Blog

  • El asistente de mi vecino

    El asistente de mi vecino

    Soy abogado, tengo 30 años y tengo mi despacho en un edificio de oficinas, y junto a mi despacho hay un consultorio Odontológico en el que trabaja un chico de 18 años el cual por cierto es muy atractivo, blanco, ojos azules y un cabello rizado y castaño que hace que se vea muy bien (me prenden los chicos jóvenes). Con este chico casi siempre coincidimos en el ascensor del edificio y noté que él me miraba de una forma un poco fuera de lo común, así que decidí empezar a hablar con él y darle confianza, hasta que un día me dijo que si podía consultarme sobre un tema legal le dije que claro que lo esperaba en mi oficina luego de las 18:30. La verdad lo hice con segunda intención porque sabía que a esa hora ya no habría nadie en el edificio.

    Para no hacerles largo el cuento, el chico llegó a la hora que quedamos y bueno como ya era tarde yo estaba solo así que me preguntó un tema del trabajo que la verdad no tenía mayor sentido, pero igual lo hablamos.

    Él se quedó mirándome como esperando a que yo tome la iniciativa lo que me tocó hacer porque en serio me gustó tanto que me acerque a él y mientras hablábamos le di un beso a lo que él me correspondió con sus delicados y suaves labios, besaba muy bien para ser tan joven, y pues mientras nos besábamos le metí mi lengua y empecé a jugar con la de él, luego lo tomé por la cintura y lo senté sobre mi escritorio y comencé a bajar besándolo por su cuello, le levanté la camiseta y le besé los pechos con mucha pasión.

    Era evidente que lo disfrutaba ya que él gemía de una forma tan sensual que no me podía resistir. Sin decirle nada le quité los zapatos y sentí sus pies que tenían un agradable olor, se los acaricié y luego le quité los pantalones y su bóxer que me dejó encontrarme un pene que cómo me lo suponía era blanco y cabeza rosada Ilana, limpio y eso me gustó.

    Vaya cuerpo definido que tenía, lo sentí al recorrerlo con mi lengua de pies a cabeza, y suavemente lo recosté en el escritorio, le abrí las piernas las puse sobre mis hombros y le metí la lengua en ese blanco y húmedo culito, se lo lamí tanto que él ya no podía más, gemía con desesperación y eso me ponía más excitado así que le dije que me quite mi ropa, lo cual hizo, solo me dejó mi corbata. Luego se puso de rodillas y me la empezó a chupar y a pasar la lengua por mis testículos tanto que por poco me vengo en su boca.

    Luego lo llevé nuevamente a mi escritorio y lo puse piernas al hombro, tenía su culito tan apretado que casi no logro entrar en el, pero cuando lo hice se lo metí una y otra vez mientras le besaba y lamía sus blancos pies (lo que me excita mucho porque tengo un fetiche por los pies de chicos jóvenes).

    Él me pedía que lo haga con más fuerza, así que lo puse en cuatro sobre mi silla gerencial lo que me facilitó embestirlo con más facilidad así que se lo hice de una forma salvaje mientras los penetraba le besaba la espalda el cuello y le mordía las orejas con suavidad y le decía lo mucho que me gustaba y cuánto lo estaba disfrutando el gemía con más intensidad lo que me puso tan caliente que no pude contenerme y me vine dentro de él.

    A lo que le dije que lo sentía y me respondió que no me disculpe que desde que me vio por primera vez se imaginó cómo sería que yo lo preñe, luego de eso él se levantó y pude ver que al ponerse de pie mi semen le corría por sus piernas, eso me excito demasiado así que lo senté en mi escritorio y yo en mi silla le abrí las piernas y empecé a hacerle un oral frenéticamente debo decir que tenía un pené normal pero grueso y de un sabor a limpio por lo que cuando dejo venir todos esos deliciosos y espesos chorros de semen de mi boca no dude en tragármelos.

    Luego nos vestimos y al despedirnos me dijo que le había encantado la forma en que lo hice mi y le gustaría que sigamos viéndonos, lo cual así lo hicimos ya les contaré en otro relato sobre nuestros encuentros.

  • Hoy me volví una chica mala

    Hoy me volví una chica mala

    Hoy me sentía rebelde, no quería ponérselo fácil a mi Amo, quería mostrarle mi lado “brat”. Las sumisas de este tipo disfrutan siendo desobedientes y desafiando a su Amo, buscan llamar su atención obligándole a luchar por mantener el poder. Y yo hoy necesitaba toda su atención…

    Estábamos acostados en la cama charlando de nuestra vida sexual y mi cuerpo anhelaba que me tocara, que me besara, que me tomara completamente, mis simples caricias no lograban calmar esas ansias, nunca lo hacían. Decidí robarle un beso y huir, quería que le costara, por más que deseara que me tomase en ese mismo momento.

    Él se encontraba sentado en la cama, así que me senté sobre él, rocé mi conchita con su bulto ya formado, y le di un buen beso, de esos en donde las lenguas se entrelazan, parecen que duran horas, que te roban la respiración. Cuando terminé el beso y noté que sus manos iban a agarrarme para obtener más de mí, me levante apuradamente. Movía el dedo índice de lado a lado, en señal de negación.

    “Hoy, Papi, quiero ser una nena mala” -dije con una sonrisa pícara.

    “¿Ah sí? Eso te va a costar caro, pequeña” -sentenció con una cara divertida. Se levantó y comenzó a acorralarme contra la pared, “Ya te tengo” -dijo robándome un beso, apoyando suavemente su cuerpo al mío.

    “Mmm, no, papi, todavía no.” Hui por debajo de sus brazos, volví a la cama me puse en cuatro provocándolo, meneando mi culo. Él mientras, miraba deseoso de pie al final de la cama, parecía un león acechando a su presa, a mí. Para provocarlo un poco más me recosté en la cama, abrí las piernas permitiéndole observar la humedad de mi entrepierna. Mi calentura se podía sentir en el ambiente y la de él igual, pero quería seguir jugando, solo un poco más.

    “Estas jugando con fuego, pequeña, si seguís jugando te vas a quemar, y te aseguro que no te va a gustar.” Su amenaza en vez de asustarme, me excitó muchísimo. Sus palabras lograron que mi concha se empapara más aún de lo que estaba antes. Así que cerré mis piernas, volví a ponerme en cuatro y gateando me volví a bajar de la cama, caminé sensualmente buscando que me siguiera, por suerte lo logré. Pero mi Papi se había cansado de que su nena se portara mal, así que me pegó a la pared con un poco de fuerza, golpeando mi espalda contra ella. Su mano fue hacía mi cuello apretándolo un poco, restringiéndome el aire y sacándome el resto con un beso apasionado, mis labios quedaron rojos, hinchados, deseosos de más.

    “A la cama, nena, es hora de que vuelvas a ser la nena buena de papi.” Creí que era hora, mi concha no podía estar más empapada, necesitaba a mi papi, necesitaba que me tomara de un vez aunque sabía, realmente, que lo sucesos anteriores me iban a costar caro.

    Fui hacía la cama, me recosté y esperé sus órdenes, que no tardaron en llegar. “Quiero tus manos estiradas por encima de la cabeza, las piernas las quiero abiertas y estiradas también.” Mientras me acomodaba él buscaba con qué atarme, una vez encontró unas corbatas, ató mis manos a la cabecera de la cama y los pies al final de la misma, quedando completamente inmovilizada.

    Se colocó a mi lado, sentado, posicionando su verga en mi cara, me ordenó abrir la boca y como la nena buena de papi, lo hice. Su verga llegó hasta mi garganta y en ese momento me dijo: “Quiero que te disculpes por ser una pequeña puta traviesa.” Traté de sacarme su verga de la boca para poder hablar pero me llevé la sorpresa de que eso no iba a ser así.

    “No, no, quiero escucharte decirlo con mi verga en tu garganta”

    Esa orden… Realmente me daba muchísima vergüenza decirlo, pero lo hice, ya no podía seguir portándome mal. No se entendía realmente, ni un poquito, y tuve que repetirlo un par de veces hasta que quedó conforme. Comenzó a cogerme la boca con rudeza, como si se tratara de mi conchita, de vez en cuando su verga iba completamente dentro de mi garganta, provocándome arcadas, aunque esto lejos de disgustarle le excitaba más y más.

    Continuó cogiéndome la boca, y mientras comenzó a torturar mi conchita dando unos azotes, al principio eran suaves, pero poco a poco comenzó a subir el nivel, aunque claro, nada que pudiera dañarme realmente. Estuvo un tiempo así, era constante, mi conchita muy sensible ya comenzaba a molestar los azotes. Con la verga aún en la boca, le suplique que parara. Lo hizo y lo agradecí. Saco su verga de mi boca y se posicionó entre mis piernas.

    Comenzó el martirio, la punta de su verga rozaba por toda mi conchita. No quería meterla aún, buscaba mi suplica y no faltaba nada para que lo hiciera gritando.

    “Hasta no escuchar tus disculpas, no me vas a tener dentro, pequeña”

    Ya súper suplicante le respondí “Perdón, papi, lamento ser una nena mala.” Sentí la cabeza de su verga entrando en mí, lo que provocó que en la habitación se escucharan mis disculpas. “Perdón, papi.”, “Mmm, perdón mi Amo, perdón.”

    “Sí, así, pequeña, muy bien.” Diciendo esto su verga me penetró completamente. Comenzó a cogerme salvajemente, lo estaba disfrutando completamente, lo deseaba tanto.

    Sus embestidas provocaban que se escuchara un chapoteo de lo empapada que estaba mi conchita. Sus manos fueron hacia mis pezones a los que torturo a su antojo. Estiraba mis pezones, los apretaba, chupaba y mordía, dejándolos totalmente duros, esto no hizo más que excitarme.

    Sin parar me dijo: “Imagino que te arrepentís por tu comportamiento, ¿verdad, nena?” Realmente no me arrepentía ni un poquito, gracias a mi conducta estaba recibiendo la mejor cogida de mi vida, nunca había estado tan excitada como ahora, así que no mentí con mi respuesta.

    “No, Papi, no me arrepiento de mi manera de actuar.” Lo miré a los ojos diciéndoselo, como retándolo, mi lado rebelde había resurgido, y si bien me encantaba, me daba un poco de miedo como podría llegar a reaccionar mi Papi, puesto que estaba a nada de llegar a mi éxtasis.

    “¿Así qué no? Entonces por ser una nena mala no vas a tener tu premio, no vas a poder acabar, no hasta que noté un verdadero arrepentimiento.” Su verga salió de mí, y nuevamente comenzó a torturarme con rozando la punta por mi concha.

    “Noo, papi, perdón, ya estoy cerca… No lo voy a volver hacer”

    “No te creo, pequeña, vas a tener que convencerme. Decime ¿a quién perteneces? Y ¿cuál es tu sitio?”

    Continuaba acariciando con su verga mi conchita, jugando con mi clítoris.

    “Soy completamente tuya, y siempre debo estar a tus pies, papi. Perdón, me arrepiento mucho, prometo no volver hacerlo, por favor, papi”

    “Muy bien, nena, te creo”. Su verga de pronto se encontraba dentro de mí, penetrándome como nunca antes. Su verga entraba y salía, constantemente sin parar, sus manos fueron a mi cuello, limitando la respiración. Esto fue el éxtasis para mí, me provocó suplicar, necesitaba su permiso para entregarle todo mi placer.

    “Papi, estoy muy cerca, ¿me das permiso, por favor? Ya no puedo más”

    “Todavía no, pequeña, decime que de quién sos”

    “Soy tuya, papi, por favor, no aguanto más”

    “Acaba para mí, pequeña, acaba conmigo. Toma toda tu lechita, tu premio.”

    Gimiendo y jadeando nos dejamos llevar entregándonos completamente al placer. Mi cuerpo temblaba, se permitió soltar todo lo que llevaba reteniendo por la espera, la felicidad, la satisfacción que invadió mi cuerpo era realmente indescriptible, no podía creer lo bien que me sentía.

    “Muchas gracias, papi, me encantó, te extrañaba muchísimo”

    “De nada, nena, a mí también me encantó. ¿Viste que si sos una nena buena tenés recompensa?”

    “Mmm, sí, papi, pero es divertido, a veces ser tu nena traviesa y un poquito mala”.

  • Un bukkake para dos (Andrea y Marcela consiguen empleo)

    Un bukkake para dos (Andrea y Marcela consiguen empleo)

    Andrea y Marcela estudian el cuarto semestre de Administración, a sus veinte años, ambas roban suspiros en la universidad. Andrea mide 1.64 delgada, atlética, con unas piernas hermosas que, con esas nalgas redondas y duras la hacen ser una de las chicas más hermosas de su escuela. Marcela es más bajita 1.55 aunque la altura la compensa con unas nalgas prominentes que al menearlas por donde sea, logra que todos volteen a mirarla. En la fiesta de cumpleaños de su tío, conoció a don León, un tipo dueño de una importadora se portó muy amable con ambas.

    —¿Entonces estudian administración? —Pregunto con un acento norteño muy marcado.

    —Sí, vamos en cuarto semestre —ambas asintieron sonrientes, siempre eran coquetas y más aún con los señores a los que ellas veían como prospecto a ser su sugar daddy.

    —En mi empresa necesito quien me ayude, jóvenes con hambre de crecer —les dijo sonriendo repasando sus cuerpos con la mirada de la cabeza a los pies.

    —Pues debería darnos trabajo —Dijo Marcela sonriendo y mordiéndose el labio.

    —Vayan a mi oficina —dijo mientras les daba una tarjeta de presentación. Preguntan por el director general. Que obviamente era él. Se fue a seguir saludando a sus amigos y ambas se miraron con esa sensación de picardía.

    —¿Vamos? —le dijo Andrea pegándole una nalgadita.

    —¡Vamos! —respondió Marcela.

    Pasó una semana para que se decidieran a ir, la mamá de Marcela les dijo:

    —Pues vayan, no pierden nada. Ahí trabaja tu tío Manuel y le va muy bien.

    El lunes por la tarde en cuanto salieron de la universidad se dirigieron a las oficinas de don León, cuando llegaron la secretaria, una señora regordeta y mal encarada las miro de arriba abajo.

    —Si díganme —su voz era peor que su cara, seca y agresiva.

    —Venimos a ver a don León —Dijo Andrea que llevaba una blusa con un breve escote y una falda azul marino arriba de sus rodillas ajustada a su figura y que lograba que sus piernas lucieran aún más hermosas.

    —Nos dijo que viniéramos a verlo —dijo Marcela con una sonrisa nerviosa. Marcela llevaba un vestido corto que con el andar se subía y mostraba el meneo de sus bellas y redondas nalgas.

    —Pues no está, y no estamos interesados en lo que vengan a vender.

    —No venimos a…

    En ese momento vieron bajar de su auto a don León quien al verlas sonrió de oreja a oreja.

    —Hola niñas, bueno… niñas ya no —dijo mirándolas por todos lados.

    —Hola

    —Marthita, van a trabajar conmigo. Les haces su gafete y las incluyes en la nómina.

    —Necesito su documentación —dijo de mala gana la recepcionista.

    —En la semana te los traen, ¿verdad? —Ambas asintieron sonrientes—vengan les muestro su área de trabajo.

    Los tres subieron al elevador mientras él hablaba por teléfono en dos teléfonos diferentes.

    —Si si Rodríguez, tenemos que traer ese embarque, ya deposite los dos millones de pesos —tomó el otro y siguió hablando con naturalidad— Claro, es un acuerdo con los japoneses. Ya mande a Joaquín para Le negociación… si, está en Tokio y esperemos cerrar el trato en quince días a más tardar.

    Ambas lo miraban con un brillo especial en los ojos, entonces el guardo sus teléfonos y las tomo de la cintura, bajando sus manos hasta sus nalgas.

    —Como verán, aquí les va a ir muy bien. Si ustedes quieren claro —Ambas sintiendo esa mano madura en sus glúteos sonrieron entre sí también con él. Los millones y los negocios les resonaban en la mente.

    —Humberto, te presento a nuestras nuevas asistentes. Van a venir por las tardes y espero que terminando su carrera se integren a la empresa —Humberto era un señor de más o menos la misma edad de León, un tanto regordete, canoso y con mirada lujuriosa. Las miraba de arriba abajo sin pudor alguno.

    —Bienvenidas, que bueno que traes sangre fresca, acá ya parece casa de retiro —ambas rieron mientras seguían siendo devoradas por la mirada de ambos.

    —Mándales poner allá un par de escritorios, computadora. Bienvenidas.

    —¡Enseguida! —respondió Humberto mordiéndose los labios como si tuviera frente a sus ojos el mejor manjar del mundo.

    Pasaron los días y ambas se fueron habituando al trabajo, que para ellas consistía en sacar copias y llenar formatos de envío y entrega, veían los ceros en los cheques que se depositaban y llegaban, eran demasiados. El viernes conocieron a Joaquín, el único por ahí que no rebasaba los cincuenta. Humberto, Joaquín, León, Félix, Jorge y Manuel el tío de Marcela se encerraron por unas dos horas en una junta. Algo de una negociación con un consorcio japonés. Cuando termino, todos salieron sonrientes, Manuel se acercó a saludarlas.

    —¡Mira nada más! —Abrasó a Marcela— Parece que fue ayer que las vi jugando con muñecas, ahora ya todas unas ejecutivas.

    —Gracias tío.

    —Nos vemos pronto, voy a llevar a tu tía a cenar. Adiós hermosas.

    Apenas se fueron todos, don León las llamo a su oficina. Estaba sentado sonriente.

    —Joaquín, el que fue a Japón. Me trajo varias cositas. ¿Les gustan los iPhone?

    —¡Si! —respondieron ambas.

    —Pues primero cierra la puerta —Andrea la cerró de inmediato.

    —Segundo, ¿quiero saber si están comprometidas con la empresa.

    —¡Claro! —Respondieron.

    —Vamos a ver, vengan por sus teléfonos —Recorrió su silla y tenía la verga de fuera, ambas se miraron, ya tenían el ritmo cardiaco acelerado, fue Marcela la primera en acercarse, se arrodilló frente a él, Andrea con un poco de dudas hizo lo mismo. A Marcela después de comprarse ropa y zapatos, lo que más le gustaba era mamar una buena verga. Así que con toda la malicia posible junto saliva en su boca y escupió sobre la verga León, mientras la masajeaba lamia la punta sin quitarle la vista a él, Andrea ya a un costado esperando su turno para chupar la verga de su jefe.

    Acorde con su nombre, la verga de León era muy grande y gruesa. Mientras Marcela metía con dificultad la punta en su boca, Andrea daba pequeños besos en el tronco. Lamiéndole las bolas, el seguía riendo, sobando sus cabezas.

    —¿y me tarde una semana? ¡Que pendejo! —mientras Andrea tomaba su turno, Marcela le recogía el cabello para que el pudiera ver como esa boquita fina se comía si verga, empujaba su cabeza, aunque por más esfuerzo sólo lograba llegar a la mitad de aquella enorme verga.

    —Haaag! ¡Haaag! Me vas a ahogar pendeja!

    —¡Voy! —Dijo Marcela y con un esfuerzo que se veía refrenado en las lágrimas que escurrían en sus mejillas, casi logró meter por completo aquella verga.

    —Haaaagh! ¡Hag! ¡Hag! El sonido gutural que emitía por el esfuerzo ponía más cachondo a León que empujaba su cabeza. Andrea volvió a su intentarlo sin éxito. Ambas se ocupaban de mamar y chupar sin dejar una sola parte de esa verga a salvo. Cuando don león sintió que se venía, Marcela chupo sin sacar aquella verga de su boca y recibió todo el semen, chupo hasta dejarla limpia y luego jalo a su amiga. Se besaron compartiendo el semen y tragaron cada quien su parte.

    —¡Van a llegar muy lejos en la empresa muchacitas!

    —No le diga a mi tío…

    —Ja ja ja niña, el té recomendó. ¡Te trae hambre!

    —¡Pinche tío Manuel!

    —¡Te dije que siempre te andaba sabroseando ese pinche viejo! —Le dijo Andrea mientras se limpiaba los labios.

    —Pues niñas, ahí están sus teléfonos. El martes tenemos junta, para preparar lo de Japón y las quiero a ambas aquí, espero que mantengan el compromiso con la empresa —sonrío sátiro y se acomodó la verga en el pantalón. Ambas se fueron al baño con su caja de iPhone en la mano.

    —Se la vas a mamar a tu tío.

    —¡se la chupas tu pendeja!

    —¿que… no estás comprometida con la empresa?

    —Cállate… pinche pitote no mames se la chupo gratis.

    El lunes llegaron a trabajar y luego de saludar a la recepcionista que les contestó con un gruñido, subieron el elevador, antes de que cerrara subió Joaquín.

    —¿Entonces fuiste a Japón?

    —Hola, si… pues hablo bien el inglés el japonés, italiano y alemán.

    —¡órale!

    —dime, ¿cómo se dice buenos días en alemán?

    —Pues así, bue nos di as en a le man.

    —No seas mamon, estallaron los tres en carcajadas.

    —Guten Morgen

    —Míralo quien lo viera, tú vas a estar en la junta de mañana.

    —Sí, aunque no soy socio. Solo son cuatro, tu tío y yo solo somos puentes. Tu tío con los políticos, aduanas y yo en el extranjero. El capital es de los otros cuatro.

    —¿Tienen un chingo de lana? —preguntó Andrea.

    —Y se van a cagar en billetes si se hace el negocio con los japoneses.

    —¡Guau!

    —Va a crecer mucho la empresa, no se despeguen. Seguro tendrán varias opciones de crecimiento en la empresa —se abrió la puerta y se despidieron entre risas.

    —Pásale Joaquín, ¿qué me tienes?

    —puras buenas noticias Jefe.

    Por la tarde, antes de salir León se acercó a ellas.

    —Mañana vénganse arregladitas, que se vean bonitas. Ya saben, vienen los socios.

    —Claro —contestaron ambas.

    Para el martes llegaron ambas en falda corta y blusa. Parecían colegialas, solo les faltaban las calcetas. No vieron a nadie hasta las cuatro. Abrieron la sala de juntas que era una mesa redonda de cristal con sillas al rededor.

    —Pásenle niñas, ya va a empezar la junta —dijo León, mientras todos entraban con folders bajo el brazo.

    —Bueno pues el presupuesto ya está, solo falta ver embarque y la cotización de mercado para el producto —dijo Joaquín mientras ellas se acomodaban a un costado.

    —Mijas, ¿qué hacen allá?

    —Pues, ¿Entonces dónde? —todas las sillas del rededor de la mesa estaban ocupadas.

    —¡Ustedes van aquí abajo!

    Ambas se miraron sorprendidas mientras todos sonreían.

    —Pero…

    —Pero nada, quítate Joaquín para puedan acomodarse ahí abajo —Dijo mientras se sacaba la verga.

    —Marcela entro a gatas, se podía ver su culo, comiéndose una tanga negra. Luego Andrea la siguió. Los cuatro socios tenían la verga de fuera.

    —¿Se la van a chupar entre ustedes? —Les dijo León a Joaquín y al tío de Marcela.

    —No… Pero…

    —El pastel es para todos, ¿o no quieren?

    Joaquín se bajó el pantalón, el último fue el tío de Marcela que cuando dejó ver si verga, ya estaba bien dura.

    Mientras ambas chupaban verga, Andrea le señalaba la de su tío, con señas la invitaba a chuparle el pito a su tío, Marcela negaba con la cabeza. En la mesa discutían costos, hablaban de cifras, tiempos de entrega y ganancias.

    Andrea se tomó su tiempo con Joaquín, le gustaba y siempre olía bien. Además que era el único joven en esa mesa. Marcela se entretenía con León, esa verga la tenía enamorada. Los demás tenían apenas un poco de atención de aquellas boquitas. Aunque el tío de Marcela ya estiraba la mano para tocarle el culo a su sobrina. Sobando por encima de su tanga y palpando la humedad que emitía su conchita. Ella sin percatarse levantó su culito, para recibir aquellas caricias. Andrea soltó una risita pero pronto sintió en su culo un par de manos, otra le desabrochaba la blusa. Sobando sus pezones pequeños.

    —¡aaah! —Marcela ya gemía sin saber que el que provocaba ese placer era su tío. Se dio vuelta tomando la mano que frotaba su sexo y fue hasta su verga, miro arriba y vio a su tío chupando sus dedos mojados con sus fluidos. Y metió toda su verga en su boca. Chupo como loca y vio cómo su tío cerraba los ojos a causa del placer. Andrea se acercó y le dijo al oído.

    —¿No que no putita? —Marcela chupo aún con más frenesí.

    Felix, uno de los socios no resistió y levantó a Andrea como si fuera un gato, la puso sobre sus piernas, luego de quitarle su tanga le dijo:

    —Levanta el culo —Ella obedeció y sintió como, luego de separar sus nalgas la lengua de aquel señor le lamía la cola— Sabe a nuevo cabrones.

    —Haaaa! ¡Haaaag! —Apenas pudo, Humberto metió su verga en su boquita. Con el mínimo movimiento por la posición, Andrea chapaba y disfrutaba de aquella lengua que ensalivaba sus agujeros. Jorge levantó a Marcela, no le dio tiempo de nada, la recargo en la mesa de cristal y le metió la verga.

    —¡huuuug! —Pujó Marcela cuando entró por completo, frente a ella su amiga chupaba un par de vergas y un viejo le lamía por todos lados con la cara hundida entre su hermoso culo. Su tío le sobaba el cabello mientras sonreía y esperaba turno para poseer esas nalgas que deseaba hace años.

    —¡aaah!

    Leon jalo a Andrea y la recargó de igual manera en la mesa, estaban frente a frente, solo que la cara de Andrea se transformó por el dolor que le provocaba aquella enorme verga.

    —¡Haaay!

    —Compadre la va a matar, le dijo Félix bromeando. Marcela sintió un par de nalgadas, miro atrás y vio a su tío aferrarse a ella.

    —Por fin viejo cabrón.

    —Te dije que me la iba a coger compadre. Está bien buena mi sobrina, ¿qué no?

    —¡aaaah!

    —¡aaah!

    La sinfonía de gemidos y bufidos era digna de una porno, iban tomando su turno para penetrarlas. Aunque aumentaban si León era el que metía su verga.

    —¡aaah!

    Sentían su aliento, se miraban cómplices de aquella orgia. El primero en terminar fue Humberto, mojándole las nalgas a Andrea, luego Félix frente a el le chorreó las piernas a Marcela. A quien su tío le daba su verga nuevamente, tan rápido y fuerte que apenas logró sacarla para que sus chorros de semen le mojaran la espalda. Jorge seguía cogiendo a Andrea mientras Joaquín tomaba turno de Marcela, Joaquín embarró su semen en las nalgas de Andrea. Mientras Joaquín seguía sin parar con Marcela.

    —Mira pinche Joaquín le sabe a todo el cabrón dijo León mientras tomaba a Andrea y la acomodaba sobre un sillón.

    —Levante el culo mija —Le dijo mientras aprisionaba su cabeza. Un hermoso panorama aquel culo mirando al cielo.

    —¡haaaay!

    —Pues quien le manda tener tan chiquita la panocha mija —Mientras Andrea sufría los embates de León, Joaquín terminaba sobre la espalda de Marcela.

    —Vengase pa’ca mija, ahí al lado de su amiga y culo pa’rriba.

    En cuanto se acomodó, cambio de culo, ahora era Marcela la que gemía de dolor.

    —¡Haaay!

    Cuando regreso con Andrea, fue un poco más doloroso, busco su colita, que se resistía, pero a la fuerza fue cediendo ante aquella verga descomunal.

    —¡no mames no mames haaaay!

    —¡Aguante mija! —Después de poco los quejidos convirtieron en gemidos, mientras todos miraban y Marcela espera su turno.

    —¡Vamos contigo mamacita!

    —¡Hay no mames despacio me vas a partir en dos! ¡Haaa! Aaah! Siii!

    Por fin termino, mojando ese par de nalgas frente a el, sus socios ya vestidos seguían sonrientes celebrando el cierre del negocio y, a sus nuevas asistentes.

    Después de arreglarse, salieron del baño, ya solo estaban León y Joaquín. Ambos las miraron como si ahí no hubiese pasado nada y siguieron revisando números.

    —¡No mames te cogiste a tu tío!

    —Ni me digas, quiero ver con qué cara va a las reuniones familiares.

    —Pues ojalá no lleve esa con la que te dio verga mija porque se divorcia.

    —¡Cállate pendeja!

    —¡Puta!

    —¿perdón? —Ambas rieron platicando todo lo qué pasó ese día, el lunes la recepcionista les entregó su tarjeta de nómina, recibirían su primer depósito el viernes. Subieron y otra vez las alcanzo Joaquín.

    —¿Ya les dieron su tarjeta?

    —Ya, el viernes nos pagan y no sabemos ni cuanto vamos a ganar.

    —No no, esas que les dieron ya tienen saldo. Solo no gasten todo. Les ponen como veinte a la semana.

    —¿Veinte que…? —preguntó Andrea.

    —Veinte mil, en la mía ponen como cincuenta, es que la mamo más rico.

    —¿que?

    —No, Es que viajo y ahí van mis gastos, aviones, hotel y demás cosas. Y seguro alguna compensación por su buen desempeño y servicio —le guiñó el ojo mientras bajaba del elevador.

    Por la tarde fueron al cajero para activar su tarjeta y ver su saldo, tenían treinta y dos mil pesos.

    —¡No mames!

    —¡Pinches viejitos les vale verga el dinero!

    Se fueron a comprar ropa, Andrea compro ese vestido que quería desde la navidad. El fin de semana salieron de fiesta. Para sorpresa de Marcela. Andrea pasó por ella en su auto.

    —Mírala, no me platicaste de esto.

    —Salió de repente.

    Los tres bailaron y bebieron hasta la madrugada, terminaron en el departamento de Joaquín donde los tres se desnudaron en cuanto entraron. Rodaron por el piso hasta besarse los tres mezclando su saliva, luego ellas compartieron su verga como si fuera un caramelo. Mientras el se metía entre sus piernas y chupaba sus panochitas húmedas. Andrea se montó sobre su verga y Marcela sobre su cara, mientras una rebotaba sobre él, la otra se movía delicioso al ritmo de su lengua. Luego cambiaron, esta vez ellas quedaron de frente y podían besarse. Desde niñas mientras soñaban con algún día tener novio, practicaban los besos, tanto que les gustaba demasiado para dejar de hacerlo.

    Andrea se acomodó en la alfombra invitando a Joaquín a que la poseyera, Marcela estaba muy caliente para quedarse mirando y luego de besarle los pechos a su amiga, se colocó sobre su cara. Ya no era un simple beso, le estaba mamando la panocha. Joaquín se sentía el hombre más afortunado del mundo. Se daba el tiempo de besar a Marcela y lamer los pechos de ambas. Marcela se acomodó en cuatro y él fue por ella, hundiendo su verga con pasión, mientras Andrea se sentaba frente a su amiga y tomaba la posición ideal para que Marcela con su lengua buscara su sexo.

    —¡Puta! —Le dijo Marcela y luego chupo mientras detrás de ella Joaquín chocaba una y otra vez contra su culo redondo.

    Cuando sintió que no aguantaba más y sabiendo que con el nivel de excitaciones y alcohol no se negarían a nada, las acomodo muy juntas, con las mejillas pegadas y términos sobre su hermosas caras. Luego ellas siguieron besándose, mirándose la cara una a otra, manchadas de semen. Felices.

    Despertaron con una resaca monumental, Joaquín ya tenía listo el desayuno.

    —Parece que me atropellaron —Dijo Marcela.

    —¡No mames mi cabeza!

    —Pues también toman como como si supieran —Joaquín les acercó un bote de aspirinas.

    —¡No mames que traigo en la cara…! —Andrea recordó y ambas se carcajearon.

    —Las cargue hasta la cama, primero coman algo, ya luego se dan un baño. ¿Ya están listas para el viernes?

    —¿Que hay el viernes?

    —Vienen los taka taka a cerrar la negociación.

    —¿Y nosotras que? —Preguntó inocente Marcela.

    —¿Son asistentes de qué?

    —De León, mandamos fax, facturas.

    —Eso lo hace la gorda de recepción, a ustedes las contrataron para “asistir” a los socios —Dijo mientras reía.

    —¡No somos putas!

    —No, y ellos no buscaban prostitutas. Ustedes son niñas de casa, bonitas, educadas. Si cierran el contrato se van a las nubes. Y ustedes serán bien compensadas.

    —¡pues que ojetes!

    —¿Porque? Aparte esos japoneses les gustan mucho las mexicanas, será que allá están todas iguales y pálidas. Cerrando esto, nos dan auto a todos los de oficina. Incluyéndolas a ustedes.

    Con dolor de cabeza y desazón subieron al taxi, el lunes se presentaron normal y León las llevo a cenar a un lugar exclusivo, con platillos que da tristeza comerlos de tan bellos que se ven.

    —El sábado llegan los autos, ¿saben manejar?

    —No.

    —Yo un poco —Dijo Andrea.

    —No importa, que les enseñe Joaquín. Son automáticos es cosa de unas horas.

    Pago la costosa cena y las llevo a sus casas sin siquiera tocarlas. Así fue toda la semana. En calma sacaban sus copias sin utilidad, mandaban correos inservibles y saludaban ya con amabilidad a la recepcionista que aún sacaba espuma cada que las veía.

    Llegó el viernes y para su sorpresa, los japoneses eran una quinteta de jóvenes. Hablaban entre ellos sin que nadie entendiera nada, solo Joaquín era capaz de traducir lo que decían. Entonces se pusieron serios.

    —Dicen que los precios son estándar y que el valor subirá con el mercado mexicano.

    —¿Pero tienen suficiente producto para darnos abasto? —Preguntó León y espero a que Joaquín tradujera y luego le dijera que mierda decían.

    —Si, tanto como quiera. Sus bodegas estas a tope y listas para embarcar la cantidad necesaria.

    —¿Entonces firmamos por cinco años?

    —Dice que para empezar y que ojalá sean michos más.

    —Pues lo prometido es deuda, niñas —Andrea y Marcela entraron buscando su lugar bajo la mesa. Pero uno de los japoneses las detuvo.

    —私たちはあなたに敬意を表したいと思います、あなたが私たちを許すなら、私たちはあなたのためにこれらの美しい女性を準備します

    —¡¿Que verga?!

    —Que las… honrarán y prepararán para ustedes…

    —¡bueno! —Dijo León dándoles su espacio. Mientras los japoneses las colocaban empinadas sobre el sillón, sin siquiera quitarles la ropa, solo levantaron sus faldas y comenzaron a frotar sus clítoris. Fuerte y constante.

    —¡aaaah! ¡Mmmm! —Andrea fue la primera en gemir, sentía su ropa interior empapada.

    —¡siii que rico! —Marcela ya meneaba el culo mientras otro japonés le daba nalgadas que sonaban por toda la sala de juntas. Cuando les quitaron la ropa interior, siguieron frotando, como locos y ellas correspondían gimiendo de igual manera.

    —¡Pinches chinos locos! —Dijo Félix que tenía ya la verga dura de tanto oírlas gemir. Andrea llegó primero al orgasmo, sus ojos estaban en blanco pues a pesar de que se doblaba el japonés no paraba de frotar.

    -¡aaaaah! ¡Uuuuf!

    Cuando Marcela llegó al orgasmo daba pequeños espasmos, su culo botaba delicioso.

    —¡aaaah!

    —彼らにコックを吸うように頼む

    —que ahora si se saquen la verga.

    Andrea y Marcela se fueron como poseídas sobre las vergas que estuvieran más cerca, todos ellos se sobaban la verga esperando su turno. A Marcela su tío le quitaba la blusa y sobaba sus pechos, estaba clara su fijación. Ambas gustosas en iban de verga en verga, disfrutando sabores y tamaños. Luego los japoneses las pusieron de cabeza en el sillón y chuparon sus panochitas ya bastantes sensibles.

    Volvieron los gemidos de ambas, mientras los asiáticos turnaban sus lenguas en su sexo.

    —¡aaaah!

    —¡Si!

    —¡Sí que rico!

    —¡Mira Como disfruta tu sobrina!

    —¡Tan bonita la chamaca! —Dijo Humberto.

    —¡Siii más!

    Los cuatro socios miraban aquel modo extraño, acostumbrados a solo coger. Hasta que por fin se saciaron. Las acomodaron sobre un par de ellos, luego de meter sus vergas, los otros buscaron sus culos para una doble penetración. Mientras el otro ponía su verga frente a Andrea que sin dudar comenzó a mamar, el tío de Marcela lo imitó llenándole la boca a su sobrina que ahora era su juguete sexual. Acusando todos sus orificios.

    —¡Ahora si nos entendemos! —dijo don León sobando su verga y esperando turno.

    —¡Mmm! ¡Mmmm!

    Los japoneses fueron cediendo su lugar, Félix, Humberto, Joaquín y Jorge lo tomaron. Manuel podría ver a su sobrina mamarle la verga por toda la eternidad, aun así, León lo quito y le metió su enorme trozo de carne hasta la garganta.

    —¡Gggaaaggh! ¡AAAAGH!

    Andrea tenía nuevamente los ojos en blanco, un segundo orgasmo y un par de vergas Japonesas frente a su boca la tenían extasiada. Así fueron cambiando sus puestos y para cuando León pudo estar en su culo, Andrea lejos de quejarse gimió con todas sus fuerzas.

    —¡Mmmm! ¡siii! ¡Maaas! ¡Cógeme!

    Marcela estaba tan caliente de escuchar a su amiga, que sacó la verga que tenía en la boca para buscar los labios de su amiga. Cuando Jorge estaba por venirse uno de los japoneses gritó tan fuerte que todos pararon para ver qué era lo que decía.

    —¡ぶっかけ!

    —¿qué dice? —Le pregunto Félix a Joaquín.

    —No se…

    —¡ぶっかけ、彼らの顔になってみましょう!

    —Que les hagamos un Bukkake

    —¿qué es eso?

    —Que acabemos en sus caras. —El japonés asentía sonriente.

    —Pues órale que yo ya estoy —Dijo Jorge.

    Las colocaron de rodillas, juntas y con la cara levantada. Aún jadeaban por tanta verga recibida.

    —Que no abran ni la boca ni los ojos —les tradujo Joaquín. Aunque no tuvieron tiempo, Jorge se acercó y les vació su semen apenas mojando sus frentes, luego Humberto Jalándosela se acercó, tres chorros potentes atravesaron ambas cara dejando registro de ello. Apenas escurría ese semen por sus caras uno de los asiáticos lanzó a su semen de frente. La nariz de Andrea quedó cubierta, a Marcela le llenó un párpado. Otro de los asiáticos se colocó tras ellas e hizo escurrir su semen desde la frente, ambas recibieron su parte y ya casi no se notaban sus facciones. Manuel fue directo a Marcela y lanzó dos potentes chorros de semen sobre su rostro, otro asiático se tomó el tiempo de rellenar sus mejillas aún limpias y dejar sus restos sobre sus labios. Uno más elijo a Andrea y apuntando a su nariz logró llenar ambos párpados de semen. Como figuras de cera recibieron el quinto lechazo asiático, luego Félix salpicó sus labios, el semen ya escurría por su barbilla cuando León y Joaquín casi de manera sincronizada soltaron varios chorros que terminaron por difuminar algún rasgo de sus rostros. Los asiáticos seguían jalándosela y lograron poner un poco más de semen en sus rostros. Luego sacaron sus teléfonos y tomaron unas cuántas fotos, mientras todos las miraban ahí escurriendo semen ya por sus pechos y mojando sus piernas.

    Joaquín las llevo hasta el baño, a tientas abrieron la llave y fueron enjuagando sus rostros, hasta poder abrir los ojos, aún tenían restos en el cabello, su pechos estaban pegosteosos al igual que sus muslos. Al salir Marcela solo vio a su tío y a Joaquín.

    —Mijita, te pido que no le vayas a decir nada de esto a…

    —¡Seguro voy a llegar a decirles, hola mamá, hola papá hoy me cogieron once cabrones y me bañaron en semen.

    —Pinche viejo cachondo —le dijo Joaquín de manera burlona.

    —No mames me duele todo el cuerpo —Dijo Andrea.

    —Las llevo se ofreció su tío.

    —¡¿Nos llevas Joaquín?!

    —Claro, vámonos.

    —¿como nos veíamos todas embarradas de semen?

    —Ni se veían—Salieron tomadas del brazo de Joaquín.

    —Nunca había hecho algo así —Dijo Marcela.

    —¡Ahora si me sentí bien puta, toda embarrada de mocos no mames!

    El lunes al llegar, la recepcionista las saludo de beso y sonriendo les mostró las llaves de su nuevo auto.

    —Niñas, esto lo tenemos que celebrar.

    —Claro —por fin la veían sonreír. Al llegar a la oficina, León platicaba con Félix.

    —Es que los administrativos ya tienen su auto pero faltan los 200 de planta y bodega de darles bono —Dijo Félix

    —Niñas, ¿aguantarán un bukkake de doscientos cabrones?

    —¡¿QUÉ?! —Gritaron las dos al mismo tiempo.

    —doscientos uno, yo Le entro compadre.

    Andrea se imaginaba que quedaría como muñeco de nieve con tanto semen, pero Marcela pensaba que sería un delicioso bufete de vergas. Se lo saboreaba.

    @MmaceandoO

  • Un nuevo chico en casa

    Un nuevo chico en casa

    Esto pasó hace un año, yo vivo con mis padres y en casa tenemos una habitación libre por lo que no fue sorpresa que cuando el hijo de la prima de mi madre entró a la universidad fuera a vivir con nosotros puesto que él es de otra ciudad.

    Lo cierto es que en mi familia nadie sabe de mi orientación sexual, además a mi primo prácticamente no lo conocía porque era de esos familiares que poco se visitan, la primera vez que lo vi fue cuando llegó junto con sus padres hasta mi casa para instalarse cuando mi mamá lo presentó casi no logro disimular la forma en que lo miré ya que me quedé impactado, es un chico que apenas y acaba de entrar a sus 18 años, de 1.70, blanco y con un lindo bronceado, unos ojos color miel y unas facciones perfectas en su rostro, un cuerpo definido típico de un jovencito que practica deportes, lo que más me agrado fue que hubo química y de inmediato entramos en confianza.

    Así pasaron los días y cada vez nos hacíamos más cercanos con mi primo incluso lo acompañé a realizar algunas compras de ropa y entre unos zapatos para fútbol, cuando fuimos a que se los pruebe me costó mucho trabajo ocultar la erección que me provocó verlo con sus blancos calcetines se veía tan bien, le encantaba el fútbol así que practicaba casi todos los días en las tardes al salir de sus clases de la universidad, (debo confesar que cuando salía de casa yo entraba a su dormitorio y olía sus calcetines y bóxers usados), desde la primera vez que vi a mi primo empecé a fantasear con él y pensé que se quedaría únicamente en eso en fantasías ya que él tenía una novia en su pueblo con la que siempre hablaba por video llamada.

    Una tarde estaba solo en casa cuando mi primo llegó con su uniforme de fútbol puesto y según me dijo muy cansado, me cometo que había jugado tres partidos ese día y que le dolían muchos sus piernas, como ya teníamos confianza me dijo que si le podía dar masajes en sus piernas a lo que yo encantado le dije que sí, él se quitó los zapatos y se recostó en el sofá de la sala donde yo estaba sentado y pude sentir el olor de sus pies que era suave y agradable ya que usaba talco para evitar malos olores, siendo yo un adicto a los pies masculinos empecé a acariciárselos suavemente, luego le quite los largos calcetines de futbolista que traía y empecé a masajear sus piernas poco a poco iba subiendo hasta sus muslos llegando casi a sentir sus testículos mi primo me decía que se sentía muy bien y se le iba aliviando el dolor, lo que no sabía es que a mi me estaba subiendo cada vez más la temperatura y tenía mi pene duro como una roca, en eso por «accidente» toque su pene y note que estaba muy duro igual yo le dije

    – lo siento se me fue la mano.

    – sonrío- no pasa nada perdona tu que la traiga dura estoy que ya se me riega la leche de tanto tiempo que ni me pajeo

    – en serio eso está interesante, si quieres puedo ayudarte con eso

    – con una hermosa y coqueta sonrisa- y cómo

    – acariciando su erecto y enorme pene- puedo probártela

    – dale

    No podía creerlo se estaba haciendo realidad una de mis fantasías más recurrentes, así que sin perder tiempo le saque el pene por la manga de su bóxer y shorts deportivo y comencé a pajearlo, era muy bonito de unos 18 cm grueso con unas venas marcadas y sin circuncidar él tenía una cara de placer mientras yo lo masturbaba que no dude en metérmelo a la boca yo ya tengo alguna experiencia sexual y me han dicho que hago un estupendo oral así que saque lo mejor de mi, se pase la lengua desde los testículos hasta el glande recogiendo cada gota de su preseminal y saboreándolo cómo si de un dulce néctar se tratará, le mamaba tan bien que gemía y eso me hacía que yo succione con más fuerza luego le chupe el escroto y sabía a sudor pero no tenía un mal olor yo estaba extasiado y según sentí mi tierno primo también ya que empezó a temblar y tomo mi cabeza tan fuerte que me la hizo tragar todo su pene en eso empezó a embestir mi boca y con un sexi gemido dijo «hay madre bendita» y dejos salir la más frenética eyaculación que había sentido en mi vida, con lo cual me quedo más que demostrado que de verdad llevaba mucho tiempo sin acabar porque me llenó la boca de su leche que claro está me la trague toda y luego le limpie cada centímetro de su hermosa verga con mi lengua recogiendo cada gota de ese juvenil semen.

    Luego de eso me dijo gracias en serio lo necesitaba, me voy a bañar, luego de ducharse regreso a mi y vimos una película juntos sin hablar de lo ocurrido pero quedo claro que habíamos alcanzado el clímax de muestra confianza, ya que luego de eso tuvimos infinidad de encuentros sexuales dónde pasamos a mayores pero eso es material para otros relatos que los haré luego.

  • Negociando con una casada

    Negociando con una casada

    —¿Estás casado? Yo estoy casada, pero no tengo suficiente sexo. ¡Necesito más! No es mi estilo ponerle los cuernos a mi marido. Por eso he pensado que podría ser buena opción hacer de puta sin que se entere. Si hay dinero de por medio es como un negocio ¿no? No una infidelidad. Es por placer. Busco un hombre agradable, educado y atractivo que comparta mi pensamiento. Edad mía 40 años.

    Ese era el texto del anuncio que leí. Y escribí, respondí:

    «Ejecutivo maduro, dispuesto. Tenemos tiempo para concretar todos los detalles. Un negocio es un negocio. Se paga por lo que se ofrece y se da. Seriedad y discreción».

    Ella respondió. Y empezamos el trato.

    —Me excita tu penúltima frase. Da a pensar que entiendes y que te da morbo la situación, además de que tienes imaginación.

    “Acertaste en tu pensamiento. Tengo muy claro que es lo que quiero, y estoy dispuesto a pagar por ello. Como tú dices, se trata de hacer un negocio. Te vendes a cambio de algo. Y yo compro tu tiempo y tu cuerpo.

    ¿Morbo? Mucho, es la base de mi deseo. Y la discreción. Por eso te escribí, porque una casada seguro que quiere la misma discreción.

    Y si quieres, puedes… Yo estoy dispuesto.”

    Bien. Sinceramente me dan «calentones». No sé hasta dónde sí quiero, puedo. Pero me excita sobremanera la situación de ser «comprada».

    ¿Qué es lo que tienes tan claro concretamente?

    “Tenerte, que te des a mí por dinero. Que te pague para que te muestres amable, atenta, y que me guíes a través de tu cuerpo para llevarte al orgasmo. Es un contrato… por un tiempo definido, y yo pago la cantidad que tu pides, por un servicio que incluya miradas, caricias, tocamientos, que me permita sacarte la ropa que considere, sin llegar al desnudo íntegro, porque me gusta sentir que es una situación que explota pasionalmente, y que no deja tiempo a la desnudez total. Que pueda amasar, lamer tus pechos. Y que mis dedos jueguen con tu clítoris hasta que me pidas que te penetre. También sexo oral, delicado y potente. Como mujer que se vende, has de ser muy estricta con tu conducta, y saber hacer el papel de que no quieres… pero que te gusta, porque te interesa sentirte así, comprada por un espacio de tiempo. Y como puntualización, no practicaremos sexo anal.”

    Quiero que me lleves a una habitación de hotel y cruzando la puerta me dé cuenta de que ya no me puedo echar atrás porque he hecho un trato. Que te sientes frente a mí, aunque me mate la vergüenza, y hagas que me desabroche la camisa y baje las copas del sujetador, porque quieres ver lo que has comprado. Después que me gire y me quite las bragas por debajo de la falda y te las dé. Entonces, te levantas y me subes la falda, me metes la mano, me sientes mojada y dices que crees que has hecho una buena compra. Y cuando me la metas la primera vez me hagas mirar como empieza a entrar y me hagas saber que vas a tomar lo que quieras porque es tuyo.

    “Exacto, porque me perteneces por el tiempo comprado. Te giraré de espaldas a mí, y te ordenaré que te apoyes en el tabique, con tus manos a la altura de tu cara, y tu mejilla apoyada en la pared. Entonces será cuando te levantaré la falda y manosearé tus nalgas, y te pediré que no rechistes, que te has vendido y que tienes que hacerlo. Colocaré un pie entre los tuyos y te obligaré a separar más las piernas, para poder hundir mis dedos entre tus muslos, y sentirte mojada. Y te lo haré saber. “Te gusta nena, porque estás empapada. No te resistas. Cuando aceptas un dinero por dejarte tocar, debes ser condescendiente. Así que ahora, calla, y siente…” Sé que es tu primera vez como puta, como mujer que se da por dinero. Y eso te excita, y no puedes negarte a los caprichos que te ordene. Con respeto y educación. Y vas a hacer y dejarte hacer todo lo que te diga. Está en el acuerdo. Y eres una mujer de palabra. Tienes ahora el objetivo cumplido, y has de disfrutarlo. No te resistas. Entrégate y pide…”.

    Callo, siento y consiento. Noto como nada mí me pertenece. Que sólo puedo asentir y dejarme llevar. Me queda suspirar y gemir. Con tus manos sobándome a tu antojo, andando a sus anchas por cualquier rincón de mi cuerpo, acariciando, apretando, deslizándose, amasando. Sabes que sólo estoy aquí por dinero y, sin embargo, mis pezones están duros y mi sexo mojado. Gimo, tiemblo, me arqueo de ganas de que me tomes por completo. Te tomas tu tiempo, vas a hacer lo que quieras y te vas a deleitar a tu ritmo con lo que has comprado. Me excita, sí. He hecho un trato y ya no hay retorno. Soy tuya según lo acordado. Y quiero verte abriendo mis piernas, metiendo tu mano y tus dedos en mi sexo, mirándome a la cara y que me hagas ver como manoseas lo que es tuyo y como me lo separas con los dedos. Me sonrojo. Me miras. Me dices que siga mirando y me preguntas si me excita saber que vas a hacer lo que te apetezca.

    “Voy a conseguir que, a pesar de tu vergüenza, de lo nuevo de la situación, acabes suplicando que te penetre, que te folle, que te la meta hasta el fondo. Y que no pare hasta que los dos nos corramos. Voy a jugar contigo hasta el límite donde ya no puedas más, y ese deseo se vuelva obsesivo. Que se borre de tu mente el miedo inicial. Que toda tu cabeza solo sienta esa sensación de haberte vendido a un hombre, de ser suya, y de no haber paso atrás. Y que… una vocecita pequeña en tu interior, te repita constantemente que te gusta, que es lo que buscabas, y que así lo quieres. Entonces, entre tus gemidos, me lo vas a decir con esas palabras. Te colocaré a cuatro sobre la cama empezaré a bombear tus adentros, suave… lento, para que me pidas enloquecida que acelere… Pero aún me queda mucho para hacerte sufrir… de placer”.

    Sí. Es lo que busco. Que me hagas ponerme a cuatro patas y saber que eres tú el que mandas. Que pases tu mano y tu polla por mi sexo, que sientas mi ansiedad por tenerte dentro, me penetres y, cuando crea que tengo lo que deseo, la vuelvas a sacar y me digas que sabes de esa vocecita que me grita que lo estoy deseando pero que es cosa tuya decidir cómo, cuándo y cuánto vas a follarme. Que para eso estoy vendida y precisamente por eso vas a disfrutar de mi cuerpo y de mi deseo lo que a ti te plazca. A cuatro patas, cuando crea que por fin voy a conseguir que no dejes de follarme, me dirás que me dé la vuelta gateando sobre la cama, que quieres meterme la polla en la boca. Tendré el sexo abierto y mojado, el culo levantado, deseando tener una polla entre mis piernas, mientras me pongo a lamerte con toda la profesionalidad de una mujer a la que un hombre le ha pagado por su sexo, y tiene el deber de hacerle disfrutar comiéndole la polla con sus labios y su lengua.

    “Me agarraré la polla con la mano y la pasearé por los labios de tu coño. Frotaré con la punta y la piel bajada, tu clítoris. Carne con carne. Y te diré que disfrutes, porque te la meteré toda, cuando yo quiera. He pagado por ello, y como buena puta, tú estás para obedecerme. Entonces te obligaré a que te gires, que abras la boca, y te la meteré entera. Y te diré que chupes, sin tocarla con las manos. Y que ni se te ocurra tragar saliva, que babees por la comisura de lis labios. Te cogeré del cabello, y te follaré la boca.”

    Y yo haré lo que me digas…si es sin manos, es sin manos, y debo hacer bien mi trabajo. Te la lameré de arriba a abajo, pasando la lengua y los labios para luego empezar a chupar el capullo y que acabe toda en mi boca. Bien lamida, que te oiga gemir de placer y que estoy siendo una buena puta. Toda llena de saliva, dentro de mi boca caliente, y hasta que la saliva me caiga por la comisura de los labios.

    “Has de aprender a ser bien puta. Sé que es lo que quieres, y yo te enseñaré. Y cuando te la meta a cuatro patas, te cachearé las nalgas, por ser mala… En cada momento de tus días y tus noches, quiero que recuerdes que has aceptado un compromiso. Mujer de palabra, has dado la tuya. Y yo he comprado tu cuerpo. Me pertenece. Ya no hay marcha atrás, salida de emergencia ni retroceso. Acepté la oferta. Me vendiste tu voluntad. Y cuando termine el confinamiento, serás mi puta. Lo que tú pedías. Puta, sin poner los cuernos a nadie, porque se trata de una mera transacción comercial. Tú vendiste y yo he comprado. Y tendré, sin pasar del límite, tu cuerpo y tu mente para mí. Tu solo obedece…”.

    Ahora la suerte ya está echada, y el contrato en firme. Solo queda esperar que levanten la veda. Ya os contaré cómo sucede todo.

    Y, una oferta, aprovechando la coyuntura. Si eres mujer, y te apetece… solo tienes que escribirme y lo hablamos… mi correo es [email protected].

  • Soy hijo de mi abuelo y padre de mi nieto

    Soy hijo de mi abuelo y padre de mi nieto

    «Soy hijo de mi abuelo y padre de mi nieto», así se lo dijo Pedro a mi sobrina Chelo, una muchacha morena, de pelo negro y largo, pecosa, delgada, con tetas pequeñas y con un culito pequeño y respingón que se marcaba en sus pantalones vaqueros. 

    Esto que os voy a contar ocurrió hace muchos años y me lo contó mi sobrina unos días después de darle un beso a nivel que casi le caen las bragas a plomo y de que nos viera Pedro, el Venado, que pasaba por el camino haciendo eses. Estábamos los dos solos en la sala de mi casa y me lo contó así:

    -Poco después de ver Pedro cómo nos besábamos fui a hablar con él a su casa para decirle que nos guardara el secreto. Lo encontré sentado en el escalón que había delante de la puerta de su casa con un palillo en la boca y con un pedo encima de los que hacen historia. Nada más llegar a su lado, me dijo:

    -«No hacía falta que vinieras, Chelo, no le voy a decir a nadie lo que vi.»

    -Estaba borracho, pero la intuición la tenía intacta. Lo vi decaído, y le pregunté: ¿Te pasó algo?

    -«Se me fue mi amor. ¿Cómo quieres que esté?»

    -Los hijos se van de casa para formar una familia propia, es ley de vida.

    -«¡Es que la quería tanto!»

    -Normal.

    -«Es que se llevó con ella a mi hijo.»

    -Dirás que se llevó a tu nieto.

    -Se dio cuenta de que había patinado y rectificó.

    -«Si, eso, a mi nieto.»

    -Lo de su nieto lo dijo de un modo que me dio que pensar. Ni corta ni perezosa, le dije: «Lo del hijo no fue un lapsus. ¿Verdad?

    -«Estas cosas es mejor hablarlas donde nadie pueda poner la oreja, vamos para dentro.»

    -Se ve que Pedro tenía muchas ganas de hablar y muy pocas de trabajar, ya que tenía las vacas en las cuadras cuando debían estar apastando, los cacharros en el fregadero sin lavar, el suelo sin barrer… Su casa estaba hecha un desastre, eso en el piso de abajo, en el de arriba debía tener también todo manga por hombro.

    -Es de suponer -le dije.

    -Encima de la mesa tenía la mitad de un queso, una bolla de pan y media jarra de vino tinto, nos sentamos a la mesa. Partió un trozo de pan y un trozo de queso y me lo puso delante, él partió su pan con la mano y el queso con la navaja, echó dos vasos de vino, y me dijo:

    -«¿Sabes guardar un secreto, Chelo?»

    -No sabía, pero le dije: Por supuesto.

    -«Mi nieto es también mi hijo, me pasó con mi hija lo mismo que lo pasó a mi madre con mi abuelo. Soy hijo de mi abuelo y padre de mi nieto»

    -Se me pusieron los ojos grandes cómo platos. A esa familia, cómo ya sabes, los apodaban los Venados por que vinieron de la montaña y son muy brutos, pero si llegan a saber lo que yo acababa de oír les llamarían los Pervertidos.

    -Es para llamárselo, sí.

    -Le dije: ¡¿Eres hijo de tu abuelo y padre de tu nieto?!

    -«Si, soy hijo y padre del pecado, pero también del amor.»

    -Hombre, amor, amor…

    -«Amor del más puro es el que siento yo por mi hija y el que sentía mi madre por mi abuelo hasta que se enamoró de mi.»

    -El vino le tiraba de la lengua, pero aquello me sobrepasaba. Le dije: ¡Anda carallo! ¡¿También te follaste a tu madre?!

    -Nos queríamos. ¿Qué tiene eso de malo?

    -Aquella familia estaba barrenada, desde el abuelo a la hija de Pedro, pero quise saber más, y le pregunte: ¿Te contó tu madre cómo empezó esa historia de amor?

    -«Contó. Empezó una tarde que mi madre salió de una cuba en la que había pisado uvas. Salió con las piernas y las bragas manchadas de mosto de vino tinto. Mi abuelo había llenado una tina de agua para que se lavara, pero cuando salió con sus blancas piernas tintadas, las bragas metidas en la raja y enseñando los negros pelos de su coño, no se pudo aguantar, y le dijo: «¡Que rica estás, Carolina!» Mi madre, coqueta ella, se echó a reír, y le dijo: «¿Me comerías, papá?» «Todita, hija, todita.» «No lo creeré hasta que lo vea, papá.» Mi abuelo se agachó delante de ella y le limpio las piernas de mosto con su lengua, y claro, cómo las bragas la tenía manchadas, se las quitó y le lamió el coño, y claro, poco después, como a mi madre nunca le habían hecho eso, le dijo: «No sigas que me corro, papá.» Mi padre siguió, y claro, se corrió en su boca. Así nació la historia de amor entre mi madre y mi abuelo.»

    -Claro, una historia de amor, y tu naciste de ese amor.

    -«Sí, fue en una noche de truenos cuando me hicieron. Parece ser que mi madre le tenía miedo a los truenos y se metió en la cama de mi abuelo, y claro, cómo a mi madre le gustara que le lamiera el coño, le dijo: «¿Me comes el coño otra vez, papa?» Mi abuelo se lo volvió a lamer, y claro, se volvió a correr, y cómo mi abuelo se empalmó, mi madre, le dijo: «Hazme tuya, papá. «Y claro, cómo mi abuela lo había dejado por otro y llevaba mucho tiempo sin meter, se la metió, y claro, cómo mi madre era virgen le rompió el coño, eso sí, con mucho amor.»

    -Claro, claro, con mucho amor, con mucho amor se corrió dentro y la dejó preñada.

    -«Así fue. Me dijo mi madre que cuando se volvió acorrer y sintió la leche de mi abuelo dentro de su coño ya supo que quedara preñada, y claro, cómo ya estaba preñada, subió encima de él y lo jodió hasta que a mi abuelo le quedó la polla cómo una miñoca (lombriz). Cosas del amor.»

    -Soy mujer, y por lo tanto curiosa, así que le seguí tirado de la lengua.

    -¿No te estabas calentando con la historia, Chelo? -le pregunté.

    -Sí. ¿Te estoy calentando a ti?

    -¿Eso buscas?

    Chelo, que estaba sentada enfrente de mí, abrió las piernas, pero llevaba puestos unos pantalones y se insinuó sin enseñar nada. Me respondió:

    -Puede.

    -Continúa contando.

    -¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Le dije: Claro, claro, cosas del amor. ¿Y cómo empezó la historia de amor con tu madre?

    -«Fue una noche de invierno. Yo fuera a darle de comer a los animales. Al regresar vi mi madre de espaldas, estaba desnuda en la cocina lavando el coño y las tetas dentro de una tina. Cerré la puerta para que no se fuera el calor que daba la lareira (cocina de piedra). Mi madre, al sentir mis pasos se tapó las tetas y el coño con las manos, y me dijo: «Vuelves demasiado pronto, Pedro.» Mirando para ella, abobado, le dije: Echarle de comer a los animales no lleva más de diez minutos, ya debía saberlo, madre. No podía quitarle los ojos de encima. Estaba enamorada de ella y al verla así la polla se me pudo dura. Mi madre giró la cabeza, me miró para el bulto, sonrió y me preguntó: «¿Ya viste alguna teta?» No, madre. «¿Quieres ver una?» Sí, madre. Se dio la vuelta, quitó una mano de una teta y me la enseñó. Era grande, tenía una areola marrón pequeña y un pezón grande. Me preguntó:»¿Te gusta?» Sí, madre. «¿Quieres ver la otra?» Estaba entre la puerta y la tina, que estaba al lado de la cocina y no me movía, no fuese que aquella visión, que me parecía un milagro, desapareciera. Le respondí: Sí, madre. Mi madre me enseñó las dos tetas y mi polla comenzó a latir y a echar aguadilla… ¡Casi me corro! Luego, me preguntó: «¿Ya viste algún coño, Pedro?» No, madre. «¿Quieres ver uno?» Sí, madre. Quitó la mano del coño y vi su gran monte de pelo negro. Aquello era cómo estar en el cielo, no, mejor, pues cielo no se si habrá, pero lo que estaba viendo era real. La cosa no quedó ahí, mi madre me dijo: «Enjabóname las tetas.» Nervioso, muy nervioso, fui a su lado, me agaché para coger el jabón en la tina y mi nariz quedo a la altura de su coño. Sin aún saber que los coños se comían, me entraron ganas de conocer su sabor. Enjaboné las manos y con ellas temblorosa enjaboné sus tetas. Aquella sensación tan placentera hacía que mi polla latiese cómo el corazón de un toro en celo y no parase de echar aguadilla, aguadilla que ya había traspasado mis calzoncillos y mi pantalón de pana gris. La cosa fue a peor cuando me dijo: «Apriétalas.» Al apretarlas mi madre comenzó a gemir. Yo ya estaba negro, y más que me puse cuando me dijo: «Enjabóname el coño.» Volví a enjabonar las manos con jabón del río y cuando le pasé los dedos por el coño me corrí cómo un perro. Mi madre al ver mi cara al correrme, me cogió la manó enjabonada y frotó el coño con ella, se corrió en mi mano y me la llenó de babas. Al acabar de correrse, le dije: Te quiero, mama. Ella me dijo que también me quería. Había mucho amor entre nosotros. Tanto que esa noche me corrí cinco veces, en sus tetas, en su cara, en su culo…»

    -Lo interrumpí para preguntar; ¿También le diste por el culo a tu madre?

    -«Sí, le gustaba tanto o más que por el coño.»

    -¡¿Y se corría así?!

    -«Claro.»

    -Yo ya tenía las bragas mojadas…

    -¿Te lo follaste? -le pregunté.

    -Deja que acabe la historia y lo sabrás.

    -Vale, ya no te interrumpo más. Continúa,

    -Sabía que me estaba metiendo en un jardín peligroso, pero en vez de alejarme de él seguí preguntando: ¿Y lo de tu hija cómo fue?

    -«Con mucho amor».

    -Eso no lo dudo, ¿pero cómo empezó?

    -Verás, dados los antecedentes familiares, a mi hija, desde que murió su madre, la crie con mano de hierro, pero no había manera. Saliera atravesada y por más que le daba no hacía bueno de ella. El colmo fue cuando me robó cinco duros. Después de hacer el mal llegó a casa cómo siempre, con sus aires de marquesa, y me preguntó: «¿Cómo le fue en el huerto, padre?» Fui hasta la puerta, le puse la tranca, cerré con llave y quité el cinto. La muy cabrona, se quitó el vestido, las bragas y el sostén, y me dijo: «Venga, márqueme bien el cuerpo, padre.» No podía mallar en aquel cuerpo divino. Sería un pecado. Mi hija tenía todo perfecto, sus tetas eran redondas, su cintura estrecha, sus caderas anchas, sus piernas largas. Su cabello le llegaba al culo… ¿Quieres creer que me enamoré de ella al verla?»

    -Le seguí la corriente. Le dije: Te creo, Pedro, te creo.

    -«Pero sin castigo no se iba a quedar. Tiré el cinto al suelo y cuando la quise coger echó a correr por la cocina. Se reía porque no la pillaba, y cada vez que ella estaba a un lado de la mesa y yo al otro apoyaba las manos en ella, y me decía: «Vas viejo, Pedro… O eres más lento que una tortuga… O no pesan los kilos, pesan los años…» Miraba para su bonita cara, su cara de traviesa, para sus tetas y su coño peludo y cada vez me estaba poniendo más cachondo. Le decía una y otra vez: ¡Cuando te pille te vas a acordar! Y ella venga a reír y venga a correr. Yo viendo sus duras cachas yendo de un lado para el otro y sus tetas saltando, enfermaba cada vez más. Otra vez con las manos apoyadas en la mesa, y estando yo del otro lado, me miró para la entrepierna, y me dijo. «Estás empalmado, Pedro.» La mesa salió volando por el aire, la agarré, me senté en una silla y le di en el culo con la palma de mi manopla derecha un golpe seco en su nalga izquierda. «¡Plas!» ¿Quién va viejo? Se puso chuita, y me respondió: «Tú.» Le di en la otra nalga. «¡Plas!» ¿Quién es más lento que una tortuga? «Tú.» Le di en las dos nalgas. «¡Plas, plas! ¿Por qué me cogiste los cinco duros?» Por qué me salió de coño» A mi hija le estaban gustando los azotes. Le di en el pliegue que hay entre las nalgas y las piernas. «¡Plas! ¡Plas! Plas!» Metió una mano debajo de su cuerpo, agarró mi polla empalmada y me dijo: «¡Azótame, papá, azótame!» Le azoté el culo varias veces más, se lo azoté hasta que dejó mis rodillas… Se puso en pie, me puso el coño en la boca, y me dijo: «Cómemelo, papa.» Y claro, yo empalmado, su coño que me olía a bacalao y que estaba rebozadito de babas. ¿Qué iba a hacer?»

    -Le respondí: Comérselo.

    -«Exacto, Chelo. ¿Quieres que te de detalles?»

    -Pedro no era tonto, no. Le pregunté: ¿Me ha estado calentando para esto?

    -«No, te has estado calentando tú para esto. ¿O es que me vas a negar que no tienes ganas de que te la coma?»

    -No lo voy a negar.

    -«¿Y de que te joda?»

    -También, pero…

    -¿Y de correrte dándote por el culo?

    -También, pero es que quiero saber lo que le hizo a su hija.

    -•»Pues quítate las bragas y sabrás exactamente lo que le hice.»

    -Tenía ganas de correrme y nunca me habían comido el coño ni dado por el culo. Así que sin saber nadar me lancé de cabeza al mar. Me levanté, fui a su lado, bajé los vaqueros, saqué las bragas, giró la silla y le puse el coño en la boca. Me olió el coño profundamente, y después me dijo:

    -«Huele que alimenta.»

    -Su lengua se deslizó por mi coño de abajo a arriba. Saboreó mis babitas, y después dijo:

    -«Delicioso. Quita la blusa y el sujetador.»

    -Me quité todo. Pantalones, sandalias, blusa y sujetador. Mis tetas ya tenían los pezones de punta. Pedro, me dijo:

    -«Átame las manos a la silla con los cordones de mis zapatos.»

    -Hice lo que dijo, y después, siguió pidiendo que hiciera cosas.

    -«Dame las tetas a mamar.»

    -Me incliné y le puse mi pequeña teta izquierda en los labios, la metió toda en la boca y después la fue sacando mientras la chupaba. Al quedar el pezón entre los labios, jugaba con él a los tumbos con la punta de su lengua… La volvía a meter y acababa haciendo lo mismo con el pezón. Lo hizo varias veces, y cuando paró, sin decirme nada le puse la otra teta en los labios y me la chupó igual que me había chupado la otra. Cuando dejó de mamar ya tenía otra vez el coño encharcado. Me moría porque me lo comiera, pero me dijo:

    -«Date la vuelta y pon tu culo en mi cara.»

    -Se lo puse, lo olió tan profundamente cómo el coño. ¡Me encantaba que lo hiciera!, luego exclamó:

    -«¡Qué aroma!»

    -Su legua comenzó a lamer mi culo, y a meterse en mi ojete. Al rato me sorprendí a mi misma abriendo las cachas con las manos y empujando el culo hacia atrás para que su lengua entrara y saliera de él. Ahora si que tenía el coño empapado, lo tenía chorreando y las babas ya me bajaban por los muslos abajo. Me iba a correr sin remedio mientras me comía el culo, y se lo hice saber:

    -Me voy a correr, Pedro.

    -«Date la vuelta.»

    -Me di la vuelta, lamió mi coño, y dijo:

    -«¡Joder cómo estás!»

    -Lamió aprisa y me vine cómo una cascada. Le agarré los pelos de la cabeza y casi lo dejo calvo. Fue tanto el gusto que sentí que creí que me moría. La corrida fue inmensa, tan grande fue que con la que no se tragó le dejé el pantalón perdido de babas. Al acabar de correrme, me dijo:

    -«Saca mi polla y mámala.»

    -Aún con el coño y el culo abriéndose y cerrándose, me puse en cuclillas, le desabotoné la bragueta y saqué su polla. Era delgada y no muy larga. Yo ya había follado dos veces, pero las pollas estaban duras y aquella estaba blanda cómo un flan. La comencé a mamar y a menear… A medida que se iba poniendo dura me fui calentando. Aún no estaba dura cuando me dijo.

    -«Siéntate encima de mi y fóllame».

    -Me senté, froté la cabeza en mi coño, lo puse en la entrada de la vagina, empujé con el culo y no entraba, se doblaba. Seguí frotando y jugando con ella en mi coño y en mi ojete… Cuando ya estaba a punto de correrme y gemía cómo loca se le puso dura. La estaba frotando en la entrada del ojete, empujó y me clavó la cabeza en el culo. Se me cortó. Se me había ido cuando estaba en lo mejor. Aquella cosa se fue metiendo en mi culo cómo un cuerpo extraño que no deseaba, pero pasados unos diez minutos ya mi culo lo adoraba, y yo gozaba cómo una loca. Estaba tan cachonda que besé a Pedro. Su boca sabía a vino y a tabaco. Me importó una mierda, le comí la lengua y lo follé subiendo el culo despacio y bajando a mil por hora. Mi idea era romperle la polla, pero la que me rompí fui yo al comenzar a correrme. Con la polla clavada hasta el fondo de mi culo, abrazándolo con fuerza y temblando, le acabé de poner el pantalón perdido de babas. No fui capaz a hacer que se corriera más de una vez, y al final, cuando ya yo me corriera tres veces follando su polla con mi coño.

    Yo ya estaba empalmado, le dije:

    -Tu tía no viene hasta las cinco.

    -Lo sé, por eso vine antes de las dos. Quiero que me des uno de esos masajes que le das a ella. ¿Vamos para vuestra habitación?

    -¿Por qué allí?

    -Porque allí se los das a la tía y quiero saber cómo acaban.

    ¡Fiesta!

    Quique.

  • Jorge Luis, su hermano y yo (I)

    Jorge Luis, su hermano y yo (I)

    Haremos un alto a las historias con J y les relataré una historia con Jorge Luis mi amigo de la adolescencia a quien reencontré hace algunos años y que lamentablemente falleció hace dos años (2018), escribo este relato en su memoria.

    A Luis lo conocí en la secundaria y nos habíamos hecho muy buenos amigos, él se la pasaba en mi casa o yo en la de él y siempre hacíamos los trabajos en equipo. El tiempo nos separó y perdimos contacto uno del otro. Fue cuando los dos teníamos 19 años (2001) que nos reencontramos, en un diplomado de un año, me sorprendió encontrarlo ahí e inmediatamente nos abrazamos con el cariño de dos amigos que llevaban mucho tiempo de no verse.

    El curso solo se impartía los viernes durante todo el día y ese primer viernes de diplomado a la hora del receso Jorge Luis me invito a cenar, platicar o jugar consola y tal vez tomar unas cervezas en su casa para recordar viejos tiempos. Al salir pasamos a mi casa ya que pensábamos tomar y yo preferí dejar el carro en mi casa de ahí nos iríamos en UBER a la casa de Luis. Estaba yo organizando unas cosas en la pequeña maleta ya que me quedaría ahí hasta el día siguiente, cuando la madre de Jorge le hablo a este para decirle que le había hablado su hermana, tía de Jorge Luis, para decirle que su esposo tenía que viajar por cuestiones de negocios y dado que estaba en un embarazo de alto riesgo no podía quedarse sola por lo que le pedía que la acompañara durante el fin de semana para cuidarla. Jorge me invito a pasar el fin de semana en su casa y así tendríamos tiempo de ponernos al tanto de todos los años que no nos veíamos. Yo acepte y avise a mis padres que los vería el domingo. Pedimos el UBER y en el trayecto empezamos a hablar de nuestras parejas y algunos detalles sexuales, yo evitaba mencionar el sexo de mis parejas, pues no sabía cómo reaccionaría Luis al enterarse que su amigo de la infancia era gay.

    Cuando llegamos a su casa, me encontré con su hermano Hugo, él era un año más chico y en ese entonces tenía 18 años, debido a la amistad que había hecho con Luis en la secundaria, Hugo también se había hecho con el paso del tiempo, mi amigo y me dio gusto reencontrarlo. Justo llegábamos a su casa cuando su mamá iba de salida, me saludo y me dijo que le daba gusto que nos hubiéramos reencontrado y agradeciéndome por acompañar a sus hijos durante el fin de semana se subió a su carro no sin antes decirnos que teníamos comida en el refrigerador y el congelador.

    Su madre se fue a las tres de la tarde. Mientras comíamos la plática estuvo llena de anécdotas y recuerdos de nuestras vivencias en la secundaria y ahora como adultos muchas de las cosas que hacíamos los tres en la adolescencia nos causaba risa, por alguna extraña razón constantemente terminábamos hablando de sexo, yo seguía evitando dar detalles de mi orientación.

    Una hora después habíamos acabado de comer y de lavar los platos, así que nos fuimos al cuarto de Luis donde estaba la consola y nos pusimos a jugar. Después de una hora de jugar nos aburrimos y decidimos poner una película, mientras seleccionábamos que película poner, Hugo dijo- hace mucho calor, ¿no? hay que ponernos cómodos para ver la película y su hermano le dijo -si- entonces ambos se quitaron la ropa y se quedaron solo en bóxer. Cuando pude verlos así, algo dentro de mi despertó ya que el tiempo había hecho bastante buen trabajo en su cuerpo y me sentí atraído por ambos, y Luis me dijo- ¿y tú que, wey no tienes calor? – si- le contesté- pues quítate la ropa así estaremos más cómodos- me quité la ropa y me quedé igual en bóxer. Mientras Luis terminaba de poner la película su hermano dijo voy por unas palomitas y unas chelas para disfrutar la película y salió del cuarto en bóxer.

    Al poco rato ya estábamos los tres acostados, yo estaba en medio de la cama, Luis de mi lado derecho y Hugo del lado izquierdo, la cama era un poco más grande que matrimonial por lo que estábamos muy juntos, yo sostenía el bol con las palomitas y mis piernas estaban pegadas a las piernas de ambos y el roce me estaba provocando una leve erección, pero como los tres estábamos clavados en la tele nadie lo noto.

    Hacía mucho calor y los tres habíamos apurado las primeras chelas en pocos tragos, íbamos por la cuarta chela y la segunda película cuando, sin quitar la mirada de la tele Jorge dijo- Está medio aburrida ¿no? Deberíamos ver algo más interesante- como quieran- dije yo- sí, ya sé que vamos a ver- dijo Jorge mientras se paraba y sacaba la película y ponía otra que había sacado de debajo de la cama.

    Se regresó a la cama y poniéndole play con el control remoto, apareció la típica pantalla azul de advertencia de contenido solo para adultos e inmediatamente apareció una escena donde se veía un hombre cogiendo con dos mujeres al mismo tiempo, la escena obviamente no me agradaba, pero como Luis y Hugo estaban tan centrados en la pantalla yo podía fijarme en sus bóxeres los cuales empezaban a moverse por sus vergas que estaban reaccionando. Ambos de vez en cuando se sobaban sus vergas sobre el bóxer. La siguiente escena vaya que capturo mi atención y alivió mi tensión pues en ese momento entendí que también les gustaban los hombres (Luis era bisexual y Hugo gay). La escena se trataba de una pareja gay cogiendo, en ese momento Hugo me quita el bol de palomitas y Luis sin darse cuenta llevo su mano al bol, pero como no estaba, su mano terminó en mi paquete, yo di un pequeño salto pero Luis no quito su mano, al contrario empezó a sobar mi paquete cuando lo voltee a ver me guiñó el ojo y tomando mi mano la llevó a su paquete por encima de su Bóxer en el cual ya se adivinaba una erección bastante grande. Ambos teníamos la vista fija en el otro cuando de pronto siento que mi mano izquierda era tomada y llevada a un bulto más pequeño que el que sobaba con mi mano derecha pero igual de rígido, esa acción me hizo voltear a mi lado izquierdo y ver como Hugo disfrutaba de que su verga era sobada por mi mano. De esta manera mi mano derecha masajeaba la verga de Luis sobre su bóxer, mi mano izquierda la verga de Hugo igual sobre su bóxer y mi verga debajo de mi bóxer era estimulada por la mano izquierda de Luis y mis pechos eran acariciados por la mano derecha de Hugo.

    En ese momento siento como Luis mete su mano entre el elástico de mi bóxer y me lo empieza a bajar, me dejo hacer, mientras consigo bajarle a Hugo su bóxer y Luis se quita el suyo. Ahora Continuamos en la misma pose, pero completamente desnudos, por lo que mis manos estaban ocupadas en las vergas de mis amigos. La verga de Luis que media unos 17 cm, delgada, con unos huevos pequeños y con bastantes vellos y circuncidada era estimulada por mi mano derecha, y mi mano izquierda se encargaba de la verga de Hugo, la cual estaba también circuncidada y tenía unos 15 centímetros de largo, pero mucho más gruesa que la verga de su hermano y con pocos vellos unos huevos grandes. Mi verga que mide 17 cm era estimulada ahora por la mano derecha de Hugo mientras Luis se encargaba de masajear mis pechos, centrando su atención en mis pezones.

    De pronto Hugo se arrodilló en la cama y levantándome suavemente hasta hacer que yo quedara de frente a él, me dio un apasionado beso, a sus 18 años tenía más experiencia que yo a mis 19 en los besos, después mis amigos me confesarían que acostumbraban a coger entre ellos casi todas las noches desde hace un año aproximadamente.

    En aquel beso sentí como su lengua batallaba por entrar, yo me dejé llevar mientras mi lengua y mis labios le respondían lentamente. Hugo, llevo ambas manos a mi espalda y con una de ellas le hizo señas a su hermano quien se levantó y se arrodilló junto a los dos y se unió al beso. Entre los tres nos besábamos mientras nuestras manos se ocupaban de recorrer las espaldas de los otros dos. Estábamos tan cerca uno del otro que nuestras tres pijas chocaban entre sí, incrementando nuestra calentura.

    De pronto Jorge hizo que nos bajáramos de la cama y que dé pie continuáramos en aquel beso de tres, sin que yo me lo esperara los hermanos llevaron sus manos a mi cabeza y casi como si lo hubieran planeado la empujaron hacia abajo, obligándome a ponerme de rodillas. Ellos se siguieron besando. Ver a los dos hermanos besarse desde aquella perspectiva, hizo que mi verga empezara a lubricar, ahora que estaba de rodillas tenia frente a mi las vergas de mis dos amigos, sabía que ellos esperaban que yo disfrutara de aquel manjar, así que sin esperar más tiempo lleve mis manos a las vergas de ambos y las empecé a estimular, ellos incrementaron la pasión del beso, y Jorge recorría con su lengua el cuello de su hermano, mientras Hugo empezaba a soltar pequeños quejidos. Decidido a continuar con mi tarea me lleve la verga de Luis a los labios y le di un pequeño beso esta dio un pequeño salto y después empecé a pasar la lengua por su glande como si se tratara de un delicioso helado, mientras tanto, mi mano se ocupaba de jugar con la verga y los testículos de Hugo y ellos alternando los turnos seguían besándose, lamiéndose el cuello y los pezones. Ahora dirigí mi boca a la verga de Hugo y repetí el procedimiento mientras mi mano se encargaba de jugar con los huevos de Luis. Abrí mi boca y me metí completamente la verga de Hugo la cual empezó a derramar precum en mi lengua, su sabor era delicioso y me incentivó a poner más esmero en mi tarea, Hugo empezó a acariciar mi cabello, impidiendo que sacara su verga de mi boca. Después de unos 3 minutos de estar dándole un oral, Luis jalándome de la cabeza, la llevo a su verga y me dijo- ahora me toca- y empujo su verga a mi boca, yo iba a llevar la mano a la verga de Hugo, pero Luis la atajó y me obligo a tomarlo de las piernas y dijo- déjala, que yo me encargo. Y empezó a masturbar a su hermano, ver a Luis haciéndose cargo de esa verga me puso aún mucho más caliente y centrarme en el oral que ahora estaba recibiendo Luis.

    De pronto ambos se pusieron frente a mi y abrazándose por la espalda se pegaron de tal manera que sus vergas quedaron muy juntas y cada uno tomando su verga me la acercaron a la boca, yo empecé a lamer las vergas de los dos, alternando entre una y otra y a llevarme los testículos de ambos a la boca. Mi verga estaba lubricada por el precum y la de ellos por mi saliva y el precum que estaban arrojando. Me invitaron a meterme ambas vergas a la boca, pero debido a sus tamaños fue imposible.

    Me pusieron de pie y volviéndonos a dar un beso de tres Jorge se encargó de estimular nuestras vergas al mismo tiempo, las cuales se rozaban e intercambiaban los fluidos, el que nuestras pijas estuvieran tan lubricadas hizo la tarea más fácil, ahora fue Hugo quien jugaba con nuestras vergas mientras yo le besaba los pezones a Jorge y el chupaba mi cuello. De pronto me volvieron a bajar al piso y jalando cada uno la verga del otro, lanzaron varios chorros de semen caliente que fueron a parar sobre mi cara y empezaron a deslizarse hacia mi boca, yo traté de que nada se escapara y cuando terminaron sus disparos me encargué de chupar todo el líquido que tenían hasta dejarlas limpias. En ese momento me pusieron de pie y ambos llevaron sus manos a mi verga y a mis huevos lo cual provoco que yo me corriera sobre sus manos. Llevaron sus manos a mi boca y me hicieron limpiárselas y nos volvimos a dar un beso de tres en el que además de saliva intercambiamos las corridas de los tres.

    Una vez que terminamos nos pusimos nuestros bóxeres, nos acostamos en la cama. Vi el reloj de pared que estaba enfrente de la cama y apenas eran las 8:00 de la noche y ya habíamos fajado una vez, yo me preguntaba que nos esperaba en aquel largo fin de semana que nos quedaba por delante. Si quieres saber qué otras cosas hicimos, no te pierdas esta serie.

    Si te gustó este relato, deja tus comentarios. Si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Puedes escribirme para que platiquemos.

  • Mi padrastro me hace su mujer

    Mi padrastro me hace su mujer

    Soy una chica de 25 años, casada, bonita, con unas tetas grandes ya que uso 40 B de brassier y un trasero grande y paradito, mido alrededor de 1.57 m y soy objeto de diversos piropos por parte de los hombres. Soy casada y tengo un hijo, soy de República Dominicana y soy morena, mi nombre es Luz.

    Mi madre vive en provincia y de vez en cuando voy a visitarla. Ella vive con mi padrastro, un hombre de 54 años, de 1.82 m de estatura, fuerte, con bigotes y que en mi país dirían un cholo recio. Yo le conozco desde hace 13 años y la verdad él me ha visto crecer y convertirme en una mujer.

    Hace poco fui a visitar a mi madre y uno de esos días ella salió muy temprano y yo me quedé aparentemente sola en su casa. Era muy temprano, como hacía mucho calor me había puesto para dormir un bóxer, es decir, un schortcito chiquito, que me da como en la mitad de las nalgas, alicrado, bien pegadito y un top, es decir un polo cortito pegadito que solo me cubren las tetas. Estaba durmiendo cuando de pronto sentí que unas manos me abrían las nalgas y comencé a sentir una cosa grande, dura y gorda por entre ellas. Medio dormida puse mi mano sobre lo que había sentido y toqué un pene enorme, abrí mis ojos, volteé la mirada y vi que era mi padrastro que estaba manoseándome.

    Traté de salir de su acoso, pero grande fue mi sorpresa cuando al dirigir la mirada hacia lo que había tocado pude ver un pene como de 23 cm y tan grueso como un tubo de papel higiénico, la verdad nunca había visto algo así. No pude reaccionar y él se abalanzó sobre mí y me metió su mano entre mi entrepierna mientras con la otra me sujetaba de la cabeza y me empezó a besar. Yo seguía sorprendida y aprovechándose de ello dirigió mi mano hacia su pene el cual no alcanzaba a cubrir con mi mano cerrada.

    Además sus bolas eran grandotas y parecían dos cocos, sus dedos recorrían mi conchita por encima del bóxer y empezaba a excitarme a lo cual no podía hacer nada, la verdad nunca me imaginé que sucediese algo así con mi padrastro.

    -Ahora vas a ser mi mujer, como tu mamá, desde hace años que quiero cacharte y enterrarte mi pingota -me dijo.

    Dicho eso me sujetó y empezó a sacarme el bóxer mientras subió el top y mis tetas quedaron a su merced las cuales comenzó a besar y chupar, luego me bajó el calzón para ese momento estaba excitada y solo empecé a gemir de placer.

    Yo misma mientras me besaba me terminé de sacar el bóxer y el calzón y con mis manos acariciaba su enorme verga.

    -Sigue mi cacherita, vamos, quiero que te abras de piernas para comerte esa conchita.

    -Si papi, devórame mi conchita -le dije.

    Empezó a devorarme la conchita con tal fuerza que sentía que succionaba todos mis jugos

    -Ah, ay, sigue, ah -le decía mientras le agarraba de sus cabellos.

    -Ven quiero echarme y te volteas para seguir comiéndote la conchaza que tienes y me chupas la pinga.

    Me puse en su encima dándole el culo mientras empecé a chupar su nabazo el cual no entraba en mi boca y solo pude meterme su cabezota con mucho esfuerzo que me produjo una sensación de nauseas por lo grandote que era, sentía como me abría las nalgas y su lenguota recorría mi concha, mi clítoris y mis nalgas las cuales estaban mojadas con su saliva, sus dedos empezaron a hundirse dentro de mi conchita y yo estaba llegando al clímax del placer, gemía como nunca mientras pasaba mi lengua a lo largo de sus 23 cm y chupaba sus bolas.

    -Ahhh… sigue mi putita, te voy a hacer mi mujer, como ni siquiera tu marido te ha hecho sentir.

    -Ven culona, quiero que te pongas como una perrita para clavarte.

    Me puse en cuatro patas y me pasó su pene por toda la concha para luego empezar a meterlo.

    -ahhh… ay…

    Su enorme nabo se abría paso por mi conchita que a las justas había probado un pene de 14 cm y que parecía virgen al sentir como entraba poco a poco la cosota de mi padrastro.

    Me sujetaba de las nalgas y yo mordía las sábanas, cada vez más entraba con más fuerza.

    -Ayyy… bastaaa me duele, ay…

    -No putita, te voy a reventar la concha con mi pingota, cállate que los vecinos pueden escucharte.

    -Auuu -gritaba mientras apretaba sus muslos y volteaba mi cara mirándole.

    -Si mírame putita mientras te destrozo esa conchita.

    A medida que taladraba mi conchita sentía más que dolor placer hasta que solo llegue a sentir un dolor mezclado con placer, la verga de mi padrastro había logrado excitarme como nunca y sentía que me venía como un caño abierto.

    -Sigue papi, ay, qué grande la tienes, me vuelves loca, ahora comprendo cómo escuchaba gritar a mi mamá en las noches.

    Mi padrastro seguía taladrándome la concha.

    -Ven amor, déjame que me acueste para que te subas en mi encima y solita te metas mi pingota para poder chuparte esas tetotas que tienes mientras sigo enterrándote mi platanazo.

    Se acostó y me senté en su encima, acomodé su verga en dirección a mi conchita y empecé a subir y bajar por sus 23 cm mientras me chupaba y apretaba las tetas.

    -Ay papi, que rico pene -empecé a besarlo con pasión y con mi culo bien paradito le cabalgaba, en ese momento estaba completamente loca que hasta le pasaba mis tetotas por su cara mientras me abría las nalgas al penetrarme y sus dedos acariciaban mi ano.

    Sentía como su enorme pene ahora ya se había acoplado a mi conchita y de vez en vez sus enormes bolas golpeaban mi vulva.

    -Así, muévete, quiero que hagas que me venga dentro tuyo, mueve ese culazo, eres una putita.

    El platanazo de mi padrastro resbalaba dentro mío, mientras me chupaba con fuerzas las tetas y yo gemía como loca.

    -Ayyy…

    -Cállate mi culona, no grites tanto, las vecinas te van a escuchar. Dime que te gusta mi pingota, que te vuelves loca…

    -Ah me gusta, métemela… sigue!

    -Ven, salte, quiero que te pongas de costado con el culo hacia mi pinga.

    Me puse de costado, hizo que juntara mis piernas y enfiló su nabazo hacia mi conchita, para después de pasármela por toda ella, enterrármela nuevamente.

    -Si puta, que rica concha, que ricas tetazas, eres mi mujer igual que tu madre, pero tú eres la mejor.

    Mi padrastro me taladraba la concha como nadie lo había hecho nunca, estaba en el clímax, no que ese momento terminara.

    -Ahhh, me voy a venir, tu solita entra y sal de mi pinga, vamos mueve ese culazo…

    -Mmmm vamos papi, vente, lléname la concha con tu leche…

    En eso sentí que mi padrastro reventó y su leche comenzó a llenarme todita, era calientita y abundante.

    -Ten mi cacherita, toda esta leche es tuya.

    Sacó su verga y con lo que chorreaba me la pasó por las nalgas y los labios de mi conchita mientras hizo que volteara mi cara y me metía la lengua a la boca.

    Inmediatamente se levantó de la cama y se fue al baño, yo estaba con la conchita roja y que me latía de dolor, y la sentía más abierta, pensaba también que lo que había hecho estaba mal, pero él me había llevado al cielo.

    Seguía acostada cuando habrían pasado unos 15 minutos y mi padrastro apareció con la verga nuevamente parada, parecía un pepino por lo grande y gorda. Me quedé sorprendida ya que pensé que se había satisfecho, pero se acercó a mi, me jaló de las piernas hacia el filo de la cama, levantó mis piernas hacia sus hombros y sin decirme nada enterró nuevamente su vergota en mi conchita.

    -Ahhh ya nooo, ayyy eres una bestia, un salvaje…

    -Así, grita, sigue, mientras mi pingaza te come la conchaza que tienes, te voy a cachar hasta que ya no pueda.

    -Ayyy -gritaba mientras sentía que nuevamente mi conchita empezaba a mojarse y sentía su verga que me apretaba la concha y la vagina.

    Sentía que su verga ahora entraba casi completamente y sus bolas golpeaban los lados de mis nalgas.

    -Ven, abrázame que te voy a levantar.

    Acomodó mis piernas entre sus brazos, me levantó y con su verga ensartada en mi concha y abrazándolo siguió penetrándome mientras me cargaba

    Mis tetas se balanceaban en su pecho y me besaba con su lenguota en mi boquita haciendo que no gritara demasiado, estaba sudadito igual que yo…

    -Dime que te gusta, mmm que tetotas que tienes, eres una ricura mi nena, pensar que te he visto crecer y ahora eres mi mujer.

    -Que grande que la tienes… me haces sentir bien mujer… sigue, así me hagas llorar…

    El entrar y salir de su verga de mi concha producía un ruido como cuando uno refriega la ropa cuando la lava, estaba mojadísima.

    Luego me bajó e hizo que me arrecostara sobre su mesa de ingeniero, mientras se agachó, me abrió las piernas y su lenguota empezó a recorrer mis partes.

    -Siii, devórame mi conchita, que rico… eres el mejor… sigue papi, mi conchita ahora es solo tuya, soy tu mujercita…

    -Siempre soñé con hacerte mi mujer, comerme esas tetotas, ese culazo que tienes, besarte y meterte mi platanazo, me vuelves loco, te deseo, te voy a hacer el amor hasta que me dejes sin una gota de leche.

    -Si papi, soy tuya, nunca había visto un pene como el tuyo, es enorme, al principio pensé que no me iba a entrar, pero ahora a pesar que me duele me gusta, quiero que me lo metas.

    Inmediatamente se levantó, abrió mis nalgas mientras seguía recostada en su mesa y empezó a meter su verga en mi conchita.

    -Así mi amor, quiero sentirla dentro de mi, lléname con tu presota…

    Mientras me penetraba empezó a apretarme las tetas con sus manos y mis nalgas temblaban cuando su verga entraba dentro de mi.

    -Mmmm mami, quisiera metértela en el culo, tienes un anito chiquito, quiero romperte ese culito bebe.

    -Nooo, me harías daño, la tienes muy grande.

    Mi padrastro removía su enorme pene dentro mío y yo moría de placer, en eso hizo que me subiera a la cama me arrodillara al filo y me jaló, me agarro las tetas y puso su platanazo entre ellas y las apretaba, me pasaba su cabezota como de hongo por mi boca, por toda mi cara y hacia que se lo chupe, apenas entraba su cabeza en mi boca.

    -Vamos putita, échale saliva y límpialo con tu boquita.

    Le eché saliva y un hilo de ella unía mi boca con la cabezota de su pene y luego con mi lengua limpie su pene. Una y otra vez hizo lo mismo.

    -Mi cacherita, ponte en cuatro, quiero clavarte nuevamente.

    Inmediatamente me puse en posición perrito y él se agachó y empezó a chuparme la concha y además pasaba su lenguota por mi ano.

    -Ahhh, que rico bebe, sigue…

    Mi padrastro hacia vibrar todo mi cuerpo, sentía que se devoraba toda mi conchita y mi culito, en eso se levantó y se acercó a la cómoda, sacó un frasquito con una crema, se echó bastante en su mano.

    -MI cacherita, te voy a untar esta cremita en tu culito.

    -que vas a hacer bebé?

    -Ya veras, vamos para ese culito.

    Sentí como me iba untando el ano con esa crema y sus dedos poco a poco se abrían paso en él, la verdad, se sentía muy rico.

    Voltee para mirar que hacía y vi cómo se echaba la crema en el pene, no me dio tiempo para reaccionar, enfiló su pene hacia mi culito y lo fue metiendo.

    -Ay!!! en el culo no papi!

    -Te dije que sería mi mujer completamente, te voy a reventar ese culazo que tienes.

    Su enorme pene se abría paso por mi ano, sentía que me iba a desmayar.

    -Que rico culazo, aguanta chiquita, van entrando unos 10 cm.

    -Uy! me destrozas!

    -Vamos zorrita, quiero que te pases los dedos por la concha mientras te parto en dos, pero que rico culazo, que rico chiquito que tienes, cada vez me arrechas más…

    Pasé mis dedos por mi conchita y a la vez tocaba su pene que estaba resbaladizo y sentía como ese enorme nabazo me abría el culo.

    -Que rico hueco, tu culo me vuelve loco, eres riquísima, que suerte la del imbécil de tu marido, si supiera que estoy reventando el culo y ahora eres mi mujer y te estas comiendo mi platanazo, uy mami, quiero venirme adentro, vamos mueve ese culazo.

    Como pude, casi llorando empecé a dar movimientos circulares alrededor de su pene y de pronto sentí como un gran chorro de leche caliente llenaba mi culito.

    Sacó su verga y empezó a pasármela por las nalgas y la concha.

    -Ay bebé, que rica leche, has hecho que me quede doliendo el culo.

    -Ven, quiero que me termines de limpiar la pinga, vamos chúpala.

    De un jalón puso mi cara cerca de su verga y me jaló para chuparla.

    -Sí, así putita, eres una diosa, quien lo diría, tantas veces cuando venias de visita me masturbaba pensando en cacharte y ahora hasta te he reventado el culo.

    -No sigas, no sé qué he hecho, me siento mal, nunca pensé que podía hacer algo así.

    Inmediatamente me besó y luego me dijo:

    -Dime, te ha gustado?

    -Eso no importa, lo que importa es que me siento pésima y encima me duele mi conchita y mi culito, eres un salvaje!

    -Jajaja, pero entonces si te gustado, he notado que te has venido como nueve veces…

    -No sigas, eso es lo peor, nunca nadie me había tratado así en la cama.

    Bueno, espero que se repita esto, apura, cámbiate, báñate, no sé, no vaya ser que venga tu madre o tus hermanas.

    Me levante, fui a la ducha, mientras me duchaba al momento de jabonarme el culo noté que un poco de sangre manchó mi mano, el salvaje de mi padrastro me había rasgado el culo, me puse nerviosa ya que sentía que estaba mi culo como un enorme hueco.

    Espero les haya gustado, no busco sexo ni nada por el estilo, pueden enviarme sus comentarios a [email protected], gracias, bendiciones y cuídense del covid. Besitos.

  • Cuernos dolorosos

    Cuernos dolorosos

    Me llamo Lucio, tengo 42 años y estoy en pareja, desde hace 3 años, con Zoe que tiene 37, ambos sin hijos. Ella viene de un divorcio y yo quedé viudo 5 años atrás. Nos conocimos en una reunión en casa de un amigo. Cuando me la presentaron sentí una fuerte atracción, y según luego me dijo ella, fue algo mutuo. A partir de allí comenzamos a frecuentarnos, salidas a comer, alguna vez a bailar, cine, teatro, paseos. Ella después de su divorcio fue a vivir con su madre y entre ambas pagaban el alquiler de la casa. Cuando falleció la mamá de Zoe llevábamos 6 meses de afectuosa relación que nos permitía disfrutar en todos los terrenos. Era una delicia compartir charlas, comidas, salidas, y en la cama teníamos sesiones prolongadas, variadas y placenteras que nos dejaban agotados.

    Estimando ambos que la relación había madurado lo suficiente decidimos vivir juntos en mi casa y de paso evitando cargar ella sola con el alquiler. Naturalmente ambos conservamos nuestros amigos y así ampliamos el círculo, compartiendo, según afinidad, yo los de ella y ella los míos.

    Un jueves de hace dos semanas Zoe me trasmitió mensaje de Juan y su pareja, Eva. Los tres trabajan en la misma empresa. Eva es menudita, cuando mucho de 1,65 de altura y delgada, en pocas palabras, escasa de curvas. Compensa su modesto físico con una cara preciosa, una simpatía desbordante y cosa llamativa, muy equilibrada y madura en su conversación. Ellos pensaban salir a cenar el viernes a la noche y luego a bailar y preguntaban si queríamos prendernos. Ambos rondan los 35 años y tienen buen aspecto. Como otras veces habíamos tenido reuniones similares muy agradables con ellos accedí de inmediato, quedando que nos buscarían en su auto, pues nuestra casa estaba de camino hacia el restaurant y no se justificaba usar dos vehículos.

    Zoe es delgada, de alrededor de 1,70 de alto un poco más baja que yo, con unas piernas estilizadas que suele lucir con polleras sueltas a la rodilla. Se puede decir sin exagerar que es un conjunto proporcionadamente hermoso, lindas facciones, tetas medianas y firmes, y una colita espectacularmente atrayente. Por mi parte soy del montón, no destaco por nada pero el conjunto en general agrada. Soy socio de un estudio jurídico y al físico lo mantengo gracias a la práctica de un arte marcial.

    El viernes, tal como estaba previsto, nos buscaron a eso de las diez de la noche y fuimos a un restaurant, de apariencia modesto pero con comida de buena calidad, donde habían hecho reserva para cuatro. Comimos bien y bebimos mejor. El vino lo eligió Zoe, que sabe de eso, y que pegaba perfecto con la comida. La charla hizo que la bebida superara holgadamente el momento de comer, por lo que salimos algo contentos hacia donde pensábamos continuar con algunos tragos y bailar. Al entrar vimos que estaba bastante concurrido y cuando desesperábamos de conseguir mesa nos encontramos con un matrimonio amigo de Juan que nos ofreció compartir la de ellos. Ambos promediando los 40, de muy buen aspecto y ella, siendo delgada, mostraba un físico francamente apetecible. Sus nombres son Roberto y Carmen.

    Los recién llegados acordamos qué tomar y Juan fue a la barra a pedir, siendo yo el único que prefirió algo sin alcohol pues me había excedido en la cena. Justo frente a la mesa comenzaba la pista de baile, bastante grande por cierto, y muy concurrida. Periódicamente variaban la música entre algo movido y melodías lentas, siendo el ambiente sumamente agradable donde cada uno iba a lo suyo sin mayores recatos. Algunas parejas mostraban estar tan apasionadas que parecían al borde del orgasmo y otras distendidas charlando o concentradas en el baile, sin darse por enterados de lo que otros hacían. Y el ejemplo estaba palpable. Nosotros hablando tranquilamente y, en el sillón amplio de al lado, una joven sentada sobre la falda y dándole la espalda a un hombre bastante más grande, con una pollera amplia que disimulaba algo su postura, se movía suavemente en círculos o en subibaja, siendo la gestualidad de su cara índice seguro de que algo de buen tamaño le taladraba la conchita. Imposible no enterarse de la tremenda corrida de ambos cuando escuchamos el gemido agudo de ella junto al grave ronquido de él y la súbita laxitud de ambos que parecían haberse desmayado.

    Si bien no me desagrada el baile no puedo decir que sea un devoto de él, en cambio Juan, Eva y Zoe verdaderamente lo disfrutan. Pasado un rato en que había entablado una conversación muy amena con Roberto, Zoe le pidió a Juan que la llevara a bailar cosa que ya había sucedido otras veces cuando yo no demostraba ganas de hacerlo.

    Así el bailarín alternó mi compañera con la suya supliendo mi escasa participación. Cuando Eva me pidió salir a la pista le pedí disculpas pues sentía incomodidad en el estómago, probablemente por los excesos durante la cena.

    En una de las veces bailando Juan con Zoe el tramo de piezas lentas me pareció que estaban más pegados de lo que supone una simple amistad pero no le di mayor importancia pues en seguida se separaron viniendo a sentarse con nosotros. Luego de bailar con Eva las piezas movidas, salieron nuevamente Juan y Zoe a bailar las lentas; esta vez presté mayor atención mirando de reojo para disimular mientras hablaba con Eva, pudiendo ver que si bien no estaban muy pegados sin embargo él metía cómodamente su pierna derecha entre las piernas separadas de ella. Ante eso y para probar, los miré directamente y cuando se dieron cuenta cesaron de hacerlo, pero lentamente comenzaron a moverse hacia el sector más alejado de nuestra mesa. Dejé pasar unos diez minutos y me levanté con el pretexto de pedir agua en la barra para tomar una pastilla que me calmara la incomodidad estomacal, cosa que hice y luego empecé recorrer buscando a los bailarines. Al no verlos en la pista seguí la búsqueda por los alrededores y los encontré al costado de un pasillo en un sector poco transitado. Ella estaba de espaldas a la pared con los brazos en el cuello de él, besándose, mientras las manos de Juan se ocupaban de las nalgas de Zoe. Si bien podía esperarlo por lo visto anteriormente, ese espectáculo me impactó. Lentamente me sobrepuse, busqué una ubicación que me permitiera observarlos de perfil y justo encontré el lugar apropiado. Una luz del otro lado me dejaba verlos con cierta nitidez así que saqué el celular y me dispuse a filmar.

    Cuando terminó el beso se separaron un poco como para dar espacio a las manos, ella palpando el bulto que mostraba el pantalón mientras él metía su mano derecha bajo la pollera buscando una conchita seguramente empapada, y la mano izquierda oprimiendo una teta. Que la mano de Juan estaba en su objetivo y los dedos habían entrado profundamente en la vagina se hizo evidente cuando Zoe abrió súbitamente la boca y tiró la cabeza hacia atrás. A partir de ese momento el movimiento de entrada y salida se volvió frenético, ella con la mirada fija en los ojos de él, agarró con las dos manos la muñeca acompañando el vaivén, como si Juan no tuviera la fuerza suficiente para introducir bien adentro los dedos. De pronto ella paró el movimiento manteniendo la mano apretada firmemente contra su entrepierna, puso los ojos en blanco y comenzó la convulsión típica del orgasmo donde los músculos alcanzan su máxima tensión y pasan luego a distenderse. Eso hizo que Zoe se fuera deslizando pegada a la pared para quedar sentada, con los ojos cerrados, la cabeza ladeada hacia un hombro y la pollera en la cintura.

    Juan la dejó descansar un momento y luego la ayudó a incorporarse. Ya repuesta llevó sus brazos al cuello juntándose nuevamente los labios de ambos, sin la urgencia anterior, ella saboreando la lengua de él y como agradeciéndole el placer recibido. El beso terminó cuando las manos de Juan fueron a los hombros de ella haciéndola bajar hasta que las rodillas tocaron el piso y la cara quedó a la altura de la bragueta. Cuando ella bajo el cierre, sacó la pija y la introdujo en la boca ya no pude aguantar más, dejé de filmar y doblado de dolor caminé vacilante hacia la mesa que ocupábamos. Un poco antes de llegar saqué fuerzas de flaqueza y me erguí, les pedí disculpas porque me iba a retirar pues tenía muchas náuseas y le rogué a Eva que la acercaran a Zoe cuando terminara la velada.

    Saliendo reapareció el dolor intenso. El cuerpo, solidario con el alma, se dolía en sintonía con ella, dolor que nunca antes había sentido. Tomé un taxi y en veinte minutos estaba en casa cuando el reloj marcaba las dos de la madrugada. Mi organismo aguantó justo para llegar a baño donde vomité todo lo que tenía en el estómago. Los intestinos también se hicieron notar arrojando todo líquido. Cuando me sentí algo mejor me bañé, busqué y llevé a la cama una botella de agua, me acosté y recorriendo con el pensamiento cada parte del cuerpo traté de relajar los músculos que estaban contraídos por la bronca y el dolor. Algún alivio logré aunque no pude dormir.

    Eran las seis de la mañana, mientras cambiaba canales tratando de entretenerme, cuando escuche que se abría la puerta de calle. Zoe llegó al dormitorio con cara de cansada pero buen gesto.

    —Vengo caliente, quiero que me hagas el amor —y se arrimó a darme un beso. Esquivé sus labios.

    —Todavía tengo en la boca el sabor del vómito y las náuseas siguen presentes, ¿qué es ese olor raro que tenés?

    —Seguramente debe ser del ambiente cerrado de la discoteca.

    —Por favor báñate antes de acostarte porque eso aumenta mi descompostura.

    Se bañó y en pocos minutos salió desnuda, como sabe que me gusta, metiéndose en la cama.

    —Sigo sintiendo el olor, quizá sea tu ropa, la voy a llevar al lavadero.

    Fui al baño, sabiendo qué tenía que buscar, la bombacha negra, perfectamente limpia que se había puesto delante mío antes de salir. Allí estaba, debajo de la ropa. La tomé y la llamé.

    —Nena vení, ya descubrí de dónde sale el olor.

    Cuando entró y le mostré la entrepierna de la bombacha, totalmente cubierta de una mancha blanquecino—amarillenta se puso pálida

    —Cuanta leche acumulada tenía el tipo que te cogió.

    Bajó la cabeza y salió en dirección a la cama.

    —¿A dónde vas?

    —Me voy a acostar.

    —Alto, alto, este dormitorio, esta cama y este baño eran de nuestra pareja, pareja que vos rompiste, así que tenés media hora para sacar tus cosas de esta habitación y del baño; te quedan dos opciones, la habitación de servicio o fuera de la casa.

    Como no iba a poder dormir me levante a tomar algo liviano. Desde el comedor escuche largo tiempo su llanto. Cuando cesó de llorar me asomé a la habitación de servicio y la vi acostada encima del colchón vistiendo solo un salto de cama.

    Pasado el mediodía, estaba en el comedor sentado tomado un caldo, cuando llegó ella con una taza de té y se sentó enfrente de mí.

    —Podemos hablar?

    —Por supuesto, te escucho.

    Las profundas ojeras rodeando los enrojecidos ojos delataban el mal momento que vivía,

    —Yo te quiero, y te quiero mucho, lo que pasó fue solo sexo, no quiero perderte, sos lo más importante de mi vida, perdóname.

    —Te perdono, y la prueba de ello es que no te insulté, no te molí a trompadas ni nada parecido.

    — Qué vas a hacer?

    —No sé, cuando disminuya el dolor ya veré.

    —Juan y Eva quieren venir hablar con vos, me mandaron mensaje.

    —Que vengan cuando quieran.

    Llegaron como a la hora, los hice pasar, les ofrecí algo de tomar y los cuatro coincidimos en café.

    —Zoe por favor acompáñalos mientras preparo los cafés.

    Al rato nos sentamos.

    —Les agradezco que hayan venido pues tenía que hablar con vos Juan para compartir los gastos de anoche.

    —Tómalo como una invitación nuestra.

    —Agradecido, qué los trae por acá?

    —Zoe nos contó que estabas muy enojado con ella, y como nosotros la queremos y deseamos ayudarla vinimos a charlar con vos —me dijo Eva.

    —Sí, estuve enojado pero ya se me pasó, ahora solo me queda el dolor —y les conté detalladamente lo sucedido desde las 6 de la mañana hasta ahora. Intervino Juan.

    —Zoe no te contó nada? vos no le preguntaste que pasó?

    —La verdad es que alguna curiosidad tengo, pero el hecho fundamental es que ella se hizo llenar la concha y la boca de leche por otro y a espaldas mías.

    —Sí, pero las circunstancias pueden permitir entenderlo—

    —Perfecto, Zoe, contame los detalles.

    —Mejor que te los cuente Juan.

    —Esto sí es notable, vos me ponés los cuernos y el que sabe mejor del asunto es Juan. Bien, Juan te escucho.

    —La idea era salir a bailar los cuatro, Eva con vos y Zoe conmigo. Eva iba a hacer que vos intimaras algo con ella y luego aparecíamos nosotros y los veíamos liados, entonces vos ibas a aceptar que yo intimara con Zoe. No contamos con que te sintieras mal como para no bailar y menos que te fueras mucho antes de lo previsto. Nosotros estuvimos mal porque nos dejamos llevar y terminamos intimando sin tu participación. Eso fue todo y por eso te pido perdón.

    —No tenés que pedirlo, la que tenía deber de fidelidad es Zoe, vos hiciste lo que la gran mayoría de los hombres hubiera hecho con una hembra ávida de sexo que se ofrece, en las narices de su compañero, a lo que el macho le pida. De todos modos la idea era buena, a quién se le ocurrió?

    —A los tres.

    —Cuándo y dónde.

    —El jueves a la salida del trabajo Zoe vino a casa a tomar el té y ahí se nos ocurrió.

    —A ver si entendí, ustedes corríjanme si voy errado en lo que digo. Para que surgiera la idea deben haber habido ganas previas. Tomando el té Juan le dijo a Zoe, o Zoe a Juan, te tengo ganas, a lo que el otro contestó yo también. Y cómo hacemos para que Lucio acepte que nosotros nos saquemos las ganas; ahí Eva se ofreció a ayudarlos convenciéndome a mí. Es decir, antes de germinar la idea el día jueves no hubo nada entre ustedes como ser un beso, una apoyada, y mucho menos sexo oral, penetración vaginal o anal. Y lo mismo, ningún contacto después de tener la idea hasta el viernes a la noche en que la cosa se desmadró. Resumen, el viernes a la noche fue la primera vez que ustedes, Juan y Zoe tuvieron intimidad sexual. ¿Es así Zoe?

    —No.

    —Decime Zoe, y desde cuando vienen sacándose las ganas.

    —No recuerdo.

    —Juan, Eva ¿tienen mejor memoria?

    —Tres meses” me contestó Eva.

    Entonces me levante ubicándome detrás de Juan apoyando una mano en su hombro, “Ahora sí tengo el panorama más claro, una última pregunta Zoe, mientras Juan te montaba, qué le contestabas a la pregunta ¿quién te coge mejor, el cornudo de Lucio o yo?”.

    Silencio de Zoe y pregunta de Juan.

    —Y cómo lo sabés.

    —No lo sabía, ahora me lo confirmaste vos.

    Lo tomé del cuello con el brazo arrastrándolo hacia atrás y ahorcándolo. Cuando vi que se ponía morado lo solté dándole un buen puñetazo en nariz y boca con la lógica consecuencia de fractura de tabique nasal, pérdida de dos dientes y luxación de la mandíbula. Terminé mi venganza con una patada en la entrepierna. Mientras Juan permanecía en el piso en posición fetal, agarrándose con una mano la cara y con la otra los testículos, le dije el por qué de lo sucedido.

    —Esto no te pasa porque te hayas cogido a mi pareja, no porque le hayas hecho tragar diez litros de semen, no porque le hayas metido cien metros de verga por el culo, no, esto te pasa por haberme insultado, por burlarte de mí, mientras yo ignorante de todo seguía llamándote amigo, por degradarme ante mi compañera creyéndote el mariscal de la pija cuya voluntad era ley para esta pobre imbécil que hace media hora decía quererme más que a nada en el mundo. Una sola cosa más, la próxima vez que te vea te voy a aplicar un tratamiento tal que vas a rogar que te mate para no seguir sufriendo.

    —Zoe, ahora sí, sabiendo bastante más, estoy en condiciones de decidir qué hacer. Son las tres de la tarde, tenés hasta las seis para sacar tus cosas y abandonar la casa.

  • Un ascenso merecido

    Un ascenso merecido

    Les voy a relatar una historia inolvidable, la he dividido en tres partes con títulos diferentes: «Un ascenso merecido»; «Fête de mask» y «Vuelta a casa». Que lo disfruten.

    Mi familia tiene una empresa de tecnología. Vende a muchos países, pero ha sido imposible entrar en el mercado francés.

    Me incorporé a la oficina como influencer y community mánager. Mi papi me pidió encargarme de las redes sociales y para encontrar nuevos clientes y compradores, así que me puse a trabajar.

    Luego de algunos meses y gracias a mi desempeño, recibí un ascenso. Papi me llama a su oficina…

    -Hija te voy a dar el sector de marketing y ventas. Necesito hacer un cambio y con tus ideas creo que vamos a llegar muy lejos.

    -Gracias papito!

    Le doy un abrazo, estaba muy feliz.

    -Te voy a enviar unos archivos y quiero que le pongas énfasis a «Talent Doux» Necesito tu imaginación y tus ideas para conseguir este cliente.

    -No te preocupes papito, yo me encargo.

    Le agarre la corbata y acerque mi cara a su pecho (Soy petisa). Apreté el botón de las cortinas y papi me dio un beso. Mis manos fueron bajando hasta su entrepierna y mirándolo a los ojos me arrodille en el piso, desabroche su pantalón y los bajé hasta su rodilla. Comencé a lamer su pija y la introduje hasta mi garganta. Papi estaba muy caliente y su pija toda chorreada. Agarró mi cabeza y comenzó a coger mi boca, yo hacía arcadas pero no quería que pare. Agarré su pija y le pasé la lengua de punta a punta, por los huevos y casi llegando a su ano. Paseaba su pija y mi lengua hacía que papi se calentara mucho más!

    -Ah sí, voy a acabar!

    -Mnm dame toda la lechita papi!

    Empujo su pija hasta el fondo y acabó su rico semen en mi garganta.

    Lamí toda su verga hasta dejarla limpia.

    -Gracias por el ascenso papi. Voy a poner lo mejor de mi para que la empresa siga creciendo.

    -Lo sé hija, lo sé muy bien! -Mientras se acomodaba la ropa.

    Salí de su oficina y me fui al escritorio a comenzar con mi trabajo. La empresa francesa ha sido un desafío para mi papi desde que empezó con el negocio.

    Luego de varios días presente un proyecto al directorio y a Talent Doux, les gustó la propuesta y me invitaron a una reunión en Francia.

    Recibí unos pasajes y una reservación en el Hotel Louvre Saint-Honoré. Lo googleé por supuesto jeje.

    Llego el día, me desperté temprano 7 a.m. tenía el bolsito preparado con los papeles y la compu, algo de ropa formal y ropa interior muy sensual como me gusta usar. Unos zapatos, maquillaje, accesorios, secador de pelo y la planchita. Me di un baño, me vestí con un jean con agujeros, blusa blanca, unas zapas de lona y listo, me voy a ver la Tour Eiffel.

    Llegó el Uber que me llevaría hasta el aeropuerto de Ezeiza a tomar el avión, eran las 10 de la mañana, deje el bolsito en la parte trasera y me senté adelante.

    El chófer era un señor de unos 60 años, barba canosa igual que el pelo. No parecía gordo, al contrario, se lo notaba atlético.

    -Te vas de viaje?

    -Si, a Francia 2 días, por trabajo.

    -En serio me decís? No entro en ese bolso si no me voy con vos jaja.

    Lo miré de reojo y sonreí. Sus ojos no dejaban de mirarme, recorrían mi cuerpo y eso empezaba a gustarme.

    -Mucho trabajo no?

    -Más o menos, pero bueno, por lo menos me tocó llevar esta belleza al aeropuerto.

    -Ay gracias. Es muy dulce usted.

    -No me digas usted, decime Roberto o Rober.

    -Bueno Rober, podemos parar que necesito ir al baño?

    -Claro que sí, de paso cargamos combustible.

    Paramos en una estación de servicio y fui directamente al baño. Tenía la bombacha mojada, las miradas del pervertido de Rober me calentaron mucho.

    Volví al auto y seguimos viaje.

    Agarré mi celular e hice un movimiento para hacerlo caer por debajo de su asiento.

    -Ay mi celular, se me cayó! Me mordía los labios mirándolo fijamente y me acerqué a él pasando mi mano por al lado de su pierna. No alcanzaba a agarrarlo y entonces me subí al asiento apoyando mis rodillas. Mi cara se acercaba a su oído.

    -Rober, mi celular está ahí abajo, lo puedo agarrar?

    -Querés que paremos?

    -No, no pares, yo lo busco.

    Me agache metiendo mi cabeza cerca del volante, mis brazos pasaban por sus piernas y no lograba encontrar el celular.

    De pronto mi cara se apoyó en su pantalón, encima del bulto!

    -Lo encontraste?

    -No pero creo que encontré algo que me interesa más.

    Me posicioné y comencé a pasar mis manos por su entre pierna, mi cola miraba hacia la puerta.

    Abrí el cierre de su pantalón y saqué su pija, tenía olor a sucio pero era grande.

    La introduje de una en mi boca y la chupe con todas mis ganas. Rober pasó su mano por mi espalda y llegó a mi cola. Con una de mis manos desabroche mi pantalón, sus dedos llegaron a mi culito y comenzó a jugar en él. Se chupo un dedo y lo introduzco en mi año haciendo círculos.

    -Que putita sos! Tenés un culo re goloso, mi dedo entró de una.

    -Y no sabes cómo entran las pijas.

    Seguía chupándosela, mi garganta se la comía toda.

    Paró el auto a un costado de la autopista, reclinó el asiento y me llevó hacia él.

    Me sentó en su pija, la metió en mi culito goloso. Empecé a saltar y a gritar de placer.

    -Ay si, cojeme la cola si! Que rica pija tenés!

    -Te gusta putita? Te la voy a llenar de leche

    -Si me encanta Ay si, seguí! No pares!

    -Voy a acabar puta, aah siii toma!

    Sentí como su lechita caliente se esparció dentro de mi colita. Yo seguía moviéndome, quería acabar así que me salí y me puse a lamerle la pija mientras me metía los dedos en la concha, mi cola estaba desnuda apoyada en la ventanilla.

    -Ay si Aay aah acabo!

    Metí los dedos en mi boca y limpié toda mi mano.

    -Rober, se me va el vuelo, llévame al Aeropuerto dale!

    -Vamos, pero tenés que dejarme tu número así te llevo a donde quieras cuando vuelvas.

    -Si me encantaría!

    Nos vestimos y seguimos hasta el aeropuerto.

    Llegamos, lo agarré de la cara y le estampé un beso en la boca.

    -Gracias viejito lindo, me llevo tu lechita caliente en mi cola para Francia.

    -Buen viaje putita, nos vemos a la vuelta?

    -Quien sabe, quizás…

    Agarré mi bolso y me fui a hacer el check-in.

    Pasé al baño, me cambié la bombachita y lamí toda la leche pegada, soy re cochina lo sé.

    Sale mi vuelo. Nos vemos en Francia…

    Espero les guste esta parte, hay más!

    Besos. Muack muack!

    Tefi