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  • Visita a la próxima escuela de mi hijo

    Visita a la próxima escuela de mi hijo

    Miss Marce, la milf que conocí en el hotel de la reunión de trabajo pasada, me contactó para ofrecerme un recorrido en su escuela para que fuera decidiendo a dónde iba a inscribir a mí bebé que tenía ya un año y meses, acepté encantada y recordando la noche que podamos juntas con sus amigos me arregle para la ocasión:

    Zapatillas de alfiler color beige, minifalda beige también y blusa marrón. La idea de empezar nuestra vida de padres de familia con nuestro hijo producto de mi relación con Israel fuera del matrimonio me tenía muy excitada.

    Mi esposo aceptaba el hecho de que yo me hubiera embarazado de alguien más y nuestro pacto era educar y crecer al niño como sus dos padres, nuestro secreto era sabido ya por mi familia pero su familia estaba con la impresión de que ambos éramos los papás como en cualquier matrimonio normal…

    Llegué a la escuela que tenía de sección maternal hasta secundaria, me recibió la directora no sin hacer mención a lo guapa que me veía según ella al darme una nalgada amistosa y me invitó a presenciar una clase abierta que precisamente estaba ocurriendo del primer grado de kinder…

    Al salir de la dirección rumbo al salón, un maestro joven llamó mi atención y le pregunté a la miss Marce quien era él.

    -Mmmmm… No pierdes tiempo Mariela, es el maestro de música, te lo presento?

    -Ok, dije divertida y excitada…

    Lo llamó y al acercarse me gustó lo que vi, pude darme cuenta que él también me recorría el cuerpo con su mirada mientras nos saludábamos de mano.

    -y de qué eres maestro? -Pregunté recorriendo su cuerpo también con mi mirada…

    -De música, estoy a cargo de todo el colegio.

    Mis ojos se posaron en su entrepierna mientras él me preguntaba:

    -Sabes tocar la flauta?

    -Sí, se tocarla muuuy bien -dije sin quitar mis ojos de su paquete y dándose cuenta de esto, me dijo:

    -yo seré el juez de eso! -Sonriéndome cachondamente mientras nos mirábamos a los ojos estableciendo un contacto íntimo si se puede decir así…

    -Pues cuando quieras -le dije acercándome un poco más a él- voy a traer a mi hijo a este colegio así que tenemos muchos años para que te toque la flauta… -Dije dándome cuenta que todo esté tiempo nuestras manos habían seguido estrechándose en el saludo…

    Volteando a ver a mi amiga le dije:

    -me das 5 minutos?

    Sonriendo en complicidad dijo:

    -aquí te espero!

    Jalé a mi nuevo amigo hacia un salón vacío y al entrar cerré la puerta y le dije:

    -te voy a demostrar que tanto toco la flauta -caminando hacia el cachondeando…

    Él se sentó en el escritorio mientras desabrochaba sus pantalones y sacaba su enorme verga erecta ya…

    Me puse en cuclillas frente a su verga y empecé a mamarla sin quitarle la vista a su rostro, estaba delicioso! Quería darle una mamada caliente para que se quedara con ganas de más conmigo pero él tenía otros planes….

    Cuando empecé a sentir su pene endurecerse anunciando la venida de separó y rápidamente me ayudó a ponerme de pie y me quitó la tanga hábilmente mientras se sentaba de nuevo en el escritorio y sacudiendo su verga me dijo:

    -ven! Súbete en ella!

    Rápidamente me subí la minifalda y me senté en él ensartándome su pene hasta el fondo mientras nos besábamos con lujuria gimiendo los dos al sentirnos unidos por ese placer que solo las parejas que tienen sexo apasionado experimentan.

    Me movía como loca sobre él gimiendo y pidiéndole me la dieta toda mientras él me abrazaba con fuerza como aferrándose a ese momento…

    Lo sentí gemir y derramarse dentro de mi raja con semen caliente…

    -ufff Vaya con la señora! -Dijo terminando de vaciarse dentro de mi…

    Poniéndome de pie de nuevo, le sonreí feliz y quedamos de seguirle luego, siempre es bueno tener amigos en todos lados, pensé, mientras le regalaba mi tanga como souvenir de mi visita al colegio…

    Salí del salón seguida de él y se despidió de nosotras consciente de que la directora se dio cuenta de que habías cogido en un rapidín en el salón…

    -Ay Mariela! Eres tremenda! -Dijo riendo y llevándome de nuevo al salón de la clase abierta…

    Mi nueva amiga se mostraba muy entusiasmada de tenerme ahí y al entrar al salón de la clase abierta las miradas de todos se fueron en nosotras…

    Los papás se habían sentado alrededor de los niños en las sillas propias para ellos así que miss Marce me ofreció un lugar y me senté… Eran sillitas muy pequeñas, y cuando lo hice, mis muslos y vagina desnuda quedaron completamente descubiertos a la vista de todos…

    La mirada de los papás y mamás se fijó en mí inmediatamente y yo sonriéndoles les dejé admirarme mientras miss Marce me presentaba como una nueva mamá que se unía al grupo de padres de familia…

    Sentí la mirada de ellos recorrerme completamente y me di cuenta que varios se fijaron en la pulsera de mi tobillo…

    Abriendo discretamente las piernas un poco, deje que me vieran entre ellas los que estaban enfrente de mí, alzando la mirada, encontré a miss Marce haciendo lo mismo y moviendo los labios solamente me dijo: “ábrelas más!”.

    Al hacerlo, varios de los papás vieron claramente mi raja velluda desnuda y al terminar la clase, varios de ellos se acercaron rápidamente para darme la bienvenida y ponerse a la orden…

    Yo feliz recibía los comentarios de lo guapa que me encontraban y me di cuenta que eso de la escuela para el bebé sería más atractivo de lo que pensaba, Inmediatamente imaginé las posibilidades: invitaría a Israel -mi macho- a las festividades del día del padre ya las juntas irían a veces mi marido y a veces mi amante Israel. ¡Todo ello resultaba muy excitante!

    Una de las mamás al acercarse a saludarme me preguntó en voz baja:

    -bonita pulsera traes en tu tobillo, eres swinger?

    Sonriéndoles cachondamente contesté:

    -sí, mi marido y yo somos activos, interactuamos en pareja… o yo sola (dije poniendo cara de niña inocente)

    -Ahhh… Pues que bien, bienvenida al colegio, ya después nos iremos conociendo más íntimamente -dijo ella sintiéndome y acariciándome el brazo en señal de invitación.

    -Cuando quieran! -Dije feliz de saber que una nueva etapa de iniciaba en mi vida sexual…

  • El pasajero oscuro (Parte II)

    El pasajero oscuro (Parte II)

    Pasaron 5 años. Mis instintos más oscuros seguían vivos. Y me avergonzaba de ellos. En otras 4 ocasiones repetí la estrategia. Viaje lejos a un lugar aislado, y convencer, mejor dicho, corromper a una chica inocente con dinero. Y cada vez que lo hice me dije que sería la última. Tenía miedo de que saliese algo mal. Pero sobre todo tenía miedo de que mi mente se acostumbrase a que eso era normal.

    En mi otra vida, la oficial, progresaba, ascendí en la empresa, tenía éxito. Pero cada año que pasaba, me sentía más vacío por dentro. Acababa de cumplir 33 años, no tenía novia, pero tenía un demonio dentro que amenazaba con devorarme. Decidí acabar con ello.

    Para sorpresa de propios y extraños, dejé mi trabajo, y con el buen dinero que había ahorrado durante años me mudé a las afueras de Alicante con la intención de empezar un negocio de consultoría por mi cuenta.

    No fue una decisión de un día para otro. Llevaba tiempo pensándolo. Tenía el conocimiento, la experiencia y los contactos. La costa levantina era una zona que amaba y me tranquilizaba desde pequeño, cuando iba allí cada verano con mi familia. Pensé que un ambiente más relajado, familiar y alejado de las presiones que tenía en Madrid me ayudaría a calmar mi pasajero oscuro. Y así fue durante los primeros meses.

    Alquilé una casa pequeña, con un piso bajo y un piso superior con dormitorio y baño, suficiente para mí. Estaba cerca de la costa, tenía un pequeño jardín trasero. La zona era muy bonita, de casas blancas con espacio y naturaleza alrededor.

    Comencé a trabajar en mi negocio. No necesitaba oficina, trabajaba desde casa y cuando necesitaba visitar un cliente, normalmente en Madrid o Barcelona, cogía el coche y estaba en unas horas allí.

    Pronto conocí a Ana, una chica de allí un par de años más joven que yo, con la que empecé a salir. Parecía que todo iba como esperaba.

    En la casa siguiente a la mía vivía una pareja de alemanes. Calculaba que él, de nombre Hans, tendría unos 45 años, y ella, de nombre Kim, unos 37 años. Tenían una hija de 10 años. Me invitaron a su casa cuando me fui a presentar al vecindario uno de los primeros días. Él tenía un fuerte acento alemán, pero ella sonaba muy española. Posteriormente me enteré de que su padre era español y su madre alemana. Había crecido en España y a los 18 años se fue a Alemania a trabajar. Allí conoció a Hans, y solo hacía unos años que se mudaron a España.

    Kim era la imagen clásica de mujer alemana. Medía unos 1.70, cabello color rubio trigo, ondulado llegando hasta más allá de los hombros, ojos azules oscuros, cara de facciones ligeramente duras pero atractiva. Algo ancha de hombros, cadera fuerte pero no grande, y aunque para estar absolutamente seguro hay que ver a una mujer en bikini, pero por lo que se adivinaba, de tetas bastante grandes. Piernas voluminosas, fuertes, lo típico del norte de Europa. No era el perfil de una modelo de lencería, pero era una mujer muy atractiva, mundana. Físicamente era lo contrario a Ana, ella delgada de cara delicada, pechos algo pequeños, piernas largas y delgadas.

    Kim además estaba en una edad muy bonita. Tenía los suficientes años como para intuir madurez en su rostro y figura, pero sin haber llegado todavía al momento de decadencia de la belleza. Tuvo además su hija joven y su cuerpo no sufrió. El clima mediterráneo bronceador le daba un punto de belleza añadido a su rostro germánico. Se les veía una familia feliz, estable, asentada, que disfrutaba de la tranquilidad que la vida da en ese lugar. Les tuve envidia desde el principio. Eran la imagen de lo que yo se supone que debía ser, de lo que mi familia esperaba que yo fuese, y que mi yo interior me estaba negando.

    Quizá por ello me volqué en mi relación con Ana. Se pasaba la mitad del tiempo en mi casa, a los 6 meses de haber llegado allí se podía decir que se había mudado conmigo. Como muchas mujeres rondando los 30, Ana estaba deseando formar una familia pronto, y se le notaba. Alguna vez incluso durante los primeros meses, sacó ligeramente el tema. Yo sonreía, le di esperanzas. Pero por dentro me preguntaba si esto era de verdad lo que yo quería, o más bien lo que se supone que debía hacer.

    El instinto maternal que se había despertado en Ana se plasmó en una relación muy estrecha con la hija de los vecinos. Venía cada fin de semana a nuestra casa a cocinar con Ana, o a ver una película. Se caían bien las dos.

    Algo dentro de mí se empezó a preocupar. Las veía juntas y me daba la sensación de que en un periodo de 6 meses había de repente formado una familia. En un año había pasado de corromper chicas desconocidas a compartir casa felizmente con “mujer e hija”. Mi voz interior me preguntaba cada vez más insistentemente qué coño estaba haciendo. Y poco a poco empecé a cambiar mi comportamiento.

    Durante los siguientes meses empecé a comportarme de forma más seca con Ana. Mis ojos volvieron a abrirse al exterior. Y vieron a Kim.

    Kim solía venir a recoger a su hija a nuestra casa. Obviamente mis ojos se habían fijado antes en ella, pero hasta ese momento mi mente no. Y a veces solo hace falta un pequeño empujón.

    La hija de Kim había pasado toda la tarde del sábado en la cocina con Ana, cocinando dulces. Medio tumbado en el sofá mientras veía una serie, vi por la ventana cuando Kim llegó para recogerla. Llevaba unos vaqueros gris oscuro algo ajustados y una camiseta blanca de manga corta. Ana abrió la puerta, Kim me saludó casualmente y se quedó hablando un rato con Ana. La camiseta no era de escote pero se le amoldaba muy bien al cuerpo, y le lucían unas tetas de escándalo. Mientras fingía que seguía viendo la serie, la miraba de reojo, no podía distraer mi mente de sus tetas, mientras ella seguía hablando animadamente con Ana. Mi polla no tardó en darse cuenta y como si tuviese vida propia empezó a empalmarse. Tuve que cambiar de posición para ocultar mi erección. De vez en cuando se reían mientras hablaban haciendo que sus tetas botaran ligeramente. No podía más. Me levanté y fui arriba, despidiéndome desde lejos mientras subía. Desde mi dormitorio observé por la ventana cuando Kim y su hija se fueron. No despegué la mirada de su culo apretado en esos vaqueros. Caminaba de forma natural contorneando la cadera. Esos detalles que no ves hasta que te fijas en ellos. Era demasiado. Me fui al baño y me casqué una paja como hacía tiempo no hacía. En los casi 8 meses que llevaba con Ana, no había tenido tal sentimiento de lujuria hacia ella. Mi mente se había follado varias veces a Kim en segundos.

    No había vuelta atrás, se había despertado la bestia dormida. Una bestia sobre la que no tenía control.

    Al trabajar desde casa, había visto por la ventana alguna vez que después de dejar a su hija en el colegio, Kim salía a correr. Afición que compartíamos, yo salía a correr por las tardes, y me ejercitaba en casa a mediodía.

    Cuando llegaron a España, Kim encontró trabajo rápido en Alicante debido a que hablaba español y alemán. Mientras Hans, arquitecto de profesión, daba forma a su empresa, Kim trabajó. Al año de llegar, el negocio de Hans despegó, encontró un nicho en reforma de interiores entre la abundante comunidad extranjera de la zona, y Kim decidió dejar de trabajar para dedicarse a su hija y la casa.

    Mi rutina matinal incorporó una nueva actividad. Observar desde el dormitorio de arriba, sigilosamente, a Kim mientras salía a correr. Usaba leggings deportivos ajustados a su potente culo. Sus piernas voluminosas y fuertes se marcaban perfectamente. Las camisetas deportivas eran normalmente ajustadas y apretaban sus tremendas tetas. Estaba en forma. En mi clasificación particular, Kim había pasado de ser la poco interesante aunque atractiva vecina madre de familia, a la tremenda mujer objeto de mis más bajos deseos. El pasajero oscuro había pasado al asiento conductor, me guiaba y me empujaba salvajemente hacia Kim.

    Mi relación con Hans y Kim hasta ese momento no había sido muy cercana. Con Hans no había feeling, no congeniamos. De hecho, me acabó cayendo ligeramente mal. Había conocido alemanes en el pasado que me caían bien, pero Hans no era uno de ellos. Tenía ese aire de superioridad moral que algunos en aquellas latitudes se gastan. Creo que el sentimiento era mutuo. Aunque al principio teníamos un trato algo más cordial, ahora había quedado en un simple saludo cuando nos veíamos.

    Personalmente empecé a cobrarme una pequeña venganza. Cuando nos saludábamos pensaba en la cantidad de pajas que me estaba haciendo con su mujer en mente. Con Kim me llevaba algo mejor, alguna vez incluso habíamos charlado al borde del camino de la entrada de su casa. Aunque poco más, ella tenía su vida y yo la mía. Era una mujer sencilla, que había cumplido ya sus aspiraciones en la vida, formar una familia, tener su pequeña y bonita casa en la costa, y dedicar su tiempo a cuidar el jardín, a su hija, a su marido.

    Ana se dio cuenta rápido de mi cambio y se sentía cada vez más desplazada. Acabamos discutiendo. No entendía cómo mi actitud había cambiado tan radicalmente en tan poco tiempo, y me lo echó todo en cara. Tenía razón, pero me molestó enormemente que me lo dijese. La dejé, no necesitaba a una niñata en mi vida tocándome los huevos. No se lo tomó muy bien, claro.

    El mundo perfecto que artificialmente me había construido durante 10 meses se desmoronó. Volví a la casilla de salida, y estaba frustrado, cabreado. Odiaba a todos y me odiaba a mí mismo.

    El primer sábado tras la ruptura, a mediodía, sonó el timbre de la puerta. Era la hija de los vecinos que venía a por Ana. Le dije que no estaba y la acompañé a su casa. Eran 10 segundos andando y realmente no hacía falta que fuese con ella, pero quería ver un poco a Kim. Simplemente por alegrarme la vista en un momento jodido. Me condujo por un pasillo lateral que daba directamente al pequeño jardín trasero de la casa. Abrió una puerta de madera y entró. Yo me quedé en el marco de la puerta, paralizado. No estaba preparado para la imagen que vi. Kim estaba sola trabajando en el jardín. Era primeros de julio, con bastante calor. Llevaba puestos unos shorts que no llegaban al medio muslo y una camiseta de verano oscura sin tirantes con un generoso escote. Llevaba una bandana estrecha en la cabeza para sujetarse el pelo, lo que le daba un toque juvenil. Estaba de rodillas a unos 5 metros de mí, trabajando con una pequeña pala en la tierra. En esa posición el escote dejaba ver sus tetas por completo, solo mantenidas por un sujetador blanco que a duras penas conseguía contenerlas. Dejó su actividad por un instante y levantó la mirada levemente. Petrificado como estaba con mis ojos fijos en sus tetas, no pude reaccionar a tiempo para apartar mi mirada. Pensé que me había pillado. Sin embargo, en lugar de levantar por completo la mirada y dejar de trabajar, volvió a su actividad una vez se percató que era yo trayendo a su hija de vuelta.

    -¡Hola! ¿Qué tal? –dijo sin mirarme mientras cavaba un agujero– ¿Vais a salir?

    Preferí no decirle que Ana y yo habíamos roto.

    Estaba hipnotizado por sus tetas, que con el movimiento al cavar se balanceaban en el sujetador.

    – No, Ana no está hoy en casa. No soy buen cocinero así que me temo no puedo ayudarla – dije señalando a su hija.

    Kim se irguió y sonriéndome me dijo que no pasaba nada, dándome las gracias por traerla de vuelta. Me estaba poniendo cachondísimo, así que decidí despedirme rápido y dar media vuelta.

    Alucino con estas mujeres, sobre todo cuando ya se aproximan a los 40, que piensan que están fuera del mercado y que nadie se fija en ellas. Kim no era una mujer que buscase atención. No me había provocado, simplemente no se le había ni pasado por la cabeza que esa escena resultase atractiva a alguien. Y menos al vecino de unos 5 años menor con pareja estable.

    La escena me había provocado de tal manera, que a día de hoy es la vez que más cerca he estado de correrme sin contacto. Se me quedará grabada por años.

    Si tenía alguna duda de si quería follármela, ahora se había disipado. Pero cómo…

    Recuerdo haber pensado hace años que toda persona tenía un precio. Kim no lo tenía, al menos económico. Y era mi vecina. Y estaba casada. Y tenía una hija. ¿Y lo más importante, me había vuelto tan loco de intentarlo?

    Pasé toda la tarde y día siguiente con la imagen en la cabeza. No me la podía quitar. Por otro lado, Ana no daba señales de vida. Tampoco las buscaba yo, pero llevaba casi una semana sin saber de ella. No parecía que buscase una reconciliación.

    Aunque me había dicho a mí mismo que no la necesitaba, de repente me sentí solo. Había destruido en muy poco lo que llevaba meses construyendo. En este estado de ánimo resultaba más fácil intentar algo estúpido, desesperado, rayando lo absurdo. Y eso hice.

    El domingo por la noche, con sigilo, eché una carta sin abrir dirigida a mí en el buzón de los vecinos, que estaba en la pared de la entrada. El lunes por la mañana me quedé mirando por la ventana de mi dormitorio. Kim salió a correr como cada mañana, volvió, miró en su buzón y encontró la carta dirigida a mí. Y en ese momento bajé rápidamente. Me quité la camiseta y vestido solo con unos pantalones cortos de deporte y con el móvil en la mano, abrí la puerta y salí apresuradamente mirando distraídamente el móvil.

    Era absurdo, era demencial…pero me daba igual.

    En ese momento llegaba Kim para dejar la carta en mi buzón y nos chocamos. Obviamente con intención por mi parte. Me daba igual si parecía una situación forzada.

    Kim volvía de correr en esa calurosa mañana de julio, sudorosa. Pude sentir por un momento sus tetas contra mí. Como sorprendida por la situación, se quedó mirando por medio segundo mi cuerpo. Yo estaba bastante en forma, y me pareció ver algo en sus ojos según me miraba. Es lo que buscaba. Salió de su mini trance para con una risa nerviosa disculparse y explicar que venía a dejar una carta para mí que por equivocación estaba en su buzón. Yo, más preparado para la situación, la sonreí ampliamente disculpándome también, agradeciéndola. Se despidió rápidamente con una sonrisa otra vez nerviosa y se fue hacia su casa.

    Me quedé fingiendo que leía la carta, pero lo que esperaba era cazar una mirada suya hacia mí.

    Salió a la calle. No miró. Entró por el corto camino frontal de su casa. No miró.

    -¡Vamos! –pensé– échame una mirada, solo un milisegundo. ¡Dame una señal!

    Abrió la puerta de su casa, y justo antes de entrar giró su cabeza hacia donde yo estaba para mirarme por un breve momento. Estaba casi fuera de mi campo de visión, pero logré verlo mientras seguía fingiendo leer la carta. ¡Ahí estaba mi señal! Algo se acababa de despertar en Kim.

    A pesar de probablemente considerarse fuera del mercado, era una mujer todavía joven, casada con Hans, unos 10 años mayor, y por las apariencias no parecían una pareja sexualmente activa. No todo el mundo tiene un precio, pero toda persona joven tiene una necesidad. Puede que yo hubiese encontrado la de Kim. La había provocado, ella había picado.

    Pero tenía que actuar rápido mientras durase el efecto. Me había lanzado completamente al vacío sin importarme las consecuencias. Se me había metido en la cabeza una obsesión y no iba a parar. Estaba dolido, había dejado el mando de mis acciones a mis instintos más oscuros, y quería hacer daño. Quería hacer daño a Ana por no haberme entendido, quería hacer daño a Hans simplemente por hacerle daño, y quería hacer daño a Kim por tener la vida perfecta que yo no podía tener.

    Al día siguiente por la mañana salí a correr al mismo tiempo que Kim salía. Me saludó, pero la noté algo más fría, quizá sorprendida de verme salir a correr a esas horas, quizá recordando el día anterior. Tenía que atacar, era un todo o nada. No iba a tener más oportunidades en el futuro. La saludé sonriendo y la pregunté si podía ir con ella por si conocía un recorrido diferente al que solía hacer yo. Se quedó medio segundo callada, como extrañada, pero finalmente respondió con un titubeante sí. Supongo que le resultaba extraño que de repente quisiera correr con ella, por la mañana, justo el día después de ese incidente.

    Pero mi ventaja era triple. Llevaba casi un año viviendo allí sin darle ningún motivo de sospecha. No sabía que había roto con Ana, por lo que pensaba que tenía una relación estable. Por último, tenía una gran capacidad de convicción y de llevar situaciones aparentemente difíciles con total naturalidad. Al fin y al cabo, eso era parte de mi trabajo y era muy bueno en ello.

    En nuestra vuelta saqué varios temas de conversación para que Kim poco a poco se fuese sintiendo más cómoda. Su hija estaba yendo por las mañanas a una pequeña academia de verano de alemán. Hans pasaba todo el día fuera trabajando, por lo que ella tenía todo el día para ella… me confesó inocentemente que tenía una vida algo aburrida. Lo que me confirmaba que no era oro todo lo que relucía, y que su vida sola con Hans no era muy excitante.

    Mientras corríamos me fijaba en ella sin que se diese cuenta. Llevaba unos leggings ajustados negros que le hacían un culo alucinante. Se le notaban unas piernas fuertes. Esta vez llevaba una camiseta deportiva blanca algo suelta que cubría a duras penas por debajo del ombligo, que quedaba ligeramente a la vista de vez en cuando con el movimiento. Se traslucía debajo de la camiseta un sujetador deportivo azul oscuro.

    Al final de nuestro recorrido casi llegando a casa le dije que tenía material de boxeo y si quería practicar un poco en el jardín, necesitaba a alguien para practicar. Como dije, iba a todo o nada. No me respondió de inmediato, se quedó otra vez cortada. Esta vez me la había jugado bastante. Daba la impresión de que su cabeza era un caos ahora mismo, claramente se encontraba incómoda, pero no se atrevía a decirlo. Me quedaba claro que Kim empezaba a dudar si existía alguna doble intención en mi comportamiento. Antes de que respondiese la intenté disuadir de esa idea. La mentí diciendo que si no tenía tiempo no importaba, en veinte minutos llegaba Ana y podía entrenar con ella.

    Esto la reconfortó. Si Ana llegaba en tan poco tiempo, no había posibilidad de que mis intenciones fuesen malignas. Y además ahora ella era dueña de la decisión, o eso creía.

    -No, no. Vamos. Me viene bien también a mí practicar, y no te vas a quedar frío esperando a que llegue Ana –dijo con una sonrisa y una tranquilidad renovada en su voz y cara.

    Entramos en mi casa, cogí dos pares de guantes y salimos al jardín trasero. Estaba vallado, por lo que no nos podía ver nadie. Empezamos practicando, yo golpeaba y ella paraba, e íbamos rotando. Le metí caña a los ejercicios, iba con intensidad. Durante la vuelta corriendo íbamos de lado, pero ahora tenía a Kim de frente. Respirando fuertemente por la intensidad de los ejercicios, sudando. Su atractiva cara a escasos 50 cm.

    Ataqué. En su turno de golpear le dije que estaba colocando mal las manos y cuerpo. Traté de explicarla cómo desde mi posición. Aunque lo estuviese haciendo medianamente bien, le dije que tenía que colocar el cuerpo de forma diferente.

    -¿Pero cómo? –me dijo ya algo desesperada.

    Le dije que se quitase los guantes, y sin preguntarla me acerqué a ella y me coloqué detrás, puse mi mano sobre su muslo a mitad de camino entre rodilla y cadera, colocando mis dedos extendidos en la cara interior de su pierna. Se quedó paralizada, callada. Tiré de su pierna ligeramente hacia atrás con la mano. Me incorporé y agarré su brazo para levantarlo y extenderlo hacia adelante. Me acerqué y puse mi pecho en su espalda, mi cara cerca de su hombro y eché mis piernas hacia adelante para rozar las suyas, mientras la explicaba suavemente cómo debía lanzar el brazo hacia adelante y movía su cuerpo con el mío ejecutando el giro.

    Notaba su respiración agitada, su cuerpo empezó a temblar, pero no dijo nada. Kim no emitió ningún sonido.

    No era momento de dudar. Acerqué mi cara a la suya y la susurré al oído si lo había entendido, para inmediatamente después empezar a besarla en el cuello mientras subía mi mano por su sudado brazo acariciándolo suavemente. En este momento pegué mi cuerpo aún más al suyo y arrimé mi polla contra su culo. Kim finalmente reaccionó al sentirla, se derritió y emitió un suspiro enorme. Temblaba como un trozo de gelatina, emitía un suspiro cada vez que respiraba, pero no decía nada. Se había quedado en shock. Seguí besándola el cuello y la oreja, empecé a restregar mi polla por su culo. Y pasé a hacer algo que llevaba deseando meses, algo con lo que había fantaseado incontables veces. La rodeé primero con los brazos poniendo las dos manos en su cintura, las subí lentamente tocando su vientre metiéndolas por debajo de la camiseta, hasta que me topé con la parte inferior de su top deportivo. Y las subí, hasta tocar sus tetas por encima del top. Las apreté mientras empujé mi polla aún más contra su culo y la besaba el cuello. Estaba básicamente empalada por mí. En el momento en que agarré sus tetas, por primera vez consiguió articular un “no” aunque no muy fuerte ni convincente. Aunque el tacto de un sujetador deportivo es algo duro, fue una explosión de sexualidad liberada el poder estar agarrándolas. El top cubría sus tetas por completo, y me estaba muriendo de ganas por tocar sus tetas desnudas.

    De momento Kim había sido un juguete a mi disposición, nula o poca oposición, ya fuese por el shock en el que su cuerpo estaba o porque en su interior deseaba lo que estaba ocurriendo. O por las dos cosas.

    Sin embargo un destello de oposición despertó en ella. Levantó un brazo para intentar apartar mi boca de su cuello, y con el otro intentó despegar mis manos de sus tetas. Sin demasiada fuerza ni intensidad, todo sea dicho. Consiguió lanzar un pequeño susurro entre los suspiros que seguía emitiendo.

    -Para por favor, esto está mal. Estoy casada. Tengo una hija.

    Sonó más bien como un pequeño lloriqueo, un medio lamento no muy convincente. El tono de su voz, su débil oposición, su respiración. Sonaba como si estuviese luchando una batalla interna donde su corazón y su cuerpo le pedían dejarse llevar, y una parte lejana y profunda de su mente intentaba oponerse. Y su corazón estaba ganando.

    Tenía que ayudarla a decantar la balanza. Bajé mi mano derecha hacia su entrepierna. Por encima de los leggings ajustados no me costó encontrar su coño y me concentré en el clítoris, que empecé a estimular con mis dedos. A pesar de haber ropa entre mis dedos y su coño, noté el calor que desprendía. En el momento en que mi mano alcanzó su entrepierna, Kim lanzó un pequeño gemido roto, sus piernas temblaron y por un segundo dejaron de sostener su cuerpo. Tuve que sostenerla hasta que sus piernas se recompusieron.

    Era la señal de rendición. Su cuerpo había sacado la bandera blanca. Vía libre.

    Con el camino ya despejado, decidí soltar su teta izquierda y dirigí mi mano hacia su mejilla para girar su cara hacia mí. Me abalancé sobre su boca. Mis labios tocaron los suyos. Kim tenía unos labios naturales ligeramente gruesos, y besarlos fue sorprendentemente agradable. Sentí un sabor ligeramente salado, proveniente del sudor de ambos tras los ejercicios que habíamos realizado.

    La besé con pasión desde el primer momento. Conocía esta sensación, un impulso interior de lujuria, alimentado por la certeza de estar haciendo algo prohibido. El pasajero oscuro me empujaba, me llevaba a un éxtasis impulsivo. Kim era mi indefensa presa y no la iba a soltar. Seguí besándola desatadamente, mi mano izquierda volvió a colocarse sobre su teta izquierda, esta vez sobre la camiseta, restregaba mi polla por su culo.

    Dejé de acariciar su coño para subir mi mano derecha buscando el elástico de sus leggings. Lo levanté y metí mi mano dentro para encontrarme lo que parecía al tacto ropa interior deportiva. La separé también de su cuerpo con los dedos y metí mi mano dentro. Sentí poco pelo, como de una semana. Y llegué a su coño. Como había intuido ya, estaba chorreando líquido. Dirigí mis dedos a su clítoris y comencé a tocarlo intensamente. Kim volvió a derretirse soltando un nuevo gemido mientras la seguía besando. Tenía ganas de bajarle los leggings y ropa interior, bajarme mi pantalón y boxers, y meterla ya la polla hasta el fondo ahí mismo en el jardín. Aceleré el ritmo de mis dedos contra su clítoris y Kim empezó a soltar gemidos algo más altos. Aunque estaba seguro de que nadie nos podía oír, pero era algo arriesgado seguir allí.

    Kim estaba a punto de correrse, lo notaba. Aunque no con tanta intensidad como lo hacía yo, pero me estaba besando también a mí. Entonces dejó de mover los labios, abrió la boca profusamente, se encogió ligeramente y su cuerpo entero empezó a sacudirse, sus piernas temblando fuertemente. Llevó su mano derecha por encima de la que yo tenía en su coño, sujetándola con fuerza. Su otra mano la puso sobre la que agarraba su teta con fuerza. Intentó ahogar un grito de placer, aunque solo parcialmente. Sus piernas se intentaban cerrar atrapando mi mano entre ellas. Sentí cómo se corrió en mi mano.

    La saqué, giré su cuerpo para ponerla de frente a mí. La cogí del culo y la levanté. Se agarró de mi cuello, subió sus piernas rodeándome, comenzamos otra vez a besarnos y la llevé así en volandas dentro de casa. Me había follado a Ana un par de veces así contra una pared, pero Kim pesaba más e iba a resultar difícil en esta posición.

    La bajé al suelo y la giré contra la pared. Apoyó sus manos en ella a la altura de su cara. Tenía la cara girada hacia un lado, los ojos cerrados y la boca abierta suspirando todavía por el orgasmo que acababa de tener.

    Las piernas ligeramente abiertas y el culo ligeramente inclinado hacia afuera parecían querer dar la bienvenida a mi polla cuanto antes. Mi polla iba por delante de mi mente y ya me empujaba hacia Kim.

    Cogí los extremos de los leggings a la altura de la cintura y tiré hacia abajo hasta por debajo de las rodillas. Primera visión clara que tenía de su culo, y no decepcionó. Culo poderoso, fuerte, firme, marca alemana. Se notaban los músculos de las fuertes piernas, genética y ejercicio diario. Me quité las zapatillas con los pies, me bajé apresuradamente pantalón y boxers, la polla firme, dura, enorme, a reventar. Hacía más de un año que no la sentía así, desde la última vez que dejé a mi pasajero oscuro tomar el timón. Nunca se me puso así con Ana.

    Le bajé las sexy bragas deportivas también hasta donde estaban sus leggings. Kim gemía ligeramente, cara ya también apoyada de lado contra la pared, ojos cerrados. Se inclinó aún más acercando su culo hacia atrás. Parecía que estaba llamando a mi polla, suplicando que se la metiese sin decirlo explícitamente.

    Puse mi mano en su cadera y cogí la base de mi polla con la otra. Por un momento se me pasó por la cabeza intentar follarme ese magnífico culo, pero pensé que no era el momento. Busqué la entrada de su coño con la punta de mi polla. Cuando la encontré, solté mi mano y la coloqué también en su cadera. Mi polla quedó sujeta en la entrada de su coño. La iba a reventar. Empecé a empujar sujetando su cadera con ambas manos. Mi polla entró muy fácilmente gracias a lo lubricada que estaba Kim. Dejó salir un grito de placer según mi polla iba entrando dentro. Tenía un coño estrecho, sentía las paredes apretar. La sensación de placer era indescriptible. Metí la polla por completo hasta que la base desapareció más allá de su culo. Sentí su culo apoyarse completamente contra mi entrepierna, sentí mi polla completamente enterrada en su cálido y mojado coño. Si esto iba a ser así, no creo que tardase en correrme. Solté mi mano derecha de su cadera y agarré con fuerza su culo, apreté con violencia. Se notaba duro, una delicia. Kim soltó un pequeño quejido de dolor, por lo que dejé de apretar tan fuerte, pero mantuve mi mano derecha ahí. Saqué mi polla más rápido hasta la punta, y volví a empujarla dentro, esta vez a mayor velocidad. Empecé un mete-saca cada vez a mayor ritmo, ayudado con la mano izquierda tirando y empujando de su cadera. Agarraba con la mano derecha su culo, llegando a golpearlo varias veces mientras me la follaba. Kim gemía ya sin pudor, ojos cerrados todavía, cara y manos apoyadas contra la pared.

    -No te corras dentro por favor –Es lo único que dijo entre gemido y gemido.

    Había pasado de suplicarme parar por ser mujer casada y madre, a pedirme que no me corriese dentro de ella mientras gemía placenteramente cada vez que mi polla entraba. Creo sin temor a equivocarme que mi oscura estrategia había dado resultado.

    Reduje el ritmo ligeramente, aunque sin llegar a parar, para quitarme la camiseta, y quitarle a ella la suya. Ella ayudó sacándosela por la cabeza, tirándola a un lado. Solo quedaba el top deportivo azul. Mientras seguía con el lento ritmo follándomela, empecé a desabrochar los enganches del top en la espalda para desapretarlo. Era un top deportivo que había que sacar también por la cabeza. Lo empecé a levantar por la espalda, pero sus tetas lo contenían por delante. Pasé mis manos delante y cogí la parte inferior del top. De ahí lo levanté e inmediatamente sus tetas cayeron sobre mis manos. El tacto fue espectacular, grandes y suaves. Fui levantando el top hacia arriba, primero sentí la parte inferior de sus tetas para después notar sus pezones, duros y puntiagudos de lo excitados que estaban. Le pedí que se acabara de quitar el top ella misma, mis manos no se iban a despegar ya de sus tremendas tetas.

    Mientras se sacaba el top por la cabeza, agarré sus tetas con ambas manos, no pude cubrirlas por completo. Qué diferencia con las de Ana. Así como estaba, con mis manos sujetando sus tetas, volví a acelerar el ritmo, follando cada vez más fuerte. Mi polla entraba y salía con velocidad en Kim. Mi entrepierna golpeaba su magnífico culo hasta empezar a resonar con cada golpe. La follada era tan brutal que Kim se golpeaba la cabeza contra la pared con cada embestida. Su melena rubia volaba al ritmo. Sus tetas se balanceaban solo sujetas por mis manos. Aun así no protestaba, solo repetía de vez en cuando entre gemidos que no me corriese dentro.

    Era la única vez que iba a obedecerla en ese día. No me quedaba mucho, por lo que saqué la polla y le dije que se arrodillase.

    Obediente se dio la vuelta y se arrodilló, todavía con leggings y bragas por debajo de las rodillas. Como había sentido, tenía poco pelo en el coño, quizá solo de una semana. Sus tetas, un espectáculo. No eran perfectas, y me encantaban. Grandes, de pezones color carne algo rosados, excitados. No eran unas tetas jóvenes sujetas arriba, se notaba que Kim estaba en la recta final de los 30, pero se conservaban muy bien.

    Le acerqué la polla a la boca. Ella la miraba fijamente. Levantó la mirada un segundo, dirigiendo sus ojos azules a los míos, volvió a bajar la mirada, agarró mi polla con la mano y abriendo la boca se la metió dentro.

    Ni madre ni mujer casada ya, parecía haber olvidado eso por completo. Ya no tenía dudas de que Kim llevaba años viviendo una vida insulsa en una jaula de oro.

    Con una mano en la base de mi polla y la otra apoyada en mi muslo, Kim la engullía a gran velocidad. Yo puse ambas manos en sus hombros, a veces cambiaba una para agarrarme a su cabeza. Disfrutaba viendo sus tetas agitarse con el movimiento. Su pelo se movía con el vaivén y continuamente tenía que apartárselo de la cara con la mano. Mi polla estaba bastante lubricada ya por los flujos vaginales de Kim, y a esto había que añadir ahora la saliva que su boca estaba produciendo. Empezó a producirse un sonido como de chapoteo a medida que me iba dando una monumental mamada.

    Cansada de apartarse el pelo de la cara, mientras siguió chupándomela, cogió un elástico que llevaba en la muñeca y levantando los brazos, se recogió y estiró todo el pelo hacia atrás para hacerse una coleta a la altura de la coronilla. Estos 5 segundos que tardó fueron mágicos. Sus brazos estirados hacia arriba haciéndose una coleta, sus tetas tirantes ahora también por los brazos estirados, el pelo hacia atrás dejando toda su cara a la vista, los dos bonitos azules concentrados en mi polla, y todo esto mientras seguía dándome una mamada memorable sin soltar mi polla de su boca. De repente Kim ya no era una mujer increíblemente atractiva, era la mujer más guapa con la que había estado. Me arrepentí de haberla hecho caso, ahora desearía estar follándomela y correrme dentro. Era ya tarde para eso.

    El pasajero oscuro había cumplido su misión. Me encontraba eufórico. Me incliné ligeramente y bajando las manos, agarré sus tetas otra vez con fuerza. Quería gritar. Quería liberarme de mis cadenas. Quería restregar a todos por la cara lo que estaba pasando.

    -¡Jódete Ana! ¡Jódete Kim! ¡Jódete Hans! ¡Jodeos todos! –grité con fuerza

    Kim estaba concentrada en mi polla, ni paró. Acababa de humillarla a ella y su marido, y no reaccionó. Siguió metiéndosela hasta el fondo y sacándosela, solo descansando de vez en cuando para coger aire, momento en el que se la sacaba de la boca brevemente, quedando colgando hilos de saliva entre sus labios y la punta de mi polla.

    Me iba a correr ya y había decidido hacerlo en su boca, pero entonces se me vino a la mente aquella primera vez que corrompí a una chica, Cristina se llamaba. Recordé que me corrí en su cara y tetas, quedó llena de semen. Pensé que Kim no se merecía nada menos.

    Estaba otra vez chupando como una posesa, succionando con los labios y acompañando con su lengua a lo largo de mi polla. Hacía un ruido enorme al chupar, estaba dándolo todo.

    Noté presión en el tronco de mi polla como contrayéndose para soltar todo y vaciar mis huevos. Con una mano cogí la mandíbula de Kim para echarla hacia atrás y con la otra la empujé su frente, pero ella hizo fuerza para no separarse de mi polla. Tuve que empujarla fuerte, conseguí que se la sacara de la boca y acabé de sacudírmela con la mano.

    Kim salió de su trance para mirarme con sorpresa.

    -¡Qué pasa! –dijo con tono molesto.

    No le dio tiempo a decir más. Un chorro enorme salió disparado y le cayó dentro de la boca que se encontraba a escasos centímetros de mi polla. Giró la cabeza rápidamente y el siguiente chorro le dio en la mejilla. Me estaba corriendo como hacía años no me corría, me apretaban los huevos, mi polla estaba disparando violentamente. Le cayeron chorros enormes de semen en el cuello, pecho, teta izquierda. Los siguientes ya más débiles le gotearon en los muslos desnudos.

    En un par de horas Kim tenía que ir a recoger a su hija de la academia como una buena madre. Luego tenía que cuidar su jardín, algo más tarde llegaría su marido al que le daría un beso de bienvenida como todos los días. Pero ahora mismo estaba de rodillas desnuda frente a mí, cubierta de semen de arriba abajo. Una gota blanquecina se deslizaba a gran velocidad desde su cuello por el canalillo entre las tetas llegando al ombligo. No era la única, tenía semen deslizándose desde varias partes por su cuerpo.

    También tenía todavía semen en la boca, no quería tragárselo, pero no lo escupía tampoco. Se puede decir que estaba flipando ahora mismo. En su mente debía estar pensando cómo había acabado así. Tenía una familia perfecta, una vida resuelta y tranquila. Probablemente con el calentón ya bajando, su mente estaba recobrando el control y no le gustaba lo que estaba viendo.

    -Que te jodan Kim –pensé otra vez.

    Me agaché y cogí mi camiseta que estaba en el suelo, y con desprecio se la tiré a la cara. Cayó y quedó encima de sus muslos.

    -Límpiate y lárgate –dije

    Se me quedó mirando con sus ojos azules abiertos como platos, sin comprender lo que estaba pasando. Me quedé mirándola fijamente unos segundos. Agachó entonces la cabeza para recoger la camiseta, se limpió el cuerpo y cara y escupió el semen de la boca en ella, la dejó a un lado.

    -No la dejes aquí, llévatela –la dije fríamente.

    Me miró de forma incrédula otra vez, pero obedeció. Se puso de pie, subiéndose bragas y leggings que todavía estaban por debajo de las rodillas. Se puso su camiseta y se llevó el top y mi camiseta en la mano. Se fue de mi casa con la mirada perdida, confundida. No dijo nada.

    En el peor de los casos, si Kim confesaba a su marido lo que había pasado, acababa de arruinarle a ella y su familia la vida. Y como daño colateral me había ganado un conflicto con los vecinos.

    En el mejor de los casos, si Kim se lo callaba, le acababa de causar un trauma secreto que duraría años.

    En cualquier caso era un cabrón despiadado e insensible. Era un sádico. Y finalmente había decidido aceptarlo.

    Sí, era todo eso, y no iba a luchar más contra ello a partir de ahora.

    Que te jodan Kim.

  • Maldito amor

    Maldito amor

    Maldito amor

    Ese que no me deja dormir

    No me da cabida a pensar

    Déjame ser!

    Déjame ser quien debería ser!

    No me ignores tantas veces,

    Hazme caso y deja pasar las horas

    Permíteme ser feliz una vez más.

    No seas egoísta de mis sueños

    Quiero vivirlos, quiero desearles cómo te deseo a ti. Te maldigo por qué sufragas mis ansias de amarte,

    Déjame comportar mis emociones cuando cerca no te tengo,

    Quiero vivir los días cómo ser humano, no un miserable maltrecho por tu ignorancia

    Déjame ser y no encontrarme con la soledad que emanas en mí.

    Dale sentido al dolor aunque sea compadece un tanto mi sufrimiento, acaricia este maldito amor con la misma compasión atenuante de mis días. Déjame llorar en soledad y llegar a creerme que me odias. Mírame aunque sea el ser más despreciable en tu vida.

    Ya odio la empatía de tu nombre, cuando sonríes soy garbo de tu sencillez, que gallardía la tuya cuando me ignoras de nuevo, día tras día. Procuro la gentileza de alentarte cuando pienso en ti.

    Te deseo tanto que te maldigo, te quiero aquí en mi cama en mis brazos sollozos, en mis más profundos deseos eróticos creados para ti ya confinados en mi cama.

    Deja que te caliente mi ser, quiero arrancar esa dulzura que regalas,. Ten piedad y cordura de mis deseos, te puedo hacer feliz, muy feliz, tócame y tendrás el clímax que nunca tuviste, que nunca sentiste y que tanto deseas. Rozarte con mi aliento y eriza tu piel.

    La broma fue hecha para ti, no paras de sonreír y celoso de tus labios convexos para matar de una vez mi dulzura de amarte.

    Tú no eres para mí, yo si soy para ti, pruébame una vez más, elevemos este placer al nivel de mi cama, cierra los ojos y deja tu mente en blanco que me toca llenarte de locuras y pasiones atrevidas.

    Abre tus piernas y disfruta el detalle al tocarte, soy lo que necesitas y no eres para mí, libera la razón que no te deja acercarte, ignora el qué dirán, quizás porque no tenga lo que aspiras puedo darte lo que necesitas.

    Maldito amor, víveme, yo inventé lo que hoy amas más, tu ego. Siénteme si me acerco es tu última oportunidad, no dejes que me marche pero déjame ir. Yo soy para ti, te lo cuento una y otra vez cuando conversamos, nótalo, mira de cerca en mis ojos mi sufrir.

    Soy ese del que no comentas, entero y firme a tus creencias aunque las odie, ya te hice el amor tantas veces que incluso sonríes y no te das cuenta, te he tocado lo más íntimo de tu ser y créeme, lo disfrutas conmigo, he pasado mi lengua por cada sentido de tu ser y has gritado al hacerme el amor.

    Me ves cada día pasar junto a ti e ignoras que existo.

  • Mi gimnasia favorita

    Mi gimnasia favorita

    Es mi segundo relato, no me ampliaré mucho para no cansar con una lectura larga.

    Lo que hoy les contaré es lo que más candente he disfrutado. Y todo por encontrar a un caballero que me hace sentir como si fuera yo toda una dama con sus atenciones y detalles a la hora de tener sexo. Aclarando que solo para eso nos vemos de vez en cuando. Pero cuando eso pasa me hace llegar a las nubes.

    El me mantiene un buen surtido de ropita de toda para esas ocasiones, brasieres, chinos y tangas .medias peluca zapatillas cremas con fragancia, no es mucho pero tiene sus detalles hombre.

    Soy de estatura mediana complexión delgada 31 de cintura, blanco y semi velludo, y mi trasero lampiño, y no sé pero a mí novio amante le encanta, lo noto en cómo me trata con todo cuidado y delicadeza. Le gusta culear conmigo porque a su mujer no le quiere dar el suyo y pies bueno gracias a eso yo tengo una rica pinga que disfrutar. Él sabe que lo que más disfruto es que me coja rico y todo el cachondeo previo de espalda baja, nalgas, raja y culo. También me cubre de besos del cuello hacia abajo porque no me gustan en la boca. También a veces se la mamo un buen rato para complacerlo, eso no lo disfruto pero lo hago para él porque sé que se le pone bien dura y eso me gusta para sentir más placer cuando me la mete.

    En el cachondeo me besa del cuello hacia abajo y mientras con sus manos hace maravillas por mi abdomen cintura cadera nalgas culo raja cabello etc… Después cuando ya ve que me tiene bien caliente me pone una lámina de látex en mi raja y me pasa su lengua por toda la rayita dando especial atención a mi culo y perineo.

    Luego se pone un condón en uno de sus dedos y empieza a dedearne, agregando poco a poco un dedo hasta llegar a tres y ya después de eso sé que sigue lo que más deseo, sentir la cabeza de su verga en la entrada de mi culo deseoso de ser complacido con todos los impulsos de placer que me hace experimentar. Me penetra con todo cuidado, pero ya nomás ve que se me relajaron las paredes anales y me pone en diferentes poses. Mis favoritas son la de perrita, el 71 de a cuatro. Sentarme en su pito y montarlo dándole la espalda para que me tome de la cintura y me manosee las nalgas también para que vea como me la mete y se le ponga más dura.

    Luego también hacemos la del misionero levantando mis pies hasta su cuello… Me encanta también cuando me da de cucharita. Riquísimo me abre las nalgas con sus manos para que me entre más su verga. Y cuando finalmente me hace llegar al orgasmo me vibra todo mi culo, y hasta me tiembla la respiración… Es doble orgasmo porque siento lo rico de estarme chorreando y las contracciones internas y externas de mi culo, es por eso que al aprobar esta entrada de placer cada vez que puedo lo disfruto con quién me parece de fiar y que guardara todo en secreto. Pero él es mi novio amante se puede decir que de planta.

    Finalmente les diré que soy de ciudad Juárez Chih, soy de edad madura ahora en 2020 tengo 50 años tengo cerca de cinco años que me decidí a disfrutar de estos placeres y si gusta alguien escribirme a [email protected] para ampliar más en detalle mis historias de sexo anal que me encanta me lo hagan. E incluso podríamos llegar a escribir una nueva historia.

  • Vecindad en cuarentena (Parte 1)

    Vecindad en cuarentena (Parte 1)

    El panorama mundial actual ha obligado a que varios países tengan que declarar cuarentena en sus ciudades, obligando a sus habitantes a quedarse en casa durante más tiempo de lo acostumbrado. Este cambio drástico y el encierro prolongado pueden provocar que en algunas situaciones, las personas terminen sucumbiendo a sus instintos más básicos.

    Esta es una de esas situaciones…

    En una ciudad como cualquiera de las tantas que hay en el mundo nos encontramos con una pequeña vecindad, una de las que aún quedan en la zona. Esta vecindad en particular consta de un portón como entrada principal que lleva hacia un amplio patio; alrededor de este se encuentran los departamentos de sus habitantes divididos en 2 pisos, haciendo un total de 10 hogares.

    Usualmente todos los departamentos se encuentran ocupados, pero a causa de la situación actual solo 5 de ellos cuentan con ocupación.

    En el primer hogar encontramos al portero Don Anselmo y su familia. Don Anselmo es un hombre de 48 años, quien se encarga del mantenimiento en la vecindad; su esposa, doña Guillermina, 46 años, de nacionalidad española, es la encargada de cobrar la renta a los habitantes así como también administrar una pequeña tienda de abarrotes dentro de la vecindad. Ellos tienen 2 hijas; la mayor Patricia de 22 años y Verónica de 19.

    Entre los inquilinos del lugar nos encontramos a Fernanda, 58, y María Luisa, 52, un par de hermanas solteronas quienes viven junto a su sobrino Ricardo, 20, quien apenas tenía unos meses de haberse mudado con ellas. El chico había comenzado a estudiar la universidad y sus padres lo convencieron de vivir con sus tías, tanto para hacerles compañía como para ahorrarse el costo de un departamento.

    En otra de las casas están Hortencia, 44, y Mauricio, 24. Madre e hijo, quienes llevan ya varios años en la vecindad. Hortencia es una madre soltera que llego al lugar cuando Mauricio era aún pequeño. Doña Guillermina se encargó de cuidarlo para que Hortencia pudiera trabajar y el chico creció junto a las hijas de esta.

    Continuando con la lista tenemos a Tomas, 59, quien vive junto a su nieta Silvia, 32. El ahora jubilado se encargó de cobijar a su nieta luego que los padres de esta murieran varios años atrás. A pesar de ya ser algo mayor y poder costearse su propio lugar, la chica no ha deseado dejar solo a su abuelo en agradecimiento por haber cuidado de ella, ya que el hombre también es viudo.

    Finalmente están Jonás, 45, y Ramón, 47, un par de primos quienes son los más recientes inquilinos del lugar. Su intención era quedarse solo por poco tiempo en lo que encontraban algo mejor pero los repentinos sucesos actuales los han obligado a extender su estancia en el lugar.

    Debido a las nuevas medidas impuestas por el gobierno, la enorme puerta de la vecindad permanece cerrada casi todo el tiempo. Gracias a la tienda de abarrotes local, los inquilinos pueden abastecerse de los productos básicos.

    Los trabajos y las escuelas han sido suspendidos lo que provoca que ninguno de los moradores pueda salir del lugar. Varios de ellos han tenido que suspender actividades cotidianas, algunas de ellas relacionadas con la satisfacción de los placeres carnales. Al verse privados del desahogo regular los llevara a cruzar líneas y realizar prácticas que antes se consideraban prohibidas.

    Para comenzar nos asomamos al hogar de las hermanas Fernanda y María Luisa. Fernanda es la mayor, es una mujer de amplias proporciones, con senos enormes y un culo también grande para hacer juego. Ella nunca se casó, además de ser jubilada es también la encargada del hogar. En su rutina diaria no acostumbraba salir mucho por lo que la cuarentena no la afecto demasiado, bueno, lo cierto es que si la afecto porque debido a esta ya no le es posible asistir a la iglesia del lugar. Fernanda es muy religiosa pero también tiene necesidades como mujer y estas necesidades eran atendidas por el cura local. Fernanda creía que era su obligación entregarse al cura, tanto a manera de agradecimiento por sus servicios a la comunidad como para evitar que el cayera en malos hábitos de aquellos que se rumoraba venían con su profesión.

    3 o 4 veces a la semana, la mujer llegaba a la iglesia por la tarde, a la hora en que estaba cerrada y procedía a dejar que el cura la poseyera en la oficina del lugar. Fernanda se alegraba por realizar tan noble labor, aunque lo que la alegraba aún más era que el cura tenía una buena verga que la llenaba por completo y le daba un gozo y placer aún mayores.

    En repetidas ocasiones el cura invitaba a sus amigos de otras iglesias para deleitarse con aquella vieja guarra que no se oponía a lo que quisieran hacerle. Por eso Fernanda había experimentado dobles y triples penetraciones mientras se enorgullecía de ayudar a tan nobles hombres del clero. Lo que el cura actual no sabía era que Fernanda llevaba bastante tiempo haciendo esta desinteresada acción y él no era el primero que se veía beneficiado por ello.

    Pero ahora llevaba ya más de 2 semanas de cuarentena sin poder probar una buena verga y teniendo que conformarse con sus dedos para mitigar su ardor.

    Su hermana María Luisa, o Marilu como le decían de cariño, no era tan diferente. Ella es más delgada que su hermana y a pesar de su edad aún mantiene una figura decente.

    Al igual que su hermana nunca se había casado pero ella aun trabajaba, más específicamente en el mercado local. Marilu llevaba apenas unos años con dicho trabajo, cortesía de una de las vecinas de la vecindad quien a causa de su edad le había heredado su negocio.

    En los primeros meses de formar parte del mercado Marilu descubrió que existían varias formas de pago entre los proveedores y locatarios del mercado siendo la más común de ellas el pago carnal. No era extraño encontrar alguno de los muchos locales cerrado mientras sucedía el descargo de mercancía pero si uno se acercaba podía escuchar los gemidos de los ocupantes llevando a cabo sus transacciones.

    Marilu se había resistido a caer en aquellas prácticas. La mujer había tenido varias parejas con anterioridad y había mantenido relaciones con ellos pero aquello era algo extremo para ella.

    Sus convicciones tuvieron que ceder durante el tiempo en que el negocio decayó y tratando de ahorrar ante la situación, la mujer tuvo que cambiar su cuerpo por la mercancía para subsistir.

    Unas semanas después la situación mejoro pero la lujuria dentro de la mujer había despertado y pronto se unió a sus compañeros locatarios en sus tan inusables prácticas, ahora por placer en lugar de necesidad. Con el tiempo no solo fueron hombres con quienes realizaba sus intercambios carnales sino también mujeres. Algunas de ellas amas de casa que pasando también por una mala racha, ya sea monetaria o sentimental, tenían que pagar por sus frutas y verduras con sus cuerpos. En más de una ocasión aquel pepino que la clienta llevaba a su casa había estado dentro de ella mientras Marilu lo usaba para darle placer a la necesitada mujer.

    También lo había hecho con sus compañeras locatarias en sus ratos de aburrimiento y gustaba de jugar con ellas a meterse una verdura en su coño y dejarla ahí todo el día mientras atendían a la clientela. Lo mejor era vender dicha verdura al final del día a algún incauto cliente. Pero sin duda la cereza del pastel era la fiesta privada del aniversario del mercado donde se llevaba a cabo la tradicional orgia.

    Actualmente el mercado permanecía abierto pero había menos locatarios y además las autoridades los vigilaban constantemente lo que no les permitía continuar con sus prácticas; aquellos pepinos y calabacines que llevaba a casa eran su único modo de apaciguar a la zorra que llevaba dentro.

    Por ultimo en aquel hogar se encontraba Ricardo, el sobrino de ambas. El joven tenía poco tiempo de haber llegado a vivir con sus tías para estudiar en la universidad. Cuando se anunció el cierre de escuelas, Ricardo trato de volver con sus padres que vivían en otro estado pero estos le insistieron que se quedara con sus tías para cuidarlas.

    El chico no tenía problema con la petición pues se llevaba bien con ellas pero lo que lo frustraba era que apenas y comenzaba a enamorar a una compañera de escuela cuando todo se arruino. El chico esperaba por fin poder probar las delicias del sexo pero sus planes se habían venido abajo y nuevamente tenía que recurrir a las pajas.

    Sin nada mejor que hacer sus ratos libres los dedicaba a masturbarse con ayuda de todo tipo de videos e imágenes pornográficas.

    Aquella tarde cuando comenzó todo, Ricardo estaba en su cuarto pajeándose como mono salvaje cuando fue interrumpido por unos golpes en la puerta. Era su tía Fernanda.

    -Ricardo, hijo, ¿estas ocupado? Necesito que me hagas un favor. -dijo a través de la puerta.

    -E-espérame un momento tía, enseguida salgo. -Respondió el chico sobresaltado.

    El joven ya estaba alcanzando el orgasmo y ante la inesperada intromisión se cubrió con rapidez con sus calzoncillos provocando que su leche se descargara dentro de ellos. Se tomó unos momentos tranquilizándose para bajar su erección y se puso solamente unos pantalones antes de abrirle la puerta a la mujer.

    -¿Qué se te ofrece tía? Estaba haciendo ejercicio. -preguntó buscando disimular su respiración aun agitada.

    -Fíjate que tu tía Marilu ha bajado a la tienda de doña Guillermina para cambiar unas verduras por productos pero me acabo de dar cuenta que también nos hace falta pan, ¿serias tan amable de bajar a decirle antes que regrese? -dijo la mujer.

    -Seguro, tía. No hay problema. Solo deja me cambio de ropa. -respondió Ricardo. Aunque le molestaba un poco el haber sido interrumpido siempre estaba dispuesto a ayudar a sus tías.

    Mientras buscaba una ropa limpia que ponerse, Fernanda lo observaba con detenimiento. El chico mantenía una buena figura gracias al ejercicio regular y dado que ahora se encontraba sudado por su anterior actividad le daban cierto aire de sensualidad que hizo que la madura comenzara a tener pensamientos nada propios para un familiar.

    -¿Disculpa tía, podrías salir para que me vista? -dijo el joven sacando a la mujer de su trance.

    -¿ehh?, oh, si, si. Disculpa, hijo. Ya me retiro. -respondió Fernanda siendo ahora ella la sobresaltada.

    La mujer se retiró con rapidez de la alcoba. Ricardo se quitó sus calzoncillos manchados de semen y luego de vestirse salió del departamento y bajo las escaleras rumbo a la tienda de abarrotes que se encontraba en la entrada del lugar.

    Una vez que se hubo marchado, Fernanda entro de nuevo en la habitación de su sobrino y tomo la ropa que el había descartado. Primero la camisa sudada, la tomo y la llevo hasta su nariz donde aspiro con fuerza alimentándose del olor a macho que tanto añoraba. Aprovechando su soledad se despojó de su vestido quedando completamente desnuda ya que no llevaba nada de ropa interior. Sus enormes senos fueron aprisionados con su mano libre mientras con la otra sostenía la prenda en su cara. La mujer continuo con su inapropiado juego y haciendo un lado la prenda se lanzó sobre el premio mayor, los calzoncillos llenos de semen.

    Con ansias se los llevó hasta su rostro y aspiro aun con más fuerza. El olor de semen fresco la hizo temblar y se acostó sobre la cama de su sobrino. Acto seguido abrió sus piernas y llevo su mano hasta su húmedo y palpitante coño.

    Sabiendo que no tenía mucho tiempo se introdujo tres dedos con rapidez en su peluda concha y comenzó a meterlos y sacarlos con ahínco mientras aspiraba el hedor de la descarga de Ricardo. Sabiendo que aún estaba reciente la mujer saco su lengua y probo aquel fruto prohibido haciéndola estremecer y provocando su anhelado orgasmo.

    Fernanda aún no estaba satisfecha y dejando de lado la prenda uso su otra mano para darse placer en sus grandes pechos. Los apretaba con una mano y pellizcado sus pezones mientras con la otra se centraba en su clítoris, frotándolo con pasión. Con los ojos cerrados se imaginaba el marcado cuerpo de su sobrino y su enorme polla erecta.

    Así es, Fernanda sabía muy bien que Ricardo se cargaba un buen miembro. De hecho el haberlo descubierto era lo que había causado que comenzará a realizar aquellos actos depravados.

    Todo inicio la semana pasada, debido a la cuarentena los tres habitantes de la casa pasaban más tiempo del acostumbrado ahí dentro, lo que provocaba ciertas situaciones con los servicios del lugar. Una de estas era el uso del baño, ya que en el departamento solo había uno para 3 personas quienes ahora estaban todo el día ahí así que era cuestión de tiempo para que 2 de ellos tuvieran que usarlo a la vez.

    Esa noche Ricardo se estaba bañando y aprovechando su tiempo a solas había empezado a masturbarse pensando en sus compañeras de escuela cuando Fernanda lo interrumpió pues necesitaba orinar.

    Ricardo le permitió pasar y mientras Fernanda descargaba su vejiga se fijó en la silueta que se dibujaba en la cortina del baño. Sus ojos se abrieron al ver la sombra del miembro de su sobrino y su calentura sobrepaso a su sentido común; con sumo cuidado se asomó por el costado de la cortina. Para su suerte Ricardo estaba lavándose el cabello con los ojos cerrado y no se dio cuenta que era espiado, esto le permitió a la madura poder apreciar en todo su esplendor la imponente polla del chico.

    Fernanda reacciono antes de ser descubierta y se marchó con rapidez. Más tarde esa noche se encontraba inquieta, con la imagen de la polla de su sobrino aun en su cabeza necesitaba masturbarse pero dado que compartía la habitación con su hermana no se animaba a hacerlo por temor a que la descubriera. Opto por hacerlo en la privacidad del baño, apenas hubo cerrado la puerta con seguro se despojó de su camisón y sentándose en el excusado comenzó a darse placer con la imagen fresca en su cabeza.

    Sabía que aquello estaba mal, eso ya no era un acto caritativo como el que según ella realizaba con el cura pero en esos momentos no podía importarle menos. Al abrir los ojos se dio cuenta del cesto de la ropa sucia. Se abalanzo sobre este hasta encontrar lo que buscaba en la forma de la ropa interior de su sobrino.

    Ahí comenzó su nuevo fetiche de masturbarse mientras el olor a semen inundaba su nariz. Gracias a que ella era la encargada de lavar la ropa era fácil darle rienda suelta a su nuevo pasatiempo. Pero usualmente el olor ya era muy débil para cuando ella podía poner sus manos en las prendas del chico.

    Por eso aquella tarde sabiendo lo que Ricardo hacía en su cuarto lo hizo salir con rapidez para poder disfrutar de una descarga más fresca.

    Mientras su tía cometía su acto inmoral, Ricardo ya había bajado hasta el patio de la vecindad. Aquella repentina interrupción no le había permitido disfrutar totalmente de su orgasmo y además aún se encontraba caliente pues su costumbre era descargar su leche unas 2 o 3 veces antes de quedarse satisfecho.

    Que tragedia era tener que volver a recurrir a las pajas como en su adolescencia justo cuando había estado tan cerca de follar por primera vez. Lo peor era que tampoco tenía la misma privacidad que en su casa al estar viviendo con sus tías.

    Ricardo llego hasta la tienda y entro en esta, para su sorpresa la encontró vacía, cosa que le pareció extraño. Supuestamente debía encontrarse ahí su tía Marilú además de doña Guillermina o alguno de los miembros de su familia que atendían el lugar.

    A lo mejor estaban en la parte trasera de la tienda, el chico se encamino hacia ahí y estaba a punto de gritar para hacer notar su presencia cuando el sonido de gemidos lo hizo detenerse.

    Supuso que se había confundido y permaneció en silencio esperando escuchar algo que confirmara su error. Para su sorpresa lo que escucho fue otro gemido un poco más fuerte seguido de varios más. Con suma cautela se dirigió hacia la fuente de esos gemidos y asomándose con cuidado vio algo que lo sorprendió demasiado.

    Ahí en la parte trasera de la tienda se encontraba doña Guillermina apoyada a la pared. Su blusa estaba levantada dejando a la vista sus enormes tetas, las cuales tenían unos pezones puntiagudos que se encontraban erectos a causa de su evidente excitación. Tenía los ojos cerrados mientras acariciaba la cabeza de su amante que se encontraba entre sus piernas. Era nada más y nada menos que María Luisa quien se encontraba atareada bebiendo los jugos que emanaban del coño de la madura, haciendo que esta gimiera con más fuerza.

    -Guarda silencio, Guille. Alguien podría entrar y escucharte. -le dijo Marilú despegándose un momento de aquella raja.

    -Perdón pero es que eres muy buena en esto. Además te dije que me dejaras cerrar la tienda antes de comenzar.  -respondió la mujer.

    -Lo siento pero es que traía unas ganas insoportables de probar tu coño. Tú eres mi único desahogo en este asilamiento ya que no puedo hacerlo en el mercado. -contesto la madura de rodillas antes de volver a su faena.

    -Lo sé, cariño. Yo también extraño, mmmm, la acción del mercado, uffff, siii, mmm que rico. -gemía doña Guille.

    -Al menos tú tienes a tu marido en casa. Yo llevo semanas sin poder probar una polla. Los pepinos son grandes y duros pero no se comparan al placer de recibir una buena descarga de leche. -contesto Marilu asomándose de entre las piernas de su amiga.

    -Bah, nos hemos peleado poco antes que comenzara todo esto del asilamiento y no hemos follado desde entonces. El muy testarudo aun no me pide perdón y yo tampoco pienso ceder. Así que como ves yo también estoy necesitada de verga. -dijo Guille

    -Pues tendrás que conformarte con este calabacín. -contesto Marilu y luego de ponerse de pie procedió a sacar un ejemplar de dicha verdura de su bolsa del mercado.

    El calabacín era bastante grande y grueso y a Guille se le humedeció el coño de solo verlo. La mujer se despojó de su falda y bragas y con sus dedos separo los labios de su peludo coño invitando a su amiga a penetrarlo con aquel sustituto del falo masculino.

    -Vamos cabrona, ¿Qué esperas? Si no vas a chupar lo menos que puedes hacer es follarme con ese monstruo.- dijo la mujer ansiosa.

    -Eres una guarra. Si lo quieres aquí lo tienes.- respondió Marilu y procedió a hacer desaparecer el calabacín dentro de su amiga, haciendo que esta gimiera con fuerza. Para acallar sus gemidos, Marilu unió sus labios con los de Guille y las dos mujeres se besaban con lujuria mientras la verdura entraba y salía del coño de una de ellas.

    Ante toda esta acción, Ricardo estaba incrédulo. Jamás se le ocurrió que su tía o doña Guille fueran tremendo par de putas. Sus instintos le decía que saliera de ahí y fingiría no haber visto nada pero la acción era demasiado caliente para dejar de verla.

    El chico nunca había visto a su tía con lujuria pero la verdad es que con lo poco que había visto de su cuerpo desnudo, ella no estaba tan mal. En cuanto a su compañera, aunque era un poco más gordita que su tía, sus grandes senos se veían apetitosos especialmente para el chico que se volvía loco con las tetas grandes.

    Incapaz de seguir impávido ante tan fogoso espectáculo, Ricardo se sacó la polla que llevaba un buen rato erecta y comenzó a masturbarse mientras veía como el coño de doña Guille devoraba el calabacín.

    Las maduras seguían con su ardiente morreo hasta que un gemido ahogado de parte de doña Guille anuncio que había alcanzado el clímax. Marilu saco el calabacín del coño de su amiga y se lo llevo a la boca para probar los jugos de esta. Luego de lamerlo un poco se lo convido a la madura quien sin miramientos probó sus propios jugos embarrados en la verdura.

    -Muy bien ahora te toca a ti zorra. -dijo Guille haciendo que su vecina se colocara empinada sobre una mesa cercana lista para recibir aquel dildo de la naturaleza.

    Ricardo aún no se había corrido y estaba deseoso de ver a su tía ser penetrada pero por la posición que se encontraba no tenía una buena vista. Al moverse para observar mejor golpeo una lata y al caer esta al suelo le revelo su presencia a las calientes maduras.

    Marilu y Guillermina se sobresaltaron con el ruido y voltearon con rapidez.

    -¿¡Ricardo?! ¡¿Qué haces aquí?!- exclamo sumamente alterada Marilu.

    El chico trato de balbucear una respuesta pero no pudo articular palabra permaneciendo ahí con la polla expuesta.

    Doña Guille también se había sorprendido pero lo que más llamo su atención fue el enorme pedazo de carne que estaba frente a ella, el cual se veía igual de grande que el calabacín. Guille era más atrevida que su vecina y sin nada que perder camino hacia el confundido chico.

    -Pero mira nada más que buen pedazo de verga. Y tu quejándote de no tener una cerca y había una enorme en tu propia casa. -dijo la madura acariciando la verga del chico y haciéndolo estremecer.

    -No digas pendejadas, Guille. Es mi sobrino del que estás hablando. -respondió Marilu mientras se vestía con rapidez para salir de ahí.

    -Pues parece que él estaba disfrutando mucho espiándonos y apuesto a que disfrutara más el unirse a nosotras. -dijo Guille mientras su mano rodeaba el tronco del chico maravillándose de su grosor.

    -¿Pero tú estás loca mujer? Ricardo vámonos de aquí. Ya hablaremos en la casa. -respondió Marilu y se encamino hacia la puerta.

    -Estoy loca pero por una dura tranca como esta. Además el no parece tener ganas de marcharse. Ya es un adulto que puede tomar sus propias decisiones. Si tú no aprovecharas su verga entonces déjamela a mi que yo no la desperdiciare. -contesto Guille mientras comenzaba a ponerse de rodillas.

    Ricardo estaba en silencio incapaz de moverse. Por un lado estaba su tía mirándolo con desesperación e indicándole que debían salir de ahí, por el otro estaba doña Guillermina de rodillas frente a él y mirando su polla con deleite.

    El chico permaneció quieto en silencio y como quien calla otorga, doña Guillermina procedió a engullir su verga con gozo.

    El muchacho se estremeció de placer al sentir los cálidos labios de la madura devorando su miembro y por el rabillo del ojo vio cómo su tía se marchaba a prisa. Momentos después escucharon caer la cortina de metal de la entrada, indicando que Marilu la había cerrado seguramente para evitar que los descubrieran y se armara un escándalo en la vecindad.

    Ricardo sabría que estaba en serios problemas, no estaba seguro si su tía le diría a sus padres pero era evidente que ya no podría seguir viviendo con ellas.

    Pero luego se preocuparía por eso, por ahora se concentró en disfrutar la rica mamada que la madura le estaba dando. Doña Guille chupaba su verga como una profesional. Se notaba la experiencia de la madura en esos menesteres pues sin problema alguno pudo metérsela por completo, haciéndola desaparecer en el interior de su boca.

    Ricardo estaba experimentando algo totalmente nuevo para él, si no hubiera sido porque había expulsado su semen minutos antes seguramente ya hubiera llenado la boca de doña Guillermina con su leche.

    El chico estaba extasiado mientras la madura se deleitaba con su pollon. Guille hacia tan buen trabajo que podía sentir como un nuevo orgasmo comenzaba a acercarse. La mujer parece que había intuido aquello y detuvo su servicio oral.

    -Aunque me gustaría recibir tu rica leche en la boca, tengo un mejor lugar para ello. -dijo mientras se ponía de pie y se empinaba sobre una mesa cercana.

    -Vamos, papito. Métemela toda sin piedad. -le indico al chico mientras meneaba sus caderas.

    Ricardo se dirigió hacia la mujer. Su enorme trasero se meneaba ansioso de recibir el falo de carne que tanto necesitaba, el joven se dio cuenta que sus jugos seguían emanando de su raja, la cual palpitaba de ansiedad. Obviamente no era una súper modelo como con las que acostumbraba fantasear pero para un joven calenturiento como el cualquier coño es mejor que seguir matándose a pajazos.

    El chico se disponía a ensartar su verga en aquel peludo y maduro coño cuando una voz lo detuvo.

    -¡No tan rápido, zorra! Si alguien va a disfrutar de esa verga soy yo. -dijo su tía Marilu.

    Para sorpresa de ambos, la mujer se había desnudado por completo, dejando ver su madura figura en todo su esplendor. Marilu se mantenía delgada gracias al trabajo de acarrear cosas en el mercado y al ejercicio regular que realizaba. Sus senos eran de talla mediana y tenían unos pezones que en esos momentos estaban erectos como un par de arándanos. Llevaba su coño rasurado porque así les gustaba más a sus compañeros locatarios. Ricardo ahora si tenía una buena vista de lo que su tía escondía bajo sus ropas y tuvo que admitir que su tía se veía bastante más apetecible que la amiga de clases que había dejado atrás. La polla del chico endureció aún más al ver que su familiar se acercaba hacia él.

    -Pensé que te habías marchado. -dijo Guillermina levantándose de la mesa.

    -Esa era mi intención, pero la verdad es que tienes razón. Aquí tengo un buen pedazo de verga y sería una tonta en no aprovecharlo. Únicamente cerré la cortina para evitar más interrupciones. -contesto la mujer mientras con lentitud comenzaba a acariciar la polla de su sobrino la cual sintió palpitar. No estaba segura si el chico tendría reparos en follarse a un familiar.

    Marilu se dirigió hacia la mesa y se montó sobre de ella, abriendo sus piernas para mostrar su ardiente coño, el cual necesitaba una buena verga dentro de él lo antes posible.

    -¿Qué dices sobrino? ¿Tienes algún problema con darle a tu querida tía una probada de tu enorme miembro? -pregunto la mujer esperanzada que la respuesta fuera placentera.

    Ricardo estaba aún anonadado y por su cabeza pasaban todo tipo de razones por lo que aquello estaba mal. Pero en esos momentos no estaba pensando con la cabeza correcta y sin dudarlo se encaminó hacia donde su tía lo esperaba.

    Marilu sonrió complacida y cuando su sobrino llego frente a ella, tomo nuevamente su verga con su mano y la guio hacia la entrada de su raja.

    El chico instintivamente comenzó a meter su polla dentro de esa chocha madura, deleitándose mientras cada centímetro de esta iba desapareciendo poco a poco. Aquello era lo más fantástico que había experimentado nunca, la mamada que había recibido minutos antes no se podía comparar a la sensación de las paredes vaginales devorando su miembro. Marilú se estremecía al sentir como aquel pedazo de carne la penetraba. Una vez que la hubo penetrado por completo, Ricardo permaneció inmóvil disfrutando la sensación del primer coño de su vida.

    -Mmmmm ¿Ya habías hecho esto antes? -pregunto la madura mirando al chico a los ojos.

    -No, tía. -respondió Ricardo apenado.

    -Oh. Espero que no te moleste haber perdido tu virginidad con una vieja como yo. -contesto la mujer avergonzada de que en su lujuria le hubiera arrebatado algo a su sobrino que él hubiera preferido perder con alguna joven de su edad.

    -No, tía. La verdad es que usted es muy guapa y no me molesta en absoluto. -dijo el chico.

    -En ese caso, deja que tu tía haga de tu primera vez algo memorable. Imagino que sabes que hacer a continuación, ¿verdad? -pregunto Marilu.

    Ricardo no respondió, habiendo pasado bastante tiempo viendo videos porno sabía bien que hacer. Comenzó a mover sus caderas de atrás hacia adelante, sacando y metiendo su miembro del coño de su tía, lo hacía de manera lenta y poco a poco aumento la velocidad.

    -Mmmm, si así, muy bien. Ufff, continúa así, lo estás haciendo bien, cariño. -gemía Marilu mientras el placer invadía su cuerpo.

    La madura se encontraba recostada sobre la mesa mientras recibía los embates de su sobrino quien iba encontrando su ritmo. Marilu se aferraba a la mesa que se tambaleaba con las embestidas del joven. La mujer estaba extasiada al poder disfrutar nuevamente los placeres de una buena follada. Para ser su primera vez el chico tenía talento, además que su polla era de buen tamaño, anudado a su juventud y condición física estaban haciendo que Marilu sintiera placer como nunca antes, pero sin duda lo que hacía aquello algo inigualable era lo morboso de la situación al ser su propio sobrino quien la follaba con ganas.

    -sigue, mi cielo, ufff, no pares, dame mas, mmmm, con fuerza, métemela toda. Vamos, con ganas, así mi vida. Ahhh. -gemía la madura descontrolada.

    Ricardo estaba extasiado y en un momento de placer se inclinó hacia adelante y sorprendiendo a su tía le planto un ardiente beso en los labios. Marilu se asombró ante la acción del chico pero una vez recuperada le devolvió el cariño y aumentando la acción metió su lengua dentro de su boca hasta encontrar la del chico.

    Mientras tía y sobrino se morreaban con lujuria, la olvidada doña Guille estaba sentada en una silla masturbándose ante aquel erótico espectáculo. Usando el calabacín como consolador, la mujer se daba placer mientras la incestuosa escena se desarrollaba frente a sus ojos. Tenía que admitir que aquello era por demás candente.

    Marilu rodeo con sus brazos el cuello de su sobrino, aferrándose a él mientras continuaban con su apasionado beso. Esto le dio una idea al chico y recordó algo que había visto en películas pornográficas.

    -¿Me dejas intentar algo, tía? -pregunto Ricardo separándose de los ardientes labios de su familiar.

    -Claro que sí, mi vida. ¿Qué es? -pregunto la mujer con curiosidad.

    -Tu solo agárrate con fuerza. -respondió sonriendo y tomando a la mujer por los muslos la acerco hasta que estuvo lo más pegada a él y sin previo aviso la levanto por los aires haciendo que su tía exclamara de sorpresa.

    Marilu se aferró con fuerza a su sobrino quien la sujeto firmemente, todo esto sin sacarle la polla del coño y siguió penetrándola ante el asombro de la mujer.

    La madura nunca había experimentado esa posición y debía admitir que era algo excitante.

    Doña Guille se maravilló ante aquella acción y se excito aún más. El calabacín ya no era suficiente y buscando entre la bolsa del mercado saco una zanahoria. Fue entonces que una picara idea cruzo por su mente.

    Mientras la pareja seguía ejecutando su acto se acercó hasta quedar detrás de su amiga y arrodillándose comenzó a comerle el culo a la mujer.

    Marilu nuevamente se sorprendió al sentir la lengua de Guille en su ano pero no dijo nada al respecto, limitándose a disfrutar del placer que aumentaba a cada momento. Guille aprovechaba para lamer no solo el trasero de la madura sino también se dedicaba a los huevos del chico que colgaban bastante cerca y se estrellaban contra el trasero de su tía con cada embestida.

    Una vez que se aseguró que el ano de Marilu estuvo bien mojado, Guille tomo la zanahoria y sin avisar la introdujo dentro del culo de la mujer. Esta solo pudo emitir un sonoro gemido al sentir al intruso en su entrada posterior. No era la primera vez que recibía algo por aquel agujero pero sin duda nunca espero que eso sucediera en aquel momento.

    -Ayyy, que cabrona eres Guille. -dijo la mujer

    -Como si no estuvieras acostumbrada a que te metan cosas por ahí, zorra. -respondió la madura.

    -Tu tía es bien guarra, Ricardito. Vas a tener mucho trabajo en casa para dejarla satisfecha. -continuo la mujer mientras empezaba a sacar y meter el vegetal del ano de su amiga.

    -Eso no me importa. Si ella quiere puedo follarla todos los días.- respondió el chico mientras seguía con las embestidas.

    -¿Lo dices en serio, mi cielo? ¿Le darás de tu gorda polla a esta vieja zorra todos los días? ¿Me follaras también por el culo como la puta que soy? -pregunto la mujer

    -Claro que si tía. Cuando quieras y donde quieras. Te follare siempre que pueda.-respondió el chico y nuevamente se fundió un apasionado beso con su familiar.

    -¡Oigan! ¡¿Y yo estoy pintada o qué?! -pregunto Guillermina desde abajo, molesta por ser excluida.

    -Para usted también tengo, doña Guille. Solo deje que vacié mi leche dentro de mi tía y la siguiente descarga será para usted. -contestó el joven.

    -Mmmm, más te vale. -dijo la mujer y continuo con su estimulación al culo de Marilu.

    Ricardo aumento sus embestidas mientras sostenía con fuerza a su tía entre sus brazos. Esta estaba loca de placer con la verga de su sobrino y la zanahoria en su culo llenando sus agujeros. La madura alcanzo el tan esperado orgasmo y soltando un alarido se corrió con fuerza. Sus jugos bañaron la polla del chico quien aun seguía bombeando dentro de su raja, haciendo que su corrida comenzará a chorrear por el suelo del lugar. La mujer seguía aferrada a su sobrino quien aun no paraba de embestirla como un taladro. El chico tenía bastante stamina y Marilu comenzó a sentir como un segundo orgasmo llegaba, más potente que el anterior. Otra vez gimió con fuerza al descargar sus jugos pero esta vez, Ricardo no tardó en unirse a su tía y gruñendo descargo su semen dentro de su coño.

    Ricardo permaneció de pie jadeando, buscando recuperar el aliento pero sin dejar de sujetar a su tía con fuerza. Caminando un poco con cuidado llego hasta la mesa y la deposito suavemente mientras su aun erecta polla salía de la raja de Marilu haciendo que la leche del chico y los jugos de esta salieran como un caudal. Doña Guille quien aún está de rodillas se dirigió hacia la chocha de su amiga y pego sus labios a está buscando no dejar escapar ni una sola gota de lo que emanaba de ahí. El néctar prohibido sabio como ambrosia de dioses para la caliente madura.

    Una vez que hubo bebido suficiente se despegó del coño y volteando hacia la polla de Ricardo se llevó la sorpresa que aún seguía erecta.

    -Joder, Marilu, pero mira nada más esto. Luego de la tremenda cogida que te ha pegado este chico aún tiene ganas de más. Ya quisiera que mi marido fuera así. Menuda suerte tienes, cabrona. La próxima vez que te vea estarás en silla de ruedas, jajaja. -se rio la madura mientras se ponía de pie.

    Marilu se fijó que efectivamente la verga de Ricardo seguía aun parada. La mujer se estremeció de solo imaginar que tendría a su disposición a aquel pedazo de carne en su casa.

    -Eso espero, Guille. Si por mi fuera la tendría metida todo el día pero con mi hermana en casa. Tendremos que buscar la forma de follar sin que tu tía Fernanda se entere, cariño. Por ahora será mejor que le des buen uso con doña Guillermina. -dijo Marilu dirigiéndose a su sobrino.

    -Ufff, venga Ricardito. Que desde hace rato tengo ganas de catar tu verga dentro de mi coño. Adelante, macho. No te cortes y métemela sin piedad como un torero da una estocada. -dijo la madura española empinándose nuevamente sobre la mesa.

    -aún tengo bastante energía para complacerlas a las dos, par de zorras. Me asegurare de dejarlas bien llenas de verga todos los días mientras estemos aquí encerrados. -contesto Ricardo ya entrado en confianza.

    El chico se acercó hasta la madura y cumpliendo con su petición le introdujo su verga hasta el fondo de una sola embestida. La mujer chillo como una puerca al sentir el fierro de carne tocar hasta lo más profundo de su ser. Sus manos se aferraron con fuerza a los lados de la mesa para poder soportar los embates que estaban por venir.

    Sin perder un instante Ricardo comenzó a penetrar a la madura. Su enorme culo se agitaba cada vez que sus caderas chocaban con él. Sus enormes tetas colgaban como un par de ubres bamboleándose al compás del mete y saca.

    El chico llevo sus manos hacia esos enormes globos de carne y desde atrás comenzó a apretarlos con fuerza. Guillermina gemía con gozo mientras esa polla joven entraba y salía de su raja.

    -Así, papito, así. Ufff, masss, fóllame con ganas, métemela toda, hasta el fondo, ahhh, sigue, sigue. Más, más. Apriétame las tetas, me vuelve loca que hagan eso. -decía la madura con deleite

    Siempre dispuesto a complacer Ricardo apretó con más fuerza aquellas gigantes tetas y sin descuidar sus embestidas.

    Marilu era ahora la espectadora usando un pepino dentro de su coño que aun pedía más. Que suerte había tenido que aquellos eventos hubieran sucedido aquel día. Ahora sabía que tenía una buena verga en casa para ella y por dios que se aseguraría de exprimirle hasta la última gota de leche. Solo le preocupaba su hermana Fernanda. En otra ocasión aprovecharían sus viajes a la iglesia para follar pero con la cuarentena tendrían que idear una manera de hacerlo sin ser descubiertos. Sin darse cuenta una idea inmoral comenzó a formarse en su mente, si ya había cruzado una línea bien podría seguir adelante y cruzar una más. Solo que tendría que planearlo muy bien.

    Doña Guille seguía disfrutando de los embates de Ricardo pero la madura quería más.

    -Ay, ay, que rico Ricardito, pero hazme un favor mi cielo, métemela por el culo, quiero sentir tu gorda polla por ahí. Si tu tía fue tu primer coño, yo quiero ser tu primer culo. -dijo la madura suplicante.

    -Claro que sí, doña Guille. Usted manda. -respondió el chico emocionado por poder probar el sexo anal tan rápido.

    Marilu salió de sus pensamientos y se levantó de su asiento para poder ayudar a su sobrino a follar a su amiga por el culo.

    -Espera Ricardo, primero hay que lubricarlo bien, que lo que tú te cargas es mucho más grande que una zanahoria. Permíteme.-dijo la madura y tal y como Guillermina había hecho con ella se dedicó a lamer la entrada posterior para dejarla lista.

    Ricardo permaneció de pie acariciándose la polla mientras veía como su tía comía el culo de su vecina. Aquel día había sido algo de locos, de verdad que su tía era una guarra. Se preguntaba que tanto mas estaría dispuesta a hacer con él. El chico tenía varias cosas en mente para ella.

    Marilu metía su lengua en el ano de su amiga, lamiendo sus alrededores hasta que estuviera bien ensalivado.

    Luego se dirigió hacia su sobrino y se metió su polla en la boca para dejarla bien lubricada aunque eso no era necesario pues la verga de Ricardo estaba bañada con los jugos de Guille y también con los de su tía. Marilu sabía bien eso y su verdadera intención era probar esa mezcolanza de corridas que le supo a gloria.

    -Ahora sí. Listo para que te folles a esta puerca por el culo. Métesela con ganas, cielo, para que chille como lo que es. -dijo Marilu y le dio una sonora nalgada al gran culo de su amiga, cosa que la hizo estremecer.

    El joven obedeció y dirigió su verga hasta el agujero posterior de la madura. Con cuidado empezó a introducirlo y descubrió que era más apretado que el par de coños que había follado antes. Temeroso de lastimar a doña Guille fue metiéndola lentamente abriéndose paso poco a poco. Guille agradeció el gesto pero la verdad es que su ano estaba más que acostumbrado a recibir todo tipo de intrusos ya que ella era fanática del sexo anal.

    Sorprendiendo al chico ella fue quien metió reversa y se incrusto sola en aquel fierro de carne palpitante.

    -No te preocupes, cariño. Esta vieja guarra no se corta por una buena follada anal. Así que adelante, macho. Dame todo lo que tengas. -dijo Guille aferrándose nuevamente a la mesa.

    Quien diría que aquellas mujeres maduras terminarían siendo semejantes putas, pensó Ricardo. Oh bueno, mucho mejor para él. Una vez más inicio su placentera labor y comenzó a bombear el culo de la mujer. Guille estaba extasiada con la grandiosa polla del chico. Era injusto que Marilu la tuviera solo para ella. Al menos durante la cuarentena los convencería de usar su tienda para sus encuentros y así poder ser parte ella de los mismos.

    Un sonoro golpe la saco de sus pensamientos, Marilu le había propinado una buena nalgada en sus amplias posaderas, el ruido había rebotado en el cuarto cerrado haciendo eco en el lugar.

    -Ándale, Ricardo. Dale con ganas que eso le gusta. -dijo la tía del chico

    -Joder contigo, Marilu. Si serás cabrona. Pero tiene razón, cielo, me encanta que me den nalgadas mientras me follan el culo. Ándale, pégame una buena con fuerza. -respondió la mujer.

    El chico no dejaba de sorprenderse de este par de viejas zorronas. Sin dejar de follarla levanto una mano y con todas sus fuerzas le asesto una nalgada a la madura. El golpe retumbo nuevamente y la marca de su mano se quedó unos instantes plasmada en el amplio trasero de la española.

    -Ahhhggg, que gusto. Síguele, Ricardito, dame con fuerza. Ufff, y no pares de meterla. Ay, ay, AY, que gozo .-decía la mujer recibiendo los azotes del muchacho

    Plaf. plaf. plaf. Una nalgada tras otra sobre el cada vez más rojo trasero de la española. Marilu se estaba masturbando mientras observaba como su sobrino sometía a la mujer. De pronto tuvo una idea, se dirigió hacia el frente y se subió a la mesa de donde se aferraba su amiga.

    -Ahora si cabrona. Es tu turno de darme una buena comida de coño. -dijo mientras abría su raja frente a Guillermina.

    Esta no dudo ni un instante y hundió su rostro entre las piernas de su vecina. Aún quedaban restos de la corrida y Guille los saboreo nuevamente con deleite.

    Ricardo seguía embistiendo con fuerza a la madura, ella ahogaba sus gemidos en el coño de Marilu lo que le provocaba un inmenso placer a esta. Mientras a nalgueándola, el chico veía como su tía gemía y se daba más placer jugando con sus pechos.

    El olor a sexo inundaba aquel cuarto y los gemidos eran lo único que se oía en el lugar. El orgasmo estaba cada vez más cerca para los participantes de aquel trio. La primera en correrse fue Guille quien lanzo un poderoso alarido el cual hizo eco en el coño de Marilu haciendo que esta también alcanzara el clímax. Ricardo estaba a punto de venirse pero en lugar de llenar el culo de la madura con su corrida tuvo una mejor idea.

    -Doña Guillermina, ¿me permite intentar algo? -pregunto el chico disminuyendo sus embates contra la cansada madura.

    -Seguro, querido. ¿Qué es? -pregunto exhausta separándose del coño de la otra mujer.

    -Quiero meter mi verga entre sus tetas y correrme en ellas. -dijo el chico.

    -Vaya que eres un picaron. Adelante, cielo. -contesto Guille y nuevamente se puso de rodillas frente al muchacho.

    El chico se acercó hasta ella y coloco su polla entre aquel par de globos de carne; la mujer obediente uso sus manos para aprisionar al intruso y comenzó a frotar de arriba hacia abajo sin dejar escapar esa exquisita polla.

    Ricardo no tardo mucho y dando un gemido soltó toda su leche disparándola sobre la cara de la española. Su tía se apresuró a ponerse de rodillas junto a Guille y pudo recibir un par de lechazos en su rostro también.

    El chico se alejó totalmente agotado y se sentó en la silla cercana. El par de maduras se dedicaron a besarse lamiendo los restos de leche del rostro de la otra y compartiendo lo que podían recolectar.

    Finalmente también se sentaron en el piso por fin satisfechas, por ahora.

    -Bueno cariño, será mejor que regresemos a la casa. Tu tía Fernanda debe estar preguntándose porque hemos tardado tanto. Además tengo que preparar la cena. -dijo Marilu poniéndose de pie.

    -¿Qué dices si esta noche hago ensalada con aderezo especial? -pregunto la mujer tomando las verduras que habían usado para darse placer.

    -Seguro tía, siempre y cuando pueda probar ese aderezo después. -dijo el chico abrazando a su tía.

    -Solo si tú también me das leche antes de dormir. -contesto la mujer para luego besar al chico.

    -Toda la que quieras, tía. -dijo el chico luego del beso.

    -Oigan par de guarros, será mejor que me ayuden a limpiar todo este desorden antes que alguien venga. -dijo doña Guille comenzado a recoger y levantar el tiradero.

    Era raro que nadie se hubiera asomado en todo el tiempo que había estado cerrada la tienda considerando que todos estaban en la vecindad.

    Lo que ninguno de ellos sabia era que todos los vecinos tenían muy buenas razones para ello…

    CONTINUARÁ…

  • Sexo con la señora de 68 años

    Sexo con la señora de 68 años

    La señora Luisa era una señora que, pese a sus 68 años, aún conservaba la figura que alguna vez seguramente fue la envidia de muchas mujeres y el delirio de bastantes hombres de antaño.

    Ella era bajita, de pelo gris, y muy guapa a pesar de sus muchas arrugas y sobre todo con un cuerpo admirable, como ya dije, aún con los años que tenía encima.

    Era dueña de un trasero bastante aceptable con unas nalgas gordas y unas tetazas de infarto, algo caídas por los años; pero de un tamaño increíblemente grandes.

    Como todos los días, ella salía bien temprano a pasear a sus perritos por toda la cuadra y por las noches los sacaba a que hagan sus necesidades, el resto de horas del día no se le veía, por lo que para muchos vecinos (incluido yo) pasaba desapercibida.

    Un día llegó a casa después del almuerzo y se puso a conversar con mi mamá en la cocina mientras lavaba el servicio del almuerzo, yo entré por un vaso de agua, las saludé y salí apurado, pues iban a transmitir el partido de fútbol de mi selección, no sin antes percatarme que hablaban de mí.

    Terminado el partido, fui a ver a mi mamá para preguntarle que había conversado de mí con doña Luisa y me dijo que le comentó que se sentía ya muy vieja como para hacer ciertas cosas de su casa, como por ejemplo regar el jardín, reparar la reja, sacar a los perros y que mi querida madre había aceptado gustosa que fuera yo el que me encargara de esos menesteres… por supuesto yo pegué el grito en el cielo y me enojé mucho con ella.

    L: ¡Pero madre, debiste preguntarme primero!

    -Vamos, ¡no creo que sea tan malo ayudar a esa mujer!

    Después de mucho conversarlo y convencerme, acepté de mala gana, además la viejita me iba a pagar muy bien y pues no perdía nada ya que en ese tiempo yo estaba de vacaciones de la universidad, para ese entonces yo contaba con solo 18 añitos.

    Fui a casa de la señora Luisa el día convenido, toqué la puerta y salió ella y me dijo que pasara al patio trasero, que allá había una cerca que le faltaba unos cuantos clavitos (26 para ser más exacto) y que pintara la pared frente al cerco… le dije que gustoso lo haría; pero antes debería cambiarme el polo porque seguramente iba a sudar y a mancharme con la pintura, así que me dirigí al cuarto de empleados a cambiarme.

    La señora me siguió para indicarme el camino (cosa que yo ya sabía) y noté como se ruborizó al ver mi torso desnudo. Sin hacerle mucho caso, seguí cambiándome y cogí el martillo y los clavos.

    Pasé media mañana clavando la cerca y ya entrado el medio día, le dije a doña Luisa que iba a ir a almorzar a casa y que vendría luego a terminar el trabajo.

    Ella aceptó y me dirigí al baño a asearme, notando como ella me siguió disimuladamente, repetí la acción de desnudarme y noté por el espejo del baño cómo Luisa se relamía de una manera que me excitó muchísimo.

    Fui a almorzar a casa y luego de descansar un poco, regresé a mi trabajo.

    Ya casi para terminar, doña Luisa me dijo que, si deseaba, me sirviera un poco de limonada que había dejado en la mesa de la cocina, mientras ella se daba un duchazo, ya que la tarde estaba muy calurosa, me dirigí a la cocina por un buen vaso de limonada, pero decidí antes subir por una brocha más pequeña para pintar el zócalo. Al pasar por el baño, ¡noté que estaba semi abierto y quedé pasmado al ver a la señora Luisa desnuda tocándose y repitiendo mi nombre!

    «así Luisito, hazme tuya… hazme sentir tu gran verga por mi conchita vieja… cómete a esta vieja calentona… soy toda tuya… ahhh… mmhhhh… si, si, si!… eso es!”.

    ¡No podía creerlo! Quedé excitadísimo al ver semejante espectáculo y con una fuerte erección que hacía que me doliera el pene! lentamente lo fui sacando y empecé a hacerme una paja espectacular, apoyándome un poco en la pared para ver más de cerca.

    Estaba masturbándome fuerte y de lo lindo; pero con tan mala suerte que, en un movimiento brusco, resbalé y caí dentro del baño con la pinga en la mano apuntando a la señora Luisa.

    Ella al verme, pegó un grito y se puso muy nerviosa, no sabiendo si taparse las enormes tetas o su concha repleta de pelos.

    Yo no sabiendo que hacer ni que decir, sólo atiné a decirle apelando a mi chispa e improvisación juvenil.

    L: ¡Esto es un asalto, jajá!

    LSA: ¿Estabas escuchando todo lo que dije? ¿Me estabas espiando? por favor perdóname… espera que me cambio y lo conversaremos ¡qué vergüenza!

    Yo todo excitado le dije que no se preocupara y que se calme, que la entendía, que comprendía que se sintiera así ya que había enviudado hace ya más de 13 años y que era lógico que necesitara estar con hombre.

    Le propuse que, si ella así lo deseaba, yo podría satisfacer sus necesidades de hembra y yo a la vez, sacarme esa excitación que ella me había formado.

    Increíblemente, ella aceptó e inmediatamente me llevó a su cuarto, ahí, le saqué de un tirón la toalla y admiré más de cerca aquel cuerpo lleno de arrugas y de carnes gordas y flácidas por el pasar de los años, la acosté en la cama y sin más preámbulos, me desnudé, dejando a la vista mi enorme pinga.

    Me acerqué a ella y lentamente fui poniendo mi verga cerca de su boca, invitándola en silencio a que me haga una deliciosa mamada.

    Ella sin hablar y sin dejar de mirarme a los ojos, engulló mi verga, dándole una mamada digna de una campeona en mamadas, pese (según me comentó luego) que era la primera vez que se comía una verga, ya que su marido siempre fue medio cucufato para esas cosas.

    L: ¡Ah, señora, uhm!!

    LSA: Que dura, uhm, ¡con que así es tener una verga en la boca!

    Mientras ella me hacía la mamada, yo jugaba a meterle mi dedo dentro de esa concha acogedora, llena de vellos plateados y pellizcarle con la otra mano sus pezones marrones.

    Doña Luis estaba toda extasiada, estaba claro que tal vez nunca la habían hecho sentir eso, o por la edad lo sentía al doble, ya que 68 años y aun mantenerse así, era de record güines, en eso, ella me dijo;

    LSA: ¡Cómeme la concha papi, lámeme, méteme la lengua al chocho! hazme llegar, ¡soy tu putita! tu puta vieja, ¡cómete a esta vieja! ¡Ohm, si, así, ah!!!

    No lo podía creer, la señora estaba extasiada, en un momento por mi cabeza no cabía más que agradecerle a mi madre, por ofrecerme a ayudarla, ya que el premio era buenísimo.

    LSA: ¡Que rica verga! te gusta que te la chupe? ¡Me vas a matar de placer!! Métemela ya!

    Yo, sintiendo que mi leche se me iba a salir disparada, me senté en la cama y le ordené que se sentara encima de mí… ella muy obediente así lo hizo, lo que yo aproveché para meterme en la boca una de sus tetazas, mientras ella se acomodaba mi verga dentro de su vieja vagina.

    Ella empezó a cabalgarme ferozmente como si nunca hubiera sentido una verga en su vida se movía fantástico, yo me deleitaba con sus grandes nalgas, aguadas, pero grandes y mordía sus tetas con fiereza.

    Dios mío, ¡me estaba cogiendo a una mujer aún más grande que mi abuela. La señora Luisa me tenía disfrutando riquísimo y ella también gozaba y no se cohibía en decirlo y gritarlo:

    LSA: ¡Ah, bebe, que rico, uhm!

    L: ¡Señora, uhm, que rico se mueve!

    LSA: ¡Ah, bebe, más!! ¡Que dura, agh!

    L: ¡Que puta es, agh!!!!

    Doña Luisa se corrió en un espasmo y sentí como que se me desmayaba, pero no dejé de bombearla, yo seguía en el feroz mete y saca mientras seguía engulléndome sus tetazas enormes, a lo que ella respondía con un movimiento circular de caderas, se vino a chorros, yo todo empapado disfrutaba ver su cara haciendo muecas de placer.

    Luego le hice la pose del perrito y me encantaba ver por el espejo como se bamboleaban esas tetas y su cara de excitación plena.

    L: ¡Ah!! sí que rico, ah!

    LSA: ¡Ah, mi amor, más, dame más!

    L: ¡Es insaciable señora Luisa!

    L: ¡Agh, si me encanta tu verga!

    Sintiendo que ya se me venía el torrente de leche, le dije que quería correrme en sus tetas, se volteó y metí mi verga dentro de esas tetas, que, para serles sincero, a pesar de que tengo el pene grande, se perdía dentro ya que la vieja mide de brasear 42B.

    L: ¡Que rico, ah, ah!!

    LSA: ¡Eso mi amor, gime, uhm!!

    L: ¡Señora Luisa, uf!!

    LSA: ¡Sácala, saca tu leche, uhm!!

    Le di unas sacudidas y arremetidas más a esas tetotas a la par que ella cada vez que subía, aprovechaba para meterse mi verga a la boca hasta que sentí que ya era hora de venirme.

    L: ¡Ah, me vengo!

    LSA: ¡Si, que rico, uhm!!

    Quedamos rendidos y tirados en la cama, ella aun con los ojos en blanco y orgasmeada, me repetía que le gustaría fuéramos amantes, a lo que yo acepte, quería darle placer en su vida, el tiempo que se pudiera, le propuse metérsela por el culo; a lo que ella me dijo que nunca se lo habían hecho por ahí, que tuviera paciencia, que aún quedaba mucho trabajo por hacer en su casa y en su cama.

    Nos vestimos y me despedí para regresar al siguiente día a terminar “mi trabajo”.

    Durante unos meses me cogí a esa tremenda madura, anal, oral y vaginal, algunos vecinos se dieron cuenta, pero eso no nos detuvo, finalmente la señora Luisa se mudó a casa de sus nietos, a sus 74 años, se veía mejor que nuca y nos despedimos con un maratón sexual, eso fue hace 17 años, lo más probable es que ya esté en el cielo, pero nunca olvidaré ¡los ricos palos que teníamos!

  • La fantasía de una hija

    La fantasía de una hija

    Laura me había pedido que arreglara su computadora portátil que había estado sufriendo algún tipo problema con un malware.  No es que ella hubiera usado esas palabras específicamente. Si bien era una chica muy inteligente y estudiante de una de las mejores universidades, simplemente no le interesaban las computadoras siempre que funcionaran para escribir.

    Me libré del problema con bastante facilidad, pero cuando comencé a examinar sus archivos para ver cuál podría haber sido la causa, encontré algunas fotos y vídeos que no podía haber imaginado que Laura había estado mirando. La cuestión era que sabía que todos sus ensayos, PDFs y sus trabajos se guardaron aquí, por lo que ciertamente no dejó que sus amigos y otros usaran esta computadora…

    Esto no debería haber sido completamente una sorpresa, por supuesto. Tenía que recordar que mi hija ya era una mujer joven y, naturalmente, las chicas también pensaban y fantaseaba con estas cosas. Tengo que decir que el tema parecía un poco peculiar para que una chica de su edad estuviera fantaseando, pero supongo que esa era solo mi percepción. El material consistía enteramente de grandes y palpitantes penes que disparaban una espesa sustancia blanca en las bocas de chicas jóvenes.

    No me había dado cuenta de que Laura se había escabullido hasta que la escuché hablar: «¿Lo arreglaste, papá? Oh, err, hmmh…». Se sonrojó de forma adorable cuando notó lo que estaba sucediendo en la pantalla, y Estoy bastante seguro de que yo también lo hice, teniendo en cuenta que era un gif animado a cámara lenta de una larga corriente de esperma blanca que se disparaba en la lengua de una joven y luego goteaba más profundamente en su boca. Ciertamente fue un momento un poco embarazoso.

    «Mhnmp», murmuró Laura, y sus ojos verdes se habían ensanchado en alerta.

    Cerré la pestaña e intenté explicar la situación: «El malware debe haber guardado eso en la memoria caché… quiero decir, lo hacen en ocasiones». Sabía que no sonaba convincente, incluso si ese argumento podría haber sido cierto en algunas situaciones. Esto estaba lejos de ser la única imagen o video de un tema similar que había encontrado, y la mayoría de ellos habían sido guardados a propósito, no se guardaron en el caché. También decía que no parecía estar acusándome de ver pornografía en su computadora, que era lo que la situación debería haberle parecido.

    «Ja, sí, claro, es eso!» Dijo Laura, asintiendo con la cabeza con demasiado entusiasmo nervioso. También noté que, a pesar de la vergüenza del momento, su atención se había concentrado intensamente en la animación tanto tiempo como había estado en la pantalla.

    Rápidamente arrebató la computadora de mis manos, exclamando demasiado rápido y con los ojos demasiado abiertos: «¡Bueno, está funcionando, lo necesito ahora mismo!»

    Laura se alejó tan rápido como había llegado, llevándose la computadora portátil. Podría adivinar que tenía miedo de que borrara sus archivos, y no me refiero a los académicos. Simplemente me encogí de hombros y volví a mis cosas, recordándome que era una adulta y que no era realmente asunto mío lo que estaba viendo.

    Pensé que era eso, hasta que ella volvió a mi oficina en casa unos días más tarde, moviendo nerviosamente su cabello en sus dedos y con sus ojos verdes parpadeando.

    «¿La computadora te está molestando otra vez?» Adivine.

    «Umm, no, eso no es todo…» murmuró ella, «aunque más o menos está relacionado …»

    Me preguntaba si ella estaba tratando de explicar los videos de alguna manera, y me estaba preparando para encontrar la mejor excusa posible para explicar por qué no era necesario. Sin embargo, no tuve tiempo de pensar en nada antes de que ella continuara.

    Laura se mordió el labio y sus ojos se dirigieron estrictamente al techo en lugar de a mí, y rápidamente exclamó: «¿Podrías correrte en mi boca, papá, como en la chica de ese video?»

    Estaba bastante seguro de que no había nada malo con mi oído, aunque solo podía suponer que ese era el caso. Traté de pensar furiosamente en la mejor respuesta a esta absurda declaración: «Err, creo que hay muchos chicos que…»

    Laura respiró hondo para ganar valor, pero sus ojos todavía no me miraban cuando continuó: «Tú, papá. No un chico».

    «Esto es, bueno…» Traté de encontrar una respuesta, pero los manuales en mis estantes no ofrecían una.

    Laura se obligó a mirarme y sus ojos parpadearon suplicantes. «Por favor, papá. No puedo preguntarle a nadie más, y solo quiero saber cómo se siente. Prometo que mantendré los ojos cerrados, así no te veré desnudo ni nada y no será embarazoso.»

    «¿En este momento? ¿Solo por esta vez?» Dije sin pensar, inmediatamente queriendo estrangularme. ¿Por qué había dicho eso?

    «Sí», dijo Laura y se cruzó de brazos, abrazándose a sí misma.

    «Está bien. Está bien», le dije, porque no podía pensar en qué más podría haber dicho en ese momento.

    «¡Guau, gracias papá!» De repente, Laura se iluminó, parecía realmente feliz e incluso se levantó varias veces. Miró alrededor de mi oficina desaliñada y luego se encogió de hombros, diciendo: «Solo estaré aquí, supongo». Ella se arrodilló. Tenía las manos en el regazo y los ojos grandes y parpadeantes.

    Me levanté, todavía no estoy seguro de lo que iba a hacer realmente. Laura cerró los ojos y se quedó quieta cuando me acerqué, tratando de no pensar demasiado en nada.

    «No mires», le dije, aunque estaba seguro de que escuchó que se abría la cremallera de mis jeans.

    «No lo haré, papá», dijo, pero al mismo tiempo comenzó a desabrocharse la camisa.

    «¿Qué estás haciendo?» Pregunté, como un padre preocupado. Su camisa ya estaba colgando por los codos, solo sujetada por las mangas, y un sujetador blanco había aparecido a la vista.

    «No me importa si las ves, papá», dijo, y antes de que pudiera decirle que no lo hiciera, abrió el sujetador desde el frente y lo dejó caer de sus hombros. Con los ojos bien cerrados, Laura abrió la boca y sacó la lengua.

    Toda esa piel lisa, tetas alegres para adolescentes, pezones y pie como la nieve. El angelito de papá esperando pacientemente de rodillas con la boca abierta. ¿Qué podría hacer un padre? Sé que la tenía más dura de lo que recordaba haberla tenido nunca, y mi mano estaba bombeando rápidamente.

    No fue tan fácil, aunque me acerqué un par de veces. Comencé a acariciar mis bolas con la otra mano, esperando que eso ayudara. Laura logró mantener la posición todo el tiempo, moviéndose muy poco. Supongo que ella quería en que su fantasía finalmente se hiciera realidad, y eso le dio la fuerza mental requerida.

    Por fin comencé a sentir el calor y los latidos que me decían que una carga estaba en camino, y que sería grande. Mirando a mi hija, me sentí feliz cuando pude suspirarle: «¡Aquí viene ahora, cariño…!»

    Me moví un poco, queriendo asegurarme de que mi posición estuviera alineada. La punta del pene tocó ligeramente la cálida lengua de Laura y eso hizo que todo mi cuerpo se encogiera y mis rodillas temblaran porque una larga corriente blanca repentinamente se disparó en su fémina boca y salpicó allí mientras se escuchaba su gemir: «¡Nnn! ¡Nnnn!»

    Laura se ajustó rápidamente y apretó los labios en la punta del pene y comenzó a succionarlo, tragándose los primeros bocados. Esa vista era tan adorable que mis manos seguían acariciando y tratando de bombear todo lo que tenía. Seguí liberando todo lo que se había acumulado durante semanas en latidos y pulsaciones, y los cálidos labios de Laura seguían succionando. Se veía tan serena y amaba tanto mi calor que se tragaba todo lo que podía darle.

    Laura estaba tomando todo lo que llevaba en mis bolas hasta que solo pude susurrar suavemente: «No me queda nada, princesa», y finalmente apartó los labios.

    «Puedes mirar ahora», le dije después de volver a cerrarme los pantalones e intentar que mi respiración se calmara. «Y por favor vístete,» agregué en un tono paternal y apropiado mientras Laura todavía se tragaba los últimos chorros que tenía en la boca.

    Sus ojos verdes se abrieron y dijo: «Gracias, papá».

    «¿Fue tan bueno como esperabas?» Me pregunté mientras estaba arreglando su ropa.

    Ella me miró con ojos grandes y dijo: «Tu calor lo hizo bueno, papá. Se sintió bien».

    «La pequeña pervertida de papá», dije en broma cuando se iba después de que ella revisara su atuendo en el espejo de la esquina de mi oficina.

    Laura se rio, mirándome por encima del hombro. «Me gusta que me digas así. Pero no lo digas cuando mamá esté cerca».

    «No lo haré», le dije y le sonreí, agregando: «Puedes pedírmelo de nuevo en cualquier momento. Para eso están los padres, después de todo». Tuve que explicarme apresuradamente cuando noté su expresión: «Me refiero a la computadora, quiero decir… ya sabes».

    «¡Genial!» Laura exclamó y nuevamente agregó: «Gracias, papá» antes de volver a su trabajo o lo que sea que haya estado haciendo.

    Oh, qué día…

  • Toqué el cielo con las manos

    Toqué el cielo con las manos

    En el momento de esta historia, Teresa tenía 40 años. Rubia natural, de ojos celestes, una mujer que hace dar vuelta a los hombres por la calle para mirarla. Una piel blanca con unas pocas pecas, tetas un poco más grandes que la media que invitan a disfrutarlas, piernas hermosas y una cola muy marcada. Había sido criada bajo normas muy estrictas, sus padres «chapados a la antigua» así se lo impusieron.

    A tal punto influyó esa enseñanza que llegó virgen al matrimonio con Mario, a los veinte años. Su único novio y hasta muy poco tiempo antes de este relato, también único hombre, intuía que a pesar de que en los primeros años tenían que hacer el amor con la luz apagada, estaba convencido que ella podía ir a más, no lo sabía a ciencia cierta pero por pequeños detalles, fue entendiendo que debía «encontrarle la vuelta», pero que había, debajo de la comprobada seriedad de su mujer, se escondía una gran amante y ¿por qué no?, una mujer muy sexual, quizás, sorprendente en ese aspecto.

    Algunos de esos detalles durante el noviazgo se manifestaban con las enormes calenturas que él le hacía tener apenas con las manos y con sus besos. En cada oportunidad que tenían si quedaban solos, acariciarle su cuerpo equivalía a rápidos orgasmos.

    Luego de algunos años de casados, fue logrando avanzar en el sexo oral en ambos sentidos y sin mayores problemas en el anal también. Hasta que unas vez que sus hijos fueron creciendo, tuvo la oportunidad de llevarla seguido a los moteles de la ciudad y de esa forma, iniciarla en su adicción -por entonces- a la pornografía. Con los ojos desorbitados empezó a ver tríos, lesbianismo. Orgías, interracial y todo, la excitaba. Hasta que comenzaron a surgir las inevitables preguntas ¿te gustaría tener dos vergas para vos sola? ¿Querés un negro pijudo? ¿Te calienta estar con una mujer?

    Las primeras respuestas fueron las habituales en situaciones similares: «estás loco», «¿quién crees que soy?», «si querés que haga eso es porque no me respetás, no me querés». Pero casi siempre, en el momento de las preguntas, la temperatura le subía muchísimo y un buen día, empezó a responder que… «quizás», «pero tendría que ver bien con quien», «con una mujer solo que ella me haga cosas». Es decir, se había llegado al punto de la tácita aceptación, en el que desapareció la incomodidad y la negativa e iba aumentando la calentura y el estado de excitación pasó a ser casi permanente.

    El primer intento de un trío fue casi un fracaso. El tercero tenía muy buen físico, parecía muy experimentado, muy agradable en todos los aspectos, a tal punto que el encuentro en una confitería de la rambla, duró mucho menos de lo que Mario esperaba. Se dio una linda charla, hubo casi un inmediato buen ambiente lo que le llevó a preguntarle a su mujer y a Enrique “¿nos vamos?”.

    La primera en ponerse de pie fue Teresa, quien escuchó a su esposo decirle al invitado: «vamos a La Posada, estacioná unas cuadras antes así te pasas a nuestro coche”. En ese tiempo había lugares en los cuales había que darle una propina al pistero para que no hiciera problemas por ser «más de dos». Esa noche se cumplió con todo el protocolo previo de un trío. Alguna copa, bombones, jacuzzi, caricias, besos, oral, pero… el hombre no pudo…

    «No le habré gustado», “¿hice algo mal?”, «no es fácil esto», fueron los primeros comentarios de Teresa en el camino de regreso. Mario la convenció que había estado todo bien, que la falla era más normal de lo que podía pensarse, sobremanera las primeras veces, pero que lo positivo había sido romper el hielo. «Estabas a gusto, no te costó nada abrirte y jugar, vas a ver qué vas a disfrutar mucho de aquí en más», le dijo, acariciándole un muslo en el coche.

    Ya la vida sexual del matrimonio cambió. «A ver, chupámela como a Enrique, te prendiste lindo ¿eh?», «le devoraste la pija putita» y la reacción en la cama era inmediata por parte de ambos.

    Con Luis quedaron en encontrarse en un boliche de la Costa de Oro. Era un ejecutivo de una gran empresa local que hacía poco tiempo se había separado. Muy buen físico, unos 45 años, muy simpático y se notaba, con experiencia. Charlaron los tres muy animadamente en un rincón de la planta alta y en algunos momentos, él se acercaba bastante y ella se sentía cómoda a la vista. La charla fue creando el clima y los elogios medidos y oportunamente susurrados casi, fueron haciendo efecto en Teresa con la absoluta complicidad de Mario que premeditadamente, fue haciéndose poco menos que invisible. El chalet de Luis estaba a pocas cuadras, llegaron en los dos vehículos y se ubicaron en un living donde predominaba la madera y el fuego del hogar aún tiraba bien, y mucho mejor cuando el dueño de casa agregó algunos leños.

    El clima ya estaba creado por lo que Luis no perdió tiempo y comenzó a besar a la rubia y a meterle mano. Casi enseguida Teresa quedó sin el suéter, con la blusa abierta y sus dos melones afuera de las copas del sostén. A Luis no le daban las manos para ocuparse de las divinas tetas, succionar los pezones rosados, acariciarlos y a la vez, meter una mano debajo de la falda para comenzar a masturbar a la hembra que con los ojos cerrados, besaba y gemía.

    El dueño de casa con mucha habilidad, sin dejar de atender a la dama, sacó la verga de entre sus ropas y tomándole una mano a Teresa la llevó a su encuentro. Era un pedazo importante, no descomunal pero grueso y cabezón lo que hizo al sentir en su mano su volumen, Teresa se apartase un instante para mirarla y allí el apenas hizo presión en sus hombros para que ella se sentara en la mesa ratona y comenzara a mamar casi con desesperación un buen rato.

    Demostrando un gran control, Luis la dejó que siguiera lamiendo y chupando, hasta que de pronto, le dijo, «¡te quiero coger!, vamos a la cama». El dormitorio era arriba, subieron por una amplia escalera de madera y Mario, con un vaso de whisky en la mano los siguió, llegó tras ellos y se sentó en un sillón frente a la pareja que aceleradamente, sin dejar de besarse, terminaban de desvestirse. Luis metió la cabeza entre las piernas de Teresa y le comió la concha, haciéndola acabar nuevamente, para luego acostarse de espaldas, boca arriba, colocando a la mujer de Mario encima suyo y ensartándola, para que ella empezara a cabalgarlo sin pausa.

    Mario ya estaba desnudo, con una mano sostenía el vaso y con la otra se pajeaba. Cuando vio que su mujer ya estaba bien empalada y disfrutaba por primera vez una verga que no era la suya, no pudo resistir la calentura y se acercó a la cama, mirando el culo blanco de Teresa que si hablase, pediría a gritos otra pija. Y fue lo que le dio. Ensalivando apenas el orificio, se colocó a la puerta y la penetró, consiguiendo de inmediato ponerse a tono con Luis en el vaivén, para sacarle uno tras otro a Teresa, una serie de orgasmos encadenados mientras gemía y gritaba ¡siii, siiii!, ¡dame más Luis, rómpeme la concha! y a su marido: ¡mi amor, me muerooo, me encanta, qué divino!, ¡tenías razón!, me gustaaa!!

    Desayunando cuando amanecía por Carrasco, Teresa agarró las manos de su marido y sonriente le dijo: «en la doble penetración, toqué el cielo con las manos…».

  • El chico del autobús me termina llevando a su casa

    El chico del autobús me termina llevando a su casa

    Acababa de salir de la universidad con mi mirada al infinito esperando a que pasara el autobús con dirección a mi casa, pero este estaba demorado, pasaban hacia todo lado excepto el que a mí me servía, ya pensaba en que tan viable sería ir caminando, considerando que incluso en autobús demoro 2 horas, a pie sería una eternidad así que no queda otra que seguir esperando.

    A lo lejos vi el bus que me servía y me emocioné, por fin se había acabado la espera, subí al autobús y pagué el pasaje, al parecer solo habían puestos hasta el fondo así que caminé con cuidado de no caerme, llegando al asiento vacío, vi justo al lado a un chico acuerpado, rubio crespo, de ojos marrones que me dejo embobao a penas lo vi pero un bache me desequilibró y de milagro caí en el asiento en que debía estar, el chico quedó justo en la hilera de al lado, lo miré y apartó la mirada, cuando regresaron sus ojos volteé rápidamente a ver por la ventana, espero no me haya visto, me ponía muy nervioso ese chico, sentía que me seguía viendo, por lo general cuando veía un chico guapo en un bus lo miraba discretamente y el sujeto ni se daba cuenta pero esta vez creo que él se fijó en mí, me ha devuelto cada mirada y cuando volteo hacia él, él mira el celular inmediatamente, estábamos hasta el fondo del bus.

    Pero entre él y yo había dos personas más, una que estaba a su costado en la ventana y el que estaba al lado mío dando al pasillo, como quisiera que no estuvieran esas 2 personas, a pesar de estar lleno el bus y siendo altas horas de la noche creo que ya nadie más se subiría. el bus iba ya rápido, no había mucho tráfico pero las 2 horas que duraría en llegar a la casa aun tardaría puesto que vivo fuera de la ciudad, el silencio lo único que hacía era intensificar la tensión que ya se sentía en el ambiente, hasta creo que los que se interponían en el ambiente lo sentían, el juego de miradas siguió por un rato hasta que la mirada de él se encontró con la mía al mismo tiempo y ninguno pudo apartarla, lo único que podía hacer era admirar el bello rostro que poseía y los finos labios carnosos que desea probar.

    Sin advertencia alguna las luces del autobús se apagaron suponiendo que ya la mayoría desearía descansar los ojos o incluso dormir, mi visión del chico se redujo considerablemente pero aun así las luces de la ciudad alumbraban un poco los rostros y pude notar que aún me miraba fijamente aunque queriendo disimular, transcurrieron unos 15 minutos y el sujeto que estaba a mi lado se levantó y se retiró, camino hacia la parte delantero del bus y se bajó, ya estaba completamente solo en mi fila, ojalá el chico se pasara a mi asiento y así saber definitivamente si quiere hacer algo más que solo jugar con la mirada, pero para mi desgracia él se sentó derecho y miro hacia el frente, hasta aquí podía escuchar los latidos de su corazón que se comenzó a acelerar, le hice señas con mi rostro para que me acompañara en el asiento pero él no sabía que hacer al parecer, creo que los nervios lo dominaron, el que estaba al lado de él en la ventana parecía que también ya estaba llegando a su destino pues comenzó a arreglarse y tomo su maleta, le pidió permiso al chico y se retiró hacia el frente del bus, segundos después el bus se detuvo y el hombre se bajó.

    En cuanto arranco de nuevo y tomo velocidad mire a los puestos de en frente y ya no habían muchos, podía contar poco más de 8 personas contándonos al chico y a mi, se volvieron a apagar las luces y ahora si no se veía mucho, la iluminación de la ciudad había quedado atrás, esforzando los ojos apenas podía ver al chico y en lo poco que veía él también tenía su rostro fijo en este lado del autobús, él se movió al lado de la ventana, si él no vendría a mi lado yo iría al lado de él, me pare en silencio y de un salto llegue al asiento de él pero no lo mire, miré por el pasillo hacia al frente viendo la carretera al fondo, pero con mi mano derecha la puse en una pierna de él, volví a escuchar sus latidos fuertes y rápidos.

    Segundos después sin poder creerlo sentí sus tiernos dedos en mi barbilla girando mi cabeza hacia la suya, apenas estuvo a su alcancé se lanzó a mis labios dándome un pico y se retiró agitado mirándome a los ojos, yo bajé la mirada de sus ojos a sus labios, los quería devuelta en los míos y esta vez fui yo quien se lanzó, poniéndole mis manos en su cuello y cabello me acerqué a sus labios lentamente y el entreabrió los labios dándome acceso a ellos, deje su labio superior al interior de los míos y comencé a moverlos viendo que él también lo hacía, no habría muchos los labios, solo apenas lo justo, ese beso lento me prendió demasiado pero creo que más a el puesto que un momento después sin separar nuestros labios me retrocedió quedando totalmente recostado en la silla y él poniéndose encima mío, la situación no era de lo más cómoda pero él supo ponerse en la posición perfecta para no cansarse ni él ni yo, yo me corrí un poco al centro de entre las dos sillas y el quedo con una pierna flexionada a cada costado mío, se separó de mis labios y levantó su rostro un poco, lo suficiente para verle perfecto en frente de mi, de verdad que era muy bello, en cuento recupero el aliento volvió a fundir nuestros labios en un beso lento pero en esta ocasión introdujo su lengua en mi boca buscando luchar con mi lengua que con gusto acepté el desafío.

    Mientras nuestras lenguas estaban luchando entre ellas sus manos intentaron torpemente quitarme el buzo y camiseta que llevaba puesta, le ayudé a quitármelo quedando con el torso desnudo y expuesto al frío, frío que no sentí debido a la calentura que ya tenía, las manos del chico recorrían todo el torso mientras me besaba, bajo a besarme el cuello y creo que me dejo un chupetón de lo fuerte que sentí ese beso, ahí lo retiré encima mío pensando en que le diría a mi novio al llegar a casa, me puse el buzo pero él antes de que lo bajara por completo me lo impidió dejando su mano en mi abdomen y bajando esta lentamente abriéndose paso por el pantalón y mis boxers, con la otra mano desabrocho el cinturón y quito el botón del pantalón abriéndolo a su gusto, con más libertad para su mano la introdujo tomando mi verga recorriéndola hasta mis huevos.

    Levanto la mano y me bajo el pantalón y los boxers, viendo mi verga totalmente parada me dio un pico en los labios y bajo su boca a mi verga, el líquido preseminal lo quito con la punta de su lengua haciendo movimiento circulares en la punta de mi verga, paso su lengua por toda la extensión de mi verga hasta los huevos a los que se metió y chupo con su boca, afortunadamente el día anterior me había depilado así que ningún pelito interferiría en lo que quisiera hacer, volvió su lengua subiendo hasta la cabeza y esta vez se la metió entera en su boca comenzando primero con pocos centímetros y poco a poco animándose a meterse cada vez más a fondo, me estaba volviendo loco el movimiento de lengua que mantenía aun metiendo su boca todo lo que podía hasta que en un impulso tome la parte trasera de su cabeza y la empuje completa hacia mi haciendo fuerza metiendo todos mis 19 cm hasta su garganta y lo mantuve allí unos segundos hasta que relajo la garganta un poco.

    Allí libere un poco la fuerza alejándolo sin sacársela de la boca y metiéndosela de nuevo cada vez más rápido, el estar callando los gemidos para que nadie nos escuchara me prendía más hasta que no aguante más y me vine a chorros en su boca apretando por última vez su cabeza hacia mi, sentí como cada chorro salía y notando que se los estaba tragando me hizo llegar a un orgasmo más fuerte lanzando unos cuantos más chorros, solté su cabeza y siguió mamándome la verga provocándome espasmos que no me permitían quedarme en el mismo lugar, descanse en el momento que saco su boca y vi mi verga completamente limpia a pesar de estar completamente ensalivada, subió de nuevo a mi y lo besé sintiendo el sabor a mi semen.

    Me subí los bóxer y los pantalones, los ajuste y miré por la ventana, ya casi llegaba a mi casa, pero el chico me propone que lo acompañará a su casa, que no quería dejarlo ahí, le pregunté por su nombre, se llamaba Felipe, no iba a perder esa oportunidad de probar su culo así que saque el celular y le escribí a mi novio diciéndole que me quedaría cerca de la Universidad en la casa de un amigo para hacer un trabajo, me dijo que estaba bien.

    Felipe me dijo que ya debíamos bajarnos pues su casa estaba ya muy cerca, nos bajamos del autobús, me tomo de la mano y me dirigió a su casa. Resultaba que su casa quedaba en mi misma cuadra, unas 4 casas al lado estaba la mía y pensar que nos viera mi novio me prendió más.

    En cuando pasamos la puerta principal Felipe me desvistió frenéticamente, me arrinconó contra una pared y me fue quitando el buzo, el pantalón y los boxers, se metió mi verga de nuevo dura en su boca dejándola babeada, yo lo levanté, le di media vuelta y le bajé el pantalón junto con los boxers de un solo tirón, saltaron frente a mi esas prominentes nalgas que se gastaba, podía agarrarla con la mano entera y me faltaba otra mano para abarcarla toda, no resistí y comencé a darle nalgadas que provocaban en él un sobresalto acompañado de un gemido.

    – sepárate las nalgas.

    El sin dudarlo puso sus manos en sus nalgas y arqueándose me abrió sus nalgas, ahora tenía ese pequeñito hueco a mi disposición, podía hacer con él lo que quisiera, le escupí el culo y comencé a chuparle cada nalga, lo suficientemente fuerte para dejarle chupetones allí, con un dedo le golpee suavemente el orificio de entrada, por su excitación pensé que estuviera un poco dilatado pero me pareció que estaba más cerrado que nunca, con cada golpecito sentí como recorría al interior de él un escalofrío, dejé de golpearle con el dedo y metí mi lengua, baboseándole todo el culo, chupándole ese hueco chiquitito que sabía a gloria, intenté meterle cada vez más mi lengua hasta que lo fui lo logrando, Felipe ya se encontraba rogándome para que le diera verga.

    – Que quieres?

    – que me la metas, quiero que me rompas el culo YA!

    y así recostado sobre la pared me levanté y puse mi verga frente a su orificio volviendo a golpearlo suavemente y recorriendo en cualquier dirección la extensión de su culo, Felipe ponía el culo cada vez más arqueado y lo retrocedía como queriendo metérsela sin que yo me diera cuenta, puse la cabeza de mi verga en su culo y fui metiendo la mitad de la cabeza, su verga estaba a tope y ni siquiera se había tocado, saqué lo que había metido de verga y volví a meterla, dure un rato solo jugando con la cabeza de mi verga en su culo hasta que metí casi toda la cabeza y su culo se comió lo que quedaba, me absorbió todo la cabeza quedando dentro de él, con toda su espalda a mi disposición y le comencé a besar el cuello y parte de su espalda sin sacársela, los nervios que en el recorrían hacían que poco a poco se fuera metiendo él solito cada vez más mi verga en su culo, quería coger su verga pero en cuanto la toque todo su culo se echó para atrás metiéndose por completo mi verga, sentí cada cm que fue entrando y yo no me moví, ese culo me la absorbió por su cuenta, con mi brazo izquierdo le rodee el cuello levantando más su cabeza y lo besé.

    – Si querías verga, aquí la tienes

    Y comencé a moverme más rápido sacándola y metiendo la cada vez más fuerte, su culo estaba tan apretado que sentí como entrada cada vez, sentía como apretaba mi verga y esta solo quería romperle el culo cada vez más rápido, seguí dándole y dándole por el culo mientras en gemía de placer siendo sus gemidos cada vez más fuertes y me concentraba solo en ellos, quería hacerlo gritar de placer, lo junté a mi y lo moví al sofá, le di la vuelta y puse sus piernas en mis hombros quedando ese culo aún más cerrado, situé mi verga en su entrada y se la metí completa y muy rápido mirando su rostro el que soltó un gritó ahogado que me prendió demasiado, ya no le daba rápido, mi ritmo mermó un poco pero ahora le daba más duro, la dejaba salir hasta la cabeza y la volvía a meter por completo soltando un gemido cada vez que lo hacía, comencé a mover circularmente la cintura y estoy provoco en el que levantara el culo, arqueara la espalda y con una cara llena de placer se vino chorreando de semen todo su cuerpo y sofá, acelere el ritmo aprovechando las contracciones en su culo y sentir que el orgasmo ya no lo podía aguantar y le llene el culo de leche, ambos estábamos botando aún leche encima del otro.

    Yo seguí moviéndome dentro de él batiéndole el semen que hacía sonar cada vez más rico cuando se la metía, mi semen salía un poco de su culo haciendo que cuando mis bolas chocaban con él se escuchara aún más fuerte el golpe, cuando sentí que la erección iba a comenzar a bajar lo saque lentamente y se la metí en la boca para que me lo limpiara completamente, una vez recorrió toda mi verga con su lengua tragándose todo el semen que allí quedaba me puse detrás de su culo de nuevo cerrado, lo abrí con mis manos y le dije que pujara un poco, unos segundos después mi espeso semen comenzó a salir de su culo chorreando todo su culo hacia abajo callando en el sofá, ver salir tanta leche de su culo me excitaba cada vez más pero aún no había retomado fuerzas para el segundo round así que le dije que se fuera a bañar y me dijo que lo esperara en su cama aclarando de que no se me ocurriera vestirme.

  • Robando la tanga de mi vecina

    Robando la tanga de mi vecina

    Este relato es acerca del día que tuve sexo con mi vecina.  Soy un joven de 20 años con una complexión media, hace tiempo que tenía ganas de tirarme a mi vecina, ella es una mujer de unos 40 años, físicamente es llenita, pero sin llegar a ser gorda, tiene unas tetas grandes, sin embargo su culo no es tan rico, cuando enfermaba, solía ir con ella a qué me aplicara las inyecciones ya que era enfermera.

    Un día de esos que estaba enfermo, acudí a su casa de forma habitual para que me aplicara la inyección, antes de que me inyectara, le pedí permiso para ocupar su baño a lo que ella accedió sin inconvenientes, al entrar al baño vi que en la regadera había algo colgado, para mi sorpresa, al acercarme e indagar, tomé en cuenta que aquel objeto era una tanga, que sin dudarlo ese día había estado en la vagina de mi vecina, por lo que sin siquiera pensarlo la tomé y guarde en la bolsa de mi pantalón, salí del sanitario y deje que me inyectara.

    Una vez que salí de la casa de mi vecina, corrí a mi casa y me encerré dentro del baño, saqué la tanga que guardaba en mi bolsillo y procedí a olerla, su olor era mágico, me recordó a la primera vez que introduje un dedo en una vagina y tenía la necesidad de olerla a cada instante, al acercarla a mi nariz comenzó a levantarse mi pene de inmediato, entre más la olía, más se me endurecía la verga, continúe oliéndola mientras comenzaba a masturbarme, después deje de olerla y procedí a envolver mi pene con aquella tanga, de inmediato el grado de expiración se fue al cielo y mi verga comenzó a palpitar, al dar un par de jalones más explote como jamás lo había hecho, sin duda esa fue la mejor paja que creí haber podido experimentar, pero esto no sería así, a lo largo del día cada que tenía oportunidad me masturbaba con aquel objeto robado del baño de mi vecina.

    Al día siguiente yo sabía que tenía que dejar la tanga nuevamente en la casa de mi vecina, para que no sospechara nada, al entrar a la casa de mi vecina nuevamente para que me pusiera la inyección, note cierta tensión en el ambiente, pero no le tomé importancia, todo fluyó con normalidad, pero antes de que me subiera los pantalones ella dijo:

    Vecina: Que lindos calzones, te gustaría que yo me los quedara?

    A lo que me quede perplejo y me puse sumamente nervioso, era obvio que sabía que yo había hurtado la tanga de su baño, le dije que por qué lo decía a lo que ella respondió:

    Vecina: Simple curiosidad, ya que como tú decidiste llevarte una de mis tangas, creí que sería Justo que tú me dejarás uno de tus calzones, que te parece si te quitas esos que traes puestos y me los dejas, junto con la tanga de ayer.

    Yo estaba congelado, no sabía que hacer así que solo hice lo que me pidió, después volví a ponerme mis pantalones, le pedí perdón y salí rápidamente de su casa.

    Por obvias razones, al otro día no fui a qué me inyectara, sin embargo por la mañana del otro día alguien tocaba a la puerta de mi casa, para mi sorpresa era mi vecina, quien me dijo:

    Vecina: No quieres que te inyecte? Ya solo te hacen falta un par (con un tono bastante serio)

    Le dije claro y la dejé entrar a mi casa, nos dirigimos a mi habitación, yo moría de pena, por lo que había acontecido el día anterior, ella simplemente se notaba sería, paso lo que tenía que pasar y me inyectó con normalidad, al lado de mi cama, se encuentra mi closet, el cual se encontraba abierto, ella me pregunto

    Vecina: En que cajón guardas tú calzones?

    Yo sorprendido solo lo señalé, ella lo abrió, dio un vistazo y me dijo, veo que la mayoría son iguales, esos que traes puestos se nota que son muy pegados.

    Yo no sabía que hacer así que solo asentí con la cabeza.

    Ella se acercó más a mi y comenzó a tocar mi pierna derecha con sus manos, al mismo tiempo ella me decía:

    Vecina: sabes, ayer que te robe tus calzones lo hice solo por maldad, sin embargo cuando los tomé pude percibir el olor de tu verga y eso me dejo con mucha curiosidad

    Yo estaba pasmado, ella comenzó a subir más con su mano, hasta llegar a mi pene, el cual obviamente ya estaba que explotaba, me dijo: Te gustaría que intercambiáramos algo más que prendas interiores, a lo que yo respondí que si

    Al instante en que dijo eso, yo me desplomé encima de ella y comencé a besarla como si no hubiera un mañana, comencé a bajar por su cuello, la despoje que la blusa que llevaba puesta y con un movimiento, saqué esas tetas que tanto deseaba del sostén, una vez fuera no dude y las comencé a chupar, la recosté en la cama y procedí a recorrer todo su cuerpo con mis labios, ella me dijo que me pusiera a un costado, después procedió a sacarme el pene de mi bóxer, comenzó a jalarlo como si no hubiera un mañana, mientas ella me masturbaba yo hacía lo mismo, después me dijo que me parara al pie de la cama y empezó a chupármelo, sin duda tenía bastante experiencia y quedaba claro que le gustaba mamar pito.

    Después de unos minutos, me dirigí a mi buró y me puse un condón, me recosté en la cama y ella me montó como la perra que es, yo no paraba de estrujar sus tetas y cada que podía le metía un par de buenas nalgadas, cuando se cansó, fue mi turno, se puso en cuatro y comencé a darle de embestidas, la nalgueaba cada par de bombeadas y ella gemía y gritaba que le encantaba como me la cogía, la voltee de modo que quedara al pie de la cama y se la volví a meter, con cada metida estaba mucho más cerca de correrme, ella gritaba y se estremecía disfrutando de aquellas metidas salvajes.

    Cuando ya no aguántame, le dije que me iba a venir saqué mi verga, me quite el cordón y con un par de jaladas me vine encima de todo su cuerpo, mi semen yacía en su abdomen, otro poco habían caído en sus tetas y un chisguete había llegado a su cabello.

    Nos recostamos un poco y recuperamos el aliento, después de vistió y me dijo, te recuerdo que aún te falta una inyección, mañana te espero en mi casa…

    Sin duda fue de los mejores palos que he tenido en mi vida.