Blog

  • El hombre se convirtió en mi papá

    El hombre se convirtió en mi papá

    Sentado en el bar bebiendo ese día cansado del trabajo de mierda, con unos ajustados jeans y una camiseta muy holgada, lo último que esperaba era conseguir un admirador, pero por la rápida mirada que le di, me pareció que eso era exactamente lo que me impresionó de este hombre que caminaba lentamente hacia donde yo estaba.

    Sonreí mientras se sentaba en el taburete a mi lado y pedía un whisky. Dejé que mis ojos se posaran sobre él, me lo embebí desde su corto pelo castaño oscuro hasta su fuerte mandíbula, pasando por su camisa ajustada que mostraba el tonificado pecho que escondía debajo, luego hasta sus pantalones y sus poderosas piernas.

    —Hola guapo.

    Casi ronroneo cuando el camarero puso la bebida alcohólica delante de él.

    —Lo siento amigo, no me balanceo de esa manera. —Dijo un poco brusco.

    —¿Por eso me has estado mirando toda la noche? —Me burlé de él con una pícara sonrisa en mi cara.

    —No te he estado observando —dijo como gruñendo —. Estaba pensando si serías o no un buen compañero para un par de tragos, —y mirando su bebida y suspiró— Aunque supongo que no.

    Y comenzó a levantarse con ademán de irse.

    —Oye, si no te gusta, está bien —le dije poniendo mi mano en el hombro—, siéntate y toma unos tragos conmigo, ni te imaginas que igual soy el mejor compañero de tragos que hayas conocido, —y me reí suavemente.

    Sus ojos ámbar parecían viajar a lo largo de mi cuerpo y sabía que mentía sobre el hecho de que no me miraba porque esa hambre en sus ojos decía que me deseaba, aunque su postura rígida y su ligero ceño fruncido me decían que aún no lo había admitido para sí mismo.

    No podía culparlo por sentirse atraído por mí, después de todo siempre había recibido mucha atención tanto de hombres como de mujeres, mido 183 cm de altura y hago ejercicio regularmente, así que estoy en buena forma y normalmente elijo usar ropa para acentuar ese hecho, pero esta noche había sido para emborracharme y no para tener sexo, así que no me había vestido para impresionar. Mi pelo es castaño claro de longitud media y una ligera cantidad de rastrojo en mi barbilla que casi resaltaba la línea de mi mandíbula, mis labios son carnosos y duros.

    Me miró a los ojos azules y se sentó de nuevo en el taburete.

    — Bien, pero por favor ten en cuenta que no me interesa de esa manera —me lo dijo así de claro—, puedo mantener una conversación con un hombre atractivo sin lanzarme sobre él.

    Me reí y noté que sus labios se curvaban ligeramente al comienzo de lo que prometía ser una sonrisa encantadora.

    — Estoy seguro de que puedes, —dijo en voz muy baja y algo ronca.

    Pensé en mi interior «qué coño pasaba con este tipo, primero me está mirando, luego me dice que es hetero y que no está interesado, ahora el tono de su voz parecía prometer las delicias del «orgasmo». No podía adivinar si es que aún no había salido del armario o si es que me estaba bromeando a propósito.

    De hecho, nos las arreglamos para mantener una conversación decente, encontramos un buen tema después de unos minutos de hablar sobre el trabajo y otros temas de conversación. Me lo pasé bien sentado con él bebiendo y hablando, cuanto más tarde se hacía y entrada la noche, más bebidas pedimos y más borrachos nos pusimos los dos hasta que nos reímos el uno del otro cada dos por tres por nuestra mala pronunciación y el alto consumo de alcohol.

    El barman anunciaba el cierre del establecimiento y nos sorprendió a los dos que habíamos estado sentados ahí charlando y bebiendo juntos durante horas, ambos pedimos otra bebida y cuando intentamos pedir otra después de eso el barman nos dijo que ya estaba cerrando y que teníamos que irnos.

    Salimos a trompicones del bar agarrados del brazo, como dos amigos borrachos estereotipados, y los dos nos lanzamos descaradamente a cantar una vieja canción pop de los 90 que había salido en la radio justo antes de irnos: «La vergüenza acabó en la noche».

    Hernán, así se llama mi amigo reciente, dijo con el ceño fruncido:

    —Me estaba divirtiendo.

    —Podríamos continuar en mi casa —le sugerí—, tengo unas cervezas en la nevera y una botella de whisky en alguna parte.

    —Bieeen. —Arrastró la palabra, —pero nada de cosas raras, —dijo rápidamente y a tropezones.

    —Prometo que seré bueno, —me reí borracho haciéndole reír también.

    Mi apartamento no estaba lejos del bar, pero nos llevó casi 20 minutos llegar en ese estado de embriaguez que llevábamos encima.

    Al llegar, empujé la puerta de mi apartamento con más fuerza de la prevista antes de tropezarme con la cocina y sacar un par de cervezas de la nevera. Me quité la camiseta, me dirigí a la sala de estar y me detuve al ver a Hernán recostado en mi sofá con los botones de su camisa abiertos, revelando un mechón de pelo oscuro en el pecho ligeramente musculoso.

    Me sentí lamerme los labios sin pensar y noté un revuelo en los pantalones que me hizo hacer rápidamente una alteración para ocultar mi polla endurecida antes de llegar hasta el sofá y darle a Hernán su cerveza para luego caer en el sofá junto a él con un suspiro.

    —Gracias. —Se arrastró sosteniendo la cerveza con sus manos temblando ligeramente.

    Me sentí incómodo sentado aquí en mi apartamento, en mi sofá, junto a un hombre que había conocido hacía sólo unas horas pero con el que ya tenía fantasías. Imaginé cómo sería su polla, cómo se sentiría en mis manos, si sería capaz de llevármela a la boca y si me estiraría hasta niveles dolorosos si me follaba con ella.

    Podía sentir mi polla endurecerse hasta el punto de que ahora estaba completamente erecta, me moví con la idea de alcanzar el mando a distancia del televisor para poner algo que me distrajera del impresionante hombre sentado a mi lado, del que quería explorar desesperadamente cada centímetro.

    Alcanzar el mando a distancia fue un mal movimiento porque cuando ya lo tenía perdí el equilibrio y me deslicé del sofá, mi mano se agitó para intentar agarrarme a algo que me impidiera caer, me las arreglé para agarrarme a algo pero no me impidió caer. Ahora, sentado en el suelo delante del sofá, me puse de rodillas lentamente y miré a mi alrededor dándome cuenta de que lo que mi mano había agarrado era la parte superior del muslo de Hernán.

    Miró mi mano en su muslo y luego su mirada se movió más hacia abajo, así que me miraba a los ojos con tal intensidad que no estaba seguro de si iba a darme un puñetazo o a guiar mi mano un poco más arriba de la cremallera de sus pantalones, pero cuando no se movió ni dijo nada. Fue entonces cuando decidí tirar la precaución al aire.

    En mis manos y rodillas subí por sus piernas, así que estaba encima de él en el sofá y me quedé mirando esos profundos ojos de ámbar, todavía no estaba seguro de si prometían dolor o placer. Me incliné lentamente hacia delante dándole tiempo suficiente para alejarme, pero como no lo hizo, mis labios se cerraron con los suyos con un hambre e intensidad que nunca había sentido antes, entonces ya supe que el resto de la noche iba a ser divertida.

    El beso fue duro y un poco doloroso pero no me importó, mi cuerpo me gritó por más, el calor en mi estómago me hizo doler al sentirlo dentro de mí para que explorara cada profundidad de mí y para que yo le devolviera el favor y explorara cada centímetro de su cuerpo. Rompimos el beso por una fracción de segundo para que ambos tomáramos aire antes de volver a él, su lengua se metió en mi boca y comenzó a explorar mientras yo dejaba que la mía hiciera lo mismo, de repente usó su lengua para empujar la mía de vuelta a mi boca antes de morderme el labio inferior, no lo suficientemente fuerte como para sacar sangre, pero sí lo suficiente como para que yo gimiera de excitación.

    Pasé mis manos por su cuerpo mientras él soltaba mi labio de sus dientes y volvió a besarme con fuerza, comencé lentamente a desabrochar el resto de los botones de su camisa y presioné mis manos contra sus duros pectorales sintiendo la ligera aspereza de su pelo del pecho. Todo su cuerpo se estremeció cuando pasé mis manos sobre su cuerpo de nuevo, esta vez ya sin la camisa que le había quitado con mis manos, liberando su duro y tonificado cuerpo.

    Rompí el beso y me aparté de él ligeramente para poder observarlo y luego sentir su cuerpo contra el mío. Cuando arrojé su camisa a través de la habitación sobre una silla, me apoyé en él dejando que sus labios castigaran a los míos en otro beso salvaje que mantuvo la promesa de la clase de amante que sería y me puse anticipadamente a temblar.

    Dejé que mis manos bajaran hasta sus pantalones y empecé a desabrochar su cinturón, pero él me detuvo con un rápido movimiento que le hizo voltear nuestras posiciones de modo que ahora yo estaba sentado en el sofá y él estaba encima de mí, la acción me hizo jadear antes de que bajara la cabeza y me besara de nuevo. Cuando dejó de besarme se inclinó hacia atrás y me miró de nuevo, una ligera punzada de miedo me golpeó, sus ojos parecían salvajes, tan salvajes como si apenas pudiera contenerse y en cualquier momento podría golpearme en lo más profundo de mi ser o golpearme hasta quedar hecho un desastre, aunque en ese momento no me importaba.

    Se arrodilló con la espalda bien enderezada, con una rodilla a cada lado de mis piernas, su entrepierna estaba a la misma altura que mi pecho, su erección abultada estaba rogándome que la liberara de sus pantalones. Me acerqué para intentar desabrocharle el cinturón de nuevo y así poder liberar lo que el abultamiento de sus pantalones prometía que sería una gran polla, esta vez me permitió quitarle el cinturón y desabrochar el botón de sus pantalones, pero antes de que pudiera bajarle la cremallera me empujó de nuevo al sofá y me sacó mis manos de sus pantalones antes de inclinarse y besarme de nuevo.

    Mientras sus labios castigaban a los míos, sentí sus manos que se posaban en mi pecho y luego se clavaban con una dolorosa necesidad que me hizo gemir en su boca. Traté de alcanzarlo para finalmente sacarle los pantalones y desvelar el maravilloso premio que llevaba dentro, pero me quitó la mano del pecho y me sostuvo la muñeca para que no pudiera mover las manos.

    Rompió el beso para tomar un respiro y mientras lo hacía susurré con mi voz ronca y llena de una desesperada necesidad:

    —Te quiero dentro de mí ahora.

    Se movió para poder usar una mano ya que con ellas sujetaba mis muñecas, ahora con su mano libre puso un dedo en mis labios para silenciarme mientras susurraba:

    — Todavía no.

    Lentamente separé mis labios y tomé el dedo que él había usado para silenciarme en mi boca y le mostré la misma atención que esperaba estar mostrando su verga pronto, envolví mis labios fuertemente alrededor del dedo y dejé que mi lengua se arremolinara sobre él antes de mover lentamente mi cabeza hacia adelante de manera que todo su dedo estaba ahora enterrado en mi boca, traté de continuar usando mi lengua en su dedo pero una oleada primitiva me sobrepasó y en su lugar empecé a mover mi cabeza hacia atrás y hacia adelante esencialmente follando mi boca con su dedo.

    Jadeó cuando me quitó el dedo de la boca con un fuerte chasquido antes de pasarlo por mi pecho dejando un rastro de mi propia saliva sobre mí.

    Gemí e intenté de nuevo alcanzarlo, pero su mano alrededor de mis muñecas parecía sostenerme aunque sabía que no debería ser capaz de hacerlo, pero cuando movió su mano libre desde mi estómago hasta sus pantalones no me importó su agarre sobrehumano de mis muñecas, lo único que me preocupaba era que finalmente iba a ver lo que yo quería desde que lo vi mirándome en el bar,

    —Síiii, —gemí en silencio mientras con su mano libre se bajaba lentamente la cremallera de los pantalones antes de que los deslizara hasta las rodillas con extremada lentitud.

    Jadeé cuando vi que sus pantalones habían estado ocultando toda su longitud, era fácilmente el más grande pene que había visto hasta la fecha. Vi como deslizaba sus pulgares en la cintura de sus calzoncillos antes de bajárselos con la misma lentitud que sus pantalones. Cuando su polla se soltó de sus calzoncillos, jadeé de nuevo. Su polla era un monstruo de más de 22 cm y medio de largo y también de fenomenal grosor. Las fantasías anteriores que tenía de llevármela toda a la boca se desvanecieron rápidamente; si lo intentaba probablemente me mataría de asfixia, también me di cuenta de que la fantasía de que era capaz de estirarme dolorosamente el ano se haría realidad y eso me hizo sonreír con lujuria y deseo desorbitado.

    Intenté inclinarme hacia adelante para tocar su enorme polla, tenía que sentirla contra mí, en mí, la quería encima de mí, quería perderme en esa parte primitiva de mí que me gritaba que hiciera lo que fuera para asegurarme de que terminara dentro de mí.

    Me soltó las manos y me empujó de nuevo al sofá mientras yo luchaba por alcanzar su gigantesca polla erguida, pero se mantuvo firme justo fuera de mi alcance.

    —Por favor. —Me quejé tratando de luchar hacia adelante para alcanzarlo.

    Levanto la vista para ver una sonrisa casi cruel en su rostro mientras se desliza hacia atrás de mí soltando mis muñecas al mismo tiempo, se aleja unos pasos del sofá y lo observo embelesado por la subida y bajada de su magnífico miembro mientras se aleja lentamente de mí.

    —Ven y tómalo, pues, —dice en voz baja.

    Obedezco al instante, me deslizo del sofá sobre mis manos y rodillas y lentamente me arrastro hacia él, parpadeando mis ojos entre sus ojos y su polla.

    Cuando lo alcanzo, lo miro a los ojos mientras beso suavemente la cabeza de su polla y veo como su sonrisa cambia de esa sonrisa cruel a una que me dice que ha conseguido exactamente lo que quería. Envuelvo con una mano su polla alrededor de su eje y empiezo a moverla lentamente mientras dejo que mi lengua trace círculos alrededor de su glande. Intento jugar con él para que intente meterse dentro de mí, a veces me gusta tener hombres dominantes que saben bien como usarme y por lo que he experimentado hasta ahora eso parecía ser exactamente lo que Hernán era.

    Continúo intentando burlarme de él durante al menos un par de minutos, pasando mis dedos por su eje mientras leo y beso la cabeza de su enorme polla. Termino pasando mi lengua por cada centímetro de su polla, asfixiándola con mi saliva, con la esperanza de que se rompa y se empuje dentro de mi boca, pero al final soy yo quien se rompe primero, ya que la necesidad de llevarlo dentro de mi boca supera el deseo de que me domine.

    Tomé la cabeza de su polla en mi boca y pasé mi lengua alrededor de ella, seguí moviendo mi lengua en el mismo movimiento que tomé más de su polla dentro de mi boca. Quería meterme cada centímetro de su gloriosa polla en la boca, pero a la altura de la marca de 15 centímetros empiezo a atragantarme y tengo que tirar hacia atrás para respirar antes de volver a meter su polla dentro de mí todo el tiempo.

    Escucho a Hernán gemir de placer y lo miro con los ojos llorosos por las arcadas de su polla, sus ojos están cerrados al principio pero como me había sentido mirándolo abrió los ojos y me miró sus ojos brillando de placer y de nuevo veo lo que sólo puedo llamar crueldad en sus ojos y en sus labios mientras me sonríe.

    Llego al mismo punto en su polla que la última vez antes de que me atragantara y tuviera que tirar para respirar y cuando llego a ese punto me pone las manos en el pelo y me tira hacia adelante tratando de forzar más de sí mismo en mi garganta. El pánico se apodera de mí por sus acciones, ya que quedan al menos otros cinco cm y pico más por entrar, casi media polla fuera de mi boca y yo me estoy ahogando con los algo más de 15 cm dentro de mi garganta. Continúa empujando en la parte posterior de mi cabeza y trato de relajar mi garganta para acomodar el resto de su enorme longitud, pero no importa cuánto trate de encajarla, no puedo hacerlo.

    Le doy golpecitos en la pierna para intentar que me deje respirar, pero en vez de eso empieza a cogerme suavemente la garganta, cada vez que me empuja su polla más dentro de mi garganta, después de un momento de esto, empiezo a entrar en pánico y débilmente intento luchar contra él para poder al menos respirar.

    Finalmente se retira dejando que su polla se deslice fuera de mi boca y me mira con una expresión que dice que puede y hará lo que quiera conmigo.

    —Mírate —gruñe—, sólo una puta de mierda para una cara bonita y una gran polla. —Me escupe en la cara y me estremezco ante la violencia que hay detrás de sus acciones, pero me agarra la cabeza para evitar que me aleje más de él—, ¿qué eres? —pregunta con lo que suena como una ira apenas controlada.

    —Una puta. —Jadeo la mitad de mí con miedo de lo que me va a hacer, pero la otra mitad está más excitada que nunca.

    —¿Para qué eres una puta?, —continúa gruñendo.

    — Soy una puta por una cara bonita y una gran polla. —Lo digo y me siento humillado.

    —Bien, es importante que sepas lo que eres y cuál es tu lugar. —Su voz es un gruñido, sus palabras duelen y me siento casi sin valor, pero mi erección palpitante le hace saber que aunque no lo parezca una parte enferma de mí está amando esto.

    — Quiero que me cuentes lo puta que eres y cuál es tu lugar. —Me gruñe y cuando lo miro con lágrimas en mis mejillas pero con una mirada inquisitiva en mi cara me explica—, tu lugar es complacerme de cualquier manera que yo quiera sin cuestionar, —me dice—, todo lo que eres es un recipiente para mi liberación, ahora quiero oírte decirlo.

    —Soy una puta —digo entre sollozos—, para lo único que sirvo es para dar placer a mi papá.

    —Ah, parece que tenemos algunos problemas con papá. —Se ríe cruelmente—, ¿quieres que tu papá te joda la garganta? —Pregunta con maldad.

    — Sí, papá, —le digo—, por favor, sí, jódeme la garganta, papá.

    Lloro cuando me golpea la polla en la garganta forzando todo lo que puede, haciendo que me ahogue y me atragante con su enorme polla.

    Empieza a golpear mi garganta y todo lo que puedo oír es el sonido de su polla castigando mi garganta y mis propias arcadas.

    —Toma toda la polla de papá. —Gruñe mientras intenta empujar toda su longitud dentro de mi garganta, yo manejo la mayor parte de ella pero de repente mi reflejo nauseoso se enciende y puedo sentir que el vómito se eleva y cuando saca su polla de mi garganta el vómito sigue cubriendo la mitad de su polla, mi barbilla y el suelo.

    —Sucia puta de mierda, —me gruñe cuando termino de vomitar—, límpiame la puta polla, —gruñe tirando de mi cara hacia su polla.

    Lentamente trato de envolver mis labios alrededor de su polla, pero él me abofetea en la cara con suficiente fuerza como para mecer mi cabeza a un lado:

    — No, no, puta perra.

    Y gruñe con más fuerza:

    — ¡Con tu lengua!

    Me estremezco al pensar en lamer mi vómito de su polla, pero instintivamente dejo mi lengua fuera de mi boca y empiezo a lamer su polla limpiando una mezcla de mi vómito del prepucio de su polla con lágrimas rodando por mis mejillas y sobre su polla.

    — Sí, llora sobre mi polla, las lágrimas pueden ayudar como lubricante cuando te folle mejor, —me dice—, quieres que te folle, ¿verdad? —la pregunta suena más bien como una declaración, pero respondo de todos modos.

    —Sí, papá, quiero que me folles duro. Le digo que deje que mis lágrimas caigan en su polla.

    —Sí, pensé que querrías a esa pequeña puta. —Gruñe mientras me agarra de la garganta y me pone de pie antes de darme la vuelta e impulsarme hacia el sofá con su primer empujón, el segundo empujón me hace caer de cara al sofá.

    Me agarra de las caderas y me levanta el culo y me extiende las nalgas tirando de los cachetes antes de escupirme el culo.

    — Mira ese pequeño agujero apretado». Hernán gruñe: «Te voy a destrozar». Se ríe antes de volver a escupir en mi agujero.

    — Sí, papá castiga a mi apretado culo, —le ruego.

    — Sabía que eras una maldita puta sucia desde el momento en que te vi —se burla de mí— quiero que me digas quién es la puta que eres.

    — Soy tuya, soy tu puta, papi.

    Lloro mientras me da una palmada en el culo con su enorme polla.

    — Quiero que me supliques que te arruine el culo, —me dice con su voz está llena de violencia apenas contenida.

    — Por favor, arruina mi apretado culo con tu enorme polla, papá, te lo ruego, por favor, papi, fóllate a tu maldiga puta de mierda.

    Se ríe de mí y dice:

    — Ya que lo pides tan amablemente, qué remedio.

    Entonces siento que la cabeza de su polla me roza el culo ligeramente antes de retirarse y escupir en mi agujero de nuevo, en ese momento, antes de que pueda prepararme, me mete la polla en el culo.

    — ¡Oh, mierda!, —grito en una mezcla de dolor y placer mientras me entierra todos los 22 cm u pico de su polla en el culo con un salvaje empujón, saca lentamente su polla hasta que sólo queda la cabeza dentro de mí mientras se sostiene ahí, llueve golpe tras golpe en las nalgas de mi culo haciéndome gritar con cada impacto.

    — Tu culo se ve mucho mejor todo rojo y dolorido con mi polla dentro, —me lo dice mientras me empuja dentro de mí otra vez haciéndome gemir en voz alta mientras siento esa mezcla de dolor y placer otra vez mientras su enorme polla toca fondo dentro de mí.

    Con sus empujones se estira mi culo hasta el punto de que parece que me va a destrozar. Lentamente comienza a mover su polla hacia dentro y hacia fuera a un ritmo que comienza a volverme loco con la necesidad de que me golpee implacablemente como sé que quiere hacerlo.

    —Por favor, fóllame más fuerte, papá.

    Lloro cuando pierdo todo el sentido común por mi lujuria.

    — Haré lo que quiera contigo, mi pequeña puta, —gruñe en mi oído mientras se inclina sobre mí con su polla en mi interior clavada.

    Me pone la mano debajo y me agarra firmemente la polla:

    — Mira que la puta está dura —se ríe— me pregunto qué debo hacer con él. —Gruñe.

    Empieza a correr lentamente sus manos a lo largo de mi erección palpitante mientras continúa golpeando mi trasero. La degradación a la que ha llegado mi trasero, siendo completamente llenado, y su mano masturbando suavemente mi polla dura me vuelve loco y empiezo a gritar en voz alta mientras aumenta su brutal asalto a mis sentidos al poner su mano libre bruscamente en mi trasero.

    — Sí, grita por mí, mi pequeña puta de mierda. —Gruñe mientras se acelera con sus golpes en el culo con su polla.

    — Sí, papá, cógeme más fuerte, papá.

    Grito mientras sus implacables golpes empiezan a ser menos rítmicos y se acerca a su orgasmo, al mismo tiempo que su mano acariciando mi polla empieza a acelerarse rápidamente llevándome también hacia mi cenit y en poco tiempo siento mis bolas tensas con el signo revelador de mi propio orgasmo.

    — Oh, me estoy corriendo, papá, me estoy corriendo. —Grito mientras mi orgasmo golpea causando que dispare carga tras carga de semen en mi estómago y sobre el sofá.

    — ¡¡Joder!! —Gruñe mientras me golpea con toda su polla y me dispara una enorme carga de semen en el culo.

    Se queda enterrado dentro de mí mientras dispara más semen en mis entrañas, luego se queda dentro mientras su polla empieza a ablandarse antes de salir de repente dejando mi culo abierto y deseando más.

    —Limpia mi maldita verga.

    Me lo ordena y yo me muevo rápidamente y paso mi lengua por toda su polla recogiendo su semen y saboreando el sabor de la misma mezclado con el sabor de mi culo, hago esto hasta que creo que he limpiado la mayor parte de ella antes de llevarme a la boca toda la polla que pueda y observo con cierta satisfacción que ahora puedo meterme casi otra pulgada en la garganta sin vomitar.

    — Eres una buena putita, ¿verdad? —Dice en voz baja—. Disfruté destruyendo ese lindo culito tuyo. —Me lo dice y la emoción más extraña me recorre, era el orgullo de saber hacer.

    — Gracias, papá. —Digo con una sonrisa temblorosa que se extiende por mi cara.

    Hernán se aleja de mí y recoge su ropa y empieza a ponérsela lentamente empezando por sus calzoncillos.

    — Puede que tenga que venir y hacer esto de nuevo. —Me dice mientras se abrocha la camisa—, dame tu número de teléfono para que pueda decirte cuándo voy a venir para castigar ese culito otra vez.

    — Me gustaría mucho eso, papá. —Se lo digo antes de encontrar mi teléfono y leerle mi número.

    Camina hacia la puerta y yo lo sigo como un cachorrito perdido, abre la puerta y se detiene, se da la vuelta para mirarme y me besa con la misma dureza que tenía antes y aún así, poco después de correrme, siento que mi polla empieza a levantarse de nuevo.

    Hernán, mira mi polla que está ahora a media asta y sonríe con esa sonrisa viciosa tan característica suya, se agarra a mi polla y le da un par de suaves y lentas caricias antes de soltarla provocando un gemido de pura necesidad en mis labios.

    — Por favor, papá. —Se lo ruego, pero me mira con crueldad.

    — Tendrás que lidiar con eso tú misma, mi pequeña puta. —Me lo dice con un cruel brillo en sus ojos antes de patear con sus tacones para salir por la puerta dando unos pasos a zancadas por el pasillo antes de darse la vuelta para de ir:

    — Cuida de mi pequeña puta.

    — Adiós, papá. —Lo digo suave, pero con voz suficiente para que él pueda escuchar mis palabras.

    Cerré la puerta de mi apartamento, eché una mirada al salón, mi semen estaba en hebras gruesas en mi sofá y había vómito en el suelo cerca del sofá que se solidificaba rápidamente en un desagradable desorden. Caminé lentamente hacia mi sofá y mientras lo hacía me di cuenta de que el esperma de Hernán se filtraba por mi enorme trasero y se escurría por mis piernas. Eso me encantaba, me sonreí mientras me sentaba en el sofá y tomé en mi mano mi polla, ya totalmente erguida, y empecé a correr mi mano arriba y abajo mientras dejaba que los recuerdos aún frescos corrieran por mi mente.

    Recuerdo la sensación de su polla golpeando en la parte posterior de mi garganta haciéndome sentir náuseas y asfixia pero también haciéndome querer más. Rememoraba cómo su polla había estirado mi culo hasta el punto de un dolor agonizante y un placer orgásmico superlativo. También hacia venir a mi memoria cómo había llenado mi culo con su semen, cómo me había hecho rogarle que me follara con esa enorme polla que todavía podía ver cuando cerraba los ojos y cómo me había llamado puta… De repente me di cuenta de que no me había llamado puta sino que me había llamado su puta y esa comprensión me empujó al límite y el orgasmo me golpeó fuerte.

    — Oh, joder, soy la putita de papá.

    Lloré mientras tiraba una enorme carga de esperma al suelo delante del sofá, añadiendo más al desorden que había en mi sala de estar. Me di cuenta de que iba a tener que limpiar todo este esperma y vomitar, pero eso podía esperar hasta más tarde, después de haber dormido un poco, porque estaba absolutamente agotado por lo duro que papá me había follado, por estar despierto durante tanto tiempo y por el alcohol que todavía corría por mis venas.

    Me acurruqué en el sofá sintiendo mi esperma debajo de mí y el esperma de papá todavía goteando lentamente por mi culo, sonreí mientras cerraba los ojos pensando, «la pequeña puta de papá y esperaré que papá vuelva a visitar de nuevo a su puta muy pronto».

  • BDSM y sexo anal con dos garotas brasileñas

    BDSM y sexo anal con dos garotas brasileñas

    “Mmm! Muito bom garoto! Fudeme mais, pega minha bunda, safado! Shh! Nossa que pica tão gostosa têm este vagabundo»…  decía Andressa mientras Bruna, le abría las nalga y se las movía con fuerza para que yo le hincara la verga en el culo a su «hermanita».

    Tengo varios años viviendo en Brasil, pero hasta ese momento no había llegado la oportunidad de coger con alguna brasileña, hasta ese día.

    Esta historia comenzó cuando Bruna mi compañera de trabajo me confesó que su marido no la satisfacía, que deseaba ser cogida a la fuerza, que le dieran unos buenos tirones de cabello o que le dieran unas buenas nalgadas; su marido era muy «lineal» e incluso que a veces se negaba hacerle sexo oral.

    Percibí en Bruna una mujer, lógicamente, frustrada sexualmente con ganas de vivir nuevas experiencias.

    Bruna, le hace honor a apellido, después les contaré porqué. Es morena, delgada con un cuerpo bien definido, tetas pequeñas, rematadas con unos pezones puntiagudos y, un culo que literalmente saca la cara por ella. Sin duda alguna una invitación a sumergirse cada vez más en lo prohibido.

    Un inocente flirteo durante nuestro turno abrió la puerta a preguntas sugerentes que dieron como resultados confesiones que me volaban la cabeza. Un día antes de salir de vacaciones me confesó que era una viciosa del sexo.

    En su confesión pude percibir que era amante del BDSM. ¿Y cómo no iba serlo, viniendo de un país, cuyas mujeres tienen fama de ser muy ardientes? Bien, le dije que estaba dispuesto a cumplir su fantasía.

    Me miró, se mordió los labios y quizás inconscientemente se apretó una de las tetas. ¿Qué quieres a cambio?, preguntó.

    Sabiendo que tenía una hermana, de aproximadamente unos 19 años, le dije: «Tengo una fantasía, siempre he querido follarme a dos hermanas», hice una pausa para mirar su reacción. «No digas más nada, eres un asqueroso pervertido, sé lo que quieres… a ¡Andressa!», soltó entre risas.

    Sonreí!

    -Creo que puedo arreglarlo…

    —-

    La luz tenue de la habitación del motel era compañera y cómplice perfecta para todo aquello que pronto se desarrollaría en una amplia cama de sábanas blancas. La picardía en la mirada del par de garotas me excitaba. Se miraban una a la otra, como si quisieran decir algo…

    -Ya regresamos, danos un tiempo vamos a prepararnos.

    -Aquí estaré esperando. -Dije.

    Ambas ingresaron al baño de la habitación, de donde minutos después provenían murmullos y risas. Me metí en la cama y empecé a sobarme la verga que desde que ingresamos al motel ya estaba tiesa y brillosa debido a la aparición del líquido pre seminal que mojaba mi glande.

    La puesta se abrió. Buena salió del baño y se dirigió a la cama. Tenía una equis hecha con cinta negra sobre los pezones, un corpiño y tanga abierto de cuero con cadenas ideal para la ocasión. Se acercó a la cama y subió a gatas y se posicionó delante de mi verga y la aseguró fuerte con su mano izquierda y con el dedo índice de su mano derecha recorrió mi glande; estaba viscoso.

    La tomé por el cabello con fuerza e hice que se introdujera en su boca mi verga hasta lo profundo, ocasionándole arcadas. Sabía que lo disfrutaba tanto como yo. Luego de un tres o cuatro veces su boca dejaba escapar saliva. Toda una viciosa. La tomé por el cuello y la tiré en la cama, su miraba me incitaba a seguir adelante para generarle placer o dolor, no lo sé pero, una cosa está clara, ella lo disfrutaba al máximo.

    Estaba excitada, vi que su vagina escurría aquel líquido translucido delicioso. «Mmm, estás mojadita perra», dije. Casi suplicando dijo entre jadeos: «Vamos cómemela la concha puto, qué estás esperando, ¡cómemela la concha hijo de puta», gritó como si fuera una orden.

    No podía desperdiciar esa oportunidad. La acerqué al borde de la cama, acercándola a mí le abrí las piernas y claro, me arrodillé ante ella y empecé a sorber sus jugos vaginales, los cuales parecían interminables… Lamía de arriba abajo de forma descontrolada, dando lengüetazos, mientras ella sujetaba mi cabeza e intentaba introducirse mi cara en su coño.

    Tuve que tomar control de la situación y me coloqué encima asegurándola por el cuello mientras intentaba zafarse. Un par de bofetadas la hizo ponerse a mil. «Fudeme agora, enfia essa rola em meu buraco gosto», dijo.

    Aseguré con firmeza mi verga la coloqué en la entrada de su vagina y empecé a introducirla. Pude ver cómo el pedazo de concha iba lentamente engullendo mi palo bien erecto. -Ahhhsss! -Soltó de forma casi imperceptible.

    La puerta se abrió por segunda vez, ahora era Andressa, la joven garota sólo tenía puesto un bikini azul marino que hacía juego con su cabello rojo enrolado. Se acercó a la cama donde su hermana está siendo castigada por mí. La escena era surrealista. Comenzó a pellizcarle los pechos. Parecía disfrutarlo. De vez en cuando le sobaba el clítoris con fuerza, mientras mi verga entraba y salía a gran velocidad, para después de la nada dos o tres fuertes palmadas.

    Sabía que Bruna no podía resistir más… y se vino. La presión del squirting, literalmente, echó mi verga afuera, al tiempo que me daba un baño de lluvia dorada. Sus piernas temblaban, entonces resolví no tener contemplación alguna. Me así a sus caderas, de modo que no pudiera soltarse y la follé. La follé como jamás en su vida la follaron. Aquellas contracciones en mi cuerpo no se hicieron esperar, era la inequívoca señal que estaba a punto de correrme… y así lo hice. Una vez, dos veces y tres. Retiré mi verga despacito para ver salir mi semen destilar de aquel coño como si se tratará de un botín de guerra.

    Bruna estaba exhausta, tendida sobre la cama sin fuerza. Cuando Andressa se aproximó hasta su entre piernas y empezó a engullir toda la leche desparramada. Bruna se abría la vagina con las pocas fuerzas que le quedaba para que su «hermanita» obtuviera todo lo que necesitaba.

    Esa escena me hizo ponerme tieso nuevamente. Andressa estaba con la cola levantada, me aproximé por detrás para manosear sus firmes nalgas. No podía parar allí. Necesitaba avanzar, por lo que decidí delicadamente despojados de su bikini. ¡Eureka! Andressa se había colocado un plus anal. -¿Te gusta lo que vez, extraño? -preguntó. No pude responder. Me limité a besar las nalgas y fui retirando poco a poco el objeto invasor de su culo.

    Estaba bien dilatado. Mojé un dedo con saliva y se lo introduje. Estaba limpio. Cuidadosamente higienizado. Parecía haber salido de una sesión de clareamento anal.

    Mientras aún terminaba de comerse el creampie que le dejé a su hermana, me miró y dijo: «Bora, chegou tua vez, dá-me tudo o que têm aí safado».

    La acomodé un poco dejándola en la posición ideal para penetrarla. Me unté un poco de saliva en la punta de la verga y la introduje. La sujete por su roja cabellera mientras le daba unas fuertes embestidas.

    Mientras tanto se masturbaba con fuerza. Sus gemidos de placer eran extraordinarios. Cada uno de sus movimientos era una invitación a llenarle el culo de leche.

    “Mmm! Rico! Muito bom garoto! Fudeme mais, pega minha bunda, safado! Shh! Nossa que pica tão gostosa têm este vagabundo»… decía, mientras Bruna, le abría las nalga y se las movía con fuerza.

    Con cada embestida sentía mi verga explotar. Me había determinado hacerla suplicar para que parará, en cambio, parecía ser yo quién perdería esta competencia. ¿Cuál competencia? ¿Ya se han preguntado? Sí, esa en la que entramos cuando cogemos. Una disputa interna para dar placer, a veces, y sólo a veces nos volvemos algo egoístas con nosotros mismos. Porqué no recibir placer y dejarnos llevar.

    Entonces ocurrió me corrí… sentía en cada contracción fluir chorros de leche caliente… Una y otra vez introduje mi verga en el delicioso culo de Andressa mientras disfrutaba la escena. Sus gemidos, eran indescriptibles. Me fue retirando lentamente y su culo empezó a repeler aquella gran cantidad de semen que había minutos antes había depositado en él. Fue cuando Bruna se acercó al culo de Andressa para reclamar su botín.

    Mi semen era el premio mayor. Ambas hermanas de apellido Leite (Leche en portugués) sentían una extrema fascinación por la esperma. La tomaban con tanta naturalidad, cual botella de vino o champán del más fino. Me sentí extasiado, siendo una noche maravillosa, una de las mejores que haya tenido.

  • Mi primo mayor

    Mi primo mayor

    Me llamo Susana, tengo 26 años. Desde que era una niña estuve enamorada de mi primo mayor, él es 10 años mayor. A pesar de eso yo sabía que era imposible estar con él, aunque debo confesar que fue el primer hombre en mi vida, pero esa es otra historia.

    Este viernes él vino a mi casa porque trajo un cargador para el notebook de mi papá, pero mis padres andaban en el supermercado. Lo invité a pasar para esperarlos. También en unos minutos debería llegar mi novio con el que me casaré en 2 meses.

    Nos fuimos a la cocina y como siempre las típicas preguntas de cómo has estado y que has hecho. Yo lo miraba mientras me hablaba y me venían los recuerdos de las cosas que hicimos en el pasado.

    En un momento de la conversación nos quedamos mirando y acto seguido nos besamos.

    Nuevamente sentía sus labios con mi boca y sus manos tocándome. Deslizó rápidamente sus manos bajo mi polera y comenzó a tocarme los senos. Yo lo aceptaba todo porque me excita revivir esta experiencia con él.

    En un momento él se acerca a mi oído y me dice directamente como siempre me ha tratado… “Te lo quiero meter todo en la boc”a. Lo miro a los ojos y sin pensarlo accedo. Me arrodillo frente a él en la cocina, mientras él se desabrocha el pantalón, mete su mano bajo su ropa interior y saca todo su pene muy duro frente a mi cara.

    Me acerco a él abriendo la boca y él me mete de una vez todo su pene dentro de la boca, cierro mis ojos y comienzo a chupárselo moviendo mi lengua desde la punta hasta el fondo tragándomelo todo. Siento como él se mueve y se pone cada vez más duro y caliente dentro en mi boca. Veo a mi querido primo muy excitado conmigo.

    Ya está completamente caliente dentro de mí y pone una de sus manos sobre mi cabeza sujetándome del cabello, me fuerza un poco para meterlo más fuerte sin delicadeza en la boca y yo se lo chupo todo.

    Me pongo un poco nerviosa porque en cualquier momento pueden llegar mis padres o mi novio, al que amo demasiado, es el amor de mi vida y no quiero que me encuentre así.

    Pero me someto a mi primo, me calienta estar así arrodillada dándole un placer prohibido. Soy absolutamente su prima puta durante esos minutos.

    Lo sigo sintiendo muy excitado dentro de mí y comienza a moverse más rápido y más fuerte completamente dentro de mi boca. Me trago todo sus fluidos calientes que salen de su pene, me encanta dejarlo usar mi boca para su placer, me encanta que me tenga así como su perra y pongo mucho entusiasmo en chupárselo todo como él quiere.

    Seguimos así un rato hasta que llegamos al clímax y lo siento correrse todo en mí boca, su semen caliente sale y llena mis labios, soy su perra recibiendo todo su semen, soy la puta que lo masturba con la boca y eso me encanta.

    Lo miro a los ojos muy agradecida, de rodillas en la cocina mientras sigo chupando todo su pene y tragándome todo su semen caliente. Ya es todo mío.

    Cuando terminamos, aún él con su pene en mi boca para tragármelo todo, siento sonar el timbre, rápidamente me puse de pie y me arregle la ropa. Él se abrocha el pantalón y yo voy a la puerta tragando saliva y todos los fluidos. Eran mis padres que regresaban con las bolsas del supermercado y con ellos venia mi novio con el que se encontraron en la entrada.

    Saludé a mi novio con un beso en la boca y entramos a casa. Mis papás y mi novio saludan a mi primo y mientras miro esa escena, me avergüenzo de lo que sucedió en la cocina, porque no alcancé a tragarme todo todo todo el semen del pene de mi primo. Y no quiero que él se lleve un mal recuerdo de mí, aún tengo el sabor de mi primo en la boca.

  • Norma, mi vecina caliente (Parte II)

    Norma, mi vecina caliente (Parte II)

    Después de ese día que estuve con Norma, estuvimos escribiéndonos, por mensajes de whatsapp, lastimosamente para el día lunes 16 de marzo del año 2020, comenzó en Venezuela el aislamiento social, cuarentena y demás locura producto de la pandemia del Covid 19.

    Ya era lunes 30 de marzo y Norma me decía por mensajes que necesitaba mi pene, que si era malvado por hacerla sufrir, así que ideamos para esa noche yo pasar la noche en su casa, cuadré con un amigo que es policía por si acaso por lo de la restricción.

    Ese lunes, en la noche salí como a las 20 h de la noche con la excusa de ir a jugar dominó con unos vecinos a unas cuadras de la casa, Norma tenía la puerta abierta, casualidad que la vecina de ella no estaba en el porche, no había gente en la calle, también por la brisa algo fuerte y fría.

    Rápidamente examino los alrededores, constato que no hay moros por los lados, le escribo a Norma para saber sí está atenta, me responde que la puerta de la calle está abierta, entrejuntada, sigilosamente y muy rápido pasó la calle que me separa de la casa de Norma e ingreso en el porche de la casa de Norma, ella estaba escondida entre las matas que tiene, causándome un susto que muy ágilmente fue silenciado al colocar una mano en mi boca y la otra en mi pene.

    Una vez calmado mi susto ambos reímos silenciosamente, procediendo a ingresar a su casa, al cerrar la puerta de la sala, empezó la locura de besos, caricias, le tomé por sus pechos, amasándolos suavemente, olía rico, estaba recién bañada, su cabello aún mojado, velozmente nos desvestimos, queríamos aprovechar cada minuto, a pesar de tener toda la noche, me tomó por mi erecto miembro, el cual ya asomaba líquido pre seminal, en dirección a su cama, me tumbó, una vez en la cama puso en mi cara esa gran cucota, olorosa a jabón, cuidadosamente rasurada, Norma sin perder tiempo se llevó mi pene a su boca, comenzando un oral agresivo, me lo chupaba bruscamente, como queriendo extraer mi leche desde mi interior. La ubiqué en la cama boca arriba expresándole:

    Yo: Cálmate mamacita, hoy vas a llevar más güevo que sartén de arepera de pobre!…

    Comenzando por abrir esos grandes cachetes y metiendo mi lengua, Norma ya estaba goteando, sus líquidos un poco saladitos, transparentes, muy viscosos, súper viscosos, caliente, al sentir mi lengua ingresar en medio de esos cachetes, Norma se contrajo de tal forma que me apretó con sus piernas en el cuello, eso no me detuvo, le tomé una mano, la cual Norma me la apretó fuertemente y fue bajando la fuerza que le ejercía a sus piernas, con mi otra mano libre la ubiqué en la boca de Norma para simularle que estaba mamando algo y así aplacar sus posibles gritos, en cuestión de minutos Norma alcanzó un colosal orgasmo, yo seguía en mi faena, por breves momentos le mordía suavemente esa Cucota a Norma, para lo cual Norma expresaba:

    Norma: Ay ay ay ahiii que rico no jodaaa!

    En una de esas Norma me toma por las orejas y me dice que la penetre, no me hago de rogar, me coloco boca arriba, ella se me encima abre las piernas, toma mi miembro y con su mano lo sitúa en la entrada de esa cuca, grande, cachetona, de lo abultada que la tiene, el penetrarla es muy placentero, gracias a su orgasmo y lo que la lubriqué con el oral, Norma va descendiendo poco a poco, suspirando, con los ojos cerrados, mientras le tomo por sus tetas para llevármelas a la boca.

    Una vez con mi pene adentro en la vagina de Norma, ésta comienza un suave va y ven, acompañados de movimientos circulares, apretando la vagina, yo tengo a Norma con mis manos en su culo algo chato, arañándole y amasando esas nalgas, por momentos le metía mi dedo medio en su vagina para lubricarlo e introducirlo en su ano, Norma disfrutaba, muestra de ello lo que decía:

    Norma: Si si papito, que rico, cógeme así, si papi dame duro, esguázame esa cuca, quiero güevo, si que rico, uf dame más no joda, si si si siii!

    Tuve que quitar mi mano izquierda de su nalga y ponerla en su cabeza para quitar mis labios de sus pechos y empezar a besarnos locamente para aplacar sus gritos, ya que todo estaba en total silencio, tanto así que escuchaba apenas lo que los vecinos de al lado de la casa de Norma hablaban, pero no quería correr riesgos, Norma meneaba sus caderas muy rico, apretando más su cuca ya no aguantaba más le acabé bien adentro llenándole su cuca con mi semen…

    Norma cayó rendida sobre mi pecho, amos con la respiración agitada, mis testículos estaban mojados de los flujos de Norma y parte de mi semen, la habitación olía a Norma, semen, quedándonos dormidos por unos 50 minutos aproximadamente…

    Al despertar ya eran casi las 23 h, siento una mano acariciar mi pene, éste empezó a recobrar fuerzas, luego veo como Norma engulle mi pene erecto en esa boca tibia, lamía mis bolas, luego pasó su lengua cerca de mi ano, siguiendo por mis testículos, para llegar a mi cabeza del pene para volverlo a engullir, Norma era un mujer caliente, de hecho luego de esa sesión me comentó que su esposo que es un poco más joven la dejó por no poder llevarle el paso y con la llegada de la menopausia ha sido peor la cosa. Luego de unos minutos disfrutando de un rico oral, donde magistralmente Norma sabía cuando detenerse para evitar que me viniera, la puse en cuatro, con mi pene en la mano le rozaba la cabeza por la entrada de su cuca haciendo que se contorsionara, ésta operación la hice como cinco veces, porque a la siguiente Norma se voltea y con tono fuerte me die:

    Norma: Métemelo no joda que me tienes arrecha de lo caliente que estoy…

    Le introduzco un poco fuerte, mis testículos chocan con sus nalgas, con una mano le jalo del cabello con la otra la tomo por el hombro, comienzo a embestirle, a los minutos le saco mi pene y Norma se lo lleva nuevamente a la boca, lo lamía de abajo a arriba, en eso me siento en la esquina de la cama, tomo a Norma y dándome la espalda la siento en mis piernas, ella descifra mi intención, se levanta, toma mi pene con una mano, con la otra de abre la cuca orienta mi pene hacia su vagina dejándose caer suavemente…

    Norma: Coño que rico papi, si así dame ahí rico, shhh uf que sabroso no joda…!

    Norma tenía esa cuca mojada, cuando bajaba movía su cadera, apretaba mucho más esa cucota, con mi mano izquierda masajeaba su pecho izquierdo, mientras que con mi mano derecha le introducía el dedo medio en su vagina, esto para simularle una doble penetración ya que rozaba su clítoris produciendo la locura en Norma.

    Norma llevaba varios orgasmos, me tenía sus manos apretadas bien duro un poco más arriba de las rodillas, meneaba esa cintura bien rico, lo que le sobraba de mal humor y carecía de atractivo lo compensaba en calentura…

    Norma: Dame güevo papito, que rico, ahí ahí papi, ya viene otro uhhh ah ahí ahí no jodaaa!

    Norma empezó a morder suavemente el dedo que tenía en la boca, presionándolo con sus delgados labios, se lo sacaba hasta las yemas del dedo medio y se lo introducía simulándole otro pene que estaba mamando. Con mi dedo que tenía metido en su cuca junto con mi pene le agitaba y hacía menear sus caderas. Ya no aguantaba más y se lo hice saber susurrándole al oído:

    Yo: Mami ya no aguanto voy a acabar, que rica cuca, tienes…!

    Norma: Aguanta papi ya viene otro acaba conmigo, que rico no joda, si coges rico… ahiii!

    Yo: Si mami tu eres una puta bien rica mueve esa cucota no joda grandísima putaaa!

    Ambos acabamos juntos, le envié la segunda carga de la noche, Norma inundó mi mano con su corrida y mi leche, le dejé por un rato mi dedo adentro, lo cual hizo que Norma siguiera su movimiento de cadera hasta lograr otro orgasmo, un poco más intenso porque se echó para atrás quedando yo entre la cama y Norma…

    Cansados, sudorosos, una vez calmados, nos metimos a bañar, nos aseamos, viendo que iban a ser las 2 de la madrugada. No juzgo al ex esposo de Norma, ya que ésta mujer quería seguir la rumba, nos pusimos a ver una película, arropados, puse la alarma a las 5:50 h, Norma se acostó abrazándome acariciando mi pectoral con una mano, mientras que con la otra acariciaba mi pene buscando revivirlo, fue ahí cuando me dijo:

    Norma: No sé tú, yo disfruté, pero quiero seguir tirando!

    Quedé helado ésta mujer es una máquina, después de dos buenas sesiones, quería seguir, mirándola suavemente, me le lancé a sus pechos, los empecé a besar suavemente, dirigí una mano a su vagina, introduciendo el dedo medio en su vagina, ya mojada, empecé un moderado mete y saca, Norma empezó a moverse, gemir suave, mientras acariciaba mi corto cabello, Norma se mordía los labios, en clara señal de disfrute, no estaba simulando, su cuca era un río, inundando la recámara con olor a sexo, mi pene ya estaba un poco erecto, nos ubicamos para un rico 69, al meterle mi lengua en el medio de esos grandes cachetes vaginales Norma comenzó a contraerse, a gemir tragándose sus gemidos, apretando mi cara con sus piernas, explotando su cuca llenándome la cara con sus jugos, con mis dedos tomé una buena porción de esos jugos, llevándoselo a la boca de Norma, aspiró, saboreó, degustó para luego fundirnos en un beso apasionado, haciendo un esfuerzo enorme con una erección producto del esfuerzo y una buena mamada de Norma le introduzco mi pene en su vagina, Norma me hace un candado con sus piernas dirigiendo el ritmo, me lamía la oreja, resoplaba diciendo:

    Norma: Vamos papi si puedes que rico si ahí dame rico ahí ya me vengo, quiero que me cojas como lo has hecho, ahiii!

    Yo: Claro mami te voy a coger las veces que quieras puta, muévete no jada!

    Le amasaba las pocas nalgas a Norma, arañándoselas, ella por su parte me amasaba y masajeaba la espalda, me alternaba también clavando las yemas de sus dedos en mis nalgas y espalda.

    Cuando no pude más vacié lo poco que me quedaba, puede decirse que casi agua, jajaja, terminando exhaustos, cansados sudorosos.

    Cuando caímos en cuenta de la hora eran las 5:40 aproximadamente, me levanté fui al baño a asearme un poco, me vestí, le di un beso ardiente apasionado a Norma, luego disimuladamente se asomó a la calle verificando de que no estuviera nadie en la calle tomé mis llaves y salí a mi casa casi al frente de la de Norma. Ese día dormí todo el día exprimido…

  • Mi sobrino me hace su puta

    Mi sobrino me hace su puta

    Fabián, mi esposo, me plantea un día que un sobrino suyo quiere pasar unos días de vacaciones en nuestro hogar. Le digo que no hay problema con eso, que estaba de acuerdo siempre y cuando no se extralimitara de tiempo ya que estoy súper acostumbrada a estar sola en casa y andar a mi gusto en ella.

    Pues bien, llegó el chico llamado David, hijo de un medio hermano de Fabián y que sabía yo que era algo pendenciero, medio patán. Pero bueno, no podía negarle a mi marido una petición como la que hizo. Así, instalé al chico en el cuarto de huéspedes. David era un joven de 18 años que se encontraba de vacaciones de la Universidad, delgado y de agradable aspecto físico, salvo su conducta que me producía cierta desconfianza, aparte que me miraba cuando podía de manera licenciosa.

    Llevaba ya dos días David en casa, yo tenía que controlar a mi perro Papi para que no se lanzara a mi sobrino. En una oportunidad, sirvo el almuerzo y llamo al muchacho varias veces y este no me responde. Decido ir hasta su habitación y abro la puerta sin tocar, encontrando a David desnudo acostado masturbándose en la cama:

    -¡Ay Diosss! Perdón David… Debí tocar, ¡qué pena! -Y me volteé rápidamente, saliendo y cerrando la puerta de golpe.

    Me puse roja como tomate, sentí vergüenza por haberlo visto así y haber sido tan indiscreta de irrumpir de esa forma en su cuarto. Estoy acostumbrada a ver hombres desnudos, pero este era el sobrino de mi esposo, no sé. Al rato se apareció en la cocina como si nada, y en toallas, yo estaba aún ruborizada y no le veía la cara mucho, pero el muy descarado se sentó y le reclamé:

    -David, en la mesa uno no se sienta en toallas, okey? Anda y vístete para comer.

    -¡Bah tía! ¿Eso qué importa? Total, ya me viste encuerado, ha ha ha. Estamos en total confianza…

    -Ya te pedí disculpas por eso, ¡mas no me gusta que abuses de mi confianza, muchachito!

    -¿Abuso? Abusadora tú que entraste a mi cuarto así no más, sin avisarte primero.

    -Mira David, estoy en mi casa y acostumbrada a estar sola mucho tiempo… La verdad cometí ese error, pero acá las normas las pongo yo, ¡y no me faltes el respeto! Además, ¿qué hacías masturbándote ahí? ¡Vete al baño chico!

    -Pues me hacía la paja pensándote, esos chores y blusita que cargas me traen a mil…

    -¿Qué dices? Pero buenooo ¿qué groserías son esas, ah? Respeta es la cosa que te doy una trompada…

    -No te pongas brava Verónica, pero es que me gustas mucho, estás buenísima y tienes una carita de puta, de zorra que tan sólo verte se me para, mira, mira…

    El tipín se quitó la toalla y quedó con su falo erectote ahí al lado del mesón de la cocina, yo me quedé muda, no sabía cómo actuar. Entonces se acercó a mí, me tomó por los cabellos y me empujó hacia abajo, no ofrecí resistencia, creo que estaba impactada por muchas cosas al mismo tiempo… Era el sobrino de mi marido y mi sobrino político por tanto, era un abusador que sin más me agarraba a la fuerza para forzarme a chuparle el pene, su desnudez y descaro, su verga ahí deseosa por mí… Todo era confuso en mi mente, pero me dejé llevar por mis bajas pasiones y sus órdenes:

    -Vamos perra, bésame el güevo… Veo en tu cara las ganas que tienes de lamerlo y chuparlo, vamos ¡obedece puta de mierda!

    Sin decir media palabra le comencé a besar su virilidad para luego acariciarla con mis manos y lengua, estaba poseída, atontada… Después de ello inicié la mamada, chupaba su glande para ir introduciéndome el resto de su carne palpitante en mi boca, el chico se lo gozaba y echaba su cuello para atrás. Allí estaba yo, sometida por el sobrino de mi marido y disfrutando de su rica herramienta joven que, al ratito, se vino en mi garganta:

    -Aaaahhh, aggghhh, coño qué vaina tan buena, agh ¡puta, sabía que eras una puta! Todo el tiempo lo supe, ha ha…

    Se reía mientras yo me puse de pie y busqué una servilleta para limpiar mis labios. Medio molesta, pero saboreando esa leche masculina que me encanta, lo encaré:

    -Mira David, esto no debió haber pasado ¡fue un momento de locura, pero hasta aquí! No podemos andar haciendo este tipo de cosas por razones de sobra, además somos familia y…

    -¿Familia? -Me interrumpió el flaco de marras- Que yo sepa soy familia de mi tío, pero tuya no, ha ha. Además, me mamaste la polla como toda una experta y no opusiste resistencia… Así que calladita y no digas bobadas, desde hoy y mientras esté aquí te voy a poner a mamar cuando se me plazca, además, te voy a coger y hacer mi mujer cuantas veces quiera, entendido?

    -¿Pero qué te has creído zagaletón? ¿Qué, vas a venir a darme órdenes en mi propia casa y someterme como si fuera una noviecita tuya? Estás muy equivocado…

    -Equivocada estás tú, pedazo de perra… Yo ahora soy tu marido sustituto y me vas a obedecer, y verás que te gustará cómo te follo toda, hahaha.

    Sentí ganas de traer a Papi para que le diera una paliza, pero reflexionando bien, podría causarle mucho daño y tampoco era para tanto. Me acerqué para abofetearlo, pero David fue más rápido y me agarró fuerte, tratando de besarme, quitaba mi cara hasta que sentía que me faltaba el aire y me hizo bajar la guardia… Metió su lengua en mi boca y yo empecé a corresponderle, eran besos lujuriosos, desenfrenados, me hacían sentir tan bien… Luego se apartó un poco y me desvistió, me tocaba y magreaba por todos lados, sus ojos brillaban ante mi cuerpo que se sometía a sus deseos carnales:

    -Aaahhh tía Verónica qué buena estás… Eres una maravilla, una delicia, una verdadera ricura… ‘Cómo debe gozar el tío contigo! Pero ahora me toca a mí, si supieras las veces que me he pajeado imaginándote así, desnudita, mamarme la pija, metiéndotelo, ushhh, ussshhh…

    -Ummm, esto no está bien David, no, no… Mmmmm…

    -Gózalo nena, dedícate a disfrutar ahora nada más porque te voy a dar duro ¡cómo te debe gustar!

    Me acariciaba toda sin dejar una parte de mí que no hurgase, apretaba mis nalgas, me besaba el cuello, metía su lengua en mis oídos erizándome la piel, mis tetas las mamaba, succionaba mis pezones y me los ponía paraditos, bajaba besando mi ombligo, mis muslos, pantorrillas… Me dio vuelta y subió moldeando con su boca y manos mi parte de atrás. Después se sentó en el piso para chupar y lamer mis pies, mis deditos, mmmm, eso me causó un mini-orgasmo fenomenal… Me cargó y sentó sobre la mesa para meterse de lleno en mi vagina y darme chupadas y roces de lengua que causaban mi delirio:

    -Aaaahhh, mmm… divino amor, chúpame así, tan rico… Mmmm ¡te deseo!

    Y exploté en orgasmos supremos, ¡Diosss! Con algo de furia por la excitación de ambos, pegamos nuestros cuerpos viéndonos ávidos de coger, así que tomé su palo y lo introduje en mí, para que empezase a darme duro tal cual lo prometió:

    -Aaagggh, ayyy, duro así… Dame fuerte amor, cógeme como querías hacerlo siempre, ahora estoy a tu servicio, a tu disposición, agghhh… soy tu hembra, tu posesión, tu perra…

    -Sí, eehhh, sí… Divina, ahhh, mi perra, mi puta tía que goza como me la cojo… Ahora eres mía, mía… Ahhhh… Te cojo mejor que el tío, verdad?

    -Ayyy si mi amor, tu verga es más divina y me penetra mejor que la de tu tío, ocupa toda mi cuca, aagghhh, ahora sólo quiero tu pene para que me haga su esclava, amo tu vergota, dame durísimooo, aaagghhh…

    Me vapuleó en esa posición un ratote, luego me cargó hasta llegar a la pared donde apoyé mi espalda y seguía siendo clavada por la verga tiesa y joven que me arrancaba gritos, aullidos, hasta que se produjo su eyaculación en conjunto con otra acabada mía majestuosa. Entonces me tomó fuerte por la cara, me besó y me tiró a un lado:

    -Ufff, eres toda una puta de lujo… Ahora me voy a bañar y tú te vienes conmigo que estás full de leche, haha ¡Perra sucia!

    Como esclava sumisa me fui con él hasta su baño, allí lo enjaboné y limpié, me puso a mamársela de nuevo hasta chorrearse en mis senos, salió y me dejó para que me duchase y lavase. Salí yo, me fui a la cocina a recoger mi ropita mientras David comía y leía una revista sin casi dirigirme la palabra. Me fui al cuarto y me acosté a dormir, algo aturdida por todo pero satisfecha.

    (Continuará).

    No estoy buscando sexo, ni encuentros, no doy Cam.

    Espero les haya gustado, si quieren mandarme sus comentarios a:

    [email protected].

    Cuídense del Covid, quédense en casa, besitos.

  • Gallinita ciega (Parte 2)

    Gallinita ciega (Parte 2)

    Mi esposa me ve salir del baño y ve que detrás mío venia Felipe, sin saber que ya habíamos conversado y planeado nuestro juego y que la involucraba.

    Celeste: es idea mía o tu venias conversando con el tipo del que te conté?

    Yo: No, me lo topé en el baño, pero nada más ¿vamos a bailar?

    La noche transcurrió rica, caliente o mejor dicho calentando a mi esposa, se notaba que ella buscaba algo, pero Felipe ya se había retirado, esperando mi mensaje.

    Entre baile y baile, yo me apegaba a las caderas de ella y varias veces aproveché de meterle mano aprovechando que había bastante gente y no se notaba, ella como estaba ya caliente, en esas metidas de mano mía ella bailaba con el tipo que le quedara al frente, y se dejaba guiar en el baile, dejaba que le pusieran las manos en la cintura e incluso varias veces noté que esas manos agarraban sus glúteos, ahí ella recién me miraba pensando en alguna reacción mía, pero notaba que yo estaba disfrutando.

    Terminó un tema y el tipo que había quedado al frente de ella, la invitó a un lado, pero ella coquetamente le dijo que no, se dio vuelta y me dijo:

    Celeste: Amor si no me llevas ya a un motel, no respondo de mis acciones acá.

    Yo: guauuu, eso no me lo pierdo, vamos.

    Salimos con dirección a un motel cercano y bien hermoso, en el auto mientras manejaba yo le metía mano en su entrepierna y ella se echaba hacia atrás y disfrutaba de ese leve dedeo.

    Cuando llegamos, ella entro rápido a la habitación número 4… Ojalá que sé de qué desee ponerse en esa posición…Yo inmediatamente le envié un whatsapp a Felipe.

    Yo: Felipe, motel dos corazones, habitación número 4.

    Felipe: Jaime, estoy afuera los seguí en mi auto, déjame la puerta junta.

    Yo: okey, yo tendré a mi esposa desnuda y arrodillada, con los ojos vendados y con esposas en sus muñecas.

    Felipe: ufff, voy voy.

    Cuando entré a la habitación y previo pago de esta, no quise ni pedir nada, para que no nos molestaran, grande fue mi sorpresa al ver a Celeste desnuda de pie y diciéndome:

    Celeste: Amor soy toda tuya, estoy dispuesta a todo.

    Yo: así me gusta, ponte de rodillas aquí en el piso sobre la almohada, tus manos atrás, le puse unas esposas y le vendé sus ojos, quiero que disfrutes todo y ahora prepares esa boquita para mí.

    Celeste: y yo tendré algo?

    Yo: solo si tú quieres y lo pides, yo no hace nada.

    Celeste: okey te aseguro que lo pediré

    Le dije que iba al baño, pero me acerqué a la puerta y ahí ya estaba Felipe, entró despacio y quedó con la boca abierta al ver a mi esposa en esa posición y desnuda, donde resaltaba sus redondos y tonificados pechos.

    Me acerqué a ella por detrás y empecé a manosear sus pechos y jugar con su duro pezón, ella tan solo gemía y se echaba para atrás, Felipe se había empezado a desvestir y quedar en bóxer y su verga ya se marcaba en él.

    Me puse delante de Celeste y dejé caer mi pantalón y bóxer y mi verga ya estaba cerca de sus labios.

    Yo: Amor, abre tu bella boca, y deja que entre mi duro miembro.

    Celeste: mmmm, ya lo tienes duro mi amor, te gusta lo que ves y lo que tocaron tus manos?

    Yo: mi amor estás exquisita, por eso creo que hoy te miraron tantos hombres.

    Celeste: me miraron y dos de ellos pusieron sus manos en mi culo, te soy sincera me sentí muy deseada.

    Yo: y te hubiese gustado que pasara algo más?

    Celeste: ahora que estoy caliente te digo… Sí, me hubiese gustado también tocar o bien sentir alguna verga en mi culo mientras bailábamos, pero nada más.

    Yo: bueno ahora yo me aprovecharé del trabajo de otros.

    Metí mi verga y ella empezó a mamarla, besarla, chuparla y no la sacaba de su boca, así no podría hacer mi jugada y maldad, pero con los minutos empezó a darle pausas entre mamada y mamada, ahora ya la sacaba de su boca y aprovechaba de respirar.

    Celeste: mi vida, te gusta, está bien así.

    Yo: si mi amor, no sabes lo rico que se siente tu lengua, recorriendo todo mi miembro. -Ahí fue justo el momento que me alejé y llamé a Felipe.

    Celeste: bueno no seas malito y déjame acabar y tomarme tu leche, tráela a mi boca de nuevo.

    Felipe tomó mi posición, no sin antes, dejar caer su bóxer y dejar descubierto su gruesaaa y grande verga… la mía es normal y larga, diría yo unos 19-20 cm, y de grosor unos 14, pero la de Felipe sin exagerar debía andar en unos 22-23 cm de largo y de grosor en unos 18, pobre de la boca de mi esposa.

    Celeste: aquí está esta cabecita, besitos para ella… muak muak…

    Celeste empezó a chupar una verga de un desconocido, pensando que era la mía, empezaba a mover su lengua por todo el miembro de Felipe, el glande su tronco.

    Celeste: amor también estás muy caliente, se nota como está tu verga de gruesa ya explota, me gusta ser yo quien te la tenga así.

    Yo: si mi vida, chúpamelo ahora, como tú sabes.

    Celeste abrió su boca y yo veía como la verga de Felipe se iba perdiendo en la boca de ella, ella hizo algunas arcadas, se la sacó, respiró… “que rica está”, dijo y volvió a meterla y empezó a mover su boca dándole la mejor mamada, Felipe ya gemía de placer y eso hizo que mi esposa aumentara el ritmo.

    Celeste: ahhgg, ahhgg, shuuuu… está muy rica.

    Y de pronto, cuando yo creía que Felipe se iba a venir en su boca, fue celeste la que dijo las frases que yo quería y no quería escuchar.

    Celeste: Amor, llévame a la cama y trae tu boca a mi vagina.

    Yo: eso quiere?

    Celeste: Si, amor tu boca en mi vagina.

    Felipe no ocultó su sonrisa, yo asumí que mi esposa lo había pedido y yo entregaría su vagina a la boca de este extraño, extraño que si trabajaba bien, su lengua podría lograr meterle esa gran verga a mi esposa… ya las cartas estaban echadas y a disfrutar siendo un espectador.

    Celeste: eso, ahí, eso sigue, sigue, mete tu lengüita… ufff amor amor… que rica la mueves hoy, está como distinta, mas juguetona… y eso y esooo haceee queee ufff yaaa yaa estaaa rica no pares…

    Si, lo reconozco, Felipe se manejaba muy bien, y sobre todo si estaba apostando a escuchar de los labios de mi esposa… «MÉTEMELO»… sé que mi esposa si no logra un orgasmo, la cosa puede que se enfríe, pero no iba a hacer hoy.

    Celeste: Amor, amooor, que ricooo… uhhh uhhh siii damee dammee yaaa me vengo sigue sigue no pares por favor… dale mueve esa lengua, ufff ahí siiii que ricooo, dame vuelta, cómeme mi culo con tu lengua.

    Felipe la dio vuelta con cuidado y la puso con su culo levantado, le separó sus piernas, puso sus manos en los glúteos de ella, se los abrió y empezó a meter su lengua recorriendo desde la vagina hasta el ano, ahí se quedó y empezó a darle un gran beso negro.

    Celeste: uh nooo que rico, baja baja métela en mi culo… ufff que rico, dame lengüetazos amor… NOOO ME MUERO, ufff sigue sigue, métemela en el culo, dame lengüetazos amor, ufff que rico… ya vengo sigue sigue… ufff siii…

    Celeste acabó con un gran orgasmo, se dejó caer de cara en la cama y yo veía como sus piernas temblaban.

    Celeste: amor hace mucho tiempo que no me hacías explotar así… dame vuelta por favor.

    Felipe la da vuelta y acomoda su cabeza en la almohada, pero Celeste sintió en su mejilla la verga y se giró, la buscó y la empezó a chupar nuevamente.

    Celeste: está muy gruesa y grande… que haremos?

    Yo: Yo feliz así… ufff que rico.

    Celeste: ahhgg ahhgg shuu shuu… si eso quiere… pero no puede ser egoísta… ¡QUIERO QUE ME LA METAS!

    Yo: segura?

    Celeste: Si, mi vida hoy no sé qué le hizo, pero está muy grande y rica, se nota tus venas… así que si quieres te suplico… MÉTEME ESTA VERGA GRUESA EN MI VAGINA… Y HOY MI CULITO… TAMBIÉN SE LA QUIERE COMER.

    Yo: es rico escucharlo… de nuevo y lo dejaré grabado en el celular.

    Celeste: bueno amor como quieras, graba esto y si quieres puedes filmar como me lo metes… escucha: méteme ese grueso y grande verga en mi vagina y luego si te quedan ganas… con esa misma verga gruesa métemelo y rómpeme mi culo.

    Felipe me mostró una gran sonrisa y yo por fin vería a mi esposa ver como la penetraba otra verga y tal vez como ese monstruo de carne se la culeaba…

    Uff esposita espero que nunca te enteres de que no fui yo.

    Continuará… mañana.

  • Pecando en la Iglesia

    Pecando en la Iglesia

    Me llamo Andrea, tengo 19 años y mi novio 23.

    Como todos los domingos en la tarde fuimos a la iglesia y cuando llegamos mi novio me dice que necesita pasar al baño, lo acompaño y lo espero afuera.

    Después de un rato siento que abre la puerta, me toma del brazo y me lleva dentro del baño.

    Inmediatamente comienza a besarme y manosearme mientras me presiona contra la puerta, pero me pone nerviosa y le digo que salgamos porque puede venir alguien.

    Pero él me da vuelta y me pone contra la puerta.

    Me dice “quédate quieta!”.

    Me abraza por atrás y pone sus manos en mis senos, siento como me los aprieta mientras su respiración y sus besos pasan por mi cuello y eso provoca que mis pezones comiencen a colocarse muy duros.

    Baja una de sus manos y sobre la falda me toca la vagina lo que me calienta aún más, puedo sentir la punta de sus dedos moviéndose entre mis piernas mientras me presiona contra la puerta.

    Como acto reflejo levanto mí trasero y él me presiona más con su pene duro. Esta situación me empieza a excitar mucho más, pero sigo preocupada porque puede venir alguien y trato de decírselo, pero él no me hace caso.

    Entonces decido dejarme llevar para que termine rápido.

    Él sigue con sus dedos sobre mi falda tocándome la vagina lo que me tiene caliente. Sé que no hemos seguido las enseñanzas de la iglesia y hemos fornicado varias veces, pero esto estaba demasiado rico.

    Él ha sido mi primer hombre en todo sentido, mi primer sexo oral y vaginal.

    Pero lo que menos me ha gustado probar es el sexo anal y él tiene una fijación con eso.

    Con sus manos me sube la falda mientras se mueve presionando mi trasero. Me deja expuesta en calzones, mientras él se comienza a desabrochar el pantalón.

    Saca su pene y lo siento muy duro cuando me roza el calzón por atrás.

    Debo reconocer que no tiene un pene grande, pero aun así me causa incomodidad cuando me lo hace por atrás.

    Me aprieta con su cuerpo dejando una de mis mejillas apoyada contra la puerta y me dice al oído “Andrea bájate el calzón”. Él estaba muy caliente conmigo y lo podía sentir en su respiración y eso me seguía excitando mucho más.

    Me bajé el calzón hasta los muslos y él me abrió las piernas hasta sentir el calzón tenso entre ellas.

    Siento su pene duro rozar mi trasero desnudo. Sé lo que él quería y aunque estaba excitada, no podía evitar pensar en el dolor.

    Con una de sus manos acomoda su pene en mi trasero y le pido que lo haga despacio.

    Él se mueve y comienza a introducir su pene dentro de mí, lo hace suave, pero de todas formas siento el dolor. Con sus manos me toma de la cintura y comienza a meter su pene cada vez más profundo dentro de mí.

    Me penetra completamente y comienza a moverse fuerte, pierde toda delicadeza conmigo y otra vez me hace sentir que se está follando a una puta. La puta Andrea.

    Me comienza a dar duro mientras estoy inmovilizada contra la pared y no se detiene.

    En un momento siento que se sale su pene y pensé que esto sería todo. Pero insiste nuevamente y con su mano acomoda otra vez su pene en mi trasero y me penetra fuerte de una vez.

    Me tengo que morder los labios para no gritar y él sigue moviéndose cada vez más rápido y más fuerte.

    Me aprieta con fuerza contra la pared, siento dolor y todo su pene caliente dentro de mí. Apenas puedo respirar o moverme y él sigue muy excitado y caliente conmigo. Lo siento todo dentro de mí y así cada vez más fuerte sin detenerse, me muerdo los labios para no gemir hasta que al fin lo siento correrse en mi trasero, dándome todo su semen caliente.

    Lo que me hace sentir una extraña sensación de dolor y placer.

    Me deja un momento todo su pene caliente dentro de mí lo que me hace sentir muy pecadora, miro el espejo y me veo como una puta abierta de piernas en el baño.

    Él se separa de mí y su pene sale. Me sube el calzón como si ya terminara de usarme. Me arregló la falda y salimos del baño, de milagro no ha venido nadie.

    Más tarde mientras estábamos escuchando la predicación, sentía algo de dolor y no podía borrar esa imagen que vi en el espejo del baño. Idea que era reforzada porque aun sentía su semen caliente en mi trasero y esto es pecado.

  • Las reliquias de los Primeros

    Las reliquias de los Primeros

    Capítulo 1. «Una y solo una»

    El joven Thorsten cabeceaba a cada rato y no prestaba atención al camino. Se limitaba a cabalgar tras los pasos del caballo de su sierva sombra. Ni siquiera conocía el nombre de aquella aldeucha hedionda en la que estaban ya entrando y donde harían fonda esta noche. Para él todas eran iguales. Poblachos de cuatro casas cochambrosas y una taberna que siempre estaba llena de patanes campesinos y mujeres gritonas, melladas y de cabello sucio. A él le gustaban otra clase de hembras: las damas jóvenes aunque algo mayores que él, delicadas y con modales. Y sobre todo de familias ricas, como su nueva sierva. De cabello fino y dorado, buenos senos y mejores tragaderas.

    La sierva detuvo su caballo en la desierta plaza de la aldea, frente a la moribunda antorcha que anunciaba una posada. Descendió con cierta torpeza, remangándose el vestido sin mucha maña, ató su caballo y esperó de pie en el lodazal a que arribara el caballo de su señor.

    —Me traes siempre a sitios de mala muerte, idiota —se quejó el joven señor cuando llegó a su lado y vio al aspecto de la posada.

    Thorsten bostezó largamente, se llevó la mano bajo la pechera abierta de su gabán y se rascó. Entonces bajó de su montura, prácticamente de un salto, se estiró y, separando un poco las piernas, se acomodó con la mano la verga bajo el pantalón, hasta que estuvo cómodo.

    —Bien, entremos —ordenó entonces—. Parece que va a llover de nuevo.

    En plena noche la posada se hallaba tranquila. Quedaban solo tres o cuatro clientes, borrachos ya y durmiendo con la cabeza apoyada sobre las mesas, roncando ruidosamente. Incluso el tabernero daba cabezadas, sentado tras la barra en la penumbra. La mitad de las lámparas de aceite se habían apagado ya y los rincones de la taberna estaban sumidos en la oscuridad.

    El joven Thorsten recorrió el pasillo entre las mesas y sus pasos resonaron pesados sobre los tablones del suelo. Llegó hasta la barra y golpeó con los nudillos sobre la superficie de madera.

    —Eh, despierta —dijo—. Mi acompañante y yo tenemos hambre.

    El hombre se sobresaltó en su asiento, sorprendido por el repentino ruido. Levantó los ojos y se extrañó al ver a un joven serio y ceñudo chasqueando los dedos a un centímetro de su cara, con impaciencia por ser atendido.

    —Buenas noches, señor. Me había quedado traspuesto. Suele haber poco movimiento en Molinos del Rey a estas horas de la noche.

    Thorsten achinó un poco los ojos y observó al hombrecillo. No era más que un alfeñique bastante mayor que él y al que el joven le sacaba una cabeza de altura, siendo generosos. Era pequeño y muy delgado, con un pelo rubio y fino y la piel pálida como la de una doncella. Solo uno de los brazos del joven abultaba más que todo el cuerpo de aquel pobre miserable.

    —Si tienes ternera sírvenos dos piernas, y el mejor vino del que dispongas. También necesitaremos una habitación.

    Thorsten dejó caer el último hueso roído sobre la escudilla de latón. Resopló, satisfecho, y entonces se echó atrás en su asiento y apoyó los codos en el respaldo. Su pecho se hinchó levemente y dejó escapar un sonoro y larguísimo eructo.

    Mientras se hurgaba con la lengua entre los dientes se dedicó a observar a la hembra que mantenía sometida con artes negras. Incluso en los días fríos la obligaba a llevar abierto el abrigo sobre el pecho y desabrochados los primeros cordajes de su escote, de modo que se mostrara mucho de sus hermosos senos.

    —Cuando estemos arriba me voy a correr entre esas dos —dijo con una sonrisa socarrona y arqueó las cejas, mientras señalaba con el dedo índice a los senos de su sierva.

    Ella no replicó, solo afirmó brevemente con la cabeza y sus labios se curvaron mínimamente en lo que parecía una sonrisa de asentimiento. Pero nada más, ni una palabra. Solo aquella mirada cansada y hueca.

    Entonces el joven se asomó de nuevo hacia la barra y llamó al encargado de la taberna. Le hizo un gesto, señalando hacia la planta superior y recordándole que había pedido una habitación y el hombre asintió y desapareció escaleras arriba.

    Thorsten se abrió completamente el gabán y se recostó sobre el banco, a la espera de que abrieran su habitación. Ocasionalmente se rascaba su todavía incipiente barba o se llevaba la mano sobre el cabello, negro como el alquitrán, peinándoselo atrás e insistiendo con los dedos en dejarse definida la raya a un lado.

    Pero no tuvo que esperar mucho más. Pronto se oyeron unos pasos a la carrera en la tranquilidad de la taberna y apareció frente a ellos el tabernero, resoplando e inclinando la cabeza.

    —Todo listo. Si son tan amables de seguirme.

    El joven se quedó sentado todavía un momento. Había algo en la cara de aquel hombrecillo, en su voz temblorosa y sus ojos cobardes que le traía a la mente un recuerdo distante y molesto.

    —Bien, vamos —dijo el joven y se levantó. Y tras él, como un resorte, su sombra.

    Los recién llegados siguieron al tabernero escaleras arribas y hasta una habitación abierta y que el gerente de la posada había iluminado convenientemente con múltiples lamparillas de aceite.

    La temperatura era agradable de modo que Thorsten se deshizo de su grueso gabán y lo tiró en la cama y con un pequeño gesto de la cabeza dio orden a su sombra de que también ella se quitara el suyo. Y entonces el joven reparó en la gran tina a un lado de la habitación, llena de agua caliente y perfumada. Miró, sorprendido, al encargado de la posada.

    —Solo por si el señor desea asearse antes de dormir —explicó el hombrecillo sin atreverse a mantener la mirada fija sobre el joven y su acompañante.

    Thorsten dejó escapar una breve risotada y asintió con la cabeza repetidamente, como si acabase de caer en la cuenta de algo que hasta entonces había pasado por alto.

    Se tiró en la cama, se recostó, apoyándose en los codos, y volvió a chistar al regente de la posada.

    —Eh —lo llamó—. Traigo las botas llenas de barro. Quítamelas.

    El hombre reveló un leve gesto de estupor y enrojeció por completo. Se quedó allí, clavado en su sitio y cuando la joven dama se volvió hacia él, con aquella mirada lánguida, él la miró de vuelta, sin saber cómo actuar.

    —Yo… —tartamudeó el hombre—. Yo creo que tal vez su esposa podría ayudarle mejor que yo a tomar su baño, señor. —Entonces miró de nuevo la mujer y bajó otra vez los ojos al suelo—. No quiero molestarles mas, dado que es muy tarde.

    Y sin decir nada más, el hombrecillo inclinó de nuevo la cabeza, salió a toda prisa y cerró la puerta tras él.

    Thorsten frunció un poco el ceño, en una mueca de extrañeza, pero no desistió y dio un golpe en el suelo con el pie para llamar la atención de su sierva.

    —Las botas.

    La mujer se acercó, llevó una rodilla al suelo ante el joven, apoyó su pie calzado en su rodilla, sobre su rico vestido de terciopelo turquesa y filigranas de plata, agarró el talón de la bota y tiró con dificultad una y otra vez hasta que se la logró sacar.

    Mientras la mujer pasaba a la otra bota, Thorsten se abrió el botón en la abertura de su camisa y se sacó el colgante dorado que llevaba al cuello.

    —No sabes cuánto me molestan las limitaciones del maldito flagel —dijo, observando el cordón trenzado de oro, grueso en un extremo y gradualmente mas fino hacia el otro—. La capacidad de poseer únicamente una sombra. ¿Qué se puede hacer solo con una? Es muy decepcionante, ¿no te parece?

    Thorsten llevó un dedo bajo la barbilla de la mujer y se la levantó, obligándola a mirarlo.

    Ella asintió, respondiendo a su señor, y bajó de nuevo la mirada.

    —Tuve que renunciar a mi casa para conseguirlo. Tuve que hacer un pacto con las mismísimas Furias de la Cuevas Negras. Pero me la jugaron. ¡Solo una sombra! ¡¿Qué hijo de Ter que se precie aspira a poseer una única sombra?!

    Thorsten apartó la mirada hacia la lámpara sobre la mesa, molesto.

    —Distráeme antes de dormir —ordenó.

    La sierva arrodillada entre sus piernas se irguió un poco en el suelo y deshizo el nudo de los cordeles que cerraban la bragueta y entonces le sacó la verga por completo. Comenzó acariciándola con suavidad, con la adoración que solía agradar a su señor, dejando que sus dedos resbalasen desde la punta del glande, ya húmedo, hasta el pubis. Thorsten sin embargo no parecía dispuesto a tanto preámbulo, y agarró bruscamente la cabeza de su espectro y la obligó a meterse su falo en la boca, entero y hasta la garganta, y cuando notó el calor húmedo y la presión de los labios arrastrando la piel de su verga dejo escapar una exhalación de gusto, cruzó las manos bajo la nuca y se terminó de tumbar.

    La sierva se dedicó a lamer el falo duro y erecto de su joven señor. Lo hacía con entrega absoluta. Tal vez porque, en los pocos meses que llevaba a su servicio, Thorsten ya la había entrenado bien y nunca había escatimado en golpes y fustazos, o tal vez porque aquella estúpida niña rica había comprendido por fin que tener satisfecho y entretenido a su señor era ya la única forma de salvar aquel fino hilo que la ataba a este mundo. En realidad Thorsten no se había tomado la molestia de preguntarle. Tenía preocupaciones y ambiciones importantes, mucho mas grandes que lo que les sucediese por dentro a las sombras que habían pasado por sus manos en los últimos meses.

    El joven gruñó de placer y, previendo que se podría correr en cualquier instante, apartó de un manotazo la cabeza de la sierva. Se echó adelante en la cama y se sentó y agarró la mandíbula de la hembra sombra a sus pies. Le desató el corpiño y tiró violentamente de sus ropas para poderle sacar los pechos. Se los manoseó con fuerza, tratando de cubrirlos enteros con sus grandes manos, apretándolos a puñados, y aquello hizo que su pene se sacudiera. Ella hizo un gesto de incomodidad y dejó escapar un leve gemido.

    —Shhh, pensaba que a las niñas de bien también os gustaba que os tocaran las tetas.

    El joven acarició el cuello de su sierva y de repente apretó, se levantó y tiró de ella hacia arriba, obligándola a ponerse de pie sin esperárselo.

    Thorsten se inclinó y lamió sus pechos, especialmente la punta de aquellos pezones abultados y de grandes areolas, de un rosa tan intenso como la carne poco hecha. Y mordió. El agudo chillido de la chica quedó eclipsado de inmediato con la carcajada divertida de su señor.

    —No puede ser —dijo el joven, resollando ruidosamente entre la risa—. ¿Esto te duele? —Y acercó otra vez los dientes sobre el pezón herido de su sierva y apretó más fuerte. Ella chilló de nuevo pero Thorsten no se detuvo y apretó aún más con los dientes, sin que parecieran molestarle los alaridos de la muchacha, hasta que creyó notar como sus dientes estaban ya a punto de tocarse entre sí.

    Alejó la cara y miró a la sombra a los ojos, con súbita agresividad y rabia. Se llevó la lengua a la comisura de la boca y enseguida el dedo y observó que lo tenía manchado de sangre. Había hecho sangre sobre el pezón de aquella desgraciada.

    —Bueno, —le dijo, volviendo a mirarla frente a frente, muy de cerca, y respirando con la boca abierta a un milímetro de su cara—. Si te duele es porque todavía estas viva. Deberías dar gracias.

    Entonces la aferró de la gruesa trenza de su cabello y la obligó a arrodillarse. Le apartó la mano derecha del pezón, que ella trataba de cubrirse con la palma para calmar el dolor, y se la llevó sobre su verga dura. Le dio un comedido cachete en la cara y la sierva comenzó a masturbarle.

    Thorsten se quedó inmóvil, de pie, con las piernas separadas y las manos en la cintura, dejándose hacer. A veces miraba abajo, se recreaba en el gesto rendido de los ojos de su sombra, se congratulaba en lo bien que había elegido cuando la tomó de su casa, a ella y, por supuesto, todas las alhajas que pudo cargar en su caballo. Entonces bajó los ojos hasta la punta de su pezón derecho, sobre el que brotaba una gotita gruesa de sangre y, cuando sintió los primeros espasmos de la eyaculación, centró toda la atención en intentar atinar en aquel preciso punto, como si se tratase de un último juego con el que rematar la noche antes de irse a dormir.

    Ni siquiera se arropó. Hacía calor. Simplemente se dejó caer desnudo sobre las sábanas.

    —Límpia todo y ponte a estudiar el mapa en mi alforja —dijo, con voz somnolienta—. ¿Tu familia no tenía un maestro en casa que te enseñó a leer? Pues ve planeando el viaje para mañana. Tengo que llegar a las Ruinas de Vul cuanto antes.

  • El día que me entregué a mi amo (Parte 3)

    El día que me entregué a mi amo (Parte 3)

    Mi Amo quería seguir y yo estaba encantado. Me pregunté si siempre sería así. Si con todos hacía lo mismo o si realmente yo le gustaba. Sin duda estaba disfrutando. Por mi parte he de decir que lo que yo estaba sintiendo no era disfrutar, ni siquiera lo definiría como placer. Era cientos de sensaciones al mismo tiempo. Debería encontrar las palaras para poder describirlo, pero por mucho que lo intente creo que no sería capaz de que alguien que lea esto pueda entenderme. A no ser claro está, que alguna vez haya estado a disposición total de un amo como yo lo estuve con el mío. La sensación era de haber perdido mi voluntad, mi pensamiento, mis sentimientos, mi inteligencia. En una palabra, había dejado de ser yo mismo para servir a otro hombre. A mi poderoso Amo. Tal vez decir esto suene raro, y pensaréis que eso es caer muy bajo como persona.

    Os preguntareis si una persona debería caer tan bajo sin sentirse ridículo. Sin avergonzarse. Si al salir de allí sería capaz de valorarme a mí mismo. A quien pueda tener este tipo de dudas he de decirle que sí. Que para entregarse como yo lo había hecho hay que tener mucho valor. Si algo nos impide avanzar como personas es el miedo. Cuando sentimos miedo no somos capaces de pensar con claridad. No podemos dar el paso por temor a caer. Nos ralentiza poco a poco hasta paralizarnos totalmente. Es entonces cuando dejamos de ser nosotros mismos. Perdemos nuestra más pura esencia interior. Y eso no nos lleva a ser lo que se supone que deberíamos ser. Lo que se entiende por ser correctos. Normales. Coherentes. ¡Que gran error!

    Yo como sumiso había vencido ese miedo inicial. Había superado la línea invisible que separaba mi realidad para entrar en mi lado de fantasía. Siempre he pensado que si puede haber algo más triste que arrepentirse de lo que has hecho, es arrepentirse de lo que “No” has hecho. En ese aspecto yo ya no llegaría a sentir esa sensación. Me había entregado sin condiciones, sin medida y sin norma. ¿Estaba disfrutando con ello? Del 1 al 1000 podéis pensar que 1000… y aun así es difícil que os hagáis a la idea de cuánto disfrute. Y ahora había que seguir. ¿Qué sería lo siguiente que aquel impresionante hombre me tenía preparado?

    Cerró nuevamente su maleta y se levantó. – Vamos – Dijo. Salió de aquella sala y entramos en la habitación contigua. Parecía que como una obra de teatro donde el escenario va cambiando según avanza la obra. Esta vez en vez de literas había una cama de matrimonio y dos individuales. Me mandó tumbarme boca arriba en la cama. Sacó cosas de la maleta y las puso a mi lado. De nuevo me puso la mordaza. Rece para que no fuera a azotarme otra vez. Igual iba a torturarme los huevos. A jugar con mis pezones. Tal vez mi iba a follar ahí. Siii!!! Ojala sea eso. Quiero que me folle. Quiero que me meta esa polla en mis entrañas. Nuevamente me equivoque.

    Puso una almohada bajo mi cabeza. Junto mis piernas y luego me junto los brazos a mi cuerpo. A mi lado había dejado unas cuerdas. Empezó a atarme desde los tobillos hacia arriba. Hacia cruces con las cuerdas con una destreza increíble. Al llegar a mis caderas las ataduras aún se hicieron más complejas. La cuerda que subía desde mis mulos la paso por ambas ingles. Se aseguró que la tensión era la correcta. Ni muy fuerte para que me molestase en exceso, ni muy flojo para que no la notara. Mis huevos y mi polla ya bien dura quedaron fuera de las ataduras a modo de slip, pero sin la parte delantera del mismo. Anudo ambos extremos de la cuerda a mi cintura. Y entonces cogió otra que ato a la anterior y siguió atándome hacia arriba subiendo por mi torso. Me pego las manos al cuerpo de forma que ambas cosas parecían el mismo miembro. Cuando llego a mi cuello termino de enlazar los últimos nudos. Pude verme entonces y la visión era magnifica. Estaba totalmente inmovilizado pero con una maestría y elegancia en los cruces de las cuerdas que formaban formas a mi entender preciosas. Era un gusano de seda pero envuelto en cuerdas. ¿Qué podía hacerme así? Lo único que yo podía mover era la cabeza, nada más. Solo se me ocurrió que quisiera follarme la boca de nuevo. Y si me había puesto así para eso era mejor no pensar lo que me esperaba, y a la vez que lo deseaba. Si antes me había follado la garganta hasta donde jamás había imaginado… ahora podía ser bestial. Pronto iba a salir de dudas.

    El: No quiero que gimas. Solo has de concentrarte en tu respiración. Quiero que intentes llevar tu placer a tu respiración. No es fácil pero sé que tú podrás. Y sobre todo. Pase lo que pase NO quiero que te corras. Si lo haces prepárate para el castigo. ¿Está claro?

    Yo: Umm! –No podía contestar más que eso a modo de afirmación ya que la mordaza de ahora era más grande que la primera.

    Se acercó e inclino hacia mí. Con su mano derecha me agarro la polla fuertemente. Apretaba cada vez más. Parecía que mi rabo iba a estallar por el capullo de tanta presión que me estaba haciendo son su palma. Estuvo así como un minuto y después aflojo. Empezó a pajearme despacio. Deslizaba su mano de arriba debajo de mi polla. La sensación de estar totalmente inmóvil y él haciéndome una paja era muy placentera. Lo estaba disfrutando. – La respiración- dijo. Era verdad, no había empezado a concentrarme en ella. Me deje llevar.

    De vez en cuando sus sacudidas de mano eran más fuertes y enérgicas, estaba así un rato y de nuevo bajaba de intensidad. Yo ya empezaba a controlar mi respiración. Y mi placer se reflejaba en cada inhalación, él lo percibía con cada exhalación. Pasados unos diez minutos empecé notar tensión en mis mulos. Mi abdomen empezó a tensarse. De cintura para abajo empecé a temblar. Sin duda estaba a punto de conseguir un orgasmo de la ostia. Note como mi lefa se iba preparando en mis huevos para salir a chorro. Entonces recordé: “No puedes correrte”. Joder. ¿Cómo podría evitarlo? El seguía masturbándome sin parar y ya cada vez más rápido. Lo iba a decepcionar, pero ya no podía controlar. No podía reprimir por más tiempo mi eyaculación, y si no se apartaba estaba seguro que le iba a llenar la cara con ella. Sin duda eso le enfadaría muchísimo. Sabía que me castigaría por no obedecerle y tal vez más por haberle llenado la cara de un chorro de leche a presión.

    -¡Respira! –me ordeno contundente. Ya ni me acordaba. Empecé a respirar cada vez más y más intensamente. A curvarme hacia arriba con mi abdomen. A sentir mis muslos pegados uno con otro tensos como dos hierros soldados. Respiraba tan intenso que parecía una madre pariendo. Ya me corría. Estaba en el punto de no retorno. Nada podía frenar ya mi eyaculación. Alce lo que pude la cabeza para ver salir disparada mi leche.

    Nuevo error de cálculo por mi parte. Con una agilidad increíble rodeo la base de mi polla con el índice y el pulgar de su mano derecha y con la izquierda me agarro los huevos al unísono. Pego un fuerte y seco tirón de ellos a vez que apretaba aún más fuerte la raíz de mi rabo. Se tensó tanto que casi sentí que se me rompe el frenillo del prepucio. Es como si de repente mi polla hubiese crecido 5 o 6 centímetros más pero estando encerrada en un cepo. Sin poderlo evitar di un sordo gemido – Ummm- No era dolor, tampoco placer. ¿Qué coño era esa sensación? Tiempo después experimente conmigo mismo para poder averiguarlo. Jamás pude conseguir igualarla. Fuera lo que fuera el efecto fue que ya no tenía ganas de correrme. Había tenido una especie de orgasmo seco. Pero mi leche se había retirado hacia mis huevos nuevamente. No había salido ni una gota. Creo que me corrí hacia dentro.

    Al poco me soltó los huevos y aflojo sus dedos. Agarro nuevamente mi polla con su mano y empezó a pajearme nuevamente. Igual que antes. Primero suave, luego enérgicamente y lentamente de nuevo. Cada vez que estaba al punto del clímax repetía la operación y nuevamente sentía preñarme a mí mismo. Me tuvo así mucho rato. Creo que alrededor de una hora. Un orgasmo tras otro y aun así ni una gota de esperma. Sin duda mis huevos habían fabricado y acumulado tanto que la corrida sería la más abundante de mi vida.

    Cuando se cansó y sin decir ni una sola palabra empezó a desatarme con la misma maestría que me había atado. Lentamente. Siguiendo un protocolo. Cuando ya estuve totalmente de desatado con su palma empezó a recorrer mi cuerpo de arriba abajo. No decía nada. Yo no sabía que hacer ni que decir. Me quede igualmente inmóvil. Estuvo así unos minutos. Y entonces se apartó un poco de mí. En un tono totalmente neutro empezó a hablarme:

    – Ahora no quiero que digas nada. He visto que has disfrutado mucho. Me alegra. Me toca disfrutar a mí. – Se llevó la mano a su polla y continuo- Sé que quieres que te meta esto en tu culo, y ahora lo voy a hacer. Te voy a follar a saco espero que lo sepas. Te la voy a clavar una y otra vez. Vas a estar una semana sin poderte sentar sin que te duela. Imagino que durante todo este rato has imaginado como seria cuando te follara. Seguro que no has acertado. No lo has podido imaginar porque nunca te ha follado un amo como Dios manda. Y tú tampoco habías sido tan puta como hoy. – Su voz seguía en un tono neutro, hasta sórdido. No era en plan orden. Era una afirmación continua del que sabe perfectamente que sus palabras son totalmente ciertas. – Ahora vas a sentir que se siente cuando te folla tu macho. Como te folla como una autentica zorra- Joderrr. Me estaba poniendo a mil. Quería que me metiera esa polla ya. – Ahora te vas a poner a 4 patas, vas a abrir tu culo para tu Amo. Y vas a suplicar que te la meta.

    No había terminado de hablar que ya me había incorporado para ponerme como me había dicho. No podía esperar más para sentirme empalado por su rabo. Él se puso detrás de mí. Me dio una palmada en el culo y toco con su dedo en mi ano. Aun lo tenía lubricado. Justo después note algo más grande que su dedo apoyarse en la entrada de mi culo. Había llegado el momento. Me la iba a meter y yo iba a disfrutar como una autentica zorra. Empujo poco a poco. Note como entraba, como me abría el esfínter y se iba introduciendo lentamente dentro de mí. Creí que me dolería cuando me metiera su polla tan gorda. No me dolía, sin duda tenía ya el culo muy dilatado de tanto tiempo que llevaba cachondo. Al poco ya se paró. Ya la tenía toda dentro. En ese momento pensé que me habría gustado no estar tan dilatado para poder notar más su polla. Era como una mujer con una gran vagina siendo follada por un micro pene. Yo quería lo contrario. Quería ser una putita novata con el coño estrecho siendo penetrada por un negro de rabo descomunal. No os engaño. Me sentí algo decepcionado. Tal vez había puesto mis expectativas demasiado altas. Pero todo lo acaecido hasta ese momento no era para menos.

    Empezó a moverse y entonces note algo raro. Rápidamente me percate de lo que estaba sucediendo. No me estaba follando. Su polla aún no estaba dentro de mi culo. Me estaba metiendo un dildo. Estuvo follándome con él un rato, pero más que meterlo y sacarlo casi todo el rato hacia como círculos con él. Luego entendí porque.

    Saco el consolador, acarició mi culo y acto seguido me dio unas cachetadas en ambas nalgas. Me agarro de las caderas y note un golpe que me abría las entrañas. Los carrillos del culo parecían haberse separado por completo. Me había clavado su pollaza de un golpe hasta los huevos. Se me escapo un grito- Ahhh!!!

    El: Calla Zorra. Te lo he dicho. Ahora vas a saber lo que es que te folle un macho.

    Yo. Si Amo. Follame! Follame!

    El: Si puta, te vas a enterar. ¡Toma polla cabrona!

    Seguro que ya imagináis que me dolía y mucho. Evidentemente sí. Daba igual. Quería esa polla petándome, llenando cada milímetro de mi culo. Así que me importaba una mierda que me doliera. Seguro que después lo disfrutaría.

    A cada embestida me hacía retorcer y pronto el dolor pasó a ser placer. Placer físico si, pero aún más placer mental de saber que él estaba disfrutando conmigo. Metiéndomela a saco. Disfrutando con su polla del culo de su zorra. Y yo lo animaba más y más.

    Yo: Siii. Follame Amo! Me encanta tu polla. Métemela bien!

    El: ¿Te gusta eh zorra? Con voz entrecortada. –Ya sabía que te iba a gustar.

    Yo: Si. Petameee!

    El: ¿Quieres que te folle más fuerte eh puta? ¿Quieres más caña eh?

    Yo: Si Amo. ¡Viólame!

    El: ¡Ahora te vas a enterar cabrón!

    Saco su polla de golpe de mi culo. Entre las cosas que había dejado antes a mi lado estaba el bote de Popper. Lo abrió y me lo dio. –Toma Popper perra. Esnífate bien que te vas e enterar.- Así lo hice y rápidamente recupere mi postura a 4 patas. El se esnifo fuertemente también. Mientras yo notaba el subidón de sexo sin control. Jadeaba esperando que me la metiera de nuevo… Zas. Un golpe seco. Y si antes me la había clavado fuertemente ahora ni os lo podéis imaginar. Esa clavada junto al efecto del Popper me pareció lo más. Increíble.

    Empezó a follarme fuertemente. Sus pubis chocaba contra mi culo produciendo un inconfundible sonido: Tras Tras Tras. Podía notar como sus huevos chocaban contra mí.

    El: ¿Así puta?… ¿Así querías que te follara eh?… ufff que gran zorra eres. Te voy a preñar zorra. Te va a salir la leche por la boca.

    Yo: Ummm, si Amo, préñame, por favor préñame. LLename de leche.

    El: Claro que te voy a preñar. AGGG!!!

    Me agarro del pelo con una mano y tiro de mi cabeza hacia él y con la otra me cogió del hombro. Empezó a follarme más fuerte si cabe. – ¡Asiii puta. Toma polla joderrr. Grita. Grita todo lo que quieras zorra! – No hacía falta que me lo ordenara. Yo estaba gimiendo y gritando como un loco. Estaba recibiendo la mejor follada de mi vida.

    De golpe la saco de nuevo. Me agarro de las piernas y en un solo y enérgico giro me dio la vuelta poniéndome boca arriba. Seguidamente levanto mis piernas en forma de V y las puso sobre sus hombros. Me las agarro a la altura de las rodillas. Tenía la cara prácticamente descompuesta. Las gotas de sudor resbalaban por su frente. El pelo húmedo y totalmente despeinado. Al agarrarme sus pectorales se tensaron, sus bíceps se inflaron. Su aspecto era totalmente salvaje. Y ese macho salvaje estaba a punto de meterme su enorme polla de un solo empujón nuevamente. No tardo en hacerlo. – Ahhh!!- Grite. Que gozada joder. Siguió dándome pollazos sin control. Diciéndome guarradas sin parar. Y asegurándome que me iba a preñar. Que delicia sería sentirme inundado de su leche. Los dos ya estábamos completamente empapados de sudor. Todo su cuerpo brillaba con la humedad lo que le hacía mucho sexi y atractivo si cabe. Las gotas le caían sobre mi abdomen, sobre mi polla ya totalmente empapada también. No iba a quedar ni un solo centímetro de mi cuerpo que no quedase pringado de sus secreciones. Y pronto también en mi interior. Cada vez gemina más y más fuerte. Si no me engañaba de nuevo el momento estaba a punto de llegar. Se derramaría dentro de mí. Pero como ya habréis podido suponer, con mi macho nunca había el final previsto. En este caso no dejo de ser así. Me la saco y se separó de mi dejando caer mis piernas.

    El: ¡He cambiado de idea! Voy a preñarte la boca. ¡Venga ponte de rodillas!- Eso hice y rápidamente para evitar que se corriera antes de estar yo preparado y perderme el gusto de su leche. – ¡Ahora pajéate venga. Cuanto estés a punto de correrte me lo dices eh puta! ¡Voy a correrme en tu boca y te la vas a tragar! ¿Está claro?

    Yo: Si Amo. Me la tragare toda.

    El: Bien. Pajéate. Te la voy a soltar en esa boca de puta que tienes pero te la tragaras cuando yo te lo ordene eh. ¡Cuando yo te lo mande!

    Yo: Si Amo. Dame tu leche.

    El: Claro que te la voy a dar zorra. Y prepárate que soy muy lefero. ¡Te voy a inundar de leche. Te vas a atragantar de tanta que tengo para ti joderrr!

    Los dos estábamos pajeándonos a la vez. Su cuerpo cada vez más curvado y tenso. Y yo ya a punto de soltar mis chorros.

    Yo: ¡Me corro Amo. Me corrooo!

    El: Siii. ¡Abre la boca. Abreee!

    Jadeaba como un loco. Su cuerpo temblaba descomunalmente. Yo ya notaba mi esperma saliendo empujado de mis huevos a toda velocidad. Solté el primer chorro que salió lanzado hacia arriba. -¡Ahhhggg!- Grite. Y casi justo al mismo tiempo note su primer disparo en mi cara. Diosss, Solo con el primer lefazo me había llenado la cara prácticamente. Entonces se acercó y puso su capullo en la entrada de mi boca. -¡Abre, abreee!!No tragues aún! Notaba su polla soltándome chorrazos de leche en la boca, y alguno a la garganta. Esos ya tenía que tragarlos pero aun así notaba mi boca cada vez más llena de la lefa de mi macho. Yo ya había sacado todo mi esperma pero seguirá corriéndome de gusto con la sensación de su polla descargando en mi boca ya llena. El seguía gimiendo. Gritando. Fui acumulando toda esa cantidad de leche para tragármela cuando él me lo ordenara y así que pudiera ver y sentir que le había obedecido como debía. Cuando ya era incapaz de contenerla más y empezaba a chorrearme por los labios hacia mi barbilla. Cuando ya era prácticamente inminente su orden de que me la tragara… Nuevamente hizo algo inesperado.

    Me agarro del pelo con su mano derecha inclinando irremediablemente mi cabeza hacia atrás. Se agacho a mi altura y se puso a morrearme desesperadamente. Metía y retorcía su lengua en mi boca llena jugando con su propia leche. Evidentemente yo tragaba algo pero aun había mucha. Ufff. Fue una sensación súper morbosa. Yo salvo el primer lefazo, me había corrido sobre mí mismo por lo que tenía un montón de leche en mi abdomen y en la raíz de mi rabo aun súper tieso. Con su mano izquierda recogió toda la leche mía que pudo. Aparto su cara de la mía y me la restregó por la cara. A continuación siguió morreándome con la misa intensidad que antes. Nuestras caras y bocas estaban empapadas de la leche mezclada de ambos. Un leve sabor amargo que en ese momento me parecía un auténtico manjar se adentraba en nuestras papilas gustativas. Me lamía la cara empapada de semen. Fusión perfecta de Amo y su perro compartiendo, restregándonos nuestros flujos como dos niños compartiendo un helado. Estuvimos así minutos. Jamás habría podido esperar de él esa reacción. Pero sin duda y a pesar de todo lo relatado fue la sensación más intensa que pude tener. No por placer en sí. Si no por la complicidad de sus labios contra los míos compartiendo nuestra leche. No puedo decir quien trago más, si él o yo, pero no paro hasta que ya solo quedaba saliva en nuestros rostros y boca.

    Su corazón seguía latiendo a mil por hora, y el mío ni os cuento. Se tumbó en la cama y me hizo una señal con la mano para que me pusiera a su lado. Lo hice manteniendo cierta distancia de él. Entonces estiró su mano y me atrajo hacia si. Me pasó la mano por debajo del cuello y puso su mano sobre mi hombro. Mi cara quedo a la altura de su precioso pecho.

    El: ¡Joder tío! Que corrida ostia. Que gozada. Ufff. Me falta la respiración.

    Yo no conteste pero esboce una sonrisa. Mi Amo había disfrutado y eso me lleno de alegría.

    Nos quedamos ahí sin decir nada. Yo no me atrevía a romper ese momento ya que me sentía como un bebe acurrucado en brazos de su madre. De su cuerpo aun sudado emanaba un calor sensual que me hacía tocar el cielo de gozo. Al poco note su respiración más relajada y profunda. Se había dormido. Espere un rato para no despertarlo, y cuando pude pero procurando no perder mi postura a su lado que tan a gusto me hacía sentir, agarre la manta que colgaba y lo medio tape. Yo seguí a su lado sin poder dormirme. No quería perderme ni un segundo de ese momento. Al rato sentí frio. Mire a un lado y a otro buscando algo para poder taparme. Lo único que había eran las mantas que cubrían las otras camas. Me levante procurando que no lo notara, cogí una y me puse de nuevo a su lado extendiéndola sobre los dos. Cuando noto el calor se giró hacia mí, y aun dormido me abrazo en lo que comúnmente se entiende como la postura de cucharilla. Me di la vuelta para poder notar mejor su abrazo en mi espalda. En esa postura y acurrucado a él no tarde en quedarme dormido también.

    Lo próximo que recuerdo fue abrir los ojos y ver que entraba luz por la ventana. Era imposible que fuese luz de alguna farola ya que estábamos en pleno campo. Había amanecido. Habíamos dormido toda la noche abrazados sin percatarnos de ello. Me moví y entonces él también se despertó.

    El: Ufff. Nos hemos quedado dormidos.

    Yo: Si. Eso parece.

    El: ¿Qué hora es?

    Yo: No sé, Ya es de día.

    El: ¿Si?, ni me he enterado.- Sonreí.- ¿Cómo estás?

    Yo: Bien Amo.

    El: JAJAJA. Ahora no soy tu amo. – Reí yo también.

    Yo: Yo que sé. jejeje.

    El: Nombre no. Es solo un juego. Pero me divertí mucho de verdad. Fue genial.

    Yo: Si. Yo también. Mucho.

    El: Me alegro. No es fácil encontrar buenos compañeros para estos juegos. ¿Desayunamos?

    Se levantó y yo tras él. – A ver donde coño dejamos la ropa anoche jajaja. Estará abajo en el comedor – dijo. Bajamos y la suya sí pero la mía no. Recordé que tal vez la habíamos dejado en el trastero. Se lo dije. –Ah sí, es verdad. Espera que voy a buscarla. Me la trajo y los dos nos vestimos.

    El: ¿Que quieres desayunar?

    Yo: Solo un café. Recién levantado no me apetece comer nada.

    El: Yo igual. Solo me entra el café.

    Fue a prepararlos y al poco vino con ellos. Nos sentamos a la mesa a tomarlos.

    El: ¿Quieres un cigarro?

    Yo: Si gracias. El mío lo deje anoche en el coche. – Cogió uno, se lo puso en los labios y lo encendió. Me lo dio como había hecho la noche anterior. Me pareció extraño. A fin de cuentas la otra vez yo era su perro, pero realmente éramos dos desconocidos. De cualquier otro me habría molestado y mucho. De él más bien todo lo contrario. Me gusto ese detalle. Era como si siguiera cuidándome.

    El: Así pues ¿como lo pasaste?

    Yo: Ufff. Genial la verdad. Me encantó.

    El: ¿De verdad? A veces te vi sufrir un poco.

    Yo: Si, pero ese era el juego. Me gustó mucho creéme. Mucho.

    El: Genial. Yo también disfrute mogollón.

    Yo: Guay.

    El: Si guay. Más será la próxima vez que ya sé por dónde cogerte jajaja. – Yo también solté una carcajada.

    Yo: Ah. ¿Así que querrás repetir?

    El: ¡Pues claro! Ya te dije que te adoptaba como mi perrito jajaja.

    Yo: Por mi encantado. – Joder y tan encantado. Tantas veces como él quisiera.

    El: Pues sí. El problema es que mañana me voy.

    Yo: ¿Te vas? – tuve una sensación instantánea de tristeza. ¿Cuándo vuelves?

    El: Pues no sé. Ya ha terminado la temporada. No tenía pensado volver hasta principios del verano que viene.- Oír eso me dolió en el alma. Intente contestarle sin que notara mi decepción.

    Yo: Ah! ¿Pero no eres de aquí?

    El: No que va. Vengo a trabajar en verano para pagarme la universidad.

    Yo: Creí que vivías aquí. – Esta vez mi tono de voz si denoto mi pena.

    El: No no. No es mío esto. Soy el encargado y ya ayer cerramos. Me quedo siempre un par de días para recoger todo, y ya hasta final de mayo no vuelvo. Pero este año tendré que volver antes más de una vez.

    Yo: ¿Ah sí?

    El: Claro, ahora tengo mi putita aquí – Sonrió pícaramente – Tendré que venir a darle caña

    Yo: Jajaja. Claro, eso espero.

    Estuvimos hablando un buen rato sobre nosotros y nuestras vidas. Como supongo que no es de interés general no voy a entrar en detalles.

    El: Pues me has gustado mucho la verdad. Me gusta follar con un tío normal pero que sepa lo que quiere en el sexo. Normalmente los que he encontrado que les gusta esto o se les nota demasiado, o tienen pluma, o son raros jajaja. Supongo que yo también seré raro. Tú para ser tan Puta eres muy normal Juasss. Eso me pone mucho.

    Yo: Gracias. Tú a mí me pones a mil.

    El: ¿Si?

    Yo: Si

    El: ¿Obedecerías cualquier cosa que te mandara?

    Yo: Pues supongo que sí. Anoche no me negué a nada no.

    El: No… Pero aun puedo ir más lejos.

    Yo: Pues cuando quieras

    El: ¿Seguro?

    Yo: Si. Quiero llegar más lejos.

    El: Uf joder me la has puesto dura tío.

    Yo: jajaja. Yo ya hace rato que la tengo dura.

    El: Joder. No puedo ahora, pero te petaría aquí mismo.

    Yo: Y yo me dejaría petar. Me encanto que me metieras tu polla. Por cierto. Tienes un rabo de la ostia.

    El: Jajaja. Si ya ya. Eso es otro problema. Pocos lo aguantan. Cuando se la meto le hace daño y he de parar. Eso me jode mogollón. Tú aguantaste de la ostia.

    Yo: Me dejaría que me la metieras una y otra vez sin rechistar.

    El: Joder cabrón. Calla. Me estas poniendo enfermo y en menos de una hora llegaran los jefes.

    Yo: Que pena. Te sacaría la leche para el café jajaja.

    El: Uf. Eres la polla tío. Como me pones de cerdo.

    Yo: Pues anda que tú a mí. Puedo ser tan puta como quieras.- En el fondo quería provocarlo para que me diera de mamar.

    El: ¡Calla tío calla! No me pongas peor.

    A mi pesar entendí que no era el momento. Y tal vez era mejor ya que algo rápido haría desmerecer todo lo de la noche anterior. Decidí pues no seguir por ese camino y recordar lo ocurrido hasta poder volver a quedar de nuevo. El problema es que no sabía cuándo podría ser.

    El: ¿Qué haces esta noche?

    Yo: Pues nada. – Aunque hubiese tenido cosas sumamente importantes que hacer creo que mi respuesta habría sido la misma.

    El: Pues quedamos luego.

    Yo: Bueno, en principio sí. Si quieres luego hablamos.

    El: No. Ahora me has puesto cachondo y soy de nuevo tu amo. Tú eres mi puta y esta noche te quiero a mi servicio otra vez. ¿está claro?

    Yo: ¡Si Amo! – ¿Cuando era su perro y cuando no? Era imposible saber con él.

    El: Bien. Te voy a dar una orden que quiero que cumplas antes de esta noche. Ve a un sex-shop y compra un cinturón de castidad. Me da igual donde tengas que ir, pero esta noche quiero que lo traigas. Eres mi puta y me perteneces. No quiero que nadie más te de polla. Solo quien yo decida. Procurare ir viniendo a menudo pero mientras me seguirás perteneciendo solo a mí.

    Yo: Si Amo. Buscare uno. – Esa idea me resulto muy morbosa en ese momento francamente.

    Terminamos el café y nos fumamos otro cigarro. Después me acompaño el acoche y antes de meterme dentro me agarro de la cabeza y me pego un morreo que me dejo sin respiración. Me metió la lengua hasta la garganta. Luego me soltó y me dijo. – Hasta luego mi putita. Luego te hablo-. Me despedí de él sin decir nada. Cuando dí la vuelta con el coche mire por el retrovisor y seguía ahí viendo como me alejaba. Vi su mano levantarse y agitarse diciéndome adiós. Yo saque la mía por la ventanilla e hice lo mismo.

    Pase todo el día sin poder concentrarme en mi trabajo. Quería que pasasen pronto las horas para poder estar con el de nuevo. Para obedecerle, para ser usado por él, para poder sufrir sus castigos y disfrutar de su polla. Para poder notar de nuevo el sabor de su leche.

    Mientras comía solo pensaba en lo poco que ya quedaba. Entonces recibí un whatsapp suyo. Lo abrí de inmediato. – Recuerda el cinturón puta. Quiero que vengas con el puesto. Prepárate por que esta noche vas a ser aún más zorra-. Supongo que ya os imaginareis que se me puso el rabo tieso de golpe.

    Me apresure a terminar de comer para ir a buscar un sex-shop donde comprarlo antes de ir a una reunión que tenía. Después no sabía si tendría tiempo. Cuando ya estaba a punto de salir por la puerta sentí como si una ráfaga de realidad me abofeteara. ¿Pero que coño estás haciendo? Pensé. Vas a ponerte un cinturón de castidad y no sabes cuando vendrá de nuevo. Me hablaba mentalmente a mí mismo. Mi parte sexual decía: Si, hazlo. Pero mi parte lógica decía: ¿Estás loco? No puedes hacerlo. No lo conoces de nada. Me senté en el sofá para poder aclararme y decidir qué hacer. Si acepto no sé qué podrá pasar, ni cuando lo volveré a ver. Pero si no acepto está claro que jamás lo veré de nuevo. No era capaz de poder pensar con claridad y decidir. Estuve así un rato buscando pros y contras. Finalmente encontré la respuesta.

    Siempre llevamos encima el chip de la jodida conducta. De lo que está bien o mal sin tener ni la más puta idea de lo que es una cosa ni otra. Pero… mi lado racional gano la partida. Pensé que sí. Que me lo había pasado como nunca antes. Que el chaval no es que me gustara, es que me encantaba. Que su polla me volvía loco y que cuando me follaba con ella aún más. Pero también pensé que si eso tendría más futuro que un encuentro de vez en cuando hasta que se cansara de mí. Sin duda podía tener a sus pies a quien el quisiera.

    Ahora tenía el problema de como decirle que no iría a comprarlo. Sin duda el me ordenaría que lo comprara y punto. Si le decía que me había salido un imprevisto le daría igual e igualmente me mandaría que fuera. Solo había una solución. La única que realmente nunca habría deseado.

    Cogí mi teléfono y restringí las llamadas de su número. A continuación lo bloquee. Y después borre su contacto. Sin duda se daría cuenta al intentas mandarme un mensaje. Me dolía que pensara que no había disfrutado con él. Pero realmente no encontré otra solución. Pase toda la tarde arrepintiéndome de lo que había hecho. Pero ya no podía retroceder. No tenía su número. Solo podía ir sin más y no era una buena idea. Al final acepte la situación. Había rechazado ser el perro de aquel magnifico amo.

    Me arrepentí cada día que pasó. Durante mucho tiempo me lo imaginé en todas y cada una de mis pajas. Lo busque en otros hombres que ni por casualidad le llegaban a la suela del zapato. Activos que ni siquiera ese rol les definía. Amos que no tenían ni puta idea de lo que esa palabra implicaba. Muchos contactos que solo conseguían aumentar mi frustración. Incluso llegue a resignarme a no poder disfrutar más del sexo. Ni siquiera llegue a saber su nombre. No sabía de donde era. Puse anuncios en casi todas las provincias con la esperanza de que lo viera pero sin éxito alguno. El verano siguiente fui varias veces y pasé horas en el parking esperando poder verle. Y así al próximo. Nada dio resultado. Mi Amo ya no existía. Jamás volvería a verlo. Nunca podría servirle y disfrutarle.

    Hoy hace justo 4 años de aquella increíble noche. Ya me había resignado totalmente y aceptado que nunca más sabría de él. Ya habría adoptado otro perro y se habría olvidado de mí. Yo no pude apartarlo de mi mente ni un solo día desde aquella noche.

    Mire el reloj. Las 7 de la tarde. Pensé en llamar a Pedro para ir a cenar. Por cierto, nunca le explique mi experiencia. Cogí el teléfono para llamarle. Puse la “P” para buscar en contactos. El primer nombre que salió fue P1… dude. Tras unos segundos pulse sobre su contacto y marque su número. Sonó 4 veces y lo cogió.

    Yo: Hola.

    P1: Hola buenas.

    Yo: Oye. ¡Quedamos esta noche!

    P1: Bien. – bajó la voz- No estoy solo. No puedo hablar.

    Yo: Ok. Pues a las 9 en casa.

    P1: Vale. ¿Cómo siempre?

    Yo: Si.

    P1: Vale. Pues nos vemos luego.

    Yo: ok. Hasta luego pues.

    P1. Vale.

    Me tome una cerveza y me relaje un poco. Era inevitable ese día recordar lo que hacía 4 años había sentido. A las 8 me fui a duchar. Fui a la habitación y saque una caja. Dentro tenía mis botas militares, el pantalón de aquella maravillosa noche y la camiseta. Tranquilamente me los puse y espere.

    A las 9 en punto sonó el timbre. Abrí la puerta para dejarlo pasar. Fuimos al salón y solo llegar empezó a desnudarse. Yo ya empezaba a empalmarme viéndolo quitarse la ropa. Era rubio, piel blanca y suave como de melocotón. Su aspecto era más bien aniñado aunque hacía tiempo que había dejado de serlo. Sin duda no aparentaba su edad. Cuando termino fue al centro del salón. Sin decir palabra se puso de rodillas. Yo me acerque a él y me quede mirándolo. El levanto la cabeza y me miró fijamente a los ojos.

    P1: ¡Aquí me tiene mi Amo! Estoy dispuesto a lo que usted me mande.

    Yo: Bien puta. Esta noche no estoy de humor. Así que ya sabes no.

    P1: Si Amo. Sé que ha de castigarme.

    Yo: Sí. Lo siento pero he de castigarte. ¡Ya sabes lo que tienes que hacer pedazo de zorra!

    P1: ¡Si mi Amo!

    Se levantó y fue a la habitación. Evidentemente ya conocía la casa y también donde yo tenía guardadas ciertas cosas. Cuando yo entre ya estaba a 4 patas y con su boca sujetaba una fusta para caballo. Se la quite de la boca y me puse detrás suyo…

    “Por más evidente que algo te parezca, jamás será una certeza”

  • A los pies de Andrea

    A los pies de Andrea

    Era febrero del 1984, yo había terminado el Servicio Militar, por esas fechas… Empecé a trabajar, a intentar hacer una vida normal. Y un sábado me acerco al centro de Madrid, a una discoteca, y allí conozco a Andrea. Ella se sentó casi frente a mí, con su amiga Yolanda. Yo no las conocía, pero las vi muy bonitas a las dos.

    Andrea era argentina, tenía 19 años entonces. Y pasada una hora, quizás algo más; Andrea me hace un gesto con la mano, para que me acerque…Yo enseguida le pregunto, que desea y Andrea me dice que quiere dos coca-colas, una para ella y otra para su amiga Yolanda. Yo voy a por los refrescos, se los sirvo, me vuelvo a sentar, de vez en cuando las observo, como se ríen, se divierten…Y al rato de nuevo Andrea me llama, con un gesto de su mano, yo voy, y me dice que le dé un cigarro. Yo le digo: “Perdone señorita, pero yo no fumo”. Y Andrea me contesta: “No te he llamado para que me cuentes tu vida…Te llamé para que me traigas un cigarro”. Yo rápido le dije: “Ahora mismo se lo traigo, señorita”. Donde estaba el guardarropa vendían tabaco, le compré un paquete rubio, lo que ella fumaba y se lo di. Entonces se podía fumar dentro de la discoteca… Nos volvimos a ver varias veces, por marzo, por abril…

    Y un sábado de mayo, yo estaba en la discoteca solo, y la veo a ella sola, que se me acerca y se sienta a mi lado. Nos saludamos, empezamos a hablar, y allí nace una bonita historia, que durará 5 años.

    Andrea me dice que vive con su madre, que sus padres están separados. A todo esto yo le invito a refrescos, a tabaco… En todo momento soy muy sumiso y respetuoso con ella, Andrea poco a poco me va dominando, más y más… Y un día decide llevarme a su casa para presentarme a su madre. Yo no quería, lo veía muy precipitado, pero Andrea era muy caprichosa, y no podía llevarle la contraria…

    Me llevó a su casa, me presentó a su madre, la señora Elsa, de 44 años, una mujer que me ayudó mucho, pues Andrea a veces se ponía insoportable conmigo y la señora Elsa, salía casi siempre a mi favor.

    Una tarde que pasé a recogerla, Andrea me dice: “Ahora mientras me ducho, recoges la cocina, y friegas el suelo”. Yo así lo hice. Otro día me mandó a fregar los cacharros y tirar la basura. Otro dia, recuerdo que era domingo, fui a eso de las 4 de la tarde, a su casa y estaba comiendo. Y me dijo: “Hoy como sabía que venias ahora, no hice la cama, así que mientras termino de comer, te vas haciendo mi cama y me arreglas la habitación”. La señora Elsa, le regañaba, pero a Andrea, le daba todo igual. Cada día Andrea, me iba mandando más cosas y yo jamás le protestaba.

    Otro día quedé con ella a las 7 de la tarde, y con el tráfico, me retrasé 12, 13 minutos. Nunca llegaba tarde, pero ese día si llegué. No había móvil, como ahora y no la pude llamar… Andrea esa tarde me recibió con una bofetada y me tuvo casi una hora castigado en su cuarto, de rodillas, limpiándole varios pares de zapatos, deportivas et. Desde ese día, Andrea, me empezó a dar bofetadas por cualquier tontería…

    Pero el tiempo fue pasando y cada vez Andrea, me castigaba más duro, y me tenía más dominado… Una tarde que voy a su casa, había alquilado una película de video, que estaban muy de moda en aquellos tiempos… Y al llegar yo, me manda recoger la cocina, mientras ella y su madre ven la peli, yo la obedezco y cuando termino de fregar los cacharos y barrer la cocina, me presento a ella en el salón, y me dice, que le dé un masaje en los pies, mientras termina la peli. Yo muy cortado, pues su madre estaba con ella, me arrodillo, le descalzo sus zapatillas y empiezo con el masaje, pero al rato me manda que le bese los pies y se los lama… Su madre se enfada, pues decía que eso no me lo tenía que mandar… Y Andrea le dijo: “Se lo mando porque Edu, es mi esclavo y tiene que hacer lo que yo le mande”. El caso es que me tuvo un buen rato arrodillado besando y lamiendo sus pies.

    Siguió pasando el tiempo y el dominio que Andrea ejercía sobre mí era total. Pero quiso dar otra vuelta de tuerca y una tarde me ordenó, que tenía que arrodillarme siempre delante de ella, cada vez que ELLA me llamase. Yo por supuesto acepté y cada dos por tres, me tenía que arrodillar ante ella.

    Pero un recuerdo que jamás olvidaré, fue una tarde-noche, que habían alquilado otra película, para después de cenar. Ellas dos se ponen en el sofá a ver la película y a mi Andrea, me ordena masaje de pies, besar y lamer. La película duró dos horas, y yo dos horas de rodillas besando y lamiendo los pies de Andrea.

    Cuando termina la película, la señora Elsa, le dice a su hija, que si no le da vergüenza, tenerme ahí dos horas de rodillas… Y Andrea empieza a discutir con su madre, yo sin saber que hacer… Al final, se calma la cosa, pues la señora Elsa termino diciéndole: “Haz lo que quieras…”. Yo le pregunté a Andrea que si me podía ir a mi casa, que eran las 12 y media, de la noche. Y Andrea me dijo: “Ni lo sueñes…Tú hoy estas castigado”. La madre que oye eso le dice: “pero como que le vas a castigar? ¿Qué te ha hecho, para que lo castigues?”. Andrea le dice: “No hace falta que haga nada, le castigo, porque me apetece, es mi esclavo y hoy tengo el capricho de castigarlo…”. “¿Y, qué castigo le vas a poner? si se puede saber”, preguntó, la señora Elsa.

    “Tiene que estar hoy toda la noche de rodillas en mi cuarto, velando mi sueño”. Le contestó Andrea. La señora Elsa le dijo: “Estás loca” y se fue a su habitación.

    Yo me fui luego con Andrea a su cuarto, y tuve que estar de rodillas toda la noche, a los pies de su cama, arrodillado. Si ella abría los ojos y no me veía de rodillas, me amenazó con romper nuestra relación. Así que toda, la noche la tuve que pasar arrodillado, en su habitación, mientras ella dormía.

    Continuará…