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  • Madre hot: El enemigo en casa (1)

    Madre hot: El enemigo en casa (1)

    —¡Hola, familia! Mirad a quién os traigo.

    Por un momento creí que mamá caía redonda allí mismo. Papá irrumpía eufórico en la casa arrastrando una maleta, y unos pasos más atrás… Bea, la novia del tío Edu.

    —Le han dado a Bea el alta médica en el hospital, y como iba a estar sola en el apartamento que comparte con mi hermano, he pensado que es mejor que pase la convalecencia con nosotros —añadió lleno de razón mi padre—. Aquí la cuidaremos debidamente.

    Efectivamente, Bea ya estaba prácticamente curada, solo mostraba un ligero vendaje en un brazo. Lo de las lagunas mentales, aún estaba por ver, pero todo indicaba que ya no era necesario su permanencia en el hospital. Allí quedaba solito en tío Edu. «Bueno, -pensé para mis adentros- mamá lo va a tener más fáciles en sus visitas. De las pajas y mamadas pronto pasará a cabalgar como una yegua encima de él. Confiemos que no le pongan un compañero de habitación, sino lo va a tener más complicado».

    Mamá abroncó privadamente durante un buen rato a mi padre por traer a aquella mujer a casa.

    —¿Y dónde va a dormir? —terció como remate de la discusión.

    —Muy fácil: en el cuarto de la niña. Esta que duerma contigo y yo seguiré durmiendo con Álex, como vengo haciendo desde que te colocaste el puto piercing.

    —¡Ya estás restregándome lo del piercing! Ya verás qué placer vamos a tener ambos con este artilugio maravilloso.

    —Serás tú la que disfrutes de él —respondió mi padre—. Porque a mí ya dirás qué voy a mejorar en mis polvos.

    —¡Qué ordinario eres! —añadió airada—. Ya te he dicho mil veces que nosotros no follamos ni echamos polvos; hacemos el amor.

    El calzonazos de mi padre se retiró resignado; era imposible discutir con mamá cuando se ponía digna. Pero el problema aún estaba por venir. Mi hermanita, caprichosa y consentida, se negó a abandonar su cuarto. Allí tenía sus cosas, sus peluches… y además su cama olía ligeramente a orines, pues la nena, por un problema de incontinencia emocional que estaba tratando con un sicólogo, de vez en cuando se meaba en la cama cuando soñaba con el coco. Y no era cuestión que la invitada se diera cuenta de esa circunstancia, que aún podía traumatizar más a la adolescente.

    Aquella noche papá dio mil vueltas en la cama. Estaba inquieto y no buscaba la paja o la felación que habitualmente me demandaba indirectamente. Pese a que ya refrescaba, los días que quería que lo aliviara, se acostaba a mi lado simulando dormir solo con el calzón puesto, bien erecto para que yo percibiese la señal, bien con la polla afuera o ya con el botoncito del bóxer desabrochado para que fuese más fácil todo.

    Aquella experiencia para mí era excitante y no sé quién de los dos disfrutaba más de la situación. Unas veces se corría en mi mano otras en la boca, pero algo me indicaba que él quería llegar más lejos (¿quizás penetrarme?). Como decía, aquella noche papi estaba muy nervioso y este desasosiego me lo estaba contagiando a mí. De repente, se levantó sigilosamente en la oscuridad.

    Los gemidos que salían de la habitación matrimonial que compartían mamá y Bea se percibían con nitidez. Asomó la oreja a la puerta y con cuidado la entreabrió. La lámpara de una de las mesitas de noche estaba encendida con un paño rojo de seda amortiguando la luminosidad. Lo que vio papá lo dejó petrificado, como me contaría más tarde. Mamá le introducía el dildo «mandingo» en la concha de Bea, que alcanzaba la gloria con las embestidas. ¿Cómo aquel mega consolador podía entrar y salir con tanta facilidad de aquel coñito apretado, casi infantil, de una presunta anoréxica? Mamá le chupaba con delectación los pezones.

    —¿Sientes sensibilidad en estas tetas siliconadas, gran zorra? —le susurraba mamá al oído.

    —Son senos auténticos, envidiosa. Sigue succionando, que ni tu cuñado me hizo sentir tanto placer. Y prepárate, que voy a por ti. Vas a gozar como una perra, tanto como él con la mamada que le hiciste el otro día.

    No tardó en «ir a por mamá». Después de correrse varias meces con el artilugio mecánico, Bea hundió su cabeza entre los muslos de mi madre y empezó a mamarle la panocha hinchada y jugosa. Reparó en el piercing cuya herida ya estaba casi cicatrizada y empezó a succionar el clítoris.

    —¡Más, más, más! —gritaba mi madre mientras papá desde su escondite ya babeaba semen por su pija erecta.

    Las dos mujeres —desatadas e insaciables —acabaron haciendo la tijereta y comprobaron cómo en el roce el piercing clitoriano proporcionaba el mismo placer a ambas. En medio de una mezcla se jugos vaginales las dos furcias se corrieron convulsionando de placer mientras se lamían los dedos de los pies, haciendo que el chirrido de los muelles de la cama se escuchasen en toda la casa. No puedo aguardar más. Me levanto y voy al encuentro de mi padre.

    —Espera a que tu madre caiga dormida, Álex —me dice mientras aprieta fuertemente su polla.

    Al poco entramos en la habitación. Mamá duerme profundamente acurrucada hacia un lado. El placer extremo de la experiencia lésbica y los somníferos la han dejado extenuada. Bea, todavía desnuda, sentada en la cama a la luz de la lamparita, limpia cuidadosamente el dildo. Papá entra y, sin mediar palabra, la coge en brazos y la lleva a nuestro cuarto. Yo los sigo en silencio.

    (Continuará)

  • Una ayuda

    Una ayuda

    Hoy hemos quedado que vienes a ayudarme con mis quehaceres. No de la casa, sino particulares.

    Tengo un ordenador conectado a dos pantallas, y suelo escribir y traducir. Así que me va a ir bien que tú escribas y yo te vaya dictando mientras traduzco.

    Ya llevamos días viéndonos, y ambos sabemos que nos gusta llevar a cabo situaciones que nos den morbo.

    Llamas al interfono.

    -¿Quién?

    -Yo.

    Mmmmm, conozco bien tu voz, así que me apresuro a abrir y espero tras la puerta. Cuando oigo llegar el ascensor, abro, colocándome detrás para no ser visto, y entras.

    Llevas una gabardina ligera, y muy larga. Te giras, me sonríes y procedes a sacártela.

    Bufff, precioso atuendo. Un jersey de punto de manga larga y cuello redondo, y una falda de tubo ceñida a tu cuerpo. Corta. Solo te llega a medio muslo.

    Complementas el atuendo con unos zapatos altos. Sabes muy bien que me gusta que taconees y se ondule tu figura.

    Me acerco y te doy la mano. Todo muy formal…

    -Hola, soy Enrique. Tú debes ser María, la chica que me manda la agencia para ayudarme en las tareas de traducción.

    -Efectivamente, encantada.

    -Pues bien, pasemos al trabajo. Deja aquí en esta habitación tu bolso y la gabardina.

    -¿Es tu dormitorio?

    -Si.

    -Se ve cómodo y con una cama espaciosa.

    -Lo es, a veces demasiado grande para acostarme solo.

    Pasamos a otra habitación donde está mi despacho con el ordenador y las dos pantallas. Ya he preparado todo mientras te esperaba, y en una de ellas hay un texto en inglés, mientras que en la otra está un word abierto, con un texto para continuar.

    -Ya sabes de lo que se trata. Así que siéntate y ponte cómoda.

    Solo hay una silla, así que yo me quedo de pie, a tu lado.

    Con una sensualidad muy femenina, te sientas, aún a pesar de que tu falda se empeña en subir al sentarte, no haces ningún tipo de ademán para evitarlo.

    Tus muslos están bien a la vista, cubriéndote tan solo justo al término de tus ingles.

    -Bien, empiezo.

    -Adelante.

    Te voy dictando, mirando a la pantalla de la izquierda y tu empiezas a teclear en la otra. Tus dedos se mueven rápidos, mi cabeza está cerca de la tuya, algo encorvado, y puedo oler ese perfume embriagador con el que te has aderezado.

    Tu jersey blanco, tiene un escote de pico, y desde mi posición veo con generosidad ese canal que a todos los hombros nos atrae y que se os dibuja entre ambos senos.

    Sigo dictando, y tú escribiendo. Voy rápido y tu te esfuerzas en seguirme el ritmo, por lo que permaneces atenta a ello, y te mueves con cierto nerviosismo.

    Ello me permite observar con agrado que, debajo de tu jersey, no llevas nada más. Con tu rapidez en escribir, permites que tus brazos se muevan y ello hace que la apertura del escote se mueva también y me permita acceder con mis ojos de vez en cuando a tu interior.

    Ahora me doy cuenta de que ese mismo jersey, presiona tus pechos y marca en su relieve unos pezones que se adivinan generosos…

    -¿un descanso? ¿Quieres tomar algo?

    -Gracias, estoy bien. ¿Tú estás bien de pie? tráete una silla.

    -No, estoy bien así. Tengo más margen de maniobra.

    Seguimos.

    Ahora aflojo un poco el ritmo del dictado y acerco mis manos a tus hombros.

    -Estás tensa, te ayudaré a relajarte un poco, pero no dejes de escribir, que el tiempo vuela, y debo aprovechar la inversión que he hecho contratándote.

    -Has hecho una buena inversión -me respondes.

    Mis manos se posan en tus hombros y con los dedos empiezo a masajearte las cervicales. Un leve gemido se escapa de tus labios.

    -¿Va bien?

    -Muy bien, delicioso.

    Sigo dictando y empiezo a deslizar mis manos hacia tus clavículas, arrastrando en el recorrido la fina tela del jersey. Ello me da una mayor visión de tus pechos. Ciertamente tienen una medida muy tentadora y al echarte un poco hacia adelante, puedo ver con claridad el tamaño de tus pezones y su más que evidente erección.

    ¿Habrá tenido que ver algo con ese aumento de tamaño, el hecho de que mis manos te estén acariciando y masajeando?

    Ahora un suspiro largo que exhala de tus labios, llena la estancia de un candor muy sensual.

    Empiezo a avanzar mis manos hacia adelante, pasando por encima de tus hombros e iniciando un ligero descenso hacia tu pecho. Tienes el jersey, totalmente desbocado, y con ese movimiento se desliza por tus bazos, dejando al descubierto todo tu cuello y hombros. Y como no podía ser de otro modo, la costura del escote de pico, casi permite liberarse a ambos pechos. Tus pezones se acompañan de unas aureolas redondas y oscuras que veo reflejadas en el espejo que hay enfrente, en la pared, encima de las pantallas…

    -Sigue escribiendo, muy bien, así, no pares…

    -No, no lo hago, he venido a escribir, ¿verdad? -dices con voz algo temblorosa.

    -Cierto, por el momento así es.

    Continuará… después de que me escribas [email protected].

  • Anal a Bertha, la madura de mi trabajo

    Anal a Bertha, la madura de mi trabajo

    Ella tenía ya más de 50 años, pero llamaba mucho la atención, a pesar de tener los estragos de la edad, como un poco de sobrepeso y arrugas en su cara, si se vestía con calzas y la mirabas por atrás si te generaba una erección.

    Así era Bertha, ella trabajaba conmigo, era asistente de una jefa de área y siempre se unía con nosotros a comer.

    ¡Ella era aventada, bromeaba y hablaba en doble sentido, al principio yo traté de ser respetuoso ya que me doblaba la edad, pero al ver que era bien desmadrosa, le seguí el juego!

    ¡Poco a poco la señora fue soltándose, me abrazaba, me ponía sus nalgas, admito que de vez en cuando le daba sus arrimones, más cuando llevaba puesta su licra!

    Finalmente, una tarde, acordamos en ir a tomar y bailar entre varias personas del trabajo, al final solo fuimos ella y yo, pero no me disgustaba, ella desde hacía un tiempo me decía que fuéramos a tomar, ¡así que lo vi como a modo!

    Ella se veía bien, una calza negra que transparentaba su cachetero, su blusa escotada y bien peinada la verdad se veía fenomenal.

    Todo se desarrolló como siempre, bromas, risas, alcohol, baile y arrimones, justo en los arrimones, ella de forma burlona me dijo:

    B: ¡Ya se te paro, uhm y eso que no te hago nada!

    L: Jajá, no aún no se para, ¡si se hubiera parado ya habías perdido!

    B: ¿Uy, pues que tripee o qué? ¡Jajá!

    L: ¡Si gustas puedes calarme, jajá!

    En eso, ella me acaricio la verga con sus manos, la apretó de forma tosca, yo solo la miré con cara de molestia, ¡pero sonreí al final!

    L: Mira, ¡no le busques!

    B: ¡Ya te sentí, jajá!

    L: ¡Bertha, me vas a tener que cumplir!

    B: ¡Más bien te voy a enseñar!

    L: ¡Jajá, el que te va a terminar por matar rico, soy yo!

    B: ¡Pues vamos!

    L: ¡Vámonos pues!

    Salimos del lugar y llegamos al motel más cercano, durante el camino nos íbamos agasajando, le agarraba sus nalgas el daba pequeños besos, ella me abrazaba y me tocaba la verga, ¡la verdad la señora me tenía con ganas de coger!

    Al entrar al cuarto inmediatamente la ropa voló, desnuda pensé que se vería mal, pero no, la verdad pese al sobre peso, mantenía sus cosas bien puestas en su lugar.

    Lo primero que hice fue lamer sus melones de pezón oscuro, los succionaba y mordía, ella sonreía mientras me quitaba el pantalón, ¡le lamía el cuello y bajaba nuevamente a sus tetas!

    L: ¡Chiquita! ¡Están ricas tus tetas!

    B: Ah, que duro te sientes, ¡déjame verte!

    Me quito el bóxer y miro mis 21 cm firmes y venosos, ¡ella abrió los ojos y tartamudeo un poco!

    L: Que, ¿impresionada?

    B: ¡Tenía años que no veía una así!

    L: ¡Prepárate para lo bueno!

    B: ¡Cabrón!

    Me acosté en la cama y ella fue directo a mi verga, la lamia como paleta y después tragaba como si fuera una víbora, me encantaba su sexo oral, ¡la doña tenía experiencia lamiendo y me tenía más duro que un fierro!

    L: ¡Bertha, uhm!

    B: ¡Uhm, que rica!

    La tomé de su cabeza y le impedía separarse de mi palo, comencé a mover mi pelvis y prácticamente le estaba follando la boca, ver como escurría su saliva, me ponía más caliente, poco a poco comencé a tomar el control de las acciones.

    Después de darle bien rico y duro por su boca, la avente a la cama, le abrí las piernas y como bestia la penetré, sus quejidos me encantaban, me empujaba como desesperado, ¡me apoyaba de la luna de la cama para dejarme ir con todo!

    L: ¡Toma, uhm!

    B: ¡Ah, Luis, que rico!

    L: Toma, ¿te hacía falta verdad? ¡Toma!

    B: ¡Ah, años que no me daban así!

    Me acosté y la puse a cabalgarme, la señora subía y bajaba se movía rico, pero yo quería hacerla gozar, así que le apretaba las tetas y me movía con fuerza, a veces era tanta que la levantaba de la cama, la señora solo se quejaba y gemía, ¡me encantaba como se dejaba caer sobre mi dura verga!

    B: ¡Ah, papi, uhm!

    L: ¡Toma, uhm!

    B: ¡Rica verga, ah, uf!

    L: ¡Es tuya, toma, uf!

    Ella se puso de pie y como si le aplicara una llave de lucha la penetre, ¡le apretaba los brazos y la cabeza mientras mi verga entraba y salía con fuerza de su muy húmeda vagina!

    El ruido de mi pelvis chocando con sus nalgas era música para mí, sus gemidos e incitaban a darle más fuerte, ¡la señora ya era mi puta!

    B: ¡Ah, papi, que rico, uhm!

    L. Te dije, que yo si te iba a coger bien!

    B: ¡Si, agh, me vas hacer venir!

    L: Vamos, ¡corrámonos juntos!

    La acosté en la cama y en unas patitas al hombro, decidí llenarle el coño de mi semen, ella se movía rápido, nos movíamos al mismo tiempo, sentí como chorreaba, su orgasmo estaba saliendo, ¡entonces yo jalándole el cabello me aceleré hasta que finalmente mi semen salió!

    B: ¡Ah, que rico!!!!

    L: ¡Toma, uhm!!

    ¡El orgasmo fue fenomenal, ella estaba sudada y toda perdida, pero yo aún podía más!

    Lleve mi verga a su boca, sin decir palabra alguna, ella entendió que tenía que lamer y comérsela, ¡así que lo tomo con sus dos manos y devoro nuevamente mi verga!

    L: ¡Asi nena, uhm mámamela!

    B: ¡Uhm, agá, uhm!

    L: Bien, déjala lista, ¡ya que sigue tu culo!

    B: ¡Uhm, pero…!!

    La tomé con fuerza y al puse en cuatro, abrí sus nalgas hasta encontrar su culito, ¡el cual obscuro se veía que podía ser dilatado con facilidad!

    Con saliva y mis dedos empecé a estimular su culote, ella movía las nalgas como queriendo evitar el placer, ¡pero ya era mi perra y tenía que obedecerme!

    B: ¡No!!!

    L: ¡Te dije que no me calentaras!

    B: ¡Pero la tienes grande!

    L: ¡Mejor, solo disfruta!!

    La tomé de su cadera y empecé a penétrala, al principio lo hice suave, un cuarto de mi verga estaba en su culo, ella gemía y jadeaba, decía que le dolía, ¡pero yo no estaba dispuesto a detenerme!

    La tomé de sus cabellos y de un golpe le metí casi por completo mi verga, ella gritaba, prácticamente estaba llorando, ¡pero a mí no me importo y empecé con embestidas fuertes!

    B: ¡Ayy! ¡Mi culo!!!

    L: ¡Toma, uhm!

    B: ¡Ah, ya, para!!

    L: Te dije que no me andaba con juegos, ¡uhm!

    La tomaba de los hombros y la empujaba hacia mí, ella gritaba, pero comenzaba a moverse, ¡prácticamente su dolor se estaba convirtiendo en placer!

    No me bastaba con tenerla si, le daba de golpes en las nalgas, le jalaba el cabello, ¡esa señora ya era mi puta y estaba dispuesto a llenarle el culo con mi semen!

    L: ¿La saco?

    B: ¡No!!! ¡Sigue, uhm!

    L: ¡Que rico!

    B: Ah, así, uhm, no pares, ¡mi culo es tuyo!

    L: ¡Si, que rica perra!

    B: ¡Si soy tu perra, uhm!!!

    La acosté boca arriba y levanté sus piernas dejando su culo parado y listo para seguir recibiéndome, apoyándome en sus ricos muslos, ¡continuaba empalándola!

    Bertha tenía los ojos vidriados, unas lágrimas salían de ella, pero continuaba pidiéndome verga!

    B: ¡Así papi, uhm!

    L: ¡Que rico culo!

    B: ¡Ah, esto es fantástico!!

    L: ¡Te voy a llenar de mi leche!

    B: ¡Si!!

    ¡Mis embestidas eran aceleradas, su culo ya chillaba, mi verga entraba y salía, estaba a punto de hacerme venir y de que se viniera de nuevo!

    Unos cuantos movimientos desenfrenados bastaron para que mi elche le llenara el culo, un grito de placer en ambos inundo la habitación, otro orgasmo fue obtenido, ¡la doña con el ano maltrecho gemía y disfrutaba el orgasmo que le genere!

    B: ¡Ah, Luis!

    L: ¡Uhm, que rico!

    B: ¡Hace años que no me cogían así!

    L: ¡Sé que nunca te cogieron así!

    La cogí unas veces más, la llena de semen todas las veces, ¡hasta que aproximadamente a las 6 am la tenía dándome unas mamadas!

    L: ¡Saca lo último!

    B: ¡Uhm, uhm!

    L: ¡Ah, ahí va!

    B: ¡Mmmm!

    Mi leche inundaba su boca, Bertha estaba llena de mi por todo su cuerpo, la señora me había dado batalla y aunque la deje toda maltrecha, ¡me hizo sentir un orgasmo maravilloso!

    Salimos del Motel y me invito el desayuno, ahí continuábamos charlando de lo rico que la pasamos, ¡me confeso que aún estaba casada, pero su marido no mas ya no!

    Me sentí su macho, su dueño, me despedí dándole un tremendo beso y apretando sus nalgas, diciéndole que el lunes esperaba que fuera de calza, ¡que me la paraba cada que lo hacía!

    A partir de ese día, ella sigue viniendo así y de vez en cuando, ¡nos escapamos a la hora de la comida y le reviento su rico culo!

  • Disfrutando con mi esposa (Parte 3)

    Disfrutando con mi esposa (Parte 3)

    Después de pasar un hermoso fin de semana en Luján con Oscar nos propusimos tener más diversión y sin buscarla me encontré con una ex compañera de la secundaria que vive en Pinamar. Sandra, es profesora de gimnasia y trabaja como personal trainer fuera de temporada, también da clases y viaja permanentemente por la zona atlántica.

    Sandra estaba con una ex alumna llamada Paola tomando algo en el patio de comidas de un shopping de zona norte, cuando la vi sentada en la mesa la reconocí enseguida porque estaba igual que hace 20 años cuando nos vimos la última vez.

    Después de los saludos y las presentaciones de rutina quedamos en ir a tomar algo solas el viernes por la noche.

    Sandra estaba parando en la casa de una tía en capital y me quedaba cómodo pasar a buscarla, así quedamos y fuimos a un bar el viernes por la noche.

    Durante la charla me contó que estaba en pareja con un americano que se llama Paul y que tenía ganas de poner un negocio en Pinamar, con Paola habían venido hasta Buenos Aires para hacer compras y pasear un poco.

    Hablamos de nuestras vidas y le comenté lo que habíamos hecho con Oscar, Ana y Carlos algunas semanas atrás en una quinta de Lujan y me pidió que le contara con lujo de detalles todo lo sucedido. Para mi asombro me dijo:

    —Paola es la persona que comparto con Paul y tenemos sexo los tres casi todas las semanas, a veces pasamos noches increíbles entre los tres ¿te gustaría participar sola o con Oscar?

    Me quedé muda por un instante y le contesté:

    —Déjame hablarlo con Oscar.

    Luego de unas copas llevé a Sandra hasta la casa de su tía prometiéndole una respuesta a su propuesta lo más rápido posible. Antes de bajar del auto nos despedimos con un beso y un abrazo que se convirtió en un fuerte y caliente beso de lengua que me perturbo muchísimo.

    Apenas llegué a casa le comenté lo sucedido a Oscar y nos matamos sexualmente en nuestra cama.

    Al día siguiente Oscar me dijo que podíamos participar, pero si quería podía participar ella sola ya que tenía que viajar por trabajo, pero la próxima seria para exclusivamente para él.

    Hecho el acuerdo, Oscar la acompañó hasta la terminal de micros deseándole una sabrosa estadía y repitiéndole que la próxima será para mi.

    En Pinamar, Paola llevó a Vanesa desde la terminal de micros hasta la casa de Sandra. Durante el viaje, Paola me decía cosas muy lindas acerca de mi figura y me contaba lo buen amante que era Paul.

    Ya en la casa me recibieron como a una diosa, yo no conocía a Paul, pero al verlo me encantó. Paul es alto y musculoso (tiene aspecto de luchador) y además tiene 10 años menos que yo, Paola es de mediana estatura cuerpo muy trabajado y excelentes tetas la cual la transforman en una chica muy sexy y tiene 26 años. Sandra es delgada pero tiene una cola muy buena a pesar de sus 45 años.

    Almorzamos los cuatro y luego Paul se tomó una siesta, nosotras caminamos un poco, tomamos café y luego descansamos en el living imaginándonos lo que pasaría la noche si se daba todo bien. Cenamos bien temprano y nos preparamos para la noche, nos vestimos con vestidos cortos y Paola se colocó una remera súper escotada que le quedaba súper sexy. Tomamos algo en un bar en el centro y luego volvimos a la casa con unas botellas de champagne.

    Dentro del living Paul puso música lenta, Paola lo abrazó y comenzaron a bailar, Sandra y yo los imitamos, Paola bajo un poco la luz y siguió bailando abrazada con Paul, el cual le dio un beso de lengua muy fuerte que relajó bastante a Paola. Sandra me soltó y abrazó a Paul, Paola me abrazó y seguimos bailando hasta que me besó muy dulcemente y nos sentamos en el sillón mientras que Sandra bailaba con Paul.

    En el sillón Paola me besaba y acariciaba mis piernas, yo me sentía seducida y caliente, de repente Paola me levantó el vestido y me abrió las piernas, Paul y Sandra se me acercaron y comenzaron a besarme y a tocarme mientras que Paola se quitaba la ropa.

    Entre Sandra y Paul me acostaron en el sillín boca arriba, me quitaron la bombacha y Sandra comenzó a chuparme la vagina primero suavemente y luego cada vez más fuerte. Paola ya desnuda puso su vagina mojada en mi boca y con movimientos suaves de mi lengua la hice calentar hasta que acabó.

    Paul comenzó a desnudarse y Sandra empezó a chuparle el pene hasta ponérselo bien erecto (era más grande que mi consolador personal). Paola se acostó sobre mí y comenzó a pasarme la lengua sobre mi boca bebiendo y compartiendo los fluidos de su acabada, esto me gustó muchísimo y aproveché a chuparle esas hermosas tetas que tenía, luego Paul introdujo su pene en la vagina de Paola haciéndola vibrar de placer, Sandra me tomó de la mano y me llevó hasta el dormitorio, Comenzamos a besarnos y sentimos el grito de placer de Paola lo cual nos calentó aún más a punto de casi acabar entre las dos sin que nos hubieran penetrado.

    Al rato sentimos otra acacaba mas de Paola, una y otra vez. Luego Paul llego hasta el dormitorio con Paola totalmente mojada, la sentó en la cama y le dijo: “Chúpale la concha a Vanesa hasta que acabe que luego la penetro”. Mientras Paola me chupaba, Paul hacía un tremendo 69 con Sandra la que al cabo de algunos minutos acabó a los gritos mojándose toda sobre la cara de Paul. En ese instante me calenté aún más hasta que acabé sobre la boca de Paola.

    Sin perder un minuto Paul me penetró por mi vagina a lo perrito, abrazando a Sandra mientras ella me besaba compartiendo mis besos también con Paola. Paul empezó a penetrarme despacio ya que su miembro era gigante para mí, luego mi vagina estaba súper dilatada y lubricada haciéndome acabar al menos tres veces, la última fue tremenda, creo que escucharon mis gritos hasta los vecinos.

    Ya exhausto Paul comenzó a penetrar a Sandra mientras que Paola le chupaba los huevos y le introducía a Sandra un vibrador anal haciéndola acabar varias veces hasta que Paul quitó su pene de la vagina de Sandra y derramó su semen entre las tetas de Paola.

    Mientras Paul descansaba, lamí las tetas de Paola, y compartí el semen con Sandra. Al rato, Paul con su miembro erecto comenzó a penetrar a Sandra por el ano, luego Paola se colocó un arnés con un consolador gigante y penetró a Sandra por la vagina haciéndola acabar varias veces, luego le tocó el turno a Paola y por ultimo a mi dejándome la vagina y el ano doloridos por largo rato sin antes haber acabado al menos 3 veces. Paul acabó por segunda vez sobre la cara de Sandra que a su vez era penetrada analmente por Paola con su consolador gigante haciéndola gritar de placer.

    Terminamos los cuatro tendidos en la cama, Sandra me agradeció y me propuso devolverle el favor a Oscar, por supuesto en compañía Paola y yo.

    Continuará.

  • Mi esposa, su cuñada puta y yo

    Mi esposa, su cuñada puta y yo

    Un fino halo de luz se cuela por la persiana y me tira de aquel placentero sueño. Un silencio tan profundo ha invadido la alcoba (después de una noche de jadeo, gemidos y palabras soeces) puedo escuchar mi respiración y la de mis acompañantes. Toca un celular, un mensaje. ¿Quién puede ser?

    -Buenos días amor, en 15 minutos paso por ti.

    -Respondo: Ok! Besos.

    Esta historia que decido contar hoy, ocurrió ya hace un buen tiempo. Para guardar la identidad de los personajes he cambiado los nombres.

    Una tarde Ariana, mi mujer recibió una llamada:

    -¡Si, claro! No hay problema cuñada está bien. Te esperamos.

    Kitten, la mujer de su hermano, llamó porque su marido tenía planeado un viaje y no quería quedarse en casa sola.

    Todo bien, por mi no hay ningún problema. Lo que nunca llegué a imaginar que sería la experiencia más increíble de nuestras vidas.

    Kitten, gatita en inglés, era una joven delgada con un cabello corto hasta el cuello. Tenía unas tetas bien firmes (Lo sé, porque generalmente no usaba brasier) rematadas con unos pezones rosados sobre una pequeña aureola. Nos conocimos cuando inicié el noviazgo con mi esposa. Siempre supe que era y, creo que es la mejor definición que tengo para ella, una puta con clase. Siempre usaba ropa de marca y esas cosas.

    Por otro lado, Ariana… tiene un buen cuerpo, unas tetas bien definidas, un culo que cualquier hombre mataría por follar y una vagina, que bueno no sé cómo explicar.

    Llegó el día y la gatita se quedó en casa. Nos quedamos un buen tiempo en la sala conversando de todo un poco. Ella nos contó que la noche anterior fue con el marido a un bar y vio como un par de lesbianas filtraba. «Me imagino a las perras follando como unas desgraciadas», dijo entre risas. Continuó diciendo: «Uff! Haciendo unas tijeras… negra siéntate en el suelo», le dijo a mi mujer.

    Le pidió que abriera las piernas, pasó una de sus piernas por debajo de Ariana y la otra por encima. Sus vulvas estaban una frente a la otra y empezó a moverse fingiendo que estaban culeando, mientras se reía.

    Jájájá, para le decía mi esposa. Estás loca, para de follarme loca de mierda», entre risas.

    Bien, después de un momento me fui al cuarto y ellas más en confianza hablan de sus puterías. Salí a la sala y Ariana estaba tumbada de espalda sobre el mueble, me acerqué y le arrecosté la verga. Exclamó: «Uy, está noche promete».

    Así transcurrió la mañana y la tarde. Ya un poco más tarde nos fuimos a ver una película. Me recosté junto a mi mujer, mientras Kitten se quedó a la orilla.

    Estando bajo la sábana, tomé la mano de mi mujer y la coloqué sobre mi verga para que la frotara. Me miró con cara de morbo y sospecho que estaba tramando algo. Evidentemente después de un poco no pude ocultar mi erección, que se marcaba por encima de la sábana.

    De repente Ariana dejó expuesta mi verga, quizás para presumir, quizás sólo la quería mostrar como trofeo. ¡No sé!

    Kitten empezó a reír algo entrecortada y nerviosa. Ariana la miró, dejó caer un poco de saliva en mi glande para lubricarlo y se metió la polla entera a la boca mientras me giñaba un ojo. ¡Joder!

    Supe que esto no acabaría ahí. Después de varios chupetones que remataba con sonido de splat! Le pidió a Kitten que se acercara. “¿Quieres probarla? Vamos, hazlo”, la animó. Bien, coger con una desconocida es genial, pero coger con alguien que conoces desde algún tiempo y sin pensar que llegaría esa oportunidad es fantástico.

    Aquella pequeña zorra me sorprendió. Agarró mi pedazo firmemente y comenzó a lamerlo de manera incontrolable de arriba abajo y chupando mi bolas.

    La adrenalina que sentí ese día nada ha podido superarla hasta hoy. Me quedé alucinando viendo a la mojigata lamer mi palo que no vi la vagina de mi mujer venir… fue como torta en la cara!

    Si hay algo que me llena de orgullo es saberme un comedor profesional de vaginas. Obtuve mi certificación de una amiga lesbiana que me enseñó. Todos saben que las lésbicas comen los coños muy bien. En fin, cuca; en español a lo venezolano, pussy; en inglés a lo gringo o buseta, en portugués brasilero… definiciones «soez» para la vagina… para mi es un manjar delicioso; aquellos que disfrutamos de ese placer saben lo rico que es beber los jugos que destila la Venus.

    Prosigo. Recuerdo que Ariana se había hecho un corazón con los vellos del pubis. Mi reacción inmediata fue extender mi lengua y recibirla en mi boca. Las escenas pasaban tan deprisa, que necesité de toda mi atención para no sucumbir.

    Mientras la chupada podía sentir como los latidos de su corazón se reflejaban en su clítoris. También lo observaba en su culo que se contraía. La suerte fuerte por las nalgas hasta abrirlas y colocar el culo al alcance de mi lengua. Ella se rindió en un profundo y leve suspiro.

    Una regla a considerar en tríos o intercambio de pareja debe ser: Ante todo tu mujer (si eres hombre) deber ser penetrada por ti. ¡No hay excepciones! Y la primera corrida debe también ser para ella. Siguiendo este concepto Ariana bajó de mi cara se hizo de mi verga y se clavó en ella, hasta lo profundo.

    La escena digna interpretación de una película XXX. Kitten gozando en mi boca, Ariana empalada en mi verga y ambas cerrando el triángulo con feroces besos. No pude contenerme hasta que me corrí. «¡Ah, sí! Vamos, coño… dame más, jódeme rico papi, así», como siempre la desgraciada me sacó hasta la última gota.

    Estaba un poco exhausto pero seguí lamiéndole la concha a Kitten. Ariana aún encima de mí se manoseaba mientras le escurría la leche, se introdujo dos dedos, los cuales salieron cremosos y los metió en la boca de Kitten. «Experimenta el dulce sabor de mi amor. Ves todo lo que puedes lograr con una buena dieta y algo de piña», le susurró.

    Mi tesón volvió cuando comencé a lamer el culo rosadito de la gatita… era tan perfecto que podría jurar que sentí las estrías.

    Ariana ordenó que se pusiera a gatas y dejara bien en alto el culo para que junto alcanzáramos a comerlo mejor. Quedé impactado en la forma tan perfecta que mostró mi mujer y la agilidad que tiene en su lengua. «Levantaré», me ordenó. Tomó mi verga la chupó fuerte y luego la dirigió hasta el culo de su adorada cuñadita.

    Kitten ya sabía lo que le esperaba. Al principio encontré un poco de resistencia. Pero después, poco a poco se entregó y su culo maravilloso fue engullendo cada centímetro de mi capullo. Una vez dilatado empecé a bombear con movimientos fuertes hasta que la habitación se llenó de gritos, jadeos y palabras sucias. «Por favor, acaba con esto ahora», gritaba Kitten.

    «Aguanta perra, aguanta…», decía Ariana mientras le daba nalgadas. «Por favor, dile que pare siento que me va a salir por la boca», suplicaba ya exhausta la gatita.

    Ariana no dio tregua al escándalo, se sentó de frente, asió su cabello y literalmente la obligó a comerle el coño.

    Esa escena me hizo llegar. Ariana tomó rápidamente a Kitten la levantó y quedaron ambas frente a mi. Aseguré el cabello de la gatita y me corrí en su cara, tanto que la leche le caía a las tetas. No recuerdo la última vez que solté tantos chorros de leche, esa vez fue especial.

    Ariana también recibió una buena parte.

    Considero un fetiche acabarle en la cara a cualquier mujer, quizás sea un instinto primitivo, ¿sabes? Como los animales cuando marcan su territorio. En el caso de las mujeres no importa que se laven o cuanto se laven si tu sabes que estuviste allí.

    Un fino halo de luz se cuela por la persiana y me tira de aquel placentero sueño. Un silencio tan profundo ha invadido la alcoba (después de una noche de jadeo, gemidos y palabras soez) puedo escuchar mi respiración y la de mis acompañantes. Toca un celular, un mensaje. ¿Quién puede ser? Es Ron, mi cuñado.

    Ariana y Kitten aún duermen plácidamente. En sus orificios restos de mi continúan saliendo.

    -Buenos días amor, en 15 minutos paso por ti. Dice el mensaje.

    -Respondo: Ok! Besos.

    Es hora de levantarse y tomar un baño. Es muy tentador, pero no hay mucho tiempo. Ron está a camino.

    Ariana lo recibe. Sale Kitten, lo saluda con un beso.

    -¿Todo bien? ¿Qué tal el día de ayer? -Pregunta Ron.- Parece que no has dormido nada. Supongo que la pasaron muy bien. -Dice.

    -Sí, muy bien. -Afirma con una sonrisa.

    Se suben al auto y se van. Veo su cara, por mi mente pasan las imágenes de la noche anterior. Puedo ver claramente mi marca en su cara, siempre estaré ahí.

    Ha pasado mucho tiempo. Incluso mi esposa y yo nos mudamos a otro país. Desde aquella vez, nunca más repetimos aquel increíble momento.

    Espero sus comentarios.

  • Hago que a mi madre se la folle un negro

    Hago que a mi madre se la folle un negro

    Me llamo Diego, tengo 20 años, soy de Chile, vivo con mis padres y soy hijo único. Mi padre trabaja 7×7, o sea, que una semana está en la casa y la otra no. Mi madre se llama Sandra, ya tiene 43 años, pero se mantiene en una condición física impecable, es una mujer blanca con una cara bonita, pero que muestra su madurez, con grandes senos y un trasero bastante tonificado.

    Mi padre es un hombre muy respetable y bondadoso, cosas que enamorarían a cualquier mujer, pero infiriendo por su actitud y contextura física gorda no debe ser muy bueno en la cama.

    A través de comportamientos he podido ver la fascinación que tiene mi madre por los negros, cada vez que sale un actor de color en alguna película o video musical, especialmente si está sin polera, se puede ver en su cara nerviosismo y un poco de timidez, pero principalmente me di cuenta porque en una ocasión me dijo que le viera algo en el celular y en internet había dejado una pestaña abierta donde se veía una escena porno interracial.

    En los últimos años se ha producido una gran llegada de haitianos a Chile (mucha gente de color). En el lugar que estaba (y sigo) trabajando hay varios inmigrantes negros, por lo tanto, había posibilidad de cumplir la fantasía de mi madre. Esta idea rondó en mi cabeza un mes entero, como sería y a quien le pediría.

    Le hablaba harto y me hice amigo de un haitiano de nombre Pierre que trabajaba acarreando cajas (mucho trabajo físico), el tipo mide más de 1.8 m, es delgado, pero fibroso (en una ocasión lo vi sacándose la polera y tenía su sixpack bien definido), cercano a los 30 años, tiene un estilo bastante como salvaje y veraniego.

    Pasadas unas semanas, vi a su señora que le fue a buscar al trabajo, una haitiana hermosa de amplias caderas con su pequeño bebe. Ahí fue cuando me decidí que sería él, ya que para tener una mujer como esa debes ser un experto en la cama. Esa misma semana le hablé a este compañero de trabajo y después de charlar de varias cosas, le dije lo más calmado posible que le pagaría 70 mil pesos (cerca de 80 dólares y que es como el cuarto del dinero que se gana ahí) si se follaba a mi madre.

    En primera instancia pensó que era una broma que le estaba haciendo, pero le volví a decir lo mismo y le conté la fascinación de mi madre con los hombres de color. Creo que después de eso pensó que mi madre sería una señora mayor y fea, porque me decía que no podía decir que si por su esposa, pero luego le mostré una foto de mi madre, tenía preparada en mi celular la foto en donde se veía más sexy. Después de observar la foto un instante, me dijo que lo pensaría.

    Al día siguiente ya había aceptado y planeamos que esto sería este viernes, ya que mi padre no estaría en casa y mi madre no tenía nada que hacer. Lo invitaría a mi casa con el fin de tomar, que mi madre nos acompañara y se diera la situación.

    Llego el día viernes, la idea fue que viniera a las 10 de la noche para empezar a tomar unos tragos y compartir, a mi madre le dije que vendría un compañero del trabajo, pero no le dije que era un haitiano, quería ver su cara cuando apareciera.

    Obviamente como vendría un invitado se arregló para la ocasión, aunque con una ropa informal como deportiva que acentuaba sus muslos y trasero además de mostrar un gran escote.

    Antes de las 10 llegó Pierre, vino como le había dicho, con una polera ceñida al cuerpo y unos shorts que acentuaban la gran herramienta que tenía (y que en horas sería utilizada por mi madre), nos saludamos y se lo presenté a mi madre. Lo mismo que observaba cuando veíamos películas o videos y salía un negro, sucedió en ese momento, se ruborizó y lo saludó con un beso en la mejilla con cierta timidez.

    Para entrar en confianza nos sentamos a la mesa y empezamos a servirnos unos tragos, la idea era que mi madre no se embriagara, pero sí que estuviera más relajada (ella no es buena para tomar así que con poco ya está bien). La estábamos pasando bien charlando, hasta que saqué el tema de si era verdad lo que decían de los negros, que tienen grandes penes, a lo que Pierre contestó que era verdad, agregué: “con tu esposa lo deben pasar genial en la cama”, mi madre de a poco se iba poniendo roja.

    Le conté a mi madre como era la señora de Pierre, luego él siguió contando de cómo son de fogosos los hombres de color, que incluso antes de llegar y como permiso tuvo que hacerle el amor a su esposa para que le dejara venir, en ese momento mi madre yo creo que estaba muy caliente con todo lo que él decía con lujo de detalle.

    Así fue como se pasaron dos horas y media volando, le dije a mi madre que Pierre se quedaría a dormir en la casa y que yo me retiraría porque los tragos me habían hecho efecto y estaba cansado, ella también dijo que se iría a acostar, pero le dije que no podía dejar al invitado solo, a lo que Pierre con una cara coqueta le dijo lo mismo, que la acompañara y que siguieran hablando. Ellos pasaron a sentarse en un sofá y yo hice como que me iba a mi pieza, pero me quedé en la cocina que daba al comedor, observando lo que iba a pasar.

    Ellos siguieron hablando de sus familias, de sus planes a futuro y siguieron tomando uno que otro trago. Mi madre en ese momento ya no tenía casi ningún atisbo de timidez, por eso fue que ya le empezaba a coquetear a Pierre, diciéndole lo bien que estaba físicamente y le tocaba a veces las piernas. Hasta que mi madre no soportó más y volvió a preguntar lo que yo había mencionado minutos atrás, de que si los negros tienen penes grandes. Pierre en un solo instante y con una sonrisa de oreja a oreja respondió que sí y se hizo el short hacia abajo dejando ver su gran verga (fácilmente eran 20 cm siendo que no estaba ni erecta), mi madre quedó impactada por lo rápido de la situación, pero más por esa monstruosidad que le estaba mostrando el haitiano.

    Él tomo la mano de mi madre y la acerco a su pene, ella ni siquiera dudó y empezó a masturbarlo, estuvo cerca de un minuto masajeando y maravillándose con la verga de Pierre. Ahí fue el único momento de duda de mi madre, ya que dijo: “Mi hijo podría despertarse y vernos así”, ella se estaba retirando, pero Pierre la sostuvo del brazo y le dijo: “¿cuándo tendrás una ocasión como esta?”, en ese momento mi compañero se quita la polera y completamente el short dejando ver una figura envidiable, a lo que mi madre no pudo negarse y volvió a sentarse en el sofá.

    Ella iba derecho a seguir masturbándolo, pero Pierre dijo que no, que ahora tenía que darle besos en el pene como perdón por querer irse, mi madre se lanzó inmediatamente a hacer lo que le pedían y mientras le daba besos decía: “Perdóname, no lo volveré a hacer”, luego de eso ella iba a intentar masturbarlo, pero no estaba en las opciones de Pierre. Era el momento que se la tendría que chupar toda, mi madre sentada se hizo hacia al lado para empezar a hacerlo.

    Sandra empezó a saborear como loca la verga de Pierre, a pesar de las ganas que le ponía, no podía tragársela toda, a lo que el negro le prestó ayuda sujetando la cabeza de mi madre e introduciendo todo su pene en su boca, en varias ocasiones. Tanto el pene de Pierre como la boca de mi madre terminaron llenos de saliva. En ese momento yo tampoco soporté la situación y empecé a masturbarme con tamaño espectáculo.

    Luego de eso mi madre se sacó la ropa (todavía no se había quitado nada) se estaba sentando arriba de Pierre que seguía en el sofá, pero este le dijo no tan rápido y la sacó de arriba de él. Pierre dijo: “Si quieres esto, (señalando su pene negro erecto) tendrás que andar en cuatro patas por la sala” (él se estaba aprovechando de la fascinación de mi madre, pero eso me gustaba y me excitaba más, ver como ese negro la humillaba).

    Sandra ni siquiera rechistó y comenzó a andar como perra por el salón paseándose por delante de Pierre, pero este se aburrió y le dijo: “Párate y báilame mejor, perra”. Mi madre se acercó lascivamente a él mientras hacia su mejor intento de baile y se estrujaba sus inmensas tetas. Por fin se pudo sentar arriba de este, viéndose cara a cara, este la empezó a follar a una velocidad endemoniada, haciendo que sus tetas empezaran a rebotar, el sonido que hacían al follar era magnifico, se escuchaba en toda la casa. Siguieron así mirándose hasta que Pierre se abalanzó sobre esos pezones rosados que seguían saltando, sus manos grandes y sus labios carnosos cubrían esos inmensos pechos, a lo que mi madre rendida solo lo abrazó por el cuello.

    Luego giró a mi mamá para que le diera la espalda y todavía sentada arriba, comenzó a saltar sobre esa gran verga, Pierre le preguntó ¿si esto era lo que quería? a lo que Sandra solo dijo que: “Si” y le dio unos sentones impresionantes, mi compañero solo estaba quieto disfrutando como mi madre continuamente se paraba y caía con todo ese trasero gordo sobre él.

    Luego de esos primeros 20 minutos de show yo acabé de tanto masturbarme, quizás hasta estaba más caliente y excitado que los actores principales. Seguí viendo porque el espectáculo todavía iba por la mitad.

    Pierre sacó a mi madre de arriba de él y por primera vez se paró del sillón, besándola y agarrándola del trasero. Mi compañero depositó su mano en la cabeza de mi madre para que bajara, así que ella fue besando desde su boca pasando por su pecho fornido, su abdomen definido hasta llegar nuevamente a su pene. Luego de un momento de chupadas que le dio mi madre, cambió de opinión y dijo: “Ahora usaras tus tetas”. Ella comenzó a pasar el pene por sus pezones mientras le escupía y toqueteaba, luego lo puso entre su pecho y comenzó a masturbarlo, Pierre se motivó y empezó a follar esas tetas como si fuera una vagina.

    Mi madre en todo esto nunca dejó de mirar a los ojos a Pierre, la cara de ella era sensacional, se veía su calentura y que ya no le importaba nada más que el negro que se estaba follando, ni siquiera que su hijo pudiera llegar a escuchar algo. A continuación, no conforme con eso, Pierre hizo que mi madre le chupara los testículos, a pesar de no ser tan impactantes como su miembro, eran grandes igualmente.

    Luego de esto, Pierre levantó a mi madre y la tiró al sillón acostada de espalda y este se puso arriba de ella (misionero), dándole cogidas al principio más lentas, pero que iban subiendo en intensidad, mientras se besaban y esta tocaba la espalda fuerte y los brazos con sudor de Pierre. Mi madre gemía y gritaba cosas como: “Dame más fuerte negro”, “Rómpeme” y ¿Eso es todo que tienes?

    Mi compañero inmediatamente aceptaba las suplicas de mi madre y le daba la potencia que pedía, a veces, se enojaba por lo que decía, la agarraba del cuello con las dos manos mientras se la follaba muy fuerte y le decía: “¿Así te gusta, puta?”.

    Después de varios minutos así, mi madre tomó la iniciativa y salió de debajo de mi compañero, se puso en cuatro patas en el sofá y mirándolo le dijo: “Ven a follar a tu nueva perra blanca”. Pierre se dirigió a Sandra, escupiéndose la mano y la empezó a masturbar con sus dedos grandes, la hacía gemir tanto como cuando se la follaba. De un momento a otro, mi compañero deja de toquetearla, se aparta un poco y dice: “No creo que te merezcas que te de este placer”, a lo que mi madre se para rápidamente y lo comienza a besar por el cuello y en la boca, luego pasa su lengua por sus pectorales, baja nuevamente a su pene y sin manos comienza a chupárselo además de por fin poder introducir ella sola esa gran verga negra completamente en su boca, provocándole hasta pequeñas arcadas.

    Pierre después de 1 minuto de mamadas dijo: “Esto es lo mismo que me hace mi señora”, Sandra ya no sabía qué hacer. Esta vez se lanzó al suelo y comenzó a lamer los pies de mi compañero. “Por ahí estamos hablando, esto nunca me lo habían hecho y me está gustando”, dijo Pierre.

    A continuación, mi madre se para de espaldas mientras pasa todo su enorme culo por la verga del negro y con la voz más caliente que le podría salir dijo: “No seas malito y cógeme negro”, esta lo tomó del pene y lo llevó al sillón donde se volvió a poner en cuatro patas. Así fue como se la continúo cogiendo, a pesar de la motivación de mi madre en ese momento, ya no podía seguirle el ritmo a Pierre, ella solamente se movía en su sitio mientras el negro le daba unas grandes embestidas.

    Estuvieron ahí varios minutos hasta que Pierre agarró los brazos de mi madre que seguía en cuatro patas y los puso en su espalda y depositó la cabeza de mi madre en el sillón, subiendo las embestidas a su máxima velocidad, a esa intensidad solamente aguantó 30 segundos y sentó a mi madre para que le chupara el pene y se tragara todo el semen. Sandra no desperdició ninguna gota, saboreándolo todo como si fuera una bebida, antes de pasar por su garganta. Pierre dijo: “Mi perra blanca, ¿Te gustó como te follé?”. A lo que mi madre respondió: “Desde que te vi entrar me imaginé follando contigo, pero nunca esperé que fuera tan rico”

    Luego de esos 40 minutos de actuación, cayeron rendidos en el sillón, los dos cuerpos totalmente sudados, se siguieron tocando y besando, no pasaron ni 2 minutos y el pene de Pierre ya se estaba poniendo en funcionamiento nuevamente.

    Mi madre vio esto e inmediatamente dijo: “Vamos a mi pieza, estaremos más cómodos”. Dejaron botada toda la ropa, se fueron desnudos agarrados de la mano hacia la habitación y con una cara de felicidad dibujada en la cara de mi madre.

    Lamentablemente por eso no pude seguir mirando, me fui a mi habitación y nuevamente me masturbé escuchando los gemidos y embates que salían de la pieza de mis padres.

    En la mañana desperté por mi compañero que ya se estaba arreglando, se había hasta bañado incluso y le pagué lo acordado. Pierre solamente agradeció y dijo: “Aunque hice el trabajo tres veces solo te cobraré uno, tu madre sí que es una verdadera perra tetona”. Y se retiró.

    Lo bueno es que no sería la última vez que se la follaría.

  • El juego de los malvaviscos (garganta profunda/deepthroat)

    El juego de los malvaviscos (garganta profunda/deepthroat)

    Este no es un relato real, pero imaginemos que sí, de acuerdo?

    Mi nombre es Cristían, actualmente tengo 20 años y les quiero contar lo que comencé a vivir hace seis meses atrás.

    No hacía mucho que había aceptado mi homosexualidad, apenas estaba empezando. No me costó mucho hacerlo, gracias a mi tía Débora, una mujer trans cuarentona con quién había formado un vínculo muy profundo desde pequeño y quién me aconsejó para mis primeros encuentros íntimos.

    Ya había tenido sexo en un par de ocasiones y había descubierto que era totalmente pasivo. Al contárselo a mi tía recuerdo que mostró un gran entusiasmo, le brillaban los ojos al mirarme. Fue luego de contarle esto que me propuso llevarme a una de sus «fiestas» privadas, como yo estaba en miras de experimentar le dije que sí sin dudarlo.

    Una noche de sábado nos subimos a su auto y salimos a la casa de una de sus amigas. Al llegar al lugar pasamos a un recibidor dónde me encontré con las amigas de mi tía: cuatro chicas trans de diferentes edades, y todas muy atractivas debo decir, en especial Camila, la más joven y enérgica de todas. Luego de presentarme con todas pasamos a la cocina y descubrí que había otros tres invitados, estos eran todos hombres (eso me entusiasmó) y estaban reunidos alrededor de una mesa.

    -Este es el nuevo? Preguntó uno de ellos.

    -Shh -respondió una de las amigas de mi tía-, todavía no sabes bien qué hacemos en estas fiestas.

    No estaba seguro si a aquella reunión se la podía considerar una «fiesta», pero eso no me importó, sabía que mi tía no me llevaría a un lugar donde no la pasarías bien.

    Para ponernos en ambiente Gabriela, la más adulta de todas, algo gorda y también la dueña de la casa, sirvió algunos vasos de Fernet con Coca para que compartamos, y puso un poco de música, así nos aflojáramos un poco. Comencé a hablar con los otros chicos y a relajarme, la estaba pasando súper bien. Entonces mi tía Débora dio unos aplausos y dijo «ya es hora de que comencemos, no?»

    -Qué juego toca está vez? -preguntó una de las amigas de mi tía.

    -Hoy toca el juego de los malvaviscos -contestó otra.

    «Huuu» dijeron todos los chicos menos yo.

    -Qué es el juego de los malvaviscos? -pregunté

    A lo que mi tía me contestó:

    -Sabés qué tenés en común con estos chicos? Que todos ustedes son pasivos.

    No entendía bien qué se suponía que iba a pasar, pero mantuve la calma recordándome que podía confiar en ella.

    Entonces Gabriela puso un tazón grande con esos malvaviscos dulces arriba de la mesa en dónde estaba sentado con los chicos y me explicaron el juego.

    -Se juega por rondas, en cada ronda cada uno de ustedes se tienen que poner un malvavisco en la boca y retenerlo. Cuando llegue al límite y se le caiga a uno tiene que… recibir un castigo.

    Primero me llamó la atención que solo los chicos tuviéramos que hacer eso, y tuve algunas sensaciones raras, entre miedo y curiosidad, pero la curiosidad era más fuerte así que encaré el juego con entusiasmo.

    Durante las primeras rondas nadie tenía problemas, pues era fácil retener las golosinas en la boca, pero a partir de la ronda 15 se empezó a complicar. Entonces, uno de los chicos, Luis, no pudo seguir y escupió todos los que tenía en la boca.

    «Castigo!» empezaron a gritas todas las chicas mientras se lanzaban sobre él. Lo tomaron violentamente de los pelos y lo pusieron de rodillas frente a una, Camila. Entonces pensé «aah, le tiene que hacer un pete», pero iba más allá de eso.

    Camila se bajó la pollera y la bombacha que tenía y reveló una gran pija, ya parada, de como 16 cm. realmente me impresionó, y antes de que Luis terminara de abrir la boca Camila ya se la estaba forzando. Se la metió hasta el fondo de una. La reacción de Luis fue empujarse con los brazos hacia atrás y sacársela.

    -Aahh, viniste rebelde hoy? Chicas… -dijo Camila.

    Entonces Gabriela se acercó a Luis y le esposó las manos en la espalda! Acto seguido Camila comenzó a darle varias cachetadas en la cara

    -Abrí bien grande -dijo.

    A lo que Luis respondió abriendo bien grande la boca. Camila se la metió hasta el fondo y ahora sí, pudo comenzar con el movimiento de caderas, lo tenía bien agarrado de la cabeza y le estaba cogiendo la boca!

    No podía creer lo que veía. Busqué con la mirada a mi tía, y ella debió adivinar mis pensamientos, por lo que se adelantó y me dijo:

    -Trata de que no se te caiga ningún malvavisco que la próxima soy yo -y me guiñó el ojo.

    No sabía qué hacer, había hecho petes antes, pero nunca algo como eso. No podría aguantarme que me la metan hasta la garganta así!

    Seguimos mirando como Camila le cogía la boca a Luis. Ella gemía de placer mientras que Luis se ahogaba y dejaba un charco de baba debajo de ellos. A veces Camila se la sacaba para que pudiera respirar, pero rápidamente se la volvía a meter hasta el fondo y retomaba la penetración. Cuando pasaron como diez minutos el ritmo de Camila aumentó bruscamente, se la metió bien adentro y soltó un gemido muy fuerte: había acabado en su garganta.

    Se la sacó y un poco de baba mezclada con semen cayó de la boca abierta de Luis. Camila de agachó, le dio un beso en la frente y le dijo «qué se dice?», a lo que Luis respondió «gracias amor».

    Luego de eso le quitaron las esposas y se fue a sentar muy tranquilo a un sillón que se encontraba en la habitación y a mirar cómo seguía el juego.

    A mí se me caía la baba porque todavía tenía la boca llena de malvaviscos y no la podía cerrar bien, pero aun así ya me había olvidado que estábamos en medio de un juego. Entonces mi tía gritó «Bueno, seguimos?»

    Pasó otra ronda y yo me esforcé mucho por mantener los malvaviscos adentro, si tenía que comerle la verga a mi tía nunca más la podría ver de la misma manera (bah, en realidad para esa altura ya no la iba a poder verla igual). Por suerte para mí, el siguiente en perder fue Lucas, un chico de anteojos que me había resultado atractivo. Las chicas prosiguieron como la primera vez. Gritaron «castigo», tomaron a Lucas por los pelos y lo arrodillaron frente a mi tía Débora. Entonces mi tía se bajó el jean que tenía puesto y reveló una enorme verga de casi 22 cm, nunca había visto algo así! Me miró y dijo «esta vez zafaste» (cómo que «esta vez»?).

    Lucas se mostró mucho más pasivo que Luis, el solo puso las manos detrás de la espalda y abrió grande la boca. Mi tía lo agarró de los pelos y muy lentamente le fue metiendo la pija entera en la boca. Se la dejó bien apretada por momento luego comenzó a moverse. Lucas hacia arcadas constantes pero se contenía y aguantaba la cogida de boca que le estaba dando mi tía. Mientras miraba me percaté de dos cosas: la primera esta que me estaban doliendo los cachetes por contener los malvaviscos, por lo que no podría aguantar mucho más; y la segunda era la cantidad de chicas que había. Ellas eran cinco, ya a dos les había tocado un chico para satisfacerse y quedaban tres por atender, y nosotros eran dos. Pensé entonces “el ganador del juego quedará salvado de tener que hacer eso? Entonces si yo pierdo…v oy a tener que prestarle la boca a las tres que quedan?! Medio entre en pánico cuando pensé en eso, pero el sonido de un gran grito de placer me sacó de mis pensamientos. Mi tía había acabado, al igual que Camila en la garganta de su chico. Le sacó la enorme verga de la boca a Lucas y le dijo en tono serio “límpiala”. Lucas se la limpió toda a lengüetazos sin chitar. Luego mi tía se agachó, le dio un beso en la frente y Lucas contestó medio riendo “gracias amor”. Como para variar eso también me sorprendió, se notaba que Lucas realmente lo había disfrutado, entonces me pregunté si yo podía ser tan pasivo como él.

    Antes de retomar el juego mi tía se acercó a mí, me dio un palmadita en la espada, se me acercó al oído y me susurró “te recomiendo que no ganes”. Entonces retomamos el juego, tomé un malvavisco, no sabía qué hacer, por lo que decidí seguir la recomendación de mi tía. Puse el malvavisco en mi boca pero no me esforcé mucho por seguir reteniendo, por lo que, junto con un ataque de tos, dejé que todos cayeran y se desparramaran por el suelo. “Castigo!” Gritaron entonces. El corazón me latía a mil. Camila me tironeo de los pelos y me arrodilló frente a Gabriela, la duela de la casa.

    -Qué suertudo que sos -me dijo. –Tuviste la suerte de que en tu primer día te tocara conmigo, que soy la menos dotada de las cinco.

    Luego de decirme eso, se bajó la mini falda que tenía y la bombacha, y me puso en la cara una pija de cómo 12 cm. Tenía razón, era afortunado de que no me hubiera tocado una pija como las otras teniendo en cuenta lo que me iba a hacer. Pero había algo más, a diferencia de las otras chicas que estaban totalmente depiladas, Gabriela estaba llena de pendejos!

    Yo estaba súper nervioso, delante de mí solo podía ver la parte inferior de su barriga, y una pelvis llena de pelos. Entonces Gabriela comenzó a acariciarme la cabeza mientras me decía “tranquilo, yo sé que te va a gustar, mi lechita es la más rica de todas.”

    Luego apoyó la cabeza de su pija en mis labios y me dijo “chupá”.

    Pensé que tenía aún más suerte y que no tendría que hacer garganta profunda como los otros. Eso me alivió un poco, por lo que tomé su pija con mi mano y comencé a hacerle un pete como yo sabía. Pero luego de un reto me bajó mi mano con la suya y zas! Me empujó la nuca tan de golpe que me la metió toda hasta el fondo por sorpresa. Mi reacción fue echarme para atrás y toser por culpa de la ahogada que me pegué, pero Gabriela me volvió a tomar de los pelos y me dijo:

    -Viste lo que le pasó a Luis por hacerse el rebelde, no? Querés que te hagamos eso?

    Yo entendí, se refería a las esposas por supuesto.

    -No –le contesté-.

    -Entonces dejá las manitos abajo y abrís grande la boquita.

    Obedecí. Gabriela entonces me tomó la cabeza con ambas manos y me hizo comerla toda, para acto seguido comenzar la penetración. Era muy difícil de soportar, y lo único que venía era su pelvis peluda y su barriga chocando contra mi cara. Estuvo así un ratito hasta que me liberó para dejarme respirar un poco. Me dolía la boca, y tenía arcadas.

    -Tengo pelos en la boca –le dije- me los pued… paf!

    Antes de que terminara de hablar me dio una cachetada, la miré y me dio otra.

    -Los pelos son para que te los tragues putita.

    Y antes de que pudiera responder me agarró de los pelos y retomó la penetración. Esta vez tardó más en liberarme, a mí se me caían las lágrimas, y mientras escuchaba arriba mío los gemidos de Gabriela pensaba que mi tía me estaba viendo… me estaba viendo y seguramente me quería hacer lo mismo! Al pensar en eso una extraña electricidad recorrió mi cuerpo, la idea me había resultado extrañamente excitante.

    -Aaah, qué rico, ya re doy la leche putita –dijo Gabriela la última vez que me soltó.

    Las últimas penetradas que me dio fueron fuertes, rápidas y profundas. Pero las aguante pensando en mi tía (ya había comenzado a fantasear con ella!).

    Entonces sentí el cuerpo de Gabriela temblar pensé que me acabaría en la garganta. Pero para mi sorpresa la retiró un poco y me llenó la boca de leche, no muy profundo. Había dicho que su leche era la más rica, perola verdad era que tenía un gusto horrible. Aun así me la tragué sin chitar.

    Cuando finalmente me soltó, se agacho y como todas las otras y me dio un beso en la frente, se me quedó mirando hasta que de mi boca salieron las palabras “gracias amor”. Entonces todos me aplaudieron, mi tía me ayudó a levantarme (Dios, cuánto me dolían las rodillas!), me acompañó al sillón.

    -Sabía que te iba a gustar –me dijo.

    Pero yo no respondí nada. Al final el ganador fue José, quien pudo contener los malvaviscos hasta el final. Su premio fue que las dos chicas que quedaban, Julia y Josefina y se lo cogieran al mismo tiempo. Pero eso no lo vi, ya que lo hicieron en un cuarto privado (y por lo que me enteré hablando con los chicos después, ellas también eran bastante dotadas).

    La “fiesta” continuó mucho más tranquila después de eso. Se podría decir que me hice amigo de todos (en especial de Gabriela que se mostró muy amable y atenta conmigo después). Y cuando está amaneciendo nos fuimos.

    Mi tía me llevó en su auto de regreso a la casa de mis padres (todavía vivo con ellos), pero durante el camino no hablamos mucho, en esos momentos me sentí bastante incómodo. Cuando llegamos me dijo que descansara y me despidió. Sin embargo, cuando estuve solo en mi habitación no pude dormir, no dejaba de repasar lo que me había pasado, y no dejaba de pensar en mi tía. Tanto repasar lo que sucedió me terminó calentando tanto que me tuve que hacer una paja, y mientras lo hacía, entre un pensamiento y otro, fantasee que mi tía me cogía la boca como lo había hecho Gabriela, de hecho, acabé pensando en eso…

    Pasaron los días de la semana y no tenía noticias de mi tía. Al final la ansiedad de ganó y decidí mandarle un mensaje, preguntándole si me podía pasar a buscar en el auto para hablar. Al rato me contestó que sí, y que en un rato me levantaba.

    Ya estaba oscureciendo cuando pasó, no bajó del auto y solo toco bocina para que yo saliera, así lo hice. Me subí y tuvimos los típicos saludos normales. Mi tía empezó a manejar y a mí no me salían las palabras.

    -Dale, siempre tuvimos la re confianza, decime lo que pasa… igual creo que ya sé –me dijo.

    -Me gustó todo lo que pasó el sábado, le dije… no tendría problema en… hacer… que me lo hagas vos.

    Mi tía me miró y se rio. Entonces bajó una de sus manos, se levantó la pollera que tenía puesta y me mostró la pija.

    -Chupámela mientras manejo –me ordenó.

    -Pero y si nos ve algu…

    Comencé a decir eso, pero entonces me di cuenta que mientras hablábamos nos habíamos empezado a alejarnos y ahora estábamos en una ruta no muy transitada.

    Me lo medité un momento pero enseguida decidí meter mi cabeza entre sus piernas. Comencé a petear esa enorme pija a la que ya le tenía cariño. La chupé se puso dura y grande como la había visto el sábado, y cuando estuvo bien al palo mi tía me hundió la cabeza todo lo que pude para que le la comiera toda, pero no fue capaz, entonces me tomó de los pelos y me enderezó.

    -Sí, pensé que no ibas a poder –me dijo.

    Entonces detuvo el auto al borde de la ruta por la que íbamos manejando sin rumbo y me miró con ternura, con esa mirada de tía que conocía de toma la vida.

    -Mirá sobrino, la verdad es que sos un pendejo tan mimado y delicado que… me calentás, no lo voy a negar. Te quiero agarrar y hacer mierda. Pero solo si vos lo disfrutas.

    No podía creer lo que escuchaba, la mirada tierna de mi tía no coincidía para nada con lo que me estaba diciendo, pero…me encantaba!

    -Sí, quiero -Le respondí.

    -Bueno, entonces… tomá esto.

    Sacó de la guantera una cajita y me la dio, al abrirla me encontré un dildo. Yo no tenía ninguno pero (gracias al porno) me di cuenta de que era de sos como una base para adherirse a las cosas. Era bastante grande y grueso.

    -Es para que practiques garganta profunda. Qué? Pensabas que los otros guachos del sábado nacieron sabiendo? Creo que no terminaste vomitando solamente porque te agarró Gabriela, que es la más pijicorta. Jaja, ese trolo infeliz…

    Yo también me reí de ese último comentario, siempre me había cuidado de no ser ofensivo con las chicas trans, pero al escuchar a mi tía me reí muy sinceramente.

    Dimos un par de vueltas en el auto y hablamos normal, de cualquier otra cosa. Finalmente me regresó a mi casa y me dijo:

    -Practicá que dentro de dos semanas hay otra fiestita –y me guiñó el ojo.

    -Gracias tía -le respondí.

    -Decime solo Débora desde ahora…

    Y así fue como me uní al perverso círculo de travas abusivos del que soy parte hoy. Tal vez más adelante les cuente sobre los otros “juegos” que se celebran en esas reuniones. Pero por ahora, esta historia de origen llega a su fin.

  • Cuarentena con mi hermana

    Cuarentena con mi hermana

    Julia recibió la noticia de que debía trabajar desde su casa a causa de la emergencia epidemiológica provocada por ese extraño virus chino, pero debe seguir en contacto. Es supervisora de venta en su empresa y tiene a cargo unos diez empleados. Así que aunque a partir del lunes estará confinada a su casa, ella sigue su rutina y prepara su ropa. La cámara web, conexión a internet e impresora.

    Por su parte Javier su hermano menor, está todo el día pegado a su consola de juegos, pegado al celular y comiendo como desesperado. Es normal que la química entre ellos no sea la mejor. Julia tiene veintisiete años y ya trabajaba cuando cachó a “Javi” masturbándose en el baño a los doce, ahora él tiene diecinueve, pero sigue siendo un idiota sin más preocupación que jugar Fornite o free fire. Eso piensa ella.

    —Mañana trabajo desde las nueve, no quiero que te andes paseando en calzones por la casa.

    —Déjalo, él ya sabe que debe respetar tu espacio —dijo su mamá mientras cocinaba. Sus padres tienen un pequeño local de comida y aunque Javi podría ayudar, preferían que se quedara en casa. Bastaba con que ellos se expusieran.

    —Si mamá, pero necesito que deje libre el internet. No puedo perder las video llamadas y con sus jueguitos —Javi, ni siquiera respondió, se fue a su cuarto y azotó la puerta.

    Al día siguiente, sus padres salieron temprano, Julia se metía a bañar mientras Javi se tiraba en un sillón. La vio salir en toalla. Sí que era linda, lastima de puto carácter pensaba él. Sin pensarlo y acostumbrada a estar sola a esa hora de la mañana, dejo caer la toalla. Su cuerpo es espectacular, es bajita, pero su piel blanca es divina. Además conserva esa cara tierna y aniñada. El cabello negro le llega hasta las nalgas, ahora lo corroboraba con sus propios ojos. Para eso va a diario al gimnasio pensó mientras miraba sus nalgas redondas. Miró con la boca abierta como esos cacheteros subían hasta contener aquel hermoso culo. Luego una falda, cuando ella dio vuelta para colocar el sostén miro de frente a su hermano.

    —¡¿Qué tanto miras idiota?! —cerró la puerta, dando por terminado el espectáculo. Aun así, Javi pudo ver la dimensión de aquellos melones que tenía por pechos su hermana. El bulto en sus shorts deportivos era prominente y trató de cubrirlo con un cojín. Cuando salió con tacones y esos lentes de armazón grueso, Javi la siguió con la mirada, era igual o más hermosa que las chicas que seguía en Instagram y TikTok.

    —¿Ya apagó mi juego? —Preguntó para no sentirse un estúpido.

    —Solo no molestes —siguió su camino hasta el rincón donde colocó su equipo de trabajo.

    Pasado el mediodía tomó un descanso, fue hasta la cocina por un poco de agua. Javi aprovechó para deleitarse con el movimiento de todo ese monumento. Cuando regreso se paró frente a él.

    —¿solo vas a estar ahí todo el día? ¿No tienes tarea o algo que hacer?

    —No, además la tengo que entregar cuando regresemos, no hay prisa —contestó con desdén.

    —Bueno, ayúdame a configurar el programa para enviar fax y hacer facturas. A esta computadora no le entiendo.

    —Al rato…

    —No, ahorita. En una hora me vuelvo a conectar.

    —¿No te cansan?

    —¿Qué cosa?

    —Digo, tienes que usar tacones aquí —ella miró sus pies y ciertamente estaba cansada.

    —La maldita costumbre —se bajó de los tacones y se sintió aliviada.

    Fueron hasta aquel rincón, ella tomó asiento y él se paró a un costado. Abrió un par de archivos, salieron varias carpetas de video y fotos.

    —¡No mames Javi tienes un chingo de porno, con razón está tan saturado el disco! —mientras lo decía abría carpetas de video.

    —Espérate, yo las borro al rato…

    —¿Anal, bukkake, gang bang, colegialas? Neta, búscate una novia.

    —Si, como tú que ya te vas a casar con… a si es cierto, tampoco tienes novio.

    —Pero no ando viendo esas cochinadas —Dijo a modo de reclamo, mientras él se encimaba para cerrar sus carpetas. Su verga rosaba con el hombro de su hermana, además de que al mirar abajo inevitablemente veía sus enormes tetas temblar en el forcejeo. Su verga estaba poniéndose dura. Y ella comenzaba a sentirla.

    —No mames Javi quita tu porquería de mi —la punta rozaba su mejilla, él se apartó apenado, pero no podía disimular aquel bulto.

    —¿Qué quieres que instale? —preguntó tapándose con ambas manos.

    —¡No mames! Lárgate maldito enfermo. Sonó el timbre de video llamada y ella volvió a sus labores, aún con la sensación de aquel pedazo de carne en su mejilla.

    A las seis en punto terminó su llamada y fue directo a su hermano, que seguía en el sillón.

    —Ahora sí, borra tus cochinadas para poder instalar mis programas.

    —Como si tú no tuvieras tus juguetes —dijo en reproche, mientras ella abría los ojos quedándose sin habla.

    —¿Andas hurgando en mis cosas?

    —¿Hurgando, que tienes sesenta años? Y no, pero apoco crees que no se oye en la noche como pujas con tus vibradores.

    —Pendejo… —sabía que era verdad, los compró en Navidad y los usaba cuando suponía que todos dormían. Obviamente su hermano era la excepción a la regla.

    —Bueno, dime que instalo y ya, deja mi porno en paz.

    Nuevamente fueron al rincón, ahora él se sentó. Ella no podía evitar rozar sus pechos contra él mientras le daba instrucciones. Y tampoco podía evitar mirar el bulto enorme que tenía Javi entre sus piernas. Luego se quitó la ropa de oficina. Pensó en darle una lección a su hermano, pero mejor aún. Lo volvería loco. Se puso un short pequeñito, le ajustaba tanto que sus nalgas asomaban por debajo. Y una camiseta de tirantes. Sus padres llegaban a las nueve. Tenía tiempo suficiente para lograr su cometido.

    —Voy a calentar la comida, mira que te hace falta niño.

    Pasó frente a él y se detuvo frente al televisor, dándole tiempo de disfrutar de la vista, incluso se agachó un poco. Su culo se veía más espectacular de lo que ella misma imaginaba. Javi tragaba saliva mientras clavaba sus ojos su hermana. Luego sirvió la mesa y comieron en silencio. Ella sabía que parte de sus senos se asomaban por las orillas de su camiseta, notaba la mirada pesada de Javi sobre ellos.

    —Te toca lavar los trastes —le dijo mientras ella se acomodaba en el sillón. Cuando él se levantó y lo vio andar a la cocina ruborizado. Pudo tener la visión del tamaño de aquella verga, ahora era ella quien tragaba saliva.

    —¿Qué me ves?

    —¿En serio nunca se duerme tu amiguito? ¿Y ahora por qué lo tienes así? No me digas que… guácala Javi… si estás mal.

    Sus padres llegaron y después de cenar se fueron a dormir. Javi aprovechó para darse una ducha y masturbarse con la imagen de su hermana. Mientras ella aprovechó para entrar a lavar sus dientes.

    —¿Te la estás jalando?

    —¡Puta madre Julia!

    —Cállate los vas a despertar, solo vengo a lavar a los dientes. Tu síguele, solo no me digas que estás pensando en mí.

    —Ni loco —aunque era mentira. Igual Julia veía aún más sorprendida agraven de la cortina, la sombra enorme que proyectaba aquella verga.

    En cuanto Julia salió, unos potentes chorros de semen chocaron contra el azulejo. Emprimo bien su verga y luego salió para acostarse. Dormir no podía. Igual Julia estaba con los ojos abiertos, extrañamente editada. Sacó su consolador y sin prenderlo. Lo introdujo en su sexo. Aunque trataba de no hacer ruido, unos leves gemidos inundaban el pasillo. Javi estaba otra vez con la verga como piedra.

    Al día siguiente, después de que sus padres salieran, Julia entró a la ducha. Javi fue a su cuarto y miró la ropa que usaría. Falda corta, blusa blanca y lencería negra. Restregó los calzones en su cara queriendo llenarse del olor de Julia y luego sobre su verga. Entró al baño y ella gritó.

    —¡QUE TE PASA! ¡SALTE DE AQUÍ!

    —Solo me lavo los dientes y me voy… anoche te escuché… ¿no estarías pensando en mi verdad hermanita?

    —¡IDIOTA LÁRGATE! —salió y ahora si cerró la puerta para vestirse. Él se fue al sillón con las ganas a mil, la vio salir le sonrió.

    —Corre, se te hace tarde —ella fingiendo enojo fue por una taza de café, pero por primera vez en años. Su hermano le había sacado una risa.

    Trabajó todo el día, sin descanso. Cuando terminó su horario se fue a cambiar. Iba a ponerse los mismos shorts del día anterior, pero prefirió el vestido suelto y corto que apenas le tapaba.

    —A comer pequeño enfermo —le dijo ya con un poco de broma. Mientras cruzaba por la sala levantó su vestido.

    —…

    —Para que te la jales a gusto al rato —la lencería la hacía ver súper sexy. Y Javi agradecía eso. Comieron y sin necesidad de instrucciones él lavó los platos. Luego se paró frente a Julia que miraba la tele y se bajó el short hasta las rodillas.

    —Para que te metas tus juguetes al rato —Frente a ella estaba una verga gruesa y enorme de no menos unos veintitrés centímetros, pálida y con venas en los costados. Con una cabeza abultada como hongo. No cuadraba con su escuálido y pálido hermano.

    —¡No mames guárdate eso cabrón!

    Lo guardó y se fue directo a la computadora. Abrió su página de videos, puso uno que recopilaba a jóvenes cogidas por viejos con enormes vergas.

    —¿En serio Javi? ¿Vas a ver porno?

    —Tú tienes la culpa, me pones caliente y luego me dejas así —ella se acercó y jaló un banco.

    —¿Esa de que es? —preguntó mientras sus ojos se abrían desorbitados, ¿esas niñas son mayores?

    —Claro, solo son pequeñas. Chaparras como tú.

    —Pero flacas, yo no estoy así —señalaba la pantalla, y si había un mundo de diferencia.

    —No, obvio tú estás bien sabrosa.

    —Menso —le dijo mientras le daba un codazo. Y se pegaba más a él para rozar aquella verga.

    —Vas, busca lo que quieras —le dejo el teclado y ella escribió Gangbang.

    —No sé qué sea, pero se me quedó grabado de tus carpetas —cuando aparecieron los recuadros pico el primero y aparecieron seis negros que desvestían a una joven blanca y la usaban por todas partes.

    —¿Re gustaría eso?

    —No, creo que no me pararía en una semana son… ¡enormes!

    —No tanto —Dijo Javi señalando su verga.

    —A ver sácala —le dijo ya editada después de ver como en la pantalla dos vergas destrozaban a la rubia sin piedad. Cuando sacó su verga, vio que era enorme y casi tan gruesa como sus brazos.

    —Agárrala, no muerde…

    —Solo la quería ver… no tienes tanta suerte niño.

    —Ahora tú enséñame tu pucha…

    —¡Pucha! No seas naco, además no…

    —No es justo tú ya viste mi verga…

    —¿Y eso qué? —se levantó intentando alejarse, pero Javi la jaló y cayó sobre él, rodaron hasta el piso. Sus tetas le oprimían la cara y su vestido estaba hasta su espalda.

    Ella intentaba levantarse, mientras él le metía mano por todos lados. Apretaba sus nalgas, chupaba sus tetas y jalaba su vestido.

    —¡Cálmate! ¿Qué te pasa? —Para sacarse se sacó el vestido que quedó en manos de Javi, que se levantaba mientras ella caminaba en lencería por la casa.

    —Solo déjame tocar tu culote y tus chichotas…

    —¡NO! No hagas cosas de las que te puedas arrepentir.

    —¿Arrepentir? Es lo que más quiero.

    —Ok ok ok, cálmate y lo hablamos. Esto no está bien. Si quieres te dejo ver y te sobas tu… pero solo eso.

    —¡MÁMAMELA! —Dijo sacando nuevamente su verga y acercándose hasta hacer que ella se sentara en el sillón.

    —¡No! ¿Cómo crees? —la vergas de Javi estaba a centímetros de su boca y ella echaba su cara atrás para evitar que chocara con ella.

    —Solo un poco…

    —Ok ok ok, pero hasta para atrás, solo un poco y te calmas.

    Ni siquiera estaba segura de porque hacía eso o de si le cabría en su pequeña boca, pero suspiro se acercó poco a poco. Comenzó con unos besos, hacía más de dos años que no tenía ningún tipo de sexo. Sus labios fueron cubriendo aquella verga, pero por más que abría la boca, apenas y lograba meter esta enorme cabeza de hongo en la punta de aquel enorme pito. Mientras Javi disfrutaba de la saliva que iba cubriendo su venosa verga.

    No entró ni la mitad y su boca estaba llena. Javi miraba atento como se llenaba aquella boquita con su verga, sentía como su hermana chupaba, sabía que estaba muy adentro porque Julia jalaba aire por la nariz, se asfixiaba y sacaba la verga para jalar aire, un hilo de baba contaba de sus labios a la verga de Javi, que empujaba más, la tomaba de la cabeza, pero era físicamente imposible que entrara más.

    —Dios mío!

    —hagggaaa! Aaaah!ma ahogó ha!

    —sigue no pares hermanita.

    —Hagg! Haggg!

    Cuando sintió que no podía más apenas sacó su verga unos enormes chorros de semen bañaron el rostro y las tetas de Julia, que apenas jalaba aire. Era como tres o cuatro veces el semen de su último novio.

    —¡Tu vas a limpiar e Javi!

    —ahhhh! Aaaah! —seguían saliendo pequeños chorros, embarrando sus piernas.

    —¡No mames ya cabrón!

    Pero Javi seguía con la verga como piedra, le tomó la piensa y se las colocó en los hombros.

    —Espérate espérate, quedamos que solo una mamadita, mira que relajo hiciste.

    —¿No quieres? —obviamente Julia se moría por sentir aquella vergota, pero pensaba que no podía ser tan puta.

    —Ponte un condón y te dejo un poquito.

    —No tengo —con rara triste bajo las piernas su hermana, pero ella no se iba a quedar así.

    —Ahí en cajón de mi cuarto tengo.

    Javi salió disparado y regresó casi a tropezones mientras rompía el empaque, cuando cubrió su verga con el condón, volvió a tomar sus piernas y le quitó su ropa interior. Pudo ver por fin aquellos labios vaginales pequeños, apretados. Por más que empujaba no lograba meter su verga.

    —Es que está muy grandota Javi

    —Espérame, ya sé que hacer.

    Se arrodilló, comenzó a lamerle el sexo a su hermana. Ella reaccionó de inmediato, nunca antes le habían hecho un oral así de bueno. Javi retorcía su lengua por todos lados.

    —¿Javi qué haces? ¡Esperaaa haaa!

    —Un poquito más, así le hacen en el porno —aunque el superaba por mucho aquello que veía en el internet.

    —Yo creo que… haaaa! Creo que… mmmm! Creo que ya mmm es… suficienteee aaaah! —Y claro que era suficiente, acababa de tener un gran orgasmo.

    —Sí, ya estás más mojadita, ahora si… creo que ya…

    Con los pies de su hermana nueva, ente sobre sus hombros, empujó bien fuerte su verga, resbaló aunque apenas y embonaba en su pequeña panochita.

    —¡AY! —el ardor que sintió le recordó a su primera vez, solo que aquella pasó en un instante. Ahora, seguía.

    —¿Te duele? ¿Lo sacó…?

    —No no no… solo hazlo despacio —por más lento que se movía Javi, el dolor solo se intensificaba, la enorme verga de su hermano parecía que la partiría a la mitad. Solo con la fricción de las repetidas embestidas, aquel dolor se fue convirtiendo en placer.

    —Aaaah! Siii! Más rápido!

    —Pero… pensé que te dolía… —Le dijo al tiempo que aumentaba la velocidad, hasta el momento solo una tercera partes de su verga había podido entrar en ella. Pero la repetición y la excitación estaban logrando que hundiera más se verga.

    —Ahhh! Siii! Que rica vergota tienes haaa! Me gusta! Siii!

    —Mmm —También Javi emitía gruñidos intensos, hacía ya mucho que no tenía sexo.

    —¡Hay que rico aaah! Aaah!

    —¿Te puedo… empinar… digo… mmmm de perrito? —Sin dudar Julia brincó y dio la vuelta, ahora su culo redondo estaba a merced de Javi, que no dudó y metió hasta el fondo su verga para ver rebotar aquel culo contra él, la tomó del pelo y la jalaba contra él. Mientras ella gemía el guardaba en su memoria aquella imagen.

    —¡Si Javi, cógeme duro! ¡Dame verga! —aún tenía el sabor a semen en su boca mientras se mordía los labios. Javi no podía ir más rápido. Entonces termino.

    —Ahhh! Haaag! Pufff! Puta madre! —le besó la espalda mientras bajaba poco a poco el meneo de sus caderas. Se besaron tan apasionadamente que bien podrían ser dos enamorados.

    Al día siguiente, Javi le escogió el vestido y se bañaron juntos. Entre besos y caricias. A las nueve, Julia se colocó en el escritorio para iniciar la videoconferencia. Javi pecho tierra se arrastró hasta este debajo del escritorio y se metió entre sus piernas.

    —¡aaauch no!

    —¿Disculpe señorita Julia? —Le preguntaron del otro lado de la pantalla al verla brincar y sonrojarse.

    —No, nada. Me pegué en el pie aaaah!

    —¿Está bien? —Javi se había desecho de su ropa interior, con su mentón hundido lamía la panochita de su hermana, que comenzaba a mojarse.

    Mientras ella sonrojada trataba de concentrarse en su trabajo, Javi parecía Niño con bote de helado. Le encantaba ese sabor, más cuando salían fluidos. No entendía que estaba provocándole un orgasmo.

    —¿Y así el balance de ventas irá mejorando?

    —Siii aahhh! Claro jefe aaahh!

    —¿Está usted bien? Hoy está muy extraña.

    —Si, de maravillaaa ¡uff! Aaah! Solo que… ahhh… perdón —Se retorcía como loca, tratando de evitar gemir. Le temblaban las piernas. En cuanto vino el receso de comida. Julia se levantó y fui directo hasta Javi, que con sonrisa pícara la esperaba. Le arranco los shorts y metió su verga hasta la garganta. Lo repitió con tal intensidad que en menos de un minuto sintió como aquella enorme verga bombeaba semen dentro si boca.

    —¡Haaa! Aaah! Que rico! ¿Te los tragaste?

    —¿Que, no te gusto? —Le preguntó mientras chapaba los restos de semen en la punta de aquella descomunal verga.

    —¡pfff! ¡Madre mía! Guau!

    —ahora déjame trabajar o en la tarde no hay nada.

    —Ok, guau! —Javi seguía agitado y emocionado por el actuar de su hermana.

    A las seis en punto, Julia recibió la llamada de sus padres. Llegarían una hora antes. No tenía caso estar tan tarde con las calles semi desiertas. Fue a su cuarto y se puso el conjunto que un ex novio le regaló. Medias cortas, ligueros y un baby doll todos de color negro. Salió a la sala, sabía que estaba buenísima, la boca abierta de su hermano era prueba de ello.

    —¡Hay no mames! —Julia le aventó el condón, mientras el desesperado rompía el empaque con los dientes y se lo colocaba. Ella se acomodó en cuatro sobre la alfombra.

    —¿Ya? —Sus nalgas apuntaban hacia arriba esperando por aquel leño entre las piernas del alfeñique que tenía como hermano. Quien como por instinto animal, se montó sobre ella. Y no reparo en el dolor que le provocaba. Seguía metiendo y sacando su verga, aferrado al cabello de Julia.

    —Aaah! Aaah! Auch! Ahhh! Suave ahhh!

    —Mmm! Ahh! Mmmm! No mames no mames haaaah! —Como animal se abrazó a ella hasta que quedaron ambos tumbados en la alfombra.

    —Te ves bien sabrosa, esa ropa no la conocía.

    —Pues no menso, es para ocasiones… bueno, ahora levántate que nuestros padres llegarán antes —El seguía soñando sus nalgas y reteniendo el olor de su cuello. Delicioso. Pensaba mientras ella se levantaba para quitarse ese atuendo. Pocos minutos después llegaron sus padres y juntos cenaron. Ellos estaban preocupados. Al parecer tendrían que cerrar. Así que trabajarían hasta el sábado. Eso les dejaba solo dos días a solas.

    Esa noche vieron un par de películas abrazados, incluso sus padres estaban sorprendidos. Acostumbrados a verlos como perros y gatos. Julia durmió tan profundamente que Javi tuvo que despertarla diez minutos antes de las nueve. Se bañó rápidamente y se puso un vestido flojo. Durante el día, esa deliciosa rutina se repitió. Javi bajo su falda saboreaba esos fluidos. Luego a la hora de la comida ella chupo su verga tan fuerte que el apenas atinó agradecer a Dios mientras su semen era tragado por su hermana. Así, con el sabor a semen, trabajó las horas restantes. Y en cuanto finalizó su horario de trabajo.

    Fue a cambiarse, aunque un impedimento la hizo salir con una mueca de decepción.

    —¿Pensé que te pondrías algo bonito? —Preguntó Javi sobándose la verga en el sillón.

    —Se acabaron los preservativos —la cara de Javi era de extrañeza.

    —¡Pues me salgo antes y me termino afuera!

    —No seas idiota, no me voy a arriesgar a quedar embarazada de mi propio hermano —Ahora le llegaba la información a Javi, no tendrían sexo ese día. Y no era algo que pudieran encargarle a sus padres. Eso significaba…

    —No mames, ¿ya no quieres?

    —Si quiero tarado, pero no me voy a arriesgar.

    Sentados frente al televisor, solo les quedaba frotarse el uno al otro. Aunque la idea que tenía Julia en mente era algo de lo que se arrepentiría. Por fin sus labios comenzaron a formular la idea.

    —Mira… podemos… pero… prométeme que no serás tan brusco.

    —¿Qué cosa? —Su mente estaba en blanco y no entendía lo que decía su hermana. Ella se levantó y fue por el lubricante que usaba con sus juguetes. Cuando regresó, se acomodó en cuatro, levantó su vestido y agachándose de más comenzó a lubricarlo su agujero.

    —¡¿POR EL CULO?! —gritó emocionado Javi, mientras miraba a su hermana embarrarse aquel líquido con olor a fresa.

    —Pero muuuy despacio o no hacemos nada —Javi asintió aunque ella no lo veía.

    El solo hecho de pensar en el tamaño de la verga que tenía su hermano la hacía sudar. En cuanto sintió que recargaba sobre su hoyo, le recordó.

    —¡Sespacio! —Los intentos de Javi eran inútiles, aquel culo era muy pequeño y parecía repeler sus intentos. Solo cuando empujó con cierta desesperación logró que la punta abriera un poco aquel ano.

    —¡Ya! —El grito de Julia lo confirmo, estaba entrando.

    —¡Aaaaay! —El enorme trozo de carne comenzó a hundirse en su culo, el dolor le decía que había sido una pésima idea, sentía que la partía en dos.

    —¡Ya falta poco hermana, aguanta! —aunque, en realidad iba menos de la mitad.

    —¡No mames no mames no mames aaaay! —El culo oprimía su verga, esa sensación era nueva para Javi. En cuanto pudo entrar un poco más, comenzó a moverse, logrando berridos indescriptibles en su hermana.

    —¡Que rico se siente! —Aferrado a sus nalgas logró hundirle por completo la verga, Julia no paraba de gemir. Mordía el forro del sillón, el dolor era indescriptible. Aun así soportó hasta que con las embestidas pausadas y suaves de su hermano, fue desapareciendo. Dando paso a un placer que jamás había experimentado.

    —aaay! aaaaay! No te pareees! Y no la aaaah saques! —Ni loco quería salir de ahí, era lo más delicioso que había experimentado en su vida. No pensaba que fuera tan delicioso. Y aunque sabía de memoria cada parte, seguía embobándose con el cuerpo hermoso que tiene su hermana. Ese culito redondo recibiendo su verga era algo que ni en sus sueños imaginó.

    Ahora ella empujaba de reversa, logrando que la totalidad de esa enorme verga le tocará las entrañas. Gemir era solo parte de aquel goce, sus ojos estaban en blanco. Sus piernas perdían fuerza. Un orgasmo salió entre sus piernas mojando el sillón. Mientras Javi ahora si era el animal acostumbrado.

    —¡Que rico es por el culo ahhh! Que rico!

    —Dale cabrón! Dale duro! Aaaay! aaay! aaaay! —Julia nunca supo cuándo terminó el primero y comenzó el segundo orgasmo. Su culo estaba destrozado. La enorme verga ya no tenía impedimento y entraba a placer en ese bello culo redondo.

    —¡Ya me voy a…!

    —Espera… dentro no… —Giró e incluso la salida que ese enorme pedazo de verga le dolió. Se arrodilló y ofreció su hermosa cara frente a él.

    —Aaaah! Aaaaah! —Temblando y con notables escalofríos soltó unos enormes chorros sobre el rostro de su hermana, chocaron sobre su cara subiendo hasta su cabello. Luego la gravedad los deslizaba sobre su rostro. Mezclándolos con el sudor en su cara. Dos, tres, cuatro, seguía expulsando semen. Ver a su hermana sucia con su leche lo ponía aún más caliente y seguía jalando su verga, aun cuando dejaron de salir. Los restos en la punta de su verga los embarró en sus labios. Julia chupo aquella verga encontrando en ella el sabor de su colita.

    —¿Qué rico?

    —Siii —dijo Julia mientras intentaba abrir los ojos entre tanto semen.

    —¡Ya no quiero preservativos!

    —¡Menso!

    Julia fue al baño a lavarse, ahí escuchó como sus padres entraban, cuando salió ambos estaban con cara de incredulidad diciéndole a Javi que no abrirían más en el próximo mes. Los hermanos cruzaron miradas tristes. Cenaron y luego vieron la televisión un rato. Cuando su padre se levantó del sillón se tocó el culo.

    —¡Está mojado! —Se tocó con la mano y lo llevó a su nariz.

    Ambos cruzaron miradas cómplices.

    —¡Te he dicho que no comas aquí niño! ¿Qué tiraste?

    —¡Perdón! —Solo pensar que eso que olía su padre había salido del sexo de su hermana, le puso la verga dura. Tendrían que buscar como estar juntos sin que sus padres, que ahora estaban confinados junto a ellos se dieran cuenta.

    @MmamaceandoO

  • Mi vecina Norma

    Mi vecina Norma

    Hay veces en donde del odio a la cama sólo hay años y las ganas. Norma es una vecina nada sexy, un poco mayor que yo, con quién hace años cuando se mudó al lado de la casa de mi madre tuve varios roces y hasta incluso casi llego a los golpes con su esposo de entonces, quién era el hijo de mi vecina.

    Luego se mudaron a unas casas de la casa de mi madre, fue cuando tuvo que bajarle como decimos en Venezuela a su carácter y a sus altanerías. En el 2018, por problemas con los servicios públicos, específicamente el agua y la luz, fue cuando comenzamos a tener más contacto, todo dentro del debido trato respetuoso.

    Físicamente hablando lo que tiene bonito son esos ojos negros que prácticamente te desnudan con la mirada. En esos menesteres de ir a la oficina de la compañía de la luz, que en Venezuela se llama Corpoelec, pude detallar que Norma es muy caliente, tanto así que su proceso de menopausia, le dio por subirle su deseo sexual. Ella trataba de disimularlo bien, dado que a pesar de nuestros pasados roces comenzamos a tratarnos bien, está demás decir que soy muy respetuoso con mis vecinos y con cualquier persona.

    De esto se dio cuenta Norma y bueno comenzó a ser más comprensible. Cierto día venía de buscar a mi hija, la cual es un año mayor que la hija de Norma. Esto fue hacia el 18 de febrero, recuerdo bien porque mi hija estaba entusiasmada por el carnaval, puesto que en el colegio previamente les habían asignado muchos deberes escolares, y escuchaba a mis hijos decir que necesitaban un receso del colegio.

    El sol estaba fuerte y veo que Norma está colocando un letrero en la reja de su casa, el cual decía que estaba vendiendo productos de comida. Disimuladamente me detengo a detallar el aviso, pero lo que me dejó absorto, fue que cuando Norma queda de frente a mí, su pantalón de algodón color gris, tipo mono deportivo, marcaba una gran vagina. Norma es algo alta, aproximadamente 1,70 m de estatura, unos 70-75 k, morena clara, cabello negro con algunos rasgos de canas, su cabello le llega a los hombros, senos medianos, algo caídos, pero apetecibles. Una vez pasada la vergüenza y preguntando disimuladamente los precios de dos de los productos para ocultar mi erección y salir airoso de tan bochornosa situación, a Norma se le dibuja una leve sonrisa con algo de picardía, me da los precios, me retiro tratando de caminar un poco inclinado para ocultar la erección, a pesar de que el pantalón jeans me quedaba algo holgado y traía la franela por fuera.

    A partir de ese día era una cacería de miradas entre Norma y yo, ella trataba de estar en la puerta de su casa cuando pasaba a llevar a mis hijos al colegio en la mañana, ella estaba en la entrada de su hogar vigilando a su hija salir para la institución educativa. Cuando venía de regreso estaba ella en el porche de su casa con una tasa de café, varias veces me puse a conversar con ella de cosas triviales, pero detallándola con la mirada, algunas veces traía su pantalón mono con el cual se le notaba su gran atributo vaginal, a pesar de que le quedaba algo flojo.

    Ya era algo asiduo, después del carnaval, ponernos a charlar. Cierto día casi antes de la cuarentena, el jueves 12 de marzo, vengo del colegio en la mañana luego de dejar a mis hijos, Norma estaba en la puerta de la calle de su casa, la vía estaba sola, recuerdo que le pregunté en son de broma:

    Yo: Cuidado le raptan?

    Con un tono jocoso Norma me responde:

    Norma: ¿quién va a estar raptando a una mujer vieja como yo?

    Pero se lanzó ella misma una mirada explorativa, al mismo tiempo me observaba de pies a cabeza, con esa mirada pícara, de esos ojos negros vivaces…

    Por mi parte, viendo para todos lados, le respondo casi murmurando:

    Yo: «vieja la plaza Bolívar y sin embargo aún para palomas que da miedo, y uno no sabe.

    Soltó una risa jocosa por el chiste, repicándome:

    Norma: Bueno si Ud. lo dice vamos a creerle… quería pedirle un favor y disculpe el abuso…

    Yo: Dígame para que soy bueno…!

    Norma: Ah bueno dígame Ud. para que puede ser bueno… jajajaja (risas de ambos), no, hablando en serio para ver si me puede revisar el tomacorriente de la nevera, es que mi esposo no está, y Rodolfo (papá de su hija menor) no está y discúlpeme el abuso…

    Yo: Bueno déjeme ver si puedo resolverle el problema… (Mirada picara)

    Norma: Bueno pase por favor y discúlpeme la molestia (mirada picara)

    Yo: Tranquila estamos para ayudarnos, no dude en llamarme para cualquier cosa (haciendo énfasis, en esto último)

    Respondiendo con otra pregunta con tono pícaro:

    Norma: cualquier cosa?

    Mirándome de arriba a abajo, desnudándome con la mirada, fue tan penetrante su mirada, que me sentí desnudo, indefenso, al mismo tiempo sentí recorrer una sensación por mi cuerpo respondiendo a Norma con la mayor tranquilidad posible, sacando fuerzas de donde no la tenía…

    Yo: Cualquier cosa que Ud. necesite… -Haciéndole énfasis en esto último.

    Entré a la casa detrás de ella, por el mono se le notaba un bikini, tradicional, nada del otro mundo, pero iba como idiotizado. Esta mujer como después me contó, tenía un largo verano sexual, estaba destilando hormonas, de repente se volteó bruscamente pillándome mirándole su culo, ante bochornosa atrapada, rápidamente me señala la nevera, indicándome el sitio de enchufe, le pido apagar la nevera, desconectarla y desenchufarla, bajar el tablero eléctrico para deshabilitar la corriente, saco la tapa y lo que tenía era que se había soltado el cable, lo uní y volví a colocar todo en orden, como la nevera tenía desde el día anterior apagada, estaba algo sucia.

    Norma en agradecimiento me ofrece una taza de café, la cual acepto aparte me ofrece una galleta, al verla comenzar la faena de limpieza me ofrezco a ayudarle en eso que salgo a colaborarle, ella estaba doblada con el culo en pompas, salgo rápidamente y por estar viendo ese trasero tropiezo, quedando pegado al culo de Norma, ella siente mi pene un poco erecto, y ahí mismo quedamos inmóvil, me dice con su picardía:

    Norma: Vecino y eso viene con la ayuda?

    Yo: Bueno que otra cosa necesita vecina?…

    Agarrándola por sus caderas, la sujeto para levantarla, nos fundimos en un beso, más bien Norma me quiere devorar, saca su lengua, la cual es interceptada por la mía, con sus manos me acaricia una mejilla y con la otra mi corto cabello, yo por mi parte la pego contra la cocina y le tallo mi pene erecto, ya con su respiración entrecortada y sus ojos cerrados le recorro mi lengua por su cuello, busco acariciar sus pequeños senos, para lo cual le levanto su franela blanca, ella rápidamente se despoja del sostén blanco, quedando al descubierto unos pechos medianos, algo caídos, apetecibles aún, aureola negruzca, picos pequeños, los cuales estaban duros, los amaso, más bien aprieto con fuerzas, Norma busca liberar mi pene del pantalón, en plena calentura me dice que la penetre..

    Norma: Métemelo papito, no aguanto métemelo, después te lo mamo, métemelo no aguanto…

    Como eran alrededor de las 8 am y teníamos como hasta las 12, quería hacerla gozar al máximo, pero también recordé que nuestros vecinos son muy curiosos, el hecho de que no haya visto a nadie en la calle no quiere decir que no estuvieran pendientes, pero siguiendo mi filosofía sexual, de que hay que darles en la madre para que cuando les falte te pidan y supliquen, decidí disfrutar y hacerla gozar.

    La ubiqué en la mesa que tenía en la cocina, procediendo a degustar de sus pequeños pechos, lo primero que hice fue morderle suavemente sus pequeños picos negros, luego con la punta de mi lengua dibujarle círculos alrededor de sus piquitos, ya Norma estaba erizada en todo su cuerpo, acto seguido, tomé su seno izquierdo con mi mano derecha y lo introduje en mi boca, succionando muy delicadamente, Norma abrió sus piernas, yo me acerqué más para tener más de cerca esas masas de carne, mi mano izquierda la introduje por su mono, buscando esa raja, la cual ya estaba húmeda, depilada, al sentir mi dedo medio, Norma da un pequeño brinco, el cual fue acompañado por un débil pero sentido suspiro, sentí a Norma relajarse, estaba disfrutando, acariciando mi corto cabello, miré de reojo, estaba con los ojos cerrados, disfrutando, gimiendo, porque con mi dedo medio se lo introduje hasta la mitad, estaba todo mojado, lo cual me facilitó la tarea de meter y sacar el dedo de su vagina, le hacía círculos algo torpe, en eso Norma dirige su boca a mi oído para decirme:

    Norma: Papi no aguanto más métemelo, vamos a mi cama, por favor…

    Me desprendí del pecho de Norma, rápidamente me despojé de mis zapatos, pantalón, boxers, franela, Norma me agarró de mi goteante miembro, el cual ya estaba todo mojado de mis líquidos pre seminal, seguí a Norma hasta su recamara, se quitó de un sólo jalón su mono gris y su bikini color blanco, quedando ante mí desnuda, su vagina cuidadosamente depilada, humedecida, se sentó en la cama, mirándome con picardía, pero a la vez como que no estaba acostumbrada a estas situaciones, lo cual besándola por el cuello le digo:

    Yo: Tranquila corazón de esto nadie por mi parte se va a enterar…

    Norma: Por favor te lo agradezco, pero métemelo no joda que estoy arrecha, quiero que me calmes este verano…

    Seguidamente procedí a tumbarla sutilmente en la cama, ella abrió sus piernas, con mi mano derecha en mi pene lo situé en la entrada de su vagina, estaba muy caliente, parecía hervir literalmente de fiebre, húmeda, no tuve dificultad para entrar, su abultada vagina, la cual succionó mi pene, en sentido literal, se lo introduje hasta los testículos, los cuales chocaron con sus nalgas, Norma me hace un candado con sus piernas, procediendo yo con un rítmico movimiento circular de cadera, la vagina de Norma estaba caliente, muy mojada, con su lengua me acariciaba el lóbulo de mi oreja, ubiqué mi dedo medio de la mano derecha hacia sus nalgas para que con los mismos líquidos de la cuca de Norma lubricarle el ano e introducírselo, yo por lo menos estaba gozando mucho, ni que hablar de Norma, mi vecina, la cual estaba hablando bajito muy desaforadamente…

    Norma: Sí que rico, cógeme así, uf sigue, no pares dame asiii…

    Yo: Si mami que rica cucota te gastas, te gusta…?

    Norma: Si papito, tiempo sin un guevo rico, cojee así, así ahiii…

    Yo: Cuando quieras guevo mami dime para darte bien rico en esa cuca, la tienes rica, gorda… sabrosa…

    Norma es una mujer muy caliente, pudiera decirse que ninfómana, de ahí que por eso era que vivía amargada, porque en la cama es una insaciable, por eso es que le estaba dando a un ritmo suave para no venirme rápido, como dije antes, no tenía un gran físico, pero había algo en ella que me atraía, ese algo era esa gran vagina, carnosa, jugosa, palpitante y por supuesto el apetito sexual de Norma, en fin le gustaba complacer y que le complacieran en la cama…

    Norma estaba disfrutando al máximo y yo tratando de aplacarle su largo y ardiente verano sexual, se estaba moviendo rico con su cadera, apretaba su vagina con la cual me generaba un placer muy intenso, que muchas veces tuve que detener el ritmo para no venirme, la vagina de Norma estaba convertida en un lago, en eso al sentir que me toma por mis nalgas, aprieta su vagina, lo cual debo confesar que me asustó, ya que apretó tan fuerte su vagina carnosa, jugosa, que por un momento me quedé quieto, no fuera a cortarme el miembro, empezó a moverse bruscamente y a decir:

    Norma: Dame papi, dame ahí ahí no joda me vengo, ahí viene, ahí viene, ahiiiii vieeeeneee…

    Se aferró fuertemente a mí y tuve que besarle en su boca porque estaba subiendo el volumen de sus gritos. inmediatamente le aventé mis chorros de leche, en su interior, quedando exhausto, besándonos, sudorosos, agitados, respirando con algo de dificultad, pero en la cara de Norma se le notaba otro aspecto, una serenidad, una faz en su rostro, una vez con mi pene flácido, procedo a retirarlo de ese gran cucón que se gasta Norma. Debo reconocer que sí no le hubiera acabado adentro, o no hubiera terminado aún, me hubiera lanzado a comerle y morderla esa gran cuca que se gasta Norma.

    Me ubico a un lado de la cama boca arriba, Norma se me pega para con su mano derecha acariciar mi pectoral, me da tiernos besitos en el pecho y cuello, queremos seguir otra tanda pero con nuestras miradas sabemos que no debemos abusar, a los minutos me levanto, Norma busca ver la hora en un reloj de pulsera que tiene en su mesita de noche, se incorpora rápidamente y me dice que son las 10:50, nos besamos, nos dirigimos rápido al baño nos aseamos, nos vestimos, me despido de ella, le pido 2 productos de lo que tiene en venta, al salir de su casa viene una vecina, no puede ocultar su asombro, pero es tan fuerte mi mirada, que sin yo gesticular palabra alguna, sabe que no debe meterse en lo que no es su problema, le digo a Norma que al llegar a mi casa le hago la transferencia para cancelarle los productos, le explico rápidamente que por eso me llevo los artículos que tiene en venta, para disimular, como tengo su número telefónico le digo que le escribo luego, brevemente le expreso que me gustó y que hablemos por mensajes de texto, ella hace un gesto de aprobación con su cara, así hicimos, aclaramos algunos aspectos, quedamos como «Vecinos con beneficios sexuales».

    Me dirigí a mi casa que está a 3-4 casas de la de Norma, le hice la trasferencia rápidamente para salir a buscar a mi hija al colegio. Cuando salgo apresurado por mi hija y paso por la casa de Norma, ésta casi me mata del susto, puesto que estaba como escondida, yo venía algo distraído por la hora, el sol, implacable, pensando en esa gran cuca de Norma, ella al ver que me agarró desprevenido, mira hacia los lados y me susurra al oído:

    Norma: Me gustó mucho, quiero volverlo a hacer, pero con más calma, que me beses toda, quiero comprobar si es cierto eso que dicen de ti…!

    Yo: ¿Y qué es eso que dicen de mi? -Pregunto extrañado…

    Norma: Que tienes cara de pícaro y esa mirada que eres ocioso en la cama… vi que me querías mamar la cuca (esto me lo dijo pegado al oído)…

    Yo: Bueno corazón eso lo descubrirás tu para la próxima! ¿si es que me merezco otra próxima vez?

    Norma: Todas las que tú quieras papi… -Esto me lo dijo guiñándome un ojo y con ese brillo en sus ojos negros…

    Le hice señas con mi reloj ubicado en mi muñeca derecha, cuando vemos que su hija cruzó la esquina a una distancia de cuadra y media, salí a toda prisa, y cuando pasé por un lado de su hija pude notar su mirada penetrante de pocos amigos.

    Por lo sucedido a raíz de la cuarentena y el Covid19 no hemos podido volver a intimar, pero con la firme esperanza por lo acordado en mensajes de texto y de whatsapp que así será.

  • Una ayuda (Parte 2)

    Una ayuda (Parte 2)

    Mis manos siguen bajando, hasta alcanzar tus pechos, y se posan encima de ellos. Los palpan con delicadeza, mientras mi voz te sigue dictando. Te echas un poco hacia atrás, con la espalda muy recta, lo que facilita el amase de tus senos, y empiezo a notar la dureza de tus pezones. Sigues escribiendo, aunque tu respiración es ahora más agitada.

    Tienes los pezones muy erectos, y los acaricio con la yema de mis dedos. Me muero de ganas de lamerlos, pero debes seguir escribiendo.

    Quiero ir despacio, y saborear cada instante, llenarlo de ingentes cantidades de erotismo y sensualidad.

    -¿no estás cansada? -te pregunto.

    -¿Con respecto a qué? -mmm sabes responder.

    -De escribir.

    -De eso un poco sí, del resto, no, más bien ansiosa porque siga.

    -Pues yo me siento cansado de estar de pie.

    -Te lo dije.

    -Ya, vamos a hacer una cosa, levántate un momento.

    Así lo haces y me miras con la cara enrojecida. Estás realmente sexy con el jersey más abajo de los hombros y tus pezones aflorando por encima del escote.

    Me siento yo en la silla, te miro y te digo:

    -Ven, siéntate en mis rodillas…

    Como tienes que separar un poco las piernas para hacerlo, te subes la falda, hasta que deja ver con claridad tu tanga de puntillas y casi transparente. De color negro.

    Te apoyas en el borde de la mesa y te sientas encima de mí. Y no precisamente en las rodillas, sino bien acomodad, encima de mi polla erecta.

    He bajado la altura de la silla para que puedas alcanzar con los pies al suelo. Y he tenido la precaución de no ponerme boxers, con lo que tan solo la fina tela de mi pantalón separa mi polla de tus nalgas.

    Haces un movimiento sensual para acomodarte más hacia atrás. Movimiento que aprovechas para clavar tus nalgas y colocarte mi polla entre ambas.

    -Eso es, ahora sigue escribiendo.

    -No sé si podré.

    -Inténtalo.

    Mi traducción ahora es muy lenta, con una leve pausa entre palabra y palabra. Mis manos se acomodan sobre tus muslos y los acarician, iniciando el camino hasta tus ingles. Mi boca, pegada a tu cuello, balbucea alguna palabra entre beso y lamida. Palabra que tú escribes con lentitud, letra a letra.

    He alcanzado tu coñito, por encima del tanga. Lo acaricio y masajeo. Respiras agitada.

    -¿voy bien?

    -sí -Balbuceas mezclando tu afirmación con un suspiro profundo.

    En el espejo veo tu rostro y percibo como te estás mordiendo tu labio inferior.

    Mi mano ladea tu tanga y un dedo empieza a dibujar el contorno de tus labios vaginales, totalmente empapados, por cierto. Sube, baja, vuelve a subir y se dirige un poco al centro. Presiona y se abre paso hasta notar tu clítoris hinchado. Le da movimientos circulares.

    Separas tus manos del teclado y te agarras al borde de la mesa, al tiempo que sueltas un grito de placer.

    -Levántate -te digo sin dejar de tocar tu sexo.

    Lo haces. Aparto la mano de tu cuerpo y me apresuro a desabrochar mi pantalón, para dejar libre mi polla que se presenta firme.

    -Vuelve a sentarte.

    Notas mi miembro desnudo sobre tus nalgas, y te mueves con destreza para que se coloque entre tus nalgas. Inicias entonces un suave movimiento de levantarte y sentarte de golpe.

    Mis dedos vuelven a su tarea, y ahora, con los dedos de ambas manos, separo tus labios vaginales.

    Te echas hacia atrás aún más, de tal modo que mi polla aparece erguida entre tus piernas, rozándote el coño por completo.

    Con una de tus manos, la oprimes contra tu sexo, y empiezas a subir y bajar con más rapidez. La estancia se llena de los jadeos que los dos soltamos.

    -Así, muy bien, muy bien –murmuro.

    -Bien no, divino -respondes.

    Con tu otra mano me coges la cabeza, ladeando la tuya, desesperada buscando tu boca mi boca, mientras subes y bajas a gran velocidad.

    Aprovecho una de tus subidas y agarro mi miembro para echarlo un poco hacia adelante, a pesar de que lo aprietas contra ti, dejas de hacer esa presión porque intuyes lo que quiero hacer.

    -Sí, vamos, métemela, quiero sentirte dentro, muy dentro –murmuras.

    Y cuando bajas, lo haces muuuy lentamente, saboreando cada milímetro de ese glande húmedo como se va introduciendo, rozando las paredes de tu cavidad más sensible.

    -Te dije que habías hecho una buena inversión -me dices con voz entrecortada en medio de tus jadeos.

    -Muy buena, muy buena… -respondo agitado.

    A punto de correrme, me levanto y empujo tu cuerpo contra la mesa, encima del teclado. En la pantalla se empiezan a escribir letras discordantes, fruto de la presión de tus pechos obre las teclas.

    Aparto de nuevo el hilo del tanga que está introducido entre tus nalgas, y de nuevo mi polla vuelve a penetrarte.

    Ahora soy yo quien lleva el ritmo.

    -Me corro… –suspiras.

    -Aguanta un poco más.

    -No puedo.

    -Pues hazlo, córrete.

    -Ahhh, sí, no pares ohhh como siento el roce con mi clítoris, sigue, sigue, ahhhh.

    Y todo tu cuerpo tiembla.

    Una vez algo recompuestos, me comentas:

    -Tengo pareja.

    -Mejor, me gustan las mujeres con compromiso, me dan mucho más morbo. Además, así vas a ser más discreta y tendrás que venir cuando requiera tus servicios.

    -Lo haré encantada.

    ¿Y tú, me ayudarías a traducir? Coméntame.