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  • Noche de sexo con amigas

    Noche de sexo con amigas

    Mi nombre es Macarena y quisiera contarles que junto con dos amigas tuvimos sexo con unos hombres que conocimos una noche.

    Todos los viernes salgo a bailar junto con dos amigas (Sofía y Nayla) y en una de esas noches conocimos a cuatro experimentados hombres que habían ido a festejar el cumpleaños de uno de ellos y con los cuales pasamos toda la noche juntos. Luego cerca de las tres de la mañana nos preguntaron si queríamos ir a la casa de uno de ellos y nosotras les dijimos que sí y entonces nos subimos al coche de uno de ellos y en el camino hacia esta casa nos detuvimos a comprar bastantes bebidas alcohólicas.

    Cuando llegamos a esta casa lo primero que hicieron fue poner música y abrir las botellas de alcohol, luego empezamos a bailar con ellos y a tomar todo el alcohol que pudiéramos.

    Como el alcohol nos pone bastante cachondas empezamos a bailar entre nosotras de forma muy provocativa y también a frotarles nuestras colas sobre sus bultos. Entonces en un momento dado ellos se dieron cuenta que estábamos bastante desinhibidas y nos empezaron a manosear por todas partes. Nosotras antes esta situación continuamos bailando y también les empezamos a tocar el bulto a cada uno de ellos.

    No recuerdo bien como sucedió, pero lo poco que recuerdo es que uno de ellos sacó su poronga y luego como él lo hizo, todos lo hicieron. Creo que fue Nayla la que se dio cuenta de la situación y empezó a masturbar a dos de ellos, luego nosotras dos nos sumamos y después sin darnos cuenta ya estábamos arrodilladas en el suelo chupando las pollas de estos cuatro hombres.

    Ellos estaban alrededor nuestro y se iban moviendo para dejarle el lugar al otro para que cada una de nosotras probáramos sus pollas peludas. Éramos tres chicas de entre 18 y 20 años que se encontraban en el suelo de una casa comiendo las pollas de unos hombres que tenían cerca de 40 años.

    Lo que recuerdo que pasó luego fue que uno de ellos levantó del suelo a Sofía, le subió un poco la pequeña minifalda que traía puesta y contra la pared se la empezó a empotrar delante de todos nosotros. Los demás no se quedaron atrás, a mi me subieron al sofá y entre dos me empezaron a dar pija por detrás y por delante. A Nayla también le subieron la minifalda y se la empezaron a follar de parado.

    Luego hay una imagen que no voy a olvidar nunca más que es cuando mis amigas juntas las dos le comieron el nepe al cumpleañero mientras eran folladas por detrás, tremenda imagen que siempre va a quedar en mi memoria.

    Luego no sé en que momento quedamos todos en bolas y nos llevaron a una habitación y allí hicimos de todo menos dormir.

    Nos abrieron las piernas y nos comieron el coño, chupamos pijas hasta las 6 de la mañana, nos reventaron el culo a las tres entre los cuatro y lo más lindo fue que entre las tres nos compartimos toda la leche de ellos y resultó ser algo bastante delicioso.

  • Tras bambalinas (Parte 6)

    Tras bambalinas (Parte 6)

    Después de una cita en donde Anthony y Serena pudieron conocerse mejor y volver aún más fuerte su relación, los novios volvieron a su habitación en el Centro Pokémon en donde se encontraron con una inesperada sorpresa de parte de sus pokémon, aunque en lugar de molestarse decidieron divertirse al igual que ellos y practicar la posición del perrito.

    —¡Serena, tu coño se siente tan bien! ¡Siento que me aprieta a cada momento! —exclamó Anthony, quien embestía de forma salvaje a su joven amante de cabello miel, mientras que la oriunda de Kalos prosiguió a darle un fugaz beso

    —¡A mí me encanta que me folles con tu maravillosa polla, mi amor! —habló ella entre gemidos, a la vez que movía sus caderas con suma desesperación —Ya casi me corro, Amo… ¡POR FAVOR…! ¡SUÉLTALO ADENTRO…!

    —¡RECIBE TODO MI AMOR, SERENA! —dijo el joven, quien sostuvo entre sus manos los firmes y suaves pechos de la artista, antes de dar una última y profunda estocada, descargando una gran cantidad de semen en el útero de su linda novia, quien lanzo un gran y profundo gemido mientras sus ojos se perdían ante el glorioso momento de su orgasmo, ella podía sentir como la caliente esencia de su novio la llenaba por dentro.

    Anthony enseguida salió de su unión, observando fascinado como el coño de su novia comenzaba a escurrir, dándole una escena maravillosa.

    —Mi amor… Eso fue fantástico… —comentó ella, encontrándose agotada y muy sudorosa, pero con una linda sonrisa en sus dulces labios que adornaba su rostro, mientras tocaba su vientre con mucho cariño. —Me encantaría poder quedar embarazada de ti, mi cielo, mi Amo.

    Al oír eso él le sonrió con ternura y acarició con cuidado un mechón del fino cabello color miel de la chica de ojos azules —A mí también me gustaría, Serena —e instintivamente le dio un beso al estilo Kalos, batallando un rato con sus lenguas hasta finalizarlo en un hilo de saliva —Estoy seguro que nuestro hijo sería hermoso.

    Al escuchar esas palabras los ojos de Serena brillaron entre un sentimiento de felicidad y amor, antes de sonreírle con dulzura y abrir sus labios para decir —Te amo Anthony, te amo tanto.

    A lo que él le sonrió de igual manera —Yo también te amo, mi dulce miel —antes de cubrirla entre las sábanas y envolverla en sus brazos, dando por finalizada su sesión de amor. “Y por él es que debo crear un mundo mejor” pensó Anthony mientras acariciaba con cariño el vientre de su amada antes de quedarse dormido.

    Al día siguiente después de desayunar y de darle una ligera reprimenda a sus pokémon iniciales, los chicos entregaron la habitación y salieron de Ciudad Fortree tomados de la mano para continuar con su viaje.

    —De acuerdo con mi Nav para llegar a Ciudad Licovely tenemos que recorrer las Rutas 120 y 121, mi amor —mencionó Serena muy alegre.

    —Eso es excelente, no me gustaría que te perdieras el Gran Festival por mi culpa —comento el claramente aliviado.

    —Bueno sobre eso, desde que te conocí ya no tengo ningún interés de participar en el Gran Festival —contestó la chica de cabellos miel haciendo que su novio se detuviera en seco — ¿Sucede algo, Anthony? —preguntó ella muy extrañada por la acción del chico.

    —Serena, a pesar de que ahora eres mi novia, no quisiera que te olvides de tus propios sueños. Recuerda que tú quieres ser la mejor performer y coordinadora del mundo, y yo sé que lo lograrás, por eso no me perdonaría si tú sueño se truncara por mi culpa —dijo el chico de forma sincera, mientras que Serena escuchaba con atención cada una de sus palabras, por lo que no pudo evitar que una sonrisa se formará en su rostro mientras el chico hablaba.

    —Anthony, mi amor ¡Eres el mejor! —la chica estaba muy emocionada y no dudo en demostrarlo uniendo sus labios con los de su novio en un tierno beso, que el correspondió de inmediato.

    Una vez que se separaron la oriunda de Kalos sacó a sus pokémon para ofrecerle a su novio una hermosa exhibición de sus habilidades, después de la cual siguieron su camino por la Ruta 120, la cual tenía la particularidad de siempre tener un clima lluvioso.

    La pareja trato de atravesarla lo más rápido posible, pero en su camino se encontraron con varios entrenadores, quienes continuamente los desafiaban e impedían su paso, por lo que pronto se resignaron y decidieron combatir. Pero esa situación le vino muy bien a ambos ya que les permitió entrenar, además de que Serena conoció a los demás pokémon de su novio: un Milotic, un Gengar, una Absol y un Gallade, y que los últimos 3 eran capaces de megaevolucionar.

    — ¡Eres muy fuerte, mi amor! —exclamó Serena alegremente animando a su novio mientras luchaba con un entrenador. La incansable lluvia había hecho que su ropa se pegara a su cuerpo, resaltando su figura y sus pechos, dando un espectáculo memorable.

    —Muchas gracias, cariño —contestó el chico un poco apenado pero muy feliz, para abrazar y besar a su novia, mientras le agradecía a su oponente por la pelea, quien por más que lo intentaba no podía quitarle los ojos de encima a la hermosa y empapada joven y no podía evitar sentirse celoso de lo afortunado que era su oponente.

    Unos minutos después por fin llegaron al final de la ruta y decidieron acampar mientras ponían a secar sus ropas. El amablemente dejo entrar primero a Serena para que se cambiara y cuando ella se lo indico entro a la tienda para encontrarse con una hermosa imagen.

    La chica estaba recostada encima de su saco de dormir, pero tenía totalmente desabrochada la sudadera de su pijama dejando a la vista que no usaba sostén.

    —Entra, mi amor, te estoy esperando —dijo la chica con una voz en extremo seductora que dejo al chico sin habla y estático a la entrada de la tienda, admirando la belleza que estaba frente a él.

    —Bueno si tú no vienes, entonces yo iré —respondió ella poniéndose a gatas y comenzando a avanzar hacia Anthony, antes de quedar de rodillas frente a su novio y sin previo aviso comenzó desabrochar sus pantalones y sus bóxer para tomar su miembro entre sus manos.

    —Nunca he hecho esto antes, mi Amo, pero parece que a los hombres les encanta y yo quiero intentarlo para ti —anunció Serena mientras sus suaves y finas manos recorrían con amor y devoción el pene del chico haciéndolo reaccionar de inmediato.

    En un principio parecía que el plan de Serena era el de masturbar a su novio, pero ella comenzó a pasar su lengua por encima de su excitado miembro, dándole tiernas lamidas como si se tratara de su paleta favorita, y para Anthony esa era una sensación fantástica, gruñía sin parar y cerró los ojos a causa del placer.

    — ¿Te gusta lo que hago, mi amor? —preguntó la chica con timidez, interrumpiendo su tarea por un momento, y esperando estar complaciendo de forma correcta a su dueño.

    —Me encanta, por favor no te detengas, preciosa —pidió el, aunque ella no le respondió con palabras, ya que una nueva e increíble sensación se propagó por todo su cuerpo obligándolo a abrir los ojos, Serena se había metido su pene en la boca.

    La chica sentía el ardiente pene de su Amo en su boca y comenzó a recorrerlo de manera lenta, acostumbrándose al sabor y a la sensación. De forma que en cuando el abrió los ojos sus miradas se encontraron, ella no dudo y comenzó a hacer su trabajo cada vez más rápido, sin apartar su mirada de la de su novio, de ver el placer nublando aquellos ojos que tanto la encantaban.

    —Serena, se siente tan rico ¡No te detengas! — gimió Anthony sin despegar la mirada de los ojos de su novia, de esos hermosos orbes azules donde se reflejaban el amor, la adoración, el deseo y la lujuria.

    —Serena ¡Me corró…! Ahh… ¡ME CORRÓ! —gritó Anthony soltando una gran cantidad de semen en la boca de la su novia, quién de inmediato comenzó tomárselo, saboreándolo de una manera bastante lujuriosa, hasta que no quedó ni una sola gota

    —Estuvo muy rico, mi amor, tanto que me haré adicta a esto —dijo Serena tras dejar totalmente limpio el pene de su amado.

    Y aunque el chico quedo exhausto y entró en la tienda, no le parecía justo que solo el disfrutara, así que comenzó a besar a su novia mientras sus manos quitaban el short rosa de su pijama, para descubrir que Serena tampoco usaba bragas.

    —Recuéstate mi amor y abre tus piernas —pidió con dulzura y la chica de inmediato obedeció, sin dudarlo Anthony comenzó a besar sus suaves y blancas piernas comenzando desde la punta de sus pequeños pies, subiendo poco a poco, apenas rozando su piel con sus labios y deslizando su lengua sobre la cara interna de sus muslos, subiendo poco a poco hasta que su nariz se topó con su vulva, sacándole algunos leves gemidos a la chica.

    El pelinegro humedeció un poquito su dedo índice y lo deslizo por el pubis de Serena hacia abajo, jugueteando con el poco vello de su novia, apenas rozando sus labios y subiendo muy lentamente, presionándolo con la yema.

    —Ahh… ¡Que rico!… ¡No pares Amo! …— suplico la chica entre suaves gemidos, mientras el dedo del chico se deslizaba lentamente bordeando su clítoris, apenas rozándolo. Ella disfrutaba enormente el tratamiento y lo demostraba con profundos suspiros de placer en el momento en que el puso su dedo sobre su excitado clítoris y empezó a masajearlo, haciendo pequeños círculos sobre él y presionándolo con la yema muy despacito.

    Por su parte Serena comenzó a jugar con sus rizos oscuros, acariciando su nuca y con mucha suavidad empezó a empujar la cabeza de sus amado contra ella —Ahhh… ¡Adentro! Ahhh… ¡Con-continua! —suplico mientras el deslizaba hábilmente su dedo hacia abajo para que su lengua ocupara su lugar, bordeando su erecto clítoris, humedeciéndolo y besándolo, hasta que sus labios lo envolvieron y comenzó a juguetear con él dentro de su boca, lamiéndolo y presionándolo con su lengua.

    El siguió succionándolo con mucha suavidad y ella estiró las piernas cerrándolas un poco. Anthony sentía la presión de sus suaves muslos sobre su cara, se podía notar la agitada respiración de Serena mientras suplicaba —Ahh A-amo… ¡Me corró…! Ahh… ¡ME CORRÓ! —tras lo cual soltó un profundo gemido de placer que junto con la gran cantidad de fluidos que llenaron el rostro del pelinegro indicaron que ella finalmente había llegado al orgasmo.

    —Estas deliciosa mi amor— dijo mientras saboreaba con gusto los dulces fluidos de su novia para darle un cariñoso beso que ella correspondió —Sin duda eres la mejor, mi Serena —envolviendo a la chica en sus brazos, para finalmente caer dormidos por el cansancio.

    Al día siguiente, Serena se levantó temprano para hacer el desayuno, después del cuál los novios recorrieron la Ruta 121, la cual aunque era más corta que la anterior y no tenía lluvia también estaba plagada de entrenadores que querían luchar. De forma que fue cerca del mediodía cuando finalmente llegaron a su destino: Ciudad Licovely.

    Después de pedir una habitación en el Centro Pokémon, ambos novios decidieron tener una cita y al pasear por la ciudad se enteraron que ese mismo día se celebraba un Concurso en el auditorio de la ciudad. Como la oriunda de Kalos ya poseía los listones necesarios para entrar al Gran Festival, entraron al evento únicamente como espectadores.

    Sin embargo el nivel de la mayoría de los participantes era bastante malo y no causaba una gran impresión en el público. Los novios estaban por irse cuando la aparición de una chica morena de ojos verdes con un vestido rosa los hizo desistir, ya que Serena había visto algo familiar en ella.

    Sin duda alguna esa linda chica se robó por completo los reflectores y la atención de la audiencia, a leguas se notaba que ella ya tenía experiencia en el escenario y lo demostraba.

    —No puedo creerlo ¡Es Shauna! —mencionó Serena con emoción al reconocer a su amiga y rival de Kalos.

    — ¿La conoces, amor? —preguntó al escuchar a su novia, pero sin dejar de prestarle atención a esa linda morena y tomando nota de su increíble cuerpo.

    —Sí, cariño. Ella es una de mis mejores amigas, ambas competimos en la Clase Maestra en Kalos y gracias a ella decidí ser una Performer. Además ella es muy bella ¿No lo crees? —ante esa pregunta el sólo asintió y ella lo miraba expectante.

    —Amor ¿Puedo preguntarte algo? —mencionó Serena de forma seria en cuando salieron del auditorio.

    —Claro, cielo ¿Qué pasa? —el de inmediato notó la inseguridad que había en la voz de su novia.

    — ¿A ti te gustaría tener sexo con otras chicas aparte de mí? —preguntó Serena viéndolo directamente a los ojos.

    —Seré muy sincero contigo, en verdad es algo que me gustaría mucho. Pero no lo haré porque yo te amo a ti, Serena —contestó Anthony sin dudar ni un momento.

    —Yo también te amo Anthony y mucho, por eso te agradezco mucho que seas honesto conmigo —la chica se acercó para darle un suave beso —Pero te estas olvidando de algo que es muy importante, cariño.

    La respuesta de su novia dejo al chico sin palabras, hasta que comenzó a comprender lo que la chica quería decirle.

    —Veo que lo recordaste, mi Amo; Yo soy tu fiel esclava y haré todo lo que me digas, y si tú lo deseas aceptaré que tengas a otras chicas, pero… Me gustaría pedirte algo a cambio, un pensamiento egoísta… ¡Por favor, no permitas que una de tus nuevas esclavas me robe tu amor! ¡Por favor!

    Al escuchar eso Anthony no pudo evitar conmoverse, ya que Serena no sólo le había entregado su cuerpo, sino también su corazón y lo que él menos deseaba era lastimarlo —No tienes que preocuparte por eso, sin importar lo que pasé, mi corazón solo tiene y tendrá una dueña y esa eres tú, Serena —tomando suavemente su rostro y dándole un beso en la frente.

    La inseguridad de la chica desapareció con aquel gesto y no se resistió a unir sus labios con el del hombre que amaba y al separarse tenía una radiante sonrisa en su rostro — ¿Y has pensado en que chicas quisieras como tus nuevas esclavas, mi amor? —preguntó ella con curiosidad.

    —En realidad no, pero dadas las circunstancias. Creo que podría empezar con tu linda amiga Shauna ¿Qué te parece, mi amor?

    —Me gusta la idea, sería agradable que mis nuevas compañeras no sean unas completas desconocidas para mí, además note que Shauna te gusta —contestó ella con una risa cómplice.

    —Tienes razón mi amor, veo me conoces muy bien y también sé que no me vas a fallar, así que iremos tras tu amiga —comentó Anthony con tranquilidad, sacándole una sonrisa a la chica.

    —Te lo prometo, mi Amo. Está noche Shauna estará en nuestra cama y lista para ser toda tuya —le susurró Serena traviesamente al oído.

    De vuelta al auditorio en donde se celebró el Concurso, a nadie le sorprendió que Shauna obtuviera la victoria y después de recibir su último listón, la morena se dirigió a su camerino, en donde la esperaba una sorpresa.

    — ¡Hola Shauna! —gritó nada más y nada menos que la última persona que la bella chica de ojos verdes esperaba ver: Su amiga Serena.

    — ¡Serena! ¡No sabes cuánto gusto me da verte! ¡¿Pero qué haces aquí?! Yo creí que estarías en Kalos.

    —Bueno, alguien me dijo que los Concursos Pokémon serían un buen incentivo para mejorar mis Performance así que decidí venir a Hoenn —contestó la chica de cabellos color miel con su habitual y encantadora sonrisa.

    — ¿Entonces también participarás en el Gran Festival, no Serena? —preguntó la morena con curiosidad mientras Serena le mostraba sus 5 listones.

    —Es asombroso, entonces seremos rivales de nuevo ¿Pero quién es él? —preguntó al notar la presencia de Anthony.

    —Cierto olvide presentarlos, Shauna te presento a mi novio Anthony, y amor te presento a mi amiga Shauna —contesto la chica con calma y una seguridad que desconcertó un poco a la morena.

    —Es un placer al fin conocerla, señorita Shauna, mi linda Serena me ha hablado mucho sobre ti —contestó el chico haciendo una leve reverencia y tomando la mano de la morena para besarla.

    —E-el placer es todo mío —contestó Shauna tremendamente nerviosa por aquel gesto tan galante.

    —Imagino que querrán pasar un tiempo de chicas a solas ¿No, cariño? —comentó el chico con naturalidad y aparentemente sin notar el impacto que su saludo causó en la amiga de su novia.

    —Sería muy divertido, cariño. Shauna y yo tenemos tanto que contarnos —contestó Serena y en ese momento sin que nadie lo notara Anthony liberó a Fennekin, quien de inmediato se puso en los brazos de Serena, el pokémon miro a su entrenador quién sutilmente le señaló a Shauna dándole a entender que era a ella a quien debía hipnotizar y el asintió con una cabezada.

    —Parece que Fennekin quiere ir contigo, al menos así estaré más tranquilo, tú ve a divertirte con tu amiga, preciosa. Yo aprovecharé la tarde para entrenar y te veré en el Centro Pokémon —dijo el chico antes de besar a Serena y al detenerse tomar nuevamente la mano de Shauna y posar nuevamente sus labios en ella mientras salía del lugar dejando solas a las chicas de Kalos.

    —Anthony es un amor ¿No amiga? —preguntó Serena con una sonrisa mientras miraba a su novio salir del lugar.

    —Seguro que lo es —contestó Shauna, quien aún estaba perdida en sus pensamientos e inconscientemente se tocaba la mano que el chico había besado —Pero tengo una pregunta Serena ¿Cómo fue que paso? Hasta donde yo recuerdo a ti te gustaba Ash.

    —Salgamos de aquí, amiga, y vayamos de compras. He oído que el Centro Comercial es increíble y te contaré todo en el camino —le pidió Serena.

    Así que una vez que ambas chicas salieron del auditorio, Serena le contó a Shauna acerca del beso que le dio a Ash en el aeropuerto y de la falta de reacción del azabache.

    —Entonces ¿El… no hizo nada? —preguntó con incredulidad la chica de ojos verdes.

    —No, pero tampoco es como que esperara que me detuviera o que viniera conmigo. Al principio pensé que simplemente lo sorprendí demasiado y que por eso no me correspondió, pero con el paso de los días esa idea fue desapareciendo, de nuestro grupo es el único que nunca ha intentado comunicarse conmigo, ni una sola llamada ni nada.

    —Entonces fue cuando conociste a Anthony, ¿No? —preguntó Shauna comprendiendo lo frustrada y triste que su amiga debió sentirse.

    —Sí, fue al terminar el primer concurso en donde participe —mintió la chica de cabellos color miel, con la intención de que su amiga no sospechara nada, antes de añadir —Debo decir que al principio fui un poco fría con él, bueno desde que llegue a Hoenn muchos chicos me habían invitado a salir y no creí que el fuera diferente, además yo aún tenía la esperanza de que Ash diera alguna señal de vida.

    —Sin embargo Anthony es tan caballeroso y lindo conmigo, que poco a poco fue derribando mi frialdad y me invito a viajar con él para recorrer la región. Al principio yo traté de negarme, pero él es muy persistente y sobra decir que el termino por convencerme —comentó ella con una risita antes de continuar —Fue durante el transcurso del viaje en que con su caballerosidad lentamente fue conquistando mi corazón y cuando me di cuenta ya estaba totalmente enamorada de él. Anthony me hizo sentir querida y deseada como nadie lo había hecho antes, desde que lo conocí siempre ha estado al pendiente de mí y fue en Ciudad Fortree donde el me confesó que también estaba enamorado de mí y me pidió ser su novia.

    —Vaya es una historia muy linda. En verdad desearía que algún día un chico me quisiera de la misma manera —contestó la morena con los ojos en forma de corazón.

    —Sé que lo harás amiga y por cierto ¿Viniste sola o te acompañan Tierno y Trevor? —preguntó Serena con interés.

    —Estoy viajando sola. Inicialmente vine a Hoenn de vacaciones con mi familia, pero en cuando descubrí los Concursos les pedí permiso a mis padres para quedarme, y los chicos se quedaron en Kalos ayudando al Profesor Sycamore —respondió Shauna sin notar las verdaderas intenciones de su amiga con esa pregunta.

    “Perfecto. Así que esos 2 estorbos no están aquí. Sin duda esta es la oportunidad perfecta para convertir a Shauna en una esclava de mi Amo” pensó Serena con alegría, mientras le sonreía a su amiga, y empezaron a platicar sobre la travesía de Shauna por la región.

    En cuanto las chicas dejaron de ponerse al día ya estaban enfrente del Centro Comercial, así que después de pasar mucho tiempo yendo a múltiples tiendas en donde ambas amigas compraron varias cosas, fue cuando la chica de ojos azul arrastro a su amiga hacia una tienda en particular.

    —Serena ¿Sabes esta es una tienda de lencería, verdad? —preguntó Shauna muy avergonzada al darse cuenta de la tienda frente a la cual estaban.

    —Ya lo sé Shauna, pero muy pronto será el cumpleaños con Anthony… Y me gustaría poder darle una sorpresa, así que ayúdame a escoger algo que le guste ¿De acuerdo? —pidió Serena con una seguridad que la morena no recordaba que su amiga tuviera.

    —No estoy muy segura de esto, Serena —dijo la chica bastante apenada y muy sorprendida al ver esa faceta de su amiga.

    —Bueno si no estás segura, puedo venir otro día, Shauna. Aunque me habría gustado mucho que fuera una amiga y no una desconocida quien me ayudará a elegir algo bonito —contestó Serena fingiendo tristeza.

    —Está bien, te acompañaré solo porque eres mi amiga —se resignó Shauna haciendo feliz a su amiga.

    —Oye Shauna antes de entrar debo de pasar al tocador ¿Te importaría cuidar de Fennekin en lo que regreso? —preguntó Serena mientras le guiñaba un ojo al zorro shiny, quien asintió levemente, todo sin que la morena se percatara, y se fue.

    —Está bien —dijo Shauna mientras tomaba al pokémon en sus brazos y se sentaba en una banca enfrente de la tienda en donde Serena quería entrar. Ella aún esperaba hacer cambiar de opinión a su amiga, ya que le daba mucha vergüenza entrar a ese tipo de tiendas, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el pequeño Fennekin, quien la llamaba con su pata.

    — ¿Que sucede pequeño? —preguntó la performer con ternura mientras se volteaba a ver al pokémon —Te han dicho que eres muy hermoso, nunca antes había visto a un Fennekin de este color…? —pero Shauna ya no pudo continuar porque la mirada del zorro se tornó de un color morado y se clavó en sus ojos verdes dejándola en un profundo trance.

    —Buen trabajo Fennekin —comentó Serena, quien solo se había alejado lo suficiente para que su amiga no pudiera verla y acaricio al pokémon en su cabeza antes de acercarse a su amiga para decirle al oído

    —Escúchame muy bien Shauna, ahora estás totalmente hipnotizada y bajo mi control. Y desde ahora obedecerás cada orden que te dé sin dudar. ¿Lo entiendes?

    —Si, Serena… Lo entiendo —contestó la hipnotizada chica con la mirada perdida, mientras miraba los ojos de Fennekin, quien seguía usando Hipnosis en ella.

    —Muy bien amiga, entonces entremos a la tienda y compremos la lencería más sexy que encontremos —ordenó la chica de cabellos miel mientras que la hipnotizada Shauna asintió y se puso de pie, obedeciendo la orden que se le dio.

    De esa manera ambas chicas recorrieron los diferentes estantes del negocio comprando varios bikinis, tangas, baby doll, corsés, ligeros, disfraces y medias en diferentes colores y estilos; todas eran prendas que por sí mismas eran capaces de volver loco a cualquier hombre.

    Y después de comprar lo que buscaban las dos chicas de Kalos volvieron al Centro Pokémon, en donde las esperaba Anthony y una simple orden de Serena basto para que Shauna siguiera a la pareja hasta su habitación.

    En cuando ambos chicas entraron Anthony rápidamente cerró la puerta, mientras la hipnotizada chica de ojos verdes se quedó quieta en el centro del cuarto, y se acercó a su novia para besarla y tocar descaradamente su trasero.

    —Lo hiciste muy bien, preciosa —comento un complacido Anthony mientras manoseaba las increíbles nalgas de su esclavizada novia.

    —Muchas gracias, mi Amo. Pero todo esto fue tu plan, yo sólo me límite a seguir tus órdenes como la esclava obediente que soy —respondió Serena con una sonrisa y recordando la conversación que tuvo con su novio mientras se dirigían al camerino de Shauna.

    —Amor, entonces te diré mi plan. Quiero que vayas a pasear con tu amiga, y enviaré a Fennekin para que vaya con ustedes, en cuanto tengas la oportunidad déjala sola con Fennekin para que la hipnotice, cuando vayan al Centro Comercial pasen a comprar lencería y vuelvan aquí. Y si Shauna te lo pregunta dile que me conociste al inicio de tu viaje y que yo te invite a viajar conmigo, ¿De acuerdo?

    —Sí, Anthony. Tus deseos son mis órdenes y yo obedezco —respondió Serena sin la más mínima vacilación, demostrando la profunda sumisión y lealtad que le tenía a su Amo y novio.

    —Entonces hay que ir con tu querida amiga, cielo, y enséñarle cuál es su nuevo propósito, preciosa —dijo el mientras le daba una nalgada, a la cuál ella sonrió complacida, antes de tomar su mano y dirigirse hacia donde su nueva e indefensa presa los esperaba.

    — ¿Me escuchas, Shauna? —preguntó Serena con voz firme y adelantándose un poco.

    —Sí, Serena… Te escuchó —respondió la morena con un tono monótono y sin emociones

    —Muy bien, quiero que mires a Fennekin a los ojos una vez más y pongas toda tu atención a lo que voy a decirte —Shauna asintió y de inmediato obedeció lo que Serena le ordenó, de forma que sus ojos se clavaron en los del tipo Fuego, de forma que el trance en el que estaba cayendo era cada vez más profundo.

    —Muy bien, Shauna. Ahora mis palabras son una verdad absoluta para ti, amiga, y desde hoy serás una chica increíblemente sumisa y obediente ¿Has entendido?

    —Entiendo, Serena… Seré sumisa… obediente —repitió Shauna de forma monótona, dejando que las palabras de su amiga comenzarán a moldear su indefensa y sugestionable mente.

    —Así es, Shauna. Ahora que has aceptado lo sumisa y obediente que eres puedes ver lo que en verdad quieres… Y eso es ser una esclava… Deseas ser una obediente, sumisa y fiel esclava que hará cualquier cosa que su Amo le ordené. Repítelo —indico Serena, sin ser capaz de ocultar lo mucho que le excitaba la situación.

    —Yo deseo ser una esclava… Deseo ser una obediente, sumisa y fiel esclava que hará lo que mi Amo ordené —repitió Shauna mientras una tenue sonrisa se formaba en su rostro.

    —Excelente, Shauna. A partir de hoy mi amado Anthony será tu nuevo Amo y tú lo complacerás en todo sin dudar… Repítelo —ordenó Serena de forma firme

    —Anthony es mi nuevo Amo… Yo lo complaceré en todo sin dudar… —repitió la morena antes de que Fennekin dejara de usar Hipnosis en ella.

    —Muy bien dicho, Shauna. Entonces mi primera orden será que te beses con Serena y que las dos se desnudan para mí —ordenó Anthony con seguridad y tomando asiento en el sofá, de forma que en cuando la chica escuchó su voz su rostro se iluminó y sin dudarlo comenzó a besar a su amiga.

    Al principio eran besos muy cortos, aunque poco a poco fueron convirtiéndose en besos estilo Kalos llenos de lujuria, de forma que ambas performer acariciaban el cuerpo de la otra cada vez con mayor confianza y se despojaban de su ropa hasta quedar completamente desnudas.

    —Se ven muy hermosas juntas, mis sexys esclavas. Ahora vayan a la cama —indicó el chico mientras se despojaba de su ropa, todo sin dejar de mirar los eróticos cuerpos de ambas chicas.

    Obedientemente y sin tardanza ambas chicas se recostaron en la cama, cuando Anthony se acercó a ellas, y comenzó a besar a Shauna en los labios; Mientras sus manos recorrían las delicadas curvas de su nueva adquisición, antes de que sus labios pasaran al fino cuello de la morena, el cual besaba y mordía sacándole algunos suspiros de placer a la chica; Sin embargo esos eróticos gemidos no podían escucharse, ya que Serena puso sus pechos a la altura de la cabeza de Shauna, y la morena comenzó a chuparlos como si fuera una bebé.

    La excitación rápidamente se iba apoderando de Shauna, dejando un solo pensamiento claro en su sugestionable mente: Ella disfrutaba ser una esclava y obedecer a su Amo Anthony era increíblemente placentero; Ya que las manos del chico estaban sobre los coños de ambas chicas, masturbándolas cuidadosamente.

    Y no fue hasta que el sintió que la vagina de su nueva adquisición estaba completamente lubricada, cuando el acercó su erecta verga y con mucho cuidado comenzó a meterla dentro del virgen coño de Shauna.

    Al principio la chica de ojos verdes sintió un punzante dolor al momento de perder su virginidad, a la vez que unas pocas lágrimas salían de sus vacíos y vidriosos ojos, pero este rápidamente fue reemplazado por el placer que su Amo y Serena le estaban dando. Ya que cada embestida, cada beso y caricia la hacían sentir mejor y cada vez se acercaba más y más al orgasmo.

    —Las esclavas que obedecen a su Amo son recompensadas con mucho placer, nunca lo olvides, linda Shauna —le susurró Anthony al oído, mientras ella asentía con desesperación, haciendo que ese pensamiento se grabará profundamente en su mente: La obediencia era placer.

    Después de algunos placenteros minutos más, fue cuando el finalmente se corrió dentro del coño de la morena y la chica llegaba al orgasmo por primera vez en su vida.

    —Shauna escúchame con mucha atención. Desde ahora y para siempre tú me perteneces… Cuando despiertes en la mañana renacerás como una nueva Shauna, una que aceptara esa verdad con gusto, y que me obedecerá en todo sin cuestionarlo porque es que lo más desea… Serás una obediente esclava que hará con gusto todo lo que yo o Serena le ordenemos y vivirás únicamente para complacernos. ¿Has entendido?

    —Sí… Amo… Entiendo y aceptó —contestó la morena muy débilmente, ya que aún no se recuperaba del orgasmo; mientras que Anthony se acostaba en el centro de la cama, abrazando a las bellas chicas para conciliar el sueño.

    Al día siguiente al despertar Shauna tomó conciencia de donde se encontraba y sonrió muy satisfecha, ella estaba desnuda en la cama y a su lado estaba su adorado Amo quién la envolvía en sus fuertes brazos al igual que a su ardiente amiga Serena, su nueva compañera.

    La morena miraba feliz a los nuevos dueños de su vida cuando noto que los hermosos ojos azules de su amiga empezaron a abrirse, ambas chicas se sonrieron mutuamente y se guiñaron un ojo, para acercarse aún más al chico y besar sus mejillas al mismo tiempo.

    Cuando Anthony despertó vio los rostros felices de ambas chicas, quienes le sonreían y le dijeron —Buenos días, Amo —al mismo tiempo y con una dulce voz.

    —Vístanse preciosas, hay que bajar a desayunar —pidió y de inmediato ambas chicas se levantaron de la cama y se acercaron a las bolsas que habían comprado el día anterior.

    Serena se puso un elegante sujetador de media copa, de encaje negro, junto con un liguero del mismo color, el cual dejaba su rico trasero a la vista por la tanga de hilo que usaba.

    —Nunca volveremos a usar esa sosa y aburrida ropa interior, Shauna. Desde ahora sólo usaremos la lencería más sensual y reveladora, para siempre vernos sexys y deseables para nuestro Amo —comentó Serena al ver que Shauna iba a ponerse su ropa interior habitual, a lo que la castaña asintió de inmediato y de las bolsas que compró saco un bonito y pequeño sujetador de encaje blanco junto con una tanga a juego.

    Ambas chicas posaron brevemente para Anthony, gustosas de mostrarle como se veían con aquellos sexys conjuntos puestos, antes de ponerse su ropa habitual y salir en dirección a la cocina para hacer el desayuno.

    Al ver a las chicas irse, Anthony no pudo evitar pensar en todas las cosas que podría hacer con sus hermosas esclavas.

    Continuará…

  • Cine porno favorito (Parte 2)

    Cine porno favorito (Parte 2)

    Esta vez voy a contarles del segundo encuentro en el cine porno con Raúl. Había pasado un mes y ya era miércoles y hora de ir a la reunión, lo único que pensaba era en si iba a estar como habíamos acordado aquel hermoso miércoles. Llegué al cine a paso acelerado.

    Entré y lo primero que hice fue buscarlo, pero no estaba, había tres tipos repartidos en las dos salas, decidí quedarme sentado a esperar, por ahí se había retrasado, miraba la peli en la sala gay, y uno de los tipos se me empezó a acercar, era normal, no hay mucha luz pero se ve, empecé a hacerle juegos con la mirada, pasaba adelante mío y se tocaba el bulto, yo me relamía para hacerlo desear, y Raúl sin llegar, in ratito de juegos de miradas y le indiqué con mi cabeza que se acercara y sacara su pija, se me puso al costado (yo sentado en la butaca) sacó su pija y me agarró de la nuca y me la metió de golpe en la boca, estaba bien calzado, pero no era la de Raúl. Se la comencé a chupar y el me cogia la boca, se bajó bien el pantalón dejando todos sus huevos bien depilados al aire y si hay algo que me encanta son pija y huevos bien depilados.

    Me metí los dos huevos juntos en la boca y los succionaba con muchas ganas. Decido arrodillarme delante de él y en eso veo a Raúl mirándome frotándose el bulto. Que hago pensaba mientras me cogia la boca, voy con Raúl? En eso veo que Raúl se sienta cerca de nosotros y se saca el pantalón (esperando que termine mi entrada sabiendo que él era mi principal) en eso el tipo empieza a jadear y me empieza a acabar en la garganta a ritmo lento.

    Se separa de mí se sube el pantalón y se va. Lo miro a Raúl que se pone a mi lado y le pregunto ‘te enojaste?’. Él se ríe y me abre la boca y me escupe y me dice ‘dejala abierta‘, junta saliva y me vuelve a escupir ‘tragala’ me ordena. Obedezco y me pone la pija en la boca ‘cometela toda como el otro día’. Me coge la boca se notaba un poco enojado por lo que estaba haciendo ya que me cogia la boca con fuerza, me atragantaba mal, me ponía a chuparle los huevos ‘comete todo dale’ yo obedecía.

    Se dio vuelta ‘chupame el culo bien adentro’ con fuerza me empujaba a él para meterme lo más adentro posible de su culo. ‘Meteme un dedo hasta el fondo, sacalo y chupalo’ me ordena, cumplo sus órdenes ‘te gusta mi culo? Te gusta mi mierda?’. Me pregunta excitado. ‘deliciosa’ contesto para ponerlo a full. ‘Meteme el dedo sacalo y chupalo varias veces’ me ordena.

    Yo cumplo, se da vuelta y me escupe en la boca. Me asienta en el piso y pone mi cabeza en la butaca, se sienta encima de mi boca refregándome el culo por toda la cara. Lo disfruto. Me arrodilla y me dice esta vez me tengo que ir yo. Pero te dejo mi número y me da un papel. Se pajea adelante de mi cara y me ordena ‘tragate todo’, cumplo me trago todo, me escupe en la boca. Se pone el pantalón y antes de retirarse me dice ‘mandame mensaje antes del mediodía así arreglamos, te quiero ver en otro lugar más tranquilo. A ver si te puedo coger chau’. Y se va.

    Me siento en la butaca y veo que uno medio gordo se pajea mirándome. O viendo lo que acababa de pasar. Lo miro y le digo ‘vení’, me arrodillo y se la chupo, no duró un minuto, pija chica y lechera, no la pude tragar la escupí, me levanté y me fui.

  • El surfista de Colombia y su vergota negra

    El surfista de Colombia y su vergota negra

    El relato que hoy les contaré trata sobre una época en la que tuve una ruptura amorosa que me dolió mucho, por lo que ocupe escapar de todo y la mejor forma que encontré fue irme de vacaciones con una amiga que insistió en ir conmigo, ella es mi confidente y ya llevamos mucho tiempo de conocernos, además de que también es una chava travesti, homosexual y al igual que yo: puta hasta la tumba.

    Este relato tuvo lugar en el estado de Oaxaca, en mi hermoso país México. Sucedió en el año 2014, cuando tenía yo 27 añitos, ya para ese momento era yo mucho de lo que hoy ven, salía completamente a la calle con ropas femeninas, realizaba todas mis tareas y pendientes del hogar, atendía a mi negocio y acudía a casi todos mis compromisos familiares y de amistades en mi rol de mujer independiente, ojala les guste.

    Zicatela, una hermosa playa en el bonito estado de Oaxaca fue el destino que mi amiga Alondra (amiga, compañera, hermana, puta y si un día lo decidimos… esposa), para escapar de la Ciudad de México, tras una dura decepción amorosa que sufrí, Alondra insistió en venir conmigo y presiento que escogió este destino mañosamente, pues al llegar al aeropuerto me di cuenta de que era temporada de surf, eso significaba una cosa: un montón de hombres bronceados, de todos los tamaños y sabores con poca ropa… y yo ilusamente esperando tener unas semanas de total tranquilidad… Después de mi rompimiento amoroso yo estaba decidida a mantenerme alejada de los hombres y de mi tío, (si cogía con mi tío) pero a mis 27 años a veces era un poco difícil negarse a algo de placer.

    Ahí estaba yo, tres días de intenso bronceado habían dejado mi espalda, piernas, nalgas y hombros en un perfecto tono bronceado, recogía mi cabello y usaba ropas extremadamente pequeñas para que todos lo vieran. Aunque no tenía intenciones de tener sexo elegía los bikinis más sexys que encontré, y los vestidos más ajustados que tenía para las noches de fiesta.

    La tentación se presentó frente a mí en forma de un hombre maduro negro, surfista, cuerpo espectacular, espalda ancha, cabello muy corto y las manos más grandes que había visto en un hombre. Estaba saliendo de la alberca cuando me acercó una toalla, intentó abrazarme con ella pero lo rechacé, se la quite y pasé de largo. Entonces al percatarse de que su plan inicial no había salido como él quería me alcanzó y me dijo:

    C -Hola, me llamo Cano, mis amigos me dicen Canito. Te he visto varias veces, eres sumamente hermosa.

    Me dijo él con un acento algo extraño, pero con un perfecto español. Afortunadamente logre esconder la sorpresa inicial que este gran ejemplar delicioso del sexo masculino había provocado en mi y de forma cortante le respondí:

    P- Hola Cano, mucho gusto… Me das chance? Quiero descansar.

    Y me fui a un camastro a leer un libro, al poco tiempo un mesero me llevó un coctel con una nota. La nota decía: “Regálame un par de horas esta noche, te invito a cenar. Tú decides cuándo y dónde”. Canito.

    No pude evitar sonreír al leer la nota, me tome el coctel y me puse mis lentes oscuros, con la intensión de asolearme frente a la alberca y descansar. Pero no pude evitar quedarme pensando en él, lo había visto solo de reojo, pero había notado sus brazos fuertes, su cuerpo alto y ancho; vaya que contrastaba su complexión con la mía, mi delicado cuerpo, ahora casi en su totalidad femenino, mis hombros caídos de niña, mis delgados brazos, mi espalda que jamás desarrollo músculos, mis pequeñas pero bien marcadas bubis, producto de una ginecomastia, una enfermedad que padecí en mi pubertad y que básicamente produjo cambios en mi cuerpo a la inversa que en el resto de los adolescentes, y mi motivo de orgullo, mis bien trabajadas piernas que sostienen mis grandes, gordas y redondas nalgotas, si, lo digo de forma soberbia, pues son naturales y, además de todo, son mías. Aposte conmigo misma y más tarde comprobé que mis pequeños senos cabían perfectamente bien en sus enormes manos, que con sus dos manos cubría mi cintura completamente y sí, como buen hombre negro, Canito estaba sumamente bien dotado.

    Pero nada paso aquel día, pues esa noche salí con Alondra a tomar unos tragos, estábamos ya un poco borrachas cuando dos gringos se nos acercaron. Mi amiga no dudó en pasar la noche con James, pero yo seguía manteniéndome fiel a no coger, así que Robert, el amigo de James se puso un poco pesado e insistió en acompañarme a mi hotel, cuando llegamos intentó besarme pero me negué y como por arte de magia Canito también iba llegando, así que no dudó en quitármelo de encima. Le agradecí sutilmente y en silencio pasamos por nuestras llaves a la recepción, caminamos al elevador y me hizo la plática, me sentía un poco en deuda con el por haberme defendido del tipejo norteamericano, por lo que no podía ser tan grosera con él, me dijo:

    C- Entonces, me vas a decir cómo te llamas?

    P- Me llamo Paulina, y te agradezco por haberme defendido de ese idiota…

    C- Un placer Paulina. Y no tienes nada que agradecer, es lo que todo caballero haría por una hermosa dama como tú. Por cierto, tenemos pendiente una cena, paso por ti mañana a las 8 o a las 9?

    P- No acepte ninguna cena.

    C- Tampoco la rechazaste. Y como te ves esta noche, no voy a dejar que me digas que no.

    El elevador se paró en mi piso y se ofreció a acompañarme a mi habitación, le dije que no, y debido a su insistencia y a que de verdad me sentía en deuda le dije que pensaría lo de su invitación a cenar.

    A la mañana siguiente me avisaron que tenía una sesión de spa cortesía de Canito. Eso sí lo acepte y fue delicioso, cuando salí él me estaba esperando. Y me dijo:

    C- El spa te dejó aún más espectacular.

    P- Gracias por el detalle.

    Le dije con una sonrisa que no pude evitar. El me respondió:

    C- Sonreíste igual cuando leíste mi nota.

    P- Estabas espiándome!!!

    C- Me gustas mucho Paulina, por favor vamos a cenar.

    P- Tengo que preguntar… Si sabes y comprendes que no soy mujer biológica?

    B- Lo sé, lo entiendo, y me encanta lo que eres. Para mi en lo personal eres mucho más hermosa y sensual que cualquier niña biológica en Oaxaca, además, sin pena de aceptarlo, las mujeres como tu son en definitiva lo mío…

    P- Pasa por mí a las 8, ya sabes cuál es mi habitación.

    Total, una cena no significaba coger… eso pensaba. No sabía que tenía planeada la noche para mi, ni mucho menos a donde me invitaría Cano, pero me maquille en tonos canelas, primero una base de maquillaje líquido precisamente en una tonalidad canela intermedio, pues debido al bronceado de mi piel se hubiera visto mal si escogía una tonalidad más clara, selle mis poros con un poco de polvo traslúcido y resalte las líneas de mis pómulos con sombras en tonos oscuros aperlados, después me dedique a mis ojos, en donde siempre pongo especial atención, me dibuje alrededor de mis ojos una felina línea que engrose lo suficiente para darle a mi mirada un aire único de sensualidad y misterio, de la misma forma engrose mis pestañas generosamente con máscara rímel, yo naturalmente tengo unas pestañas largas, herencia de mi madre, y con esta marca de rímel el efecto que me regalaba era de tenerlas mucho más largas, me encanta! Un poquito de sombra en los párpados, sin exagerar.

    Pinte mis labios de un tono rojo oscurecido, y encima puse un poco de brillo gloss, por último remarque mi sensual lunar que tengo sobre mi labio superior con un poquito de delineador para ojos, mi maquillaje estaba listo! Para mi atuendo seleccione usar una tanga oculta penes de hermosa tela de encaje en color blanco y un pequeño bra sin tirantes que apenas y cubría mis pezones en el mismo color, seleccione un pequeño vestido color hueso que llegaba a medio muslo, ajustadísimo, atado por detrás al cuello con dos lazos que simulaban estar trenzados.

    Mi piel bronceada destacaba increíble, se dibujaban mis nalgotas de una manera sensual, y gracias a los tacones blancos, cerrados y con pulsera al tobillo, mi ya de por si respingón culo quedaba aún mas parado y lucia espectacularmente, amarre mi cabello con una estilizada cola de caballo, me rocíe generosamente pero sin abusar de mi perfume favorito: París Hilton tradicional. Cuando Cano llegó yo estaba casi lista pero me faltaban los zapatos, lo hice pasar y no resistí la tentación de pararme frente a él e inclinarme sin doblar las rodillas para amarrarme el broche lateral de los tacones. No me di cuenta si me vio sin embargo, y algo que me encanta es que yo me sentí la más puta en ese momento.

    Llegamos a un restaurante muy lindo, nos dieron una mesa privada en la terraza. Cuando me acercó la silla para que me sentara me rozó mi espalda y enseguida se erizó mi piel, platicamos de cosas triviales, sin ningún tipo de insinuación, durante la charla pude enterarme que Cano era procedente de Colombia, pero pasaba mucho más tiempo en México, sobre todo en Oaxaca, pues había participado desde niño en varios torneos incluso mundiales de Surf profesional, su padre también había sido surfista, el en ese momento rondaba por los 45 años, soltero y sin hijos, y una parte que recalco muchas veces…

    Le encantaban las travestis, transexuales y shemales muy femeninas. El plan inicial era que me regresaría al hotel al término de la cena, hasta que me arrastró a la playa, bueno no me arrastró, lo único que tuvo que hacer fue ponerse detrás de mi acercarse solo un poco a mi cuerpo y decirme al oído:

    C- Te pedí una noche.

    Y me dio un beso en el hombro. Caminando por la playa intentó besarme un par de veces, claro que yo no lo permití. Estaba un poco frustrado, así que para no hacerlo sentir mal decidí dejarlo tener un poco más de libertad, dejé que sus manos se pasearan casi libremente por mi cuerpo, roces, apretones, besos en la mejilla o en el cuello pero jamás en los labios. Entones, Cano cambió su táctica de pronto, se paró frente a mi y jalándome del brazo hacia él me dijo:

    C- Entonces así es como te gusta?

    Él puso una mano detrás de mi cuello y la otra en mis gordas protuberancias femeninas, y me acercó a su cara para darme un beso profundo y agresivo, sentía su lengua meterse a mi boca con mucha pasión. No tuve tiempo de resistirme, en segundos tenía su paquete restregándose en mí y estaba abrazando a Cano con fuerza. Al percatarse de que su nueva táctica había resultado bien, libero mi cuello y poso sus grandes manos bien puestas en mi culote, intenté separarme pero no lo logré. Lo que conseguí tras mi fallido forcejeo fue terminar con él acostado sobre mí a mitad de la playa, sentir el peso de su cuerpo me excitó aún más. Aun con un poco de pudor le pedí:

    P- Detente, por favor.

    C- Por qué? No te gusta Paulina? Tu cuerpo dice que te encanta!

    Y las caricias empezaron, una de sus manos se deslizó bajo mi vestido, sus dedos paseaban de mis muslos a mi pequeñita verga por encima de la tanga. Mi respiración aumentaba y me empezaba a excitar de una manera deliciosa, nunca me retiró la tela de mi diminuta tanga, ni saco mi pequeño pene, ni intento explorar mi ano, Cano estaba jugando conmigo.

    P- Aquí no!!

    C- Porque no??

    P- Porque quiero arrodillarme para chupártela! No me puedo arrodillar aquí, Cano!!

    C- Pues así como estoy no puedo ni caminar.

    Me dijo mientras tomaba mi mano y la ponía sobre su dura verga, estaba dura pero no parada, y sin embargo, se sentía de un tamaño descomunal, digno de un hombre negro, tras esto me excite aún más, entonces me mire suplicando:

    P- Vámonos de aquí Cano… Llévame a otro lugar!!

    C- A dónde quieres ir bonita?

    P- En serio me harás decirlo?

    C- Si, tendrás que pedirlo… O te perderás de la larga y gorda verga de un negro. Así que pídelo bonito, cachondo, por favor y llamándome Canito…

    P- Puf… eres horrible… Canito, podrías llevarme a tu habitación de hotel para que pueda comerme tu vergota?

    C- Así me gusta, eres una niña buena… Vamos putita, te daré verga hasta que te hartes.

    Me sentía de verdad sumamente cachonda… no recuerdo haber suplicado por verga como lo hice aquella noche. Caminamos para buscar un taxi, íbamos como parejita enamorada caminando de trenecito, yo con su verga pegada a mis nalgas “para intentar disimular”, ya en el taxi nos besábamos con pasión aún con las miradas indiscretas del chofer, metió su mano bajo el vestido y lo dejé seguir; me ponía cachonda tener un mirón. Llegamos al hotel, entramos al elevador con una pareja mayor.

    El hombre no me quitaba la vista de encima, Cano puso una mano sobre mis nalgas y salimos directo a su habitación, apenas cerró la puerta del cuarto que tenía asignado, cuando ya estábamos de nuevo tocándonos, mis manos no se apartaban de su inmenso y visiblemente bien dotado paquete sobre el pantalón, entonces ahora si metió las manos y apartó mi tanga de su sitio, toco levemente mi excitado ano y me dijo:

    C- Mmmm… mojadito y depiladito. Que rica estás, ahora sí te voy a enseñar como coge un hombre negro a una niña como tú.

    Me cargó con suma facilidad y me puso sobre la cama, subió mi vestido y me arrancó mi pequeña tanguita. Lo primero que sentí fueron besos en los muslos, en las ingles, abajo del ombligo y de pronto su lengua en mi verguita, la chupaba, la lambía, su legua hacía maravillas en mi pequeña cabecita, yo aprisionaba con mis piernas su cara, señal que mi cuerpo enviaba de manera natural de que el placer recibido era increíble. Mis jadeos se hicieron gritos pero no me dejó llegar al orgasmo, pues de pronto paró y me dijo:

    C- Qué era lo que no podías hacer en la playa Paulina?

    Entendiendo lo que deseaba, me levante y lo besé, sabía a mí. Le desabotoné la camisa, lo bese del cuello hacia abajo hasta que le desabroché el pantalón, dibuje su grande bulto por encima de su prenda interior y le plante un par de piquitos a la gorda cabeza, no quise retrasar más lo que se venía, le pedí que se recostara y le quite el bóxer junto con los pantalones.

    Tenía su negra verga semi erecta, y ya de esa manera se apreciaba muy grande, ancha, venosa, la cabezota grande como una ciruela, sin un solo vello… como no iba a querer devorar semejante atributo masculino. Comencé mi trabajo oral con la plena intención de regalarle a este hombre la mejor mamada de su vida, así que lo primero que hice fue chuparle sus morenos huevotes mientras masturbaba su negra y gorda vergota, él me desabrochó el vestido del cuello y empezó a apretarme mis pequeñas bubis, mientras yo seguía deleitándome con el sabor típico de un hombre en sus zonas más erógenas, entonces decidí que era momento de brindar la misma atención al resto de esa rica verga, por lo que recorrí con mi lengua todo el largo de su pene, dibujando el contorno de las venas que se encargaban de dar la dureza y rigidez a esa barra gorda de carne de hombre, cuando llegué a la gran cabezota está ya estaba mojada por su delicioso líquido preseminal, lo engullí de un solo bocado y empecé a mamárselo con la experiencia que adquirí a lo largo de mi camino como puta, debido a las caricias que obtenía de mi boca y mis manos, el tamaño de la verga de Cano aumentaba considerablemente, así que deje de concentrarme solo en la punta y trataba de devorar la mayor cantidad de verga que yo podía, Cano demostraba que le encantaba mi caricia oral y como recompensa me apretaba los pezones. Yo ya no podía más, estaba muy caliente, por lo que suplique con voz casi tierna:

    P- Me puedes coger ya? Quiero tenerte dentro…

    C- Este negrote te va a coger toda la noche, ven acá niña hermosa.

    Cano volvió a hacer gala de su impresionante físico y su vitalidad aún para sus 45 años, cargándome con suma facilidad como si yo fuera una muñequita de trapo, entonces entendí que Cano deseaba hacer una especie de posición de misionero pero de pie, se la facilite colocando mis piernas alrededor de su cintura y el paso sus fuertes brazos por debajo de ellas para cargarme, me sujete de su fuerte cuello y dejaba caer mi peso, de esta manera poco a poco me fue penetrando.

    Si bien Cano no era el hombre más dotado que me había cogido, mi travieso ano tenía ya un buen tiempo sin devorar una verga así de gruesa, lograba sentir como se abría paso a mi interior, como a pesar de estar yo sumamente lubricada, y su verga enfundada en un condón igualmente lubricado, me rozaba deliciosamente mis paredes anales.

    Yo lo abrazaba del cuello y lo mordía, al mismo tiempo intentaba concentrarme en no perder la conciencia por el placer que estaba recibiendo, Cano me cargaba de las nalgas para marcar el ritmo de la cogida, el mete-saca era intenso y muy delicioso, Cano no disminuyó la intensidad de sus fuertes embestidas ni un solo instante, demostrándome ser el dueño de una formidable condición física, y en unos minutos logré llegar a mi primer orgasmo, debido a las contracciones de mi ano enloquecí del placer y perdí la fuerza en mis brazos, él lo notó y me recostó boca abajo en la cama para permitirme recuperar mis sentidos, mientras me mordía y me amasaba mis nalgas, metía su lengua de forma deliciosa en mi bastante bien atendido agujerito que tanto placer estaba recibiendo y al mismo tiempo otorgando.

    En esta posición Cano demostró intención por volver a penetrarme, coloco una almohada bajo mi estómago para levantar más mis gordas protuberancias femeninas y sin más que lo detuviera comenzó a meter su gordo miembro negro de vuelta a mi húmedo ano, cuando lo tuve totalmente adentro chille:

    P- Ay… Ay… Ay!! me duele!!!

    C- Ahorita te dejará de doler y comenzarás a chillar pero de gusto putita sabrosa!!

    P- Ahh… que rico coges!!!

    Su verga entraba y salía, sus labios recorrían mi espalda, entonces se puso de rodillas y con sus fuertes manos me jalo de las caderas a modo que quedamos en posición de perrito, y me dio una sonora nalgada para que siguiera gimiendo como la puta que le estaba demostrando ser, por todo el cuarto se escuchaba:

    P- Ah-Ah-Ah! Mmmm… Siii… Más!!!

    Y evidentemente a Cano le excitaba escucharme gemir y pedir más verga, pues esto provocaba que el aumentará el ritmo de la cogida y al mismo tiempo nos decíamos cosas sucias, qué rico era escucharlo con su acento boricua mientras decía:

    C- Te gusta la verga Paulina?? Quieres más verga colombiana??

    P- Sí!! Si!! No pares! Dame hasta que me canse! Ahhhh!!! Ayyy!!

    Literalmente yo estaba enloquecida por tanto placer, llevábamos ya un buen rato así, de pronto Cano me jaló de los cabellos provocando que su penetración fuera hasta el fondo y en ese momento tuve mi segundo orgasmo, el cual anuncie con tremendos gemidos que debían escucharse hasta otros cuartos vecinos.

    Cano me dejó terminar y me volteó, levanto mis piernas y se las coloco sobre sus fuertísimos hombros y de una sola estocada me metió su gorda vergota de nuevo, se me salió un leve gritito que fue de dolor pero Cano hábilmente lo cayó con besos, entonces y ahora en posición de patitas al hombro este macho semental que parecía no cansarse volvía a retomar el ritmo de la épica cogida que estaba dándome. No sé por qué pero siempre me ha gustado el peso del cuerpo de un hombre sobre mí, se me hace algo sumamente erótico, me siento pequeña, sumisa, puta.

    Sus labios se posaban en los míos, en mi cuello, mis orejas y mis pequeñas bubis. Las chupaba con violencia y seguía cogiéndome, ya no me dolía nada pero pensé que no terminaría nunca. Entonces me dijo:

    C- Que rica estás Paulina, sabes delicioso. Aprietas delicioso también, desde que te vi quería meterte a mi cama…

    P- Entonces aprovecha que me tienes aquí.

    Justo en ese momento Cano comenzó a cogerme con más violencia, más rápido y por ende mucho más rico, yo le motive:

    P- Más fuerte Canito!!! Méteme toda tu vergota negra!!

    C- Tremenda mujer que eres!

    P- Tremenda puta!!

    C- Paulina, eres la putita más rica que me he cogido. Me encantas! -Y se prendió de mis labios, con su verga y su lengua dentro de mí, de esta manera Cano llegó a una bien merecida y tumultuosa corrida. Sentí sus contracciones pero no sacó su verga, yo estaba muy cansada y no supe más, me quedé profundamente dormida, cuando desperté, Canito y yo estábamos empiernados. Quise levantarme sin hacerle ruido para regresar a mi cuarto pero él me lo impidió. Y me dijo:

    C-De esta habitación no sales, hermosa. Te dije que te cogería toda la noche.

    Y Cano lo cumplió, de esta manera conocí el rigor y el apetito sexual de un hombre negro colombiano y surfista, la verdad es que tampoco me iba a hacer del rogar de nuevo con el si ya sabía que era excelente cogiendo, por lo que el resto de las 2 semanas que pase en Oaxaca me la pasé la mayor parte del tiempo encerrada en el hotel y con la vergota de este macho negro dentro de mi. Posteriormente quedamos en coincidir nuevamente ya fuera en Oaxaca o en algún otro lado, sin embargo y a pesar de que hemos platicado por Facebook, no hemos logrado concretar un encuentro.

    Agradezco sus comentarios a mi correo: [email protected].

  • Engañé a mi ex para cogérmela

    Engañé a mi ex para cogérmela

    Empezaré a contar esto, a ver que sale. Corría el año de 2016, actualmente y casado, se me complicaba tener tiempo para andar cortejando la verdad y como muchos en mi situación pues buscaba algo rápido para sacar esta pinche sensación de desahogo… solo pienso y quiero estar cogiendo, de verdad en ocasiones pareciera un problema más que algo bueno.

    Andrea fue mi novia por 1 año, en la prepa, la verdad la conquisté, me atraía muchísimo, sus facciones son muy bonitas, ojos grandes, piel blanca, 1.60, unos tetas pequeñas muy bonitas, delgada y un trasero muy bien formadito, no es enorme, pero muy delicioso. Duramos 1 año porque decidí andar con su amiga (ya platicare esa historia y como se dio todo), pero por esta misma situación pues obviamente dejamos de hablarnos.

    Un día decidí contactarla, de alguna forma y como saben, pues un amigo te lleva a otro y así, la verdad dudé en contactarla pensando que me mandaría directo a la chingada y mi sorpresa, fue que no.

    Cabe señalar que en ese año que anduvimos, el sexo era malito no le gustaba mucho coger y yo solo pensaba en eso jaja. Cuando empecé a saludarla, los mensajes fueron subiendo de tono, a tal grado que con el pasar de los días, me reclamaba el haberla dejado por su amiga. Por mucho tiempo supe que la pasó mal, y terminó andando con un súper nerd, pero se veía feliz. Habían pasado algunos años y pues notaba aun reclamo de su parte como si le siguiera doliendo la situación. Le propuse vernos, aceptó después de algunas pláticas por mensaje, justificaciones, aclaraciones, saber de nuestras vidas, bueno nunca le dije de la mía la verdad.

    Le conté que estaba trabajando, que me iba bien y que actualmente pues trataba de disfrutar la vida y el trabajo.

    Al llegar a la cita, me dejó con la boca abierta, blusa con escote, sus tetas aun siendo moderadas, incitaban a querer salirse de esa blusa o top, se hacía un redondeo hacia afuera como si dijeran chúpamelas por favor… una cintura muy apetecible y un juego con sus nalgas muy modestamente irresistibles… traía un pantalón de vestir con una tela delgada que permitía apreciar todo su cuerpo, deliciosa.

    Conversamos un rato y retomamos las pláticas más agradables, olvidamos lo malo, nos concentramos en los momentos más cachondos y locos que vivimos, situación que me permitió, entráramos en materia

    -Andrea vamos a un hotel, quiero comerte todita -le decía. Ella me decía que no, se le hacía muy repentino ir y que no estaba segura, en ese estira y afloja, se veía que con cada insistencia, sus ojos, su rostro, su forma de juguetear, su nerviosismo, me iba diciendo ‘insiste un poco más por favor’.

    Y así fue, decidimos ir a un hotel por Tultitlan, al llegar al hotel inmediatamente al cerrar la puerta para mi sorpresa, ella me azotó contra la puerta y empezó a regalarme unos besos tan cachondos, sentía su lengua ansiosa por desfojar todo lo que estaba guardando, yo para ese momento estaba ya con la verga a 1000, al sentir como recargaba sus tetas en mi cuerpo y se entregaba completamente a mis manos, me hacía sentir que no le aguantaría mucho, bajé su blusa, retiré su sostén y por fin estaban frente a mi ese par de meloncitos tan deliciosos, blancos y con un pezón pequeño, rosadito y paradito…

    No sé cuánto tiempo estuve ahí disfrutando el lamer cada centímetro de sus hermosos senos, ella no dejaba de acariciar mi verga, y se la tallaba contra su entrepierna, era seguro que ya la quería adentro. En un momento nos fuimos desvistiendo y cuando retiré su cachetero, que bien lo lucia (me encantan esos cacheteros porque hacen lucir una nalga muy redondita y apetecible), estaba frente a mi una cosa tan rica, un poco de vello, unos labios vaginales rosados, mojados y no pude evitar hundir mi lengua y llevarla con mi lengua a un sinfín de gemidos que me ponían más caliente, sentía como chorreaba su vagina, me trataba de subir ella para que la penetrara, pero a la vez lo que le estaba haciendo, hacía que se rindiera y nuevamente disfrutara, hasta que cada vez era más su reclamo diciéndome “métemela ya, métemela ya por favor”.

    Accedí por supuesto y entró poco a poco, veía como disfrutaba el roce de mi vena alcanzando en su vagina, hasta que me agarró de las nalgas y me empujó hacia ella, gimiendo sentí como su cavidad me apretaba la verga, en ese momento traté de resistir para no llenarla de leche, quería que siguiéramos disfrutando todo, ella seguía empujando y empujando, gritando:

    -si así, que rico ahhh aaahhh, si.

    Sentí de pronto como temblaba hasta quedar poco a poco más tranquila, como sacábamos de líquido para poder dar mi última estocada, le di la vuelta y de perrito le empecé a clavar con tanta furia y deseo, al ver esas nalgas que estaban para mí para disfrutarlas, ya no podía parar, ella me incitaba a que ya eyaculara, ya lo quería sentir, hasta que no pude resistir más y le expulsé toda la lechita hasta el fondo, pocas veces me veo expulsando tanto como un semental, esta fue una de esas.

    Su comentario al final fue:

    -¿Pues donde habías guardado tanto?

    Reímos y después de un rato salimos de la habitación prometiendo seguir en contacto.

    Ya después con el paso de los días, tuve que decirle la verdad, y pues obviamente me mandó a la chingada y me dijo que en su vida me quería volver a ver.

    Espero que al menos recuerde ese momento de forma muy agradable, así fue como la engañé para poder cogérmela.

  • Cuarentena

    Cuarentena

    Los hechos que voy a relatar son reales y han ocurrido durante estos últimos días y hasta esta misma mañana, salvo los nombres, que por motivos obvios los he cambiado para preservar la intimidad de todos los implicados, el de mi esposa, a la que en este relato llamo Almudena, y el mío propio que no lo desvelo. La ciudad donde vivimos es Sevilla, pero el barrio donde transcurren los hechos no lo nombro para no dar pistas que pudiesen delatar nuestra identidad. Desde siempre me ha gustado escribir y la lectura de relatos eróticos, que en esta web los hay muy variados y algunos de ellos de cierta calidad, pero nunca había tenido la oportunidad de escribir en primera persona unas experiencias, tan trascendentes en el ámbito sexual de mi esposa y mío propio, como las que hemos vivido estos días y que seguramente seguiremos viviendo, al menos por un tiempo. He de confesaros que, aunque no me considero un hombre celoso, desde el sábado pasado he sentido cierta inseguridad, pero también una excitación sin parangón.

    Desde que el gobierno decretó de confinamiento de todo el mundo en sus casas solo podemos salir de uno en uno para realizar compra de alimentos y medicinas o para ir al trabajo. Llevábamos ya una semana que pesaba como si hubiese pasado un mes, no teníamos relaciones sociales, mi esposa porque no trabaja y yo porque me recluyo durante ocho horas al día solo en un despacho de una oficina desierta, al volver a casa la monotonía de siempre, ver películas o series o bichear por internet noticias sobre el avance del coronavirus. Yo de vez en cuando me metía en alguna página porno con el cuidado de hacerlo en modo incógnito para que no quedase rastro en el ordenador, mi esposa parecía ser enemiga de ese tipo de páginas. Digo eso de que parecía, porque repasando el historial de páginas web visitadas en nuestro ordenador, para volver a visitar una de un comercio on-line, vi una página que mi mujer había visitado y que por su contenido estoy seguro de que se le olvidó hacer lo que yo hacía, borrarla del historial de navegación.

    La página que había estado viendo era una de contactos, y en concreto había estado visitando los perfiles de tipos muy bien dotados y que tuviesen fotos expuestas, realmente me di cuenta que visitó esos perfiles sin más ánimo que ver lo que ofrecían, porque la mayoría eran de fuera de Sevilla, salvo uno de ellos que vivía extremadamente cerca de nosotros y que exponía una fotografía en la que se le veía de perfil; se le veía el torso desde debajo de los hombros mostrando un cuerpo atlético y sujetándose con una mano un envidiable miembro, el texto era el siguiente: “Hombre de 45 años bien dotado y muy discreto, vivo solo y estoy desesperado por el confinamiento, me gustaría contactar con mujer sola o pareja para trío que sean de mi zona o se puedan acercar para pasar buenos ratos de compañía y sexo mientras dure la cuarentena, vivo por (…) La zona no la pongo por los motivos antes mencionados.

    Dejé el ordenador abierto mostrando la página web de los contactos con la fotografía de este tipo hasta que mi esposa entró en el salón. Almudena se puso extremadamente colorada cuando vio que yo había descubierto la página que había visitado, de momento se quedó muda, y poco después medio tartamudeando comenzó a darme unas excusas que yo no le había pedido, -“lo siento mucho, es el aburrimiento, pero no te vayas a creer que yo buscaba algún lío, lo siento”. Me hizo mucha gracia verla tan nerviosa y pidiendo disculpas aturrulladamente, ella que siempre me decía que no se fijaba en otros hombres más que en mí y acababa de pillarle como bicheaba anuncios y fotos de tíos muy bien dotados, y resultaba que, aunque jamás se lo había confesado a ella, una fantasía que yo tenía, era la de compartirla con otro hombre, hacer un trío y ver como otro tío se la follaba, o con ella devorando el pollón de otro.

    Entonces le dije: -“tranquila, no pasa nada, lo comprendo, es normal que también te puedas sentir atraída por otros hombres, lo que no me gustaría sería que me engañases y lo hicieses ocultándomelo. Si te atrae follar con un tipo como ese del anuncio es comprensible, yo te tengo que confesar una cosa que a lo mejor te choca, es que no me importaría compartir con ese tipo y contigo un rato de sexo, es una fantasía que he tenido a veces, y de verdad, si es solo sexo no me importa, incluso me gustaría que lo hiciésemos”.

    Mi esposa se quedó desconcertada hasta que al rato abrió la boca, -“no me imaginaba que fueses tan poco celoso, pero es que a mí me daría mucho apuro, eso de follar con otro nunca lo he hecho, me puedes creer, y encima que tu estuvieses delante no sé, además es solo una fantasía que a lo mejor no nos gusta a ninguno de nosotros”. Entonces yo le contesté que nunca lo sabríamos si no lo hacíamos, y seguidamente con tono cachondo le dije -“y en estos tiempos que estamos pasando hay que ser solidarios ¿no?, y este pobre hombre dice que está muy solo y necesitado”. A mi mujer se le disiparon las reticencias rápidamente, estaba desconocida, me dijo que si yo quería que contestase al anuncio, pero que eso de que viviese tan cerca nuestra le preocupaba, sobre todo por los posibles futuros encuentros por las calles o por alguna tienda del barrio.

    Contesté al anuncio comentándole que nosotros éramos un matrimonio algo mayor que él, ya que estamos en torno a los cincuenta años, pero que estábamos muy bien conservados, que éramos delgados y que sobre todo mi mujer estaba muy bien para su edad y que tenía un culo precioso. Le dije que nos preocupaba el que viviésemos tan cerca por eso de los posibles encuentros, pero que comprendía que era la única posibilidad de hacer algo así en estos tiempos en el que los movimientos los tenemos tan limitados.

    No tardé en tener su respuesta más de cinco minutos, me dijo que él era de fuera de Sevilla, que llevaba pocos meses viviendo aquí por motivos de trabajo , y que en circunstancias normales nunca salía por el barrio, solo iba a dormir. También me dio su número de teléfono y me comentó que si después de nuestro encuentro queríamos hacer como si no nos hubiésemos conocido nunca, él lo respetaría y ni siquiera nos saludaría a ninguno de los dos si nos cruzábamos en la calle. Le enseñé el correo a mi esposa y le pregunté si quería seguir adelante, asegurándole que por mí no había ningún problema, y que para hacerlo debería ser en horas en las que estuviesen los supermercados abiertos, ya que podía haber controles policiales para que la gente solo fuese de una en una a los trabajos o a comprar alimentos. En ese momento la hora era perfecta, las cuatro y media de la tarde y mi mujer me dijo que estaba dispuesta entonces, pero que si tardábamos igual lo meditaba y se arrepentía.

    Llamé a Juan por teléfono, que es el nombre con el que mencionaré a este tipo, y le pregunté si le apetecía que fuésemos en ese mismo momento, el no dudó ni un segundo en decir que estaría encantado y en decirme su dirección concreta, me dijo que nos asegurásemos de que no había ningún vecino en la puerta al llamar al porterillo, y que era mejor subir por la escalera y así evitábamos posibles contagios en el ascensor, me pidió que le preguntase a mi mujer que si las bragas las llevaba puestas desde hacía tiempo, y que si era así, que por favor no se las cambiase ni se lavase antes de ir. Yo le pregunté lo de las bragas a ella y me dijo que, como no pensaba salir y había estado muy liada todo el día con la casa no se había cambiado las bragas desde la noche anterior, pero que le daba mucho apuro ir a hacer eso con el chocho oliéndole a sucio, yo le expliqué como otras tantas veces que, a muchos hombres y entre ellos a mí mismo, nos excita mucho el olor del sexo de una mujer, ella asintió y dijo que se iría hecha una guarra, al decirle donde teníamos que ir me contestó que el sitio era perfecto, que estaba justo en la dirección a un supermercado al que podríamos ir tras el encuentro. Le indiqué a Juan que iríamos por separado debido a las restricciones de movilidad que había dispuesto el gobierno, que primero llegaría uno de los dos y poco después otro, Juan me sugirió si podía llegar primero mi mujer, a lo que yo no puse pegas.

    A los cinco minutos estábamos preparados, le dije a mi esposa que cogiese alguna bolsa para ir después al supermercado y que yo haría lo mismo, ella apuntó la dirección en un papel y salió primera de casa, yo lo hice pasados un par de minutos. Caminábamos separados unos doscientos metro cuando ella llegó al portal de Juan, vi cómo se abría la puerta del edificio y como ella se metía dentro. Disminuí el paso para llegar un poco más tarde, al llamar al porterillo Juan me abrió de inmediato diciéndome -“recuerda, el 2º B”.

    -“Hola, yo soy Juan, si quieres lavarte las manos ahí está el cuarto de baño, he dejado una toalla limpia para cada uno, la de tu mujer es la amarilla que estará mojada porque ya la ha usado, la tuya es la verde”, me dijo Juan nada más entrar en su piso. -“Le he pedido a tu mujer que mientras tu llegabas se fuese quitando la ropa de arriba, esa cazadora, la camiseta y el sujetador, en fin, todo lo que lleva por la parte de arriba, era para verle las tetas, pero parece que es un poco tímida y dijo que prefería esperarte, es lógico que estéis un poco tímidos y nerviosos si nunca antes habéis hecho algo así, pero veréis como dentro de un rato que entremos en calor hay más confianza, le he ofrecido un poco de cerveza pero no ha querido, ¿si tú quieres?. Voy a ser muy directo, me gusta ir al grano y sin tonterías, ya somos mayorcitos, así que me voy a quitar el pantalón de chándal y os muestro lo que tengo, a ver si le gusta a tu mujercita, y vosotros podríais ir desnudándoos también, pero tu mujercita que solo se quite de momento la parte de arriba, lo que estoy deseando es ver primero sus tetas”.

    Al quitarse el pantalón Juan mostró su gran pene, que aun no estando todavía erecto del todo comparándolo era bastante más grande que el mío, mientras mi esposa se había quitado obedientemente la cazadora, la camiseta y el sujetador, dejando sus tetas al aire.

    -“¿Te apetece ir comiéndomelo un poco?”, le dijo Juan a mi esposa, Almudena me miró con un halo de timidez y yo asentí moviendo la cabeza alentándole a que comenzase a mamar la polla de Juan. Mi mujer se arrodilló ante él y se introdujo en la boca todo lo que pudo de ese magnífico pollón que por momentos se fue poniendo completamente erecto, yo terminé de desvestirme y la comparación se me hacía odiosa, Almudena parecía que ya había perdido la timidez, masajeaba con las manos y se introducía con frenesí en la boca el miembro de Juan.

    -“Os voy a preguntar, ¿os apetece el sexo digamos normal u os gusta algún jueguecito?, veréis, si queréis yo puedo comportarme con toda la cortesía del mundo o puedo ser un poco cabroncete, bueno, a muchas tías les gusta que les den cachetes en el culo y a algunas incluso que se los den en la cara e incluso en las tetas, bueno, ahí no muy fuerte, y hay tíos que les pone que les traten de cornudos mientras se follan a sus mujeres; bueno coño, y para ser sinceros, a mí me va jugar a esas cosa y ser un pelín cabroncete, si os apetece bien, si no me lo decís y me comporto como un caballero”. Mi esposa se sacó el pollón de la boca y dijo, -“ya puesta me gustaría probar, pero si no me gusta, ¿paramos?, si quieres en el culo me puedes pegar más fuerte, la verdad es que me gustaría probar, pero en las tetas ten cuidado, que no me duelan mucho, y en la cara con que no se me marque ni se note…; no se vaya a creer nadie después que este me maltrata”, dijo esto último riéndose y señalándome a mí. Yo me quedé alucinando, ni se me habría pasado jamás por la cabeza que a mi mujer le pudiese ir el rollo maso o de sumisa. Yo contesté que no me importaba como me tratase, al fin y al cabo era solo un juego y ya estaba siendo realmente un cornudo.

    Juan agarró la cabeza de Almudena apretándola fuertemente para introducirle la polla en su boca lo más hondo posible., Al tiempo que se le notaban las arcadas a mi mujer me Juan me dijo, -“ahora cornudo, vas a aprender como un macho de verdad le hace a la putita de tu mujer lo que ella está deseando, quédate un rato mirando hasta que yo te diga, ahora ella es mi putita, y tu, cornudo, esperas hasta que yo te lo diga”. Debido a las arcadas que le provocaba los empellones de la polla de Juan en su boca, mi mujer intentó retirarse un momento, pero Juan le sujetó la cabeza con insistencia con una mano y con la otra le pellizcó la nariz impidiéndole respirar durante un momento, al quitar la mano de la nariz le dio un par de cachetes en la cara diciéndole, -“puta, ni se te ocurra volver a sacarte de nuevo mi preciosa polla de la boca porque el maricón de tu marido no va a impedir que te cruce la cara con dos buenas hostias, ¿entendido?”, y ella, sin sacarse el pollón de la boca intento asentir moviendo levemente la cabeza y haciendo sonidos guturales casi irreconocibles.

    Al poco Juan sacó su miembro de la boca de mi mujer y la colocó violentamente poniéndole las dos manos sobre el sofá y las piernas apoyadas en el suelo abiertas y rectas con el pantalón aun puesto, metió su mano en la entrepierna sobándole el coño por encima de los pantalones, Almudena soltó algún chorrito de pis que le traspasó hasta los pantalones, entonces Juan me dijo, “mira la guarrilla de tu mujer, se ha meado de gusto, ayúdame a quitarle los pantalones, pero cuidado con no bajarle las bragas, que quiero ver como las tiene”. Mi mujer me miró con una cara de sofocación y excitación como yo no había visto nunca, yo obedecí y comencé a bajarle los pantalones a mi esposa, una vez se los terminé de quitar Juan se puso a sobar frenéticamente el coño de mi mujer por encima de las bragas que aun las tenía puestas, como ella de vez en cuando intentaba cerrar algo las piernas, seguramente por la violencia del sobeteo que le estaba dando, Juan le propinó dos fuertes manotazos sobre las nalgas que se las dejaron completamente coloradas, al tiempo que le decía, -“¿Quién te ha dicho que puedes cerrar las piernas putita?, ahora tu coño me pertenece”, y dirigiéndoseme a mí, -“¿no es verdad cornudo?”. Yo no sabía que decir, si asentir a lo que había dicho o protestar, pero pensé que ya antes había consentido entrar en ese juego, y además mi esposa no le había dicho aun a Juan que parase. Juan acercó la nariz a las bragas de Almudena, y tras comprobar que estas estaban completamente mojadas, se las quitó violentamente diciendo que se las quedaría como recuerdo, -¿hay algún problema con que me las quede de recuerdo? Cornudo”. Yo negué con la cabeza.

    “¡Túmbate ahí en el suelo!, ordenó Juan a mi mujer. Ella obedeció tumbándose completamente desnuda sobre una esterilla de esas de gimnasia que estaba extendida en el suelo, le abrió violentamente las piernas de par en par y comenzó a darle algunos manotazos no excesivamente fuertes en la vulva y algún que otro pellizco en los pezones, mi esposa daba algún gritito de queja pero no le decía a Juan que parase, Juan acercó su boca para lamer el chocho y el ano de mi mujer y hasta llegó a darle algún bocado en los labios genitales que le hicieron volver a gritar. Ella todavía se resistía a decir basta, muy al contrario, me dirigió alguna mirada con cara de sofocación y excitación plena.

    Estando Almudena en el suelo, Juan, agarrándole violentamente de los brazos la levantó colocándola sobre el sofá con la cara apoyada en un cojín y las piernas abierta con el culo en pompa; como ella tendía a cerrar las piernas Juan le propinó un par de buenos cachetazos en el culo y aproximando su boca al oído le dijo que fuese una buena puta y abriese bien las piernas, mientras le volvía a propinar otros dos cachetes en la mejilla. Y ella sin decir que parase.

    Una vez Almudena abrió las piernas todo lo que pudo, Juan le pegó de nuevo una tremenda lamida por toda la entrepierna, coño y ano incluidos, entreteniéndose durante un momento en introducirle la lengua por el ojete.

    “Venga, ahora puedes acercarle la pollita a la boca para que te la mame un rato mientras yo me la follo, y así prueba lo que estaba deseando, que le meta la polla un macho de verdad”.

    Yo estaba totalmente empalmado y cuando acerqué la polla a la boca de mi esposa, esta se la tragó completamente, Juan frente a mí le penetró el coño introduciéndole su gran polla de golpe, justo en ese momento ella se sacó la mía de la boca lanzando un Ahh! que mostró el magnífico impacto que ese pollón había tenido en mi mujercita. Las acometidas eran rápidas y frenéticas, tuve que apartarme temiendo que me dejase lesionado el pene porque en cada empellón mi polla le llegaba a la garganta y ella me hincaba los dientes provocándome bastante dolor. No tardó ni un minuto en estar gritando y jadeando con un orgasmo tremendo, como ninguno de los que yo le había escuchado conmigo.

    Entonces Juan muy ufano le preguntó, -“putita di la verdad, ¿qué polla te gusta más, la mía o la del cornudo de tu marido?, ella entre jadeos no se lo pensó mucho, -“la tuya, hijo de puta, la tuya, ¡fóllame, dame más cabrón!“. Juan la volvió poniéndola de espaldas, se tumbó encima follándola y besándola en la boca metiéndole la lengua profundamente en la boca, hasta que al poco tuvo su segundo orgasmo.

    Juan no se llegaba a correr, entonces se la sacó poniendo a mi esposa con la cabeza sobre el sofá y con el culo en pompa, de esta forma le volvió a penetrar el coño mientras comenzó a introducirle uno de sus dedos por el ano, mi mujer quiso apartarle la mano diciéndole que por ahí no, Juan se agachó sacándole la polla del coño y volvió a propinarle un par de guantadas en la cara y diciéndole que no se le ocurriese volver a quitarle la mano. Ella claudicó y no le dijo que parase, Juan volvió a penetrarlapor el coño en la misma postura mientras que subió una pierna colocándole el pie sobre la cara presionándole la cabeza sobre el sofá. -“Tranquila, que solo te voy a meter por el culo un dedo, no te voy a follar por ahí, se ve que el cornudo de tu maridito nunca te ha abierto el culo, está bien estrechito, pero tranquila, hoy no va a ser”. Una vez Juan notó que iba a correrse se retiró indicando a mi mujer que se pusiese de rodillas frente a él, entonces dirigiéndose a mí me dijo, -“mira bien esto, mira como me corro en la boca y la cara de tu mujer, y mira como a ella le gusta, está deseosa como la puta que es”. Miré a la cara de mi esposa, Juan se corrió abundantemente sobre la boca, la cara y hasta sobre los pechos de mi mujer, ella me miraba con cara picarona y se relamía con el semen depositado en su boca. Una vez Juan acabó de correrse Almudena se volvió a meter en la boca la polla de Juan escurriendo toda su esencia y dejándole completamente ensalivado, se puso en pie y acercó su boca a la mía, yo intenté retirarme pero ella me dijo, -“tienes que hacerlo, tienes que besarme y probar como sabe el semen, anda cariño”. No sé cómo dejé que me besase, compartió conmigo la corrida de Juan, que a decir verdad, no me dio el asco que yo estaba esperando.

    Finalmente mi mujer se puso de nuevo con su culo en pompa diciéndome, cariño, ahora te toca a ti, fóllame y córrete en mi coñito”, de lo excitado que yo estaba tardé apenas medio minuto en correrme, pero ella no volvió a hacerlo, no, conmigo no se corrió, Juan había dejado el coño de mi mujer demasiado abierto como para que pudiese disfrutar con el tamaño de mi polla.

    Mientras que yo me follé a Almudena Juan se había metido en el servicio del que salió con ropa puesta. Ya en un tono completamente cortés, mientras nos vestíamos nos dijo, -“espero que hayáis disfrutado, ¿me he pasado mucho?, espero que no y que queráis volver, a mí me encantaría, si algo no os ha gustado me lo decís”, mi mujer fue la primera en hablar y dijo que aunque alguna de las cosas que había hecho le habían dolido, no le había pedido que parase porque le estaba excitando mucho y podía soportarlo, dijo que en un momento creyó que se la iba a meter por el culo y eso le asustó, que yo nunca se lo había hecho por ahí y Juan tenía la polla demasiado grande como para que se la metiese por ahí, también le dijo que lo que no le gustó es me vejase y que me tratase a mí de cornudo, Juan se disculpó y nos dijo que, si volvíamos otro día no me trataría así.

    Antes de que yo saliese el primero de su piso, Juan nos dijo que, si queríamos, tenía un vecino en el sexto que muchos días se bajaba a su casa, le acompañaba un rato y se bebían alguna cerveza, que tenía más o menos nuestra edad y que sabía que estaba también muy bien dotado porque se habían duchado a la vez en el gimnasio, y que seguro que le encantaría participar, que como a Almudena se le veía con muchas ganas y fuerza para tener sexo a tope, y como a mí me había visto disfrutar viendo como él se la follaba, pensaba que a lo mejor nos apetecía otro encuentro en el que incluyésemos a su amigo, que lo pensásemos y lo llamásemos si nos apetecía.

    Yo salí de camino al supermercado mientras que Almudena aún no había acabado de vestirse, quedamos en vernos allí en unos minutos, estando en el supermercado me impacienté porque ella no llegaba y no podía llamarla al móvil, se lo había dejado en casa, tampoco quería llamar a casa de Juan, iba a parecer un celoso desconfiado. La vi entrar pasados unos veinte minutos, como estaba prohibido permanecer y andar por la calle o en los supermercados dos personas juntas hicimos como si fuésemos separados, al pasar cerca de ella le pregunté por lo bajo-“¿Qué de tiempo, no?, y ella haciéndome un gesto con las dos manos, una especie de circulito con los dedos pulgar e índice de una de ellas e introduciendo un dedo de la otra mano por ese circulito, me dijo por lo bajo y sonriente, “otro”.

    Al llegar a casa me lo contó: – “justo antes de salir, Juan me empotró contra la pared, me bajó los pantalones y me dijo que no me podía ir sin que se corriera en mi coño”, entonces me volvió a follar, estuve a punto de tener el tercer orgasmo, me ha dejado muy caliente, ¿me comerías ahora el chochete cariño?, ¿no te gustaban los coñitos sucios?”. Almudena se había metido de lleno en el papel de una tía puta, puta, y a mía me ponía a tope. Nos metimos en el dormitorio, y tumbada en la cama le lamí el coño que estaba completamente dilatado y pringado de semen, algo podría ser mío, poco, ya que yo tengo unas eyaculaciones escasas, sobre todo sería de la última corrida de Juan, así hasta que tuvo su tercer orgasmo de la tarde, este si provocado por mí.

    Esa tarde hablamos ampliamente sobre el tema, de cómo nos habíamos sentido cada uno y de cómo lo habíamos pasado, quedamos en que ya decidiríamos si la semana siguiente volveríamos a repetir y si invitaríamos también al vecino de Juan.

    Todo lo anterior pasó el sábado veintiuno de marzo, el domingo volvimos a tocar el tema, yo notaba que a ambos nos daba mucho morbo lo que había pasado, lo mío era sobre todo morbo, pero mi mujer, además de morbo fue el disfrute de follar con Juan, me dijo que a mí no me cambiaría por él, ya que de mí estaba enamorada, pero reconocía que Juan follando era espectacular, y reconoció que lo dicho era verdad, que su polla le encantaba, que era mejor que la mía, y eso fue lo que empezó a darme cierta inseguridad, pero había que reconocerlo, el aparato de ese hombre es envidiable; finalmente le dije que prefería que no invitásemos al vecino de Juan, Almudena dijo estar de acuerdo.

    Lo que os llevo contado lo escribí entre el domingo por la tarde en casa y ayer lunes por la mañana en mi oficina. Pero hoy martes por la mañana ha ocurrido algo que no me esperaba. Juan me llamó sobre las diez de la mañana y me pidió que le prometiese que esa conversación fuese totalmente confidencial, que no se la contase ni siquiera a mi esposa, yo totalmente intrigado le prometí confidencialidad absoluta. Me confesó que mi esposa le había llamado para ver si podía ir a su casa esta misma mañana y que le preguntó si podría estar también su amigo, pero que por favor no me dijese nada a mí, que yo no había querido que su amigo se apuntase, pero que a ella sí que le apetecía. Juan me ofreció una cosa “que de seguro me gustaría”, me ofreció retransmitirme el encuentro por Skipe, que le sería fácil dejar la webcam enfocando hacia la zona de su sofá y la pantalla apagada para que ni ella ni su vecino Antonio se diesen cuenta. Estaba de suerte, yo tengo instalado Skipe en un portátil del trabajo, así que no había problema alguno.

    Almudena había quedado en acudir sobre las once y media y su vecino le aseguró que estaría allí también a esa hora. A las once hicimos la prueba de comunicación y comprobamos que el enfoque era perfecto, Juan me dijo que en cuanto llamasen a la puerta me llamaría al móvil para comprobar si la comunicación seguía bien. A las once y veinte me llamó informándome de que Almudena acababa de llegar a la puerta del bloque.

    Todo lo que pasó esta mañana lo he visto con una imagen no muy nítida y con un sonido también deficiente, pero todo lo que vi después me lo corroboró Juan cuando le llamé por teléfono.

    En primer lugar mi mujer entró por la puerta y no fue Juan quien se acercó a ella a darle la bienvenida, sino que fue Almudena quien se le agarro los hombros y acercó su boca para darle un beso de esos en los que se retuercen las lenguas una con otra, creí ver como ella al despegarse de él le pasó la mano por la entrepierna tactándole la polla por encima de los pantalones, vi a juan coger el teléfono y hacer una llamada, aunque el sonido era muy malo, ya que estaban algo lejos de la cámara oí que llamaba al tal Antonio, parecía que su vecino se estaba retrasando. En apenas veinte segundos se oyó el timbre y Juan le abrió la puerta. Vi a un tipo corpulento que estaba seguro de habérmelo cruzado en alguna ocasión por el barrio, pero no era ningún conocido. Vi como el tipo este se acercó a mi esposa diciéndole algo que no llegué a entender, se acercó un poco más y a la vez que le daba un beso en los labios le toqueteó el chocho por encima de los pantalones.

    Los tres se quitaron las ropas en un momento, quien más tardó fue el tal Antonio y quien menos Juan.

    Juan colocó estratégicamente la esterilla esa de gimnasia indicándole a mi esposa que se pusiese de rodillas, ¡joder, la tenía justo frente a la cámara sin que ella se pudiese dar cuenta!, él se colocó a un lado cediéndole el otro lado a su amigo, mi esposa empezó a comerse alternativamente las pollas de ambos, pero en alguna ocasión llegó a introducirse los glandes de ambos tíos a la vez, no sé cómo lo hacía, porque Almudena tiene una boca muy pequeña. Fue una pena que el amigo de Juan se moviese, porque me tapó completamente la cara de Almudena, durante un rato solo se vio el culo de este tipo.

    De repente todos se retiraron de la posición que tenían, vi como Juan se acercaba al oído de Antonio y le decía algo, su amigo asintió con la cara, Juan se retiró un poco y Antonio agarró a mi esposa violentamente de los brazos tumbándola de espaldas encima de la esterilla, comenzó a darle algunos cachetes en la cara, en las tetas y en el chocho, Almudena se intentaba proteger pero estaba totalmente indefensa, al cabo de unos segundos la agarró cambiándola de posición poniéndola con el culo en pompa, la cabeza sobre la esterilla y los brazos sujetos por Juan. Antonio roció el culo de mi esposa con un bote que me pareció que era de aceite corporal, de esos lubricantes, a pesar del mal sonido oí a mi esposa gritar algo y jadear mientras que el tipo este penetraba su culo, tardó algo más de medio minuto en penetrarla del todo, mientras que de vez en cuando le propinaba algunos fuertes tortazos en las nalgas. Juan se ponía delante de la cara de mi mujer haciéndole gestos para que no gritase y de vez en cuando le daba algún cachete en la cara.

    Una vez este tipo hubo penetrado completamente el culo de mi esposa comenzó a darle un mete-saca frenético, y el muy cabrón, mientras se la follaba, la cogía de los brazos y se los levantaba, yo estaba seguro de que eso le tenía que doler, pero al igual que en la tarde del sábado no se le oyó pedir que parasen.

    Al minuto aproximadamente este tipo dejó de follarla y fue Juan quien se tumbó encima de la esterilla indicándole a mi esposa que se pusiese a follar encima de él, el otro la dejó tranquila durante un buen rato y creí oír y observar cómo ella se retorcía y jadeaba con un tremendo orgasmo. Tras esto, Antonio se acercó por detrás de mi mujer penetrándole de nuevo el culo. Seguro que fue esa fue la primera doble penetración que disfrutaba mi esposa.

    Los cabrones duraron un buen rato follándosela, y no supe ciertamente, pero intuí que, durante ese rato volvió a tener otro orgasmo. Tras correrse Antonio dentro del culo de mi mujer Juan la retiró he hizo que se tumbase de espaldas en el sofá, allí siguió follándola hasta que se corrió.

    Una vez hubieron acabado mi esposa recogió toda su ropa y entró en el baño, salió de allí ya vestida y al despedirse de ambos, primero besó en la boca a Antonio y después se despidió con un muerdo aún más efusivo a Juan.

    Esperé un poco hasta que vi que Antonio se despedía de Juan y salía de su casa, justo en ese momento, mientras Juan se acercaba a comprobar o apagar el ordenador o el Skype le llamé. Nada más descolgar me dijo,- “¿lo has visto todo bien? -“Sí, creo que sí”. – “Pues habrás visto como mi vecino le ha puesto bueno el culo a tu mujercita, porque el cabrón tiene también una buena polla, ella gritó al principio, pero después bien que movía el culo, bueno, la pobre se ha llevado unos cuantos cachetes, yo le conté a mi vecino que le iba un poco el rollo de sumisa y maso, pero después de que se fuese tu mujer le he dicho que se ha pasado, lleva el culo rojo que no me veas. Mi vecino me ha dicho al final que cree que la conoce del barrio, y que sabe quién eres tú, pero me ha prometido que será una tumba. Te cuento por si no te has dado cuenta, tu mujercita tuvo su primer orgasmo cabalgando sobre mí, no veas como folla, yo estuve a punto de correrme en un instante, pero menos mal que aguanté, y después tuvo otros dos, uno mientras nos la follábamos entre los dos, yo por el coño y Antonio por el culo, y el último mientras yo me corría dentro de ella tumbado encima, ¡coño, tienes una caña de mujer!, tío, si no te importa me gustaría seguir follándomela durante el tiempo que sea, y seguro que mi vecino también, ¿te importa?.

    Yo le contesté que eso no dependía de mí, que era ella la que parecía estar encantada con ese juego. Le dije también que hablaría con ella para decirle que lo había meditado y estaba de acuerdo en tener algún encuentro también con tu vecino, le volví a asegurar que ella nunca se enteraría de que la había estado observando. Juan me dijo que hablaría con su amigo para que disimulase delante de mí cuando nos viésemos, como si no hubiese conocido anteriormente a Almudena. Otra cosa que le pedí a Juan fue que, si mi esposa volvía a quedar con él a mis espaldas que me avisase, y si podía, que me lo volviese a retrasmitir.

    Desde el sábado pasado me he convertido en un auténtico cornudo, pero me ha puesto muy cachondo ver cómo estos dos cabrones se follaban a mi mujer. Cuando llegue a casa veré si me dice algo o prefiere ocultarme lo de hoy. Este próximo sábado seguro que quedaremos, ya os seguiré contando, porque me excita recordar y escribir sobre lo puta que es en realidad mi mujer.

  • Madre hot: En el hospital (1)

    Madre hot: En el hospital (1)

    Familia unida, familia feliz. Cuando mi tío Edu tuvo su accidente de moto toda la familia se volcó en cuidarle y acompañarle en momentos tan difíciles. A él y a su novia de turno Bea, que también sufrió heridas de consideración. Ambos estaban en la misma habitación del hospital, frecuentemente separados por un biombo para que el uno no viese el estado de la otra, ya que, según los sicólogos podía perjudicarles anímicamente.

    Porque en realidad, Edu estaba hecho un cristo, con brazos y piernas escayolados y varias costillas rotas. Una auténtica momia de la que solo quedaba al descubierto el vientre y el abdomen. Bea estaba un poco mejor, pero había sufrido un fuerte golpe en la cabeza al no llevar casco de protección y buena parte del tiempo estaba adormilada o sin sentido.

    Edu es el hermano menor de mi padre. El triunfador de la familia: apuesto, con estudios y con un buen negocio en marcha. Bea, como queda dicho, es una novieta ocasional, una más, con la que no tiene ninguna relación seria, pero que, por su provocativo aspecto (parece una Barbie: delgada, buenas tetas operadas, melena rubia, cintura de avispa), le debe estar proporcionándole unos buenos polvos que, en definitiva, es lo que mi tío espera de las mujeres ya que es un follador empedernido y un misógino.

    Por las tardes, después de comer, los de casa nos vamos turnando en la visita hospitalaria. Yo, diariamente -pues estoy de vacaciones y prefiero estar allí viendo enfermeras cachondas que oliendo a gasoil en el garaje de mi padre- bien acompañado por mi madre o mi padre. Mi hermana va de vez en cuando, pero incordia más que ayuda, así que mejor que no aparezca. He observado lo bien que se entienden mi madre y Edu. Hay miradas y formas que no pasan desapercibidas. Y no digamos nada de las sonrisas y las bromas, que a mi padre seguramente no le harían ninguna gracia. La manera que tiene mamá de darle la merienda o meterle la pajita en la boca para que beba, abanicarle cuando hace calor, la dulzura al hablarte… me están resultando demasiado chocantes. No quiero ser mal pensado: quizás sea el instinto protector maternal, ya que Edu no deja de ser su cuñado más joven…

    A mamá le agrada ayudar a Edu en todo lo que puede: lo afeita en más de una ocasión, le acomoda la almohada, le estira las sábanas, le rasca con una aguja de calcetar bajo la escayola. Estaba en ese gesto de mitigar los picores de tío Edu en una de sus piernas cuando comprobé que algo se movía bajo las sábanas. El muy cabrón se estaba empalmando.

    -Tengo ganas de mear -le dijo a poco al oído a mi madre-. Si me pones tú el orinal, no molestamos a la enfermera.

    Mamá dejó de rascarle, miró nerviosa para mí, que me entretenía ojeando el celular y sopesó tan peculiar solicitud de su cuñado pequeño. Actuó con sensatez:

    -Álex, ponle el orinal a tu tío, mientras yo hablo un ratito con Bea, que parece que se ha despertado.

    A regañadientes cogí en el baño el orinal masculino, esa especie de botella de cristal grueso con un cuello largo por donde debe introducirse la polla. Como estaba impoluto no me dio repugnancia alguna y lo llevé hasta la cama de Edu. A continuación, con cierto reparo, liberé la pinga de Edu del pijama y se la introduje con cierta dificultad en el tubo. «Buena polla», pensé para mis adentros. El miembro estaba semierecto. No es de extrañar porque mamá -con su voz melosa y su generoso escote- era en verdad una calientapollas como vulgarmente se dice, y aquel pobre muchacho llevaba sin meneársela (y menos meterla en un buen chocho) bastante tiempo. Mientras meaba, yo miraba disimuladamente por la ventana.

    -Ya está -me dijo al rato-. Sácame el orinal.

    Difícil misión. Edu se había excitado y su verga había quedado atrapada en todo el cuello de la botella. El glande estaba tan abultado como debe quedar el de los canes cuando quedan abotonados en la chucha de la perra.

    -¿Qué hacemos? -pregunté aturdido, mientras escuchaba parlotear a las dos mujeres al otro lado del biombo.

    -Esto solo baja si eyaculo -me susurró al oído.

    -¿Te vas a correr?

    -Tú tienes que hacer que me corra -sentenció con determinación-. Yo tengo los brazos inutilizados, inmóviles por el yeso.

    -O sea, que te tengo que hacer una paja.

    -Exacto. Mueve el orinal de arriba a abajo como en una masturbación. Que experiencia no te falta, seguro.

    Me pidió silencio, antes de que empezara yo a meneársela dentro con el tubo de cristal por medio. Le excitaba oír la voz de mi madre, más que la de su novia. Es verdad que el sexo reside en la imaginación. Por un momento creí que la botella iba a reventar por la presión de aquella verga hinchada y venosa.

    Pronunció jadeante varias veces el nombre de mamá al tiempo que se corría como una bestia dentro del orinal entre convulsiones, cayendo a borbotones el abundante semen en la orina ya depositada. Quedó relajado y sonriente, como si hubiese alcanzado la gloria después de tantos días de abstinencia obligada.

    La polla se le puso fláccida al poco y yo pude sacársela sin dificultad de la botella. Noté asimismo los cojones vaciados de una carga de semanas. «En el fondo, he hecho una obra de caridad -pensé-, sino este iba a estallar de un momento a otro».

    Corrí raudo al baño para vaciar toda aquella mezcla viscosa y que nadie la viese. Las dos mujeres continuaban arreglando el mundo, ajenas a todo lo ocurrido a un metro de ellas.

    -Sobrino, te estoy agradecido en el alma. Me vas a tener que ayudar otras veces.

    -Ni lo cuentes. Yo no soy mamporrero de nadie.

    -Si no lo haces tú, alguien tendrá que aliviarme de vez en cuando.

    -Pídeselo a una enfermera.

    -¡Jajaja! Me echan del hospital -rio con fuerza-. A lo mejor, tu madre…

    -Te voy a romper la cara, hijo de la gran puta. Mi madre es una santa, ni se te ocurra molestarla.

    (Continuará)

  • Elena, mi profesora del colegio (III)

    Elena, mi profesora del colegio (III)

    Sentados en el sofá, se habían pasado las horas. No pensaba quedarme mucho tiempo más en el departamento de Elena. La estaba pasando muy bien con ella, pero, siendo sincero, solo quería saciar mi calentura, pero tampoco podía ser escaso en consideración, cualquier movimiento en falso podría hacerme perder esta tremenda experiencia que estaba viviendo con ella. Disimulando, miré mi reloj, haciéndole saber que no pasaría mucho más tiempo para que me fuera.

    Jugueteando un poco conmigo, hizo el típico juego que hacen los amantes cuando no quieren despegarse. Ver que se hacía la “nena” dándome besos y acariciándome de la manera más caliente que se puedan imaginar, hizo que me ponga a mil en un instante. En su jugueteo quería que me quedara con ella, pero en verdad, ambos sabíamos que su única intención era que me caliente hasta perder la razón.

    No pasó más tiempo, que empecé a sentir que mi pene se ponía cada vez más duro. Bajó mi bermuda podía notarse perfectamente el efecto de ese jueguito que Elena me estaba haciendo sufrir. Poco a poco bajaba su mano para detenerse sobre la parte baja de mi abdomen y volver a subir. Una y otra vez. Imagínenselo, yo solo quería que esa mano constate lo duro que estaba.

    Por fin, posó su mano sobre mi bulto. Al hacerlo sonrió. No podía creer que pudiera estar así. Se entretuvo un buen rato acariciando la extensión de mi miembro por encima de mi bermuda. Metió su mano en mi bragueta buscando el cierre, me lo bajó lentamente. Ahora podía meter su mano por la abertura de la bragueta. Ahora, solo el bóxer separaba su mano de mi miembro a punto de estallar.

    Metió la mano por debajo y liberó mi pene sacándolo por el agujero de la bragueta. Repitió la operación para esta vez sacar los testículos por el mismo orificio. Ella estaba completamente extasiada, se veía hipnotizada por lo que tenía en su mano. Me lo acariciaba por todo el tronco, luego, los testículos, los masajeaba como si fuera la última vez que los tendría bajo su poder.

    Yo no aguantaba más. De vez en cuando se mordía los labios, haciéndome desear que se metiera mi miembro completo en la boca. Su mano, por el tronco de mi pene se movía lentamente, hacia arriba y hacia abajo. El juego de hacerse la nena no cesaba. A pesar de ello, no forcé nada, si bien era una tortura para mí, me entregaba a solo disfrutar del momento, mientras Elena empezaba a sacarme las primeras cantidades de pre- semen.

    Su mano se lubricaba cada vez que mi pre- semen caía por el tronco de mi pene, haciendo con su trabajo sea más sencillo. La intensidad de su movimiento no aumentaba, lo que hacía que más liquido fluyera, empezando a humedecer la zona de la bragueta de mi bermuda. Debía volver a mi casa así, en verdad, no me importaba demasiado en ese momento.

    -¡Que pija tenía mi alumno había sido! -Me dijo.- No me había percatado de lo que me perdía -Siguió- ¡Tengo una duda! -Continuó.

    -¿Qué duda profe? -Le dije. Siguiendo el juego.

    -¿Me la meto en la boquita hoy? ¿O no? -Preguntó Elena. Con la mejor voz de zorra.- ¿Me la saboreo ahora? ¿U otro día? ¡Se ve rica esa pija! -Agregó.

    -¡Lo que más quieras ahora, pero, terminá con esta tortura! -Le respondí. Casi sin control ya.

    Sus palabras me hicieron perder el control que tenía hasta ese momento. Sumado a que la velocidad e intensidad de sus movimientos se había acelerado. El glande lo tenía rojo, a punto de estallar, a pesar de que en ningún momento su mano había ni siquiera rozado la cabeza de mi pene. Su mano golpeaba ahora más fuerte mis testículos cada vez que su mano bajaba hacia la base del tronco de mi miembro.

    -¡Creo que hoy no me lo voy a comer! -Dijo ella.- ¡Quizás la próxima tengas suerte! -Continuó.- ¡Pero quiero ver salir todo eso que tenés acumulado acá! -Agregó. Mientras masajeaba mis testículos.

    Sin dejarme decir alguna palabra, Elena apretó más mi miembro. Mientras subía y bajaba gemía como si estuviese dentro de ella. El cosquilleo en todo el miembro no tardó en aparecer. Dos chorros de semen salieron despedidos bruscamente, mientras apretaba mi abdomen para intentar no retorcerme tanto. Los espasmos eran intensos que me hacían apretar los dientes.

    Mas borbotones seguían saliendo, cayendo por su mano aferrada al tronco de mi pene. Mi bermuda estaba pintada con semen en la zona de la bragueta. Lugar donde se depositaba cuando terminaba de caer por mis testículos. Hasta que la última gota termino de caer, Elena no cesaba sus intensos movimientos. Con cara de asombro, ella no podía creer cuanto semen podía salir de mi miembro.

    -¡No te muevas! -Me dijo. Dándome un beso intenso mientras sonreía.

    Verdaderamente, Elena estaba feliz de lo que había logrado. Finalmente apartó su mano de mi pene. Rápidamente fue hacia el baño. Regresó con una toalla humedecida para que pudiera limpiarme algo de todo el enchastre. Ella volvió nuevamente al baño, a lavarse la mano empapada con mi semen. Hice lo que pude con la toalla, pero mi bermuda quedaría así, mojada.

    Cuando ella volvió fue mi turno de pasar al baño, me lavé bien el pene y lo que pude de la zona de la bragueta. Me empecé a plantear como volvería a mi casa con eso. No me molestaba, pero era absolutamente incriminador. Por suerte ya era de noche y el color de la bermuda bastante oscura. No se notaba si no te acercabas bastante. Yo aún seguía extasiado del placer que me había provocado Elena.

    Cuando regresé donde estaba ella nos miramos, y no nos quedó otra que reírnos de la situación. Ella ofreció lavarme la ropa, pero me negué. No quería estar mucho tiempo más allí. Quería mantener el control sobre ella, aunque por dentro quería cogérmela una y otra vez.

    -¡Quiero que mires esto en el camino y te acuerdes de mi todo el camino! -Me dijo. Mientras me apretó el bulto húmedo de mi bermuda.

    -La próxima vez no quiero ver ni una mancha -Le dije. Mientras le estiraba el pelo.

    -¡No sé cómo hice para aguantar el no comerte toda esa pija! -Me respondió.- ¡No sé si estoy preparada para todo eso! -Continuó. Siguiendo con el juego.

    -¿Te voy a tener que enseñar cómo se hace profe? -Le pregunté.

    -¡Ahora te toca enseñarme a vos! -Respondió Elena.

    -¿Si? ¿Ahora voy a ser yo el profe? -Continué. Mientras la tomaba más fuerte del pelo.

    -Ahora yo seré la alumna -Respondió. Entregada a mi sumisión.

    -¡Bueno andáte! ¡Antes que me pongas a hervir! -Exclamó.

    Nos besamos intensamente una vez más. Tomé mi casco y bajamos del departamento. Mirando que no hubiera nadie en el complejo. Le quité las llaves a la moto mientras ella me abría el portón principal. Me subí a la moto y nos despedimos. Todo el camino miraba mi bermuda hecha un asco. Pero a la vez era todo muy caliente. Por suerte, al llegar a casa no me vio nadie.

    Puse enseguida la ropa en la lavadora. Mientras, fui a darme un buen baño para quitarme el calor. Seguimos intercambiando algunos whatsapp con Elena. Charlando de lo increíble que estaba siendo toda esta experiencia. Antes de despedirnos, me mandó dos selfies que se había sacado en el baño, lamiendo mi semen que le había quedado en su mano. Nos despedimos así. Yo no podía creerlo.

    Esa noche tuve que masturbarme, antes de dormir, mirando esas fotos para poder quitarme la calentura que me habían provocado. No veía el día de poder cogérmela de vuelta.

    Continuará…

    -Alexander0022-

  • Sira y Álex

    Sira y Álex

    En este primer relato, os voy a contar la primera vez que estuve con Álex.  Fue hace seis años, yo estaba estudiando la oposición de enfermería en una academia en la que además de mi especialidad, preparaban otras muchas, como magisterio, policía local, administrativos, etc. Por lo que había muchas personas entrando y saliendo a casi todas horas.

    Además de ser opositora, trabajaba poniendo copas en un local de bastante afluencia los viernes y sábados por la noche, el resto de la semana lo ocupaba en estudiar, ir al gimnasio, estar con las amigas y algunos días cuidaba de una amiga de mi madre, la cual era muy generosa al pagarme. Todo esto hacía que yo estuviera en mi mundo, sin fijarme en nada ni nadie.

    Al trabajar en un pub, estaba acostumbrada a que algún chico de vez en cuando intentase ligar conmigo, que le prestase atención individualizada durante un rato, rara vez lo han conseguido, pero un sábado mientras la barra estaba llena de gente pidiendo copas, escuché: “Ya que nunca me miras cuando nos cruzamos espero que aquí me hagas algo más de caso”. Extrañada, levanté la mirada para ver quien me había dicho eso, era un chico alto, moreno, parecía que tenía los ojos bastante claros, iba vestido con vaqueros y camisa; no lo había visto en mi vida, o eso creía yo.

    La verdad es que era un chico que llamaba la atención, nos quedamos mirando el uno al otro unos segundos, yo puse cara de extrañada mientras echaba hielo en dos copas que estaba preparando, en ese momento, él me sonrió con bastante timidez, lo cual me gustó mucho ya que vi que no era el típico que le gustaba llamar la atención delante de todos; me puse un poco nerviosa y uno de los hielos lo eché fuera del vaso, por lo que al acabar de servir esas dos copas me fui hacia el otro lado de la barra por vergüenza.

    Dejé pasar un rato para acercarme a él, pero cuando me armé de valor, me di cuenta que ya no estaba, le había servido mi compañera y al parecer ya no estaba en el pub. No sé cuáles eran sus intenciones, pero consiguió que me despertase mucho interés en él.

    Pasé los siguientes días pensando en él, hablando con mis amigas sobre la noche del sábado, la verdad es que estaba deseando poder hablar con él, no sé porqué pero esa situación hacía que me pasase el día bastante excitada, fantaseando en quién era, de qué me conocía, cuando lo vería la próxima vez…

    El lunes por la noche no aguanté más y me masturbé en la cama mientras pensaba en su sonrisa y en sus ojos claros, en aquella época me masturbaba solamente usando mis manos. Apagué la luz e imaginé que estaba allí conmigo en la cama, empecé poco a poco, primero acariciando suavemente mis tetas y con otra mano haciendo lo mismo pero entre mis piernas; cuando ya estaba muy caliente y húmeda, metí dos dedos dentro de mí mientras la otra mano acariciaba y estimulaba la zona de mi clítoris, poco a poco aumenté la velocidad de ambas manos hasta que tuve un orgasmo mientras pensaba que el chico desconocido estaba encima de mí.

    Los siguientes días prosiguieron con normalidad, continué con mi rutina hasta que el miércoles, entrando apurada en la academia, ya que llegaba tarde a clase. Así como entré en el portal, me encontré justo de frente con el chico que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza desde el fin de semana.

    Nos paramos los dos, sonreímos sin dejar de mirarnos a los ojos, hasta que me dijo:

    “Oye, perdona por lo del otro día, si te molestó te pido perdón”.

    Yo no sabía ni qué contestar, estaba muy tímida, y eso era realmente raro en mí, siempre he sido una chica echada para adelante y que normalmente era yo quien llevaba la iniciativa con los chicos, pero no sabía bien porqué este chico tenía algo especial.

    “Nada, no te preocupes, es que como no te conozco, no te hice mucho caso”.

    “Ya… bueno, perdona, me llamo Álex y como doy clases en la academia siempre te veo por aquí, sólo quería conocerte.”

    “Me llamo Sira y… llego tarde a clase!! Pero encantada de conocerte, si no nos vemos por aquí antes… el sábado vuelvo a trabajar en el mismo pub eh?”

    Él se quedó callado sonriéndome y yo subí apurada a clase, pero notaba como mis bragas ya estaban un poco húmedas. Al entrar en el aula y sentarme, me tranquilicé un poco y pensé: ”Sira… creo que acabas de quedar con él para el sábado!!!“. Cuando me di cuenta de esto, mis bragas ya estaban bien mojadas.

    De miércoles a sábado se me hizo eterno, hablé mil veces con mis amigas, unas me aconsejaban que me lo tirara en cuanto tuviera ocasión, otras que esperara si realmente me gustaba, etc. Yo no sabía muy bien a quien hacerle caso, pero por si acaso, el sábado lo dediqué a prepararme por lo que pudiera pasar.

    El sábado me desperté tarde al trabajar la noche anterior, tenía decidido que algo iba a pasar con Álex esa misma noche. Me fui a dar una ducha de agua bien caliente, aproveché para quitarme el poco pelo que tenía entre mis piernas, ya que había hecho sesiones de láser con anterioridad, por lo que cogí mi cuchilla y con mucho cuidado me afeité lo poco que tenía en el pubis, lo dejé suave de todo; al secarme me eché una crema hidratante para dejarlo perfecto.

    Por la tarde, escogí el vestuario, quería que Álex se pusiese cachondo nada más verme. Después de dar muchas vueltas, escogí un vaquero que me marcaba el culo y un top negro con mucho escote.

    Se me había hecho eterno el día, pero ya estaba en el pub, poco a poco se fue llenando más y más de gente. De vez en cuando miraba a mi alrededor para ver si Álex venía, estaba nerviosa, no me lo podía ni creer yo misma. Pasaron las horas y no aparecía, era casi la hora de cierre, así que me olvidé un poco de la posibilidad de estar con él.

    Se encendieron las luces del local y los porteros empezaron a avisar a la gente que había que salir del pub, en ese justo momento apareció Álex delante de mi, pegado en la barra; me sonrió y dijo:

    “Perdona Sira, no sabía que cerrabais a esta hora, estuve con unos amigos hasta ahora, te espero fuera??”

    “Aún voy a tardar 30 minutos que tenemos que reponer las neveras, pero… si me esperas, me encantaría”.

    Estaba él solo en la calle, sentado en un banco, he de reconocer que me encantó que esperara sólo por estar conmigo. Yo estaba convencida de que iba a intentar algo con él, no sabía ni cómo ni cuándo, estaba con muchísimas ganas.

    Después de charlar un poco, se ofreció a acompañarme a casa, no vivía muy lejos de allí. Decidí dar un rodeo por un parque, para estar más tiempo con él. Nos reímos mucho juntos, se notaba que estábamos a gusto el uno con el otro. Yo tenía la idea de en algún lugar del parque acercarme a él, besarlo y que pasase lo que tenía que pasar.

    Mi plan se truncó, porque en el primer sitio que tuvo la oportunidad, se acercó a mi, me agarró por la cintura y me besó. Tuve que ponerme de puntillas para que él no tuviese que agacharse tanto, no sé cuánto tiempo duró ese beso, pero yo ya estaba empapada. Nos estábamos calentando mucho, yo ya no era dueña de mis actos y tenía una mano acariciándole el paquete por fuera de su vaquero. Notaba su polla bien dura, la verdad es que era de buen tamaño, podía incluso notar su glande a través del pantalón.

    Estaba excitadísima, besaba muy bien, y una de sus manos ya estaba por dentro de mi pantalón. Estaba acariciándome la entrepierna con toda su mano, en ese momento él ya notaba lo suave que estaba ahí abajo. Debió de entender que me había preparado para él, porque justo en ese momento noté como su polla se ponía incluso más dura.

    Nos movimos un poco, para encontrar un sitio en el que no nos viesen fácil si pasaba alguien por el parque. Quería hacérselo allí mismo y así se lo hice saber: ”Te follaría, si sé esto me ponía minifalda y no pantalón, pero podemos hacer esto…”. Y le baje la cremallera del pantalón, metí mi mano y con dificultad saqué fuera su polla, estaba ya mojada y su calzoncillo estaba empapado. Mi mano estaba igual de mojada que su calzoncillo. Comencé a masturbarlo mientras le besaba, él ya tenía un dedo metido dentro de mi, y con la otra mano me agarraba la nuca. No sé si fue el destino o casualidad, pero nos corrimos los dos a la vez

    Al acabar seguimos paseando hasta mi casa, la verdad es que seguimos riéndonos hasta que llegamos. Nos despedimos con otro beso apasionado en la puerta, cuando se separó para irse, me sonrió y me dijo: ”Me encantas”. El resto… hasta hoy… os lo iremos contando con calma.

  • Mi vecina me chupa el pito

    Mi vecina me chupa el pito

    Me presento, tengo 22 años y soy un joven atleta, en ocasiones voy a marcarme al gym o voy a correr para hacer cardio. Soy alto y me siendo fuertemente atraído por las mujeres.

    En una ocasión hace unos meses venía llegando a mi casa, volvía del gym y eran como las 7 de la tarde, estaba el atardecer a todo lo que da y no tardaba en oscurecer… Al llegar a la puerta de mi casa pude observar como mi vecina iba bajando de su coche, por supuesto que quería observar su hermoso cuerpo, acompañada de una hermosa vestimenta de secretaria, con sus tacones altos.

    Yo tenía la intención de verla y después entrar a mi casa para masturbarme imaginando sus bellas nalgas, para mi sorpresa ella me vio y me habló, pues nos tenemos mucha confianza, me pidió que si de favor podía ayudarle a bajar unas bolsas de mandado, al parecer fue a hacer sus compras, le dije que con mucho gusto le ayudaba, una vez estando los dos adentro de su casa me dijo que pusiera las bolsas del mandado en la cocina, que mientras ella pasaría a quitarse los tacones, que la esperara. Dejé las bolsas en su cocina y aproveché para observar que había comprado… en eso salió de su cuarto ya con su ropa de dormir, una pijama algo chiquita.

    Estaba un poco caliente por la situación, tenía frente a mi a la mujer que le quería meter la verga, en mi cabeza imaginaba todo lo que le quería hacer y también imaginaba como poder decirle que me la quería coger, continué observándola y me dijo que si le podía ayudar a cambiar una llave del agua porque estaba tirándose, le dije que sí y me dirigió al lugar donde se encontraba la llave

    Estando en su patio me dijo dónde estaba la llave que tiraba agua, para esto tuvo que agacharse, y para mi buena suerte se le levantó un poco su pijama y le pude observar la tanga que traía, eso hizo que yo explotara, mi pito se empezó a endurecer y yo quería explotar aventado todo el chorro de mecos, le pedí a mi vecina entrar a su baño, me dijo que si.

    Quería masturbarme y para eso entré al baño, me la estaba jalando, estaba muy excitado y caliente, imaginaba poniendo de perrito a mi vecina y meterle la verga con su tanga de lado, imaginaba como jadeaba y gritaba como una puta pidiendo más y más pito, que le diera más fuerte… pasaron unos minutos y cuando estaba a punto de entrar ella sin más entró al baño y me vio masturbándome, me preguntó que si me podía ayudar, por supuesto que en ese momento le dije que sí y me la llevé a su cuarto, le quité su pijama y deje sus tetas al descubierto, solo tenía su hermosa tanga de hilo color rosa, y sin más la puse de rodillas y le dije que me chupara la verga, que gracias a ella la tenía así, ella se hincó y empezó a darme la mejor mamada de mi vida.

    siguió por unos 10 minutos chupándome la verga y le dije que me quería venir, que quería darle mi lechita en su boca, así que ella como muy puta me dijo que si, que se quería tragar mi leche, eso me puso más caliente aún y en cuestión de segundos explotó mi verga expulsando una gran cantidad de leche, toda su boca estaba cubierta de mi leche, le dije que se la tragara, se la tragó y me dijo que estaba muy rica, que por hoy ya era todo pero que sin duda otro día me iba a llamar para meterle la verga por el culo, que le encantaba la verga por el culo y que anhelaba hacerlo.

    Sin duda que voy a volver para meterle la verga y venirme de nuevo en su boca… Espero les haya gustado este relato, espero sus comentarios para seguir subiendo relatos!

    Saludos, escríbanme, mujeres!!!