Blog

  • Por el culo a la Contadora

    Por el culo a la Contadora

    Les contaré una anécdota más con la nalgona y rica contadora Sara, de ella ya les hablé en otras ocasiones, de cómo me la he dado hasta en la bodega de la empresa y de lo rico que coge.  Hoy contaré una ocasión más.

    Era mayo y esto de la cuarentena por la pandemia nos tenía en jaque, dejé de verme con muchas mujeres por esa razón, así que solo me limitaba a chatear eróticamente con ellas, una de las principales era Sara, que según ella decía que extrañaba nuestros encuentros en la bodega de la empresa, lo cual admito que yo también.

    Los chats eran muy calientes, nos mandábamos videos masturbándonos, fotos desnudas, ella era más aventada ya que lo hacía mientras su cónyuge dormía o estaba en otra cosa, creo que el hecho de saber que él estaba ahí la ponía más caliente.

    S: Que rica verga, ¡no sabes como la extraño!

    L: ¡Y yo extraño tu delicioso coño!

    Una tarde recibí un mensaje de ella, un mensaje entré caliente y de desesperación.

    S: Estoy sola, por favor ven, ¡necesito tu hombría!

    Al leer este mensaje una adrenalina me cimbro mi cuerpo, le conteste que me mandara la ubicación, así que tome mi cubre bocas y me dirigí hasta su casa.

    Ella como vivía con su pareja, ambos vivían cerca de Zaragoza, por esas calles medio feas, la casa era pequeña de un piso y estaba en medio de una tienda y un lote baldío, toque la puerta y ella salió abrirme, se veía bien en su short de licra mostrando sus ricas piernas y marcando su delicioso par de nalgas, era la primera vez que la veía así y admito que desde ese momento mi verga empezó a endurecerse.

    Sin nada que decir, ella se abrazó a mi cuello y me beso apasionadamente, su lengua quería comerse la mía, no me importo que la pandemia estuviera a tope, ambos nos besábamos apasionadamente.

    Entramos a su habitación, mis manos tocaban sus duras nalgas una y otra vez, luego rosaban su coño que ya se sentía húmedo, subían para acariciar sus pequeñas tetas y finalmente terminar acariciando su boca, Sara estaba súper caliente.

    S: ¡Dios, no sabes cuánto necesito esto!

    L: Que buena te ves, ¡uhm!! ¿Y tu marido?

    S: No está, no te preocupes por él, ¡no nos estorbara!

    Me comenzó a quitar la ropa, parecía desesperada, me recorría con su lengua lo cual me al puso durísima, de mi cuello a mi pelvis, bajo mi trusa y se detuvo a lamer mis entrepiernas y a lamerme mi tronco.

    Me acostó en su cama y se desnudó mostrando su rica vagina con un poco de vello el cual se veía muy antojable, Sara se agacho y empezó a comerse mi verga, lo hacía con desenfreno, al succionaba, lamia con fuerza y mordía, que rico trabajo, de verdad estaba ansiosa de pito.

    L: ¡Ah!!! ¡Qué rico mamas!!

    S: ¡Ya quería comer una buena verga!!

    L: ¿Qué? ¿La cuarentena te está afectando?

    S: Como no tienes idea, ¡no es lo mismo con el!

    Ella continuaba mamándome la verga y jalándomela con fuerza, la ponía en sus tetas y trataba de hacerme una “rusa” pero lo que más me mataba era la forma en cómo se tragaba mi verga a tal grado que comenzó a hacerme venir.

    L: ¡Dios, uhm!!

    S: ¡Si, dame tu leche, uhm!

    Sara se tragó mi semen, se embarro toda la cara y saboreó hasta la última gota de mi cálido esperma, después de eso acomodó su vagina en mi cara y me la dio a comer.

    Ella estaba sentada arriba de mi cara moviéndose en círculos mientras mi lengua entraba y salía de su húmeda vagina, sus gemidos me excitaban más, le acariciaba sus grandes nalgas y las apretaba para empujarla más a mi boca.

    S: ¡Si!! Que rico chupas papi, mas, cómeme, ¡uhm!!

    Mi lengua acariciaba mi clítoris, con mis dientes le daba pequeñas mordías, mis dedos empezaron a hacer acto de presencia dentro de su vagina que ya escurría un delicioso jugo sabor salado que era una vitamina para mí.

    Sara continuaba cabalgándome la boca, se movía como si tuviera mi verga dentro de ella, ya yo me había tragado varios vellos púbicos, pero continuaba devorándola, fue entonces que la deliciosa madura empezó a correrse en mi boca con un squirt que casi me ahoga.

    S: ¡Ah!!! ¡Uhm, si!!

    L: ¡Sabes a gloria bebe!

    S: ¡Que rico, que rico, uhm!!!

    Gozo su orgasmo de forma tal que hasta temblaba y casi ni podía hablar, de todos modos, yo ya la tenía bien parada nuevamente y listo para penetrarla.

    Antes de entrar ella volvió a mi pene y lo chupo, lo succiono en repetidas ocasiones, incluso lamio y mordía mis bolas, para después acomodarse en la cama abierta de piernas para su macho.

    Subí a la cama y como serpiente escurridiza me cole entre sus piernas y empecé a metérsela despacio, estábamos tan húmedos que mi verga entro fácil, iniciamos con la pose de misionero, yo me movía rápido, con el mete y saca, una y otra vez, mientras Sara cerraba sus ojos por el placer, se mordía los labios y me arañaba la espalda.

    S: ¡Si!! ¡Ah, uhm, ah, uf!!

    L: ¡Dios, esta calientísima!!!

    S: ¡Luis, uhm, que rico, uhm!!

    L: ¡Me encantas nena que lastima que no te cumplan bien!

    S: No digas eso, ¡uhm!! ¡Mejor métela, uhm!!

    Me levanté de la cama y la puse en la orilla levantándole las piernas y empecé a embestirla, tomándola de su cadera la levante un poco y en estilo carretilla mi verga le entraba por completo, ella no hacía más que gemir y jadear al sentirme entrar una y otra vez.

    S: ¡Si, uhm, que rico me matas, ah, ah!!

    L: ¡Dios!! Que ricas nalgas, uhm, ¡aprietas fenomenal bebe!!

    Nos pusimos de pie y la cargue, ella se apoyó de la luna de su cama y yo la cargaba y la dejaba caer con velocidad y fuerza en mi verga, estaba súper excitado.

    L: ¡Ah!! Sara, que rico, uhm!!

    S: Esto es mejor que estar en la bodega, ¡uhm!!!

    Se puso en cuatro, sus nalgas se veían fenomenales sin contar lo rico que se deslizaban nuestros fluidos por sus muslos, ella se empino y se abrió las nalgas, me pido la ensartara rápido, que ya la necesitaba, ¡que puta! Pensé antes de tomarla por su cadera y penetrarla de un solo golpe.

    L: Que rico, uhm, ¡mi amor ah!!

    S: ¡Sí! ¡Qué rico, cógeme, uhm, cógeme!!

    L. Me encanta como me devoras la verga con tu coño, uhm, apuesto que él no te hace ni cosquillas!

    S: ¡Por eso te hable, uhm!!!

    Mis embestidas estaban a tope, le apretaba las tetas y me empujaba con fuerza, ella movía su cadera en círculos para sentir más rico, levante una pierna y la puse en la cama para que mi verga un le entrara hasta el fondo, la tenía viendo estrellas.

    Como me la estaba dando con mucha fuerza, termine por tumbarla en la cama y yo quedar encima d ella y como iguana la penetraba más y más ella gemía y gritaba, yo apretaba sus duras nalgas, apoyándome de sus hombros continuaba empujándome e inyectándola de placer.

    L: ¡Ah, que rico nena!!

    S: ¡Ah, Luis, uhm, dios mío ah!

    Ella gemía y mordía las sabanas, movía sus nalgas delicioso al unto d ella no dejarme salir y solo querer sentir mis embestidas, una y otra hasta que Sara comenzó a venirse nuevamente y tener su rico orgasmo.

    S: ¡Ah! ¡Qué rico, uhm, que rico!

    L: ¡Si, bebe, uhm!!!De quién eres?

    S: ¡Tuya, uhm, tuyo papito rico, agh!!!

    L: Entonces como eres mía, ponte en cuatro, ¡tomare lo mío!

    Sin preguntar nada e invadida por la excitación ella se puso en cuatro, con mis dedos tome sus fluidos y se los embarre en su ano, lubricándola mientras ella aún se retorcía, coloque la cabeza en su entrada y la empecé a penetrar, ella gritaba y movía su cadera, luchando por no ser penetrada, pero ya era tarde, su culo seria mío y no lo podía evitar.

    S: ¡Ah!! ¡Dios, despacio!!

    L: ¡Eso, mejor goza nena!!

    Mi verga ya estaba a la mitad dentro de su ano, fue entonces que empecé a moverme con fuerza, una y otra vez abriéndoselo para mi satisfacción.

    Una vez acostumbrado a su rico ano, la metía y secaba fuerza y velocidad, Sara gritaba y mordía su almohada, como su nuevo macho empecé a darle de nalgadas, y jalarle el cabello para hacerla gemir y gritar como la puta que es.

    Me senté y ella comenzó a darse sentones de lujo, mi verga más parada aun, entraba en su rico y apretado ano empalándola delicioso, así como nunca la habían cogido antes y como nunca su maridito se la cogería.

    S: ¡Que rico, ah!!

    L. Toma, uhm, que rico culo, aprieta genial agh!!

    S: ¡Me duele, ah, pero me gusta!!!

    L: Que puta eres, uhm, cómetela, ¡comete mi verga con tu rico ano!

    Ahora me acostaba y ella me cabalgaba de espaldas ensartándose todita mi verga en su ano, sus movimientos de cadera me tenían loco, le acariciaba sus nalgas, le jalaba el cabello, Sara seguía moviéndose cual gusano se tratará.

    Mi verga se perdía por completo en su ano, ella se movía salvaje, pasó de ser dominada por mí a dominar y ahora yo estaba jadeando y babeando por el placer de sus movimientos.

    L: ¡Muévete nena, uhm!!

    S: ¡Mas!! Cógeme, uhm, que rico, ¡que rico me coges!

    L: ¿Te gusta bebe?

    S: ¡Si!!! Métela, uhm, saca tu semen, uhm!!

    L: Pues has que lo saque, muévete, uhm, ¡muévete!!

    Ella se movía como licuadora, mis dedos entraron en su vagina y apretaban su clítoris, ambos gritábamos por el rico placer, de pronto no pude resistir más y mi semen empezó a salir sin control, de igual forma ella tenía un orgasmo más.

    L: ¡Uhm, Sara toma, uhm!!

    S: ¡Si, dámela agh, que rico semen!!

    L: Tómalo, toma mi semen, mira cómo te llena tu culo, ¡agh!!

    S: ¡Agh, si lo siento uhm, yo también escurro!!

    Termino encima de mí, sudada y babeaba además de estar llena de semen por todos lados, nos dimos un beso apasionado mientras reposábamos y recuperábamos fuerzas, ella decía que estaba adolorida pero que estaba satisfecha.

    Nos aseamos y perfumo la casa ya que olía a nuestros fluidos y cuerpos, después me acompaño a la puerta y me dijo que nos viéramos una vez que terminara la cuarentena, lo cual yo acepte, quería seguir comiéndome a la madura contadora de mi empresa, pero más me motivaba ser corneador de su pareja.

    Fue entonces que mientras me dirigía a mi auto llego el susodicho, quien no se percató de mi presencia y era recibido con un beso y abrazo hipócrita por parte de ella, yo solo reí de ironía y me fui a casa a esperar el día de volver a cogerme a la rica Sara.

  • La chica con su vecino

    La chica con su vecino

    Me vuelvo a presentar en este momento, tengo 21 años recién cumplidos y mi gusto por los maduros no ha cambiado, ni tampoco las personas que frecuento en el ámbito sexual.

    Si quieren saber más sobre mí lean mí anterior relato que me describo mejor físicamente porque no tengo intenciones de describirme ahora sino de narrar una experiencia con mi hombre de 56 años que me hizo sentir en las estrellas. Detalle no menor para que se sientan en contexto, todo transcurrió en una zona rural dónde vivimos, por ende hay mucha discreción, pero también debemos ser cuidadosos nunca faltan ojos curiosos de algún campo; también que fue en medio de la cuarentena aunque no en la fase más estricta.

    Fue una mañana no excesivamente fría, pero si una mañana otoñal casi invernal, desperté alrededor de las ocho salí de la cama no sin antes colocarme crema en mis piernas, revise mí celular pero nada atractivo había allí, continúe desvistiendo mi musculosa negra al tiempo que buscaba mí ropa y perfumaba mi cuello, cepille mi pelo y me mire al espejo, pise especial atención en mis piernas como se habían ido afinando, mi cadera tan marcada, mí culo pomposo y mis senos en su lugar viéndolos a través de la tela de la remera que había elegido, esa mañana no tenía previsto ver a nadie pero eso no me impedía arreglarme, al salir de la habitación deje él celular sobre la cama.

    Al terminar mí desayuno vuelvo por mí celular y noto mensajes de Pablo, vamos a denominarlo así para cuidar su identidad, Pablo me había escrito un «Buen día mamii» por whatsapp impaciente por mí respuesta también lo había hecho vía mensaje de texto, ese que tenemos tan olvidado, un poco sorprendida frente a su efusividad y pensando esa mañana él estaría en la ciudad respondí formalmente ordenando cómo estaba y si no estaba en la ciudad, a lo que me respondo que no, que en treinta minutos saldría de su casa, que lo esperará un poco más alejada de mí casa y así fue, salí de casa sonrojada, la concha se me contraía de sólo pensar le darían leche.

    Si tenía un deseo desmedido sobre él, debo admitir que soy una persona sumamente sexual y me gustaría una frecuencia sexual de día por medio aunque no puedo sostenerla porque no tengo con quién, él día anterior al haber ido a su casa a tener clases virtuales, él estaba allí así como también su familia así que no intenté pasarme de la raya, sólo me senté en la cocina y alisté mis libros para cuando iniciase la clase. Allí estaba concentrada esperando la hora cuando escucho la puerta abrirse, pero no di importancia pensando se trataba de su hija, sólo un año mayor que yo, cuando de repente alguien se me abalanza, besándome al tiempo que con una mano me sobaban los pechos y la otra me rozaba la entrepierna a través del jean, menuda manera de darme cuenta, era él quién venía hacía mí con una erección y un deseo sexual depravado sobre mí, al mínimo ruido se alejó de mí dejándome un tanto confundida por tanta efusividad dado que llevaba una semana evitándome.

    Volviendo al punto que quería relatarles, si pasó por mí cerca de las diez de la mañana, bastante retrasado, pero eran tantas mis ganas que poco me importó su retraso, subí y comenzamos a andar hacía un campo que tiene cerca, yo recostada sobre su brazo, mismo brazo de la cuál su mano subía de mí entrepierna caliente hacía mis pechos ya sin corpiño, al tiempo que yo le masturbaba por sobre él pantalón, pequeña felicidad sentí cuando encontré su paquete gordo hacía un costado, mi mañana parecía ser maravillosa y lo fue, al llegar pasamos al asiento de atrás de la camioneta y comencé por hacerle un sexo oral de cinco estrellas, él quitándome a mí los pantalones comenzó a estimularme el clítoris con los dedos, yo no podía parar de jadear y gemir al sentir cómo con una mano me estimulaba la concha y con la otra él agujero del culo, me tenía por él cuello tragando hasta la garganta, comenzaba a ahogarme al tiempo que más fuerte tragaba, cuando comencé a sentir él gustito de las primeras gotitas de líquido preseminal, él consciente de esto acelero el ritmo de mi mamada tomándome por el cuello y estimulando aún más mis agujeros, me la saca de la boca y mirándome a los ojos aún llorosos por haber estado ahogándome me dice

    P: ¿Quiere tragarla mami?

    Yo: Si por favor quiero mí lechita de desayuno.

    Vuelve a tumbarme la cabeza a la altura de su miembro, siguió estimulándome y empezó a meterme su miembro hasta casi llegarme a la tráquea, puso sus manos sobre mí nuca y empezó a descargar los chorros de leche caliente en mí boca, tenía un sabor especial, había sido un manjar, se incorporó sobre él asiento viendo mí cara inconforme y sin decir nada volví a succionar ese pedazo de carne que debía volver a pararse, cuando recupero él aire siguió estimulando mi agujerito del culo con cara pícara.

    Cuando volvió a estar erguida nuevamente pare mí succión…

    Yo: Métemela ya que no aguanto más

    P: Vamos por esa conchita que no da más.

    Recostándome al asiento comenzó a jugar con la glande sobre mis labios vaginales, haciendo subir y bajar la cabeza de su pene por mí, dejándolo brilloso y bañado en fluido, disfrutaba ese juego diabólico de hacerme gozar con la puntita mientras mamaba de mis pechos cual bebé recién nacido, en un momento me embistió sin decirme nada y me arqueé de placer, sin poder expresarme en palabras lo traje contra mí sentándome más en él borde, levantando aún más las piernas, que entrase hasta los huevos de ser posible.

    Yo: Me vengo ya, sosteneme que no siento las piernas.

    Él sólo me apretó aún más contra su cuerpo y al mismo tiempo que yo me inundo de leche caliente, sin haber perdido virilidad le ordeno me la ponga en él culo, me acuesta intentando ponérmela acostada pero no me sentía cómoda.

    Yo: Vamos en cuatro que así me puedo tocar el clítoris o pellizcar los pezones.

    P: Me encanta ver cómo te tocas, que de tan caliente que estás no te alcancen sólo mis pijazos en el culo.

    Efectivamente estaba tan lubricada que ni saliva preciso echarme que ya la tenía adentro, cuando comenzó un vaivén tranquilo, sin ser agresivo, yo gozaba cada centímetro que entraba y salía de mí ya girasol, busque su mano y lo lleve hacía mi vagina para que él también me estimulará conmigo, atraje su mano hacia donde yo quería, retorciéndome de placer sentía como mis fluidos me corrían por las piernas y pegoteaban él tapizado de cuero.

    Yo sin poder parar de gemir del placer que estaba experimentando sentía como cada vez mis piernas temblaban más y más, sin poder sostenerme en posición me deje contra él vidrio de la puerta y sobre mí cayo él con su peso dándome otra embestida de lo más violenta que volvió a ponerme a mil, él notando mi estado en esa posición tomándome por las caderas comienza un vaivén frenético, sentía como bombeaba y sus huevos hacían plaf contra mis nalgas y sus dedos ahí abajo tocándome porque yo sólo podía tener recostada, era tanto placer él que estaba experimentando, cuando…

    P: ¿Estas bien?

    Yo: Si, estoy extasiada.

    P: Ay mami me vengo, me vengo.

    Y así fue como una oleada de leche caliente me escurría luego, se limpió y sin darle tiempo a nada comienzo a mamarla nuevamente, para mí sorpresa respondió a mis lengüetazos al tiempo que él intentaba masturbarme, me contraigo pero rápidamente tuve que aflojar y abrí mis piernas cómo una bailarina de danza clásica para que él tuviera libre acceso a mis profundidades.

    Yo: Vamos por otro polvito más si tenés tiempo.

    P: ¿Te parece?

    Yo: Si, sería un crimen no hacer número par.

    Vuelve a colocarme boca arriba y comienza con embestidas suaves.

    Viendo como su pija entraba y salía de mí, cómo mis dedos me estimulaban sin cesar, de vez en cuando baja a mordisquear mis pezones, de repente levanto mí mirada y lo veo concentrando en su labor, estaba notablemente cansado, sudado y excesivamente colorado por él calor que experimentábamos allí.

    P: Me vengo nuevamente, dónde querés la leche.

    Yo: Ahí mismo la quiero, por favor.

    Se dejó caer sobre mí al tiempo que su leche caliente me hacía temblar, todo mí cuerpo se arqueo del placer, no podía sentir mis piernas, así quedamos, él tumbado sobre mí, recuperando él aliento por lo vivido.

    Llevábamos casi dos horas cuando decidimos era hora de volver a nuestras respectivas casas, nos vestimos, él se lavó con una botella de agua traía en él suelo y yo sólo volví a poner mi ropa oliendo a sexo, a sudor, oliendo a mí hombre y sobre todo despeinada.

    Esa mañana me dejo a unos dos kilómetros de mí casa, él sol del mediodía quemaba mis mejillas aún rojas y mis piernas se negaban a cobrar fuerza, sólo podía dar pasos cortos e inseguros, mi cuerpo aún no respondía cómo debía hacerlo.

    Dejo mi email por si quieren hacerme sugerencias, contarme experiencias similares, no busco sexo virtual ni nada parecido; quizás falten diálogos pero no los hay, cuando estamos juntos nuestros cuerpos y miradas hablan por nosotros, no puedo recrear diálogos ficticios no me sentiría cómoda ni fiel a lo que fue mí vivencia.

    Por aquí me hacen llegar sus comentarios… [email protected]

  • Despedida familiar

    Despedida familiar

    Hacía tiempo venía gestionando mi traslado a Europa en la empresa donde trabajo. Ya con 60 años quería terminar mis últimos años laborales en un país donde no hubiera estado antes. Siempre estuve viviendo en distintos países y al no haber tenido una familia, he conservado amistades por varios lugares.

    Abel es uno de mis mejores amigos. Como estuve bastantes años en la misma ciudad, nos hemos convertido en cómplices de varias aventuras. Por más que él fuera mucho más joven que yo y tuviera una esposa con curvas por donde se la viera, nunca le faltó tiempo para escaparse conmigo a meter su pene en los agujeros de mis amigas y colegas. No recuerdo fiesta a la cual faltara.

    Esta vez me invitó a su casa para una reunión de despedida. Una reunión familiar solo con su esposa e hija que iba a recordar por siempre según él.

    Llegué con unas cervezas a su casa y él me recibió en la puerta. Nos sentamos en la mesa y empezamos a beber y recordar viejos tiempos. Supuse que su mujer y su hija no estaban porque nos pusimos a hablar alegremente de las fiestas que habíamos tenido en todos estos años. Pensé que se había vuelto loco cuando me dijo que iba a traer las fotos que había impreso de nuestra última joda con un par de compañeras de trabajo. “Ahora te muestro las fotos de esas putitas de tu oficina” dijo y se fue subiendo las escaleras.

    Yo estaba sentado ahí y de pronto siento que alguien me llama desde debajo de la mesa. Levanto el mantel y al mirar me encuentro con Gabriela -la señora de la casa- recostada en el piso. Estuvo ahí todo el tiempo. Vestida y maquillada como si recién llegara de dar sus clases de psicología en la universidad. Solo que su blusa abierta dejaba asomar un par de tetas enormes y duras. Esos pechos llenos de silicona brillaban del aceite que Gaby ya se había puesto.

    Me hizo correr la silla hacia atrás y me empezó a tocar la pija mientras jugaba con sus tetas. Nunca hubiera imaginado esta despedida. Cuando sacó mi pene y lo puso en su boca casi exploto ahí mismo. Las chupadas fuertes dejaban saliva por toda mi verga. Cuando su lengua lamía mis bolas hinchadas, su mano sacudía mi tronco. La cabeza de mi pija ya quería escupirle todo en las tetas paradas pero todavía faltaba lo mejor. Después de una chupada en la que se metió el pene hasta lo más profundo de su garganta, acomodó mi verga venosa entre sus tetas. La perdí de vista entre esas dos ubres pero sentía mi semen subiendo como lava mientras cogía esas tetas aceitosas. De pronto me paré y apoyé mis manos en la mesa. Ya no podía aguantar más. Apunté a los senos de Gaby y empecé a llenarlos de leche. Ella se apuró a meter mi verga entre sus labios para probar el semen directo de la manguera. Con mis manos en su cabeza hice fuerza para que se comiera completa mi verga y descargué el último chorro directo en su estómago.

    No podía creer que la licenciada en psicología fuera capaz de ser tan puta… y menos conmigo! “No quiero que te vayas” dijo mientras se chupaba los dedos con la leche de sus tetas.

    “Yo también quiero tu leche calentita” escuché decir. Gaby me hizo seña de que vaya a la habitación. Mely me estaba esperando vestida con su pantalón piyama, un top blanco y sus lentes puestos.

    Tener a Mely en bandeja para que me la coja era una fantasía que siempre tenía. A veces la cruzaba en casa de Abel cuando ella llegaba de la facultad. Ese uniforme me provocaba unas erecciones tan calientes que seguro me había visto alguna vez. Era tan delgada que parecía de menor edad y además con esa carita de atorranta me hacía escapar al baño para clavarme una paja imaginando que dejaba mi leche en su cara con lentes.

    Se bajó su pantalón y dejo al descubierto una rajita depilada. Su top cubría unas pequeñas tetitas puntiagudas. Se colocó boca abajo en la punta de la cama y alzó al aire su culito huesudo. Yo ya estaba con la verga a reventar otra vez. “Dale papi, llename que ya estoy toda mojada”.

    No quise desaprovechar la oportunidad y primero me arrodillé detrás de ella para comerle la almejita. Mi lengua pasaba de su conchita a su culo, chupando su jugo. Con mis manos abría sus cachetes y cogía su colita con mi lengua. Ella suspiraba y se arqueaba de placer.

    Así como estaba, agarré mi pija y empecé a empujar en su conchita. Cuando se la metía completa la dejaba un rato dentro de ella. La sensación de tener a Melyssa clavada en mi verga era descomunal. Además su colita chiquita hacía que mi pija pareciera del tamaño de un termo.

    Luego me senté en un sillón y le dije que me montara. Puso su cuerpito sobre mis piernas y embocó mi verga en su culo apretado. Cada vez que lentamente subía y bajaba sobre mi hongo hinchado, era como si la fuera a partir en dos. Mi verga venosa y llena hasta el tope, le rompía la cola a la hija de mi mejor amigo.

    De repente apareció Abel por la puerta con su grueso pene en la mano. Sin inmutarse, se paró junto a mí y con su mano acercó mi cabeza a su verga. Nunca se la había chupado a un tipo pero no podía negarme después de la sorpresa que me dio. Mientras su hija rebotaba y gemía como yegua, yo trataba de manejar una verga enorme con mis labios. Sentía las venas de su falo en mi lengua. La tenía tan dura que era un placer mamársela.

    Cuando no aguanté más, hice arrodillar a Melyssa y la bañé de crema caliente. Sus lentes y su cabello estaban chorreando blanco. Al igual que con la madre, le metí la pija hasta la garganta para regar ahí también mi semen.

    Luego fue mi turno. Me coloqué delante de Abel y recibí su leche con la boca abierta. Estaba tan cargado que algún chorro cubrió parte de mi cara también. Luego continué chupando su glande para asegurarme de haber vaciado sus bolas.

    Al otro día debía tomar mi vuelo. Lamentablemente se retrasó y se siguió retrasando por bastante tiempo. Así que hubo unas cuantas despedidas más con mi amigo y su cariñosa familia.

  • La cuarentena sigue y el morbo también

    La cuarentena sigue y el morbo también

    Después de haberle propuesto un trío a mi papá, resultó que él y mamá sostenían relaciones sexuales con Miguel. Miguel era un señor de la edad de mi papá, tan cercano a la familia que siempre lo vi como si fuera el hermano de mi padre. Ahora entendía porque tanta unión jaja. Y si un día entre los dos se cogieron a mi mamá, hoy me tocaba que esas vergas me penetraran y también me hicieran suya.

    En este relato voy a contar lo que pasó hace días. Papá compró por Internet: condones, lubricante, viagra y una bomba de vacío. Miguel habló previamente con mi papá para evitar malos entendidos o alguna incomodidad cuando viera el incesto tan caliente que practicamos. Obviamente Miguel aceptó y pues en cuánto todo estuvo listo pusimos día y hora.

    Un día martes llegó Miguel a nuestra casa. Yo estaba nerviosa y excitada, íbamos a llevar nuestra depravación al siguiente nivel. Tenía puesto un short de mezclilla y debajo una tanguita roja de encaje, una playera blanca que transparentaba mi brazier negro. Estaba muy bien arreglada, maquillaje y cabello impecables. Me había limpiado y depilado a conciencia, hasta el punto de hacerme un lavado anal.

    Papá: Ya llegó

    Papá se levantó para abrir la puerta. Escuché como se saludaban y un momento después Miguel y papá entraron en la sala.

    Miguel: Hola Jessica. Cómo estás?

    -Bien, tío! A usted qué tal le va? -le pregunté. Cabe mencionar que siempre lo he visto como alguien querido

    Me levanté y lo abracé. Pero esta vez lo miré a los ojos con la lujuria de saber lo que iba a pasar entre nosotros. Nos sentamos los tres en la sala y platicamos de forma muy tranquila. Cuando sentimos que las aguas se habían relajado un poco papá tomó la iniciativa.

    Papá: Entonces Miguel cambiando de tema, ya te explique todo por teléfono. Lo que va a pasar solo quedará entre nosotros tres. Te animas?

    Miguel: pues claro! A eso vine, y viendo a Jessica pues ni como decir que no

    -Ok. Pues si no es mucha molestia es igual que con mi esposa, te vemos en el cuarto: papá

    -Si, no te preocupes. Me dejas darme un baño antes? Vengo muy acalorado por el sol -mi papá le hizo una seña de aprobación

    -No te tardes! -le grite mientras caminaba al baño

    -Hija, estás segura? No haremos nada que no te guste -papá

    -Si quiero! Yo te pedí esto y me harías muy contenta si me haces todo lo que quieras -le dije esto último sobando su verga por encima del pantalón

    -Vámonos para el cuarto entonces -contestó

    Entramos a la habitación y estaba un poco desordenada. Solo tendimos la cama y nos pusimos en ropa interior cuándo Miguel entró en toalla.

    -Perdón por el desorden -le dije a Miguel

    -Se ve que ya lo han hecho bastante… -Miguel

    Volteé a ver la habitación y vi que había varias envolturas de condones en el piso y otras en los muebles. En eso Miguel sin ningún problema se quitó la toalla y su verga quedó colgando de forma pesada. La tenía más gruesa que muchos hombres incluyendo la de papá, aunque de largo era bastante normal. Miguel se la empezó a acariciar de forma lenta.

    -Vamos a dejar unas cosas claras antes: -Dijo papá- Si no quieren ver o hacer algo lo tenemos que decir. La otra es que tenemos que usar condón todo el tiempo. De ahí en fuera pues pasémosla bien.

    Yo miraba con deseo. Me excitaba como mi papá y su amigo se ponían de acurdo para meterse dentro de mí. Me sentía como una puta sucia.

    Miguel es delgado pero con algo de panza, su pecho está lleno de pelo. Sus manos son grandes y toscas. En el cabello ya tiene algunas canas. Era un maduro que no tenía nada especialmente atractivo pero que me iba a hacer sentir su erección bien adentro. Sin ninguna contemplación iba a cogerme hasta vaciarse las veces que quisiera, aunque le dolieran los huevos. Me quedé absorta viendo como acariciaba su miembro mientras platicaba con mi papá sobre cómo se iban a tomar su viagra.

    Mi papá recargado en el tocador. Corpulento y bofo, lleno de pelo en el pecho, piernas y brazos. Lo veía como una perra desesperada, mordiendo mi labio. Ese mismo hombre que me dio la vida, hoy me iba a dar una vez más semen del que yo nací pero, había ido más lejos al decidir que me compartiría con otro hombre igual de enfermo y degenerado que él. Debajo de ese bóxer se encontraba todavía tranquila, la verga que ya me había puesto a gritar como una desesperada al estar bien metida en mi vagina o ano. Me excitaba la idea de ser cogida hasta el punto del agotamiento por hombres que estaban lejos de niños bonitos. Yo me considero atractiva, supongo que el hecho era ese, meter más morbo a la experiencia que me iban a dar.

    -Oigan, y van a cogerme al mismo tiempo siempre? O me van a dar uno a la vez? -pregunté ya nublada por la excitación.

    -Pues si me la dejas un ratito estaría rico -dijo Miguel.

    -Ah si tío? Me quiere para usted solo? -le pregunté.

    -Claro, si quieres ya los dejo un rato, pero la idea sería los tres -decía papá -aunque creo que sería bueno que se conozcan antes para estar más cómodos. Les voy a dar un ratito a solas y regreso

    Entonces mi papá se acercó a mi y dándome una nalgada me pidió que tratara bien al «tío» Miguel. Después pasó a lado de Miguel y le dio un manotazo en la su verga que ya estaba a media erección.

    -Órale cabron! Se te antojó verdad? -bromeó Miguel- me los voy a coger a los dos

    Los tres nos reímos y mi papá salió de la habitación cerrando la puerta. Miguel y yo nos acercamos. Yo comencé a acariciar y estrujar sus pelotas, envueltas en ese saco de piel colgante y peludo, mientras se masturbaba. En eso dirigió su mano a mis pechos y los acarició sobre el sostén. Después metió su otra mano a mi tanga y acariciaba mis húmedos labios vaginales. Yo empecé a acariciar su pecho, a veces pellizcaba sus pezones mientras seguía masajeando sus bolas para estimular la producción de semen.

    -Entonces te cogiste a mi mamá? -le pregunté

    -Me la estuve cogiendo durante años -contestó

    Deje de tocarlo di un paso atrás y me quite lentamente el brazier. Mostrarle mi belleza me hacía sentir muy sucia. Él me veía con vicio y se estimulaba el miembro que ya estaba bien parado.

    -Te gustan? -pregunté

    No contestó, sólo se abalanzó sobre mí y me las empezó a lamer y succionar de forma riquísima. Lo acariciaba mientras lo hacía como si fuera un pobre hombre hambriento. Baje mi mano a su pene que ya se sentía bien grueso y duro, empecé a pasar mi pulgar por la salida de su glande. Pronto la excitación y mi masaje en el ojillo de su uretra empezaron a hacerlo producir mucho líquido preseminal. El seguía mamando mis ya húmedos pechos debido a la saliva, y su mano frotaba mi coño de forma implacable por encima de mi mojada tanga. Estábamos a lanzar pequeños gemidos por lo calientes que nos pusimos

    -Vamos a la cama, tío Miguel -le dije yendo a recostarme

    Se quedó parado mientras me veía. Su glande estaba muy lubricado y con una gota de líquido escurriendo, hasta creo que daba pequeños saltos debido al bombeo de sangre.

    -Te excita pensar que soy tu tío verdad? -preguntó mientras se acostaba a mí lado.

    -Siii, estoy muy caliente ahorita -le dije tomando su mano para chupar sus dedos de forma lenta

    Después me quite la tanga y viéndolo a sus ojos lamí la parte que estaba visiblemente más húmeda. Metí mis dedos en su boca y sujetando su barbilla le metí mi tanga. Después lo empecé a masturbar mientras tenía dos dedos suyos jugando dentro de mi vagina. Nos mirábamos a los ojos con un deseo increíble y nos mantuvimos en esa masturbación mutua varios minutos, su líquido preseminal era tanto que me mojaba la mano y alcanzaba para lubricar su palo.

    -Quieres que te la mame? -pregunté

    Asintió con mi tanga en su boca “cómetela”

    Se acostó y quedó prácticamente sentado a la orilla. Entonces lo tomé de la cadera y lo jale hasta que sus nalgas salieron del colchón. Él se tuvo que recostar y yo me puse en medio de sus piernas. Le empecé a pasar la lengua por todo su miembro. Lo lamia como un helado, incluyendo sus bolas. Jugaba con mi lengua en su frenillo y todo su glande. Se la escupía haciendo mucho ruido para ponerlo más duro. Después de eso me la clave hasta la garganta de un solo golpe. Miguel soltó un jadeo que me hizo saber que lo hacía bien

    -Ah! Qué rico la mamas -dijo ya con su boca libre

    -Te gusta?

    -Siii! Eres una mamadora de primera

    -Pues dale las gracias a mi papá, me tiene practicando mucho.

    -No mames, le voy a estar bien en deuda a ese cabrón! Ahhh! Así! Cómetela perra!

    -Ah! O sea que ya no soy tu sobrina, ahora soy una perra! -le dije esto y le di una ligera mordida en la cabeza de su verga y se la seguí mamando

    -Jaja. Es que me pones bien caliente Jessica

    -Pues de eso se trata tío -dicho esto empecé a masajear su glande con mis amígdalas. (Tú me entiendes)

    Así estuve unos minutos hasta que me levante y le pedí que se pusiera en 4.

    -Qué quieres hacer? -preguntó

    -Te voy a hacer mi perra jaja -y le di una buena nalgada en su flojo culo.

    Me agache y empecé a comer sus testículos como una puta arrastrada mientras masturbaba su hinchada macana. Después fui subiendo con mi lengua masajeando su pirineo, soltaba saliva que le escurría hasta sus huevos. Fue cuando llegue a su ano y le pedí que se masturbara mientras yo abría sus nalgas para tener mejor acceso a su ano y lamerlo bien, saboreando su sabor deliciosamente ácido. La verdad pocos hombres acceden a éstas cosas pero esos no saben lo que se pierden. Empecé a meter poco a poco un dedo bien lubricado. Me pare y rasguñaba toda su espalda mientras masajeaba su ano por dentro.

    -Eres mi perra tío? -le pregunté sintiéndome poderosa y sensual

    -Ahhh! Ahorita me la vas a pagar! -contestó gimiendo

    -Pues ojalá, me hace falta sentir una buena cogida, quiero que me hagas sentir mucho.

    -Cállate y sigue lamiendo golfa.

    -Te gusta tu sobrina? -le pregunté abriendo sus nalgas y hundiendo mi cara en su ano.

    -Ay qué rico! Eres una sucia!

    Entonces escupí en su culo y le metí mi dedo:

    -Soy una puta, que se está dando unas cogidas con su papá y ahora con su tío

    -Ahhh! Que puta! Te voy a encular! -gimió de gozo

    Me acosté y se puso de rodillas en medio de mis piernas. Entonces abrí mi mojado sexo con las manos, exponiendo mi intimidad de forma obscena y le dije que me penetrara.

    -Ay qué rico! Te está escurriendo la panocha -dijo esto viendo mi sexo con una cara de perverso que me fascinó.

    -Métemela ya, así sin condón tío! No quieres sentir mi humedad en tu verga?

    -Es que tu papá dijo que todo era con preservativo -dijo poniéndose sobre mi.

    -Nada más tantito! Es que es muy cuadrado con eso -tomé su pene y lo jale hasta la entrada de mi vagina- Empújala

    Miguel sin más me la fue hundiendo lentamente mientras los dos veíamos fijamente como nuestros juguetes se iban uniendo. Cuándo me la metió toda se nos escapó un alarido y empezó a machacar mi coño con su palo. Yo me apretaba los pechos cómo si se me fueran a zafar con la verguiza que me estaban dando. Duramos menos de 5 minutos cuándo le pedí que se saliera, su pene salió de mis entrañas paradísimo y baboso.

    -Ahorita vengo, síguetela jalando.

    Salí de la habitación desnuda y cuando llegué a la sala buscando a papá, lo vi sentado con su verga metida en la bomba de vacío que había comprado.

    -Papá, ya quiero que estemos los tres.

    -Ahorita, primero dame unos minutos más para la bomba -dijo- llévale una pastilla de esa caja a Miguel.

    Tomé la pastilla (viagra) junto con agua y fui con Miguel. Entré y él estaba estimulando suave su verga para mantener su erección. Como pude me subí sobre él y me metí su verga, sin moverme; puse la pastilla en mi boca y se la di en medio de un beso junto con unos movimientos de mi pelvis. Le pasé el agua y me volví a retirar de su miembro saliendo de la habitación.

    Llegué con papá y me pare sobre el sillón para que me chupara la vagina, en la que hace poco había estado la verga de Miguel. Seguramente mi papá sabía que ya me la había metido pero no sabía que en mi vagina había fluidos preseminales por no haber usado condón. Así estuvimos varios minutos hasta que me dijo que ya estaba listo.

    -Ya me voy a quitar esto –dijo.

    Me senté a un lado y me quedé de piedra cuando vi que se le había puesto más grande que nunca. Estaba más venosa, gorda y larga

    -No manches se te puso muy grande! Qué tiene esto? -pregunté mientras revisaba el aparato.

    -Es especial para reventar hijas jaja -dijo papá exprimiendo su verga para sacar líquido cristalino.

    -Jajaja! Y bien reventadas! -le dije- me vas a dar unas metidas bien duras! A ver si aguanto

    -Pues con todo lo que me has platicado seguramente se te va ir sin problemas.

    -Oye! Estás diciendo que estoy bien abierta?!

    -No! Pero ya tienes bastante experiencia! No te hagas.

    -Jaja poca! Lo normal jaja -dije divertida.

    Pues ya vamos al cuarto -dijo papá levantándose.

    Entramos al cuarto y Miguel tenía mi tanga envuelta en su palo y la usaba para masturbarse. Me hinqué en la cama y les pedí que se pusieran de pie para darles unas mamadas de verga. Acercaron sus penes hasta que me los restregaban por la cara. Yo los sujete y me fui alternando entre uno y otro, me metía sus huevos a mi boca y les pedía que me pegaran en la lengua con su miembro. Cuándo empezaron a gemir me metía sus glandes al mismo tiempo, después me puse más juguetona y masajeaba sus cabezas entre si, embarrando de fluidos la verga del otro.

    -Que rico la chupas! -Miguel

    -Pues mi papá me tiene todo el día practicando -dije- verdad?

    -Pues ya tenías mucha práctica perrita –contentó.

    Me pare y de pie en la cama nos empezamos a besar. Pasaba de una boca a otra, cuando uno me sacaba la lengua otro la metía, a veces ni bien la sacaba uno cuando el otro ya la estaba metiendo. Por segundos sus lenguas se juntaban en mi boca, compartiendo no solo saliva sino también los fluidos que sus vergas habían emanado en mi boca. Los dos estaban súper calientes y yo pues ni que decir.

    -Me maman un rato? -les pregunté

    -Pues claro que si -Miguel

    Me acomodé haciendo un 69 con mi Miguel. Atrás de mi se puso papá y entre los dos me daban un montón de sexo oral. Solo sentía como me comían el ano y la vagina al mismo tiempo. A veces ya ni podía chupar el pene de Miguel porque no podía parar de gemir tal cual puta incestuosa. Ahí si duraron por lo menos 15 minutos, en los que llegué como dos veces al orgasmo. Sentía delicioso tener su aliento caliente en mis partes, y sus leguas lubricando a profundidad mi cuerpo, me sentía muy expuesta y sucia por la forma en como me comían estos hombres.

    Hubo unos minutos en los que solo sentí a Miguel dedeando con ansia mi vagina. Hasta que mi papá tomó mi cadera y me fue metiendo su vergota, la sentía muy grande. La bomba de vacío valió cada centavo, había hecho de mi padre un verdadero negro.

    -Mmmm! Ayyy! Papi con cuidado, se te puso muy grande! -grite- siento que me llegó hasta el útero! Ayy! Ahh!

    -Se le ve enorme! -dijo Miguel

    -Papá más despacio! De verdad que se te puso muy grande! Ahhh! Ahhh! -decía con una mezcla de dolor y placer

    -Pobrecita! Le está doliendo -Miguel

    -Me está reventando! Ah! Ah! Ah!

    -Ni con tu novio habías sentido así? -preguntó papá, hincándome su verga bien adentro y cuándo sus huevos se pegan a mí vulva todavía me sigue empujando en un acto vil y duro- no que te gusta tanto la verga que hasta te cogiste conmigo y me pediste un trío?

    Tenía razón. Yo estaba sintiendo el poder de su verga erecta porque así lo pedí y aparte pedí que buscar a otro hombre para que ambos me rellenaran a placer. Me calentó pensar que mientras mi propio padre me cogia como a una cualquiera, a abajo de mi, su amigo se la chaqueteaba viendo como cogíamos padre e hija, esperando su turno. Viendo a centímetros la verga de mi papá entrar en mi vagina

    -Ah! Ah! Ah! -empecé a gemir de placer y morderme los labios

    -Bien que te gusta, no te hagas! Toma por puta! Toma!

    -Ay papá! Ah! Ah! Ah! Dame por puta! Ah! Ah!

    Papá empezó a darme lento pero con golpes de cadera secos y fuertes. Cada vez que me daba una penetrada hasta lo más profundo yo jadeaba, además Miguel seguía estimulando mi clítoris con su lengua lo que detonó mi orgasmo.

    -Yaa! Yaa! Voy a terminar! Ay! Ay! Qué rico! Ahhh!!

    -Termina! Ándale hija! Ahh -me animaba papá.

    -Ay papi! Me pones muy mal! Ahhh! Ah! Ah! Muy puta… -Dije lo último en chillido

    Yo estaba jadeando aun cuando mi papá me dio una nalgada y se salió. Me acosté boca arriba para dejar a Miguel levantarse. No tardó nada cuando se puso sobre mi y me la dejó ir. Mi orgasmo no había terminado y sólo empecé a acumular otro debido a la cogida que mi tío postizo me daba. En eso estábamos cuándo mi papá me la metió en la boca y ahogó mis gemidos durante el tiempo que su amigo me cogió. Sólo cuándo alcance mi orgasmo la sacó para dejarme gritar a gusto, mientras mi cuerpo temblaba horrible con Miguel empujando suavemente dentro de mí.

    -Qué rico! Qué rico! Ayyy! Ahhh! -gemía- está bien caliente tu verga! Mmm

    -Pues así nos pusiste hija de la puta de tu madre -dijo mi papá- eres igual que ella

    -Imagínate lo caliente que saco la leche Ayyy! Aprietas más que tu mamá! Ahhh! Qué calientes salieron las dos -dijo Miguel moviéndose sin sacar su pito de mis entrañas

    -Pues échamela! Ah ah! Ah! Quiero sentir tu leche

    -Pues si quieres por el culo hija, por la vagina todo con condón -dijo papá- imagínate el desmadre si sales embarazada de cualquiera de los dos

    -Igual que con su mamá, no? -le preguntó Miguel a mi papá

    Mire a mi tío con mis ojos entrecerrados por el placer. Imaginando lo que sentía después de haberse cogido a mi mamá junto a mi papá y ahora metía esa verga en la hija.

    Entonces mi papá se acostó y yo lo monte. Gemía escandalosamente mientras batía mi sexo sobre su macana súper parada. Así lo estuve cabalgando varios minutos hasta que me pare para montar ahora a Miguel que se encontraba acostado junto a nosotros. Lo cabalgue como una perra, le quería dejar en claro que era mejor que mi mamá para coger. Puse mis pies sobre la cama y me daba unos sentones que hacían vibrar el colchón y se escuchaban en toda la habitación. Yo gritaba a pulmón, en cada sentón sentía como me abría toda con su gruesa verga. Así estuve unos 20 minutos, pasando de una verga a otra, haciéndolos gemir en cada ronda. Llegó el momento en el que yo estaba sudando de tanto ejercicio.

    -Ya demne ustedes! -me acomodé en 4 en la orilla del colchón

    Ellos se pusieron de pie atrás de mi y me tocaban con impunidad la vagina y el ano.

    -Qué rica panocha tiene tu hija -dijo Miguel- mira como escurre

    -Pero este anillo no se queda atrás -dijo mi papá metiendo dos dedos en mi culo

    -Te gusta por el chiquito? -Le preguntó mi papá a Miguel

    -Si es para ti yo tengo una oferta -Miguel

    -Jaja! Que amable! Ten te traje un regarrote! -mi papá dijo eso clavándome mientras se reía. Cuándo estamos cogiendo me pone muy cachonda que sea un poquito corriente.

    -Verdad que tiene un pitito tu papá? -me pregunto Miguel

    Yo solo reí por su comentario entre gemidos, mientras mi papá me la dejaba ir bien duro.

    -Verdad que tengo un pitote hija? -preguntó mi papá

    -No mames, me llamaron porque no puedes solo -Miguel

    -No mames! Es para que veas como coger de verdad! Ahh! Mira que ricas nalguitas tiene Ah!

    Entonces sentí un líquido en mi ano y enseguida dedos entrando. Yo estaba ardiendo con eso. Aparte Miguel me besaba mientras me acariciaba toda

    -Ya quiero probar su culo! Dame chance -Miguel

    Mi papá se salió y mi tío me la empezó a meter lentamente hasta que sus huevos tocaron mis labios vaginales

    -Ay pero que rico tienes el chiquito -dijo masajeando mis caderas mientras su miembro permanecía quieto dentro de mi

    -Apenas si lo sientes verdad hija? -preguntó mi papá

    -Lo importante no es el tamaño si no como la usan -dije tratando de reírme con una verga dentro

    Fue cuando Miguel se empezó a mover. Mi culo estaba bien acostumbrado al sexo anal y por eso en pocos minutos ya me estaban cogieron bien rico por ahí. Se turnaban más rápido que antes y sentía sus penes muy hinchados. No les quedaba mucho

    -Me puedo venir adentro de tu culo? -preguntó Miguel

    -Siii! Ya quítate el condón! Ah ah! Ah! -grité. En ese momento el que estaba dentro era mi papá.

    En cuando salió Miguel tomó posesión de mi culo y la sentí sin nada. Que rico era poder apreciar y disfrutar de la verga sin nada. Sentí como estaba más hinchada que antes, durante un par de minutos estuvimos fornicando así, entre gritos y jadeos. Me hizo llegar al orgasmo anal una vez antes de terminar.

    -Me voy a venir! Ahh! Ahhh! -grito

    -Vente! Dame la leche! Dámela! Ahhh! Ah! Ah! Vacíate!

    Gritó como pinche animal y me dio una embestida brutal, todo mi cuerpo hubiera caído si no es porque me tenía bien agarrada de mi cintura. En ese primer grito sentí un fuerte chorro en mi recto, la sacó y me la volvió a meter con fuerza lanzando otro chisguete de semen en lo profundo de mi, repitió esa acción varias veces hasta que terminó de eyacular.

    –Ay qué rico! Dije dejándome caer en la cama -siento tu leche muy adentro

    Yo también ya voy a terminar -me avisó papá- quiero que te lo tomes

    Como pude le empecé a hacer una garganta profunda tremenda. Mi papá solo se puso a gemir mientras con mi garganta estimulaba su orgasmo.

    -Ya! Ya me la vas a sacar! Ah! Ah! Ahhh!

    Pegué mi nariz a su pubis y deje que eyaculara hasta el fondo de mi garganta, directamente hacia el estómago. El presionó mi cabeza por unos segundos hasta que se dejó caer en la cama y yo extraje su verga de mi boca. Me había tomado todo lo que le salió. Nos acostamos en la cama para recuperar vigor.

    Y gracias al cialis no tardaron mucho en recuperarse…

    Mientras Miguel usaba la bomba de vacío yo estuve haciendo un 69 con mi papá. La verga de Miguel quedó muy gruesa y con ese torpedo me dejó muy abierta del ano principalmente. Me llevó al orgasmo 3 veces en los más de 15 minutos que me cogió brutalmente de forma continua, estaba tan grueso que mi papá y yo estábamos de acuerdo que mi recto se sentía algo flojo. Miguel se ganó mi reconocimiento absoluto por semejante sodomizacion. Hicimos otras posiciones en las que ellos se turnaron y disfrutamos a lo grande.

    En esa segunda sesión duramos casi una hora manteniendo relaciones sexuales sobre aquella cama, sus erecciones se mantenían rudas y yo como campeona recibiendo y mamando. Mis machos me la metían en el recto sin condón y por la vagina con, para evitar cualquier embarazo. Terminaron bañados en sudor por tanto ajetreo. Yo terminé bañada pero con el semen de Miguel en las nalgas y el de mi papá en las tetas.

    Al último le pedí a mi papá que me dejara a solas con Miguel. Y cuando cerré con seguro hicimos un delicioso coito durante más o menos 40 minutos. Le pedí que no se pusiera condón y fue riquísimo sentir la lubricada penetración de su verga, sentir sus venas, su calor, ver cómo me la sacaba toda babosa y escurrida de nuestros fluidos. Me sentía como una perra, subí de nivel mis gritos, pidiendo a mi tío postizo que me diera unas nalgadas fuertes con la intención de que papi escuchara. Que solo se pudiera imaginar a su nena siendo tomada por otro, sin saber en qué posición se la estaban metiendo ni por qué orificio la están penetrando.

    Después de que Miguel me lleno el culo de su caliente esperma, nos quedamos dormidos sobre la cama. Por ese día ya no tuvimos más sexo. Estaba más que satisfecha y ellos tenían que tener tiempo para hacer que sus huevos produjeran más leche o al menos eso pensé.

    En la madrugada me desperté y estaba sola en la cama, camino hacia el baño escuche ruidos que venían de la sala, fue ahí cuando me quedé sin aliento al ver como mi papá se cogia a Miguel sobre el sillón. No podía creerlo, mi padre se veía tan viril y masculino al estarle metiendo su verga a Miguel, nos había enculado a los dos sin ningún pudor. Miguel se quejaba y en su cara veía el placer de tener a mi padre dándole una cogida. Ese hombre con el que había tenía un trío riquísimo y que me había hecho sentir una perra llegando al orgasmo varias veces, ahora, ahora era un pasivo que disfrutaba de ser enculado hasta el fondo como todo una puta. Una puta como también lo soy yo.

    Me gustaría saber si quieres saber algunas cosas que pasaron después. Creo que ya te imaginarás lo caliente que se puso todo, es sólo que entiendo si para algunos los detalles de esa madrugada serían motivo de desagrado.

  • Miss Kenia: la maestra de primaria de mi hijo

    Miss Kenia: la maestra de primaria de mi hijo

    Hace más de un año que Melissa y yo nos divorciamos, después de un largo pleito legal todo había terminado e incluso habíamos llegado a un acuerdo para que yo pudiera ver a mi pequeño hijo Adrián, dentro de ese acuerdo había días en el que me tocaba ir a recogerlo al INM.

    -Ya llegó terminator -gritaban alguno de sus compañeros de primaria cuando me veían, deduzco que lo decían por mi look “Biker”, mientras caminaba al salón de 2do “C” para recoger a mi hijo podía sentir las miradas de algunas mamás, la soltería para ser honestos se sentía bastante bien, pero ninguna mirada me calentaba tanto como la de la maestra de mi hijo.

    La miss Kenia tenía 32 años, media 1.67 m, su cabello era entre lacio y rizado (de color rubio), sus ojos eran cafés y siempre estaban perfectamente delineados (sin mencionar que eran cubiertos por lentes de pasta), tenía nariz respingada, su boca era un poco larga e irregular pero con ese labial rojo que acostumbra ponerse se veía perfecta, sus tetas estaban bien formadas (Copa C) y su culo formaba un corazón lo cual se notaba más con los jeans azules slim-fit que utilizaba como parte del “Uniforme de trabajo”, si aún no logran hacerse una idea les comentaré que se parecía a Bernadette de “The Big Bang Theory”.

    Algunos días la miss Kenia y yo cruzábamos miradas pero el lapso era corto ya que no podía evitar sonrojarse, con el paso de las veces que fui por Adrián y con el pretexto de acércame siempre nos íbamos a despedir de ella pero desafortunadamente yo no podía hacerle mucho la plática ya que el profesor de música era su novio (siempre la observaba a la hora de la salida desde el salón de enfrente, está de más decir que el tipo era muy inseguro).

    Por fin el 7 de junio del 2019 mi celular sonó, era Melissa -Óscar, no voy a poder llegar a firmar la boleta de Adrián, tengo paciente ¿podrías ir tú? Sin pensarlo dos veces accedí, mi exmujer me comentó que sería a las 5:00 pm debía presentarme en el salón de mi hijo, así que después de recibir las indicaciones me apresuré a ponerme presentable.

    Decidí que la mejor hora para llegar a la reunión serían pasadas las 6:00 pm para que no hubiera papás que nos interrumpieran y así lo hice, llegué al salón un poco mojado por una lluvia de temporada, al entrar cerré la puerta.

    -Disculpe la tardanza maestra, Melissa me acaba de informar que había firma de boletas y que no podría llegar, pero aquí estoy en su representación -comenté mientras me quitaba la chamarra.

    -N n n n n no se preocupe, podía ha ha haber pasado mañana a firmar la boleta señor -replicó Kenia nerviosa mientras evitaba mirarme, yo sonreí.

    -No pasa nada, me alegro de haber venido, mientras pasa la lluvia tendremos tiempo para platicar del desempeño de Adrián -comencé a acercarme a su escritorio.

    -Está bien -se sonrojó y comenzó a buscar el documento- Su hijo tiene un buen desempeño no tengo problemas con… -cuando la maestra volteó yo ya estaba recargado junto a ella, la distancia entre nuestros rostros era bastante corta, podía sentir sus nervios.

    Por un momento nos miramos fijamente, pero ella reaccionó, se levantó y puso su espalda en el pizarrón.

    -S s s eñor por favor le pido que… -me volví a acercar, la tome de la cintura y la acerqué a mí, podía sentir sus chichis contra mi pecho húmedo, comencé a acercar mis labios a los suyos pero no nos besamos, ambos podíamos sentir la respiración el uno del otro golpeando nuestro rostro, por momento miss Kenia parecía que lanzaba pequeños gemidos, mi lengua simulaba por momentos que iba a entrar en su hermosa boca pero solo rozaba por pequeños momentos su labio superior o su labio inferior.

    Mientras mi lengua estaba con ese jugueteo mis manos comenzaron a acariciar su espalda baja y pasaron rápidamente a apretar sus glúteos, lo había logrado la miss Kenia estaba excitada, lo noté cuando una de sus manos comenzó a frotar mi pierna derecha muy cerca de mi pene.

    -No señor por favor no -susurraba mientras su mano izquierda comenzaba a apretar mi verga- Por favor no, por favor -susurraba mientras respiraba más rápido, así que sin preguntar la puse de rodillas y me desabroché el pantalón, saqué mi pene erecto- Nos van a descubrir -intentó ponerse de pie y empujarme, pero la tomé del cabello y puse sus labios en mi verga.

    Pensé que seguiría resistiéndose pero comencé a sentir como su mano derecha trataba de masturbarme tímidamente y como daba pequeños besos en el glande, pero para ayudarle a desinhibirse más rápido comencé a frotar mi pene contra sus labios, después de unos segundos por fin conseguí que abriera la boca y comencé a guiarla, quizá aunque no la mamaba tan rico de todos modos se sentía como el cielo porque yo deseaba a esa mujer.

    Después de un rato en el que intentó ofrecerme un sexo oral decente (en verdad lo trató), llegó mi turno… La puse de pie y la senté en su escritorio, comenzamos con un buen faje y sin esperar mucho tiempo comencé a meter mano debajo de su blusa blanca, sus pezones estaban erectos, su piel estaba de gallina, era tanta la calentura que decidí hacerle sexo oral.

    Ella permanecía acostada boca arriba con la blusa abierta retorciéndose de placer mientras sus manos agarraban mi cabeza y la pegaban lo más que se pudiese a su zona intima, yo a cambio lamía sin piedad y daba pequeño mordiscos a su clítoris mientras dos dedos de mi mano derecha entraban a toda velocidad en su zona, la humedad era evidente, temblaba sin control y la temperatura corporal llego a un punto en el que supe que era el momento.

    La levanté por un instante y la puse dando la espalda hacia mí pero de tal forma que sus pechos quedaran contra el escritorio, ella respiraba bastante agitada, por fin me puse un preservativo y puse la punta de mi pene en su vagina.

    -¿Qué quieres? -le pregunté.

    -No señor por favor, no -replicaba la miss Kenia.

    -¿Qué quieres? -volví a preguntar.

    -Por favor… -contestó.

    -¿Qué quieres? -la jale de sus rizos rubios mientras mi glande ya había comenzado a entrar en su vagina.

    -Cógeme, cógeme duro… -contestó con dificultad y así fue, la jale del cabello y la comencé a penetrar lo más duro que pude, en verdad intentó no gemir y para no hacerlo… por momentos arañaba la mesa… por momentos apretaba sus pechos.

    La cogida era brutal, las ventosidades vaginales estaban a la orden del día, Kenia trataba de pedir un poco de piedad pero la sensación era tan placentera para los dos que no se atrevía a pedirme que me detuviera.

    -cógeme de frente -susurró con mucha dificultad.

    -¿Qué quieres? -le pregunté mientras hice una penetración profunda y lenta (que mantuve por algunos segundos).

    -Cógeme de frente -volvió a repetir conteniendo un gemido.

    Me detuve por un momento y la acosté de manera normal en el escritorio, una vez acomodada frente a mí la comencé a coger de nuevo levantando sus piernas y sin piedad, por momento nos besábamos, por momento yo pasaba mi barba por sus pezones y los mordía ligeramente lo que hacía que Kenia entrara en frenesí.

    -Me voy a venir -jadeba Kenia ya con ruido considerable- Espera un poco -mientras mencionaba el tema de esperar sentí lo que Kenia me había advertido hace unos segundos, respiró aliviada y con una gran sonrisa en la boca.

    Después del “orgasmo final” (como le llamó yo) Kenia me llevó contra la pared me besó un poco y se puso de rodillas, retiró el condón y comenzó a hacer sexo oral, esta vez se sentía mucho mejor.

    -Mientras cogíamos… no dejaba de pensar en lo mucho… que me gustaría que me llenaras la boca de leche… me excita la idea -puse mis manos en su cabeza y me comencé a mover de atrás hacia adelante lo más rápido que pude, ella también lo hacía.

    La mamada era tan exquisita y la adrenalina estaba tan a flor de piel que estaba a punto de venirme y en grande, pero de momento la puerta del salón se comenzó a abrir…

  • Una afortunada coincidencia

    Una afortunada coincidencia

    Rodrigo era un chico de mi universidad que aunque seguíamos distintas carreras siempre nos cruzábamos en el bar de la facultad, no éramos amigos pero yo me sentía muy atraído por él, era pequeño menos de 160 cm no muy atlético un tanto delgado pero su rostro delicado, sus rojos labios y su blanca piel me hacían desearlo en secreto, por su forma suave y hasta cierto punto amanerado de hablar y actuar asumí que era gay y traté de coquetearle por redes sociales pero me dejo en visto y no se dio la oportunidad de decirle que me gustaba.

    Luego de un fin de semana que fui a pasar en la playa con mis primas debía retornar a la ciudad puesto que al día siguiente tenía clases, mis primas estaban de vacaciones así que el viaje de regreso lo haría solo, conseguí pasajes para el turno de las 19 horas y el autobús estaba casi vacío no íbamos mas de 10 personas así que me fui a sentar hasta el fondo, me aguardaban 6 horas de viaje en las que esperaba dormir todo el camino, pero cuando estábamos por salir de la terminal subió un chico que se sentó en el asiento que estaba junto al mío, cuando lo mire bien me percaté que era Rodrigo, supuse que había estado en la playa por la forma en que iba vestido, unos costos shorts, camiseta, alpargatas, y una gorra que la usaba con la visera hacia atrás.

    Con un miedo latente de que me ignorara en persona pero con ganas de conocerlo más y explorar la posibilidad de tener una aventura sexual no podía dejar pasar mi golpe de suerte así que decidí hablarle:

    -Hola, tu también pasaste el fin de semana en la playa?

    -Hola, no, yo vivo acá solo vine a estar con mi familia vengo una vez por mes.

    -Vamos a la misma universidad.

    -Si te he visto unas veces por ahí.

    -Soy Santi mucho gusto.

    -Rodrigo el gusto es mío.

    -Tu estudias odontología vedad?

    -Si, creo que tu derecho.

    -Jaja así es y qué tal tu fin de semana.

    -No hice mucho solo estar en casa, y tú.

    -Lo pase en la playa vine con mis primas pero ellas se quedaron un día más, yo aún tengo clases así que me tengo que volver.

    -Si que pereza verdad mañana otra vez a clases.

    -Más que el viaje es cansado y aburrido.

    -Si pero bueno por suerte no me tocó viajar solo.

    -Sabes la otra vez te escribí jaja nunca me contestaste.

    -Perdona por eso mi carrera es muy cansada y a veces no tengo tiempo de chatear.

    -No pasa nada.

    Yo también viajaba con bermuda así que aproveche para pegar mi pierna a la de Rodrigo y disimuladamente empecé a rosar su lampiña piel que se sentía cálida y suave, en el asiento de en frente iba una chica así que me corte un poco en mis intentos de seducción, después de un periodo de incómodo silencio Rodrigo empezó a quedarse dormido o eso pensé pero sentí cómo el dorso de su mano presionaba contra mi muslo lentamente deslice y mano y con el meñique acaricie la suya, casi de forma instintiva nos tomamos mutuamente de la mano mientras fingíamos dormir, pasamos por un pequeño pueblo donde el bus se detuvo y se encendieron las luces por lo que solté su mano, la chica del frente se quedó en ese pueblo y continuamos con el viaje, me percaté que estaba solo con Rodrigo en la parte de atrás del bus.

    Se apagaron las luces y ya más entrado en confianza pase mi mano sobre los hombros sus el se abrazó a mí abdomen y sin decir nada se recostó sobre mi pecho, después de una rato lévate su rostro hacia el mío y le estampé un beso, había deseado y esperado tanto ese momento que casi no me lo podía creer pero era real estaba ahí con el chico que me gustaba ente mis brazos, continuamos besándonos cómodamente ya que los pocos pasajeros que estaban en el bus estaban lejos y absortos en la película que estaban proyectando.

    Desde que sentí el rose de la piel de Rodrigo yo ya estaba con una erección que de entre estar abrazados y besándonos se me incrementó sentía que iba a romper mis bóxers, el empezó a acariciarme el bulto en mi bermuda así que yo me saque la verga y la dejé a su disposición, no dudó en empezar a masturbarme con suavidad yo me baje un poco más la bermuda y los bóxers casi hasta la rodilla y Rodrigo empezó a hacerme un oral, sus delicados labios alrededor de mi verga se sentían tan bien, mamaba estupendo sabía controlar el ritmo y la intensidad mientras me la chupaba con su mano acariciaba mis testículos, la estupenda mamada que me estaba dando sumada al movimiento del bus y el morbo que el riesgo de ser descubiertos me provocaba hizo que no pudiera contenerme más y sin tiempo de advertirle me vine en su boca, estaba tan excitado que no sólo llene su boca si no que mi leche se me derramó hasta los testículos, pude escuchar el sonido que hizo Rodrigo al tragársela y no contento con eso paso su lengua desde mis testículos hasta la cabeza de mi verga recogiendo hasta la última gota de semen, con mi mano seque alrededor de su boca y lo bese nuevamente subí mi ropa y le dije:

    -Woo gracias por eso lo haces increíble.

    -A ti por darme tu leche, llevaba días con ganas.

    -Jajaja yo llevo meses con ganas de sentirte mío.

    -Jajaja la verdad si me di cuenta que me mirabas en la u y me acorde que me escribiste, por eso cuando te vi aquí me senté junto a ti.

    -Ya decía yo que estando casi vacío el bus era raro que tengamos asientos juntos.

    -Bueno esperaba que tomaras la iniciativa si me gustabas en la u pero me daba un poco de temor.

    -Bueno después de esto creo que eso ya está superado.

    -Si aunque me habría gustado más que un oral.

    -A mi igual no sabes cómo me he imaginado cogiéndote en todas las posiciones.

    -Lástima que aquí no se pude.

    Se recostó en mis piernas yo le quite su gorra me la puse y empecé a acariciar su cabello hasta que se quedó dormido, yo quede tan relajado después de haberme venido en su boca que también me dormí, cuando me desperté estábamos ya cerca de llegar a nuestro destino por lo que volvimos a besarnos hasta que se encendieron las luces y llegamos a la terminal, bajamos del bus y recogimos nuestras maletas, fuimos juntos hasta dónde paro un taxi le extendí mi mano para despedirme y le dije:

    -Toma tu este taxi y yo tomo el siguiente.

    -Sabes no me quiero despedir aún de ti.

    -Yo tampoco me quiero despedir de ti pero ya llegamos y debemos ir a vuestras casas.

    -Vente conmigo si no hacemos mucho ruido al entrar no hay ningún problema.

    -De verdad pódenos ir a tu casa.

    -Vivo solo, y me dejaste muy caliente, solo entremos en silencio por la dueña de la casa donde vivo.

    El recorrido en el taxi me parecía eterno aunque no tárdanos más de 8 minutos en llegar a un edificio cercano a la Universidad, yo todo un caballero insistí en pagar el taxi, bajamos las maletas y con mucho sigilo subimos hasta el tercer piso dónde Rodrigo tenía una suite típica de un universitario, apenas serranos la puerta yo me agaché a besar sus labios mientras recorría su cuerpo con mis manos, quise sacarle la ropa pero me dijo:

    -Espera un momento por favor voy al baño tu ponte cómodo si gustas puedes usar la cama.

    Al escuchar la ducha me apresuré a quitarme la ropa con la intención entrar yo también pero la puerta del baño estaba con seguro así que entendí que debía respetar ese momento de privacidad, saqué mi neceser me puse el perfume que llevo en mis viajes y me lave los dientes en la cocina, me metí en la cama y espere a que el saliera de la ducha, después de casi 20 minutos de ansiosa espera pude disfrutar de la sensual figura de Rodrigo caminando hacia la cama envuelto en una pequeña toalla que deja ver su pequeño y blanco cuerpo, el verlo caminar descalzo por la alfombra de la habitación me fascinaba pero me fascinó más aún el meter mis manos por debajo de la toalla, yo estaba sentado en el filo de la cama así que él se sentó en mis piernas quedando frente a frente baje mi cabeza para estar a la altura y poder besarlo nuevamente.

    Dejo caer la toalla al piso y se recostó en la cama dónde continué besando sus labios, baje por su cuello bese su pecho, recorrí sus piernas con mis besos y acaricié sus blancos pies los besé suavemente mientras miraba sus ojos claros que tenían un brillo seductor él me sonrió con unos dientes blancos y perfectos propios de un estudiante de odontología, abrí sus piernas y con mi mano en su cintura levante un poco su pelvis para meter mi lengua en su rosado culito era completamente lampiño y al estar recién duchado sabía increíblemente bien, bese y lamí sus redondas nalgas, sus gemidos me dieron la pauta para con delicadeza darle la vuelta y subir desde sus nalgas hasta su cuello con mi lengua rosando toda su espalda, estando en esa posición empecé a intentar penetrarlo, él me detuvo y del velador sacó un condón y un lubricante anal mientras él se lo aplicaba yo me puse el condón y con cuidado de no lastimarlo se la fui metiendo de apoco, con mi verga dentro de él espere un momento para que se relajara y empecé a follarlo pase mis brazos por debajo de sus hombros para impúlsame sobre él.

    Le di la vuelta y lo puse a filo de cama con sus piernas abiertas lo continué penetrando, apretó sus piernas alrededor de mi cintura y yo pase mis brazos por su espalda, pegándolo a mi pecho y sin sacarle mi verga de su culo me puse de pie y empecé a subirlo y bajarlo para penetrarlo con más facilidad, con sus brazos alrededor de mi cuello él me estaba besando y yo le metía mi lengua por toda su boca, siempre había querido probar esa posición y por fin estaba con alguien que tenía la altura y el peso ideal para hacerlo, era un nuevo nivel de excitación para mi así que decidí completar la experiencia y me vine en esa posición.

    Nuevamente lo recosté en la cama y empecé a hacerle sexo oral su pene era de unos 15 cm no tan grueso pero si muy blanco y de cabeza rosada, entendí que el oral no era lo que más le gustaba y que casi por compromiso se lo dejaba hacer así que para estimularlo me puse a besar y mamar sus pezones y con mis dedos estimular la zona entre su culito y sus testículos, eso lo llevo al límite y empezó a masturbarse hasta venirse profusamente sobre su vientre, le ayude a limpiarse con la toalla que estaba en el piso y me quede con el recostado en mi pecho por un rato hasta que decidí que era tarde y debía ir a mi casa, me vestí pedí una taxi y me despedí de él con un cálido beso.

    Llegue a mi casa cuando ya estaba por amanecer, con el tiempo justo para descansar un poco darme una ducha e ir a mis clases de la mañana, al salir al receso encontré a Rodrigo en el bar nos saludamos y comimos algo juntos, habíamos roto el hielo así que fue el inicio de una amistad con privilegios que supe aprovechar posteriormente.

  • Eso pasa por querer mirar

    Eso pasa por querer mirar

    Partí con la idea de ver a mi mujer con otro hombre.

    Yo se lo había planteado, pero ella no quería, cada vez que salíamos algún bar le decía “mira ese chico como te mira” y ella no hacía caso y me decía que cortara el tema ese.

    Un día salimos de compras al mall y en el patio de comidas había un chico de cómo 25 años, alto, marcado y era de piel oscura. Miraba mucho hacia nuestra mesa hasta que le dije a mi mujer “mira ese muchacho de color como te mira con deseo”. Ella se rio y me dijo que yo estaba loco.

    Al salir del mall caminamos a una tienda en la cual mi mujer fue a compra lencería se probaba la ropa y yo la miraba para ver si me gustaba para así llevarla. Al salir del probador me di cuenta que el muchacho negro nos estaba siguiendo.

    Me devolví donde mi mujer y se lo dije, obviamente ella no me creyó y dijo “deja de inventar cosas”, “en serio” le dije y ella salió en lencería a mirar a fuera del probador y lo vio parado al final mirándola.

    Se puso roja y no sabía que decir, “te lo dije ves” ella se visto rápido y salimos de la tienda obviamente con la lencería que se había probado. Al salir nos dimos cuenta que el muchacho nos seguía, mi mujer muy nerviosa me dijo “dile algo y pregúntale porque nos está siguiendo”.

    Ella entró a una cafetería mientras yo salí a hablar con aquel chico. Pero cuando llegué donde el me di cuenta que él no estaba solo sino que con dos chicos más, todos de color.

    Obviamente no le dije nada y volví al café por mi mujer para irnos del mall. Le conté a ella lo que había visto al ir hablar con el chico y ella me preguntó “en serio…”, “si” le respondí yo.

    -Los puedo ir a ver yo? -Me preguntó.

    -Sí, obvio -le dije yo.

    Fuimos y los vio, eran tres chicos negros muy guapos y marcados su mirada y actitud cambió me dijo:

    -Te animas invitar a los chicos esos a casa?

    Yo no podía creer lo que me decía.

    -¿Estás segura? -le dije yo.

    -Si -me respondió.

    -Bueno los iré a invitar.

    Llegué donde ellos y les conté que mi mujer quería invitarles a nuestra casa a ellos.

    Obviamente dijeron: “vamos de una vez”.

    Llegamos al auto, ellos tres atrás, mi mujer no decía ni una palabra en todo el camino.

    Llegamos a casa, les serví cervezas a ellos y charlamos en el Iiving, de pronto apareció mi mujer solo con su lencería nueva. Me dijo:

    -No te muevas del sillón y solo mira.

    Llamó a los chicos ellos la rodearon, los besaba y ellos la tocaban de pies a cabeza, 6 manos negras tocaban a mi mujer delante de mis ojos. Ella les pidió que se desnudaran, ellos de una lo hicieron y ahí sus ojos se abrieron al ver las 3 enormes vergas de esos muchachos.

    Se arrodilló y empezó a mamar uno a uno esas enormes vergas negras.

    Hasta que pidió a gritos que uno de ellos entrara en ella, se ganó en cuatro y uno de ellos el más vergón unos 26 cm grueso, entró en ella mientras mamaba a los otros dos.

    Estuvimos como 2 horas ahí, le hicieron de todo hasta que el final la bañaron en semen esos 3 muchachos y obviamente yo también.

    Esa fue la primera vez que hicimos algo así esperando que les guste, me despido.

  • Viagra fem a mi mamá (1-2)

    Viagra fem a mi mamá (1-2)

    Al fin tenía edad para trabajar con dieciocho recién cumplidos, y mi mamá ya me presionaba para que consiguiera un empleo formal.

    A decir verdad no me molestaba, un poco de dinero extra no le cae mal a nadie, y así podría ayudar a mi madre con los gastos del hogar, que por esos tiempos, era un pequeño departamento citadino.

    No tardé mucho en encontrar trabajo de medio tiempo en una popular tienda de entretenimiento para adultos, mejor conocida como “Sex-shop”, a la cual había entrado gracias a la ayuda de un amigo de la escuela, cuyo primo trabajaba ahí.

    Claro, como todo adolecente eso me tenía muy contento, más que nada lo tomaba por el mero morbo que conlleva un lugar así, y por toda la popularidad que me daría en la universidad.

    El producto milagro

    Días pasaban y en el trabajo todo se estaba normalizando, a veces había eventos con mujeres semi-desnudas bailando por ahí, se ponía bien con los amigos, pero fuera de esos días, todo el rato era, más bien simple. Hasta que llegaría un producto, por ese tiempo novedoso, que me cambiaría la vida.

    Se trataba de una pastilla, cuyo nombre comercial no mencionaré, pero era bien conocida en las calles como el “V fem” o “Viagra para mujeres.” Había un gran alboroto por el producto, todos en el bajo mundo querían probarlo, y como la tienda en la que trabajaba era de los pocos lugares donde se podía conseguir, eso nos daría una subida en las ventas.

    A mí me daba lo mismo, mi salario era fijo y las ventas no me afectaban, aunque me era muy divertido ver a las chicas guapas comprando las tabletas e imaginar cómo se la pasarían al probarlas.

    Fue esa misma fantasía la que me motivaría a perpetuar mi cometido, razón también de este relato.

    La trampa

    Todo inició como una broma, tal como las que nos solíamos hacer todo el tiempo entre mamá y yo. Haciéndose madre desde muy joven y siendo yo su único hijo, siempre he llevado una buena relación con ella.

    Recuerdo que por esos días no me dejaba de molestar por no tener novia, a lo que yo me defendía bromeando con que cualquiera de mis amigos podría ser mi padre, haciendo alusión a su joven apariencia de la que siempre era presa de burlas.

    Entre chiste y gracia, nos alegrábamos la vida con sustos, historias falsas, llamadas y esas cosas. Pero no fue hasta que conocí aquellas pastillas cuando se me ocurrió jugarle una broma un poco subida de tono. Me habría animado al ver los populares vídeos de tipos que le ponían un par de pastillas en la bebida de su novia y luego se morían de risa mirando los efectos que le provocaba a la pobre incauta, quien se excitaba de la nada.

    Era justamente eso lo que planeaba hacer, aunque no planeaba grabarla ni exponerla. Sin poder predecir las terribles consecuencias de mis actos, compre una caja, serían todo, menos baratas. Pero como tenía descuento de empleado, me las pude costear. Así, las escondí y esperé el momento preciso para llevar a cabo mi malvado plan.

    Sería un domingo, único día en el que ambos descansaríamos, al menos esa semana. Como pocos días en los que coincidíamos toda la mañana y tarde en casa, nos la pasamos divirtiéndonos, platicando, recordando y viendo series.

    Entonces supe que era mi momento. Mientras mirábamos la tv, me acomedí a servirnos una refrescante bebida. Así me dirigí a la cocina, a espaldas de la sala donde esperaba mi madre. Astutamente le serví un vaso y mezclé la pastilla hasta diluirla por completo para que no sospechara nada.

    La travesura estaba hecha, ahora solo quedaba esperar. Le di el vaso con el medicamento y me senté en el sofá de junto, mirando atentamente a que le hiciera efecto.

    Los minutos pasaban lentos y yo casi no me podía contener la risa, aún no pasaba nada pero era muy divertido. Sin embargo los minutos se hacían horas y los efectos tal como los esperaba, nada más no aparecían. Nada de incontinencias, ni de ganas de follar desmedidamente, ni de risas. Tan solo parecía estar un poco abochornada.

    Me desilusionó por completo, y en un principio decidí dejarlo así. Pero ya por la tarde, recién entrada la noche, después de cenar, nos disponíamos a ver una película antes de irnos a dormir. Ella se decidió por darse una ducha, mientras yo proyectaba la película en la pantalla. Justo en ese momento mi madre salía del baño con su tolla envuelta en el cabello y su bata blanca, seguramente desnuda bajo de ella.

    Entonces quise intentar de nuevo, quizá ahora con otra dosis, y ya más relajada, podría funcionar. Sin nada que perder, le hice un té caliente, diluí las V fem en su taza y le di reproducir a la película en la pantalla de la sala.

    No esperaba nada, ya tenía las expectativas muy bajas. Seguro estaba de qué todos esos vídeos eran actuados, y que nunca tendría los efectos tan exagerados. Aun así me conformaría con hacerla sentir incomoda y abochornada antes de confesarle la broma. Al menos eso pensaba.

    Sensaciones extrañas

    La película iniciaba, yo a un lado de ella. Nos perdíamos en la trama cinematográfica, casi olvidándome de mi propia broma. Cuando la escena cambiaba, pasando de aquellas peleas, disparos y explosiones, ahora apareciendo el personaje principal en la alcoba de una dama.

    Y todos sabemos lo que eso significa. El tipo fornido y musculoso se lanzaba en los brazos de la damisela en apuros fundiéndose en un beso apasionado lleno de toqueteos, a medida que se despojaban de sus prendas, el uno al otro.

    Ahí volteé a ver a mi madre. La escena erótica era totalmente explicita y muy caliente, si eso no detonaba las reacciones del activo en sus venas, nada más lo haría. Venga que hasta yo me estaba poniendo a plomo sin haber ingerido nada.

    Miraba cada cambio en mi madre, y nada. En un momento, su respiración comenzaba a agitarse sutilmente. Pensé que sería todo, ahí estaba mi estúpida broma, solo un tenue sofoco. Pero entonces al regresar la vista, noté cómo comenzaba a sudar, a jadear y a manifestar uno que otro espasmo incontenible.

    Sus manos se tornaban inquietas sobando un poco su cuello, como queriendo llegar un poco más abajo hasta su pecho. Sus piernas se movían como traviesas serpientes friccionándose entre ellas, quizá masajeando su entrepierna con sus muslos.

    Ahí supe que la diversión estaba por comenzar. Me puse cómodo y observe disimuladamente. Ya se le veía muy nerviosa, casi no podía controlar su respiración, se acariciaba el cabello constantemente, sus manos temblaban ansiosas, inmiscuyéndose traicioneras entre su bata, tocando un poco sus pechos. Y sus pantorrillas no dejaban de menearse, sus pies se empalmaban uno contra el otro y sus piernas se estrechaban con fuerza.

    Yo lo estaba disfrutando, conteniendo la risa entre mis labios, imaginándome lo gracioso que sería cuando se lo confesara todo. Pero quería más, era mi momento y la haría sufrir un poco más.

    En ese momento la película terminó. Ella se levantó apresurada diciéndome que estaba muy cansada y se iría a dormir. Pero yo bien sabía lo que en realidad quería hacer, seguro que se iría a tocar como tantas ganas tenía, y no se lo permitiría. Aún no.

    -Espera. -Le dije.- Mira lo que me acaban de mandar. –Vociferaba agitadamente mientras me acercaba a ella extendiéndole mi móvil para que lo sujetase.

    En la pantalla de éste, se reproducía un video explícito de una mujer madura y de muy buen ver masturbándose con un consolador vibrador placenteramente. –Qué asco. ¿Por qué me muestras eso? –Me decía regresándome el teléfono con gesto de desagrado. Pero no se lo recibí. –Es el nuevo producto que han mandado a la tienda. Las chicas aseguran que es toda una maravilla. –Explicaba. -¿Y eso a mí qué? –Me respondía aun mirando el vídeo relamiéndose los labios entre su titilante mandíbula que no dejaba de temblar por la excitación.

    -Precisamente de eso se trata. Veras, me han dado uno de estos para escribir una reseña, pero yo pues cómo ¿sabes? –Le describía mi farsa, en la mejor de mis actuaciones, rogando porqué cayera en ella.

    -Estás loco tú. –Me negaba tajantemente.– No esperarás que yo… de ninguna manera. –Finalizaba con un pie en su habitación, tras haber votado mi móvil en el sofá. –Me ayudaría mucho para conservar el trabajo, podrían promoverme para supervisor incluso. Es muy importante para mí. No es broma. Por favor. –Insistía, con los cuernos de maldad en la cabeza.

    Se lo pensó. Titubeaba entre la frontera de la sala y su recamara, analizando qué tanto de lo que le decía era verdad. Ya me conocía. Pero en parte no mentía; de hecho todo era verdad, de vez en cuando nos daban productos para probarlos. Bueno, a veces podía tomar material que sobraban de las campañas comerciales que se filmaban en la tienda, o como en éste caso, la muestra que me había dado mi supervisor para hacerle promoción. De cualquier forma, si llegaba con una reseña bien explicada, pues me daría más mérito.

    Corrí a mi recamara y saqué aquel juguete de placer, nuevo y sellado en su caja, aprovechando el momento que sufría mi mamá para dárselo a probar. Sin embargo, al salir a la sala ella ya había entrado a su cuarto. Pero no me rendiría. Me acerqué a su puerta y toqué un poco antes de entrar. Ella estaba preparando su cama.

    -¿Qué rayos quieres? –Me preguntaba fingiendo enfado. –Te lo dejo aquí. No digo nada… Si quieres… –Le insinuaba entre graciosos ademanes, al tiempo que le dejaba aquel consolador sobre su buró cerca de la puerta. Enseguida salí de su cuarto, apagando su luz principal, mientras ella terminaba de sumergirse en sus sabanas.

    Adrede, había dejado su puerta entre abierta, tan solo lo suficiente para que pareciese que estaba cerrada. Sabía que se pondría bueno. Enseguida apagué el resto de las luces de la casa y me puse cómodo a las afueras de su recámara, espiando por la pequeña rejilla que habría dejado.

    Lentamente me acerqué a su puerta, silenciando mis pasos tanto como podía. El departamento estaba en total silencio, solo se escuchaba mi respiración y los fuertes latidos de mi corazón en todo el piso.

    De cuclillas me asomé por el delgado espacio que habría entre su puerta y el marco de la misma. Y ahí estaba, podía ver a mi madre recostada bajo la cama, ahora sin su toalla en la cabeza, liberando su larga y morena cabellera ondulada. Iluminada por su luz de su lámpara de noche desde su pequeña mesa a un costado de su cama.

    Se le notaba muy ansiosa, hasta temerosa, seguramente se debía estar preguntando qué le sucedía. Era muy divertido, verla así me daba material para burlarme de ella por meses. Pero entonces todo cambió. Pude ver como comenzaba a tocarse, deslizando sus manos con sensualidad por su cuello, hombros y pecho, hasta llegar a sus senos escondidos bajo sus cobijas, acariciándolos con ternura y seducción, sin prisa, gozando de sus caricias y perdiéndose bajo la penumbra de sus parpados cerrados.

    Sabía lo que haría. Estaba hecho. La broma había terminado, era tiempo de largarme y esperar al día siguiente para confesarle todo y burlarme de ella. Pero no pude. Simplemente no podía apartarme de ahí. No sé bien explicarlo, era como una fuerza que no me permitía moverme. Era el morbo, el pecado y el placer del voyerismo familiar. Quería verlo todo, verla como se tocaba, ver sus reacciones y sensaciones. De cualquier manera jamás sabría que la estaba espiando, y sí lo hacía, sería demasiado tarde, ese placer nunca me lo podría quitar.

    Me puse cómodo y seguí observando. Veía a mi madre excitada como nunca, intentando controlar su respiración mientras sus manos jugaban en sus pechos, bajando traviesas por su vientre hasta su entrepierna, oculta tras los telares de su aposento nocturno.

    Seguía tocándose con extremo placer, haciéndose estremecer llena de pasión por aquel potenciador de placer estimulándola en sus venas. Llena de deseo, aclamaba las caricias de sus palmas masajeando todo su cuerpo, expresando ligeros sollozos y quejidos sensuales, gozando completamente del momento, sin saber bien por qué.

    Y ahí estaba yo, espiando a mi madre, viendo cómo se masturbaba, estimulada por la droga que yo mismo le había servido. Cuando de pronto, se levantaba de su cama acercándose a la puerta. De inmediato me escondí por un momento para no ser descubierto, estaba muerto de pánico, pero sobre todo, muy, muy excitado.

    Nunca creí que me fuese a gustar ver a mi propia madre así, pero estaba puesto como fragua, listo para fundir acero, acero tan duro como el falo que se extendía por todos mis pantalones a punto de estallarme, mientras observaba a mi mamá posándose frente a su cama.

    Había encendido la luz de su recamara, también había tomado el juguete sexual que le había puesto en su buró. Por suerte no había cerrado su puerta, ahora podía verla con toda nitidez, despojándose de su bata, desnudando todo su cuerpo frente a mí.

    Ahí me perdí. Enloquecí con el espectáculo, ver a mi madre así, muerta de excitación y completamente desnuda, hizo que me explotará mi corazón, temblando y sucumbiendo al fin ante la maravillosa escena. Su cabello suelto, sus hermosos senos en forma de gota balanceándose libremente, su coqueta cintura, su tersa piel color nuez, y su vagina velludita, pero elegantemente recordada, postrada en ese magnífico marco de sus gruesas piernas y su femenina cadera.

    No le perdía el rastro a cada movimiento ahora que regresaba a su cama, recostándose por encima de sus cobijas en esta ocasión, separado un poco sus piernas para poderse tocar su caliente sexo con una mano y sus endurecidos senos con la otra.

    Mientras me zanjaba fuertemente mi lubricado pene completamente endurecido, fuera de mis pantalones deportivos, mi madre continuaba acariciándose con dulce placer; su respiración se agitaba cada vez más, inflamando su tórax, levantando todavía más sus hermosas tetas grandes y firmes como montañas desde mi perspectiva, engalanadas por su par de pezones marrones completamente erectos. Expulsando un pasional gemido, seguido de uno más, mientras su mano la estimulaba como loca entre sus piernas, obligándola a separarlas cada vez un poco más, y al mismo tiempo permitiéndome ver más profundo en medio de ellas.

    Sus movimientos se hacían más intensos, se contorsionaba en su cama al borde del orgasmo, gimiendo eróticamente a punto de venirse. Tocándose con erotismo, meneando las caderas de arriba abajo, metiéndose los dedos de su mano profundamente, estimulando su parte más privada, haciendo que sus pechos rebotasen sensualmente en cada vaivén, bailando como preciosas perlas brillantes por el sudor que escurría de ellas.

    Y entonces, cuando pensaba que no podría mejorar, me habría las piernas velozmente develándome esa majestuosa vagina madura, completamente lubricada por sus jugos íntimos escurriendo por todos sus labios rosados, inflamados y enrojecidos, completamente estimulados. Siendo ultrajados por sus dedos humedecidos con sus uñas largas sin pintar, masturbando su bien parado clítoris con desdén, provocándose intensos espasmos que la hacían arquearse por el ardor y tortuoso placer de aquellas carisias, gozando más y más, hasta que un instante expresaba un agudo alarido descorazonador, mientras su vagina explotaba entre sus manos, expulsando todo ese acuoso néctar trasparente, entre chapoteos de sus dedos haciéndola venirse intensamente.

    Completamente pasmado miraba la estremecedora escena, vinculando el orgasmo de mi madre con el mío, haciéndome eyacular ahí mismo, sin importar manchar todo el piso con el espeso contenido de mi pene hinchado y sonrojado por la brusquedad de mis jaloneos estrujándole.

    Justo cuando creía que todo había terminado, mi madre se levantaba y tomaba aquel consolador color lila sacándolo de su empaque. Lo miró un momento, y tras comprobar que tenía carga encendiéndolo y apagándolo enseguida, le dio una muy sensual chupada.

    Recorría su lengua por todo lo largo del suave juguete, cubriéndolo con su saliva hasta dejarlo completamente empapado. Enseguida regresó a su cama y se recostó con sus piernas abiertas dobladas frente a ella, y sin más comenzó a introducirlo en su recién eyaculada vagina completamente lubricada, permitiendo que aquel falo de plástico curvo, con una pequeña saliente en su base que sirve para estimular el clítoris, entrase en su nuevo cálido hogar.

    Con gran delicia se metía excitantemente el artefacto sexual, produciendo un sonido acuoso al pasar entre sus pliegues vaginales, empapándolo a su paso. Lentamente hasta el fondo de su intimidad, gozando como nunca. Arqueaba su espalda, se perdía en sus caricias, y gemía como cachorrita. En verdad lo estaba disfrutado.

    Y yo, con mi polla recién exprimida, continuo deleitándome con las imágenes explicitas que llegan a mis ojos, conservando mi erección lista para otra zancada. Ahora con mis pantalones hasta los tobillos, aún en cuclillas, cuidándome de no ser descubierto.

    Miro como mi madre se saca el consolador y lo enciende, para enseguida regresarlo a su húmeda cueva. Ahora con las vibraciones, el sonido acuoso acentúa lo mojada que estaba. Su vagina brillaba con sus jugos embarrando todo el dildo a su alrededor.

    Toda su habitación se había impregnado de su aroma, de su excitación. Olía a sexo. A su sexo completamente empapado, estimulándose tan satisfactoriamente que parecía haberse olvidado que no estaba sola, pues ahora expresaba todo su placer sin pudor ni recato.

    Estaba tan excitada que lo disfrutaba abiertamente, gimiendo y sollozando sensualmente, relamiéndose los labios, tocándose todo su cuerpo, penetrándose aquel vibrador con ferocidad, cada vez más rápido y más fuerte. Haciendo esfuerzos sobrehumanos para estimularse velozmente, metiéndose todo el dildo tan profundo como su extensión se lo permitía, llegando hasta la estimulante base que vibraba sobre su clítoris arrancándole un genuino espasmo orgásmico en cada estocada.

    Meneaba las caderas con extrema explicites, pujando con rudeza para estrangular el juguete sexual dentro de sus cavidades. Estaba a punto de venirse. Lo sabía. Y yo también quería hacerlo de nuevo. Me dolía por lo sensible que estaba, pero me gustaba tanto que no me importaba sufrir con tal de gozar de ese momento irrepetible en mi vida.

    En ese instante mi madre se llevó su nuevo juguete hasta las profundidades de su empapada vagina, haciendo que la base del vibrador se calvara en su clítoris. Y ahí lo dejó un momento, disfrutando de las deliciosas sensaciones que estremecían todo su cuerpo, hasta lo más profundo, arrancándose su inminente orgasmo. Entonces, enmudeció. Endureciendo su mandíbula, apretando los dientes, frunciendo el ceño y el coño, para finalmente dar paso a un potente chorro trasparente que expulsaba desde las profundidades de su más íntima sexualidad, proyectando el dildo fuera de ella, mientras eyaculaba sobre él, gimoteando agitadamente completamente loca de placer, restregando sus dedos de nuevo sobre su rosado clítoris totalmente asomado entre sus mojados pliegues, metiéndose sus dedos medios, haciendo una cuneta con ellos para masturbarse su punto de placer dentro, secretando más y más de sus espesos fluidos que no paraban de escurrir por todos lados, hasta que de pronto, alcanzaba otro orgasmo, eyaculando de nuevo, en menor cantidad pero con más fuerza, expulsando todos sus líquidos casi hasta salirse del borde de la cama.

    Y seguía, sus manos no paraban y sus dedos seguían embistiendo y ruborizando con despiadada ferocidad, sus dedos la complacían profundamente entrando y saliendo a velocidades inhumanas, chapoteando en todos sus fluidos, resonando en sus labios rozados. Cuando eyaculaba una vez más, aventando sus chorros de placer con fuerza e intensidad hasta el borde de la cama, para finalmente estallar en un último orgasmo que le escurría como miel por toda su conchita completamente hinchada y enrojecida por el maltrato recibido, babeando todas sus secreciones que manchaban las sabanas de su cama bajo sus nalgas, exhalando un profundo suspiro de total satisfacción, cerrando sus piernas y retorciéndose sobre su cama, sucumbiendo ante la intensidad del momento más excitante de su vida, doblando sus rodillas, cerrando los ojos y endureciendo la mandíbula, intentando resistir tanto placer desmedido.

    No podía creer lo que estaba presenciando. Había ido demasiado lejos. Aquella broma se había salido de control. Se habría convertido en una experiencia que marcaría mi vida para siempre. Ver a mi madre en ese estado, desnuda, completamente excitada, y tocándose tan explícita y grotescamente, ahí, justo frente a mis ojos, sin poder parar de venirse una y otra vez, gozando intensamente fue lo más extremo que me ha llegado a pasar jamás. Pero también lo más excitante.

    Si te ha gustado el relato, no te pierdas la segunda y última parte, te prometo que será más intensa.

    Gracias por llegar hasta aquí.

    Te invito a leer más historias así, visitando mi perfil Erothic.

    Cuéntame tus sensaciones en los comentarios.

    No olvides calificar.

    Te deseo Felices Fantasías.

  • La convención en Cartagena

    La convención en Cartagena

    Carol tenía su acostumbrada convención anual en Cartagena, ya le aburría un poco ir, considerando que todos los años la empresa la organizaba en el mismo lugar, pero siempre era una buena oportunidad para pasar unos días en la playa.  La agenda para este año difería un poco de años anteriores, esta vez tendrían dos días de convención y el tercer día seria libre para disfrutar de las comodidades del hotel: playa, piscina, etc.

    Carol se organizó para hacer los preparativos del viaje el fin de semana antes del viaje, tenía que comprar ropa y vestido de baño entre otras cosas. Dispuso del sábado anterior para esas tareas, para lo cual se fue a un centro comercial con su esposo Eduardo, el plan se resumía a comprar la ropa para el tercer día de la convención. El día libre.

    Llegado el sábado, Carol y su esposo Eduardo llegaron al centro comercial, Carol se sentía particularmente sexy ese día, en el camino hacia el centro comercial iba pensando que comprar para mostrar su estilizado cuerpo en la playa. Carol tiene un cuerpo con porte de modelo, flaca y definida producto de muchos años de entrenamiento.

    Luego de varias vueltas, entraron a una tienda playera donde Carol comenzó a buscar opciones de vestido de baño, luego de mirar y probarse varios modelos, se decidió por un bikini blanco, que haría resaltar su piel morena, el vestido de baño era elegante pero a la vez muy sexy, muy ajustado, la parte trasera del bikini era un cachetero que terminaba en semi-hilo que de seguro con lo ajustado que le quedaba iba a atraer muchas miradas.

    Para completar el vestuario para ese día, se decidió por un vestido playero colorido, con una apertura pronunciada en el frente y corto (sobre la mitad del muslo), el fin del vestuario fueron unas sandalias, de media altura, amarillas, que en combinación con el resto del vestuario la haría ver muy sexy. Carol planeaba el día antes del viaje ir a la peluquería y pintar sus uñas de pies y manos de color rojo, lo cual, completaba la combinación perfecta de seducción.

    Llego el día del viaje, volaban hacia Cartagena un jueves a primera hora, por lo cual los días de trabajo serian el jueves y viernes, teniendo el gran ansiado día libre el sábado. La convención paso sin pormenores, con las actividades pautadas de trabajo para ambos días. Carol necesitaba el día libre para relajarse de su estresante trabajo y en su interior quería generar miradas y deseo con el vestuario que iba a estrenar.

    El sábado, Carol se despertó sintiéndose igual de como venía sintiéndose en los últimos días mientras pensaba en el día de playa que tendría: muy sexy y con ganas de generar deseo a su paso por la playa y piscina. Se preparó en su habitación con mucha calma, se aplicó crema humectante en todo el cuerpo, posteriormente repitió el proceso con bloqueador solar…

    Esperó unos minutos que se secara el bloqueador y se colocó el vestido de baño, antes de mirarse al espejo se puso las sandalias, al verse al espejo se sintió excitada con solo verse e imaginar lo que causaría. El vestido de baño le quedaba extremadamente ajustado, el blanco realzaba el color de su piel y las sandalias estilizaban sus piernas, todo esto en perfecta combinación perfecta con el manicure y pedicure color rojo. Se colocó el vestido playero corto, busco su bolsa y se fue a desayunar. En el restaurante levanto muchas miradas que la hacían sentir más sexy y excitada.

    El día de playa transcurrió normal, entre tomar sol, muchos cocktails, utilizar las gafas de sol para observar quien la devoraba con la mirada y fantasear un rato mientras escuchaba el sonido del mar acompañado por sorbos del trago. En varias ocasiones venían a buscarle conversación, tanto hombres como mujeres. El grupo de la oficina era relativamente grande, unas veinte personas en una proporción de mitad y mitad entre hombres y mujeres, por lo cual, era inevitable conversar pese a que Carol lo quería era disfrutar su trago mientras volaba cada vez más su imaginación cuando veía a sus compañeros de oficina o extraños en la playa mirarla con lujuria. Le encantaba. Llevaba días pensando ese momento y justo para eso se había preparado.

    Aproximadamente a las 4 pm decidió irse a la piscina, allí se encontró un grupo de cuatro compañeros dentro de la piscina, ya gran parte del grupo se habían ido a descansar o buscar plan fuera del hotel. Dejo sus cosas en una silla y se metió a la piscina a unirse al pequeño grupo, eran tres hombres de unos treinta años, conocidos de la oficina pero con poca relación y una mujer de unos veinticinco años que no había dejado de halagar el cuerpo y elegancia de Carol durante todo el día, Carol a sus 40 años se veía mucho más provocativa y sexy. Al llegar al pequeño grupo, Carol recordó que dos de los integrantes habían sido de los que más la habían devorado con la mirada. Situación que vio Carol por medio de sus gafas mientras ellos pensaban que dormía.

    Ya a estas alturas del día, los tragos habían surtido efecto en casi todos, Carol se sentía más desinhibida y sus fantasías se hacían más recurrentes en sus pensamientos mientras conversaban dentro de la piscina. María, la única mujer del grupo se despidió y la siguió Sergio, por lo cual, solo en la piscina quedo Carol con sus dos compañeros.

    Ya comenzaba a anochecer, la logística de pedir tragos estando dentro de la piscina era complicada, ya habían apagado el fondo musical, por lo cual Andrés, uno de los dos compañeros que estaba con Carol sugirió que se fueran a la habitación que compartía con Luis (el segundo compañero del grupo) donde podían poner música, pedir tragos, etc. No dudaron mucho en decidirse, se salieron de la piscina, escurrieron y secaron un poco, Carol se colocó sus sandalias y vestido playero, con lo cual durante el trayecto hacia el edificio del hotel Andrés y Luis la seguían cautelosamente con la mirada.

    Estando en la habitación, Andrés sirvió tres vasos de whiskey mientras Luis ponía música. Brindaron y entre risas y comentarios comenzaron a bailar los tres en círculo, al poco tiempo, Carol con vaso en mano, se encontraba bailando en el medio de los dos, todos con sus respectivos vasos de wiski en la mano. Luis le dijo a Carol que por que no se quitaba el vestido y se quedaba solo en vestido de baño, a lo cual respondió que le parecía bien, pero para estar en igualdad de condiciones debían quitarse las playeras. Espero que se las quitaran y sin dejar de mirarlos, colocó el vaso sobre una mesa, abrió el vestido por la parte superior y lo dejo caer sobre sus sandalias… De esta manera Carol quedo solo con su bikini blanco y sus sandalias estilizando sus bellas piernas.

    Reiniciaron el baile, nuevamente Carol en el medio, se sentía súper excitada, sus pezones se marcaban en el bikini, aprovechaba el baile para recostar y mover sus nalgas en el paquete de cada uno, solo que se iba turnando y lo dejaba de hacer por instantes para volverlos locos. Cada vez que se recostaba sobre uno, sentía en sus nalgas la erección que estaban teniendo.

    Ya no había separación en el baile, los tres cuerpos estaban muy pegados, Carol sentía el bulto de Andrés en sus nalgas y el bulto de Luis en su muslo derecho, Luis sin perder más tiempo comienza a besarla mientras Andrés solo observa y disfrutaba los movimientos de las nalgas de Carol. Luego de casi un minuto de pasión e intercambio de lenguas, Carol se separa y atina a decir: “no puedo, no puedo, soy casada”. Pero se voltea, recuesta las nalgas sobre el bulto de Luis y comienza a besar a Andrés de la misma manera que lo hizo con Luis, atinaba volver a decir que era casada. Le excitaba decir que era casada mientras estaba siendo devorada por dos hombres.

    Luego de varios minutos de turnarse para besar a ambos y ser manoseada por todo su cuerpo por cuatro manos, se acercaron al sofá de la habitación, era un sofá de 4 puestos, en el cual Carol se acostó boca arriba, apoyo su cabeza en el posa manos y abrió sus piernas como invitación al primero que quisiera comerse su cuca, el primero en aceptar la invitación fue Andrés, quien se arrodillo, la despojo de la parte inferior de su bikini, Carol cruzo sus piernas por el cuello de Andrés, el cual comenzó a lamer y chupar mientras Carol explotaba de la excitación. Acto seguido, Carol le hizo un gesto con su dedo índice a Luis para que se acercara a su cara.

    Abrió el bañador de Luis y comenzó a chuparle su verga de manera desesperada. Luego de varios minutos de dar y recibir placer, Carol se dio vuelta, poniéndose en cuatro e invitando a Andrés a penetrarla, mientras en esa posición, no dejaba de chupar la verga de Luis. Carol se incorporó nuevamente e hizo que ambos se sentaran en el sofá uno al lado del otro, se montó sobre Luis y comenzó a cabalgar mientras masturbaba a Andrés con su mano izquierda y los gritos de placer de Carol de seguro se escuchaban fuera de la habitación, estaba cumpliendo una fantasía la cual había imaginado muchas veces.

    Luis no aguanto más y se corrió mientras Carol lo cabalgaba, Carol se sacó la verga de Luis y llevo su cara a la verga de Andrés para chupárselo y de esta manera hacerlo acabar. Luego de pocos minutos, Andrés se vino en la boca de Carol, se tragó todo el semen y se quedó un rato con el pene de Andrés en la boca mientras recapitulaba la experiencia tan excitante que acababa de vivir. Carol se metió a la ducha, se refresco y se vistió para irse a su habitación, sintiéndose más puta que nunca y pensando en que nuevas fantasías podría cumplir.

  • ¿Quieres desvirgar mi culito, papá?

    ¿Quieres desvirgar mi culito, papá?

    Era viernes por la noche. Angelines esperando a que su padre saliese de la tienda se entretuvo mirando escenas nocturnas de esas que pasan desapercibidas, por fugaces, cómo el beso chiquitín, furtivo, que le dio en la mejilla una niña a un niño que caminaban detrás de sus padres, o las caricias de la vieja Aurora a su vieja gata en la puerta de su casa, o los gritos de una discusión en casa de los Rojos, o los ladridos de los perros anunciando a sus dueños que alguien pasaba cerca de la casa… La noche no dormía, la noche estaba llena de vida. Cuando Isidro salió de la taberna y se encontró con ella, caminando a su lado, le dijo:

    -¿Ya le hablaste a tu madre de lo de reconocerte?

    -¿Le dijiste tú a tu mujer que tienes una hija ilegítima y a tus hijos que tienen una hermana?

    -Aún no.

    -Cuando se lo digas se lo digo yo a mi madre.

    -Está bien. ¿Qué es lo que me querías decir?

    -Que te quiero y que te necesito y no cómo padre.

    -Eso ya lo hablamos y no puede ser.

    -Con la puta de tu prima si se puede.

    Isidro, se alarmó.

    -¡¿Quién te dijo lo de Rosa?!

    -Mi casa da a su huerta y padezco de insomnio. Pero me las va a pagar.

    Angelines estaba celosa. Hablaba cómo si Isidro fuera su esposo y no su padre.

    -¿Qué te va a pagar?

    -No son cosa tuyas.

    Angelines echó a correr y se perdió entre las sombras.

    A las doce y media de la noche, la puerta trasera de la Rubia, se volvió a abrir. Sintió unos pasos subir las escaleras de madera, al abrirse la puerta del dormitorio, Rosa, en camisón y sentada en el borde de la cama, le dijo:

    -Pensé que no te atreverías a venir.

    -Pues ya ves que vine, lo que no sé es porque me quieres dar las cinco mil pesetas aquí si me las podías dar en la taberna.

    Rosa sacó el dinero del cajón de la mesita de noche y le dijo:

    -Toma, lo que me pediste por tu silencio.

    Angelines fue a coger el dinero y cuando llegó a su lado y estiró la mano para cogerlo, Rosa, la cogió por un brazo, tiró los billetes al piso de la habitación, la echó sobre la cama, se echó encima de ella y le apretó el cuello con sus manos, unas manos que parecían dos tenazas. Con cara de loca, le dijo:

    -No te habías parado a pensar que te podría matar y hacer desaparecer tu cuerpo. ¿Verdad que no, chantajista?

    Angelines le echó las manos a los brazos para librarse de ella, pero era cómo si una hormiga quisiera quitarse de encima a un elefante… Se empezó a poner roja, echó fuera la lengua. Rosa, le quitó las manos del cuello, Angelines retiró la cabeza para coger aire.

    -¡Casi me matas!

    Rosa, sentada sobre el vientre de Rosa, le preguntó:

    -¿Vas a amenazarme de nuevo con contar que viste entrar a Isidro en mi casa de madrugada?

    -No.

    -Júralo por tu madre.

    -Lo juro.

    -¿Para que querías el dinero?

    -Para comprar ropa.

    Rosa se había puesto cachonda al apretarle el cuello a Angelines. Estaba mojada y fue a por ella.

    -¿Dejarías que jugara contigo por ese dinero?

    A Rosa la pregunta la pilló descolocada.

    -¿Además de puta eres maricona?

    Se quitó de encima de ella, y de lado, mirándola, le respondió:

    -No, pero tengo curiosidad.

    -Cinco mil pesetas es mucho dinero.

    Rosa, que estaba en camisón y sin sostén, se arrodilló en la cama, lo quitó y se quitó las bragas. Angelines la vio desnuda y le gustó lo que veía. Se arrodilló delante de ella y le dijo:

    -Cinco mil.

    -Si, cinco mil, las puedes coger del suelo después del polvo.

    -Trato hecho.

    Rosa le cogió la cara con las dos manos y le comió la boca y el mentón, Angelines le metió la lengua en la boca. Rosa le dio más de veinte chupadas, después fue el turno de Angelines, que chupando la lengua de Rosa y comiéndole la boca ya comenzó a gemir. Siguieron lamiéndose las lenguas, comiéndose las bocas… Se dieron un beso tan largo cómo húmedo. Luego Rosa le quitó la camiseta blanca dejando al descubierto su negro sujetador. Le besó varias veces en el vientre, y después besó la parte de la teta izquierda que sobresalía del sujetador, luego bajó la copa y le lamió el pezón y le chupó la areola multitud de veces. Angelines con su mano derecha en la nuca de Rosa ya gemía sin parar. Luego le bajó las asas y le comió la teta derecha, para acto seguido lamer y mamar yendo de teta en teta largo rato. Después le quito el sujetador y se volvieron a comer las bocas.

    Rosa no se hartara de comer teta, ya que las volvió a comer, aún con más ganas. Ahora Angelines estaba tan cachonda que le lamía la frente mientras se las comía. Rosa se puso a su espalda. Le abrió la cremallera lateral de su falda y el botón y la desnudó. Antes de ponerse de nuevo frente a ella, le besó y le chupo el cuello por ambos lados. Al tenerla de frente se volvieron a besar cómo al principio, luego Angelines le agarró las tetas y le hizo lo mismo que le había hecho a ella. Ya eran dos las que gemían y dos las que tenían los coños encharcados. Angelines hizo que Rosa se echase, al estar echada le dio la lengua a chupar, Rosa se la chupó varias veces y después le comió ella la boca y el mentón del mismo modo que se lo había comido Rosa, a continuación bajo lamiendo, le cogió la teta derecha y se la lamió, chupó y mamó, a esa teta siguió la otra.

    Angelines estaba encendida, la cara la tenía roja cómo un tomate. Si Rosa le llega a rozar el coño con una mano se corre cómo una bandida. Besó entre sus tetas y siguió bajando hasta llegar cerca del coño, luego volvió a subir haciendo lo mismo que hiciera al bajar hasta llegar a su boca. Le metió la lengua dentro, le magreó las tetas con una mano y le frotó el coño mojado con la palma de la mano de la otra. Luego le comió las tetas con lujuria. Jadeaba cómo si fuera Rosa la que se las estuviese comiendo a ella. Le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó mientras le comía las tetas y la boca.

    Rosa, agarrando la almohada con una mano y la sábana con a otra, exclamó:

    -¡¡Me viene el gusto!

    ¡Vaya si le vino! Se corrió cómo una fuente, jadeó cómo una perra y se retorció cómo una serpiente.

    Al acabar, Angelines, subió encima de ella y le puso el coño en la boca, Rosa sacó la lengua y le echó las manos a las tetas. Acarició sus pezones y lamió su coño… Angelines no se movía. Con los ojos cerrados y sus manos en el culo disfrutaba de cada lamida. Mas poco pudo disfrutar, en nada se puso tensa, se le cerraron los ojos de golpe, se encogió y se corrió diciendo:

    -Aaaah ¡Aaaaaa!!!

    Esa noche se dieron placer hasta quedar rendidas. El gallo las despertó abrazadas. Angelina se ganó las cinco mil pesetas.

    Al día siguiente, a las nueve de la mañana, Angelines, vio cómo la mujer de Isidro y sus hijos se metía en un Seat 850 y oía cómo le decía la mujer a su hija que sus abuelos le tenían una sorpresa. Era obvio que Isidro iba a estar solo en casa.

    Eran las once de la mañana cuando Angelines entró en la casa de Isidro. No tuvo que llamar porque en los pueblos no se solía cerrar las puertas durante el día, ni de noche si había mucho calor. En el pasillo, lo llamó:

    -¡Isidro!

    Isidro se estaba bañando. Reconoció su voz, y desde la bañera, le dijo:

    -¡¿Qué haces aquí, Angelines?!

    La muchacha se dirigió al lugar del que venía la voz. La puerta del cuarto de baño estaba abierta, vio a su padre cubierto de espuma, y agachándose para quitar las sandalias, le dijo:

    -¡Qué bañera más grande! Quiero bañarme contigo.

    Isidro se puso en pie.

    -¡No te vas a bañar conmigo!

    Angelines mirando para la polla de su padre, que estaba tiesa, le dijo:

    -Pues me baño sola. ¿Qué estabas haciendo para tener la picha de punta?

    Isidro se volvió a sentar en el baño, Angelines se quitó la ropa y se metió en él.

    -¡Qué calentita está el agua!

    Se sentó el baño enfrente de su padre y enjabonándose las tetas con una esponja, le dijo:

    -Puedes seguir con lo que estabas haciendo.

    Isidro no sabía cómo salir de aquella situación.

    -No me estaba haciendo una paja.

    Angelines se mofó de su padre.

    -No, ¡qué va! Se te puso así con el jabón No seas tonto, hombre, yo también las hago. No tiene nada de malo. Sigue. Por cierto, no quiero que me reconozcas.

    -¿Y eso a que se debe?

    -A que no quiero causarte problemas.

    Ahora el que se cachondeó fue el padre.

    -No, ¡qué va! Por eso estás metida en mi bañera.

    Angelina con la esponja bajo el agua, cerró los ojos, y le dijo:

    -¡Qué gustito da pasar la esponja por el coño! Seguro que tu esposa se hace con ella unas pajas maravillosas.

    Isidro empezó a perder los papeles.

    -¿Tú crees?

    -Claro que lo creo, de no hacerlas sería tonta. ¿Es tonta tu mujer?

    Isidro viendo de punta los pezones de las pequeñas tetas de su hija y viendo cómo movía el brazo y cómo hacía ondas en el agua, cogió la polla y comenzó a menearla, luego le dijo:

    -No, tonta no es.

    -Me podría correr así. ¿Quieres ver cómo me corro, papá?

    -No, bueno, sí.

    Cuando las ondas se hicieron más grandes de un lado y del otro. Angelines se levantó, rodeó el cuello de su padre con sus brazos, lo besó, se sentó sobre su polla y esta entró hasta el fondo del coño con suavidad debido a que coño y polla estaba engrasados con el champú y el gel. Besándolo y moviendo el culo alrededor, le dijo:

    -Dime que me quieres.

    Cogiendo el culo de su hija con las dos manos, le dijo:

    -Te quiero, poquita cosa.

    Angelines movió el culo alrededor a toda hostia, y le dijo:

    -Ay que me, ay que me corro, papá.

    Se corrió cómo un angelito. Besando a su padre ahogó sus gemidos en su boca.

    El incesto se acabara de consumar, pero Angelines quería dárselo todo a su padre. Sacó la polla del coño, le dio las tetas a mamar, y después la puso en la entrada del culo.

    -¿Quieres desvirgar mi culito, papá?

    Isidro la cogió por las caderas. Empujo hacia abajo por ellas con las manos y empujó hacia arriba con la polla. A Angelines si le dolió al meterle la cabeza de la polla en el culo, no lo expresó en su rostro, lo único que hizo fue besar a su padre y decirle:

    -Ya soy toda tuya.

    Después fue bajando el culo hasta que la metió hasta el fondo. Isidro, minutos después, magreándole las tetas y mientras su hija lo follaba bajando y subiendo el culo, se lo llenó de leche. Angelines, mirando a su padre mientras se corría le dijo:

    -Te adoro, papa.

    Le dio un pico en los labios y cuando acabó de correrse puso la cabeza en su hombro.

    Y aquí lo dejo, diciendo que Angelines al final quiso que la reconociera cómo hija y que le diera sus apellidos, pero fue para tener a su padre más cerca.

    Quique.