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  • La primera vez que estuve con una chica

    La primera vez que estuve con una chica

    Está historia que les contaré ocurrió en unas vacaciones de trabajo con mi familia, donde haríamos un tour por las playas de Cancún como una manera de relacionarnos entre la familia y el trabajo. Por tal motivo la empresa contrató autobuses y vans para el recorrido. Aunque yo casi no conocía a nadie del círculo de mis padres, no estaba ni entusiasmada ya que la playa no es lo mío y eso de ir sentada durante horas me fastidiaba, pero a decir verdad tendría que aguantar eso ya que es mil veces mejor salir de vacaciones que estar encerrada en casa. Cómo sea, alisté mi maleta y no hace falta decir que llevé ropa de lo más cómoda.

    Al llegar al punto de reunión vi a demasiadas familias, mi papá estacionó el coche en un sitio de la empresa y a pesar de que estaría ahí unos cuatro días, no le pasaría nada ya que es parte de una propiedad privada, así que estaba sin cuidado. Lo mismo, varias familias estacionaban sus coches en el mismo lugar para evitar usar el transporte público de regreso. Cuando comenzamos a sacar las maletas un señor se le acercó a mi papá y lo saludo muy emocionado. Solo logré escuchar que imaginó que no iba a llegar y pronto nos comenzó a ayudar con nuestras maletas para meterlas en el autobús.

    Veía a muchas familias entusiasmadas y, aunque yo no radiaba lo mismo que ellos, si me emocionaba un poquito. Comenzó un pase de lista y poco a poco íbamos subiendo todos. Da igual lo qué pasó aquí, entramos y tomamos los asientos y de ahí no me moví. Sacaba mi iPad para jugar o ver películas para perder el tiempo hasta que decidí dormir. De aquí a Cancún no pasó nada extraordinario. Al llegar al hotel comenzamos a bajar nuestras maletas y poco a poco nos fueron asignando nuestras habitaciones. En un momento vi como mi familia estaba rodeada de sus compañeros de trabajo y una a una se fueron presentando hasta que tocó mi turno. ¡De flojera! Si captan que venía cansada y lo único que quería era subir y acostarme un rato y cuando sabía que mi suerte en ese instante era la peor me retracté inmediatamente.

    Uno de los señores ahí presentes se presentó con mis papás y justamente mi papá me toma de los hombros y me lo presenta como su mano derecha en el trabajo, además de ser su buen amigo. Yo con cara de “hola” lo saludé, no tenía muchas ganas de estar ahí hasta que me presentó a su hija de nombre Mariel. Nos saludamos y charlamos un poco dado que tenía mi misma edad, 20 años. Yo sabía que podría pasarla con ella aunque, como yo, traía cara de que el viaje la tenía cansada. Terminaron de hablar y quedaron en que en un rato bajarían para ir a comer.

    Descansé un rato hasta que nos pidieron que bajáramos ya que nos habían invitado a comer en uno de los tantos restaurantes qué hay en la zona hotelera. Nos lo topamos en el lobby y caminamos hasta el lugar. Una vez sentados quedé a un lado de Mariel que venía con el teléfono en mano al igual que yo, saber con quién estaba hablando. Nuestros padres comenzaron hablar de lo que harían en estos días, hablaban de la comida y cosas equis en eso siento como Mariel me toca con su dedo y me pregunta mi número de teléfono, le pedí que me prestara su móvil para registrarlo y al momento de hacerlo de inmediato se lo devuelvo. No pasó ni 1 minuto y ya tenía un whatsapp de ella con un mensaje de salir a caminar. Yo estaba cansada pero no quería pasar esos días sola así que accedí.

    En el trayecto hablábamos de cosas interesantes, me cayó bien, parecía tener el mismo estilo de vida que el mío y eso me agrado más. ¿Tomas?, me preguntó. ¡Claro!, le dije, aunque no sé si en estos días hacerlo ya ves que estoy con mi familia. ¡Ay sí! Pero ya veremos, tengo entendido que en un antro de aquí se pondrá bueno mañana y me gustaría ir, me respondió. Con eso ya sabía que tenía mi mano derecha para estas mini vacaciones. Seguimos caminando hasta que nos regresamos al hotel. Una vez en nuestras habitaciones me volvió a mandar un mensaje para salir a ver la vista del sol desde la azotea del hotel.

    Salí y ya la tenía afuera, yo solo la seguí y nos dirigimos hasta una puerta de “prohibido entrar” ella sin problemas la abrió y pudimos observar la maravillosa vista que teníamos, corría demasiado aire y en ese momento me pidió que le tomara algunas fotos. Cómo soy buena le tomé unas fotos dignas del lugar de donde estábamos, veíamos todo y de seguro era una muy buena vista para el atardecer hasta que llegó una persona con regaños hablando en inglés que luego supimos era el gerente. Creyó que éramos extranjeras y nos preguntó porque estábamos en este lugar, que estaba sumamente restringido el acceso. Mariel le pidió disculpas y se escudó diciendo que quería ver una buena vista y por eso decidió subir acompañada.

    “¡No, bajen de una vez o tendremos que aplicarle una sanción o les quitemos sus habitaciones!” Hablo el gerente. “Vámonos ya” le dije a Mariel. “Está bien, adelántate Denisse” Yo solo camine a la entrada y comencé a bajar las escaleras lo más rápido cuando escuché que cerraron la puerta de arriba y sabía que allá estaba Mariel, dudé si regresar e irme a mi habitación pero no podía dejarla sola así que volví a subir sin hacer tanto ruido, puse mi oreja en la puerta para escuchar lo que pasaba y solo escuchaba el sonido de un cinturón como cuando cae y se sube. “Raro” imaginé.

    Solo escuchaba ese sonido y ninguna palabra tanto del gerente como de Mariel. Por un momento iba abrir pero me detuve así que seguí escuchando hasta que después de unos minutos escucho un “Ah” de un hombre, justamente ahí me imaginé que Mariel estaba haciendo algo con el gerente pero para evitar problemas mejor baje y la esperé en el lobby. Al cabo de un rato solo vi bajar al gerente pero no a ella, opté por enviarle un whatsapp pero al mismo tiempo me llega un mensaje de ella preguntando donde estaba, bueno al menos sé que está bien, me dije. Nos encontramos por el pasillo de nuestras habitaciones y le pregunté qué había pasado para lo cual me dijo que solo nosotras teníamos permiso de subir en cualquier momento allá arriba, qué ella lo había solucionado.

    Yo sabía que algo se traía y sin más le dije “mira, volví a subir y escuché que estabas con el gerente y la verdad lo que hagas me da igual”, Mariel sin pena me dijo que no había que darle importancia a eso y que para hoy en la tarde tendríamos una vista espectacular así que tocaba cargar los teléfonos y descansar para presenciar la maravillosa vista. La verdad al principio creí que era de esas chicas tímidas pero mi intuición sabía que era igual a mi o incluso más. Mariel tiene el cabello muy negro como la noche y es de tez blanca, muy blanca, tiene buen cuerpo un poco mejor que el mío y aunque tenemos las mismas aficiones es la única con la que siento que estaría en estas vacaciones ya que todos ya tenían su respectiva juntilla.

    Alrededor de las 6 pm me marca para salir y juntas volvimos a la azotea del hotel. ¡Simplemente majestuoso la vista! Las fotos no se hicieron esperar y ahí estuvimos un rato hasta que llega de nuevo el gerente. “Vengo por eso que no terminamos” le dice a Mariel. “Te quedas o te vas Denisse, es que prometí algo…” oh shit, esta chica si es de las mías y a pesar de hacerme un poco la difícil le dije que esperaría mientras seguía tomando fotos. Les di la espalda y solo contemplaba la vista, de reojo vi como Mariel besaba al gerente mientras este le tocaba sus nalguitas que al parecer las tenía paradas. Solo bastó ver eso para ponerme un poquito caliente así que mejor seguí viendo el mar, las personas que a lo lejos se veían y las luces de la noche que poco a poco iban encendiéndose.

    De nuevo di la vuelta y ahora veía a ella con el miembro del gerente hacía fuera jalándolo de manera muy rápida y agresiva cuando veo que al fin sale las gotitas de semen del gerente ella se acomoda y se despide de él, luego me pide que bajemos y en el trayecto hacia el lobby no decíamos nada pero sabía que lo que hacía me había puesto un poco caliente. Con actitud muy fresca me dijo que no hiciera planes al día siguiente ya que podríamos ir a caminar por toda la avenida y yo le respondí con un si seguro. Llegamos a la habitación y continuaron los mensajes de ella pero muy equis, solo quería dormir y amanecer con pilas para el día siguiente.

    Por la mañana me pide que saliéramos a caminar a la playa y obvio tenía que llevar mi traje de baño. Al bajar juntas nos dirigimos a caminar y continúe hablando de temas menos importantes y al parecer ya tenía a una buena amiga. Al ser temprano era raro ver a mucha gente y nos dirigimos hacia la orilla de la playa donde al parecer había más espacio para sentarnos. Al llegar notamos que en una palapa habían unos señores, nos sentamos en la arena y Mariel siendo tan coqueta opta por bajarse el short de forma que sus nalguitas queden de frente a la vista de los señores. La verdad se veía riquísima, exquisita. Yo más reservada me quité mi short sin que nadie me viera y quedamos expuestas ante ellos. Ella cargaba un diminuto bikini que dejaba ver todo su cuerpo mientras yo cargaba un bikini no tan provocativo como el de ella. Caminamos y le pregunté cómo le había dicho al gerente para hacer lo que hizo a lo cual me respondió que no era la primera vez, que siempre le han llamado la atención los señores y aunque tiene novio ella disfruta en secreto estas situaciones. Eso me prendió aún más todavía. “¿Te hubieras unido conmigo y el gerente?” Me preguntó para lo cual le respondí que solo los veía de reojo y me dieron ganitas de entrar. “Mira, si quieres le digo que hoy nos veamos en la azotea y vemos qué pasa si?” Mmm, no pasará nada malo así que está bien le dije.

    Seguimos caminando de manera que ella era el centro de atención de todos los que la lograban ver. Alrededor de las 6 de la tarde me llega un mensaje con el texto de “sube” haciendo alusión al lugar donde tenía que ir. Salí de mi habitación y me dirigí a la azotea y al abrir la puerta mi sorpresa fue grande al ver que estaba el gerente y otras dos personas ahí, “mira Denisse vinieron con el gerente y bueno tú escoge” no me sorprendió para nada y de inmediato le dije que me quedaba con el gerente, él sonrió y le dio un beso a Mariel y lo dejo con los dos tipos.

    Se acercó a mí y comenzó a besarme rico y suave. Hizo una pausa para mencionarnos que apenas y tenía 20 minutos de sobra y a ver si nos dábamos prisa. Comencé tocando su miembro encima del pantalón para luego desabrocharlo y sacarlo mientras lo escupía y me lo metía a la boca. Comencé rápido mientras el se recargaba a la pared y para seguir disfrutándolo más tenía que practicarle garganta profunda. Todo iba bien hasta que escuché su teléfono y rápido se arregló para bajar. Detrás de mí veía a Mariel como la traían como muñeca de trapo mientras la tocaban de aquí y allá. “Vámonos que ya nos quieren abajo, luego le seguimos” los otros dos también bajaron y nos dejaron solas.

    “Estos tipos sólo nos dejaron calientes” le comenté. “Ya sé pero ni modo, siempre me acompañarás al antro hoy?” Me preguntó. “Solo iríamos un rato es más si quieres ni tomamos, solo bailamos y ya”, bueno, le dije mientras bajábamos las escaleras. A las 10 pm te marco y nos vemos en el lobby fue lo último que me dijo. Al llegar la hora salimos del hotel con dirección al antro y mientras caminábamos veía como los hombres nos comían. Ambas veníamos de un short de esos ajustados y una blusa casual y tenía blancos. Al llegar al antro decidimos optar por una mesa arriba y pedir solo refrescos, la noche iniciábamos y comenzamos a bailar de forma que los hombres nos vieran y fuéramos fruto de deseo.

    Teníamos nuestros vasos de refresco en la mano y poco a poco la música se puso más intensa de manera que Mariel y yo bailábamos de lo más pegadito. Frotaba sus nalguitas con mi cuerpo mientras yo tocaba su cintura y tomaba mi cabello para hacerlo hacia atrás de una manera muy provocativa, la verdad era un espectáculo vernos bailar. Al llegar a nuestra mesa se nos acercaron dos tipos y nos pidieron bailar y sin más Mariel acepto y obviamente también yo. El baile estuvo meh solo preguntaban de donde éramos y cosas así, le hice señas a Mariel que fuéramos a la mesa porque ya me sentía incómoda con el tipo y se terminó despidiendo de él. Le pregunté qué onda con el tipo y me dijo que si nos llegáramos a aburrir el de ofrecía a llevarnos al hotel.

    La noche seguía pero sin alcohol no podríamos hacer mucho así que a casi media noche Mariel hablo con él y le pidió que si nos podría llevar al hotel para lo cual accedió. Subimos los tres en la camioneta y comenzó a darnos un tour por las calles. Estaba entretenido ver la ciudad encendida con muchos colores y las pláticas son doble sentido hacia Mariel comenzaron. “¿Grandes?” Le preguntó el tipo, Mariel solo sonreía y le seguía el juego. “Y si te estacionas y lo hablamos” mencionó Mariel. Yo no sabía cómo actuar ya que yo venía atrás pero me daba igual quería ver acción y al parecer las dos lo buscamos. El tipo se estacionó en una calle sin salida y algo oscuro, parecía que esa calle era poco transitable luego se dirigieron a la parte de atrás y entraron. “A ver Denisse dame tu lugar” me dijo y así me levanté y le di mi espacio para yo quedar a un lado de la puerta.

    Se besaron y Mariel comenzó a quitarse la blusa. Esta situación me puso muy caliente y solo dirigí mi mano hacia abajo para ir frotándolo en círculos mientras veía tal escena. El tipo levantó a Mariel y comenzó a desabrochar el short y oh sorpresa tanguita de rayas, esas tangas me encienden y aunque no tenga ninguna como la de ella o la mayoría son de seda a ella le quedaba demasiado bien. Le quitó el short y su bra y la tuvo encima un buen rato. Yo moría de calor y tenía la sensación de que algo abajo ya estaba húmedo pero quería más así que cerré mis ojos y me imaginé muchas cosas mientras ellos seguían en lo suyo. Comenzó la penetración y al escuchar los gemidos de Mariel me prendían más.

    En un momento nuestras miradas cruzaron y me excitó más verla toda sudada, la tomé de la mano y la presioné de manera que sintiera cómo estaba yo igual. Escuchaba el mete y saca y también el sonido de las blancas nalguitas de ella para luego escuchar que el tipo había acabado, se levantó y me dispuse a quitarle el condón. Se dirigió a su asiento mientras Mariel se acomodaba completamente.

    Le pedimos que nos llevara al hotel y en el trayecto Mariel me preguntó si cómo andaba y le respondí que bien (aunque muy caliente). Bajamos en el hotel y nos despedimos del tipo y al momento de entrar me toma del brazo y me pregunta si tenía ganas y le respondí con un sí. Me dio un pequeño beso y me dijo que iba a rentar una habitación para nosotras pero trataría que fuera discreto ya que nadie podría vernos.

    Con los cómplices del hotel que Mariel tenía nos llevaron a una pequeña pero elegante habitación y al momento de entrar no perdimos tiempo. Nos besamos apasionadamente, nos acostamos en la cama y continuamos besándonos mientras tocábamos nuestros exquisitos cuerpos. “Bésame más, no me quiero arrepentir” le dije, yo estaba hasta lo que le sigue de caliente y prácticamente ella se aprovechaba de mí.

    Comenzó besando mi abdomen y así fue bajando poco a poco, me quito mi short y dejó ver mi tanga negra, mientras ella hacía eso yo tocaba mis pechos con mis ojos cerrados y comenzó poco a poco introducir dos dedos en mi interior. “ayyy” gemí un poco, a cómo pude quité mi bra y al abrir los ojos vi a Mariel completamente desnuda, tenía un cuerpo perfecto y demasiado lindo, la abracé para seguir besándola y aunque era mi primera experiencia lesbi no me desagrado para nada. La puse boca abajo y lo mismo que ella hizo conmigo comencé a hacerlo, baje por sus pechos y su abdomen hasta llegar hasta abajo y por instinto y calentura sabía cómo debía pasar mi lengua en su blanquito pussy. Le daba lengüetazos y a veces lograba meter un solo dedo, ella a más que quejarse solo se tomaba fuertemente de las sabanas y luego me dirigí a sus labios para continuar besándonos.

    Cómo teníamos un espejo frente a nosotras lográbamos vernos y parecíamos unos ángeles completamente desnudas. Tocaba sus pechos y ella los míos. Poco a poco sus líquidos caían en una parte de mi pierna y esto me ponía más y más caliente. “Hagamos tijera y me sigues el ritmo” me dijo Mariel. Yo sabía cómo era, ya lo había visto en algunas películas pero ahora tenía que hacerlo así que colocamos nuestras piernas encima de otra de forma que nuestros pussy chocaran con nuestros movimientos y así comenzamos. Se sentía demasiado rico sin contar que ya estábamos demasiadas húmedas, esa sensación era nueva para mi y poco a poco comenzamos a movernos rápido tanto que nuestros pechos se movían demasiado y cuando yo ya no podía solté mi orgasmo.

    Terminé rendida, y ella encima mio continuó besándome, me tocaba mi cabello y yo le respondía. Dejamos demasiado húmedas las sábanas de la cama así que juntas entramos al baño para ducharnos y cuando salimos le pedí si me podría obsequiar su tanga como regalo a lo cual Mariel sin más comenzó a ponérmela. “Te ves muy bien Denisse” y no era para más, esa tanga hacía ver mis nalguitas muy rico, ella se puso el mío y comenzamos a vestirnos hasta salir de la habitación. Nos despedimos de un beso y cada quién fue a su cuarto. Llegué cansada y solo me acosté a dormir. Al día siguiente me preguntó cómo había amanecido y le respondí que demasiado bien gracias a ella. Los días siguieron normales ya que ahora tocaba estar con la familia y cuando salíamos a comer con ellos no faltaba el toqueteó debajo de la mesa.

    Al terminar el tour familiar nos dirigimos a CDMX y al llegar a nuestro punto de reunión quedamos en una salida pendiente que sé que pronto llegará.

  • Bitácora de una fantasía (Partes 1, 2 y 3)

    Bitácora de una fantasía (Partes 1, 2 y 3)

    Primera Bitácora: 15 de Mayo siendo las 04:56 am.  

    Quizás por mi entereza logré sostener una excelente comunicación con Isabel, parecería ser la dama de honor!! Realmente ella llena muchas expectativas, tan solo escucharla me hace llevar mi barco a estribor…

    Tiene en sus palabras un acierto de encanto, es como tú tener un mal día y te llega el mejor consuelo habido, a veces quiero conjugar las emociones que esparce en mi, casi siempre salgo airoso por su sonrisa. Es una sonrisa que se escucha a toda máquina, de extremo a extremo tienes que verla y te sorprenderías de lo efímero de sus risas que se las reserva solo pare ella y a la vez la seriedad conjugadas con sus labios como si fuera su vocación hacerte feliz.

    Dios creo yo! Conjunto de mi pues imaginación pues físicamente aún no la he visto, Dios le dio a ella ese don, fascinarte con mirar sus labios al sonreír y eso que ya imagino en persona tener la dicha de tocarlos, en alguna breve oportunidad poder obtener la salvia de su lengua, poder sentir el sabor de sus labios y degustar más su bella y reservada sonrisa.

    No cabe duda que su maestría en besar te debe bloquear y accionar el néctar más dulce y alucinante que puede llegar a convertirse en vicios.

    Te aseguro que llegas fácil a caer en trance de sus deseos carnales profetizando ser prisionero en su red, siendo insaciable mi sed al tocar tan tiernos labios.

    Cada segundo del voice que escuchaba una y otra vez de Isabel imaginaba una noche cargado de sus besos como si fueran spoiler de una serie esperada. El solo llevar la imaginación de besar cada pulgada de ese rostro hermoso y perfecto, ser el dichoso en besar sus piernas, esmerarme en tocar su piel a cuerpo entero, deslizarme a toda lengua por su espalda y sus nalgas, besar lentamente sus muslos y entre piernas hasta convertirme en el único intérprete de su intimidad confinado en su abdomen, su pecho y sus senos hasta lograr llevarla al éxtasis jamás sentido superando el coito deseado.

    No sé qué me depara el futuro pero de algo estoy seguro, prefiero intentar tocar mil veces sus besos, su cuerpo; Su alma y no perderme la continuación de algún encuentro.

    Ella será ella, pero la locura a desearla ya me está gustando, si mi barco sigue a la deriva será porque lleva hacia ella, aun así…

    Prefiero atracar en los arrecifes garbos de su encanto y culminar las noches en sus brazos.

    Ella será, playa y encanto dirigiendo mis velas, tomando en control el timón para atracar en su puerto cual entereza va atrayendo mi barco en picada con tal oleada única entre sus mares, su pasión y deseos carnales más no descanso de intentar terminar en los cimientos de su cuerpo encantador para hacerle el amor hasta que pida querer más y más, ella no ha probado mi pasión por el amor, no ha sentido mis más íntimos secretos sagrados y ansiosos pero seguro estoy que los deseará.

    La vida en su continuo afán nos trae una nueva oleada cada día más nunca sería un desperdicio conquistar este amor tan reservado y puro solo para aquella que en su integridad se lo merezca.

    Fin de bitácora.

    Segunda Bitácora: En mi habitación.

    Ya en mi habitación, parados al lado de la cama, nos abrazamos y empecé a besarte lentamente, tu cara parte por parte de tu rostro lo besaba, le pasaba la lengua a tus oídos y a tus labios le rozaba mi lengua.

    Tú me agarrabas el pene con las manos mientras yo te besaba allí parados, me prendías con furor, pero quería que nos encendiéramos al máximo, te besaba el cuello hasta que te tumbe en la cama.

    Me subí encima de ti, continuaba besándote mientras me pajeabas y guiabas el pene rozándote el clítoris, intentaste meterlo en tu vagina, apenas me esforcé un poco hasta meter la cabeza del pene en tu vagina, ahí gemías pero lo saqué y empecé a bajar a tus senos para lamerlos completamente.

    Uno a uno los lamía, y les rozaba los dientes, seguía bajando con la lengua hasta tu abdomen, los bese y metí mi lengua en tu ombligo mientras mis manos agarraban tus senos.

    Baje las manos y agarre tus muslos para abrir tus piernas y llevar mi lengua hasta tu clítoris, fue ahí cuando empecé a lamerlo lentamente hasta que sentí que mojabas, esa esencia me la lamía por completo, me encantaba sentirte mojada, metía una y otra vez mi lengua en tu vagina, aproveche y metí los dedos mientras besaba tu clítoris.

    Luego empecé a besar tus entrepiernas y muslos, voleándote lentamente para continuar besando tus nalgas, allí te puse boca abajo y mientras besaba tus nalgas metía los dedos en tu vagina.

    Seguí subiendo para besar tu espalda mientras te rozaba las nalgas con mi pene, en ese momento cuando llegue a tu cuello te rozaba la vagina y el ano con el pene, estabas bien mojada y te empecé a meter el pene lentamente en la vagina.

    Te subí un poco las nalgas mientras te penetraba lentamente, hasta que te puse de rodillas para meterlo por completo, arremetía con fuerza el pene entre tus nalgas hacia la vagina mientras te agarraba los senos.

    Luego te tumbe y te puse de lado te estire una pierna y la otra la encorve, ahí te rozaba el pene en los labios de tu vagina y entre tu ano y ella lo rozaba, te penetre todo en la vagina y te agarraba la cabeza para besarte mientras te lo metía por completo.

    Te puse boca arriba y te rozaba de nuevo el pene en los labios de tu vagina, subí hasta tu boca y me chupabas los testículos mientras una mano tuya me pajeaba, hasta que lo pusiste en tu boca y lo mamabas con locura.

    Baje y te lo metí hasta el fondo, te encorve las rodillas para meterlo hasta el fondo.

    Mientras te agarraba las piernas hacia arriba te metía el pene una y otra vez, lo sacaba para ver qué tanto lo pedías, me rogabas que no lo sacara y continuaba metiéndolo mientras veía que te corrías.

    Lo saqué para acostarme boca arriba y te subiste encima de mí, tú bajabas y chupabas Mi pene y mis testículos, yo te agarraba la cabeza mientras sentía la gloria cada vez que intentabas metértelo hasta el fondo de la boca, lograbas tragar mi pene y me ponías ansioso.

    Subiste a besarme con tu boca llena de los fluidos que le sacabas a mi pene y nos besábamos, bajaste y colocaste tu vagina sobre mi pene y te movías hacía delante y hacia atrás, usabas la técnica de brochar el pene excitándome al máximo para ponerlo a babear y con tus manos lo agarrabas para pintar tu clítoris de ese fluido y metértelo en la vagina, ahí te penetraba y lo sacabas una y otra vez.

    Mientras te agarraba las nalgas y las apretaba tú te movías más rápido, luego te lo sacaste y me lo chupabas dándole lengua por todas partes.

    Te volteaste poniéndome tus nalgas frente a mí y te lo metiste de nuevo agachándote para que yo pudiera ver cómo te entraba mi pene en tu vagina, disfrutaba cada centímetro que entraba viendo tus nalgas y tú vagina tragar mi pene.

    En ese momento te subí las nalgas pues estaba por venirme y lo saqué y tú te volteaste para sacarme la leche y echarlo en tu boca, te pedí que le dieras brocha de nuevo y lo hiciste conjuntamente te lo metías y dabas brocha, ahí me vine y te eché toda la leche en los labios de tu vagina, tu seguías dando brocha y metiéndotelo, bajaste y te metiste embarrado de semen el pene en la boca dándole lengua hasta secarlo por completo.

    Tercera Bitácora: La dama reaparece. Día 22 Abril, siendo las 7:44 am.

    Recostado en mi camerino por costumbre antes de poner pie fuera de la cama, analizo los planes del día, pero algo perturba mis emociones.

    Recordé que había soñado con «la dama de honor» siendo un sueño interesante e intenso a la vez que me dejó perplejo ante los sucesos.

    Estando yo reparando una madera de la casa que con mis propias manos construí, un semblante se me avecina a espaldas, allí agachado siento el aliento cálido en mi cuello donde recibo un beso.

    Con sus manos tibias me cubre los ojos levantándome, dándole la espalda me sigue besando el cuello transmitiéndome de manera no verbal su cálido aliento, emanando cierta tranquilidad en mi afán de vida.

    La deseaba tanto que me sentía confuso entre el que hacer día a día o tan solo pensar en ella, me parecía su presencia a ni desear ser nadie más a no querer tener nada más que ese aliento, el mismo que te relaja, ella posee cierta coraza que impide que te aflijas ante el mundo y sus adversidades.

    La tomo de la mano y sin medir palabras la llevo dentro de la casa, a partir de entonces me dedico a dirigir la orquesta, colocándola en mi escenario la siento en la cama y le cotejo su cabeza a mi pecho, acariciando su pelo lo beso, coloco mis manos entre sus oídos para subirle la mirada hacia mi, en ese instante mirándonos fijamente aún sin la menor excusa de emitir sonido alguno ni todo de palabras ella se encarga de ir bajando mis pantalones hasta lograr sacar el miembro erguido y dispuesto.

    Asoma su rostro tan cerca para darle lengua con tanta lentitud haciéndome logrando que mi pene saque fluidos, los cuales los lame y da gemidos de placer.

    Mientras me chupa por completo, es el momento de recostarla en la cama, me le subo y empiezo a tirar poco a poco de su blusa, besando su abdomen y el ombligo, todo parece ir fluyendo en cámara lenta y taciturna.

    Me convoco a sus gemidos, ya con los pantalones abajo y el miembro tocando su clítoris, ella lo agarra y lo soba contra su vagina, ante la contienda que ella quería la penetrara y yo que deseaba pasarle la lengua en el clítoris llegue a bajar para comer totalmente su hermosa vagina hasta sentirnos saciados.

    Era el momento oportuno de remitir mi pene en su vagina, pero ella se balancea tumbándome boca arriba para subirse y tomar el control, ahí empieza a darse una especie de brochazos no sin antes pajar a chuparlo y extirpar con sus manos hasta la última gota de flujo que me salía.

    Ella se mete poco a poco el pene hasta llegar al último pedazo que quedaba al aire, sus gemidos eran la mejor canción escuchada, le encantaba el tamaño y el placer asentado con cierta sensatez.

    Tanto arremetió que tuvo un orgasmo tan prolongado y tembloroso, ya a punto de venirme y emitir el enunciado ella bajo y lo metió en su boca chupando hasta el fondo mi pene logrando sacarme todo el semen que podía haber.

    Tumbados ella encima de mí nos besamos, acariciamos y fue entonces cuando empezamos a conversar.

    Cierre de bitácora.

  • Amar a quien no te ama

    Amar a quien no te ama

    Bitácora domingo día 26 siendo las 05:21 pm.

    Acontecimientos muy importantes han sucedido en el transcurso del día, momentos que marcarán por siempre este día. Ella vino a mí.

    La dama de honor, esa que parece celestina entre un amor esperado y yo, pues resultaba casi difícil nuestro encuentro.

    Me complació en todos sentidos habidos, sí; Es cierto que la quiero ahora aún más, ella lleno más que la palabra expectativa, culminó con estos momentos todas mis dudas de ser la mujer ideal que esperaba.

    Y que es para esta bitácora la mujer ideal? deslumbrando cual dudas posibles, es la que sobrepasa toda intención, esa que sientes se esmera haciendo el amor, aquella que disfruta cada instante de ti, te acaricia el cabello sin pedírselo, te mira y sientes que te admira, esa que te empodera la situación del momento, que te quita los pesares de la semana en tan solo unas horas, sí; ella sigue siendo la culpable de que se trastornen tus días. Compensa tu soledad y endulza el amargo de los días.

    Pero si ya no caben dudas por cuestionar, si acapara tu atención y por demás está decirlo…Te sigue impresionando cual es el próximo paso? Es posible y casi seguro que el señor tiempo tiene las respuestas, en mi latitud está la lógica comprensiva completa y clara de lo que quiero, no lo que deseo más bien lo que quiero, ella tiene muy dentro lo que falta, es coraza casi impenetrable la que cubre en su más profundo interior de su ser eso que llamamos amor.

    Así es; Me he mantenido acalorando esa coraza, día tras día hago lo posible por hacerla sonreír, por lograr tranquilizar sus afanes, por brindarle amor e ir creando metástasis en sus sentidos para extirpar esa coraza y lograr que vuelva a creer en el amor.

    No existe palabra más dulce que el mismo amor, más cuando te es correspondido, andas por ahí sabiendo que alguien te ama, que da su todo consentimiento por ti, que te apoya incondicionalmente, que no te deja caer y si caes te levanta o se tira a tu lado, eso es amor, pensar aunque sea par de veces al día por ti, llamarte, escribirte bitácoras con palabras de aliento, enalteciendo tus virtudes, engrandeciendo gratos momentos junto a ti aunque sean fantasiosos pero pensados en ti, eso es amor, lo mejor es que no espera elogios ni agradecimientos ni nada parecido pues el amor dicen por ahí… Todo lo soporta, todo lo espera y nada se le escapa.

    Quién sabe, sí; el tiempo lo sabe, pero aún no soy capaz de dominar el tiempo para lograr tenerla aunque sin negártelo estoy trabajando en ello. Quizás y lo mejor un día, algún día, la dama de honor… Sea mía. Sin más nada por el momento…

  • Cómo probar por detrás sin mucho trauma

    Cómo probar por detrás sin mucho trauma

    Aquí os dejo unos consejos que creo os ayudarán si estáis pensando en probar sexo anal.

    Hace año y medio probé con un conocido y aunque al principio me costó (física y mentalmente), hoy día seguimos haciéndolo una vez por semana o dos, cuando se puede.

    1. Elige bien.

    El señor con el que probé tenía 52 años (yo 35), casado y con tres hijas. Lo conozco desde los 10 años, cuando la familia nos mudamos a esa calle. Este hombre, además, es familia política aunque lejana de mi padre. Todo empezó con conversaciones de un supuesto compañero de trabajo de él, que le contaba que se había follado a un chaval. Nos veíamos todos los días y eso sólo lo sacaba muy de vez en cuando. Lo contaba como dando apariencia de «fíjate cómo está el mundo». Un día entro un poco más en detalle y la imagen mental que me creó no me disgustó. Tanta insistencia, precavida, eso sí, me acabó por hacer dudar si me quería decir algo o estaba probando a ver.

    Yo por aquél entonces no había pensado seriamente lo de hacerlo con un tío, pero de vez en cuando se me venía a la cabeza. Un día, por probar, le saqué el tema yo por primera vez, también «de broma». Poco a poco, los temas de los que hablábamos fueron desapareciendo y se iban centrando en «el tema». Para entonces creo que los dos queríamos ir un poco más allá pero ninguno se atrevía. Es muy largo de contar, fueron meses, muchos, así que lo resumiré en que un día me dijo que no se lo contara a nadie, pero que le gustaría darle a algún «chaval». Yo me terminé lanzando unos días después y le dije que yo también tenía ganas de que algún «hombre» me diera. Me dijo que qué me parecía probar los dos y yo, con el corazón a mil le dije que estupendo. Pusimos fecha (súper extraña sensación.

    Tardé mucho en elegir y decidirme y creo que compensa.

    2. Prepárate bien.

    No tenía apenas vello pero me lo depilé todo, hasta el último. Unos días antes de la cita empecé a echarme crema en los cachetes para estar lo más suave posible. El día antes me tomé unos sobres para estar limpio por dentro. Compré lubricante (vuestro mejor amigo) e intenté relajarme. Me sentí un poco gilipollas pensando en cómo iba a recibirlo y hasta me miré en el espejo con varios atuendos. Al final decidí ponerme un pijama por aquello de que no habría problema de quitarse zapatos y demás.

    3. Es muy raro.

    Cuando llegó el día estaba nervioso a tope y cuando llega la hora y suena el timbre, te das cuenta de que un tío viene a follarte, y es una sensación extraña.

    4. Supera el momento y quítale hierro al asunto.

    Cuando abrí la puerta a él se le notaba nervioso. Yo le dije que me había probado varias cosas y que me había sentido un gilipollas, nos reímos y eso relaja un poco.

    5. No habléis demasiado pero si lo importante.

    Antes de ponernos a hablar, le dije que si íbamos a la habitación. El me bajó un poco el pantalón del pijama por el camino y yo le sonreí. Al llegar a la habitación me dijo directamente que tenía muchas ganas de llenarme. Eso confirmó que no pensaba utilizar condón y me alegró que no hubiéramos tocado antes ese tema.

    Se acercó para besarme y yo le dije que no, que nada de besos ni caricias, que no me gustaba. Se ralló un poco en plan no sé qué hacer y empezó a hablar. No le respondí y le bajé los pantalones y calzoncillos. El tamaño no era muy grande, bastante gorda, pero estándar. Me puse bastante nervioso porque aunque no fuera muy grande, sabía que no iba a caber, y si cabía, iba a doler.

    6 Tranquilízate.

    En ese momento estuve a punto de anular, pero me dije a mí mismo que no pasaba nada, que ya que había empezado… Así que estuve un buen rato chupándosela para que me diera tiempo a relajarme. Al cabo de un rato, el hombre me dijo que me la quería meter. Me puse a cuatro patas y empezó a intentar meterla (con mucho lubricante). Poco a poco, me pareció una eternidad, por fin entró la punta. Suele, y es buen momento para que pare un poco y tú te relajes. Cuando estuve listo volvió a empujar. Cada centímetro que entra, te da sensación de que es media polla. Al cabo de un buen rato y más lubricante, ya entraba y salía más o menos bien. Después de otro buen rato, el tío ya estaba dando puntazos y follándome casi a placer (cuando me la metía entera todavía dolía demasiado). Yo luchaba por relajarme e intentar disfrutar a pesar del dolor.

    Llegó un momento en el que por fin me estaba follando bien y como quería. Para entonces yo tenía los brazos cansados de estar a cuatro patas y puse la cabeza y los hombros en la cama (lo cual hace que el culo esté más en pompa. Parece que eso le gustó porque empezó a dar empujones, me cogió de las caderas, me apretó fuerte y se corrió todo lo dentro y fuerte que pudo. Es curioso como no noté el semen entrando (yo creía que se notaba), sólo tres o cuatro pulsaciones de la polla echándomelo.

    7. El post polvo es incómodo.

    Y ahí estás tú. A cuatro patas y con la polla de un tío que se acaba de correr en tu culo. Al terminar, él empezó a decir lo que le había gustado y demás pero le dije que no hacía falta. Me la sacó, se limpió, se vistió y se fue.

    Yo me quedé echado boca abajo un rato digiriendo la situación y fui a lavarme. Ahí es cuando notas el semen. Te sientas y cuando crees que no te queda más, a los diez minutos te vuelve a chorrear.

    8. Repite y experimenta.

    Después de año y medio quedan pocas cosas que probar. Hay que dar con lo que os mole a los dos.

    Se me ha corrido en todos lados y a mí me gusta dentro, lo que más. Dentro de la boca me gusta, en la cara no me importa. En los cachetes también me gusta. En cambio, no me gusta que me salpique la espalda ni el pecho.

    En cuanto a posturas, el misionero no me gusta, hay que abrir mucho las piernas y me resulta incómodo. De lado no me importa, tumbado boca abajo está bien y yo montado encima con el mirándome el culo, lo utilizo cuando quiero controlar y tener la polla más rato y más tranquilo. La que más utilizamos es a cuatro patas, con los tobillos y rodillas juntas y la cabeza apoyada en la cama. En esa postura, un día que le dio por correrse en la nalga derecha, la corrida acabó goteando en la planta del pie y me encantó, no sé porqué tanto.

    Hemos probado lo de los tomates para aumentar la cantidad y mejorar el sabor del semen pero no notamos diferencia. Al final es como el venga. A veces sale mucho semen y disparado (lo que más me gusta); y otras veces se derrama.

    Unos días me folla en tres minutos y otras veces se recrea. Eso sí, yo siempre termino chupándosela para que no se pierda nada y dejársela limpia.

    En fin. Espero haberos ayudado y terminaré diciendo que sí, merece la pena y dejaos de historias raras, si no le haces daño a nadie, adelante.

  • Con mi medio sobrina

    Con mi medio sobrina

    Esta es una historia que me ocurrió hace algunos años, con una media sobrina; en realidad ella es hija de una prima hermana mía, pero desde siempre me llamó tío, ya que para ella y su hermano, soy más tío que los hermanos de sus padres. Siempre estábamos en su casa, ya que somos muy compinches con su madre y padre. Su hermano estaba más encariñado con la por entonces mi novia y hoy mi esposa, pero ella se desvivía por estar conmigo. Desde pequeña siempre que llegábamos a su casa se me arrojaba en brazos a besuquearme y jugar conmigo. Cuando yo estaba sentado, su sitio habitual era sobre mis rodillas.

    Claro está que los niños crecen y después de un par de años de estar ausentes de mi ciudad natal, volví de visita y cuando llegué a casa de mi prima, me encontré con que los chicos ya no eran tan chicos, sino que, en especial la niña, a quién llamare P, se había convertido en una hermosa mujer, que con 18 años, lucía un cuerpazo estupendo. De cara siempre fue bellísima, rubia de cabello largo y lacio, ojazos verdes sumamente expresivos, labios ahora muy sensuales, carnosos y húmedos.

    En su crecimiento y explosión hormonal había desarrollado un par de senos verdaderamente deseables, de una talla más o menos del 95, firmes y bien levantados, como su madre (que todavía estaba de muy buen ver). Seguía manteniendo su esbeltez, con una cinturita muy fina, caderas bien marcadas y fuertes, un trasero hermosamente redondeado (que antes casi no tenía, pero merced a muchas horas de gimnasio, había desarrollado para alegría de mis ojos) y respingón; cualidad esta última que se había realzado con el tiempo. Remataba con unas piernas larguísimas que lucían por debajo de su falda, siempre mini, muy bien delineadas y que dejaban adivinar unos muslos redondeados, musculosos, y fuertes que ponían el broche de oro a ese cuerpo fenomenal. Total que ni bien me senté buscó su sitio en mis rodillas.

    Claro que ya no era aquella chiquilla sino una hembra que rebosaba hormonas por todos los poros, y yo sentía el calor de sus nalgas redondeadas sobre mis muslos y cuando me rodeó el cuello con su brazo casi me estampa una teta sobre la cara. Demás está decir que se me puso la verga como un potro desbocado pidiendo salir de su encierro.

    Me pareció que ella lo notó, porque abrió sus ojos desmesuradamente, luego esbozó una tímida sonrisa y se acomodó con su raja posterior justo sobre mi erección, disimuladamente para que su madre no lo notara.

    Esta le dijo “P, ya estás grandecita para que el tío aguante tu peso, me parece, no?”. “Déjala -dije yo- si no pasa nada, no pesa tanto”. “Ay, mami, que pesada eres”, dijo P.

    Pero se levantó a buscar unas bebidas, y se alejó contoneando sus caderas; y yo aprovechando la distracción de mi prima, me acomodé para que no se notara la erección brutal que tenía. La cuestión es que estuvimos charlando un rato con mi prima y luego, cuando P volvió al salón me miró con ojitos, que me parecieron libidinosos, pero se sentó frente a mí en otro sillón y cruzó sus piernas, mostrando gran parte de sus muslos. Era un espectáculo único. Por suerte mi prima que es bastante despistada no se percató de mis miradas. Yo aprovechando que mi erección había bajado, me levanté y saludando a las dos, me despedí hasta otro día, quedando en comunicarnos por teléfono para salir a cenar o volver de visita.

    Un par de días después me llamó P diciéndome que tenía un pequeño problema y que deseaba hablar conmigo de ello, ya que no se animaba a hacerlo con su madre. Me pidió que fuera esa tarde ya que sus padres estarían en una reunión y su hermano mayor en un viaje.

    Sin imaginarme ninguna cosa rara, me aparecí esa tarde en su casa, dispuesto a solucionar en lo posible el problemilla que pudiera tener la chica. Hasta ese entonces, por más que me había excitado la otra tarde, no pensaba en ella como una mujer, sino que había tomado todo aquello como un accidente circunstancial. Pero cuando llegué casi me caigo de espaldas ya que la «niña» me recibió solo envuelta en un toallón de baño.

    -Hola tío, acabo de ducharme, disculpa mis pintas.

    Pero yo más que disculpar me puse a cien y no sabía dónde mirar. Parecía una tigresa salida de una revista de modelos. Llevaba el cabello mojado y revolucionado, cayendo sobre sus hombros desnudos y dejando deslizar sobre estos algunas gotas de agua. Olía de maravillas, una de esas colonias femeninas de lo más excitantes, que supuse era de su madre.

    Sus senos pugnaban por zafarse del encierro en ese toallón, que como estaba húmedo remarcaba sus pezones que apuntaban desafiantes al frente.

    Lo mismo que su trasero, como pude observar cuando se giró para dejar algo sobre la mesa, y en este mismo movimiento, se entreabrió la parte baja del toallón mostrándome sus muslos bronceados. Estaba para comérsela.

    -Te molesta que no me vista -me dijo- hace calor y en un rato debo vestirme para salir con mis amigos y no quiero que se me arrugue la ropa.

    -Tranquila, me da igual.

    En realidad prefería que no se cambiara. Fue a preparar café y yo me quedé con mi cerebro trabajando a mil revoluciones. Sería una actitud inocente, estaría tramando algo? Fue en este momento en que empecé a pensar en ella como mujer de lo más deseable y seductora. Pero si es una chiquilla, pensé, y la conozco desde que nació. Es hija de mi prima, y todas esas cosas en las que uno piensa en estas mismas circunstancias, aunque siempre, desgraciadamente (o por suerte?!) priman los instintos (y si a alguno no le ha pasado que me lo cuente).

    Yo la miraba afanarse en la cocina, buscando las tazas de café, poniendo la cafetera, etc. Pero cuando se puso en puntillas de pie para coger la azucarera que por lo visto estaba en un armario elevado, el toallón se levantó y pude ver el comienzo de sus glúteos, sintiendo inmediatamente una feroz erección, que me apresuré en disimular sentándome en el sofá, de espaldas a la cocina, cavilando sobre lo que estaba por ocurrir, en la realidad o en mi calenturienta imaginación.

    En esas cavilaciones andaba cuando ella me abraza desde atrás, (no la escuché llegar porque andaba descalza, con esos piececitos de Barbie que tiene) apoyándome las tetas en los hombros y besándome en la mejilla.

    -No sabes cómo te extrañé estos dos años, tiíto.

    -Y yo a ti preciosa.

    -De verdad me ves bonita?

    -Pues claro, tienes dudas de ello?

    -No sé, es que mis amigos pasan de mí. Las chicas de la panda tienen novio casi todas, pero yo no. Y a veces me pregunto si no les gustaré a los hombres.

    -No seas tontita, si te ves hermosa. Lo que pasa es que a esta edad las chicas os volvéis un poco maniáticas con vuestro cuerpo, sois inseguras respecto a las relaciones amistosas y todo ello.

    -Yo no me fijo tampoco en ellos porque tengo un solo hombre que me quita el aliento, desde hace mucho tiempo.

    -Ah sí? y quien es si puede saberse el personaje de tus desvelos.

    A todo esto, ella seguía abrazada a mis espaldas y me susurraba al oído, lo que me ponía más cachondo, y ya no sabía cómo disimular mi excitación.

    -No lo sabes?

    -Pues no -dije yo.

    -Ay que tontos sois los hombres. Quién va a ser? TÚ -dijo ella.

    Sus palabras me sonaron a música celestial, no me lo podía creer.

    -Pero que dices P. Estás loca!

    -Sí -me dijo- loquita de amor, coladita por mi tío preferido.

    -Pues eso, soy tu tío, o casi, déjate de tonterías y ve a vestirte antes de que vengan tus padres.

    -Tranquilo -me dijo- que antes de las 22 h no llegarán. Además mi madre siempre me llama antes de salir para acá para que prepare la mesa y así poder cenar en cuanto llegan.

    Dio la vuelta al sofá y se sentó en mis rodillas, dejando deslizar el toallón hacia un costado, descubriendo sus muslos casi por completo. Incluso me pareció que comenzaban a exponerse los pelillos de su pubis.

    -No me vas a decir que no lo sabías, no? El otro día me pareció que te excitaste un poquito conmigo.

    Y tanto pero es que es muy difícil no excitarse con el contacto de unas nalgas tan calientes sobre mis muslos.

    -Sí, ya, si lo hice con toda intención.

    -Pero bueno, que estás diciendo.

    -Pues eso que quiero ser tu hembra, quiero que me conviertas en mujer, estoy enamorada de ti, con locura, aunque a ti te suene mal y tú no me quieras.

    -Pero sí que te quiero, preciosa pero esto me parece muy mal, y eso sin tener en cuenta la diferencia de edad entre nosotros.

    -Te llevo 20 años. Ya y yo solo tengo 18, pero eso no quita que sea toda una mujer como podrás observar -y diciendo esto, desanudó el toallón y lo dejó caer al suelo.

    -Dios P, que haces?

    Estaba buenísima, con esos pechos que ahora veía en toda su magnificencia, con unas areolas rosadas e hinchadas (pienso que por su excitación) y los pezones perfectos, duros y erectos. Se levantó y dando un giro, me dijo:

    -no te parece que soy una toda mujer, no te tienta mi cuerpo.

    Yo estaba boquiabierto, jadeante como un viejo baboso pese a mis escasos 35 años de entonces. Es que ese cuerpo era de infarto. Si vestida me había impresionado, desnuda era la apoteosis de la lujuria. Sus pechos se mantenían erguidos sin necesidad alguna de sostén. Semi tapados, igual que sus hombros por su cabello largo que caía despreocupadamente sobre ellos.

    Esa cintura y esas caderas portentosas. Ese trasero! con unos glúteos tan parados que el surco interglúteo parecía una autopista del placer. Se paró de espaldas a mí con las piernas separadas y pude apreciar desde mi posición en el sofá, como se veían entre las piernas los vellos de su vulva y sus labios gruesos entre ellos. Como destellaban con el reflejo de la luz sobre las gotitas que pendían de ellos. Eran gotas de agua del reciente baño o su flujo producto de su creciente excitación?!

    Me puse de pie y me acerqué a ella. La abracé por detrás y besé sus hombros y cuello, y ella apretujó sus nalgas contra mi pelvis, notando mi increíble erección, y yo el calor de esas nalgas a través de mi ropa. “Pero bueno -me dijo- dándole tantas vueltas al asunto y mira como estabas”. Se zafó de mi abrazo de oso y girando juntó su boca a la mía mientras me abrazaba e inundaba con su perfume, y sus emanaciones de hembra en celo me terminaron de desequilibrar. Respondí a su abrazo y abriendo mi boca busqué con ansias esa lengua adolescente, que con su humedad y calor me elevó al paraíso terrenal. Con mis manos acaricié su espalda sintiendo la tersura de su piel, y el calor de ese cuerpo juvenil, mientras buscaba en mi descenso por su columna, la dureza de sus nalgas ardientes.

    Continuamos con un apasionado beso. Cuando nos separamos para tomar aire, le dije:

    -esto está mal cielo, no debemos continuar.

    -Tío, mi amor, creo que ya es tarde para eso.

    Volvió a besarme y me empujó hasta el sillón. Se giró y me quitó mi polo, luego se sentó y cogiendo la hebilla del pantalón me la desprendió y bajó mi cremallera, dejando que el mismo cayera al suelo. Pasó su mano suavemente por mi paquete que hacía una buena carpa en el slip y sin animarse a más, se levantó y me volvió a abrazar, sintiendo esta vez en directo la delicia de sus pechos sobre el mío y el calor de su bajo abdomen sobre mi polla a través de la delgada tela de mi slip. Ella acariciaba mi espalda y mis nalgas apretándome contra sí, mientras me susurraba al oído: “te deseo tanto!, por favor hazme tuya”.

    Se separó de mi y cogiendo mi mano, me llevó hasta su dormitorio. Tiene una cama de plaza y media y está decorado con muy buen gusto. Puso música muy suave en su cadena musical y me empujó sobre la cama. Yo caí sentado en el borde y la atraje hacia mí, ya totalmente entregado a ese placer pecaminoso, casi incestual.

    Besé su abdomen, acaricié su fabuloso trasero internándome en la raja posterior hasta tocar su agujerito, obviamente virgen, muy caliente y apretadito. La senté sobre mí, apoyando su vulva humedísima y caliente sobre mi polla. Me dediqué a lamer y saborear cada uno de sus pechos y sobretodo mordisqueando sus pezones, arrancándole los primeros gemidos de placer. “OH, tío, mi amor, mi tan deseado macho. Que rico te siento, sigue, por favor no te detengas”, decía mientras apretaba mi cabeza contra su pecho y acariciándome el cabello y los hombros. “Si mamita, ahora no voy a parar. Seguro que no puede venir nadie?”. “No tranquilo que tenemos toda la tarde para nosotros”. Me acosté sobre la cama con mis pies sobre el suelo y ella arriba mío. Con mis pies separé sus piernas y muslos, y la estreché sobre mí uniendo apasionadamente nuestras lenguas como si quisiéramos unirnos para siempre en ese beso amoroso.

    Me retrepé en la cama, siempre con ella sobre mí y me giré quedando yo sobre su cuerpo ansioso de sexo. Besé nuevamente sus tetas, lamí sus pezones y bajé por el abdomen, lamiendo cada cm de su tersa y sabrosa piel, llenándome de su aroma, hasta llegar a su ombligo. Aquí le arranqué su primer orgasmo, mientras lamía su ombligo y acariciaba sus pechos. Fue un orgasmo suave, tembloroso, casi inconsciente, seguido de una serie de suspiros que me animaron a seguir descendiendo en esa ruta de placer que me llevaría hasta el paraíso de su sexo. Llegué a su pubis, y enterré mi rostro en esos vellitos húmedos, ahora sí que estaba seguro, de su flujo, porque olían y sabían a hembra en celo.

    Recorrí con mi lengua el caminito hacia su cueva, y separando suavemente los labios virginales con ella, busqué su clítoris al que tomé con mis labios frotándolo con la lengua, y provocándole un nuevo orgasmo, esta vez más violento, como lo demostró el arqueo de su cuerpo y la riada de flujo que empapó mi perilla. Introduje más profundamente la lengua buscando el interior de ese volcán ardiente, provocándole nuevos suspiros y gritos de placer. Levantando sus piernas por sobre mis hombros, me dediqué a lamer el trayecto desde su vagina hasta el ano. Que ahora veía perfectamente, rosado, apretadito.

    El más sublime manjar que pueda conocerse. Estuve un rato saboreando ese manjar, hasta que la volteé y comencé mi faena por detrás, lamiendo sus glúteos, mordiéndolos de a ratos, descendí por sus muslos, dorados, tersos, sabrosos, hasta llegar a sus pies perfectos. Lamí cada dedito que incluso me introduje en la boca. Esto le provocó nuevos gemidos y estremecimientos, volví sobre mis pasos y me acosté sobre ella, dejando mi polla ubicada entre sus nalgas besando su nuca y hombros mientras con mis manos acariciaba sus hermosas tetas. Era una cosa increíble. P jadeaba, suspiraba, gemía, pidiendo más “mas, mi amor, mas, siii”.

    Alcé su cadera e introduje la punta de mi capullo entre sus labios. Lo dejé allí frotando su clítoris hasta llevarla al paroxismo. Me rogaba que la penetrara de una vez, pero yo quería que gozara mucho y al mismo tiempo prolongar mi goce en esa vulva virgen. Ella empujaba hacia atrás buscando la penetración, pero yo me alejaba y empezaba de nuevo.

    En realidad quería ver sus ojitos cuando la penetrara, así que la volví a voltear y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura apoyé mi verga en su puertita decidido ahora sí a conocer el interior de ese volcán. La miré y con una caída de sus párpados me dio a entender que estaba dispuesta.

    -Seguro que quieres continuar?

    -Porfa, no puedo más, hazme tuya ya.

    Comencé a presionar con mi enorme verga sobre ese minúsculo agujerito, que por más que estaba súper lubricado se negaba a aceptar la intrusión. “Me duele, tío, ve despacio, no me hagas daño”. “Tranquila mamita, quiero que goces mucho, mucho”. Me retiré y volví a empezar.

    Cada vez profundizaba un poco más, sentía la ardiente humedad de su coño a punto de ser explorado e invadido por vez primera. Sentía como me aprisionaban sus paredes. Sus labios abrazaban el tronco de mi polla como una segunda piel, como sí no quisieran que saliera nunca más. Estábamos fusionados el uno con el otro. Sus ojos brillaban, su mirada buscaba ansiosamente la mía, con miedo, con ansiedad, con deseo. Entonces noté la presencia de su tela virginal presionada por mi glande.

    Ella también lo notó, tragó saliva y cerró los ojos. Me pareció que se apagaba la luz al no poder observarlos, le susurré al oído, respira hondo mi cielo y juntando mi boca a la suya di un profundo empellón, penetrando finalmente la inexplorada profundidad de su delicioso volcán, noté como se desgarraba su himen y su sangre caliente bañaba mi glande y escurría por mi tronco hasta mis cojones. Su grito de dolor fue ahogado por mis labios, pero sus suspiros se hicieron notar.

    Sin darle tregua comencé con un rítmico vaivén, al que ella sumó su meneo de caderas. Instintivamente se acoplaba a la perfección a mis movimientos. Incluso con sus talones me empujaba del culo cuando arremetía contra ella, facilitando una penetración total. Mis huevos golpeaban con sus glúteos, se escuchaba el chapoteo de la piel de sus nalgas contra la de mis huevos en medio de sus flujos, y sangre de su desvirgue. Estaba fuera de sí me arañaba la espalda, contuve mi orgasmo hasta estar seguro del de ella, y finalmente nos corrimos los dos en un orgasmo simultáneo y maravilloso que nos transportó hasta otra galaxia. Arqueó su cuerpo y me apretó aún más contra el suyo, hasta que cayó como inerte, con los ojos muy abiertos y relamiéndose los labios. Tomó mi cabeza y me estampó un profundo beso explorando cada cm de nuestras bocas y fundiendo las lenguas en una sola, como el resto de nuestra ajetreada anatomía.

    Me salí de ella, no sin provocar una mirada de reproche y desilusión, seguida de una candorosa sonrisa. Quedé junto a ella, abrazándola y estrechándola contra mí, esperando que se tranquilizaran nuestros corazones y respiración.

    Al cabo de un rato nos levantamos y duchamos por separado, yo primero. Mientras ella se duchaba me preparé un gin tonic, y una coca cola para ella, y la esperé en la cama. Cuando volvió, su aspecto me maravilló. Estaba deslumbrante, sonrojadas sus mejillas, brillantes sus ojos, húmedos sus labios, y su cabello desmelenado que seguía cayendo sobre los hombros. Su cuerpo era una maravilla, con ese contoneo tan delicioso al caminar hacia mí. Realmente era la figura de toda una mujer que acababa de descubrir el sexo. Por primera vez vi la mujer en que se había convertido en solo un instante de gozo.

    Apoyó sus rodillas entre mis pies y con movimientos felinos, gateó hacia mí, hasta llegar con su cabeza a mi pelvis. Cogió mi polla con sus delicadas manitos y comenzó a sobármela. “Ahora me toca a mí, no?”. Y mientras lo decía acariciaba mis huevos con la otra mano, y mis muslos, logrando enseguida una nueva erección. Acercó sus labios y me dio un beso húmedo en todo el glande. Le pasó la lengua desde la punta hasta los huevos que incluso se metió dentro de la boca, y desanduvo el camino hasta llegar nuevamente a la punta. Yo no me lo podía creer, estaba a punto de hacerme una felación.

    Finalmente abriendo bien sus labios introdujo mi polla en su boquita hasta la mitad. La sacó y suspirando volvió a metérsela adentro hasta la garganta. No le entraba toda pero me daba igual. Sus labios otrora virginales me masturbaban con deleite. Me sentía transportado. Ver su cara de ensueño, violada por mi polla, y el deleite de sus ojos concentrados en su tarea de hacerme feliz y al mismo tiempo gozar con el sabor de mi verga y el placer del fruto prohibido, ya merecía el riesgo que estaba corriendo esa tarde de lujuria y sexo, con la criatura más adorable que existe sobre la tierra, y que a la postre era mi media sobrina…

    P siguió chupando y saboreando mi polla con fruición. De pronto la sacaba de su boca y se acariciaba las mejillas con ella, me daba un par de lametones en los huevos y volvía a engullirla. Con su otra mano ora me acariciaba los huevos, ora la llevaba hasta mi culo que pellizcaba con delicadeza o me acariciaba el ano e incluso en algún momento introdujo la punta en él, cosa me agradó bastante arrancándome un suspiro placentero. Ahora aceleró el ritmo, pero antes de venirme, le hice dar la vuelta y quedar en un perfecto 69, para poder aprovecharme yo del sabor de su coño y la visión de su culo en pompa arriba de mi cara. Veía palpitar su agujero y llevé mi lengua varias veces desde su coño hasta su ano, y cada vez notaba como en ese momento ella apretaba más mi polla con los labios e incluso me la mordía suavemente.

    Entusiasmado con su respuesta mojé mi dedo medio en sus jugos y lo introduje en un solo movimiento en su culo. Ella pegó un respingo pero no hizo nada por sacarlo. Entonces procedí a masajearle el esfínter, con movimientos circulares y metiendo y sacando el dedo, y luego introduje un segundo dedo. Obviamente supo cuál era mi intención. Empezó un movimiento de cadera para sentir mejor la exploración y masaje de mis dedos. En eso estaba cuando aceleró, excitada el ritmo de su mamada y volvimos a corrernos juntos. Yo llenando su boca de mi semen, que noté como tragaba después de saborearlo y ella bañando mi cara y barba con su miel caliente y perfumada que yo sorbía y saboreaba.

    Se quedó tendida sobre mí, con su pubis sobre mi cara y mi polla dentro de su boca. Luego de un rato de adormecimiento se giró y se acostó sobre mí dándome un suave beso en los labios y diciendo: “gracias tiíto, me estás haciendo feliz. Es la culminación de mis sueños adolescentes, el fin de mis noches en vela pensando en ti y soñando despierta en cómo me poseías”.

    Seguimos hablando de todo esto, de las consecuencias y finalmente llegamos a la conclusión (sugerida por mí y comprendida por esta dama inocente, pero madura) de que no debía ni podía repetirse, por el bien de nuestra familia y el nuestro propio. Y fundamentalmente porque no quería que ella sufriera. Enjugó algunas lágrimas y luego sonriente me dijo:

    -Entonces debes follarme hasta dejarme agotada, y así poder atesorar para siempre el recuerdo de esta tarde deliciosa en brazos de mi amado tío postizo.

    Mientras hablábamos de esto ella había apoyado su muslo sobre mi pubis y aprisionado con este gesto mi polla que debido a ese masaje sufrió una nueva erección. Que ella notó, obviamente, y aprovechó para acariciar nuevamente entusiasmada con su dureza y calor. Volvió a ponerse en 69 y chuparla un rato. Mientras yo reanudaba los masajes de su culo todavía virgen. Hasta que consideré que ya estaba suficientemente dilatado y lubricado. Me salí de abajo de ella y no la dejé cambiar de posición. Solo empiné más su culo y separando las nalgas con mis manos, metí la polla en su vagina para lubricarla un poco más y luego la retiré y apoyé en su ano. Giró su cara de ángel y con ojos de carnero degollado me suplicó que fuera con cuidado. Que tenía muchísimo miedo, que había escuchado historias de tremendos desgarros, y hasta de que su mami estuvo casi un mes sin hablarle al padre de P, el día que la forzó por el culo, cosa que ella se enteró por casualidad escuchando accidentalmente una conversación telefónica de mi prima con mi entonces novia. Yo la tranquilicé diciéndole que con suavidad, con la relajación necesaria que ya le había provocado de su esfínter y si ella no se ponía tensa, sería maravilloso para los dos.

    Pareció que esto la tranquilizó, y soltando un suspiro se relajó y me dejó hacer. Apoyó su cabeza en la almohada y esperó ansiosamente.

    Yo comencé a apretar mi capullo contra su ano palpitante, y ella solo se quejaba dulcemente de ligero dolor. Yo aflojaba y comenzaba de nuevo, hasta que en un impulso logré introducir el glande completo a través de su esfínter. Que palpitaba y me apretaba mientras ella se quejaba ahora sí de dolor intenso. “Basta, por favor, sácala, me duele mucho, tiíto de mi alma”. Yo la saqué y ella suspiró. Volvió a relajarse y me dijo, “prueba de nuevo, pero despacito”. Esta vez en un suave empujoncito, entró más fácilmente. “Ahhh, duele pero menos. Sigue pero despacito, por favor, quiero sentirte dentro de mí, que me llenes con tu verga y me bañes por dentro con tu semen calentito”.

    Comencé a meter y sacar suavemente, profundizando cada vez algo así como un cm más, hasta que en un momento, excitado por toda la situación y en que ella llevó sus manos hacia sus nalgas y las separó como para facilitar las cosas, se la metí hasta sentir mis huevos contra la piel de sus labios, empapados de flujo caliente y untuoso.

    -Ohhhh, si, así, tiíto, párteme el culito, hazme feliz, bombea, bombea, quiero sentirte muy adentro, así, más adentro, siii.

    Y se acompasó a mis movimientos para logra una penetración total. Yo separé sus manos de sus nalguitas para sentir el calor de estas apretarme el tronco de mi verga lanzada a destrozar ese culo (en el buen sentido). Era una locura, un placer indescriptible sentir esas poderosas nalgas perforadas por mi lanza, apretándome al mango, el calor de sus entrañas bañar mi polla, su flujo que caía a raudales sobre mis huevos y chorreaba por mis muslos y los suyos, el vaivén de nuestros cuerpos fundidos en una sola masa caliente a un ritmo enloquecedor, estábamos fuera de nuestros cabales, solo existía el gozo mutuo, el mundo se había detenido, hasta que llegamos juntos a un increíble y enloquecedor orgasmo compartido, gritando como desquiciados, llenándole el recto de mi magma hirviente y sintiendo la poderosa oleada de sus flujos bajar por nuestros muslos.

    Seguimos el ritmo y nos corrimos dos o tres veces más, hasta quedar exhaustos abrazados sin despegar nuestros cuerpos (su espalda de mi pecho, y mi verga de su culo acogedor como pocos). No sabíamos dónde terminaba la piel de uno y comenzaba la del otro. Fue maravilloso. Para mí, con bastante experiencia sexual, imaginen para ella, que era su primera vez.

    Cuando por fin nos despegamos, nos fuimos a la ducha, esta vez juntos y con muchísimo placer enjabonamos cada uno el cuerpo del otro, recorriendo una y otra vez esa fuente de nuestros placeres. Entregándonos a una relajación total. Nos envolvimos en sendos toallones y nos fuimos al salón a sentarnos en el sofá abrazados y rememorando mentalmente cada segundo vivido esa tarde, sin decir nada, pero asintiendo con las miradas que sabíamos lo que pasaba por la mente del otro. Finalmente decidimos vestirnos, una vez recuperados de nuestra particular batalla sexual. Ella se fue a vestir a su cuarto y yo lo hice en el salón.

    Cuando volvió traía en sus manos un sobre. Me lo entregó y me pidió que no lo abriera hasta estar fuera de su casa. Que habría deseado enviármelo por correo, porque le daba vergüenza que lo leyera en su presencia, pero tuvo miedo de que cayera en manos inapropiadas, por lo que a último momento decidió dármelo en mano, pero con la promesa por mi parte de que solo lo leería cuando ya no estuviera con ella.

    Sonreí intrigado y lo guardé en mi bolsillo para luego leerlo sentado en algún bar, con un vaso de vino tinto delante, para ahogar las penas si las hubiera. Nos dimos un profundo beso y nos despedimos ambos con lágrimas en los ojos ya que sabíamos que aquello no se repetiría, y además deberíamos sufrir el estar juntos nuevamente con la familia delante en cada oportunidad, aguantando los deseos de volver a amarnos como esa tarde que tocaba a su fin.

    La dejé sollozando y me fui de lo más compungido. Me alejé de allí para no faltar a mi promesa y me senté en un bar. Pedí un vaso de vino tinto y saqué de mi bolsillo su carta.

    Era papel de seda con su perfume. El sol olerlo me retrotrajo a una hora atrás, rememorando aquella gloriosa sesión de sexo desenfrenado con esa criatura celestial, a la que había desvirgado sin contemplación por todos sus orificios.

    Desplegué la carta y comencé a leer.

    «Querido y amado tío, hoy me has hecho la mujer más feliz de la tierra. Jamás en mi calenturienta imaginación sospeché que se pudiera gozar tanto con el sexo. Aunque creo que no hubiera sido lo mismo con cualquier otro, ya que el hecho de ser poseída por primera vez por el hombre más adorado por mí, suma al placer sexual la felicidad de ver cumplido mi sueño más anhelado.

    En fin, solo quiero transmitirte todas mis vivencias de esta maravillosa y lamentablemente irrepetible experiencia. Cuando juntaste por primera vez tus labios con los míos y probé por vez primera el sabor de tu boca y al mismo tiempo la dureza de tu excitación contra mi vientre, creí morir de felicidad. Finalmente había logrado tenerte para mí. Sé que te sonará a encerrona, y debo disculparme porque ha sido así. Desde que llegaste de visita esta vez, estuve pensando en la mejor forma de lograrlo, reprochando mi actitud, pero enfebrecida y ciega de deseo por ti, y ahora no me arrepiento de nada porque he comprendido que ese deseo era mutuo. Sentir tus manos acariciar mi espalda y bajar hasta mis nalgas fue mayor mis fuerzas, y allí terminé de entregarme y saber que finalmente sería tuya por toda la eternidad. Mientras tus manos recorrían cm a cm mi piel sentía desfallecer, no podía creer que finalmente estuviera ocurriendo.

    Cuando besaste mis senos me sentí transportada en el tiempo y el espacio. Luego al buscar con tu boca mi tesoro pubiano, creí morir de placer, y sin embargo todavía sería mayor mi dicha cuando no dejaste un solo trozo de mi vagina sin estimular con tu lengua y labios. Esos primeros orgasmos que me arrancaste cuando aún no me habías follado me supieron a gloria bendita. Sentir el calor de tu lengua internarse en mi cuevita y fundirse con las paredes de mi vagina, o la dulzura de tus labios sorbiendo mi botoncito era el mayor placer a que podía aspirar en mis sueños juveniles más cachondos. Sin embargo todo no terminaría allí. Aun vendría mucho más placer. Cuando por fin te decidiste a penetrarme, tuve mucho miedo, pero ansiaba tenerte dentro, ser finalmente tuya. Por fin me metiste tu inmensa y deliciosa verga en mi interior, No podía creer lo que estaba sintiendo, Era una mezcla de dolor y felicidad. Ese tremendo y maravilloso trozo de carne, con vida propia, esa parte de ti, tan deseada, se estaba abriendo camino en mi interior y me transmitía todo tu calor, todo tu amor. La sentía palpitar en mi interior, sentía que se fundía apretada contra mis paredes vaginales, me quemaba, pera era delicioso.

    Luego llegó hasta mi virginidad. Tragué saliva y cerré mis ojos para concentrarme en sentir cada cm de esa maravillosa lanza en mi interior, quería ser consiente de mi desgarro, quería tener plena conciencia del momento en que me hicieras finalmente tuya. Y el momento llegó, no sin dolor pero a la vez con una maravillosa sensación de sentirme invadida por ese maravilloso pedazo de ti, grueso, caliente, palpitante. Sus latidos llegaban hasta mi pecho. Te estaba recibiendo en el seno de mi cuerpo, comencé a moverme a la par tuya para no dejar en ningún momento de sentirte dentro, te quería más y más adentro mío, hasta que finalmente descargaste tu simiente en mi interior. Qué maravilla sentirte explotar adentro mío, sentir como ese ardiente producto de tu amor se fundía con mis jugos, apreté voluntariamente mis músculos para vaciar totalmente ese maravilloso semen en mi interior.

    No te preocupes, desde que supe que vendrías de visita comencé a tomar anticonceptivos orales, tenía la esperanza de que esto pasara.

    Luego vino mi parte, deseaba devolverte algo de lo que me habías brindado. No sabía muy bien cómo hacerlo, espero no haberte fallado en este sentido. Pero creo que el instinto jugó un papel importante y cuando tuve tu polla delante de mí no dudé y me lancé a saborearla y darte placer. Aunque creo que fue mayor el mío de saber que la tenía dentro de mi boca y su delicioso sabor me llenaba los sentidos. La chupé hasta el cansancio, la saboreé, y cuando al final diste la vuelta y al mismo tiempo me comías el coño creí tocar el cielo con las manos.

    Sentí tus dedos hurgar suavemente en mi culo, eso me dio miedo porque supuse lo que vendría luego, y después te confesé porqué. Sin embargo eso ni me impidió saborear el momento en que te derramaste en mi boca. No pensaba que eso fuera tan delicioso. No paraba de saborear tu semen y tenía que tragarlo porque me ahogaba de tanta cantidad. Sin embargo pude saborearlo y sobre todo al final en que me pareció que salía algo más espeso y que degusté con mi paladar. Qué maravilla, que delicia, cuanto placer me estabas proporcionando. No sabía si estaba a tu altura en cuanto a proporcionarte placer, pero supe que sí en la forma en que te corriste en mi boca y tus suspiros. Di gracias al cielo por eso, y fue tanto el placer que me volví a correr.

    Luego le llegó el turno a mi culito también virgen. Eso me daba muchísimo miedo como te lo expliqué en su momento, sin embargo era tan dichosa y confiaba tanto en ti que te dejé hacer, y luego me felicité por hacerlo. Cuando me penetraste por allí, sentí cosas indescriptibles, era el sumun del placer, notar cada cm de tu polla penetrando mi hasta entonces virgen culito, el calor que transmitía a mi interior era increíble. No podía dejar de moverme a tu compás, ni de suspirar. Me estaba corriendo en una sucesión interminable de orgasmos. No me podía creer estar sintiendo tanto de algo que hasta un momento antes me producía terror de solo pensarlo. En fin fue más que gozo, debería inventar un término que pudiera reflejar todo el placer que me estabas proporcionando con tu polla en mi interior, el placer de sentir como mi esfínter se contraía y apretaba tu polla. Quería ordeñarla y al final lo logré. Te viniste en una catarata impresionante de lava hirviente que quemaba mis entrañas. Pero que placentero dolor estaba sintiendo. Fue maravilloso.

    Desde que entraste en mi casa hasta que me diste el último beso. Lo único que no quiero recordar nunca más es el momento en que saliste por esa puerta… Te quiero, te querré siempre. El recuerdo de esta tarde me acompañará siempre y será mi sostén en mis días de amargura y depresión. Sé que al final encontraré el camino y formaré mi propia familia. Pero sé también que jamás volveré a gozar del sexo como esta tarde. Te hago aquí una importante promesa, jamás nadie profanará mi culito. Estará reservado por siempre para ti, por si alguna vez faltamos a nuestra promesa y volvemos a yacer juntos. Por favor no me prives de esta esperanza, aunque sé en mi interior que no ocurrirá… Te amo.

    Firmado: P”

    Terminé de leer y unos lagrimones acudieron a mis ojos, que enjugué rápidamente. Me tomé el vaso de vino sin siquiera saborearlo, y salí a deambular por las calles sin mirar a la gente, sin mirar nada, solo miraba en mi interior y me encontraba vacío…

    Yo también la amaba!!

  • Comenzó tocándome las tetas por accidente

    Comenzó tocándome las tetas por accidente

    Tengo 34 años. Soy una mujer grandota, alta, mido 1.70, tengo cabello largo rizado, soy blanca y pecosa, tengo unas tetazas formidables que siempre han sido mi orgullo, pues, como les comentaba, los hombres me las quieren comer con las miradas siempre, y, obviamente, el hombre que se me acerca, le gustan las tetas grandes, a menos que solo se acerquen por el morbo de verlas, saborearlas, tocarlas, aunque las tetas no sean su máximo.

    Pero en este caso, el relato que les cuento, a mi jefe sí le gustan mucho que tenga unas tetas tan grandes. De hecho, así comenzó su seducción, tocándome las tetas por accidente, ya que, al ser más alto que yo, podía pasar como que se «había equivocado» al poner la mano en ellas, pero no, no se equivocaba, simplemente comenzaba a ponerme ese sello de propiedad y a tomar lo que quería.

    Un día, después de varias veces de tocármelas «por accidente» descaradamente me plantó un beso en la boca. Jamás se imaginó que yo le iba a responder. En el momento que le respondí, tomó mi mano y me llevó a su oficina. Cerró la puerta y de inmediato comenzó a lamer mis labios, diciéndome: «Abre la boca pequeña, quiero meterte la lengua». Yo no sé cómo ni porqué, ante esa gran autoridad, me sentí completamente sumisa y dispuesta a cumplir todos sus deseos. Amo que los hombres sepan sacar en mí la hembra cachonda que traigo dentro. «Enséñame tu lengua, déjame chupártela», me seguía diciendo, mientras con una mano empezaba a probar la consistencia de mis tetas por sobre la ropa y la otra la metía en mi pantalón y comenzaba a apachurrarme una nalga, dándole apretoncitos, empujándomela poquito, con palmaditas que le hacían gozar como temblaba.

    Al mismo tiempo con el brazo lograba pegarme a él de tal forma que pude sentir esa vergaza que quería salir ya de su pantalón. Una verga que se sentía enorme. Mientras pasaba de una nalga a otra, me dijo: «Muéstrame las tetas, sabrán lo que les espera, verdad?». Yo estaba caliente y putísima, con ganas de darle todo el placer que me requería. Además, estaba acostumbrada a obedecer sus peticiones ya que era mi jefe y siempre lo obedecía. Me levanté la blusa, no traía brassier así que quedaron rápidamente a la vista.

    Se le nublaron los ojos al verlas, grandes, espectaculares, y comenzó a sobármelas de esa forma que solo un buen cabrón puede hacerlo, sabiendo lo que hace. Rico, primero suavecito, luego fuerte, masajeándomelas delicioso, agarrándome los pezones y jalándomelos para pararlos más, comenzó a lamérmelas todas, pasaba su lengua por el pezón dejándomelo todo mojado, luego con las dos manos me las juntó y comenzó a lamerme y chuparme los dos pezones al mismo tiempo, ambos metidos en su bocaza que pensé que se los comería y me los arrancaría.

    Mis pezones estaban rojos de excitación, irritados y sabrosos. Después, como alcanzaban, me alzó las tetas hasta mi cara para que yo misma pudiera mamármelas y enseñarle cómo me gustaba. «Chúpatelas tú misma gordita, chúpatelas a gusto, pásales tu lengua, si fueran las de otra mujer, te encantaría hacérselo, verdad chiquita». «Que niña más puta, así me gusta, sumisa ante mí».

    Siempre me ha fascinado que me digan cosas fuertes y sucias mientras me cogen a gusto, a su antojo y que me digan lo que quieren, lo que desean y qué tan puta soy en esos momentos. Este hombre sabía lo que hacía y me había descubierto hacía tiempo. Además, como me lleva unos 20 años, el que me diga chiquita, nenita, me vuelve loca, porque me hace sentir una chiquita inocente haciendo cosas malas que no debe y eso le da un sabor mucho más excitante a las cogidonas que me dan.

    Cuando sacó su vergón del pantalón, no pude contener mis ganas de metérmelo en la boca. Lo empujé y me arrodillé ante mi rey, mi dios. Esa grandeza era mi entera dedicación. Comencé a lamerle los huevos y de ahí fuí subiendo al cabezón que me esperaba, no sin antes chupar todas las venas gigantes que se le marcaban en el troncazo que tenía. Chupé su cabezota, grande y roja por la hinchazón, saboreando esas gotas de leche que al comienzo salen de ella. No me cabía mucho en la boca pero como se la puse!!!

    Ya no podía más y me levantó del suelo. «Bájate los pantalones hasta las rodillas y enséñame ese coñote que solo quiere verga puta». Lo obedecí de nuevo. Quedé con el coño y las nalgas al aire. Se sentó en su sillón y como enfrente está su escritorio me pidió que me doblara dejándole a la vista mis nalgotas y por supuesto mi culo y abajito mi raja deliciosa y suplicante de verga.

    «Que rica vista puta». «Así te vas a poner cada vez que te lo pida. Yo te voy a tocar cuando a mí se me dé la gana, delante de quien se me dé la gana y tú vas a hacer lo que yo te diga porque estás bajo mis órdenes ricurita». «Pero que niñita más puta, gozosa y jugosa, eh?». Se levantó agarrándose el pijón, caminó hacia mí y comenzó a rozarme el coño empapado con la cabeza, mientras se mojaba un dedo con mis jugos y de inmediato comenzó a apretarme el culo. Luego me pasó un poco la lengua por él. Solo un poco y luego me metió el dedo. Mi culo ya estaba abierto, siempre se me abre cuando estoy muy cachonda, cuando un cabrón me sabe trabajar como buena puta, como debe.

    En ese momento, metió la cabeza en mi coño, diciéndome: «Chiquitita, mira que cosita tienes, mira que apretadito, dáselo a papito que te va a hacer feliz». Yo decía: «No, no debo, eso es muy malo, no debo hacer esto». Y él: «Uysh, nenita putita, no debes pero mira cómo te dejas hacer por mí y mira como lo gozas, qué rico te coge papito». Mientras más me hablaba así, yo más empapada estaba y comencé a pedirle gimiendo que me la diera toda.

    «Dámela papito, lléname el coño, llénamelo de verga, dame bien que me muero de ganas y mi coño está empapado para ti». Cruelmente solo me dió algunas metiditas y me tenía suplicándole por ella. «Ya casi te la dejo ir perrita, aguanta y la tendrás, pero antes mójalo más que quiero mi verga empapada de tu leche». No podía más ni él tampoco, así que me la metió hasta topar los huevos con las nalgas. Yo me las abría para que pudiera entrar hasta el fondo y él gustoso me la daba toda. Resbalaba delicioso. Me abría el coño a gusto con el vergón enorme que tenía. No pude más que venirme a chorreones y empaparlo todo con la leche que salía y salía y salía.

    Él también me llenó de leche, la sentí a borbotones calientes dejándome toda chorreada. Terminó, me dejó en la misma posición y me dijo: «No te muevas hasta que yo me vaya puta. A partir de hoy, eres mi esclava y haré contigo lo que me plazca». «Si te niegas a obedecerme, perderás tu trabajo y ni te hagas pendeja, porque sé que te encantará estar a mi servicio». «Puedes vestirte cuando yo haya cerrado la puerta, mientras tanto quiero todo tu culo al aire para que sepas lo perra que eres».

  • Mi suegra: La culpa fue de las gafas

    Mi suegra: La culpa fue de las gafas

    Siempre está el mito del novio liándose con su cuñada, del yerno con su suegra. Son mitos que no se pasaban por mi mente, lo veía como algo alejado y fruto de la imaginación de relatos y películas.

    Con mi novia me va de maravilla, nunca hemos tenido grandes problemas, y sexualmente nos va bastante bien. Como ya he dicho esos mitos, yo los veía lejanos, ya que no tenía cuñadas y mi suegra, muy familiar, y enamorada de su marido, tampoco era una mujer de portada de revista, tiene 44 años, 1,60, morena, es guapetona, y delgada, entra dentro de lo que yo llamo normalidad. Pero lo que no es normal, es lo que me ocurrió en la playa.

    Estábamos en nuestra casita en la playa, toda la familia reunida como de costumbre. Todos se iban a la playa antes de comer a darse un chapuzón, yo me había levantado un poco enfermo y decidí no ir, me pegaría una ducha para quitarme el calor y haría la comida.

    Cuando salieron todos, fui a meterme en la ducha; Fina, mi suegra, se le había olvidado las gafas y subió a cogerlas. Yo no la había escuchado entrar y salí del cuarto de baño, pues como mi madre me trajo al mundo, he de decir, que la naturaleza fue generosa conmigo y me donó un pene espectacular, un gran trozo de carne que era el postre habitual de mi novia.

    Pues bien cuando salí, mi suegra estaba allí frente a mí, los dos nos sorprendimos. Yo, porque no me esperaba a nadie en la casa, y ella… ella no me estaba mirando a los ojos, era más abajo:

    —perdona… venía a por las gafas. —Me dijo sin quitarle los ojos a mi verga.

    Salió corriendo de la casa, en su cara había visto algo más que sorpresa, podría haber sido placer, no sé, esa era mi intuición. A mi, no sé porque, el momento me pareció excitante, me metí en el cuarto de baño, y me hice un pajote de los que pasarán a la historia.

    Sin más dilación me dediqué hacer la comida. Cuando llegaron todos de la playa, yo ya casi me había olvidado del incidente con mi suegra, pero ella creo que no. Durante la comida y el resto de la tarde estaba como ausente, me miraba con una cara distinta, estaba como avergonzada al hablarme, ella había visto desnudo a su yerno, pero no era para ponerse así.

    Así pasó todo el día hasta que llegó la noche, después de la cena, mi suegro insistió en que fuéramos a dar una vuelta y a comernos unos helados. Mi novia, su padre y sus hermanos con sus respectivas parejas accedieron, yo estaba todavía un poco enfermo y decidí quedarme viendo la tele, pero lo sorprendente es que Fina, mi suegra, también decidió quedarse, le había sentado mal la comida y no tenía muchas ganas de moverse. Yo eso no me lo creí, sabía que tenía algo que ver con lo de esta mañana, pero no sabía hasta donde podía llegar.

    Nada más irse, hablé con Fina:

    —Oye, perdona por lo de esta mañana, es que no sabía que hubiera nadie.

    —No, perdona tú, no pude evitar sorprenderme, no pude reaccionar. —me contestó ella.

    —Bueno olvidado queda ya.

    —No, no puedo olvidarlo, tengo una extraña sensación, no puedo quitármelo de la cabeza. —Dijo ella.

    —El que no puedes olvidar Fina?

    —Tu cuerpo, y…  polla, no he podido evitarlo y me has excitado un montón, vas a tener que arreglarlo.

    No me podía creer lo que mi suegra me estaba diciendo que quería echar un polvo conmigo. No me lo esperaba, pero a mi me entró un subidón, que accedí a lo que ella quisiera.

    —Vamos, enseñármela otra vez. —Dicho y hecho, me puse de pie y me bajé los pantalones, mi polla, todavía en reposo pero grande, se presentó a menos de diez centímetros de sus ojos.— Que barbaridad, mi hija tiene que disfrutar un montón.

    —Basta de cuentos, y comienza la faena.

    Esto, en vez de coaccionarla, le encantó y se puso manos a la obra. Cogió mi polla con sus manos y empezó a pajearme, que excitación más grande, no tarde ni dos minutos y ya estaba corriéndome en su cara, ella trató de llevárselo todo a la boca, mi succionó todo la polla hasta quedar sequita.

    Jamás me imaginé que mi suegra fuera capaza de hacerme eso, ni siquiera que supiera hacerlo, pero vaya si sabía. La noche no había hecho más que empezar, después de esa gran mamada. Fina se quedó sentada en el sofá y yo me puse de rodillas en el suelo, le quite las braguitas y la abrí de piernas:

    —Lo que me vas hacer ahora no me lo han hecho nunca.

    Me dijo mi suegra, sabiendo que lo que se le venía encima era una comilona de coño espectacular. No fui dulce ni suave, fui directamente a su coñito, que por cierto olía muy bien y estaba muy bien cuidado, se notaba que se cortaba pelo del monte.

    No sabía si le había hecho daño pero sus gritos eran espectaculares:

    —aaah… siii ¡joder qué bueno!

    Mi ritmo de lengüetazos iba en aumento a medida que escuchaba esos gemidos, era un orgasmo detrás de otro, no quise cansarla demasiado porque mi verga volvía a estar firme y había que emplearse a fondo.

    En la misma postura, coloqué sus piernas sobre mis hombros y apunté con la polla hacia su raja sonrosada:

    —despacio, que es muy grande y mi coño no está acostumbrada a eso… aaaahhh, joder, que polla, siii, métemela hasta el fondo, aaah.

    No le hice caso y de una tacada, se la metí toda entera, el bombeo fue desde el principio rápido y con brusquedad, eso era lo que le gustaba a las mujeres, y ella no iba a ser menos.

    —Ahora, fóllame a cuatro patas, que hace mucho tiempo que no lo hago así.

    Sus deseos eran órdenes, la coloqué y empecé otra vez con el bombeo de mi verga, en ese momento me entró el deseo de abrirle el culo, se notaba que era virgen por ahí, pero quise hacerlo con cuidado. Mientras ella disfrutaba de mi polla, yo comencé acariciarle el ano y al meterle el dedo, ella se daba cuenta pero creo que le estaba dando más placer.

    —Ahora vas a disfrutar de otra cosa nueva.

    —No, por el culo no, por favor. —Hice caso omiso a sus súplicas, y apunté mi glande hacia su ano, ahora si había que ser más suave, se la fui metiendo sin prisa pero sin pausa, ella gritó de dolor pero no fue un alarido fuerte, ni brusco. Aguantó el tirón, cuando ya toda dentro, comenzó la fiesta de mi polla— dios, que rico, nunca creía que me fuera a gustar, aaaahhh, que burro eres, como has podido meterme todo eso por mi ano, que me gusta cabronazo, fóllame, hasta reventar.

    Eso que me dijo, me excitó una barbaridad y produjo que me corriera por segunda vez, esta vez en el culo de mi suegra.

    Aun no podía creérmelo, la espectacular follada que había tenido con mi suegra. Estaba ya acostado, junto a mi novia, eran las cinco de la mañana, hora perfecta para ir al baño y hacerme una paja recordando lo sucedido.

  • Me cogí a mi tía por el culo

    Me cogí a mi tía por el culo

    Si había algo que de verdad siempre me había gustado, era cogerme a las mujeres por el culo, eso me excitaba bastante y más cuando el culo era virgen. Lo anterior lo menciono porque el relato en cuestión trata sobre como tuve sexo anal con una de mis tías.

    Para comenzar tengo que reconocer que si algo sobra en mi familia son grandes traseros, principalmente porque mis tías y primas no son muy caderonas pero si nalgonas lo que las hace bastante apetecibles. Ya me había fijado, en los diferentes traseros que había en la familia y hasta había podido comparar. Había uno que me atraía, no sé si era el mejor pero si el que más me agradaba, por lo que me dedique a buscar la oportunidad de meter mi verga dentro de ese culo.

    La susodicha era una de mis tías, la cual tiene aproximadamente 45 años y mide como 1.55 m, es de piel blanca, cabello oscuro, con un poco de barriga, pero lo que se llevaba las palmas era su trasero el cual cumple las especificaciones antes mencionadas, pero como mi tía ocupa mucho pantalón entonces todavía se le ve mucho mejor su trasero, ya que se le notaba muy duro y macizo. Además de que tenía fama entre la familia de ser un poco puta, lo que hizo que tomara un poco de más confianza en mi cometido.

    Bueno, sin más, relato que todo ocurrió en una ocasión en que me encontraba solo en casa, era un sábado y por lo cual todos habían salido, yo me encontraba en casa porque no salgo mucho. Me faltaba aclarar que mi tía es de fueras de la ciudad, por lo que cuando la veía era porque venía de visita. En esos días mi tía se encontraba de visita, por lo que sin más, esa tarde llego mi tía a la casa y la verdad me sorprendió porque la verdad no esperaba visitas, me comentó que venía de hacer unas compras y como le quedaba relativamente de paso, decidió pasar a visitarnos.

    Le comenté que mis padres habían asistido a una fiesta y que ya llegaría un poco tarde, pero entonces me di cuenta que era la gran oportunidad que buscaba por lo que inmediatamente le ofrecí algo de beber, a lo cual mi tía contesto que sí. Le ofrecí de todo lo que teníamos y se decidió por un vaso de cerveza, después de dárselo y hablar de otras cosas se tocó el clásico tema sobre mí, en la familia:

    -Por qué no tienes novia? -Me preguntó mi tía, a lo cual sólo contesté que en realidad no era por alguna razón concreta, sino que estaba contento en este momento.

    Después me dice la clásica frase de tía:

    -Pero si eres muy guapo!

    -Sí, verdad! -sólo atine a decir.

    La plática siguió por el mismo rumbo durante un buen rato y es que la verdad estaba haciendo tiempo para ir buscando el momento según yo adecuado para decirle algo referente a su trasero, pero después de un rato por fin me anime a preguntarle algo, además de que ya no podía pensar en otra cosa.

    Discúlpenme por no haberles descrito como iba vestida mi tía ese día: llevaba una blusa no muy gruesa color amarilla que me imagino que le gustaba mucho o tenía varias porque se la veía puesta en varias ocasiones, un pantalón de vestir color negro que podría parecer de lycra por lo pegado que lo tenía a su cuerpo, pero es que ella casi siempre ocupa pantalones y lo usa muy pegados al cuerpo por lo que me imagino que esa característica influyo para que me fijara en su trasero, en general así vestía ese día mi tía, aún no podía ver su ropa interior pero por lo que se le marcaba podía notar que no ocupaba un sostén muy sexy y menos una tanga, además eso que importaba cuando lo único que quería era su culo.

    Bueno, retomando el relato, por fin me anime a hacerle una pregunta con referencia a su trasero:

    -Disculpa tía, pero nunca se te ha roto el pantalón cuando te agachas? Porque la verdad ocupas los pantalones muy ajustados y siempre me había hecho esa pregunta.

    Sólo me respondió que si le había llegado a ocurrir pero raras veces.

    -Por qué la pregunta? -me cuestionó.

    -Lo que pasa es que tienes un trasero bastante grande como para los pantalones que ocupas.

    Entonces me observó con una mirada de extrañeza y de duda, por lo que me soltó lo siguiente:

    -Por lo que veo eres un tanto fijado y aún más en mis nalgas, verdad? te gustan mis nalgas?

    -La verdad sí y bastante.

    Entonces ella se levantó del sillón donde se encontraba y me dijo:

    -Quieres tocarlas? -En ese momento me di cuenta de que era verdad lo que se decía de mi tía y que por fin había llegado mi oportunidad. Me levanté del sillón y fui directo hacia ella, entonces mi tía me dio la espalda y levantando un poco su trasero comencé a sobárselo hasta que mi tía me dijo- te gusta?

    -Sí, bastante.

    La verdad me encontraba bastante idiotizado tocando semejante trasero, entonces mi tía me lanzó otra pregunta:

    -Y qué, sólo quieres tocarlo o hacer algo más?

    -La verdad tía, te quiero coger por el culo.

    Entonces mi tía se bajó el pantalón y me dejó ver una pantaleta color blanco no muy sexy, pero que se veía tremenda por el tamaño de su culo, sin más me lancé sobre ese culo y comencé a besarle sus nalgas por encima de su pantaleta, mi tía sólo se agarraba del brazo del sillón y gemía un poco. No pude más y le bajé la pantaleta hasta las rodillas y le separé un poco las piernas para así poderle lamer su vagina y su ano. Así estuve un rato hasta que ella tuvo un orgasmo, entonces me coloque detrás de ella y abriéndole un poco sus nalgas coloqué mi pene en la entrada de su ano y le empujé primero la cabeza, a lo cual mi tía sólo pegó un pequeño grito o gemido, entonces por fin empujé todo lo demás de mi pedazo dentro del ano de mi tía, era algo sensacional sentir mi pene dentro de ella y como era oprimido.

    Comencé a bombear cada vez más rápido a mi tía durante un rato, no fue mucho, ya que estaba bastante excitado y con la presión sobre mi pene y el sonido que se hacía cada vez que chocaba con sus nalgas me excitó bastante y terminé dentro de ella, dejé de bombear hasta que sentía que estaba totalmente seco.

    Pero una vez que terminé no se la saqué, se la dejé adentro y es que la verdad quería venirme por segunda ocasión en su culo. Mi tía jadeaba un poco por la cogida en el culo, cuando sentí que mi pene se recuperaba otra vez comencé a bombear a mi tía, pero en eso ella me pidió que se la sacara después de un rato ya que sentía un dolor en el ano, sin importarme la seguí cogiendo y ella gemía, pero a la vez su voz se escuchaba entre cortada, como queriendo llorar, a mí no me importaba a pesar de que el pene me comenzaba a doler con el meter y sacar.

    Hasta que después de un rato no pude más y le volví a llenar sus intestinos de mi leche e igual que la vez anterior se la dejé hasta que sentí que ya me había vaciado, así que por fin se la saqué y pude ver un ano bastante dilatado e irritado.

    Por el dolor que sentía mi tía se molestó conmigo y me dijo de todo, hasta que por más disculpas que le pedí por fin me perdonó. Fui por una pomada y se la puse en el ano, con lo cual a mi tía se le bajó un poco el enojo y el dolor.

    Mi tía durante el rato que estuvo en mi casa se sentó de lado y con el culo descubierto hasta que llegó el momento de que se fuera a la casa de una de mis tías que es donde se hospedaba cuando venía de visita, nos despedimos y todavía mi tía diciéndome que le dolía mucho el culo.

    Después de lo anterior pensé que ya nunca mi tía volvería a querer coger conmigo, pero se presentó otra oportunidad y otra vez pude metérsela por el ano y ahora también por la vagina, servicio completo.

  • Un Alpha entre un negro y un gitano

    Un Alpha entre un negro y un gitano

    Un viernes, 16 de mayo, 21:00, en casa de Pepe, tras un paseo por El Saler y habiendo recogido a Ximo en el bar.

    Me llamo Santi, soy deportista, fornido, blancón, de pelo rubio, labios finos y abiertos, boca grande con dentadura blanca, lengua gruesa y ojos redondeados y alegres, de 1,80 de estatura, juego baloncesto por afición todas las semanas y me domina la natación, en el Complejo Deportivo La Pechina, cerca de mi casa, hay una maravillosa piscina.

    Estaba pensando lo que había ocurrido con mi amigo Pepe, color aceitunado —él me dice que procede de gitanos y, en verdad, que el color podría ser testigo—, aunque yo pienso que es más del sol por su trabajo agrícola; es más bajo que yo, guapo, vende en el mercado sus productos y otros para llenar el puesto.

    Pepe es amigo de Joaquim, así acabado en “m”, pero el quiso llamarse Ximo y así lo hace siempre. Ximo habla valenciano tanto como yo, él lo aprendió en la ciudad mientras que yo, como soy de pueblo, lo hablo mejor y más original sin mezclas de otras lenguas; pero es nieto de una mujer de Guinea Ecuatorial. Su madre es de color y él, que ya se le cruzan las dos razas, sigue teniendo toda la traza de un negro africano, más aún de cintura para abajo, que es descomunal. Ya no se siente del país de sus abuelos, ni siquiera su madre, que ya nació en Valencia. Lo mejor de Ximo, además de su extremada delgadez debido a sus nervios y al trabajo en el bar, es que se trata de un chico muy bueno en todo, pero mucho más para la vida traviesa de cintura abajo. Aunque chino nos supera, los tres, hay que dejarlo claro, estamos bien dotados.

    ¡¡Mieeerda…!!

    Di un largo suspiro mientras la polla me golpeaba tenazmente empujando para levantárseme. Mi mente, adormecida por el placer, regresó momentáneamente a las escasas 8 horas anteriores, cuando estaba paseando por la playa de El Saler con mi amigo Pepe. Cuando todavía podía decirme a mí mismo que era casi exclusivamente un sexy a tope, eso me creía yo, un macho alpha, que por el mero hecho de ser un alfa, me tocaba siempre follar, pero mi culo debía conservarlo virgen.

    Nunca podría haber imaginado que en cuestión de horas llegaría a la situación en la que me encontré. Tumbado como una muñeca de trapo de cara al respaldo de un sofá de cuero, con mi espalda musculosa y los brazos colgando inútilmente, sintiendo mi polla dura como un diamante raspando el cuero blanco del sofá rítmicamente, mientras era follado sin piedad. Sentía que había estado atiborrado de polla durante horas…, porque así era

    El maldito Pepe me dijo:

    — Sal conmigo esta noche… Será divertido…

    Y mientras las pollas se golpeaban en mis agujeros a velocidad de violación y mi próstata se hacía sentir, no pude mas que estar totalmente de acuerdo con él.

    — ¡Mierda… Jodida diversión…! —mi mente atiborrada de pollas lo hacía resonar como una cantinela— ¡Jodida diversión…!

    Ximo tiró de su polla hacia atrás hasta que la punta gorda se anidó en la hendidura rosada de mi agujero secreto, recién desvirgado. Tan pronto como sentí que el roce me hinchaba los labios de mi trasero para penetrar, me preparé mental y físicamente para otra estocada de polla. ¡Fue una experiencia tan intensa! Esa polla se sintió como una puta porra de policía, no podría describirlo de otra manera. Firme como el hierro en el medio pero también suave. Se metió tan profundamente. Más profundo de lo podía nunca imaginar, ya que “yo soy o era un macho alpha” y no me dejaba tocar mi ojete ni por un supositorio. Pero ahora me pinchaban hasta sus pulmones. Tamborileando en mis abdominales desde dentro.

    Mientras la polla de Ximo me apuñalaba, el primer instinto era gritar por el intenso placer ligado al dolor, del hecho de que mi agujero estaba tan extendido que ahora era una autopista para la enorme polla de Ximo.

    Pero mientras me preparaba para expresar mi placer con un largo gemido, el sonido me fue amortiguado por la polla carnosa de Pepe pasando por mis labios, a través de mi boca y atascándose en la entrada de mi garganta. No debería haberme sorprendido tanto como ocurrió. Pepe había estado frotando su polla por mi cara y de vez en cuando me daba con ella una que otra bofetada en las mejillas en los últimos diez minutos.

    Me atraganté y resoplé, pero me tragué la gorda polla entera de Pepe. Él se mordió la lengua mientras disfrutaba de las reverberaciones del sonido amortiguado, atrapado en mi garganta, alrededor de la polla. Gemí, gruñí y me guie a mí mismo aún más profundamente. Su polla en mi boca era como una golosina estando mi agujero ardiendo en llamas por virtud de la tranca de Ximo.

    — ¡La puta que te parió!, ¡qué coño más apretado tienes! ¡Parece que tu agujero travieso quiere ser el activo! — dijo Ximo y Pepe sonreía.

    Por fin me la metió en el culo, estirando al máximo los muslos ya abiertos de la parte inferior, y es la segunda vez que me follaba Ximo y otra que lo había hecho Pepe, pero parece que se me cerraba o me resistía yo mismo por ese qué sicológico de ser macho alpha.

    Pepe retrocedió para que yo pudiera sentir que mi culo albergaba aquella polla enorme, y se conectó de nuevo. Se inclinó sobre mi cuerpo de soberbio deportista para ver la acción de cerca y en persona.

    — ¡Puta jodida madre! ¡Qué espectáculo de mierda es eso, joder!

    Desde su punto de vista, Pepe podía ver los globos extendidos de mi culo tomando el ariete de Ximo directamente. Esa polla estaba metiéndose despacio en mi hueco hinchado y afeitado.

    — No es una mierda, —pensó Pepe en voz alta—, está sacando el núcleo de ese agujero. Porque «follar» era un término demasiado ligero para lo que Ximo le hacía a mi deseoso culo.

    Pepe se lamió los labios de nuevo entusiasmado, y dijo:

    — ¡Ese agujero será jodidamente muy acogedor cuando sea mi turno otra vez!

    — ¡Te dije la verdad, amigo! —le indicó Pepe a Ximo, chocando los cinco por encima de mí— Ponlo frente a dos negros dotados y verás qué picardía… No puedes controlarlo.

    Pepe giró sus caderas y hundió su polla en mi garganta. Me agarró por los cabellos y mantuvo fija mi cabeza durante un tiempo, mientras intentaba empujar. Estas horas de entrenamiento habían aumentado mi capacidad para contener la respiración. Tocó mi garganta. Lo sentía lleno y caliente, con las venas abultadas.

    — Mírame, qué buen semental soy…, que luego no podrás verme, soy jodidamente bueno en esto, ¿a que sí? —dijo Pepe intentando humillarme.

    Luego me empujo su polla adentro y me abrió la garganta como un sorbo carnoso que entra. Mientras se retiraba, se sostuvo la polla, abofeteando los rasgos cincelados de mi cara una vez y otra vez para variar. Sentía yo mi cara húmeda y resbaladiza y debía estar brillante por tantos escupitajos que me echaba y su pre-cum incesante; mi boca estaba floja y abierta. Pero incluso en ese estado de total desorden la única expresión de mi cara era de hambre, así lo presentía. Mi lengua perseguía los hilos de líquido preseminal que conectaban la polla con mis labios. A Pepe le parecía yo como un pajarito que necesitaba alimentarse. Y me iba a dar más comida, más tarde… Primero, necesitaban tener una pequeña charla.

    Pepe se arrodilló hasta que estuvo a la altura de mi cara. Empujó una botella marrón de popper a mi fosa nasal izquierda, mientras me presionaba la derecha. Mis ojos estaban vidriosos por la potente combinación de los vapores, mi propia degradación y por la excitación. Ni siquiera podía culpar a las caipiriñas que había tomado en el bar, que no eran ni dos ni tres. Sabía que estaba en problemas cuando vi a Ximo sirviendo bebidas en el bar, usando un traje de baño de cintura baja que no ocultaba nada de la espesa belleza que había dentro. Sabía que ya había perdido cuando vi las divertidas miradas entre Pepe y Ximo cuando me pillaron mirando sus dos entrepiernas llenas.

    — Huele profundo, amigo…, sí…, huele muy profundo, —me dijo Pepe, mientras cambiaba rápidamente la botella de un orificio nasal al otro.

    Ximo retrocedió hasta la punta y sentí el vacío que su polla dejó dentro de mí otra vez. Luego inhalé profundamente los popper hasta que el golpe de la bofetada entre la pelvis de la parte superior y mi trasero llenó la habitación. La puñalada de la polla me trajo de vuelta a la tierra desde la nube en la que estaba flotando.

    Mi cuerpo se estremeció. Me dolió un poco, pero se sintió tan bien… que mi trasero estaba ahora más hambriento. Sólo quería lunas metidas más de castigo, quería más de ellos, los deseaba dentro de mí. Mi agujero se llevaría todo lo que los dos sementales pudieran darme.

    En el fondo de mi mente seguía pensando en todas las veces que fantaseé con ser doblemente penetrado delante de Pepe.

    ¿Lo harían? ¿Lo harían? ¿O tendría que rogar?

    Una parte oscura de mí deseaba que me hicieran rogar, aunque las cuerdas de mi mente consciente esperaban que no lo hicieran. Porque estar de rodillas delante de ellos me haría rogar por dos pollas que me volaran la cabeza de maneras que no me gustaban.

    Pepe agarró mi mandíbula en sus manos y chasqueó sus dedos frente a mis ojos vidriosos.

    —¡Baja, Santi! ¡Bájate, coño!, —dijo con alegría en sus ojos.

    Su tono era travieso, y sonrió ante el hecho de que mi cara no podía quedarse quieta.

    Cada vez que mi agujero de mierda era embestido, su musculoso cuerpo se movía hacia adelante sacudiendo el sofá e impulsándome también hacia adelante.

    —¿No te preguntas, lo qué acaba de decir el deportista de Ximo? ¿Qué pregunta?, — decía Pepe—. Te lo explicaré; estaba diciendo que tu agujero de mierda es muy apretado; sí… ¡Se sorprendió! Parecías tan natural chupándole la polla que pensó que yo había estado mintiendo cuando le dije que eras un todo sexy, sexy, de los de puta madre.

    Sentí que sus mejillas se llenaban de sangre. Y no fue el golpeteo en mi puerta trasera. Fue el placentero y ligeramente humillante conocimiento de que, en efecto, sí que era un top alpha. Sólo que no aquí y no ahora.

    — Acabo de decirle que normalmente pierdes el control con las pollas negras y gordas, —dijo Pepe animosamente.

    Como si fuera un hecho reconocido como el sol que sale por el este. El sol salía por el este y yo era una zorra para pollas negras y gordas. Yo no podía pensar que podría tirar más de la cadena, pero descubrí que sí podía, que tenía más posibilidades, más facultades. Esta vez era un rubor de cuerpo entero. Me calenté, tiré atrás mi cadera y apreté violentamente mi agujero.

    — ¿Te sientes como un top sexy ahora, semental?, — susurró Pepe a mi oído.

    Luego deslizó tres dedos en mi boca floja. Otra puñalada de Ximo y los dedos de Pepe se fueron profundos en mi boca. Para mi sorpresa, no me ahogué. Pepe sonreía.

    — Veo que tu reflejo nauseabundo está domesticado, —dijo, moviendo los dedos y empujándolos más profundamente— Demasiada polla te hará eso… ¡Chico superior! Ahora responde a mi pregunta.

    Sacudió mi cabeza de lado a lado, babeando profusamente en la mano de Pepe.

    —¡No lo escuché!, —la voz de Pepe fue cortada, y las pocas defensas que me quedaban se derrumbaron.

    Tenía mi boca llena de dedos y agujero anal lleno de polla y respondí lo mejor que pude:

    — Naaggrh… Bozrhom broef…

    La sonrisa permanente de Pepe, que normalmente está vacía, no estaba allí. Sus dientes brillaban como colmillos en un lobo hambriento.

    — ¡Ximo no puede oírte, amigo!

    — Naaggrh… Bozrhom broef…, —respondí.

    — No es lo suficientemente fuerte, Santi, para que te oiga, —dijo Pepe, moviendo los dedos, para que yo hiciera gárgaras.

    En ese momento Ximo se enterró del todo dentro de mí, levantó una de sus piernas y giró su enorme polla en su agujero estirado.

    Las luces explotaron detrás de mis ojo, mientras Pepe me quitaba los dedos de la boca. Grité con toda la fuerza de mis pulmones:

    — ¡¡Soy un maricón pasivo!!, ¡soy receptor de pollas!, —mientras mi polla lanzaba una enorme carga de esperma sobre mí mismo encima del sofá y mi cuerpo se doblaba hacia arriba como un arco, todos mis músculos se me tensaron.

    Me desplomé de nuevo en la parte trasera del sofá, con los brazos musculosos yaciendo caídos como muertos, el cuerpo cubierto de sudor y la polla carnosa todavía enterrada dentro de mí. La pequeña estructura de Ximo me balanceó de un lado a otro sobre el charco de semen en el cuero del sofá. Una de sus manos ordeñaba mi polla todavía dura de los últimos restos de mi orgasmo, mientras que la otra tiraba y masajeaba mis enormes bolas. Sentí mi cremosa corrida goteando por mis abdominales.

    —¡Cojones de mierda! ¡Este es un semental de los cojones…! ¡Qué huevos más grandes y llenos! ¡Ya haré yo que vacíe todo ese semen, rubio de mierda!, —cantó Ximo.

    Pepe levantó mi barbilla y me miró de nuevo. Esta vez reconocí a mi amigo allí, sonriendo conspiratoriamente. Pepe me guiñó un ojo, pero en cuanto le devolví el guiño, con la tapa costrosa de precum y sudor, la sonrisa de Pepe volvió a desaparecer. En su lugar estaba la brillante sonrisa de lobo.

    Pepe se puso de pie. Giró sus caderas y casualmente golpeó mi cara con su pene filtrante y venoso. El sonido se elevó por encima de los gruñidos de Ximo y mis maullidos. Siguió moviendo sus caderas y, mientras le abofeteaba con su polla, dijo:

    — Ximo dice -¡¡platz!!- que tus pelotas -¡¡platz!!- son jodidamente -¡¡platz!!- enormes, como las de ¡¡platz!!- un semental -¡¡platz!!-, -¡¡platz!!-; dice que vamos a vaciarlas del todos esta noche, blanquito, que queremos ver todo tu esperma.

    Pepe abrió mi boca con el dedo y apoyó la cabeza de su polla en la lengua que se arremolinaba. Completamente en la zona, chupé el prepucio saliendo el capullo de él como si fuera un caramelo.

    — Pepe, hombre, tengo algunas ideas de lo que podemos hacer con el blancón pasivo. ¿Ayudarás a mi polla a conseguirlo?

    Temblé por un momento por la anticipación. No sabía lo que decían, pero sabía que lo que me dieran me lo llevaría. Mi mente volvió en sí al momento en que dejé salimos de casa con Pepe para tomar una copa en el bar en el que Ximo trabajaba. Había recorrido un largo camino en menos de ocho horas…

    Esto se iba a repetir y mi culo sería de ellos, me gustaba el negro Ximo, aunque más su polla; me gustaba Pepe y con él combinaba. Pero cuando están los dos, sus pollas eran mías para tener ocupados mis agujeros.

  • Le entregué mi virginidad a mi Amo (Su punto de vista)

    Le entregué mi virginidad a mi Amo (Su punto de vista)

    Me encontraba mirando por una ventana, atardecía, mientras veía el color anaranjado en el cielo llamaban a la puerta. Pensé «justo a tiempo», sonreí y me dirigí a la puerta. Al abrirla la encontré mirándome directamente a los ojos. Recuerdo que me sonreía de una forma muy dulce, preciosa, con una sonrisa que transmitía puro amor. Me saludó con un «Hola, bombón», la agarré con dulzura por su cintura, la atraje hacia mí y nos besamos. Un beso lento, sensual y emotivo. Mi mano recorrió su cintura hasta la base de su espalda, justo en la frontera con su precioso culo y con un ligero empujoncito cariñoso, la invité a pasar.

    Estuvimos charlando un rato, tomando algo, de forma relajada y muy cariñosa. Me lanzaba miradas furtivas de deseo y yo la acariciaba de vez en cuando suavemente. Nada lascivo, pero muy sensual.

    Al cabo de un tiempo me lancé a besarla, sentía el deseo de tomarla creciendo en mí cada vez con más intensidad. Mis labios contra los suyos, mi lengua entrelazándose con la suya, mi mano acariciando su cuello hasta llegar a su mejilla. Mordí suavemente su labio mientras la apretaba contra mí agarrándola por la cintura. Sabía que podía notar lo duro que estaba a través de la ropa.

    «Vamos a la habitación», le dije sonriendo, acariciándole una mejilla mientras la miraba a los ojos.

    Me siguió hasta el cuarto, la agarré una mano y la acompañé junto a la cama. Me paré a observarla un momento. Vestía una camiseta y un pantaloncito corto, informal, preciosa y sexy. La puse de espaldas a mí, la agarré suavemente por los hombros y le susurré al oído, «Ponte de rodillas, pequeña».

    Me saqué del bolsillo el antifaz que tenía preparado para ella. Se lo puse, impidiéndole ver nada más. Aún de rodillas, le ordené que levantara los brazos. Mis manos recorrieron sus muslos subieron por su pantalón hasta la camiseta. La agarré y la levanté muy despacio, para que sintiera el roce de mi piel y de la tela mientras la retiraba.

    Entonces la ayudé a levantarse, se puso en espera, con las manos a la espalda y las piernas ligeramente separadas. Su postura era perfecta, parecía que su colocación ya era algo natural, innato. Mis manos acariciaban su cuerpo de nuevo, lenta y suavemente. Me dirigí a su pantaloncito, lo desabroché y lo bajé al tiempo que mis dedos acariciaban sus piernas. La senté en la cama y le quité también el calzado.

    La tumbé, me desnudé totalmente y me situé junto a ella. Observé que llevaba un precioso conjunto de lencería negro, claramente lo había elegido para mí. Sonreí al pensarlo, aunque ella no podía ver mi cara de satisfacción. Mi pequeña sumisa perfecta, deseando entregarse por completo…

    Comencé a besarla mientras la acariciaba. Desde su mejilla, bajaba por su cuello, acaricié lentamente sus pechos sobre el sujetador, los apretaba mientras mi lengua saboreaba su boca. Comencé a besarle por el cuello, lamiéndola, cada vez más deseoso de ella.

    Mi mano bajaba por su vientre. Noté como se aceleraba su respiración mientras mis dedos jugaban con la tanga, sin llegar a ir más allá. Sentía cuanto lo deseaba, estaba ansiosa porque la tocara.

    Le dije al oído, para que pudiese sentir mi respiración bien cerca, «¿Estás lista para mí, pequeña?»

    Me contestó con un suspiro que casi era un jadeo… «Sí».

    Metí mi mano entre sus piernas y sentí lo empapada que estaba.

    «Muy bien, nena. Así me gusta»

    Al sentir mis dedos en su concha soltó un fuerte suspiro. Me sentí muy complacido al ver como su pecho subía y bajaba con su respiración, como su cara reflejaba el profundo deseo que tenía por sentirme.

    Mis dedos se deslizaron arriba y abajo por su concha, deleitándome en lo mojada que estaba. Empapé cada uno de ellos en ella, rozándolos ligeramente una y otra vez.

    Simplemente me quedé acariciándola un rato. Sabía que deseaba más, que necesitaba más, pero no iba a darle nada hasta oírle decir. Como si me leyese la mente, o precisamente porque yo leo la suya, pronto me dijo «Por favor Amo, quiero más.»

    «Lo sé, pequeña» contesté mientras mis dedos entraban en ella lentamente.

    Los saqué de nuevo y, retirando la mano se la acerqué a la boca. Inmediatamente la abrió y comenzó a lamer y chupar mis dedos, saboreando su propio jugo.

    «Eso es, pequeña, muy bien. ¿Te gusta, verdad?». Asintió con la cabeza, con mis dedos en su boca y sin dejar de chuparlos

    Los retiré y le pregunté «¿Te gustaría que siguiera, entonces?»

    Respiró aceleradamente contestándome «Sí… Sí, por favor”

    Entonces le dije que estaba bien, pero que antes debía estirar sus brazos y sus piernas en cruz. Obedeció al instante. Y sonreí muy satisfecho mientras sacaba las suaves correas que había preparado en las cuatro esquinas de la cama.

    La até ajustando cada una de ellas, ceñidas, pero no apretadas. Primero las muñecas y luego los tobillos. Entonces me acerqué de nuevo a su cara, la acaricié suavemente y le pregunté «¿Están muy apretadas?». “No, Amo», me respondió. «Bien». Comencé a acariciarla de nuevo, esta vez jugando con su clítoris por encima de la tanga.

    Soltó un suspiro de placer y frustración, sabía que esperaba más y le estaba «molestando» que no se lo diese de inmediato. Pero mi dedo a través de la tela empapada estaba acelerando el ritmo, sentía su calor, su humedad… Lo estaba disfrutando muchísimo.

    No se quejó en absoluto porque me tomara mi tiempo, así que decidí premiar su paciencia. Retiré la tanga un poco y me puse a masturbarla mientras lamía su clítoris con mi lengua. El ritmo fue rápido desde el principio, sabía que lo necesitaba y quería hacerla jadear para mí.

    Pronto sus jadeos llenaron la habitación mientras mis dedos chapoteaban dentro de ella y mi lengua no dejaba de lamer. No tardó mucho en pedirme permiso para acabar. «Aún no, preciosa».

    Pero a pesar de negárselo aceleré aún más el ritmo. Dejé de lamerla para deleitarme con su cara, ver como intentaba aguantar hasta el límite. Me excitaba tremendamente tenerla tan expuesta, al borde del orgasmo… Completamente mía.

    «No puedo más, Amo, lo necesito…», suplicó. Es justo lo que estaba esperando. «Hazlo, pequeña. Acaba para mí»

    «Gracias Amo» comenzó a decir, pero mis dedos aceleraron aún más y justo mientras terminaba la masturbaba más fuerte y rápido que nunca. Eso la hizo enloquecer y temblar mientras acababa y me agradecía entre fuertes jadeos.

    «De nada, pequeña» dije con una sonrisa. Mientras aún respiraba con fuerza, la hice chupar de nuevo mis dedos, impidiendo que recobrara el aliento con facilidad. La punta de mi verga, dura como una piedra, rozaba su concha.

    La besé con pasión y bajé por su cuello hacia su pecho. Estaba increíblemente excitado. Deseaba tomarla con fuerza. Bajé un poco el sujetador sacando sus tetas de él y comencé a lamerlas, apretarlas y chuparlas.

    Mordisqueaba sus pezones, los estiraba y lamía. Sabía que ese pequeño dolor le encantaba, sus movimientos, su respiración y sus jadeos de placer cuando lo hacía la delataban. Sentí como movía sus caderas hacia mi verga. Cómo buscaba rozar su concha contra mí. Las ataduras le impedían lograrlo del todo. Sé que eso la estaba frustrando y excitando. Deseaba sentirme.

    Podía notar cuanto me quería dentro de ella, y eso me excitaba aún más. Seguí recreándome en su pecho hasta que no pudo aguantar más.

    «Amo, por favor, dame tu verga. Quiero sentirte dentro»

    Su voz, dulce, sexy y desesperada por tenerme, me produjo una satisfacción difícil de describir

    «Claro, cariño». Le saqué el antifaz y le di un beso “Quiero que me veas a los ojos, pequeña.”

    La besé mientras metía lentamente la punta.

    Su expresión era de puro éxtasis y agradecimiento. No alcanzó más que a jadear un «sí» complaciente.

    Su mente se derretía mientras mi verga entraba en ella muy despacio. Su concha me apretaba y envolvía por completo mientras me movía lentamente adelante y atrás, despacio y suave.

    «¿Así, pequeña?», pregunté

    “Más… Dame más, por favor»

    Eso me dio ganas de empujar con fuerza, pero me contuve y tan solo aceleré un poco el ritmo. Estaba increíblemente empapada y su concha se adaptaba exactamente a mi verga poco a poco. Si sentía algún dolor, no lo demostró en ningún momento. Me sentí muy orgulloso de ella mientras miraba su cara de absoluto placer.

    Fui subiendo el ritmo de forma gradual mientras la besaba y acariciaba. Nuestros cuerpos chocaban en cada empujón mientras mi verga chapoteaba al entrar en ella. Ya se la estaba metiendo hasta el fondo en cada embestida y el ritmo era bastante rápido.

    «Sí, así… Cógeme, Papi». Dijo jadeando de puro placer.

    Sujeté su cara con ambas manos mientras la besaba, un beso de pura conexión perfecta, de deseo y amor absolutos. Sentía como movía sus caderas al ritmo de las mías, como todo su cuerpo se fundía con el mío. Hecho para mí. «Naciste para ser mía», le dije.

    «Estoy cerca, Papi. Permítame acabar para vos»

    Sonreí lleno de satisfacción al oírla decir eso. «Aguanta solo un poco, mi niña. Yo también estoy a punto»

    Con la excitación y sus jadeos aumenté un poco más el ritmo, casi de manera inconsciente.

    “Ahora, pequeña. Dámelo todo, acaba para mí”. Su cuerpo temblaba bajo el mío, pude sentir como su concha se contraía y me apretaba con fuerza mientras gemía de manera salvaje. Mientras ella acababa, empujé aún más fuerte, cogiéndola con pasión.

    Entonces saqué mi verga y me vacié sobre ella. Mi leche alcanzó su pecho, cubriendo su vientre.

    Ella aún temblaba y jadeaba cuando la miré a los ojos. Sonreí, la besé y le dije, «Muy bien, pequeña».

    Le quité las ataduras y me tumbé junto a ella.

    «¿Te ha gustado, nena?».

    «Muchísimo. Más de lo que imaginé. Gracias, bombón”.