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  • Una noche llena de sexo entre primos hermanos

    Una noche llena de sexo entre primos hermanos

    Dice Hannibal Lecter en la película The Silent of the Lambs «Todos empezamos a desear lo que vemos continuamente» y precisamente fue lo que sucedió.

    Siendo adolescente convivíamos mis hermanos y primos en una finca de mi padre en las afueras de Cuernavaca y con mi prima Lili me la pasaba todo el tiempo.

    Era un bombón, cabello largo negro, 15 años, piernas largas con muslos gruesos, pantorrillas musculosas, tobillos anchos y unas nalgas paradas y anchas que quitaban el aliento.

    Cada vez que hablaba conmigo acercaba sus labios a mi boca, sentia su aliento tibio tocar mi cara, siempre morí de ganas de besarla, sin embargo nunca me atreví.

    Años después coincidimos en la universidad, ella derecho yo contaduría y obviamente con más edad y experiencia.

    Se había convertido en una mujer elegante, con un porte impresionante, sus grandes ojos cafés y sus labios delgados hacían resaltar la nariz recta que le daba personalidad y belleza.

    Mi hermana se graduaba de la prepa e invitó a todos los primos, todos fueron, yo con mi novia y Lili sola.

    Fue una fiesta de graduación normal, baile, risas, diversión y todo estaba bien hasta que mi novia me dijo que tenía que llegar temprano a su casa, aunque le rogué no quiso quedarse y la tuve que llevar, pero me estaba divirtiendo tanto que regresé a la fiesta.

    De regreso, mucho baile, mucho alcohol y cuando empezó la música suave Lili me dijo que fuéramos a bailar y claro que acepté, ya en la pista abrazados me platicaba de muchas cosas que ni me enteré porque como cuando adolecentes me hablaba acercando su boca a la mía, su aliento me envolvía pero la diferencia fue que, cuando vi que nadie de la familia estaba cerca, la tome fuerte del talle la apreté hacia mi y la besé, largo, profundo, delicadamente y cargado de sexualidad, saboreando su lengua y sus labios como se saborea ese postre largamente anhelado.

    Y cuando creí que me iba a abofetear, ¡¡¡milagro!!! Ella respondió a mi beso con la misma intensidad y deseo. Así estuvimos toda la noche besándonos hasta que terminó la fiesta.

    Nos estábamos despidiendo cuando su hermano, mi primo mayor pidió que la siguiéramos en mi casa porque no estaban mis padres y nos fuimos para allá.

    Todos con copas seguimos bebiendo hasta que cada uno fue cayendo dormido en diferentes habitaciones hasta que solo quedamos Lili y yo, aprovechamos para besarnos muchas veces más y le avisé que solo quedaba una habitación disponible y la llevé allí dando por terminada la noche pero cuando estaba por irme me acerque para despedirme se sentó y me sentó en la cama y me beso, para seguirnos besando, nos recostamos y ella quedó sobre mi.

    Por la posición ella estaba incomoda y al acomodarse subió sus caderas en mi y sintió una gran erección que tenía yo desde hacía rato y abrió los ojos con sorpresa pero en lugar de moverse se acomodó para que su sexo quedara sobre mi verga.

    Al sentir esto comencé a besarle el cuello, a lamérselo, saboree el sudor del baile y olí ese olor inconfundible que las mujeres producen cuando están excitadas y la moví lentamente para poder besarla con libertad y seguir arrimándole el miembro.

    Me comí sus labios y su lengua con desesperación y ella respondía con la misma intensidad, mis manos comenzaron a tocar sus pechos turgentes y le bajé el vestido strapless, ¡no uso brasier esa noche! y por primera vez admiré esos grandes pechos, firmes coronados por un par de pezones morenos, pequeños, parados y no pude mas y los lamí los succioné mientras Lili se retorcía de placer.

    Comencé a acariciarla y metí mi mano por debajo de su falda y acaricié su coño sobre la pantie y me di cuenta que estaba muy mojada y con la otra mano bajé el cierre del vestido y se lo quité sin que ella protestara.

    Los zapatos los habíamos dejado en la sala y me quité los calcetines, (una señora madura de la que aprendí muchísimo me dijo que no hay nada mas desagradable que ver a un hombre desnudo con calcetines), me quité también el pantalón y en los bóxer se veía la gran erección que me causaba tener a Lili casi desnuda en la cama.

    Comencé a besarle los pies y fui subiendo a las pantorrillas, lamiendo, besando, mordiendo y cuando llegué a sus muslos abrí sus piernas, ella las cerró y apretó pero su excitación ya no le permitía detenerse y fue cediendo ante el embate de mis dientes y mi lengua que lamia sus piernas hasta llegar a su coño y lamia el pantie que olía y sabia a sus flujos deliciosos.

    Cuando por fin fue separando sus muslos sus piernas temblaban de excitación, yo daba pequeñas mordidas con los dientes en la entrepierna, le mordí el coño sobre el pantie durante un rato para disfrutar sus gemidos, después comencé a lamer su abdomen, seguí subiendo y volví a lamer esos pechos que me volvían loco por su tamaño y su firmeza.

    Le quité muy lentamente el pantie y al irlo bajando despacio vi su coño peludo sin ningún arreglo que brillaba a la luz tenue que se filtraba tímidamente desde la ventana del cuarto y lo acaricié dejando que mi dedo medio se introdujera un poco entre sus labios vaginales, lento, de arriba a abajo, desde el clítoris hasta el ano y besé su abdomen y cuando iba a comerme su coño ella me dijo:

    -cógeme te quiero tener adentro, ya no aguanto

    Hasta ese momento no habíamos dicho una sola palabra y al oír su voz al verla desnuda y recordar quien era me excité más de lo que estaba, mi erección creció y ella lo vio y solo lamió sus labios, me quite el bóxer y me acomodé entre sus piernas y con mi verga comencé un masaje a su clítoris que estaba empapado en sus flujos, recorría todo lo largo de su coño una y otra vez, me acerqué y empecé a meter la cabeza de mi verga y repentinamente me agarró las caderas y me detuvo:

    -que estamos haciendo, somos primos, ¿y si me embarazas?

    -nos casamos –le dije.

    Hasta ese día pensé que era virgen y cuando aflojó las manos en signo de aceptación, mi verga se deslizó hasta el fondo, ella grito gimió y comenzamos e movernos rítmicamente al unísono en un desenfrenado y excitante mete-saca, ella me abrazaba con sus piernas y mordía mi hombro, gemía y me susurraba al oído “sigue, más, sigue, sigue, no pares, soy tuya, sigue”, así estábamos hasta que explotó en un orgasmo increíble, temblaba de pies a cabeza, lloraba, me mordía y no aflojaba el abrazo con sus piernas, le pregunté “¿estás bien?” y solo me dijo “estúpido” y otra vez empezó el vaivén, yo estaba listo para venirme, no aguantaba, los dos volvimos a gemir, ella a gritar y cuando me iba a salir, ella lo notó y abrazándome fuerte con los brazos y las piernas me dijo al oído “vente adentro”, fue un susurro cargado de erotismo, de degenere, de sexo y los dos explotamos en un orgasmo espectacular que duró mucho tiempo, yo llenándole el coño de semen y ella mojando las sabana en un squirt continuo, imparable, eterno.

    Cuando los dos terminamos nos quedamos abrazados sin movernos, besándonos hasta que mi verga fue reduciendo su tamaño y terminó por salirse de ese coño que desee durante años.

    Me recosté a su lado, ella se recostó sobre mi hombro y después de unos minutos me dijo “te tienes que ir porque si nos encuentran así nos matan”, así que me levanté y me fui a mi cuarto a dormir.

  • El grupo de formación

    El grupo de formación

    Nueve parejas jóvenes formábamos el grupo, que se reunía en nuestra parroquia semanalmente, bajo la dirección y coordinación de otro matrimonio, mayor, que tenía unos diez años más que nosotros y oficiaban de directores: Sara y Guillermo. Eran gente hecha, que vivían en un hermoso departamento cercano a nuestra parroquia, al lado de un caserón enorme y sombrío, en el que vivía el padre de ella, hombre ya en la senectud, postrado y perdido, inconsciente. Era una pareja singular, en la que era evidente la preeminencia de ella, no tenían hijos, y hacían una vida tranquila y armoniosa.

    Los matrimonios que nos reuníamos con ellos, éramos jovencitos, teníamos entre veintidós y veintiséis años, y pertenecíamos a un grupo social medianamente homogéneo, aunque no éramos propiamente amigos, entre todos. Los más amigos, éramos los matrimonios de nosotras tres: Raquel, Claudia y María, y especialmente nosotras, que realmente éramos muy unidas y confidentes y nos reuníamos independientemente del grupo, con mucha mayor frecuencia. Teníamos mucho en común, todas teníamos hijos chiquitos, nuestros maridos congeniaban y había intereses compartidos.

    La vida se desarrollaba serenamente, sin que nada pareciera alterar la armonía y felicidad de todos. En un determinado momento, Sara comenzó a hacer apartes con Raquel, y tuvieron varias reuniones, que a nadie llamaron la atención, como tampoco las visitas de Raquel a la casa de nuestros directores; Una tarde, Raquel nos informó que se iba a un retiro espiritual de lunes a viernes, sin invitar a nadie a acompañarla. No nos llamó la atención demasiado, ni extrañamos su presencia. Ese viernes, sabiendo que volvía, organizamos una reunión de los tres matrimonios, que se hizo en casa de Claudia.

    Raquel llegó con su marido y sus hijos, como a las 9:30 h, y se armó serenamente una reunión de las tantas que teníamos, los varones por un lado y las mujeres por otro; mi marido y el de Raquel charlaban con una cerveza de por medio y Juan, el de Claudia, entretenía los chicos. Ahí nomás las mujeres, comenzamos a interrogar a Raquel acerca de su retiro, que al principio respondió con generalidades, y tardecito, dando por sentado que había sido una experiencia sin mucho que contar. Tras un rato, Claudia y su marido anunciaron su partida, para luego irse con sus hijos; Juan, su marido de Claudia, adujo haber tenido una tarde tremenda, y estar muy cansado. Quedamos solas con Raquel volviendo sobre el tema de sus ejercicios, y ella comenzó a entrar en detalles, de a poco, revelando lo que había ocurrido con sus días de retiro y de qué se había tratado. Me pidió reserva absoluta y comenzó a relatarme.

    Sara le había comentado de la existencia de una organización, a la que ella pertenecía. Estaba fundada en bases firmes e incuestionables, que eran fundamento y pilares de su existencia; era exclusiva, y nadie que no hubiera sido admitido formalmente en ella, podía participar; para ser admitido, había que pasar una iniciación, que a veces llevaba varios días. La regla fundamental, era el orden y la obediencia, además del silencio más absoluto, que se expresaba en el secreto. Después de la presentación, la había invitado a integrar ese grupo selecto, la sociedad cerrada y secreta, basada en la obediencia, de la que no debería hablar con nadie que no perteneciera, y ella había aceptado, sin medir demasiadamente de qué se trataba y dando por supuesto que sería una organización católica. En realidad, su retiro de cinco días, había sido su iniciación, bajo la égida de Sara, que era una especie de autoridad en la sociedad, encargada de la gestión y control. Por ese entonces Raquel tenía veinticuatro años, dos hijitos, el menor de poco más de año y medio y un marido con el que se llevaban muy bien y eran felices. Era rubia, lacia, de ojos claros, y muy bonita de cara, además de lucir una figura armónica, con poco más de un metro sesenta de altura. Vivía una vida acomodada y serena.

    Sara la citó en la Casa del padre de ella, de donde Raquel no salió en los cinco días siguientes. Era una vieja casona sobre la calle Obispo Oro, cuyos fondos salían por la paralela San Lorenzo, donde ahora funcionaba una playa de estacionamiento. Ya al recibirla, Sara ostentaba una actitud distinta, autoritaria y altanera, vestía un traje saco oscuro y blandía en su mano una fusta muy flexible. La acompañó a un salón donde había tres señores sentados alrededor de una mesa, todos ellos con antifaz, cosa que llamó la atención de Raquel. Acto seguido comenzaron a interrogarla, sin invitarla a sentarse, un largo interrogatorio que comenzó por asegurar su disposición a mantener secreto y a obedecer, como en los más serios conventos, las órdenes más rigurosas, y asegurada esa condición, sin duda alguna, de parte de Raquel, entraron en otros temas, incurriendo en temas más personales que derivaron rápidamente a cuestiones, que de no haber mediado toda la situación, la hubieran escandalizado.

    Allí Raquel expresó su voluntad de ingresar, su disposición a respetar las reglas y explicó que se había casado virgen, que no había tenido experiencias demasiado íntimas, ni con su novio, ni con su marido. Aclaró reiterativamente que no había practicado nunca sexo anal, tampoco sexo oral, que había sido siempre fiel a su marido y rígidamente moralista en su comportamiento; no sabía cómo podía ser una orgía. Insistieron mucho los señores en su cuestionario, que llevó como dos horas, volviendo a preguntar lo mismo, una y otra vez, para que por fin, el que parecía presidir la reunión, ordenó a Sara que siguieran adelante, dando por terminada esa etapa.

    Sin demasiadas explicaciones, Sara la hizo pasar a una habitación interior, grande, muy decorada, que tenía una gran cama matrimonial, y un juego de living integrado por varios sillones, y la invitó a cambiarse y ponerse cómoda, ofreciéndole una suerte de guardapolvos abotonado al frente. Mientras Raquel se cambiaba, en forma seca y concreta le indicó, que se esperaba de ella que no dijera que no a nada de lo que se le propusiera, y sin decir más, alzó su ropa y se marchó, cerrando la puerta, que no tenía picaporte del lado de adentro.

    Perpleja, Raquel se sentó en la cama a pensar, tratando de entender de qué se trataba esto y en eso estaba cuando se abrió la puerta y entró Sara, acompañada de un hombre, que la miró con interés, tenía puesto un antifaz; no pudo determinar si era uno de los tres que la habían recibido. Sara hizo una seña al hombre para que se sentara cómodamente en un sillón y dirigiéndose a Raquel, le ordenó que lo saludara, cosa que ella hizo tendiéndole la mano. Luego, dirigiéndose al hombre le señaló que Raquel era la nueva aspirante, y Sara le dio orden de que se desnudara. Raquel dudó, indecisa de ponerse en cueros ante un desconocido, ante lo que Sara se arrimó y comenzó a desprenderle los botones de su bata, que abrió, mientras le recordaba que tenía que obedecer y no podía decir que no a nada. Entonces advirtió que aún tenía corpiño y bombacha, bajo la bata, y le recriminó formalmente:

    -¿No te dije que te desnudaras? Vamos, sácate la bata y desnúdate. Raquel bajó la vista pero no obedeció, aunque amagó sacarse la bata. Entonces silbó la fusta, que dejó una raya colorada en el vientre de Raquel, que se dobló en dos. Antes de recibir otro fustazo, que amagaba descargarse, se quitó la bata que Sara tomó en sus manos, y le ordenó:

    -El resto, vamos-. Raquel dudó nuevamente pero pronto se quitó el corpiño y la bombacha, quedando totalmente desnuda, torciéndose para taparse, sin resultados, mientras el visitante la miraba impertérrito. Sara habló nuevamente, dirigiéndose a él:

    -¿Qué le parece? ¿Podrá integrarse?

    -Creo que tiene que aprender. No parece bien dispuesta, pero es linda. Tiene que aprender obediencia y disposición-. Sara le acarició la perilla con la fusta, y le levantó la cara a Raquel, que no se animaba a mirar al hombre:

    -Las manos a la espalda, derecha-, le ordenó y Raquel, siempre indecisa le obedeció. Entonces habló el hombre:

    -Enderécela- le dijo y Sara, sin mediar palabra, le asestó un fustazo en uno de los pezones, que le arrancó un grito de dolor. Tenía una gran habilidad con la fusta, que manejaba con una precisión y eficiencia destacables.

    -Derecha-, insistió Sara, y luego agregó: -Lo dejo con ella, doctor, vengo en un rato para que me de su evaluación-. Y tomando las ropas de Raquel, salió de la habitación. Raquel temblaba de miedo.

    -Vení chiquita-, le dijo el hombre, invitándola a arrimarse, -vení, chupámela-. Raquel no conseguía ubicarse, ni podía creer lo que oía. Lo que ocurría, no le parecía propio de un grupo de formación y no estaba dispuesta a más. Suficiente era que a hubieran obligado a desnudarse, cosa a la que había accedido más por sorpresa que por consentimiento, pero que el hombre le pidiera una felación, superaba todas sus previsiones, mucho más por la brutalidad con que se lo requería. Nunca había hecho una felación o como se llame la chupada de pija, y jamás había tenido prácticas contra natura, ni había engañado a su marido. Tampoco ahora se lo había propuesto, ni quería hacerlo. No se movió, ni lo satisfizo, ni lo miró. Contrariado, el visitante estiró la mano y tocó algo en la mesa, y de inmediato se abrió la puerta y entró Sara nuevamente. Le bastó una mirada rápida para comprender cabalmente la situación.

    La fusta comenzó su tarea con dolorosa precisión: primero dio en la base de los pechos y cuando Raquel se cubrió, cruzó la parte superior. Las tetitas de Raquel, brincaban al ritmo de la fusta y sus lágrimas de dolor cubrían el rostro de la novicia:

    -Obedece, chiquita ¿No has entendido que tienes vedado negarte a nada y menos desobedecer? – Raquel no se movió, estaba paralizada, y la fusta volvió a silbar, dejando una raya colorada en su vientre. Bajó sus manos para cubrir la herida y la fusta cayó furiosa sobre sus tetas, que volvieron a bailar al ritmo de los azotes. Cayó de rodillas frente al hombre, que ya había sacado su pija parada, y con gran esfuerzo arrimó su cara, dejando la boca a pocos centímetros. Sara le pasó la fusta por la espalda y le preguntó con insidia:

    -¿Te ayudo?- Raquel comprendió de inmediato que la ayuda sería otro fustazo, y aterrorizada apoyó los labios en la cabeza.

    -Adentro, te han dicho que la chupes, no que la beses-, agregó la mujer, al tiempo que tocaba su espalda con la fusta. Raquel entendió, se apresuró, abrió sus labios, y recibió por primera vez una pija en su casta boca. Aplicó sus labios inocentes a chuparla, con torpeza, pero tratando de evitar el castigo. Sara agregó, para su disgusto:

    -Cuidado hijita, él te va a acabar en la boca, que no se te pierda. Te tomas todo y lo tragas y luego le agradeces-. Raquel sufrió un escalofrío. No se creía capaz de recibir en la boca una eyaculación, se moría de asco; y mucho menos tragarla. Se sintió desesperada. Pero no quería fustazos y Sara no se movía de su lado, de modo que se empeñó en su labor, y cuando vino la eyaculación, la recibió cuidadosamente en su boca, asegurándose de no perder ni una gota, y tragó todo lo que recibió. Sacó la pija babosa de su boca y sin levantar la vista dijo: -gracias-. Sara manifestó su alegría. Raquel había hecho la primera felación de su vida obedeciendo sumisa.

    El hombre no se fue, entraron otros dos, con un curioso atuendo: vestían camisa y jacquet, pero no tenían ningún atuendo de la cintura para abajo, y lucían un antifaz. Raquel advirtió que el primer visitante también estaba desnudo de la cintura para abajo; no reconoció a ninguno de ellos. El más joven, se dirigió a Sara y le dijo:

    -A ver; ya sabe lo que me gusta-. Se notaba que Sara lo conocía y que sus gustos eran especiales; entendió de inmediato, tomó a Raquel de las muñecas y la puso de espaldas a los hombres, obligándola a agacharse, exhibiéndose, sus ojos estaban llenos de lágrimas. El joven estiró su mano, y tocó el ojete del culo, que estaba completamente fruncido:

    -Yo lo quiero estrenar-, dijo el visitante, y sin preparativo alguno le enterró un dedo profundamente. Raquel se removió tratando de quitarse, y por más que se frunció, no pudo evitar la penetración y un profundo quejido. Luego el visitante agregó:

    -Se frunce y se niega. ¿Por qué no la aflojamos un poquito con la fusta? La ayudemos. A mi me gustaría darle unos azotes y seguro que mi colega quiere participar-. Realmente, la trataba como un objeto, sin consideración alguna. De alguna parte apareció una soga de seda, con la que Sara ató las manos de Raquel, al armazón de los pies de la cama, y dirigiéndose al que quería bautizarle el culo, le extendió la fusta. La recibió con gusto y la hizo silbar en el aire un par de veces. Luego le preguntó:

    -¿Estás casada?- Raquel no respondió y recibió el primer latigazo en la cola.

    -Si, si- respondió presurosa.

    -¿Sos virgen del culo?, preguntó nuevamente el visitante.

    -Si, si

    -Ya le pondremos remedio-. Agregó serenamente y luego:

    -¿Querés que te rompa el culo?

    -No, por favor no-, rogó Raquel y provocó una tanda de latigazos:

    -¿No sabes acaso que no puedes decir que no a nada? Responde, vamos

    -Si, si-, respondió vencida.

    -¿Si, qué?-, insistió el hombre

    -Si, quiero que me rompa el culo-. Fue un disparador, le aplastó la cintura, y le zampó la verga sin consideración, sin lubricarla, sin nada, desgarrándola; un acto violento y feroz, tan desconsiderado como el resto de sus actitudes. De un solo golpe, fue una penetración profunda y dolorosa. Raquel lanzó un alarido y se movió tratando de zafarse, pero estaba atada y en posición, era imposible que eludiera esa pija poderosa. No dejó de gritar y quejarse hasta que él acabó en la profundidad de su vientre, y se salió de ella. Quedó lastimada y sangrante. Le revisaron el culo sin cuidado, riéndose de lo ocurrido y su resultado. Uno de los presentes comentó:

    -Este muchacho… si no es por atrás, no le gusta-. El que le había roto el culo agregó:

    -Está muy estrecha. Va a haber que estirárselo, para que no se lastime.

    El otro hombre la soltó de sus ataduras y la echó en la cama, para colocarla boca arriba y metérsela en posición misionero, hasta acabar copiosamente en su interior. Allí la dejaron, para que Sara la llevara a lavarse y la trajera nuevamente. Se habían sentado a tomar un trago mientras Raquel ya de vuelta, lavada, permanecía parada, a disposición de quien la requiriera. Entraron otros dos señores, mayores, uno de ellos al verla exclamó:

    -¡Qué belleza! ¿Ya está lista?-, Sara le dijo que si. El se despatarró en un sillón, y Raquel entendió que se la tenía que chupar, antes que la fusta se lo explicara. Allí fue y se metió en la boca, una pija medio blanda, que demoró mucho rato en vaciarse entre sus labios; ya había entendido y tragó toda la volcada, sin perder el asco que le revolvía las tripas.

    Ese primer día la usaron repetidamente los señores que la visitaron, no se privaron de nada. No fueron muy brutales, a pesar de no haberse privado del placer de azotarla, salvo el más joven, el que le rompió el culo, que no solo la culeó otras veces, sino que cuando la veía desocupada, se entretenía en arrearle unos fustazos, por el mero placer de castigarla. Raquel intentaba saber quiénes eran, pero no podía identificarlos, no atinaba.

    Al segundo día, ya estaba ordenada: sabía cuál era su rol y qué tenía que hacer. Sara casi no se hizo presente, y la fusta quedó sobre una mesita, para que la usara el que así lo deseara. Desde temprano tuvo visitas, que requirieron su disposición, algunos completaron su satisfacción con el empleo de la fusta, a la que se fue habituando. Ignoraba la cantidad de hombres que había recibido, pero con seguridad eran más de diez, cada día y la habían usado más de una vez, cada uno de ellos. No siempre eran los mismos. El único que volvió diariamente, fue el joven que había empleado su grupa por primera vez, quien siguió requiriéndola, mantuvo un toque de crueldad en su comportamiento. Raquel creía ver en el algo conocido, pero no podía identificarlo. Lo real, fue que al cabo de los cinco días había comenzado a gozar, y esperaba sus visitantes con cierto anhelo; nunca faltaba quien se la hiciera chupar, quien la cogiera o se la diera por el culito, que se había hecho amplio y complaciente. La tarde del viernes en que terminaba su retiro, la visitó el joven, nuevamente, y le echó tres polvos en el culito; no la dejó hasta media hora antes de que ella se fuera. Apenas se retiró, entró Sara con su ropa y le dijo:

    -Vístete, tu marido está viniendo a buscarte. Se van a una reunión para festejar tu vuelta.

    Le dio pena pensar que se iba, pero se vistió y esperó su marido, que la buscó con los chicos, para venir a la reunión que le habíamos preparado:

    -Y aquí estoy, ¿qué te parece?-, me preguntó a mi, que escuchaba atónita. -¡No se te ocurra decir una palabra a nadie, de lo que te he dicho. Me despellejarán con la fusta si se llegan a enterar!

    Una tarde, días después, me visitó en casa, para descargar sus confidencias, que no podía hablar con nadie. Desde su salida del retiro, vestía con mayor recato, casi como una mojigata, como una monja laica: pollera larga bajo la rodilla, zapatos sin taco y una camisa mangas largas, cerrada hasta el cuello. Había tomado esa decisión, porque no quería que se trasluciera de ninguna forma su emputecimiento, su disponibilidad para que cualquier macho usara de ella, como estaba enseñada ahora; su mensaje era de estrechez, no de liberalidad. Visitaba la Casa una vez por semana, si no la requerían más, y permanecía allí durante toda la tarde, donde servía a todos los que la requirieran, sin negarse a nada, y a veces lo hacía en dos ocasiones, si Sara la llamaba. Cuando la llevaba o la buscaba su marido, salía con apuntes o libros de formación, que le habían dado para que leyera, según decía, pero rebosante de semen y satisfecha a más no poder. Era libre de no volver, pero estaba tan compenetrada con el grupo al que se había integrado, que solamente pensaba en cumplir las consignas. Fue entonces, que me contó que Sara le había pedido que buscara otra aspirante, alguien nueva, lo que más que un pedido era una orden. Lo había hecho diciéndole o sugiriéndole mi nombre y el de Claudia. Luego Raquel se detuvo en explicaciones:

    No quiero llevarte a vos, quiero llevarla a Claudia, me dijo; te diré por qué. Así me lo propuse cuando volví a la Casa por primera vez, después de mi iniciación; ese día, apenas entré, recibí un violentísimo castigo por haber sido indiscreta. No sé cuántos fustazos me dieron, pero te aseguro que quedé maltrecha y lo más grave, lo que me dio la impresión de mayor importancia, es que ese día no me uso ningún señor, solamente hubo latigazos para mi y nada de sexo. Pero ¿Qué había hecho o dicho? Había hablado contigo, pero por lo que fui oyendo, me di cuenta que no habías sido quien había hablado ¿Quién entonces? No lo vas a creer, había sido Juan, nuestro amigo, el marido de Claudia, el tierno padre que vive jugando inocentemente con sus hijos, el padre ejemplar y marido modelo, el católico militante; él es miembro activo de esa hermandad, él fue el que dijo, que ese día, cuando salí de la Casa y me topé con él en la reunión, lo reconocí y le hice indiscretas sugerencias. Nada más falso, porque me lo pasé contándote mi experiencia, pero se me hizo la luz. De pronto vi todo claro y até cabos, mi más cruel violador, el joven que me rompió el culo dolorosamente, el que no se privó de usarme brutalmente, sin atisbo de cordialidad o afecto y se cansó de darme con la fusta, por el solo placer de castigarme, era Juan. Ahora lo reconocía, y lo padecía más, cuando prendido a mi espalda me la daba por atrás, tirando de mi cola de caballo, sin poder decirle una palabra ni dejar traslucir que lo reconocía, bloqueada por mi voto de silencio y obediencia.

    El último día de mi iniciación me culeó tres veces, antes de dejarme salir, por eso decía en la reunión que estaba cansado y por eso se fueron temprano; estaba cansado de tanto culearme. El desgraciado me acusó de haberle hecho sugerencias por haberlo reconocido, y allí en la Casa no hay discusión, en caso de duda, sanción. Cuando recibí mi castigo tomé la decisión de cobrarme revancha: yo iba a aportar su casta mujercita, para que la emputecieran como a mi, con la esperanza de que la agarre un cruel amante, como él había sido y lo era, y pasara por mis mismas experiencias.

    Él la quiere, y sé que no le gustaría saberla abierta a quien la quiera usar, sin protestas ni negativas. No era una tarea fácil, porque estaba atento, y si me veía conversando con ella, podía sospechar que yo la quería traer al rebaño, y reaccionar, pero era una decisión tomada. Lo encuentro en misa y en nuestras reuniones, y me ha tocado ir a comulgar con él a mi lado, pero por mucho que lo trate, jamás he dejado traslucir mi condición, ni que se que es él mi cruel culeador; ni siquiera un reconocimiento de que la que él usa en la Casa, soy yo. Casi que ni me mira cuando lo encuentro fuera de la casa, pero yo siento aún el ardor en mi culo, las marcas de los latigazos y el sabor de su semen en la boca; del mismo modo, cuando nos reunimos, parece el más caballero y recatado de los amigos, nadie diría lo grosero y desconsiderado que es cuando estamos en la Casa y cómo me usa. Allí se pone cruel, violento, y si bien no puedo negar que disfruto cuando me culea, lo cierto es que me siento atropellada y sometida.

    Raquel se había convertido en una mujercita astuta, que no solamente simulaba su condición, sino que además parecía tener una intimidad especial con nosotras, dedicando cada momento que podía a Claudia, cuya curiosidad provocaba cuanto podía, haciéndose la remilgada. Aprovechó la inquietud y curiosidad que nos provocaba su retiro en el cual se inició, y alimentando sutilmente el interés de Claudia, terminó por lograr su interés manifiesto y que Sara las invitara una tarde a tomar el té.

    Allí, con su habitual cuidado y discreción, le hizo saber la curiosidad de nuestra amiga por el Grupo al que ella se había incorporado, al tiempo que le expresó que ella no podía decir palabra por la consigna de secreto o privacidad; pero que consideraba un deber, hacerle saber a Sara, que su amiga era digna de la mejor atención, por ser una mujer casada, madre de dos hijos, católica y que, como ella, no había tenido otro novio que su actual marido. Sara, astuta, se hizo la remolona, diciendo que era un grupo cerrado, muy selecto, secreto, espiritual, y concluyó por decirle que propondría su nombre, cosa que Claudia agradeció muy especialmente, manifestando su interés.

    Cuando Juan se enteró que su mujer se iba de ejercicios por invitación de Sara, creyó volverse loco: se opuso, se lo prohibió, y llegó a enfrentarse con Sara, pero con mucho ésta lo superaba en astucia e inteligencia, además de conocerse del Grupo, donde Juan era asiduo. No podía decir nada por el silencio impuesto por el Grupo, que le aterraba que su amada mujercita, esta delicada preciosura, cayera en manos del látigo y de esos hombres impiadosos. Sara lo tranquilizó, diciéndole que el retiro de Claudia no tenía nada que ver con el Grupo, no se trataba de una iniciación, según le aseguró, sino de ejercicios espirituales que no se hacían en la Casa, sino en un convento que podía ser en Calmayo, en San Antonio o en otra parte, bajo la vigilancia de las monjitas y la dirección de un sacerdote. Claudia sabía la versión que debía dar, y la aceptó silenciosamente desde el primer momento, dispuesta a mentir a su marido y tenerlo engañado.

    Pero Juan no estaba tranquilo, desconfiaba y recelaba, mientras descargaba su ansiedad todas las tardes en la Casa, con una crueldad innecesaria, que padecía calladamente Raquel. Visitaba la Casa buscando hallar indicios de la presencia de su mujer allá, pero nunca recibió ninguno, ni encontró nada, a pesar de haber pasado tardes enteras separado de ella por una pared, tras la cual su dulce esposa se pasó chupando pijas y recibiendo de todas las formas posibles a los machos del Grupo, en medio de azotes y crueldades. Pero a diferencia de Raquel, Claudia se mostró sumisa y dispuesta desde el primer momento, y jamás puso inconvenientes a satisfacer todos los requerimientos que se le hicieran, es más, también se había casado virgen, y tampoco conocía de felaciones y sexo anal, o de infidelidades, pero se mostró dispuesta a aprender desde el primer momento, abierta y colaborativa, decidida a dar a los machos que la requerían todo lo que estuviera en ella, y a su marido, la versión que fuera necesaria, por alejada que estuviera de la verdad mientras le aseguraba conservar su status y su familia, mientras seguía en la vorágine de sexo que había descubierto. Era una tramposa descarada. Sara estaba encantada.

    Cuando volvió de su retiro, nos reunimos en casa con maridos e hijos, como habíamos hecho con Raquel; Claudia estaba serena, no tenía rastro ninguno de los numerosos polvos que le habían echado, y parecía rodeada de un halo de espiritualidad, fruto de su retiro. Nadie diría de dónde venía, lo que había hecho y había vivido y que hasta un rato antes había estado con otros hombres, que no eran su marido, y traía el estómago lleno de leche de macho. Juan, que se había pasado la tarde culeando a Raquel, en la habitación del lado de su mujer, se quejaba de agotamiento por el esfuerzo que había realizado, aunque sin mencionar su verdadero origen. Raquel, por su parte, no dejaba traslucir ninguna emoción, ni nada que permitiera conocer su actual condición, que había terminado por asumir y aceptar.

    El Grupo aseguraba algunas cuestiones como la identidad de quienes visitaban a alguna de las integrantes, asegurándose que no las conocieran y que no se aficionaran a ellas en demasía. Había que asegurar la privacidad de las señoras y de los señores, y cuidar de eventuales enamoramientos o afición exagerada de algún miembro con alguna discípula.

    Muchos hombres venían, pero Sara no permitía entrecruzamientos, ni situaciones engorrosas, ejerciendo un control minucioso.

    Se diría que estaba estructurado de modo que ninguna de las discípulas tuviera un incidente fuera de la casa. Juan había sido un caso anómalo, en el que Sara había permitido que participara y usara a Raquel, sabiendo que eran amigos y compartían vida social; con el tiempo, Sara comprendió su error y decidió cortar este vínculo nuevo, que la sodomía había desarrollado y profundizado entre ambos jóvenes, y Juan ya no encontró a Raquel en la Casa, pese a sus pedidos y reclamos, que Sara no satisfizo más. Juan se volvió loco.

    Para ese entonces, su mujer era una activa servidora del Grupo, cosa que sospechaba, pero no tenía cómo asegurar, mientras que él deliraba por volver a usar de Raquel, que en su versión externa no le permitía ni acercarse, sugerirse, y menos concretar sus intenciones. Intentó varios avances, a los que ella opuso un cerrado:

    -No te desubiques.

    Experimentó claramente lo que era la reserva y la obediencia, que le cerraron las puertas de acceso a Raquel para siempre. Visitó a Sara y le propuso llevar a su mujer al Grupo en compensación por el uso de Raquel, sugiriendo que conocía su pertenencia, pero tanto Sara, como el resto, opusieron un cerrado silencio y un secreto inexpugnable: No aceptaron oferta alguna ni reclamo de ninguna especie. Además, que Juan no tenía nada que ofrecer, porque Claudia se había integrado hacía tiempo y al decir de algunos miembros, cogía como los dioses.

    Pero la irregularidad tenía consecuencias y la dirección decidió que, tanto Juan como Sara, debían ser pasibles de la punición y la limpieza, por el látigo. Ambos se sometieron calladamente, sabedores de su irregularidad y deseosos de no ser excluidos del Grupo, y se produjo la aplicación de la sanción que, por imperio de la solidaridad de géneros, se vio parcialmente atemperada. Los fustazos a Sara, decidieron que se los aplicara Raquel, que fue benévola y los dio sin el rigor esperado; la solidaridad femenina jugaba su rol y Sara lo agradeció. Juan, recibiría la sanción de parte de uno de los otros socios y por mediación de Sara, se decidió que participara Raquel.

    La benevolencia que tuvo ésta con Sara, fue paralela a la del socio con Juan, a quien cruzó unos pocos golpes, no muy fuertes, por la espalda. Raquel lo pidió desnudo, inmovilizado y boca arriba; cuando así estaba tomó esa pija que le había roto el culo y la había violentado tantas veces y la había hecho gozar, y le corrió el prepucio, dejando la cabeza al aire. Cuando la tuvo así, descargó toda su furia sobre la desnuda cabeza y sobre los huevos de Juan, esos que se habían vaciado tantas veces en su interior, sin piedad con su dueño que se retorció impotente, sin poder evitar el castigo. No se detuvo hasta que Sara le tomó la muñeca, y le dijo cariñosamente:

    -Basta, preciosa, lo vas a matar o lo vas a dejar estéril-. Fue la última relación de Juan y Raquel en el ámbito del Grupo y la Casa.

    Raquel se había hecho mi confidente; muchas cosas le ocurrían sin que ella dejara que se manifiesten. Un domingo, a la salida de misa de once, mientras los maridos organizaban un asado y una juntada, hizo un aparte discreto y me contó:

    -¿Ves ese señor a mis espaldas de traje azul? ¿El que está con una señora y dos hijas jóvenes? Se ha pasado la misa mirándome.

    -¿Y?- repuse yo, como si no me importara.

    -El domingo pasado fue lo mismo. Y sabés, cuando fui a la Casa esta semana, me había pedido en exclusiva, lo tuve que atender. ¡Qué bestia! Se hizo chupar la pija tres veces, y me llenó la boca de leche, que por supuesto me tomé todita; después, me dio de todas las formas posibles, dos veces por el culito y terminó cogiéndome. No te das una idea lo que es, parece incansable-. Mientras tanto, ella se ocupaba de sus chiquitos y no daba indicio alguno de saber que él la miraba, ni que ella lo había advertido, ni de quién se trataba; había tomado la costumbre de contarme sus situaciones como esa, haciéndome participar de ellas, de algún modo. Me pareció una experiencia emocionante y, un tanto alterada por la situación, la miré llena de interrogantes, que ella interpretó:

    -¿Qué si lo gocé? Por supuesto, más que lo que crees. Me lo llevaría ahora mismo a la Casa, a que me atienda y satisfaga-, me dijo con una sonrisa inocente y sin dejar de atender sus niños, y sin alterarse para nada, a diferencia de mi que estaba alterada.

    Sara salió de misa con su marido, y se arrimaron a conversar con nosotras. Raquel, me echó una mirada expectante, yo, no sé por qué impulso del momento, le dije a Sara:

    -Te voy a visitar una tarde de estas ¿puede ser?

    -Yo te acompaño-, agregó Raquel.

  • Viernes después de la jornada

    Viernes después de la jornada

    Es viernes, antes de llegar a casa pasé por el centro comercial hacer unas compras y justamente antes de buscar el carro al estacionamiento pase por el frente de una tienda de prendas íntimas femeninas, me detuve a ver que exponían en el escaparate de exhibición. Cada vez que veo una tienda así me detengo a observar que están usando las mujeres modernas; y me imagino a mi chica morena, piel canela usando esas prendas tan sexys, bonitas, y provocativas.

    Sin pensar mucho pase a la tienda, converse con la encargada del lugar, le pregunte por tres modelos que vi en la vitrina, ella pregunta que talla, le digo rápidamente M abajo y 36-C de brasier; me dijo los colores que tenía, le dije por el momento busco esos tres modelos, los colores son blanco, negro, rojo; y si tienes algo hermoso en azul marino, o cobalto me encantaría verlo, no negare la cara de picardía de la chica que me estaba atendiendo.

    Busco los modelos solicitados, en mi mente estaba mi morena hermosa, solo pensaba como se vería con cada modelo que estaba escogiendo; detallarla lentamente con cada prenda adornando su hermosa silueta, con sandalias altas; y ese hermoso cabello suelto, oliendo a perfume, y pasando por frente de mi…

    La chica me saco los mejores modelos aparte de los que estaban en exhibición, y la gama de colores que tenía, estuve aproximadamente una hora escogiendo con detalle el color, modelo, hasta que termine escogiendo unos 6 colores…

    Ya manejando para la casa solo pensaba en ese fin de semana que pasaríamos juntos, un fin de semana solo para los dos, consentirnos y darnos amor.

    La llame y le dije “amor te tengo unas sorpresa” Ella respondió con risas «yo también» nos vemos en casa.

    Así fue, yo llegue primero, ella llego como a las dos horas; saludo con un fuerte abrazo, un divino beso como lo que siempre nos damos!!! Así pase el tiempo, los besos son inspiradores; y muy excitantes.

    Cuando la detallo, tenía el cabello suelto recién peinado, las manos, pies arreglados, estaba hermosa y radiante, me dijo “me voy al cuarto me quito la ropa me doy una ducha y te espero en el cuarto…”. Te pido «no vayas a entra al cuarto.» Le contesté inmediatamente, “está bien, sobre la cama está un obsequio, esa es mi sorpresa!!!” Me sonrió con picardía y me dijo “ya vuelvo”.

    Yo me serví un trago, puse un poco de música para esperar a ver su sorpresa; solo escuche afuera cuando dijo “Dios miooo que belleza” jajaja, Imaginé que era porque ya había abierto el regalo.

    Como a la hora escucho decir “Pasa amor” y salí disparado como un cohete…

    Cuando entre tenía puesto un vestido largo, estilo sirena, muy ajustado al cuerpo de color rojo pasión, unas sandalias rojas, el cabello suelto; y un perfume muy suave que me despertó el instinto lujurioso de una vez. ¿Si los olores excitan? Ese de verdad me enloqueció, yo solo la podía mirar; ella se paseaba de un lado a otro en la habitación modelando tan hermoso vestido que entallaba muy bien en su cuerpo, las sandalias bastante altas, dejaban los bellos pies al descubierto, al darse la vuelta, vi el descote tipo V, dejaba completamente desnuda la espalda, tal descoste llegaba hasta la parte más baja.

    Por mi mente pasa ¿qué prenda estará usando? Será esa tanga que había escogido, ¿la roja, la negra, la blanca?

    Que en realidad era para mi, para deleitarme viendo con luce de sensual.

    Se acercó a mi, coloco sus brazos sobre mi cuello, yo la correspondí con ambas manos en las caderas, y cintura, en ese instante pegamos nuestros cuerpos, nos dimos ese beso profundo, lleno de deseo que tanto nos gusta, luego de pasear mis manos por su espalda; y terminado en la parte baja, le susurre al oído, “estas bellísima, hermosa, divina, radiante; ese vestido te queda espectacular.

    Por supuesto se lo que te colocaste de bajo, una de las prendas que escogí para ti, y seré yo quien la quite, espero te hayan gustado, son varias cómo pudiste ver, deseo mirar una a una en tu bello cuerpo, sé que estas al natural, solo la sublime tela de encajes cubre tu intimidad. Mi mayor excitación es ver cómo se va humedeciendo la tela con la exquisita humedad que brota de tu ser; y que tanto me gusta probar.

    Amor mío, tenemos todo el tiempo que queramos, Por cada prenda íntima que te pongas me gustaría que hagamos el amor de una manera diferente; que nuestra creatividad se eleve muy alto, deseo me modeles, poses para mi, como se te ocurra, que des rienda suelta a tu imaginación; como mi musa que eres, deseo que me inspires a desear poseerte a cada instante más y más.

    El tiempo trascurría, nuestro juego de seducción se hacía más intenso, mientras le decía palabras sensuales que le gusta escuchar; iba narrando cada parte que me gusta de ella, recordando cómo hacemos el amor, las veces que nos quedábamos en habitaciones de hotel. Mis manos traviesas iban explorando la simetría de las caderas, la cintura, la espalda, los senos, nuestros cuerpos se entienden a tal punto que saben lo que desean, donde tocar, lo que enciende esa llama de la pasión.

    Poco a poco voy quitando vestido, el cual se deja caer resbalando por las caderas hasta llegar al suelo tapando los pies, ella termina, se despoja de el apartándolo a un lado con los pies… Yo retiro el cabello del cuello, beso lentamente, ella suspira al sentir mis labios, la respiración fuerte y cálida; ya mis manos tienen toda la libertad de acariciar su piel, ella se eriza al sentir el roce.

    Ella quedo de pie frente a mi, al caer el vestido, solo quedo en ropa íntima, y en sandalias, tome su cabello con ambas manos, y lo coloque en sus hombros, la tanga era la que imaginaba, es la de color rojo, de finos encajes, semitransparente en la parte de adelante; y atrás semi hilo, lucía extremadamente sexy, sensual, es muy excitante verla con esa prenda puesta.

    Mi hermosa seguía de pie. Yo me arrodillé ante ella, comencé a besar los pies, daba besos suaves a cada dedo, sutilmente paseaba la lengua por cada parte de ellos, los sentía suaves al tacto con la lengua; también con la cara, y la nariz acariciaba cada pliegue, sintiendo la suavidad.

    Acto seguido fui subiendo por una de las piernas hasta llegar a los muslos, luego baje por la otra extremidad haciendo lo mismo, al llegar abajo, de nuevo me puse de rodillas y queda justo a la altura del entre piernas, puse mi cara junto en medio, hundía la nariz con un poco de fuerza, olía y respiraba ahí sin despegarme, mis manos estaban colocadas en sus glúteos, los apretaba con suavidad y los acariciaba de forma circular, ella me tomaba por el cabello acariciándolo y dando alones entre suaves y algo fuertes; me empujaba hacia ella con fuerza, quería sentir la fricción de mi nariz y boca en su intimidad.

    Aún yo de rodillas. Lentamente le fui dando la vuelta; y mientras iba girando, iba dando besos con caricias, hasta que quedo de espaldas a mi. Mis ojos la observaban, mis labios besaban, mis manos acariciaban, apretaban con deseo lujurioso las nalgas. Poco a poco mis manos que estaban colocadas en la cintura, se fueron paseando para explorar por la parte de adelante, tocando sublimemente por encima de la tela, y poco a poco adentrándose en la prenda, mis dedos exploraban los labios y los lugares donde más siente placer, ellos podían sentir el calor, se humedecían cada vez más, mientras más tocaba, más se mojaban de su placer.

    Poco a poco la fui despojando de tan exquisita prenda, la bajé hasta que llego a los tobillos, ella levanto un pie primero y el otro después para quedar libre y completamente desnuda para mí. Tome su pantys con ambas manos, sentía el deseo de olerla y sentir cuan mojada podía estar, así que sin pensarlo lo hice, su olor, sentir que ese pedacito de tela estaba húmedo elevó mas mi deseo y obviamente mi excitación.

    Ella se viró y se puso frente a mi, yo observaba su cuerpo con deseo, ella me miraba mientras jugueteaba con su ropa íntima, eso le excitaba, ver que su amado le gusta sentir su olor a mujer deseosa y con ganas de ser poseída, amada.

    Me paré, quedamos frente a frente, nos besamos pegando nuestros cuerpos, sus brazos descansaban en mis hombros, sus manos acariciaban la parte de atrás de mi cabeza; mis manos se paseaban por la espalda de arriba abajo y más abajo, nuestros cuerpos se convirtieron en uno.

    Después de un rato, fue desabotonando mi camisa, hasta quitarla, desabotono y bajo el cierre de mi pantalón, lo bajo hasta dejarlo caer, con una mano acariciaba por encima del bóxer blanco, frotaba y apretaba la erección, al mismo tiempo besaba el pecho y poco a poco quito el bóxer. Ya estábamos completamente desnudos, el uno para el otro.

    Yo tomando el control, la llevé hasta la cama, la senté en la orilla, me agaché, poco a poco fui abriendo sus piernas al compás de mis besos, ella se fue acostando y yo arrodillando, tomo una almohada y la coloco atrás de la cabeza, me paso una para colocarla en mis rodillas, le fui subiendo las piernas y ella las fue colocando en mis hombros, comencé a besar los muslos uno a uno hasta llegar al centro de sus emociones, lentamente; y con pasión besaba los labios e ingles, con ambos dedos pulgares abrí los labios para mi, con la lengua comencé a buscar ese punto que la hace vibrar, mi lengua se paseaba por ella, su humedad se confundía con la saliva, ese sabor exquisito me excitaba cada vez más, la punta de la lengua daba placer al clítoris, chupaba y lamia, eso le ocasionaba demasiado placer, y su placer me daba la máxima excitación a mi, sentá como su cuerpo se contorneaba y como su piel se erizaba, me halaba los cabellos, me apretaba con las piernas, su pelvis subía y bajaba y mientras mas chupa podía sentir y escuchar sus jadeos, gemidos… Hasta que explotó de placer en mi boca, su cuerpo temblaba y su respiración estaba acelerada.

    Me levanté, la tome de las manos, la senté en la cama y quede parado frente a ella, ella tomo el miembro y lo comenzó a frotar de abajo hacia arriba, luego lo llevo a su boca, dándome el mayor placer que pudiera sentir, mis manos solo se dedicaron a acariciar el cabello mientras el salía y entraba en la boca. Después de un rato, ambos estábamos en la cama acostados yo hacia abajo ella hacia arriba y buscamos esa posición que nos encanta (69) dándonos mutuamente placer.

    Me subí sobre ella, abrí su piernas lo más que pudo y ahí estaba su vagina esperando ser penetrada, mi pene estaba bastante erecto y sin apoyarme sobre ella, coloque los brazos fuera de su cuerpo a la altura de sus senos, que solo se pegara la parte de abajo, con el glande acariciaba la entrada sin penetrar, lo hice por un rato, ella me pedía con voz sensual y ojos entre abiertos, «penetrarme, hazme tuya»

    de espacio lo fui metiendo hasta que quedo completamente penetrada con las piernas me abrazo, las coloco alrededor de cintura, su cuerpo subía y bajaba, yo iba al compás de los movimientos que ella hacía, se movía rápido, en ocasiones lento, luego cambiamos, ella arriba yo abajo. Fue un un torbellino montada sobre mi, se movía de abajo arriba y en forma circular, yo de arriba abajo sujetándome de la cintura y en ocasiones cambiaba y me sujetaba de los senos dándole placer a los pezones endurecidos por el placer que estaba sintiendo.

    Luego si dejar de estar penetrada se acostó en el pecho, y en momentos nos besábamos, yo chupaba con deseo los senos. Al oído le dije, ahora quiero en 4. Ella se puso en esa posición que nos gusta ambos, con los senos pegados a la cama, las piernas bien abiertas y la cola parada, (se ve tan deliciosa así), me puse detrás de ella y comencé a lamer la vagina con avidez y deseo, poco después, empiezo a dar el beso negro, eso la excitó de tal manera que sus gemidos eran más fuertes y su cuerpo temblaba de placer, al tiempo que lo hacía, apretaba las nalgas fuertemente.

    Pasado un rato me coloque de rodillas y penetre la vagina, esta vez le daba con más fuerzas, y ella se movía con lujuria. Así tuvo otros orgasmos que fue tan fuerte que grito de placer y soltó palabras obscenas pidiendo más.

    Le dije «te quiero terminar atrás» dijo – «hazlo eso es tuyo» eso por supuesto me puso más caliente, y luego de darle otro beso negro comenzó la penetración, entrando con dificultad a pesar que ya estaba dilatado por el beso pero estaba apretado, lento fue entrando hasta que se fue todo, entraba y salía, ella se movía demasiado divino, las nalgas pegaban a mis muslos y vejiga, dando un sonido excitante, ella gemía duro y hablaba diciendo lo divino que estaba sintiendo, narrando ese momento con mucho placer, cada vez imprima más envestidas, sentía como mi pene se endurecía más y más, se hinchaba dentro de ella…

    Se fue acostando lentamente en la cama abriendo sus piernas y yo seguidamente acostándome el su espalda, el pecho quedo pegado por completo la espalda, mis piernas cerradas en medio de las de ella abiertas y aun penetrada, nos seguimos moviendo y besaba ella parte de atrás del cuello y hombros, mi mujer en ocasiones volteaba la cabeza hacia atrás y nos besábamos.

    Seguíamos moviéndonos, hasta que no podía ya contenerme y le dije casi que gritando «me voy» ella al escuchar eso se comenzó a mover más rápido y decía «dale duro amor eso es tuyo, dale, dale» hasta que acabe dentro de ella, mis gemidos eran fuertes; y mi cuerpo se puso tembloroso, le decía amor que divino es hacer el amor contigo.

    Dure un rato recostado en la espalda hasta que me levante, me puse al lado de ella, se volteó hacía mi, nos besamos, nos dimos un fuerte abrazo y así duramos largo rato, hablamos de lo mucho que disfrutamos y nos amamos, de lo rico que es estar juntos; y entre besos, palabras y caricias, nos levantamos para irnos a duchar, luego recoger las prendas regadas por el cuarto, y seguir con la faena.

    …Se puso otra prenda; esta vez tipo cachetero de encajes color blanco y un top de blonda del mismo color, sin brasier, le ofrecí un trago; y nos sentamos a escuchar música en el sofá.

    Le dije » estas divina para hacerlo de nuevo, te queda divino ese atuendo» Sonreímos y comenzamos a besarnos…

    DM…

  • En el sur (Parte III)

    En el sur (Parte III)

    Después de pasar lo que quedaba de tarde en nuestra cala, decidimos que ya era hora de volvernos al hotel. Sospeché mientras se daban un último baño, que hablaron de las relaciones que habían tenido conmigo. Siendo amigas, eran cómplices para todo. Nos subimos al coche y puse dirección al hotel. La tarde había sido fantástica en todos los sentidos e intuía que para Laura y Julia, también lo había sido. Volví a poner música para que nos sirviera como colofón a nuestra excitante excursión. En esta ocasión, el «White Knuckle Ride» de Jamiroquai. Nuevamente volví a acertar de pleno, pese a lo intenso del día, no tardaron en ponerse a cantar y con amagos de baile. En este caso, la música y el buen rollo, activó las ganas de continuar. Viendo su actitud, baje el volumen para proponerles el siguiente plan.

    -¿Que os parece si nos vamos al hotel, nos arreglamos y vamos a cenar a un italiano que hay cerca y ya después nos tomamos algo?

    Su respuesta fue un si al unísono. Les encantó. Una vez llegamos al hotel, aparqué y nos dirigimos a nuestras habitaciones. Ya en el pasillo antes de entrar, les pregunté a que hora reservaba para cenar. Julia me dijo que tenía que arreglar su pelo y que tardaba bastante y Laura no tardaría menos en hacer lo mismo. Escuchando su planteamiento y viendo que eso demoraría bastante la hora de la cena, les comenté que yo no tardaría en ducharme y cualquiera de ellas podría usar mi baño para aligerar.

    Sin pensarlo 2 veces, les pareció buen plan y Laura se ofreció ir a mi habitación mientras Julia comenzaría su ducha. Como un equipo coordinado, Laura y Julia entraron en su habitación. Yo me dirigí a la mía, dejando la puerta entreabierta para que Laura entrara tras recoger sus enseres de aseo y ropa. En menos de 2 minutos se presentó. Le planteé que lo usara ella primero, ya que tendría que lavarse el pelo y arreglárselo y luego yo no tardaría mucho en darme una ducha. Esa opción le pareció bien y así mientras, me relajaba tumbado en la cama viendo algo en la tele. No habían pasado ni 5 minutos y escuché a Laura que me llamaba. Fui a ver que quería y al abrir la puerta la encontré dentro de la ducha, cortó el agua y me pidió que si podía acercarle una crema hidratante que había olvidado coger de su neceser. Accedí de inmediato no sin antes observar su hermoso cuerpo y los hilos de agua que se deslizaban por sus pechos mientras ella me miraba con sonrisa provocadora.

    Instantáneamente volví a tener una erección de campeonato. El olor a gel de coco que Laura estaba usando, despertó mi instinto salvaje y deseo de follarla dentro de la ducha. Llevaba solo mi bañador y se notaba el bulto que ella no dejaba de mirar. Justo al darme la vuelta tras recoger la crema hidratante, ella había abierto la mampara de la ducha y me hizo un gesto invitándome a entrar, el cual yo no pude resistir, tras desprenderme de mi ropa. Comencé a abrazarla y besar su cuello bajando a sus pechos, en los cuales me entretuve el tiempo correcto para endurecer sus pezones firmemente.

    Me extendí en sus grandes areolas dando pequeñas succiones que a veces incluían sus pezones y esto, la excitaba aún más. Entre la humedad de la ducha y la que emanaban nuestros cuerpos, aquello se estaba convirtiendo en un volcán a punto de estallar. Después de comerme sus senos, la giré y la puse contra el cristal de la mampara. Su excitación iba en aumento. Besé su cuello a ambos lados, le susurré lascivia a sus oídos. Sus pechos pegados contra el cristal dejaban su silueta perfecta, impresa en la mampara. No dejé ni un solo centímetro de su espalda sin besar, mientras mi mano derecha la deslicé para acariciar su vagina empapada e introducirle mi dedo que entró con facilidad absoluta. Mi otra mano, agarraba su cintura, la cual, arquee hacia fuera.

    Me puse de rodillas frente a su culito, saqué mi dedo de su vagina. Laura cada vez jadeaba más. Mis manos agarraron sus cachetes abriéndolos para mostrarme sus tesoros que tenía frente a mi. Pasé mi lengua por su culo, lamiéndolo como un cachorro. Laura no paraba de gemir.

    La extensión de mis lamidas se ampliaron hasta su coño y en ese momento, se abrió de piernas, facilitándome el cunnilingus. Me centre en succionar sus labios empapados a la vez que introducía mi lengua en su vagina. Comenzó a moverse despacio circularmente, frotándome su rajita por toda mi cara. Mientras seguía succionando, mi mano la posicione sobre su vulva y empecé a acariciarle su clítoris a la vez que no paraba de chupar con mi boca. No tardó mucho en correrse, sus piernas y cuerpo temblaron de placer.

    Me reincorpore subiendo lentamente a la vez que besaba delicadamente su espalda que hacia que se estremeciera y no parase de jadear. Una vez que estuve de pie, la agarré de la cintura para acercarla a mi pene que puse en la rajita de su culo frotándoselo, me acerqué a su oído para susurrarle que mi fantasía seria hacer un trío con ella y con Julia. Me arriesgué a perderlo todo o alcanzarlo con esa frase sentenciadora. Esa petición por el contrario, la excitó aún más y su reacción fue coger mi polla y posicionarla en la entrada de su coño que estaba bastante empapado, a la vez que me preguntaba sugerentemente, si me gustaría follarlas a las dos. Nada más concluir su pregunta, mi pene ya estaba dentro de una estocada a modo de respuesta.

    Mientras iba penetrando y sacando suavemente, Laura me preguntaba que me gustaría hacerles cuando estuvieran desnudas y frotando sus coños húmedos. Dichas cuestiones hacían que la excitación de ambos fuera in crescendo. Yo no respondía, tan solo me centraba en aumentar mis embestidas que hacían que los senos de Laura se adosaran al cristal de la mampara, golpeándola a cada movimiento. El deseo estaba concentrado en ese pequeño espacio de ducha y no paraba de crecer a medida que se iba haciendo más intensa la follada. Los sonidos se amplificaban con la reverberación del baño; gemidos, golpes de cadera de las embestidas, dedos friccionando el cristal de la mampara en un intento de contener el placer, etc…

    Una gran melodía de sonidos que junto a algunas frases que Laura me decía, hicieron del baño, el lugar más lascivo y placentero del momento. Ambos estábamos en un éxtasis frenético y no tardaríamos mucho en corrernos por la temperatura que estaba cogiendo la situación. La estaba penetrando con intensidad mientras agarraba su cintura con fuerza. Laura me pidió que le tocase sus senos. Con mi mano derecha agarré su pecho y froté mis dedos en su pezón que estaba durísimo mientras que con mi otra mano trataba de asegurar que su cuerpo no se separará en ese momento, ya que íbamos a llegar al clímax. Los dos jadeábamos sin parar, le pedí de corrernos a la vez y ella en ese momento llegó al orgasmo mientras seguía embistiéndola contra la mampara. Me pidió que le diese mi néctar, que quería saborear mi esencia.

    Solo con decirme esa frase y seguir escuchando sus jadeos, me separé y saqué mi pene. Laura se arrodilló frente a mi y sin contemplaciones, agarró mi polla con su mano derecha y empezó a chuparla sincronizando el movimiento de su mano con el ritmo de su mamada. En unas pocas sacudidas, hizo estallar todo el placer acumulado en su boca, mientras no dejaba de chupar. Relajó el ritmo tratando de asegurar que no quedase nada sin tragar, recorriendo con su lengua todo mi miembro haciendo hincapié en los pliegues de mi glande. Su mirada contemplaba mi cara de éxtasis total, mientras yo me sostenía agarrándome a sus hombros. Se reincorporó y me abrazó, fundiéndonos en un apasionado beso.

    Salimos de la ducha y mientras nos secábamos, me comentó que Julia y ella habían estado hablando en la playa y que como buenas amigas que eran no les importaba compartir. Al principio me dio cierto reparo pero una vez que ella empezó a entrar en detalles, dicha timidez se fue tornando en una nueva excitación. Se sinceró conmigo diciéndome que en alguna ocasión, Julia y ella habían tenido sexo y les apetecía tener una nueva experiencia que en este caso me incluía a mi. También me dijo que el hecho de incitarme en la ducha con la fantasía de formar un trío con ellas, había sido planificado esa misma tarde mientras estuvieron solas en el agua contándose mutuamente como habían sido sus contactos conmigo y lo excitadas que se pusieron al retroalimentarse con sus propias experiencias.

    Ante esta confesión de Laura mientras se ponía una loción hidratante sobre uno de sus muslos que tenía en alto, pude ver su vagina totalmente depilada. Un nuevo impulso volvía a mi mente y a mi miembro, que volvía a tener una nueva erección ante la escena que estaba viendo y escuchando. Ella se percató de que mi pene volvía a ponerse duro y me dijo que me relajase y me dejase llevar, que lo bueno estaba por llegar. Traté de contener mi emoción y excitación, pero interiormente pensaba que todas las vacaciones que hace uno en su vida no tienen un giro tan inesperado como el que estaba teniendo.

    Por ello era el momento de pronunciarme con la misma sinceridad que Laura había tenido conmigo. Aprovechando que era mi turno de réplica, me acerqué a ella mientras cogía su otra pierna y levantándola para apoyarla sobre una banqueta, extendí unas líneas de crema hidratante sobre su muslo para extenderla sutilmente mientras le susurraba al oído mi deseo irrefrenable de formar ese trío que me había propuesto minutos antes. Le dije con todo lujo de detalles que desde que las vi haciendo el checking esa misma mañana, se había despertado en mi la fantasía de follarlas a las dos, de hacer un trío insaciable, de disfrutar viendo como una a otra se comía su coñito mientras yo penetraba, de disfrutar intensamente los placeres que nos brindaba esa situación, en ese momento y en ese lugar. Con esas palabras que le narraba y con el masaje en su muslo, conseguí una vez más poner duros sus pezones y que su mirada encendiera fuego.

    Mi mano se fue acercando a su rajita y delicadamente acaricie con mis dedos sus labios que tras un leve frotamiento, volvieron a empaparse sin llegar a introducirlos. Dejé de hablar y fui bajando desde su oído hasta su cuello dando pequeños besos hasta llegar a sus pechos, comencé a ensalivar sus pezones que ahora estaban más duros. Tras extenderme más de un minuto en cada uno y seguir frotando mis dedos, Laura comenzó a suspirar y dar unos cortos pero intensos jadeos. De repente, paré de acariciar su clítoris y de chupar sus pezones. Abrió sus ojos y con mirada inquisidora me dijo que porque paraba.

    Al igual que ella hiciera dos minutos antes, le dije con tono pícaro, que se relajase que lo bueno estaba por llegar. Los dos comenzamos a reírnos mientras me decía que estaba mojada de nuevo y de esa forma la iba a tener rabiosa durante la cena. Le dije que esa era mi finalidad, tenerla «rabiosa», a lo cual no pudimos evitar reírnos con complicidad. Salimos del baño a vestirnos y el teléfono de Laura sonó. Era un mensaje de WhatsApp de Julia diciendo que en 10 minutos estaba lista. Mientras ambos nos vestíamos, puse la tele para buscar alguna emisora de radio y poner música mientras nos arreglábamos.

    A la primera búsqueda di con Radio 3 que en ese momento sonaba el «Heavenly Maybe» de Gengarh, menudo temazo para arrancar la noche y para terminar de vestirnos mientras lo bailábamos. Justamente fue terminar la canción, cuando sonó la puerta. Laura abrió y allí estaba Julia, espectacular con un vestido corto blanco de estilo ibicenco que resaltaba sus curvas y su piel bronceada. Laura optó por un mono corto con escote de pico que mostraba sus hombros y sus muslos. Salimos del hotel en dirección al restaurante donde teníamos la cena y donde después, esta historia tendría un antes y un después. Pero eso lo contaré en otro momento…

  • El chico de la motocicleta

    El chico de la motocicleta

    Por la situación de la cuarentena por el Covid19 decidí pasar un tiempo en la finca que mis tíos tienen en la costa, ya llevaba dos semanas en casa de mis tíos que ya son viejitos por lo que la compañía les venía bien, estaba bastante aburrido así que pasaba bastante tiempo en mis redes sociales donde publiqué una foto mía con la ubicación y casi de inmediato me llegó la notificación de que un chico había reaccionado y luego me escribió empezamos una conversación un tanto ambigua en la que me cometo que vivía en el mismo pueblo que yo estaba, me apresuré q ver todas sus fotos y me pareció atractivo 26 años piel canela clara, una hermosa sonrisa, de rostro agradable un buen torso ya que tenía algunas fotos sin camisa en el chat hablamos de algunos temas ente ellos de qué yo estaba aburrido en casa de mis tíos porque no había mucho que hacer y me dijo:

    -Pero sal a dar una vuelta por dónde tu estás hay bastante campo y no es peligroso

    -Si todas las tardes salgo a caminar pero no hay mucho que ver

    -Jajaja que querrás ver también

    -Jaja eso depende no hay muchos amigos acá, tu no te aburres?

    -Yo tengo una moto y salgo en ella así que no me aburro

    -Bueno deberías lléveme contigo

    -Si sería bueno ir a dar una vuelta  algún lugar por ahí

    -Si algún lugar bonito y solitario

    -Jajaja podría ser

    Así pasaron los días entre salir a caminar y estar en casa hasta que un fin de semana me escribió el chico y me dijo que salgamos a dar una vuelta en la moto y gustoso acepte, al medio día llego a verme estaba vestido con una gorra negra camiseta gris bermuda de Jean y unos zapatos deportivos tenía puesta la mascarilla por lo que no se le veía del todo bien el rostro, en fin yo lo saludé y me subí en la moto y él me dijo:

    -Agárrate de mi fuerte no te vayas a caer

    -Puedo agarrar con confianza

    -Jajaja si agarra con confianza

    Puse mis manos alrededor de su abdomen y me sostuve de él salimos por una vía rural yo aprovechaba para acariciarle discretamente el abdomen puesto que aún no teníamos mucha confianza y lo ambiguo de nuestras conversaciones no me dejaban claro si sólo quería un amigo con el que hablar o si quería algo más, para insinuarme con mis piernas apretaba las suyas mientras íbamos en la moto, paramos en una pequeña tienda y compramos un par de cervezas y conversamos un poco ahí me cometo:

    -Ya me hacía falta salir de la casa no te conté pero soy casado desde hace tres años vivo con mi mujer y tenemos una bebe y estar todo el tiempo en casa me está volviendo loco

    -En serio no sabía que eras casado no me dijiste nada de eso

    -Pensé que no era importante

    -Y cómo así me así me escribiste?

    -Vi tu foto y que estabas por acá me pareces agradable y quise conocerte

    -Ya que bueno lo malo que eres casado

    -Jajaja y eso que tiene de malo, bueno mi mujer si es celosa

    -No creo que te cele por salir con otro hombre

    -Por eso te dije para salir hoy para conocerte y ver qué se hace

    -Jajaja que se hace de que si eres casado

    -Jaja ya tanto tiempo en casa uno piensa cosas que quiere experimentar, vamos conozco un lugar fresco hasta dónde podemos ir

    Subí en la moto nuevamente un tanto decepcionado del hecho que mi nuevo amigo era casado pero a la vez inquieto por lo que me dijo de experimentar cosas, en fin decidí arriesgarme e intentarlo por lo que  mientras íbamos en la moto con mis manos en su abdomen empecé a bajarlas suavemente acariciándolo hasta que sentí su bermuda puse mis manos sobre su entrepierna y el no dijo nada así que  apreté mis manos  y pude sentir que su pene se estaba poniendo duro sentía cómo iba creciendo mientras lo tocaba el continuaba en silencio y solo se desvió por un camino estrecho que llevaba por un lugar solitario en medio del monte, llegamos hasta un lugar donde estacionó la moto y quedamos medio ocultos tras unos arbustos, ahí me él me dijo:

    -Jajajaja si que te agarraste con confianza

    -Perdón, no pude evitarlo me pareces guapo y cuando me escribiste y dijiste para salir pensé que era para hacer algo

    -La verdad es que si me di cuenta que te gustaban los hombres y me da curiosidad nunca he hecho nada con un hombre cómo te dije me casé joven y hay algunas cosas que no he experimentado

    -Y quieres hacer algo o que

    -Vi un meme que decía que no sabes lo que es una mamada hasta que otro hombre te la ha hecho y eso es lo que me da curiosidad

    -Si tú quieres yo te puedo ayudar con eso

    -Dale por eso te traje hasta aquí

    Se desabrocho la bermuda y se la empezó a bajar de inmediato le ayude ya que me excita ser yo quien saque la ropa, me puse de rodillas y le acaricie el paquete que se le marcaba en el bóxer negro que tenía puesto se sentía humedecido por el preseminal  que había salido ya después de que lo fui acariciando durante el recorrido en moto, suavemente fui bajando su bóxer para dejar al descubierto su miembro que era grueso y de unos 18 cm  era evidente que esperaba que se dieran las cosas conmigo porque estaba recién rasurado y perfumado  lo que le hacía más atractivo, lo empecé a masturbar le baje el prepucio  dejando la violeta y gruesa cabeza descubierta y me lo metí en la boca, lo succionaba suavemente aumentando el ritmo y metiéndomelo cada vez más más, el tomo mi cabeza y empezó a hacer movimientos metiendo y sacando su verga de mi boca eso me puso súper caliente por lo que lo cogí de la base y me empecé a dar golpes con su verga por mi cara sobre todo en mis labios eso lo puso como loco y me quitó mi mano para con la verga en su mano continuar haciéndomelo el, aproveche y empecé a lamer sus testículos los metí en mi boca y los chupé.

    Me puse de pie frente a él me quite la camiseta y me baje los pantalones le tome sus manos y las lleve hasta mis blancas nalgas él empezó a apretarlas y manosearme me introdujo un dedo en mi culo y solté un gemido, lo tomé del cuello y lo empecé a besar el solo se dejó llevar y me correspondió los besos, le quite la camiseta y le lamí sus masculinos pezones tenía un tatuaje en su pectoral y eso me excito, baje y mientras acariciaba sus firmes y gruesos muslos le empecé a chupar la verga nuevamente él me dijo entre gemidos:

    -Que rico que la mamas

    -Si te gusta

    -Verga me encanta es la mejor mamada que me han hecho

    -Que rico me gusta saber que lo hago bien

    -Que más haces bien

    -Averígualo

    -Quiero meterte la verga

    -Qué esperas no digas nada solo hazlo

    -En serio si me dejas culearte

    -Me tienes bien arrecho hazme lo que quieras

    Me saque por completo la ropa y me deje llevar él se prendió a chuparme los pezones y eso me hacía retorcer de placer yo le estaba sobando su verga con la mía y él me empezó a meter los dedos en mi culo que estaba cada vez más abierto y listo para dejarme penetrar, me dio la vuelta y me hizo subir en la moto con mi culito parado se puso detrás mío y empezó a lamérmelo eso me encantaba, luego me tomo de la cintura y me halo hasta la párate de atrás de la moto aplastando mi espalda me hizo quedar en cuatro recostado sobre la moto y con mi culo a su alcance tomó su verga con la mano y empezó a metérmela sentí un poco de dolor porque llevaba tiempo sin hacerlo y ante mis quejido me la saco se puso saliva en sus dedos y me lubrico para metérmelo nuevamente esta vez entro con más facilidad por lo que empezó a follarme el culo aumentando el ritmo su gruesa verga me causaba tanto placer que yo gemía eso le excitaba y me penetraba con más fuerza y más profundo cada vez después de un rato dándome duro me dijo que me pusiera como si yo estuviera manejado la moto y el se puso detrás de mi levante un poco el trasero y de un tirón me la metió toda, con sus manos en mis pechos empezó  jugar con ellos pellizcando mis pezones mientras me dada por el culo apretaba su pecho contra mi espalda mi me besaba la nuca en eso me dijo:

    -Verga que rico estás me vas a hacer venir

    -Vente quiero sentir tu leche

    -Dónde quieres que te la eche

    -Dónde tu quieras

    -Quiero en tu boca

    -Dámela papi

    -Quiero que te la tragues toda

    Nos bajamos de la moto y me puse de rodillas frente a él que se arrimó a la moto y en un par de sacudidas de su verga dejo salir unos espesos chorros de semen que terminaron por mi cara y en mi boca acabo tanto que tuve que hacer un esfuerzo para no atragantarme pero aun así me la pase toda.

    Nos limpiamos vestimos y salimos del lugar mientras íbamos por la vía a mi casa paro en una curva donde nadie nos veía y me dijo:

    -Me gustó mucho hacerlo contigo

    -A mi igual lo sabes hacer muy rico

    -Si tu quieres y no te importa que sea casado lo podemos volver a repetir

    -Si me da cosas que seas casado pero también me excito mucho la forma en que lo hicimos

    -Si hay algo que quieras hacer solo dímelo y vemos cómo hacerlo

    -Seguro verás que soy muy fantasioso

    -Jajaja solo escribe discretamente y si puedo hablar del tema yo te lo digo

    -Dale así lo haré tendré cuidado al escribirte

    -De una

    Me dio un beso súper apasionado me tocó el culo y me pasó dejando por la casa de mis tíos, de ahí hablamos sobre qué fantasías se nos ocurrían y que podíamos hacer para salir un día de estos y así lo hicimos ya les contaré cuál fue la fantasía que realizamos juntos.

  • Mentirosa compulsiva, entre otras cosas

    Mentirosa compulsiva, entre otras cosas

    Benedicta, una joven de 26 años, de un metro sesenta centímetros de estatura, morena y guapa que estaba comiendo pato a la naranja con el cura en la cocina de la casa parroquial, y le decía el cura:

    -Los muchachos de este pueblo hacen orgías homosexuales en el monte.

    -¿Y tú cómo sabes eso, Nicolás?

    -Me lo contó Pancho.

    -¿En confesión?

    -Sí, en confesión.

    Fue como si le dijera que hacía un sol de carallo. Sabía que su primo se pasaba el secreto de confesión por el forro de los cojones. Mientras echaba gaseosa a un vaso con vino tinto, le preguntó:

    -¿Y qué piensas hacer al respecto?

    -Nada. Son cosas de juventud. Una etapa. No creo que ninguno de ellos acabe siendo maricón.

    -Si acaso bisexual cómo tú, ¿no?

    -Puede.

    -¿Ya se la mamaste a Pancho?

    -Sí.

    -¿Y le desvirgaste el culo?

    El cura, con la boca llena, le respondió:

    -Desvirgué.

    -¿Dejaste que te diera?

    -Qué menos.

    Hablaban del pecado cómo del pan nuestro de cada día.

    Después de comer, el cura, que era un treintañero, moreno y alto, fue a sus aposentos a tomar la siesta.

    La habitación estaba pintada de blanco y no era muy amplia. Tenía el piso y el techo cubiertos con madera de roble, un armario con tres puertas y con un espejo en la puerta del medio, una mesita de noche, una ventana y en la pared de la cabecera de la cama colgaba un óleo con una mujer desnuda en una pose provocativa en vez de un crucifijo.

    Benedicta, que era prima y criada del cura, después de recoger la mesa y lavar los cacharros, fue junto a su primo y se echó a su lado. El cura estaba por encima de la cama con los zapatos y la sotana puesta, Benedicta lo besó en el cuello y en la boca y le echó la mano a la polla por encima de la sotana mientras su lengua acariciaba la del cura. Frotó su polla hasta que se la puso dura, luego se desnudó. Tenía unas tetas cómo sandías, con areolas marrones y pezones enormes, y en el coño tenía un felpudo de pelo negro. Le dio la teta izquierda a mamar. El cura, con las manos detrás de la nunca, mostrando una chulería desmedida, le pasó la lengua por un pezón después por el otro y apartó la cabeza. Benedicta, cabreada, cogió la teta con la mano izquierda y se la aplastó contra la boca.

    -¡Mama!

    El cura no le hizo ni puto caso. Benedicta se quitó el vestido, quitó las bragas y el sujetador, se echó boca arriba y se puso a hacer un dedo. El cura le dijo:

    -¡No te irás a masturbar!

    No le contestó, siguió acariciando el clítoris con dos dedos y metiéndolos dentro de la vagina. Al rato el cura levantó la sotana, cogió la polla y mirando cómo su prima se masturbaba, comenzó a hacer una paja. Poco después se besaban. Luego el cura fue a por sus tetas, si antes se las despreciara, ahora, mientras la meneaba, se las devoró, sí, devoró, se las lamía, se las chupaba y le mordía tetas y pezones. Benedicta, con el placer que le proporcionaba masturbarse y que le devorara las tetas, se puso de un cachondo subido de tono. Dándole la espalda, le puso el coño en la boca, le cogió la polla y se la mamó haciendo un 69.

    El cura sacó la lengua y dejó que Benedicta se diera placer moviendo el culo… Pasado un tiempo, al ver que se iba a correr si se seguía frotando en la lengua, puso su coño mojado sobre la polla, la clavó hasta el fondo y después folló a su primo con clavadas tan fuertes que mismo parecía que le quería romper la polla. El cura tenía poco aguante. No le duró ni cinco minutos. Al correrse puso sus manos en su gordo culo y empujó. Quería quitarse de encima a Benedicta, pero la muchacha ya se empezara a correr y jadeando cómo una perra, apretó aún más su culo contra él.

    Al acabar, le dijo el cura:

    -¡Puede que quedaras preñada, insensata!

    -Tranquilo, si eso pasara no le iba a decir a nadie que es tuyo.

    -Eso espero.

    Benedicta sacó la polla, se dio la vuelta y le puso el coño en la boca.

    -Toma, que sé que te gusta.

    El cura la cogió por la cintura, lamió el coño y se tragó su semen y los jugos de su prima, que le preguntó:

    -¿Cómo tiene la polla Pancho?

    -Larga y delgada.

    Pancho era un amigo mío, alto cómo un castillo y que aparentaba ser formal, aparentaba, ya que cuando los de la pandilla jugábamos en el monte a «me la chupas» él se iba y decía que no se la chupaba a nadie. El cabrón mentía bien, pues todos lo creíamos.

    El «me la chupas» consistía en hacer pajas en parejas, para lo cual se tiraba una moneda al aire y se pedía cara o cruz, las caras se las tiraban con las caras y las cruces con las cruces y al que se corría antes que el otro se la tenía que chupar la pareja que le tocara, y chupar hasta que se corría otra vez.

    Los nueve andábamos entre los dieciocho y los diecinueve años. Éramos, Pancho, moreno, muy alto, delgado y el más guapo de la pandilla. Cascorro, moreno, bajo de estatura, gordito y con cara de bonachón. El Tirillas, de estatura mediana, moreno, flaco cómo un fideo y difícil, de ver. El Miñoca, estatura mediana, moreno, fuerte, no muy difícil de ver y con la polla muy delgadita. El Llorón, medio rubio, fácil de ver y un cagado ante las peleas. Pampín,  moreno, de estatura mediana, bastante agraciado y un busca pleitos. El Cañotas, moreno, de facciones duras y complexión, fuerte. Lucho, moreno, de estatura mediana, ni guapo ni feo y un poco chulo, y por ultimo yo, moreno, de estatura mediana, musculado y ni guapo ni feo ni todo lo contrario.

    Os pongo en situación. Pancho se había ido, los otros en medio de un pinar, de pie, con la polla fuera, la sacudíamos con los ojos cerrados y concentrados cada uno en una chavala, bueno, yo no, a mi siempre me gustó pensar en mujeres casadas. Dándole leña al mono, oímos decir a Pancho:

    -Mirad que os traigo.

    Abrimos los ojos y vimos que Pancho traía cogida por los pelos a una mujer y le tapaba la boca con la otra mano, era Benedicta, la prima del cura. Lucho, el mayor de la pandilla, le dijo a Pancho:

    -¡Qué haces, retrasado! ¡¡Te va a moler a palos la guardia civil!!

    -Os estaba espiando y se tocaba el coño.

    Aquello ya cambiaba las cosas.

    -¡No jodas! La prima del cura es una pajillera

    Pancho, estaba crecido.

    -Eso parece.

    Benedicta llevaba puesto un vestido marrón oscuro que le llegaba a los pies y calzaba unas sandalias. Para nosotros era un misterio el cuerpo que había debajo. La rodeamos. Pancho le quitó la mano de la boca. Con cara de asustada, nos preguntó:

    -¡¿Qué me vais a hacer?!

    Lucho, le respondió:

    -Te vamos a follar los nueve.

    Se puso altiva.

    -Os denunciaré si me folláis.

    Lucho le bajó los humos.

    -A ver, Benedicta, te vamos a follar sí o sí. ¿Quieres que sea por las buenas o quieres que sea por las malas?

    -Iréis los nueve a la cárcel.

    Lucho, besando su cuello, le dijo:

    -No atreverás a contarlo. Quedarías cómo una puta.

    Benedicta se encontraba en un apuro. Tenía tres manos en el culo, dos en las tetas, dos bocas en el cuello, una mano en el coño, que era mi mano derecha, y a Lucho queriendo comer su boca. Le entró el calentón y cómo era rápida pensando, apartando la boca de la de Lucho, dijo:

    -¿Y si os la chupara a los nueve?

    Lucho iba a piñón fijo.

    -Eso ya lo podemos hacer nosotros.

    Yo iba a lo mío.

    -A mí si me dejas que te coma el coño…

    Pancho también se conformaba con poco.

    -Y a mí si me dejas que te coma el culo…

    Cascorro también pasaba de meter y sacar.

    -Yo me conformo con desnudarte y que me la mames.

    Los otros se conformaron con la mamada. Lucho se quedó solo en su afán de meter.

    -Vale, la mayoría gana. No te follaremos el coño. Ataca, Cascorro.

    Cascorro, que el más bajito de la pandilla, la desnudó. Al quitarle el vestido, el sostén y las bragas vimos lo que había debajo, unas tetas grandiosas con areolas del color de su vestido, unos pezones enormes y un coño muy peludo. Benedicta, vestida solo con unas medias marrones, unas ligas negras y calzando las sandalias, se puso en cuclillas, cogió dos pollas, la del Llorón y la del Miñoca y se las sacudió. Lucho se la metió en la boca… Al rato, el Tirillas se corrió en su espalda, Lucho, en su cara. Las pollas del Llorón y del Miñoca las frotó en sus tetas cuando se corrieron. Yo me corrí debajo de un sobaco, Cascorro en su espalda, Pancho cerca de su culo y Pampín y el Cañotas en sus hombros. Quedó hecha un asco, pero caliente cómo no había estado en su vida. Lo supe porque al ponerse en pie me agache yo, la cogí por la cintura, le lamí el coño y estaba petado de jugos espesos. Se le escapó un gemido que nos puso de nuevo las pollas tiesas, luego dijo:

    -¡Para, Quique, para qué me corro!

    Sus palabras alborotaron el gallinero, mis ocho colegas comenzaron a decir lo mismo:

    -¡Sigue, sigue, sigue…!

    Seguí y Benedicta, en segundos, se encogió cómo un acordeón y cayó de culo sobre la hierba. En posición fetal y temblando, se corrió a lo bestia. Cascorro y el Miñoca se volvieron a correr, esta vez sobre sus costillas.

    Cuando se pudo incorporar. Benedicta, cogió las bragas y se limpió la leche que tenía por delante, Pancho le limpió la de la espalda y al terminar le lamió el culo. A Benedicta se le apretaron los muslos, se le separaron las pantorrillas, con ellas los pies y echó las dos manos al coño al más puro estilo Marilyn Monroe en La Tentación Vive Arriba, solo que sin falda y sin la brisa del metro. El guarro no paró ahí, y no paró porque ella no se movió mientras le frotó la polla en el ojete, y cómo no se movió le clavó la cabeza de la polla en el culo.

    Esto hizo que se pusiera tiesa cómo un palo. El Llorón y yo fuimos a por sus tetas y se las comimos. Lucho le comió la boca. Benedicta ya no se cortaba, le devolvía los besos a Lucho al tiempo que le cogía las pollas al Tirillas y a Pampín… Los otros se la pelaban. Benedicta estaba más que cachonda. Con la polla de Pancho dentro del culo se fue echando hacía atrás hasta que Pancho quedo boca arriba con ella encima. No me pude resistir, volví a comerle el coño y en nada se volvió a correr, pero esa vez pataleaba cómo queriendo huir. Aún se estaba corriendo y jadeando cuando Pancho se corrió dentro de su culo. Después se quitó de debajo de ella. Se la froté en el coño, y me dijo:

    -Mete.

    No me lo tuvo que repetir. Se la clavé. Mi polla entró cómo una bala por aquel túnel engrasado. Al llegar al fondo me cogió el culo y me apretó contra ella. Le dije:

    -Me voy a correr.

    -Corre.

    ¡Era increíble! Pasara de no querer follar a dejar que me corriera dentro de ella. El gallinero se volvió a revolucionar.

    Al sacarme yo, el Llorón y el Cañotas le pusieron la polla en la boca. Se las meneó y chupó por turnos mientras Pampín la follaba cómo un conejo… Esta vez, con unas treinta clavadas, la que se corrió fue Benedicta, diciendo:

    -¡No pares, no pares! ¡Me corrooo!

    Al sacarse Pampín, el Llorón, a punto de correrse, la montó y en segundos su corrida se unía a las otras dentro del coño. Era obvio que Benedicta quería quedar preñada. El Miñoca no quiso ser menos, pero no le dio tiempo y se corrió en su cara. El Cañotas era duro cómo una piedra y cerdo cómo él solo. Al metérsela la besó con la leche del Miñoca en los labios y la folló a romper más de diez minutos, la folló hasta que Benedicta se volvió a correr, y al hacerlo nos insultó.

    -¡Hijos de puuuta!

    Él Cañotas también le llenó el coño de leche. Lucho, le dijo al tiempo que la montaba:

    -Hija de puta, tú, hija de puta y puta.

    Lucho estaba tan cachondo que ni un minuto tardó en llenarle el coño de leche. Cuando el Cascorro y el Tirillas la follaron ya el coño echaba por fuera, y echando por fuera se corrieron dentro. Cuando la volví a follar sentí cómo si mi polla fuese un pesó que se metía dentro de un vaso de leche y la leche desbordaba. Los huevos se me encharcaban al meterla hasta el fondo. El picor se apoderó de mi polla mientras la follaba. A Benedicta le iba a venir el gusto, y esta vez lo dijo:

    -Me voy a correr.

    El gallinero se alborotó de nuevo.

    -¡Dale, dale, dale…!

    Le di, y viendo cómo mis colegas se la seguían machacando, exclamó:

    -¡¡Me corrooo!!

    Su coño echaba por fuera, y aún echó más cuando me corrí yo dentro de él.

    Seguía Benedicta tirando del aliento cuando vi venir al Miñoca y al Tirillas con la polla en la mano. Salí de encima de ella cagando leches. Sabía lo que venía a continuación. El Miñoca y el Tirillas se corrieron en su cara. El Llorón, Pampín y el Cañotas, en sus tetas, Cascorro, en su cara y Lucho en su vientre.

    Después de regarla pasó sus manos por la leche y se dio una especie de masaje en la cara, en las tetas y en el vientre. Acabó echando la mano al coño y después se chupó los diez dedos. Quedamos anonadados, todos menos el Cañotas, que le echó las manos a las axilas, la levantó en alto en peso y se la clavó en el coño, Benedicta, rodeó su cuello con los brazos, lo besó y después dijo:

    -Que alguien me la meta en el culo.

    Se formó una fila india. Yo me puse de último, por las dudas. El Miñoca fue el primero y se corrió sin haberla metido del todo. Pampín duró mucho, tanto duró que Benedicta se corrió sacudiéndose una cosa mala y mordiéndole a El Cañotas en el cuello. Después fue Pancho, al que no le dio reparo ver salir la leche de Pampín del culo, bueno, ni a él ni a nadie. El caso fue que el culo se fue abriendo y cada vez le daba más gusto la doble penetración a Benedicta. Como ya dije, yo fui el último. Cuando se la metí en el culo el Cañotas y Benedicta se estaban corriendo juntos y se comían las bocas. Al meterla sentí las contracciones de su culo, me quedé quieto y mi polla reaccionó soltando leche por un tubo.

    Después de esto, Benedicta se vistió y regresó a su casa. Iba fresca cómo una rosa y nosotros quedamos agotados. Era mucha mujer de Dios.

    Al llegar a casa le contó con pelos y señales a su primo el cura lo que había ocurrido en el monte. Acabó diciendo:

    -… Así si el otro día quedé preñada ya tenemos a quien echarle la culpa.

    El cura tenía un empalme brutal. Se levantó de la silla y le quitó el vestido. Vio sus bragas blancas llenas de manchas amarillas que hiciera la leche al secar. Se las quitó mientras Benedicta sacaba el sujetador. Se agachó y vio la leche seca cubriendo los pelos de su coño y toda la raja. El muy cerdo, jadeando cómo un perro le lamió los pelos, el coño y después todo el vientre, las tetas, la cara, le comió la boca, a continuación la cogió por la cintura y la arrimó a la mesa de la cocina. Sin anestesia le clavó la cabeza de la polla en el culo, al tiempo que le decía:

    -¡Toma, puta!

    Mientras la polla entraba forzando su culo, Benedicta, le dijo:

    -¡Maricooon!

    Ni maricón ni hostias, agarrándola por las tetas le dio caña brava… Poco después, cuando el cura se iba a correr, la sacó y le dijo:

    -¡Mama, perra!

    Benedicta le dio media docena de mamadas, después se levantó, le plantó un beso con lengua, se volvió a dar la vuelta, separó las piernas, y le dijo:

    -Métela en el coño y córrete dentro.

    Le mordió las nalgas, le lamió el coño y después le folló el ojete con su lengua. Al metérsela en el coño ya los dos estaban a punto para descargar. El cura la folló lentamente para no correrse tan pronto, pero Benedicta quería correrse, y quería correrse ya. Movió el culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante a la velocidad del rayo hasta que se detuvo, y en bajito dijo:

    -Me corro. Lléname.

    El cura, sintiendo cómo gemía, cómo temblaba y cómo le apretaba la polla y cómo la bañaba, le llenó el coño de leche a su prima.

    Cuando se separaron le dijo Benedicta:

    -Lo del monte fue mentira, Nicolás.

    -¡¿Qué?! ¿Y la leche seca en el coño?

    -De una paja.

    -¿Y ese sabor a semen de tu cuerpo?

    -Todo meo. Te autosugestionaste.

    -¡¿Por qué me engañaste?!

    -Para que te volvieras a correr dentro. Quiero tener un hijo tuyo.

    -¡Serás!

    Mentirosa compulsiva, es lo que era, entre otras cosas.

    Quique.

  • Una despedida de soltero memorable

    Una despedida de soltero memorable

    La historia que les contaré sucedió hace un par de años,  en ese entonces tenía 30 años, uno de mis mejores amigos se casaría ese año por lo que decidimos organizar su despedida en Playa del Carmen, esa siempre ha sido la tradición, cómo ya conocemos la zona, las fiestas, tenemos quien nos renta departamento y nos resuelve el día a día entonces simplemente es algo natural ir ahí.

    Volamos desde CDMX a Cancún para luego tomar una camioneta y llegar a Playa del Carmen, todo iba como siempre, parar por cerveza antes de llegar, comprar lo que necesitaremos (bebida para embriagarnos ese día, yo soy más de whisky aún en la playa) pero también comprar bebidas para la mañana siguiente, la edad ya no es la misma de antes jajaja.

    Después de estar tomando en la alberca subimos a arreglarnos ya que esa noche iríamos de antro, la verdad es que me considero vanidoso, así que subí y me bañé, les explicaré cómo soy, mido 1.73, cabello negro, tengo barba pareja, pero solo como si fuera bronceado, o sea esa que cada día con la máquina me rebajo con la 1 para que simplemente se note, no soy el más galán, pero digamos que tengo buena cara, tengo algo de pancita, pero me mantengo atlético, saliendo de bañarme comencé a ponerme mis productos para el cabello, me puse pantalón de mezclilla y camisa blanca con mis tennis blancos, la verdad es que jamás me ha gustado usar bóxers en la playa, siento mayor libertad al estar así.

    Seguimos tomando en el departamento hasta que se hizo la hora de irnos, mi plan era sencillo, voy a ir, ponerme la borrachera de mi vida y regresar a dormir porque al día siguiente el plan era igual, llegamos a la mesa y pedimos las botellas, justo al lado de nosotros vimos una mesa de mujeres, todas de nuestra edad y comenzamos a platicar con ellas.

    Después de media hora me dieron ganas de ir al baño, camino al baño noté una mesa de chicas, parecían de universidad, pero entre todas las que había, que vaya eran como 15, la vi a lo lejos.

    Desde que la vi me quede atontado, aún recuerdo, piernas largas y bronceadas, usando tacones negros, llevaba un short blanco, short pequeño que apenas lograba cubrir su majestuoso y bien formado trasero, arriba una blusa negra, que le dejaba toda la espalda libre, pero eso no era lo mejor, dejaba ver el side boob, por si no lo saben, es una moda que me fascina donde las mujeres dejan ver el lado de sus senos, sus senos eran pequeños pero en su lugar, puntiagudos y bien paraditos, tenía ojos color café y su cabello era castaño claro.

    Seguí al baño, ya que moría de ganas, y al salir con toda la idea de hablarle me encontré con que ya una bola de mocosos estaba sobre ellas intentando hablarles, me seguí y regrese a mi mesa, al llegar uno de mis amigos me dijo que habían logrado seguir la fiesta a casa de las chavas de nuestra edad, pero que aún seguiríamos ahí.

    Continué tomando y después de varios shots, noté cómo un chico se acercaba a ella, la vi desde lejos en la barra pidiendo algo y el tipo este intentaba coquetearle, pero ella tenía una cara de desagrado y el tipo no se iba, supe que era mi momento.

    Me dirigí a la barra y haciendo contacto directo a sus ojos, fue casi como si me leyera la mente, llegué y le dije “ya listo, salí del baño y no te encontraba y asumí estarías pidiendo los shots” ella al escuchar esto me siguió la corriente y con esto hizo que el tipo se fuera, pedí dos shots de mezcal y nos lo tomamos, comencé a platicar con ella unos minutos y noté cómo no traía brassiere, sus pezones se marcaban totalmente sobre la blusa lo cual hizo que me comenzara a excitar, en mi pantalón comenzó a marcarse mi pene, debo ser honesto, no es la gran cosa, mide alrededor de 16 cm, pero es grueso, lo cual siempre me ha beneficiado debo confesar.

    Después de los shots comenzamos a bailar un poco y esto solo lograba que pudiera rozar su piel con mis manos, haciendo que mi verga estuviera cada vez más y más caliente, la giré y comencé sutilmente a rozar mi verga contra su trasero, su respuesta fue comenzar a frotar contra mi cuerpo su gran culo, al sentirlo mis manos se posaron sobre su cintura y de golpe la presione contra mi.

    Al sentir mi verga se acercó a mi oído y me dijo, “parece que alguien está emocionado” a lo que sutilmente le contesté, “al parecer no soy el único” mientras rozaba sus pezones duros sobre la blusa. Ella rio con una sonrisa pícara, al instante le dije que esta noche lo único que pasaba por mi mente era en hacerla tener el mejor orgasmo que ha tenido en su vida y cogérmela, ella abrió los ojos sorprendida pero no dijo nada y solo siguió bailando pegándose a mi.

    Al cabo de 5 minutos pedí otro shot y solamente la tomé de la mano, ella no dijo nada y comenzó a seguirme, salimos del antro, pedí un Uber y puse destino al departamento, en el momento en que subimos la senté sobre mis piernas frente a mi y comencé a besarla apasionadamente primero cruzábamos nuestras lenguas para después morder su labio inferior.

    El camino se me hizo demasiado corto, llegamos, ella se acomodó su cabello y bajamos, al bajar le dije, por cierto cómo te llamas a lo que me contestó diciendo que se llama Julia y que tenía 23 años, la tomé con mi mano en su gran culo y le dije, bueno Julia después de ti.

    Llegamos al elevador y volví a besarla aunque esta vez mis manos no paraban de apretar su culo, se abrió la puerta, entramos al departamento y con mis manos en sus piernas la cargué besándola, ella entendió y apretó sus piernas alrededor de mi cintura agarrándose mientras continuaba besándola, entramos al cuarto y la dejé caer contra la cama

    Me incline y la seguí besando mientras mis manos recorrían su delicioso cuerpo, intenté subir su blusa para quitarla pero no se podía, no subía, a lo que me dijo que no era blusa normal, ni tardo ni perezoso, no había entendido pero me valió y le desabotone los shorts, baje el cierre y los baje de golpe, logrando sacarlos sin necesidad de quitar los tacones, al voltear a ver su vagina entendí lo de la blusa, era de esas que tienen unos botones justo en la zona de la vagina cómo si fuera un traje de baño, abrí los botones en un segundo y ahora si pude sacar la blusa, estaba volviéndome loco, me detuve un segundo para apreciar sus deliciosos pezones rosados duros, tenía una aureola pequeña y un par de tetas deliciosas de igual manera note que no llevaba panties lo cual hizo que me calentara más, tenía solo un poco de vello en la parte de arriba del clítoris, pero todo lo demás depilado.

    Después de unos segundos ella se levantó un poco y comenzó a besarme mientras me quitaba la camisa, al bajarme los pantalones vio cómo mi verga estaba totalmente dura y salto de golpe, debo confesar que me rebajo el vello lo cual hace que mi verga luzca mejor y un poco más grande.

    Me quite los tennis y el pantalón y la recosté de nuevo, comencé a besar sus tobillos sin quitarle los tacones y de ahí fui subiendo por la pierna, al llegar a la rodilla brinque al otro tobillo e hice lo mismo aunque en esta ocasión subí hasta el interior de los muslos, brinqué a la otra pierna y subí hasta la ingle, ella misma separó las piernas y pase mi lengua por su ingle de abajo hacia arriba y después brinqué a la otra ingle haciendo lo mismo, me acerqué a su vagina, esta olía a sexo mientras la escuchaba acelerar su respiración, me acerque lo más que pude a su clítoris y sin tocarla solamente sople sobre el clítoris y subí rápidamente a comerme sus tetas.

    Comencé a lamer alrededor del pezón, después a chuparlo y besar alrededor de la teta mientras mi otra mano masajeaba su otra teta, primero suave pero cada vez presionando un poco más, así estuve unos minutos comiéndome una y luego otra hasta que le di una mordida suave a su pezón y subí para besarla.

    Mientras la besaba ella recorría sus manos por mi espalda y mi cabello utilizando sus uñas rasguñando un poco, después baje hasta su pussy y comencé a lamer suavemente su clítoris, logrando que poco a poco fuera creciendo, comencé a lamer alrededor de él y después succionarlo, mientras mis dedos subían a su boca, ella entendió y los lamió y chupó, era el dedo índice y el del medio de mi mano derecha, los baje y los coloqué en la entrada de su pussy, mientras le seguía haciendo el oral comencé a meter mis dedos a lo que ella comenzó a gemir más fuerte, giré mis dedos para que los dedos quedaran boca arriba y comencé a masajear su punto G mientras lamía, chupaba y besaba su clítoris cada vez más fuerte,

    Cada vez aceleraba un poco más y note cómo ella me veía directamente a los ojos, en ese momento ella puso sus manos sobre sus tetas y comenzó a masajearlas y mover su cuerpo, una de sus manos fue a mi cabeza mientras la otra apretaba su pezón, continué y solo la escuché decirme

    “Eres un cabrón, ve cómo me tienes no te detengas que quiero terminar en tu boca” al decirme esto me calenté mucho más y continué, esta vez ella no paraba de decirme “cabrón que delicioso” y note cómo me presionaba más y más la cabeza para después arquear su espalda, mis dedos comenzaron a sentir cómo el interior de su pussy se contraía hasta que estalló en un orgasmo, sentí cómo si pussy se humedeció mucho y solo la escuché decir, “ya cógeme, hazme tuya”

    En ese momento me levanté y me acerqué a su boca, ella tomó mi verga y comenzó a lamer la punta, pasándola alrededor pero de igual manera comenzó a justo presionar con su lengua el hoyo de la punta de mi verga mientras sus dedos masajeaban mis testículos, continuo así unos segundos y después de golpe metió mi verga a su boca haciéndome una deliciosa mamada, cada que entraba su lengua se movía lo cual hacía que todo fuera más delicioso.

    Me coloqué justo en la entrada de su vagina, tomé mi verga y comencé a rozarla contra su clítoris y después darle como latigazos a su clítoris con mi verga, la puse en la entrada y de golpe se la metí hasta el fondo, ella gritó y comenzó a apretarse sus tetas, inicie a entrar y salir suavemente pero cada vez metiendo más velocidad, después unos dos minutos de meterla así, coloqué sus brazos alrededor de mi cuello m, yo agachado besándola y sin sacar mi verga coloqué sus piernas alrededor d Emi cintura y pase mis manos por debajo de sus piernas y con fuerza me levanté, estaba yo parado, ella con sus piernas arriba de mi cintura sus manos agarradas en mi nuca y yo con mis manos en su culo la subía y bajaba una y otra vez metiéndole absolutamente toda mi verga.

    Continué así un par de segundos hasta que la baje a la cama y la giré en 4, me coloqué detrás de ella y tomé su cabello jalándolo hacia atrás, mientras mi verga seguía entrando y saliendo de su pussy, teñí un culo tan Perfecto que comencé a darle nalgadas suaves, hasta que ella me pidió que lo hiciera más duro, seguí cogiéndola y dando nalgadas cuando note que ella comenzaba a masturbarse si clítoris lo cual me hizo entender que estaba a punto de terminar, le dije que quería que terminara para mi.

    Comencé a mover mi cintura en círculos mientras ella movía su cadera a la par, note que su espalda comenzaba a moverse y sentí cómo o su vagina presionada no verga hasta que lanzo un fuerte grito y dejo de moverse.

    Saque mi verga y me acerqué a su cara, ella se puso de rodillas en el piso y comenzó a chupármela sin detenerse hasta que le dije que estaba a punto de venirme, ella presiono con sus manos sus tetas al centro y me pidió que me viniera sobre ellas, comencé a jalármela en lo que ella lamia la punta hasta que le dije que me venía, en cosa de segundos comencé a lanzar chorros de semen sobre sus tetas intentando llenar ambas, cuando deje de masturbarme ella con su lengua lamió la punta de mi verga lamiendo la última gota de semen que tenía.

    Se levantó y se dirigió al baño, yo abrí la regadera y nos metimos a bañar mientras nos tocábamos todo, se volvió a poner dura mi verga y ella se encargó con una deliciosa mamada de que terminara de nuevo, salimos y mientras nos secábamos ella vio todas las llamadas en su celular y solo me dijo que teñí que irse, no sin antes besarme y darme su número de celular…

    Después de esa ocasión solo la he visto cuando voy de trabajo a Monterrey y vaya que sigue mamándola de manera increíble.

    Si te gusto el relato avísame y veamos que podemos llegar a hacer mi email es [email protected].

  • Inicio de una sumisa

    Inicio de una sumisa

    Es el día en que tendré́ mi primer sesión BDSM. Me siento nerviosa, pero tal como mi Amo me ha ordenado, seguiré las instrucciones que me envió́ hace unos días. He estado fantaseando un poco sobre lo que pasará, pero en si, mi Amo no me ha dado ni siquiera alguna pista de lo que me espera.

    “FLUYE, OBEDECE Y AGRADE” Era el encabezado de su correo. Rápidamente me dirijo a revisar una vez más las órdenes que debo seguir:

    1.- Deberás bañarte justo antes de venir a verme, no secarás tu cabello y procuraras mantenerlo húmedo.

    2.- Hidrataras perfectamente tu piel, que tenga una apariencia suave y luminosa.

    3.- No rasuraras tu vello púbico, si descubro que manipulaste siquiera un poco la estructura, TE CASTIGARÉ MÁS FUERTE DE LO QUE CREES.

    4.- Te quiero completamente desnuda, pero a primera estancia, al presentarte ante mí, deberás usar algo que cubra tu cuerpo. Exactamente usarás un vestido negro largo que cubra casi a su totalidad tu cuerpo. Calzaras tacones, QUE USARÁS DURANTE TODA LA SESIÓN.

    5.- Deberás pintar tus labios de color rojo.

    6.- Hoy mismo antes de las 11 PM deberás especificar algún licor que sea de tu agrado, siempre consciente que no será mezclado con algún aditamento, es decir, quizá podrás beberlo directo de la botella.

    7.- Deberás traer cambios extra de ropa (interior, ropa casual, ropa para dormir) y todo lo que necesites para uso personal en caso de que decida que puedes quedarte conmigo.

    8.- Dadas las 5 pm, saldrás y tocaras a la puerta, NO CONTESTARÉ, podrás entrar y miraras hacia abajo, cerraras la puerta y esperaras recargado tu cuerpo sobre la puerta.

    9.- NO ME DECEPCIONES.

    10.- Tu collar está justamente entrando en la puerta, NO LO TOQUES, NI TE LO PONGAS HASTA QUE TU AMO LO HAGA.

    “Estoy lista!”

    Tal como lo ha pedido, he llamado a la puerta, no ha contestado, tomó el último suspiro y entro; mirando hacia abajo y cerrando detrás de mí la puerta. He titubeado un poco porque casi cambio la vista hacia enfrente, mi vista panorámica me ha hecho percatarme que no está cerca.

    Espero algunos minutos y empiezo a escuchar pasos caminando hacia mí.

    Puedo sentir su presencia cerca de mí, alcanzo a mirar sus pies, sé que estoy emocionada. Por impulso natural empieza a dibujarse en mi rostro una sonrisa y casi cuando la sonrisa está en mi cara, me voltea la cara con una cachetada. Alzó la mirada petrificada y me grita: NO ME MIRES!

    Tan pronto como agacho la mirada, mis ojos se llenan de lágrimas. Mi Amo retrocede, sé que me mira aunque no pueda contemplarlo.

    Nuevamente se acerca a mí, me da un beso en la frente y apenas se despegan sus labios y vuelve a darme una cachetada.

    Siento rabia y mi instinto me dice que debo terminar con esto, salir corriendo y nunca volver a verlo, pero a pesar de eso, sé que estoy aquí por MI VOLUNTAD y por agradecimiento a todo lo que mi Amo ha logrado en mí.

    Aunque mis ojos estallan de lágrimas acumuladas me contengo para no llorar.

    Se acerca una vez más y me comienza a besar, mi Amo me besa tan apasionadamente que lo único que deseo es tirarme a sus brazos, tan pronto siente mi mano en su cuerpo, me retira y me dice- NO HE PEDIDO QUE ME TOQUES!

    Así que, para ese punto sé que me castigara.

    Toma mi cabello en forma de una coleta y me arrodilla. Y me ordena- MIRA HACIA ENFRENTE.

    Una vez más mi Amo sale del cuarto y me deja ahí. Lo veo regresar con una fusta, así que lo sé, VA A AZOTARME.

    Vuelve a hacer una coleta con mi cabello y me levanta, mi Amo me indica que me quite el vestido negro que me ha pedido usar y que abra mis piernas, seguido de eso que ponga mis manos atrás en mi espalda, retrocede un poco, me mira y azota la fusta contra uno de mis muslos.

    Es como sentir un hormigueo caliente entre mis muslos, siento todo el calor de los golpes.

    Ahora mi Amo golpea mis senos, después mi espalda, después mis pompas, y cuando creo que me va a azotar una vez más, se detiene.

    Ahora recorre todo mi cuerpo con la fusta, se detiene un poco entre mis senos y comienza a darles ligeros golpes y los frota con la fusta.

    Baja lentamente hacia mi sexo, puedo casi sentir como la punta de la fusta empezara a tocar mi vagina, frota la fusta una y otra vez, como si estuviera masturbándome con ella, deja de hacerlo y la revisa para saber que tan mojada me encuentro.

    En mi elección de licor, como sabía que era casi como tomar un shot, elegí FIREBALL , así que saca una botella, toma un trago y se acerca a mí, me quita la cinta para depositar el licor en mi boca. Repite dos veces más haciendo lo mismo.

    Susurra- El alcohol podría ayudarte a olvidar el dolor, desinhibirte y relajarte. Este es un beneficio que te permito tener por ser tu iniciación.

    Te haré una pregunta, que solo contestaras usando un SÍ O NO, exclama.

    Estás bien?- Solo contesto que SI.

    Bien- ahora abrirás esa caja que está a tu derecha y te vestirás con lo que hay dentro de ella. Regresare cuando yo quiera. Te debo encontrar de rodillas, con las piernas abiertas, mirando hacia abajo una vez más.

    Se aleja una vez más y mi primera intuición es mirarme los golpes que he recibido, mi piel luce un tanto roja y a decir verdad estoy algo adolorida, me detengo un poco a pensar, abro la caja y encuentro un conjunto de ropa interior, con liguero y medias todo en blanco. Estoy tratando de acomodar todo en mi cuerpo, cuando regresa. MALDITA SEA! No estoy lista. ¿Cuanto se ha tardado? Ni siquiera me ha dado el suficiente tiempo de terminar.

    Me quedo quieta esperando a que mi Amo diga algo.

    Como no ha dicho ni una sola palabra, continúo terminando de ponerme la ropa.

    PARA- QUE NO VES QUE ESTOY AQUÍ́, Y QUE NO ESTAS LISTA?

    Le miro con una mirada tan enojada reclamando el poco tiempo que me dio.

    ARRODILLATE! – exclama.

    PERDONAME AMO- le digo.

    No quería hacer esto antes de tiempo, pero me imaginaba que fallarías. Escucho que toma algo de una caja.

    Una cinta roja de seda y toma mi collar.

    Sin decirme ni una sola palabra me coloca la cinta en mi boca, un poco apretada pero mi gusto, pero no puedo quejarme ante su decisión.

    MIRAME! -Me indica.

    Has firmado un contrato y en él sabemos que debo asignarle un “seudónimo” y también usar un collar que indicara que eres mía.

    Esta será la primera vez que te llame por tu seudónimo y que te colocare tu collar.

    Prosigue a atarme las manos y me indica que camine justo detrás de mi Amo y lo siga al cuarto. Ahora déjame mirarte- dice, me contempla por unos minutos y me ordena entrar a la cama.

    Acostada boca arriba me ata las manos en la cabecera, dejando completamente inmóvil mis brazos. Está bajando con sus manos sobre mí, rondando por mi cuello; mientras con una mano empieza a presionar mi cuello, con la otra empieza a liberar mis senos del brasier.

    Sigue apretando mi cuello cuando empieza a lamer y mordisquear mis pezones, a ese punto la tira de seda me impide gemir por completo y expresar la excitación que estoy sintiendo. Se mantiene en mis pechos besándolos, maltratándolos con sus manos, a su deleite.

    Se levanta de la cama y toma otra cinta, supongo que es para mis piernas, sin embargo cubre mis ojos impidiendo que yo pueda ver más de la escena erótica que estaba viviendo.

    Sigue golpeando mis pechos y cuando creo que no se va a detener, lo hace.

    Me besa una vez más, y con su cuerpo me obliga a abrir mis piernas.

    Veamos que tan húmeda estas para mí “putita”.

    Desliza dos de sus dedos en mi vagina, se da cuenta de que estoy tan lista para mi Amo.

    Me retira la cinta de la boca y me introduce los dedos con los cuales me tocó- Quiero que sepas a qué sabes- dice.

    Intento mantenerme tranquila pero estoy deseando como loca que me haga suya.

    Sigo chupando sus dedos, cuando de repente introduce su pene en mi boca, y dice: EMPIEZA LENTO, así que trato de mover mi lengua lo más sencillo posible, mientras mi Amo mantiene el ritmo y entrada en mi boca.

    Lo escucho disfrutar del placer que puedo brindarle. Se mueve un poco más cerca de mi e introduce su pene tan profundamente que casi no puedo respirar. Lo saca y vuelve a meterlo. Continúa follando mi boca a su gusto. En momentos saca su pene y lo frota en mi cara, burlándose de mí diciendo «putita» puedes ver lo que te voy a meter?

    Mi Amo se desliza justo debajo de mi cuerpo, abre una vez más mis piernas y comienza a lamerme.

    Me estremezco ante el contacto de su lengua con mi clítoris. Va de movimientos y lengüetazos rápidos a lentos, me ha mordido y jugado el clítoris. Me tiene y lo puede sentir.

    Cuando se da cuenta de que mi jadeo está llegando a un punto de excitación, para.

    Desata mis manos de la cabecera y me ordena salir de la cama. Me coloca supongo frente a su cuerpo, enseguida me jala y sienta en sus piernas. Está sentado en una silla.

    Susurra a mi oído- AHORA RECLAMARE LO QUE ES MIO. Me levanta un poco y de un sentón, me obliga a introducirme su pene de un solo movimiento.

    Solo salen de mi boca gemidos de placer, mientras me muevo en su miembro.

    Sin dejar de penetrarme mi Amo se levanta de la cama y me empuja a poner la mitad de mi cuerpo sobre la cama, sigue follándome.

    Para por un momento y pone la cuerda en mi collar, así le permite alzar mi cabeza mientras mi cuerpo está doblado.

    Di- GRACIAS AMO!- ordena. GRACIAS AMO, grito.

    Sigue diciéndolo- me ordena.

    En mi mente solo pasa el cuánto deseo a mi Amo, estoy aquí, recibiendo lo que “me merezco” por ser una buena niña.

    Cuando mi Amo está por llegar a su clímax, me arrodilla y deja caer toda su eyaculación en mi boca. Me levanta y tira a la cama.

    Ves lo que puedes conseguir si te portas bien «putita»?

    GRACIAS AMO!- contesto.

  • Cogiendo con el jefe de mi marido

    Cogiendo con el jefe de mi marido

    Les contaré una historia que pasó en mis tempos de casada, hablo de hace unos 9 años, que fue cuando me divorcié por segunda vez. Cristian y yo ya estábamos en la recta final de nuestro matrimonio.

    Y es que cuando las cosas no van bien, pues ya no van bien y se busca más el distanciamiento y forma de terminar con todo.

    En esa época yo trabajaba de secretaria en la extinta empresa de Luz, mi marido me metió a trabajar ahí por sus palancas, obviamente yo que fui modelo, edecán y bailarina y más a mis 31 años tenía un físico que idiotizaba a todos en la oficina, eso le molestaba a mi marido, pero no podía hacer nada más que reprimir su coraje en apuestas, alcohol y fiestas, el verdadero motivo del cual nos divorciamos.

    Era mediados de junio y teníamos trabajo a full, apenas si me daba tiempo de comer, las cuentas no salían y las personas de arriba estaban desesperadas, finalmente paso lo inevitable la empresa fue cerrada y la mayoría de las personas quedaron sin trabajo incluyéndome a mí y a mi marido, claro que hay quienes tienen negocios y eso no les afectaría, uno de ellos era Rogelio.

    Él se convirtió en gerente de la nueva empresa emergente y llamo a mi marido a trabajar con él, pero una tarde recibí una llamada inesperada.

    R: ¡Cindy! Me gustaría que habláramos de trabajo.

    C: Señor Rogelio, pues dígame donde nos vemos.

    R: Te mando la dirección de unas de mis oficinas.

    Debo decir que el señor Rogelio para mi gusto no estaba mal, tenía unos cincuenta y tantos años, se notaba de buen físico, tenía una cara de morboso, pero de esas caras que te incitan a ser malvada.

    Me puse mi minifalda entallada color negro, mi blusa morada y un saco, que acompañé con unos tacones negros.

    Llegue a su oficina que era más un departamento que otra cosa, me recibió una mujer madura y me pido me sentara en un sofá que ahí esperara, yo cruzada de piernas esperaba a Rogelio que salió y no dudo en mirarme de pies a cabeza y que se detuvo en mis muslos que lucían lustrosos con esa minifalda.

    R: Hola, ¡bueno pasa!

    C: ¡Gracias!

    Rogelio empezó a hablarme como el gran empresario que es, honestamente su propuesta de trabajo era buena, más porque estaba a punto de divorciarme y necesitaría ingresos para subsistir.

    R: Bueno que te aparece la oferta.

    C: Buena, ¡la acepto sin duda!

    R: Que gusto, ¡esto merece un brindis! O disculpa olvido que eres casada jajá.

    C: No se preocupe, una copa no hace daño.

    Saco un brandi y empezamos a tomarlo en las rocas, la plática ya no era de trabajo se tornó algo más personal, hablábamos de nuestra vida, él vivía una etapa monótona en su matrimonio y yo pues le confesé que mi matrimonio terminaría, él no lo podía creer, pero mi declaración hizo que la cosa se tornara más subida de tono.

    R: ¡No puedo creer que Cristian te esté dejando ir!

    C: Pues así es la vida.

    R: ¡Una preciosura como tu es para tenerla contenta y consentida!

    C: Pero así son los hombres jajá, ¡no se dan cuenta de lo que tienen!

    R: Pues yo estaría dichoso de tenerte como mujer, ¡jajá!

    C: Que cosas dices, ¡mejor deme otra copa!

    Continuamos bebiendo y coqueteándonos mutuamente, yo no sé si por el alcohol o por la situación que atravesaba, pero me sentía a gusto con el señor Rogelio.

    Las horas pasaron y la cosa se tornó más explícita, él me contaba sus aventuras sexuales con algunas mujeres, yo también le conté sobre mi vida de modelo y al parecer eso lo puso caliente, fuimos interrumpidos por su secretaria que le dijo que ya se iba, él prácticamente la corrió y quedamos solos en ese lugar.

    Él se puso de pie y me quito mi saco para comenzar a masajearme los hombros, o alcoholizada aceptaba sus caricias que me agradaban y empezaban a excitarme un poco, me sabía acariciar, sus manos grandes y gruesas empezaron a ponerme duros los pezones, me acaricié mis piernas y él notó eso y me susurró en el oído.

    R: Como te deseo…

    C: ¿Ah sí?

    R: Si, desde que te conozco, no sabes la envidia que le tenía a tu marido.

    C: ¡Uhm, que halagada me siento!

    Sus manos bajaron de mis hombros a mis tatas, lance un suspiro al sentir como sus fuertes manos apretaban mis tetas, las acariciaba y buscaba apretar mi pezón, me puso de pie empujando la silla y abrazándome por atrás continuaba apretando mis lolas.

    R: Que ricas teas, ¡siempre quise tocarlas!

    C: ¡Oh! ¡Qué duro me aprietas!

    Sus manos bajaron por mi abdomen hasta mis piernas, se perdía acariciando mis muslos y besándome mi cabello, el cual hizo a un lado para besarme el cuello mientras sus manos entraban por debajo de mi falda.

    Sus dedos empezaron a jugar por encima de mi tanga, yo apoyada en su escritorio me hacía para delante y para atrás masajeándolo con mis nalgas, sentía un buen paquete, duro y con ganas de salir, giré mi cabeza y nos perdimos en un sensual beso de lengua, sus dedos ya dentro de mi tanga, palpaban mi vagina, sabia tocarla, me hacía sentir rico, me tenía en sus manos.

    R: ¡Esta buenísima Cindy!

    C: ¡Ah!! ¡Qué rico tocas!

    R: ¡Ya no aguanto, necesito tenerte!

    C: ¿Qué???

    Me cargo en sus brazos y me llevo a su sofá de espera, me quito la blusa y me besaba con desenfreno todo mi cuerpo, mientras yo le quitaba su costoso traje Armani.

    Me desnudo con desesperación, vi sus ojos perderse en mi vagina a la cual se lanzó como sanguijuela para devorarla de una manera fenomenal.

    Su lengua lamia por afuera, la enrollaba y la metía abriendo mi vagina y moviéndola como serpiente, mi clítoris se endurecía al sentir como su lengua lo besaba lamia y como con su boca lo mordía, que rico oral me daba el jefe.

    C: ¡Si, que rico, uhm!!

    R: ¡Tienes un coño de ensueño!!

    Rogelio me mamaba muy rico mi concha, yo estaba súper mojada y lo quería dentro de mí y como toda una puta empecé a rogarle que me penetrara.

    C: ¡Ya métela papi!

    R: ¡Ya la quieres nena!

    C: ¡Si, cógeme, uhm!

    R: ¡Dios, eres fantástica!

    Se bajó su trusa y dios mío, una verga gruesa de unos 18 cm y bien firme estaba lista para entrar en mi muy húmedo orificio.

    Se agacho acomodándose entre mis piernas y mientras me besaba las tetas empezó a meterme su grueso animal, sentía muy rico cuando empezaba a metérmelo, el me tomo de las nalgas para apoyarse y empujármela todita, era tan grueso que yo solo gemía al sentir como me penetraba.

    C: ¡Que gruesa!

    R: ¡Descuida, te acostumbraras!

    Me embestía suave, pero con un buen ritmo, sentí su dureza entrar y salir, lo miraba y me ponía más perra al ver cómo me veía y como se movía, el jefe ahora me tenía en su sofá dándome muy rico.

    Como lo dijo, ya me había acostumbrado al grosor de su verga y me movía rico cada que él me embestía, me puso de pie y levanto mi pierna para subirla en el sofá, una en el piso y la otra en el sofá, me tomo de las nalgas y me la metió con velocidad, nos besábamos mientras mi jefe me metía su grueso amigo de forma rápido y violenta, el ruido de nuestras pelvis chocando era fenomenal, el calor de nuestros cuerpos se mezclaba fantástico, me olvide de que aún era casada y de que el concia y era incluso amigo de mi marido.

    R: ¡Que rica estas!!

    C: ¡Uhm, ah!

    R: Finalmente te estoy cogiendo, ¡no sabes cuánto lo soñé!

    Sus palabras me aceleraban más, él era fuerte y más alto que me cargo y caminando dando vueltas en la oficina me metía su animal, yo me abrazaba su cuello y le daba mis tetas a comer.

    Se acomodó en el sofá y me pido subiera a cabalgarlo, como buena empleada obedecí sus órdenes y apoyándome del brazo del sofá empecé a mover mis caderas y ensartarme solita a su grueso amigo.

    Una vez que entro, el me tomo de la cintura y guiaba mis movimientos circulares, los cuales lo hacían retorcerse cada que me movía como desesperada y me daba de ligeros sentones, ¡que rica cogida!

    R: ¡Que rico te mueves uhm!!

    C: ¡Ah, si, uhm, que rico!!

    R: Que pendejo es tu marido, ¡vaya que querer dejar esto!!

    C: ¡No hables de él, solo cógeme!!

    Me levanté y como perra me puse en cuatro para él, el gustoso se levantó y abriéndome las nalgas me ensarto de una forma deliciosa, yo movía mi cuerpo y el me embestía fuerte dándome de nalgadas y apretando mis tetas.

    R: ¡Cariño!!! ¡Qué nalgas más ricas uf!!

    C: Métela, si, que rico, ¡como necesitaba esto!

    Y era cierto, hace meses que mi marido no me tocaba y ahora mi nuevo jefe me estaba llevando al mismo cielo con su verga gruesa y dura como fierro.

    Continuábamos como perros, duro y rápido, su verga ya me había abierto mucho, sus dedos acariciaban mi ano, yo me acariciaba el clítoris, estábamos a punto de corrernos y en unos movimientos deliciosos, ambos llegamos juntos al orgasmo.

    R: ¡Ah, Cindy!

    C: ¡Sí! ¡Dame leche sí!

    R: ¡Toma mi leche, toma mi lechita nena!!

    C: ¡Sí que rico!!!

    El quedo en el sofá aun con espasmos de la corrida, pero yo quería consentir a mi nuevo jefe así que bajé a su gruesa verga y comencé a chupársela, limpiándole los restos de nuestra batalla sexual.

    R: Mami, que rico chupas, ¡uf!!

    C: ¡Disfruta, uhm!!!

    Llenaba mi boca con su amigo el cual apenas si me cabía, pero como nueva puta del jefe cumplía dándole una chupada para succionarle hasta su última gota de sabroso esperma

    Una vez satisfechos, nos arreglamos y me dio un aventón a mi casa, cuando llegue mi marido estaba en su carro afuera de la casa dormido, nuevamente ebrio.

    Unos días después me divorcie y me fui a casa de mis padres, mientras en el trabajo pase de asistente a ejecutiva durante dos años, los dos años que tenía sexo casual con Rogelio, hasta que tristemente dejo esta dimensión debido a un mal en su corazón.

    No sé cómo lo tomen, pero se fue de forma que tal vez algunos quieren, teniendo sexo con la hija de su socio que lo doblego y la excitación y adrenalina le llegaron al corazón el cual se detuvo y hasta ahí quedo mi antiguo jefe.

    Pero yo no olvido el día que me hizo su puta siendo esposa aun de Cristian y de lo rico que fue ser su amante.

    Con cariño Cindy

  • Iba por la contraseña del wi-fi y follé a mi cuñada

    Iba por la contraseña del wi-fi y follé a mi cuñada

    Me encontraba de visita en la casa de mi abuela el cual estaba hablando con mi tío, se había quedado sin datos, y necesitaba un wi-fi al momento, me pide compartir datos, le comenté que tenía era el wi-fi de mi (cuñado) vive al frente de la casa de mis abuelos, él me pidió el favor de buscar la contraseña, yo bien confiado iba a hacerle el favor.

    Cuando en ese momento la hermana de mi cuñado estaba en el cuarto de la mamá. Yo llegué muy amable saludé a su mamá que estaba en la cocina *algo retirada del cuarto* su padre estaba duchándose.

    Ya entré ella y yo habíamos tenido roces de chicos, besos nada más.

    Al momento de que yo llego y pregunto por ella, me acerco al cuarto ya que su madre me había dicho que estaba allí, no tenía idea de lo que iba a pasar no llevaba malas intenciones!

    Entré a su habitación y estaba ella acostada viendo tv con un short de dormir y una blusa sin bra, el cual estaba en una posición donde se veía su trasero enorme! Me sorprendí mucho jaja, jamás había tenido esos pensamientos con ella.

    Llegue le dije su nombre «Hola Say» ella me saludó muy educadamente me dijo “siéntate ven”, yo lo hice, le metí conversación preguntándole por su novio ella me dice que habían terminado hace 2 meses atrás y que estaba aburrida, le pedí el favor del wi-fi y se levantó de la cama y se fue. El papá estaba en el baño de ese cuarto.

    Al irse pues me levanté a esperar que llegara para irme donde mi tío, ella vuelve y entró al cuarto y me dijo “ya! Pero no es gratis el internet” y sonrió con esa cara de bandida…

    Yo feliz de verla así por lo que había visto. Ella se inclinó a besarme, yo le respondí con un beso muy apasionado, dentro de los besos le agarré esas nalgotas y le dije «están muy duras» ella me dijo » toca mis pechos» cuando los toqué vaya que sorpresa! Enormes, grandes, redondeados, durísimos, virgen dije yo…

    Al tener ese tipo de besos y esa tocadera ella me agarró mi pene y suspiró. El cual me encantó, me calenté demasiado estaba todo mojado, y le pedí ir a su cuarto les recuerdo su padre estaba en el baño de esa habitación, ella me dijo que sí. Le dije “sal primero que yo te sigo…”

    Ella salió muy rápido a su cuarto nadie nos vio. Ella se quitó la blusa enseguida y vaya que enormes pechos que si tiene! Son los más ricos pechos que he probado, le lamí los pechos y pezones muy lentamente mientras ella se sobaba por encima de su short, estaba muy mojada ella, demasiado diría.

    Le dije si quería que se lo metiera, y ella no me respondió, solo sacó mi verga, lo metió en su boca, lo llenó de saliva para lubricar, me hizo un sexo oral muy rápido, se rodó el short y ella misma lo ubicó y me abrazó, le di despacio al comienzo estaba muy excitado y no quería llegarme, ella me dijo que tranquilo, que podía hacerlo… no dure más de 5 minutos al llegarme dentro de ella.

    Luego me la sacó, me quitó todo el semen con su boca que quedó en mi pene, se sentó mientras me la mamaba y salía el semen, se tocaba y se lo tragaba, me sonrió y dio una vuelta que se puso en una buena posición de perrito se lo metí sin pensarlo, era muy excitante por lo de su madre y madre en casa mientras follábamos, seguía dándole muy duro, ella gemía muy delicioso mientras se tapaba con las almohadas para no ser escuchada, créanme me sentía por las nubes ver esas nalgas que tenía tan enormes y verlas me volvía loco ella.

    Se llegó demasiado tuvo dos orgasmos, en ese instante cambiamos de posición, la coloqué encima de mí y bum eso fue lo mejor, estábamos tan calientes que ya no podíamos más, estábamos exhaustos de tanto sexo. Su padre tocó la puerta jaja y paramos y cambiarnos, él no sabía que estaba en la casa de ellos así que me escondí abajo de su cama, el papá se despidió de ella y se fue, volví a salir y quedamos en vernos para seguir haciendo estas cosas.

    Nada es más excitante que follar a la hermana de tu cuñado

    Lo mejor es que mi tío estaba feliz con su contraseña de wi-fi jajaja fue de lo mejor.

    [email protected]

    Tengo solo 21 años, me gustaría seguir conociendo a mujeres que le gusten cosas nuevas y probar cosas que no sean de la monotonía. Pueden escribirme a mi correo electrónico, pronto escribiré la siguiente parte.