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  • El préstamo: Claudia paga en abonos

    El préstamo: Claudia paga en abonos

    Claudia no podía abrir los ojos, apenas podía respirar y el olor era sofocante. Pero esta historia comienza un mes atrás.

    Claudia cumplió dieciocho y de regalo, sus padres le regalan el teléfono que tanto quería. Gastaron dinero que no tenían en complacer a su nena adorada. Más de veinte mil pesos. La tragedia vino una semana después. En una salida con sus amigas, olvidó su teléfono en el taxi. Por más que marcó e intentó localizar al conductor le fue imposible. Lloraba y le temblaban los labios.

    —Luego te compras otro —Le decían sus amigas, intentando consolarla.

    —No entienden… puta madre, ¿qué voy a hacer?

    En cuanto llegó a su casa, su papá la recibió a regaños.

    —Tengo dos horas llamándote, no contestas los mensajes, ¿dónde andabas?

    —Estaba en casa de Lupita, hicimos una tarea.

    —¿Pero por qué no contestas el celular? —no podía decirle que lo perdió, la garganta se le quebraba.

    —Se me acabó la pila y lo dejé cargando… se me olvidó —trató de subir a su habitación pero, desde la cocina su madre gritó enojada.

    —Mira niña que no nos costó dos pesos para que lo andes dejando donde sea.

    Mientras estaba tirada en su cama, con ese vacío en el estómago repasaba sus opciones. Ser sincera con sus padres. Fingir un robo. O tal vez…

    Buscó su teléfono viejito y abrió los contactos, ahí estaba Manuel, su vecino. Tenía un pequeño negocio de auto lavado. Siempre le decía que pidiera lo que fuera, pero obvio ella se oponía. Manuel estaba cercano a los cincuenta años y además era el papá de su mejor amiga Abril. Respiró onda y apretó el botón de llamada…

    —Hola

    —Hola hermosa, que milagro. Va a llover mamacita.

    —No sea así don Manuel…

    —Quítale el “Don” ¿tan viejo estoy?

    —No es eso… pero pues… quería pedirle un favor muy grande —la voz volvía a quebrarse, y ahora le temblaba todo el cuerpo que tenía una extraña sensación de frío.

    —Ya me platicó mi hija de tu teléfono… pero es un chingo de lana mija…

    —Pero se lo pago, si lo saca a meses o así…

    —Mira, sin rodeos. Tú sabes que me gustas… —la pausa fue de segundos y a Claudia le pareció una eternidad.

    —…

    —¿Sigues ahí?

    —Si… —Respondió con la boca totalmente seca.

    —Yo te quiero dar una buena sacudida mijita, pero igual es mucha lana.

    —No… sexo no…

    —¿Entonces con que piensas pagarme? ¿Con tus domingos? Mira mija, nos ponemos de acuerdo o búscale por otro lado… me avisas.

    Aunque dio por terminada la negociación, Manuel no colgó. Escuchaba la respiración agitada de Claudia.

    —Es que… pero sexo no…

    —Mija, y si me das unas mamadas de verga. Ya sabes eso, vi los mensajes donde le platicabas a mi hija de tu novio. Te doy trescientos por cada sacada de leche y ahí me vas pagando… ¿le entras o qué?

    —Es muy poquito —Manuel tenía ya la verga dura solo de sentir que dominaba la situación y que esa morrita por fin estaría en sus manos.

    —quinientos y es mi última oferta, son como veintitrés mil que voy a desembolsar.

    —Pero Abril… ¿no se entera de nada verdad?

    —Ni madres, es entre nosotros, ¿se arma pues o qué? —el bulto en su pantalón estaba a punto de estallar, igual que sus pulsaciones. Solo esperaba una respuesta.

    —Si… pero lo ocupo mañana…

    —Mija, saliendo de la escuela te vienes directo al auto lavado. ¿De qué color quieres tu telefonito?

    —Negro…

    —Te veo mañana mija, no te rajes que voy a comprarlo en la mañana. Ya con la factura hacemos cuentas.

    —Si…

    Al día siguiente, Claudia se despidió de sus amigas. Fue extraño despedirse de Abril sabiendo que iba directo a ver a su padre, todas aún estaban angustiadas por ella, pero ella se veían más tranquila y confiada. Eligió los jeans azules con los que se le marcaba más el culo, sus nalgas eran bellas y redondas. También eligió la camiseta de osos. Era vieja, así que se ajustaba muy bien a sus tetas. Cuando llegó, los trabajadores la miraron de arriba abajo.

    —¿Ya es navidad? —dijo uno mientras los demás chiflaban.

    —¡como la traigas mamacita!

    Enseguida salió don Manuel y todos callaron como por acto de magia.

    —¡¿Mucha pinche fiesta no?! —la miró con el mismo morbo que los trabajadores y la guio hasta su oficina, en cuanto entró cerró la puerta y las cortinas.

    —Hola…

    —Hola chiquita, acá esta tu encargo. Negro, 120 gigas de memoria y en plan para que nunca te falten datos o saldo.

    —Gracias…

    —¿Gracias? No mija, acá esta la factura. 23,500 o sea 47 mamadas.

    —Otra vez la garganta de aludía se secó, pensaba que se le olvidaría esa parte del trato. Pero don Manuel ya sobaba sobre su pantalón aquel bulto que debía meter en su boca.

    Él la acercó y puso su mano sobre aquel bulto, Claudia podía sentir el pedazo de carne, duro, bien firme. Don Manuel bajó su cierre y aquella verga saltó buscando la salida. Ella cerró los ojos y se inclinó. Pero la detuvo.

    —No, así no. Arrodíllate, quiero ver tu cara mientras me a chupas —Ella obedeció casi sin poder cuestionar y en cuanto levantó la mirada, la tomó de la cabeza y la condujo hacia él.

    —¡ouch! —La verga chocó contra sus labios, ella volteó la cara, pero enseguida Manuel la enderezó.

    —Abre esa boquita mija y ve acostumbrándote. Eres mi putita.

    En cuanto separó los labios, entró la verga con fuerza. Se sintió asfixiada, luego él sacó su verga ya embarrada de saliva y recogió su cabello con ambas manos para ver ese rostro angelical.

    —Dale mamita, chúpame la verga

    —Pero despacio…

    —ándale dale, a tu ritmo mija.

    Claudia ensalivó aquella verga, chupó suavemente mientras sentía él estremecimiento de Manuel.

    Con el cabello recogido, podía mirar esa carita angelical llenarse de su verga, no era muy grande, pero tenía tamaño suficiente para llenarle la boca. Al principio le dio un poco de asco. Pero recordaba que gracias a él tenía teléfono nuevamente y chupaba con más fuerza.

    —¡haaag! Haaaa!

    —No mames, chupas bien rico cabrona sabía que esa boquita me haría feliz!

    Y aunque estaba disfrutando, sentía como iba a estallar en cualquier momento. Apretó más su cabeza y terminó llenándole la boca de semen.

    —¡haaagh! Hahggg!

    —No mames no mames no mames!

    Inevitablemente tragó el semen, no pudo sacar esa verga de su boca, el sabor que ya conocía estaba en su garganta. Los pocos fluidos que quedaron los escupió mientras Manuel la miraba sonriendo de oreja a oreja.

    —Así no…

    —¿Así… cómo? —preguntó mientras se subía el cierre guardando su verga.

    —No me gusta comérmelos…

    —¿Entonces? Bueno, mañana ya no te los comes ok

    Salió limpiándose la boca y escuchando los comentarios nuevamente.

    —¡pinche viejo suertudo!

    —con dinero dirás…

    —Pinche viejo cabrón, está bien buena.

    —¿de a cómo será? Yo si le pago guey!

    Al día siguiente llevo una liga para su cabello, aún le dolía la cabeza de los jalones que le dio Manuel. Se despidió de sus amigas y llegó directo a la oficina, sin molestarse en escuchar a los trabajadores.

    —Hola hermosa —Ella cerró la puerta y se arrodilló, con sus manos buscó la verga en los pantalones de Manuel.

    —¿Hoy traes ganas?

    —Quiero pagar mi deuda —El pene estaba aún flácido y fue cobrando tamaño y dureza a cada mamada. La lengua de Claudia daba vueltas en la verga y luego la metió por completo. Chupaba con ganas de terminar lo antes posible y escuchaba los gemidos de Manuel. Que grababa con su teléfono aquel momento de placer. Enseguida sintió como se retorcía y sacaba su verga. Pensó que acabaría en el piso, pero Manuel apuntó a su cara y soltó unos chorros de leche que cayeron en su frente y ojos, resbalando por sus labios, por su barbilla.

    —Así tampoco me gusta… —decía sin poder abrir los ojos.

    —Pues es así o te los comes, para tirarlos a la coladera en mi casa.

    —¿con que me limpio?

    —¿que?

    Manuel buscó, pero no tenía nada ahí, entre risas le dijo.

    —El baño está del otro lado, o están las mangueras a presión mija.

    —Hay —con un poco de papel se limpió los párpados y la boca, luego con su camiseta otro poco. Sentía pegajosa su cara. Aun así salió sin mirar a nadie y en la esquina compró un agua. Un señor que vendía nieves la oraba con morbo.

    —¿De qué te ensuciaste hija?

    —De nada —se fue directo a casa y se bañó, se sentía sucia. Por fortuna era viernes y lo vería hasta el lunes.

    Para el lunes, Claudia llevaba papel, toallitas húmedas y una diadema. Entró directo a la oficina y vio a Manuel con otro señor.

    —Perdón, regresó en diez minutos.

    —No no no, quédate, hoy vas a dar abono doble —ambos se sonrieron.

    —Así no…

    —Así si, ¿no que te urge pagarme cabrona? —cerró la puerta y ambos bajaron sus pantalones, el otro era un tipo gordo, sudoroso.

    —¡Órale que tienes chamba mija!

    —Está bien bonita cabrón…

    —Dato importante, no se los come. Se los embarramos en la cara.

    —¡No mames la compro!

    —No, así no…

    —¡A mamar pendeja! —Claudia con un nudo en el estómago comenzó a chupar la verga de Manuel, la del otro tipo le cocaba en la mejilla esperando su turno. Cuando pudo entrar le jalo la cabeza para meterla a fondo.

    —Despacio cabrón, la vas a desnucar.

    —Pinche morra está bien sabrosa no mames ¿cuánto por coger?

    —¡Puras mamadas carnal, es el trato si te gusta!

    —¡Me encanta!

    Con las manos se ayudaba para masturbarlos mientras su boca se ocupaba de uno y otro. Hasta que el gordo sacó su verga se vino en su cara, lo choros le mojaron la frente, estaban escurriendo cuando otros con más fuerza chocaron en sus ojos.

    —¡Hija de la chingada no mames que rico!

    —¡Mira como quedó la cabrona!

    Claudia sacó a tientas su toallitas y limpió a conciencia su cara.

    —¿Así tampoco mija?

    —No…

    —¿por que?

    —Es mucho… no me gusta.

    —¡Es mucha leche ja ja ja!

    —Tremenda pendeja.

    Salió enojada y se fue pensando en no volver a hacer eso con dos tipos a la vez. Y lo conseguiría. Al día siguiente cuatro tipos esperaban con sonrisas perversas.

    Al parecer traía a todos sus amigos, cerró la puerta antes de que ella quisiera escapar.

    —A este paso, vas a acabar de pagarme muy rápido niña.

    —¿Y es mayor?

    —Sí, cumplió dieciocho hace quince días.

    —Neta está bien sabrosa —dijo el gordo de la semana pasada.

    —A darle mija, no vinimos a platicar.

    Apenas empezó sentía una tras otra las vergas entrar a su boca sin descanso, chupaba y jalaba con ambas manos. Le dolía la mandíbula y tenía adormecidos los brazos. Mientras escuchaba a todos festejas al rededor suyo.

    —¡Pinche chamaca pitando mames!

    —Pinche boquita y mira como mamá verga la cabrona.

    —¿En su cara dijiste?

    —¿A poco ya? —Preguntó Manuel de modo burlón.

    —¡No a diario te la chupa una morrita así de rico!

    Uno a uno fueron terminando sobre su rostro, manchando un poco su cabello. Sus párpados le pesaban, no abría la boca porque se filtraba el semen en su boca. Sentía como escurría por su cara el fluido tibio de esos cuatro tipos que reían para sí, festejando el tenerla como su puta.

    Se acabó las toallas y no limpió por completo el semen, salió a comprar agua y el señor de las nieves la miraba enjuagarse incrédulo.

    No fue hasta el viernes, aún le dolía la quijada, Manuel le prometió que solo sería el, así que llegó a tiempo su kit de limpieza, pero apenas y cabían en esa pequeña oficina. Eran siete en total. Claudia se quedó en el umbral de la puerta. La jaló Manuel y ella con la cabeza abajo, balbuceaba que no quería. Pero con el ruido de todos nadie la escuchaba, algunos le estaban metiendo mano en el culo y en sus tetas. Así que se arrodilló para terminar de una buena vez con eso. El primero que puso su verga frente a su boca fue el señor de las nieves, que sonreía de oreja a oreja.

    —¡Viejo cabrón!

    —Los mejores mil pesos invertidos en mi vida.

    Mientras ella se ocupaba de chupar cuanta verga le llegaba, un mar de manos logró zafarle la camiseta y bajarle un poco el pantalón. Dejando a la vista sus nalgas perfectas. No tenía manera de detenerlos. Solo mantenía la boca abierta recibiendo trozos de carne sin descanso.

    —No, yo ya no aguanto…

    —¿Otra vez? Pinche precoz cabrón.

    —Voy, no mames voy…

    Solo sintió el primer chorro mojar su rostro, después cayeron uno tras otro. Algunos incluso les dieron tiempo de volver a lanzarle su leche por segunda vez.

    Sentía la cara pesada, el semen le escurrí por sus tetas desnudas y rojas de tanto apretón. Mientras intentaba inútilmente quitarse las plastas de semen, seguían agarrando sus nalgas, apretando sus tetas e insultando sin parar.

    —¡Qué buena puta!

    —Déjate dar unas metidas de verga cabrona

    —que te animas, yo jalo mija.

    Se puso su camiseta y salió, era notoria la viscosidad en su rostro, viajó en el autobús con la cara abajo, además apestaba a semen. Se bañó y al salir le reclamo por teléfono a Manuel.

    —¿Qué pasó?

    —Es que así ya no… además les cobras mil yo solo te abono de a quinientos

    —Son negocios flaca, pero mira. ¿Quieres acabar rápido de pagarme?

    —Sí, pero ya no lleves más, me duele la quijada.

    —Te cogemos mija, con condón, puro normalito, nada por el culo ¿o te gusta?

    —No… duele mucho…

    —Hay cabrona, ¿qué dices? De a mil por cabeza? Y aparte te doy dos mil a ti.

    —No se…

    —Ya nada más te quedarían cinco de tu deuda.

    —No, con los siete no.

    —Ándale, te vienes el lunes que descansan los trabajadores para que no estén chingando.

    —Bueno… pero normal… —Claudia estaba acorralada, ya no quería, pero debía terminar de pagar, además su amiga Abril le preguntaba a ¿dónde iba y como había pagado un nuevo teléfono? Sospechaba.

    Cuando llegó, vio incluso a uno de los trabajadores aplaudiendo. Eran diez, todos con una tira de condones en la mano.

    —Pásale mamacita, estamos todos listos.

    —No… son mochos no.

    —Huy ya se espantó

    —A mi me regresas mi dinero —dijo uno enojado.

    —cálmate, esta morra aguanta, es buena puta.

    La tomó de la cintura y la pasó hasta el escritorio, Claudia llevaba un vestido corto. En cuanto la recargó, le alzó el vestido y mojando sus dedos los hundió en ella.

    —Hay!

    —Nada de hay, ya saben, con condón y nada por el mil arrugas. Le duele.

    Otra vez el de las nieves fue el primero en hundirle su verga de un empujón.

    —Hay, me duele…

    —Métanle algo en la boca para que se calle.

    —Voy… —enseguida una tras otra las vergas ocuparon su boca y tuvieron que jalar al nevera para que dejara de penetrarla.

    —haaaag! Haaaay! Haaaag!

    Los ruidos guturales que generaba Claudia se intensificaban a cada cambio en sus espaldas. Esta vez, todos tomaban su turno. No querían terminar enseguida. Sus nalgas ya enrojecidas chocaban contra las vergas de cada uno de los señores. El escritorio era muy pequeño, así que ella quedaba empinada con sus nalgas bien levantadas. Ni siquiera le quitaron sus calzones lilas, solo los hicieron a un lado. Aunque su vestido y brasier ya estaban tirados en un rincón. No tenía descanso, uno tras otro ocupaba su puesto para poseerla.

    Casi una hora después el primero la jalo para terminar sobre su cara, los demás botaron sus condones y se auto estimulaban hasta tener su turno. Los chorros atravesaban su rostro. Frente, mejillas, labios, párpados. Y lo que escurría sobre sus tetas hasta sus pies. A pesar de parecer que no, Claudia lo disfrutaba. Le había agarrado el gusto a él sexo, le ardía su panochita, le dolía la quijada y aun así quería sentir más semen en su cara. De pronto sintió como todos se iban.

    —Yo me voy viejo

    —Creo que yo también.

    Cuando Claudia logró limpiar sus párpados y abrir un poco sus ojos, vio a su amiga Abril frente a ella. Boquiabierta y furiosa. Su papá aún con la verga de fuera, trataba de explicarle.

    Mientras Abril ayudaba a Claudia limpiarse todo ese semen de la cara, le platicó que él era un cabrón. Que una vez la apostó en un partido de fútbol y ella tuvo que tener sexo con un tipo asqueroso. Obviamente le dio tanto dinero para que ella aceptara y no le dijera a su madre.

    —Cuando te vi con un nuevo teléfono, sospeche de él.

    —Perdón… Claudia estaba avergonzada. Se fueron sin dirigirle la palabra a Manuel.

    —Ándale vamos, te llevo a tu casa. Ya pedí un taxi.

    —Gracias… yo no quería… pero mis papás me matarían…

    —Ya tranquila.

    Pasó una semana, Claudia le mando mensaje a Manuel.

    —Hola, todavía te debo dos mil.

    —¡¿Cuándo me pagas?! —Manuel rogaba porque su hija no le dijera a su madre o peor aún a los padres de Claudia. Pero pensaba que siempre obtenía lo que quería.

    —Voy al rato, pero tú solo…

    —Si mamita, acá te espero.

    Claudia llegó, la rechifla de sus trabajadores era la señal. Entró y lo saludo de beso. Le pidió que se sentara, que pagaría su deuda. Pero necesitaba hacerlo a su manera.

    —¿Y cómo es eso? —preguntó con risa sádica.

    —Siéntate, déjame a mi lo demás —le sujetó las manos por detrás del respaldo de la silla, se aseguró de que el nudo fuera fuerte. Luego amarró sus pies a las patas de la silla.

    —¡Mírala quien te viera con esa carita de ángel! —ahora ella sonreía, detrás suyo apareció Abril.

    —Hola papito, yo le voy a cooperar a Claudia —Llevaba un vestido corto floreado que apenas y le cubría las nalgas.

    Abril era más bajita, pero con piernas y cara bonita. Aunque era el mismo demonio. Su cara dulce, su cuerpo bonito y sus facciones finas engañarían a cualquiera.

    —¡Que chingados haces aquí! —aunque se quería mover, no podía más que agitarse en su lugar.

    —Ya te dije, cooperando. ¡Hey, vengan acá! —Les gritó a los trabajadores que veían boquiabiertos aquellos dos bombones.

    —¡Abril… no!

    —Y son cuatro, mira. Justo lo que se necesita para saldar la deuda.

    En cuanto el primero de sus trabajadores le tocó el culo a su hija, Manuel estalló. Gritando como loco.

    —¡SI LA TOCAS TE MATO CABRÓN! —Los cuatro dieron un paso atrás, pero Abril los jaló, justo frente a su padre. Luego se quitó el vestido, se arrodilló y amarró su cabello. Enseguida ellos sacaron sus vergas. No perderían esa oportunidad única.

    —Perdón jefe, pero…

    —¡Te vas a quedar sin chamba pendejo!

    —¡Me vale madres, pendejo! —Abril comenzó a masturbarlos, para poner firmes aquellas todavía flácidas vergas. Lógicamente olían a sudor, jabón y crema para pulir autos.

    —No dejes que se voltee —Le dijo a Claudia quien sostenía la cabeza de Manuel para que viera en primera fila, aquel espectáculo.

    Comenzó a mamar vergas, ella era experta. Ensalivó a todos y cada uno. Las metía hasta su garganta mientras los cuatro trabajadores le sobaban los pechos, pequeños, pero firmes. Jaló a Claudia y ambas se besaron.

    —¡Está bien chula su chamaca!

    —También la güera, pinches nalgotas.

    —¡CÁLLATE CABRÓN! ¡ABRIL… POR FAVOR YA BASTA!

    —¿por qué? Si estas vergas saben delicioso. ¿O no? —Le preguntó a Claudia que asintió mientras mamaba una verga con intensidad.

    —Déjelas patrón, quieren verga.

    —¡YA BASTA CARAJO! ¡Claudia perdón!

    —Cállate o también me los cojo…

    —shhh… —Dijo Claudia poniéndose un dedo en los labios

    —¡No no, amor! Podemos llegar a un arreglo. ¡Pero ya para, ustedes los voy a matar hijos de su puta madre!

    —¡No mata, pero después queso saquen toda la leche!

    —Te dije… —Se levantó, para recargarse en él, podía sentir el olor a mugre salir de su boca. Con las nalgas dispuestas, se empujaron hasta que uno por fin la tomó de las caderas y metió su verga. Mientras otro le llenaba la boca de verga a Claudia.

    —¡Mijita, ya aprendí la lección… ya! —Abril pujaba frente a su cara, haciendo que las tripas se le revolvieran. Luego Claudia se levantó y se acomodó a su lado, le bajaron los shorts que llenaba y le hicieron a un lado su calzón para penetrarla. Ambas se besaban mirando de reojo a Manuel.

    Uno a uno tomaron su turno, eran torpes y atrabancados. Aunque no estuvieran metiendo su verga, metían sus manos por todos lados. Cuando uno empezó a pujar como si se ahogara. Abril se separó. Aunque Claudia sacó la verga de Manuel para chuparla mientras veía como las usaban aquellos tipos andrajosos.

    —¿En la cara verdad papi? —Manuel explotó y movía la silla como lunático.

    —¡NO MAMES YA CHINGA!

    — ¡A güevo! —dijo el primero acercando su verga hasta su cara.

    —Yo también quiero —Dijo Claudia arrodillándose ante ellos.

    Los chorros mojaron su rostro mientras ella le sonreía a papá, otro desesperado no atinó y lanzó sus chorros de semen en Claudia mojó su cabello manchándole el pantalón a Manuel. Claudia chupó el pantalón hasta tragarlos. Luego le mamo otro poco la verga. Amarrado no lograba más que quejarse.

    —HIJO DE TU PUTA MADRE! —Los ojos parecían salírsele, la quijada estaba trabada y los puños apretados. Con una gran erección a causa de los labios de Claudia.

    —¡Chinga tu madre puto! —Le dijo mientras sacudía su verga en los labios de Abril y se quitaba para que otro terminara. Este, el más joven, lanzó chorros espesos, marcaron líneas sobre la cara de ambas. Escurriendo lentamente por sus mejillas.

    —¡Qué rico cabrón! —Dijo Claudia mientras miraba a su amiga, ambas reían cómplices. El último tuvo que pasar unos minutos masturbándose antes de aventar unos débiles chorros que apenas mojaron sus pechos.

    Aún con el semen en su cara, Abril le dijo a su padre.

    —Si los despides, los buscó y me los vuelvo a coger —Mientras Claudia seguía mamándole la verga.

    —¡LOS VOY A MATAR A LOS PUTOS!

    Claudia sintió el bombeo de semen en su boca, lleno por completo.

    —Entonces buscó a tus amigos y también me los voy a coger, ¿son diez? Tú dices.

    —Yo le ayudo —Dijo Claudia mientras le escurría el semen de la boca.

    —Bueno ya, pero suéltame.

    —Ahí sí, háblale a tu esposa e inventarle algo, yo me voy de compras con mi amiga —sacó las tarjetas de su pantalón, se limpió la cara con uno de a quinientos y se lo regresó a la cartera. Luego se volvieron a besar compartiendo el sabor de todos ellos.

    —¡Ya no mames!

    —Y deja, en paz a mis amigas.

    —O paga más —Dijo Claudia a carcajadas.

    @MmamaceandoO

  • Descubriendo a mi vecina madura

    Descubriendo a mi vecina madura

    Yo llegaba a mi casa, donde vivan mis padres después de terminar un año más en la universidad, eran cerca de las 8 de la mañana, al ingresar a mi jardín donde tenía plantas de frutas pude ver a mi vecina con su hija sentadas tomando el sol,  “buenos días señora” le dije, ella me respondió el saludo y acercándome también saludé a su hija, conversamos por un tiempo. Pasaban los días y nos hicimos amigos con ella y con su hija, intercambiamos números, y una noche recibí una llamada, era un número privado, no suelo responder ese tipo de llamadas, pero al ver la insistencia respondí y era ella.

    Hablamos durante horas, me dijo que por la mañana iba estar sola, que fuera para conversar, y así fue esa mañana me fui, ella había terminado de bañarse, tenía el cabello mojado aun. Desde que empezamos a hablar ella se notaba en su mirada una señora muy seria, claro le rodeaban unos 37 añitos y yo apenas 19. Me contó sobre ella, sobre como conocieron a mis padres ya que eran muy amigos, su esposo trabajaba en una empresa agroindustrial, salía temprano y regresaba tarde, me siguió contando sobre su vida, yo estaba como que y ahora qué hago porque me cuenta eso, entonces aproveché ese momento y le dije que no se preocupe y empezó a llorar, hace meses que ya no la tocaba, dormían en camas separadas, yo con una voz pícara le dije: “en serio?”, ella dijo sí. Así pasaron como 2 horas y me invitó almorzar ya su hija había ido donde su amiga y que iba a llegar tarde, así fue durante el almuerzo cruzamos miradas y yo empezaba a tener deseo de querer tocarla.

    Después fuimos a la sala y como que hice que tropezara a propósito sobre un mueble y como llevaba unas sandalias de verano dije que me dolía el dedo gordo del pie, y ella me tomó del brazo y me hizo sentar, me dio un pequeño masaje y se lo agradecí, le dije” tus manos están muy tensas que tal si ahora yo le doy un masaje a usted”, al principio se negó, pero después la convencí, se recostó en la alfombra, y empecé. Hubo momentos que la tocaba muy cerca de sus senos y le dije “Mary eres muy hermosa, que pena que tu marido ya no te toque”.

    Eso pareció molestarla y se puso de pie y dijo “que insinúas”, le dije “nada creo que es tarde voy a mi casa”. Así fue, puse mi celular en modo avión y active el wifi, así podría estar en el chat platicando con mi novia y no tener que recibir llamadas, porque sabía que en algún momento iba a llamar. Pasaron 3 días y desactivé el modo avión, recibí mensajes de Mary que había llamado varias veces, estaba bañándome cuando escuché el celular y era ella, le respondí, me dijo “por qué apagaste tu celular si no quieres que te llame no quieres que seamos amigos dime y ya”.

    Me sorprendí por la manera que me habló y le dije “estas sola”, me dijo que si, “ok iré en 20 minutos a tu casa” le dije, y así fue. Me fui y ella estaba vestida con una minifalda y una blusa bien pegadita a su cuerpo que se notaba su brasier, le dije porque me había hablado así, y me pidió disculpas, en ese momento fue que me pegué a ella y la tomé por la cintura y le dije “tú te molestaste por lo que te dije creí que no querías hablarme y ahora con esto, mira May eres hermosa y me gustas” le dije, así sin más reparo me abofeteó, con más ganas me apegué más y le agarré de las nalgas, estaba temblando, “que haces” me dijo, le respondí “tú necesitas atención y yo te lo voy a dar no me gusta tu comportamiento, pareces adolecente no una señora como yo pensaba”, poco a poco ella se desvanecía, no la dejaba soltarse de mis brazos.

    Así fue hasta que ella daba pasos hacia atrás, y abrió la puerta de su recámara, me invitó a pasar y ahí empezó todo, la besé y la besé, me dijo que estaba en sus días fértiles a lo que no hice caso, me dijo que pare, pero era demasiado tarde:

    M: mejor otro día, no me siento bien.

    Yo: me deseas y yo también.

    M: nadie me había besado así ni siquiera mi esposo, y jamás le he sido infiel.

    Yo: para todo hay una primera vez.

    Poco a poco le quité la blusa, mientras besaba su cuello, se desabrochó el brasier, y besé sus senos que ya estaban gritos, la acosté en la cama y le subí la minifalda, y me dejó ver un calzoncito de eso de tiempo antiguo de color verde, abrí sus piernitas y la besé su vagina.

    M: que haces, eso jamás me han hecho, no que vergüenza.

    Yo: vergüenza de que a mí me gusta chupar antes de penetrar.

    M: es que…

    Yo: es que nada, calladita te vez más bonita.

    No estaba depilada, y le dije “de hoy en adelante te voy a enseñar muchas cosas una de ellas a botar esos calzones feos y vas usar hilitos dentales o tangas de encaje”, ella solo gemía mientas le quitaba el calzón, metí mi lengua en su raja peluda, y eso la hizo estremecer.

    M: ay que rico.

    Yo: claro que es rico, me fui quitando la ropa.

    M: quiero que seas mi amante, salir a otra cuidad juntos.

    Yo: estoy de acuerdo seré tu amante, y vas a disfrutas mucho del sexo,

    M: aunque pareces tener experiencia, pero creo que seré tu maestra

    Yo: eso crees

    Lo que no sabía es que yo había sido estrenado por una dama de compañía y luego solo me gustaba acostarme con mujeres mayores. Se puso de pie y me acostó y le dije:

    Yo: me lo vas a chupar.

    M: tampoco se hacer eso

    Yo: así dices que vas hacer mi maestra -le jalé del cabello y poco a poco le apegué a mi pene, y le dije- lambe.

    M: no, no puedo.

    Yo hazlo poco a poco.

    Y así fue, poco a poco le lambía y le dije “suficiente, otro día te enseñaré”, y así fue un día le enseñé a hacerme una mamada como toda una profesional.

    M: me has mojado demasiado, nunca había estado con otro hombre que no sea mi marido y mucho menos menor que yo.

    Yo: para todo hay una primera vez.

    Mientras le chupaba su clítoris ella se retorcía de placer, en eso que la pongo en posición de perrito y protesto que así no, no le hice caso y poco a poco le fui metiendo.

    M: me duele, así no por favor.

    Yo: es demasiado tarde para suplicar.

    M: despacio, ay ay, me duele despacio por favor mi amor.

    Yo: así dime que soy tu nuevo amante, y único que te hará el amor.

    M: si serás mi marido todo lo que quieras es tuyo, pero despacio hasta acostumbrarme.

    Yo: está bien.

    No es que la tenga muy grande, pero si es gruesita, me cago unos 18 cm, pero al parecer no estaba acostumbrada a esa posición.

    M: así nunca me han hecho y o aguanto más, ay!!! Ayyy!!!

    Yo: te gusta

    M: me encanta cariño

    De pronto sus gritos empezaron hacer gemidos, yo implementaba la velocidad, cada embestida ella se estremecía.

    M: ay!!! Que rico, dame más, mas!!! Quiero sentir tu leche, dámela, ayyy!!! Que rico

    Yo: quieres que termine adentro, pero y si quedas embarazada (ya que no había ido preparado y no tenía condón).

    M: tomaré una pastilla, iré a comprar al rato me dijo entre gritos y gemidos.

    Yo: ufff ya casi, te la voy echar adentro.

    M: si amor, adentro quiero toda tu lechita, ayyy que rico, que rico está.

    No me di cuenta, resultó que ya había terminado adentro de su vagina, y ella estaba temblando, le dije “te amo Mary, de hoy en adelante seremos pareja, así como tú quieres que seamos”, “si quiero ser tu amante”, miró su celular, y me dijo “en una hora llega mi hija, iré a asearme”, la levanté en mis brazos, mi leche aún estaba chorreando de su vagina, la llevé, nos bañamos juntos, y ahí fue donde la enseñé a depilarse, y la dejé peladita, le dije que tanguitas usar y así fue.

    Esa noche me llamó para decirme que le había gustado y que aún tenía la vagina adolorida, a lo que respondí, si quieres voy a darla de besitos para que se te calme, solo se rio, “estás loco” me dijo, “loco por ti”, y nos despedimos.

    Continuará…

  • Con Flavio y su ex

    Con Flavio y su ex

    Mi disque relación con Flavio iba en aumento, y le llamo así, porque oficialmente seguía siendo novia de Daniel, aunque ya el mayor tiempo lo pasaba con aquel chaparro promotor.

    Y es que, era de mañana y según salíamos a desayunar y me tenía en cuatro en el sofá de mi cuarto, dándome con todo y muy rico, salíamos a citas de trabajo en la tarde y terminábamos en su casa, el sentado en su sofá mientras yo le daba un rico oral, o de noche según salíamos a cenar y terminábamos en el hotel cogiendo como locos.

    Así era nuestra relación de amistad y sexo, de hecho, ya era muy poco el tiempo en el que veía a Daniel incluso en las fiestas quien me acompañaba era Flavio.

    Una noche fuimos a una fiesta de un amigo de ambos, la temática era “dark” entonces me puse mi mini falda negra de cuero entallada que resaltaba mis nalgas, unas medias de red negras, mis botas negras un brasear negro que encima solo llevaba una blusa de red que mostraba mi brasear, me fui bien coqueta, desde que me vio, Flavio estaba encantado, aseguro que sería la que más llamaría la atención.

    Al legar todo iba muy bien, en eso Flavio me presento a su amiga, que resultó ser una de sus ex, su nombre era Maribel.

    F: Mira, te presento a Cindy, ella es mi novia.

    M: ¡Hola! ¡En serio andas con una mujer tan guapa!!

    C: ¡Hola un gusto y gracias por el cumplido!

    La fiesta tenía un gran ambiente, los tres disfrutábamos juntos, Maribel era una mujer muy ardiente, se notaba en su forma de hablar, mirar y bailar, además tenía un muy buen cuerpo, tetas grandes, abdomen plano, nalgas paradas, estaba claro que con la posición socia de Flavio, él podía andar con mujeres así, pese a no ser tan agraciado y el ejemplo era Maribel y yo.

    Éramos el centro de atención, Maribel y yo bailábamos muy cachondas me encantaba andar de caliente con ella, en el momento del baile de reggaetón todas las miradas eran a nosotras, Maribel se movía muy bien y ambas la bailábamos Flavio que era la envidia de la fiesta.

    Finalmente termino la fiesta, pero nosotros queríamos continuar, así que nos fuimos para una casa de Flavio y en el carro:

    M: ¡No mames, esta vieja me encanta!!

    C: ¡Tú también eres un desmadre!

    M: ¡No!! O sea que me gustas, ¡estás bien buena!!

    F: Jajá, si esta buenísima, ¡además todo lo hace muy bueno!

    C: ¡Jajá, cállate Flavio!

    M: ¡No me al antojes eh, jajá!!

    F: Maribel y yo en el pasado hicimos tríos y orgias, ¡fue rico!

    C: Si, se nota su calaña, ¡jajá!

    Una vez que entramos a su casa, inmediatamente Maribel en un acto desenfrenado me comenzó a besar, yo no me opuse, al contrario, una parte de mi deseaba eso, así que ambas nos perdíamos en un beso apasionado y sensual, mientras Flavio miraba y festejaba el acto.

    Maribel metía su lengua en mica, sus manos apretaban mis nalgas, yo la agarraba la espalda mientras de re ojo miraba como Flavio se acariciaba su verga y tomaba su vaso de licor.

    F: ¡Que ricas se ven!

    M: Mmm, ¡es que esta mujer me encanto!

    C: Uhm, ¡que rico besas!

    Nos despegamos y al instante Flavio nos tomó de la mano y nos llevó a su cama, ahí nuevamente, Maribel y yo nos besábamos y acariciábamos todo nuestro cuerpo, mientras Flavio se desnudaba y miraba el acto.

    Comenzamos a desnudarnos, Maribel me quito las botas y la falda, yo le quitaba su blusa para contemplar sus firmes tetas morenas las cuales eran apetecibles por su forma y tamaño, Flavio también empezó a participar, me quito la blusa y el brasear, Maribel me quitaba las medias de red, yo el bajaba su calza a la morena guapa, ahora los tres nos besábamos como locos.

    Ya finalmente desnudo, lo primero que hicimos fue hacerle oral a Flavio, ambas devorábamos la verga dura del chaparro, el gemía y celebraba que cada chupada nos besáramos, Maribel era muy buena mamando verga, se notaba en como la devoraba, yo no quise quedarme atrás y mientras le acariciaba las tetas a la morena, me comía la verga de Flavio.

    F: ¡Uhm, si así, que rico!

    C: ¡Eres una come vergas!!!

    M: ¡Tú también!

    C: ¡Cómeme a mí!

    M: Acomódate, ¡te la voy a comer!

    Hicimos una conexión de mamadas, yo devoraba la verga de Flavio, él se comía la concha de Maribel y Maribel me daba un rico oral.

    Su lengua devoraba magnifico mi concha, ya me al habían chupado otras mujeres, pero en ese momento, la mejor sin duda era ella, por otro lado, Flavio metía su lengua en la concha húmeda de la morena y también sus dedos, la lujuria dominaba la casa, el inicio estaba más que rico.

    M: ¡Corazón! ¡Deja que Cindy me la coma!

    F: ¡Si, como gustes!

    M: ¡Quiero sentir como lo hace y porque te tiene gimiendo!

    C: ¡Si, déjame probarte!

    F: Pero ahora, hagamos otra cosa, ¡ya quiero entrar!

    Me acosté y Maribel acomodo su vagina en mi cara, yo la tomé de sus muslos y metía mi lengua en su vagina, me encantaba el sabor salado y la mezcla de sus fluidos y saliva de Flavio.

    Flavio me abrió las piernas e introdujo su pene de forma suave, me encanto como mi vagina lo recibió, me apretó los pies y empezó a embestirme, mientras yo continuaba comiéndome la vagina de Maribel.

    Los movimientos de Flavio me encantaban, al tiempo ellos dos se besaban y Flavio le mordía las tetas a Maribel, quien me cabalgaba la cara para que su clítoris gozara el estar dentro de mi boca.

    M: ¡Ah, Cindy, uhm!

    F: ¡Uhm, te dije que era buenísima!

    M: ¡Ah, que rico!!

    Los dos estaban fascinados con tenerme para ellos, mi lengua continuaba trabajando a Maribel y Flavio seguía dándome fuerte, la noche de fiesta me estaba regalando un momento inolvidable.

    Cambiamos, ahora yo acostada recibía mamadas de la morena, mientras que ella en cuatro recibía las estrujadas del chaparro magnate.

    C: ¡Ah, Maribel, uhm que rico!

    F: ¡Agh, si cómetela nena, uhm!

    M: Mas, ¡uhm empújate más Flavio!

    Flavio se acostó, yo lo cabalgaba y Maribel le cabalgaba la cara, Flavio devoraba el clítoris dela morena mientras yo le daba una cabalgada fenomenal.

    Los gemidos de los tres retumban en la casa, el chaparro suertudo gozaba de nuestros cuerpos, a mí me encantaba besar a Maribel, su boca me tenía hipnotizada.

    F: ¡Así, muévete, uf!

    C: ¡Besas riquísimo Maribel!

    M: ¡Tú también, Cindy, me encantas!

    C: ¿Estas gozando Flavio?

    F: ¡Cómo no!!! Dos hembras como ustedes, ¡soy un suertudo!

    Me acosté nuevamente y Maribel subió y me cabalgo, su vagina rosaba la mía y rico con la mía y para aumentar el momento Flavio penetraba a Maribel, sus embestidas hacían que el rose fuera fenomenal.

    M: ¡Ah, así, que rico!

    F; ¡Dios, uhm!

    C: ¡Ah, uhm, ah!

    Los tres gozábamos como nunca, la morena se movía bien y podía darnos placer a los dos, yo me sentía su hembra, me estaba gustando ser de ella y no tanto de él, así que hicimos una clásica tijera.

    Nos entrelazamos y empezamos con el movimiento de cadera, Maribel paro a Flavio y nos pusimos a mamarle la verga, el no cabía de la excitación y emoción, el sexo de su vida.

    F: ¡Ah, nena, uhm!

    M: ¡Mm, que rico, uhm!

    C: ¡Ah, dios!!

    Nuestros ricos movimientos de cadera hacían que nuestras vaginas sacaran fluidos a chorros, estábamos cerca del orgasmo.

    Le dábamos la mejor chupada de su vida a Flavio, nuestras bocas desparecían el pen del chaparro, de pronto el no aguanto más y empezó a expulsar su leche, su semen caliente nos caía en neutro cuerpo mientras ella y yo continuábamos chocando para conseguir nuestro orgasmo.

    F: ¡Ah, nenas uhm!

    M: ¡Sácala, uhm!

    C: ¡Muévete hermosa ya casi, ya casi!

    M: ¡Agh, ahí voy!

    C; ¡Ah!!!! ¡Yo también, me vengo!!!!

    El orgasmo era inaguantable, nuestros gritos se oían hasta la calle, la pasión desbordada en nuestros agitados pechos, un beso de lengua compartiendo el semen de Flavio daba por terminado este primer round de nuestro encuentro.

    M: ¡Nena, que rico coges!

    C: ¡Uf, Flavio me encanto tu ex!

    F: ¡Hagamos esto más seguido!

    La noche termino con am sexo, me encanto estar con ellos, aunque más con Flavio, para mi mala fortuna esa fue la última noche con ambos ya que cosas nuevas llegaron a mi vida.

    Con cariño Cindy.

  • Encuentro con mi suegra

    Encuentro con mi suegra

    Mi suegra es de complexión robusta llenita, cuenta con unas tetas grandes, culo parado y piernas muy marcadas.

    Todo comenzó una tarde que fuimos mi esposa y yo a comer a casa de mi cuñada, ahí se encontraba mi suegra, comenzamos a comer, después pasamos a la sala a tomar unas cervezas y ya aproximadas las 6 de la tarde mi cuñada tiene que salir por su sobrino por lo que decide ir mi esposa con ella quedándonos mi suegra y yo en casa para seguir bebiendo.

    Después de un rato de miradas cachondas desvistiéndonos con la mirada, mi suegra empieza a tomar iniciativa diciendo que siente un dolor en su espalda.

    Me acerco a su espalda, ella para su enorme culo casi tocando mi miembro, después me agarra la mano diciendo que le duele el pecho. Ya frente a ella paralizados por 5 segundos comenzamos a besarnos como locos, después fui bajando para besarle, mamarle y succionarle sus enormes senos, le quité el pantalón de licra que llevaba para después bajarle el calzón cachetero que traía.

    Le empecé hacer un grandioso sexo oral, sus labios gruesos, su clítoris muy marcado, su vagina húmeda, seguía haciendo sexo oral mientras con una mano apretaba sus tetas y con la otra su culo. Después ella agarró mi miembro con su mano para después hacerme un excelente sexo oral, parecía toda una experta, con sus manos me masturbaba y después metía todo mi pene en su boca hasta ahogarse para después sacarlo.

    Después de un rato decidí tumbarla en el sofá para comenzar a penetrarla. Primero empecé despacio, después fui subiendo el ritmo, pasados 10 minutos me dijo “a ver ahora me toca a mi cabalgar” y se subió encima de mí a cabalgar, yo mamaba sus tetas y la comenzaba a nalguear. Después de un rato sentí como ella tuvo un orgasmo y bajó el ritmo de la cabalgata.

    Para no perder el ritmo la puse en cuatro y comenzamos a hacerlo de perrito yo no quería venirme, pero al escuchar como mis huevos pegaban en su vilo eso me excitaba más y más hasta que tuve que venirme dentro de su vagina inundándola de leche. Mi pene seguía erecto cuando ella me dice “y falta lo mejor, quiero que me des por el ano métemela con todo”.

    Empecé a quererla penetrar, pero estaba muy seco su ano y ella hacía ruidos como que le dolía así que bajé a chupar su hermoso ano rosado y bien estrecho, ya que estaba húmedo la embestí con mucha fuerza hasta penetrarla, ella decía que siguiera y no parara que estaba a punto de tener un orgasmo, cuando por fin se vino, vi como sus piernas empezaron a temblar y me dijo “no te vengas dentro quiero que me eches tu semen en mis tetas” y a mi solo me quedo obedecer y saqué mi verga y eché mi semen sobre sus tetas. Fueron 45 minutos de gran sexo con mi suegra…

    Después de ese encuentro tuve más con ella, que con el tiempo se los contaré, los demás fueron exquisitos y hasta con trajes…

    Quieren que se los cuente??

  • Terminé en el cuarto desnudo ante mi suegra (Parte 2)

    Terminé en el cuarto desnudo ante mi suegra (Parte 2)

    -¿Qué haces Andrés? –me dijo mi suegra mirando como goteaba semen en su camisa, se movió un poco esperando que no le goteara más, pero algo me sucedía, mi calentura aún seguía y más viendo su rostro desconcertada mirando mi verga que no se había bajado ni un poco, seguía tiesa– que me digas, ¿Qué sucede Andrés, que es esto por dios?

    -Lo que ves suegrita y es mejor que si no quieres que siga goteando en la cama mi semen, acércate y límpiala con tu lengüita –no sé qué me sucedía, si ella se iba y contaba a mi esposa, estaba perdido, no podía hacer más que continuar y embarrarla completamente o mejorar la situación– que te acerques y limpies suegrita –acerqué mi pelvis más hacia ella.

    Mi suegra no dejaba de verme a la cara y luego ver mi verga tiesa, pasaba saliva, sentía que ella disfrutaba de esto. Noté que llevó su mano a su vagina tan rica que se veía antes, y se tocó, como si hubiese sentido que mojó, así que llevé mi mano atrás de su cabeza, tomándola del cabella y mirándola con furia.

    -No dirás nada, ¿entendiste suegrita? Solo límpiame la verga, abre esa boquita que bien sabes usar y úsala para algo bueno, sé que hace rato no pruebas macho y debes estar caliente también –le dije mientras ella se resistía un poco, pero no gritaba y no hacía nada más que verme, parecía indecisa, así que la cacheteé– reacciona perrita –esas palabras cayeron como anillo al dedo y mi suegra sin dar respiro a lo que dije, se lanzó sobre mi verga, sacando la lengua, tomando con su mano mi verga y la lamió desde la base hasta la punta, sus manos temblaban un poco, parecía nerviosa– te gusta suegra?

    Ella solo pasó saliva o mi semen quiero decir, y asintió con la cabeza, ya sabía que disfrutaba de mi verga en su boca. Lo lamía increíble, sentía toda mi verga húmeda por su garganta profunda y su lengua moviéndose dentro de su boca saboreando mi pene que se ponía más tieso. Ella mordió la punta de mi verga, yo estaba mirando hacia arriba disfrutando de semejante mamada y al sentir sus dientes en mi verga, bajé la mirada y mis ojos se abrieron demasiado, era algo que no había sentido, fue doloroso pero muy rico sentir sus dientes en mi pene y más cuando la vi, ella sonreía con mi verga en su boca.

    -Wow suegrita, que sorpresas me das, debes enseñarle a tu hija –le dije mientras ella me acariciaba las bolas y me hacía temblar las piernas.

    -No hables de mi hija –me dijo y sus manos apretaron mis bolas, ella subió lentamente lamiendo mi estómago, pasó por mi pecho y llegó al cuello, lo mordió.

    -Cuidado suegrita, su hija lo puede ver y enterarse que estuve con alguien.

    -Ese es tu problema, no mío, ¿o le vas a decir que fui yo quien lo hizo? –ella se reía mientras lo hacía, sabía que no podía dejarme hacer tal cosa, pero mi calentura y las ganas que tenía me cegaban y dejaba que ella usara sus dientes y lengua como deseara.

    Así que la empujé a la cama fuerte, ella me miro con tantos ojos de deseo que hacían que de alguna manera me encendiera más y más cuando se quitó su bata manchada por mi semen. No llevaba brasier debajo, así que vi sus hermosas y grandes tetas, rosaditas, algo caídas pero no dejaban de ser increíbles, ella las abrazaba como queriendo levantarlas y sí que lograba verse mejor, caminé alrededor de la cama haciéndome en los pies de ella para mirarla de frente.

    -¿Me deseas yerno? –me dijo abriendo sus piernas, dejando ver ese bulto tan sabroso que era su vagina.

    Salté sobre la cama y tomé sus pies, los llevé a mi boca y lamí sus dedos, ella gimió, así que seguí lamiendo su pie, pasé por su tobillo y seguí subiendo como perro oliendo a su presa, seguía lamiendo y sus gemidos eran suaves pero profundos, ahora eran sus piernas la que temblaban, así que fui dando mordidas y le quité su calzón, lo olí y cerré mis ojos, olía increíblemente deliciosos.

    -Eres un pervertido Andresito.

    -Soy un animal.

    Le dije yendo directamente a su concha, a mi presa, que delicia y carnudita era, suave y jugosa, mojaba increíblemente, mi lengua de arriba abajo en su clítoris hacía que se sacudiera toda, ya mi suegra no estaba tranquila, ya saltaba de emoción, parecía que en años no le comían la vagina, así que pensar en eso me excitaba más, mi lengua sacudía su vagina y ella se tambaleaba toda, el desespero hacía que no supiera de donde tomarse, agarraba las sabanas, tomaba el marco de la cama, pero no dejaba sus manos quietas, yo estaba feliz oyéndola y comiendo semejante vagina que me hacía delirar más.

    -Oh por dios papi –me dijo mi suegra muy excitada y oírla así me elevaba aún más a mí, sabía que disfrutaba igual o más que yo.

    Así que llevé mi mano a su vagina, teníamos toda la tarde para nosotros y toda la noche, así que mi verga disfrutaría más tarde. Llevé mi mano y metí dos dedos, a lo que ella pareció no sentir mucho, solo cerró los ojos disfrutando pero yo quería ver su rostro más entregado a mí, así que metí tres y cuatro dedos, parecía que la mano me cabía completa en semejante vagina tan rica, ella me miró y yo la miré deteniéndome, subiendo su calor y desespero porque yo no hacía nada, era algo que me gustaba hacer, hacerlas sentir necesitadas de mí, mi suegra me miró abriendo sus ojos tanto que parecía que iban a estallar.

    -¡hazlo, Hazlo! –Gritaba desesperada– hazlo por favor papi, hazme feliz y me entregaré completamente a ti cuando gustes –tremendas palabras tuvieron efecto inmediato.

    -prepárate suegrita.

    Comencé a lamerle el clítoris mientras mi mano se movía dentro suyo, con mis dedos sacudía sus paredes vaginales, extendía mi mano con mis dedos dentro y luego doblaba mis dedos hacia mí, haciendo que gimiera tan fuerte y tan rico que sus ojos se desvanecían en semejante masturbación que le hacía, colocaba mi mano en su vientre haciendo presión para que sintiera más mi mano adentro de ella y comencé a moverla más rápido, sus piernas enloquecidas se cerraban y abrían, me abrazaba mi cabeza con sus piernas empujando mi cabeza hacia su clítoris, mi manó dejó de empujar su vientre y mientras seguía moviendo mi mano dentro suyo, con la otra le jalaba los pezones, a lo que me tomó con sus manos la mía y la llevó a su boca y comenzó a lamerme mis dedos, a morderlos del desespero, su respiración era muy agitada.

    -Siento que me voy a orinar, para por favor –solo me reí, eso quería decir que hacía todo extraordinariamente bien, ella se desesperaba más.

    -Tranquila suegrita, no me importa –mientras seguí moviendo mi mano.

    -Por favor, por favor, detente –parecía ser que nunca había tenido esa sensación, y era lo mejor que me había sucedido, me encantaba ver a mi esposa eyacular de esa manera y al parecer mi suegrita lo podía hacer pero no lo había sentido antes, así que sabía que debía seguir, mi esposa hacía lo que llamaban squirt, claro que no como en los videos porno que veía, pero era algo que me excitaba demasiado.

    Acerqué mi cabeza a sus tetas y comencé a chupárselas, mi suegra más desesperada, cada vez más.

    -Déjate llevar suegrita, disfrutarás, no me importa que me orines como dices, hazlo, entendiste! –ella aprecia seguir todas mis órdenes, nada me detenía.

    -Ya casi papi, ya casi –bajé mi cabeza lamiendo su clítoris y moviendo más rápido la mano y en un grito de ella como si fuera a morir, sentí en mi rostro y en mi pecho sus líquidos– dios, por dios –decía mi suegra sacudiéndose completamente, parecía estar llorando, se tapaba la boca para que no oyera sus gritos.

    -Grita suegra –le dije mientras disfrutaba de sus delicias en mi cuerpo.

    -Ahhh dios, maldito, puto, que delicioso eres mi papi –me encantaba oír groserías y ser quien la provocara, mi suegra tomaba abría sus brazos y se tomaba de lo que podía, como si la crucificará en un acto sexual, la cama estaba empapada y mi cuerpo empapado por semejante espectáculo, había arrojado más que mi esposa, era una maravilla, a estas alturas, ya sabíamos que esto debíamos repetirlo más seguido. Había conseguido una amante y la menos esperada de todas.

    Mi suegra no se hallaba una vez recibido su orgasmo en mi cuerpo, parecía estar levitando, no podía pronunciar una palabra, se le iba en un aliento, era u espectáculo verla desnuda, con sus tetas enormes marcadas por mis chupadas y mordidas, su rostro sonriente, sus piernas bien abiertas y la cama húmeda por sus líquidos deliciosos.

    -Ahora viene mi verga suegrita, dentro de ti -ella solo sonrió y como buena perrita obediente, abrió sus piernas…

    Continuará…

  • Tarde de diversión (Parte 2)

    Tarde de diversión (Parte 2)

    Volví al sillón, súper contenta por haber complacido tan bien a mi Amo.  Me puse a ver la televisión de nuevo, pero estaba tan excitada que no podía concentrarme. Logré entretenerme con una película. Ya había pasado un ratito desde la riquísima mamada que le había dado a mi Amo, cada vez que me acordaba de eso mi tanga se empapaba más y más. Al ir al corte la película, me levanté y fui a la cocina, a tomar un vaso de agua. Cuando volví, no solo había regresado la película, sino que mi Amo me esperaba sentado en el sillón, con una venda en la mano.

    Me acerqué sigilosa hacia el sillón y me senté junto a él. Comenzó a acariciarme, las piernas, poco a poco iba subiendo cada vez más, pero sin llegar a mi conchita. Curioseé la televisión y justo él lo notó, “¿Así que andas distraída, pequeña?, solucionemos eso”, me puso de espaldas a él y me puso la venda, prohibiéndome ver lo que pasaba. Mis otros sentidos se pusieron alerta, sus manos comenzaron a acariciar todo mi cuerpo. Las tenía en mi cintura acariciando mi panza y luego mis tetas, a las cuales masajeo y estiro, pero el remerón le molestaba, así que me ordenó levantar los brazos, y retiró el remerón.

    Una brisa fría hizo que mi piel se erizará y sus manos radiantes de calor comenzaron a tocarme, recorrían todo mi cuerpo, sus besos en mi cuello, de vez en cuando sentía su lengua recorrer por mi cuello, también por el lóbulo de mi oreja. “Como fuiste muy buena y servicial ahora te toca a vos, pequeña” susurro en mi oído. Me dio vuelta y me recostó en el sillón, se subió encima de mí y comenzó a besarme, entrelazando nuestras lenguas, la de él tan solo dos segundos después se encontraba en mis tetas. Mientras su boca castigaba mis preciosas tetas, su mano derecha fue hacia mi conchita donde empezó a acariciar a mi clítoris por encima de la tanga.

    Mi respiración comenzaba a ser errática, estaba por de más de excitada. Decidió sacarme la tanga, ahora el contacto era piel a piel, ahora podía sentir lo mojada que estaba por él, se sentía tan bien la mano de mi Amo masturbándome. Sentía sus dedos acariciando arriba y abajo mi concha, empapándolos con mis jugos. Teniéndolos ya muy húmedos se dedicó a metérmelos y mientras lo hacía también jugaba con mi clítoris, dándome cada vez más placer. Sus dedos se movían cada vez más rápidos y yo ya estaba al límite. Suplicante le pedí a mi Amo que me cogiera, necesitaba su verga dentro de mí, “Por favor, Amo, dame duro, te necesito ya, por favor, Amo”. Con una sonrisa en la cara me respondió “Aun no, pequeña”, se sentó en el sillón y me recostó en su regazo, dejando mi precioso culo frente a él.

    Comenzó a darme azotes. “Esto es por ser tan ansiosa, pequeña” me dijo dándome nuevamente. Esto me excito muchísimo más, cada azote mojaba un poco más mi concha. Sus azotes eran constantes, no muy fuertes, pero estaba segura, que después del quinto ya mi culo blanco estaría muy rojo. Y de solo pensar eso, mi concha de continuaba mojando. “Ay, Amo. Estoy muy excitada, por favor, necesito que me toques, te lo suplico”, aceptando mi suplica comenzó a alternar con caricias de sus dedos a mi concha empapada.

    Así continuaron, sus dedos entrando y saliendo de mi concha, los azotes alternados, provocando que en tan solo unos minutos ya estuviera lista para acabar, ya no aguantaba más. Una nueva suplica salía de mi boca en forma de gemido “Mmm, Amo, por favor, ya no puedo más, ¿me das permiso de acabar? Por favor, Amo”, sus dedos automáticamente se detuvieron. “No, pequeña puta, móntame”. Antes de que me subiera su pantalón de pijama ya había desaparecido, me subí encima de él, mi conchita rozaba con toda su verga dura, mis tetas quedaron frente a su cara. Sin sacarme la venda de los ojos, me metió su verga hasta el fondo “Así, puta, mueve tus caderas bien fuerte”, eso me motivó muchísimo para moverme tan fuerte y rápido como mi cuerpo me lo permitía, para moverme como la puta que era, su puta. Las manos de mi Amo se fueron hacía mis caderas para ayudarme, para cogerme con ansia y rudeza. Así continuamos un rato, sin poder dejar de gemir, comencé a suplicar que me permitiera acabar una vez más, y esta vez me lo concedió “Dámelo todo, pequeña, acaba para mí”.

    En ese momento comenzó a besar, lamer y morder mi cuello, eso me extasió más, seguía empapándome aún con su verga dentro de mí. Me echó un poco hacia atrás para poder comerme las tetas, morder y estirar mis pezones, todo esto sin dejar de clavarme la verga hasta el fondo. Esto provocó que mis orgasmos se encadenaran, él continuaba penetrándome, haciéndome acabar por lo menos cuatro veces. “Muchas gracias por permitirme acabar, Amo, muchas gracias”, solo me respondió con un beso y me dijo “Puta, quítate la venda y arrodíllate ante mí, ya voy a acabar”.

    Hice lo que me ordenó, me levanté sacándome la verga de mi concha y la venda de mis ojos. Me arrodille a sus pies, mirándolo a los ojos, con la lengua afuera y las manos entre mis piernas, inclinada hacia delante. Se paró frente a mí y comenzó a masturbarse. Él paso su verga por mi lengua, y metió su verga hasta el fondo de mi garganta, permitiéndome saborear mis propios fluidos, hasta que me dijo “Ya, pequeña, ya no aguanto, voy a acabar en tus tetas”. Puse mis manos en la cabeza y abrí mis piernas, aun arrodillada, dándole acceso completo a mis tetas. Explotó de placer, cubriéndome las tetas de leche, al fin obtenía mi premio.

    Rendidos caímos al sillón, me abrazó y me beso con mucho cariño y dulzura. Comenzó a acariciarme como a una nena chiquita, como su nena chiquita y me dijo “Lo has hecho muy bien, pequeña”. Le sonreí y le agradecí, “Gracias, muchas gracias, Amo, me encantó”.

    Después de un ratito, se levantó, fue hacia la puerta y antes de irse me dijo “Ahora sí voy a terminar el trabajo, tú sigue viendo la tele y no te limpies hasta que acabe tu programa”. Yo quedé sentada en el sillón completamente rendida y con una sonrisa tonta en la cara, orgullosa de haber sido tan buena para mi Amo y que esté me hubiese felicitado y me dejara marcada.

  • La sesión de espiritismo

    La sesión de espiritismo

    A la habitación la iluminaban tres velas blancas colocadas sobre una mesa a la que se sentaban un hombre y tres mujeres, estaban con los ojos cerrados y con las manos apoyadas sobre la mesa. Svetiana, la médium, después de rezar una oración para que no entraran en el círculo espíritus diabólicos, con acento ruso, dijo:

    -Esta noche estamos aquí para ponernos en contacto con el marqués de Sade.

    Las dos mujeres y el hombre, con una sola voz, dijeron:

    -Manifiéstate.

    Quedaron un par de minutos en silencio respirando el aroma a incienso quemado y mal oyendo música clásica. El silencio lo rompió un golpe seco sobre la mesa. Una de las mujeres, la más joven, con el susto, meó por ella. La música clásica les sonaba ahora a marcha fúnebre y el olor a incienso se hizo más intenso. Abrieron los ojos y la penumbra acojonaba una cosa mala. La médium les había dicho a las mujeres y al hombre que al contactar hicieran las preguntas con una sola voz, pero con el susto que llevaran se quedaran mudas. Dos o tres minutos más tarde, preguntaron a unísono preguntas que no habían acordado preguntar:

    -¿Quién eres?

    La médium, con acento francés y voz de ultratumba, dijo:

    -Donatien Alphonse François de Sade.

    Sin saber cómo ni por qué ya no sentían miedo, y preguntaron:

    -¿Es verdad que eras un sádico?

    -Ver sufrir sienta bien, hacer sufrir es aún mejor, si eso es sadismo, sí, lo fui.

    -¿Podríamos disfrutar de tu presencia?

    -Solo si me lo rogáis.

    -Se lo rogamos, aparece.

    -A su debido tiempo, ilusos. ¡Ja, jaa, jaaa!

    Después de oír aquella risa maléfica y de que sin correr una brizna de viento se apagaran las tres velas, apareció de nuevo el miedo. Quitaron las manos de la mesa, se rompió el círculo y el espíritu del marqués se fue.

    Una semana antes.

    Enriqueta, una joven de 18 años, rubia, alta, de ojos verdes, con buenas tetas, buen culo, cintura de avispa y anchas caderas, Teodoro, su padre, un cuarentón, alto y bien parecido, Rufina, la madrastra de Enriqueta, que era una cuarentona, morena, voluptuosa y bella y Svetiana, una morenaza rusa, amiga de Rufina estaban en un pub tomando unas copas. Algo perjudicada, le estaba diciendo Enriqueta a su madrastra:

    -… No sé qué le pasa a mi novio que casi siempre me deja a medias.

    -Los hombres tienen el aguante que tienen, y hacen lo que saben hacer. Yo también echo de menos un poco más de acción.

    A Teodoro no le sentó nada bien el comentario.

    -¿Cómo qué?

    -Cómo sexo anal, cómo azotes…

    -¡¿Te va ese rollo?!

    -Sí, tengo cogiendo polvo en un cajón de la cómoda las fustas, las pinzas para las tetas, las esposas, la mordaza… Tengo guardadas todas las cosas con las que me hacía disfrutar mi ex.

    Teodoro estaba desorientado.

    -¿Qué más cosas no sé de ti, Rufina?

    -Todo, de mí no sabes nada.

    Svetiana, viendo que la cosa se podía desmadrar, le dijo a Rufina:

    -Tú lo que necesitas es alguien cómo el Marqués de Sade.

    -¡Quién me diera haberlo conocido!

    Mirando para los dos, les dijo:

    -Si queréis os puedo poner en contacto con él a ver si os ilustra.

    Teodoro le dijo a Svetiana:

    -No bebas más que ya se te subió bastante a la cabeza.

    Rufina salió en ayuda de su amiga.

    -Mi amiga puede hablar con los muertos, es médium.

    -Y yo soy Thomas Jefferson, no te jode.

    Svetiana se enfadó con Teodoro.

    -Cuando quieras te demuestro que puedo hablar con los muertos.

    Teodoro se cachondeó de ella.

    -Sí, y me va a enseñar un muerto a follar. ¡Hay que joderse!

    Continúa después de la sesión de espiritismo.

    Después de la sesión en el piso de Rufina, Svetiana se fue a su casa. Enriqueta, con el miedo que tenía no se iba a mover de allí hasta que fuese de día.

    Horas después, Enriqueta estaba en la cama al lado de su madrastra con las tetas pegadas a su espalda y un brazo sobre su cintura. Ya llevaban más de una hora en cama y había fantaseado tanto con su madrastra que sin llegar a tocarse tenía el coño empapado. Al final no se pudo aguantar más. Metió dos dedos dentro del coño y comenzó a masturbarse muy lentamente. Teodoro dormía a pierna suelta. Rufina sentía el dorso de la mano de su hijastra chocar con su culo cada vez que los dedos salían del coño y rozarlo cada vez que acariciaba el clítoris… Sabía lo que estaba haciendo. Ninguna de las dos era lesbiana, pero cuando la mano de Enriqueta dejó la cintura de su madrastra y se metió dentro de las bragas…

    La mujer ya estaba tan caliente que abrió las piernas y se dejó hacer. La masturbó muy despacito para no hacer ruido… Al rato, Rufina, se puso boca arriba. Con las piernas abiertas de par en par y colocó las manos en la nuca. Enriqueta la destapó quitando la sábana que la cubría, y al destaparla también destapó a su padre, pero cómo era una calurosa noche de primavera, la diferencia era mínima. Le levantó la camiseta a Rufina y le lamió y chupó los gordos pezones y las areolas marrones de sus grandes y esponjosas tetas… Al masturbar y masturbarse despacito los coños comenzaron a hacer ruiditos de chapoteo y esto aumentaba aún más su excitación. Le magreó las tetas con una mano, al tiempo que le besaba el cuello, le lamía una oreja y le mordía el lóbulo. Rufina giró la cabeza hacia su hijastra y Enriqueta la besó en la boca. La lengua de Rufina se agitó dentro de la boca de Enriqueta, que la lamió, aplastó y chupó con la suya. Las dos hacían esfuerzos para no gemir, y esos esfuerzos se hicieron colosales poco después al empezar a correrse al mismo tiempo. No pudieron evitar temblar y sacudirse y la cama se acudió con ellas. Teodoro tenía el sueño profundo y no despertó.

    Les supo a poco. Con cuidado, sin hacer el mínimo ruido, se desnudaron e hicieron un 69… Pero era cuestión de tiempo que Teodoro se despertase, y ese tiempo acabó al comenzar a moverse demasiado la cama. Despertó Teodoro, y despertó la bestia. Encendió la luz, las miró y les dijo:

    -¡Bribonas!

    Nadie le había dicho dónde estaba, pero Teodoro se levantó de la cama, abrió el cajón de abajo de la cómoda y cogió una fusta. Volvió a la cama y le dio en el culo a su esposa, que era la que estaba encima haciendo el 69: «¡Zas, zas!» Se separaron cagando leches. Enriqueta, le preguntó:

    -¡¿Qué haces, papi?!

    Le largó en las tetas. «¡Zas!»

    -¡No repliques al marqués, bribona!

    Enriqueta miró para su madrastra, y le dijo:

    -¡Se ha vuelto loco!

    -No, tonta. ¿No ves que está jugando?

    Enriqueta le dijo a su padre:

    -¡No me gusta nada este juego!

    Teodoro tenía poca paciencia. Le dijo a Rufina:

    -¡Comedle la crica a esa novicia desobediente, abadesa!

    Enriqueta se echó boca arriba, y entregándose al juego, dijo:

    -¡Está barrenado, señor marques!

    Enriqueta, se quejaba, pero era de vicio. Rufina se metió entre las piernas de su hijastra, Enriqueta flexionó las rodillas y su madrastra comenzó a comerle el coño. Teodoro, vio que no tenía ni pajolera idea, y le dijo:

    -Habéis perdido, destreza, abadesa, dejadme a mí.

    Teodoro, que estaba solo con los boxers puestos, le dio la fusta a Rufina y ocupó su lugar.

    Al comenzar a comerle el coño le cayeron seis fustazos en el culo.

    Rufina le había dado con fuerza. Su cara decía que disfrutaba dando y la de Teodoro, que no se quejó ni una sola vez, que disfrutaba llevando. A Enriqueta le gustaba ver la cara de sádico de su padre. Le dijo a su madrastra:

    -¡Dale más!

    Rufina no le dio más, fue al cajón y cogió dos pares de pinzas con cadenas. Se puso una en cada pezón y le dio las otras dos a Teodoro. Enriqueta, dijo:

    -¡A mí no me ponéis esa mierda en los pezones!

    Rufina, le dijo:

    -Eres vainilla, nena.

    Enriqueta tomó las palabras de su madrastra cómo una ofensa.

    -¡¿Vainilla yo?!

    Teodoro se arrodillara y se iba a poner las pinzas en el forro de los cojones. Enriqueta se las quitó de las manos y se las colocó en sus grandes pezones… Teodoro comenzó a comerle el coño. Rufina fue al cajón, cogió dos consoladores y se los dio a Teodoro… Tiempo después, cuando ya los consoladores entraban y salían con suma facilidad de la vagina encharcada y del ano abierto Enriqueta, le dijo a su padre:

    -¡Me va a hacer correr, señor marqués!

    Teodoro paró de jugar con su hija. Salió con ella de la cama, la llevó hasta la ventana, la abrió y dejó a su hija desnuda, con sus bellas tetas en el balcón expuesta los ojos de los transeúntes que pasaban por la calle. Le volvió a meter un consolador en el coño, le acarició el clítoris con dos dedos y le folló el ojete con su lengua. Enriqueta, le dijo:

    -¡Qué cerdo es, marqués!

    Rufina, de pie, al lado de la cama, se masturbaba viendo cómo el padre le comía el culo a la hija. De repente, le comenzaron a temblar las piernas, se encogió con la mano cogiendo el coño, y se corrió cómo una perra. Enriqueta giró la cabeza, y viendo a su madrastra en el piso en posición fetal, jadeando y temblado, y sintiendo la lengua de su padre entrar y salir de su culo se corrió derramando jugos sobre el piso, y gritando:

    -¡Me corro, marqués!

    La gente que pasaba esa noche por la calle miró para el balcón del tercer piso y vio a Enriqueta sacudiéndose mientras se corría. Algunas chicas se tapaban la boca con la mano y sonreían, otras quedaban cómo hipnotizadas Ellos tenían sonrisas de oreja a oreja… Ver cómo la miraban hizo que aumentase aún más el placer que estaba sintiendo.

    Al acabar de correrse Enriqueta, Teodoro, cerró la ventana, se quitó los boxers y su polla erecta quedó mirando al techo. Agarró la fusta y le dijo:

    -Coged en el cajón unas esposas y una mordaza y esposad y amordazad a vuestra abadesa.

    -Me gusta este juego, marqués.

    Le cayó un fustazo en una nalga que le dejó el culo a arder. «¡Zas!»

    -¡Esto no es ningún juego! ¡¡A lo suyo!!

    -Vale, vale, señor marqués, la ato y la amordazo.

    Cuando Enriqueta volvía con las esposas y la mordaza, Rufina, que estaba detrás de Teodoro, lo cogió por la cintura, y le dijo a Enriqueta:

    -¡Ponle las esposas!

    Teodoro no ofreció resistencia. Enriqueta le puso las esposas con los brazos a la espalda y una mordaza en la boca. Rufina lo empujó encima de la cama. Se quitó las pinzas de los pezones, se las puso en el forro de los cojones y le dijo a su hijastra:

    -Saca tus pinzas y pónselas en sus pezones.

    Enriqueta hizo un saludo de reverencia, y le dijo:

    -Lo que usted mande, abadesa.

    Enriqueta hizo lo que le dijo. Rufina subió encima de Teodoro y tirando con una mano de las cadenas de las pinzas que tenía en el forro de los cojones y con la otra de las de los pezones, lo cabalgó a toda hostia. Enriqueta, sentada en la cama veía la cara de sufrimiento y gozo de su padre y el gordo culo y las grandes tetas de su madrastra volando de un lado para el otro y se iba excitando, y más que se excitó cuando su padre se corrió dentro de su madrastra y cuando su madrastra, jadeando cómo una perra, bañó la polla de su padre con una inmensa corrida… Luego se puso negra al ver cómo su madrastra le quitaba la mordaza, le ponía el coño en la boca a su padre y le obligaba a tragar la leche de la corrida y los jugos que acababa de echar. Le dijo:

    -¡Jodeeer que puerca es, abadesa!

    Rufina no dijo nada. Cuando Teodoro acabó de tragar, metió la polla en la boca y se la mamó… Poco después viendo que no se le ponía dura, le dijo a su marido:

    -¡O se le pone la polla dura o le reviento la cara a hostias, señor marqués!

    Al rato, cómo la polla no se le puso dura le empezaron a caer bofetadas en la cara: «¡Plin, plas!» Con las bofetadas se le fue poniendo tiesa, hasta que quedó mirando al techo, entonces, Rufina, le dijo a su hijastra:

    -Te toca. ¡Rómpele la polla al marqués!

    Enriqueta era una buena alumna. Cogió las dos cadenas de las pinzas, y tirando de ellas, su culo voló de atrás hacia delante y de delante hacia atrás… Al rato sintió cómo su padre se corría dentro de ella, dejó de tirar de las cadenas y se derrumbó sobre él convulsionándose con el gusto que sintió al venirse. Al acabar, por no ser menos cerda que su madrastra, le puso el coño en la boca a su padre e hizo que tragara el semen mezclado con sus flujos vaginales, cosa que Teodoro tragó con grado.

    Al acabar lo soltaron. El cabrón estaba agradecido por lo que le hicieran.

    -Gracias, abadesa, gracias, novicia -cogió la fusta-, mas ahora toca obediencia al marqués. Vos, abadesa, sentaos en el borde de la cama, y vos -le dijo a Enriqueta-, echaos sobre su regazo para que os castigue por haber faltado a vuestros votos.

    Tan pronto cómo Enriqueta se echó sobre su regazo, Rufina, comenzó a darle vigorosos azotes en su duro trasero. Enriqueta ya se enviciara con el juego, y le dijo:

    -Tienes la fuerza de una niña, mami.

    Rufina, odiaba que le llamara «mami». Con la lengua fuera, y mordiéndola, le dio con saña: «¡¡¡Plas, plas, plas!!!», Enriqueta con el culo colorado cómo un tomate maduro, se rio de ella.

    -¡Qué vainilla eres, mami!

    Teodoro no estaba con esas.

    -¡De la abadesa no se ríe ninguna novicia bribona!

    Teodoro cogió a su hija por la espalda, la levantó en alto en peso y se la clavó en el culo de una estocada, Enriqueta, exclamó:

    -¡Ayyy, hijo… de una marquesa!

    Rufina se agachó y le comió el coño mojado y abierto y le tiró de las pinzas. Enriqueta, chilló:

    -¡Cabrones!

    Siguió quejándose de vicio, mas por poco tiempo, ya que al rato y sin avisar, soltó un chorro de jugos que sorprendió a su madrastra e hizo que se separara de ella, aunque al sentir como gemía y ver como salía un rió de jugos de su coño, le lamió el coño hasta que terminó de correrse, Teodoro se corrió dentro del culo de Enriqueta. Con ella en brazos y con cara de asombrado, miró para su hija, luego miró para su esposa y le preguntó:

    -¡¿Qué coño hago yo dándole por el culo a mi hija?! ¿Con qué me drogasteis?

    El marqués de Sade se había ido, y con él la diversión.

    Quique.

  • La propuesta MHM de mi novia

    La propuesta MHM de mi novia

    Mi novia Andrea lucía un vestido negro que dejaba ver mucho por arriba de las rodillas. Ya llevábamos unos cuantos años saliendo y si bien mi vida sexual había sido muy variada y activa con Andrea, las cosas habían ido lento, ella tenía un cuerpo de infarto con piernas muy sensuales que se le notaban con esos vestidos cortos que amaba usar, yo era su primer novio por eso ella había estado apenas experimentando conmigo muchas de las cosas que yo ya había vivido.

    No me malentiendan, éramos muy abiertos, pero estábamos tomando nuestro tiempo por eso me sorprendió cuando el tema se dio… Estábamos sentados conversando en un centro comercial, Andrea lucía un poco nerviosa y me dijo «Te tengo que hacer una confesión»…

    Hace unos días ella se había instalado Tinder, teníamos la idea de hacer un trio con otra mujer, Andre es bisexual así que la idea de estar con otra mujer era atractiva para los dos, para ella la idea de besar por primera vez a otra mujer era demasiado tentadora, así que escogimos las mejores fotos de ella, donde salía en ropa interior. La idea había sido de ella y yo estuve de acuerdo, sin embargo, no habíamos tenido mucha suerte con eso… Entonces ella me preguntó:

    -Si hacemos un trio con una mujer, estarías de acuerdo con tener un trio con otro hombre?

    -Emmm yo no soy bisexual, así que lo dices por ti? Te gusta la idea?

    -Sí yo sé, en realidad es que tengo una confesión que hacer…

    -Dime

    -Bueno, recuerdas que estuve buscando chicas por Tinder, bueno, el asunto es que el otro día tuve curiosidad y puse mi perfil visible también para hombres y uno me escribió, ese día estaba muy caliente y como era algo solo virtual yo solo pensé que iba a ser algo tonto y ya, quería saber que decía… le comenté que tenía novio y que realmente lo que buscábamos era una chica, entonces él me preguntó si no estábamos abiertos a un trio con otro hombre… al principio le dije que no lo creía, pero entonces él intento convencerme… estuvimos chateando y bueno, pensé que tal vez lo considerarías. Perdón por esto, te juro que fue solo por el momento y jamás haría nada a tus espaldas…

    Fui comprensivo, pero le pedí ver la conversación. Ella se negó e insistí, entonces me dio su teléfono. Abrí la aplicación y lo primero que vi fue un montón de conversaciones de hombres, ninguna había sido abierta, solo una.

    Era un tipo rubio, con barba y un cuerpo tonificado en las fotos que se podían ver en el perfil, abrí la conversación y empecé a leer desde el principio como él la estaba convenciendo, finalmente llegué a un punto donde él pedía una foto de la cara de mi novia, ya que en las de Tinder no salía, entonces ella contestó con una foto de ella donde salía con una blusa con encaje, sacando la lengua. Él contestó que quería ver más y Andrea le puso «Si yo mando una recibiría otra a cambio?» él contestó que sí.

    Lo siguiente que vi era una foto de ella, de cuerpo completo donde estaba desnuda y otra de él en mismas condiciones… Ella contestaba, «jummm bien dotado», lo que vi fue un poco chocante al principio, como es que mi novia se había vuelto tan descarada?

    Ella me quitó el teléfono y me dijo que por favor la perdonara, que si yo no quería no teníamos que hacer nada, que cerraba el Tinder y me daba la contraseña de su cuenta para confirmarlo…

    No podía quitarme la imagen de la cabeza, durante esos días… era claro que mi novia tenía curiosidad y también es cierto que de todos los chicos escogió a uno que le gustó mucho… terminé aceptando.

    Ella me dio un beso en los labios y me dijo «después de esto podemos hacer un trio con cualquier chica que quieras, incluso si es alguna amiga mía, pero me encantaría coger con este chico.». Entonces escogí a una de mis amigas, una con la que ella se sentía un poco celosa, pero una con la que yo había querido desde hace mucho… Ella respondió enojada, pero finalmente aceptó y me dijo que entonces iba aprovechar al chico cuando nos viéramos…

    ***********

    Los días pasaron y Andrea se notaba muy excitada con la idea de ser compartida, esa conversación llevó la relación a otro nivel diferente, ahora Andrea se vestía con ropa más reveladora y sexy cuando salíamos, ella estaba encargada de coordinar el encuentro, que sería en casa de él. Sabía que durante esa semana mi novia había estado teniendo sexo virtual con el chico y aunque todo había sido consensuado, no sabía que tan lejos íbamos a llegar con esto…

    Andrés (el chico) estaba ocupado durante esa semana así que el encuentro sería hasta el viernes de la semana siguiente, ese día era el cumpleaños de mi novia por lo que sería una especie de regalo interesante… Andrea estaba muy entusiasmada, recibía mensajes de ella diciéndome lo mucho que se había masturbado pensando en ser compartida, yo no lo sabía, pero esa había sido una de las fantasías no cumplidas que ella había tenido toda su vida, lo cual me parecía interesante ya que los tríos con mujeres eran mi fantasía favorita, estaba con alguien que tal vez era tan sexual como yo y no lo sabía…

    Finalmente llegó el día, yo estaba un poco nervioso, pero a la vez intrigado de que podría pasar, Andrea vestía con un vestido corto color gris, maquillada con labial rojo y mallas que se le veían increíbles había pasado el día cambiando de opinión acerca de lo que iba a pasar, hablamos sobre nuestros límites y condiciones y las cosas empezaron a calmarse poco a poco…

    Fue un subidón de adrenalina cuando Andrea recibió la llamada de Andrés, él estaba cerca de la casa y ocupaba saber dónde parquear su auto. Andrea salió a recibirlo y decirle que entrara. Estuvimos en el jardín tomando un poco y hablando, Andrés era un tipo alto musculoso que vestía una camisa negra y unos jeans ajustados, era un tipo simpático que se veía algo nervioso también.

    Él había traído un regalo y tras un tiempo hablando sobre lo que íbamos a hacer, dijo «Sí, ella me contó que esto es una especie de regalo de cumpleaños para ella jaja bastante abierto de mente de tu parte»… tomé eso como un cumplido y le dije a mi novia que abriera su regalo… Ella abrió la bolsa y sacó paquetes de condones con texturas, un tapaojos y lencería…

    Ambos estábamos un poco sorprendidos por este detalle, Andrea entonces se levantó y le dio gracias con un beso a Andrés, se besaron por un par de minutos, los suficientes como para que el ambiente cambiara y ella le dijo: “Voy a ponerme esto con una condición, ustedes se van a desvestir para mí y me van a esperar desnudos…”.

    Yo le sonreí y Andrés y yo nos levantamos, y mientras ella nos miraba nos fuimos quitando la ropa. Justo cuando los dos estábamos en ropa interior nos detuvimos y él le dijo: «creo que el resto es mejor que lo veas cuando estés de regreso», ella sonrió y subió a cambiarse… Ambos estábamos empalmados, le sugerí esperar a mi novia en el sillón de la sala… Él accedió, nos llevamos los condones, y antes de sentarnos ambos nos quitamos la ropa interior…

    Cuando ella estuvo de vuelta la vimos con una lencería negra muy sensual, había tiras adornando su abdomen, sus nalgas se salían por completo de su tanga que acompañaba de unas mallas que empezaban desde sus caderas y sus pechos daban la sensación de que tarde o temprano se iban a salir. Vi su mirada al bajar las gradas y vernos a los dos completamente desnudos, inmediatamente se puso en cuatro patas, llegó con una sonrisa hasta donde estábamos y con sus manos empezó a a masajearme la verga, mientras con la boca le hacía un oral al otro chico.

    Cerré los ojos y podía sentir el movimiento de su mano en mi verga, podía escuchar los sonidos de ella chupando verga y de Andrés algo acelerado… era la primera vez que compartía a mi novia y la verdad toda la situación daba un morbo increíble. Después de un rato con esta dinámica Andrea se levantó, me besó y luego besó al otro chico mientras nos masajeaba las vergas, hacía un calor enorme…

    Me levante para ir por la venda mientras ella se acomodaba mejor en el otro chico, caminé desnudo por la cocina con la verga bien palmada tome un poco de agua y fui por la venda, ahí estaba también su celular, lo desbloqueé y empecé a leer algunas conversaciones en el whatsapp por morbo de ella con Andrés habían fotos y vídeos, me comencé a masturbar y llegué a un mensaje en donde Andrea admitía cosas que le excitaban, entre ellas usar lencería especial, que le vendaran los ojos y tener un trio… En estas le comentaba a Andrés que tenía una amiga que quería conmigo y si este encuentro salía bien, me iba a dejar hacer lo que quisiera con ella. Entonces decidí que era hora de cumplir sus fantasías.

    En el piso estaban las mallas y la tanga, Andrea estaba gimiendo mientras Andrés la penetraba, ella estaba de espaldas a él y frente a mí, me sonrió cuando me vio con la venda… Le puse la venda en los ojos y le dije que era hora de dar un buen show. La besé en la boca y sentía su aire yendo y saliendo, podía sentir como tenía un orgasmo, la bese y ella se abalanzó contra mí, estaba muy agitada casi agotada pero aun así quería complacerme, baje mis dedos y los introduje en su ano, ella gemía y ponía su pierna alrededor de mi, el otro chico se levantó y por atrás desabrochándole el sostén y empezamos a intercambiar besos, ella apoyo su trasero contra mi verga y mientras tanto yo le masajeaba las tetas.

    Subimos las gradas y caímos en la cama, ella comenzó a mamársela a él, mientras yo la embestía por detrás… no llevaba dándole ni 3 minutos cuando ella empezó a decir que se iba a venir, Andrés le estalló en la cara y la lleno de semen mientras yo seguía dándole, se arrecostó boca arriba mientras se retorcía de placer teniendo un orgasmo. Ella quedo arrecostada encima del vientre de Andrés mientras yo aún con la verga dura dejaba que ella me masturbara hasta llegar.

    Caímos tumbados los tres, mientras Andrea se lamía el semen de su cara. Andrea empezó a hablar de lo complacida que estaba y de cómo había disfrutado eso, mientras Andrés caía dormido profundamente. Después de unas horas los tres quedamos dormidos y despertamos en la noche, para una última cena…

    En la comida tuvimos una conversación algo subida de tono mientras los tres comíamos completamente desnudos, luego de reposar la comida despedimos a nuestro invitado y Andrea cogimos una vez más…

    Ella estaba hatada a la cama vendada mientras la penetraba y hablábamos…

    -Te gustó lo que sucedió hoy?

    -Me encantó. No se sintió raro compartirme con otro?

    -La verdad creo que hubo un poco de morbo con eso, disfrutaste tu regalo, entonces…

    -Sí, pero ahora me gustaría intentar algo diferente…

    Ella gemía cada vez más duro, se mordía los labios y finalmente confeso que le encantaría compartirme a mí, justo como yo la había compartido a ella… Yo no sabía que ella era tan sexual pero me había dado cuenta que había abierto una puerta nueva…

    -Quiero que me humilles –dijo- Cógete a todas las mujeres que quieras, pero quiero que me trates como me trataste hoy en la cama, puro deseo.

    Ella se retorcía mientras lo decía…

    -Puedo coger con Alejandra? (la chica que le caía mal)

    -Sí, hazme cornuda, compárteme con quien quieras…

    Dio un último gemido y cayó completamente rendida, su vagina completamente depilada se veía un poco enrojecida de toda la acción que había tenido hoy…

    Luego de un momento de silencio Andrea se quitó la venda de los ojos como dándose cuenta de lo que había dicho… me vio con la verga todavía empalmada y me dijo: “Que piensas hacer?”… le metí la verga en la boca y cuando le terminé dentro le dije «ahora va a ser mi turno de disfrutar». Ella tragó la leche y me sonrió.

  • Cojo a mi suegra

    Cojo a mi suegra

    Soy un hombre de 35 años y tengo mi pareja. Vivimos hace 4 años, ella tiene su madre, Ema de 56 años y es viuda.

    Mi pareja es enfermera, su madre vive con dos de sus hijos que son médicos a tres cuadras donde yo vivo y la madre de mi mujer es adicta al alcohol. Ema es una mujer de 1.70, tiene buen cuerpo para su edad, pero le gusta beber.

    Todo empezó con esta cuarentena, mi mujer tuvo que viajar a pueblos cercanos junto a sus hermanos y se pierden 3 o más días. Mi mujer me llamó pidiéndome que vaya a ver a su madre, porque la llamaban y no respondía. Llegué a casa de mi suegra y Ema estaba sentada, con fuerte música y bebiendo sola. Me miró, me abrazó, me invitó a una copa y me preguntó del porqué de la visita. Le dije que sus hijos la estaban llamando y que ella no respondía y por eso fui a verla. Luego llamé a mi mujer y la dije que su madre estaba ebria, a lo que mi mujer me pidió que ese día no la dejara sola a su madre porque podía salirse a la calle a buscar bebidas y le pasara una desgracia. Acepté quedarme en casa de mi suegra, me invitó unas copas, tomé unas 5 o más, después le dije que durmiera y ella aceptó. La acosté en la cama y si quería podía poseerla, porque estaba bien ebria e inconsciente. Me contuve porque eso estaba mal y me fui a dormir al otro dormitorio de su hijo.

    Me desperté temprano para hacer el desayuno, pasé por su dormitorio que estaba la puerta un poco abierta y vi algo que no me esperaba. Ema se estaba masturbando. Me toqué la pija, pero fui preparar el desayuno y luego la llamé para que desayunara. Hablamos y me pidió disculpas por lo acontecido, a lo cual le dije que no era problema. Sus hijos llegarían al mediodía y me fui.

    Luego sus hijos y mi mujer me pidieron un favor. Que cuando ellos estén de viaje, me quede en casa de mi suegra para verla y que no beba. Acepté el pedido y llegó el día que tenía que ir a casa de mi suegra. Les dije que iría a las 7 de la noche. Cuando llegué mi suegra estaba bebiendo, le dije que parara y que se duerma. Mi suegra me pidió que solo unas copas, que hablaríamos y le dije que sí. Me invitó un vaso, hablamos de muchos temas, hasta que llegamos al tema de que ella se sentía muy sola, se amargó y se puso a llorar. Le traté de consolar, le dije que es hermosa, que es joven y que muchos hombres estarían dispuestos a estar con ella. Le hablé buen rato de todos los afectos que tenía, hasta que me dijo que necesitaba un hombre hasta para la cama, ahí me introduje al tema, le pregunté cómo y cuándo tiene esos deseos:

    Ema: tengo deseos cuando estoy ebria y cuando me despierto después de haber bebido.

    Y seguíamos bebiendo.

    Yo: que haces cuando estas con ganas y como llegas a satisfacerte.

    Ema: nada, me aguanto

    Pensé en esa mañana cuando la vi masturbándose, me preguntaba, la digo o no, me daba miedo y le dije.

    Yo: sabes ese día antes del desayuno te vi masturbándote -y se sonrojó, se rio.

    Ema: no te creo y porque me viste, te pasaste, que vergüenza.

    Yo: pero es normal y aparte a quien haces daño, yo también lo hago a veces.

    Luego cambió de tema, diciéndome que si de verdad era hermosa, a lo que yo le dije que si era hermosa y que no se vestía adecuadamente y sexi.

    Y seguíamos tomando.

    Quería hacerla mía, pero no sabía cómo empezar, porque es mi suegra y seguía dándole bebida. Pensé, le volví a hablar del tema de que como se masturbaba y le dije, si veía porno y me dijo que no. Luego le dije que hay páginas en internet para verlas y le pregunté “quiere verla” y me dijo “no sé”. Luego le mostré y vimos un video. Se entró a la cama, se tapó, me dijo “sírveme un trago”, la serví, me acerqué y ahí le pregunté “¿no estas excitada?”.

    Ema: te pasas como me vas a decir eso soy tu suegra

    Yo: es normal, si quieres puedes masturbarte y como estas dentro la cama no te voy a ver y hazlo. -Insistía.

    Ema: no no no.

    Pero seguía viendo la peli y no sabía cómo empezar o violarla. Pero eso lleva a la prisión y no podía desgraciar mi vida.

    Yo: me voy a tocar.

    Ema: que te pasa, somos familia como vas a hacer eso.

    Yo: me sentaré en la silla, solo me masturbaré, no te voy tocar para nada y si quieres hazlo tu también.

    Y me traje una silla cerca a la cama, me senté, metí mi mano dentro el pantalón y agarré mi pija que estaba muy dura. Empecé a masturbarme y ella se reía.

    Ema: te pasas, sírveme más trago y salud.

    Yo: tócate nomas, vas ver que será diferente.

    Vi que su mano estaba en su vagina y se estaba tocando, me miró, se rio y la dije.

    Yo: te puedo ver, por favor solo un rato.

    Ema: no no

    Luego insistí, le servía mas trago y estaba ebria. Hasta que respondió:

    Ema: apaga la luz, nos masturbamos y nada más. Sin tocarnos ni nada.

    Apagué la luz y me fui delante de ella. Ema estaba en la cama, yo de pie frente a ella y masturbándome. Mi suegra cerraba los ojos, gemía, y entonces toqué sus pies y me dijo:

    Ema: oye no, que pasa, sin tocarnos dijimos.

    Yo: solo tocaré, besaré tus pies y nada más.

    Lamí sus pies, chupé sus dedos y empecé a subir. Llegué a sus rodillas y empezaba a subir más, ya llegaba a su entrepierna, estaba ebria, pensé que ahora era el momento y me paró con su mano y me dijo:

    Ema: no no, para párala.

    De repente moví mi mano, toque su vagina y metí mi dedo. Ella gimió y con la otra mano me empujaba a que me alejara, luego me dijo:

    Ema: con condón o si no nada va a pasar.

    Entonces pensé que todo se caía porque no tenía condón y la dije:

    Yo: no tengo condón, pero no va pasar nada.

    Ema: busca, porque sin condón no puedo, no puedo.

    La rogué y me dijo:

    Ema: creo que tengo uno aquí.

    Sacó un condón, me dio, me lo coloqué, le abrí las piernas y le introduje mi pene hasta el fondo. Gemía como puta en celo, pero no me besaba para nada. Lo hicimos patas al hombro, luego de cuatro, no quiso otra pose más y terminé a chorros.

    Me di cuenta que ella no había terminado, empecé a bajar mi cabeza y a chupar el clítoris, metiéndole mi dedo en la vagina hasta que explotó. Terminó con gemidos a full, le abracé, no hablamos nada y nos dormimos.

    Al día siguiente me levanté, quería uno más y ella me dijo:

    Ema: no, no, hicimos mal.

    Pensé que después del gusto, venía el problema, le expliqué que hicimos algo que los dos hemos querido y ella respondió:

    Ema: anda a comprar bebida y hablamos.

    Sin pensar me levanté, fui a comprar y por esta cuarentena pagué el doble por la bebida. Pero conseguí y también compré condones. Llegué a casa, Ema estaba fumando y me dijo:

    Ema: por qué te has demorado?

    Yo: por la cuarentena, busqué como loco bebida, pero conseguí.

    Tomamos una hora, me hablaba que hemos hecho mal, yo le daba explicaciones que sería nuestro secreto y no hacíamos daño a nadie. Seguía sirviéndole trago, convenciéndola que no estamos haciendo nada malo. Se acostó en la cama, yo me acosté a su lado y mi intención era embriagarla lo más rápido para cogerla. Le agarré suavemente la cabeza, la besé y empecé a tocarle la vagina y Ema no puso resistencia. Quería sin condón, pero Ema se negaba rotundamente y de nuevo la cogí con condón de todas las poses hasta que terminamos.

    Luego bebimos, otra vez a coger, una vez más y se terminó el pack de condones que era de tres. Después quise cogerla de nuevo pero se negó sin condón, le pregunté porqué y me dijo que tenía sus razones. Entonces recién me la chupó, terminé en su boca y luego chupé su clítoris. Ella se excitaba, luego bajé, lo lamí el culo, lo toqué con mi dedo y Ema no me lo impedía. Me puse en pose de penetración y ella dijo:

    Ema: no no por favor, sin condón no.

    Yo: no voy a meter mi pija a tu vagina, lo prometo, lo prometo.

    Empecé a pasar mi pija por su culo, lo escupí para mojarla, coloqué una almohada debajo del culo, lo acomodé, chocaron la punta de mi pene con su culo, lo empujé, entro suavemente, gimió de dolor y placer. Ema estaba, ebria, excitada y pensé que ahora era el momento de hacerla lo que yo quería.

    Le puse de cuatro, lo penetraba anal solo anal, mientras mis dedos jugaban con su vagina y clítoris.

    Parecía estar ebria y sin sentido. Pero cuando la quería penetrar por la vagina decía que no, me negaba y no hablaba nada, solo gemía. Lo hice en todas las poses unas 5 o más, hasta terminar y después me fui a dormir al otro cuarto de su hijo a descansar.

    Al día siguiente me pidió que le dejara a su hija, si hablaba del tema, Ema me iba a matar, yo me reí y le hacía bromas para que no se sienta mal.

    Sus hijos llegaron, su hija se fue conmigo a mi casa y obvio que cogimos a todo dar como siempre, pero a mi mujer no le gusta el anal.

    Pasaron días y fuimos a comer a la casa de mi suegra. Las tenía a las dos en una sola casa y se me venían a la mente miles de cosas morbosas. De ahí se me vino una idea: les propuse que después de comer veríamos una película los tres en cama como para relajarnos después de la comida.

    Mi mujer aceptó encantada, llegó el momento, me metí al centro. Mi mujer estaba a mi lado izquierdo y su madre estaba a mi lado derecho. Mi mujer después de un rato se durmió y ahí cumplí mi fantasía. Metí mano a mi suegra, toque su vagina, con mi mujer al lado durmiendo y mi suegra me miraba. Con su mano sacaba mi mano de su vagina hasta que se levantó y salió de la habitación. Mi mujer seguía durmiendo y la seguí a mi suegra. Se fue a la cocina, la agarré y me decía “no, nos va a ver”, abrí el pantalón, la mojé el culo y lo penetró. Gemía con miedo, pero le gustaba hasta que terminé, me fui donde mi mujer, ella se quedó en la cocina haciendo cosas y así paso el día.

    Seguimos en cuarentena, mi mujer se va a trabajar porque es enfermera y yo me quedo con mi suegra, sus hijos me agradecen por cuidar de su mamá para que supuestamente no tome en exceso. Pero de sana no es tan caliente, pero le compro bebida y se vuelve una fiera para el sexo, les convencí a sus hijos que le diéramos en poca ración bebida para que no se ponga histérica y aceptaron. Le doy su ración día tras día cuando sus hijos viajan. Ema cuando estaá ebria camina con vestido, sin calzón y en cualquier momento me excito, voy a su cuarto y la cojo por el culo. No es que me esté aprovechando de Ema, porque apenas se levanta por la mañana se viene a mi cama, coge hasta terminar y se vuelve a su cama. Cuando llegan sus hijos me voy a mi casa.

    Ya pasaron dos días que no la veía y Ema llamó a su hija diciéndola que vendría a almorzar. Llegó mi suegra, tenía aliento de alcohol, mi mujer la trató y enojada salió a hacer compras. La despedí a mi mujer y de repente mi suegra me agarro la pija. Aseguré la puerta con doble seguro y ahí lo baje el pantalón y la puse de cuatro y la cogí por el culo y terminé. Luego la llevé a mi suegra a mi cama a que descansara y se durmió. Llegó mi mujer y cumplí otra fantasía. Su madre durmiendo en mi dormitorio y yo la cogí a mi mujer en la cocina. Es mi mujer y nunca me dice que no. Cogimos, luego cocinamos, le llamamos a mi suegra a comer y estaba ahí almorzando con la madre e hija. Y pensar que en ese mismo día las cogí a las dos.

    Doy gracias a la cuarentena por conocer bien a mi suegra que es adicta al alcohol y ahora adicta a mi pija.

  • Me follé a una abuela de 68 años

    Me follé a una abuela de 68 años

    Si leíste mi primer relato sabrás que me gustan las abuelas y que logré cogerme a una abuelita de 88 años, lamentablemente no volví a saber de abuela Rosa; pero les contaré de mi aventura con Epifanía una abuelita de 68 años.

    Un día estaba sin nada que hacer así que entre a Facebook y después de unos minutos vi una publicación de una mujer mayor que buscaba una relación, puso su foto. Decía que se llamaba Epifanía, que tenía 68 años y buscaba una relación con un hombre de su edad, no dudé ni un segundo y tomé mi teléfono y le llamé al número que había dejado.

    Me contestó, le dije mi nombre y que había visto su publicación, enseguida me preguntó mi edad y al decirle, me dijo que era muy chico para ella, que lo que ella buscaba era una relación seria con un hombre maduro, le dije que al menos me dejará ser su amigo, aceptó y le llamaba casi a diario. Hablábamos de cosas para conocernos, me dijo que vivía con su único hijo y su nuera, que su marido la dejo 3 años después de casarse y desde entonces había estado sola.

    Me di a la tarea de conquistarla hasta que mi trabajo rindió fruto, empezamos una relación virtual en la que hablamos todos los días ya que ella vivía en otro estado. Me mandaba fotos, era una abuela normal de mediana estatura, piel morena, sus tetas se veían caídas con canas, pero la verdad me gustaba mucho, me excitaba solo de imaginar todo lo que le haría cuando nos viéramos. Me decía que tenía que convencer a su hijo de salir para que así pudiéramos vernos.

    Llegó el día quedamos de vernos en la terminal de la ciudad de México ya que nos quedaba a la misma distancia, así que feliz preparé mi maleta y salí a tomar el autobús. Llegué a la terminal y le llamé por teléfono para quedar de vernos en un lugar específico. Me dijo como iba vestida para reconocerla, pasaron 20 minutos y se apareció, la verdad se veía un poco diferente a sus fotos, nos dimos un abrazo y empezamos a caminar.

    Salimos de la terminal y fuimos a comer algo mientras platicábamos, fue un poco extraño ya que solo habíamos hablado por teléfono. Después de comer fuimos a comprar unas cervezas a un Oxxo y en el camino vimos un hotel. Entramos, pagué la habitación y me dieron las llaves, la recepcionista nos miraba un poco extraño, cosa que no me importó yo estaba tan caliente que nada me importaba, llevaba mucho tiempo sin coger y estaba ansioso de llegar a la habitación.

    Entramos y enseguida empecé a quitarle la ropa, le quité la blusa y empecé a besarle el cuello, ella solo se dejaba. Después le quité su pantalón y quedó en ropa interior, llevaba un calzón de esos de abuela y un brasier negro, se lo quité y quedaron libres sus ricas tetas. Eran más grandes de lo que imaginaba, le chupé los pezones con desesperación, eran grandes y ella solo gemía.

    Me quité toda la ropa, mi pene estaba súper duro con ganas de ser vaciado, la tumbé en la cama y le quite su calzón, su vagina estaba peluda, metí mi dedo y pude sentir su humedad, puse sus piernas en mis hombros y de un solo golpe le metí la verga, cerró los ojos y soltó un gran grito, empezó a gemir y a hacer unos gestos que me excitaban aún más, yo sentía de los más rico. Pasaron 10 minutos y me vacié dentro de ella, la cantidad de leche que salió fue impresionante le escurría de la vagina como una cascada…

    Después de todo el tiempo que tenía sin coger sabía que eso pasaría. Pero no podía dejar a mi hembra insatisfecha así que le dije que entráramos a la regadera, mi verga enseguida se recuperó y volvió a estar como una piedra, tomé jabón y le pasé por todo el cuerpo, con el agua cayendo la hice que se agachara y le metí la verga, empezó a quejarse y decía que le dolía, se la saqué y nos pusimos de frente. Nos besamos como locos mientras su mano acariciaba mi verga y la mía tocaba sus nalgas.

    Nos secamos y salimos del baño, me tumbé en la cama con la verga mirando al techo, se acercó, tomó mi verga en sus manos y la llevó a su boca y me dio una mamada increíble.

    Así como estaba tumbado se acomodó y se sentó en mi verga, subiendo y bajando mientras yo tocaba sus pechos arrugados y caídos con mis dos manos y miraba su cara arrugada que solo me excitaba más y más. No pasaron ni 5 minutos cuando sentí un chorro salir de su vieja vagina, estaba teniendo un orgasmo se retorcía de placer y arañó mi pecho y su cara mostraba gran satisfacción, se sacó mi verga y se recostó en mi pecho mientras seguía tocando mi verga que aún quería más.

    Dejé que se recuperara y nos metimos al jacuzzi. Se puso con la espalda a este y en esa posición la penetré un buen rato, yo no dejaba de besar y acariciar sus tetas. Logramos tener otro orgasmo casi al mismo tiempo.

    Salimos y nos acostamos a dormir abrazados mientras ella me decía que lo disfrutó mucho, que me agradecía por hacerla sentir mujer otra vez. Nos quedamos dormidos y al siguiente día la pasamos de maravilla nuevamente…

    Si quieren saber que pasó al día siguiente dejen sus comentarios o escríbanme a [email protected].

    Gracias por leer, regresaré pronto con un nuevo relato de mis aventuras con abuelas.