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  • Manoseando a mi cuñada

    Manoseando a mi cuñada

    Mi esposa y yo vivimos en la misma ciudad que su hermano y su esposa y nos juntábamos para convivir con ellos muy frecuentemente, los 4 somos de otra ciudad, pero por cuestiones de trabajo terminamos en el mismo lugar.

    La esposa de mi cuñado siempre me ha gustado, desde que ellos eran novios. Es varios años más joven que yo, ligeramente rellenita, pero muy guapa y tiene unas tetas hermosas y unos labios deliciosos que cada vez que los veo me dan ganas de arrancárselos a mordidas. Ella se llama Anel y su esposo Marco.

    Un viernes, después del trabajo nos juntamos en nuestra casa a tomar unas cervezas, platicar y cenar, todo para desestresarnos y olvidarnos de la rutina un rato, se nos fue el tiempo tomando y platicando, los niños se pusieron a ver una película y después se fueron a dormir y los adultos nos quedamos en el jardín. Ese día en particular (tal vez por el alcohol) noté que Anel se pegaba mucho a mí y me tocaba mucho, bastante más de lo normal, yo obviamente de forma muy casual también me le pegaba a ella.

    No sé cuándo habremos tomado esa noche, pero fue bastante y yo poco a poco iba notando como se le subían las copas a Anel y a su esposo. Entre más se le subía el alcohol más se me pegaba y me empecé a calentar muy cabrón.

    Llegó el momento en que Marco no pudo más y en una ida al baño se desvió a uno de los cuartos, en donde estaban dormidas sus hijas y se quedó profundamente dormido. Anel se subió a dormir un poco más tarde y bastante ebria. Mi esposa y yo nos quedamos limpiando y recogiendo los platos, vasos, copas y demás. Ella ya estaba muy cansada y le sugerí que se subiera mientras yo terminaba de limpiar.

    Cuando subí a dormir noté que Anel estaba sola en un cuarto, profundamente dormida. Eran como las 4 am, así que entre el alcohol y la hora cayó como piedra y dejo la puerta abierta. Yo pasé por fuera y la noté. También noté que su esposo estaba en el otro cuarto con la puerta cerrada. Me fui a mi cuarto, me puse la pijama y me acosté, pero con la idea de ir a ver a Anel.

    Me paré «por agua» y de regreso dejé el vaso en una mesa del pasillo y me metí al cuarto donde estaba Anel, solo para verla. Estaba acostada de lado, tenía puestos unos jeans y una playera escotada. Sentí tentación por tocarla, pero dudé mucho y me dio pavor despertarla, así que salí del cuarto y me fui a acostar, pero me quedé pensando en ella.

    De pronto pensé -es ahora o nunca. Así que agarré valor y regresé a su cuarto con mucho cuidado de no hacer el menor ruido. Primero la toqué con un dedo en el brazo a ver si reaccionaba y no reaccionó. Le puse toda la mano en el brazo y nada, le empecé a acariciar el brazo y no tuvo ninguna reacción. Fue entonces que agarré más valor.

    Entre su playera y su pantalón, a la altura de la cintura se asomaba un poco de piel, le puse la mano ahí y espere para ver si reaccionaba de algún modo… nada. Fui subiendo la mano por debajo de su playera muy lentamente y muy atento a cualquier señal de haberla despertado, pero nada. Llegué al borde de su brasier, el corazón me latía a 1000 por hora, sabía que si se despertaba me metería en un problema súper serio con ella, con mi esposa y con toda la familia, pero también sabía que si en algún momento iba a sentir esas tetas en mis manos era ese.

    Agarré más valor y subí mi mano hasta cubrir toda la curva de una de sus tetas con mi mano, estaba excitadísimo, muy nervioso y muy paranoico. Como tenía puesto el brasiere, solo sentía mitad brasier y mitad piel en mi mano, pero yo quería sentir sus tetas en todo su esplendor. Ella estaba de lado y se había desabrochado el brasier, así que no fue difícil meter la mano por debajo. Con todo el temor y la excitación del mundo metí mi mano por debajo de su brasier y la subí hasta sentir una de sus gloriosas y redondas tetas en mi mano. Es difícil explicar los sentimientos que tuve en ese momento, fue mucha excitación, mi verga estaba dura como piedra, pero también nerviosismo, culpa, gusto, temor, etc…

    Al ver que no se movía en lo más mínimo tome un poco más de confianza y empecé a mover mi mano. Inmediatamente sentí su pezón y lo empecé a acariciar. Fue una cosa deliciosa. Pasé mi mano a su otro pecho y también lo empecé a acariciar. Estuve un minuto o dos tocándole las tetas y acariciándole los pezones.

    Después me dio curiosidad de tocarle las nalgas, así que metí mi mano en su trasero por debajo del pantalón, pero solo las acaricie un poco. Después pase mi mano para enfrente, metiéndola por su abdomen por debajo del pantalón y bajando hacia su vagina. Para mi sorpresa estaba totalmente depilada, pero en cuando bajé un poco más mi mano sentí un movimiento muy leve, pero muy claro echando hacia atrás su cadera, como quitándose, así que me dio miedo y saqué la mano. Sabía que tenía que irme en ese momento, pero por otro lado me tenía que quedar a probar esa boquita deliciosa.

    Decidí hacer un último movimiento y me pasé del otro lado de la cama, para quedar frente a ella. Le bese los labios muy suavemente y muy atento a cualquier reacción y se los empecé a acariciar con los míos y con mi lengua. Ahí hubo otro pequeño movimiento, abrió un poco la boca, pero al parecer seguía dormida. Dudé otra vez si irme o quedarme y, muerto de miedo me quedé.

    Aproveché que había abierto un poco la boca para besarla de nuevo, esta vez le metí la lengua hasta sentir la suya, pero muy suavemente y muy despacio. Sentir sus labios fue otra cosa maravillosa.

    Pensé en sacarme la verga y ponérsela en la boca, pero me contuve, supe que eso estaría mucho mas pasado de la raya de lo que ya había hecho, así que decidí que era momento de irme. Aproveché el escote de su playera para acariciar sus tetas por una última vez (y última vez en mi vida, seguramente), muy despacio metí mi mano por su escote y por debajo de su brasier hasta volver a sentir sus hermosas tetas. Se las acaricié un poco más, también los pezones, saqué mi mano y me fui a mi cuarto.

    Al día siguiente me invadía la preocupación de que se hubiera dado cuenta y dijera algo, además del sentimiento de culpa, pero por otro lado el recuerdo de sentir su cuerpo en mis manos era delicioso.

    Ella y su esposo se levantaron tarde y con una cruda espantosa, pero como si nada. Se fueron antes de desayunar y no los volvimos a ver hasta después de varias semanas.

    Han pasado varios años y nunca supe (ni sabré) si ella lo sintió o no, si se dio cuenta, si supo que era yo, si estuvo dormida siempre, si despertó. A veces me gusta fantasear que me dice que lo sintió y que le gustó y se vuelve mi amante. A veces me gusta pensar que se dio cuenta y que esos pequeños movimientos que tuvo fueron intencionales. Lo más probable es que no lo sepa nunca.

  • El bosque bajo la lluvia

    El bosque bajo la lluvia

    Un viernes por la tarde estando en mi trabajo sentí un poco de curiosidad por las páginas de chat y contactos gay, así que decidí entran en una sala de chat que no requería descargar ninguna App ni proporcionar mayores datos lo que me gusto, cree un usuario y empecé a ver quién estaba conectado, al cabo de unos 20 minutos de no encontrar nada interesante estaba por desconectarme cuando me llegó una notificación de un chat nuevo lo abrí y empezamos una conversación, me dijo que era nuevo en esto y que no tenía mucha experiencia en el chat, lo que me pareció perfecto porque yo tampoco tenía experiencia en el tema, hablamos de cosas como que edad teníamos y que buscábamos ahí en esa sala en específico, él me dijo que estaba experimentando con sus gustos sexuales, que tenía 20 años y aunque ya tenía experiencia sexual con chicas sentía curiosidad por los hombres, que se consideraba bisexual, yo le comenté de mí, que ya había tenido unas cuantas experiencias con hombres y pues que me había gustado, me dijo que estaba en un cybert café y que ya se debía ir a su casa que si podíamos intercambiar números para continuar en contacto, me sentí en confianza con el así que le di mi número y el me dio el suyo.

    En la noche recibí un mensaje de él y continuamos nuestra conversación, cosas como a qué nos dedicábamos y eso, le conté sobre mi trabajo y el me contó sobre sus estudios en la universidad, me parecía un chico agradable y me sentía cómodo hablando con el, me pregunto por mis experiencias sexuales con chicos y yo le conté cómo fue mi primera vez y algunas otras experiencias y anécdotas de mis andanzas, nos reímos de muchas de ellas, y me confesó que se sentía excitado y con muchas ganas de probar algo como lo que yo le había contado, yo le pregunté que si había tenido algún contacto con otro hombre, me contó que hace tiempo un amigo lo había besado pero él se puso nervioso y se alejó de él, y que en otra ocasión ya había quedado con alguien en un chat pero que cuando llego a la casa del tipo era completamente diferente a la foto que le había enviado que era un hombre mayor de unos 50 años y un tanto desagradable, que cuando él le dijo que no quería hacer nada sexual lo quiso forzar y por eso tenía miedo de acudir a un encuentro con algún desconocido, yo le decía que por mi no había ningún problema que si algún momento quedábamos para vernos no haria nada que no sea con su consentimiento.

    Así paso el tiempo, con chats todas las noches en las que nos íbamos conociendo mejor y ganando confianza mutua, hasta que el siguiente viernes en la noche me escribió que estaba con ganas de conocerme en persona y ver hasta dónde podíamos llegar, cómo los dos habíamos coincidido en que nos gustaba salir a caminar y la naturaleza hablamos sobre la posibilidad de hacer una caminata por un sendero que pasaba por un riachuelo y llevaba hasta un bosque, así quedamos para encontrarnos el domingo en la tarde en un parque de la ciudad y desde ahí salir hasta dónde empezaba el camino para pasar la tarde juntos, ya con más confianza entre nosotros ya subimos el tono a los chats, cómo yo quería saber qué es lo que mi nuevo amigo buscaba le pregunté:

    -Oye que es lo que te llama la atención del sexo entre hombres?

    -En realidad quiero saber que se siente que un hombre me la mame, cuando he estado con chicas si me lo han hecho pero siempre me he preguntado qué se sentirá que otro hombre te lo haga

    -Bueno me han dicho que la mamo rico jajaja.

    -Eso tendré que probarlo y juzgarlo yo no crees?

    -Hay algo más que te gustaría hacerme o que te haga yo?

    -La verdad me da un poco de vergüenza decirlo

    -Anda dime con confianza, creo que ya podemos decirnos eso sin tener vergüenza entre nosotros

    -Tienes razón, lo que me llama la atención en realidad es tocar y sentir la verga de otro hombre

    -Estarías dispuesto a hacerme un oral?

    -Si tengo muchas ganas de saber a qué sabe y si se siente más rico hacerlo o que te lo hagan

    -Podemos hacerlo mutuamente asi pruebas y decides

    -No sé si sepa cómo mamarla bien, ya sabes nunca lo he hecho antes

    -Tranquilo yo te enseño

    -Y a ti que te gustaría hacerme?

    -Me gustaría besarte de pies a cabeza, recorrer todo tu cuerpo con mis labios y no dejar nada de ti sin explorar

    -Se me paro solo de pensar en eso

    -jajaja yo la tengo parada desde que tocamos el tema

    -Me quieres culear?

    -Si me gustaría hacerlo

    -Pero tendrías que ser muy tierno y delicado porque debe de ser muy doloroso cuando te lo meten y más siendo mi culito virgen aún

    -Bueno ya veremos si logro penetrarte, si tu me dejas lo intentaré hacer con mucha delicadeza y si me dices que pare pues yo paro y no me resiento por eso

    -Oye, has hecho o te han hecho un beso negro?

    -Si lo he hecho, y también me lo han hecho

    -Yo solo lo he visto en los videos porno pero me gustaría que me lo hagas y saber que se siente

    -Ya veremos cómo se dan las cosas.

    Me la pase imaginado cómo sería el encuentro con mi virginal y veinteañero amiguito, la mañana ates de nuestro encuentro prepare mi mochila para nuestra pequeña excursión en la que planeaba explorar más en mi compañero de aventura que en el bosque, empaque una manta un par de copas y una botella de vino ya que con eso le mostraría mi lado tierno, y también empaque unos cuantos condones y un buen lubricante anal para mostrarle mi lado pervertido, luego de una ducha me asegure de ponerme mi ropa interior mas sensual, me perfume muy bien todo el cuerpo, estaba casi listo, aún cuando faltaba mas de una hora para nuestro encuentro, cuando sonó mi celular y era un mensaje suyo diciéndome:

    -Hola, ya me estoy alistando para salir, y pensé en preguntarte si hay algo en especial que te gustaría que use

    -Hola, qué lindo en preguntar, sabes no lo había comentado con nadie antes pero tengo un fetiche por los pies en calcetines y la ropa deportiva eso me pone muy caliente

    -Iré con un calentador en ese caso y mi ropa interior bueno eso será una sorpresa que espero y te guste, dime tu fetiche por los pies es como esos que se ve en la porno, que les gustan los calcetines sucios y con olor a pies sudados?

    -No por el contrario me gusta verlos muy limpios sobre todo si son de color blanco y que huelan bien los malos olores corporales hacen que pierda el deseo.

    -Mejor así porque ya me duche, te dejo para terminar de cambiarme te veré en el parque en una hora

    Salí de mi casa directo a mi encuentro preguntándome cómo sería el chico en persona, ya que a pesar de más de una semana de chats solamente habíamos intercambiado un par de fotos de nuestro rostro, en cierto sentido lo prefería así, el aire de misterio le agregaba emoción a la aventura, llegue al parque donde habían algunas personas supongo que por ser domingo muchos chicos estaban deportivos con calentador lo que me hizo más difícil reconocerlo de inmediato, así que me quede de pie en el lugar donde habíamos acordado encontrarnos, después de unos cinco minutos de impaciente espera se me acerca un chico alto de 1.75 cm aproximadamente, con un cuerpo entre delgado y atlético, estaba vestido con un calentador gris unos zapatos deportivos negros, una gorra negra y unas gafas oscuras se me acercó y con vos temblorosa me dijo hola Santi soy Junior mucho gusto, de inmediato le extendí la mano y le dije el gusto es mío, sabes casi no te reconozco, te parece si tomamos un taxi que nos lleve hasta la entrada al sendero, el viaje duro unos tensos 15 minutos ya que intimidados por la presencia del conductor no decíamos ni hablábamos de nada, hasta que llegamos al sendero donde luego de adentrarnos unos 20 metros yo empecé la conversación:

    -Sabes tenía un poco de miedo de que no vinieras

    -yo también estaba un poco preocupado de que no llegaras, o de no agradarte y me dejes ahí plantado en el parque

    -no, cómo crees no te haría eso, es más me sorprendí al verte eres más guapo de lo que esperaba

    -oye me pareces muy atractivo, pensé que te verías un poco mayor

    -jajaja solo te llevo 9 años de ventaja así que creo que si soy un poco mayor para ti

    -igual estás guapo, así se me hará más fácil explorar mis fantasías contigo

    -y cuál es la fantasía que quieres explorar hoy?

    -te lo dire más adelante no seas tan ansioso, te prometo que valdrá la pena

    -está bien seré paciente y dejaré que todo fluya

    Seguimos caminando un buen tramo del sendero hasta llegar a un lugar donde nos pudimos salir del camino y adentrarnos en el bosque, había un árbol caído en donde él se sentó a descansar un momento, yo me quede parado frente a él, mirándolo, me miró a los ojos y me sonrió lo cual yo interpreté como adelante has tu primer movimiento, cómo le prometí ser un caballero le pregunté si le podía dar un beso, él no dijo nada solo asintió con la cabeza, así que me acerqué y bese por primera vez esos rojos y carnosos labios que sabían a frambuesa, lo abracé con fuerza y le quite su gorra para poder besarlo con mas facilidad, baje por su cuello sintiendo un suave y agradable perfume, tuve el impulso de hacerlo mío en ese preciso lugar pero el me dijo que ahí no, que siguiéramos caminado más adentro del bosque por si venía alguien no nos viera, yo acepté y seguimos caminando por la orilla de un riachuelo hasta un punto que me pareció perfecto ya que estaba plano y rodeado de árboles por un lado y el riachuelo por otro, le dije te parece si nos quedamos aquí está bonito y no creo que nadie venga hasta acá así que creo es seguro para estar cómodos y relajarnos, me dijo que sí que le gustaba el lugar, le dije dame un momento para ver cómo está todo por acá y me alejé unos metros hasta dónde había muchos arbustos con flores amarillas entre los cuales extendí la manta que había llevado y abrí la botella de vino serví dos copas y las dejé listas, regrese a verlo y luego de unos cuantos besos lo tomé de la mano y le dije ven conmigo cierra tus ojos yo te guío, me sorprendió el nivel de confianza que habíamos alcanzado puesto que él no dudó ni un segundo en hacerlo, cuando llegamos hasta la manta le di un beso y le susurré al oído:

    -ya puedes abrir los ojos espero que te guste el vino

    -en serio hiciste esto para mi

    -por supuesto, quiero que esta experiencia sea algo bonito para ti

    -eres tan lindo no pensé que fueras hacer algo así me encanta

    Se giró me abrazo y empezamos a besarnos de una forma bastante apasionada, yo mordía suavemente sus labios y él metió su lengua en mi boca, la aprisioné entre mis labios y empecé a masajearla con mi lengua, mientras con mis manos recorría su cuerpo, le tomé de las nalgas y con fuerza lo apreté contra mi pecho, pude sentir claramente el roce de su pene en ereccion sobre mi ombligo puesto que él es más alto que yo, luego nos sentamos en la manta y bebimos el vino entre sorbo y sorbo de la copa nos besábamos, como ya lo comete yo tenia bastante experiencia acumulada así que deje un poco de vino en mi boca y se lo pase a él mientras nos besábamos él se lo tomó todo y sentí que eso le dio tal placer que me pregunto si podría sacar mi pene, yo no espere mas y lo saqué estaba con mi pene duro y completamente empapado de líquido preseminal ya que tantos besos me tenían muy caliente, él empezó a acariciarlo con suavidad subía y bajaba su mano haciéndome una deliciosa paja, luego le tome de la cabeza y lo lleve hasta mi pene rose levemente sus labios y él abrió su boca cómo sabía que no tenía mucha experiencia yo empecé a hacer movimientos metiendo y sacando mi pene de su húmeda boca, después de unos minutos se lo saque, me recosté sobre el yo estaba entre sus piernas restregándole mi pene sobre su entrepierna mientras me lo comía a besos lentamente baje besando su cuello y continúen bajado hasta sus pies, ahí pude ver sus calcetines eran blancos y llegaban justo debajo de los tobillos dejando ver una piel blanca suave y delicada, le saque los zapatos lentamente disfrutando el espectaculo de ver sus pies con los limpios calcetines, perdí todo pudor y vergüenza y lleve sus zapatos hasta mi rostro enterre mi nariz en ellos y senti un suave calor y un olor a desodorante de pies que me prendió como nunca, levante uno de sus pies y lo puse sobre mi rostro y él empezó a moverlo acariciando con suavidad mi cara, eso más que erotico se sintió tierno, por lo que retomé mi lugar entre sus piernas y volví a perderme en sus ojos color miel, el puso su mano detrás de mi cabeza y empezó a besarme luego de eso le ayude a quitarse su camiseta y el me ayudó con la mía, acaricié su pecho y fui bajando hasta llegar a la cintura con suavidad le quiete el calentador y me lleve una grata sorpresa al ver el blanco y sexi suspensorio que se había puesto especialmente para mi, me alejé por un momento para poder disfrutar de esa fantástica visión que tenía frente a mi, y él me dijo:

    -Perdon, no te gusto mi sorpresa?

    -Por el contrario me encanto tanto que no puedo dejar de mirarte

    -Disfrútalo que es solo para ti

    -En serio me fascina esto es casi irreal

    -Tomo mi mano y la llevo a su pecho-siéntelo es real y es todo tuyo, quiero que esto sea tan bueno para ti como lo estoy sintiendo yo.

    En ese momento empezó a llover, pero eso lejos de desanimarnos nos prendió más, pensé que esa era una fantasía solo mía pero resulta que él también tenía un secreto deseo de hacerlo bajo la lluvia, me quite toda la ropa y el se quitó los calcetines quedándose únicamente con el suspensorio puesto, pusimos nuestras cosas a buen resguardo de la lluvia y empezamos a besarnos y acariciarnos, yo fui bajando hasta su pecho y bese sus pezones, levante discretamente la vista hasta su rostro y vi su cara de placer por lo que continué besándolos y chupándolos, baje hasta su vientre y le acaricie el bulto que se marcaba en el suspensorio, abrí sus piernas y levanté su pelvis dejando al descubierto su culito el cual sin decirle nada empecé a lamer y morder con suavidad, sentía como ese lampiño ano latía en mi boca de inmediato empecé a meter mi lengua más profundo, sentía cómo apretaba mi cabeza ente sus blancos muslos y se retorcía de placer, me puse de rodillas frente a él con delicadeza y sin decir nada le di la vuelta poniéndolo en cuatro con sus nalgas frente a mi cara, pase mis manos entre las tiras posteriores de su suspensorio y acaricié sus nalgas las abrí por completo y enterré mi cara en su culito, nuevamente empecé a penetrarlo con mi lengua, sentía cómo se derretía el cuerpo entero de mi amante y se relajaba al punto de quedar tendido sobre la manta que había puesto en el suelo, le di nuevamente la vuelta le saque el suspensorio tomándolo en una mano para llevarlo hasta mi nariz y sentir su aroma.

    Acaricié el pene que quedo expuesto ante mi, no era demasiado grande, pero era recto terso y delicado cabía por completo en mi mano, fue casi instintiva la forma en que me puse entre sus piernas y me metí su pene en la boca, cómo no era grande fue fácil para mi chuparlo desde la punta hasta la raíz, le succionaba y cambiaba el nivel de presión de mis labios según escuchaba sus gemidos, se lo estaba lamiendo hasta los testiculos hasta que el me dijo:

    -Para por favor me vas a hacer venir y aún no quiero hacerlo

    -Te gusta como lo hago?

    -Me gusta mucho, pero ahora quiero intentarlo nuevamente yo

    Me recosté boca arriba dejando mi pene a su entera disposición, lo tomó con una mano y luego de masturbarlo por un rato lo llevo a su boca cerró sus ojos cómo si le estuviera dando un tierno beso y luego empezó a aumentar el ritmo de sus mamadas, lo dejaba en su boca y con su lengua lo envolvía en un torbellino de placer, pensé “si que aprende rápido” me estaba haciendo una mamada tan buena que sentí que debía corresponderle, así que con mi mano lo guie para que se diera la vuelta poniendo su culito en mi cara en posición de 69, se sentía tan bien la forma en que entre más pasión yo le ponía al lamer su culito el mamaba mi pene con más intensidad, meti mi dedo índice en su ano que estaba completamente mojado por mis lamidas y empecé a estimularlo para dilatarlo aún más, cuando sentí que estaba listo lo puse con sus piernas en mis hombros y empecé a intentar penetrarlo, lo cual conseguí con relativa facilidad a pesar de que era su primera vez se había excitado y dilatado a la perfección.

    Veía por su expresión que estaba haciendo un gran esfuerzo por aguantar mi pene rompiendo su ano por lo que fui muy delicado al meterlo por completo me quede un momento inmóvil con mi pene dentro de él para que se pudiera acostumbrar, al sentir su ano más relajado alrededor de mi pene con suaves movimientos empecé a meterlo y sacarlo, yo estaba casi recostado por completo sobre él besándolo y sintiendo su calor corporal, el me abrazo y empezó a apretar con fuerza, me causó una sensación de placer el sentir sus uñas clavadas en mi espalda, al estar en ese éxtasis giramos sin sacar mi pene de su ano, el quedó sentado sobre mí y yo con mi espalda el pasto de ese campo mojado puesto que al girar nos habíamos salido ya de la manta, el olor a hierba a tierra mojada, la sensación de la lluvia cayendo en mi rostro, y el vaivén de sus nalgadas mientras me cabalgaba y apretaba mis muslos con sus manos apoyadas en ellos, me hacía sentir en el cielo no podía contenerme y empecé a subir y bajar mi pelvis penetrandolo cada vez más con cada movimiento, en eso solo escuche un gemido y un “Dios no puedo mas me vengo” fue en ese momento cuando vi que un chorro blanco cálido y espeso caía sobre todo mi pecho llegando incluso a mi boca, el saborear esa potente eyaculacion hizo que yo aumentara la velocidad de mis embestidas y que me viniera con tanta fuerza dentro de él que solo me dijo “hoo sentí eso y es delicioso”.

    Luego se recostó sobre mi pecho y yo puse mi brazo alrededor de él le di un beso y le dije que me había encantado, que tenía razón que la espera valió la pena, nos quedamos tendidos sobre la hierba hasta que dejó de llover, a pesar del ruido de agua en el riachuelo y las aves cantando, yo podía escuchar los latidos de su corazón, nos levantamos nos reímos mucho al ver el estado en que estábamos así que fuimos hasta el riachuelo que por la lluvia había crecido dejando una pequeña laguna perfecta para bañarnos en dónde nadamos desnudos y nos besamos nuevamente como si fuéramos los únicos seres humanos en el planeta como si ese fuera nuestro propio edén creado solo para nosotros, luego nos vestimos recogimos nuestras cosas y caminamos tomados de la mano por casi todo el sendero, deteniéndonos solo a recuperar el aliento y volverlo a perder entre besos y caricias, al salir del sendero tomamos un taxi y lo fui a dejar hasta su casa cómo ya estaba oscuro me abrazo y me dijo quiero que esto se vuelva a a repetir, en ese abrazo podía sentir como temblaba entre mis brazos, no sé si por el frío o por la emoción de lo que habíamos hecho.

    Al llegar a mi casa me duche, me recosté en mi cama y no logré conciliar el sueño en toda la noche pensando en lo que había pasado, ahí caí en cuenta que todo fue tan natural y maravilloso que no había usado ni los condones ni el lubricante.

    Apenas amaneció me apresuré a escribirle para invitarlo a almorzar y él aceptó, cuando estábamos almorzando me dijo que no había podido dormir pensando en mi que él fue a nuestra pequeña excursión pensando solo en que sería un encuentro sexual, que su fantasía era que yo lo tomara en el bosque y solo tendríamos sexo, pero jamás se imagino que haríamos el amor, después de esa conversación y de descubrir que los dos nos sentíamos igual empezamos una relación que duró unos maravillosos 6 meses en los que vivimos muchas aventuras juntos, lamentablemente tuve que salir del país por mi especialización, sabiendo que no funcionaría lo nuestro por la distancia terminamos de una buena forma siendo amigos y guardado siempre los buenos momentos que pasamos.

    Siempre que percibo el olor a tierra mojada pienso en el con mucho afecto.

  • No se le quita lo puta: Reencuentro con Aide

    No se le quita lo puta: Reencuentro con Aide

    La última vez que la vi, el encuentro no fue muy bueno, había salido a la luz que ella se dedicaba también a prostituirse y cuando me quiso cobrar, rompimos toda relación o al menos eso pensé.

    Nos vamos a la actualidad, han pasado casi 3 años de eso y mi vida dio un giro total, pasé de sexo con transexuales, hasta sexo familiar con permiso de mi esposa.

    Manejando mi auto, llegué a una cafetería para almorzar, pedí un café y unos tacos para calmar mi hambre, justo cuando terminé de comer y me dirigía a pagar escuche su voz:

    A: ¡Luis!! ¿Cómo te va?

    Giré mi cabeza hacia la derecha ye estaba ella, con el cabello corto, pero chino como siempre, una falda larga abierta de una pierna, una blusa negra entallando sus ricas tetas y un saco café, en su cara una gran sonrisa dibujada, ¡era Aidé!

    L: ¡Hola!!! ¡Que gusto!

    A: ¡Cómo estás mi niño!

    L: ¡Bien, guau!! ¡Te ves espectacular!

    A: ¡Gracias!!!

    Y en serio, se notaba diferente, contrario a la última vez donde casi me golpeaba y me cobró por coger con ella, se veía tranquila y con más luz y ganas.

    Nos abrazamos efusivamente, me besó la mejilla en repetidas ocasiones y no dudé en escanear su buen físico que a sus 50 años aún conservaba.

    Le pregunté como estaba de tiempo y me dijo que no había problema, que trabaja de Uber y que al igual que yo pasó a almorzar, entonces le invité un café y comenzamos a platicar y ponernos al día.

    La charla iba muy amena, de hecho, nos dio la hora de la comida y decidimos comer juntos ahí mismo, ella me hablaba de sus hijas y de su separación, de la relación sentimental que tenía con un hombre 15 años menor y lo difícil que fue, desintoxicarse de sus adicciones.

    Pero a pesar de su gran superación, ella seguía siendo coqueta, caliente y seductora, sus pies me daban masajes por debajo de la mesa, sus manos me acariciaban mi entrepierna y obviamente, me permitía acariciarla también, Aidé, ¡seguía siendo Aidé!

    La tarde llegó y entre indirecta y arrimones, tenía que regresar a casa, ya que tenía un evento familiar, justo cuando me despedía de ella, me dijo:

    A: Lástima que te vas, ¡me hubiese gustado revivir viejas cosas!!

    L: ¿Así? ¿Cómo cuáles?

    A: Jajá, ¡podrías averiguarlo!!

    L: ¡Uhm!! No sé, ¡tal vez me haga un espacio!

    A: ¡Sigues siendo el mismo! Me agrada, sígueme, ¡vamos a mi casa!

    Como oveja, seguí a mi pastorcilla, solo que más que humilde campesina era una ninfómana madura y sensual, de esa que todos quieren cogerse alguna vez.

    Llegamos a su departamento, ahí cerca de la UNAM, era un departamento agradable, ahí me enteré que vivía con su pareja, lo cual me excitó más.

    Aidé sacó unas botellas de tequila y comenzamos a tomar unos caballitos, la música de jazz de fondo le daba al ambiente un entorno más sensual, Aidé se quitó su saco y se levantó su falda pidiéndome le sobara sus pantorrillas, obviamente lo hice, con las yemas de mis dedos le daba pequeños masajes, para luego acariciárselas cautelosamente.

    Justo en ese momento la miré fijo y comencé a besarla, nos besábamos con desenfreno, nuestras lenguas se entrelazaban riquísimo, mis manos acariciaban sus muslos carnosos que tanto me encantan, para luego subir a agarrar sus duras y grandes tetas.

    Me despojó de mi camiseta mientras besándonos nos dirigíamos a su cama, la cama que compartía con su nuevo galán.

    Ya en la cama le quité su apretada blusa y salieron sus ricas tetas, la apreté como desesperado, las besaba y lamía de forma desenfrenada, subía mi lengua por en medio de sus ricos pechos hasta llegar a su cuello, mis manos acariciaban sus piernas y lentamente le quitaba la falda, sentía su suave piel erizarse al sentir mis manos con as locura, una vez sin falda mi boca bajó para probar sus cuidados pies, mi lengua lamía sus tobillos, pantorrillas y muslos hasta llegar a su entrepierna la cual chupaba y con maestría haciéndola gemir de pacer.

    L: ¡Uhm!! ¡Que rica sigues!!

    A: ¡Uh, había olvidado lo rico que trabajas!!

    L: ¿Quieres recordarlo mejor?

    A: ¡Sí!

    Le abrí las piernas dejando al descubierto su depilada pucha, comencé con caricias en sus labios vaginales, ayudado de su humedad, le masajeaba su clítoris para luego empezar con chupadas suaves, enrollando mi lengua, entraba para limpiarle todo por dentro, ella se retorcía, la excitación que tenía le hacía humedecerse más, abriéndola dejando su clítoris a mi merced, lo lamía como serpiente, se inflaba lentamente, mis dedos ayudaban a su estimulación, en poco rato estaba toda empapada y yo con la cara llena de sudor y fluidos vaginales.

    No tardó mucho en tener su primer orgasmo, sus fluidos abundaban a cada metida de lengua que le daba, no tenía prisa por penétrala quería seguir comiéndome su veterana vagina, de hecho, no me importó que muchas vergas ya habían estado ahí, solo quería gozar.

    A: ¡Uhm, Luis, que rico!!!

    L: Aidé, sabes riquísimo, ¡que rico me mojas!!

    A: ¡Ahora es mi turno!!!

    L: ¡Claro nena!

    Me despojé de mi pantalón y trusa, mi verga ya estaba a full, Aidé comenzó a acariciarla con sus suaves manos, luego su boca saboreó mis fluidos pre seminales, su lengua bajaba y subía sobre mi duro mástil, yo le acariciaba la cabeza y miraba atento como introducía lentamente mis 21 cm de verga dura.

    L: ¡Ah!! si, ¡que rico lo haces!!

    Había olvidado lo rico que la chupaba, su lengua era muy hábil, succionaba toda mi verga hasta ahogarse, me tenía acelerado, su boca hacia desparecer mi dura verga y yo disfrutaba de su trabajo.

    Aidé estuvo mamándomela por un buen rato, casi, me hace terminar, pero yo quería terminar en ella, así que me puse de pie y le pedí se pusiera en cuatro.

    Tomándola de su cintura comencé a introducirle mi verga, poco a poco, centímetro a centímetro, ella cerraba sus ojos y se empinaba para abrirse más, una vez con la mitad adentro, empecé a moverme con fuerza, acariciándole sus ricos pezones.

    Aidé también se movía a mi ritmo, la habilidad que tenía para mover su cadera era de lujo, se movía tan rico, que me tenía a full y con la verga súper dura y roja de tanto tallón.

    L: ¡Ah, nena, eres de lujo!

    A: Ah, que rico, uhm, ¡dame más!!!

    Me acosté y ella subió a cabalgarme, la madura se movía muy rico, a la vez que me lamía los dedos simulando una mamada, le mordía las tetas, la tomaba de la cadera y la empujaba ms a mi verga, la cual ya tenía toda dentro.

    Aidé gemía como loca, se movía tan fuerte y tan rico que sentí su vagina contraerse, la apreté de los pechos y con velocidad la penetraba a ritmo frenético, su vagina escurría Aidé tuvo otro orgasmo gracias a mis movimientos.

    A: ¡Ah, papi, uhm, ah!!!

    L: ¡Si mi amor, córrete, vamos, córrete!!

    A: ¡Si, que rico, uf!!!

    L: Pareces lombriz, ¡uf!!!

    Mientras su orgasmo pasaba la puse a mamarme la verga nuevamente, yo aún estaba duro, le pedí que me la chupara y la maduro lo hizo, mientras su boca comía mi cabecita, sus ricas tetas me hacían una “rusa” de ensueño, una de las que solo ella podía hacer, sus ojos lujuriosos me ponían más caliente, la tomé de su cabeza y comencé a follarle la boca como loco, comencé a sentir como mis huevos se inflaban y no aguante más.

    L: ¡Ah, toma mi leche, uhm!!!

    A: ¡Uhm!!! Mmmm, Lu…is!!!

    Le llené su boca de mi semen, ella la tragó saboreándose sus dedos llenos de mi semen, la escena era digna de cualquier película porno, yo disfrutaba mi orgasmo jadeando recostado en la cama.

    L: ¡Uhm, mi amor, que rico chupas!

    A: ¡Mira, aun esta dura, déjame ayudar con eso!

    L: ¡Adelante!

    Nuevamente la tenía como sanguijuela en mi verga, la maestra del oral me la ponía nuevamente dura para continuar cogiendo.

    Con la verga dura a más no poder, se acostó y levantó las piernas, lentamente le introduje mi verga y mientras le lamía los dedos de sus pies, mis embestidas comenzaron a crecer, metiéndosela hasta el fondo.

    A: ¡Si, uhm, métemela, ah!!

    L: Uf, que rica, ¡aprietas como una colegiala!!!

    A: ¡Ah, eres un amor, ahora muévete!!

    L: ¡Toma, toma!

    Me empujaba con fuerza, la tomaba de su cabello y me movía desenfrenadamente, el ruido de nuestras pelvis chocando era fantástico, nos besábamos, le mordía el cuello, las tetas y sus labios, ella me arañaba la espalda y se movía a mi ritmo, pronto los dos estábamos en el clímax a punto de corrernos otra vez.

    A: ¡Ah, papi, me vengo, uhm!!!

    L: ¡Sí, yo igual, agh!

    A: ¡Préñame!!! ¡Si, ah!!

    L: ¡Ahí va, uhm!

    El orgasmo fue de lujo, gritamos y babeamos como nunca, quedamos agotados después de tan magnifico sexo. La madura estaba fascinada, no me quería dejar ir, pero ya casi eran las 10 de la noche así que me fui, acordando un nuevo encuentro que aún estoy esperando.

  • Noche de estudios

    Noche de estudios

    Estaba corriendo por el pasillo de la universidad y tropecé con Pietro haciéndome botar algunas fotocopias que acababa de sacar. Pietro es uno de los mejores deportistas que tiene la universidad y eso le da un cuerpo muy bien trabajado, atractivo y bueno… su rostro no se queda atrás, a pesar de su fuerza él no es muy grande, mide unos 1.76 metros, incluso yo soy más alto, siendo acuerpado también es delgado, pero lo que más me gusta de él son sus ojos verdes y medio grandes, me pierdo en ellos cuando los veo.

    -perdóname, ibas tan rápido que no te alcancé a sentir –

    -eee… no es nada, es culpa mía tengo prisa así que… nos vemos luego -me estaba retirando cuando me volvió a hablar

    -Alejandro!! espera… se me había olvidado pedirte un favor, para el examen de mañana aún no estudio y creo que necesito ayuda

    -pretendes que te ayude? O que esperas?

    -si pues… pensé que tal vez podría estudiar contigo en tu casa o la mía, como prefieras

    Si bien me ha ido bien este semestre tampoco soy la que maravilla, me va muy regular siendo sinceros, no entiendo porque me pide a mi la ayuda.

    -curiosamente yo también voy a estudiar para ese examen pero ya me dirigía a ello, así que…

    -Genial, vamos a mi casa y comenzamos, te parece?

    No me pude resistir a sus ojos asi que accedí, nos fuimos en su auto Hacia su casa que quedaba bastante retirada tanto de mi casa como de la U, no más llegar a su casa note que era casi una mansión, había espacio por donde mirará a pesar que desde afuera no se viera todo ello, pero mas me sorprendio que el me abriera la puerta del auto tan rápido como paro el auto, me generó una sospecha toda aquella amabilidad, Pietro no se comporta así con nadie… bueno creo que un poco si con las chicas pero evidentemente yo no lo soy.

    Entrado a su casa

    -perdona si encuentras desordenada la casa, mis papas no están en casa desde hace una semana y las señoras del aseo les pedí que me dejaran solo

    -O-o-o sea que estamos solos? -tartamudee al percatar la idea

    -puede decirse, si

    Sacudo la cabeza un momento

    -De acuerdo, a lo que vinimos, donde quieres que estudiemos?

    -si te parece bien, podríamos en mi cuarto

    -Oook, toda una mansión y tu lugar para estudiar es tu cuarto?

    -Claro, allí me siento menos solo y estoy más cómodo

    -Esta bien

    Su habitación estaba en el tercer piso y en la habitación de al fondo, no se de que eran los otros cuartos pero no tuve la oportunidad de entrar en ellos, entrando en su habitación el calló directo en su extensa cama como si llegara de un día muy pesado, sin saber por dónde comenzar me senté en un sillón que tenía a un costado.

    -Hay por favor!!, que no estudias en la cama?, ven aquí, no muerdo.

    No le veía problema a estar en la cama con él pero sentía cierta tensión en la atención que Pietro me daba que no me permitía estar tranquilo, acepté su invitación pero me quedé en un costado y saque algunos libros para estudiar, el saco un cuaderno de su maleta y se puso a mi costado para mirar también al libro, me quedé viéndolo unos segundos con un mirada de preguntarle dónde estaba su libro?, el noto la intención de mi mirada y respondió que se lo había prestado a una chica el día anterior, me resigne a tenerlo cerca y el se acercó aún más quedando casi tocandonos, cada vez me ponía más nervioso, comenzaba a sospechar de la heterosexualidad de este muchacho.

    Al cabo de un rato estaba pronunciando algunas palabras para recordar del libro pero esto me fue imposible teniendo en cuenta la constante atención que me proporcionaba Pietro, no me disgustaba pero me ponía nervioso y lo que tenía que memorizar se perdía en su mirada, de un momento a otro apoyó una de sus fuertes manos en mi pierna, cuando la sentí se me aceleró el corazón, la respiración se tornó entrecortada y no podía mirarlo a los ojos, no sé porque tuve esta reacción si se supone que no pasaría nada, el tiene novia y que yo sepa jamás le han atraído los hombres pero yo si me muero por el, obviamente no se lo voy a demostrar.

    Pude finalmente levantar la mirada y allí estaban sus ojos fijos en los míos, me revisaba cada parte de ellos sin perder detalle y acercándose casi sin percatar el movimiento, la mano que sostenía en mi pierna la subió a mi rostro acariciando mi mejilla tocando un poco mis labios, yo respiraba cada vez más rápido y sentía como ardían mis mejillas, bajé mi vista a sus labios y él al ver este movimiento se lanzó atacando mis labios con los suyos, no me resistí y correspondía su beso botando los libros y cuadernos que pudiera tener encima, una vez sintiéndome libre tome su cuello abarcando con mis manos lo que más pudiera de su hermoso cuerpo, se movió y me botó en la cama para quedar completamente acostado mirándolo fijamente, siguió recorriendo con sus manos mi pecho y abdomen mientras yo hacía lo mismo con el concentrandome en sus pectorales jugando también con sus tetillas las que tenía ansias de morder, levante un poco mi torso y alcance a darle un pico para después bajar a su pecho y recorrerlo con mi lengua jugando con los nervios que se allí andan y le generaran al menos escalofríos, creo que los sintió y me detuvo agarrando mis manos y apretando las entre las suyas a mi lado, me soltó por un momento para quitarme rápidamente la camiseta y la pantaloneta que traía puesta, yo respondí quitándole lo que le quedaba de ropa y pude admirar lo que aún tenía prohibido ver, su escultural cuerpo bien trabajado y un poco moreno se veia tan sexy que allí mismo casi me da un orgasmo, para cuando baje la mirada a su verga está ya estaba a centímetros de mi boca que se hacía agua de probarla, no paro su intención y entro en mi boca hasta donde cupo, imagino había entrado unos 19 cm ya y aún quedaban unos 4 por fuera que me eran imposibles de tragar, soboree cada milímetro de aquella gran verga dejándola mojada por completo y siguiendo con un ritmo rápido en su cabeza generando algunos gemidos entre cortados que me exitaban aún más, fue allí que tomo mi cabeza de atrás y la empujó por completo hacia su miembro atragantandome pues está llego a abarcar una parte de mi garganta sintiendo que me tocaba la manzana de Adán, siguió con un movimiento en el que sacaba la mitad y la volvía a meter provocándome arcadas, relaje la garganta y su verga ahora entraba con más facilidad sintiendo un gran placer al escuchar como disfrutaba de usar mi garganta para su placer, ya casi sin aire me alejé con fuerza de él y finalmente entró aire en mis pulmones, el tenía una mirada pícara que me prendía apresar de estar casi asfixiado hace un momento, me tomo del torso y me puso en 4, mi ano ya estaba dilatado de solo pensar que esa gran verga entraría finalmente y junto con lo mojada que ya estaba su verga me la metió de un solo tiro generando en mi un gemido casi gritó que sentí recorrer por todo mi ser, necesitaba más, me dolía pero quería más, mucho más, me moví hacia adelante y volví a empujarme hacia atrás para que entrara lo que más pudiera, al cabo de un rato cuando el quería tomar el control de las embestidas comence a mover el culo en la misma posición hacia arriba y abajo y en círculos provocando en él que recostara su cabeza hacia atrás y jadeara constantemente, tenía control completo de lo que sentía en mi culo y eso me excitaba aún más pero Pietro se incorporó de nuevo tomándome de la cadera y me voltio dejándome boca arriba, allí el movimiento no lo podría manejar yo, me puso mis piernas en sus hombros y metió lentamente su verga nuevamente en mi, sentí por la posición que mi ano estaba más apretado, dolía más cada vez que se introducía hasta el fondo, sentí como si tocara mi próstata y aún más allá, dolía mucho y mis gemidos eran cada vez más fuertes, él empezó un vaivén más fuerte y rápido sintiendo como salía completamente y volvía a sentir entrar toda su virilidad dentro de mi, aún dolía pero le pedí que fuera más rápido, y asi lo hizo, ya estaba cerca yo de llegar al éxtasis, mis ojos no podía fijarlos en ningún lado, mi concentración se fue a otra parte, lo único que sentía era mi culo siendo embestido por la gran polla de Pietro, él tomo mi verga y la empezó a masturbar a la vez que me penetraba pero el éxtasis llegó y solo sintiendo su mano en mi verga sentí el orgasmo llegar con más fuerza que nunca, mi culo se contrajo y apreté inconscientemente la verga de Pietro provocando un fuerte gemido en él, me vine a chorros que sobrepasaban mi cabeza, cayendo en la cama, en mi cabello, mi rostro en su mayoría y también en mi abdomen, pero no se detenía, pietro me seguía masturbando y los chorros no se detenían, me retorci del placer pero las fuertes manos de Pietro me mantuvieron en posición.

    Con mi culo más apretado que antes sentí venirse a Pietro, gemía fuertemente y sus movimientos eran muy fuertes, sentí en mi interior como sus chorros chocaban y me calentaban el culo, sentía que salían y no se detenían hasta que Pietro con la respiración muy agitada bajo mis piernas de sus hombros, se inclinó, y nos fundimos en un nuevo beso que no duró mucho debido a los jadeos que salían de ambos, por un rato no retiro su verga pero sintiendo que le estaba bajando la fue sacando lentamente y con su verga también salió la espesa y abundante leche con la que me preño, el miraba fijamente mi ano y yo miraba su cara mientras yo intentaba sacar lo que dejó dentro de mi, sintiendo como resbalaba su semen por mis nalgas y caía en la cama, cuando creía que ya no iba a salir más salió disparado un nuevo chorro de semen que calló en las piernas de él manchando también gran parte del piso, me levanté dirigiendome hacia él y lo besé mientras sentía el semen recorrer mis piernas y llegando a la planta de mis pies, me agache y me metí su verga ya un poco flácida en mi boca,está aún tenía un poco de semen chorreando y se lo limpié con mi lengua.

    Él miró el celular y marcaban las 11:48 pm, era ya muy tarde para irme a mi casa y el me invito a quedarme la noche en su cama y picaramente acepté, fuimos a la ducha y nos bañamos juntos limpiando el uno al otro el semen que había quedado en el, claramente él tuvo más trabajo que yo que supo aprovechar calentandonos de nuevo.

  • Fête de mask

    Fête de mask

    Ya en vuelo, revisé los archivos y las propuestas de ventas. No quería que se me escape ningún detalle. De a poco empecé a sentirme incómoda, la leche de Rober seguía saliendo de mi cola y decidí ir al baño a limpiarme un poco. Bajé mi pantalón, mi bombacha estaba llena de semen, me pasé los dedos por la cola, la tenía pegajosa, acerqué la mano a mi boca y saqué la lengua para chuparme los dedos y volví a pasármelos por la cola introduciendo dos dedos y los volvía a chupar y así varias veces hasta sacar toda la lechita. Agarré un papel, limpié mi colita mientras del grifo sacaba agua para lavarme. Me vestí, agarré la tanga sucia y le pasé la lengua. Mm Que chanchita soy! La guardé en mi bolsillo y volví a mi asiento. Pedí algo de comer y me fui dormir.

    Después de 13 h llegué al Aeropuerto de Paris, hice el check-in y me fui al hotel. Me di una ducha y me preparé. Me puse una tanga blanca de hilo muy chiquita, una calza de color azul oscuro, una blusa negra larga con escote, un cinturón de oro, unos zapatos de tacones bajos color blanco, un blazer amarillo pastel de bengalina y un collar que llegaba a mis tetas, Me hice unas ondas en el pelo. Me maquillé, me puse el mejor perfume que tenía y salí para la reunión.

    Llegué a las oficinas de Talent Doux, me recibieron muy bien y me indicaron donde tenía que esperar, la sala tenía sillones antiguos combinados de una decoración moderna.

    Estaba muy nerviosa, quería impresionarlos y conseguirle a NavTech el cliente que siempre quisieron.

    Pasaron unos minutos y se abre la puerta.

    -Señoguita Estefanía, S’il vous plait, puede pasar.

    -Merci beaucoup (Muchas gracias)

    Ingresé a la sala de reuniones, había una mesa grande y larga, muchas sillas pero no había nadie.

    -Le segñor Moreau ya venig

    El español de la secretaría era tan malo como mi francés, pero bueno, acomodé mis cosas, preparé mi laptop y la conecté a la pantalla, tenía todo preparado y me senté a esperar.

    -Bonjour Mademoiselle Estefanie

    Me agarró la mano, me levanté lentamente y ahí lo vi! Pelo castaño hacia atrás, bronceado perfecto, ojos azules, una carita angelical, una sonrisa iluminada, alto, buen físico. Unos 45 años aproximadamente.

    -Bonjour monsieur Moreau

    -Raphael para ti. Puedes hablarme en español si quieres. Como estuvo el viaje?

    -Muy satisfactorio diría, le agradezco su hospitalidad.

    -No hay nada que agradecer, una belle femme como tú merece lo mejor.

    -Ay gracias. (Y si chicos, ya me mojé toda de nuevo)

    -Comenzamos?

    Le mostré la presentación, todo lo que Navtech le ofrecía a su empresa, pero son duros los francesitos. Tiré ideas y estrategias de ventas, pasé a la pantalla a mostrar algunos gráficos y al momento de pasar las imágenes me pasó algo inesperado, una foto desnuda que me había sacado en la playa apareció.

    -Uh perdón, perdón! No sé qué toqué.

    -Jaja no hay problema mujer, suele pasar en casi todas las reuniones. Por cierto, bellas fesses tienes.

    -Mi cola dices? Jeje bueno gracias.

    Estaba roja como un tomate maduro. No sabía qué hacer, encima que no aceptaba la propuesta y ya había hecho de todo.

    -Hagamos algo Estefanie. Esta noche tenemos una clásica fête de Mask, te llegará la invitación al hotel junto a una caja. Ahí podremos seguir charlando de tu propuesta.

    Se fue, me dejó sola. Sentí un calor recorrer mi espalda, no sé porque, pero me dio vergüenza que mi foto aparezca justo en ese momento.

    Agarré mis cosas y me fui al hotel.

    Al correr de las horas llaman a mi puerta, recibo un paquete muy lindo con moño dorado y un sobre. Este tenía una invitación a una fiesta de máscaras en un lugar privado. La caja me dejó sorprendida! Dentro había un conjunto rojo de encaje con un body, tanga, portaligas y medias, todo muy transparente. Unas mangas con puntas y unos zapatos rojos de taco alto y una máscara de encaje del mismo color.

    Además había un sobretodo largo de color blanco.

    Comencé a prepararme, el evento era a las 20 h y pasaban a buscarme una hora antes. Me di una ducha, me pasé la máquina depiladora, necesitaba tener las piernas brillantes y mi conchita bien suavecito, me puse crema en el cuerpo y me vestí, me miré al espejo y no me reconocía. Estaba bellísima. Me saqué algunas fotos y las guardé para mostrarle a papi cuando vuelva.

    Llegó la hora, me avisan que hay un auto esperándome abajo.

    Bajé al lobby del hotel, sentía las miradas de todos, mi pelo se movía de un lado al otro, era una diva. Me subí al auto que me llevaría a la fiesta y ya estaba caliente. Iba a ser una noche especial, lo sabía.

    Llegamos, el lugar parecía un templo moderno, al entrar me recibe unas chicas con tacos altos, medias de lycra, conjunto de ropa interior, un moño en su cuello y la máscara, todo negro. Me sacan el sobretodo, me doy vuelta y me quedo mirándolas. Detrás de mí había un telón, una de las chicas me dice al oído.

    -Veuillez me suivre ici (por favor sígame)

    Me agarró del hombro y me dio vuelta hacia el telón. Pasamos del otro lado y Oh! Mi asombro fue descomunal.

    Todo el salón se dio vuelta a mirarme. Era la única de rojo y la única mujer, salvo las dos recepcionistas, había 20 hombres todos de blanco y negro con sus máscaras, algunos con corbata y otros con moños y todos estaban en slip.

    Entre nervios y curiosidad seguía caminando, todos esos ojos sobre mi hicieron que mi cuerpo empiece a arder. La chica tomó mi mano y me llevó hasta una plataforma con un sillón y me dejó ahí sola. Se fueron acercando de a poco todos los invitados, algunos pasaban sus manos por mi cuello otros por mi espalda, uno pasaba sus dedos por mi boca, mis piernas, mi cola, mi abdomen hasta mis tetas.

    Comenzó a besarme un morocho que estaba de negro, de atrás uno de blanco me apoyaba el bulto en la cola y besaba mi cuello, seguían tocándome y empezaron a desvestirme, primero el bodi que era abierto y estaba enganchado al portaligas, mis tetas quedaron libres y sentía como sus labios se posaban en ellas. Me lamieron las tetas suavemente. Después me sacaron la bombachita. Quedé con las medias, la máscara y las mangas. Mis manos agarraban la espalda del que tenía enfrente, un físico hermoso tenía el morocho, fui bajando hasta llegar a sus nalgas, las agarré bien fuerte y luego fui metiendo mis manos bajo el slip. Tenía la cola bien dura, me agarré fuerte mientras el que tenía detrás comenzaba a besarme la espalda bajando hasta la cintura. Con sus manos abrió mis nalgas y pasó su lengua por toda la raya, jamás me lamieron tan bien el culito.

    El de adelante me soltó y agarró mi cabeza con una de sus manos, la empujó e hizo que mi cara quede frente a su miembro que ya estaba duro y era enorme. Su pija pasó por mis cachetes, el mentón, la nariz -mmm que rico huele, llegó a mi boca, saqué mi lengua larga y comencé a lamer su pija, lo miraba a los ojos y abrí bien la boca para que entre toda hasta mi garganta. Con sus manos en mi cabeza metía su hermosa pija, la deslizaba despacito por mis labios hasta llegar a la campanilla, se quedaba un ratito y luego la sacaba, mi saliva lubricaba esa vergota y cada vez empujaba mi cabeza con más fuerza.

    Por atrás sentí que una pija enorme entraba en mi colita que ya estaba bien lubricada y dilatada. Mis lágrimas caían por mis mejillas, estaba atragantada de pija. La saco de mi garganta y se sentó en el sillón, me llevó hacia él y me subió arriba suyo, mi concha mojada se comió su pija despacito hasta que entró por completo, me agarró de la cola y comenzó que hacerme saltar sobre él. Tenía la pija bien metida y gritaba de placer!

    La estaba pasando muy bien, estaba re caliente y sentí que iba a acabar. Mis gritos de placer hacia que todos tengan la pija dura, los miraba a cada uno y me mordía los labios mientras seguía moviéndome arriba de la pija. De pronto el que estaba atrás me apoyo la mano en la espalda y abrió mi colita, metió su pija lo más que podía y entre los dos me cogieron sin parar. Mi mirada de puta hizo que se fueran acercando los demás y se fueron turnando para ponerme la pija en la boca.

    Mi cola recibió 10 pijas una tras otra en menos de 5 minutos, jugaban con mi agujero que ya estaba muy abierto. En el sillón había 2 chicos más sentados, me cogí a uno, después a otro y se fueron sentando los demás hasta que uno me dio vuelta y me hizo sentar en su pija metiéndola en mi culito, otro de frente me la metió en la concha. Comenzaba a sentir que mis piernas se debilitaban y acababa otra vez. Me levantaban y me pasaban de una pija a otra. Me hicieron arrodillar en el sillón, apoyando los brazos en el respaldo y de a uno fueron pasando por mi cara, cogían mi boca con fuerza y llegaban hasta mi garganta, salían de mi boca y me la fueron enterrando en la cola uno por vez.

    Si, eran muchos, los 20 pasaron sus pijas primero por mi boca y después por mi colita golosa que ya estaba reventada. Habrán hecho tres rondas cada uno y yo estaba en otro planeta, acabé 2 veces más y tenía ganas de más y más. Uno de ellos agarró mi cintura y comenzó a meter su pija en mi concha con fuerza, no paraba, tenía una pija enorme! Todos la tenían enorme! Fueron pasando todos por mi conchita, me sentaron en el apoyabrazos, mi espalda sobre el sillón y siguieron cogiéndome, uno tras otro. De pronto uno puso sus huevos en mi boca y comencé a lamerlos con muchas ganas hasta llegar a su ano. (Me encanta lamerle la cola a los hombres!). Mi lengua se introdujo en su agujero y hacía círculos. La saliva toda pegajosa me calentó muchísimo y volví a sentir que acababa. -Ah aah siii!! El chico no aguantó más y acabo en mis tetas. No me dieron tiempo para nada y ya tenía otra pija en mi boca con lechita saliendo. Mmm riquísima, la tragué toda. Por mi Conchita seguían pasando pijas, y me hacían acabar una y otra vez, me había convertido en multiorgásmica!

    Me cogieron varias veces entre todos hasta que uno me acabo en la concha (tengo un chip para no quedar embarazada). Me tomaron de las manos y me hicieron arrodillar en el piso. Apoye mi cola sobre las piernas y quedé bien abajo, sabía lo que se venía, quedé rodeada de pijas, todas alrededor de mi cabeza. Cerré los ojos y sentí el primer chorro en la cara, espeso, pegajoso y rico. Abrí la boca y la lechita entraba en mi boca, de a uno fueron acabando, todos en la cara, los ojos y el pelo, sentía como todas las lechitas se mezclaban y caían por el costado de mi nariz y entraban en mi boca, el resto me caía por la cara y el cuello y llegaban a mis teta. Pasaba mis manos por ellas y revolvía todo el semen.

    Habían pasado 10 y faltaba la mitad de ellos. Estaba toda llena de lechita, tenía un olor encima que me volvía loca. Mis dedos llenos de leche los metía en mi boca. Me limpié toda, no dejé ni una gota aunque quede toda pegajosa y sucia. Luego vinieron los demás. Abrí bien grande la boca, de a uno fueron acabando adentro y se fue llenando de semen. Algunos de los que ya habían acabado lo hicieron de nuevo y quedé con la boca tan llena que rebalsaba y caía leche por las comisuras de mis labios. Hice unas gargas y me tragué todo! Soy tan cochina y me encanta tanto la lechita que ni arcadas tuve.

    Los dedos los pasaba por algunos lugares donde todavía quedaba semen y los limpiaba con la lengua.

    Se fueron todos sin decir nada. Quedé sola, desnudita, toda pegote y olorosa. Pero muy feliz por lo putita que soy. Superé todos los esquemas, me cogieron 20 chicos y lo mejor es que todavía quería más!

    Un poco largo no? Encima falta una parte. Habré conseguido el contrato?

    Prometo hacerla más corta. Síganla en «Féte de Mask 2» Besitos a todos. Muack Muack!

    Stephy.

  • Tocando a mi cuñada

    Tocando a mi cuñada

    Ese día mis suegros invitaron a la familia a una carne asada en su casa. Ellos viven ya solos, pero tienen una casa grande donde a menudo hacen reuniones familiares cada fin de semana.

    Para esta ocasión mi cuñado estaba de novio con una mujer más joven que él, en ese entonces él tenía 30 y la joven tenía 22 años. Mi esposa tenía 28 años y yo 29.

    Mi cuñada y mi esposa empezaron siendo muy amigas en la universidad ya que mi esposa terminó estudiando una segunda carrera y se hizo con un grupo de amigas muy guapas, pero un poco zorras. Mi ex cuñada a la que llamaremos Liz, era la más loca del grupo, era extrovertida y hasta un poco vulgar. A Liz le encantaba levantar pasiones ya que se vestía de manera muy sexi y bailaba de una manera fenomenal, ya que desde hace varios años acude a ballet y varios grupos de baile, mi cuñado contaba qué además de moverse como diosa en la cama le pedía mucho sexo, y lo dejaba muerto. Liz es una persona que no pasa del 1.60 con tetas pequeñas, pero con unas nalgas riquísimas y duras.

    Ese día del asado estábamos en el roof garden de casa de mis suegros mi cuñado, Liz, mi esposa, yo y por supuesto mis suegros. Estuvimos bebiendo desde las 3 de la tarde y la tarde transcurrió de la manera más normal, todos riendo y pasándola bien hasta que liz a eso de la medianoche ya no puede con el alcohol y decide retirarse al cuarto que antes era de mi esposa ya qué ella dormiría ahí, mi cuñado en un cuarto al lado del de mis suegros y siempre nos dejaban a mí y a mi esposa el cuarto más alejado para tener nuestra intimidad.

    Mi esposa ayudó a Liz a instalarse en el cuarto y regresó hasta que Liz se durmió y seguimos con la fiesta, a los 20 minutos a mi me dan unas ganas tremendas de ir al baño y para eso el baño está al lado del cuarto donde se encontraba mi cuñada, en eso termino de orinar y veo que la puerta está abierta y que ella se encuentra solo con una pijama que mi esposa le prestó.

    Todo empezó porque era un shortcito y se le veía donde empezaban las nalgas y eso en mi borrachera me prendió y entré al cuarto para verla más de cerca. Ya estando parado al lado de la cama intenté disimular que la estaba cobijando para ver si se despertaba y rozaba sus nalgas para ver si había reacción, pero no hubo ninguna, en eso me animo a agarrarle la nalga por encima del short y en eso se mueve poniéndose boca abajo y poniendo toda su cola a mi disposición, ahí empecé a sospechar que la muy zorra pudiera estar despierta y seguí con mi plan de manosearla y ver hasta dónde podía llegar.

    Empiezo a sobarle la nalga y bajo un poco la pijama y veo que trae una tanga negra y decido ir por todo y empiezo a meter mi mano debajo de la tanga y paso mis dedos entremedio de sus nalgas casi rozando el ano, pero voy directo a la concha y le meto los dedos, en eso ella se abre de piernas, pero sin voltear ni nada solo se abre y me deja empezar a meterle los dedos, empecé con un dedo, luego dos y terminé casi bajándole el short, para esto ya me encontraba bien caliente y en eso la giro y veo que esta despierta, pero cierra los ojos y solo me dice “dame”, pero por el tiempo que tenía no pude hacer más ya qué sospecharían algo y solo le digo que para otra ocasión. En eso me baja mi bermuda y se mete mi pito en su boca, pero por los vinos qué traía tenía mi pene a medios chiles y solo me dice que si no le gustó o que.

    En eso vuelvo a entrar en razón y le digo que la dejamos para después y solo atina a sonreír y seguir el trabajo ella sola.

    Ya por la noche cuando nos fuimos a dormir en eso mi esposa y yo empezamos a tocarnos cuando me empieza a chupar los dedos y me dice “qué rico aroma a panocha tengo en la mano”, ella en su borrachera pensó que ya le había metido los dedos con esa mano, pero en realidad estaba probando la vagina de su amiga.

  • Preñando a Dejanira

    Preñando a Dejanira

    En los últimos días he ido a almorzar a un restaurante cerca a mi casa, y curiosamente me he encontrado en varias ocasiones con una mujer más madura que yo, puede tener unos 40 años. Desde el primer momento en que la vi, pude notar que me miraba con atención y cuándo pude captar su mirada capte lujuria y algo de picardía. Noté que era una mujer rubia, delgada, pero con contextura, de 1,70 de estatura, con cara agradable y bonita, de mentón largo y nariz fina y ojos grandes color café, tenía un perfil de una mujer que trabaja como ejecutiva en alguna empresa, de porte serio.

    Me interesó y empecé a reparar en su vestir, casi siempre llevaba un traje ejecutivo de chaquetilla y blusa, con pantalón de paño ceñido, pero también dejó ver sus piernas con faldas y medias veladas un par de veces. Me encantó en especial en dos ocasiones: la primera como acabo de mencionar, ocurrió cuando fue en falda, con medias blancas y que al reparar dejaban ver que eran ligueros, y o sorpresa desde la distancia haciéndose la inocente me exhibió su entrepierna con lo que lo descubrí y pude ver sus tanguitas brasileñas que dejaban ver la leve marca de su hermosa vulva, ya sabía que eso era un aviso para intentar acercarme.

    Aquel día no fue, lo que me dejó alerta para una ocasión más propicia, que llegó unos días después. La encontré en el restaurante y me hice más cerca, ese día llevaba un pantalón pegado blanco que dejaba ver toda la forma de su hermoso culo y marcaba su hermosa vulva. Justo cuando me iba a levantar, noté que ella se apresuró a hacerlo primero y me dejaba un pedazo de papel sobre la mesa al pasar de forma encubierta sin mirarme. Era su teléfono.

    Esperé un par de minutos y le hablé por mensaje, la saludé y ella me dijo que se llamaba Dejanira, que la perdonara por la forma en que me habló, pero que necesitaba hablar con más tranquilidad y no de forma tan pública, por lo que marcamos una cita de forma discreta en un café, ya que ella pidió hacerme una propuesta primero.

    Nos encontramos al día siguiente en un lugar discreto, pero público, y empezó contándome que hace tiempo había notado mi presencia, que le gustaba y que de alguna forma sabía quién era, que le atraía físicamente y que le daba pena, pero sentía muchas ganas de cogerme, que era casada, y le preocupaba dañar su estabilidad. Y que hacía pocos días había ocurrido algo, ya que su esposo y ella querían tener un hijo por inseminación usando a un donador de esperma, que de alguna manera ella podía hacer creer a su esposo que se había hecho así, pero que por razones de precio, se le ocurrió proponerme que en secreto fuera su donador real, mejor dicho quería una monta natural. Que no me proponía tener un vínculo emocional futuro, pero que me garantizaba un fin de semana de solo sexo del mejor al natural en una hermosa finca a las afueras. Que esperaba que la entendiera y que ojalá en algún momento hubiera querido preñarla, sin pelos en la legua me dijo que también mí mirada dejaba ver mi deseo por poseerla, y que a la final era una oportunidad para mí.

    Yo accedí sin decir más, marcamos un encuentro para dentro de 5 días, ya que sus cálculos decía que iba a estar en sus días fértiles. Me entregó unas recomendaciones para tomar cierto medicamento que aumentaría mi producción de semen, y que me recomendaba guardarme de eyacular por un par de días antes de vernos.

    Todo se hizo, y cuando me di cuenta estaba esperándola en una sala con un sofá muy grande y cómodo, pude ver cuando bajo en lencería, medias de maya roja y tanguita minúscula que dejaban ver todo el trasfondo de su preciosa vagina, sus tetas estaban expuestas, con sus hermosos pezones rosa erectos mostrando su excitación, dijo que era el momento.

    Empezamos a besarnos y noté que ese día se veía especialmente atractiva, expolia un aroma atrás de su suave perfume de alguna manera dulce y cálido. Todo esto hizo que mi verga se parara con toda la fuerza, la deje salir y empecé a rozar la tanga roja con la punta roja de mi pingo. Ella descendió y empezó a mamármela de manera ostentosa y con muchas ganas, la mojó y la chupó por mucho tiempo. Luego la acosté y abre sus piernas, saqué sus bragas totalmente empapadas y empecé a chuparle su hermoso chocho, perfecto, de labios distribuidos y proporcionados, lo que daba un aspecto suave y hermosamente rosado, su clítoris estaba duro, la chupé por largo rato preparándola para la penetración, ella pudo venirse mientras le mamaba la chimbita.

    Me pidió que la penetrara abriendo sus piernas y llevando la punta de mi verga a rozar sus húmedos labios vaginales, encajando la punta. Empecé a empujarla hacia adentro y ella me forzó usando sus talones, hundiéndome de inmediato hasta el fondo de su agujero caliente. Me empecé a mover y a palpar con mi verga su chimbita deliciosa. La penetré cada vez más rápido y noté que tenía otro orgasmo empujando cada vez más fuerte con sus pies, y apretando en contracciones su chochito.

    La puse en cuatro y la penetré desde atrás cada vez con más rapidez y fuerza, noté que ya era hora de llenarle el fondo de su chocho con varios mililitros de espeso y blanco semen caliente. Que en algunos minutos mis espermas estaban viajando por sus trompas tratando de preñar su hermosa vaginita. Me muevo con más fuerza y en un momento empujo y me quedo estático en el fondo sintiendo la entrada de su fértil útero, lo que hizo que regara en sus adentros más leche de la que nunca habían dado mis bolas y con más fuerza que nunca, sentía los estremecimientos de mi verga y los chorros que tardaron en dejar de salir, ella solo gritaba y pedía que la preñara, y gritaba de placer.

    Me quedé encima de ella por algunos minutos recuperando el aliento, aun con mi palo totalmente duro adentro de ella, y cuando miré hacia abajo, noté que goteaba por desde adentro de su chocho, por los espacios de sus labios hinchados por el placer, gotas de semen. Retiré con cuidado mi verga, e inmediatamente salió un chorro de semen, qué hermoso creampie. Ella se apresuró a cambiar de posición con las piernas cerradas para arriba para garantizar aún más el contacto y el éxito en la fecundación. Estuvo así algunos minutos, pero cuando bajó las piernas fue inevitable que más leche saliera por su chimbita.

    Esperamos un tiempo, y ella me dijo que no podría quedarse hasta el otro día, pero que quería que la cogiera de nuevo para estar más seguros de la inseminación. Salió de la sala y volvió con otra ropa de lencería. Esta vez llevaba unas medias veladas blancas, con ligueros y guantes blancos. Su chocho estaba hinchado aun por el placer y de piernas abiertas me llamó a ella de nuevo.

    Me acerqué con mí verga totalmente dura y venosa de nuevo y encajé la cabeza roja en su húmedo chochito por sus líquidos y mi primer polvo. La empecé a penetrar de nuevo cada vez más rápido, su vagina estaba perfectamente lubricada. Gemía de nuevo. Levanté sus piernas y las apoyé en mis hombros, alcanzando a penetrarla hasta lo más profundo. Miré hacia la penetración y noté que mi verga estaba cubierta de mi leche. Luego la puse de lado y la penetré alzando una de sus piernas para penetrarla aún más. Me comencé a mover en esa posición cada vez más rápido y sentí que era hora de descargar mi leche de nuevo lo más adentro que pudiera, me acomodé y moví cada vez más hasta descargar chorros de leche en su fértil papaya, sintiendo de nuevo que mi verga tenia espasmos demorando para varios chorros de esperma blanca.

    Su vagina de nuevo quedó inundada de leche, goteado en chorrillos por fuera de su agujero rosa. Ella de nuevo levantó las piernas y estuvo así varios minutos. Descansamos un rato, ella se puso su ropa interior con toda mi carga de leche adentro de su chocho, que en ese momento era preñado.

  • Párrafos impúdicos

    Párrafos impúdicos

    Mujer fogosa, ardiente como una antorcha y de sonrisa brillante, si tus ojos están escondiendo secretos lujuriosos, imagínate los míos. Tu oferta me tienta. Quiero juntar tu boca con mi boca, entrelazar tu lengua con mi lengua, que tiene ganas reales de pecar contigo, y pensar que estoy haciendo uno de los mejores viajes de mi vida. Poner mi mejilla contra la tuya y coquetear con la idea de que estoy realizando uno de los viajes más lindos de mi vida. Recorrer tu cuello con mis labios e imaginar que estoy haciendo uno de los viajes más inolvidables de mi vida. Meterme en tu cabello con mi nariz a ojos cerrados, usando la misma calma con que tarda en fundirse la miel en una taza de té de limón, y sentir que estoy realizando uno de los más hermosos viajes de mi vida. Explorar tus piernas con mis besos, descubrir tu espalda con mis besos, y fantasear con que estoy haciendo uno de los viajes más memorables de mi vida.

    Quiero perderme sin remedio en todo tu cuerpo, contornear tu figura con mis manos, y soñar que estoy efectuando uno de los viajes más maravillosos en toda mi vida. Quiero encontrarme contigo, reunirme contigo, divertirme contigo, que me sobran las ganas. Recorrer con esmero tu cuerpo con la yema de mis dedos que son amigables, como quien recorre la autopista a pie: lentamente.

    Estoy esperando por ti, mujer de ojos hermosos, más linda que una estatua griega, obra de arte –a la italiana– creada en cuerpo de fémina, de sonrisa fotogénica que ilumina más que una vela. Escuchar un “te quiero” de ti puede ser algo verdaderamente sobrecogedor, algo realmente conmovedor. Me haces olvidar de que existe la tristeza, el dolor, el mal humor. Quiero que no sólo tus ojos, sino que también tus cejas me miren. Que tu nariz me mire, que tu boca viciosa me mire con cada movimiento que haga y con cada palabra o cada sílaba que emita. Quiero que tu mentón me mire. Que tus pechos me miren, cuando están quietos colgando como dos ubres hinchadas, cuando los estás bamboleando o masajeando, cuando los estás apretando o abofeteando muy levemente, cuando juegas con ellos. Quiero que tu ombligo me mire, que la parte más privada de tu cuerpo me mire. Que tus miradas, tus muecas, tus sonrisas, tus parpadeos, tus manos calientes, tus suspiros y tus jadeos se conviertan en las más importantes protagonistas.

    Me gusta cuando te mueves, cuando haces esos bailes improvisados con una libertad y un ritmo que encandilan. Cuando te recoges el cabello de la oreja o de la cara interminables veces, y más cuando lo hago yo. Cuando te lo atas y te lo desatas, cuando golpeas al aire con él al hacer un movimiento rápido con tu cabeza. Cuando te rascas donde te pica, y más cuando te rasco yo. Cuando cantas, balbuceas o tarareas la letra de una canción que te atrapa los oídos. Cuando meneas la cabeza por una melodía. Cuando me enseñas la lengua, cuando te la pasas entre los labios, o cuando te colocas un dedo entre ellos. Cuando te chupas un dedo, y luego lo sacas a recorrer tu mentón, tu cuello, y en algunos casos tu pecho también. Cuando te pasas los dedos entre tu cuello, inclinando un poco la cabeza hacia atrás. Cuando toqueteas con la yema de tus dedos tus mejillas como si fueran un teclado. Cuando pones las palmas de tus manos en tus mejillas. Cuando me guiñas un ojo, cuando me lanzas un beso al aire, cuando estiras los brazos haciendo aún más visible tu delantera. Cuando pones una mechón de tu cabello justo en medio de tu delantera, y haces un círculo rodeando uno de tus pechos con ella. Cuando te pones los dorsos de tus manos debajo del mentón. Cuando te rascas las orejas. Cuando estás con una prenda tuya de ropa a medio sacar, o a medio poner. Cuando tapas tus pechos con tus brazos o tu cabello. Cuando te metes las uñas entre los dientes. Cuando agarras tu labio inferior con unos de tus dedos. Cuando entrecruzas las piernas como dos serpientes en celo y ladeas a un lado y a otro.

    Me gusta cuando acaricias tus pies, tus piernas, tu entrepierna o tus partes traseras con el acolchado. Cuando me enseñas las plantas de tus pies, cuando te acaricias el vientre con una de tus manos calurosas, mientras te estás mordiendo los labios, o cuando estás con la boca entreabierta. Cuando acuestas tu cabeza en tus manos, cuando me sonríes con los ojos, cuando acaricias tus piernas con tus manos. Cuando te cabalgas sobre la cama, moviéndote hacia arriba y hacia abajo. Cuando estás bocabajo y golpeas tus glúteos con tus pies, a través de movimientos rápidos con tus piernas. Cuando apoyas el mentón de tu boca en uno de tus brazos, cuando apoyas los labios y los dientes en una de tus muñecas. Cuando tus piernas se juntan chocando tus muslos entre sí, empezando a frotarse uno contra otro y buscando el calor del contacto mutuo. Cuando te revuelcas como si enserio lo estuvieras haciendo con otra persona, cuando acaricias tu cara con la almohada. Cuando apoyas las rodillas y los codos sobre la cama, y haces movimientos de lado a lado como si el aire sostuviera una gran pluma de pavo real de pecho azul, que está acariciando con lentitud y suma efectividad, tus zonas pudendas. Me gusta cuando te luces sin complejos.

    Pensamientos fuera de lugar están flotando en el aire, pensamientos fuera de toda castidad están impregnando todo el ambiente, pensamientos fuera de todo pudor están invadiendo la situación, formando todos ellos un cúmulo. Nuestras excitaciones van a más según va pasando el tiempo, nuestras pretensiones se van haciendo más anhelantes y nuestras mentes están sin tapujos. Quiero contemplarte, emocionarme, excitarme e incluso reírme de tus sutilezas, de las que todavía presto mucha atención a pesar del gran detalle de que estás completamente desnuda, salvo por un pequeño collar que tienes puesto.

    Desnudez imponente que invita al éxtasis. Desnudez solemne que invita a la fascinación. Desnudez majestuosa que invita al embelesamiento. Desnudez radiante que invita al arrobamiento. Desnudez hipnótica que invita al jolgorio interno. Desnudez, que se ve más clara que el pelaje de una cebra. Tan plena como la mañana a las diez horas. Poesía hecha mujer, la belleza existe y tú eres un buen ejemplo de ello. Deslumbrante de principio a fin. Increíble, con todas las extensiones de la palabra. Sugestivo o sugerente es una palabra que se queda más corta que la altura de una flor de balsamina.

    Te quiero mujer de fuego, te aprecio mucho, y estoy bien gustoso de querer hacértelo saber. Deseo, anhelo probar tus labios, gustar de tus pechos atrevidos como dos porciones de torta a devorar, humedecer y endurecer tus pezones hasta que digan a grito pelado “¡aquí estoy!”. Incendiarlos con un calor intensificado sin gas ni fuego. Mimarte las aureolas, hervirlas. Besuquearte la nuca, el cuero cabelludo, la frente, la nariz, las mejillas, el cuello, el hombro, la clavícula, el dorso de tus manos y demás. Contemplar tu mariposa –que ya hace tiempo venía pidiendo salir del encierro– como si lo estuviera haciendo con una buena pintura o una buena fotografía. Saborear, tu preciosa mariposa, inquieta por recibir atenciones más y más mayores. Tomar aire y saborearla de nuevo, tomar aire y volver a saborearla hasta que estés absorbida por el momento. Alegrarla, divertirla, complacerla, contentarla. Subiendo y bajando por su centro, subiendo y bajando. Sorprenderla enrollando mi lengua para entrar y salir de ahí de forma majestuosa –mi lengua quiere ser, uno de tus mejores momentos–. Es mi ambición encariñarla con mis delgados dedos dentro de ella, sacándolos y metiéndolos a un ritmo constante, suave y relajadamente al principio y luego de manera frenética, enriqueciéndotela siempre de cosquillas, buscando tus valiosos gemidos y tus codiciados gritos. Con un dedo, dos, quizás sean tres, trabajando en ese pequeño valle. Todos, queriendo unirse a esa fiesta.

    “Masajea, masajea, masajea”, “soba, soba, soba”, quiero que me diga. Que me dé la cálida bienvenida, quiero, mientras tu respiración se va tornando más irregular. Hasta que en las puntas de los dedos de tus pies sientas algo agradable. Hasta que tengas una sensación de hormigueo en tu estómago y te estés metiendo de lleno en tales sensaciones, colapsándote de ellas, y consumiéndote en tus reacciones con los ojos llenos de emoción. Por cada sensación de hormigueo que te agarre, te juro, que si pudiera te besaría y te lamería al mismo tiempo el vientre. Introduciría mi lengua en tu ombligo y recorrería su borde también.

    Aumentar tu presión sanguínea y tu ritmo cardiaco a través de tu clítoris –que clama atención–, tu prepucio, tu monte de Venus, tus otros labios –esos que son los más recónditos y misteriosos–, y tu periné, que de adornos no tienen nada de nada. Degustarme con ese pequeño paquete de sorpresas, y con tus rodillas lo más separadas posible, tus ojos entreabiertos y mirando varias veces al techo, quiero que te agarren esos pequeños sobresaltos de los numerosos hachazos de placer, a intervalos irregulares, que te voy dando en ese lugar tan, pero tan candente. Tratar con un singular afecto a esa pequeña estufa quiero, mientras entrelazas tus manos con las mías, catapultándote a la gloria carnal, al edén carnal, al empíreo carnal. ¡Jugo, jugo, jugo! Quiero que salga jugo de ese pequeño pomelo. Que salgan gotas de esa fuente tuya, que es toda una divinidad, al mismo tiempo que una transparente untuosidad está empezando a salir de mi uretra, ¡aliéntame!

    “¡Ah, ah, ah!”, “¡ay, ay, ay!”, “¡mmm!”, “¡oh, oh, oh!”, “¡uf!”, “¡uh, uh, uh!”, quiero que me digas con agudo entusiasmo, mientras estás arqueando tu espalda y moviendo tu cabeza de un lado y otro. Quiero hacerme un amigo fraternal de tu mariposa, ponértela blanda y tierna de amor, como un algodón. Hasta que te sobre el frenesí, formando la “V” de victoria con tus piernas casi sin darte cuenta, y agarrándome la cabeza acariciando mi pelo con tus uñas. Piernas que hacen ademán de querer seguir sintiendo. “Estoy disponible”, “estoy encantada”, “sigue, sigue, sigue”, me quieren decir. O será que una pierna querrá decir “amor” mientras la otra querrá decir “paz”.

    A tu amiga íntima me la quiero comer, pero comérmela bien, que sólo con ella me puedo dar por satisfecho ahora, aprovechando que se despertó de su letargo. La quiero dejar más verde, más soleada y más enflorecida de lo que la pusiste en su estado de ánimo, magníficamente primaveral. Quiero dejártela con la misma benevolencia que un gato siamés a los pocos días de nacer. Apretarle el clítoris entre mis dedos, presionarlo con mi dedo pulgar o succionarlo, como más te guste. Quiero que te la frotes hasta que sientas que no puedes dejar de tocarte y te inundes de un cosquilleo cada vez más impaciente. Hasta que tus dedos, sin tapujos en su actuar, provoquen un terremoto en todo tu cuerpo, tambaleando sin equilibrio, y tu pelvis se mueva por sí misma de adelante a atrás, codiciando de nuevo un contacto que pronto te daré.

    Al mismo tiempo que las pulsaciones disparadas de nuestros corazones están intentando derrumbar las paredes de nuestros pechos, quiero ir allí, donde está la perla de tu deseo sexual. Allí donde está el pistilo de tu placer sexual. Tocar esa llave. Que no quiera tener ningún motivo para irse a descansar temprano hoy, beneficiando paulatinamente mis intenciones. Después quiero ponerte bien bocabajo, mi corazón, que la zona perianal te la quiero dejar dulzona con mis movimientos de lengua. Rascar lingualmente todas las picazones que puedas llegar a tener ahí. Chocar repetidamente el vértice de mi lengua con tu anillo más secreto, más enigmático. Hacer pequeños círculos con el vértice de mi lengua en tu anillo más confidencial. Tu anillo menos conocido. Dejarte toda la zona pudenda, más empalagosa que la miel. Hacer del sexo oral una de las más estupendas tradiciones, contigo. Este placer sin tasa es necesario, y hay que darle rienda suelta. Este gozo es necesario, esta diversión es necesaria. Este entretenimiento, este deleite, este recreo, este regocijo, esta dicha, esta complacencia. Más para ti que para mí, no importa lo corto que pueda llegar a ser.

    Verte bonita y de buen humor es lindo. Verte bonita, de buen humor y cachonda es algo que no tiene precio. Es un atracón de dicha. Soy partidario de tu placer, un seguidor de tu placer. Simpatizo con tu placer. Soy un aficionado, un afiliado, un adicto. Hay encuentros en donde me olvido íntegramente de dónde dejé mi ropa interior, de dónde dejé mi pantalón, de dónde dejé mi camisa, mis zapatos, mi abrigo. Pero no me interesa. No me interesa en absoluto, y quiero que tú te intereses aún menos en dónde dejaste tus costuras exteriores.

    Quisiera tener una pequeña toalla, y entretenerte el clítoris –expuesto a mí– con ella. Quisiera tener un pañuelo, y rozarte el tulipán con él. Quisiera comprarme una franela, y hacerte repetidos movimientos circulares, en tu manzana de Eva, con ella. Quisiera tener una bufanda, y acariciarte alentadoramente la mariposa con ella. Quisiera agarrar una almohada y frotarte con ella tu pequeño cisne –de aspecto benigno–. Aunque tales acciones parezcan ser detalles pequeños, inocuos o insignificantes, a veces son capaces de hacer que la pasión esté agazapando, esperando para atacarte, arrancándote la impasibilidad y la frialdad, escondiéndolas en lo más inaccesible de tu mente.

    Quiero besarte el lóbulo de una de tus orejas, mordértelo con la misma blandura que la arcilla húmeda. Abarcar en tu cintura, besar ese tatuaje que tienes, rozar mis labios con los tuyos, mis piernas con las tuyas, juntar mi pecho con tus pechos frondosos, mi abdomen con el tuyo, mis muslos con tus muslos, rozar mis brazos con tu espalda, que está queriendo huir de los escalofríos y no lo puede hacer sin ayuda. Besarte las rodillas. Ir por tu cuello y bajar lentamente con mi lengua hasta encontrar tus glúteos, para hacerles cosquillas. Para frotarlos, apretarlos, amasarlos, morderlos, dar suaves palmadas rítmicas en ellos y terminar besando y lamiendo tus muslos en la parte de abajo. Amorrar la cabeza hacia el surco que hay entre tus pechos y luego al surco entre tus glúteos, solamente para besarlos y lamerlos también.

    Quiero mezclar mi fluido con el tuyo hasta que tus posaderas brillen como dos cucharas para helado nuevas, con tantos rebotes que me estás dando. Hasta llegar al cenit de la satisfacción mutua. Hasta que nuestras urgencias dejen de ser tales, sintiendo ambos una acaramelada humedad caliente justo, en donde más queremos sentirla. Hasta que mis ahora partes escurridizas tengan sus propios recuerdos de ti, y tus ahora partes escurridizas tengan sus propios recuerdos de mí. Sus propias marcas invisibles.

    “Rico, rico, rico”, es lo que me haces pensar con cada cabalgada que me das en la cama. O a veces en el sillón, o a veces en una silla, cuando tu tórax sube y baja con gran vehemencia. La misma vehemencia con la que tus caderas se clavan y se desclavan sobre mi abdomen, fundiendo nuestras zonas pudendas en una sola. ¡Ta, ta, ta, ta! ¿Lo sientes al imaginártelo? ¿Lo sientes todo, bendita mujer? ¿Sientes el calor crecer desde tu vientre? ¿Sientes el calor crecer en la base de tu espalda? Me tienes la extensión venosa a punto de reventar, a punto de estallar, y me la vas a dejar seca. ¿Sientes cómo se va endureciendo y profundizando cada vez más adentro de tu vientre? ¡Pa, pa, pa, pa!

    Ni bien a cuentagotas me abras todas las puertas, todos los portones, todas las aberturas y todas las entradas de tu cuerpo, quiero hacerte –y que me hagas– el amor sin inhibiciones, meterme en tu templo, penetrar en tu castillo, pasearme adentro de tu palacio. En ese aposento cobijarme. En ese reino que lleva tu nombre y apellido, hospedarme. Conquistar tu cuerpo tallado como la madera, de propiedades casi escultóricas, hasta que nuestra libido contagiosa cumpla con todas las promesas que nos hizo. Hasta que nuestras excitaciones dejen de gritar en voz alta. ¡Mira que empapados estamos!

    Amarte durante una temporada prolongada, y no olvidarte por una temporada más prolongada, quiero también, dicho sea de paso. Que no sea más una idea frágil y tenue, como un rayo de sol en una mañana de invierno, que me impide vivir ilusionado. Desbotonar mi honda sensación de soledad y tu punzante sensación de soledad desde adentro, aunque sólo sea por unas horas. Tapar ese hueco grande llamado soledad. Le faltaba un condimento a mi vida, y ese condimento eres tú. Soy un espíritu que quiere volar lo más alto que nunca voló, y necesito que me hagas un empujoncito.

    Sé que tu deseo por mí no será inagotable, y mi deseo por ti tampoco será inagotable. Tengo presente también el hecho de que el placer se agota mucho más rápido que el dolor, pero quiero olvidarme de todo aquello mientras inundamos del mejor gusto los escasos minutos que dure nuestro encuentro. Celebrarlo con largueza, que ya el estar siempre cortejando con la melancolía se me hizo un auténtico hastío. Las miradas de la melancolía no las quiero más. No quiero sus besos de tijeras heladas, ni tampoco sus abrazos de nieve, y eso que solía ser la que mejor me besaba y abrazaba, antes de conocerte a ti.

    Vamos a mover esto, que debajo de la cintura me siento delicioso como un postre, sabroso como un bombón, exquisito como una barra de chocolate, deleitoso como una golosina, azucarado como el almíbar, por ti. Si la parte más privada de mi cuerpo tuviera un nombre, contigo se llamaría “apetito”. Podrías jugar con ella sin un mínimo de dificultad, que está más ansiosa que tú. Briosa como los ánimos de un caballo corredor, tiesa como un desodorante, casi tan levantada como una pared de ladrillo, más despierta que un gallo a la mañana y un grillo en la noche, la puedes agarrar con las dos manos si quieres. Quiero que la trates con el cariño de esos que no se olvidan nunca, especialmente la zona de la corona y el glande, haciendo tales movimientos con tu lengua que no dejarían con frío a nadie, amor mío. Quiero que hagas gestos como si la estuvieras mordiendo mientras estás codiciando lo que tiene guardado adentro para ti. Quiero que conviertas frases como “no siento nada”, o, “no me pasa nada”, en las mayores mentiras del mundo. “Mira como me pones”, te está queriendo decir mientras la estás meneando a puño cerrado, tesoro mío. Está más desbocado que la ausencia, el éxodo, el exilio de tu blusa y tu sostén, expatriados a lo que es el suelo. Se mueve sola, y no tiene ningún reparo en hacértelo ver. Lubrícamela con tu agua, que me tienes volando mujer, sostenido la evidencia más desubicada y arrogante de ello. ¡Azúcar, azúcar, azúcar! Dame más azúcar, que ni me fijo si te estás pasando. Haz más almíbar con él –a lo que es, probablemente, el reflejo más verídico de lo que generas en mí–, que la temperatura y los ingredientes ya los tenemos de sobra.

    Haz que la vida se sienta más corta de lo que realmente es. Más breve de lo que debería ser. Más reducida de lo que quisiera. Haz que su tiempo de duración se sienta más y más escaso de lo que es, ahora que la pasión nos está haciendo una indiscreta visita dándole alas al apego. Haz que mis esperanzas, algunas de ellas, dejen de ser una utopía. Haz que mis decepciones, algunas de ellas, dejen de ser recuerdos y se conviertan en parte de la nada misma, en parte de lo que es el vacío en su definición más estricta. En parte de lo que es la nulidad en su concepto más conservador.

    Quiero que tu boca generosa me diga “te quiero mucho” de esa forma, de esa manera también, sin decir una sola vocal, con la naturalidad y la confianza de lo impresionante. Que hagas de ella un instrumento para adormecerme las nociones de espacio y tiempo por un rato, bañándome con su cálida humedad uno de mis puntos más débiles, cuyas venas están temporalmente más marcadas que las de mi muñeca. Que te sientas una diosa poderosa aún estando arrodillada y apoyando los codos en donde los estés apoyando, usando como única prenda de ropa el aire. Y ya con sólo besarme la punta del pirulí o haciendo en ella círculos con tu lengua, te estás convirtiendo en una, dejándome bien en claro que tus talentos de orden erótico son mejores que los míos. Al fin y al cabo serás tú quien mantenga por más tiempo la sonrisa imperial.

    “Estimula, estimula, estimula”, “frota, frota, frota”, “así, así, así”, “sí, sí, sí”, te está diciendo con su absoluta disponibilidad. Toma aire y luego prosigue, mi serafín terrenal, toma aire y luego continúa, atraviesa todas sus resistencias y redúcelas a su mínima expresión, hasta que sean más pequeñas que el ojo de una aguja. “Mmm, mmm, mmm”, “¿mmm? ¿mmm? ¿mmm?”, es lo que más quiero escuchar mientras me lo estás haciendo. Respira sobre ella. Presiona mi miembro con tus labios, ángel mío, aminora su obstinación a no querer hacer explosión. Sólo te faltarían los grandes y alocados lengüetazos de abajo a arriba, y de arriba a abajo. Se desvive por estar y refugiarse adentro tuyo, su necesidad más apremiante es esa, cielo mío. El revoloteo agradable que percibo en el interior de mi estómago, es grande y profundo. Mira cómo me estoy tocando el pecho.

    Tu lengua es atrayente, es seductora, es encantadora. Cautivante. Satisfactoria. Complaciente. Simpática, alegre, risueña. Graciosa hasta en los momentos más infartantes. Afectuosa, cariñosa, afable. Adorable, deliciosa, apetitosa. Tu lengua es ahora mi momento, haciendo con ella increíbles trazos de pluma mojada. ¿Dónde está la inocencia? ¿Qué es la inocencia? ¿Existe la inocencia? Aquí y ahora, eso no existe. Tengo una pequeña picazón, un hormigueo más chiquito que una mariquita de siete puntos, justo en la punta de mi falo, y me gustaría que me la rascaras con tu lengua.

    Mi prolongación venosa, cuyo bálano está acaloradamente alborozado –en estado de máxima tensión–, quiere aventurarse contigo. Entretenerse, divertirse, retozarse, quemar todas sus energías contigo. Lanzarse, apostar por ti. Pasarse entre tus mamas, entre tus bustos, entre tus esferas. Pasarse entre tus asentaderas, entre tus posaderas. Saludarse afectuosamente con tu monte de Venus, darse pequeños golpecitos y resbalarse varias veces con él o con tu periné. Tocar con su punta la cabecita de tu clítoris –ya no más tímida ni sonrojada–, como si fueran el dedo pulgar y el dedo índice de una mano, dándole máxima prioridad al tacto, el sentido que más manda, más gobierna y más se enseñorea con nosotros en esta parte. Pulsar ese botón y hacerlo latir como si tuviera voluntad propia.

    ¿Dónde está el pudor? ¿Qué es el pudor? ¿Existe el pudor? Pues aquí no creo que esté, su presencia no es ni siquiera nítida. Tus ojos calentorros no saben lo que es el pudor ni tienen idea de dónde está. Tus manos tocándome las debilidades como si fueran la cabeza de un pequeño cachorro, por ejemplo, tampoco saben. Ni tu boca transgresora. Ni tus sublimes pechos. Ni tus piernas vibrantes. Ni tus espléndidos y sedosos pies. Menos aún tu insolente y vanidoso trasero. El pudor fue tapado por el celo. Arrasado por la impetuosidad. Devorado por el desenfreno. Desdibujado por la lascivia. Opacado por el arrebato. Eclipsado por la libidinosidad. Derretido por la fogosidad. Difuminado por la concupiscencia. Diluido por el libertinaje. Borrado por el enardecimiento. Reemplazado por la desvergüenza. Todo sin la más leve beligerancia, el pudor aquí y ahora, se transformó en un concepto escurridizo como las gotas de lluvia.

    En donde antes había hielo, ahora hay vapor. Si es cierto que la pasión es mágica, contigo quiero hacer varias pruebas empíricas. Puedes hacer lo que quieras conmigo que estoy en modo romántico, dispuesto y tan hambriento de ti. Como un plato de comida que rebalsa, me llenas el corazón de adrenalina, mujer hermosa y encendida. Te besaría con acaloramiento, te abrazaría con toda la fuerza reprimida, te acariciaría con afecto, te halagaría con admiración, te tocaría con devoción, como si me fuera a morir mañana, como si no hubiera un después. Lamería y relamería golosamente tu fascinante mariposa como si fuera un dulce. Tus risas, y tus repetidos gemidos de mujer acompasados a los míos, serían como melodías que entran en mis oídos, y yo quiero que formes una canción con ellos. También quiero que tus gritos de placer genuino formen una pieza de ópera, incluyendo los que tratas de tapar con tus manos, acallándolos de forma inane, mientras tus pechos y tu espalda están brillosos de la transpiración. Tus frases de aliento arderían por sí mismos sobre mi memoria, me harían enamorarme más de ti. Tus sonrisas y tus muecas lascivas me las almorzaría cada una de un bocado. Haría de tus pezones, caramelos rellenos en mis papilas gustativas carantoñas. En tus pechos divinos me gustaría dormir. Me gustaría que abras tus piernas y que hagas de mí tu hombre, aunque sólo sea por un periodo breve. Que transcurra lo más cadenciosamente posible, si va a ser por un corto tiempo.

    Amo profundamente la temperatura de tu cuerpo cuando estás cachonda al cien por ciento. Adoro reverencialmente la temperatura de tu cuerpo cuando te pones así. La idolatro, estoy prendado de ella, enamorado de ella. Siento una total veneración. ¡Rediós, qué frío hace afuera! Quiero alimentarme de la temperatura de tu cuerpo, y que tú te alimentes de la mía. Quiero nutrirme de la temperatura de tu cuerpo, y que tú te nutras de la mía. Quiero sustentarme de la temperatura de tu cuerpo, y que tú te sustentes de la mía. La temperatura de tus manos y tus brazos es estimulante. La temperatura de tus piernas, tu abdomen y tu espalda es acogedora. La temperatura de tu cara y tu cuello exhalan ternura, y quiero estar más cerca de esa ternura. La temperatura de tus glúteos y tus pechos es embriagante. La temperatura de tu pequeño cisne es exaltante.

    Benditas sean las inmensas ganas que tiene tu travieso cuerpo de hacer picardías. Bendito el sonido que hacen nuestros suspiros de amor. Bendito el sonido que hacen nuestras bocas cuando nos besamos con ansia enredada y juguetona. Bendito el sonido que hacen mis manos y mis brazos cuando te toco. Bendito el sonido que hacen tus manos y tus brazos cuando me tocan. Bendito el sonido que hace tu corpiño cuando te lo desabrochas como si fuera un traje caluroso, y lo lanzas a lo lejos liberándote de la represión de la lencería. Bendito el sonido que hacen tus pechos cuando los abofeteas. Bendito el sonido que hacen tus bragas cuando las estiras con tus dedos teniéndolas puestas, para luego soltarlos y que éstas vuelvan a pegarse a tu piel delicada estrellándose con ella. Bendito el sonido que hacen tus bragas cuando te las quito, y cuando te las pongo. Bendito el sonido que hacen tus bragas cuando la lanzas a cualquier lado. Bendito el sonido que hace mi lengua cuando te estimulo. Bendito el sonido que hace tu espectacular boca cuando te excitas. Bendito el sonido de tus risas y tus carcajadas. Bendito el sonido que hacen las sábanas cuando te retuerces de placer. Cuando te serpenteas del gusto. Bendito el sonido que hacen nuestros muslos cuando los agitamos y los golpeamos entre sí. Bendito el sonido que hacen tus palmadas. Bendito el sonido de nuestros jadeos. Bendito el sonido de todas nuestras respiraciones. Bendito el sonido que hacen nuestros corazones al latir. Bendito el sonido que hace tu entrepierna cuando le das pequeños golpecitos con tu mano derecha. El sonido de tus pisadas descalza. El sonido que haces al bañarte. El sonido que hace la espuma cuando juegas con ella. El sonido que hace tu cabello cuando lo peinas.

    Benditos sean los movimientos que hace tu estómago cuando intenta resistir ese calor que recibe proveniente de un cuerpo extraño. Cuando intenta resistir los hormigueos que lo zarandean internamente. Benditos los movimientos que hacen tus manos y tus brazos cuando están creando los placeres que otras ciertas partes de tu cuerpo exigen al momento. Benditos los movimientos que hace tu lengua cuando me matas y me rematas el alargamiento venoso y sobresaliente con ella. Bendita la profundidad de tu garganta cuando me castigas de forma benigna con ella. La profundidad de tu ombligo cuando introduzco mi lengua casi hirviente en él.

    Maravilloso sea el cubrecama en donde nos entregamos mutuamente, todo, hasta quedar vacíos. Maravillosas las sábanas en donde nos hacemos sentir exquisitos. Maravilloso el colchón en donde nos desvivimos sexualmente, haciendo desaparecer todo el color de la penumbra. Maravilloso el acolchado en donde unimos cada milímetro de nuestras pieles ahora algodonadas, recibiéndonos en igual cuantía. Maravillosa la humedad de tu boca cuando me acaricias de manera lingual. La humedad de tus jadeos cuando los exhalas cerca de mi cuello. La humedad de tus zonas pudendas cuando las entrelazas con las mías. Maravillosa la suavidad de tus labios cuando me besas. La suavidad de tu lengua cuando la usas conmigo. La suavidad de tus mejillas cuando derribo momentáneamente todas las fronteras invisibles contigo. La suavidad de tu nariz cuando quieres compartirla conmigo. La suavidad de tu cabello cuando me haces cosquillas con él. La suavidad con la que me arrullas manualmente, pintándome toda la piel de ella. Maravillosa la calidez de tus mimos cuando los expresas en alguna parte de toda mi anatomía.

    Maravilloso es el calor de tu boca cuando me sosiegas las nociones de espacio y tiempo con ella. El calor de tus jadeos cuando los exhalas cerca de mi nuca. El calor de tus piernas cuando las cruzas con las mías. El calor de tus manos cuando jugueteas con mi elongación venosa. El calor de tus posaderas cuando te apoyas en mis muslos. El calor de tu espalda cuando la siento. El calor de tus pechos cuando me absorbo en ellos. El calor de tus pezones electrizantes cuando los quiero querer, haciendo pequeños círculos con el vértice de mi lengua en ellos. Maravilloso el calor de tu cuello cuando lo beso. El calor de tus mejillas cuando las unes con las mías. El calor de tu abdomen cuando lo adhieres al mío. El calor abrazante de tus muslos cuando se estrellan con los míos, mientras tus mamas suben, bajan, se adelantan o retroceden de acuerdo a cada embestida y a cada posición. El calor abundante de tu adorable y divino tulipán, cuando está muy encariñado conmigo. El calor de tu nariz cuando lo rozas en mi cara. Maravilloso sea el ardor de todas tus agitaciones.

    Inspiradores sean tus besos más sonados, que se escuchan más claros que los siseos de una anaconda, haciéndome más merecedor de ti. Inspiradores sean tus suspiros más hondos, que se escuchan más claros que las ululaciones de un búho. Inspiradores sean tus jadeos más guturales y profundos, que se escuchan más claros que los aullidos de un lobo. Inspiradores sean tus gritos más indisimulados, que se escuchan más claros que los relinchos de un caballo. Inspiradores sean tus cabalgadas más ruidosas y aceleradas, que se escuchan más claras que la lluvia cayendo sobre un tejado. Inspiradores sean tus lamidas más mojadas y tus caricias más intencionadas. Los dos roncos y consumidos por un deseo melifluo, bañando nuestros semblantes con lo mejor de él, intercambiando abundante cantidad de sudor, confidencialmente cardiacos. Siento que estoy rozando el paraíso cada vez que sonríes cuando te estoy montando, con tus piernas en mis brazos y gotas están cayendo hacia el surco que hay entre tus glúteos. En el cielo me siento cada vez que sonríes cuando anexamos nuestros impudores, con tus piernas en mis hombros. En las nubes me siento, cada vez que ríes mientras vinculamos estrechamente nuestros impudores, que se aceptan sin ningún reparo. Los dos, estando idos de placer y haciéndole un homenaje, pareciendo durante segundos impermeables a cualquier distracción.

    Quiero que tu admirable boca, caliente y húmeda, bendiga mi boca, mi frente, mis mejillas, mi cuello, mis hombros, mi pecho, mi abdomen, mis brazos, mi espalda y mis piernas. Quiero que tu prodigiosa lengua bendiga mi glande, mi prepucio, mis venas dorsales y el resto de todo mi pequeño cuerpo impúdico.

    Devuélveme las caricias que yo te doy, y yo te devuelvo las que tú me das. Regrésame los abrazos que yo te doy, y yo te regreso los que tú me das. El calor corporal que te haga falta yo te lo doy, y el calor corporal que me hace falta, deseo que tú me lo des también.

    Mis miradas son tus miradas. Mis caricias son tus caricias. Mis abrazos son tus abrazos. Mis besos son tus besos. Mi ternura es tu ternura. Mi insomne deseo es tu deseo. Mi desvelada pasión es tu pasión. Mis excitaciones son tuyas. Desvísteme de mis miedos, de mi timidez, de mis prejuicios, de todas mis inseguridades, desatándome de todos sus nudos, y cúbreme con un manto de amor tuyo. Acógeme con beneplácito, envuélveme con un gran terciopelo de tu cariño. Vísteme de palabras bonitas, de palabras picantes y sicalípticas, de besos, de abrazos y de lujuria edulcorada, estando gozosos y totalmente despojados de ropa física. Hasta que nos dejemos a ambos con las sensaciones más sensibles que nunca. Si vas a estar afuera de mi cuerpo, que sea por cansancio, satisfacción o para cambiar de posición.

    Después quiero dejarte mi semilla en donde no sean un peligro. En tus glúteos, o en tu abdomen, llenarte el ombligo de ella. O en tu espalda, o en tus piernas, o en tus mamas, o en tu cuello. Eso sí, jamás de los jamases en tu boca, en tu cara o en tu cabello. Eso no. Dentro de las relaciones sexuales consentidas tienen que haber reglas de oro, y esa para mí es una de ellas. Después quiero limpiarte con lo que haya a mano. Quiero vestirte, volverte a poner yo mismo tu ropa interior. Que me acomodes y te acomodes el pelo.

    Cuerpos hechos de vicio, disolviendo todo el estrés –que es más feo que la herrumbre– como dos bolas de anís. ¿Cuál es el alboroto si hemos mojado el acolchado? ¿Cuál es el escándalo si hemos mojado las sábanas o el cubrecama? ¿Si hemos mojado nuestras toallas? ¿Si dibujamos varias manchas de humedad en las telas? ¿O si hicimos un enchastre? Lo lavaremos todo al terminar.

    ¿Quieres quedarte solamente hablando después de esto? Habla de todo lo que quieras, querida mía. Te lo debo. Habla de tu trabajo, de tus compañeros, de tus estudios, de música, de cine, de tus amigas y amigos, de tus sueños y ambiciones, o de cualquier nimiedad, mientras estás con la mirada tranquila. Después quiero que durmamos, y espero ser yo el último en dormirse, así te contemplo y descubro más detalles tuyos. Algún lunar, peca, punto rojo, cicatriz, mancha permanente o picadura de mosquito. Quiero que en el medio de todo eso me digas “te quiero” otra vez. No me importa si es susurrado, un hilito de voz casi inentendible –casi tan fino como un silbido– entre dormida y despierta, lo quiero escuchar. Si no, será otra noche. Ojalá que con todo esto, y un poco de suerte, logro que ocurra el milagro, de que después pienses en mí cuando estés ensimismada en tus secretos, de que tengas –producto de las huellas que dejé en tus silencios– fantasías conmigo, de que te sientas especial o segura conmigo, o lo más trascendental, de que suspires y se te humedezcan los ojos con tan sólo pensar en mí. El milagro, de quedarme en tu cabeza como una composición musical que se te mete al despertar. Como algo que te hace bien.

    Valió cada arreglo que hice en mi aspecto físico para cautivarte. Cada prenda de ropa, y el perfume que me puse para intentar seducirte. Cada centímetro que recorrí para acercarme a ti. Cada pregunta que te hice con la intención de conocerte más. Cada voseo que hice con la intención de marcar más profundo en el terreno tu confianza. Cada muestra de interés o de atención que te di. Valió el tiempo que invertí pensando en las palabras justas para sacarte una sonrisa, y el que invertí pensando en las palabras justas para conquistarte. Cada mirada tierna o lasciva que te hice, y que funcionó. Cada llamada telefónica que te hice, y que fue oportuna. Cada regalo que te ofrecí, y que te gustó.

    ¿Dónde está la culpa? Mejor dicho, ¿por qué hay que sentir culpa de lo que sentimos? ¿De lo que hicimos? ¿De lo que estamos haciendo? Descarado aquél o aquella que desprecie todo lo relacionado al sexo, aunque sea un sexo consentido desde los cimientos hasta la cúpula. En un planeta en donde el sufrimiento fue convertido en un deporte de masas. Caradura aquél o aquella que aborrece toda cosa que tenga que ver con el placer sexual, aunque sea un placer sexual regado de amor. En un planeta en donde el dolor no tiene jerarquía alguna. Cínico aquél o aquella que siente repulsión hacia cualquier cosa relacionada al sexo, aunque sea un sexo arropado, abrigado y cobijado en el respeto mutuo. Farsante y de retórica ficticia, simulada, fingida, artificial y postiza sea aquél o aquella que dice odiar el sexo.

    Amo esas noches escarchadas en las que bailas o te mueves como una total desprejuiciada en la habitación, enteramente vestida por obvias razones, sí, pero la sensualidad igual se convierte en algo casi tan omnipresente como el nitrógeno. Casi el mismo amor que siento por la mejor música, el mejor cine y el mejor teatro. Me enloquece cuando juntas y aprietas tus glúteos con mis partes bajas, como si de la nada se hayan convertido en imanes de gran carga magnética. Me rocían en la mente ideas de querer sacarte algo de lo que tienes puesto, y digo “algo” para no decir “todo”.

    Pienso en meter mi mano dentro de tus bragas como si fueran una bolsa con monedas de oro, en meter mi mano dentro de tu corpiño como si fuera un pequeño maletín con dos gemas de diamantes en su interior, es así como quiero verlo. Sueño con sacarte las bragas como si fueran la envoltura de una golosina, sacarte el corpiño como si fuera la envoltura de un regalo, introducir mis dedos en tu boca como si los estuviera metiendo en un recipiente de agua tibia, es así como me lo quiero imaginar.

    Disfrutar de nuevo y lentamente, de la desnudez de tu cuello. De la desnudez de tus hombros. De la desnudez de tus pechos. De la desnudez de tu vientre y tu espalda. De la desnudez de tus piernas y tus glúteos. De la desnudez de tu entrepierna besándola como a un girasol. De la desnudez de tus pies. De la desnudez de tus mejores sentimientos por mí. Hacer otra vez del erotismo un gran telón de fondo, hasta bombear nuestras vidas con más vida, palpitándonos bilateralmente. Volver a trazar delicadamente con mis manos, caminos imaginarios que vallan desde tu frente hasta tu espalda alta. Desde tu nuca hasta tu espalda baja. Desde tus orejas hasta tus codos. Desde tu cuello hasta tu pelvis. Desde tus hombros hasta tus caderas. Desde tu clavícula hasta tu ombligo. Desde la vibración más viva del surco entre tus pechos, hasta tus glúteos. Desde tus muslos hasta tus tobillos.

    Gigantescas ganas me dan de darte un largo e intenso morreo. Un morreo extenso y potente. Un prolongado y enérgico morreo. Y al final un soñoliento morreo. Pausado, amodorrado. Un aletargado morreo. No sólo en la boca, sino también en tus mejillas, en tu cuello, en tus pechos, en tus hombros, en tu espalda, en tu vientre, en tus muslos, en tus glúteos. En tu zona más íntima y personal también, hasta que llegues a agarrarte una de tus piernas con tus brazos, juntando tu boca a tu rodilla y cerrando los ojos, alejando con todas las fuerzas de tus pies la distancia que existe entre sus dedos, agradables al tacto como piedras semipreciosas y del tamaño de uvas negras y blancas para vino de botella.

    Tus pies, limpios como una sartén de teflón esmaltado sin usar –y perfectos como para meterles una violeta africana en cada surco–, son ideales para ir consumiendo oralmente sus dedos uno por uno, lamer sus plantas, besarle los tobillos ascendiendo por tus pantorrillas y alternándolas. Tus piernas, limpias como un vestido de seda que nunca salió del maniquí, son ideales para acariciar con mis dedos la parte de atrás de tus rodillas, lamerlas, besarlas, y seguir ascendiendo. Con tu piel más erizada de lo normal, quiero agudizarte lo más entrañable que tenga que ver con tu tacto.

    Cada acción que hago para excitarte, y cada acción que haces para excitarme, es una gota más de felicidad que voy sintiendo, y espero que sea recíproco. Qué lástima que no sepa escribir poesía, así te dedicaría las palabras más bonitas del idioma español, usando como real inspiración tus emociones al descubierto. Tu tierno cabello, hambriento de besos y caricias. Tus ojos refulgentes y llenos de humanidad. Tus mejillas demandantes de cariño. Tu boca entusiasmada. Tu lengua traviesa, buscadora de un buen cómplice. Tu mentón pidiendo suavidad. Tu cuello y tus hombros arropados únicamente por el aire. Tus brazos queriendo rodearme. Tus pechos vestidos por la nada misma, suplicantes de unas buenas manos inquietas y una buena boca de hombre. Tus pezones resaltantes como la luz que emiten los lampíridos y jactanciosos de su estado. Tu ombligo expectante. Tu vientre, ansioso de sentir ese calor excepcional desde adentro. Tu espalda que ruega por una temperatura más cálida. Tus glúteos que apetecen de ardientes embestidas. Tu húmeda y a la vez sedienta entrepierna, tapada exclusivamente por el aire, deseosa de tener todas las agradables sensaciones posibles, y que ya se cansó de jugar monopólicamente con tus dedos. Tus piernas implorantes de una buena compañía. Tus pies exigiendo expulsar el frío.

    Estrecharme a tu dulzura sin desprenderme de ella durante un buen lapso, y después dormirme una siesta, es para mí mejor que agarrar a todos los semáforos en verde en mi camino, mejor que comerse una buena ensalada, mejor que levantarme unos minutos antes de que suene la alarma del despertador, mejor que disfrutar de una buena parodia, mejor que ducharme sin premuras, mejor que escuchar a los pájaros cantar por las mañanas y sintiendo el olor a café con leche, mejor que escuchar las canciones que me traen buenos recuerdos, mejor que estar en un restaurante y ver que traen mi comida, mejor que hundir la mano en una bolsa con legumbres, mejor que llegar justo en el momento en que el colectivo, el subte o el tren hacen aparición en donde iba a hacer la parada, mejor que meter los pies en la arena y escuchar el sonido de las olas, mejor que quitarme el calzado cuando llego a casa, mejor que recibir el cumplido de alguien a quien admiro, mejor que reírme por algo que he recordado, mejor que salir del trabajo y que todavía haya luz, mejor que sentir cómo la lluvia me eriza la piel en un día sofocante y escucharla estando acostado, mejor que sentir el olor a jazmín, a libro nuevo o la fragancia del pan recién horneado, mejor que taparme en el sillón con una manta suave, mejor que tomar chocolate caliente en una tarde fría o comer una barra despacio, mejor que ver un amanecer, un atardecer, un arcoíris o la sonrisa de un extraño, mejor que sonreírle a ese extraño o tener una conversación amable con él, mejor que ver una puesta de sol en la playa y correr en ella, mejor que voltear la almohada en el lado frío. Casi mejor que reír hasta lagrimear.

    Te venero mujer, te venero por cada beso que te doy, con tela o sin tela, en alguna parte de tu cuerpo. Por cada abrazo con tela o sin tela que te doy. Por cada palabra positiva que te digo y por cada sensación de bienestar que te transmito. La violencia no cabe, no tiene acceso a nuestra cama. Las burlas no entran en nuestra cama. Los insultos no entran en nuestra cama. Las amenazas no entran en nuestra cama. Las humillaciones no entran en nuestra cama. El menosprecio no entra en nuestra cama. Las bofetadas no entran en nuestra cama. Los puñetazos no entran en nuestra cama. Las patadas no entran en nuestra cama. Los estrangulamientos no entran en nuestra cama. La ridiculización no entra en nuestra cama y las miradas agresivas no entran en nuestra cama. Nada de eso ingresa, se mete o se adentra en nuestra cama, jamás de los jamases –cosa que debería suceder en todas las camas que se usan, se usaron alguna vez o se usarán para hacer el amor–. Nuestra cama es un nido de paz y respeto.

  • Violadores seriales (Capítulo 1)

    Violadores seriales (Capítulo 1)

    La presa estaba acorralada. Nosotros, los cazadores, habíamos puesto trampas para que cayera, y ahí estaba ella. Se llamaba Alexia. Ale para sus conocidos. Ali para los más cercanos. Fui yo personalmente quien la eligió. Cuando, en nuestra última reunión semanal, se la propuse a los otros cazadores, se les hizo agua la boca. Ali era la presa perfecta.

    La habitación estaba oscura, apenas iluminada por la débil luz que emanaba una lámpara. Había invitado a Alexia a una fiesta de disfraces. Su primera sorpresa se la llevó cuando vio que los invitados, aparte de ella y yo, sólo eran otros tres hombres. Iba disfrazada de Minine Mousse. O algo parecido. Una pollerita roja con lunares blancos, una remera ceñida color blanca, con los puños estampados igual a la pollera. En su cabeza, una bincha con dos círculos grandes que hacían de orejas de ratón. Los finos labios estaban pintados de un rojo intenso.

    -¿No va a venir nadie más? -Preguntó ingenuamente.

    Esa era una de las cosas que más me gustaba de ella: su ingenuidad. Alexia tenía una cara hermosa. Piel blanca, un tanto alargada. Ojos marrones, nariz pequeña, con las ventanas más abiertas de lo normal. Su figura era esbelta. No había mucha voluptuosidad en su cuerpo. Pero a sus veintitrés años, tenía todo perfectamente firme.

    -Parece que no, pero con nosotros te vas a divertir. -Contestó Diego. Un rubio regordete que iba disfrazado como el César.

    Los cinco estábamos alrededor de una mesa. Alexia estaba rodeada por Diego y por mí. Él apoyó su mano en su pierna. Corrió la pollera hacia arriba, y la piel de los muslos comenzó a quedar a la vista.

    -No ¿Qué hacés? -Se exaltó.

    Intentó ponerse de pie, pero yo la agarré de la cintura y la mantuve en su asiento.

    -¿Qué pasa Edu? -preguntó, dirigiéndose a mí.

    Los otros tres miraban la escena con expresión lujuriosa. Los lobos mostraban sus colmillos.

    Yo les había dicho que Alexia no iba a oponer mucha resistencia. Que no iba a acceder, que iba a pedir que la dejen, pero no iba a gritar. Y que al final iba a ceder a todos nuestros deseos. Los cazadores habían quedado encantados con la descripción. Salvo Leandro, que ahora, detrás de su máscara de Frankenstein, emanaba su violento deseo de poseerla por la fuerza, los otros cuatro preferimos a las presas reacias pero sumisas. Alexia era una de ellas. Yo lo sabía. Éramos compañeros en un taller de teatro. Compartimos varias salidas, y yo supe sacarle información. Sé reconocer a una sumisa incluso cuando ellas mismas no saben que lo son

    Me dio algo de lástima cuando su rostro reflejó que comenzaba a entender todo. Yo le había hecho la cabeza desde hacía meses. Estaba convencida de que albergaba sentimientos románticos por ella. Pero nada más lejos de la realidad.

    Alexia miró uno a uno a todos los cazadores. Y finalmente a mí.

    -Para esto me trajiste. -Me recriminó.

    -Tranquila, está todo bien. -Fue mi respuesta vacía.

    Diego levantó aún más la falda. Su bombachita blanca quedó a la vista de Leandro, y de Rogelio, el más veterano del grupo, quien iba con un equipo de fútbol con la palabra Messi estampada en la espalda como disfraz. Yo deslicé la mano que tenía en su cintura, despacito, hasta llegar a sus glúteos, los cuales, todavía rebeldes, apretaban mis dedos contra el sillón, decididos a no dejarse acariciar.

    La agarré de la barbilla con mi mano libre, y la obligué a mirarme a los ojos. Hizo un puchero, viéndose aún más joven de lo que era. Le costaba sostenerme la mirada. Sus grandes faros marrones buscaban el piso, pero yo volví a levantarle la carita. Se sentía claramente intimidada por la situación. Sus ojos estaban brillosos. Pensé en amenazarla. En decirle que estaba en una casa grande, cuyo vecino más cercano se encontraba a doscientos metros, y por lo tanto los gritos no serían escuchados por nadie. En recalcarle que una chica frágil como ella, nada podía hacer contra cuatro hombres. Pero preferí seguir con el plan. Intimidarla, pero sin amenazarla. Además, el hecho de conocerla me jugaba en contra. Lo mejor era que en su cabeza quede el recuerdo de haber copulado con cuatro desconocidos porque le fueron tan insistentes que no le quedó otra. Una violación encubierta que sufren tantas ilusas como ella.

    Le di un beso. Ella hizo la cara a un costado. Agarré con fuerza su rostro, inmovilizándola, y le metí la lengua en la boca, lamiéndole los labios al hacerlo. Mi mano se cerró con fuerza, pellizcándole las nalgas, haciendo que Alexia de un pequeño brinco sobre su asiento. Cuando dejé de violar su boca con mi lengua, vi que Diego ya había levantado la pollerita, hasta dejarla a la altura de las caderas.

    -Esto se pone bueno. -dijo Rogelio, acariciándose la verga ya dura, a través del short de fútbol.

    -No chicos, no quiero esto, no me gusta. -Se quejó Alexia. Nosotros respondimos como solemos hacerlo al recibir una resistencia tan débil: hicimos de cuenta que no la oímos.

    Diego agarró la tela de las bragas y tiró hacia abajo. Un oscuro vello púbico quedó a la vista. Alexia quiso acomodarse la pollera, pero se lo impedí con facilidad. Me miró, asustada, mientras mi colega bajaba la bombacha hasta loa rodillas.

    Leandro suspiró detrás de su máscara.

    -Es preciosa. -dijo.

    -Y toda una sumisa. -Agregó Rogelio.

    Alexia seguía mirándome, expectante, como pretendiendo que la saque de ese embrollo.

    -Tranquila, te vamos a tratar bien. -Le dije.

    Le di otro beso. Luego mi boca bajó a su cuello, haciéndola gemir contra su voluntad. De repente escuché el grito apagado que largó. Diego le había metido un dedo en su sexo.

    -Ya está bebé. -dijo él-. Ya estás siendo cogida. No hay marcha atrás.

    Como si esas palabras fueran una verdad irrefutable, Alexia aflojó su cuerpo, tiró el torso para atrás, y abrió las piernas. Una lágrima recorría su mejilla. Yo se la sequé con la lengua. Me arrodillé sobre el sofá, me bajé los pantalones, y saqué mi verga, dura como el hierro. La agarré otra vez de la barbilla. Esta vez haciéndole ver mi falo. Ella lo miró, y luego a mi, con tristeza y resignación. Apoyé el glande sobre sus labios, pero estos no se abrieron. Empujé, y apenas cedieron unos centímetros. Apreté su encantadora nariz con mis dedos. Al poco tiempo se quedó sin aire, y tuvo que respirar por la boca. Mi ansiosa pija la invadió.

    A partir de ahí todo fue mucho más fácil. Alexia, para evitar que la penetre con violencia, hasta llegar a su garganta, tomó la posta y empezó a manipular mi sexo de la manera que le resultaba más cómodo. Me apretaba el glande con fuerza, casi mordiéndomelo, probablemente para que acabe lo más rápido posible, pero la sensación era increíble. Diego se había arrodillado, y le frotaba con fruición la lengua en el sexo de nuestra presa. Yo veía cómo chorreaba abundante baba de la boca de mi colega. Cada tanto, sin dejar de chupármela, largaba un apagado gemido cuando Diego estimulaba en el lugar correcto.

    Después de unos pocos minutos, ante semejante mamada, no pude más, y acabé en su boca. Alexia tosió, y escupió el semen que le había metido adentro de su boca. El líquido viscoso colgaba de su barbilla. Sin dejar que se limpie, Diego le metió su propia verga en la boca. Vi cómo los ojos de Alexia se abrían desmesuradamente. Por algún motivo, mientras la verga gruesa y venosa de Diego la violaba, ella me miraba a mi. Otra vez recibió la eyaculación adentro de su boca. Y otra vez tosió y escupió el semen.

    -Qué puerquita. -Susurró Leandro, y Alexia, limpiándose como pudo el semen impregnado en su cara, se ruborizó por la vergüenza.

    -Bueno, ahora es nuestro turno. -Dijo Rogelio.

    Él y Leandro se desnudaron. El abundante presemen que largaban sus miembros era la prueba de que no durarían mucho. La escena anterior los había excitado mucho. Diego y yo nos hicimos a un lado, colocándonos en un lugar donde pudiéramos ver todo detalladamente. Los otros dos se pararon frente a Alexia.

    -Tengo las mandíbulas cansadas. -Se quejó ella.

    Como respuesta Rogelio hizo un movimiento pélvico y le metió la mitad de su generosa verga en la boca. Leandro la agarró de la mano, y la llevó hasta su propio sexo. Alexia lo entendió enseguida, y empezó a masturbarlo.

    A estas alturas, salvo por su rostro de expresión apática, nuestra presa participaba activamente de la orgía. Se llevó las vergas de mis colegas una y otra vez a la boca, sin dejar de masturbar al otro, hasta que ambos embarraron su cara de semen.

    -Vaya putita sumisa. -dijo Rogelio, agitado, después de acabar, al ver a la chica de cara inofensiva repleta de semen.

    Ya completamente sometida, Alexia se tiró al piso y abrió sus piernas. La cabalgamos uno a uno.

    Cuando todo terminó, ya era de madrugada. Ofrecí llevarla a su casa. Ella se negó, dijo que pediría un Uber. Pero yo la agarré de la muñeca y la llevé hasta mi auto.

    En el vehículo se sentía el olor a sexo impregnado en el cuerpo de Alexia.

    -Me gustó mucho lo que hicimos. -Le dije.

    Ella esquivó la mirada.

    -No tenía pensado hacer todo eso. -Susurró.- No le vas a decir a nadie lo que pasó ¿No? -Preguntó, suplicante.

    Me dio ternura que sienta vergüenza de lo sucedido. Le juré que no, y de paso le insinué que probablemente algún día repetiríamos lo sucedido. Ella guardó silencio.

    La dejé en la puerta de su casa, y no me fui hasta estar seguro de que entró a salvo, como hacen los caballeros.

    Al volver al auto vi que me llegó un mensaje de Leandro «¿te enteraste del nuevo miembro del equipo?», me preguntó. Le respondí que no tenía idea de qué me hablaba. «Es un sobrino del mismísimo Fundador» decía el mensaje. «Entonces es de confianza» escribí. «De todas maneras, va a tener que entregar una ofrenda, como todos lo hicimos» contestó Leandro.

    Manejé, rodeado de sombras, hasta mi casa. Podía estar seguro de que no tendría problemas con Alexia. Ella se culparía a sí misma por ser tan débil, y por estar en el lugar equivocado, antes de culparnos a nosotros.

    Un nuevo miembro, pensé, mientras atravesaba la avenida solitaria. Un nuevo cazador, un nuevo depredador, un nuevo aire… y traerá una ofrenda especial, como lo hacen todos los novatos. Pero antes debemos mostrarle los encantos de la cacería. Una vez que se convierta en un adicto, le exigiremos la ofrenda. Ojalá se esmere, pensé. De lo contrario no lo aceptaríamos en el equipo. Aunque sea un protegido del Fundador, no lo aceptaríamos. Ojalá se esmere.

  • El primo de mi novia se convierte en mi amante

    El primo de mi novia se convierte en mi amante

    Daniela era mi novia desde poco más de un año, nos conocimos en la universidad por medio de una amiga mutua, casi de inmediato empezamos a salir, ella era de una ciudad de la costa pero por motivos de estudios estaba viviendo en mi ciudad, tenía una típica habitación de estudiante que compartía con su hermana menor Celia, la habitación era relativamente pequeña, por lo que cuando uno de sus primos tuvo que ir a vivir con ellas ya que ese semestre empezaría a estudiar en nuestra universidad, decidieron buscar un departamento más apropiado, luego de unos días de búsqueda encontramos uno que era perfecto con tres habitaciones y dos baños, como buen novio sabía que estaba en la obligación de ayudar en la mudanza e instalación del nuevo departamento, lo cual planificamos sería el siguiente fin de semana que su primo llegaría a la ciudad.

    Ese sábado por la mañana convencí a mi papá para que me prestara su auto, así que temprano recogí a Daniela y juntos fuimos hasta la terminal a recibir a su primo que llegaría a eso de las 08:30, Daniela fue a recibirlo mientras yo me quede esperando en el auto, al cabo de unos minutos vi que mi novia venia en compañía de un chico bastante atractivo, traían dos grandes maletas así que me apresuré a abrir el auto y a recibirlas, hecho esto Daniela nos presentó:

    -primo-él es mi novio Santi

    -Santi-él es mi primo Miguel

    -bienvenido Miguel, cómo estuvo tu viaje

    -hola mucho gusto Santi, la verdad dormí casi todo el camino

    -les parece si vamos a casa ya.

    Hicimos un breve recorrido por la ciudad hasta llegar a la habitación de Daniela, donde nos esperaba su hermana, luego de desayunar y descansar un poco salimos a comprar algunos muebles para la habitación de Miguel, luego regresamos a casa a empacar todo para la mudanza.

    Miguel era un chico de 18 años, piel trigueña clara, de 1.65 cm, fornido de piernas gruesas y firmes y de un ancho y varonil tórax, un rostro simétrico con labios sumamente carnosos y apetecibles, unos ojos negros y vivaces, una sonrisa blanca y sumamente coqueta, vestía cómo el típico chico de su edad, una ligera camiseta, jeans muy ajustados que dejaban a la vista sus tobillos, zapatos de skate, y una actitud fresca y relajada por lo que hicimos amistad “de una” como él decía con su acento costeño, sus expresiones y bromas al hablar me hacían reír mucho, y me sentía muy a gusto en su compañía.

    Nos llevó casi toda la tarde hacer la mudanza e instalar todos los muebles del nuevo departamento, que quedaba en un tercer piso por lo que Miguel y yo estábamos sudando ya que por ser los dos únicos hombres la responsabilidad de cargar y mover muebles recayó en nosotros, Miguel se quitó la camiseta dejando al descubierto un torso escultural amplios pectorales abdomen marcado una línea de bellos que se extendía desde su ombligo hasta perderse por debajo de la línea de su ropa interior que sobresalía de sus ajustados blue jeans en los que se le marcaba un prominente paquete, con dificultad logre disimular mi mirada con la que devoraba cada centímetro de esa armadura romana que tenía frente a mi, tuve que contener mis impulsos para no revelar mi cada vez más latente bisexualidad.

    Ya era un poco tarde cuando terminamos de arreglar lo principal que era la cocina y sobre todo instalar las camas en las habitaciones, Daniela me dijo que me quedara a dormir esa noche en el nuevo departamento, yo decía que no podía quedarme porque había acordado con mi padre que esa noche le devolvería el auto que lo necesitaba para salir el domingo temprano a nuestra casa de campo que está un poco lejos pero Daniela insistió:

    -Por favor quédate esta noche

    -Pero tengo que devolver el auto a papá

    -Entonces intervino Miguel-anda bro quédate, podemos ver unas películas en mi laptop

    -Yo les propuse-hagamos algo iré a mi casa a dejar el auto darme una ducha y regreso a pasar la noche con ustedes

    -En eso Celia dijo-genial nuestra primera pijamada en el nuevo departamento.

    Eso nos causó un poco de risa por la forma inocente que sonó, en fin yo salí hasta mi casa en donde devolví el auto y les dije a mis papás que me quedaría en casa de Daniela y estuvieron de acuerdo, subí a mi habitación y mientras me duchaba me hice una paja repasando en mi mente cada centímetro del torso desnudo de Miguel, imaginándome cómo sería besar sus labios, y fantaseando con su sonrisa pícara mientras cogíamos, me cambie de ropa, cené con mis padres y luego pedí un taxi para ir hasta el departamento de Daniela, sentía un poco de culpa por mis pensamientos con Miguel, sentía que no debía desearlo de esa forma no solo porque tengo novia si no porque él es su primo, en fin era algo que no podía evitar y que sentía que no pasaría de eso, de solo ser fantasías en mi cabeza, a Daniela la quiero si pero no por eso habían dejado de gustarme los chicos.

    Cuando llegue al departamento me recibió Daniela la saludé con un beso que más era un pico como de costumbre, Miguel salió de la cocina y me abrazo diciéndome “fresco Brou si has sido de palabra” yo solo sonreí y le correspondí el fraternal abrazo, aunque debo admitir que me pegue a él para sentir su aroma que era fresco porque se notaba que hacía poco había salido de la ducha, estaba con una camisetilla blanca, que dejaban al descubierto unos musculosos brazos, uña pantaloneta azul suelta y corta por lo que se le veían unas piernas dignas de un futbolista profesional, y lo que más me impactó unas zapatillas de playa que dejaban ver sus perfectos y robustos pies que por su aspecto casi juraría que acaban de salir de una pedicura profesional, Miguel interrumpió mi éxtasis diciéndome:

    -pedimos una pizza y te guardamos un poco quieres comerla ahora?

    -Gracias, cene justo antes venir mejor la dejamos para luego

    -Bueno pero si me la como no es mi culpa

    -jajaja no, esa pizza ya es mía

    Luego de estar un rato conversando todos en la cocina, Celia propuso que viéramos una película pero cómo aún no está instalado el tv, Miguel dijo que la podíamos ver en su laptop, y Daniela sugirió que la veamos en su habitación que su cama era la más grande así que cabríamos todos, nos pusimos cómodos los cuatro en la misma cama y vimos una comedia que nos causó muchas risas y entre una broma y otra ya era un poco tarde así que sentí hambre y decidí que era momento de reclamar mi pizza, me levante y fui hasta la cocina mientras calentaba la pizza entro Miguel y se me pego por la espalda con la intensión de asustarme pero lo que me causo fue una erección al sentir su bulto en mis nalgas y sus brazos a mi alrededor, me dijo dame pizza que también me muero de hambre y le di la mitad, luego regresamos a la cama dónde Daniela se había acomodado junto a Celia que estaba casi pegada a la pared, Miguel se acomodó junto a Daniela por lo que me tocó recostarme junto a él, empezamos a ver una película de terror, y Miguel bromeaba tocándonos con sus fríos pies a Daniela y a mí que éramos los que estábamos junto a él, a todo eso eran has las 02:00 de la madrugada por lo que al terminar la película yo pregunté:

    -Bueno y ahora dónde me toca dormir a mi jajaja

    -Celia dijo-tengo mucho miedo les dije que no viéramos películas de terror

    Daniela la calmó diciendo -tranquila que no pasa nada quedémonos a dormir todos aquí la cama es grande y cabemos

    -Miguel bromeó diciendo-lo que tú quieres es dormir con Santi y que nosotros no digamos nada a mis tíos

    -Tonto no es eso dormiremos tal como estamos acostados ahora

    Yo -Bueno está bien pero ya duérmanse que estoy agotado de tanto cargar cosas

    Yo me levante a apagar la laptop, y luego me acosté en mi lugar y escuché cómo Daniela le decía a Miguel:

    -Oye quítame tus pies fríos estás helado

    -El entre risas dijo-no seas egoísta yo soy el nuevo aquí y no me acostumbro al frío

    -Sentí sus pies fríos meterse entre los míos y le dije -oye no, estás helado

    Y dijo -cómo Daniela es mala y no me quiere abrigar mis pies te toca hacerlo a ti que eres buen dato

    -Yo solo me reí y les dije-ya duérmanse y dejen de joder

    Ya había pasado más de una hora creo pero yo no lograba dormir por más que lo intentaba sólo estaba ahí con los ojos cerrados escuchando cómo los demás dormían y tratando de dominar mis instintos, cosa que no pude hacer, ya que después de un rato con sigilo y lentamente deslicé mi mano hasta sentir el paquete de Miguel me percaté que no tenía ropa interior porque solo una delgada capa de tela me separaba de ese jugoso pedazo de verga, lo presioné con suavidad temiendo despertar a Miguel y sentí como a pesar de estar flácido se desbordaba de mi mano, para mi asombro empezó a ponerse dura sentía cómo se iba expandiendo y levantando mi mano con mucho cuidado recorrí lo que yo calculaba sería como mínimo unos gruesos 20 cm, después de un par de caricias esa enorme verga empezó a reaccionar cavilando yo podía sentir con subía y bajaba con pequeños sobresaltos, no sé si fue por el silencio de esa habitación o por mi emoción pero podía escuchar con claridad los latidos del corazón de Miguel que se transmitían por su verga dura como una roca atravesando mi brazo derecho con el que la estaba sosteniendo, estaba exhortó entre esos latidos cuando sentí que Miguel hizo un movimiento como si hubiera despertado por lo que rápidamente quite mi mano, pasaron unos cinco minutos de tensa calma y casi sin darme cuenta lleve nuevamente mi mano hasta mi presa sentí que en lugar de haberse bajado estaba más dura y grande que antes, la presioné con algo de suavidad y restregué unas cuantas veces, nuevamente sentí los movimientos de Miguel y retire mi mano.

    Esta vez no era solo impresión mía, Miguel realmente se había despertado lo descubrí cuando sentí que su mano tomó la mía para llevarla dentro de su pantaloneta donde hizo que tomara su verga que estaba dura caliente y húmeda, me quede paralizado, pero sentí cómo apretó mi mano alrededor de su verga y empezó a masturbase con ella, yo todo obediente empecé a seguir su ritmo, con su otra mano tomó mi cabeza la giro hacia él y me estampó un beso que me dejó sin aliento, siguió besándome y mientras yo lo masturbaba con mucho cuidado de no hacer ni ruido ni movimientos bruscos que pudieran despertar a las chicas el masajeaba mi oreja, sentí un movimiento y con el temor de que mi novia despierte y me descubra con las “manos en el mazo” de su primo me quede inmóvil y supongo que él también lo sintió porque dejo de besarme aunque seguía acariciando mi oreja con suaves movimientos circulares, pasado el susto se acercó hasta mi oído y muy despacio me dijo ve a mi habitación ponte cómodo y espérame ahí.

    Me levaré en silencio y fui hasta la habitación de Miguel que quedaba hasta el otro lado de la sala, yo estaba con un cómodo calentador con el que había ido ya que sabía que me quería a dormir en el nuevo departamento, no sabía si todo eso estaba pasando en realidad o si de tanto desearlo lo había soñado, aun así me quite la camiseta y el calentador estando solo en bóxer me metí debajo de las sábanas de Miguel, y empecé la ansiosa espera, luego de unos minutos sentí cómo se abría la puerta y era verdad Miguel acababa de entrar a la habitación, cómo estaba todo recién instalado no habíamos puesto aún cortinas por lo que la claridad que entraba a la calle dejaba una vaga penumbra en la alcoba por lo que pude ver a Miguel mientras giraba y caminaba hacia mí luego de ponerle el seguro a la puerta detrás de él, era tal la erección que traía que se le marcaba con tanta claridad en su pantaloneta que al ser tan corta por poco y dejaba salir la redonda cabeza de su verga por una manga.

    Por fin llego junto a la cama y sin decir nada me beso estando el aún de pie y yo acostado, se quitó su camisetilla y puede ver nuevamente ese fornido torso que inspiró toda esta locura que estaba viviendo, metió su mano en su pantaloneta sacó su verga completamente erecta y dejo caer la pantaloneta a sus pies, se sobo un par de veces la verga y la acercó a mi boca me giré sobre mi abdomen llévate la cabeza y tome su verga en mis manos empecé a acariciarla y disfrutar de ese entramado de gruesas venas que la cubrían hice unos cuantos movimientos de masturbación y levantando ese tronco de verga empecé a lamer sus huevos, luego con mi lengua recorrí los 20 cm que separaban la base de la cabeza de esa verga que olía a macho recién duchado, abrí toda mi boca y me la introduje tanto cómo pude aguantar sin tener arcadas, la empecé a lamer a succionar y mastúrbala con mis labios apretados a su alrededor, eso le excito porque empezó a follarme la boca en un mete y saca constante solo se detenía cuando sentía mis arcadas pero volvía a hacerlo en cuanto sin sacarla de mi boca me reponía y él volvía retomar el ritmo, solo la sacó para darme unos cuantos vergazos en mis labios, claro está que yo no iba a dejar que se detuviera ahí por lo que tomándola con firmeza la restregué por toda mi cara, me la volví a meter a la boca y esta vez él me tomó de la cabeza mientras se la mamaba, estando en esa posición lo tomé con fuerza de sus nalgas que aparte de ser grandes estaba firmes las apretaba con fuerza entre mis manos y les clavaba las uñas para llevarlo con fuerza hacia mi, sentí por sus gemidos que eso lo tenía completarme excitado y cómo yo no quería que eso terminadas en una simple mamada pare y tomándolo de la mano lo hale hacia la cama.

    Él se metió debajo de las sábanas y entre mis piernas que sin dudar las abrí por completo para él, se puso cómodo sobre mi y empezó a morder mis labios me tomo por el mentón y llevo mi cara hacia arriba con un firme apretón de sus dedos hizo que abrirá mi boca y me escupió dentro de ella, era la primera vez que alguien me hacía eso no sé qué cara habré puesto al sentir su saliva inundando mi garganta pero debió ser un gesto que delató todo el placer y excitación que sentí porque de solo con verme me tranquilizo con una pícara sonrisa que me decía que se sentía mi dueño y cómo si él necesitara confirmar ese sentimiento de poder sobre mi metió su lengua en mi boca y la pasó por todo su interior juro que la sentí hasta en mis amígdalas, se pegó a mi oído metió su lengua por él, mordió mi oreja y despacio pero con voz firme susurro “ahora eres mío” solo acerté a decir “si papi tómame y hazme tuyo”, tomo mis manos con firmeza y con una sola mano las sostuvo sobre mi cabeza, poso sus labios sobre mi cuello y bajo rozándolo todo mientras descendía por mi cuello yo podía sentir su cálido aliento recorriendo mi piel de pronto se detuvo sobre mi pecho y con un suave mordisco aprisionó mi pezón entre sus labios y lo masajeo con su lengua deje escapar un gemido de placer por lo que empezó a mamar mi pecho como si se amantara por primera vez, eso me gustó tanto que empecé a temblar de placer, después de una larga cesión de mamadas a mis pezones en la que alternaba entre el derecho y el izquierdo bajo por mi abdomen, se detuvo y me quito el bóxer, tomó mi pene con su mano y lo apartó a un costado para poder pasar su lengua entre mis testículos y mi ano, eso fue definitivamente un nuevo nivel de placer que hasta ese momento no había sentido.

    Después de eso se volvió a recostar sobre mi, yo podía sentir como los duros cuadritos de su marcado abdomen se restregaba sobre mi, tenía toda la zona entre mis piernas mojada por sus lamidas por lo que cuando con una mano tomo su verga en erección para colocarla entre mis piernas solo sentí cómo se deslizaba mientras él la me la restregaba y hacía cómo si me estuviera penetrando, sentí cómo recorría mi costado derecho subiendo con una firme caricia con su mano aparentado desde mi pierna hasta llegar a mi boca dónde introdujo sus dedos índice y medio los que no dude en chupar los saco y los metió varias veces mientras gemía cuando los tenía completamente mojados por mi saliva bajo por mi espalda y los metió en mi culito intentando dilatarme, los retiro y los llevo a su nariz y los olió.

    Me dio la vuelta poniéndome boca abajo y empezó a besar mi nuca, bajo besando mi espalda hasta llegar a mis nalgas las acaricio suavemente y me dio dos buenas nalgadas, inclinó su cabeza y sentí un beso en dónde había dejado caer su mano como si quisiera aliviar algún dolor que pudo haberme causado, abrió mis nalgas y me metió la lengua empezó a agitarla lo que se sentía delicioso, después de una buena lamida de mi culo sé puso de rodillas detrás de mi, paso sus manos por mi cintura y tomándome del abdomen me puso en cuatro, con una mano me sostenía de la cadera y con su verga en la otra me daba pequeños azotes en mis nalgadas, cuando los azotes se detuvieron sentí como jugueteaba con su verga en mi culito intento penetrarme sin éxito al primer interno por lo que se chupó sus dedos e intentó dilatarme nuevamente y para estar completamente seguro que estaba listo para recibir su enorme verga dentro de mi me lanzo un certero escupitajo que me dejo todo el ano mojado y listo para ser penetrado por esa verga gigantesca, estaba tan dura y cabezona que cuando empezó a entrar en mi culito sentía que me estaba partiendo en dos pero mi excitación era tan grande que solo respiré profundo y dejé que mi nuevo amante prosiguiera en su tarea de hacerme suyo.

    Una vez logró meterme toda su verga la dejo inmóvil dentro de mi por un tiempo en el que el solo acariciaba mis piernas y besaba mi espalda lo que me relajo y sentí que el dolor estaba en un nivel tolerable como para que empezara el bombeo no le dije nada pero se lo hice saber con un movimiento hacia adelante con el que saqué un poco su verga de mis entrañas para en un movimiento de retro volver a métemela toda, el entendió a la perfección y paulatinamente empezó a metérmela y sacármela con cada embestida aumentaba la velocidad y nivel de penetración que era proporcional a mi nivel de excitación no hacía falta decirle cuánto lo estaba disfrutando porque con mis gemidos bastaba cuando sentí que estaba toda dentro de mí solté un gemido que debió ser algo fuerte por lo que él puso su mano en mi boca e introdujo sus dedos no sé si para callarme o porque así se sentía más poderoso teniéndome cogido por el culo y dominado mi boca con su mano, sea como fuera yo disfrutaba el chupar sus dedos, me estaba culeando con el brío y potencia propio de un joven amante de 18 años, ya llevábamos un buen tiempo en esa posición cuando empezó a retroceder lentamente sin sacar su verga de mi culo y arrastrándome hasta la esquina de la cama en donde él se paró y yo puse mis pies en el piso pero continué con mi cuerpo apoyado boca abajo en la cama, Miguel resultó ser todo un experto en el arte de hacer el amor ya que me había cambiado de posición sin decirme nada y sin dejar de penetrarme, su maestría nuevamente se hizo presente cuando solo con un movimiento de su pierna abrió las mías logrando un nivel de penetración que nunca antes había sentido, yo quería sentir más de él así que con mis manos hacia atrás acariciaba lo que lograba alcanzar, puede sentir lo firme de sus muslos lo fuete que eran sus masculinas caderas y cómo no sus grandes testículos que colgaban entre mis piernas abiertas, luego de dejarse acariciar por mis manos las tomo entre las suyas y las uso como si fueran las riendas de un brioso corcel me halaba tan fuete hacia el que sus embestidas hacían un delicioso ruido al chocar mis nalgas en sus caderas.

    Sacó su verga lentamente y con suavidad dejando que mi culito sintiera cómo se replegaba cada centímetro de su grueso miembro.

    con sus manos tomando mis hombros me dio la vuelta dejándome boca arriba frente a él tomo mis piernas por las rodillas y me llevo contra su cadera dejándome ir de un tirón toda su verga dentro de mi, esta vez no hubo ningún dolor solo una intensa sensación de placer que sellé con un callado quejido y un fuerte temblor de todo mi cuerpo literalmente me puso la piel de gallina, entre sus embestidas rosaba con sus manos mis piernas, besaba mis muslos y recorría mi torso con una mano y con la otra masajeaba mi lengua y mis labios ya que nuevamente tenía sus debidos en mi boca cuando los ya tenía húmedos por mis mamadas bajo con ellos y pellizcó mis pezones para luego con un pectoral en cada una de sus manos apretarlos y jugar con ellos, me miró fijamente me lanzo una pícara sonrisa dibujando una mueca de placer en su hermoso rostro y aumento el ritmo de sus penetradas en ese preciso momento sus ajetreados jadeos y un temblor en su cuerpo me indicó que debía de prepararme para recibir un baño de leche que seguramente me llenaría mi culito pero para mi sorpresa de un tirón sacó su verga y la tomo con su mano dejado venir sobre mi una profusa y espesa cantidad de leche caliente, yo no necesite masturbarme para unirme a él en su eyaculación ya que con la sensación que sentí cuando su verga salió rápidamente de mi me estimuló tanto que lancé varios chorros de mi leche casi hasta el techo, cayeron sobre mi pecho por lo que entre su leche y la mía estaba todo bañando.

    tomo una toalla que estaba extendida sobre una silla de la habitación se limpió su verga con ella y luego me la ofreció para que me limpie supongo que era la toalla que uso para su ducha de esa noche ya que aún estaba algo húmeda, busqué mi bóxer algo avergonzado ya que al alcanzar el orgasmo también recupere la razón, el estaba de pie junto a la ventana que se había empañado por la transpiración de nuestra pasión, y sonriendo me dijo acá esta se acercó a mi me abrazo y me empezó a besar pero esta vez no era con pasión si no con una ternura que me trasmitió paz y una tranquilidad extraña dadas las circunstancias, él seguía desnudo por lo que no dejo que me vistiera solo me llevo a la cama he hizo que me recostara sobre su pecho, yo lo empecé a acariciar con la misma ternura con la que él me había besado y mientras jugaba sus manos en mi cabello me dijo:

    -Que verga -Sabina que tu culito iba a ser mío pero no me esperaba que fuera tan pronto

    -Porque lo dices?

    -Lo vi en tus ojos en la primera mirada que cruzamos cuando la Dani nos presentó

    -Tu eres gay?

    -No, soy bisexual igual que tu

    -Alguien sabe de ti?

    -No, y espero que siga así, creo que sería lo mejor para los dos

    -Tienes razón

    -Oye y tú y mi prima qué onda

    -La verdad si la quiero no diré que la amo pero me siento bien con ella

    -Ya te la has comido?

    -Unas tres veces ya sabes por la Celia y dónde vivían no teníamos mucho chance

    -La verdad sin mentir -quién hace mejor el amor ella o yo?

    -Jajajajvaya pregunta -creo que debemos coger más tu y yo para decidirlo

    -Jajaja pequeño goloso, te aprovechas de mi

    -Ya en serio lo haces increíble me encanta eres todo un profesional

    -Lógico no creerás que eres el primer culo que me como, además de unos cuantos cursos intensivos de pornografía por internet que he realizado jajaja

    -Creo que deberíamos volver a la cama de mis primas no se vayan a despertar y nos cachen

    -A todo esto qué hora es

    -No sé pero saldré yo primero espera un rato antes de ir a acotarte tu también

    -Anda me cambiaré esperaré refrescarme e iré si se despiertan diremos que estábamos en la cocina comiendo algo

    -Jajaja peor eso es verdad yo me comí tu culo y tu mi verga

    -Eres un pícaro pero eso me encanta

    -A mi también me encantas tu mi putito de culo suave

    Me dio un beso y se fue, espere un momento y fui hasta la habitación y me recosté silenciosamente junto a él nuevamente él se volteó hacia mi puso su brazo sobre mi pecho y siguió acariciando mi oreja sin decir nada de cuando en cuando me ponía su pierna sobre la mía y me acariciaba con su pie, no pasó mucho tiempo para que empezara a amanecer por lo que me di cuenta que nuestro encuentro había durado cerca de dos horas.

    Eran casi las 09:00 cuando Daniela se despertó y nos llamó a los demás yo fingí despertar ya que no había logrado dormir, Miguel tardo en despertar y Daniela se empezó a reír de mi porque él me había abrazado “en lo dormido” Daniela me dijo:

    -Si pudiste dormir mi amor

    -Si estaba tan cansando que me dormí casi de inmediato

    -Yo creo que todos estábamos igual, sobre todo Miguel por el viaje y todo el ajetreo de la mudanza

    -Si es verdad (y eso que no sabes el ajetreo que tuvimos toda la madrugada)

    Después de estar todos despiertos desayunamos algo y les dije que debía ir a mi casa ya, por lo que me despedí de Daniela y Celia con un beso en la mejilla y de Miguel con un fuerte abrazo, cuando iba a salir Daniela dijo:

    -El portón está cerrado hay que ir abrirte

    -Miguel tomó las llaves-ya lo abro yo

    Salimos del departamento y en las escaleras del segundo piso Miguel me puso contra la pared me beso y con mis manos en sus nalgas me dijo:

    -Recuerda que ahora eres mío

    -Si tranquilo que después de cómo me dejaste el culo no creo que lo pueda usar en un buen tiempo

    -Igual me lo quiero comer en cuento se dé la oportunidad

    -Ya veremos cómo hacemos para vernos a solas nuevamente

    -Ahora seremos amantes?

    -Creo que ya lo somos

    -Perfecto -me estampo un nuevo beso y tras una nalgada me dijo te me cuidas bebé

    De camino a casa apenas y podía sentarme no podía creer que el primo de mi novia me había roto el culo la primera noche de conocernos y ahora ya era mi amante.