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  • Aprovechándome de la maestra de ballet

    Aprovechándome de la maestra de ballet

    Ella tenía una mirada dura, su forma de hablar, fuerte, con decisión, al hacían la mejor maestra de ballet, que tenían las niñas, adolescentes y mujeres que se inscribían en el taller de Ballet de aquella plaza en la que yo en el gimnasio de al lado daba mis clases de zumba.

    Su nombre era Jenny, una mujer casada de 36 años que para todas ahí era muy buena maestra, era dueña de un cuerpo envidiable, cintura de avispa, unas piernas torneadas y preciosas, claro eso debido al ballet, sus nalgas grandes y firmes y sus tetas de tamaño mediano pero que estaban bien paradas, llamaban la atención de toda la plaza, había muchos hombres esperándola salir a dar su clase y de hecho algunas mujeres la habían vuelto su ídolo y ejemplo a seguir.

    El dueño de la plaza nos regala vales de comida para ser canjeados en los locales de ahí mismo, a veces nos encontrábamos a la hora de almorzar, yo la miraba fijamente y ella siempre en su mundo solo me sonreía, para luego regresar a ser la maestra más disciplinada que había conocido.

    La fiesta de fin de año llego y algunos compañeros que nos llevábamos bien de la plaza, decidimos juntarnos y celebrar en el bar de la plaza, era un lugar amplio con música de todo tipo y bandas en vivo, el lugar perfecto para el fin de año, como es mi costumbre, me arreglé con un vestido entallado que marcaba todo mi cuerpo, unas medias color carne, mis tacones y con el cabello totalmente recogido, obviamente fui la que llamaba la atención, hasta que entro ella.

    Una minifalda verde holgada, unos tacones negros y una blusa con escote en v que se ajustaba perfecto a su figura, era Jenny, la maestra de ballet, las miradas cambiaron, generalmente estaba vestida con su calza y aunque se veía muy bien, vestida así dejo a todos perplejos, ¡incluso a mí!

    Resulta que ella le hablaba al que atendía la tienda de electrónica y él le hablo de esa reunión y ella acepto ir, se sentó a mi lado, yo estaba tensa, parecía hombre novato sentado al lado de la que le gusta, casi no hablaba me dedicaba a tomar y revisar mi teléfono, por primera vez en años, ¡estaba cohibida por alguien más y nada más y nada menos que por otra mujer!

    La noche se me estaba haciendo tensa, de hecho, pensaba en irme, ¡casi no tomaba y no le encontraba chiste alguno a la noche hasta que ella me hablo!

    J: ¿Tu eres Monique, das clases de zumba, cierto?

    L: Si lo soy, ¡aunque todos me dicen Lety!

    J: ¿ok, ese es tu nombre?

    L: Mi apellido, ¡pero me siento más cómoda con ese nombre!

    Ella solo me sonrió y me sirvió un trago, con su hermosa sonrisa me pidió brindáramos por ser maestras de baile, yo temblando de la mano, ¡alce mi copa y brinde con ella!

    J: Sabes, eh visto tus rutinas, ¡son muy buenas!

    L: Gracias, ¡aunque no tengo muchos seguidores afuera de mi local!

    J: Jajá, si, los veo, por eso actúo cortante y rígida, ¡no quiero que crean que soy tan fácil!

    L: Jajá, entiendo, a mí no me pasa eso, ¡pero si siento las miradas lascivas de algunos!

    J: Como las de todos ahorita que estamos hablando, seguro se están imaginando que estamos desnudas, ¡jajá!

    Su forma de hablar conmigo y sus comentarios poco a poco comenzaron a relajarme, tanto que unos minutos después parecíamos las mejores amigas, nos tomábamos fotos, brindábamos, nos parábamos a bailar, lo cual llamo la atención de todos, ver como movíamos nuestras caderas y como nos rozábamos y tocábamos, seguro hubo miles de erecciones.

    Llegando la madrugada, el alcohol nos había dominado, yo ya la abrazaba y ella a mí, algunos intentaron convencernos de irnos con ellos, pero nosotras estábamos a gusto juntas, tanto que al final quedamos ella y yo y comenzó una charla que dio inicio a lo que se venía.

    J: Necesitas darme unas clases de zumba, ¡me quiero mover como tú!

    L: Jajá, cuando gustes, ¡con la condición que me enseñes a ser tan flexible!

    J: Dos hijos y un marido terrible y aun soy flexible, jajá, ¡quien lo diría!

    L: Jajá, ¡yo también estoy casada y tengo hijos!

    J: Tenemos más en común que otros, oye te parece ir a mi local, ¡te enseñare algunos movimientos!

    Yo acepte ir con ella, pagamos lo que debíamos y nos fuimos al tercer nivel donde estaba su local, el guardia era migo nuestro así que no nos impido el paso, ya ahí, puso música de danza y comenzó a moverse, por el alcohol parecía torpe, pero eso no quitaba los sexy que se veía moviéndose y levantando las piernas mostrando su ropa interior.

    Yo atónita miraba la escena, comencé a sentir una gran excitación, mi tanga empezó a humedecerse, imagine desnudándola frente a su gran espejo, ene so tomo mi mano y me jalo para que hiciera lo mismo, eso fue divertido ella trataba de enseñarme y yo aunque conseguía unos pasos era aún una novata y mejor los cambie pro mis movimientos de zumba, ella trato de seguirme pero por sus tacones no pudo y ambas chocamos y nos caímos al piso, ahí ene l suelo, un mar de carcajadas de dos alcohólicas hacía eco en el local, en eso nos miramos fijamente y comencé a besarla!

    Ella nos e negó, el beso fue espontaneo y sensual, ¡justo cuando mis manos fueron a sus piernas ella me quito la cara y se puso de pie!

    J: Esto no es correcto, ¡soy casada!

    L: ¡Lo siento, me deje llevar!

    J: ¡Mejor vámonos, ya es tarde!

    L: Claro, ¡te sigo!!

    Desconcertada por su cambio repentino, tomé mi bolsa y la seguí rumbo a la puerta, ¡pero antes de abrirla ellas e detuvo y me volteo a ver!

    J: Nunca he hecho esto, ¡pero siento que lo necesito!

    L: ¿De qué habas amiga?

    J: ¡De esto!

    En eso ella me beso, me beso tan apasionadamente que me sentí flotar, nuestras manos se agarraron, me acerque a ella hasta sentir nuestras piernas cruzarse, el beso era magnifico, ¡ni mi marido me besa así y esa mujer lo estaba haciendo!

    Dejamos caer las bolsas, nos fuimos adentrando más a su pista de baile, ahí entre caricias y arrumacos nos quedamos frente al espejo, yo tome el control y le despoje de su sensual blusa dejando sus hermosas tetas al aire libre, eran hermosas, grandes de pezón claro, como hambrienta las lleve a mi boca, las acariciaba y las lamia de forma suave y tosca al mismo tiempo, ella me acariciaba la cabeza y lanzaba algunos quejidos, después lleve mis manos debajo de su falda y me daba gusto con su rico par de torneadas piernas, lentamente subí mis manos hasta sentir su vagina húmeda, que estaba palpitando al sentirme cerca!

    Sabía que la tenía en mis manos, me agache y le quite su falda y su tanga, ella estaba desnuda mirándose frente al espejo, eso me excito mucho, ¡yo me puse atrás de lela y besándole la espalda comencé a jugar su vagina con mis dedos!

    J: ¡Ah, Lety, uhm!!

    ¡Ella estaba súper caliente me permitía hacerle todito, le mordía los hombros, bajaba lamiendo su espalda para luego lamerle su rico par de nalgas y perder mi lengua en medio de ellas!

    L: Que sensual eres, ¡siempre me gustaste!

    J: ¿En serio?

    L: ¡Si!! ¡Y ahora te lo mostrare!

    Levante su pierna apoyándola en mi hombro y con maestría de cualquier actriz porno comencé a lamer su vagina, mis lamidas felinas la hacían estremecerse, ella gemía y se mordía los labios, mi lengua entraba lentamente en su vagina, le tomaba las nalgas y la empujaba mi lengua, ¡eso la hizo lanzar un gran gemido y una gran expulsión de fluidos cayó sobre mi boca!

    Tomándola de su cintura la hice moverse en círculos, ¡su clítoris ya inflado salía y rozaba con mis dientes para luego ser succionado para hacerla gritar!

    J: ¡Lety! ¡Ah!!!

    No podía creer que unas horas atrás estaba toda tensa por su presencia y ahora en ese momento la tenía a mi merced, ¡jugando su clítoris con mi boca y apretando sus ricas tetas!

    La experiencia que yo tenía en lo lésbico me hacía trabajarla rico, ella no toleraba tanto placer, gritaba y gemía como loca, de hecho, le temblaban las piernas al sentirme totalmente dentro de ella, mi saliva escurría, mi vagina estaba húmeda, ¡ene so ella exploto en un tremendo orgasmo que se acompañó de un rico mar de líquido vaginal!

    L. Si, corete hermoso, uf!!

    J: ¡Ah!!! ¡Dios mío!!!

    L: ¡Vamos, disfruta uhm, que rico, vamos!!

    J: ¡Lety, uhm, que fantástico, uf!!!

    Estaba orgullosa de mi misma, había hecho venirse a esa deliciosa mujer y ahora quería probarla a ella, me desnude efusivamente delante de ella que apenas si podía tener los ojos abiertos, la abrace y nos besamos nuevamente, yo con más experiencia dirigí su cara mis tetas y ella obediente, comenzó a darles pequeñas lamidas, no eran las mejores que me habían dado, pero al ser de una heterosexual casada, ¡las sentía mucho mejor!

    Lentamente Jenny se soltó, su boca comenzó a lamerme y morderme muy rico las tetas, me hacía gemir y disfrutar al máximo, sin yo decirle nada, sus manos empezaron a acariciarme las nalgas, sus dedos se metían entre ellas hasta sentir mi vagina, ¡la cual ya estaba húmeda por la acción!

    L: ¡Si mi amor, vamos, ahora baja!!

    La besé y mientras le acariciaba su rico cuerpo, Jenny me obedeció y llevando su lengua por todo mi cuerpo se lanzó a mi vagina, como era novata sus lamidas aun no eran tan buenas, ¡pero comencé a guiarla hasta que su lengua estaba dentro de mí!

    Con sensuales movimientos de cadera, le daba a probar mi néctar, ella chupaba como becerro, mi clítoris se inflo y ella le daba pequeñas mordidas, ¡mordidas excitantes que me tenían toda extasiada!

    J: ¡Esto es fantástico, uhm!!!

    L. Vamos cariño, sigue!!

    J: ¡Con que así se siente mamar a una mujer!!

    L: ¡Y lo haces muy bien!

    Jenny me tenía dominada ahora, su lengua me estaba haciendo escurrir, la movía delicioso, mi clítoris estaba por estallar, se ayudó con sus dedos y los metía rápido y fuerte, su lengua también era rápida, me tenía gritando hasta que no aguante más y me vine en su boca!

    A diferencia mía, ella no trago mis fluidos, los escupió, ¡pero estaba satisfecha de su logro!

    J: Uhm, nena, ¡esto es magnífico!

    L: ¡Y aun podemos más!!

    J: Que rico, de verdad, ¡hace mucho no me venía así!

    L: ¡Vamos siéntate en la ropa, hagamos algo rico!

    Nos sentamos sobre nuestras ropas y nos entrelazamos, ¡ella era novata y tardo en acomodarse peri una vez que nuestras vaginas estaban juntas empezamos con sensuales movimientos!

    J: ¡Ah, qué es esto, uhm!!

    L. Te gusta? ¡tú sabes moverte vamos hazlo más!

    J: ¡Que rico, uhm, agh!

    L: Si, que rico, muévete, ¡uhm!!!

    Jenny empezó a moverse de maravilla, nuestras caderas hacían que esa tijera se sintiera magnifico, nos besamos de lengua, sus manos tocaban mis tetas y las mías las suyas, el ambiente era de lo mejor!

    ¡Lentamente la fui acotando hasta termina encima de ella y simulando la posición de misionero mis movimientos comenzaron a rozar más fuerte su pepa!

    J: ¡Ah, mi amor, uhm!!

    L: ¡Te gusta, uhm!

    J: ¡Dios, muévete, muévete!!

    ¡Parecía su macho, la estaba embistiendo rico, ella me acariciaba las nalgas y se movía a mi ritmo, el éxtasis estaba llegando nuevamente, nos besábamos, nos apretábamos, era el mejor sexo lésbico que había tenido en mi vida!

    J: ¡Lety, ah, mi amor, agh!

    L: ¡Vamos nena, falta poco, uhm!

    J: ¡Agh, mi amor, me vengo!!!

    L: ¡Ah, sí, agh!!!

    Nos venimos juntas en una tremenda expulsión de líquido, nos movíamos para alargar el orgasmo, juntábamos nuestra lengua y seguramente nuestros gemidos se oían hasta afuera.

    Finalmente, quedamos exhaustas en el piso mirando el espejo del techo, nos besamos nuevamente y terminamos riéndonos.

    Nos ayudamos a vestir nuevamente y en eso sonó su celular, era su esposo, ella le dijo que estaba conmigo y que, si pasaba por nosotras, yo la mire con desconcierto y me dijo:

    J: ¡Esto me causará menos problemas que si me ve con un hombre!

    Salimos y ya la esperaba un hombre maduro, en una camioneta de lujo, el tipo era ególatra y soberbio, ahora entendía porque Jenny se desato, me dejaron en mi casa y me despedí con un abrazo.

    Desde ese día nuestra relación cambio y ahora nos juntábamos más y de vez en cuando teníamos sexo, rico sexo que la llena de vida, vida que su marido le estaba arrebatando, pero gracias a nuestros encuentros íntimos, ella podía seguir.

    ¡Saludos, su amiga Lety!!

  • Fête de mask (Parte 2)

    Fête de mask (Parte 2)

    Desaparecieron todos. Mi cuerpo explotaba de placer y de olor a semen. Necesitaba bañarme y volver a sentir todas esas pijas de nuevo. Bajé de la plataforma y busqué un baño, les juro que parecía un antro desolado. Encontré un lugar donde caía agua y me metí, era una especie de cascada. Me saqué el resto del conjunto que llevaba puesto, cerré los ojos y me relaje. De pronto siento unas manos en mi cuerpo, no sabía si eran sensaciones de la cogida que me habían dado o si de verdad me tocaban, me dejé llevar. Esas manos recorrieron cada rincón de mi piel. Sentí algo en mis labios, abrí los ojos y era una de las recepcionistas, me besó desenfrenadamente, era muy linda, colorada, no muy alta, de ojos verdes, piel muy tersa y con pecas. Llevaba la máscara puesta y estaba desnuda. Sus pechos duros rozaban los míos. Toque su espalda y fui bajando mis manos hacia su cola, era perfecta! La otra chica estaba atrás, sus labios posaban mi cuello y su lengua juguetona llegaba hasta mi oreja.

    Pasó una de sus manos por mi entrepierna y con la otra me agarraba el cuello. Me di vuelta comencé a besarla, era una morocha de ojos color miel, misma altura que yo, pelo lacio hasta una cintura que parecía quebrarse, su cola bien parada y su piel aterciopelada. La colorada metió sus manos en mi entrepierna y sus dedos jugaban con mi conchita, mientras lamia mi cuello. Ahí mismo, cerca de la cascada, me sentaron para que la morocha acerque su entrepierna a mi cara. Saque mi lengua y comencé a lamerle la concha como jamás lo había hecho. Mientras la colorada que estaba recostada en el piso pasa sus dedos suavemente por mi clítoris, escupió mi concha y la empezó a lamer. Las tres estábamos hechas fuego. Me puse en cuatro patas y la morocha me comió la cola de tal manera que me hizo acabar enseguida mientras yo lamia la concha de la colorada y le metía dos dedos. Al poco tiempo recibí todo su skirt en mi cara, era la primera vez y me encantó. La morocha me puso de costado y entrelazo sus piernas con las mías, nuestras conchas mojadas se rozaban y así acabamos juntas.

    La colo trajo unas bolas chinas, me las dio para que las chupe y las deje bien mojadas. Me puse en cuatro nuevamente y fue metiendo bola tras bola en mi colita. Entraron todas, jugaba a sacarlas pero las metía de nuevo. Sacaba dos bolas las lamía y las volvía a meter. Era cochina como yo!

    -Quiero probar! Dije y la morocha me dió un beso en la boca.

    -Sshhh! Puso el dedo índice en su boca y hacia señas de que no podía hablar. Igualmente la coloradita trajo las bolas chinas y me las introdujo una por una en la boca, apenas entraban. La morocha también era una puerquita y empezó a lamerme el agujero de la cola metiendo su lengua bieeen adentro mientras metía dos dedos en mi concha. La colo se acomodó para poner su conchita en mi boca, yo volaba de placer y disfrutaba cada vez más. Me hicieron acabar una y otra vez, las hice acabar varias veces hasta que quedamos tendidas en el suelo. Me pusieron la máscara y me levantaron. Subimos por unas escaleras hasta llegar a una terraza. Allí había dos personas en posición de perrito mirando hacia la pared. Estaban desnudos pero solo distinguía sus partes traseras. Me arrodillaron frente a ellos y me tenían del pelo, con fuerza me fueron llevando hacia el primero, una cola peluda, la cual, por instinto, comencé a lamer. Su pija corta y sus huevos arrugados me indicaban que era una persona mayor. Me llevan hacia el otro, también con pelos pero blancos. Su pija era como una pasa de uva gigante pero con mis lamidas iba creciendo de a poco. Lamia sus colas una y otra vez, las llenaba de saliva y las limpiaba. Ambos acabaron muy rápido sobre el piso. Sentí la necesidad de probar esa leche y me agache, pase mi cara por el piso y la lechita mal oliente de los viejos me quedo pegada, saque la lengua para saborearla y me tome toda la leche amarga de los viejitos. Con mis manos limpié mi cara y me chupe los dedos para no dejar ningún rastro de semen.

    Las chicas me levantaron y me dejaron en una silla. Sentía que había más. Necesitaba algo más. Quería tener la pija del señor Moreau dentro de mi y dejar que haga lo que quiera conmigo con tal de firmar el contrato. Se apagaron las luces y por unos segundos quedé a oscuras, se prendieron unas pantallas y en ellas mostraban como me cogieron entre todos por varias horas. No lo podía creer, mi cabeza explotaba de preguntas y mi cuerpo de placer. Me veía tragando pijas y manoteando otras, me penetraban entre dos, vi como chupe los culos de los viejos, como lamí las conchas de las recepcionistas y, obviamente, como tomaba toda la lechita como toda una puta sucia y cochina. Pero faltaba más, algo más para terminar esa gloriosa noche. En la pantalla apareció una pija hermosa bien cabezona y colorada, esas pijas que son monstruosas y lindas a la vez. Quede sorprendida, se me caía la baba de solo verla, mi concha se empezó a mojar y mi colita se dilataba solita. Se apagaron las pantallas y a los dos segundos me toman de los brazos y me ponen unas muñequeras con lazo de cadena, se podían ver algunas luces por el fondo, me llevan hacia ellas. Me pusieron los tacos y colocaron mis muñecas en un gancho, quedé colgada y desnudita. Comencé a sentir algo por mis piernas que subía hasta mi cola y SLAP! Un fuerte latigazo me hizo gritar!

    -Ay aay mmm. Me dolía pero me encantaba, volvió a pegarme una y otra vez. Se me acerca un chico con máscara negra y coloca en mi concha un vibrador con mando a distancia y se va…

    A los pocos segundos empecé a sentir como vibraba suavemente, mi cuerpo se doblaba y empecé a gemir.

    -Mm no saben que rico se siente.

    Subió la intensidad y acabé otra vez! Aay si!

    Pero no paraba y seguía y seguía, cada vez más fuerte, acabé de nuevo, mi acabada caía por mis piernas, estaba muy mojada y me temblaban las piernas, el cuerpo, la cabeza, los dientes todooo! Fue así como acabé 8 veces una atrás de otra, quedé exhausta, colgada y con la cabeza hacia atrás por unos minutos.

    Siento pasos que se acercan a mi, asiento mi cabeza hacia adelante y lo veo a Él! Raphael Moreau estaba frente a mi.

    -Mi putita bella, te ha gustado mi sorpresa?

    -Sí, mucho!

    Mi cuerpo quedó debilitado, no sentía mis piernas.

    Raphael desenganchó mis manos, me subió a sus brazos y me llevó hacia una habitación hermosa, había unas tiras colgadas del techo, luces tenues similares a unas velas, música lenta, unas copas de champagne y alfombra en todo el piso. Me llevo hacía el baño y me acostó en la bañera que ya tenía agua calentita con sales y todo eso. Y se va. Me relaje y quede un buen rato. Salí de la bañera, agarré una toalla y me seque. Sobre la mesa del lavatorio había unos maquillajes y un baby doll blanco con una tanga diminuta y una máscara de encaje, todo blanco al igual que los tacos de aguja que estaban en el piso. Como si me conociera de toda la vida don Raphael. Me puse todo y abrí la puerta para salir. Me acerqué a la cama y OH sorpresa, mis ojos se salían para afuera, no podía creer lo que veían mis ojos. Había dos hombres acostados dándose besos y tocándose la pija entre ellos!

    OH my God, bueno en este caso Oh mon Dieu!!!

    Ambos con máscara y totalmente desnudos. No podía salir de mi asombro. No paraba de mirar cómo se tocaban, sus pijas eran enormes, más grandes que las que había tenido hace un rato. Me acerqué hacia ellos, me subieron a la cama y quede en medio de ellos. Sus manos se metían debajo del baby doll, bajaban hacia mi conchita que ya estaba húmeda y me besaban en el cuello y en mis labios. Mi tanga ya estaba por mis rodillas, sus dedos gruesos se metían más profundamente y comencé a acabar otra vez! Bajamos de la cama, los tres parados, yo en el medio de ambos. Sus pijas estaban muy duras y podía sentirlas sobre mi panza y mi espalda. Les juro que eran muy gruesas, una más larga que la otra (23×6 y 21×5 aproximadamente) no entraban en mis manos! Empiezo a bajar lentamente y comienzo a lamer la más grande, bajé hasta los huevos y literalmente esa pija cubría toda mi cara y un poco más! De pronto siento algo en mi cabeza, el otro chico había apoyado su mentón en mi pelo y comenzó que chuparle la pija al mismo tiempo que yo seguía pasando mi lengua por los testículos.

    Entre los dos le chupábamos la pija enorme, era como una competencia para ver quien la chupaba mejor. La llenamos de saliva y la dejamos bien brillosa y lubricada. Yo seguí lamiendo sola, el otro se levanta y me pone su pija cerca para que también la chupe. Ninguna de las dos pijas entraba más de 10 cm en mi boca, eran muy gruesas pero yo seguía, chupaba una y otra, mi saliva caía sobre mi pecho. Miraba hacia arriba y veía como se besaban. Me levanté y los besábamos entre los tres. Mis manos no dejaban de tocarles la pija. Voy hacia la cama y me pongo en 4, mi cola golosa quería probar esas pijas gruesas, sabía que me iban a romper toda pero no me importaba. El menos pijudo metió su boca en mi cola y me lamió toda la raya, pasaba por mi concha y metía dos dedos en mi cola. Adelante mío el más pijudo puso su cola en mi nariz y comenzó a moverse. Con la lengua le chupaba el culo y la introduje bien adentro. Se fueron turnando. El adelante fue hacia mi cola y me la chupaba y el que estaba atrás ponía su cola para que yo se la chupe.

    Después de un rato siento que algo frío cae en mis nalgas, era una gran cantidad de gel lubricante que pasaron por toda mi cola y caía por mi agujero. Metieron unos dedos para dilatarme más y de a poco la pija más chica (por llamarla de una manera) empezó a entrar en mi colita. Comencé a moverme para que fuera entrando más e intentaba abrir mi agujero. Me pusieron más gel y así logró introducir toda la verga. Sentí un pequeño dolor pero estaba muy caliente. Me cogia despacio hasta que mi cola se acomodó y sus embestidas fueron cada vez más fuertes. Mientras tanto, el de la pija más gruesa, lamia la cola del que me estaba culeando. Sentí el frío en mi cola, su pija había salido. Me dejo el culo bien abierto para que venga el otro y la pueda meter sin problema. Y fue así no más, la pija más grande que sentí en mi vida estaba ingresando por mi mojado y goloso culo. La metió de una! Me dolió mucho, me doble toda pero no quería que la saque! Ese dolor hizo que acabe de nuevo. Sus embestidas eras más fuerte, me agarró del pelo y se movía de tal manera que me volvía loca! Gritaba de placer! Me calle cuando el otro metió su pija en mi boca. Estaba siendo cogida por dos pijas enormes. Mi saliva chorreaba y mi cola estaba destrozada.

    El de la cola se para en la cama flexionando sus piernas y seguía metiéndome su monstruosa pija. Se agachó hacia mi espalda y el otro le echó gel lubricante, le metió la pija en el culo. Él también estaba siendo penetrado al mismo tiempo que me penetraba a mi. Parecía que su pija se pinchaba cada vez más y siento como un fuerte chorro de semen se dispersan por mis entrañas. Al mismo tiempo acabo el otro dentro de su cola. Mi culito quedó muy abierto. Sentí la necesidad de lamerle el culo lleno de semen. Me puse boca arriba, acercó su cola a mi cara y abrí la boca, la leche fue cayendo en mi lengua y me la tomé toda, le pasé la lengua por toda la cola. En su pija quedaban restos de semen y mis jugos anales, así que me puse a lamer todo como puerca que soy. Mm que rico! El otro también acercó su pija y la limpié toda. El que estaba encima de mí se fue para atrás y metió su cara entre mis piernas, me chupo la concha por un buen rato mientras yo seguía chupando pija. Se posicionó y puso gel en su verga, me agarró de las piernas y fue metiéndola despacio en mi vagina, sentí un dolor y un placer enorme, me iba a desgarrar la concha pero no me importaba. Fue entrando y saliendo, de a poco mi vagina se fue abriendo y comenzó a cogerme con más intensidad. Mi cara tenía la pija del otro, pasaba sus huevos por mi boca y ponía su culo en mi nariz. Yo sacaba la lengua y lamia todo. Ya no me importaba más nada. Estaba teniendo la mejor noche de mi vida. El que me estaba cogiendo me levantó y parado me cogia en el aire, el otro se acercó y metió su pija en mi culo, entre los dos me tienen empalada. Me besaba con uno, con otro, se besaban entre ellos y volví a acabar!!! En el aire sin soltarme me dieron vuelta y me las metieron otra vez, saltaba y saltaba arriba de esas pijas, gritaba y gemía!

    Tuve otro orgasmo y otro y otro, no paraba de acabar. De pronto siento que empiezan a acabar ellos dentro mío, uno en la cola y otro en mi concha. Mmmm espectacular! Estaba llena de lechita. Me bajan y me dan vuelta. Iba a arrodillarme pero no me dejaron, lo hicieron ellos, tenía sus caras en mi entrepierna y en la cola. Lamieron toda la leche que salía de mis agujeros, no paraban de chupar y lamer, acabé nuevamente! Se pararon y comenzaron a lamerse la cara y a besarse entre ellos, yo me arrodille y les seguí chupando la pija a los dos para dejarlas bien limpias. Se pusieron duras de nuevo e hice lo que mejor se hacer, meterme las hasta la garganta y lamer todo de punta a punta. Les metí 2 dedos a cada uno de sus culos e iba pasando de una pija a la otra, no paraba de chupar y de tragar pija! Los hice acabar de nuevo, esta vez directo en mi boca. Me tragué toda la leche de nuevo, saqué mi mano de sus culos y mirándolos a los ojos, pasaba mi lengua entre los dedos y los chupaba. Me levanté y nos fundimos en un abrazo y nos besamos. El olor a semen, culo y concha me volvió loca y quería más. Ahí fue cuando descubrí que además de ser multiorgásmica, soy una sucia ninfómana!

    El más pijudo se saca la máscara, era Raphael.

    Mi cara de placer lo decía todo, obtuve una de las cosas que quería.

    -Que placer que te hayan mandado a ti. Aquí tienes, es un placer hacer negocios contigo.

    Me dijo y tiró una carpeta en la cama, la abrí y estaba su firma en el contrato. SI LO CONSEGUÍ!!!

    Mi felicidad era inmensa. Grité, patalee y me revolqué en la cama. No lo podía creer.

    Me levanté y fui al baño a darme una ducha, tenía que volver al hotel. Necesitaba contarle a mi papi que había conseguido el contrato.

    Ya estaba en el hotel y llamé a papi por videoconferencia, a todo esto estaba vestida con un short naranja bien ajustado y una musculosa escotada, es patas y con el pelo atado.

    -Hola papá!!!

    -Hola hija, como estás, como te fue?

    -Mira lo que tengo! Lo conseguí! Tengo que contarte muchas cosas, pase una noche inolvidable.

    -Me imagino, tuviste que usar tus dotes para conseguir el contrato. Quiero que vuelvas, tenemos que hablar de algo muy importante.

    -Si papito, además quiero que festejemos.

    Me pare frente a la cámara y di unas vueltas, mi cola parada se notaba mucho más con el minishort. Se la mostraba a papi.

    -Esta cola va de vuelta a Buenos Aires papito.

    -Dale, no seas tan puta, deja algo para cuando vuelvas jeje.

    -Besitos papi!!!

    Prepare el bolso, me puse unas zapatillas y pedí un taxi pero antes de salir recibí un llamado.

    -Mlle Stéphanie cómo estás? Habla Raphael.

    -Hola hermoso, bien gracias. Usted cómo está?

    -Bien bien. Me gustaría que vuelvas. Que te parece la semana que viene?

    -Enserio? Me encantaría!

    -Muy bien. Te mando los pasajes y tu estadía será en una de mis estancias. Ya lo verás, la vamos a pasar muy bien.

    -Mejor que anoche?

    -Mucho mejor! Tengo varias sorpresas más para ti!

    -Entonces vuelvo más putita entonces.

    -Excellente petite pute! Bon voyage…

    -Gracias, nos vemos a la vuelta. Besitos!

    Y me despedí de Francia. Uff que intenso fue. Voy a volver por más…

    Perdón por hacerla tan extensa pero quería darles los mejores detalles de cómo me cogieron toda la noche.

    Y todavía queda la vuelta a casa! No se pierdan el relato, el avión me pone muy caliente, podré conocer la cabina? Mmmm

    Besitos a todos. Muack Muack!!

  • Mi prima en la cama de mi cuñada

    Mi prima en la cama de mi cuñada

    Les cuento esta anécdota que me pasó hace ya algunos años.

    Resulta que mi hermano y mi cuñada, de quien ya saben es mi putita desde hace años, se fueron de vacaciones a Cancún por una semana, y me pidieron que me hiciera cargo de sus perros y de que la casa no se viera sola por aquello de los robos, ya saben para irse sin preocupación.

    Pues al siguiente día me di a la tarea de ir a darles de comer a los perros y revisar que todo estuviera bien en la casa, obviamente el favor me lo había pedido mi hermano y me dio una llave para poder entrar sin ningún problema.

    Después de haber checado todo y de darles el alimento a los animalitos, me dispuse a checar el dormitorio de mi cuñada, me dirigí directamente a su clóset y busqué sus tangas, me fascinan me encanta ver cómo le lucen en sus enormes nalgas tan blancas y tan duras, cuando las encontré agarré las dos que más.me gustaron y empecé a masturbarme con ellas, quería dejarle un regalo y recordatorio a mi putita que había estado ahí extrañándola.

    Mientras masajeaba y frotaba mi verga con sus tangas pensaba en todas las veces que ha sido mía y más dura se me ponía, estaba tan ensimismado en mi autosatisfacción, que no me di cuenta, ni escuché que alguien había entrado en la casa, reaccioné solo hasta que mi prima Alina estaba parada frente a mí, por lo que reaccioné algo asustado y desconcertado, ya que no me habían dicho que ella iría a checar la casa también.

    Les platico rápido de mi prima Alina una chica apelada, delgada, pero no flaca, con unas tetas regulares, pero un trasero muy bien formado y bastante antojable.

    Me dijo que mi cuñada le había pedido exactamente lo mismo que mi hermano me pidió a mi y que le dio una llave también para que no batallara, obviamente traté de justificarme y le pedí disculpas por lo que vio y escuchó, ya que yo estaba algo ruidoso, como estaba solo o bueno eso pensaba yo, me explayé en mis ruidos y en decir el nombre de mi cuñadita, y le pedí que olvidara eso que solo estaba fantaseando, pero lógicamente ella no era nada inocente y no me creyó absolutamente nada.

    Le pedí que por favor no le dijera nada a nadie de la familia, mucho menos a mi hermano ni a mis papás, pero ella me decía que esto lo tenían que saber, le supliqué que no lo hiciera, le ofrecí de todo, desde un viaje con todo pagado, hasta mi coche que tanto le gustaba, pero no quería dar su brazo a torcer, hasta que le dije:

    -Bueno dime que es lo que quieres, pídeme lo que tu más quieras.

    Y el milagro sucedió, se quedó callada por unos segundos y me respondió, «te quiero a ti».

    Me quedé realmente sacado de onda, aunque como les digo es una chica bastante atractiva, la verdad yo nunca la vi con ojos de morbo, la veo como mi prima y ya, le dije “estás hablando en serio?”. Y me contestó «sí, quiero que me hagas tuya aquí en la cama de Sonia, entre sus sábanas y saber qué es lo que ella siente cada vez que la haces tuya». Ni tardo ni perezoso le contesté “ok si eso es lo que tú quieres hagámoslo”.

    Créanme que estaba yo tan nervioso como si fuera mi primera vez, pero me repuse y la tomé de la cintura, la acerqué a mí y empecé a besarla, le acariciaba sus pechos suavemente y deslicé una de mis manos a su trasero, ese rico y bien cuidado trasero que lucía realmente hermoso, le saqué su blusa y desabroché su brasier, empecé a mamar esos ricos pechos que nunca había mirado con malicia, ahora me parecían realmente hermosos y apetecibles, mientras ella me iba quitando la camisa, y desabotonando el pantalón, me empezó a masajear mi verga ya erguida por la excitación de poseer a quien nunca imaginé. Me deshice de su minifalda y bajé sus bragas, que ya estaban tan húmedas que podría exprimirlas y beber su jugo. Se puso de rodillas y me empezó a hacer un oral, estaba fascinada con mi dulce, parecía una niña disfrutando de su helado, subía y bajaba por toda mi verga y mis huevos me los chupaba y más me excitaba…

    Por fin la levanté y la dirigí a la cama, le empecé a comer su vomito que estaba muy bien depilado, y ella gemía y gritaba de placer, una y otra vez succiona su clítoris y aunque con él en mi lengua ella se retorcía de placer y explotó en un orgasmo tan intenso que me llenó la boca con sus jugos y yo los bebí para así subir y penetrarla con mi enorme miembro, no hubo problemas para penetrarla, por lo lubricada que se encontraba, y me parecía que lo hiciera con fuerza, que se lo hiciera como se lo hacía a mi cuñada, quería sentir y vivir como lo vivía ella, y le dije “pero a ella se lo meto también por el culo”, abrió sus ojos impresionada, y solo lo pensó unos segundos… “por donde sea quiero que me hagas tuya como lo haces con ella”.

    Seguí bombeando con tanta fuerza que se corrió nuevamente, y fue ahí donde empecé a preparar su culito para lo que seguía, la puse en cuatro y empecé a introducir mi dedo poco a poco para abrir ese espacio tan estrecho que tenía, nunca lo había utilizado, así que me fui con mucho cuidado y cuando ya estaba listo, le ensarté solo la mitad de mi verga, aunque le dolió, aguantó y me mantuve así por unos minutos para que su hoyito se acostumbrará, y ya empecé a darle ligeros empujones para que entrara completamente, se adaptó rápidamente y aunque le dolía, me pedía más y más…

    Y así fue por un rato hasta que le dije que ya me iba a correr, me pidió que se los echara dentro de su culo y así fue, terminamos realmente cansados, pero bien satisfechos.

    Nos bañamos, lo volvimos a hacer en la regadera, ya cuando salimos y nos vestimos, me dijo que mi cuñada ya le había platicado todo lo de nosotros y que le encargó que fuera a diario para que me atendiera como ella lo haría, y claro que lo hizo, pasamos una semana muy ocupada «cuidando a los perros y la casa» de mi hermano.

    Hubo más historias con mi prima Alin, se las estaré contando por aquí, saludos a todos y cuídense del COVID19.

  • Me resisto a los cuernos

    Me resisto a los cuernos

    Estoy casado hace cinco años con Lucy, de treinta y cinco años y es jefa de área en una empresa de buen nivel, cargo con buena remuneración. Mi nombre es Simón. Nuestra relación matrimonial transitó este tiempo con los altibajos habituales, predominando siempre el amor que nos llevó al casamiento.

    Una semana atrás, a media mañana, la llamé al teléfono fijo del trabajo y la secretaria me contestó que había salido. No le di mayor importancia hasta que, cuando nos vimos, y le pregunté sobre su salida me dio una explicación poco convincente.

    De esa manera poco a poco la duda empezó a instalarse. Un súbito incremento de llamadas o de indicación de mensaje entrado, unido a que ella se retiraba para atender o leer. También aumentaron los retrasos a la salida del trabajo y las reuniones con sus amigas. Además disminuyó, aunque levemente, el deseo sexual.

    Cuando estas piezas se unieron en mi cabeza me dije que debía estar más atento y comenzar la búsqueda.

    Así fue como me percaté que la avalancha de llamadas y mensajes tenía lugar los fines de semana, en particular aquellos donde no había tenido lugar reunión con las amigas.

    Como mi empresa da servicio de vigilancia electrónica, nuestros amigos y conocidos estaban entre los clientes, que además gozaban de un precio más bajo. Un sábado en que Lucy tenía la consabida cena, para no aburrirme me senté a la máquina monitoreando las alarmas, llamándome la atención que la correspondiente a una de las participantes de la cena no había sido activada. Seguí la búsqueda y encontré también sin activar las otras dos que, en teoría, también estaban en la reunión. Inmediatamente lo llamé al de turno en la central de la empresa para que, por teléfono y con la excusa de un simple control, verificara si alguien estaba en la casa, avisándome luego. Por supuesto que las tres mujeres estaban, cada una, en su hogar. Su regreso fue después de las tres de la madrugada y con olor a limpio.

    Que la quería era obvio, de lo contrario no la tendría a mi lado por tanto tiempo, así que en un intento de reencausar la relación, al día siguiente, domingo, conversando durante el almuerzo le narré una historia que no era real, pero oportuna para tratar de hacerla reflexionar.

    -“El viernes me encontré con un ex empleado recientemente jubilado. Realmente me dio pena ver el estado en que se encontraba, flaco, con la ropa que le sobraba por todos lados, algo falto de higiene y con tristeza en los ojos. Le pregunté si podía hacer algo por ayudarlo. Me respondió negativamente, y que como confiaba en mí se animaba a contarme su desgracia. Hacía un año su mujer había trabado relación con un joven que la tuvo trastornada y, según relato de ella, le proporcionaba más placer en un día que en toda su vida de casada. Como realmente la amaba estuvo tres meses buscando hacerle entender que esa calentura iba a tener fin antes de lo imaginado, cuando el amante sintiera un mínimo de aburrimiento. Viendo el fracaso de su intento la dejó. Hace una semana se presentó en su casa pidiéndole regresar, tan mal vestida como él, igual de flaca, la habían abandonado seis meses atrás. Por supuesto que tras negarse la despidió, pues el dolor y la decepción habían ocupado el lugar del amor. Pobres los dos, ambos dolidos, ambos fracasados, ambos con un futuro poco halagüeño y todo por una calentura.”

    Esa tarde salí un rato a caminar por un parque cercano, tratando de que la actividad física contribuyera a despejarme y aliviar el dolor que sentía. Al regresar, sea porque calzaba zapatillas, sea porque estaba hablando por teléfono, Lucy no me oyó entrar y siguió con su charla tranquilamente acostada en el dormitorio. Lo que pude escuchar, diciendo o contestando, fue:

    -“¿No te alcanza con lo que hacemos durante la semana, y que además se sumó lo de anoche, para llamarme a casa también el domingo?”

    -“Yo también te extraño pero es peligroso, nos pueden descubrir”

    -“Acá en casa no, mi esposo nunca pasa largo tiempo sin venir después que yo regreso el trabajo”

    -“Qué fijación tenés de hacerlo en mi cama”

    -“Te prometo que si se da la oportunidad te daré en el gusto”

    Lo escuchado me convenció de estar en un punto de no retorno, ante lo cual me propuse dos cosas. Primero juntar pruebas palpables para un divorcio ventajoso y luego desquiciarla anímicamente como venganza.

    Para ello contraté los servicios de una agencia de investigaciones cuyo dueño era amigo y con el cual habíamos hecho trabajos conjuntos. La finalidad era reunir información sobre él y sobre la relación.

    La mejor filmación la conseguimos por una casualidad. Pensando en las posibilidades para conseguir alguna prueba de peso, recordé que Lucy alguna vez había comentado de una pelea tenida con su secretaria y que por eso la relación había quedado tensa. Eso me llevo a llamarla al teléfono de la oficina y pedirle si pudiera darme unos minutos para conversar con ella. Habiendo accedido, nos reunimos en una confitería. Sin vueltas le dije que necesitaba su ayuda pues desconfiaba de mi mujer y había serios indicios sobre una relación paralela. Su contestación me dejó directamente helado. Hacía tres meses que mi mujer mantenía relaciones con un joven empleado de la empresa, que hasta ese momento había sido su novio y Lucy directamente lo había seducido. El ofrecimiento concreto fue, que cualquier cosa que pudiera hacer para que lo pagaran caro, ella estaba dispuesta a realizarla. Ni qué decir que en ese mismo momento coordinamos los detalles para instalar una cámara en la oficina de mi esposa, que según me dijo, era escenario de habituales encuentros pasionales.

    Cumplido el primer tramo con una importante cantidad de fotografías y filmaciones comenzamos las hostilidades.

    Ellos solían escaparse del trabajo a media mañana para tomar algo en una confitería cercana, y ahí decidí empezar esta etapa. Como estaba preparado, cuando me avisaron que habían entrado al café en cinco minutos estuve ahí. Ya frente a la entrada la hablé por teléfono.

    -“Hola querida, te llamo porque un cliente me citó a un café que está cerca de tu trabajo y como me acaba de avisar que se va a demorar pensé en invitarte a tomar algo”

    Mientras hablaba entré y ocupé una mesa al lado de la entrada, ellos estaban ubicados al fondo y ella, dando la espalda al ingreso, atendía la llamada.

    -“Que lástima, ahora no puedo porque estoy entrando a una reunión”

    Ya sentado, y en voz alta, seguí la conversación

    -“Te voy a repetir, pues el ruido ambiente no me dejo escuchar bien, me dijiste que no podés porque estas entrando a una reunión?”

    Evidentemente se dio cuenta de mi presencia. El reflejo de un vidrio me permitió ver que, levantándose y, caminando rápido, enfiló hacia el baño tardando en responder.

    -“Sí, así es.”

    -“Y a qué hora estimás terminar?”

    -“No lo sé”.

    -“Ya sé que voy a hacer para ocupar el tiempo de espera. Acá cerca vi una venta de pastelitos con muy buena pinta, compro algunos y se los dejo a tu secretaria para cuando salgas de la reunión”.

    Inmediatamente corté la comunicación y, antes que ella regresara del baño, salí en dirección a su trabajo, pero crucé la calle y a unos metros me oculté para verlos pasar. Iban poco menos que corriendo, mi mujer tecleando o llamando por el celular, con la cara desencajada y pálida. Los seguí a prudente distancia deleitándome con la desesperación que evidenciaban. Media cuadra antes del edificio donde trabajan, ella entró a una confitería mientras él seguía. Ahí me quedé observando la nerviosa espera, que terminó al recibir una llamada. Pienso que el diligente amante le informaba que podía regresar sin peligro pues la dama salió más tranquila y caminó con paso normal. Al mirar mi teléfono había varios mensajes y llamadas perdidas. Recién entonces me puse en contacto con ella, que respondió de inmediato.

    -“Disculpame que te haya fallado, justo cuando iba a comprar los pastelitos me encontré con el cliente que esperaba y nos fuimos a otro café. Ni miré el teléfono pensando que no sería algo importante pues vos, estando en reunión, no ibas a llamarme”

    -“Lo que quería decirte es que no me trajeras nada pues la empresa había comprado masas para la reunión”

    -“Perfecto, nos vemos más tarde”

    Hace tiempo que en casa tengo dos cámaras, una que enfoca el ingreso desde la calle y otra que mira el ingreso pero desde adentro. Un lunes, cuando Lucy salió para su trabajo, agregué dos, una mirando la entrada al dormitorio y otra adentro teniendo como centro la cama.

    Ese mismo día, al regresar ambos del trabajo, le avisé que mañana tendría que viajar a un pueblo que está a unas dos horas de auto por una instalación compleja y que quizá esa noche no volviera. De todos modos le iba a hacer saber. Esa noche la escuché hablar por teléfono encerrada en el baño.

    Al revés de lo que solía suceder, al día siguiente salí más temprano que ella y ya en la oficina me conecté a las cámaras de casa. Cuando vi al galán estacionar frente a mi hogar, deduje que Lucy no había ido a trabajar y que pensaba darle el gusto de sacarse las ganas en la cama matrimonial. Cerré la portátil y salí rumbo al lugar de reunión de los amantes. Al llegar puse clavos miguelitos en una rueda trasera del auto del visitante. Luego crucé la calle y puse la llave en la puerta de ingreso como quien no acierta y haciendo ruido para alertarlos. Cuando terminé de abrir ella venía a mi encuentro con el pelo un poco revuelto preguntando qué me había pasado. Lo primero que hice fue sentarme en el living agarrándome el abdomen.

    -“Estoy con náuseas y diarrea, ya fui dos veces al baño. Qué paso que no fuiste a trabajar?”

    Era evidente que mi sorpresiva llegada era desagradable, y se reflejaba en su cara pálida y descompuesta, junto al temblor de las manos.

    -“No me siento bien, puede que algo nos haya hecho mal”.

    -“Por favor prepárame un té antes de salir corriendo nuevamente al baño”.

    Mientras ella preparaba lo que le había pedido escuché un ruido proveniente del fondo.

    -“¿Qué es ese ruido?”

    -“No sé, no sentí nada”

    -“De nuevo el malestar, voy al baño”

    Allí me quedé al lado de la puerta para escuchar mejor. El único ruido identificable fue el cerrarse de la puerta de calle. Cuando salí después de mi supuesta diarrea fui a mirar por la ventana que da al exterior observando que el auto con la goma baja seguía allí. Probablemente después vendría un servicio mecánico a solucionar el tema.

    El resto de la jornada lo pasé sin salir, trabajando desde mi máquina y viendo lo sucedido antes de que llegara y lo que acontecía después.

    La parte previa a mi llegada mostraba el ingreso de él directo a los brazos de mi mujer, uniéndose en un beso intenso donde las lenguas, al principio denotando urgencia, pasaron luego saborear uno la boca del otro. Las manos, que en un comienzo abrazaban frenéticamente, se dedicaron a la caricia recorriendo caras, tetas, culos, concha y pija. Se notaba que el deseo carecía de contención pues todo sucedía a medio metro de la puerta. Ella levantando su remera y pidiéndole que le coma las tetas mientras bajaba el cierre del pantalón para, con las dos manos, acariciar amorosamente la pija. Él con un pezón en la boca mientras sus dedos retorcían al otro con cierta saña. La mezcla de placer y dolor se reflejaba en los gritos de ella, pero nada hacía por evitarlo, pues se escuchaba también su ruego.

    -“Seguí, amor seguí, mordé y apretá fuerte las tetas”

    -“No sigas moviendo tus manos en la pija que me corro”.

    -“Vení mi vida que tenemos mucho tiempo, quiero tomarme tu leche”

    La corrida recibida en la boca por Lucy coincidió con mis ruidos tratando de accionar la cerradura. Ahí se lo ve corriendo hacia el fondo a donde mi esposa le indicaba mientras metía los pechos en el corpiño y venía hacia la puerta que yo acababa de abrir.

    A la tarde estando en el escritorio, que queda al lado de la entrada, escuche que llegaba una llamada a su teléfono. Atendió en el comedor y luego se fue al dormitorio, alejándose de donde yo me encontraba, ignorando la presencia de la cámara y micrófono recientemente instalados, así que conecté mi portátil colocándome los auriculares. Lógicamente escuchaba solo la voz de ella.

    -“Ya te dije que no me llamaras cuando estoy en casa, hoy casi nos agarran.”

    -“No por favor, no me pidas eso de nuevo”

    -“Sí, trabaja y casi seguro se va de viaje”

    -“Bueno, mañana apenas llegue, organizo el trabajo del día y nos venimos. Tenés el auto en condiciones?

    -“Perfecto, lo haremos tal como querés”.

    Al día siguiente, luego de decirle que como me sentía mejor haría el viaje, salí antes que ella. Pensando que podría darle buen uso, tiempo atrás compré un explosivo magnético, de baja potencia y de activación remota. Era el momento de usarlo, así que fui al estacionamiento de su trabajo, ubiqué mi auto lo más cerca posible de la entrada, disimuladamente pegué el artefacto entre la parrilla frontal y el radiador de aquel vehículo lamentablemente conocido y, luego de pagar, me senté en mi coche a esperar. Cuando los vi salir del ascensor, lo más disimuladamente posible caminé hacia la calle y esperé, en la vereda de enfrente, su aparición. A los pocos metros de haber dejado la rampa y viendo que ninguna persona estaba cerca, detoné la carga. Conforme a lo esperado el resultado fue voladura de la parrilla delantera, inutilización del radiador y ataque de pánico de ambos ocupantes. La llegada de la ambulancia los encontró sin una sola lesión, ella sentada en la vereda contra la pared, los muslos pegados al pecho abrazando las piernas llorando convulsivamente y él mirando los daños del vehículo. Evidentemente era más importante el auto que su jefa y amante. Naturalmente se la llevaron al hospital para calmarla.

    No tengo idea cómo justificaron su ausencia y la mutua compañía en el auto. Media hora después de la accidentada salida, desde su oficina me avisaron que había tenido un problema y se encontraba en el hospital. Por supuesto no me dieron ningún tipo de precisión sobre lo sucedido, en principio porque nada sabían a ciencia cierta y en segundo lugar porque suponían lo que había que suponer y por lástima no me lo iban a decir.

    Con total tranquilidad en casa, almorcé y dormí algo de siesta hasta que sonó el teléfono, era ella diciéndome que estaba en el hospital, que había tenido un problema y cuando despertó le faltaba la cartera, que estaba hablando desde un aparato prestado y que fuera a buscarla. Mi respuesta, quizá un poco larga, fue terminante.

    -“Querida, recurrí a quien te dio tanto placer los últimos tiempos. Seguramente a corto plazo te van a llamar por el tema divorcio. Una sugerencia, en lo que te queda hasta mañana tratá de encontrar una buena explicación para el gerente, cuando te llame para ver el video tomado en tu propia oficina. Esa filmación te muestra desnuda, sobre manos y rodillas en el piso, con tu apasionado compañero montándote, la pija metida hasta el tronco en ese culito tuyo, manteniendo un diálogo por demás elocuente.”

    -“¿De quién es este agujerito”

    -“Tuyo mi amor, solo tuyo, nadie lo usó antes, llenámelo de leche”

    Fin de la comunicación.

  • Las damas vulgares

    Las damas vulgares

    Disfrutaba estar con mi pareja y siempre llegaba al orgasmo. Eran chorros de líquidos, sin exagerar. Hacíamos el amor y disfrutaba del auto toque, ver su cara cuando yo me tocaba era demasiado excitante. Tocaba el clítoris y humedecía mis dedos con los restos que quedaban de un orgasmo, los pasaba por mis labios superiores, los chupaba como un ternero hambriento, guiñaba el ojo, mordía mis labios y rociaba mis pezones que ya estaban duros. Inclinaba mi cabeza hacia atrás, dejando el mentón arriba. Despegaba la espalda de la cama y el cuerpo quedaba en forma de arco. Cerraba un poco los ojos y salían alaridos.

    Juan acudía a manuela, mientras disfrutaba el show. Verlo halándose la polla me calentaba más. Y ¿qué puede ser más ardiente que ver a alguien disfrutar y que tú seas el motivo? Confieso que nunca me masturbaba estando sola, no encontraba gusto a empelotarme y luego tocar. Intenté muchas veces tocando el clítoris y por más que lo froté nunca lo logré. Metía un dedo, luego dos y no sentía. Metía tres y me frustré. Jamás volví a intentar.

    Siempre dormía desnuda, abría los brazos y las piernas para sentirme libre. Un domingo me levanté y me coloqué una bata blanca. Veía una serie en el portátil mientras preparaba el desayuno, de repente una mujer con personalidad tosca, colocó su mano en el mentón de otra chica con carácter frágil, se le acercó, y sus bocas estaban a milímetros de distancia, le susurró algo al oído y le dio un sutil beso, se apartó y la otra chica le pasó la mano por el cuello, respondiendo con un beso apasionado.

    Quedé perpleja con esta escena inmoral. Demasiado lascivo ante mi vista. Sentí cómo algo pegachento bajaba por mis piernas, pensé que me había llegado la regla, alcé la bata y era un líquido transparente, toqué mi vulva y estaba entumecida, el clítoris rígido y caliente, los labios inferiores se contraían de adentro, hacia afuera, la frecuencia cardiaca aumentó y mis labios superiores estaban resecos. Eran las reacciones que manifestaba cuando lujuriosa.

    Un poco asustada e impresionada, devolví la cinta a la grotesca escena. Subí al mesón de la cocina, abrí las piernas y empecé a acariciar mi cuerpo, es tan delicado y sensible, suave como algodón, dulce como la miel y caliente como una hoguera. Pasé mis dedos por el vehemente rio que acompañaba el volcán hallado entre mis zancas, erosionaban brazas por culpa de esas dos sinvergüenzas. Busqué una película pornográfica donde hubiese dos femeninas, apreciando la coquetería y sensualidad de esas indecentes empecé a disfrutar cada milímetro de mi piel.

    Me paré y fui a la habitación por un consolador, volví a la cocina y me subí a la barra. Repetí la escena, siendo mis piernas el telón de ese espectáculo. Una vez más mi cuerpo reaccionó, prendí el consolador y lo coloqué en la vagina. Escuchaba sus jadeos y sentía ser una de ellas, percibía que una de esas vulgares me estaba acariciando, bajaba con su lengua y la metía por el orificio de mi montaña, rociaba sus pezones en mi abdomen y sus finas manos las pasaba por mi boca. Se me entumecieron los pies y casi ahogaba sin respiración, mi mente estaba en blanco o negro, no sé. Pero mi volcán explotó y fui testigo de un estallido frondoso. Desde luego me masturbo cuando estoy sola disfrutando escenas de esas pinches damas.

    Esta historia es inspirada en la vida de Aileen mar.

  • Aislados: Día 1

    Aislados: Día 1

    Nos transportaban desde el aeropuerto en una ambulancia que iba a toda velocidad por la Ruta. No sabíamos dónde estaba nuestro equipaje. Sólo contábamos con el equipaje de mano. Recién llegábamos de Europa de vacaciones con mi tía Vanesa y mi prima Gabriela. Muchas veces tratamos de preguntarle al conductor o a alguien en el habitáculo delantero de la ambulancia a dónde nos llevaban con tanta premura. “Son políticas de seguridad por la cuarentena”, sólo llegaban a respondernos.

    Yo me estaba poniendo nervioso. Nos tenían hasta la documentación retenida. Miro a mi tía y la noto muy seria. Gabriela estaba un poco más tranquila. De hecho, su temperamento siempre fue bastante ecuánime desde chica. Era yo quien había quedado con trastornos de ansiedad desde que en aquel accidente perdieron la vida mis padres y mi hermano mayor, acontecimiento que me dejó al cuidado de mi tía Vane desde los 8 años. Gaby, a quien le llevo 3 años, siempre me vio como un hermano mayor, igual que yo a ella, y a Vane como a una madre, aunque nunca la llamé así.

    Tía Vane tiene 41 años, es abogada y de las mejores que hay en la ciudad. Tiene un carácter bastante amable, podría llegar a decirse, contrastando con el carácter de los abogados en general. Dio a luz a Gaby a los 20, cuando aún no terminaba la facultad. Del padre de la beba nunca habló. Solo sabemos que, al enterarse del estado de gravidez de mi tía, se borró del mapa y nunca más volvió a saber de él. Y tampoco es que hubiese querido.

    A su edad se conserva bastante bien: toma mucho líquido, se alimenta balanceadamente, va al gym una o dos veces por semana, lo que hace que sus carnes se mantengan medianamente en su lugar a pesar de los años y los efectos gravitatorios de la edad. No es tan alta, mide, aproximadamente, 1.68 m, pero su cuerpo está perfectamente proporcionado a su estatura: unas lindas caderas medianamente anchas, una linda cintura y unos pechos ni grandes ni chicos. Solo son hermosos. Sus pezones son pardos y perfectamente delineados. Lo sé porque en casa, mi casa adoptiva, siempre nos acostumbraron a que la desnudez no era algo malo ni tendría por qué llevar adjunta ninguna connotación sexual. Así que crecí viendo los cuerpos de mi prima y tía y ellas el mío sin mayores complicaciones. Muchos fueron los veranos que ellas se pasaban en tetas tomando sol en el balcón sin importarles, siquiera, lo que podrían llegar a decir los vecinos. Tiene una piel color aceituna muy tersa, unos ojos ámbar de ensueño y un cabello negro como la noche más oscura.

    Gaby recién había cumplido 21 años. De hecho, su cumpleaños siempre coincide con las vacaciones de verano y aprovechamos de hacer algún viaje para celebrarlo. Este año, y por vez primera, había escogido mi tía pasar las vacaciones en Europa y hacer el recorrido por la mayor cantidad de países que pudiésemos. Ella es igual o más petisa que la madre. Creo que no mide más de 1.67 m. Tiene una cintura, cadera y culo de infarto. Nada proporcionado con el tamaño de sus senos, a pesar de que éstos también son muy lindos. A veces le bromeo diciéndole que si nacía dos días antes capaz era tan plana como yo. Lo que tiene en la mano siempre termina revoleándome y yo rajo cagado de risa. Pero no dejo de reconocer que el cuerpo de mi prima es hermoso. De esos que cuando lo ves quieres masturbarte dos o tres veces pensando en él: Tetas chicas, cintura de avispa y culo grande.

    Somos los mejores amigos que pueden existir. La confianza que existe entre Gaby y yo no se consigue fácilmente entre los integrantes de cualquier familia, Podemos hablar de todo, incluso de sexo, sin mayores preocupaciones. Recuerdo cuando hace un par de años ella me preguntó lo que era la masturbación. Obviamente le expliqué lo básico, pero me vi un poco apretado cuando me preguntó cómo se hacía. Tuve que recurrir a internet y mostrarle videos de masturbación femenina en la página porno que solía consumir en aquellos días. Estaba por comenzar el verano y ya se sentía la temperatura un poco en el ambiente, por lo que ese día estábamos de forma muy cómoda: Gaby en culotte con una remera de cuello ancho casi hasta los hombros y corta hasta la mitad del vientre. Yo, como era mi hábito, andaba en bolas. Mi tía trabajaba ese día y no estaba en casa. Nos sentamos con la notebook en el sillón del living y al poner en marcha el primer video vi que mi prima comenzó a mostrar mucho interés en lo que hacía la protagonista y a experimentar repitiendo todo lo que veía. Me preguntó si me molestaba que lo hiciera, tomando en cuenta la separación de nudismo y sexo que tenemos en casa. Le dije que naturalmente podría hacer lo que quisiera, que podía experimentar con su cuerpo como mejor le parezca y que yo prefería quedarme a ver a una chica masturbarse en vivo y directo.

    —Sos un pajero —me dijo.

    —Lo mismo vas a ser vos de ahora en adelante —le respondí y ambos nos cagamos de risa. Ver a mi prima experimentar con su cuerpo por primera vez me calentó mucho y de inmediato mi miembro comenzó a llenarse de sangre y a ponerse duro. No lo podía evitar. Es muy distinto ver a los miembros de tu familia andar en bolas todo el tiempo a verlos tocarse para su auto satisfacción. Ella se sacó la remera y el culotte y quedó totalmente desnuda. Se tocaba rápido. Apenas se detenía en alguna parte de su cuerpo para poder sentir. Cuando llegó a sus incipientes senos se detuvo y notó cuanto placer le daba tocarse ahí. Notó como sus pezones se endurecían al mínimo roce. Tocaba suavemente su abdomen y cuando llegó a la entrepierna se ve que sintió una especie de corrientazo, ya que dio un respingo y jadeó un poco. Ella estaba inmersa en sus sensaciones y yo solo me dediqué a mirarla y tocarme.

    Mi miembro me dolía de la erección tan potente que tenía, propia de un joven que mira a su prima masturbarse. A veces me daba pena por ella porque la chica del video se introducía uno o dos dedos en la vagina y mi prima, al querer imitarla, se encontraba con su intacto himen, por lo que tenía que conformarse con seguir aprendiendo a estimular su clítoris. Sin embargo la veía que la estaba pasando muy bien. Igual que yo. Cuando experimentó su primer orgasmo ella no entendía nada. Solo gemía, batía las piernas y me miraba con cara de sacada como diciendo “¿qué es esto?”. Al yo notar su orgasmo no pude contener el mío y todo mi semen voló por toda la habitación en todas las direcciones. A Gaby se le notó la instintiva excitación, por lo que su siguiente orgasmo fue mucho más estridente y húmedo. Ambos quedamos absortos en nuestro clímax y sólo nos dedicamos a mirarnos por unos segundos.

    —Gracias por enseñarme, Fredo —dijo rompiendo el silencio mientras me tomaba de la mano, aun con la respiración agitada.

    —No te preocupes, Gaby. Siempre puedes confiar en mí —respondí con tono de hermano mayor.

    En cuanto a mí, no tengo mucho para describir. Soy de tipo normal: ancho de hombros y espalda, mis músculos están medianamente definidos, mido 1.75 m, por lo que considero que soy bastante bajo para ser hombre y de tez más oscura a causa de los orígenes caribeños de mi papá. Él nació en República Dominicana. En unas vacaciones se conocieron con mi madre y se enamoraron y casaron. Al año nació mi hermano Diego y a los dos años después de él nací yo. Y es todo lo que tengo que decir sobre mi familia. Entenderá el lector las razones. Al padecer trastorno de ansiedad a veces me pongo bastante nervioso e impaciente, por lo que mi tía y prima suelen abrazarme mucho para contenerme en medio de mis crisis. Y, a decir, verdad, es bastante reconfortante estar con la cara pegada a cuatro tetas cuando estás de mal humor o nervioso.

    ***

    Los de la ambulancia seguían sin emitir palabra alguna, yo ya casi estaba a las puteadas y mi Vane y Gaby trataban de contenerme. De súbito sentimos que la ambulancia paraba. El que los ocupantes del habitáculo se bajaran y abrieran la puerta de la ambulancia fue casi lo mismo. Todo sucedía muy rápido. Nos invitaron a bajar y nos fijamos que estábamos a las puertas de un hotel.

    —¿Acá nos van a dejar? —preguntaba mi tía mientras miraba por una décima de segundo a su alrededor.

    —Por favor por acá —se limitó a decir uno de los hombres que había bajado de la ambulancia. Tenía un aspecto bastante estrafalario: era como ver el personaje que trabaja en el laboratorio de riesgo biológico de esas películas de Hollywood. Uno iba adelante guiándonos y el otro, vestido exactamente igual, a unos tres pasos detrás nuestro. Pasamos el lobby del hotel y fuimos directo a las escaleras, subimos hasta el tercer piso a un ritmo casi maníaco pautado por aquellos Soldados Bioquímicos —como les decía Gaby— y allí, en la puerta de la habitación 304 fue que nos dirigieron la palabra.

    —Estamos en alerta máxima por la propagación de este virus —comenzó a decir uno de ellos.— La orden que tenemos es de aislar a todas aquellas personas que vengan de cualquier país donde el contagio es mayor. Lamentamos la molestias ocasionadas —procedió a entregarle los documentos a mi tía y a casi empujarnos dentro de la habitación.

    Mi tía tomó aire para formular alguna pregunta y solo la interrumpió el portazo delante de ella que dio el hombre que nos había encerrado ahí. Miles de preguntas teníamos cada uno: dónde estábamos era una de ellas. Otras eran dónde estaba nuestro equipaje y cuánto tiempo estaríamos ahí.

    —¡Ya está! Ya estamos acá —dijo mi prima.— No sé dónde estamos, pero estamos. Ya nos llegará alguna información.

    Dicho esto mi tía prendió la tele buscando noticias. Los noticieros todos decían cosas distintas. No encontrábamos a cuál creerle más. Apagó la tele después de un rato y se puso a revisar su equipaje de mano. Los tres hicimos lo mismo. Cada uno comenzó a sacar lo que tenía: mi tía un par de prendas para dormir, cepillo de dientes, cargador y alguna pastilla para la migraña. Gaby los auriculares, una remera, una tanga, los correspondientes artículos personales y nada más. Yo tenía mi teléfono, una Tablet y un short. Nada más. Viendo nuestra situación estábamos bastante precarios de ropa.

    La primera en desvestirse y meterse a la ducha fue Gaby y mi tía le siguió. Yo aún estaba pensando qué hacer con tan poco de lo que tenía y cuánto tiempo iba a durar esa situación. Como siempre, me perdí en mis propios pensamientos acelerados hasta que escuché la voz de mi tía.

    —Sácate la ropa, Fredo, y ve a ducharte. Y juntemos todo lo que nos quitamos y luego vemos como lo lavamos.

    Y así, después de mi ducha, todos quedamos desnudos en una habitación de vaya a saber cuál hotel sin saber qué hacer.

    Continuará.

  • Silvana y Alejandro

    Silvana y Alejandro

    Nuestra vida estaba perfectamente ordenada. En diciembre del 2019, salió mi nombramiento como juez de primera instancia mientras que mi señora, Silvana, venía desempeñándose como secretaria de un tribunal, desde tiempo atrás. Éramos una pareja envidiable y encantadora, porque a los 33 años, mi posición era muy buena y distinguida y la de ella también, aunque de menor jerarquía, dado que era tres años menor que yo y venía haciendo carrera en el ámbito judicial. Nos habíamos casado jóvenes, varios años antes y teníamos dos niños de 7 y 5 años.

    Las fotos de la recepción en la Asociación de Magistrados con motivo de nuestro nombramiento nos mostraban felices y encantadores, la envidia de muchos: Silvana lucía una estampa formidable, más bien baja, ojos y pelos castaños, melenita, delgada, con un aire de jovencita, y una figura perfecta. Silvana no tenía nada que le faltara ni le sobrara, era una preciosura, fina y elegante; a su lado yo, un poco más alto con mi metro setenta y cinco, delgado y también elegante en mi traje y corbata, acompañados por los niños.

    Yo había sido el primer y único novio de Silvana, criada en un ambiente recatado, seguro y formal, al margen de los avatares de la vida; fuimos novios desde muy jovencitos, se casó conmigo sin conocer varón y me entregó su virginidad serenamente, esa noche conforme lo previsto. Nuestra vida, se desarrolló en el ámbito asegurado del Poder Judicial, sin apremios, dificultades ni sobresaltos. Digamos que teníamos una vida pacífica y asentada, sin mucho trabajo, bien remunerados, sin que mediaran alteraciones, ni locuras de ninguna especie. Nuestra vida se desarrollaba en un ámbito familiar, cerrado, tranquilo y conocido. Era una vida perfecta. A nivel íntimo, habíamos sido siempre formales, sin experiencias extrañas, de modo que lo que no fuera sexo tradicional y austero, estaba fuera de nuestras prácticas: léase que ni hablamos de formas de sexo que para Silvana eran extrañas y aberrantes, como el sexo oral o anal, a los que se negaba a considerar siquiera. Y se horrorizaba con otras prácticas como las parejas abiertas, los swingers o los cuckold, temas de los que no quería ni oír hablar.

    La designación como juez me pareció un evento para celebrar y le propuse que nos fuéramos unos días solos, a Calamuchita. Allí había tenido casa mi familia, alquilaríamos una cabaña y nos pasaríamos quince días solos, dejando los chicos con mis padres en La Falda. A Silvana le encantó la idea y a nuestros padres también. Así, a principios del 2020 estábamos instalados en una cómoda cabaña, en un complejo sito al lado del río, con cancha de paddle, tennis, pileta, sum, rodeados por la oferta de excursiones y entretenimientos. En otros términos, un lugar ideal. El ambiente, era el habitual de esos lugares, distendido, gentes de todas las edades, ansiosos de hacer amistad. Enseguida nos hicimos amigos de un vecino de cabaña que aparentemente estaba solo, un hombre mayor, bien conservado, de unos 50 o 60 años, amable y simpático, que se arrimó a conversar con nosotros y se hizo habitual que normalmente charlara con Silvana a la que llamaba m’hijita, con la confianza que le daba la diferencia de edad. Era un poco más alto que yo y se lo veía fuerte y en forma; además tenía una mirada fuerte, avasallante, que sugería una personalidad poderosa; fue él quien primero se arrimó y llevó la iniciativa de esta amistad. Yo, por mi parte, guardaba la distancia y compostura que corresponde a un magistrado de mi posición, sin dar demasiada confianza, que tampoco se la tomó nuestro vecino, sino que se mostró prudente y correcto. José, que así se llamaba el vecino, se nos arrimaba constantemente, y nos atendía, nos invitaba a comer o a participar de juegos y entretenimientos, con un trato amigable, simple y correcto, un tanto invasivo, como ocurre en esas situaciones. Yo me disculpaba siempre, porque me parecía impropio de un juez de primera instancia estuviera jugando esos jueguitos como los llamados de mesa, o el vóley en la pileta, o participando de otros juegos que organizaban en el complejo, pero Silvana no, ella lo veía de otro modo y se integraba en todo.

    De mañana, tras desayunar, nos vestíamos con malla de baño e íbamos a la pileta; ya el primer día José nos pasó a buscar y desayunamos juntos en una sombrilla al lado del agua, no lo esperábamos, pero así se dio. Silvana vestía, como habitualmente lo hacía, una malla enteriza azul, creo que era la única así vestida en el lugar; yo le había sugerido la posibilidad de usar dos piezas o bikini, pero siempre se negaba pudorosamente, no era su estilo. Al filo del mediodía, acalorado, me metí al agua y estando allí, alcancé a oír casualmente la charla entre ellos. José la halagaba diciéndole lo bonita que era, y lamentaba que usara malla entera, al tiempo que se ofrecía a regalarle un bikini, si ella se decidía cambiar. Silvana escuchaba con la cabeza gacha, sin decir palabra, sin discutir. Con el bochorno del mediodía, decidimos entrarnos sin comer; José nos invitó a almorzar, pero declinamos su oferta, para recluirnos al fresco de la cabaña. Silenciosamente y sin previos indicios, fuimos al dormitorio donde Silvana se desnudó y me abrazó fuertemente. Me dio un beso profundo en la boca y sin más palabras, cogimos. Fue un polvo suave, pero satisfactorio en posición misionero, como siempre. Cuando nos desacoplamos y me bajé de ella, Silvana sin ir a lavarse, comenzó a hablar, sacándose lo que tenía adentro:

    -Ese hombre me da cosa. Es como que tiene una personalidad muy fuerte ¿no lo ves así? A veces me parece que se quiere apoderar de nosotros… Es como si en un día ya nos conociera a fondo ¿verdad?, es muy intenso, muy intenso-. Yo, que había oído la charla anterior, la escuchaba en un mar de dudas, sin saber qué decirle, ya que algo de razón tenía, pero no alcanzaba a ver claramente. Y luego siguió: -Me ha dicho que, si quiero, me regala un bikini, que es una pena que esconda tanta belleza en una malla enteriza; él es el que quiere que use bikini, es como si ordenara ¿Qué piensas? -. Para mi, que usara bikini era una buena idea, aunque encontraba desubicada la oferta de José, un no sé qué de improcedencia o impertinencia. No sé por qué repuse:

    -Me parece fenómeno, andá a comprártela esta misma tarde, si querés-.

    -Sos divino-, me respondió y se dio vuelta para hacer una siestita, desnuda como estaba. Yo me dormí también, cuando me desperté, Silvana no estaba; la busqué por toda la cabaña y al asomarme, la vi en la galería de la cabaña de José, conversando con él. No pude menos que advertir que estaba preciosa, era una muñequita con su remerita sin mangas y el short que vestía. Justo en ese momento se levantó y vino a nuestra cabaña en mi busca:

    -Voy con José a comprarme el bikini, ¿venís? -. Yo preferí quedarme, mientras ellos partían al pueblo a la compra. Volvieron como a las dos horas ¿tanto tiempo para comprar un bikini? Silvana me relató lo ocurrido, se había estado probando: de acuerdo con ella, todas las que le gustaban le quedaban grandes, según le había dicho José, hasta que consiguió una que le iba bien a su talla. La traía puesta, se sacó la ropa y me la mostró, era un diminuto bikini blanca que le cubría justo las tetitas y poco la cola y el pubis. A decir verdad, quedaba deliciosa con ese bikini blanco, aunque muy sugerente y medio desnuda.

    Personalmente me parecía escandalosamente chica, pero no dije nada, para no parecer pacato; no dejaba de enorgullecerme que esa mujercita me perteneciera. Pero me quedé en un mar de dudas, no entendía por qué José le compraría un bikini a Silvana, y, además, ¿cómo había sido la compra? ¿Se había probado delante de José? ¿Cómo había sido?

    Era media tarde cuando vino la animadora del complejo a invitarnos a participar en el campeonato de vóley en el agua, que se jugaba al día siguiente. Yo, decliné la invitación, pero la anoté a Silvana sin preguntarle, sabía que la entusiasmaría y no me equivoqué. Para ese día tenía planeado una jornada de independencia, para mi, sentarme a leer a la sombra, junto a la pileta, y ni se me ocurría meterme al agua y menos jugar Vóley; que me parecía impropio de un magistrado, además que no tenía ganas.

    La mañana siguiente mi mujercita partió contenta hacia la pileta a jugar, vestida con su bikini blanco y pareo; estaba preciosa pero audaz. Lucía la cola al aire y las tetas casi no estaban cubiertas, era una tentación, un bocadito, yo la miraba orgulloso y enamorado. Quiso la fortuna o la mala fortuna que le tocara integrar el equipo que integraba José, y jugaron toda la mañana en el agua. No estaba atento ni podía ver bien, pero me pareció advertir que a lo largo del partido se rozaban demasiado y que José no se privó de manosearla como quiso, sin que ella se atreviera a protestar. Era sorprendente el dominio que tenía sobre ella, la influencia, tanto que la había hecho usar bikini. De los cinco jugadores de su equipo, dos eran mujeres, y los otros tres, varones, Silvana jugaba justo delante de José, y no era raro que chocaran. Cada jugada, cada tanto, él la abrazaba y aprovechaba el lance. Durante todo el partido ella estuvo acomodándose el corpiño de su bikini, que parecía salirse continuamente de su lugar. Esa mañana los partidos se sucedieron: jugaron tres y los tres ganaron, y alborozados los celebraron entre abrazos y felicitaciones. Los tres días que duró el campeonato, lo tuvieron ocupados en partidos, charlas, festejos y consideraciones, hasta que resultaron campeones con su equipo. Estábamos tomando un copetín esa tarde, festejando, distendidos y de tertulia, cuando pasaron ofreciendo cuadriciclos para pasear por las sierras: el día siguiente sería muy lindo y sugerían subir al Champaquí. Silvana se entusiasmó con la idea y me invitó, pero yo no tenía ganas de ir, no me parecía que un juez podía andar paseándose en cuadriciclo. Ella no escondió su decepción, pero intervino José ofreciéndose:

    -¿Se anima que la lleve yo m’hijita?- le preguntó solícito. Ella se entusiasmó y me miró interrogante, para conocer cuál sería mi parecer, pidiendo permiso. La vi tan entusiasmada que no pude sino asentir:

    -Andá, mi amor, aprovechá y conocé-. Ahí nomás comenzaron los preparativos, acordaron cómo irían vestidos, hora de salida, y demás cuestiones. Partirían después del desayuno, previendo estar de vuelta a la hora de almuerzo. Nos fuimos a acostar temprano.

    Me levanté al día siguiente a primera hora y me senté a leer en la galería. Como a las 9 apareció Silvana ya preparada, con una mochila pequeña, una remera y shorts, sobre el bikini, que parecía que no se iba a sacar más. Hablamos dos palabras y apareció José en el cuadriciclo, una máquina hermosa con sitio para dos; vestía un short de perneras anchas y una camisa que tenía abrochados solo algunos botones. Saludaron y Silvana subió atrás, poniendo sus manos en los hombros del vecino, que ahí nomás arrancó. Los vi partir tranquilamente rumbo a las sierras grandes, parecían padre e hija de excursión, contentos y entusiastas. Cuando volvieron, eran como las 3 de la tarde. José dejó en nuestra cabaña a Silvana y siguió a la suya. Con visible mal humor y enfado, ella entró y se fue derecho al dormitorio, sin saludarme. La encontré echada en la cama, me senté a su lado y le pregunté cómo le había ido. Reaccionó airadamente, levantándose y golpeándome el pecho, mientras me gritaba:

    -¡¿Por qué me dejaste?! ¡¿Por qué me dejaste?!- y se echó a llorar en mis brazos. No habían cesado sus sollozos cuando me besó en la boca, un beso ansioso y ardiente, diría que desconocido en ella, siempre tan moderada y modosa; ahora parecía posesa, desesperada, como si me quisiera comer la boca, su lengua se revolvía en la mía y hurgaba los recovecos de la mía; su beso tenía un sabor desconocido. Me acarició sobre la ropa y me sacó la pija, la sobó hasta ponerla bien parada y para mi sorpresa mayor, se agachó y se la metió en la boca, cosa que no había hecho nunca antes y de lo que no había ni querido oír. Yo estaba perplejo, delirando de placer al mismo tiempo. Me la chupó un poco, y siempre con una modalidad desconocida antes, me pidió:

    -¡Cogeme! ¡cogeme!-. Era un lenguaje desconocido en ella, no me hice rogar y nos enredamos en un torbellino de sexo que no era habitual entre nosotros. Por primera vez en nuestra vida, nos revolcamos apasionadamente, mientras se la metía con entusiasmo. Silvana estaba desconocida, me abrazaba con sus piernas como queriendo que se la meta más, me apretaba, empujaba con su vientre y se movía recibiendo la pija como nunca antes lo había hecho. Mi muñequita dulce, estaba desconocida y cogía como una leona. Fue un polvo delicioso, formidable. Acabamos juntos y quedamos derrengados en la cama donde agotados, nos dormimos sin cruzar palabra. Allí estábamos, cuando como a las cinco o seis de la tarde, oímos el llamado a la puerta, nos levantamos a atender, yo con una bermuda y Silvana con su bikini. Era José, que con la confianza que había tomado, entró sin esperar que lo invitáramos; Silvana me tomó la mano y como si fuera algo programado, así nos sentamos en el sillón grande del cuarto de estar, a recibir la visita, mientras José se quedaba de pie frente a nosotros. Era como la figura de un maestro frente a sus alumnos, de una autoridad, en una posición de superioridad, yo asistía satisfecho e inocente y Silvana lucía como apocada, sumisa:

    -Ha cogido la parejita-, nos dijo con una sonrisa. -¿O no?- Silvana, con la vista baja, asintió. ¿Qué era esta pregunta? Yo me trabé con semejante situación. José se dirigió entonces a ella aprobatoriamente, diciéndole que estaba bien que le hubiera hecho caso, y luego la interrogó: -¿Se la chupaste?-, Silvana asintió sin levantar la vista. Yo no cabía en mi sorpresa ante el comportamiento del amigo, y mucho menos el de mi mujer, pero me pareció comenzar a comprender: Ella estaba actuando según deseos de él; era él quien la había mandado a chuparme la pija y coger y ese gusto en la boca de Silvana comencé a sospechar que no era casual ¡Le había chupado la pija! La miré asombrado e interrogante, pero ella no levantó la vista. Yo no podía dar crédito a lo que veía y oía, conjeturaba torpemente, confuso y desubicado. José tomó la palabra:

    -Bien m’hijita, bien. Se lo debía a este muchacho, le debía un buen polvo y una buena mamada ¿No?-. Silvana no me había soltado la mano, no decía nada y miraba al piso, con pesadumbre ante el dominio de José, y como avergonzada ante mi por lo que estaba ocurriendo. Qué era esto que José nos hablara de ese modo, que se dirigiera así a ella, revisando si había cumplido sus órdenes; no conseguía ubicarme. José, que se arrimó un poco más a ella, preguntando: -¿Te acabó en la boca?-, y ella negó con la cabeza gacha. Entonces le dijo, dirigiéndose solamente a ella, increpándola, algo enojado:

    -No sabes hacer caso. Lo debías hacer. No hiciste caso, no te había dicho que lo hicieras. ¿Qué te parece que debes hacer ahora?- Calló y esperó su reacción. Ella estiró la mano que tenía suelta y la metió por la pernera del pantalón short, para acariciarle la pija y los huevos, sin soltarme la mano. Entre tanto, yo asistía alelado y sin reaccionar, mientras José seguía con lo suyo:

    -A ver, enseñale lo que has aprendido hoy-. Silvana le desprendió el pantalón, sacó la verga de su encierro, la tuvo un momento en la mano y se la metió en la boca, para empezar a chuparla. Era una pija larga y gruesa que palpitaba en su manita, que parecía que no la podía agarrar. Abrió mucho la boca para admitir ese trozo enorme y comenzó a mamar. Ella, que nunca había querido ni besármela, ahora le chupaba la pija a un viejo en mi presencia, poniendo un esmero increíble. Era todo tan fuerte, que no podía reaccionar en ningún sentido, estaba perplejo. Asistí pasmado a la mamada que mi mujer le hizo a José, fueron varios minutos hasta que éste acabó en su boca, en medio de bufidos; ella, cuando advirtió que él iba a acabar, la sacó un poco, sin sacarla del todo de su boca, para tener espacio en su boquita donde recibir el lechazo cuando acabara, recibió toda la leche, que tragó cuidadosamente sin derramar una gota. José le hizo una caricia en la cabeza y le dijo:

    -Bien, m’hijita, muy bien; así debiste hacérselo. Ahora, un beso la parejita feliz-. Silvana se volvió a mi y me besó cálida y profundamente en la boca, un beso que acepté nuevamente era un beso voraz, caliente, profundo. Pero… ¡Si tenía el mismo sabor que esta siesta cuando volvió del Champaquí! Se me prendieron todas las alertas, era seguro que antes le había chupado la pija cuando salieron, y que le habían llenado la boca de leche, no era la primera vez. La miré interrogante y le pregunté:

    -¿Le habías chupado la pija esta mañana?- Silvana no me miró, pero me respondió apenas, con un hilo de voz:

    -Dos veces-. Me volvía loco de dudas y emociones. No me podía imaginar a mi Silvana, mi virginal Silvana, chupándole la pija a José en medio de las montañas y luego venir a besarme con su boca pringada de su sabor. José intervino:

    -Contale bien; o acaso fue una atrás de otra-. Lo miré entre sorprendido y acobardado, todo demostraba que había algo entre ellos, y que era José quien tomaba las decisiones. Ella volvió a hablar:

    -Primero me hizo que se la chupara, me acabó en la boca y me hizo tragar. Después, me sacó la bombacha del bikini y me cogió, me la metió profundamente; demoró mucho en acabar, porque ya antes había acabado en mi boca. Yo acabé varias veces mientras él me la tenía metida, es muy grande, yo creía que no me iba a entrar. Después descansó un rato y, cuando veníamos, me hizo que se la chupara y me tragara su volcada, para que te besara con su gusto en la boca.- Yo no podía creer lo que oía, y no entendía por qué no reaccionaba violentamente contra ese degenerado y esa perra perdida, que se calló por momentos, y luego emprendió a contarme, sin soltar mi mano en ningún momento:

    -José me lo ordenó. Por eso esta siesta te la chupé un poco y cogí contigo. Él quería que acabaras en mi boca, pero no me atreví, temí que lo tomaras a mal, no lo había hecho nunca; te lo había negado tantas veces… Me gustó mucho. Apenas salimos rumbo al Champaquí, José me dijo que me agarrara bien. Yo iba tomada de sus hombros, pero él me puso las manos en su cintura. Tenía la camisa abierta, de modo que mis manos se asentaban sobre su piel y por la pose al conducir el cuadriciclo, quedaban peligrosamente cerca de su entrepierna. Apenas anduvimos un poco, pude ver que, por la pernera izquierda de su short, se le aparecía un huevo y la cabeza de su pija; él parecía no haberlo advertido, pero yo lo veía claramente desde atrás, y durante todo el trayecto no pude dejar de mirarlos y mover un poco mis manos, acariciando la piel de este hombre que desde hacía días me tenía convulsionada-.

    Se detuvo un instante y prosiguió:

    -Desde el primer momento de nuestra estadía, me había acechado como un lobo y me había subyugado con su personalidad y su mirada. Me había obligado a comprar un bikini, para que estuviera vestida a su gusto y desde que me había comprado el bikini, porque no le gustaban mis mallas, había actuado a su placer y yo había hecho lo que él quería; tanto que mientras lo comprábamos y me probaba, se mantuvo dentro del vestidor apreciando mi cuerpo desnudo en cada ocasión, en medio de mi vergüenza. No fui capaz de echarlo afuera ni negarme, aunque no me dijo nada, ni me tocó, pese a que yo esperaba alguna reacción suya. Cuando estuvimos en la pileta, advertí que habías visto algo, que cada vez que podía me manoseaba, al punto que en muchas ocasiones me sacó el corpiño del bikini al manosearme las tetas; no puedo negar que me sentía bien y me gustaba que me atendiera, y tuviera atención para mi culito, que hurgó innumerables veces. Yo estaba dispuesta para él, pero no me prestaba demasiada atención al margen de eso. Cuando subimos al Champaquí, fui pegada a su espalda por temor a caerme y en más de una ocasión, sin quererlo, toqué sus genitales por arriba de la ropa, lo que me fue poniendo a cien. La calidez de su piel, donde se aferraban mis manos, me transmitía emociones que antes no había sentido. Cuando por fin llegamos y paramos, estacionamos el cuatri en un lugar solitario y recoleto, en el cerro Los Linderos. Yo volaba de calentura-.

    Entonces habló él:

    -Bueno, ya estamos- dijo José -¿Y ahora?-. Se planteó un vacío, porque normalmente él dirigía la excursión y de pronto me pasaba a mi la responsabilidad de decidir a dónde ir o qué hacer. Yo no propuse ni bajar, ni seguir, nada. No sé por qué, estiré mi manito izquierda y agarré la cabezota de esa pija que se aparecía ahí, provocativamente. -Ay, m’hijita,- dijo José, y dándose vuelta, me tomó en aire y me pasó delante de él; yo no soltaba esa cabeza caliente y babosa que me pringaba la mano. Me miró extrañado, y comenzó a besarme en el cuello, la cara y tocarme las tetas mientras yo, desesperadamente buscaba su boca. Me besó profundamente hurgándome con su lengua y luego me separó para preguntarme:

    -¿Has chupado la pija de tu marido? ¿has hecho sexo anal? ¿Con cuántos has cogido?-. Avergonzada de mi inexperiencia y mi torpeza, yo iba respondiendo cada una de sus preguntas con una negativa, le confesé que sólo había cogido con mi marido y que ni hablar de sexo anal o mamadas. No sabía de qué se trataba. José tomó la palabra nuevamente y dijo con decisión:

    -Ok, le pondremos solución. Empecemos por la mamada: sácame la pija.- Obediente, lo desprendí y saqué esa pija que no me cabía en las manos. Yo no había visto otra que la de mi marido; esta no tenía nada que ver, aquella era educada, mensurada, formal si puede decirse. Esta era un trozo grueso y largo, salvaje y agresivo, algo novedoso y desconocido para mi que ya estaba ardiendo y no sabía por qué.

    -Metétela en la boca y chupala- me ordenó, la miré un poco asombrada de su pedido, no había hecho eso nunca, ni había visto una pija de su tamaño y grosor y sin más lo hice, la tomé entre mis inocentes labios, que jamás habían tenido una pija entre ellos. Tenía la preocupación de hacerlo bien, que le satisficiera, que me entrara, que me aprobara. Creía que no me iba a entrar, por su tamaño, pero pude, entró y se la chupé con deleite, acariciándola con la lengua. No se cuánto demoró, pero su pija comenzó a convulsionarse y me echó en la boca una cantidad increíble de semen, que me atoró, no pude tragar en su totalidad, tosí y me salió por la nariz. Pero me lo tragué a todo. Era mi primera vez que había mamado una pija y me había tragado una volcada. Me enderecé, esperando su aprobación, pero no dijo una palabra, sino que me sacó el corpiño del bikini, me trajo hacia él y me abrazó por la espalda, agarrando mis tetitas. Yo, que había quedado caliente, volaba. Me apretó y me tuvo un poco así, mientras yo volví a agarrar su pija con una manito en tanto con la otra me deleitaba acariciando esos huevos que acababa de conocer. Me subió a su falda, con las piernas abiertas, y me ensartó con soberano pijón, que me pareció que me partía en dos, pero que me llevó al cielo. Comencé a moverme, y al poco me sobrevino un orgasmo violento, que me dejó derrengada sobre este macho formidable, que abrazándome evitó que cayera al suelo-.

    No me podía recuperar de semejante polvo y estaba confundida, porque no entendía cómo había llegado a eso y cómo había ocurrido; cuando recuperé la compostura, me reacomodé la ropa y me bajó una angustia profunda ¿Cómo le había hecho esto a mi marido? ¿Cómo me presentaría ante mi querido marido? ¿Cómo le iba a explicar lo que había pasado? ¿Cómo se lo iba a decir? ¿Y si me dejaba? ¿Se me notaría y se daría cuenta, aunque no se lo diga? No tenía duda de quererlo, y tampoco podía olvidar esa pija que me había abierto y llenado de ese modo. Comencé a llorar, en el hombro de José, que me consolaba tiernamente. Estuvimos un rato largo así, hasta que de alguna manera pude digerir la situación y me tranquilicé un poco, sobre todo cuando José me dijo:

    -¿Por qué llora m’hijita, le he hecho doler, la he lastimado, o ha disfrutado con mi pija?-. Era un lenguaje brutal para mi, para lo que estaba habituada a oír, pero me agradaba y me limité a negar y negar. Lo cierto era que había disfrutado enormemente, al ser atravesada por semejante poronga, y estaba agradecida, acurrucada contra el macho que acababa de cogerme. Así pasó un largo rato, un silencioso momento que José lo cortó diciendo:

    -Mejor que emprendamos la vuelta, para llegar temprano, no preocupemos al muchacho-. Yo, que no tenía noción de la hora, me mostré conforme. -Subimos al cuadri, tal como habíamos venido, pero cuando me tomé de su cintura, José bajó mis manos, y las puso sobre su miembro. Lo acepté serenamente y allí quedaron, para que yo lo apretara y acariciara todo el viaje. Así volvimos, yo, en las nubes. Pero cuando estábamos aquí cerca, José paró el cuadri en el bajo de una barranca, y volvió a hablarme:

    -Quiero que ahora me chupes la pija y te tragues todo. Quiero que cuando llegues le des un beso en la boca a tu marido, con el gusto de mi volcada, y después te lo cojas ¿Entendiste?-. Vaya si lo había entendido. Se la mamé, me llenó la boca de leche y tragué todo lo que me echó. Luego volví a subir y le dije:

    -Vamos-. Estaba determinada a cumplir sus órdenes, pero cuando me encontré a la puerta de mi casa, me bajó un sentimiento de culpabilidad y una angustia enormes ¿Cómo podía hacerle eso a mi Alejandro? ¿Cómo hacerle saborear la volcada de otro? Podía desobedecer, pero mi voluntad no era mía. Entonces, de pronto, me sentí que todo había sido culpa de Alejandro por dejarme, y llena de ira, entré a casa.

    Cuando Silvana se calló, José nos miraba sonriente y dirigiéndose a mi, preguntó formalmente con amabilidad:

    -¿Has entendido muchacho?- No buscaba mi conformidad, sino asegurarse que yo entendía; no tenia respeto alguno por mi, ni le inspiraba mi cargo que a mi me parecía tan importante; simplemente era un muchacho, para él, un muchacho cuya mujer se cogía, sin que yo levantara una protesta, un muchacho que debía entender cómo sería su vida futura y su papel en la familia. De alguna forma quería perfeccionar este lado de la relación, aclarando los términos en que se desarrollaría. Silvana me miraba atentamente, sin soltar mi mano. Yo, asentí con la cabeza, claro que había entendido, aunque no sabía cuál sería mi papel de aquí en adelante. No sabía por qué, pero la voluntad en esa casa la tenía José, que se dirigió a mi:

    -Traémela al dormitorio, me la quiero coger nuevamente-, dijo José con toda calma mientras se prendía el pantalón, que había quedado abierto tras la mamada de Silvana, iba a marcar territorio cogiéndose mi mujer, frente a mi, en mi cama. Sin soltarnos de la mano, con los dedos entrelazados, nos pusimos de pie, y me encaminé al dormitorio llevándola a coger con él. Silvana estaba alegre, como distendida, y fue conmigo a sentarse en la cama: era una hermosura con su rostro de muñeca, su figurita fina, delicada y el bikini, que de verdad le sentaba muy bien. Sonreía, sin mirarme. Entró José y me preguntó:

    -¿Ya está lista?- No entendía la pregunta, pero me sentí obligado a responder. La miré y ante el silencio de mi mujer, asentí. Entonces José agregó:

    -¿No la vas a soltar? No me la voy a coger con vos agarrado de su mano, ¿No te parece?- me increpó José y yo me sentí desubicado y fuera de lugar. Silvana soltó mi mano y me levanté de la cama para ir a un sillón, como un espectador discreto, cuando advertí que ella, me miraba con un ruego mudo, no quería que él se la cogiera en mi presencia, no quería, no quería que la viera en ese trance, imploraba que no la viera coger. Entendí, me puse de pie, y me fui al cuarto de estar sin cerrar las puertas. La cabaña era tan pequeña, que el dormitorio quedaba completamente a la vista desde el cuarto de estar, yo esperaba que no lo advirtiera, y se moviera con libertad, así fue. La vi pararse y fundirse en un tórrido beso con José, que enseguida le desprendió el bikini, dejando sus tetitas al aire; se la veía tan hermosa desde allí. No sé en qué momento perdió la bombacha del bikini, pero vi claramente cuando ella, siempre abrazada a él, sostenida por sus brazos, saltó y aprisionó su cintura con las piernas. La tremenda pija de José se apoyó en la entrada de su conchita, y fue entrando hasta quedar ensartada en él. El suspiro que soltó resonó en toda la casa. José era mucho más grande que ella y cada vez que pujaba la levantaba y sacudía, hasta que se echó en la cama, sobre ella. La cubría totalmente, y si no fuera por los frenéticos movimientos de vaivén que hacia introduciéndole la pija, ella quedaba escondida debajo de este macho que la cogía tan deliciosamente. Acabaron juntos: ella con suaves gemidos y él en medio de sonidos guturales. José se relajó y se quedó un rato cubriéndola, sin sacarle la pija, que seguía medio parada, ensartada en ese papo que había sido solo mío. Cuando José se hizo a un lado, quedó tirada con las piernas abiertas, rezumando leche de su zorro, abierto como nunca. José me llamó:

    -Vení muchacho, vení-. Y yo acudí presuroso. Mi querida mujercita no se movía, era una hermosura verla relajada, recién cogida, desnuda y despatarrada, rezumando leche. Me dirigió una mirada cuando entré y me estiró la mano que tomé entre las mías.

    -¡Cómo coge! Alejandro ¡Cómo coge!-, me dijo con una sonrisa. -¿Has visto el tamaño de esa pija? Yo creí no me cabría ¡Y cómo me llena! He gozado como una perra-. Yo le acaricié la cara, no entendía bien, pero seguía siendo el amor de mi vida, aunque viniera de ser cogida por otro, y me sentía bien de verla contenta. La vista de la escena era rara, porque la pija de José se veía enorme al lado del delgado cuerpito de ella ¿cómo habría hecho para metérsela? José, que estaba mirando intervino:

    -¿Querés echarle un polvo? Está lista para que le metas tu pitito muchacho. ¿O preferís que te la mame?-. Era José el que disponía de nosotros, ella seguía sonriendo atenta a lo que quería el que era su macho en ese momento, y yo no sabía qué contestarle. José agregó:

    -El culito no se lo podés usar hasta que se lo inaugure. No las has culeado hasta ahora y me deberás esperar-. Silvana me apretó la mano, gesto que agradecí y correspondí; sabía que José la iba a culear y estaba dispuesta a lo que fuera, que fuera José quien le rompiera el orto, pero hasta que lo hiciera, hasta que le rompiera bien el culo, no se lo podía tocar. Su transformación era increíble. Allí estaba mi mujer en mi cama matrimonial, completamente desnuda, de piernas abiertas, expulsando el semen que hacía unos momentos le había echado otro, que estaba a su lado y me ofrecía que yo también la cogiera, pero me prohibía el culito. El mismo culo que nunca había podido gozar. Paradójicamente, la situación me excitó y José, al ver que yo no me decidía, complaciente y atento se dirigió a mi mujer:

    -Chupásela, es tu marido-. Ella obediente, se enderezó, me desprendió la bermuda y sacó mi pija que engulló de inmediato. Su boquita se aplicó a mi placer, aunque tenía la impresión de que quería quedar bien con José, y que estaba pendiente de él, antes que de mi. De hecho, era sorprendente que se aplicara a mamarme la pija y más, en presencia de otro, y por decisión de él, pero me caló hondo, me excité muchísimo y en un instante le llené la boca de leche, que ella tragó cuidadosamente. José le acariciaba la espalda:

    -Bien, bien. Descansemos-, dijo -me gustaría dormir un poco-. Y cerró sus ojos plácidamente, haciéndose dueño de mi cama. Así se hizo la noche. Me fui a la galería y me senté a pensar un rato, tratando de ordenar todo mi interior, ante lo que venía ocurriendo. Cuando volví a entrar, José dormía en mi cama plácidamente y mi delicada mujercita se abrazaba a él, dormida, con la pija entre sus manos. Cuando me di vuelta para irme, José se despertó:

    -Esperá muchacho, sentate en la cama que tenemos que hablar-. Más que hablar, sonaba a instrucciones. Obedecí y me senté de frente a ellos, al lado de mi mujer, presa de emociones contradictorias. José retomó el discurso: -Amigo, veo que has comprendido. Te has dado cuenta que tu mujercita ha cambiado y que ahora goza con mi pija, como no había gozado antes. Tu vida también ha cambiado y creo que de aquí en adelante compartiremos la hembra, ella está aquí y está de acuerdo, Supongo que vos también. La tendrás en tu casa, será tu señora y nada cambiará para el exterior, pero yo podré disponer de ella como quiera y en el lugar que quiera. ¿Me comprendes? Me gustaría que dieras tu asentimiento-. Silvana había tomado mi mano y me la acariciaba, había estado besando la punta de la pija de José, abrazando con sus labios la boquita de la cabeza, mientras él hablaba, hasta ese momento. La soltó y me miró sonriente, estaba preciosa. No pude menos que asentir con la cabeza, mientras ella me apretaba la mano que no me soltó, cuando volvió a lo suyo con la pija de José.

    -Veo que no te molesta que me chupe la pija, y que le haya enseñado que te la chupe a vos. Espero enseñarle muchas cosas más. Por de pronto, le he enseñado a coger, como has visto y has podido disfrutar. Ahora la tengo que bautizar: dicen que una mujer que da el culo pertenece para siempre al que se lo rompió, y yo tengo previsto romperle ese culito delicado y hermoso que tiene, ser yo quien la inaugure, pero quiero que sepas que aún así, seguirá siendo tu señora y no perderás tu lugar. Lo que no se, es si te dejaré culearla, porque me gustaría que eso fuera para mi-. Silvana de apretó nuevamente la mano, y dejando un instante de besar y mamar la pija, me sonrió y obtuvo mi asentimiento y conformidad.

    -Sé que tendrás dudas, que no puedo despejarte ahora, por ejemplo: ¿Cogerá con otros? No lo se, no puedo predecir el futuro, pero no creo que lo haga sin permiso. ¿La compartiré con amigos? No lo sé, me gustaría, pero no quiero poner en peligro ni su figura, ni su reputación, ni tu matrimonio. Tengo amigos que se volverían locos por cogerse este biscuit. Sería hermoso prostituirla, además de buen negocio, pero no sé…, no se-. José cortó su discurso, dio un profundo suspiro y como un gruñido, y comenzó a llenar la boquita de Silvana con su lechada. Ella pegó sus labios a la poronga y recibió gustosa todo lo que le echó, que era mucho, tanto que medio se atragantó y dio un tosido, que hizo que le saliera leche por la nariz, no había aprendido a recibirla y tragarla y sufría estos accidentes. Yo asistía perplejo, porque no reaccionaba ni me oponía, al tiempo que sentía una excitación notable y una suerte de orgullo de que esa fuera mi esposa. José se relajó, y dirigiéndose a mi, me dijo:

    -Listo. Ahora es hora de dormir y aquí no tienes lugar. Andate al sillón del cuarto de estar, muchacho, que yo me quedo aquí y ella conmigo, tiene su chupete para dormir-. No tenía dónde dormir, me acomodé en el sillón de la sala de estar, y pensando que solamente habían pasado cinco días de nuestras vacaciones, me dormí. Me despertaron con el desayuno: ella con su bikini y él con su short del día anterior. Nos sentamos a desayunar, y José tomó la palabra:

    -A ver m’hijita, arrímese que quiero verla-. Yo paré de tomar mi café y miré atentamente, mientras Silvana se ponía de pie y se arrimaba a José, junto a la mesa. Él puso su mano en la corva de mi esposa y fue subiendo hasta el culito; allí se coló bajo el bikini y se puso a hurgar entre las nalgas, hasta encontrar el virginal huequito que quería violar, donde se detuvo, a acariciarlo con sus dedos. Silvana exhaló un suspiro y se apoyó en la mesa, mientras él, sacó su mano, buscó la manteca y untó sus dedos, para luego volver a donde estaba y zampárselos en el ojete. Ella dio como un brinco, pero se quedó quieta mientras José hacía su trabajo. Entonces se dirigió a mi, como quien comenta con un amigo:

    -¡Cómo lo tiene de cerrado! Se ve que no la han culeado nunca, pero le han entrado dos dedos, y ahí los tengo ¿Cómo no te la culeaste nunca?-. Callamos. Que le metieran dedos en el culo de Silvana era increíble; como era impensable que ella lo aceptara y que ocurriera en mi presencia. Sin sacárselos, José me dijo, aunque el mensaje era para ambos:

    -Esta siesta te rompo el culo m’hijita, estate pronta después de almuerzo. Se fue luego a su casa o no sé. Quedamos solos con Silvana, frente a frente y se dio una conversación significativa, en cuanto dábamos por sentado que José le rompería el culo.

    -¿Estás bien amor?-, le pregunté ansioso.

    -Si ¿Por qué?

    -Bueno… por lo que dijo José…-. Yo no podía ocultar mi inquietud y mi ansiedad.

    -Sabía que iba a llegar, amor, ojalá que sea bueno.

    -Pero, y si te lastima. Mirá que tu culito es tierno y chiquito y él tiene un pijón.

    -No me puedo negar; no puedo. Es él quien decide, ya lo has visto antes. Espero comportarme de acuerdo a lo esperado, sin escándalos.

    La charla siguió de este tenor y se nos pasó la hora del almuerzo conversando, abrazados en el sillón, esperando el momento de su bautismo. Así estábamos cuando entró José. Nos saludó, casi sin detenerse y mirando mi mujer, le extendió la mano como para tomarla y llevarla. Ella se tomó de su mano, se soltó de mi abrazo, se puso de pie, y él la trajo hacia otro sillón, donde se sentó, ubicándola en su falda. Le desprendió y le sacó el corpiño del bikini, dejándola a su disposición, y le dio un beso profundo en la boca, que los tuvo unidos mucho tiempo. Luego la tomó, como si fuera una muñeca, y la apoyó de bruces en sus rodillas y comenzó a acariciarle el culito, al tiempo que iba sacándole la bombacha del bikini. Silvana se dejaba hacer pasivamente sin decir palabra. José se entretuvo un largo rato en ese culito prieto, acariciándolo, abriéndolo y hurgándolo con sus grandes dedos, que se entretuvieron largamente en el ojete, sobándolo, hasta que comenzaron a entrar, haciendo suspirar a mi mujer. José se rio, al advertir que ella lo recibía con gusto, mi mujer le buscaba la pija con su manita, entonces él le dio un chirlo en la cola y le dijo, que se estuviera tranquila, y agregó:

    – Pasemos, que ya estás lista-. Luego, sin soltarle la mano, nos dijo:

    -Bueno, un último beso de despedida, para que ella sepa que tiene la aprobación de su marido. El último beso con el culo sano-. Se pusieron de pie y yo también, y nos fundimos con mi mujer en un beso de lengua profundo y largo, mientras él seguía hurgando el culito de Silvana. Cuando por fin nos separamos, calientes y emocionados, José dijo, riéndose:

    -No tenía gusto a leche ¿No?, esta vez no la había chupado-. Y se la llevó al dormitorio, adonde ella lo siguió mansamente, y yo por detrás.

    -¿No le pondrás vaselina, o algo?-, pregunté preocupado por ella, que se mostraba inconsciente de lo que estaba por ocurrir. José pareció no oír y repuso:

    -¿Querés participar muchacho? ¿Querés venir y ver?-. No sabía qué decirle, pero el morbo me provocaba ver como tremendo macho iba a desvirgar mi mujer. Se pusieron de pie y enfilaron hacia el dormitorio, así desnuda Silvana se veía como una virgencita, delgada, pequeña, de la mano de la bestia que iba a culearla. Ya en el dormitorio, la echo de bruces en la cama, mientras yo me quedaba parado, cerca de los pies de la cama. Allí volvió a acariciarle la espalda, para luego concentrarse en el culito de mi mujer, que se veía chiquito y delicado; José lo abrió bien, separando las nalgas, dejando a la vista un ojetito rosado, que acarició lentamente, luego echó mano a un pote de vaselina y la lubricó bien, por fuera y por dentro, metiéndole dos dedos. Cuando la tuvo bien lubricada, se sacó el short y apuntó su pija, bien parada, pero antes preguntó:

    -¿La querés por el culo m’hijita? ¿decime si querés que te rompa el culo?-. Silvana respondió sin levantar la cabeza:

    -Si, José. Dame por el culo. Rompémelo para que sea tuya para siempre. Rompeme el culo, dale, hacelo despacio, con cuidado-.

    José juntó las piernas de ella y abrió las suyas, colocándose sobre el cuerpito de mi mujer; desde mi ubicación se veía bien el zorrito y el ojetito, expuestos, y el pijón de José, meneándose para entrar. Se ayudó con la mano y colocó la cabeza en el ojo del culo, apretó un poco y el ojete se abrió para dejarlo entrar, con un sobresalto de mi mujer, que se puso tensa y se removió:

    -Quietita, tranquila m’hijita-, le dijo José al tiempo que la acariciaba y ella se relajaba, pero apenas la vio que se aflojaba un poquito, le zampó la cabeza adentro. Yo no podía creer ¡Cómo se había estirado ese culito! Pero no se rompió, ni sangró, al menos por fuera, eso si se estiró brutalmente. Silvana no gritó, pero soltó un par de sollozos, que solo sirvieron para que la Pija de José entrara un poco más. Yo pregunté:

    -¿Estás bien amor?-. Sin levantarse de su posición, afirmó con su cabeza, sin decir una palabra. José le dijo entonces:

    -Relajate, ya está entrando, disfrutala. ¿Te duele? ¿La sentís bien?-. Ahora ella contestó:

    -Me duele mucho José, me rompe, me estás partiendo, la siento muchísimo. Algo se me ha roto, lo he sentido, sentí cómo se rajaba, pero seguí, dame más-. José no necesitó más, y con un golpe de cadera se la metió toda, y se quedó quieto ahí, echado sobre su espalda y mordisqueándole la nuca, aplastándola. Ella estiró una mano y comenzó a sacudirla, llamándome; me arrimé y me la tomó fuertemente, entonces me habló:

    -Me ha roto el culo, mi amor, no sabés cómo me lo ha roto. No me puedo mover, me tiene ensartada hasta el fondo. Me parece que no podré sentarme, ni caminar nunca más. ¡Qué bestia! Me ha partido entera. Pero qué bueno, ahora estoy comenzando a disfrutarlo, quiero que estés conmigo, es un momento importante de mi vida, me siento sometida. Un macho me ha desvirgado el culo y me va a gozar apoderándose de mi, que antes era tuya. Quiero que lo compartamos, que veas cómo me toma y apodera. Me siento tan sometida, con esa pija en el culo…

    José comenzó los movimientos, sacudiéndola entera cada vez que se la metía a fondo, en tanto ella solamente lanzaba unos mbff, mbff, y me parecía que levantaba la colita para que le entre más a fondo, hasta que José dio unos gruñidos y apretándose fuertemente a ella se quedó quieto, mientras la llenaba de leche. Silvana tenía cara de satisfacción pese al dolor y cuando sintió que él se serenaba, sin sacársela, le preguntó:

    -¿Estuve bien José?-, tenía lágrimas en los ojos; respondí yo en su lugar:

    -Excelente-, lo que hizo que José se riera. Y echado como estaba, sobre ella, comenzó a moverse nuevamente:

    -Vamos por otro m’hijita- y comenzó su mete y saca, culeándola, bien culeada, mientras Silvana suspiraba, complaciente.

    Los días de nuestras vacaciones de festejo por mi nombramiento, pasaron así pacíficamente, hasta que volvimos a casa. Cada mañana, tomaba mi libro y me iba a leer a la sombra, donde pasaba el día, mientras Silvana y José quedaban en la cabaña, dándose el lote sin parar, al fin de las vacaciones, la pija de José entraba cómodamente en el culo de Silvana, definitivamente roto y abierto. La vuelta a Córdoba, significó algunos ajustes, pero José siguió disponiendo.

    Por María M

  • Dándole lo que su marido no le da

    Dándole lo que su marido no le da

    Es cierto que ella fue una muy buena amante, actualmente tiene 26 años y 3 de casada, aún recuerdo cuando su marido me encontró dándole su vitamina, pero de ahí paso tanto tiempo hasta que hace una semana la encontré en el centro comercial.

    A diferencia de sus años mozos, Any como le dicen todos, ya no se veía tan bien como antes, esa figura entallada que tenía desapareció, su sobre peso era notorio, su cara había ganado un par de grandes cachetes, no era una obesa mórbida, pero ya estaba muy llenita, admito que gano más nalga y sus piernas aún se veían bien, pero ya no era la sensual joven que me comía años atrás.

    L: ¿Any, como estas?

    A: ¡Hola!!! ¿Cómo te va niño?

    L: Bien, aquí andamos y tú, que dices, ¡te noto diferente!

    A: Pues la verdad no muy bien, ¡creo que es notorio!

    La verdad se miraba apagada, esa luz que tenía, la cara perversa se había perdido, ahora solo quedaba una mujer infeliz.

    Yo no hice más preguntas, pero me sentí con la responsabilidad de su presente, así que la invité a comer, salimos del centro comercial y obviamente por el covid-19 no había nada abierto, así que ella me dijo que mejor lo cambiaba por una cena, yo lo pensé un poco, con eso de la pandemia, pero al verla un poco desconcertada acepte y ella ofreció su casa.

    La cita era a las 8 de la noche, le dije a mi esposa que eran negocios y salí a casa de Any, al llegar ella me recibió con una enorme sonrisa, la cena se olía muy bien y ella se veía aún mejor, una calza negra entallando sus piernas y transparentando su tanga, una blusa blanca escotada y su cabello suelto, se veía fantástica.

    A: Pasa, ¡me da gusto que vinieras!

    L: ¿Y tu marido?

    A: Esta con su madre, ¡ahora está pasando los días con ella!

    L: ¿Se separaron?

    A: ¡No, bueno, no se!

    Al notar su incomodidad solo a abrace y ella me dijo pasáramos a la mesa. ¡La cena estuvo muy rica, una carne argentina y sus guarniciones, se había vuelto buena cocinando y ahora nos encontrábamos bebiendo un poco de ron!

    No pude evitar sentirme mal por ella, su soledad era notoria, la chispa que me gustaba de ella estaba perdida, admito que arreglada aún se veía muy bien, ¡ya que con el aumento de masa algunas partes de su cuerpo crecieron y la hacían ver muy antojable!

    ¡La plática era más amena, Any ya estaba más sonriente, su semblante estaba mucho mejor, nos pusimos a cantar y recordar viejas noches, noches de baile, alcohol y sexo!

    L: ¡Aun tienes chispa nena!

    A: Sabes, ¡hace tiempo que estoy sola y sola me refiero en todo!

    L: Pero eras una bomba sexual, que, ¿no le gusta el sexo a tu marido?

    A: Es un idiota, tiene mamitis y prefiere estar más con su mama, ¡la última vez que lo hicimos fue hace 6 meses!

    L: Dios, prefiere a su madre que, a ti, ¡vaya bobo!!

    Ella agacho la cabeza y yo como buen cazador me lancé al ataque, comencé con unas palabras de aliento y justo cuando ella alzo la cara, comencé a besarla, ella no se opuso, me beso como si besara por primera vez, sus manos se aferraron a mi cuello como serpiente, el beso era apasionado y muy sexual, mis manos bajaron a sus nalgas, ¡las cuales aún estaban duras como las recordaba!

    Los besos subieron de nivel, sus manos comenzaron a quitarme la camisa, le permití quitármela y que fuera mis pezones, los mordía con desesperación, el dolor me gustaba, ¡mi verga empezaba a endurecerse!

    A: ¡Hace tiempo que no tengo un buen sexo!

    L: ¡No te preocupes para eso estoy aquí nena!

    Me baje el cierre y saque mi dura verga, la cual ya venosa expulsaba fluido pre seminal, luego, me senté en su sofá y le pedí me la chupara, ¡ella sonrió y se arrodillo para comenzar con sus ricas chupadas!

    Su lengua empezó por limpiar el fluido de mi cabecita, luego con sus manos bajaba y subía el cuero, su lengua lamia mis bolas y subía hasta mi glande, ¡de verdad seguía siendo una buena mamadora!

    Yo gozaba su acto, mi respiración agitada mostraba el buen trabajo que, hacia ella, sus ojos de perra en celo me la ponían aún más dura y Any abriendo su boca como una pitón, ¡devoraba toda mi verga hasta que desaparecía en su boca!

    L: Uf, nena, ¡había olvidado lo rico que chupas!!

    A: Que dura y grande, ¡siempre me encanto tu bestia!

    La tomaba de la cabeza y guiaba su mamada, poco a poco movía mi pelvis para follarle la boca, mis movimientos eran lentos y luego rápidos, ella no quería dejar de mamar y aunque la ahogaba, ¡seguía tragándose mi verga!

    Una vez mi verga fue chupada, tragada y mordida, me dispuse a penetrarla ala casada insatisfecha, a mi antigua perra, que, a pesar de estar llenita, ¡aun me encantaba!

    La puse de pie y dándole la vuelta le baje su calza hasta las rodillas, me baje el pantalón hasta mi muslo, ella solita comenzó a ensartarse en mi duro palo, mis manos tomaron sus nalgas y la ayudaron a empalarse, una vez dentro de ella, la tome de su cintura y comencé a subirla y bajarla, una vez tomado un buen ritmo ella solita lo hacía, movía rico su cadera, ¡mientras tanto yo desabotonaba su blusa y disfrutaba sus tetas!

    A: ¡Ah, que rico, uhm!!

    L: Estas más nalgona, ¡me encanta!

    A: ¡Ah, mmm, uf, que dura!!

    L: ¡Ya te hacía falta un buen pito!

    La acomode en cuatro en el sofá y la penetraba lento, gozando cada movimiento que ella hacía con su cadera, mis manos no dejaban de agasajarse con sus tetas y sus nalgas, esta Any casada y llenita me gustaba más que la anterior, su marido era un idiota, vaya que tener a semejante puta y preferir estar con su madre, pero bueno, ¡yo solo me concentraba en hacerla gozar y darle lo que le faltaba!

    L: ¿Te gusta mami?

    A: ¡Ah, me encanta, uhm!

    L. Sabes que mi verga está aquí para ti cuando gustes!!

    A: Ah, pues dámela, ¡dámela!!

    Mis movimientos aumentaron, ella gritaba del placer, disfrutaba cada embestida que el daba, le jalaba su cabello, la estaba montando como su marido no lo hacía, al mismo tiempo le apretaba sus tetas, le mordía su cuello y la espalda le daba de nalgadas, ¡estaba siendo mía como en los viejos tiempos!

    Sentía sus contracciones, Any movía rico su cuerpo, ella estaba en el éxtasis, ¡estaba disfrutando tanto que no se controló más y exploto como un gran volcán ardiente!

    A: ¡Ah, uhm, Luis!!!!!

    L: ¡Si, córrete, uhm!!!

    A: Papi, que rico, uhm, ¡que rico!!!

    Yo aún estaba duro así que jalándola del cabello y sin sacársela la puse de pie y la empiné ene l brazo del sofá, ahí con violencia se la metía y sacaba con fuerza, ella gemía, babeaba y gritaba como hace tiempo no lo hacía, ¡la nueva ama de casa estaba regresando la puta que conocí!

    L: Si, uhm, ahí viene, ahí ¡viene!

    A: ¡Ah, si, uhm, agh!!

    L: Dios, ¡te voy a preñar!!

    A: ¡Ah, Luis!!!!!

    Como una erupción volcánica mi semen salió dentro de su coño, ambos jadeamos y disfrutábamos del orgasmo, Any escurría y gemía, yo apenas si podía estar de pie, ¡fue delicioso!

    ¡Una vez terminado el acto, nos arreglamos la ropa, nos servimos otra copa y brindamos por el rico momento de placer que tuvimos!

    Me despedí de ella y quedamos en vernos nuevamente y como esta lo de la cuarentena y su marido no está, ya tengo un buen entretenimiento, ¡darle lo que su marido no le da!

    Gracias a todos los lectores que siguen al endiente nuestros relatos, continuaremos trayendo todas nuestras experiencias.

  • Un drogadicto intentó follarse a mi madre (real)

    Un drogadicto intentó follarse a mi madre (real)

    Un viejo amigo drogo intentó follarse a mi madre ella tenía 45 y el 22, dos años menos que yo. Todo lo que sé es que se encontraron de casualidad ella necesitaba que la lleven hacia a algún lado y él la levantó con su moto, suena poco creíble, pero es verdad mi mamá le pide aventones a extraños a veces. Es un pueblo chico y con buena gente no hay porque desconfiar.

    La cosa es que él le pidió el número a mi madre, por hacerme daño. Él la conocía de antes y nosotros no quedamos en buenos términos. No fue después de un tiempo que él le dijo que habíamos sido compañeros en el secundario.

    El mismo día que la conoció él intentó ponerse en contacto conmigo por Facebook. Pero lo ignoré, no era el tipo de persona que quisiera en mi vida.

    Después de insistir durante días de quedar para hablar, me dijo todo.

    -Conocí a tu vieja la otra vez. Estoy a nada de llenarle la concha de leche y cuando la tenga chupándome el pingo te la grabo para que veas. Esas fueron sus palabras. Lo mandé a la mierda obvio. Y…

    Entré en un estado entre asustado y caliente. El hdp se quería vengar porque lo hice a un lado de joven, y miedo porque no sabía si mi mamá se iba a dejar coger por él.

    Mi madre después me contó que conoció a un amigo mío y bla bla bla. Yo ya sabía que mi «amigo» intentaba algo con ella, pero no le quise decir nada quería ver si ella se daba cuenta de las intenciones que él tenía o de lo mal que estaba que se enganche a un amigo mío.

    La cosa fue muy breve entre ellos los dos hablaban por el celular, él intentaba conquistarla. Le decía cosas desubicadas a veces como:

    -Te voy a hacer sentir joven de nuevo, te voy a hacer llover la cajeta. Te va a quedar doliendo si te agarro por el culo.

    Lo peor es que era verdad ese we la tenía bastante grande. Encima mi mamá solo se reía y aceptaba que le dijeran todo eso. Le gustaba que alguien la tratara así. Me daba bastante coraje la verdad.

    Hablaban mayormente de sexo y yo los escuchaba de vez en cuando como conversaban y pensaba que ella ya había tenido algo con él, porque le respondía a veces igual de sucio dándole juego al tipo.

    Un día me asusté feo, era un sábado por la noche y mi mamá no volvía. En mi mente me imaginé lo peor, A las 3 de la mañana recibí un mensaje de él, por suerte solo quería molestar. Decirme que hoy la volvió a ver y que estoy a días de ver cómo le destroza el culo a mi madre. Entre otras cosas. Mi madre llegó esa noche a las 4 am semi borracha de ver al ex. Lo sé porque vi su auto. Mejor él que mi amigo, pensé.

    Pasó un mes y se encontraron dos veces de casualidad o al menos la primera lo fue, ella me contó que lo volvió a ver y hablaron y la segunda creo que lo arreglaron entre ellos porque me lo dijo él unos minutos después de ver a mi madre salir por la noche. Otro susto más.

    Ese día se fue a las 23 y volvió a las 00. No sé qué pasó en el último encuentro, pero mi madre no quiso hablar más con él. Quizás la avanzó y ella se arrepintió no sé. Si les soy sincero me hubiera gustado que se la follara quería ver como se la cogía.

    Me quedé con el corazón a mil esa noche que llegó tarde yo ya me había imaginado todo lo que le estaba haciendo. Como la besaba la acariciaba le decía cuanto la deseaba, como ella se llevaba su verga a la boca y finalmente como la convertía en su mujer. La idea de mi madre cabalgando una verga me prendía mucho no podía sacar de mi mente a esos dos follando.

    Una parte de mi quería que el mensaje que me mandó esa noche fuese un video o fotos de mi madre disfrutando del encuentro. Desde entonces me empezó a gustar la idea de ver a mi madre como una mujer más.

    Me gustaría hablar con él y decirle que intente conquistar de nuevo a mi madre que incluso lo ayudaría si me muestra como es ella en la cama. Pero estoy seguro que no me ayudaría, se lo contaría a ella y arruinaría todo.

    Fue una experiencia rara. Descubrí que mi madre no es una puta, pero me quedé con las ganas de que si lo fuera.

  • Viendo una película con mamá

    Viendo una película con mamá

    Pilar, mi madre estaba hablando por teléfono esa tarde con Sonia, su mejor amiga, ella le dice que había venido para desconectar del trabajo al menos durante el fin de semana, aunque Sonia le dijo que pensaba quedar con ella para ir de compras, mi madre declinó la oferta diciéndole que este fin de semana no iba a poder ser. Entonces Sonia le dice que todo el grupo de amigas venían a la ciudad, algo que a Pili, mi madre le dejó descolocada ya que llevaban mucho tiempo sin venir por la ciudad, aun así mi madre le dice que no la iba a convencer, mientras que Sonia le dice que ya que venían una vez a la ciudad que debíamos aprovechar el momento. Es en ese momento cuando empiezan una discusión que termina con mi madre colgándole la llamada a Sonia, su mejor amiga.

    Casualmente después de colgar, entré por la puerta de casa, al ver a mi madre sentada en la butaca fui hacia ella y me senté sobre el reposabrazos y le pregunté ¿cuál es el problema? Entonces mamá me explicó lo ocurrido “casualmente el fin de semana que venimos tu y yo a la casa del lago para desconectar vienen todas mis amigas”, yo preocupado por ella le dije “¿quieres que volvamos a la ciudad?”, ella dijo que no, que estaba muy bien aquí y que ya tendría tiempo otro fin de semana de quedar con ellas.

    Entonces ella me dijo que si tenía algo que hacer por la noche, yo le dije que nada, porque no tenía nada pensado, al llegar aquí salvo desconectar al igual que ella, así que me dijo que había pensado en hacer algo para por la noche, pero que era una sorpresa y que no me diría nada, así que tampoco insistí. Mientras hablábamos de que hacer por la noche, con la idea de sonsacarle algo a mamá, Sonia me volvió a llamar, pero pasé de cogerle el teléfono y le expliqué más detenidamente a Raúl, lo sucedido.

    Por la noche, mamá salió de su habitación con un vestido negro de tirantes con escote precioso, le quedaba muy bien y estaba preciosa, entonces me dijo «bienvenido a la sorpresa que te tengo preparada», entramos en el salón, había una tele y un reproductor de dvd, cerré la puerta mientras mamá ponía sus manos sobre mis dos hombros pidiéndome que me sentara en el sofá enseguida le pregunté “¿qué sorpresa es de la que me has hablado?”.

    La verdad es que estaba nervioso, no sabía de qué iba nada de esto y estaba algo inquieto. Me pidió que le pasara unos dvd que había al lado derecho del sofá sobre una mesita, así que se los di, ella eligió una de esas películas, la cual se quedó bastante impactada al ver la carátula de dicha película, yo no estaba pendiente de ello porque estaba configurando el dvd para ver la película en cuestión, de repente a mamá se le cae una de esas películas, mientras intentaba esconderla debajo del sofá, la cogí, mamá estaba avergonzada no sabía ni que hacer así que le dije “¿por qué no vemos esta?”, ella me dijo “pero ¿cómo vamos a ver esta?” yo le dije que era una película como otra cualquiera y que no pasaba nada porque estuviera con el montón de películas que era totalmente natural que pudiera tener alguna película sobre sexo, entonces ella me dice que está bien que de echo estaba interesada en las partes de la historia que tenía era bastante interesante.

    Finalmente ella aceptó, la puse en el reproductor mientras ambos nos poníamos cómodos para ver la película en cuestión, a medida que avanzaba la película, se ponía la cosa más y más caliente, la temperatura estaba ya bastante elevada, y la polla se me empezó a poner dura así que disimuladamente cogí un cojín y me lo puse sobre las piernas mientras comentaba la película pero inmediatamente mamá me lo quitó diciéndome «oh, venga ya no pasa nada cariño (riéndose) no hace falta que te tapes con el cojín por que tengas una erección y quieras que la vea. Es algo totalmente normal y natural».

    Más tarde tenemos una discusión debido a que una de las protagonistas era una mujer cuarentona bastante atractiva, y solté un comentario diciendo «es normal que aguante más al tener más edad más experiencia se adquiere» entonces mamá me dijo que no necesariamente, normalmente si pero que había muchas mujeres de su misma edad que hay tipos de sexo que no le gustan o tipos de posturas que no les gustan. Entonces le pregunté “¿lo estás diciendo por ti?”

    En ese momento mamá empezó a ponerse nerviosa, algo agitada, no sabía muy bien cómo responderme a la pregunta que le acababa de hacer y le dije que estaba seguro de que ella sabía hacer la mayoría de esas posturas, entonces surgió un silencio bastante inquietante e incómodo en la habitación, mientras mamá empezaba a jadear, por la agitación podía sentir que la temperatura seguía subiendo. A los pocos instantes, mamá metió su mano derecha por dentro de la manta y aunque ella pensaba que no lo había visto estaba confundida, le había visto perfectamente aunque no dije nada, me empecé a poner cachondo, tenía el pene bastante duro, no podía dejar de pensar en el momento en el que mamá había metido la mano por dentro de la manta, empecé a notar como mamá no paraba de mirarme de reojo, al igual que yo a ella, era un momento incómodo, entonces supe que mamá se estaba tocando delante de mí, no me lo podía creer, tenía la mejor suerte del mundo, veía como mamá se cogía toda la manta para ella para taparse y que no viera que se estaba masturbando, pero era imposible no escuchar sus jadeos de placer.

    Los dos nos miramos de reojo y volvimos a mirar hacia la pantalla de la tele, me empecé a tocar el torso, hacía calor, así que decidí acercar mi mano lentamente y empecé a tocarle el brazo tímidamente, ella sorprendida me miró de reojo y desde fuera teniendo en medio la manta acerqué mi mano para tocarle el chocho con la mayor discreción posible aunque ella estaba claro que sabía lo que estaba haciendo.

    Empecé a frotarle el chocho lentamente, ella empezó a jadear de inmediato mientras me miraba, al final y tras unos instantes a escasos centímetros el uno del otro terminamos besándonos, empecé a tocarle las tetas mientras ella producía un jadeo de placer con su boca, me pidió que parase.

    Le dije que no pasaba nada, le quité la manta mientras continuamos besándonos, le metí un dedo en el chocho y mientras le besaba el cuello ella me apartó nuevamente susurrándome «cariño, me encanta, me tienes cachonda» ella empezó a besarme nuevamente hasta que me interrumpió.

    Le quité las bragas, me lancé a sus tetas, sin apenas bajarle los tirantes del vestido, cosa que hizo ella enseguida, me pegó la cara a sus tetas, no quería despertarme de este sueño hecho realidad, que ricas estaban sus tetas entonces me di cuenta de que cuanto más le salivaba los pezones con la lengua más cachonda se ponía mi madre, a continuación, le moví la cabeza para darle un beso mientras ella se acomodaba en el sofá.

    Entonces, se levantó del sofá para quitarse el vestido, menudo cuerpazo tenía mi madre, mientras se lo quitaba, aproveché para tocarle las tetas, a continuación se puso a cuatro patas para hacerme una de las mejores mamadas, le metí los dedos en el chocho aprovechando la mamada que me estaba haciendo, podía ver lo mucho que le estaba gustando, entonces me tumbé en el sofá y mamá se puso encima, se salivó el chocho previamente antes de penetrarla por el chocho, empezamos a follar, mientras mamá me daba un beso, ella no tardó en empezar a gemir placenteramente, la rodeé con el brazo mientras nos besábamos apasionadamente.

    Al terminar, ella me empezó a hacer una mamada, se llevó la polla a la boca diciendo «todo esto para mi» mientras le sonreía. Más tarde ella me dijo “¿quieres repetir?”, me quité la camiseta en el acto y empecé a penetrarla por el chocho, ella no paraba de pedirme que siguiera así que lo estaba haciendo muy bien y que no parase, cada vez gemía más le salivé el chocho provocando que le diera aún más placer haciendo que pusiera inconscientemente los ojos en blanco durante unos segundos hasta que al final me corrí dentro del chocho de mamá, al sentirlo, me puse totalmente colorado y le dije «lo siento» ella se echó a reír diciéndome que no pasaba nada y poco después volví a meterle la polla por el chocho penetrándola nuevamente mientras le agarraba las tetas ella cada vez gemía más fuerte, no quería que parase hasta que poco después paramos, no podía más.

    Se puso a cuatro patas en el sofá y la penetré por el chocho bastante fuerte, ella no podía creer lo duro que le estaba follando, al sacarla, ella me hizo una pequeña mamada metiéndose la polla entera en la boca y volví a penetrarla una última vez por el chocho observando su bonita cara de satisfacción previamente a que empezara a gemir de placer hasta que finalmente terminé corriéndome en su pierna y su barriga metiéndole la polla en la boca para terminar.