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  • Memorizar tus detalles

    Memorizar tus detalles

    Memorizar tus detalles es placer

    El recorrerte por completo con la mirada

    Imaginando la yema de mis dedos, algo ásperas, tratando de ser lo más suave para descubrir cada centímetro

    Intentar imaginar el aroma de tu piel y amarrar las ganas de devorar, hoy tomo mi tiempo…

    Tu voz de fondo en un murmullo

    Explotar los sentidos en cada descubrimiento de piel

    Enredar los dedos en tu pelo

    Intentar no explotar y disfrutar cada segundo del eterno descubrimiento en tu piel

    Me pierdo entre tus piernas con mi boca abriendo tus labios

    Sigo y continúo

    Exhalo en el camino y veo la reacción de tu piel

    Escucho un gemir distante

    Tus manos se aprietan en las sábanas

    Buscan más calor

    Me busco tiempo para morder tus muslos

    Y acarician tus piernas

    Tus caderas y cintura

    Tocas tu cara y recorres lentamente tu cuello mis manos en tus pechos se unen a las tuyas

    Las palpitaciones suben

    La temperatura sube

    Amo verte en los cielos…

  • Olga, una madura muy puta (II)

    Olga, una madura muy puta (II)

    Olga es una señora madura de unos cuarenta y tantos años, pero muy bien llevados, poseía un cuerpo estupendo, destacaban sus piernas bien firmes y su culo bien contorneado por las faldas que se ponía, siempre por encima de la rodilla, tenía unas tetas con unos pezones redondos y duros que se marcaban, usaba unos sujetadores que le reafirmaban su ciento cinco de talla, unas tetas redondas que a más de una quinceañera le gustaría tener.

    Después de la operación para quedar virgen de nuevo, que eso se me hace muy tonto, pero ella en su posición y con el dinero que tiene podía hacer lo que quisiera. Se veía mejor que nunca y tuve la oportunidad de estrenarla por segunda vez en su vida.

    En mis anteriores relatos les conté como nos conocimos y como empezamos a congeniar, en este les cuento como ya con más tranquilidad nos vemos en un hotel y nos lo pasamos de lujo.

    Quedamos en un hotel de las afueras de la ciudad, unas cuatro estrellas que es un lujoso lugar, por lo bien que está comunicado y por sus instalaciones, tiene jacuzzi y sala fitness, además te dan bufet, pero para no extenderme mucho les cuento, yo llegué sobre las seis de la tarde después de trabajar y ducharme, Olga llegaría sobre las siete así que me dispuse a ver una peli porno y a relajarme hasta que llegara, me quite la ropa y me quedé desnudo y para más detalle, dormido.

    Me despertó unos toques en la puerta, me puse los slips y fui a abrir, era Olga que nada más entrar la rodeé con mis brazos dándonos un beso con lengua que ella me devolvió, abrazándome y dejando caer el bolso al suelo, estuvimos dándonos las lenguas unos tres minutos, sintiendo sus labios pintados, recorriendo su trasero y sintiendo sus tetas firmes, no llevaba sujetador, me separé para mirarla y darle las buenas tardes y ella sonriendo me dijo:

    O: ¡Ya veo que van a ser buenas!!!

    Vi que llevaba la blusa desabrochada y como los pezones se le marcaban, mirándola le hice una señal y ella mirándome y sin decir nada empezó a desabrocharla hasta dejarla caer al suelo.

    Yo estaba muy caliente, la televisión daba la película porno y salía una escena donde un tío se follaba a una rubia a cuatro patas, Olga se percató y cogiéndome de la mano me llevó delante de la pantalla, me puse detrás y lentamente recorrí su cuerpo con mis manos hasta acariciar sus tetas mientras ella se fijaba en la escena, se recostaba sobre mí y cerraba los ojos, yo le empecé a agarrar los pezones con las yemas de mis dos dedos y a hacerlos rotar sintiendo como Olga se pegaba a mi verga ya dura y casi saliendo de mi bata, me fije en la pantalla y se veía a la rubia chupando la polla del tío con unas ganas tremendas que hacía que se la metiera hasta la garganta y Olga gemía, me miraba y me besaba.

    Yo dejé sus tetas y busqué la cremallera de la falda, la deslicé poco a poco luego le fui bajando la falda hasta dejarla en tanga, su visión me puso a cien, me saqué el slip y me quedé desnudo con la verga tiesa, enseguida Olga se arrodilló y tomándola con una mano y se la metió con ganas en la boca hasta llegarle a la garganta, casi se ahogaba, pero ella insistía, y a mí me llevaba a una excitación extrema.

    Sabía que si seguía así me iba a correr y se lo hice saber, ella se la saco por un instante de la boca y me dijo secamente que le daba igual, entonces yo la agarre en brazos y la tiré en la cama, calló boca arriba y enseguida me eché encima quedando en un sesenta y nueve perfecto, separándole los labios me encontré con su coño muy mojado, brillante y con jugos a la salida.

    L: Que rica vagina, ¡madura pero rica!

    O: ¡Uhm, cómetela!!

    Metí mi lengua en él hasta donde pude y sentí como mi verga le atravesaba la garganta, pero ella como si nada, seguía mamándomela de forma bestial, parecía decidida a regalarse una corrida en toda la garganta, yo empecé a excitar su clítoris con mi lengua mientras le metía dos dedos y empezaba una paja lenta pero que daba sus frutos, Olga gemía con mi verga en su boca y yo me comía su coño con la mía, sentía como movía su culo con golpes secos y yo me venía venir que no aguantaría más, que iba a explotar y empecé a soltar chorros de leche espesa dentro de la boca de Olga.

    L: ¡Ah, dios mío!!

    O: ¡Mmm! ¡Qué rica leche!

    Mientras ella se corría en la mía, sentía sus jugos inundarme y como ella no dejaba que mi verga saliera de su boca y mucho menos se le escapara mi esperma, siguió hasta que ya no salió más y dejo que mi verga se fuese apagando en su boca mientras yo me relamía de sus jugos.

    Nos fuimos a duchar y mientras yo me duchaba ella se miraba en el espejo, acabé y sin dejar que entrara la cogí por la cintura y sentándome en la taza del wáter le dije que se sentara encima.

    Yo la tenía durísima, verla desnuda con sus ricas nalgas y tetas, me puso duro y quería estar dentro de ella.

    Ella dándome la espalda se empezó a meter mi verga en su coño, empezó un sube y baja lento mientras yo le cogía las tetas y se las acariciaba, se movía cada vez más rápido, se inclinaba hacia delante y gemía, yo le cogí las caderas y empecé a follarla con fuerza.

    L: ¡Si, que rico, uhm!!!

    O: ¡Ah, si, uhm, que dura!

    L: Que rico, si sirvió tu cirugía, ¡aprietas riquísimo!

    Olga se agitaba y me decía que la diera más fuerte, me levanté sin sacársela y la apoyé en la taza, me agarré a sus caderas y empecé un mete y saca que la hacía aullar.

    Mi verga salía y cuando parecía que se iba a salir se la volvía a meter hasta que mis huevos chocaban con su culo, era fantástico sentir como se deslizaba por su coño empapado, y ver como no paraba de gemir, sabía que me iba a correr de nuevo cuando sentí como su coño me inundaba y perdía fuerza en sus piernas, pero yo continué follándola.

    O: ¡Oh!!! ¡Papi me vengo que rico ah!!!

    L: ¡Si, vamos, uhm, me voy a venir!

    Olga se agitaba y pedía que parara, pero me resultaba imposible, sentía que me venía y me salí de ella dándole la vuelta volví a metérsela en la boca y ella sintió como empezaba a correrme en su garganta.

    L: ¡Ah, sí nena uhm!!

    O: Que rica leche, ¡uhm!!

    L: ¡Nena me vuelves loco!

    O: ¡Me encanta coger contigo!

    Salimos del baño y cogimos unas veces más, oral, anal y vaginal, no me cansaba de follar con esa madura viuda, la cual se tragaba mi semen una y otra vez.

  • Ella era casada

    Ella era casada

    Jorge era un hombre maduro, casado, exitoso jefe de ventas de la compañía representante del área de ventas de un parque funerario en el sur de los Estados Unidos, a sus órdenes trabajaban no menos de 40 personas a quienes adoctrinaba cada mañana en reuniones de motivación y asesoría para poder vender un producto que normalmente ponía los pelos de punta a los potenciales clientes a quienes desagradaba la idea de pensar en la muerte.

    Con cuarenta y cinco años de edad, peinaba algunas canas en las sienes, dándole un aire interesante en su madurez, cuerpo regular, y siempre aseado y detallista en cuanto a su apariencia, siendo esta vital debido al difícil giro comercial al cual se dedicaba.

    El reto era importante, y a él le gustaba, como también disfrutaba el hecho de que la mayoría de sus subordinadas fueran del sexo femenino, la mayoría, mujeres divorciadas, o madres solteras, algunas de ellas casadas, en edad madura que buscaban un ingreso extra para paliar la difícil situación económica de estos tiempos.

    Entre sus empleadas, había varias que le llamaban la atención, algunas de ellas muy guapas, de todos tipos, nacionalidades, y edades, y estaba plenamente consciente de que las mujeres se fijaban en el más allá de ser su jefe, varias le coqueteaban abiertamente, acariciando su ego masculino, sintiéndose el sultán de un amplio harem femenino, que, la sabia, podía usar cuando se presentaran las oportunidades correctas.

    Su oficina estaba situada al fondo de un amplio galerón comercial, y los escritorios de las vendedoras se ubicaban frente al amplio ventanal de su recinto de trabajo, desde dentro, podía ver a sus subordinadas sin que ellas lo vieran a él, y estar al pendiente de lo que pasaba en su piso de trabajo, siendo un jefe demandante, y aplicado.

    Tres de sus trabajadoras le llamaban particularmente la atención, Giovanna, madre soltera de cincuenta años, argentina igual que él, de figura espigada, rubia decolorada, algo desaliñada, pero llamativa, de sonrisa amplia, con una cara bonita que empezaba a mostrar signos de la edad, senos medianos muy erguidos, abdomen plano, caderas escurridas pero amplias, un trasero pequeño y respingado que era una delicia para la vista, así como piernas largas y delgadas que completaban su alargada figura de casi un metro y setenta y cinco centímetros de estatura, una mujer que prometía cosas interesantes en los terrenos sexuales

    Remedios era salvadoreña, de poco más de cuarenta años, divorciada y madre de dos, uno sesenta y cinco de estatura, cara tosca, pero atractiva por exótica, grandes senos rebotones que fácilmente eran copa doble D, acinturada, y muy caderona, con unas nalgas enormes y piernas robustas y fuertes, siempre coqueta y vivaz, la candidata perfecta para una sesión de sexo rápida y satisfactoria.

    Finalmente, Guadalupe, mexicana también arriba de los cincuenta años, casada cuatro veces, y ya había sido hasta viuda, madre de cinco hijos con dos hombres diferentes muy elegante y con porte, siempre vestida impecablemente con trajes sastre o vestidos muy femeninos, de risa fácil, coqueta, ya con arrugas en una cara que no era bonita, pero si atractiva, dos grandes pechos atraían miradas hacia su figura, con cintura regular, cadera en perfecta simetría con el resto de su humanidad, piernas largas y delgadas, y una actitud de soy la mujer más bella y buena del mundo que le daban un atractivo especial por su altivez y actitud.

    Más de una vez, Jorge había pensado en cuál de sus tres favoritas llegaría a su cama primero, Giovanna no tenía a nadie, lo que facilitaría las cosas, Remedios era divorciada, y aparentemente, la más fácil de las tres, y Guadalupe era la única casada, y eso, la hacía aún más atractiva para el pampero que tomaba dicha particularidad como un desafío, seria delicioso cogerse a esa señora casada un poco arrogante y presumida.

    La junta del día sirvió para ofrecer reconocimientos a la labor de ventas del periodo anterior, y sus tres elegidas encabezaban la lista de ventas, Remedios era el tercer lugar, Giovanna se había quedado con el segundo sitio, siendo superada por Guadalupe por un margen muy corto, a las tres se les entrego un trofeo de cristal y pasaron al frente de la sala de juntas para recibir un aplauso y el modesto trofeo por sus logros, a cada una, Jorge personalmente les hacía entrega del galardón, un cheque con un bono por rendimiento, y un efusivo abrazo.

    Al terminar la asamblea, Jorge se acercó a sus tres ganadoras y las llamo a su oficina, Giovanna traía una blusa de algodón, al parecer sin sujetador ya que se traslucían dos erectos pezones, pantalones de mezclilla de diseñador, y unas alpargatas, Remedios vestía una blusa color negro de seda, una falda muy estrecha que mostraba sus grandes caderas y su enorme trasero, sin medias y con zapatos de tacón de aguja de considerable altitud para ganar algo de estatura, luciendo unas piernas gruesas y poderosas, mientras que Guadalupe usaba un vestido camisero, muy femenino con botonadura al frente y con diseño leopardado, un collar dorado que colgaba sobre sus poderosos senos, al parecer pantimedias color natural, y unos sexys zapatos de tacón de mediana altitud.

    El las invito a ir adelante, y reviso sus traseros, al caminar rumbo a su despacho, Remedios se contoneaba descaradamente, quería ganar la competencia, las otras dos mujeres sonreían a su jefe, a ninguna les era indiferente, a las tres les gustaba, y el juego estaba dado, él tendría que hacer la elección.

    -Señoras, dijo el, ¡muchas felicidades! Estoy muy orgulloso de cada una de ustedes, no solo son eficientes, sino también mujeres muy guapas, modernas y dedicadas, siéntense por favor -indicó, Giovanna y Mercedes estaban adelante, y tomaron los asientos frente al amplio escritorio del ejecutivo, Guadalupe quedó de pie, a lo que el hombre respondió poniendo su mano en su cintura, y señalándole su asiento detrás del escritorio- mi número uno se sentara en mi lugar Lupita -sonrió abiertamente al hombre, se contoneo al caminar rumbo al asiento señalado sin despegar la mirada de su jefe, mientras las otras dos féminas rumiaban su coraje.

    Jorge hablaba pausadamente, refiriendo a la importancia del esfuerzo de estas tres mujeres como ejemplo para el resto de los vendedores, afirmando que sus cualidades eran exactamente lo que la compañía necesitaba en tiempos difíciles, y que su esfuerzo seria gratificado con jugosas recompensas, cada una, dentro de su cerebro pensaron en la jugosa cabeza del pene del argentino entrando y saliendo de sus bocas, las tres lo deseaban, y la competencia estaba abierta, como seguramente lo estarían las piernas de la que se ganara el derecho de acostarse con su jefe.

    -Díganme señoras, ¿hasta dónde estarían dispuestas a llegar con tal de obtener el éxito? Imagínense el mundo de posibilidades para ustedes, bellas, maduras, ¡y con muchísima vida por delante para alcanzar sus sueños!

    El ejecutivo manoteaba al tiempo de ofrecer su rutina motivacional, ellas lo veían con interés, y casi seguramente con deseo, su acento las hipnotizaba, su pelo entrecano, su elegancia para vestir, los zapatos lustrosos y la seguridad que proyectaba.

    Remedios, la más atrevida de las tres maduras interrumpió a su jefe y dijo con cierta doble intención:

    –¡Yo haría lo que fuera necesario! lo que me pidieran, con tal de alcanzar lo que quiero.

    Él sonrió, y dirigiendo su mirada a Giovanna, con cierto aire de expectación espero la respuesta de su compatriota.

    -Jorge, con su apoyo y motivación, yo también estoy dispuesta a todo para conseguir lo que deseo.

    Sus palabras fueron quedas, misteriosas, ofreciendo una mirada enigmática y relamiéndose los labios al terminar de pronunciarlas, él, lo notó, y bajó la cabeza pensando “¡vaya, vaya!”. Giró su cuerpo hacia la silla detrás del escritorio, fijo sus ojos acerados en la mexicana del vestido que semejaba la piel de un leopardo.

    -Y usted Lupita, ¿hasta dónde llegaría?

    Guadalupe no bajo la mirada, fijo sus ojos en los de su interlocutor, mojo sus labios sacando la punta de la lengua para humedecerlos bien, y con firmeza y musicalidad respondió.

    -Hasta donde usted quiera Jorge, lo haría sin pensarlo dos veces.

    Wow, la respuesta había sido directa, casi sexual, sin implicaciones dobles, ni laborales, era más bien como un reto, como una invitación, esta señora no se guardaba, y esa actitud hizo que dentro de su cabeza, Jorge tomara la decisión final, y quien sería objeto de su ataque, esperando la respuesta física correcta una vez llegado el momento.

    El ejecutivo argentino asevero:

    -¡Eso es! tres decididas mujeres de hoy, seguras de lo que quieren, y dispuestas a pagar el precio por alcanzar sus metas, son ustedes extraordinarias, y debo decir, y espero disculpen mi atrevimiento, no solo eficientes y profesionales en sus labores de ventas, sino, además, mujeres bellas en la flor de la edad que engalanan esta compañía, y mi oficina.

    Jorge giró en dirección a la puerta, llegó al umbral, tomó el pomo y lo giró para abrirla, y dijo:

    -Giovanna y Remedios, regresen a sus estaciones de trabajo, y que tengan una jornada llena de éxito y cierre de ventas para mantenerse en la pelea, muchas gracias por haberme escuchado, estoy muy agradecido con las dos, usted Lupita, quédese, necesito puntualizar ciertas cosas con usted ¡a solas!

    La argentina y la salvadoreña se incorporaron, no gesticularon ni ofrecieron una reacción visible, pero dentro de ellas sabían que la mexicana de pelo decolorado les había ganado la partida, al menos por el momento, sin ponerse de acuerdo, las dos dijeron al unisonó “Gracias Jorge” y se encaminaron hacia el área de cubículos donde ya había un frenético movimiento de sus compañeros tecleando, contestando llamadas, y generando el sonido propio de una oficina a todo tres de producción.

    Guadalupe se había levantado cuando su jefe despidió a sus compañeras, salió de detrás del escritorio del ejecutivo, y se paró a un lado del mueble de caoba, el cerro la puerta, y noto que él ponía el seguro, camino hacia donde ella estaba esperando, rumbo a su lugar detrás del escritorio, pero se detuvo frente a la mujer, y quedando muy cerca, en lo que parecería una invasión de su espacio vital, su rostro muy cerca del de ella, le dijo:

    -Sabía que usted era la mejor vendedora de mi piso, desde que llego a trabajar, no sabe cuanta fe tengo en usted.

    Tomó las manos de la vendedora entre las suyas, y las acarició con los pulgares, las levantó y las llevó a la altura de su cara, las besó y no las soltó. Ella temblaba como colegiala, a pesar de su edad y experiencia en el trato con muchos hombres a lo largo de su vida, con tres matrimonios previos y viviendo el cuarto, y muchos “novios” e inclusive varios amantes ocasionales o de planta, ese argentino era el tipo de hombre que la entusiasmaba, que la hacía sentir joven una vez más, que la excitaba con solo verlo, que la hacía vibrar en la distancia y quien, por cierto, era objeto de muchas de las fantasías sexuales que pasaban por su mente, y quien protagonizaba en su cabeza muchas historias románticas y sexuales cuando se masturbaba en la quietud y soledad de su recamara o en la ducha.

    El prosiguió sin soltar las manos de la madura ejecutiva de ventas.

    -Me gusta mucho su actitud Lupita, las mujeres decididas son un tesoro en este tiempo.

    Ella seguía sintiendo la piel del macho en sus manos, y sonriendo le respondió:

    -Jorge, con un jefe tan atento y caballeroso como usted, es imposible no darnos al cien por ciento, su apoyo decidido, guía y protección nos hace sentirnos seguras, queridas, y empoderadas.

    El soltó las manos de la mujer y poso las suyas suavemente en sus hombros, el no retrocedía un ápice, seguía muy cerca, ella sentía su aliento en el rostro, la distancia hacia un beso era mínima y sentía sus grandes pezones endurecerse, y esa rara sensación casi eléctrica y la humedad entre sus piernas, estaba excitada, ¡no podía creerlo!

    -Con una mujer tan atractiva como usted señora, ¡acentuó dicha palabra! Es imposible no ser un caballero, y sentirse como un hombre.

    Rodeó el cuello de la vendedora y la besó. Dentro de ella existía esa sensación de que no debía ser tan fácil, debía oponer cierta resistencia, no quería lucir como la presa indefensa, pero la sensación de su lengua entrando en su boca la derritió y respondió a la caricia por puro instinto, entrelazando su lengua con la del hombre que sabía que la tenía exactamente donde él quería.

    Las manos del hombre bajaron hacia los enormes pechos de la mujer, los apretó por encima de la delgada tela y a pesar del sujetador de copa amplia que cubría sus grandes senos la sensación de dos pezones erectos al máximo, duros y desafiantes se sintieron en las palmas de sus manos, un ligero gemido escapo de los labios de la fémina que se estremeció una vez más ante el contacto, pero no despego sus labios de la boca del hombre que continuaba acariciando el interior de su boca con su lengua, el olor de su loción llenaba el ambiente, ese aroma la enervaba, la hacía desearlo, y ahí estaba, siendo tocada en la oficina cerrada con llave de su jefe, quien bajo una mano para meterla entre sus piernas, el vestido seguía ahí, pero sus manos ahora recorrían sus pechos y tocaban su feminidad por encima de su ropa interior haciéndola temblar, y sintiéndose impotente para frenarlo.

    Con voz temblorosa, ojos vidriosos, separo sus labios de los de hombre, y dijo:

    -Jorge, por favor, ¡aquí no!, nos van a descubrir, además, ¡soy una mujer casada!

    Estas palabras salieron al momento en que los dedos del jefe hacían a un lado el frente de sus pantaletas de “Victoria secret”, y sentían la humedad que emanaba de su experimentada vagina como si fuera una chiquilla, a pesar de que ya tenía varios años en la etapa de la menopausia, el efecto del hombre siendo tan atrevido, y mostrando tanto deseo por ella, la llenaban de un calor inusual para una hembra de su madurez física, sin embargo, en lo emocional estaba emocionada y excitada ¡como si tuviera veinte años!

    El simplemente siguió con sus toqueteos cada vez más atrevidos e impúdicos, toco la labia vaginal de su trabajadora, la abrió con la punta de su dedo índice y alcanzo el clítoris erguido que salía de su capuchón con un color rojo que contrastaba con la blancura de la piel de Guadalupe, y sintió el nuevo estremecimiento de la parte baja de su cuerpo, acallo su protesta besándola una vez más fuertemente, invadiendo la oquedad de su boca con su lengua que serpenteaba dentro de ella, anticipando el buen manejo que, seguramente el hombre tendría para usarla en otro sitio aún más sensible de la anatomía femenina que gozaba trémula las caricias de las que era objeto.

    Empujo a la mujer contra el elegante escritorio sin dejar de tocarla íntimamente, y mientras hacía esto, la otra mano se movía para abrir el elegante vestido camisero con botonadura al frente empezando arriba de sus grandes senos y que terminaba más o menos a la mitad de sus delgados y largos muslos, ella volvió a romper el beso y suplico por segunda vez.

    -¡Por favor, aquí no, todos se van a dar cuenta, piense en mí reputación, soy casada!

    Sin embargo, la protesta era queda, ahogada por los labios apasionados y esa lengua que la hacía sentir delicioso, al besarla, y, especialmente esa mano que hurgaba en su sexo y que ahora estaba penetrándola con dos dedos, respondiendo involuntariamente abriendo más las piernas al sentir la invasión de sus pliegues vaginales.

    Los botones superiores del vestido se abrieron hasta la cintura, sus senos cubiertos por un sujetador color negro, rematados en las copas DD con delicado encaje estaban a la vista, su suave piel a la altura del abdomen estaba expuesta, respiraba entrecortadamente, el asalto amatorio del argentino había logrado romper cualquier tipo de resistencia, y sus jugos manaban incesantemente de su vulva, el hombre volvió a usar su mano izquierda, dirigiéndola a los pechos turgentes de su empleada, metió la mano en el brassiere, extrayendo el seno en su totalidad, por primera vez, el veía el pezón erecto color café, y la aureola de un marrón más claro rematando su blanca piel, haciéndola más llamativa, dejo de besarla y bajo la cabeza para lamer el pezón liberado, le paso la lengua por encima, de abajo hacia arriba, se entretuvo lengüeteándolo con mayor atención, mientras Guadalupe arqueaba la espalda exponiéndose aún más a su maniobra, estiro la tela del sujetador, y saco el otro pecho, quedando ambos desplegados para su placer.

    La mano en su vagina acariciaba su clítoris, después recorría la raja con la palma de la mano completa bañándose de sus jugos, y remataba metiendo uno o dos dedos haciéndola delirar, y la presencia de su ropa interior hecha a un lado no ofrecía estorbo alguno las maniobras del varón que se regodeaba provocándole toda clase de sensaciones en el cuerpo maduro de la mujer que estaba a punto de estallar en su primer orgasmo, ¡hacía tiempo que no sentía esa clase de deseo! y aun cuando su vida sexual con su marido era activa, el grado de excitación ante lo prohibido, y, sobre todo, del lugar y la forma de este escarceo sexual, ¡lo hacían extremadamente excitante!

    Por primera vez, Guadalupe se atrevió a romper su actitud pasiva, y bajo la mano hasta la parte frontal del pantalón de su jefe, paso la palma de la mano por enfrente de la bragueta del fino pantalón de casimir, y sintió ese cilindro de carne, duro como una roca, de muy buen tamaño y cargado hacia la zona derecha del cuerpo de su dueño, como aprisionado por la trusa que lo mantenía bajo control, para sus adentros, la mujer pensó  “está más grande que la de mi marido” y al palpar su falo de placer, con voz melosa dijo:

    -¡Ay qué ricooo! -estirando la última silaba y relamiéndose los labios, el prosiguió masturbándola y sonrió, al ordenarle quedamente:

    -Dese vuelta Lupita, ¿no quiere sentirla adentro de usted?

    Ella reasumió su posición defensiva, sabía que haciéndose la difícil exaltaría más el interés del macho por poseerla, era experimentada en calentar a sus candidatos a poseerla.

    -Entiéndame Jorge -acotó la madura mujer- usted me gusta muchísimo, pero yo soy una mujer decente, soy casada, y soy su más fiel empleada, no abuse de su posición -pero meneaba la cadera con gusto al sentir los largos dedos del argentino hurgando su panocha, totalmente mojada y rezumando jugos, y sus erectos pezones café obscuro delataban su estado de franca excitación.

    El hombre desesperado le dijo:

    -Para nada, Guadalupe, lo que menos quiero hacer es abusar de usted, sé que me desea, lo supe desde el principio y quiero darle lo que usted ha querido desde que llego a trabajar a la empresa, créame, la voy a hacer gozar.

    Al escuchar estas palabras la mujer hizo caso, y giro sobre su propio eje, quedo de espaldas al hombre, y de frente al fino mueble de escritorio, el, levanto la falda del vestido que semejaba a una piel de leopardo, y vio esas nalgas blancas, algo caídas debido a la edad, pero que al contrastar con su cadera les daba una apariencia deseable y curvilínea, su pantaleta color negro, era de licra completa, asegurando sus carnes, el tomo los calzones por ambos lados de la cintura y agachándose completamente,, las bajo hasta los tobillos, ella sacudió primero un pie, y después el otro para deshacerse de la prenda que estaba totalmente empapada en el puente de algodón en medio de las piernas.

    La cara del hombre quedo a la altura de la raja de sus nalgas, el beso los glúteos, y con las dos manos abrió la hendidura, metiendo su lengua por en medio de esas nalgas que pronto serian suyas, ella gimió quedamente al sentir la invasión de la lengua del hombre, que toco primero su ano, lamiéndolo y estirándose para meter la punta en su corrugado ojete, y seguir su viaje hacia abajo, donde la raja de Lupita estaba lista para ser comida, el tomo la posición en cuclillas, y sujetando las nalgas de ella, procedió a darse un festín en medio de sus nalgas, lamia su ano y la panocha alternadamente y ella se ponía de puntitas, y meneaba la cadera ante las acometidas de su amante:

    -Estás empapada, estas caliente, sabía que eras una putita a la que le encanta la verga, pero se hace la remilgosa.

    -huuumm, ahhh, si, si me encanta -gimió la mujer- que bueno eres Jorge -lo tuteaba debido al deseo, siempre le hablaba de usted, y ni siquiera se percató que él ya la había llamado puta mientras insertaba su lengua en su ano.

    Guadalupe era asaltada por una serie de sensaciones que la hacían respirar con dificultad, sus extremidades inferiores temblaban, estaba a punto de tener un orgasmo sin haber sido penetrada propiamente, pero la cara de su jefe en medio de sus blancas nalgas, y esa lengua rugosa que entraba y salía de sus oquedades con maestría, la tenían al borde de una corrida brutal, había perdido la noción del tiempo, para sus adentros pensaba en ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que este cabronazo se la estaba fajando en plena oficina?, ¿Qué estarían pensando quienes estaban afuera de la oficina y vieron al jefe cerrar la puerta con ella adentro?, ¿Cuándo se iba a decidir a metérsela, ya que estaba al borde?

    Jorge soltó el agarre en las caderas de su subordinada, extrajo la lengua del ano de la mujer, se incorporó, y desabrocho el cinturón, abrió el botón que sujetaba el pantalón y dejo caer sus pantalones hasta la rodilla, Guadalupe, poso sus manos en el escritorio, y respingo el culo para darle una agradable vista de lo que pronto ese hombre estaría usando para su placer.

    Bajo los boxers igualmente hasta la rodilla, y por primera vez en la sesión, su pene estaba libre y al aire, Guadalupe volteo a verlo girando el rostro, pero manteniendo la posición de recibirla, y al otear el instrumento sexual de su jefe no pudo evitar el pensamiento “huuuum, que rica, ¡ve nomas lo que me voy a comer!”. Sin despegar la mirada del pene de su amante le dijo:

    -Qué bueno estas Jorge, me gusta mucho tu pene.

     -¡Y te va a gustar más cuando lo tengas hasta adentro putita, ya verás!

    ¡La había llamado puta otra vez! Sin embargo, y viendo la posición en la que estaba, con el vestido abierto al frente con sus tetas expuestas por encima del brassiere, inclinada hacia el escritorio y apoyada en sus finas manos, el vestido remangado arriba de su cintura, con el trasero respingado y las piernas semiabiertas, ¡sin duda lo parecía!

    -Si Jorge, soy tu puta casada, no aguanto más, ¡métemela por favor!

    El varón sonrió, la tenía a punto, exactamente donde la quería, anticipando y deseando, el hombre acerco su pene a la raja de la mujer, los labios vaginales estaban algo sueltos y caídos debido a la edad, los muchos amantes que, está seguro, habían gozado de ese agujero, y cinco partos esperaban la embestida.

    Paso la cabeza del glande por la labia abierta de Guadalupe, quien ronroneo como gatita al sentir ese enhiesto miembro a la entrada de su cueva de placer, fijo la cabeza en forma de hongo, justo a la entrada del deseado hueco, y comenzó a empujar las caderas para forzar la penetración, sin embargo, la humedad provocada por sus saliva, y los jugos amatorios naturales de ella hicieron que su pene recorriera sin detenerse todo el camino hasta que su pubis topo con las nalgas de la mujer madura que, al sentir la penetración gimió de placer, como dándole su aprobación a aquello que la invadía y la hacía sentir delicioso.

    -Ay papacito, que bueno estas, dame duro, dámela toda, así, no me la saques, ¡quiero venirme para ti!

    Esas palabras aguijonearon el ego del hombre que comenzó a mover las caderas hacia adelante y hacia atrás, penetrándola completa en cada estocada, sus dieciocho centímetros de verga se iban hasta adentro de la mujer quien se dejó caer sobre los codos en el escritorio, levantando más las nalgas y abriendo más las piernas, la sensación era indescriptible, y, curiosamente ambos pensaban algo similar, ella que finalmente sus finas artes de seducción y estrategia, habían conseguido el objetivo de encamarse a su jefe, mientras él pensaba al seguir en su incesante mete y saca en que, finalmente, la presumida y arrogante mujer casada, la creída de la oficina estaba empinada en su oficina ¡dándole las nalgas!

    El argentino aceleraba las penetraciones por momentos, y después, frenaba casi completamente dejando su miembro erecto totalmente dentro de la mujer, ella, al sentir esas pausas, y cuando él se quedaba quieto, meneaba las caderas hacia arriba y abajo, y de lado a lado, dándole a él una sensación deliciosa, su vagina había dejado de estar realmente cerrada o estrecha, pero su abundante humedad y calidez hacía que el falo quedara cubierto de un abrazo delicado y caliente dentro de su cuerpo, no era la estrechez, sino la sola sensación lo que la hacía verdaderamente placentera, y la fricción se intensificaba cuando el quedaba totalmente dentro y ella movía sus caderas.

    -Eres una experta mamacita, que rico te meneas, hummm, si dime que te gusta reina, dime que te gusta mi verga.

    Ella asintió, moviendo su cabeza hacia arriba y hacia abajo, volteo sobre su hombro y le dedico su cara más sexy, una combinación de aprobación y desafío, boca entreabierta, mirada fija, labios mojados y un gemido que semejaba a un ronroneo constante al sentir su cuerpo invadido por aquel extraño objeto de placer.

    Jorge sabía que el tiempo se agotaba, por primera vez pensó en el reloj, y aunque su masculinidad estaba en pleno deleite amatorio, sabía que no era conveniente que desde su posición se comenzara a rumorar, era jefe de una gran cantidad de empleados, muchas mujeres, y además, era casado, y su esposa tenía contacto directo con muchas de sus empleadas y una de ellas era precisamente aquella a quien tenía empinada en su escritorio metiéndole la verga.

    Acelero el mete y saca, Guadalupe ya no aguanto más, aplanando los pies sobre el suelo dejo de estar de puntillas, la tensión sexual y física en sus piernas resultaba ya insostenible, apretó su musculatura abriendo un poco más las piernas y se mordió un labio para ahogar sus ya de por si leves gemidos de placer cuidándose de que no se fuera a escuchar nada a través de la puerta que estaba a solo cinco metros de distancia, el esfuerzo del varón se vio recompensado cuando ella metió la cara en medio de sus brazos y comenzó a temblar incontrolablemente, un poderoso orgasmo sacudía la humanidad de la mexicana quien se mordió una mano para refrenar el grito que quería escapar de su boca al sentir como una descarga de placer recorría todo su cuerpo, sudaba, y un pequeño chorro de un líquido blanquecino escapo de su vagina, bañando la ya de por si empapada espada del hombre, y resbalando por el interior de sus blancos muslos, gotas de su venida caían al piso alfombrado de la oficina de su jefe, quien sin detenerse a contemplar cuan poderoso había sido el orgasmo de su amante continuaba ensimismado su tarea de taladrarle la panocha fuertemente.

    La cabeza del pene de Jorge estaba casi violácea, sus movimientos fuertes seguían enviando oleadas de placer a su amante, a quien peguntó:

    -¿Quieres leche mamacita? ¡Dime que querés leche!

    Guadalupe bajando del séptimo cielo le dijo, casi le suplicó:

    -Siiii, si, dame lechita calientita papacito, dame leche papi!

    -¿Decime donde la querés putona? -Al tiempo que amasaba las blancas nalgas de la mujer con sus dos poderosas manos, y seguía penetrándola.

    -Dámelos en mi boca Jorge, por las prisas no he tenido tiempo de saborearte, y me muero de ganas de tenerte en mi boca.

    Él no podía creer lo afortunado que era ¡le estaba pidiendo que le echara el semen en la boca! Sacó su verga empapada del coño de la mujer, y al hacerlo, un chorro de líquido cayó en la alfombra.

    -Vaya Lupita, ¡te venís a chorros!

    Ella se ruborizo un poco, esos orgasmos con squirt a veces la avergonzaban, sin embargo, su cuerpo era presa de las sensaciones y desde muy temprana edad siempre que tenía un orgasmo fuerte, o varios ligados, no podía controlar ese acto reflejo de venirse expeliendo un torrente de jugos.

    En un principio pensó que se meaba, lo que la hacía avergonzarse aún más, pero con el paso del tiempo y la experiencia entendió que el fluido no era propiamente orines, algunos hombres enloquecían al verla venirse así, otros se desconcertaban, pero a final de cuentas había entendido que no podía remediarlo, y aprendió a vivir con sus líquidos orgasmos.

    Guadalupe se incorporó, dio la vuelta confrontándose con su macho, su vestido cayó sobre sus usadas nalgas, y bajo poniéndose en cuclillas para poner la erecta verga de su amante frente a sus ojos, la tenía así, por primera vez en la tarde, blanca, circundada, cabezona, adelanto su mano izquierda y la sujeto desde la base, su vello púbico estaba empapado por sus propios jugos vaginales, y dichos efluvios bajaban hasta los repletos testículos del argentino que colgaban goteando frente a la cara de la mujer.

    La mano derecha tomo con suavidad la bolsa escrotal y acaricio con suavidad su rugosa superficie, mientras seguía apretando la base con la mano izquierda, abrió los labios agrietados en las comisuras por el paso de la edad, relamió los mismos y procedió a meterse el glande de su amante, ofreciéndole una succión delicada y usando la lengua sobre el orificio de la uretra que goteaba mezcla de los efluvios de su propia vagina y el líquido pre seminal que manaba del miembro en erección.

    A Guadalupe le agrado el sabor, el aroma era una extraña combinación de su vagina, con sudor y orines, cosa que no le incomodo en lo absoluto para mamar con avidez, chupaba fuerte, y usaba la lengua con maestría, ¡cuántas vergas se había metido en la boca en sus poco más de 50 años! las rodillas de Jorge se doblaron un poco hacia adelante, tomo a la mujer que se prodigaba mamándole el tolete, y empezó a acariciarle el pelo con ambas manos, tomo la cabeza de lupita, como a veces la llamaba cariñosamente y la empujo más hacia la base de su herramienta, moviendo la cadera en un vaivén hacia adelante y hacia atrás, cogiéndose la cara de su vendedora estrella quien no mostro asco alguno y se dejó penetrar por la boca casi hasta la base, le estaba haciendo una garganta profunda, agradeciendo los orgasmos monumentales que había disfrutado gracias a esa verga.

    Ella cerro un poco más la boca, y concentro más sus lamidas y chupetones en el escroto de su amante sudamericano, quien comenzó a emitir un gruñido quedo, pero constante, ella sabía que estaba cerca de recibir su recompensa, ahí, justo en su boca, y redoblo esfuerzos, se sacó la herramienta de su boca y le dijo:

    -Papi, dame leche, quiero tu lechita calientita, dame tu semen, me lo quiero tragar y que me veas.

    El hombre gruñó, y tensó sus muslos y apretó las nalgas, estallando en un torrente de lefa que mano libre dentro de la boca de la madura mujer casada que cerro sus labios alrededor del hongo cabezón que la alimentaba, procurando tragar lo más posible de ese viscoso liquido banco para evitar que le rociara la cara, o alcanzara su pelo y ropas, la venida del argentino era copiosa, y a pesar de sus esfuerzos, un hilillo de baba y semen cayó sobre su vestido, y escapo por las comisuras de sus labios, manchándole la barbilla de aquel liquido blanquecino, baboso y espeso.

    -¡Cuánta leche Jorge, hmmm, es deliciosa, me encanta, me fascina comerme tu semen, es una delicia!

    Él siguió gruñendo, tomando a la mujer por la cabeza con ambas manos, las rodillas dobladas y sus músculos con pequeños espasmos tras una explosión orgásmica que disfrutó intensamente.

    Guadalupe se levantó de la posición en cuclillas, y busco una caja de pañuelos sanitarios que su jefe siempre tenía encima del escritorio, se limpió la barbilla que sostenía un largo hilillo de baba y mecos, colgando, se tragó los residuos que aun rondaban en su boca, y volteando a ver a su amante, paso una vez más la lengua por sus labios emitiendo un sonido de gusto que motivo que el jefe sonriera satisfecho, acotando:

    -Lupita, ¡sos una amante formidable, que delicia de hoyo, y magistral para mamarme la pinga, es usted un diez de mujer!

    Ella regresó la sonrisa, y dijo:

    -Disfruté mi premio como la mejor vendedora intensamente Jorge, pero, ¿me pegunto si siempre da estos premios a sus vendedoras cada fin de mes?, porque si es así, ¡me esforzaré para ser siempre la numero uno y repetir esta premiación muchas veces!

    La infiel mujer metió las manos para ajustarse las pantaletas tras pasar más de cinco pañuelos sanitarios por la extensión de su raja totalmente empapada, ajusto el puente sobre su usada vagina, se cerró el vestido abotonando hasta la parte superior de sus pechos que previamente había regresado a las copas de su sujetador y tomo su bolsa para darse una mano de maquillaje que en ese momento estaba totalmente fuera de sitio, entretanto él se limpió la verga con un par de pañuelos desechables, se subió el bóxer y los pantalones, ajusto su fina camisa de vestir fajándola dentro del pantalón de casimir, acomodo el nudo de su corbata, y se puso el saco, caminando rumbo a su cómoda silla detrás del escritorio.

    -¡No se preocupe Lupita! –dijo- después de esto, creo que usted y yo podemos tener más sesiones de este tipo, al margen de si usted gana el primer lugar en ventas o no, es una hembra caliente y extraordinaria y es más, me gustaría que agendáramos una cita formal para el próximo viernes por la tarde, vamos a comer, y de ahí a un lugar más privado para hacer esto nuevamente sin preocuparnos que haya alguien detrás de la puerta o pensando y suponiendo cosas, ¿le parece?

    Ella asintió con la cabeza y le dijo:

    -¡Claro que sí, lo que usted diga jefe!

    Él esbozó una nueva sonrisa, esa que a ella le parecía irresistible, tomo su bolsa de la superficie del escritorio de caoba, dio la vuelta, lanzado un beso al aire al hombre que acababa de hacerla temblar, llego a la puerta, quito el seguro, y salió al área común de la oficina, donde había mucho movimiento y nadie parecía poner atención a su salida del recinto privado del jefe, camino unos metros y sentadas a su izquierda, Giovanna y Remedios la veían inquisitivamente, apoltronadas en el escritorio que Remedios usaba regularmente.

    -¿Cómo te fue? -inquirió la salvadoreña.

    -¡Tardó bastante la felicitación Lupita! -aseveró la argentina con un tono irónico en su voz.

    Ella dijo con voz calmada y sin mostrar emoción:

    -¡Todo bien! se la pasó diciéndome de los planes de la compañía, y lo que quería que hiciera para tener más ventas -dijo convencida.

    Giovanna se levantó de su asiento y dio un par de pasos hacia la mexicana, y pregunto:

    -¿Te ofreció una bebida exótica mientras te hablaba de sus planes profesionales Guadalupe? -La salvadoreña Remedios rio abiertamente desconcertando momentáneamente a la vendedora azteca, quien no supo que contestar, mientras que Giovanna señalaba con sus dedos una clara mancha blanca de semen en el vestido de Guadalupe que aparecía con toda claridad, con todos sus grumos y consistencia abajo del seno derecho de la tela que semejaba piel de leopardo.

    La pampera fue más allá, con su dedo índice retiró el viscoso liquido del vestido, dio la vuelta y lamió un poco de la superficie de su piel, le ofreció el dedo a la salvadoreña quien también lengüeteo el residuo emitiendo un sonido de agrado notable “hmmmm” y regresando sobre sus talones metió el dedo en la boca de la acusada para que también apreciara el semen que ya había tragado en una buena cantidad hacía unos minutos en el privado de su jefe.

    Remedios dijo: -¡ándale mosca muerta! dinos como le diste las nalgas, ¿la tiene grande?

    Giovanna asevero: -su lefa sabe rico, se vacío en tu boca verdad, ¿te los tragaste todos?

    No había modo de negarlo, el esperma de su amante en la ropa, era prueba inobjetable de su infidelidad y desliz con su jefe, para envidia de sus compañeras, quienes inclusive habían probado la leche de su vestido para no dejar dudas de su autenticidad.

    Guadalupe sonrió hacia las mujeres que seguían fijas en su persona con miradas inquisidoras:

    -Pues si compañeras, Jorge me hizo el amor, lo hace muy rico, está bien dotado, y como ya probaron tiene una leche deliciosa, ¿es eso lo que querían saber?

    Tras su respuesta, Guadalupe dejo atrás a sus compañeras de trabajo, con los ojos desmesuradamente abiertos y más dudas, y se dirigió a la salida del área de oficinas, al llegar al elevador, sonreía una vez más, ¡que mañana estaba viviendo! apretó el botón para llamar el ascensor, y reviso una vez más su vestido buscando otro residuo seminal que pudiera incriminarla, la puerta del ascensor se abrió, y Lourdes, la esposa de su jefe salió del elevador cruzándose en su camino, la mujer saludo a Guadalupe en forma seca, y se dirigió a buscar a su marido, la puerta del elevador se cerró detrás de ella, y Guadalupe volvió a sonreír.

  • Una tarde de masaje y rico sexo

    Una tarde de masaje y rico sexo

    Pasaron algunos meses desde que me separé, estaba adaptándome a mi nueva vida en otra ciudad, nuevo trabajo, buscando un nuevo rumbo. Durante este tiempo estuve en continuo contacto con una querida amiga llamada… bueno sin nombres.

    Trabajamos durante un par de años, nos llevamos muy bien y nos volvimos muy buenos amigos, salimos un par de veces, hablamos regularmente en nuestro trabajo.

    Un día, ella viajó a la ciudad dónde me radiqué, me pidió que le acompañara a hacer unas vueltas. Necesitaba conseguir algunas cosas para un negocio familiar, después de una larga jornada, especialmente para ella porque regresaba de un viaje de los que le encanta hacer, decidimos tomar un descanso, motivo por el que nos parece buena idea dirigirnos al apartamento donde estaba viviendo.

    Previamente compartimos un par de cervezas, platicamos de todo y de nada como siempre lo hacemos; reímos y nos contamos anécdotas que nos parecen graciosas, me cuenta sus aventuras de su anterior viaje, ¡le encanta viajar!, nos dirigimos al apartamento, cuando llegamos nos acomodamos pusimos alguna película y continuamos platicando, pero mientras hablamos me doy cuenta de que se acomodaba de vez en cuando y percibo que tiene un dolor en su espalda.

    —¿Estás bien? —le pregunto después de la cuarta vez que veo que lo hace.

    —Me duele un poco la espalda. —Me responde.— Como sabes el regreso de mi viaje estuvo agotador.

    —Si quieres te puedo darte un masaje, eso quizá te ayude. —Digo.

    —Bueno. —Responde.

    El apartamento donde vivía era compartido con otras personas, no contaba con sitio para recibir visitas, se recibían en la habitación de cada uno. Ambos estábamos sentados en la cama, así que le pido que se ponga cómoda y se acueste boca abajo para darle ese masaje.

    Ella tiene su cabello largo ¡muy lindo!, así que le pedí que se lo pasara hacia adelante. Lleva puesta una camisa, azul, y para poder masajear es necesario que se la quite, así que le pido que lo haga, bajo esta tenía un top blanco, que sostenía unas hermosas y grandes tetas, ¡waw! que bella vista la que me ofrece.

    Sin pensarlo mucho, comencé a masajear sus hombros, su piel se sentía muy suave. Un ligero y delicado gemido de alivio sale de su voz, que me agarra desprevenido. Se relaja, cierra los ojos y parece que le gusta.

    —Dame un segundo —le digo—Tomo un poco de aceite para que sea mejor. —Ella asintió con su cabeza

    Ahora con el aceite mis manos se deslizaban con más facilidad, la tocaba de manera firme pero suave a la vez y notaba como su piel comenzaba a erizarse, ¡mi mente vuela, deseo penetrarla! percibo un suave y rico aroma, su aroma, una mezcla entre cítricos, flor silvestre y madera fresca. ¡Oh que delicia de aroma!, pienso ¡cómo me encanta! y siento como empieza a excitarme.

    —Le pregunto ¿cómo te sientes?

    —Algo mejor —me dijo ella con su bella sonrisa.

    Me coloco en un pequeño espacio al lado de sus piernas para continuar con lo mío. Masajeo sus hombros y voy bajando poco a poco por su espalda; mientras lo hago me deleito con su cuerpo, recorro toda su espalda, mi excitación aumenta al sentir sus curvas, al imaginarme haciéndole el amor mientras la toco.

    Voy bajando hasta llegar a su jean, me detengo un momento a observarla a contemplar todo aquello que mis manos han tocado. Ella no dice nada, tiene la cabeza apoyada en sus brazos, se ve tranquila.

    Le digo, te gustaría quitarte el top para poder hacerlo mejor, después de pensar un momento accede. Vuelvo a pasar mis manos sobre su espalda, con suavidad las dirijo a los costados, roso sus senos, ¡que rica sensación!, mi excitación continúa en aumento, le digo:

    —¿Servicio completo? —ella ríe.

    —¡Bueno, si lo vas hacer, lo haces bien! —Responde ella.

    —Risas ja, ja, ja.

    Me dejo llevar por la emoción, bajo mi cuerpo y la beso, me corresponde; sin embargo, en un momento se detiene

    —Esto no debería pasar. —Dice

    Me recuesto en la cama y guardo silencio. Después de un momento dice:

    —Dale, continúa

    Retomo el masaje, le pregunto:

    —¿Quieres quitarte el pantalón? ¿Masajeo tus piernas? —el servicio es completo y cobro caro.

    Risas.

    Me mira sonríe y dice:

    —Bueno

    Le quito los zapatos, desabrocho su pantalón y le ayudo a quitarlo, ¡que delicia! trae puestos unos cacheteros, ¡que sexys le quedan! Se recuesta, masajeo sus muslos por completo, roso su entre pierna, bajo, llego a sus pies, los beso. Me devuelvo, aprieto sus muslos después los toco con suavidad, nuevamente roso su entrepierna, masajeo su culo. No dice nada. ¡Qué rico está, quiero penetrarlo! pienso. Me deleita el contacto con su piel. Ella se estremece. Continúo avanzando. Me encuentro con su sostén, detengo mi avance, le digo.

    —¿Oye, te molestaría quitarte el sostén? Así puedo masajear mejor, es que me estorba un poco. Es más, así te puedo poner un poco más de aceite y tal vez te guste más. Tan sólo desabróchalo. Si quieres.

    —Claro, desabróchalo —me responde.

    Con un leve esfuerzo, así lo hago

    —Quizá esto se sienta frío —le dije mientras vertía un poco de aceite por toda su espalda.

    Al caer el aceite, se arquea un poco y asume una posición algo sugerente. Vuelvo a tocar su cuerpo, a recorrer sus curvas con mis dedos, dejándome llevar por la excitación.

    —¿Qué tal se siente? —le pregunto.

    —Algo mejor, continúa —me responde. Exhala un ligero gemido.

    Volví a bajar mis manos en dirección a su trasero.

    —Voy a ir de nuevo a tus piernas, ¿de acuerdo? Asiente con un sexy movimiento.

    Observo su trasero y la unión entre sus piernas, se alcanza a ver como su interior marca su sexo; mi erección se pone al máximo. Mis manos ahora sujetan sus muslos. Estoy seguro de que nota lo excitado que estoy.

    Se da vuelta y dice

    —Ahora quiero que me masajees así.

    Al girarse, su sostén se desacomoda, se ven sus tetas, que lindas y enormes son, sus pezones de color rosa están parados, se nota su excitación. Yo siento crecer aún más mi miembro.

    Llevado por la excitación, empiezo a pasar mis manos por sus piernas, las llevo a su abdomen, subo lentamente a hasta sus pechos. Me acerco a su oído

    —Tienes unos hermosos senos —le susurro mientras los masajeo, les doy un suave apretón, ella muerde su labio.

    Le doy un beso lento y profundo, me gusta la suavidad de sus labios y disfruto los movimientos que hace con su lengua. Continúo masajeo sus ricas tetas un buen rato. Con mi verga al máximo, dirijo mi mano a su vagina, mientras lo hacía mordía su cuello y besaba su hombro ligeramente.

    —Creo que ya se te quito el dolor de espalda —le susurré.

    Asiente, llegó a su sexo, beso su mejilla, con mis dedos comienzo a jugar con su vagina, por encima de su ropa interior, ella gime en mi oído y sus caderas sigue el ritmo de mi mano.

    Toma la mano que tengo en una de sus tetas, hace que la apriete con más fuerza. Beso su oído, después su cuello, me dirijo a sus senos, las toco con la punta de mi lengua, chupo una de sus exquisitas tetas, después la otra ¡que rico! simultáneamente, meto dos de mis dedos en su vagina, busco su punto G, hago un movimiento largo y otro corto, sobre este, ella brinca ligeramente, los saco, acaricio su clítoris para hacerla desear más.

    —Bésame —me dijo girando la cabeza hacia mí.

    Obedecí, llevé mi lengua directo a su boca, mis dedos volvieron a su sexo y comienzo de nuevo a moverlos dentro de ella. Muerdo su labio y lo jalo ligeramente.

    Ella intenta subirse sobre mí, quiere sentir mi erección, así que le doy lo que pide. Aprieto su trasero, se mueve hacia adelante y hacia atrás, una y otra vez, como si la penetrara, haciendo que mi erección se restregué contra su caliente y mojado sexo. El roce con mi ropa hace que sea difícil que sienta en pleno mi verga, así que su mano desabrocha mi pantalón, con una mano le ayudo a su cometido.

    Entre ambos desabrochamos mi pantalón, luego la dejo sobre la cama para quitarme la camisa, ella por su parte me ayuda con el pantalón, al quitarlo se notaba mi erección, mira mi bóxer, también me lo quita, al hacerlo mira mi enorme verga, la desea, la toma con firmeza y me masturba un momento.

    Acaricio su rostro con una mano, la beso, nuevamente recorro su cuerpo con mi boca y con mis manos, chupo sus tetas, lamo su abdomen, llego a sus caderas y le quito sus cacheteros, observo su vagina húmeda y excitada, ¡oh, me encanta!, completamente depilada, sus pliegues son perfectos, de color rosa, suave, siento más intenso su aroma ¡qué delicia! Vuelvo a pasar mis dedos; ella gime, toco su clítoris y su cuerpo se estremece. Meto un dedo dentro de ella mientras la beso y muerdo su muslo, sus caderas se mueven al ritmo de mi dedo mientras su garganta no dejaba de soltar suaves gemidos, uno tras otro, aprieta sus manos en la cama, que excitante imagen.

    Llevo mi lengua a su clítoris, la paso suavemente una y otra vez, la llevo a sus labios y la introduzco en su vagina, succiono su clítoris, se estremece, se sienta y me besa, introduzco dos dedos en su sexo hago movimientos suaves, adentro afuera, arriba, abajo.

    —Te quiero dentro de mí —me dice.

    —¿Eso quieres? —le dije, moviendo mis dedos dentro de ella.

    —Siiii. —Exclama.

    Saco mis dedos, la beso, se acuesta, apunto mi verga directamente a su sexo, pero sin penetrarla. Con la punta de mi pene acaricio ligeramente su clítoris y ella vuelve a retorcerse, me poso sobre ella y la beso. Ya no puedo resistirme. Intento meter mi verga lentamente, pero su vagina es estrecha me cuesta un poco penetrarla, ella se mofa.

    —Qué me das y te ayudo. —Me dice ella.

    —Yo puedo solo. —Le contesto.

    Risas.

    Continúo con mi movimiento lento, la penetro, pero no por completo, quería jugar un momento, que disfrutara de mi herramienta, ella ya no puede soportar más, aprieta mi cintura con sus piernas y hace que mi verga entre por completo se estremece de placer.

    La penetro, me deleito al ver como sus pechos se mueven; le aprieto su culo, me muevo lento y fuerte para ver sus pechos subir y bajar, me éxito más cuando siento como llego más profundo; nos damos vuelta, ella queda sobre mí, mueve su cadera, le sigo el ritmo, tomo su cabello y lo tiro, aprieto sus tetas, se estremece, llega a un orgasmo, que placer verla disfrutarlo, muerde su labio inferior, arquea su cabeza, cierra sus ojos, aprieta las sabanas; es una delicia sentir su vagina caliente y húmeda, me excita más y más.

    Le pido que se baje y da la vuelta, se pone en cuatro, ¡oh que sexy su postura!, me fascina verla así, la forma de sus caderas y su culo me enloquecen, aumenta mi excitación; le introduzco mi verga, la tomo por su cabello, empiezo a moverme lentamente, el calor de mi cuerpo aumenta, sudo y me estremezco, empiezo a hacer movimientos fuertes y rápidos, una y otra vez, más rápido, mueve sus caderas, me encanta ver cuando la penetro. Se mueve con habilidad, yo la sigo, la tomo por la cintura para intentar guiar sus movimientos.

    —Ya casi llego. —Le digo.

    —Dale. —Me responde.

    Aprieto su cintura y continúo penetrándola fuerte y rápido, me siento muy excitado, aprieto sus nalgas, se arquea. Siento que ya no puedo más, y la penetro con rapidez hasta que llego al orgasmo. Que placer me ha causa esta monumental chica.

    —Por mal polvo no lo echaron. —Me dice.

    Risas.

    Nos recostamos un momento, la acaricio, contemplo su cuerpo, poco a poco se relaja. Que orgasmo tan riquísimo. ¡Qué mujer!

    —¿Cómo está tu espalda? —le pregunté tratando de recuperar el aliento.

    —Está mejor —respondió ella con una sonrisa.

    Me guiñe el ojo, yo sonrío.

    Esa tarde tenía que viajar, así que después de vestirnos, la acompañé al transporte más cercano y nos despedimos. Después vinieron otros mejores y agradables encuentros, que tal vez me anime a describirlos.

  • Teniendo sexo con mi mujer (mi ex suegra)

    Teniendo sexo con mi mujer (mi ex suegra)

    Vengo a contar algo que quisimos probar mi mujer (la que antes fue mi suegra) y yo. Mi mujer me dijo que si la llevaba a una tienda donde venden lencería y cosas por el estilo, fuimos ella empezó a ver unos babydoll con ligueros y eso un traje de enfermera y juguetes sexuales, unas esposas, un dildo y lubricante.

    Camino a la casa mientras conducía mi mujer me empezó acariciar el pene logrando hacer que yo tuviera una erección con lo que me desabrocho el cinto y después el pantalón, para sacarme la verga y empezó a pegarme una mamada, yo iba manejando y cada que sentía placer y gusto blanqueaba mis ojos sin importar nada, ya casi al llegar a la casa le dije que ya iba acabar y solo me dijo okey haré lo posible por no ensuciar el asiento, por lo que al momento de venirme trago todo mi semen se encargó de que no se derramara ninguna gota y solo me dijo prepárate para la noche.

    Decidimos pedir una pizza y nos fuimos a ver una película al cuarto, ya después de un rato eran como las 9 de la noche me dijo ahora si aquí viene lo bueno.

    Se metió al baño y después de un rato salió vestida de enfermera de solo verla mi verga se puso dura como el metal, y me dijo mi esposa:

    E: aquí es donde necesitan una enfermera

    Y: si aquí es

    E: quien es el pariente

    Y: yo estoy algo enfermo y necesito de cuidados y medicina

    Se acercó a mi y me dijo en el oído ahorita te voy a curar.

    Se puso de un lado de la cama y y me dijo dame tu mano, de su bata ella saco las esposas y me las puso en ambas manos y las paso por atrás de la cama quedando yo sin poder utilizar mis manos, ella subió a la cama se subió encima de mí y comenzó a besarme después se fue hacia abajo y comenzó a besar mi pecho, mi abdomen y mis piernas, después me quitó mi bóxer y salió mi pene como resorte ella empezó a jugar con él, siguió jugando y para que yo no hiciera ruido me puso un pañuelo en la boca, y comenzó a pegarme una mamada, escupió en mi pene y esparcía su saliva con sus manos para empezar a masturbarme después la llevaba a su boca y la mamaba lentamente disfrutando cada cm no es muy larga 15 cm, pero esos centímetros los disfrutaba, mientras me masturbaba, me succionaba los huevos y subía para seguirme mamando mi verga, yo solo movía mis ojos y disfrutaba, le quise hacer saber que ya iba terminar pero como si ella supiera saco de su boca mi pene comenzó a masturbarme rápidamente y apuntó mi pene a su cara su cara quedó llena de leche, se empezó a quitar la leche con los dedos y se los metía a la boca.

    Ella me quitó las esposas y me dijo ahora si hazme tuya quítame este atuendo, la empecé a besar y acariciar como si fuera nuestra primera vez todo fue lentamente quería disfrutar el momento le quite la bata y tenía un juego de tanga y brasier blanco de encaje, le quite el brasier y salieron sus enormes tetas, su tanga se veía transparente de los fluidos vaginales que tenía la tanga se la quite con la boca y después la empecé a oler era como sentir el néctar de la fruta prohibida, le iba hacer sexo oral, pero la verdad que de lo húmeda que estaba ya no ocupaba, ella acostada y yo hincado frente a ella queriendo empezar a penetrarla, con sus piernas me abrazó la cintura y me guio hasta su vagina húmeda y bien depilada, comenzaron las embestidas, ella me dijo que la empezara ahorca lentamente por lo que obedecí ella se notaba excitada, y lo pude notar porque a los pocos minutos ella tuvo un orgasmo salía gran cantidad de fluido de su vagina, y también un moco transparente.

    Seguí buen rato penetrándola hasta que por fin acabe le inundé su vagina de leche, seguí dándole piquetes hasta que mi pene fue perdiendo fuerza pero ella obtuvo otro orgasmo, me quede acostado en ella abrazándola, cuando ella me dijo ahora sigue otra cosa, me dijo párate me coloco las esposas y me amarro a la cama, yo quede en posición de perrito, ella fue al tocador trajo el dildo y lubricante.

    Y: qué vas hacer

    E: tranquilo no va pasar nada

    Y: no voy a dejar que hagas eso (me imaginaba que quería hacer)

    E: como tu enfermera te digo que no va pasar nada relájate y disfruta

    Ella hacerlo su cara a mi ano y empezó hacer un beso negro, duro varios segundos,

    E: ahora si ya estás listo

    Y: no, espera

    E: no pongas resistencia afloja el cuerpo y relájate

    Ella puso lubricante en el dildo y en la entrada de mi ano, comenzó a introducirlo lentamente yo traté de apretarme pero fue imposible, duro buen rato con el mete y saca lentamente hasta que después de varios minutos paro, fue una experiencia diferente, no fue de mi agrado pero pues era algo que mi mujer quería hacer nuevo y lo hizo, siempre tratamos de experimentar cosas nuevas e innovar en el tema del sexo.

    Pues este fue mi relato de lo qué pasó hace poco espero y les guste…

  • Soy su sumisa en mi oficina

    Soy su sumisa en mi oficina

    Soy mujer, mido 1.65, morena, de pechos grandes, eso siempre ha sido mi mayor atributo, sin embargo debo de confesar que desde siempre me ha encantado coger.

    Siempre entro a salas de chat, aunque este teniendo sexo con alguien, en ocasiones he llegado a masturbarme varias ocasiones al día.

    Un día en una de esas salas, me encontré con un hombre de 45 años, negro y con rol de Amo, en la plática me hacía llamarlo así.

    Les contaré:

    Le dije que soy abogada y donde trabajaba. Me dijo que si quería seguir jugando, yo le dije que si, así que él pasaría a mi oficina, después de las nueve de la noche.

    Salí y lo besé, tuve que llevar falda, mientras lo basaba él me metía las manos debajo de la falda. Yo debería sacar su verga del pantalón y dejar que me la metiera, yo le pedí que no, porque podría verme algún compañero de trabajo o alguien más, sin embargo o dejaba que me la metiera o él se iría, yo debía saber que era una puta y que solo sirvo para coger.

    Yo estaba tan caliente que lo dejé solo, fueron segundos, pero para mí fue eterno.

    Lo pasé a la oficina, en cuanto entramos me inclinó sobre el escritorio, alzó mi falda y me dijo “quédate así puta”, escuché el ruido de su cámara del celular, supe que estaba sacando fotos de mi trasero.

    Yo seguí sin moverme, él se preparó y sentí su verga dentro de mí, me tocaba súper duro los pechos mientras me decía “que rica puta, te voy a someter, este es solo el principio”.

    Sacó su verga de mí, me jaló del cabello e hizo que me arrodillara, me dijo “chupa y trágate la leche”, me abofeteo y me dijo “responde zorra”, “si amo” y empecé a chupar. Terminó pronto y yo tragué su leche.

    Antes de irse abrió mi blusa, sacó mis pechos por encima de mi brasier y me escribió con plumón:

    “Soy una puta barata”.

    Me dijo “adiós, esta es la primera, te cojo y me voy, eres una puta. Te llamo cuando tenga ganas de usarte…”.

  • Pasamos de un correo electrónico a coger en su oficina

    Pasamos de un correo electrónico a coger en su oficina

    Tuve un poco de tiempo libre y aproveché para contarles una pequeña experiencia.

    Todo comenzó por un correo electrónico, noté por su forma de escribir que era un hombre letrado ya que tenía un don para escribir, y lo comprobé cuando hable con él. Por casualidades de la vida ese hombre había estudiado lo mismo que yo, pero con la diferencia de que él ya ejercía y dirigía un despacho.

    No era complicado hablar con él, sabía perfectamente cómo escribir para hacer que surgiera una cosquillita entre mis piernas, charlar con él me encanto sabia como tratarme y consentirme, obviamente yo no perdía oportunidad para calentarlo haciendo video llamadas, y grabando videos eróticos para que disfrutara verme y aumentará su deseo de conocerme.

    Creo que complacerlo tanto tuvo efectos positivos ya que se tenía muchas ganas de verme. Para su fortuna eso ocurrió cuando estaba en periodo de exámenes, yo tenía problemas con una materia y en medio de una plática le conté sobre lo que se me dificultaba.

    Él amablemente me ofreció su ayuda diciendo que tenía unos libros muy buenos de ese tema, quedó muy formal de pasar por mí a mi universidad, con la condición de que llevara puesto un cachetero que le había enseñado en un video y le había fascinado. Por el temor a reprobar la materia acepté su ayuda, obvio sabía que debía verme coqueta para él, así que ese día me puse de lo más linda y un poco sensual para agradecerle visualmente por su amabilidad, además de que llevaba puesto ese cachetero que hacía que mi culo se viera más cogible.

    Al terminar mi última clase le llamé para avisarle que ya había salido, respondió diciendo que ya estaba en el estacionamiento, por lo que me dirigí hacia donde estaba él. En cuanto lo vi procuré mover más las caderas para excitarlo un poco, pero no lo conseguí en absoluto, él estaba de lo más normal, incluso apenas y se acercó a mi mejilla para saludarme.

    Esto me llevó a tomarlo casi casi como reto personal y me propuse excitarlo a costa de lo que fuera. Muy caballerosamente me abrió la puerta del auto por lo que aproveché para levantarme un poco la falda al entrar al coche, realmente no sé si lo haya notado, pero esas cosas imagino que excitan a los hombres.

    Ya en el trayecto hacia su oficina íbamos platicando, yo dulcemente tomé su mano y la empecé a acariciar mientras él seguía hablando, mientras mi mano izquierda le hacía cariñitos, mi otra mano desabrochó dos botones de mi blusa exhibiendo un poco mis senos.

    Fue en ese momento cuando logre captar su atención, incluso haciendo que cambiara el tema de conversación para decirme que le encantaban mis tetas, al ver que había logrado que fijara su atención en mí con un tono más sexual, lleve su mano hacia mi pierna y fui guiando poco a poco hacia mi coñito.

    Ya con más confianza su mano empezaba a subir cada vez más, cuando uno de sus dedos rozó mi vagina por encima de mi cachetero, me levante un poco del asiento y acercando mi boca a su oreja le susurré sensualmente “traigo el cachetero con el que te he excitado hasta hacerte terminar”.

    Después de que le dije eso, pasé la punta de mi lengua por su oído, jugando sensualmente con ella, solo pude notar como un cosquilleo lo invadía a causa de lo que le empezaba a provocar.

    Ya sin pena empezaba a tocarme a su voluntad, sus manos alternaban entre mis senos y debajo de mi cachetero. En ese momento hubiera deseado que no fuera manejando para sentir sus  manos sobre mí, para motivarlo un poco más mi mano llego hasta su pantalón para bajar el cierre y meter mi mano palpando encima de su ropa interior su verga.

    La calentura del momento se incrementó bastante, al ir circulando vimos a lo lejos un hotel, por lo que haciendo mi calzón a un lado logro meterme uno de sus dedos en mi vagina mientras me decía si quería entrar con él a ese hotel.

    Eran muchas las ganas de coger que tenía, pero siempre había tenido la fantasía de coger en una oficina, incluso en algún tiempo pensé trabajar como secretaria, me imaginaba envuelta en un vestido sastre caminando hacia la oficina del jefe para tomar recado sentada en sus piernas y terminar complaciéndolo con lo que me pidiera.

    Desafortunadamente ese día no iba vestida como hubiera querido pero era mi oportunidad de coger en una oficina y no la desaprovecharía.

    Con su dedo dentro de mi provocándome pequeños gemidos, logre decirle que no quería entrar a ese hotel, que tenía una mejor idea y mejor siguiera manejando hacia su oficina, al parecer él entendió perfectamente a que me refería por que durante todo el camino me fue dedeando, incluso cuando baje del auto vi como gotas de mis fluidos estaban sobre el asiento de piel de su auto.

    Ya en el edificio donde estaba su oficina, debíamos subir unas escaleras para poder llegar a ella. Creo que nunca lo había dicho pero esa es mi parte favorita de los hoteles/moteles, subir escaleras ya que puedes ir mostrando tu culo a quien te va a comer, para excitarlo más.

    Lo hice tal como me gusta, al ir subiendo provocaba que mi falda se levantara para que el pudiera verme a su antojo, a mitad de las escaleras tomo mis nalgas con sus manos apretándolas muy placenteramente y abriéndolas para acercar su nariz hacia mi rajita, al estar un poco más alta que él con una de mis manos sostuve su cabeza pegándola hacia mi cuerpo.

    Ya no aguantaba más, si por mi hubiera sido le sacaba la verga para que me cogiera en esas escaleras. Pero aun no llegaba el momento de disfrutar.

    Seguimos subiendo y al entrar a su despacho tuvimos que ponernos serios y saludar a los que estaban ahí, no sé si lo logramos por qué yo estaba muy sonrojada por lo prendida que estaba y él buscaba con qué cubrir su verga.

    Ya en su despacho le dijo a su asistente que no lo molestara ni pasara llamadas ya que me daría una asesoría.

    Tan pronto entramos a su oficina soltamos lo que teníamos en las manos y comenzamos a besarnos y tocarnos.

    Después de un cálido reconocimiento corporal, empecé a desvestirlo poco a poco, cual pareja de novios nos turnábamos para ir quitando una a una nuestras prendas, lo primero que me quito fue mi cachetero y después mi blusa.

    Estando un poco más liberada y sin ropa lo fui conduciendo hasta su silla, y antes de que se sentara le desabroche el cinturón y desabotono su pantalón, después de eso lo aventé ligeramente para que se sentara y poder empezar a mamarle la verga, me esmere demasiado para darle la mejor mamada de su vida, succionaba suavemente su verga y mi lengua jugaba con cada milímetro de su piel, estuve un buen rato mamándosela, quería ser yo la que llevara el ritmo esta vez así que después de lubricar su verga con mi saliva me levante y dándole la espalda me fui clavando su verga poco a poco ya que mi vagina es muy estrecha y por mas lubricada que este a veces cuesta trabajo que me penetren de golpe.

    Cuando tuve su verga dentro de mi, me agarre del escritorio y empecé a mover mis caderas en círculos alternando con pequeños saltos sobre su pene, en esa posición podía sentir como su verga se amoldaba perfectamente a mis paredes vaginales, y el no perdía oportunidad de darme pequeñas nalgadas que por cierto me excitan muchísimo.

    Después de estar clavándome esa rica verga a mi antojo y apretarla con mis músculos vaginales a mi placer, me levante para seguir cogiendo pero ahora en un sillón que estaba en su oficina , me levante y tomándolo de la mano lo lleve hasta ahí, yo me puse a 4 en ese sillón ofreciéndole mi vagina para que la usara a su antojo, de inmediato el me penetro y me empezó a bombear de lo más rico, uno de mis sonidos favoritos es cuando la verga sale y entra de la vagina.

    Mientras el me penetraba mis dedos se dirigieron a mi clítoris, provocándome un orgasmo que hizo que contrajera mi vagina por algunos segundos, eso lo excitó más y pude sentir como su verga empezó a palpitar hasta que terminó dentro de mi, pude sentir como su leche salía y llenaba el condón.

    Para recuperarnos un poco nos sentamos en ese sillón, pero quería terminar con algo… Como traía mi falda aun, me puse mi blusa, tome un pequeño cuaderno que estaba en el escritorio y me senté sobre sus piernas, pregúntale qué pendientes tenía para más tarde, porque tenía ganas de que me invitara a beber… Unos chorros de su esperma.

    Si llegaron hasta aquí les agradezco por haberlo hecho. Si quieren ponerse en contacto conmigo no duden en hacerlo. Besitos traviesos.

  • Trío con mi novia y mi madre

    Trío con mi novia y mi madre

    La historia que hoy relato ocurrió a comienzos del año 2018, quien haya leído los demás relatos conocerá a mi madre, a mi novia y a mí, quien no les resumiré que el verano anterior tras dos días increíbles mi madre (que había enviudado tiempo atrás) se había tirado a mi amigo Edu varias veces y los tres habíamos tenido un increíble trío que, yo al menos, jamás olvidaré.

    Mi madre se llama Candela, por aquel entonces contaba con casi 56 años, 1,60 metros de altura, morena con el pelo hasta los hombros y morena de piel, aunque antes de su “Resurgir sexual” como titulé los dos anteriores relatos (Al final de este relato dejo los link), ya iba al gimnasio ahora acudía también a zumba y spinning por lo que su culo estaba mucho más duro y sus pechos como siempre grandes, redondeados y más o menos tersos fruto del esfuerzo del gimnasio.

    Rebeca, mi novia, por su parte cuando ocurrió la historia que relataré contaba con casi 38 años, es bajita y con algún kilito de más, tiene el culo muy redondo y bonito pero su punto fuerte son los pechos: son bastante grandes y resaltan sobre todo lo demás.

    Por mi parte me llamo Jaime, contaba con 30 años aun y soy de estatura media y complexión delgada, todos vivimos en la zona centro de España.

    Tras lo ocurrido con mi amigo y mi madre meses atrás Rebeca obviamente solo sabía una parte de la historia: mi madre había follado con Edu y fruto de ello había despertado en ella su nueva vida: poco a poco iba quedando con hombres de todo tipo para que probasen su néctar que tanto tiempo se había guardado desde el fallecimiento de mi padre.

    Lo hacía con hombres de su edad, más jóvenes, atléticos, blancos, negros, sudamericanos… ella probaba todo y era feliz. Llegó incluso un punto en el que debía avisar antes de ir a su casa al menos horas antes por si había quedado con alguno de sus empotradores, y es que ella rara vez se movía de casa para follar.

    A mediados de aquel mes de marzo de 2018 Rebeca y yo fuimos (previo aviso de días claro) a comer con ella, Rebeca salvo del trío que tuve con mi madre y Edu era conocedora de todo y estaba contenta por ella, únicamente le avisaba que tuviera cuidado a quien metía en casa y que en caso de problemas nos avisase, por lo demás le deseaba que se lo pasase muy bien.

    Aquel día comimos y durante el transcurso de la comida no hubo nada raro o al menos que yo lo notase: a pesar de la época del año (casi en primavera) llevábamos varios días de frío pero mi madre lo suplía con la calefacción a tope, por ello durante nuestra estancia estaba con un pantalón corto ceñido y una camiseta rosa aunque por el bamboleo de sus melones al moverse se intuía que no llevaba sujetador algo que a Rebeca y a mí no nos importaba. Rebeca por el contrario por casa iba en vaqueros largos y un top negro, bastante ceñido para intentar contener a sus hermosas gemelas.

    Tras la pertinente sobremesa Rebeca y yo nos fuimos a casa (dista de unos 10 minutos andando) y durante el camino surgió la conversación:

    Rebeca: Cariño, te quiero contar una cosa, no sé cómo te lo tomarás.

    Jaime: Claro, dime, ¿qué pasa?

    Rebeca: Cuando tu madre y yo nos hemos quedado en la cocina solas me ha parecido que… se me insinuaba.

    Había habido un momento que yo había ido al baño y ellas estaban en la cocina.

    Jaime: ¿Qué? ¿Estás segura? ¿Qué ha hecho?

    Rebeca me contó que una vez estaban ambas en la cocina mi madre le pidió si podía revisar algo, Rebeca se acercó a ella y cuando se dio cuenta se estaba desabrochando el pantalón mostrando la parte delantera del tanga: la excusa era que le picaba y no sabía que podría ser.

    Además añadió:

    Rebeca: Quizá eran cosas mías pero ya después notaba que me miraba mucho las tetas.

    Estuve unos segundos callado, pensativo y la conversación siguió de este modo

    Jaime: … a mi madre las mujeres no sé si le gustarán…

    Rebeca: ¡¡Jaime!!

    Jaime: Bueno y espero que no te haya incomodado claro

    Rebeca: No incomodar, pero si me ha resultado raro, pero estando en el plan “loca” que esta ella ahora…

    Jaime: Bueno, la próxima vez que estemos los tres me fijaré más.

    Tras el paseo y poco después de llegar a casa Rebeca se dio cuenta que se había dejado el móvil, la primera idea fue la de volver ambos a por él pero ella quiso ir sola:

    Rebeca: Así compruebo cómo se comporta al estar las dos realmente solas.

    Jaime: ¿segura?

    Rebeca: Sí, llámala y avísala que solo voy yo.

    Así hice, Rebeca salió de casa segundos después.

    Lo que cuento a continuación es lógicamente lo que contó Rebeca al volver, ya que yo no estuve para presenciarlo.

    Rebeca llamó a la puerta y la primera sorpresa ya estaba preparada: mi madre le abrió totalmente desnuda de cintura para arriba ya que únicamente le cubría un pequeño tanga negro.

    Candela: Perdona cariño, ya me había puesto cómoda -le dijo.

    Estuvo buscando el móvil mientras mi madre le avisaba que ella no lo había visto, tras unos minutos este apareció y cuando fue a buscarla para indicárselo y despedirse de ella se lo pensó dos veces y la situación tomó otros derroteros:

    Rebeca: Ya lo he encontrado

    Candela: Perfecto, sin estos trastos no somos nadie.

    Estaban la una enfrente de la otra: una vestida y la otra… no tanto.

    Rebeca: Por cierto tienes unos pechos muy grandes y bonitos.

    Candela: ¡ay! Gracias cielo, lo mío me cuesta mantenerlos así

    Rebeca: Supongo, a tus ligues les encantarán ¿no?

    Candela: Ya ves, a veces pienso que solo vienen por estas dos… aun así, los tuyos no están nada mal ¿eh? ¡¡Vamos a ver esos melones!! ¡¡venga!!

    Rebeca echó una risotada:

    Rebeca: ¿en serio? ¿ahora?

    Candela: ¿por qué no?

    Rebeca se quitó el abrigo, una camiseta que se había quitado para comer y el top antes mencionado, estando en sujetador notó que mi madre fijaba sus ojos en su delantera y por fin liberó sus ubres.

    Candela: ¡Guau! ¡Son geniales!

    Rebeca: Anda Candela me vas a sonrojar…

    Tras esto mi madre quiso llevar la situación a otro nivel:

    Candela: ¿puedo?

    Se refería a tocarlas claro.

    Rebeca: Vale…

    Mi madre extendió la mano lentamente y le tocó primero una con una mano y luego otra con la otra mano, muy lentamente en ambos casos.

    Rebeca en ese momento empezó a vestirse y cuando se ponía el abrigo mi madre, quizá fruto del momento que acababan de vivir o por las ganas de probar algo nuevo soltó la bomba:

    Candela: No está Jaime: ¿no te apetece probar?

    Rebeca no supo qué decir así que siguió vistiéndose y se marchó.

    Cuando me lo contó no me lo podía creer: ¿a mi madre también le van las mujeres? ¿O ha degustado tanto rabo que quiere cambiar?

    Cuando al rato seguíamos divagando del tema se me ocurrió preguntar:

    Jaime: ¿lo hubieras hecho?

    Rebeca sonrió vagamente y no dijo nada, claramente era una sonrisa pícara a lo que yo no tuve otra opción que reír.

    Jaime: ¿en serio?

    Rebeca: Es tu madre, me he ido por si te podía molestar pero por lo demás no me importaría.

    Jaime: Mi novia y mi madre…

    Hubo un silencio de unos segundos.

    Jaime: ¿sabes qué? Hazlo si quieres

    Rebeca: ¿sí? ¿Estás seguro?

    Jaime: No es algo muy normal pero… todo queda en familia y si las dos queréis…

    Total, pensé, yo ya me la había tirado meses atrás con un amigo.

    Rebeca sonrió pero yo tenía algo más que decir:

    Jaime: Me gustaría estar presente.

    Una semana después llegó el gran momento, ambas habían aceptado sin ningún impedimento, Rebeca durante el trascurso del día me había reconocido que estaba un poco nerviosa ya que no quería quedar mal con mi madre, yo le había tranquilizado diciéndola que ya se conocían y que no iba a quedar mal.

    Después de cenar mi madre vino a nuestra casa, elegimos este lugar ya que la habitación era espaciosa y carecía de bártulos inútiles: la cama de matrimonio al fondo en el centro, dos cómodas a los lados de esta, una butaca enfrente de la cama donde yo presenciaría todo y una cómoda algo más grande al lado de esta. Nada más.

    Al llegar pidió cambiarse en el baño mientras yo estaba ya sentado en la butaca y Rebeca se quedó en un bonito sujetador y tanga negros: no quería mostrar todo al principio, hay que dejar algo a la imaginación. Esa imaginación que nos hizo poner una luz tenue acompañada de varias velas repartidas por el cuarto.

    A los pocos minutos mi madre entró en la habitación: estaba espectacular vestida única y exclusivamente con un camisón gris plata que realzaba sus pechos y alargaba bastante sus piernas; aun de pie mi madre se acercó a Rebeca, esta sonrió y mi madre empezó a besarla lentamente delante mí, al menos al comienzo iba a llevar la voz cantante,

    Rebeca respondió al beso y empezó a tocar a mi madre las tetas por encima del camisón, esta respondió haciendo lo mismo y cogiéndola de la cintura, esa situación a mí ya me ponía muy cachondo y me estaba divirtiendo.

    Mi madre le iba a quitar el sujetador a mí novia cuando susurrando le pidió permiso:

    Candela: ¿puedo?

    Rebeca: Claro…

    Había complicidad y la cosa iba carburando, tanto que cuando Rebeca liberó sus melones delante de mi madre y mío comenzó a meter la mano dentro del camisón y a tocar el, seguramente, excitado coño de su compañera pero algo hizo que Rebeca parase:

    Rebeca: ¡uy! Esto está muy abierto…

    Candela: vengo de follar ¿hay algún problema?

    Ambas sonrieron y le siguió tocando su ya follado coño mientras mi madre empezó a jugar con los pezones de Rebeca.

    Minutos después decidieron que estarían más a gusto en la cama y se tumbaron en ella, mi madre se quitó el camisón y cuando Rebeca se tumbó le quitó, esta vez sin pedírselo, el tanga, quedándose ambas totalmente desnudas delante mía.

    A mí la situación me ponía muchísimo y creo que los tres sabíamos que había una alta posibilidad que finalmente la noche acabase en un trío, aun así yo aguantaba estoicamente.

    Siguieron jugando la una con la otra hasta que mi madre mientras bajaba la cabeza hacia los muslos de Rebeca comentó:

    Candela: vamos a ver qué tenemos aquí

    Su cabeza se deslizaba hasta encontrar su objetivo: el coño totalmente rasurado de mi novia quien por supuesto no opuso resistencia ninguna, solamente se limitó a abrir las piernas y dejarse hacer.

    Mi madre comenzó con un pequeño lametón para empezar a comerle el coño más rápidamente, se encontraba con el culo en pompa hacia donde yo me encontraba; estaba viendo el maravilloso culo de mi madre moverse mientras le comía el coño a otra mujer: la situación no podía ser más excitante.

    Gemidos más y más altos rompían el silencio y el clímax de la habitación y es que Rebeca lo estaba gozando en demasía. Los orgasmos fueron incontables y cuando ya no podía más suplicó a su oponente que parase, fue entonces cuando los labios se volvieron a unir así como sus pechos y sus vaginas calenturientas.

    Conocía a Rebeca y sabía que por tal experiencia quería premia r a mi madre y así fue:

    Rebeca: Vamos a hacerlo…

    Mi madre recostó su espalda en la cama y Rebeca hizo el resto colocándose de tal forma que sus clítoris se rozaban y comenzó entonces a moverse despacito y después más rápido. Desconozco por parte de ambas si era la primera vez pero ahora estaban las dos gimiendo y disfrutando, a mi novia la tenía de espaldas pero a mi madre le veía su cara de total satisfacción mientras sus enormes tetas se movían sin cesar.

    Tras un buen rato de orgasmos de ambas Rebeca que era quien estaba en la postura más incómoda paró, extasiada se puso al lado de mi madre que estaba de la misma guisa y tras unos segundos se rompió el silencio:

    Candela: Ahora os toca a vosotros chicos, ¿os parece?

    Yo por supuesto acepté y Rebeca, aun con la respiración entrecortada, también.

    Mi madre se sentó en la butaca totalmente desnuda mientras yo me quitaba la ropa y me dirigía a la cama donde ya me esperaba mi novia pero mi madre volvió a romper el silencio:

    Candela: Hacedlo mirando hacia mí.

    Íbamos a ponernos como ellas a follar mirando hacia el cabecero de la cama pero mi madre quería que lo hiciéramos mirando hacia ella y así hicimos.

    Jaime: ¿con preliminares? -Dije con algo de sorna-

    Rebeca: Métemela

    Candela: Métesela

    Así que sin lubricante debido a la excitación de Rebeca le hice ponerse a cuatro patas para proceder a metérsela por el coño, esa era una postura que nos gustaba a ambos y además iba a deleitar a mi madre con una bonita fotografía mientras veía colgar las ubres de su nuera.

    Primero poco a poco y después las envestidas fueron más fuertes, Rebeca gemía mientras le agarraba bien fuerte las caderas, mi madre miraba y sonreía mientras parecía tomar notas mentales, la novia se hijo estaba siendo follada con su cara a escasos metros de ella.

    Rebeca: ¡¡Ah!! ¡¡Ah!! ¡¡Sí!! ¡¡Sí!!

    Candela: Sí… parece que la vas a reventar…

    Tras unos momentos más de penetraciones muy duras pensé lo que pude y decidí llevar la manija de la situación.

    Jaime: Cómele el coño

    Rebeca: ¿qué?

    Jaime: Ven mamá y que Rebeca te lo coma.

    A mi madre se le ocurrió lo más sencillo, acercó la butaca que quedaba más o menos a la altura de la cama y se abrió de piernas: iba a ser el momento de Rebeca y así fue, estaba siendo penetrada por su novio mientras le comía el coño a su suegra, yo me concentraba y hacía los típicos ruidos de empuje, Rebeca tenía el coño y la boca llena y mi madre se revolvía en la butaca mientras se tocaba la boca y las tetas con sus dedos.

    Al cabo de unos minutos no podía más y eyaculé dentro de Rebeca, ella soltó un pequeño gemido y siguió unos segundos más comiéndole el coño a mi madre hasta que paró y esta soltó un resoplido: era una reacción en cadena.

    Rebeca se recostó sobre la cama, cansada y con uno de sus últimos alientos dijo:

    Rebeca: …Hay que repetirlo…

    Ella daba por concluida la experiencia pero no así mi madre que aun tenía… hambre.

    Tras cerrar las piernas se levantó de la butaca y cogiendo mi polla con su mano miró a Rebeca:

    Candela: ¿puedo?

    Rebeca solo miró y asintió, entonces mi madre comenzó a comerme la polla aun con restos de semen, primero despacio y luego esmerándose más con la lengua.

    Era la segunda vez que mi madre me la comía y aunque la primera vez había ido bien se notaba que desde entonces se había tragado unas cuantas así: la técnica estaba muy mejorada y era mucho más dulce con sus labios saboreando todas las partes que podía. Estaba siendo mágico.

    Me la estaba comiendo mi madre mientras mi novia estaba recostada a mi lado, desnuda y exhausta por la noche que habíamos tenido.

    Al cabo de un rato acabó la mamada y ahora sí acabó la noche de locura, tras las pertinentes limpiezas de cuerpo mi madre se vistió y se marchó, Rebeca y yo estábamos anonadados pero me daba la sensación que ella más que yo, aquella noche ya no hablamos apenas ya que el cansancio se apoderaba de nosotros.

    Ya en la cama con Rebeca dormida me vino una pregunta a la cabeza ¿sería el comienzo de una tradición familiar?

    ***************

    «El resurgir sexual de mi madre (primera parte)»

    «El resurgir sexual de mi madre (segunda parte)»

  • Dos para una, por primera vez

    Dos para una, por primera vez

    Antes de mi sólo habías tenido un hombre entre tus piernas, y he decidido enseñarte todo placer sexual. Sabiendo que eres caliente, la tentación ha crecido hasta los niveles en que te propuse coger con otro, a lo que te resistías.

    Hemos usado la internet como la forma de disfrutarnos sexualmente a distancia. Te tocas y me muestras tus orgasmos, te gusta que te guie y haga venir con mis palabras, te mueves en celo y coges con tu mano. Te compre un consolador, lo introduces y te gusta que te vea como lo metes y lo mueves, como tratas de introducirlo lo más posible y como no puedes evitar ya coger varias veces en el día sintiendo, pensándome según dices.

    También te vistes provocativa para sentir halagos y excitación sexual que provocas a los hombres, tus hermosos senos y piernas merecen ser mostrados. Te he hecho caminar entre hombres a los cuales pones nerviosos por tu atractivo. Haces pláticas eróticas, te hago chivearlos cuando no pueden evitar verte y excitarse. Taxistas y uno que otro aventado han participado. Un día cuando caminabas en una tienda, te percatas que te sigue un macho con ganas de tomarte, te pido le sonrías, lo haces y él se aproxima, se acerca y te dice que estas buenísima.

    Busque quién sería el candidato para hacértelo. Sólo estaba un viejo amigo en quien confío, pero que a pesar de ser maduro es algo rudo. Tratando de provocar entre las ganas de cogértelo, una vez te pedí fueras a su negocio para verte por video porque no tenías datos en tu celular.

    No lo conocías, y el ya entendió mis planes. Al ver tu cuerpazo y hermosura se puso nervioso, se calentó y aprovechó para tocarte y provocarte, pediste que parara cuando él ya te rozaba tus piernas y te besaba el cuello. Él se retiró para dejarnos platicar y te hice masturbarte ahí mismo, y tu subiste tu minifalda y te tocaste ahí mismo; si tan solo mi amigo hubiera sido más listo ahí te podría haber penetrado, porque estabas bien caliente. Al terminar él había ganado ya la oportunidad de cogerte frente a mí.

    Después del encuentro con mi amigo empecé a dialogar constantemente de coger con otro; y te mostrabas renuente. Por otra parte, otro amigo que es muy caliente y te trae ganas te sugerí, pero tú preferiste coger con mi amigo maduro, porque el otro te desagrada.

    Pasaron los días, tú me cuestionabas porque quería verte con otro si eres fiel, y te contesto que me gusta hacerte sentir mujer que otra cosa. Al final de cuentas accediste a hacerlo.

    Ese día yo estaba presente físicamente contigo. Teníamos muchos pendientes por hacer, pero al fin estabas dispuesta. La ropa que usabas era un pantalón de mezclilla, y una blusa suelta con un escote muy amplio que mostraba tus senos de forma muy apetecible. Fuimos a hacer unos pagos, y te pregunte si ya íbamos con mi amigo, me dijiste que sí. En una chance a solas llame a mi amigo asegurándome que estuviera ahí y le anticipe que íbamos a que se la cogiera, a lo que accedió y ya nos esperaba.

    Llegamos al negocio de mi amigo y le pediste que te prestará su baño, pero estaba descompuesto el de su local, por lo cual te acompaño a un baño en el piso siguiente. Imagine que él se excitaría al ver tu cuerpo y que en camino al baño te rozara o por lo menos se atreviera a agasajarte excitado por ver tu culo y piernas en la escalera, y que al llegar al baño entrara contigo manoseándote o aprovechara a cogerte. Tardan varios minutos, mi amigo excusa la tardanza en que se encontró parientes y dialogaron con el. Mi amigo cierra las puertas, y llegas y te sientas al centro del sofá-cama, él se sienta a tu lado derecho mientras acomoda el sofá como cama, mientras yo te beso y manoseo, me dices al oído que solo lo haremos una vez. Me éxito al pensar que ya está lista para cogértelo.

    Entonces yo procedo a besarte, te voy desabrochando la blusa, y volteas hacia mí, dándole la espalda a él. El besa tu cuello por detrás y aprovecha y masajea tus hombros, atraviesa las manos y te soba tus senos mientras me tocas el pene que ya lo tengo afuera de mi pantalón y erecto y yo, poco a poco te desabrocho el pantalón. Te motivo a que levantes un poco tu cuerpo para bajarlo, lo haces, sabiendo que quedaras ya desnuda y sin paso atrás. Lo quitas junto con tu tanga y mi amigo sigue besándote el cuello y se desliza a mamar tus hermosos senos, y comienza a chuparte mientras sigo besándote en la boca.

    Mientras él se desnuda para tomarte te quita la blusa y el brasier, mientras yo sigo besándote. Te recuestas, dejas que mi amigo se deleite con tus senos. Él ya se sacó el pene del pantalón, yo te pongo tu mano sobre su pene y comienzas a masajearlo. Veo como se le empieza a parar su verga por sentir tu mano, y él baja su mano a tu clítoris, y empieza a sobarlo rudamente. Mueves suavemente su pene.

    Tú te dejas sobar mientras mi amigo no acierta a quitarse su ropa, te besa el cuello y manosea tus senos, que duros, están respondiendo a sus caricias y se notan duros y bien parados los pezones. Se ve que estas ya excitada.

    Él se coloca enfrente de ti, sigue tocando tu clítoris, y empieza rozar su pene sobre tu vagina, y empieza a chuparte un seno mientras que masajea el otro. Yo te beso y siento que tu respiración se acelera, pongo mis manos en tu cara para sostenerla, porque sigue el momento principal.

    Con un empujón que te mueve hacia arriba siento te empuja y mete por primera vez su pene en tu vagina, abres la boca para exclamar, sueltas un gemido, da un segundo empujón largo y sé que ya tienes su verga dentro.

    Tu sonríes y me dices que su verga está flácida. Sigo besándote, y vuelvo a sentir un empujón porque se mueve tu cabeza hacia arriba, volteo y veo como ya te penetra, y bombea despacio su verga en ti. No está firme su pene porque batalla para bombearte, pero poco a poco agarra un ritmo, acelerándose. El empieza a animarse, se recuesta sobre ti y bombea en tu vagina con más vigor.

    Tú empiezas a moverte a su ritmo, facilitándole que te meta todo su pene, sueltas gemidos y gritos, yo trato de callarlos besándote, pero tu respiración está muy agitada. Por tus reacciones sé que tienes un delicioso orgasmo, te pones dura y tensa, levantas tus piernas, tus ojos de desorbitan y se ve que comprimes tu vagina. El sigue cogiéndote, te beso y me masturbo para que me lo chupes, tú te retuerces, has tenido otro orgasmo, te acerco mi pene a la boca y lo chupas frenética… lo estas disfrutando. Mas rápidamente te empuja, te lo da todo, esta excitado con tu cuerpo y está sintiendo lo rica que eres, tú lo aprietas dentro de ti, disfrutando cada movimiento, tratas de seguirlo, te vienes en él.

    Te arrodillas, me coloco detrás de ti y ensarto mi pene, bombeo fuerte, estoy muy excitado, mi amigo acerca su miembro a tu boca, pero te niegas a chuparlo, él te soba los senos y se masturba; le hago seña (a mi amigo) de que venga y te penetre en mi lugar. Él se acerca, yo me quito y me voy hacia tu cara y empiezo a besarte y sobar tus senos, él te acaricia la vagina mientras se masturba, apunta y te empieza a bombearte su pene. Te penetra y te empuja cada vez más recio, esta excitado, escucho como gimes porque estas llegando a otro orgasmo…

    Que delicia ver cómo te estremeces con esa verga. Sueltas un quejido, ya está bien parado, y te jala hacia él, se ve que te está disfrutando, tus ojos se desorbitan, se nota que estas sintiendo bastante ese placer. Así sigue bombeando y disfrutando de ti mientras te observo y admiro, eres una súper hembra y lo estas demostrando.

  • Mi prima Valeria (I): Me empiezan a pasar cosas con mi prima

    Mi prima Valeria (I): Me empiezan a pasar cosas con mi prima

    No puedo recordar el momento exacto cuando me di cuenta que Vale había crecido, la primera vez que la empecé a mirar con otros ojos y no solamente como mi primita molesta o pesada que siempre insistía en estar encima de mí.

    El hecho de que tuviéramos 10 años de diferencia, yo ahora con 29 recién cumplidos y ella casi 20 hizo que siempre la viera de esa forma, al menos cuando éramos más chicos. Era la nena molesta que siempre quería jugar con nosotros en Navidad, pero no la dejábamos. Siendo un grupo de primos todos de más o menos la misma edad y ella era única que desencajaba, esa situación se daba seguido en las reuniones familiares.

    Sin embargo, los tiempos en que se sentaba en mi regazo, me pedía mis juguetes y se colgaba de mi cuello para que la levantara habían quedado atrás. Ya no le interesaban las muñecas, los caballos y mirar dibujitos. Ahora su vida estaba compuesta de lunes a viernes por la facultad y el gimnasio y todos los fines de semana por un boliche nuevo junto con el grupo de amigas que mantenía desde el colegio. La vida de alguien de 20 que tiene ahora sus libertades y que por suerte aún no tiene la necesidad de salir a trabajar.

    El gimnasio era el factor que más me llamaba la atención. Desde que terminó el colegio hacía ya un par de años, se había dedicado intensamente a sus rutinas de entrenamiento. Estaba obsesionada con su cuerpo. Comer bien, hacer mucho ejercicio y sobre todo lucir sus logros en Instagram como estaba de moda. Vale era de esas chicas que tiene un perfil de Instagram lleno de fotos suyas frente al espejo del baño, en el patio de su casa, en algún lugar vistoso o simplemente una selfie, siempre con filtros y detalles que claramente le llevaba una inversión de tiempo significativa. La mayoría de esas fotos si bien eran “lindas” podían clasificarse como inocentes, pero una vez por semana como mínimo subía una foto justo antes de ponerse a entrenar, con unas calzas ajustadas, corpiño de entrenamiento y no mucho más que una postura sugerente y la boca ligeramente acentuando sus labios. El típico “patito” como le decían, pero sin exagerar, tenía la intensidad suficiente para llamar la atención pero nada más.

    Esas fotos vestida de esa forma, muchas veces de espalda eran lo que me descolocaba completamente. Su cuerpo era sencillamente delicioso. La típica “petite teen”. No era alguien con mucho pecho, era una chica que si no usara corpiño sus pechos se marcarían en la remera. pero no demasiado. Una cinturita finita, sin un gramo de grasa, pancita plana y larga desde la calza hasta el comienzo de su corpiño deportivo. Pero lo que más se destacaba, lo que obviamente más trabajaba, era su cola. Sencillamente perfecta, levantadita, redonda y sobresaliendo de su cintura. Una cola que no importa el pantalón que usara, se destacaba y no había quien pudiera evitar mirarla, seas hombre o mujer, tener esa cola delante te resultaba imposible resistirte. Se iban los ojos y se hacía casi imposible disimular, por más que fuera por un segundo. Quedabas hipnotizado.

    La última vez que nos habíamos visto fue en mi cumpleaños. Como yo vivía en un departamento chico de Palermo festejar en el mismo con un grupo grande de personas se hacía difícil. Para todas las celebraciones, lo que solíamos hacer era organizarnos para ir a la quinta que mis viejos tenían en Pilar. Después de que yo me mudé y ellos se jubilaron, optaron por vender la casita que teníamos en Belgrano y compraron con esa misma plata una casa quinta en Pilar, que al estar lejos del centro de Buenos Aires les daba la posibilidad de estar más tranquilos y en un espacio mucho más lindo y amplio.

    La casa tenía varias habitaciones, 2 baños completos, un toilette, un living enorme con un hogar a leña, una parrilla en el patio y lo más importante un pileta grande en medio del amplio jardín. Todo esto la hacía el lugar ideal para las reuniones familiares.

    Si bien nuestra relación siempre fue buena y amistosa, el día de la celebración hubo algo que me llamó la atención. Vale parecía estar muy atenta a todo lo que yo hacía y no parecía que fuera solo por ser el agasajado. Se sentó al lado mío en la mesa, se reía de cada uno de mis comentarios y varias veces la descubrí mirándome a la distancia.

    Toda esa situación, me hizo recordar que un par de años atrás había pasado algo similar. Dos o tres veces seguidas en reuniones familiares ella se mostraba especialmente atenta a lo que yo hacía o decía. Creo que fue por esa época cuando empecé a prestarle más atención y mirarla más como mujer que como mi primita. Comentarios como “siempre me haces llorar de la risa primo” o “estás entrenando más? Se nota” se repitieron en esas reuniones y también sonaron esta vez.

    Lo único que tenían en común estos dos periodos es que coincidían con mi tiempo sin estar de novio. Hacía muy poco que había cortado con Romina, la chica con la que estuve más de 2 años y que después de 4 meses de convivencia decidimos terminar. Vale siempre se llevó muy bien con ella. Siempre se esforzó por caerle bien y llenarla de cumplidos, pero ahora que Romina no estaba, sentía que mi prima se esforzaba por estar mucho más cerca de mí que antes.

    El plan para el día era sencillo, todos llegaron cerca del mediodía, listos para comer el asado que mi viejo desde temprano estaba preparando en la parrilla. Después de comer, brindar y charlar un rato la idea era relajarnos en y alrededor de la pileta.

    Yo me había llevado un traje de baño para cambiarme antes de ese momento así que después de ayudar a mis tías a levantar las cosas que habían quedado en la mesa, me fui a uno de los baños de arriba para cambiarme.

    Me saqué la remera, el pantalón y el bóxer. Aproveché el momento para mirarme en el espejo. La verdad que el último par de meses desde que había terminado con Romina me había vuelto a enfocar en el ejercicio. Estaba saliendo a correr casi todos los días y yendo al gimnasio 3 veces por semana. Comparado con lo que venía haciendo era un incremento de actividad importante y mi cuerpo ya lo demostraba. Si bien no era un modelo de ropa interior, mis brazos estaban claramente marcados, mis abdominales se empezaban a notar ligeramente y tanto mis piernas como mi pecho tenían el volumen típico de alguien que entrena regularmente.

    Estaba medio perdido mirándome en el espejo y quizás por eso no escuche cuando golpearon a la puerta. Si es que realmente habían golpeado. Casi no tuve tiempo de agarrar el traje de baño para taparme cuando Vale irrumpió en el baño.

    -Ay! Perdón! Pensé que no había nadie! -dijo al verme en esa situación. Sin embargo por más efusiva que fue su disculpa, tardo lo que pareció una eternidad en volver a cerrar la puerta y salir del baño. Podría jurar que antes de hacerlo se detuvo un par de segundos a mirarme y sacar una foto mental de la situación.

    Igualmente, era culpa mía, si no hubiera estado tan distraído mirándome como un tarado en el espejo, ya estaría totalmente cambiado y listo para ir a la pileta.

    Terminé de cambiarme, me puse la maya, una musculosa ligera, metía la ropa que me saqué dentro de la mochila y salí del baño. Justo afuera, en el pasillo y apoyada de espaldas contra la pared estaba mi prima. Todavía vestida como había llegado, con su remerita holgada sin mangas, un collar largo colgando de su cuello, el cual terminaba con una piedra que parecía una gota transparente golpeando justo debajo de su pecho y una mochilita súper pequeña en la espalda. Abajo solo tenía un pantaloncito de jean corto, de esos que parece que recortaron con una tijera y sin mucho cuidado justo después de que termina la cola.

    Me tomé dos segundos para verla en esa posición. Ligeramente apoyada contra la pared, las dos manos agarradas detrás de la espalda y sus piernas largas y juveniles cruzadas. Parecía una foto sacada de un catálogo de ropa, esas que no sabes si te están intentando vender ropa o publicitar lo linda que es la modelo. Vale podría haber hecho ese trabajo sin problemas, porque no solo su cuerpo era el de una modelo si no que su cara era un atributo que invitaba a sonreírle. Piel lisa sin imperfecciones, una boquita sugerente con labios bien definidos, una nariz levemente pequeña que acompañaba la forma de su cara y un pequeño lunar justo arriba de sus labios, del lado derecho. Era una cara dulce que cuando sonreía la hacía resaltar todavía más sus atributos.

    -Perdón primo! No sabía que te estabas cambiando.

    -No hay problema, se ve que no escuché cuando golpeaste.

    -Si… -Sus ojos me desviaron la mirada por un segundo, como queriendo ocultarme algo.- Perdón.

    -Ya podes pasar, yo me voy para la pileta, la verdad que con este calor, desde que llegué que tengo ganas de estar en el agua. -dije intentando cambiar el tema y dejar atrás lo que había pasado.

    Vale paso por al lado mío ofreciéndome una sonrisa un poco nerviosa. Me miró a los ojos pero parecía estar haciéndolo medio forzada. Claramente todavía un poco avergonzada por lo que había pasado.

    No había dado dos pasos en el pasillo cuando la escuche decirme algo desde la puerta del baño.

    -Me cambio y bajo… Espero que no me pase como a vos y me logre cambiar sin que nadie entre justo cuando estoy sin ropa.

    Estaba de espaldas cuando lo dijo, pero ese comentario me dejó medio descolocado, frené en seco y me di vuelta instintivamente cuando la escuché hablar. Pero para cuando terminó de decir eso, cuando yo terminé de darme vuelta, lo único que llegué a ver fue a ella cerrando la puerta del con una sonrisa en la cara. No sé si fue mi imaginación o qué, pero podría jurar que se estaba mordiendo el labio inferior levemente mientras sonreía. Se me quedó la imagen completamente grabada en la cabeza. Tardé unos 5 segundos en reaccionar y empezar a moverme de nuevo para retomar mi recorrido hacía la escalera que conducía a la planta baja.

    Para cuando salí al patio, varios de mis primos estaban dentro de la pileta charlando y tomando una cerveza. Mis tías estaban en las reposeras tomando sol y mi viejo estaba limpiando la parrilla mientras conversaba con mi tío Rubén, el papá de Valeria. Siempre fueron muy unidos, al ser los únicos dos hijos que habían tenido mis abuelos y tener solo un año y medio de diferencia, su relación tan cercana había traído aparejado que nuestras familias se vieran seguido, no solo para cumpleaños y eventos especiales. Incluso cuando éramos más chicos solíamos ir de vacaciones juntos. Mis tíos, mis viejos y mis primas, Valeria y Sofía que tenía mi misma edad.

    El resto de la familia extendida estaba compuesta por las dos hermanas de mi mamá. Sandra, la única de la familia sin estar casada, Mirta que estaba casada con Juan y tenían dos hijos, Pablo de 32 y David de 28 y nadie más. Todos mis abuelos habían fallecido cuando yo era muy chico, más allá de algún recuerdo poco claro, no tengo memoria de ellos. Por suerte todo el resto había podido asistir a mi cumpleaños.

    Decidí agarrar una cerveza de la nevera portátil que habían puesto mis primos al borde de la pileta y sentarme al lado de ellos para charlar un poco y empezar a mojarme los pies.

    No habían pasado ni cinco minutos cuando vi aparecer a Vale en el jardín acercándose a la pileta. En la parte superior solo tenía puesto el corpiño del bikini y abajo un pareo que le llegaba hasta la rodilla. En cuanto llegó a una de las reposeras, quedó de espaldas a la pileta, dejó la mochilita y se quitó el pareo muy despacio. Fue como una descarga eléctrica. La parte baja del bikini era algo que casi clasificaba como una tanguita. Súper finita de atrás, casi un hilo que tenía un triangulito en la parte superior del centro, pero no dejaba nada a la imaginación.

    Por suerte para mí, nadie la había visto todavía, así que nadie se dio cuenta de que yo me había quedado embobado mirándola. En ese mismo instante fue como si pasaran por mi cabeza mil imágenes a la vez. Ella sonriéndome durante el almuerzo, el abrazo que me dio cuando llegó, el beso que acompañó ese abrazo y que fue muy intenso y si bien en la mejilla, mucho más cerca de los labios que de la oreja, la sonrisa pícara cuando entró al baño a cambiarse, esos segundos que se quedó mirándome cuando estaba desnudo cubriéndome apenas con la maya y mis manos y sobre todo todas esas imágenes que publicaba en Instagram con su ropa deportiva. Era una oleada de imágenes y sensaciones que nunca había sentido antes.

    Sí, me había fijado en ella desde hace un tiempo. Reconocía que era una chica linda, atractiva, sensual. Pero esto era algo más. Estaba excitado. Me estaba sintiendo sexualmente atraído hacia Vale. Mi primita.