Blog

  • Paula (Capítulo 2)

    Paula (Capítulo 2)

    Tras despedirse de su novio, Paula, se encaminó con paso rápido hacia su casa dispuesta a realizar un poco de deporte antes de pasarse por el bar de sus padres para echarles una mano con el negocio.

    Durante la caminata no dejaba de pensar en que debería librarse de unos kilos que afeaban su figura. Unos kilos que en realidad solo ella veía ya que nadie en su sano juicio sería capaz de poner una sola pega a su aspecto.

    Con un metro sesenta y tres de estatura y un cuerpo perfecto, provocaba más de un dolor de cuello a todo aquél que se cruzaba con ella. Si tenías la suerte de que sus preciosos ojos verdes te mirasen terminabas atrapados en ellos irremediablemente. Mención aparte merecen sus labios, unos labios carnosos, jugosos, perfectos, listos para apoderarse del alma del afortunado receptor de sus besos.

    Ya en casa, se despojó de su ropa y sin perder un solo segundo, en ropa interior, comenzó con su rutina de ejercicios. Durante cuarenta minutos machacó su cuerpo haciendo sentadillas, flexiones y abdominales hasta que el sudor impregnó su cuerpo y quedó satisfecha con la cantidad de calorías consumidas.

    Contenta por haber llevado a cabo la rutina, se regaló un buen baño relajante y metiéndose en la bañera, una vez más, dejó volar su imaginación.

    Mientras el agua llenaba la bañera y cubría su cuerpo, Paula, no dejaba de pensar en Jon. Le fascinaba, le atraía y sentía más, mucho más por él de lo que era capaz de admitir y sabía que esos sentimientos eran recíprocos.

    Le había conocido hace un par de años, pero hasta hace unos meses no le había conocido realmente. Ahora todo era distinto, se había abierto a ella sin esconder nada y esa confianza había arraigado en ambos logrando que todo cambiase.

    Se imaginó a Jon delante, viéndola, lo que él le diría, lo que él le pediría hacer y tomando el teléfono de la ducha, dirigió el chorro de agua tibia sobre su cuello. Sintió como el agua acariciaba su piel y lentamente dirigió el chorro sobre sus pechos. Mientras el agua impactaba sobre el piercing que adornaba su pezón izquierdo arrancándola múltiples sensaciones, su mano derecha aprisionó el pezón derecho y lo apretó imaginando que era Jon quién lo hacía tomándolo entre sus dientes. Jugó con la presión, buscando el punto donde el placer se alía con el dolor y tirando un poco de él, se le escapó un suspiro.

    Sin soltar el pezón derecho, continuó acariciando su cuerpo con el chorro de la ducha. Descendió sobre su abdomen y éste topó con el piercing de su ombligo. Descendió lentamente buscando alcanzar su clítoris, pero en ese momento, imaginó a Jon acercándose a ella pidiéndole paciencia por lo que se obligó a pasar de largo y continuó el recorrido por sus piernas.

    Sin ser consciente de ello, su mano había abandonado su pecho y, mientras el agua recorría sus muslos, ésta se había adentrado entre sus piernas para comenzar a acariciar los labios de su coño, apenas rozándolos con las yemas de los dedos. Separó estos con los dedos y con el pulgar comenzó a acariciarse el clítoris.

    Se imaginó los dedos de Jon jugando con él, acariciándolo, presionándolo. Sin perder un segundo, dirigió el chorro de agua hacia su clítoris. El impacto de miles de gotas de agua sobre su clítoris le arrancaron mil y un gemidos de placer. Su cuerpo se tensaba, se arqueaba y su mirada le buscaba en el baño vacío. Le deseaba, le amaba, le necesitaba y más de una vez sus labios pronunciaron su nombre llamándolo.

    En el momento en el que se iba a correr, se obligó a detenerse. No quería parar, quería dejarse llevar, pero le conocía y sabía que de estar él presente, de ser sus manos, su lengua, se detendría para mantenerla en ese estado de eterna excitación y así, más tarde, hacerla llegar al cielo cuando por fin le permitiese alcanzar el orgasmo.

    A duras penas abandonó la bañera, quería continuar, su cuerpo se lo pedía, pero, aunque él nunca lo supiese, aunque ella nunca se lo haría saber, era suya.

    Ya en su cuarto, abrió el armario buscando que ponerse y nuevamente se sorprendió pensando en que conjunto le gustaría más a Jon. Tras varias elecciones fallidas, al final quedó satisfecha con su elección.

    Era un día caluroso, por lo que optó por un conjunto rosa. Un body a juego de una minifalda rosa y lanzando una mirada al espejo, sin ser capaz de apreciar la belleza que éste le devolvía abandonó su casa para encaminarse al bar de sus padres.

    Por el camino comprobó cómo Jon le había escrito y sin perder un segundo, le puso al día de cómo había pasado la mañana haciéndole saber sus planes para la tarde que, lamentablemente, se avecinaba tranquila. Iba a guardar el móvil y continuar su camino, pero en un arrebato, le escribió de nuevo haciéndole saber que le quería. Era cierto, no se lo decía tanto como él a ella, pero realmente era así, le quería. No sabía ni como, ni porqué había sucedido, pero para cuando fue consciente de ello, se había enamorado perdidamente de él.

    Malditas circunstancias que lo dificultaban todo. Si, le quería sin importar la diferencia de edad. Le quería sin importarle que estuviese casado. Le quería sin importarle su propio novio. Le quería, le amaba y eso era lo que realmente importaba. Eso y que él sentía lo mismo por ella.

    No tardó en llegar al bar y obviando las lascivas miradas de la clientela, se adentró en la barra para saludar a su padre con dos besos.

    -¡Y yo que pensaba marcharme! -exclamó uno de los clientes habituales del bar al ver como Paula saludaba a su padre.- Paco, ponme otra cerveza, anda, que me ha entrado una sed de repente… -dijo comiéndose a la hija del aludido con los ojos.

    -¡Córtate Luis! -le contestó Paco lanzándole una mirada de advertencia.- Si sólo tiene 23 años. Podría ser tu hija!

    -Sí -contestó éste riendo.- pero es la tuya, no la mía. -dijo depositando el dinero de la consumición en la barra frente a Paula guiñándola un ojo.

    -Precisamente por eso, Luis, porqué es MI HIJA. -zanjó Paco dando por terminada la broma, haciendo un gesto a Paula para que entrase en la cocina a saludar a su madre.

    Viendo que su padre se estaba enfadando, le hizo caso y no perdió tiempo en acercarse a saludar a su madre. Al ver que esta estaba atareada preparando la comida, se enfundó un delantal y se puso mano con mano a ayudarla en todo lo posible.

    Durante una hora no salió de la cocina, cocinó, fregó, limpió sin descanso para que su madre no terminase tan agotada como cada día. No siempre podía echar una mano, pero cuando así era, no perdía el tiempo y se esforzaba en ello.

    Estaba sirviendo el plato de comida que degustaría su padre cuando el sonido de una voz conocida pidiendo un café con hielo hizo que su corazón se acelerase y su mano se detuviese dejando a medio servir la comida.

    Con cautela, se acercó a la puerta que separaba la cocina de la barra del bar y la abrió lo justo para poder observar el origen de aquella voz y confirmar que su cerebro no le había gastado una jugarreta.

    No, no había sido así. Apenas a dos metros de ella, encima de la barra, descansaban dos cascos de moto apoyados sobre una cazadora de cuero. El dueño de ambos cascos no era otro que Jon. Había querido sorprenderla, o quizás ponerla un poco nerviosa y, sin avisar, se había presentado en el bar de sus padres para hacerla ver que no dejaba de pensar en ella. Paula bien sabía esto, él se encargaba de repetírselo siempre que tenía ocasión.

    -Papá, -le dijo a su padre pasando delante de Jon lanzándole una mirada de reojo.- ya tienes la comida lista. Por cierto -esta vez miró directamente a Jon.- en un rato tengo que marchar a hacer un recado. ¿Vale?

    -Tranquila -respondió Paco.- haz lo que tengas que hacer que entre tu madre y yo nos apañamos bien.

    Jon había permanecido con la vista fija en el café con hielo y, para desesperación de Paula, solo la desvió cuando ésta le dio la espalda y volvió de nuevo a la cocina, para así deleitarse con las formas de la joven. Al entrar en la cocina, Paula giró la cabeza y percibió como Jon la miraba fijamente a los ojos esbozando una «sonrisa torcida», como las llamaba ella, que le hizo saber que la mente de Jon se había puesto en marcha. Su coño empezó a llamarlo al momento, y cerró la puerta tras de si deseando que éste le pusiese al corriente de sus pensamientos.

    Habían transcurrido apenas diez minutos, cuando Paula, se despidió de su padre que estaba disfrutando en la cocina de la maravillosa comida preparada por su hija, prometiéndole volver mas tarde y seguir ayudándoles, esta vez, atendiendo la barra.

    Con un beso, le hizo saber a su madre, que volvería pronto y salió de la barra deseando que Jon se pusiese en marcha tras ella. Su madre la adelantó camino de la terraza y no se percató cuando Jon se interpuso en el camino de Paula y tomándola de la mano, tiró de ella, sin que ofreciese resistencia, hacia el baño de mujeres.

    Cuando entraron al baño, cerró la puerta con el cerrojo tras de si y tomando a Paula por los hombros la enfrentó al gran espejo del baño, colocándose a su espalda apretando su cuerpo contra el de ella.

    -Que sea la última vez que dices que no eres guapa ni atractiva. -susurró Jon a escasos milímetros de su oreja.- Ahora verás lo que veo yo cada vez que te miro.

    Paula era incapaz de hablar aunque tampoco quería hacerlo. Solo quería escucharle, saber todo lo que pasaba por su cabeza y centrando la mirada en el reflejo de sus ojos verdes que le devolvía el espejo, esperó a que este continuase hablando.

    -Contempla tus ojos, Preciosa. -continuó susurrando Jon tomando su rostro entre las manos.- Siente la profundidad de tu mirada. -Esperó un par de segundos para continuar susurrando.- Ahora, dirige tu mirada a tus labios. -al tiempo que hablaba, comenzó a acariciar el rostro de Paula con el dorso de la mano rozando levemente sus labios con los dedos.

    Paula separó los labios y sintiendo las caricias, comenzó a morderse el labio inferior.

    -Contempla este cuello. -esta vez acompañó sus palabras con suaves besos a lo largo del cuello.- Un cuello que pide ser besado una y otra vez.

    Paula cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia un lado para facilitarle el acceso de sus labios.

    -Abre los ojos, Preciosa, y mira tu cuerpo -las manos de Jon se deslizaron por la espalda de Paula y rodeando su cintura, comenzó a acariciar su vientre, subiendo hacia sus pechos.- Esta preciosa cadera, este vientre donde perder mis labios, estos pechos perfectos. -las manos de Jon tomaron los pechos y apretándolos ligeramente, tiro hacia arriba de ellos juntándolos.

    La presión de los dientes de Paula sobre sus labios aumentaron peligrosamente y por un momento temió que terminaría haciéndose sangrar.

    -¿Qué decir de éstas piernas? -se agachó tras ella y comenzó a acariciarlas suavemente desde los tobillos hasta terminar con las manos bajo su minifalda.- Ufff, éste culo que me vuelve loco. -tomando cada nalga con una mano, comenzó a besarlo.

    Paula se echó hacia atrás. Se apoyó en el lavabo y poniéndose de puntillas, alzó las caderas ofreciéndole su culo.

    En ese momento, las manos de Jon abandonaron el culo de Paula y tomándola por la cintura, la obligó a girarse. Alzándola, la sentó en la encimera del lavabo. Tiro suavemente de su cabello haciendo que alzase el rostro y sin dilación comenzó a besarla, a emborracharse de sus labios.

    Paula separó sus piernas y Jon no dudo en acercarse aún más a ella.

    -Y como no mencionar este coño… éste dulce coño. -se arrodilló de nuevo ante ella y separando a un lado la tira del body, comenzó a lamer tal preciado tesoro.

    Su lengua jugaba con su clítoris, lo lamía, lo besaba, lo adoraba, y Paula comenzó a morderse la mano para acallar los gemidos que pugnaban por salir de su boca.

    Cuando los movimientos de las caderas de Paula le indicaron que estaba a punto de alcanzar el orgasmo, se obligó a separarse de ella y poniéndose de pie, tomó su rostro entre las manos y se quedó mirándola en silencio.

    -Fóllame. -las palabras salieron de la boca de esta sabiendo que era lo que él estaba deseando oír.

    Sin poder esperar más, Jon se soltó los pantalones, y sacando su polla, la colocó justo en la entrada de su coño. Lentamente, comenzó a penetrarla disfrutando del calor y la humedad del mismo, sintiendo como milímetro a milímetro se iba perdiendo dentro de ella.

    Fundieron sus bocas y lo que en principio fueron suaves movimientos, se convirtió en una lucha sin cuartel por dominar al otro. Movían sus caderas al unísono disfrutándose mutuamente y se dejaron llevar hasta los confines del placer.

    Ahogaron sus gemidos a base de besos y cuando Paula empezó a correrse, rodeó con sus piernas las caderas de Jon haciéndole ver que quería que acabase dentro de ella, que la llenase con su esencia.

    Jon aumentó el ritmo de las embestidas. Tomándola por las caderas y atrayéndola más aún, tratando de fundirse en un solo ser, comenzó a correrse en su interior.

    Permanecieron inmóviles, recuperando el aliento. No querían separarse, querían permanecer así por horas, pero recordando donde se encontraban, se obligaron a separarse.

    -¡Joder! -dijo Paula acomodándose la ropa.- ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?

    -No lo suficiente. -respondió Jon, haciendo lo propio con la suya.

    Abriendo ligeramente la puerta del lavabo, Jon comprobó que no había nadie pendiente del baño y lo abandonó regresando a la barra. Unos segundos después, Paula, cabizbaja, se apresuró hacía la cocina.

    -¿Ya has terminado con el recado? -preguntó Paco saliendo de la cocina.- No hace falta que te quedes. No hay mucha gente y entre tu madre y yo nos apañamos.

    -¿Seguro? -contestó la aludida mirando de reojo a Jon.- Entonces… creo que saldré a dar una vuelta a ver si me despejo.

    -Te vendrá bien. Seguro que has venido caminando a toda velocidad, como siempre. -le apuntó su padre.- Estás toda sudada y acalorada.

    ___________

    Nota:

    Este será el tercer y último relato sobre Paula. No porque no haya más que contar, sino porque a veces las cosas terminan cuando uno menos se lo espera, sin un adiós, con demasiadas cosas en el aire, sin una sola palabra de por medio, en completo silencio. Simplemente acaban sin que podamos hacer nada para evitarlo.

    No. No me he equivocado al decir que este es el «tercer» relato sobre Paula por mucho que aparezca un 2 en el título del mismo. Si accedéis a mi ficha de autor y retrocedéis un par de relatos entenderéis el porqué de mis palabras.

    Un saludo.

  • Cogí con mi novia, su madre y sus hermanas (Capítulo 18)

    Cogí con mi novia, su madre y sus hermanas (Capítulo 18)

    Me causó ilusión enterarme de ello, pero a ella no parecía agradarle la noticia. Su carácter se fue haciendo cada vez más impredecible, a tal punto que en un momento me pregunté si realmente estaba conviviendo con la persona que había imaginado; no sabía si era realmente feliz viviendo con ellas.

    Trataba de ser comprensivo con Majo y buscaba complacer casi todos sus caprichos, pero de verdad se ponía imposible en algunas ocasiones. Nuestra relación iba quebrándose poco a poco y creo que ambos éramos conscientes de eso.

    Sexo no hubo más; el embarazo cambio la forma de ser de Majo, la volvió parca, aburrida y amargada. Tener a su madre en casa también hacía que el deseo fuera menor. Pensé que cuando acabara el embarazo de Majo, esa situación podía cambiar, pero no fue así. Majo vivía una terrible depresión, además permanecía irritable la mayoría del tiempo.

    Tener una hija me hizo centrarme un poco más en la vida. Vivía básicamente por ella y eso llenaba el vacío de no poder llevar una buena convivencia con Majo.

    Durante los primeros meses de vida de mi hija, Isabella, demostramos ser primerizos en la paternidad. Por ocasiones nos vimos desesperados por no poder dormir, por no saber la causa de su llanto, o sencillamente, por ver como el otro era un desastre. Sentía que yo daba lo mejor de mí para ser un buen padre y al final me salía lo que podía. Pero notaba que Majo no era igual, de hecho sentía que ella era apática y esquiva con Isabella. No creí que fuera por desprecio, asumí que era una conducta causada por su depresión.

    Los meses fueron pasando y la única buena noticia que apareció en nuestras vidas, por lo menos en la mía, fue que Mariajosé decidió regresar a su departamento con Mariano. Supongo se había desesperado con Isabella en casa y había decidido marcharse, o quizás había arreglado las cosas con su esposo, o no sé, hasta podría haberse imaginado que en este momento se había convertido en un estorbo en esta casa. En todo caso se marchó y eso me causó alivio. De resto las cosas, no salían bien.

    Majo había dejado su trabajo por su fuerte depresión y decidió permanecer en casa para cuidar a Isabella. Por mi parte, las constantes peleas con Majo y las noches de insomnio por el llanto de mi hija, habían conseguido que me sintiera absolutamente agotado; sabía que no estaba rindiendo igual en el trabajo, era notorio que el cansancio me vencía. Sentía que mi carrera se estancaba y el retorno a casa no era del todo feliz porque la relación con Majo ya no andaba.

    Me carcomía la cabeza llevar tanto tiempo sin coger con Majo, de hecho sin coger. Sentía que iba a volver a ser virgen otra vez. Lamentaba que ya no solucionáramos las peleas con un buen polvo. Ahora se solucionaba tras horas o días sin hablarnos.

    Buscaba no perder del todo la magia de nuestra relación. Era necesario tener salidas con Majo, a cine, a cenar, a un parque, a un recital, de fiesta, en fin, todo tipo de planes. En ocasiones resultaba imposible porque no teníamos con quien dejar a Isabella, y cuando lo conseguíamos, no resultaba del todo provechoso porque en varias ocasiones volvimos a casa con más enojo con el que habíamos salido.

    Al ver que las cosas no iban bien con Majo, buscaba refugio en mis amigos. Armaba salidas con ellos para olvidarme un poco de las cosas, o simplemente por divertirme un rato.

    Mi desespero por la falta de sexo desencadenó en llamar a David, mi amigo putero, para que me diera un buen recorrido por los cabarets de la ciudad. Era un experto en el tema y no podía encomendarme en mejores manos.

    Salí en silencio a la terraza, encendí un cigarrillo y llamé a David. Le hablaba tratando de mantener un tono de voz un poco bajo; Majo estaba en la sala viendo televisión y era mejor ser precavido. Me saludó escandalosamente, como siempre hace y le propuse vernos. Me dijo que fuera de una vez a su departamento y de allí saldríamos a algún lugar. Preferí no comentarle nada sobre putas, esperaría a estar en su casa para decírselo. Sabía que no se opondría a la idea y era mejor decirle allí, fuera del alcance del oído de Majo.

    Llegué a su departamento tipo nueve de la noche, era sábado y era un hecho que él planeaba salir. Le pregunté cuál era su plan y me dijo que quería “salir a buscar nenitas, a ver que había por ahí…”.

    Le había llevado unas cuantas cervezas y le propuse tomarlas antes de salir. Mientras las consumíamos le conté lo complejo que me estaba resultando todo y terminé la historia de desgracias demostrándole mi desespero por volver a coger. Se le abrieron los ojos como si le fuese a echar gotas; no podía creer que fuera yo quien le proponía ese plan. Lo aceptó sin pensarlo ni cinco segundos.

    Terminamos las cervezas y cuando nos disponíamos a partir, David me detuvo, “Esperá mi hermano, ¿no te vas a colocar antes de ir?”. Me pasó un porro y lo fumamos. Me decía lo mucho que disfrutaba ir fumado a donde las putas, decía que sus niveles de adrenalina se subían muchísimo y además aseguraba que le calentaba mucho estar drogado y pensar que muy posiblemente la puta también lo estaba.

    Tomamos un taxi y nos fuimos a la zona de tolerancia de esta ciudad. Seguramente existe una zona así en toda ciudad, y bueno, la de acá es bastante extensa. Encontrás de todo, baratas y caras, horribles y muy buenas, hay de todo. Confiaba en que David era un tipo de buen gusto y acostumbrado a los lujos, así que sabía que me llevaría a un buen lugar.

    El nombre del sitio no se los puedo decir, no hago publicidad en mis relatos; lo que si les puedo decir, es que es muy bueno, y si alguno ha ido, seguramente lo reconocerá a partir de la descripción.

    La entrada era costosa, pagabas más o menos unos seis dólares por entrar y no eran consumibles. Cada cerveza costaba lo mismo, seis dólares, sin importar la marca. De los demás tragos ni hablar, los precios eran altísimos. Sabía que si a David no le gustaba lo que había, iría a otro lugar, así que no era de pedir botellas de algún licor, sino más bien una cerveza, quizás dos o tres mientras se decidía.

    El lugar tenía todas las mesas unidas, cada una contaba con una barra. Los clientes nos sentábamos alrededor de las mesas y veíamos como las putas iban caminando por todas las mesas, paraban ocasionalmente para bailar agarradas del tubo. Obviamente se turnaban para hacerlo, cada una de ellas bailaba durante tres canciones, luego sonaban otras dos, luego subía otra, tres canciones y descanso…

    La primera que vimos era una rubia de pelo corto, caderona y con un culo enorme. Senos casi no tenía, su abdomen era provocativo, pero lo que más me calentaba era verla restregar ese hermoso culo contra el tubo.

    Luego se subió otra rubia, también muy caderona pero con la cintura muy definida, marcaba unas curvas perfectas; el par de nalgas que se mandaba también era increíble, eran macizas y bastante firmes. Sus senos eran operados ¡Pero qué bien que le habían quedado!

    En su show esta rubia no escatimaba en bajarse de las mesas y restregarse con cada uno de los clientes. Cuando llegó mi turno, me puso a mil tener sus tetas en mi cara; le agarraba esas nalgas mientras ella se sacudía sobre mí al ritmo del reggaetón. Me calentó muchísimo, pero a David lo dejó mucho peor, quiso ir a coger con ella de una vez, pero le detuve. Le insistí que la noche era joven como para tomar una decisión con apenas haber visto dos. David se lo pensaba, la rubia lo había dejado muy caliente y parecía convencido de haber tomado una decisión. No fue fácil convencerlo, pero al final accedió, por lo menos hasta ver la próxima. Y la siguiente sí que fue una sorpresa.

    No podía creer lo que veía, pensaba que mis ojos me engañaban, o quizás que la hierba o que el trago me había sentado mal. No podía asimilarlo aunque la tenía en frente a mis ojos. Al otro extremo de las mesas venía Laura caminando lentamente, se detenía para bailar agarrada del tubo. Se agachaba y empezaba a menear las nalgas al frente de un cliente. Aún seguía sin creerlo; llevaba años sin verla y de repente la encontraba aquí, vendiendo su cuerpo.

    Apenas lo asimilé le pregunté a David si había cogido con ella, me dijo que no; que no era de su gusto, “está muy flaca y ya sabés me gustan más carnositas”. Permanecí en silencio por un par de minutos mientras la veía acercándose poco a poco hacia donde nosotros estábamos. Luego le dije de forma tajante a David

    -Tenés que comértela. No sabés cómo coge esa mujer.

    -¿Vas a decir que la conoces?

    -Más de lo que imaginás

    -¿Me estás jodiendo?

    -No, de verdad la conozco. Es la hermana de Majo.

    David quedó helado. El pobre no sabía qué decir. Imaginaba que por su corrompida cabeza se cruzaba ese morbo de coger con ella. David quería preguntarme cosas, pero no sabía por dónde empezar

    -Mi hermano, esas cosas se cuentan -Dijo después de bajarse un trago largo de cerveza

    -No, al revés. Esas cosas no se cuentan si no querés que se te joda la vida

    -Bueno, pero a los amigos les tenés que contar…

    -En estos casos creo que es mejor que nadie lo sepa

    -Mirá las sorpresas que te da la vida

    -¿Qué decís si le proponemos un trío?

    -Uh pará, vamos con las sorpresas de a poco, vos no haces tríos…

    -No. Pero este lo vale, me da mucho morbo hacerlo, no imaginás lo caliente que me he puesto con solo saber que está acá. Seguramente, si está viviendo de esto, no creo que ande muy bien de dinero, no creo que sea tan difícil convencerla. ¿Cuánto imaginas que nos puede cobrar por eso?

    -Pues mirá, esa nenita debe cobrar unos 40 dólares por el polvo. Ahora, por un trío no tengo puta idea. Que te digo yo, nos cobrará el doble…

    -Bueno, pues en un rato cuando se pase por acá la charlamos para ver si no lo deja por un poco menos y si no, subimos hasta los 80.

    Laura finalmente llegó a nuestra mesa, se detuvo de golpe al verme allí sentado. Su sorpresa fue inmensa. Por un par de segundos estuvo totalmente inmóvil, luego reaccionó y continuó con su trabajo. Empezó a bailar en frente nuestro, yo no dejaba de mirarla fijamente, en mi rostro se marcaba una ligera sonrisa que dejaba notar la perversión que se apoderaba de mí. Le pregunté a David si le gustaba, él seguía obsesionado con la rubia que había bailado antes, pero la idea de hacer un trío con Laura le carcomía la cabeza. Esperamos a que terminara su show e inmediatamente la llamamos.

    -Tremenda sorpresa, no esperaba encontrarte por acá -Le dije apenas se sentó en medio de los dos

    -Eso digo yo ¿qué haces por acá? ¿Majo te dejó?

    -No, no hemos cortado. No andamos bien y decidí pasar a conocer ¿Y vos, por qué andas por acá?

    -Ando necesitando dinero y ya ves, las cosas a las que te lleva el desespero

    -Mirá, te presento a David

    Le saludó de un beso en la mejilla mientras él la miraba expresándole descaradamente su deseo.

    -¿Querés tomar algo?

    -Si me vas a invitar…

    -Claro, claro ¿Qué querés?

    -Pues ya que te veo generoso comprate un botellita de vodka

    Pedí la botella y empezamos a beberla entre los tres. Charlamos por un rato pero nunca de temas familiares, como que ninguno de los dos quiso encarar el tema. Tampoco quise averiguar cuál era su necesidad, qué la había llevado a meterse de puta.

    Habíamos consumido apenas media botella nada más cuando le pregunté si se animaba a hacer un trío con nosotros. Rápidamente le dije que le podíamos ofrecer 65 dólares, pero ella inmediatamente se negó

    -No hago tríos, menos por 65 dólares

    -¿Te suena que sea por 80?

    -Te digo que no hago tríos

    -¿Y si te ofrezco 160, empezás a hacerlos?

    -Me podés ofrecer 500 pero te digo que no voy a hacerlo

    -Te ofrezco 200 ahora mismo ¿Qué decís?

    -Dame 50 más y vamos

    -Listo, pero nos atendés bien

    Saqué el dinero de la billetera y se lo entregué. Sabía que le había dado mucho, pero estaba obsesionado con hacer el trío; era un polvo caro, pero tenía la certeza de que iba a valer hasta el último centavo.

    Laura nos llevó a la habitación, cerró la puerta y empezó a desnudarse. Le pedimos que bailara. Se notaba que no estaba cómoda con hacerlo, pero tenía que complacer nuestros pedidos.

    David no aguantó mucho tiempo para acercarse a ella, derribarla sobre la cama y empezar a lamer y besar su concha. Yo me acerqué al otro extremo de la cama, empecé a besarla y a acariciar sus senos. David se levantó, tomó un condón y se lo puso, se acercó a ella y sin dar espera a nada la penetró; desde un comienzo fue muy agresivo, se movía sobre ella con tremenda brutalidad. Me saqué los pantalones y tomé mi pene entre mis manos, lo conduje hacia su boca y lo introduje. La agarraba de la cabeza para acelerar el ritmo de su mamada. Laura no podía alternar bien la respiración y los gemidos con mi pene entre su boca, por momentos parecía atragantarse.

    Calculo que David habrá estado unos cinco o siete minutos cogiéndola desenfrenadamente, apenas noté que se cansó, reclamé mi turno para sentir de nuevo la deliciosa concha de Laura. Le di vuelta, ella quedó boca abajo y yo la penetré por el coño. Ella levantaba la cabeza apenas para poder meterse el pene de David en su boca. Yo preferí ir un poco más despacio. La penetré totalmente, pero procuraba mantener un ritmo lento por lo menos en un comienzo. Ella empezaba a gemir poco a poco, eran esporádicos sus lamentos, y al igual que hace unos minutos, le costaba respirar con un pene en su boca. Los minutos fueron pasando y la intensidad fue creciendo, el ritmo lento y decante había quedado atrás y ahora me sacudía sobre ella fuertemente, descargaba toda mi ira en ella. En instante sentí que era el momento de correrme, pero me aguanté porque no podía gastar 250 dólares así no más, sería un completo desperdicio. Tuve que detenerme y de nuevo intercambiar con David, él se la cogería mientras yo de nuevo gozaba de una de las insípidas mamadas de Laura.

    David se acostó en la cama y fue ahora Laura quien lo montó. Ella busco ir lentamente; más que brincar sobre él, se meneaba lentamente con su pene adentro. Pero David quería brutalidad, quería cogerla salvajemente, así que la agarró de las caderas y empezó a orientarla para que el movimiento de Laura fuera de arriba a abajo y de abajo a arriba. David se aseguraba de penetrarla por completo. Yo me situé detrás de ella y puse mi pene sobre sus nalgas, de hecho en medio de ellas. Obviamente no la penetraba, solo colocaba mi pene sobre su culo y empezaba a restregarlo de arriba abajo, me aferraba fuertemente de sus senos, e incluso, estando agarrado de ese par de obras divinas, la jalaba hacia abajo para que fuera penetrada completamente por David. Laura gemía repetidamente, mientras hacíamos de ella lo que queríamos. Fue imposible contener el deseo de meter mis dedos en su culo, y como no me iba a quedar con las ganas, lo hice sin dudarlo.

    Noté como David se había detenido de repente, obviamente había terminado. Supe que ahora era mi momento. Le dije a David que le iba a enseñar cómo coger con Laura. Le pedí que se quitara de la cama; de inmediato hice que Laura se apoyara en manos y rodillas, sin contemplación alguna introduje mi pene en su culo. No estaba lubricado, solo un poco dilatado por el par de dedos que le había metido hace un rato. La penetración fue total, tan profunda como me fue posible. Fue evidente que fue dolorosa para Laura por el desgarrador gemido que dejó escapar. No me importó ser rudo, desde un comienzo me moví con tanta velocidad como pude. Sus gemidos no se detenían y por momentos parecía que se convertirían en llanto, pero Laura se resistía. Podía ver su rostro reflejado en el espejo que estaba en frente nuestro; ver esos ojos cerrados, su nariz arrugada y su boca completamente abierta me hacía poner más caliente. Para fortuna de Laura. mi calentura creció exponencialmente, lo que causó que no durara tanto el polvo. Llegó un momento en que sacudía mi cuerpo contra el suyo con total bestialidad y fue inevitable explotar de placer. Retiré mi pene y vi el condón untado de mierda, no puedo negar que me dio mucho asco, pero lo había valido. Ella se tumbó por un par de minutos en la cama mientras recuperaba el aliento. Yo estaba de rodillas, en frente suyo tratando de agarrar un poco de aire. David se vistió rápidamente y empezó a apurarme porque me dijo tener una cuenta pendiente con una rubia allá afuera. Sin embargo le dije que no iría e inmediatamente le pedí a Laura otro rato.

    -¿Cuánto me cobrás por otra horita?

    -100

    -Jaja Laurita, te estoy hablando enserio. Te fresco 40 o como mucho 50 que es lo que debes cobrar habitualmente

    -Mínimo 80

    -Sé que necesitas la plata. Yo ya me saqué las ganas de hacer el trío con vos. Te repito, máximo 50. Si no decime y me voy vistiendo

    -Listo va, 50 -Dijo ella mientras David salió de la habitación

    Me quedé a solas con ella apreciando su cuerpo desnudo. Debo decir que se notaba un poco el paso del tiempo, ese cuerpo esbelto de hace unos años había perdido condición; alrededor de su cintura se encontraba uno que otro gordito; sus senos preciosos estaban un poco caídos, era notorio que la maternidad había afectado su cuerpo. Lo demás seguía en su sitio, su figura seguía siendo delgada y provocativa.

    No quise empezar a coger con ella inmediatamente. Además de querer recuperar el aliento, sentía la necesidad de hablar con ella.

    -¿Por qué terminaste en esto?

    -Ya te lo dije afuera, necesitaba el dinero

    -Si sí, eso ya lo sé, ¿pero podés ser más específica?

    -Al ver crecer a Diana (hija de Laura), José se fue dando cuenta que la niña no era su hija. Constantemente hacia chistes sobre lo poco que se parecían; luego esos chistes se fueron convirtiendo en reclamos. José empezó a dudarlo seriamente y un día decidió llevarse a Diana para hacerse una prueba de paternidad. Por esos tiempos tampoco la pasábamos bien económicamente; luego de que vos dejaste de ayudarme con el pago de mi hipoteca nos fuimos colgando con los pagos, hacíamos grandes esfuerzos para poder cumplir con el pago de las cuotas, pero las cosas empeoraron cuando yo volví a perder mi trabajo.

    A eso se sumó que la prueba salió negativa, José se enojó muchísimo, incluso pensé que iba a hacerme daño, pero al final se descargó con un humillante insulto. Se fue de casa y yo me quedé allí con la niña en el departamento. José no volvió a pagar cuotas de hipoteca, ni me apoyó con el mantenimiento de Diana, obviamente lo entendía. Yo estaba sin trabajo y sin muchas posibilidades de conseguirlo por tener que estar completamente a cargo de la niña. El banco empezó a enviarme avisos por el atraso en el pago de la deuda y no supe que hacer. Intenté buscar prestado con todo mundo pero nadie me ayudó. Al final el banco terminó rematando el departamento y yo me quedé en la calle con la niña. Como no quería meter a mis padres o mis hermanas en este lío, los primeros días fui a quedarme en casa de una amiga, y esos días se fueron haciendo meses.

    No conseguía trabajo y ya notaba que a Melisa, mi amiga, le molestaba mi presencia. Ella veía que yo me esforzaba por encontrar alguna forma de ingresos pero no me salía nada. Era evidente que para ella resultaba molesto tener que aguantar incomodidades y aparte mantenernos. Llegó un día que se sentó a hablar conmigo, me preguntó por qué no recurría a prostituirme así como había hecho en mis años de universitaria, cuando lo hacía para darme ciertos lujos. Ya sabes, celulares, salidas, ropa, accesorios. Yo lo pensé por un par de días, sabía que no tenía mucho tiempo para decidirme, de no encontrar una fuente de ingresos rápidamente, terminaría en la calle y no podía dejar que Diana viviera una vida así. Desde el comienzo estuve en este sitio, acá me ha ido relativamente bien; me dio lo suficiente como para sacar un departamento en alquiler y cubrir nuestras necesidades básicas

    -¿Pero luego de que te recuperaste un poco no pensaste en buscar otra cosa?

    -Al comienzo sí, pero las cosas seguían igual, no encontraba nada, mientras que acá sacaba lo necesario para mantenerme. Me fui acostumbrando y renuncié a buscar otro trabajo

    -¿Lo disfrutas?

    -Tanto como disfrutarlo no sé. Diría que la mayoría de las veces sí, pero hay veces que te tenés que cruzar con clientes indeseables, atrevidos o sucios

    -¿Te han pedido hacerlo sin condón?

    -Sí, pero yo sin condón no lo hago

    -¿Y si soy yo quien te lo pide? Mira que por lo menos soy conocido

    -Tenés razón, te conozco y sé que me podés pagar 50 dólares más por eso

    -Entonces olvídalo. Pásame un condón

    Antes de ponérmelo, tumbé a Laura en la cama y empecé a lamerle la concha. No pensaba detenerme hasta asegurarme de que ella disfrutaba. Su concha fue calentándose y humedeciéndose gradualmente. Sentía como sus fluidos se mezclaban con mi saliva mientras paseaba mis labios y lengua sobre su coño. Con mis manos acariciaba la parte interior de sus muslos. Con el paso de los minutos ella se fue dejando llevar, tenía pequeños espasmos acompañados de largas exhalaciones y gemidos.

    Poco a poco empezó a retorcerse. Verla a así me hizo calentar rápidamente, fui por el condón y me lo puse. Inmediatamente la penetré completamente. Lentamente empecé a moverme sobre ella; con mis manos acariciaba sus nalgas; clavaba mi rostro entre sus senos, le lamía allí, en su pecho, en medio de sus senos sin tocarlos. Luego empecé a chupar sus pezones con algo de desespero, la intensidad de mis sacudones fue creciendo. Ella me miraba a la cara con un gesto complaciente, me agarraba de la cabeza y llevaba mi rostro hacia el suyo para poder besarnos. Sentir el ardor de su concha me hacía calentar al borde del orgasmo.

    Luego me agarró del culo y empezó a empujarme para que la penetrara con total vehemencia. Yo había dejado caer todo mi cuerpo sobre el suyo. Con mis manos la agarraba de la cabeza, clavaba mis uñas en su cuero cabelludo mientras la cogía sin contemplación.

    Me detuve y le pedí que se pusiese de pie. Estando los dos parados junto a la cama, empecé a besarla, con el peso de mi cuerpo iba arrinconándola hacia una pared. De repente le di vuelta de un jalón relativamente agresivo. Ella quedó apoyada contra la pared; me incliné y nuevamente empecé a besarle la concha ¡Cómo me gustaba el coño de Laura!

    Mientras le lamía rápidamente su vagina, me saqué el condón. Sabía que era riesgoso, pero estaba obsesionado con sentir de nuevo esa concha como se debe. Me puse en pie y de inmediato conduje mi pene dentro de su concha. Me había llegado en este momento el recuerdo de la primera vez que cogí con ella, allí recostada contra un mesón en una cocina, ¡Cómo había delirado esa vez al sentir su coño!

    Era exactamente igual que esa vez; ella, por lo menos en un comienzo, no notó que me había sacado el condón. Me apoyaba firmemente de su culo, mientras la sacudía contundentemente. Sin parar ni un solo instante, fui moviendo mis manos hasta tomarla de la cintura, luego las deslicé hacía su abdomen; buscaba empujarla hacía mí. Ella gemía sin reparo alguno.

    La agarré duro de los senos y empecé a chochar mi cuerpo contra el suyo con completa brutalidad. Pero en ese momento me dijo:

    -Pará, pará. Creo que el condón se rompió

    -No, no se rompió, yo me lo quité, pero no te preocupés que yo lo saco cuando sienta que me vengo

    Ella quiso seguir la conversación, pero yo continué embistiéndola con fortaleza, lo que terminó transformando sus palabras en gemidos. Ocasionalmente me gritaba “¡Pará!”. Pero yo no me detenía, de hecho me calentaba muchísimo escucharla decir eso. Mi excitación creció tanto que tuve que apurarme a sacar mi pene de ella para terminar corriéndome en su espalda. ¡Había sido sensacional!

    Los dos permanecimos allí, recostados contra la pared por unos instantes. Ella recuperó primero el aliento y me apartó de un empujón.

    -Te has pasado ¿Sabés?

    -¿Por qué lo decís? -respondí aún con el aire entrecortado

    -Por lo que hiciste. ¿No entendiste cuando te dije que sin condón no lo hago? ¿Te creés que podés hacer lo que te venga en gana?

    -No te ponga así que de todas formas no me corrí en ti

    -Veo que te parece gracioso. Vamos a ver si te parece gracioso que te pida que me saques de aquí

    -¿Ah?

    -Sí, que me mantengas

    -¿Y cómo por qué te voy a mantener yo?

    -Porque tenés varios secretos que seguramente no querés que Majo se entere

    -¿Cuál? ¿Qué sos puta y que vine a coger con vos?… No te lo va a creer nunca

    -Bueno, está ese y también puede que se entere de que tenés otra hija

    -No tengo más hijos

    -Eso es lo que aún no sabemos, pero te digo yo que puede ser muy probable.

    Quedé helado, no podía creer lo que Laura decía. Ella empezó a vestirse mientras yo permanecía sentado en la cama. Estaba completamente ido ¿Laura sería capaz de inventar algo así solo para atormentarme o hablaba enserio?

    No podía salir del shock. Empecé a vestirme pero en ningún momento pude dejar de pensar en lo que me había dicho Laura. “Qué calladito te quedaste ¿No vas a ser capaz ni de despedirte?”, me dijo mientras yo seguía con la mirada perdida. Me acerqué a ella y me despedí de la forma más fría y austera posible. Se marchó de la habitación mientras yo seguía arreglándome. Salí del cuarto todavía estupefacto, me encontré a David a la salida. Él estaba sonriente y desesperado por contarme lo bien que lo había pasado con la rubia. Él hablaba y hablaba pero a mí no me era posible retener nada de lo que decía; solo tenía cabeza para pensar en el chantaje de Laura.

    Al día siguiente lo primero que hice al despertar, fue tomar el celular y llamar a Laura. Le dije que accedí a sus condiciones pero solo por un año, ella aceptó.

    *************

    Décimo novena parte: Solo temo a seguir con vida

    Mi nueva vida era desgastante. Mantener a Laura y Diana me resultaba complejo. Majo seguía sin conseguir trabajo y yo debía encargarme de nuestro mantenimiento, eso, sumado a la cuota para Laura me tenía al borde de la quiebra…

    @felodel2016

  • Marco en la terraza

    Marco en la terraza

    Cómo ya les comenté en otro relato vivo en un condominio de apartamentos en el que tengo un vecino de 21 años que se llama Marco, él es un chico bastante atractivo atlético de 170 cm, de tez blanca, ojos café claro, cabello castaño, vive justo en el departamento que está al frente del mío por lo que siempre nos vemos y a veces coincidimos en el ascensor, tenemos algo de confianza aunque desde que me vio cogiendo con uno de sus compañeros de equipo de fútbol le tengo un poco de vergüenza.

    Ya había pasado casi una semana desde que Marco me vio con su amigo en las escalinatas que llevan al condominio donde vivimos, y aunque nos vimos un par de veces no habíamos tocado el tema para nada, por lo que no estaba seguro si me reconoció o si simplemente no le dio importancia a lo que vio.

    Ese viernes en la tarde compre una tv para mi habitación y hasta instalarla y arreglar todo ya eran las 22.30 h, tuve que subir a la terraza del edifico dónde cada departamento tiene una especie de cubículos con lavandería y espacio para secar la ropa, mi familia usa el nuestro como bodega por lo que iba a dejar la caja de la tv ahí, tome el ascensor y fui hasta la terraza que estaba un poco oscura puesto que a esa hora nadie usa las instalaciones, por eso fue una sorpresa para mí encontrar a Marco ahí:

    -Hola qué más qué haces por acá

    -Salí a fumar algo, ya sabes están todos en casa y tu

    -Solo vine a dejar esta caja en la bodega

    -Quieres un poco

    -No gracias no fumo

    -Jajaja es verdad solo haces otras cosas con esa boquita

    -Disculpa, eso fue algo qué pasó sin pensar

    -Tranquilo no te preocupes no me molesta lo que vi

    -Gracias por entender no sé qué me pasó ese día solo se dio por casualidad

    -Así como ahora estamos solos aquí por casualidad

    Marco estaba con su pijama puesta, un buzo de maga larga un pantalón fino a cuadros color rojo con negro en el que claramente se le marcaba su pene erecto que él se empezó a restregar mientras me miraba, se me acercó y me dijo:

    -Se ve que lo sabes hacer muy bien me gustaría probar esa boquita

    -En serio no imaginé que te gustaban los hombres

    -No me gustan pero el verte dejándote culear de Juancho me puso muy caliente

    -Y quieres culearme tu también

    -Si me parece una perfecta ocasión para que me agradezcas por mi discreción

    -Bueno te debo esa, que quieres hacer

    -Quiero que me lo mames y que te la dejes meter

    Estábamos tan cerca que sentía su verga dura pegada a mi, yo metí mi mano por el pantalón de su pijama y la toqué su verga era gruesa y estaba caliente, mientras la sostenía podía sentir cómo latía en mi mano, se la saqué de su pijama y lo hale de ella para mérenos a la bodega que no daba tanta privacidad porque era solamente una especie de jaula de malla, la ventaja es que el edificio es el más alto de la zona así que no era tan probable que nos vieran de otros lugares

    Una vez dentro de la bodega deje que Marco se diera gusto comiéndose mis labios a besos, sentía en su aliento el sabor de la mariguana que estaba fumando, me besaba tan bien que yo no quería que parara pero él me empezó a llevar hacia su verga y yo poniéndome cómodo después de unas sacudidas me puse a mamarle, no era precisamente dotado tenía unos decentes 16 cm de verga pero lo que le faltaba de lago de sobraba de grueso por lo que podía sentir como me llenaba la boca, empecé a succionarlo y a pasar mi legua por la cabeza de su verga, mientras lo lamía podía sentir que era muy venosa, tome sus nalgas con mis manos y lo empecé a llevarlo hacia mi, el entendió que debía empezar a congerse mi boca así que puso sus manos en mi cabeza y me la metió toda, pase mi lengua por la base de su verga y me la saqué para poder respirar pero me volví a llenar la boca con sus testículos que se sentían firmes a mis lamidas, llevábamos un rato entre mamadas de verga y lamidas de huevos hasta que Marco se quitó su ropa y yo la mía, abrí una colchoneta que había en la bodega y me recosté de espaldas en ella, Marco me abrió las piernas y se acostó sobre mi, el frío de la noche contrastaba con la calidez de su cuerpo desnudo sobre mi, mientras él me besaba el cuello yo pasaba mis manos por su musculosa espalda que siempre me excitó ver sobre todo ese tatuaje de un león que tenía ahí, apreté mis piernas alrededor de su cintura y el recorrió mi muslo con su mano, la llevo desde mi rodilla hasta mis nalgas y empezó a acariciarme el culo

    Levantó mis piernas las puso en sus hombros y con su verga en la mano empezó a explorar mi trasero y a darme ligeros golpes con su verga sobre la mía, me miraba con una cara de placer y unos ojos de pervertido que me encantaban, yo estaba recorriendo su pecho con mi mano acariciando sus pectorales, el me abrió más aún las piernas y me empezó a besar las nalgas poco a poco hasta llegar a mi culito penetrándome con su lengua eso se sentía tan bien que yo tomaba su cabeza y la apretaba contra mi culo para que continuara lamiéndolo, Marco volvió a poner mis piernas en sus hombros y a meter su gruesa verga en mi dilatado y mojado culo sus lamidas me habían dejado tan lubricado pero aún si me costó dejar entrar la gran cabeza de su verga, pero rápidamente mi dolor se transformó en placer cuando Marco empezó con el mete y saca que duro mucho tiempo mientras me tenía en esa posición con sus manos jugaba con mi pecho y se inclinó a mamarlos la sensación de doble placer que sentí con su verga dentro de mi y su boca chupando mis pezones es indescriptible

    Luego de un buen rato cambiamos de posición Marco se tumbó en la colchoneta y yo me metí su verga en el culo quedando sentado frente a él, estando en esa posición empecé a moverme yo controlando así el ritmo y el nivel de penetración él me tomaba por la cintura con sus dos manos y me acariciaba mientras yo me masturbaba, llegue a un punto dónde ya no pude aguantar más y me vine sobre el pecho de Marco que me seguía penetrando hasta que le dije:

    -Ya mismo acabas

    -No aún me falta, qué pasa no aguantas mi verga

    -Es muy rica y gruesa pero me duele un poco el culo

    -Quiero acabar, déjame venirme en tu boca

    -Si que rico té la mamo hasta que te corras

    Marco siguió recostado y en esa posición me puse a chuparle la verga tanto que ya sentía mi mandíbula adormecida por lo abierta que tenía la boca para aguantar lo grueso de la verga, empecé a masturbarlo hasta que después de un rato me dijo:

    -Pon la boca me vengo

    Obedientemente abrí la boca el metió su verga en ella y con unos pocos movimientos de penetración sentí como la caliente leche llenaba mi boca, se sentía espesa y de un dulce sabor, me la tragué toda y con mi legua limpié por completo la cabeza de la verga de Marco, no vestimos serranos la bodega y en el ascensor nos dimos un último beso y le dije:

    -Te gusto

    -Si cabrón que rico estuvo

    -Si que duras para acabar

    -Si estaba bien arrecho pero el fumar hierba hace que dure más

    -Si que la tienes gruesa me dejaste doliendo el culo

    -Jjajaja oye quien culea más rico Juancho o yo?

    -No se tendría que culear con los dos al mismo tiempo para decidir jajaja

    -Jajaja arrecho eso sería rico habrá que ver puede que algún rato en una borrachera te demos los dos

    -Eso sería rico un trío con ustedes en uniforme

    -Ya veremos si se da

    Llegamos al piso dónde vivimos y nos despedimos.

  • Sorpresa, Amo

    Sorpresa, Amo

    Había tratado de buscar algún pretexto para no ir a la cocina con él, he estado cruzando mis piernas por un largo rato, me siento agitada, excitada, quiero sentirlo cogiéndome, deseo volver a tener su semen recorriendo mi boca.

    He dicho que necesitaba llamar a mi madre un momento, que lo encontraría en la cocina.

    Tan rápido sale de la habitación me apresuro a buscar lo que necesito, quiero sorprenderlo tal y como había fantaseado con esta escena.

    Usaré una de sus camisas desabotonada, llevaré mis senos descubiertos, me pondré mis bragas negras con mis medias de red que tanto le gustan.

    Debo encontrar las esposas para yo misma esposarme, y llevare en mi boca mi collar, en señal de que ahora soy YO la que quiero que me tomé pero que no olvido que es él, quien decide si quiere tomarme.

    Estoy lista, camino y entró silenciosamente, me arrodillo con mis manos esposadas al frente y el collar en mi boca.

    Siento como mis pezones están tan rígidos y estoy tan mojada que fácilmente podría pasar sus dedos y sentir que su putita esta lista para su Amo. Lo contemplo, adoro su dorso y quiero tocar sus brazos, mi Amo es tan sexy que me tiene a sus pies, queriendo y rogando más de él.

    He sido tan sigilosa que ha volteado la cabeza solo porque sintió mi presencia.

    Con una mirada de fuego y mirándolo directamente, dejo caer el collar en señal de que me lo ponga, él sonríe.

    Está caminando así mi.

    Por favor amo, quiero demostrarle cuánto lo deseo.

    No contesta.

    Toma mi collar y empieza a ponérmelo; es un SÍ, lo sé.

    Mientras empieza a abrochar mi collar está frente a mí, así que empiezo a jugar con mi boca en su short, estoy tratando de buscar su erección con mis dientes, la he sentido, pero sin pensarlo me doblego casi al suelo y empiezo a lamer su pie, empiezo a subir lentamente usando mi lengua y besos lentos, recorro su muslos y piernas, con mis dientes tiro del short y bóxer para quitárselo, en cuanto lo he conseguido, mojo mis labios y meto su pene con lentos lengüetazos en mi boca, deseaba tanto chupársela… su sabor y tamaño me vuelven loca, así que cada vez empiezo a hacerlo más rápido y más profundo sin dejar de mirarlo… a este punto sé que mi Amo lo está disfrutando, su respiración ha cambiado, me mantengo así, y también lamo un poco sus testículos con movimientos circulares.

    Estoy tan excitada.

    Me para por un momento, frota su pene en mi cara y juguetea con él en mi boca con ligeros golpes en mi lengua, me levanta y dice:

    Qué quieres putita? -Mientras me palmea mi vagina sintiendo mi humedad.

    -Deseo ser suya Amo, quiero tenerlo dentro de mi y beber su semen, deseo su sabor. -Le contesto.

    Me besa tan fuertemente, me voltea y recarga sobre la mesa y me dice:

    -Dilo más fuerte -mientras empieza a azotar mis nalgas con sus manos.

    Lo repito más fuerte, usando diferentes palabras, rogándole que me coja.

    Se acerca a mi oído y me dice:

    -Te cogeré como lo quieres MI PUTITA.

    Ha puesto mis manos esposadas tocando mis rodillas, y de un fuerte golpe me empieza a coger, estoy gimiendo como nunca, deseaba tanto esto, ha metido sus dedos a mi boca y estoy succionándolos. Disfruta también con sus manos mis senos.

    Los dos disfrutamos el vaivén de nuestros cuerpos, el sonido de cómo choca conmigo cada vez es más fuerte, me está cogiendo con tanta fuerza que estoy llegando a un excitante y delicioso orgasmo.

    Me ha tomado rápidamente del cabello y arrodillado, empieza a seguir haciendo que se la mame… empieza a gruñir un poco y en mi boca siento su orgasmo, su semen tan caliente en mi boca. Lo trago y me mantengo chupando lentamente.

    He conseguido lo que quería, mi Amo me ha dejado ser suya en el momento que lo deseaba.

    Lo miro a los ojos una vez más y le digo:

    -Gracias amo por permitirme ser suya.

    Me levanta y tira de mi collar para acercarme a su cara y me dice:

    -Ahora es mi turno -con una sonrisa perversa.

  • Mi prima Valeria (Parte II)

    Mi prima Valeria (Parte II)

    No me quedó otra opción más que meterme dentro de la pileta. Quisiera o no mi cuerpo estaba reaccionando al ver a mi prima con ese bikini puesto. No es que tuviera la pija totalmente erecta ni cerca de eso, pero sentí como empezó a reaccionar, la sentía apretada entre la tela y mi pierna.

    Mientras Vale se iba metiendo en la pileta desde las escaleras en la parte menos profunda, los comentarios por su traje de baño no se hicieron esperar. Desde críticas de mis tías para que se cubriera un poco, hasta gritos de su hermana diciéndoles que se callen y mencionando lo bien que le quedaba y lo “potra” que estaba.

    Mis primos se limitaron a reírse del intercambio. Creo que sabían tan bien como yo que cualquier comentario que hiciéramos iba a sonar raro e íbamos a quedar como unos pajeros. Después de todo era nuestra prima casi 10 años menor.

    Vale se acercó hasta la parte de la pileta donde estábamos nosotros y se apoyó contra el borde justo al lado mío. Enseguida se acomodó y puso un codo sobre el borde y el otro sobre mi hombro. En cuanto hizo esto la miré, supongo que con la mayor cara de idiota que podía lograr, al menos eso interpreto por su reacción:

    -Qué? Pasó algo? -Me dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Que linda era cuando sonreía, que bien le quedaba el pelo atado, cómo resaltaba ese cuello largo y tentador.

    -No, nada. Me quedé colgado pensando en otra cosa -dije mientras desviaba la mirada y trataba con todas mis fuerzas de no mirar debajo de línea de su cara. Y mientras hacía un esfuerzo por volver a prestar atención a la conversación de mis primos, ella se acercó a un centímetro de mi oreja izquierda.

    -Podes mirar tranquilo si querés. Yo ya te vi a vos, lo justo es justo -me dijo casi susurrando.

    Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo cuando la sentí pronunciar esas palabras pegada a mi oído. Me di vuelta despacio para mirarla mientras volvía a apoyarse en el borde de la pileta, de nuevo con esa sonrisa tan traviesa como encantadora. Solo quedaba afuera del agua todo lo que estaba por encima de la mitad de su corpiño. Y si bien no tenía un pecho voluptuoso y llamativo como su hermana, se marcaba lo suficiente en el corpiño del bikini como para desviar cualquier mirada. Firme, con una curvatura que se dejaba espiar por los costados y con una leve elevación en el centro, que dejaba adivinar sus pezones a través de la tela de tal forma, que la tentación de acariciarlo era casi irresistible. Se me hace agua la boca de solo recordar ese momento. Estoy seguro que el rápido segundo que me tomé para admirar esos detalles no pasó desapercibido por mi prima, que seguía mirándome a los ojos sonriendo divertida.

    La verdad no sabía cómo reaccionar a todo esto. Estaba nervioso, ya no era parte de mi imaginación, esto ya no era un intercambio típico entre primos.

    A la vez mi cabeza me decía que no, que eran ideas mías, que no podía ser que mi prima, mi hermosa, dulce y veinteañera prima se me estuviera insinuando. Seguro solo estaba jugando, quería provocarme para burlarse de mí y nada más. Estaba en esa edad, cuando saben que con ese cuerpo y una sonrisa pueden conseguir lo que quieran fácilmente.

    Uno de mis primos tuvo la idea de poner una red que solíamos tener guardada y hacer un partidito de vóley en la pileta. David dijo que no tenía ganas así que salió de la pileta y se tiró al sol en una de las reposeras, al resto nos gustó la idea de Pablo así que me ofrecí para ir a buscar la red. Estaba agradecido de poder alejarme de ahí por un momento y refrescar un poco mi cabeza.

    Cuando volví me encontré con que los equipos ya estaban armados. Sofía y Pablo por un lado y Valeria y yo por el otro. No le di mucha importancia, porque claramente no me puse a pensar las contras que podía tener esa situación.

    Pusimos la Red y estuvimos jugando un buen rato, un partido parejo y divertido, desde el verano pasado que no hacíamos algo así. Toda la tensión anterior había desaparecido. Con Vale hacíamos un buen equipo y cuando decidimos dar por finalizado el partido Sofí se subió a los hombros de Pablo y le dijo a Vale que haga lo mismo conmigo. Que iban a pasar la pelota de un lado al otro y la que no lograra hacerlo perdía el partido. Era a todo o nada. No había terminado de hablar que las manos de Valeria ya estaban sobre mis hombros esperando que me agache un poco para dejarla subir.

    No había mucho que pudiera hacer, no podía decir que no, no tenía razones para decir que no. Pero tampoco sabía lo que ese contacto tan directo me podría provocar. Todo el nerviosismo volvió de golpe.

    Me agaché un poco y se subió a mis hombros. Todavía recuerdo la sensación de sus piernas a los costados de mi cara. No sabía de dónde agarrarla, la agarré de los tobillos, después de la ante pierna y finalmente le agarré los muslos para sostenerla y que ella pudiera estar estable y usar sus manos. Su piel invitaba a acariciarla, podía sentirla lisa y suave, todo intensificado al estar tan mojada, casi hacía que mis manos se resbalaran cuando la sujetaba.

    Hasta que Sofía se dispuso a sacar, Vale mantuvo sus manos sobre mi cabeza jugando con mi pelo. Como cuando te lavan la cabeza en la peluquería, sus dedos masajeaban mi cabeza “inocentemente”. Era una tortura que no debe haber durado más de 5 segundos, pero a mi se me hizo eterno.

    La verdad, ya ni me acuerdo quién ganó, lo único que recuerdo de ese momento son las sensaciones. Sus piernas sobre mis hombros, la suavidad de su piel y sentir todo su pecho contra mi espalda cuando finalmente bajó de encima mío.

    Mi cabeza era un desastre. Pasamos el resto de la tarde tirados al sol, tomando cerveza y charlando, charla de la cual mucho no participé. Estaba demasiado ocupado tratando de no pensar en todo lo que me estaba pasando.

    Estábamos tirados en las reposeras, Valeria a mi derecha, Sofía a mi izquierda. Yo me puse boca abajo con la cabeza apuntando a la pileta y los anteojos de sol puestos. Necesitaba algo que cubriera un poco mi cara y que nadie empezara a preguntarme en qué estaba pensando. Estaba totalmente perdido en mi propia cabeza.

    Todo esto parecía uno de esos relatos eróticos que había leído alguna vez en internet. Pero no, esto era la vida real y las cosas no son tan sencillas, fáciles y directas. Era mi prima, mi viejo era el hermano del suyo, nuestras familias se veían seguido, no había forma de que algo como lo que me imaginaba estuviera pasando.

    Pero y si enserio mi prima quería algo conmigo? Cómo iba a funcionar? Nos escapábamos a escondidas del resto? Poníamos excusas cada vez que nos veíamos? Teníamos que ir a un hotel cada vez o podía venir a mi departamento sin que nadie se diera cuenta? Mis vecinos no la conocían, no sabían que era mi prima, por ese lado no me tenía que preocupar. Mientras nuestras familias no se enteraran de que ella venía no íbamos a tener problema. Ella podía decir que pasaba la noche en lo de una amiga, o que se iba a bailar y listo.

    -Me pones crema en la espalda?

    Eso me sacó de golpe de mi nube de pensamientos. Y me descolocó totalmente. Por un momento entré en pánico, pensando que quizás había estado moviendo los labios y diciendo las cosas en voz alta en vez de solo pensarlas.

    -Si, dale, dame -respondió Sofía.

    No entendía nada. Miré a mi derecha y vi a Valeria sosteniendo el tubo de crema en la mano, apuntando con su brazo a su hermana que se acababa de levantar y estaba a mi otro costado.

    Volví a mirar a la pileta. Traté de simular que no había pasado nada y pretender no darme cuenta cuando Valeria se desabrochó la parte trasera del bikini.

    -Para qué?! Si es solo un hilo! Sofía te puede poner la crema sin necesidad hacer de eso! -pensé.

    Mi cuerpo otra vez empezaba a reaccionar. Qué bueno que estoy boca abajo, pensé.

    Me propuse no levantarme de la reposera antes que Valeria, no iba a dar siquiera la chance a tentarme y mirarle la espalda, o el costado del pecho que seguro se podía ver aunque sea mínimamente. Ese pecho que seguro entraba perfecto en mi mano.

    No, tenía mi celular, podía ponerme a ver Instagram, descargar algún juego, lo que se me ocurriera.

    Por suerte no tuve que esperar mucho. Mis tíos avisaron que ya se estaban yendo y tanto Sofía como Valeria habían venido con ellos. Ambas se levantaron, agarraron sus cosas y entraron a la casa.

    David y Pablo me ayudaron a acomodar un poco las cosas en el patio y también entraron para poder buscar lo que habían traído. Ellos habían venido con sus propios autos, pero aprovecharon que ya todos se iban para hacer lo mismo.

    Yo me quedé un rato afuera admirando el atardecer. Era probablemente lo que más me gustaba de la casa de mis viejos. Que cuando bajaba el sol se podía ver el atardecer completo en el horizonte sobre el lago artificial que había en el barrio.

    -Es un lindo paisaje -dijo Vale que apareció atrás mío. Ya cambiada, de nuevo con ese pantaloncito que le quedaba tan bien y resaltaba sus piernas.

    -Sí, es lo mejor de venir a pasar la tarde acá.

    -Tenés un montón de fotos de ese atardecer en tu Instagram. Son todas re lindas.

    Desde hacía unos años me había interesado por la fotografía. Me había comprado una cámara réflex digital intermedia, un par de lentes, un trípode y todo tipo de accesorios. La casa de mis viejos era ideal para practicar. Por la noche tenías el cielo estrellado que en la Ciudad no podes ver y al atardecer la mezcla de colores y la intensidad del sol hacían que fuera un lugar ideal para practicar.

    -Siempre quise una foto con ese paisaje -dijo mi prima.

    -No traje la cámara hoy. La iba a traer pero me la olvidé.

    -No importa. Me sacas una con el celular? -me lo dijo mirándome fijo y con los ojos bien abiertos. Sonriéndome. Sabía que no podía decirle que no.

    -Ok, dámelo.

    -No, el mío no saca lindas fotos, sácame con el tuyo que es mejor. Después me la pasas por Whatsapp.

    -Ok, dale ponete.

    Le saqué tres o cuatro fotos mientras hacía poses, de costado, de rodillas, sonriendo, sacando un poco los labios. Las fotos típicas que le gustaba sacarse. La verdad que salieron muy bien y ella quedaba preciosa con ese fondo anaranjado.

    -Ahora sacate una conmigo!

    No me dio tiempo a responder que ya me estaba agarrando del brazo y tirándome a donde estaba ella.

    -Dale, mirá la cámara! -Me sacó el celular de la mano y tomó la primer foto con los dos mirando hacia la lente. Nuestras cabezas apoyadas una contra otra, ella agarrándome fuerte con su brazo atrás de mi espalda y su mano sobre mi hombro -Otra!

    No lo pensé, después de esa primera foto mi brazo que había quedado colgando atrás de ella la tomó de la cintura y la apretó contra el costado de mi cuerpo. Lo hice un poco fuerte, pero no pude evitarlo. Tenía la necesidad de sentirla cerca. Me pareció escuchar una pequeña risa o un suspiro cuando hice eso y mientras esperaba que se escuchara el sonido de la segunda foto siendo tomada, sentí como la húmeda boca de mi prima se impactaba contra el costado derecho de mi cara. Como su nariz también se apretaba contra mi cachete. Y ahí se escuchó el click de la cámara del celular.

    -Gracias! No te olvides de pasármelas -me dijo sonriendo y entregándome el celular mientras me daba otro beso en el cachete, esta vez más cerca de la boca. Yo no reaccionaba.

    -Y acordate que tenés que traer el juego a casa para mi cumple. -Continuó diciendo mientras se alejaba caminando de espaldas y tirándome otro beso a lo lejos.- Nos vemos!

    En un par de semanas era su cumpleaños, así que no iba a pasar tanto tiempo hasta que nos volviéramos a ver. Yo tenía un juego de mesa en mi departamento que a ella le gustaba mucho y siempre me pedía que lo lleve a las reuniones para jugar entre todos. Me reí para adentro cuando me lo puse a pensar, porque el juego se llamaba “Tabú”, una estupidez pero me causó gracia y me sacó del trance en el que me había quedado.

    ————

    Esa noche después de llegar a casa, darme una ducha, prepararme un sándwich con las sobras del asado que me había llevado de la casa de mis viejos, me senté en la cama, apoyado sobre el respaldo, prendí la tele y agarré la compu.

    Ni siquiera recuerdo haberlo pensado. Como un autómata entré a Instagram y busqué el perfil de mi prima.

    Me puse a mirar las fotos que tenía subidas. Las fotos en el boliche con sus amigas, las fotos tirada en su cama con sus libros de la facultad y las fotos que tenía en sus vacaciones por Europa hace algunos meses. Fui y vine varias veces mirando esas fotos. Algunas jugando en el agua, en esas típicas playas con el agua cristalina de un dejo verde azulado. Otras directamente en la arena o haciendo poses en bikini. De espaldas pero mirando a la cámara. Mostrando esa cola que hacía unas horas me había dado vuelta la cabeza. Siempre sonriendo.

    No sé cuánto tiempo estuve viendo esas fotos, pero no podía dejar de verlas. Me sorprendía la curvatura perfecta de esa cola, no importa el ángulo de la foto, el fondo, el bikini que tuviera puesto, siempre me parecía perfecta. Lo sentía como una obsesión. Quizás era el hecho de que fuera una chica de 20 años, quizás fuera porque era realmente hermosa, quizás no quería admitir que era mayormente por que era mi prima o quizás era una mezcla de todas esas cosas, pero no podía dejar de mirarla.

    Empecé a imaginarme qué hubiera pasado si cuando me encontró en el baño yo no me hubiera cubierto o si yo hubiera entrado al baño cuando ella se estaba cambiando. Hubiera pasado algo? Qué podría haber hecho? Quedarme mirándola para ver cómo reaccionaba? Esperar una sonrisa de su parte para tomarlo como una invitación a entrar? Y una vez adentro? Me hubiera acercado despacio a ella y quizás acariciarle suavemente la cara mientras ella me sonreía? Hubiera acercado mi cara a la suya y la hubiera besado despacio, apoyado mis labios suavemente en los suyos, mientras los dedos de mi otra mano empezaban a hacer contacto delicadamente con la parte baja de su espalda desnuda? Sus labios serían suaves, dulces, de esos que dan gusto besar y apretar entre los míos. Seguro que la empezaría a traer hacia mi, apretarla contra mi cuerpo. Sentirla y hacer que me sienta. Seguro que…

    -No, basta. -Cerré la ventana de Chrome. Cerré la tapa de la computadora y la dejé a un costado.

    Agarré el control remoto, y me puse a buscar en Netflix algo para ver. No sabía que buscaba, no sabía que quería ver. Lo único que sabía con certeza, era que si no cerraba esa ventana me iba a terminar perdiendo en esos pensamientos.

    Nunca, con ninguna de mis exnovias, con ninguna chica que haya estado, experimenté algo que me despertara sensaciones tan fuertes como las que ese momento de imaginación pura me había provocado. No lo podía describir, era algo muy sensual imaginarnos así, era deseo puro.

    Ya está, ya pasó. A concentrarme en otra cosa. Fue algo de un día y nada más. Mañana ya me iba a importar menos.

    En el fondo creo que sabía que no era cierto, pero no estaba ni cerca de imaginarme como todo esto iba a terminar.

  • Relación abierta (Parte 1)

    Relación abierta (Parte 1)

    Él me propuso una relación abierta, la verdad es que no me agradó la idea. Me gusta una vida tranquila y monógama, sin embargo sé que de no aceptar él se marcharía.

    Mi primer pensamiento fue si de verdad no lograba satisfacerlo, pero no creo que sea eso, cuando lo montó sé que lo disfruta, se lo chupo al menos cada tercer día, lo dejó terminar en mi boca, en mis tetas y en este momento estamos dejando que me abra el culo, me duele mucho pero quiero que me lo haga por ahí para que me lo llene de lechita.

    Me lo dijo el domingo y al próximo viernes llegó en la noche con una chica. Yo estaba acostada en nuestra cama, siempre he dormido solo en ropa interior, se paró con ella enfrente de la cama, me la presentó como Aide, ella solo me sonrío, supongo que no era su culpa, yo acepté, pero al verla ahí en frente de mi cama con mi esposo quería llorar.

    Él la tomo por la cintura y comenzó a besarla, ella llevaba un vestido corto y botas largas, metió su mano y comenzó a jugar con su vagina, ella jadeó un poco, debo decir que él es muy atlético, una verga grande, gruesa y guapo así que es bueno en el sexo, le ordenó que se quitara el vestido y el brasier, comenzó a chupar sus pezones y se pusieron duros. Entonces volteó y me dijo “pon una película porno”.

    Mientras tanto él se desvistió, se acostaron en la cama dejándome a mí en medio, ella acarició mi rostro, quiso darme un beso, pero retrocedí asustada, él metió su mano en mi vagina y comenzó a meterme un dedo, enseguida me mojé, escuchaba los ruidos de la película y más me calentaba, entonces comencé a acariciar sus pechos por encima del brasier. Ella se lo quitó y los puso en mis labios, mi marido abrió mis piernas y me metió dos dedos, yo terminé dos veces.

    Él se paró y nos ofreció su verga, nosotras en seguida lo chupamos, ella lengüeteaba la punta y yo el resto, entonces empecé a chuparle los huevos y ella se metía su miembro, en ese momento nos jaló del cabello y me preguntó “estarías dispuesta a chuparle la concha?”, yo respondí que haría todo lo que quisieran. Entonces se puso encima de mí y me penetró, ella se puso encima y comencé a chuparla. Nunca lo había hecho y no sé si fui buena haciéndolo, me ayudé con mis dedos y comenzó a jadear fuertemente, no lograba concentrarme mucho ya que a mí me estaban dando súper duro y estaba disfrutándolo. Él tiró de mis pezones y metió sus dedos en su vagina, creo que fue agradable sentir sus dedos y mi lengua porque tuvo dos orgasmos. Él terminó adentro de mi vagina y ella bajó y comenzó a chuparme para tragar su leche.

    Se acostó en la cama y comencé a lengüetearlo, así se le vuelve a parar, se puso un condón y la penetró, esta vez ella lo montó, yo acaricié sus pezones y los besé, la besé, quería que lo disfrutara. Tuvo un orgasmo más y se vino varias veces.

    Después de eso dormimos, sin embargo esto es solo el comienzo…

  • Intimando con la madre de mi chica

    Intimando con la madre de mi chica

    Lo que relataré a continuación es una historia fascinante y real.

    Soy un hombre de 48 años, cuando tenía 42 años conocí a una chica en estos sitios web de hacer amistades, al ver sus fotos la saludé y ella a los días respondió.

    Es una mujer de 27 años, mide 170 cm, piel blanca, cabello largo de color negro, ojos marrones claros, un busto 36-B natural adornado con incontables pecas al igual que hombros y espalda, caderas un poco anchas, cintura algo pequeña; y como buena venezolana es bastante coqueta de buen vestir, aparte le gusta ejercitar al aire libre, cuida de su físico y salud, tiene hermosa sonrisa y agradable trato.

    Me costó mucho que me diera su número de teléfono para así poder conocernos mejor, pienso que por seguridad (en esos dominios web no se sabe a ciencia cierta con quién estás chateado).

    En realidad desde joven me gustaron las mujeres mayores que yo, pero en este caso me agrado ir conociendo a esa chica.

    Con el tiempo chateando por Whatsapp decidimos conocernos en persona, fuimos a cenar y tomar algo, en esa primera cita puede ver en realidad como era esa chica que solo la conocía en fotos y notas de audio, pasamos una noche increíble (no hubo sexo).

    Después de pasar un tiempo saliendo juntos, un buen día me invita a su casa, debía estar ahí el sábado, ella estaría con su madre compartiendo unos tragos y escuchando música.

    Yo no conocía a su madre.

    Llegó el sábado, no negaré los nervios que cargaba ese día camino a la casa de ella.

    Me relaje y dije «tranquilo es solo una reunión para compartir»

    Cuando llegue a su edificio, le pasé un mensaje diciendo que estaba abajo, ella bajó se montó en el auto, me dio un beso muy apasionado al cuál yo correspondí, ella llevaba puesto una mini falda blanca suelta, sandalias altas, un top color blanco si brasier, cabello suelto y un esquisto perfume que de inmediato me encendido el morbo.

    Seguimos besándonos y mis manos explorando por debajo de su falda. Me dijo -entra al estacionamiento y te paras en el puesto PH-2. Así lo hice, era bastante oscuro el sitio, apague el motor y seguí con mi faena, baje el top y comencé a chupar sus pechos, lamía sus pezones con lujuria, una de mis manos ya estaba dentro de su pantys tipo hilo acariciando suavemente la depilada vagina, pude sentir como mis dedos se resbalaban entre los labios de lo humedad que estaba, ella jadeaba y me apretaba contra sus senos, hasta que dijo -ya basta, vamos a subir, mi mamá va a sospechar que estamos haciendo algo. Dije «está bien» saque mi mano y me chupe los dedos impregnados de su exquisito néctar, ella sonrió con deseo y picardía, se acomodó la ropa íntima y el cabello, subió el top, paso las manos por la cara y nos bajamos.

    En el ascensor me iba preguntando ¿Cómo será su mamá? Llegamos, ella abrió la puerta, su madre estaba sentada en un sofá a pocos metros de la entrada del apartamento, se levantó con una sonrisa cálida y dulce, es una mujer alta cabello con mechas claras, perfilada, buen busto y trasero grande, lindas piernas y elegante, llevaba un vestido corto ajustado que reafirmaba sus curvas y detallada bien la silueta.

    Mi chica le dice -mami él es el hombre de que te he hablado, con el que he estado saliendo. Ella de acerca y extiende la mano y me dice «mucho gusto caballero, mi hija me habla mucho de ti, eres más guapo en persona que en fotos», mientras seguía sujetando mi mano.

    Me puse tan nervioso que dije cosas torpes, me puse rojo como un tomate, ambas se dieron cuenta y al mismo tiempo soltaron la carcajada.

    Mi chica me dijo «¿No me digas que mi mami te intimidó?» Jajaja me reí mucho cuando dijo eso, pero en realidad esa espectacular mujer sí me había intimidado.

    Acto seguido me senté en un mueble frente a ella y ni chica dijo que iba un minuto al baño, comencé hablar con mi suegra por así decirlo, pero su mirada profunda penetraba mis ojos, ella cruzaba constantemente las piernas y así me dejaba ver su prenda íntima Blanca de encajes y algo trasparente, no sé si lo hacía adrede o es un poco descuidada en la forma de sentarse.

    No negaré que realmente a quien debería estar vistiendo y saliendo es con la madre y no con la hija, es una mujer que le calculé unos 46 años bien llevados, una mujer hermosa y sexy, «de tal palo tal astilla»

    Ella sonreía mientras hablaba, me contaba que tenía tiempo sola y que su círculo de amistades estaba fuera del país por infinitas razones que no vienen al caso, me decía que siempre estaba sola en el apartamento, que sólo salía para hacer sus diligencias cotidianas y ejercitar, trabajaba desde casa, me contó que es contador y administradora, al rato de la conversación me preguntó si quería un trago, le dije que sí, ella se levantó y se dirigió a la cocina a buscar un vaso más hielo, me sorprendió ver su elegante caminar, es realmente una diva, disimuladamente volteo cuando paso para verla por detrás, ella volteó de sopetón e me pillo viéndome el trasero, solo sonrió y siguió.

    Estaba embobado con esa mujer, llegó me entrego el trago y se sentó en el mismo lugar, abrió las piernas y la dejo un rato así, me puse nervioso pero no quite ni mirada de en medio de sus piernas, ella como si nada. Llegó mi chica a la sala, se sentó a mí lado y su madre cruzo las piernas, seguimos conversando, bailando solo los tres y tomando, la noche se hizo corta y divertida.

    En un momento dije que me iba y mi chica respondió que no me fuera, que era muy tarde, que es peligroso, además estaba tomado, que el sofá era bastante cómodo o si quería había una habitación con una cama desocupada (me imaginé que no dijo para dormir con ella por respeto a su madre)

    La mamá me dijo que me quedara, que no había problema.

    Mi chica saco una almohada y cobija y me dijo dónde estaba la habitación.

    Ella estaba bastante tomada y se fue a dormir, cayó como un plomo (palabras textuales de la mamá que había entrado a su cuarto y la vio tendida boca abajo en la cama con la misma ropa que cargaba)

    Yo seguía sentado en la sala y mi «suegra» me dijo que se daría una ducha, que si quería me sirviera otro trago, le dije no gracias está bueno por hoy, y le pregunté ¿Que si después que ella saliera de la ducha yo me podía bañar? Me respondió que sí, al salir ella del baño usará ése mismo, que habían toallas ahí (Era el baño de su habitación)

    Tardo bastante en terminar, me estaba quedando dormido en el mueble, de pronto salió y me dijo, «ya está desocupado, puedes entrar» tenía puesta una bata casi trasparente negra de esas que son cruzada y amarradas a la cintura disimuladamente la vi de reojo y pase por un lado de ella, entre al baño, cerré la puerta, me quite la ropa, orine y cuando vi al rededor, me di cuenta que la ropa interior usada estaba puesta encima de en un sesto al lado de la puerta de la ducha.

    Mi curiosidad se elevó y sin pensarlo mucho busque para ver si ahí estaba el pantys que se había puesto esa noche, busque y ahí estaba, lo reconocí por qué desde que llegué en cada cruce y abrir de piernas me lo mostraba.

    Lo tome con ambas manos, estaba enrollado, lo acomodé y busque la parte baja del diminuto triángulo, me lo llevé a la nariz, realmente estaba oliendo la vagina de esa elegante y divina mujer con la que había compartido la noche junto a mi chica, la olía y olía, mientras más lo hacía más me excitaba, era olor a orine, sudor, sexo, perfume, sin contar que la prenda estaba Humedecida con un viscoso líquido casi trasparente, ese olor me provocaba más morbo y ver esa pequeña marca de humedad justo donde pega la vagina me puso a millón, no tarde mucho en pasarle la lengua y luego pasear mi pene por esa pantaleta sudada y olorosa de mi «suegra».

    Mi pene quería estallar, palpitaba mientras se iba lubricando, comencé a frotarlo con ella, ese pedacito de tela Era como si la estuviera penetrando, literalmente me estaba masturbando con esa prenda, hasta que acabe un Gran chorro de semen que bañé toda la pantaleta.

    Después de terminar y volver en sí, me pregunté ¿Y ahora qué hago con está pantaleta llena de esperma? Lavarla no era opción, esconderla tampoco y menos dejarla ahí tal cual cómo la encontré pero llena de esperma, tampoco era opción.

    Mientras pensaba que hacer, tocan la puerta, era ella preguntando si me pasaba algo que no escuchaba la regadera y estaba demorando mucho, con voz nerviosa le dije que no me pasaba nada que ya iba a entrar en la ducha.

    Me dijo voy a entrar un momento a buscar algo y salgo en seguida. Le dije que estaba bien mientras limpiaba y colocaba el pantys donde lo encontré.

    Después de hacer eso, me metí en la ducha y dije que pasara. Yo estaba muy nervioso porque si se daba cuenta quizá se lo diría a mi chica.

    Ella paso y vi por la puerta de la ducha que es de vidrio biselado que fue justo a dónde había colocado la ropa que se quitó y me dijo, voy a llevar está ropa sudada al lavandero, ¿Quieres que lleve la tuya para lavarla junto con esta y así no te pongas mañana esa ropa usada? Ahí te dejo una bata que era de mi ex para que estés cómodo, le dije que sí y ella salió del baño.

    Mi corazón latía muy fuerte por los nervios, por mi mente pasaron infinitas cosas que no apuntaban a nada favorable.

    Seguí duchando, me sequé, me coloque la bata de su ex y salí. Cuando salgo m voy directo a buscarla a ver qué me dice y la encuentro en el pequeño lavandero, voltea me mira fijo a los ojos, yo no baje la mirada, «lo hecho, hecho está» pensé dentro de mí, pero mi corazón se quería salir de tanto palpitar, un silencio reinó por unos eternos segundos, ella tomo la prenda la desdobló, con ambas manos la subió como mostrado, me preguntó en voz baja “¿La reconoces?”. Con la cabeza asistí diciendo que sí, me miró y se llevó la prenda a la nariz y luego a la boca, pasó la lengua y me dijo “me gusta mi olor ¿A ti?”. Titubeando le contesté “¡SÍ me gusta! Y mucho”.

    Ella me dijo que la sorpresa que se llevó cuando vio su pantis lleno de mi esperma la dejo fuera de sí, yo me disculpé por el abuso, argumentando que no me resistí cuando vi su prenda tan sexy y quise sentir su olor en mi nariz.

    Ése olor me excitó muchísimo y fue cuando me masturbe con ella, intente limpiarla pero no me dio tiempo, entonces pensé en llevarme a casa para tenerla guardada, le dije que por mi mente pasaron muchas cosas, ella se quedó callada por un momento y me respondió

    -fue una divina sorpresa, ver mi pantys hilo mojado con tu fluido, era mucho y espeso, no aguanté la tentación y el morbo, que le pasé la lengua.

    ¿Pero cómo no vas a estar así? Si tengo desde que llegaste mostrándote cada vez que abro las piernas y las cruzo, no negaré que me quedé sorprendida, pero tampoco negaré que me gustó.

    Después de escuchar aquellas palabras mi mente se aclaró y mi corazón bajó el ritmo acelerado, solo la miraba pero esta vez con deseo, poco a poco me fui acercando a ella, al estar más cerca mis manos se colocaron en las caderas y la bese apasionadamente, ella correspondido de inmediato y un calor se apoderó de ambos, abrí su bata, ella no tenía nada puesto debajo, ella desamarro la mía y ambos quedamos desnudos, parados en ese lugar pequeño nos seguimos besando completamente desnudos, yo chupaba los grandes pechos y ella acariciaba mi cabeza, gemía y jadeaba en voz baja pero agitada.

    Poco a poco fui bajando mientras ni lengua hacia el recorrido por su vientre, hasta quedar de rodillas frente a ella, tenía su vagina justo en mi cara, subí la mirada mientras exploraba con la lengua, ella me miraba con los dedos entre ni cabello, con la punta de la lengua busca el clítoris, cuando lo encontré chupe y hale, cuando ella sintió eso, casi grita, busco el hilo se metió en la boca y clavo sus dedos en mi cuero cabelludo, hala y gemía mientras yo seguía lamiendo su deliciosa raja húmeda, se movía, arqueaba la espalda, yo seguí lamiendo y chupando el clítoris hasta que acabo en mi boca, sus piernas tiemblan y mi cabello casi queda entre sus dedos de los fuertes jalones que me propinó.

    Me levanté quedé frente a ella, nos besamos y enseguida la volteó, quedando a espaldas mías, ella con ambas manos de sujeto de la lavadora aferrándose a ella, arqueo la espalda y levantó la cola, yo de nuevo me puse de rodillas y lamí el culo, ella se movía de adelante hacia atrás llena de placer, yo abría sus nalgas y metía la lengua, cuando me levanté escuché cuando me dijo -por ahí es que deseo y quiero que me lo metas.

    Esa palabras me excitaron aún más, coloque mi pene en su dilatado ano y presione hasta ver cómo iba entrando completo, ella jadeaba y suspira profundamente.

    Ambos nos movíamos fuerte y una de mis manos estaban en la vagina, dos dedos entrando y saliendo, rozando las paredes internas de la vagina y el pulgar masajeando suavemente el clítoris, y la otra mano apretaban sus tetas y daba caricias a los pezones.

    En pocos momentos escuché cuando dijo -que divino te siento, que rico lo estás haciendo, dale más fuerte que me voy…

    Yo obedecí y seguí dando más fuerte, sentí como su vagina empezó a lubricante más, hasta que salió un fuerte chorro que parecía orine y corría por sus piernas hasta llegar al piso.

    De su vagina salieron varios chorros y eso me excitó muchísimo más, (les confieso que eso nunca me había pasado) pero debo decir que Era excitante ver y sentir como mojaba mi mano ese líquido cristalino que salía de ella.

    Ella no podía contener las ganas de gritar y mordía fuerte sus manos con el puño cerrado, yo por mi parte seguís moviendo y sentía que ya iba a acabar, ella estaba literalmente teniendo múltiples orgasmos en ese momento.

    Le dije que me iba, voy a acabar…

    Me separó de ella, se puso de rodillas frente a mí, comenzó a masturbar y hacerme el sexo oral hasta que explote dentro de su boca, ella se tragó todo mi semen y seguía chupando hasta dejar bien limpio mi pene.

    Se levantó, me dio un abrazo y un beso, solo me dijo -vete a dormir yo me encargo de todo y para mí fue un verdadero placer conocerte.

    Será nuestro secreto.

    D.A.

    Espero le haya gustado mi relato y espero sus comentarios Para mejorar y seguir escribiendo.

    [email protected].

  • Sí papi, soy tu putita (Parte 2)

    Sí papi, soy tu putita (Parte 2)

    -Muy bien, ahora quiero escuchar lo que te pedí

    -Solo «si papi»?

    -Claro que no, debes incluir la palabra putita

    -Bueno papi

    -Muy bien, como te sentiste

    -Te fue difícil, no verdad?

    -Nu

    -Buena chica, en la noche te daré tu premio.

    -Cual? decime Papiii

    -Tu lechita

    -Muero por ver papi

    -Te tendrás que vestir de una forma especial para ello, porque te llamaré.

    -Especial papi?

    -Si Gatita, con un vestido corto u otra ropa sexy

    -Video llamada?

    -Si, no quieres?

    -Si es que nunca hice una papi

    -Con daddy será la primera vez, como te vestirás para mi?

    -No sé si con pollera o con un vestido rojo apretado

    -Duermes sola?

    -Si, por qué papi?

    -Para que no te metas en problemas, la seguridad de mi bebé es muy importante.

    Pero hay un problema papi

    -Cuál es?

    -Hoy me va a venir, siempre me viene a la noche

    -Si quieres puedes solo ver

    -Pero como te excitarías?

    -Te acariciarás muy lentamente tus tetas y me mostrarás como te queda la ropa, además me pedirás la leche por audio, qué opinas gatita?

    -Si, papi estamos muy lejos me gustaría que estés aquí

    -A daddy le gustas mucho, que pase esto y podré ir a verte, acaso crees que dejaré que un mocoso te rompa la colita antes que yo.

    -Si nunca termina la cuarentena entonces puede que otro lo haga.

    -Terminará, te romperé ese culazo y si no termina de todas formas iré a verte.

    -Más lindo

    -Gatita tienes uniforme de colegio aún en el armario? Ahora decime quien te romperá ese culazo?

    -Nu bebé se lo regalé a mi prima. Vos me lo vas a romper papi

    -Gatita te gusta provoca a los hombres cuando sales?

    -La verdad uso short muy cortos así que supongo provoco a mucho.

    -Gatita que te atrae de las chicas? Sus tetas o nalgas.

    .Uff papi que pijon.

    -Te gusta gatita?

    .Mucho

    -Que estuviste haciendo?

    -Estoy por ir a lo de mi papá

    -Vos?

    -Unos ejercicios, si podes hacete una foto para daddy con esa falda negra

    -Más lindo, quieres que me ponga esa falda

    -Sí y cuando regreses te la quites haciéndome un striptease

    Un día después.

    -Holii papi

    -Te estuve esperando

    -Más lindooo, perdón en lo de mi papá no tenía internet.

    -Amor, puedo seguir mostrando mi cuerpo?

    -No tengo problema en que lo hagas, solo mantenme informado de cualquier eventualidad.

    -Todo?

    -No exactamente, en general

    -O sea si puedo subir una foto mostrando el culo? Como la que subí?

    -Claro, daddy está orgulloso de la hembra que tiene

    -Mostrando las shishis también?

    -Sí, no hay problema, pero cuidado con mostrar de mas

    -Lu se. Papi hay chicos que me piden fotos. A veces también viejos

    – Y que haces

    -Pues no mando pero a veces molestan mucho

    -Estuve pensando en ti

    -En serio? amor

    -Que pensabas?

    -En tu voz, en tu cuerpo… en cómo quieres a papi y cuan afortunado soy de poder guiarte.

    -Sos muy dulce amor

    -Pues me gustaría que estés conmigo. Es que me gusta mucho como sos

    -Y a mí que seas mi baby, llegaste a usar la falda que mencionaste?

    -Nu bebé, digamos que solo en verano me visto de forma provocativa… ahora solo uso jeans o buzos largos con medias, no muestro mi cuerpo cuando salgo.

    Bueno hasta aquí la segunda parte, la continuaría, pero hablamos muchas personales que no vienen al caso, en la siguiente entrega añadiré dos fotografías y habrá sex chat.

    Aqui una foto de mi gatita.

  • Primos lejanos, primera vez inolvidable

    Primos lejanos, primera vez inolvidable

    Adriana y Fernando son primos lejanos, casi que ninguno sabía de la existencia del otro. Hasta hace poco que las redes sociales hicieron su magia. En Facebook le sugirieron a un tal Fernando, tenían 25 amigos en común y para su sorpresa, sus padres, sus tíos y otros primos eran parte de esos amigos en común. Luego en Instagram también apareció como sugerencia. Entonces le preguntó a su mamá.

    —Ma, ¿quién es este? —Mostrándole la pantalla de su teléfono.

    —Mijita, es tu primo. ¿No te acuerdas de él? —Ella no tenía idea de él, hasta que su madre le hizo recordar las pocas navidades en que fueron a la capital con sus tíos. Pero… Fernando pasó de ser un niño chimuelo a estar guapísimo.

    Entonces Adriana le mandó una solicitud de amistad, recordó entonces que él no jugaba con ella por ser más pequeña, aunque solo era mayor por un año. Entonces si ella tenía dieciocho, él tendría diecinueve o a lo mucho veinte. Su piel blanca combinaba con su sonrisa. Pasaba largo rato mirando sus fotos. Aunque en su mente sabía que eran primos y esa era solo una fantasía. Pero él aceptó la solicitud. Cuando la notificación llegó, ella se puso muy nerviosa. Casi como si hubiera matado a alguien y la descubrieran. Fue él quien mando un saludo con un gift de gatitos para saludar.

    —Estaba seguro que me habías olvidado.

    —Te soy sincera, le pregunté a mi mamá quien eras.

    —Yo no me olvido de tus chinos.

    —¿En serio? —preguntó sorprendida.

    —recuerdo tu pelo, me encantaba verte en navidad. La niña del pelo rizado. Te sigo en Instagram.

    —¿En serio?

    —Sí, creciste y estás muy muy bonita —en su panza las mariposas revoloteaban. No era una X para él. Aunque seguía siendo su primo.

    —Pues tú no estás nada mal.

    —Gracias, ¿seguro tienes novio o muchos pretendientes?

    —No, soy un cero a la izquierda. ¿Y tú?

    —Recién terminé con mi novia, revisaba mi teléfono y me celaba… loca.

    —Ja ja pues estamos igual primo.

    —Está foto me gusta mucho —le envió una foto donde ella está de lado y se notan sus hermosas nalgas.

    —¡Qué pena!

    —Te digo que estás muy muy muy bonita. Ojalá y pronto nos visiten para saludarte y sacudir esos chinos.

    Durante días, que se convirtieron en semanas y a su vez meses. Platicaron por Facebook, Instagram, Whatsapp y todos los medios posibles. Hasta que los mensajes se volvieron video llamadas hasta altas horas de la noche.

    —Pero bueno que tú haces mucho ejercicio —le dijo ella después que el publicara Una foto sin camisa, mostrando un abdomen marcado.

    —No tanto, ¿pero tú qué haces para estar así?

    —¿Así como?

    —Pues bonita, levántate y muéstrame todo eso. No me explico que estés sin novio.

    —Igual y no encuentro al indicado —dijo mientras se levantaba y mostraba su cuerpo dando una vuelta entera.

    —Guau, eres hermosa —la sonrisa en la pantalla la llenaba de la alegría. Luego cortaban la charla y ambos se soñaban. Aunque Adriana es virgen, en varias ocasiones se tocó pensando en Fernando. Y el a escondidas o durante la ducha se daba tiempo de imaginarla sin esa pijama que ya soñaba con los ojos abiertos.

    Entonces a mediados de noviembre, los papás de Adriana le dijeron que no hiciera planes con sus amigos para navidad. Porque irían a casa de sus tíos.

    —¿A la capital? —preguntó ella emocionada y nerviosa.

    —Sí, insistieron mucho, además hace años que no nos vemos.

    —Ok

    —Además podrás ver a Fernandito. Está en la universidad y pregunta mucho por ti.

    —¿Por mi? —Dijo sorprendida.

    —Cálmante hija, solo es tu primo.

    Ahora contaba los días para ir a la capital y evitaba el tema con su primo, no quería demostrarle lo feliz que estaba de visitarle en navidad. Una semana antes empacó su ropa. No llevaría esa pijama vieja. Sin saber porque, colocó en su maleta lo mejor de su ropa interior. Unos cacheteros de colores, otro fluorescente y un par de tangas. Además de un pantalón de pijama nuevo.

    Por fin salieron en el autobús, ella nerviosa no pudo dormir a pesar de las horas que pasaron en carretera. En la central, sus tíos los recibieron para llevarlos a su casa. Aunque Adriana buscaba por todos lados, no vio a Fernando sino hasta la noche de ese 23 de diciembre. Llegó con unas bolsas del súper y le sonrió.

    —Hola chinita.

    —Hola —Ella quedó paralizada, era aún más encantador en persona. Alto, blanco y casi rubio. Sus brazos eran gruesos, al igual que sus piernas. Lo vio perderse hasta la cocina con las bolsas. Para luego volver y abrazarla efusivamente.

    —Estas más más más bonita en persona chinita. —además olía bien, no quería separarse de ese abrazo pero su tía los interrumpió.

    —Van a dormir en el mismo cuarto, ándale que te ayude a inflar tu colchón.

    —Sí, vamos. ¿Me ayudas?

    —Claro —dijo ella aún embobada viéndolo caminar tan seguro de si mismo.

    Él por su parte sentía como se abultaba en su entrepierna su emoción. Los labios hermosos de Adriana, su cara casi de niña que recordaba, pero con ese cuerpo tan bello que los años le fueron dando. Él se tomaba su tiempo para poder ir detrás de ella y admirar ese trasero precioso. Parecía que esos jeans reventarían a cada paso que daba.

    —Mira, es pequeña mi habitación, pero si cabíamos antes, cabemos ahora —Adriana podía percibir el olor de su piel, estaban muy cerca el uno del otro desenvolviendo el colchón inflable.

    —Seguro, será divertido.

    Mientras sus padres recordaban su infancia con sus tíos, ellos se comían con la mirada. Casi podía sentirse como se saboreaban el uno al otro.

    Ese 23 de diciembre, después de cenar, ella se puso su pantalón de pijama, era cómodo pero se amoldaba perfecto a su figura. Fernando apareció con unos shorts y camiseta. Ambos sintieron el impulso de saltar y comencé, pero se contuvieron por el nervio que sentían al estar juntos por fin.

    —Bueno chinitos… a dormir.

    —Claro —Ambos estaban nerviosos. Platicaron por horas de cosas tan triviales como sus canciones favoritas, la serie de moda y esa película del Jocker que a ella le pareció terrible y el amo. Para la madrugada, el colchón inflable estaba totalmente desinflado.

    —Bueno, dormiré en el piso —Dijo el resignado.

    —Ven, te hago un espacio.

    Adriana se recorrió dejando espacio para Fernando que se acomodó de lado.

    —Si te mueves me tiras —Dijo el divertido. Mientras ella se colocaba de lado para hacer un poco más de espacio.

    —¿ahí cabes?

    —Si —Él se acercó por detrás pegado a su espalda, haciendo una cucharita. Siguieron platicando mientras ella sentía como en medio de sus nalgas algo crecía y se endurecía. Aunque ella disimuló, era evidente que él estaba caliente. Su respiración era más rápida. Entrecortaba las palabras y tragaba saliva de manera excesiva.

    —¿Ya lo hiciste? —Preguntó dejando un silencio incómodo entre los dos.

    —¿Qué cosa? —Preguntó ella jalándole el brazo para quedaran bien acurrucados.

    —¡Ya sabes!

    —¡No! —Él se retiró un poco, pensando que estaba pervirtiendo a su pequeña prima. Pero ella lo jalo para quedar de nuevo embarrados, con su verga acomodada entre sus nalgas.

    —No entiendo cómo es eso posible, eres lo más hermoso que mis ojos puedan ver. Ni siquiera tienes novio.

    —No se ha dado el momento… creo.

    Él se pegaba más a ella, sin pensarlo sus labios rozaban su cuello. Ella se derrumbó, su cuerpo se flojo y volteó para buscar los labios de Fernando, mientras el buscaba bajo su blusa sus pechos. Al encontrarlos sobo sus pezones, dando pequeños pellizcos. Ella se retorcía, descubrió que su cuello era débil ante sus besos.

    —¿Te parezco bonita?

    —Eres hermosa chinita —bajó su mano hasta entrar en su pantalón de pijama, sintió su velocidad y luego la humedad entre sus piernas.

    —¡tú me gustas! —Ella pasó su mano por atrás y comprobó que aquel pene era más grande que su pequeña mano. Sobaba aquella verga sintiendo cómo él también se retorcía de placer.

    —¿estas lista?

    —No sé… —el respeto la duda y se dedicó a proporcionarle placer, metió su cabeza bajo las sábanas y beso sus pechos. Su saliva mojaba ambas tetas mientras sus manos frotaban entre sus piernas.

    —¡haaa!

    —¿se siente bien?

    —¡muy rico! —Ella buscaba sus labios para besarlo, perdida en el placer abría sus piernas que perdían su fuerza ante Fernando. Sintió un extraño calor generándose dentro de ella, crecía más y as hasta que sus ojos se pudieron en blanco.

    —¡haaaa! ¡Mmmmm ya ya ya!

    —¡Además de bonita, deliciosa! —Cuando lo miro, el chupaba sus dedos con restos de su fluidos. Se volteó y le dijo que durmieran. Algo que ella no pudo. Al día siguiente seguía húmeda, cuando despertó ella no estaba a su lado, se bañó, fue a la cocina y solo vio a su mamá y tía.

    —despertó la princesa —dijo su mamá acercándole un plato con hot cakes. Ayudó en la preparación de la cena, apenas volvieron los varones a ella le volvió la felicidad. La noche buena fue increíble, abrieron regalos. Sus tíos le regalaron un suéter, sus padres un teléfono nuevo.

    —Te falta ese —dijo Fernando, ella lo abrió y vio una taza negra. Ponle un poco de café, le dijo sonriendo.

    —¡Mira mamá! —Una foto de ambos cuando eran niños apareció. Todos festejaron, estaban abrazados junto al árbol de navidad muy pequeños.

    —¿te gusto?

    —¡Me encanto!

    Los mayores siguieron bebiendo hasta la madrugada, ellos se despidieron y ya ni siquiera inflaron el colchón. En cuanto cerraron la puerta ella se abalanzó sobre el para besarlo.

    Adriana le sacó la camisa, pensó que si fue tan rico para ella, también el disfrutaría y beso su pecho. El cerró los ojos, disfrutando de esa lengua sobre su pecho, ella trató torpemente de sacar su pantalón, hasta que el le ayudó. El bulto en su ropa interior pedía a gritos salir. Cuando bajo su ropa interior cayó, ella se encontró con una verga enorme frente a ella.

    Su prima hermosa, esa cara dulce frente a su miembro con la respiración agitada separó los labios y sintió el sabor extraño pero fascínate en su boca. Daba pequeños chupetes, lamia la punta y lo miraba esperando aprobación. Él estaba fascinado y suavemente le tomó su cabeza, generando movimientos suaves, su verga entraba lentamente. El sabor ya inundaba su boca y aceptaba cada vez más de aquel pene. Pasaba por su lengua, luego ella siguió por sí sola chupando, el gusto fue instantáneo. Sentía las venas de la verga de Fernando en sus labios. El a ratos sacaba su verga para darle golpecitos en sus mejillas con ella. Atravesaba su cara por completo y obviamente no entraba por completo en su boca. Desde arriba, el veía esa hermosa cabellera rizada moverse atas y adelante, el trataba de sujetar su cabello, no quería perder detalle de la linda boca de su prima recibiendo su verga, miraba como atravesaba sus labios y sentía la saliva en su miembro que agradecía con pequeños espasmos de emoción.

    —¡delicioso! —Dijo el levantándola, la deposito boca arriba en la cama para sacarle la ropa. Nuevamente beso sus labios, bajo por su cuello a sus pechos. Se tomó su tiempo para deleitarse ahora si de esas pequeñas y deliciosas tetas. Mientras ella ponía los ojos en blanco dejándose llevar por el placer que le proporcionaba la lengua de su primo.

    Bajo por su vientre hasta encontrar aquella delicia que un día antes explotó en sus manos, ahora su lengua disfrutaba del sabor. Para ella que todo le parecía nuevo y fascínate. Esto era lo más delicioso del mundo. Se aferraba a las sábanas mientras la cabeza de su primo se hundía entre sus piernas y su lengua la llevaba al paraíso. Cuando estuvo satisfecho de su sabor levanto la cabeza y le preguntó.

    —¿te gusto la taza? —Ella entre el placer contestó agotada.

    —Yo… no te di nada…

    —Tienes todo lo que quiero, ¿me das mi regalo?

    —¡Siii!

    Subió hasta estar sobre ella y separó sus piernas. Estaban cara a cara, pudo ver en su rostro hermoso los signos de dolor.

    —¡Aaay despacio!

    —Tranquila, voy despacio, ¿te duele?

    —siii —el pene de Fernando resbalaba en el interior de Adriana. Que aguantaba el dolor apretando los dientes, los puños y los ojos. Hasta que estuvo dentro por completo ella abrió los ojos y lo vio delante de ella. La beso y comenzó a menear su cadera.

    —Hola chinita

    —Hola

    El dolor fue cediendo, convirtiéndose en placer. Además el volvió a chupar sus tetas. Ahora si era lo más delicioso que había experimentado. Fernando levantó sus piernas por sobre sus hombros y ahora fue un poco más fuerte en sus embates, al igual que los gemidos de Adriana, que lo abrazaba con fuerza disfrutando de tenerlo dentro.

    —¡haaa! ¡Que rico!

    —¡chinita me encantas!

    —¡mmmm! ¡Siiii!

    La levantó cargando sin ningún esfuerzo hasta quedar sentado en el borde de la cama, sentada sobre el comenzó a mover su cadera. Él la agarro de las nalgadas para sentir ese delicioso culo caer sobre su verga. Ahora ella sentía que esto era lo más delicioso que había experimentado y movía sus caderas para sentir a su primo bien dentro. Además que él le apretara las nalgas le gustaba mucho. Fernando seguía chupando sus tetas, disfrutando de los gestos de placer que su prima tenía ante los embates de su verga, y no dejaba de apretujar los manjares que tenía por nalgas su prima.

    Nuevamente la levantó, para depositarla sobre la cama, ella estaba boca abajo pero él la levantó para dejarla en cuatro. Ese culo era hermoso y en esa posición era lo más parecido al cielo. En cuanto sintió que la verga de su primo llegaba al fondo y él se aferraba a su cadera. Ella supo que era lo más delicioso que había experimentado. Pero Fernando fue quien supo que era lo más delicioso que había experimentado hasta ahora. Ni en sueños imagino que ese culo que miraba en fotos fuera mil veces más bello y delicioso al estar frente a él y a su disposición.

    —¡uuuf! ¡Siiii!

    —¡haaaa! ¡Haaaa!

    Atravesar ese culote era divino, sentir esas nalgas era mágico, que ella disfrutara lo volvía loco. Ambos gemían al unísono mientras los adultos seguían tomando en la sala de la casa.

    —¡estás bien buena!

    —¡cógeme!

    —¡Eres perfecta!

    —Soy tuya Fer… naaa… aaaah! Aaaah!

    El seguía sin descanso chocando contra sus nalgas, mientras ella se preguntaba ¿porque se tardó tanto en cogerse a su primo? Fernando estaba tan a punto que se atrevió a preguntar.

    —¿enserio me quieres regalar algo?

    —¡haaaa lo que haaaa sea…! ¡Dime que quiere? ¡Mmmaaah!

    —Ven aquí —le dijo jalándola hasta quedar como en el principio, con ella frente a la verga de su primo.

    Ella recordaba que en el porno las chicas recibían gustosas el semen y aunque cerró los ojos, abrió su boca y sacó la lengua. Fernando se masturbaba con efusividad hasta que un chorro atravesó su cara llegando incluso a su cabello. Mientras resbalaba por su rostro el semen, otro chorro atravesó sus mejillas, otro por fin mojó su lengua. La sensación de cosquillas en su cara y el sabor en su lengua era lo más delicioso que había experimentado y seguía saliendo semen de la verga de su primo. Sus párpados, los labios, sus tetas estaban embarradas de semen. Esa sensación era nueva, extraña y un tanto asquerosa, sin embargo, el nivel de excitación la tenía disfrutando de cada sensación que recorría su rostro.

    —Espera que voy por papel.

    —si —al contestar trago un poco de semen, Fernando no fue por papel. Trajo su teléfono y sacó un par de fotos. Contemplo el bello rostro de su prima sucio de su semen. Sus chinos también tenían marcas blancas y viscosas de la sesión de placer culminada. Luego con una camiseta suya la limpió y ambos durmieron desnudos y abrazados. Besándose con sus sabores compartidos.

    Al día siguiente Adriana volvió con sus padres, suspiró al subir al autobús y miro por la ventanilla a su primo. Aunque aún tenían las video llamadas.

    —Hola

    —Hola

    Adriana se aseguró de poner el seguro en su puerta y mientras se acercaba a su computadora iba quitándose la ropa, esos cacheteros por fin tendrían un propósito. Mientras él podía percibir su sabor a kilómetros de distancia. El deseo entre ambos no podría esperar hasta la siguiente navidad. Algo tendrían que hacer.

    @MmamaceandoO

  • Quiero ser tu secreto mejor guardado, papá

    Quiero ser tu secreto mejor guardado, papá

    Angelines era una muchacha de 18 años. Hacía seis meses que le muriera el novio corneado por un buey y estaba enfadada con Dios, con la gente, con los animales, estaba enfadada con el mundo. Se había vuelto arisca, maleducada y a toda pregunta daba una mala contestación.

    Isidro, un hombre moreno, de 44 años, complexión fuerte y bastante atractivo, había vuelto a España después de muchos años de estar trabajando en el extranjero. Estaba sentado delante de un banco que había delante de la taberna de Rosa, apodada la Rubia cuando la vio venir de la fuente con un cubo de agua en una mano, despeinada y vestida cómo una veja. Al llegar a su altura, la muchacha, le dijo:

    -¡¿Qué mierda miras?!

    -Que mucho en ropa no gastas.

    -¡Y a ti que hostias te importa, capullo!

    Se había parado delante de él y lo miraba con resentimiento, Isidro, le respondió:

    -Nada, pero por lo menos te podías peinar. No es muy agradable mirarte.

    -¡Pues mira para otro lado, chulo de mierda!

    Lo dijo por qué Isidro llevaba gafas de sol y una camiseta de tiras roja que mostraba los músculos de sus brazos. Se mosqueó, y le dijo:

    -Circula morriñenta (sucia) que me quitas el sol.

    Angelines se marchó diciendo:

    -¡Presumido de los cojones!

    La Rubia, que era prima de Isidro, al irse Angelines, salió de la taberna, y le dijo:

    -Habló más contigo de lo que habló con nadie en seis meses. Le gustas.

    -Es una cría.

    -Los dieciocho ya no los cumple. Ya sabe bien para qué la tiene.

    Isidro, un putero incorregible, le dijo:

    -¿Y a ti te gusto?

    -Hombre, mal no estás.

    -¿Cómo andas de polla?

    -Llevo seis meses sin follar.

    Rosa era una mujerona de unos cincuenta años, rubia cómo su apodo indicaba, sin hijos y por sus palabras, con ganas. Isidro, extrañado, le dijo:

    -¡¿Tanto?!

    -El tiempo que lleva mi marido embarcado.

    -¿A qué hora cierras la taberna?

    -A las doce.

    -¿Le damos una alegría al cuerpo?

    Rosa necesitaba esa alegría.

    ¿Qué le vas a decir a tu mujer?

    -No va a estar en casa.

    -Ven por la huerta.

    A las doce y cuarto de la noche, Isidro, entraba por la puerta de atrás de la casa de Rosa, la cerraba con llave y subía al piso de arriba. Vio una habitación con la luz encendida con la puerta entreabierta, la abrió y se encontró con su prima Rosa desnuda sobre la cama en la misma posición que la maja desnuda de Goya, aunque las tetas de Rosa eran más grandes y con areolas oscuras. Tenía pelo en las axilas y mucho más pelo en el coño. Desde la puerta a la cama fue dejando su ropa. Desnudo y con la polla a media asta se echó a su lado. Rosa se puso encima de él, lo besó en el cuello y después en la boca, lo besó largo y tendido… Le dio un cursillo de besos con lengua. Luego rozando sus grandes tetas con su cuerpo bajó y besó y chupó sus mamilas, de ahí bajó lamiendo su vientre, cogió la polla empalmada. Su mano fue de abajo a arriba y de arriba a abajo… Le lamió el glande y después la metió en la boca hasta los huevos, la volvió a sacudir, y luego le pasó la lengua alrededor de la corona, para después seguir mamando el glande sin dejar de sacudirla… Poco después se quitaba de encima y le decía:

    -Date la vuelta.

    Isidro se puso boca abajo y Rosa besó y lamió su nuca, su cuello, bajó besando y lamiendo su espalda, luego, lamiendo su culo, le cogió la polla y comenzó a ordeñarlo. Isidro gemía cómo una nena. Rosa tenía el coño cómo una piscina cuando metió la polla en la boca. La masturbó y la mamó hasta que Isidro soltó un chorro de leche en su boca, y otro, y otro, y otro… Leche que Rosa se fue tragando hasta dejarlo seco.

    Cuando Isidro se dio la vuelta ya tenía la polla flácida. La Rubia le puso el coño en la boca, Isidro le metió la lengua dentro y le echó las manos a las tetas. Rosa, poco más tarde, acariciando el clítoris y frotando el coño contra la lengua se corrió en su boca, sin estridencias, sin ruidos, sin temblores, solo gimiendo en bajito, cómo si tuviera miedo de que la oyeran.

    Al acabar de correrse, Isidro, la cogió por la cintura y le llevó el coño a su polla empalmada. La polla se deslizó por la raja de su culo, Rosa la cogió con la mano, la puso en la entrada del coño y echando el culo hacia atrás la metió hasta el fondo. Comenzó una serenata de besos donde bailaron las lenguas al ritmo de los movimientos del culo de Rosa, ahora pegado, ahora suelto, ahora, lento, ahora rápido, hasta que de nuevo sin estridencias, sin ruidos, si temblores, solo gimiendo en bajito, le bañó la polla de jugos. Isidro, sintiendo cómo el coño le bañaba y estrujaba la polla se lo llenó de leche.

    Con su polla dentro del coño, besándose tras los orgasmos, Isidro, le dijo:

    -Dámela.

    -¿Qué quieres que te dé?

    -Tu corrida.

    -También tengo en el coño la tuya.

    -Lo sé, dámela.

    -¿La prima te la da?

    -Sí.

    -¡Qué guarra! Yo nunca haría eso.

    -Me la da y se la como hasta que se vuelve a correr, dámela.

    Cambió de idea.

    -¡Ay, cómo eres! ¡¡Vicioso, que eres un vicioso!!

    Le puso el coño en la boca y el resto os lo podéis imaginar.

    Dos días después, a Isidro se le dio por ir a merendar al monte, ya que su esposa fuera de visita a casa de los padres. Estaba cortando un trozo de queso cuando vio venir a Angelines con una cuerda en la mano. Se paró delante él, y le dijo:

    -¡Comiendo a escondidas, ladrón!

    A Isidro ya le empezaba a caer gorda.

    -Ni que te tocara en una tómbola, mocosa.

    -¡A mí lo que me tocas es el coño cada vez que te veo con esa pinta de chulo de playa!

    -Habla bien, maleducada.

    -¡Yo hablo cómo me sale del coño, inglés!

    -Será cómo te sale de la boca.

    Se puso altiva.

    -¡¡Cómo me sale del coño!!

    Isidro se levantó, le quitaba cabeza y media. Mirando hacia abajo, le dijo:

    -A mi no me chilles… Y a ver si te lavas que hueles mal.

    Mirando hacia arriba con cara de mala leche, le espetó:

    -¡No te meto dos hostias porque te dejaría tonto y no quiero pagarte por bueno!

    Isidro no pudo evitar reírse. Aquella cosita menuda y bajita lo acababa de amenazar. Se volvió a sentar y cambió de tema.

    -¿La cuerda para qué es, gatita?

    -¡Para colgarte cómo me sigues tocando el coño!

    La cuerda solía llevarse al monte para hacer un atado de leña y de otras cosas, pero ya no quiso saber que iba a hacer con ella.

    -Tienes mal genio.

    Ahora era ella la que lo miraba desde arriba.

    -Malísimo. ¡Hostia que pego familia de luto!

    -¿Se te pasaría el genio con un poco de queso, pan y vino?

    -¡No soy ninguna muerta de hambre, mamón! Me voy, me voy, antes de que se me acabe la paciencia.

    Con retranca, le dijo:

    -Vete, vete antes de que se te acabe.

    Se fue, tenía un culo respingón, y ojos en la espalda. Se giró y le preguntó:

    -¡¿Me estás mirando para el culo, maricón?!

    Le salió sin querer.

    -Si te lavaras, a lo mejor te miraba para él.

    -¡Para el chulo de playa me voy a lavar! ¡¡No te jode!!

    Se fue caminando con aires de marquesa.

    La tercera vez que la vio fue tres días después en el velatorio de un vecino. Isidro al salir de la sala donde estaba el féretro con el difunto, donde le diera el pésame a la viuda, fue a la cocina de la casa donde corría el vino, el jerez, el coñac, el ponche, el anís y el aguardiente. La vio con una copa de anís en la mano, estaba de pie, lavada, peinada, con un vestido limpio y calzando unos zapatos negros de tacón plano. Se fijó bien en ella. Su cabello, que creía marrón, era de color negro, sus tetas eran pequeñas, su cintura era estrecha… Angelines no era guapa, era guapísima y aquel vestido le hacía un cuerpo estilizado y muy sensual. Salió a tomar el aire a la puerta de la casa, la siguió. Angelines le dijo, con voz triste:

    -Qué corta es la vida, ¿verdad?

    -Sí, y no se debe desperdiciar ni un segundo. Estás para comerte.

    -Si estuviéramos en otro sitio te partía los morros.

    -Y yo a ti.

    Lo miró, y con cara de sorprendida, le preguntó:

    -¿Me las devolverías?

    -No, te los partiría de otra manera.

    -¿Cómo?

    -A besos.

    A Angelines, sin querer, se le escapó una sonrisa.

    -Te la estás jugando, inglés.

    -No creo.

    Se volvió a poner seria para decir:

    -Sabía que eras un chulo, pero no pensaba que lo fueras tanto.

    Isidro le dio un beso en la boca. Le cayó una hostia con la mano abierta que hasta el muerto debió oír el ruido que hizo. Volvieron a la cocina. Al rato llegó Camila, que fuera novia de Isidro, novia que abandonara para salir de la miseria. Se sentó al lado de Angelines. Tanto Camila cómo Angelines lo miraban y hablaban entre ellas. Se enteró allí mismo que Camila era la madre de Angelines y que nadie sabía quién era el padre. No se atrevió a hablar con Camila. Fuera muy grande la putada que la hiciera. Se despidiera de ella con un beso y un espérame y volviera casado y con hijos. Le pasó por la cabeza que podría ser el padre de Angelines.

    De niño, Isidro se pasaba el día en el monte, con los cerdos en el robledal, o con las ovejas, que criaban para comer y para vender, y cómo la cabra tira al monte, seguía yendo para tumbarse a la bartola debajo de un pino, debajo de un eucalipto… Estaba tumbado debajo de un roble cuando oyó la voz de Angelines.

    -¡Pero tú nunca trabajas!

    Miró hacia arriba, estaba al lado de él con una cuerda y una hoz en la mano derecha. Le vio las bragas. No quiso ver más. Se sentó, y le preguntó:

    -¿Qué te dijo tu madre de mí?

    -¡Que eres un hijo de puta!

    -¿Y no te dijo nada más?

    -¡Sí, que eres un cerdo! Casi tan cerdo cómo el cabrón que la preñó y la dejó tirada.

    Lo que le había dicho significaba que él no era su padre. Se volvió a echar sobre la hierba, le volvió a mirar para las bragas, y le dijo:

    -Preciosa vista

    -¡¿Me estás mirando para las bragas?!

    -Sí, y debajo de lo blanco se intuye algo negro.

    Angelines, que vestía una camiseta blanca y una falda marrón que le daba por encima de las rodillas sin apartarse, le dijo:

    -¡Eres un sinvergüenza!

    Isidro le cogió una pierna. Angelina le puso un pie en el pecho.

    -¡Suelta o te aplastó, chulo de mierda!

    Ahora aún le veía mejor las bragas. Le acarició la pierna del pie que le pisaba el pecho, y le dijo:

    -Tienes unas piernas preciosas.

    -¡Y una hoz en la mano!

    -Y una cuerda con la que te ataba y te hacía de todo.

    Angelina parecía que estaba a punto de perder la paciencia. Apretó el pie con la sandalia contra el pecho.

    -¡Qué te aplasto, cucaracha!

    Le quitó la sandalia.

    -¿A qué sabrán tus tetas?

    Blandió la hoz.

    -¡Te estás jugando el físico!

    -¿A qué sabrá tu coñito?

    Se escandalizó.

    -¡Ay lo que dijo! ¡¡Qué cochinada!

    -¿Me dejas que te lo huela?

    Le puso el pie en la frente, tiró la cuerda sobre la hierba y levantó la hoz.

    -¿Quieres morir?

    Le quitó la otra sandalia.

    -¿Y el culo?

    No entendió lo que le quería decir.

    -¡¿Qué le pasa a mi culo?!

    -¿Me dejas que te lo huela?

    Le quitó el pie de la frente y le dijo:

    -¡Estás mal de la cabeza, inglés!

    -¿Y un beso? Deja que te de un beso.

    Angelines sacó la burlona que llevaba dentro.

    -¿En el culo?

    -Eso después, antes en la boca.

    Volvió la dura.

    -¡Antes muerta que dejar que me babees!

    Isidro miró para sus bragas blancas y vio una pequeña mancha de humedad. Quiso incorporarse y le puso el pie encima de la polla.

    -¡Quieto parado o te rompo los huevos!

    A Isidro se le puso dura y se lo dijo:

    -Me acabas de empalmar.

    -¿Y qué?

    Isidro se incorporó, la cogió por las piernas y la puso boca arriba sobre la hierba. Angelines tiró la hoz y lo abofeteó con las dos manos… Isidro le dio un pico y después le metió la legua en la boca, Angelines, se la mordió, lo cogió por los pelos, tiró de ellos, y poniendo cara de asco le dijo:

    -¡Déjame, cabrón!

    Isidro tiró la toalla. Se echó boca arriba, y le dijo:

    -Perdona, me dejé llevar por la pasión. ¡Es que estás tan buena…!

    Angelines se levantó, y le dijo:

    -¡Tengo edad cómo para ser tu hija, asqueroso!

    -Y las bragas tan mojadas que se podrían escurrir.

    Angelines puso las manos entre las piernas sobre la falda para que no le viera las bragas, y visiblemente enfadada, le dijo:

    -¡Cabrón!

    Isidro siguió atacando.

    -Y un coño que debe ser una delicia.

    -¡Cerdo!

    No se iba, y eso le decía que casi la tenía.

    -¿Sabías que tienes una legua con sabor a sandía?

    Angelines le respondió sin levantar la voz.

    -Sabe a sandía porque la comí antes de venir para el monte.

    Isidro se tiró en plancha a la piscina para ver si había agua.

    -¿Lo hacemos, Angelines?

    -¡No! No voy a hacer cochinadas contigo.

    -¿Me ves demasiado viejo?

    -No es eso.

    Le cogió una pierna y Angelines se volvió a sentar a su lado. Ya la tenía. Le preguntó:

    -¿Entonces qué es?

    -No voy a hacer cochinadas contigo porque eres un hombre casado.

    -Los casados sabemos cómo darle placer a una mujer.

    -De eso no me cabe duda.

    Le acarició la mejilla con el dorso de su dedo medio.

    -Tienes una piel muy suave. Anímate.

    Bajó la cabeza, y le dijo:

    -No estaría bien.

    Le apartó el cabello que le caía sobre la cara.

    -Vas a disfrutar. Dame un beso.

    -No quiero.

    -Es para que me quede un recuerdo imborrable de ti.

    -Sería muy peligroso.

    -¿Tienes ganas?

    -No te lo voy a decir.

    -¿Estas muy mojada?

    -Tampoco te lo voy a decir.

    -Bésame.

    -Si te beso vas a querer más, lo sé.

    -Sí, tú no quieres llegar más lejos, no.

    -Júralo.

    -Te lo juro.

    Angelines acercó sus labios a los de Isidro y le metió la puntita de la lengua entre ellos. Isidro abrió la boca y rozó la punta de su lengua con ella. Luego se la chupó y después le dio un pico. Angelines le metió toda la lengua en la boca para que se la chupara, luego fue Isidro el que se la metió a ella. Angelines, en un tris, de no saber que se daban besos con lengua, pasó a ser una experta. Luego, Isidro, le dijo:

    -¿Me dejas comerte las tetas?

    -Si te dejo que juegues con mis tetas vas a querer más.

    -Sí, comer tu coñito.

    -¿Solo comer? ¿Sin meter?

    -Eso ya lo decidirás tú.

    -Vale, juega con mis tetas.

    Isidro le quitó la camiseta, se quitó la suya y después le quitó el sujetador. Angelines tenía unas tetas pequeñas, duras cómo piedras, con pequeñas areolas rosadas y pequeños pezones. Isidro se las magreó y después las mamó… Las metía enteras en la boca y acababa chupando las areolas y dando mordisquitos a los pezones. Luego le quitó la falda, vio sus bragas encharcadas, le olió el coño profundamente. Angelines arqueó el cuerpo, y exclamó:

    -¡Ayyyy!

    Le quitó las bragas y vio su coño peludito. Lo lamió de abajo a arriba. La besó con la lengua pringada de jugos. Angelines comenzó a temblar. Con la boca abierta y con los ojos en blanco se corrió expulsando jugos cómo si fuera una fuente.

    Al acabar de correrse, le dijo:

    -Necesito tu cariño, papá.

    Isidro quedó de piedra.

    -¡¿Qué me has llamado?!

    -Papá.

    -Si habías dicho…

    Con la cabeza gacha y poniendo morritos, le dijo:

    -Tenía muchas ganas de ti.

    Isidro estaba que lo comían los demonios.

    -¡Vístete!

    -¿Estás enfadado conmigo?

    -¡Cómo para no estarlo!

    -No te enfades. Quiero ser tu amante, papá. Quiero ser tu secreto mejor guardado. Quiero que me des el cariño que me falta.

    Tuvieron una charla en la que Isidro le dijo que si quería la reconocería cómo hija. Que no se iba a repetir el roce carnal… Pero los incestos son un encargo del diablo.

    Continuará.

    Quique.