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  • Pagando con sexo al viejo del restaurant

    Pagando con sexo al viejo del restaurant

    Yo siempre he sido una mujer muy sexual, abierta no solo de piernas, sino que también de mente, y me gusta mucho el sexo, ya que desde que perdí la virginidad no he parado de practicarlo.

    Hace 3 meses tuve una leve discusión con Luis, de esas discusiones que no trascienden, pero que para que no pasara a mayores, se arreglaba con una buena cogida, solo que esa cogida tendría que ser en la noche, así que, en la tarde, después del trabajo, me fui a mi casa, y me di un buen y placentero baño.

    Al salir de bañarme, me dirigí a mi cuarto, y me coloqué crema con olor frutal en todo el cuerpo, masajeando un poco mis tetas, luego fui a mi buró y saqué un coordinado muy sexi, que constaba de una pequeña tanga de encaje en color blanco, que apenas escondía mis depilados labios vaginales, y que se metía entre mis nalgas, y un brasear a juego que cubría solamente mis pezones, terminé de secarme el cabello, me lo cepillé, y después me acerqué a mi ropero, revolví un poco la ropa hasta que elegí una vestimenta ligera pero atractiva, tomé una blusa blanca y una minifalda del mismo color, con delicadeza y extremada sensualidad me puse unas medias lo bastante altas como para que quedaran tapadas con la minifalda, finalmente, me coloqué unas zapatillas del mismo color que toda mi vestimenta, y de tacón alto, me mire al espejo, me veía muy guapa, mis piernas lucían de maravilla y eso me gustó, y no pude más que sentirme sexi y sensual.

    Le mandé un mensaje de texto a Luis que decía, “te veo a las 9:00 en el hotel de enfrente del restaurante al que vamos a comer, te quiero”, para todo esto ya eran las 5:00 de la tarde, así que decidí irme al restaurante para pasar el tiempo en lo que daba la hora para estar con mi pareja.

    Llegué al restaurante, y pedí la carta, me atendió un mesero joven y muy bien parecido.

    M: ¿está lista para ordenar señorita?

    Después de haber saciado mi hambre, me quedé un rato ahí sentada, hasta que vi que ya eran las 7:00 de la noche, así que me dispuse a pagar para salir de ahí he ir al hotel para apartar una habitación para esa noche.

    Metí la mano a mi bolsa, y… ¡Ho por dios!, no traía mi cartera, ¿y ahora como iba a pagar?, necesitaba salir de ahí antes de las 9:00 para ver a mi pareja.

    M: ¡Aquí está su cuenta señorita!

    Me sacó de mis pensamientos la voz del mesero…

    –m…, si gracias, ahorita pago-, mi cuenta ascendía a los 1,600 pesos, no era mucho, si en ese momento hubiera tenido dinero, pero se me había olvidado mi cartera en la casa, que pena, no sabía que iba a hacer!

    M: señorita, disculpe que la moleste, pero tiene que pagar ahora, ¡ya que cerramos en media hora! -me dijo el mesero mientras me dedicaba una sonrisa.

    L: ¡si, este…!!

    M: ¿Qué sucede señorita?

    L: Nada, ¿puedo hablar con el gerente?

    M: ¿hay algo mal con su cuenta? -Me dijo abriendo los ojos bien grandes.

    -no, solo que quiero hablar con tu jefe -le dije ya un poco sonrojada.

    -enseguida señorita -y se fue a meter a una puerta en la que alcancé a ver que había unas escaleras que subían.

    ¿Qué le iba a decir al gerente? ¿me permitiría irme ya otro día pagarle? no sabía qué hacer, estaba nerviosa, no sabía que iba a pasar, en eso regresa el mesero y me dice:

    -en un momento viene mi jefe señorita.

    -sí, muchas gracias.

    Poco a poco empecé a ver como el restaurante se iba vaciando de gente, hasta que solo quedé yo sola, en eso vi que el gerente salía de la misma puerta en la que se había metido el mesero.

    G: señorita, ¡me dijeron que quería hablar conmigo!

    L: sí, es cierto, ¡lo que pasa es que tengo un pequeño problema!

    G: ¡Dígame!

    L: No sé cómo empezar, pero aquí voy, lo que pasa es que se me olvido mi dinero en mi casa, y no me había dado cuenta de que no traía mi cartera, y no traigo ahorita para pagar la cuenta, así que quería ver qué posibilidades habían de que me dejara ir a mi casa por el dinero y venir a pagarle, o no sé, le lavo los trastes que salieron hoy, le limpio las mesas, le trapeo, o no sé, ¿dígame como nos podemos arreglar?

    Mientras yo le decía todo esto, el no dejaba de mirarme con una expresión seria, ¡y le note algo molesto!

    L: ¿Entonces?

    G: ¡Permítame un segundo!

    Se levantó, y se dirigió a donde estaban todos los meseros, les dijo algo que no alcance a escuchar, y los meseros se fueron, dejándonos solos al gerente y a mí.

    G: Lo siento señorita, pero no puedo dejarla ir, es la política del restaurante, ¡no dejar ir a los deudores a menos de que hagan algo que cubra su deuda!

    L: ¿y cómo qué?

    G: Como usted lo dijo, lavar platos, limpiar mesas, trapear pisos, etc., pero… pero usted es demasiado bonita como para hacer todo eso!

    L: ¿Entonces, que quiere que haga para cubrir mi deuda?

    G: Bien, como ya se lo dije, usted es muy bonita, y tiene un cuerpo perfecto y desde que entro al restaurante no pude dejar de verla, como puede ver, ¡ahí hay varias cámaras de seguridad que terminan en mi oficina, y por ahí la estuve viendo!

    L: ¿Qué es lo que pretende?, ¿Qué quiere?

    ¡Él se acercó a mí, y me tomo de la mano!

    G: Ya sabe lo que quiero, si quiere cubrir su deuda con mi negocio y salir de aquí, debe de portarse bien conmigo, ¿me entiende?

    Liberé mi mano, y di un par de pasos para atrás, ya que él se había acercado tanto a mí que podía sentir el calor de su cuerpo, y con una expresión de seriedad le dije;

    L: Ya entendí que es lo que quiere, ¿y que si me niego a hacer lo que usted quiere?

    G: Pues…, simplemente me vería en la penosa necesidad de hablarle a la policía, ¡y sería una pena que una chica como tú entrara a la prisión!

    El tipo ya estaba confiándose mucho, y de decirme señorita, paso a hablarme de tu, aparte de esto, el tipo quería que me acostara con el ahí mismo, lo peor es que si no lo hacia él me podía mandar a la cárcel, y por míseros 1,600 pesos, ¿por 1,600 pesos tendría que abrir las piernas y dejar que el me cogiera?, lo peor es que la situación en la que me encontraba me estaba empezando a gustar, ya que podía sentir mis labios vaginales hinchados, y mi vagina la sentía caliente.

    Serré otra vez mis ojos, dejé caer mi bolsa en la silla, y me puse a reflexionar, eran ya las 7:30 de la noche, yo me vería a las 9:00 con mi pareja, y por lo menos tenía que salir a las 8:30 o las 8:45 por muy tarde, para reservar la habitación en la que pasaría la noche con mi pareja, así que si me acostaba con este tipo a lo mucho sería de media hora a 45 minutos, así que si me daría tiempo de hacerlo, de lavarme para que no quedara rastro de este imbécil, y tendría un par de minutos para descansar, antes de que mi pareja me cogiera, además, la situación hiso que el estómago se me encogiera de excitación, entonces empecé a segregar líquidos en mi vagina, y un pequeño palpitar se apoderó de ella.

    Con los ojos serrados no me daba cuenta de lo que hacía este tipo, pero de repente, sentí que me agarraron mis nalgas, y me las apretaban con delicadeza, sus manos me apretaban mis nalgas redonditas, y me dijo al oído,

    G: ¡Que paraditas tienes estas nalgas!

    Yo sentí que me sonrojé por las palabras y caricias que empezó hacerme aquel hombre, no abrí mis ojos, no quería ver lo que estaba a punto de hacer, ya que la excitación que sentía en mi vagina se hacía cada vez más grande con cada apretón y caricia que él les daba a mis nalgas, mis pezones ya estaban erectos y duros como rocas, sentía que querían atravesar mi brasear y mi blusa, la humedad entre mis piernas ya era más que evidente, y mi respiración empezó a ser rápida.

    Sentí como dejó de acariciarme, y puso sus manos en mis caderas, acercando su verga a mis nalgas, consciente de lo que estaba pasando, y de lo que iba a pasar, pude sentirlo plenamente en mis nalgas, el tipo tenía una buena verga, la sentí de buen tamaño, y pensé, “haber Lety, será mejor que te dejes hacer si quieres salir rápido de esto y ver a Luis, además, disfrutar un poco antes de ir a tu cita no te hará mal”

    Por lo que quise disfrutar un poco, así que pegué mi culo a su verga, el gerente empezó a frotarse más a mis nalgas, como queriendo cogerme de una buena vez, ambos nos frotábamos y cada vez me sentía más caliente.

    Él puso su mano a la altura de mi cintura, y por momentos acariciaba circular y suavemente mi vientre, la situación me estaba excitando más por cada segundo que pasaba, no contento con ello, en un momento su mano que estaba en mi vientre, me agarró de la cintura, me pegó más a su cuerpo, y empezó a hacer movimientos para frotarse mejor a mis nalgas y con su otra mano, muy suavemente frotó una de mis tetas, uf que rico casi lanzo un gemido, alejó su mano y se volvió a acercar a mi oído diciéndome: -que rica estás mamita, tienes unas nalgas divinas-.

    Yo me sentía muy excitada, y en eso besó mi oído y mi cuello, con lo que me excité más, sin dejar de besarme el cuello, rodeo totalmente mi cintura con sus dos brazos, y comenzó a desabrochar cada uno de los botones de mi blusa, paró un poco para tirar de los bordes de la blusa y sacarlos de la falda, y siguió hasta dejarlos totalmente desabrochados, yo cada vez me sentía más y más excitada, no deseaba que se parara, pero tampoco deseaba que continuara, no sabía bien lo que quería en ese momento.

    Finalmente, mi blusa quedó desabrochada, sus manos se deslizaron por mi torso suavemente, sentí las yemas de sus dedos suaves y la palma de su mano acariciar mi vientre, luego sus dos manos empezaron a ascender hacia mis tetas, me presionó ambas tetas ligeramente por encima del brasear, su verga se clavaba en mis nalgas, me presionaba y percibía un ligero baile a un lado y a otro, ¡detrás de mí!

    Muy lentamente el me empezó a dar la vuelta, cuando quede frente a él, abrí mis ojos, me le quedé mirando sorprendida, no sé si fue por la excitación, o el morbo de la situación, pero estaba agitada, mis tetas subían y bajaban rápidamente debido a mi respiración, eso debió haber sido bastante obvio para él, lo raro es que no dijimos ninguna palabra, él me tomó de la cintura, muy firme y decidido, me besó en los labios, a lo que sin mucha resistencia quise apartarlo, pero me dejé llevar, abrazándolo y recibiendo su lengua, ha sido uno de los besos más morbosos que he tenido en mi vida, el me soltó, sonrió, y pasó su mano por mi cara, bajó a mi cuello, y la pasó sobre mis tetas, y yo como autómata aceptaba sus caricias, tomó una teta en sus manos, yo solo volví a cerrar los ojos, y simplemente gemí.

    Sentí como deslizó mi blusa por mis hombros, dejándola caer al suelo, y mostrándole mi torso casi desnudo, luego llevó sus manos hasta mis tetas nuevamente, llenándose de ellas, sus manos las apretaban, las sopesaban, y las acariciaban por encima de mi brasear, yo mantuve mis ojos serrados, ¡y en todo el restaurante solo se escuchaba mi respiración agitándose como señal de mi excitación!

    G: ¡Mira nada más, qué tetas tan enormes, desde que te vi quise saber si eran naturales o te habías puesto uno de esos braseares que tienen relleno!

    L: ¡Desde que estaba en la secundaria ya las tenía así!

    G: ¡Pues que tetas tan maravillosas!

    De mis leves gemidos iniciales, al cabo de un rato, empecé a gemir con fuerza, y mientras él no se cansaba de besármelas, ¡bajó sus manos hasta tocar mis nalgas otra vez!

    En medio de mi excitación podía sentir sus manos tocarme todo el trasero, se deslizaron hacia abajo, hasta los bordes de mi falda, tomó el borde y lo subió, sentí sus dedos, me estaba tocando, me tocó los muslos y las nalgas, y mi pulso se puso a cien, ¡acelerándose mientras aquella sensación que no era desagradable en absoluto producía en mi vientre un delicioso cosquilleo!

    Sin dejar de besarme las tetas, me acomodó mi falda, para después desabrochármela, y cayó al suelo, dejó de lamerme mis tetas, y de agarrarme las nalgas, se separó de mi para tomar un descanso, sabía que, ya que estaba frente a él prácticamente desnuda, solo con mi brasear y mi calzoncito, ya que eran demasiado pequeños.

    Miraba los signos físicos de mi excitación, así que yo también lo miré, pero mi mirada se fue inmediatamente a su pantalón, en el cual se podía ver un gran bulto en medio de sus piernas, ya no podía más, estaba demasiado caliente, mi vagina palpitaba como si mi corazón estuviera ahí y no en mi pecho, también chorreaban mis líquidos, por lo que mi tanga que era blanca, estaba muy mojada, y de tantos jugos, ya era transparente, y ¡mis pezones estaban duros y a punto de estallar debido a tanta excitación!

    Él se despojó solamente de la camisa, y yo empecé a caminar hacia atrás, hasta que mis nalgas chocaron con la mesa, el camino hacia mí, como no hice ningún movimiento, una de sus manos buscó el broche de mi brasear, lo jaló hacia él, levantó el pulgar y de inmediato se abrió el broche dejando libres mis hermosas, y bellísimas tetas, muy a mi pesar, me gustó sentir mis tetas totalmente desnudas a la vista de un hombre distinto a mi pareja, a la vista de un hombre que en pocos minutos me había calentado demasiado, y desde luego, en sus ojos podía ver que estaba extasiado admirándome, me quitó el brasear, lo hiso bolita, y lo dejo caer junto con mi demás ropa.

    Volvió a acariciármelas, despacio, suave, y podría decir que tiernamente, podía sentir las yemas de sus dedos recorriéndolas completamente, al principio quise resistirme levemente, pero luego de unos segundos, acepté sus manos con una naturaleza seguro producto de mi excitación, así empezó a jugar con ellas, moviéndolas entre sus manos en pequeños círculos, y apretándolas, pero suavemente, siguió tocándolas y recorriéndolas con sus dedos hasta llegar a mis pezones que estaban duros de tanta excitación que aquel tipo me había hecho sentir, lo único que hice fue serrar los ojos y seguir sintiendo como ese tipo me tocaba mis tetas!

    Poco a poco las iba abandonando para acariciar mi cintura, mi vientre, y por último mi espalda, yo aún mantenía mis piernas serradas, y el abrió las suyas para poderse pegar más a mí, y sentí como su pecho rozaba con mis tetas y con mis pezones, lo cual me hacía excitar más de lo que ya estaba, y me hacía volver a gemir.

    Me volvió a besar sin encontrar resistencia de mi parte, sus manos se habían detenido en mis nalgas, volviendo a acariciarlas, y a estrujarlas levemente, solo mi tanguita me cubría el cuerpo, yo estaba vencida ante ese hombre, ¡buscaba su lengua en ese beso que nos estábamos dando!

    G: Ahora te vas a venir conmigo, ¡en mi oficina será más cómodo hacerte el amor!

    Caminamos hasta las escaleras de las que él había bajado, Llegamos a una pequeña oficina con un escritorio, y un amplio sillón, y sin ventanas, todo este camino lo había realizado semi desnuda, llevando puestas tan sólo las zapatillas, y mi tanguita ya casi transparente.

    Dejó mi falda y mi blusa perfectamente dobladas en el escritorio, y mi brasear encima, mientras que yo caminaba al sillón, este era amplio, tenía una forma peculiar, era redondo, y al tacto la tela era suave, se acercó a mí y en solo unos segundos él ya estaba frente a mí, ¡reaccioné casi de manera instintiva sentándome en la orilla del sillón y cerrando mis piernas como temiendo que se diera cuenta de que mi vagina estaba humedeciéndose nuevamente!

    G: ¿Te gustó lo que hicimos allá abajo?

    L: ¡Si!!

    Fue lo único que pude decir pues la excitación ya me tenía en sus brazos otra vez, acaricio mi pierna hasta rodear mi cintura, y me empezó a besar en el cuello, haciéndome estremecer por completo, yo solo serré mis ojos de nueva cuenta, y me dejé llevar otra vez, ¡a lo que el Aprovechó la coyuntura de mis piernas para meter su mano entre ellas y palpar suavemente mi vagina, que ya estaba mojada de nueva cuenta!

    Mi tanguita estaba húmeda por mis jugos que habían emanado anteriormente y los que estaban emanando otra vez en ese momento, la tela ya estaba impregnada de ellos, dándole la confirmación de que ya me tenía en su poder nuevamente.

    G: ¡Que rica estás!

    Sus manos empezaron a recorrer mi hermosa figura, y yo lo abracé dando leves gemidos de placer, me dejé caer hacia atrás estirándome a lo largo en el sillón, sus manos se deslizaron directamente a mi pecho para apretar mis tetas, sabía bien que era una caricia exenta de cariño, ¡pero llena de deseo!

    Después de varios minutos soltó mis tetas y entonces me recosté bien sobre el sillón, abrí mis ojos, y vi como ahora él era el sorprendido cuando yo le abrí levemente las piernas, invitándolo, aún tenía puesta mi tanguita y le sonreí con cierta malicia al ver su mirada lasciva sobre mi entrepierna, podía ver como se deleitaba al mirar mi pubis depilado apenas cubierto por una minúscula tela delgada; ¡y con uno de sus dedos empezó a frotarme la vagina masturbándome y calentándome aún más!

    Se arrodilló muy cerca del sillón, y recostando su cara en el filo del cojín, comenzó a acariciar mis pantorrillas suaves y firmes muy lentamente, con sus manos siguió subiendo por mis rodillas, pasó a mis muslos, subía y bajaba sus manos con energía, pero con sensualidad, comencé a soltar quejidos que más bien eran gritos, cuando en el sube y baja por mis muslos, sus dedos comenzaron a rozar mi vagina delicadamente cubierta por la fina tanguita blanca.

    Empezó a besarme las piernas, luego con su boca recorrió desde mis pantorrillas hasta mis inglés, pero dejándome aún esa última prenda, el cosquilleo que me provocaba no fue algo nuevo para mí, pero disfruté sus besos a lo largo de mis bien torneadas extremidades, luego avanzó y llegó a ese templo del placer, su aliento acarició mi piel previo a sus besos sobre la tela, de inmediato pasó su lengua por mi ingle, humedeciendo la muy delgada tela que lo separaba de mi cueva del deseo, provocándome nuevamente sensaciones intensamente agradables, yo volví a retorcerme y a gemir de placer auténtico, él sabía perfectamente como excitarme y prepararme, parecía que el intuía los lugares donde tocarme, donde acariciarme, y hasta cómo hacerlo para excitarme más, era delicioso.

    Un instante después la húmeda punta de su lengua presionó la tela de mi tanga, podía sentir como mi vagina se abría por la excitación y me volvía a humedecer más, de un rápido movimiento se deshizo de ese pedazo de tela prácticamente arrancándolo del camino, y entonces yo me abrí completamente estirando mis piernas para que me viera totalmente desnuda, no pude ver su reacción porque al estirarme mi cabeza cayó en sentido contrario, pero a los pocos segundos sentí su boca pegada a mí, y su lengua frotando los labios de mi vagina claramente húmeda, pero luego de ese beso superficial, me dio uno más profundo y entró dentro de mí y ambos casi gritamos ante la placentera sensación, yo sentí un orgasmo, mi primer orgasmo al darle paso a su gruesa y ágil lengua que se abría paso en mi raja, sorbiendo mis jugos vaginales.

    Durante varios minutos siguió moviendo su lengua rebuscando por todas partes, mis manos lo agarraban del cabello mientras las suyas me sujetaban desde la parte inferior de las nalgas y no cesaba de mamarme mi ardiente vagina; no le fue difícil encontrar mi clítoris, y entonces pasé del gemido al grito sin control, llegué a mi segundo orgasmo en muy poco tiempo, y en ese momento de éxtasis total, comprendí que lo único en que pensaba era en ser cogida por ese desconocido.

    L: ¡Ya!!!

    G: ¿Ya qué?

    L: ¡Ya!!! ¡Entra!

    G: ¡Jajá, que rico!

    Se incorporó y rápidamente se deshizo de sus zapatos que salieron arrojados por ahí, luego desabrochó sus pantalones quedándose solo en su ropa interior, me gustó ver sus grandes piernas, no pasé por alto el enorme bulto que se le veía entre sus ajustados bóxer, no me hizo esperar, y rápidamente se quitó la ropa interior, yo habría mis ojos un poco más al no poder evitar sorprenderme al ver lo que tenía entre las enormes piernas: una verga grande, gruesa, nada que ver con la de mi pareja y eso que Luis es dotado, sabiendo que mi atención estaba en su verga, en ese instante, él recorrió hacia atrás la piel del prepucio de su enorme instrumento y me dejó ver un glande muy grueso y ya totalmente lubricado por su propia excitación! se podía ver que el tipo mantenía una erección firme aunque por el tamaño, su órgano sexual se curvaba ligeramente hacia abajo; una enorme mata de vellos negros ocultaba en parte su par de testículos igualmente grandes y yo miraba con deleite el conjunto!

    Me sonrió mientras tomaba con la diestra el miembro que inevitablemente me iba a clavar, ese enorme trozo de carne me tenía curiosa y temerosa, pero yo estaba ansiosa, muy caliente y ya totalmente lubricada, sin tiempo que perder se subió al sillón y se colocó de rodillas frente a mí, con sus piernas abrió las mías que se habían ido cerrando y entonces puso un brazo al lado mío, con la otra mano dirigió la verga hacia mi húmeda cavidad, mi rajita también estaba ansiosa, al contacto con mis labios vaginales no pude evitar un estremecimiento que fue claramente perceptible a sus sentidos, entonces comenzó a frotar su glande contra mi entrada, dejándome mojada con su líquido pre seminal que no cesaba de salir.

    En esa postura apoyó su glande en la entrada de mi vagina, sin meterlo, solo se limitó a darle un leve empujoncito para que lo sintiera ahí, para luego volver a recorrer toda la extensión de la entrada de mi vagina, de arriba hacia abajo, lentamente mi respiración se hizo más agitada y empecé a sentir convulsiones en mi cuerpo, y comencé a gritar como loca.

    L: ¡métemela!, ¡métemela!

    Con su glande en la entrada de mi vagina, levantó una de mis piernas hasta tenerla al alcance de su boca, así empezó a lamer y mordisquear mi pantorrilla, cuidando de no penetrarme aún, bajó mi pierna, e hiso lo mismo con la otra, mis gemidos se hicieron más profundos y mi respiración se tornó más agitada, la humedad de mi vagina empapaba su verga, ¡y los deseos de que ya me cogiera eran demasiado evidentes!

    Su glande se abrió paso y yo lo recibí con una descarga de jugos, yo verdaderamente estaba loca de deseo, cuando sentí que la punta de su verga estaba ya dentro, colocó sus manos en mis nalgas, y apoyado en las rodillas empujó las caderas poco a poco, a pesar de nuestra calentura, yo sentía un poco de molestia al irse abriendo paso por mi vagina centímetro a centímetro ya que nunca había tenido una tan gruesa dentro de mí, pensar en que en ese momento le estaba siendo infiel a mi pareja me tenía sumamente excitada, porque para mí era algo sumamente delicioso.

    Pese a la enorme calentura de ambos, se dio tiempo para penetrarme poco a poco, lo hizo con maestría, le llevó algunos minutos recorrerme con todo su tronco, lentamente, milímetro a milímetro, mantuvo una lenta pero constante penetración, para mí era fabuloso sentir como era ensanchada por esa vergota, primero sintiendo como casi me ardía, pero a medida que me acostumbraba, verdaderamente lo iba disfrutando.

    G: Eso es, esto era lo que querías, ¿verdad?

    Solo asentí con mi cabeza, por lo que nuevamente preguntó:

    G: ¿no te duele?

    L: Un poquito, ¡es que es muy grande!

    G: No mucho, pero 25 centímetros sí tiene, por ahora es tuya linda, ¡nada más tuya!

    Solté Un largo y ahogado gemido cuando su tupida mata de vellos largos y negros entró en contacto con mi rasurado pubis, paralelamente sentí en mi culo sus cargadas pelotas, entonces pegó en mis tetas su firme pecho y al frotar la piel de su pectoral mis pezones tuvieron un estímulo adicional.

    Me convencí de que siempre había querido eso: ser cogida por un macho maduro y experto, aunque ahora fuera un completo extraño.

    Cuando lo tuve todo dentro se mantuvo así, sin moverse, así en esa postura sus labios recorrieron mi cuello y hombros, mientras esperaba que me acostumbrara a su presencia en mi interior, fui yo la que empezó a mover las caderas, entonces ya fuera de mi misma lo abracé por la espalda y moví mis caderas y consecuentemente las arremetidas a mi vagina crecieron frenéticamente, ¡estaba como loca!

    L: ¡Cógeme!, ¡cógeme!

    G: ¡Pues eso estoy haciendo!

    L: ¡Pero muévela!, ¡mueve fuerte tu verga!

    G: ¿Qué?, a ver dímelo otra vez, ¡dímelo!

    L: ¡Qué muevas fuerte tu vergota!

    Esa petición llena de lujuria surtió efecto, ya que de inmediato me la empezó a meter y a sacar con furia, ya estaba totalmente adaptada al tamaño y mis jugos de chorreante líquido se mezclaron con los suyos para lubricar mi rajita, así que el vaivén fue delicioso, el seguía agarrado de mis nalgas, y yo me abrazaba a su cuerpo y lo besaba, estaba comportándome como una puta, como una perra en celo, y él había logrado sacar esa parte de lo más profundo de mi ser; los dos gemíamos y gritábamos de placer, a veces me sacaba el enorme falo y luego me lo dejaba ir dentro con furia mientras yo gritaba al sentir como se abría paso hasta pegar sus bolas en mi culito.

    El mundo había desaparecido, solamente existíamos una hembra con su macho que tenía encima; que además resultaba ser un extraño, siendo ahora el macho más excitante que yo hubiera imaginado, el hombre que me cogía resultaba ser una maquinita sexual de larga duración.

    Acusé los estertores de una inminente corrida, mis piernas empezaron a cosquillearme, mi abdomen bullía y sentía que mis senos crecían al anunciarse la llegada de mi tercer orgasmo, fue delirante, un choque eléctrico auténtico mientras su enorme verga estimulada por los jugos de mi orgasmo aceleró su vaivén, porque sentí como con mis jugos mi vagina se volvía un río de lubricación que le facilitaba las embestidas permitiéndole aumentar el ritmo en que me tomaba.

    No paró, siguió cogiéndome, pero ahora en un ritmo más rápido, para entonces él ya estaba empapado de sudor y por consiguiente yo también, sabía que mi cuarto orgasmo no tardaría en llegar, pero parecía que él quería alcanzar el suyo mientras era cogida sin piedad, mis manos tocaban su cuerpo, acariciaba sus hombros, los bíceps, su espalda y sus caderas; yo estaba encantada de tener encima un macho tan atractivo y caliente.

    A los pocos minutos sentí como mi cuarto orgasmo venía en camino, grité de placer, me agité, gemí y apreté mis brazos alrededor de su cuerpo y mis piernas alrededor de sus caderas, al sentir como me estremecía por este orgasmo y cuando seguía disfrutando ese placer incomparable, adiviné que él iba a hacer lo mismo, sentí como su cuerpo se puso más rígido, varios gemidos ahogados se sucedieron y entonces su verga empezó a dispararme una avalancha de semen espeso y caliente, una y otra vez sentí como se estaba vaciando en mi interior, el golpeteo de su líquido seminal saliendo con fuerza de su enorme órgano mientras seguía estremeciéndome por la intensidad de su primer orgasmo que se unía a mi cuarto orgasmo; fue increíble que los dos casi hubiéramos terminado al mismo tiempo, yo estaba agotada al grado que no sentía ni su peso y no me importaba nada haber quedado empapada de su sudor, ya estaba perdida en el placer del orgasmo aunque podía sentir perfectamente uno a uno los disparos de su verga en los estertores finales de su corrida.

    Soltó un largo suspiro y terminó de eyacular hasta la última gota de su semen en mi interior, y cuando su verga comenzaba a perder la erección la sacó de mi interior, a manera de final me golpeó con su glande en mi rajita y me impregnó con la última gota de semen que afloraba en su instrumento, coronando con su roció mi flor, como una rúbrica a la fenomenal cogida que acabábamos de darnos.

    Aún en ese estado de semi-flacidez su verga era enorme para mí, había sido una experiencia fenomenal haberla tenido dentro, no dijo nada, se levantó y se vistió rápidamente, quise levantarme ya que me disponía a marcharme, pero estaba demasiado cansada, así que me dijo que descansara, estaba completamente satisfecha, totalmente desnuda y empapada por dentro y por fuera con su semen, sudor y saliva.

    Me he de haber quedado dormida por un par de minutos gracias a mi cansancio, pero cuando desperté me sorprendí, ya que el mesero que me había atendido estaba encima de mí, yo me encontraba con las piernas totalmente abiertas, él empujaba, a pesar de que ya me había cogido el gerente, yo sentía ardor en mi rajita, el mesero metía su verga muy adentro de mí, mientras que su boca buscaba la mía para besarme, sus arremetidas a mi vagina eran fuertes, pero me estaba haciendo sentir placer otra vez, parecía que nunca iba a acabar, ya llevaba varios minutos metiendo y sacando su verga de mí, hasta que el gritó, -¡me corro!, ¡me corro!-, y volví a sentir como se vaciaban dentro de mí, él siguió metiendo y sacando su verga, hasta que a los pocos segundos yo también grite muy fuerte, ya que había tenido otro orgasmo, era mi quinto orgasmo de la noche.

    Cuando se levantó, pude ver que el gerente estaba ahí también observando todo el espectáculo, yo estaba en medio de aquel sillón, desnuda, con mi cuerpo empapado de sudor, tanto mío, como del gerente, como del mesero, y mi vagina estaba chorreando de los remanentes de mis jugos, mesclados con el semen de aquellos dos hombres, luego el gerente se acercó a mí, como pude me senté, y me dijo;

    G: Será mejor que te vistas y te vayas ahora, ¡tu cuenta ya fue saldada!

    Me extendió mi ropa con cuidado en el pedazo libre del sillón, voltee a ver mi ropa, pero solo estaba mi falda y mi blusa, volteé a verlos, y vi como el mesero tomaba mi brasear y se lo guardaba, y el gerente se agacho por mi tanga!

    Ahí me di cuenta de que en ningún momento me quitaron ni las medias ni las zapatillas, así que me paré, y me vestí rápidamente.

    Cuando salí de ahí, apenas podía caminar, ya que me dolían mis piernas, revise la hora, para haber sido cogida por dos hombres aún podía llegar a tiempo a mi cita con Luis, ya que faltaban cinco minutos para las nueve, pero en vez de cruzarme al hotel en el que lo vería, pare un taxi, ¡y me fui a mi casa!

    Me sentía demasiado cansada, y no era para menos, me cogieron dos vergas que me habían dejado agotada, así que le mande un mensaje a Luis, “amor lo siento, pero no podré llegar al hotel, tendremos que dejarlo para la otra, te quiero”.

    Al llegar a mi casa, solo dejé mi bolsa en mi sillón, y me fui a mi recámara, me desnude por completo, y noté que entre mis piernas escurría un líquido blanco, era el semen de esas dos vergas que se escurrían de mi vagina, con los dedos lo tome, y me lo llevé a la boca, ¡tenía un sabor dulce!

    No obstante, con haber sido cogida por dos vergas y tener 5 orgasmos, me masturbe mientras probaba el rico semen de los desconocidos, ¡a los cuales les pague con sexo mi comida!

    Luego me acosté encima de mis cobijas, estaba satisfecha como nunca, y me quedé profundamente dormida.

    Saludos su amiga Lety.

  • Hermana viciosa

    Hermana viciosa

    Estaba yo un día navegando con mi PC cuando caí en una página de relatos de incesto. El caso es que la curiosidad pudo más que yo y me puse a leer. Recuerdo que en uno de ellos un chico contaba como husmeaba entre la ropa de la hermana, olía sus braguitas, chupaba los restos de sus corridas y otras cosas.

    Bueno el caso es que el otro día metiendo la ropa en la lavadora pasaron por mis manos unas braguitas tanga de mi hermana. No sé bien por qué, pero el caso es que me puse a observarlas, cuando me fijé en unas manchitas blancas en ellas, la verdad es que no le di la mayor importancia y seguí a lo mío.

    Otro día estaba yo durmiendo cuando de repente me despertaron unos gemidos muy leves, casi no se oían. Acerqué la oreja a la pared del cuarto de mi hermana, que está junto al mío y me doy cuenta que era ella, se estaba masturbando. ¿En quién pensará, me dije yo?

    Esa mañana cuando me da por meter la ropa en la lavadora veo que las braguitas están manchadas. En ese instante me acordé del chico del relato que leí días anteriores y me da por acercármelas a la nariz. De repente el olor que desprendían me puso la polla a cien. Chupé la zona que toca con su coño y me encantó el sabor que me dejó. Así que como estaba solo en casa me casqué una fenomenal paja con las braguitas, corriéndome en ellas.

    Pasaron los días y veía que cada vez eran más las veces que se masturbaba mi hermana y cada vez más las braguitas que manchaba.

    Cierto día me dijo que le dolía la espalda y que por favor le pusiera crema. Así lo hice, se quitó la camiseta y mientras la subía y tapaba su cara le vi las tetas debajo del sostén Ella tiene 18 años, pero para su edad está muy desarrollada, además es muy alta y delgada. El caso es que me excité. Mientras le ponía la crema frotaba con mucho mimo, intentaba llegar lo más cerca de sus pechos que me dejaba el sujetador y lo más cerca de su culito que me dejaba el pantalón.

    Cuando terminé recuerdo que fui a cascarme una paja que me supo a gloria. No sé porque, pero el caso es que a mis 27 años me excité más con mi hermana que con cualquier otra chica con la que he salido. Quizás sea el morbo de lo prohibido, como cuando empiezas a fumar o beber a escondidas de tus padres con los amigos.

    Al día siguiente me pidió que repitiera el proceso pero me dijo que esperará que se quitara el sostén pues se le había manchado el día anterior. Esta vez recuerdo que llegué a tocar sus pechos por el lado, incluso llegué a frotar la parte alta de su culo. Ella no decía nada estaba relajadísima, así que yo no me di prisa por terminar, es más cuando acabé dijo ella «¿ya?».

    Los días pasaban y yo estaba todo el día salido, me moría por llegar a más. Pero ¿cómo?

    El caso es que ella estaba más cariñosa conmigo que de normal, porque la verdad es que nunca nos hemos llevado muy bien. Lo que sí que notaba era que ella se rozaba conmigo siempre que podía restregando sus pechos contra mi espalda o incluso a veces mi pecho, o en ocasiones sacando el culito para rozarse contra mi paquete.

    Cierto día estaba yo sólo en casa y me fui a duchar, recuerdo que salí en pelotas por unos calzones cuando de repente me topé con mi hermana en el pasillo.

    ―Uy perdón, pensaba que no había nadie en casa —dije yo.

    Me giré y entré corriendo a mi habitación. Recuerdo que mi hermana no dijo nada, sólo se quedó mirando mi polla, que estaba en semi erección pues me la había estado frotando un poco.

    Entré en la ducha y abrí el grifo para llenar la bañera, pero olvidé coger una camiseta, así que salí en silencio hacia mi habitación, mirando antes si estaba ella en el pasillo, cuando de repente oigo unos ruidos en el cuarto de mi hermana. Me acerqué sigilosamente y miré por la rendija de la puerta y veo a mi hermana tirada en la cama en pelotas haciéndose una gran paja. Al ver eso mi polla empezó a crecer con tan mala suerte o buena, que empujó un poco la puerta y provocó un chirrido de las bisagras. Mi hermana pegó un salto y se me quedó mirando. Que espectáculo, yo empalmado delante de ella y ella en pelotas con la mano llena de flujo vaginal.

    Nos miramos y ninguno articulaba palabra. Ella dijo.

    ―No le dirás nada a los papás ¿verdad?

    ―No, además no estoy en situación de decir mucho —dije yo señalando mi polla empalmada—. No soy un chantajista.

    ―Es que te vi y me excité, no sé qué me pasa últimamente, pero desde que me diste pomada y me frotaste me excito cada vez que estas cerca.

    ―Es normal, a esas edades uno se vuelve muy fogoso y sólo piensa que en eso.

    ―¿Que eso?

    ―Bueno ya sabes en el sexo, en follar.

    ―Si ya, pero lo que sucede es que no me atrevo a hacerlo con gente de fuera, ni siquiera con mis amigos del grupo. Ya sabes cómo son los tíos, que en cuanto te lo haces con uno tarda poco en ir a contárselo a todos sus amigos y te tildan de facilona, puta o cualquier cosa.

    ―Bueno eso tiene una fácil solución. Si quieres yo te ayudo.

    ―Pero que dices, somos hermanos.

    ―Por eso, razón de más, piénsalo fríamente. Te estoy ofreciendo todo el sexo que quieras, cuando quieras, donde quieras y como quieras. Además soy una persona sana, sin enfermedades de ningún tipo.

    ―No, No, no puede ser.

    ―Tu verás, pero la oferta que te he hecho es un chollo para ti.

    ―Ya… pero… es que… no sé…

    La tengo en el bote, pensé yo.

    ―La verdad es que visto así parece interesante.

    Yo para entonces había ido acercándome a ella y la estaba sentado en su cama a su lado.

    ―Ven, túmbate.

    Actué rápidamente, no fuera que se rajara, y tras tumbarla comencé a comerle el coño.

    Comencé chupándole por los muslos, luego sobre los labios mayores, luego me mojé los dedos con saliva, le abrí los labios mayores y me dediqué a los menores, subiendo hasta el clítoris.

    Ella para entonces sólo que gemía y decía: “Masss, masss, ahhh”.

    Le tomé el clítoris entre mis labios y comencé a chuparlo como si se tratara de un helado, mientras le metía un dedo por el coño. Esto fue lo máximo, comenzó a correrse como una burra, yo seguía chupando su clítoris durante su corrida, lo que le prolongó mucho más su orgasmo.

    ―Ha sido fantástico, joder lo que me he estado perdiendo.

    ―Ya te lo dije, además es mucho más morboso follar con tu hermano.

    ―Eso parece, porque he tenido una corrida bestial.

    ―Pues yo todavía no me he corrido, así que…

    ―Ya claro, ahora me toca a mí.

    Se abalanzó sobre mi polla y la comenzó a chupar como una loca, para ser su primera vez era fantástico como lo hacía.

    ―Que sabor más agradable.

    ―Como me pone el chuparte el rabo hermanito.

    ―Sí que gusto, ahhhh, no corras tanto o me correré antes de hora.

    ―No te preocupes córrete tantas veces como quieras, que hoy te voy a dejar secos los huevos.

    Que fuerte, como hablaba mi hermana.

    En un momento de arrebato me levanté, la tumbé boca arriba y me la comencé a follar por la boca, recuerdo que mi polla llegaba a su garganta, provocándole incluso arcadas.

    Mientras tanto ella se frotaba enérgicamente el coño. La escena era fantástica. No podía aguantar más.

    ―Ahhh, me corro.

    Cuando fui a sacársela ella me retuvo para que me corriera en su garganta. Fue una corrida fantástica. Caí rendido a su lado.

    ―Uy aun te queda leche en la puntita. Déjame que la limpie.

    ―Eres insaciable hermanita.

    Había sido una corrida fantástica, recuerdo que mi polla no llegó a desempalmarse del todo, es más recuperó el vigor enseguida sólo con ver a mi hermana espatarrada.

    ―Joder, que rápido te empalmas hermanito. Que energía. Esto va a ser fantástico, voy a recuperar todo el tiempo perdido.

    Cuando la tuve tiesa se sentó sobre mi estómago, frotando su coño sobre él y mirándome a los ojos con cara de viciosa. Me cogió la polla y la puso a la entrada de su coño. Entonces fue deslizándose hacia abajo y tragándosela por su cueva de placer despacito pero mojadamente. En un momento notó que hay un obstáculo, entonces ella con sumo tacto empuja entre leves gritos de dolor y entra toda, lo que provoca unos gemidos y convulsiones en ella. Estaba teniendo un orgasmo brutal.

    ―Te voy a cabalgar como nunca lo ha hecho nadie.

    ―Siii, siii, no pares.

    ―Ahhh, joder como entraaa!!!

    Los saltos que daba eran increíbles, recuerdo que en uno de ellos saltó tanto que se me salió de su coño y al caer le entro tan de golpe que le provocó un orgasmo bestial.

    ―Aaaahhh! Me corro, sácala, no debo hacerlo dentro.

    ―Siii venga, córrete en mi coño abierto

    ―Tírame tu leche sobre mi raja.

    ―No debo.

    ―Tranquilo que no estoy en días de peligro, Correteee en mi raja.

    ―Ah! si toma mi leche hermanita.

    ―Ahhh que gusto, restriégalo sobre ella con tu polla, tu rabo, tu estaca.

    ―Joder que viciosa eres, como me pone oírte hablar así.

    ―¿Te gusta?

    ―Si me pone.

    ―Pues venga, restriega tu leche por mi coño con tu rabo, empújala hacia dentro

    ―Siii, ahora sobre mi clítoris, si frótalo con tu rabo, ahhh

    ―Ufff, ah, que gusto, vas a hacer que me corra otra vez sin metértela.

    ―Eso siii córrete otra vez sobre mi coño, déjamela que te la chupe hasta que te venga.

    ―Si chupa, chupa, ahhh, me viene otra vez.

    ―Vamos córrete otra vez en mi raja. Siii

    ―Tomaa mi lecheee

    ―Ahhh, siii

    ―Ahhh que gusto, venga restriégala por mi raja vamos mas que no se escape ni una gota.

    ―Vamos empújala para dentro con tu polla, me encanta sentir el semen junto con tu polla por mi coño.

    ―Ahhhh. Eres insaciable.

    ―Pues aun te quedan cosas que hacer, porque lo quiero probar todo hoy, todo, todo.

    ―Sí, que más quieres.

    ―Je, je, fóllame las tetas, venga.

    ―Joder con mi hermanita, toma mi polla, chúpamela que se ponga dura otra vez.

    ―Si dame tu polla que te la chupe, uf, si

    ―Mira cómo crece.

    ―Joder hermanita como me pones, me podría correr cincuenta veces que aun conseguirías levantármela.

    ―Si! Ahora fóllame las tetas.

    ―Toma apriétala entre ellas.

    ―Chúpame la punta también.

    ―Si te la chupo, te la chupo.

    ―Uf que gusto.

    ―Vamos frótame el clítoris con tus manos mientras, que yo me encargo de tu polla.

    ―Siii. Es fantástico, que tetazas tienes, como me entierras la polla entre ellas.

    ―Ahora viene lo mejor.

    Ahora sí que me dejó flipado. Se separa de mi, se pone boca abajo con un almohadón debajo del abdomen y me dice:

    ―Fóllame el culo!!!

    ―Estas segura que quieres que te encule.

    ―Siiiii, estoy más salida que una perra en celo.

    ―Espérate, puedo hacer daño si no te lubrico el agujero.

    ―Toma el semen que me chorra por el coño y restriégalo por el agujero.

    ―Ufff, que gusto, empuja con los dedos por el agujero.

    ―Toma dedo, toma dedo.

    ―Y ahora lo que no es dedo.

    ―Siii despacito, arggg!!!

    ―Ah, siii, empujaaa despacítooo, que gusto!

    ―Joder que culo, uf como me pone.

    ―Si bombea, bombea.

    ―Me vengo!!!

    ―No la saques, córrete en mi culo!

    ―Siiii, me corro!!!

    ―AH, que gusto!

    ―Genial.

    ―No la saques todavía, quiero sentirla más tiempo dentro de mi culo.

    ―Seguro.

    ―Si, produce un placer muy curioso, déjala hasta que se afloje.

    ―Pues a mi se me está empalmando otra vez con esto de dejarla dentro.

    ―Ya lo veo, si que es genial sentirla crecer dentro de mi culo.

    ―Vamos, vamos, que te empujo otra vez.

    ―Si Si Si, empuja de nuevo, que energía hermanito, que energía.

    ―Tú eres la que me provoca esta energía.

    ―Venga que te quiero follar el coño de nuevo.

    ―Fóllame lo que quieras, soy toda tuya, todos mis agujeros y poros de mi piel serán tuyos cuando quieras.

    ―Toma polla, toma.

    ―Si, si, si, sácala y métela muchas veces, me encanta cuando me abres el coño con tu rabo.

    ―Me encanta sentirla penetrar.

    ―No puedo más, hermanita, me corro!

    ―Sácala, sácala y córrete en mi cara, quiero sentir tu leche por mi rostro.

    ―Toma leche, toma leche.

    ―Restriégala por mi cara con tu polla.

    ―Si toma restregón. Abre la boca que me quedan unas gotas en la punta.

    ―Si dámelas, delicioso.

    ―Venga, mételas en mi boca. Mételas.

    ―Genial. Esto ha sido demasiado, estoy agotado.

    ―Desde luego que ha sido fantástico, a partir de ahora te follaré y mamaré todo lo que pueda y más, vas a ser mi distracción preferida.

    ―Venga descansemos un rato, que esta noche vienen los papas.

    ―Vale pero déjame dejarla dentro de tu coño.

    ―Venga, si déjala dentro hasta que se te afloje del todo.

    Pasadas dos horas me despertó una excitación bestial, era ella que me la estaba chupando.

    ―Joder hermanita eres insaciable.

    ―Comprende que hemos perdido mucho tiempo antes de llegar a esto, hemos de recuperarlo.

    Desde ese día follamos casi a diario, pese a que cada uno tenemos nuestra pareja, pero el caso es que el morbo que nos produce follar entre hermanos hace más placenteras nuestras folladas, es más, si están nuestros padres por casa, en lugar de follar me la chupa un poco hasta que me corro. Cualquier lugar es bueno.

    El otro día estaba toda la familia viendo la tele y me levanté a mear. Ella me siguió y tras mear me pegó una mamada que me hizo correrme enseguida, se limpió la boca y se fue de nuevo a seguir viendo la tele con mis padres.

    Es fantástico tener una persona con quien realizarse sexualmente en tu propia casa.

  • Ana: Un día más en el trabajo

    Ana: Un día más en el trabajo

    Un día más en el trabajo, algo común, llegar al restaurante, checar entrada, verificar que todo estuviera bien, y prepararse para esbozar una sonrisa que durara cuando menos las siguientes seis horas, Ana estaba preparada para una jornada laboral más en ese restaurante de Los Ángeles California donde estaba trabajando mientras terminaba de arreglar sus papeles para poder ejercer en su verdadera profesión como corredora de bienes raíces.

    Su espigada figura se destacaba notablemente en el traje sastre que debía vestir para ejercer como “hostess” o anfitriona del lugar, azul marino con saco y falda en azul marino, una delgada blusa de seda, y por debajo, brassiere y pantis en color blanco inmaculado que hacían juego con un delicado encaje Victoria Secret que a ella le encantaba, la ropa era perfecta para hacer notar sus voluptuosos senos, y larguísimas piernas que hacían suspirar a muchos de aquellos que asistían al lugar para comer o cenar.

    Su apariencia hacia fácil que en muchas ocasiones algunos parroquianos trataran de hacer que Ana fuera más allá de simplemente ofrecerles su hermosa sonrisa, y había recibido ya muchas invitaciones a salir con algunos, e inclusive, había tenido que soportar a uno que otro que al calor de las copas había toqueteado a la mujer por sorpresa y hasta ofertas económicas para irse a la cama con alguno que sentía que ella cedería por dinero.

    La jornada comenzó normalmente, un día atareado, con muchos clientes arribando al lugar, la hora pico hacia que en ocasiones algunas de los asiduos al restaurante debieran esperar a que alguna de las mesas se desocupara, el lugar era amplio, dos salones comedores de grandes dimensiones, divididos en cuatro, dos salones de consumo para los clientes normales y dos salas privadas reservadas para grupos, el área de la cocina, y a un costado de los baños un espacio donde los empleados podían tomar su hora de comida con toda comodidad con sala de televisión, mesa y horno de micro ondas.

    Ana pensó para si ‘Un grupo de oficina más’ odiaba esos grupos integrados casi siempre por muchos hombres que se reunían en uno de los privados y que tras trabajar un rato y comer, se tornaban impertinentes tras beber algún trago o tomarse unas cuantas cervezas, y ese día, Ana reafirmaría momentáneamente su repudio por dichos grupos.

    Cuando los vendedores de una conocida empresa llegaron al lugar, Ana los recibió con su habitual sonrisa, su cabello café claro, grandes ojos y maquillaje impecable la hacían lucir hermosa, camino delante del grupo de ocho hombres y escucho cuchichear a algunos detrás de ella siguiéndole el paso en medio del amplio salón dirigiéndose al privado, en ingles uno dijo susurrando que ella tenía un delicioso culo, ella se hizo la desentendida y ni siquiera volteo, y la voz gruesa que escuchó a continuación si la hizo voltear al oír con un volumen mucho mayor: “me encantaría levantarle la falda y lamerle su anito”, dicho comentario, completamente impertinente había brotado de un hombre de color de aproximadamente 30 años, vestido impecablemente y con un rostro inusualmente cuadrado para un tipo de su extracción étnica, era un tipo muy agradable a la vista, pero definitivamente impertinente e ignorante de que, obviamente, ella hablaba inglés y había entendido a la perfección sus vulgares palabras ¿o seria que lo había dicho voz en cuello para que ella lo escuchara?

    Ana siguió su camino hacia adelante, y se paró a un costado de la puerta que conducía al privado, los primeros siete hombres desfilaron frente a ella y al último el hombre de color que la había intrigado con su desparpajo e irreverencia, al pasar frente a ella, sonrió mostrando una amplia dentadura blanca y le guiño un ojo al tiempo que se inclinaba ligeramente para susurrarle en inglés: “eres divina, me encantaría cogerte”. Ana abrió desmesuradamente los ojos ante el improperio y frontal insinuación, el, indiferente a su reacción siguió su camino rumbo a la larga mesa donde departiría junto a sus compañeros de empresa, y sin poder evitarlo, Ana vio su ancha espalda, sus enormes nalgas, sus amplias manos, y ese aroma fuerte pero no desagradable que emanaba de su piel obscura.

    Recompuso figura, dio la vuelta y se enfilo hacia la recepción para continuar con sus labores, ya que, una vez que ella conducía a los grupos hacia los salones privados, eran los meseros quienes se hacían cargo de la atención al cliente, y ella como anfitriona debía regresar a la puerta y seguir recibiendo clientes, sin embargo, algo de color obscuro en ese grupo en particular había llamado la atención de la mujer, que, dentro de ella seguía pensando en las atrevidas palabras del negro, y su actitud despreocupada e insinuante, Ana pensó, ¡mira nada más que clase de cabrón es este tipo! Diciendo que quiere cogerme cuando ni siquiera me conoce, ¡apenas acaba de verme y ya me quiere llevar a la cama! Una vocecilla interna, casi desapercibida para su conciencia sonaba detrás de sus airadas protestas, y esa diminuta voz le decía casi vulgarmente: está bien bueno, ¿Qué se sentirá que te coja un negro? Ana se sorprendía de las palabras que su propio pensamiento expelía, ¿será rico que te la meta toda? Ana agito un poco su cabeza y trato de desviar su atención ya que, esa voz interna y lujuriosa había superado en muy poco tiempo a sus propias quejas ante el descaro y poca educación del moreno que estaba en el salón privado.

    Pasaron quince o tal vez veinte minutos, Ana se quitó los malos pensamientos de la cabeza y siguió con su labor cotidiana en el trabajo, sonrisa, al recibir a los comensales, y guiarlos cortésmente a su mesa, regresar a la puerta y continuar con una buena actitud, hasta que le toco guiar a una mesa de cuatro personas que estaba ubicada exactamente en la puerta del salón donde estaba el negro que la había hecho pecar mentalmente, quiso evitar dirigir su mirada hacia el interior del salón, pero no logro hacerlo, volteo, y oteo en la distancia para ubicar al atrevido cliente, y sus ojos se cruzaron con los de él, su mirada era penetrante, arrobadora, sus gruesos labios y la quijada cuadrada con el pelo color negro ralito con pequeños rizos le daban una apariencia limpia, él se percató de su presencia como si trajera un radar, y cuando sus miradas se encontraron, sonrió una vez más, y volvió a guiñarle un ojo, y le envió un beso lejano, Ana se estremeció, algo tenía el tipo que la hacía sentirse agitada, ¿o excitada tal vez? Su presencia era intimidante, sus labios invitantes…

    Ana bajó la mirada en el acto, viro rápidamente y se dirigió a su estación de trabajo, una vez más la batalla de las voces internas ¿Quién se cree?, ¿Cómo se atreve? Y la otra voz interna, más baja, lejos, viniendo desde la profundidad de su mente ¡Qué rico beso! ¿La tendrá tan grande como dicen que la tienen los negros? Al llegar a la puerta del establecimiento ya había varios clientes esperando lo que sirvió para apaciguar la batalla de pensamientos dentro de su cabeza.

    El día continuo y el ajetreo elimino casi cualquier posibilidad de reencontrarse con el hombre que la inquietaba, pasaron casi tres horas y la mesa del salón privado no se había retirado, y ya casi venia la hora de la cena, y de la salida de Ana de su día de trabajo, siendo una mujer divorciada y viviendo en una ciudad extraña, casi todos los días desde su llegada a los Estados Unidos habían sido casi una copia al carbón, levantarse, bañarse desayunar, arreglarse ir al trabajo, estar todo el día ahí y regresar a casa tarde, y muy cansada casi sin oportunidad de tener una vida social que le permitiera tratar de encontrar una pareja o alguien para saciar un poco el vacío de amor y sexo que la atosigaba un poco.

    Faltaban diez minutos para las 8, su turno estaba terminando, y un compañero mesero se le acercó y le dio una servilleta que decía, le habían dado al llevar una ronda de tragos más para el salón privado, Ana la desenrollo, y con una letra grande y elegante, el mensaje leía:

    “Quiero hacerte el amor, estoy hospedado en el hotel de enfrente, y sé que tú también quieres que te lo haga, mi habitación es la 425, en el cuarto piso, deseándote mucho.

    Rod.”

    Ana levantó la vista y la dirigió a la puerta del salón, sintió deseos de ir y mentarle la madre al atrevido moreno que la tomaba como una cualquiera, ni siquiera habían hablado, solo se le había insinuado, le había aventado un beso y le había dicho abiertamente que quería metérsela toda, pero, no lo hizo, un calor extraño invadió la parte baja de su vientre, sus pezones se erizaron levemente, la piel de su nuca sintió un aire frio y lejos de permitir que su enojo se proyectara y fuera a reaccionar ante el hombre que la invitaba a su habitación, simplemente sonrió, no se reconocía a sí misma, si bien siempre había sido muy caliente, jamás se había considerado “fácil” se había acostado con varios hombres en su vida, pero siempre había sabido mantener la compostura y el anonimato de cada uno de esos encuentros, inclusive un par de infidelidades a su ex marido, pero reconocía que jamás alguien había sido tan frontal, tan incisivo y directo al punto, esa situación de ir al grano y pedirle su cuerpo solo para sentir placer le llamaba mucho la atención, y pensó en ¿Qué pasaría si voy?

    Finalmente la mesa del privado salía del recinto, e igualmente que cuando llegaron todos los compañeros del moreno de fuego caminaban por delante, y él estaba hasta el final, algunos de ellos venían visiblemente alegres tras haber consumido varias botellas de vino, y algunos licor, sonreían, y bromeaban, pero Rod, el misterioso pretendiente mantenía esa compostura y galanura que le llamaba tan poderosamente la atención a Ana, él se le acerco, se puso frente a frente con ella, bajo la mirada a la altura del pecho de la atractiva anfitriona, y le dijo “¿Ana verdad?”. Una vez más abrió los ojos con cierta sorpresa, pero inmediatamente recapacitó, obviamente estaba leyendo su nombre en la placa de identificación que todos los empleados del restaurante tenían pegada a la altura de la solapa “Si, Ana” contestó con suavidad, él le extendió la mano y tomo la suya, se le acerco y sin dar tiempo a reaccionar le dio un beso en la mejilla casi en los labios, sintió su aliento cálido, y esa carnosa boca al tiempo que le decía en voz baja: “voy a mi hotel, está ahí enfrente, te espero cuando salgas de trabajar, te haré el amor como nunca nadie te lo ha hecho”.

    Soltó su mano casi en una caricia, y giro sobre su eje enfilándose hacia la puerta del lugar, sin voltear a verla, ni ofrecerle la más mínima oportunidad de contestarle, Ana se quedó, ahí, pasmada, simplemente sorprendida, y ahora sí, terriblemente confundida y hasta excitada.

    Los minutos transcurrieron lentamente, una ola de calor súbito inundo el cuerpo de Ana, retiro su saco y lo doblo en el respaldo de la silla que tenía detrás de su pódium donde estaba el libro de las reservaciones, se meso el cabello, volteo hacia el espejo que colgaba de la pared a un costado de la puerta y se vio a si misma con un semblante diferente, sus mejillas estaban levemente sonrosadas, y ese calor que sentía se proyectaba a su faz coloreando su rostro y dándole una belleza especial provocada por como ese total desconocido le había levantado la temperatura.

    El turno de Ana había concluido, eran las ocho de la noche y 10 minutos tomo el saco, se dirigió al espacio dedicado a los empleados, caminando con sus largas piernas y una sonrisa, verifico su salida en el reloj que la empresa tenía determinada para eso, y giro para dirigirse a la salida, no había una determinación de que haría cuando cruzara el umbral de la puerta rumbo a la calle, donde a 25 metros caminando de frente se encontraba el hotel moderno y funcional en el que Rod, ese desconocido atrevido y sugerente la esperaba, una vez más la batalla de las voces dentro de su cabeza, en esta ocasión, inclusive con un lenguaje mucho más duro y florido que durante la tarde: si vas ¡eres una puta! ¿Desde cuándo me acuesto con un desconocido así como así? Si voy seguro pensara que soy una cualquiera que le da las nalgas a todo el que me las pide, ¡cógetelo, está buenísimo y nadie se va a dar cuenta! la batalla entre el pequeño angelito y el mini demonio dentro de ella continuaba al tiempo que camino hasta la orilla de la acera, y volteo hacia arriba para contemplar el alto edificio, a sabiendas que en el cuarto piso, un par de horas de enorme placer podrían estar esperándola.

    Camino hacia el estacionamiento, la voz de la precaución parecía estar imponiéndose, sentía un vacío en el estómago, y, nerviosa, metió la mano a la bolsa para buscar las llaves, y al sacarlas estas resbalaron entre sus largos dedos de manos meticulosamente manicuradas, se inclinó completamente para recoger el manojo de llaves, y al levantarse su cara quedo de frente al hotel una vez más, sin pensarlo camino de frente hacia el edificio y cruzó la calle con pasos largos, parecía que finalmente había sido el diablillo de la lujuria el que gano la batalla y aquel calorcillo en el bajo vientre había decidido cuál de las voces se había impuesto, Ana se sentía excitada, deseaba estar con aquel hombre, deseaba tener una sesión de sexo diferente, algo que fuera total y absolutamente distinto a cualquier cosa que hubiera probado antes, y su instinto femenino le decía que aquel atrevido tenia los ingredientes necesarios para hacerla sentir cosas que antes tal vez solo había imaginado.

    Recorrió el lobby del hotel, y sin detenerse dirigió sus pasos a los elevadores, entro en el primero que abrió sus puertas, se recargo en la pared lateral y apretó el botón con un gran número cuatro iluminado, y recordó en voz alta -habitación 425- el ascenso del elevador se le hizo el más lento de la historia, e imágenes de su pasado con un matrimonio fallido que había dejado una hija, y de diversas relaciones de noviazgo formal y “acostones” de una noche que había vivido, y se dio cuenta que jamás se había acostado con alguien del que solo conocía su nombre y con quien había cruzado palabras durante solo veinte segundos, ¿estaría loca? ¿Acaso la necesidad de afecto y relaciones físicas la estaba llevando a “regalarse” tontamente?

    La puerta se abrió y Ana no tuvo tiempo de contestar su propia interrogante, salió del elevador y dos letreros con los ascendentes y descendentes de los números de habitaciones estaban frente a ella, la 425 estaba a la derecha, camino por el largo y solitario pasillo, doblo a la izquierda y ahí, a su lado izquierdo estaba la puerta de color perla con el gran numero cuatrocientos veinticinco pegado en letra de oro, al llegar a su destino, se petrifico, sus manos y rodillas temblaban -¡soy una puta! pensó, al tiempo que tocaba la puerta muy despacio, escucho algún ruido detrás de la madera, y la puerta se abrió, ahí, frente a ella, con solamente una pequeña toalla blanca amarrada en la cintura y apenas cubriendo sus genitales estaba Rod, quien sonrió ampliamente y una vez más, en inglés, le dijo:

    —¡Sabía que vendrías! Adelante, pasa Ana, gracias por venir.

    Ella caminó con precaución, él no dejó de seguir sus pasos con la mirada, ella sintió que aquel hombre le devoraba el pequeño trasero, él cerro la puerta y ella pensó -ya no hay forma de escapar- Rod caminó hacia Ana y le preguntó si deseaba algo de tomar, a lo que ella asintió, él procedió a sacar una botella de vino rosado que estaba enfriándose en el pequeño refrigerador de la habitación, que era muy bonita, amplia, con una cama queen size un sillón y un taburete, además de un escritorio con un par de sillas y una lámpara de pie. El hombre destapó la botella, sirvió el líquido dulce en dos copas y extendió la primera hacia la mujer que aún se preguntaba qué demonios hacia ahí, el extendió su largo y musculoso brazo y la invitó a brindar, ella no podía dejar de analizar su masculina anatomía, pecho fuerte con un vello ralo, abdominales de campeonato mundial, dos brazos con anchos bíceps, y dos piernas poderosas, era, sin duda, el espécimen masculino más bello que ella había tenido bajo esas circunstancias en toda su vida, el tiempo que él le daba un sorbo al trago, le dijo que ella le había gustado mucho desde que la vio esa tarde, y que la había deseado mucho tan solo al verla, ella sonrió tímidamente y le pregunto por qué, a lo que él contestó que las latinas eran su predilección desde hacía mucho tiempo, una vez más ella preguntó si había alguna razón en particular a lo que él dijo:

    —Ustedes son las mujeres más calientes que hay, disfrutan mucho del sexo, y sé que las mejores noches de mi vida sexual con mujeres latinas,

    Ana se sintió como mariposa de una colección de un tipo que al parecer “coleccionaba” amantes latinas.

    Rod se aproximó a Ana, y sin preámbulos y estando a solamente un paso de la bella mujer, el negro retiro la toalla que cubría sus partes pudendas, sus poderosos muslos y abdomen de lavadero cubierto de pelo negro e hirsuto eran un marco perfecto para un pene largo de veinticuatro centímetros y un diámetro considerable ¡aun en reposo! Ana vio la toalla caer y sin poder evitarlo fijo su mirada en ese monstruo de carne poderosa que en flacidez era aún mayor que varios que ya la habían hecho gozar, y su mente cálculo que cuando menos crecería otros 4 centímetros cuando alcanzara la erección ¡era una verga inmensa y estaba a punto de tenerla toda adentro!

    Rod se inclinó, así, desnudo completamente y beso a Ana en los labios, un beso lento, húmedo, delicioso, sus enormes labios semejaban una ventosa cubriendo casi completamente la boca pequeña de la mujer que sintió un calor súbito que la recorría inexplicablemente desde las cavidades de su cuello, bajando por la espina dorsal, erizando su piel, levantando sus pezones, calentando su vientre y mojando sus partes íntimas, sin dejar de besarla como un experto, puso la copa de vino apoyando en la cómoda en la que Ana estaba ya, recargada, y sus amplias y fuertes manos enlazaron a Ana por la cintura, la apretó fuertemente contra sí, y ella solo gimió suavemente dando muestra de su aprobación por el gesto atrevido, pero tierno y experto del hombre, su pecho fuerte y la espalda ancha eran algo irresistible para Ana, pero lo que más la tenía loca con inexplicables oleadas de placer ¡tan solo con un beso! Era su olor, ese aroma tan distinto de su piel de ébano, que todos sus otros amantes blancos y latinos ¡no tenían! Era intoxicante, fuerte, sí, pero no desagradable, y esa protuberancia que sentía contra su vientre y su ombligo, no había bajado la mirada pero ya sentía esa lanza de carne contra su ropa y cuerpo, se sentía dura como una barra de hierro, y Ana sintió como la humedad de su sexo ya mojaba las bragas, sin que la razón, o el amor tuvieran nada que ver con el momento, era solo lujuria, sexo, deseo, y era delicioso.

    Rod separo sus labios de los de Ana, siguió besándola levemente en la mejilla y se deslizo hacia abajo, al cuello y nuca de la mujer que era una explosión de nervios y sensaciones, sin dejar de besar y lamer, sus enormes manos se deslizaron hacia el frente de ella, tomando el saco del traje sastre, abriéndolo halándolo hacia atrás y abajo, despojándola de la prenda, sintió el roce de sus dedos contra la seda de la blusa y otra sensación eléctrica recorrió su humanidad, hacia un trabajo magnifico con sus gruesos labios mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja, y humedeciendo la sensitiva piel del cuello y la parte de atrás de su cabeza, tras la caída al suelo resbalando el saco, sus manos regresaron al frente donde comenzó a desabotonar la blusa blanca, botón a botón, y sensación a sensación, ella hubiese querido pedirle que se detuviera, pero el calor en medio de sus piernas le pedía a gritos que ni se le ocurriera hacerse la interesante o pedirle que se detuviera, al llegar a la parte inferior de la blusa, que estaba fajada dentro de la falda, finalmente separo sus labios y el trabajo intensivo sobre su cuello, para mirarla fijamente a los ojos y sin decir una sola palabra, continuar con el trabajo de desnudar su esbelto cuerpo.

    Haló nuevamente ahora hacia arriba la parte oculta de la blusa, ahí estaba Ana, con la blusa totalmente abierta ofreciéndole la vista de su delicado sujetador de Victoria Secret, media copa que sujetaba sus erguidas copa treinta y cuatro D, tomo el brazo izquierdo y se llevó los dedos de Ana a la boca, besándolos, chupándolos, al tiempo en que abría el botoncillo de la manga, una vez que este cedió bajo el brazo y tomo el otro, repitió la operación y libero la manga del botón, y sumergió su cara en el canalillo de deliciosa carne suave de la mujer, que respiraba cada vez más profundamente y en forma agitada, la lengua del negro se internó en el amplio escote de la prenda íntima y con las manos echo la blusa hacia atrás y abajo, Ana estaba ya solo con la falda, los zapatos de tacón y el brassiere, casi completamente a su disposición.

    Retomo a Ana por la cintura, la apretó contra sí, ella se dejó querer, no oponía la más mínima resistencia, teniéndola así por la cintura, Rod abrió el clip que sujetaba la parte posterior de la falda, hizo descender el cierre, y abrió la cremallera que iba de la cinturas hasta la mitad de las nalgas de Ana, sus anchos dedos entraron entre la piel y la prenda y esta cayo de un solo golpe hasta los talones de ella que seguía ensimismada con los besos del garañón que quería montarla, Ana estaba ya, frente al desconocido llevando solamente el brassiere y las pantis que hacían juego, y los zapatos de tacón de aguja que tanto resaltaba sus delgadas pero bien formadas pantorrillas.

    Ana no podía pensar, solo reaccionaba, y los movimientos de Rod eran expertos, no bien acababa de retirarle la ropa, cuando sus manos ya copaban su trasero abarcándolo completamente, los dedos magreaban con destreza la carne de Ana, uno de los largos dedos estaba cerca de su diminuto ano, y desplazándolo levemente supero la delicada barrera de tela de la pequeña tanga blanca con encaje al frente, y toco esa parte tan privada de ella, miles de terminales nerviosas conjuraron para que de su garganta brotara un quejido un poco más gutural, el dedo ancho y tosco de su amante desconocido estaba tocando la entrada de su ano, y abriéndose paso ligeramente en la entrada de mismo, mientras que con el resto de la mano y con la otra levantaban a la delgada mujer en vilo, ella abrió las piernas y rodeo la parte baja de la espalda de él, Ana estaba en contacto completo con su amante, besándolo con deseo, sintiendo la punta del dedo dentro de su apertura más íntima, el giro completamente, así, desnudo con su tremendo tolete al aire, ella con sus delicadas pantaletas ya habían sentido la dureza de esa barra de carne, y ahora el acomodo a Ana de una manera en que con ella en vilo, su enorme verga hacia contacto con su vagina, mientras no cesaba de besarla y de dedearle el ano, la llevo así, elevada hasta la orilla de la cama donde siguió besándola con furor, ella gemía más fuerte, y el decidió bajarla y dejarla sentada en la orilla del lecho que los esperaba.

    Ana sintió como el poderoso amante la posaba con delicadeza sobre la cama, ella sonrió coqueta, estaba contenta y si dos horas antes alguien le hubiera dicho que en poco tiempo estaría en el hotel de enfrente de su trabajo en ropa interior y a punto de ser penetrada por un hombre de color seguramente le hubiera mentado la madre al que le hubiese sugerido tal locura.

    La enorme verga de Rod que permaneció de pie totalmente desnudo a la orilla de la cama, quedo a la altura de la cara de Ana, ahí estaba el miembro que había sentido recargarse contra su hendidura, estiro la mano, y la tomo, era ¡enorme! Los largos dedos de Ana apenas abarcaban el diámetro del poste que Rod tenía pegado en la entrepierna, sin pensarlo, y teniéndolo frente a ella, un enorme deseo de metérselo en la boca la llevo a desdibujar la hermosa y juguetona sonrisa, para abalanzarse sobre la tranca que la aguardaba, su boca era pequeña, y la verga del negro era inmensa cuando se metió el glande en la boca, muy poco pudo ir hacia adentro de su garganta, con apenas el enorme capullo el miembro de él abarcaba la cavidad bucal pero ella comenzó a lamerlo y succionar en la cabeza del falo y al parecer lo hacía bien porque el ronroneaba y gemía con las esmeradas atenciones de la anfitriona que mamaba con enorme gusto lo que él le presentaba.

    Rod aprovecho el éxtasis en que Ana estaba chupando profusamente su miembro viril y acariciando con ambas manos su escroto, para bajar los tirantes del albo sujetador y desabrochar la delicada mariposa al frente del mismo, liberando las tetas de bellos pezones café claro y totalmente duros, amaso ambos con sus manos, y aunque eran de considerables dimensiones estos se eclipsaban ante las manos del hombre, que acariciaba con la palma de la mano ambos pechos enviando sensaciones muy placenteras a la mujer que como hipnotizada continuaba chupando la cabeza del falo enhiesto y duro que ya deseaba tener dentro de ella.

    Una mano de Ana copaba las enormes pelotas del hombre, y su pequeña boca se llenaba de carne que succionaba con gran gusto, Ana bebía cada gota del líquido seminal que brotaba de la punta del falo y los gruñidos de él le indicaban que estaba en el camino correcto, el contraste de los colores de piel, y las dimensiones corporales de los dos eran llamativas y extrañas, él era enorme, masivo, y ella delicada y frágil, Rod tomo la cabeza de Ana con ambas manos y empujo sus caderas para adelante metiendo más el pene en la pequeña boca de Ana, la cabeza del miembro llenaba por completo la boca de la mujer, tenía pene en el paladar, llenando ambas mejillas, y la punta hacia contacto con la campanilla en la parte posterior de su garganta, sintió arcadas y quiso sacudirse del agarra de ambas manos en su cabeza, pero él no cedió y empujo un poco más, a ella le faltó el aire, sentía que se ahogaba, pero al mismo tiempo tenía una sensación de ser poseída, de que el la controlaba, que ella estaba sometida a ese extraño para solo su placer y se sentía extrañamente excitada, uso sus manos apoyándolas en los generosos muslos del negro para empujar y liberarse del enorme pene que rebosaba en su boca, Ana tosió y jalo aire desesperadamente por la boca, era demasiada verga, y aunque estaba encantada, un poco más y se hubiera desmayado por la falta de aire.

    Se sintió totalmente vulnerable, débil, él sonrió y mostro esos bellos dientes blancos, y entendió que las ves se había sobrepasado un poco con la anfitriona del restaurante, le tendió una mano y la incorporo para ayudarla a limpiar el hilillo de saliva que resbalaba por las comisuras de sus agrietados labios tras estirarlos al máximo para poder contener su enorme vara en la boca, el flexiono sus piernas un poco, tomó las bragas blancas de Ana por los lados, y continuó descendiendo, al tiempo que bajaba los calzoncitos de ella, usaba su boca y lengua para besar y lamer desde el vientre, pasando por la raya de tenue vello púbico de ella en forma de I sobre su pequeña labia exterior, cuando la prenda estuvo a la altura de los tobillos de ella, la lengua fuerte y larga de él estaba situada en la parte superior de sus labios vaginales, extendió la lengua, y la punta se introdujo en la cavidad, busco el clítoris de Ana que dejo escapar varios gemidos fuertes, dejándole saber que estaba lamiéndola en donde a ella le gustaba, ella separó las piernas así, de pie, y él todavía doblado, procedió a arrodillarse frente a ella que ya no tenía puesta ninguna prenda, empujó a la mujer levemente y ella sintió la orilla de la cama en sus muslos, descendió en ella, se sentó, con el hombre siguiéndola desde sus rodillas, se sentó en el lecho y él sujetó sus tobillos abriéndole las larguísimas piernas de par en par, procedió a lamer los tobillos, después las afiladas pantorrillas, posó su lengua detrás de las rodillas, lamió los larguísimos muslos, y entró hasta el centro de las mismas, donde Ana rezumaba enormes cantidades de líquidos lubricando la entrada de su vagina y mojando su ano.

    Ella no recordaba haber estado tan mojada antes en su vida, sentía un poco de vergüenza, parecía que estaba orinando, la cantidad de líquido hacia brillar sus labios vaginales, y mojaba la parte interior de sus muslos, el ataco sin piedad con la lengua el órgano sexual de la hembra que se retorció de placer al sentir como le lengua no había ido por su clítoris, sino semejando un pene, se había introducido casi completamente en su vagina, el siguió con sus embates linguales entrando y saliendo del orificio de Ana, en algún momento y cuando parecía que ella acabaría con un orgasmo así, el retiro la lengua de la cavidad y bajo hacia el ano de ella, y procedió a hacer lo mismo, la penetro analmente con la lengua y empezó un furioso mete y saca que hizo que ella perdiera el control. Ana estalló en un tremendo orgasmo que inclusive la hizo expulsar un líquido blanquecino por la uretra, ¿se habría orinado? No, simplemente tuvo un orgasmo con eyaculación femenina por primera vez en toda su vida mojando con ese líquido la cara del hombre que sonreía abiertamente al ver que había hecho algo que tal vez, esa mujer nunca había experimentado antes.

    Ella se acurrucó en la cama, se arrastró un poco más hacia adentro del lecho para reposar un poco después de las tremendas sensaciones vividas, sentía electricidad por todo el cuerpo, su vagina y ano se contraían rítmicamente fuera de control, sus piernas se acalambraban un poco, ¡y todavía faltaba que la penetrara con su inmenso pene!

    Él la siguió como lobo en celo, no la dejaría bajar de la nube, se acostó de frente a ella que en posición fetal reposaba del explosivo orgasmo, tomó uno de sus pies y lamió sus dedos, los delicados pies de ella eran bañados por él, al tiempo de que le acariciaba los muslos, y la hacía temblar, siguió arrastrándose hacia arriba, tomó las rodillas de Ana y las separó, volvió a abrirla de par en par viendo su enrojecida vulva, y se metió con el torso primero y las piernas después ubicándose para la gran penetración, Ana relajó su cuerpo y se preparó mentalmente, sin perder de vista la herramienta grande y tiesa del moreno que ahora quería estar dentro de la mujer mexicana que le había llamado la atención desde que la vio en el restaurante tres o cuatro horas antes, ahora, esa misma mujer, tan elegante, estaba debajo de su cuerpo, bajando de la nube de un poderoso orgasmo, y abriendo las piernas desmesuradamente y deseando que él se la metiera toda de un solo golpe.

    Rod puso la gruesa cabeza de su glande en la apretada entrada de Ana, empujó levemente contra la piel rosa y mojada del sexo de la mujer, un gemido ahogado salió de la boca de Ana, el enorme bulbo estaba a la mitad de su abertura y ella ya lo sentía enorme, Rod bajo la cadera, apretó un poco más y el glande entro abriendo la labia, la cabeza estaba dentro, faltaba el resto, Ana se mordió el labio inferior, era un dulce sufrimiento, él dejo caer el peso de su cuerpo y se fue hasta la mitad dentro de ella, ambos gimieron, la humedad de ella y su calidez eran deliciosas, mientras que la rigidez y poder de su falo abrían los pétalos íntimos de ella haciéndola gozar, bajó los brazos ubicándolos a la altura del torso de ella y balanceó su cuerpo aún más abajo, llegando hasta el fondo del sexo de Ana que gritó levemente, ¡la tenía toda adentro! Y estaba sintiéndola toda, él comenzó un movimiento circular y de entrar y salir hasta la mitad de la longitud de su pene, ella abrió más las piernas y comenzó a gemir más, él aceleró el ritmo, y ella se movió al unísono, ambos estaban perfectamente compenetrados en el sexo, y la experiencia estaba siendo maravillosa.

    El mete y saca frenético continuo en el clásico misionero, él la besaba y ella usaba sus brazos para tocar los musculosos bíceps, y recorría con sus uñas la longitud de su espalda, apretaba la cadera de él cuándo el cuerpo masculino estaba en la parte baja de la penetración, fue en una de esas, cuando él estaba profundamente dentro de Ana que él cerró los brazos y apretó a la mujer contra su pecho y sin sacar su verga de ella, giró hacia su costado levantando a Ana, la volteó completamente y era ella quien ahora estaba sobre él, de estar acostada frente a él, y besando sus gruesos labios.

    Ana procedió a sentarse sobre su pene, y a tomar el control de la penetración, él se dejaba querer, y con ella sentada frente a él, aprovechó para masajear los grandes senos de la delgada mujer, que estaba frenéticamente cabalgando al macho que la poseía completamente, echó la cabeza para atrás y cerró sus ojos, pensó en sus primas, con quienes constantemente conversaba y comentaba sobre la vida sexual de cada una ‘si vieran que clase de negro me estoy cogiendo, ¡todas me lo envidiarían!’. Su escaso pelo púbico y su clítoris estaban en pleno contacto con el pubis de él, y su duro palo estaba clavado profundamente en ella, quien hacia un movimiento circular al tiempo de que no dejaba escapar un centímetro del miembro masculino que la estaba volviendo loca.

    El ritmo de Ana tenía loco al afroamericano, quien en ese momento era un simple dildo estático enterrado a fondo en la hambrienta vulva de la anfitriona del restaurante, ella siguió su cabalgata y en un momento volvió a sentir las descargas eléctricas del orgasmo que comenzaba a gestarse poderosamente en su vagina, y clítoris. Bajó sus manos y las posó en los poderosos pectorales de él, quien mientras ella hacia sus movimientos pélvicos circulares inició un meter y sacar fuerte y constante, Ana se vino a gritos, él apretó sus duros pezones, y por poco estalla en un llanto de felicidad y plenitud cuando este orgasmo superaba en intensidad al que su amante ya le había dado con la lengua, cerró las piernas a los costados de él, y trató de alargar la sensación de su poderoso palo abriendo su vagina y el roce del vello de él sobre su clítoris, una vez más, el líquido blanquecino escapó de su cuerpo, mojando la verga y las bolas del varón que sonrió una vez más al ver como la mujer estaba en el séptimo cielo viniéndose sobre él y gritando desaforadamente.

    Ana se dejó caer de bruces sobre el cuerpo poderoso de Rod, quien acarició sus nalgas, y acaricio su espalda, ella ya había tenido dos poderosísimos orgasmos y él aun no concluía. Dejó que la mujer reposara a unos tres minutos en su torso, y la besó, siguió sus caricias, insertó su dedo índice en el ano de Ana, y acarició sus tetas con la otra mano.

    Tras cinco minutos de dedear la parte posterior de Ana, y acariciar su pecho y espalda, él se escurrió a un lado de ella, se incorporó y sobre sus rodillas, tomó las caderas de la hostess mexicana, poniéndola de perrito, y procedió a ubicar su pene en la entrada de su placentera vulva, ella le pidió que fuera gentil “la tienes muy grande, despacito, me va a lastimar en esta posición”, él asintió “lo haré despacio” afirmó, y empujó su falo dentro de Ana, comenzó con todo cuidado, despacio, centímetro a centímetro. Ana hacia bizcos y se mordía los labios, era ¡enorme! Y no había perdido nada de su dureza a pesar de que tenían fácilmente 40 minutos de sexo frenético. La penetró completamente, y comenzó a ir hacia adelante y atrás, primero un ritmo semi-lento, pero conforme avanzaba el frente de los muslos de él comenzó a golpear fuertemente contra la parte posterior de los muslos y nalgas de ella, y entre más tiempo pasaba él arremetía más fuerte y el golpeteo era ya doloroso para ella, pero al mismo tiempo increíblemente exquisito.

    Ella bajó la cabeza y el torso, dejando su parte posterior arriba, y su culo empinado para que él hiciera de ella lo que él quisiera, sus poderosos embates eran ahora acompañados de su enorme dedo pulgar hurgando dentro de su puerta trasera, su dedo era grueso, y su diámetro semejaba a otro pene por lo cual Ana estaba experimentando una doble penetración, cuando el ritmo era más fuerte él empezó a sacar su verga completamente y después la metía toda de regreso en su cuerpo, esa operación la realizó varias veces, hasta que en una de esas, su verga salió de la vagina y se incrustó de golpe en su ano, ella gritó, le dolió muchísimo, pero al sentir la estrechez del recto de ella, Rod no se retiró, siguió de frente mientras Ana gritaba de placer y dolor, su ano se distendió al máximo, y un hilillo muy breve de sangre apareció en torno a la arrugada piel del esfínter de la fémina.

    El negro continuó con su penetración y aceleró, estaba a punto de venirse, el culo de Ana era una delicia, la actitud sumisa de la mujer que había dejado de protestar era una recompensa, sus jadeos y gemidos una invitación a seguir, los gestos en la cara de ella y sus ojos en blanco parecían extraídos de una película porno. En una de las embestidas Rod se quedó hasta adentro, y comenzó a soltar su leche dentro de ella, el recto de Ana se llenó de esperma caliente, la venida era copiosa, el placer maravilloso, y cuando sintió los ríos de espeso líquido y su calidez dentro de su ano, ella se vino una vez más, gritando, mascullando toda clase de groserías e improperios y disfrutando de cómo ese descarado afroamericano la había convencido de ir a ese cuarto de hotel donde había sido estrenada en el arte del “squirting” (eyaculación femenina) y además usada analmente.

    Rod se dejó caer a un costado de Ana, ella se quedó así, boca abajo, con mucho esperma manando de su apretado culo, que, en ese momento estaba distendido y adolorido, pero que a la vez, la hacía sentir como una mujer a la que un amante había hecho intensamente feliz dejándola satisfecha con una sesión sexual de campeonato mundial.

    —Eres una puta deliciosa sabía que vendrías a abrirme las piernas putita —le dijo Rod con una esa sonrisa de dientes blancos inmaculados y una socarronería que en vez de resultar ofensiva semejaban a la seguridad del niño que obtiene el capricho que había deseado.

    —No soy puta, pero me llamaste mucho la atención y no se ni porque estoy aquí —dijo Ana.

    —Estás aquí porque te gusta mucho la verga, lo vi en tus ojos, algo me decía que si te lo pedía, te acostarías conmigo, y aquí estás.

    Ella se sonrojó, sabía que cuando lo vio si se le había antojado estar con él íntimamente.

    Él se levantó de la cama y se dirigió al baño, ella se quedó acostada lateralmente, viendo hacia donde el hombre había desaparecido, su ano y su vagina palpitaban, el viscoso liquido seguía escurriendo de su recto, escuchó que el hombre había abierto la regadera para meterse a bañar. Ana se levantó, tomo sus pantaletas y limpió su coño con ellas, se puso la falda, el brassiere, la blusa y el saco y caminó rumbo a la puerta, no esperaría al hombre que la había hecho suya, tenía ganas de estar sola, de pensar ya que, a pesar de las deliciosas sensaciones y sexo de primera calidad que había vivido al acostarse con un hombre de color por primera vez (otra primera vez) sentía cierto dejo de culpa, y quería meditar sobre esta tremenda aventura sexual.

    Al dirigirse a su casa, salió del cuarto de hotel, cerró la puerta y caminó rumbo al elevador con una sonrisa en el rostro ¿le platicaré a mi hermana y mis primas de esto? Se preguntó…

  • Una lujuriosa y muy perra madura

    Una lujuriosa y muy perra madura

    Volviendo a mi casa a la 1 de la mañana, luego de ver a unos amigos caminando dentro de la estación del metro, observé a una mujer de cabello negro, liso y largo y de andar muy elegante y llamativo. Vestía traje verde oscuro de chaqueta y pantalón ajustado en las caderas y en la parte superior de los muslos. Me hizo pensar en piernas muy torneadas. No podía observar su cara, su edad o el resto de su cuerpo, ya que ella caminaba a un costado, pero bastante por delante de mí. Ya en el andén a unos dos metros de distancia, aguardábamos la llegada del metro. Ella notó por el rabillo del ojo que la observaba, pero no se inmutó.

    Nos tocaron asientos casi enfrentados y en diagonal. El viaje a destino era algo largo, por lo que la mayoría de los pasajeros optamos por leer; ella no lo haría. Abrí mi libro e intenté leer, más no podía concentrarme en la lectura; deseaba descubrir algo en ella, mirarla, observarla y así lo hice. Ella no me miraba. En su rostro llamaban la atención sus ojos verdes oscuros y su piel muy tostada por el sol, no era ni fea ni bonita. Sus manos si eran esbeltas, sin ningún anillo aunque el dedo anular izquierdo mostraba una línea muy pálida, resultado de haber alojada allí una anillo de matrimonio, hasta no hace muy poco tiempo.

    Continué observándola de abajo hacia arriba, notando bellos tobillos, lo ajustado del pantalón en su entrepierna, una cintura no delgada, pero sin excedentes. Por la abertura de su chaqueta mostraba sus buenas tetas, aunque de piel algo floja, que aflorando del gran escote de su blusa, no dejaba duda alguna que no llevaba sostén. Su delgado cuello y sus gruesos labios, también de piel algo floja hablaban de tener unos 25 años más que yo, por lo que andaría en los 55 /60 años. A pesar de su edad eran notorias dos cosas: que estaba muy buena y que le gustaba mucho, gustar.

    Llevaba las piernas ligeramente abiertas, dejando ver como una pequeña braga atrapada allí debajo, se le metía dentro, marcando dos interesantes montes. Al sentirse observada y analizada se sintió algo incómoda por lo que cerró delicadamente sus piernas. Disimulé unos minutos y volví a enfocarme en su pecho, También lo notó y cuando miré fijo a sus ojos, intentó cerrarse la chaqueta, pero esta volvió a abrirse al segundo. De nuevo me miró impasible; hice una sonrisa y un gesto como diciendo  «jejeje, no se pueden ocultar»

    Reaccionó inmutable, como ignorándome, levantando imperceptiblemente la mirada. Me dediqué nuevamente a la lectura; al paso de unos diez minutos de leer sin saber si era mi imaginación o no, me sentí observado. Levanté la vista en forma abrupta descubriendo que sí, que me estaba analizando; reaccionó nuevamente en forma intelectual sin gesto alguno desviando la mirada levemente hacia un costado, sin hacer el más mínimo movimiento de músculo alguno de su rostro, pero la rigidez de su mirada clavada en el aire a mi lado, me permitió ver detenida y claramente un especial y destellante brillo en sus ojos. Era obvio que algo que le producía alguna sensación especial, estaba pasando por su mente.

    Dos paradas después (a mí me faltaban tres paradas más) se levantó casi toda la gente de sus asientos, inclusive ella. Instintivamente me paré y me coloqué por detrás, a su espalda, casi respirándole encima. Pude sentir el aroma leve de perfume y un suave y exquisito aroma corporal. Mi pensamiento instintivamente afloró en voz clara y pausada; susurrándole al oído:

    —Voy a seguirte hasta tu casa para disfrutarte y que me disfrutes.

    Pareció no inmutarse durante un segundo, pero su cuerpo reaccionó arqueándose brusco y mínimamente hacia adelante y girando casi imperceptible su rostro hacia atrás. Bajó del metro con un andar constante y muy seguro de sí misma, ni apresurado ni lento, con el mismo andar sensual de antes.

    Al salir de la boca del metro y unos veinte metros más adelante giró un poco su cabeza hacia atrás. No supe que pensó, ni si se sentía molesta, lo cual no sería de extrañar por la situación. Mantuvo el mismo andar casi distraído, continuo y sin pausa. Caminamos alrededor de tres o cuatro minutos por una calle lateral desierta, muy limpia y poco iluminada a unos tres metros de distancia. A mitad de manzana la acera se adentraba unos metros hacia el interior, formando el ingreso hacia un gran parque propiedad de condominios, franqueado por una gran reja de hierro con un gran techo cobertizo. Faltando un metro y a un costado del gran portón de ingreso se detuvo; agachó su cabeza en busca de algo dentro de su bolso. Este parate provocó al continuar mis pasos, quedar nuevamente por detrás, a su espalda y casi pegado a ella. La cercanía me permitió observar que había extraído de su bolso un spray de autodefensa. Instintivamente le dije lo que pasaba por mi mente:

    —Voy a respirarte, saborearte… morderte…

    Su cuerpo reaccionó con un nuevo y apenas más pronunciado arqueo de tórax hacia adelante y su cabeza hacia atrás, acompañado por un estrechamiento de hombros. Respiró profundo; exhaló el aire; bajó su mano hacia el bolso abriéndola despacio y dejando caer el spray dentro y sin volverse hacia mí, dijo:

    —Lo sé, puedo respirar y sentir tu química.

    Seguido a sus palabras su cuerpo volvió con un nuevo sacudón a estremecerse más notoriamente. Sacó un manojo de llaves de su bolso por unos cinco segundos y volvió a soltarlo en su interior. Corrí el largo cabello hacia un lado acercándome a la base de su oreja y su cuello por debajo de la nuca;

    Crucé uno de sus brazos por el flanco derecho de ella y dirigí una de sus manos ascendiendo su abdomen hasta posarla sobre sus pechos. Mi otro brazo cruzó el flanco opuesto descendiendo su vientre, presionando levemente y alojándolo en el de ella, realizando también una presión ascendente y descendente; se notaría en el acto que la femenina humedad genital se hacía presente. Le dije orgullosamente sensual, sintiéndome sabedor y dando «por hecho el futuro»:

    —Quieras o no estaré dentro de ti.

    Acercó más su boca al cuello depositando en firme sus labios y luego los dientes y presionó su sexualidad sobre los femeninos glúteos.

    En segundos, ella sintió que se chorreaba en humedad y su cuerpo fluctuaba en sensaciones jamás experimentadas. Minutos después, mientras continuaba estimulándola de la misma manera en toda su femineidad y sin abandonar su cuello, ella se colmó de espasmos y ardientes jadeos.

    Yo, jactándome verídico y orgulloso, sentencié:

    —Si antes de la madrugada me aceptas como tu dueño, te daré por una eternidad el placer más increíble, más si así no lo haces; esta será tu ultima vez de goce.

    Ella dudó unos segundos confundida por mis palabras y por el jamás experimentado o que aún no concluía. Acto después el sentido comenzó a abandonarla, dando extrema flojedad a todos sus músculos… yo me retiraba…

    En medio de esa extraña, cálida y extasiante noche, ella pensando y meditando las últimas palabras del lujurioso desconocido se aflojó por completo, quedando colgada por sus axilas trabadas en los horizontales del enrejado. No pudiendo evitar que su cabeza cayera floja hacia atrás y hacia un costado, su mente corrió una diabólica carrera entre la duda y la pasión y contra el amanecer, según las palabras que le había pronunciado.

    Su cuello, donde había actuado mi amenaza y por donde comencé a poseerla quedaba al descubierto mostrando restos de sangre que coagulaban lentamente.

    Corrí el largo cabello hacia un lado llevando la boca al costado de su cuello por debajo de su nuca, mordisqueándola y saboreando su piel. Eché atrás su chaqueta, dejándola a mitad de camino, sin quitársela y trabando sus brazos con ella. Me fue muy fácil así, bajar los tiradores de su blusa alojándola por debajo de sus tetas; liberándolas fácil al no llevar sostén. Se las masajeé lento pero con fuerza y destreza; a continuación mi otra mano aflojaba el broche de su pantalón, dirigiendo los dedos sin pausa a su húmeda chucha.

    Ella echó su espalda hacia delante y su cadera hacia atrás fregándose con entusiasmo contra mi masculino bulto, endureciéndome el nabo enseguida. Sus brazos atrapados no le impidieron liberarlo de la cremallera. Le bajé un poco más el pantalón haciendo a un lado la delgada tanga, frotándole la cabeza de la herramienta haciendo círculos por sus glúteos; también hacia arriba y abajo en toda su raja.

    La mujer comenzó a decir:

    —Vivo aquí, me conocen, no me gustaría que mis vecinos…

    No pudo terminar de decirlo al sentir como la caliente y dura verga se le metía, penetrando su almeja. Reaccionó con entusiasmo y premura, echando su culo hacia atrás, logrando de esta manera que el térmico falo se le clavara hasta el fondo. Los movimientos de ambos se hicieron vigorosos y constantes.

    —¡No abandones mi cuello! —Dijo ella.

    Él estuvo de acuerdo mordiéndola, como respuesta, muy duramente y por sobre el omoplato sin soltarla. Ella se prendió firme a los hierros verticales de la reja, quedando su rostro encajado y casi atrapado por los mismos hierros. La situación en si los tenía a ambos en excitación sobremanera. Ella agregó:

    —subamos, mi casa es en el 1ª «A».

    Yo, más lascivo, tenía en mi mente una idea distinta a la de ella, mi intención era premeditada, de dejarla con las ganas. Le respondí secamente:

    —¡Hoy no!… ¡Mañana!… Mañana será para ti.

    Arremetiéndole y embistiéndole con toda su fuerza, para en pocos segundos llenar su concha de leche. Sabía que aunque ella, quedándose con las ganas, continuaría gustosa de volver a verme. Apenas acabé de depositarle mi jugo, acomodé mis ropas.

    Diciéndole con todo convencimiento nuevamente:

    —Mañana vendré a tu casa a las 23,00 h ¡Y debes estar preparada y cachonda a mi llegada!

    Sabiendo exactamente lo que hacía y lo que haría en tiempos a venir; me fui de improviso dejándola ambiguamente conmocionada, caliente, colgada de la reja y a medio vestir.

    De intención pura y premeditada llegué 40 minutos tarde. Llamé a su timbre. Nadie respondió aunque el portal de hierro franqueó mi entrada. Subí las escaleras hasta el primer piso, la puerta del apartamento se encontraba entreabierta dejando entrever luces tenues en su interior.

    Al traspasar la puerta de ingreso al departamento, había un separador de esterillas que permitía ver el interior de la sala a través de las pequeñas hendijas de las esterillas. Pudiendo ver así que se hallaba ya iniciada en la labor. Vestía una corbata negra anudada en su cuello, un arnés pectoral que dejaba a total descubierto sus tetas sosteniéndoselas y realzándoselas por debajo, botas cortas al tobillo color amarillo y medias de red de amplio calado también del mismo amarillo fuerte que trepaban hasta casi su almeja.

    Lograba con esa vestimenta un contraste muy extremo junto al color marrón de su bronceada piel. Se encontraba recostada sobre un sofá de tela leopardo. En sus muñecas llevaba grilletes/esposas separados cerrados sobre ellas, indicando claramente su entusiasmo de ser amarrada o sujetada. Se encontraba masturbándose el culo con una polla de goma y acariciándose su clítoris con los dedos. Franqueé el biombo de esterillas. Al verme exclamó:

    —Ven aquí y déjame agrandar tu barra de carne!!!

    Ella me increpó con voz firme, sin enojo y entusiasta:

    —¡hijo de puta! ¡Me has dejado caliente, con las ganas y en pelotas en plena calle a la vista de cualquier vecino!…

    Ella estaba terriblemente excitada y atraída por la actitud animal del desconocido. Dijo:

    —hace más de media hora que debías estar aqui!!! He tenido que comenzar sola.

    Recostándome sobre el quicio de la puerta le dije:

    —¡Deléitame un poco más con tu imaginación!

    Continuó masturbándose al igual que cuando ingresé. Sonrió pícaramente. Aguardé unos minutos observando su show, descubriendo en su piel casi su verdadera edad… tendría alrededor de 58/62 años. Un frasco casi vacío de vitamina E ubicado sobre la pequeña mesas a su lado también hablaba de ello por sí solo. Al ver mi observación, atinó…

    —Si, a mi edad, hace falta, lo he estado tomando desde la mañana.

    Me acerqué. Sin quitarse el nabo de goma del culo, metió sus manos en mi cinto, mi cremallera y por supuesto, sobre mi verga, acariciándola, y lamiéndola palmo a palmo, sin dejar de masajearme los huevos hasta lograr un buen tamaño. Acompañó su mamada durante todo ese lapso fregando su pelvis con movimientos sin pausa hacia adelante y hacia atrás a fin que el nabo de goma siguiera estimulando además de su culo, a su coño.

    ¡Qué espectáculo! ver a esta «madura» en actitud tan activa.

    —¡Me gustas! —dije— ¡Eres una madura muy perversa y muy perra… eres una exquisita puta de mierda!

    Me miró fijo a los ojos asegurándose que yo viera claramente la lujuria sus pensamientos perversos en los suyos y además, de su satisfacción dándome una chupada profunda y vigorosa en la cabeza de mi nabo y estirando bruscamente mis bolas hacia atrás logrando un estiramiento al límite de la piel de mi herramienta. Realmente me excitaba mucho su actitud.

    —¡Muchachito, vas a metérmela en todos lados!

    —Seguramente que si —respondí.

    Empujé sus hombros hacia atrás, obligándola a recostarse sobre el respaldo del sofá, me agaché lamiendo por dentro sus piernas ascendiendo por sus pantorrillas y muslos deteniendo en su almeja íntegramente recién depilada. Al tiempo que me las arreglaba para quitarme la ropa.

    Poco hizo falta que la chupara para que emergiera al máximo su clítoris del escondite; sonrió de placer. Continúe entrando y sacando el estimulador de su culo mientras con mi otra mano sobaba su vulva y mi lengua continuaba en su clítoris. Sus gemidos se acrecentaron; traspiraba un mar. Llegaron los jadeos entrecortados. Elevó sus manos a sus tetas llevándoselas a la boca y mordisqueándose y chupándose con intensidad sus pezones. No pudo hacerlo por mucho tiempo. Mantuve mi lengua y labios con fuerte presión sobre su ardiente botón. Su orgasmo llegó junto con sus convulsiones y sus uñas clavándose en mi espalda. Mientras, un profundo grito de saciedad, semi ahogado entre sus dientes mordiéndose los pezones; y sus muslos cerrándose y apretándose férreo sobre mi cabeza.

    Sin esperar nada, y juntando sus brazos en su espalda, cerré las esposas sobre sus muñecas. Parándome a ahorcadillas detrás de ella y tomándome de sus muñecas, la penetré con dureza alternativamente en su agrandado culo y su mojadísimo coño durante 15 minutos. No tardó mucho en repetir un acelerado orgasmo llenando mi verga con toda la humedad de sus dos agujeros. Mis bolas pegándose a la base de la verga a punto de reventarse, no me darían mucho más tiempo para continuar tal cabalgata. Mi cuerpo endurecido abruptamente delató mi situación.

    La lasciva desconocida rápidamente se las ingenió para girar y atrapar nuevamente mi verga en su boca chupando y mordiendo desaforadamente, extrayendo toda mi leche, lamiéndose la que quedaba en la comisura de sus labios, mostrándome triunfal, todo el contenido en su boca formando hilos pegajosos entre la lengua y el paladar, antes de tragárselos con enorme gula… Me dejé desplomar sobre ella arrastrándola en mi caída a quedar por debajo de mí en el suelo. Una vez recobrado el aliento me vestí. Al alejarme muy complacido y silencioso, ella preguntaba si volvería mañana?

    Sonriente y silencioso me retiré dejándola… dando por hecho que ella sabría que era de las llaves de los grilletes aun atrapando sus muñecas a su espalda.

  • Con mi amigo Buga (I): La primera fantasía

    Con mi amigo Buga (I): La primera fantasía

    A decir verdad, nunca imaginé que sucediera nada con J (por obvias razones no colocaré su nombre real). Él fue de los primeros amigos a los que les conté que era gay. Y en un inicio solo lo veía como un amigo más, hoy en día no recuerdo exactamente en qué momento me empezó a parecer atractivo. No nos describiré a ninguno de los dos para que tu lector fantasees con ambos como mejor te parezca.

    Yo soy P. y tengo 34 años, mi primera fantasía con J sucedió hace aproximadamente 4 años, por allá de 2016. Ambos habíamos salido de la universidad en 2012 y durante la carrera nos habíamos hecho muy buenos amigos desde el primer momento, íbamos a echar chelas juntos, hacíamos todos los trabajos en equipo junto con un chavo que por aquel entonces era mi novio a quien le pondremos Ch. Para 2006 ya éramos todos unos profesionistas y compartíamos espacio de trabajo y gracias a él entre a trabajar a la misma oficina que él.

    La primera fantasía sucedió así, teníamos vacaciones del trabajo por lo que nos la pasábamos metidos en la casa del otro. Ese día yo estaba en su casa y estábamos mirando una película para que diera tiempo de irnos a echar relajo con unos amigos, también de la Uni, terminamos de ver la película y me dijo -pareja-siempre me decía así recordando al típico llamado por radio de los policías- me voy a bañar ahí ve lo que quieras- y dicho esto me aventó el control. Yo me puse a hacer zapping en la tele mientras él se cambiaba de reojo pude ver como se sacaba la playera y los pantalones, dejando a la vista un bóxer color blanco bastante ajustado, (nunca imaginé que ese bóxer, sería el desencadenante de una serie de aventuras con J.) en ese momento no le di mayor importancia pues era mi amigo y sabía que era buga y por lo tanto no lo veía con ojos de morbo, J, se enredó una toalla a la cintura y por debajo de ella se quitó los bóxer que fueron a parar a un pila de ropa sucia y sin decir más palabra se dirigió al baño cerrando la puerta de su cuarto.

    Un poco aburrido deje la tele en cualquier canal y me puse a ver videos porno en el celular, por cosas del destino, llegue a un video donde un chavo olía la ropa interior de su amigo y se hacia la paja hasta venirse. En aquel momento algo se despertó dentro de mi y me imaginé haciendo lo mismo con la ropa de mi amigo, de solo pensarlo mi pija dio un salto dentro del pantalón, en cuanto escuche que se prendió la regadera, me puse de pie casi de manera automática y me dirigí al montón de ropa sucia que J, se acababa de quitar, encima de todo estaba ese bóxer blanco, lo tome con sumo cuidado tratando de recordar exactamente cómo estaba para no evidenciar lo que estaba a punto de suceder, y así de cuclillas lleve su bóxer a mi nariz e inmediatamente percibí su aroma, una aroma bastante fuerte de sudor de usar el bóxer todo el día y de haber hecho ejercicio con él en la mañana.

    Justo donde había descansado su pija había una pequeña gota que por el aroma supuse que era la típica gota de pipi que a veces queda por no sacudirnos de manera correcta, me levanté del piso y me fui a acostar a su cama, y sin perder el sonido del agua que caía en el baño para no ser descubierto, empecé a disfrutar más de aquella aroma tan deliciosa que había dejado en su prenda, en ese momento no tenía idea de que más adelante podría oler ese aroma directo de la fuente. Instintivamente llevé una mano a mi entrepierna y empecé a acariciar sobre el pantalón mi pija que ya estaba dura, mientras que con mi otra mano rozaba su calzón por todas partes de mi cara. Cada vez me sentía más caliente y cuando estaba a punto de bajarme el pantalón para tocarme directamente, escuche como se cerraba la llave de agua, lo cual me hizo salir de mi calentura rápidamente pero mi erección no disminuía y coloque su bóxer en la ropa sucia tal y como estaban y puse un canal en la televisión y me tape con su colcha simulando que tenía frio.

    Hasta aquí llega esta primera fantasía, en el siguiente relato les contare de una segunda fantasía con él.

  • Fui una sugar baby

    Fui una sugar baby

    Dicen que cuando un padre se va de casa, las chicas buscan en sus parejas las figuras paternales que no tuvieron, razón por la cual les atraen los maduros. Sí, mi papá se fue siendo muy pequeña, así que puedo confirmar en cierto punto esa teoría.

    Mi mamá tuvo que cuidarme sola y sin mucha ayuda, fue sobreprotegida e inculcada con la idea de que siempre debía ser una niña buena. Les diré un secreto, mientras más le digas eso a una chica, más cosas prohibidas querrá hacer. Que fue justo lo que hice.

    Siempre les cuento historias que creo con mi pervertida imaginación, hoy por primera vez sabrán de algo real sobre mí.

    Soy de clase media y aunque siempre he tenido lo necesario, claro que hay cosas que quiero, pero no estoy con la mejor economía para tenerlo. Cosas simples como un helado y una hamburguesa el mismo día no eran cosas que yo pudiera tener cuando quería. Entonces, conocí el mundo de los sugar daddys y las sugar babys. Eso lo cambio todo.

    Hasta enero del presente año (2020) yo era virgen, y el miedo de dejar de serlo con algún hombre que me contactara estaba ahí, pero luego de investigar entendí que el sexo no era obligatorio; un buen detalle, pero no algo indispensable en eso.

    Cuando por fin conocí a alguien y acordamos reunirnos, no mentiré, tenía miedo pero sabía que luego valdría la pena al tener dinero por mi propia cuenta. Fue a verlo saliendo de la universidad, hablamos un poco y luego me subí a su auto para ir a su casa. La plática continuo hasta que él me dijo que quería tener sexo conmigo. Había ido decidida a no intimar con él, pero el dinero estaba tan cerca de estar en mis manos. Estaba confundida y no tenía tiempo para pensar.

    Olvidé decirles algo, él tenía 38 años y yo 19 en ese entonces. Soy bajita, mido 1.56, soy pálida, castaña con mechas rubias, delgada, no tengo mucho trasero, pero si buenas caderas y tetas. Realmente soy una persona tímida, pero de mente muy abierta y morbosa.

    Nos besamos y, en realidad nunca había besado de lengua, fue algo humillante no saber hacerlo bien. Él me indicó que me quería hincada sobre él en su regazo. Me tomó de las caderas y sin dejar de besarnos sentía como por encima de mi pantalón simulaba embestidas; me era imposible no gemir en medio de los besos.

    Me quité la blusa y empezó a sobar y a apretar mis pechos. Aun sobre mi brasier deportivo empezó a chuparlos, luego lo retiró y sentí un gran placer al ver y sentir como lamia y mordía mis pezones. Me dijo un poco desesperado que me quitara el pantalón y lo siguiera a su habitación. Aún tenía miedo, pero tenía tanta curiosidad también.

    Él me quitó el calzón y yo me saqué el brasier, se puso sobre mí y siguió besándome mientras yo aún como virgen no sabía qué hacer con mis manos y mis piernas. Fue bajando hasta chupar y morder mi cuello, mi pecho y mis tetas, algo que siempre disfrutaba era que jugara con mis tetas. Me preguntó si podía lamer mi coño, yo estaba roja de vergüenza, pero igual asentí. Al sentir su lengua en mi parte intima mis gemidos se agudizaron hasta parecer los de un gatito, jajá. Así describo mis gemidos. Arqueé mi espalda y cerré mis ojos para dejarme llevar un poco más.

    Estaba cumpliendo en parte una de mis fantasías: coger con alguien mayor. Él no me penetró ese día, pero si frotó su verga contra mi cosita y mi clítoris. También se vino afuera y en cuanto hizo eso caí rendida en su cama y con la cara hundida en una de sus almohadas. Aún tenía mi himen, pero no podía dejar de pensar que era una pequeña puta por haber hecho eso.

    Él me agradeció y me dijo que desde hacía meses no tenía “sexo”. Me dejó quedarme así un poco antes de que volviera a vestirme y él me pagara mil pesos. Acordamos vernos dos veces a la semana, y luego me consiguió un Uber que me llevaría a casa.

    Debo admitir que esa “primera vez” me da algo de pena, pues era una inexperta contra un hombre que ya tenía hijos. Era una novata en más de un sentido. Lo gracioso es que, en mi inocencia y timidez no podía dejar de decirle entre gemidos y sus frotes en mi vagina “Creo que esto está muy cerca de ser… tener sexo” ya que yo había dicho que no quería hacerlo aún y él estuvo de acuerdo.

    Fue un relato corto y sin muchos detalles, lo siento por eso. Pero tenía ganas de contarles una auténtica experiencia mía. Y por si se lo preguntan, no, ya no soy su sugar baby y en mi siguiente visita sí que me penetró.

    Besos.

  • Dos veces derrotado (Parte 2)

    Dos veces derrotado (Parte 2)

    Después de ese tremendo día mi novio cayó en depresión por un par de días, pues a pesar de que no era su primera derrota,  pero sí la más dolorosa por haber tenido la gran oportunidad de pasar a otro nivel, también porque sintió que realmente el triunfo lo tuvo y en un ataque final de su rival lo derribó de tal manera que fue presa fácil y recibió un castigo despiadado en el colchón de lucha por parte de su amigo y rival esa mañana, que definitivamente tuvo que aplicarse de esa manera tan intensa porque sabía que por puntaje estaba perdido por eso en realidad cuando lo tuvo a mi novio a su merced en el colchón, simplemente le aplicó una llave tan dolorosa que hizo que mi novio se rindiera.

    Pasaron los días y la amistad de nosotros cuatro, de las dos parejas de novios que éramos, continuó siendo muy alegre y de mucha comunicación entre los cuatro. Sin embargo aquella confesión de mi amiga respecto al «tamaño del pene» de su novio me daba muchas vueltas en la cabeza y en verdad me excitaba mucho imaginar cómo le hacía el amor a mi amiga haciéndola gozar tanto y escuchar sus gritos cuando lo hacíamos cada pareja en su habitación, pero solo separadas por un muro, me excitaba mucho.

    Pero el gran día se dio una noche en que mis papás salieron fuera de la cuidad y me dejaron sola en casa por tener todavía clases y que hacía imposible acompañarlos. Mi mamá sabía que yo mantenía una vida sexual activa con mi novio y al despedirse de mí sin que se diera cuenta mi papá me dijo:

    -Hijita, sé que no vas a perder la oportunidad de que tu novio se pase la noche contigo y que la libertad que te da el dispositivo hace que ese muchacho te coja a cada rato, pero que el amor no se les acabe, prueba muchas posiciones para que no se aburran o no lo hagan tanto, en fin cuídate mucho amor.

    Ambas sonreímos y le prometí hacerle caso, aunque no imaginaba lo que iba a suceder precisamente esa noche…

    Nos reunimos como tantas veces los cuatro, platicamos, bailamos y terminamos los cuatro sentados en el platicando de todo, pero llegó el momento en que casi sin pensarlo nosotras estábamos sentadas en las piernas de nuestros novios besándonos apasionadamente y tanto mi amiga como yo llevábamos esa noche, pensando en lo que podría pasar, el vestido más cortito de todo nuestro guardarropa y dejando que nuestras piernas desnudas y ya desalojadas de nuestras sandalias éramos presa fácil de sus caricias.

    Entonces me levanté y tomé de la mano a mi novio y le dije a mi amiga que en ese momento interrumpió sus apasionadas caricias que su novio le daba y me preguntó:

    -¡Qué onda amiga! no me digas que se van a tu cuarto a hacer el amor y que nos dejan aquí en el sillón que me daría miedo «manchar» por los fluidos del amor que se nos ¡¡llegaran a escapar!!…

    Y entonces mirando a mi novio le dije:

    -Amiga mi cama es muy chica y ¡no cabemos los cuatro!…

    A lo que después de unos segundos mi amiga respondió:

    -Pero en la cama de tus papis ¡si cabemos!

    Y al escuchar esa propuesta mi novio y yo regresamos al sillón y nos sentamos junto a ellos y entonces quise confirmar para que todos opináramos que había querido decir con estar los cuatro ¡en la cama!

    Y pues sí después de muchas escapadas y aventuras con mucho sexo, pero siempre en habitaciones vecinas, cada quien con su pareja, que experimentar algo nuevo, siendo tan buenos amigos los cuatro, que esa posibilidad de estar juntos para hacer el amor era ¡excitante!

    Pero entonces vino la propuesta más atrevida de mi vida y mi amiga la hizo:

    -Los cuatro nos amamos y hoy nos podemos dar un gusto y probar algo muy íntimo los cuatro.

    Entonces yo muy nerviosa le pregunté:

    -A que te refieres amiga, porque yo estoy de acuerdo en que los cuatro nos queremos mucho.

    Entonces mi amiga lo soltó:

    -¿Han oído de las practicas swinger que se dan entre parejas que se tienen mucha confianza?

    Era una realidad que quizá en mis fantasías yo había deseado y que ahora mi amiga lo proponía y al voltear a ver a nuestros respectivos novios buscando su opinión, entonces se dio la magia, después de unos segundos, como asimilando la situación el novio de mi amiga dijo muy convencido:

    -Por mi gustoso creo se puede dar entre nosotros será una bella experiencia.

    Y entonces mi novio, quizá no muy convencido, pero quizá movido por el reto de su antiguo rival deportivo, simplemente moviendo su rostro dio su aceptación.

    Yo tratando de disimular mi emoción y nervios solo dije:

    -¡Va! ¡todos a la cama!

    Entonces subimos todos a la habitación, cambiamos las sabanas de mis papás por otras no tan importantes para retirarlas para evitar que nuestros fluidos nos pudieran revelar ante mis papas y entonces todo comenzó… nuestros respectivos novios se abalanzaron sobre nosotras y entre caricias y besos nos desnudamos y entonces nosotras tomamos la iniciativa y nos saboreamos cada una el pene de nuestras hasta entonces, nuestras parejas, pero comenzó lo inevitable…

    Al ver por primera vez totalmente desnudo al novio de mi amiga tuve ya ante mi ese pene que en verdad era ¡hermoso! y descomunalmente ¡enorme! Largo, pero sobre todo muy ancho de tal manera que mi amiga jadeaba, se ahogaba al tragarlo apenas a la mitad y él lo movía tan rico dentro de la boca de mi amiga que yo hacía esfuerzos por dejar de mirar, lo hacía de reojo sin distraer mi mirada de la de mi novio, pero a partir de ahí aunque me entregaba a mi novio realmente me emocionaba por el novio de mi amiga.

    Entonces después de que también sincronizadamente y sin pensarlo ellos se deleitaron con nuestras vaginas haciendo que ambas soltáramos gemidos y gritos excitantes pero llego un momento en que mi pie rozó el pene de mi amigo y sentir ese miembro tan rígido como un tubo me estremeció y fue justo cuando mi novio dejo de saborear mi clítoris para penetrarme de una manera tan tierna que aunque lo sentía rico me encendió el ver la manera en que mi amiga reflejaba el dolor que sentía al ser penetrada por ese descomunal miembro y como el ahogaba los gritos de mi amiga con sus besos.

    Yo tenía también a mi novio encima de mi totalmente penetrada por el pero aunque disfrutaba me confundía mucho al querer mirar a la pareja que tenía junto y que al estar tan cerca nuestros cuerpos, nuestros pies, nuestras piernas, en momentos nuestras caderas quedaban juntas y sentir esas pieles de mi amiga y de su novio me excitaban muchísimo.

    Y entonces cuando mi novio sintió que estaba en riesgo de terminar, se salió de mí y volteó a ver a mi amiga y sin decir palabra alguna vino el inevitable intercambio…

    Mi novio tomó a mi amiga y sin mayor preámbulo comenzó a penetrarla teniéndola de espaldas y yo simplemente estaba muy nerviosa pues el novio de mi amiga se colocó encima de mi cara a cara, abrió mis piernas se colocó en medio y a pesar de ya estar totalmente húmeda mi vagina por haber sido ocupada por el pene de mi novio, él tomó mi rostro entre sus manos, colocó su pecho velludo sobre mis pechos y entonces poco a poco, pero doliéndome muchísimo comencé a sentir como ese miembro tan enorme y tan deseado por mí me iba llenando totalmente como jamás había sentido jamás, su roce era muy intenso presionaba toda mi vagina tan excitante y seguía sintiendo como avanzaba dentro de mí, abriéndome por dentro como nunca había sentido.

    De manera instintiva sentí la necesidad de abrir más mis piernas buscando que mi cavidad vaginal se abriera más y permitir que todo ese descomunal pene entrara hasta el fondo. Me sentí llenísima y su dureza era riquísima me ¡llenaba toda!

    Finalmente solté un grito como nunca había dado al sentir que tocaba el fondo de mi vagina y entonces el hábilmente se detuvo en su intensa penetración y como si fueran los dedos de sus manos movía la punta de su pene en forma tal que solo presionaba sutilmente no sé la entrada de mi útero o un punto tan excitante que sentía que mis gritos se ahogaban en suspiros jadeantes, mi respiración era entrecortada, sentía como mi me obligaba a dar como mil suspiros a la vez y luego sentir mi vagina completamente llena, presionada sintiendo hasta muy pesado ese pene dentro de mi, pero explosivamente ¡¡¡riquísimo!!!

    Lo triste fue que yo realmente mientras sentía todo esto me desconecté totalmente del mundo y mi amiga después me contó que mi novio termino dentro de ella pero muy pronto y entonces ambos contemplaron lo que sentía pues mi rostro al principio reflejaba todo el dolor de esa penetración tan intensa para luego entre gritos, ahogados por la falta de respiración y que al sentir como «quemaba muy profundo desde el fondo de mi vagina» todo el «torrente» de semen con el que lleno mi vagina haciéndome sentir que chorreaba descomunalmente semen como nunca había sentido.

    Quedé exhausta, acabada y enormemente satisfecha recibiendo finalmente sus besos tan profundos e intensos que aun tan acabada como estaba me seguía excitando.

    Solo basta decir que cada pareja volvió a unirse con su respectivo novio y desnudos y extenuados ambas parejas amanecimos en la misma cama.

    Finalmente mi novio no soportó la experiencia y comprendió que su amigo lo volvía a derrotar al ver cómo me devoró en la cama y que sabiendo que había mucho amor entre los dos nunca pudo superar en su pensamiento, que su amigo era muy superior a él…

    Para mi el sexo solo lo había tenido por amor, pero a partir de esa noche, me convencí que un sexo intenso se puede experimentar solo por el deseo carnal y saciar un antojo sexual también da muchas satisfacciones, pero que al final sin amor queda un vacío…

    Terminamos nuestro noviazgo y mi amiga me confesó que había descubierto que le excitó mucho ver como su novio me daba tanto placer y que saber que me dolía como a ella y que después eran tantos orgasmos como los que ella sentía con él que no sentía celos de mí sino una nueva satisfacción sexual al compartirme con ella a su novio.

    Volvimos a repetir la experiencia en un fascinante trío.

  • Tere y yo en su casa

    Tere y yo en su casa

    Y aquí vamos con otro encuentro más con Tere, mi suegra me había llamado que le había comentado a Tere que tuviéramos otro encuentro a lo que Tere respondió que sí, pero lo que mi suegra no sabía es que ya había tenido uno con ella solo e iba por el segundo.

    Tere sabía que los sábados los usaba para ir a jugar fútbol con mis amigos ella me marcó casi a la misma hora que la vez pasada eran las 5:40 cuando yo me dirigía a “jugar fut”, Tere me dijo que nos viéramos en su casa que iba estar sola, yo llegue a su casa y ella salió con un short pegadito y una camisa de botones muy ajustada, me sorprendía al ver sus ricas tetas redonditas y muy blancas, la bese y entramos a la casa, nos dirigimos a la habitación principal ella me dijo desvístete ahorita regreso, yo me quité todo ella llego y me dijo:

    T: acuéstate

    Y: y ahora qué hará

    T: tú relájate y tenme confianza, abre los brazos

    A lo que yo me acosté y abrí los brazos ella sacó un lazo y me estaba atando las manos a la cabecera de su cama y yo sorprendido le dije:

    Y: qué va hacer

    T: esta vez yo tendré el control tú estarás amarrado a la cama en todo momento

    Para luego amarrarme los pies también.

    Ya que me amarró se alejó y se metió al baño, ella salió yo solo podía levantar mi cabeza y mirar, miré que venía con un brasier rojo, una tanga de encaje roja y un liguero del mismo color, ella bailaba y se movía sexi, mi pene se puso erecto de inmediato, ella se subió a la cama y empezó a gatear por toda la cama yo la veía y estaba a mil por hora quería hacerla mía, pero no podía estaba atado, ella empezó a besarme mis piernas, mis muslos, yo quería comérmela quería empezar a tenerla encima, ella me besaba mi ingle, mi panza, mis pechos y después mi cuello para después besarme.

    Me dijo:

    T: te gusta?

    Y: claro que me encanta ahora suéltame para devorarte

    T: no no nooo, ahora me toca a mi llevar el control hacerte disfrutar, así que suelta el cuerpo y relájate.

    Bajó su mano y me agarró el pene empezó a jugar con él, después le daba pequeños besos y pequeñas mamadas, dándome pequeñas probadas de lo que podía hacer, jugó con mis huevos los agarraba y los chupaba, también los succionaba, después de jugar un rato empezó a mamármela, tragándosela toda, me pegaba una mamada como nunca antes.

    Y: ahh, ahh que rico mamas -esas palabras salían de mi boca.

    T: agghh, aghhh te gustas mi amor como me la como.

    Y: claro que me fascina, ya no aguanto más me voy a venir.

    T: vamos vente échamelos en la cara báñame con tu semen.

    Ella empezó a masturbarme cuando ella apuntaba mi pene a su cara esperando que mi chorro saliera, y así fue le bañé toda la cara, ella se reía y se untaba el semen en sus pechos, después ella puso su vagina en mi cara y dijo:

    T: ahora mámamela tú, quiero que te la comas.

    A lo que yo accedí y empecé a recorrerer sus labios vaginales con mi lengua y a darle mamadas en su vagina, después de un rato ella gritaba y gemía.

    T: ahh, ahh sigue no pares comete mi vagina dale daleee.

    Después de unos minutos mi boca estaba llena de su fluido, tenía un sabor agradable algo dulce para ser exacto, después ella se subió encima de mi introdujo mi verga en su vagina se acostó sobre mí y empezó a cabalgar como una loca, me daba unos sentones que mi pene entraba hasta el fondo en su vagina y ella gritaba de placer, ella tuvo otro orgasmo pude sentirlo ya que ella bajo el ritmo y empezó a moverse despacio, después de eso volvió a cabalgar como una loca como si no hubiera un mañana.

    Y: Tere estoy a punto de venirme.

    T: no me digas Tere, dime mi amor y quiero que te vengas dentro de mi yo también estoy a punto de tener otro orgasmo.

    Ya no aguanté y solté mi chorro de semen dentro de su vagina ella seguía brincando encima de mi, mis ojos en blanco mis piernas me temblaban, ella sacó mi pene de su vagina mi semen cayó en mis piernas ella se empezó a masturbar de forma rápida, a punto su vagina a mi cara y salió gran fluido de su vagina y con gran fuerza bañándome la cara, sus piernas se movían si estuvieran teniendo frío, ella se acostó.

    T: estoy agotada lástima que tienes que irte.

    Y: me gustaría quedarme más tiempo.

    Ella me empezó a desatar, se puso un short corto y su brasier rojo, bajamos a la puerta, ella me dio un beso en la boca y al voltear nos dimos cuenta que estaba mi suegra viéndonos con cara de asombro y también de enojo, nos quedamos en shock…

    Continuará…

  • Cogiendo a escondidas con la prima Diana

    Cogiendo a escondidas con la prima Diana

    Nunca me ha emocionado ir a Irapuato, de ahí son algunos familiares de Lety y el hecho de pensar en que tenía que manejar por 5 horas me tenía de los huevos.

    Y es que, los gritos de los niños, la carretera, el calor, actualmente también la violencia, todo se presta a no querer ir, a pesar de que los tíos cumplan bodas de plata.

    Tal vez el único consuelo era saber que me daría un gran taco de ojo con las tías, primas, sobrinas y alguna que otra pariente de mi esposa y es que por ejemplo, la tía Loulu y Yesenia de quien les he hablado en relatos anteriores son sus parientes, pero por parte de su papá, al igual que la tía Alma, pero por parte de su mamá creo que están aún más buenas. Un ejemplo es la tía Alba que a sus casi 50 años está que se cae de buena, o la prima Sandra, una nalgona rompe huevos a la que le encanta ser muy hot, en fin, eso es lo bueno de la familia de mi esposa.

    Finalmente, después del gran viaje, del estrés y el cansancio de ir manejando llegamos a casa de su primo, ya que su lema es “la familia no se queda en hoteles” así que su primo Enrique nos abrió su casa para hospedarnos esos días.

    Enrique y su esposa Felicia nos recibieron con circo, maroma y teatro, eso a mí me incomodó, pero la familia de mi esposa es así, todo era normal, hasta que una chica, de ojos verdes, piel blanca y un rico cuerpo, piernona, nalgona y chechona, se acercó y nos abrazó a Lety y a mí. Ambos nos quedamos mirándonos, no sabíamos quién era, hasta que se presentó y dijo: -primos, soy Diana, ¿cómo están?, guau! Era la hermana menor de Enrique, esa niña que yo recordaba tirada en la tierra y con su ropa sucia, ahora estaba ahí, con un pants apretado que marcaba sus fenomenales curvas.

    El impacto de ver a semejante ricura pasó pronto y la noche se desarrolló como siempre. Durante los días antes de la boda, convivimos mucho con Enrique y Diana, ella era muy linda y amable frente a todos, pero cada vez que me la encontraba sola, me miraba coqueta, me decía indirectas y me desafiaba, al principio creí que eran cosas mías, así que no le di importancia.

    Finalmente, el día de las bodas de plata llegó y la casa era una fiesta, todos bañándose y cambiándose como locos, a mí me tocaba ir por ms hijos y cambiarlos, pero fiel a su costumbre estuve correteándolos por toda la casa, en la parte de las recámara vi una puerta entreabierta y oí un ruido, deduje que ahí estaban mis hijos, pero estaba equivocado, en lugar de ver a mi niños, estaba Diana, con un minivestido rojo a medio muslo y colocándose unas medias color carne que apenas cubriría el vestido, al verla me quede idiotizado, ver los sensual que las colocaba en sus ricas piernas, ella me miró y sin detenerse, gritar o reclamarme me dijo:

    D: ¡Mis sobrinos no están aquí!

    L: Lo siento, ¡gracias!

    D: ¿A menos que busques otra cosa?

    L: ¡No! ¡Gracias!!

    Estaba claro que me lanzó una indirecta, la imagen de su pierna levantada mientras se colocaba la media y mostraba su ropa interior, me generó una gran excitación, finalmente encontré a mis peques y los cambié, para dirigirnos a la iglesia.

    El protocolo antes de llegar al salón se realizó como se acostumbra en mi país, entre la misa y el camino, Diana y yo intercambiábamos miradas, la joven prima de mi esposa sabía lo que traía y quería usarlo para seducirme o lo que se le ocurría.

    La fiesta se desarrolló muy bien, baile, bebida y buen ambiente, el problema que tuve fue que Diana se sentó a mi lado y la joven me tenía de los huevos, me acariciaba la pierna por debajo de la mesa o me acariciaba la espinilla con sus ricos pies cubiertos en sus medias de seda, yo la tenía piradísima, así que, para distraerme, tomaba y bailaba, incluso la sacaba a bailar como para desviar la atención ya que su hermano y mi esposa estaban a nuestro lado, pero Diana era bien canija y cada vez que podía me arrimaba sus ricas nalgas, de hecho en la batucada se empinó y no pude evitar darle un rico llegue en su delicioso par de nalgas.

    La fiesta acabó, mi Lety estaba un poco ebria, de hecho, todos terminamos así, al llegar prácticamente tanto los niños, Enrique y su mujer y mi Lety cayeron rendidos, yo me quedé en la sala tomándome una cerveza, mi intención era tomarme una para relajarme y dormirme, en eso estaba cuando Diana salió de su cuarto y se encaminó hacia mí, ya no traía sus tacones, pero seguía con su vestido y medias, se veía riquísima, y no pude evitar erizarme al tenerla tan cerca.

    D: ¡Regálame un trago no!!

    L: ¿Aun quieres beber?

    D: ¡Tengo sed!

    L: ¡Ok, toma!

    Bebió de mi cerveza y se pegó más a mí, no pude evitar ponerme nervioso cuando la chica juntó su pierna a mi mano, me miró sonriente y me dio mi cerveza.

    D: ¡Uhm me duelen mis pies!

    L: Si, ¡es que bailamos mucho!

    D: ¿Me los sobas?

    L: ¿En serio? ¡Como gustes!

    Diana subió sus pies a mis rodillas, se veía fantástica reclinada en el sillón, podía mirar su tanga blanca por debajo de su vestido, con mis manos comencé a acariciar sus pies, me excitaba sentírselos con las medias puestas, comencé con la planta, luego el talón, para después ir por cada dedo, mientras tanto la prima de Lety hacia gemido muy excitantes.

    D: ¡Si, uhm, que rico!

    Sus quejidos, me la ponían durísima, mirar sus muecas y sus pucheros, me hacían querer desnudarla y darle verga hasta que se viniera, pero solo me mantenía acariciando sus ricos pies.

    D: ¡Uhm, Luis, que rico sobas!

    L: Diana, ¡me gusta cómo se sienten!

    D: ¿Y que más te gusta?

    L: Dios, ¡creo que voy al baño!

    Me levanté como pude ya que la tenía durísima, en el baño mientras me lavaba la cara y olía su perfume que dejó en mis manos, pensaba en desnudarla y darle una rica cogida, pero sentía que todo era arriesgado, cualquiera podía oír y encontrarnos, pero mi calentura y deseo me decían que aprovechar esta oportunidad, así que salí del baño a ver que proseguía, mi sorpresa fue al ver a Diana empinada disque recogiendo algo y si como si se tratase de un imán, corrí y me pegué detrás de ella mientras mis manos acariciaban su par de perfectas y jóvenes piernas.

    D: ¿Qué haces?

    L: ¡Que rica estás, me tienes a mil!

    D: ¡Pero eres mi primo!

    L: Solo políticamente, ¡de sangre no!

    D: ¡Nos van a ver!

    L: ¡No me importa!

    Comencé con besarle el cuello, mientras mis manos apretaban su vientre, ella gemía y se movía de forma deliciosa, sentía sus nalgas en mi dura verga, lentamente llevé mis manos debajo de su vestido, para acariciar sus muslos y sus entrepiernas, ella volteó la cabeza y nos dimos un apasionado y caliente beso de lengua.

    Nos perdimos sintiendo nuestros labios, mientras mis manos acariciaban su perfecto par de nalgas, lentamente bajé el cierre de su vestido, le di la vuelta y besándole su hermosa espalda, se lo bajé hasta dejarla en tanga y brasear.

    La nena estaba buenísima, su sudor por parte de la calentura que salía de nosotros era una bebida de dioses, mi lengua recorría su espalda mientras mis manos continuaban acariciando su vientre y todo su cuerpo.

    La llevé al sofá donde estaba sentado, la acosté y la besaba apasionadamente, mis manos recorrían sus piernas tetas y cadera, no quería dejar sin acariciar alguna parte de su cuerpo. Lentamente le quité su brasear y unas tetas perfectas estaban en mi vista, duras y grandes, de pezón claro, llevé suave mi lengua, parecía gato lamiendo, recorría todo el contorno de sus tetas para después succionar suavemente su rico pezón.

    D: ¡Uhm, que rico!

    L: ¡Me tenías a mil!

    Me despojé de mi ropa, Diana se quitó la tanguita dejándome ver su rica vagina húmeda y depilada. La acomodé de manera que quedó sentada en el sofá y me bajé al rio.

    Primero hundí mi lengua entre sus labios vaginales, lo hice en repetidas ocasiones para después abrir su vagina y lamer todo su clítoris, mientras sus fluidos vagina le seguían inundando mi boca.

    La vagina de Diana sabia fantástica, ella gemía, pero trataba de ser discreta, sabía que estábamos en jaque, pero quería disfrutar el oral que le daba.

    L: ¡Tu vagina está de lujo!

    D: ¡Uhm!

    L: ¿Cómo mamas?

    D: ¡Ah, déjame mostrártelo!

    Me puse de pie, Diana con sus dos manos acariciaba mi verga, la acariciaba como un juguete, pero sus ojos de divinidad me demostraban que quería tragarla como perra.

    Puso mi cabeza en su lengua y lamió rico, hizo ese ejercicio unas cuantas veces, ya que el agarro sabor, comenzó a succionar poco a poco mientras sus manos acariciaban mis huevos.

    La tomé du su cabello y la rica prima de mi mujer empezó a tragarse mi verga de forma monumental, la devoraba hasta su garganta, me mordía el escroto, el prepucio y me mordía mi mástil, luego con su lengua sobaba y lamía cada fluido pre seminal, yo me sentía en la gloria, a sus 19 años la prima de mi esposa era una experta come vergas.

    L: ¡Uf, que rico chupas, uhm!

    D: ¡Uhm, mmm!!

    L: ¡Ah, nena, uhm!

    D: ¡Ya, mmm, métemela!!

    Siguiendo su orden como fiel escudero, la tomé de su cintura, la cargué y la acosté en el sofá, me agaché y abriendo sus piernas lentamente introduje mi verga, la cual gracias a la humedad de su vagina entraba rico.

    Nos besábamos y de vez en cuando alzaba mi cabeza para vigilar que nadie viera.

    Me movía suave, quería que recordara esa noche, me estaba cogiendo a una diosa, a sus 19 años ella despertó mucho en mí, me daban ganas de dejar a mi esposa y llevármela, amaestrarla y tener una rica esclava sexual, pero eso solo era pensamientos pasajeros.

    Diana se movía rico, ambos nos acoplábamos bien, pese a que tenía 12 años más que ella, sentía que llevábamos toda la vida cogiendo.

    L: ¡Uh, ven cabalga!

    D: ¡Vas a gozar!

    Me acosté en el sofá y Diana se acomodó para darme una deliciosa cabalgada, me deleitaba con sus ricas tetas, las mordía mientras Diana se empujaba rico a mi dura verga.

    Sus movimientos de cadera eran majestuosos, nos besábamos, devoraba sus tetas, apretaba sus muslos, era una excitación extra verla con sus medias puestas, las acariciaba, lamia su cuello, estaba probando cada parte de la joven Diana.

    L: Uhm, chiquita, muévete, ¡muévete!

    D: ¡Ah, que dura y grande!

    L: ¡Que suerte tenerte así!

    D: ¡Sabes!! ¡Desde que te vi con mi prima, quise probarte!

    Ahora entendía sus insinuaciones, en algún momento me encontró cogiendo con su prima y eso le había despertado el ansia de estar conmigo, eso me elevó el ego y me sentí su macho.

    Me senté en sofá y la puse a darse sentones, lo hacía muy bien, ella se tragaba por completo mi verga, ambos mirábamos para no ser descubiertos, pero disfrutábamos de lo rico que cogíamos.

    Miraba como mi verga desaparecía en su concha, sus quejidos eran excitantes, le apretaba las tetas, le apretaba el vientre, metía mis dedos en su vagina y apretaba su clítoris, estaba cogiendo como nunca.

    Nos pusimos de pie, subí su pierna en al brazo del sofá y de patita de ángel la penetraba, ella me besaba el cuello y me mordía los pezones, yo hacía lo mismo con los de ella, me tenía a mil, sudábamos como cerdos, éramos dos animales en brama, ya no nos importaba que nos descubrieran solo queríamos seguir cogiendo.

    D: ¡Ah, que rico, uhm!

    L. Ah, uf, Diana!!!

    D: ¡Coges rico, uf!

    L: ¡Tú también coges de maravilla!

    D: ¡Cogería diario contigo no importa que seamos primos!!

    L: ¡Uhm, me encantas!!

    La cargué y la acomodé sentada en el brazo del sofá, abrió las piernas y me enredó en ellas, la abracé y la penetraba rápido, el ruido de su vagina era música del cielo, nuestras lenguas se enrollaban, sentí como escurría, de pronto arañándome la espalda, sentía su venida, estaba consiguiéndole su orgasmo, ella se mordía los labios ahogando su grito de placer, me sentía el mejor, había hecho venir a la prima de mi mujer.

    D: ¡Ah, papi, uhm!

    L: ¡Córrete, uf!!

    No solo le metía mi verga, con ms dedos apretaba su clítoris para hacerle más largo su orgasmo.

    La puse en cuatro, ver sus grandes nalgas paradas en forma de corazón me puso como toro, miraba escurrir su fluido por sus entre piernas y mojaba el sofá, la tomé de su cadera y la penetré suavemente, me movía lento, quería hacerla sentir toda mi verga, ella apretaba fantástico, mordía los cojines del sofá que ya estaban más que impregnados de nuestro aroma sexual, comencé a acelerar mis movimientos, me sentía en la gloria, empalaba deliciosos a la nena mientras todos seguían dormidos.

    D: ¡Ah papi, uf, que rico!

    L: ¡Toma, uhm, que nalgas!!!

    D: ¡Dame, dame duro con tu rica verga!

    L: Que rico, ¿de quién eres?

    D: ¡Tuya, uhm, soy tuya!

    L: Ah, que rico, toma, ere mi perra, ¡mueve las nalgas como la rica perra que eres amor!

    La embestía con mucha fuerza, ambos jadeábamos y gritábamos, le apretaba sus ricas tetas, le mordía su cuello, le jalaba el cabello, le estaba dando una cogidota.

    Me encantaba ver rebotar sus nalgas en mí, le daba de nalgadas las apretaba, apretaba su clítoris, sentía que me iba a venir y ella también lo haría por segunda vez.

    D: ¡Ah, así, uhm!

    L: ¡Rico, uf, ah!

    D: ¡Si, así, dame, verga, agh!!!

    L: ¡Ahí voy, te lleno de elche!

    D: ¡Ah, me vas a preñar, uhm!

    L: ¡Si, serás mi perra!

    Mi semen salió como explosión volcánica, ella también se corría y se movía delicioso haciendo sentir aún más mi orgasmo, nos ahogábamos el grito, estaba llenándola de mi semen, el placer era inmenso.

    L: ¡Ah, toma, uhm!

    D: ¡Si, ah, que rica leche!!!

    Después de dejar de venirme me senté en el sofá y Diana bajó a darme unas chupadas, lamió mi verga limpiándola de la mezcla de nuestros fluidos, yo victorioso, acariciaba su cabeza mientras mi erección se desvanecía en su boca.

    Finalmente, terminado el acto, nos vestimos y entre risas hablábamos de la rica experiencia que habíamos tenido, ella me contó algunas cosas como que el día de la boda de su hermano fue cuando me encontró con Lety cogiendo.

    Me fui al baño a asearme un poco y unos minutos después bajó Enrique a vomitar los estragos de la fiesta, eso hizo que los demás se despertaran, pero al verme apoyándolo, Lety y Felicia dedujeron que yo había bajado con él.

    Diana se fue a escondidas a su cuarto, a la mañana siguiente en el desayuno, mientras todos reían y comían, Diana me acariciaba la verga por debajo de la mesa.

    Estaba más que fascinado con esa chica, de hecho, alargué nuestra estadía en esa casa, quería seguir cogiéndomela, quería seguir cogiendo con Diana, la prima de 19 años de mi esposa.

    Pronto traeré la continuación de esta rica aventura que tuve con esa delicia de mujer.

  • Compañeros de trabajo (1): En el estacionamiento con Angie

    Compañeros de trabajo (1): En el estacionamiento con Angie

    Mi primera experiencia con una compañera de la oficina fue en una entrega de reconocimientos,  después hubo un coctel con canapés y bebidas, estábamos mi grupo de amigos y se unieron un grupo de chicas, amigas de ellos, a una de ellas ya la conocía, de llama Angie, me la habían presentado y en ocasiones comíamos juntos en grupo para luego ir por un café o tontear en la plaza.

    La estábamos pasando muy divertido, aunque Angie ya estaba particularmente pasada de copas y se detenía tomándome del brazo, situación que no veía mal. El evento terminó y todos nos dirigíamos al estacionamiento, yo tenía que regresar a mi oficina por un par de cosas.

    Angie: ¿Te pido un favor? si ves al wey de mi novio le dices que me fui en taxi y que mañana le llamo.

    JC: Si lo veo le paso tu mensaje, seguro que sigue en su lugar (su novio trabajaba en el área fiscal y yo lo conocía)

    Angie: Es un pendejo, ni siquiera bajó un momento para estar conmigo y no pienso esperarlo hasta que se le ocurra salir.

    JC: Si quieres yo te doy un ride, me queda más o menos de paso y así no pides taxi.

    Angie: No para nada, no quiero causar molestias ya me voy.

    JC: Sin problema, además veo que te afectó el vino y no te expongas.

    Angie: Que cabrón y tu sales el ganón no?

    JC: Ya que tu wey se queda pues que le hacemos? jajaja

    Angie: -Entre risas nerviosas- está bien, apúrate por tus cosas, voy al baño, ¿en qué nivel te quedaste? te alcanzo allá

    Fui por mis cosas y la esperé como 20 minutos a la salida del elevador de estacionamiento, llegó con más color y bastante recuperada.

    Mientras caminamos al auto iba platicando y quejándose de su novio, como si yo fuera su gran confidente, subimos al auto y me pidió que si podíamos quedarnos un momento más que quería que se le pasara el efecto del alcohol. Yo estaba estacionado en un rincón del estacionamiento para mi fortuna de lo que vendría, estaba obscuro y privado.

    Angie: ¿Sabes que ese cabrón no me complace? le ruego para que cojamos o que se la chupe y nada de nada, yo creo que es maricón, le digo mínimo agárrame las chichis o algo y sólo se ríe.

    Me tomó de sorpresa el comentario y no supe como contestar.

    Angie: A ver tú, si te hacen esa propuesta ¿te negarías a eso? ¿O también eres marica?

    JC: Jajaja para nada, ¿quién soy yo para decir que no?

    Angie: Entonces al menos si agarrarías una chichi ¿no? -levantando un poco el pecho- no sabes cómo me hace falta.

    JC: Pues que pendejo que no aproveche si yo fuera… -no dejó terminar de decirle cuando me plantó un beso que yo correspondí.

    Empecé a acariciar sus piernas mientras nos comíamos la boca y las empezó a abrir, al buen entendedor pocas palabras. Acariciaba sus muslos interiores subiendo cada vez más hasta que llegué su vagina y noté el calzón empapado.

    JC: Se ve que te hace falta un buen macho, el noviecito que te cargas no sirve para nada.

    Pareciera que eso fue un detonador porque se calentó aún más, tomó mi mano para apretarla contra su vagina mientras meneaba las caderas.

    Me las había arreglado para que su falda ya estuviera arriba de la cadera y por la orilla de su calzón trataba de meter mis dedos, pero no me dejaba, con la otra mano empecé a abrir su blusa y veía perfectamente cómo se asomaban las orillas de sus pezones por su bra de media copa, y eso me encanta, empecé a besar su pechos y mordía sus pezones sobre la tela del bra, eso bastó para que ella hiciera a un lado la tela de su calzón y por fin me dejara sentir su piel y lo mojada que estaba.

    JC: Estás escurriendo ¡que rico!

    Angie: mmm ¿de verdad te gusta? aghh se siente muy rico, ve como me pones tu

    JC: ¿Yo? es culpa del cabrón de tu novio que no se aplica, pero hoy me encargo de que se haga un cornudo feliz.

    Angie: No seas menso, él no tiene nada que ver, bueno si, pero desde que te conocí te he tenido ganas y hoy me voy a aprovechar de ti.

    ¡Vaya confesión!

    JC: Pues sírvete, para eso estoy.

    Angie: Ahora te toca disfrutar…

    Me tomó de la verga sobre el pantalón, me la sobaba mientras nos besábamos y yo ya no aguantaba me estorbaba la ropa, así que fui el que me desabroché y me bajé todo de un jalón hasta los tobillos.

    Que rica sensación tener la verga dura y libre.

    Angie: Vaya, vaya, ¿que tenemos aquí?, un paletón.

    Se agachó y empezó a chupármela delicioso.

    JC: Que boquita tan jugosa

    Angie: -chop!- y espera a lo que sigue -chop! chop! seguía disfrutando de mi verga en su boca.

    En la posición que estábamos facilitaba acariciarle las nalgas y llegar a su vagina para meterle los dedos, que se resbalaban muy fácil con su humedad.

    Angie: Ya no aguanto, quiero cogerte

    JC: Vámonos ya! a 2 minutos está el hotel.

    Angie: No seas wey papacito, cógeme aquí, no aguanto más.

    Se terminó de quitar lo que quedaba de ropa y se subió en mi.

    Tomó mi verga y empezó a acariciar su vagina, como si fuera un dildo se masturbaba, sentía en la punta su clítoris y como estaba chorreando.

    Se metía un poco y la volvía a sacar, la estaba disfrutando mucho y yo me dejaba.

    JC: Te voy a dar la cogida de tu vida

    Angie: Shhh! hoy voy a disfrutar a mi manera, después tu harás lo que quieras conmigo, así que déjate.

    Estaba como loco quería empalarla, metérsela toda, hasta el fondo, que gritara de placer, pero me lo impedía.

    Chupaba sus senos, sus pezones estaban durísimos y deliciosos, ella sacaba uno de mi boca y sola metía el otro, poco a poco se iba relajando y cuando por fin la noté desarmada ¡zaz! moví la cadera y hasta el fondo se la metí.

    Angie: Aaah! no se valeee, aaaah! eres un cabrón.

    JC: Preciosa ya es hora de sepas lo que es montar a un hombre de verdad. -por fin yo ya tenía el control y ritmo de las metidas.

    Angie: Cabrón que rico, no pares, así, así

    Sentía como mi verga recorría su interior, adentro y afuera, estaba muy apretada.

    JC: Que rico aprietas, desde cuando no te dan verga

    Angie: Cállate cabrón y no pares que estoy a punto, que vergota, lo haces delicioso que bárbaro.

    JC: Vamos disfrútalo, vente para mi, grita para que te escuche hasta tu noviecito en su oficina

    Angie: Mejor chúpame las tetas y no hables más

    -Angie tiene unas tetas muy lindas redondas con pezones pequeños y rosas, una copa b bien puesta diría yo y botan delicioso cuando coge –

    Angie: Siii me vengo, no mames, no mames, que rico, me vengo, me vengooo, ahhhh –gritaba.

    Sentía como su vagina me apretaba en cada contracción y su cuerpo se apretaba.

    Angie se quedó recostada sobre mi, resoplando, tratando de jalar aire, todavía tenía mi verga dentro de ella, me quemaba su calor interior.

    Angie: No mames, fue delicioso, no sabes que falta, gracias

    JC: Cuando quieras para eso están los amigos

    Angie: Pendejo, te aprovechaste de mi que estaba borracha jajaja

    JC: jajaja a la otra me pongo borracho yo para que tú te aproveches de mi

    Angie: Si verdad, tu no disfrutaste, no te viniste ¿no te gustó?

    JC: Si no me gustara no tendría la verga aún dura dentro de ti

    Angie: Y se siente tan rico, perdóname de verdad ya no puedo, me dejaste muy apendejada, me tiemblan las piernas, ayúdame a moverme.

    JC: Tranquila me encanta que disfrutes esa es la idea

    Angie: Te prometo que a la siguiente no te la acabas.

    JC: ¿Me acabas de prometer una siguiente?

    Angie: Por supuesto ¿o esperas que mi novio lo haga?

    JC: Claaaro, ese wey.

    Angie: La siguiente en mi departamento mi roomie se va de viaje la siguiente semana ¿cómo ves?.

    JC: Uff te voy a dejar peor que hoy ya verás que no te dejaré descansar un minuto.

    Angie: Cálmate tu latin lover jajaja a las pruebas me remito.

    Le ayudé a quitarse encima de mi y cuando saqué mi verga y un gran flujo salió de ella como si mi verga hubiera estado como un tapón y a Angie le dio algo de pena.

    JC: Eso debió estar en mi boca, jaja

    Angie: Cállate wey, que pena

    JC: ¿Pena? pena que nos hayan visto

    Angie: Ay wey es cierto, que miedo ¿no nos vieron?

    JC: Yo no vi salir o pasar a alguien, por la hora yo creo que casi no hay gente, además estamos ¿cómo lejos no?

    Angie: ¿Y las cámaras?

    JC: Pues sonríe y saluda seguro salimos en un video de una página porno jajaja

    Angie: Idiota!! -me dio un golpe en el brazo.

    En el camino a su departamento fuimos platicando de muchas tonterías y cuando llegamos, me dijo «ya sabes donde vivo y donde te voy a poner la siguiente cogida».

    JC: ¿Tu a mí? ya verás que será al revés.

    Angie: Veremos, oye y ni se te ocurra jalártela llegando, mejor guárdamelo todo.

    Nos despedimos con un beso muy intenso.

    Llegué a casa directo al baño para masturbarme, recordando lo rico que fue tener a Angie en el auto, me vine de lo más rico y saqué mucha leche que tenía guardada.