

    -Trágatelas!!! -Ordeno un desquiciado Marcos

    Ya no tuve más prejuicios a partir de ahí decide dejarme llevar y disfrutar, se rompían todas las barreras físicas y mentales, metí mi verga erecta en su hambrienta y húmeda boca resbalándome con el miembro grueso de su marido que hacía lo propio entrando y saliendo, Lety con sus manos subía y bajaba nuestros prepucios sin dejar de jugar con su lengua entre nuestras erectas vergas…

    -Te gusta amigo?… mama rico verdad?

    -Siii

    -Yaaa cojanmeee!!! -Lety se sacó de golpe nuestros miembros dirigiéndose a la recamara caminando de prisa solo conservaba las zapatillas que hacían que su culo resaltara. Llego a la cama y se abrió de piernas sin ningún pudor

    Sin pensarlo me fui directo a la vulva rosada necesitaba sentir su sexo entre mis labios y me sumergí, Marco saco de la bolsa de su mujer un paquete de condones lanzándome una tira de 3…

    -Quieres que te le meta David?…

    -Siii!!

    Me coloque el condón y sin pensarlo más se la metí de golpe hasta el fondo sacándole un largo gemido. Se la metí y saque incontables veces, mi miembro entraba como cuchillo en mantequilla, Lety estaba mojadísimas…

    -Plop!! plop!! plop!!

    -Ayyyy amor que rico!!!… que ricooo es estooo!!… Masss David… MASSS!!!

    -Te gusta mamita??… heee… te gusta como te coge! -Marco se separó de su mujer sin dejar de masturbarse y se acercó a ver como desaparecía mi verga en la vulva húmeda y hambrienta de su mujer.

    Seguí bombeando a esa hembra madura y ardiente, estaba a mi antojo y voluntad, me deje caer encima de ella besándola con verdadera pasión, por un momento me olvide de su esposo, ella era mía, sometida finalmente después de una noche en donde ella parecía ser quien dominaba no solo a mi sino también a su esposo. Estruje sus grandes tetas con ambas manos, bese su cuello y me hundía con mi lengua en su boca al tiempo que me la cogia…

    -Que rica estas mamacita!! -Se lo dije a la cara mirándola a los ojos

    -Dame más…MAAS!!… cuando te quieras venir hazlo en mi boca!! -Me contesto Lety agarrándome con fuerza las nalgas en busca de empujarme más hacia su coño húmedo

    -No me quiero venir todavía… quiero mas… mucho maass aggg!!! -Se lo advertí.

    -Me corrooo!!! ayyy… que ricooo!!! -Lety nuevamente libero un intenso orgasmo… arqueo su cuerpo y en su fuerza me levanto en vilo aun con mi verga dentro suyo, en el gimnasio seguramente levantaba algo más que a un hombre caliente y a su voluntad. La fuerza de sus piernas me atrapo en una tijera jalándome hacia dentro de ella… ya no pude más, me vine intensamente.

    -Ayyy!!! Que ricooo… -La leche contenida me salió a borbotones amenazando con romper el condón, Lety me aprisiono con sus piernas y de nueva cuenta alcanzo otro fuerte orgasmo.

    -Mi amor!!… me corro otra vezzz!!!

    Seguí bombeándola ya que mi verga seguía erecta y tuve un segundo y corto orgasmo… increíble!!

    -Ayyy yo también me vengooo Marco… que rica esta tu mujer carajo!!

    Marco regreso del anonimato en donde mentalmente lo puse y fue a besar a su mujer morbosamente, por mi parte me tumbe a un lado de Lety totalmente agotado y aniquilado, mi miembro aun seguía erecto pero seco, con el condón aun puesto y lleno de leche inconscientemente me empecé a masturbar más como un reflejo que como un verdadero deseo de seguir follando. Inmediatamente Marco tomo mi lugar y así sobre su esposa la poseyó como un animal, con movimientos bruscos y palabras obscenas bombeo a su esposa 4 o 5 minutos para enseguida cambiar de posición, montándose Lety encima de su esposo.

    Me incorpore para dirigirme al baño a deshacerme del condón ya que mi miembro ya estaba flácido. En el baño escuche los gritos y gemidos de ambos y nuevos orgasmos de Lety. Aproveche para orinar con algo de dificultad ya que mi pene aún estaba algo entumecido, me asee un poco y regrese sin saber a ciencia cierta que me deparaba la singular fiesta…

    -Ayyy mi amor que ricoo!! -Lety era un verdadero volcán en erupción cabalgaba a su esposo introduciéndose su enorme verga

    -Quieres más???… mas vergas??!! -De nuevo interrogaba Marcos que al parecer le gustaba ese juego verbal.

    -Siii quiero mas… dame mas mi amor!!!

    -Cuantas vergas quieres?… 2?… 3?… 5?… otra vez la de David?… ahí viene… se la quieres mamar?

    -Siii

    -Ven David… no te preocupes ahorita revives… pónsela en la boca… acércate…

    Me acerque y me subí a la cama y me puse a la altura de la boca de Lety, sus nalgas eran espectaculares la visión de verla ensartada en la enorme y gruesa verga de su marido inmediatamente ocasiono que mi pene iniciara una reacción, confieso que hasta antes de esa noche siempre fui hombre de una sola venida en promedio, máximo dos esperando el tiempo necesario, esa noche ya llevaba dos orgasmos seguidos.

    -Mámasela mi amor… como tú sabes… necesitas más vergas?

    -Solo la tuya y la de David amor… ummm

    -Algún día serán más de dos vergas…

    Ya habían pasado más de 20 minutos que ellos estaban follando yo dure menos de 5, sin duda la armonía y sincronización de ellos era admirable a pesar de tantos años de matrimonio o… quizá fuese la situación morbosa de la noche…

    Nuevamente cambiaron de posición colocando a Lety en posición de perrito, Marco daba de nalgadas a su mujer y continuaba con su lenguaje morboso, por mi parte había increíblemente recuperado mi erección mas no por mucho tiempo ya que eyacule a los pocos minutos en la cara y boca de Lety, tuve un nuevo y placentero orgasmo, un tercer orgasmo con realmente poco esperma, pero no menos placentero… Lety siguió mamándome tragándose hasta la última gota.

    -Sácale todo amor!! -Ordeno marco embistiendo con más fuerza a su esposa

    -Ahhyyy sigue amorrr me vengooo!!! -Lety se vino por enésima vez

    Me sentí un poco apenado una vez pasado mi orgasmo de durar tan poco para eyacular, nunca me considere un eyaculador precoz sin embargo entendí que jamás tuve realmente una situación tan excitante…

    Marco y Lety siguieron follando, me fui a la cocineta por otra cerveza y pregunte si deseaban alguna bebida:

    -Whisky!! -ambos contestaron

    El rechinar de la cama y los gemidos de Lety y Marco llegaban a mi mientras preparaba sus bebidas y sacaba otra cerveza del servibar, me quede sentado por un momento en el sillón, me sentía un poco frustrado por mi incompetitividad sexual con la pareja, cavilaciones absurdas quizá, siempre he sido un persona reflexiva y de naturaleza preocupona, un tanto perfeccionista quizá, me sentía mal con Marco ya que el regalo para su esposa resulto finalmente un juguete de poca duración… en esas cavilaciones estaba cuando…

    -David!! Trae esas bebidas… ayúdanos en algo! -Marco apareció desnudo en la puerta de la recamara con el miembro apuntando al techo.

    Lety estaba en la cama temblando y con las piernas abiertas metiéndose un enorme consolador en la vagina, su cara estaba desfigurada, su cuerpo temblaba… a punto de un nuevo orgasmo.

    Increíblemente mi miembro volvió a reaccionar ante la erótica visión, sin preguntar que debía hacer me acerque a la vulva de Lety y tome control del consolador introduciéndolo al mismo ritmo que Lety lo hacía, su vulva estaba hinchadísima por la casi hora de fricción que le había dado su esposo con su enorme miembro, la vulva prácticamente se le desbordada invitándome a usar mi lengua y saliva como lubricante… Marco ya estaba recibiendo una mamada y seguía con su juego de vocablos morbosos…

    -Te vas a tragar toda mi leche?

    -Mmmm aja… si damela… damela papito

    -Quieres más vergas?… heee?

    -Quiero la tuya… dame tu leche

    -Te quieres venir verdad??

    -Siii!!!

    -David… sácale otro… se quiere venir… ayúdala… ayyy me vengooo… me VENGO!… ME CORRO!

    Al mismo tiempo que Marco se vino en una estrepitosa y copiosa venida Lety arqueo su cuerpo y se metió de golpe el miembro de hule para venirse a unísono de su marido con la verga de hule, mi lengua y mi mano empujando…

    -Siii que ricooo!!! -Lety se estremeció y convulsiono girando totalmente su cuerpo quedando boca abajo aun con el consolador dentro de ella y mi mano empujando lentamente, la visión de su culo parado logro erectarme totalmente, los condones estaban sobre la cama y sin pedir permiso me enfunde uno, le abrí las piernas a Lety y así en esa posición se la introduje en la vagina entre las nalgas bombeándola infinidad de veces buscando por cuarta vez mi placer… Marco seguía exprimiendo su verga en la cara de su mujer y al igual que yo lograba un segundo y tercer orgasmo ya que me lo indicaban sus espasmos.

    -Bravo David! sácale otro… mi mujer es una puta ninfómana nadie la llena!!… dale hasta que pida perdón!!!

    -Siii Marco que bárbaro que mujer tienes!!! Esta riquísima!

    -No tienes idea como me gusta verla así… ensartada!!… quiero verla con más vergas… que la llenen!

    -Ufff que excitante imaginarlo… ufff ya entiendo su juego… wow!!! Que rico!!

    -Mi mujer es mucha hembra para un solo hombre amigo… me das la razón?

    -Ufff sii!!… yo quisiera tener un esposa así!!! ufff que rico!!!

    Por alguna extraña razón en esta ocasión no me podía venir, volteé a Lety a mi antojo me monte sobre ella besando su boca y sus pechos, ella aún no se recuperaba del tremendo ultimo orgasmo pero ya no me importo era mi muñeca la penetre innumerables veces, la puse de perrito y no podía sostener la cabeza levantada solo recibía mis embestidas, Marco tenia de nuevo una erección y se masturbaba frenéticamente hasta eyacular sobre el pelo y cabeza de su esposa… y entonces me vine después de 15 o 20 minutos… fue una eyaculación en seco, el placer recorrió mi espina dorsal, todo mi cuerpo convulsiono y me deje caer sobre Lety que no daba señales de vida..

    En algún momento me rendí y me dormí exhausto, la última vez que vi el reloj pasaban de las 2 am. Desperté a causa de la resaca y deseos de orinar, la habitación estaba en penumbra, solo iluminado por una lámpara que estaba sobre uno de las dos mesas de noche, las cortinas del cuarto de hotel estaban totalmente cerradas así es que no tenía la más remota idea de la hora, me moví para incorporarme e ir al baño, continuaba desnudo, entonces sentí el peso de una pierna sobre mi estómago, por suerte se trataba de Lety, al tratar incorporarme me atrajo hacia ella, la empuje suavemente al tiempo que quitaba su pierna para no despertarla y se recostó sobre su marido que roncaba profundamente dormido al otro extremo de la cama, al voltearse sentí las firmes nalgas de Lety pegadas a mi cuerpo, entonces en la bruma de mis recuerdos me llegaron las imágenes de lo que sucedió en esa habitación, en esa cama, en ese día desde que los conocí… no pude evitar estremecerme y sentir de nuevo un cosquilleo en mi miembro que aunque totalmente flácido pugnaba por levantarse… instintivamente lleve mi mano a mi pene y note mi vello púbico aplastado y aun húmedo, eso me hizo pensar que quizá no había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuve dentro del cuerpo de Lety…

    Camino al baño tropecé con una botella de agua que bebí con desesperación, no me atreví a prender la luz y me metí al baño vaciando mis riñones, me sentía molido, algo adolorido de la cintura y de los hombros, al terminar de orinar me vi en el espejo por inercia, mi aspecto era el normal de una noche de juerga y sexo salvaje sin embargo la situación era diferente ya que en la cama no estaba mi cita de ocasión o mi pareja en turno sino que estaba en ella un sólido matrimonio con años de casados e hijos mayores de 20 años que me invito a su excitante juego de alcoba… sin poder evitarlo una sonrisa pícara ilumino mi cara por la travesura, sonrisa que se me borro de inmediato al ver mi cuello muy irritado, rojo casi amoratado por los besos ardientes y morbosos de Lety, sería muy difícil poder ocultarlos por algunos días… entonces sin entenderlo aun entre en una especie de desasosiego o desubicación por un momento no supe que hacer, me sentía de alguna forma secuestrado por la pareja, al no tener noción del tiempo ni que hacer me hizo otra vez perder el control de la situación, aunado a la resaca que ya sentía. Estuve algunos minutos sentado sobre la tapa de la taza del baño mirando sin ver… y fue entonces que escuche mi nombre…

    -David… David! -era la voz de Lety

    -Estoy en el baño… ya salgo susurre

    -Qué hora es? -grito Lety con voz algo ronca

    -No lo sé… ni idea -Conteste al tiempo que baje la palanca del mingitorio y salí…

    Marco roncaba a pierna suelta, Lety estaba sentada a su lado, prendió la otra lámpara de mesa iluminando parcialmente la habitación lo que me permitió encontrar mi saco y dentro de una de las bolsas mi teléfono celular para saber la hora… 4:20 am, Lety cubría parte de su cuerpo con una sábana, me observaba con los ojos casi cerrados, no hablaba, parecía de nuevo otra persona ya que se tapaba los senos aun desnudos en una muestra de pudor…

    -Me retiro Lety… -Le comunique al tiempo que buscaba en la semi penumbra el resto de mi ropa.

    -No prefieres dormir un poco más?… no has descansado ni dos horas me preocuparía que manejaras así, aunque bueno en realidad estamos un poco apretados los 3 me parece… -Ahora tomaba un aire maternal no parecía qué horas antes habíamos sostenido un maratón de sexo.

    -Es mejor que me retire ahora, Marco tiene mi tarjeta me encantaría volver a verlos, son una pareja excepcional, me despides de Marco por favor.

    -Vete con cuidado David -Me lo dijo Lety enviándome un beso con sus dedos.

    Salí haciendo el menor ruido posible y termine de vestirme en la habitación recibidor.

    Esa noche fue el inicio de una estrecha amistad Y complicidad y fue la noche en donde adquirí la semilla que regiría mi vida hasta el día de hoy, a partir de esa noche tome todas las decisiones para vivir un estilo de vida a plenitud en todo sentido.

    Gracias Lety y Marco

    CONTINUARÁ…

  • La otra Marta, placer y dolor (IV)

    La otra Marta, placer y dolor (IV)

    Me mira, sonríe, pasa la boca sobre la mía al tiempo que con la palma de la mano me da un azote en el trasero, susurra:

    – Tienes prisa,

    – No, mi tiempo es tuyo.

    – Eres una perrita muy juguetona.

    – Si, juguetona y muy caliente.

    Tras darnos una ducha rápida que nos dejó como nuevas, nos vestimos solo con unas camisetas anchas y un pantaloncito, sin ropa interior. Saciadas de sexo, en aquel momento sentíamos otra necesidad, hambre de comida. Como la tarde ya estaba avanzada, propuso que nos trajeran algo, acepté su sugerencia de comida italiana.

    Cuando llamaron al interfono, abrí yo la puerta y frente a mí una mujer, rápidamente deduje que se conocían por los saludos efusivos que se prodigaron. Marta la cogió por la cintura, más con un gesto de posesión que de cariño, mientras le estampaba dos besos cerca de la comisura de los labios.

    Se llamaba Flora, nos había traído, ñoquis, fettuccines y pizzas, además un par de botellas de vino chianti. Mi primer contacto visual de ella fue que le calcule alrededor de 50 años, de mediana estatura, lo primero que destacaba era su delantera, con una chaqueta de punto ajustada que remarcaban el volumen, pelo rubio claro recogido con una cola, algo maquillada sin exceso, labios carnosos, su falda larga plisada se ajustaba a unas buenas caderas y se le adivinaba un culo generoso, con zapatos de medio tacón, parlanchina y con la sonrisa en los labios.

    Aceptó de buen grado la invitación de Marta y nos acompañó en la comida, dijo que tampoco había probado bocado desde su desayuno, entre anécdotas y comentarios, comimos y bebimos. Ya terminada la comida, sentadas en los sofás, Marta acercó su nariz al cuello de Flora alabando su perfume para seguidamente reposar la cabeza en el pecho de Flora, bromeando sobre su tamaño, para terminar comparándola a una vaca lechera, ella no se ofendió, reía, dijo sentirse orgullosa por su tamaño y que no todo el mundo podía disfrutarlas.

    Ante mi sorpresa se levantó y se desprendió de la chaqueta, enseñándonos el sujetador rosado de satén que llevaba, forcejeó un momento, bajó las copas del sujetador hasta que consiguió hacerlas salir por encima de la tela, pechos blancos con oscura aureola y pezones grandes, tras balancearlos a ambos lados y elevarlos varias veces, se movieron delante de nuestros ojos, se los acariciaba, oprimiéndose los pezones, llevándolos hasta su boca y succionarse ella misma el pezón.

    Sonrió complacida cuando Marta se las sobó y gimió cuando le tiró de los pezones. La situación me resultaba incomoda, callada observando todo lo que sucedía, la verdad es que en este punto, mis piernas temblaban. Me entró el pánico, cuando dirigiéndose a mí, riéndose colocó uno de sus pechos sobre mi cara. No sentía vergüenza pero sí un estado de confusa excitación. Me tomó la cara con las manos. No dejó que dijera ni una sílaba, ya que inclinó la cabeza hasta poder atrapar mis labios y meterme la lengua, de tal modo que respondía a su beso o me asfixiaba contra la espalda del sofá. Al mismo tiempo que me introducía una mano por debajo de la camiseta y me acariciaba los pechos, libres del confinamiento de un sujetador. Eché la cabeza hacia atrás al notar sus dedos jugar con los pezones, jadeé y gemí, todo en voz baja. Estaba un poco aturdida pero no podía negar que aquella estimulación, tan sutil, sería un incentivo, un adelanto de lo que podría venir.

    – No es por nada pero me gustas -Soltó Flora sonriendo maliciosamente.

    – Es una buena chica, dócil y le gusta el peligro -dijo Marta.

    – Eso parece -Flora riéndose.

    Marta me instó a que recogiese la mesa y esperase, me limité a obedecer, mientras ellas salían de la sala, dejándome sola. Pasado un buen rato regresó, apareció envuelta en un batín de raso negro, zapatos tacón de aguja y medias. Mi pulso se aceleró cuando pegó su cuerpo al mío. Sonrió al percibir mi temblor, algo nerviosa y asustada.

    – ¿Estás lista para dar un paso más? -pregunto seria.

    – Si… ¿qué más quieres de mí?

    – ¿No lo adivinas? -Bromeó, impregnando sus palabras de un tono seductor, sonreía a la vez que se mordía ligeramente su labio inferior y penetrándome con sus ojos gris verdosos. Se desprendió del batín y quedo con corset negro de látex con liguero, muy ajustado, alzándole el pecho, cortado a la altura de la cintura, para que se viera bien el tanga a juego con las medias negras. Me quedé mirándola a los ojos un segundo. Y pensé, ¿qué podía perder?

    Me ofreció la mano, cogí sin rechistar y la seguí como un perro faldero. Me empujó con suavidad para que subiera unas escaleras, me cedió el paso para entrar a una buhardilla y cerró la puerta. No pude evitar una mirada furtiva, predominaba el color rojo y negro en cortinajes de terciopelo, techo de madera, todo con una luz muy tenue. En una de las esquinas un diván y en la otra una especie de camilla. En una pared colgaban, látigos, floggers, esposas… sobre una mesita velas, alguna de ellas encendida. Fantasías sobre la humillación y la dominación pasaron por mi mente de una forma frenética y más aún cuando apartó un cortinaje y en el centro de la sala, el cuerpo blanquecino de Flora, colgaba del techo mediante una polea, brazos en alto, los pechos aún por encima del sujetador y con bragas. A pesar de estar en aquella posición atada y sin posibilidad de escapar, al vernos sonrió. Marta se le acercó y le abofeteó en la mejilla con fuerza, suspiro sin ninguna queja. Tiró de la cuerda que la sostenía, tensándola y obligándola a que se pusiera de puntillas.

    Empezó de manera acompasada, palpándole los pechos, pellizcando un pezón, mientras con la mano libre los palmeaba, ella soltaba gemidos, luego otro y otro, sus enormes tetas tomaron una coloración casi morada. Entonces para demostrarle su control empezó a insultarla con palabras soeces y que la íbamos a tratar como se merecía. Mientras una mano le estrujaba un pecho, los dedos de la otra sobre la tela de la braga, frotaban los labios vaginales. Tembló cuando separando la tela, los dedos recorrieron arriba y abajo la entrada de su vagina. No tardó en que los dedos se deslizaron dentro. Estuvo jugando con ella, demostrando que estaba bajo su control, salían y entraban, obligándola a chuparlos y volver a metérselos. Decidió torturarla doblemente, tirando de uno de los pezones, mientras palmeaba más abajo.

    Yo, asistía de pie observando callada todo cuanto acontecía. Mi excitación había reemplazado al miedo, mis pezones erectos contra la tela de la camiseta y de nuevo esa humedad que se me estaba gestando entre las piernas. No me podía creer lo que me estaba pasando al ser yo misma de alguna manera también utilizada, aunque hasta aquel momento de espectadora pasiva.

    Le suplicó que no parase porque quería correrse, pero ella en postura enfadada y como ofendida le recriminó entre insultos que no diera órdenes a su ama. Le colocó una mordaza de donde colgaban dos cadenas con pinzas para los pezones, le soltó la cola y su pelo cayó sobre sus hombros, me invitó a ponérselas. Flora me miraba directamente a los ojos, desafiante, como si dijera “a ver si te atreves“. Cuando pincé uno de los pezones gimió lo que le permitió la mordaza y me animé con el otro. Marta tiró de la cadena de tal manera que los pezones quedaron tirantes y en alza.

    Señalándome donde colgaban látigos y floggers, me sugirió coger uno. Indecisa, vacilé unos instantes, en cual debía coger. Tomé una larga fusta, ella cogió un azotador de tiras. Con pocos miramientos tiró de la braga, por entre sus muslos un descuidado y frondoso vello oscuro cubría su pubis que resaltaba contra la blancura de la piel. Me hizo colocar detrás, ante mis ojos las nalgas y el ano. Eran nalgas de caderas, maduras, poderosas, sólidas dispuestas a someterse. Descargamos el primer azote y otro… perdí la cuenta, con cada golpe, su vientre se sacudía. La inercia y el morbo se habían apoderado de mí y me resultaba excitante azotar aquel prieto trasero, cada vez más de un rojo subido. Marta se la veía disfrutar con toda esa humillación, no me moví cuando pasó la mano por dentro de mi pantaloncito, con las uñas me arañó el pubis y repasó la canal de mi coño.

    – Estás muy mojada. ¿No vayas a correrte? De momento lo haces muy bien.

    A continuación aflojó la cuerda y la tensión del cuerpo colgado desapareció inclinándose, con el azotador fue separándole las piernas, golpeando la parte interna de los muslos a la vez que la entrepierna. Cuando le soltó la mordaza, suspiró profundamente y babeó, tenía una expresión en su cara de viciosa que no había visto hasta entonces.

    – Delicioso, ¿verdad? -Le preguntó.

    – Sí, mi ama. Estoy bien.

    – Tengo algo que te va a encantar -Marta me hizo un gesto y acaté el arrodillarme frente a sus piernas groseramente abiertas.

    – Cómemelo, pequeña perra… Chúpame mi puto coño peludo -Soltó Flora.

    Acerqué la cara, su vulva rezumaba jugos que brillaban a través del rizado vello y ante mis dudas, Marta me empujó hacia ella cogiéndome con suavidad la cabeza. Me facilito el acceso a su coño flexionando un poco más sus piernas y entonces empecé a lamer. El aroma que emanaba aquel coño era intoxicante, por decir lo menos, pero dejándome llevar por la lujuria y el desenfreno mi lengua se deslizó entre la masa de vello púbico tratando de abrirse paso, de labios grandes de rojo intenso, quizás por los fustazos recibidos, hasta que encontré un clítoris muy erecto, parecido a un pequeño pene, lo mordisqueé y chupé como si fuera lo último que jamás me pondría en la boca.

    Ella se balanceaba con unas embestidas furiosas, refregándose contra mi cara haciendo que el ruido de su coño empapado resonara en toda la sala. Empecé a chupárselo hasta que mi cara se mojó con el jugo que segregaba. Ella ronronea como una gata, soltó un alarido cuando Marta tiró de golpe de las pinzas que le sujetaban los pezones. Fue delirante como no cerré la boca para recibir un violento orgasmo con chorros sucesivos que entraron en mi boca y me bañaron la cara. La humedad me delataba, un sentimiento de placer, seguido de un tremendo orgasmo que sin poder remediarlo había irrumpido de golpe. Me dejé caer sentándome en el suelo, estaba como mareada. Me ayudó para levantarme, pasó la mano por mi cara y se la besé, abrí la boca y acepté su lengua, recogiendo parte de los flujos que aún mojaban mis labios. Me dio un beso salvaje, incluso hasta hacerme daño. Hizo que me sentara en aquella especie de camilla, mi estado era de confusa excitación.

    – No ha sido difícil, ¿verdad? , eres capaz de eso y mucho más -Mientras sujetándome de los hombros tiraba para que me tumbase en la mullida plataforma, puse objeciones, palabras de que me relajase, que estuviese tranquila. Finalmente me tumbe completamente.

    Flora ya libre de las ataduras, se dirigió a mi clavando su mirada en la mía con sonrisa malévola, en sus manos aprecié un rollo de fina cuerda. Sonrió perversa cuando empezó a desenrollar la cuerda, sujetándome las manos por encima de la cabeza. A partir de aquí, los brazos, una vuelta alrededor del cuello, sin apretar, sólo lo suficiente para hacerme más difícil mis movimientos. Me rodeó por el vientre, la cintura y subió hasta los pechos. La cuerda los rodeó fuertemente, marcándolos, hasta el punto de estallar bajo la tela de la camiseta. Al principio me quejé porque dolía, al poco el dolor se convirtió en presión, la presión en calor. Los últimos atados me dejaron en una posición difícil, la cuerda me rodeó los muslos, tirando de ellos hacia la cabeza. Quedé con las rodillas dobladas, las piernas abiertas, indefensa, impúdica. Nos miramos a los ojos, ellas, yo atada, totalmente ofrecida a sus deseos.

    – ¿Te gusta mirar? pues mírate bien -Colocaron frente a mí un espejo en la que me veía reflejada.

    – ¡Soltadme! -Grité enojada.

    Una brusca maniobra el pantaloncito queda partido en dos, dos jirones arremolinados en los tobillos. Flora se relamía. Tenía ante sus ojos un monte de Venus rasurado, quizás abultado por la postura indecorosa. Su mano se lanzó a acariciar, sus dedos me apretujaron la vulva y el ano, pellizcos a las nalgas. La otra mano, en mis pechos presos, los manipuló y estrujó. Los empujaba hacia un lado, luego hacia el otro, los elevaba y los comprimía, me los torturaba sin piedad. Temblé y me retorcí.

    – ¿Te gustan mis caricias, cariño?

    – Te gusta el trato que te da, ¿no es cierto? -Preguntaba Marta. Mientras hablaban, sus dedos seguían torturándome. El juego de la sumisión, era demostrar quién manda. Con respiración acelerada, jadeé. Mi cuerpo estaba tenso, excitado, el placer empezaba a invadirme y por momentos temí en no poder controlarme.

    – ¿Qué más quieres? -De repente, Flora cesó en la manipulación.

    – Por favor… -No entendía su petición.

    – Te daremos lo que necesitas -Los ojos de Marta me miraron fijamente. Me besó, no de ternura, sino de contacto profundo. Gemí como dando gracias, como diciendo que sí, que por fin, si aquello era el final.

    A petición de Marta, Flora se inclinó sobre la plataforma, colocando la mitad de su cuerpo entre mis piernas, me miraba con lujuria, se relamía los labios. Le hizo chupar un pene de látex, con la mano abierta le daba azotes en el culo y le palmeaba el sexo también. Después se colocó un arnés a la cintura y empezó a penetrarla por el coño, gritos y gemidos, no fingía. Pidió que la enculara, abrió mucho las piernas, apoyando sus tetas sobre mis piernas, vi y note como temblaba, sus piernas se estremecían, movía el trasero. Sus pechos bamboleaban, rozándolos en mi vientre y frotándolos entre mis piernas. Y detrás de ella, Marta, follándosela y empujándola cada vez más fuerte, dejó caer la cabeza a un lado y cerró los ojos, gemía, hasta que se corrió como un animal, para terminar tumbada sobre mí.

    – Hace tiempo que no disfrutas de una perrita como esta -. Marta de pie miraba complacida, ofreciéndome a su amiga…

    – Mi pequeña no te vas arrepentir, me estabas esperando ¿verdad? -La observaba anodada, mirada de deseo me estaba comiendo con la mirada.

    Eso me puso aún más nerviosa, la idea de estar allí tumbada desnuda y dispuesta a ser instrumento de su placer, me hacía sentirme en otra dimensión. Vencida, despojada de todo, iba a ser usada a su antojo, llevada al límite, saciada, lujuriosamente. Serian mis gemidos, suspiros y lágrimas, las que expresaron mi entrega y mi sumisión.

    Conseguir el placer salpicado de dolor.

  • Patricia, cuando follaba, era de pocas palabras

    Patricia, cuando follaba, era de pocas palabras

    Miércoles 7 de agosto de 1999.

    Era el día de mi cumpleaños. Había discutido con mi esposa por haberme tomado unos vinos de más y por ese motivo al llegar la noche no quiso ir a cenar conmigo. Al haber reservado en un restaurante, fuera o no fuera tenía que pagar, no solo la cena sino también la habitación. Me fui solo y cabreado. Eran las diez de la noche, estaba en la barra del bar del restaurante y recuerdo que se oía la canción «Despacito» cuando llegó ella y pidió un whisky doble. Era una morena, muy linda, de entre 20 y 24 años, rellenita, su larga melena negra la llevaba recogida en una trenza, sus ojos rasgados eran negros cómo la noche y los llevaba pintados de color rosa, sus labios eran gruesos y los llevaba pintados de color de los ojos, lo mismo que sus largas y cuidadas uñas, de los lóbulos de sus orejas colgaban dos grandes aros de oro, el vestido negro que llevaba era ceñido, le daba por encima de las rodillas y resaltaba sus grandes tetas y su impresionante culo. Sus zapatos negros casi no tenían tacón y aun así era unos centímetros más alta que yo. Sacó del pequeño bolso negro un paquete de Winston, cogió un cigarrillo, y con él en la mano, me preguntó:

    -¿Tienes fuego?

    Le di fuego, el barman le puso el whisky, doble, se echó un trago, y me dijo:

    -¿Esperas a alguien?

    Mi respuesta fue seca. Sin mirarla, le dije:

    -No.

    -Parece que estás enfadado con el mundo.

    -Solo con mi esposa.

    -¿Te metió los cuernos?

    La miré. Había cruzado las piernas, y las tenía preciosas, le respondí:

    -No, no es por eso.

    -Suerte la tuya. Yo me acabo de enterar de que mi novio me los mete con la que creía mi mejor amiga.

    – ¿Por eso lo del whisky doble?

    -Por eso.

    Le miré para las piernas, y luego fui subiendo la vista hasta sus ojos.

    -El hombre es un animal irracional que no evolucionó con el paso del tiempo.

    Sonrió. Sus dientes eran blancos y su sonrisa cautivadora.

    -¿No era racional?

    -Si fuera racional no se follaría todo lo que se mueve para presumir delante de sus amigos.

    -¿Cree que me los metió por eso?

    -Seguro, bonita. Sin conocerlo lo veo caminar a tu lado cómo un pavo real. Orgulloso de llevar a su lado a un monumento de mujer…

    La chica me puso el freno.

    -No estoy de humor para que me seduzcan.

    -No era esa mi intención, si te lo digo es porque así caminaba yo al lado de la que es ahora mi mujer cuando éramos novios, y después, para hacerme el importante delante de mis amigos, le metía los cuernos.

    La joven me miró con cara de asco, y dijo:

    -Putos hombres, estáis todos hechos con el mismo patrón.

    -Más o menos.

    Se mandó el whisky doble de un trago. Se le estremeció el cuerpo, luego dijo:

    -¡Arggg! Esto anima a una muerta. Pon otro, chaval.

    El barman le puso otro, sencillo, y le dijo:

    -Ya pueden ocupar la mesa cuando les plazca.

    La chica, me miró, y me preguntó:

    -¿Qué dice el loco este?

    -Piensa que eras mi acompañante. Desgraciadamente estoy solo, ya te dije que mi esposa está enfadada conmigo.

    -¡Cómo para no estarlo! -se rio.

    -No es por lo que piensas. Hace años que no la engaño. Hoy cumplo 44 años. En la comida me pasé con el vino y se enfadó.

    El Whisky la desinhibió y empezó a ser ella misma.

    -Ya veo, ya, y ahora el señor me va a pedir que cene con él.

    Era mi oportunidad para comenzar a seducirla. Desempolvé mi viejo yo, y fui a por ella.

    -Pediría, pediría, pero un monumento cómo tú no aceptaría cenar conmigo.

    -Conmigo no funciona la adulación. No soy un monumento. Lo que quieres es mojar conmigo, admítelo.

    -Lo eres, y sí, si no estuvieras tan buena intentaría llevarte al huerto.

    Se bebió la copa de un trago, puso una cara de asco, y me preguntó:

    -¿Tu esposa sabe que cenas aquí?

    -No, no sabe en que restaurante estoy.

    -¿Seguro? No quiero problemas.

    -Seguro.

    -Me llamo Patricia.

    Di por sentado que iba a cenar conmigo. Me levante, le extendí la mano, nos las estrechamos, y le dije:

    -Yo me llamo José. ¿Vamos?

    -Vamos.

    Tiempo después, sentados a la mesa, con música clásica de fondo y comiendo dos lubinas, comenzó a hacerme preguntas que me decían que esa noche iba a mojar el churro.

    -¿Con cuántas mujeres te acostaste?

    Limpié la boca con una servilleta, eché un trago de albariño, y le dije:

    -No sabría decirte… Entre cuarenta y cincuenta.

    -¿Cuánto tiempo te llevó descubrir que todas tenemos lo mismo entre las piernas?

    Estábamos comiendo y no era precisamente el tema de conversación más adecuado, pero de sexo quería hablar y de sexo íbamos a hablar.

    -No tenéis lo mismo entre las piernas. Hay coños vírgenes, estrechos, normales y coños de vaca. Hay labios vaginales finos y gruesos, y hay clítoris, pequeños, medianos, grandes y gigantes. Hay flujos vaginales que son cómo el agua, cómo el aceite de densos y los hay lechosos, unos coños son peludos y otros están rasurados, unos están perfumados y otros… Los coños son de mil maneras, cada coño de mujer es diferente.

    -Me gusta la palabra coño. ¿Cuáles te gustan más?

    -Los que se mojan mucho.

    -¿Eres bueno haciendo sexo oral?

    -Sí, tengo práctica.

    -Los orgasmos orales son brutales

    -Los anales También son brutales.

    Se puso exquisita.

    -¡Qué estamos comiendo, guarro!

    -Perdona.

    Sonrió, echó otro trago de vino, y me dijo:

    -Bromeaba. No hay nada que perdonar. Cómo haces esa comida de culo.

    -Tengo una habitación pagada, si después de cenar te apetece…

    -Ya veremos, animada estoy.

    -¿Tú con cuántos hombres te acostaste?

    -Con tres.

    -¿Y mujeres?

    -Con una.

    -¿Con quién te corriste mejor?

    -Más y mejor con ella. Es lesbiana y sabe lo que le gusta a las mujeres.

    -¿Le metiste los cuernos a tu novio con ella?

    -Unas cuantas veces.

    -¿Y con algún hombre?

    -Soy algo puta, sabes

    -¿Con cuántos?

    -Con seis.

    -Si me acabas de decir que te acostase con tres hombres.

    -Es que también soy una mentirosa.

    Lo dijo y se quedó tan ancha.

    -No hace falta que lo jures.

    Retiraron los platos del pescado y nos pusieron el faisán. La música clásica seguía mezclándose con toda clase de aromas, el del faisán, el de los calamares, el de las natillas, el de las centollas… Con el faisán sobre la mesa, me dijo:

    -Dime cómo comes un culo.

    Ahora quise ser yo el exquisito.

    -No creo que sea el momento más adecuado.

    -Cualquier momento es bueno.

    Tenía que satisfacer su curiosidad.

    -Después de comer boca, tetas, y coño, se trata básicamente de lamer el periné y de follar el ojete con la punta de la lengua y para que la mujer se corra…

    Me cortó.

    -Déjalo ahí. Lo descubriré más tarde.

    Más tarde.

    Patricia después de ducharse vino hacia la cama cómo su madre la trajo al mundo, solo que más crecidita. Se había quitado la pintura y el maquillaje. Aún estaba más bella. Su cuerpo era perfecto, para mi gusto, tetas grandes, redondas, con areolas marrones y pezones gordos, sus caderas eran anchas, sus piernas largas y llenitas y su coño lo tenía depilado. Me dijo:

    -¿Aún estás así? -dijo al verme vestido y sentado en el borde de la cama con una copa de vino blanco en la mano-. Habrá que desvestirte.

    Vino a mi lado, me levanté y estando en cuclillas, cuando pensé que me la iba a manar, se levantó, se echó sobre la cama y me dijo:

    -A ver qué sabes hacer.

    Estaba visto que no era de mamadas. Me eché a su lado y la besé en la boca. Nuestras lenguas estuvieron jugando unos minutos mientras su mano derecha masturbaba mi polla y dos dedos de mi mano derecha acariciaban sus labios vaginales, que poco a poco se fueron humedeciendo. Sin dejar de masturbarla, saboreé sus bellas tetas, de tacto sedoso, lamiendo chupando y mamando, le arranqué los primeros gemidos. Cuando metí mi cabeza entre sus piernas ya tenía el coño chorreando. Le separé los labios con dos dedos y lamí su humedad. Sabía entre ácido y salado. Le metí parte de mi lengua en la vagina y después lamí su clítoris, un clítoris que ya tenía el glande erecto, eso hizo que al lamer se estremeciera, que se pusiera perra, que levantara la pelvis, que se diera la vuelta, que se pusiera en la posición del perrito, y que me dijera:

    -Hazme correr comiéndome el culo.

    Tenía unas cachas gordas y el ojete virgen. Allí no había entrado nada, era tan pequeñito que creo que ni ella misma se lo había tocado al masturbarse. Lamí varias veces desde el periné hasta el ojete. Después metí y saqué la punta de la lengua en el ojete. Sus gemidos y las contracciones del agujerito me decían que le estaba gustando. Le cogí las tetas y magreándolas lamí desde su coño a su ojete… Al llegar a él metía la lengua y la sacaba. No sé si sería veinte o treinta veces las que mi lengua hizo ese recorrido, pero en la última, que mi lengua entró en su culo, sus gemidos se hicieron escandalosos. Sin avisar comenzó a correrse. Le metí la polla en el coño y sentí sus contracciones y la calidez de sus jugos. Cuando cesó el placer y los gemidos, le tiré de los pelos, su cabeza se echó hacia atrás y le comí la boca mientras la follé con fuertes embestidas. No tardó en volver a gemir. Al follar no hablaba, era cómo si todos sus sentidos estuvieran puestos en alcanzar el orgasmo. Una de las pocas veces que lo hizo, fue para decir:

    -Azota mi culo.

    Cambié el ritmo de la follada. Le daba una palmada en una cacha: ¡Plas!» y se la clavaba con fuerza hasta el fondo: Luego en la otra: «¡Plas!», y se la clavaba de nuevo. Le daba en las dos cachas: «¡Plas, plas!», y doble clavada hasta el fondo.

    De nuevo, a los siete o ocho minutos, su respiración se aceleró, sus gemidos subieron de tono, su coño apretó mi polla y se corrió cómo un río cuando desemboca en la mar, a lo grande.

    Mi idea era seguir con sexo anal, pero cuando acabó, me dijo:

    -Quiero que te vengas dentro de mí.

    Sus palabras me excitaron aún más de lo que ya estaba, la follé de nuevo a romper, y en un minuto, o dos, le llené el coño de leche.

    Al acabar de correrme quité la polla y le lamí el coño. Patricia giró la cabeza y me miró cómo si fuera un bicho raro.

    -¡¿Qué haces?!

    -Te como el coño.

    -Pero, pero tu leche…

    -¿Quieres que lo deje?

    -Para nada, sigue, sigue.

    Al rato comenzó a gemir de nuevo. Paré de lamer y le acaricié el coño, el periné y el ojete con el glande. Me vio venir, pero no dijo nada, como ya dije, al follar era de pocas palabras. Al meterle la puntita mordió el canto de una mano. Se la quité, le di un par de azotes sin fuerza y volví a frotar la polla desde el coño al ojete… Le volvía a meter la puntita, la sacaba, azotes y de nuevo el recorrido. Así estuve jugando con mi polla, metiendo el glande cada vez un poquito más hasta que Patricia metió el glande con un golpe de riñón. Ya no lo volví a quitar… Apretada a más no poder y sin dejar de darle palmaditas en el culo, la fui metiendo milímetro a milímetro hasta que llegó al fondo. Tiempo después, cuando ya le follaba el culo cómo si fuera el coño, volvieron los gemidos. Era el momento de agarrarle las tetas y parar de follar su culo. Paré y ocurrió lo que esperaba, Patricia ya estaba cachonda y me folló la polla con su culo. Aquella visión de mi polla entrando y saliendo de su culo, junto a sus gemidos, hicieron que en un par de minutos se lo llenara el de leche. Fue sentir mi leche dentro de su culo y comenzar a correrse. Sus manos se aferraron a las sábanas, su ano apretó mi polla y los jugos de su coño la anegaron.

    Esta vez se sacudió y tembló, pero no dijo ni: «Esta boca es mía», Patricia, cuando follaba, era de pocas palabras.

    Quique.

  • La manipulación de una madre

    La manipulación de una madre

    Mi madre acababa de llegar de la piscina supuestamente, pero cuando la veo entrar por la puerta de casa me doy cuenta de que lleva dos bolsas colgadas del brazo, lo que me llevó a pensar: mi madre me ha mentido.

    Nada más cerrar la puerta me levanto del sofá donde estaba sentado viendo la tele, no había terminado de cerrar la puerta de casa cuando se sorprendió al verme.

    Sorprendida me dice «hijo, que susto me has dado» algo intrigante le pregunto “¿al final no fuiste a la piscina?”, ella muy tranquila me responde, “claro, pero a la vuelta pasé por algunas tiendas para ver que había y aunque no tenía la intención de comprar nada vi algunas cosillas que me gustaron y que además estaban de rebajas”. Entonces le pido que me deje la tarjeta de crédito ya que ella ya la había utilizado, pero se negó a dármela alegando que era suya y era su dinero.

    La conversación desembocó en una discusión un poco fuerte, donde mi madre me decía que era su dinero y hacía con él lo que quería que para eso se lo estaba ganando, pero entonces alegando a sus reproches hacia mi le dije que el que estaba trabajando era yo y yo era el que metía dinero en su cuenta como agradecimiento por seguir viviendo en casa.

    Nos sentamos en una butaca cada uno, algo más calmados los dos, aclaramos las cosas mientras mi madre me decía que cada uno podía cogerse lo que quisiera o pudiera con su dinero.

    Entonces, mi madre, empieza a tocarme la rodilla de manera muy seductora diciéndome que no pasaba nada y que había sido una discusión sin sentido, entonces le digo que su cumpleaños estaba cerca y tenía pensado una sorpresa para ella, ella desconcertada se sorprende y me dice “¿cómo? ¿Para mí?”.

    Ella me dice que no le tengo que regalar nada, que se conforma con mi cariño y mi compañía cada día tocándome nuevamente la rodilla mientras le cogía la mano acercándosela lentamente hacia mi polla, me la empezó a acariciar hasta que me la sacó del pantalón diciéndome «menudo secretito escondías», me pasó la lengua subiendo lentamente para metérsela en la boca, empezando así una mamada, entretanto, me decía lo rica que estaba.

    Acto seguido, empecé a disfrutar placenteramente de la mamada que mi madre me estaba haciendo mientras me la frotaba, estaba viviendo un sueño; minutos más tarde continuando con la mamada espectacular que me estaba haciendo me pregunta «cariño ¿te está gustando como lo hago?» yo estaba sin palabras, era increíble lo bien que lo hacía y como la chupaba, no sabía ni cómo responderle, entonces entre tartamudeos y apenas sin que las palabras pudieran salir de mi boca le dije «estoy como en una nube mamá» ella me sonreía salivándome la polla mientras me la frotaba de nuevo.

    Instantes después, me puse de pie mientras ella de rodillas continuaba chupándomela sujetándole la cabeza mientras la tenía dentro para que entrara hasta el fondo de su boca dándome cuenta en ese preciso momento que no era la primera vez que se metía la polla entera en la boca hasta que unos minutos más tarde y después de estar masturbándome a la vez que me hacía una mamada terminé corriéndome en su boca sorprendiéndola inesperadamente. Algo enfadada por la situación, se incorporó sentándose en el sofá mientras me decía que no podía creerse que no le hubiera avisado antes de correrme en su boca.

    Más tarde, como a media tarde más o menos, mi madre estaba cómodamente estirada con el ordenador haciendo gestiones del trabajo cuando entré en la habitación, mientras me interesaba por como lo llevaba y si necesitaba ayuda, pero no la necesitaba por desgracia aun así me pidió que si me podía quedar con ella para hacerle compañía y como lo que quería era estar con ella pues gustosamente me senté en la cama con ella mientras ella continuaba con los asuntos del trabajo hasta que instantes más tarde le bajé la tapa del portátil, quedándose boquiabierta porque no sabía si lo había guardado o no en el ordenador, ella se acomodó en la cama mientras yo empezaba a ponerme cachondo al ver la postura que ella había tomado, con las piernas abiertas le enseñé el dron pequeñito que hacía un año me había regalado ella por navidad, mientras hablábamos de que ella estaba convencida de que no sabría utilizarlo.

    Cuando lo puse en funcionamiento le gané una apuesta que ella había hecho conmigo aunque ese tema enseguida lo dejamos a un lado, justo en el momento en el que mi madre me dijo que quería que le tocara las tetas para que viera de primera mano que me parecían, empezó desabrochándose un botón de la blusa apartándosela a los lados, observando que llevaba las tetas al aire sin sujetador.

    Tímidamente acerqué la mano para tocarle las tetas, al tocarle los pezones se los apreté ligeramente diciéndole «están duros» ella me dijo en tono sarcástico “¿de verdad?”. Aunque en ese momento supe salir de un posible enfado por su parte conmigo diciéndole que estaban duros, pero que me gustaban mucho. A continuación me preguntó “¿qué quieres hacer?”.

    Yo tenía ya en mente lo que quería, y se lo dije. Le pedí que si se quitaba las mallas para que estuviera más cómoda, y ella aceptó aunque al principio no estaba muy convencida, de echo era algo que ya intuía, mamá se puso de pie para quitarse las mallas yo intenté cambiar de tema diciéndole que los cuadros que tenía en el suelo los podría colgar en las paredes de la casa, para que no estuvieran estorbando mientras ella se quitaba las bragas, semidesnuda se sentó en la cama tocándose el chocho algo peludito he de decir. Me preparaba para meterle los dedos en el chocho, hasta que entonces, me dijo “espera cariño, no vayas tan rápido”, me cogió los dedos y se los metió en la boca posteriormente se los metí lentamente en el chocho jadeando de placer muy lentamente, mamá se estaba poniendo cada vez más cachonda hasta que entonces, la llamaron por teléfono para que hiciera una sustitución en el trabajo, mientras yo le decía que lo dejara y les dijera que no podías ella me pedía que no podía hacerlo.

    Un par de días después, mamá estaba sentada en el sofá recién llegada de la calle con un vestido azul turquesa descalza por casa. Entré en el salón y al verla algo desanimada, le pregunté ¿qué te pasa? ella me explicó que estaba un agobiada por el trabajo, las reuniones con accionistas y todo se le estaba juntando, estaba siendo una mala semana para ella, me senté con ella en el sofá estábamos muy cerca el uno del otro mientras me explicaba lo que le pasaba me percaté en el escote que le hacía el vestido y en lo mucho que se le marcaban los pezones en ese vestido tan bonito. Le dije que lo que tenía que hacer era tranquilizarse y en pensar que el día siguiente iba a ser mejor que el anterior y que se olvidara del tema, ella aceptó enseguida, me di cuenta de que lo que quería era estar tranquila.

    Se levantó del sofá para coger el mando de la tela, agachada y con el culo en pompa, no pude evitar quedarme fijo en él, sin apartar la mirada de él hasta que no me lo pensé dos veces y le di dos pequeños azotes inmediatamente dejó el mando en la mesa de nuevo y echándose a reír me preguntó “¿qué estás haciendo?”. Yo me puse colorado, no sabía que reaccionaría así y menos después de lo que había pasado unos días antes, ella me dice «estoy intentando poner la tele y tú de repente sin esperarlo me tocas el culo».

    Yo le expliqué que es que me lo había puesto muy fácil echándose a reír, sin preguntarle ni nada le dije «quítate el vestido» ella sorprendida soltó una carcajada preguntándome “¿cómo la tienes así de dura?”. Mamá se llevó una grata sorpresa cuando me vio la polla así de dura y tan erecta, yo le dije que había sido ella la que me había provocado que la tuviera así.

    Se puso de rodillas en el suelo para empezar a chupármela, en mitad de la felación, ella se empezó a quitar el vestido no llevaba sujetador como ya me esperaba entonces pero el tanga que llevaba puesto, era muy transparente y podía verle con facilidad los labios del clítoris, hasta que se lo quitó. Una vez desnuda me empezó a cabalgar follándola durante unos minutos algo rápido, hasta que me dijo que fuéramos a la habitación, en la habitación ella se tumbó en la cama mientras yo continuaba donde lo habíamos dejado, volví a penetrarla por el coño nuevamente mientras ella empezaba a jadear sin parar pidiéndome que no parara que lo estaba haciendo muy bien, ella se puso a cuatro patas mientras la follaba por el coño peludito mientras susurraba «no me puedo creer, mi amor» «sigue, no pares».

    De nuevo mamá se puso encima por placer para cabalgarme mientras jadeaba «que placer me estás dando mi amor» hasta que finalmente estaba a punto de correrme ella se puso de rodillas en el suelo llenándole la boca de leche junto con sus tetas y su cara.

  • Un fin de semana de mucho placer (2/2)

    Un fin de semana de mucho placer (2/2)

    De Mariana se puede decir que estudió Historia en la mejor universidad de México, que sus padres eran divorciados y aunque expresaba mucho amor por ambos, siempre se sintió abandonada por los dos. Ella reconocía que le dieron todas las comodidades y aunque se sabía afortunada, nunca les perdonó que volvieran a casarse y que tuvieran más hijos con sus demás parejas. Mariana confesaba que le era difícil hacer amigos y que le resultaba casi imposible llevarse bien con las mujeres. Tenía una hermana menor a quien veía como a una hija y por quien siempre se preocupaba. Su hermana era casi de mi edad, 13 años menor.

    Cuando la luz del sol empezó a filtrarse por las persianas de mi habitación, despertamos envueltos en las sábanas blancas y abrazados, con nuestros cuerpos desnudos expuestos al calor que ya empezaba a sentirse por aquellas horas de la mañana. Tomé el reloj que había dejado sobre un mueble de madera alado de la cabecera de la cama y vi la hora por última vez, pasaban las 10 de la mañana.

    -Sabes, desde aquella vez en la cafetería he notado que siempre estás al pendiente de la hora, eso está mal, eres muy joven para preocuparte tanto por el tiempo.

    -Ya me lo han dicho, es un hábito, parece que tengo prisa o que me preocupa algo, pero no es así, me ayuda a tener control.

    -¿Control?, ayer me hiciste subir porque se te hizo tarde en el trabajo y no estabas listo para irnos, además ¿qué control vas a tener tú del tiempo? Dame ese reloj, te haré un favor y te lo devolveré cuando me vaya.

    -Bien, toma mi reloj y también mi celular, vamos a desconectarnos por completo del tiempo, abre el cajón del mueble de madera y pon ahí también tu teléfono.

    Empezó a reírse nerviosamente y finalmente accedió, aunque me pidió cinco minutos más para hacer una llamada que después supe fue para su hermana menor. Mariana se levantó de la cama, se puso las bragas y tomó mi camisa para ir al sanitario. Todo le quedaba bien, cualquier prenda que vistiera la hacía ver hermosa. Me levanté y fui a la cocina a buscar algo para comer, empezaba a tener hambre y no sabía cuánto tiempo más estaría ella en mi departamento. Tomé un vaso de agua y encontré dos rebanadas de pizza en el refrigerador.

    Mientras metía la pizza al microondas y me hidrataba, escuché el ruido de la regadera y el agua cayendo sobre los mosaicos y el cuerpo de Mariana. Me acerqué a la puerta sigilosamente y escuché su voz muy baja cantando una canción: «¿Bailas? / Cenicienta de porcelana / Encerrada en tu piel intacta / Vendida en propiedad / A un señor de edad / Perfumada y compacta».

    Abrí la puerta temeroso de ser muy invasivo y cuando ella vio mi silueta dibujándose a través del cancel, corrió una de las ventanas y con una sonrisa me dijo:

    -Es Serrat, uno de mis compositores favoritos, la canción se llama «Cenicienta de Porcelana».

    Tendió su brazo y me agoró de la mano, jalándome hacia ella. Me quité las dos prendas que me había puesto para ir a la cocina y empezamos a besarnos. Sentir las líneas de su cuerpo completamente mojado era delicioso. Tomé el jabón y empecé a cubrir de espuma su cuerpo suave para sentir mis manos fluyendo y resbalando por su escultural figura.

    Tomó mi verga con una de sus manos y empezó a acariciarme el pene, los testículos, mientras que con su otra mano acariciaba mis nalgas. Nuestras respiraciones era agitadas, nuestras lenguas jugueteaban entre ellas y mis manos no hacían más que tocar cada rincón de su cuerpo. Desplacé mis manos en las mismas direcciones que ella y puse una en la entrada de su vagina y la otra bajo de su culo. Acariciaba su ano y clítoris simultáneamente y ella iba liberando gemidos tenues y risas nerviosas. Introduje uno de mis dedos por cada una de sus entradas, lentamente, mientras que sus risas iban cediendo a pequeñas expresiones de placer. Ahora dos dedos.

    Cuando ya los dos estábamos totalmente entregados al momento, la tomé por los hombros y la puse de espaldas a mi, tomé mi verga con la mano y la introduje suavemente por su ano. Era una sensación irreal. El agua seguía cayendo sobre nuestros cuerpos. Sus gemidos se volvían intensos, estimulantes. Estaba destrozando ese culo perfecto y con mis dedos seguía jugueteando su clítoris, disfrutando con su vagina.

    -No te detengas, por favor, sigue así, dame más, un poco más.

    Justo en el clímax me acerqué a su oído le dije en voz baja, casi imperceptible, «¿Bailas? / Cenicienta de porcelana…». Sus gemidos subieron de intensidad y con su voz doblegada dijo !si, si, si! hasta que pegó un lago y profundo ¡síii! que resonó en medio del ruido del agua.

    Empezamos a reír y ella apenas podía sostenerse en pie, rodeada por mis brazos que la mantenían pegada a mi cuerpo. Su risa era irreconocible para mi, llena de felicidad, totalmente desahogada y sin decoro. Abrió los ojos y su mirada tenía un brillo imponente. Poco a poco fue retomando la respiración y la ayudé a secar su cuerpo.

    Salimos del baño y le ofrecí una rebanada de pizza para reponer energías, aceptó y me preguntó si tenía agua o una taza de té, le pedí que se vistiera y le dije que iría a conseguirle el té de su preferencia. Quedamos en vernos en un rato más en el pequeño comedor que tenía en el departamento y cuando iba a salir me alcanzó, me tomó del brazo, me giró y me abrazó:

    -Nunca me habían cogido por el culo, siempre lo evité.

    -¿Evitabas el oral y nunca te habían dado por el culo?, no lo creo, viviste en pareja por un tiempo y muchos tipos te desean.

    -Sí, lo sé, pero en verdad nadie sabe comer el coño y cuando intentaban cogerme por el culo me dolía. Tú eres igual de pésimo, pero al menos me caes bien.

    Empezamos a reírnos y le dije que no debía quejarse, que seguro era la primera vez que alguien le cantaba «Cenicienta de porcelana» bajo la regadera. Todo era alegría y felicidad en aquel momento.

    Acordamos salir los dos por provisiones para el resto del día (aunque ninguno hablaba de terminar el encuentro o de tener algún compromiso más que atender), pero antes me pidió que fuera a su auto y subiera una pequeña maleta que tenía en la cajuela con algo de ropa. No quería salir en zapatillas al supermercado. Bajé al estacionamiento, abrí el vehículo, saqué la maleta y regresé con ella. Entró a la recamara y salió con un short de mezclilla que se le veía espectacular, unos tenis blancos y una blusa blanca, con el cabello recogido con una liga. Se veía buenísima.

    Bajamos juntos tomados de la mano y fuimos en su auto al supermercado más cercano. En el camino me contó de la primera vez que vio una película porno cuando recién había entrado a la preparatoria y de cómo le parecía repugnante que una mujer permitiera que le metieran el pene por el culo, aunque reconocía que le intrigaban las escenas en donde las mujeres eran masturbadas con diferentes objetos. Me contó también de su primera experiencia sexual, con un compañero de secundaria, la cual calificó como tierna y divertida pero realmente incómoda. También detalló todas las veces en las que su jefe en turno había tratado de llevársela a la cama y cómo aprovechó su belleza para irse abriendo espacio en el mundo de la política. Decía burlonamente que los hombres son tan torpes que por su calentura no ven cuando una mujer está interesada en ellos realmente y cuando no.

    Llegamos al supermercado y compramos lo necesario, cervezas, algo de comida, un poco de aquello, un poco del otro… jengibre y pastillas de menta extra. Sucede que cuando me contó sobre su fascinación por el uso de objetos en el cine porno, recordé que una ocasión leí sobre las propiedades afrodisíacas del jengibre y la menta, las cuales en aquel entonces no conocía, pero que según otras fuentes eran efectivas. Quizá le pareció extraño, pero afortunadamente para mi no preguntó para qué rayos quería llevar esos artículos.

    De vuelta al departamento la conversación fue sobre el trabajo, los pendientes que teníamos, hablamos sobre nuestros compañeros que nos parecían atractivos y me hizo un delicioso oral a mitad del camino. Llegamos a un semáforo que nos marcó el alto y el pensamiento de mi próxima travesura me provocó una nueva erección, cuando quise acomodarme la verga con la mano, bajó la mirada y notó el bulto debajo de mi pantalón, me preguntó si todavía no se me bajaba la calentura de la mañana y le recordé que yo no había terminado, que ella tuvo su orgasmo pero que en mi afán de evitar que se desvaneciera en la regadera la sujeté con mis brazos y no pude terminar. Recordó la escena y confirmó lo dicho por mi.

    -Eso no es problema, se puede arreglar aquí y ahora, pero antes dame una de esas mentas que traes, que sé perfectamente para qué las quieres.

    Cuando dijo eso empecé a reír y me excité aún más, le di dos pastillas mientras desabrochaba mi pantalón, se quitó el cinturón de seguridad y se inclinó para meter mi verga completamente a su boca. Al principio intenté mantener la marcha del vehículo, pero conforme la menta iba impregnando su boca y la frescura cubría mi pene, me resultó más difícil mantener la concentración, así que me estacioné en el primer lugar que visualicé. Su lengua cubría toda mi verga que ya tenía el sabor de la menta extra, soplaba levente la cabeza y eso me estremecía, sentía un poco de ardor por la frescura y el roce de sus labios, su saliva se sentía helada y con su mano derecha acariciaba la textura de mis venas que parecía que iban a explotar.

    Cerré los ojos y simplemente disfruté de aquella mamada tan refrescante. Cuando volví a enfocar la mirada vi a gente caminar sobre la acera y me excité aún más, no sé si era lo incómodo de la escena que preferían pasar de largo o si realmente no veían al interior del vehículo, pero cuando vi venir frente a nosotros a una chica de unos 25 años que chupaba una paleta de caramelo, la excitación fue tal que me vine completamente sobre la boca de Mariana. Fue una sensación tan irreal que mi respiración me hacía creer que me ahogaba. Cuando Mariana limpiaba mi pene con su lengua, la chica de la paleta de caramelo pasó justo a nuestro lado, volteó discretamente la mirada y al ver mi pene escurriendo puso una cara atónita mientras aceleraba el paso. Fue mágico.

    Mariana se incorporó y yo terminé de limpiarme con una hoja de papel, mientras que ella ocupaba otra para secar su boca. Todo el camino de regreso iba acariciando sus piernas. Eran brutales bajo ese short corto y expuestos al rayo del sol.

    Llegamos al departamento y mientras comíamos y conversábamos sobre diferentes temas, vimos como el cielo se iba haciendo más oscuro y la ciudad brillaba por la iluminación de la noche. Nos fuimos al sofá y vimos una película, tuvimos sexo otra vez, bebimos vino y nos besábamos sin parar. Ambos nos quedamos dormidos cuando casi se terminaba la botella de merlot, una vez más abrazados y desnudos. En la madrugada me levanté al sanitario, fui por una sábana y cubrí a Mariana con ella, me dirigí a la cocina y limpié el jengibre, quitándole sus capas y dándole forma a una pieza de tamaño mediano, tiré la piel desecha y metí mi obra al refrigerador para irme a dormir nuevamente a los brazos de mi musa.

    Por la mañana Mariana se levantó y se alistó con la intención de salir rumbo a su casa, era domingo y según había dicho tenía que llevar ropa a la lavandería y hacer algunas compras para la semana. Se enredó la sábana en el cuerpo, caminó a la habitación y salió con su ropa del viernes, jeans blancos y blusa blanca, ahora sin el sostén negro y sin las zapatillas. Caminó por el departamento mientras juntaba sus cosas y en ese momento fui al refrigerador, saqué el jengibre, le hice varios cortes sin deshacer su forma y volví a la sala. Todavía no era momento de irse y ella no lo sabía. Otra vez estaba excitado.

    -Bueno cariño, ha sido un fin de semana maravilloso, pero ya es hora de retomar nuestras vidas… cierto, olvido mi celular.

    Caminó hacia la habitación y la seguí, con el jengibre en la mano, sin que sospechara que iba tras ella. Entró, abrió el cajón, sacó su teléfono, lo encendió y mientras leía lo que parecía ser un mensaje de texto, me acerqué a ella y con la verga totalmente dispuesta me pegué a su culo, me incliné y le dije al oído: «todavía no, ca-ri-ño».

    Desabroché su pantalón y metí lentamente mi mano con el jengibre por debajo de sus bragas, empecé a correrlo por su vagina y preguntó, con una risa nerviosa:

    -¿Qué estás haciendo?, no me vayas a hacer alguna maldad, ¿qué es eso frío que se siente?

    Ignoré sus preguntas y le dije que solamente quería agradecerle el regalito que me hizo en el auto el día anterior. Cuando le dije aquello, metió su mano a una de las bolsas del pantalón blanco y sacó las pastillas de menta, «entonces vas a necesitar esto». Sacó dos pastillas y las metió en mi boca. No, «quiero una más». Repitió la risa nerviosa y depositó una más en mi boca.

    Mientras hacía eso y yo seguía jugando con su vagina dijo en un tono preocupado:

    -¿Qué es eso?, como que quema, se siente frío pero me empieza a arder.

    Liberó un leve gruñido como de dolor o incomodidad y le pedí que se tranquilizara, le pedí que confiara en mi y que no se iba a arrepentir. Frunció el ceño y cerró los ojos, como esperando que aquel extraño experimento terminara pronto. Empecé a frotar mis dedos que quedaban libres al tiempo que seguí recorriendo su sexo con mi aliado.

    -¿Aún te arde?

    -Poquito, pero empieza a sentirse rico… ¿qué es?

    Seguí el juego con mi mano y con mi otra empecé a tocarle las tetas, una y luego otra. Le di unos besos en el cuello y jugueteando con mi lengua su oído le pedí que se quitara el pantalón. Empezó por quitarse la blusa, el sostén y mientras se repetía la rutina de los últimos días liberó un gemido:

    -¿Qué es eso? ya dime por favor

    Que la excitara y no supiera qué era lo que tenía recorriendo su vagina me gustaba, me gustaba mucho. La pedí que volteara y ya teniéndola de frente le introduje una parte del jengibre en su vagina que ya estaba muy dilatada y caliente, sus gemidos iban creciendo y su respiración se aceleraba. «Me está ardiendo otra vez», dijo mientras me desabrochaba el pantalón y hacía intentos por sacar mi verga a la fiesta.

    Saqué el jengibre de su sexo y nos desvestimos rápidamente, yo ocultando mi juguete ante su mirada inquieta y curiosa. La tiré sobre la cama y ahora sí, con el aliento fresco y su coño sensible me lancé sobre ella. Mi boca y mi lengua saboreaban su piel expuesta y suave, mi mano introducía un dedo, dos, el jengibre, mi lengua, mi nariz corría a lo largo de sus labios y olía ese aroma fresco y ya conocido. Una delicia. Mariana se retorcía de placer, daba pequeños giros sobre la cama, pero con sus manos mantenía mi cabeza sobre ella.

    Seguí el ritual del abecedario, repetía la rutina de mis dedos y el jengibre, metía y sacaba mi lengua fresca y Mariana me apretaba tanto a ella que me impedía respirar por la nariz. Jalaba aire por la boca y mi aliento fresco la enloquecía aún más. Sus fluidos eran tan fuertes que incluso absorbían el sabor del jengibre y se distinguían entre la menta. Empecé a meter y sacar más rápido mis dedos y sus gritos de placer otra vez cubrían todo el departamento, tal y como había ocurrido la mañana anterior en la regadera. Tomé el jengibre con mi mano mientras metía mi lengua y con las uñas lo rompí, no me costó trabajo porque ya le había hecho cortes pequeños en la cocina. Retiré mi lengua un poco y al mismo tiempo mis dedos impregnados con jengibre, mi boca y mi aliento. Todos sincronizados en el sexo de Mariana. Más rápido. Más profundo. Más rico. Mariana levantó su pelvis hacia mi y después de un grito potente y largo relajó sus piernas y retomó el aliento.

    Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla, más con el deseo de ver su cara de satisfacción y disfrutar de la felicidad que brotaba por sus poros.

    -¿Qué demonios fue eso?, se sintió delicioso, podría repetirlo todas las mañanas.

    -No lo creo, te preocupa la lavandería y las compras del supermercado.

    Nos quedamos unos minutos más platicando en la cama y después nos levantamos, nos vestimos y la acompañé al auto. Salimos y caminamos de la mano por el estacionamiento.

    -Ha sido el mejor fin de semana de mi vida y sabes, lo recordaré en cada cumpleaños, pero quiero saber ¿qué fue eso?

    Abrí la puerta y la ayudé a meter sus cosas en el asiento de atrás, el mismo en el que iniciamos la travesía que nos llevó de vuelta al departamento dos días atrás.

    -Eso no te lo diré jamás, o tal vez sí, algún día.

    Encendió el vehículo y antes de partir bajó la ventana y me dijo:

    -Te acompañé al súper, vi tus compras, no sabía que fuera tan bueno, pero ahora ya lo sé. Fue rico fingir que no tenía puta idea.