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  • Fui infiel en un hotel de parejas (Parte 2)

    Fui infiel en un hotel de parejas (Parte 2)

    Para los que no lo leyeron la primera parte de este relato, les hago un breve resumen sobre mi estadía en un telo de Mendoza, donde mi esposo debió llevar a reparar una rueda del auto y yo tuve que quedarme en la habitación esperándolo.

    Estando allí fui visitada por el encargado del hotel, Gustavo, con quien tuve sexo a lo grande.

    Como él me había comentado que en el telo había una pareja swinger que es habitué de ese lugar, pero que ese día habían ido solos, yo le propuse a Gustavo que los invitáramos y lógicamente ellos accedieron.

    A los 5 minutos sentimos unos golpecitos en la puerta de ingreso por la cochera. Gustavo los hizo pasar.

    Ambos eran bastante jóvenes y dijeron estar casados. Nos presentamos con un beso en la mejilla. Él, un rubio bastante bien parecido de unos 28 años, con sus brazos tatuados, dijo llamarse Rodrigo y ella Lucía, una chica muy hermosa de pelo oscuro y piel trigueña que tendría unos 25.

    Gustavo pidió 4 tragos, ellos tomaron cerveza y yo continué con el Fernet con coca.

    Luego de una breve charla de presentación, risas y mucha buena onda, de inmediato nos quitamos la ropa, ciertamente la nuestra se reducía a toallones. Rodrigo tenía un cuerpo exuberante, moldeado a puro gimnasio y le colgaba semi erecta una verga casi tan larga como la de Gustavo, aunque más gruesa.

    Nos acostamos los 4. Gustavo en un lado de la cama y yo junto a él, luego Lucía y Rodrigo del otro lado.

    Los besos que me daba Gustavo en la boca y en el cuello y el roce de mi espalda con la piel de Lucía me hizo levantar temperatura rápidamente. Lucía se giró y quedó frotando sus senos en mi espalda, haciendo cucharita con mis piernas. Aparentemente Rodri la había penetrado porque ella suspiraba y me besaba la parte de atrás de mi cuello. Levanté mi pierna montándola sobre las de Gustavo y él apoyó su pene ya totalmente erecto en los labios de mi vagina. Lucía comenzó a acariciárselo suavemente desde atrás y lo introdujo en mi vagina. Mi respiración era bastante sonora y el cosquilleo en mi cuerpo ya era estremecedor.

    Tuve mi primer orgasmo. Lucía me tomó de las caderas y me separó de Gustavo, pasando ella por sobre mi cuerpo. Rodri me volcó de espaldas y fue besándome con gran estilo en la boca, bajando al cuello, se detuvo un buen rato en mis pezones haciéndome vibrar, luego bajo a mi abdomen. Pasó su lengua rodeando me vulva y continuó por mis piernas. Yo enloquecía.

    Lucía lo tumbó a Gustavo y empezó a succionarle el pene con gran devoción. Gustavo disfrutaba la felación. Luego ella lo montó a horcajadas, se introdujo el pene en su vagina y comenzó a moverse suavemente con contorsiones espectaculares de su cadera. Yo observaba y mi temperatura subía a 1000.

    Rodrigo comenzó a lamer mi vagina que babeaba en fluidos, me levantaba las piernas y me lamía el esfínter, abriéndomelo con sus dedos y metiéndome la lengua. Yo lo tomaba de los cabellos y dirigía su cabeza desde el clítoris a mi ano y reversa. Mi temperamento ya me estaba arrastrando a un segundo orgasmo, que descargué en la boca de Rodrigo. Lucía había aumentado el ritmo de sus bombeos, buscando su orgasmo.

    Luego Rodrigo me puso en cuatro al borde de la cama con mi cabeza cerca de Lucía y me la mandó por la vagina. Qué rica verga, me hizo delirar y estremecer. Comenzó a moverse muy fuerte y yo también lo hacía con feroces bombeos.

    Lucía se bajó de Gustavo y lo hizo desplazar hacia mí. Ella había acabado, pero él no. Tomó su pija comenzando a chupársela y luego me la puso en la boca, dejando su rostro junto al mío.

    Gustavo se movía para masturbarse con nuestras bocas que se alternaban. Ella aprovechaba cada cambio para besarme y meterme la lengua en la boca, cosa que me excitaba de sobremanera, más aún con las bombeadas que me daba Rodrigo, provocándome otro orgasmo feroz.

    Lucía colocó 2 almohadas y lo guio a Gustavo a recostarse con su trasero sobre ellas, dejando su pelvis más alta y su pija muy dura, elevada apuntando con su botón hacia el techo como un misil.

    Lucía había notado mi temperamento. Me sacó de la posición de su esposo y me hizo montar a Gustavo, tomando su verga y metiéndomela en la concha. Fue algo maravilloso volver a tener dentro de mí la magnífica poronga de mi macho. Mis bombeos no tardaron en surgir, por momentos profundos y por momentos violentos. Pero en ese trance sentí las manos de Rodrigo tomándome desde atrás por la cintura. Yo me detuve al borde de un nuevo orgasmo. Presintiendo lo que venía, me tomé las nalgas relajando mi culo.

    Yo podía ver en el espejo lateral, como Lucía le chupaba la pija a su esposo. Luego la dirigió hacia mi ano y Rodrigo enterró su cabeza atravesándome el esfínter. Continúo presionando, yo separándome las nalgas para facilitar la penetración de ese grueso tronco y Lucía empapándolo con su saliva a medida que entraba. Yo me había aferrado a Gustavo y le mordía los labios. No tardé en sentir los testículos de Rodrigo tocando mi cola sobre la Pija de Gustavo que se movía entrando y saliendo de mí sin pausa.

    Que placer. Que goce. Que delirio. Me dejé arrastrar al cúmulo de sensaciones febriles que me estaban prodigando esos dos animales con la colaboración de Lucía que gozaba con mi frenético viaje hacia la locura total. Uno, luego otro y luego uno más, mis orgasmos se sucedieron casi sin pausa mientras mi cuerpo se contorsionaba recibiendo esas dos fantásticas pijas.

    Ellos también terminaron. Rodrigo me entregó su semen en el recto. Gustavo me volcó a su lado y se arrodilló tomando su pene para acercarlo a mi rostro.

    Yo abrí mi boca y lo continué masturbando hasta que comenzó a eyacular. Sus chorros de leche fueron a parar todos a mi lengua y garganta, no dejé que se perdiera una gota. Luego Lucía tomó la pija para chupársela intentando limpiar algún resabio de semen mientras yo me tragaba toda la miel de mi macho.

    Lucía muy sensual, les dijo a los hombres que ahora le tocaba a ella ser penetrada por ambos.

    De inmediato comenzó a masturbarlos a ambos y colocando su cabeza entre sus miembros los comenzó a chupar con gran destreza.

    Evidentemente que a ambos les quedaba resto porque ya estaban alcanzando la erección. Pero en ese momento se escuchó el motor de un auto que se detenía, unos ruidos de puertas y de baúl y voces 2 hombres.

    -Es mi esposo! -Grité con desesperación.

    Gustavo rápidamente abrió la puerta del servicio y como gatos espantados salieron los tres desnudos de la habitación en segundos, llevando su ropa y calzados en la mano.

    Yo me quedé mirando en la cama con gran nerviosismo y en el momento en que salía Rodrigo, se abrió la puerta de ingreso por la cochera, y apareció Arturo.

    -Hola mi cielo -me dijo-. Como has estado, te aburriste mucho?

    -Holis mi amor. La he pasado estupendo viendo unas fantásticas películas porno. Me excité tanto que estoy sonrojada y transpirando. -le dije mientras le daba un beso en la boca con sabor a semen.

    -Se nota que has estado disfrutando porque te veo despeinada y bastante desarreglada.

    -Si mi Tori, estuve jugando con mis aparatos y me corrí varias veces, mirá, aún me sale el flujo de mi conchita sedienta. -En realidad el flujo producto de mis orgasmos bajaba en hilos por mis piernas, mezclado con el semen que Rodrigo me había vaciado en el recto.

    -Veo que te estás caliente mi cielo y yo también me estoy excitando de solo verte así. No querés que hagamos el amor mi vida, para no desperdiciar la tarde de mierda que hemos tenido? -Yo me había quedado con deseos de estar con Gustavo y mi conchita golosa latía con ganas de comer, así que le dije a Arturo que se sacara la ropa que me lo quería coger.

    Cuando él caminó hacia el baño, vio junto a la puerta una prenda interior.

    -Y esooo? -Me preguntó sorprendido.- De quién es ese bóxer de hombre.

    Yo lo reconocí de inmediato, era el de Gustavo.

    -No se Torito, seguramente se le ha quedado a alguien que ocupó la habitación antes que nosotros y la mujer de la limpieza no lo vio. -Él se quedó pensativo, pero tenía más ganas de coger que de continuar investigando.

    Se tendió sobre la cama y comencé a chupársela durante varios minutos intentando hacer que se le endureciera un poco. Me monté sobre él y me la metí semi blanda en la concha empapada. Casi no la sentía, pero en un momento se puso más dura y logre venirme. Después él me puso en cuatro para penetrarme por el ano, a ambos nos gusta mucho hacerlo. Yo se la tomé para tratar de metérmela, hasta que de nuevo tomó cierta erección y me entró con la lubricación del semen de Rodrigo que aún escurría de mi ano.

    -Así mi Torito, dámela así hasta los huevos. Hayyy como me estás haciendo gozar, eres un verdadero toro salvaje.

    -Si mi gatita putita, gozá mucho que yo también gozo con vos. Siento que tus juguetitos te han dilatado bastante putita hermosa, me encanta ese juguito tibio que lubrica tu tripita. -El bombeaba con fuerza pero su discreto pene casi flotaba en mi culo totalmente abierto. En el mete-saca, su pito se salió un par de veces, pero finalmente con la ayuda de mi automasaje de clítoris, logré mi último orgasmo de ese día maravilloso.

    Luego de colocar la rueda salimos con el auto. Al detenernos en la salida del telo para pagar, le dije a Artur que solicitara una tarjeta para poder pedir reserva una próxima vez, lo cual le pareció excelente idea.

    Camino a casa, Torito me hablaba de lo bien que la habíamos pasado a pesar del contratiempo de la rueda del auto. Yo le decía que la había pasado maravillosamente bien, mientras mi mente repasaba los maravillosos momentos con Gustavo y luego con Lucía y Rodrigo.

    En realidad la tarjetita me sirvió para tener el teléfono de Gustavo y si bien no hemos vuelto al lugar con Arturo, yo lo he hecho en dos oportunidades en mi auto, para estar con mi amigo.

    Espero que les haya gustado y espero sus críticas o comentarios. Todo me sirve para perfeccionarme en mis aventuras sexuales. Hasta pronto.

  • La esclava de la señora Marisa y su hija Laura

    La esclava de la señora Marisa y su hija Laura

    Me llamo Ana. Cuando esto pasó yo tenía 24 años. Marisa, mi jefa, 41 y Laura, la hija de mi jefa, 18 años.

    Todo comenzó porque yo soy de un pueblo de Segovia, donde apenas hay vida y decidí un día, contestar a un anuncio que leí en internet, de una señora que necesitaba una chica interna. Yo me ofrecí. Llamé y hablé con la señora Marisa y me citó para empezar a trabajar en su casa un lunes de abril de 2017. Ahora hace justo 3 años.

    Los primeros días he de confesar que estaba bastante nerviosa. Ya le había comentado a la señora Marisa, que era inexperta y ella me dijo: “Tu, con que seas obediente y hagas lo que se te mande, con eso nos vale”. Yo intentaba estar atenta a todo, para contentar a mis jefas. Me levantaba a las 7,30, para prepararle el desayuno a mi señora Marisa y que ella al despertar ya tuviera su café caliente, sus tostadas y su zumo de naranja recién exprimido. Mientras ella desayunaba, yo me iba a su dormitorio, para ventilarlo y hacerle la cama, principalmente.

    La señora Marisa, era separada y tenía una zapatería a unos 400 metros de su casa, en una de las calles principales del Barrio del Pilar, en Madrid. Cuando ella terminaba de desayunar, yo recogía su desayuno y nos íbamos a la zapatería. Allí siempre había cosas que hacer, colocar el escaparate era fundamental, pero también limpiar estanterías, fregar suelos, colocar las cajas del almacén, etc… La señora Marisa desde el primer día, me iba enseñando todo eso…

    Marisa era alta, 1, 75 aproximadamente. Pesaba unos 58 kg. Rubia. Ojos claros… La verdad es que era una mujer de admirar… Y yo la adoraba. Desde el primer instante quedé prendada de ella y de su hija Laura, pues también era guapísima.

    Laura media 1, 73. Pesaba 52 kg. Y tenía unos ojos preciosos, claros, muy lindos. De llamar la atención.

    Los días iban pasando y una mañana, trajeron mucho calzado para colocar en el almacén, Marisa me ordenó tirar algunas cajas, yo fui a tirarlas y ella se tropezó, con unas que yo había dejado en el estrecho pasillo. Marisa me echó una señora broca… Yo le pedí perdón un montón de veces y ese mismo día yo noté que Marisa era muy dominante pues me tuvo toda la mañana detrás de ella, pidiéndole perdón. Otra, a la segunda o tercera vez, me hubiera dicho, vale. Pero Marisa, no me decía nada y yo sumisamente cada vez que tenía ocasión, volvía a pedirle que me perdonara.

    A las 12 del mediodía, Marisa me solía mandar a casa, para preparar la comida y colocar la mesa, comprar el pan, etc. Muchas veces a esas horas la señorita Laura seguía durmiendo…Y otras veces estaba levantada, pero tumbada en el sofá. Yo lo primero, le iba arreglando el cuarto a Laura, le hacia la cama, le recogía bragas, los calcetines, todo lo que dejaba del día anterior… y luego recogía su desayuno, si había terminado. Y me ponía a calentar la comida tranquilamente… Un día estaba Laura tumbada en el sofá del salón y yo en la cocina preparando unas patatas… Le suena el móvil a Laura y me llama a gritos: “Ana, Ana!!!” Yo acudo rápido y me dice: “Anda alcanzame el móvil”, que lo tenía sobre la mesa, a su lado… Extendió su mano, yo se lo di, empezó a hablar, no sé con quién… Y me hizo un gesto con su mano, como diciéndome que me podía retirar… Cuando terminó de hablar, Laura me volvió a llamar y me dijo:

    -Ten el móvil déjamelo en la mesa.

    Yo se lo cogí y le dije:

    -Si señorita Laura, como usted ordene.

    Y lo dejé en la mesa, que estaba a dos metros de ella. Laura era así, tremendamente caprichosa. Otro día recuerdo que estaba yo en la cocina pelando ajos, y entra Laura y me dice: “Deja eso y ponme un vaso de agua, tengo sed…”. Yo como siempre: “Si, señorita Laura, ahora mismo se lo sirvo”. Eso era muy típico en ella. Conmigo cogió esa costumbre y me llamaba para todo.

    La señora Marisa era más normal, no tan caprichosa como su hija, pero era muy dominante y tenía mucho temperamento. Yo que siempre he sido muy sumisa, estaba pendiente de que pasara algo extra cotidiano, para poderle demostrar mi sumisión. Una mañana, Marisa me llamó, para pedirme que le calentara más el café, pues estaba frío. Yo lo calenté, se lo serví y me puse a su lado de rodillas para pedirle perdón. A Marisa le encantó verme arrodillada ante ella y me dijo:

    -Tienes suerte que ahora nos tenemos que ir, pues te hubiera dejado toda la mañana así, castigada de rodillas, para que aprendieras…

    Yo le comenté:

    -Si lo desea me puede castigar, en la zapatería… O esta noche, después de cenar…

    Y Marisa me contestó:

    -Pues ya veré, ya veré… No sería mala idea, después de cenar… Me lo pensaré.

    Ese día trascurrió más o menos normal. La señorita Laura me echó dos broncas, una por no haberle planchado bien los pantalones… (según ella) y otra buena bronca, por no haberle dejado limpias unas zapatillas deportivas, que a Laura le gustaban mucho. Pero quitando esas dos anécdotas todo transcurrió bastante bien. Pero una vez, que recogí todo lo de la cena y fregué los cacharros y recogí la cocina dejándola barrida y fregada. A eso de las diez y media de la noche, Marisa me dice: “Creo que tú y yo teníamos un castigo pendiente…”. “Si señora Marisa -le dije yo- fue por servirle el café más frío de lo normal…”.

    Y Marisa me dijo: “Pues estoy pensando, castigarte ahora… Ahora si tengo tiempo para castigarte”. “Como usted mande señora Marisa”. Y ella me dijo:

    -Ya que esta mañana te has puesto de rodillas… Te voy a castigar así, de rodillas una hora, en ese rincón, mirando la pared.

    Yo me fui al rincón que Marisa me dijo, me arrodillé y así estuve una hora. Pero yo creo que la que más lo disfrutó, fue la señorita Laura, que se pasó todo el rato observándome, pues Marisa me prohibió sentarme sobre mis talones… Me quería de rodillas rígida, firme. Laura le preguntó a su madre:

    -¿Y yo, le puedo castigar también?

    Marisa sonriendo, le dijo: Pues no. Ana no es una esclava. Yo le he castigado hoy, porque hemos llegado a ese acuerdo esta mañana ella y yo, pero normalmente, no se le puede castigar.

    Y Laura dijo: “Que putada!!!2. Yo aproveché y le dije: “Pero también puedo pactar con usted algún castigo, si lo desea… señorita Laura”. Y ya le cambió la cara por completo.

    A la mañana siguiente, al regresar de la zapatería, a eso de las 12 de la mañana, nada más entrar en casa, saludo a Laura que estaba levantada y Laura me dice:

    -Tenemos que pactar tú y yo un castigo, como hiciste ayer con mi madre, joder tía, me encanto verte ahí de rodillas, firme, aguantando… Pues eso tiene que doler…

    Yo le comenté que era molesto, pero que tampoco fue un castigo doloroso. Y Laura me dijo:

    -Pues yo quiero castigarte…

    Yo le dije:

    -Pues castígueme, si ese es su deseo, castígueme, como quiera, como desee…

    Y Laura me dijo:

    -Como si fueras mi esclava.

    -Perfecto, como si fuera su esclava -le contesté.

    Laura me comento:

    -Es que me gustaría tenerte de rodillas y pellizcarte los pechos, darte bofetadas, mandarte que me beses los pies…

    Yo le dije:

    -Pues si quiere soy su esclava 15 o 20 minutos, y ahí en ese tiempo, me castiga como quiera, pues luego tengo que preparar todo… Que si viene su madre y no está todo como ella me ordenó, entonces sí, que me va a castigar bien…

    A Laura le gustó la idea de tenerme quince o veinte minutos bajo su poder, y rápido me dijo: “Venga, empezamos: Bésame los pies esclava”. Ella estaba sentada sobre el sofá del salón y yo me acerqué, le besé los pies, cuando le apeteció, me ordenó lamérselos, también se los lamí. De repente, se sienta en el sofá, yo estaba frente a ella, a poco más de un metro. Entonces me pellizca los pezones, yo me retuerzo de dolor, pues no me lo esperaba, ni sabía que podía doler tanto… Me quejo… Laura me abofetea repetidas veces la cara, me vuelve a pellizcar, en los pechos, en los pezones otra vez… Se quita una de sus zapatillas y me da con la suela en la cara, varias veces, no me pega fuerte, pero siento el zapatillazo, Laura se empieza a poner caliente a me ordena darle placer en su pipa, hasta que la se corre en mi boca.

    Laura solo tenía 18 años .Yo 24, pero me daba miles de vueltas… Fueron poco más de 20 minutos, y mi vida desde mismo instante cambió por completo. Laura me hizo su esclava unas cuantas semanas en secreto, pero pronto empezó a castigarme delante de su madre… Y empecé a ser la esclava de las dos…

    Este relato continuará…

  • Solucionando mis broncas con una rica trans

    Solucionando mis broncas con una rica trans

    Después de esa experiencia gay que tuve con Dante, algo en mi estaba acelerado y me sentía roto, el hecho de haber cogido con un hombre, bueno en darle verga, me hacía sentir gay de closet y de hecho me comenzó a limitar sexualmente, ¡ya que en ese lapso dejé pasar grandes oportunidades!

    No me atrevía a contarle a Lety, tenía miedo de que me dejara, pero necesitaba un consejo, así que busque a Susana, la amiga transexual de la familia, ya les conté de ella en otro relato y con ella tuve sexo también, ¡así que la busque para pedir un consejo!

    S: ¡jajá, te cogiste a Dan!!!

    L: ¡No!!! ¡Bueno estaba drogado!!

    S: Sea como sea, lo penetraste, ¡seguro lo gozo!

    L: No sé, ¡solos e que no se pudo parar!!

    S: Y no es para menos, ¡la tienes muy grande para un culo tan flaco como el de Dante!

    L: Entonces que me aconsejas, ¡no me quiero sentir así!

    S: Dos cosas, una, olvídate de esto cogiendo con todas las que puedas, o ten otra experiencia gay, pero esta vez sin alcohol ni drogas, ¡solo así te definirás!

    Sentí un poco de sabiduría en esas palabras, ya que, cuando cogí con ella, tome de más y andaba cansado y Dante me drogo, ¡entonces normal tendría que ver qué pasaba!

    L: Suena bien tu consejo, ¡pero no quiero coger con un hombre!

    S: ¡Bueno, que tal una trany!

    L. Peor ya lo hice contigo y ahora sentiría que es lastima tuya o aprovechamiento!

    S: Jajá, bueno te ayudare, ¡te pondré en contacto con Zulema!

    Zulema es una transexual de muy buen ver, tiene unas tetas enormes, piernotas y unas nalgas grandes, sus ojos azules y su nariz finita, toda una mujer la única diferencia es u pen, un pene que usa como clítoris según Susana, ella se dedica a la prostitución y pornografía, así que no estaba muy seguro de aceptar!

    Susana me dijo que lo pensara que le escribiera y ella sería el enlace entre los dos, claro, para que no me cobrara!

    Después de meditarlo un par de días y sentir que ya no podía más, le llame a Susana y le dije que estaba bien, que cogería con Zulema, con condón y en un lugar discreto., Susana ofreció su casa y me dijo que el viernes a las 8 de la noche nos vería.

    Llegue puntual a la cita, al llegar ya estaba Zulema ahí y admito que se veía genial, un minivestido negro enseñando sus muslos, unos tacones negros y su pelo teñido de rubio, toda una puta, ¡no pude evitar ten ruan reacción positiva al verla!

    Z: ¡Hola guapo, como estas!

    L: Hola linda, ¡te traje flores!

    Z: ¡eres un encanto!

    ¡Flores!! No sé qué me pasaba, como adolescente tenia actitudes que demostraban lo bajo que andaba, pero bueno, ¡Susana insistía que esa sería la solución!

    Después de una cena de comida china, Susana tomo su abrigo y nos dejó a solas, ¡dijo que regresaría en un par de horas y que esperaba que la pasáramos bien!

    Ambos nos quedamos mirando mientras bebíamos vino, ella me sonreía y me ponía tenso, yo miraba sus muslos, quería tocarla, pero tenía nervios y por primera vez en años, ¡no sabía que hacer!

    Z: ¡Susy me conto tu bronca!!

    L: Esa mujer, ¡vaya que es un periódico!

    Z: ¡Tranquilo, no debes desesperarte, son etapas, además coger con lo mismo aburre!

    L: Pero soy casado tengo hijos y soy amante de varias, ¡no pudo salir con que me gusta ser activo con gays!

    Z: Pues yo pienso que eso no te hace gay, ¡yo me considero toda una hembra!

    L: De hecho, lo estas, estas muy bien, tienes un cuerpo fenomenal, ¡digno de cualquier diosa!

    Ella me miro y se acercó a mí y comenzó masajearme, yo trataba de huir, pese a haber sido hombre sus manos no eran tan toscas, las tenía suaves con uñas largas, ¡como toda una mujer!

    Comencé a sentir una excitación enorme, ella se acercaba más a mí y me pegaba sus tetas, me respiraba en el oído, ¡sabia como calentar!

    Z: Ven amor, vamos a la cama, ¡te daré un masaje!

    L: ¡Bueno!!

    Me desnudo totalmente, me acaricio todo mi cuerpo, me masajeaba de una forma tan deliciosa que mi verga se paraba como mástil, ¡sentía sus labios rozar mi espalda y eso me prendía más!

    Después de masajearme volteado, me pido me girara y deje a su vista mi dura verga, ¡la cual ya sacaba liquido pre seminal!

    Z: Papito, ¡que rico!!!

    L: ¡Así me pusiste!

    Z: ¿Quieres que te lo chupe?

    L: Hazlo, ¡te estas tardando!!

    Basto decir ese par de palabras para que Zulema llevar mi verga a su boca ay como una aspiradora devoraba mi verga, la lamia fantástico, mordía mi glande y lo succionaba sus lengüetazos eran de lujo, me acariciaba los huevos y los metía a su boca, ara luego tragarse entrar mi verga hasta que se ahogaba, me tenía a mil, ¡me estaba dando el mejor sexo oral de mi vida!!

    L: ¡Ah, uhm, nena, que rico, uf!!

    Z: ¡Que vergota!!! ¡Sabe delicioso!!

    Continúo mamándome la verga como diosa, mientras u ropa caí lentamente hasta que quedo en tanga, pude ver su pene pequeño más parecido a un clítoris, pero pene al final, eso me devolvía a la realidad, ¡pero sus mamadas me hacían gozar cada vez más!

    L: Nena, ¡me vas hacer estallar!!!

    Z: ¿Quieres entrar ya?

    L: ¡Si!!!

    ¡De la forma más deliciosa posible me coloco el condón con su boca, yo estaba mil, en eso ella subió encima de mí, se puso saliva en su ano y se dejó caer en mi verga!

    Lentamente me abría paso en su culo estrecho, ¡la tomaba de sus muslos que me encantaban y la empujaba más a mi verga!

    Z: ¡Ah, papi, uhm!

    L. Si, así!!

    Una vez que logre entrar más de la mitad, ella comenzó a moverse, lo hacía de una forma tan sensual, movía sus caderas en círculo, para luego levantarlas y dejarlas caer, se agachaba y me daba mamar sus tetas grandes y de pezón oscuro, ¡el apretaba sus nalgas y la empujaba más rápido a mi verga!

    L: ¡Muévete, lo haces riquísimo!!

    Z: ¡Soy mejor que cualquier vieja que te hayas cogido, uhm!!!

    L: ¡Ah, sí, ahora te creo!

    Me puse de pie y ahora la acote levantando sus piernas, ¡tome mi verga y al penetre suave mientras le penetraba sus grandes tetas!

    Sabía que en el fondo ella era hombre, pero no me importaba, ¡me encantaba estar dentro de ella!

    Me impulsé suave y luego subí la velocidad de mis embestidas, ella gritaba y me pedía más, me comencé a sentir su chulo, su padrote, ¡esa transexual era de lujo y me permitía darle con todo!

    L: ¡Que rico culo tienes nena, aprieta delicioso!

    Z: ¡Ah, destrózalo, uhm!!

    L: ¡Si, uhm, que rico!!

    Z: ¡Eres un gran macho!

    Sus palabras me calentaron aún más, la tome de su cadera y mis movimientos se aceleraron, ella gritaba al sentirme ya totalmente dentro de ella, me encantaba ver como ponía los ojos en blanco, baje y le mordí las tetas y su cuello, le jale el cabello, ¡la estaba haciendo mi puta!

    L: ¿S i, uhm, que rica, quien es tu macho?

    Z: ¡Ah, api, soy tuya, tu eres mi macho, agh!

    L: Ponte en cuatro, ¡te cogeré así puta!!

    Z: ¡Si, ah, soy tu puta!!!

    Zulema se puso en cuatro y se veía riquísima en esa pose como un toro enloquecido, le metí mi verga hasta el fondo de su ano, moviéndole todo por dentro!

    Z: ¡Ah, papi, me duele, agh!

    L: ¡Cállate ahora eres mi puta así que toma!!!

    Z: ¡Despacio, agh!

    L: ¡Ni madres!!!

    Me movía como loco, ¡la tenía toda empotrada y gritando y casi llorando al tener mis 21 cm dentro de su culito!

    En un acto de puro sexo, comencé a acariciarle su pene como si de un clítoris se tratara, ¡eso me la puso más loca y me pedía que no parara que la continuara cogiendo!

    Z: ¡Ah, sí, mi amor, más, mas!!!

    L: Eso, goza perra, ¡ahora eres mi puta!!

    Z: ¡Si, uhm, cógeme, cógeme!!

    L: ¡Si, agh, toma, uf!!!

    Con mujeres reales tuve noches fenomenales, pero esa con Zulema era diferente, ¡me sentía otro hombre y me encantaba tenerla a mis pies!

    Z: ¡Ah, dios, amor, me vas hacer venir!!!

    L: ¡Si, córrete, como la putita que eres!

    Bastaron un par de movimientos para que su pene expulsar un líquido transparente, su corrida había llegado igual a la de una mujer, ¡eso me puso más caliente y me moví para sentir mi orgasmo!!

    Z: ¡Ah, papi, ya vente!!

    L: ¡Ahí voy!!!

    Z: ¡Si sácala, saca tu leche!!

    L: Te la daré en tu cara, ¡vamos ya!!

    Apenas si alcance a quitarme el condón y mi leche salió expulsada en la cara de la hermosa transexual, ella gustosa recibía mi semen y lo tragaba, le embarre la cara, sus tetas y piernas me sentía un triunfador, ¡había roto un taboo en mi cabeza ay había gozado como nunca antes!

    L; ¡Que rico nena, uhm!!

    Z: ¡Vuélvete mi macho!!!

    Nos acostamos y nos abrazamos, unos minutos después nuevamente empezamos a coger y así estuvimos hasta que Susana regreso y me encontró en pleno orgasmo, ¡ella solo observo y riéndose pregunto!

    S: ¿Solucionaste tu bronca?

    L: ¡Mejor que eso amiga!!!

    A partir de ese día me volví el macho de Zulema con al cual cogí muchas veces y tuve más experiencias así, pero esa se las contare más adelante.

  • Mi comienzo en el incesto (V)

    Mi comienzo en el incesto (V)

    Estaba durmiendo hasta que unos besos en el cuello me despertaron. Al girarme vi que era mi hermano y le besé, él me respondió y también me acercó a él agarrándome de una nalga.

    –Hoy estás muy cariñoso ¿no?

    –Es que pensar que papá te tendrá de la misma forma que yo y que tal vez dejes de hacerlo conmigo me pone celoso.

    –No te preocupes, aunque disfrute con papá, también lo hago contigo, no te dejaré de lado hermanito. (Digo volviendo a besarle)

    Mientras nos besábamos siento que Juan se pone duro mientras mete un dedo en mi vagina. Yo empiezo a masturbar a mi hermano y eso hace que nos excitemos más. Al acabar de besarnos él baja su cabeza a mis pechos y empieza a chupármelos y morderlos. Luego me deja un chupetón encima del pezón.

    –¡Oye! ¿Por qué me haces un chupetón? Papá va a preguntarme y no pensaba explicarle lo nuestro hasta que lo hubiésemos hecho.

    –Pues te inventas algo, pero ahora sigamos con lo nuestro. Ponte a cuatro hermanita. (Dice dándome una nalgada)

    Yo acabo haciéndole caso y él mete su pene de una en mi vagina mientras sujeta mis brazos siendo la penetración profunda, intento no ser muy ruidosa ya que no quiero despertar a papá, pero las penetraciones de mi hermano eran tan profundas que me estaban volviendo loca.

    –Hermano, si sigues así no voy a poder evitar gemir alto. Me estás volviendo loca.

    –Eso es lo que quiero hermanita, quiero que te vuelvas loca por mí. Así no me dejarás olvidado. (Dijo y cambió de posición)

    –Ya te he dicho que no me voy a olvidar de ti.

    Seguimos así por un buen rato, mi hermano estaba bastante excitado y yo ya no sabía cuántos orgasmos había tenido. Cuando él acabó descansamos un poco y después nos pusimos los bañadores.

    Al salir de la habitación olimos el desayuno así que nos dirigimos a la cocina. Cuando llegamos papá parecía devorarme con la mirada. Me acerqué a él para darle un beso cerca de sus labios y él me abrazó.

    –Buenos días papi.

    –Buenos días papá.

    –Buenos días hijos.

    –La comida tiene buena pinta.

    –No es lo único que tiene muy buena pinta. (Dijo papá en mi oído haciéndome reír)

    –Qué cosas dices papá.

    –Bueno y ¿qué hacéis con la ropa de baño puesta?

    –Para estar ya preparados para la playa.

    Nos pusimos a comer y luego nos íbamos a ir a la playa hasta que se me ocurrió algo.

    –Papi, ya que vamos a ir directamente así, ¿por qué no me echas la crema solar aquí?

    –Claro hija.

    –Bueno, entonces yo me voy a la playa, os espero allí.

    –Claro hermano. (Dije con una sonrisa cómplice y le mandé un beso)

    –Bueno papi ¿vamos a tu cuarto? Tú cama es más grande que la mía.

    –Claro hija.

    Me dirigí a su habitación meneando mi culo y él me dio una nalgada. Cuando llegué me tumbé en su cama y me quité la parte de arriba. Papi me miró con una sonrisa perversa y cogió la crema empezando a echármela por las piernas, cuando subió a mi culo empezó a apretarlo y me dejó el biquini como un tanga, luego subió por mi espalda pegó su pene en medio de mis nalgas, mientras me daba por la espalda me rozaba los lados de los pechos.

    –Cariño date la vuelta para poder ponerte por delante.

    –Claro papi.

    Le hice caso y parece que vio el chupetón que me hizo Juan porque puso una cara como molesto.

    –¿Qué tienes en tu pecho?

    –Me debí rascar bastante y se me ha puesto rojo.

    La excusa pareció surtir efecto ya que el chupetón aún estaba rojo por lo que no se notaba tanto. Él empezó por mis piernas, después siguió por mi barriga hasta llegar a mis pechos que empezó a apretar provocándome gemidos, me estuvo apretando los pezones haciendo que me mojara más. Después me besó y yo le correspondí, metí mi lengua en su boca y me puse a jugar con la suya, él me apretaba más a él y yo intentaba rozar su polla con mi vagina, esto provocaba gemidos de mi parte y gruñidos de su parte.

    –Esta tan buena cariño, me pones tan duro.

    –Mmm me encanta que estés tan duro. Quiero sentirte dentro de mí.

    –Espera a que disfrute de todo tu cuerpo.

    Después de decir eso él bajo a chupar mis pezones y morderlos, yo no podía evitar mojarme más. Luego bajó su mano a mi vagina, primero me estuvo tocando el clítoris por encima de mi biquini y luego metió dos dedos dentro de mí haciendo que gimiese alto. Estuvo penetrándome así un rato y luego también uso su lengua dentro de mi vagina haciendo que me corriese.

    –Que rico lo haces papi, no puedo esperar más a que me penetres.

    –Ya no tendrás que esperar más cariño.

    Dicho esto él puso a un lado mi biquini y me metió su pene de una estocada provocando que gritase, lo sentía muy profundo, él se movía lento al principio y luego cuando le pedí que diese más fuerte, me hizo caso y me penetró más fuerte después de ponerme a cuatro. Seguimos así por bastante tiempo, la verdad es que no sé cuánto estuvimos, pero disfruté mucho. Descansamos un poco mientras nos dábamos algún beso y él seguía tocándome el culo.

    –Deberíamos ir a la playa, a Juan debe parecerle extraño que tardemos tanto.

    –Sí, es cierto cariño, ya seguiremos más tarde.

    Nos ponemos la ropa y nos ponemos rápido la crema, cogemos nuestras cosas y vamos hasta donde se encuentra Juan.

    –Os tardasteis mucho. ¿Pasó algo?

    –No pasó nada hermano, solo nos entretuvimos. Ya sabes a que me refiero. (Digo lo último en un susurro mientras le abrazaba)

    Él solo asintió y dejo de abrazarlo. Papá y yo ponemos nuestras cosas y me tumbo boca abajo. Papa dice que se va a meter y nosotros asentimos.

    –Entonces ¿qué tal fue hermanita?

    –Mmm estuvo genial, papá es un muy buen amante.

    –Espero que eso no signifique que vas a dejar de hacerlo conmigo.

    –Claro que no. Tú también lo haces genial. (Me levanto y me siento encima de sus piernas abrazándolo) No voy a dejar de tener sexo contigo, no te preocupes, tú también me haces delirar.

    Él solo me correspondió y me lamió el cuello haciendo que gimiese. Luego nos separamos para que nadie sospeche y me tumbo con las gafas de sol, pero esta vez boca arriba.

    Pasaron los días y ya se acabó muestra semana de disfrutar en la playa. Estos días fueron algo intensos ya que papá cuando podía me follaba y mi hermano también. Así que he decidido que a la vuelta le contaré a papá que también tengo relaciones con Juan.

    Llegamos a casa y cada uno fue a dejar sus cosas. Me cambié y me puse una ropa provocativa y bajé abajo. Ya sentada en el sofá los llamé para hablar. Cuando me vieron se les notó a los dos que les excita como estoy vestida. Papá se sentó en el sofá de enfrente y mi hermano al lado mío.

    –¿De qué querías hablar amor?

    –Quería contarte sobre un secreto que te estamos ocultando Juan y yo. (Mi hermano entendió y nos cogimos de la mano) Papá, Juan y yo tenemos sexo desde hace dos meses. (Mi padre se quedó sorprendido y luego parecía medio enfadado)

    –Pero como puede ser eso. Nunca me había enterado. (Yo me acerqué a él y me senté encima de sus piernas y le doy un beso en el cuello)

    –Todo empezó un día que un amigo de Juan dijo que estaba buena. Entonces se le quedó en la cabeza esos pensamientos y acabó confesándome una semana más tarde que me empezó a ver como mujer y me besó, yo le seguí y luego lo hicimos y así hasta ahora. Y bueno él sabe lo que hacemos tú y yo.

    –¿Cómo?

    –Recuerdas el primer día en el bungalow.

    –Sí.

    –Pues cuando nos pusimos a ver la peli, Juan dijo que iba muy provocativa para los dos y yo dije que tú no te excitarías, al final apostamos y yo perdí y desde ese momento me dieron ganas de hacerlo contigo. (Noté que papi se había puesto duro y yo empecé a mover disimuladamente)

    –¿Entonces te has estado acostando con los dos?

    –Sí. ¿Te molesta papi?

    –La verdad es que me sorprende que mi hija sea tan viciosa y puta, pero no me molesta. (Dice y me besa mientras me aprieta las nalgas)

    Yo le sigo el beso y noto que mi hermano se pone detrás de nosotros y empieza a manosearme las tetas y besar mi cuello haciendo que gima.

    Me separo del beso.

    –¿Qué os parece si vamos mejor a la cama?

    Los dos asintieron y nos levantamos para ir a la cama de papi que era la más grande. Allí nos desnudamos y nos besamos ahora mi hermano y yo mientras lo masturbo y papi hace que abra mis piernas para lamerme la vagina y meterme dedos. Seguimos así hasta que me hace llegar al orgasmo. Luego chupo el pene de juan y papi me mete su pene en la vagina. Después de un rato los tres nos corremos y los dos se sientan en la cama para que se los chupe hasta que se vuelvan a poner duros.

    Cuando eso pasa mi hermano es el que me penetra por la vagina mientras me chupa las tetas y papi me empieza a lamer el ano y meter la lengua haciendo que gima más. Mi hermano la mete más rápido y en ese momento papi también me la mete por el ano haciendo que gima bastante alto, se empiezan a mover de manera sincronizada y a mi me estaban volviendo loca.

    Pasamos toda la tarde follando de distintas formas, fue genial.

  • Heterosexual toda la vida, pero… (Real)

    Heterosexual toda la vida, pero… (Real)

    El relato, a continuación, es cien por ciento real, soy heterosexual, pero contaré por primera vez parte de mis recuerdos, por medio de los cuales revelo confesiones y fantasías.

    Amigo es una palabra que encierra un contenido muy especial. El amigo está en esos momentos en que lo necesitamos, muchas veces no sabemos cómo él sabe estar (tal vez él tampoco lo sabe). También amigo significa reciprocidad, ausencia total de interés, y tantas otras cosas nobles. Aunque no es ése el tema concreto que quiero relatar. Sólo fue una referencia para decir que a Artemio no lo consideré nunca “amigo”, a pesar de que nos conocíamos desde mucho tiempo atrás, éramos conocidos pero nunca se dio, entre nosotros, esa intimidad espiritual que referí al principio.

    -¿Silvano? -escuché una voz a mis espaldas, era Artemio

    -Hola Artemio, ¡tanto tiempo! -contesté. Hacía fácilmente 15 o 20 años que no veía a Artemio, y la última vez fue solo un saludo a la distancia, de auto a auto, en una estación de servicio de donde yo salía luego de cargar combustible. La verdad es que el trato más o menos frecuente se limitaba a las ocasiones en que compartíamos una tarde de futbol en el potrero del barrio, en mi adolescencia, él es dos años mayor que yo.

    Dije que no hubo, no hay, intimidad espiritual para considerar a Artemio un amigo. Pero sí hubo una “casi intimidad” en mi temprana juventud. Éramos jóvenes (yo tenía 18 años), y estábamos, junto a otros dos “amigos del futbol”, en un terreno cercano a mi casa, donde solíamos juntarnos a charlar y “pasar el tiempo” en las horas en las que era imposible “armar” picaditos de fútbol, por el intenso calor de la siesta. Los otros dos “amigos” (Diego y Adrián), se despidieron diciendo que nos juntaríamos más tarde para jugar un partido de fútbol y quedamos solo Artemio y yo.

    Sin tema para hablar estaba por irme a mi casa cuando, de repente, Artemio me dice: -“¿tienes honda?” (se refería a si tenía una gomera, como le dicen en otras partes); -“No”, le contesté; -“¿Quieres esta?”, me dijo mostrándome una linda gomera; -“Si, pero no tengo plata para pagarte”, le dije, -“Te la regalo pero solo te voy a pedir algo a cambio”, me dijo, -“¿Qué cosa?”, pregunté, y ahí me largó de una… -“que me prestes el culo, estoy recaliente, necesito culearte”.

    Eso era algo que no podía concebir como posible; mi educación no me lo permitía, pero, quizás por simples prejuicios, el principal motivo de mi negativa a recibir “el regalo” que Artemio me ofrecía, fue que no admitiría ser objeto de burla por parte de mis “amigos” (ya que, con certeza, Artemio me expondría como trofeo). Aunque he de confesar que obtener esa linda honda, en un momento, me tentó. Quizás esto último lo percibió Artemio, y sea lo que explique la insistencia con que intentó doblegar mi voluntad para que le entregue mi culito virgen.

    Sí, mi culito era virgen, aunque en otras circunstancias, a escondidas, varias veces habíamos jugado, con dos primos de mi misma edad, a culearnos. Era un jueguito que nos gustaba mucho a todos, y que a mí en particular me gustaba en las “dos direcciones”: culear y ser culeado (no sé si a mis primos les gustaba como a mí, o solo disfrutaban de culear, y lo otro era el precio que debían pagar, me inclino a pensar que era esto último).

    En la realidad todo se limitaba a roces del pito en la entrada del culito del otro (nunca pude hacer entrar mi pito, aunque uno de mis primos, recuerdo que en una o dos ocasiones, me lo metió un poquito (sin llegar a desvirgarme), quizás un centímetro o milímetros más o menos (y también recuerdo que eso me asustó un poco, pero me gustó mucho). Creo que en esa época de mi vida se origina, no solo que sienta erógena a mi zona anal, sino también el tremendo placer que me provoca el olor a culo (a menudo me paso los dedos y la mano y disfruto oliendo ese aroma tan particular).

    Pero hago una aclaración, no confundamos el olor a culo con el olor a caca; el olor del culo se origina en los fluidos naturales que de él emanan, es algo así como la lubricación natural del ano, ese es el aroma que, para mí, es un afrodisíaco como lo es el olor natural de la concha o panocha de una mujer. Pero el olor de la caca no me excita.

    Recuerdo que, en una ocasión, quizás una de las últimas en que disfruté del placer de “culear” en mi juventud, nos encontrábamos uno de mis primos y yo (en el campo donde ellos vivían y yo iba de visita los veranos), y le propuse: -“vamos a culear”, pero mi primo se negó, que no tenía ganas; de nada valía mi insistencia, él continuaba negándose, hasta que se me ocurrió decirle: -“yo no te voy a culear, solamente vos a mí” (es que en realidad lo que más deseaba era sentirme culeado, no me inquietaba “ponerla”, sino “que me la pongan”); a esto mi primo me miró y, de inmediato, lo aceptó.

    A continuación se nos ocurrió trasladarnos hasta un maizal, dentro de la finca, cuya altura nos permitiría permanecer ocultos a las miradas desde la casa. Una vez allí, me bajé los pantalones y el calzoncillo y me agaché para recibir el pito de mi primo (este era el menor de mis dos primos, no el que había logrado avanzar mínimamente de los roces). Él apoyó su pito en la entrada de mi culito y estuvimos jugando un rato largo (tampoco ahí fui penetrado realmente, pero sí recuerdo cuanto me gustaban esos juegos).

    Vuelvo a Artemio; sí Artemio fue muy insistente, no se resignaba a que yo le negase mi culito, evidentemente él estaba muy caliente y, en un momento en que decidí rechazar con mayor firmeza ser cogido por él, me levanté y me estaba yendo del lugar, cuando él pegó un salto y se abalanzó sobre mí, abrazándome desde atrás y apoyando en mi culo su pito duro (lo pude sentir).

    Tal vez fueron mis prejuicios o mi educación (o más probablemente el temor a que se burlasen de mí si llegaba a aflojar), lo que me hizo reaccionar con todas mis fuerzas para apartarlo de mí, y retirarme. Pero cada vez que recuerdo ese incidente, percibo muy fuerte la sensación de su pito duro apoyado en mi culito.

  • Hago que a mi madre se la folle un negro (2)

    Hago que a mi madre se la folle un negro (2)

    A la semana siguiente llegó mi padre, se le notaba todavía muy contenta a mi madre y fue más cariñosa con él. Estaba buscando tener sexo con él, aunque sabría que no sería lo mismo.

    Así fue que llegó otro día viernes donde no estaba mi padre en casa. Ese mismo día en el trabajo Pierre me dice que tiene unas ganas enormes de follarse nuevamente a Sandra, que a pesar de estar teniendo sexo con su esposa toda la semana, no es tan sumisa ni puede ser tan controlada como mi madre. Le pregunto:

    -¿Cómo lo haremos, porque si te ayudo quiero verlo todo? -Dice que cuando estuvo en la habitación de mi madre vio que había un closet donde cabe una persona y además está muy cerca de la cama (podría quedar más cerca de lo que estuve en la cocina) le dije que sería más peligroso, pero hagámoslo. Le menciono:- ¿Pero cómo harás para juntarte con ella?

    A lo que me responde:

    -Tu madre me dio su número por cualquier cosa.

    El plan era el siguiente: yo haría como que saldría de mi casa y no llegaría hasta la madrugada, pero en verdad iría a esconderme al closet. Pierre le hablaría por whatsapp para ir a su casa, ella al estar sola y caliente diría que sí. La llevaría a la pieza y podría ver todo con lujo de detalle.

    Viernes en la noche, digo: “Madre saldré y no llegare hasta pasadas las 1 de la madrugada”. Hago como que salgo, pero me voy esconder a mi pieza. Solo cuando Pierre llegara y fuera a abrirle, me iría sin zapatillas y a paso lento al closet para esconderme. Le avise a mi compañero y media hora después ya le hablaba a mi madre por whatsapp, me mando pantallazos en donde se veía que en solo 10 minutos ya había logrado ser invitado a la casa nuevamente. Incluso mi madre le había mandado fotos de sus tetas para motivarlo inclusive más. De debajo de mi cama (donde estaba escondido) escuche como se fue a bañar para estar perfecta para su negro. A las 11:15 de la noche se siente el timbre, Pierre me había avisado que llegaría, así que estaba preparado para irme a la habitación de mis padres y esconderme. Estuve ahí 15 minutos en donde escuchaba solo pequeños sonidos que venían del comedor.

    Hasta que por fin pude escuchar algo concreto, venia del pasillo que daba a la habitación, “Avanza puta” gritaba Pierre. Como no es una habitación tan grande tenia visión de la puerta y de la cama, así que pude ver después de unos segundos como mi madre entraba gateando en 4 patas a la pieza mientras le seguían gritando. Mi madre venía con el trasero levantado como si se tratara de una gata en su época de apareamiento. Venia solo con ropa interior, un conjunto negro de unas bragas y un sostén que con suerte tapaba sus grandes pechos, aunque lo que más me llamo la atención fue que encima de su calzón tenía una especie de liga que estaba unida a unas medias muy sexys que traía puestas del mismo color, las medias casi le llegaban al culo y acentuaban sus preciosos muslos (aunque tuvo poco tiempo de prepararse, sí que supo que ponerse para la ocasión). Siempre supe que mi madre era muy bella y la miraban mucho los hombres, pero no sabía que vivía con una milf de tomo y lomo.

    Mi madre llego al borde la cama y se dio vuelta mirando a Pierre buscando alguna instrucción, este dijo: “Súbete a la cama”. Esta se sentó al borde la cama, mi compañero desenfundo su arma de 20 cm que cayó por su pierna hacia el lado, se puso parado enfrente de ella y solo dijo: “Comienza”. Mi madre se abalanzo con las dos manos a masturbar nuevamente esa gran verga en la que había pensado todos estos días. De un momento a otro agarra las manos de mi madre y las escupe para que lo siga masturbando.

    Luego de un rato mi madre comenzó a chuparle el pene que aún estaba con la saliva de Pierre. Estaban recién empezando y mi madre ya estaba como loca, chupaba ese pene de principio a fin (al estar más cerca me di cuenta que erecto ese pene llegaba fácilmente a los 25 cm, además de verse muy grueso), lo bueno es que estaba justo en frente a la escena o sea que veía de izquierda a derecha como esa boca se tragaba toda esa verga negra. Después de unos 6 minutos de masturbaciones y tragadas, Pierre empuja a mi madre, quedando de espalda a la cama y comienza a tocarle por encima de las bragas jugando con sus dedos tanto por arriba como por debajo de su ropa interior.

    En un instante corrió las bragas de mi madre hacia el lado (sin sacarlas) y comenzó a chuparle la vagina, esa boca grande recorría cada parte externa de su coño y luego con su lengua ágil se introducía más profundamente en esta. Mi madre con todo esto gemía muy fuerte y agarraba de la cabeza a Pierre, para que siguiera. Luego de unos 3 minutos Pierre se sienta y comienza a introducirle esos dedos grandes evadiendo nuevamente sus calzones, mi madre pide que se la chupe de nuevo, pero él dice: “No, aquí yo soy el que mando y se perfectamente lo que necesita mi perra”. A pesar de la negación, verse que era tratada como una puta calentaba aún más a mi madre, que dijo: “Hare lo que quieras”. “No esperaba menos de mi puta”, dijo Pierre.

    Este se para y agarra a Sandra, dejando justo al borde de la cama el inmenso trasero de mi madre, con sus manos les levanta las piernas y hace que mi madre las sostenga en esa posición. Ver a mi madre en esa posición a punto de ser follada me calentó considerablemente así que sin hacer mucho ruido comencé a masturbarme (ese culo gordo con las piernas levantadas hacia el techo era algo que ningún hombre se aguantaría a dejar pasar).

    Así comienza a acercar su pene a las bragas de mi madre, deslizándolo por arriba de su ropa como por los lados de este, hasta que se abre camino hacia la vagina de mi madre que suplicaba porque ya ingresara. Estando parado empieza a follar a mi madre, en primera instancia a una velocidad lenta en donde introducía toda su verga hasta el fondo, luego la sacaba completa y volvía a meterla. Era espectacular ver como ese pene se perdía en el coño de mi madre, además de la cara de Sandra que suplicaba por más velocidad.

    De a poco el negro fue metiéndole velocidad, la cara de mi madre cambio a una cara de extasiada, esta solo gemía (ni siquiera decía palabras), se tocaba el clítoris a la vez que con su otra mano afirmaba sus pantorrillas para seguir las instrucciones de Pierre de mantener las piernas arriba. Luego ladeo a mi madre hacia el lado (dándome la espalda a mi) y afirmándose de la cintura de Sandra se la siguió follando a gran velocidad. Llevaban ya alrededor de 22 minutos desde que llegaron a la pieza y estaban muy sudados, en especial Pierre, al cual le caían las gotas de sudor por su abdomen marcado.

    Quería saber en qué posición ahora mi compañero le daría a mi madre. La respuesta no se dejó esperar y era en cómo había llegado: en 4. Pierre empezó a besarla, mi madre aparte de besarlo pasaba su lengua por su cuello. Luego la puso en 4 patas sobre la cama, eso sí con los pies en el suelo y el estómago y todo el cuerpo en la cama. Mi madre estaba apoyada de la cama y con sus pies en el piso con el trasero levantado esperando a su negro. Le dijo: “No te muevas” y empezó a solo observar el paisaje, se estaba demorando porque sabía que estaría jugando con la desesperación de mi madre.

    Esperaba que Sandra suplicara por su verga y que fue lo que sucedió. Ella estaba a punto de sacarse la ropa interior, pero Pierre no se lo permitió, entonces se acercó al negro y comenzó a besarlo mientras le agarraba la verga y lo masturbaba, le dijo: ¿no habías venido a partirme, que esperas? ¿O acaso no eres un verdadero hombre? Pierre estuvo a punto de caer, pero quería más, así que mi madre no sé cómo, pero fue a un cajón y saco una especie de cuerda que tenía. Y le dijo con una voz infantil: “Amárrame de las manos por favor, así te será más fácil follarte a tu perrita”, Pierre se calentó y le amarro las manos por detrás de la espalda, dejando a mi madre como si fuera un detenido.

    La empujo hacia la cama y esta quedó igual, con los pies en el suelo, pero el estómago apoyado a la cama, en la posición que estaba mi madre con suerte tenia movilidad. Así que después de un escupe en el pene para aceitar, comenzó a follar como quiso a mi madre en esa posición. Estaba muy prendido así que partió a una velocidad rápida inmediatamente, Pierre recordando lo que le habían dicho anteriormente dijo: ¿Así que no soy un verdadero hombre, eh? Entonces respóndeme, ¿porque gimes y estas tan mojada como una puta? Mi madre entre gemidos solo logro contestar: “Es porque eres un negro delicioso”, antes que mi compañero hundiera la cabeza de mi madre en la cama con sus dos manos grandes mientras se la seguía follando bestialmente.

    En ese momento acabe, manchando algunas prendas que tenían el closet, pero es que lo que estaba viendo era espectacular, ver como mi madre era humillada por mi compañero, ni siquiera se podía mover y aparte tenía la cara totalmente apoyada en la cama sin poder ver nada. A mi compañero le paso lo mismo 5 minutos desde que partió en esa posición, ya que estaba tan endemoniado follándosela, que de un momento a otro saco su pene y le eyaculo en la espalda.

    Según el reloj de la pieza eran ya las 12:15, mi madre al sentir ese semen en su espalda se sintió totalmente humillada y excitada, esta pudo sacarse las amarras y se lanzó nuevamente hacia Pierre, pero este la rechazo y la mando a bañarse, “No me tocaras hasta que te bañes, perra sucia”. Mi madre se sacó toda la ropa, la tiro al suelo y salió rápidamente al baño, antes de que Pierre la siguiera, salí para decirle que quería seguir viendo, pero mi compañero dijo ahora solo podrás oír, así que lo seguí y me puse detrás de la puerta cerrada del baño. Lo primero que escuche fue como se corrió la cortina y Pierre le decía a mi madre: “Límpiate bien, tienes una espalda muy blanca, jajaja”. Siguió diciendo: “Límpiate bien esa vagina o sino papi no querrá comérsela”.

    En ese momento ya se escuchaban besos, de un momento a otro se escuchó un “Lávame bien la verga”. Hasta que ya se empezaron a escuchar las chupadas de mi madre, acompañados a veces de pequeñas arcadas y de las palabras de Pierre, “Eso así, completamente limpio”. Luego pasaron al sexo duro, no podía ver, pero escuchaba nuevamente los gemidos de mi madre, nuestro baño no tiene tina, así que se la estaba follando parado, luego de hartos minutos de acción, Pierre menciona: “Ya estás lista para que te de la última vez, antes de irme a mi casa con mi hermosa señora”, mi madre se pone celosa y dice: “Que suerte tiene, poder tener esa verga tan deliciosa desde que se levanta hasta que se acuesta. Por eso es que ahora te dejare cansado y seco para que no te la puedes follar esta noche”. “Tendrás que hacer un esfuerzo”, menciona él.

    Rápidamente vuelvo a mi escondite, mi madre llega al dormitorio y mira la hora, como es cerca de las 1 se preocupa de que yo podría llegar, pero inmediatamente le da lo mismo, quitándose la toalla que la envolvía, se va donde Pierre que la besa apasionadamente y la levanta desde el trasero, mientras la sigue besando y de a poco su verga se va erectando, listo para volver a la acción.

    Así en esa posición en que Pierre está parado sosteniendo a mi madre de las piernas y el trasero se la empieza a follar otra vez, desde mi posición veo como el trasero de mi madre es llevado hacia adelante y atrás sucesivamente por las dos manos de mi compañero mientras su vagina es penetrada continuamente, luego de un rato de feroces metidas, Pierre dice: ¿No era que me ibas a dejar seco?, “estoy haciendo todo el trabajo yo”. La sigue manteniendo en el aire, pero no mueve a Sandra, así que mi madre empieza a saltar arriba de ese descomunal pene oscuro, mientras grita ¿así le gusta mi negro?, después de varios minutos baja a mi madre que ya se veía considerablemente cansada después de tamaños ejercicios y la pone de espalda a él.

    La empieza a besar por el cuello mientras le introduce la verga, se la va follando parado mientras avanza hacia la pared (por un momento pensé que vendrían hacia el closet, pero Pierre justo la hizo hacia la pared al lado del closet), así la deja pegada a la pared y se la sigue follando. Estaba cerca y podía ver como la cara de satisfacción y las tetas de mi madre estaban pegadas a la pared y como inclinaba su trasero hacia atrás para que se la siguieran follando. Al estar tan cerca retumbaban como aplausos muy fuertes los embates de mi compañero, los muslos de mi compañero siempre rebotaban en el trasero de mi madre, mostrando que siempre se la clavaba toda.

    Ya llevaban más de 10 minutos y dio vuelta a mi madre y la bajo para que quedara de rodillas frente a su pene, mi madre ya se estaba comiendo la verga de Pierre cuando este la detiene y le agarra las manos, dejando a mi madre de rodillas con las manos estiradas por la pared sobre su cabeza. Con una mano retiene las manos de Sandra y con la otra afirma la cabeza de mi madre que sin poder decir nada ya estaba recibiendo esa verga negra en su boca, así estuvo cerca de 3 minuto follándose la boca de mi madre, que tenía el mentón y los labios chorreantes de saliva incluso parte de eso cayo en sus pechos, era sensacional como se veía mi madre en ese estado, no tenía ni tiempo de respirar y ya volvía a tener la garganta llena con su pene. Después de eso mi madre pudo descansar un poco, que a pesar de que lo disfruto se le notaba que no estaba preparada para eso.

    Pierre se acostó en la cama y desafió a mi madre diciéndole: “Esto último estuvo aburrido, mejor me voy a mi casa a follarme a una verdadera mujer”. Ella sonrió y se puso de pie inmediatamente para subir arriba de mi compañero, se ensalivo la mano, se la pasó por la vagina y comenzó a cabalgar a Pierre. El negro estaba con las manos atrás de la cabeza solo disfrutando como mi madre le ponía el mayor esfuerzo, Sandra saltaba y seguía saltando sobre ese pene, a veces subía y bajaba lentamente y a veces parecía un jinete arriba de un caballo a toda velocidad.

    Se veía claramente como ese cuerpo blanco y ese cuerpo negro conectaban totalmente. Parece que mi madre lo estaba haciendo muy bien ya que a veces a mi compañero se le veía que se estaba conteniendo por no acabar. Minutos después Pierre se levanta y quedan frente a frente follando, mientras tanto agarra las tetas de mi madre y las chupa con mucha fuerza que mi madre comienza a gemir.

    Luego de varios minutos así, mi madre toma la iniciativa, empujando a Pierre que queda acostado, Sandra se baja de la cama y comienza a masturbarlo lentamente, disfrutando de mirar y de pasar sus manos por cada contorno de esos 25 cm de verga. De un instante a otro, agarra sus tetas con las dos manos y comienza a hacerle una rusa, empezando a mover su cuerpo de tal manera que sus tetas aprisionan el pene de mi compañero y lo masturba a una buena velocidad, Pierre se nota que lo estaba disfrutando porque intenta mirar hacia otros lados, para no caer. Además, mi madre de vez en cuando alcanza a lamer parte de la verga que sobresale de sus tetas.

    Pasados unos 5 minutos se ve que mi compañero esta en las ultimas, mi madre también ve eso así que se lanza a chupárselo, hasta que acabe, no alcanzo a pasar ni un minuto y la boca de mi madre se inundó del semen de mi compañero. Está en un solo paso se lo trago completamente y orgullosa le mostro la lengua a Pierre, para que se diera cuenta de su acto final. Terminando mi madre con: “Parece que tu perrita ya aprendió”.

    Luego de un pequeño descanso de los dos, mi madre quiso besarlo, pero este la rechaza. Ella insiste en que se quede con ella esta noche (ni siquiera está pensando en que podría llegar y verla así), Pierre agarra su ropa y se va (creo que pasa al baño a arreglarse), Sandra sigue suplicando que se quede en la casa, pero la sigue ignorando. Luego se siente que alguien se va de la casa, mi madre vuelve a la habitación todavía desnuda, transpirada y completamente despeinada. Se tira a la cama y se comienza a masturbar mientras gime: “Fóllame negro”.

    Así está un momento hasta que el cansancio de esas tres rondas de sexo duro empieza a hacer efecto y se queda dormida con la mano en su vagina. Espero un rato para ver si está completamente dormida para luego salir, verla así de humillada y como seguía pensando en Pierre me hizo masturbarme nuevamente, nunca se me pasó por la mente tocarla ni ir más allá. Solo me excita verla humillada y cuando se la cogen duro.

    Todavía falta la última aventura de Pierre con Sandra. Que por primera vez también visitaría el culo de mi madre.

  • Amiga de mi ex novia

    Amiga de mi ex novia

    Esta confesión podría ser un buen ejemplo del porqué muchas chicas y chicos terminan teniendo sexo con las ex parejas de sus amigos, y es que contar las intimidades entre las amistades puede llegar a ser peligroso.

    Resulta que tuve un noviazgo de casi 5 años que comenzó a mis inicios en la universidad, esta chica era muy conservadora e inició conmigo en el sexo, su círculo de amigos era de pocas personas, pero eran «muy buenos amigos» como ella solía decir.

    Resulta que por cosas de la vida nuestra relación terminó y al cabo de algunas semanas una de sus amigas me contactó vía Whatsapp.

    Casi nunca había cruzado palabra con esta chica, solo las veces que ellas se encontraban o reunían en la universidad para charlar, ni siquiera tenía su contacto hasta que ella me escribió. Ese día me llegó un mensaje diciendo «Hola cómo estás? No puedo creer lo que me dijeron». Al ser de un numero extraño pensé en ignorarlo pero ya después de haber llegado a casa y sentarme a descansar decidí responder, primero pregunte que quien era, seguido de un «y que no puedes creer?». La respuesta no se hizo esperar y presentándose me volvió a saludar.

    Entonces comenzamos a charlar, me decía que no podía creer que hubiese terminado con su amiga, que éramos una pareja muy bonita y bla bla bla, yo en principio creí que era enviada por mi ex novia para saber de mi situación actual y no le quería hacer mucha conversación, así que fui un poco cortante y le explique estaba cansado y que me dormiría temprano ese día, ella me dijo que no había ningún problema y me preguntó si al día siguiente tendría clases en la universidad, yo no quería decirle para no tener que soportar ese tipo de conversación y quedé de avisarle cuales días estaba yendo a la universidad (lo cual nunca pensé hacer en verdad).

    Al día siguiente estando en clases recibí una llamada y reconocí el número, era esa amiga, contesté rápido diciendo que no podía hablar porque estaba en clases, ella pidió excusas y cerramos la llamada, al terminar la clase revisé el celular y ahí estaban sus mensajes, de que quería conversar conmigo y que si tenía tiempo ese día, le respondí que estaría un poco ocupado pero que me daba curiosidad el tema que ella quería tocar y por qué conmigo si su amiga podía darle más detalles que yo, ella entonces me llamó de nuevo, yo conteste con pesar y ella me preguntó que donde estaría, le dije que estaría en mi facultad y ella llegó hasta donde estaba. Nos sentamos a lo que creí sería una conversación muy aburrida y vaya sorpresa, al llegar note que venía en vestido muy suelto, de esos que se levantan fácil con la brisa, y estaba con pelo suelto, nunca la había visto así antes, puesto que siempre llevaba el pelo amarrado y jeans, pero admito que estaba bastante bonita ese día.

    Ya entablada la conversación fue lo típico, que por qué habíamos terminado? Que hacíamos una bonita pareja, que si creía podíamos volver? Etc… Pero ella hizo un comentario que me sorprendió diciendo «Siempre pensé que ustedes terminarían casados, además Karen me contó las cosas que ustedes inventaban aquí en la universidad», esto me sorprendió ya que mi ex solía ser muy discreta y me extrañaba que contara con detalles nuestras experiencias sexuales, pero mi curiosidad pudo más y le pregunté qué a que se refería, ella muy sonriente me respondió que yo sabía a qué, y comenzamos a tocar el tema.

    Ella me contó varías cosas que mi ex le había hecho la anécdota de qué, cómo y dónde habíamos tenido sexo en el campus universitario y hasta fuera de este, yo no disimulé mi sorpresa y le dije que era extraño para mi saber que ella las contaba, entonces ella comenzó a hacerme preguntas, más que nada se sentía impresionada de que nosotros fuéramos capaces de atrevernos a hacerlo en el campus universitario.

    A partir de ese día nuestras conversaciones fueron frecuentes y casi siempre rodeábamos el mismo tema, ella siempre me pedía los detalles de las experiencias y un día en tono de broma le pregunté que si ella quería masturbarse pensando en su amiga que quería saber todos los detalles, ella tardó bastante en responder, pensé que se había ofendido y le aclaré que solo fue una broma y le pedí disculpas, su respuesta fue una sorpresa «no, lo que pasa es que si me hice una (paja) pensando en lo que me contabas», ya todo estaba muy subido de tono y para mí era muy extraño, yo sé que era amiga de mi ex hacía bastante tiempo, pero hasta esas conversaciones yo casi nunca había cruzado palabras con esta chica, para no delatar que me había quedado sin palabras le pregunté que tal había estado (la paja) y ella me contó que muy placentera, entonces le pregunté que de todo lo que sabía que era lo que la excitaba, si era su amiga (mi ex) o las situaciones del peligro a ser encontrados, ella me explicó que no se sentía atraída por ella, pero si le excitaban mucho las situaciones.

    Pasaron los días, los chats eran muy frecuentes y por largas horas, hasta que un día ella me encontró en la facultad, yo me dirigía a comer algo antes de entrar a otra clase y ella se ofreció a acompañarme, mientras comíamos me contó cual era la experiencia que le había dado más morbo y que no se explicaba como habíamos hecho para que nadie nos encontrara, le dije que mi clase era en un aula próxima al aula donde fue justo esa experiencia y que si esperaba le podría mostrar, ella sonrió y me dijo que esperaría por mí.

    Después de terminada mi clase, ella estaba en unos bancos frente a donde estaba, así que le dije, «mira, esa es el aula, estaba vacía, era casi final de semestre, poca gente y así» ella sonreía, yo pensaba en mi cabeza «esta muchacha quiere que yo le meta un pedazo» (que ella quería sexo conmigo) y pues le invité a ver el aula, entramos y solo habían 2 chicas sentadas, pero no había profesor impartiendo clases, así que le dije para que nos sentáramos, ya dentro y en voz baja le comencé a explicar cómo mi ex y yo lo habíamos hecho, le di lujo de detalles y ella entre risas se pegó a mí y me comenzaba a empujar con su hombro, las 2 chicas nos veían con cara de molestia ya que las risas eran motivo de desconcentración, recogieron sus cosas y se fueron.

    Yo inmediatamente me pare frente a la amiga de mi ex de modo que su cara quedaba al nivel de mi abdomen, ella con cara de sorpresa y mirándome hacia arriba me preguntó que hacía y yo le respondí que ella sabía perfectamente lo que hacía, miró al bulto de mi pene ya erecto bajo mi pantalón y dijo «estás loco, no estamos a finales de semestre, aquí hay mucha gente, alguien puede entrar» y yo, mientras bajaba mi bragueta le dije «entonces date rápido y mama» ella sonrió miró por mi costado hacia la puerta mientras sacaba mi pene, vio que no venía nadie y lo metió a su boca, yo la sujeté por la nuca y le guíe la mamada, notaba su nerviosismo y poco me importaba si alguien entraba, le ordené que me mirara a los ojos y le empuje mi verga hasta su garganta, ella la recibió toda y note como sus ojos comenzaban a lagrimear, la solté.

    Ella volvió a mirar hacia la puerta, le dije «olvídate, si viene alguien disimulamos como o lo que sea, ahora concéntrate en mamar», ella con una sonrisa afirmó con la cabeza y siguió la mamada por algunos segundos más, luego escuchamos que alguien estaba en el pasillo de las aulas y nos compusimos, ella solo me miraba con cara morbosa y me dijo «a ti te gusta inventar mucho si» yo respondí afirmativamente y salimos del aula, seguimos hablando fuera de esta y le expliqué todo lo que podríamos hacer, a ella le parecía todo, pero los nervios de ser encontrada le ganaban a su excitación así que le dije que los sábados era menos frecuente el flujo de personas en esa área. Así que cuadramos para el sábado de esa semana vernos otra vez y concluir lo que habíamos empezado.

    Ese mismo día en la noche, en nuestra ya acostumbrada charla por whatsapp me contó que se sentía culpable, que yo era el ex de su amiga y que ella me había dado una mamada, que ya hasta habíamos acordado tener sexo y que mi ex le había escrito justo ese día para invitarla a salir y verse, que no sabía con qué cara mirarla, etc… Yo le dije que entendía y que no habría problemas en que canceláramos los planes, que su amistad era muy bonita y que estaba bien por mí, ella agradeció por entender y pues pensé que ahí había quedado todo.

    El viernes en la noche ella me escribió preguntándome que si yo tenía clases al día siguiente, yo reí, porque ella ya sabía la respuesta a esa pregunta, igual le respondí que sí, que yo tenía clases justo en el aula próxima a dónde ella me había dado una deliciosa media mamada, y seguido me excusé «por recordarle que se lo había mamado al ex de su amiga», ella respondió con un «jajaja, eres terrible» y me explicó que ella no tenía clases los sábados pero que estaba pensando ir a la universidad de todos modos porque debía comprar algo que venden en la zona universitaria, yo le recomendé un lugar donde sabía que vendían ese tipo de cosas, pero sentía que eran excusas y que ella quería ir para verse conmigo.

    A la mañana siguiente tome mi clase y al salir la encontré en los bancos del frente esperándome, la saludé de beso en la mejilla y le pregunté si había encontrado lo que buscaba, me dijo que si y que ahora no tenía nada que hacer, yo entendí la indirecta y la tome de la mano dirigiéndome a la misma aula donde me la había mamado y donde me había cogido a mi ex, al llegar estaba vacía (como lo supuse por ser fin de semana) y pues fue como un deja vu, cerré las ventanas para que no hubiese vista a la esquina y le fui contando como fue cuando me cogí a mi ex, ella tomo asiento en el mismo lugar y me dijo que en verdad si se sentía culpable, pero que tenía muchas ganas, yo para ponerle más morbo al asunto le dije que estuviera tranquila que podría después que termináramos llamarla e invitarla a comer, ella sonrió y me dijo que era un desgraciado.

    Tome control de la situación, la bese, y volví a pararme frente a ella, me comenzó a hacer una mamada y debo decir que lo hacía muy bien, lamía y chupaba como si fuese algo que llevaba mucho tiempo esperando hacer, esta vez tenía un pantalón y su pelo recogido, (como casi siempre la había visto) y ya con la excitación en la cabeza le dije «si sabías que te lo iba a meter, debiste venir con vestido» ella volteó a verme con cara de cuando alguien te dice una verdad cruda, los dos sonreímos y la posicioné en forma de perrito con sus rodillas en la silla, saqué un condón de mi mochila y me lo coloqué, ella dijo «no puedo creer que vaya a hacer esto» y mientras se lo hundía le decía que si debía creerlo, comencé a bombearla y ella a moverse en contra de las arremetidas, su culo no era muy grande, pero en esa posición se veía y rebotaba muy bien, la tomé del pelo mientras le decía improperios como ella me había contado que le gustaba, pero yo quería llegar más allá y como ya estaba cogiéndomela lo solté…

    -te gusta ser tan perra? Que se siente que te lo meta el ex de tu amiga?

    Pensé que se ofendería, pero el morbo me venció y para mi sorpresa su respuesta fue:

    -«rico coño, dame más duro como se lo metías a ella»

    Yo lo tomé como una orden y le arremetía más fuerte, ella gemía y en verdad poco me importaba si alguien entraba en ese momento, le dije que quería darle mi semen en la boca y ella me dijo que si, así que cuando sentí que estaba cerca de venirme hice que se sentara me quite el condón y me vine en su boca, ella tomo todo muy sumisa y no dejó escapar nada, se levantó le ayudé a acomodarse el pantalón mientras ella se arreglaba el cabello, deje tirado el condón en la silla, como para darle el toque final al morbo de hacerlo en un lugar público, pensé que cuando alguien lo viera sabría que ahí hubo alguien teniendo sexo.

    Al salir del aula estaba despejado, pocas personas en el campus y nos dirigimos a comer algo, ella me miraba con cara de -incrédula convencida- y yo solo bromeaba al respecto, me contó que mi ex hablaba mucho con ella sobre lo que hacíamos y que ella se había llenado de curiosidad, le propuse que ese mismo día invitara a mi ex a salir y le contara como la habían cogido en la universidad sin decirle que había sido yo, ella sonrió y frente a mi le escribió mostrándome el celular «amiga, vamos a salir hoy, quiero contarte algo» y ambos reímos.

    Luego tuve más encuentros con ella e incluso en una ocasión ella llamó a mi ex mientras yo la penetraba, pero eso será historia para otros relatos.

  • Cindy me deja ver como se la cogen

    Cindy me deja ver como se la cogen

    Si hay alguien en quien confié a veces mucho ms que en mi propia esposa o familia ella es Cindy, somos amigos desde hace 15 años y somos mutuamente confidentes y amantes.

    Decidí contarle lo que sucedió con Susana, Dante y recientemente mi experiencia con la transexual Zulema, ella solo se rio, pero me dijo estar preocupada, que tal vez había adquirido un trauma por tanto sexo y cosas así de graciosas, pero le comenté que no era si, que el estar dentro de Zulema fue una experiencia rica de hecho le dije que era similar a lo que sentía ella estando con otras, a lo que me dijo que yo necesitaba ayuda.

    No sé muy bien que planeaba, pero me dijo que el viernes cercano me invitaba a tomar a su casa, yo honestamente quería darle a mi nueva funda Zulema, pero ella insistió y tuve que ir más por obligación de amigos que por ganas.

    Al llegar ella no estaba sola, la acompañaba Tristán, un hombre maduro de 1,90 con cabello cano de unos cincuenta y tantos años, físicamente bien conservado y muy elegante, ella me lo presento como su socio y me comenzaron a plantear un proyecto de mercadotecnia mientras bebíamos unas cervezas.

    Yo un poco confundido, les resolvía sus dudas y bebía cerveza, tratando de comprender porque estaba yo ahí.

    Pasaron las horas, ya teníamos música y estábamos más alegres y en fiesteados, note lo cerquita que estaban ellos, era obvio que Tristán era su nuevo picador y ella luciendo sus ricas piernas en su mini short, permitía todo lo que le hacia el maduro bigotón.

    Ya más en la madrugada, el ambiente era de peda, ellos bailaban muy sexy, no pude evitar tener una excitación al imaginarlos cogiendo, la cogidota que se llevaría ese viejo con mi amiga, pero ya estaba cansado y quería irme a casa.

    Fue entonces que al parecer ellos estaban poniéndose de acuerdo para coger, supe que tenía que irme, pero Cindy me detuvo:

    C: ¿Adónde vas?

    L: Pues ya me voy, ¡te dejo que la pases bien!

    C: No espera, esto es lo que quería decirte, sube a mi cuarto ya acomódate en el sofá reclinable, ahorita subo, déjame hablar con Tristán.

    Un poco molesto subí a su recámara, sentía que se despediría de él y subiría a sermonearme, al entrar a su cuarto me fui al sofá que tiene en la esquina más alejada y me senté, estaba mandando mensajes cuando ella entró, pero no entró sola, tenía de la mano a Tristán, me miró me hizo una seña de que guardara silencio y comenzó a darse tremendo agasaje con el viejo.

    Él estaba como perro en celo, sus manos grandes apretaban las nalgas de Cindy y ella lazaba gemidos de satisfacción al sentirse presa de aquel veterano hombre, yo como espectador en silencio miraba lo que sucedía.

    La cargó y la llevó la cama y se despojó de su camisa, el viejo era un hombre lobo, peludo de todo su torso, ella se quitó su short y él fue a besarle las piernas mientras con sus manos le quitaba la blusa y sacaba las hermosas tetas que tienen Cindy.

    Yo continuaba mirando, poco a poco mi pene comenzó a reaccionar a los gemidos de Cindy al recibir un tremendo oral, ella me miraba de reojo y más gemía y más se movía, coloqué mi mano en mi verga y acariciándola disfrutaba la escena.

    C: ¡Ah, sí, así!!!

    Eran las palabras y exclamaciones que salían de la boca de Cindy, el viejo continuaba dándose el gusto con mi amiga, mientras que yo en silencio comenzaba a sacar mi verga de mi pantalón.

    Finalmente, luego de que Tristán hiciera gozar riquísimo Cindy, se quitó el pantalón y trusa y sacó su verga, era de unos 20 cm, morena y peluda, tomó a Cindy de la cabeza y la puso a mamarle la verga.

    Cindy, que es especialista en ello, la devoraba muy bien, el viejo gemía al sentirse dentro de la boca, Cindy me miraba fijo mientras mamaba la verga de aquel maduro y yo me la jalaba cada más.

    T: ¡Si, uhm que rico!

    C: ¡Me encanta tu verga!!!

    Típica frase cliché de algunas mujeres y es que conociéndola puede que a todos les decía lo mismo mientras se las chupaba.

    Continuaba mirando la felación que Cindy le daba a Tristán, hasta que este hombre, la tomó de sus brazos, la levantó, la tiró en la cama y salvajemente abriéndole las piernas, metió su verga peluda en la depilada y hermosa vagina de Cindy.

    Ella lanzó un quejido fenomenal, nunca le había escuchado unos gemidos así, el tipo le besaba sus pies y se empujaba fuerte, yo masturbándome miraba fijo la escena.

    C: ¡Ah, sí, así, uhm!!

    T: ¡Agh, ya te quería coger!

    Ambos exclamaban por la acción, Cindy subió a cabalgarlo, podía ver como se movía rico en el cuerpo peludo de Tristán, que cerraba los ojos y gozaba los movimientos de Cindy, por mi parte yo estaba a mil, me excitaba verla encima de Tristán y creo que lo que planeaba era que recordara lo rico que era estar con una mujer.

    Ahora él estaba sentado en la cama y Cindy prácticamente frente a mí, se dejaba caer de sentones en él, él le apretaba las tetas, le juagaba el clítoris, le besaba el cuello, se deleitaba con todo el cuerpo de Cindy, mientras ella, me miraba fio y más se movía y más movimientos ricos le daba, le encantaba que la mirara coger.

    C: ¿Ah, te gusta?

    T: ¡Me encanta!

    C: ¡Uhm goza, mírame como lo hago!!

    T: ¡Uhm, si nena, uf!!

    Esas palabras fueron para mí, Cindy se puso en cuatro y se empinó mirándome, mientras que Tristán, que aún no se percataba de mi presencia, la tomaba de su cintura y la comenzaba a embestir.

    Yo miraba la escena jalándomela con todo, los gemidos de Cindy, los de Tristán, el sonido de las nalgas chocando con el pelvi, el olor a sexo todo me tenía a mil, miraba la cara de satisfacción de mi amiga al ser atravesada por ese maduro, ella lo estaba haciendo por mi quería quitarme esas ideas de coger con Zulema y para ello me había invitado a ver como se la cogían, con el único fin de regresar a estar solo con mujeres.

    Tristán la tenía bien empalada, se movía muy bien, de hecho, me masturbaba imaginado que también se cogía a mi esposa, disfrutaba la imagen de las embestidas sobre Cindy, le jalaba el cabello, le daba de nalgadas, era el macho y mi amiga su puta.

    C: ¡Ah, sí, así, cógeme, uhm!!

    T: ¡Agh, toma, uhm!!

    C: ¡Que rico, uhm, soy tuya, uhm!!

    T: i, uhm, toma, toma mi dura verga!!!

    Ese diálogo me puso am caliente, no podía contenerme más, sentía que mi verga se inflaba, estaba a punto de venirme.

    C: ¡Mas, papi, más!

    T: ¡Ah!!! ¡Me vengo mija, me vengo!!!

    C: ¡Ah!!!!

    Tristán comenzó a venirse dentro de Cindy ella recibía moviendo las nalgas el rico néctar de su macho, yo no pude más y expulsé mi leche conteniendo mi grito de placer.

    Tomé la tanga que Cindy se había quitado y comencé a limpiarme el semen, dejándolo embarrado en la sexy ropa interior.

    Cindy me miró mientras Tristán le besaba la espalda, me guiñó el ojo y continuó con su hombre, yo sin hacer ruido me levanté y salí de su habitación, pasé a limpiarme con agua y salí rumbo a mi casa.

    Mi amiga me había dejado verla coger para quitarme las ideas que tenía, pero solo consiguió que fuera directo con Zulema y le diera verga hasta llenarle el culo de semen.

    Pese a que su intento fue en vano, no puedo negar que fue muy rico ver como se la cogían, me recordó el hecho de porque me moría por ella en el pasado y porque muchos están locos por ella, pero bueno, simplemente no pude dejar de cogerme a Zulema.

  • Laura, mi ex cuñada: Sexo anal. Segundo intento

    Laura, mi ex cuñada: Sexo anal. Segundo intento

    Trascurrieron dos semanas desde el primer intento de cumplir la fantasía de Laura. Habíamos quedado de común acuerdo en dejar pasar un tiempo de modo que el ano pueda recuperarse después de haber recibido apenas el glande de mi pene. Sabíamos que le dolería unos días y que, si queríamos que entre todo mi miembro allí, debíamos ser pacientes y evitar cualquier lesión, lo cual sería aún peor.

    Ella estaba decidida a lograr su objetivo. Me contaba las veces que hablábamos por whatsapp que no podía dejar de recordar la primera vez que lo intentamos. Yo no podía creer lo que estaba sucediendo. Verdaderamente le estaba gustando más de lo que pensaba el sexo anal, si lo hacía bien, podíamos hacerlo todas las veces que quisiéramos. Laura quería acostumbrarse a esa mezcla de dolor y placer que le provocaba.

    Acordamos probar de nuevo el fin de semana. Sábado a la noche nos veríamos en su casa. Con unas buenas bebidas como excusa perfecta para jugar con su pequeño agujero. Ambos estábamos ansiosos que los días pasaran rápidamente. Queríamos que esta vez mi pene pudiera entrar completamente. Sería más trabajoso y lento el proceso, por lo cual le propuse vernos más temprano, así, finalmente quedamos que iría sábado por la tarde.

    Para hacer más fácil la tarea decidí comprarle un plug anal. Ella podría ponérselo algunas horas antes de vernos y ahorrarnos el proceso de ir dilatando ese pequeño agujero paso a paso. Contacte con su sex shop de la ciudad que tenía su sitio web para compras on-line. Compré uno de acero quirúrgico con un stagg color rojo. La idea de verlo incrustado en su ano me volvió loco.

    Además, compré un frasco grande de lubricante. Debía ser suficiente para hacerme dueño por fin del culo de Laura. El local hacía envíos súper discretos a domicilio, así que me venía al pelo. Les pasé la dirección de ella y concretamos la transacción. Le avisé a Laura que recibiría un paquete de mi parte. Que no sabía si le gustaría, pero nos ayudaría mucho en lo que queríamos hacer.

    Un día antes de vernos recibo un mensaje de Laura. Me mandó una foto con las cosas que habían llegado. Me dijo que había pensado en algo así, pero que no se animaba a comprarlo por vergüenza. Por suerte había acertado en comprarlo, temía que se lo tomara mal y se vaya todo al cesto. Le dije que se lo pusiera unas horas antes de vernos, y se lo deje puesto, sacándoselo cuando lo crea necesario, lo lave, lo lubrique y se lo vuelva a meter.

    Ella estaba prendida a todo lo que le proponía. Yo apenas me lo creía. Me preguntó si deseaba que se vistiera de alguna manera en especial o si tenía algún pedido en especial. De verdad no tenía ninguna preferencia por nada esta vez. Solo quería penetrar ese ano a toda costa. Así que le dije que se pusiera el mismo crop top gris de la última vez, alguna tanga bien chiquita que dejara ver el plug incrustado en su ano y un par de tacos altos.

    Finalmente llegó el sábado. Aproximadamente a las 15 h, Laura me envía un whatsapp diciéndome: “Lo tengo puesto hace una hora, y me encanta”. La sangre me hirvió de un instante a otro. El pene se me puso tieso. Le pedí que me mandara una foto, a lo cual se negó. Ella quería que fuera una sorpresa en el momento que vaya. No sabía cómo hacer para calmarme hasta que llegue la hora de ir a su casa.

    Llegó la hora de irme. Me preparé lo más rápido posible. No aguantaba más la calentura. Iba volando en la moto por la ciudad. Cuando llegué a la casa de Laura el portón estaba cerrado pero sin candado. Me quedé afuera. Tomé mi celular para avisarle que ya estaba allí. Cuando lo hice me percaté que tenía un mensaje de ella, diciéndome que entrara y le pusiera candado al portón.

    Así lo hice. Entré. Estacioné mi moto. Abrí la puerta e ingresé a la casa. Ella estaba en la cocina preparando el mate. Fui hacía donde estaba y nos saludamos con un beso intenso. Además del outfit que le pedí, tenía puesta una calza engomada negra, con lo que me gusta ver a las mujeres forradas en cuero o engomadas, y ella lo sabía muy bien. Mientras la besaba metí mi mano por debajo de la calza.

    Apretaba sus nalgas lentamente. Fui acercándome más el centro. Hasta que lo sentí. Allí estaba el plug. El stagg tipo piedra se sentía suave al tacto. Mi pene estaba duro. Laura gemía suavemente mientras acariciaba su zona anal. El plug me impedía meter más mis dedos. Pero no hacía falta, ambos nos encendíamos al instante. Su mano se posó en mi bulto. Sus dedos describían la prolongación de mi pene que se marcaba sobre el jean.

    No podía esperar más. Ni ella tampoco. El mate tendría que esperar. La hice apoyar en la mesada de la cocina. Me puse detrás de ella. Le corrí el pelo hacia un lado y comencé a besar su cuello. Mis manos se dirigieron hacia sus senos. Los acariciaba por encima del crop top. La tela me dejaba sentir como sus pezones se ponían duros y puntiagudos. Ella, por su parte, seguía acariciándome el bulto.

    Metí mis manos por debajo del crop top. Ahora masajeaba los senos de Laura directamente. Desnudos se sentían suaves y calientes. Ella no dejaba de gemir con cada movimiento que hacía. Estaba completamente excitada. Me agaché, sus nalgas forradas en la calza quedaron frente a mi cara. Empecé a besar cada centímetro. Lentamente fui bajando su calza. Una diminuta tanga negra aparecía en medio de sus preciosas nalgas blancas.

    Hice que levantara los pies para quitarle los tacos. Así pude sacarle la calza por completo. Después se puso nuevamente los tacos. Me dediqué a besar y lamer desesperadamente sus nalgas. Olían riquísimo. Me paré y con una mano empecé a darle nalgazos. Los golpes se escuchaban en toda la casa. Sus nalgas temblaban con cada arremetida violenta que les daba, acompañado por los gemidos y quejidos de Laura.

    Cuando sus nalgas empezaron a ponerse rojas abandoné mis arremetidas. La tomé de la mano y fuimos hacia el living. Le dije que se colocara de perrita sobre el sofá, con sus brazos apoyados sobre el respaldo. Coloqué una silla detrás de ella. Sentado allí, tenía su cola justo frente a mí para comenzar a trabajar en su ano. Agarré su tanga por los dos hilos laterales y se la quité completamente.

    -¿Te gusta? -Me dijo Laura refiriéndose al plug metido en su pequeño ano.

    -¡Me encanta, se ve precioso! -Le respondí.

    -¡Nunca pensé que me gustaría tanto tenerlo metido ahí todo el tiempo! -Continuó.- ¡Estoy muy caliente! ¡Quiero que juegues ahí! -Añadió.

    Sus palabras me enloquecieron. Tomándola de las caderas acerqué su vagina hacia mi boca. Con intensidad la saboree. Estaba completamente mojada. Sus jugos vaginales sabían a gloria. Mi lengua paseaba desde su clítoris hasta el stagg del plug, una y otra vez. No podía aguantar más. Me paré, desprendí mi jean. Rápidamente baje la bragueta para bajarme el jean junto con el bóxer.

    Mi pene, duro como una piedra, por fin estaba en libertad. El líquido seminal cubría el glande. Sin limpiármelo coloque la cabeza de mi pene en la entrada de la vagina de Laura. Poco a poco la penetré. Ambos gemimos de placer y satisfacción. Todo se sentía muy caliente. Comencé a moverme dentro de ella. Sus nalgas temblaban cada vez que mi pelvis golpeaba contra ellas.

    -¡Como extrañaba esa pija dura cuñadito! -Exclamó entre gemidos.

    -¡Yo esa conchita rica y ese culo apretadito! -Le respondí.

    -¿Me vas a romper la cola de nuevo hoy, bebé? -Me preguntó siguiendo el juego.

    -¡Hoy lo vas a tener todo adentro! -Le dije.

    Sin esperar mucho pude sentir como su vagina se estrechaba. Sus gemidos ahora eran gritos intensos. Su orgasmo era intenso. Sus piernas temblaban mientras el flujo caía por ellas. Podía ver su cara de placer. Todo ello me excitaba tanto que tuve que sacar mi pene de su vagina para no eyacular. Después de unos instantes la volví a penetrar. Me movía lentamente para llegar más intensamente al punto álgido.

    Tomé el frasco de lubricante que estaba en la mesa. Embadurné el plug y la zona anal de Laura. Mientras seguía con mis movimientos con una mano tomé el círculo del stagg. Lo movía de manera lenta. Cada vez intentaba sacarlo un poco más de su ano. Ella se mordía fuertemente los labios. En una mezcla de dolor y placer. Se notaba que le encantaba todo lo que estaba sucediendo.

    Tiré más lubricante. Mientras ella se movía con mi pene a punto de estallar dentro de su vagina. Sin más dificultad pude quitarle el plug del ano. Estaba completamente dilatado. El resultado era mejor de lo que había esperado. Con más lubricante arranqué con el juego de meter y sacar el plug del ano de Laura. Ya no había mayor resistencia a las penetraciones después de un rato.

    Era el momento de intentar meter mi pene. Y ella me lo suplicaba. Me aparté de su vagina para lubricar el glande. Arroje una abundante cantidad de lubricante, cayendo por el suelo lo que no lograba queda en mi pene. Saqué el plug del ano de Laura y rápidamente acomodé el glande de mi pene en ese precioso agujero dilatado. Con solo apenas una pequeña resistencia fui penetrándola allí.

    Laura se mordía los labios y gemía como las mejores putas. Su cara se tensaba mientras mi miembro ingresaba en su ano. Quedando hasta la mitad del tronco. Arrojé mucho más lubricante en la zona para comenzar a moverme y empujar más hacia adentro. Lentamente empecé con mis movimientos. La resistencia iba desapareciendo poco a poco y pude meter mi pene un poco más adentro.

    -¡Hasta ahí bebé! -Interrumpió Laura. Con cara de dolor.- ¡Moverte hasta ahí! -Continuó.

    Que frustrante. Solo quedaban unos 4 cm aproximadamente para que todo mi miembro este dentro de su ano. Pero no podíamos correr el riesgo de lastimar. De todas maneras estábamos felices de que cada vez faltara menos para una penetración completa. Laura hecho un brazo hacia atrás para explorar con sus dedos aquel espectáculo. Yo seguía moviéndome con facilidad mientras lubricaba a cada momento.

    Tomé mi celular para sacar fotos y filmar a pedido de ella. Mi pene se veía increíble incrustado en su hermoso ano. Yo estaba a punto de explotar. Tenía que frenar mis movimientos constantemente para no eyacular y frustrar el momento. No me lo perdonaría. Laura acariciaba mis testículos empapados en lubricante, provocándome aún más placer. Sus gemidos eran intensos, respondiendo perfectamente a cada arremetida que daba dentro de ella.

    Ella empezó a masturbarse. Con sus dedos lubricados acariciaba suavemente su clítoris. Me pidió que no eyaculara hasta que pueda venirse nuevamente. Yo no frenaba mis movimientos. Mi pene estaba estrujado dentro de su ano. Pero no podía empujar más hacia adentro. Otro chorro generoso de lubricante volvió a caer sobre la zona. Sus nalgas aceitadas brillaban con las luces del living.

    Laura acelero sus caricias en su clítoris. Sus pómulos estaban rojos y ambos transpirábamos. Su ano empezaba a cocinarme el pene. Ella gemía más y más intensamente. Eso me descolocaba. No sabía si aguantaría hasta que se corra. De pronto su cara de tenso. Nuevamente sus piernas temblaban pero esta vez podía sentirlo en el glande de mi pene que arremetía dentro de ella. Se pasó la mano por la parte interna de ambas piernas. Estaban empapadas.

    -¡Llename la cola de lechita! -Me suplicó Laura con el poco aliento que le quedaba.

    No alcancé a decir nada. El cosquilleo subió desde el glande de mi pene a todo mi cuerpo. Mi pene comenzó a palpitar dentro de su ano. Podía sentir como los borbotones de semen salía disparados dentro de ella. Los espasmos hacían que mi abdomen se contraiga con fuerza. No recordaba haber eyaculado tan intensamente antes. No existía nada más en ese lugar.

    Las palpitaciones no cesaban. Laura acariciaba mis testículos, los estiraba hacia abajo provocándome dolor. Tiré un poco más de lubricante para poder sacar mi pene de allí sin que le doliera. Finalmente tenía mi pene fuera de ella. La estrangulación había terminado. Ahora ella tenía mi semen dentro de su pequeño ano. Yo quería ver cuando cayera por el piso desde su agujero.

    -¡Abrí tus nalgas y empuja! -Le dije mientras agarraba mi celular para filmar.

    Sin decirme nada obedeció Al cabo de unos segundos los chorros de semen comenzaron a caer. Era un espectáculo digno de una película porno. Se escuchaba cuando las gotas más grandes golpeaban el suelo. Cuando ya no caía más nada por fuerza corte la grabación. Laura cayó rendida, acostada de lado sobre el sofá. Le pase una toalla para que pudiera limpiarse un poco.

    Yo fui al baño a orinar, para luego higienizarme bien el pene. Lo tenía rojo como un tomate. Cuando volví al living ella seguía acostada. Le pasé un cigarrillo y se lo prendí. Yo también prendí uno. Mientras nos reíamos y hablábamos emocionados de lo que acababa de pasar. Ella aún tenía un objetivo. Quería que mi pene entre por completo y que se moviera sin problemas. Yo le aseguré que para la próxima vez lo lograríamos. Ahora, debía recuperarse.

    El plug anal nos había ayudado mucho. Y sin dudas la próxima lo haría mejor. Laura estaba adicta a tener mi miembro enteramente perdido en su ano. No se rendiría hasta lograrlo. Cuando por fin se recuperó, se levantó del sofá y fue al baño. Yo mientras me dedique a preparar ahora si el mate. Limpiamos todo lo que habíamos hecho y nos sentamos a disfrutar del fresco que entraba por la ventana.

    -Alexander0022-

  • Laura, la enfermera con fantasías

    Laura, la enfermera con fantasías

    Laura estos días anda bastante atareada.

    A sus 28 años le está tocando vivir una experiencia que nunca hubiese podido imaginar.

    Le gusta su trabajo. Tiene vocación y es muy abierta. Así que se mueve como pez en el agua en el ambiente del hospital. Está relacionada con muchas compañeras… y compañeros. Incluso sus superiores no suelen escatimar en halagos hacia su modo de implicarse en las decisiones que, ahora mismo, hay que tomar de un modo mucho más diligente de lo habitual.

    Las horas no cuentan ahora mismo, y las jornadas laborales parecen no tener fin.

    En la planta han habilitado una pequeña sala para tomarse breves descansos y saborear lentamente algún café que les ayude a mantenerse despiertos y atentos.

    Afortunadamente, ha entrado junto con todos los profesionales que se mueven en la planta, en un programa de analíticas del Covid-19, por lo que todos saben a ciencia cierta que están sanos.

    El doctor que encabeza el equipo esta tarde, es ya un viejo conocido de ella. Se trata del doctor Martínez. Un hombre que pasa de los 60, pero que está bien conservado y es muy serio y comedido, dirigiendo al equipo con un alto grado de profesionalidad.

    Laura está sola ahora mismo en la sala. Sentada en una silla, algo recostada, y con una taza de café humeante entre sus manos, que se acerca a sus labios y de la que va degustando su contenido a pequeños sorbos. El negro elixir, al bajar por su garganta le aporta calor y le levanta el ánimo. Lleva casi 10 horas sin parar, con tan solo un bocadillo de sustento.

    Sonríe. Recuerda con nostalgia a su pareja, con la que hace ya ni sabe cuánto que no mantiene apenas contacto, debido a la situación.

    Sin saber por qué, siente un hormigueo en su interior. Para calmarlo, acerca una de sus manos a su entrepierna, y se caricia por encima de todo lo que lleva puesto.

    Se recuesta un poco más en la silla, y abre sus piernas, para que el contacto sea más intenso, aún a pesar de la incomodidad de la situación y del vestuario.

    Cierra los ojos, y de su boca sale un leve suspiro que llena la pequeña estancia.

    Cuando los vuelve a abrir… ¡¡¡ohh, dios!!! El doctor Martínez junto con otra persona están de pie delante de ella. Han entrado sin hacer apenas ruido mientras se acariciaba totalmente ajena a todo lo que sucedía a su alrededor.

    Siente como se sonroja, mientras se recoloca en la silla de forma correcta.

    Los dos personajes, se dirigen hacia la cafetera, después de hacer un saludo cortés.

    -Buenas tardes, Laura. ¿Cansada?

    Le cuesta reaccionar. Siente quemazón en sus mejillas. Pero se sobrepone.

    -Bastante. Es agotador este ritmo.

    -Deberías irte ya. Los del siguiente turno han venido antes y ya se están incorporando a los puestos correspondientes. Dentro del caos de la pandemia, estamos consiguiendo mantener un cierto orden.

    -No, no, seguiré hasta que termine mi turno. Hay mucho trabajo para hacer y no hay suficientes manos.

    -Mira. Este es un viejo amigo. Se llama Juan. Juan Estébanez. Fuimos colegas en la universidad, cuando aún había tranvías… -Sonríe melancólico, al tiempo que el tal Juan, le extiende la mano para saludarla.

    Laura hace un leve movimiento de retroceso. Los protocolos son muy estrictos en ese sentido, y las manos…

    -No, tranquila, precisamente ha venido a hacerse la prueba del Covid-19. Vive con su hija y sus nietos ahora, y quería estar seguro de no tener riesgo. O sea, que abusando de la confianza… -ambos sueltan una leve carcajada.

    -Encantada Juan. El doctor Martínez siempre tan atento con todos -responde Laura mientras que acepta la mano tendida que tiene enfrente.

    Lejos de conformarse con ello, Juan, una vez le estrecha la mano, la atrae hacia sí, y le da dos besos… sobre la mascarilla.

    Vaya, seguro que es inmune, piensa Laura.

    Se trata de un hombre que parece mayor que el doctor Martínez. Lleva una bata translúcida de protección sobre su traje oscuro, guantes y protectores sobre los zapatos. Y desprende un penetrante y agradable aroma a perfume que, a pesar de la mascarilla, penetra en la nariz de Laura y parece que le llegue al cerebro.

    -Mira, Laura. Vamos a hacer una cosa. Juan se toma el café y se marcha. Así que te vas a ir con él y te dejará en tu casa. Descansa y mañana vienes un poco antes. Estarás más fresca y rendirás más. Y esto no es cosa de un día, así que nos conviene racionalizar nuestros esfuerzos. Gente profesional como tú, me interesa cuidarla, porque os necesito -Laura baja la mirada y se sonroja levemente.

    -Pero…

    -Nada de “peros”. Hay que hacer caso al jefe -esta vez habla Juan- Anda. Quítate toda esa parafernalia que llevas encima y me esperas en la taquilla del parking que voy en nada. Mucho mejor tu compañía que la de Carlos.

    A Laura se le hace extraño dejar el trabajo, pero piensa que ese añadido en su descanso no le vendrá nada mal. Y como sabe que su pareja no estará en casa, podrá comer algo, darse una ducha bien caliente y acostarse desnuda. Es curioso, ¿desnuda? Le ha venido ese flash a la mente.

    Mientras se dirige al vestuario, piensa que, decididamente, hoy no le vendría nada mal un buen revolcón. Aunque tal vez cuando llegue su pareja ya estén en los brazos de Morfeo…

    Es curioso, piensa Laura, mientras espera en el lugar indicado por Juan. Hoy he venido con transporte público, porque me suponía que estaría reventada para conducir al regreso, y mira por donde, voy a volver con chófer particular… Y en ese preciso instante, el olor a perfume de Juan vuelve a invadir su pituitaria. Si es que… cómo estás hoy Laura… Menos mal, se detiene un BMW frente a ella, y Juan baja la ventanilla para indicarle que se suba.

    Cuando se acomoda en el asiento de piel, siente un inmenso calor que invade todo su cuerpo, al tiempo que intenta bajarse en la medida de lo posible la falda que, al acomodarse, ha dejado al aire generosamente sus piernas, cubiertas por unas medias oscuras.

    Le gusta vestirse siempre con cierta elegancia, no exenta de sensualidad. Es joven y le gusta sentirse observada y deseada.

    Juan empieza a hablarle, casi sin parar, como si se conocieran desde hace mucho. Es un hombre educado, atento, de palabra fácil, sin ser obsesivo. Desde luego, le más que dobla la edad, pero tiene su puntito, piensa.

    Y es que Laura tiene hoy las hormonas revolucionadas.

    Juan terminó la carrera de la medicina y se había dedicado a la investigación. Ahora, a pesar de estar jubilado (entonces tendrá ya los 65…) acude estos días al laboratorio para aportar su experiencia en los ensayos que se están llevando a cabo en busca de una vacuna. Laura se siente cómoda, y la conversación resulta interesante y amena. Incluso median algunas anécdotas en la conversación, que ayudan a dibujar sonrisas entre ambos. Sonrisas y miradas, porque Juan no desaprovecha ninguna ocasión para mirar sus muslos, sin esconderse. Y Laura, aún a pesar de que, con la conversación y los gestos, siente como su falda estrecha sigue subiendo, no hace ningún ademán para recomponerla a su posición más decorosa.

    Que mire -piensa para sus adentros. Así se recrea la vista.

    Juan le explica con énfasis los avances que están teniendo lugar en los ensayos, y Laura se muestra atenta. De repente, Juan suelta una mano del volante, y, colocándola sobre el muslo izquierdo de Laura, le presiona con evidencia mientras le dice:

    -¿Sabes qué? Antes de llevarte a casa, y como nos pilla de camino, vamos a pasarnos por el laboratorio y así verás en primicia lo que llevamos hecho -Lo dice todo seguido, mirándole fijamente a los ojos, al tiempo que su mano acaricia su piel, cubierta por la fina seda de la media.

    Laura siente un cosquilleo en su interior, y permanece quieta, observando a ese hombre, mayor que su padre, que con una sonrisa generosa le sigue subiendo la mano por el muslo. Y le gusta… Aunque quizás deba hacer algo.

    Mientras piensa en cuándo y cómo, la mano de Juan ha llegado ya al final de la media, y ahora siente el calor de sus dedos sobre su misma piel.

    -Gente joven como tú, tiene el futuro en sus manos, Laura, y nosotros podemos aportar experiencia, pero sois quienes debéis liderar esta batalla.

    Su voz suena cálida, envolvente, no exenta de un ligero temblor, Y otra vez ese aroma a perfume le invade toda. Claro que la cara de Juan ahora está mucho más cerca…

    El semáforo que los mantenía parados se pone verde, y Laura, le hace a Juan un leve gesto con el dedo, indicándoselo a Juan.

    El coche es automático, así que Juan reanuda la marcha, sin quitar la mano del muslo de Laura.

    -Ya estamos llegando. Es ahí -le dice Juan señalando con el dedo de la mano que acaba de sacar de la pierna de Laura, a un edificio que tienen enfrente.

    Vaya, sacó la mano. Laura duda entre si es lo que quería o no. Mientras percibe que, entre sus muslos, hay una evidencia de que su estado de excitación está subiendo de nivel.

    Han entrado al parking y ya se encuentran subiendo en un ascensor. Las puertas se abren y delante de ellos aparece una sala con diferentes accesos con indicadores de las diferentes secciones que hay detrás de cada una de ellas. Se dirigen hacia el que indica “laboratorio”. No hay apenas luz…

    -A esta hora, ya está cerrado, de no ser así no te habría podido traer. Es una investigación de alto grado de confidencialidad, pero Carlos me ha hablado muy bien de ti, así que quiero que veas todo. Y que compartas tu opinión con mi experiencia. Siempre se aprende. Aunque mi experiencia sea mucha en todos los sentidos…

    -¿Por la edad? -le pregunta Laura girándose sobre sí misma y mirándole fijamente

    -Perdón, no quería decir… -a Laura se le traba la lengua.

    -No, no, si es verdad, por la edad. Por lo vivido.

    La coge fraternalmente por el hombro y se dirigen hacia un microscopio. Juan Abre un refrigerador y coloca una muestra de ensayo sobre el aparato.

    -Mira, observa y dime qué ves -le indica a Laura.

    Ésta se saca la chaqueta que deja sobre un mostrador y se acerca al microscopio. De pie, algo curvada sobre el visor, piensa por un momento en cómo va vestida. Un niki de cuello alto, la falda corta, las medias y los zapatos con tacón. Y por supuesto, el tanga blanco, que ya está mojado, y un sujetador de copa media que justo cubre sus pezones. Se siente verdaderamente excitada, pero no piensa hacer nada. De momento solo mirar esa muestra.

    Bueno, mirar y… que Juan lleve la iniciativa. Igual son solo suposiciones fruto de su mente calenturienta.

    Juan le habla de las características de la muestra, con lenguaje técnico. Y ella observa. Observa y siente, porque Juan está ahora totalmente pegado detrás de ella, y sus manos se acaban de posar sobre sus hombros. Su voz suena cercana, muy cercana, junto al oído. Como un susurro.

    -A veces es necesario poder demostraros la experiencia en cómo debe tratarse un avance “tecnológico” para que, las personas jóvenes, podáis empezar a valorar las cualidades que todo ello aporta en una relación…

    Es evidente que el temario de la conversación está tomando otros derroteros. Y físicamente, además d sentirse empapada, percibe en sus nalgas la manifiesta erección que Juan está teniendo. Erección que le permite mover sus caderas ligeramente para sentir como ese enorme miembro se roza con sus nalgas.

    Parece que no hubiera otra frontera entre éstas y él que la fina tela de su falda. Pero no quiere girarse. Está viviendo con contención cada instante de esta situación. Haciendo caso a las indicaciones de quien se vanagloria de tener esa experiencia.

    -Tampoco soy una niña -suelta con voz trémula mezclada con un suspiro.

    -Lo sé. Y por eso quiero enseñarte todo lo que podemos compartir… aquí, en el laboratorio. Todo está bien esterilizado… -y suelta una leve risa.

    Las manos le masajean los hombros, las clavículas. Se siente estremecer y gime sin poder contenerse.

    -¿Sigo mirando? -dice Laura entre los primeros jadeos.

    -Claro, nena, tú haz lo que te digo.

    -Sí, doctor. Lo que usted me diga.

    -Buena chica, muy buena. Y es que también estás muy buena -sus manos han bajado por los antebrazos y ahora sus palmas abiertas palpan ambos senos sobre la ropa, con un masaje que cada vez adquiere más presión, hasta alcanzar una cierta brusquedad.

    Laura jadea ya con más énfasis. No le importa hacerlo. Se siente deseada y ella está también muy deseosa. No piensa en anda más que en vivir esta experiencia con un hombre de esa edad que la está llevando al límite. Y se deja hacer

    Siente ahora como se clava la polla de Juan entre sus nalgas, presionando la tela de la falda, y suelta una mano del microscopio, para llevarla hacia atrás y buscar ese miembro viril que debe estar en su plenitud.

    ¡¡¡Vaya!!! Le ha sorprendido encontrarlo desnudo, fuera del pantalón. Con sus dedos rodea ese falo caliente y empieza a masajearlo, para después apretarlo contra sus nalgas.

    -Niña mala, traviesa, atrevida, golosa… ¿la quieres probar?

    -Lo que usted diga, doctor. Solo quiero que me alivie este calor.

    Las manos de Juan, en una maniobra rápida, han bajado hasta su cintura, y se ha adentrado bajo el niki, para subir en busca de nuevo de sus pechos. Con una habilidad exquisita, los han liberado de las copas del sujetador y ahora están en posesión de esas palmas que los amasan sin ninguna barrera intermedia.

    Laura siente sus pezones erectos, firmes, y ardientes. Pezones que son víctima de la presión de dos dedos de cada mano de Juan, hasta llevarla al límite entre el placer y el dolor.

    -Ahhh, sí, doctor, sí, siga por favor.

    Juan le suelta uno de los pechos y con la mano libre, le sube la falda hasta dejarla arrugada a modo de cinturón sobre las caderas de Laura.

    -Tenía razón Carlos. Eres una niña sexualmente activa. Ya lo comentan en el hospital, y vas a tener tu premio, nena.

    -Sí doctor, lo que usted diga doctor.

    Laura gime y jadea, goza y se entrega, mientras siente como Juan le coloca un pie entre sus piernas y se las separa para poder introducir sus dedos entre sus muslos.

    Le baja ligeramente el tanga, y se abre camino hacia su sexo, totalmente mojado y deseoso de ser tocado.

    Ahí está. Ohhh, así, el dedo hurga en su coñito. Primero uno, luego dos.

    -diosss, doctor, ahí, ahí es donde más calor tengo.

    -¿Ahí?, mmmm mi enfermera caliente, tú necesitas una buena follada.

    -Sííí, no pare, ya, haré lo que me diga, enséñeme doctor.

    Continuará…