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  • Unas atractivas vecinas a escasos metros

    Unas atractivas vecinas a escasos metros

    Desde hace poco vivo en un piso alquilado y llevo tiempo pensando en mudarme. Esto es porque tengo unos vecinos en el piso de arriba con los que es imposible vivir. Hasta altas horas de la madrugada hacen ruido, y yo tengo que levantarme pronto todas las mañanas para ir a la facultad de Aeronáutica. Más de una vez he dado golpes en el techo, pero a los vecinos les da igual.

    Este problema me estuvo atormentando hasta hace unos días en que ocurrió lo siguiente:

    Una tarde de viernes salí para ir de juerga con los amigos, y a la vuelta, sobre las tres de la madrugada, coincidí en el portal con dos bellezas, una morena y una de pelo castaño, que subían en el ascensor. Apreté un poco el paso y llegue a tiempo para parar la puerta del ascensor y entrar.

    -Hola –les dije.

    -Hola guapo.

    -¿Vivís aquí? –Les pregunté– nunca os he visto.

    -Sí, vivimos en el sexto ¿y tú?

    -Ah ¿sí?, yo vivo en el quinto, justo debajo.

    Me bajé del ascensor y entonces pude pensar… Ellas son las vecinas que no me dejan dormir… Aunque siendo como son creo que puedo hacer un esfuerzo y perdonárselo.

    Mientras intentaba dormirme pensaba en mis vecinas con esos cuerpazos tan… tan… creo que no se me ocurren palabras para describirlas. Creo que debería visitarlas alguna vez…

    Al día siguiente, mientras me comía la aburrida pizza del sábado y observaba embobado mi desordenada cocina (quien me mandaría irme de casa de mis padres), pensé en mis dos preciosas vecinas con esos cuerpos que inducían al pecado. Y poco después me di cuenta de que ¡no podía pensar en otra cosa más que en ellas! Estaba enfermo de amor, ¿o quizás era de lujuria?

    Esa noche, como casi todas las demás, empezaron los golpes, la música. Esto fue mientras yo estudiaba.

    Seguro que están montando una fiesta con sus amigos y están borrachos y fumaos y habrá alguna parejita magreándose… Pero la curiosidad era superior a mí. Necesitaba saber que estaba ocurriendo encima de mí. Pero no podía presentarme ahí, llamar a la puerta y mirar a ver que estaban haciendo, ya que me tacharían de cotilla y de marujón. Pero tenía la excusa perfecta: yo estaba estudiando cuando la música atronadora me desconcentró, y yo necesito estudiar porque dentro de poco tengo exámenes.

    Muy seguro de mi mismo me vestí decentemente, subí al piso de arriba y fui a llamar… pero en ese momento me acobardé. Me daba vergüenza hablar con ellas. Era algo que solo me pasó cuando era crio, pero que otra vez volvía cuando me gustaba una chica. Si hablase con ella me temblarían las piernas y diría tonterías y se me trabaría la lengua y pensarían que soy tonto y…

    En ese momento de dudas, la puerta se abrió y salió la chica morena.

    -Hombre, hola vecino. ¿Qué haces aquí?

    -Pu… pues yo venía a… es que estaba estudiando y la música…

    -Ay… perdona. ¡Vero! ¡Baja la música!

    -Eh… bueno. Gracias…

    -Oye cari, ¿me podrías hacer un favor?

    -Supongo… -Contesté yo tontamente.

    -Es que tengo que bajar al sótano a por unas cosas y me da un poco de miedo ir sola, ¿podrías acompañarme?

    Con un gesto de asentimiento me dirigí al ascensor y ella entró dándome las gracias. Es curioso, he dicho más de una palabra y no he metido la pata ni me siento nervioso. Después de unos largos segundos en el ascensor, ella me dijo:

    -Yo me llamo Sara y mi compañera, Verónica. Y tú, ¿cómo te llamas?

    -Jorge, y vivo en el quinto…

    Ella se rio. Ya sabía yo que antes o después iba a meter la pata.

    La puerta del ascensor se abrió y reveló ante nosotros un oscuro pasillo con puertas a los lados. Creo que tenía razón Sara al decir que daba miedo. Yo sabía que esta casa tenía un sótano, pero creo que nunca pensé en utilizarlo, creo que ni siquiera tengo la llave…

    Llegamos a una puerta con un cartel en el que se leía «6º Dcha». Un poco antes pude distinguir entre el polvo una puerta en que ponía «5º Dcha», aunque la cerradura ni se veía de la cantidad de porquería que la tapaba.

    En su trastero había muchas cajas con cosas escritas, un colchón y bolsas que no fui capaz de averiguar su contenido.

    -Jorge, ayúdame a bajar esa caja y la bolsa que está encima.

    Fue extraño porque ella no se movió de donde estaba, por lo que comprendí que el «ayúdame a bajar» significaba «baja» en imperativo.

    Para alcanzarla hice verdaderos esfuerzos, pero finalmente pude sacarlas de la estantería y ponerlas en tierra.

    -Muchas gracias –dijo, y me dio un beso en la mejilla, a lo que mi cuerpo respondió con miles de sensaciones y una inmensa producción de hormonas.

    Me dijo que llevase la bolsa y ella cogió la caja, que era más pequeña.

    En el ascensor, estando enfrente de ella me fijé que llevaba una bata de color rosa claro y como yo era más alto que ella podía ver su escote sin demasiado esfuerzo, pero mi sorpresa llegó cuando me fijé en lo que contenía la polvorienta caja «Mega-Dildo XXL Extra Vibrator» ¡Llevaba un vibrador de alta calidad con doble punta y ergonómico!

    No me creía lo que me estaba ocurriendo. Miré disimuladamente dentro de la bolsa y vi un bote de vaselina, otro de aceite y un juego de bolas chinas. Esto ya me hizo imaginármela usando todas esas cosas. Mientras tanto, le miraba a los ojos y ella me sonreía inocentemente. Aquellas visiones me provocaron una terrible erección que tuve que esconder con la bolsa que llevaba.

    Al llegar a su piso me dijo que si quería pasar a tomar algo. En ese momento mi corazón se agitó tanto que casi se me sale del pecho: ¡Una ninfómana me invita a su casa! Eso no se repetiría jamás en la vida, pero mi nerviosismo me hizo contestarle la siguiente imbecilidad:

    -No gracias, ya es muy tarde y tengo que dormir que mañana tengo que madrugar.

    Pero si eran las nueve menos cuarto y el día siguiente era domingo. Fue la excusa más tonta que nunca he dicho. Durante un rato me atormenté pensando en la estupidez que había cometido. Esa tía iba a pensar que soy un crio que se acuesta a las nueve de la noche. Pero tras unos momentos de arrepentimiento, me armé de valor, salí de casa y subí. Llamé a la puerta mientras pensaba que decir.

    Esta vez abrió la puerta Verónica, un auténtico regalo para la vista. No superaba los veintitrés años y tenía un cuerpo de infarto. Bajo la camiseta ajustada se dibujaban las siluetas de dos pechos duros y del tamaño de una pelota de tenis.

    -Hola guapo, ¿qué quieres? –Dijo ella con una voz melosa.

    -Esto… yo venía a… ver si necesitáis algo, como… hielos, por ejemplo.

    -Pues no, no necesitamos nada. Muchas gracias –Me contestó en un tono desagradable y cerró la puerta.

    Yo me quedé un poco confuso, no estaba seguro de si era posible que me dejasen más por los suelos.

    Cuando ya estaba esperando al ascensor, su puerta se abrió y apareció Sara:

    -¡Jorge espera!

    -¿Qué pasa? –contesté con desgana.

    -Perdona a Vero, pero es que no le gustan mucho las visitas.

    -Ah… Da igual no importa

    -¿Quieres entrar? –Me preguntó con malicia en la cara.

    -Bueno, vale.

    Esta vez las cosas iban bien, solo tenía que evitar meter la pata. Al entrar, contrariamente a lo que me esperaba, encontré que la casa estaba vacía. ¿No había fiesta? Me llevó directamente al dormitorio. En ese momento pensé que esa chica era demasiado lanzada, y cuál fue mi sorpresa cuando al llegar al dormitorio encontré a Verónica vestida únicamente con la ropa interior, lo que a ella le disgustó. Rápidamente fue a taparse mientras farfullaba y maldecía. Luego volvió y dijo:

    -¿¡Me puedes explicar que hace este tío aquí!?

    -¿No dijiste que querías probar algo nuevo? –Le respondió Sara.

    -Pero no me refería a un ménage a trois, y menos con un tío.

    En ese momento lo comprendí todo: los juguetes sexuales, las noches locas. Eran dos lesbianas ninfómanas, lo que las hacía más atractivas si cabe, y encima estaban buenas. Ese era el sueño de cualquier hombre que estuviera en su sano juicio, y yo me encontraba dentro de ese sueño.

    -Venga que seguro que te gusta… -dijo Sara.

    -¡No!, Llévatelo de aquí inmediatamente. –contestó Verónica metiéndose en el cuarto de baño y cerrando la puerta.

    Sara me cogió de la mano y me sentó en la cama. Luego se quitó la ropa quedándose con un conjunto de lencería de color rosa con plumas, lo que me excitó muchísimo. Se acercó y se sentó en mis muslos mirando hacia mí, dejando sus pechos a la altura de mi cara. Me besó la frente y me desabrochó la camisa que llevaba. Luego acercó mi cara a su pecho pudiendo sentir la dulce fragancia que despedía. Yo reaccioné y lamí el centro de su sostén, luego el bulto que uno de sus pezones dejaba en él. Ella se estiraba y contorsionaba, mientras tocaba mi cuello, mi pecho y mis brazos. Cogí sus nalgas con las manos y las apreté fuertemente, luego las abrí un poco y jugué con un dedo con el agujero de su culo. Ella se desabrochó el sujetador y lo dejó caer deslizándose por sus brazos, dejando a la vista sus prominentes senos con oscuros pezones bien duros.

    Yo lamí sus tetas, las amasé, las aplasté, las mordí y jugué con ellas hasta que Sara se dirigió a mi bragueta. Yo respondí metiendo la mano entre sus piernas y sintiendo su vagina a través de las finas bragas. Mientras ella jugaba con mi polla yo le frotaba los labios vaginales con las bragas por encima sintiendo como estas iban poco a poco empapándose de sus flujos, hasta quedar completamente mojadas. Sara me empujó tumbándome en la cama y restregó sus mojadas bragas por mi torso, dejándome con un fuerte olor a hembra, luego se quitó las bragas y me las puso en la cara, yo las chupé con énfasis recibiendo un magnífico sabor.

    Después se puso de rodillas sobre mi cara dejando toda su raja a la vista; esta estaba totalmente rasurada y sus labios brillantes. Sara flexionaba ligeramente las rodillas para dejar su conejo al alcance de mi lengua, pero muy escasamente de forma que mi deseo de comérselo iba en aumento, mis manos estaban bloqueadas por sus piernas, por lo que no podía hacer nada para conseguir mi propósito. Le supliqué para que se acercara más pero ella se negaba.

    De vez en cuando caía alguna gotita que saboreaba como si fuera un manjar. De pronto salió Verónica del baño con unas bragas negras con bordados que las hacían casi transparentes, y las grandes tetas al aire. Se acercó a nosotros y cogiendo a Sara por la cintura la empujó hacia abajo, aplastando mi cara en su vagina, ocasión que aproveché para lamer hasta saciarme. Mientras hacía esto noté que unas manos frías me tocaban el durísimo miembro y advertí que era Verónica, ya que Sara las tenía en mi cabeza para empujarme contra su entrepierna. Verónica me estaba pajeando rápidamente, luego se introdujo la polla en la boca y la succionó mientras me pajeaba con entusiasmo.

    Yo no tardé en correrme llenando su boca con mi esperma. Después con la boca llena todavía besó a Sara traspasándole gran parte de mi semen, y entre las dos se lo tragaron. Verónica le hizo una indicación a Sara y esta se apartó de mi cara, yendo a mis caderas, sentándose encima de mi pene, que se recomponía por momentos, luego Verónica se puso encima de mi cara mirando hacia Sara y dejándome su coño al alcance de mi boca. Como mis manos ya estaban libres, aproveche para meter los dedos en la uretra de Verónica a la vez que lamía su orificio vaginal, penetrándolo con la lengua. Mientras tanto Sara se metía mi polla por el coño y Verónica le comía las tetas a Sara. Aquello parecía una bacanal, todos gemíamos y botábamos sin control. Llegamos al clímax los tres casi simultáneamente, yo me corrí otra vez inundando los interiores de Sara, ella se corrió mojando todo mi vientre y Verónica tuvo varios orgasmos seguidos. Parecía que cada uno era más intenso que el siguiente.

    A partir del tercero empezó a secretar un líquido parecido al agua pero con un sabor dulce, que me empapó la cara. Mientras yo descansaba, Sara y Verónica se acoplaron en un 69 para limpiarse la una a la otra y cuando acabaron se acercaron a mí y me besaron pasándome la mezcla de jugos que llevaba cada una en la boca.

    Después de esto nos quedamos dormidos los tres en la cama.

    Este fue el comienzo de una relación a tres bandas que todavía hoy dura.

  • ¡Fóllame por el culo!

    ¡Fóllame por el culo!

    Era domingo y estaba muy cansada. Nos metimos en la cama a las diez de la noche y pusimos la tele para que nos entrara la morriña y yo enseguida caí rendida sin importarme siquiera el ronquido lineal y sostenido de mi novio. La tele se apagó a la hora programada y yo soñaba con los angelitos hasta que, de repente, noto que alguien se me pega por detrás.

    Al principio, creía que estaba soñando. Estaba agotada y me pesaban los párpados. Dormía de lado y él también, ahora, hacia el mío. David se había pegado a mí. Su erección estaba pegada a mi culo y su mano derecha se adentraba por dentro de mi pantalón del pijama.

    -Cari… son las… ¡dos de la madrugada!

    -Shhh… Cállate y déjate hacer…

    No sé si sonó más a petición o a orden, pero de repente la idea de someterme a la persona que más placer me ha dado me resultó de lo más seductora. Así que obedecí. Cerré los ojos y volví a ponerme de lado. Como si durmiera. Él no había parado de acariciarme por dentro del pijama y yo quería más. No dije nada pero me arqueé para hacerle ver que quería más.

    David entendió mi gesto y metió la mano dentro de mi tanga. Yo estaba ya mojada y él lo quería disfrutar. Me acarició el clítoris un rato. No tenía ninguna prisa. De hecho, eso era lo que deseaba, tenerme a la espera. Ardiendo en deseos de que me hiciera suya. Y yo quemaba…

    -Más… por favor…

    -No hables…

    -David…

    -Es solo un juego… Voy a jugar contigo… Te voy a follar hasta que no puedas más…

    Aquella frase me paralizó. Y me enloqueció. Y David lo notó y entonces, sin más metió dos dedos dentro de mi coño y empezó a meterlos y sacarlos sin problema dándome más placer aún.

    -Joder nena… para estar «dormidita» estás muy cachonda eh? Mmm pero cómo me pones…

    Yo iba a contestar pero recordé que parte del juego era que debía estar callada. Entonces, sin sacarme los dedos, me puso boca abajo. Se puso encima de mí y se agachó para lamerme el culito. Dios mío, aquella sensación iba a volverme loca. Era algo totalmente nuevo, nunca lo había hecho así, de esa manera tan intensa. Entre más me lamía más rápido metía y sacaba sus dedos de mi coño. Aquella sensación era la gloria…

    -Cariño me voy a correr!!!

    Y de repente, me pegó una torta en el culo. Fuerte. Me dolió. Noté que mi nalga se enrojecía.

    -Te he dicho que te quiero calladita -dijo y me besó la zona donde segundos antes había recibido la torta- Voy a darte placer. Te lo prometo. Pero lo voy a hacer a mi manera. Hoy vas a ser mi sumisa. Solo hoy. Y yo voy a hacer que te corras una y otra vez. Pero no hables, porque si lo haces vas a querer gritar de placer. Y no queremos que los vecinos vuelvan a tocarnos la pared, ¿no?

    Me di la vuelta. Lo miré a los ojos y supe que no me haría daño. Que todo era parte de un juego. Y yo quería jugar a ser follada. Así que asentí con la cabeza y a cambio recibí un beso en los labios. Un beso largo y apasionado que volvió a tenerme encendida y que paró cuando él así lo quiso.

    Entonces volvió a ponerme boca abajo. Noté que se acercaba a la mesa de noche. Abrió el cajón y lo cerró. En seguida supe lo que era. Y enseguida también noté un líquido frío en la entrada de mi culito. Un dedo empezó a abrirlo sin mucha dificultad mientras su otra mano se encargaba de mantener mi coño húmedo y ardiendo. Tres dedos ahora entraban y salían de mi interior haciéndome delirar de placer. Yo me movía como podía para aumentar la sensación. Me iba a correr pronto y David lo sabía. Así que con más lubricante introdujo dos dedos en mi ano. Y aquello que al principio de los tiempos habría sido un dolor mortal hizo que me corriera sobre sus dedos y manchara sus dedos como regalo.

    David paró. Sacó los dedos de mi interior y me dio la vuelta. Encendió la luz y metió su polla en mi boca. Estaba más dura que nunca. Y yo más excitada que antes. Se la chupé sin parar y hasta el fondo intentando no atragantarme. Comenzó a follarme la boca con rapidez pero paró al poco tiempo.

    -Nena… para un poco porque si sigues comiéndomela así me voy a correr… Y yo te voy a follar. Te quiero follar… ¿Quieres que lo haga?

    -¡Si!

    -Dímelo! Pídemelo…

    -Fóllame por favor… Necesito que me la metas…

    -¿Dónde la quieres?

    -En todas partes… donde tú quieras, pero hazlo ya…

    Y lo hizo. Me volvió a poner boca abajo y me la metió entera en el coño.

    -Ahhhh -no gemí, chillé de gusto.

    -No grites! -dijo dándome otra nalgada en el culo-. Eres una nenita mala y me obligas a follarte… Y si gritas… a darte tortas en el culo…

    -Sí, sí, lo que tú quieras, pero por favor no pares…

    -Joder nena! Estás empapada… Nunca había visto tu coño así…

    -Tú me pones… me provocas… Joder no pares…

    -No… levanta, ponte a cuatro patas para mí…

    Yo obedecí y entonces comenzó a follarme más fuerte. Su polla entraba y salía de mí resbalando por mi coño mientras yo me contenía para no chillar de placer y mordía la almohada. Me agarraba el culo con las manos y yo ardí de placer hasta que me derramé cuando noté que su dedo se metía en mi culito mientras su polla me follaba con fuerza el coño.

    -¿te gusta Pau? ¿Quieres más? Ehhh!!!?

    -SIII

    Y metió otro dedo en mi culo. Y reventé en un orgasmo infinito y lo arrastré conmigo a él. Noté como el semen salía a chorros calientes e inundaba mi vagina. Él jadeaba de gusto hasta que acabó y cayó encima de mí rendido y sudoroso.

    -Joder Pau… eres… increíble… Te deseo tanto… -dijo a mi oído.

    -Y yo a ti pero… deja que me levante… y… saca los dedos de ahí… me quiero duchar… estoy pegajosa…

    -Seguro? Yo solo quiero reposar… Me quedé con ganas de follarte el culito tan rico que tienes…

    -Ah sí??

    -Sí… ¿me vas a dejar?

    -Hoy soy toda, toda, tuya…

    -¿En serio? Joder… eso me pone y lo sabes… Casi nunca lo hacemos por detrás y metértela por el culo es una sensación increíble… lo tienes tan estrechito que me aprieta la polla y me vuelvo loco…

    -Lo sé, pero si no estoy muy excitada me duele…

    -Ya, y no quiero hacerte daño, quiero darte placer, que te corras como una loca… -dijo mientras su dedo entraba y salía de mi culo- Hoy quiero follarte hasta que no puedas más… Quiero verte muy zorrita…

    -Mmmm no sabía que tenía un novio tan pervertido…

    -Lo tienes…

    -Sabes que haces conmigo lo que quieres…

    -Y me vuelves loco…

    -Mmmm eso me encanta… pero deja que me asee -dije zafándome de su dedo juguetón e incorporándome. Me puse de pie y la gravedad hizo su efecto. Parte de su semen caía por mis muslos dejando mi piel pegajosa. Él se levantó y lo restregó hacia arriba, ensuciándome más con su corrida y metiendo sus dedos en mi coño. Quería calentarme.

    -Ven, quiero que te vistas para mí…

    Y se dirigió hacia el cajón de mi ropa interior. Sacó un par de medias al muslo y me dijo que me las pusiera. Yo obedecí en silencio.

    Después sacó un sujetador push up que me hacía unas tetas increíbles y también me lo puse callada. Me quedé esperando a que me diera un tanga pero no lo hizo. Se quedó de pie mirando. Su novia con medias y sujetador pero sin bragas. Expuesta. Eso era lo que quería. Y lo entendí. Así que me tumbé en la cama boca arriba y abrí las piernas esperando algún movimiento, pero no lo hubo. La espera me calentaba infinitamente y él lo sabía y lo disfrutaba.

    -Siéntate y cómetela toda, pónmela dura nena…

    Y yo hice caso. Me acerqué al borde de la cama. Él estaba de pie con su polla flácida en las manos y yo abrí la boca con gusto. Empecé a lamerla despacito. Sabía a semen y a mi orgasmo anterior. Me gustaba. Y poco a poco aumentaba el ritmo. Me la metí en la boca algo más crecida y dura y comencé a chupar con hambre y fruición. Chupaba, paraba y lamía sus huevos mientras mi mano suplía mi lengua. Su polla ya estaba dura como una piedra y él jadeaba como un loco. Si quería una zorrita le iba a dar una mamada de profesional. No paraba de chipársela. No podía. Estaba poseída por la situación y me estaba empleando a fondo…mucho, tal vez demasiado…

    -Shhh para joder! quieres hacer que me corra otra vez eh! Pues no… todavía no… tenemos una cosa pendiente y la vamos a hacer… Voy a follarte por el culo… Te lo voy a abrir y te va a encantar… Te gustará tanto que tú misma me pedirás que te folle sin parar… Verás cómo sí… Ponte a cuatro patas nena que esto acaba de empezar…

    Obedecí y me puse en la postura del perrito. Él se colocó detrás de mí y te acarició el coño.

    -Estás empapada! ¿Esto te pone? -me susurró como escapando del juego. Le dije que sí muy bajito y él volvió a su papel de duro-. Vamos a darte más entonces… -y sin más metió su polla de una vez en mi coño.

    -Ahhhh!!!

    -Calla! Que nos van a oír… Joder estás chorreando nena… quieres que te folle? Eh?

    -Síii, fóllame… no pares… por favor…

    -Noooo, no parooo! mmmm dónde está mi polla nena? dónde, dimeeee!

    -En mi coñooo!!Ahhhh

    Y siguió follándome sin parar. Estaba como poseído hasta que me corrí en un orgasmo intenso, tanto que me fui hacia adelante y casi me doy contra el cabecero de la cama.

    -¿Te gustó nena? Tengo más polla para ti… Ya probamos tu boquita, tu coño y ahora hay que abrir ese culito que tienes, sí?

    -Si.

    -Sí? Quieres??

    -Si… estoy muy cachonda, hoy quiero, quiero que me folles que me hagas lo que quieras…

    Y sus palabras lo encendieron más todavía. Como me dolían las rodillas me dejó poner boca abajo en la cama. Con las piernas bien abiertas, metió su polla en mi coño pero sin follar, solo la dejó dentro. Con un lubricante helado -porque estaba muy frío- y especial para sexo anal, comenzó a untar mi culo y su dedo. Lo fue introduciendo poco a poco a mí y la verdad, no sentí dolor. La mezcla de sentir su polla en mi coño y aquel dedo frío en mi culo me gustaba y así se lo hice saber para que lo fuera moviendo. Su dedo entraba y salía de mi trasero con facilidad, lo que le animó a los pocos minutos a meter otro. Esta vez sí note un poco de dolor, de quemazón, pero quería aguantar, quería hacerlo, así que con más lubricante y paciencia mi culo comenzó a ser follado por los dedos de mi novio.

    -¿Te gusta? Tener mis dedos en tu culo?

    -Si…

    -Lo sé, noto tu coño húmedo en mí, y ni siquiera te estoy follando… pero voy a empezar ahora… Si me lo pides…

    -Qué?

    -Dímelo… Pídelo…

    -Fóllame…

    -El qué, nena?

    -Fóllame por el culo…

    -Tus deseos son órdenes para mí…

    David sacó su polla de mi coño hinchado. Al instante la eché de menos. Y lo mismo con los dedos dentro de mi culito. Escuché que abría de nuevo el lubricante y supuse que se estaba untando la polla para darme por detrás. En seguida noté su glande en la entrada de mi culo. Entró sin dificultad, pero solo eso, me quemaba.

    -Te lo voy a hacer despacito, nena, pero te lo voy a hacer y te voy a dar por culo, vale?

    Y metió un poco más su polla. Estiró los brazos para tocarme las tetas, para apretarlas y me besó el cuello, mi punto débil. Cada vez que me acostumbraba a cada centímetro, metía un poco más, poco a poco, y la sensación de ir siendo llenada por él me gustaba, me excitaba porque no sabía cuánto iba a tardar en darme más y mi culo se acostumbró. Dejó de arder y quiso buscarlo, quiso sentir su polla. Y la metió poco a poco hasta tenerla toda, pero no me follaba. Yo quería ver cómo lo sentía porque hoy sí me estaba gustando pero estaba quieto…

    -Qué haces?

    -Nada, qué quieres que haga?

    -Que me folles!?

    -Que te folle qué? Dónde?

    Que me folles el culo!!

    -Eso era lo que quería escuchar putita… Te voy a dar pero bien…

    Y comenzó a bombear por detrás. Joder! Me estaba gustando!! La sensación de dolor y placer era increíble y la actitud de él dominando la situación era tan morbosa que estaba a mil… pero él también…

    -Joder nena… mi polla entra y sale de tu culo… Es tan rico y estrecho! Dios! No puedo parar, no puedo, quiero correrme en ti, llenarte el culo de leche… Joder nena no puedo aguantar, esto es la ostia! Joder… ahhhh…

    Y entre gritos sordos se corrió por primera vez dentro de mi culo. Yo me sentía exhausta, dolorida, agotada y bien follada.

  • Mi primera vez con Ema

    Mi primera vez con Ema

    Este relato hace referencia a la fiesta que se hace al final de cada año en las oficinas para celebrar la navidad y el año nuevo.

    Mi socio y yo acostumbramos invitar a nuestros empleados y a algunos amigos cercanos a comer en algún restaurante que tenga ambiente, música y baile y la cuenta la pagamos nosotros sin poner ninguna restricción en cuanto a lo que pide cada comensal de comer y beber.

    Ese diciembre fuimos 21 personas a la comida, desde el colaborador más humilde hasta los socios y el único requisito fue arreglarse para la ocasión.

    Una de las contadoras, Ema, se arregló especialmente bien, es delgada, muy poco pecho pero unas nalgas firmes y paraditas que se me antojaron, pues los traseros son mi debilidad.

    La fiesta fue en un lugar con música veracruzana y unos tragos especiales llamados «toritos» que tienen un sabor suave y dulce pero su efecto es fuerte pues emborrachan con pocos.

    La comida transcurrió como se esperaba, todos muy contentos y algunos pasados de copas pero correctos.

    Cuando empezaba a caer la noche se comenzaron a despedir los que tenían que llegar temprano a casa y de pronto Sandy, una abogada del Staff legal propuso ir a algún lugar donde se bailara salsa y música tropical, sin embargo mi socio dijo que él no iba pues se sentía medio borracho pero un amigo invitado se apuntó de inmediato, pero casi todos se tenían que retirar y solamente quedamos Ema, Sandy, mi amigo y yo.

    Ante tan poco éxito que tuvo la propuesta ya no fuimos a ningún lado y preferimos quedarnos a oír música y tomar más «toritos».

    El alcohol empezó a hacer sus efectos y mi amigo que había estado platicando muy cariñoso con Sandy me propuso invitarlas a un motel a lo que me negué pues aunque Ema había mostrado que quería algo más conmigo en varias ocasiones pensé que se iba a negar, pero como nos escuchó, tomó la iniciativa y me dijo en voz alta:

    -Me he aguantado muchas veces decirte esto, pero hoy quiero que me lleves a un motel.

    Claro que no iba a desaprovechar semejante ofrecimiento y antes que alguien se arrepintiera pedimos la cuenta y nos encaminamos los cuatro rumbo a la carretera a Toluca a la zona de moteles.

    Nos fuimos en el carro de mi amigo y Ema no perdía el tiempo pues desde que nos subimos al asiento de atrás comenzó a besarme, tiene unos labios deliciosos, carnosos y su lengua recorrería toda mi boca con una pasión que nunca noté en ella, yo puse mi mano en su cuello y la fui bajando en cada beso hasta estar dentro de su escote hasta sentir sus pezones duros y erectos, ella por su parte comenzó a tocar mi miembro por encima del pantalón que para ese momento ya estaba totalmente parado y bajó el zipper y desabrochó el cinturón pero no pudo desabrochar el pantalón, dejó de besarme y con las dos manos abrió mi pantalón, bajó mi bóxer y sacó mi miembro y sin esperar un segundo se lo metió a la boca y comenzó a darme una mamada increíble, apretaba sus labios y succionaba mi verga, la lamia como si fuera una paleta y la volvía a apretar con sus labios, con su lengua, no paraba de masturbarme con la boca, yo que había mantenido los ojos cerrados, los abrí y vi a Sandy viendo la mamada que me estaba dando Ema, saboreándose.

    Cuando estaba a punto de venirme en su boca mi amigo nos anunció que habíamos llegado al hotel, Ema se separó de mi verga y nos arreglamos.

    Entramos a la habitación los cuatro y de inmediato sin dejar de besarnos Ema y yo nos metimos al baño a desnudarnos.

    Salimos del baño y en la penumbra Ema me desabrochó la camisa, tomándose su tiempo, botón por botón, me quitó los zapatos y los calcetines, me besó los pies, los lamió y me sentó en la cama para quitarme el pantalón y el bóxer y sin quitarme la camisa me besó el pecho, lamia mis pezones despacio como si fueran un dulce, me levanto de la cama y de la mano me llevó al jacuzzi que previamente había llenado Sandy, me quitó la camisa, me metió al agua y al ritmo de la música que solo estaba en su cabeza hizo un striptease despojándose del vestido amarillo que había comprado especialmente para la fiesta y se quedó en tanga y zapatillas muy altas.

    Se veía preciosa, se quitó las zapatillas, se metió al jacuzzi, se sentó en la orilla y me jaló para que lamiera su coño por encima de la tanga de encaje, abrió las piernas y me expuso el coño mojado por sus flujos, se quitó la tanga, se metió al agua, me abrazó y se sentó sobre mi verga erecta, tomó el tronco y la dirigió hacia su coño.

    Estaba tan caliente y mojada que se dejó caer y la penetré hasta el fondo sin ningún problema solo dando un gemido que se escuchó en toda la habitación.

    Comenzó un vaivén de sus caderas subiendo y bajando primero lento y aumentando la velocidad poco a poco, besándome la boca, metiendo su lengua con desesperación y solo se oía el agua del jacuzzi que se movía y salpicaba.

    Se abrazaba muy fuerte a mi, jadeaba, pedía que se la metiera más fuerte, mas adentro, mas rápido, su pelvis chocaba contra mi, se dejaba caer para sentir la verga hasta el fondo, seguimos sin parar hasta que apretó las piernas viniéndose sin dejar de moverse y seguía moviéndose para tener un orgasmo continuo interminable, ya no susurraba, me ordenaba:

    -dame más duro.

    Yo sentía su vagina caliente como brasa y cuando sintió la tensión de mi cuerpo porque me iba a venir, se quitó de encima de mi y me sacó del agua, me sentó y se metió mi verga a la boca y succionó hasta que mi semen comenzó a llenarla y solo se detenía para decirme:

    -tu semen es mío y me lo voy a comer todo.

    Y seguía succionando y con la mano me masturbaba para sacar todo el semen posible.

    Cuando no pudo sacarme mas se salió del jacuzzi, todavía con semen en la comisura de los labios y habló con Sandy y le dijo que nos tocaba la cama, pero solo consiguió que nos dejaran la mitad. Ema fue hacia a mi, me sacó del agua, tomó una toalla y me secó, mas que secarme fue un masaje delicioso, me tomo de la mano y me recostó en la cama y me dijo:

    -bebé cógeme, quiero volver a sentirte adentro.

    La acosté y me coloqué entre sus muslos para darle una mamada para que disfrutara como me hizo disfrutar a mi.

    Lamia su raja a todo lo largo, mordisqueaba su clítoris que era grande y estaba duro y rojísimo, sentía sus flujos en mi boca hasta que no aguantaba mas y me pidió:

    -métemela bebe, ya la quiero adentro, por favor.

    La voltee boca abajo, sus nalgas quedaron a mi merced y se las mordí, la nalguee y me pidió que las nalgadas fueran mas fuertes, se le pusieron rojas las nalgas y a cada nalgada gemía, le besaba la espalda, se la mordía, la lamía, le lamí el culo que todavía olía a jabón del jacuzzi, le puse mucha saliva, le paré las nalgas y le puse la cabeza de mi verga directamente en la entrada del ano y aunque sabía lo que iba a pasar, me dijo:

    -nunca lo he hecho por atrás, ten cuidado, no me lastimes.

    Le metí la punta y se quejó y gimió, me quedé un momento sin moverme y cuando sentí que se dilataba seguí metiéndole la verga un poco mas y así poco a poco fui metiéndosela hasta que la tuvo toda adentro, nos quedamos sin movernos hasta que se acostumbró y comenzamos un mete saca frenético, no se contenía, gritaba, gemía, me pedía mas, le daba nalgadas y me pedía que se las diera mas fuerte, la agarré del cabello y se lo jalé hasta que levantó la cara y en ese momento se vino y su culo me apretó la verga e hizo que me viniera al mismo tiempo que ella llenando ahora su culo de semen, nos venimos largo, delicioso, mucho hasta que se dejó caer hacia un lado sin dejar que mi verga se saliera de su culo y nos quedamos así un rato, yo sentía como palpitaba su culo hasta que mi verga quedó en una semi erección y me salí de ella.

    Me recosté a su lado y me dijo:

    -De haber sabido que coger por el culo era tan delicioso te hubiera pedido que me cogieras mucho antes.

    Nos levantamos y nos dimos cuenta que Sandy y mi amigo estaban vestidos y habíamos sido su espectáculo mientras estaban sentados en dos sillones que había en la habitación.

    Nos vestimos y nos fuimos a recoger mi carro, pero durante el camino de regreso nos fuimos besando y acariciando delicioso.

    Ahí comenzamos a vernos muchas veces y nos disfrutamos mucho, pero eso será motivo de otros relatos.

  • Tú y yo, al resplandor de las pantallas

    Tú y yo, al resplandor de las pantallas

    Otra de las noches donde doy vueltas en la cama si poder dormir. En la soledad de mi habitación mi mente sigue activa, recuerdos vuelven, fantasías aparecen y de pronto me visita un pensamiento sobre algo… o mejor dicho, alguien… tu. Si si, lees bien, estoy pensando en ti, la lectora que en este momento le da vida a mis palabras. Mientras escribo esto desde el móvil, acostado en mi cama en ropa interior, con las sábanas hasta la cintura estoy pensando que tú también está ahí, del otro lado, alumbrados los dos sólo por la tenue luz de la pantalla y ambos estamos aquí por la misma razón, necesitamos una pequeña aventura.

    Si decides aceptar mi invitación y me das tu colaboración, haré mi mejor esfuerzo para que te sientas inmersa en esta experiencia, así juntos podemos darnos un poco de placer en esta noche solitaria. Antes de continuar leyendo, te pediré que apagues todas las luces y busques un lugar cómodo y prepares tus manos. Has lo posible por eliminar todas las distracciones y pon toda tu atención para dejarte llevar en lo que a continuación escribo exclusivamente para ti.

    _______________

    Aquí estamos, dos desconocidos en ciudades distantes, o quizás no, quizás sólo estemos a un par de calles, no lo sabemos, pero el pensar en ti y como estamos abrazados por esta oscuridad me hace sentir que estamos juntos. Se me pone la piel de gallina y siento un leve escalofrío en la nuca el hecho de que transformes este texto en mi voz que habla dentro de ti. Ja, me encanta la idea de estar dentro de ti. No puedo ni siquiera terminar de escribir este párrafo sin que mi ropa interior se vuelva más apretada. Quiero que comencemos ahora mismo nuestro juego, donde imaginemos nuestros cuerpos muy cercanos, donde tus manos y mis manos serán las mismas, donde nuestros alientos se mezclen en uno solo y donde nos toquemos mutuamente.

    Bajo mi mano hacia la cara interna de tu muslo y siento como la tuya baja hasta el mismo lugar en mi. Damos unas suaves caricias haciendo espacio a nuestra entrepierna. Frotamos arriba y abajo por sobre nuestra ropa interior. Puedes sentir como mi erección se endurece en tu palma. La excitación me hace presionarte mientras nos hacemos lugar para que nuestros dedos entren bajo la tela. Con mi índice y corazón hago unos círculos suaves sobre tu clítoris, el calor de tu vulva me hace sentir una corriente que me sube por el brazo. Tus dedos que bajan por el tronco de mi falo son maravillosos.

    Si… me gusta lo que haces.

    Te sigo tocando, las yemas de mis dedos parecen saber a dónde quieren ir y te doy caricias como te gustan, suavemente hacia un lado y luego hacia el otro. Veo en tu rostro como te sube la temperatura y me encanta, me calienta lo que estamos haciendo

    Sigamos así… un poco más…

    Bajo por tus labios mayores buscando una excusa para ir más profundo. Tú vas hacia el perineo con los dedos y vuelves presionándome con la palma abierta el tronco de mi falo. Introduzco los dedos para sentir la humedad de tu vagina, de a poco hago espirales hacia adentro mojándolos por completo. Los muevo adentro en la forma en que te gusta y tu respiración in crescendo me hace saber que estoy haciendo un trabajo tan bueno como el que tú me estás haciendo a mí.

    Si… si…

    Mmmm… Si…

    Saco los dedos y tu fluido luce delicioso, no me puedo resistir a probarlo así que me llevo los dedos a la boca y los paso por mi lengua. Tu néctar es exquisito y lo saboreo con intensidad. Si gustas hacer lo mismo puedes ver como escurre mi glande, que se asoma por fuera de mi bóxer gracias a la excitación que me estás provocando.

    Aammh…

    Antes de volver a tu sensual vulva, quiero exponer tus senos y apretar tus pezones, moverlos como pequeñas perillas. Como te gusta? Más suave? Más fuerte? Justo así? Déjame jugar un minuto con ellos mientras suspiro sobre tu cuello.

    Vamos por más…

    Rozamos todo el camino por nuestros torsos hasta llegar a nuestra ropa interior. Tu me bajas el bóxer y yo te bajo las bragas. Me pone ver tu coño húmedo y mostrarte como palpita mi polla mientras gotea. Me agarras el tronco con firmeza y comienzas a darme de arriba a abajo con un ritmo lento haciendo que esa gota viscosa que amenazaba con caer se deslice por el dorso de tu mano. Al mismo tiempo te penetro con dos dedos y los meto suavemente hasta el fondo, doblando y estirando para estimular la parte superior de tu vagina en ese lugar que te calienta más. A medida que te mojas más voy aumentando la velocidad. Nuestra respiración se incrementa y se convierte en gemidos de placer que rompen el silencio de nuestro pequeño espacio.

    Oh si… si…

    Más… si… así…

    Ah ah ah… si… ah…

    Nos damos con mayor intensidad, a nuestras voces se suma el sonido de nuestros genitales completamente mojados que son sacudidos con potencia por el otro. Eso nos pone todavía más y aumentamos la velocidad más.

    Ah ah ah ah…

    Si si si si…

    Más más más…

    Podemos sentir como se acerca el momento y nos dejamos llevar por el placer. Nos damos con toda nuestra energía. Nuestro ritmo cardíaco por las nubes. Nuestros ojos pierden el foco. Nuestros gritos se ensordecen porque nos falta el aliento. El sonido de nuestros fluidos cada vez más frecuente anuncia el clímax que se acerca. Damos lo último en ese momento final justo antes de acabar.

    Y mientras tú me aprietas la polla con toda tu fuerza, marcando las venas. Y yo te meto los dedos a toda velocidad, apretando tu clítoris con mi pulgar y dejando que mi meñique roce tu ano cuando llego al fondo. Ambos nos corremos al unísono mientras seguimos dándole al otro lo último de nuestras energías. El flujo de tu coño chorrea por mi mano, varios chorros de semen se disparan por el aire, nuestras manos rompen suavemente el contacto con el otro y nuestros cuerpos temblorosos caen rendidos y sucios por nuestra increíble corrida.

    Recuperamos el aliento y volvemos a encontrarnos solos en la habitación. Alumbrados solo por la tenue luz de la pantalla, pero sabiendo que hay alguien del otro lado con quien hemos tenido un momento hermoso, una experiencia excitante sólo entre tú y yo.

    ***********************

    Espero que este relato te haya funcionado tan bien a ti como a mi y que podamos volvernos a ver en otra noche de soledad. Me encantaría que me cuentes en un comentario que te ha parecido y que aceptes mi invitación para volvernos a encontrar. Dime que es lo que te gustaría para la próxima vez. Quizás un juguete. Quizás otro lugar, como un lugar público. O una situación particular, como alguien en la habitación de al lado que podría descubrirnos. Hazme saber tus fantasías y haré lo posible por crear una nueva aventura en que los protagonistas seamos tú y yo.

    Ahora debo limpiar este desastre que has provocado y tomar una ducha en la que seguro, volveré a pensar en ti.

  • No te corras ahí: Mi fantasía prohibida

    No te corras ahí: Mi fantasía prohibida

    Ella me ha puesto una sola regla, nada de corridas en su rostro o boca.

    Y vamos, no es que sea una mojigata, que me he corrido por cada otro rincón de su cuerpo.

    No sé bien porqué, pero tengo la necesidad de obsequiarle corridas voluminosas y espesas, con potentes chorros que salten cuando acabo, o por lo menos intento prepararme cuando sé que viene una noche de alcoba.

    Tengo un gran catálogo de recuerdos, pues no solo me ha dejado correrme dentro, tanto por delante como por detrás, sino que amo correrme sobre su piel.

    Me encanta cuando se arrodilla fuera de la cama y me mira a los ojos mientras la agarro del pelo, y me acaricia los huevos mientras me doy las últimas sacudidas antes de descargarme en su pecho, y ver como mi jugo le chorrea por las tetas sin que deje de mirarme fijamente. Junta alguna gota rebelde con los dedos y se agarra los pechos glaceado para ponerse de pie.

    Amo correrme en su espalda, cuando se pone en cuatro y me pide que la sacuda fuerte. Si logro aguantar la calentura, después de que ella muerde la almohada, le saco la polla y se la refriego por la raya del culo. Eso me hace irme a chorros y mancharla hasta la nuca, dejando caer los últimos hilos entre sus nalgas.

    Si, sus nalgas, adoro llenárselas de semen y desparramarlo con las manos. Y siempre dejando un poquito para largar en su ano apretado por fuera, para que chorrea hacia el coño.

    También me gusta cuando me sacude con la mano, eso puede ser una sorpresa, podemos perder los primero chorros en la habitación o en los días menos potentes que solo baje por sus dedos. Me calienta mucho ver sus manos pegajosas de mi, pero eso no le agrada tanto y en venganza se la suele limpiar en mi pecho.

    Sus pies también han recibido descargas, le encanta estimularme con ellos mientras le como el coño.

    Descargarme en su vientre es uno de mis lugares favoritos. Amo ver todo su cuerpo, su vulva, su panza planita, sus senos y su cara excitada esperando mi eyaculación es una de las cosas más excitantes. Irme en ese lugar, llegar hasta sus tetas y acabar goteando en su coño es lo mejor. Verla ahí acostada toda llena de mi, con semen que corre por sus lados y su entrepierna es de lo más hermoso.

    Pero su cara está prohibida, y su boca es un no. Mira que esos labios preciosos me han besado el falo de formas increíbles, y esa lengua ha saboreado mi fluido preliminar, pero a la hora final la regla es apartarse. Porque eso es algo que no le gusta y por eso, de solo pensarlo se me pone dura como ahora.

    No sé cuál es el motivo, pero me encantaría poder acabar allí, ver su rostro esperando y recibirme en varias partes. Ver sus labios goteando mi néctar me quita el sueño. Y más aún desde esa vez. Oooh esa vez. Estaba tan cargado, ella era una diosa sexual, me había follado como nunca. Le pedí correrme en su vientre para terminar el encuentro de la mejor forma. Se acomodó, estiró los brazos sobre su cabeza, en una posición de ninfa que marca su cintura y levanta sus pechos. Allí me miraba cuando la saco de su vulva y me dejo ir. Estaba tan caliente que el semen salió para todos lados, más lejos de lo que esperaba y unos de esos primeros chorros dio justo en la comisura de su boca. Eso me puso del todo en el momento exacto para tirarle 5 o 6 chorros más que fueron cayendo progresivamente más cerca por todo su torso. Fueron eternos esos segundos donde la gota bajaba por su mejilla antes que la limpiara con su dedo en disgusto. La imagen de ese instante la atesoro como oro.

    Díganme damas, existe forma para sugerir repetir dicho momento. No sé cuál es la necesidad primitiva de correrme en su cara, o de que su rostro esté cerca de mi pene cuando acabe. Pero es algo que me muero por hacer, y quiero que ella también lo disfrute y le excite.

    Cuéntenme aquí, les gusta a ustedes recibir corridas? En que parte? De qué forma? Espero que lo hayan disfrutado.

  • La mamá de Max (VI): Masoquismo frente a su marido

    La mamá de Max (VI): Masoquismo frente a su marido

    Continuando con mis aventuras con Marlene la mamá de Max, hoy les contaré la última noche que estuve con ella, una noche muy rica de sexo y masoquismo, pero también la noche que dio por terminada una amistad y tal vez quebranto una familia.

    En el último relato les conté cuando me la cogía en su cocina durante la celebración de Navidad y mientras la follaba muy rico, su cornudo esposo vigilaba la puerta para que nadie nos descubriera, todo fue muy rico, pero ese día, Max intuyó que algo no estaba bien y aunque terminé cogiéndome a su madre en la madrugada, él traía una espinita que no lo dejaba.

    Marlene y yo continuábamos torturando al viejo, cogíamos ahora mientras él comía o miraba tv, Marlene era más descarada y lo trataba como una autentica basura y aunque disfrutaba ver su cara de perdedor, admito que me sentía mal en el fondo ya que él era el padre de mi amigo de la niñez y tal vez no merecía eso.

    Pero ya era tarde, estaba tan metido en esa tortura mental que solo cumplía con mi deber de corneador, esa noche quedé con Marlene de darle un súper show a su marido, uno masoquista, ella siempre quiso ser dominada, sodomizada y humillada y yo le cumpliría su fantasía.

    Llegué puntual a la cita, cuando llegué, Marlene ya me esperaba en una bata roja de mezclilla, con el cabello suelto y perfumada, nos besamos como era costumbre y yo dejé mi mochila con instrumentos que usaría para su fantasía en el sofá de la sala.

    Y bien sin perder más tiempo, nos besamos y comenzamos con el rico faje, mis manos acariciaban esas piernas que tanto me excitan, ella acariciaba mi verga por encima de mi pantalón.

    M: ¡Te tengo una sorpresa nene!

    L: ¿Así? ¿Cual?

    Se paró frente a mí y se quitó su bata, un espectacular traje de cuero en forma de negligé pegado a su escultural cuerpo me mostraba, mi verga reaccionó parándose, ella mirándome coqueta se bajó y sacó a mi amigo de mi pantalón y empezó a darme tremenda chupada.

    L: ¡Uh!! ¡Que rica te ves, uhm!

    M: ¿Te gusta? ¡Lo escogí para ti, para esta anoche!

    L: Uhm, genial, ¡combina con mis instrumentos!

    Marlene se tragaba de forma espectacular mi dura verga, la acariciaba y jalaba bruscamente, luego desaprecia en su boca como si de una anaconda se tratara, me mordía el glande, se estaba dando gusto con mi dura pija.

    L: ¡Así chiquita, uf!!

    M: ¡Uhm, que rica verga, me encanta!

    Ahora tomándola de su nuca le follaba con violencia su boca, yo estaba desesperado, ella apenas si respiraba, pero eso no me impedía seguir ahogándola con mi verga, yo estaba tope, súper excitado, tanto que no aguante más y le llene su rica boca de mi semen caliente.

    L: ¡Ah, sí, ah!!!!

    M: ¡Uhm!!! Mmm!!!

    Quedé satisfecho, ella se limpiaba mi semen de su cara y me tomó de la mano, llevándome a la habitación.

    M: ¡Que rica descarga, me encanta tu sabor!

    L: ¿Y el cornudo?

    M: A eso vamos, ¡nos está esperando!

    Entramos a su habitación y en la esquina del cuarto estaba su marido, atado en una silla sudado y como con miedo, nos miraba y creo que quería gritar, miré a Marlene y ella tenía una sonrisa de oreja a oreja malévola, ¡dispuesta a todo!

    V: ¿Que me harán?

    M: A ti nada, de hecho, ¡tú serás testigo de lo que me harán!

    Esa fue la señal, Marlene se dio la vuelta y me miro con una gran sonrisa y empezamos a besarnos, nuestras lenguas se entrelazaban y mis manos agarraban sus sabrosa y carnosas nalgas, el viejo solo miraba como su esposa se entregaba a mí.

    Me quitó la playera y empezó a lamerme y morderme los pezones, sus manos recorrían todo mi cuerpo, la verdad me tenía súper caliente, que rico era sentir su lengua en mi cuerpo, me bajo los pantalones y aunque mi verga aún no estaba dura, ella la acariciaba y besaba mirando a su marido.

    Ante el fervor de los ojos del cornudo, ella volvió a mamármela, sus chupadas eran magnificas, como buen cómplice le apretaba la cabeza y miraba desafiante al padre de mi amigo Max.

    L: ¡Mira!! ¡Que rico se la traga tu amada esposa!

    Entre burlas y sarcasmo empecé el juego psicológico en contra del padre de Max, mientras tanto Marlene continuaba ahogándose con mi verga.

    Una vez que me la puso dura empezó el juego, saque de mi mochila unas esposas y colocando sus manos en su espalda la espose, saque un collar con una cadena, colocándosela en su cuello, volviéndola mi mascota, el cornudo solo miraba entre sorprendido y espantado, mientras yo continuaba sacando mis juguetes sexuales. Un fuete, un aprieta pezón, unas bolas anales y una pequeña vela, todo listo para empezar a sodomizar a la mama de Max frente a su marido.

    M: ¡Ahora veras lo que me va a hacer!

    L: ¡Si, tu disfruta el show viejo!

    Comencé tirándola en la cama boca abajo y mojándome la mano empecé a darle nalgadas, pero nalgadas fuertes, con violencia Marlene gritaba y el viejo también, eso me excitó y ahora con las dos manos le golpeaba sus carnosas nalgas con mucha fuerza a tal punto que estaba rojas, a punto de lacerarse.

    M: ¡Ah!! ¡Dios ah!!

    L: Que ricas nalgas, mira viejo, como las nalgas se ponen rojas, ¡mira!

    La coloqué en cuatro y tomé mi fuete, se lo puse en la boca y ella comenzó a lamerlo como si se tratara de un pene, yo acariciaba sus duras tetas, ella continuaba lamiendo el fuete hasta dejarlo mojado y listo para ser usado.

    Le bajé el cierre de su sensual negligé de cuero dejando al descubierto su sensual espalda, comencé a besarla y lamerla, recorriendo desde su cuello hasta donde inician sus nalgas, ella respiraba agitada, el cornudo solo observaba, entonces con mucha fuerza le di el primer fuetazo.

    M: ¡Ay!!!! ¡Mi espalda!

    ¡Uno, dos, tres golpes, ella ya sudaba, a cada golpe ella lanzaba un grito y su cornudo marido igual!

    V: ¡Déjala hijo de puta, déjala!

    L: ¿Quieres que te deje ya?

    M: ¡No!!!! ¡Continua, ah!!

    Una y otra vez, le jalaba el cabello y le daba en las nalgas, las cuales ya tenían laceraciones, con mi lengua le lamía la oreja y mis dedos también jugaban su vagina húmeda por la excitación que tenía.

    Después de golpearla con el fuete, la tome del cabello y la levante dándole un tremendo beso con mordía incluida, ella me mordía tan fuerte que sangre salía de mi labio y en un acto infame, ella la lamia con su lengua, ¡la nena estaba fuera sí!

    Por otra parte, el cornudo, entre sollozos y furia miraba las escenas dignas de cualquier película hardcore.

    La acosté en la cama, ella sintió un alivio al descansar su espalda llena de laceraciones, comencé a lamerle su rica concha y sus hermosas tetas, ella me acariciaba la cabeza y disfrutaba de cómo me la comí, mi lengua entraba un ay otra vez, mordía su clítoris y le mordía las entre piernas, le comía las tetas con desesperación y luego la besaba de lengua mientras ella me abrazaba con sus ricas piernas.

    Tome los aprieta pezones y se los coloque de golpe, ella exclamo al sentir como ese aparato se los apretaba yo continuaba comiendo me su rica vagina, ella estaba tan excitada por las acciones que comenzó a venirse a lluvia, no dorada, pero si parecía un acantilado de puro placer.

    M: ¡Ah, papi, uhm, que rico!!

    L: ¡Marlene, en serio, que diosa eres!

    M: ¡Ah, que rico, uhm!!

    L: ¡Y apenas viene lo bueno!

    Mientras ella continuaba con sus pezones apretados y en lo que acomodaba las bolas anales, ella le bailaba sensualmente al viejo, en serio, parecía un cuarto de tortura o de secta extraña, el viejo solo miraba a Marlene, ella le puso las tetas en la cara mientras le susurraba.

    M: Sé que te gusta, ¡este siempre fue tu deseo!

    Él no decía nada y solo ponía su lengua en el cuerpo sudado de Marlene, entonces la tomé del brazo y empecé a besarla y la acosté en la cama, encendí la vela, ella mirando a su marido solo aceptaba lo que yo le hacía.

    Tomé la vela y empecé a dejarle caer la cera caliente en sus ricos muslos, la recorrí por su costado derecho dejándole caer el líquido caliente, ella gritaba y se retorcía, pero no le quitaba la mirada de encima a su cornudo esposo.

    Recorrí con mi lengua su espalda lacerada y también le deje caer la cera, ella gemía rico, me tenía hipnotizado, hasta la fecha no sé porque me preste para eso, pero en ese momento me tenía a mil.

    La volví a poner boca arriba y con violencia le quité el aprieta pezón, ella grito tan rico que mi verga se endureció aún más, la abrí de las piernas y empecé a penétrala suave, lo hacía con delicadeza mientras mi lengua suavizaba el dolor de sus pezones a chupadas.

    Marlene tomo la cera y empezó a tirarme la en la espalda eso me puso como loco, mis embestidas empezaron a crecer, la tomaba de los brazos y me empujaba con fuerza, ella gemía y continuaba quemándome e incluso empezó a arañarme prácticamente lacerándome toda la espalda.

    M: ¡Ah, si, así cógeme, que rico, uhm!

    L: ¡Si, así nena, que rico!

    M: ¡Uhm, bebe, eres el mejor, cógeme, cógeme!

    L: Marlene, que rico, ¡esto es la gloria!

    Me acosté en la cama y Marlene empezó a cabalgarme, lo hacía muy rico, sus movimientos en círculo me apretaban fenomenal la verga, su marido sudando y se notaba excitado solo miraba como su mujer me daba tremendo sexo.

    L: ¡Si!!! Muévete amor agh!

    M: ¡Cógeme, agh, que rico, méteme tu verga papi!!

    Entre los diálogos y movimientos, la escena era espectacular, Marlene me arañaba el pecho, me deja caer la cera dejándome todo rojo el pecho e daba de cachetadas, me jalaba el cabello levantando mi cabeza y azotándola en la cama, a su vez que yo le arañaba los muslos y le jalaba el cabello, cacheteándola en ocasiones, que rico sexo masoquista estaba teniendo con la mama de Max.

    M: ¡Ah!!! Luisito, que rico uhm!!

    L: ¡Que perra!!! ¿De quién eres?

    M: ¡Tuya papi, tuya!!

    L: ¡Escuchaste cornudo, ahora tu mujer es mía!!

    M: Si soy tuya, uhm, ah, ¡uf!!!

    El cornudo solo miraba como su mujer me daba tremenda cabalgada, nos besábamos, seguíamos sometiéndonos mutuamente, entre golpes y embestidas, estábamos llevando esto a otro nivel, un nivel que no estaba en mis planes.

    V: ¡Ya!!! ¡Paren esta locura!

    L: Ni madres, ¡tu vieja ahora es mi puta y tienes que ver lo que te pierdes!

    V: ¡Qué tal si llega alguien, ya paren!

    M: ¡Cállate! Déjame coger a gusto!!

    Marlene se dio vuelta y se dejaba caer riquísimo, yo con mis dedos le acariciaba su clítoris y su ano, ella parecía gusano arriba de mí, dándose tremenda ensartada, le arañaba la espalda lacerándosela más, el cornudo gritaba, Marlene también y yo poseído por las fuerzas de la locura, golpeaba los muslos y nalgas de la madre de mi mejor amigo.

    M: ¡Mas, métemela más, me vas hacer venir nene!!

    L: ¡SI, corte nena y hazme correr mami!

    M: Ah que rico es coger contigo, ¡uhm!!

    L: ¡Eres al mejor, uhm, dios!!!

    Los movimientos perfectos d ella y mi aceleración hicieron que ambos nos viniéramos en un orgasmo maravilloso, le jalaba los cabello y le mordía las tetas, ella enterraba sus uñas y me mordía, era el orgasmo de nuestras vidas.

    M: ¡Ah!!! ¡Que rico, uhm, si, así, uhm!

    L: ¡Ah, Marlene, que rico, ah!!

    M: Dios, uhm, jamás había sentido esto, ¡dios!!!

    L: ¡Yo tampoco, ah!!!

    Quedamos tumbados, con heridas y llenos de placer, Marlene se quedó acostada, yo me puse de pie y saqué un lubricante de mi mochila, con el cual empecé a cubrir las bolas anales, ella me miraba sonriente y le dijo a su cornudo;

    M: ¡Ahora vas a ver cómo me destrozan mi culo!

    Ella se acostó boca bajo y yo lentamente me acerqué, comencé a besarle sus ricas nalgas, golpeadas y arañadas, pero aún eran ricas, mi lengua lamia sus heridas y se perdía en medio de ser tremendo par, mis manos acariciaban sus muslos que tanto me gustaban, el cornudo miraba atento y Marlene gemía y gemía.

    En ese momento no me importo Max, ni su padre, ni nadie, solo quería cogerme a su mama, ella ya estaba perdida en un mar sexual y con fines de acabar con su marido.

    Pero yo estaba decidió a sodomizara enfrente de su esposo, pero nunca imagine que pasaría al final.

  • Nunca había sentido cosa igual (Parte I)

    Nunca había sentido cosa igual (Parte I)

    Recuerdo aquella noche, veníamos de regreso después de haber estado en una ciudad distante del pueblo donde vivíamos, después de haber consumado lo que nunca imaginé, me despedí de aquel hombre al que yo le llamaba: «mi príncipe», abordé mi automóvil y él, mi príncipe, se retiró caminando a su destino. Recuerdo que maniobré mi coche para verlo una vez más y despedirme de él aunque fuese a la distancia, y así fue, nos miramos sonrientes y yo sin tapujos le lancé un beso al aire, fue un beso tan sincero, yo me sentía viva, renovada, había una especie de fuego en mi interior que me llenaba de regocijo.

    Si, conducía mi automóvil rumbo a mi casa donde me esperaban mi esposo e hijos, eran casi las nueve de la noche y yo, una mujer casada, con 40 años de edad acababa de entregarme a un hombre 15 años menor que yo, no me arrepiento en lo absoluto, meses atrás mi esposo me había sido infiel y yo le había perdonado, ambos, decidimos seguir adelante con nuestro matrimonio, pero a raíz de ese suceso, algo en mí interior había despertado y no me negaría a experimentar nuevas cosas.

    Si, ese día le mentí a mi esposo, le dije que asistiría a un encuentro de temas de superación personal en una ciudad que estaba a 20 kilómetros de distancia del pueblo donde vivíamos, mi marido me hizo algunas preguntas sobre el evento, pero no puso resistencia, no había ningún obstáculo por su parte. Él se quedaría con nuestros hijos un rato, y luego los llevaría con su mamá, para luego recogerlos más tarde después de su práctica de tennis como cada viernes.

    Si, iba con las emoción a mil por hora, mi corazón vibraba al saber que vería a mi príncipe en a aquella ciudad, tomé un camión y en menos de una hora estaba allá. Lo esperaba sentada en una pequeña plaza de aquella ciudad, cuando no pasaron ni 25 minutos y lo vi descender de aquel puente que desembocaba en la plaza donde me encontraba, nos acabábamos de mensajear por celular, y le había dado mi ubicación.

    La adrenalina y la ilusión me abordaban, y fue entonces cuando aquel hombre menor que yo, me pidió que nos fuéramos a un hotel cercano, me sentía muy nerviosa, en mi mente pensaba en muchas cosas, había nervios, incluso hasta algo de miedo al pensar que alguien conocido me reconociera, miedo que superé una vez que nos internamos en aquel cuarto de hotel.

    Ya instalados en el hotel, aquel hombre joven: «mi príncipe», no se contuvo, comenzó a besarme apasionadamente, mientras con sus manos masajeaba mis glúteos, nuestras lenguas revoloteaban entre las más placentera sensaciones, sí, yo una mujer casada, me estaba dando la oportunidad de experimentar nuevas cosas, y esa tarde nunca la olvidaré.

    Aquel hombre no dejaba de besarme ni tocarme con sus manos, aún teníamos puestas nuestras prendas de vestir y yo sentía como sus labios se deslizaban por mi cuello, por mi rostro, por detrás de mis orejas y como sus manos me agasajaban, que sensación tan rica y tan hermosa.

    Recuerdo perfectamente que comenzamos a desvestirnos, y yo le tenía una sorpresa preparada a aquel hombre más joven que yo, a mi príncipe, él me había pedido que el día que estuviéramos juntos yo usara ropa interior muy especial y no le quede mal, llevé una tanga con encaje para darle gusto, si, lo sé, yo, una mujer casada, me había vestido muy sensual para un hombre que no era mi marido, me había puesto ropa interior de lo más sexy para quedar bien con mi hombre joven: mi príncipe.

    Fue entonces cuando nos acostamos sobre la cama de aquel cuarto, y ambos, ya solo quedamos con ropa interior, entonces noté perfectamente como su miembro viril, ya se encontraba erecto, su trusa de color blanco evidenciaba su falo, estaba completamente erguido, y sin él pedírmelo, me nació besárselo, recuerdo que él se acostó y yo le bajé la trusa, y con mis manos comencé a masajear su pene, sentí una necesidad muy intensa de chupárselo, y así lo hice, lleve su miembro a mi boca, tenía una necesidad muy grande de sentirlo en mis labios, y de que él sintiera un placer enorme.

    Mis labios se pegaron a su falo como nunca lo hice con mi esposo, mi lengua lubricaba la cabeza de su pene en toda la superficie, parecía yo una mujer sedienta y su pene una fuente de agua, le besaba y chupaba la base, el tronco y la cabeza de su miembro viril como nunca imagine hacerlo.

    Recuerdo que lo vi muy excitado al verme como me comía su pene a bocanadas, me nació decirle que si quería podía venirse en mi boca pero él quería penetrarme antes de venirse por primera vez, fue entonces que me hizo que me recostara y me bajó la tanga de encaje que ese día llevé para él.

    Otra sorpresa más le tenía a mi príncipe esa tarde, me había rasurado mi vagina completamente para él, para que mi joven hombre me viera como dios me había traído al mundo. Él al verme lampiña de mi lugar más íntimo, se excito demasiado, cada vez más y más, y comenzó a besármela y a chupármela, que rico se sentía, que sensación tan electrizante, mi príncipe hacía vibrar intensamente a mi ser, era una delicia lo que vivíamos en ese instante.

    En ese momento, ni mi esposo, ni mis hijos pasaban por mi mente, yo estaba como embrujada al fuego que desencadenaba aquel hombre joven en mi, y no había por mi parte resistencia ni remordimiento de que este hombre 15 años menor que yo, se estuviera dando un festín con mi cuerpo, cuerpo que le pertenece a mi esposo…

    CONTINUARÁ…

  • Mi entrañable enfermera

    Mi entrañable enfermera

    Llegué a la emergencia del hospital con síntomas aparentes de Covid19. En realidad me sentía bien, sin embargo, la unidad de prevención CV19, me secuestró y arrastró sin derecho a pataleos.

    Me pasaron a una sala atestada de enfermeras en donde el olor a alcohol mezclado con sudores de todo tipo, se fundían y producían una sinfonía de aromas indescriptibles. Me sentaron en una camilla clínica con ruedas en sus patas y me exigieron que esperara a ser atendido.

    Tengo 19 años vividos sanamente. Jamás había visitado la sala de un hospital. Solo una vez me llevó mi mamá, cuando tendría unos 14 años, para examinar mi polla la cual creía era demasiado grande para mi edad. En esa ocasión, el doctor le informó a mi madre que mi armamento estaba entre los parámetros normales pero que no dejaba de ser un tamaño que impresionaba. Eso bastó para que mi vieja se tranquilizara y dejara de preocuparse por eso. La verdad es que ahora, pasados estos años, mi polla es la envidia de todos mis compañeros del equipo de futbol. Lamentablemente, mi timidez no me ha permitido probar las mieles del placer carnal. Eso sí, me auto medico diariamente con enfermiza religiosidad.

    Tatiana llevaba quince días sin ir para su casa. La veterana enfermera, seguía con exactitud las indicaciones y el protocolo de confinamiento impuesto por el gobierno. Quince días interna por dos días en su casa. En sus cuarenta y cinco años, nunca había vivido una situación como esa. En condiciones normales, su trabajo tenía un horario 24/24 como decían en el argot médico. En realidad ella nunca cumplió esas condiciones laborales, generalmente lo sobrepasaba por horas y hasta días. Era una mujer entregada a su trabajo.

    Tanto ajetreo y tanta pasión por su profesión, le habían impedido construir una familia. Su único hobby, además de leer, consistía en acudir dos horas de su limitado tiempo, al moderno gimnasio que estaba ubicado cerca de su casa. Ahí se distraía, además de ejercitándose, mirando los cuerpos tallados y sudorosos de los jóvenes que allí acudían. En su monótona vida, solo había tenido algunos encuentros sexuales en su pasantía por el colegio de enfermeras. De eso ya habían pasado quince años. Sus compañeras de sala, no se cansaban de alentarla a que se divirtiera y sacara provecho a su exuberante cuerpo. Sí, Tatiana estaba dotada de unas extremidades inferiores que parecían esculpidas por el más experimentado artista del renacimiento. Su pelo rojizo, adornaba como un arrebol su encantado rostro inmaculado. Sus no tan exagerados pechos, se erigían imponentes como dos montañas coronadas con un botón rosado en su cima. Nadie se explicaba como no había logrado casarse. Todo el personal masculino y, alguna que otra colega, se deleitaban ante la presencia de la elegante y voluptuosa enfermera.

    La vi acercándose a mí. Por mi intuición y por los bellos ojos aceitunados que logré atisbar a través de la cantidad de protectores que cubrían su rostro, presentí que se trataba de una mujer muy bella. Un mechón de pelo rojizo que luchaba por permanecer dentro del gorro verde me indicaron que se trataba de una pelirroja. Con su bata blanca y su estetoscopio colgado a su cuello me indicó que me sentara.

    -Buenas tardes jovencito, siéntese recto, por favor -me indicó con voz cansada.

    Me senté como me dijo y seguidamente puso su termómetro en mi frente.

    -No tienes fiebre -me dijo

    -déjame revisar tu garganta -prosiguió

    Con su mano cubierta por un guante de látex verde, abrió mi boca e introdujo una paleta que casi me hizo vomitar. Observó con su linterna y seguidamente me dijo:

    -No veo nada anormal. ¿Sientes algún dolor? -Me preguntó.

    -No, me siento perfectamente bien –susurré

    La presencia de aquella enfermera me había descompuesto un poco. La escena, muchas veces recreada en mis múltiples fantasías auto complacientes, aunado a la misteriosa imagen que escondían los aditivos descartables, habían despertado en mí una incipiente erección. Aunque les digo, lo que más me excitaba era el olor que transpiraba la diligente señora. Desde pequeño, poseía una rara hipersensibilidad por los olores y los aromas. Tenía lo que llamaban los eruditos, una súper nariz.

    -Acuéstese boca abajo -me dijo.

    El estetoscopio recorrió con su frio apéndice metálico toda mi espalda. Me hizo pronunciar todo el abecedario y por cada letra que exclamaba, sentía que mi abultado miembro se expandía. Conté hasta cien, ida y vuelta para tratar de desviar mis pensamientos y evitar que me viera en esas condiciones. Solo rogaba a Dios que no me pidiera darme vuelta. Petición denegada.

    -Dese vuelta, por favor, necesito descartar algo -pronunció con cierta preocupación.

    Recurrí a las figuras más grotescas y a los recuerdos más desagradables de mi existencia para neutralizar la erección descomunal que amenazaba con escapar de mi corto pantalón de practicar futbol. Como pude, me fui volteando lentamente implorándoles a todos los santos que desapareciera aquella protuberancia insolente. Ya boca arriba, mi cañón se acomodó, a duras penas, entre la liga de mi interior y el borde del pantaloncillo. Me negaba a mirarlo, sabía que mi imprudente mazo amenazaba con abandonar su frágil morada.

    -Súbase la franela, por favor, le voy a presionar en su abdomen para descartar que no tenga inflamación en el colon -Me ordenó con voz autoritaria.

    La diligente enfermera no era indiferente al joven que estaba auscultando. A los pocos minutos ya sabía que aquel atlético joven no era portador del pandémico virus. Ninguno de los síntomas previos ni los resultados de sus análisis exploratorios, le hacían pensar que estuviera infectado. No era candidato ni para una prueba rápida de despistaje. Un deseo morboso le había inducido a querer investigar más a fondo. En sus años de trabajo, era la primera vez que se dejaba llevar por un instinto desconocido para ella. Tocar aquella espalda, mirar aquellas piernas y sentir el nerviosismo del joven, la empujaron a seguir con ese juego de buscar dolencias y anomalías donde no existían.

    Cuando el joven paciente se volteó, no dejó de notar la inflamación exagerada de su entrepierna. ¡Dios santo! Exclamó para sí. No podía creer lo que estaba viendo. Un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo, erizando cada uno de sus innumerables poros. Un temblor en las piernas casi la hacen caer en medio de la sala de emergencias.

    Médicos y enfermeras desfilaban de lado a lado en aquella atribulada sala. Tatiana empujo la camilla hacia un rincón medio despejado, y con su cuerpo cubrió la vista de aquel animal que luchaba por abandonar su jaula. Con su mano enguantada, comenzó a mover sus dedos por el abdomen de su nervioso paciente. No sabía, ni le interesaba, que estaba diagnosticando. Sus dedos se hundían fuertemente en busca de la nada.

    Su mano, recorría cada centímetro de mi abdomen, ejerciendo presión a cada movimiento que hacía. Gracias a los infinitos abdominales que hacia cada día, pude soportar aquella presión que intentaba llegar a mi espalda. En cada recorrido, sentía sus dedos aproximándose cada vez más a mi ingle.

    -Voy a quitarme el guante, necesito palpar con exactitud tus órganos internos -susurró.

    Mientras lo hacía, eché una mirada a mi entrepierna y noté que mi short parecía una carpa de circo. En ese momento comprendí que mi incisiva enfermera tuvo que haber notado mi gigantesca erección. No habría forma de esconder aquel falo descontrolado.

    Mi nariz no escapó a captar el cambio de aromas de aquella mujer. Un nuevo olor, desconocido para mí, emanaba a torrentes del cuerpo de la enfermera. Era algo mágico. En el repertorio de mis archivos sensoriales, esa nueva sustancia no estaba registrada. Percibirlo, abrió una llave extra de caudaloso efluente de sangre, que enseguida inundo mí ya abultado Goliat. Palpitaba como un corazón de jirafa.

    -Al sentir sus dedos sin la barrera indeseada del látex, produjo en mí, mayores e incontrolables palpitaciones. Siguió auscultando mi abdomen y con un movimiento de su cuerpo inclinándose a mí, hundió sus dedos en la ingle. Con su codo, frotaba con descuido mi entrepierna. Subía y bajaba su mano, y con el roce que me producía su antebrazo, masajeaba imperceptiblemente mi instrumento.

    Tatiana estaba fuera de sí. El roce de su codo con aquel portentoso músculo que luchaba por escapar, le habían cegado toda consciencia en ella. Las pocas voces que le susurraban que no debía seguir con eso, eran acalladas por un coro de intrusos que gritaban que siguiera con su masaje encubierto. Sentía que por sus muslos, subían y bajaban duendes que humedecían su depilada gruta. Se sintió extraña, confundida, enajenada. Su otrora conducta intachable la había mandado a la mierda.

    Sin mucho pensar, destrabó el freno de las ruedas de la camilla y la condujo por un pasillo poco alumbrado que conducía a un pequeño almacén donde se guardaban infinidad de equipos médicos para su reparación. Por la pandemia, el personal de mantenimiento solo acudía a las emergencias técnicas que se presentaban.

    No sabía que estaba haciendo. El espíritu lujurioso que se había apoderado de ella, la empujó a ese precipicio de insensatas decisiones. Con la camilla, empujó la puerta del oscuro salón y atravesó una silla desde adentro para trabarla y evitar que alguien pudiese entrar.

    ¿Qué está pasando? Me pregunté. ¿Adónde me lleva esta mujer? Montado en aquella camilla que se abría paso por aquel pasillo, pasaron por mi mente infinidad de cosas. ¿Habría hecho algo mal? ¿Tendré algo grave y me van a examinar en otro lado?

    Cuando se abrió aquella puerta y noté que la frenética enfermera la trabó con una silla, no supe que pensar. Entre la erección y el jueguito con su codo en mi polla, y el nerviosismo del desalojo sorpresivo, mi mente no lograba coordinar mis pensamientos.

    Cuando encendió la luz de aquella habitación llena de aparatos, todos los accesorios que cubrían su pelo y su rostro ya no los tenía.

    -No te asustes -me dijo.

    -Allá hay mucha gente y creo que tú no tienes Covid19. No quiero que te contamines -agregó.

    -Siento una protuberancia en tu abdomen y quiero descartar cualquier cosa -Me dijo con total convencimiento.

    Seguidamente, quitó su otro guante y me apretó con sus dos manos mi ingle.

    -Ves. Aquí siento algo raro. ¿Te duele?

    Quise responderle que lo que me dolía era mi pene de tanto estar bombeando sangre, pero me contuve.

    -un poquito -respondí con voz asustada.

    -Es probable que tengas un poco de inflamación en tu colon o una obstrucción -me dijo.

    -Voy a masajearte unos minutos, con un poco de movimiento, podrás recuperar la motricidad de los intestinos -exclamó.

    Sus hábiles dedos siguieron danzando en mi torso y su codo volvió al ataque previo en la sala de urgencias. Aquel incesante vaivén de sus dedos y el cada vez más inusual y descarado movimiento con su antebrazo, me hicieron dudar de la veracidad de aquel diagnóstico. Algo no me cuadraba. El olor penetrante e inédito que transpiraba, y su cada vez mayor jadeo, me indicaban que se encontraba igual que yo. Fuera de sí. Excitada y enajenada como me encontraba yo. De muy dentro de mí, saqué fuerzas y le dije:

    -Abajo, más abajo. Ahí me duele más.

    Me la había jugado e indiferentemente solté aquella frase que disfrazaba las ganas que tenía que me tocara mi desafiante polla. Lentamente, fue acercando su mano al borde de mi short y me pregunto:

    -¿Ahí, te duele ahí?

    -Más abajo, por favor -exclamé

    Su mano siguió deslizándose dentro de mi prenda deportiva y con movimientos juguetones se aproximaban a la base de mi torreta.

    -¿ahí te duele? -Preguntó apretando el pie de mi cañón

    -Sí, sí, ahí, por favor. Tómelo con fuerza que me va a explotar -le dije.

    -Sabía que algo andaba mal. Pocas veces me equivoco con mis diagnósticos. Voy a retirar tus prendas -agregó con la vista desorbitada.

    Al quitar las amarras que ataban mi mastodonte, se liberó el monstruo de cabeza deforme que buscaba afanosamente ser domado.

    Ver el rostro de mi condescendiente enfermera, contemplando con ojos desorbitados mi pollón, produjeron ingentes ríos de lubricante en mi desenfrenado miembro. Como un autómata, lo tomó con sus dos manos y comenzó a masajearlo con frenético ímpetu.

    -¡Dios mío! –Exclamó-. Qué animal tan grande e imponente. ¡Te debe doler mucho! Soltó con un profundo suspiro de admiración.

    -No te preocupes, de aquí no sales sin yo curar tu quebranto. Déjame masajearlo -agregó.

    Mientras apretaba mi pene con sus dos manos y le imprimía un ritmo enloquecedor, me senté sobre la camilla y tome su rojiza cabellera y le acaricié con suavidad. Ella frotaba y masajeaba sin descanso y repetidamente se acercaba a mi miembro con ganas de engullirlo. Lo media de pies a cabeza y su rostro se deformaba como una muñeca de silicona. Sus ojos giraban como un fiel sin derroteros y dejaba escapar sonidos extraños de su boca. Entre mi paroxismo y sus indescifrables murmullos, no lograba entender lo que quería decir. Con mi mano libre, hurgué dentro de su bata blanca y pode acariciar sutilmente uno de sus hermosos senos. Me entretuve unos segundos mientras ella seguía con su ataque a mansalva sobre mi miembro.

    -Me lo voy a meter en la boca -susurró. Debó cerciorarme que tu mal no sea producto de algo gustativo -Dijo como si quisiera justificar lo que haría. Tal vez quería jugar pero no había terminado de pronunciar aquello cuando la empujé hacía mi pollón. Abrió su boca y lentamente fue tragando casi todo mi instrumento.

    ¿Qué estoy haciendo? Martillaba la pregunta en la mente de Tatiana. Los años de abstinencia y los recuerdos en el gimnasio con los múltiples jóvenes que había querido llevar a la cama, desataron en ella un rio de pasiones desenfrenadas. Estaba impresionada con aquella bestia que tenía dentro de su boca. Deseaba tragársela hasta su garganta pero sabía que aquello era imposible. Imaginarse montada en ese descomunal miembro, llenaban su mente de temor pero a su vez un deseo incomparable por domarlo. Sintió la mano del apuesto joven hurgar dentro de su bata.

    La mano que tocaba sus pezones con cierta impericia, le estaban causando un placer inmenso. Con una mano, desabotonó su bata y la dejó deslizar al piso. No llevaba brasier. Su imponente cuerpo de porcelana china, descubrió ante su paciente, dos imponentes melones rosados y unas piernas finamente labradas. Su prenda interior estaba completamente mojada. Con una mano masajeaba la descomunal polla y con la otra se tocó su hendidura como imaginándose lo que sería la batalla que le esperaba.

    Al ver el cuerpo semidesnudo de la enfermera, comencé a temblar como un niño sin ropa en pleno invierno. Toqué su cintura y apreté sus nalgas con fuerza. La halé hacía mí, alejándola de mi polla y la besé locamente. Con mis dos brazos la subí a la camilla y la acosté encima de mí.

    -apriétame duro, por favor -me dijo.

    Suavemente le retiré el bikini negro que separaba su jardín pulcramente desmalezado y froté mi ariete contra su puerta de la gloria. Mi miembro se deslizaba salvaje y juguetón en aquella morada humedecida por los jugos más preciados.

    -Tengo mucho miedo -me dijo.

    -No creo poder con tan grande cañón -Agregó.

    -No tengas miedo, si quieres solo frótalo contra tu conchita -le dije pensando que realmente no podría con aquello.

    – Si, está bien, solo lo frotare, aunque tengo unas ganas infinitas de poder probarla -susurró.

    -Tal vez solo me introduzco el melocotón que corona tu descomunal roble- Me insinuó.

    Seguidamente, posó sus rodillas en el borde de la camilla y con una de sus manos colocó la punta de mi polla en su entrada lubricada. Trató de introducir el rosetón y a cada intento apretaba su vientre con temor incontrolado.

    -no creo que entre, Dios. Es inmenso, pero tengo unas ganas endemoniadas de que me llegué a las entrañas- Profirió aquellas palabras y redobló su esfuerzo pertinaz. Más relajada por los efectos del paroxismo, la cabeza resbaladiza de mi miembro logró franquear la puerta de su fortaleza celestial.

    -¡Ay, ay, me duele. Así, por favor. Ya, ya, voy a morir! -Gritó.

    Su vientre comenzó a contorsionarse y a cada movimiento mi espada ganaba terreno en su húmeda gruta.

    -No pares, por favor, no pares. Creo que me la metí toda -Me dijo empapada de un sudor exquisito.

    – Lo siento rico, papi. Me encanta estar empalmada así. Dame más duro, más duro -imploraba.

    Lo que no se imaginaba mi enfermera, era que todavía quedaba terreno por conquistar. Centímetro a centímetro fui ganando espacios en aquel túnel apretado y paradisiaco.

    -¡Por Dios, me vas a matar con todo eso. Pensé que ya me lo habías metido todo! Sigue, sigue, no te pares. Mátame, no tengas piedad de mí -pronunció con convicción.

    La penetré hasta lo último de mi cañón. La sentí venir en múltiples orgasmos. De mi interior, brotaban chorros de lava blanca de mi descontrolado volcán.

    -Me muero. Ha sido maravilloso. Quiero más, por favor -suplicó.

    La volteé de espaldas a mí y pude presenciar lo exquisito de sus nalgas. Ella puso su orificio anal frente a mi cara y metí me lengua hasta donde pude. Su piel se erizaba y temblaba a cada succión que le propinaba. Su respiración entrecortada y las contracciones de su esfínter, entusiasmaron de nuevo a mi alicaído miembro.

    -Me encanta que me beses el culito -exclamo casi llorando.

    -Intentemos juguetear con él a ver si logro introducirme una porción pequeña -agregó.

    Escupí varías veces su orificio y ella embadurno de saliva mi polla y la dirigió lentamente hacia su culito.

    -poco a poco, por favor. No sé cómo lo vamos a meter pero me muero de ganas de que me lo metas hasta el fondo -Dijo.

    La imagen de aquellas nalgas buscando apoderarse de mi polla e intentar introducirla por su hermoso culo, me tenían embelesado. Lo puso en su entrada y con una mano lo mantuvo erguido y apuntando con precisión la puerta que conducía a sus recónditos lugares. Le introduje uno, dos, tres dedos, intentando relajar y acostumbrar su pasadizo para la ardua tarea que se avecinaba. Con cierta destreza, lo guio suavemente y su puerta cedió y comenzó a engullirse mi descomunal falo. Comenzó a temblar y a proferir toda clase de palabras obscenas ajenas a mí. Con el mastodonte adentro, inició una serie de movimientos desenfrenados que exprimían mi envainado miembro.

    -Qué rico, me duele mucho pero no pares. Ayyy, que dolor estoy sintiendo, pero por favor, no se te ocurra sacarlo -gritaba.

    Con su mano se frotaba incesantemente su capullo de la felicidad. Por sus alaridos de placer, adiviné que se había venido varias veces. Por mi parte, de mis entrañas emanaban mis líquidos sin cesar. Eyaculé como tres veces. El cuerpo de mi pelirroja estaba marcado por mis manos. Se volteó y se aferró a mí como una perrita cariñosa.

    -¿No sé qué hemos hecho?

    -Yo tampoco…

    El ruido de unos pasos fuera de aquel almacén, nos alertaron y nos trajeron a la triste realidad. No estoy contagiado, gracias a Dios, le dije.

    Mi sorpresiva enfermera. Alphonso Estevens.

  • La editora

    La editora

    Fue un martes por la mañana cuando llamé para concretar una cita con la responsable de contenidos de la editorial Narraciones Escondidas.  La semana anterior contactaron conmigo para dicha reunión. Les había interesado mucho conocer mis obras, que de la noche a la mañana habían tenido un impacto muy notable en varias webs de relatos y cuentos. Nunca imaginé que escribir mis fantasías y experiencias, tendría un alcance del que me vi, gratamente sorprendido cuando una de las editoriales más prestigiosas de este país, se estaba interesando en mis relatos.

    La responsable de exponerme los términos y acuerdos era Sara Monforte, una mujer de unos 48 años, bien considerada en el gremio editorial y con un notable peso dentro de la empresa. Me había citado su secretaria a las 16 de la tarde de ese mismo martes. La editorial está ubicada en un polígono industrial de Móstoles donde hay más empresas del sector. Llegué sobrado de tiempo y pude aparcar en la misma puerta. Una vez accedí me dirigí a la recepción y me presenté a la chica que atendía. Me saludó cordialmente y me invitó a esperar en el hall que había justo a la derecha de la recepción. Me preguntó si deseaba un café a lo cual afirme muy amablemente y me comunicó que en tres minutos podía subir al despacho de la señora Sara. Tomé mi café un poco nervioso, ya que era la primera vez que me enfrentaba a una situación así.

    Subí a la 2 planta siguiendo las indicaciones de la secretaría y accedí a un gran despacho con un gran ventanal. Al entrar vi la figura de espaldas de Sara Monforte. Francamente me llamo poderosamente la atención su figura tan estilizada, con un traje blanco de falda y chaqueta que realzaba sus curvas tan sugerentes.

    Se giró y me vio en la entrada de la puerta con mi mirada atónita, se dirigió a mi con una sonrisa y una mirada muy natural y sincera. Tras la correspondiente presentación, me invito a sentarme para exponerme la intención que su editorial quería plantearme. Me costó en varias ocasiones mantener la atención a lo que ella me iba explicando, ya que mi mirada se quedaba abstraída en su escote y ella se percató en más de una ocasión. Ella sabía que a cada término del contrato editorial que me exponía, yo me la estaba comiendo con la mirada y ella aumentaba sus dotes de persuasión.

    Había algo que me estaba alertando que la reunión iba a tener otro desenlace al margen de lo estrictamente profesional.

    Después de un buen rato hablando sobre la propuesta, Sara comenzó a hacerme preguntas más personales, a lo que interpreté como técnicas de marketing para impulsar al escritor, etc…

    Las preguntas iban cada vez siendo más directas y sin concesiones, a la vez que se acercó a mí tras levantarse de su sillón. Se apoyó sobre la mesa dejando al aire parte de su muslo de su pierna derecha. En ese momento empecé a notar como mi pene iba poniéndose duro. Sara desde la posición en la que estaba vio claramente mi erección y eso motivo que muy sutilmente se girase como si fuera a coger algo de la mesa. En ese giro con su culo apoyado, me mostró que no llevaba ropa interior, dejando al descubierto su hermosa vulva rosácea. Así, en esa posición, permaneció varios segundos, los suficientes como para ver con toda nitidez que estaba totalmente depilada. No pude apartar la vista de aquella maravilla, entonces fue cuando ella se giró mirándome y me preguntó si me gustaría comerle su coñito.

    Sin cortarse nada, retiró con su brazo todos los papeles que había sobre su mesa, cayendo todo al suelo. Se levantó la falda y se tumbó sobre la mesa dejando a la altura de mi cara, su maravillosa vagina. Yo, obediente a la petición de mi futura jefa y sin mediar palabra, me arrodillé buscando la posición más cómoda. La agarré de sus muslos y la acerqué al filo de la mesa. Empecé besando sus rodillas de forma alternada, mientras iba subiendo por sus muslos. Empecé a notar como su piel se erizaba a medida que iba besando la cara interna de sus muslos. Justo ya se había desabrochado la blusa negra de seda, dejando al descubierto un elegante push up bra con encajes.

    Con el recorrido de sutiles besos en sus muslos, había llegado hasta su vagina que en ese momento ya empezaba a humedecerse por la proximidad de mi boca y mi respiración. Escuché un jadeo cuando mi lengua hizo su primera pasada por sus labios, humedeciéndolos aún más de lo que ya estaban. Sus manos agarraron mi pelo para asegurar que no hubiera separación y pudiera chuparle su rajita intensamente. Me recreaba con mi lengua lamiéndolo y empapándome de su flujo que junto a mi saliva, hicieron que sus inglés y su culito estuvieran igual de mojados. Después de un buen rato haciendo mi repaso con la lengua, le introduje un dedo a la vez que me centraba en su clítoris. Lo acariciaba con la punta de mi lengua y alternaba con succiones muy sutiles. Sara empezó a gemir más fuerte y de un modo más constante. No decía nada, solo jadeaba. Su orden era clara y yo la entendí y acate gustosamente.

    Con mi dedo dentro de su vagina y mi lengua llevándola a un inminente orgasmo, pude observar desde la posición en la que me encontraba, su cara de placer y como se removía cada vez más sobre la mesa. Soltó una de sus manos de mi cabello y se la llevo a sus pechos, acariciándolos bajo su sujetador.

    No tardo en dejarlos al descubierto. Sus pezones estaban duros y pensé en chuparlos cuando terminara de comerle el coño. Tenía mi pene durísimo y cada vez con más deseos de penetrar a mi futura «jefa» sobre su mesa. La excitación de ambos iba en aumento cuando ella me pidió que le introdujera otro dedo más mientras seguía succionando. Su rajita era una fuente que no paraba de emanar su néctar y ahora más aún. Sara se movía en la mesa retorciéndose de placer mientras seguía succionando su clítoris y masturbándola con mis dos dedos en unos sincronizados movimientos. Sentí de nuevo su mano volver a cogerme fuerte del pelo e intuí que se correría en ese momento. Mi boca y dedos estaban llevándola al séptimo cielo. Sus gemidos cada vez más intensos, su cuerpo estremeciéndose de placer sobre la mesa. Su orgasmo estaba a punto de llegar a la vez que yo incrementaba la velocidad en meter mis dedos y mover mi lengua sobre su clítoris.

    Segundos después, un fuerte gemido acompañó a su corrida mientras yo no paraba de chupar. Sus manos agarraron mi pelo, tirando fuerte y tratando de evitar que no me separase de su vagina por lo que intuí que no tardaría en correrse de nuevo. Seguí, pero esta vez, aminore el ritmo mientras Sara retozaba de placer. En esta ocasión mi boca se centró en dar pequeños mordisquitos por sus labios mientras mis dedos seguían dentro de su vagina sin apenas movimiento. Esto junto al orgasmo reciente provocó en Sara, pequeños espasmos de placer.

    Fui progresivamente acelerando el ritmo de mi mano, mientras seguía mordisqueando sus labios y sus ingles que estaban empapadas. Los suspiros de Sara iban convirtiéndose en gemidos a medida que seguía en mi tarea. Me pidió que acelerara aún más el movimiento de mis dedos y yo obediente, acompañe dicha petición con una nueva lamida a su clítoris.

    Acto seguido le llegó un nuevo orgasmo. Ya era el momento de que pudiera sentirme dentro. Me reincorpore y fui buscando su boca mientras seguía tumbada en la mesa jadeando después de 2 orgasmos intensos. Cuando Sara abrió los ojos de su clímax, sonrió pícaramente y me agarró para poder besarme. Nos fundimos en un beso largo y húmedo que hizo mantener nuestra excitación, a la vez que con mis manos acariciaba sus senos de una manera delicada y sutil que provocaban en Sara, pálpitos de placer. La escena de aquella situación, bien podría ser una secuencia de alguno de mis relatos, pero era la realidad y lo estábamos gozando de lo lindo. Tras ese apasionado y húmedo beso, agarré nuevamente a Sara de sus muslos y la incorporé otra vez al filo de la mesa, pero esta vez sería para penetrarla sin titubeo alguno. Ella dejándose llevar, me ordenó, que la follara fuerte. Quería que la penetrase y la hiciera correrse de nuevo. Abrió sus piernas y sus manos las coloco a la altura de sus rodillas en un gesto de ofrecerme su rajita bien abierta y empapada. Antes de hacerle la primera penetración, me agaché para dar un lametón bien impregnado de saliva desde su culo hasta su clítoris y que daría el pistoletazo de salida a una follada intensa y salvaje.

    Me bajé el pantalón y saqué mi miembro que estaba durísimo. Empecé un juego de frotamiento por toda su vagina que me impregnaba de la mezcla de sus corridas y mi saliva. Dicho néctar hacia que los roces fueran más excitantes, llegando incluso a introducirse mi glande por los movimientos de nuestros cuerpos y lo lubricado de su coñito. Quería ponerla rabiosa de placer jugando a querer meterla pero sin llegar a ello. Este hecho, despertó la fiera salvaje de Sara, que me pidió encarecidamente que la penetrase y la llenará.

    La excitación era descomunal, Sara ensalivaba sus labios pasándose la lengua mientras me miraba fijamente a los ojos. Su fuego interior lo noté nada más introducirle mi pene. Tras esa primera embestida, sus piernas se engancharon a mi cintura y sus manos las llevo a sus pechos para apretarse sus pezones. Las embestidas iban creciendo en ritmo e intensidad a la vez que sus gemidos aumentaban de volumen. Mis manos apretaban fuertemente sus caderas. Sara estaba inmersa en un placer divino y yo estaba junto a ella. Sus jadeos anunciaban que no tardaría mucho en correrse, y yo con ella. En un momento me miró y me dijo; córrete conmigo, quiero sentir dentro toda tu magia. Tras varias penetradas que eran más fuertes en ritmo y frecuencia, llegamos a corrernos a la misma vez.

    Entre suspiros y con mi pene dentro de ella aún, sus manos buscaron las mías para entrelazar lo que no solo sería un acuerdo editorial, sino el comienzo de una bonita historia…

  • El chico de la Parroquia (I)

    El chico de la Parroquia (I)

    Este relato les hablará de como pasé de rezar en mi comunidad de mormones a profanar en el pecado más gostoso…

    Yo era un joven indeciso y de campo, era un día común, trabajo duro por la mañana, rezar por la tarde y cenar con la familia, excepto por un pequeño detalle. Ese día yo había llegado a rezar a la parroquia, que como siempre estaba sola, rezaba porque quería encontrar el equilibrio entre el sacrificio y los placeres simples de la vida, por un momento un sonido me distrajo y salí a tomar aire y fue así como los vi… Dos chicos en patineta, no parecían de mi pueblo, se les veía de ciudad por sus maneras de vestir, debo decir que aunque no se vieran como hombres fuertes hechos y derechos eran algo así como jóvenes atractivos, modernos, atrevidos y bien parecidos…

    Para mí ellos representaban una revelación y sonará ridículo, pero no creí que fuera una coincidencia, iban a un bosque cercano donde era bien sabido por el rancho que había un lago, se rumoreaba que fiestas, parejas y todo tipo de cosas pasaban allá, era peligroso y sonaba como una prueba para mi, alguien que sólo haría el bien.

    En fin, camine con calma tras ellos, ya sabía a donde iban y estaba decidido, cuando por fin llegue estaba abrazando mi libro con mucha adrenalina y recitando mis mejores oraciones y pasajes.

    Me sentaba en un árbol cercano, no escondido, pero si apenado por estar observándolos.

    Ambos llegaron a quitarse su ropa y quedarse en prendas interiores, acto seguido dieron un chapuzón y estuvieron jugando como ninfas en el agua de algún relato griego, al menos hasta que uno de ellos señalo algo en la orilla y se dirigió a salir del agua.

    Lo único que pasaba por mi mente era que eran diferentes a mi, se les veía pálidos, algún que otro tatuaje, despreocupados, en mi pueblo los chicos deben ser grandes y fuertes, mientras ellos solo eran así; eso era atractivo a su manera. Mientras pensaba en ello el chico que quedo en el lago me miró y me hizo un gesto para que me acercara a la orilla.

    Santo Cristo ¿estaré soñando? ¿Qué quiere? ¿Qué le diré? ¿Estará molesto?

    Camine a la orilla e intente «actuar normal»

    -¿Hola?

    -Hola

    -¿Qué haces por allá?

    -¿Yo?… eh… nada… es mi… lugar para leer y relajarme por las tardes.

    -Ah ya ¿Quieres nadar con nosotros?

    – Va… vale… pero no tengo traje…

    -Oye, nosotros nadamos en bóxer, no te cortes

    -No he nadado en bóxer desde que era un niño.

    -Venga no me hagas salir y quitártela como a un crío, después la tiraré al lago y llorarás

    El tipo se veía amistoso y pensé que jugar con el no estaría mal, al final… Yo creía tener al mundo de mi lado.

    -Venga voy a entrar, pero no es como que puedas hacerme eso tu a mi, debilucho. -Dije mientras me quitaba mi ropa formal de mormón.

    Eso puede haber sido un error pues el pibe salió del agua y yo tuve miedo por un momento, el justo porque al salir del agua torpemente también su paquete se le marco por lo mojado de la tela. Yo estaba en shock entre pasmado y atemorizado.

    -Bonita erección, pareces un chico pero en el fondo eres una nena…

    Yo voltee abajo pasmado y sentí que algo estaba por pasar el me lleno de vigor y coraje por partes iguales me acerqué a él dando un salto y puse la palma de la mano sobre su pene y le dije tomando el sucio riesgo:

    -Y qué me dices del tuyo, hah?

    Para mi era sólo una broma muy pesada y cochina me hacía sentir, bien.

    Él se acercó a mis nalgas y preguntó

    -Puedo?

    -Aléjate, no solo está mal y mi religión me lo prohíbe ¿Qué tal si alguien nos ve?

    -Pues a tu amigo de adelante no parecen importarle tus reglas, me está apuntando fijamente.

    El reía coquetamente pero el ambiente me tenía en fuego pero en eso vi que la cabeza de su pene había logrado asomar. Cuando lo noto junto a mi mirada me dijo:

    -¿Por qué no lo pruebas?

    -Yo nunca eh hecho eso, ni lo haría…

    -Entonces tendré que solo follarte

    Mire la determinación en sus ojos…