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  • Camarero facilón (1): Máquina Tragaperras

    Camarero facilón (1): Máquina Tragaperras

    —Tengo que ir cerrando ya.

    —Ponme otra copa niño, a ver si recupero algo para irme de putas.

    —Le estoy diciendo que voy a cerrar ya, no le voy a poner nada más.

    —Mira, la máquina esta se ha tragado un pastizal, cállate la puta boca y ponme una copa, hasta que no le saque para irme de putas no me voy.

    —¿Y no será mejor que en vez de echarle más, te vayas de putas con lo que tienes?

    Antes de seguir os pongo en antecedentes. Como habréis podido deducir trabajo de camarero, era domingo por la tarde y estaba deseando terminar el día.

    Tengo veintidós años y nunca he ocultado mi homosexualidad. Soy moreno, ojos marrones, labios carnosos que hacen maravillas y para ser realistas, tengo culazo.

    A eso de las ocho de la tarde entró un hombre de unos cuarenta y cinco años: pelo canoso que le quedaba bien; rasgos marcados muy masculinos, con una barba cuidada; iba vestido con pantalón vaquero oscuro, jersey y blazer. Me pareció muy atractivo.

    Pidió una copa y se puso a jugar a la máquina tragaperras, cada media hora aproximadamente me llamaba para que volviera a echarle otra. Mientras tanto yo seguía con mi trabajo, atendiendo a las personas que entraban a cenar o tomar algo.

    La máquina en la que estaba este hombre se encontraba junto a la puerta del baño y, una vez que empezó a hacerle efecto el alcohol, cuando alguna mujer se dirigía al baño las miraba descaradamente, incluso a alguna les preguntaba si podían solas o necesitaban ayuda, obviamente no les hacían ni caso, y como él se reía y volvía a lo suyo no le llamé la atención, por eso de no liar un escándalo.

    La noche fue bien, no dio problemas, exceptuando los comentarios que comenté antes. El problema sabía que vendría a la hora de cerrar, un hombre bebido y después de estar varias horas echando dinero a una maquina… no iba a ser fácil echarlo. A las 23:45 más o menos volvió a pedir otra copa, se la puse y le avisé que sería la última ya que tenía que cerrar en breves.

    Se fue la última pareja que quedaba y empecé a hacer lo normal antes de cerrar: barrer, fregar, llenar neveras… Cuando ya lo tenía todo listo a falta de cerrar caja empezó todo.

    —Tengo que ir cerrando ya.

    —Ponme otra copa niño, a ver si recupero algo para irme de putas.

    —Le estoy diciendo que voy a cerrar ya, no le voy a poner nada más.

    —Mira, la maquina esta se ha tragado un pastizal, cállate la puta boca y ponme una copa, hasta que no le saque para irme de putas no me voy.

    —¿Y no será mejor que en vez de echarle más, te vayas de putas con lo que tienes?

    —No me toques los cojones.

    —No le estoy tocando nada, solo te digo que tengo que cerrar.

    —Eso te gustaría tocarme los cojones, maricón —esto lo dijo sin quitar la vista de la máquina y sobándose el paquete.

    —¿Perdona?

    —Si a mí me da igual que comas pollas, pero ponme una copa y no me toques las pelotas.

    —Que no te voy a poner nada —En ese momento, me estaba empezando a dar miedo, pero también morbo.

    —Voy a mear, no se te ocurra apagar la máquina.

    —Acabo de limpiar los baños.

    Se quedó mirándome y sonrió. Se desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera, se la sacó y se puso a mear ahí en mitad.

    —Pues meo aquí.

    —Pero qué coño haces, que te pires ya.

    Con la boca decía eso, pero la mirada no la quitaba de su polla y es que… vaya polla. Estaba un pelín morcillona, pero se intuía larga y gorda, creo que hasta salivé

    —Ves cómo eres maricón, no le quitas ojo.

    —No quito ojo de cómo lo has puesto todo, joder.

    La situación no sé por qué, pero me estaba poniendo mucho. Estaba en mi lugar de trabajo con un tío borracho meando delante de mí.

    —Tú lo que quieres es ser mi puta hoy ¿verdad?

    —Yo lo que quiero es irme a mi casa.

    —Me la comes y me voy.

    Eso lo dijo sacudiéndose la polla que aún la tenía fuera.

    —¿Qué coño dices?

    —Precisamente coño es lo que no te gusta comer a ti —soltó una carcajada.

    Lo que dije a continuación me salió solo, no sé si porque llevaba varias sin semanas sin sexo, o porque la situación me estaba excitando demasiado.

    —Te la cómo, pero en otro sitio.

    —De eso nada maricón, me la comes aquí mientras me tomo la última copa y sigo jugando.

    Vale que siempre me ha molado comérsela a un tío mientras juega algún videojuego y fuma o se bebe una cerveza, pero eso era otro nivel.

    —Que va tío, es una locura comértela aquí.

    —Déjate ya de gilipolleces y chúpamela joder.

    Se acerco a mí y me agarró de la nuca, pensaba que me iba a comer la boca y, cuando fui a acercar mis labios a los suyos me dio una bofetada.

    —Aquí el maricón eres tú, dónde vas a darme un beso.

    Me empujó hacia abajo. Me quedé en cuclillas, estaba el suelo meado.

    Se la agarré y eso ya terminó de hacer que perdiera el control, sentir el tacto de esa polla en mis manos acompañado del olor a meados que había en el ambiente, provocó que me la llevara a la boca aún sin empalmar del todo.

    —Sshh me falta algo, ponme mí copa y te dejo que sigas mamando.

    Me levanté, le puse la copa y se la llevé. Él estaba jugando a la maquina con la polla fuera ya totalmente dura. Pfff esa imagen fue una pasada, me empalmé en un segundo. Le di la copa y me agaché sin que me dijera nada.

    —Joder, yo aquí veo negocio, un maricón mamando mientras juego —me dijo riendo.

    Se la comía con ganas, no conseguía que me entrara entera, pero si gran parte. Debería medir unos 19cm y gorda. Estaba disfrutando de la situación. Cuando miraba para arriba y veía a ese tío que no sabía ni su nombre, jugando mientras se la comía, mí excitación aumentaba y, me lanzaba a devorarle el rabo. A mí ni me miraba, sólo resoplaba y de vez en cuando me agarraba de la cabeza.

    —Cómo la comes chaval y me quería ir de putas teniendo una gratis aquí.

    En ese momento hubiera dejado que me follara, pero viendo que ni me tocaba, ni me miraba apenas, estaba difícil.

    Me puse de rodillas, dándome igual que el suelo estuviera meado, quería ver si le provocaba y me follaba. Me bajé el pantalón y el bóxer como pude. Ahora estaba de rodillas, con el culo fuera. lo sacaba y lo movía a ambos lados.

    —¿Qué quieres que te folle? Eso no va a pasar —me dio otra hostia —cómetela entera.

    Me agarró la cabeza y empujó, me dio una arcada y paró, pero no la sacó, volvió a meter aún más.

    —Aguanta, aguanta que esta toda casi.

    Me agarró la nariz y abrí la boca lo máximo que pude para respirar, eso lo aprovecho y ahora si la tenía toda dentro de la boca.

    —Joder que garganta maricón, pedazo de puta.

    No paraba de babear, estaba soltando más babas que nunca. Me agarró del pelo y la sacó entera. Empecé a toser y me escupió.

    Volví a metérmela en la boca, estaba como ido por esa polla, quería más, quería que hiciera conmigo lo que quisiera.

    —Querías echarme y mírate ahora, vas a querer que venga todos los días.

    Empecé a comérsela despacio, quería comérsela bien, recrearme.

    —Joder, eres bueno comiendo pollas, deja lo de camarero y dedícate a ello seguro que ganas más.

    Me la saqué de la boca y le escupí, para volver a chuparla. Empezó a jadear más rápido y cerraba los ojos, síntoma de que estaba a punto de correrse.

    —Sigue, sigue no pares, no pares maricón, joder —decía, entre jadeos.

    En ese momento la máquina hizo el ruido que anunciaba que había conseguido la combinación del primer premio.

    Se la seguía comiendo, escuchando el ruido de las monedas caer al cajón, empecé a masajearle un poco los huevos, quería dejarlo seco.

    Notaba su corrida caliente en mi boca, seguía chupando, sentía como se retorcía de gusto, incluso le dio algún que otro pequeño espasmo. No sólo se estaba corriendo, si no que encima había conseguido el primer premio.

    —Me corro en tu boca y esta me da el primer premio, voy a tener que llevarte conmigo a jugar —me dijo, aún con el capullo en la boca.

    Cuando la sacó del todo, abrí la boca para que viera que había tragado todo.

    —Deberías darme una parte —le dije

    —Tu premio es comérmela.

    Empezó a coger monedas y a ponerlas en la barra en montoncitos para que se las cambiara. Todo eso sin subirse los pantalones, aún con la polla fuera.

    Me levanté y tenía el pantalón y el calzoncillo chorreando de meados, me lo quité por completo y me metí al baño para secarlo con el secamanos, se quedó acartonado, pero al menos no saldría a la calle chorreando.

    Al salir del baño la barra estaba con todas las monedas en montoncitos y él tío ya vestido. Le cambié y cuando se fue me dijo que volvería pronto a ver si volvía a darle suerte.

    Cuando salió por la puerta, fui a por la fregona para limpiar la meada, estaba fregando cuando sonó mi teléfono.

    Era mi jefe.

    —Dime —le dije

    —Apaga las luces de la calle.

    Joder, joder, me puse blanco, se me había ido tanto la cabeza que olvidé por completo que había cámaras por todo el bar ¿Me habría visto comiéndome una polla? ¿o acababa de mirar?

  • Laura, la enfermera que sigue con sus fantasías (3)

    Laura, la enfermera que sigue con sus fantasías (3)

    Juan no suelta ese clítoris, y lo mantiene sujeto entre sus labios, sin apenas presionarlo. Y con la punta de su lengua, lo golpea hacia cada lado, para hacerle explotar en un nuevo orgasmo.

    Laura chilla, aprieta los dientes, mueve la cabeza hacia los lados. Tiembla, se estremece. Coge aire y chilla más fuerte, más. Tanto que hasta le duele la garganta.

    -ohhh, diosss, me corro, que gustooo, ohhh.

    Juan aprovecha y separa los labios para recoger con su lengua todos los jugos que Laura desprende. El chapoteo de esta acción resuena en la estancia, mientras Laura respira agitada intentando recomponerse. Le acaricia con un dedo ese límite entre el coño y la entrada del culo, después de haberlo mojado con su saliva, y sonríe maliciosamente.

    -Toca levantarse, nenita. Y te colocas a cuatro, apoyando tus brazos en la mesa, y las piernas bien separadas. Ha llegado el momento de penetrarte.

    -¿No deberíamos tomar precauciones? -le pregunta Laura con hilillo de voz.

    -Hasta en eso vas a tener suerte. Estoy operado de vasectomía desde que nació mi último hijo, ya ni me acuerdo. No hay nada como sentir piel con piel, carne con carne. ¿Tomas tú algo?

    -No, siempre hemos usado preservativo, incluso en las otras relaciones que mantuve antes de tener pareja estable. Solamente una vez, la primera, que fue con un muchacho mayor que yo 6 años y supo contenerse hasta sacarla y soltarme toda la leche en mi estómago.

    -Eso es un desperdicio. Nosotros tenemos leche para llenaros el coño. Y vosotras lo deseáis así. Y así lo haremos. ¿Verdad, putita?

    -Lo que usted diga doctor, confío en su criterio.

    Laura se coloca como Juan le ha indicado. Antes de agarrase a los lados de la mesa, se arregla el niki, cubriendo sus pechos, pero dejando que toda su cintura quede al aire. Quiere sentir como Juan le sujeta, le posee. Se adereza el cabello hacia un lado.

    -Vamos nena, que me enfrío. Que ya no estoy tan joven como para tener aguante si no siento el calor de tu cuerpo.

    En nada, Laura siente aquel miembro lubricado con los líquidos pre-seminales que fluyen de sus adentros, cerca de su entrada. Y poco a poco, muy lentamente, pero sin detenerse, Juan va entrando. Ambos están empapados, y la entrada es suave, pero intensa, porque Laura de forma inconsciente ha adaptado su dilatación al tamaño de la polla que está entrando.

    Las manos de Juan, firmes en su cintura, le impiden moverse. Y cuando la tiene toda dentro, empieza el baile. Juan se mueve en el vaivén con destreza, cambiando el ritmo para sorprenderla. Acelera, entra y sale. Del fondo hasta estar toda al aire. Y de nuevo adentro, hasta sentir como los huevos le golpean en las nalgas. El ritmo es frenético y Juan aprovecha para golearle en la nalga derecha con la palma abierta.

    -Ufff, vamos nena, cabalga. Ayuda tú también y cuando la sientas toda dentro, clávate hasta que te duela. Venga, más deprisa, vamosss!

    Laura resopla, gime, suelta palabras indescriptibles. Se muerde la lengua. Y cuando cree que se va a correr… Juan detiene el ritmo. Acaricia sus nalgas, se agarra a sus muslos y entra despacio, lento, muy lento. Como una caricia hacia su sexo.

    Laura suspira. –Ufff, que gusto. Sigue, no pares, quiero tu leche.

    -La tendrás nena, como no la has sentido nunca, rozando tus paredes internas en una explosión sin medida que te salpicará entera.

    -Así la quiero, doctor. Mi doctorcito caliente. Quiero irme marcada por su olor. Quiero sentirme suya: Para siempre.

    Juan acelera de nuevo el ritmo. Sus manos corren ahora hacia los pechos de Laura que se balancean a cada embestida. Las introduce por debajo del niki, y palpa ambos pechos con lujuria.

    -¿De quién son esas tetas tan lindas, putita? Dime.

    -Suyas doctor, enteras para usted. Quiero su leche. Me corro otra vez, soy toda suya. Márqueme para siempre.

    Juan esta vez no se detiene, y entre resoplidos empieza a agitarse a golpes, clavando toda su polla en ese coño joven y excitante.

    -Toma, tómala toda. Así, bien marcada. Me perteneces.

    -Ohhh, sí doctor, toda suya. Deme su leche. Así, así. Diosss que sensación que gusto. Ohhhh.

    Juan se deja caer sobre el torso de Laura, y la abraza fraternalmente.

    Permanecen así por un tiempo incalculable, hasta que Juan se reincorpora y, sacando su polla, se la pasea por las nalgas, dejando en su trayecto los residuos de su leche que aún quedaban en el tronco.

    -Ni se te ocurra lavarte. Te vas a ir oliendo a mí. Para que todo aquel que te cruces, sepa de quién eres.

    -Pero…

    -Psch, calla y obedece.

    Poco a poco, en silencio, Laura se coloca el tanga. Apenas le cubre, y ve con estupor como la leche resbala por sus muslos. Con una mirada viciosa, observa ese jugo, y con la yema de un dedo, lo recoge para llevarlo hasta su boca.

    Lo chupa con énfasis, y le sonríe a Juan.

    El coche se detiene en la esquina de su casa. Todo el camino, han ido en silencio. Ahora se miran, y se dan un beso cortés, educado. Un beso de protocolo médico.

    -Toma esto. Mañana te lo pones cuando llegues al trabajo. Y no te lo quites para nada.

    -Pero esto… es un vibrador de huevo. ¿Y?

    -Y, nada, tendrás que averiguar quién lleva el mando cuando sientas que vibra masajeándote el clítoris, hasta que no puedas más. Procura aguantar, porque es una prueba de resistencia.

    Este doctor Estébanez, tiene ideas para todo. ¿Y Laura?

    Laura quiere jugar.

  • Dama y hembra sensual

    Dama y hembra sensual

    Sus piernas siempre le han gustado… dama de casa, dedicada a su hogar, a su esposo y sus dos hijas; su única distracción; el gimnasio -su único aliado- el ejercicio, y a sus 43: buena vibra, simpática, sexy, sensual, y coqueta… atención total a su cuerpo!

    Esa tarde, el viaje, el aire fresco de la tarde en sus piernas, la brisa de la playa mezclado con un poco de calor humano; el sol, la iluminación del atardecer, y la celebración de su cumpleaños…Toda una artista cantando karaoke frente a su esposo, y una decena de turistas extranjeros, sin saber lo que pasaba, intentaban cantar la canción ranchera de Ana Bárbara en la pantalla.

    Pleno ‘Sábado Santo’ en Costa Rica… y la dama moviendo sus caderas suavemente, cantaba al ritmo de la música, los hombres miraban sus piernas, y sus pies dibujados de un rojo intenso en su pedicura; miraban la pantalla, se miraban entre ellos, disfrutaban de su energía y su felicidad -cautivados por su anatomía, la energía de la dama atrevida, sensualmente cantando sin pena y con mucho sentimiento.

    Cuando termina la segunda canción, le dice a su esposo, “me llevas a la playa Corazón.”

    Él contesta, “ya es tarde, quieres partir el pastel, o quieres ordenar algún postre?”

    Sonriendo contesta, “el pastel con vino tinto está bien… pero mejor yo de postre.”

    Su esposo un poco confundido pregunta, “que quieres de postre?”

    “Tus manos, y el calzoncito debajo de mis shorts… quieres bajarlos suavemente o quieres quitarme la blusa para que estrenes el brassiere mi amor.”

    Él un poco confundido y apenado le dice “que te pasa, creo que el vino te está poniendo mal… ya no bebas más alcohol traviesa.”

    A ella siempre le ha gustado que él la mime, más cuando toma; un tanto molesta con sus comentarios le dice, “Si. Tienes razón querido, hoy no es día de fiesta, tengo que portarme a la altura -como siempre, no es ni buen lugar para bailar ni para gozar, mejor me voy a caminar un rato.”

    “Corazón… Espera, a donde vas!”

    La fiesta sigue, el brindis entre desconocidos, y mientras ella sale por la puerta trasera, la mayoría la mira pasar apreciando sus piernas, su cuerpo… su caminar sensual.

    6-7 Pm. La tarde cayendo, la vista del mar a menos de 200 metros, el ruido de las olas rompiendo, y el viento en su cara… en su cabello, el calor en su ropa, en su cuerpo. La música de salsa Caribeña en la distancia.

    La atención de todos mirándola, la celebración, y un poco de frustración con su esposo; la magia del mar la pone alegre, llena de energía -poco inquieta, después de un par de copas y la última canción, la ponen feliz y coqueta… camina hacia al mar sin miedo, nunca le ha tenido miedo a nada ni nadie; siempre ha sido fuerte y confiada, segura de su anatomía, y tantas horas de gimnasio le han dado un toque de seguridad sexy y sensual.

    Baja las escaleras a la playa lentamente, y al llegar a la arena, se quita sus sandalias lentamente… no hay nadie; con un poco de nervios mira hacia las escaleras, hacia la playa; el lugar esta solitario, pues todos han estar en la fiesta, ella está sola, pero así es como le gusta, así es como va celebrar el final de este cumpleaños, frente a la playa. Sola.

    Ella no se imagina que no está sola, alguien la observa de pies a cabeza: alguien que la estaba admirando en el restaurante ha ido a seguirla, y ahora la tiene a solas; aquí si podrá admirarla detalladamente en la distancia… y de cerca para poder mirar esa piel antojable.

    Ella distraída, mirando a lo lejos, siente la arena en los dedos de sus pies, y el viento en su cara… el efecto del alcohol, se siente bella, sexy, coqueta -siempre lo ha sido, pero siempre le ha gustado la energía y la magia del mar, la arena entre los deditos de sus pies… esa energía bruta del mar y la playa, la hacen sentir una sirena.

    Se siente más sensual, mas coqueta, más inquieta; sus ojos rastrean la playa, nuevamente mira hacia las escaleras… no ve a nadie, pero presiente alguien observando su caminar, su silueta, su cuerpo y algo más!

    Y así, mientras ella camina distraída en la arena, en las formas de la espuma; la arena en sus pies, la brisa y su aroma -detrás del árbol, él la sigue acechando a la distancia, alimentando su curiosidad, su morbo… preguntando: a esta hora, a donde va ella.

    Con sus ojos cerrados, respira, aspirando la energía del viento, la brisa del mar; disfrutando el aroma, seducida, y más inquieta, mas excitada; la sensación de como coquetea su pelo con el viento… su piel con la brisa del mar, con la arena, alguien, o con nadie, aunque alguien esté cerca, y aunque no ve a nadie, por alguna razón su cuerpo reacciona, y llena de nervios, se emociona, sensaciones extrañadas pero parecidas a las del restaurante; ya no es solamente el olor del mar y la sal de las olas… nervios, adrenalina, deseo generado por ese olor dulce que no es mar ni sal… la fragancia de hombre.

    La playa solitaria, ella decide ya no voltear, cada vez más nerviosa; su piel un poco húmeda por la brisa, la distancia ahora si más corta… él la sigue observando, toda su atención en sus piernas -como en el restaurante-ahora ya más cerca, más sola, más sexy; mas deliciosa, mas antojable sin su esposo, y sin sandalias.

    Ella excitada.

    Ahora se siente más hermosa… mas fogosa, más sexy, más sensual; Amazona en una playa solitaria, y solamente el ruido de las olas, y la brisa, la magia del paraíso, interrumpido finalmente por una voz varonil que le dice, “a dónde vas tan sola hermosa?”

    Su voz la sorprende, la estremece… el aroma dulce que viene de él; lo mira, y nerviosa le sonríe, pero no contesta, su presencia la mueve y la inquieta suavemente.

    Nuevamente pregunta “A dónde vas, te das cuenta que la noche se acerca, ya no hay nadie en la playa?”

    “A ningún lado especial… a caminar, a distraerme, solamente bajé a saludar el mar.”

    “Andar sola a estas horas es peligroso, y te están buscando en la fiesta, tu esposo está preocupado.”

    “No me importa, ya que tu estas tu aquí, que espere la fiesta, pueden esperar, y que importa que diga mi esposo; él sabe me gustan los atardeceres, la brisa y un poco de vino, todavía hay suficiente sol para caminar por la arena.”

    “Tu esposo me pidió le ayudara a buscarte; dijo estabas un poco tomada, y aquí la marea empieza a subir a estas horas, y el lugar es peligroso. Pronto se pondrá oscuro, el mar es bello, pero puede ser traicionero, regresa mañana, una mujer tan guapa no debería andar caminando en estos rumbos sola.”

    “Y si tú me cuidas?”

    “Tu esposo no me pidió cuidara de ti… solamente me pidió te viniera a buscar.”

    “No quieres que este a tu cargo entonces esta noche?

    “Todavía no, pero si tú quieres, podría…”

    “Sabes me siento poco mareada, pero bien para regresar al hotel, no estoy tan tomada como te dijeron, un poco frustrada con mi esposo nada más. Es todo.”

    “Podemos ir a mi casa si gustas, o puedo llevarte a tu hotel, tu esposo se pondría feliz al verte de nuevo en la fiesta.”

    “Lo que me gustaría es que me dijeras que vives en una cabaña, frente al mar, o muy cerca del mar.”

    “Mi casa es muy simple para una sirena tan hermosa como tú.”

    “Yo. Sirena? Te parece…”

    “Ahora mismo así te imaginaba, frente al mar, en la distancia, tu piel, tus piernas…una hermosa sirena.”

    “Mmmm… pues se dice que las sirenas suelen hechizar a los hombres; que piensas tú de eso, será verdad o mentira?”

    “Eso es exactamente lo que hacías en la fiesta… hechizabas a todos mientras cantabas, todos admirando tu voz y tus bellas piernas.”

    “Cuando dices que los hechizaba, te incluyes también?”

    “Yo estaba ocupado trabajando, pero te mire de reojo al salir por la puerta trasera; y cuando tu esposo preguntaba, fui yo quien le dije que habías salido caminado hacia el mar… y fue así que me pidió si podría venir a buscarte.”

    “Pues ya me encontraste… no creo que mi esposo me extrañe, también está algo tomado, no me buscará, al menos por varias horas!”

    “Pues, el mar también tiene la reputación de hechizar sirenas, si gustas, detrás de esas rocas, esta mi casa; es poco humilde, pero tiene todos los servicios, puedes dormir en mi cama hasta que te recuperes.”

    “Sabes, Las cosas más sencillas son las que más me agradan!”

    “De dónde eres… eres tan alta, tan guapa, tan sexy, y que bellas se miran tus piernas en shorts.”

    “Eres aficionado de piernas eh… que interesante, nunca nadie ha comentado tanto de mis piernas; y nosotros venimos del norte de México… pero dime, si te gustan mis shorts o mis piernas?”

    “Tus pies y tus piernas… muy bello y sensual el color rojo en tus uñas. Sensual.”

    “Gracias pensé nadie lo notaria… mi esposo nunca comenta nada al respecto; pero, pues me gusta el lugar, sus playas, su gente, su selva, y me gusta venir y perderme en ella -el clima, tengo que usar shorts y sandalias.”

    “No te pierdas en la selva, ahí sería más difícil encontrarte y llevarte a casa.”

    “Tienes razón, seria mejor poderse en otro lugar menos peligroso; que dijiste que hacías cuando me miraste, eres músico o tocas algún instrumento?”

    “No yo no toco nada, soy ayudando del dueño del restaurante, por cierto, donde yo vivo, es su casa de él, la cuido y le ayudo con los quehaceres del restaurante, y toco los Bongos en mis tiempos libres, pero yo soy un novato comparado a los de la orquesta. “

    “Te atraen mis pies, no les quitas la vista, los tocarías como a tus bongos?”

    “Si. Me gustan, son bellos, sensuales, provocativos, seducen… los tocaría como a mis bongos pero más despacio y más suavemente.”

    “Acércate un poco más, me gusta tu fragancia; todavía me siento un poco mareada, quieres sentarte en la arena, y acariciarlos… debe de ser el vino, me gustaría un poco de agua fresca.”

    “Mejor caminemos a mi casa… ahí tengo bebidas y un poco de aceite de coco -es lo que se acostumbra usar en esta área, te puedo regalar una envase que puedas llevarte como regalo a casa.”

    “Muy buena idea…”

    “Sígueme.”

    “Te sigo hasta con los ojos cerrados.”

    “Tú por delante, es un poco empinado al principio pero bajando las rocas estaremos frente a mi casa. Que Hermosa te miras en tus shorts de mezclilla.”

    “Me encantan mis piernas sabes… Me gusta lucirlas mucho en el Verano.”

    “Traviesa. Se nota las cuidas bien… afortunado tu esposo que las mira a diario.”

    “Se ha acostumbrado a verlas… solamente comenta si la ropa es muy ajustada o los shorts son demasiado cortos.”

    “Por aquí… con cuidado, ahora si tienes el mar para ti sola, ni un vecino a los alrededores, los pescadores saldrán ya más tarde, espero eso no te incomode.”

    “Para nada. Qué bello es todo esto, amo esta soledad con el mar y las olas; pero más me gusta tu estatura -impone, sí que eres alto!”

    “Tu también eres alta y muy bella!”

    “Me siento muy segura a tu lado.”

    “Qué raro digas eso, todos admiraban tu belleza, pero tu esposo era el único de espaldas.”

    “Costumbre, me tiene a todas horas, así suele pasar, ya varios años de casados!”

    “Toma asiento deja me cambio mi ropa, he trabajado todo el día y estoy un poco sudado.”

    “Nooo. Déjala así, puesta, me gusta esa fragancia, hueles a hombre trabajador.”

    “Tu perfume es fino, hueles a dama fina, francés?”

    “Claro. Me agradan las aromas frescas, soy muy femenina en ese sentido.”

    “Muy sexy.”

    “Perdón. Si te sientes más cómodo ve a la regadera mientras yo admiro el horizonte desde tu ventana.”

    “Cuando dices que ya es costumbre… tu esposo admira tus piernas a todas horas?”

    “No. Solamente en momentos distantes, es muy distraído.”

    “Quieres ir al mar antes de que entre a bañarme?”

    “Ohhh no, es peligroso, me encantaría pero no sé si sea muy buena idea, no tengo nada extra que ponerme.”

    “La peligrosa eres tu… parece que estas piernas no necesitan nada extra! Así como tú las luces están hermosas… nunca has nadado en el mar desnuda?”

    “Ehhh. Mmmm no. Tu?”

    “Si. Todo el tiempo, después del trabajo, te puedo prestar unas bermudas si gustas, o una camiseta que cubra parte de tu cuerpo.”

    “Si. Una camiseta… pero dime, que se siente nadar desnudo?”

    “Ten. Aunque te van mejor tus shorts, esto hará sentir cómoda, pero esta ropa es muy grande, no haría justicia a tu cuerpo!”

    “Quiero ir contigo… a dónde vas, no me llevas?”

    “Voy y vengo… quieres esperarme, voy al mar!”

    “Voy contigo… puedo?”

    “Ven… el mar todavía está tranquilo, nada de riesgo, vamos, yo te guio.”

    “A tu lado menos riesgo… eres fuerte, tienes una anatomía impresionante.”

    “No se vale, si tú me vas a ver, yo también quiero verte.”

    “Estoy un poco nerviosa, los tiburones no llegan hasta aquí?”

    “No. Los únicos tiburones se quedaron en la fiesta… todos los europeos estaban preguntando por ti, yo no le dije nada nadie, tu esposo ha de estar buscándonos.”

    “No me di cuenta, pero que importa, mejor vamos al agua. Veamos si esta sabrosa.”

    Fuera tops… nerviosa, pero excitada, fuera shorts, fuera tanga, fuera su brassier y fuera los miedos, y el juicio, es su cumpleaños.

    “Ehhh. Que silueta, bella no le diré a nadie, ven, sin miedo, Hermosa…fuera toda la ropa, que no le diré a nadie eh!”

    “Qué lindo eres, me encantas, y la luna tu cómplice.”

    “Tu serás mi cómplice cuando te bese toda…”

    “Lo prometes… quieres tocar o tocarme?”

    “Quiero tocar tus piernas tus caderas tus hermosos pechos.”

    “Si si… te guio, siento tu fuerza debajo del agua.”

    “Acércate más. Tienes frio? Estas temblando.”

    “No, más bien temor, un poco de nervios.”

    Aun así con tantos nervios, se posó en sus hombros, lo miro a los ojos, y temblando no de miedo, si no deseo, le dio un beso suave.

    El la tomo de las caderas y jalando suavemente su pelo, le planto un beso apasionado. Descaradamente, su miembro creciendo, aumentando en medida, y con cada rose, y en cada giro forzando un abrazo intenso en medio de la marea y de las olas.

    Ella un poco mareada por los nervios, la adrenalina, el éxtasis, ya no decía nada, solamente se dejaba guiar pensando, en la fuerza de sus brazos y el rose seductor de su miembro en sus muslos.

    El la besaba suavemente en el cuello, en los hombros…la dama se alejaba, y el mas firmemente la acariciaba, la hembra lentamente despertando a sus besos y a la música del mar.

    El la gozaba así, suave, con precisión lenta pero sensualmente.

    Olas viento, aves nocturnas, la brisa y la música entre espuma y rocas… Él empujándola suavemente sin dejar de acariciarla, llevándola hacia a la arena, hasta donde está la ropa Y diciéndole:

    “Relájate, estas muy tensa.”

    “Ella se dejó guiar, y ahí se volvieron a besar -con caricias suaves, con deseo, con sensaciones prohibidas; un beso que parecía toda una eternidad, sabor a sal, saliva, aliento, deseo y placer. Sus cuerpos meciéndose, encontrando las formas para gozarse con el cuerpo, con el tacto del olor… aroma a hembra en celo; inquieta, embrujo de un joven fuerte conquistando a la dama casada. Ella ya embriagada, no podía negarse, lo deseaba.

    La hembra ignorada en casa, a la puerta de una recamara ajena…

    “Para mi todavía eres dama, quieres seguir, seguimos si te gusta.”

    “Si. Sigue, la dama se ha ido, aquí estoy yo contigo, guíame.”

    “Eres toda una hembra… pero siempre una dama fina, que delicioso el sabor de tu cuello, tus hombros, tu piel.”

    “Las dos están para ti, aquí, no digas nada, sigue besándome así, lentamente y suavemente.”

    “Mejor, beso tus pies, así lentamente…Tu esposo ha besado tus pies así; creo que no le agradaría saber dónde estás.”

    “Él sabe lo que tiene, pero lo ha descuidado porque sabe está seguro, pero eso no importa, no hablemos de él! Hablemos de ti.”

    “Bien. Si es así, vamos adentro, quiero limpies toda esta piel de sal y de la arena…”

    “Claro. Vamos. Espera, no sé ni tu nombre.”

    “Yo… pues, ni yo el tuyo, pero eso no importa.”

    “Yo me llamo Mía.”

    “Ven aquí Mía, vamos adentro, estaremos más cómodos -te gusta la poesía?”

    “Me gusta cómo me dices, Mía, lo dices de una manera muy cautivadora…”

    “Y tú te llamas?”

    “Como tú quieras, esta noche es solamente para Mía, hoy solamente para ti y para mí; esta tarde cuando te mire bajar las escaleras pensé, el manjar que se comerá esta noche el esposo. Que linda, bonita, ahora eres para mí. Eres Mía, eres de Manuel. Toda tu miel, toda tu piel, tus pies… cara linda!”

    Entran a casa, y ella rápidamente va al baño sin cerrar la puerta; lo mira de lejos, mientras él desde lejos sirve un par de bebidas admirando su cuerpo, sus tetas firmes, sus piernas sensuales, y sus bellas nalgas.

    Caminando… bebidas frías en mano le dice:

    “Se puede?”

    “Ella contesta, con una sonrisa, no pidas permiso estás en tu casa! La agua esta deliciosa, si quieres entrar.”

    Él le acaricia sus tetas sus pezones su ombligo, sus muslos…

    “Es delicioso lo que haces,” dice ella “lo que siento lo que me provocas.”

    “Lo que tu provocaste… tienes una voz angelical -me gusta como cantas, pero tus piernas como llaman la atención, ya miré que tienes unos hermosas nalgas, perdón glúteos…”

    “Antojable? Ven. Tócala y siéntela, te clama.”

    “Quisiera explorar, lentamente descubrir; acariciándola, sintiéndola probándola aun con tanta agua en la piel sabes a dama, sabes a hembra descuidada, ven aquí.”

    “Estoy húmeda Manuel… ya no juegues!”

    “Estas empapada mujer…”

    Y recorriendo con sus manos, lentamente va corriendo sus dedos entre sus piernas, entre su miel, los regresa a su boca, y le dice, “sabes a hembra en celo, estas deliciosa, cuanto tiempo que no haces el amor?”

    “Ya varias semanas, no recuerdo, un par de meses… tal vez?”

    “Creo que mucho tiempo que no liberas a tu hembra sensual ya hace mucho tiempo.”

    “A ella no la libero, no la he liberado aun, no sé si pueda.“

    “Con razón parecías inquieto, creo que te gustaría liberarla.”

    “Contigo sí. Llévame y enséñame…”

    “Ten, toma un poco de este vino. Te quitara un poco lo nerviosa.”

    La toma de la mano; la lleva a su recamara, a su cama, y con furia, con intensidad, con fuerza la deposita en la orilla de la cama y la deposita en la orilla de la cama… la besa, la acaricia; se deleita, la admira, y sin pensarlo aprieta sus pezones entre los dedos.

    “Mis senos son sensibles, ten cuidado por favor.”

    “Oh. Son más sensibles que tus muslos, que tus piernas, ven aquí…”

    Y sin pensarlo -sin mirarla, ve a sus senos y los besa, los lambe, los chupa, mientras acaricia sus muslos y sus caderas!

    “Por favor… intenta, sedúceme, trata de no penetrarme.”

    Sus manos en sus caderas y en sus nalgas, preguntando:

    “Te gustan mis manos así, en tu espalada, en tus nalgas?”

    “Si en mis nalgas solamente, ahí usa tus manos, y tu boca, tu saliva, tu lengua tu pasión… sin prisa, reten la penetración!”

    “La hembra ha llegado eh?”

    “Si está haciendo de las suyas y me encanta al parecer!”

    “Y te gusta el juego de la seducción…”

    “Si. Adiós monotonía, tú me provocas, tu eres seducción -eso, eso y mucho más! Hoy no quiero reprimir nada… ya lo he reprimido y me han reprimido por mucho tiempo.”

    “Ha cambiado tu mirada… no reprimas la dama ni la hembra, hoy es tu cumpleaños.”

    Ella lo mira fijamente, lo seducía, lo embrujaba de placer; y olvidándose de su esposo, de la fiesta, de todos… abrazados continuaron besándose con todo el aliento, con toda la saliva!

    Toda su miel corriendo -néctar de hembra en celo, fluyendo, en la superficie de su miembro; listo, y el en la puerta, sin penetrarla sin dominarla sin obligarla, poco a poco excitándola… Ella lo deseaba pero había hecho un trato,

    Y todavía no habría penetración, pero sonreía con malicia, este juego era más que seducción…

    Una mezcla de dama fina y hembra ardiente -seducción e inocencia, hoy perdía el título de inocencia, de dama casada, incontrol total de sus deseos de mujer, de mujer descuidada, hoy su cumpleaños y su buena fortuna…

    Él mirándola extasiado le dice, “hoy has perdido la cordura, traviesa, estas convertida en toda una hembra, en toda una puta.”

    Que mejor regalo de, libertad, liberación total; sin hipocresía, sin etiquetas, hoy era la sirena del mar, y tenía al marinero hechizado… pero por cuánto tiempo?

    Ella en control sobre él, probando el sabor que la embriagaba, y le hacía perder más los sentidos… esos labios gruesos, carnosos, la besaban con tanta pasión.

    Sabor a vino, sabor a sal, a saliva, a pasión mientas recorre con su lengua sus mejillas, su barbilla, huele nuevamente la fragancia del coco en su cuello…

    Sirena y marinero.

    Placer inmenso, beso prolongado, intercambio de sabores, de saliva, sudor, miel libertad, seducción y lujuria!

    Él la toma de los hombros y vuelve la mirar, vuelve a besar sus pezones, y los chupa deliciosamente, suavemente… ella no resiste, gime de placer, grita de placer; pues nadie la escucha, nadie la mira, la dama se ha ido, hace horas que se fue, la hembra esta solas con su macho.

    La sirena ahora es Mía, y es de él.

    En un intento por liberar tanta tensión, y tanta inquietud y frustración, lleva su mano a su vagina, y acariciando su humedad, le dice:

    “Que manjar, miel en penca, y toda para mi…

    Ella dice, “espera, solamente un momento, es para ti; llévame ahí, tengo mucho tiempo sin un orgasmo!”

    Besándolo, besando cuello sus pectorales, su estómago, su miembro, disfruta cada centímetro de su piel morena, de su miembro -completamente erecto, lo siente en su rostro, tibio, divino, lo lleva a su boca húmeda, y lo acaricia con su lengua, lo chupa lo mama…

    Él se da la media vuelta, y dejándola a ella abajo, le besa sus orejas, sus mismos oídos, y ella se estremece, mientras le chupa toda su miel…

    Y de repente, la voltea completamente, y la suelta, la admira; mientras acerca su miembro lentamente a sus nalgas, diciéndole:

    “Estas lista.”

    Ella le contesta, “es un placer estar en tu cueva…”

    Mientras la besa en la nuca le dice:

    “En tu casa nadie te extraña, nadie disfruta tanto esta piel, preciosidad-chiquita- y a gatas te antojas mucho más! Traviesa.”

    “Hoy mi piel es tuya Manuel.”

    “Claro. Toda esta noche y todas tus vacaciones…”

    “SI!”

    “Tu esposo es un bobo, no se dará cuenta, se lo pierde… y tú te pierdes.”

    “Me encanta la idea, sigue, sigue, ahí, no pares!”

    “Ahhh ahí te gusta, ahí eres sensible, porque tiemblas -coqueta!”

    “Ten compasión, no, mejor no -sigue, ámame, tómame, locamente; disfruta de mi poco a poco, y no vayas muy rápido, pero no me atormentes. Ten compasión.”

    “Ahhhh grata sorpresa, seguro tu esposo no sabe lo que tiene en casa… chiquita linda, dime porque eres tan deliciosa.”

    “Soy multiorgásmica.”

    “Grata sorpresa… caras lindas vemos y damas fogosas no conocemos, así agáchate traviesa, que delicioso mana tu néctar, todo un panal de miel!

    “ En serio… así? se me nota?”

    Entra sale despacio e intenso, sale la admira, y le dice:

    “Que ricas nalgas… pero no dejes de moverte, estas tan bien son caritas lindas, traviesas, coquetas, un amor!”

    “Estoy empapada, toca, siente, pruébame!”

    Él se agacha, la domina con sus manos cuando ella quiere levantarse, acaricia sus nalgas, lambe y chupa su hermoso corazón, y después regresa a su miel que fluye como rio en primavera.

    Ella, se estremece, disfrutando, gozando, sintiendo los escalofríos de placer… gimiendo, jadeando, pidiendo más!

    El, abre sus nalgas, huele su ano, su musk, su aroma, su esencia misma, y en cada beso admirando su belleza, sensualidad, su erotismo, la hembra liberada.

    “Que rico hueles Mía.”

    “Te provoca?”

    No le contesta, se pone de pie nuevamente, y la clava la entierra furiosamente; salvajemente, apretándole las caderas empuja, jala y la rellena!

    Ella gime más, jadea grita suavemente, está casi el límite de si misma; ha perdido toda razón -trasformación, y él la pone así, pero entre más la penetra, más quiere, más lo quiere cercas!

    “Que bellas nalgas Mía…”

    “Tuyas hoy, tuyas todas, solamente para ti!”

    “Se miraban deliciosas en los shorts, pero así desnudas más chiquita…”

    Fuerte rápido lento, despacio, sin prisa intenso; las piernas de ella temblando, enardecida, dispuesta a eso y a mas, ya no tiene temor… el efecto del licor, sabroso, el olor, el ruido-música-todos sus sentidos sensibles; sus gemidos no son protestas: inspiración, pasión, pasaporte al éxtasis, música angelical!

    Furiosamente con ímpetu, tomando la hembra que le han encargado; la toma, la admira, la domina, la guía a sensaciones que hace horas eran desconocidas a su cuerpo.

    Ella le pide que no pare, se lo exige, se lo suplica!

    Sin salir de ese panal, empujando hasta al fondo le susurra a su oído, ”lo quieras, Chiquita, lo que pidas, hoy estas aquí, eres Mía.”

    “Toda la noche, dice ella “ahh que delicioso se siente!”

    Tremendo jadeo, tremendo el ritmo, el sonido.

    Él le dice, “así,” muévete mas rápido, “ya no extrañas a tus esposo! Cuando amanezca y ya este sobrio, va salir a buscarte y vas a tener que dar explicaciones, o te mandas sola?”

    “Eso será después, en este momento él no está aquí, hablemos de nosotros, solo estas tu y yo.”

    “Coqueta, me encantas, no pierdes tu tacto y tu diplomacia tenemos libertades ambos!”

    Ella siente su erección, su fuerza, su flor abriéndose tal como es-flor de labio en primavera, su miel derramándose.

    Y el admirando su espalda sus piernas, todo su cuerpo, ahora es el quien la tiene bajo su embrujo!

    “Ahhh no es que queja pero es tiempo de dar lugar a lo que sigue… esto es todo lo que quiero yo, pero, Manuel…”

    “Cállese y quédese ahí dama hermosa. Epaaa. Así muévase otra vez!”

    Sale y abruptamente, y le pone una nalgada, dos, tres fuertes.

    Ella se ríe, y le dice, “cabrón, cruel, duele, pero que deliciosa sensación… salvaje!”

    Él le da vuelta y con su misma camisa, la venda, la pone boca arriba… cazador y presa en un juego erótico, sonidos de la media noche, tintes de oscuridad, la dama buena y el seductor en armonía.

    Sin saber que sigue, ella le pregunta excitada…

    “Que vas a hacer?”

    “No te preocupes, te va gustar, o así te cogen en casa?”

    “Jamás.”

    “Así querías, así lo necesitabas, así lo pide la hembra que llevas adentro… te ha sorprendido tu misma, la hembra le ha ganado a tu sensatez, no es cierto?”

    “Claro. Ambas, un brindis a las dos!”

    Vendada, la besa en los labios, chupa su lengua, su estómago; lentamente baja a sus muslos, a sus costados, a sus pies, a sus uñas rojas… a sus bello pies.

    El olor a aceite la vuelve a hacer sentir más fuera de sí.

    Embriagada de deseo, y de placer -de ansiedad, combinación rara; un éxtasis que la pone fuera de sí.

    El la admira transformada y no deja de acariciarla, de tocarla de chuparle toda la piel preguntándole:

    “Donde te calienta más? Dime… dame acceso a tus rincones más sensibles, a tus pensamientos más prohibidos!”

    “Ahí, así, ahí nuevamente, ahí sigue, no te detengas, bésame, chúpame, cómeme, lámbela toda, así -tu sabes, ahí pudiese llegar a la cima, ahí!”

    “Continua, y dime lo que le has ocultado a tu esposo, es tiempo de liberarte… la dama sensual, fogosa esta aquí… te gusta sentirte hembra?”

    “Nunca he tenido interés de ocultarle nada, el simplemente no lo ha visto, no me ve, se ha ocupado en sus co… ahí, así, nuevamente, ahí me gusta, así me gusta, así así así!”

    “Te calienta sentirte así deseada, verdad que sí; por eso estabas inquieta en la fiesta, querías atención traviesa, tenías ganas de liberar tu energía, tu hembra, y no sabías, o si sabias que así terminaría tu noche de cumpleaños?”

    “No seee… él no explota a la hembra, está demasiado tiempo en su oficina, su trabajo lo quita de mi siempre: pero no hablemos de él -ahh, háblame donde aprendiste ese truquito -ohh, asi, ahi nuevamente, ahhh me vengo -lo tengo- ahí esta, viene, me vengo, no te detengas…”

    “Y que lástima, que desperdicio, tanta belleza, tanta piel deliciosa anatomía, tu cuerpo con o sin ropa -vanidosa, te quito la venda?”

    “Nooo… sigue así, me excita el no saber qué haces, o que piensas hacer!”

    “Lo imaginaba… así está mucho mejor, pero si te dijera, que tu esposo está aquí mirando; cambiarias de parecer, te asustaría… tal vez te daría pena o querrías te quitara la venda?”

    “Puesta esta mejor, sin la venda no sé qué pasaría, tal vez; no lo sé, no sería igual verlo a los ojos… imaginaré que está ahí, él se lo ha perdido, ganaste tú, y gane yo. Ahhh regálame otro orgasmo.”

    Seguirá?

    L>A<

  • Comer y follar todo es empezar

    Comer y follar todo es empezar

    Era la una la madrugada de un sábado del mes de mayo e iba cargado, no llegaba a borracho, pero le llegaba bien. La noche estaba estrellada y el tráfico brillaba por su ausencia.

    Al pasar por delante de un escaparate de ropa vi a un maniquí desvistiendo a otro. Seguí andando hasta que me di cuenta de lo que había visto, entonces di media vuelta y me puse a mirar lo que pasaba detrás de la luna. El maniquí, que era de mujer, ya estaba desnudo. El otro maniquí, con un vestido en la mano, me miró, sonrió y le dio a la cabeza, iba a ser que no era un maniquí, debía ser una dependienta, la dueña del comercio, lo que no sé es que cojones hacía desvistiendo y vistiendo a un maniquí a aquellas horas de la madrugada.

    Crucé un jardín y vi a una joven sentada en un banco de madera al que escoltaban dos jacarandas en flor y que estaba enfrene de una fuente con una pileta redonda donde nadaban peces dorados. Al llegar a su altura vi que estaba llorando. Le pregunté:

    -¿Qué te pasó, criatura?

    Limpiándose las lágrimas con las palmas de las manos miró hacia arriba, tiró del moquillo y me respondió:

    -Nada.

    Su acento era sudamericano. A pesar de que vestía impecablemente. A la cabeza me vino que era una sin papeles que la echaran de donde dormía por no poder pagar la habitación. Le di mi pañuelo, y le dije:

    -Lo que nada no va al hondo y tú has ido. ¿Te puedo ayudar en algo?

    Cogió el pañuelo, se sonó el moquillo, y me respondió:

    -No -me dio el pañuelo de vuelta-. Tome.

    -Quédatelo.

    Había dejado de llorar. Me senté a su lado, y le dije:

    -Cuento unos chistes que te partes. ¿Quieres que te cuente uno?

    Me miró raro, cómo quien mira a un bicho que nunca ha visto. Luego me dijo:

    -¿No ve mi estado de ánimo? ¿Se cree que estoy para chistes?

    Cómo estaba contento seguí erre que erre.

    -¿Qué te apuestas a que te saco una sonrisa?

    De raro pasó a verme cómo un loco.

    -¡Usted no está bien de la cabeza, señor!

    -Sí, a mi me llaman el loco, pero locos son los de mi lugar, ellos trabajan y no comen yo como sin trabajar.

    -¿Y eso a que viene?

    -Era el chiste.

    Se le dibujó una sonrisa en el rostro y me dijo:

    -¡Qué malo! Definitivamente, está usted muy loco.

    Me fijé bien en ella. Llevaba un corte de pelo de estos modernos, entre punk y gótico…, de esos raros, y era muy bonita. Su tez era morena, sus ojos eran grandes y oscuros, sus labios gruesos y su nariz perfecta, en la que tenía un lunar que en aquel momento me entraron ganas de besar. Estaba rellena, sus tetas eran grandes y sus piernas que enseñaba aquel vestido que le daba por encima de las rodillas, eran perfectas. Parecía la mujer 10, le dije:

    -Me encanta ese lunar que tienes en la nariz.

    Ahora sonrió abiertamente, antes de decir:

    -¡Nooo! No diga eso. ¡Odio ese lunar!

    -Pues te queda muy bien.

    La muchacha, me dijo:

    -¡¿Cómo lo hizo? Estaba llorando y acabé sonriendo.

    -Tú sabrás -me levanté-. ¿Quieres que te acompañe a algún sitio?

    Volvió a bajar la cabeza y a sonar el moquillo.

    -No tengo a donde ir.

    Me volví a sentar.

    -Cuéntame que te pasó.

    Sin levantar la cabeza, me dijo:

    -El mandamás me echó de casa.

    No me podía creer lo que acababa de oír.

    -¡¿A estas horas?! ¿Qué clase de pájaro puede hacer eso?

    -Discutimos…

    No la dejé acabar la frase.

    -¡Pues que se fuera él de casa, coño!

    -La casa es suya.

    Esas palabras me endemoniaron.

    -Ya veo, ya, es el típico macho man que va de sobrado. Todos los que conozco que iban de sobrados acabaron sobrando.

    Echó el pelo hacia atrás con una mano, y me dijo:

    -La culpa fue mía.

    -No tenías ganas de darle al cuerpo alegría y él estaba burro. ¿Fue algo así?

    -Sí, fue algo así.

    -¡Cabrón! Si yo hiciera eso mi mujer vivía en la calle -puse cara y voz de Bartolo- ¡Madre mía, madre mía, madre mía que hambre paso!

    Se rio y después me dijo:

    -¡Qué payaso es!

    -Era para quitarle hierro a la cosa.

    -No fue cómo piensa, y no le puedo decir lo que pasó porque se podría imaginar cosas raras.

    Soy perro viejo y la pille por el aire.

    -¡Manda huevos! El de Arriba tiene esas cosas, le da pan duro a quien no tiene dientes.

    -¿Cómo?

    -Cómo que tú tenías ganas y él no, discutisteis y el resultado ya lo veo.

    -Parece un adivino.

    -Tengo muchos años de escuela. ¿Piensas dormir en el banco?

    -Sí.

    -En la habitación del motel donde me hospedo hay dos camas. Puedes pasar la noche allí y mañana decides que quieres hacer.

    -No lo conozco de nada.

    Puse de nuevo cara y voz de Bartolo.

    -Soy Bartolo, el violador de la M 30.

    -¡Qué tonto es! -me siguió la corriente-. ¿Y a cuántas mujeres violó?

    -A ninguna.

    -¿Y a quién viola?

    -A camioneros.

    Se volvió a reír, y después me dijo:

    -Prefiero dormir en el banco, tiene cara de buena persona, pero es un hombre.

    -¡Qué alegría más grande me has dado! No te puedes imaginar cuanto tiempo hace que no me dice eso una mujer.

    -Ya no será para tanto.

    -Lo es, bueno, si no me acompañas me quedo yo aquí, no quiero que te pase nada malo.

    No entendía mi actitud.

    -¿Por qué se preocupa?

    -Porque me caíste bien.

    La muchacha cambió de opinión.

    -¿Si lo acompaño se comportará cómo un caballero?

    -De eso no te quepa la menor duda.

    Ya en la habitación. La muchacha se bañó y puso por encima una camisa mía. Yo ya estaba metido en la cama de la izquierda tapado solo con una sábana. Vi sus divinas piernas casi en su totalidad y las tetas abultando bajo la camisa. Me coloqué de lado, ya que mi polla iba a su bola y se puso gorda. Al meterse en cama, me dijo:

    -Hasta mañana.

    Apagó la luz.

    -Hasta dentro de unas horas, mañana ya no estaremos juntos.

    Pasara media hora y no era capaz de conciliar el sueño. ¡Quién podría con un monumento en la cama de al lado! Sentía cómo la muchacha daba vueltas para un lado y para el otro en la suya. Tenía que dejar la caballerosidad aparcada en el monte del olvido. Me levanté y fui hasta su cama. Estaba boca arriba. Me arrodillé al lado de la cama, aparté la sabana que la cubría y le di un beso en un pezón por encima de la camisa. Puso una mano en mi frente y empujando, casi sin hacer fuerza, me dijo:

    -No haga eso, pare.

    Le quité un botón de la camisa y le besé el otro pezón. Sin quitar la mano de mi frente, volvió a repetir:

    -No, pare, por favor.

    Al no empujar con fuerza mi cabeza para separarme de ella me dio alas. Le quité otros dos botones y le lamí el pezón izquierdo.

    -Dijo que iba a ser un caballero.

    Le besé y lamí la areola y después chupé la teta.

    -Es como todos. Todos quieren la misma cosa.

    Se olvidaba del suyo que ni cumpliera aquella noche, pero seguí en silencio, lo mío era hablar con caricias.

    Le acabé de desabotonar la camisa. Le comí la otra teta (ya no ponía la mano sobre mi frente) y después estuve lamiendo, magreando y chupando ambas tetas hasta que sus pezones se pusieron tan duros que me podría quitar un ojo con ellos. Al bajar besando y lamiendo su cuerpo de piel sedosa, se puso de lado y dándome la espalda, me dijo:

    -No voy a dejar que su lengua profane mi sexo.

    Le levanté la camisa y lamí y besé su espalda por la columna vertebral, de abajo a arriba y de arriba a abajo. Después le baje las bragas hasta dejar su culo al aire. Puso una mano en el culo, y me dijo:

    -Es usted un enfermo.

    Le aparté la mano (no opuso resistencia), le separé las nalgas y pasé mi lengua por su ojete. Con sus manos y su cabeza apoyadas en la almohada, me dijo:

    -Cerdo.

    Seguí guardando silencio y lamiendo su ojete. Empujé su espalda a ver si se dejaba ir y se dejó. Al estar boca abajo, subí a la cama y arrodillándome con mis piernas a ambos lados de las suyas, le abrí las nalgas y lamí su periné y su ojete, luego se lo follé con la lengua. Sentí cómo se abría y se cerraba el ojete más aprisa. Se iba a correr. No quiso darme esa satisfacción. Se dio la vuelta, y me dijo:

    -Vuelva a su cama, degenerado.

    Sabía que no quería que volviera a mi cama, si quisiera que volviera ya se hubiera ido de la habitación.

    Fui de nuevo a por sus tetas. Esta vez se las devoré. Se las chupé, se las amasé, le mordí tetas y pezones (sin fuerza). La muchacha ya se dejaba. Cuando sentí sus primeros gemidos volví a bajar besando y lamiendo… Al llegar a su coño depilado, cómo tenía las piernas juntas, le pasé la lengua por la parte superior del capuchón del clítoris, era un clítoris grande. Al lamerlo sentí cómo se le escapaba un suspiro, suspiro que no llevaba mi nombre porque no lo conocía, si no, lo llevaría. Acariciando sus tetas con mi mano izquierda, lamí cantidad de vece el capuchón de su clítoris…

    Después tiré de él hacía atrás con un dedo y sentí en mi lengua el glande que asomara la cabeza cómo la asoma un caracol al sentir el calor. Estaba a oscuras y se veía muy poco, pero podía ver cómo la muchacha se mordía el canto de una mano. Poco a poco fue abriendo las piernas y mi lengua fue lamiendo la parte superior de sus labios y el clítoris en su totalidad. Cuando abrió las piernas del todo lamí su coño. Estaba encharcado de jugos espesos, jugos ricos, ricos, ricos. Apretando mi lengua contra él lo lamí con lujuria. Mi lengua fue de abajo a arriba cada vez más aprisa hasta que cerró las piernas de golpe, le comenzaron a temblar y sentí sus gemidos al correrse, gemidos que acallaban la mano que mordía.

    Al acabar de correrse le abrí las piernas sin que opusiera resistencia y lamí los jugos de su corrida. No paré ahí, seguí lamiendo, sin dejar de magrear sus tetas. Ahora lamía todo su coño y acababa pasando transversalmente mi lengua por el glande de su clítoris…

    Así estuve unos quince o veinte minutos, trabajando su coño hasta que se corrió de nuevo y le volvió el temblor de piernas y volvió a ahogar sus gemidos mordiendo el canto de su mano. Al acabar puse mi lengua sobre el clítoris, y apretando lamí haciendo círculos sobre él. La muchacha comenzó a mover la pelvis de abajo a arriba, de arriba a abajo, hacia los lados y alrededor con mi lengua apretada sobre su clítoris. Pasados unos minutos, comenzó a acariciar mi cabello con sus manos, y algo más tarde apretó mi cabeza contra su coño… Su respiración acelerada dio paso a los gemidos. Una de sus manos agarró la sábana y la apretó, la otra cogió la almohada y la mordió con rabia. La muchacha levantando la pelvis y se corrió en mi boca.

    No saqué mi cabeza de entre sus piernas ni dejé de lamer hasta que su respiración no volvió a ser normal, pero ya no podía comérsela más, mi polla latía y estaba empapada de flujos pre seminales, la cogí y se la froté entre los labios de abajo a arriba, le metía el glande en la vagina, lo sacaba y llegaba con él hasta llegar al clítoris… Allí se la frotaba igual que hiciera con la lengua… La muchacha se fue poniendo cachonda de nuevo.

    Metiendo el glande en su coño me cogió las nalgas, tiró hacia ella y la polla entró hasta el fondo. Comenzó a gemir. Sus gemidos eran dulces cómo la miel. Al rato sentí que me iba a correr. A la muchacha también le venía. Sentí cómo su coño apretaba mi polla. Sus manos cogieron mi cuello y llevaron mi boca a su boca. El placer que estaba sintiendo se reflejó en los besos que me dio. Besos de loca mientras se corría y al acabar besos de moribunda, y con los últimos besos me corrí dentro de su coño. Después de correrme me siguió besando y moviéndose debajo de mí… La polla fue engordando y acabó poniéndose dura de nuevo. Haciendo equilibrios porque la cama era estrecha, la puse encima de mí, la muchacha me folló tan despacito que parecía que me estaba acunando, acunando y dándome el biberón con aquellas deliciosas tetas.

    Tiempo después, cuando ya los dos estábamos maduros, encendió la luz, y me dijo:

    -Quiero ver tu cara cuando te corras.

    Me dio a mamar una teta y después la otra, me besó y después comenzó a darme caña para que me corriera… Cuando me tenía a punto paró de follarme. Se le cerraron los ojos de golpe, y dijo las palabras que tanto me gusta oír en los labios de una mujer:

    -¡Me corrooo!

    Tuve que taparle a boca con un beso porque sus gemidos eran escandalosos. ¡Cómo se corrió la muchacha! Fue una maravilla sentir cómo me bañaba la polla mientras yo le llenaba el coño de leche.

    Al acabar volví a meter mi cabeza entre sus piernas y lamí aquel coño que parecía un lago de leche y crema. La muchacha, acarició mi cabeza con sus manos, y me dijo:

    -Es muy, muy cochino. ¡Me encanta!

    Con mi lengua plana lamí sus labios mayores y menores de abajo arriba cómo si estuviera lamiendo un helado de nata. Luego lamí sus labios menores con la punta de la lengua aumentando poco a poco el ritmo. Después le chupé los labios. Más tarde puse dos dedos en la entrada de la vagina y presioné hacia bajo, la muchacha arqueó el cuerpo y agarró las sábanas con las manos, luego fui a por el clítoris y lamí el glande de forma circular. Volví a lamer sus labios menores y mayores.

    La muchacha ya apretaba con fuerza las sabanas. Metí dos dedos dentro de su coño, le acaricié el punto G, apreté mi lengua contra su clítoris y lamí de abajo a arriba. La muchacha arqueó de nuevo su cuerpo, su respiración se aceleró, sus gemidos se hicieron más intensos, dejó las sabanas, cogió la almohada con las dos manos y tapando la cara con ella se corrió cómo una loba en celo. ¡Qué rica estaba! ¡Estaba riquísima!

    Al acabar de correrse y quitar la almohada de la cara, me miró, se rio con ganas, y me dijo:

    -¡Fue increíble!

    Tenía una risa una forma de hablar que me encantaban. Le dije:

    -Podrías quedarte aquí el fin de semana.

    -No puedo.

    -¿Por?

    -Porque soy una mujer casada. Y ahora voy a dormir.

    Se puso boca abajo, echó el culo hacia arriba y lo movió hacia los lados un par de veces. Me estaba provocando y lo hacía con descaro.

    Me puse entre sus piernas, le froté la polla en el ojete, y le pregunté:

    -¿Has tenido algún orgasmo anal?

    -No.

    -¿Quieres que te la meta por el culo?

    Volvió a mover el culo hacia los lados con mi polla en la entrada de su ojete, y me respondió:

    -¡Qué pesado! Yo voy a dormir, haga lo que quiera.

    Lo que quise fue darle su primer orgasmo anal. Me puse cómodo, le abrí las nalgas con las dos manos y le lamí el periné, luego lamí periné y ojete, para pasar a hacer círculos con mi lengua sobre el agujero. Al tenerlo bien mojado, le metí dentro la mitad de mi dedo pulgar y se lo follé con él… Lo quité y se lo follé con la lengua. Le cayó el primer azote en el culo con la palma de la mano: «Plas». La muchacha estaba con un lado de su cara planchando la almohada y no se inmutó. Le levanté el culo y le froté la polla en el ojete. Le escupí en él, volví a frotar y despacito le metí la punta de la polla. Lo único que hizo fue cambiar la cara de posición en la almohada. Le di otros dos azotes en el culo, uno en cada nalga. Le metí la cabeza de la polla. Aquel culo fuera poco follado. Mi polla entrara más que a presión. Se la fui metiendo con una delicadeza exquisita. A cada centímetro paraba y le aba azotes en el culo. Paraba y sentía cómo el ojete latía. Al tenerla toda dentro la cogí por la cintura y la levanté.

    La muchacha se puso a cuatro patas, le eché las manos a las tetas y magreándolas fui subiendo el ritmo del mete y saca. La muchacha cuanto más aceleraba más cachonda se ponía y más alto gemía. Mis manos acariciaban sus tetas y pellizcaban sus pezones y mis huevos, cuan badajo, tocaban la campana, que en este caso era su coño. Tenía que parar para descansar o me iba a correr, y descansé, ya que la muchacha se derrumbó sobre la cama y se sacudió debajo de mí. Corriéndose, decía:

    ¨-¡Aaa, aaaa!

    Saqué la polla del culo y me corrí en su espalda.

    Al acabar de correrme lamí mi leche de su espalda. La muchacha se puso perra, perra, perra, y me dijo:

    -¡Métemela en el coño, métemela el coño!

    Mi polla ya estaba morcillona. La agarré con la mano para enderezarla y se la clavé hasta el fondo. Con ella a media asta, y otra vez a cuatro patas, me folló moviendo el culo cómo una perra. Mi polla fue cogiendo cuerpo, fue hinchando, se puso dura y entonces le di yo. Le di sin miramientos, le di para romperle el coño, y algo se debió romper allí dentro porque sentí cómo una especie de torrente bañaba mi polla, La muchacha agarró con sus manos las sábanas y con sus dientes mordió a almohada. Parecía una perra rabiosa moviendo la cabeza de un lado al otro con la almohada en la boca y queriendo romperla. No sabía si tomaba precauciones o no, pero le llené el coño de leche.

    Al acabar se fue a bañar. Se repitió la historia, volvió con mi camisa puesta, se metió en su cama y me dijo:

    -Hasta mañana.

    Le respondí:

    -Hasta dentro de unas horas, mañana ya no estaremos juntos.

    Media hora más tarde sentí que me estaban limpiando la polla con una toalla mojada.

    Quique.

  • Rompiendo el ano a mi novia

    Rompiendo el ano a mi novia

    En el relato anterior les conté la manera de perder la virginidad de mi novia. Ahora relato como perdió la virginidad, pero de su culo.

    Siempre había pasado por mi cabeza; ¿Qué se sentirá penetrar una mujer por detrás? quiero probar un culo, a mis 28 años nunca tuve una oportunidad de coger uno. Mi suerte cambió con mi novia Ana, ella es intensa, caliente, sexosa, cualquier sinónimo más correcto a su calentura. En realidad me encanta que sea así, con ella he experimentado demasiado, a pesar de que era virgen, lo lleva en la sangre… me gusta.

    Habíamos tocado el tema referente a que yo quería experimentar cosas nuevas, me encanta el morbo y cualquier experiencia sexual nueva que pase por mi cabeza. Al tocar el tema ella me comentó que sus amigas le habían hablado del sexo anal. Aquí todo cambio en mí “dije de aquí soy, es mi momento de brillar“. Ella me siguió diciendo todo lo que le contaban sus amigas referente al sexo anal. Después escuchar todas las experiencias sexuales de sus amigas fue cuando me animé y le dije “Oye amor yo siempre he querido saber que se siente penetrar a una mujer por detrás, me caliento solo con hablar de ese tema” ella me dijo “verdad que sí”…

    En nuestro viaje a León Guanajuato México, su virginidad por el culo terminó, pasamos la tarde conociendo la ciudad lugares turísticos como: El templo expiatorio; la catedral; la plaza de los fundadores; el arco; el zoológico… ya eran las 10 de la noche y le dije “tenemos que regresar está oscuro”. Pasamos por un callejón, la besé, la puse sobre el muro de una casa abandonada… le toqué sus ricas tetas… ella me dijo “nos van a ver, tranquilo”, lo cual me calentó y seguí tocando… bajé mis manos sobre su pantalón y lo desabroché, estaba súper caliente… estuve fajando con ella, la puse de rodillas y me la empezó a chupar muy rico, me encantó… después de un rato nos fuimos de ese lugar, directo al hotel, que esa noche aún seguían las sorpresas.

    Llegando al hotel, la empiezo a besar de nuevo, la empujo sobre la cama le pongo la verga en su culo y la sigo empujando (cosa que le encanta sentirla en su trasero) me levanta el culo y se pone en cuatro la perrita… le desabrocho el pantalón, se lo abajo hasta las piernas, me acerco al oído y le digo “te voy coger putita” se le empiezo a meter y le encanta sentirla toda en su vagina en 4… le sigo dando… ella me dice que no está cómoda que se va quitar la ropa y que se quiere subir arriba, que me quiere cabalgar… que me va dar el mejor sexo de mi vida, nos desnudamos los dos… ella se sube arriba como toda una putita que es y le encanta mover tan rico… intercambiamos posiciones le empiezo a dar y la veo a los ojos… esos ojos de satisfacción y esa voz gritando “dame más, cógeme, soy tu puta“…

    Le sigo dando me encanta cuando me dice eso, que es mi puta… al tocarle su vagina siento que esta súper mojada y le digo “estas bien caliente puta“ y ella me dice sí… En eso pasa por mi cabeza… pero esta vez no voy a terminar en tus tetas ni en tu espalda puta… hoy vamos hacer algo distinto… una experiencia nueva que tú y yo hemos querido hacer desde tiempo atrás…

    La volteo a ver y le digo “Te voy coger el culo”. Me levanto voy por el lubricante, le empiezo a meter el lubricante en su trasero… ella un poco sorprendida, en su cara se podía ver, pero yo seguía con lo mío estaba súper excitado, al terminar de lubricarla le digo que pare su culo que vamos a probar, al principio si sentía medio raro, se resbalaba, pero después de unos minutos de intentar, se la empiezo a meter despacio hasta que resbala y se la dejo caer toda… ella nomas hace una exclamación de “ahhhh”… y le pregunto “te gusta?”. No me dice nada, pero tampoco no me dice que pare y sigo y sigo… tan rico que era penetrar un culo… me encanta, su culo virgen, su culo tierno, su culo bello, era mío ahora. Después de un tiempo ella me dice “ya no, me duele”… se la saco, me quitó el condón, le digo que abra la boca, se pone de rodilla, le di lo que le encanta, se los dejé dentro de su boca.

    Esa noche siguió creciendo esa parte que me encanta de mi novia; su calentura.

    Espero que les haya gustado, no soy tanto de escribir, es mi segundo relato, cualquier sugerencia o que quieran platicar conmigo mi email y skype es [email protected]. Me daría mucho gusto tener nuevas amistades gracias a mis relatos. Esperen nuevos relatos de las aventuras que he hecho con mi novia.

  • Los relatos de Alazar (I)

    Los relatos de Alazar (I)

    Me llamo Brianna y esta es mi historia de cómo la zona roja de Ámsterdam me desvirgó.

    Así es, mi primera vez fue con un chico escort masculino, a mis 18 años. Todo comenzó cuando me fui de viaje con mi hermana para celebrar mi cumpleaños, se podría decir que el viaje más excitante de mi vida.

    Nosotras somos de una familia adinerada y veníamos de España y dominamos perfectamente el inglés, sabíamos que Ámsterdam era un lugar lleno de morbo, fiestas y diversión, así que decidimos escaparnos.

    El mismísimo primer día dio inició a nuestra aventura más grande, después de visitar el museo del sexo y ver muchísimas esculturas de forma fálica, pasearnos por las vitrinas de la zona roja y ver todo tipo de trajes de cuero, látex inclusive disfraces e invitaciones que daban mucho a desear.

    A mi hermana y a mi todos estos estímulos nos habían causado cierta euforia y emoción, decidimos entonces ir a divertirnos a un club.

    Mi hermana es mayor que yo y decía que los tíos de Holanda eran especialmente altos y que le molaba el rollo que tenían, pasaríamos la semana ahí, pero no podíamos esperar a salir a la caza.

    Regresamos al hotel y nos arreglamos, dos mujeres jóvenes, blancas, con vestidos pegados para fiesta, escotados, labiales, cabello bien arreglado y tacones.

    Yo en específico me vestí descuidando mi ropa interior, era virgen así que esto bien podría ser una confesión, tomé ropa interior deportiva, mis mallas negras, me puse un vestido encima era ajustado de arriba, pero bastante bueno para bailar, algo suelto de la parte de las piernas, de una tela escocesa roja, mi pelo lo llevo a la altura de mi mandíbula así que lo adorné alaciándolo y salí.

    La noche era increíble, mi hermana bailaba con un tío, mientras yo bebía, escuchaba la música y veía el espectáculo, hasta que por primera vez conocí a Alazar. Sentí que alguien me miraba y en cuanto giré mi cabeza era un chico/chica en ese momento no podía distinguir que bailaba y en cuanto nuestras miradas se cruzaron me incitaba a bailar con él…

    De su cara recuerdo lo blanco que era, como es propio de alguien de Holanda aunque no era tan alto, era delgado y llevaba un rollo muy moderno, pero tenía una singularidad que no me dejaba distinguir si era un tío o una tía.

    -Como sea ¿Qué puedo perder? Estamos de tranquileo…

    Pensé para mí misma y comencé a bailar con él, no tardamos mucho en darnos cuenta que lo que empezamos a hacer era provocar entre él y yo al pibe que mi hermana estaba intentando ligar, eso a mi hermana le causó especial gracia y nos fuimos a sentar, con Alazar, mi hermana y el tío alto.

    Tuvimos una conversación en inglés, algo torpe, pero resultó descubrimos que el nombre de «mi acompañante» ( o al menos así lo definió mi hermana) era Alazar.

    Alazar… ese nombre me sigue provocando que me lata el corazón más rápido, y pensar que en ese entonces yo en el veía poco más que un atrevido, energético y atractivo chico/chica.

    Me molaba no saber si era chico o una chica, y distinguir bien era imposible, cuando pudimos hacer que el tío holandés alto le preguntara, nos confesó ser hombre «effeminate» o «femboy», lo que vendría a ser afeminado o un chico que pensé sería gay hasta que él nos confiesa…

    -Soy un escort, es por eso que soy así, me mola el sexo y hago de todo, es sólo mi trabajo…

    -Eso es como lo que vimos en las vitrinas hoy, ¿trabajas ahí? Sin ánimo de ofender

    Veía que el otro chico se reía un poco de mí.

    -No, los chicos no podemos trabajar en las vitrinas, por cosas de leyes…

    -Ya veo, y… ¿les pagan muy distinto a los tíos?

    -Brianna! -interrumpía mi hermana.

    -Tía! Déjame conocer, soy turista V.I.P

    -Bueno, la verdad es que es muy distinto con cada cliente, por tiempo, fetiches, tipo de trabajo oral o algo más, vestido, ese tipo de cosas…

    -Podríamos decir que es un «trabajo duro»? -Reíamos, quizá por el morbo o por el alcohol.

    -Duro y rudo… -Decía mientras se giraba a ver mi rostro con una buena sonrisa, el chico me molaba y empezaba a caldear mi ánimo.

    -Ooohhh, venga esperó que nos robes al cliente aquí -Desviaba la atención al alto holandés.

    -No, no, parece que ya tiene una elección favorita -Decía mientras veíamos el tremendo morreo que mi hermana y el tenían, ciertamente era bastante cachondeo, los dos lo observamos por un momento en silencio.

    -Necesito ir al baño -me dijo Alazar finalmente.

    -¿Vas al de tías? ¿Podrías guiarme?

    Lo veo pensativo así que decido insistirle.

    -venga, seguro que puedes pasar eres idéntico a una mujer, sino sólo quédate afuera que tú eres el local aquí, dame un tour…

    En ese momento me sentí ruborizada por lo que hacía, se me había olvidado toda vergüenza y sólo pensaba en que estaba cachonda y quería a Alazar conmigo en el baño.

    -Venga -Me dijo llevándome de la mano a los baños de arriba avisé a mi hermana con una leve señal, pero todo pasó muy rápido.

    Una vez dentro del baño Alazar y yo nos veíamos al espejo.

    -Alazar… Es un lindo nombre, tu cabello plateado me encanta…

    -Oh gracias lo he cuidado muy bien para que quede así mi pelo.

    Me acerqué a tocarlo, pasando mi mano por su mejilla y acomodando el pelo detrás de si oreja.

    -Sí que sabes cuidar…

    Él se dejaba tocar el cabello para atrás de su oreja dejando que su sonrisa apareciera.

    Tenía que abrazarlo de la cadera y meterlo a un váter.

    Así lo hice entre risas.

    -Vaya, tiene un aroma delicioso sabes?

    Le dije en un tono más íntimo.

    -¿De verdad?

    Me dijo acercándose a mi, pegándose y oliendo mi pelo muy cerca de mi cuello, ponía su boca lo bastante cerca para parecer que me iba a poder.

    No podía aguantar más está tensión, quería a Alazar follándome…

    Al sentir la respiración en mu cuello hacia que sienta placer en todo su cuerpo entonces decidí bajar su mano para levantarle una pierna y acariciarle para así permitir que su enorme bulto tocará contra mi mano delicada.

    -Oh sí, de verdad.

    Le dije mientras comenzaba a frotar su bulto lentamente.

    Se sonrojaron sus mejillas, muy lindo

    Tienes tus manos tan suaves.

    Me decía mientras veía su pene por arriba del pantalón y lo ponía pegado haciendo contacto.

    -Oh gracias, algo más que te guste de mi?

    Cuando dije eso el decide mover un poco más su cadera frotando su pene contra del contra mis piernas abiertas hasta que al fin, se relame los labios lentamente…

    -Veo que te gustan estas caricias

    -Tu bulto también me gusta, sabes?

    Le besé mientras me frotaba contra su pene.

    Ese beso me hizo sentir especialmente caliente, no sólo me estaba frotando como una zorra, él era un escort y eso me hacía la zorra de un escort… algo muy sucio…

    -Seguramente lo que tengo te gustará aún más.

    Cuanto menciono eso decide responder su beso dejando que su lengua entrara adentro de la boca de el para comenzar jugar con la lengua lentamente.

    Nuestras lenguas se juntan y está todo muy húmedo, esto me calienta, me ruboriza las mejillas y me hace mover más violentamente la cadera contra tu pene.

    -hmmmf

    Se me escapaba un gemido leve, la adrenalina de estar en un baño podía conmigo.

    El movía su lengua más salvaje que antes permitiendo que su saliva se mezclara con la mía, al sentir esos movimientos me daba la señal de algo decidió así retirarse del beso para después ponerme en 4 contra la pared y empezar a subirme la falda.

    -Oh! Me parece que deseas más que solo frotarnos eh.

    Más húmeda no podía estar, aun así le dije que fuera con cuidado, no quería que me doliera.

    Estaba a punto de descubrir que Alazar era un experto. Después de sentirle metiendo mano y masturbándome con pasión me rendí, puse mis manos en la pared y le mire a los ojos, arquee mu espalda como un gato, mostrándote el culo.

    -Claro que quiero más de ti, enséñame.

    -Entonces te daré más. -Me dijo.

    Cuando dijo eso saco su enorme pene para apoyarlo entre mis nalgas frotándose entre ellas.

    -Sientes eso duro y grande ¿verdad?… ¿Sabes que voy a hacer con esto?

    Yo simplemente no sentía reparo alguno, estaba mojada y había perdido el control

    -Está enorme Alazar y me encantaría tenerlo dentro… soy tu perrita hoy, penétrame, por favor se gentil. -Confieso decirle entre gimiendo y en voz baja.

    -Así qué ¿solo por hoy serás mi perrita? entonces te daré todos los días para que lo seas siempre…

    Cuando dijo eso tomaba su pene para comenzar a penetrarle por el ano, lubricando con su dedo mojado de mis fluidos y un condón que se puso pero nunca note cuándo, teniendo que moverse lentamente.

    -Pero que haces? hhmf

    Alazar me hacía para atrás empujados lento contra su pene, buscando que entre todo y toquen mis nalgas con sus testículos, sonrojado y gimiendo, mientras yo le miraba agresivamente.

    -Querías que fuera delicado y un viaje inolvidable, no es así? Tranquila, confía en mí… seré tu dominante…

    Me relamía los labios mientras lo sentía comenzar a moverse un poco más rápido dándome embestidas fuertes causando que se escucharán aplausos por causa de su pelvis chocando contra las nalgas de él a la vez de sus testículos chocando contra mis jóvenes glúteos.

    No podía moverme y sentía mucho placer.

    -aaahhh… sí… así domíname fuerte hasta ser tu zorra…

    Él tenía una fuerte manera de embestir, y yo respiraba desesperadamente contra la pared levanta una mano y poniéndola en pose de «7» agarrando su nuca y con la otra mano me empezaba a masturbar la vagina, ya no aguantaba más…

    Al estar más cerca me dio besos en el cuello mientras continuaba moviéndose más y más salvaje dándome embestidas bien profundas.

    -Mmm… oh me voy a asegurarme que seas bien zorra hasta vestirte como una.

    Estaba segura que estaba desquitando algo personal y me encantaba.

    Movía mi cadera de manera que sus embestidas se sintieran y se vieran más sexy… Pero lo saqué por un momento, cogí mi mano y la puse en su pene, arriba de su mano, él pone la suya y agarrados de la mano lo masturbé al ritmo de sus embestidas anteriores.

    -Me vas a vestir tu a mi?

    -Sí, voy a vestirte hasta obligarte a llevarlo puesto cuando salgas a fuera.

    El jadeaba aún más del placer al sentir el cambio de ritmo entre mis caderas y la humedad de nuestras manos entonces su mano se movía junto con la mía en su pene para masturbarlo más rápido.

    -Vas a ser la mejor zorra de todas.

    -Shh oooghmf eso me excita tanto Nun… aaaah… Nunca nadie me lo ha hecho así…Quiero ser tu zorra, tu puta, tu jodida puta perra…

    Jadeaba y me mojaba, mi boca se llenaba de saliva, sus labios hinchados de excitación y su pene mojado de líquido preseminal.

    Pero entonces paramos un momento, cuando escuchamos el ruido de la puerta abriéndose, el baño había estado muy sólo y ahora había gente entrando, escuchamos su charla mientras Alazar puso su mano en mi boca y discretamente yo tome su pene, lo puse en la entrada de mi vagina y deje que el controlara, gemía en silencio para que no escucharan.

    Supongo yo que escucharme de esa manera hacia que se excitara mucho teniendo que tomarme de las piernas con sus manos y levantarme en una pose vergonzosa, teniendo que bajarme y subirlo penetrando más profundo aún.

    Una vez que salió la gente del baño.

    -Ahhhmmm… Entonces a partir de ahora serás mi fuckfriend más puta de todas, te abusaré tanto hasta que seas toda una femenina.

    La pose hacía que sus testículos se movieran de arriba a abajo, los sentía al golpear y yo el más que humillada sentía mucho placer de tenerle cogiéndome.

    -Ammh espero que me avientes tu esperma como a una buena zorra, estás tan fuerte y tienes un pene tan grande…

    Él se seguía moviéndolo hasta que comencé a sentir como su pene palpitaba adentro de mi yo algo perversa, me dejaba caer con fuerza haciendo que lo moviera aún más.

    -Ahhhmm… Te encanta verdad que sea fuerte y tenga este pedazo de carne enorme… mmm… Te pienso colorear la espalda como un depósito de semen de zorra que serás.

    -Por favor, por favor Alazar, quiero ser tu lienzo de semen… aaaah.

    Apretaba mucho mi vagina y deja caer todo mi peso sobre su pene, mi cara tenía una leve sonrisa de esperar su eyaculación.

    Al sentir todo el peso del trasero en su pene hacia bajo, él lo sacó e hizo que moviera mi cadera hacia arriba para comenzar a eyacular por toda mi espalda largando ese semen caliente y espeso.

    -Ahhhmm… Recibe bien mi semen… Mi zorra -Me decía lleno de sudor.

    No sabía cuántas veces me había venido ya para ese momento y sólo al pensar en su aliento, el ruido que habíamos hecho y las manchas que tenía, me entró mucha adrenalina y sólo pude decir.

    -E… ees demasiado.

    Sentía mi corazón latir y mi vagina palpitar.

    -Cómo a ti te encanta mucho semen para ti.

    Cuando dijo eso decidió prestarme su gran abrigo para tapar las manchas sentí sus manos en mis hombros y yo las mías las tenía en la pared.

    Sería como temblaban mis piernas y volteaba a ver a Alazar mientras el buscaba si había gente en el baño.

    -mmmm… Alazar me puedes llevar con mi hermana? -Decía, sin fuerzas para moverme del intenso orgasmo.

    -por supuesto, sí salimos de aquí hasta te daré mi número…

  • Liz la pelirroja

    Liz la pelirroja

    Mi vida había dado un giro inesperado, ¡había hecho a un lado a las mujeres y me había empezado a involucras más con transexuales! 

    Una de ellas, es Zulema, pero después de casi violarla en la calle, me dio una patada por atrás y me quito de su vida, pero en ese momento conocí a Lizet, una transexual pelirroja, de rasgos muy finos, unos ojos cafés claro y sus labios gruesos, ¡acompañada de unas tetas grandes y un muy buen trasero parado y listo para la acción!

    Liz: ¿Quien habla?

    L: ¿Hola, soy Luis, me recuerdas?

    Liz: Así, ¡el del Mazda del callejón!!

    L: ¡Ese mero!!

    Liz: ¡Dime, en que te ayudo guapo!

    L: ¡Quiero ver si estas disponible!

    Liz: En un par de horas lo estaré, ¡ahorita ando en la cocina ayudando a mi abuela!

    L: ¡Te doy mi dirección!

    Liz: ¡Vale nene!!

    Lizet dijo que llegaría en un par de horas, obvio contrete sus servicios de escort, pero quería ver si lograba algo más que contratarla, algo parecido a lo que pasaba con Zulema, así que me bañe, prepare una cena y espere impaciente a Lizet!

    Finalmente, aproximadamente a las 9 de la noche, me tocaron la puerta y era la bella transexual.

    Llevaba un minivestido ajustado color negro, unas medias negras en tacones y una chamarra de piel, ¡se miraba fantástica!

    L: ¡Hola, bienvenida!!

    Liz: ¡Hola, gracias!!

    L: Antes que nada, permíteme invitarte una cena, ¡tengo un pollo recién hecho y una botella de vino chileno!

    Liz: ¡Uhm, que galán!

    Serví la cena y bebimos unas copas, la charla era muy buena, me conto el momento exacto en que decidió ser mujer y algunas cosas que le habían sucedido, como que se iba a casar, que estuvo en una red de trata y cosas así.

    Finalmente pasamos a lo que fue a mi casa, puse un poco de música y le pedí me bailara, ella lo hizo, se movía muy bien, lentamente comenzó a quitarse su vestido dejándose solo en tanga brasear y medias, ¡se veía espectacular!

    Lentamente se acercó a mí, yo estaba excitado, mi verga lentamente se endurecía con cada movimiento de Lizet.

    Me quito mi camisa y me daba de besos en el cuello, para luego bajar su lengua a mis pezones, yo apretaba sus carnosas nalgas, le acariciaba las piernas, le besaba los hombros, ¡el ambiente era muy erótico!

    Me tomo de la mano y me llevo a la cama, ahí me quite mi ropa, desnudo totalmente al abrace por atrás arrimándole mi tranca dura, ¡colocándola en medio de sus ricas nalgas!

    Liz: ¡Que rico papi!!

    L: ¿Te gusta? ¡Porque no lo pruebas!

    Liz: ¡Uhm!! Acuéstate!

    Subí a mi cama y me acosté, lentamente ella se dirigió a mi dura verga para comenzar a darle sus chupadas.

    Comenzó con un muy rico masaje, luego su lengua se encontraba en mis entrepiernas, besaba mis huevos, ¡para luego meterlo que le cabía de ellos a su boca!

    L: ¡Ah, nena, uhm!!!

    ¡Introducía toda mi verga a su boca! Su lengua lamia dentro muy bien, me daba ligeras mordidas para luego aspirar todos mis fluidos pre seminales, ¡yo le apretaba la cabeza para metérsela hasta su garganta!

    Tomándola de su cabello, movía mi pelvis con fuerza, el sonido de mis huevos pegando en su cara eran excitantes, poco a poco comencé a sentir como mis huevos se inflaban y con una embestida más, ¡comencé a venirme en su cara!

    L: Ah, ¡corazón uhm!!!

    Liz: ¡Uhm, que delicia!!!

    L: Tómatela, uhm, ¡bébete mi leche!!

    Liz: ¡Que caliente y espesa, uf!!

    ¡Mi orgasmo fue maravilloso, yo seguía tan excitado que bese apasionada y salvajemente a la transexual!

    Liz: ¿Te gusto papi?

    L: ¡Mucho!

    Liz: ¿Quienes entrar?

    L: ¡Te quiero penetrar ya!

    Liz: Esta bien cariño, ¡pero ahora quiero que me hagas gozar tú!

    L: ¿Y cómo?

    Su respuesta me puso en un predicamento, me pido le chupara su pequeño pene, a ella le gustaba usarlo como su clítoris, quería que le diera unas chupadas antes de meterle mi verga.

    Yo dude un poco, jamás había pensado en meter un miembro a mi boca, sobre todo por lo macho que me consideraba, pero ella me alentó, me dijo que eso más que un pene era su clítoris y que necesitaba ser estimulado.

    ¡Yo estaba tan caliente que cerré mis ojos y bajé a su parte, comencé con lamidas como paleta, su sabor era extraño, entre limón y perfume, poco a poco introduje su cabeza a mi boca y lengüeteaba un poco torpe!

    Liz: ¡Ah, así papi, uhm!!

    Sus quejidos me aceleraban cada vez más, conforme pasaba el tiempo le iba perdiendo el asco y ya lo metía mi boca como si de un clítoris normal se tratará, lo apretaba y le empezaba a acariciar su ano, ¡para estimularla doblemente!

    Liz: ¡Ah, corazón!! ¡Así, uhm!!

    L: ¡Eso, goza!!!

    Liz: ¡Mi amor, que rico, uhm, me haces explotar!!!

    Mi verga se endurecía lentamente y más rápido le chupaba su clítoris, la muñeca se movía delicioso, mis dedos entraban en su ano abriéndolo cada vez más, de pronto ella lanzo un fuerte quejido y exploto, su pene comenzó a sacar pequeños líquidos transparentes, la transexual estaba en su orgasmo, su pasión me salpico un poco la cara y no pude evitar excitarme y lamer esos fluidos, ¡entonces como bestia la levante poniéndola en cuatro y comencé a penetrarla fuerte pero lentamente!

    L: ¡Toma, nena, uhm!!

    Liz: ¡Ah, si, que duro papi!!

    L: ¡Que rico culo, uf!!!

    Liz: ¡Ah, me abres toda!!!

    La penetraba muy rico, ambos gozábamos de lo lindo, Lizet movía muy rico su cadera, eso me daba una estimulación perfecta, ¡le apretaba sus duras tetas y me apoyaba en sus muslos para embestirla cada vez más rápido!

    Liz: ¡Ah, uhm, mmm, uf, agh!!

    L: ¡Eso, gime, uhm!

    Liz: ¡Que rica verga!!!

    L: ¡Es toda tuya amor!!

    Mis duras embestidas la tiraron en la cama, ella quedo boca abajo y yo en posición sentado empujándole con toda mi verga, se sentía riquísimo, su ano devoraba muy rico mi vega, sus gritos me ponían más salvaje, le jalaba el cabello, bajaba a morderle el cuello y la espalda, el daba de nalgas, ¡me estaba divertido como nunca lo hice con Zulema!

    Ella movía rico las nalgas, lo que en. producía aún más placer, sentí como nuevamente se me inflaban los testículos estaba por venirme nuevamente.

    L: ¡Ah, ahí viene, ahí viene mi leche!!

    LIZ: Ah, dámela papi, ¡dámela toda!!

    Comencé a venirme muy rico, ella gemía y disfrutaba mi semen en sus entrañas, ¡le jalaba el cabello y me movía para darle hasta mi última gota!

    El orgasmo fue maravilloso, me quede encima de ella descansando pro la acción, termino todo con una chupada fenomenal de la transexual, la que una vez terminada la acción, tomo sus cosas, me cobro y se fue.

    Yo me quede acostado meditando lo que acontecía y llegue a la conclusión, ¡de seguir probando con chicas trans!!

  • Camarero facilón (2): Mi jefe

    Camarero facilón (2): Mi jefe

    Lo que me pasó con el hombre que fue a jugar a la máquina tragaperras, era muy heavy. Pero peor fue irme a mi casa con la duda de si mi jefe había visto algo.

    Al día siguiente fui a trabajar de los nervios, nada más entrar vi a Manolo, mi jefe, detrás de la barra. Manolo estaba entre los cuarenta y cinco y lo cincuenta. Bien conservado. De vez en cuando lo veía llegar al bar con la mochila del gimnasio. De pelo moreno con alguna cana y barba poblada pero cuidada. Medía cerca de un metro noventa, siempre que me ponía a su lado me intimidaba y ese día más aún.

    —Hola Fer, ¿algún problema ayer con el cierre? —preguntó mirándome.

    —Hola, no, no, ¿qué problema iba a ver?

    Fui directo al pequeño almacén para cambiarme de ropa, más nervioso aun que antes.

    El día fue regular, las dos primeras horas no daba pie con bola, tiré varios vasos y una bandeja llena de cosas. Mi jefe solía ir por el bar, pero siempre se metía por la parte del almacén donde tiene un pequeño despacho o se sentaba en alguna mesa, pero ese día estuvo todo el tiempo dentro de la barra. Y la barra era estrecha… vamos, que estuve todo el rato rozándome con él.

    Con el trajín de gente se me olvidó un poco la situación y pude centrarme en el trabajo, pero en cuanto el bar se vació y solo estábamos mi jefe y yo, bueno… y el cocinero, empezó todo.

    —¿Le sacaron ayer algo a la tragaperras? —Preguntó.

    —¿Eh? Pues no me fijé —me sudaban las manos.

    —Vaya, era por haberle echado algo a ver si me da el premio. Tú que dices, ¿le echo a ver? —Me miraba fijamente con una sonrisa en los labios.

    —Se supone que no debes echarle a la máquina, te pueden multar si te pillan —dije mientras recargaba la nevera de refrescos.

    Los dueños y trabajadores no pueden jugar a las máquinas de su lugar de trabajo, ya que tendrían ventaja sobre si la maquina tiene más o menos dinero.

    —Está cerrado ya ¿quién se iba a enterar? Además… no me importa el premio que me pueda dar la máquina, prefiero otro tipo de premio —se acercó a mí y me tocó el brazo.

    —Yo… ¿Qué haces?

    —¿Qué pasa? Sí lo prefieres me la saco y te meo el suelo.

    Joder, lo había visto todo, estaba claro.

    —No, no sé qué me pasó, no volverá a pasar te lo prometo.

    Manolo soltó una carcajada y me agarró el culo.

    —Tranquilo, hace tiempo que sé que eres un poco puta. He visto a clientes esperarte a la salida y he visto como alguna vez has tardado más de la cuenta en el baño… ¿Te gusta comerla en el baño en horas de trabajo?

    Metió la mano dentro de mi pantalón y coló un par de dedos por el elástico del calzoncillo.

    Estaba dentro de la barra, con la nevera de los refrescos abierta a medio rellenar y mi jefe que me sacaba casi dos cabezas frente a mí, con su mano dentro de mi pantalón. Bajó más la mano y con un dedo tocó mi entrada. Di un respingo.

    —Está Brahim en la cocina —dije tragando saliva.

    Coló su dedo en mi ano y me hizo ponerme de puntillas. Se me escapó un gemido.

    —Ayer no te follaron el culo, pero hoy te lo voy a reventar —sacó el dedo de mi interior y se alejó de mí.

    Entró a la cocina para preguntarle a Brahim cuanto le quedaba. Este le dijo que estaba terminando de fregar y mi jefe le dijo que se diera prisa.

    Cuando Brahim terminó de fregar y de cambiarse, yo ya lo tenía todo hecho también. Salió del cuartito, me miró con una expresión extraña y se despidió.

    Manolo vino hacia a mí y me agarró de los dos brazos.

    —Putita, que ganas te tengo —me comió la boca y me mordió el labio inferior— arrodíllate.

    Obedecí y me puse de rodillas ante él. Lo miré desde abajo. Joder, como deseaba comérsela. Me ponía demasiado.

    Me acarició los labios con su dedo pulgar, me hizo separarlos y escupió dentro.

    —Bájame la cremallera, venga.

    Se la bajé y dejé caer el pantalón. Estaba duro y a duras penas podía contener el slip semejante rabo. Le pasé la lengua por encima de la tela y su gemido me indicó que le gustaba. Tiré de su ropa interior y liberé su polla que chocó con su barriga.

    —Buufff —dije cuando se la vi.

    —Te gusta ¿eh? Pues venga, come.

    Le lamí el capullo y deslicé mi lengua por todo su tronco. Que pollón tenía mi jefe. Lo miré y lo vi con la cabeza echada hacia atrás, resoplando.

    Me agarró de la nuca y empezó a meterme centímetro a centímetro todo lo que me cabía. No paró hasta que no me dio una arcada, a pocos centímetros de sus huevos.

    —Casi te la tragas entera. Tendría que haberte dado polla antes, pero no te preocupes… recuperare el tiempo perdido.

    Yo no podía hablar, mi jefe seguía follándome la boca.

    Cuando se cansó de que se la comiera, me levantó y me dio la vuelta. Empujándome contra la caja registradora que casi cae al suelo.

    —Ten cuidado donde te apoyas —me dio un azote en el culo para a continuación desabrocharme el botón desde atrás y dejar caer mi pantalón, seguido del calzoncillo— madre mía, como me lo voy a pasar con tu culo.

    Terminó de quitarse el pantalón que lo tenía en los tobillos, se quitó la camisa y me indicó que me desnudara yo también del todo.

    Ahí estábamos, mi jefe y yo desnudos detrás de la barra. La imagen era brutal y me abalancé a comérsela de nuevo con ganas.

    —Quieeeto —dijo riendo— ya sé que tienes ganas de polla, pero ahora la quiero en tu culo, levanta.

    Salimos de la barra y Manolo me dijo que me subiera a una de las mesas y me pusiera a cuatro patas. Lo hice y empezó a comerme el culo. Al sentir su lengua húmeda en mi ano, apretando por entrar, se me erizó la piel y comencé a soltar bastante precum sobre la mesa en la que al día siguiente comería alguien.

    Apoyé la cabeza en la mesa y fui a abrirme las nalgas con las manos, pero mi jefe no me dejó, me las apartó y me dio dos sonoros azotes que me hicieron gritar.

    —Baja —me dijo— túmbate boca arriba y arrima el culo al filo.

    Me sentía una puta ahí en mitad del bar, desnudo, ofreciéndole mi culo.

    Escupió en mi ano y metió un dedo de golpe. Grité más por la impresión que por el dolor, no me lo esperaba.

    —Como tragas, te han tenido que follar bien —metió otro dedo más.

    —Algo me han follado, si —lo miré y le sonreí.

    Ya está… ya estaba fuera de mí, ya se había apoderado mi parte putón, la cual cada vez me costaba más mantener a raya.

    —¿Cuánto tiempo llevas trabajando para mí?

    —Dos años va a hacer en breve —respondí dando un respingo, ya que no dejaba de sacar y meter los dedos.

    —Dos años —hundió todo lo que pudo los dedos— en los que te he tenido a mi alcance sin usarte —los sacó.

    Volvió a escupir en mi entrada y se escupió también en la polla, la guio hasta mi entrada, me agarró de la cintura y me preguntó si estaba preparado. Lo miré y cuando le iba a decir que sí, que estaba preparado, me la metió de una. Sentí sus huevos en mi culo y esa vez si grité de dolor. Me había roto.

    —Joder, que burro eres me has destrozado el culo. Que eso no es un coño.

    —Eso te gustaría a ti, tener coño. Cállate ya— me dio un guantazo que me pilló por sorpresa, pero que me gustó— te dije que te iba a reventar.

    La sacó entera y volvió a ensartármela de una. Joder, me estaba haciendo polvo, le decía que lo hiciera un poco más despacio, pero lo único que conseguía era que me diera más guantazos y eso parecía ponerle aún más.

    —Dos años pagando a una puta y sin follármela. Ahora por el mismo sueldo, aparte de trabajar de camarero te voy a follar cuando quiera, lo sabes, ¿verdad?

    No respondí. Estaba agarrado a la mesa con las dos manos, aguantando sus embestidas.

    —Responde cuando te haga una pregunta —me escupió en la cara.

    —Sssí, sí, seré tu puta por el mismo sueldo.

    —Ya lo sabía yo.

    Con su polla dentro de mí, se inclinó y comenzó a morderme un pezón. Empecé a gemir con fuerza, eso me ponía demasiado cerdo. Siguió subiendo su cabeza y cuando su boca se quedó a escasos centímetros de la mía, pensando que me iba a besar la abrí, para recibir un escupitajo en mi lengua.

    —¿Que pensabas que te iba a besar? —Soltó una carcajada, la cual cortó de golpe cuando sonó su teléfono móvil.

    Me la sacó y fue en busca de su teléfono móvil, que estaba sobre la barra. Me fui a levantar, pero me dijo que no me moviera justo antes de descolgar.

    —Dime Sofía… —se acercó de nuevo a mi— sí, sí… —me metió el capullo en el culo y me tapó la boca con mano— no, pero he tenido lio… —seguía metiéndomela poco a poc — sí, no tardo. —Colgó y dejó el teléfono sobre la mesa.

    Me agarró las piernas y se puso mis pies a sus hombros, agarrándolos y empezando un mete saca cada vez más rápido.

    —Me encantaría quedarme toda la noche dándote polla, pero me acaba de llamar mi mujer, así que tengo que terminar rápido.

    Joder, no sabía yo en ese momento que mi jefe tuviera ese movimiento de cadera, me estaba llevando al cielo. Qué manera de follar, que ritmo, que embestidas… que manera de bufar cuando empezó a correrse dentro de mí.

    —Venga, vámonos —dijo sacándomela del culo aun goteando.

    —Espera que me limpie un poco, que me has llenado de leche.

    —Que te vistas ya, no voy a follarte el culo en un mete saca rápido para que ahora tú te entretengas en limpiarte.

  • Chantajeando a mi madre

    Chantajeando a mi madre

    Mi madre se había levantado pronto de la cama, algo más pronto de lo habitual, yo mientras estaba en el jardín haciendo ejercicio cuando mi madre me pide desde la puerta de casa que entrara un momento, que quería hablar conmigo.

    Fuimos los dos al salón, mientras que yo de malas maneras le pregunto “¿qué quieres?”. En ese mismo instante me pide que lo que quiere es que deje de hacer el vago en casa y que ponga un poco de mi parte para ayudar, mientras me decía que ya que no hacía nada que por lo menos hiciera la casa. Entonces mi madre bastante cabreada conmigo, me pide que deje de vacilarla porque ella podía vacilarme a mí cuanto ella quisiera, mientras entraba en el salón la seguí.

    Me pidió que me sentara en el sofá, mientras ella se sentaba en una mesa pequeña para hablar cara a cara conmigo, me pregunta que porque tengo ese comportamiento con ella, mientras que yo le respondo que toda la vida he sido así, ella me dice que no era verdad que veía a cualquier chico de mi edad y no era como soy yo, entonces le pregunto qué era lo que quería para mí y me respondió sinceramente que lo que ella quería es que fuera una mejor persona, y que todo el mundo se sintiera orgulloso de tener a un amigo o un hijo como quería que fuera.

    Entonces le digo que quería una cosa, ella con una respuesta rotunda me pregunta “¿qué?”. Me sinceré con ella y le dije que lo que quería es verla desnuda, ella acepta aunque no muy convencida, empieza a desatarse la bata, se la quita quedándose en sujetador delante de mí, en ese momento mi sentido sexual se activó al ver el tamaño de las tetas naturales de mi madre.

    A continuación le pedí que descruzara las piernas, aunque no estaba conforme con la situación las descruzó gracias a mi persuasión, le dije que si se quitaba el sujetador y así me enseñaba algo sobre la sexualidad femenina poniéndola como excusa, al principio ella me dijo, que lo que había debajo del sujetador eran unos pechos como cualquier mujer, pero yo quería vérselos, podía ver la forma que le hacían y la verdad es que me gustaban mucho, pero que si no estaba conforme con ello yo me iba y no pasaba nada.

    Nada más levantarme ella me dijo que no pasaba nada, que me los enseñaría así que me senté de nuevo en el sofá. Al sentarme, me saqué la polla dura del pantalón y me ayudara, ella aceptó sin ningún problema, cogió un cojín y lo puso en el suelo para arrodillarse, se echó lubricante en las manos y acto seguido empezó a hacerme una paja, de repente mi mirada se centró exclusivamente en los pechos de mamá, cuando ella me dice que esto no formaba parte del trato que habíamos hablado previamente.

    La verdad es que mamá me frotaba el pene como una mujer experta, se veía que lo había hecho muchas veces. Como regalo para mi madre al terminar esa paja tan maravillosa que ella me estaba haciendo terminé corriéndome en su mano.

    Un par de días más tarde, mamá estaba en el baño en bragas y sujetador arreglándose el pelo mientras la observaba, al verme me dijo “¿qué estás haciendo?”, entonces entré en el baño, la verdad es que ese conjunto de bragas y sujetador rojo que llevaba puesto le quedaba bastante bien.

    El último día cuando mamá me hizo la paja, me pidió que nada de esto saliera de casa, ni se lo contara a nadie. Entonces le dije que hoy tenía ganas de que mamá me hiciera una mamada, para sorpresa de ella ante esta petición me dijo “¿cómo? ¡no!”. Le pedí que fuéramos a la habitación, yo la seguí, solo había que salir del baño y estaríamos en ella. Al llegar, ella se paró junto a la cama y empecé a tocarle el culo y acto seguido me tumbé en la cama mientras ella me quitaba los pantalones, y poco después se arrodilló para empezar a lamerme la polla, me gustaba como la chupaba.

    Más tarde, le pedí que me enseñara las tetas, porque me gustaba cogerlas. Estaba enfadada conmigo, y más si le dices a tu madre que siga con la mamada porque te la está chupando muy bien. Al terminar le empujé la cabeza hacia abajo para que le entrara toda la polla en la boca hasta que inconscientemente me corrí en su boca, tragándose todo el semen que había echado.

    Una semana más tarde, mamá estaba en el sofá relajada cuando me acerqué y le toqué el brazo, ella se asustó y al ver que era yo se tranquilizó enseguida, pero entonces le dije que llevaba todo el día cachondo pensando en ella cuando entonces me dice, “lo sé, esta mañana he entrado en el baño mientras te estabas duchando y te he visto bastante duro”. Yo no esperaba que ella me hubiera visto de ese modo, pero estaba equivocado, me había visto.

    Es entonces cuando le confieso que me había visto duro porque estaba pensando en ella, al confesarle esto ella sorprendida me dice “¡qué!”, le dije que soñaba con quitarle la bata que llevaba puesta mientras me acercaba para ver que ocultaba debajo de esa blanca bata que llevaba puesta, pero ella no me dejó, al menos de momento, cogí un cojín y lo puse en el suelo para que se arrodillara, y entonces le pedí que me hiciera una mamada como la que me había hecho hace unos días, ella sin palabras me dijo “¿cómo? cariño, esto se nos está yendo de las manos”.

    Yo le expliqué que nada de esto saldría de esta casa y que sería nuestro secreto fue entonces cuando aceptó, se quitó la bata dejándola en el sofá mientras observaba las bragas rosas que llevaba puestas, bastante curiosas, mientras también aprovechaba para fijar la mirada en sus bonitas tetas, enseguida mamá se llevó la polla a la boca, mientras me decía «te voy a hacer una mamada que no vas a olvidar jamás».

    Al cabo de unos diez minutos le dije que tenía unas ganas tremendas de tener sexo con ella así que se levantó y se quitó las bragas, observando el poquito vello que tenía en el chocho, lentamente se metió la polla por el mismo y empezó a cabalgarme lentamente a medida que cabalgaba más fuerte comenzó a gemir de placer, los gemidos se intensificaban cada vez más y más, la puse contra la mesa del comedor, penetrándola por el chocho. Unos minutos más tarde, mamá se tumbó en el sofá y continué follándola por el chocho, no paraba de gemir, diciéndome «sigue mi amor, no pares cariño» «sigue». Más tarde ella me pidió que la follara a cuatro patas en el sofá y hasta que me corrí en sus tetas.

    Al terminar el polvo ella me dijo, “estaba muy confundida contigo”.

  • El gusano y su Alteza

    El gusano y su Alteza

    Nos habíamos conocido a través de Facebook. Yo estaba separado, era una persona normal, trabajadora, humilde, y muy sumiso ante las mujeres.

    Seguramente fue eso lo que hizo que me lanzara en mi interior a conocer a mi Sublime y Excelentísima ALTEZA.

    Ella joven, Divina, Majestuosa, desde el primer segundo, demostró que era un ser superior, me daba millones de vueltas en todos los aspectos.

    Bendita Diosa, pensé… Dueña y Ama de todo mi tiempo y mi ser.

    Yo no la conocía personalmente, pero cada vez que ALTEZA se conectaba conmigo a través de Facebook, una extraña sensación, recorría mi cuerpo, y me hacía temblar ante ELLA, arrastrándome a sus pies como un gusano.

    Sabía que no podía aspirar a más, que ser su perro, su felpudo, su esclavo…

    Pero…qué más pedir, que servir a una Diosa tan Sublime como ELLA.

    Yo, de sobra sabía que ALTEZA, dominaba el mundo de la esclavitud, como nadie. ELLA tiene ese Don. Sabe extraer de sus perros lo mejor.

    Es única dominando, humillando hasta límites insospechados… Su excelso poder no conoce fronteras… Y yo era uno de los muchos candidatos a servirle de esclavo.

    Sabía que no iba a ser fácil, pues éramos muchos, queriendo estar a sus pies.

    ALTEZA siempre tenía muchos esclavos dispuestos a todo, incluso a entregar sus vidas, tan solo por poder lamer las suelas de sus preciosos zapatos.

    ALTEZA lo sabía… Siempre supo que tenía infinidad de perros, arrastrándose tras sus pasos. ELLA es única. Y todos sus perros sabemos que morimos por intentar alcanzar la única gloria nuestra, que es poder servir a la Sublime Dueña Imperial ALTEZA.

    Hacía tiempo que ELLA me había impuesto una dieta a través de sus correos, donde ELLA solía dar sus órdenes… Y a mí me ordenó entre otras muchas cosas, comer comida de perro, la que ELLA ordenaba, no valía cualquier comida, tenía que ser la elegida por ELLA y yo lo hice a rajatabla, siguiendo sus órdenes, milímetro a milímetro, segundo a segundo. No podía dejar pasar esa ocasión que la suerte y ALTEZA me brindaban. Yo me adaptaba a todas sus órdenes y exigencias que no eran pocas… Dormir en el suelo, beber mi propio orín, escribirle todas las noches antes de dormir 100 veces: “Muchas gracias EXCELENCIA, por permitirme ser su esclavo”

    ELLA decía que así Reinaba hasta en nuestros sueños y así era, pues al menos yo, muchas noches me despertaba sobresaltado, soñando con ALTEZA.

    Por fin llegó el día deseado, cuando mi Sublime Dueña Imperial, decidió conocerme. ELLA en persona me llamó al móvil… Todo mi cuerpo tiritaba, no podía creer que era ELLA… Pero lo era realmente y me dio unas instrucciones a seguir, pues había decidido querer conocerme, y me anuncio que estaría unos días a prueba atendiéndole a ELLA.

    ALTEZA fue breve, directa. Su voz no esperaba respuesta, eran órdenes que había que cumplir, sí o sí.

    ALTEZA me había citado en un Centro Comercial, cercano a su casa. Yo llegue 30 minutos antes, por si acaso surgía un imprevisto… Estaba nervioso. El corazón se me salía del pecho, daba vuelta y vueltas inquieto, hasta que ELLA me vuelve a llamar por el móvil, para decirme que acababa de llegar, que estaba justo en la zapatería de la primera planta (solo había esa) en esa planta, y me dijo: Tienes 2 minutos para reportarte a mis pies.

    Yo al minuto, ya estaba en la zapatería, me presente con la cabeza agachada las manos atrás… ALTEZA me observó durante un minuto, aproximadamente, Quizás algo más…

    Me hizo darme la vuelta sobre mí mismo, sin decir nada, yo estaba muy nervioso, ELLA lo notó enseguida, pero creo que le gustó… Y tras el primer examen, ALTEZA me dijo: Besa mis pies, gusano. Yo no lo podía creer, su primera orden, besarle los pies.

    Estábamos en el Centro Comercial era obvio que había bastante gente… Pero yo tarde milésimas de segundos en arrodillarme a sus pies para besarlos.

    Me levanté rápidamente, para ponerme a sus órdenes y ALTEZA me da dos bofetadas de ida y vuelta y me dice: Mal empezamos gusano, te he ordenado; besarme los pies, no los zapatos. Así que recuérdame cuando lleguemos a casa de darte tu merecido castigo. Y me gritó: Vamos escoria, te quiero detrás de mí, atento… Muy atento.

    ALTEZA compro varias cosas en el centro comercial y yo iba tras ELLA, con las bolsas en la mano… Después de un buen rato cargando con las bolsas, le pregunte a mi Sublime Dueña Imperial, si podía ir a por un cesto de compra para transportar las bolsas, y ALTEZA riendo me dijo: ¿Y para que te tengo a ti?

    Anda camina y recuerda una cosa: Te prohíbo tajantemente coger ninguna cesta, ni ningún carro, para eso te tengo a ti, inútil.

    Yo agaché la cabeza y le dije: Sí MI AMA, perdóneme. ELLA siguió tranquila viendo escaparates, mientras yo iba cargado con sus bolsas, tras ELLA. De repente veo que se para a tomar un café y no me atreví a decir nada. La esperé unos 15 minutos, de pie derecho, con sus bolsas en la mano, mientras ELLA se tomaba su café.

    Cuando vamos hacia su portal, ALTEZA me tira las llaves al suelo para que yo las recoja y le abra la puerta. Yo iba cargado con sus bolsas, pero enseguida entendí lo que tenía que hacer… y me adelanté para abrirle la puerta, haciéndole una profunda reverencia, ante su paso por el portal. Y volví a coger sus bolsas, mientras llamaba al ascensor. Pero ALTEZA me dijo: Tienes 2 minutos, pera subir al cuarto piso por las escaleras, los ascensores no se inventaron para los perros.

    Una vez que ALTEZA entró en su casa, salió rápidamente una perra de no más de 20 años a recibirla, se arrastró a sus pies, besando y lamiendo sus zapatos, como si le fuera la vida en ello. Se la veía extremadamente respetuosa, ante su Ama, Dueña y Sublime Señora.

    ALTEZA ordenó a su perra ir a por sus zapatillas, me las dio a mí, para que yo se las calzase y ordenó a su esclava, colocar todo lo de las bolsas.

    Yo de rodillas le dije: ALTEZA, Usted me ordenó que le recordase un castigo.

    ELLA me llevo a una habitación, insonorizada y bastante amplia, donde había de todo. Látigos, cañas, varas fustas, pinzas, esposas…

    ALTEZA me dijo: Desnúdate gusano y arrástrate por el suelo. Yo rápido me desnudé, solo me dejé el tanga puesto, pero duró muy poco puesto, pues ALTEZA me lo hizo quitar con cuatro bofetadas de ida y vuelta.

    Con la cara ardiendo y colorada me arrastré por el suelo como ELLA me ordenó. ALTEZA cogió una fina vara, y con ella empezó a golpearme sin clemencia, sin compasión, yo me retorcía una y otra y otra vez bajo sus golpes, que me producirán una quemazón y un escozor atroz.

    ALTEZA se recreaba viéndome sufrir bajo sus pies y yo recibía golpes por todas partes, esa maldita vara iba marcando mi espalda, mis piernas, mi culo, mis brazos.

    Era imposible poder protegerme, ALTEZA sabia utilizar esa vara y sacar provecho de cada golpe… Era evidente que mi Sublime Dueña estaba disfrutando del castigo, yo no podía protestarle, era mi primer día y antes prefería morir, que fallarle a mi Dueña. Y yo me retorcía una y otra vez a los pies de mi Excelencia, que se divertía haciéndome bailar al compás de la música que silbaba su vara.

    Cuando mi Ama se cansó de golpearme, tiró la vara al suelo, chasqueó sus dedos y con el índice señaló sus pies para que se los besara. Yo me arrastré para con devoción besar sus pies y darle las gracias una y otra vez.

    ALTEZA me dijo en un arranque de sinceridad: Eres patético, gusano. Anda, vete y dile a mi perra que te cure un poco. Quiero que te eche bien de alcohol, para que no se te infesten las heridas.

    Mientras ALTEZA tomaba un relajante baño, su perra estuvo curándome como pudo mis heridas… Y bajito me comento: Es muy buena castigando nuestra Dueña. Es la número uno… Y me sonrió.

    Pasado un buen rato, cuando ALTEZA decidió que había que dormir, nos llevó a su habitación y allí me ordenó quedarme de rodillas a los pies de su cama. Y me advirtió: No quiero que te muevas de ahí en toda la noche, ni para ir al baño. Tampoco podrás sentarte sobre los talones… Te quiero firme, recto, arrodillado, velando así mi sueño, toda la noche. Si yo en cualquier momento, abro un ojo y no te veo así, despídete de tu Ama, pues tengo suficientes perros deseosos de sustituirte.

    ELLA se metió en la cama con su perra, y yo disimuladamente pude ver cómo le retorcía los pezones, y pellizcaba los pechos a su perra, que aguantaba todo lo que ALTEZA quisiera hacer con ella. Cuando nuestra Sublime Dueña disfruto de los placeres que le había proporcionado su esclava, la echó de la cama, y la perra durmió en el suelo. Tuvo suerte que esa noche ALTEZA le permitió a su esclava utilizar sus zapatillas a modo de almohada.

    Y así pasé mi primer día al servicio de mi Sublime Dueña, Ama y ALTEZA.