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  • Un grato encuentro durante un viaje (Parte 3)

    Un grato encuentro durante un viaje (Parte 3)

    Mis actividades del día siguiente me absorbieron un poco y me sirvieron de distracción, pero cada vez que había un espacio recordaba las tremendas sesiones de sexo con Esteban, de pronto mi mente no podía dejar de fantasear con el siguiente encuentro y revisaba mi móvil con más frecuencia de lo normal esperando ver mensaje suyo.  Esa mañana solo nos habíamos escrito brevemente para saludarnos y desearnos un buen día. Finalmente estaba casi a punto de salir cuando recibí un mensaje suyo en el que preguntaba si iría a nadar, le respondí que no, le dije que prefería hacer un poco de cardio con él en una loca sesión de sexo. Envió risas y después agregó que estaba de acuerdo en darme otra buena cogida, pero ahora me invitaba a conocer el departamento que a él le rentaban. Me propuso cambiar de plan y en lugar de que él se fuera al hotel, yo sería la que me quedaría con él todo el fin de semana, así que no dudé ni un segundo en aceptar la invitación. Una vez en el estacionamiento y ya montada en el auto me dirigí hacia el hotel para hacer una maletita.

    Mientras estaba en el hotel, recibí la ubicación del departamento, el navegador indicaba 20 minutos aproximadamente. Así que así sin más inicié el viaje en busca de mi macho, ya estaba cerca y se notaba que el barrio si no lujoso, no se veía mal, al final la dirección era en una parte alta de la ciudad y era un edificio alto que en los primeros pisos tenía ventanas simples, pero conforme se alzaba, las ventanas de los apartamentos eran de piso a techo e iban formando una “V”, pronto vi los señalamientos del estacionamiento, conducir hasta encontrar un lugar, dejé el auto y entonces me dirigí a los elevadores, fue ya estando ahí cuando noté que la dirección marcaba el número de apartamento 1001, me causo cierto temor por la altura pero aun así pulsé el botón porque eran más grandes mis ganas que tenía de verga que mi temor a las alturas.

    Fue muy atento al recibirme, me invitó a pasar y de inmediato tomó la maleta y me guio hasta la recamara, dejó sobre la cama mis cosas y me dio un breve recorrido por el apartamento, me mostró la bella vista que se tenía desde ahí y que en verdad era todo un espectáculo con esas ventanas, después regresamos a la recámara para desempacar, mientras lo hacía el comenzó a preguntarme acerca de mi día y platicar cosas sin importancia, una vez terminada la desempacada me invitó a la salita de estar y llevó una botella de vino tinto con un plato de carnes frías que ya había preparado, fue muy lindo ver con cuanta caballerosidad y detalle me estaba recibiendo, decidimos ver una película para aprovechar la botanita y el vino, la vimos recostados en el sofá, bueno yo estaba recostada sobre él mientras me abrazaba por la espalda, me acercaba botana con los palillos, una vez terminada la película, me quedé admirando la hermosa vista desde el la recámara del departamento que tenía una de esas grandes ventanas, él se acercó a mí con un par de copas de vino y ahí después de unos minutos y un par de copas más me tomó por la cintura comenzó a besarme el cuello, la noche caía ya por la ciudad cuando entre besos me dijo:

    -Te quiero coger aquí mismo contra la ventana

    La idea de la escena de estar empinada mientras él me daba una buena cogida me pareció muy caliente, se me erizó la piel y me puso a mil los latidos, simplemente no me podía negar a entregarme a él, era lo que más deseaba, darle mis nalgas, darle placer, en fin, ser completamente suya y someterme a sus deseos.

    -Me agrada esa idea, suena genial –finalmente le respondí.

    Así que comenzó a desvestirme con todo lujo de destreza y lujuria que me puso aún más deseosa de tenerlo nuevamente dentro de mí, no pude más que empezar a jadear y gemir para mostrarle mis deseos de ser suya una vez más, no tardó mucho en descubrir que ese día llevaba puesto algo de lencería para él, un modelito muy coqueto que me cubría solo la parte de frente dejando mi culito completamente descubierto, solo hacía falta que mi macho usara ese bello separador de nalgas que tenía entre sus piernas y lo usara para deslizarlo hacia al fondo de mi culito. Cuando notó el modelito que traía puesto separó de mí, a través del reflejo de la ventana pude notar como me recorrió con la mirada, yo solté un gemido de excitación, al mismo tiempo moví mis caderas y paré mi culito para dárselo a desear, alcancé a percibir cómo sus bellos ojos se llenaron de lujuria, apresurado terminó de desvestirse para liberar esa linda verga que tomó con su mano derecha mientras con la izquierda me empujaba por la espalda contra la ventana y me decía:

    -¡Que linda te ves con ese modelito! ¡Me encantó ese detalle cariño!

    -¡uhm!, me encanta estar bella para ti cariño –le respondí.

    De inmediato sentí su glande duro, hinchado y ya todo húmedo entre mis nalgas, sus líquidos de inmediato lubricaron la zona y empecé a gozar de nuevo esa deliciosa verga que me ponía loca y hacía me que me olvidara de mí misma…

    -¡ah!, ¡Uhm! –gemía y jadeaba ya deseosa de que me la metiera completita.

    -¿Te la meto ya de una vez cariño? –me preguntó.

    -¡Sí, ya de una vez papi!, ¡Hazme tuya! –le respondí sin ninguna duda.

    El me jaló un poco de las caderas para empinarme bien sin que yo opusiera ninguna resistencia -ni de loca me negaría- dejé que acomodara mi cuerpo a su entero antojo, apuntó su miembro y empezó a restregármela…

    -¡Ayyy, que rico papi! –alcancé a decir

    Solo sentí como usó la cabecita de su verga para terminar de lubricar mi culito mientras con ambas manos abrió mis nalgas y empezó a empujármelo, mi culito estaba más que listo y recibió su pene con mucho placer, yo mantenía mis caderas firmes y paraba el culito para entregarlo a mi macho quien con el último tramo de verga que le quedaba afuera lo terminó por empujar con todas sus fuerzas, se me voltearon los ojos del inmenso placer que me provocó esa ensartada al mismo tiempo que soltaba un grito de placer.

    -¡Ay, que rico me la metiste! ¡Hoy no me tengas piedad, métemela duro papi!

    -¡Lo que tú digas cariño! –me contestó.

    Enseguida sentí como el vaivén de sus caderas se hacía más intenso, disfrutaba todas y cada una de sus embestidas, ahí con mis manos apoyadas en la ventana hacía todo lo posible para mantenerme enchufada mientras meneaba mis caderas, estaba excitada a más no poder, movía mis caderas como toda una hembra en celo, sentía un inmenso placer sentir a mi macho dentro de mi dándome con todo, me encantaba su vigor masculino, sus embestidas simplemente eran deliciosas, en las regaderas de la alberca y en hotel me había sentido reprimida, pero esta ocasión no dude en gemir y gritar sin ningún pudor, quería que se diera cuenta de que me volvía loca y que me gustaba como me cogía. Ambos alcanzamos un nivel de excitación extremo, entonces le empecé a exigir más:

    -¡Así papito, así! -le decía- ¡Dame duro, dame más duro papi!

    En medio de su excitación y con voz agitada alcanzó a decir.

    -¿Quieres más duro? ¡Lo que tú digas cariño!

    -¡Si papi, quiero más duro!

    Ya no dijo nada más y se concentró en darme con todas sus fuerzas, pero no me sentía del todo satisfecha, quería más, así que le dije:

    -¡Dame mis nalgadas, papi!

    El respondió inmediatamente con unas buenas nalgadas con su mano derecha, su mano izquierda me sujetaba con fuerza de la cadera y yo estaba en la gloria enloquecida de tanto placer, no tardó en cambiar de lado para ahora darme mis nalgadas del lado izquierdo, regresó a tomarme por las caderas y poco a poco fue bajando el ritmo de sus embestidas mientras yo paraba y apretaba mi culito al mismo tiempo que meneaba las caderas para acariciarle la verga, se lo hacía suave, aproveché para disfrutar su verga con plenitud, mientras él tomaba un segundo aire, me di cuenta cuando su respiración dejó de ser agitada y sus caderas empezaron a tomar ritmo pero no tardó mucho en decirme:

    -Ven, vamos a la cama, cariño

    -Si, papi. Lo que tú digas. –le contesté.

    Se salió por un momento y me recostó boca abajo en la cama, me hizo cerrar las piernas y se colocó en posición de penetrarme de nuevo, tan pronto sentí cerca su pene paré mi culito para recibir su pene una vez más. No quise decir nada, solo esperaba sentir y disfrutar su penetración que al final me la dejó ir suavecito, muy lento. Mi respuesta fue un largo gemido de placer, el se me acercó por la espalda y con sus manos me giró la cabeza para besarme, yo estaba muy excitada por ese hombre que sabía exactamente como ponerme loca, ni como resistirse a él, simplemente era maravilloso, dejó de besar mis labios para continuar con mi cuello y mi espalda sin parar de embestir mis nalguitas, en ocasiones solo se concentraba en abrazarme pero eso sí, sin dejar de mover sus caderas, fue muy romántica esa parte en la que me cogía y me cogía mientras yo gemía y gemía. Hizo una pausa, dejó de abrazarme para enderezar el cuerpo, sentí como avanzó sus rodillas hacia el frente y como sus nalgas rozaban la parte posterior de mis piernas, me tomó entonces por las nalgas para empezar a embestirme rápido y con fuerza. ¡Que rico me cogía!, no pude más que gemir con más fuerza para darle a entender que era suya y que me gustaba estar bien ensartada por él. No quise dejar duda, tan pronto pude hice pausa en mis gemidos y le dije:

    -¡Así papi! ¡asiii, más duro papito! -le rogué- ¡Me encantas papi!

    -¡A mi también me encanta como tu culito se la come toda! –me respondió.

    -¡No pares papi! ¡sigue así papito, con fuerza!

    -¡Pídeme más! -me pidió que le ordenara.

    -¡Dame más papi! ¡Dame más papi!… ¡Dame duro que siento rico!

    -¡Ahhh, si cariño! ¡Ahí te va! ¡goza cariño, goza!

    -¡Papi, me vuelves loca! ¡Asiii, papi así!! –le decía mientras movía mis caderas.

    -¡Ahhhh, me encanta como te mueves cariño!

    -¡Quiero que goces papi, soy toda tuya! ¡Dame duro papi! –le ordené

    -¡Uhmmm, si cariño!

    Sus embestidas eran intensas y placenteras, se inclinó un poco hacía mi para darme con todas las fuerzas que le quedaban.

    -¡Ya no pares papi, vente mi vida! -le dije, mientras apretaba mis nalguitas.

    -¡Así papi, así! ¡Lléname de ti! ¡Papito, soy tuya! -continué diciendo para motivarlo.

    Ya no pudo contestar, solo se limitó a embestirme duro, su respiración se fue haciendo más agitada y sus embestidas cada vez más rápidas por lo que intuí que estaba a punto de venirse.

    -¡Vente papi, vente! -le pedía una y otra vez.

    Finalmente, sentí como se venía dentro de mi y me daba los últimos empujones mientras yo paraba mi culito y lo meneaba para exprimirle hasta la última gota. El apretó mis nalgas intentando mantenerme quieta, entonces moví mis caderas hacia la cama para regresarlas violentamente y con fuerza para ensartarme en su verga cosa que lo volvió loco y gritó de placer…

    Nos quedamos quietos, exhaustos. Sentí como algunas gotas de sudor caían sobre mi espalda mientras ambos recuperábamos el aire.

    -¡Uhmmm! ¡Que rico papi! -alcancé a decirle y añadí- ¡Gracias por tanto placer! ¡Me encanta tu pene papi! Está delicioso ¡me vuele loca!

    Su pene aún continuaba duro, así que aproveché para apretar y mover mi culito suavemente para exprimir una vez más su grueso y delicioso pene, para que mi culito le diera las últimas caricias. Poco a poco nuestras respiraciones volvieron a un ritmo normal, él se había quedado quieto después de explotar dentro de mí, cuando sintió el movimiento de mis caderas gimió y me empezó a dar unos aislados empujones fuertes que yo disfrute con mucho gusto, finalmente se volvió a quedar quieto unos segundos para después acariciarme la espalda y mis nalgas. Solté un suspiro de placer y le dije:

    -¡Me encantó la cogida que me diste papi! ¡Me volviste loca!

    -¡Uhm, tú también estuviste maravillosa! -me respondió.

    Unos momentos después inició la retirada, me la sacó muy lentamente lo que me hizo gozar una vez más de un gran placer, sentí de nuevo cada milímetro de su rico pene recorrer mi culito… ¡uhm! ¡Fue divino!

    -¡Ay, cariño que rico se sintió tu salida!

    El ya no alcanzó a responder, el orgasmo lo había dejado rendido, solo se giró para dejarse caer de espaldas sobre la cama. Busqué un poco de papel para mi culito y un poco más para ayudarlo a él a limpiarle los restos de leche, aproveché para acariciar a mi macho y llenarlo de besos por completo para agradecerle esa rica y deliciosa cogida, mientras lo hacía mi mente no podía de dejar de imaginar el siguiente día…

  • Placer intenso

    Placer intenso

    Me siento caliente nada más despertar e inevitablemente mi mente te recuerda. Has estado en mis sueños. Y ello me lleva a pensar de nuevo en ti y mi calentura crece. Ahora mismo reduciría la distancia que nos separa al mínimo, al milímetro, y me plantaría en tu casa en este mismo instante, haciendo desaparecer esa maldita distancia hasta tenerte pegada a mi cuerpo. Hasta poder escuchar nuestros corazones desbocados.

    Oyes el timbre de tu puerta. Me abres y me recibes con esos mini shorts a rayas y esa camiseta azul de tirantes ajustadita que insinúan la deliciosa figura de tu cuerpo. Resaltando tus pechos y tus pezones al no llevar ropa interior. Esos perfectos pechos que empiezo a acariciar sobre la fina tela nada más traspasar el umbral de tu casa, aprisionándote sin mediar palabra contra la puerta mientras nuestras lenguas se enlazan en un desesperado y ansiado baile sensual, dentro de tu boca primero para pasar después tu lengua a invadir también mi boca persiguiendo mi lengua.

    Damos rienda suelta a nuestra pasión contenida acariciando mutuamente nuestros cuerpos con desesperación, queriendo recuperar el tiempo perdido. Tu aún somnolienta por haberte despertado repentinamente y yo caliente deseándote. Solo provocándote con mis besos y caricias tus ganas por mi reaparecen inmediatamente. No he tenido que insistir.

    Aprisionada por mi cuerpo contra la puerta sientes mi abultada erección contra tu pubis. Hago desaparecer la molesta ropa, quitándote la camiseta por encima de tu cabeza y bajando tus pantaloncitos hasta tus tobillos, dejándote desnuda. Pudiendo así admirar tu delicado y precioso cuerpo. Admiro por un instante esas tetas que me vuelven loco. Tus curvas, tus caderas, ese vientre que acaba entre tus piernas en tu delicioso sexo. El cual siento ya húmedo al acariciártelo.

    Notas el frio de la puerta en tu piel, lo que no te impide suspirar cuando sientes mi mano posarse sobre mojado coño, mientras amaso tus pechos y beso tu cuello. Mis besos recorren tu hombro para volver a tu cuello llegando a tu oído arrancándote suspiros llenos de gusto.

    Ya no aguantas más, me separas de ti, y cogiéndome la mano me arrastras a tu habitación cruzando el salón. No me da tiempo a fijarme en la decoración, salvo en tu gran cama tamaño King size que ocupa gran parte de la habitación con un cabecero espectacular con barrotes en tonos blancos y negros que me sugiere excitantes ideas.

    Me tiras sobre tus sabanas de seda de color perla y colocándote sobre mi empiezas a desvestirme. Abres mi cinturón y desabrochas los botones de mi vaquero con una lasciva sonrisa en tu cara. Veo brillar tus grandes y preciosos ojos inyectados de pasión que me confirman tu deseo y nuestra complicidad.

    -Ahora eres mío. Mío por unos instantes. Esto que tienes aquí lo quiero dentro de mí. -Me dices bajándome los pantalones y acabando de sacármelos por mis pies.- Esto también fuera -comentas riendo mientras me quitas los antiestéticos calcetines.

    Y pasas a acariciar mi duro pene sobre la tela de mis boxers. Lo amasas despacio. Lo aprietas. Lo sobas arriba y abajo haciéndome gemir.

    -Me encanta. Tócame preciosa. Sigue.

    Y así lo haces mientras mi mano acaricia tu cadera descendiendo hacia tu culo para seguir acariciándotelo hasta donde puedo llegar.

    -¡Fuera! -Y veo como bajas de golpe la única prenda que cubría mi sexo haciendo que aparezca saltando de su prisión de tela.

    Has conseguido con tus caricias que mi pene aparezca erguido, duro, enhiesto, preparado para ti, deseoso de ser acariciado, poseído por tus manos, engullido por tu mojado coño, y succionado por tus rosados labios.

    Y ahora si que veo en tu cara esa lujuria que me encanta ver sintiendo tus manos apoderarse de mi miembro. Acariciándolo por todos lados. Te apoderas de mi entrepierna agarrándola con fuerza sintiéndote poderosa en este instante. Lo aprietas en su base consiguiendo que se hinche acumulándose toda la sangre en él. Que mi glande gane volumen. Haces que mi polla se ponga así durísima, morada y ganando en grosor. Resaltando el relieve de mis venas en toda su longitud. Y es entonces cuando agachándote llegas a posar tu lengua sobre mi glande morado. Esa caricia tan deseada surte su efecto arrancándome un gemido ante el delicioso gusto que recibo.

    -Mmm… Aaaahhh.

    Tus labios se posan en mi polla besándola. Abarcan mi glande y siento como poco a poco la calidez de tu boca va engullendo el principio de mi falo. Siento tu saliva y tu lengua sobre él.

    -Joder que delicia nena. Mmmm… sigue no pares.

    El contacto es máximo sobre la piel de mi miembro cuando lo tienes estrangulado por su base totalmente duro e hinchado. Tus manos no dejan de acariciarme por todos lados. Amasas mis huevos. Los sopesas. Los apresas y juegas con ellos entre tus dedos. Tu mano ya sube y baja a lo largo del tallo de mi pene combinándolo con la succión de tu boca

    -Siii mmmm… -El disfrute es máximo, tremendo.

    -Me llevas al paraíso guapa ufff.

    Mi mano busca acariciar tu culo, pero llego con dificultad.

    -Acércate. -Te pido.- Quiero tocarte también.

    Te mueves dejando un poco mejor al alcance de mi mano tu sexo.

    Desde atrás tuyo llevo mi mano hasta él. Lo empiezo a acariciar notando tu humedad en mis dedos. Los voy metiendo despacio en tu coño mojado mientras tus labios no dejan de chupar mi miembro.

    Estas consiguiendo que cada vez esté más y más duro. Recibo un placer intenso, alucinante. Porque sabes que es lo que más me gusta. Con lo que más disfruto. Y consigues llevarme al extremo de mi máximo placer. Sigues mamándomela con una maestría con la que pronto harás que explote, a la vez que sacando mis dedos mojados de tus jugos los llevo a tu clítoris. Al posarlos sobre él tu cuerpo reacciona dando un respingo y tus labios aprietan de golpe mi miembro.

    Esa señal me gusta y empiezo a masturbarte frotando mis dedos en tu botón del placer. Froto y froto sobre él. Arrancándote gemidos que quedan ahogados por mi falo ocupando tu boca.

    Tu mamada me está llevando al límite extremo de mi excitación. Gozo. Disfruto. Jadeo. Chillo

    -Mas, mas, siii, sigue ¡Dios! No pares. Mmm…

    Acaricio tu melena enredando mis dedos entre tu cabello. Y tú sigues subiendo y bajando tu cabeza tragando mi polla todo lo que puedes hasta que finalmente grito.

    –¡Siii! ¡Dios! ¡aaahhh! ¡mmmm! -explotando en un intenso orgasmo empujando mi pelvis en varios espasmos derramándome dentro de tu boca. Retorciéndome y agarrándome a tus sabanas, dándote toda mi leche y desbordando tu boca por la cantidad que llevo acumulada. Temblando de gusto, soltando varios chorros de mi blanco y caliente esperma conjugados con mis intensos jadeos al sentir esa increíble y alucinante corriente eléctrica que nace en mi entrepierna tensando mi cuerpo y explotando en mi cabeza.

    Retiras tus labios de mi polla dejándola libre del calor de tu boca pero sin dejar de mover tu mano arriba y abajo sobre ella para darme el ultimo placer haciendo que salga lo que resta de leche en mi falo y provocando que me vacíe del todo.

    -Ven bésame. -Te pido.

    Y lo haces al instante traspasándome mi propio sabor desde tus labios.

    -Ahora te toca disfrutar a ti nena. Túmbate, ábrete bien de piernas y enséñame ese coñito que tanto me gusta. Vamos a seguir jugando…

    Seguirá…

  • Alba (Parte 1)

    Alba (Parte 1)

    Dentro de unas semanas va a hacer dos años ya que no tenemos sexo. Sólo recordar la efeméride hace que se adueñe de mí una tristeza infinita, Alba. Especialmente cuando pienso que no sólo es follar contigo lo que echo de menos, sino sentir esa conexión emocional que sólo da la intimidad. Dos años sin una simple caricia erótica. Sin nada. Dos años sin comernos la boca con apetito de que pase algo más.

    Pero lo más duro de todo es estar así viviendo contigo. Como si fuéramos compañeros de piso que se llevan más o menos bien, hacen la compra, cocinan, ven Netflix y el fin de semana hacen planes juntos. Luego nos vamos a dormir en la misma cama y muchas noches quiero morirme porque estás tan cerca que podría tocar tu cuerpo si estilo mi brazo, y al mismo tiempo me doy cuenta de que estás tan lejos… los rechazos de cama se te clavan en el alma y en la autoestima cuando se hacen sistemáticos y la pelota se queda en tu tejado eternamente. Sin hacer el más mínimo ademán por recogerla y lanzármela tú.

    ¿Por qué seguimos juntos? Supongo que porque aún tengo la esperanza de que esto sea una mala racha y volveremos a estar como antes. Quizás debí follar con mi amiga Cristina cuando se me presentó la ocasión. No soy esa clase de tío, pero empiezo a estar ya muy cansado (y también algo resentido) de que no hagas nada por averiguar cuál es nuestro problema y ponerle solución. Podrías admitir que ya no te gusto o que al menos no sientes lo mismo y dejarme. O si ese no es el problema, yo podría aceptar abrir la relación mientras seguimos juntos. Si es verdad lo que dices de que aún sientes deseo por mí, podrías ser un poquito participativa y prestarte a ¿qué se yo? masturbarnos el uno al otro, aunque sólo fuera.

    De comerme la polla ya ni hablamos, pero ¿y dejar que te coma el coño al menos por qué no? Dios mío, cómo añoro sumergirme entre tus piernas. Si me dejases comerte el coño, Alba, creo que hasta podría aguantar otro año más sin follar. Adoro tu coño, joder. Su delicioso olor que ya va a hacer dos años me resigno a recordar únicamente a través de tus bragas usadas al hurgar en el cesto de la ropa sucia si no estás en casa. Cuando corto ajos para cocinar algo siempre me huelo los dedos y me excito porque hay un matiz en ese olor que me recuerda al de tu coño. Adoro exhalar mi aliento sobre tu sexo y contemplar cómo se contrae en tensión. Adoro el sabor de tu vulva cuando se pone a lubricar como loca. Adoro sorberte el clítoris, penetrar tu vagina con mi lengua, frotarme la cara contra tu coño como si fuera un bárbaro en un banquete manchándose hasta las trancas con la grasa de pieza gigantesca de carnaza que sostiene entre sus manos. Joder, si tan siquiera me dejases comerte el coño… O si tan siquiera te masturbases tu sola. Sigues sin usar el satisfyer que te regale. Lo sé porque aún tiene el celofán. Me cago en mi puta vida, Alba, ¿qué te pasa? ¿Te volviste asexual de repente? No lo entiendo.

    Dije que siempre te respetaría y lo voy a cumplir. Tan siquiera pienso nunca insistir ni presionarte en ningún momento. Porque yo no quiero que simplemente te abras de piernas para dejar que yo me vacíe los huevos con tu cuerpo pasivo, ausente y tu mente distante en otra cosa como estuviste apunto de hacer aquel día. No quiero de ti un sexo indiferente, consentido únicamente por compasión o peor aún, por culpabilidad. Quiero que tú me desees. Me gustaría que añorases mi polla aunque fuera sólo la mitad de lo que yo extraño tu coño. Quiero que me busques. O que me provoques. Aunque tú decidas todos los cuándos, los dóndes, los cómos y los porqués. Me gustaría que te mordieses el labio inferior y me dijeses “fóllame, joder”.

    Dije que siempre te respetaría, Alba, y lo voy a cumplir pero… debo confesar que la abstinencia me está trastornando. A veces (más a menudo de lo que me gustaría admitirme a mí mismo) me descubro teniendo fantasías horribles y violentas contigo. Estas ahí durmiendo a mi lado y yo con una erección de caballo y no puedo evitar pensar ¿Y si me subiese sobre ti y te arrancase el pantalón del pijama de las piernas antes que pudieras ser consciente ni de lo que está pasando? Te revolverías y yo podría inmovilizarte las dos muñecas con una mano mientras con la otra te levanto la parte de arriba y te tapo la boca para que no grites y hago cuña con mis piernas para que separes las tuyas.

    Estoy bastante convencido de que podría hacerlo si quisiera. Pero no te la metería. Solo te mantendría así, inmovilizada y reducida y pasaría mi glande por tu vientre, tu pubis y más tarde por entre tus labios abiertos. Deseando que eso te provoque una reacción. Que despierte en ti esa pasión que sé que tienes en alguna parte, aunque lleva casi dos años escondida muy al fondo de ti. Que haga que no pienses, que simplemente te humedezcas, olvidando gracias al shock de la situación lo que mierdas sea que te pasa para que tengamos este bloqueo sexual. Nunca te abusaría, sólo querría que el hecho de asaltarte te rompiera los esquemas e hiciera que te pusieras cachonda hasta ser tú quien me pida que se la meta.

    Ay entonces, Alba… si tú me lo pidieras sí que te ibas a enterar. Porque entonces pensaría en vengarme por estos dos años de mierda que nos has tenido a pan y agua. Te haría demostrarme que de verdad la quieres. Te haría pedir en voz alta que te la de. Te haría girarte e hincarte de rodillas en el colchón con el culo bien en alto. Puede que hasta te hiciese decir que eres mi zorra y que tu coño es mío para que lo use como quiera antes de dignarme a embocarla en perpendicular a tu agujero del placer. Y entonces recuperar el tiempo perdido. Follarte por dos años de silencio, frio y ausencia. Follarte con alivio. Con rabia. Con desesperación. Follarte con miedo a que cuando acabe vuelvan a pasar otros dos años. Follarte como si fuéramos a morir mañana. Como si con cada embestida quisiese hacerte traspasar la pared con el impulso. Follarte como me imaginaba follándome a Cris cuando la situación me desbordaba y la idea de ponerte lo cuernos se hacía más y más deseable. Follarte sin condón, como nunca me dejaste hacerlo contigo. Follarte de verdad: piel con piel. Hasta terminar dentro para hacerte sentir mi semen inundando y calentando tu sexo. Y luego de sacarla comerte el coño sin dejar que cambies de postura. Embriagándome con el olor dulzón de tu ano al hacerlo. Llevando a él los chorretones de mi corrida con la lengua y utilizar mi lefa como lubricante para meterte un dedo en el culo al tiempo que te masajeo el clítoris y te penetro al mismo tiempo la vagina, esta vez con mis dedos. Notar como tu contienes los gritos aplicando la boca contra la almohada. Dos años, Alba, joder. Dos jodidos años.

    ¿Es eso lo que estás deseando en realidad y no te atreves a pedir por vergüenza, tal como me dijo Cris un día hablando del tema por whatapp mientras dormías? “Creo que lo que tu novia está buscando es que la cojas un día por banda y digas, se acabaron las tonterías, te voy a follar lo quieras o no, y luego directamente la empotres mientras le dices guarradas”. No se me olvidará.

    Pero no, no lo creo. ¿A qué no? Si fuera así a estas alturas ya lo habrías provocado tú o te habrías buscado a otro. Lo más seguro es que Cris estuviera proyectando porque eso es lo que ella misma deseaba que yo le hiciese a ella. Hubo más señales. Como cuando le dije que me excitaba mucho la idea de tener sexo con una chica pequeñita y manejable para poder cargarla a pulso y hacerlo contra una pared mientras ella me abrazaba con los brazos y rodeaba con las piernas suspendida en el aire. “Como chica pequeñita y manejable que soy siempre me ha gustado la idea desde la otra perspectiva: sentirme dominada por un chico que me alzase con rudeza y se me follase sin contemplaciones de ese mismo modo, haciéndome sentir expuesta, frágil y vulnerable”.

    Pero yo no me di por enterado. Pensé si podría tener razón y sería la chispa que hacía falta para volver a poner nuestro motor en marcha. Pero en realidad, los dos sabemos que, si te asaltase una noche, no me pedirías que te la metiese al quedarme así… expectante. Me mirarías con ojos cansados como diciendo, “sabía que esto iba a pasar antes o después, adelante, sírvete” y luego dejarías de oponer resistencia. Porque piensas que esta situación es culpa tuya y sabes que me hace daño. Y nos queremos, Alba, de eso no me cabe ninguna duda. Así que pensarías que como me quieres estas en la responsabilidad de darme placer, de satisfacer mis necesidades. Quizás por miedo a que lo busque con otra. Quizás simplemente porque piensas que una pareja debe hacer, sacrificarse por el otro aun cuando nunca te apetezca.

    Por eso no voy a asaltarte. Porque sé que al final sólo va a ser otra forma de rechazo. Y no me siento capaz de soportar otro rechazo más, Alba. Ojalá me dejases comerte el coño.

  • Aprovechándome de la abstinencia de Lucero

    Aprovechándome de la abstinencia de Lucero

    Eso de cogerme a las amigas de mi esposa se me estaba haciendo vicio.

    Me encontraba en mi camioneta, en un callejón recibiendo un rico oral de la divorciada Lucero, esa llenita que me hizo venir delicioso, ¡nuevamente estaba lista para mí!

    Me la encontré cuando lleve a mi hija a la escuela, ella traía una licra negra que transparentaba su cachetero, pese a traer una sudadera, se le notaban muy bien sus tetas, ¡no lo dude dos veces y me ofrecí a darle un aventón a su casa!

    Ella accedió, desde que cogimos por primera vez, nos volvimos más cercanos, no tocamos el tema del sexo pasado, pero si nos coqueteábamos mutuamente.

    Lety, quien ya se había resignado a que fuera el picador de sus amigas, no parecía molesta con la interacción entre nosotros.

    En el trayecto a su casa, le acariciaba las piernas, ella no me decía nada, me permitía tocarla, estando a unas calles, ¡coloqué mis dedos por encima de su vagina y hundí su calza y cachetero!

    L: ¿Qué haces?

    LU: ¡Nada, solo palpo!

    L: ¡Basta, nos pueden ver!

    LU: ¡Mmm, que emoción!

    Sin sacar mis dedos de su concha, frente y me estacione en una calle detrás de un súper mercado.

    La bese de lengua, ella al principio se opuso, pero después lentamente, se dejó llevar por mi calentura.

    L: ¡Ah, que rico!

    LU: ¡Me encanta tu concha!

    Le quite la sudadera y acaricie sus enormes tetas, Lucero gemía al sentir mis manos apretar su pezón por encima de su brasear, ¡ella acariciaba mi verga por encima de mi pantalón!

    L: ¡Me encanta tu paquete!

    LU: Chúpamelo, vamos, ¡sé que quieres!

    L: ¿Aquí?

    LU: ¡Claro, nadie nos vera!

    Me baje el pantalón y deje mi pene erecto a su vista, ella se lanzó como desesperada y llevo mi cabeza a su boca, la succionaba y la tragaba hasta la mitad, yo miraba por la ventana para asegurarme que nadie viera, Lucero me daba un muy buen oral, le acariciaba sus nalgas y le pegaba de nalgadas, ¡Lucero continuaba tragándose mi duro palo!

    LU: ¡Mmm, que rico mamas!

    L: ¡Esta deliciosa!

    LU: ¡Uf, ¡Lucero, que rico!

    L: Ah, ¿me la vas a meter?

    LU: ¡Claro, sabes que te daré rico!

    Recline mi asiento mientras Lucero se bajaba su licra, ¡se hizo a un lado su cachetero y subió a mi verga que ya la esperaba dura y lista para entrar!

    La tome de sus nalgas y la deje caer lentamente sobre mí, su vagina apretaba magnifico, mientras se dejaba caer en mí, me confeso que la última vez que cogió fue conmigo, que ya nadie la toca, ¡eso me puso salvaje y empecé a moverme para hacerla gozar más!

    L: ¡Ah, papi ah!

    LU: ¡Uf, que rico, uhm!

    L: Ah, ¡que rica verga!

    LU: ¡Toma nena, uhm!

    Lucero se apoyó del volante y me cabalgaba riquísimo, le ponía mis dedos en su clítoris para hacerla gemir más.

    La camioneta se movía duramente, pro suerte nadie pasaba, los gemidos de lucero se oían fuerte, ¡mi verga ya estaba hasta el fondo y la divorciada disfrutaba de mi verga!

    Lucero se acomodó empinada en el asiento trasero, en un perrito improvisado empecé a estrujarla, ¡me apoyaba de la cabecera de los asientos de adelante para empujarle duro mi verga!

    ¡Me encantaba verla en cuatro, su vagina apretaba magnifico mi verga, sus nalgas chocaban rico con mis testículos, le daba nalgadas, le arañaba la espalda!

    L: ¡Mmm, si, así, mas, dame más!

    LU: ¡Uf, que rica perra eres!

    L: ¡Si, dame tu verga!

    LU: Traicionera, uhm, ¿qué pensaría tu amiga?

    L: ¡Me vale, yo también quiero gozar, uhm!

    Agarraba sus duras nalgas y me empujaba con fuerza, ¡mi camioneta se movía más y más rápido!

    ¡No sé si nos veían o nos escuchaban nosotros ya estábamos tan metidos que eso no nos importó!

    Me senté en el asiento trasero, Lucero mirándome fijamente, puso mi verga en su ano, y solita la empezó a introducir, su ano apretaba magnifico, ¡ella con los ojos bien abiertos y haciendo muecas excitantes!

    LU: ¡Nena, uhm, que rico aprietas!

    L: Ah, ¡amo el sexo anal!

    Se movía muy rico, no podía creer lo desatada que estaba, yo estaba fascinado con sus ricos movimiento, nos besábamos, el mordía las tetas, estaba marcándola como mi nueva puta.

    LU: Que rico culo, ¡me vas a sacar toda la leche!

    L: Uhm, ¡si lléname el culo!

    LU: Muévete, muévete, ¡te daré mi semen!

    L: ¡Si, agh!

    Nos movíamos con todo, lucero escurría de su vagina, yo estaba a punto de correrme, las nalgas de Lucero chocaban riquísimo en mi pelvis, ¡nos besábamos nos mordíamos hasta que no aguante más y expulse mi semen llenado el culo de la rica divorciada!

    LU: Uf, agh, que rico, toma mi semen, ¡ah!

    L: ¡Ah, que rico, papi que rico!

    LU: ¡Eres una rica puta!

    L: ¡Soy tu puta, ah!

    El orgasmo fue riquísimo, terminamos con un rico beso, en eso sonó su celular y era su ex, la estaba esperando para darle su cheque, la lleve y al deja una calle antes, Lucero se volvió una rica amante, de hecho, les confieso que al preñe y el hijo menor que tiene es mío.

    Lety lo sabe, pero dejamos eso en secreto, como parte de una loca y enferma fantasía!

  • Tras bambalinas (Parte 5)

    Tras bambalinas (Parte 5)

    En el capítulo anterior pudimos ver como Serena continuaba su viaje por Hoenn, ahora acompañada por Anthony, y tras una serie de eventos que les permitieron conocerse mejor y que desembocaron al llegar a Ciudad Fortree, en donde las circunstancias no solo les hicieron dar el siguiente paso en su relación.

    Pero eso no fue todo, ya que tras un momento breve, pero intenso momento de pasión y siendo guiada por sus implantados deseos de amar y complacer en todo a su nuevo novio, fue que Serena no sólo le entregó su preciada virginidad al chico, sino que también le suplicó que la dejará convertirse en su esclava personal.

    —Estuviste fabuloso Amo Anthony, nunca me cansaré de esto —gimió Serena antes de darle un tierno beso en la mejilla al pelinegro y de caer sobre su pecho, ya que ambos chicos acaban de tener una apasionada sesión de sexo matutino en la que ella había montado con frenesí a su novio.

    —Lo sé cariño, yo tampoco —dijo Anthony antes de besarla y después de detenerse continuó —Pero creo que hay que parar por ahora, no queremos tener problemas con la Enfermera Joy.

    —Tienes razón —respondió la chica convencida aunque un poco desilusionada, así que se levantó y tomó su disfraz junto con su ropa interior para ponerla en un cesto antes de tomar su ropa habitual de su mochila para comenzar a vestirse —Bueno. Iré a poner esto en la lavadora y voy a hacer el desayuno, te espero abajo, mi Amo —se despidió la chica dándole un beso en los labios antes de irse.

    En cuanto Serena salió de la habitación, el sé recostó nuevamente en la cama, en donde aún podía percibirse el dulce aroma de la chica, pero Anthony no tenía intenciones de seguir durmiendo, sólo quería reflexionar un poco.

    Cualquier hombre en su situación sentiría envidia de él, después de todo tenía a una hermosa chica como Serena totalmente bajo su control y dispuesta a realizar cualquier cosa que él quisiera, pero por alguna razón él no se sentía del todo feliz. No era porque no hubiera disfrutado de tener sexo con ella, al contrario, en toda su vida jamás había disfrutado tanto como con Serena. Ya que gracias a sus acercamientos se había dado cuenta de que detrás de la personalidad de chica buena e inocente de su novia se escondía una apasionada tigresa en la cama, aún había algo que no se sentía del todo bien.

    “Ahora lo entiendo, es por eso me siento así. Hasta ahora Serena solo ha sido mi esclava sexual, pero no mi novia” concluyó el chico después de algunos minutos y rápidamente se levantó para cambiarse y bajar a desayunar.

    Y unos momentos después, cuando ambos se encontraban sentados en una de las mesas del comedor del Centro Pokémon y después de comer un rico desayuno preparado por la chica, los dos estaban listos para continuar con su viaje, pero lo que ella no sabía era que Anthony tenía otros planes.

    —Oye Serena, me gustaría que antes de continuar con nuestro viaje tuviéramos una cita —comentó el chico sin moverse de su lugar y mostrándose algo nervioso.

    —Por supuesto, eso me encantaría ¿Pero sucede algo, Amo? —preguntó ella un poco extrañada por la poco habitual timidez del chico.

    —Bueno, antes de continuar me gustaría decirte algo para evitar que la gente nos comience a ver mal —comentó él ganándose la total atención de su novia —Me encanta que me llames Amo, pero te pediré que solo lo hagas cuando estemos completamente solos, en frente de los demás únicamente somos una pareja de novios como cualquier otra ¿De acuerdo?

    —Así será, cariño —respondió ella con una sonrisa radiante, que le devolvió la confianza, después de escuchar atentamente cada palabra y acercarse a él —Aunque no pueda decírtelo todo el tiempo quiero que sepas que yo decidí ser tu fiel esclava por mi propia voluntad y con gusto haré todo lo que me pidas y cuando me lo pidas, Amo Anthony —le susurró la chica al oído antes de darle un tierno beso, causándole una sonrisa de triunfo.

    Después de aquella conversación le ofreció su mano para ayudarla a levantarse y fueron con la enfermera Joy para reservar nuevamente la misma habitación, como no hubo ningún problema sólo recogieron a sus pokémon y subieron de nuevo para alistar sus cosas antes de salir, pero en ese instante se abrió la pokébola de Fennekin liberando al pokémon quién comenzó a dar vueltas a la habitación antes de recostarse sobre la alfombra aunque manteniendo una posición defensiva.

    —El siempre hace eso. Es bastante desconfiado y le gusta asegurarse de que nuestras cosas están a salvo —comentó el chico con calma al ver que aquella reacción sorprendió bastante a su novia.

    —Entiendo, parece que Fennekin es muy responsable. Muchas gracias pequeño y ten por seguro que cuando regrese te haré muchos pokelitos —dijo Serena inclinándose para acariciar su pelaje con ternura —Aunque no me gusta la idea de que estés tú solo… ¡Ya sé! —dijo la chica tras pensarlo un momento y tomo una de sus pokébolas para liberar a su Braixen —Oye amiga voy a salir con Anthony. ¿Te importaría quedarte con Fennekin en lo que nosotros volvemos? —preguntó antes de recibir un asentimiento de su primer pokémon.

    Ya solucionado ese problema los novios salieron del lugar para recorrer la ciudad, muchas de las atracciones del Carnaval del día anterior aún seguían puestas, por lo que pasearon por la feria mientras ella le contaba sobre su vida en casa de su madre y las aventuras que vivió en Kalos junto a sus amigos.

    — ¡¡¡No puedo creer que estuvieras involucrada en la batalla con el Team Flare!!! —comentó el con una genuina sorpresa después de escuchar a Serena.

    —Bueno yo prácticamente no hice nada. Todo el mérito es de Ash, Alain, Diantha, Steven y los líderes de gimnasio —respondió ella apenada —Pero cambiando de tema. A pesar de que soy tu novia, yo no sé nada sobre ti, aparte de que eres el chico más sexy y caballeroso que he conocido y de que eres magnífico en la cama.

    —Gracias por los halagos, cariño. Bueno al igual que tú yo vengo de Kalos y trabajo en la agencia de modelaje de mi tía, aprovechando mis vacaciones vine a Hoenn e imaginarás lo grande que fue mi sorpresa al encontrarme con mi performer favorita —dijo el chico haciendo sonrojar a la chica antes de continuar.

    —Sobre mi familia… Yo nunca conocí a mi padre, ya que el abandono a mi madre en cuanto se enteró que estaba embarazada, y mi madre falleció cuando yo tenía 9 años. Ella fue una importante maquillista dentro de los Performance y por esa razón he estado inmerso en el mundo del espectáculo pokémon desde que era un niño, crecí recibiendo las muestras de afecto de muchas de las performer más famosas de Kalos y creo que por eso fue que desarrolle una gran debilidad por las chicas hermosas.

    —Lo siento Anthony, yo no debí preguntarte eso —dijo Serena muy avergonzada, ya que ella no tenía la intención de recordarle ningún mal momento.

    —No tienes nada de disculparte, eso es parte de mi vida y he aprendido a vivir con ello —aclaró Anthony de inmediato al notar la triste expresión de su acompañante y tomando su mejilla con suavidad —Además no es como que todo en mi vida sea triste. En Kalos tengo un muy buen amigo llamado Fybelle, el cual es como un hermano pequeño para mí y al cual espero que puedas conocer muy pronto, además de que también tengo a la chica más hermosa del mundo como mi dulce novia.

    —Sé que puedo ser bastante frío y reservado, pero es porque mi trabajo me obliga a serlo. Yo siempre debo buscar y guardar información confidencial y por eso debo ir de un lado a otro sin hacer mucho contacto con la gente —continuó explicando mirándola fijamente a los ojos —Pero contigo todo es diferente Serena, hacia bastante tiempo desde la última vez que me sentía tan a gusto en compañía de alguien y te estoy muy agradecido por ello.

    —Eres muy lindo, amor —contestó Serena muy apenada y con un gran sonrojo que le daba un lindo color carmín a su rostro y le daba un tierno beso en la mejilla.

    —Te he dicho lo adorable que te ves cuando te sonrojas —comentó el causando que la aludida se sonrojara aún más.

    —Y sobre mis pokémon, por ahora sólo conoces a mi Fennekin pero muy pronto los conocerás a todos.

    —Está bien, cariño. Espero caerles bien.

    —Estoy seguro que van a adorarte al igual que yo, así que no te preocupes por eso.

    —Entonces, supongo que Fennekin debe de ser tu pokémon más reciente ¿No? —preguntó la chica con interés.

    —En realidad él es mi pokémon inicial. Imagino que llegaste a esa conclusión porque aún está en su primera etapa evolutiva ¿No es así? —comentó Anthony mientras recibía una respetuosa cabezada de afirmación

    —Bueno no te culpó, casi todos los que conocen a Fennekin piensan lo mismo, pero en realidad el es tan poderoso como su evolución final. Lo que sucede es que a él no le agrada la idea de evolucionar y es por eso que le puse una Piedra Eterna.

    Al escuchar ese comentario Serena no pudo evitar recordar al Pikachu de Ash, quién también se rehusaba a evolucionar, a pesar de todo lo que había vivido con Anthony en los últimos días no podía evitar recordar con cariño al entrenador de Kanto, aunque también debía reconocer que ya no era de la misma forma que antes.

    — ¿Sucede algo Serena? —preguntó él al notar la expresión pensativa que se formó en el rostro de la chica.

    —Nada malo, amor. Sólo que me pareció una gran coincidencia que el pokémon inicial de mi amigo Ash también se rehúsa a evolucionar.

    — ¿Y cuál es el pokémon de tu amigo? —preguntó Anthony fingiendo interés, ya que a pesar de la poderosa hipnosis que había usado en ella, aún tenía sus dudas sobre si Serena seguía enamorada de Ash o no.

    —Es un Pikachu.

    —Ese Ash parece ser un amigo muy importante para ti ¿No, Serena? —preguntó él de forma neutral, tratando de ocultar la pizca de celos que aun sentía por aquel chico, aunque ella logró percatarse de ello.

    —Te mentiría si te digo que no, Anthony. Él fue mi primer amigo y también fue mi primer amor, gracias a Ash fue que encontré el valor para buscar y perseguir mi sueño, y en parte es gracias a él que soy la persona que ves ahora, y eso es algo por lo que siempre le estaré agradecida —contestó Serena con calma mientras el rostro de Anthony se ensombrecia.

    —Pero desde que te conocí tu fuiste llenaste el vacío que me dejó el separarme de Ash, ya que con el aprendí lo que es amar. Pero ahora me doy cuenta que lo que sentía por él siempre fue un sentimiento unidireccional, algo que sólo existía en mí, y que el no correspondería —afirmo la joven de cabellos color miel tomando un poco de aire antes de continuar

    —Pero contigo todo es diferente, Anthony. Desde el principio tú me hiciste sentir de un modo en que nunca me había sentido antes, ya que cuando estoy contigo me siento deseada y correspondida, y si te soy honesta me encanta que me hagas sentir así —concluyó ella mientras ponía su mano en el rostro de él.

    —Entiendo cómo te sientes Serena —dijo el con calma antes de añadir —Sé que aún no puedes superarlo del todo, y por eso es que quiero que me des la oportunidad de enamorarte por completo —contestó imitando su gesto y mirándola a los ojos.

    —Gracias Anthony por decirme eso. Porque es justo lo que quería escuchar de ti ¡Quiero enamorarme perdidamente de ti y que me hagas tuya por completo! ¡¡¡Quiero que seas el único Amo de mi cuerpo y de mi corazón!!! —terminó la chica antes de unir sus labios un apasionado beso que rápidamente se convirtió en una batalla de lenguas.

    Después de aquél beso ambos amantes se separaron con una gran sonrisa en su rostro y continuaron con su camino por la arbórea ciudad, ya que ante los ojos de los demás sólo parecían una pareja de novios bastante acaramelados que paseaban por las diferentes atracciones. Así que después de una agradable comida en un pequeño local y una sesión de inocentes juegos y besos la pareja decidió volver al Centro Pokémon, cuando regresaron a su habitación y abrieron la puerta ambos se llevaron una gran sorpresa:

    Braixen, con la mirada vidriosa y perdida, estaba a cuatro patas encima de la alfombra mientras era penetrada por Fennekin, quién hacia ligeros aullidos que la hipnotizada hembra asentía de inmediato, ambos pokémon estaban tan absortos en el sexo que la aparición de sus entrenadores no les importo en lo absoluto.

    Por un momento Anthony pensó que su novia se escandalizaría por el espectáculo que sus pokémon estaban armando, pero nada lo preparó para lo que sucedió a continuación, ya que Serena sólo veía la escena con interés antes de recostarse en la cama y comenzar a desvestirse para finalmente colocarse en la misma posición que su pokémon inicial, dejando su delicioso coño a la vista.

    —No veo ninguna razón para que ellos sean los únicos que se diviertan ¿O sí, mi Amo? ¡Por favor hágame suya una vez más! —suplico Serena con un tono seductor mientras le hacia una señal con el dedo para que se acercara, a lo que él sonrió antes de comenzar a desabrochar su pantalón y acercarse rápidamente a su ardiente novia.

    Continuará…

  • Noche de Corsos

    Noche de Corsos

    Me llamo Eduardo, tengo 27 años y soy de argentina y lo que les voy a contar sucedió el mes pasado.

    En mi ciudad casi por mitad de febrero siempre son los corsos (que serían como los carnavales de Corrientes o San Luis, pero 1000 veces más baratos) en fin estábamos casi toda la familia ahí ya que es como una tradición.

    Ya habían pasado un par de horas y la verdad no le había prestado atención a mi sobrina Laura, ella es casi de mi altura mide 1.70 y algo más o menos, es flaquita, de piernas largas y poca cola aunque sí la tiene bien paradita y redonda, sus pechos son medianos tirando a chicos, es blanquita y de pelo oscuro. Tiene una linda sonrisa y ya de por sí es muy simpática la flaca, pero lo normal para sus 18 años, creo que está en su último año de secundaria o en el primero del terciario. A decir verdad casi no la veo en persona, pero si la tengo agregada en Facebook y bueno la veo cuando sube una foto o publica alguna boludez.

    Estaba la familia detrás de la valla, sentados y con un par de mesas viendo las comparsas hacer sus pasadas y yo estaba parado detrás de ellos con la conservadora más que nada para tomar y ver minas, tranquilo en lo que se me acerca Laura y se me afirma en el hombro con su codo como de cansada y me decía que estaba algo embolada ya que no podía tomar con la familia ahí más que nada porque la iban a retar de seguro, yo solo me reí y no le hice más caso y seguí mirando el espectáculo.

    Pasó un rato más y yo ya estaba algo machado y de mirar tantas minas ya también se me había parado el pingo y trataba de acomodarlo sin que Laura se diera cuenta, pero en eso se levanta de su silla mi hermana para ir al baño y Laura se pone delante de mí para darle el paso, al ratito de eso veo que la flaca se inclina un poco para poner la silla más cerca a la mesa y creo que fue más que nada por el alcohol, pero di un paso hacia adelante y le apoyé el pingo en su culito, pero en el acto ella se hizo un poco para delante y se volteó a verme como sorprendida o enojada de lo que había pasado, yo creí que ella se sentaría en el lugar de mi hermana, pero no, solo dejó de mirarme pero aun dándome la espalda y estando cerca de mí.

    Pasaron unos minutos y mi hermana volvió a su lugar, pero ya para esa altura de la noche yo solo miraba a Laura, que en todo ese tiempo desde que la apoyé no se había dado la vuelta, pero de seguro podía sentir mi mirada que iba desde su cabeza con ese peinado de coleta y bajando por la espalda con esa blusita corta que dejaba ver un poco de su piel hasta la cintura dónde empezaba ese pantalón vaquero azul que aprisionaba ese culito redondo y paradito.

    Cuando una de las batucadas grandes pasó por frente de nosotros fue donde decidí dar ese paso y medio hacía delante y apoyarla de nuevo, en ese momento Laura se había inclinado poniendo sus manos en el espaldar de la silla de su madre pera ver mejor la batucada y ya no se podía mover al frente al sentirme. Yo me había pegado lo más que podía a ella tratando de disimular un poco más que nada por la gente que había a los lados, la flaca solo atinó a ponerse un poco derecha aunque aún tenía una de sus manos en la silla mientras yo le apoyaba el pingo sin moverme.

    En una de mis manos tenía una cerveza y a la otra mano la tenía al lado de mi pierna hasta que me decidí a ponerla en su cintura mientras doblaba un poco las rodillas para ponerle la cabeza del pingo en el medio de la vagina, ella giró un poco la cabeza para verme y en ese momento yo con la mano que tenía en su cintura hice que bajara un poco su culito mientras yo movía la cadera como si le quisiera romper el pantalón con mi pingo y metérselo hasta el fondo, uff hice ese movimiento una 2 o 3 veces más mientras la miraba a los ojos, ella miró hacia el frente para la batucada y cuando estuve por hacer el mismo movimiento otra vez, se me dio por mirar hacia la derecha donde una vieja se me quedó mirando, yo me asusté y me alejé de mi sobrina, pero por momentos seguía mirando a la vieja por si se acercaba a decir o hacer algo.

    Cuando terminaron los corsos la familia fue hasta la casa de mis viejos a dejar las sillas y las otras cosas para irse a sus casas. Yo fui hasta la cocina a dejar la conservadora, por ahí en eso entra mi hermana y nos despedimos con un beso (en el cachete como se acostumbra en Tucumán y en otras partes de Argentina) y al rato entra Laura a la cocina también a despedirse, pero cuando me estaba por besar corrí un poco la cara y me dio un pequeño beso en la boca (pico) me quedó viendo, pero no se alejó así que con una mano la tomé de la cintura y con la otra de la cabeza para poder acercarla y comerle la boca de un beso, ella puso sus manos en mi pecho como queriendo alejarme así que la solté para que se alejara, pero no lo hizo así que le di otro beso, pero sin agarrarla de ningún lado y cuando estaba por dejar de besarla ella puso su mano en mi nuca y acercándome a ella pasó con su lengua por encima de mis labios, yo la agarré por su culo y la levanté solo un poco hacia mi, lo suficiente como para dejarla bajar un poco y sienta mi pingo que estaba re parado así que hice movimientos como queriendo penetrarla mientras con las dos manos apretaba ese culito y lo hacía para abajo, para que coincidiera con mis movimientos.

    Ella no dejó de mirarme en esos segundos y me dio dos palmaditas en el pecho y un pequeño beso y se fue antes de que entrara alguien más.

    Esa noche le dediqué una como se imaginarán.

    Perdón por la escritura, pero solo quería contarles mi historia.

  • Mi prima y su problema de infertilidad

    Mi prima y su problema de infertilidad

    Esto sucedió hace ya muchos años, cuando yo tenía 18 años y mi prima tenía 19 años, todo comienza un día de los que mi prima Johana se queda en mi casa a pasar unos días como ya era de costumbre.  Resulta que estábamos de vacaciones y como mi abuela en ese entonces vivía en mi casa mi prima se venía a pasar unos días acá con ella.

    Esos días yo veo a mi prima un poco deprimida por algo que hasta el momento desconocía, ella de vez en cuando subía a mi habitación a ver tv mientras yo estaba en la computadora, un día sube a mi habitación y yo estaba acostado en bóxer por el calor que hacía, cuando abre la puerta se da cuenta como estoy y me pregunta: “primo perdón, ¿puedo pasar?”. Yo le digo: “claro, dale, no hay problema prima, pasa”.

    Mientras ella entra yo me levanto de la cama y agarro una pantaloneta y me la coloco, ella se acuesta en la cama como de costumbre para ver televisión y yo me acuesto al lado de ella. Viendo televisión me doy cuenta que ella no está bien de ánimo y le pregunto: “¿prima te pasa algo?”. Ella me responde: “sí, tengo un problema muy grave que me va a afectar mucho en toda mi vida”. Casi que estaba llorando yo le dije: “cuéntame a ver si te puedo ayudar en algo prima”.

    Comienza a contarme que hace unos días había ido al médico por un problema médico que tenía y ya le habían entregado los resultados y me cuenta que hay una alta probabilidad de que sea estéril y no pueda tener hijos más adelante, yo sin saber que contestarle le dije que no se preocupara que el único que podía decidir si ella tendría hijos era Dios y el novio de ella (yo lo conozco muy bien) la iba a apoyar mucho al igual que yo también la iba a apoyar en todo lo que necesitara. Y me dice: “gracias primo yo sé que siempre voy a poder contar contigo para lo que sea”. Seguimos hablando varios minutos, vimos una película y eran como las 4 de la tarde en mi casa solo estaba mi abuela y mi hermana en la sala, mi mama y mi papa estaban trabajando y no llegarían sino hasta la noche tarde.

    Estábamos acostados en la cama todavía, luego que terminamos de ver la película ella como que le da sueño y se quería dormir a lo que se voltea y me da la espalda y me arrecuesta su culo en mi pierna como para sentir que estoy ahí con ella, enseguida se me comenzó a despertar la verga.

    Mi prima en ese momento tenía puesto un short blanco, una blusa azul y como no había mucha gente en la casa y yo era el único hombre que había en ese momento ella no llevaba puesto brasier, mi prima es blanca, mide como 1.70, tiene unas tetas bastante grandes y un culo también bastante grande, por otra parte la chucha de ella era de esas descomunales gordas que se le marca con casi toda la ropa que usa, yo como dije tenía 18 años en ese entonces media 1.80 y mi verga media más o menos unos 19 cm.

    Al tener a mi prima acostada hay conmigo arrecostandome el culo me acomodo para abrazarla con la verga casi dura, ella al sentir que me estaba acomodando se pega más hacia mi y su culo queda a la altura de mi verga, yo pensé que se iba a alejar pero para mi sorpresa se pegó más a mí, por lo que mi verga creció mucho más rápido y se me puso totalmente dura se me quería salir de la pantaloneta, la abrazo y le coloco mi mano en la barriga y ella coloca su mano encima de la mía, típica posición para dormir de las parejas.

    Cuando ya se queda dormida yo comienzo a subir mi mano para acariciarle las tetas ya que siempre me había gustado tocarlas algún día si quiera encima de la ropa, mientras le estoy acariciando las tetas ella se mueve varias veces yo pensaba que ya se iba a despertar, en un momento logro meter mi mano por debajo de la blusa que llevaba puesta y alcanzo a tocar esas tremendas tetas ricas que tenía y aun no se despertaba.

    Yo aprovechando que no se despertaba me separé de ella y me quité la ropa rápidamente y me acosté de nuevo en la misma posición en la que estábamos, ya tenía la verga demasiado dura para que siguiera guardada, se la arrecosté en el culo y hacia movimientos sintiéndola hasta que ella se movió y quedo boca arriba, yo ágilmente comencé a subirle la blusa para liberar esas tetas y poder verlas, cuando ya le subo la blusa comienzo a masajearlas suaves hasta que me calenté mucho y se las cogí duro y ella comenzó a despertar de la siesta que había tomado.

    Al despertar completamente y ver que yo estaba desnudo me pregunta:

    -¿Oye primo que haces así? Vístete.

    -Disculpa prima lo que pasa es que tú sabes que hace mucho calor.

    -¿Me estabas desvistiendo o que carajos estabas haciendo?

    -Me imaginé que también tenías calor.

    Ella se bajó la blusa y sus tetas de nuevo se ocultaron, pero yo aún seguía con la verga dura y a la vista de ella, ella simplemente me miraba la verga y no se atrevía a decir nada al respecto y tomo la iniciativa y le pregunto:

    -¿La quieres tocar?

    Y me responde:

    -Como se te ocurre semejante cosa, recuerda que somos familia.

    -Pero simplemente la vas a tocar nada más.

    Ella se levantó y salió de la habitación y he quedado yo con tremenda calentura por lo que me toco hacerme una paja en mi habitación para calmar mi verga.

    Pasan los días y cada que nuestras miradas se encontraban rápidamente mirábamos hacia otro lado por lo que había pasado ese día, ella nunca me había visto desnudo y somos familia así que no quería verse envuelta teniendo sexo conmigo. Pero resulta que un día, eran las 5 de la tarde y ya faltaban cuatro días para que se acabaran las vacaciones y yo en mi mente me decía que no me iba a poder follar a mi prima.

    Entonces nuevamente estábamos los que siempre nos quedábamos en casa, me metí a bañar y me dirigí a mi habitación en toalla, luego ella también se iba a bañar y en el pasillo nos encontramos y aproveché la situación y me le paré al frente, la miré y sin decirle nada me lancé hacia ella y le robé un beso sin que nadie se diera cuenta, ella no quería, pero al final no la solté y fue un beso bien robado, le arrecosté la verga que ya comenzaba a despertar y le agarré el culo y como no quería que nos viera ni mi abuela ni mi hermana que estaban en la sala le dije al oído “sube a mi habitación ahora que termines de bañarte” y me fui a mi habitación.

    Cuando estoy en mi habitación me coloco solamente un bóxer y me acuesto en la cama, estaba completamente seguro de que ella subiría, de repente abren la puerta y es ella, entró a la habitación, tenía puesta una bata de flores de estar en casa, yo le digo: “coloca el seguro a la puerta”, a lo que obedece y coloca el seguro y se dirige hacia la cama donde estoy yo acostado en bóxer esperándola.

    Ella se acostó y me dijo: “tú estás loco, quieres que mi abuela o tu hermana nos vea y se lo diga a mis tíos, después no me dejaran venir más acá a tu casa”. A lo que respondí: “no te preocupes que nadie no nos vio” y agarro su mano y la coloco en mi bulto que ya estaba grande, ella no reacciona a lo que me toco decirle: “dale prima siente lo que tu primo tiene para ti, yo te dije que te iba a ayudar en todo lo que necesitaras y yo creo que necesitas un poco de sexo”.

    Ella ríe y me responde: “yo teniendo novio y tocándole la verga a mi primo”. Entonces comenzó a sobarme el bulto y de repente mete la mano dentro de mi bóxer y me lo saca y comenzó a masturbarme estábamos acostados los dos y le dije: “ve, levántate y cómete ese trozo de carne”, ella va y comienza a chuparme la verga bien rico nada más sonaba como entraba y salía mi verga de su boca, yo no quería estar solo viéndola así que le dije “cambiemos de posición, voltéate y colócame tu chucha en mi cara” por lo que quedamos haciendo un 69, ella me chupaba la verga y yo al ver como ese culote estaba frete a mi me di cuenta que llevaba puesta una tanga rosada que se le metía en el culo (a mi me gusta ver mucho a las mujeres en ropa interior y lencería) yo comienzo a jugar con su culo y a sobarle la chucha por encima de la tanga, hasta que se la saco del medio de su culo la aparto y poco y queda su hermosa chucha a la vista, con unos cañoncitos que estaban recién saliendo en su parte íntima y le plasmo un beso en su vagina y comienzo a chuparla mientras ella seguía concentrada mamando verga, así estuvimos unos minutos hasta que tenía la chucha llena de fluidos vaginales y de mi saliva y le dije “ven que ya estas lista”.

    La acosté en la cama de misionero, le quité la tanga y la fui penetrando suave, era la primera vez que me comía a mi prima y ella nada más había tenido un solo novio que era el que tenía en ese momento que actualmente es su esposo, entonces la fui penetrando suave para no maltratarla hasta que entró toda, no era virgen, pero se sentía muy apretadita, ella gimió y yo le tapé la boca con fuerza y comencé a penetrarla con el mete y saca, ella trataba de soltarme la mano de su boca mientras yo la penetraba y escuchaba sus gemidos ahogados junto a el choque de mis huevos en su culo.

    Así le di verga por varios minutos, ella me quita la mano y se lleva dos de mis dedos a su boca y comienza a chuparlos como perra en celo, por lo que me calenté más y la comencé a bombear con más fuerza, ya casi se escuchaba abajo en el primer piso, luego de unos minutos se vino bien rico y yo le saqué la verga y la puse a chupar de nuevo hasta que le dije: “desde hoy vas a ser mi putita sin importar tu novio y sin importar nadie más”. Ella me dice: “yo encantada de tenerte toda la vida culeándome primo”.

    Luego le quité la bata que llevaba puesta y la dejé totalmente desnuda con las tetas a mi vista y comencé a hacerme unas rusas y ella trataba de metérsela a la boca, yo le doy una cachetada y la agarro por el pelo y la coloco en cuatro en el borde de la cama y comienzo a chuparle el culo y ella gimiendo me dice: “dale papi dame más verga que tu prima quiere más”.

    Yo dejo de chuparle el culo y la chucha y le meto dos dedos en su vagina y la empiezo a masturbar con fuerza hasta que se viene de nuevo. Luego sin dejarla descansar le digo: “quédate ahí que te voy a romper esa chucha para que siempre me vengas a buscar a mi en vez de a tu novio”. Y la comienzo a penetrar mientras la cojo de las manos y le ordeno que se abra el culo, yo la penetraba con fuerza y le comencé a masajear el ano con mi dedo, se lo escupí y comienzo a meterle un dedo mientras le doy verga por esa chucha y me dice: “dale papi así, así, maltrata a tu prima”.

    Cuando siento que me voy a venir le saco la verga, le doy una nalgada y la levanto para que me la chupe mientras se me van las ganas de correrme, luego la agarro de nuevo por el pelo y la pongo contra la pared le levanto una pierna y comienzo a darle verga de nuevo con una mano agarrando su pierna y la otra halándole el cabello así unos minutos, luego agarrándole las tetas hasta que me quería venir y ella me dice: “lléname de leche yo soy estéril quiero que me llenes toda de tu leche”, eso me calentó y la penetre con fuerza hasta que me vine dentro de toda su vagina luego se la saqué y la arrodillé para que me la limpiara y me la chupó hasta dejarla limpia, el semen salía por su vagina y ella metía sus dedos para agarrarlo y comérselo.

    Luego nos acostamos y al rato se vistió y salió porque dentro de poco llegarían mis padres, pero antes de irse le dije que esto se tenía que repetir antes de que se terminaran las vacaciones a lo que me respondió riendo: “claro que si papi desde hoy seré tuya cada vez que me necesites”.

    Ya hoy yo tengo 25 años y ella tiene 26 años y una hija con su novio de toda la vida (al final de tanto sexo conmigo como que le sirvió para tener hijos) hasta el día de hoy seguimos teniendo sexo no muy seguido, pero si de vez en cuando.

    Si quieren que les comente otras historias con ella o quieren que tenga una nueva historia y se las cuente, comenten.

  • Un príncipe azul

    Un príncipe azul

    «Nunca he estado con un hombre», susurró Fátima bajo el peso del cuerpo de Marcos; «No te preocupes, tú déjate hacer», recomendó Marcos, un poco antes de mordisquearle las tetas.

    Fátima, una mujer ni joven ni madura, trabajaba como camarera en un restaurante. Tenía unas piernas provistas de duros muslos, un culo firme que, sin ser grueso, mostraba pliegues bajo las nalgas; las caderas se continuaban en la cintura; eso sí, su busto era espléndido: dos rotundas tetas se adelantaban como el mascarón de proa de un barco. Tenía un fallo, bueno dos. El primero, su cara: no era guapa Fátima, tenía el rostro surcado de marcas de antiguas espinillas mal sanadas; el segundo era crucial: tenía mal carácter, mal genio y, además, era demasiado exigente en sus relaciones, tanto con mujeres como con hombres.

    Marcos, un joven y capaz empresario, era su jefe desde hacía tiempo, y quería lo mejor para ella, pues la apreciaba. Sabedor de su escaso, o ningún éxito con los hombres quería ser el responsable de que Fátima follara, a fin de que su comportamiento, tan arisco, se suavizara. Marcos, que estaba casado, se decía: «Si nadie la folla, la follaré yo, es mi deber».

    Marcos comenzó pues a acecharla. Una vez terminado el horario, decía a sus cuatro empleados, todos hombres menos Fátima: «Bueno, mientras os cambiáis, iré cuadrando la caja». Pero no lo hacía. Se dirigía hacia la puerta del pequeño vestuario donde Fátima se quitaba el uniforme para vestirse con su ropa de calle y espiaba por una rendija que había en la puerta, hecha por algún golpe recibido durante los habituales transportes de sillas. Espiaba. Y se maravillaba, cuando la camiseta de bregar sacada por su cabeza dejaba ver sus grandes tetas apretadas bajo el sujetador; le encantaba ver a Fátima en esa postura: los brazos alzados, la cabeza oculta bajo la tela, las axilas sin depilar, selva de vello negro rizado, y los bultos elevándose y luego cayendo grávidos y muelles. Turbado, Marcos notaba su polla crecer, engordarse y se tenía que volver rápido a sus quehaceres, no fuera a ser que Fátima se asomara de improviso al notar una presencia y lo viera así, con la polla tiesa como calabaza mallorquina.

    Una noche, ya todos los empleados se habían ido excepto Fátima, que se demoraba en el vestuario, Marcos esperó sentado en una silla frente a una mesa del salón de comidas del restaurante. Esperó. Reconoció los pasos de Fátima al aproximarse desde el pasillo que quedaba a su espalda, donde también había una estancia dedicada a almacén, más cercana que los vestuarios: de hecho, desde un extremo del salón se podía ver la puerta. Los pasos de Fátima, sordos, acolchados por sus chinelas blancas. «Fátima», llamó cuando ella pasada por su lado; «Dime, Marcos, ¿necesitas algo de mí?», preguntó Fátima. Marcos se quedó pensativo. Por supuesto que necesitaba algo de ella, necesitaba que fuera suya aunque fuesen veinte minutos, necesitaba oler su rusticidad de hembra indomable. «Sí», dijo; «Venga, dime». Fátima seguía de pie. Marcos la miró. Llevaba esa noche Fátima puesta una camisa ancha que disimulaba bien la curvatura de sus tetas; sin embargo, el hueco de un botón mal abrochado delataba la carne aprisionada bajo la tela fina del sostén. «Óyeme, Fátima, llevas trabajando para mí, no sé, ¿cinco años?, bueno, nunca te he visto con un hombre, es decir, nunca he visto a un hombre que te esperase a la salida del trabajo ni nada de eso, a tus compañeros los esperan sus mujeres, novias, ligues, ¡las que sean!, pero a ti…, nadie», terminó Marcos; «No tengo tiempo para hombres, Marcos, además, todos quieren lo mismo, prefiero reservarme para quien me merezca, ya llegará el momento, el día en que un hombre como tiene que ser llame a mi puerta, ya llegará», explicó Fátima. Entonces, Marcos la miró con fijeza, cambiando su semblante, entornando sus párpados, dicen que así los gatos se confían, y esbozando una sonrisa seductora; luego, alargó un brazo y acarició una mano de Fátima, al final de su brazo, que colgaba lánguido junto a su cuerpo. Fátima se estremeció; de pronto, una idea acudió a su mente: ¿y si era Marcos, su jefe, ese príncipe azul que le estaba destinado, y sí?… El corazón de Fátima se abría como una rosa en mayo. Y si… Bien podría Marcos dejar a su mujer si ella hacía algo para que sucediese. Y se imaginó junto a Marcos: ella y él, viviendo en un chalet de ensueño; ella, ciudadándolo, haciéndole de comer, lavándole la ropa, planchándosela…, dándole hijos, ¡ah, los hijos!, Marcos no tenía, ella se los daría, dejándose preñar, dócil, en la alcoba conyugal. Y Fátima se imaginaba…, ¡nada!, ¡no podía imaginar nada!, puesto que para ella la idea de concebir hijos era todo un misterio. ¿Y si Marcos?…, Marcos…

    «Marcos, yo te quiero», susurró Fátima; «Y yo a ti», mintió Marcos.

    Entonces, Marcos se levantó de la silla. Acarició con la palma de su mano el feo rostro de Fátima. Se giró sobre sus talones para echar un vistazo a la sala, a esa hora escasamente iluminada, del restaurante; dio un par de pasos y tiró de los manteles de las mesas más próximas, de cuatro, los cuales, de manera descuidada, ya que le pudo la prisa, colgó de su fuerte antebrazo. Después, pidió: «Fátima, por favor, vamos al almacén». Ambos doblaron la esquina del pasillo y entraron en la estancia. Fátima, ya dentro, exigió: «Marcos, no enciendas la luz, y no cierres la puerta». Marcos obedeció.

    La suave luz de la sala penetraba en el almacén, una luz lejana que dejaba ver sólo a pocos centímetros de los ojos de cada uno. Marcos, tanteando con las manos, adivinando bultos y obstáculos, extendió los cuatro manteles en el suelo, entre cajas de refrescos, cajas de tetrabricks de leche y de latas de atún y tomate, superponiendo algunos sobre otros de tal manera que, aunque no tuviese la blandura de un colchón, no tuviesen que sentir la dureza del suelo en sus huesos. «Fátima, nos desnudamos», propuso Marcos.

    En la semioscuridad, mientras Marcos, en pie, se quitaba la ropa, pudo distinguir la carne pálida de Fátima, las piernas, los brazos, el torso… En la semi oscurudad, las redondas y morenas areolas resaltaban en las blanquecinas tetas. «Fátima, acuéstate sobre los manteles», suplicó Marcos. Por su parte, Fátima que en toda su vida había visto a un hombre desnudo, ni en fotos, sintió temor; sobre todo al ver crecer la polla de Marcos. Una amiga le dijo que eso que se agrandaba ante sus ojos debía acogerlo su cuerpo, pero ¿cómo? Fátima se acostó bocarriba sobre los manteles y abrió sus muslos, como le habían dicho que hiciera.

    Marcos se echó sobre ella, ansioso.

    «Nunca he estado con un hombre», susurró Fátima bajo el peso del cuerpo de Marcos; «No te preocupes, tú déjate hacer», recomendó Marcos, un poco antes de mordisquearle las tetas.

    Saborear, oler a Fátima era grandioso; Marcos no pudo detectar perfume alguno, sólo olía a hembra, a hembra humana. La brisa de las axilas de Fátima lo mareaba, el vendaval de su coño lo transportaba. Tanteó con su polla, muy empalmada, en los bajos de Fátima y comprobó la humedad: estaba propia; únicamente había un impedimento: el himen. Suavemente al oído dijo a Fátima: «Te va a doler»; a lo que la otra respondió: «Lo sé».

    Un grito se oyó desparramarse por todos los rincones del restaurante; luego vino el dulzor del amor practicado con mimo. «Ah, Marcos, no sabia-ah, qué es esto, ohh, Marcos, me gusta, me duele y me gusta, qué magia es esta, qué me estás dando», gemía Fátima con voz meliflua. Marcos, entretanto, certero en sus movimientos, le metía toda la polla, hasta el fondo; mordía, chupaba, besaba, y disfrutaba: le parecía que en cualquier momento estallaría, pero se contenía: debía degustar mejor el momento, debía correrse como si fuese la última vez en su vida, su orgasmo, esos segundos tenían que ser inmensos como el cosmos. Esos segundos llegaron; fue poco a poco: «Oh-oh-oh, Fátima, oh-ohh»; «Hiii, ay, Marcos, hiiii»; «Ough, Ough»; «Ahh, ahhh»: «Uuggff»; «Aaaahh».

    El semen de Marcos inundó el coño de Fátima. Marcos cerró los ojos, sintiendo el galopante placer en la punta de su capullo, y se desplomó sobre Fátima. Esta murmuraba frases inconexas sobre «felicidad», «casa», «ceremonia», «juramento», «fidelidad», pero Marcos no atendía. Su placer había sido más del esperado.

    Media hora más tarde, Marcos y Fátima se despidieron hasta el día siguiente: «Marcos, te quiero, al fin soy tuya», dijo Fátima al despedirse; «Fátima, siempre fuiste mía», soltó Marcos. Ella se dirigió hacia la parada del autobús; él, hacia su 4×4.

    Marcos llegó a su chalet; notó que despedía un fuerte olor a sexo, así que se duchó antes de acostarse junto a su esposa. Apartó el embozo, la manta y la sábana y se tumbó. Tatiana despertó: «¿Qué tal el trabajo hoy jamoncito?», preguntó; «Duro, muy duro», contestó Marcos; «Oh, mi jamoncito, bájate el pijama que te voy a hacer una mamada para que duermas bien». Marcos se bajó el pijama y, cubierto por el abrigo de la ropa de cama, vio el bulto de la cabeza de Tatiana subiendo y bajando, subiendo bajando, subiendo-bajando-subiendo-bajando…, y emitió una sonora exhalación al verterse en la boca de Tatiana. Acto seguido, pensó en el trabajo, en el día siguiente, en lo que le esperaba, o en la que le esperaba y rio.

  • Un matrimonio en declive y un sobrino lejano

    Un matrimonio en declive y un sobrino lejano

    Quiero compartirles mi experiencia que ha sido en parte desesperante. Llevo cerca de 18 años casada, no todo ha sido malo, pero tampoco todo ha sido bueno y hemos tenido temas muy complicados. Uno de ellos es que no tenemos hijos, mi marido no puede, al principio pensamos que era yo, porque ¿Cómo un hombre no podría?, bueno al final el doctor dijo que yo no tenía ningún problema y mi marido era estéril, lo confirmamos. Después de ese tema donde pasaron varios meses intentando muchas cosas, discutiendo, haciendo el amor casi a fuerzas me sentía agotada, encima él procuraba llegar tarde a la casa y casi ni salíamos salvo contadas veces donde él se la pasaba en el teléfono. Sospeché que tenía otra mujer, pero por alguna razón no me incomodaba, ya no lo amaba, lo cierto era que no funcionábamos bien como esposos.

    Yo tengo pocas amigas donde me aconsejaban salir más con ellas, ir a bailar pero yo en mi depresión siempre las rechazaba. La verdad no era una buena época.

    Las cosas cambiaron cuando me llamó mi hermana Julia, en realidad es mi media hermana, pero crecimos juntas y nos llevábamos bien, me pidió de favor si le podía dar hospedaje a su hijo que haría exámenes para la universidad, que no se podían permitir pagar un hotel o un airbnb. Le dije que si, al final sería algo diferente a estar sola. Lo hablé con mi marido en la noche y dijo que estaba bien, así, sin emoción ni nada. Total pasaron 3 días y el chico llegó por fin a la casa. Para esto no nos conocíamos, mi hermana se salió de la casa cuando tenía 20 y después de eso ya no nos vimos pues tuvo problemas con mis padres por irse así sin más. Supe que tuvo que hijo y que le iba bien.

    -Hola, me llamo Marco mucho gusto.

    -Hola que tal, soy tu tía Lili que guapo no me dijo tu mamá que tenía un sobrino tan grande

    -Ni a mi una tía guapa haha (se rio nervioso)

    El chico era delgado, pero en forma, apenas un poco más alto que yo, quizá unos 30 cm, media como 1,70 más o menos. Vestía muy normal, con un panas y una playera, muy sport. Nos abrazamos y pude sentir su cuerpo de un joven fuerte no como el de mi marido, pero todo quedó ahí.

    Platicamos largo y tendido sobre su mamá mientras comíamos, le conté algunas anécdotas y él me contó cómo les había ido, donde vivían, los problemas que habíamos tenido y que no conocía a sus abuelos. La verdad fue muy ameno y normal todo, muy tranquilo.

    En la noche llegó mi marido y se lo presenté, platicaron un poco, se llevaron muy bien, después mi marido se fue acostar y yo me quedé con Marco en el comedor. Él me ayudó a levantar y ahí fue cuando me quedé perpleja. Mientras recogía él la mesa yo miraba mi teléfono y no sé por qué voltee a verlo y noté como se marcaban en el panes sus nalgas paradas, sin duda por el ejercicio y de ahí miré su bulto que sobresalía de enfrente y su bulto tenía una caída algo prolongada, larga, que no podía creer, me puse nerviosa y mire al teléfono de nuevo, él no me vio y me quedé pensando, será que era el efecto de la ropa, no sabía, pero me dejó pensando, hasta ese momento la verdad es que en muchos años no me había venido la mente un pene grande, creo que la costumbre del de mi marido que le medía 10 cm erecta y la de Marco parecía ya erecta y algo más grande.

    Nos despedimos y cada quien fue a dormir a su cuarto. Yo impaciente le pregunté a mi amiga Alejandra que de cuanto ha sido el pene más grande que ha tenido y ella me dijo que de 18 cm, eso es grande pensé y empezamos a bromear acerca de eso. Después no pude dormir pensando en un pene así, como sería. Me puse a buscar así debajo de la cama, penes grandes, porque Marco es de color, y encontré penes realmente grandes y gruesos que dios miró no podía pensar que él tuviera uno así de monstruoso, parecía que eso solo existe en internet y había de todos tamaños, colores, curvos, delgados gruesos, en fin una variedad enorme.

    Me levanté y me fui a masturbar, solo no me metí toda la mano por que no me sabia pero quería ser penetrada fuerte como una animal, quería ser usada, nunca había sentido esas gana, nunca había estado tan caliente.

    Me acosté así toda mojada y dormí de lo más rico. Al otro día mi esposo ya se había ido y tuve como resaca moral. Marco era mi sobrino y no podía estar pensando así, solo fue calentura.

    Me vestí decente bien tapada, soy algo tetona con pezones negros grandes y un poco caderona aunque mis nalgas son algo largas y grandes no son redonditas, pero bueno me puse ropa holgada aun así.

    Salí y aun no se había levantado, lo que me hizo sentir tranquila. Empecé a preparar el desayuno y después dude un rato me asusto cuando me saludo con el buenos días. Me gire algo espantada, ahí supe que seguía nerviosa.

    -Discúlpame hijo es que estaba pensando otras cosas

    -No, perdón tía no quise asustarla. Todo bien?

    -Este… Si todo bien problemas con tu tío nada más (no sé por qué se lo dije, tenía que inventar algo)

    -No se preocupe tía, si le puedo ayudar.

    -No hijo todo está bien.

    -Bueno tía, en qué le ayudó?

    -Nada ya acabe sólo sirvo, ya siéntate

    Cuando salí lo ahí parado enfrente del televisor mirando las noticias, traía un short y se notaban sus piernas fuertes y esas nalgas, yo serví rápido, no quería que me viera que lo observaba.

    -Empezamos a desayunar.

    -Tía la noto preocupada no como ayer, quiere contarme que pasó con el tío? La escucho

    -No hijo en serio todo bien, temas personales, ya sabes, cosas de adultos

    -Adultos es sexo? Haha tía no tengo 10 años

    -Si verdad hijo haha ya estas grande (y pensé en su pene)

    -Bueno para entenderle mejor si además pues siempre es bueno sacar lo que uno se guarda

    -Es que bueno… pues últimamente estamos mal, no hacemos muchas cosas juntos, no salimos, no hablamos, no… (Hice una pausa)

    -No hacen el amor? (me sonrojé)

    -Oye Marco, soy tu tía aunque apenas nos conozcamos

    -Perdón tía, no quise… (me sentí mal porque de verdad vi que se apeno)

    -Pero si, ya no lo hacemos y cuando lo hacemos pues dura muy poco

    -Bueno tía… con todo respeto… es que… siendo usted así de guapa quién no terminaría rápido hahah

    -Hahha que cosas dices si soy una vieja ya

    -No como cree si es muy guapa y está en forma, sólo arréglate un poco más para el tío igual con eso flaquea haha

    -Si verdad haha oye pero si me has estado echando el ojo entonces no?

    -No… no tía como cree, bueno es que se nota, perdón

    -No no te preocupes… pero de verdad te parezco atractiva?

    -Si tía en serio, si no fuera mi tía igual le echaba los perros u otra cosa hahaha

    -Que grosero eh a mi no me echas nada

    -Perdón tía, pero bueno no culpe al tío de terminar rápido yo creo que igual terminaría rápido haha la primera vez por lo menos ya después no hahaha

    -Mira que atrevido me saliste he hahaha le dije a tu mamá

    -No tía como cree solo es broma

    -Pues mira que de broma en broma.

    La charla terminó, recogimos y Marco se puso a ver la tele un rato y se quedó dormido, yo me puse a hacer los quehaceres y no quise molestarlo. Cuando pase barriendo, noté que se quedó con las piernas bien abiertas y el short se le subió y dios mío puede ver ese animal, recostado en su entrepierna, gordo, cabezón, media más que el de mi marido ya erecto, me le quedé viendo, se veía delicioso en verdad y estaba ahí todo tranquilo, suave, flácido, era un gusano gordo negro bien alimentado, mire rápido su cara y estaba perdido, no pude evitar y le tome algunas fotos y toda nerviosa me fui al baño, cerré con llave y me di la masturbada de mi vida, me toqué como nunca, me froté tanto que terminé rosada, veía esas fotos y estaba tan mojada que tuve que limpiar el piso, veía y veía esa foto de esa polla negra y me la imaginaba comiéndomela, jugando con ella en mi boca, mordiéndola, tuve dos orgasmos donde me corrí como si me hubiera meado. Cuando acabé no podía levantarme me temblaban las piernas.

    -Tía le faltara mucho? (tocando la puerta)

    -Ya casi salgo (la voz no me salía estaba absorta, tarde otros 5 0 10 minutos)

    Al final salí.

    -Tía todo bien? Se ve amarilla,

    -Sí hijo, solo me maree un poco por eso me tarde

    -Tía le compró unas pastillas? Siéntese

    -No hijo todo bien ya pasó

    -Bueno me voy a bañar tía

    -Si hijo

    Las piernas me seguían temblando, no había pensado hasta ese momento si ella polla ya parada me cabria, o si me cabría completa.

    Pasaron dos días más en los que me intentaba controlar, seguimos platicando, algo subidos de tono pero no pasaba de ahí hasta que comprendí que nada pasaría si yo no lo provocaba así que decidí lanzarme, total, qué tenía que perder, o eso pensaba estando muy caliente.

    Al día siguiente en el desayuno platicamos normal de las universidades que estaba pensando, las carreras y de pronto salió el tema de las parejas, cuando se empieza la carrera, le comente cómo conocí a mi marido y como empezamos las primeras veces a salir y ahí fue donde aproveché y le conté que la primera vez que se lo toqué fue en el cine y lo masturbé y que se vino considerablemente, tanto que después al comer palomitas nos dimos cuenta de que les había caído leche, nos empezamos a reír y él me dijo que si me habían gustado, lo sentí como un reto para subirle otra raya, le dije que sí que me encantaron. No podía creer que estuviera contándole eso a mi sobrino.

    -Y si le gusto?

    -Bueno, la verdad es que pensé que la tenía más grande tu tío pero si si me gusto

    -Hahaha bueno me refería a la experiencia tía si en el cine

    -Ah perdón (me apené, pero tenía que sacar algo así) Si si me gustó mucho, pero ya hace años que no hacemos algo así

    -Bueno y si no es indiscreción tía cuánto le mide al tío?

    -Y para que quieres saber muchacho morboso he (fingí enojarme)

    -Bueno para saber cuánto se necesita para tener a una mujer como usted hahaha

    -Hahah si serás hábil eh… No le vayas a decir que te dije, pero 10 cm

    -Oh ya bueno ya parada es mucho más me imagino

    -No, ya parada hijo

    -Oh… perdón tía si ya entiendo

    -Por qué? A ti cuánto te mide?

    -Cambiemos de tema tía

    -Ah no ahora me dices, primero preguntas y después ya no quieres decir

    -Hummm es que… bueno, así sin parar 13 cm

    -Si serás loco eso no existe, no seas mentiroso he (yo sabía que si podía ser)

    -Ya ve por eso no quería decirle

    -A ver enséñame

    -Cómo cree tía no diga eso

    -Qué tiene sólo e vas a enseñar no?

    -No tía como cree que pena

    -Por qué pena? La tienes pequeña? Es eso verdad

    -Claro que no, mire

    Se levantó y bajo su short y colgando ahí estaba esa tranca morena moviéndose como péndulo, gruesa, algo venuda, depilada y cabezona. Se me escapó un “ay dios”.

    -Perdón hijo es que, nunca había visto una así de… grande.

    -Si le gusto?

    -Pero es que como se te para eso, si esta todo enorme

    En eso se acercó y yo hipnotizada no hice nada, me tomó de la mano y puso mi mano en su pene caliente que empezó a crecer y creer sin terminar, después tomó mi otra mano y en segundos estaba ya casi erecta y yo son mis dos manos que no podían rodearla ni abarcar lo largo, no podría creerlo estaba muy mojada solo de tocarla.

    -Vamos tía jálela

    Me tomó del cabello y me arrodillé instintivamente frente a esa verga, ese mástil negro y me lo metí a la boca posesa, no me cabía en la boca y yo chupaba como podía, lo lamía por todos lados, desde la base hasta su cabeza, le daba unas chupadas deliciosas, sabía a polla de verdad, tenía toda la boca abierta llena de su carne, él me sostuvo del cabello y empezó a empujar, a embestir mi boca como follándola, fuerte, pero con pausas, yo estaba extasiada por sentir en mi boca tremenda virilidad, mis ojos se me iban, sin darme cuenta mi mano ya estaba tocando mi vagina que estaba escurriendo clamando por ese polla, mi mano firme sostenía esa verga que masturbaba cada vez que él me la empujaba y mi boca chupaba y chupaba hasta atragantarme, sentía arcadas y me alejaba entonces tome el control, tome esa verga con mis dos manos empecé a masturbarlo como nunca, le chupaba su cabeza que apenas me cabía, mi lengua de un lado a otro rodeando su glande, metiendo en su orificio, a los costados de su glande y él gemía como animal, aguanto yo creo que otro minuto más y mi lengua seguía y seguía enrollando esa tremenda verga hasta que la sentí palpitar a punto de explotar y comiendo casi mordiendo sentir sus chorros en mi boca, yo intentaba tragar pero me fue imposible y me hice para atrás y otros dos chorros abundantes cayeron en mis cara escurriendo, solo otros tres yo creo o cuatro con menos leche pero considerables que fueron a mi barbilla, a mi cuello, a mi hombro y cabello, yo tenía 4 dedos adentro de mi vagina toda mojada y me los metí al a boca, estaba toda sucia. Marco cayo rendido en la silla con las piernas temblorosas.

    -Tía joder que mamada me acaba de dar, casi me saca el alma es una zorra tremenda.

    Yo me sentía tan putita, tan zorra, sucia y vi su polla escurriendo, que como gatita por leche fue a limpiarla y él gemía mientras se la limpiaba sin manos.

    Me quité la falda que llevaba y la blusa y empecé a restregar mis nalgotas en esa verga mojada, estábamos sudorosos y mis nalgas resbalaban de forma deliciosa en esa polla, en ese abdomen, sentía su polla meterse llena de fluidos entre mis mangas, entre mis muslos hasta que fue creciendo poco a poco y la sentía durísima, él me manoseaba las nalgas y me decía “que ricas nalgas tía, que sabrosa tía esta, mire toda esta carne, quiero cogerla durísimo” y eso me ponía a mi como una perra en celo, tomé su polla por en medio de mis piernas y la fui metiendo, me costó un poco, pero con lo excitada que estaba y lo mojada entró fácil. Sentí como me partió por la mitad, como me llenó, mis jugos se salieron por los costados de mi vagina y se escuchó como cayeron un par de chorros.

    Yo empecé a bajar lento, sentía ese mástil llegarme hasta el estómago, sabia y bajaba después más rápido hasta que mis nalgas chocaban fuerte con sus piernas y su polla me llenaba toda, sentía como me revolvía todo dentro de mi, empecé hacer círculos con mis caderas, su polla se movía dentro de mi y tocaba todo, me corrí y sentí como me meaba por un momento me asuste pues su polla salir de mi y chorros lo bañaron y parte de nuestra ropa tirada, pero no importó, me quedé temblando recargada encima de él de espaldas, él masacraba mis tetas, me repetía lo rica que estaba y lo patita que soy, las nalgotas y las tetas que tengo, que me cogería diario que el tío se fuera.

    Por alguna razón yo quería que entrara mi marido y nos viera, yo ahí, toda llena de leche, sudada, clavada en esa verga negra enorme, con las piernas temblando.

    Mientras pensaba eso, él se levantó, me llevó al sofá me aventó boca arriba y me abrió las piernas, ahí pude ver cómo me introducía ese palo enorme, su cabeza ebria poco a poco mis labios, lo viscoso de nuestros jugos sonaba delicioso, el sudor de su abdomen y su polla brillosa entrando me dio un orgasmo, pero no se detenía mientras temblaba él metía más y más y sacaba y metía y yo me convulsionaba no podía más sentir que me moría pero él no paraba yo lo empujaba, le decía que ya, pero no se detenía y me llegó otro orgasmo y gemía y gemía mis piernas cayeron pero él las levantó y empujaba su trozo, yo sólo sentía mis tetas moverse bruscamente con tanta embestida y de pronto algo que me hizo regresar en sí fueron sus gruñidos y el ardor dentro de mi embistió más lento otras tres o cuatro veces y en cada una un chorro abundante de leche grueso que sentía un placer inmenso, creo que era un deseo inconsciente de ser preñada, aunque eso no lo pensé en ese momento sino después.

    Nos quedamos tendidos ahí en el sofá, él encima de mí con su polla negra, lechosa dentro de y flácida, debió ser un buen rato porque nos dio hambre.

    Al final cuando despertamos, me dijo que no me bañara que quería que oliera así cuando llegara mi marido. Le hice caso. Ya en la noche mi esposo sólo me preguntó porque estaba sudando y le dije que había intentado una clase de spinning y que no me había bañado que me dolían las piernas. Me besó en mi boca donde había comido polla negra.

    Toda la noche estuve pensando si debía tomarme la pastilla del día siguiente, me sentía llena en ese momento, satisfecha no solo de placer si no como mujer.

    Por favor si les ha gustado dejen comentario o si hubo algo que no les gustó y voten, espero y entiendan mi situación.

  • Kelly, primera vez

    Kelly, primera vez

    Kelly pasaba horas en el chat con Saúl, le encantaba que él tuviera atención a sus problemas. Se veían en la escuela y compartían casi todo. Él era su mejor amigo. Se conocían desde la secundaria, cumplían 18 en la misma semana y festejaron yendo al cine. Ahí en la obscuridad de la sala sus manos se entrelazaron, se besaron un par de veces. Pero al final seguían siendo amigos.

    El viernes Saúl se acercó a Kelly para invitarla a su casa. —Vienes mañana y vemos una peli. —le dijo mientras chocaba su puño en su hombro. —¿que llevó?—preguntó ella un tanto emocionada. —Nada, yo compro helado y papas.

    Se despidieron sin más y el sábado Kelly se puso su vestido a rayas, ese que le hacía lucir bien su figura. Sabía que sus nalgas resaltaban con ese. Además era muy cómodo.

    Toco la puerta y abrió una versión con barba de Saúl —Hola, ¿Tu quién eres? —preguntó mirándola de arriba a abajo. —soy Kelly, buscó a Saúl. —¡Vaya que buenos gustos del enano! Pásale está en su cuarto. Subes las escaleras y a la derecha.

    Cuando cruzo la sala vio a dos chicos más, uno gordo y otro flaco de lentes.

    —¡Madre mía! ¿Quién es esa mamacita? —preguntó uno mientras la seguía con la mirada. —La novia de Saúl —Solo somos amigos. —intervino Kelly.

    —Pues tome apunto —¡como la traiga! —agregó el otro.

    Cuando entró al cuarto miro a Saúl en shorts, ahora se sentía una tonta por ir tan arreglada. —Pasa, ese vestido me gusta —le dijo mientras le tomaba la mano y la hacía girar. —Gracias, ¿y que vamos a ver? —preguntó mientras se instalaba sobre la cama. —Lo que quieras, algo que no veas en tu casa. —¡¿porno?!

    Los dos estallaron en una carcajada y luego Saúl tomó su computadora y tecleó unas cuantas cosas. —¿qué porno quieres ver? —Es broma —dijo ella sintiendo como el color se subía a sus mejillas.

    —solo uno, mira de dibujos japoneses, ¿esos te gustan? —Si

    Cuando por fin abrió, aparecieron un serie de ventanas con diferentes videos de —¿cuál ponemos? —No se ja ja el que quieras, solo uno.

    Un dibujo con cara de niña y una grandes caderas era abusado por una serie de animales de colores. Entraban y salían de ella mientras gemía como loca. Aunque el idioma era japonés, se notaba que disfrutaba. Y Kelly veía de reojo como un bulto crecía en el pantalón de Saúl.

    En la sala acabó el juego de Vídeo y en el silencio, unos gemidos se colaron.

    —¿Están cogiendo? —solo que ella hable japonés. —Shhh! Dijo René mientras subía lentamente las escaleras y les pedía que guardaran silencio.

    Para cuando reprodujeron el décimo video, el bulto dentro del pantalón era difícil de oculta. —Mira Como estás, ojalá tuviera así el cuerpo. LS dibujan bien sabrosas. —tú estás mejor, eres real y tienes más bonitas las nalgas.

    —Menso. —le dijo ella mientras se acostaba boca abajo sobre la cama.

    —en serio, oye. ¿Puedo verlas? —¿que? —tus nalgas… solo verlas, sin tocar.

    —¿y yo que? —te enseño mi… —tu primero. —dijo Kelly.

    Cuando Saúl se paró frente a ella, su pulso se aceleró, el bajo de tajo su pantalón hasta los tobillos y ahí a unos centímetros de su cara estaba aquella verga dura y grande. El olor era extraño, pero le gustaba. —ahora te toca a ti.

    Se inclinó para alzar el vertido de Kelly y su verga chocó contra su cara, ella apenas pudo moverse para evitar que chocara en su boca. Aun así, residuos de esa verga quedaron en su mejilla.

    —¡me vas a sacar un ojo! —Perdón. El dio un paso atrás y la miro subir su vestido hasta la espalda. Sus nalgas son hermosas, redondas y firmes. Además Kelly escogió sus cacheteros de encaje para ese día y lograban que ese culo se viera aún más espectacular.

    Sin embargo, ellos pasaron por alto un detalle. Olvidaron cerrar la puerta, su hermano y sus dos amigos estaban amontonados mirando por una rendija. Sin hacer un solo ruido.

    En cuanto Saúl puso sus manos sobre el culo de Kelly, ella sintió una energía eléctrica recorrer su cuerpo, las manos de su amigo masajeaban con suavidad, ella con los ojos cerrados disfrutaba del cosquilleo en sus nalgas.

    —Solo ibas a mirar. —le dijo con una sonrisa pícara —tú también puedes tocar.

    Aunque dudo un poco, con sus manos delgadas y suaves frotaba un poco aquel pedazo de carne, sentía la tibieza en sus manos y el olor que despedía, aunque era extraño seguía poniéndola cada vez más caliente. Quería probar, aunque no tenía idea práctica de cómo hacerlo. Lo más cerca que estuvo de perder la virginidad fue con su antiguo novio, pero a él no se le levantaba ni con grúa.

    —¿y si me lo chupas… un poquito? —dijo esperando que ella no saliera corriendo de ahí. —Íbamos a ver pelis, ¿o me trajiste para que te la mamara? —ella quería seguir teniendo el control de las cosas, aunque sabía que está lejos de ello. —Bueno, levanta un poco tu culo, siempre te imagino empinada. —¡que cerdo! —le dijo mientras levantaba su culo y él tomaba con más firmeza sus nalgas. Metiendo sus manos bajo su cachetero.

    Mientras tanto detrás de la puerta. Joel, el amigo obeso de René se sacaba la verga para masturbarse. —¿qué haces hijo de puta? —Le reclamó René en voz baja. —está muy buena, yo me la jalo sí o sí. Ricky asintió mirándolos a ambos y bajo su cierre mientras miraban como los labios de Kelly comenzaban a besar la verga de Saúl.

    Sentir como aquellos labios rozaban su verga lo prendió más y pronto sus dedos encontraron resguardo en los agujeros de Kelly, ella pegó un respingo y brincó hasta quedar boca arriba, trato de acomodarse el vestido, pero Saúl se lanzó de cabeza entre sus piernas. Su cabeza desapareció bajo el vertido, ahora eran los labios de él los que besaban, el lamía con una intensidad indescriptible.

    —¡haaa! ¡Haaa! —Un hilo de voz convertido en gemidos escapaba de su garganta, mientras sentía como se humedecía cada vez más.

    —¡Estas deliciosa! —Saúl solo tomaba una pausa para decirle cuanto deseaba que llegara este momento. —¡que rico! —Ella se aferraba a sus cabellos con ambas manos, sosteniendo su cabeza mientras él se hundía en su intimidad.

    La humedad entre sus piernas la tenía con los ojos apretados disfrutando de aquella lengua. De la misma manera la boca abierta de los tres tras la puerta babeaban. Los pequeños gemidos los tenían hipnotizados. Tanto que al recargarse en la puerta poco les importaba que se abriera poco a poco. Cuando Saúl sacó su cabeza de entre las piernas de Kelly ella se abalanzó sobre él y metió la verga en su boca. Sentía el sabor, aunque había estado cerca, nunca había probado una verga. Ahora experimentaba el sabor salado de aquel pedazo de carne, sentía como Saúl daba respingos cada que ella chupaba. El sabor en su boca era nuevo, no sabía que tenía de especial pero le encantaba.

    —¡haaaquerico!

    —…

    Ambos estaban con los ojos cerrados, el recibiendo aquellos labios y ella explorando la textura y sabor en su boca, cuando un golpe los hizo reaccionar. El hermano y sus amigos estaban de pie con sus vergas en la mano. El sonido fue del teléfono de Joel que sacó su teléfono y al intentar grabar se le cayó al piso.

    —¡No mames! —dijo Saúl mientras veía a Kelly acomodarse el vestido y limpiarse un poco la saliva y fluidos que tenía en la boca.

    —¡No es lo que piensas hermanito!

    —¿No? —dijo Saúl señalando sus vergas aún al aire.

    —Solo queremos un poco —dijo Ricky señalando a Kelly que tenía cara de espanto.

    —¿estas pendejo?

    —No no, entiendes mal. Solo que nos la chupe un poco —dijo Jöel nuevamente señalando a Kelly.

    —¡¿No estaban con su pinche juego de nerds?! —Dijo Saúl ya molesto y señalando a Kelly agregó— ¿y cómo porque ella les va a chupar la verga pendejos?

    —Pues pregúntale —Dijo René cerrando el ojo de manera amistosa.

    Ahora todos la miraban y ella en medio de todo aquel alboroto tragaba saliva.

    —¿Solo chupar? —Saúl la miro extrañado, ¿cómo podía imaginar siquiera chupárselas a esos cabrones cuando a él le tomó años llegar a esa situación?

    —Si si, solo chuparias un poco.

    —Bueno…

    —¡¿QUÉ?! —dijo Saúl ya molestó.

    —Tu si puedes hacerme lo que quieras —le dijo tratando de calmarlo, estaba llena de dudas, ¿sabrían igual aquellas vergas? Quería experimentar.

    Ella se arrepentiría de esas palabras cuando sintió aquella verga atravesando su sexo, un ardor indescriptible lleno su interior. Mientras ahogaba su grito, Joel metía la fuerza su verga en aquella pequeña boca. Saúl miraba como su verga entraba lentamente, le costaba mucho trabajo meterla, sentía como Kelly se estremecía, mientras de frente veía bufar a Joel, sudaba y tenía esa cara de loco, su hermano estaba mirando cada gesto de ella, Ricky empujaba para tomar turno de aquellos labios.

    —¡haaaaa! —El dolor hacía que ella gimiera, el aliento sobre la verga del gordo lo tenía a punto.

    —¡No mames vas! —Le dijo Joel a Ricky para evitar venirse tan rápido.

    —¡haaaaa! —Le verga de Saúl entró por completo y unas cuantas lágrimas escurrieron por las mejillas de Kelly, rodando hasta mojar la verga de que entraba en su boca, para mezclarse con su saliva y aquel sabor salado.

    —¡haaaay! —Saúl miraba como un hilo rojo manchaba el preservativo y chorreaba su cama, estaba aferrado a las nalgadas de Kelly, tenía el corazón acelerado y ahora sentía un frío indescriptible. “Es Virgen” pensó para si.

    —¡haaa! ¡Haaa! HAAY! —Saúl tomaba ritmo rebotando contra aquellas hermosas nalgas. Sudaba y no separaba la vista de su hermano y amigos. Como queriendo evitar que se dieran cuenta de que era la primera vez de Kelly.

    Kelly aprovechaba los turnos que tomaban los tres chicos delante de ella, para jalar aire y pujar. Había pasado ya el dolor y ahora empezaba a sentir placer. Aunque quería ver a Saúl, le era imposible, entre uno y otro la mantenían mamando verga. Su quijada comenzaba a adormecerse, ya no chupaba, solo mantenía la boca abierta recibiendo los embates de aquellos trozos duros que, entre más pasaba el tiempo más fuerte empujaban, aunque las de los amigos no eran tan grandes, la verga de René si entraba hasta su garganta, se sentía asfixiada, y no podía respirar.

    —¡haaag! ¡Haaag! —¡NO MAMES QUE RICA!

    —¡déjame que yo ya casi me…! —Joel apenas alcanzó a empujar a René, ni siquiera metió su verga, el semen chocó contra la cara de Kelly, subiendo hasta su frente para luego escurrir por sus mejillas, no podía abrir bien los ojos, un chorro le dejo ambos párpados pegajosos. El líquido caliente le escurría y ella trataba de jalar aire, pero duró poco. Ricky ocupó su boca nuevamente.

    —¡haaag! Haaaggg! —Ricky estaba por explotar y mirar a su hermano rebotando contra aquella muñequita lo ponía aún más a punto.

    —¡No mames, no mames… haaa! —Unos chorros intensos mojaron la cara ya húmeda de Kelly, ahora podía jalar aire pero el semen le entraba por la orilla de los labios. Además, Saúl empezaba a ir más aprisa. Chocaba contra ella con una fuerza inimaginable, mientras ella contenía la respiración sentía como la mirada se le iba a blanco y el calor en su interior se multiplicaba. Sus piernas perdieron fuerza.

    —Aaaah ahhh ahhhh! —Además de probar el sabor a verga, semen y perder la virginidad. Kelly experimentó un orgasmo. Saliendo del trance, Saúl seguía penetrándola, apenas y contenía la respiración entre tanto jadeo, sintió como Saúl salía de ella y enseguida unos chorros calientes bañaban sus nalgas, el restregaba su verga contra sus caderas, podía sentir como temblaba detrás suyo.

    —¡Guau! —Cuando escuchó la voz de Joel, recordó que no estaban solos y abrió los ojos. Los tres se jalaban el miembro frente a ella.

    Como pudo, Saúl los sacó de su habitación y ayudó a Kelly a llegar al baño. Le presto una toalla para que se duchara. —Ahí hay jabón y shampoo, lo que necesites estaré aquí afuera.

    —Gracias —Kelly se quedó un par de minutos frente al espejo, mirando aquellos restos de semen en su rostro. Le gusto todo, pero le encanto tener a Saúl dentro.

    Salió desnuda, besó a Saúl, tomó su vestido, él la miraba con la boca abierta. Se despidió, en la sala los tres amigos fingían jugar frente a la consola. Seguían con la verga durísima.

    El siguiente sábado Kelly toco a la puerta, René abrió, pero no supo que decir. La miraron subir la escalera con aquella minifalda. Aunque esta vez, el seguro de la puerta les impidió la entrada.