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  • Orgía en un bar de intercambios

    Orgía en un bar de intercambios

    Un bar, una barra en forma de L. Un bar un poco raro, bien es cierto. Dos secciones, separadas por una celosía de madera que permite ver a través. Una barra, en forma de L, da servicio a las dos zonas. Asientos bajos, poca luz, sillas bajas, humo… Y en una de las zonas, la más cercana a la puerta, una pista de baile.

    Cerrada por una cortina.

    Y, dos o tres hombres, solos, entreabriendo la cortina, asomándose, no atreviéndose a entrar, cediendo el paso a otros hombres, solos, que ellos también entreabren la cortina.

    Pero no entran.

    Y en algunas de las mesas, parejas, chico, chica, conversando, fumando, bebiendo, besándose, acariciándose a veces, la piel blanca de ella apareciendo bajo el brazo oscuro de él, el jersey levantado para que las manos puedan pasar bajo el sujetador. Un hombre, solo, sentado delante de ellos, en su misma mesa, inclinado hacia ellos, sin perder detalle. En otros rincones, parejas conversan, fuman, beben, se besan. El hombre solo le dice algo a él, y se levantan los tres, abren la cortina y penetran en la pista de baile.

    Se arraciman otros hombres, solos, tras los cortinajes.

    Mi contemplación se distrae, no voy tampoco a atisbar qué sucede en ese reducto, además me lo imagino, y además, aunque quisiera, tampoco tendría sitio. A través de la celosía, del otro lado de la zona libre, vislumbro la Ciudad Prohibida, imagen de todos los placeres. Allí no hay humo, allí hay luz, allí hay espacio, allí solo existen parejas, conversando, bebiendo, besándose, acariciándose a veces. Pero yo estoy solo, y me han explicado las reglas: «no atravesar solo la cortina, no traspasar solo la celosía, no tomar ninguna iniciativa, esperar la invitación de una mujer, de una pareja…» Todo ello so pena de exclusión inmediata del Purgatorio hacia las Tinieblas Exteriores, hacia la calle.

    Me siento en la barra del bar en forma de L. Del otro lado de la celosía, leonas adultas, muy adultas, me miran de reojo. A mi lado están otras presas tal vez deseando, o como yo, temiendo, ser elegidas para el sacrificio. Me miro, me comparo con las otras hipotéticas víctimas y pienso que, por primera vez en mi vida, prefiero ser bajito, gordito y calvo. Aunque las leonas, ahítas, no se preocupan de nosotros. Mi vecino, sin duda con voluntad de suicidio, invita a una leona a una copa, y ello tiene la virtud de despertarla. La leona se despereza, le llama. Su compañera, al olor de la carne fresca, dirige a mi vecino un gesto de acercamiento. Hipnotizado, traspasa la puerta de la celosía. Me siento solo y despreciado. En el fondo, ¿no soy yo más guapo, más elegante, mas distinguido que estos Elegidos para la Gloria? Evidentemente, no llevo como ellos gruesas cadenas de oro en el cuello, ni siquiera un miserable nomeolvides en la muñeca, pero esto no debiera ser causa de un fracaso tan espectacular. Moral a cero.

    Un segundo whisky. Solo.

    Pasa media hora. Las leonas se han ido a digerir sus presas.

    Los hombres atisban tras las cortinas.

    Las parejas se besan y se abrazan, y charlan y conversan

    No pasa nada.

    En eso, la pizpireta «Relaciones Publicas» (vamos, la dueña del bar) se acerca a mi sigilosamente (hay muchos envidiosos) y me comenta que, si lo deseo, y previo pago de la módica cantidad de 1000 duros, puedo pasar al jacuzzi. Allí puedo tomar un baño. No más, pero tampoco menos. Tiempo: una hora. Al cabo de una hora, suceda lo que suceda, tengo que abandonar la Tierra Prometida.

    No me garantiza nada, hay dos parejas están en su rollo y no quieren un quinto hombre, y dos mujeres solas, a quienes gusta mirar a las parejas en su rollo. A veces se animan a invitar a alguien, a veces no.

    Las reglas se mantienen, ver, oír, no tocar sin previa invitación.

    Se llevan mi chaqueta. Me entregan una toalla.

    La Guardiana de las Llaves abre la puerta. Me recuerda que dispongo de una hora.

    Paso a la antesala del jacuzzi. Luz tamizada pero suficiente para adivinar que está vacía. No hay nadie. Colgadores en la pared, una especie de banco debajo, colchones en el suelo. Dejo mi ropa en el colgador, la toalla encima de la camisa. Subo unas escaleras, llego al jacuzzi. Luz violeta, piscina grande, honda. Dos parejas en un rincón, treinta y pocos años, charlando, fumando, besándose, acariciándose (supongo, el agua es opaca y con burbujas). Bueno, acariciándose obviamente no, están fumando, y charlando (pero sin duda se besaban y se acariciaban antes de que yo entrase, y mi presencia les corta). Pasan 5 minutos. El agua está caliente. No sucede nada. Me pregunto que habrá sido de las leonas.

    Acaban los cigarrillos. Se tiran agua, se persiguen, juguetean como unos niños en una piscina. Me ignoran. No hacen nada especial, se tiran agua, se persiguen, se hunden los unos a los otros. Pasan otro rato, tres de ellos se van del jacuzzi, quedamos una de las chicas y yo. Nos miramos. Ella enciende un cigarrillo, me dice que tiene más ganas de bañarse. Estamos en un rincón, fumando, charlando. No nos besamos. Al cabo de un rato, un ligero roce en una pierna ¿será una caricia? Me hago ilusiones. Bueno, me tengo que ir, que me esperan, me dice. ¡Pues vaya!

    Hace calor.

    Salgo del agua, me voy hacia la sala. Las dos parejas están tumbadas en el suelo, charlando. Voy a buscar mi toalla. No está donde la dejé, sino que una chica (bueno, más bien una mujer, sobre los treinta y muchos) se ha sentado encima. Mi toalla y ella están en el banco. Le digo que es mi toalla y que debe haberse caído de la percha. Contesta que no se ha caído, pero que la suya estaba mojada. Le digo (más que nada para marcar el punto) que no me importa compartirla. A ella tampoco, faltaría más. Y nos sentamos, uno junto al otro, desnudos como Dios nos trajo al mundo (aunque con más pelo). La toalla es pequeña, y no cabemos mucho.

    Ella pone, con naturalidad, la mano sobre mi pierna. Seguimos charlando, de todo y de nada. Mientras las dos parejas han terminado la charla y se besan, con pasión. Se besan con pasión quiere decir que ellas dos se besan con pasión, y los hombres miran apasionadamente. Ya no me aburro. La mano de Isabel (ya me he enterado de que se llama así) cae un poco naturalmente sobre el interior de mi pierna. Parece gustarle el tacto, porque la recorre con interés, mientras continua hablando. Mi cuerpo, sensible al halago tanto como a la vista de las parejas (ahora los dos chicos se dedican a una de las dos, mientras la otra los mira), empieza a responder a sus atenciones, de manera tímida, mientras la conversación continua por derroteros convencionales.

    Ella me mira, súbitamente sorprendida, porque el recorrido de su mano no se alejaba tampoco tanto de la rodilla, y se sorprende de mi reacción. Ya se atreve más, y en un plis plas me pone en perfecto estado de revista. No parece desagradarle, porque me pregunta si quiero ir a la piscina, y para allá vamos, ella tranquila como si no sucediese nada, yo caminando hacia la piscina, erguido como el asta de la bandera, con la clara sensación de 8 pares de ojos de bañistas que se detienen de sus juegos acuáticos para clavarse en mi entrepierna (que a estas alturas era más entreombligo) mientras bajo la escalera

    Llegamos al agua, penetramos en ella, y charlamos, nos besamos y nos acariciamos. No parece gustarle mucho la aproximación directa, y dirige mis manos y mi boca a sus pechos. Estamos así unos minutos, cuando entran dos o tres parejas, ya no lo sé, porque ya estaba yo suficientemente ocupado con mi leona. Estos van directamente al asunto, una chica le pide a uno de ellos que se siente en el borde de la piscina y lo toma con la boca, mientras otro de los chicos, pegado a ella, tiene las manos perdidas por su cuerpo. De todas maneras yo tengo demasiado que hacer para estar pendiente de los demás, ella me hace sentar en el borde de la piscina mientras me pone un preservativo. Vuelvo al agua, y me introduzco en Isabel. Realmente he tenido experiencias más placenteras, porque follar en el agua con un preservativo es lo más parecido a una conducción sobre hielo. Aunque me divierte el notar el agua que se retira, entra y sale, creando un curioso efecto de masaje adicional, resulta un tacto curioso, un poco médico, más que erótico.

    Pero bueno, la vida es así. En eso, una mano me acaricia entre las piernas, no se de quien es, ni en el fondo me importa mucho. Un chico se suma a nuestro juego, luego una chica, ambos se cuelgan cada uno de un pecho de mi leona. Yo sigo en ella, hasta que me apartan suavemente. ¡Pues vaya! Pero no, mientras el chico ocupa mi lugar, la chica se ocupa de mi, comprueba que el disgusto de la separación no ha sido exagerado y que sigo en condiciones, se deja acariciar un poco. En eso, toma mi mano y la lleva a acariciar el sexo de mi leona, y de paso, a rozar al de su amigo

    Bueno, estamos en lo que se llama una orgía, y supongo que se vale. Curioso el tacto del sexo de un hombre, tan similar y al mismo tiempo tan distinto al mío. Ella guía mi mano, la separa del cuerpo de mi leona, me enseña donde espera que la ponga y apriete, aprovechando los movimientos de él. Mucho me temo que su camarada durará poco en estas circunstancias. Efectivamente, así es. Noto las conocidas pulsaciones en mi mano que lo abraza. ¡Pues vaya!

    Me dedico a ellas, aunque no hace mucha falta. Más bien me dejan participar en sus juegos, pero no me quejo. Estoy nuevamente patinando sobre hielo en la recién llegada, contento aunque sin muchas posibilidades de llegar a buen puerto el tacto es extraño, ortopédico hasta cierto punto, (aunque no llego a oírlo, me imagino el ruido que hacen dos guantes de goma cuando se frotan), pero bien. Nunca me hubiese creído capaz de resistir tanto.

    En eso la mano que estaba jugueteando entre nuestros cuerpos (y que no es la mano de ninguna de mis dos nuevas amigas, que tengo controladas), se abraza a mi, dándome el mismo tratamiento que yo había suministrado. Los resultados son inmediatos y contundentes. Me quedo recuperando el aliento, mientras ellos tres continúan. La situación es suficientemente excitante para que no tarde nada en reunirme otra vez al grupo.

    Seguimos jugando, nos unimos a las otras parejas, pero ya sin la urgencia. Han llegado dos o tres personas nuevas, que miran sin atreverse a participar. Una de las chicas, morena, mulata casi, del grupo le hace un poco de caso a uno que estaba sentado en la escalera, quien se muestra inmediatamente agradecido. Va meterse en la piscina para participar pero ella le dice que no, que luego que enseguida le avisa.

    Y él se queda allí, sentado en la escalera, mostrando aun su agradecimiento. Lo ignoramos por un momento, hasta que finalmente ella se apiada de él, le abraza con su boca mientras los demás charlamos, conversamos, miramos, claro. Menos de un minuto de atenciones por parte de la negrita, y él acaba. No ha llegado ni a entrar en la bañera.

    Yo mientras he salido un momento y me he cambiado el preservativo, pero no sé si lo necesitaré nuevamente. En cualquier caso, mi cuerpo sigue dispuesto, ayudado por alguna caricia que doy o que me dan, mientras charlamos, bebemos, nos besamos y alguien fuma.

    Divertido, estamos ahora en un sexo puramente lúdico, sin la urgencia del deseo. Es una situación nueva para mí. En algún momento, evidentemente, en el grupo uno u otro sienten una urgencia, dejan de participar en la conversación o en los toqueteos, y llegan al orgasmo, de forma natural, sin interrumpir mucho lo que los demás hacen, como quien se bebe un vaso de agua durante una reunión, para continuar después en lo que se estaba haciendo

    Contentos, satisfechos de estar simplemente allí, sentirnos jóvenes, dispuestos, atractivos, estamos a gusto, bien, el agua está caliente, la compañía es grata.

    Salimos de la piscina, mientras nuevas personas van llegando. Nos tumbamos en alguno de los colchones aun libres. Una chica, joven –no tendrá treinta años- está de pie, cuatro o cinco hombres alrededor. Toma el sexo de uno con la boca, acaricia al otro, sin nadie más que ella para compartirlos. Creí que solo sucedía en las películas.

    En eso, se abre la puerta, y la Guardiana de las Llaves me hace una señal, indicándose la muñeca: «ha transcurrido el tiempo». Mientras me visto lentamente, la chica se ha tumbado en un colchón, y los hombres están arrodillados a su alrededor, dando muestras de adoración, como si fuese una diosa.

    Salgo.

  • Mis mañanas perversas con él

    Mis mañanas perversas con él

    —¡Se ha salido! ¿Qué está mal? ¿Qué pasa?

    Al oído, en un susurro, le escucho.

    —Métela en tu boca, mi amor, pero estate quieta, no te muevas.

    No digo nada, simplemente obedezco, meto mi cabeza bajo las sabanas, hasta su vientre, e introduzco su polla en mi boca, todo lo que puedo, la noto chocar contra mi paladar, casi llegar hasta mi garganta, y me quedo quieta, muy quieta, como me ha pedido.

    Pasan los minutos, siento como su respiración se hace cada vez más regular, se está quedando dormido, ¡se ha quedado dormido!, siento su sexo en el interior de mi boca, en mi interior, duro, suave, mientras el tiempo pasa.

    He perdido la noción del tiempo transcurrido, bajo la sabana hace calor, pero no me atrevo a moverme a sacar de mi boca su sexo, pasa el tiempo, la posición empieza a ser incomoda, me muevo para evitar que se me quede «dormido» el cuerpo.

    Su voz llega a mis oídos como un latigazo.

    —¡Quieta, no te muevas!

    Me quedo paralizada, he bajado mi cabeza bruscamente y siento como su sexo golpea fuerte contra mi garganta, una arcada está a punto de hacerme vomitar, pero logro contenerla, me quedo muy quieta, sintiendo como su sexo que había perdido su dureza se vuelve nuevamente duro, crece en mi boca, la llena.

    Cuanto tiempo ha pasado, tal vez una hora, a través de las sabanas pasa más claridad.

    Al recordar la noche pasada siento que mi sexo empieza a humedecerse, espero, deseo llevar una de mis manos y acariciarlo, pero tengo miedo de despertarlo, de que se dé cuenta, me quedo quieta, sintiendo mi boca llena.

    Su sexo, comienza a moverse, a salir y entrar en mi boca, ¡me está follando!, ¡me está follando por la boca!, siento como llega hasta mi garganta, su mano se posa en mis nalgas, mientras con la otra retira la sabana de encima de mi, el aire fresco llega hasta mi cuerpo, mi rostro, el sol golpea mis ojos y me hace cerrar los ojos.

    Su mano acaricia mis nalgas, las aprieta y de vez en cuando me da un ligero azote, mientras sigue entrando y saliendo de mi boca.

    Se queda quieto, mientras noto como me inunda la boca, su semen y mi saliva llenan mi boca, intento sacar su sexo de mi boca, pero su mano, en mi cabeza, detiene mi movimiento…

    —Estate quieta, ¡no te muevas!, no te muevas.

    Acepto su orden, que otro remedio tengo, es su deseo.

    Con dificultad trago el contenido de mi boca, mientras sigo sintiendo su sexo en ella.

    Pasa el tiempo, los olores ya me son comunes, siento su tranquilidad, su paz, en el calor de su cuerpo, yo también estoy tranquila, los músculos de la boca comienzan a cansarse pero mi cerebro la ordena que se quede como está.

    Una caricia, su mano pasa por mi pelo, acaricia mi rostro, y su voz, su voz llega a mis oídos.

    —Vamos golosa, es hora de ducharse… —dice mientras empieza a incorporarse de la cama.

    Sé que esta frase la ha acompañado con una sonrisa, aunque no la he visto, lo conozco.

    Se levanta y camina hacia el baño, veo su cuerpo desnudo mientras camina con ese paso firme que le caracteriza. Él, él, él…

    Me levanto, desentumezco mis músculos, realmente necesito una ducha, mi cuerpo, mis muslos están aún húmedos de todos los líquidos que se han derramado sobre él.

    Espero a que regrese, no me ha pedido que vaya con él, le espero unos minutos. Regresa con el albornoz puesto, rasurado y oliendo a ese perfume que me enloquece.

    —Vamos, perezosa —me dice mientras me da un beso en los labios— ¿qué esperas?, ve a ducharte. Tenemos un montón de cosas que hacer hoy.

    —Sí, cariño, en seguida estoy —le digo mientras le devuelvo el beso y voy hacia la ducha.

    El agua templada resbala por mi piel, desciende desde mi cabello hasta mi espalda, corre por mis piernas, se queda en pequeñas gotas en el vello de mi pubis, dando la sensación de ser perlas multicolores.

    Me envuelvo en la enorme toalla de baño, y me dispongo a secar mi cabello, el sudor ha desaparecido, pero, será mi imaginación, creo conservar su olor, el olor a él.

    He terminado, voy a la habitación, sobre la cama me ha dejado la ropa, ¡me encanta!, ha dejado la ropa que quiere que me ponga, no la conozco, es nueva ¡la ha comprado para mi!

    Un precioso vestido de seda, de fondo amarillo con unas ligeras florecillas, con unas finas hombreras. Me llega hasta las rodillas, la falda tiene un gran vuelo, es casi como sentirse desnuda, un cinturón ciñe el vestido a mi cintura.

    Miro entre el resto de las prendas, no hay sujetador, no es que tenga un pecho excesivo, pero lo tengo lo suficientemente bien puesto como para que se me mueva si tengo que correr o hacer algún movimiento violento, pero bueno…

    Tampoco hay bragas, parece que no quiere que las lleve, bien no hay problema no me molesta. Con las medias se ha pasado, hace bastante calor como para llevar medias, pero que le vamos hacer, está bien, además son muy ligeras.

    El liguero es clásico, blanco para que no se trasparente a través del vestido, ninguna sorpresa, sé que le gusta, que odia los pantis, siempre dice que serán muy cómodos pero que le hace perder toda la belleza a una mujer.

    Los zapatos, de color negros con tacón fino, dejan al descubierto gran parte del pie y llevan una cinta que se abrocha al tobillo, el bolso a juego.

    Me he vestido, y me estoy maquillándome frente al espejo, un maquillaje ligero sin grandes subidas de tono, le gusta que sea lo más natural posible, las uñas, ese es mi feudo, de un rojo fuerte, ¡pidiendo guerra!, me sonrió frente al espejo.

    Le veo en el espejo, esta tras de mí, no le había oído llegar, con su traje de alpaca gris, con su camisa azul, sus discretos gemelos, su corbata a juego, no lo veo pero seguro que lleva sus impolutos zapatos negros de cordones con esa piel tan suave que parece que formar parte de su pie.

    —Estás muy hermosa…

    —Gracias, mi amor —respondo.

    —Ponte solo los pendientes y el reloj, no te hacen falta más joyas, tú ya eres una magnifica joya, voy a arreglar un par de papeles en el despacho ahora mismo subo. No te demores mucho, ¿vale?

    —Enseguida termino. —cierro esta frase con un beso en sus labios.

    Ha pasado el tiempo mientras contemplaba en el espejo, mientras veo esa luz de felicidad en mis ojos que no veía hace mucho tiempo.

    Escucho sus pasos en la escalera, mientras, ya de pies frente al espejo termino de darme los últimos retoques a la sombra de ojos.

    Se ha puesto tras de mi, sus manos acarician mis senos a través de la seda del vestido, y sus labios besan mi cuello, siento enloquecer y como mi se sexo se humedece.

    Pone su mano en mi espalda y la otra en mi vientre, indicándome que me recline sobre el tocador, pongo mis manos en el mueble, mi cara queda casi pegada en el espejo, mientras escucho el ruido inconfundible de la cremallera de su pantalón bajar.

    La falda ha quedado sobre mi espalda, le estay ofreciendo mi sexo, mi culo todo para él.

    Siento su polla a la entrada de mi sexo, como poco a poco entra en él, como comienza a bombear, hasta dentro, muy a dentro, mas adentro…

    Comienzo a moverme yo también, atrás, adelante, siento su sexo caliente, mi sexo húmedo, sus manos en mis senos, Oh!! siento llegar el orgasmo, siento, siento, siento. Él se derrama en mi interior, su cuerpo descansa sobre mí, sus brazos me ligan por la cintura, la paz, tras el placer, me llena.

    Él se queda quieto, unos momentos, saca su sexo, lentamente hasta que me deja vacía, llena de él, pero vacía, su mano acaricia mi nalga y me da una palmada.

    No sé cuál es la razón, pero se me escapa un pequeño grito, ¿de sorpresa?, ¿de placer?, y una frase escapa de mi subconsciente llegando hasta mis labios.

    —Azótame, azótame, por favor.

    Se separa de mí, le veo en el espejo quieto como pensando si darme ese placer, mientras yo me quedo en la misma posición sin moverme, esperando su decisión.

    Escucho el ruido que hace su cinturón al salir de las trabillas del pantalón, cierro los ojos, bajo la cabeza y escucho el ruido al rasgar el aire…

    El cinturón cae sobre mis nalgas, varias veces, siento el ¿dolor?, ¿placer?, ya conocido…

    Por último, sus labios besan mis nalgas, sus labios besan mi cuello, susurran a mi oído.

    —Termina de arreglarte mi amor, tenemos muchas cosas que hacer esta mañana.

    En el espejo mientras bajo mi vestido, veo como él se coloca el cinturón nuevamente.

    Agarra mi mano y juntos descendemos hasta el jardín, abordamos el coche. No le he preguntado que tenemos que hacer, ya me enteraré. Como siempre abre mi puerta y espera a que este sentada antes de ir a su sitio.

    Hablamos de cosas intranscendentes durante el recorrido.

    Está buscando hueco para aparcar el coche “esta ciudad cada vez está peor” comentamos.

    Mientras paseamos por la ciudad, siento como el aire entra por mi falda y refresca mi sexo, como poco a poco se escapan los líquidos desde mi interior, resbalan por los muslos hasta el inicio de las medias, es bonito sentirlo, es como sentir por segunda vez. Las nalgas están un poco doloridas pero no me quejo, camino junto a él, viendo los escaparates.

    Nos paramos frente a una tienda de deportes, de hípica, de las muchas que hay en esta ciudad, es increíble lo mucho que gustan los caballos.

    —Has visto esa fusta —me pregunta.

    —Si —respondo mientras miles de fantasías pueblan mi imaginación.

    —¿Te gusta?

    —Si…

    —¡Vamos a comprarla!

    El precio es insultantemente caro, es de un cuero especial, y está diseñada, bla, bla, bla…

    El dependiente sigue su explicación mientras él parece escucharle atentamente, pero en realidad está acariciando mis nalgas a través del vestido.

    Yo, por mi parte, mantengo las manos caídas, mientras siento sus caricias en mi dolorido culo y comienzo a sentir como se humedece mi sexo mientras mi imaginación corre desbocada y mi mirada no se separa de la fusta de «cuero especial».

    Con la fusta en una preciosa bolsa, ecológica de papel reciclado, estrecha y larga como la propia fusta, salimos a la calle y seguimos curioseando escaparates, su brazo pasa por mis hombros mientras yo me he ligado a su cintura, el aire primaveral recorre mis piernas, hincha ligeramente la falda, lo noto entre mis piernas, acariciando mi vello púbico, enfriando mis calores.

    —Tienes hambre —me pregunta.

    —La verdad es que un poco, por si no lo recuerdas solo te desayune a ti.

    —Jajaja —ríe por un momento— conozco un buen restaurante cerca de aquí, es comida alemana, ¿te apetece?

    —Por supuesto, ¿vamos andando?

    —Sí, está aquí mismo.

    El restaurante es una reproducción de un restaurante alemán de principio del siglo pasado, me refiero al XX, las mesa están situadas en unos semi reservados con un separador de poco más de 1,70 metros de alto, pero que permite dar esa intimidad a cada mesa que es tan agradable en muchos casos.

    Él esta hambriento y en honor a la verdad yo también, tras pedir varias ensaladas encarga un surtido de salchichas alemanas con col agria y puré de patata, todo acompañado de un buen vino blanco del Rhin.

    Sobre la mesa la comida parecía un bodegón de múltiples colores, las ensaladas, la fuente de salchichas parece que nos está llamando con sus olor y colores.

    Unas de las salchichas, blancas, gruesa, de cómo 15 cm de larga, humeante, al haber sido cocinadas al vapor, le llama la atención.

    Estamos conversando de los acontecimientos internacionales, los movimientos bursátiles, cuando, sin previo aviso, cambiando el tono de voz, a ese tono que me es tan conocido…

    —Coge una y métela en la boca, ya sabes cómo, como si fuera la mía…

    No pregunté a que se refería, había seguido su mirada en un par de ocasiones y tenía muy claro a qué se refería.

    Tomo una, la que vi he visto más gruesa y larga entre mis dedos, y lentamente la llevo a mi boca, primero introduzco la punta y poco a poco la voy introduciendo más y más, hasta casi chocar con mi garganta.

    Esta caliente, y me quema la lengua y los labios, pero continuo haciéndola entrar y salir de mi boca.

    Él, recostado en su silla, con las manos sobre la mesa se mira en silencio, con esa mirada que me fascina, en la que no puedes leer lo que piensa, la mirada que siempre he asimilado al tahúr de póker, de quien nunca sabes si tiene en la mano una escalera de color o cinco cartas surtidas.

    Su voz, nuevamente esa voz que me hace ponerme rígida, que me eriza los cabellos.

    —Métela.

    —¿Mas? —pregunto ingenua.

    —Métela, ya sabes dónde.

    —Está caliente, muy caliente, me va a quemar —mi voz había cambiado, la noto con un tono de súplica.

    —Procura que no se manche el vestido.

    Por un momento no supe que hacer, luego lentamente me levanto de la silla mientras saco la salchicha de mi boca, levanto mi falda hasta descubrir mi pubis desnudo, sujeto con una mano el vestido, separo mis piernas y acerco la salchicha a mi sexo, efectivamente la noto caliente, no tanto como esperaba, su paso por mi boca la ha enfriado bastante.

    Lentamente la voy introduciendo en mi coño, empujándola hasta que me penetra, cuando está dentro, me asalta la duda, ¡me tiene que estar viendo todo el restaurante! Miro a mi alrededor, al resto de las mesas, afortunadamente el panel de madera que separa las mesas me protege, nadie a la vista afortunadamente.

    Junto las piernas mientras noto el calor en mi interior, en mis muslos, me quedo de pies, mientras dejo caer la falda.

    Le estoy mirando a los ojos, desafiante, mientras me siento llena por dentro y avergonzada.

    —Siéntate, recuerda no manches la falda, una mancha en ese vestido queda horrible —me dijo mientras sonreía— aunque sea por detrás y tú no la veas.

    No sé cómo hacer, lentamente levanto la falda por detrás de mi cuerpo, recogiéndola al mismo tiempo, hasta poder sentarme sobre mi trasero sin que la falda se interponga entre este y el asiento de la silla.

    Dejo las manos sobre la mesa y me quede mirándolo, hasta que, sin saber la razón clavo la vista en el plato que tengo frente a mí.

    Nuevamente ha comenzado a hablar en el mismo punto donde habíamos interrumpido la conversación, mientras yo, cada vez más azorada, pienso en la salchicha rompiéndose en mi interior e intento hacer los menores movimientos posibles.

    El tiempo pasa y tras pedir los cafés solicita la cuenta al camarero, paga y se levanta, solícitamente, me tiende la mano para ayudarme a levantar, el terror me invade, se romperá, seguramente se romperá. Tomo su mano y me levanto, intentando no reparar los muslos.

    Ya de pie, tengo que separar las piernas para lograr algo más de estabilidad, siento como se desliza de mi interior, como resbalaba de entre mis muslos y con un ruido ensordecedor, seguramente todo el restaurante lo ha escuchado, cae de entre mis piernas en el suelo.

    La realidad es que nadie se ha dado cuenta, afortunadamente, creo morir de vergüenza incluso siento como el rubor sube a mis mejillas, en el suelo entre mis pies reposa la salchicha.

    —No te preocupes, encontraremos algo que no se caiga cuando te levantes. —me dice casi en al oído mientras acerca sus labios para darme un beso en la mejilla.

    —Gracias —solo acerté a decirle un tímido gracias.

    Paseamos por un parque cercano disfrutando de sol y la brisa primaveral, pero el sol, incluso en primavera, termina por ocultarse y junto al sol tomamos el coche para regresar a casa, esta noche podría ser maravillosa, así lo esperaba.

  • Deseaba mucho a mi hermana

    Deseaba mucho a mi hermana

    Todo empezó hace ya varios años, yo tenía 20 y mi hermana tenía 18, yo nunca me había fijado en ella. Mis amigos y yo nos sentábamos a platicar acerca de unas muchachas muy guapas que vivían en la misma calle, ellas eran tres hermanas y tenían un hermano que era el menor, el cual todos envidiábamos porque al pasar por su casa podíamos ver a las tres chicas tendidas en el suelo viendo TV con unos diminutos shorts de tela delgadita, y él sentado ahí en el suelo viendo aquel espectáculo. De mi hermana nunca hablaban al menos cuando yo estaba presente, era nuestra manera de pasar el tiempo, pero un día hablando de aquellas chicas pensé que yo también tenía una hermana y que además también era muy guapa.

    Las siguientes semanas solo me dediqué a observar como caminaba, memorizando su cuerpo, cada una de sus curvas y me imaginaba haciendo el amor con ella, después decidí que no era suficiente con observarla vestida, así que hice un pequeño hoyo en la puerta de la regadera tan pequeño que casi no se notaba sino le ponías mucha atención. Por ese hoyo pude observar su lindo cuerpo, observé por primera vez sus caderas, sus piernas firmes y carnosas que resaltaban cuando se ponía minifaldas, sus nalgas bien apretadas, las que escondían su ano pequeñito que pude ver por un instante cuando se agachó un poco dándome un hermoso espectáculo, sus pechos eran medianos y firmes los cuales se movían hacia arriba y hacia abajo cuando hacía un movimiento rápido. Después de un tiempo la seguí espiando mientras se bañaba y después me masturbaba en mi cuarto pensando en esas visiones.

    Había llegado a desear tanto a mi hermana que ya no podía comer cuando ella estaba en la mesa, por supuesto que mis padres no sospechaban nada, solo veía como movía sus labios al comer y me imaginaba que se sentiría tener mi pene dentro de esa boca y esto me enloquecía, fue cuando decidí plantearle mi situación y lo que sentía hacia ella, pensé en muchas formas de decirlo sin que se enojara y le dijera a mis padres, pero ya no podía resistir más, así que un día que mis padres salieron de casa a visitar a unos tíos, decidí que ese era el momento de actuar.

    Miriam estaba viendo la tele vestida con una bata de dormir en el sofá de la sala, me senté a su lado y comencé a hablarle de todo lo que se me ocurría en ese momento, ella apagó el televisor, me miró a los ojos y me preguntó que si yo le ocultaba algo, ese era el momento que esperaba, entonces le platiqué todo lo que sentía hacia ella, que la había visto desnuda varias veces a lo que ella solo me miraba, cuando al fin terminé, solo nos quedamos viendo y luego se fue y yo me quedé sentado ahí en ese sillón. Pasó el tiempo y ya no volvimos a tocar el tema para nada, hasta hace como un año que empecé a notar que ella se mostraba muy juguetona conmigo, me abrazaba, me sonreía y a veces pasaba rozando mi cuerpo con el suyo, lo que me dejaba algo excitado, pero yo no me decidía a plantearle nuevamente la situación.

    Pensé en un nuevo plan, pero este necesitaba de una casa donde no pudiéramos ser molestados y recordé que en mi trabajo rentan una casa para cuando vienen personas del extranjero y que trabajan para la compañía y que en este momento estaba sola. En la primera oportunidad que tuve saqué copia de la llave, a la semana le dije a mi hermana que estaba viendo unas casas porque quería rentar una, que si quería acompañarme, a lo que accedió feliz.

    Al llegar a la casa por supuesto que no había nadie y le dije que el dueño no podía venir, pero que me había dado la llave para que viera la casa. Entramos y la vimos por todos lados, había una sala con un sofá muy cómodo en el cual nos sentamos los dos, platicamos acerca de lo que le parecía la casa y todo eso. Era tiempo de poner nuevamente manos a la obra, así que le dije que si recordaba que alguna vez yo le había hablado de tener relaciones con ella, me dijo que si, y le pregunté que qué opinaba ahora de ello, me dijo que no sabía que decir. Le tomé la mano y le dije que podíamos probar, que me detendría cuando ella lo dijera, a lo que aceptó con un poco de recelo.

    Le dije que cerrara los ojos mientras comencé a besar su cuello, ella solo respiraba profundo con cada beso, desabotoné su blusa y deslicé una mano por debajo del sostén, acariciaba sus senos suavemente, eran muy suaves y firmes y con la otra mano le acariciaba la entrepierna. La tomé por la cintura y la recosté en el sofá, lentamente le quité la blusa y el brasier, sus pechos estaban erectos y me ofreció esa boca que tanto había deseado antes, nos besamos un largo rato y después besé sus pechos, mordisqueaba sus pezones pequeños y erectos, me desnudé y terminé por desnudarla por completo. Por fin podía acariciar su hermoso cuerpo.

    Nos acomodamos en 69, yo hundía mi cara entre sus piernas y lamía su clítoris que también estaba muy húmedo, mientras ella mamaba todo el tronco erecto que yo le ofrecía, después de un rato dejé ir chorros de semen en su boca y se los tragó gustosa. Le pregunté si quería que la penetrara y ella accedió, la puse de pie espaldas a mí y le dije que se recargara con las manos en el sillón, puse mi pene en la entrada de su vagina y empujé, ella gemía y respiraba rápidamente, empecé a entrar y salir una y otra vez penetrándola hasta que mis testículos topaban en su vagina. Le di la vuelta y me recosté sobre ella y la seguí penetrando, con mis manos tomaba sus senos y con mi lengua exploraba su boca deliciosa, hasta que le llené la vagina también de semen.

    Nos sentamos en el sofá a descansar mientras nos besábamos, ella tomó nuevamente mi pene y lo llevó hasta su boca, era una sensación indescriptible como acariciaba con su lengua la punta y luego mis testículos, entretanto yo había llevado mi mano hacia su trasero y había logrado meter un dedo en su pequeño ano, cada vez que metía y sacaba el dedo ella gemía de placer y me pedía que se lo metiera más adentro, le dije que la iba a penetrar por atrás, pero me dijo que le iba a doler mucho porque estaba muy grande, le dije que lo haría despacio. La puse de rodillas en el sofá e incliné su cuerpo para abajo, la veía empinada ofreciéndome ese culito tan sabroso mientras me miraba a los ojos por un lado de su hombro, la tomé por las caderas y le dije que separara sus nalguitas con sus manos, comencé a penetrar lentamente su ano mientras veía los gestos de dolor en su cara, pero solo duró hasta que la tuve totalmente ensartada por atrás, comencé a tirar hacia atrás de sus caderas y cada ensartada era un grito de placer de ella, me vine por tercera vez dentro de ella y así estuvimos un largo rato, regresamos a casa y ahora cada vez que quiero me llevo nuevamente a mi hermana a esa casa para pasar momentos inolvidables.

    FIN

  • La mamá de Max (IV): Llega su marido

    La mamá de Max (IV): Llega su marido

    La señora Marlene y yo continuábamos con nuestro oasis de placer, esta ocasión me había hablado para que fuera a su casa, estaba sola y muy caliente y que mejor que el amigo de su hijo para encargarse de eso.

    Llegue puntual, ella me esperaba en bata y con una botella de ron, a ella le encanta el ron, brindamos y coqueteábamos mutuamente.

    A sus 50 años, aun paraba cualquier verga, sabía lo que traía y como usarlo, me sentía muy afortunado al ser yo quien le diera verga, bueno a ser uno de tantos.

    Subimos a su habitación, puso música de reggaetón y comenzó a bailarme muy sexy yo disfrutaba su show acariciándome mi verga, ella sonreía y se despojó de su bata mostrándome su cuerpo desnudo y con olor a flores.

    L: ¡Que buena estas!

    M: ¡Gracias, eres un amor!

    L. No puedo creer que me hayas llamado para esto!

    M: ¡Es que coges muy rico y me gusta cómo me lo haces!

    Me comenzó a desvestir mientras nos besábamos, aunque era un poco arriesgado estar ahí, ya que podían cacharnos, pero no me importo y seguí mis instintos.

    Ya ambos desnudos, comenzamos a acariciarnos mutuamente mientras me mordía mi labio, ella ese día estaba diferente, no parecía como las veces anteriores, así que yo me deje llevar por la mama de Max.

    Me acostó y fue directo a mi verga, la cual ya estaba durísima, yo respiraba aceleradamente al sentir su boca rosar con mi glande.

    M: ¡Que grande!!

    L: ¡Ah!! ¡Eres fenomenal!

    M: ¡Y eso que aún no te hago nada!

    L: Pues comienza, ¡por favor linda!

    Marlene comenzó a darme tremendas chupadas, de esas chupadas que solo ella y su experiencia sabían dar, me tenía retorciéndome me acariciaba las bolas, las mordía, colocaba mi verga en medio de sus ricas tetas, me masturbaba con ellas, se sentía delicioso, luego abría su boca y la tragaba de golpe, en verdad que rico oral me daba.

    L: ¡Ah!!! ¡Que rico, no pares!

    M: Eso, uhm, que dura se te pone, ¡uhm!!

    Continúo demostrándome que era muy buen con su boca, yo ya sudaba del placer, mi verga ya estaba toda babeada, Marlene la tragaba hasta ahogarse y luego la sacaba para aspirarla velozmente, la jalaba con su suave mano y apretaba mis bolas, yo no aguantaría más, la verdad me tenía dominado.

    L: ¡Me voy a venir!!!

    M: ¡Sácalos, dámelos de comer!

    L: ¡Por dios, que rica!

    M: ¡Si!! ¡Dámelos papi, dámelos!

    No aguante más y expulse un gran chorro de semen espeso y caliente, miraba como la señora lo recibía con la boca abierta, los saboreaba y tragaba, ¡que rico! me la seguía mamando comiéndose totalmente mi leche, que mujer tan rica.

    L: ¡Mami, dios mío!!

    M: ¡Que ricos mecos!

    L: ¡No sabía que te gustaban!!

    M: ¡Es que tú me encantas!

    Se puso de pie y nos besamos apasionadamente mientras apretaba sus ricas nalgas y sus tetas hermosas.

    M: ¡Ahora te toca!

    Se acostó y mientras mi verga reposaba me dirigí a comerme su rico toto, depilado y húmedo, un manjar de dioses. Le abrí las piernas y con mi lengua recorrí sus carnosos muslos y sus ricas nalgas, aprecia gato lamiéndole por esa zona, luego con mis manos acaricie su rica concha, ella era muy sensible al tacto y se retorcía al sentir mis dedos, con mi lengua probaba sus labios vaginales, lo hice en repetidas ocasiones como si la estuviera besando, luego abrí su vagina y me trague su rico néctar, el néctar erótico que salía de ella al sentir mi lengua entrar y salir de su cálida vagina.

    M: ¡Oh!! ¡Así que rico!

    L: ¡Me encanta tu concha amor!

    Le devoraba su clítoris inflado y rojo, lo mordía suave y lo metía a mi boca chupándolo como loco, metía mi lengua simulando una follada, le apretaba las nalgas empujándola a mi boca, Marlene se retorcía como gusano, llevaba mi lengua de su vagina a su ano, le di un tremendo beso negro a su sensual ano cuidado y aseado, continúe metiendo mi lengua en su vagina, acompañe mis lamidas con dos dedos, que palpaban hasta donde podía entrar, Marlene jadeaba y gemía, le encantaba ser comida de esa forma.

    M: ¡Ah, sí así, que rico!

    L: ¡Tu concha es un manjar!!

    M. No pares, por favor no pares!!

    L: ¡Uhm!!!!! ¡Que sabor!

    M: ¡Oh!! Luis me voy a venir me voy a venir papi!

    L: Si, córrete en mi cara vamos, ¡uhm!!

    Le comí su coño como loco, la dedeé y metí mi lengua de tal forma que conseguí que Marlene se viniera y tuviera un rico orgasmo.

    M: ¡Ah!!! ¡Papi!!

    L: Si, ¡córrete me la has puesto dura!

    Ella aún se retorcía de su orgasmo, me acomodé y le abrí las piernas para darle en misionero, me movía como gusano, empujándome fuerte y suave al mismo tiempo, nos besábamos, nos mordíamos, me comía sus pezones, ella me abrazaba con sus piernas y movía su cadera para sentirme mejor.

    M: ¡No pude ser que te conocí de niño y ahora me estas cogiendo!

    L: Sí, ¡no puedo creer que siempre tuve una diosa sexual en frente!

    M: ¡Si, cógeme, agh!

    L: Si, toma, uhm, ¡siente mi dureza!

    Marlene cerro sus piernas y yo subí encima como si la aplastara, en esa pose la toque del cuello y me empuje con toda fuerza, ella gemía y gritaba, también se movía riquísimo, que rico cogía la mama de Max.

    L: ¡Dios, que rico, agh!

    M: ¡Si, que buena verga!!

    L: ¡Seguro que tu marido no te coge como yo!!!

    M: ¡Ni en sueños!!

    L: ¡Ponte en cuatro te voy a coger duro!

    Se veía magnifica en cuatro, sus nalgas paradas y escurriendo fluidos por sus muslos, ¡que escena! La tome de su cadera y lentamente le fui introduciendo a mi amigo, ella se movía al sentir como entraba, una vez dentro, al tome con fuerza de su cintura y comencé a embestirla con violencia, la penetraba hasta el fondo, mis huevos chocaban en sus nalgas, le daba de nalgadas con mucha fuerza, me movía como toro en brama, ella gritaba y me pedía más y más.

    M: ¡Ah!!! Luis, que rico!!

    L. Dios, toma, uhm!!!

    M: ¡Si!! ¡Soy tuya, uhm!!

    L: ¡Si!! ¡Toda tu eres mía nena!

    Mientras conversábamos mis movimientos eran más fuertes, al estrujaba con todo, le jalaba su cabello, me movía como loco, sentó como se retorcía y empezó a correré a chorros, teniendo un segundo orgasmo.

    M: ¡Ah!!!! ¡Que rico!

    L: ¡SI, córrete amor!

    Me acosté y le pedí subiera a cabalgarme ella aun temblando pro el orgasmo subió, yo la tomé de las nalgas y empecé a moverla tomando el control de su cuerpo.

    Una vez que reacciono se movía en círculos y se levantaba un poco para dejarse caer en mi verga dura, me miraba fijo, sus ligeras arrugas combinadas con sus ojos color claro me tenían a mil.

    Su cabalgada era fenomenal, yo jadeaba y me retorcía al sentir como la mama de mi amigo trituraba mi verga.

    L: ¡Nena, uhm!!

    M: ¡Ah!!! ¡Papi que rico agh!!

    L: ¡Si muévete, que rico te mueves nena, agh!

    M: ¡Dios, nunca había estado en esta cama gozando!

    L: ¿tu marido no sabe coger? ¡No te preocupes, aquí estoy amor!

    M: ¡Ah, si, que rico!!!

    Se dio la vuelta moviéndose como licuadora, yo la tomaba de las nalgas y al dejaba caer en mi con mucha fuerza, jadeábamos gemíamos, se movía fenomenal, estábamos en el clímax de la situación.

    L: ¡Si amor vamos muévete!

    M: ¡Sácala, préñame amor vamos!!

    L: ¡Si, córrete conmigo amor!!

    M: ¡Ah!!! ¡Si bebe, ahí viene ah!

    L: ¡Eso no pares, agh!!!

    Moviéndonos como locos nos venimos juntos teniendo un orgasmo muy rico! Marlene se retorcía y yo gritaba, era fenomenal tener una mujer de su talla encima mío y llena de mi semen.

    Una vez que paso el orgasmo nos acomodamos en un 69 y empezamos a limpiarnos mutuamente, pero yo también le lamia su rico culito que ya se encontraba un poco dilatado.

    Ella me tenía gimiendo como loco al sentir como se tragaba toda mi verga y yo le comía el clítoris y ya le metía un dedo por su rico y apretado ano.

    L: Vamos, ¡pónmela dura que te quiero partir por aquí!!

    M: ¡Uhm!! ¡Pero bebe!

    L: Pero nada, dijiste que eres mía, ¡entonces esto también se incluye!

    Una vez dilatada y yo bien duro la acosté con las piernas abiertas, ella estaba en posición como si fuera a dar a luz, agarrándose las piernas abrazándolas, dejándome su rico culo para mí.

    Coloque mi cabecita y ella se estremeció, miro atenta como lentamente le entraba mi verga, ella gritaba y abría los ojos al ver como cada cm de mi dura verga le iba entrando.

    L: ¡Esta apretadísimo!!!

    M: ¡Ah!!!! ¡Me duele!!

    L: ¡Relájate y respira que apenas estamos empezando!

    Una vez con más de la mitad de mi verga dentro, empecé a moverme suave, le besaba sus ricos pies mientras me movía despacio, ella se quejaba, ¡pero continuaba observando cómo le entraba y salía! Acelere mis movimientos para hacerla gritar más apoyándome en sus piernas me empujaba con fuerza, su culo era apretadísimo, a pesar de sus 50 años ella lo tenía con perrito y eso me tenía como toro loco.

    M: ¡Auch!! ¡Duele, agh!

    L: ¡Si, goza, uhm!!

    M: ¡Luis!!! Agh!!

    Sus quejidos me tenían como loco, la tome de las piernas y empecé a embestirla como bestia, le mordía la boca, las tetas y todo lo que estuviera a mi alcance, ella no hacia otra cosa más que gemir y pedirme más y más verga en su rico ano.

    Me senté en la cama y tomándola de las nalgas la ensarté con violencia, ella empezó a moverse delicioso, su ano me daba un placer enorme, empoza a darse de ricos sentones, yo acariciaba su cuerpo, apretaba sus pezones y jugaba su concha, Marlene estaba poseída por mí.

    M: ¡Que rica verga, ah!!!

    L: ¡Si, déjate caer mami!!!

    M: ¡De veras mi esposo!!!

    Estábamos tan metidos en el sexo que se nos pasaron las horas y su marido podría llegar en cualquier momento, pero eso no me detuvo, continuaba tomándola de su cadera y dejándola caer con fuerza sobre mi dura verga.

    L: ¡Si, que llegue y vea como te doy!

    M: ¡No!!! ¡Ah!

    L: ¡Que rico que encuentre a la mujer de su vida cogiendo analmente con el amigo de su hijo!

    M: ¡Ah!!! Basta Luis, no digas eso, ¡ah!

    L: Sé que te excita, ¡te excita lo que digo!!

    La puse en cuatro en la cama y yo parada se la metí con fuerza, de un solo golpe, ella exclamando de placer, movía su cuerpo y arañaba sus sabanas, las sabanas que compartía con su marido y ya estaban llenas de mis fluidos.

    L: ¡Si, que vea la putita esposa!!!

    M: ¡Mas, dame más!

    L: ¡Ves!!! tu eres un manjar, ¡él no te merece!!

    M: ¡Métemela papi, agh!!!

    Jalándole el cabello le metía mi verga empalándola con todo, ella parecía que vomitaría o que la estaba atravesando sus nalgas se movían fantástico, continuaba diciéndole cosas de su marido y eso la tenía como loca, mientras poco a poco conseguía generarle un orgasmo más y yo estaba por correrme.

    L: ¡Muévete perra!!!

    M: ¡Si, agh, soy tu perra!

    L: ¡Ah, me vengo nena!!!

    M: ¡yo también papi, dámela, agh!!!

    El orgasmo fue fenomenal, mi semen le lleno el culo y se escurría por sus piernas cayendo en sus sabanas, sus líquidos salían como lluvia y se retorcía riquísimo, que mujer.

    Se la saqué y se la puse en la boca, ella me la mamo riquísimo, limpiándome y dejándola de lujo, yo acariciaba su cabeza y pezones, nos mirábamos con deseo, justo cuando Marlene se comía mi semen restante abría la puerta su marido.

    -Qué carajo!!!

    L: ¡Hola señor, que rica esposa tiene!

    El solo se quedó pasmado, Marlene no hizo más que sacarse mi verga de su boca y sonreírle, estábamos ajenos a la realidad, en lugar de correr o vestirnos seguíamos desnudos y sexosos.

    – Que hacen, ¡llamare a la policía!

    M: ¡Tú no le hablaras a nadie! ¡Ahora yo mando aquí entiendes!!

    – ¿Pero qué dices mujer?

    L: Así es señor, no creo que se atreva a arruinarle la vida a sus hijos ni a su mujer, ¡mejor relájese ya me voy y los dejo hablar!

    Con toda la arrogancia del mundo abrace Marlene y la bese de lengua, mientras ella me acariciaba la verga y yo sus nalgas ante la mirada atónita de su viejo marido.

    A partir de ese día, Marlene y yo formalizamos nuestra relación de amantes, su marido lo sabía, pero no hacía nada, de hecho, cogíamos frente a él, creo que poco a poco lo enviciamos a vernos coger, todo hasta que Max se enteró, pero eso es otra historia.

  • Tentativas sensuales

    Tentativas sensuales

    Hace un año aproximadamente nos habían invitado a un bautizo en una hacienda por Lurín, fue en horas de la tarde, yo tuve que asistir sola al compromiso ya que por razones de trabajo mi esposo recién tendría tiempo de acompañarme por la noche, llegué al lugar a eso de las 3 pm, era un local muy bien arreglado, bonito y había mucha gente.

    Desde que llegué se acercó a atenderme un señor de unos 40-41 años muy amable y tratable supuse yo que era familia del dueño de la hacienda. El señor fue muy atento conmigo, me acompañó casi toda la tarde, me servía que tomar, conversaba, bailaba conmigo, todo muy educada y atentamente. Así pasaron casi cuatro horas en que en ningún momento se separó de mi lado, me conversaba y su conversación era muy amena y entretenida.

    Aproximadamente a las siete de la noche llegó mi esposo y como era de suponer los presenté. Grande fue mi sorpresa cuando en vez de retirarse el amigo, que era lo que yo me imaginaba, no lo hizo, al contrario se quedó a nuestro lado y empezó a hacer amistad con mi esposo. Conversaban de una y otra cosa y poco a poco fueron dándose cuenta de que se conocían, que habían estudiado juntos y que incluso eran de la misma promoción de la secundaria y del mismo salón, pero que los años y la gordura no les había permitido reconocerse de inmediato, que cosas.

    Eso permitió que se ganara más confianza entre todos y seguíamos bailando y tomando, pero ahora ya mucho más amigos, todo muy educadamente de parte de él, pero resultó más bailarín que cuando estábamos sin mi esposo.

    Ya así entre bailando, tomando, riéndonos y en confianza el reloj marco las diez de la noche más o menos pero la reunión estaba muy bonita, mucha gente pero nosotros éramos una isla solos los tres pero bien divertidos.

    Ya creo que ahora por efectos del trago, los bailes o la confianza que había entre nosotros, el amigo que se llamaba Carlos, era mucho más alegre y entrador, ya se insinuaba más como bailarín y enamorador, yo notaba que me tomaba más rato de la cintura para bailar, que me pegaba más a él pero claro muy disimuladamente, que me rozaba de vez en cuando, que quería hablarme casi al oído y así cositas que como mujer me daba cuenta habían cambiado desde el momento en que nos conocimos.

    Como se entiende yo ya también estaba algo tomadita y más alegre que hasta le permitía algunos avances pequeños, claro casi como tomándolo a la risa o graciosamente, no sé si por efecto del trago o la confianza, confieso con sinceridad que hasta ese momento no pasó por mi mente ninguna clase de las ideas locas que a veces nos asaltan a los seres humanos; claro, yo ya había visto en películas con mi esposo y hasta habíamos conversado ideando algunas fantasías pero nade de recordarlo ni imaginarlo hasta ese momento.

    Sin embargo ya a eso de las once de la noche y ante lo poquito más atrevido de Carlos es que se me ocurrió seguirle la corriente casi como insinuándome ante él, de esa forma también él fue alguito más atrevido, ya me tomaba más de la mano, incluso cuando salíamos y cuando regresábamos a la mesa para bailar me llevaba y me traía de la mano y yo se lo permitía, cuando bailábamos me hacía girar como trompo y me dejaba de espadas a él muy pegadita de tal forma que nos rozábamos bastante, me hablaba muy cerca de mi oído que me hacía sentir como electricidad cuando se acercaba, y así cositas algo bonitas y ricas, jajaja a veces pienso que con unos tragos adentro una mujer se vuelve algo loca.

    Bueno ante todas estas cosas claro que muy disimuladamente Carlos me pidió que le diga a mi esposo para irnos a celebrar el reencuentro a otro lugar como una disco o un bar, a lo que le respondí que tenía que ser él quien se lo dijera y no yo, me preguntó si a mi me gustaría y le dije que bueno, como les digo pensé seguirle la corriente y esa era una bonita manera creo yo.

    Bueno así nos dieron la once y pico de la noche y le comunicamos que ya queríamos retirarnos, que estábamos lejos y que no habíamos llevado auto, así que el muy amablemente se ofreció a trasladarnos en su auto hasta Lima ya que él también se venía.

    Después de bailar algo más animados una media hora más nos retiramos de la fiesta y nos embarcamos en su auto, yo me senté en el asiento posterior y mi esposo de copiloto, veníamos conversando de sus recuerdos escolares y de juventud y después de un buen trecho Carlos se animó a decirle a mi esposo para ir a celebrar el reencuentro con un par de tragos que él invitaba a otro sitio.

    Como es lógico mi esposo volteo a consultarme y lo acepté gustosamente, estábamos en diversión y todavía era temprano, además estaba algo tomadita y muy alegre. Acá el amigo Carlos para agradecerme también volteó su cara y noté que su mirada fue directamente a mis piernas ya que como estaba con falda y en el asiento de atrás se me había subido un poco hasta los muslos y me sorprendió su mirada directamente allí, lo noté con una risa sarcástica y solo atine a sonreírle, parece que eso lo animó y empezó a mirarme más seguido por el espejo retrovisor a tal punto que hasta lo colocó de tal manera que podía mirarme directamente, y como mi esposo estaba a su costado no se daba cuenta de nada de eso; la verdad eso me gusto su gesto y me calentó algo más por lo que decidí más aun seguirle el juego, así que también lo miraba y me sonreía por las muecas que por el espejo me hacía.

    Después de manejar un buen trecho, él nos llevó a un bar en la playa la herradura, subimos unas escaleritas y llegamos a un lugar bonito con varias mesas y una pista grande de baile algo alejada, unos diez metros de las mesas.

    Allí pedimos tragos y seguimos reunidos, conversábamos y bailábamos más seguido, ya ahora si el ambiente era otro, más romántico, más reservado, algo más oscuro y bonito. Ya durante el baile Carlitos se mostró más efusivo conmigo y como yo había decidido seguirle algo la corriente entonces la reunión se hizo más amena, interesante y excitante, entienden?…

    Ya ahora mientras bailábamos ya Carlos me tomaba más de la cintura, mas pegaditos, mas movimientos, me hablaba al oído, me decía cosas románticas y bonitas que me sonrojaban y calentaban, llego en cierto momento a rozarme casi los labios y como les digo yo le seguía la corriente. Me contó que había puesto el espejo retrovisor justo para mirarme las piernas, también que era muy guapa y sensual y que era bastante la suerte de mi esposo por tenerme para él, que había mirado mis piernas al momento de subir las escaleras y que yo le gustaba bastante.

    Como entenderán eso me enervó y me sonrojó muchísimo, me dijo que le gustaría que bailara todo el rato con él, que por favor me voltee un buen rato y que le baile de espaldas para mirarme la cola y que después así de espaldas me pegue a él para bailar juntitos.

    Todo eso me calentó bastante y de loca así lo hice; ya ahora todo el ambiente entre nosotros estaba caliente y por mi mente pasaban ideas que me predisponían a aventurarme a muchas cosas algo más atrevidas. Como algo de eso ya lo había conversado con mi esposo aproveché un momento en que Carlos se fue al baño para contarle lo que estaba sucediendo y que me gustaría intentar esa fantasía que en algún momento ya habíamos conversado. Le conté de los avances y atrevimientos de Carlos y luego de preguntarme si estaba segura de lo que le decía me dijo que ya todo dependía de mí, que sería yo la que debía o no aceptar lo que mi amigo quisiera, eso me animó a seguir con el jueguito y ya cuando bailábamos con Carlos ya era yo la que incluso me insinuaba algo más sonriéndole, y coqueteando con sus insinuaciones.

    Ya ahora nuestros bailes eran más calientes, ya con el consentimiento de mi esposo y mis fantasías de por medio, ya le permití al amigo muchas cositas más atrevidas, por ejemplo me bajaba ya más las manos sobre mis caderas al bailar, me tenía muy pegadita a él que hasta lo sentía fuerte, se atrevió a decirme que le gustaban mis senos y es que estaba con una blusa algo descotada y se notaban algo más que un poquito. Eso me enardecía muchísimo y permití que me los tocara claro encima de la ropa, metía su pierna entre las mías para bailar y allí me tenía un buen rato en fin cosas que de verdad me calentaban más y más.

    Ya cuando íbamos a la mesa me llevaba de la mano y cuando nos sentábamos no me la soltaba de tal forma que por debajo de la mesa el posaba su mano sobre la mía y sobre mis rodillas y allí la dejaba; en algún momento intento subir su mano hacia mis muslos, claro por debajo de la mesa, pero solo lo permití hasta un poco más arriba de la rodilla.

    Después cuando mi esposo se fue al baño me pidió que le permita darme un beso, a lo que asentí llegando a darme un beso largo y fuerte que completó mi calentura, como entenderán todo estaba dispuesto para una noche plena de locura, amor y pasión.

    Bueno así seguimos hasta casi las dos de la mañana, muy calientes y dispuestos a muchas cosas con el consentimiento de mi esposo, en un aparte y conversando un ratito con mi esposo le pedí para invitar a casa al amigo y divertirnos un rato mas ya de manera más reservada que en la disco, en ese tiempo vivíamos solos en un departamento en Lince, él lo aceptó y decidimos ya retirarnos del bar.

    Al embarcarnos en el auto ahora el amigo Carlos me abrió la puerta del copiloto y yo me senté en el asiento delantero, mi esposo atrás y regresábamos a Lima, como el camino es largo y el amigo venia lento ya casi no teníamos tema de conversación, ya mi esposo lo había invitado a tomarnos un último trago en mi casa como para que conozca, Carlos había aceptado gustosamente, así que en la vía expresa mi esposo casi como que dormitaba.

    Creo que de eso se dio cuenta Carlos y puso su mano sobre mi rodilla, al verlo a mi esposo así yo se lo permití. Poco a poco él fue subiendo su mano sobre mi muslo y por debajo de la falda llegó hasta mi entrepierna, la dejó allí acariciándome un largo rato.

    Entenderán que por todo esto yo estaba húmeda, muy caliente y completamente excitada, de verdad le permití todo eso con algo de temor y lo noté muy erecto sin atinar a decirle nada, solo cerré los ojos para sentir. Eso fue solo unos instantes y él tomando mi mano intentó llevarla hasta sus partes, llegué a rozarlo levemente sobre el pantalón ya que la retiré de inmediato temerosa de que mi esposo pueda darse cuenta de lo que estaba haciendo.

    De todas maneras quedaba en mi algo de pudor no obstante las ideas locas que en esos momentos tenía en mi mente; seguimos viajando hacia Lima y ya llegando lo guiamos hasta donde era nuestra casa y acá viene lo decepcionante, yo que me había hecho tantas ideas al respecto, todo se frustró porque el amigo ni por asomo intentó cuadrar su auto como para bajarse. Lo estacionó solo como para que nosotros bajáramos y del mismo asiento se despidió primero de mi esposo y después de mi con un beso en la boca, no dijo nada más y se retiró, claro nos había dado un número de teléfono y mi esposo también el suyo, no de la casa, y me cuenta que Carlos lo llamó un par de veces como para saludarlo, pero nunca más se volvieron a ver.

    No entiendo el porqué de su actitud, pero lo atribuyo solamente a que no obstante lo que habíamos avanzado, el amigo de repente se sintió cohibido por lo que podría pasar, pero en fin este fue el final de una historia fantástica y frustrada.

  • ¿Por qué no me puedes satisfacer?

    ¿Por qué no me puedes satisfacer?

    Te dices perverso, pero a la hora de estar con una mujer, de esas que se mojan mucho, de esas que parece que tienen un mar entre las piernas, sientes asco, no la quieres ni tocar; y la ves raro si comienza a gritar, hasta la callas porque no te gusta el sonido natural de una hembra caliente o porque te da pena que alguien escuche que está en pleno celo, cuando lo que deberías de hacer si de verdad quieres callarla, es meterle tus dos dedos en la boca.

    Te dices ser un sucio, un enfermo, pero no te gusta hacerle oral, dices que sabe muy feo, que es mucho, que el olor de mujer es muy fuerte, muy desagradable y no quieres tenerla todo el día en tú bigote; ah, pero quieres que ella sí te lo haga, y claro, sin nada de besos después porque ya te la mamó, y así ya no te gusta.

    Te desagradan sus vellos crecientes, su sudor, su respiración fuerte, sus gemidos mientras te dice «¡más, más!»; te espantas si ella quiere que se graben, si le gusta el erotismo, si se masturba a escondidas o frente a ti, ¿quién te entiende, pendejo?, ¿y hasta la llamas puta sabiendo que solo es tuya?

    Te causa aberración si quiere que vean porno mientras lo hacen, si quiere que la pongas en una posición muy extrovertida o que haya juguetes de por medio.

    Dices que eres un adicto al sexo pero solo quieres hacerlo una vez a la semana, y según eres un semental, pero solo le duras 10 minutos; ¿sabes qué?, vaya que le den por ese culo, mmc, después no te quejes si, alguien, con las mismas ganas, con los mismos vicios como los que tengo de coger a cada rato, de tragarme toda la eyaculación, que huela mis tangas recién quitadas, de lamer descarado la boca después de que se haya corrido dentro de la misma, de enterrarme mi consolador favorito por un orificio y de ponerme como se le dé la puta gana, que alguien venga y se lleve a tú mujer, y todo por andar de puto perro, de princeso, porque hasta ni siquiera en la calle me querías agarrar las nalgas ni dar un beso; «Qué dirá la gente» «Qué vergüenza», decías.

    Porque entonces si se la llevan, no sería robo ni infidelidad; sería justicia, sería karma por no saber satisfacer los instintos de una dama.

  • Pancho

    Pancho

    Pancho es feo de cara, bastante poco agraciado, trigueño, cabello ensortijado y con un pésimo corte, cejas delgadas. Con sus 20 años, no creo que ya se mejore. Tiene facciones toscas, pero lo salva su cuerpo musculoso y marcado del trabajo de campo, manos grandes y toscas, pero sobre todo un culo, un culazo que compite con todo lo demás. Parado, duro, respingón. Cuando camina se nota que en esas nalgas no hay un solo gramo de grasa, puro glúteo musculoso.

    Yo lo veía trabajar y me lo imaginaba bocabajo, con el culo abierto y dispuesto a recibir mi verga. Cada vez que se agachaba ahí estaba yo, como lobo hambriento, esperando que se le bajara un poco el pantalon. Otra cosa es que no tiene casi vellos en el cuerpo.

    Ya, con la confianza de meses de trabajar conmigo, se quedó en una casa que estaba remodelando. Nuevamente, verlo caminar descalzo, con el short pegado a sus nalgonas, me puso a mil. Enfilé al supermercado y vine cargado con cervezas y se las puse a enfriar.

    Cuando ya habíamos terminado la jornada de trabajo lo invito a quedarse en la casa principal en vez de la casita de los trabajadores. Eso le sentó a maravillas y comencé a darle cervezas hasta que estaba a punto.

    Lo primero que hice fue tontear dándole golpecitos en las nalgas, a modo de chanza. Solo se echaba a reír, como pendejo. Luego fui poniéndome más atrevido y le apreté las nalgas y las piernas, diciéndole lo duras que estaban.

    Como no tenía camiseta, le apreté las tetillas y seguí apretándole los bíceps y el pecho. Ya estábamos fajándonos y él se dio cuenta que la cosa iba en serio, pero solo se reía y el alcohol ya había hecho sus efectos.

    Lo terminé de encuerar y ahí vi su pinga oscura, incircuncisa y olorosa, la mata de pelo que tenía era igual a la moña ridícula que cargaba en la cabeza. La verga estaba dura, parada, desafiante, tal como era de esperarse en alguien de su edad. Me lo llevé a la habitación, que ya tenía preparada y él se tiró bocabajo. Ese culote, esas nalgonas, estaban servidas.

    Lo mordí, lo apreté, las lamí, abrí, cerré, le di nalgadas, me di gusto. Cuando ya me cansé de majarlas, le metí un dedo lubricado en el culo. Creo que ese dedo casi se me cae cuando entró, de lo apretado que estaba. Metí el dedo una y otra vez tratando de aflojarle el hueco, pero el hijueputa estaba tan cerrado que a duras pena me entraba. Volví a abrirle las nalgas y metí mi cara y mi lengua entre esas dos masas de carne musculosa, tratando que mi saliva lubricara un poquito, pero fue casi imposible, cuando apretaba ahí no entraba nada.

    Lo que hice para calmar mi arrechera fue mojarme mi verga con lubricante y meterla entre sus nalgas, zurrándola de arriba abajo y a tratar de penetrarlo. Le agarré la moña que tenía en la cabeza, el cabello ensortijado y trate de empujársela de nuevo, sin aguantar la fuerza con que me apretaba. Ya con eso, al rato, la leche se me salió solita… un buen polvo.

  • El tedio y la inquietud visceral

    El tedio y la inquietud visceral

    El tedio y una cierta inquietud visceral me llevo a probar un sitio de ligue. El cansancio de la histeria de los chats e indecisos exhibicionismos aguijoneó mi curiosidad.

    Recientemente noté que mis gustos estaban cambiando y puse en las preferencias del sitio a mujeres maduras. Encontré a Therese, una mujer entrada en años pero conservada, se nota que habrá sido de considerable belleza; enseguida descubriría que también los bríos de juventud, una figura armoniosa para su edad, pechos generosos, tersura en la piel, ojos azules ceniza y hermosa sonrisa en labios bien dibujados que habían sido más llenos.

    Cuando contesto mi saludo, enseguida aceptó pasarnos los teléfonos, ella era de otro país, pero a ninguno de los dos nos importó, tal vez era mejor.

    Nos citamos en video llamada y me recibió con una enorme sonrisa. Le pregunté qué quería hablar o que quería hacer. Le daba curiosidad porque la había elegido, entendí que era por la diferencia de edad y solo le dije que eso no me importaba y cuando volví a preguntarle que quería hacer, me dijo -Me gusta ver a los hombres desnudos.

    Yo que sentía en aumento mi inquietud visceral me desnudé y antes de quitarme la última prenda tenía la verga súper dura. Su despreocupada libertad de mujer madura, algo en lo que no estaba acostumbrado, me tenía muy excitado.

    Ella también se descubrió los pechos redondos, llenos, con dos botones rosados no muy grandes pero con pezones bien duros y como puntas de dedos meñique que empezó a acariciar y a tomarlos entre sus manos, los abrazaba desde abajo aumentando su turgencia y excitación.

    Me dijo -¿Que más quieres corazón, querés ver? le dije -Sí. Y desabrochó el botón de su pantalón que cayó al suelo.

    Tenía bragas rosadas que también se las fue bajando y las apartó a un costado. Vi su pubis cubierto de un vello rubio no muy tupido, ella se acariciaba todo el cuerpo y hacia movimientos como en una danza torpe buscando seducirme y dirigiéndome una sonrisa amplia y me decía -Sos hermoso, me encantas, la tienes bien dura. Su mirada estaba en mi verga que yo sobaba muy mojada, eso la excitaba.

    Empezó a tocarse el clítoris, apretando y pellizcándolo entre dos dedos con la palma sobre el pubis y con movimientos leves mientras con el otro brazo cubría su abdomen no tan terso.

    Gemía y me decía que estaba muy excitada, que le encantaba mi cuerpo y quería complacerme. Me decía que quería hacerlo en una silla montada. Luego de jugar así un rato me dijo -Ya estoy, ya estoy… Su rostro expresaba su excitación y volvió a decirme -Ya estoy… ya, ya, ya… Se movía rítmicamente hasta que su cuerpo se fue relajando y quedó tranquila con su infaltable sonrisa fijó la cámara en su rostro y me dijo -Ahora quiero ver cómo te sale leche y se puso a mirarme como extasiada como yo no dejaba de estimularme de distintas formas para regalarle las mejores vistas de mi pene.

    Cuando acabé y vio todo el semen que tenía acumulado me dijo que se lo tomaría todo, que se veía rico.

    Cuando el pene se achicó no tuve vergüenza de exhibirlo así, nos miramos y le dije que iba a darme una ducha y ella me contestó -Ya se corazón, gracias, sos hermoso, me encantas, de veras… Y nos despedimos.

    Esa fue la primera vez.

  • Jefe, de aquí en adelante soy tu putica

    Jefe, de aquí en adelante soy tu putica

    Espero que les guste mi relato, es la primera vez que me atrevo a contarla. Les voy a contar lo que sucedió con mi auxiliar de la oficina, ella se llama Andrea, es de piel canela, cabello oscuro, de un cuerpo delgado, pero bien formado y desde que entró a trabajar con nosotros le he tenido muchas ganas.

    El relato empieza un día que teníamos mucho trabajo acumulado en la oficina y como ella es la que maneja el archivo tuve que pedirle que se quedara ya que necesitaba una información que solo ella manejaba.

    Ese día ella estaba con una minifalda y una blusita blanca la cual dejaba ver el sostén que cubría esos senos que yo deseaba comerme sin piedad. Ella al comienzo hizo una cara de que no le gustó la idea. Empezamos a trabajar y tuve que pedirle unos archivos que estaban en la parte más alta del archivador, se subió en unas escaleras y cuando giré para mirarla noté que podía verle sus tangas blancas, y de imaginarme a Andrea con su ropa interior me empecé a excitar y se notaba en mis pantalones.

    Ella bajó y cuando me entregó los documentos yo creo que se dio cuenta de mi excitación porque se sonrojó y se sentó en su escritorio. Con la excitación que tenía yo en ese momento, le pedí otros documentos que yo sabía que estaban en el mismo lugar de los otros. Ella empezó a subir por las escaleras y yo le dije que esperara, que yo le tenía las escaleras porque de pronto se podía caer, pero lo que yo realmente quería era poderla ver más de cerca esas tanguitas, a lo que ella hizo un gesto de aprobación.

    Ella se subió a lo más alto del archivo y no aguanté mucho y subí la mirada y pude ver su tanguita blanca que en la parte delantera era transparente y dejaba ver su vagina. Ahora si tenía mi pene bien erecto y cuando de pronto ella bajó la mirada y se dio cuenta que yo estaba mirándola, no dijo nada y siguió buscando los documentos. Yo bajé la mirada apenado y al cabo de unos segundos ella bajó las escaleras y me entregó los documentos y me dijo:

    -¿Te gustó lo que miraste? -y yo con mi voz entrecortada le conteste que sí, y le dije que me disculpara.

    Ella me contestó que no había problema y empezamos a charlar un rato de cosas del trabajo hasta el punto que la charla empezó a ponerse más picante, cuando de repente ella me preguntó:

    -Jefe, usted qué opina de las relaciones entre trabajadores?

    -Qué tipo de relaciones?!

    -Que entre compañeros de trabajo haya sexo…

    No sabía que responder y le dije:

    -Mientras no sea para que todo el mundo se entere y no afecte el trabajo no le veo problema.

    -Jefe, le puedo hacer una pregunta indiscreta?

    -Sí, claro, dime.

    -Yo me di cuenta que me estaba mirando debajo de la falda ¿qué se estaba imaginando mientras mi miraba?

    En ese momento pensé, es el momento que esperaba para decirle a Andera las ganas que tengo de que sea mi putica, entonces le respondí:

    -Me estaba imaginando ver toda tu ropa interior.

    -Jefe yo me di cuenta también el paquete que tienes en tus pantalones y sé que no solo me quieres ver en ropa interior.

    -Andrea, la verdad es que desde hace tiempo te he estado observando y tengo muchas ganas de tener sexo contigo.

    -Jefe, pues hoy voy a ser tu puta -y se acercó y se quitó la blusa, yo me acerqué le di un beso en sus labios mientras mis manos recorrían su cuerpo, le solté sostén, metí mi mano bajo su falda y le toqué su vagina a lo que me di cuenta que estaban sus pantis completamente mojados y le dije:

    -Tú también estabas excitada.

    -Desde que me di cuenta que me estabas mirando mis tangas me imaginé tu pene dentro de mí y por cierto tengo muchas ganas de ver el paquete que tienes en tus pantalones -empezó a desabrocharme el pantalón y sacó mi pene que en ese momento estaba completamente erecto y sin decir palabra me empezó a hacer la mejor mamada que me han hecho en mi vida hasta el punto que ya estaba por llenarle su boca con mi semen y le dije:

    -André voy a llenarte tu boca de semen.

    No dijo nada y empezó a mamármelo con más fuerza y no aguanté más y le llené su boca de semen, ella se lo comió todo y me dejó mi pene sin una sola gota y me dijo “que rica verga tienes jefecito”.

    Yo quería retribuirle el favor, la acosté en mi escritorio, le empecé a bajar su tanga blanca que estaba completamente mojada y empecé a comerme esa deliciosa vagina, con mi lengua le lamía su clítoris y ella empezó a gemir “ahhh ahhh si si si papi cómeme así de rico”. Le metí un dedo y esta mujer se retorcía de placer y me pedía más… “papi quiero que hagas llegar comiéndote mi cuca ah ah” y al cabo de unos minutos empezó a gemir más fuerte hasta que llegó en un monumental orgasmo.

    Yo en ese momento ya estaba nuevamente con mi pene erecto y cuando ella se compuso me miró y me dijo:

    -Papi quiero sentir tu verga dentro de mí, no aguanto más, métemela por favor.

    Le puse sus piernas en mis hombros y de una sola embestida se la metí al fondo, ella gimió como loca y me dijo “papi, que verga tan grande tienes”. Empecé con un ritmo suave y ella me dijo “no papi, quiero que me rompas mi vagina, soy tu puta y puedes hacer conmigo lo que quieras”. Empecé a envestirla más fuerte y ella gemía y me decía “si papi así, que rica verga, me estás rompiendo. Papi dame más duro, más mas ahhh”. Cuando tuvo su orgasmo me dijo “papi quiero que me rompas mi culo, que me partas en dos”.

    Ella se puso en cuatro, le lubriqué su agujero con el líquido de su vagina y empecé a metérselo suave y ella me dice “no así no, quiero que me lo metas todo de una” y yo se lo empecé a meter todo hasta que estaba todo mi pene dentro de ella, la miré y estaba con lágrimas en los ojos. Yo fui a sacar mi pene de su culo y ella me dice “ni lo pienses, quiero que me rompas mi culo”, empecé a entrar y salir suave y me dice “es que no entiendes, quiero que me rompas el culo, quiero que me des duro” y empecé a envestirla si compasión, la cogí del cabello, la hice arquearse y le cogí una teta y le empecé a dar duro. Los gritos de dolor empezaron a volverse gemidos y me decía “papi así ahhhh, más duro, papi rómpeme el culo” y le dije “putica te voy a llenar tu culo de semen” y me decía “si papi lléname mi culito de tu semen”. Esta mujer estaba gimiendo como loca, no aguante más y le llené su culo de mi semen.

    Quedamos acostados en el suelo y al cabo de un rato nos repusimos y me dijo:

    -Jefe, de aquí en adelante soy tu putica.

    Nos vestimos y ella se fue para su casa.

  • Melissa (Capítulo 1): Un culo con mucho calor

    Melissa (Capítulo 1): Un culo con mucho calor

    A Melissa la conocí bajo circunstancias muy especiales.  Ella iba a cuidar a su padre al hospital en el que yo laboraba, él tuvo un accidente por el cual requirió atención por parte de Ortopedia, y de forma secundaria me tocó atenderlo por sus múltiples patologías. Melissa y yo sólo compartíamos en común la atención que le dábamos a su padre, nada más.

    La rutina diaria era pasar visita, ver que todo estuviera bien con el señor, hacer los ajustes necesarios y dar los informes a la hija, que siempre estaba a la hora exacta.

    Sin embargo, todos los días me preguntaba lo mismo: «Vendrá del gimnasio o qué?», esto porque siempre la encontraba vestida con un top cubriéndole los pocos pechos que tenía, el resto del tronco descubierto mostrando mucha piel, pantalón de lycra y tenis deportivos.

    Fuera de eso todo normal, daba informes y ya, a seguir trabajando, aunque debo decir que era la mejor parte del día, digo, quién no quisiera ver a una mujer así todos los días, así que me esforzaba por ofrecer la mejor atención de forma minuciosa y dar los informes lo más detallados posible con el fin de poder observar ese cuerpo el mayor tiempo posible.

    Pese a que los encuentros eran breves, Melissa y yo entablamos cierta amistad, en un par de ocasiones incluso hablamos de nuestras vidas personales y reíamos brevemente de algunas bromas subidas de tono entre ambos, tipo:

    -Hace mucho calor aquí, verdad? -dije en una ocasión al verla con un leve sudor perlado en la frente y en sus pechos.

    -Y que lo diga jajaja y eso que yo sólo traigo puesto lo que ve, no me imagino usted que trae toda la vestimenta formal -dijo mirándome de pies a cabeza y mordiéndose el labio inferior.

    «Acaso sentí una leve insinuación? Que rayos, a ver qué sucede? Acaba de admitir que no trae nada más debajo?»

    -Sí, es horrible con este clima, imagino que usted lo ha de estar pasando terrible también -dije por empatía, aunque lo dudaba con tan poca ropa encima.

    -Sí, la verdad es difícil -respondió mientras abanicaba su top sin importarle que se le pudieran ver los pechos.

    Ver sus pezones erectándose debajo del top provocó que mi pene también despertara, lamentablemente ese día hubo una emergencia que me hizo salir corriendo de ahí, pero mi mente daba vueltas con esa conversación.

    Al día siguiente seguí la rutina, por la carga de trabajo terminé pasando tarde la visita, pero ahora sé qué fue lo mejor que me pudo pasar. Después de dar los informes a Melissa, nuevamente hubo espacio para la charla casual.

    -Una disculpa por la tardanza, el día ha estado de locos en la clínica y me he atrasado bastante -me excusé.

    -Descuide, sé que tiene mucho trabajo aquí, temía que no viniera, pero me alegra que sí -esta vez su mirada fue directo a mi entrepierna.

    -Sí, bueno, no faltaría por nada -sonreí mientras recorría su cuerpo con la mirada.

    Y es aquí donde debo describir a Melissa.

    Una mujer de piel blanca, cabello lacio amarrado en coleta, menudita de 1.60 de estatura máximo, complexión delgada y atlética, con pechos pequeños casi inexistentes, abdomen delgado y formado, cintura de avispa, y lo que más resaltaba en ella era un trasero increíble, grande y redondo, firme, muy carnoso, cuyo pants deportivo dejaba poco a la imaginación, al contrario el pantalón se le metía en la hendidura entre sus nalgas dejando ver dos glúteos bien formados, y el cual además resaltaba su panocha y unos labios vaginales carnosos, incluso creo haber visto alguna mancha de humedad en su entrepierna.

    -Qué gusto -mencionó mientras trataba de alejar el calor, abanicando enérgicamente su top nuevamente, esta vez incluso dejando ver parte de sus pezones.

    -Gracias, veo que sigue peleándose con el calor -dije mirando fijamente sus pechos.

    -Sí! Soy sólo yo o así es todo el hospital?

    -Pues la mayoría del hospital es así, aunque sino es muy atrevido decirlo, creo que también podría ser usted.

    -Jaja qué atrevido, pero no entiendo, cómo es que usted llega tan fresco, debería estar bañado en sudor con toda la ropa que lleva encima.

    -Bueno, vengo del consultorio, y ahí al menos tengo aire acondicionado, sino creo que tendría que hacer lo mismo que usted.

    -A qué se refiere? -preguntó divertida.

    -Pues me refiero a que con este clima probablemente tenga que empezar a venir sin ropa interior, porque este calor no se aguanta -respondí.

    -Jajaja sí, se lo recomiendo mucho, aunque a decir verdad, últimamente no se me quita el calor ni así -dijo mientras abría lentamente las piernas dejando ver sus labios vaginales a través de la lycra.

    -Bueno, si le parece bien la puedo invitar al consultorio para que se refresque un poco, y de paso alguna bebida fría -era el momento, yo también empezaba a sufrir de calor en la entrepierna.

    -En serio? Por supuesto que le acepto, que ya no aguanto.

    Caminamos al consultorio rápidamente, creo que ambos intuíamos lo que realmente iba a pasar, la única parada que hicimos fue en una máquina expendedora, y vaya parada, yo pagué y ella amablemente se inclinó a recoger las bebidas, la primera vez parando bien las nalgas y la cintura, y la segunda vez yo hice ademán de querer recoger la mía, pero ella se me adelantó frotando su trasero juguetonamente contra mi pene, con lo que aproveché para tomarla breve pero firmemente de la cintura, como para evitar que se cayera, ella sin retroceder se levantó pegando su espalda a mi, giró la cara para encontrarse conmigo, me ofreció la bebida que me correspondía y después bajó su mano disimuladamente por mi pierna derecha, juro que la hubiera besado ahí mismo de no ser porque el encargado de higiene se asomó para hacer su recorrido.

    Seguimos nuestro camino y entramos al consultorio, me quedé de pie y ella se sentó en la mesa de exploración, bebimos nuestras bebidas. Tras aliviar esa sed inicial me acerqué a ella posicionándome entre sus piernas, y le retiré un poco de sudor de la frente.

    -Sigues muy acalorada, no es así? -dije empezando a frotar sus muslos tonificados.

    -La verdad sí, y apuesto a que tú también lo estás pasando mal, de verdad deberías probar a venir sin ropa interior -puso sus manos en mi torso y empezó a quitarme la bata.

    -Seguramente lo haré, quizá ayude un poco -subí mis manos por su cintura hasta su pecho y empecé a meter los por los elásticos del top a modo de jugueteo.

    -Créeme, te hará bien -dijo con las mejillas rojas de calor, tomándome por la corbata y jalándome hacia ella.

    No dije nada más, no hacía falta, me dejé atraer hacia su rostro y comenzamos a besarnos con toda la pasión acumulada, aire nos faltaba para respirar, acerqué mi entrepierna y la jalé de los glúteos hacia mi para iniciar el contacto entre nuestros genitales, y seguí palpando todo su cuerpo hasta donde la posición lo permitía. Melissa me quitó la corbata, la camisa, la camiseta, me desabrochó el cinturón como pudo, y expresó impresionada:

    -No puedo creer que traigas tanta ropa encima, no estás bien de la cabeza.

    -Lo sé, son las condiciones del trabajo, lo bueno es que estás aquí para ayudarme con eso -le dije besándola de nuevo.

    Me bajó el pantalón desesperada, y liberó mi verga del bóxer meneándola suavemente, sintiéndola con las dos manos. Yo bajé por su cuello propinándole un masaje bastante generoso con los labios que la hacía suspirar profundamente, de un tirón le quité el top y me lancé a sus pechos que, aunque pequeños ya me traían loco de tanto imaginarlos cada vez que ella abanicaba su top para refrescarse, sus pezones eran suaves pero se endurecían rápidamente al contacto ofreciendo una textura sedosa, las areolas eran pequeñas y rosadas, y el sabor era dulce, Melissa siguió masajeando mi herramienta con una mano y la otra la subió para apresar mi cabeza contra sus pechos, y a mi que me encantan los pechos no me hice del rogar y los lamí en toda su extensión por largo rato.

    Aproveché para retirarle la lycra deportiva, y ahí nos encontrábamos los dos desnudos al fin tratando de apaciguar el calor de estos días, pero con bastante calma, saboreando cada momento. Finalmente Melissa se bajó de la mesa de exploración y se puso en cuclillas en el suelo con su cara a la altura de mi polla y empezó una mamada lenta pero consistente, con mucha lengua y mucha saliva, se la metía hasta la garganta y cuando se la sacaba iba succionando en todo el recorrido, y siempre mirándome fijamente a los ojos, era una de esas mamadas que podían durar horas y que te harían venirte como un volcán, y se le notaba muy cómoda con eso.

    La dejé hacer un tiempo, y después la levanté y la senté en la mesa de exploración nuevamente, me arrodillé frente a ella, le abrí las piernas y las coloqué sobre mis hombros, admiré unos segundos su sexo, esta vez libre, y era mejor de lo que la imaginé, un monte de venus completamente rasurado, unos labios mayores grandes y rosados, muy carnosos, los abrí suavemente y descubrí unos labios menores tímidos, rosados y pequeños coronados por un clítoris color durazno muy apetecible, y de su canal vaginal ya corrían ríos de flujo, brillante y hialino. Recorrí cada rincón de su sexo en varias ocasiones, primero le llené las ingles de besos, mordidas y chupetones, lamí sus labios vaginales por dentro y por fuera buscando abarcar cada pliegue, en su clítoris me recreé deletreando el abecedario, haciéndole numerosos zig zags y con el torbellino se vino la primera vez, y bebí cada gota de flujo que soltó, eso me alivió más la sed pero a ninguno nos terminó de aliviar el calor que sentíamos.

    -Carajo, qué delicioso -alzó la voz- hace mucho que no me venía así.

    Dijo eso abriendo más las piernas y apretándome la nuca con una mano para que siguiera mamándole la concha un poco más.

    -Ven -dijo liberándome- la fiebre no se me baja Doctor, qué me recomienda?

    -Un caso como el suyo requiere tratamiento vigoroso, y una vía de administración especial -dije apuntando mi polla a su concha.

    -Hágalo Doctor, seguiré sus indicaciones al pie de la letra -contestó y esperó.

    Nos fundimos en un beso pasional, la tomé de las nalgas y la penetré suavemente, sin prisas, se sentía tan caliente y húmedo que me daban ganas de meterle hasta las bolas de haber sido posible. Inicié un vaivén suave pero a ritmo continuo dentro de ella, cada que la penetraba me aseguraba de llegar lo más profundo posible, y cada vez que me retiraba lo hacía lento para que el glande raspara todos sus pliegues vaginales y ella apretaba sus paredes vaginales con maestría, una sensación indescriptible, por ratos ella o yo dejábamos de besar al otro para proferir gemidos de placer producidos por las acciones del otro.

    -Parece estar surtiendo efecto, no le parece? -dije siguiendo nuestro juego de médico-paciente.

    -Eso parece, pero cree que sea mejor si me administro yo la dosis? -preguntó separándome de ella y llevándome al asiento del escritorio.

    -Usted conoce su cuerpo mejor que nadie, creo que podría funcionar -contesté mientras se sentaba encima de mi con las piernas flexionadas.

    Tomó mi pene por la base y lo apuntó hacia el cielo, y descendió lentamente sobre él haciéndolo desaparecer por completo y llenándome los testículos de sus jugos vaginales, la tomé por los glúteos, nos miramos de frente con deseo por el otro y Melissa inició un movimiento hacia adelante y atrás, tomándose su tiempo para frotar su clítoris en mi pubis, y posteriormente empezó un sube y baja glorioso, subía hasta que la cabeza de mi pene rozaba sus labios menores y después la tragaba por completo hasta la base, se movía con cadencia de galope, cada vez cabalgaba más rápido e imprimía algunos movimientos circulares, unos más rudos que otros, como si quisiera atornillar mi polla en su vagina y no separarnos nunca de este éxtasis al que ella se acercaba cada vez más, parecía haber encontrado una posición adecuada para su goce.

    Quise ayudarle imprimiendo movimientos hacia arriba pero en eso los hombres somos torpes, tenemos que admitirlo.

    -No te muevas por favor, estoy cerca, déjame llegar sola, lo compensaré, lo prometo -dijo mientras botaba encima de mi.

    No la contrarié. Personalmente, me encantan las mujeres que saben como montarse y darse placer, y vaya que ella sabía cómo hacerlo. Mejor me dediqué a amasar semejantes glúteos que por más que trataba no podía abarcarlos en su totalidad con las palmas abiertas, eran dos masas de carne bien dotadas que no dudé en apretar y separar a placer. Desde mi posición, y con las manos ocupadas, regresé a mamar de sus pechos asegurándome de atenderlos apropiadamente, Melissa lo agradeció.

    -Sí, así por favor, sigue así -decía entre gemidos y sentones.

    Al parecer esto le producía cierto gusto, y a mi ni se diga. Sé que hay algunos hombres que no se conforman con pechos pequeños y buscan mujeres dotadas, pero para mí cada par de tetas es especial, máxime si la hembra en cuestión goza de ser atendida.

    Dicho esto, Melissa puso sus codos sobre mis hombros para facilitarme la tarea. Bendita sea! Se los chupé a voluntad hasta que empezaron a ponerse rojos, y fue cuando se vino por segunda vez.

    -Ahhhh -gritó- que rico, maldición, que rico!

    -Rica estás pero tú, no veas el gusto que me das.

    -Y el gusto que me estás dando tú, pero creo que es tu turno, y prometí que te lo compensaría -dijo pícara mientras abandonaba su posición.

    Me acerqué a ella por la espalda, comencé a besarle el cuello y a sobarle los pezones en círculos, mi polla en automático se acomodó en el canal que formaban sus redondas nalgas entre sí y comencé a frotarme en ellas, después y aunque cliché, la acomodé en 4 sobre el escritorio. Me senté nuevamente, su trasero estaba expuesto directo contra mi cara y vaya que vista, como dije al principio, su trasero era la porción más prodigiosa de esta diosa.

    Empecé acariciando y amasando suavemente sus nalgas, una con cada mano, posteriormente empecé a separarlas, quería que su concha y su culo quedaran expuestos ante mi, Melissa gemía gentilmente, le llené las nalgas primero de besos, después de lengüetazos y mordidas y finalmente de nalgadas en diferentes intensidades, las cuales aceptó gustosamente, y así me lo hizo saber.

    -Que rico, dame más, me gusta que seas rudo, me gusta que me hagas tuya.

    Quise profundizar más en sus gordas nalgas, así que comencé a chupar su concha, parecía un perro sediento bebiendo los jugos que secretaba, Melissa se dejaba hacer contenta, decidí escalar la situación y por tanto, escalé hasta su ano el cual llevaba rato observando.

    Lo rocé suave con la punta de la lengua, Melissa se quedó quieta de golpe, pero no puso peros, continúe con la exploración y alterné lengüetazos en su concha, en sus nalgas y en su ano, Melissa mantenía el silencio inicial pero no se retiraba, yo cada vez me enfocaba más en su culo dejando de lado su concha, cuando la sentí más relajada ataqué de lleno en la diana que su culo representaba en ese momento.

    La llené de saliva, le escupí y relamí en varias ocasiones, simulé una penetración con la punta de la lengua, Melissa se revolvía nerviosa desde su posición y ronroneaba y a eso le sumaba un movimiento de nalgas hacia atrás buscando contacto conmigo. Me levanté listo para penetrarla.

    -Espera, nunca lo he hecho por atrás -replicó nerviosa temiendo una invasión prematura por su retaguardia.

    -Descuida -le tranquilicé- no pensaba entrar por ahí, no aún, es sólo que no podía dejar pasar la oportunidad de probar un culo como el tuyo, lo tienes delicioso por cierto, y hermoso -le sonreí.

    Sin dar paso a más plática le introduje mi miembro hasta el fondo, hasta que mi pubis chocó contra sus nalgas, que fuertes y elásticas me rechazaron, así que la tomé de la cintura para afianzar un mete y saca continuo, Melissa que se encontraba apoyada en los codos se levantó de manos para resistir los envites estoicamente.

    -Estás muy rica, cada parte de ti es divina, eres placer puro – le decía con la voz entrecortada mientras la taladraba.

    Melissa ronroneaba y contestaba las penetraciones lanzando su trasero contra mi pelvis, invitándome a poseerla con vehemencia, seguí penetrándola y dándole nalgadas, la tomaba con fuerza de las nalgas o de la cintura.

    -Me vengo -fue lo que alcancé a articular, bajé mi mano derecha a su clítoris, con la izquierda la tomé del cuello y la atraje a mi, Melissa giró la cabeza y la besé con fuerza mientras expulsaba toda la leche, que llevaba días conteniendo, dentro de ella. Con cada chorro el instinto me obligaba a penetrarla más profundo, con cada espasmo apretaba sus labios contra los míos con más fuerza conteniendo la respiración.

    Sólo solté sus labios cuando los espasmos empezaron a ceder, y reconozco que fui algo brusco al final, pero no pensaba que terminara así. Aún con mi pene erecto dentro de ella me senté y con ella encima para propinarle caricias y besos, que bien merecidos se los tenía, y ella devolvía las atenciones con movimientos de cadera sobre mi sensible miembro que se los agradecía con pequeños espasmos residuales.

    -Ya se te quitó el calor? -le pregunté con cierta burla.

    -Pues ya es menos -contestó animada- pero si sigues acariciando mis bubis de esa forma volverá muy pronto.

    -Bueno, no sé si pueda dejar de tocarlos, son divinos -respondí sinceramente.

     Se sonrojó y sentí como su vagina me apretaba nuevamente. Entonces sonó el altavoz del hospital requiriéndome por la gravedad de un paciente.

    -Carajo, el paciente de la 312.

    Me levanté y me vestí de inmediato.

    -Lo siento, es una emergencia, pero eres libre de quedarte aquí.

    -Descuida, de hecho regresaré a la habitación, pero no he terminado contigo eh -dijo agachándose- ni contigo -dijo chupando mi polla ya morcillona un par de veces antes de irnos.

    Bueno, espero sea del agrado del lector, esta es la primera parte de una serie que estoy redactando aún, sólo pido paciencia y espero sus comentarios y críticas, así como sugerencias. Lo puse en la categoría de sexo anal debido a que la serie se enfoca mucho en ese rubro.