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  • Una venda en los ojos y una soga en el cuello

    Una venda en los ojos y una soga en el cuello

    Desnudos a la luz de las velas, ella se arrodilla en la cama y yo desde atrás ajusto la venda que le cubre los ojos. Rozo su espalda suavemente apenas tocándola con la punta de los dedos como a ella le gusta, se sacude por las cosquillas haciendo temblar sus hermosos pechos. Su espalda, su cintura, su culo y esa forma de reloj de arena que tanto me calientan hacen que el pene se me endurezca y no me puedo negar a pasarlo suavemente por su cuerpo al bajar de la cama.

    Tomo la cuerda estando de pie en el suelo. Frente a ella observo sus tetas y debo tocarlas, sus labios y debo besarlos, su largo cuello y debo lamerlo. Le doy un par de vueltas a la soga por su torso, una vez por arriba y otra por abajo de sus pechos. Ella me acaricia los muslos y las nalgas. Comienza a excitarse y hace un pequeño gemido, abriendo la boca y generando en mí fuertes deseos de tomarla de su largo cabello negro y llevarla hacia mi ingle para que me chupe la polla, pero decido esperar para subir la temperatura más lentamente.

    Vuelvo hacia atrás y junto sus brazos rectos por su espalda, sus manos abajo me acarician los testículos. Ato sus muñecas juntas y hago otra vuelta a la altura de los codos para inmovilizarla y finalmente doy una última vuelta por su cuello, la tironeo con firmeza hacia mí y paso la lengua por el lóbulo de su oreja.

    Sometida la empujo contra la cama, dejándola con el rostro sobre el colchón y el culo alzado. Separo sus piernas para exponerle la vulva y mientras aplico presión en su cuello con la cuerda comienzo a besarle el coño. Comienzo suavemente con unos círculos en el clítoris y alterno con la lengua en plano. Me encanta sentir su sabor y ella aumenta su excitación, lo que me calienta aún más y me hacer comerle el coño con más vigor. Mi saliva se mezcla con su humedad y cuando comienza a chorrear comienzo a subir y hago una escala en su ano para compartir la lubricación que lleva mi lengua y prepararla para lo que viene más adelante.

    Me incorporo y froto el tronco de mi polla para humedecerla con su vagina. Me resisto a metérsela y cuando ella gime pidiéndomela adentro aprieto suavemente la soga en su cuello. Ahora es mi turno, paso los dos cabos de la cuerda por entre sus piernas, jalando de su cuello y pasándosela por el culo y el coño. Me para al frente y le doy unos tirones para estimularla, levanto su cabeza tomándola del cabello y veo sus mejillas sonrojadas y su boca babeando. Le refriego mi falo erecto y mojado con sus propios fluidos por la cara, saca la lengua y me da unas lamidas que me hacen ver las estrellas. Cuando mi glande pasa cerca de su boca usa sus labio para meterse mi polla y comienza a succionar mientras mueve con fuerza la cabeza, haciéndome tirar la soga que le roza el clítoris con el mismo ritmo.

    Podría dejarla chupármela hasta llenarle la boca de semen, pero antes de correrme la aparto y la tiro de lado en la cama. Levanta una de sus largas piernas y me acomodo por detrás, con un brazo la abrazo por el cuello y con el otro le tomo una de las tetas, le aprieto el pezón con la yema de los dedos y ella toma la soga. Con una mano la tironea y con otra separa los dos cabos y me hace espacio para penetrarla. Acomodo la punta de mi pollo y se la meto entera con fuerza, da un grito de dolor y placer que se apaga cuando la soga vuelve a apretar. Nos movemos en sincronía con movimientos intensos que nos hacen calentar a ambos. Mi falo cada vez más duro le entra hasta el fondo, haciéndola apretar con fuerza los dedos que enredó en mi cabello.

    Cuando estamos por corrernos me empuja fuera y me señala el vibrador con el pie. Entre la excitación me había olvidado que lo habíamos preparado. Su coño está tan húmedo que se desliza con facilidad y cuando ya lo tiene adentro lo enciendo a máxima velocidad. Me vuelvo a acomodar y mientras sus gritos tapan el sonido del motor comiendo a deslizarle el pene por el culo con suavidad mientras siento las vibraciones que me llevan al límite. Primero se los meto alternados, luego entro y salgo con ambos al mismo tiempo. Sin poder resistir más el chorro de semen sale dentro de su culo y solo puedo meter por ambos lados al fondo. El vibrador sigue sacudiéndonos cuando caemos rendidos y cuando lo saco ella se sacude con mi polla aún adentro. Mi erección comienza a bajar y mientras se la saco el semen se escurre sobre las sabanas.

    Aflojo la soga y le quito las vendas. Apagamos las velas y nos abrazamos en la oscuridad sobre los restos de nuestro gran encuentro.

  • El dolor de una viuda

    El dolor de una viuda

    Doña Elsa hacía esfuerzos para recordar el tiempo que tendría su humedal sin recibir el afluente que rociaba su reseca y desolada cuenca.  La presencia de Alberto, el apuesto y joven doctor que examinaba su vientre, había despertado el durmiente deseo que otrora le había acompañado en su juvenil y sombrío pasado. Desde la muerte de su esposo, se encerró herméticamente en un armario de cedro macizo, infranqueable e inviolable por todas las cosas mundanas que le rodeaban. Habían pasado veinte largos años desde la trágica e inesperada partida de su compañero de vida.

    Con sus cuarenta años, dedicados casi exclusivamente al sufrimiento, la temerosa dama, tendida sobre aquella camilla fría e inanimada, trataba afanosamente de desviar sus pensamientos de aquella sedosa mano que la auscultaba con absoluta devoción profesional.

    A pesar de sus años y de los golpes recibidos por la vida, se conservaba excelentemente bien. Cuando caminaba, no era ajena a las miradas furtivas que traspasaban sus vestimentas negras al trasladarse día tras día a su trabajo. De tanto subir escaleras y de mucho trajinar por los salones de la biblioteca donde laboraba, sus refinadas piernas se labraban y fortalecían cual obra maestra esculpida por los buriles de un ebanista diestro y esmerado. A pesar de su viudez bien llevada y cumpliendo los mandamientos más estrictos del celibato, Elsa lucía como una diosa rociada con los aceites más exóticos del ajuar de una reina. Apenas había conocido los placeres carnales, a tan solo días de su unión conyugal, tras lo cual llegó libre de los pecados carnales, su reciente compañero fue víctima de un accidente que lo separó drásticamente de su compañía.

    Su abuela y su madre, mentoras y criadas bajo los más estrictos mandamientos religiosos, vigilaban diariamente su transitar por la viudez. Lo más valioso de una dama es su honor y su fidelidad al recuerdo de su finado esposo, le repetían a cada instante.

    Elsa sintió el frio del instrumento que recorría su abdomen y percibió en su entrepierna una descarga eléctrica inusual. Estaba nerviosa, descompuesta. Lo que sus sentidos expresaban era nuevo para ella. Sintió su corazón acelerarse a un ritmo indescriptible. ¡Qué vergüenza! Pensó. Imaginar que el joven galeno pudiera detectar su perceptible arritmia, le producía un rubor que quemaba sus blancas mejillas. El estetoscopio se posaba indistintamente en su sonrojada piel, cual araña que pasea distraída por su red. La mano del doctor hundía sus fuertes dedos con destreza, pero también con movimientos circulares que asemejaban bailarines danzando sobre una alfombra hambrienta de ser hurgada. Respiró sutilmente cuando el galeno le preguntó distraídamente: ¿Dígame donde le duele más?

    La realidad era que ya no sentía dolor alguno. Los movimientos de aquella mano y la presencia cercana de aquel guapo médico, alejaron drásticamente la molestia que la habían hecho acudir a la consulta.

    Tuvo que mentir. Colocó su mano debajo de sus erguidas pirámides y le indicó que ahí era donde sentía el malestar.

    Alberto, con un movimiento sutil pero preciso, colocó su mano a escasos centímetros de sus delicados melones y le preguntó: ¿Ahí, duele?

    Siguió mintiendo. La proximidad de aquella presión bajo sus senos, detonó un sinfín de sensaciones que eran imposibles de controlar.

    Si, ahí doctor, ahí.

    El médico retiró su mano y caminó a su armario de instrumentos y tomó una tolla blanca desechable y la extendió a su hermosa y alterada paciente.

    Tomé, por favor, retire su brasier y colóquese esta toalla encima – le dijo.

    Elsa sostuvo entre sus manos aquel papel transparente y arropó sus firmes y desafiantes promontorios luego de haberlos expuesto sin que el doctor pudiera verlos. Se recostó nuevamente sobre la camilla a la espera del próximo paso del joven médico.

    Me preocupa ese dolor, señora. Voy a revisarla con detenimiento, ojalá no sea lo que estoy pensando- exclamó.

    Que imprudencia. Hacerle perder el tiempo a este joven por la curiosidad y el deseo impropio de ser hurgada. Sintió el impulso de decirle que el dolor se había ido pero más pudieron sus hormonas y le permitió seguir tocando.

    Déjeme tocar aquí. Respire hondo y mantenga el aire en sus pulmones-prosiguió el doctor.

    Elsa sintió cuando el joven acercó su mano tibia a los pies de sus vulnerables montañas y con el aire retenido en su diafragma exclamó un gemido de placer. ¡Dios mío! Ojalá crea que es dolor lo que siento- pensó.

    ¿Le duele? Preguntó el joven galeno.

    Si, si, ahí.

    Las manos del joven siguieron auscultando aquellas laderas donde se erigían las dos montañas cubiertas por una capa blanca de nieve a punto de caer como una avalancha producida por una explosión.

    Elsa tomó su mano y la guio cual alpinista decidido a conquistar la más alta de las montañas. El rostro del doctor se sonrojó al mirar aquel espectáculo invernal, se dejó llevar por el hábil sherpa que le acompañaba en la conquista de la cima de tan voluptuosos picos.

    ¡Ahí, doctor, ahí. Si. Me duele mucho doctor! Exclamó.

    Elsa, Agarró con mayor fuerza aquella mano exploradora que se dejaba guiar a su cúspide abotonada. Ya no pensaba. Su conducta era producto de años reprimidos. El contacto con aquellos dedos, desbordaba toda conciencia para ella conocida. Cuando sus botones, a punto de explotar, fueron tocados por los dedos de Alberto, el entramado de conexiones nerviosas que electrificaban su exquisito cuerpo, se activaron en una danza de innumerables destellos que recorrieron cada centímetro de su vulnerable humanidad. Con cada espasmo incontrolado, le exigía más fuerza a los apretones que se infringía con la mano del joven y que ella misma arrastraba hasta sus reductos.

    El doctor, ante tan sorpresivo espectáculo, sentía que su ajustado pantalón ya no estaba preparado para contener su abultado miembro. Con la otra mano desató su hebilla y destrabó el botón de su prenda y dejó un poco de libertad a su bien dotado armamento.

    Elsa respiraba entrecortada. Frotaba sin descanso sus pezones erizados y con la otra mano buscaba a tientas algún objeto con que apoyarse para no caerse de la camilla.

    El joven, viendo aquella búsqueda incesante, acercó su miembro diestramente y lo puso al alcance de su angelical paciente. Al sentir la mano de Elsa cubrir su desproporcional leño, olvido por completo su juramento hipocrático. Agarró la mano exploradora y le ayudo a masajear con ritmo su lubricado y cada vez más grande espadón.

    Pocos minutos pasaron, tal vez segundos. El polvorín en que se había convertido la viuda, reprimido por años de abstención, amenazaba con explotar todo el consultorio. Por momentos exclamaba que se había vuelto loca. Le susurraba al doctor que le perdonara aquella actitud tan impropia de ella.

    ¿No doctor, esto no puede ser, qué estoy haciendo? Le decía con lágrimas en sus mejillas.

    Le llevaba quince años. Aquel joven estaba impactado por lo que estaba viviendo. La señora Elsa, quien lo diría, pensó.

    La irreconocible viuda, tuvo su momento de lucidez y se paró abruptamente de la camilla dejando sus preciosos y firmes pechos al aire. Apartó al doctor y le dijo que se marchaba, aquello era una locura.

    Pero Elsa no contaba con el animal que había despertado en aquel joven. Albero saltó a la puerta y con los pantalones abajo puso el seguro y una silla atravesada para que su preciada enferma no pudiese escapar.

    Como un luchador de las huestes romanas, se abalanzó sobre ella y le obsequió el más lujurioso y lúdico beso que había dado en su vida. Elsa se quebró. Veinte años que no había sido besada y manoseada por un hombre. Se dejó llevar por la lujuria y el instinto carnal encarcelado por tanto tiempo. Cuando percibió la bayoneta que le apuntaba a quemarropa, sintió la necesidad de verlo. Su asombro no tuvo límites. Solo había conocido fugazmente, el miembro normal y común de su difunto marido. El pistolón del doctor doblaba en magnitud y calibre lo que aun recordaba de las pocas noches que disfrutó juntó a su esposo. Era casi virgen.

    El joven se desvistió y al unísono retiro con nerviosismo la poca ropa que cubría a despampanante viuda. Quedó atónito. Jamás se imaginó que la descuidada e insípida señora que llegó a su consulta, fuera portadora de tanta hermosura. Sus piernas bien torneadas, culminaban en dos adorables nalgas que serían la envidia de muchas concursantes de belleza. Sus firmes muslos, custodiaban esplendidos el camino que llevaba a la más apetecida de las cavernas. Allí, sin lugar a dudas, se escondía el tesoro más preciado que explorador alguno podría imaginar.

    La abrazó con fuerza y frotó su miembro desbocado contra la humanidad quebrantada de su casual compañera. Agarró sus nalgas tersas y bien esculpidas y las masajeo con lujuria desbordada. Lentamente, fue bajando con su lengua juguetona y se paseó por los más recónditos lugares de aquel campo inédito cual tierra prometida. En el jardín finamente desmalezado de Elsa, percibió los aromas más exquisitos que había sentido en su corta vida. Mientras, Ella se sumía en un estado cataléptico. Los olores que emanaban de aquel imponente miembro, aunado a la torneada torreta que albergaba una fresa a punto de estallar, hicieron que Elsa se abalanzara sin remilgos sobre aquella fruta apetecible. Sin mucha destreza, pero con el deseo que todo lo puede y todo lo derrumba, introdujo aquel instrumento carnoso en su despierta y hambrienta boca. Con su lengua, jugueteó con el melocotón carnoso que chocaba su cavidad bucal. Lo mordisqueaba y sentía como aquel falo omnipresente, cobraba vida y crecía a cada lamido de su lúdico órgano gustativo.

    Mientras, Alberto casi se derramaba en mieles y tuvo que contener sus torrentes con técnicas que había aprendido en la facultad. Sin dejar que su adorada viuda soltara su presa, le dio un giro y la tumbó en la alfombra azul que decoraba su consultorio. Su boca, buscó con desespero el juguete húmedo que yacía custodiado por las hermosas piernas. Elsa abrió sus muslos y arqueó sus caderas para que aquel joven pudiera conquistar su refugió mojado por tantas lluvias desatadas. Alberto sintió el místico aroma de la flor que se presentaba ante sí y posó su apéndice lingual sobre el capullo rubí que palpitaba y cobraba vida a cada lamida que le propiciaba. Sintió las uñas de la exquisita dama que se clavaban en su espalda como dos espuelas que incitaban a su pura sangre a ganar la carrera.

    Elsa no salía de su asombro. Sintió un miedo bien infundado al pensar que haría con aquel desafiante cañón cuando intentara franquear su fortaleza. Su deseo inquebrantable de ser penetrada por semejante instrumento, vencieron sus temores e instintivamente lo sacó de su boca y lo tomo con ambas manos para detallar minuciosamente contra quien se enfrentaría. Desde el pie hasta la cabeza, contó todos sus dedos y aun le faltarían como cinco más para cubrirlo completamente. Con sus hermosos ojos aceitunados, recorrió aquel trofeo de extremo a extremo y con inusual valor pensó: Dios, dame fortaleza para dominarlo y vencerlo.

    El doctor no aguantaba más. Por mucha técnica que aplicara, estaba a punto de sucumbir ante las caricias linguales de la viuda. Seguidamente, con un movimiento digno del mejor contorsionista, volteó a la desenfrenada mujer y con su cuerpo de espaldas al piso, la colocó encima de él y comenzó a frotarla con su endemoniado bastón.

    Elsa, por muy valiente que tratara de ser, al sentir aquel palpitante miembro cerca de su capullo, sintió un escalofrío que la hizo retroceder.

    ¡No, por dios, como recibo este Goliat! Pensó desesperada ante el posible ataque que se avecinaba. Eso sí, moriría en el intento. El deseo ciego que tenía de ser crucificada por aquel mazo de roble americano, le brindaba la fuerza y el arrojo que necesitaba para tan magna cruzada.

    El gigante que la atacaba en su parte más íntima, intentaba colocar la punta de su ariete en su intimidad y dispuesto a derrumbar sin preámbulos la puerta de su húmeda morada. Estando arriba, al menos tendría la ventaja de poder administrar los embates de aquel portento. Pensó. Instintivamente, arqueó su cintura y colocó el melocotón que coronaba el mástil de aquel velero apetecido, en la entrada de su carnosa gruta. Sintió una descarga que invitaba a la emancipación de sus glamorosos dominios.

    Suave, por favor, suave. Dijo sollozando

    ¿Si quieres nos limitamos a frotar nuestros genitales? Insinuó sin mucha convicción el joven doctor.

    No, no, por favor. Siento dolor, pero no abandonemos esta batalla. Empuja suavemente, así, así. Susurraba la viuda.

    El miembro desproporcional y humedecido de Alberto, ganaba terreno a cada movimiento rítmico de Elsa. El cuerpo de la espectacular paciente, lloraba y rociaba con sus lágrimas el pecho del desquiciado y novel doctor. Ver el rostro de la viuda implorando piedad y a su vez castigo, hacían bombear cantidades ingentes de sangre al miembro libertario de Alberto.

    Elsa pensó que ya había ganado la batalla, al sentir que el mazó del galeno la fustigaba y por un momento creyó que ya lo tendría todo dentro de sus entrañas. Se animó ante tal perspectiva y se movió a un ritmo enervante que jamás había experimentado. Sentirse ensartada por aquel poderoso volcán, desinhibió todos sus sentidos y el dolor desapareció convirtiéndose en un placer inefable que nunca habría podido imaginar.

    Alberto arreciaba en sus ataques. Su miembro hendido hasta la mitad de su presa, luchaba por ganar espacios dentro de aquella estrecha y húmeda trinchera. Siguió empujando y ganando terreno. Elsa no podía creer que aún no había albergado todo su trofeo. Entre el deseo y el miedo ante lo que presentía que faltaba, se armó de valor y le susurró que la penetrara hasta el final. No sabía si lo que imploraba era por arrojo o por la imperiosa necesidad de ser empalmada hasta lo más recóndito de sus entrañas. Al sentir el choque de la pelvis del doctor contra la suya, ahí, en ese momento, se convenció que había dominado a la bestia. Su ritmo aumentó con ímpetu y se entregó a los placeres que le prodigaba aquel mágico músculo que hacía mucho tiempo no sentía.

    El doctor se acopló fácilmente en aquella hambrienta y apretada jungla del deseo. Los dos se sincronizaron en una danza que se asemejaba a un ritual de juegos del placer. El miembro de Alberto se adentraba hasta los confines de la hembra dominada, y esta lo retenía con el entusiasmo de quien no quiere ser abandonada en un mar infestado por hambrientos tiburones. Así siguieron. Elsa sintió que desmallaba y un torrente de centellas recorrió su cuerpo ante la llegada del final nunca antes sentido. En ese mismo instante, Alberto no pudo contenerse más y dejó que su torrente de miel lechosa inundara el ánfora sagrada de aquel ángel que se había presentado en su consulta.

    Sudorosos los dos, escucharon el llamado a la puerta de su secretaría que les decía con voz imperante: Doctor, doctor, la consulta está full…

    Crónicas de Alcoba por Alphonso Estevens

  • Sorpresa: Un extraño conocido me hizo suya

    Sorpresa: Un extraño conocido me hizo suya

    Me encontraba en mi habitación escuchando música con los audífonos puesto a todo volumen. Sentía mi cuerpo algo diferente, mi temperatura iba en aumento y no sabía porque era. Mientras bailaba moviendo mis caderas no me percaté que alguien había entrado a mi cuarto. Me di cuenta cuando sentí que alguien me tomó por la cintura y su miembro lo sentí duro entre mis nalgas.

    Mmmm!! ¡Que delicia sentir un pene justo donde estaba! No quise mirar quien era ese hombre, el morbo que despertó en mi iba más allá de hacer lo correcto. Comenzó a seguir mis movimientos de caderas y el roce de su bicho aumentaba mi excitación al punto que sentía como mi chocha se iba humedeciendo. Su mano en mi cintura iba jugando con el elástico de mi ropa interior y acariciaba suavemente mi pubis. Con su otra mano comenzó a bajarme el panty y yo no dudé en quitarme la camisilla que tenía puesta. No sabía quién era ese hombre y estaba desnuda para él. Me colocó de frente al librero asumí mi posición de perra en celo y él tanteó mi chocha con sus dedos y bicho. No sabía cuán alto comencé a gemir solo sé que él me cubrió la boca con su mano.

    Me asusté al sentir su mano cubrir mi boca e intenté voltear, pero con su otra mano me acarició mi espalda para calmarme. Luego me quitó los audífonos y me dijo —¡Shhh!— trate distinguir el tono de voz, pero fue en vano. Continuó rozándome mi chocha con su bicho hasta que lo metió poco a poco en mi interior. Suspiré por lo delicioso que se sentía su miembro en mi vagina. Comenzamos a movernos para tener un ritmo exquisito dónde podía sentir como su bicho salía y entraba dentro de mí. Se me olvidó donde me encontraba y gemía como una zorra, él metió su dedo índice en mi boca y se lo chupe cómo si fuera su masculinidad.

    El ritmo paso de uno controlado a uno más salvaje dónde claramente se escuchaba el sonido de nuestra piel chocar. Al deleitarnos con el sonido comenzamos a sentir como nuestros cuerpos se contraían para explotar en un orgasmo mutuo. Jadeando como animales sediento él me dijo —No sabes cuántas ganas tenía de comerte putita— sacó su bicho de mi chocha beso el centro de mi espalda y se fue. Reconocí su voz y no podía creerlo para mí sorpresa, mi cuñado me había hecho venir como una perra de verdad.

    © C.Dee.L.C

  • Fui seducida por mi maestra de matemáticas (Parte 2)

    Fui seducida por mi maestra de matemáticas (Parte 2)

    El apartamento de mi maestra era grande y lujoso, de hecho era el apartamento más lujoso que hubiera visto, mi maestra me había contado que su padre ocupaba un alto cargo político y que le había regalado dicho apartamento cuando ella termino su doctorado, es raro decirlo pero ver que mi maestra tenia tanto dinero me gustaba.

    Alejandra y yo estábamos en la sala discutiendo que íbamos a pedir para cenar, cuando de repente escuche la voz de otra mujer detrás mío, voltee a mirar confundida y la vi, era una mujer de piel canela con cabello negro, parecía unos años mayor que yo pero más joven que mi maestra, iba vestida con una pijama sexy de encaje negro que no dejaba casi nada a la imaginación, tenía un cuerpo que lo primero que pensabas al verlo era “Esta mujer pasa mucho tiempo en el gimnasio”, tenía unas piernas largas gruesas y tonificadas, una cintura delgada, el abdomen marcado, un culo grande redondo y firme, unos pechos pequeños.

    La mujer me estaba mirando con una sonrisa dibujada en el rostro, voltee a mirar a mi maestra Alejandra y le lance una mirada de “¿Que carajos está pasando aquí?”, mi maestra puso una sonrisa culpable se acercó a ella y dijo: -“Karen te presento a Dianita mi compañera de habitación” lo dijo en un tono como de broma, las dos se voltearon a mirar y soltaron una risita, Diana se me acercó y me dio un beso en la mejilla y me dijo: -“Mucho gusto Karen tenía muchas ganas de conocerte, Aleja me ha hablado mucho de ti.” En ese momento recordé que ya la había visto antes, bueno no en realidad, ella me había agregado a Facebook unos días atrás, yo acepte su solicitud y me puse a mirar su perfil, me di cuenta que tenía varias fotos con mi maestra Alejandra, recuerdo que me llamo la atención varias fotos que tenía con ella en el gimnasio, en ese momento pensé que debía ser alguna amiga de mi maestra y no le preste atención.

    Mire a mi maestra Alejandra con cara de reproche y le dije con tono un poco molesta –“Pensé que íbamos a estar solas, me hubieras dicho que vivías con alguien”. Diana me toco el brazo y dijo: -“Tranquila, no te preocupes querida, mira que tarde es ya me iba a dormir, tienen la habitación de huéspedes toda para ustedes, nada mas no hagan mucho ruido que mañana madrugo al trabajo”, me dirigió una sonrisa pícara y le susurro algo a mi maestra al odio que no alcance a escuchar, le dio un beso en los labios y se dirigió a su habitación y cerró la puerta no sin antes dirigirme una mirada traviesa, yo me quede como: WTF!?

    Yo me sentía algo desubicada, apenas la mujer se encerró en la habitación empecé a bombardear a mi maestra con preguntas –“¿Quién es ella? ¿Por qué no me dijiste que vivías con alguien? ¿Cómo así que le has hablado de mí? ¿Cómo es que ella sabía lo que venimos a hacer? No entiendo, ¿qué pasa?”. Alejandra puso los ojos en blanco con una mueca de disgusto y dijo: -“Cálmate un poquito amorcito, déjame te explico, Diana y yo vivimos juntas, tenemos una especie de relación pero no es una relación formal como tal, mira tenemos una relación abierta si sabes lo que eso significa?”, yo le respondí que si sabía, ella continuo -“es algo que mantenemos entre nosotras, su familia es muy religiosa y no saben que ella es lesbi así que para evitarse conflictos lo mantiene muy discreto, la conocí cuando estaba haciendo mis practicas docentes antes de graduarme del doctorado, ella era mi estudiante y nos hicimos buenas amigas, después mi padre me ayudo a conseguirle un puesto en el ministerio así que ella se mudó a la ciudad, cuando yo me mude a este apartamento arreglamos para que se viniera a vivir conmigo, su familia piensa que vive con una amiga”.

    Yo estaba enojada y dudosa, le reproche por no habérmelo dicho antes, por no mantener lo nuestro privado pues era obvio que ella le había estado hablando de mí y cuando me vio supo enseguida supo porque estaba allí. Alejandra me acaricio el rostro y me dijo con una voz dulce: –“Mira amorcito es que no quería complicar las cosas, si te lo hubiera dicho antes a lo mejor te hubieras echado para atrás, además no es como que este casada, Diana es simplemente una amiga con derechos por decirlo así, no pongas esa cara, ella no sabe nada de lo que paso en mi oficina por supuesto y no tiene porqué saberlo, además si ella me ve llegar con una mujer hermosa como tú a media noche es obvio lo que va a pasar no?, no me digas que no quieres repetir lo que hicimos en mi oficina, acaso no te gusto? “, cuando ella menciono eso me vino el recuerdo de aquel orgasmo tan intenso que había tenido mientras ella me devoraba el coño encima de su escritorio, eso me hizo sonreír y me puse muy cachonda de nuevo. Le respondí:

    -“Por supuesto que me encanto y no me arrepiento de eso fue muy rico ufff me muero por repetirlo, bueno está bien no pasa nada a lo que vinimos no?”. Le dedique una sonrisa traviesa, Alejandra me dio un beso en los labios, me tomo de la mano y me dirigió a una de las habitaciones del apartamento.

    Era una habitación amplia con una cama muy grande, Alejandra me rodeo con sus brazos y comenzamos a besarnos apasionadamente, jugueteábamos con nuestras lenguas, me daba pequeños mordiscos en los labios, yo ya estaba de nuevo a mil, sentía como mis panties se volvían a poner muy húmedos. Ella me dio un empujón y caí acostada en la cama, se puso encima mío mientras me daba chupones en el cuello y metía una mano dentro de mis pantalones por debajo de mis panties para frotar mi sexo, yo ya estaba empezando a gemir como loca pero allí no importaba que hiciéramos ruido, ella se levantó de encima mío y se quitó con ansias la camisa y el sostén y después el pantalón, se quedó solo con unas tangas pequeñas de encaje rojo muy sexys, vi cómo le brillaba la entrepierna de lo mojaba que estaba, me miro como diciéndome que hiciera lo mismo así que lo hice, me quite la blusa y el sostén, ella me quito los pantalones y los panties que estaban completamente empapados. Esta vez no perdió tiempo y empezó a comerme el coño ahí mismo, movía su lengua sobre de mi vulva con movimientos rápidos, a veces me da chupones en el clítoris, cuando lo hacía me provocaba gemidos y pequeños temblores que me hacían estremecer, -“Te gusta mucho esto no?”, -“Siiii me encanta por favor no pares!!”, yo estaba ebria de placer, la tome por el cabello y la sujete como si quisiera asegurarme que su boca no se despegara de mi clítoris, ella claramente sabía hacerlo muy bien, lo chupaba ni muy duro ni muy suave y daba pequeñas pausas para que no me pusiera muy sensible. Yo estaba gimiendo como loca, estaba segura que no solo Diana nos estaba escuchando sino todo el edificio, que va toda la ciudad jajaja, Alejandra empezó a meter sus dedos en mi vagina y empezó a penetrarme con ellos, primero despacio, después más rápido, duro así no sé cuánto tiempo, sentía tanto placer que el tiempo se detenía para mí, entonces sentí un espasmo por todo el cuerpo y me vine en un orgasmo más intenso que el que había tenido en la oficina, dure con temblorin casi dos minutos después de semejante orgasmo, fue una experiencia surreal, no pensé que pudiera sentir tanto placer sexual, tenía el corazón a mil y la vista nublada. Alejandra se acercó a mi boca y empezó a besarme mientras me daba pellizcos en los pezones, sentí el sabor de mi vagina en su boca, -“¿Ya se te quito el enojo amorcito?” me dijo mientras me daba besitos en los labios y me masajeaba los senos, yo le respondí con una risita, -“Me encanta tus gemidos amorcito, sentir como te corres en mi boca me pone muy cachonda.”- Se quitó su pequeña tanga roja, se acostó a mi lado y abrió las piernas, tenía toda la zona de la entrepierna muy mojada, la llevaba rasurada con una pequeña franja de vello y de inmediato note que es de esas mujeres que su clítoris queda expuesto porque es más grande de lo normal, tenía los labios gruesos y jugosos, era una vagina muy bonita. Alejandra me dirigió una mirada cargada de lujuria y dijo con voz suave: “Ahora te toca a ti amorcito”.

    Me puse entre sus piernas algo insegura, una cosa era que una mujer te comiera el coño y otra muy distinta era tu comerle el coño a una mujer, empecé a frotar la zona de su clítoris con mis dedos igual que solía hacer yo cuando me masturbaba después introduje tímidamente dos dedos en su vagina y comencé a masturbarla, ella soltó un gemido de aprobación y yo seguí en mi tarea, su clítoris se sentía duro, era más grande que el mío, me di cuenta que las sabanas estaban empezando a mojarse con sus fluidos. Alejandra cogió mi cabello con una mano para apartármelo del rostro y dijo con una voz apremiante: -“Usa tu boca querida”, yo la obedecí -“eso usa tu lengua ooohh sii así amorcito que rico”, yo me sentía un poco torpe aunque para ser la primera vez que le comía el coño a otra mujer parecía hacerlo bien, los gemidos de mi maestra iban en aumento mientras pasaba mi lengua por todo su coño. –“Chúpame el clítoris amorcito, así muy bien, oooh que rico lo haces”, yo empecé a chupar su clítoris con ansias, era fácil hacerlo ya que era grande y estaba duro dentro mi boca, lo chupaba y le daba lengüetazos, sentía como cada vez que le daba un chupón las piernas de Alejandra se tensaban, me sujeto el cabello con fuera y empezó a gemir –“oooh Karen que rico oooh Karen me encanta!!” escuchar como gritaba mi nombre me daba mucho morbo, seguía chupando su clítoris mientras mi maestra gemía como loca, hacer gemir de esa forma a una mujer tan atractiva que seguro era la fantasía inalcanzable de muchos hombres me hizo sentir empoderada y llena de morbo. –“No pares Karen, me vengo no pares oooh dios que rico”, de repente me apretó la cabeza con sus piernas y se retorció mientras soltaba un gemido fuerte, sentía como sus jugos vaginales corrían por mi boca y mojaban las sabanas, había hecho que mi maestra se corriera en mi boca, la mire a los ojos mientras me liberaba del agarre de sus piernas y su cara era puro éxtasis, me tumbe sobre ella mientras nos besábamos y ella me decía cosas lindas al odio, conversamos un rato pero ya eran casi las dos de la mañana así que Alejandra apago las luces y así desnudas nos acostamos dormir abrazadas envueltas en sabanas.

    Esa noche dormí profundamente, a la mañana siguiente me despertó alguien que tocaba la puerta, mientras abría los ojos pensé que estaba en mi habitación y que la que tocaba la puerta era mi compañera de habitación para decirme que se me había hecho tarde, cuando vi a Diana parada en la puerta muy elegante vestida con su traje de ejecutiva me pregunte quien era esa mujer que se veía como una gerente o quizá una ministra, cuando termine de despertarme del todo recordé de golpe donde estaba y todo lo que había pasado la noche anterior, ella seguro nos había escuchado, en ese momento me sentí muy apenada y me cubrí los pechos con la sabana, sentía como si me hubieran atrapado haciendo algo malo. Diana me dijo sonriendo “’¡Buenos días!, sí que estuvieron trabajando duro anoche no? Jeje”, Diana levanto un poco la voz y llamo a mi maestra que seguía dormida a mi lado: -“Aleja Aleja amorcito despierta ya van a ser las siete te cogió el tarde”. Alejandra se despertó de golpe y miro la hora en el celular, soltó una exclamación y salto desnuda de la cama hacia el baño, -“Jajaja no te preocupes amor ya te hice el desayuno no te demores” le dijo Diana, -“Gracias amor” le respondió Alejandra desde el baño mientras abría la regadera, yo estaba sentada en la cama cubriéndome con las sabanas con cara de apenada, Diana se acercó y se sentó en el borde y me dijo casi susurrándome “Por lo visto anoche la pasaron muy bien ustedes dos, esos gemidos los abra escuchado todo el edificio jajaja”, se inclinó y me beso en la boca, yo abrí mucho los ojos la mire confundida y me aparte un poco mientras me seguía cubriendo con las sabanas, ella se levantó de la cama y se despidió de mi maestra que en ese momento se estaba duchando, y después me dijo: -“La verdad es que estas muy buena Karen con razón Aleja te hecho el ojo, tranquila no estoy celosa ni nada, no te sientas apenada conmigo estamos entre mujeres que no te de pena mostrar ese hermoso cuerpo, Ale y yo siempre nos divertimos en pareja, esta noche la vamos a pasar muy rico Karen” salió de la habitación cerrando la puerta.

    Poco después mi maestra salió del baño, -“Dios mío olvide poner la alarma del celular anoche, mira la hora que es no voy a llegar a tiempo para la clase de 8, más vale que esos sinvergüenzas me esperen sino les voy a poner un examen bien difícil jejeje”, me preguntó si quería ducharme, yo le dije que sí, me dijo que no me demorara para tener tiempo de llevarme a mi apartamento y alcanzar a presentar su clase, yo me metí a la ducha, mientras el agua caliente corría por mi cuerpo, no podía dejar de pensar en lo que había hecho la noche pasada pero sobre todo en lo que había dicho Diana. Salí del baño y me puse la ropa, Alejandra ya me estaba esperando en la puerta del ascensor para ir al parqueadero del edificio, me llevo en su auto hasta mi apartamento, cuando llegamos se despidió con un beso en la mejilla y me dijo -“Tienes algo que hacer esta noche? me gustaría que cenáramos con Diana en mi apartamento, ustedes dos se tienen que conocer mejor seguro que se llevan bien jeje, que dices Karen?”, yo dude en que responderle, es cierto que la había pasado muy bien la noche anterior, pero para mí había sido algo casual, una locura para experimentar cosas nuevas, yo no era lesbiana o tal vez si? Había tenido sexo con una mujer súper atractiva y me había gustado más que gustado me había encantado, pero toda la vida me habían gustado los hombres y solo me había enamorado de hombres, ya con la cabeza fría me sentía muy confundida en ese momento, al final me dio pena rechazar la invitación de mi maestra así que acepte, -“Genial, paso a recogerte a las 8 vale? Te llamo cuando este aquí”, cerró la puerta de su coche y se marchó.

    Durante todo el día no me pude concentrar en nada, pensaba en la noche anterior, en mi maestra, en Diana, me preguntaba si ahora era lesbiana, si era posible que me enamorara de mi maestra, me imagine como sería tener una novia en vez de un novio, pensaba en lo que podría pasar esa noche, todo era un mar de emociones y dudas. Al final decidí que no debía preocuparme mucho, era muy joven y solo estaba teniendo un poco de sexo casual, estaba experimentando un lado nuevo de mi sexualidad ¿qué tenía de malo eso?, además nadie se iba enterar.

    Mientras se acercaba la hora de la reunión me sentía muy nerviosa, a medida que iba cayendo la noche me comencé a sentir otra vez cachonda recordando toda la faena de la noche anterior, me imaginaba como sería hacerlo con Diana, entonces toda duda que tuviera desapareció, no le iba dar más vueltas al asunto, estaba decidida a follarme Diana esa noche, aunque por lo que paso esa noche sería más correcto decir que Diana me follo a mí, pero eso es otra historia.

    Foto real de Alejandra (Derecha) y Diana:

  • La falsa inocencia de mi amante

    La falsa inocencia de mi amante

    Delicada, muy femenina, tierna, hermosa, cuerpo firme y torneado, nalgas perfectas, senos generosos, blanca y alta, miraba sus caderas cuando se sentaba e imaginaba como sería su cuerpo desnudo, cierta vez que traía pantalón noté que tenía el cierre abierto y le miré las pantaletas cubriendo parte de su pubis, sus amplias y redondas caderas las imaginaba desnudas, con sus piernas abiertas mostrándome su vulva, sus senos blancos y jugosos, me imaginaba chupando sus pezones, cuando la vi agachada recogiendo una moneda, miré sus enormes nalgas con ropa, claro, pero imaginé como serían sus hermosas nalgas desnudas, y poniéndole mi verga entre ellas.

    A “Irina” la conocí en mi trabajo, fue subcontratada para la compañía, ella era mi sueño ideal de mujer, es sus 26 años frescos, 1.69 metros de estatura, voz de niña, cuerpo de diosa, torneado, ejercitado y duro, cara de inocencia, nos gustamos desde la primera vez que nos vimos y el coqueteo fue mutuo, le pedí su número de celular y sin ninguna resistencia me lo dio, empezamos a enviarnos mensajes al celular cada vez más atrevidos, le dije que quería invitarla a tomar un café lo que le pareció muy común, seguimos en contacto y una noche mientras nos enviábamos mensajes me confesó que era casada y me sorprendí de que ella me hablara como adolescente si ella estaba con su esposo, me respondió que hacía más de un año que no dormía ni tenia sexo con él.

    Nuestra tensión sexual e interés mutuo subió tanto que nos pusimos de acuerdo para vernos en mi casa y darnos solo un beso esa primera noche, según ella, solo no besaríamos, llegó vestida con una blusa ajustada que dejaba ver sus preciosos senos redondos y un pantalón de mezclilla ajustado, la tome de las manos y la besé lentamente sin embargo después de besarla tiernamente durante unos segundos la recosté en la cama y comencé a besarle el cuello, la piel entre cuello y sus senos, respiraba cada vez más rápido y olvidó de su intención de solo besarnos, poco a poco y mientras ella no oponía resistencia, le descubrí los senos y elegí un pecho y me prendí del pezón como un bebe, mientras juntaba mi cadera a la de ella, nuestros genitales, aun vestidos en su vulva también vestida, me coloque encima de ella para excitarla, hasta que tomamos la posición como si estuviéramos teniendo sexo, con ritmo sexual, más adelante mientras chupaba sus pezones, intente bajarle los pantalones pero ella se opuso, al mismo tiempo se descubrió parte de su cadera que le llene de besos, quería desnudarla más pero ella me detenía, sus senos eran grandes pero no descomunales, blancos tersos de pezón obscuro, fue todo lo que pude desnudarla, pero fue suficiente para hacerla desear más encuentros, acaricie su vulva por encima de su pantalón, toda su cadera, el área genital, anal logrando que gimiera de placer, antes de que se fuera y mientras se peinaba, me coloqué detrás de ella frotando mi verga en las nalgas, por cierto muy lindas, redondas y duras, le acaricié toda su zona sexual, nalgas, ano, vulva, monte de venus y ella no se opuso ni se resistió, solo lo disfrutó. La llevé hasta una cuadra antes de llegar a su casa con su esposo, cuando se bajó del coche pude observar su gran trasero sus grandes nalgas, redondas y firmes me dejó con un dolor inmenso de testículos y con la firme intención de cogérmela.

    La segunda visita fue tres días después, la lleve de nuevo a mi casa, esa ocasión traía pants deportivos, ya desbocados de deseo y sin preámbulos nos besamos apasionadamente, acariciando su cuerpo, sus pechos y cintura, excitado le frote mi verga por atrás mientras la agachaba un poco para que me sintiera en su entrada vaginal, y ella se excitaba más y más hasta que se acostó conmigo en la cama, la desnudé y me prendí de sus senos mientras le acariciaba la entrepierna,

    —Estoy mojada —me dijo al oído.

    Y le pedí, le rogué que me dejara tocar sus genitales húmedos, al principio se negó hasta que accedió y pude sentir sus labios vaginales, calientitos y mojados, le acaricié el clítoris y ella gimió de placer, saqué mis dedos húmedos de sus jugos vaginales, y ella de inmediato llevo mi mano a su nariz para olerla,

    —Tus dedos huelen feo —me dijo haciendo cara de disgusto.

    —Nada de eso, es el mejor olor del mundo —le respondí.

    También me saqué mi miembro para que ella lo conociera, lo sintiera en su manita blanca y yo sentir sus caricias, me la jalaba, me lo apretaba y no dejaba de admirarlo. Finalmente ya cuando estaba de pie le froté de nuevo mi verga en sus nalgas hasta que se excitó tanto que me dejo meter mi mano en sus genitales, le metí dos dedos en el interior de su vagina y cuando más se sintió caliente, gemía de placer, me saco a empujones de la habitación mientras yo le mostraba mis dedos húmedos de su intimidad y me los llevé a la boca para probarlos, casi estallo de placer al probar su elixir femenino. Fue todo ese día.

    La siguiente semana volvió a mi casa, en la tercera visita traía de nuevo pants deportivos, era su coartada para vernos, decía que salía a correr al parque y yo pasaba por ella. Era ya imposible mantenernos serenos, nuestro deseo mutuo aumentaba y la tensión sexual era insostenible, pero ella por algún motivo, tal vez insegura se resistía a la penetración para no faltarle más a su esposo, esta vez solo fueron 15 minutos los que estuvo en mi casa pero suficientes para desnudarme e intentar desnudarla pero solo logre ponerle mi verga desnuda en sus nalgas vestidas, para excitarla y que me acariciara mi verga con su manita mientras le chupaba los senos y le metía los dedos en su vagina, pero no me permitió ver los vellos de su vulva, se tapaba con sus manitas la zona genital, pero la incliné para que sintiera mi verga en la entrada de su vulva. Esta vez más caliente, por primera vez toco y sintió mi verga a la luz del día y la miró me masturbó, mientras estábamos semidesnudos en mi cama y vio como brotaba mi semen a borbotones.

    —Parece una regaderita —dijo riéndose excitada del espectáculo de virilidad, mientras ella estaba mostrándome sus senos bamboleándose por sus movimientos.

    Tardo un mes en regresar, para la cuarta visita seguramente se atravesó su periodo menstrual y una vez que terminó y sus genitales estuvieron limpios y ella lista para otro encuentro sexual. Ya en mi casa y en la cama esta vez le pedí que me mostrara sus genitales o al menos su pubis, sus vellos, su monte de venus, ya no se negó más, me mostró su pubis levemente rasurado, blanco y limpiecito, bajo un poco más su pants y pude ver los vellitos de su vulva, castaños, hermosos y apenas vi una pequeña parte de su rajita, enseguida se montó en mí, acarició mi verga y dejó que mis dedos entraran en su vagina, mientas ella subía y bajaba con ritmo lento sobre mi mano y mis dedos, con mi verga erecta frente a su vulva, ella deseaba, imaginaba que lo que le entraba a su vagina era mi verga, lo sé, me lo dijo después, continuó frotándome con sus manitas blancas y delicadas hasta que mi semen brotó y la impresionó.

    —¿Siempre sale así de fuerte y blanco? —me preguntó.

    —Solo cuando tú me tocas —le respondí.

    —Es enorme, me gusta tu verga —me dijo más atrevida.

    Quinta ocasión que me visita y no me permite penetrarla, pero tampoco deja de venir conmigo, eso es una buena señal de que cada vez está más cerca que logre cogérmela, ella también llego dispuesta a coger, llegando a mi casa me pidió permiso para entrar a mi baño, venia preparada con toalla y ropa limpia, se metió a bañar, poco después me pidió que entrara para bañarme con ella, mientras estaba adentro desnuda me asomé, ella estaba tras la puerta y por primera vez vi su cuerpo entero, completamente desnudo, estaba hermosa, blanca de piel, con unos pechos jugosos, redondos y con pezón obscuro, tenía su cuerpo cubierto de jabón, de espuma yo estaba desnudo también y con una erección, me acerque al lavamanos dándole la espalda, entonces ella me abrazó por detrás, sentí sus senos resbalando es mi espalda, su cadera y pubis en mis nalgas, todo su cuerpo resbaloso se pegaba al mío, de pronto me di la vuelta y me coloqué frente a frente, ella se colocó en cuclillas frente a mi pene que comenzó a acariciar, mirando fijamente mi erección frente a su hermosa carita, me besaba al rededor del pito hasta que en un instante se lo metió en su boquita, me lo chupaba suavemente, ¡¡me la estaba mamando!!, no podía creerlo, esa carita que me enamoró a primera vista estaba ahí, con mi verga en su boquita, yo gemía de placer, así durante unos minutos mientras yo comencé a acariciar su espalda resbalosa y llena de jabón, hasta llegar a sus nalgas, al canal entre sus nalgas y finalmente a su ano que sentí húmedo y con vellos.

    Me mamaba la verga mientras le acariciaba su culito, nos metimos bajo la ducha le quite el jabón de su escultural figura y desnudos, ella frente a mí, enseguida me arrodillé para besarle la vulva, me acerque a sus triángulo femenino, extasiado del paisaje y excitado de lo que se avecinaba, estaba a un instante de probar su sabor más íntimo, para mamarle el clítoris, le metí la lengua en su vulva sintiendo sus labios calientitos y llenos de babita sexual, con sabor saladito rodeando mi lengua, mientras ella se retorcía del placer que yo le proporcionaba, la tomé de las nalgas para acercar su sexo a mi boca, finalmente ya excitada al máximo, se puso de espaldas a mí y se agachó esperando que le metiera la verga por vez primera, estaba calientísima y quería que me la cogiera ahí mismo, le puse mi verga en sus esplendorosas nalgas, se las golpeo con mi pene pero no la penetro, le tenía reservado el placer de reyes antes de penetrarla, la llevé a la cama, ahí la acosté y por primera vez pude observar su sexo, abierto, entregado, me lo muestra para compensar todos esos días que previamente solo me dejaba tocarle y le abro muy grande las piernas, de forma obscena para mamarle su sexo joven, femenino, recién lavado, limpio, oloroso, caliente y lleno de jugos vaginales, me entrego al deleite máximo de poseer a esa mujer que me enamoré y sentí inalcanzable, le pongo mi lengua en sus labios mayores, con vellitos, pruebo sus líquidos saladitos, ella gime y gime por la caricia, arremeto más adentro de su sexo mi lengua para lamer sus labios interiores, más suaves y sin vellos, ella ahoga un pequeño grito mientras mi lengua endurecida se clava en la entrada de su vagina, luego de pistonear con mi lengua su sexo, me proyecto sobre su pequeño clítoris que ya está rosado y erecto, ella al sentir mi lengua me toma de mi cabeza para que no aleje mi boca de su sexo ni un segundo, enseguida la coloco para hacer un 69 ya en posición ella chupa mi verga y yo le mamo su vulva, en tanto, sus nalgas, su vulva, su ano están sobre mi cara y no pierdo la oportunidad para meterle mi lengua en su ano recién lavado y limpio, en su colita, en su culito, pero fue todo, porque justo en ese momento recibe una llamada de sus esposo a su móvil y como una pantera dio un salto bajo la cama, se vistió de prisa mientras se justificaba con su esposo e inventaba una historia para no delatarse, colgó y me pidió que la regresara de inmediato a su casa porque la estaban esperando.

    En la siguiente entrega les contaré cuando al fin lo consumamos.

  • Viaje forzado

    Viaje forzado

    Como todos los años ese verano salí en mi automóvil para pasar un par de semanas en casa de mis familiares. Mi marido nunca quiso que hiciese ese viaje tan largo sola pero ya estaba resignado sabiendo que yo era muy cabeza dura y siempre me salía con la mía.

    Me críe en una familia rica y desde niña fui la mimada de todos así que me acostumbre a hacer mis caprichos sin que nadie pudiese cambiarme. A veces me doy cuenta de que me excedo cuando maltrato a la servidumbre de la casa pero no puedo cambiar a esta altura de mi vida (cumplí los cuarenta y ocho aunque aparente mucho menos).

    Después de todo solo era un viaje de dos días parando a pasar la noche en algún buen hotel en el camino.

    Era ya tarde cuando pare a cargar gasolina y discutí con unos estúpidos de una camioneta que trataron de ocupar el lugar antes de mi. Eran cuatro tipos de mal aspecto uno negro y los otros de origen latino así que mas rabia me dio y les dije de todo. Por supuesto que me salí con la mía y cuando me fui los cuatro me miraban con verdadero odio.

    Al rato nomás me olvide de ellos y apure el automóvil tratando de llegar antes de que cayera la noche a la próxima ciudad para buscar allí un hotel para dormir.

    Estaba en una zona de colinas y campos desiertos cuando se me paro el auto dejándome allí sin poder hacerlo arrancar mas.

    Ya era casi de noche y no pasaba nadie por ese paramo haciéndome desesperar.

    Cuando ya pensaba que iba a tener que pasar la noche allí apareció la luz de un vehículo y me pare haciéndole señas para detenerlo.

    Toda mi alegría de su detención se me esfumo cuando se bajaron y eran los tipos de la gasolinera!

    Se rieron y me decían que con todo mi hermoso auto importado no había tenido buena suerte.

    Por supuesto que de mecánica no entendían nada pero se ofrecieron a llevarme hasta el próximo pueblo, yo no me decidía pero el pensar que me dejarían allí sola termino por convencerme y subí a su camioneta sentándome entre dos de ellos en el asiento posterior.

    Después de marchar un rato se desviaron por un camino lateral de tierra diciendo que era un atajo y por allí llegaríamos mas rápido a la ciudad. Luego de un trayecto mas o menos largo se detuvieron frente a un viejo granero abandonado.

    Cuando quise preguntar algo el negro, que parecía el jefe, saco una enorme navaja y me la puso en la cara diciéndome que no me hiciera la tonta o me marcaría para siempre.

    Me bajaron con ellos por la fuerza; adentro del granero solo había paja y un viejo y sucio colchón que seguramente usaban algunos vagabundos para refugiarse.

    Tome coraje y les dije que iban a lamentarse de secuestrarme así y que iba a hacerlos meter presos para siempre. Sin aviso previo recibí una feroz trompada en la boca del estómago que me tiro al piso sin respiración.

    Sentía que me moría y por primera vez comprendí que estaba en un riesgo real, que esos maleantes podían matarme sin que nadie se enterara nunca de mi suerte.

    Ellos bajaron mis maletas del auto y me las revisaron robándome cuanto se les dio la gana, yo llevaba bastante dinero y regalos para mis parientes así que se apoderaron de todo, me dolió especialmente que llevaba una cámara de vídeo para mi ahijado y que también me robaron con las demás cosas.

    Roberto, que así lo llamaban al jefe un negro enorme, se me acerco y tomándome del pelo me levanto hacia el diciéndome que si trataba de escaparme o gritaba iba a cortarme la cara con su navaja destrozándome «esa linda carita que tenés» decía. «Además voy a pincharte un ojo así quedas tuerta y deforme para toda la vida!» al oírlo me aterre y perdiendo todo mi orgullo le rogué que no me lastimara prometiendo que iba a portarme bien

    «Bueno vamos a ver cómo te portas» me dijo «para empezar te vas a desnudar que quiero verte en pelotas» yo intente protestar pero me dio una tremenda cachetada que me hizo explotar el mundo bamboleándome la cabeza y aumentando mi terror de él.

    Temblando empecé a sacarme la ropa y ellos se reían diciéndome de todo.

    Ya estaba en ropa interior cuando Roberto me ordeno que terminara de desnudarme toda de una vez, yo veía el brillo del acero de su navaja y no podía pensar en otra cosa.

    Me quite el corpiño y ellos aullaban, después me saque la tanga acabando de desnudarme frente a ellos.

    «Ahora baila un poco para nosotros» me ordeno Roberto y empecé a menearme como una muñeca bailando para ellos.

    «Que buena esta la vieja esta!» decía uno de ellos «Mira esas tetas como se le mueven!» , «Y tiene un culo divino!» agregaban.

    Después me hicieron acostar boca arriba y mientras los demás me sujetaban los brazos y las piernas abierta completamente Roberto que ya se había desnudado por completo se me subió encima empezando a manosearme toda apretándome los pechos como un animal besándomelos y lamiéndomelos con deleite.

    Yo trataba de pensar en cualquier otra cosa buscando no sentir nada pero no podía realmente sustraerme a lo que me estaba ocurriendo.

    Sabía que solo tenía que dejarlos que me violaran y cuanto mas rápido acabaran sería mejor; en realidad pensaba que no me sería demasiado difícil ya que no era una mujer demasiado ardiente ni me atraía especialmente el sexo. Toda mi vida fui casi anorgasmica y prácticamente solo complacía a mi marido; por suerte él era un hombre mayor y tampoco muy caliente así que para mi hasta entonces el sexo ocupaba solo un lugar secundario.

    Roberto me abrió los labios vaginales y empezó a acariciarme el sexo.

    Sus dedos me frotaban el clítoris hasta que empezó a sentirlo erecto sonriéndose al ver que lograba lo que buscaba.

    Después me metió un dedo en la vagina y empezó a moverlo entrando y saliendo de ella para después recorrerme toda la vulva y otra vez metérseme en la vagina.

    Ya no podía evitar sentir ese frote contra mi sexo y, sin poder entender el porque, sentía que me humedecía bajo sus dedos lubricándole el camino.

    Jamás me habían hecho algo así y mi cuerpo se tensaba y arqueaba sin poderlo contener, mientras el me metía sus dedos podía ver claramente su pene erecto ante mis ojos. Nunca había imaginado una pija tan enorme de gruesa y larga, negra con enormes venas y una cabeza morada como un botón y aun más ancha todavía.

    Entonces el empezó a besarme y lamerme el sexo como un perrito.

    Jamás me habían hecho algo así y no podía creer lo que estaba sintiendo.

    Su lengua me recorría todo el sexo acariciándome el clítoris de una manera deliciosa para después metérseme en la vagina y revolvérmela allí adentro una y otra vez.

    Ya sentía mis caderas moverse de manera automática en respuesta a su estímulo y aunque me odiaba por hacerlo empecé a gemir suavemente sin poderme controlar.

    Hasta que perdí por completo el control de mi propio cuerpo y termine meneándome como una perra culeando gimiendo y jadeando totalmente perdida.

    El sabiendo que había llegado al punto al que quería llevarme se levantó y acomodándose entre mis muslos me penetro de manera brutal.

    «Toma puta tragatela toda!» me decía metiéndome su pija enorme de gruesa y larga hasta que la tenía toda adentro de mi vagina y revolviéndomela allí adentro haciéndome aullar de placer.

    Su pija enorme y dura como una piedra me quemaba de caliente en la vagina!

    Jamás había sentido una penetración tan intensa y profunda! Era como si me llenara el vientre con ese enorme trozo de carne hirviendo haciéndome gozar de manera brutal!

    Ya los otros me soltaron y sin poderme controlar rodee su cuerpo con mis piernas y empecé a menearme como una perra caliente respondiendo a su penetración con mayor pasión aun.

    «Se nota que el cornudo de tu marido no te coge bien por la manera en que te gusta que te coja perra sucia!» me decía mientras me revolvía su pija en la vagina haciéndome aullar de placer.

    El me tomo de las nalgas y metiéndomela tan profundamente como podía empezó a volcarme adentro de la vagina todo su semen caliente.

    Aquello fue como un detonante y empecé a acabar como jamás en mi vida había acabado antes, mis alaridos de placer deben haberse escuchado en kilómetros. Aullando como una perra lo tomaba de las nalgas y lo apretaba contra mi buscando sentir su pija golpear contra mi útero y su leche hirviendo llenarme las entrañas.

    «Toma toda la leche vieja puta!» me decía «Sentí como te lleno la panza de leche!» y sentía su tremenda pija empujándome el útero llenándome el vientre con tremendos chorros de su semen caliente gozándolo como una puta perdida.

    Cuando me la saco se me subió encima y me hizo que le limpiara la pija lamiéndosela como una gata caliente mientras yo aún seguía meneándome en ese orgasmo interminable.

    «Bueno muchachos ya está lista la puta para todos!» les dijo a los demás y uno tras otro se me echaron encima y me cogieron volcándome todos adentro llenándome tanto de leche que me chorreaba entre los muslos.

    Después de sacarse bien las ganas todos se pusieron a tomar mientras yo sollozaba sobre el colchón sintiéndome tan humillada y vejada como jamás en mi vida.

    «Toma vos también!» me dijo Roberto y me obligo tomar del pico de la botella como lo hacían ellos, el alcohol me quemaba de lo fuerte ya que no tomo nunca y ellos se reían al ver la cara que ponía haciéndome tomar mas para divertirse viéndome.

    Después de un rato ya me sentía casi tomada y Roberto dijo que ahora iban a divertirse realmente.

    «Vos rata!» le ordeno a uno de ellos «Dale lengua a la vieja que eso la pone a mil!». Me acostaron boca arriba y separándome totalmente las piernas uno de ellos empezó a lamerme y chuparme el sexo.

    Otra vez sentía que me «cogían» con la lengua y además semi borracha como estaba mi capacidad de resistir era muy poca por lo que poco a poco me fui excitando mas y mas hasta comenzar a gemir y jadear de placer.

    Roberto se me subió encima y empezó a pasarme su pija por los pechos acariciándome con ella los pezones que se me pusieron erectos y duros de calentura.

    Con la chupada que me pegaba el otro termine de volverme loca por completo y, otra vez, perdí el control de mi propio cuerpo.

    Ya me meneaba moviéndome como una perra culeando cuando el se me subió hacia mi cara y empezó a pasarme la pija por el rostro.

    Sin poderme controlar empecé a lamérsela como una gata caliente sintiendo el tremendo calor de su pija erecta en mi lengua.

    Me hizo lamerle y besarle los huevos y yo dócilmente le obedecí perdiendo por completo el pudor y el poco orgullo que podía quedarme.

    Encima se subió mas y me puso su culo ante mi cara.

    «Dale, lameme el culo yegua de mierda, mostranos como podes ser de puta!» me ordeno y le empecé a lamer el culo como una reventada metiéndole la lengua todo lo que podía adentro de él sintiéndome la peor de las putas.

    Entonces Roberto me metió la pija en la boca haciéndome chupársela.

    Jamás se la había chupado a nadie pero estaba tan enloquecida que se la mame desesperada hasta que el me termino en la boca y me obligo a tragarme toda su leche como una puta cualquiera.

    «Así puta! ordeñame la pija así y tragate toda mi leche!» me decía mientras gozaba mirándome hacerlo.

    Después que el salió de mi boca otro ocupo su lugar y también me hizo tragar su leche; luego el otro y finalmente el cuarto también.

    Me había tragado la leche de los cuatro pero yo no había acabado y después de esa mineta de locura que me habían pegado estaba tan caliente como una yegua en celo. Me meneaba sobre el colchón jadeando y me metía las manos entre las piernas tocándome yo misma el sexo deseando que me cogieran como fuera pero que calmaran esa calentura que me volvía loca.

    «Mirala a la vieja pajera que puta que es!» decía Roberto y se reía.

    «Decime que querés!» me dijo y yo le agarraba la pija desesperada abriéndome de piernas y ofreciéndomele como una perdida.

    «Dale, decilo que quiero oírte pedírmelo, dale «señora bien» mostrame como puede ser de puta una tipa de alta sociedad como vos!»

    «Cogeme!» murmure apenas muriéndome de vergüenza al oírme.

    «Como decís!» me contesto Roberto disfrutando al humillarme frente a todos «Habla más fuerte y decime bien lo que queres!»

    «cogeme!» le grité descontrolada,»cogeme de una vez, culeame, haceme lo que quieras pero no me dejes así que me voy a volver loca de caliente!» gritaba rebajándome ante todos, perdido por completo mi orgullo y rogándole que me la diera sin importarme ya nada sino calmar esa calentura que me estaba matando.

    Roberto me dio vuelta y separándome las nalgas me escupió en el ano y apoyo su enorme pija contra él.

    Jamás me habían penetrado por allí y me aterro pero no podía hacer nada para evitarlo.

    El empujaba tratando de penetrarme pero era demasiado grande para mi estrecho esfínter.

    «A ver vos!» le dijo a uno de ellos «dale lengua en el culo así se lo lubricas bien!» y uno de ellos me chupo el culo metiéndome la lengua adentro del esfínter haciéndome excitar aún más todavía.

    Después Roberto se volvió a colocar sobre mis nalgas y acomodar su pija frente a mi ano.

    Después de un rato de embestirlo lentamente fue metiendo su cabeza mientras yo gemía de dolor.

    Después que la sintió adentro hecho todo el peso de su enorme cuerpo negro encima de mí y me la enterró brutalmente haciéndome gritar del tremendo dolor.

    Sentía que me estaba desgarrando con esa pija tremenda haciéndome sentir una barra de hierro candente adentro de mi culo.

    Después empezó a moverse adentro mío metiendo y sacando su pija mientras yo sollozaba sintiendo que me destrozaba con esa verga gigantesca.

    Roberto empezó a frotarme el clítoris con sus dedos mientras me poseía y poco a poco el dolor fue reemplazándose por el placer.

    Inexplicablemente para mi termine jadeando y meneándome gozando como una perdida.

    «Te gusta puta de mierda!» me decía Roberto gozando al sentir que me había pervertido hasta ponerme así, «Sentí como te estoy culeando, apuesto que el cornudo de tu marido nunca te había roto el culo!» y al sentirme tratada así como una ramera me excitaba aún más todavía.

    Yo ya aullaba de placer como una perra caliente y me meneaba y sacudía gozando perdida esa relación perversa que me enloquecía.

    Jamás había siquiera imaginado que se pudiese disfrutar así!

    Entonces explote en otro orgasmo bestial y empecé a acabar como una cerda chillando de placer mientras mi esfínter le ordeñaba la pija y le revoleaba el culo haciéndolo acabar a él también sintiéndolo que me llenaba el culo de su leche.

    Cuando me la saco del culo se puso frente mi y podía ver su leche y mi sangre chorrearle de la pija, mientras aún seguía acabando en ese orgasmo de locura le limpiaba la pija con la lengua y me tragaba toda su leche.

    «Bueno muchachos, ya está el camino abierto para el que quiera!» dijo Roberto y los otros tres me la dieron por el culo uno tras otro llenándome de su leche.

    Ya amanecía cuando los cuatro decidieron pata completar la fiesta masturbarse y volcarme toda la leche que les quedaba enima mio mojándome entera con ella.

    Me chorreaba semen por el pelo la cara y entre las tetas mientras yo trataba de recibir lo mas que podía en la boca y tragármela pero gran parte de ella me mojaba el cuerpo desnudo.

    Al terminar me pusieron el vestido sobre el cuerpo desnudo y mojado y antes de salir Roberto tomo la cámara que estaba acomodada sobre unos trastos viejos y les decía a los demás que esa película valía oro y que podría venderla a muy buen precio.

    Entonces comprendí con horror que el muy hijo de puta me había filmado con mi propia cámara!

    Ya casi amanecía cuando me dejaron otra vez junto a mi automóvil y se marcharon.

    Por suerte paso por allí un auxilio y en poco rato pude seguir mi viaje; fui a un hotel para bañarme y sacarme el horrible olor que me sentía encima.

    Cuando seguí mi viaje decidí no denunciar ni contarle una palabra de lo ocurrido a nadie, no podría soportar un escándalo o que se hiciera público lo que me había pasado.

    Ya ha pasado más de un mes y aunque me he propuesto olvidarlo no puedo hacerlo.

    Una y otra vez me encuentro pensando en lo que me ocurrió, aunque sé que no podía haber evitado ser violada por esos hijos de puta no puedo dejar de cuestionarme que termine portándome como una cualquiera. Más de una noche me he soñado que estoy otra vez con esos animales que me poseen de manera brutal y gozo como lo hice entonces hasta que despierto bañada en transpiración con el corazón latiéndome enloquecido y ardiendo de deseos como una perra en celo.

    Por suerte con mi marido dormimos en piezas separadas así que no se enteró de nada.

    La última noche que me ocurrió sin poderme controlar baje mis manos hacia mi sexo y empecé a acariciarme a mi misma para terminar masturbándome desesperada recordando todos los detalles de la noche en que me cogieron esos bestias y deseando sentirme así otra vez hasta que explote en un orgasmo terrible hasta caer agotada entre las sabanas.

    Cuando recupere el control de mi propio cuerpo llore hasta el amanecer desesperada al comprender que esos hijos de puta no solo me habían violado y humillado sino que habían conseguido pervertirme al hacerme sentir esas sensaciones anormales y que ahora ansiaba volver a vivirlas.

    Me jure que iba a lograr detener esas tendencias perversas y borrarlas de mi cabeza.

    Anoche había estado en una reunión de la iglesia y cuando volvía a casa me detuve a tomar un café en un bar de la entrada de la ciudad adonde paran habitualmente muchos camioneros y cargadores.

    Estaba allí cuando note que uno de los tipos sentado frente a mi me miraba insistentemente, tanto que me puso nerviosa.

    Sin poderlo evitar mire su bulto en el pantalón y se notaba claramente que tenía una erección.

    Empecé a sentir el corazón latiéndome con fuerza y el sexo húmedo y caliente.

    Sabía que tenía que salir de allí en ese momento pero no me levante ni salí sino que seguí mirándolo, ya con tanto descaro que él se dio cuenta y me hizo señas al salir que fuera con él.

    Me levante como una autómata y salí detrás suyo que me llevo hasta su camión y allí en la cabina me empezó a besar y decirme que le estaba caliente conmigo.

    Se abrió la bragueta y saco un enorme pene erecto frente a mi que sin poderme contener me arrodille entre sus piernas y empecé a chupárselo desesperada mientras él me sacaba los pechos por el escote y me los agarraba apretándomelos hasta hacerme doler.

    Podía ver en su cara el tremendo placer que sentía al verme chupársela como una puta y eso me excitaba aún más.

    Entonces me subió la falda hasta la cintura y sacándome la bombacha me sentó en su falda para enterrarme su pija hasta el tronco.

    Yo ya bramaba de placer y empecé a galopar empalada en esa tremenda verga gozando como una perdida gimiendo y jadeando totalmente fuera de control hasta que ambos llegamos al orgasmo y lo sentí inundarme con su leche mientras seguía acabando en ese orgasmo maravilloso.

    Me baje del camión acomodándome la ropa como podía y sentía su leche brotarme de la vagina y chorearme entre los muslos mientras caminaba a buscar el auto.

    Quería morirme de vergüenza por haber sido capaz de hacer algo así con un tipo que ni conocía pero el placer de esa acabada bestial aun me conmovía hasta lo más profundo de mi ser.

    Varios días estuve pensando lo que había capaz de hacer sin poder explicármelo.

    Trate de olvidarlo y me propuse resistirme a las tentaciones evitando todas las situaciones peligrosas.

    Durante más de una semana me mantuve así, pero ya cada noche me sentía mas y más excitada sin poder conciliar el sueño hasta terminar finalmente masturbándome furiosamente hasta acabar como una loca deseando sentir una pija de verdad en mi vientre, pensaba en esos tipos usándome como una puta cualquiera sin ningún respeto y me calentaba aún más.

    Ayer a la tarde ya no podía mas de caliente.

    Estaba en el club adonde trataba de descargar mis energías corriendo en la pista pero en vez de ello me sentía mas excitada aun.

    Cuando volvía desde el campo de deportes en un galpón de depósito estaban dos negros enormes bajando una carga y sin poderme contener me acerque a ellos preguntándoles si allí había un baño.

    Me dejaron pasar adentro y había un bañito sin puerta así que los dos tipos podían verme claramente desde el galpón. Me metí al baño y me saque el equipo de gimnasia quedando totalmente desnuda frente a ellos. Sin poderme controlar ya empecé a manosearme los pechos y el sexo jadeando de deseos.

    Ellos me miraban sin poder creer lo que estaban viendo, una de esas «señoras de alta sociedad» del club masturbándose loca de caliente frente a sus ojos.

    No demoraron nada en desnudarse también y entre los dos me llevaron hasta el fondo del galpón tirándome sobre unas mantas para empezar a manosearme y chuparme entera haciéndome perder por completo el poco pudor y la cordura que me pudieran quedar.

    Mientras uno me cogia el otro me la hacía chupar y yo me meneaba entre ambos disfrutando como una yegua caliente.

    En un momento uno de ellos se acostó boca arriba y me hizo montar encima de él y así «cogérmelo» yo a él. Mientras así lo hacia el otro se me acomodo detrás y busco también con su pija forzando la entrada hasta que lo sentí penetrarme también.

    Tenía las dos pijas juntas en la vagina!

    Sentía que me iba a volver loca de placer mientras me meneaba como una perra culeando gozando descontrolada y les pedía más y más pija.

    Sin poderme controlar me sentía decirles jadeando que era su puta, que me la metieran mas y que quería que me volcaran toda su leche.

    Cuando acabamos los tres casi juntos el placer me volvió totalmente loca y aullaba de placer hasta caer semi desvanecida en el piso.

    Todavía ellos me hicieron que les limpiara sus pijas con la lengua y me tragase toda su leche

    Me sentía morir de vergüenza cuando salí de ese galpón con la ropa mal acomodada y el pelo revuelto pero en ese momento comprendí que ya mi cuerpo estaba fuera de control y que mi mente se había pervertido. Esa sensación de peligro y vejación es como una droga necesaria para mi y no sé hasta dónde seré capaz de llegar a partir de ahora.

    Espero sus comentarios como siempre a [email protected], no busco sexo ni encuentros, solo recibo comentarios. Mil beso,s cuídense del covid.

  • Mi tío Pedro

    Mi tío Pedro

    Esto que les cuento me sucedió hace unos días.

    Estaba dormida en mi cama, por ende no había nadie en mi cuarto y en la casa solo se encontraba mi madre atendiendo una visita de su amiga en el jardín. Yo había quedado en ayudarle a mi tío Pedro con unos archivos de su computadora y quedó en pasar a mi casa como a las 11 am por mi, ese día el llegó más temprano, como a las 8:30 por mi.

    Mi tío llegó saludando a mi madre y su amiga, ella lo invitó a pasar a despertarme (Yo soy de sueño súper pesado y no me despierto con facilidad aunque me muevan) yo soñando tenia algo interesante, soñaba con relaciones sexuales y todo era gloria para mi, pero de golpe me desperté y note a mi tío frente a mi, retirándose y con sus manos a la altura de su cierre como tipo acabándoselo de subir.

    Mi tío Pedro sonrió al verme y me dijo sin apartar sus manos del cierre -ya vámonos, hay que avanzarle-, pero yo le tenía la mirada fija, sabía que había hecho algo y solo quería que no lo supiera, pero ese sabor extraño en mi boca no era normal, así que le pregunte que qué había hecho y por supuesto él me dijo que nada, que solo venía a despertarme.

    Yo le dije -Tío tengo un sabor extraño en mi boca, tienes tus manos en tu verga, acaso hiciste eso?

    Mi tío solo volteo hacia arriba y suspirando bajo su mirada hacia mi diciendo:

    P: tengo rato sin poder hacerlo con tu tía, la verdad yo siempre he visto algo diferente en ti, tus pechos algo desarrollados como de una mujercita, tus labios.

    M: pero tío, ¿en verdad hiciste eso?

    P: si y fue tan rico sentir lo caliente de tu boca en mi verga.

    M: no puedo creer que lo hayas hecho, yo jamás te di motivos para que pensaras eso de mi.

    P: lo siento, ya lo hice y lo volvería a hacer.

    M: ¿estás loco?, pudo verte mi madre.

    P: tranquila sobrina, ella

    M: no me digas sobrina!

    P: tranquila, tu mamá está en el jardín con su amiga platicando, solo tú y yo sabemos de esto y sé que te gustó.

    M: eres un idiota, ¿cómo te atreves a insinuar eso?

    P: porque de ser un hombre, ya habrías intentado echarme de aquí, golpeado o hablar a tu mamá.

    Yo solo me quede viéndolo a los ojos, ¿cómo supo todo eso? Obvio mi silencio me delató.

    P: ándale sobrina, dime como te haces llamar de putita.

    M: no soy una putita, me llamo Michelle.

    P: pero quiero tu nombre de nena.

    M: es el mismo, me gusta para ambos sexos y ahora que ya lo sabes, no se lo cuentes a nadie, así como yo no contaré lo que acabas de hacer.

    P: no lo contare, pero dame una mamadita pequeña Michelle.

    M: noooo, estás loco, puede llegar mi madre y vernos.

    P: tu mamá está muy ocupada, desde aquí se ve con su amiga, así que no te preocupes, si viene, nos daremos cuenta.

    Yo la verdad estaba siendo excitada por la situación, ser descubierta, mi madre en la casa y mi tio parado frente a mi para que se la mamara, era algo que me prendía de forma muy rápida.

    M: bueno pero será rápida, no quiero correr riesgos. Sácatela.

    P: así me gusta preciosa, que te encante la verga. Ahora serás mi sobrina favorita.

    M: yo le sonreí de manera pícara mientras me acercaba su verga a mi cara.

    Comencé a lamer su glande, después recorrí toda su verga desde abajo hasta arribar para terminar metiéndomela en la boca, era riquísimo su sabor y sentir la piel de ese trozo de carne. Estaba enloquecida dándole una rica mamada a mi tío.

    P: uuufff que rico la mamas princesa

    M: mmmhh aaggg aagg!!

    P: así mi niña, ahógate con mi verga, métetela toda.

    M: si tio, agghh aahh!!

    P: eso mi niña, me encanta como la mamas!!

    Así continuamos un rato, mi tío vigilaba por la ventana si venia o no mi madre, y yo, bueno, estaba ahí arrodillada frente a él con su verga en mi boca.

    P: Michelle me voy a venir, trágatelos todos!

    M: si échamelos todos en mi boca!

    P: siii, aaahhh aaahhh!! Que rico me vengo!!

    Yo solo contenía los chorros de semen que vertía en mi boca para cuando terminara, tragármelos como me lo había pedido.

    M: tio te salió mucha!!

    P: te dije que tenía rato sin tener relaciones, y todo lo que se guardó te lo acabas de tragar mi niña.

    Tras sonreír, me puse de pie y le dije bueno esto ya terminó, ya me descubriste, ya me hiciste que te la mamara, ya de aquí no se saldrá nada.

    Pero mi tío acercándose a mi, jalándome hacia él y dándome una nalgada me dijo “estas mal mi niña, esto apenas comienza y ahorita solo me la mamaste, falta probar ese culito tan rico que tienes. Desde hoy serás mi hembra a escondidas”.

    Yo me sentí sumisa ante sus palabras y solo le dije que si, que haría lo que me mandara mi hombre.

    Hasta hoy seguimos platicando cositas ricas, recordando esa rica mamada y de cómo disfrute su verga y cada gota de semen que puso en mi boca. Hemos planeado vernos para terminar la parte mejor “coger”, pero con esto del virus no se ha podido con tanta facilidad.

    Espero pronto verlo y poder hacerlo a su antojo y platicarles como me lo hizo.

    Agradezco su tiempo corazones, los amo!!

  • Puta por un mes sin cobrar

    Puta por un mes sin cobrar

    Siempre he creído que tengo dos personalidades, una discreta y tímida y otra un tanto salvaje. La primera ocupa la mayor parte de mi vida y la segunda sale de forma sexual. De esa forma también llevo mi vida en internet. Tengo mi correo personal y otro con el que hago contactos eróticos, lo cual me gusta, y excita mucho. Mis amigos y amigas de esa parte mía, me conocen como una chica sumisa, que le gusta hacer lo que le dicen. De esa forma disfruto mis chats con ellas y ellos, sobre todo me entusiasma el cybersexo a través del chat, a través de escribir cosas, no de ver, sino de leer, eso me excita enormemente.

    La historia que quiero contar, y que tiene un título tan sugestivo, no va del chat o el cybersexo, es sobre cómo me convertí en una puta durante un mes viviendo fuera de mi país. Pero para llegar a eso tengo que decir que entre los amigos que tengo en el chat para tener cybersexo, hay uno que llamaré Jorge. Con este Jorge, cogíamos virtualmente y me llevaba a momentos de real excitación, lo cual me pone muy cachonda. Jorge se convirtió en un experto y la pasamos muy bien. Durante muchos meses nos veíamos en el chat y la pasábamos bien, al igual que yo con otros chicos y chicas. Luego detuve mis reuniones virtuales pues mis ocupaciones me llevaron a hacer otras cosas y no tener tiempo.

    Entre ellas un viaje fuera de mi país, estaría allí durante dos meses realizando un curso especializado. Mis clases serían todas las mañanas durante los dos meses. Este es un país de habla inglesa con un importante número de inmigrantes latinos, lo cual me parecía interesante pues del todo no estaría alejada de mis raíces.

    Llegué allí, me instalé en un pequeño apartamento de unos conocidos de mi familia. Todo iba muy normal, me acomodaba al idioma y las clases sin problema alguno. Ya iba haciendo amigos y amigas en clase, cuando una tarde, cruzando una calle escucho la voz de un hombre que me llama insistentemente. Creía que no era conmigo, pero seguía escuchando mi nombre, gire, vi a un chico latino que avanzaba hacia mí, no era muy alto, algo gordo, de cabello largo sobre los hombros. No lograba reconocerlo.

    El chico llego hasta mí, con una cara de asombro increíble, y me dijo: «hola juanita, ¿eres juanita verdad?, a lo cual le contesté afirmativamente con la cabeza. El pareció quedarse más sorprendido, se tomaba la cabeza con gestos de incredibilidad. «Soy Jorge tu follador virtual» me dice. Yo me quedé de una sola pieza. Luego de la sorpresa le reconocí, muy pocas veces tengo un contacto físico y, la verdad, no lo reconocería jamás.

    Él se reía con mi rostro y empezó a preguntarme qué hacía allí. Yo le contestaba sin entender porqué estaba pasando aquello. Me contó que vivía allí desde hacía seis meses y que me vio pasar los días anteriores, pero no creía que fuera yo. Hasta que ese día y decidió hablarme. No me podía creer aquello, sin embargo seguimos charlando. Fuimos a un café a beber algo.

    Empecé a repararlo y lo que no creía ahora era que yo tuviera un «cyberamante» como él: de unos 19, pero con acné en el rostro, gordo, de cabello largo y camisetas de cómics. El prototipo nerd. La charla inicio con la casualidad de estar allí, en ese país. Cada uno relato lo que hacía en esos momentos. Él trabajaba como ayudante en una fotocopiadora y lo que esperaba era poder recoger algo de dinero y regresar a su Perú natal y seguir con sus estudios. Yo le conté que estaba estudiando un curso por dos meses.

    Mientras seguía la charla informal, pude notar que Jorge empezó a reparar en mi cuerpo. Veía como sus ojos pasaban una y otra vez sobre mis tetas, escondidas en la blusa azul de tiras que llevaba, también miraba constantemente mis labios y me miraba a los ojos. En un momento no espero a que la camarera nos trajera las segundas bebidas, sino que fue el mismo hasta la barra a por ellas, con lo cual me di cuenta que lo que quería realmente, era mirar mis piernas bajo la mesa. Lo cual entendí pues ese día de mucho calor, llevaba un short algo corto que dejaba ver mis piernas, así como las sandalias en los pies.

    Tras unos minutos de charla todo pareció cambiar. Jorge me miro con algo de malicia y empezó a disparar: «hace rato que no chateamos y ahora nos vemos en vivo y directo, en un país donde nadie nos conoce, eso incrementa las posibilidades ¿no?», me sonreí con la pregunta sin entenderla muy bien. Le pedí que me explicara: «claro, no tienes amigo o familia que te diga si algo está bien o mal, podrías ir a mi casa o yo a la tuya y hacer cualquier cosa sin problemas». De nuevo me sonreí y eso pareció abrirle las puertas: «¿si es cierto todo lo que dices en tus chats, eres realmente la puta que tengo por amiga en el chat?» entendí que Jorge ahora estaba intentando hacer real lo virtual, entonces le explique que era una casualidad muy grande y que no está premeditada. «¿entonces eres o no tan putita en lo real como en lo virtual?».

    Me quedé algo seria y él empezó a reírse y a tomar su bebida. «discúlpame, se me sale lo virtual y te hablo como en el chat, seguro allí eres una y aquí eres otra, perdóname», entonces no entendí porque pero le respondí, «algunas veces mi puta interior sale». A Jorge se le iluminaron los ojos y con las puertas abiertas entro totalmente. «pues quiero sacarte la puta que tienes a punta de verga, así como en el cybersexo ¿quieres? Aquí no hay quien te conozca y nadie pensará mal de ti ni de mí. Además en los chats, mientras te corrías me decías que en esos momentos querías tener mi verga en real, pues ahora es cuando» se me quedo mirando y dentro mío algo muy caliente empezó a moverse. Debo aclarar que no cogía en más de un mes, pues mis últimos encuentros sexuales habían sido con un par de amigos, que conté en un relato anterior y luego empecé a preparar mi viaje.

    Por otro lado él tenía razón, nadie me conocía allí y en el cybersexo con Jorge, muchas veces e mis orgasmos le decía que gustaría tener su pene en real. Jorge mientras yo divagaba en mi interior, me cogió la mano y empezó a acariciarla morbosamente. Instintivamente le dije, «paga la cuenta y llévame donde queras» el chico se levantó como un rayo pago y me tomo de la mano halándome.

    Salimos del café y caminamos durante una media hora, me contó que íbamos al barrio peruano de la ciudad, que allí vivía con dos primos y que era la zona de inmigrantes peruanos, aunque había personas de otros lugares de Suramérica. El lugar se veía igual que los barrios populares peruanos que había conocido en un par de viajes allí.

    Mientras caminábamos, él llevándome de la mano, sentía como todas las personas nos miraban, seguro preguntándose como Jorge llevaba a una rubia como yo de la mano en el barrio peruano. Debo aclarar a los lectores que no me conocen, que soy uruguaya y que mi biotipo es caucásico, o sea soy rubia, blanca, delgada, pero como buena suramericana, tengo buenos senos y nalgas. Sentía aquello sobre todo con los hombres que nos miraban, sentía sus miradas en mis piernas muy poco cubiertas. Llegamos a un edificio de 5 pisos, subimos al tercero y entramos.

    Era un apartamento pequeño y humilde. Algo desordenado, lo cual evidenciaba que allí vivían solo hombres. Jorge cerró la puerta, me dijo que esperara en la sala, él fue a mirar si estaban sus primos, los llamó pero nadie contestó. Entonces me llamó y entramos a su cuarto. Había una vieja cama y desorden por doquier. Puse mi bolso sobre un escritorio y sentí que Jorge se me puso detrás abrazando, me tocaba las tetas y olía mi cabello desde atrás. «que ricas tetas tenés juanita, están duritas, ahora es cuando te saco lo putita que eres» entonces metió su mano bajo la blusa, levantó el bra y empezó a apretar mis pezones, su otra mano se deslizaba sobre mi vientre y mis piernas.

    Ahora me giró y su boca lamia mi cuello y empezó a besarme. Sus manos se movían sobre mis nalgas estrujándolas y apretándolas. Sin permiso me saco la blusa y el brasier sobre mi cabeza, entonces se agachó y me lamia las tetas. Yo estaba atrapada y excitada con los lametazos y las manos por todo mi cuerpo. Sus manos pronto llegaron a mi concha, sobre el short. Metió una de sus manos en el short y sentí su dedo que alcanzaba a tocar mi concha. «que rica que estas, así te imaginaba juanita. Ahora que voy a comprobar lo puta que sos en real, si eres igual o más puta que en virtual» entonces me apretó la cabeza empujándola hacia abajo. Me resistí porque no entendí lo que quería, entonces me apretó el cabello fuertemente halándome hacia abajo, haciendo que quedara de rodillas.

    Entonces sacó su verga de entre el pantalón y me la puso en la cara. Era un miembro grueso, negro, largo, pero muy grueso. Mientras lo meneaba y me golpeaba la cara con su pene me hablaba «quiero que me la mames igual que lo describías en el chat. Vas a ver lo que es tener una pinga en la boca, perra. Abre el hocico y traga» con esa orden lo que hice fue abrir grande. Él empezó a entrar y yo a ahogarme. Le pedí que esperara un poco. Me acomodé sobre mis rodillas y empecé a lamerle el tronco y el glande, él entendió que yo disfrutaba de esa forma. Mientras lo lamia y humedecía le tocaba los huevos y empecé a tragármelo de a poco. Tan solo escuchaba como disfrutaba la mamada. Mi boca se acomodó al tamaño de la verga negra de Jorge y ya podía sacar y meterlo de mi boca mamándolo como me gusta. Jorge me hablaba, «si, si juanita, así te imaginaba, tragándote mi verga. Siempre me hice pajas imaginándote así, y ahora te tengo arrodillada y con la boca repleta de mi pinga. Sigue, sigue que es delicioso» se la mamaba por ratitos, luego utilizaba mi mano para masturbarlo, mi lengua jugaba con su glande, mis dedos con sus huevos.

    Me pidió que le chupara los huevos y eso hice. Luego él tomo mi cabeza y empezó a cogerme la boca, me metía duro y profundo su verga. Casi me ahogaba y me la sacaba para que tomara aire, luego repetía la acción haciendo que su verga se perdiera en mi garganta y mis narices fueran tocadas por los pelos de sus huevos. Tras un rato decidió parar. «ok juanita, ahora viene lo bueno» me hizo levantarme y me sentó en la vieja cama. Estando allí se sacó toda la ropa. Podía ver que su verga era descomunal y que el cuerpo de Jorge era muy gordo y flojo. Me pareció muy feo, pero por dentro mi puta interior, se calentaba con ello. Siempre he creído que la fealdad común me excita. Siempre me coge alguien que no encaja en la belleza ideal. Y eso me excita pensarlo, todos me dicen que soy una chica hermosa, eso no me importa mucho, pero sé que es así, al menos trabajo que ser hermosa, voy al gimnasio, como sanamente, cuido mi cuerpo, uso bonita ropa, etc. entonces una chica hermosa siendo cogida y humillada sexualmente por alguien que no lo es, me excita. Ahora estaba allí con mi blusa y brasier de diseñador, tirados sobre unas cajas, mi cuerpo tonificado posando frente a un nerd gordo, con una verga descomunal, me tenía al borde del orgasmo.

    Jorge se tomó la verga, se dio cuenta que se la miraba durante mi reflexión «te gusta perra, se te nota en la cara» Jorge se agacho, me casó el short y el tanga, igual los lanzó sobre el piso, me tiro hacia atrás abriendo mis piernas, yo caí de espaldas sobre la cama, vi cómo se puso sobre mí, escupió su mano y sentí su palma sobre mi concha. La movía despacio, noto como me mojaba con el contacto. Siguió moviéndola y uno de sus dedos se deslizo dentro de mi concha. Yo deje salir un gemido y siguió moviendo su mano en mi concha. «que rica concha perrita, me la voy a comer todita en seguida, me encantan así depiladas como la tuya, casi nunca puedo cogerme una concha así, menos blanca, así que esta me lo voy a disfrutar, te la voy a partir» con sus palabras y su tacto pude sentir un calor inmenso dentro y gemí gritando, tuve un orgasmo enorme que Jorge disfruto. Puse mi espalda arqueada sobre la cama y mis ojos cerrados a más no poder. Jorge se reía «wow perra eso si es venirse» al caer y descansar, respirando profundo tras esa corrida, sentí que Jorge se montaba sobre mí, su verga en mi concha empezaba a abrirse camino hasta llegar al tope. La saco y volvió a entrar. Yo gemía al sentir como me abría la concha. Cuando ya estaba acomodado empezó a penetrarme fuertemente.

    Yo sentía que me entraba toda hasta dentro. Él se apoyaba en sus brazos para empujar dentro. Luego me tocaba las tetas que se movían al ritmo de sus empujones. Yo miraba hacia abajo y no podía ver su verga, tan solo veía su barriga sobre mi vientre plano, que sudaba. Pero si sentía que ese pene grueso me taladraba. En algún momento me la saco. Se puso de pie sobre el piso, tomo mis tobillos y me halo hacia el borde de la cama, de nuevo me penetro. Me levantaba las piernas, me apoye en mis codos y así podía ver mejor como su verga entraba en mi concha. Me excitaba ver como estaba totalmente apretada por mis labios vaginales. Él hacia un esfuerzo por metérmelo duro y por no correrse. «que delicia de puta ¿te gusta que te cojan así perra?» yo aguantando los gemidos le decía que si. Entonces saco su verga de nuevo, de pie, me halo del cabello obligándome a mamárselo. Así lo hice un rato. «ok puta ponete en cuatro» me acomodé e hice lo que me pidió.

    Me montó y puso su verga en la concha y volvió a entrar. Empezó a darme, su verga desde atrás parecía más gruesa y grande. Me entraba más profundamente, me halaba el cabello como si montara un caballo y me daba palmadas en las nalgas «eso puta, que así es como se folla a una como vos. Me gusta cogerte duro y te voy a coger duro todos estos dos meses, porque esta casualidad no va a ser en vano, prepárate por que te follare todos los días» con sus palabras y movimientos, sentí que mi segundo orgasmo estaba por llegar, me concentre en sus embates y empecé a sentir que uno de sus dedos penetraba mi ano, mis gemidos aumentaron y su verga parecía más y más grande, su dedo en el culo se movía frenéticamente «que rico perra, ese culo va a ser mío, pero ahora me voy a correr, así que te vas a tragar todo en la boquita, como en chat» Jorge se movía fuerte, mi corrida estaba en la boca del túnel, al sacar su dedo de mi culo, el calor en mi me sació y mi orgasmo fue tan brutal como el anterior, sentía la verga de Jorge en mi concha abriéndola, mis gritos de satisfacción seguro se escucharon en todo el edificio, entonces Jorge sacó su verga, instintivamente, como en decenas de veces, mi cuerpo se giró poniendo mi boca a la altura de su verga y abriéndola. Jorge apunto a mi boca y se masturbo.

    Con un par de movimientos los chorros de semen se fueron contra mi rostro: el primero directo a la mejilla izquierda, el segundo a mi boca, estallándose entre mis labios y dientes, el tercero, menos fuerte llegó a mi nariz, Jorge movió más su verga e hizo que le salieran dos fuertes chorros que dieron en uno de mis ojos y uno final que me llegó a la lengua.

    El gritaba excitado «haaaa siiii perraaa, deliciooo… límpiamelo todo, lame tu pinga de negro perra…! Mi boca buscó la verga y empecé a lamer todo el semen que quedaba y salía de su verga. Limpiándosela. Al terminar Jorge mi miraba desde arriba, aún incrédulo, con mi rostro embadurnado de su semen, «wow juanita, que polvo por dios. El mejor de mi vida. Estas deliciosa» me acosté en la cama exhausta. Escuché que salió del cuarto y regreso, se acostó a mi lado y me entregó un pañito para que me limpiara el semen de los ojos y el rostro.

    Cuando lo hice noté que no me había quitado las sandalias de los pies, así que lo hice y me senté sobre la cama. Veía la verga de Jorge que no bajaba la guardia, él seguía observándome incrédulo. «no puedo creer que me haya cogido a una mina como tú. La verdad es que en el café creí que me mandabas a la mierda cuando te insinué esto. De hecho las veces que te vi en el parque no me atreví a hablarte porque estaba seguro que una miss universo como tú no dejarías que alguien como yo se le acercara».

    Yo me sonreía y callaba con lo que me decía. «wow que concha apretada y que boca suave tenés», yo estaba acostada de lado tan solo lo miraba y sonreía, el mientras me hablaba sus manos acariciaban mis piernas y nalgas «hace mucho no me cogía a una chica blanca como tú, siempre me tocan de rasgos indígenas, como las de mi país, pero cogerse a una blanca casi europea como tu es algo delicioso, mi última blanca como tu fue una rubiecita en un burdel de esta ciudad» entonces pude ver como su verga se hinchaba, él se acomodó mejor y podía tocar a plenitud mis nalgas, mi concha, piernas y ano. Su mano iba a mi concha que ya estaba mojada de nuevo y luego a la zona anal, allí presionaba sin penetrarme. Me levantó la otra pierna, dejando mi concha y ano abiertos.

    Se acomodó frente a mí, con una de mis piernas sobre sus hombros y la otra abierta y estirada en la cama. Su mano iba entrando en mi concha humedeciéndose y luego iba al ano a presionar sin penetrar «que rico culo se te ve, en los chats te gustaba que te enculara y eso voy a hacer. No te gusta hablar mucho verdad» de nuevo sonreí y no dije nada, pero mi mano le tomo la verga que dio un respingo. Él se sonrío y en ese momento su dedo penetro mi culo. Empezó a moverlo hacia dentro y fuera. Yo apretaba su verga duro masturbándolo «decime que te encule perrita, dale decime que querés tener m verga en el culo» yo gemía y le apretaba la verga «dale perra decilo» «sí, quiero que me encules como en el chat», Jorge saco el dedo del mi culo y lo metió en mi boca para que se lo lamiera «así no me lo pidieras te lo voy a partir todito, ponete en cuatro», me acomode en cuatro sobre la cama. Jorge posó su enorme verga en la entrada de mi ano, sus manos empujaron mi espalda para que mi culo se empinara más, entonces no me apoyaba de mis manos sino de mi rostro.

    Jorge escupió sobre mi ano y la verga empezó a abrirse camino. Fue entrando la cabeza y luego el tronco, lo sacó y volvió a repetir la acción, ahora entró un poco más «la querés toda perra, decilo» «si dámela toda, toda en el culo» entonces Jorge volvió a entrar esta vez hasta que sus huevos tocaron mis nalgas. Ahora empezó a encularme. «que pedazo de culo… que culo de golfa tienes… buff bufff…», «-Aaaay… aaay que bien entraaaa» decía yo con los ojos cerrados.

    Su verga era enorme, abría todo allí dentro. Metía y sacaba, metía y sacaba, adelante y atrás, adelante y atrás en un martilleo constante. Me cogía de la cintura y de los hombros. Escuchaba el sonido que hacían sus caderas al chocar contra mis nalgas. Entonces empezó a decirme «-¡¡¡oh diosss!!… voy a correrme… me voy a correr… ooohhh… -vamos, perra… ya estoy a punto… dale dale… eres una cerda, una gran puta… voy a llenarte las nalgas… -ohh siii… ¡¡¡oh oohhh!!!… córrete córreteee… -me corro me corroooo ¡¡aaarrggg!!…» Apreté los dientes y luego sentí que me llenaba el culo de semen.

    Se salió acostándose a mi lado en la cama, yo sentía mi culo abierto y mojado. Me senté sobre la cama y de mi culo brotaba semen cayendo. Miré al chico que me había acabado de encular y no me lo creía: un gordo feo, con su verga ahora flácida, con estrías en su barriga y piernas, descansaba después de haberme partido la concha y el culo. Me levante y empecé a ponerme mi ropa, era tarde, había estado cogiendo con Jorge más de tres horas. No me había fijado pero el tipo me había metido su verga en el culo durante más de una hora en una sola pose. Mis rodillas estaba desechas de aguantar el peso, se veían enrojecidas, así mismo sentía mi culo raro, caminaba un tanto incomoda.

    Jorge me indico el camino de regreso y al ir saliendo, me miro desde su cama «¿hey mañana nos vemos en el mismo café?» yo lo mire y asentí con la cabeza. Luego él volvió a la cama, volví a ver su cuerpo flojo allí y como ni siquiera me acompañó a la puerta. Caminaba por el pasillo cuando alguien abrió la puerta, me encontré con un chico de unos 28 años, de pie más oscura que Jorge, que se asustó al verme «hola, estaba con tu primo Jorge, él está en el cuarto, ya me marchaba» el hombre sorprendido me miro de arriba abajo y me dio campo para salir. Cuando iba bajando las gradas me grito «hey rubita ten cuidado en la calle de arriba, acelera el paso o toma un taxi» lo mire agradecida y me marché.

    Llegué a mi casa y me di una ducha, prepare los trabajos para la clase del siguiente día y me fui a la cama, satisfecha por el día.

    Después de clase caminaba por el parque y vi la cafetería, había quedado con Jorge de vernos, pero estaba por pensar que mejor así. Ese encuentro de ayer estaba bien, para calmar las ganas de sexo, pero Jorge no era alguien para estar dos meses. De hecho m idea era tener una aventura con un nativo de ese país. Así que decidí caminar por otro lado y obviar el café. Era una ciudad grande y podía buscar otro camino para evitar encontrarme con Jorge en esa zona. Al caminar en sentido contrario en busca del túnel para el metro, un hombre del tipo ejecutivo muy apuesto me sonríe, sentía como me observaba, dentro de mi pensé que era el tipo con el que me gustaría tener una aventura de dos meses, pero justo cuando el tipo y yo vamos a avanzar para decirnos algo me encuentro con Jorge que caminaba apurado «creí que llegaba tarde lo siento» me quede de una pieza, pues parecía que no escaparía tan fácil de la molesta apariencia de Jorge. Me tomo de la mano y salimos de allí. El ejecutivo me miraba sorprendido, seguro se preguntaría qué hacía una mina como yo con aquél chico.

    De nuevo al barrio y al cuarto de Jorge. De nuevo a mamársela y de nuevo a follarme como loco. No voy a decir que no me excitaba ni que el chico no follara bien, para nada, pero no quería que el creyera que tenía poder sobre mí. Sin embargo su verga me penetraba el culo, mi rostro contra las almohadas y sus manos halando mis caderas metiendo su verga hasta el estómago. Mis gemidos se escuchaban por todo el edificio, mientras me daba duro, alguien tocó la puerta. Jorge detuvo la penetración «qué pasa», el primo le dijo que quería hablar con él. Molesto, Jorge saco la verga de mi culo, se puso la ropa rápidamente y salió. Yo me cubrí con una cobija, no quería que alguien entrara y m viera desnuda. Jorge se demoró un poco y luego regresó. «que ocurrió» pregunté. «es que estamos haciendo algo de ruido y los vecinos parece que se enteraron y bueno ya sabes, burlas» me sentí muy mal, algo avergonzada. «pero no te preocupes podemos ir a otro lado o hacerlo menos ruidoso» le dije que me daba vergüenza salir ahora, después de saber eso. Él me comprendió y se acostó conmigo y charlamos un poco.

    Hablamos de la soledad de estar allí y del sexo con personas de ese país, a lo cual le conté de mis expectativas al respecto. Jorge me dijo que si lo que quería era coger con otras personas él podía ayudarme. Me sonreí porque él no sabía que me refería a otra clase de personas, entonces decidí seguirle el juego. Me explicó que podía hacer que yo tuviera alguna experiencia con gente que él conoce, por ejemplo su jefe en el trabajo, o el vecino que se quejó del escándalo, o tal vez sus primos. Yo le seguía el juego porque en nuestros chats teníamos una debilidad porque él me compartiera con otros tipos sin yo decir nada.

    Mi posición era la de seguirle el juego, pero no quería lo que le me termino pidiendo. «¿qué tal si te coges a mis primos y luego al vecino y finalmente a mi jefe? Así tendrías sexo diverso, y podríamos cumplir la fantasía del chat? Cuando me estaba acomodando para explicarle que no era buena idea, vi que su verga se ponía tiesa, enorme. Me quede mirándosela como atontada y no respondí. Obviamente él lo entendió como un sí. Jorge grito «Paco». Y dos segundos después entro el primo mayor de Jorge.

    Lo miré asustada, sobre todo cuando Paco se sacó la camisa y se empezó a bajar los pantalones «no, pero no me refería a eso Jorge, yo» alcance a decir, pero el mismo Jorge metió su verga en mi boca llenándomela «yo sé que si bebé, que lo que necesitas en vergas y yo te voy a dar todo eso» me decía Jorge mientras me metía su pene dentro. Paco estaba cerca con su verga al tope, entonces Jorge se quitó y le dio paso a su primo. Paco me miro «chúpamela» yo, casi en trance me quedé helada. Su pija era todavía mayor que la de Jorge. Algo más larga y arqueada, pero sobre todo más gruesa, también algo más oscura. Me iba a costar tragar eso.

    «¿Te gusta mi pija Rubita? Seguro que nunca has chupado una tan grande» Decidí emplearme a fondo y con esmero con mi lengua por su enorme pija, por sus huevos. Él parecía impaciente por meterla dentro de mi boca y haciendo un esfuerzo tragué todo lo que pude, aunque no pude evitar sentir de nuevo arcadas. Se notaba que le gustaba por su expresión y los ruidos de placer que emitía. Me agarraba con fuerza del pelo, moviendo mi cabeza sin dejar que su pija saliera ni por un momento de mi boca. «Así, así, no pares. Mueve la lengua rubita. Uhmmm. Así»

    Ponía todo mi empeño en ello, aunque me costaba mantener todo eso en mi boca. Vi que Jorge se movía por la habitación. Estaba desnudo del todo y su pija de nuevo en alto, apuntándome. Me agarró por la cintura y me levantó, con lo que dejé de estar de rodillas, pero sin que Paco permitiera ni por un momento que su pija saliera de mi boca. Me quitó la falda y bajó mis braguitas. Comenzó a acariciarme el ano, a frotarlo con su saliva y después, abriendo mis piernas, acercó su pija a la entrada de mi culo y comenzó a empujar.

    Sentí de nuevo un fuerte dolor al notar cómo penetraba en mí, pero Paco no me dejaba parar. «Tú sigue Rubita, no pares, que te vamos a dar lo que te mereces» Empecé a notar cómo Jorge se derramaba dentro de mí. Al poco tiempo un fuerte chorro de esperma de Paco golpeó contra mi garganta. Instintivamente sentí una arcada e intenté sacar su pija de mi boca, pero no pude, él sujetaba firmemente mi cabeza para que su pija siguiera muy dentro de mí, así que seguí sintiendo nuevos chorros que golpeaban fuertemente en mi garganta y que yo tenía que tragar. «Trágatelo, trágate toda mi leche» Continuó agarrándome con fuerza, mientras se arqueaba de placer y gemía en alto sin parar. Cuando me tragué hasta la última gota dejó que su pija saliera de mi boca. Tuve aún que pasar mi lengua por ella, hasta que quedara totalmente limpia.

    Ambos primos hablaban de lo bien que follaba. Jorge decidió salir y antes que yo dijera algo Paco me abrazo y me dio la vuelta y me puso boca abajo. Comenzó a acariciarme la espalda, pero sobre todo mis piernas y mis nalgas. Yo estaba aprisionada bajo su cuerpo, notaba su peso sobre mí y el vello de su pecho sobre mi espalda. Comenzó a acariciar mi ano con el dedo ensalivado. Había abierto completamente mis piernas con las suyas y empecé a notar que su pija rozaba mi cola mientras él la encaminaba hacia el orificio. Comenzó a empujar con su pija, que no conseguía entrar. Luego sentí un dolor fuerte, como si me rompieran por dentro, como si me atravesara una barra de hierro.

    Su pija había comenzado a entrar y poco a poco siguió entrando, mientras yo ya gritaba y las lágrimas se me saltaban. Ajeno a mis quejas, a mis gritos, me mandó callar con brusquedad y continuó empujando, mientras yo tenía la sensación de que me iba a desgarrar, de que era imposible que eso tan enorme que yo había tenido en mi boca a duras penas, pudiera entrar en mi culo, pero él continuaba empujando hasta que su pija me llegaba casi a las entrañas. A partir de ahí comenzó a moverse lentamente, sacando y metiendo su pija en mi culo, lo que parecía provocarle un placer extraordinario. Yo su cabeza apoyada contra la mía, su respiración sobre mi cara. Continuó bombeándome el culo por un tiempo que me parecía eterno, sus movimientos se hacían cada vez más fuertes, más bruscos, su respiración se aceleraba. Me cogía casi con violencia, hasta que sentí que terminaba dentro de mí, inundando mi culo con su leche. Siguió aún un poco más mientras él casi gritaba de placer.

    Jorge llegó al rato con el rostro de desilusión, yo estaba en el cuarto de Jorge desnuda, Paco ya me había enculado dos veces más, estaba desecha. Jorge estaba desilusionado porque no había podido encontrar al vecino. Me dijo que él me conseguiría más si yo deseaba. «Jorge no es esto lo que quiero, tu primo es un bruto, creo que no podre coger más por el culo en una semana» Jorge se rio por el comentario «está bien, les diremos que te traten mejor, mi primo es una bestia es cierto» me acaricio y beso en la frente como tranquilizándome «quiero irme ya» le dije. Jorge cambio el rostro «creo que deberías quedarte, duerme acá conmigo, en un rato llegará Daniel y podrás coger con él, mañana en la mañana me gustaría mucho encularte a primer ahora, haaa sería una fantasía» entendí que Jorge estaba muy lejos de pensar lo mismo que yo, que parcia haberse enloquecido con nuestras charlas. Me levante para ponerme la ropa y Jorge me detuvo «quedate» «tengo que ir a clase mañana» «faltaras» y me tiro sobre la cama. Me quede helada pensando en lo que este chico estaba pensando.

    Efectivamente como me lo advirtió, en la noche llego su primo menor, Daniel, que paso por el cuarto y me follo totalmente sorprendido de poder hacerlo. Se notaba que era su segunda o tercera vez. Se corrió rápidamente y me follo por la concha. Salió, Jorge no dejo el cuarto y observaba todo muy atento y excitado. Se le notaba su verga grande bajo el pantalón. Se desnudó y se acostó conmigo. Ambos dormimos, yo rendida y cansada.

    En la mañana me despertó un golpetear sobre mi rostro. Era la verga de Jorge que me golpeaba, al abrir la boca pare preguntar por lo que pasaba me la metió «mama bebé, pónmela grande» y me halo del cabello poniéndome en cuatro y haciéndome mamársela. Me desperté del todo y se la mame como sé que le gusta. Su verga se puso al tope. Entonces, tal como lo había dicho me puso en cuatro y metió su verga en mi culo. Mis gemidos empezaron a escucharse fuertemente. Era muy temprano trataba de tapar mis gemidos con la almohada. Jorge disfrutaba con mi culo. Entonces sentí a alguien más en el cuarto, levante la cara y era Paco y otro hombre. «hola vecina bullosa» me los quede mirando, Jorge seguía dándome. Paco le hizo una seña para que se acomodara mejor, entonces me giro, con mi cara hacia el filo de la cama, de esa forma tanto Paco como el vecino, podían meter sus vergas en mi boca, mientras Jorge seguía taladrando mi culo.

    Entonces entre estos tres me dieron la cogida de la vida. Cada uno me follo el culo mientras otro me lo metía a la boca. Nunca me cogieron por la concha, solo el culo, los tres. Cada uno se vino en mi boca al final. Jorge estaba extenuado mientras Paco se reía y se marchaba a su trabajo. El vecino, que tan solo había estado conmigo ese ratito, le pidió a Jorge permiso para echarse otro polvo y cogerme la concha. Jorge sonriente me pregunto si yo quería. Agotada no dije nada, entonces Jorge asintió.

    El vecino se montó sobre mí y me follo por la concha, puso mis dos piernas sobre sus hombros y me daba fuertemente. Luego me puso de costado y me follaba levantándome la pierna. Un rato después me hizo montarlo dándole la espalda, me lo metía desde abajo por la concha. Tras un rato la saco y en la misma pose entro por el culo. Me tenía empalada, recordé al hombre del gimnasio de mi colegio, que me cogía de forma similar. También recordé que todos los tipos perdedores, feos, fracasados, que nunca se han cogido a nadie como yo, terminaban dándose un festín con mi cuerpo sin que yo chistara. Mientras el vecino me ponía en todas las poses posibles y me la metía en la concha y el culo, recordaba que mi cuerpo esbelto, tonificado, cuidado, mi cabello lavado y sano, siempre terminaba ensuciado por alguien feo y sucio. Y lo peor es que aquello me excitaba. Cuando reaccione estaba arrodillada recibiendo el semen del vecino en el rostro y posteriormente limpiándole la verga. Recuerdo que me fui a dormir, cansada.

    Desperté y era de noche. Los tres primos estaban en casa. Me vestí y salí al pasillo, los tres me sonreían como si nada. Uno de ellos hacia sus tareas, el otro preparaba la cena y Jorge preparaba su trabajo. Intenté despedirme y Jorge me pidió que me quedara yo le dije que mejor regresaba después, que había perdido clase y no estaba bien. Él acepto y salí de allí.

    Esperaba el paso del metro cuando escuche «Rubita» giré y era Paco «como sé que seguro no regresas al apartamento, porque no nos despedimos, conozco un hotelito cercano», «perdona pero debo marcharme» le dije tratando de cortarlo. «no querrás que te siga y sepa dónde vives y lleguemos todos allí verdad», a pesar de asustarme con lo que me dijo me sentí fuerte para responderle «por favor, ya tuviste suficiente», Paco insistía «vamos rubita, yo sé que te ha gustado», intentó acercarse «déjame por favor», le dije. «está bien, pero prométeme que volverás» no le respondí, el vagón ya llegaba. Se detuvo el vagón y subí, esperando que Paco no me siguiera, antes que se cerrara la puerta lo vi cómo se tocaba la verga sobre el pantalón «volverás a por más perra». La puerta se cerró y pude regresar a mi cama.

    La semana siguió de largo y regrese a las clases. Atravesaba la ciudad para no pasar por el parque y encontrarme a Jorge o a sus primos. Pasaba el primer mes fuera de mi país y ya me acostumbraba a todo. Me levantaba temprano para arreglar mi ropa y mis utensilios de estudio, así como hacer algo de ejercicio en el apartamento, abdominales y algo de piernas. Iba a la universidad y regresaba a practicar en casa lo aprendido. Empecé a quedarme en la universidad pues el ambiente me gustaba y así podía practicar el inglés con otras personas. Todo marchaba de maravilla, aunque algunas veces pensaba en Jorge y su ímpetu al cogerme. Su total falta de caballerosidad y machismo absurdo en busca de su placer. Y entre los pensamientos alcanzaba a excitarme recordando su verga entrándome por la concha y el culo. Algunas noches no paraba mi dedo de presionar mi clítoris recordándolo a él y su primo Paco, mientras me cogían. Empecé a extrañar una verga dura dándome fuerte, así como sentirme humillada por hombres de mal aspecto. Pero contrario a esas sensaciones morbosas y de tipo fantasía sexual, que me hacían sentir muy puta, empezaba a acercarme a un chico nacido en ese país. Ya charlábamos seguido, me acompañaba a mi casa, hasta habíamos hecho trabajos allí. Todo parecía darse como en la adolescencia, obvio él no me conocía, yo no lo conocía. Ambos sabíamos que estaría allí un mes más, no importaba el pasado ni el futuro.

    Empezamos a salir. Él se portaba como todo un caballero y yo como toda una dama. Me divertía mucho. Era un chico apuesto, rubio, alto, de buena talla y complexidad grande. Un chico de los que hace ejercicio y se cuida su aspecto. La clase de chico con el que una chica quiere pasar un buen rato o toda una vida.

    Una semana después empezamos a follar. Me llevaba a su casa o en mi apartamento. No follaba mal y me la pasaba bien. En la universidad íbamos tomados de la mano, igual que en la calle. Me presentó a su familia y todo parecía de sueño. Me iba mejor que nunca en la universidad y tenía un amante hermoso que me cogía de linda forma.

    Una tarde fuimos los dos a recoger un trabajo de él para la universidad a una central de copias. Íbamos tomados de las manos y besándonos. Al pedir los documentos, veo que Jorge es quien lo atiende. Me quede en shock. Jorge me quedo mirando y atendió a mi chico sin decir nada, ni mirarme de más. Mi chico me preguntó que me pasaba, a lo que le dije que no pasaba nada. Que nos apuráramos a salir. Jorge entendió mis palabras en inglés y le dijo a mi chico que su pedido se demoraría un ratito más. Que si no nos importaba esperar un poco. Mi chico dijo que no había problema. Jorge se las arregló para que mi chico acompañara a otro empleado a la bodega a revisar algo, de esa forma me quedaba sola. Al marcharse mi chico, Jorge me llevó a otra bodega continua, «hola perrita, te me perdiste pero mira donde te encuentro», «hola Jorge, cómo estas», le dije tranquila. «pues con ganas de coger y esperándote todos los días», «lo siento Jorge, pero he venido a este país a estudiar y nada más. Lo que paso fue divertido pero ya fue», Jorge me miraba de arriba abajo, justo ese día llevaba una minifalda vaporosa y chanclas, mis piernas se veían en todo su esplendor. «entiendo, lo que me dices, pero la verdad es que sé que te gustó todo lo que te hice yo, mi primo y mi vecino, y como sé eso, quiero que lo sigas teniendo. De hecho yo mismo quiero que lo tengas ahora mismo» dicho eso me empujo contra unas cajas.

    Trate de detener su agresión, pero él mismo me giro y me puso contra las cajas, levantó mi falda, me sacó la tanga y palpo mi concha. «que deliciosa que te vez perrita, a que este gringo no te coge como yo. Mmm te vas poniendo mojadita» empezó a tocarme, metiendo su dedo en mi concha, empecé a sentir calor y ganas de coger, pero pensé en mi novio, y ahí en ese momento lo que sentí fue la verga de Jorge que empezaba a entrar en mi concha desde atrás. «haaa que rico volver a entrar perra. ¿Te gusta?, decime si te gusta», yo gemía a cada embate, volviendo mi concha a reconocer el tamaño de la verga de Jorge. Él seguía diciéndome chorradas y penetrándome con toda su fuerza. Me halaba el cabello «como sé que tu gringo está por salir de la bodega, quiero que te tragues mi lechita y a penas lo veas lo beses. ¿Lo vas a hacer perra?» me preguntaba y parecía darme más duro «respóndeme, lo vas a hacer así?», yo solo atinaba a gemir pues mi orgasmo estaba por llegar «si, si, haaa, lo haré. Lo haré, me tragare tu leche y lo besare, no pares…».

    Jorge se reía y seguía dándome. «bien perra, te daré tu leche» empezó a penetrarme más y más fuerte «date la vuelta perra» me gire y quede de rodillas, el metió su verga en la boca, apretó mi cabeza contra su pene y empezó a descargar en mi boca y garganta «haaaa siiii delicioso, no dejes nada fuera, te lo tragas todo so puta» me obligo a lamerle la verga hasta dejarlo limpio. Mientras él se acomodaba su ropa y yo la mía me hablaba «muy bien perrita, como te portaste tan mal, ahora yo me portare mal. Así que si no quieres que tu novio gringo se entere de lo puta que sos, vas a venir a visitarme a mi casa todos los días. Te vas a dejar coger por mí, mis primos y todos los que yo desee. De acá no solo te vas a ir con un nuevo estudio en tu carrera profesional, sino totalmente enculada por vergas peruanas y ahora que lo pienso, quiero que seas también profesional de puta» lo que me decía me ofendía pero parecía que era en serio. Me halo el cabello y me empujó hacia afuera «queda claro todo?» me pregunto, yo asentí con la cabeza. «te espero esta noche en mi casa, hoy estoy solo y quiero cogerte, pero mañana te dejo para mis primos… haa y si no lo besas al salir le muestro esto» Jorge me muestra su celular, ha tomado algunas fotos mientras me follaba en esa bodega. Ambos salimos y al minuto regresaba mi novio con su trabajo. Jorge miraba expectante como, me acercaba a su rostro y lo besaba profundamente. Jorge se reía, yo lo veía de reojo. Nos fuimos de allí y al rato le dije que quería regresar sola a casa, pues no me sentía bien. Él quiso acompañarme, pero termine por convencerlo de irme sola. Tome el metro y fui al barrio peruano.

    En su apartamento Jorge me esperaba. Esa noche me cogió de una forma brutal. En su cuarto no paró de metérmela en la concha y el culo. A cada embestida no paraba de decirme que era una puta y que iba a cogerme todos los días hasta que me fuera de ese país. Yo no dejaba de sentir como esa verga me abría de nuevo el culo y la concha, en las anteriores semanas cogiendo con mi novio, todo era distinto, por más que me gustaba coger con mi novio, no sentía que su verga me llegara tan profunda y me abriera tanto. Más que sentirme ofendida o usada por Jorge en su apartamento, empecé a sentirme deseada y bien follada. Así moví mi cuerpo para darle lo que quería y mucho más. Él se dio cuenta y disfrutaba cada choque de nuestros cuerpos.

    Esa noche follamos varias horas. Se corrió en mi concha, en mi culo y en mi boca. Dormimos juntos y él me acompaño a la universidad. Quedamos que después de la universidad yo lo recogería a él de su trabajo, al finalizar la tarde e ir a su apartamento a coger. Tal vez por la noche me llevaría a mi casa o decidiría si debía quedarme con él. Todo ello sería todos los días hasta que me marchara. Eso significaba que la vida con mi novio pasaba a ser solo en la universidad y en las tardes.

    Me las arregle para que fuera así. En la mañana y en la tarde, era la novia universitaria linda y prístina, mientras en las noches me convertía en la puta de Jorge y sus primos, eso sin contar al vecino que también me visitaba.

    Cada noche era distinta, o Jorge me cogía solo toda la noche, o me obligaba a coger con cada uno de sus primos por ratos. Yo aceptaba sin chistar, aunque con Paco siempre sufría. A este tipo le encantaba hacerme duro, hacerme doler. Cada que se daba cuenta que alguien me estaba follando, se aparecía para metérmelo al tiempo. Siempre que Daniel, el primo menor o el vecino me enculaban o follaban la concha, Paco aparecía y me llenaba el otro agujero. Pero nunca lo hacía cuando Jorge me montaba.

    Los fines de semana amanecía en casa de ellos. Cada primo cuadro y pasaba la noche en la cama con cada uno: el viernes era de Jorge, el sábado de Daniel y el domingo de Paco. Eso no significaba que alguno de ellos se pasara y me compartiera con el otro, pero la cláusula era que amanecía en la cama con alguno de ellos. Casi siempre porque en la mañana a todos les encantaba o ponerme a mamar o cogerme.

    Entre semana era el turno del vecino que siempre se enteró de lo que los primos me hacían y él se veía incluido en la familia, así que sin que su esposa lo notara o cuando ella no estaba en casa, me metía a su cama y me follaba a plenitud.

    Mi novio sabía que la fecha de regreso estaba cerca y quería pasar más tiempo conmigo, tal vez amanecer con migo y no solo coger a la carrera en los salones o wáter de la universidad, o como las últimas semanas en su casa sin que sus padres se enteraran. Ya no sabía cómo mentirle o como salirme del compromiso con los peruanos.

    La última semana en tierras extranjeras fue una locura: logre terminar el curso con excelentes notas al igual que mi novio. Las clases terminaron un miércoles y regresaba el martes siguiente. Todos los tipos que me cogían lo sabían. Así que organice todo para darles gusto a todos:

    El jueves sería para el vecino y mi novio, el viernes para Jorge, el sábado para Daniel, el domingo para Paco y el lunes para mi novio de nuevo.

    Todo funciono casi a la perfección.

    El jueves le dije a mi novio que nos viéramos en la noche, de esa forma tendría la tarde para que los peruanos vieran que no les fallaría. Fui hasta allí, Jorge y Paco celebraron que les cumplí. El más contento fue el vecino, quien tuvo que pedirles permiso a los primos para meterme al cuarto de Jorge y darme una culeada re dura. Siempre fue el que más poses uso conmigo, el que parecía disfrutar de verme desnuda, pero esta vez se olvidó de todo y eso y no hizo más que darme por el culo todo el rato. Se vino en mi culo, y cuando me estaba vistiendo para marcharme, me dijo que quería más. Intente resistirme pero él mismo me hizo mamársela, tras eso de nuevo por el culo.

    Pude librarme de él y llegar a tiempo a mi casa, ducharme y ponerme hermosa para mi novio. Con el que salimos a comer y a bailar, luego a mi apartamento y le di el mejor sexo de su vida, deje que me follara a su antojo, luego le pedí que me enculara, él se sentía en la gloria cogiéndome por el culo, como si fuera el único que lo hacía. Me follo casi toda la noche. Dormimos juntitos y en la mañana lo desperté con una tremenda mamada tragándome su leche. Él me miraba asombrado y me pidió que no me fuera, le sonreí y deje que me follara de nuevo toda esa mañana y la tarde. No quería dejarme pero tenía que marcharme, era viernes, el día de Jorge.

    Aunque parezca extraño no todo fue sexo. Jorge me llevo a comer y salimos a caminar por la ciudad. La pasamos muy bien charlando y jugueteando. Más tarde en la noche me pidió que fuéramos a mi apartamento, pues no quería a sus primos merodeando. Me parecía extraña toda esa actitud protectora, sobre todo después de haberme entregado completamente a sus familiares para que hicieran todos los vejámenes posibles sobre mí. Acepte que fuéramos a mi casa aunque me sentí cúlpale pues era el nidito de amor con mi novio.

    Ya en casa desnudos, empezó a tocarme y lamerme con su lengua. Me decía que agradecía por haberme encontrado y haberme follado en profundidad y sobre todo de hacer real la fantasía de compartirme con más hombres. Me comía las tetas con rapidez y glotonería, me acariciaba por todas partes. Apretándome las nalgas. Yo a penas gemía «Mmmm… así, asíiii…» sentía mi concha mojada. «…aaahhh… sí, asíiii… tócame, tócame el coño…» Entonces Jorge también me hablaba «Ya verás, ¡¡golfa!!, ¡¡guarra!!… ¿¿harás lo que yo diga de acuerdo?» acepté con el gesto. «Así me gusta zorrita!… zorra, que eres zorra… ahora vas a mamarme la verga y quiero que la mames toda, ¿entendido?… y si no te daré unos buenos azotes en ese rico culo que tienes…».

    Me arrodillé delante de él, baje sus pantalones y comencé a mamársela tal y como me ordenaba. Mi lengua se enroscaba entorno a su verga y lo saboreaba como una loca. «Ohhh… así, chupa chupa… no pares hija de perra… que cerda eres… mírate, pareces una puta barata… una fulana… vamos chupa más fuerte… ooohhh… eso es, siiii… Me cogió del pelo y me hizo mamar más fuerte, sin aviso se salió me abrió las piernas. Yo estaba sobre mi cama comenzó a comerme el coño. «Aaahh… tú sí que sabes comer un coño… oh dios mío… ¡¡oh dios mío!!… que corrida… aaaahh…» le gritaba yo. Luego se montó sobre mí y sostuvo mis piernas y entro hasta el fondo.

    «Te voy a follar viva. Te la pienso meter por todos los agujeros de tu cuerpo pedazo de puta… de acá no te vas sino con el culo abierto por mi pinga» Comenzó a bombear dentro. Sacaba casi toda la polla excepto la cabeza, luego la metía entera y repetía operación una y otra vez, adentro y afuera adentro y afuera disfrutando de cada acometida. Me cambio de posición haciendo que me montara, de esa forma dejaba que yo me moviera y sintiera el palo de su pinga todo dentro. Yo daba saltos sobre su polla mientras el apretaba mis tetas o mordía los pezones. Me daba manotazos en las nalgas cada vez que subía y bajaba. La verdad era que me estaba montando como nunca. «Uuuuffff que perra juanita, por mi te secuestraba y te dejaba encerrada en mi cuarto. Me voy a correr» me levante sacándome su verga «quiero que me la des en la boca…» le dije y me puse a masturbarlo y lamerle el glande. Tras unos segundos empezó a explotar en chorros de semen que me daban en la boca y el rostro. Finalmente me la metí a la boca y se la chupe para sacarle todo lo que tenía y dejársela limpita. Jorge estaba muerto del gusto, yo coqueta, le relamía su semen sonriéndole, sabía que eso le excitaba de forma increíble. Me lamí hasta los dedos en su presencia. Descanso un rato mientras yo le preparaba un aperitivo.

    Ambos descansamos, al rato me pidió que me pusiera los tacos más altos que tenía y me los calzara sin nada más. Que quería verme con tacos desnuda y, obviamente, darme por el culo así. Busque lo que me pedía, tenía unos tacos negros de punta delgada, con correas para amarrar a los tobillos. Me gustaba porque hacían que mis piernas se vieran largas y a Jorge le gustaban los tacos porque hacían que el culo se levantara. Modele para él los tacos, se paró de la cama y me hizo arrodillarme en el suelo para mamársela. Cuando la tenía enorme me puso de pie contra la pared, de esa forma veía mis tacos como levantaban mi culo, me hizo agachar un poco para que su verga me alcanzara.

    Él era un tanto más bajo que yo. Baje lo suficiente para que el pusiera su glande en la entrada de mi ano y con un empujón fuerte empezó a penetrarme. Me tomaba de las caderas y empujaba hacia arriba con su polla. «ahí tienes pinga peruana para que recuerdes, perra. Te abro todo el orto puta de mierda», me empezó a jalar el cabello dándome más y más fuerte. «¡¡Ahhh asi ahhh Ho asii asiii oohh!!» El al escucharme aceleraba sus embestidas y me embestía con mucha fuerza, sentí que me partía por dentro, empezó a moverme rítmicamente hacia su miembro mientras que me decía «¡¡Aaaahhh que rico que coges perra, estas mejor que una puta de lujo, nadie me había excitado tanto, vamos mové el culo asiiii aaahhh!!».

    Me habrá estado cogiendo cerca 20 minutos por el culo en esa misma pose, ya me había acostumbrado a mis gemidos y al ruido que provocaba mis nalgas al chocar con su vientre, con un movimiento rápido, me tomó de los brazos y los jalo hacia atrás y así en esa pose me comenzó a coger con mucha fuerza, metía y sacaba su miembro de mi ser de una manera increíble. Yo disfrutaba con la polla taladrándome el culo.

    «¡¡Aahhhh que bonita te vez asiii disfrutandooloo como una putita!!», sin aviso me la saco y me dio una palmada fuerte en las nalgas. «ponete en cuatro sobre la cama, levanta bien ese culo que quiero seguir partiéndotelo» así lo hice, me pose en la cama en cuatro, con mis piernas fuera de la cama para que me notaran los tacos. Jorge me miraba y excitado se masturbaba. Se me acerco, escupió sobre mi culo sentí como se colocaba detrás mío tomándome mis glúteos y manoseándolos fuertemente, para luego empezar a golpearme con su miembro. Cada vez se sentía más duro, mientras que sentía que mi calor cada vez aumentaba más, no podía casi pensar, y de pronto sentí como metió su miembro en mi culo de un tirón haciéndome caer mi cara sobre el colchón y empezar a sentir más calor en mi ser.

    Él comenzó un vaivén cada vez más agresivo y mi calor era cada vez más grande, tan grande que no pude contener ni un solo gemido «¡¡Ahhhhh!! ¡¡Siiiii!! ¡¡Ahhyyyy!! ¡¡Siiiii!!”. Me embestía cada vez con más fuerza y gemía también mientras que por ahí me gritaba que era una puta fácil, con cara de niña buena. No sé cuánto tiempo estuvo dándome sin parar hasta terminar llenándome completamente y yo gritando aliviada del orgasmo que acababa de tener, caí rendida en la cama. El también cayó rendido a mi lado, con una sonrisa que no podía disimular. Dormimos juntos hasta el otro día. En la mañana justo antes de marcharse a trabajar de nuevo me follo un rato y se corrió en mi boca, diciéndome que en la noche nos veíamos, que a pesar de ser la noche de su primo él estaría presente también.

    Al marcharse Jorge aproveche para dormir y comer, para recuperar las fuerzas, la cogida había sido des gastadora. Después de mediodía hice algo de ejercicio y me arreglé para verme con mi novio, esa tarde tenía que ir al cine con él y convencerlo de no vernos en la noche. Por ello inventé una forma para que, en medio de la película, me metiera al wáter y me cogiera allí. Fue un polvo rápido pero efectivo, de los que los chicos agradecen, de esa forma pude zafarme de él después del cine.

    Llegue al barrio peruano unos minutos antes que llegará Daniel, el primo menor de Jorge. En el apartamento estaba Paco, que empezó a hablarme «hola rubita, yo sabía que vendrías por más. Y mañana prepárate porque te voy a dejar bien cogida. De hecho…» no termino de hablar cuando se abalanzo sobre mí empujándome hacia abajo, poniéndome de rodillas y metiéndome su verga dura, larga en la boca. «si no llega en cinco minutos re cojo y mañana, chúpamela rubita, sácamele punta a mi lápiz re puta», yo apenas si podía abarcar esa polla que tanto daño me había hecho en ese mes. Me cogía del cabello empujándome y haciendo que tragara más y más, casi hasta ahogarme.

    Pasaron 15 minutos de estar mamándosela a Paco, que este, desesperado me llevo a su cuarto, me puso en cuatro, levanto mi falda, me arranco de un tirón la tanga, escupió sobre mi ano y poso el glande, empujando de un solo golpe y metiéndomelo hasta el intestino. Se montó sobre mí, apoyando sus manos sobre mi espalda y metiendo su verga completa. La sacaba casi toda y la clavaba más y más fuerte a cada empujón. Mi rostro estaba contra el colchón. «así es que me gusta encular, duro y profundo, sobre todo con culos como el tuyo rubita, apretados y profundos» en algún momento me levanto la cabeza halándome el cabello. Me halaba y me penetraba por el culo violentamente. «¡¡Ahí va, tómala trola de mierda!!» Y luego me enterró casi de una sola vez todo su gordo miembro nuevamente en mi colita, yo volví a sentir un dolor y un ardor fuerte en mi cola. Gritaba. Sin perder el tiempo, tomo mis nalgas con sus dos manos y comenzó a embestirme fuertemente, sin parar, me hacía gritar de dolor, pero al tiempo sentía un placer indescriptible, el me bombeaba el culo cada vez con más fuerza y yo sentía que me partía. Paco seguía cada vez más fuerte y cada vez más excitado, parecía poseído con mi cola, su respiración era cada vez más agitada «¡¡Sentí como te rompo el culo puta, sentí como te abro el culo perra!!» Yo sentía un calor indescriptible y cada vez me excitaba más, entonces me liberé de todo pensamiento y comencé a gozarlo y a gritarle «¡¡Siiii, aaayyyy, hijo de puta la siento en el fondo de mi culo, me estas matando, me estas rompiendo el culo!!».

    Mis palabras lo pusieron a full y sus movimientos eran terribles, parecía como quisiera deshilachar mi cola, puso sus dos manos en mi espalda y la empujo hacia abajo, dejando mi cola más levantada todavía, mientras que seguía a un ritmo infernal, que me hacía gemir cada vez más, y ya no lo podía disimular «¡¡Ahh!! ¡¡Siiii!! ¡¡Ahh!! hijo de puta me partís toda!!». De pronto sentí su miembro cada vez más duro, y sabía que estaba por acabar, entonces pare lo más posible mi cola dejándosela toda a su disposición, el entre jadeos y sudor y me gritaba. Sus fuertes estocadas me hacían ver las estrellas y me hacía gritar cosas sin control.

    Luego de esas palabras sentí como empezaba a llenarme mi culo con su asqueroso líquido, entraba muchísimo, bombeo un poco más de tiempo, hasta que la saco de un tirón, me tomo del pelo violentamente y me giro fuertemente, dejándome boca arriba en la cama, luego se volvió a poner delante de mí, masturbándose y seguía largando lo que le quedaba de su liquido en mis pechos y mi cara, mientras que gemía sin control «¡¡Ahhh!!! ¡¡Muy bien putita rica, muy bien!! ¡¡aaahhhh!! ¡¡Sentí como te dejo toda llena de leche puta!!» Y seguía acabando sobre mí, como una lluvia de su líquido pegajoso que caía sobre mí. Luego de terminar tan bestialmente su respiración no daba más, parecía que se iba a infartar por lo agitado que estaba, yo no abría los ojos por la cantidad de líquido que tenía en mi cara, pero sentía que se había puesto al borde de la cama, como pude me limpie un poco y vi como Paco se vestía, obviamente totalmente satisfecho con todo lo que me había hecho. Me dejo en el cuarto sola. Me asee un poco y espere pero ni Daniel ni Jorge aparecieron, decidí marcharme. Fui a buscar a mi novio a su casa y él se alegró de verme, fuimos a mi casa y dormimos juntitos, no cogimos sino hasta la mañana.

    Como yo había cumplido lo que había prometido y Daniel no llegó y Paco había aprovechado mi culo en el turno de su primo, yo di por saldada la cuenta y el domingo lo deje para estar con mi novio así como el lunes. Así ocurrió, salimos a comer con sus padres, caminamos, comimos helado, me mostraron lugares que no conocía, etc. Fue lindísimo, cosas que en mi país nunca hago ni había hecho con un amigo o novio. Esa noche me quede en casa de mi novio bajo el beneplácito de sus padres, que veían en mí a una «estupenda y hermosa chica». Por fin cogíamos en su casa esa noche. Mientras él me cogía y yo tapaba mi boca para no despertar a mis suegros, sentía la verga de él que me penetraba, pero también sentía que no me abría como la de Jorge y Paco. Sabía que esas medidas y ese ritmo ya se habían quedado en mi ano, y que sería difícil encontrar como superar esas medidas. Debo admitir que los dos orgasmos que tuve con mi novio, los tuve por sus embates y mi pensamiento en ese último mes recibiendo las vergas peruanas.

    El lunes decidí ir a despedirme de la gente de la facultad, hacer unas compras y quedarme con mi novio en la noche para madrugar al aeropuerto al siguiente día. Estuve sola pues mi novio tenía un trabajo que hacer. Di muchas vueltas y de regreso a mi casa, me encontré con Jorge, que estaba acompañado de Paco y Daniel. Los tres me abordaron «no cumpliste la promesa» me dijo Jorge. «no es verdad, lo cumplí como me dijeron», «no es cierto, el sábado y el domingo eran nuestros» dijo Paco, «pero si serás tonto, ese sábado me rompiste el culo y llenaste de semen hasta el cabello!!» le reclame con algo de rabia, Jorge se interpuso «debiste esperar y regresar el domingo, ese era el trato, ahora, si no quieres que vayamos donde tu novio vas a tener que darnos un despedida comunitaria a los tres ahora mismo», me quede atónita, después de todo lo que me habían hecho y lo que les había regalado, me exigían. Paco se me acerco al oído «te voy a dejar abierto el ano y no te vas a poder sentar en días perra», Jorge me tomo de los brazos llevándome, mientras Daniel llevaba mis paquetes.

    En mi casa, ellos dispusieron de mí: Paco me metió su pija en la boca, aunque sólo me entraba la parte superior, así que me hizo emplear a fondo mi lengua por ella. Enseguida se acercaron los otros dos y tuve que ir alternando una pija tras otra, a veces las juntaban y yo hacía un esfuerzo sobrehumano por intentar abarcar dos de ellas de una sola vez. Disfrutaban bastante y albergué la Jorge comenzó a acariciar mi concha y a meter un dedo en ella. Enseguida lo sustituyó por su pija y mientras yo, doblada por la cintura chupaba las pijas de los otros dos, éste comenzó a intentar meterme la suya desde atrás, pero costaba que entrara. Siguió en su empeño hasta que los consiguió y la metió todo lo que pudo de una vez. Me sentía totalmente llena, a punto de romperme, pero él continuó cogiéndome sin parar, con fuerza.

    Siguió así por un buen rato, luego comenzó a meter un dedo en mi culo. Noté que ponía su pija en la entrada de mi ano y noté que comenzaba a entrar. Me agarró de las piernas, me alzó en el aire, con su pija siempre dentro, y me cogió por la cola así, sin que yo tuviera ningún apoyo ni más sujeción que su pija dentro de mí. Al cabo de un rato noté cómo mi culo se inundaba de leche. Era el turno del siguiente. Paco me colocó de espaldas sobre la mesa donde hacia mis trabajos, puso mis piernas sobre sus hombros y me penetró. Me folló un largo rato por la concha, luego me dio la vuelta, me puso a cuatro patas sobre la cama, se subió él también, y se dispuso a follarme el culo. Daniel, mientras tanto, se puso de rodillas también sobre la cama y colocaba su aparato en mi boca, obligándome a chupar su pija y a bajar hacia sus huevos y hasta su culo, algo que parecía encantarle. Fui de nuevo objeto de una cogida bestial, hasta que noté cómo se corría dentro de mí y cómo después sacaba su pija y me la restregaba por todo el cuerpo, llenándome de su leche.

    Era el turno de Daniel. Esta vez me llevó sobre la alfombra, me colocó tumbada sobre un costado, él se puso detrás de mí y me la metió de golpe por mi vagina. Después de un rato siguió en la misma postura pero esta vez metiéndola por mi ano. Luego se tumbó boca arriba e hizo que me sentara sobre su pija de espaldas a él, metiéndola de nuevo por mi culo. Me sentí empalada, apenas podía entrar, pero él me empujaba con fuerza hacia abajo. Agarraba mi cuerpo y lo subía y lo bajaba por su pija, siempre dentro de mí, tan dentro que pensé que acabaría perforando algo en mi interior. Noté que Jorge se ponía de pie frente a mí, con su pija de nuevo dura y enorme. Supe entonces que aunque el más joven, el que me estaba atravesando ahora, terminara, mi tormento, mi tortura sexual no acababa ahí sino que volvería a empezar.

    Mientras Daniel la tenía dentro de mi culo, el de 30 años, Jorge, se situó frente a mí y me la metió por la concha. Notaba sus dos pijas dentro de mí a la vez, sus empujones, sus ritmos, me sentía aplastada entre ellos, a punto de romperme por dentro, me parecía que sus pijas casi se tocaban dentro de mí. Ellos estaban casi apoyados el uno contra el otro, gimiendo a la vez de placer. Cambiaron de posición, ahora Jorge se tumbaba en el suelo y hacía que yo me sentara sobre él, metiendo su pija una vez más en mi concha, Paco me penetraba por detrás en el culo, con fuertes embestidas, hasta que se corrió. Daniel se vino en mi boca. Los tres volvieron a cogerme cada uno por su cuenta hasta que se saciaron. Eran las 9 de la noche y mi novio estaría preocupado.

    Los peruanos decidieron marcharse, ya habían obtenido lo que deseaban. Daniel se despidió dándome la mano y agradeciéndome por todo, casi como si yo le hubiese hecho un gran favor, Paco me dio un beso y me apretó las tetas «ya sabes que si volvés te volvemos a partir rubita. Y si te veo por ahí te pongo a mamar» se fue yendo. Jorge me hablo como un enamorado, me dijo que era lo mejor que le había pasado, que esperaba volver a verme en el chat, y que esperaba ahorrar un dinero e ir a visitarme. Me dio un beso apasionado y se marchó.

    La verdad estaba agotada, no caminaba bien y tal como me lo había dicho Paco, mi culo estaba abierto y cansado, el vuelo de 12 horas de mañana sería terrible de aguantar sentada.

    Después de un baño renovador, fui a encontrarme con mi novio y su familia. De nuevo una velada tranquila. Una noche placida, con cogida de despedida, por la concha y el culo, mis quejidos no eran por la verga de mi novio, sino por el culo abierto por Paco, Jorge y Daniel, pero mi novio se sentía orgulloso de su miembro «que abría túneles».

    Tanto él como su familia me acompañaron al aeropuerto y regresé a mi país.

    Ahora cuando regreso al chat y me encuentro con Jorge, recuerdo cada momento de puta en el extranjero. Puta de tres peruanos con las vergas duras y largas. Me mojo de recordarlo y me pregunto si fui obligada o si disfruté de ser obligada. Lo que sí es seguro es que fui una puta por un mes sin cobrar. Seguro que por cada cogida, enculada o mamada de esas cobrará, podría pagarme muchos estudios. No sé. Lo pensaré.

  • Llevamos bastante tiempo devorándonos

    Llevamos bastante tiempo devorándonos

    Todo sucedió un lunes como a eso de las 8:30 pm yo venía de mi sesión de entrenamiento y se me ocurrió la brillante idea de llamar a una personita (él es casado) y me lleva de ventaja como unos 20 años de edad, yo tengo 18 años, tenemos un año y medio saliendo juntos, que nos vemos a escondidas, ya que si su esposa se entera nos mata.

    Yo lo llamé para echarle broma, saber cómo estaba, ya que había llegado de un viaje del extranjero y había durado 2 semanas fuera, y yo andaba más urgida que nunca, durante la conversación yo le pregunto qué iba a hacer mañana, para salir por ahí, y él me pregunta que iba a hacer yo ahora, y yo le contesté acostarme a dormir, entonces él me dice para vernos, y yo le contesto que sí, que me pase recogiendo por el mismo lugar de siempre (es donde él me recoge para que nadie nos vea).

    Durante el camino yo le voy dando un masajito en los hombros para que se relaje.

    Hablamos de cómo le fue en Nevada, y si había hecho algo fuera de lo común, ya que en un viaje anterior él me contó que dos mujeres le habían propuesto acostarse con él, pero él se negó (además en ese viaje yo también había viajado con él, pero nada pudo pasar).

    Durante el trayecto, aparte del masajito, yo le pregunté si le podía decir un secreto al oído, y él me contestó que sí: yo le susurré de lo más sensual que era el hombre más buenote, y que si así se veía con tela cómo se vería en cuero (ya que me encanta verlo desnudo, con sus kilitos de más).

    Después de susurrarle al oído, le empecé a acariciar el cabello, (él no sabe que yo sé que eso le excita mucho) con mi mano izquierda, y acariciar su pierna con mi mano derecha, a apretarla suavemente, subiendo cada vez un poquito más hasta llegar a su güevote tan sabroso y grueso que tiene, empecé a apretárselo cada vez más ya que me excita mucho tocárselo.

    Él me pide que me quede quieta que si sigo así podíamos chocar con otro carro, y yo me quedo tranquila, aun si antes decirle que es un corta nota.

    Pero él como le encanta tocarme me puso la mano derecha sobre el cierre de mi pantalón y empezó a apretarme cada vez más fuerte, y a tratar de meterme el dedo, preguntándome qué siento y si me gusta, y yo le contesto que sí me encanta y que me excita mucho y que me muero de ganas porque él me coja durísimo, que me clave lo más fuerte que pueda.

    Llegamos al motel, el mismo de siempre, ya que no podemos estar en sitios públicos, el motel tiene un ambiente así como Aladino, las mil y una noches.

    Dentro de la habitación yo le doy masaje en los hombros, en las piernas, eso sí siempre rozando su pene, para que se vaya excitando, mientras él ve el canal Playboy, para decirme que le haga cosas que pasan en ese canal. Él me pide que le dé un caramelo y yo se lo doy, él lo pica por la mitad, y me da la otra mitad en la boca, de repente él me empieza a acariciar mis tetas, a apretarlas suavemente y a besarme.

    Él me pide que le bese el ombligo y suavemente me va empujando para que le bese su sabrosura de pene que tiene (y a mí que me encanta mamárselo); empiezo a olerlo suavemente, lo tomo con una mano y me lo meto en la boca y se lo chupo con suavidad, le paso la lengua por su cabezota, le paso la punta de la lengua por la pequeña abertura que tiene ahí y siento que a él le encanta, le sigo pasando la lengua por todo su güevo, eso sí de vez en cuando chupándole el güevo, después le empiezo a chupar las bolas, a darle pequeños mordiscos y a besárselas, mientras que con las manos le acaricio las piernas, él toma mi mano derecha y me la aprieta pidiéndome más.

    Él conmigo se excita rapidísimo, el simple hecho de besarlo en los labios hace que se le pare el güevo y tenga ganas de cogerme.

    Cuando lo tiene ya grandote y durísimo me voltea y me pone con las piernas bien abiertas para metérmelo mejor, pero antes de metérmelo yo lo tomo con mis manos y me lo paso rozando por mi cuca para sentirlo, cuando me lo entierra me vuelve loca, empieza a mecerse, a metérmelo cada vez más duro y a hacerme gritar de lo sabroso que se siente, y yo me muevo con locura y aprieto para que él se vuelva loco, en pleno movimiento él me pregunta: por donde más me gustaría a mí que él me lo metiera, y yo le contesto que por el culo, y él me pide que tenga un orgasmo primero de esos que a él lo vuelve loco, y empieza a afincarse cada vez más para que yo tenga mi orgasmo. De repente empiezo a tener esa cosquilla rica y empiezo a gritar como una desesperada, entonces me aprieta, me besa, me chupa la tetas fuertísimo, y me pide que me ponga en cuatro, para clavármelo mejor: con una mano se lo agarra y con la otra me toma por la cintura y me lo clava durísimo y se acuesta sobre metiéndomelo cada vez más pidiéndome que levante más el culo y que abra más las piernas.

    Me besa con locura y desespero mientras yo le pido que me muerda el cuello y la espalda jalándome el cabello, esto me vuelve loca, me excita a reventar. Luego de sacármelo del culo tomamos un descanso, aún con su güevo erguido él me pide que se lo mame y que me masturbe para él verme y excitarse más, yo con mucho gusto se lo hago (ya que yo le hago y me dejo hacer todo lo él quiera), le lamo ese güevo, se lo chupo cada vez con más fuerza, y esas ricas bolas que tiene, me meto ese dedo como a él le gusta, mientras él mira lo que le hago después, él me quita la mano de mi cuca y la agarra él, empezando a meterme el dedo hasta lo más profundo posible, mientras que yo le mamo el güevo, de un momento nos volteamos y se dispone a metérmelo otra vez por mi vagina, a clavármelo cada vez más duro, a afincarse como a mí me gusta, moviéndose en forma circular para verlo yo por el espejo que está en el techo a menearse para hacerme sentir todos los orgasmos posibles.

    Yo le pido que me diga cosas sucias que tanto me excitan, le pregunto qué es lo que más le gusta que yo le haga y él me contesta: lo sabroso que es cuando yo le estoy mamando el güevo y las bolas, que le gusta cuando yo aprieto mi cuca, yo le digo que me susurre al oído lo mucho que le gusta cogerme, mientras que se mueve clavándome fuertísimo ese güevo y apretándome las tetas y luego mimándomelas.

    Al cabo de un rato él me dice que está a punto de llegar y yo le digo que llegue en mi boca para saborear y tragar su semen, entonces él lo saca rápido y me pide que me ponga de rodillas y tome su güevo y empiece a mamárselo duro para hacerlo llegar lo mete en la boca y yo empiezo a chupar, a chupar duro hasta que salga toda la leche que tenga su güevo, para tragármela, él se mueve con angustia, con desesperación porque le fascina que yo chupe su leche, hasta llegar.

    Nos metimos en el baño para lavarnos, a él le gusta que yo se lo lave y a él le gusta lavarme metiéndome la mano en mi cuca y en mi culo, luego me pasa el jabón por mis tetas suavemente, mientras que yo le enjabono suavecito su güevo, luego nos sacamos el jabón y nos secamos.

    Estuvimos en esto como unas dos horas y luego nos acostamos para acariciarnos y hablar de las cosas que nos pararon durante el día.

    Supongo que esto él nunca se lo contará a su esposa eso lo hace emocionante, cada encuentro es muy distinto, cuando estamos cerca de personas conocidas nos comportamos como dos simples amigos que sólo los une una linda amistad, sin saber que tenemos bastante tiempo devorándonos en una habitación o en el carro de él.

  • Amigos para siempre: Resucitando la pasión

    Amigos para siempre: Resucitando la pasión

    La situación se me antojaba un poco surrealista. Mis dos mejores amigos, el feliz matrimonio con quien tantas reuniones bodas y bautizos había compartido, estaban allí dándome placer. Buscando el suyo propio a través de mi cuerpo, un cuerpo que usaban a su antojo para devolver el morbo y el deseo a sus vidas.

    Sin embargo no encontraba nada extraño en aquello. Estaba tan cómoda follando con ellos como lo habría estado viendo una película, los tres tirados en el sofá como solíamos hacer de jóvenes.

    Había temido un poco la reacción de Raquel. Al fin y al cabo una cosa es fantasear y otra muy distinta vivirlo. Tenía mis dudas de que al final, cuando me viera en brazos de su marido no se sintiera extraña y celosa pero la verdad es que no había más que verla. Era con mucho la que más estaba disfrutando de los tres.

    Mario me regaló otro orgasmo lento y profundo antes de que Raquel nos arrastrara al dormitorio. Parecía dispuesta a ser la directora de orquesta de aquella improvisada sinfonía.

    Me tumbó en la cama, de espaldas, con las rodillas justo en el borde y le indicó a Mario que se sentara junto a mi cabeza. Cuando él se arrodilló detrás de mí, sentado sobre sus talones, con las piernas entreabiertas de modo que sus huevos casi descansaban en mi frente y su miembro flotaba sobre mi cara, ella le entregó mis tobillos dejándome doblada en forma de pinza y totalmente expuesta.

    -Ábrela para mí, cariño -Le dijo con un arrastrar felino en su tono de voz que provocó que la habitación se llenase de erotismo al instante.

    Era su juguete, su regalo y estaba dispuesta a disfrutar de mí. El abrió mis piernas con fuerza, los tacones miraban al techo como dos monolitos en un paraíso fetichista. Mis labios se abrieron dejando escurrir el fluido acumulado de mi éxtasis anterior. Ella se agachó y empezó a lamerme muy despacio mirándole a los ojos, su lengua dibujaba un recorrido desquiciante. Subía desde mi ano, pasando por mis labios hasta llegar a mi clítoris inflamado donde se entretenía en rodearlo una o dos veces antes de volver al punto de partida.

    Su lengua arrancaba gemidos profundos en cada uno de sus paseos, era una tortura deliciosa, tan lenta y sensual, tan cálida. Me retorcía de placer mientras mi cuerpo se convulsionaba tratando en vano de acelerar el proceso, de saciar mi ansiedad que crecía por momentos rozando la locura.

    Se compadeció de mi porque hundió de pronto la cara en mi sexo y me penetró con la lengua haciéndome tocar el cielo. Su húmedo apéndice giraba en mi interior, me frotaba con su cara, con su barbilla, con su nariz… Mis manos se enredaron en su pelo, necesitaba controlar esa cabeza, saber que no se alejaría de pronto. Abrí los ojos, la polla de Mario se erguía ante mis ojos. Gotitas de líquido pre seminal de deslizaban por su glande y caían sobre mis labios abiertos. Quise saborearlo, levanté mi cabeza tratando de alcanzarlo, mi legua se deslizaba por su tronco hasta sus huevos y volvía a subir, con un castigo similar al que hacía poco me había sometido su mujer.

    Volvía a estar al borde del precipicio. Todos mis músculos se contraían, doblegada mi voluntad a aquella boca que me arrastraba por universos lúbricos. Mario no podía más, sus testículos se endurecían en mi boca por momentos. Podía sentir la erupción salvaje que se gestaba en su interior. Lleve una mano a su polla y empecé a masturbarle al mismo ritmo que marcaba su esposa, mi amiga. Pude sentir su lava incandescente subiendo y me dejé llevar en un orgasmo brutal mientras su leche caía sobre mi cuerpo. Raquel bebió de mí y alzó la cabeza con la boca abierta a tiempo de que el néctar de Mario le surcara la cara. Tenía una mirada intensamente lasciva, sus labios estaban embarrados de mis fluidos y aún buscaba insaciable que el semen de su marido entrara en su boca.

    Nos derrumbamos los tres sobre la cama, la cabeza de ella recostada en mi vientre, el cuerpo de él junto al mío acariciando la espalda de su mujer y besándome con ternura. Éramos una unión perfecta de cuerpos relajados y exhaustos.

    -Dios chicos, que pasada! -Suspiré- Menos mal que descubrimos esto ahora y no hace unos años o ninguno de los tres habríamos acabado los estudios.

    -Jajaja, ¿te imaginas? Todos esos años de instituto follando como monos. -Dijo Raquel entre carcajadas mientras Mario se recolocaba en la cama con una de nosotras a cada lado.

    -Chicas estáis muy locas, pero sois increíbles. Oye yo de todo esto no puedo contar nada ¿no?

    -Mario!!! -Gritamos las dos al unísono dándole un golpe en el pecho.

    -Vale, vale -dijo riendo.- Si total ¿quién coño me iba a creer?

    Raquel y yo empezamos a hacerle cosquillas mientras él se retorcía. Volvíamos a ser esos tres amigos de siempre, riendo en confianza con cualquier cosa.

    Dejamos descansar un rato a Mario mientras jugábamos como niñas en la cama. Tratábamos de inmovilizarnos la una a la otra haciendo una parodia de la lucha cuerpo a cuerpo, nos intercambiábamos pellizcos y caricias, besos fugaces y mordiscos suaves. Poco a poco el ambiente se fue caldeando otra vez.

    Raquel fue al baño. Al volver tenía el pequeño mando a distancia de mi regalo en la mano y nos sonreía desde el umbral de la puerta.

    -¿Quién quiere el poder? -Preguntó con ese gesto de niña traviesa que es tan suyo. El cordoncillo del huevo asomaba ya en su entrepierna.

    Mario y yo nos miramos divertidos y saltamos a la vez para tratar de alcanzar el mando. Me agarró por las caderas tirando de mi, devolviéndome al centro de la cama para tomarme la delantera. Yo salté sobre su espalda y ambos caímos de la cama en una maraña de brazos y piernas mientras la risa de Raquel tintineaba a nuestro alrededor. Nos tiró el mando en el aire. Mario lo alcanzó al vuelo y se levantó al triunfal grito de: -mío!!

    Yo fruncí el ceño con gesto de fastidio y crucé los brazos enfurruñada. Raquel se me acercó y me besó en los labios mientras acariciaba mi cabeza. -Pobrecita, si no tiene juguete…

    -Eso es lo que tú te crees -dije haciendo un guiño, recuerda que tengo uno idéntico al tuyo y ambos funcionan con el mismo mando.

    Volví a la cocina a buscar mis bolsas y rápidamente me introduje el huevo aprovechando para coger también mi nuevo lubricante sabor a melocotón… algo se nos ocurriría, seguro.

    Mario estaba sentado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero. Se estiró un poco para alcanzar la radio de la mesilla y buscó una emisora musical que acompañara el momento.

    -Y ahora chicas, a bailar…

    No lo dudamos un instante, empezamos a contonearnos ante él, despojándonos de la poca lencería que aún nos cubría y quedando nuestros cuerpos desnudos.

    No era la primera vez que ejecutábamos juntas un baile sensual pero sí la primera vez que lo hacíamos desnudas, delante de un hombre, su marido, mi amigo, que nos deseaba y estaba dispuesto a jugar con nuestro placer.

    Mario activó la vibración más sutil de los juguetitos que llevábamos en nuestro interior y ambas dimos un saltito, riéndonos la una de la reacción de la otra. Rozábamos nuestros cuerpos al ritmo de la música mientras la vibración iba variando sus patrones y haciéndose más y más intensa.

    Pronto más que bailar nos frotábamos de pie, buscando el roce de nuestros pechos, besándonos, apresando un pezón entre nuestros labios para succionarlo.

    Fundidas en un abrazo intenso notábamos la vibración de nuestros respectivos juguetes, cambiante, a expensas de los caprichos de Mario que nos miraba desde la cama y controlaba nuestro delirio.

    Nuestras manos buscaron el clítoris de la otra sin dejar de besarnos, imitábamos nuestros movimientos como imágenes especulares.

    No tardamos en corrernos. Me encantaban los orgasmos de Raquel, todo su cuerpo se tensaba y podía sentir como se derretía en mi mano al tiempo que mi propio cuerpo la seguía en esa espiral de placer.

    Mario se acariciaba la polla lentamente, mirándonos, disfrutando de la vista. Era casi cómico ver sus ojos, la expresión de su cara, de una felicidad absoluta.

    Coloqué a Raquel de cara a su marido, de pie a los pies de la cama la incliné haciendo que su pecho se apoyara en el colchón mirando a Mario y empecé a acariciar de nuevo su sexo llevando sus fluidos hacia el estrecho orificio de su culo y deteniéndome en él, rodeándolo, presionándolo suavemente, notando como el esfínter reaccionaba y se abría lentamente.

    -¿No te gustaría sentir como vibra por dentro tu mujer Mario?

    No le dio tiempo a contestar. Raquel se me escurrió de entre las manos trepando a la cama a cuatro patas y girándose para levantar un dedo indignado diciendo

    -A no!! Eso sí que no!! Por ahí ni lo penséis, años me ha costado convencer a Mario y no voy a discutirlo contigo ahora!!!

    Mario levantó los hombros en gesto de resignación mientras yo no salía de mi asombro, no podía concebir que alguien tan desinhibido como Raquel se negara a disfrutar del sexo anal.

    -Está bien, está bien -Dije riendo- Siéntate como está Mario por favor… así, apoya la espalda en el cabecero, ponte cómoda.

    Me puse a cuatro patas entre las piernas abiertas de mi amiga, el juguetito seguía vibrando y los labios de su coño aleteaban ante mis ojos. Di un pequeño lametón desde su culo a su clítoris.

    -Mario -Dije arrojando el lubricante en su regazo, ¿quieres hacer los honores? prepárame con cuidado por favor.

    Su cara en ese momento era un poema, de no ser porque la situación me excitaba enormemente hubiese roto a reír como una colegiala.

    Mario se situó a mi espalda, con una mano en mis caderas empezó a untar mi ano con el lubricante. Una intensa fragancia a melocotón nos envolvió.

    Yo seguía dando pequeños lengüetazos al sexo de mi amiga.

    -Lo primero es aplicar una buena cantidad de lubricante. Hay productos maravillosos, el tacto de este es sublime -Le dije haciendo una pausa en las idas y venidas de mi lengua.- Poco a poco notas la caricia de un dedo, es algo muy sutil, algo así. -Recogí un poco del lubricante que se deslizaba por mis muslos y con un dedo comencé a replicar en el culo de mi amiga las caricias que su marido me iba dando en el mío propio al tiempo que succionaba su clítoris. No podía negar que le encantaba, sus ojos se cerraban y gemía quedamente mordiendo su labio inferior.

    -Poco a poco la presión aumenta, notas como el esfínter late y se dilata, ese dedo travieso empieza a invadirte y tu cuerpo se entrega, sin dolor, sin tensión…

    Mi dedo ya entraba y salía libremente de ella. Nuestros anos se dilataban al mismo tiempo compartiendo idénticas sensaciones una vez más. Mario había captado mi juego a la perfección y se acoplaba a mis palabras con esmero.

    -Puedo dibujar círculos cada vez más amplios en tu interior, un calor diferente, nuevo y desconocido sube por tu espalda. Las terminaciones nerviosas que estimulo están conectadas con tus pezones que parecen a punto de estallar -Tomé uno de ellos entre mis labios y lo chupe largamente mientras su cuerpo se rendía a esas nuevas sensaciones.

    -¿Ves? Ya son dos los dedos que puedo meter, con suavidad. ¿Notas como tu cuerpo se abre?, ¿cómo se dilata y pide más?

    Empecé a follarla con esos dos dedos. Aquello la estaba volviendo loca.

    -Si tú quisieras, ahora mismo podrías notar ese glande suave y duro acercarse a tu culo. Tal y como yo lo noto ahora. Lo sentirías mucho más caliente que mis dedos y notarías como poco a poco se va introduciendo en ti. Centímetro a centímetro…

    La polla de Mario se iba metiendo en mi culo y cada vez me costaba más seguir hablando, yo seguía machacando con dos dedos el culo de Raquel que se retorcía de placer. Mario entró por completo dentro de mi arrancándome un gemido. -Ohh Joder Raquel si pudieras sentir esto… Fóllame Mario, dame fuerte, quiero sentirte muy dentro.-

    Mario empezó a bombear a un ritmo endiablado. Bufaba a mis espaldas como un animal en celo, estaba descontrolado perforándome una y otra vez. Me temblaban las piernas y ya no podía pensar en nada más. Raquel me miraba alucinada, con mis dedos aún dentro de su culo pero inmóviles pues solo podía pensar en esa polla que me taladraba y me hacía enloquecer. Yo gritaba pidiendo más y más. Lo sentía todo centuplicado, la vibración en mi coño, su polla en mi culo, sus pelotas resonando contra mis nalgas… y me corrí, me corrí de una forma escandalosa y brutal dejando a mi amiga boquiabierta.

    Me hice a un lado rápidamente dejando a Mario con la polla apuntando directamente a las piernas abiertas de su esposa, su expresión era febril, tenía el rostro desencajado y las gotas de sudor le corrían por la frente. Se quitó el condón en un visto y no visto y se acercó a ella, dudando, casi como pidiendo permiso. Fue ella la que tiró de él, fue ella la que apuntó a su culo dilatado, fue ella la que se zambulló a ese placer inmenso que tanto tiempo se habían negado. Los vi retorcerse, entregados el uno al otro, elevándose los gritos de ella hasta la locura. Mirándose como solo saben mirarse los enamorados. Perdidos en las sensaciones de dos cuerpos que encajan a la perfección. No podía dejar de sonreír al verlos así.

    Salí sin hacer ruido, aún me temblaban las piernas. En la cocina busqué un zumo en la nevera, el piso era grande y sus gemidos me llegaban en un rumor apagado. Saqué el huevo de mi vagina y lo lavé con cuidado en el fregadero guardándolo en su envase. Recogí mis cosas, me vestí como pude y abandoné la casa.

    Ya amanecía, el cristal de mi coche aparecía perlado de gotas de rocío, me senté y puse la radio regalándome unos instantes de reflexión… Pensé en mi pareja, en mi amor. Posiblemente ya se habría ido a trabajar. Yo también estaba dispuesta a todo por mantener viva nuestra llama. Estaba segura de que ese fin de semana que planeábamos escapar nos devolvería las ganas y la pasión perdida. Pero si no era suficiente siempre podía pedir ayuda a una buena amiga y es que la amistad todo lo puede. ¿No creéis?