Blog

  • Cuarentena insufrible (Parte II)

    Cuarentena insufrible (Parte II)

    -Se te está parando! -le dije sorprendida.

    -No te gusta?

    -Sí, claro que me gusta! Pero nunca me has aventado dos al hilo!

    -Así me pones  dijo siguiendo el cachondeo.

    Llegó el punto donde ya estábamos otra vez en un coito rico, mi papá había recuperado su vigor y yo estaba gozando sus ricas metidas de verga. Gemía como una perra, lo acariciaba con desesperación mientras era cogida por semejante campeón. Su glande removía mis entrañas a una profundidad que pocos han alcanzado y eso me tenía en las nubes.

    -Ay! Qué grande la tienes! -le decía presa de espasmos involuntarios ocasionados por el placer y la lujuria.

    -Te gusta cómo eh?! Te gusta la verga de papá?! -me preguntaba embistiendo sin consideración.

    -Estás riquísimo! Ahh! Ahh! -Lo tomé de la nuca y nos besamos.

    Se escuchaba el sonido nítido de sus bolas mojadas chocando con mi coño. Mis tetas botando frenéticamente por el empeño de mi papá de meterse aún más profundo, a veces dejaba de acariciar a papá y tenía que sujetar mis pechos. Él estaba frenético, me daba durísimo y muy rápido, mientras gemía de forma primitiva.

    -Papá! Papá!! -le gritaba esperando sacarlo de su transe y detener está la verguiza que me estaba dando- Bésame! Ahh! Ayy! Bésame por favor.

    Él se detuvo, pero sólo para hacerse más hacia delante y tener mi sexo más pagado al suyo. Tomó mi cabello con una mano y la otra la puso en mi cintura. No hubo tregua, mi sexo fue taladrado con la misma fuerza, obviamente lo estaba disfrutando como no tienes idea sólo era que no deseaba terminar tan rápido, con todo el sexo que habíamos tenido sabía que papá no duraría mucho. Entonces yo entraría a su obsceno y delicioso juego.

    -Házlo! Ahhh! Házlo! Ayyy! Ayyy! Papá! Lo deseo! -le pedía desesperada llevando su mano a mi cuello. Quería saber que se siente y él era quién podría cuidar de mi- Ahh! Cuándo tenga mi orgasmo, hazlo! Ay!

    -Hija!! Ahh! Qué caliente estás! Qué rica!

    -Eso te gusta, no?! Reventar con tu verga a tu propia hija! Ahhh! -Le gritaba para ponerlo más frenético- Dame más! Ah! Ahhh! Hazme tuya! Hazme mujer! Tú perra! Ahhh Qué verga! Ahhh!

    -Eso quieres?! Eh?! Mi perra Ohh!! Pues toma! -Se puso muy sucio, me comenzó a dar bien duro- Te voy a reventar por putita! Ah!

    -Siii! Reviéntame! Viólame! -Yo estaba ardiendo y no solo en la vagina sino mentalmente también- Qué rico! Qué rico es el incesto! Cógeme duro papá!! Ay! Ay! Ahh!

    Comenzamos a sudar. Yo estaba acorralada por ese macho en aquel sillón, mientras el permanecía dándome unas fuertes penetradas. Seguíamos como copulando como animales, mientras sentíamos un ardor terrible el uno por el otro. Sus manos apretaban mis senos con fuerza, casi me dolían. Cada gemido nos hacía esclavo sexual del otro, por vernos gemir resistíamos y nos entregamos por completo a la sesión más dura y enferma de sexo. Padre e hija chillábamos de placer al estar uniendo nuestros genitales con tanta intensidad. Así seguimos, resistiendo para tener más.

    -Papá! Tengo tu glande en mi útero! Ahhh! -Le grité pujando con mi cara congestionada- Me abres muchísimo! Sigue! No pares! Ahhh! Ahh! Aprieta mi cuello! Ahh!

    Mi orgasmo llegó con fuerza, como una pequeña descarga eléctrica qué recorrió desde los dedos de mis pies hasta mi cabello. Avanzó por mis piernas qué temblaron sin control, mi sexo contraído y ardiente se fundía del placer, todo mi abdomen se tensó. La vista se me desenfoco y mis pechos reventando y elevados debido a la manera tan violenta en que mi columna se arqueo. Fue cuándo papá tomó mi cuello y lo empezó a apretar mientras dada profundas y potentes metidas.

    -Toma! Toma! Mi perra! Ahh!

    Mi orgasmo llegó a ser insostenible, perdí la conciencia, no me desmayé. Sólo trataba de gritar y me sacudida de forma involuntaria, arañaba y me faltaba el aire. Estaba sintiendo la fuerza de mi papá en mi cuello mientras me desvanecía entre placer y falta de aire. Estaba en un orgasmo qué llevó mi conciencia lejos de ahí.

    Cuando volví en sí, papá seguía empujando hasta el fondo. No sacaba si no unos pocos centímetros y la empujaba con vigor hasta mi útero. Gemía y sudaba como maníaco. Estaba aguantando de forma innecesaria su inminente eyaculación.

    -Toda la leche que tengas quiero que la saques. Me harías muy feliz si te terminas hasta el fondo -Le dije para animarlo a terminar.

    Parece que solo quería escuchar eso. Tomó mis caderas y me empezó a embestir como un animal. Lo miraba con pasión. Llevé mi dedo hacia mi boca y lo mame de manera sucia, entonces sin más se lo metí en el ano para estimularlo. Me cogió tan duro que me causó otro orgasmo en menos de un minuto. Empezamos a gritar y sentía toda la longitud de su verga palpitando dentro de mi. Sus chorros de caliente esperma se quedaban en el condón. Como me hubiera gustado sentir su caliente esperma inundando mi útero.

    Se derrumbó sobre mi y ahí desechos nos quedamos varios minutos. Cuándo por fin se pudo incorporar pude ver su sexy cuerpo de maduro bañado en sudor de los dos. Mi abdomen y pecho estaban escurriendo de la misma forma. Nos miramos y una sonrisa se nos escapó. Era una sonrisa de completa satisfacción por tanto placer logrado.

    -Te lo quieres quedar? -Preguntó mi papá sacando su pene de mis entrañas, con ese preservativo bastante lleno después de que no se cambió el condón después de la primera eyaculación.

    Quité sus manos y retiré yo misma el condón, lo lleve hacía mi cara mientras sacaba la lengua, cuidadosamente fui dejando caer el semen mientras bajaba hasta mi vientre. Quedé bañada con las dos cargas de leche que ese preservativo tenía.

    -Qué rico estuvo -dije- Oye, te puedo proponer algo?

    -Dime -dijo contemplando su obra, estoy segura. Su hija recién cogida, bañada en sudor y su semen.

    -Me gustaría mucho hacer un trío contigo -le dije con mi tono de puta mientras con mis pies estimulaba su flácido pene- Me gustaría que me vieras -continúe- Cómo ves?

    -Claro que sí! Va a ser rico cogerme a dos -dijo excitado.

    -Me refería a un trío con otro hombre -seguí con tono sexy, me senté junto a él y lo empecé a acariciar lascivamente- No te gustaría ver como otro me coge? -Le susurré en su oído:- «No quieres ver a tu nena reventada, escurriendo leche de otro hombre? Yo si quiero que me veas darte un espectáculo así»

    -Qué caliente eres, le diré a Miguel -me contestó- Entre él y yo nos cogíamos a tu mamá.

    -Miguel?? -dije sorprendida

    Miguel era un amigo de la familia, prácticamente era como mi tío. Siempre era muy amable y cálido con todos y yo le tengo mucho aprecio.

    -Sí, con tu mamá nos íbamos a algún hotel o a su casa –papá.

    -Es que siento como si fuera mi tío -dije un poco contrariada- no sé.

    -Yo creo que es muy buena opción, es discreto y está limpio -dijo papá- además tu mamá decía que cogia muy bien.

    -Pues si… está bien -dije dubitativa- creo que hacerlo con mi papá y mi tío será una experiencia inolvidable. Lo haremos terminando la cuarentena.

    -No, yo no puedo esperar tanto, solo voy a pedir unas cosas por Internet y le llamo.

    La verga de papá se sentía más pesada, supongo que la conversación y la idea del trío lo excitó.

    -Quiero que me des por el culo.

    -Vamos al cuarto.

    Nos encerramos en su habitación y tras esa puerta el incesto y la depravación reinaron. Nos masturbamos mutuamente confesando lo que habías hecho con otras personas, hicimos un delicioso 69 entre padre e hija. De ahí sólo puedo recordar que tuve mucho placer e increíbles orgasmos durante los casi 40 minutos que me sodomizó mi papá. Cambiamos de posiciones muy seguido buscándolo la máxima penetración.

    Caímos rendidos y el sueño nos ganó. Por la tarde comimos algo y vimos televisión un rato. En la noche, estando en mi habitación lo volvimos a hacer, pero los cambios de posición fueron menos variados y el ritmo de la copulación fue más lento. Lo hacíamos mirándonos a los ojos, besándonos con pasión y terminando con gritos y escalofríos. Si no hubiera sido mi padre diría que hicimos el amor.

  • La mamá cachonda de mi amigo (Final)

    La mamá cachonda de mi amigo (Final)

    Apagué la vela y el poco de cera que queda en la punta de la vela, la llevé a sus tetas y la puse en uno de sus pezones y de repente el pepino salió fuerte de su culo y cayó al piso y comencé a sentir como se mojaban mis piernas, esta deliciosa perra le encantaba tanto el dolor, que al poner la vela en su pezón comenzó a venirse y yo estaba a punto también, así que sin más, comencé a darle estocadas más fuerte y empujaba más la vela en su pezón.

    -No te detengas por favor -me dijo gimiendo tan fuerte que parecía que quisiera que hasta los vecinos oyeran lo rico que la estaba pasando.

    Me quitó la vela que aún estaba caliente y como pudo la puso en mi pecho, haciendo que así como ella y sin saber que tal dolor me gustaba, me viniera de la manera más impresionante, sentí hasta un dolor en mi pelvis de lo rico que sentía cada que salía semen de mi pene directo a su vagina, mi boca se abrió tanto como mis ojos, tuve que acercarme a ella y abrazarla con mis brazos, prácticamente me había desvanecido en su espalda, con mis manos disfrutaba de sus ricas tetas, las apretaba mientras aun me venía, cerraba los ojos disfrutando tal momento, mordía su espalda y nuca, haciéndola gritar, sabiendo que después de esto, ambos tendríamos tantas marcas de dolor que nos harían volver a coger juntos.

    En mis últimas estocadas, sentí que me desmayaba, deslizándome sobre ella y cayendo directo al piso, no sentí tal golpe, solo me quedé mirando al techo y respirando tan fuerte que parecía que me ahogaba, solo pasaba saliva y aun después de venirme de maravillosa manera, seguía sintiendo en mi pene, la sensación de su vagina caliente y en mi pelvis, sentía aun aquel dolor que tuve al venirme.

    Ella estaba sobre el planchón, se notaba como respiraba también fuerte porque su espalda se elevaba, y ahí me di cuenta lo rasgada que estaba su pequeña pijama. Ella comenzó a deslizarse cayendo de espalda encima de mí, la rodeé con mis brazos, era tan increíble mujer la señora Ingrid, que aun después de semejante venida, daban ganas de seguir sintiendo su cuerpo, con una de mis manos masajeaba sus tetas, rodeando su pezón, ella llevaba su brazo a mi cabeza y apretaba fuerte mi cabello, giró su cabeza y sintiendo su respiración en mi boca, sacó su lengua y comenzó a lamer con la punta de ella, el borde de mis labios, como marcándolos. Así que llevé mi otra mano a su vagina y vi lo mojada que aún estaba y lo caliente que era.

    Con dos de mis dedos, la comencé a masturbar lentamente, movía mis dedos en su vagina en círculos, sintiéndola toda, sintiendo como su rica vagina carnudita, se movía a la par de mis dedos, puse toda mi palma en ella, sintiendo el bulto de su hinchada vulva, le di dos golpes como si aplaudiera con ella, haciendo que la señora Ingrid llevara su mano directo a mi pene y me comenzara a masturbar, lo tocaba de una manera que no puedo olvidar, mi verga estaba algo flácida, así que ella con sus uñas algo larga, recorrió desde la base hasta la punta y cada tanto, lo presionaba con sus uñas, haciéndome vibrar. Mi pene estaba sensible, pero aun así, me gustaba todo lo que venía de ella.

    Mi verga comenzó a ponerse más tiesa y ya cuando ella notó que me tenía otra vez donde quería, se sentó dándome la espalda, se levantó un poco y puso mi verga sobre su vagina, y comenzó a bajar lento, era sensacional sentir como mi verga iba entrando en su rica vagina, ella puso sus manos en mis tobillos y comenzó a mover su cadera como aquellas bailarinas profesionales de twerking, sin duda estaba viviendo en este desayuno, lo que nunca había probado, ahora era ella quien me traía loco, no sabía dónde ubicar mis manos, movía mi cabeza para todos los lados buscando de dónde agarrarme para soportar tanto placer. Comenzó a mover sus nalgas en círculos, cayendo fuerte en mi pelvis, haciéndome sentir de nuevo, como especie de calambres en mi ingle.

    La señora Íngrid se detuvo y dejando mi verga dentro, comenzó a irse de para atrás, queriendo recostar su espalda en mi pecho, y cada vez que bajaba más, su gemido se intensificaba más, por la posición, sentía como si tocara donde a ella más le gustaba, ella puso sus brazos en el suelo apoyándose un poco, dejando su cuello en mi boca, así que comencé a lamerlo, su espalda completamente arqueada y sus tetas que desde donde estaba se veían inmensas, me llenaron de más excitación y comencé a darle tan fuerte, que mi choque de pelvis con su culo, sonaba precioso, cuando escuchamos ruidos en la escalera, ella se levantó rápido, corriendo directo a la puerta de la cocina y cerrándola. Yo como podía intentaba levantarme, estaba tan ido, que sentía que me caería de nuevo, su hijo tocó la puerta.

    -ma, ¿qué pasa, porque estas encerrada? -dijo él algo extrañado y queriendo entrar, mientras ella se acomodaba su vestido rasgado.

    -hijo es que hice un desastre en la cocina y estoy limpiando, no entres -decía ella mirándome y aun en esta situación, su mirada era picara.

    Él intentó abrir, así que ella se puso en la puerta.

    -hijo, no entres -le dijo acomodándose un poco el cabello.

    -¿sabes dónde está Andrés?

    -ya se fue -le dijo ella sonriendo.

    -es que dejó su mochila acá tirada.

    -no se hijo, solo desayunó y dijo que se veían más tarde, ahora te la llevas o de seguro él vendrá por ella, por ahora ya te llevo el desayuno a tu cuart… -mientras le decía eso, hice algo que siempre quise probar, me acerqué a ella y me arrodillé, poniendo mi cara en su culo, sacando mi lengua y comencé a lamerla, a lo que ella cerró los ojos y llevando la mano a su boca, tapando su gemido, no pudo seguir hablando, cerrando la puerta.

    Mi amigo algo extrañado, solo se fue al cuarto, se oían sus pasos en las escaleras, ella se acercó al planchón y soltando huevos en el sartén comenzó a hacer el desayuno de su hijo, me acerqué por atrás, puse mi verga en su ano, que por la situación se puso más duro, y ella sin rechistar, abrió un poco las piernas, se agachó un poco y dejó que mi verga entrara completa en su ano, ella apretaba duro la espátula de los huevos y trataba de darle vuelta en el sartén para que no se quemara, llevó su brazo y me rodeó la cabeza con ella para sostenerse y no irse hacia adelante mientras preparaba los huevos y sentía como apretaba más su culo, succionando mi verga, sintiendo tanta presión y tan rico que parecía que me iba a venir ya.

    Ella, alcanzando un plato que estaba ahí mismo y unas tostadas, intentaba acomodar el desayuno de su hijo mientras mi verga entraba y salía en su ano, ella cerraba los ojos y sacaba su lengua, mojándose los labios, soportando tanto placer, me empujó un poco hacia atrás y llevando la mano debajo de su vagina, puso sus uñas en mis bolas y las rosaba, haciéndome venir enseguida, llenando su culo de leche y ella sentía el calor de mi semen, porque gemía, gemía sintiendo como disfrutábamos juntos.

    Ella tomó los huevos mientras sacaba mi verga de su culo, yo me subí los pantalones.

    -Recuerda que debes irte -me dijo acomodándose un poco y preparándose para subir y llevarle el desayuno a mi amigo.

    -Adiós señora Ingrid -le dije tomando mi mochila para salir.

    -No, no, no -me dijo acercándose a mí- recuerda que se te quedó, así ¡debes! Venir a recogerla -me dijo mordiéndome el labio- te espero esta noche, que no hemos terminado.

    No olvides dejar tu comentario, puedes escribirme a [email protected].

  • El inicio de nuestras fantasías con terceras personas

    El inicio de nuestras fantasías con terceras personas

    Liz y yo (Ale) somos un matrimonio de 7 años, ambos nos enamoramos a temprana edad Liz 22 y yo 19 años.

    Nuestra vida sexual siempre fue considerada buena, pues ambos siempre nos complacimos totalmente al máximo, llegó el punto donde sexualmente ya nos teníamos demasiada confianza y podíamos platicar e imaginar fantasías mientras cogíamos, eso realmente lograba excitarnos al máximo.

    Liz es una chica delgada, piel apiñonada, con un trasero muy bien formado por el ejercicio y unos senos pequeños, pero sumamente deliciosos, yo soy un chico alto un poco llenito, con una verga de 18 cm la cual a Liz le encanta y me considero atractivo.

    Siempre hemos tenido el gusto por sentirnos alcoholizados, aunque no lo hacemos frecuentemente, a mi en lo personal me gusta mucho que tome Liz porque sé cómo terminará el asunto, ella es muy muy cachonda con unos tragos encima.

    Para ser sinceros no sé cómo exactamente pasó, pero un día terminando de tomar nos fuimos a la cama ya sabríamos lo que pasaría, a mi me excitaba demasiado que ella me contara como es que cogia con sus exs, a pesar que ella pareciera incómoda yo sentía que había una parte de ella que me decía que le gustaba, lo notaba en su movimientos al subirse en mi verga dura, confieso que esta situación me excitaba y me siguen excitando mucho, pero antes me hacía terminar muy rápido, no tanto el saber que fueran sus exs, si no el simple hecho de la curiosidad de verla cogiendo con otra persona.

    En pleno acto yo le pregunté a quien de nuestros conocidos le gustaría cogerse, ella más excitada que nunca, me respondió con el nombre de uno de mis primos, realmente no le vi nada malo, pero me encendió tanto que le pedí que gritara su nombre una y otra vez, ella obedeció mientras mi verga entraba en su vagina demasiado mojada y mientras mis testículos chocaba con ese rico culo, podía sentir como me verga topaba con algo dentro de ella, sentía que mi pene en cualquier momento iba a estallar mientras ella no dejaba de gemir.

    Y ahora a ella se le ocurrió hacerme la misma pregunta, y me pedía que pensara en esa persona mientras se montaba en mi como una verdadera actriz porno. Sinceramente en el momento no se me ocurría nadie, pero esa vez habíamos estado tomando con su hermana, o sea mi cuñada y solo se me vino a la mente ella.

    Realmente estaba imaginando que mi cuñada estaba encima de mi, a pesar que ella no es muy atractiva la situación nos puso demasiado calientes, de verdad parecíamos dos locos en la cama, se escuchaban nuestros gemidos, los fluidos de Liz al entrar y salir mi verga de su vagina, los besos que le daba en sus pezones hasta que de repente sentí como derrama todo mi semen dentro de ella. Ella se estremeció totalmente haciendo que se retorciera del placer mientras arañaba parte de mi espalda.

    Después de ese día repetimos la misma historia varias veces hasta que decidimos cumplir nuestras fantasías de vernos con otras personas las cuales serán contadas en los próximos relatos.

  • Mi hermosa agente de seguros

    Mi hermosa agente de seguros

    Les cuento que en ese momento tenía 24 años, soy blanco, mido 5’6, 170 libras, ella tenía 42, con algunas 135 libras y mide 5’3, blanca, pelo negro, es americana nacida en el Bronx.

    Todo empezó en el verano del 2017 cuando fui a su oficina a llevar unos documentos que necesitaba de mi compañía. Quedé hipnotizado traía unos lentes su pelo suelto y una hermosa sonrisa. Sentí como ella también se quedó mirándome todo paso normal. Ese mismo día al salir de la oficina la busque en mi Facebook y le envié una solicitud, pero no hasta el tercer día me agrego y recibí un mensaje que decía que cómo le había encontrado y que no era normal que un cliente le agregara a las redes sociales, le contesté que diciendo que solo me pareció interesante y que si le molestaba le podía dejar de seguir. Sorpresa ella dijo que estaba bien. Pasaron los días hablando de nuestras vidas ahí me enteré que tenía 4 hijos y que era divorciada.

    Pues pasaron los días y quedamos un domingo ir a tomar un café cerca de su casa ahí volví y le vi una mujer muy elegante que no aparentaba su edad tenía un cuerpo muy deseable me preguntaba que por qué le parecía interesante le dije que en realidad me pareció muy atractiva y quería conocerla pensando que era mucho más joven. Entonces ella también me dijo que le parecía atractivo y que nunca había salido con alguien menor que ella. Eso me excitó y nada quedamos en conocernos más y ver qué tal.

    Ese mismo día en la noche comenzaron las fotos hot y que nos deseábamos el jueves próximo le invite a comer era su día libre y fuimos a un restaurante comimos nos reímos y le dije que quería besarle ella me dijo que también lo deseaba algo que me puso muy caliente a lo que le dije que si nos íbamos a otro lugar, contestándome con un si. Pues nos subimos en mi vehículo el cual tenía los vidrios negros nos comenzamos a besar y terminamos en un motel a unos 15 minutos.

    Entré, busqué la llave y entramos a nuestra habitación. Le abracé y le comencé a besar cosa que ella disfrutaba mucho. Nos tiramos en la cama besándonos, paso a quitarle la blusa que traía y dejando esos 36dd en el aire a los que empezó a besar y lamer con mucho deseo ella quería ver mi pene por lo que me bajé los pantalones y le enseñé, ella lo observó unos segundos y comenzó a lamerlos e introducir en su boca luego le termine de quitar la ropa y empiezo a lamer tu vagina e introducir mis dedos ella estaba muy mojada a lo que me decido a ponerme protección y penetrarla cosa que disfrutamos los dos, le puse boca abajo, le penetraba duro y suave a la vez escuchando sus gemidos, luego de perrito y al verle su ano tan lindo le introduje el pulgar cosa que no le importaba.

    Luego ella se subió a cabalgar como nunca me lo habían hecho a lo que luego de unos 20 minutos le dije que iba a terminar a lo que ella dijo que podría terminar en tu pecho cosa que hice pero tenía tanta Milk que le terminé embarrando su cara a lo que ella con sus dedos la llevo a su boca y la tragó.

    Luego de ese día mi vida cambió. Espero les guste para poder seguir contando mis relatos. Es mi primera vez escribiendo y todos gracias a la cuarentena.

  • Historia de taxi

    Historia de taxi

    No soy mucho de publicar, me dedico más a leer.

    Yo hace unos años atrás trabajaba como taxista, siempre trabajé de noche así que se prestaba para webeo (muchas historias). La cosa que un día de semana cerca de la 1 de la mañana, dando vueltas por barrio Brasil, en la esquina de compañía me hace parar una chica, se sube y me dice que quiere ir al Cosmopolitan, que se lo recomendaron donde se hospedaba, «entre mi» la wea está acá atrás, así que le dije que mejor bajara y caminara una cuadra y estaba en la otra esquina de la plaza, pero que por la hora pronto cerrarían, me dice “que lata yo quiero tomar algo…”

    Le recomendé ir al “Bella”, que tenía locales abiertos hasta más tarde, la cosa que me dice “bueno llévame allá”. Una chica bien simpática, morena, buenos senos, (vistos desde el retrovisor) bien atractiva de cara de unos 26 años más o menos. Conversamos típicas cosas, me contó que estaba de paso por Santiago, es del sur (aún la tengo entre mis contactos de Face).

    Entre bla bla bla, me preguntó cómo estaba la noche, mi respuesta fue para mí a esa hora ya había muerto la pega poca gente, no quedaba más que ir a guardarse a menos que saliera algo bueno. Se rio y me preguntó si le daba el número para ir a buscarla, cómo buen jote le digo “y si te acompaño mejor…” (Había que preguntar) me dice “la dura?”. Ya poh…

    Cosa que llegamos a un bar, para sintetizar después de unos tragos empezó el coqueteo ya éramos íntimos amigos jajaja, salieron sus atraques locos, la wea es que la mina me tenía recaliente, se fue pasando la hora tipo 3 me dice si la voy a dejar, nos fuimos…

    Llegamos a la hostal dónde se quedaba, me invitó a entrar, así que pasamos sin antes un Atado con el conserje que no me quería dejar entrar, ya estando en su pieza la mina no me pescaba mucho, ya había perdido la esperanza de que algo pasara así que le dije “me voy”, me acerco para darle un beso y me planta un calugazooo, ahí empezaron las corridas de mano, ella empieza a bajar me hizo un oral espectacular, me tira encima de la cama se monta arriba la desvisto de arriba y ahí quedan esas tetazas, se las empiezo a chupar, le mordía el pezón, la mina gemía (más fuerte que la xuxa, le tenía que tapar la boca, para tratar de que no se escuchara afuera y no nos webiaran).

    La di vuelta, le bajo el jeans y le como el chorito que cosa más rica estaba mojadisima, rico el sabor de sus jugos, yo estaba a mil de caliente, cuando se lo pongo, lo meto AFP (a esas alturas ya estaba cagao no había) la mina se desató era una fiera, me empiezo a montar, se movía como loca.

    Con suerte pasaron 10 minutos y me hace acabar cuando le aviso baja y se lo traga todo, que sensación más rica… La mina lo chupaba tan rico que siguió hasta que mi amigo volvió a despertar y ahí nos dimos como caja, la ponía en cuatro, arriba, abajo, siempre tratando de taparle la boca para que no gritara tan fuerte, multiorgásmica la muñeca… así estuvimos buen rato más dándonos ya al final se pone en cuatro.

    Le empiezo a dar con más fuerza y le meto el dedo en el culo (la 102 el que sabe sabe) hasta que la mina se retuerce y tiene su último orgasmo y queda tendida en la cama, ahí nos fumamos un pucho y yo feliz me fui, relajadito para la casa… quedamos de juntarnos otro día nunca se dio la oportunidad.

  • Mar rojo

    Mar rojo

    Era verano, mi mamá, su novio y yo, íbamos de camino a la playa. Estaba muy contenta, me encantaban los días de sol, arena y mar.

    Era la primera vez que salíamos de vacaciones desde que mis padres se separarán cuatro años atrás. Mi madre no se había animado a salir de su estado depresivo hasta que conociese a su ahora amante, y seguramente, su futuro esposo.

    Claro, quien no se iba a enamorar de un hombre así, es muy guapo, fornido, apuesto, tiene un cuerpo como para comérselo a besos, unos ojos que te enamoras, y la sonrisa más hermosa del mundo.

    Señales

    Sé que casi me dobla la edad, pero debo confesar que me gustaba muchísimo. Segura estaba que él también lo sabía. No he podido contenerme a insinuarle en un par de ocasiones. Aunque se le nota que está bien encaminado por mi madre, también resulta evidente que no le parezco mala opción, a manera de complemento.

    Ya en más de una ocasión le he coqueteado con ropa ajustada, tops diminutos y faldas cortas que me acentúan mi lozano cuerpo delgado, cintura estrecha, pechos pequeños y mi colita colegial.

    Ese día, de camino a la playa, no podía dejar de verlo desde el asiento trasero en el autobús. Platicaba con mi madre todo el trayecto. Me encantaba su sonrisa, es tan natural, tan sincera y fresca, que me perdía en ella.

    En un principio el bus estaba completamente lleno, pero a medida que nos acercábamos a la costa, los asientos poco a poco quedaban más vacíos en cada estación antes de arribar a la terminal camionera de la ruta.

    Y las caricias subían de tono. Se notaba que se traían unas buenas ganas de follar. Mi padrastro se agasajaba con el exuberante cuerpo de mi madre; tocando su cintura, caderas, piernas y seguramente sus nalgas mientras se besaban cada vez con más furor.

    Ahora con el camión más vacío, no tenían el más pequeño pudor. Y yo les miraba desde su derecha, a una fila detrás. Nada más de verlos ya me estaban calentando. Cómo me moría de envidia por ser mi madre. No había nada que quisiese más que encarnarme en su cuerpo en ese mismo instante. Quería sentir esos grandes y fornidos brazos de su novio en mi pequeño cuerpo. Cuando los miraba perdiéndose en sus carisias, viendo a mi madre dejarse agasajar cual ramera en club privado.

    Y no pude más. Aprovechando también de la escasa muchedumbre, me recosté en el asiendo doble, ahora solo para mí. Con la espalda a la ventanilla separé mis piernas y deslicé mi mano por debajo de mi minifalda hasta tocarme por encima de las bragas cuales ya tenía completamente mojadas.

    No podía creer lo excitada que estaba, realmente me habían puesto caliente como la mismísima playa a la cual arribábamos, mientras miraba a mi madre y a su apuesto compañero comiéndose a besos como si estuviesen a punto de follar ahí mismo.

    Mi mente volaba, recreando cientos de fantasías, en todas ellas follando con mi padrastro. Imaginaba su pene, seguramente enorme y musculoso como el resto de su cuerpo, cuando mi cuerpo sucumbía a mi imaginación y mis carisias, dándome placer con los delgados y largos dedos de mi mano estrujando mi mojada vagina bajo mis calzoncillos blancos.

    Y es que, a mis diecinueve años, aún no había tenido mi primera vez, y no había nada que deseara más que desvirgarme cuanto antes. Qué mejor que con ese musculoso y encantador hombre, quien se deleitaba con el cuerpo de mi madre, al mismo tiempo excitándome más y más.

    Sentía mis estrechos labios vaginales estremecer, al llenarse del poderoso flujo sanguíneo bombeando fuerte desde mi enérgico corazón. Enseguida, deslicé mi mano por debajo de mi ropa interior, buscando con desesperación mi ardiente parte íntima con mis flacos dedos hasta lograr introducir un par de ellos en mi ardiente sexo, sintiendo como se llenaban de mis dulces jugos escurriendo por toda mi tierna conchita.

    Pero entonces el autobús se detenía, esta vez había arribado a su parada final. Rápidamente me saqué la mano de mis bragas, me acomodé la falda y cerré las piernas, mirando al resto de pasajeros alistándose para descender, limpiándome la mano húmeda de mis secreciones sexuales.

    En mis delgadas redes

    Desde que habíamos llegado, los tres ya estábamos bien calientes y excitados. Pero cuál sería nuestra suerte que en el hotel solo había una habitación doble, pues las que supuestamente teníamos reservadas ya habían sido ocupadas. La culpa la tiene mi madre por no querer pagar la reserva completa. Con las ganas que tenía de masturbarme a solas en mi habitación y seguramente ellos de coger en la suya. Ahora compartiríamos cuarto y adiós a la privacidad. Gracias mami.

    En fin, esa noche casi ni pudimos dormir. En parte por el calor del clima tropical, pero en mayor tajo por la calentura interna que los tres nos cargábamos. Así pasamos la noche, resistiendo las ganas de follar, o en mi parte de toquetearme como tanto quería y necesitaba.

    Al día siguiente nos fuimos a la playa y ahí estuvimos casi todo el tiempo. A mi madre le encanta tumbarse en la arena cual costal de papas bajo el sol. Mi papi, es decir, su novio, la acompañaba de cerca, untándole bronceador y regocijándose con sus curvas; masajeando su espalda, piernas y nalgas con todo descaro. A ella le fascina que le haga eso, seguro que eso la prende al cien.

    Por mi parte decidí meterme un momento al mar, me gusta mucho nadar, aunque sinceramente no soy muy buena. Aun así, es mejor eso que mirar con extrema tortura como ese hombre tan perfecto y hermoso le da placer a mi madre y no a mí. Pero eso estaba a punto de cambiar.

    Ya por la tarde, mi mamá se había adelantado al restaurante para pedirnos el desayuno, pero yo bien sabía que en realidad había ido nuevamente a recepción a pelear por las reservaciones que no nos respetaron. Bien la conocía, le gusta armar bulla donde sea.

    Su amante se había quedado en el cuarto, arreglando algunas cosas de su trabajo en su portátil, y yo, me disponía a darme una ducha después de haberme pasado casi todo el día en el mar.

    Por fin solos. Finalmente me había quedado a solas con mi padrastro, con el guapo hombre de mi madre, quien ahora sería mío. Entonces me paré a un lado de mi ropa, y sin más, comencé a quitarme mi pijama. Primero la parte de arriba, desnudando mi torso pues no vestía nada debajo. Sin mirar a mi padrastro me bajé la parte inferior de mi conjunto de noche dándole la espalda para pararle mis blancas pompitas juveniles en su cara, y me metí al baño con tolla en mano.

    Sabía que me había visto, y segura estaba que lo volvía loco. No había hombre en el planeta que se pudiese resistir a la tentación de una lolita como yo.

    Así, salía del baño solo con mi toalla envuelta en mi desnudo cuerpo. Estaba realmente caliente, me sentía en vedad excitada mientras me paseaba delante de su cama, donde mi padrastro intentaba concentrarse en su ordenador portátil posado sobre su regazo. Ahí, dejé caer mi toalla con todo descaro frente a él.

    Sin decir palabra comencé a untarme mi crema humectante con extrema seducción por todo mi esbelto cuerpo, exponiendo toda mi piel blanca, mis pezones rosados, y mi sexo velludito. Entonces me acerqué a su cama, y sin titubeos le pedí que me ayudara a ponerme la crema en el resto de mi cuerpo.

    Incrédulo, el novio de mi madre se quitó la computadora de sus piernas, haciéndola a un lado, al mismo tiempo develándome su tremenda y enorme polla completamente parada debajo de sus bermudas. Aquella visión me excitó tanto que comencé a temblar de ansiedad. No había otra cosa que más quisiera que ver ese descomunal pene, tocarlo, chuparlo, mamarlo y por su puesto probarlo dentro de mí.

    Sentía sus manos viriles y fuertes recorriendo mi delicada y femenina piel. Gozaba con sus caricias entregándome por completo, cuando sus palmas llegaban a mi espalda baja. Entonces le paré el trasero como insinuando, o más bien suplicando que lo atendiese, así como disfrutaba de tentar las nalgas de mi madre, ahora lo hiciese con las mías.

    Y lo entendió. No pudo resistirse más y finalmente me tocaba mis nalgas, cada glúteo, sobándome con descaro mis redondeados y suaves músculos; por arriba, por debajo, entre mi rayita y alrededor hasta mis piernas. Y yo encantada, disfrutando al fin de su atención, de sus manos y sus caricias.

    Entonces me giré para quedar de frente. De inmediato posaba sus grandes dedos sobre mis pequeñas y tiernas tetillas. Me encantaba, dejaba que recurriese cada centímetro de mi piel, era suya, podía hacer lo que quisiese con migo. Estaba tan excitada que sentía mi entrepierna completamente mojada, y caliente como nunca. Me di vuelta de nuevo, esta vez recargándome un poco en el borde de la cama, levantándole mi colita para que abusara de ella como le placiera.

    Lo dudó, sabía lo que quería, pero aún no sucumbía a sus bajos instintos. –Dámelo. –Le dije, desanudando mi garganta cerrada de lo excitada como zorrita que estaba. –No, no es correcto. –Me respondía balbuceando de nervios. –No es nada. Ya tengo la edad, si es lo que te preocupa. –Le insistía, ahora rogándole, intentado convencerlo de que desatara sus deseos carnales en mí.

    Entonces lo sentí, pude ver como se bajaba sus bermudas, sacándose su gran, largo y endurecido tronco bestial. Tenía mucho miedo, sabía que me dolería mucho, pero no me importaba tener mi primera experiencia sexual con él, de hecho, no había otro hombre con quien quisiese hacerlo.

    Lentamente sentía como se aproximaba su descomunal pene entre mis tiernas nalguitas. Lo sentía caliente, húmedo y duro como bate de baseball. Ahí, comenzaba a abrirse paso entre mis delicados pliegues vaginales. Podía palpar perfectamente su enrome glande lubricado con sus previas eyaculaciones involuntarias, pero aun así no podía metérmelo. A las fronteras de mi pequeña y virgen cavidad, se detenía. Tan solo había podido introducirme la pura cabeza. Simplemente tenía la polla muy grande y yo la vagina muy estrecha, por lo que me dolió mucho.

    -Para, para. Espera. Ya no. –Le decía, al sentir un extremo dolor de su bestial miembro intentando abusar de mí. Entonces sonó su el móvil, y de inmediato se apresuró a responder. Era mi madre, nos llamaba para avisarnos que el desayuno estaba listo.

    Momento que aproveché para salir huyendo de sus garras y vestirme rápidamente. Estaba muy asustada y sobresaltada, no creía que fuese así. Me sentía muy mal, como fracasada, triste, sin propósito, frustrada y todavía muy caliente.

    Bajo las sabanas

    Así terminaba ese día, me la pasé muy mal, estaba enfadada con migo misma y me sentía una cobarde por no haber resistido el dolor.

    Esa noche el ambiente estaba diferente, se sentía un aire de tención y dramatismo. Mis padres se habían pasado toda la mañana y tarde toqueteándose en la playa, seguro que ambos se habían puesto tan fogosos dentro de su cuerpo como el mismísimo sol impregnado en su piel.

    Ya estábamos los tres acostados, ellos se habían desvelado viendo una película, yo estaba tan deprimida y avergonzada que me había quedado dormida desde muy temprano. Al menos, hasta que algo me despertó.

    Escuché ruidos. Siempre he sido de sueño ligero, así que reaccioné en seguida. No me alarmé, sabía que no estaba sola, pero aquellos sonidos me parecían muy peculiares. De inmediato supe que mi madre se besaba apasionadamente con su amante, seguramente creyendo que yo aún estaba dormida.

    Eso me hizo sentir aún peor, no podía creer que lo estaban haciendo en mis propias narices. Pero al mismo tiempo, también me estaba excitando mucho. Entonces me giré con extrema lentitud para no hacer ruido y poder espiarlos. Ahí estaban, mi padrastro encima de mi madre, penetrándola duro y profundo, como casi lo hace con migo. Se movía con mucha lentitud, evitando que la cama rechinase y que el colchón los delatase, pero se podía ver claramente como se estaba cogiendo a mi madre.

    Mi corazón palpitaba con furor, lo sentía resonando en mi pecho a punto de explotar. Sudaba por todas partes, temblaba y titilaba. Estaba realmente excitada y mi cuerpo deseoso de mi padrastro. Entonces comencé a tocarme las tetas, me alaba los pezones con fuerza, lo que hacía que todo mi cuerpo se estremeciera en un poderoso escalofrío cada vez que los pellizcaba. Enseguida bajé mi mano por dentro de mi pijama para estrujarme mi vagina, cual añoraba ser satisfecha con el pene de mi padrastro o como fuese.

    Pero en ese momento, mi madre, quien permanecía perdida, sumergida en las cobijas mientras gozaba del musculoso miembro viril de su amante embistiéndola profundamente, ahora se rebelaba girándose para darle la espalda.

    De inmediato cerré los ojos para fingir que dormía. Pero no hacía falta hacerlo, los dos estaban completamente perdidos en su placer, gozando como locos de todas esas ganas que se tenían desde hacía tiempo. Me ignoraban, y yo lo aprovechaba espiándolos a un costado, viendo como follaban como película porno en vivo, mientras me masturbaba por debajo de las sabanas, masajeándome el coño con extremo placer, embarrándome todas mis secreciones tibias en los dedos medios de mi mano, penetrándome con ellos tan profundo como podía, anhelando por ser yo la que fuera abusada por ese hombre tan, pero tan buenazo.

    Estaba tan estimulada que me sentía a punto de venirme. Mi corrida estaba al borde, mis dedos estrujaban y violentaban con rudeza todo mi sexo mojado y ardiente como nuca, manchando de mis pegajosos sudores íntimos en todos mis labios carnosos externos, empujando con fuerza mis dedos medios y estimulando mi erecto clítoris, completamente fuera de su escondite rosado. Sentía que me venía, estaba a punto, pero entonces mi padrastro me sorprendió.

    Por un momento nos miramos directamente a los ojos en medio de las penumbras, me había pillado, no había duda. Pero no dijo nada. Estaba igual de excitado que yo, y no pudo parar. Entonces me volví loca. Me quité las cobijas que me cubrían para dejarle verme como me masturbaba. Le miré con seducción y perversión, estaba en el auge de mi goce. Me relamía los labios insinuantemente, me tocaba mis pequeños senos levantándome la parte de arriba del pijama para dejarle vérmelos, debelando mi blanca piel iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana, mientras recorría mis manos sensualmente por todo mi delgado abdomen hasta mi cintura, y ahí, afiancé el resorte de mi short para dormir y lo deslicé hasta quitármelo.

    El miraba atentamente, incapaz de quitarme la vista mientras se cogía a mi madre por detrás, al mismo tiempo haciéndola gozar casi tanto como yo lo hacía tocándome para él, mostrándole mi estrecha rajita mojadita, brillando con mis jugos escurriendo entre las sombras de la noche.

    Los sonidos del coño de mi madre sucumbiendo ante las profundas embestidas de su amante, y los ecos del mío estimulado con extremo placer por el voyerismo y exhibicionismo, se fundían en un solo acuoso acorde, evidenciando el muto orgasmo que experimentábamos en ese momento. Entre chapoteos explotando nuestras vaginas; la de mi madre entre el pene de su novio, y la mía frente a él, asiéndome venir con mis inocentes caricias, mojándome toda la mano y las sabanas ante su atónita mirada, quien a su vez, también sucumbía ante todo ese placer, eyaculando en toda la concha de mi madre.

    Las aguas turbias se tiñen de rojo

    Aquella habría sido la mejor masturbada que me había acomodado en mi vida. Al día siguiente los tres despertamos con toda la actitud, llenos de alegría y con una sonrisa de oreja a oreja que no nos la quitaba ni dios.

    Como sería nuestro último día de vacaciones, lo aprovecharíamos al máximo, y lo pasaríamos en la playa tanto como pudiésemos. Por ello, desde muy temprano ya estábamos bajo los rayos del sol; mi madre untándose bronceador y mi padrastro toqueteándole como siempre. En tanto, yo me la pasaba intentado perfeccionar mi nado adentrándome un poco entre las olas del mar.

    Poco más tarde, me percaté que mi padrastro dejaba a mi madre y comenzaba a acercarse directo a mí. -¿Aprendido a nadar? –Me preguntaba con su siempre encantadora sonrisa, al llegar hasta donde estaba. Y me enamoré. –Ya sé nadar, pero no soy muy buena. –Le respondía mientras sonreía como estúpida colegiala, cual soy.

    -Ben. Te ayudo. –Me ofrecía al tiempo que se posaba detrás de mí, sujetándome con sus fornidos brazos. Y me perdí en su cuerpo. El sentirlo a mis espaldas me puso a su merced. Podía sentir todo su pene restregándose en mis pequeñas nalguitas con todo descaro, ocultándose con las olas del mar.

    Seguimos jugando con nuestros cuerpos, frotándonos el uno con el otro, provocando que comenzara a ponerme en un estado de euforia que me ponía completamente susceptible, al mismo tiempo, estimulando su gruesa y larga tranca con mi delgado y endeble cuerpo hasta endurecerlo, inflamándolo a su máximo, haciendo que me picoteara todas mis nalguitas bajo el agua.

    Ya puesta a punto, lista y dispuesta a todo, metí mi mano bajo sus bermudas y le agarré su falo intentando apretarlo fuertemente con mis pequeñas y débiles manos. Jugueteábamos risueños, fingiendo que me enseñaba a nadar, cuando en realidad estaba a punto de darme la más dolorosa lección de mi vida.

    Completamente apasionada, le bajé su ropa luchando por sacarle aquel descomunal pene, mientras nos escondíamos de mi madre, quien parecía estar dormida recostada espalda al cielo, sin embargo, con mucho cuidado de no ser descubiertos.

    Seguí divirtiéndome un poco con él. Lo estrujaba, la zarandeaba, jalonaba y estimulaba sin poderme dar abasto ni con ambas manos. Ya encaminada, me trepé en su torso rodeando su cuello con mis manos, y me enredé en sus caderas abrazando su cintura con mis piernas. Ahí, podía sentir su gruesa cabeza picándome en mi pequeña colita como queriendo violentarla con todo y mi bañador.

    Entonces, me sujetó la prenda con su mano y sin permiso alguno aló de ella para apartarla y dejar mi conchita al desnudo. No dije nada. Era lo que quería. No hacía falta que lo pidiese. Sabía lo que sucedería, y esta vez no me acobardaría por mucho que me doliera, quizá nunca tendría una mejor oportunidad.

    Decidida, me armé de valor y me acomode para que su enorme follón quedara entre mis piernas ayudándome con las olas del mar, mientras pendía de su cuello cual collar. Y ahí, me clavé en su tranca. Sin embargo no pude. Tan solo restregaba su enorme cabeza en mi pequeña conchita, sin lograr que entrase ni un poquito.

    Pero estaba decidida. Quería saber que se sentía tener ese descomunal miembro dentro de mí. Lo había visto muchas veces en videos porno, y me excitaba mucho. Entonces bajé una de mis manos hasta mi vagina, y me abrí mis tiernos labios, logrando que su glande se deslizara tan solo un poco más.

    Sabía que lo conseguiría, en verdad quería hacerlo así aunque fuese milímetro a milímetro. Meneaba las caderas al rimo de las olas, embarrándome su glande en mi pequeña almejita dilatándola poco a poco, abriéndole paso al grueso y largo falo de mi padrastro.

    Pero en ese momento, completamente excitado y loco, mi papi me empujaba sus cadera, embistiendo su tosco miembro con violencia dentro, mientras me sujetaba fuertemente por la cintura con sus bestiales manos, sin dejarme hacer nada para evitar que me penetrará profundamente, desgarrando mi virgen oquedad con brutalidad, produciéndome el peor dolor que he experimentado jamás en la vida.

    Me dolió tanto que me arrepentí de todo. Ya no quería más. Quería salir huyendo de nuevo, sin importarme parecer una cobarde. –Ya. Para. Detente. Por favor. ¡YA! –Le suplicaba con lágrimas en los ojos, intentando con desesperación empujarlo para alejarlo de mí y sacarle su grotesco falo de mi desquebrajada colita.

    Pero no se apartaba, ahora era caza de sus enromes brazos que me afianzaban firmemente por mi delgada cintura, rodeándola casi por completo, regresándome a su enorme tranca cada vez que intentaba desacoplarme de ella, produciendo un vaivén que se enfatizaba con las embestidas del mar.

    Yo estaba totalmente destruida y sumisa ante él, sintiendo con extremo dolor su entrometida polla empujando cada vez más profundo en mi estrecha cosita ultrajada. Siendo penetrada sin piedad por mi musculoso padrastro. Arrancándome dolosos alaridos. Bañada en llanto, ahora gimoteando desconsolada abrazada a su cuello, resignada a mi martirio. Sollozándole a su oído. –No. Ya no. (Sollozo) -Para. (Gimoteo) Por favor. –Le suplicaba inútilmente.

    Lo que en un inicio tanto aclamaba, ahora no le veía el fin. Solo quería que terminara aquella tortura. Renunciada, relajaba mi cuerpo, dejando que la marea y los fuertes brazos de mi padrastro me estrecharan a él, sintiendo con desgarrador sufrimiento como su engrandecida tranca me violaba más y más profundo, obligando a mi pequeña cavidad a dilatarse de sobremanera para darle cabida.

    Y no podía más, estaba sufriendo como nunca. Cerré los ojos y me concentré en satisfacer a mi padrastro, a ese hombre que tanto deseaba, a ese macho que se aferraba a mi delgadez, embistiéndome con crueldad, duro y profundo a todo lo largo de su gruesa polla, cual no cabía, pero de alguna manera ensanchaba mi endeble partecita, abrazando su duro y ardiente miembro para abrirle paso hasta las profundidades de mi virgen cuerpecillo adolecente.

    Así, hasta que finalmente estallaba su pene dentro de mí, penetrándome una última vez, todavía más rudo y más profundo, provocándome un dolor tal, que me hacía gritar a todo pulmón en su oreja izquierda, ahogándome con mi propia saliva, expresando sufrimiento en mi inocente rostro. Al mismo tiempo arrancándole un entrañable orgasmo al novio de mi madre, haciéndole explotar su gigantesco cañón dentro de mí, llenándome la almejita de toda su leche.

    Solo hasta entonces, mi padrastro me sacó finalmente su brutal pene, asustado de ser descubierto por su amante, quien se despertaba de su letargo tumbada en la playa. Y por fin pude descansar. Mi pequeño culito dilatado y al extremo, se contraía de nuevo, secretando aún, una mezcla de líquidos, entre mis fluidos vaginales, la eyaculación de mi padrastro y una estremecedora nube de sangre que se esparcía y difuminaba por todo el ancho mar, tiñéndolo de rojo.

    Si te ha gustado el relato, te invito a leer historias similares visitando mi perfil.

    Me encanta leer tus comentarios.

    Quisiera saber qué más habrías hecho de ser aquel afortunado padrastro.

    Cuéntame cómo fue tu primera vez.

    Que tengas Felices Fantasías.

  • Empiezo a ser suya

    Empiezo a ser suya

    Esa mañana cuando me desperté Mauro ya había salido al trabajo, encontré una nota en su almohada:

    Te deseo un lindo día

    Disfruta la cena con tus amigas

    Besos

    Te amo.

    El encontrarme con ese simple detalle me hizo sonreír, y provocó que pensara acortar un poco la cena de cada semana con mis amigas para agradecerle de una forma adecuada, por lo regular cada miércoles nos vamos en noche de chicas a cenar, al cine o simplemente a tomar un café y ponernos al día de nuestra semana, es un día relajante sin maridos, ni los niños ni nada de responsabilidades.

    Pero con su nota me dieron ganas de perderme un poco de eso y disfrutar un poco más de él.

    Ese día prácticamente ya no lo vería ni a él ni a los niños, ya que Mauro por lo regular los recoge del colegio y en la tarde luego de llevarlos a comer van de visita con su abuela, para darme todo el día libre.

    Ese día yo no me encargo de nada en el hogar, él les ayuda con sus deberes y los manda a dormir para cuando regresó de la noche de chicas todos están dormidos y aunque voy a verlos en sus cuartos no me gusta despertarlos.

    Así que me levante y luego de sacarme los últimos restos de flojera me puse la ropa del gimnasio y tomé una maleta con ropa de oficina pues como mujer independiente y profesionista me gusta trabajar y no depender en todo de mi marido.

    Por lo regular voy temprano a hacer mis rutinas de ejercicios tomó una ducha ahí mismo y salgo ya lista para ir a desempeñar mi labor como ingeniera en una importante empresa transnacional.

    El día pasó de lo más normal. Un par de juntas por la mañana, la primera con los jefes y la segunda en cuanto se terminó la primera fue con todos los miembros de mi departamento para pasarles las últimas noticias que me acaban de pasar, en total somos ocho personas en esa área, yo soy la encargada están otras dos chicas y cinco chicos, luego del par de juntas me dispuse con entusiasmo a seguir revisando datos y haciendo los cálculos necesarios para las obras que tenemos autorizadas.

    Cuando fue el momento de salir de la oficina para ir a casa, salí a toda prisa para tomar un baño relajante antes de salir a cenar, al llegar a mi hogar tome mi bolsa y baje del auto revisando mi móvil sin poner atención en la calle, todo para ver los mensajes que tenía sin contestar, metí la llave en la puerta y la abrí entrando como siempre en mi casa.

    Era temprano mi horario de salida es a las cuatro de la tarde y por lo regular antes de las cinco ya llegue al fraccionamiento privado donde vivimos.

    Deje mi bolso en el sillón más cercano a la entrada y me dispuse ir a la cocina por un vaso para tomar un poco de agua de hierbabuena.

    Cuando me di cuenta del extraño visitante dentro de la casa era demasiado tarde él ya me había tomado de la cintura y con gran facilidad me cargo hasta dejarme sentada en uno de los sillones de mi sala…

    Me encontraba sentada en la sala de mi casa ante ese intruso, no sabía quién era, ni cómo se llamaba y me hacía preguntas que yo no podía contestar, estaba calmado, pero hablaba con una autoridad que me hipnotizaba.

    Era un hombre grande de hombros anchos, sus ojos eran fríos de un color café claro, unos pómulos prominentes y llevaba el rostro recién afeitado.

    Iba elegantemente vestido, un traje oscuro pies a cabeza, su camisa de vestir también era negra, sus zapatos negros parecían recién boleados brillaban al caminar cuando la luz les llegaba, el único atisbo de color provenía de un pañuelo color vino que salía de la bolsa junto a la solapa de su traje.

    Caminaba tranquilamente por la habitación mientras esperaba por mis respuestas a sus preguntas.

    Me producía miedo estar ahí con él, y sin embargo sentía que él no se atrevería a hacerme ningún daño parecía un caballero, cada que se aproximaba a mí podía percibir el aroma de su perfume e inconscientemente algo dentro de mí se removía, todo él, así de elegante, su aspecto, su porte, su voz, sus ojos, su voz provocaba algo en mí, esa forma de hablar me ponía.

    La verdad que no creo que le faltarán pretendientes, pero yo no podía darme el lujo de sentir ningún tipo de deseos por él, no sabía ni quién era, ni qué era lo que buscaba, ni porque me preguntaba todas esas cosas sin sentido.

    Él estaba tranquilo y calmado ante mis respuestas como si con ellas confirmara algo que ya sabía, aunque yo no supiera que era.

    Luego sacó un papel de uno de los bolsillos de dentro de su traje y me lo tendió.

    Era una fotografía a blanco y negro.

    En esta ocasión se acercó tanto a mí que sentí como se me aceleró el corazón, aún no se si fue de miedo o de otra cosa.

    —¿La reconoces?

    En la foto que me mostraban se veía una joven mujer morena de buen cuerpo, solo se miraba la parte trasera de su cuerpo, aun así me parecía algo familiar, pero no sabía bien porque. Ella posaba semidesnuda con sus manos apoyadas en la pared, su rostro girado para que la cámara no lo captará, su pelo caía libre por debajo de los hombros, luego una linda espalda hasta terminar en un trasero firme y hermoso, sus nalgas morenas estaban partidas con esa tanga blanca que tenía puesta, era la única prenda que llevaba, luego unas piernas largas con unos muslos fuertes la foto terminaba en sus pantorrillas. La foto parecía que fue tomada para alguna modelo en una sesión de fotos

    —No sé quién pueda ser!

    Sentí como fuego en la cara con la cachetada que me dio aquel hombre con mi respuesta.

    —VUELVE A MIRAR ROCÍO Y MIRA BIEN!

    Yo en ese momento ya estaba asustada sabía mi nombre, las lágrimas corrían por mi mejilla, pero eso no importaba, su olor seguía produciendo estragos en mi vientre. Sentí como su mano levantó mi barbilla lentamente hasta dejarla a la altura de sus ojos, luego puso de nuevo la foto de la mujer ante mis ojos, debí abrir mucho la boca cuando por fin un pequeño detalle me hizo reconocer a esa misteriosa dama.

    Pude captar la sonrisa de mi torturador cuando se dio cuenta que la había reconocido.

    —¿Ya sabes quién es?

    —Sí -dije titubeante, un pequeño tatuaje sobre su hombro derecho que apenas se notaba porque el pelo lo tapaba me dio la respuesta.

    —Pues bien -me dijo el hombre- sabes tengo mucho tiempo que quiero encontrar a esta mujer, se me metió por los ojos y quiero tenerla para mí -su sonrisa mientras lo decía era repugnante, me miraba bien fijo cuando lo decía, lento y calmado, su tono era bajo, pero hacía que sintiera un puto frío en mi cuerpo-, y ahora que la encuentro, voy a disfrutar de ella.

    Jajaja!!!

    Cuando dejó de reírse toque dónde me había golpeado aún me dolía pero no quería darle el placer de que él lo supiera.

    Luego me miró y me dijo:

    —Ven conmigo!

    Empezó a caminar rumbo a mi habitación, casi parecía que el cabrón conociera también la casa, yo no quería hacerlo enojar y lo seguí a un par de metros de distancia, pensé en gritar o salir corriendo pero me contuve e hice lo que me indicaba.

    Llegó al cuarto abrió la puerta, y luego entró en él, se dirigió al baño y me ordenó entrar.

    –Te quiero bañada y arreglada dentro de una hora!

    Por tu bien espero que estés lista.

    Luego salió de allí dejando solo su embriagante aroma.

    Me dejó llena de dudas, era una antigua foto mía que mi marido Mauro me había hecho alguna vez hace años, esa foto yo la use en un viejo perfil de una página de citas a escondidas de Mauro. Tenía años que no la miraba y no me acordaba lo bien que se miraba mi cuerpo en aquel entonces.

    De dónde sacaría esa foto?

    Porque la tenía?

    Para qué me quería?

    Me duché lo más rápido posible cuando salí del baño ya tenía mi atuendo tendido en la cama.

    Él muy cabrón se tomó el atrevimiento de escoger mi ropa, estaban unas lindas bragas de seda blancas con un ribete de encaje que Mauro me había obsequiado, aún no las estrenaba y este hijo de puta iba a hacer que las usará, también puso unas medias altas con liguero de un fino y lindo encaje que hacían juego con las bragas la tela era tan suave… No había puesto sostén, me dejó un vestido blanco ceñido que me quedaba a la perfección, se ajustaba tan bien a mi figura que parecía que ya de antes me hubiera tomado las medidas. Estar sin sostén no me incomoda en circunstancias normales así salgo en ocasiones cuando nos escapamos sin los niños. Pero hoy me hacía sentir insegura y vulnerable, dejó un lápiz labial con un color que usó a menudo, un par de aretes con un pequeño diamante que Mauro me regaló en mi cumpleaños y una gargantilla sencilla pegada a mi cuello, los zapatos rojos que eligió provocan que mi culo resalte, encima de la almohada justo en el lugar que en la mañana Mauro me dejó su mensaje estaba una nota:

    Hoy serás mía

    Yo estaba temblando en ese momento. Salí de la habitación envuelta en tantas dudas y queriendo escapar en la primer oportunidad.

    Pero por el momento no me quedaba más remedio que seguirle el juego.

    Aún faltaban cinco minutos para el plazo que me dio, así que tomé aire me mire en el espejo una última vez antes de salir de la habitación, la verdad que me veía hermosa, me gusta el color blanco, su corte y como mis hombros desnudos lucen con el puesto, mi pelo cae un poco por mi lado izquierdo, me encanta la tela del vestido, se pegaba a mi figura de una forma que dejaba ver bien mis caderas y la pequeña curva de mi cintura, como se adhería a mi trasero que es mi mayor atractivo, noto como siempre los hombres voltean a verlo cuando creen que estoy descuidada.

    No estoy acostumbrada a no llevar brasier, la tela rosa mis pezones haciendo que involuntariamente se endurezcan, la tela es delgada me da un poco de miedo y vergüenza que mis pezones se marquen a través de la suave tela, que fuera evidente mi constante estado de excitación…

    El sentir la tela tan pegada a mis senos era un hermoso martirio que tenía repercusiones en la parte baja de mi cuerpo, estoy segura que él lo sabía y lo disfrutaba. No sé cuáles son sus planes, se me acelera el corazón en el pecho con cada nueva posibilidad que pasa por mi mente, respire profundo y salí a su encuentro si tan solo la cita fuera por gusto, si tan solo no fuera un desconocido…

    Luego salí en busca de mi intrigante e incómodo invitado.

    Estaba cómodamente sentado en la sala al verme se levantó, me miró detenidamente de arriba a abajo al final sonrió, pude notar en su mirada que le gustaba como me veía.

    Cuando llegué a él me dijo:

    —Luces hermosa Chapis -eso me desconcertó ese era mi apodo en la primaria y tenía años sin que nadie me dijera así.

    Puso su mano en mi cintura y me empujó un poco para que empezara a caminar, sentí una nueva oleada de calor que se concentró en una parte que yo me negaba a aceptar.

    Salí sin tomar mi bolso, ni mi móvil fuera de la casa estaba un auto muy bajo casi pegado al suelo, era un súper deportivo de esos con los que todos sueñan no sé porque no lo note cuando llegue a casa, nos dirigimos a él y como todo un caballero me abrió la puerta, no sé si fue una fortuna o no que no hubiera ningún vecino en la calle, tal vez si alguien me hubiera visto salir con un completo extraño.

    Entre en el impresionante automóvil, dentro en mi asiento estaba un sobre amarillo lo tomé y lo hice aun lado, espere que mi acompañante hiciera lo mismo, cuando entro me dijo que mirara el sobre.

    Luego puso el motor en marcha y avanzamos.

    Abrí el sobre en la esquina de la casa dentro parecía haber fotografías, todas eran mías, en el trabajo, en casa, viejas fotos de mi adolescencia, y algunas otras muy íntimas en la mayoría era solo yo, en otras salía también Mauro, tomadas en mi habitación durante nuestros encuentros. ¿Cómo tenía esas fotos? Mauro las tomaba en ocasiones nos divertía tomarlas para verlas después del encuentro, pero no creo que él fuera cómplice de este hombre o que se las hubiera mostrado a nadie, ese era el trato que Mauro aceptó para dejarme tomar esas fotos, eso era solo nuestro. Me quedé asustada y sorprendida si bien era cierto que las fotos eran hermosas por lo que representaban, este extraño no debería de tenerlas en su poder, guarde silencio hasta que reuní el valor de preguntar:

    —¿Puedo saber cómo sabes tanto de mí? Ese apodo nadie aquí lo conoce, esas fotos son algo de mi marido y yo.

    —Es mi obsesión conocer bien a quien me interesa!

    —¿Puedo saber tu nombre?

    —Jajaja!!! Por su puesto soy Eduardo es un placer conocerte al fin Rocío.

    —Quisiera poder decir lo mismo!

    —Deberías decirle a tu marido que debe mejorar la seguridad de su móvil es muy fácil jakearlo.

    Por lo menos Mauro no había sido el responsable de compartir las fotos.

    Luego guarde silencio y él hizo lo mismo.

    Manejo por un tiempo con rumbo a las afueras de la ciudad, luego entramos en el lujoso fraccionamiento Puerta Del Roble era el lugar de moda para la gente con dinero en la ciudad. No me sorprendí mucho, si puede tener ese carro es que puede darse varios lujos, cuando llegamos a su casa, parecía más bien una mansión de esas que salen en las revistas, digo estoy acostumbrada a vivir con cierto nivel, pero esto es más de lo que la mayoría soñamos, entramos en la garage subterráneo, dentro había espacio para unos diez autos, pude ver por lo menos cinco, todos de lujo, también un par de motocicletas una de pista y otra estilo chopper.

    Cuando estacionó las puertas se abrieron en automático me quite el cinturón y salí de ahí, al fondo se miraban unas escaleras bien iluminadas, pero nosotros subimos por las que quedaban más cerca de la puerta, al ir subiendo los escalones fue quedando ante mí una especie de pórtico y enfrente la vista de un gran jardín muy bien cuidado, con unas pérgolas junto a una impresionante alberca, estaba diseñada para pasar lindas reuniones a su alrededor, con muebles adecuados para el exterior y equipo de sonido para que no decayera el ambiente -me pude imaginar estar ahí en una fiesta ahuyentando el calor dentro de la alberca-. A mi espalda quedaba ubicada una pared de vidrio era enorme de todo lo ancho de la parte de la sala, el comedor y una estancia por donde estaba la entrada, dentro pude ver los inmaculados pisos tan brillosos como un espejo, muebles de diseñador, todo estaba ordenado y acomodado, en la enorme sala estaba un piano de cola, no sé porque sentí ganas de que fuera ahí donde él hiciera lo que yo pensaba que quería de mí, me dejó admirar todo el entorno, por un momento casi olvido porque estaba allí, estaba deslumbrada con todo lo que mis ojos veían.

    Luego con un sutil movimiento de su brazo me invitó a pasar al interior de la casa, puso música suave con solo apretar un botón junto a la puerta de vidrio, me dejó sentada en la sala y desapareció por una puerta que supuse era la cocina, regresó con un par de copas en la mano, me dio de beber un vino tinto de un sabor ligero pero agradable. Casi al mismo tiempo salió una mujer de la cocina y nos invitó a ir al comedor la cena estaba lista.

    Eduardo se sentó en la cabecera, el lugar del dueño, a mí me indicó que me sentará a su lado, era un comedor enorme para unas doce personas, no sé si ahí vivía más gente aparte de él, pero la casa parecía vacía.

    La mujer volvió con dos platos de salmón con espárragos y una salsa de champiñón. Se miraba apetitoso y yo tenía mucha hambre, no había comido casi nada.

    —Mira Rocío voy a ser claro:

    No me gustan las cosas a la fuerza

    Yo reí por el comentario, creo que lo que decía era lo contrario a lo que hacía.

    —Sí yo sé que te traje hasta aquí a la fuerza, pero puedes irte cuando quieras, solo te ofrezco una cena y si luego de eso te quieres ir puedes marcharte, yo mismo te llevaré a tu casa.

    —Si, quiero que me lleves a Mi casa!

    Vi como sus ojos se apagaron y eso en parte me entristeció también a mí, pero no podía estar con él, aunque se revoloteaba mi vientre no debía estar con él.

    Su voz era una melodía para mí, no sé qué efecto ejerce en mi persona, pero no puedo concentrarme en mis pensamientos, a esta hora ni recordaba que debería estar en una cena con mis amigas mi coraje había desaparecido, y ni siquiera me había preocupado porque Mauro no sabía en dónde estaba, de cierta forma y sin saber porqué me sentía segura. En un momento de lucidez pude preguntar:

    —¿Qué es lo que quieres de mí?

    —Todo, lo quiero todo. Quiero tenerte, desde siempre me has gustado y quiero una oportunidad contigo, te encontré demasiado tarde pero debo intentarlo.

    Su respuesta me desconcertó más, no esperaba eso, era halagador, pero tenía un pequeño defecto que él seguro no había considerado…

    —¿Quién eres?

    —Ya te lo dije: soy Eduardo.

    Me quedé igual con su respuesta ese nombre no me decía mucho y no lograba recordar si nos habíamos conocido antes, el misterio de este hombre no se aclaraba en nada.

    Levante mi cabeza solo para encontrarme con esos lindos ojos café claro que me miraban de una forma que me gustaba.

    Al mirarlo de nuevo sentí algo que no debería, lo normal sería que lo odiara por las formas en que se había atrevido a secuestrarme, no sentía amor, no ese lo sentía por Mauro, ese hombre maravilloso que tenía a mi lado, por este cabrón sentía deseo del más puro y animal, aunque todo debería ser de otra forma no era así, no sé si era su tono de voz, sus ojos verme reflejada en la profundidad de su mirada, su porte, su aroma, su seguridad, o todo el conjunto en sí, la realidad es que aún sin yo quererlo estaba muy mojada y él ni siquiera me había tocado, eso me asustaba, nunca me había pasado ni con Mauro me había sentido alguna vez así de excitada y a la vez asustada con mi reacción.

    Cuando terminamos la cena, apareció de nuevo la mujer que antes nos había servido, en cuanto retiró los platos él se levantó de su silla me ayudó a levantar y me tendió su mano.

    Nos dirigimos de nuevo a su garaje, esta vez entramos en un auto sedan. Salimos en silencio yo sentía algo mal, aunque quería ir a casa y estar con mi familia, había algo en ese desconocido que me hacía dudar de volver tan pronto a casa, rápidamente descarté esa idea y observe en silencio el paisaje por la ventana del lujoso automóvil.

    Cuando estacionó fuera de mi hogar antes de bajar me entregó el sobre con mis fotos ni cuenta me di a qué hora la había tomado de vuelta.

    —Son tuyas, son las únicas copias no hay más.

    —Gracias

    Mi instinto fue darle un suave beso de despedida, pero él lo rechazó y me invitó a bajar muy amablemente del auto.

    Salí de ese auto como en automático mire las luces de la casa apagadas, solo el foco de la entrada estaba prendido, no debía ser tan tarde pero supuse que ya todos estaban dormidos.

    Cuando entre en casa vi mi bolsa justo donde la había dejado guarde rápidamente el sobre con las fotos en él, busqué enseguida mi celular estaba por un lado tenía varias llamadas perdidas, y mensajes de mis amigas preguntando por mí y diciendo que me estaban esperando, el último ya tenía más de dos horas que lo había mandado Sandra, luego de leer los mensajes deje el móvil sobre la mesa, ya me imaginaba que el siguiente día me preguntarían qué fue lo que me impidió ir a la reunión sin siquiera avisar que no podría ir, me quite los tacones para hacer el menor ruido posible y me fui a revisar a mis niños.

    Abrí con cuidado la puerta de Fabián él es el mayor tiene nueve años y de los dos el más parecido físicamente a mí, aunque se comporta más como su papá, lo observe dormir por un tiempo estaba muy tranquilo con la sábana hasta la cabeza, se parecía en eso a su padre, aunque estuviera haciendo calor dormían cubiertos hasta la barbilla, le deje un beso en la frente y me dirigí a la siguiente habitación en ella se encontraba Nicolás el solo tiene siete años él tiene más parecido a la familia de mi esposo en especial a su abuelo, tiene los mismos ojos de mi suegro, siempre ha sido el orgullo de ese hombre mostrar que su nieto es igualito a él, Nicolás estaba dormido solo en calzoncillos y atravesado por mitad del colchón, él es más loco para dormir jajaja más parecido a mí en ese aspecto, le di su beso al igual que su hermano y salí en silencio tratando de no despertarlo.

    Seguía mojada pensando en él ese recado que me dejó sobre la almohada:

    «HOY SERÁS MÍA»

    Seguía en mi mente no sabía que esa simple frase me llevaría a pensar tantas cosas, tal vez si empezaba a ser de él, aun sin apenas tocarme sentía algo por él, tal vez sin aceptarlo del todo ya era suya.

    Con esos pensamientos y con esa sensación me dirigí a mi alcoba abrí la puerta, con cuidado deje los zapatos junto a ella y termine de entrar en la habitación Mauro estaba boca abajo, me pare junto a la cama, la luz de la calle se filtraba por las persianas dando algunos destellos de luz dentro de la habitación, pude notar su cuerpo.

    Me quite los aretes y la gargantilla los dejé en el alhajero sobre el tocador luego deslice mi vestido por mi cuerpo, me deje el liguero, las medias y las bragas, subí enseguida a la cama y abracé a mi marido, él estaba profundamente dormido mis manos buscaron el calor de su cuerpo tratando de apagar el calor que invadía mi interior, comencé por tocar su espalda bajando hasta sus nalgas, repetí el proceso a la inversa hasta llegar a su nuca, Mauro ya estaba despierto, me subí a horcajadas sobre su espalda y comencé por darle un rico masaje hasta que él se giró dejándome bajo su cuerpo, su peso cayó sobre mi cuerpo, vi su sonrisa y luego me beso apasionadamente como solo él sabe hacerlo.

    Me encanta ese momento en que lentamente va entrando en mí, sentir su dureza abriéndome de a poco, como mis labios húmedos se abrazan a ese gran trozo suyo, y lo cobijan, lo anhelan, lo sienten, lo gozan, adoro como lo hace lento, desesperadamente lento, dejándome sentir cada centímetro de su daga, como si me fuera partiendo en dos, inundándome de gran placer, como su daga gruesa, dura, caliente, palpitante se moja hasta instalarse en lo más profundo de mi ser.

    El disfruta de como mi boca se abre mientras mis ojos se cierran, ese primer gemido que me provoca y que es imposible guardarlo para mí.

    Me encanta como se instala dentro de mí y se queda quieto con su miembro hasta el fondo calmando mis ansias, como lentamente comienza con sus movimientos hasta lograr ese perfecto vaivén que tanto disfruto, que él conoce a la perfección.

    Adoro sentir como me toma y de a poco me dice sin ninguna palabra;

    Eres mía.

    Y sí, soy suya, o lo fui por mucho tiempo hasta esta noche.

    Me encanta escuchar ese gruñido que intenta decir mi nombre en sus labios justo antes de vaciarse.

    Cuando desperté en la mañana Mauro aún seguía dormido, no pude dormir muy bien a pesar de que Mauro sabe cómo complacerme hoy sentía un vacío, como si me faltara algo mi mente estaba en otro lado ese hombre me había desestabilizado y me costaba admitirlo, pero yo era feliz en casa con mi familia, con un marido que me ama y un par de niños que son mi vida, el desconocido solo era una distracción de mis pensamientos, y una constante humedad en mi entrepierna.

    Le di un tierno beso en la frente a Mauro que se despertó se estiró como siempre lo hace cada mañana, me tomo por el cuello para acercarse a mí y me dio un suave beso de buenos días salió de la cama dejando sus bóxer en la cesta de la ropa sucia y lo vi caminar desnudo hasta el baño

    para ducharse antes de ir a llevar a los niños al colegio y luego irse a trabajar cuando desapareció de mi vista estuve a punto de seguirlo al baño, en vez de eso me puse mis mallas deportivas y aliste mi mochila para la oficina luego fui a despertar a los niños para alistarlos para la escuela, Nicolás era quien dormía más cerca de nuestra habitación así que fui con él primero ya estaba despierto cuando entre en su cuarto le di un beso en la frente y luego de darle su bendición fui al cuarto de Fabián entre y la luz aún estaba apaga con las cortinas tapando la claridad del nuevo día que ya comenzaba a aparecer.

    —Arriba flojito que ya es hora de levantarse.

    Le dije suavemente mientras besaba su frente, tuve que moverlo hasta asegurarme que se había despertado completamente después baje para hacerles un ligero almuerzo antes del colegio.

    Los despedí a los tres en la puerta con un pan tostado embarrado con un poco de mermelada de higo casera -receta de mi abuela- en mi mano y la bolsa en la otra.

    Mauro se fue con ellos rumbo a la escuela y yo me fui al gimnasio.

    Ese día no hice mucho ejercicio cuando llegue a las instalaciones mis amigas Edith, Judith, Lupita y Sandra ya estaban allí, en cuanto me vieron llegar todas fueron corriendo a verme.

    Les conté rápidamente lo que me había pasado sabía que podía confiar en ellas y que no contarían nada, bueno no había pasado nada.

    Quién era?

    Que quería?

    Cómo te encontró?

    Es guapo?

    Donde dices que vive?

    Que piensas?

    Cómo es?

    Me atosigaron con tantas preguntas que tuve que detenerlas para explicarles con detalle todo lo que había pasado todas estaban atentas e intrigadas por quien era ese sujeto al igual que yo nadie parecía recordarlo, alguna estaba indignada, otra estaba preocupada por mi seguridad, una estaba casi igual de emocionada que yo lo estuve en la noche, la otra pensaba que deberíamos investigar algo de ese hombre.

    Judith, Sandra y Lupita me decían que había hecho lo correcto en marcharme de esa casa, yo sabía que había tomado la decisión correcta aunque mi deseo por ese extraño no desaparecía Edith en cambio opinaba que debería haber aprovechado la ocasión todas volteamos a verla mal, hasta yo que en parte deseaba haberme quedado.

    Cuando nos despedimos me dirigí a la oficina al buscar las llaves del auto, dentro de mi bolso vi de nuevo el sobre con mis fotos, las saqué con cuidado de que nadie me viera estaba en el estacionamiento así que no había mucha gente, revise las fotografías más detenidamente en especial las de mi juventud, estaba una en particular de mi época de escuela donde aparecemos varios compañeros no podía recordarlos a todos, tal vez alguno de esos chicos era mi hombre misterioso, yo solo pensaba en sí iba a volver a verlo, algo dentro de mí así lo quería y mi conciencia empezaba a admitirlo además él no parecía de los que se daban por vencidos al primer no, aunque pensándolo bien cualquier mujer estaría feliz porque un hombre como él se fijará en ella y de seguro mujeres no le faltaban tan solo con verlo llegar en cualquiera de sus autos tendría a muchas interesadas buscando atraparlo, pensar eso me provocó un pequeño malestar.

    Luego de reprocharme a mí misma mis pensamientos guarde las fotos de nuevo tendría que deshacerme de ellas antes que las viera Mauro, cuando las dejé en el asiento de mi auto vi el número de teléfono anotado en una esquina del sobre, mi corazón se aceleró con esta nueva oportunidad.

    Junto al número estaba algo escrito.

    «Ahora depende de ti si nos volvemos a ver»

    Nerviosa maneje hasta el trabajo, luego de saludar a todo el equipo fui hasta mi oficina deje el sobre en el escritorio apunte rápidamente el número en mi agenda y luego guarde el sobre con las fotos dentro de un cajón con llave mirando para todos lados como si estuviera cometiendo algún crimen luego de cerrar el cajón comencé con los números de mis proyectos. Ese día tendríamos una reunión con el departamento de arquitectos para ajustar los detalles del nuevo edificio que estábamos por iniciar en los próximos días era un cliente nuevo al parecer importante y los patrones nos habían pedido, no, más bien nos habían exigido que no hubiera errores porque querían ese nuevo cliente como perros rabiosos y no querían desperdiciar esa oportunidad.

    Yo confiaba en mi equipo somos buenos en lo que hacemos por eso nos habían contratado, toda nuestra empresa está llena de talento solo está José dentro de los arquitectos que se cree superior a todos, es bueno pero su ego no permite que alguien más tenga una buena idea, con él es con quien deberíamos tener cuidado en este proyecto.

    Llene mi taza con café antes de irme a el salón de juntas donde iba a ser la reunión, pasé por el cubículo de Cristina para que fuera conmigo, ya estaba lista solo tomo las cosas necesarias para la reunión caminamos hasta allá, me gusta ser puntual así que tome tiempo de sobra para subir dos pisos por las escaleras, no me gusta mucho la idea de esperar el elevador por solo dos pisos.

    En la reunión estaríamos José el encargado de arquitectos y alguien de su equipo pensé que iría con él Paco un joven pero brillante arquitecto, también asistirían encargados del departamento jurídico para revisar los términos legales y un par del departamento de publicidad, también estarían los jefes para revisar que todo estuviera bien y en orden para poder cerrar el trato.

    Ya nos encontrábamos todos en la sala de juntas solo esperábamos por los altos mandos de la empresa para poder comenzar, llegaron puntuales, pero no venían solos venían con el que imagine sería el nuevo posible cliente, luego de saludar lo presentaron como:

    Eduardo Becher

    Al escuchar el nombre completo mi memoria fue al pasado, justo hasta primero de secundaria, me vino a la mente la fotografía que estaba en el sobre, ahora si que podía reconocer al chico tímido que estaba justo en la orilla de todos, como con ganas de no querer salir en la foto, él solo había estado unos meses con nosotros, su padre era alemán, su madre si era mexicana estaban en el país para impulsar el negocio familiar, pero las empresas de su papá estaban en Europa y sólo pasaron un corto tiempo con nosotros para luego marcharse de nuevo al viejo continente.

    Verlo allí me causó una fuerte impresión, el comenzó a caminar con autoridad por el lugar saludando a cada persona que estaba en el salón mano a mano y mirando los ojos de cada uno cuando lo saludaba.

    Cuando llego a mi lado me saludo de la misma forma que a todos los demás sin hacer ninguna distinción, parecía distinto al hombre que me secuestró la noche anterior, aunque en sus ojos sentí un pequeño brillo especial, o eso quise creer.

    Ahí estaba Eduardo elegantemente vestido con su porte de tener siempre el control, hoy no llevaba traje oscuro, hoy llevaba un traje claro, pero el efecto que provoca es el mismo. Al saludarlo pude notar su aroma, el mismo aroma embriagante de la última vez.

    Diablos es que siempre vestía tan bien?

    Siempre lucia así?

    Siempre olía rico?

    Comencé a sentirme nerviosa con su presencia, tuve que obligar a mi cabeza a que se concentrará en la reunión.

    La reunión pasó como en un suspiro apunte todos los detalles importantes para el proyecto.

    En cuanto terminó la reunión él se fue sin prestar en mí ningún tipo de atención especial.

    Cuando regrese a mi oficina me encontré con un sencillo ramo de casablancas era mi flor favorita, Mauro lo sabía, sonríe al verlas, mis compañeras estaban emocionadas casi como yo, cuando tomé la tarjeta no vi el nombre de Mauro escrito en ella, eran de Eduardo mi corazón dio un brinco de emoción y luego se entristeció un poco, hacía tanto tiempo que Mauro no tenía un detalle así conmigo. Guarde rápido la tarjeta antes de que algún indiscreto viera el nombre de otro hombre en ella.

    Quien lo entendía un día me hacía sentir la mujer más hermosa del mundo, la más deseada con su mirada, luego al otro día parecía no reconocerme y prácticamente me ignoraba y luego me mandaba las flores más hermosas y aparte mis preferidas, a qué diablos estaba jugando.

    Porque me confundía de esa manera, note que aunque sentía un coraje por sentirme ignorada, el deseo de nuevo estaba vivo dentro de mí.

    Tome la agenda donde había apuntado su número y marque hecha una furia para saber qué es lo que quería.

    El teléfono sonó un par de veces antes de escuchar su voz al otro lado del teléfono.

    —Hola Rocío pensé que no ibas a marcar

    Cuando escuche su voz todo el valor que había logrado reunir se me esfumó colgué como una adolescente insegura y guarde la agenda de nuevo.

    Acababa de guardar la agenda cuando comenzó a sonar mi móvil.

    Era Mauro, por un momento sentí una desilusión pensé que podría ser Eduardo.

    —Hola amor

    —Hola Rocío solo hablaba para decirte que saldré tarde hoy del trabajo, no me esperes a cenar.

    —Tengo ganas de cenar contigo -le dije en un tono meloso-.

    —Yo también pero tengo mucho trabajo.

    Sabes que, trataré de acortar la junta para llegar a cenar.

    —Te espero.

    —OK te amo.

    —Yo también

    Últimamente no habíamos pasado mucho tiempo de pareja, aunque tratábamos de salir sin los niños por lo menos una vez por semana teníamos más de dos meses que no lo habíamos hecho.

    El móvil sonó de nuevo.

    Esta vez era él, mi corazón se aceleró no sé porque me arregle el pelo antes de contestar.

    —Hola! Gracias por las flores son muy lindas

    —De nada se que son tus favoritas.

    —Sí ya ni te voy a preguntar cómo lo sabes, pero no sé me hace bien que le mandé flores a una mujer casada…

    No me dejó continuar

    —Oye tú marcaste mi número.

    Un tenso silencio nos interrumpió

    —Sabes siempre has sido mi fantasía y hoy que estás aquí, no quiero que nada se interponga, te propongo una noche, solo un encuentro entre los dos, nada de sentimientos solo sexo y cada quien por donde quiera.

    —¿Pero quién crees que soy? -dije ofendida- si también me conoces… Sabes que no soy así.

    —Sé que no eres así, pero hay cosas que no se pueden controlar, lo vi en tus ojos sabes, lo vi en tus reacciones, sé que no te soy indiferente y sé que has pensado en mí.

    Colgué el teléfono confundida, indignada; asustada y pensativa, como sabía todo eso, cómo podía leerme así, todo lo que dijo era cierto, estuve un rato dando vueltas a esa posibilidad en mi cabeza al fin un encuentro y se acabó, ¿que podría salir mal?

    Decidí olvidarme de la loca idea de un encuentro furtivo con Eduardo, y comencé a concentrarme de nuevo en mí trabajo.

    Esa noche tal como lo prometió Mauro llegó temprano a casa, cenamos y mandamos pronto a los niños a dormir, subimos a nuestra habitación decididos a darnos una ducha juntos, lo enjabone como hace mucho tiempo lo hacíamos él estaba de espaldas a mí, mis manos iban y venían por todo su cuerpo y ponían especial atención a su parte más privada, me encargue de hacerlo endurecer y comencé a subir y bajar mi mano en esa zona resbalaba tan fácil por el jabón y él con las manos en la pared a la inversa de como en muchas otras ocasiones hemos estado, no llegué a hacerlo terminar, él tomó el control y fue su turno de poner sus manos sobre mi cuerpo sentí sus caricias recorrer cada parte de mí, se sentía tan bien, era un baño tan placentero, no sé porque hemos dejado de hacerlo así el si me llevo hasta el final, sus dedos entraron en mí fácilmente.

    Me di cuenta que estaba pensando en Eduardo y eso de algún modo facilitó mi orgasmo pensar en que eran sus manos las que me tocaban adelantó el trabajo.

    Cuando Mauro me quiso penetrar no se lo permití, salí de allí cerrando el agua y llevando a mi esposo de la mano.

    Él me seguía hipnotizado con la calentura por delante lo aventé sobre la cama y me subí sobre él, cerré los ojos para ver el rostro de Eduardo puse mis manos sobre sus pectorales con ansias y ganas de que fuera otro mis caderas se frotaban contra las suyas, podía sentir su desesperación por penetrarme intentaba hacerlo, pero yo no lo quería dentro, no aún, así que jugué con su dureza frotando mis labios contra él sin dejar que me penetrara solo masturbándome…

    Recorría toda la extensión de su pene con mis labios hasta llegar a ese botón que me vuelve loca ahí me presionaba un poco más contra él, yo gemía y él también cuando por fin terminé mi orgasmo lo tomé con mi mano firme por la base y lo guíe hasta mi hendidura Mauro gimió cuando lo dejé entrar en mí.

    —Chio!!! Chio!!!

    Susurraba mientras mis movimientos de cadera iban en aumento.

    Seguía caliente pensando calladamente en Eduardo, subía y bajaba a un mayor ritmo cada vez sentía sus testículos chocando contra mi trasero y sus manos sobre mis tetas, no buscaba su placer, no, buscaba quitarme esta puta calentura que otro hombre me provocaba me corrí justo a tiempo mi marido se corrió al siguiente movimiento mío, me quedé sentada así, sintiendo como su dureza perdía su fuerza, sintiendo como su semilla empezaba a derramarse sobre su pelvis.

    Pero no estaba satisfecha, por primera vez este hombre no me llenaba y eso me entristeció.

    Luego él como si algo presintiera me miró a los ojos, secó una lágrima de ellos y me jalo a su pecho no sé cuánto rato estuvimos así, cuando me recosté en mi lugar él ya tenía tiempo dormido.

    Mi entrepierna seguía deseando más y mis pensamientos estaban acelerados.

    Los siguientes días los pasé un poco más tranquila, relativamente, pues aún faltaban algunos cálculos para comenzar con el nuevo proyecto de Eduardo que comprendía un complejo de departamentos de lujo, con centro comercial y algunas boutiques exclusivas, los días pasaron rápido ayudó el hecho de que no se apareciera de nuevo para distraerme con su presencia, aunque de vez en vez sacaba la agenda con la intención de concretar ese encuentro entre él y yo.

    En casa seguía todo bien, los encuentros con Mauro me seguían inquietando pues cada que estaba con él pensaba en Eduardo no me lo podía sacar de mis pensamientos, la nueva semana comenzó y el lunes seguí con la rutina ese día llevaba un conjunto negro con gris muy pegado a mi cuerpo, cada que lo usaba notaba más miradas de las acostumbradas, hasta el entrenador estaba más al pendiente mío, claro que me gusta la atención y sentirme atractiva pero hasta ahora ningún piropo o ningún hombre me había puesto a pensar en estar con él, solo era como una cuestión de ego o vanidad sentir como disfrutaban de verme.

    Baje de mi auto tome mi maleta y empecé a comer una barra energética para aguantar la rutina siempre los lunes me resultan más pesados, ese día tocaba ejercitar piernas y trasero y acabó muerta con esas rutinas que el entrenador me pone, le gusta estar cerca cuando estoy boca abajo en algún aparato para levantar las nalgas, entre saludando a Anni recepcionista me devolvió el saludo y después de checar con mi huella que mi cuota estaba al corriente la puerta de vidrio se abrió ante mí, me dirigí a la parte superior de las instalaciones que es donde se encuentran los aparatos de cardio para calentar un poco antes de empezar la verdadera rutina, ahí arriba estaba Sandra me puse en la elíptica aun lado de ella.

    —Hola chio!!!

    ¿Cómo vas con tu antojo imposible?

    —jajaja!!! Todo sigue igual, aunque lo pienso cada vez más.

    —Debes dejar de pensar en él… Lo sabes!?

    —Sí, eso lo sé pero no sé cómo.

    Casi terminaba con el calentamiento cuando subieron muy emocionadas Edith y Lupita venían cuchicheando algo entre ellas y riendo como un par de chiquillas.

    Se acercaron a nosotras y nos dijeron disimuladamente que había un nuevo cliente en el gimnasio y al parecer era muy guapa según ellas.

    Bajamos todas juntas entre risas para ver al nuevo chico que las ponía tan alegres.

    Era verdad que estaba guapo pues varias chicas estaban mirando disimuladamente para donde él estaba, mis piernas flaquearon un poco cuando lo reconocí.

    Traía puesta una playera blanca sin mangas dejaba ver un tatuaje que comenzaba en su bíceps y parecía continuar hasta su pecho, le hacía lucir sexi, ahora entiendo cómo me cargo tan fácil sus brazos eran fuertes, se le notaban las venas cada que flexionaba la mano al hacer el movimiento de subir y bajar la barra, su pecho se hinchaba cuando jalaba aire para poder levantar ese peso, no es que estuviera con ese cuerpo exagerado que tienen los que usan anabólicos, no, él estaba muy bien proporcionado sin exagerar en su musculatura, un pants gris claro muy pegado, dejaban ver un trasero firme y duro, y, por delante, se notaba el bulto que sentí tan pegado a mí la otra noche, estaba sudado, por lo regular no me gustan los hombres sudando pero por Dios que quise ser esa gota que bajaba por su cuello recorriendo todo su pecho y no solo detenerme en su playera, quería bajar mucho más…

    Debí de ponerme pálida porque Sandra me preguntó que si me sentía bien.

    —Es él

    Solo eso pude decir y ellas lo supieron en ese momento, comprendieron una parte de porque no dejaba de pensar en él, Edith reafirmó lo que me había dicho; debes dártelo por lo menos una vez, sino vas tú, iré yo hacer mi lucha -dijo riéndose de forma burlona.

    Sandra casi le dio un sape.

    Debo admitir que me dieron celos de ver como alguna chica más atrevida se acercaba a charlar con él.

    Me recompuse de la sorpresa de verlo ahí y camine hasta el aparato de patada trasera para ejercitar el trasero, es un aparato donde te acuestas boca abajo te tomas de unas barras para ayudar a que no te desestabilices y luego con las piernas empiezas a levantar las pesas, siempre en esa posición luce más el trasero y por lo regular es incómodo si hay algún hombre fisgón cerca pero hoy no me importo, estaba justo enfrente de Eduardo, lo que quería era que pusiera su atención en mí, pero el muy cabrón no me ponía ninguna atención, sólo un cordial buenos días que le dirigía a todos los que pasaban por ahí.

    Eso me enfureció no comprendía porque a solas era uno y en público parecía no reconocerme, seguí con mi rutina.

    Casi al terminar mis ejercicios cuando estaba junto a mis amigas preparándome para ir a bañarme se acercó.

    —Hola señora Arreola es un placer encontrarla en este lugar, no la había reconocido sin su uniforme.

    Cabrón, ya sabía en donde tengo mi membresía por eso vino aquí.

    —Señor Becher buenos días.

    —Puedes hablarme de tu.

    —Muy bien Eduardo, puedes decirme Chio, mira ellas son: Lupita, Edith y Sandra son mis mejores amigas falta Judith pero parece que hoy ya no vendrá.

    —Mucho gusto señoras, me alegra conocer a las amistades de una muy buena colaboradora.

    —Encantadas!!!

    Si se hubieran puesto de acuerdo no les hubiera salido, solo les faltaba babear enfrente de él.

    Luego se despidió de todas con un suave beso en la mejilla.

    Camine con rumbo a los vestidores y cuando estaba por entrar en él, sentí como una mano me empujaba para que me diera prisa, no necesite ver quien era, la corriente eléctrica en mi espalda me lo dijo.

    Entramos en el vestidor el muy pegado a mi espalda, pude notar su agitación.

    Me dijo en un susurro:

    —Me encanta tu culo, espero algún día follarle por ahí.

    El muy cabrón sonreía al decirlo, eso me aceleró el pulso, su sonrisa, pero fue el tono en que lo dijo lo que me hizo estremecer y desear que pasara, trate de que no se notará mi voz temblorosa cuando conteste.

    —¿Por qué les gusta tanto por ahí?

    —Porque es un deseo animal

    Muy sucio, pero a la vez es muy excitante. Nos hace sentir que dominamos a través de una parte muy vulnerable, íntima, delicada.

    Esa parte no se la das a cualquiera, el culo sólo se lo ofreces al que logra sacar esa parte animal que llevas dentro, todos la llevamos, pero no todos la saben motivar, no todos son capaces de llevarte a ese nivel de excitación y deseo. No con cualquiera creas ese vínculo. Y cuando lo logras, cuando logras que una mujer te ofrezca ella sola ese orificio tan suyo, es simplemente mágico.

    Su respuesta me mojo tanto que estuve a punto de desnudarme ante él en ese mismo momento, nunca había pensado en eso, nunca nadie me había hecho desear ofrecerlo a nadie, Mauro había dejado de insistir en ese tema hace tiempo, y aquí estaba este desconocido, que no sé cómo me hacía desearlo, que me calentaba con la idea de que él y solo él me tomará por ahí, sentí enrojecer mis mejillas ante la idea, él sonrió con mi reacción.

    —¿Entonces es como un tipo de premio?

    Saber que eres especial en su vida y que estas donde nadie o muy pocos han estado.

    —En cierta forma sí, representa la conexión y la entrega, que no hay complejos ni nada se interpone entre ustedes, es otro nivel de intimidad.

    Mi mano ya estaba buscando y acariciando su paquete, su boca estaba muy cerca de mí cuello, sus labios comenzaron a besarme lentamente, centímetro por centímetro.

    Su mano se movió acariciando mi cuerpo, no se fue directo a mis pechos como un adolescente desesperado, ni a mi sexo ya húmedo y deseoso, aunque yo lo quería, este cabrón sabía cómo manejarme prolongó el martirio, sus manos viajaron por mis piernas agachándose un poco para recorrerlas todas, tocó mi espalda, y acarició suavemente mi trasero, una fuerte nalgada me sacó de mis pensamientos románticos, sentí un escozor en toda esa zona, eso debería dejar una marca su mano estaría por algunos minutos en mi nalga derecha, su mano había comenzado a subir mi blusa, un poco de decoro pretendió detenerlo pero no opuse mucha resistencia, estaba ya sin ella cuando sus manos tocaron mis senos, los tocaba suavemente con las yemas de sus dedos, mis manos subían y bajaban por encima de su pants ya estaba completamente duro, es delicioso sentir ese efecto, sentir como crece y se endurece en tus manos.

    Me siento perfecta cuando sus ojos me miraron así, mis pechos están al aire, libres ante sus ojos, su oscura mirada me enloquece.

    Mi abertura está derramándose por él, esperando por él, cuando por fin comienza a bajar mis mallas mis manos sacan su camisa por encima de su cuello, estoy lista, entregada a él…

    Me subió al mostrador frente al espejo.

    El morbo de que nos descubrieran era tremendo.

    Su orden fue clara; te quiero en silencio.

    Yo no sabía lo que eso significaba; ¿quería ver si me podía contener de gemir? ¿sólo podía decir su nombre justo en el momento del orgasmo…?

    Pues bien ahí estaba él, con su cabeza entre mis piernas, con su hábil lengua dándome placer, subiendo y bajando, jugando, dando pequeños mordiscos y succionando en mi ya hinchado clítoris, sentía palpitar mi sexo, sentía como mis piernas comenzaban a ponerse rígidas antes del gran temblor, como mi respiración cambiaba, sentía esas ganas de terminar ya latentes, él me estaba llevando al límite y ese límite se acercaba peligrosamente, de mi boca se escapaban pequeños gemidos sin mi permiso y él seguía y seguía…

    Con mis manos sobre su cabello, yo solo podía implorar una cosa en ese preciso momento, así que lo desobedecí;

    —¡Por favor ya fóllame!

    Fóllame ya!

    Él me obedeció.

    Mi deseo?

    Su deseo?

    O el deseo de los dos…

    Que importa

    Cualquiera que sea la respuesta a esa duda nunca lo sabré, solo se que fue impecable en su actuar, sus movimientos fueron exactos, el ángulo en que entró en mí me hizo vibrar, sus manos alterando entre mis caderas, tocar mis pechos, jalar un poco mi pelo, buscar mis labios y luego darme a probar mis jugos, sus jugos, ambos… En sus dedos, mi gloria. Sentir mi sabor y su sabor en sus dedos, en mi boca, me hizo sentir sucia pero no me importaba nada me importa en ese momento, solo quería saborearlos mientras esa sensación de calor en mi vientre se empezaba a expandir cada vez más fuerte con cada nueva embestida que me daba.

    Provocando esas cálidas sensaciones que recorren mi cuerpo y me acercan a explotar…

    A veces es bueno ceder el control dejar que el otro simplemente te ordene que hacer, no con cualquiera, no, se lo debe ganar y él se lo ha ganado no sé cómo ni porqué…

    Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, pues esta es mi guerra, esta es mi aventura, así que en esta aventura decido YO.

    No sé porqué, pero quiero esto o es esto me quiere a mí?

  • Embarazo a la esposa de mi amable amigo

    Embarazo a la esposa de mi amable amigo

    Volviendo al tema de Claudia Carolina, apenas pasaron unos minutos en que Javier le llamó para decirle que iría a cenar, ella inmediatamente me escribió y me dijo que se dirigía al hotel, le dije al encargado que llegaría una señorita preguntado por mí, que le diera el número de mi habitación, él solo me dijo que no quería sexo servidoras, yo me enojé y le dije que era la esposa de mi amigo, que la dejara pasar, él solo sonrió y asintió con la cabeza.

    Subí y me preparé, una ducha rápida y un poco de cerveza, tenía que estar listo cuando ella llegara, unos 20 minutos después, el encargado me habló avisándome que la esposa de Javier subía por el elevador, yo abrí la puerta para que ella pasara y la esperé en la cama.

    Unos instantes después ella entro, mi sorpresa fue tal al verla con una gabardina negra que solo dejaban ver sus tacones color negro.

    CC: Hola, ¿me extrañaste?

    L: ¡Estaba ansioso para esto!

    CC: ¡Tengo algo especial para ti!

    L: ¡Muéstramelo!

    Ella se quitó su gabardina ¡y dios mío! Su cuerpo era cubierto por un baby doll negro, que marcaba excelente su figura, sus tetas se notaban geniales y al darse vuelta el ver como sus grandes nalgas sobresalían no pude contener mi emoción.

    L: Dios, ¡qué buena estás!!

    CC: ¿Te gusto?

    L: ¡Nena, que rico!!

    CC: ¡Javier me lo compro!!

    L: ¡Que buen gusto tiene!

    Entre sarcasmo y burla, Claudia Carolina lentamente se acercó a mí, yo como niño con juguete nuevo acariciaba todo su cuerpo, ella me besaba muy rico, con sus manos tocaba mi verga por encima de la toalla con la que me cubría, su dulce aroma me fascinaba, la dureza de sus tetas me ponía a mil, le apretaba sus nalgas y continuábamos besándonos apasionadamente.

    Ella llevaba su lengua recorriendo todo mi cuerpo, desde mis pies hasta mi cabeza, me erizaba todo al sentirla entre mis entre piernas, lamiendo y mordiendo muy rico, nuevamente como una noche antes, coloco mi ver gane medio de sus ricas tetas y comenzó a masturbarme con ellas, silencioso disfrutaba el momento, le acariciaba su espalda ay su cabeza, ella abrió su boca y metió mi glande, lo mamaba muy rico, su lengua limpiaba perfectamente mi cabeza, luego fue subiendo la velocidad de los movimientos de sus tetas, mi verga estaba durísima, Claudia Carolina me tenía complacido, yo le agarraba sus ricas nalgas y llevaba mis dedos cerca de su vagina.

    La detuve un momento y la levanté para mamarle sus ricas tetas, me comía su pezón, jamás había visto un pezón tan hermoso y ella los tenia, sin yo decirle nada Claudia Carolina se acomodó para un 69 y ambos nos comenzamos a chupar.

    L: ¡Sabes muy rico!!

    CC: ¡Me encanta tu dureza!!

    ¡Que rico! ella me mamaba mi verga como si no hubiera mañana, mientras tanto mis dedos y mi lengua trabajaban su vagina, la cual escurría al sentirme rozar su clítoris.

    Enrollaba mi lengua y apoyándome en sus nalgas la metía y sacaba simulando una follada con un pequeño pene, ella ya tenía mi glande todo rojo de tanta chupada, nos estábamos quedando sin saliva, pero queríamos seguir comiéndonos mutuamente.

    Luego de tan rico momento oral ella quiso sentirme, esta vez se acostó y me pidió entrara en un misionero, la tomé de su cadera y empecé a penetrarla lentamente, sus quejidos y muecas me tenían a tope, subí mis movimientos hasta sentir que le movía todo por dentro, Claudia Carolina se comía mis 21 cm de verga.

    CC: ¡Que rico, uhm!!

    L: Que suerte tengo, ¡vaya que cogerme a una diosa como tú!

    Ella cerró sus piernas y subí encima de ella, parecía un gusano devorando a su presa, ella aguantaba mi peso y por la posición mi verga era apretada más rico.

    Los gemidos de Claudia Carolina eran música para mí, le quité por completo su baby doll y desnuda totalmente la orillé en la cama, levanté sus piernas y empecé a embestirla con mucha fuerza.

    Le besaba sus pies, mordía sus dedos con pasión, mi lengua recorría sus pantorrillas mientas mi verga entraba con fuerza en ella, Claudia se apretaba las tetas y se mordía los labios, estábamos gozando muy rico.

    Me senté en la orilla de la cama para continuar nuestro rico acto, ahora ella se daba unos sentones muy ricos, no me molestaba que a veces se dejara caer con fuerza, al contrario, disfrutaba guiándola tomándola de su sensual cintura y apretando sus duras y grandes tetas, estábamos en lo nuestro cuando de pronto sonó el interfono.

    -Señor Luis!

    L: ¡Que pasó!!

    -Acá abajo está el señor Javier, ¡solicita verlo!

    Un fuerte escalofrío me recorrió, el tonto de Javier había venido haberme y si lo dejaban pasar podía encontrarme con su esposa, pero, por otro lado, podía acabar con ella y dejarlo esperando, así que hice lo segundo.

    L: Dile que me espere, ¡unos 20 minutos!

    -Entendido señor!

    CC: ¿Quién era amor?

    L: Ah, ¡me acaban de decir que tu marido esta abajo!

    CC: ¡¿Qué??!!!

    L: Tranquila no va a subir, yo bajaré ¡pero aún falta terminar contigo!

    Sin permitirle otra reacción, la puse de pie y la pegué en el ventanal, ella se apoyaba de las cortinas mientras con la excelente vista de la ciudad la embestía con fuerza.

    L: Si, que rico, Javier esta abajo y tu estas aquí, ¡uhm!!

    CC: ¡Ah, uhm!!

    L: ¡Que infiel eres, uhm!!

    CC: ¡Dios, agh!

    L: ¡Deberíamos invitarlo, que vea como te cojo!!

    CC: ¡Luis!!!

    Mis palabras la pusieron más caliente y mientras su esposo me esperaba en la recepción yo la tenía con la pierna levantada en un rico “patita de ángel” Claudia Carolina estaba más caliente aún, se movía magnifico, yo le agarraba las nalgas para empujarla más a mí, coger de pie con ella era fantástico, sudábamos y disfrutábamos lo que hacíamos, ahora estábamos en una silla y ella abriéndose toralmente de piernas me cabalgaba delicioso.

    Le mordía sus tetas mientras ella hacia su mejor movimiento, mi verga entraba por completo, ella sudaba y sentía como estaba por llegar, su vagina se contraía, su respiración se aceleraba y en eso, Claudia Carolina se corrió, mojándome toda la pelvis, parecía que se orinaba, pero eran fluidos que conseguí sacarle.

    CC: ¡Agh, papi, uhm!!

    L: Si, uhm, ¡apuesto que él no te hace esto!!

    CC: ¡Que rico, esto es la gloria, agh, Luis!!

    L: ¡Si mi amor, uhm, eso, eso!

    La llevé a la cama, ella aun gozando su orgasmo se puso en cuatro y como un toro salvaje empecé a embestirla, de pronto sonó nuevamente el interfono.

    L: ¡¿Qué pasa?!

    J: Luisito, que pasó amigo, te sigo esperando, ¡ya van 25 minutos!

    L: Hermano, me agarras ocupado, ¡uhm!

    El cabrón de Javier insistía en verme, seguía en la recepción del hotel, mientras tanto yo jalándole el cabello a Claudia Carolina continuaba penetrándola dándole a devorar mi verga, la tenía gimiendo y mordiendo la almohada, esa mujer ahora era mi puta y su esposo tenía que esperar…

    L: Amigo, uhm, ¡déjame acabar con esto y te veo!

    J: Jajá, cabrón, está bien, mientras iré al bar del hotel, ¡ahí te veo!

    L: ¡Sale amigo!

    Ya sin la interrupción del cornudo de Javier, ahora si me movía como toro salvaje, ella también se movía, pronto estábamos gimiendo y aullando, las nalgas se movían fantástico, su vagina mordía literalmente toda mi verga, yo comencé a llegar al clímax…

    L: ¡Uhm, bebe, me vengo, ah!

    CC: ¡Ah, yo igual nena, agh!

    L: ¡Te voy a preñar nena, agh!

    CC: ¡Si, embarázame, agh!!

    Que locura, mi semen salió a chorros, ella se movía para sentirme mejor, Claudia Carolina también se estaba viniendo, nuestro orgasmo fue fantástico, sudados y llenos de fluidos terminamos como perros.

    Claudia Carolina bajó y me dio una mamada, una muy rica, tan rica que en pocos minutos nuevamente la tenía durísima, esta vez Claudia subió a cabalgarme y lo que me dijo me calentó y me dejo atónito.

    CC: Embarázame, ¡sé que tu si lo harás!!

    L: Pero, ¡no juegues!!

    CC: No diré nada, solo quiero tener algo tuyo, ¡vamos préñame!

    L: ¡Mamacita, eres la mejor!

    Claudia me cabalgaba fantástico, nos besábamos ya más apasionado, le mordía sus tetas, le acariciaba las nalgas, me deleitaba con sus carnosos muslos le masajeaba sus pies, todo estaba disfrutando. Olvidé por completo que Javier me esperaba en el mini bar, pero el momento que estaba pasando con ella me tenía dominado.

    CC: ¡Si, así, uhm, dios mío!

    L: ¡Agh, que rico, muévete, uhm!

    CC: ¡Luis, agh, embarázame, uhm!!

    L: ¿De quién eres?

    CC: ¡Tuya, ah, tuya mi amor!

    Que rico era tenerla arriba de mí, era una experta cabalgando, que pena por Javier, pero le iba a cumplir a Claudia Carolina.

    Ella ahora invertidamente movía sus caderas mientras yo se las acariciaba y le daba nalgadas, sus movimientos iban en aumento, ambos estábamos por terminar de nuevo. Finalmente, en una tremenda explosión mi semen la llenó nuevamente, ambos jadeábamos y gemíamos, disfrutando el gran orgasmo obtenido.

    L: ¡Uhm, Claudia, que rico!

    CC: Oh, ¡nene espero haya sido preñada por ti!

    Nos besamos apasionadamente sellando el pacto frio que habíamos hecho, me duché y en lo que ella se duchaba le dije que yo me encargaría de Javier, que saliera sin preocupación.

    Y así fue, Javier estaba ya un poco ebrio, pero yo lo entretuve más, le di tiempo a su esposa de salir sin que él se diera cuenta. Al día siguiente ambos me despidieron en el aeropuerto, Claudia me dio una bolsa de fruta, pero dentro metió una foto de ella y un escrito agradeciéndome las dos noches, que la hice renacer y que me avisaría si había quedado embarazada.

    Dos meses después, Javier me avisó contento por teléfono que sería padre, esa noticia me hizo tener sentimientos encontrados, unos minutos después de que colgué con Javier, Claudia Carolina me llamó.

    CC: Felicidades, ¡serás padre!

    L: Vaya, ¡así que es mío!

    CC: Si, ¡pero él nunca sabrá!

    L: Es un trato, será difícil vivir con ello, pero valió la pena.

    Y así fue como la rica esposa de mi amigo, quedó embarazada de mí y no me arrepiento de nada, ya que eso me ayudó a regresar a ser como era y quitarme todas las dudas que tenía sobre mi sexualidad.

  • Deseo, disfrute y desenfreno (3)

    Deseo, disfrute y desenfreno (3)

    Desde la semana anterior, no había sacado de mi mente lo ocurrido en la entrevista, una parte de mi decía que estaba loca por meterme en algo así pero la otra me decía que me dejara llevar, que disfrutara de las experiencias y abriera mi mente. De nuevo se acercaba otro fin de semana y tras lo ocurrido me encontraba subida de ánimo, no hacía falta tener un hombre tras de ti para volver a ser feliz. Decidí que ese finde me vendría bien un poco de fiesta por lo que llame a varias amigas para hacer noche de chicas en nuestro restaurante de siempre y después ir a la discoteca de moda, tocaba pasarlo bien.

    El sábado por la mañana todavía andaba en camisón cuando llamaron al timbre, se trataba de un repartidor, que me traía un paquete. Lo abrí y me encontré con un bonito vestido burdeos de escote en pico y falda de vuelo no muy larga, la verdad es que se veía muy bonito. Bajo este había una pequeña cajita y dentro de esta me encontré con un huevo vibrador en el mismo color que el vestido. En el fondo del paquete una hoja doblada con el logotipo de D3 en la que ponía: «Seguro que esta noche tienes ganas de fiesta, así que aquí tienes la vestimenta que te hará triunfar, acompáñala únicamente con unos buenos tacones, NADA MÁS y no le cuentes a nadie tu secreto si no quieres estropear tu noche. Un saludo. Isabella»

    Buff no me esperaba todo esto, la sorpresa me había superado, iba a tener que llevar ese juguete toda la noche entre mis piernas, Y SIN ROPA INTERIOR!! Solo de pensarlo me había puesto caliente, así que me tumbe en la cama y comencé a jugar con mis pechos, sacándolos por el escote de mi camisón y apretándome los pezones que estaban ya duros como piedras, con la otra mano comencé a restregar mi rajita, aunque no tarde en hacer a un lado la braguita e introducirme un par de dedos que entraron suavemente. Comencé con un mete-saca continúo restregando con estos movimientos mi clítoris que estaba muy sensible mientras seguía jugando con mis pezones, dándoles pellizquitos que junto a lo demás me hacían estremecer. Fui subiendo la velocidad de mis movimientos hasta que me deje llevar en un delicioso orgasmo.

    A mitad tarde comencé a arreglarme, me di un baño relajante, después me dedique a mi pelo, secándolo bien y planchando mi larga melena castaña. Después me maquille cuidadosamente, aplicándome una suave sombra rojiza, junto a la raya negra que realzaban mis ojos verdes, un poco de colorete sobre mis mejillas, y como toque final pinte mis labios de color burdeos, como el vestido, dando un toque aterciopelado a mis labios. Tras esto finalmente me vestí con el vestido que había recibido y me subí en unas sandalias negras con un buen tacón. La verdad que el vestido me quedaba muy bien, yo no lo habría elegido mejor. La parte superior con el escote en pico hacia que se viera mi generoso escote pero sin mostrar mis pechos, aunque la fina tela dejaba intuir mis pezones aun estando en reposo. El vestido modelaba mi figura mostrando mi fina cintura, abriéndose tras esta el suave vuelo de la falda que escondía mis generosas caderas y terminando casi un palmo por encima de las rodillas, me sentía muy sexi. Me perfume bien y antes de salir puse el toque final introduciéndome el huevo en mi interior su toque aterciopelado y mi excitación ante lo que me podía esperarme esa noche hizo que ni siguiera necesitara lubricante. Finalmente agarre mi bolso y me dirigí hasta el restaurante donde había quedado con mis amigas.

    Llegue la primera por lo que espere en la puesta a que llegaran. En esas estaba cuando empecé a sentir una suave vibración en mi interior. Mire a todos lados pero no fui capaz de ver a nadie, seguía ensimismada buscando al culpable de que mi juguete hubiera empezado a vibrar cuando me sorprendió una de mis amigas, dándome un buen susto.

    M- ¿Estas bien Sophie?

    S- Si claro que si Marta, es solo que no te he oído llegar.

    La suave vibración ceso, mientras el resto de mis amigas fueron llegando. Entramos al restaurante y la cena fue transcurriendo mientras las botellas de vino iban y venían. Estábamos empezando con los postres cuando de nuevo volvió la vibración, esta vez con algo más de intensidad, que iba subiendo de forma progresiva hasta hacer que se me escapara un gemido que disimule metiéndome en la boca una cucharada de mi delicioso couland de chocolate.

    I- ¿Eso ha sido un gemido Sophie?

    S- Irene es que no sabes lo rico que está este postre, va a hacer que me corra- dije como pude disimulando y sonrojándome, a lo cual ellas respondieron echándose a reír.

    M- Creo que se te ha subido el vino a la cabeza.

    P- Me parece que Sophie necesita mojar ya, que lleva demasiado tiempo de sequía.

    S- Sois unas exageradas no es para tanto, solo hace un mes de que Carlos me dejo.

    I- Que somos exageradas, pero tú te has visto lo sexy que te has puesto, por no decir de los dos pezones que nos están apuntando-Todas lanzaron unas grandes carcajadas.

    Yo no aguantaba, tenía todas las miradas fijadas en mí y las vibraciones no cesaban, haciendo que apretara mis piernas conteniendo el huevo que parecía que se fuera a salir. Cuando la conversación cambio de camino aproveche para buscar por el restaurante mientras sentía que estaba a punto de caramelo. No sabía quién podía ser, en la barra había un hombre de unos 50 que nos miraba con descaro pero no me pareció que pudiera ser el, en otra mesa había un grupo de chicos que tampoco parecían culpables, entre la incertidumbre y la calentura me estaba volviendo loca. Sentí que me iba a venir cuando las vibraciones cesaron, no podía más así que me disculpe con mis amigas y fui al baño a terminar lo que la persona misteriosa había dejado a medias dentro de mi.

    Estaba llegando a la puerta del baño cuando alguien se acercó por detrás de mi, me agarro por la cintura sin que me pudiera girar y presionándome con su cuerpo, acerco su boca a mi oído y me susurro:

    V- Se buena y no te toques o te quedaras sin premio esta noche- y dicho esto desapareció rápidamente, dejándome allí plantada sin tiempo a reaccionar y ver quien era mi torturador.

    Cuando me recompuse entre al baño y únicamente limpie los jugos que empapaban mi rajita y empezaban ya a resbalar por mis muslos, después obediente me fui de nuevo con mis amigas, sintiéndome frustrada por no poder saciar mi deseo y con miedo a que mi juguetito se deslizara.

    Cuando acabamos, nos dirigimos al pub de moda de la ciudad. Por el camino iba sintiendo una suave brisa que hizo que mis calores bajarán, aunque no me podía sacar de la cabeza quien sería, por lo que no podía parar de inspeccionar a todos los hombres con los que nos cruzábamos.

    I-¿Buscando tu presa de esta noche Sophie?

    S- Eeh… no que va solo miraba no fuera a estar mi ex…

    P- Sisi claro ya te he dicho yo que necesitas alguien que te empotre.

    S- Ya basta chicas, sois unas exageradas, dejar el tema y vamos a pedir.

    Tras esto Irene y yo nos dirigimos a la barra mientras Marta y Paloma guardaban sitio. Cuando estaba pidiendo note que alguien se sobaba con mi trasero a la par que una mano estiraba del cordón del huevo y luego lo volvía a introducir. Cuando me volví de nuevo había desaparecido entre la multitud. No podía más con este jueguecito me estaba volviendo loca. El camarero termino de servirnos y cargando con los cubatas regresamos con el resto aunque parte de las copas que llevaba yo sé derramó pues otra vez el huevo se activó y di un respingo a consecuencia de esto. La noche siguió entre risas, copas, bailes y las vibraciones que me martirizaban de vez en cuando pero seguía sin descubrir al culpable.

    El pub cada vez estaba más lleno por lo que era más difícil bailar sin empujar o pisar a alguien aunque nosotras andábamos tan animadas que no había quien nos parará. Llegó una canción de reggaetón de esas en las que la gente se arrima más y de nuevo sentí mi huevo vibrar a la par que alguien se acercaba por detrás.

    V- Te está gustando, pues espérate que esto no es nada nena, te espero a las 2:30 en la salida y pórtate bien.

    Chupo ligeramente mi oreja y de nuevo desapareció pero sin apagar el juguetito que seguía vibrando en mi interior a un ritmo que me torturaba hasta que de nuevo lo detuvo dejándome con la miel en los labios. Miré el reloj, tan solo quedaba un cuarto de hora para la hora indicada por lo que debía buscar una excusa que contar a mis amigas para marcharme sin que sospecharan. Me acerqué a Marta y Paloma pues Irene la última vez que la habíamos visto le estaba comiendo la boca a un morenazo. Estas estaban debatiendo si irse a otro sitio pues este estaba muy lleno. Yo les dije que creía que me iba a marchar ya que no me sentía muy bien, que pasaba por el servicio y me marchaba, ellas se preocuparon por mí, pero les dije que sería algo de la cena que no me había sentado bien, que podían irse tranquilas. Nos despedimos y me acerqué al baño a acicalarme un poco antes de salir. Me arregle el pelo, repase mis labios y ajuste el juguetito que me daba la sensación que se me escapaba.

    Salí del pub y busqué a mi hombre misterioso pero a decir verdad no sabía a quién buscar. De nuevo como no, sentí una presencia a mi espalda.

    V- Así me gusta bien puntual, me has ganado un premio -dicho esto me dio la vuelta y me besó dejándome casi sin respiración.

    Cuando nos separamos por fin pude verle la cara. Se trataba de un muchacho pelirrojo, con barba de pocos días pero bien cuidada, ojos azul aguamarina y de estatura algo más alto que yo con los tacones. La verdad que nunca había estado con un pelirrojo pero me daba algo de morbo. Además, se notaba que hacía deporte pues bajo su camisa se podía apreciar unos brazos fuertes y un torso bien moldeado. Por fin se presentó:

    V- Mi nombre es Víctor y voy a hacerte pasar una muy buena noche- Me guiñó el ojo y de nuevo me comió la boca.

    Tras esto me llevo en volandas hasta una moto que había aparcada en la acera de enfrente.

    S- ¡BÁJAME! ¿Dónde me llevas?

    V- Tranquila en breves lo descubrirás.

    Me depositó sobre la moto y a continuación me colocó un casco, hizo lo mismo él y se subió delante de mí. Antes de arrancar la moto, encendió mi huevo a la velocidad más suave. Entre la posición espatarrada sobre la moto, el roce con el sillín, la suave vibración y mi agarre fuerte a su cintura, mi excitación iba subiendo poco a poco. Estaba tan absorta en las sensaciones que no me di cuenta ni por dónde íbamos cuando de repente la moto se metió en un parking y mi vibración paró. Al levantarme de la moto se podía apreciar un charquito de mis jugos en el sillín de la moto.

    V- Umm… como estás nena -Su tono y comentario hicieron que me sonrojara.

    No fui consciente de donde estábamos hasta que reconocí el ascensor en el que subimos. Estábamos en el moderno edificio donde se encontraba la oficina de D3. Subimos hasta el último piso y entramos en lo que parecía ser un apartamento. Cerro la puerta tras de mí y empezó a comerme la boca mientras me empujada sobre una de las paredes del salón, se apretujo sobre mí y de nuevo note como activaba el huevo esta vez al máximo, sumando la presión de su creciente paquete bajo su pantalón. Ya no podía más por lo que en unos segundos explote en un gran orgasmo que llevaba conteniendo toda la noche, suavizando mi gran grito de satisfacción en su boca.

    Cuando me recompuse me llevó en volandas hasta el sofá. Sentándose y colocándome a su lado.

    V- Creo que después de esto tendrás hambre nena. -Y dicho esto se deshizo de sus pantalones, y seguidamente de su bóxer.

    Me quedé perpleja mirando su miembro, no sé si existía algún mito sobre los pelirrojos, pero éste sin duda estaba muy bien dotado. Debía estar alrededor de los 22 cm, era blanquita y de grosor tampoco estaba nada mal.

    V- ¿Te gusta lo que ves nena? Pues adelante, es toda tuya.

    No hizo falta que dijera nada más, deslice mi mano rápidamente hasta ella y comencé a moverla arriba y abajo suavemente, haciéndome a su textura y dimensiones. La verdad que ya andaba bastante dura. Continúe con mis movimientos cada vez algo más ágiles y me animé a empezar a chupar la puntita de su miembro, dándole lametazos y metiéndomela en mi boquita como si se tratara de una piruleta. Poco a poco fui introduciéndomela más pero sin metérmela toda. Mis manos pasaron ahora a sus bolas apretándolas y masajeándolas. Seguí aumentando el ritmo, él agarró mi cabeza para que me la metiera hasta el fondo y así lo hice aunque primeramente me vinieron arcadas pero logre controlarlas.

    V- Joder nena como me ponés- dijo con tono juguetón y comenzando a meter y sacar el huevo que todavía llevaba puesto, aunque apagado, hasta sacarlo de mi.

    Cada vez podía notar su miembro más duró, pudiendo apreciar sus venas. De seguir así no se si duraría mucho. De repente me detuvo.

    V- Eres una diosa pero ya vale o acabaré demasiado pronto.

    Me beso y me sentó sobre él. Se deshizo de su camisa y desabrocho mi vestido que todavía llevaba puesto, quedándonos ambos completamente desnudos. Reparó en mis generosos pechos, comenzó a amasarlos, deteniéndose en mis duros pezones, torturándolos con sus dedos y después con su boca, lamiendo, succionando y mordiéndolos a cámara lenta. Dios cómo me gustaba eso, me volvía loca que jugaran con mis pezones y el parecía ser todo un experto. Tenía mis ojos cerrados disfrutando de las sensaciones, a la vez que me restregaba sobre su miembro, juro que de seguir así más tiempo me hubiera corrido, pero de repente paró.

    V- Es hora de que me sientas dentro de ti.

    Me levanto en volandas y me llevó hasta el dormitorio. Me hecho en la cama, se dirigió a una de las mesitas de la cual sacó un condón, se lo puso y volvió hacia mí. Me acercó al borde de la cama, llevó mi pierna izquierda sobre su hombro dejándome totalmente abierta. Comenzó a jugar con la punta de su miembro sobre mi rajita y de repente de una sola embestida me la metió. Pegue un grito de entre dolor y gusto. Se quedó unos segundos quieto dejando que mi cuerpo se hiciera a su gran miembro, pero pronto comenzó a moverse suavemente subiendo el ritmo paulatinamente y aprovechando para jugar con mis pechos con su mano libre. Sus embestidas cada vez se hicieron más bruscas y su mano pasó a trazar pequeños círculos sobre mi clítoris. Mi excitación iba subiendo por momentos, entre su mano y sus embestidas en las que podía notar como sus bolas chocaban con mi cuerpo.

    S- Aaaah… Me voy a venir ya no aguanto más.

    Parece que esto lo excito más, pues incrementó su ritmo hasta que estalle en un increíble orgasmo que desato unas deliciosas contracciones dentro de mi, dejándome casi sin respiración. Estaba saliendo del trance en el que había entrado cuando note que él también se corría y salía de mi.

    Poco puedo decir de lo que ocurrió después pues estaba agotada y caí en un sueño profundo. Desperté y eran ya las 12 del mediodía día. Inspeccione el piso pero parece que no había nadie más. Llegue a la cocina y me encontré el desayuno sobre la barra de esta y una nota en la que ponía «Esto es para que recuperes fuerzas, lo necesitaras nena. Víctor». La verdad que si que me hacía falta. Acabe con todo el desayuno y fui al salón a recuperar mi vestido. Sobre el sofá un sobre con el logo de D3 me esperaba.

    «Quería Sophie acabas de superar otra experiencia D3. Espero fuera de tu agrado. Un saludo. Isabella». Y tanto que había sido de mi agrado, no lo sabía ella bien. Recuperé todas mis pertenencias y me fui a mi casa pues necesitaba recuperar más fuerzas porque a saber lo que me quedaba por delante.

  • Arranque pasional, lleno de irracionalidad

    Arranque pasional, lleno de irracionalidad

    Relato de una noche inolvidable, contado poéticamente desde el punto de un tercero. 

    “Arranque pasional, lleno de irracionalidad”, escribiría una escritora de cuentos con pretensiones de poeta sobre nosotros si estuviera aquí, en su trabajo más largo. “Sus pieles se rozaban, y sus sentidos se iban turbando nuevamente, atenaceados y llevados por la pasión. Hay ternuras vocales, agua que se ve y agua que se escucha, espuma que se ve y espuma que se escucha. Lenguas comprometidas con sus respectivos deberes, agitaciones manuales se ven en los lugares más perfectos. Besos épicos y profundos, rastros de saliva caliente, exaltaciones que exaltan y no me dejan mantener la objetividad. Atributos envidiables, fervientes y prodigiosas erecciones –prominencias carnales–, que se hacen desear, están al descubierto total.

    Uvas de hombre y de mujer perforando el aire. Rodillas separadas a la mayor distancia posible, estocadas hechas del más puro placer corpóreo, se escuchan como truenos de cerca, aunque sin su peligro ni su hostilidad. Cuerpos abiertos se entregan a su presente más emocionante, ropas que tienen un nulo protagonismo, melodiosas exhalaciones y voces de asombro bipartitas se oyen como canto lírico. Generosas cantidades de energía, antes guardadas como tesoros en un cofre, son usadas para entrelazar ardientes humedades, haciéndolo el rompecabezas de dos piezas más precioso que existe. Silencios que apenas logran durar unos dos o tres suspiros, calores que se transmiten impregnan incluso todo el lugar. Sonidos que no merecen el olvido se repiten hasta el infinito, tonos musicales de hombre y de mujer oprimidos por la lujuria como un hechizo, que por momentos parece insondable.

    Gradual desvío de la vergüenza. Vergüenza que es una molestia para ellos, como esa pequeña y superficial herida abierta en una mano que no ya sangra ni tampoco duele, pero que está lejos de cicatrizar. Vergüenza que termina teniendo menos peso que una semilla de mostaza. Alientos mentalizados que son esencia. Esencia o fragancia que se quiere pero no se puede comer, recordándome al extracto de vainilla. Imaginaciones indecorosas son llevadas a la realidad más inmediata, sudores derramados son convertidos en un auténtico arte impactante, en una noche de clima inclemente para los resfriados. Sedosas mejillas se tocan entre sí, orejas esponjosas se dejan jugar, suaves narices se dan varios mimos, brazos andando en constante movimiento, ojos que centellean sentimiento, fragmentos de hombre y de mujer moviéndose como gelatina, suplicantes de continuidad. Cabellos que se siguen viendo perfectos, aún en su total desorden. Prejuicios que cedieron el paso, expresiones faciales de sorpresa e impetuosidad que se desespera por querer contagiarme.

    Fabricación en serie de embestidas, él no quiere salirse de ella, ella no quiere salirse de él, y por lo tanto no se salen. Él cree que va demasiado lento, pero yo creo que va bastante bien, aunque ella no dice nada al respecto, dejándonos a los dos con la tortura de la duda. Veo un torbellino pecaminoso, con sus pujanzas vivientes y temerosas de la muerte, que encuentra su desenlace con una blanca y copiosa volcada. Llueven gotas fenomenales de buen hombre epicúreo. Sonrisas se dibujan y risas se pintan dentro de un grande y hermoso lienzo, orgullosas de lo que han hecho. Fuentes de vida varonil y femenil hacen su espectáculo más memorable, mis pupilas quieren documentarlo todo. Desnudez duplicada, que hoy me dieron el privilegio de contemplarlos conmovida, intimando como si yo no estuviera. Ni las flores de mi pequeño jardín son tan lindas como la flor que exhibe venturosamente aquella mujer. Las sábanas están mojadas, casi como un tejado durante una tormenta, después de haber sufrido tantos arañazos. Hay miradas entradoras que me observan con benevolencia, invitándome a su liturgia sublime, y yo siendo víctima de una timidez que seguramente luego maldeciré, presa de un pudor que luego difamaré casi injustamente, me niego rotundamente. Tiembla ella, tiembla él y tiemblo yo. Semblantes bellamente enrojecidos y corazones zumbando de forma tripartita. Enrojecido está él, enrojecida está ella y enrojecida estoy yo. Las palabras que usaré para describir lo que acabo de ver serán una inevitable minucia. Nunca le harán justicia a lo que acabo de observar con admiración. Dichosa ella, dichoso él, y dichosa yo –más o menos–”.