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  • La edecán que más me gustaba

    La edecán que más me gustaba

    Ya había compartido un relato con ella. Heidy, la edecán que más me gustaba del grupo. No sé si era la más bella de todas, pero tenía algo que a mi me fascinaba, unos senos preciosos.

    Habíamos quedado de volver a tener un encuentro, pero esta vez más privado, algo planeado. Ese sábado, después de llevar a todas las chicas a su casa, dejé a Heidy por último, para que nadie se enterara que la iba a llevar a un lugar especial. Pasamos a comprar una pizza, refrescos, palomitas, y de más cosas. Supuestamente íbamos a ver una película, y pues lo que se tuviera que dar.

    La llevé a un motel que está a las afueras de la ciudad, uno que tiene todas las comodidades. Yo quería que tuviera hasta jacuzzi, por si era posible también usarlo. En fin, llegamos y nos pusimos cómodos, nos metimos a bañar. Primero yo entré, puse agua caliente y me senté en una banca que tiene ese baño, especial para relajarse mientras te duchas. Después escuché la puerta, era Heidy, entró con un traje de baño que traía en su mochila. Lo recuerdo bien, brasiere verde con flores rosas y una tanga preciosa, que combinaba perfecto con el brasier. Corrió la puerta y me dijo que si podía entrar. Yo estaba totalmente desnudo, pero pues sabía a lo que íbamos, así que no me importó, le dije obviamente que si. Pero al entrar ella, mi verga se me empezó a parar, me dio mucha pena, porque tal pareciera que yo ya quería comenzar la faena, cuando en realidad, si quería ver la película jaja.

    Ella trataba de no tocar mi pene, pero era imposible, el baño tampoco era tan grande, así que ocasionalmente mi glande rosaba sus nalgas, su pierna, su pubis, era incómodamente delicioso. Estuvimos platicando muy casual, cada quien enjabonándose de lo más normal. Cuando acabamos de enjuagarnos, la tomé de la mano y le pedí un beso, ella accedió y me besó muy rico, la acerqué y tomé de la cintura, comencé a bajar mis manos a sus nalgas y le fui quitando la tanga, se la fui bajando, mientras yo también me agachaba, tuve su pubis en mi cara, así que me acerqué y comencé a darle pequeños besos. Ella tenía el área depilada, lo cual prefiero siempre. Comencé a lamer sus piernas, su ombligo, un poco sus labios vaginales, mientras ella sollozaba de gusto. Con mis manos agarraba sus nalgotas y se las abría, como con ganas de que le entrara el agua de la regadera por el culo. Comencé a excitarme tanto!

    Me fui levantando poco a poco, hasta llegar a sus pechos, le desabroché el brasier y comencé a hacerlos míos, de un seno me pasaba al otro, estaba literalmente tomando agua de sus pechos. Ella se recargó en la pared y dejó que yo hiciera todo, después la giré, para que me diera la espalda y le acerqué mi verga a su trasero, ella comenzaba a girarlo y moverlo de atrás hacia adelante. Me eché un poco de shampoo en la verga, y la puse entre sus nalgas, solo la punta, sin intención de penetrarla, solo quería que sus grandes nalgas me apretaran el glande, era una sensación tremenda. Me dijo que me pusiera condón y nos fuéramos a la cama. Nos salimos y comencé a buscar el condón, pero no lo encontraba, me acordé que se me había quedado en la tienda. No puede ser, no estaba listo para la acción!!

    Heidy me dijo que estaba muy excitada, que necesitaba que me la cogiera. Llamé a recepción y no atendían mi llamada, estaba perdido! y definitivamente, no lo haría sin condón.

    Le ofrecí una disculpa y le dije, tendré que ser creativo y poder compensártelo, así que comencé a hacerle masaje en la espalda, la recosté boca abajo y le pasaba las manos por toda su parte trasera, le agarraba las nalgas, las pantorrillas, estaba deliciosa la maldita! Usando un poco de crema, le fui pasando los dedos entre sus nalgas, ella se estremecía pero me permitía hacerlo. En unos minutos, ya tenía mi dedo índice y medio dentro de su culo, ella con las nalgas levantadas recibiendo una masturbación anal que Heidy estaba gozando y yo también, después los dos dedos se convirtieron en tres. Heidy se tocaba los senos y se comenzaba a manosear su clítoris, estaba a punto de explotar. Yo le besaba el cuello, las orejas, la espalda, mientras seguía metiéndole los dedos, hasta que ella lanzó un gran grito. Yo sentía como su culo se abría y cerraba, eran la reacción de sus esfínteres al tener ese delicioso orgasmo.

    Ella se levantó y me dijo que era mi turno, me dijo que eligiera. Le dije que regresáramos a la ducha, yo tenía que lavarme obviamente, pero quería terminar ahí. Fuimos al baño, nos lavamos nuevamente. Yo me senté otra vez en la banca y le dije “acércate. Quiero que me hagas una rusa y terminar en tus tetas”. Heidy agarró una toalla, la dobló y la puso para acomodar sus rodillas en ella. Empezó primero haciéndome una deliciosa mamada. Cabe mencionar que ella tiene los labios grandes, así que era una sensación perfecta. En seguida, puso mi verga entre sus hermosos melones, y comenzó a hacer su movimiento de arriba hacia abajo, turnaba la acción con unos besos en mi glande, pasaba su lengua por mi verga, después continuaba con su paja rusa.

    Se apretaba las tetas para darme mayor placer. Sus manos apenas eran suficientes para agarrar esos pedazos de carne, que se iban de arriba hacia abajo y rebotaban al ritmo que ella se movía. Yo estaba casi listo para terminar, así que me levante y le dije que se pusiera lista para venirme en ella. Heidy con una risa malvada, se untó jabon en su culo, se volteó, me agarró la verga y la introdujo en su ano. Un movimiento de 10!! Así que la agarré de la cadera y comencé a cogérmela, si! así sin condón, olvidé toda regla de salud, pero entre mi calentura, lo pensé bien y me salí. Le dije que así se quedara, comencé a masturbarme fuertemente y después de unos momentos, le lancé toda mi leche en su culo, que se había quedado abierto después de haberla perpetrado con mis dedos y mi verga. Ella hacía movimientos circulares, mientras yo seguía arrojando toda la leche. Me agaché y le mordí una nalga, en señal de que había terminado.

    Me volví a lavar detalladamente y nos salimos. Después de eso, cenamos y vimos un poco la película. Terminamos dormidos pero con una buena satisfacción. Sexo y Pizza!

  • Permito que el taxista me coja

    Permito que el taxista me coja

    Siempre que tengo ganas de coger rico, me aguanto lo más que puedo, para que cuando pase me desboqué, como perra en celo.

    La otra vez estaba bien ganosa y en tres días, no me dedeé, ni cogí, me subí a un taxi para que me llevara a casa como a las 10 de la noche, llovía a cantaros, había tráfico, a duras penas se lograba ver el carro de enfrente, así que el tipo me dijo que esperáramos un rato, estacionó el taxi en una calle muy oscura, no se miraba ninguna luz empezamos a conversar.

    F: Me llamo Fernando, ¿qué edad tienes?

    L: 31 Años, soy Monique Letizia

    F: ¡Dos nombres eh!

    L: ¡Letizia es mi apellido!

    Luego de una conversación, que no sé cómo llegó a convertirse en algo picante, vi cómo le crecía el paquete, bastante grande, no podía dejar de vérselo, él se dio cuenta y como si fuera casualidad me paso a traer la teta, me prendí inmediato, no le dije nada y volvió a hacerlo, así que le agarré la mano y deje que me manoseara las tetas.

    F: ¡Que ricas tetas tienes nena!

    L: ¡Se te ve muy rico ahí abajo!

    ¡Estaba tan caliente que no me importaba que fuera un desconocido, necesitaba desahogar mi calentura!

    Me las estuvo acariciando, un rato, luego me apretó el pezón y dos dedos y con un tercero pasaba en la punta, hizo el sillón para atrás, se acercó a mí y me beso, mientras me desabrochaba el pantalón, me metió los dedos y me acaricio muy suave, se quitó la camisa, me incorporé y desabroché mi blusa, quería un macho dentro de mí y este parecía estar dispuesto a quitarme las ganas.

    F: Chiquita, estas buenísima, ¡ahorita vas a ver!

    L: ¡Si, cógeme, uhm!

    Se quitó los zapatos y luego se quitó los jeans, se le notaba el paquete en los calzoncillos, le acaricié por encima y el miraba, tenía un cuerpo bien formadito y un paquete bien rico, él ya era maduro, tenía unos 45 o más, pero se veía en buena forma, ¡eso me calentó aún más!

    Me quité los jeans, me quedé en tanga y brasear, me acaricio encima sin hablar, yo estaba temblando de ganas.

    F: ¡Que tetas más ricas, uhm!

    L: ¡Que macho eres!

    Me levantó el brasear y me empezó a mamar las tetas con fuerza, las succionaba y movía la lengua, me bajo la tanga y me manoseó la concha por encima, luego metió su dedo y me bien mojada, se empezó a tocar la verga, ¡con la mano dentro del calzoncillo!

    F: ¡No traigo condón nena!

    L: ¿Quieres usarlo?

    F: ¿Y si te preño?

    L: ¡Vamos, cógeme!!

    Se incorporó, me abrió las piernas y se colocó encima me miraba mordiendo el labio y con una sonrisa, me la dejó ir de un empujón, grite, el me empujaba la cosa con todas sus fuerzas, me dolió la sacó y volvió a meterla de un golpe, la saco hasta la punta y de nuevo me la dejó ir de un solo golpe, yo lo recibía con dolor, me embistió de nuevo, mi cuerpo lo recibió, el placer empezó a mezclarse con el dolor y los gemidos, su sudor, volvió a embestirme con fuerza pero más rápido, metía y sacaba su dura y grande verga, se movía con fuerza!

    F: Así, eso, toma putita, ¡eso les pasa a las putitas fáciles como tú!

    L: ¡Ah, señor, que rico, uhm!

    F: ¡Toma, toma mi verga, uf!

    L: Dios, ¡que rico!

    Se hizo para atrás, me dijo; “a ver puta cabálgame la verga”, le obedecí, me puse encima, me puse la punta en mis labios vaginales y me jalo las caderas para abajo, me clave la verga hasta los huevos, me dolió un montón, la tenía gruesa, ninguna verga me había dolido, pero al del viejo taxista me estaba haciendo aullar de placer y dolor!

    Intenté levantarme, pero el empezó a mover sus caderas para arriba y me retenía con fuerza, luego de un par de minutos, volví a gozarla, gemía con fuerza, el paro y yo empecé a hacerme para adelante y para atrás mirándolo fijo, estaba tan caliente, que no pude más y terminé.

    L: ¡Ah, me vengo, uhm!

    F: Eso, así, ¡muévete puta!

    L: ¡Ah, papi, ah!

    F: Que rico, me vas arrancar la verga de lo rico que la aprietas, ¡uhm!

    Él aún estaba bien parado, me dijo que se la mamara y se la mamé bien succionada y con mis dos manos le acaricié y le sobé los huevotes.

    F: Uhm, ¡que rico mamas sigue uf!

    L: Uhm, ¡papi, que dura, uhm!

    El gemía y me excité y me senté de nuevo en él, me dijo que puta te gusta coger, esta vez yo me sentaba y me levantaba, él se reía y me manoseaba el culo, finalmente me penetro con su dedo, y yo empecé a hacerme adelante y atrás con fuerza, estaba extasiada, sentía como en el vientre me corría fuerza, sentía su virilidad, él tenía los ojos rojos y vidriosos, no decía nada, ¡me lo estaba cogiendo bien rico!

    L: Así papi, cógeme, soy tu puta, ¡cógeme!

    F: Uhm, ¡nena, toma, toma!

    Empezó a apurar, yo me agache para rosar más el clítoris, sabía que se vendría, ¡apuré el paso y empecé a sentir como me venía el orgasmo y un chorro de leche inundo mi vagina!

    L. Ah, papi!!

    F: ¡Ah, que rico, uhm!!

    Se quedó quieto y gemía fuerte, yo me lo cabalgué despacio, mientras se me contraía la cuca y el culo, me quedé encima de él hasta que se le aguado.

    Me puse a la par y él se limpió, yo no quise, me quede con toda la leche que me salía por mi hoyito caliente, se fue para adelante y se vistió, me dio la ropa y me vestí atrás, me llevó a mi casa y nos dimos las buenas noches, no me cobró, le pague la carrera con una corrida dentro de mí.

    Dormí así y desnuda, estuvo tan rico, estaba tan cansada y me dolía mi conchita que me quedé dormida de inmediato.

    Que rico ser cogida a pelo y más por un extraño, ¡sentir como el semen caliente llega a mis entrañas es lo mejor!

    ¡Saludos, su amiga Lety!

  • Sharon la esposa de David

    Sharon la esposa de David

    Muy a pesar de mis tantos viajes por el mundo y la república mexicana, aún tenía muchos lugares por visitar, ya fuera por querer conocerlos, por tener intención de vivir alguna experiencia nueva, por prospección de clientes para mi negocio o simplemente por invitación de amigos que habían mudado de residencia.

    Uno de esos sitios era la ciudad de Guadalajara, ciudad que se me había resistido desde hace tanto tiempo por diversas circunstancias, y para la que había agendado una visita ya que se celebraría un festival musical en el Parque Tras loma y así aprovecharía para conocer algunos de sus atractivos turísticos y visitar a un buen amigo del colegio que por cuestiones laborales se había mudado con su esposa a ese lugar.

    Pensé en llevarme a una de las becarias de mi empresa que me llamó la atención desde que se incorporó al equipo de trabajo, una estudiante de diseño gráfico que apenas andaría llegando a sus veinte años.

    Había ya tenido algunas charlas con ella en las cuales me hizo saber sus gustos musicales mientras yo la desnudaba en mis pensamientos, era buena la oportunidad, una chica joven, con ganas de crecer profesionalmente, en una ciudad alejada, con gastos pagados y todo a su disposición para pasarla bien, pero al ser aún “chica de casa” sus padres no le permitieron asistir.

    Adelantándome a lo que pudiera suceder compré dos boletos en la zona VIP del evento, quería deslumbrar a mi becaria y aprovechar esos días en la ciudad para, además de visitar lugares con atractivo turístico, pegarle unas buenas folladas al llegar a nuestro hotel, ya que la niña estaba que se caía de buena, con la frescura de las muchachas de su edad, y con unos jeans ajustados que parecieran a punto de reventar por rotundo par de nalgas que cubrían.

    Decepcionado por ir sólo me dediqué a tratar de recuperar algo del dinero invertido al poner a la venta el boleto sobrante en foros de internet, aunque sin mucho éxito, puras ofertas ridículas de jóvenes que no tenían dinero y sólo se hacían pajas mentales pensando que podrían ir.

    Decidí llevarme el boleto y ver si lo podía colocar a la entrada del evento, algo saldría, ya ni siquiera hice el intento de invitar a alguna amiga o conocida, pensé en comprobar los dichos populares de que las mujeres de Guadalajara son hermosas, más en un lugar donde pulularían jóvenes deseosas de bailar y disfrutar un buen momento.

    Tomé mi vuelo por la mañana un día antes del festival, llegué antes de mediodía a mi hotel, por lo que después de una ducha y un cambio de ropa me dispuse a recorrer los municipios cercanos, visité varios lugares de interés y termine comiendo en un famoso lugar de Tlaquepaque, unos tragos, mariachi y de vuelta al hotel, había quedado con mi amigo David, de épocas de colegiales para ir a cenar a su casa y conocer a su esposa Sharon, toda pintaba a noche de plática de cosas de familia, iba a ser aburrido, ya no era como antes de irnos de bar en bar a ver que pescábamos, las cosas con el tiempo cambian, que va, habría que aceptar y no quedar mal.

    Llegué a una hermosa casa, decorada con muy buen gusto, después de la primera cerveza y esperando que bajara nuestra anfitriona mi amigo me puso al tanto de sus andares y yo hice lo propio, la verdad que no le había ido mal, gerente de una gran empresa y aún con posibilidad de crecer más.

    Pasada aproximadamente una hora una fina fragancia comenzó a inundar el ambiente; bajando por las escaleras venía un portento de mujer, una larga figura soportada por unas potentes piernas, enfundada en un vestido negro con motivos florales, con un vuelo que dejaba ver unos apetecibles muslos y un corte que ceñido a su cadera dejada ver las formas perfectas de la cintura que se perdía en unas tetas que dejarían babeando a cualquiera, un atuendo sencillo pero cautivador, era una verdadera hembra esa mujer.

    Sinceramente un poco nervioso me puse, no sabría explicarlo, pero esa bella dama había causado tal impresión en mi persona que me dejo anonadado.

    S: ¿Tu eres Luis verdad?

    L: ¡Si un gusto!

    D: ¡Él es de quien te hable corazón!

    S: ¡Es guapo! ¿Y tu mujer?

    L: ¡En la ciudad, yo decidí esto solo!

    D: Basta de preguntas, ¡mejor pasemos a lo siguiente!

    La noche transcurrió sin nada relevante, más allá de mi turbación, estaba por marcharme ya entrada la madrugada cuando mi amigo dijo que no aceptaría que me fuera a las tantas, por lo que me fue ofrecido el cuarto de huéspedes, yo algo cansado del viaje y de la jornada caí como un nene recién nacido, no fue hasta la mañana del día siguiente que los acontecimientos cambiarían drásticamente.

    Con las normales ganas de ir al baño que suelen ocurrir cada mañana me desperté, me dirigí al baño con la intención de acicalarme un poco y partir al hotel para arreglar mi atuendo y lo necesario para el evento al que principalmente había venido.

    Al abrir la puerta cual va siendo mi sorpresa al ver a Sharon sentada en la taza, con sus pequeñas bragas en el piso y con el olor característico y fuerte del orín matutino y el sonar del chorro al golpear la porcelana, no sabía en dónde meterme, me entró un acojinamiento que me quedé de piedra, a la vez que, tampoco sé el motivo, me excite y mi miembro comenzó a crecer.

    Ella al verme así, de la manera más natural soltó la carcajada y le quitó tensión al asunto, ¡a lo que también reí!

    L: ¡Una disculpa jajá!

    S: No pasa nada, ¡aunque noto los estragos de la mañana jajá!

    L: Lo siento, ¡cosa de hombres!

    SS: ¡Aunque, no se ve mal!

    Al verme así, pillado, volví a mi habitación y sólo salí hasta que oí que ella regresaba a su habitación.

    Ya repuesto de todo el show, bajé para despedirme de ambos y partir, pero me encontré con la noticia que David había partido de viaje muy temprano debido a problemas que se presentaron en su trabajo, me dejo recuerdos y la invitación de permanecer en su casa el resto del viaje, incluso la propuesta de que su mujer fuera mi guía en la ciudad.

    Una mujer espectacular, sola para mí, unos días, un boleto extra para el festival y ganas de pasarla bien, los astros se alineaban para que algo sucediera.

    La invité y accedió, después del desayuno partí con la promesa de verla en el lugar del evento, ya en mi hotel pensé en las posibilidades y descarté cualquier acto desleal, dejé de lado pensamientos lascivos y me concentré en disfrutar el evento con buena compañía, sólo eso.

    Pedí mi taxi y al llegar al lugar lo que vi hizo que cambiara totalmente de planes, hacía mucho que una mujer no me ponía tanto, un fino vestido de gasa, con un cinturón que resaltaba su cintura, con un escote que hacía no querer levantar la mirada, con los hombros sensuales al aire y una frescura en su rostro que parecía adolescente de las que ahí se congregaban, el vestido por su material dejaba ver su ropa interior, un sostén floreado y el encaje de su bóxer cachetero, todo rematado con unos converse blancos que me hicieron querer comérmela ahí mismo.

    L: ¡Te ves bien!

    S: Ay gracias, ¡sierra la boca jajá!

    L: ¡Perdón!

    S: Es broma, ¡vamos!

    Una cerveza y plática de trivialidades, otra cerveza y plática de asuntos de familia, una cerveza más y charla de sus problemas con su marido y de que no era feliz, más y más cervezas y asuntos íntimos salieron a flote.

    Al parecer era una mujer caliente y eso se notaba a leguas, mira que coquetearle al amigo de tu marido, pero bueno, el punto era que mi amigo no la atendía como debía, buscando ella incluso satisfacer sus necesidades sexuales visitando páginas de relatos y videos porno para estimularse.

    L: ¿Guau, en serio?

    S: Así es, ¡la verdad él está más enfocado en otras cosas!

    L: Con todo respeto, ¡pero que desperdicio!

    S: ¡Porque dices eso!

    L: Yo sé porque, ¡jajá!

    No sé si debido a las cervezas ya no me encontraba tan cortado, al contrario, estaba excitado a más no poder, tenía que follar a esa hembra a como diera lugar.

    Debido a la cantidad de gente, los empujones eran continuos, por lo que puse a Sharon justo delante de mi persona para protegerla de los empujones, lo que resulto que en cada movimiento se fuera tallando ese delicioso culo en mi verga que ya estaba a reventar.

    Fue avanzando la noche y también los arrimones que ella se daba, ya no eran debido al movimiento de la gente a nuestro alrededor, me di cuenta que eran intencionales, incluso en un momento que el audio lo permitió llegué a escuchar un suspiro de su parte, ¡cada vez se abandonaba más al placer!

    Yo en algún momento, de una manera disimulada aprovechaba para tomarla de la cintura y acercarme a su cuello para rozarlo con mis labios y aspirar su aroma, ella sólo ladeaba la cabeza y se recargaba en mi hombro, ya estaba más que lista para la acción.

    Todo en su conjunto, el alcohol, el ambiente del lugar, la noche, las luces y el baile que anticipada el apareamiento hacían del momento algo mágico, ya no había vuelta atrás, terminó el evento y ella giró, yo aún con mis manos en tan privilegiado lugar pero ahora llegando a sentir el nacimiento de su ingle y unos cuantos vellos púbicos, así afianzado casi a su sexo, sintiendo sus pezones enhiestos a través de la fina tela, me besó, un beso apasionado, lleno de lujuria, de deseo contenido, de hembra en busca de saciar su instinto bestial.

    Nos perdimos en la noche de Guadalajara, dos bares y morreos y sobadas sobre y bajo la tela, una mamada furtiva en un baño, una metida de dedos en el taxi rumbo a su casa, una comida de tetas en un callejón. Al entrar a su casa ya todo era darle rienda suelta a la pasión, con mis dedos oliendo a su intimidad y su boca con un vaho a mi verga.

    L: ¡Oh, Sharon, uhm!

    S: ¡Que grande y dura, uhm!

    Sinceramente me la quería follar con ese atuendo, así que caminando tras de ella, al llegar al sillón, la sometí.

    Besé su cuello, mordí cada lóbulo de sus orejas, aspiré su aroma a hembra en celo, lamí sus hombros, mordisqueé su espalda mientras con ambas manos entrando por el costado de su vestido masajeaba ese par de melones, con tallones de mi falo contra su culo macizo, poderoso.

    Así la quería follar, de espaldas, la dominación del macho montando a su mujer; la empiné y me perdí bajo el vestido, haciendo su calzón a un costado pase mi lengua por sus agujeros, me llené de su fragancia a mujer, a sudor, a orín, a deseo, chupé, lamí y lengüeteé su intimidad, besé sus ingles, succioné sus labios, metí mis dedos en su coño ahora lento ahora con furia, ya sus fluidos escurrían por sus muslos y dejaban ver una vulva brillosa, gritando por un pedazo de carne que la llenara y la dejara satisfecha.

    L: ¡Que rico!

    S: Métemela, me hace falta, ¡uhm!

    L: ¡Ok, ahí te va!

    Y así con el encaje de sus bragas marcándose en sus nalgas, con su ano apretado y moreno invitando a ser penetrado, sin ningún miramiento más que el instinto animal de la cópula, le dejé ir mi miembro hasta el fondo, sólo se escuchaba el chapoteo mientras yo agarraba sus tobillos para tomar vuelo y embestir cada vez con más fuerza.

    S: ¡Ah, Luis, que rico!

    L: ¡Que delicia de hembra eres!

    Ella era un mar, su sexo sacaba y sacaba jugos, con un olor que me embriagaba y me hacía darle más y más duro, que delicia al ver su sillón con una mancha que iba creciendo mientras yo le daba y le metía un dedo en su culo estrecho, ella se retorcía y babeaba, perdida, abandonada al placer.

    S: ¡Así papi, uhm que rico!

    L: Me encantas, ¡estas buenísima!

    S: Dios, ¡Luis que rico!

    L: Me vale que seas esposa de David, ¡será mía estos días!

    Aún con la ropa puesta la cambié de postura, ella boca abajo con las piernas bien abiertas, desparramada en su sillón, con las tetas al aire y mi pene nuevamente entrando, chocando hasta los huevos y deleitándome con sus gestos y gemidos, ¡dignos del mejor hentai japonés!

    S: ¡Cógeme, uhm, ah, sí!

    L: ¡Toma, uhm, me encantan tus tetas, uhm!

    Un chillido agudo cada que una descarga de su interior venía nuevamente, me pegaba en los muslos, se reía como loca, me empujaba para que me saliera, ya no podía más.

    La agarré de las caderas y me comí sus tetas, las estrujé y me perdí en sus pezones cuando ya sentía que mi perineo se contraía, que cada poro de mi piel comenzaba a erizarse, cuando la lecha ya subía por los conductos seminales con dirección a su útero; la besé con desenfreno, le mordí los labios, el cuello, le hice chupetones, la dejé babeada, le metí la lengua hasta el paladar, le comí la boca mientras uno, dos, tres, cuatro potente chorros salían disparados de mi verga, sentí contracciones como jamás las había sentido, su coño se sentía ardiendo al igual que mi semen, un calor intenso que abrasaba nuestros sexos, ella se abrazó a mi torso con sus piernas y así, cansados y sudados nos quedamos dormidos en el sillón.

    Por la mañana me levanté al baño, verla así, acabada, destruida, pero con un gesto de satisfacción y felicidad mientras dormía y con su coño con los restos secos de la follada me la puso dura otra vez.

    Saqué el móvil e hice unas capturas de ese momento, era un cuadro digno de enmarcar, ya en el aseo me entró una zozobra terrible, me sentía un campeón por follarme a tan majestuosa hembra, pero a la vez me sentía una basura como amigo.

    Me vi al espejo pensando en huir de ese lugar y después ver qué pasaba, había dejado pasar algunas buenas oportunidades a lo largo de mi vida y aunque en ese momento me sintiera mal, esa hembra era una oportunidad imperdible, al carajo con las buenas conciencias, a partir de ese momento, deje de sentir remordimiento al tener sexo con las parejas de mis amigos, de todos modos, algunos ya se han cogido a mi mujer.

    Esos dos días follamos como locos, le di lo que le hacía falta y David jamás se enteró.

  • Evelyn y Natty, tía y sobrina transexuales que se desean

    Evelyn y Natty, tía y sobrina transexuales que se desean

    Soy Evelyn, travesti de closet de 40 años y nunca me operé pues a todas mis parejas les gustaba que fuera pasiva y activa, y siempre me he sentido cómoda así recibiendo y dando placer.

    Quiero compartir mi experiencia incestuosa con mi sobrino, bueno sobrina, porque es travesti de closet, ya tiene 19 años y yo supe que algún día sería trans por su forma de comportarse y porque un día la pillé con unas tangas de mi cuñada, su mamá. Fui su cómplice y no dije nada, pero eso le dio alas a esta niña traviesa que eligió llamarse Natty y le queda muy bien porque es muy sexy como ella cuando usa tangas y shorts con sus piernas bien depiladas, bien maquillada y con tops pequeñitos. Es una ricura verla. Es toda una niña sexy.

    Resulta que una vez esta niña sexy me dijo que siempre me había admirado y que yo he sido siempre su primer amor, pese a que nunca habíamos tenido tanto contacto, aunque siempre le gustaba espiarme cuando iba de visita su casa y usaba el baño, me bañaba o cambiaba de ropa.

    Pero cierto día estaba en mi departamento solo con un vestidito transparente pequeño de randas color negro que me deja ver mi trasero, el hilo y el sostén. El vestidito es holgado como un baby doll, pero no lo es. Con un par de tacones y medias nylon negras eran las 7 pm y recién me había cambiado por algo más cómodo después de venir del trabajo.

    En eso golpean la puerta y es Natty, estaba deliciosa muy sonriente y riquísimamente maquillada, toda una sexy joven con un vestido de lycra negro de tiritas, sin sujetador y una tanga que se nota su gran bulto adelante.

    La recibo con un cariñoso: «Linda Natty, que hermosa estás», y se abalanza a mí y me abraza intentando darme un beso en la boca, pero le pongo la mejilla, pero aun así logra tocarme parte de mis labios con los suyos. Y le digo que no lo haga más, que tiene que respetarme que soy su tía y que debe comportarse y no ser malcriada y traviesa.

    Le pregunto «que vienes a hacer Natty, cómo así a esta hora?» y me responde «es que pasaba por el lugar y se me ocurrió visitarte tía bella, y de paso saber cómo estabas y si requerías que te ayuden alguna cosa del departamento, pues trabajas todo el día y yo tengo tiempo libre».

    Al darme cuenta de sus intenciones le dije que estaba bien y que no creía necesitar nada en particular, que le agradecía la visita, pero que recién llegaba del trabajo y lo que quería era descansar.

    Natty se me acerca y me dice que eso es lo que quiere, ayudarme y atenderme porque sabe que trabajo, pero yo le insisto y le digo que no, mientras mi atractiva sobrina travesti, como todo hombre que es al fin, intenta seducirme, agarrándome de la mano o intentando acariciarme cualquier parte del cuerpo mientras me desplazo por el departamento.

    Mientras voy al cuarto voy sacando algunas prendas de ropa para cambiarme y las pongo en la cama y ella ya estaba sentada en un borde con sus piernas delgadas cruzadas, sus brazos hacia atrás y mirándome mientras caminaba por el cuarto, de repente me soltó un: «tía, que rica estás, créeme que si me das la oportunidad haríamos cosas deliciosas», eso me gustó y excitó, pero trataba de ocultar a toda costa.

    Yo a mi edad y una niña travesti y no un hombre me estaba poniendo nerviosa y no quería estar así, por lo que le dije que me gustó o que me dijo, pero que no estaba bien lo que ella buscaba en mí y que yo no quería, además que estaba muy cansada y quería descansar, a lo que me contestó muy amorosa y sensual que lo menos que quería era molestarme y que solo quiere estar conmigo porque te gusta tenerme cerca, de cómo me visto, como camino y que quieres aprender de mi muchas cosas respecto a todo. Natty me dijo que se va a comportar y que no me va a molestar.

    Al decirme eso y con una muy mala actuación, le digo casi bostezando: «Natty lo que pasa es que eres muy traviesa y que no quiero que mal interpretes cualquier cosa ya que eres muy joven y no quiero que te hagas películas de cosas que no pueden ser porque eres una niña muy hermosa y sexy que tiene que buscar un hombre que te haga sentir y ansiar su verga y que te coman de las formas que tienes que descubrir tú sola, que la disfrutes y te guste todo lo que quieras».

    «Exacto mi tía hermosa», me dijo Natty muy contenta, «por eso es que te busco porque me dices eso porque me quieres mucho y me entiendes como nadie lo hace» y de repente la dejo acercarse a mí y nos damos un delicioso beso, dulce y rico de unos cuantos segundos y me aparto suavemente y le digo que quiero dormir un rato y que debe irse, ya que seguro la estarían esperando en casa, lo que me contesta que no me preocupe por eso, que dijo iba a llegar tarde a casa y que promete comportarse como toda una niña buena.

    Entonces, entre nervios y recelo le digo a Natty que está bien si me quiere acompañar y si quiere puede quedarse en la sala viendo TV y me acuesto en la cama, pero me pongo de lado, curvo mi espalda y brotó mi trasero haciendo que el vestidito se Levante y muestre mi trasero y el hilo también de color negro que contiene mi verga que está muy flácida y puesta hacia atrás casi tocando mi ano con la cabeza.

    Me hice la dormida y Natty no aguantó ni cinco minutos, y yo también quería que entrara. Entonces me vio y se dio cuenta de cómo estaba con mi trasero a medio cubrir todo brotado y fue acercando de a poco y empezó a pasar tus dedos primero por mi pierna y después por mi trasero, haciéndolo con mucho cuidado porque yo ya «estaba dormida», y la sorprendo apartando con mis manos la suya. «Ves que eres una diablilla traviesa», le dije mientras me acomodaba y broté más mi trasero como invitándola a que me acaricie más las nalgas, pero tu intención es subirme un poco más el vestido y mientras lo subes poquito a poquito broto más mi trasero como buscando sentir atrás mío la pelvis y el bulto de mi rica sobrina Natty, pero no lo hace aún y mientras Natty intenta subir un poco más el vestido, hago como que me doy cuenta y le digo que me había prometido comportarse y no lo estaba haciendo a lo que le dije que quería descansar un momento y que se haga a un lado de la cama. Mientras le digo eso sigo acostada y de lado con mi culo bien brotado con el vestidito ya sobre mis caderas y me empiezo a excitar y mi verga se empieza a parar y salirse del hilo lo que es notado por Natty y me toca muy sutilmente mientras mi verga crece.

    Le dije a Natty que si quiere puedes estar junto a mí, pero que no intentes nada más que puedo aceptar que esté acostada junto a mí, eso nada más.

    Entonces Natty se ubica atrás mío y yo me vuelvo a acomodar poniéndole mi culo frente a su pelvis y su bulto empieza a pararse y ponerse dura, mientras pasa eso me acaricia las piernas, me agarra la cintura y las caderas y se empuja hacia adelante muy despacio para que yo sienta lo dura que ya tiene su verga y me dice: «Tía deliciosa, que rica estás. Déjame sentir bien tu culo, te ves riquísima déjame hacer un lado el hilo, déjame disfrutar tu culo, brótalo, brótalo rico para mí.

    Me viro para mirarla y le dije NO! y agarré sus manos y le dije que mejor me abrace y que me agarre de la cintura mejor. Mientras se acomodaba hincándome con su verga aún dentro de su tanga, yo le brotó más mi trasero y abro mis nalgas, pero Natty me fue soltando de a poco la cintura y me dice susurrando al oído, muy femenina y sensual: “brota el trasero tía deliciosa, déjame disfrutarlo, abre las nalgas”, pero yo me sigo haciendo la dormida. Me tienes tan arrecha con el culo bien abierto y siento como me vas besando y pasando la lengua en el hombro, la espalda, la cintura y mis caderas, y recorre mis nalgas hasta que encuentras mi culo bien abierto para pedirme una vez más “brota más el culo, ábrelo para mí” y Natty se da cuenta que al pedirme eso me excita, porque mi verga se pone más dura y empieza a moverse sola y a lo que yo accedo curvando más mi espalda y ella me hace a un lado el hilo y lo primero que hace es mamarme, chuparme y lengüetearme el ano, lo abre con las dos manos para tenerlo más abierto de lo que yo trataba, me lo hace a ratos, como si me estuviera besando apasionadamente o si tratara de comerme a punta de lengua y mamadas, lo que me hace ya estar más que despierta y gemir como loca deliciosamente ante tan magistral mamada de culo y solo atino a decirle: «Natty, que haces mi chiquita, me quieres matar de placer, que rica lengua. No sabía que me tenías tantas ganas de comerme así. Así, chúpame así, cómeme con tu lengua así. Que deliciosa eres Natty… ohhh… ahhhh… mmmm… que rico… mmm… más… más… cómeme más… mmm…».

    Mientras yo broto más mi trasero y Natty lo hace como si ya habíamos estado juntas y sabe lo que me gusta y como me gusta.

    Mientras eso sucede las manos de Natty se encargan de mí verga tiesa, dura y ya fuera del hilo con tanta deliciosa mamada de culo de mi Natty hermosa. Entonces ella empieza a acariciarla como si me masturbara y aprovecha a ratos para lamerme y chuparme las bolas, el tronco o la cabeza, la que hace hacia atrás para chuparla, mamarla. Eso también me encantó de Natty.

    Natty se acomodó atrás mío y puso su pecho en mi espalda, me rodeó con sus brazos y sus manos sobre los míos, puso su barbilla en mi hombro para ponerse mejilla con mejilla conmigo y me dijo susurrando: «abre más el culo que quiero que disfrutes mi verga», mientras siento su verga aún dentro de la tanga que me puntea y le digo muy provocadora: «mi amor, tengo que probar tu verga primero, antes que me la metas, para ver si tu cabeza no es muy grande para mí culo y no quiero que me hagas doler». Eso siempre le encanta escuchar a los hombres que la quieren comer a una. Eso los excita y mi Natty no es la excepción por muy nena que se vista.

    Entonces se acostó al lado mío y yo me doy vuelta y le digo como reprochándola: «ves que eres muy traviesa por lo que me provocas, pero que quería hace rato tenerte atrás mío y sentir tu verga. Eres una delicia Natty».

    Ya acostada, empiezo a acariciar a Natty, primero las piernas, todo el cuerpo, sentía su verga muy tiesa dentro de la tanga, dentro de su vestido de licra que levanté y también hice a un lado su tanga para ver como su verga bien parada y dura. La empiezo a chupar y succionar la cabeza que es bien grande y cabezona como me gusta y ya sabrán porqué, le digo a Natty que me gusta y que me excita y me hace gemir muy sexy y le digo: «mmmm… que rica verga tienes, pero eres mala, con esta cabezota me vas a hacer doler el culo mi amor».

    Natty me respondió: «Evelyn, tía preciosa, yo te voy a comer pero solo tú te moverás como quieras», mientras le sigo chupando la verga a Natty y gime delicioso, eso también me excita, saber que mi boca y mi lengua causan tanto placer, solo se sabe con los gemidos de quien recibe una buena mamada.

    Mientras se la sigo chupando y mamando a Natty, me la meto todo en la boca y ella me acaricia las nalgas y con sus dedos acaricia mi culo mojado por tu mamada. Ella sigue acostada y yo prácticamente en cuatro con mi cara entre sus piernas abiertas.

    Natty ya empieza a querer poner autoridad sobre mí y eso me encanta, que me digan que quieren hacerme y que me van a hacer, y me dice que ya me quiere meter la verga y le pido como suplicado «chúpame más el culo Natty, déjame bien mojada de nuevo para que no me duela» entonces Natty, ni corta ni perezosa me vuelves a mamar más rico el culo poniéndome más excitada y más caliente. Para eso ya había alcanzado de una de las mesitas de noche un envase de vaselina y le digo que me ponga bastante y con uno de tus dedos saca generosamente la vaselina y siento como me la pone entre las nalgas, el borde de mi ano, y que abro para que introduzca sus dedos y lo pone adentro. Eso se sintió delicioso por unos segundos antes de su verga.

    Con la vaselina yo hago también mi parte, meto la verga de Natty en la vaselina y la cabeza sale toda embarrada, le digo que me penetre acostada de lado y así se ubicó atrás mío. Natty me pidió que brote el culo y yo le dije que solo meta la cabezota de su deliciosa verga que quiero que sienta y aprenda lo que me gusta y ella obedeció. Metió solo la cabeza de su verga con mi culo abierto y allí fue que empecé a apretar su verga con mis nalgas mientras Natty apretaba mis caderas se desesperaba, gemía porque le gusta como mi ano apretaba su verga cabezona y no permitía que la metiera más porque si no no iba a seguir gozándome… pero Natty aprovechó que arqueé mi espalda para evitar que esa verga deliciosa se salga de mi culo y cuando me di cuenta ya me tenía atravesada con toda tu verga dentro de mi pues sentí sus bolas en los bordes de mi culo. Agarré sus brazos e hice que me abraces por la cintura y le dije: «sígueme clavando con tu rica verga, no me dejes escapar, sigue metiéndome la verga, sigue comiéndome con tu deliciosa verga».

    Natty me respondía entre gemido y gemido: «Tía Evelyn estás cumpliendo mi fantasía de comerte, siempre he querido meterte la verga y sentir tu culo comerse mi verga…», mientras hace eso con mis manos las hago hacia atrás para sentir su verga entrar y salir de mi culo, y acariciar sus mojadas y suaves bolas.

    Natty, insaciable ella, me seguía pidiendo que brotara el culo y yo lo hago y de repente ya toda su verga está dentro de mí y me mueves al ritmo que ella quería, me levantaba una pierna, me agarraba mi pecho mientras me clavaba la verga, me acariciaba las piernas o con sus dedos acaricia el borde de mi ano mientras su verga entraba y salía, Natty también aprovechaba para acariciarme la verga y mis bolas.

    Sentí que Natty estaba a punto de terminar y al hacerlo se hizo a un lado y su leche se disparó por su panza y el pecho sobre el vestido, a lo que me pongo en cuatro y voy recolectando con mi boca y mi lengua su leche y termino en su verga y le succiono todo lo que queda y Natty acostada espera a que me acerque a su boca para que ambas disfrutemos de su leche en mi boca y con nuestras lenguas.

    Pero Natty me reclama que yo no he acabado y le digo que quiero que me ayude a correrme una rica paja, pero de una manera muy especial que a mi me gusta y le digo: «sigo así de lado, hago mi verga hacia atrás, broto mi culo y tú me mamarás la verga y todo lo que quieras para hacerme acabar y chorrear mi leche en tu boca».

    A Natty le gustó lo que le propuse y empezó a chuparme mientras me ponía muy sensual y me empiezo a mover con mis piernas unidas, mi verga y mis bolas hacia atrás y mi culo brotado.

    Me mamaba la verga, metía su lengua en mi culo y me chupaba la cabeza de mi verga mientras metía sus dedos en mi culo y eso me arrancaba gemidos deliciosos, y me seguía dando ganas y se puso frente mío y metió su verga en mi boca… cuando me di cuenta Natty estaba encima mío en una deliciosa 69. Hacía con mi verga todo lo que yo hacía con la suya. Succionaba la cabeza, lengüeteaba la cabeza, chupaba el tronco, se la metía toda en la boca, le acariciaba las bolas, le lengüeteaba las bolas y así Natty lo hacía conmigo, lo que me hizo acabar en su boca. Y guardó toda mi carga, chupó de la cabeza de mi verga hasta la última gota de mi leche. Después hizo lo mismo que yo hice cuando se corrió… se acercó a mi boca y en un delicioso beso disfrutamos ambas en nuestras bocas y nuestras lenguas toda mi leche.

    Nos tragamos juntas toda la leche y terminamos exhaustas en ese rico y caliente beso.

    Natty se fue a lavar y arreglarse un poco me dijo antes de irse: “tía deliciosa, si tú quieres podemos comernos las veces que tú quieras”.

    Pero yo le contesté: “o las veces que tú quieras comerme golosa y traviesa”.

    Y dejé que me besara por última vez esa noche y se fue a su casa.

  • No hay como la familia (2)

    No hay como la familia (2)

    La semana después de esa noche yo apenas andaba por la casa, solo iba de la universidad a mi cuarto y me encerraba… Mi tío hacía como que nunca pasó nada, pero yo sabía que claro que recordaba, o si no al menos debió parecerle extraño despertar ese día con los pantalones bajados, el bóxer mal acomodado y todo húmedo, así que por eso no quería salir. Enfrentarlo era algo que no quería, quizá me corría de su casa o le decía a mi papá.

    Pero pasando esa semana mi tío decidió hablar conmigo, estaba a punto de irse a trabajar cuando pasó por mi cuarto y me dijo desde la puerta:

    -Alex ya déjate de tonterías

    -perdón tío Rafa?

    -tu y yo sabemos de a que nos referimos… Sé que debes estar apenado pero ya olvídalo, esa noche todo fue raro, pero nadie murió ni hizo algo malo. Tú eres mi muchacho, y el que seas gay no te quita nada así que ya vuelve… Además aquí ya huele feo jajaja.

    Y se fue… Me dejó un poco sorprendido aunque también aliviado… Por fin todo volvía a la normalidad.

    Pasaron otras semanas más, aunque todavía no podía quedarme en el mismo lugar que mi tío por mucho tiempo sin sentir pena ya volvía a hacer el desayuno, veía pelis en la sala, hacía el aseo de la casa y todo estaba tranquilo.

    Llegó el fin de semana y mi tío salió a trabajar, el sábado solo trabajaba medio turno, al rato de que escuchase el carro irse me desperté por completo yo y me puse a leer relatos mientras me apretaba la verga, mi excitación subía, y quería otra cosa… Moría por una buena verga desde hace unos días, pero entre mis tareas y mi tío siempre en casa no había podido quedar con nadie así que aproveché mi soledad.

    Corrí a mi closet, moví unos pantalones y hasta el fondo llegue a mi cajita, era una caja de madera vieja que contenía mis más valorados tesoros y también los más secretos… Había un cuaderno donde escribía todas mis contraseñas (si ya se muy tonto) una bolsita de tela donde tenía un pequeño ahorro, condones de las veces que había necesitado y me sobraban, un par de suspensorios y por último mi juguete de niño grande jajaja un consolador mediano color azul cielo, muy real, con todo y venas marcadas, como de 20 cm bastante grueso. Había sido regalo de mi último novio, me lo regaló porque le encantaba que le mandara videos usándolo, sacándome orgasmos.

    Y ahí estaba yo 15 minutos más tarde, con las rodillas sobre el colchón y la cabeza contra la almohada, con mis nalguitas bien abiertas y mi culito lleno de lubricante, en una mano mi pene y en la otra mi juguete, brilloso y listo… Primero masajeé alrededor con los dedos, sentía cuando los pasaba justo en medio de mi hoyito como este se cerraba por impulso y eso me daba más placer… Al cabo de un par de minutos y ya muy relajado empecé con un dedo, el índice, iba y venía muy rico, después coloque más lubricante en mis dedos y entraron dos, me costó acostumbrarme pero al poco ya los pasaba como cuchillo en mantequilla, y por último apunte mi juguete.

    El glande azul claro brillaba tanto que podía parecer dulce, daban ganas de comérselo y yo lo haría, pero por el culito jaja.

    Empecé primero por la cabeza, sentía el impulso de sacarlo así que respirando hondo empuje el consolador y otra tercera parte se metió, dejé de presionar y respiré lo mejor posible, mis piernas temblaban, trataba de acostumbrarme lo más rápido posible y entonces decidí empezar, primero muy despacio sin meter más, ya se escapaban gemidos de mi boca y con los ojos cerrados acelere el ritmo.

    Mi esfínter se resistía al movimiento, pero era ya mucho placer para preocuparme por eso, solo detenía el vaivén para cambiar de brazo y seguir llenándome de verga como necesitaba desde hace mucho.

    -ahhh por dios que rico tío! -grité yo imaginando al hombre de mis sueños tomarme como suyo por fin… Pero justo en eso algo logró sacarme de mi sueño, una brisa de aire cerca de mis pompis.

    Apoyándome de mi brazo levanté la cabeza y todo mi mundo tembló; el hombre que yo más deseaba estaba justo a un metro de mí, todavía con la chaqueta puesta, pero el pantalón abierto, la verga ya bastante erecta y un brazo extendido… Su cara era de puro vicio y nervios.

    -yo… quería tocar pe-pero me arrepent… -susurró mi tío como excusa.

    Yo no sabía qué hacer, tenerlo ahí significaba mucho, le había gustado encontrarme así y lo que es más, estuvo a punto de animarse… Y entonces decidí ayudarle, le sonreí con ternura y tomando el consolador que seguía dentro de mi desde la base lo saqué, estaba lleno de lubricante, y se lo di en la mano. Regresé en la posición en que antes me encontraba y arqueando más la espalda le moví mi trasero de lado a lado, sentía como mi agujero se abría y cerraba sin nadie que lo llenara aunque eso duró poco. Mi tío que seguía congelado, miró el consolador pegajoso en su mano, temblando un poco y lleno de lujuria apuntó a mi culo y me lo dejó ir.

    -wow… aghhh mierda -dije retorciéndome un poco del dolor, mi tío no tuvo cuidado y me empujó casi todo el consolador, demasiado para mi culito.

    El algo apenado retiró lentamente lo que había metido y de a poco empezó otra vez… Empezamos un vaivén rico, él empujaba un poco y yo le movía mis nalgas de lado a lado sintiendo mucho placer.

    Mi macho, en cuclillas y con una mano ocupada empezó a quitarse la ropa con la mano que le quedaba libre, todo lo tiraba a su alrededor, primero su chamarra, después su camisa, sus zapatos y al final su pantalón con todo y bóxer. Quedó desnudo por completo y ahí empezó a calentarse más, ya me metía la verga de plástico lo más rápido que podía y sentía como rugía a mi espalda de la excitación y yo solo podía tomar las sábanas de mi cama y apretarlas, ya gemía casi a gritos y sentía como mi pene ya algo caído sacaba chorros de líquido preseminal. Era muy intensa la sensación de sentirme tan lleno por dentro… Y en eso todo paró, mi tío sacó el consolador rápidamente y me dejó desconcertado…

    Estuve a punto de voltear cuando sentí la felicidad misma jajaja, la polla deliciosa de mi tío, el hermano de mi padre, el padre de mis primos y el macho más perfecto que tenía el placer de conocer me estaba metiendo centímetro a centímetro su rica verga, desde el jugoso glande hasta la base, donde sentía como sus pelos me rozaban las nalgas.

    -ahhh no puede seeer -grité cuando sentí que sus buenos par de huevos tocaban los míos desde abajo.

    -shhh cállate puto! Querías verga de hombre? Querías la verga de tu tío? Cómetela sin llorar -me susurró al oído mi cogedor mientras sentía como me llenaba todo y luego iniciaba un mete y saca de lo más rico, sacaba casi toda la mitad de toda su polla y luego se venía hasta que sus huevos se estrellaban en mis nalgas.

    Y así empezó esto… Yo gritaba mientras mi tío jalaba de mi cabello para que yo arqueara más la espalda, él hacía sonidos desde adentro de su garganta como si de un salvaje se tratase y seguía embistiendo de lo más rico…

    Ya sentía mucho placer, todo mi cuerpo pedía un orgasmo pero no quería que esto terminará así que no me masturbaba. El calor subía mientras mi tío aumentaba la fuerza con que sus piernas y caderas empujaban su verga. Y en eso empecé a sentir que su cuerpo se tensaba más que antes, que su verga se había puesto más dura que nunca y que su orgasmo estaba cerca…

    Así que enderezándome un poco tome mi verga con la mano derecha y en rápidos movimientos libere lo que había acumulado, varios chorros de leche salieron a presión por mi polla a medio erectar y yo di el gemido más delicioso que he podido ofrecer, mis fuerzas empezaron a irse muy rápido y apenas lograba parar el trasero y por su parte mi tío me regalo las tres más duras embestidas del día, cada una sacándome un quejido y al final solo lo sentí caer encima de mi, gimiendo como siempre había soñado, cubriéndome con su impresionante cuerpo y dejándome todo su semen dentro. Sentía como algo muy caliente me llenaba muy muy adentro de mi. Y así nos quedamos unos segundos que yo ame muchísimo.

    Los dos sudados, gimiendo con la respiración entre cortada, quería girarme y besarlo todo, lamerle el cuerpo entero y agradecerle por ese orgasmo tan rico. Nunca me importo más que fuera mi tío, que fuera mi familia, ya solo me importaba que no sacara la verga de mi culito hinchado.

    Y eso pasó enseguida jaja el hombretón se movió hacia un lado y su verga ya floja pero muy hinchada por la acción salió de mi y terminó descansando en su panza llena de vellos.

    En eso mi mente puerca me impulso a bajarme hasta su altura, tomar esa polla llena de jugos y metérmela a la boca…

    -Aghhh no mames Alex… -dijo mi tío volteando abajo sintiendo como recorría con mi lengua toda su verga dejándosela limpia- sí que eres el mejor putito para tu tío favorito.

    -mmmm si tío… Tengo que hacer que quiera volver todas las noches a mi cama -le respondí mientras tomaba su par de huevos y los besaba.

    Volví a subir y me acosté en el pecho de mi tío, oliendo su axila y cerrando los ojos. Mi tío me tomó de la cabeza y me dio un beso en la frente.

    -durmamos un poco cabrón.

    Algún activo de gdl favor de darme leche.

  • Yo jugando a la play y ellos cogiendo

    Yo jugando a la play y ellos cogiendo

    Con mi padre todo los sábados nos quedamos jugando al FIFA hasta tarde y siempre éramos nosotros dos solos, pero luego sucedió que me puse de novio con una linda chica y los sábados pasaron a ser de tres personas ya que ella a veces se quedaba a dormir.

    Sucedió que un sábado mi padre se cansó de jugar y se recostó en mi cama, y yo seguí jugando sentado en la punta de esta misma cama con el detrás de mí. Mi novia también estaba en la cama, pero sentada a mi derecha. Entonces en un momento veo que ella está con una sonrisa viendo algo detrás de mí, yo me doy vuelta para ver qué sucedía y observo que mi padre le estaba enseñando su pija a ella, y cuando él me ve la vuelve a meter rápidamente dentro de su pantalón e hizo como si nada hubiera ocurrido, pero yo lo vi.

    -Pero que estabas haciendo -le pregunté yo a él.

    -No, nada. Seguí jugando que te van hacer un gol -respondió el.

    Yo seguí jugando y entonces en un momento veo que mi novia va y se sienta un poco más atrás, a un costado de mi padre.

    -Ojo, con lo que hacen -les dije yo a ambos.

    -No pasa nada hijo, seguí jugando -dijo mi padre.

    Yo seguí jugando sabiendo que algo estaba ocurriendo detrás de mí, así que haciendo un rápido movimiento vuelvo a mirar hacia atrás y veo la mano de mi novia alrededor del pene de mi padre haciéndole una paja.

    -Porque están haciendo eso, deténganse  le dije yo a ellos.

    -Déjala hijo, me está haciendo sólo un favor -dijo él.

    -Pero es mi novia -le respondí yo él.

    -Cálmate porque si no no te doy más dinero para que te compres paquetes de jugadores -dijo el como si fuese algo definitivo.

    Yo me calmé porque él me dio justo en el centro con ese comentario, sin su dinero no podía haber armado el equipazo que tenía con Messi y Cristiano Ronaldo como mi delanteros. Así que tuve que dejarlos a que hagan lo que quisieran y para distraerme en ese momento seguí jugando al FIFA, pero se me hizo bastante complicado concentrarme.

    Al rato se empezó a escuchar «glup glup glup» y yo sabía lo que era, pero quería confirmarlo así que vuelvo a darme vuelta y veo que ella le estaba practicando sexo oral.

    -No puede ser que esto esté ocurriendo -dije al pasar.

    -No te preocupes hijo, es sólo un ratito después me voy a dormir con mamá -dijo él.

    Entonces yo seguí jugando y ellos continuaron haciendo de las suyas detrás de mí.

    -Hmmm que rica que la tiene señor -dijo ella.

    -Te gusta? -pregunto él.

    -Me encantan las pollas de su familia -dijo ella refiriéndose a mi y a él.

    -No te importaría si me follo a tu novia?? -me pregunto el a mí.

    -Hagan lo que quieran ahora -dije medio enojado.

    Él le sacó toda la ropa y dejo que ella se subiera encima de él, entonces ella empezó a cabalgar y la cama a moverse lo que me generó bastante malestar así que tuve que levantarme y sentarme en un costado. Tenía un ojo en la pantalla y otro en ellos.

    -Que ricas tetas tenés mami -dijo él.

    -Te gustan señor? -le preguntó ella a él con la voz entrecortada.

    -Me encantan, te las chuparía todo el día -dijo él.

    Viéndolos teniendo sexo sentí que ya había ocurrido algo entre ellos así que les pregunté.

    -Ustedes ya habían cogido antes? -pregunté yo a ambos.

    -Ella me la chupo el otro día cuando la llevé a su casa -dijo él.

    -No puede ser real esto -dije yo sintiéndome bastante decepcionado por mi novia.

    Lo único que podía hacer en ese momento era seguir jugando, pero era imposible hacerlo con ellos dos cogiendo de la forma que lo estaban haciendo en la cama donde duermo todo los días. Paro peor, ellos cambiaron de posición sexual y ahora estaban haciendo más ruidos que antes.

    Ella se puso en cuatro patas sobre mi cama y él se la empezó a coger por detrás. La tenía sujetada de la cintura y le entraba con mucha fuerza haciendo que sus huevos se estrellen violentamente en el culo de ella y generando mucho ruido debido a eso.

    -Ahhh ahhh ahhh -decía ella.

    -Paren un poco, van a despertar a mamá -le dije yo a ambos.

    -No puedo detenerme, está chica andaba necesitando una buena cogida y yo se la estoy dando -dijo él.

    -No te detengas por favor -dijo ella.

    -Así te gusta? -preguntó él luego de haber aumentado la velocidad de sus empujes.

    – Así me encanta ahhh ahh ahhh -dijo ella.

    Yo por las dudas me levanté y cerré la puerta con llaves para que mi madre no llegase a entrar, pero sucedió algo bueno, ellos se detuvieron y cambiaron de posición sexual y dejaron de hacer tanto ruido. Empezaron a coger de costado y aunque de esta forma dejaron de ser tan ruidosos resultó ser algo doloroso para mí. Ellos comenzaron a besarse teniendo sexo de esta forma y debido a eso noté que se amaban y que esto no iba ser la única vez que los vería teniendo sexo.

    Para terminar ella se la chupó como al principio y dejo que él le eyacule dentro de su boca. Luego él agarró su ropa y se fue de mi habitación completamente desnudo dejando a mi novia toda maltrecha en mi cama.

  • Madre hot: En el hospital (2)

    Madre hot: En el hospital (2)

    La estancia de Edu y su novia Bea se prolongaba. La recuperación era lenta, sobre todo para mi tío; ella seguía con sus lagunas de memoria, un brazo escayolado y poco más. Cómo se aliviaba de sus calenturas Edu, al tener ambos brazos impedidos, no lo sabía. Pero lo que estaba claro es que vaciaba con frecuencia sus contundentes pelotas porque durante mis visitas no volvió a insinuarme que la facilitase un pajote, y las veces que le ayudé a orinar la polla la tenía razonablemente desactivada, morcillona, pero sin llegar a la erección. «Habrá liado a alguna enfermera», pensé.

    No tardé en saber que la «buena samaritana» era mi madre. Debí suponerlo. Últimamente me obligaba a quedarme en casa a ayudar a hacer los deberes escolares a mi hermana o bien insistía a mi padre que «el mejor sitio donde podía estar Álex era en el garaje, aprendiendo cómo llevar en un futuro la empresa». Pero una tarde en que se empeñó en ir de compras -ya quedó dicho que su mejor afición era dilapidar en caprichos el dinero de papá- y de paso hacerse un tatoo o colocarse un pircing, no recuerdo exactamente, me mandó a mí a hacer compañía al tío Edu.

    Cuando llegué al hospital estaba montado un buen tiberio en la habitación. El biombo estaba retirado y Bea, llorando a moco tendido, abroncaba a Edu con un hilo de voz casi imperceptible. Al parecer, llevaba desde el día anterior afeando a grito pelado el comportamiento de su novio. Insultos y amenazas de todo tipo que no cesaron cuando yo entré en el cuarto.

    -¿Pero qué pasa aquí? – inquirí.

    -Pregúntaselo al cabrón de tu tío -me contestó la rubia de bote desgañitándose hasta lograr asustarme.

    -No le hagas caso, Álex, que es una loca histérica -respondió Edu.

    -Loca de placer sí estaba ayer la puta de tu madre -me espetó Bea.

    No fui capaz de reaccionar. Se hizo un gran silencio. Al poco la muchacha continuó.

    -Ayer los sorprendí mientras tu madre le estaba haciendo una mamada a este hijo de puta.

    -Estabas medio dormida, cariño -le respondió Edu-. Son imaginaciones tuyas.

    -También son imaginaciones mías cuando al ser descubierta tu cuñada escapó como una perra aún con tu lefada en la boca.

    Aquello no tenía solución. Yo seguía callado, simulando sorpresa y enojo, aunque en el fondo estaba convencido de que lo que contaba la Barbie era bien cierto. Llamó puta a mi madre y eso era motivo más que suficiente para darle un par de ostias a la individua y quedar como un buen hijo. No lo hice porque sabía que la muchacha estaba en un error. Mamá no era una puta, ¡era una reputa!

    -Esto vamos a arreglarlo civilizadamente, princesa -suavizó el tono Edu.

    -Sí. Esto se va a arreglar cuando se lo cuente a tu hermano.

    -¡Por Dios, Bea, no destroces una familia con lo que a lo mejor solo son imaginaciones tuyas! -supliqué.

    -¿Imaginaciones? La muy zorra con toda la pija en la boca, lamiéndole glande y pelotas como si no hubiese un mañana, mientras este cabrón se cubría con la almohada para que yo no escuchase los gritos de placer… ¿Eso son imaginaciones mías?

    -¿Y cómo podemos arreglar esto, amorcito? -sonrió conciliador mi tío.

    Bea se tranquilizó por un momento. Se limpió la cara, se atusó su larga melena rubia y al poco dijo:

    -«Ojo por ojo y diente por diente». Si a ti un miembro de tu familia te arregló el cuerpo, a mí otro miembro de tu familia me arreglará el mío.

    -¿Cómo? -preguntamos casi al unísono ambos hombres.

    -Álex, me vas a hacer un cunnilingus hasta que me corra en tu boca.

    -¿Qué? -grité.

    -¿Acaso no sabes lo que es un cunnilingus? -preguntó Edu.

    -¡Cómo no voy a saber lo que es un cunnilingus! -respondí airado.

    -Yo te guiaré en todo, querido sobrino, porque me da la impresión que aún eres virgen. El caso es que hagas gozar a esta zorra hasta que se quite de la cabeza irle con ese cuento disparatado a tu padre.

    Bea se espatarró sobre la cama. Sumamente blanca y delgada me pareció una anoréxica. Una viciosa anoréxica. Tenía un chocho rasurado increíblemente carnoso y las tetas infladas por la silicona que se había inyectado; por un momento me pareció la muñeca hinchable que estuve a punto de comprar por internet. No tardé en ponerme palote. Me arrodillé al pie de la cama. Bajé al pilón al tiempo que me sacaba la pija para tocarme mientras le daba placer a la muy guarra.

    -Sepárale los labios con los dedos, lame el coño de arriba a abajo, lentamente, pero céntrate sobre todo en el clítoris; allí reside la fuente del placer en las mujeres. En esa pijita radican más de ocho mil terminaciones nerviosas… Con la puntita de la lengua, suavemente, Álex.

    Las indicaciones de mi tío desde la otra cama me estaban poniendo nervioso. Pero pronto comprobé que Edu tenía razón. La muy zorra presionaba mi cabeza cuando con mi lengua tocaba aquel punto mágico; quería sentirlo más intensamente para correrse una, dos, hasta tres veces, en poco tiempo. Estaba empapada en sus fluidos. ¡Más, más, más!, gritaba sin pudor. (Mira que si entra un médico o enfermera en este momento).

    -¡Fóllame, hijo de la gran puta! Muéstrame ese rabo, que quiero sentirlo bien adentro.

    No lo pensé dos veces. Me alcé del suelo, me bajé los pantalones y el calzoncillo y le metí la polla enhiesta a punto de estallar hasta el fondo. Cuando me di cuenta que no había puesto condón ya estaba yo descontrolado y en un punto de placer sin retorno.

    -¡Bravo, sobrinito! -me jaleaba Edu-.Ya verás cómo ese coño hambriento te abraza el cipote ahí dentro. Las delgadas tienen una musculatura vaginal poderosa. Chíngatela como solo lo sabemos hacer los hombres de esta familia. 

    Sigo bombeando mientras castigo con apretujones las tetas siliconadas, como quien amasa pan. Es la primera vez que follo a una mujer. Ella, pese al brazo escayolado, se revuelve como una serpiente, me atenaza las nalgas con sus piernas de alambre, orgasmea una vez más… Siento que voy a correrme, saco la polla y se la llevo a la cara. Abundante leche espesa y caliente le inunda el cabello rubio y el rostro. Ella lame con deleite el semen de las comisuras de la boca y se lo traga.

    Al otro lado, mi tío Edu, que no ha dejado de retransmitir el encuentro, se ha venido encima con la visión sin necesidad de tocarse. Tendré que ir en su auxilio para limpiarle del pijama toda la corrida antes de que la enfermera se dé cuenta. La deuda de familia -creo- está saldada.

  • Para proteger a la familia (Capítulo 1)

    Para proteger a la familia (Capítulo 1)

    Anabel vivía en una casa muy grande y con cierto lujo en una zona de clase media en la ciudad de México, su familia era un poco peculiar o eso es lo que ella pensaba.

    Esa mañana se encontraba con la mayoría de ellos, desayunando en el comedor, su padre Genaro, su madre Carla y su hermana menor Vanessa, hace años sus hermanos mayores ya no vivían en esa casa.

    Anabel era una chica de 19 años, cabello obscuro y un poco rizado, su color de piel era de un moreno lustroso muy bello, como el de su madre, medía 1.59 metros, sus piernas eran grandes y fuertes con unas nalgas duras y grandes que le habían ganado muchas miradas morbosas desde que se desarrollaron, su pecho era pequeño siendo solo talla A, tenía un abdomen normal sin estar plano o abultado.

    Carla, su madre de 38 años, no compartía las mismas piernas que su hija, pero si unas nalgas grandes y paradas, su cabello era lacio y castaño, medía 1.65 metros, lo que más destacaba de ella eran dos cosas, la primera eran sus grandes tetas talla D, que se mantenían firmes a pesar de su edad y embarazos, la 2 era su abdomen plano, que había conseguido después de una cirugía y mantenía con ejercicio regular.

    Vanessa, su hermana de 18 años, era lo opuesto a ella, era de piel blanca y cabello lacio, rubio obscurecido, tenía una estatura de 1.55 metros, no tenía muchas nalgas o piernas, pero ya a su edad tenía un pecho copa casi llegando a C, su abdomen en cambio era como la de cualquiera a esa edad.

    Genaro, su padre de 44 años, era de cabello negro rizado y con canas, su cuerpo era de lo más normal posible con una barriga un poco vistosa, con una altura de 1.73 metros.

    A pesar de todo ello, Anabel no comprendía como su madre al ser tan hermosa, estaba enamorada de su padre, profundamente enamorada, él la engañaba con otras mujeres y mantenía amantes en diferentes lugares, pero lo que más le molestaba era otra cosa…

    Al cumplir 18 años comenzó a molestarla, buscaba espiarla en el baño o cuando se cambiaba, le daba nalgadas o trataba de abrazarla siempre por la espalda, Anabel buscaba evitarlo, y lo lograba desde que terminaron la pequeña casa de huéspedes al otro lado de el gran patio, donde podía estar pendiente de cuando se acercara su padre.

    Pero lo que vio esa mañana la puso nerviosa, su padre estaba viendo a su hermana, con la misma mirada que la veía a ella antes de nalguearla o abrazarla.

    Eso no era lo peor, su hermana era muy sensible y no podría soportarlo como ella, le diría a su madre y causaría una bola de nieve para todos en la casa, afectando de gran manera a su madre.

    La última gran pelea que tuvieron sus padres, termino con él yendo a vivir con una amante durante un año, dejando a su madre deprimida y al borde del suicidio.

    No podía permitir eso, algo podría hacer Anabel para evitarlo, tal vez, contener al cerdo que tenía por padre, protegiendo a su hermana y madre.

    Se pasó la tarde pensando y llego a la única conclusión donde podría detenerlo, tendría que negociar con él.

    Su padre tenía una oficina en la planta alta de la casa, era consultor financiero para una gran compañía de energéticos petrolíferos, era muy bueno, tanto que casi todo el trabajo de oficina lo podía hacer desde casa.

    Esa tarde su hermana y madre habían salido de compras, era el momento ideal para hablar con él.

    Toco la puerta de la oficina y dijo:

    -Genaro, puedo pasar? (nunca le decía padre o papa)

    -Eres tu Anabel? Que quieres?

    -Es algo importante. Puedo pasar?

    -Pasa.

    Su padre se encontraba sentado detrás del escritorio, escribiendo algo en su computadora, sin dejar de hacerlo, la invito a sentarse en el sillón frente a él.

    Anabel se sentó, cruzando las piernas.

    -Genaro, quiero que no molestes a mi hermana y dejes de tratar a mi madre como basura.

    -De que hablas niña?

    -Crees que no me he dado cuenta que has visto a mi hermana como lo haces conmigo antes de manosearme, cerdo?

    En ese momento su padre dejo lo que hacía y la vio directo a la cara.

    -Y si lo hago qué? Esta es mi casa y yo hago lo que se me antoje!

    -Lo vas a dejar de hacer Genaro, inmediatamente.

    -Si no que? Me vas a denunciar? Sabes que tu madre se mataría si lo haces! jaja

    -Por eso vengo a negociar contigo, te ofrezco algo que siempre has querido.

    -Y eso que es?

    -A mi.

    La cara de Genaro se puso en un rictus entre curiosidad y sorpresa.

    -Si a mi, sé que me deseas coger, bueno, pues lo haremos, pero con ciertas condiciones.

    -Continua Anabel.

    -Si hacemos esto, deberás de ver a mi hermana y nunca tocarla, ser más amable con ella y mi madre, dejar de buscar meterte con otras mujeres y dejar a todas tus amantes.

    -Solo por coger contigo una vez me pides todo eso? No veo la ganancia.

    -Sabía que dirías eso, por lo tanto, no será solo una vez, que propones?

    -3 veces por semana, el tiempo de este acuerdo lo veremos después de que te haga algunas preguntas.

    -Empieza.

    -No me gusta como vistes, no te luces, estás de acuerdo en cambiar de look mientras esto dure?

    -Si (maldito pervertido que me pedirá vestir?)

    -En ese caso, una vez a la semana usarás minifalda, otro leggings que marquen tu trasero y coñito, y otro shorts súper cortos, que días? Me da igual, pero me daré cuenta cuando lo hagas, de acuerdo.

    -Si.

    -Tu ropa interior también cambiara, desde este momento no usarás sostén para nada, siempre he pensado que con lo que tienes es un desperdicio y me gustaría ver tus pezones marcando tu ropa.

    -Maldito cerdo. Está bien lo haré.

    -Ya no usaras calzones, cacheteros o siquiera tangas, lo único que usaras serán micro tangas, casi hilos, lo mínimo que tape el frente.

    -Sera incómodo, pero está bien.

    -Te rasuras el coño?

    -Solo recorto mi mata de vellos

    -Bueno, eso va a cambiar, te lo recortaras en forma de corazón, la punta empezara en la parte superior de tu chicharito, todas mis amantes lo tienen así.

    Anabel hizo una mueca de asco pero al final pronuncio:

    -Ok

    -Te meterás a un gimnasio, quiero que ese cuerpo se ponga mejor y más cachondo, no te preocupes del dinero para todo esto, yo te lo daré en buena cantidad.

    -Eso no lo dude.

    -Tienes novio, o sales con alguien?

    -Salgo con alguien, pero no es muy importante.

    -Muy bien eso me agrada, desde este momento romperás con él, quiero que seas mi putita exclusiva por lo menos un año, después si te metes con otros no me interesa, es más, será más excitante.

    -Eres un asco, pero está bien.

    -Tu trato conmigo enfrente de tu madre y hermana será más cariñoso y te dirigirás a mi como papá, en la intimidad me dirás papito, daddy, mi picador, mi macho y lo que se me vaya ocurriendo.

    -Jajaja está bien “papi” jajaja

    -Al principio te diré que hacer y que no en la cama, seguirás mis instrucciones al pie de la regla, te daré sobrenombres, algunos muy guarros pero no quiero que te quejes.

    -Sí, sí, lo que sea

    -Con qué frecuencia consumes alcohol? No olvido la última borrachera que tuviste y el espectáculo que diste en la casa, que drogas consumes? Se honesta

    -Tomo alcohol unas 3 veces por semana con mis amigos, fumo marihuana casi diario y en alguna fiesta he probado coca.

    -Bueno, de ahora en adelante, solo consumirás una vez a la semana alcohol con tu amigos, no me importa que día, solo avísame, no te lo impediré, pero quiero saberlo, algunas veces tu y yo beberemos juntos, la marihuana no me importa, pero nunca en la casa y la coca solo consumirás las que yo te dé cuando yo te la de?

    -Es en serio lo de la coca?

    -Si a veces me gusta probar un poco, pero la mía es de una calidad superior.

    -Dd… de acuerdo

    -Tú tienes algo que agregar?

    -Sí, hazte una prueba de ETS y me la muestras, no quiero que me pegues algo y que siempre usemos condones al coger.

    -Tienes suerte perrita, apenas me realicé una hace dos semanas y salí limpio y la única mujer con la que me he metido estos días fue con tu madre, aquí están los estudios.

    Su padre le pasa un papel que tenía en el escritorio y Anabel lo revisa, todas las enfermedades salían negativas.

    -Ahora con el condón no es lo mío, pero encontraremos una solución después, solo que la primera vez quiero probar esa puchita apretada sin goma. Para mi.

    -Bueno pues cerremos este trato Anita

    Anabel se paró de su asiento y extendió su mano, su padre se paró y se acercó a ella.

    -Asó no perrita, así…

    La agarro de las nalgas y la beso con una intensidad que Anabel no esperaba o había sentido, su lengua, mucho más grande que la de ella se golpeaba por toda su boca de una forma violenta y también sentía como usaba mucha saliva, el sonido que hacía ya era muy acuoso, pero eso no lo detendría.

    Sus manos se encontraban tan agarrados a esa nalgotas que parecían garras y le causaban daño a Anabel, ella se encontraba de puntas por la fuerza que le aplicaba el sátiro de su padre.

    En un rápido movimiento esas mismas manos se metían bajo sus pants apartando sus bragas, Anabel sentía las manos largas y calientes de su padre directamente en su piel, adelante sentía como una gran erección golpeaba la parte superior de su estómago.

    Empezó a sonar el teléfono de casa pero su padre no cedía ni se separaba, la contestadora entró y se escuchó la voz de su madre.

    -Querido, tu hija y yo tardaremos más, pasaremos a ver una película en 1 hora, regresamos en 4 horas aproximadamente.

    Al terminar la llamada, Anabel sintió como su padre la soltaba y se alejaba de ella, de sus bocas salió un hilillo de saliva que su padre ni se molestó en tomar en cuenta.

    -Bueno, pirujita creo que es tu día de suerte, hoy sabrás como es coger de verdad, te veo en 20 minutos en tu guarida, vete preparando.

    -S s si papi

    Veinte minutos después Anabel se encontraba en el cuarto de huéspedes esperando a su padre.

    Observaba el lugar donde se protegía de él, ese lugar que sería ensuciado con su presencia y con lo que tenía que darle para que su familia no fuera destrozada.

    El cuarto era sencillo, una cama matrimonial, un tocador, un televisor de gran tamaño y un baño al lado con una tina.

    Un ruido se escuchó y era su padre entrando al cuarto, Anabel vio en su cara la lujuria a punto de explotar, entonces él dijo:

    -Muy bien putilla, ya estoy listo para cerrar este trato de una manera real, quítate toda la ropa de una jodida vez.

    -Sssi Gena… papito.

    En ese momento su hija comenzó a quitarse la ropa, comenzando con la playera, después el sostén, continuando con el pantalón, siendo interrumpida.

    -Eres un dulcecito, pedazo de zorra, pero esos pechitos si que te bajan puntos aunque tus pezones lo compensan jajaja

    Anabel se sintió apenada por un momento mientras veía sus pezones que eran de un color café ligero, pequeños pero muy puntiagudos, se espabilo y continuo con sus bragas, viendo su mata de vellos un segundo.

    -Bueno, bueno si mi hijita tiene una puchita que se ve casi nueva, eso lo cambiaremos en un momento, cuando te rellene como un puto pavo jajaja.

    Entonces Genaro procedió a quitarse la camisa que llevaba, mostrando sus poco ejercitados brazos y su barriga que aunque no era muy grande si era evidente, siguiendo con su pantalón quedando en calzoncillos.

    Su hija se quedó observando el bulto enorme que se marcaba en los mismos, casi a punto de romperlos.

    -Bueno aquí esta lo que será tu delirio, zorrita.

    De un solo golpe los bajo y salto algo que Anabel no podía creer, no era el más largo que había visto quizá de unos 18 a 19 cm, pero si era muy ancho, aun la cabeza con el prepucio se veía como un cupcake, lleno de venas, en general, parecía un obelisco invertido que apuntaba hacia ella, con unas tremendas bolas colgantes y peludas.

    Al momento pensó que quizá por eso su madre estaba tan atada a un hombre tan poco guapo y atlético, pero el pensamiento se borró de inmediato con algo de pena por suponer de esa forma.

    Lo que le llamó de nuevo la atención fue que su padre lo descapullo, viendo la cabeza completamente descubierta, ninguno de sus parejas anteriores tenía esa anchura y en ese momento sintió un escalofrío de arrepentimiento fugaz.

    -Lo sé, lo sé, te está preocupando en este momento, pero cuando te acostumbres a él, chillaras como una cerda porque te lo meta, como lo hace la pendeja de tu madre.

    – Qué sigue?

    -Túmbate en la cama y ábrete de patas para tu papito.

    -N n no prefieres que primero te la chupe?

    -Jajaja te preocupa que te roce? No te preocupes con el precum y un poco de saliva no habrá daño, además lo primero que mi verga sentirá de tu cuerpo, será tu pepita.

    -Está bien

    Esto lo dijo con un tono de pesadumbre, tumbándose en la cama, abriendo esas tremendas piernas, exhibiendo su intimidad hacia su padre, escupiendo un poco en sus manos, se empezó a sobar de una manera un poco acelerada, para acondicionarse un poco a lo brutal que venía a continuación.

    Poco a poco Genaro se acercó, mientras su hija veía casi con sorpresa como la verga de su padre goteaba como si la misma estuviera ansiosa de meterse en ella.

    Acomodándose de forma que su verga se pusiera directamente en aquella cuevita empezó a empujar lentamente.

    -Aghhh no creo que entre

    -Como chingados no, va a entrar!

    Diciendo esto la conchita de su hija se estiro y dejo pasar la cabeza envolviéndola completamente.

    -Ay ay ay ya está adentro, ya está adentro!!!

    -Puta madre, sabía que esta papaya rica iba a estar estrecha.

    -Sácala por favor, por favor…

    -Sacarla?

    Con esto, de un solo golpe la metió completa hasta que sus bolas chocaron con las carnes de su hija, Anabel sentía como la llenaba completa, como nunca lo había sentido hasta ese momento, cerro la boca y los ojos con fuerza, saliendo unas pequeñas lágrimas de su lado izquierdo.

    -Ughh niña que tus novios eran maricones o la tenían como lápiz? Esto está muy cerrado, casi como una virgen.

    Su hija solo pudo emitir un gruñido entre dolor y aceptación, pensando que todos los hombres anteriores con los que estuvo ni de cerca se comparaban con esto.

    -Abre tus ojos, que los abras con una chingada!!!

    -Si si!!

    -Ahora abrázame del cuello, si así, pasa tus piernas sobre mis nalgas, si así.

    Quedándose en esa posición por un minuto, vio como su padre acerco su cabeza a la de ella y le susurro:

    -Saca tu lengua…

    Poco a poco Anabel la saco, sintiendo como su padre la atrapaba con sus labios y la empezaba a chupar como una paleta de hielo. En ese momento de manera lenta, su padre se sacaba la verga de su conchita.

    En su cabeza, ella pensaba que eso era todo, que por esa vez ya todo había terminado, sin poder terminar ese pensamiento, sintió como de golpe la volvían a clavar hasta el fondo.

    Abriendo sus ojos al máximo y con los labios de Genaro sobre los de ella, el cabrón empezó a bombear de manera violenta y rápida sin miramientos, el sonido que emitía en ese momento la cama se podría comparar con un quejido metálico lleno de desesperación.

    El bombeo era tan fuerte que Anabel sentía que se desmayaba de un momento a otro, empezando a hiperventilarse, luchando por respirar por su la nariz, porque su boca estaba llena de babas y las lenguas de ambos.

    De improvisto y sin dejar de bombear, su padre dejo de besarla (si a eso se le puede llamar beso), haciendo que, por reflejo, ella tragara toda la saliva que habían vertido en su boquita.

    -Estas muy apretada golfita, me encanta, pero no te quiero romper, todavía no!!!

    Y de qué manera lo demostró, empezó a bombearla de una manera aún más rápida, sintiendo Anabel que se iba a morir, arqueando la espalda y moviendo su cabeza de manera rápida de lado a lado solo emitiendo una especie de gruñidos.

    -Ya putona, ya viene, toma todos mis mecos!!!

    En ese momento, su hija sintió como los huevos de Genaro volvían a pegarse completamente a ella, sintiendo el líquido seminal llenando el poco espacio que aun creía tener, esto pasó cerca de medio minuto hasta que su padre se desacoplo completamente.

    La pobre vagina de Anabel solo emitió un plop cuando se encontró vacía, moviendo la cabeza vio un reloj que se encontraba en la pared y no lo podía creer. Solo habían pasado 15 minutos, que para ella fue una eternidad!!!

    Entonces su padre se acomodó a su lado, llevando su mano a la precien masacrada cuevita, levantando con 3 dedos algo de la corrida que manaba de ella, llevándolos a la boca de su hija, que sin oponer resistencia los recibió en la boca, repitiendo esta operación una y otra vez.

    -Muy bien mi nalgona, muy bien, creo que este es uno de los mejores tratos que he hecho, te dejare descansar por hoy y no olvides que desde ahora serás la competencia de tu propia madre jajaja

    Con esto se paró y salió de la habitación dejando a su hija adolorida, apenada y exhausta en la cama que antes había sido un refugio para ella.

  • Visitando mi secundaria

    Visitando mi secundaria

    Este relato fue 1 año después de salir de la secundaria. Resulta que todos los años allá hacen una Feria de Empresas, o sea que cada curso hace el montaje de una empresa pretendiendo que es real, es una secundaria Técnica y al graduarte terminas con una carrera técnica.

    Resulta que cuando yo estaba en 4º de secundaria una chica llamada Elizabeth que estaba en 3º se me había lanzado, fue muy directa al hacerlo, recuerdo que me interceptó con su grupo de amigas y me dijo «mira, tú me gustas klk?» A lo que para no quedarme callado respondí que eso era algo interesante y ella ahí mismo me besó, sus amigas comenzaron a hacerle bromas y gritarle, ese día no intercambiamos número ni nada y ya estaríamos de vacaciones hasta enero.

    A los 2 días recibí una solicitud de amistad en Facebook y era ella, por ahí mantuvimos contacto durante las vacaciones, siempre ella estuvo muy dispuesta a que yo la visitara y que como ella decía «termináramos ese beso que nos habíamos dado», yo estaba conociéndome con otra chica que terminó siendo mi novia de la secundaria, aunque por poco tiempo y en verdad yo era muy tímido en ese entonces, así que al fin y al cabo no terminó pasando la nada entre ella y yo.

    Ya al siguiente año, yo había entrado a la universidad y por las amistades me enteré que día sería la presentación de empresas de ese año en la secundaria, y decidí ir para saludar a las de último año (mi ex novia incluida) y demás profesores y etc.

    Ya al llegar al lugar mi primera parada fue con los de mi misma área o carrera, saludé a mis antiguos profesores, amigos del año anterior y me encontré con Elizabeth… Nos saludamos con beso de mejilla y un abrazo y me pidió que pasara por el salón de actos donde era la presentación de su curso, le dije que iría al rato y ella me dijo entre recelos, «cierto, primero vas donde tu querida novia», yo sonreí y le dije que ya ella y yo hacía meses no estábamos juntos, ella volvió a acercarse a mí con ojos de sorpresa preguntándome que había pasado, pero sus compañeras la llamaron y se tuvo que ir, me dijo antes de irse que no me fuera del plantel antes de pasar por su presentación, asentí con la cabeza y seguí caminando. Su reacción me hizo entender que aún había interés, y pensé en que podía aprovechar la ocasión.

    Seguí viendo más presentaciones, fui donde estaba mi ex, vi la suya, nos saludamos y saludé a todas sus amigas que se habían vuelto buenas amigas mías también, y todo transcurrió normal, entonces decidí dirigirme a ver a Elizabeth, al llegar vi que su empresa era un supermercado y ella hacia el papel de la gerente. Entré, pasé por todos los mostradores mientras todos me atendían pretendiendo que era un supermercado real, e incluso tenían productos de venta en realidad. Pase a su «oficina» y la saludé ella se puso bien contenta y comenzamos a hablar de cosas triviales como la presentación, y me presentó a sus padres que estaban en el lugar.

    Ya cuando estábamos solos le comencé a preguntar cosas más personales, como que si tenía novio, que tal y demás, me dijo que si tenía un novio, que yo me había puesto lento con ella y que ella no me iba a esperar… Los dos reímos y seguimos hablando acerca de porqué había terminado con mi ex novia, al fin y al cabo ella seguía insinuándome que yo le gustaba, entre tema y tema le mostré un video porno que tenía en mi celular de una chica haciéndome una mamada y le pregunté que si a ella le gustaba hacer sexo oral… Ella sonrió y me dijo que si lo hacía, pero que no era una experta en el área. Yo le pregunté que si estaría dispuesta a darme una demostración y que yo juzgaría que tan buena era, otra vez ella sonrió y me dijo que si yo esperaba a que terminara la feria «se podría hacer algo», yo asentí con la cabeza y le dije que esperaría.

    Volví a dar vueltas en el plantel esperando que todo acabara o por lo menos la sección de ella, seguí encontrándome con más amistades pero siempre cerca del área donde ella estaba hasta que vi salir los profesores que eran los jueces de la feria… Me acerqué a ella y le pregunté que si ya habían terminado, ella me dijo que sí, pero que como estaban en el salón de actos debían limpiar y llevar todas las mesas y sillas a las aulas donde correspondían, le pregunté a cuáles eran y le dije que la ayudaría a llevar lo que a ella le tocara, tome su silla y marché adelante, la esperé en el 2º nivel (donde debían llevar todo) y la vi cargando otra silla, así que dejé la que tenía y la encontré en las escaleras para ayudarla y le dije que seguiríamos más allá del aula donde debían poner todo, ella sonrió y me dijo que ok.

    Así que nos dirigimos al aula del final del pasillo y entramos a un aula que estaba llena de sillas y butacas, o sea que nadie se dirigiría hacia allá. Le dije que entrara a esa aula y yo entre detrás de ella, ella me preguntó que cuales eran mis intenciones? Y yo le dije que quería probar que tan buena eran sus mamadas, ella sonrió y me recordó que sus padres estaban en el primer piso esperándola, que debíamos acabar rápido, yo le respondí que eso dependía totalmente de ella, cerré la puerta y coloqué la silla detrás de esta, para que si alguien intentaba entrar tuviera que esperar que nos moviéramos…

    Antes de dejarla sentarse, la apreté contra mí, la besé y saqué una de sus enormes tetas y comencé a jugar con ella, succionaba su pezón y lo mordisqueaba, mientras ella gemía en voz baja, le pregunté que si ya estaba lista y ella recogió su pelo y se sentó, yo saqué mi pene totalmente erecto y ella lo agarró fuerte, me miró, sonrió y le dio una tremenda lamida desde la base hasta la punta, su lengua se sintió súper bien, suave y húmeda, ella sonrió de nuevo al ver la expresión de mi cara y sin más lo metió a su boca, al principio era muy brusca, lo hacía muy rápido sentía sus dientes rozar en la punta de mi pene y le pedí que fuera más despacito y que abriera su boca un poco más, ella me dijo «te dije que no soy una experta» y yo le respondí que estaba bien, pero que solo se dejara llevar y abriera un poco más la boca, ella sonrió y comenzó a lamerme de nuevo, se sentía excelente, sus lamidas de arriba a abajo y haciendo círculos en el glande, entonces decidí tomar más control de la situación y sujeté su nuca para así yo poder guiar la mamada, su boca se sentía caliente, y comencé a empujarla para que mi pene entrara más en su boca, buscando su garganta, ella al principio se resistió y sacándoselo me dijo que le provocaba náuseas, yo le dije que entonces bajaría la intensidad y ella asintió afirmativamente y volvió a meterlo en su boca, yo volví a guiar la mamada, pero más despacio, entonces para mi sorpresa ella era quien ahora intentaba meterlo hasta la garganta aunque a su velocidad, yo la dejé hacer y sentía como ya estaba cerca de venirme, no sabía si a ella le gustaba recibir la venida en la boca, pero tampoco pensaba preguntar, y así le dejé ir todo en la boca.

    Al ella sentir el primer chorro me empujó, escupió en el suelo y vi como parte de mi corrida le caía en la ropa cerca de sus tetas, ella me volvió a empujar y seguía escupiendo, me miró molesta y me dijo «yo odio esa vaina» pero ambos comenzamos a reír, ella se terminó de limpiar la comisura de sus labios mientras yo entraba mi verga en el pantalón y subía mi zíper, ella se acomodó el cabello y salimos del curso, en el pasillo vimos a una de sus amigas que nos sonrió pícaramente diciendo ‘‘Ajaaa Eli, te vi’’, como si supiera que estuvimos haciendo algo (que era obvio al salir de un curso que estaba vacío) ella sonrió gritándole. » y queee??» Y yo solo sonreí, ella me pidió disculpas por escupir y empujarme así, yo le dije que estaba bien, ningún problema, y que me disculpara por no avisar, seguimos hablando un rato más ya cerca de sus padres, intercambiamos números y después pasaron algunas otras cosas que más adelante contaré.

  • Tres relatos sin sexo

    Tres relatos sin sexo

    La silla de la peluquería

    Las tres mujeres le daban la espalda. Llevaban el absurdo uniforme que tanto detestaban, pero que algunos clientes como él disfrutaban. Una camisa blanca, y una minifalda azul. La ropa era barata, y a algunas de ellas les jugaba en contra, porque no tenían el físico para llevar faldas tan cortas, ni camisas tan ceñidas. Pero las tres que ahora trabajaban se veían bien. Eran jóvenes, de piernas largas.

    Camilo las miraba desde la silla del sector de espera. Cada tanto, a través del espejo, descubrían su mirada lujuriosa. Pero a ninguna le importaba. Por algo las obligaban a ponerse esas prendas. Para atraer clientes. Ya estaban acostumbradas.

    Las chicas trabajaban con presteza en sus clientes. A Camilo, le gustaban mucho todas, pero su favorita era Celeste. En su cabeza se desató una carrera. La primera que terminase de cortar el pelo a su cliente sería la que quedaría libre, y Camilo debería pasar con ella. Alentó mentalmente, con todas sus fuerzas, a Celeste.

    Su pequeño juego pareció culminar en una derrota, cuando vio cómo Miriam terminaba de cortarle el pelo a un gordito entrado en años. Pero por suerte, en lugar de llamar al próximo cliente (a Camilo) se perdió en un pasillo, que llevaba al baño.

    -¿Quién sigue? –dijo después de unos minutos Celeste, mientras le terminaba de cobrar a su cliente.

    Camilo se puso de pie. Esbozó una sonrisa tonta. Y se fue a sentar en la silla del medio, frente al espejo.

    -Cómo te vas a cortar. -Le preguntó Celeste.

    Le gustó que lo tutee. ¿Se acordaría de él? Desde hace medio año que iba una o dos veces por mes. Aunque seguramente tienen muchos clientes, pensó Camilo.

    -Con tijera, bien rebajadito. Y atrás y al costado con la máquina tres.

    Celeste accionó algo en la silla, y Camilo sintió cómo se elevaba hasta quedar a la altura indicada. La vio alejarse. Era petisa y culona, como le gustaban a él. Volvió con una capa azul de plástico. Se la ató al cuello, bien ajustada, para asegurarse de que no se filtren los pelos recién cortados por ahí.

    Celeste comenzó a rebajarle el cabello. Lo único que no le gustaba de la chica, era que cortaba demasiado rápido. El tiempo con ella era corto, y eso disminuía considerablemente las posibilidades de que se anime a invitarla a salir, o al menos, a pedirle su teléfono.

    -¿Sos de por acá? –Preguntó ella.

    -Sí, de acá a cinco cuadras. –Contestó él.

    Sabía que el hecho de que ella inicie la conversación no significaba nada. Todos los peluqueros hablaban hasta por los codos.

    -Y vos de dónde sos. –Se sorprendió preguntando Camilo.

    -De Casanova. –Contestó ella.

    -Ah, Casanova. –repitió él, sin poder agregar mucho más.

    No le gustaba la cara que reflejaba el espejo. Camilo tenía las mejillas muy infladas. El pelo corto no lo favorecía. Pero no podía dejar de ver a Celeste, aunque sea una vez por mes. Era la única excusa que le permitía estar a unos centímetros de la mujer que lo trastornaba tanto. Además, aunque tuviese el pelo más frondoso, no dejaría de ser poco atractivo, por no decir feo.

    -Cuánto pelo tenés. –murmuró ella. –Digo, mucha cantidad.

    -Sí, por suerte no me voy a quedar calvo. –contestó él, y se sintió orgulloso cuando vio que le sacó una sonrisa.

    Celeste pasaba de un costado a otro para hacer su trabajo, y no podía evitar que sus caderas rocen los brazos de Camilo. Luego vino la parte favorita del muchacho.

    -Tirá la cabeza para atrás. –le dijo ella.

    Camilo obedeció, y mientras las tijeras se abrían y cerraban sobre su cabeza, sintió, exultante, cómo su nuca hacía contacto con las suaves tetas de la peluquera. Le hubiese gustado estar ahí durante toda la tarde.

    -La tres me dijiste ¿No? –Preguntó ella, cuando terminó de usar la tijera.

    -Sí. –contestó él.

    Celeste enchufó la máquina, y comenzó a rapar la parte de atrás. Camilo tuvo que contener la risa, ya que le hacía cosquilla cuando la máquina pasaba por determinadas partes.

    -¿Te enjuago? –Preguntó ella, cuando terminó.

    -Sí, por favor. –Contestó él, casi suplicando.

    -Pasá por pileta.

    Lo ayudó a quitarse la capa de plástico. Pasó una toalla por su cuello, para sacarle los pequeños pelitos que quedaron adheridos a la piel. En el piso, alrededor de la silla, quedaban los restos de la masacre que se había desatado: montones de mechones de pelo marrón dispersados por las baldosas.

    Camilo la siguió hasta donde estaban las piletas, sin perder de vista el enorme trasero de la peluquera.

    Se acomodó en un sillón muy confortable. Tiró la cabeza para atrás, colocándola encima de la pequeña pileta.

    -¿Así está bien el agua? –Preguntó ella.

    Primero se sintió fría, pero enseguida se entibió.

    -Sí, perfecto. –Contestó él.

    Celeste puso shampoo en su mano, y comenzó a lavarle el pelo, mientras el agua, ahora cálida, seguía cayendo en su cabeza.

    -Se siente muy bien. –dijo Camilo.

    -¿Si?

    -Muy relajante. –Recalcó él, mientras las hábiles manos se frotaban en su cabeza.

    -Me alegro. A mí también me gustan los masajes en la cabeza. –Dijo Celeste.

    Camilo se imaginó a ambos desnudos, en una bañera. Se vio acariciando el cuerpo mojado de la peluquera, mientras ella, con sus manos expertas, acariciaba su cabello. La sensación era muy relajante. Una sensación que lo invitaba a dormir.

    -Listo. –Dijo Celeste, mientras lo terminaba de secar.- ¿Te pongo gel?

    -No, así está bien. –Contestó Camilo, cuando salió de su ensoñación.

    Fueron a la caja.

    -Ciento cincuenta pesos. –dijo ella.

    Camilo buscó en su billetera, al tiempo que meditaba sobre qué le diría a celeste. “¿Me das tu número?”. No, eso era demasiado directo. Primero debería establecer una mínima relación de confianza. “Qué linda sonrisa tenés”. Tampoco era buena idea. Ni siquiera era cierto. Sus dientes estaban un poco torcidos y eran grandes. Si debía alabar su físico, debería felicitarla por el tremendo culo que tenía. Pero tampoco era buena idea. “¿Qué hacés hoy a la noche?”. Esa hubiese sido una buena pregunta, pero veinte minutos atrás, cuando empezó a cortarle el pelo.

    Le entregó el dinero.

    -Gracias por el cambio. –dijo ella.

    Camilo cruzó la puerta vidriada. La observó, mientras daba los primeros pasos para volver a su casa, pero ella ya estaba acomodando la silla para atender a su próximo cliente. Quizá la próxima vez…

    El asiento del colectivo

    Eran las seis de la mañana. Javier estaba cansado. Trabajar tres jornadas de doce horas seguidas, en el horario nocturno, hizo estragos en su cuerpo. Vio venir, a dos cuadras, al colectivo que lo llevaría a casa. Se subió, y para su alivio, había muchos asientos vacíos. Se acomodó en el fondo, al lado de la ventanilla. Apoyó su cabeza sobre el vidrio, y enseguida se durmió.

    Descansar durante la hora que duraba el trayecto, le hubiese hecho muy bien. Pero no tuvo suerte. Unas paradas después, se subió al colectivo un grupo de jóvenes ruidosos. Eran muchos, y el vehículo quedó repleto. Como algunos quedaron adelante y otros en el fondo, se hablaban a los gritos. Acababan de salir de un boliche, y fanfarroneaban sobre sus proezas nocturnas. Él se despertó, molesto. Pero cuando se dio cuenta de que no podía hacer nada al respecto, se resignó.

    El colectivo se fue vaciando poco a poco. Pero ya no importaba. Estaba apenas a quince minutos de su destino.

    Al lado suyo estaba sentada una chica vestida con una pollera de jean muy corta. Sus piernas largas y torneadas se estiraban e invadían su espacio. La chica se quedó dormida, y su cabeza se apoyó en el hombro de Javier.

    Miró a todos lados, como pidiendo auxilio, pero nadie reparó en él. La empujó, despacio, hacia el otro costado, pero cuando creyó que ya había logrado ponerla recta, la chica se desplomó sobre él nuevamente. Sus labios quedaron muy cerca. Ella largaba un aliento etílico fuerte. Javier la observó. Labios gruesos, piercing en la nariz, pelo con mechones teñidos de violeta. Seguramente, en circunstancias normales, era muy linda, pensó.

    Tenía que hacer un esfuerzo muy grande para sostenerla. Si cedía, en lugar de estar apoyada sobre su hombro, caería en su regazo. Sería una situación muy incómoda y muy obscena.

    El colectivo se vació casi por completo. Solo quedaba Javier, el colectivero, y la desconocida que ahora lo abrazaba y frotaba sus piernas con las de él.

    Involuntariamente, rozó la piel tersa de la joven. Vio que sus piernas estaban separadas, y más allá había una cueva oscura. La rozó otra vez, ahora conscientemente, con la parte externa de su mano. La chica no dio señales de haberse despertado. Miró culposo hacia donde estaba el chofer. Pero era imposible que vea el movimiento de sus manos. Como mucho podría ver su torso. Javier la frotó, ahora con más fruición. La chica balbuceó algo, pero sus ojos seguían cerrados. Luego se animó a meterse un poco por debajo de la pollera. Masajeó los muslos, sintiendo cómo su excitación iba en aumento. Una distancia similar al tamaño de su mano, lo separaba de la ropa interior y del sexo de la chica.

    De repente el colectivo se agitó con violencia. El chofer no había visto un lomo de burro (una lomada) en mitad de la calle. La chica se despertó. Sintió que sus piernas apretaban algo. Miró hacia abajo, y descubrió que un brazo hurgaba en su pollera. Los labios vaginales eran tocados por una mano torpe.

    Vio la cara de pánico de Javier, que intentaba retirar la mano, sin poder hacerlo, porque ella la apretaba con sus muslos. Y entonces comenzó a gritar.

    El sofá del living

    Diego estaba recostado en el sofá del living. La tele encendida en volumen bajo. No había nada interesante para ver. Los periodistas no dejaban de hablar del coronavirus. Tenía la vista clavada en el techo, y tarareaba una canción que se le había pegado hacía muy poco.

    -¿Por qué no vas a tocarte a tu cuarto? Cochino. –Escuchó decir a una voz femenina.

    -No me estoy tocando, boba. –Se defendió Diego, no obstante, alejó la mano que estaba apoyada en su muslo, muy cerca del cierre del pantalón.

    Quien le habló era Carolina. A pesar de que ya era mediodía, recién se había levantado. Vestía una remera vieja y un short de gimnasia. Su pelo rubio estaba despeinado. En resumen, estaba hecha una crota. Pero con ese hermoso rostro ovalado, de grandes ojos azules, esa piel cobriza, y ese cuerpo exuberante que ya estaba terminando de desarrollarse, no necesitaba vestirse prolijamente, pues con cualquier prenda se veía bien.

    Carolina se tiró encima de Diego. Lo abrazó. Le dio un beso en el cuello, y se quedó en silencio, haciéndole cosquillas con su respiración. Diego rodeó su cintura con una mano, y con la otra le acarició el cabello.

    -Dormiste tarde ¿No? –Preguntó.

    -Recién a las cinco de la madrugada pude conciliar el sueño. –contestó Carolina. Le dio otro beso en el cuello. Se irguió, apenas, y ahora sus miradas quedaron a unos centímetros de distancia. –Ni siquiera encontré una serie buena para mirar.

    Diego masajeó la piel de Carolina, ahí, en el diminuto espacio desnudo que había entre la remera y el short, con las yemas de los dedos. Bajó, despacio, y sintió la corrugación del short, en la parte del elástico. Al ver que ella no daba señales de incomodidad, se aventuró unos milímetros más, sintiendo el inicio de la vertiginosa curva de las nalgas de Carolina. Ella, al sentir esos dedos en el límite de lo permitido y lo prohibido, abrió los ojos, comiéndose a Diego con su intensa mirada de cielo.

    -Hubieses ido a mi cuarto. Hace mucho que no dormimos juntos. –Dijo Diego, con cierta tristeza en su tono de voz.

    -Es cierto. –Murmuró ella. Apoyó su cabeza en el torso de él. Sintió los latidos del corazón. Le gustaba pensar que ese leve aceleramiento se debía a ella.

    Diego acarició su mejilla. Era exquisitamente suave. La recorrió arriba abajo, percibiendo también el prominente pómulo.

    -Quizás hoy vaya… -dijo ella. –A tu cuarto. Quizá hoy vaya a tu cuarto para ver alguna peli.

    -Te voy a estar esperando. -Dijo él, sin dejar de acariciar su rostro, mientras la otra mano seguía jugando en las fronteras del pecado.

    -Te quería decir algo. –Dijo Carolina.

    -Qué. –Diego intuyó algo malo.

    -Tu amigo Agustín… Me está escribiendo.

    -¿Te está escribiendo?

    -Sí. Estamos hablando.

    -Te quiere coger. –Advirtió Diego.– Siempre me bromeaba con que cuando cumplieras dieciocho…

    -Creo que yo también…

    -¿También qué? –Inquirió él, sintiendo cómo los celos incontrolables lo embargaban.

    -También quiero que me coja.

    -No lo hagas.

    -Vos te acostaste con muchas amigas mías. ¿Yo no puedo? Qué machista.

    -Es distinto. –dijo él. Ahora la rodeó con ambas manos por la cintura. Los pechos de Carolina se apretujaron en su cuerpo.

    -¿Distinto? –Le susurró ella al oído.

    -A vos no te molesta. A mi sí.

    -¿Te molesta? ¿Y por qué?

    -Me dan muchos celos. –se sinceró Diego.– Si lo hacés con alguien tiene que ser con uno que no conozca.

    -Yo nunca te pedí algo así. –Acotó ella.– Además ¿Quién te dijo que no me dan celos?

    Ahora fue ella la que acarició la cara áspera de Diego.

    -Tendrías que afeitarte. –Le sugirió.– La cuarentena no es excusa para dejarse estar.

    -Mirá quien habla. –retrucó él.– ¿Es en serio?

    -Sí, tenés que afeitarte. –Contestó ella.

    -Lo de Agustín, boba.

    -No, no me gusta. Solo quería saber lo que pensabas.

    -Ahora lo sabés.

    Se quedaron mirándose un rato. Sus narices casi se tocaban. Las manos se entrelazaron. Su respiración se coordinó. Diego sintió que nunca podría alejarse de esa muchacha preciosa. Nunca podría vivir lejos de ella.

    La puerta se abrió, rompiendo la magia.

    -A ver quien me ayuda con las compras. –dijo la mujer que entró. Cargaba un montón de bolsas de supermercado llenas de mercaderías, y apenas podía con ellas.

    -Yo te ayudo ma. –dijo Carolina.

    Nunca le gustó que se le endilguen determinadas tareas solo por ser mujer, pero había sentido cómo el sexo de Diego comenzaba a hincharse, y si se ponía de pie, quedaría expuesto.

    -¿Conseguiste dulce de leche ma? –preguntó él, desde el sofá.- Acordate que a la tarde ningún supermercado va a estar abierto.

    -Sí, Diego. –Contestó la mujer, con cierta exasperación.

    Cuando terminaron de guardar la mercadería, Carolina se acercó a Diego nuevamente. Le dio un tierno beso en el ojo.

    -Voy a leer a mi cuarto. Avísenme cuando esté el almuerzo.

    -Ya les dije que tienen que evitar esos besos y abrazos. –dijo la madre.– Este virus no es ninguna broma.

    -Sí, ma. –dijeron los dos, al unísono.

    A las dos de la mañana, Carolina no podía dormir. Así que decidió ir al cuarto de Diego, para mirar una película juntos, como cuando eran chicos.

    Fin