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  • Demos un paso más (I)

    Demos un paso más (I)

    -Quiero que al llegar a casa me empujes contra la puerta, me agarres del cuello, me des vuelta y me tires contra la pared. Quiero que me des una cachetada en el culo, me vendes los ojos, me arranques el vestido y me ates las manos. Quiero que me pongas de rodillas y me metas la pija en la boca. Empújame la cabeza para que me la coma toda, hace que me atragante. Después llévame al cuarto y métemela de una, cógeme fuerte que ya voy a estar lista.

    Con Noelia habíamos entrado en una nueva etapa de nuestra relación. Habíamos decidido poner un poco de picante a las cosas. Primero fue comprar algo para atarnos y taparnos los ojos, después fue comprar un vibrador, geles y ahora estábamos los dos en una etapa en la que nos encantaba mandarnos mensajes durante el día, calentarnos a más no poder y coger como locos antes de hacer cualquier otra cosa en casa.

    -Me estas poniendo la pija dura y sigo en la oficina mi amor.

    -Perdón vida, no quería. Si te sirve hace de cuenta que yo estoy debajo de tu escritorio arrodillada, lamiéndote la pija despacito. Mirándote a los ojos y sonriendo como a vos te gusta.

    -Hija de puta!

  • Luisa, la ahijada de mi tía

    Luisa, la ahijada de mi tía

    Por motivos laborales tuve que salir de mi ciudad a realizar trabajo de campo en unas nuevas empresas que se estaban instalando en una ciudad industrial a unos 400 kilómetros de la capital donde yo vivo.

    Casualmente una prima de mi madre vive en dicha cuidad (por su edad yo siempre le hemos dicho tía Mary por respeto y cariño).

    La llamé, después de saludar y conversar por un rato, le hice saber que estaría trabajando por unos días cerca de su casa, ella de inmediato me interrumpe diciendo.

    -Aquí estamos a la orden, está desocupada la habitación de tu primo y puedes quedarte el tiempo que desees mijo.

    Yo respondí con alegría un muchas gracias y que nos veríamos el viernes a final de la tarde.

    Llegué a casa de tía Mary justo a las 6:00 pm, toqué la puerta varias veces y no me abría, hasta que después de tanto darle golpes a la misma, salió una chica de baja estatura, cabello castaño, piel blanca, algo desaliñada, ropa que pareciera que le queda grande y un poco mal encarada.

    Ella me pregunta “¿Quién eres?” Yo dije “buenas tardes, soy Alex el sobrino de Mary que se va a quedar aquí unos días. ¿Ella no te dijo nada?”. Contesta en voz altanera “Ah sí, puedes pasar y la esperas sentado ahí”, yo solo dije okey.

    No la volví a ver más hasta que llegó mi querida tía Mary, yo estaba sentado en la sala y ella salió de algún lado a recibirla, me levanté a abrazar a mí tía, y le dije «que guapa estás tía”, le di un beso en la mejilla y ella sonrió diciendo «tú siempre tan galante con esta señora mayor». Me saludó con el cariño de siempre y me preguntó “¿Ya conociste a Luisa?”. Yo respondo “bueno tanto como conocer no, pero mucho gusto Luisa, me llamo Alex”, ella responde en voz baja, igual.

    Sonriendo dije, “que efusiva”, al cual contesto Luisa. “¿Y qué quieres? ¿Qué me lance en tus brazos y te de un beso de bienvenida?”. Dichas esas palabras le dije “En realidad no”. Ella me dio la espalda y se retiró despidiéndose de mí tía, yo sin hacer caso me instalé a hablar con mi tía, no le di importancia para nada.

    Después de conversar largo rato mi curiosidad salió a reducir cuando pregunté “¿Quién es Luisa?”. Al cual contesto mí tía “Es mi ahijada que se vino a vivir conmigo desde hace un tiempo porque estudia aquí una carrera técnica de informática, tiene mal carácter y está como amargada, no sé qué le pasa, y apenas tiene 21 años recién cumplidos, imagínate cuando tenga mi edad”, se ríe, me mira y me dice, “pero es muy buena persona y me ayuda bastante después que regresa de estudiar”. Le contesté con una sonrisa sin decir más nada.

    Ahí quedó el tema y mi pregunta contestada.

    Pasaron un par de días, yo salía temprano y regresaba a final de la tarde, las pocas veces que me crucé con Luisa me miraba con ojos de rabia, o bajaba la mirada, no se sí era su manera de esquivar, oh realmente le caía bien pesado, lo cierto es que la saludaba con cariño y me dejaba con el saludo en la boca, me torcía los ojos y decía cosas entre dientes que nunca logré entender. Yo decía a mis adentros ¿Será que le recuerdo a alguien que le hizo daño? Y al rato se me olvidaba, debe ser por qué no me llamaba la atención ver una chica de 21 años, vestida con ropa ancha, cabello recogido, mal encarada, mal educada, desaliñada, en fin no era la persona que me quitaría el sueño.

    (Las pocas veces que me topé con ella intente entablar conversación, pero nada daba resultado, arisca la joven.) Para que seguir insistiendo e incomodándola.

    Hasta que un mañana, yo estaba saliendo de la habitación para el baño, ella venía casi que corriendo por el pasillo, mirando al piso, yo venía distraído con el celular en la mano cuando nos conseguimos de frente y sin querer chocamos, literalmente mi celular voló por el aire, ella venía envuelta en la toalla, con el cabello suelto y mojado, rebotó de mi pecho y acto seguido su toalla cayó al piso dejándola ante mis ojos semi desnuda, sus senos quedaron desnudos, pero abajo tenía una tanga de blonda negra.

    Ella me miró fijo a los ojos, se quedó paralizada, no sabía si recoger la toalla y cubrir su cuerpo, o tapar los pechos con las manos.

    Me quedé mirándola, me incliné recogí la toalla, la intenté cubrir, ella seguía inmóvil en esos micro segundos que parecían largos minutos.

    Cuando logró reaccionar yo seguía con la toalla en las manos, sus ojos se le querían salir de las cuencas y de repente me gritó diciendo «estúpido ¿Es que no te fijas por dónde andas?». Me dio un empujón con una mano que casi me tira al piso, me arrancó la toalla de las manos y siguió a su habitación, mi instinto me hizo quedarme parado ahí para verla por detrás mientras se retiraba llena de irá, verla de espalda fue delicioso, definitivamente ese tanga hilo le quedaba espectacular, en mi mente dije «lindas nalgas y muslos».

    Yo recogí mi celular que cayó como a dos metros y me metí al baño.

    Mientras me duchaba no podía sacar de mi mente esa imagen de Luisa en tanga con sus pechos desnudos. Nunca pensé que tuviera ese magnífico cuerpo debajo de esas ropas anchas y feas; y mucho menos que tuviera buen gusto para la ropa íntima.

    Yo decía en mis pensamientos, que hermosos senos grandes y firmes tiene, areola rosada que casi cubre la mitad del seno, pezones como unos botones un poco grandes; vientre plano, caderas anchas y cintura moldeada, buenas piernas, en fin estaba sorprendido ante esa belleza de figura, lo que Dios no le dio de tamaño de lo dio en curvas,

    Jamás la había visto con el cabello suelto y menos mojado, toda esa imagen se repetía como una película en mi cabeza, por momentos me reía por lo sucedido y por otra parte me excitaba.

    Salí de la ducha, me vestí, luego tomé café, medio converse con tía, me despedí, agarré las llaves del carro y me fui, cuando iba en camino miré por reflejo a la parada, ahí estaba ella parada, se veía nerviosa, movía la pierna y a cada momento miraba el reloj, baje el vidrio y le dije “¿Quieres que te llevé?” Al cual contestó un rotundo NO. Le dije que ahí se iba a secar antes que llegara un bus y por su expresión corporal se veía que tenía prisa, le insisto de nuevo y le digo, “ven yo te llevo hasta dónde vas, aún tengo tiempo, pero por lo que pueda ver tu si tienes prisa”.

    Me miró con esa cara de odio, se movió de la parada, abrió la puerta del carro se sentó y tiro la puerta tan fuerte que casi la pasa para el otro lado. Y fue cuando dije en voz fuerte «COÑO» “¡Dale más duro, primero me tiras el celular a metros de distancia luego te haces rogar para darte el aventón y ahora casi sacas la puerta! Que chica tan petulante”.

    Luisa contesta. “Primero que nada yo no tiré tu celular, segundo no te pedí que me llevarás y tercero, tire la puerta por lo que me hiciste pasar esta mañana”.

    “¿Yo?” Respondí de inmediato “¿Estás loca? Tú me llevaste por el medio, cosa del cual no me arrepiento para nada, además de lo único que me puedo arrepentir es haber sido un caballero contigo y buscar recoger la toalla para cubrir tu cuerpo, cosa que no te mereces por grosera y malcriada”.

    Por un momento nos quedamos callados, cuando yo rompí el silencio haciendo una pregunta “¿Que te he hecho yo para que sin conocerme me trates mal y me tengas odio? Desde que llegué a casa de tía Mary solo he recibido de ti malas palabras sin contar tu mala cara, duras largo rato en el baño a sabiendas que debo llegar temprano a mi destino y sin contar que has estado hurgando mis cosas en mí habitación ¿Crees que no me he dado cuenta?”.

    Ella seguía muda, sin decir nada de nada, y yo insistí en que me dijera que le pasa conmigo. Sólo me respondió -yo soy así, me quedo en la esquina.

    Al detener el carro, se bajó, cerró la puerta con cuidado y ni las gracias dio la muy mal educada.

    Baje el vidrio del copiloto, le toque corneta, ella volteo, le dije que se acercara un poco para decirle algo, ella lo hizo, bajo la cabeza; y fue cuando le dije con una sonrisa pícara «tienes unos hermosos senos grandes, lindo cuerpo, ese tanga hilo de blonda color negro te hace lucir muy sexy y te queda mejor el cabello suelto.

    Su cara de trasformó y solo escuché una sola oración

    Luisa dijo. “Hijo de puta pervertido”.

    Se dio media vuelta y se fue, esas palabras no me ofendieron para nada y menos de quién venían, total llevaba tiempo recibiendo malos tratos de parte de ella y que ahora que me dijera eso con razón no me importaba.

    Pasa el día visitando clientes y en reuniones con los encargados de los proyectos, estaba un poco distraído, no podía sacar de mi mente lo sucedido con Luisa en la mañana, llegó la hora de regresar a casa de tía Mary, antes pasé por una pastelería compré dulces y refresco, ya me queda poco tiempo para irme. Llegué a casa, la primera que me encuentro es a Luisa sentada en el porche de la casa, Yo saludé normal y ella contesto entre dientes «Buenas» yo sarcásticamente le respondí. WOW que mujer tan educada. Gracias por responder, me miró y me dijo -mí madrina va a tardar un poco, dejo dicho que la comida estaba en el microondas y el jugo en la nevera.

    Le conteste que gracias, seguí a la cocina, pero algo vi en ella diferente, mi curiosidad me hizo devolverme hasta donde estaba ella y le dije que había traído unos dulces y que si quería comer uno, se quedó callada mirando su celular, al no responder seguí de nuevo para la cocina y al minuto la siento para detrás de mí.

    Luisa. Si quiero, para ver qué compraste, le dije que ahí estaba la caja en la mesa del comedor, me volteo y quedó frente a mí a unos metros de distancia, fue cuando noté que era lo diferente que vi al entrar, tenía puesto un Shorts corto de jeans desgastado y deshilachado, una blusa straple de lunares rosa, las mangas con elásticas caían más abajo de los hombros, sandalias bajas, y el cabello largo suelto bien peinado.

    Sólo me quede mirándola fijamente en silencio.

    Luisa rompe el silencio con una pregunta -¿Que paso, nunca has visto a una mujer vestida así? Yo respondo de inmediato, a muchas mujeres las he visto vestidas así, pero a la chica malcriada y amargada Luisa No.

    Luisa responde. Caramba, después dices que soy Yo la odiosa, pero está bien lo acepto por cómo te he tratado, está mañana me dio pena contigo aparte por lo sucedido, y aún más cuando me dijiste que sabías que metía mano a tus cosas, y sí es verdad, soy un poquito curiosa y quería ver qué había en tu maleta, disculpa por eso.

    Yo. Tranquila no ha pasado nada, yo también quiero meterme en tu cuarto y hurgar tus cosas, quizá consiga cosas muy interesantes o simplemente solo encuentre ropa íntima de abuelas nada sexy, sucias y quizá una que otra limpias más un aburrido diario diciendo en cada comienzo de una historia vivida esa ridícula frase «querido diario hoy me pasó… Y bla bla bla» Contando tus amores platónicos de telenovela. Jajaja jajaja.

    Luisa. Muy gracioso tú. Pues te equivocaste con eso, no soy de tener pantys sucios en mi cuarto y cómo pudiste ver está mañana no uso pantys abuelita ¿Oh se te olvidó lo que viste? Y si tengo un diario pero no soy tan inmadura.

    Me quedé mirándola fijamente y le dije, ¿Eso quiere decir que lo que sucedió está mañana ¿Lo escribirás en tu diario? Y contestó -quizá.

    Mi respuesta fue un simple okey, le dije. Volviendo al tema, realmente tienes razón, si toda ti ropa íntima es como la que ví está mañana, realmente no tienes calzones de abuela. Volví a reír.

    Si eres tan bonita y sexy ¿Porque usas esas ropas tan anchas y feas?

    Luisa. Me contesta. Simplemente por qué no me interesa que se fijen en mi esos mente de pollo con los que estudio y no viene a que se diviertan conmigo, vine a estudiar, además no me gustan los chicos de mi edad, me gustan maduros y aún no he estado con ningún hombre, solo besos y caricias prohibidas, aparte para que me voy a vestir sexy o bonita en casa de mi madrina si estamos nosotras solas, ¿A quién le voy a lucir?

    Me quedé perplejo ante su madura respuesta, le dije que entendía perfectamente todo, que lo único que no entendía era su ofensivo mal trato para conmigo ¿Porque? Si yo no le había hecho nada.

    Luisa. No creo que no te hayas dado cuenta. Te acabo de dar la respuesta y no captas, tomaré esté dulce y me iré a mi habitación. Hablamos luego.

    Me fui a la habitación, me quite la ropa, me fui a duchar, salí me puse un bóxer y franela, me tumbe boca arriba en la cama y me puse a pesar, no salía de mi mente esa imagen de lo sucedido en la mañana y luego sus palabras en la cocina, nunca pensé que me fuera a gustar esa chica desatinada y odiosa, es más nunca me he fijado en chicas de esa edad, pero algo había en ella que literal me alboroto las hormonas.

    Mientras más la pensaba más sentía deseo por ella, quería entrar en su habitación, buscar entre sus cosas a ver si había algo íntimo que pudiera disfrutar, pensando y pensando me quedé dormido hasta que sonó el despertador.

    Me levanté con gran flojera, casi que dormido, y con la erección matutina, tomé la toalla y me fui al baño, no me pasaba nada por mi cabeza, hasta que abrí la puerta del baño y ella estaba ahí parada frente al espejo está vez en hilo color blanco y brasier del mismo color, mis ojos se abrieron y mi cara de sorpresa fue inevitable.

    Luisa. Buen día, será que para la próxima ¿Puedes tocar la puerta?

    Yo me quedé sin palabras y solo la miraba de arriba abajo, cuando reaccione le dije disculpa pero pásale cerrojo, no soy adivino.

    Algo me sorprendió, fue que no se inmutó en taparse ni de ponerse como una fiera herida, se quedó parada frente al espejo pintando los labios y me miraba a través de él, como si nada, terminó salió del baño y me dijo con sarcasmo. Sé que te ha gustado lo que ves, tu bóxer me lo dice, tremenda erección o será ¿Ganas de orinar?

    Terminó de salir y cerró la puerta, de verdad esa chica me va a volver loco. Hice todo lo que tenía que hacer, me duché, me fui para mí habitación, me vestí y salí, ella ya no estaba, tomé café y a mi rutina.

    Creerán que es mentira pero cuando pase por la misma parada, ella estaba ahí, está vez no tuve que rogar para llevarla, para mí sorpresa tenía puesta una mini falda negra zapatos deportivos, y blusa estampada de colores llamativos, cabello suelto, se veía hermosa, no parecía la misma chica malcriada que me abrió la puerta ese día cuando llegué.

    Le dije hola de nuevo, estás algo diferente, te ves muy bien, no me dí cuenta cuando saliste.

    Luisa. Gracias por los halagos, quise estar diferente hoy, vamos a ver qué pasa con los chicos que estudian conmigo cuando me vean vestida así, sonrió y calló.

    Yo. Bueno quedaran impactados, porque hasta yo estoy impactado al ver tu cambio.

    Luisa ¿De verdad? Bueno en realidad esa era la idea desde un principio, no me vestí para ellos, me vestí para ti, y quería gustarte, deje pasar varios bus esperando que pasarás. Tú también estás bien guapo, me fijé en eso desde que llegaste y eso me gustó de ti, siempre bien vestido, bien peinado y perfumado. Por eso te evitaba, porque me gustas desde que te vi, y no quería meterme en problemas con mi madrina.

    Llegamos a su instituto, se despidió de mi con un beso entre la comisuras de mí boca, me dijo «nos vemos más tarde»

    Miré como se iba alejando hasta que desapareció en la entrada del plantel.

    No lo podía creer que esa chica me estaba seduciendo y yo no me podía resistir.

    Ese día llegué tarde por cosas de trabajo, ya que me faltaba poco para Irme a mi casa y volver a mi rutina. No me dio tiempo de darle mucha cabeza a lo ocurrido y la charla con ella en la mañana, llegué súper cansado, cuando entre ella estaba ahí como cual esposa esperando al marido que llega tardé.

    Luisa. Buenas noches ¿Por qué llegaste tan tarde? Mi madrina se acostó y me dijo que te esperara para darte la comida.

    Le contesté que ya mañana en la tarde me iba y tenía que adelantar lo más que pueda para dejar todo listo con esos clientes, también le dije que no tenía hambre que ya había comido algo rápido, me iré a duchar y a dormir, estoy cansado.

    Luisa. Está bien ¿O sea que te vas mañana? Que lastima que ya te vas, ya me estaba acostumbrando a ti, pero ni modo.

    La mire y le dije que sí, yo también me estaba acostumbrando a ella, pero ya mi trabajo estaba terminando en ese lugar. Me voy a duchar, que tengas buenas noches.

    Luisa Esta bien, que duermas bien.

    Fui a mí habitación me cambié, salí a bañarme, regresé y me tiré en la cama. Estaba medió dormido cuando siento que alguien me está mirando, cuando abrí los ojos, Era ella pegada de espalda a la puerta que cerro con cuidado, me miró y me dijo. -No puedo dejarte ir sin estar contigo. Primera vez que hago esto, pero de verdad me gustas bastante, y si decides estar conmigo te darás cuenta que en realidad nunca he hecho esto.

    Le dije que prendiera la luz, así lo hizo y mi sorpresa fue verla parada frente e mí con una camisa blanca manga larga de botones semi transparente que llegaba un poco más arriba de la mitad del muslo, me miraba con deseo, poco a poco fue desabotonado la camisa para dejar a mi vista un conjunto estampado estilo leopardo en colores negro con dorado, el brasier era de tiras solo un rectángulo vertical cubría ligeramente el pezón y parte de la areola, el tanga realmente era diminuto adelante y atrás solo era un triángulo alargado con una tira, dicho triangulo adornaba la entrada de las nalgas y la tira se perdía entre ellas.

    Me puse de pie, me acerque a ella, puse mis manos en las caderas y la besé, ella correspondido con sus brazos alrededor de mi cuello y metiendo la lengua en mi boca. Mis manos comenzaron a acariciar ese delicioso cuerpo. Ambas manos terminaron en ese par de nalgas desnudas, solo esa tanga las adornaban.

    Rozando mis labios me dijo -nunca he estado con un hombre, tú serás el primero, seré tuya las veces que lo desees, haz conmigo lo que desees, quiero perder la virginidad contigo hoy.

    Escuchar eso me elevó más mis deseos, dejé caer lentamente la blusa al piso, ella quito mi franela y bajo mi bóxer, quedé desnudo para ella.

    Mis manos seguían acariciando su cuerpo de guitarra, ella acariciaba mi espalda mientras nos besamos, poco a poco la fui llevando a la cama, la senté en la orilla, me puse de rodillas y comencé con los pies, se los lamía y chupaba los dedos, fui subiendo con mi lengua por las piernas hasta llegar al medió, con una mano la fui llevando hasta acostarla, colocando sus piernas en mis hombros mientras iba besando esos formidables muslos, ya con ambas piernas en mis hombros procedí a levantarlas y que las rodillas estuvieran cada una al lado de sus pechos. Estaba completamente abierta para mí.

    Metí la nariz en la vagina, la bese y luego rodé la prenda íntima a la ingle y comencé a explorar con la lengua esa Humedecida raja, le estaba dando sexo oral y ella tiraba de mi cabello, yo sujetaba sus muslos, buscando el clítoris, cuando lo encontré lo hale y chupe con deseo desenfrenado, ella grita de placer y gemía, sus piernas tiemblan y su vagina se moja aún más, el néctar que brota de ella se confunde con mi saliva, está tan mojada que los líquidos corren hasta el ano, lo empapan y más abajo las sábanas.

    En pocos segundos explotó en mi boca dejándose correr en mi lengua. Colocó sus piernas cansadas sobre mis hombros, mi quijada estaba cansada y mi lengua igual, después de un breve descanso, me levanté me incline y quite el pantys. Verla solo con bras era excitante.

    Luisa decía con voz agitada. ¡Que divino hiciste que me corriera con tu lengua! Estoy muy excitada quiero más, hazme tuya.

    La tomé por ambas manos y la traje hasta una mesa que había en la habitación, la senté, yo quede parado, mi pene llegaba justo a la entrada de la vagina. Ella abrió las piernas y comenzó a tocarse y me decía -ella es tuya penétrala.

    Pasaba sus dedos y daba palmadas a vulva.

    Mi pene estaba bien erecto. Coloque el glande en toda la entrada, lo tome con la mano y como si fuera una pincel, le pasaba el glande por toda la raja cómo si la estuviera delineando un lienzo, con la punta acariciaba el clítoris y ella se estremecía y jadeaba, hasta que puse la cabeza en toda la entrada, comencé a dar bomba y presión para que fuera entrando.

    Luisa. Me duele pero me gusta, no se te ocurra parar, me voy a mover para que entre todo. Quiero toda tu verga adentro de mi cuca. Quiero sentir ese dolor cuando esté toda adentro. No me vayas a acabar adentro recuerda que yo no me cuido.

    Esas palabras vulgares de ella me excitaron aún más, así que le di más bomba, ella se movía cómo una felina en celos. Saque sus tetas del brasier, las apretaba. Ambos estábamos locos de placer. Yo sentía que no podía penetrar, mi cabeza intentaba perforar el virgo, pero estaba duro, hasta a mí me estaba doliendo, ella me decía que le dolía mucho, poco a poco le fui dando y al mismo tiempo chupaba sus tetas y lamía el cuello. Ella estaba aferrada con los brazos alrededor de mi espalda y sus talones en mis nalgas empujando hacia ella.

    Hasta que en una de esas movidas de ella y mis envestidas logro pasar y entrar todo. Ella suspiró y aguanto la respiración, apretó con los dientes su labio inferior. Yo me quedé sin moverme y de pronto ella soltó el aire y comenzó a moverse más rápido. Ya mi verga entraba y salía con facilidad, pude sentir el olor a sangre y puede ver como mi pene estaba lleno de la misma, y chorreaba por mis testículos.

    Luisa. Me voy otra vez no pares, por favor no pares, dale, dale ahh ahhhh que rico dale, me voy coño. Se aferró más a mii hasta que tuvo otro orgasmo.

    Después de un rato la lleve al piso, mi creatividad estaba al máximo.

    No podía creer lo que estaba pensando, pasé unos días en esa casa soportando malcriadecez de esa mujer atrevida, mal humorada, hasta falta de respeto ¿Ahora la tengo en el piso de la habitación en cuatro patas, con la espalda arqueada, las nalgas elevadas al techo, piernas abiertas, pegando la mejilla y las grandes tetas al piso?… ¿Esperando hacer penetrada? De verdad no lo podía creer.

    Pero así la tenía frente a mí, me agache, le abrí las nalgas y le estaba dando una mamada de culo que jamás iba a olvidar. Mi lengua lamía y penetraba aquel agujero color rosa.

    Luisa ¿Qué haces? ¿Me vas a coger por el culo? Eso me va a doler mucho más. Me gusta sentir tu lengua ahí, pero tengo miedo que me vaya a doler.

    Yo le contesté. Sii, te voy hacerte mía por todos lados así como tú deseas ¿Te gusta cómo te mamo el culo? Ella responde -ya te dije que sí, me gusta mucho. -que rico lo tienes le digo yo. Al rato me dice. Anda mételo ya, eyacula dentro de mí.

    Me puse de rodillas detrás de ella acomode mi pene en todo el hueco y poco a poco lo fui metiendo hasta que estuvo completamente dentro del culo.

    Luisa. Hay, hay, coño eso me duele, pero ese dolor me está gustando, dale más duro. Dale dale ah que divino lo siento rico dentro de mi culo. Dame más. Vente dentro de mí anda vente, dame toda tu leche.

    Para ser la primera vez, no pensé que ella se comportarse tan perra culeando.

    Eso Me gustaba mucho más, ella seguía moviéndose y yo taladrando. Hasta que mi verga se puso más gruesa y las venas se hincharon mucho más, le dije me voy, que rico, voy a llenar tu culo de leche. Ah qué rico dale menea más ese culo, diciendo así y al mismo tiempo propinando nalgadas algo fuerte. Ella gritaba pidiendo más y arqueaba más la espalda. Hasta que acabe divinamente dentro de ella.

    Me fui acostando poco a poco en su espalda y ella fue bajando hasta quedar completamente tendida en el piso con mi cuerpo encima.

    Bese su cuello y le pregunté ¿Te gustó? Con voz cansada dijo -sí y mucho, me duele todo pero me gustó estar contigo.

    Me levanté la tomé por una mano la paré del piso, la volví a sentar sobre la mesa, yo tomé una silla que estaba ahí y me senté frente a ella, le dije abre las piernas y comienza a pujar.

    Luisa. ¿Para qué?

    Solo hazlo. Puja Fuerte quiero ver cómo sale toda mi leche de tu culo.

    Ella se me quedó mirando, abrió las piernas, apoyo los talones, y planta de las manos en la mesa, levanto las nalgas, y un poco el cuerpo, se hizo un poco para adelante manteniendo el equilibrio, y comenzó a pujar un poco fuerte, al poco rato fue cuando pude ver cómo salía y chorreaba la leche de su abierto y dilatado ano.

    Luisa me dice. Eres un desgraciado depravado, pero eso me gusta, me pone caliente.

    Fin de la historia.

    Pronto escribiré la segunda parte.

    D. A.

  • Mi marido no sabe que su amigo me cogió

    Mi marido no sabe que su amigo me cogió

    Hola a todos los queridos lectores y lectoras de esta página, primero quiero agradecerles por leer nuestros relatos y que los míos hayan tenido una buena aceptación, para mí no era fácil contar mis “intimidades”, pero es verdad que me agradó soltar la sopa y más con gente muy parecida a nosotros.

    Mi nombre es Cindy, ya me conocen, pero quiero describirme como estoy en la actualidad, 39 años, “casada” y no es por ser pretenciosa, pero la verdad es que estoy muy bien, soy delgada con un culito muy lindo y apretadito que más de uno me lo piropea en la calle, soy de facciones finas con labios delgados y tez clara, tetas grandes y con unos pezones grandes que se paran a la menor provocación, cosa que por cierto me ha delatado más de una vez, en fin, no seguiré con descripciones que lo importante es contarles como empecé a sentir un enorme deseo por el amigo de mi esposo.

    Su nombre es Luis Enrique, él es su mejor amigo y también es casado, él viene seguido a casa a visitar a mi marido y la verdad es que está bastante bueno, es alto, con unos brazos grandes y fuertes y unas manos que solo con verlas hacía que el coño se me escurriera cada vez que venía y me saludaba, y aunque siempre era bastante respetuoso se me quedaba viendo las piernas y las nalgas cada vez que tenía oportunidad, yo creo que por respeto a mi marido nunca me hizo ninguna propuesta.

    Después de vivir años de aventuras sexuales, decidí sentar cabeza con Darío y me fui a vivir con el viviendo como un matrimonio feliz.

    Desde entonces, nunca le había sido infiel a mi esposo, pero Enrique hacía que lo deseara como nunca lo pensé.

    Todo comenzó en una ocasión que vino a la casa y mi esposo había tenido que salir por causas del trabajo, cuando llegó tocó y lo hice pasar como de costumbre, yo llevaba puesto un vestido gris ceñido a mi cintura que me resaltaba el trasero y las tetas, al notar que no estaba mi esposo pensó en irse, pero en ese momento se soltó una tormenta así que le propuse que esperara.

    La verdad es que yo estaba súper caliente, sentía como mi tanga estaba totalmente mojada esto sin que nada hubiera ocurrido todavía, y él lo notó, mis pezones me delataron.

    E: ¿Perdón? ¿Incomoda mi presencia?

    C: ¡Para nada, al contrario, siempre es ameno tenerte en casa!

    Empezamos a platicar, por momentos notaba como se me quedaba viendo a los ojos de forma seductora y por más que intentaba no podía resistirme a desviar su mirada, me puso muy nerviosa, así estábamos platicando de cosas sin importancia cuando de la nada se acercó a mi rostro y me plantó un beso en la boca que me tomó por sorpresa.

    En un principio puse cierta resistencia, pero con una de sus manos me tomó del brazo y con la otra mi cintura y ya no pude más, me fundí con él en un beso largo y apasionado.

    Empezó a besarme el cuello, a tocarme y manosearme con desesperación, yo sentía que me venía, me estaba dando un faje de locura, no pensaba más que en que me arrancara el vestido y ahí mismo me cogiera! pero para mí mala suerte en ese momento escuché el carro de mi esposo que estaba llegando, si solo hubiera llegado 5 minutos más tarde me hubiera encontrado ensartada en la verga de Luis.

    En fin, eso nos dio tiempo, a mí para acomodarme el cabello, y a él sentarse en la sala, cuando mi marido entró no sospechó lo más mínimo, le dije que por la lluvia había invitado a Enrique a tomar un cafecito a lo que estuvo de acuerdo y hasta agradeció mi hospitalidad para con su amigo.

    Esa noche ya no ocurrió nada, aunque yo me quedé empapada y con la calentura hasta la luna, por lo que cogí con mi esposo y me vine recordando ese beso y cómo sus manos apretaron mi trasero y mi cintura.

    Los días siguientes esperaba como de costumbre las visitas de Enrique en casa, me ponía más coqueta y con ropa más atrevida, a mi esposo le gustaba, pensaba que era para él, y aunque no tengo nada que reprocharle en la cama el deseo por Enrique era muy intenso y hacía que me olvidara de todo lo demás.

    Enrique no se apareció por la casa en toda la semana y yo y mi chocho nos estábamos volviendo locas, me conformaba con solo poder verle, y rozarlo, pero el muy ingrato no hizo acto de presencia, por una llamada que escuché que tenía con mi marido por teléfono me enteré que había tenido que salir de la ciudad por asuntos de su trabajo y que tardaría algunos días en regresar, al oír esto sentí vergüenza de mi por entristecerme, aunque cada noche que trascurría soñaba de nuevo con él y estar entre esos brazos y en su pecho fuerte y provocativo.

    Trascurrieron exactamente 12 días, los tengo presentes porque los conté, eran como las 10 de la noche cuando recibí un mensaje en mi celular, era el, decía que acababa de llegar, que, si podía verme al siguiente día a solas, le respondí que sí, que pasara por mí a mi trabajo, que me mandara un mensaje, cuando estuviera en el estacionamiento que yo iría, y así quedamos.

    Esa noche no pude dormir solo imaginando lo que podía ocurrir, y en como iría vestida, temprano me duché y me depilé toda, me puse un coordinado beige muy provocativo, una falda roja ajustada, no era mini pero si corta, una blusa negra semitransparente, tacones altos, en fin supe que no me había equivocado de elección, cuando llegué al trabajo y todos los hombres no podían disimular y me veían descaradamente, así dieron las 12 del día y yo estaba como quinceañera esperando su mensaje que no llegaba, me tenía desesperada y lo peor que no podía hacer nada.

    Al principio no quise marcarle porque no quería provocarle algún problema con su esposa y arruinarlo todo, pero a eso de las 2 no pude más y tomé mi celular y marqué su número, y maldita sea estaba apagado, con cierta desilusión paseé un rato más pensando que no ocurriría nada y que era una estúpida por estar así por un hombre.

    En esos pensamientos estaba cuando escuche el vibrar del celular -era él- me temblaron las piernas y atiné a solo decir “Hola” con voz temblorosa, me dijo que estaba en el estacionamiento que bajara, hice un sobre esfuerzo para no correr a verlo, le dije que me esperara unos minutos que tenía trabajo pendiente, cosa que no era cierto pero esos minutos me servirían para quitarme la agitación de mi voz, y el rápido latir de mi corazón.

    Fui al sanitario a revisar que todo estuviera perfecto y noté que mi entrepierna escurría, estaba mojada a más no poder, me tuve que contener para no tocarme ahí mismo y decidí mejor ir ya a verlo.

    Cuando llegué me saludó de beso en la mejilla, me invitó a subir al carro y sin más arrancó, platicamos de su viaje, me contó cada detalle y aunque en un principio me importaba un carajo como le había ido me hizo sentir bien que me contara como le fue, cuando me doy cuenta estamos camino fuera de la ciudad.

    C: ¿A dónde vamos?

    E: Vamos a una cabaña de mi amigo muy cercano, ahí estaremos sin ser molestados, ¿te molesta?

    C: ¡Para nada, simple curiosidad!

    El camino serio de aproximadamente 1 hora o 1 1/2 a lo máximo, me fui acercando a él y durante el camino pegué mi cabeza a su hombro, cualquiera creería que iba con mi esposo, cuando el camino lo permitía él me abrazaba y acariciaba el cabello, eso me puso a mil, cuando llegamos el lugar era muy agradable, una cabaña de madera en una montaña lejos de la civilización y sin que nadie nos molestara,

    A mí me encanta gritar y veces eso en casa es problema por los vecinos, esa idea me prendió más, al llegar el estacionó el auto e inmediatamente nos metimos, él me miró fijamente a los ojos, con sus manos empezó a acariciar mi rostro, y se las empecé a besar, me metía sus dedos en la boca como si fueran pequeñas pollas, le lamía cada uno, le empecé a quitar su camisa, en cada botón le besaba el pecho y su olor a macho me mataba, quería comérmelo, ¡morderlo!

    Me tomó de la cintura y me cargó, la falda se me subió y así me empezó a tocar, me acariciaba las nalgas deliciosamente, yo estaba perdida, no podía contener este deseo, le empecé a tocar el paquete que se le formó entre las piernas, ¡tanto tiempo soñando este momento y ahí estaba!

    Le desabroché su cinturón y del bóxer le asomaba ese hermoso paquete brillante amenazando salir, en ese momento mis piernas flaquearon y me rendí e sus pies.

    Hincada saqué con delicadeza su hermosa verga, por fin la tenía frente a mi boca, era bastante grande, muy gruesa, las venas parecían que le iban a reventar, primero se la besé, palmo a palmo para después intentar metérmela en la boca, era deliciosa, apenas y me cabía la mitad, pero quería chuparla toda, él jadeaba de gusto y me jalaba el cabello y la cabeza.

    E: ¡Ah, Cindy uhm!!!

    C: ¡Papito, uhm, que rica!

    Le di una mamada de campeonato, empecé a sentir que su verga se hinchaba estaba a punto de correrse, y soy sincera, a mí no me gusta el sabor del semen, pero estaba tan jodidamenete caliente que eso no me importó, me llenó la boca de su leche, nunca la había tenido tan llena pero no derramé ni una sola gota.

    E: ¡Ah! ¡Chiquita, uhm!!!

    C: ¡Uhm, que sabrosa!

    ¡Era una puta! Cogiéndome con el mejor amigo de Darío en una cabaña donde nadie sabía de mi paradero, era lo peor que estaba haciendo, sobre todo porque ello eran más que amigos, ¡eran hermanos!

    Al momento me hizo acostar en una mesa que estaba al centro, empezó a besarme los muslos, hizo a un lado mi tanga y empezó a comerme todo el coño con sus labios carnosos, me lo mamaba riquísimo, yo no podía contener mis gritos, una y otra vez.

    C: ¡Así papi, chúpame el coño, por favor no pares! Más ¡Que delicia!

    E: Que rica concha, uhm, siempre quise comértela, más cuando resaltaba en tus licras, ¡uhm!

    Él no dejaba de hacerlo, y en un momento introdujo uno de sus dedos, moviéndolo como si fuese un buen ginecólogo, que rico movía dentro de mí, me tenía gritando como loca.

    C: ¡Ah!!! Enrique, dios mío, ¡uhm!

    E: ¡Eso mami que buena está, uf!!

    En ese momento me vine a gritos, él empezó a meterme otro dedo más que parecía que me follaba con los dedos y su lengua, era delicioso, cuando notó mi primera venida.

    C: ¡Que rico!!!

    E: Si nena, córrete, que rico sabes, ¡uhm!!

    Me llevó al sillón, me quitó la falda y la blusa, me desnudó completamente, a excepción de los tacones y ahí por primera vez sentí su verga, me senté sobre ella y lentamente me la introdujo, sentía como me abría el coño, como esa enorme y gorda verga me partía y yo gritaba fuerte le pedía me cogiera como nunca.

    C: ¡Más papi, más que me matas!, dámela, tienes una verga deliciosa, ¡me llena!, siento como me entra hasta al fondo!

    E: Si, toma nena, muévete, que rico cabalgas y que buena estas, ¡uhm!!

    Lo cabalgué un buen rato en esa posición, pero tenía mucho aguante, me volteó, empezó a introducírmela como una perrita, me la clavaba toda de un solo golpe para después sacarla y de nuevo clavármela entera, sentía su enorme tamaño, ni mi Darío me cogía así, es más me atrevo a decir que ninguno de mis antiguos amantes me tenía tan perra como él.

    C: ¡Ah, uhm, ah, si, ah!!

    E: ¡Que gritona, eso me encanta!

    C: ¡Ms papi, que rica verga tienes!

    No resistí más mi excitación y me corrí de nuevo entre jadeos y gritos, me pellizcaba las tetas, me soltaba de nalgadas y me sentía más golfa y puta como nunca en mi vida.

    E: ¡Tienes un culo hermoso y delicioso!

    C: ¡Es tuyo mi rey!

    Y era cierto, a mi esposo no me gusta dárselo, pero a él estaba dispuesta a ser su esclava.

    Así empezó a meterme primero un dedo en el culo, mientras me comía su polla, me metía un dedo, y era maravillosamente rico, cuando entró fácilmente un dedo siguió con dos.

    E: ¡Que rico culo tienes nena, siempre quise rompértelo y hoy lo voy a conseguir!

    C: Si mi rey pártemelo, es tuyo papi, ¡pero no dejes de cogerme así por favor!

    Cuando sus dos dedos entraban con mayor facilidad me la sacó del coño, empezó a introducir la cabeza en mi culo y era muy grande que pensé que no iba poder, cuando por fin me metió solo la cabeza grité de dolor, sentí que me rompía toda y le pedí que me la sacara, pero no hizo caso solo se quedó quieto y lentamente empezó a empujar.

    Era raro porque me dolía muchísimo pero no quería que me la sacara, me dijo que era una niña buena, que me estaba portando muy bien, que iba a doler, pero lo iba a disfrutar, despacito me la fue metiendo y sentí sus huevos rebotar en mi culo, por fin me la había metido toda! unas lágrimas me salieron de los ojos, un tanto de dolor y otro de gusto y orgullo, tenía esa rica verga en mi culo completamente.

    C: ¡Ah!!! ¡Dios mío que rico, ah!

    E: Eso, ¡apuesto que no te la mete así!

    C: No, ah que rico, me duele, ¡pero no la saques!

    E: ¡Muévete nena, uhm, que rico!

    Empezó a empujármela despacio, en cada embestida el dolor era menos intenso, era dolor mezclado con placer, así cada vez más rápido me la empezó a meter, me cogía ya con ritmo semi rápido, empecé a subir al cielo, cerraba los ojos y sentía derrumbarme de placer, era sumamente delicioso, tenía todo el culo lleno de verga, de su rica verga.

    C: Párteme, Enrique, mi amor, me matas mi vida, que rico, que rico me coges, párteme así el culo, papito eres delicioso, párteme el culo, soy tu esclava, cógeme duro papi, ¡más duro!

    E: Ah, aprieta, uhm, que rico Cindy, uhm, como soñaba esto, tienes un culo súper rico, ¡ah!!

    Me empezó a dar más rápido, sus huevos rebotaban en mi coño y sentía que me venía, perdí la cuenta, 5, 6 7 veces me vine como nunca me había venido, sentí de nuevo su verga hinchada, se estaba corriendo y sus jadeos eran más intensos, empecé a sentir el interior de mi culo caliente, era su leche, que me inundaba toda.

    E: ¡Toma mi leche, ah!!

    C: ¡Ah!! que rico!!

    E: ¡Uhm, dios mío, ah!!

    C: Dame tu semen, que rico, ah, ¡que rico!

    Se la sacó y sentí como tenía un enorme boquete, el culo lo tenía rojo y me ardía, pero eso no importaba, conocí el cielo, y era delicioso, con tantas venidas acabé exhausta, y él igual, nos quedamos tumbados en el sillón y nos dormimos por un rato, me despertó el celular, ¡era mi esposo!

    D: ¿Dónde andas?

    C: ¡Un poco ocupada con unos clientes!

    D: Bueno, espero no tardes mucho ya casi son las ocho, ¡besos!

    Me pregunto a qué hora llegaría a casa le dije que tenía mucho trabajo que tardaría un poco en llegar, vi el reloj y eran las 7:30 pm, desperté a Enrique con un besito en sus labios, me empezó a acariciar de nuevo, le dije que no había tiempo que tenía que regresar, me llevó a la ducha y me bañó, enjabonó cada parte de mi piel, y yo la suya, no pude resistir, aun con el tiempo encima otra vez el deseo me traicionó y empecé a mamársela ahí de nuevo mientras lo secaba con una toalla, me abrazó y me cargo, me puso apretada a la pared, me volteó y me empezó a coger.

    E: ¡Que rico, ah, que rico!

    C: Ah, papi, ya, uhm, ¡me están esperando!

    E: ¡Quiero llenarte más!

    C: ¡Dios, eres increíble!

    Me volví a venir una y otra vez, tenía el ano muy rojo y me ardía si no ahí mismo le vuelvo a pedir que me rompiera el culo, pero igual me hizo suya de nuevo.

    Nos cambiamos, y arreglamos, durante todo el regreso a la ciudad y en todo el camino no deje de abrazarlo, venia junto a él en su hombro, me dejo cerca de casa, lo suficiente como para que nadie conocido me viera, me dio un largo beso en la boca y baje del auto, camine a casa mientras mi mente revivía lo sucedido sentí un poco de remordimiento, pero no podía evitar una sonrisa en mis labios.

    Llegué a casa a las 10:00 pm mi esposo veía TV, lo saludé con un beso y le comenté que había sido un día muy cansado, inocentemente me sugirió que me hacía falta descansar así que fui directo a nuestra habitación, me quité la ropa y así me enrollé en las sábanas, dormí profundamente.

    Después siguieron varios encuentros, me volví su golfa, su puta incondicional, amo a mi marido, pero es inevitable este sentimiento, es una atracción rara, por momentos me confundo si es solamente sexual o siento algo más, en fin, no sé qué pasara si él se entera, pero todas las semanas me la paso ensartada en su rico paquete.

    Viendo los problemas en lo que probablemente estaré, he decidido tomarme un tiempo y descansar de escribir, pero espero regresar y contarles mis nuevas experiencias o algunas que se me pasó contarles.

    Con mucho cariño y agradecimiento, Cindy.

  • Iniciándome como travesti fetichista (Parte 1)

    Iniciándome como travesti fetichista (Parte 1)

    Mi nombre es Javier y en la intimidad Karina, tengo 39 años, vivo en la ciudad de Bogotá y les contaré una serie de anécdotas (todas reales) que han pasado en el transcurso de mi vida, todas relacionadas con el travestismo y gran parte con el fetichismo.

    Desde siempre mi fijación se centró en las pantymedias y las faldas de mis hermanas, las cuales son 3 y 6 años mayores y cada vez que podía investigar en sus cajones de la ropa interior siempre llegaba a sus pantymedias y pantaletas las cuales me probaba hasta saciar mis más bajos instintos, hasta cierto día que me descubrió una de mis hermanas y dejé probarme sus ropas por miedo y por la paliza que recibí por parte de mamá.

    Transcurrieron unos años, y con 18 años me encontraba en mi último año de secundaria, estudiaba en un colegio mixto con unas chicas muy guapas, para aquel año y por ser el último antes de ir a la Universidad, cada curso debía realizar una presentación para los padres, a mi curso le asignaron una obra de teatro y un baile (Salsa) la verdad no soy muy buen bailarín y de inmediato me inscribí en la obra de teatro en la cual no tenía mucha trascendencia mi papel era de un mayordomo que salía unas dos veces en la obra.

    Así pasaron las dos siguientes semanas, hasta ese día en que todo dio vueltas y volví a tener esos sentimientos salvajes por la ropa femenina, todo inició cuando nuestro director de salón nos dio la noticia que uno de mis compañeros se había accidentado junto con su familia y se había fracturado una pierna por lo cual no podía estar en la presentación de Salsa y que uno de nosotros debía apoyar al grupo uniéndose en el baile, nadie se ofreció y el director tomó la determinación de que fuera yo uno de los indicados por mi estatura 1.80 m y al ser delgado me podía quedar el traje de baile que ya habían diseñado para Carlos (mi compañero), la verdad lo tomé con desagrado porque el baile no es lo mío, lo acepté de mal humor pero ya que más daba.

    Esa misma tarde debíamos preparar el baile ya que quedaban pocas semanas para la presentación, al entrar en el salón del teatro todo cambió pensé encontrar mis compañeras en el uniforme del colegio, pero no, todos estaban probándose sus vestidos para el baile y cual sería mi sorpresa al ver a mis compañeras en un traje brillante pegado al cuerpo de color verde, tacones altos de color dorado y unas pantymedias de color piel o carne brillantes que le daban ese toque exquisito y delicado a las piernas femeninas, un frio intenso recorrió todo mi cuerpo, llegaron todos esos recuerdos de niño cuando en solitario me probaba las medias, las pantaletas y las faldas de mis hermanas, todos esos recuerdos y sensaciones me aturdieron ya que yo pensaba que todo era parte del pasado, llevándome a otra dimensión, me encontraba inmerso en la excitación solo con ver contonearse a mis compañeras en esas deliciosas zapatillas doradas con esas delicadas y suaves medias brillantes.

    Al estar ensayando el baile, la Salsa es de mucho contacto por lo que en varias ocasiones de la presentación debía tomar a mi compañera y tener contacto con sus piernas, lo mejor de todo esto es que me tocó con la mayor del salón ella tenía 18 años por lo que su cuerpo estaba muy desarrollado, tenía unas piernas de ataque, su cintura era pequeña y tenía unos pechos en punta que le hacían perfilar un par de y ricas tetas en ese vestido verde.

    Por mi parte estaba extasiado fueron dos horas en las que practicamos el baile, que para mi fueron loa mejores horas de mi vida, mientras ensayábamos tuve por lo menos unas 5 erecciones, sentía que mi pantalón iba a reventar, por un lado me encantaba mi compañera sentir sus piernas y el tacto de sus medias era algo inigualable y por otro lado quería ser ella quería estar en sus zapatos sentirme mujer sentirme toda una linda chica, sé que se dio cuenta de mis erecciones al terminar de ensayar me miro y se sonrió la verdad me dio pena pero ya todo estaba hecho.

    Ese día llegué a mi casa y como mis hermanas ya estaban en universidad y mis padres trabajando llegué a colocarme la ropa de mi hermana mayor saqué todo lo que pude de sus cajones, tome unas pantymedias color negro eran muy delicadas y sedosas unos pantys o pantaletas de color rojo con encaje, un vestido color azul el cual me quedaba muy pegado al cuerpo al verme vestida después de tantos años las piernas me temblaban el corazón palpitaba a mil por hora y solo pensaba y fantaseaba que yo era mi compañera, tuve la necesidad de maquillarme, me apliqué labial rojo intenso unas sombras de color gris y un rubor todo eso me tenía en un frenesí alcancé a caminar por la casa un par de veces y practicar los pasos de baile fue tanto el placer que experimenté que sentí la necesidad de acariciar mi ano con el mango de un peine de mi hermana le apliqué crema y lo puse en mi culito al insertarlo un poco y al tocar mi pene enfundado en esas delicadas ropas me vine a chorros, los espasmos fueron lentos e intensos, la sensación que tuve al penetrar un poco mi ano fue maravilloso mi leche cayó hasta en el piso.

    Todo absolutamente toda la ropa de mi hermana quedó impregnada con mis fluidos, tuve la necesidad de pasar mi lengua por mi semen y tomarlo sin piedad estaba tibio y el olor que expedía era delicioso, saqué muy despacio de mi año el peine, mis manos temblaban, algo estaba pasando en mi jamás había probado mi semen y tampoco me había intentado penetrar todo lo que sucedió lo hice con locura con pasión y me hizo sentir muy chica, me quite la ropa la limpie y solo pensaba en que lo que había hecho estaba mal, me sentía mal conmigo mismo, levanté la ropa la limpié, me di un baño con agua tibia y me dije que lo que había hecho era un error y que nunca lo volvería a hacer, pero en realidad fue todo lo contrario…

    En una próxima entrega les contaré lo que sucedió antes y después del baile y lo que pasó en la obra de teatro… y como fue incrementando mi deseo por la ropa femenina y el mundo que se abrió ante mí con el paso de los años.

  • La trany más puta de todas

    La trany más puta de todas

    Aquella noche tenía ganas de todo y estaba dispuesta a todo. Me había pasado dos semanas encerrada en casa y mi cuerpo reclamaba sexo en todas sus formas posible. Estaba cansada de los juguetes sexuales: me los había metido todos, hasta tres al mismo tiempo. Todas las mañanas me desnudaba, pegaba esos dildos tamaño verga de caballo a ambas paredes de la ducha y mientras uno de ellos me perforaba el culo el otro me lo tragaba hasta el fondo de la garganta, todo esto bajo una lluvia de agua tibia que me hacía imaginar un baño completo de semen.

    Pero ese sábado tenía otros planes. Temprano en la tarde me di un baño de espuma perfumada; me había depilado el cuerpo completo y me sentía lisa y suave como un pétalo. Pensé en mi atuendo: el más putero que tenga a la mano. Primero, los zapatos de stripper con tacones de 7 pulgadas y correas alrededor de los tobillos. Las medias tipo malla, hasta los muslos, sujetadas con un liguero negro de seda y broches de metal; luego la minifalda, que en realidad era una microfalda, negra, muy apretada, apenas de 25 cm de largo y que apenas llegaba a cubrirme el culo. ¿Trusa? ¿Para qué? Apenas un hilo dental para mantener mi verga en su lugar; un tank top de licra roja súper pegadito, solo hasta debajo del busto de modo que mis tetas se veían inmensas y bien paraditas. Y claro, el pelo suelto sobre mis hombros desnudos, todo acompañado con un maquillaje de pura puta callejera y una correa de cuero alrededor del cuello que decía “puta”. ¿Me puedes imaginar? Tan solo mirarme en el espejo me causaba una erección. Mientras me vestía me tomé unos traguitos así que ahora si estaba más cachonda que nunca.

    Como estaba ansiosa por algo rápido decidí ir primero a un sex shop no muy lejos de casa; lo bueno de este lugar era que, aparte de vender juguetes sexuales, tenía una sección ‘más oculta’ – con cabinas para ver porno, salas para masturbar a otros, y, sobre todo, mi favorito: una sección de glory holes. Estacioné el auto a un par de cuadras, para darme el gusto de exponerme en la calle como una verdadera puta; eran más de las 11 de la noche, la hora de las putas callejeras.

    Apenas llegué de inmediato llamé la atención de todo el mundo: “qué rica, justo una puta en este lugar”. Luego de pagar, me fui directo a las cabinas; noté varias miradas que me seguían, como diciendo, ¿qué cabina usará esta putita?” Cuando entré a una de gloryhole pude sentir los pasos afuera, alistándose para mí. Me senté en el banquito a ver qué pasaba. La cabina tenía agujeros por ambas paredes laterales de modo que era posible tener dos vergas a la mano al mismo tiempo; todo lo demás estaba cubierto con espejos. Buenísimo.

    No pasó ni dos minutos y la primera verga dura apareció a mi derecha; ¡qué rico! Sin mucha espera empecé a mamarla, suave al inicio, pero duro y profundo después; luego apareció otra verga a mi izquierda; tendré que masturbarla primero pensé… o sí amor, que rico se siente ese pedazo de carne dura y cabezona; en los espejos podía verme, mamando una y masturbando otra. Decidí invertir roles para que no se frustren. Mis labios casi habían perdido el rojo fuego que tenían al inicio. No podía aguantar más. El hilo dental que llevaba puesto terminó en el suelo y doblándome en casi 90 grados le ofrecí mi culito estrecho a una de las vergas; empezó a metérmela, lentamente… oh… qué rico que se siente una verga real… sin más poder, empujé con fuerza contra la pared, para que termine completamente dentro de mí; al mismo tiempo, tomé la segunda verga con la mano derecha y la dirigí hacia mi boca, y luego, hasta el fondo de mi garganta. Y así quedé, completamente “enchufada” por ambos huecos, boca y culo, mientras esos pedazos de carne, duras y gruesas entraban y salían de mi cuerpo.

    Cerré los ojos… solo quería gozar la sensación… estaba en el cielo de las putas…era como siempre me lo había imaginado. Sentía mi cuerpo “lleno”… lleno de carne, de deseo, de pasión… y no pasó mucho tiempo hasta que sentí mi cuerpo también lleno de semen… Así es: casi al mismo tiempo ambos tipos dispararon chorros inmensos de semen caliente por ambos lados de mi cuerpo. Me tomaron por sorpresa, pero los acepté complaciente. Era esperma de completos extraños, solo un par de vergas. Yo hacía todo lo posible para que ambas piezas estén lo más profundo de mi cuerpo; quería hasta la última gota.

    El semen empezó a derramarse por mi mentón y sentía que chorreaba por mis piernas. De pronto ambas vergas desaparecieron y de manera instantánea aparecieron dos nuevas, esta vez, ambas eran negrísimas y con el tamaño suficiente como para coger un caballo. Era lo que necesitaba: vergas grandes de negros. Sin dudarlo, repetí el plato: una verga en el culo, otra para mi boca; por momentos giraba para darle a cada uno el placer de violar mi culo. Estas si eran grandísimas; al inicio me hizo doler un poquito, pero ya sabes cómo es, luego de un rato tu pussy te estira y pueden meter un par de brazos si es necesario.

    Sin descansar dejé que me perforaran una y otra vez; me veía en los espejos y no lo podía creer: al cabo de tantos años de ser una travesti de closet, con mis tímidos inicios en casa, ahora lucía como una verdadera prostituta, siendo cogida por dos vergas de completos extraños, en público. ¡qué tal transformación! ¡Era como haber cumplido mis deseos! Mientras pensaba en todo eso, sentí un mar de esperma que me llenaba la boca… ¡me agarró de sorpresa! Era tanta que casi me atoro; antes que se pierda, saqué su pieza de mi boca, ofreciendo mi rostro con los ojos cerrados y la lengua afuera: OMFG… el tipo de dio un baño facial de esperma caliente por todos lados mientras eso pasaba, mi recto gozaba otra inundación de leche caliente… Me volvía loca.

    Esta rutina se dio por casi una hora que estuve en la cabina; calculo que al final de ella debo haber tragado la verga de al menos doce tipos ¿o más? El semen de todos ellos, completamente mezclado, corría por mis piernas, cuello, rostro. Cuando salí de la cabina apenas podía caminar: había estado en posición de 90 grados por todo ese tiempo, colectando esperma. Fui al baño para hacer lo humanamente posible para estar pasable. Con papel toalla limpié el semen que me cubría, arreglé mi maquillaje: labios rojo fuego, párpados azul metálico, pestañas larguísimas y bien negras. Había algo de semen en mi top, pero no me importaba pues era como un trofeo de guerra. Me miré al espejo, de pies a cabeza y solo pensé: “sí, aun luzco como una puta”. Recién era la 1 am, así que tenía más tiempo. Salí del sex-shop; era verano así que afuera corría un viento cálido y agradable; por la hora, el lugar lucía ya algo desierto; pensé que perdería mi tiempo. Me paré al borde de la acera, como puta que era, y esperé. No tomó de 5 minutos y se detuvo un carro con un par de tipos dentro: “hola amor, ¿eres puta verdad?” “Claro” respondí, ¿qué creen?

    “Tenemos una pequeña “fiesta” (lo interpreté como orgía) con unos amigos que necesitamos una putita para pasarla bien. ¿Te animas? Te vamos a pagar bien”

    Sin pensarlo, me subí al carro; aún tenía energías para más cogidas. Minutos después llegamos al departamento. ¡Joder…había más gente de lo que esperaba! Había unas 20 a 25 personas, entre 30 a 40 años, todos hombres; el ambiente estaba lleno de música ruidosa, cigarros (y quizá hierba) y alcohol; al fondo, en una pantalla gigante pasando porno. “Con razón están todos arrechos pensé”. Cuando me vieron llegar, todos enfocaron su mirada a mi cuerpo, casi comiéndome con los ojos. Les sonreí y luego les pedí un trago fuerte… si me van a coger todos estos entonces necesito algo fuerte les dije.

    Y así fue, un par de copas de wiski puro, una breve fumada de hierba, y estaba completamente lista para todos ellos. Arrastraron un colchón hasta la sala principal y al mismo tiempo empezaron a desnudarse; mientras formaban un círculo alrededor del colchón yo solo atiné a pasar junto a ellos mientras tocaba suavemente todas esas vergas duras, ardientes y repletas de esperma salada. Al ritmo de la música me saqué primero el hilo dental y luego, lentamente, la minifalda; pensé que sería un escándalo cuando viesen mi verga, pero nada, al contrario, creo que les encantó tener una tranny a su disposición (será porque las trannies siempre estamos más dispuestas a ser más salvajes que las mujeres). Apreté mi verga para que esté tan dura como la de ellos. Todo lo demás era un cuerpazo de hembra.

    La orgía estaba a punto de empezar.

    “¿Cómo lo quieren hacer chicos?” Pregunté

    “Bueno, para no esperar tanto turno, ¿puedes con doble penetración anal?” Preguntó uno.

    “Por supuesto amor” Acababa de pasar casi una hora siendo cogida por una docena de vergas; a estas alturas podía meterme de todo por el culo.

    Para eso le pedí al más pingón de todos que se eche boca arriba en el colchón; lo quería metido todo el tiempo. Ese tipo, digamos que se llamase Cesar, tenía una verga del grosor de una lata de coca cola, un monstro. Cubrí su mazo con lubricante, y a la vista de todos, y con una sonrisa de perra, abrí mis piernas y lentamente me agaché, llevando la cabeza a la entrada de mi culito, hasta que poco a poco, como un mástil esa rica verga desaparecía en mi culo.

    Mientras entraba, cerré mis ojos, mi boca entreabierta, mi espalda arqueándose de placer, mis brazos acariciando mi cabello…y todos ellos celebrando como locos lo buenaza que era yo. Finalmente estaba arrodillada y la verga entró por completo en mi cuerpo; sentía sus bolas inmensas acariciando mi culo. Por un momento solo era él cogiéndome, mientras que yo movía mi cuerpo de arriba abajo lentamente. Ahora sí estaba completamente abierta.

    “OK; ¿quién sigue ahora?” Pregunté, de nuevo, con una sonrisa pícara.

    Automáticamente, como buenos escolares, formaron dos líneas, una detrás y otra delante mío. El lubricante hizo su trabajo con todas esas ricas vergas, mientras que, aun con la verga de César dentro de mí me puse en cuatro, completamente lista para recibirlos.

    Uno por uno, empezaron: primero alguien me tomaba de las caderas y lentamente, como un saca-corcho, metía su cabeza dura en el pequeño espacio que apenas dejaba la verga de Cesar. ¡Oh dios, esto va a ser rico, pero va a doler! Pensé… no me importaba; el alcohol y la hierba me había dejado completamente dispuesta a todo. Poco a poco, centímetro tras centímetro, la segunda verga empujaba, tratando de hacerse su lugar; una vez que la cabeza estaba dentro, el resto era más sencillo, solo empujar duro. OMG, OMG… esto era mucho mejor de lo que esperaba. ¡era riquísimo!

    La gruesa verga de César hacía que la pieza de mi otro “cliente” se sienta mucho más apretada aún, y la sensación era deliciosa. Podía sentir roce de las venas hinchadas contra las paredes de mi recto. Una vez que ambos estaban dentro empezábamos una danza sincronizada: mete y saca, mete y saca; cada vez me sentía más y más abierta. Mientras tanto, en el otro extremo otros clientes no podían seguir esperando, había que complacerlos, así que sin esperar más, empezaron a violar mi garganta. Y digo violar porque eso es lo que pasaba: cada uno de ellos ponía su verga en mi boca, me agarraban la cabeza con ambas manos y casi de un tiro, sus miembros terminaban en mi garganta; terminaba con una y seguía con otra; de pronto aparecían dos vergas en la entrada de mi boca así que empecé a mamarlas ambas. ¡Atendía 4 pingas al mismo tiempo! Mientras mamaba, mi culo empezaba a recibir dosis de esperma caliente; uno tras otro, tomaban turnos para penetrarme, perforarme y dejar su cuota de semen dentro de mi cuerpo.

    Cada vez que alguien se vaciaba, ya sea en mi culo o en mi boca, todo ellos celebraban y me hacían tragar un shot de wiski. Había tanto semen alrededor: por toda mi cara, garganta, cuello, chorreando mis piernas, derramándose de mi culo. Mi pussy anal estaba ahora completamente abierto – aguantaba de todo. Cesar sacó su mazo (luego de dejar su rico semen adentro), y ahora otros tomaban su turno. Veía chorros de semen que venían de todas direcciones – disparaban sobre mi cara, mis orejas, mi vientre…me había convertido en un pedazo de carne con dos huecos, en una simple colectora de esperma. Estaba llena de wiski, mareada pero aún con resistencia. Mientras unos tomaban un descanso en el bar otros me arrastraban al sofá, clavándome sus vergas mientras me hacían saltar sobre ellas, al mismo tiempo que no dejaba de mamar. Mi pelo, mi maquillaje y mi ropa eran todo un desastre. Había leche caliente por todos lados. El semen y el alcohol seguían entrando a mi cuerpo sin parar.

    Cuando ya parecía que ellos no daban más (¡yo sí!), me llevaron de nuevo al colchón, boca arriba, con la boca abierta; alguien se aparece con un embudo y oh sorpresa… un tazón de vidrio a medio llenar con semen. En lugar de descansar habían estado colectando su leche salidita para hacérmela tragar toda. Como muchas tranies, lo había visto en porno muchas veces, pero claro, nunca imaginé que me pasaría. Y lo haría con todo gusto. “Sin embudo” pedí, con una sonrisa. Wow.

    Así que, mientras unos filmaban y tomaban fotos, alguien empezó a verter toda esa leche… y yo, deseosa, abrí completamente la boca… OMG, OMG… me quiero morir, ¡¡¡pero de placer!!! Era puro jugo de semen, aún calientito, saladito. Empezó a entrar a borbotones a mi boca… no me daba abasto para tragármelo lo más rápido, tampoco quería asfixiarme… Había casi un litro de leche. Cuando esta empezó a rebalsarse de mi boca, el chico empezó a esparcir el resto sobre mi cara… estaba empapada en esa leche deliciosa… me volví loca: con mis dedos empecé a sobarme la cara, tratando de llevar el semen a mi pelo, mi cuello, mi pecho, tratando de meterlo a mi boca para que nada se pierda.

    Con las manos tomé un poco y lo untaba a mi verga, y luego lo que quedaba traté de meterlo, con mis dedos, a mi culo súper abierto. Cuando terminaron, me quedé como adormecida. Para entonces ya me habían desnudado por completo. Era suya, completamente suya. Serían las 3 o 4 de la mañana. Aún estaban todos en la fiesta (luego me enteré que eran 31 tipos en total). Cuando parecía que ya no pasaría nada más, alguien me ponía en cuatro, me penetraba hasta vaciarse y se iba. Me había quedado en cuatro, con la cara contra el colchón, los brazos extendidos hacia adelante, piernas abiertas y mi culo bien arriba, ofreciéndose a cualquiera. Era como un mueble, como la mesa central: quienquiera que me necesite, podía usarme.

    Mi pussy estaba completamente expandido, y lubricado con esperma. En algún momento sentí un puño cerrado que se metía por mi culo violado; sentía cómo se movía dentro de mi cuerpo, girando, sentía el brazo entero; luego de un rato ya no era un puño, sino dos manos, pegadas en posición de oración, que hacían esfuerzo por meterse, con éxito, dentro de mi culo. Una vez dentro con ambos brazos, estos se separaban, abriendo cada vez más mi pussy. Sentía una ráfaga de aire entrando a mi cuerpo. Yo estaba muy mareada pero completamente consiente de lo que pasaba, y lo dejaba pasar por que lo gozaba a las mil maravillas. En serio NO hay forma que esto no te guste. Si no te gusta es porque estás muerta.

    Y así siguió la noche: hicieron lo que quisieran conmigo: triple penetración, puño, dos brazos, dos vergas en mi boca, cogida con los ojos vendados, ni recuerdo que más. Eran como animales que no había tenido sexo en meses.

    Así llegamos a las 6 de la mañana. Yo, aún desnuda sobre el colchón, estaba, literalmente cubierta de pies a cabeza de semen. No había pedazo de piel libre de esa rica sustancia. La leche incluso brotaba de mi culo al pararme. Me ofrecieron una ducha, pero pedí solo lavarme la cara; me maquillé un poco, aunque sea para pasar; como tenía el cuerpo lleno de semen, les pedí me dieran una bata. Metí no ropa a una bolsa y así, aún con semen encima, salí a la calle en búsqueda de mi auto. Era realmente la puta más puta del barrio.

    Claudia Hooker

  • Mientras ella duerme a mi lado

    Mientras ella duerme a mi lado

    Mientras ella duerme a mi lado no puedo conciliar el sueño. Mi mente recorre recuerdos de nuestros encuentros sexuales pasados y fantasías de los que podrían ser. Estiro mis manos y toco sus muslos como una invitación, pero ella duerme profundamente y no me sigue el juego.

    Pasan los minutos y hago varios intentos sin éxito, sólo con excitación. Meto mi mano entre las sábanas y presiono sobre mi ropa interior, dejando asomar la punta de mi pene erecto. Me ensucio con los primeros hilos de eyaculación previa que fui liberando en mi indecisión, esperando una señal de ella para entrelazar nuestros cuerpos, la cual nunca llega. Acaricio mis testículos mientras mi falo se endurece, el reloj continúa avanzando y mi insomnio es cada vez mayor. No puedo tomar la determinación de dejarme llevar y con mi otra mano toco sus nalgas.

    En mi duda, ella se gira y me enreda con su pierna como acostumbra hacer y atrapa mi polla en el pliegue trasero de su rodilla. Cojo su muslo con fuerza esperando compartir las caricias, pero su respiración me dice que todavía duerme. Comienzo a frotarme con lentitud en busca de complicidad, pero no puedo confirmar que se haya despertado. Mi pulso sube y mi miembro se endurece, mi glande gotea entre su pierna y mi mente ya no tiene el control. Me masturbo cada vez con más intensidad, pero siempre con cuidado de no despertarla. Resisto correrme para prolongar el momento, pero las horas previas de fantasías solo me han dejado bien cargado. Sus pequeños espasmos mientras sueña me presionan con fuerza y pensar en correrme sobre su piel me pone aún más. El miembro se me endurece mientras pienso si hacerla a un lado para no despertarla o liberarme allí donde ya se puede escuchar el sonido de la humedad en la oscuridad.

    Como sintiendo lo que va a pasar, ella se gira hacia el otro lado de la cama, volviendo a poner el culo hacia mi lado y apoyándolo en mi pierna. En ese momento exploto, varias olas de semen salen y caen sobre mi vientre y pecho al descubierto. Me muerdo el labio inferior para no emitir sonido mientras presiono con fuerza el tronco de mi falo con la palma abierta. La corrida chorrea por los lados de mi torso cuando al fin puedo conciliar el sueño.

    Mientras, ella duerme a mi lado.

  • Mi prima Valeria (Parte III)

    Mi prima Valeria (Parte III)

    El sábado por la noche había quedado con un amigo para ir al cine.  Hacía dos semanas que se había estrenado la secuela de Creed y no habíamos podido coincidir nunca para ir a verla. Pero ese sábado nos ocupamos ambos de tenerlo libre para poder ir y después tomar algo en algún bar cerca.

    Damián era un compañero de trabajo 3 años más chico que yo, había ingresado a la empresa donde trabajaba hacía poco más de un año y me tocó a mí capacitarlo y guiarlo en el cliente donde estábamos asignados. Era hincha de Boca igual que yo, le gustaba el cine, hacer deporte y las series de ciencia ficción, así que después de un año de trabajar todos los días juntos nos hicimos buenos amigos.

    Si bien coincidíamos en muchas cosas, como nuestro gusto por las películas y la cultura pop en general, había ciertas partes de su vida y su forma de ver las cosas que no coincidían demasiado con mi manera de pensar. Por ejemplo, yo siempre fui de tener relaciones estables e incluso en mis épocas de soltería no solía salir con alguien nuevo mientras veía a alguien más. Damián en cambio nunca fue de estar de novio, siempre salía con varias personas a la vez y le molestaba el concepto de estar en una relación seria. Lo más cerca de eso que lo había visto era su actual situación con Natalia, una chica con la que se veían desde hace más de dos meses, todas las semanas. Si bien él insistía con que no era su novia, las veces que me la había cruzado me daba la clara impresión de que ella no se sentía igual. Dormían juntos un par de veces a la semana, salían a cenar o al cine. Incluso la había traído a varios afters de la empresa.

    No entendía por qué no quería tenerla como novia, Nati era un chica súper divertida, buena onda e independiente, tenía su propio auto, departamento y como frutilla del postre estaba muy buena. No era de esas chicas que al verla decís “es linda” anda más, la descripción que mejor le quedaba era que estaba buena. Lo primero que notabas era su cuerpo, su cara no era fea, ni cerca de serlo, pero tenía un cuerpo que destacaba en todos los niveles. Buena cola, cinturita trabajada y un pecho firme y grande que encajaba perfecto con el resto de su figura.

    Quizás fueran otras cosas en las que Damián se enfocaba, cosas que evitaban que Natalia se viera como una novia ideal a sus ojos, pero a mi entender más que nada era su fobia a sentirse atrapado.

    Ese sábado habíamos quedado encontrarnos en un centro comercial de Zona Norte. Ambos siempre fuimos muy quisquillosos con las salas de cine que elegíamos. No nos gustaban los cines con pantallas chicas o sillas incómodas, entonces solíamos ir a ese por más que fuera un poco más lejos.

    Nos encontramos 40 minutos antes de la hora de la función y fuimos a sacar las entradas. Decidimos hacer algo de tiempo yendo a jugar al pool que estaba cerca de las salas de cines, cruzando el patio de comidas que los separaba.

    Apenas entramos a la zona de las mesas, me sorprendió un golpecito en mi hombro derecho que me hizo darme vuelta un poco sobresaltado.

    -Primito! –me dijo Valeria con una sonrisa mientras me abrazaba y me saludaba con un beso

    -Hola! Que haces por acá? –pregunté muy sorprendido de verla en ese lugar.

    -Lau vive acá cerca y teníamos ganas de ir al cine –dijo mientras daba un paso al costado y me señalaba a la chica que la acompañaba– Lau, mi primo, primito, Lau –nos presentó. Tenía esa costumbre de siempre decirme “Primo”, “Primito”, nunca me molestó porque yo solía hacer lo mismo.

    -Hola! Cómo estás? –La saludé con un beso y les presenté a Damián– Él es Damián, laburamos juntos en la empresa.

    Damián saludó a ambas con un beso y les preguntó que tenían pensado ir a ver.

    -Después de un poco de trabajo, convencí a la prima de tu amigo de ir a ver la secuela de Creed. No tiene muchas ganas se ve, pero al menos la sala estaba bastante vacía así que pudimos elegir buenos lugares –contestó Lau.

    -La función dentro de media hora? –preguntó Damián.

    –Si, esa! –Contestó enfática Vale– ustedes van a la misma? En que fila sacaron?

    -Como siempre, en estas salas lo mejor es estar atrás de todo que es más alto y…

    -Quedás con la pantalla a la mitad de los ojos y no te hace doler el cuello –me interrumpió mi prima– Vos y tus caprichitos –se rio.

    -Tiene razón! –La cortó Laura– Yo siempre te digo lo mismo de este cine, por eso sacamos también en la última fila. Además acá las butacas se pueden reclinar un poco y al no tener nadie atrás la última fila es la mejor para eso. Estás re cómoda.

    -Totalmente! –coincidí.

    Me había agarrado por sorpresa pero a Laura claramente le gustaba ir al cine y compartía mis gustos por esos pequeños detalles. Le sonreí mientras coincidía con ella y me devolvió la sonrisa cómplice mientras Valeria hacía un gesto de fastidio, burlándose de nosotros.

    Decidimos alquilar una mesa de pool por media hora entre los 4 y jugar en equipos.

    Aproveché un poco ese tiempo para conocer un poco a Laura.

    Era una compañera de facultad de mi prima, unos 3 años más grande. Estaban cursando desde principio de año juntas después de que ella decidiera cambiar de carrera. Era linda piba. Un poco más alta que Vale, seguramente un par de centímetros más baja que yo, aunque era difícil de adivinar con las botas que tenía puestas.

    Tenía una minifalda de jean y una blusa blanca súper amplia y escotada, era imposible no desviar la mirada.

    Mientras yo me tomaba el tiempo de conocer a Laura, Damián hizo lo mismo con Valeria. Hasta hizo el típico movimiento de “enseñarle” como agarrar el taco de pool. Totalmente innecesario, por que Vale en la casa de los padres siempre tuvo una mesa, así que jugaba mejor que cualquiera de nosotros sin esfuerzo alguno. Algo que siempre le gustó echarme en cara.

    Mi prima tenía puesto un vestidito bien al cuerpo que le resaltaba sus atributos muy bien. Terminaba a medio camino entre su cola y las rodillas y tenía un escote corto pero al tener claramente un corpiño de esos push-up, le quedaba genial. Traté de disimular cada vez que la miraba pero a la vez algo en mí no me quería hacer perder ningún detalle.

    Cuando llegó la hora de ir a la sala devolvimos el set de bolas y tizas que nos habían dado en una caja y encaramos para la entrada del cine.

    Nuestros asientos no estaban todos pegados, pero por la cantidad de gente que había cuando entramos en la sala, decidimos ponernos todos juntos en la última fila en el centro.

    Vale pasó primera entre la fila de asientos y Damián se metió rápidamente después de ella. Cosa que no me cayó muy bien, no fue nada sutil. Dejé que Lau pasara después de él y yo la seguí.

    Durante los 15 minutos de avances y publicidades Damián y Valeria se la pasaron cuchicheando y riéndose. Yo trataba de seguir los comentarios que me hacía Laura sobre la sala o alguno de los trailers que pasaban. Teníamos gustos parecidos en cuando a las películas, era una chica interesante. El problema es que cada vez que la miraba, veía detrás de ella a Valeria riéndose con Damián cuando él le decía algo al oído o tocándole el brazo mientras se reía. En un par de ocasiones nuestras miradas se cruzaron. Yo seguramente no tenía la cara más amistosa del mundo, la situación no me era del todo cómoda. Ella en cambio me miraba sonriente y con sus ojos clavados en los míos, como analizando mi reacción a todo esto. O eso me pareció.

    La película pasó sin situaciones que valgan la pena comentar. A mi no me gustaba cuando las personas hablaban en el cine. Laura se sentía de la misma forma, así que fuera de algún intercambio de sonrisas, lo único que desencajaba era cuando se escuchaba un cuchicheo entre mi prima y mi amigo.

    Cuando salimos del cine decidimos ir a un bar los 4 y seguir la charla ahí. Por suerte había un lugar con buena birra a un par de cuadras, así que dejamos los autos en el estacionamiento del centro comercial y nos fuimos caminando.

    Cerveza va, cerveza viene, nos la pasamos riendo y hablando de todo un poco. Estábamos en un box, Dami con Vale de un lado y yo con Lau del otro. Mi amigo no perdía oportunidad de tirarle cumplidos a mi prima y ella aceptaba todos los comentarios haciéndose la tonta. Le sonreía y le seguía el juego. Me dispuse a no prestarle atención a esas cosas, porque me estaban molestando, así que dediqué mi atención a Laura, le hacía preguntas y le hablaba solo a ella en algunas ocasiones. La música del bar estaba bastante alta, así que hablar entre los cuatro resultaba un poco cansador, teníamos que estar prácticamente gritando.

    Hacía rato que no salía con alguien que me resultara tan interesante como me estaba resultando esta chica. Ella parecía sentir lo mismo por que empezó a tocarme el brazo cuando se reía o apoyar su mano en mi pecho cuando le tiraba algún comentario que le provocaba una carcajada. La verdad, lo estaba pasando muy bien, hasta que de golpe algo me empezó a molestar.

    Valeria había dejado su mano sobre la mesa, justo encima de la de Damián y él había pasado su brazo por encima de los hombros de ella, mientras seguían hablando. Pero ahora, cada vez que Valeria se inclinaba a decirle algo al oído, me miraba a mí fijo a los ojos. Cada vez que Damián se acercaba a ella, hacía lo mismo. Me miraba fijo y divertida. Toda esa situación me hizo sentir más molesto. Sentía que me estaba provocando y lo peor de todo es que lo estaba logrando. Me estaban dando celos que ella se comportara de esa forma con mi amigo.

    Fue una pendejada de mi parte pero empecé a hacer lo mismo, me empecé a acercar más a Laura y pasé mi brazo por atrás de ella de la misma forma que Damián había hecho con mi prima. Con cada uno de estos movimientos, miraba fijo a los ojos de mi primita del otro lado de la mesa. Por la cara que había puesto parece que no le gustó mucho que le siguiera el juego. Era una pequeña competencia, a ver quién llegaba más lejos, o al menos así parecía.

    Cuando vi la mano de Damián perderse debajo de la mesa, sabía que el destino final era la pierna de mi prima. La rabia me estaba carcomiendo. Yo hice lo mismo con Laura, que en ningún momento desapreció el gesto. Todo lo contrario, me sonrió y sentí que se acercaba a mi para darme un beso.

    -Creo que ya nos tendríamos que ir yendo –dijo de golpe Valeria con un tono bastante serio.

    -Tan temprano? Pidamos otra! –Le contestó su amiga que claramente no estaba de acuerdo en terminar la noche tan temprano.

    -Si! Pidamos otra! –respondí yo, mirando primero a Laura con una sonrisa que me correspondió y después a mi prima intentando desafiarla.

    -No, yo ya estoy bien, prefiero irme a casa –contestó sin intención alguna de negociar y mirándome con lo que parecía ser un poco de enojo.

    -Yo también estoy cansado! Me parece que también me voy a ir yendo –dijo mi amigo de golpe.– Querés que te lleve?

    Mi corazón dio un vuelco. Había escuchado mil veces el “querés que te lleve?” de Damián. Siempre venía seguido de una charla hasta su auto, el recorrido más largo hasta su destino y en el camino la mayoría de las veces convencía a su conquista de la noche de ir a su casa.

    No sé si fue el saber eso lo que me dio tanta bronca o lo que pasó después.

    -Dale! Si, Gracias! –respondió Valeria con una sonrisa es su boca mirándolo a él primero y después a mi, como refregándome algo en la cara.

    Tenía bastantes cervezas encima, estaba bastante desinhibido así que mi respuesta no tardó en llegar.

    -Lau, nos tomamos otra nosotros y en todo caso después nos vamos juntos? –Mi frase tenía todo el doble sentido posible. No iba a dejar que esta pendeja me venga a poner celoso y encima se vaya sintiéndose ganadora en esta situación.

    -Ay! Dale, Gracias!

    -Estas segura Lau? No querés que te alcancemos nosotros? –dijo mi prima en lo que pareció más una súplica que una pregunta.

    -No, no te preocupes, además si van para Capital les queda para el otro lado. Me quedo un rato más.

    Damián y Valeria se despidieron de nosotros. Mi amigo con un abrazo y mi prima con el beso más frío que había sentido en mucho tiempo. Como quien saluda a alguien que no le cae bien pero lo hace de compromiso. Por dos segundos me hizo sentir bien eso, sentía que había ganado nuestra pequeña competencia. Pero enseguida vino a mi cabeza el hecho de que se había ido con Damián y sabía que él iba a tratar de lograr algo. Me quedé un poco tildado con ese pensamiento en la cabeza.

    -Tranquilo, va a estar bien. Se sabe cuidar sola tu primita –me dijo de repente Laura con una sonrisa.

    -Que? Sí, no, estaba pensando en cualquier cosa, disculpá.

    -Enserio, además está en otra.

    -Esta de novia? Pensé que había terminado con el flaco que estaba.

    -No, no está de novia. Eso no duró mucho.

    -Y entonces? Está saliendo con alguien más?

    -No, saliendo no, pero está enganchada con alguien que no le da bola. Pero viste como es, se mete algo en la cabeza y difícil que se le pase rápido.

    -Si –era verdad, entre todas las cosas mi primita era un poco terca y perseverante– Es alguien de la facu?

    -No, va, creo que no. La verdad no se mucho. –La pregunta parecía haberle incomodado un poco. Así que preferí no insistir con el tema, nada peor que estar con alguien y que te este dele preguntar por otra persona. Así que preferí cortarla ahí– Querés que vaya a pedir dos más?

    -Dale!

    Nos habremos quedado media hora más en el bar. Charlando, tomando cerveza y comentando la película que habíamos visto. Comentario va, comentario viene, terminamos besándonos en el box del bar. Entre el alcohol y la calentura que teníamos encima la cosa se estaba volviendo un poco inapropiada para el lugar donde estábamos.

    -Querés que vayamos a mi casa? Vivo acá nomas –si ella no me lo preguntaba lo iba a terminar sugiriendo yo. No sé si era el acumulado de semanas sin sexo que tenía encima o algo más, pero estaba re caliente.

    -Si, dale, vamos.

    Pasamos por el centro comercial a buscar mi auto y nos fuimos hasta el departamento de Laura que estaba a un par de minutos de ahí.

    Era un edificio de 3 pisos nada más y ella vivía en el primero así que subimos por las escaleras. Ella iba delante mío y no sé si era por el ángulo de la escalera, que tenía la minifalda un poco subida o una combinación de las dos, pero a medida que subíamos me iba regalando una perfecta visión de su ropa interior.

    Llegamos a su departamento, entramos y apenas después de apoyar las llaves en una mesita que tenía al lado de la puerta, se dio vuelta, me miró a los ojos y me empujó suavemente contra la puerta que se cerró detrás mío, probablemente haciendo más ruido del que sus vecinos hubieran querido. Me besó con fuerza, su lengua jugueteaba con la mía adentro de mi boca intensamente. La verdad, me tomó un poco por sorpresa, pero no me tomo nada de tiempo ponerme a su ritmo. Fuimos besándonos y desabrochando la parte inferior de nuestra ropa mientras ella nos guiaba hasta la habitación.

    En cuanto llegamos me saqué el pantalón y la remera, ella dejó caer la minifalda al piso y se sacó la blusa por encima de la cabeza. Me abalancé sobre su cuello mientras con una mano le agarraba un pecho y con la otra le apretaba la cola y la traía hacia mí. Nos seguimos besando mientras le desabrochaba el corpiño. Empecé a comerle las tetas. Con una mano jugueteaba con una mientras que mi boca se encargaba de la otra. Ella tenía una mano mi cabeza mientras que la otra me acariciaba por encima del bóxer, como midiendo que tan duro estaba. Dio un par de pasos para atrás y se dejó caer en la cama. Guau, la verdad que estaba muy buena.

    Si tenía que cortar mi sequía desde mi ex, esta era una muy buena forma. Le bajé la bombacha y la tire a un costado de la cama. Pensaba empezar a jugar un rato ahí abajo pero no me dio tiempo. Se incorporó y se sentó en la cama justo adelante mío. Me tiró los boxers para abajo y sin mediar palabra me agarró la pija y empezó a pajearme. No llegué a suspirar que ya tenía mi pija en su boca. Qué energía! Se ve que no era el único que tenía calentura acumulada.

    Cómo necesitaba esto! Qué bueno haberme encontrado con mi prima afuera del cine! Pensé. Mi prima. Estaría ella haciéndole esto mismo a Damián ahora? Estaría como Laura ahora? Con una pija entrando y saliendo de su boca? Si ya estaba a 100, ese pensamiento me llevó a mil. Imaginarme a mi primita haciendo lo que me estaban haciendo a mi ahora me ponía loco.

    Laura me dejó de chupar la pija y se volvió a tirar sobre su espalda, mirándome, se fue moviendo un poco más adentro de la cama. Invitándome a que vaya encima de ella.

    No había ni que pensarlo. Me puse encima de ella y mientras la besaba busqué con la punta de mi pija la entrada. Estaba empapada, no hubo mucha fricción ni esfuerzo, se deslizó sin problemas adentro suyo.

    La cara de Laura mientras se la metía era espectacular, sabía cómo ponerme a mil. Tiró la cabeza para atrás, se mordió el labio inferior un poco, y después abrió la boca para dejar escapar un gemido justo cuando terminaba de entrar, todo lo que me hacía poner más y más caliente.

    Con cada embestida soltaba un leve gemido, lo intercalaba con un “Si”, un “Así”.

    Mi ex no cogía así. Ya no jugábamos de esa forma en el último tiempo, era más rutina que pasión, pero Laura me estaba dando justo lo que necesitaba. Sus gestos, la fuerza con la que me arañaba la espalda, todo se sentía muy bien. Será que todas las pibas de esa edad ahora cogen tan bien? Será que Vale hace lo mismo cuando se la están cogiendo?

    No fue intencional, pero mientras me seguía cogiendo a Laura estaba pensando en mi prima, casi que ponía su cara encima de la de su amiga.

    -Estás bien? –Me preguntó entre jadeos

    -Si, si, muy! –Dije volviendo a la realidad y besándola. Que pelotudo, concéntrate y dejá de pensar en tu prima! Mirá lo que tenés delante tuyo! Pensé.

    Me esforcé por quitarme a Valeria de mi cabeza pero no podía, así que salí de encima de Laura e hice que se dé vuelta. Entendió enseguida. Se puso en cuatro ofreciéndome la cola.

    Me la cogí así. Al menos de esa forma no se iba a dar cuenta que estaba mentalmente en otro lado. Con Vale en mi cabeza y Laura gimiendo más fuerte mientras estábamos en esa posición, saqué mi pija de adentro suyo y terminé acabando en su espalda una cantidad impresionante. Quedamos rendidos en la cama y después de un rato Lau se levantó, fue al baño y al volver aproveché para ir yo.

    No sabía que me había pasado, hacía rato que no tenía algo tan intenso. Me lavé la cara y volví a la habitación. Ella estaba tirada todavía desnuda pero metida entre las sábanas, me recosté un rato al lado suyo, quizás podíamos ir otra vuelta más.

    Lo siguiente que recuerdo fue despertarme en la cama, desnudo y totalmente solo. Dado el nivel de luz que entraba por la ventana, ya estaba amaneciendo. Me había quedado dormido y pasado la noche ahí.

    Con un poco de dolor de cabeza, me levanté, agarré mi ropa, me vestí y salí al living-comedor. Pude adivinar que Lau estaba preparando café y unas tostadas por el olorcito que había.

    -Buen día! –me dijo desde la cocina con una sonrisa.

    -Buen día! –le respondí devolviéndole la sonrisa.

    -No te quise despertar. Todavía es temprano pero yo ya no me pude volver a dormir, estoy acostumbrada a salir a correr temprano los domingos.

    -No hay problema. Yo ya me tendría que ir yendo igual, tengo mil cosas que hacer hoy.

    -Un domingo a la mañana?

    -No queda otra.

    Me acompañó hasta abajo para poder abrirme la puerta del edificio. Intercambiamos teléfonos porque quedamos en hablarnos y después de despedirnos me dijo algo que me pareció un poco raro.

    -Ah! Una cosa. No le cuentes a tu prima lo de anoche mejor.

    -Qué cosa de anoche? –Todavía estaba medio dormido y no entendía bien a que se refería.

    -Nosotros, viniendo acá. Mejor si no le decimos nada.

    -Ah! Sí, no hay problema. No soy de ir contando lo que hago o dejo de hacer, menos a mi prima.

    -Sí, no, obvio. Pero digo si pregunta. Mejor no le digamos.

    -Eh –me resultaba un poco raro el pedido– Por?

    -No, nada en especial, solo para que no sea raro entre nosotras, si no pasó nada es más fácil.

    -Ok, si, olvídate, no hay problema –estaba medio confundido por el pedido, pero la verdad estaba también bastante dormido y con resaca suficiente como para no querer darle más vueltas al asunto– No digo nada.

    -Gracias! –me dijo con una sonrisa– Nos vemos!

    -Nos vemos!

    Cuando llegué al auto mientras esperaba que se caliente agarré mi celular. No lo había revisado desde que salimos del bar. Tenía algunos mensajes sin leer y algunos eran de Valeria.

    “Todo bien? Siguen en el bar?”

    “Ya la dejaste a Lau? Todo bien?”

    “Avisame cuando llegas a tu casa”

    Eran mensajes entre las 2 y las 3 de la mañana, ya eran casi las 8, no tenía sentido contestarle ahora, así que tiré el celular sobre el asiento del acompañante y salí rumbo a casa. Había sido una noche larga, pero realmente necesitaba ese desahogo.

  • Iniciándome como travesti fetichista (Parte 2)

    Iniciándome como travesti fetichista (Parte 2)

    Continuando con mis inicios y de lo que sucedió al día siguiente de haberme puesto la ropa de mi hermana y de haber tenido uno de los mejores orgasmos llenos de lujuria y placer, pensé en que todo había sido una equivocación y que jamás volvería a pasar, pero fue todo lo contrario, al llegar al ensayo después de clases y al ver a mi compañera esta vez no tenía el traje de baile, tenía su uniforme de ejercicios del colegio era un traje deportivo o sudadera, por lo que pensé… bueno lo de ayer no lo volveré a ver si no hasta el día de la presentación, así que fui a prepararme para el ensayo y dejar las cosas así.

    Pero cual sería mi sorpresa al cambiarnos para el ensayo y verla en una pantaloneta o short diminuto, con una camisilla blanca un poco transparente que me invitaba a verle su hermoso brasiere color rosa y sus ricas tetas paraditas, pero lo mejor de todo estaba en sus piernas llevaba puestas unas pantymedias de nylon color blanco como las que utilizan las enfermeras o las novias que están a punto de casarse, jamás podré olvidar ese momento, creo que mi rostro lo dijo todo… estaba estupefacto, estaba excitado no pude ocultar la erección que todo esto me producía, mi pedazo de carne duro quería salir de ese pantalón, sentía que estaba derramando muchos líquidos seminales, solo quería realizar el ensayo y tocarle sus piernas y en algún momento poder rozarle mi verga en su delicado y parado trasero.

    Era una cosa inimaginable en una semana pase de ser el típico chico pajuelo, a desear poder estar vestido como chica todo el día y a toda hora, sé que mi compañera se había dado cuenta de mi debilidad, me encantaban y me volvían loco las medias veladas o pantymedias y que no podía parar de mirarla y de sentirla, aunque nunca pasó nada con ella, si le agradezco por haber hecho que todos estos gustos despertaran en mi interior y ser lo que soy ahora.

    Bueno volviendo al relato al terminar el ensayo todos nos fuimos a las duchas, los casilleros de los dos estaban muy cerca por lo que pude darme cuenta que ella se cambió y en una bolsa dejó la ropa que había utilizado, se colocó otra ropa, salió y se despidió de mi ya que se iba a encontrar con su novio, me quedé unos minutos viendo a su casillero y pude notar que lo había dejado sin seguro por lo que podía tomar sus ropas y deleitarme un rato, empezó mi corazón a palpitar de nervios y emoción al mismo tiempo, ya que a unos metros estaba mi perdición… la ropa de una mujer con la que había soñado el día anterior y que aparte de desearla, deseaba ser ella.

    Esperé a que todos se fueran, hice como si ya me fuera para mi casa, me despedí de los pocos chicos que quedaban en el vestidor y me escondí en uno de los salones contiguos a los vestidores, no sé si había sido un plan de ella para ver si yo le registraba su ropa o ella por el afán de verse con su novio había dejado el casillero sin seguridad, espere a que todos salieran, me sentía muy nervioso de que alguien me encontrará inspeccionando un casillero que no era el mío, sabía que podía meterme en problemas, pero poco me importó, así que abrí su cajón y ahí estaban sus prendas sudadas su pantaloneta o short el cual olí hasta la saciedad su aroma era muy delicado olían a sudor con un perfume de frutas que me puso la verga a mil, quería masturbarme y derramar mi leche encima de esas prendas, no lo podía creer, la ropa de aquella chica con la que me había masturbado el día anterior estaban en frente de mi y podía hacer lo que quisiera con ellas ya que me encontraba solo en aquel salón.

    Decidí tomar la bolsa y llevarla para un lugar más solitario donde nadie pudiera verme, me escondí en un salón cerca a los baños, sabía que tenía poco tiempo ya que los guardas de seguridad harían la ronda para verificar que todo estuviera bien, sin pensarlo dos veces me despojé de mis ropas de hombre y lo primero que pensé fue ponerme esas delicadas prendas y sentirme Marcela así se llamaba mi compañera, quería caminar por el salón de ensayos con los short, las pantymedias y colocarme ese delicado brasiere color rosa, así que no lo pensé dos veces sabía que algo de esa magnitud no se volvería a presentar me puse toda la ropa de Marcela, no podía dejar de temblar, tampoco podía detener el crecimiento de mi verga la cual parecía que se fuera a explotar, la tenía muy roja, grande de la misma excitación podía ver como chorreaban esos líquidos que estaban manchando las delicadas pantymedias de Marcela y dejando rastro de mi excitación.

    No lo pensé dos veces y salí para caminar un rato por aquellos pasillos, sentía el viento rozar mis piernas sobre aquellas hermosas medias blancas, me sentía muy femenina podía sentir el roce de los short y del brasiere color rosa de Marcela en mi cuerpo, quería ser Marcela, en ese momento así como quería ser Marcela también empecé a desear y fantasear con un hombre para sentirme más mujer, jamás en mi vida había fantaseado con un hombre, lo que me hizo excitar aún más quería ser mujer en todo el sentido de la palabra, cada paso que daba las prendas acariciaban mi cuerpo no lo podía creer y antes de llegar al salón de ensayos escuché como una de las puertas se abría, quedé frio, sentí el pánico correr por todo mi cuerpo, me había alejado mucho de donde tenía mi ropa de hombre, toda mi vida pasó por un momento frente a mi, sentí morir y el que me descubrieran traería cualquier cantidad de problemas a mi corta vida.

    Por lo que por instinto me escondí en uno de los salones que estaba cerca de mi, pero ya era muy tarde alguien me había visto… Era uno de los guardias de seguridad quien al percatarse salió detrás mío, estaba a punto de morir del terror de ser descubierto, traté de esconderme pero era irremediable el encuentro con aquel guardia, quien al verme así vestido se sonrió, yo estaba aterrado con aquel personaje sabía que si me delataba mi vida estaría en problemas, se quedó mirándome de arriba abajo parecía no entender lo que estaba viendo, era yo un chico en la ropa de una mujer, él era un guardia de unos 45 años estatura media, corpulento y de piel morena, era un poco más bajo que yo, parecía estar estupefacto de lo que estaba mirando, hasta que pregunto:

    -Que hace un joven a esta hora solo y vestido de mujer por los pasillos del colegio?

    Yo estaba aterrado mis piernas temblaban y lo primero que se me ocurrió fue decir:

    -estoy vestido así porque me encuentro preparando un papel para la obra de teatro que vamos a realizar en pocos días.

    Sé que no me creyó nada de lo que dije, se quedó mirándome muy lentamente de arriba a abajo y solo dijo:

    -Esto lo tengo que reportar al rector del colegio, si en verdad está preparando un papel para la obra de teatro donde se vista de mujer no habrá inconvenientes.

    Todo pasó por mi cabeza, sabía que si mis compañeros se enteraban o mi familia sería muy embarazoso y no tendría como poder aclarar aquel evento.

    Por lo que con lágrimas en los ojos y la voz temblorosa le dije que por favor no fuera a reportar nada de lo que había visto, que había cometido un error y que nadie se debía enterar de mis gustos ya que me podía ver en serios problemas, el me hizo un gesto de desaprobación y volvió a decirme:

    -pero no puedo hacer nada, esto lo debe saber el rector y debe saber de sus andadas y de lo que hace en los pasillos del colegio cuando todos se van.

    Yo le supliqué que no lo hiciera que me ayudara, que yo le daría el dinero que él me pidiera a lo que respondió:

    -Tu linda deberías ser un poco más ingeniosa, deberías pensar en algo más creativo con lo que podamos arreglar este problema.

    Ya no me habló tan serio y se dirigió a mi como si fuera una chica, algo que me causó sorpresa pero a la vez me gustó, él se estaba dirigiendo a mi como mujer y me hablaba más suavemente, así mismo su mirada cambió, sentía como recorría mi cuerpo con su mirada, no dejaba de verme las piernas, a lo que me pregunto?

    -Esas pantymedias te quedan muy bien, te ves muy linda y ese brasiere hace verte más rica, te ves como toda una chica, con una peluca podrías pasar como una estudiante más y hasta podrías tener muchos admiradores…

    Estaba muy asustado, pero a la vez empecé a sentir unas ganas incontrolables de acercarme a él y entregarme en sus brazos como lo vi tantas veces en las revistas y películas de porno que veía, obviamente queriendo ser la chica y de tocarle el bulto que tenía en su pantalón y que mostraba una gran verga, cuando le miré el bulto él se acercó un poco y me preguntó:

    -Ya sabes cómo podemos arreglar este inconveniente? O simplemente voy con el rector y asunto terminado, tú decides…

    A lo que se tocó la verga por encima del pantalón, al hacer esto hizo que todo mi cuerpo se estremeciera me quedé paralizado pero dentro de mi quería hacer de todo con este hombre, jamás pensé tener un hombre maduro a pocos metros con ganas de hacerme de todo, de hacerme su mujer, de hacerme sentir toda una zorrita, sabía que si no accedía todo estaría acabado para mi, por lo que le hice una seña con la cabeza aceptando lo que él quería.

    Él se acercó tocándose su dura verga, estaba cada vez más cerca y mientras más avanzaba más veía crecer su trozo de carne entre sus piernas, su mirada estaba perdida en mi cuerpo, trate de alejarme pero él me tomó del brazo, sabía que ya no había marcha atrás, me abrazó fuertemente y me besó, jamás una persona del mismo sexo me había besado con tanta rudeza y pasión, me refregó su miembro en mi abdomen y sentí que era todo un toro y que ese pedazo de carne era todo para mi, estaba aterrado por lo que estaba pasando pero algo muy dentro de mi volvió a decirme que esto era único y debía aprovecharlo.

    Él se alejó un poco y me dijo:

    -déjame verte, camina y modela para mi, siéntete toda una niña, siéntete toda una puta, baila para mi y no te preocupes que solo estamos tu y yo…

    Empecé a bailar y a caminar como una mujer con las ropas de Marcela puestas, el de inmediato no lo pensó dos veces se bajó el pantalón y pude ver como una enorme, gruesa y venosa verga de unos 19 cm saltaba de su pantalón, para mi sorpresa esa verga estaba depilada por lo que se veía monstruosamente grande con una cabeza rosada y brillante, la cual se frotaba de manera fuerte parecía que quería terminar de inmediato, aumento su ritmo y cuando se iba a venir, paró y me tomo por el brazo muy fuerte me sentí su mujer, a lo que me dijo:

    -Vamos a hacer muchas cositas ricas, tenemos tiempo ya que la próxima ronda de seguridad será en dos horas, vas a ser mi mujer, vas a ser mi puta, tomó mis manos y las puso encima de su gran verga, la cual estaba caliente, la sentí palpitar como si tuviera vida propia y de la punta salía un líquido transparente el cual puso mi verga a mil, obvio que al lado de semejante trozo de carne la mía se veía pequeña.

    La piel de su verga era muy suave, yo estaba excitada, me encontraba en otro planeta, la tome muy delicadamente y la empecé a masajear pude ver como llevó la mirada al techo y suspiró profundamente, diciendo entre susurros:

    -vas a sentir como un guardia de seguridad te penetra y te hace su mujer, vas a pasarla muy rico mi amor, no te arrepentirás.

    Y con un beso profundo y súper delicioso, llevó sus manos a mi cintura acariciando cada centímetro de mi cuerpo, la sensación de ser montada por aquel hombre hizo que perdiera la noción del tiempo.

    En una próxima oportunidad contaré la tercera parte lo que ocurrió con aquel guarda de seguridad y lo que hice el día del baile y la obra de teatro.

    Espero les haya gustado, un beso.

  • Relato de cómo me excitó un mototaxista (2)

    Relato de cómo me excitó un mototaxista (2)

    Nuevamente yo, ¿me recuerdan?

    En estos tiempos de cuarentena, sin mucho que hacer, salvo los quehaceres del hogar, juegos en familia, enseñando a preparar postres a los niños, llamando a los amigos, familiares preguntando su estado de salud, recomendando que se cuiden, que no salgan, mirando tv. Total, con mucho tiempo libre empiezan a asaltar los recuerdos, vivencias mirando fotografías, videos familiares, es que vienen a mi mente o cómo o como le dicen, unos flashback, donde me veo a mi misma en la etapa de niñez.

    Etapa inocente, donde no hay malicia… o no te das cuenta… bueno, se los dejo a su criterio. Siempre los niños tienen un tío o tía que es su persona predilecta dentro de toda la familia, que con sólo verlos llegar a casa de visita, saltan de alegría y su mundo cambia, es quien más los engríe, los malcría, los consiente en todo lo que le pidan. En mi caso era el esposo de mi tía, tenía 25 años, tenían años de enamorados con mi tía, y estando ya casados fortaleció los vínculos conmigo y mi tía.

    Era una alegría insuperable ir a dormir a casa de ellos, y jugar con su hijo de meses de nacido, pero recuerdo lo que más me gustaba era estar en brazos de mi tío, me cargaba, me hacía cosquillas, jugar a los doctores, lo que más me gustaba era cuando me rozaba con su barba y me hacía reír a morir, es que era un encanto… Ustedes dirán por qué cuento esto… la verdad, no lo sé, quizá sea por algo que me atreví a revelar un poquito de esta etapa de mi vida que me envuelve en un mar de sensaciones. Se los dejo de tarea…

    Disculpen el lapsus… ahora viene la continuación de mi historia:

    Después de mi pequeña aventura con el muchachito mototaxista, no quise darle cara, así que lo evitaba. Y por cosas de la vida a mi esposo le habían dado descanso médico por quince días, así que lo tendría en casa y de paso me acompañaba al negocio, y por lo tanto no había chance de caer en tentación.

    La primera semana con mi esposo en casa fue de lo más normal, yo feliz por tenerlo en casita, aunque un poco malito y no podía cumplir al 100% a la hora de la intimidad, me dejaba con las ganas y eso me desesperaba, y eso que yo lo provocaba a rabiar, me ponía un baby doll negro transparente, le bailaba un perreo sensual, le hacía un strep tease de infarto hasta quedarme totalmente desnuda y excitada… pero siendo sincera, la excitación que sentía era porque se me venía a la cabeza mi pequeña aventura con ese mototaxista, de tan sólo recordar como usaba su lengua dentro de mí, cómo la movía, la forma que mordía mi clítoris… uffff me mojaba todita.

    ¿Si recuerdan que les mencioné que estábamos comiendo unos helados dentro de la mototaxi?… bueno, yo estaba comiendo un helado sublime y Diego (que así se llama el mototaxista) estaba comiendo un Sin Parar (perdón por la publicidad), resulta que estos heladitos jugaron un papel importante en esa pequeña aventura. Estos helados chorreaban por mi cuerpo, y Diego no desaprovechó la oportunidad y embarró por mi conchita estos helados y me limpiaba a puro lengua, que cómo ya les conté hizo que llegará a un súper orgasmo y en agradecimiento le hice un oral, pero tenía que darle su vuelto, así que también puse helado en su pene (si alguna de ustedes lo hecho, sabrán ese morbo que se siente ver cómo chorrea ese líquido viscoso y dulce por todo su pene), ya saben lo que vino después, una espectacular acabada en mi boca, saboreando el sabor de su semen combinado con el sabor de los helados… Les juro que de sólo recordar me mojo enterita.

    Cómo les comentaba, mi esposo no me satisfacía a plenitud. Los primeros días lo aceptaba y comprendía, sólo jugueteábamos, él me hacía oral por un par de minutos, se subía en mí encima por un par de minutos, y terminaba y listo…era frustrante en realidad. Pero todo cansa y aburre, y este cuerpito norteño necesitaba maltrato físico, y tenía que darle gusto.

    Ultimo sábado de febrero, 7 am, amanecí tirada en mi cama sólo en trusa y un top (los que conocen Perú, sabrán por qué se duerme así). No es por nada, pero tengo un cuerpo envidiable a mis 42 años, pero ya, no los distraigo. Le dije a mi esposo que iría a vender al mercado y quería acompañarme, cómo ya sabía su respuesta, un rotundo NO, achacando a su lesión, así que le dije que llamaría a un mototaxita para que me haga la carrera hasta el mercado, me miró con mala cara, me dijo ¿por qué llamar a un mototaxi? si por la casa pasan por montones. –Estás loco le dije, en estos tiempos hay que tener cuidado quien te lleva y trae, me pueden asaltar… y lo que es peor, hasta me pueden violar. – Ok ok me dijo, anda con cuidado… La suerte estaba echada.

    Eran las nueve de la mañana, no pasaron ni quince minutos desde que llame a Diego (así se llama, recuerdan), lo esperé afuera de casa, me saludó amablemente (en realidad medio palteado, avergonzado por lo que hizo, aunque yo diría por lo que no hizo). Le dije:

    -Llévame al mercado por favor, pero primero pasa por la heladería que quiero ir comiendo un Sin Parar. El tipo este se puso de colores, me reí.

    En pocas palabras, estaba decidida a terminar lo que este mototaxista empezó.

    Ya a medio camino le dije: -Oye de verdad quiero comer un helado “Sin Parar”, así que anda comprando… y de una vez te digo, anda buscando donde lo pueda comer tranquilamente y no quiero oír otra palabra ni nada de preguntas. Vio que hablaba en serio, no dijo nada, y fue directo a comprar un helado.

    Me dio risa su actitud, estaba rojo de vergüenza, no sabía qué hacer, supuse que no tenía dinero, así que le dije: -Todo va por mi cuenta, escoge un lugar tranquilo y bonito, pero apúrate que se derrite mi helado.

    Escogió unos bungalows fuera de la ciudad bastante discreto de esos que pasan de frente a la habitación. Cerraron el portón. Entré, sudaba frio, estaba nerviosa, no sé si por lo que iba hacer o porque ya quería sentir su verga dentro de mí, pero no iba a darme a notar. Me recosté en la cama, le dije que abriera mi helado y ahí fue donde empezó todo.

    – Tienes algo pendiente por terminar, y tenemos un helado, depende de ti si te quieres quedar con las ganas.

    Yo estaba vestida con una falda suelta y en sandalias, y con una blusa pegada a mi cuerpo que notaba todo mi vientre y mis senos. Se sentó a mis pies, no decía nada, empezó a acariciar los dedos de mis pies, yo lo miraba con una mirada coqueta y seductora y recordé la primera vez que le dije si quería un helado, me dijo:

    -Pero esta vez no me quedaré con las ganas y voy a comer todo lo que yo quiero.

    -La mesa está servida le dije – ¿Qué quieres comer primero?, el postre o el plato principal? O por qué elegir? Puedes combinar si quieres

    Empezó besándome los pies, subía suavemente con su labios por mis pantorrillas, sentía cómo mi piel se erizaba ante ese roce con sus labios, mi cuerpo se estremecía, y él lo notaba, se tomaba su tiempo besando mis pies, mis pantorrillas, yo no podía verlo, estaba entre mi falda saboreando mis piernas, sentía como los vellos de mis brazos se erizaban, los poros de mi piel se abrían, sentía mi vagina mojarse, el helado se chorreaba por mi boca, me mordía los labios, suspiraba, este tipo sabía lo que hacía, seguía subiendo por mis piernas, levantó mi falda hacía mi, con sus labios me besaba la vagina por encima de mi pequeña trusa, podía ver que tan mojada estaba, pero él ni se inmutaba, seguía tranquilo, impasible ante mi calentura.

    Se pone de pie ante mi, y me dice: – Dale buen uso a ese helado, supe a lo que se refería, le acaricié su verga por fuera, baje su bragueta y poco a poco su short bermuda bajaba por entre sus piernas, Guaooo que hermosa verga aparecía ante mis ojos, cogí un poco de ese lado y se lo puse por toda su verga, se la acariciaba, cométela me dijo, yo sólo atinaba a besársela , creo que a él no le gustaba mucho, así que me agarró de los cabellos e hizo que me la tragara de uno sólo, estaba cómo endemoniado, me obligaba a tragármela toda, mis ojos lagrimeaban, me daban arqueadas, mi saliva salía por entre mis labios, me estaba penetrando por la boca y eso me gustaba, me alocaba sentir como me obligaba a embutirme semejante verga hasta mi garganta. En el fondo tenía miedo que acabe dentro mi boca y ya no pudiera seguir (que equivocada que estaba).

    Me desvistió y se echó boca arriba, ven me dijo, trae tu conchita para acá que ahora me la voy a comer todita y tú cómeme la verga como lo has hecho. Cogió un poco de helado me la pasó por mi conchita, igual hice yo, y nos fundimos en un rico 69 de una manera salvaje, yo le tragaba su verga hasta la garganta, sentía que quería vomitar, menos mal que soy de buen aguante en esos menesteres.

    Mientras tanto, Diego parecía cachorro recién nacido succionando mi vagina, mordiendo mi clítoris, metiendo sus dedos por mi vagina, abriéndola y metiendo su lengua, sus labios, por cada vez que pasaba su lengua por labios vaginales, sentía unas descargas eléctricas que me estremecían de pies a cabeza, tanta era mi excitación que hizo que acabara por montones dentro de su boca, su cara, lo bañé completo, mi cuerpo reaccionaba sin voluntad propia, su verga dentro de mi boca sufrías las consecuencias de mi orgasmo, presionaba su verga con mis labios, a veces la mordía, pero él me jalaba los pelos reclamándome por el dolor causado, se la soltaba y chupaba nuevamente, y de pronto ocurrió lo que mas esperaba… Siiii, sentí los latidos de su verga, clara señal que ya se venía, y cómo buena niña la tragué toda, chorros y chorros y mas chorros, estuve así como 5 minutos limpiando todo rastro de semen de su verga.

    Ya mas calmados, echados los acurrucados y yo jugando con esa verga deliciosa y besando su pecho, él pellizcando mis senos. Sentí su verga nuevamente erecta cómo un mástil, Pensé que iba a echarse sobre mí queriendo hacer un misionero, pero no. Textualmente me dijo: – Ahora si perrita, cabalga mi verga, quiero ver tus tetitas revotando mientras tu concha traga verga.

    Obediente yo, me senté poco a poco en esa verga deliciosa y fui cabalgado como lo que era, como me lo había dicho, una perrita, sedienta de buen sexo, sexo salvaje, sin palabras cariñosas ni flirteos tontos, sólo un macho con su hembra queriendo verga, y él me la estaba dando, sabía que me tenía en sus mano, que podía hacer lo que él quisiera.

    Hizo que baje de la cama y me levantó en peso, yo parecía una pluma por la forma como me levantaba y me bajaba por los aires para caer dentro su verga. Les juro que tanto placer sentí en esa posición que logró que llegará a otro orgasmo así como tenía en el aire y aferrada su cuello, dios mío, sentía desfallecer, agotada y sin fuerzas me mantuvo así, cargada y aun con la verga tiesa dentro de mi.

    Prepárate me dijo, este culo me lo como así como te tengo. No me dio tiempo ni a reaccionar cuando sentí toda la cabeza dentro de mi anito, me hizo gritar de dolor (no es que sea virgen de ahí, pero díganme amigas, así de sorpresa sin previo aviso, duele no?), lloré de dolor, le suplicaba que me la sacará, le jalaba los pelos, pero él nada, y lo que hizo si no tiene nombre, me dejó caer, y me ensarté toda esa verga dentro de mi culito, quizá por compasión se mantuvo quieto por un rato, yo lloraba de dolor, si claro, mucho dolor, pero ya ni intentaba quitármelo.

    Me abrazó con fuerza y me llevó a la cama, y así toda ensartada me puso piernas al hombro y empezó su mete y saca, poquito a poco el placer le ganó terreno al dolor y ya mis gritos eran de placer doloroso, ustedes saben de lo que hablo. Sacaba y metía, lo sacaba de mi culito y me lo metía por mi conchita, no dejaba ni un hueco descuidado, yo lloraba de dolor, de placer, le gritaba que era un desgraciado, un maldito violador… que lo amaba, que yo era su puta. Y fue como la hecatombe, una explosión orgásmica, que me dejó inconsciente por unos segundos, cuando reaccioné, él todavía seguía dándome verga por mi conchita y por mi anito, sentí como se le hinchaba más esa verga y terminó en mi culito y lo poco que botaba fue a parar en mi conchita, y el resto a mi boquita.

    Le pedí por favor que me llevara a la ducha cargada porque no podía moverme, mis piernas me temblaban, sentía desfallecer. Me cargó, me llevó a la ducha, me baño, me apapachó. Me llevó a la cama, me dormí por un par de horas hasta que me despertó para otra sesión de sexo salvaje… para no aburrirlos, les diré que esa media mañana tuve como 6 orgasmos, mi Diego tuvo tres orgasmos, dentro y fuera de mí… Y comí helado con leche…

    Espero les haya gustado y no se hayan aburrido. Espero sus comentarios y críticas a mi correo

    [email protected].

  • Mi segunda vez con un maduro desconocido

    Mi segunda vez con un maduro desconocido

    Un día cualquiera me llegó a mi Instagram una invitación del chat era de un hombre que se veía muy serio incluso era gerente de una empresa de viajes.

    En realidad me han gustado los hombres mayores que yo, aunque solo había estado con un novio que tuve a las 18 y por cosas de la vida solo estuvimos una vez.

    En fin, seguí conversando con el señor y realmente era un caballero. Pasaron exactamente tres meses y él quedó de venir para que nos conociéramos y pasáramos el fin de semana en un hotel en la mejor zona de Medellín.

    Tenía miedo y estaba nerviosa realmente sabía que iba suceder ese fin de semana, era un puente festivo decidí quedarme con él esos tres días.

    Comimos algo y tomamos, subimos a la habitación y de algunas conversaciones que tuvimos hablamos que íbamos a hacer cuando nos viéramos, pero no pensé que fuera tan rápido.

    Nos empezamos a besar y realmente eso me excitó mucho, nunca había besado alguien tan mayor, suavemente nos acostamos y poco a poco me acariciaba y quitaba mi ropa, yo tímida me dejaba llevar.

    Me sorprendo cuando veo ese gran pene me da susto, la verdad amigas me decían que la segunda vez dolía también, lentamente introdujo su pene en mi estrecha vagina sentía como abría lentamente paso dentro de mi vagina mojada y caliente, sentí dolor que incluso no quería seguir, pero él en su ganas de seguir penetrándome por completo siguió.

    Yo gemía y a la vez salían lágrimas. Luego de penetrarme algunas veces no sentía casi dolor y ese hombre estaba realmente excitado, me decía “que rico tu vagina estrecha te sentí como si fueras virgen”, incluso me salió sangre, no sé si fue porque luego me penetró completamente, metió todo su miembro en vagina y me gustaba, me cogía mis senos, me lamía y lo sentía tan rico, tan dentro de mí, tan carne con carne dentro de mi vagina que al final nos venimos los dos…

    Sentí como su leche caliente bajaba por mi vagina…

    Cuanto quisiera repetir eso y que me dieran bien ricooo…