Blog

  • Mi crush de universidad (2): Snack de madrugada

    Mi crush de universidad (2): Snack de madrugada

    Unos días después de que terminara el semestre decidí hacer una pequeña fiesta entre mis amigos más cercanos de la carrera para celebrar acabar el semestre. Mis papás habían decidido viajar en las vacaciones, por lo que volvía a tener la casa para mí y podíamos estar de fiesta hasta muy noche.

    Aquella noche éramos unos siete hombres y cuatro mujeres, entre ellas estaba Clara. No habíamos vuelto a hacer nada ya que ambos estábamos ocupados por el fin de semestre, pero me había alegrado que hubiera aceptado mi invitación a esta pequeña fiesta.

    La fiesta era bastante tranquila, todos estábamos cansados por la falta de horas de sueño, el estrés de leer para los ensayos y todo el café que tuvimos que tomar para poder aguantar las horas de estudio.

    Al no estar mis papás en casa les había dicho a mis amigos que podían quedarse a dormir sin ningún problema, así que la mayoría aceptó.

    La cerveza se acabó muy rápido, nos turnamos para ir más mientras los demás se quedaban platicando, cantando canciones o simplemente para tirarle mierda a algún profesor que nos hizo el semestre eterno.

    Había sido una noche bastante amena para todos hasta que poco a poco uno fue cayendo debido a todo el cansancio que se nos había acumulado. Quedamos sólo tres personas, un amigo mío llamado Héctor, Clara y yo.

    Estábamos hablando de lo que íbamos a hacer de vacaciones, cuando Héctor, claramente borracho, preguntó:

    —Entonces, Clara, si tuvieras que elegir entre besarme a mí o él —dijo señalándome—. ¿A quién elegirías?

    Tanto Clara como yo nos sorprendimos por la respuesta, pero ella lo disimuló mejor, simplemente rio y preguntó.

    —¿A qué viene eso?

    —No sé, me quede sin preguntas, pero ahora que la hice quiero saber la respuesta.

    —No lo sé —me dijo mirándome de reojo y con una sonrisa—. No podría responder eso.

    —Bueno, si no vas a besar a ninguno de los dos, deberíamos besarnos tú y yo —me dijo levantándose y dirigiéndose hacia mí.

    Sabía que Héctor era bisexual, entonces vi en sus ojos que si estaba dispuesto a besarme.

    —¡No! ¡Espera, cabrón! —le dije levantándome.

    —Vamos un besito —me dijo Héctor entre jugando y diciendo en serio.

    —Te quiero como amigo, Héctor, no arruines nuestra amistad —dije también riéndome y alejándome de él.

    —¡Ven acá! —dijo acercándose a mí.

    Clara se reía mientras veía como esquivaba los brazos de Héctor de un lado a otro tambaleándose. Sin darme cuenta, me resbale con una lata de cerveza en el suelo y al tratar de recuperar el equilibrio, se me cayó la cerveza que me quedaba sobre la playera y el pantalón de Clara, quien saltó sobre su silla.

    —¿Ya ves? Eso pasó porque no quisiste besarme —comentó Héctor tambaleándose ligeramente.

    —Lo siento —le dije a Clara mientras intentaba limpiar la mancha de su playera.

    —No te preocupes, pero estoy de acuerdo, si lo hubieras besado no hubiera pasado esto.

    —Realmente lo lamento, si quieres te puedo prestar ropa mientras meto a lavar la tuya.

    —¿Seguro?

    —Sí, sino va a quedar toda pegajosa. Vamos a mi cuarto, ahí veo que te puedo prestar. Héctor, no vayas a romper nada, por favor.

    —No prometo nada —me dijo mientras terminaba de beber lo que le quedaba de cerveza.

    Lleve a Clara hasta mi cuarto y busqué entre mi ropa una playera que pudiera ponerse.

    —Ten, te va a quedar un poco grande. No creo poder prestarte un pantalón.

    —Está bien —me dijo tomando la playera y se quitó su blusa para dejarme ver sus pechos forrados en un sostén de color rojo. Al instante me di la vuelta para que ella se pudiera cambiar—. ¿No me digas que te da pena verme desnuda?

    —Bueno, es que no apropiado —le comente aunque gire ligeramente la cabeza para ver cómo se quitaba el pantalón.

    Al verla ahí parada recordé la última vez que ella estuvo en mi casa, cómo nos habíamos besado y sobre todo cómo habíamos cogido. Recordé como su tomaba su cuerpo entre mis manos y sus gemidos. Sentí una ligera erección en mi pantalón y por un momento quise hacer algo, pero ella se puso mi playera para taparse y regresé a la realidad.

    —Ten —me dijo entregándome su ropa mojada de cerveza.

    Tome la ropa y sonreí.

    —Creo que ya me voy a dormir —me dijo con un ligero bostezo—. Entre la cerveza y todo lo que no he dormido creo que ya no puedo más.

    —De acuerdo —le dije—. Quieres dormir aquí o…

    —Voy a dormir con las chicas, no me gustaría quitarte tu cuarto.

    Estuve a punto de decirle que podríamos dormir juntos, pero volvió a bostezar y decidí no decirle nada.

    —De acuerdo entonces voy a poner a lavar tu ropa para que mañana esté lista.

    Clara sonrió, me dio un beso en la mejilla y salió.

    —Buenas noches.

    Me despedí con la mano, un poco decepcionado ante el resultado.

    Fui hacia el cuarto de lavado y metí la ropa de Clara en la lavadora, esperaba que el ruido no fuera lo suficiente como para despertar a mis invitados. Antes de poner a lavar la ropa, me di cuenta que algo de la cerveza también había caído en mi playera, decidí aprovechar y me la quite para también ponerla a lavar.

    Antes de regresar a mi cuarto, regresé a la sala para ver qué había pasado con Héctor. Cuando llegué, encontré a mi amigo completamente dormido en el sillón, roncando. Decidí recoger un poco la mesa de toda la basura de frituras. Así que ahí estaba yo, recogiendo la basura en mi sala sin camisa, cuando me di la vuelta y me encontré con Clara frente a mí.

    —Clara —dije sorprendido—. Creí que ya te habías ido a dormir.

    —Olvide algo —me dijo ella quitándose la playera que le había prestado, revelando sus hermosos pechos—. Te debo un segundo round.

    No pregunte ni dije nada, simplemente me acerque a ella, la tome por el cuello y la empuje contra la pared.

    —Ya ni me acordaba —le dije mientras mi mano comenzaba a acariciar su entrepierna sobre sus bragas.

    Clara se mordió el labio mientras comenzaba a gemir.

    —¿Y si nos oyen? —pregunté sin detenerme, el pensar que podían descubrirnos me excitaba más. Quería decirle que Héctor estaba en el sillón, pero su respuesta me sorprendió.

    —Pueden ver —me dijo dejándose ser y continuando gimiendo.

    Eso me excito aún más. Tome a Clara por la cintura y la cargue hacia la mesa.

    —Así que te quedaste con hambre —me dijo en cuanto le quite las bragas.

    —¿De ti? —Le dije mientras le daba una lamida a su coño—. Siempre.

    Mi lengua comenzó a recorrer su entrada y ella comenzó a gemir. Sin darle oportunidad de responder, comí su coño mientras apretaba uno de sus perfectos pechos. Clara comenzó a gemir bastante fuerte, por un momento me dio miedo que sus gemidos despertaran a los demás, pero su coño sabía tan rico que la verdad no me importaba.

    —No sabes cómo quería esto —le dije mientras metía mis dedos dentro de ella.

    —Yo también —me dijo entre gemidos y mordiéndose el pulgar.

    Mi lengua recorría sus labios vaginales mientras mis dedos entraban y salían de ella a una buena velocidad. Me detuve y me acerque a besarla mientras la masturbaba. Acerque mis dedos a su boca y ella los chupó con deseo.

    —Yo también tengo hambre —me susurró.

    Clara se bajó de la mesa y fue directamente hacia mi pantalón. Sacó mi miembro de forma rápida, el cual ya estaba completamente erecto y duro.

    —Había visto cómo te pusiste en tu cuarto —me dijo refiriéndose al momento en que se había quitado la ropa para dármela.

    Estuve a punto de responder, pero ella me detuvo en el momento en que se metió mi verga en su boca.

    Fui yo quien comenzó a gemir. Clara chupaba mi miembro con deseo, ayudándose con su mano mientras su boca recorría mi falo y se detenía en la punta. Luego sacaba su lengua para lamerlo por completo y luego volver a meterlo en su boca por completo.

    —Me encanta como la comes —le dije.

    —Lo sé —me dijo con una sonrisa y volviendo a meterlo en la boca.

    Agarre su cabello y guíe su cabeza para que lo chupara al ritmo que yo quisiera, ella simplemente se dejaba hacer.

    Finalmente se separó y se levantó para besarme sin soltar mi miembro.

    —Quiero volver a sentirla dentro de mí. Dámela toda.

    —Lo que tú quieras —le dije completamente obediente ante sus palabras.

    Clara se dio la vuelta y acercó una silla para poder subir su pierna. Descansó su pecho sobre la mesa y movió su trasero de forma sugerente.

    —Vamos, no me hagas esperar.

    Apunte la punta de mi pene directamente hacia su entrada y la metí poco a poco. Un gemido surgió de su garganta en cuanto mi miembro llegó al fondo de su húmedo coñito. Comencé a penetrarla lentamente mientras la tomaba de la cintura para poder sostenerla mejor.

    —No seas tímido, dame duro —me dijo entre gemidos.

    —Nos van a oír — le dije mientras veía como mi verga se perdía en su interior.

    —¡No me importa! Quiero que me des como sólo tú sabes.

    Impulsado por sus palabras, decidí complacerla. Comencé a penetrarla duro, sus gemidos se transformaron en gritos de placer. La silla donde ella tenía apoyada la pierna se comenzó a mover al ritmo de mis penetraciones. Clara intentó girar el cuerpo para que pudiera ver sus pechos moverse.

    —Así, así. Así me gusta.

    No podía dejar de ver su rostro, sobre todo el placer que se reflejaba en su rostro.

    —Ponme en la silla, quiero verte —me dijo.

    Me retire de ella y dejé que Clara se sentara en la silla. Tome su pierna derecha y volví a penetrarla. Desde esta posición podía agarrar sus pechos y tenía una mejor vista de su expresión. Mientras continuaba penetrándola, ella comenzó a masturbarse.

    —Dame, dame, así —repetía mientras continuaba.

    —Sigo con hambre —le respondí saliendo de ella y dirigiéndome a su coño.

    Volvía a comerle el coño como si fuera un hambriento, ella tan sólo podía retorcerse en la silla y agarrarse del respaldo.

    —¡Oh por dios! ¡Sí! ¡No pares! Me encanta.

    Mi lengua atacaba sus labios vaginales y su clítoris, no le daba cuartel a ninguno. Su cuerpo se retorció por el orgasmo y la silla debajo de ella chilló al moverse con ella.

    —Creo que se me quitó el sueño —me dijo con la respiración entrecortada y con una sonrisa.

    —Y aun no acabamos —le dije.

    Tome a Clara por la cintura y la cargue. Ella se abrazó de mi cuello y ayudándome con la mano apunte mi falo directamente a su entrada. Mientras la sostenía en el aire, hacía que bajara y subiera sobre mi verga mientras la besaba. Sus gemidos eran mitigados por nuestros besos, pero podía sentir como sus uñas se clavaban en mi espalda, señal que le gustaba lo que hacía.

    La posición me cansó, así que decidí ahora sentarme yo y acomodarme en la silla. Ella, en vez de cabalgarme, se dio la vuelta para darme la espalda y tomó mi falo para introducirlo en su coño.

    Yo disfrutaba ver su cintura moverse sobre mi verga, de vez en cuando le daba una nalgada, lo cual ella respondía con un gemido.

    —¡Por dios Clara! —le decía al sentir como me hacía llegar al orgasmo.

    —Lo quiero, quiero todo. —me decía intercalando movimientos de cintura y moverse encima de mí.

    —¡Me vengo!

    Clara se levantó, se arrodilló y comenzó a masturbarme. El orgasmo llegó y Clara no dejó de jalármela hasta que mi miembro perdió la erección. La corrida había caído entre su boca y en sus pechos, pero no pareció molestarle, al contrario, estaba sonriendo.

    Me sentí cansado, mi respiración comenzó a regularizarse y también estaba sonriendo.

    —Ahora soy yo quien tiene sueño —comenté.

    Clara rio y se limpió mi corrida de su cuerpo para tragársela. Nos quedamos ahí unos minutos, antes de recoger nuestra ropa y dirigirnos al pasillo.

    Yo me metí a la cama mientras ella iba al baño. Casi de inmediato me quedé dormido, pero sentí cómo Clara se metía a la cama conmigo antes de perder la conciencia.

    A la mañana siguiente, me desperté temprano para terminar de limpiar la casa. Mis amigos se fueron a sus casas, al parecer ninguno se había despertado por el ruido de la noche anterior, ni siquiera Héctor quien estuvo en la misma habitación que nosotros toda la noche.

    Le entregue su ropa a Clara, quien me agradeció la noche e hice lo mismo. Decidí volver a ser un caballero y llevarla a su casa.

    Termine de limpiar lo último que me faltaba en la casa y decidí dormir el resto del día. Cuando desperté a media tarde recordé algo importante. Revise entre mi cajón de ropa y encontré lo que buscaba.

    No le habían regresado las bragas negras que me había dejado la vez anterior.

    Parece que ahora yo le debía algo a ella.

  • El empresario desvirginador de jóvenes atléticos

    El empresario desvirginador de jóvenes atléticos

    Me llamo Horacio Bustamante y soy, digamos, manager de talentos deportivos que es mi especialidad en la ciudad de Colombia. Soy venezolano de nacimiento pero hace algunos años, por la situación de mi país, me vine para el país hermano donde se me han abierto las puertas para los negocios. Claro que cuando hay platica (dinero) de por medio todo se puede. Soy de familia económicamente solvente pero aquí me he expandido más. No soy el típico tipo apuesto o de buen cuerpo, todo lo contrario, soy gordo, bajo, moreno, cachetón con papada, una barbita de candado. Tengo 44 años y digamos que nadie voltearía a mirarme, pero como dije antes, el billete lo mueve todo; billete mata a galán, como decimos en mi país.

    Sucedió que una tarde me llama por teléfono un amigo mío que quería impulsar la carrera de fitness de su hijo que ya rondaba los 20 años y había comenzado a los 17 en el culturismo. Mi amigo se llama Genaro y su hijo Hernán. Yo imagine que si Hernán llevaba casi tres años en el gimnasio debía tener un cuerpo fabuloso. Le respondí que si, que no veía ningún problema en ayudarlo pero que quería verlo para apreciar su potencial pues no lo veía desde que tenía 16 años.

    Al día siguiente, en la mañana llego Genaro a mi casa en compañía de un apuesto muchacho, que intuí era Hernán, que hace unos años atrás todavía era un pelaito, pero ahora media unos 180 m, espigado, cara de machito galancito, cabello castaño oscuro, ojos café, piel blanca y cuerpo espectacular de casi 87 kilos de musculo bien proporcionado, un chaval bien atractivo y viril.

    Luego del saludo y de charlar pendejeras fuimos al grano. Hernán quería asesoramiento en cuanto a la competencia de fitness que ya estaba cerca de los ocho meses de efectuarse y quería contar con un preparador físico que lo pusiera en condiciones óptimas para ganar. Esas competencias te pueden abrir el mundo a mejores oportunidades en el mundo fitness, por lo que contar con alguien que tuviera los conocimientos necesarios en ejercicios, alimentación y entrenamiento era crucial.

    Le dije que contara con mi ayuda, después de pedirle que se quitara la ropa y posara para mi, para poder ver su cuerpo mas detalladamente, ahí en la sala de mi casa. Le pedí que me diera su número de teléfono para estar en contacto, para mis adentros intuí por lo ansioso de la propuesta que Hernán era un culo seguro.

    Esa noche lo llame y le dije que ya tenía el preparador físico en uno de los mejores gimnasios de acá pero que teníamos que hablar para establecer ciertos convenios. Al día siguiente a las 10 pm me reunía con Hernán en un restaurante muy conocido de la ciudad, uno de los mejores, para tomarnos un delicioso café y conversar un rato. Cuando llego, obviamente llamaba la atención por su cuerpo esbelto y musculoso, cada vez que veía al hijo de mi amigo sentía más ganas de comérmelo. Llegó solo, pues lo que le tenía que decir iba a ser únicamente su decisión.

    Hernán: —Esta muy sabroso el café patrón—. Patrón, así me llamaba.

    Horacio: —Si este es el mejor café de acá de Bogotá. Veo que estas muy entusiasmado por la competencia de fitness—. Le conteste.

    Hernán: —Si patrón, mucho, eso es mi vida. ¿Mi viejo y usted se conocen desde mucho no?—. Me pregunto, bastante intrigado.

    El mesero nos trajo lo que habíamos pedido. Yo una simple taza de café y Hernan se decidió por una cerveza local.

    Horacio: —Si así es, Hernán, tu papá, es un excelente amigo y trabajador—. Le dije.

    Hernán: —Oiga patrón, ¿y por cuanto me va a salir todo esto del gym y el entrenador?—. Me preguntó de una forma muy curiosa e inquieta.

    Horacio: —No tranquilo, solo quiero algo a cambio Hernán—. Le contesté tomando un sorbo de la rica taza de café que había pedido.

    Hernán: —¿Y que será patrón?, lo que sea que este a mi alcance—. Me dijo bastante impaciente.

    Horacio: —¡Quiero follarte!—. Le respondí de una manera serena, tranquila y denotando seguridad.

    Hernán: —¿Cómo así patrón?—. Me contesto con una cara de incredulidad.

    Horacio: —Lo que escuchaste mi hijo. Quiero muchas noches de sexo contigo. Quiero cogerte ese culo Hernán, que seas mío—. Le respondí.

    Hernán : —Nooo patrón, eso no. Yo soy un macho, ¿cómo me va a proponer eso?, además, tengo novia, patrón. Yo soy un varón. ¿Dónde me pare patrón?, déjese de esas vainas—. Me dijo, notándose un poco enojado.

    Horacio: —Bueno, Hernán, no te sofoques, tampoco te estoy pidiendo una cosa del otro mundo ni que te voy a llevar a otro planeta. En este mundo es algo absolutamente normal que alguien te pida esto. Si no soy yo, sera alguien mas. ¿y que mejor que sea con un conocido de tu entera confianza?—. Le contesté.

    Hernán: —No, patrón, eso no es normal. ¿Y cómo le digo yo tengo novia y soy un macho?—. Me contestó aún mas enojado y tratando de levantarse de la silla.

    Horacio: —Tranquilo—, le respondí, tomándolo de la mano en señal de que no se levantara. Me reí un poco al ver su reacción. —Ja, ja, ja. Una cosa no tiene que ver con la otra, por estar con un hombre, eso no te convierte en maricón.— Le conteste. —La gente es la que pone etiquetas—. concluí mi discurso.

    Hernan: —Es que usted no me entiende, patrón.—, me dijo y volvió a su lugar.

    Horacio: —Bueno muchacho, mi intención no era escandalizarte, sino proponerte un trato justo, además del entrenador y una membresía en el mejor gym de la ciudad, por lo que resta de tiempo para la competencia, estaba pensando también en agregar las proteínas y aminoácidos que ustedes necesitan. — Le dije, dandole otro sorbo a mi café. —Pero es tu decisión, eres libre de elegir—. Bueno, me marcho muchacho, tengo otros clientes que atender. ¡Ah!, mira. Casualmente tengo un mensaje de un futbolista que necesita mi asesoría—, mostrandolé un mensaje en mi celular. —Bueno, te dejo la propuesta en la mesa. Piénsalo y cualquier cosa tienes mi numero. —. Le dije, mientras llamaba al mesero para pedir la cuenta.

    El mesero vino pronto y me dio la cuenta. La revisé y todo estaba correcto. Comencé a recoger mis cosas, un portafolio con algunas cuantas hojas que había usado para tomar notas y hacer cálculos de cuantos nos ibamos a gastar, etc. y me fui, pagándole la cerveza a Hernán. Aquel mensaje solo había sido una alarma que yo había programado para ejercer mayor presión sobre él. Deje a Hernán algo molesto y tomándose su cerveza.

    Pasaron dos días después de que Hernán y yo hablamos y en la noche, recibí un Whatsapp de Hernán en donde me decía que había pensado mi propuesta y que aceptaba. Muy contento sonreí y le dije que no se iba a arrepentir. Lo cite para programar algunas cosas algunos días después. Llegó a mi casa para tener todo bajo contrato y que no se fuese a arrepentir. Firmo los papeles y le dije que comenzábamos el lunes con su preparación.

    Comenzamos la semana siguiente con lo acordado. El lunes, lo cité en mi casa para llevármelo al gym que iba a entrenar, a presentarlo con sus nuevos instructores y que conociera las instalaciones. Si bien la familia de Hernán no era de escasos recursos, este era un gym que jamás soñaría con poder pagar. Cuando entramos en el gym, casi se le salen los ojos. Las maquinas eran full modernas y la atención de primera clase. Hernán estaba muy feliz y yo sabía que pronto tendría ese culo para mi placer.

    Al día siguiente, el martes, lo pase a recoger saliendo del gimnasio para llevar a cabo el acuerdo. Ese día sería su primera vez con otro hombre. Le dije que iríamos a mi casa de campo para que quedará mas privado y entre nosotros su desvirginacion. El subió al coche y nos pusimos en marcha.

    Recuerdo que al llegar a mi casa y entrar se quedó boca abierta por lo elegante que era la casa, y que si, le había medito algo de dinero con los mejores diseñadores, y como dice él, chulo de la mansión. Le invite una soda dietética y luego pasamos a mi habitación. Al subir las escaleras, me coloqué detrás de él para observar el vaivén de semejante culo musculoso.

    Le dije que se desnudara de a poco, mientras yo lo observaba recostado en la cama. Él un poco nervioso e incómodo, me miraba, llevaba una sudadera sin mangas. Como había trabajado los pectorales y los bíceps sus músculos estaban a reventar. Luego se quitó los pants deportivos para dar paso a unas lycras negras, las cuales fue bajando lentamente a petición mía. Se quedo en unos hermosos calzoncillos apretados de color blanco, que hacían sobre salir su hermoso paquete y sus divinas nalgas.

    Le dije que se dejara los tenis blancos Adidas, que le había regalado también. Su cuerpo era un espectáculo. Grande, prominente, muscular, macizo. Sus piernas fuertes adornaban su pene y sus bolas, digamos que en promedio eran normales. Le pedí que se diera una vuelta, y aunque ya lo había visto, esta vez, su culo era una delicia musculosa. Unas nalgas grandes, paradas firmes y bien trabajadas, listas para ser desvirginadas. Esas nalgas ocultaban un ano virgen, tal vez deseoso de guebo.

    Me acerque y comencé a meterle mano a esa delicia de cuerpo, metiendo mis manos en sus bóxer para acariciar todo sin censura, que, al final, terminé quitándoselos, incluidos los zapatos. No hubo espacio donde no lo tocara. Luego, comencé a frotar suavemente esos lindo pezones rosados, que, al contacto con mis dedos, se pusieron duros y un gemido al cerrar sus ojos salió de su boca. Luego comencé a mordisquearle los pectorales y a chuparme esos deliciosos pezones. Pensé para mis adentros, «si supiera Genaro que me estoy merendando a su hijo en estos momentos.»

    Le dije que levantara los brazos y me enseñara sus axilas. Empecé a resbalar mi lengua a lo ancho y largo de sus sudados bíceps para terminar lamiéndome sus axilas con tres días de rasurado. Luego seguí dándole lengua en el cuello hasta llegar a su boca. Traté de besarlo pero me esquivo, cosa que me incomodó un poco pero que ya caería.

    Le dije que se pusiera en cuatro patas encima de la cama, que quería dedearle el culo un rato. Él titubeo un poco pero finalmente obedeció, recordándole que tenía un contrato firmado y que podía demandarlo por incumplimiento de contrato. ¡Madre mía!, tener un macho así me excito muchísimo, dominado por mis palabras, musculoso y hermoso en todos los sentidos, ahí, haciendo lo que se me antojara.

    En lugar de acercar mis dedo, acerque mi boca a aquella cosa hermosa de la naturaleza y comencé, literalmente, a comerme el enorme culo de Hernán. Yo tenía que hacer bastante presión para separar sus duras y prominentes nalgas para poder llegar a ese rosado hueco. A lo lejos me pareció oír un gemidito de placer de aquel viril muchacho.

    Luego de tomar un poco de gel lubricante le metí el dedo medio por el culo, el cual, luchaba por no dejarme entrar, por seguir siendo hermético, pero al meter un poco de presión, sucumbió a mi perversión.

    Al entrar, Hernán apretó las vigorosas nalgas capturando mi dedo dentro de él. Yo ya lo tenía ensartado con mi dedo, comencé el mete y saca a ese culo hermoso que se resistía a ser dominado. Esto me excitaba demasiado, ver como las nalgas de Hernán se resistían a ser invadidas por otro hombre. Luego de un rato, le metí un segundo dedo y posterior un tercero, lubricando y dilatando mas su ano. Ya estaba listo para llevar guebo del bueno.

    Ya desnudo yo, detrás de Hernán, me quite la única prenda que faltaba, mis pantalones. A pesar de que mi barriga era prominente, tenía un guebo de 19 cm que hacia disfrutar a cualquiera. Lo acerque a la punta del muscular culo de Hernán, jalándolo a el a la orilla de la cama para que entrara todo. Y recordando lo que me dijo en el café, de que él era muy machito, y esas pendejeras, se lo deje ir hasta la mitad, y luego, sin dar tiempo a respirar, se lo hundí completico hasta que mis bolas chocaron con sus musculosas nalgas.

    Hernán: —Coño, patrón, sáquemelo. Me duele mucho, me va a reventar el culo. Ay… ay… ay…—. Comenzaba a gritar aquel varonil atleta.

    Horacio: —Tranquilo Hernán, ya te vas a ir acostumbrando a llevar roto. Este culo tuyo está muy rico—. Le contesté.

    En la habitación solo se oían mis embestidas y los gemidos y suplicas de Hernán. Flap, flap, flap, se escuchaba por todos lados. Mis embestidas eran salvajes, eran rápidas. No le daba tregua al apretado culo de Hernán, que se sentía hermoso.

    Hernán: —No sea así, patrón. Me duele mucho—. Me decía una y otra vez.

    Yo ignoraba sus peticiones y solo me concentraba en disfrutar aquella rica desculada que le estaba dando.

    Hernán: Al saber que no le hacía caso me dijo, —Entonces, métamelo despacio, patrón que me duele y me arde mucho—. Me volvió a decir en su último intento por detener aquella penetración.

    Estuve dándole duro a Hernán y pensé, nuevamente, los ojos cuadrados que pondrían el papa de Hernán y su novia al ver que le estaba serruchando el culo al muchacho.

    Seguí como por media hora más luego de que Hernán me preguntara cuando iba a acabar. Su espalda ancha y fibrosa, y su culo con aquellos melones gigantes como nalgas me volvían loco. No aguante más y me vine llenándole las tripas de leche, después de unos 50 minutos de hacerlo mío. Hernán se tumbó a la cama a descansar mientras lentamente sacaba mi guevo de su culo adolorido.

    Luego de eso, nos bañamos almorzamos algo y lo lleve a su casa. Le dije que había sido un buen muchacho y que si seguía así de cooperativo, tendría mas regalos de mi parte, señalándole esos tenis que llevaba.

    Así se repetía dos veces a la semana, el martes y el jueves eran los días en que me cogía a Hernán. Hacíamos muchas cosas y ya, el viril muchacho, comenzaba a soltarse conmigo. Cuando llegábamos a mi casa, el solito se desnudaba. A veces me bailaba eróticamente, otras veces le llenaba el culo de crema batida y me lo comía enterito. Le decía que se masturbara con un consolador o simplemente lo ponía de rodillas a mamarme el guebo hasta acabarle en la boca. En una ocasión, le di un señor beso de lengua a lo cual, él también colaboró bastante bien, poseyéndolo en todos los sentidos.

    Finalmente, llegó el momento esperado Hernán. Se puso a tope con el entrenamiento y todo lo que le había comprado. Compitió llevándose el primer lugar, con un poco de ayuda por parte del jurado, claro está. Los billetes verdes ayudan en estas situaciones.

    Esa noche, en el evento, conocí a su bella novia. Compartí también con Genaro, que estaba orgulloso del logro de su hijo, y algunos amigos de él también habían llegado a celebrarlo. Todo era fiesta para Hernán esa noche. Conocí a otros muchachos que querían encaminarse a fisicoculturismo y necesitaban asesoría. Esos serian, con el tiempo, parte de mis trofeos.

    Esa noche al despedirme, casi a las 11 pm, Hernán se acerca a mí diciéndome:

    Hernán: —Oiga patrón. Le caigo por allá por su casa a punta de 12 pm—. Me dijo, poniéndome una mano sobre mi espalda, aun con la tanga que usaba para entrenar.

    Horacio: —¿Y qué paso con tu novia?, ¿y tu papá?, ¿tus amigos?, ¿no vas a celebrar la victoria esta noche?—. Le pregunté bastante intrigado.

    Hernán: —Mi novia quiere que la lleve temprano a su casa, porque tiene cosas que hacer mañana con mi suegra. Mi papá esta con unos amigos y creo que se irá rápido a su casa. Yo voy a hacer un viaje con unos parceros pero pasado mañana, así que la paso con usted esta noche patrón—. Me explicó él.

    Y acercándoseme al oído. Con algo de disimulo me dice:

    Hernán: —Esta noche la paso con usted patrón, porque lo que quiero es que me dé duro por ese culo otra vez—. Me dijo.

    Horacio: —Convinimos hacerlo así entonces—. Le respondí.

    Y esa noche aquel varón, aquel macho, volvió a ser mío en mi cama. Finalmente Hernán y yo nos hicimos grandes amigos, y hoy por hoy, trabaja para mí en la escogencia de chavales con potencial y talento y los fines en las noches, como chico de compañía para algunos de mis amigos empresarios que le pagan por sus servicios.

    Gracias por haber leído este relato. Agradezco sus comentarios, opiniones y sugerencias.

    Si deseas comentar o contarme algo, puedes escribirme a: [email protected]

  • Fantasías del gym

    Fantasías del gym

    Quiero contarles cuando dejé que mi entrenador me cogiera.

    Definitivamente Julio aún no estaba en mi vida, pero debo decir que me encantaba experimentar mi sexualidad y sin dudas con mi entrenador se nos daba bastante bien.

    Él era más grande que yo. No me malinterpreten, yo era mayor de edad, pero sin dudas él me pasaba en años y ufff… en experiencia también.

    Existió un momento de coqueteo constante, de “amistad” si quisieran llamarle. Yo iba a menudo a entrenar y con él nos llevábamos muy bien, charlábamos mucho y había días que nos ejercitábamos juntos.

    No recuerdo como empezó todo, pero un día nos pasamos el celular y no dejamos de hablar. Cada tanto notaba sus intentos por querer seducirme, incluso una vez llegó a regalarme un chocolate.

    Yo sabía muy bien hacerme la desentendida, pero eso no duró mucho tiempo. Un día llegué al gimnasio y no había nadie, era muy temprano. Empezó a marcarme unos ejercicios y en un intento de querer ayudarme me comió la boca de un beso. Quedamos tan apretados que pude sentir como se le paró el pene y eso me calentó mucho, aun así dejé pasarlo y seguí como si nada, aunque sabía en el fondo que no podía quedar todo así nomás.

    Pasaron unas semanas. Seguimos hablando y por fin me propuso ir a tomar algo.

    Fue un viernes por la noche que lo vi luego de salir de la universidad. Él salía del trabajo, asique buscamos un punto medio donde encontrarnos.

    Me tomé el tren para llegar y de camino pensaba en todo lo que podía pasar esa noche. Me moría de ganas de saber que se sentía estar con él. Desde aquel beso en el gimnasio pude percibir cierta tensión sexual y sin lugar a dudas esa noche iba a ser el momento de cumplir con ese asunto pendiente.

    Llegué. Lo vi parado en una esquina junto con su moto, una remera azul pegada que le marcaba los brazos tan trabajados que tenía y unos pantalones de jean cortos. Me prestó un casco y subimos.

    Estábamos en un bar, tomando y hablando de nosotros mientras podía percibir cierta incomodidad… ya saben, esa que te delata cuando te gusta alguien.

    “Te manchaste”, me señala el dedo en donde me había caído cerveza. Lo chupo. Se ríe y me besa. Fue un beso que duró algunos segundos, intenso, prendido fuego. Sentí su lengua jugar con la mía, sus manos rodeando mi cintura. Me muerde la boca. Sonríe y me mira. Estoy demasiado caliente.

    Me propone ir a un hotel y acepto.

    Me subo a la moto mientras pienso “¿qué carajos estoy haciendo?”. No sé, pero me gusta y no hay vuelta atrás.

    Llegamos.

    Comenzamos a besarnos de una manera apasionada. El tan alto, tan fuerte y yo a su lado bastante diminuta. Me alza y me sigue besando. Estoy encima de él, y cuando me quiero dar cuenta estoy desnuda.

    “Vení, encima mío”, “Más arriba, justo en mi boca”. Me dice eso y comienzo a sentir su lengua en mi vagina. La chupa. La toca. Utiliza tan bien su lengua que me vuelve loca.

    Comienzo a practicarle sexo oral. Chupo su pene lentamente mientras lo miro a los ojos, uff con lo que me gusta mirar a los ojos. Veo su cara de placer, definitivamente la está pasando bien. Por momentos tengo miedo, ¿lo estaré haciendo bien?, él tiene más experiencia.

    Siento su pene adentro mío. Comienza a cogerme primero lento y cuando me doy cuenta, me lo está haciendo duro, tan duro que me excito y comienzo a gemir fuerte.

    Me tiene en cuatro. Me pega en el culo mientras me sostiene fuerte el pelo. Es tan bruto que me calienta, pero por momentos me besa tan dulcemente que compensa con cierta ternura.

    “Como me calentás nena, te cogería toda la noche”, me dice eso mientras sigue metiéndome el miembro en mi concha toda húmeda, mojada. Me introduce sus dedos mientras me chupa las tetas. Pasa su lengua por todo mi cuerpo y debo admitir que eso me excita mucho.

    Estoy transpirada.

    Me tiemblan las piernas.

    Me besa lentamente en los labios mientras me recuesta en su pecho.

    Perdí la cuenta de los polvos que echamos esa noche. Los orgasmos y la cantidad de veces que lo vi acabar.

    Termina el turno, nos vestimos y me lleva a mi casa. Al llegar me besa en la boca.

    Me dio vuelta las veces que quiso, sin dudas estuvo muy bien.

    Suena mi celular y me llega un mensaje de él:

    Me encantó la salida, ¿cuándo repetimos?

    Septiembre. 21/06/2020

  • Mi posguardia (II)

    Mi posguardia (II)

    Después que Diana se metió al baño y Anye vino conmigo, le hice una mamada, pero ahí quedó todo, salió Diana del baño y atrás entró Anye, yo seguía acostado y me dispuse a entrar, pero me esperé a que Anye terminara, y entonces entré. Al salir me las encontré muy amenamente conversando en la cama de Anye, y en eso avisaron que la comida estaba lista, bajamos juntos a buscar la comida, y a pesar de que siempre subíamos y comíamos en la habitación ese día nos quedamos comiendo en el comedor de la residencia, ahí charlamos de cosas sin sentido y temas x, aunque me fijé que Diana casi no me miraba a la cara, y de vez en cuando si la miraba se le sonrojaban las mejillas y desviaba la mirada rápido, y así pasó toda la noche, fue tanta la curiosidad que esperé a encontrar a Anye sola y le pregunté:

    Yo: ¿le pasa algo a Diana, la noto cortada conmigo?

    Anye: na tranquilo ya se le pasará el susto.

    Yo: ¿Qué susto?

    Anye: nada recuerdas cuando terminamos y le susurre algo al oído sobre la cama.

    Yo: claro esas imágenes se demorarán en salir de mi cabeza.

    Anye: pues corrió porque le dije que nos habías visto todo el tiempo.

    Yo: ¿en serio? Eres una diabla como vas a hacerle eso cuándo sabes que no quería.

    Anye: ya se le pasará la pena descuida, además te prometí una sorpresa y te la voy a dar.

    Yo: y la sorpresa no era esa.

    Anye: puedes tomarla como tal, pero nop no era esa.

    Entonces se levantó y me dijo:

    -voy a buscarla seguro anda escondida en el tejado, para no tener que verte.

    Yo: y mejor no la dejar que se le pase.

    Anye: no como mejor se afrontan estos temas es de frente.

    Salió con su habitual caminado provocativo. Yo me dispuse a ver una peli pues de postguardia si algo es difícil es estudiar y me recosté. Al rato aparecieron las dos juntas con sendas sonrisas y mejor ánimo, se sentaron en mi cama cada una a un costado, y ambas clavaron sus miradas en mi:

    Diana: mira sé que he tenido una actitud un poco infantil desde la tarde, pero para mí es muy difícil que sepan las personas que me gustan las mujeres, pues la verdad es una cosa que me encanta disfrutar, pero no soy lesbiana más bien soy bi, me encantan las pollas, pero si un bollo se pone en la comida me lo devoro, solo quería aclarar eso entre nosotros para que no vayas a pensar mal de mí ni nada por el estilo.

    Yo: lo siento, si te llevaste una idea equivocada, pero tranquila que estoy segura de que no eres lesbiana, además todo eso que pasó fue idea de la perversa esta que vive con nosotros que se le ocurren esas ideas raras.

    Anye sonreía con aire de suficiencia, nos miró a los dos alternativamente y nos dijo:

    Anye: bueno ahora que ya todo está arreglado sellamos esta reconciliación con un beso.

    Diana se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla, rápido Anye le dijo:

    -así no un beso real -y le cogió la boca, al soltarla le dijo-: eso es un beso de pacto, ahora dale uno y cierra bien el tratado de paz -entonces me pegó un beso que casi me dejo sin aliento y no se separaba de mis labios, entonces Anye, al ver que estaba fuera dijo:- esperadme no me dejéis afuera-, y se unió entonces juntos nos dimos un beso de a tres, nuestras lenguas jugueteaban en la boca del otro y por momentos tuve las lenguas de dos bellas señoritas en mi boca que me estaban llevando al cielo. Todo termino y así cada cual, a su lado, nos pusimos en los nuestro los tres ellas estudiaban y yo veía mi peli.

    Así pasamos un rato hasta que Diana me llama para que le explicara un poco de lo que estaba estudiando porque no lo entendía, fui con ella y le expliqué lo mejor que pude, aunque era un contenido que llevaba rato sin estudiar y no lo dominaba bien, entones apareció Anye también y dijo:

    Anye: deberías darnos una clase a las dos.

    Yo: que va estoy muy cansado.

    Anye: te pagaríamos muy bien, dale haznos el favor, lo necesitamos.

    Accedí de mala gana lo admito, pero me centré y les expliqué el contenido lo mejor que pude. Al finalizar ambas me dieron un beso, y me dijeron que cuando terminaran me pagaban que no me durmiera, entonces me volví a mi cama y continué con mi película, cuando las siento al rato ya cuchicheando, pero no les puse interés y de repente se me aparecen las dos en juego de tanga y sostenes de encaje, una en violeta (Anye pues es su color preferido) y la otra en rojo fuego, unas medias pantis que les llegaban hasta el tercio superior de los muslos a juego y ambas en tacones negros, la verdad de dónde sacaron todo eso no les pues nunca se los había visto, pero estaban hermosas ah y ambas con una trenza que llevaban por encima del hombro y terminaban sujetas con una felpa de color a juego. Por dios me sentía en el cielo en ese instante, tenía a esas dos bellas mujeres en lencería sexy delante de mí, de sobra está decir que ya mantenía una erección. Entonces como haciéndome el tonto les pregunté:

    Yo: ¿a qué se debe la ocasión?

    Diana: te dijimos que te pagaríamos la ayuda, así que aquí está tu pago.

    Anye: escoge la que te quieres follar.

    La verdad en ese momento no sabía cuál escoger, pues sabía que Anye era una diosa en la cama, sin embargo, a Diana no la había probado, pero a la vez me decía y si no le llega ni a los talones a Anye y me debatía entre esa incertidumbre cuando Diana le dice a Anye:

    Diana: porque mejor no le evitamos esa tortura de escoger y nos lo follamos las dos, de todas maneras, cuando termine con una la otra por las ganas se lo va a follar también.

    Vi el asombro reflejado en la cara de Anye, y de pronto le pegó un beso a Diana y ambas me miraron y venían muy sensualmente caminando hacia mí, retiraron la laptop mía de encima de mis piernas dejando ver marcada mi verga que estaba súper dura dentro de mi short, entre ambas me lo quitaron y liberaron por fin a mi verga entonces la miraron entre las dos y se besaron entonces Anye le dijo a Diana:

    -te la cedo yo ya la he probado diviértete mientras tanto-

    Diana la agarró fuertemente y metió mi glande en su boca sentía como su lengua lo recorría, y de pronto hizo una garganta profunda, yo al ver eso ya sabía que este encuentro iba a ser fulminante para mi claro, entonces Anye vino para mis labios y comenzamos a besarnos su lengua jugueteaba con la mía, y entraban alternadamente en la boca de ella y la mía, con mi mano busqué su sexo y con la otra sus pechos, rápido le quité el sostén dejando al aire esos bellos pechos con unos pezones erectos, que a pesar de haberlos visto un centenar de veces seguían siendo hermosos y al mismo tiempo sentía como Diana devoraba mi verga lo hacía con una maestría tremenda, la mamaba y soltaba lamia, succionaba mis bolas, entonces me pajeaba y volvía a tragarla toda y así repetía y alternaba a veces lo hacía rápido y otras veces lo hacía lento, pero era genial, entonces puse a Anye sobre mi cara aparté a un lado el tanguita y comencé a mamarle todo ese totico lindo que ya chorreaba sobre mis labios apenas quite el tanga, comencé como de costumbre lamiendo a lo largo de la rajita y entonces soplé un poco de aire frío esto a ella la volvía loca y sentí con mis manos como se erizaban las piernas de ella, entonces ella se inclinó hacia adelante esto para mi abrió un poco más su rajita, dándome entrada a su vagina donde rápidamente introduje mi lengua, pero volví a jugar con su clítoris le daba vueltas y pequeñas mordidas y alternaba eso y otras lo chupaba hasta dentro de mi boca para luego una vez dentro estimularlo con mi lengua en varias direcciones, en eso paro un momento y veo a las dos al mismo tiempo chupando mi verga y dándose besos una vez chupaba una y luego la otra entonces Diana hizo una garganta profunda y después Anye es como si estuvieran compitiendo a ver cuál podía más yo me dejé llevar por las sensaciones y seguí en mi trabajo de hacer correrse a Anye que estaba sobre mí, y entonces seguía jugando con su clítoris cuando veo que sufre un espasmo y arquea la espalda sus jugas se derraman sobre mi boca y me dice: afloja que me has hecho venirme muy rápido, y tu aun no te has inmutado-, entonces Diana le dice:

    Diana: pero ya te viniste, acaso te metieron un vibrador en el culo.

    Anye: deberías probar su lengua antes de decir eso, es más ya estoy suficientemente lubricada quítate que me voy a meter esa polla, ven y siéntate aquí para que pruebes lo que es una mamada como la que aún no puedo darte.

    Yo: eh no me des fama que no tengo solo es una mamadita más nada, además ustedes estaban geniales en mi verga he tenido que esforzarme para no venirme.

    Anye: pues esfuérzate para no venirte cuando estés dentro de mí porque no pienso parar.

    Ahí cambiaron de posición Anye fue directa a mi polla se la acomodó y se la ensartó de un solo empujón se quedó ahí sentada mientras se besaba con Diana y yo mientras tanto retiré su tanguita y su sostén, ya tenía su sexo listo para mi entonces la guie para que se acomodara, sobre mi boca, vi que ya estaba bastante mojada y caliente así que empecé con mis más frio aliento sobre su rajita vi como soltó a Anye del beso y se contorsionó un poco, y sentí como se erizó, la verdad nunca he sabido como algo tan simple provoca tantas reacciones en las mujeres pero si estoy seguro que me encantan esas reacciones.

    Entonces ahora recorrí todo su sexo con mi lengua desde su culito hasta su clítoris entonces tuvo otro escalofrío y sentí como se erizó aún más, ahí sin perder tiempo para aprovechar al máximo esta sensación que le había dado empecé a dibujar círculos sobre su clítoris y en este momento sentí como Anye comenzó a cabalgarme lo hacía restregando hacia adelante y atrás y sentía sus uñas como se clavaban en mi abdomen, esto era una buena señal, entonces sincronizándome con ella subía mi cadera en el momento que ella estaba lo más al centro posible para de esta manera introducirla lo más adentro posible, y parece que resultó pues la oía gemir, mientras tanto yo seguía con la rajita que tenía en mi boca, en ese momento tenía aprisionado ya su clítoris entre mi labio superior haciéndole fuerza por detrás con mis dientes y mi lengua la cual restregaba contra el mismo mientras lo presionaba con el labio superior y sentía como crecía su humedad más y más, entonces lo aprisioné con mis labios y restregué con mi lengua en la dirección de los cuatro puntos cardinales, y después le dibujé más círculos y más y más y entonces lo presione con mi lengua moviéndola como un vibrador, y de repente paré me separé un poquito y le volví a soplar entonces la vi cómo se arqueaba y me apretaba la cabeza con sus piernas y rápido fui y lamí toda su rajita apretando fuerte mi lengua contra su clítoris, y ya esto hizo que estallara sus juguitos llenaron mi cara y ella se dejó caer sobre mi dejándome ver su rajita en una perfecta panorámica, y escurriendo sus jugos sobre mi boca, mientras que Anye seguía sobre mi verga ahora dando pequeños saltitos, y Diana sobre mi aun con sus contracciones espontáneas y cada vez que pasaba mi lengua veía que tenía una, y por eso se lo hacía, seguía pasándola, entonces ella media temblorosa se incorporó, y salió de encima de mi diciendo:

    Diana: vale ya has disfrutado bastante déjame un rato a mi ahora.

    Anye: que, pero aun no me vengo, déjame terminar.

    Y diciendo esto apretó la cabalgata y se corrió enseguida entre gemidos y jadeos, la verdad yo veía su sexo súper mojado escurriendo por mi pija, y lo sentía como había escurrido por mis muslos, hasta parar en la cama, entonces Diana la empujo y ella solo se tiró ahí sobre la cama, aun con algunas contracciones entonces Diana me tomo de un brazo y nos dirigimos a una mesa una mesa ella se subió en la misma en posición ginecológica y dejando ver muy bien su sexo también muy mojado, yo nada más llegar le apunté y puse mi glande en la entrada, le restregué toda la rajita con mi verga apretando el glande con inusual esmero sobre si clítoris, y entonces se la metí, ella soltó un pequeño gritico al sentirla, entonces cerró sus ojos y yo continué embistiéndola, sin parar, la sujeté por sus trufis y le pellizqué los pezones, mientras usaba sus lolis como punto para darle más fuerza a mis contracciones, la verdad yo estaba a punto de correrme, cuando veo que ya Anye se había recuperado y venia hacia donde estábamos se había quitado el tanga pero con los tacones y medias pantis aun y su caminar sexual venia hacia nosotros, en ese momento un grito de Diana me sacó de mi ensimismamiento:

    Diana: ¡Me Corrooo!!!

    Y en eso se levantó me abrazó y me pegó un beso mientras se ayudaba con sus pies después de haberlos entrelazados en mi espalda para metérsela más duro aún. Y así se corrió, dándome una mordida en mi labio inferior y tensando su espalda, eso me súper calentó y fue el detonante también de mi orgasmo, la saqué rápido y en ese momento ya Anye a mí lado la agarró la llevó hasta su boca y descargué todo mi semen en su boquita mientras Diana solo decía:

    Diana: más dame más, quiero más, la quiero de nuevo dentro de mí.

    Anye: no le privemos de esa necesidad métesela ya la he dejado limpia.

    Sin demorarme para que no perdiera dureza la metí de nuevo en esa cueva caliente y húmeda que era el sexo de Diana y Anye se subió en la mesa y puso su sexo en la boca de Diana que aún estaba boca arriba, esta empezó la lamerla como loca y yo le bombeaba sin parar, entonces Anye salió y se acostó encima de Diana de manera que ambos sexos quedaron frente a mi yo sabía que eso era una invitación así que sin pensármelo dejé uno y entré en el otro, entonces empecé a bombear en Anye esta gemía y Diana aprovechó para para jugar con sus pechos ahora que estaban a su alcance y ahí estábamos los tres y Diana y yo dándole placer a Anye, entonces ella me apartó y se viró boca abajo dejando igual ambos sexos a mi alcance pero también su orto, comenzó a besarse con Diana y con las manos aparto sus nalgas para dejar bien abierto su orto, entonces fui y la metí en el sexo de Diana para lubricarlo bien deje caer saliva sobre el orto de Anye.

    Y entonces la saqué y la metí rápido de una sola embestida hasta atrás sentí que se tensó y se quedó quieta por un momento hasta que se recuperó y entonces comenzó a moverse de adelante hacia atrás, que en sincronía con mi movimiento sentía que se la estaba clavando hasta lo último, y entonces Se echó un poquito más atrás para quedar a la altura de los pechos de Diana, y comenzó a chuparlos mientras yo le bombeaba su culito, en eso sentí como se corrió tensándose nuevamente y yo la saqué y se la metía Diana esta empezó a menearse en sincronía conmigo, mientras Anye aún no se recuperaba de la venida y sus jugos chorreaban hasta parar en mi verga y el sexo de Diana, entonces bajé una mano de manera que quedara en el sexo de Diana y comencé con mi dedo pulgar a jugar con su clítoris, esto debe haberla calentado de sobre manera porque en ese momento estalló y eso me llevó a mí también a la locura haciéndome estallar, a mí también la saqué de allá a adentro y la metí rápidamente en el culito de Anye, haciéndola gritar y dar un pequeño respingo, entonces ellas quedaron ahí juntas, y comenzaron a besarse entre contracciones por sus orgasmos.

    Yo me fui hacia atrás que estaba mi cama y me deje caer sobre ella, la verdad estaba extasiado, por lo que solo me acosté a descansar mientras veía como ellas se besaban y las manos de ambas buscaban sus sexos de nuevo y se introducían contrariamente dos dedos cada una y empezaban masturbarse mutuamente, ya no tenían espasmos, y seguían masturbándose, entones se levantaron de ahí y vinieron a mi lado pensé que se iban a acostar pero parece que aun querían más, ambas fueron hasta mi polla que estaba flácida después del último orgasmo, y ambas comenzaron a mamarla, le daban besos y se la metían en la boca alternadamente.

    Entonces Diana comenzó a chupar mis bolas mientras que Anye se entretenía pajeando mi verga y mamándola, ya yo sentía como iba poniéndose dura de nuevo, y en ese momento sentí una garganta profunda y otra y otra y otra, y la verdad no sé porque pero eso me ponía a mil por lo que terminó de pararse y sentí como enseguida se subió Diana arriba pero esta vez fue por su orto, lo sentía apretado, pero como una veterana se sentó completa sobre mí y ahí se quedó esperando a que se le acostumbrara al tamaño, mientras Anye estaba besándose conmigo y aproveché y estiré una mano para jugar con el clítoris de Diana y con la otra la llevé al sexo de Anye donde metí dos dedos y con el pulgar jugaba con su clítoris, entonces ya Diana comenzó a cabalgarme suave pero constante, yo sentía como mi verga se clavaba en su orto y ella gritaba y gemía, mientras Anye volvió a poner su sexo en mi boca y yo volví a mamarle, sin parar daba círculos en su clítoris, y de vez en cuando metía mi lengua en su vagina, mientras ellas por encima de mi jugaban manoseándose sus tetas y dándose besos, entonces empecé a tensar mis caderas de manera que entrara más fuerte mi verga en su orto, la oía como gritaba con más ímpetu.

    Y Anye en mi boca empezó a mover sus caderas, esto me ahorraba trabajo solo estiré mi lengua y la puse dura, y así ella se restregaba contra la lengua, y cuando me doy cuenta ya me estaba corriendo y descargo toda mi leche en el orto de Diana pero no fui el único ellas las dos se corrieron entre gemidos y gritos, entonces ambas se desplomaron encima de mí. Nos quedamos los tres respirando entrecortadamente y ellas aun con contracciones por los orgasmos, como pudieron se fueron levantando hasta acostarse una a cada lado, las abracé a las dos y les di un beso a cada una y les dije:

    Yo: cuando quieran más lecciones, si están dispuestas a pagar así me piden las que quieran.

    Ellas rieron y nos dimos un beso entre los tres, de nuevo nuestras lenguas jugueteaban en el centro, y después nos acurrucamos todos juntos y dormimos, hasta el otro día, sin saber que sería nuestra primera y última vez.

    Al día siguiente amanecimos juntos todavía todos acurrucados en mi cama, nos bañamos de uno en uno y ese día todos fuimos para nuestras casas, la siguiente semana llegó, pero mi novia ya había regresado de sus vacaciones y las relaciones entre nosotros en la residencia volvieron a ser a secas, una semana después Ángela se separó de su novio y un mes después se hizo novia de un amigo mío por lo que acabaron nuestros encuentros furtivos, y Diana volvió a ser la mojigata de siempre aunque sospecho que aún tiene algo con Anye.

    Para mi si acabó la diversión del todo…

  • Fantaseo con mi cuñado

    Fantaseo con mi cuñado

    Soy muy sexual, lo que más me gusta es coger, entregarme al placer. Si no tengo un hombre cerca, me masturbo, en mis fantasías entran desde orgías, hasta coger con camioneros, con mi jefe, de todo.

    Desde hace un tiempo vengo fantaseando con mi cuñado, esposo de mi hermana mayor. Cuando comenzó a aparecer en mi mente, trataba de bloquear la idea, además no me atraía físicamente, antes era lindo, pero ya no.

    Hasta que despierto una mañana, en mi cama, muy húmeda, caliente por demás y solita.

    Comencé a tocar mi conchita depilada con los dedos, a moverme… en mi fantasía una pija me penetraba duro la cola y luego la boca y la conchita, me tenía en cuatro, estaba loca de placer masturbándome… en eso, comienza a hacerse visible el rostro de quién salvajemente me penetraba, era mi cuñado, esta vez decidí continuar, acabé de un modo en que no había acabado nunca en una masturbación, gritaba de placer, lo hice varias veces esa mañana.

    Desde ahí, siempre fantaseo y acabo con él, cuando me acuesto con mi novio, sólo llego al orgasmo pensando en que soy la putita de mi cuñado. Lo imagino haciéndome de todo, llenándome de semen, tragando su semen, entregándole mi colita para que la coja con fuerza, pidiéndole nalgadas, que me deje coloradita, yo vestida de nena puta para él. Preguntarle que no le da mi hermana y dárselo yo.

    Muero de deseos por concretarla, seducirlo de forma anónima por teléfono o su mail, con fotitos desnudita, tapando mi rostro, luego citarnos y aparecerme frente a él.

    Sé que es un baboso total, que se calienta con todas, así que sería fácil, más si le empiezo a desabrochar el pantalón y meto mi mano debajo. Es cuestión de animarme y no tener temor al después.

    Ay cuñado, si supieras lo calentita y puta que es tu cuñadita, la nena, me venis a buscar ya.

    Mientras escribo esto, hiervo de calentura. Si concreto, habrá nuevo relato.

  • Clase de sexualidad

    Clase de sexualidad

    Hola! Soy una chica tierna, no tengo un cuerpo escultural, a pesar de ser robusta tengo buen cuerpo, senos grandes, nalgas duras y redondas, soy caderona, me gustan mucho mis piernas. A diferencia de muchas mujeres que escriben sus experiencias aquí, yo soy muy distinta, nunca he vestido de manera reveladora o sexy, no me gusta, siempre uso, jeans, blusas de cuello redondo o polo, sweater o chamarras, bufandas, tenis o botas, eso sí, me gusta usar brasieres o tops que resalten mis senos, siempre he sido así, a decir verdad quien me conoce nunca creería esta faceta mía, porque siempre me muestro como alguien que es “correcta” según la sociedad, me gusta mucho el sexo, es algo muy rico, claro que no lo demuestro abiertamente.

    En fin comenzaré con mi historia, fue cuando tenía 18 años y aún estudiaba el nivel medio superior, no era la más bonita o popular del salón a consideración de otros, pero tengo que admitir que tengo un buen cuerpo y mis amigos me lo decían de una manera respetuosa.

    Un compañero Aldair, un año más grande que yo, me enviaba mensajes diciéndome que quería probar mis labios y tal vez algo más conmigo, al principio me negué pero no podía ocultar la excitación que me causaba su confesión de querer besarme y cogerme.

    Un día la maestra de la última clase nos dejó salir más temprano de lo habitual, me iba a ir, pero antes de eso Aldair me dijo que lo esperara un momento, ya sabía que era lo que quería, así que le dije que iría a la cafetería primero y regresaría cuando los demás ya se hubieran ido para que no sospecharan nada.

    Cuando regresé, ahí estaba, afuera del salón esperándome, me sentí asustada y nerviosa, iba a ser la primera vez que estaría sola con un chico después de mucho tiempo (en otra historia tal vez lo contaré), él no era de los chicos que consideraban guapos o populares de la escuela y yo tampoco, simplemente éramos dos lujuriosos el seguramente urgido de tener sexo y yo curiosa de cómo se siente.

    Entro al salón antes de acercarme más, yo también entre, era un salón muy cerrado, las ventanas era pequeñas en la parte de arriba de las paredes así que queda alto para que alguien se asomara. Él estaba cerca de puerta, esperando que me acercara a él, pero me fui a la esquina del salón no quería que nadie nos viera, el entendió eso y fue a la esquina conmigo.

    Dejé mi mochila en una banca, él hizo lo mismo y se acercó a mi acorralándome en la esquina del salón, nos quedamos viendo un instante y de un momento a otro paso a besarme, estaba muy nerviosa, mi cuerpo empezó a temblar, el noto eso y me dijo «me gusta sentir tu temblor, tu nerviosismo me excita» yo no dije nada, no tenía que decir, volvió a besarme, sentí como iba subiendo la intensidad de sus besos, el empezaba a excitarse, agarro mi mano y la puso sobre su pantalón para que pudiera sentir su pene, ya estaba duro, eso hizo que me empezara a excitar también, sus besos bajaron hacia mi cuello, me besaba de manera muy intensa, me excitaba cada vez más, me empezó a tocar por encima de mi ropa mis senos y mi vagina, sentía muy rico, le susurré en el oído lo excitada que estaba, en ese momento metió su mano entre mi pantalón y mi calzón, ya estaba muy mojada, y eso lo excito aún más, empezó a masturbarme en mi clítoris haciendo movimientos circulares con sus dedos, sentía muy rico, me empezaba a excitar más y más apretaba fuertemente su espalda, en un momento volteé hacia la puerta y vi al maestro de física ¿cuánto tiempo llevaba ahí? Me despegue de mi compañero y rápidamente tomamos nuestras cosas y nos fuimos. El maestro no nos dijo nada, solo se nos quedaba mirando, supongo que estaba sorprendido de haberme visto ya que yo siempre fui la más tranquila y callada del salón para todos los maestros.

    Durante una semana Aldair trataba de acercarse lo más que podía a mí, cuando podía intentaba tocarme, los dos nos quedamos con ganas de más, esperaba una buena oportunidad para poder hacerlo con él, le propuse ir a su casa el fin de semana, pero no se pudo.

    Un día los maestros de las dos últimas clases no fueron, y pensé que ese podría ser un buen momento para ir a algún lado con Aldair y hacerlo, él también lo pensó, así que lo primero que hice fue despegarme de mis amigas diciendo que tenía que ver lo de un pago y que se adelantaran, después fui hacia el salón y vi a Aldair, dijo que lo siguiera así que lo hice, fuimos al edificio de atrás al último piso en el salón de la esquina, dijo que no había ido el prefecto que revisaba ese edificio así que no habría problema, el grupo del salón de a lado estaba en el laboratorio.

    Entramos y dejamos las mochilas en una banca, y nos fuimos a una esquina del salón, empezó a besarme, intensamente como aquella vez, pego mi espalda contra la pared y con una mano empezó a tocar mis senos por encima de mi ropa, abrí el cierre de mi chamarra y paso su mano por debajo de mi playera y mi brasier, el cual desabroche y me lo quite, quedando solo mi chamarra y mi playera eso le excito porque mi playera se transparentaba un poco, después bajo su boca a mis pechos y los empezó a chupar, sentía muy rico, los succionaba de tal manera que ya estaba bien duritos y parados mis pezones, mientras hacía eso, bajo mi pants un poco, y me empezó a masturbar por encima de mi calzón el cual ya estaba también mojado, siguió así, yo me excitaba cada vez más, agarro mi calzón de tal modo que lo rompió y lo quito, empezó a masturbarme en mi clítoris haciendo movimientos circulares con sus dedos, continuó así hasta que llegué a mi primer orgasmo, mi cuerpo vibraba del placer que sentía eso le excitaba aún más.

    Después se sentó en una banca y saco su pene, ya bien erecto me acerco a él, abrió mis piernas listo para penetrarme pero lo detuve un momento, le dije que usáramos condón, sin embargo ninguno tenía en ese momento, entonces me acerco a él, metió dos de sus dedos en mi boca haciéndome chuparlos como si fuera pene, al mismo tiempo con su otra mano me seguía frotando en mi clítoris, después me dijo que me empinara recargándome contra la pared, los dedos que me había dado a chupar sentí como los frotaba suavemente en mi ano, le pregunté qué era lo que hacía, a lo que me respondió que confiara en él, sentí como escupió en mi ano y con su pene empezaba a frotar suavemente, me dijo que al no tener condón lo haríamos así para que no pasará nada, yo temerosa intenté decirle que no, pero me sostuvo fuerte y poco a poco sentí como lo intentaba meter, sentía mucho dolor, deje escapar un gemido ahogado, pero al parecer eso le excitó a él y trató de empujar más para meterlo mejor, le decía que me dolía que parará, pero no me escuchaba, después sentí como volvió a escupir sobre mi ano e intento meterlo nuevamente, esa vez sentí que lo había metido por completo, y empezaba a moverse lentamente sin sacarlo, seguía sintiendo dolor, trataba de gemir lo más bajo que podía para que no nos descubrieran pero era difícil, sentía como lo metía y sacaba, lento pero duro en mi ano, hasta que le pedí que parará, había soltado unas cuantas lágrimas por el dolor que sentía.

    Se empezó a acomodar la ropa un poco disgustado, yo igual empecé a acomodarme la ropa, me puse mi pantalón e iba a guardar mi calzón el mi brasier pero él ya los había guardado en su mochila.

    Al salir de la escuela nos despedimos el me dio un beso en la boca y me dijo al oído «a la próxima si te cojo sin piedad zorrita» sentí un escalofrío en el cuerpo y nos fuimos cada quien por su lado, al subir al camión me fui a la parte de atrás y me senté, después se subió un hombre y noté que se quedó mirando en dirección a mis senos, olvidé que no llevaba brasier y que mi blusa se transparentaba así que rápidamente me cerré mi chamarra, pero ahora había despertado en mi la curiosidad de hacerlo con un hombre con mucha más experiencia en el sexo.

  • Fui al matrimonio virgen, de blanco y por la Iglesia

    Fui al matrimonio virgen, de blanco y por la Iglesia

    Mi marido y yo venimos de familias españolas, con más de 200 años de nobleza. Tanto en casa de mi marido, como en la mía, había criadas para complacer a los señores, mi padre tenía 3 criadas, todas eran de los pueblos cercanos, cuando entraban a serví en una casa noble, tenían que ser vírgenes.

    Mi marido me pidió que buscara dos chicas para él. Fui a mi confesor, para que buscara entre las feligresas y me dijo que todas eran unas putas. Que buscara entre las mujeres casadas que teníamos a nuestro servicio.

    Lo mejor y menos follado que encontré fue a mi madre o eso creía, porque cara a la gente era una señora noble, casta y muy católica. Y resulta que mi confesor la follaba todas las semanas, los mozos de los caballos, la follaban dos juntos. Y mi padre una vez al mes.

    Después de la noche de bodas, mi estrenado marido me follaba todas las mañanas, fui otra vez a mi confesor y le pregunté si podía follarme como lo hacía con mi madre. Me desnudó, nunca ningún hombre, ni mi marido me había visto desnuda. Él me desnudó entera, sacó una polla como el badajo de la campana grande y me dijo que la chupara.

    La metí lo que pude en mi boca y empecé a subir y bajar mis labios por ese tronco, cuando se cansó me puso como una perra y metió toda la verga en mi chochete. Grité porque me desgarraba mi coño, él empezó a mete y sacar, yo empecé a sentir unas cosquillas dentro de mi chocho, pero se corrió dentro y la sacó.

    Yo me quedé como si me hubieran quitado un pastel de la boca.

    Me fui a ver a los mozos de los caballos, les dije que tenían que follarme hasta que tuviera un orgasmo.

    Entre los tres mi coño descubrió que follando llegaba obtener un placer que nadie me había contado.

    Esa noche mi marido estaba follando a mi madre, me metí con ellos en la cama, conseguí que mi marido me llenara dos veces el coño de leche. Sabía que los mozos de los caballos me habían preñado.

    Al día siguiente fui a mi suegro, y le pedí que me preparara. Me folló durante una semana, tres veces al día. Pero mi hijo era de Pablo, un hijo bastardo de mi suegro, al final todo quedaba en casa.

  • Desde aquella noche cambió mi vida

    Desde aquella noche cambió mi vida

    Era aproximadamente la 1 de la noche, hace como 8 meses, yo no podía dormir, así que decidí esperar a que llegaran mi madre y mi hermana para darles su buen regaño. Cuando este par de mujeres se dignó en aparecer, vinieron abrazadas, desorganizadas, algo ebrias y muy risueñas. Sus risotadas se escucharon desde antes de que abrieran la puerta de la casa.

    Yo estaba enojado, ya que un amigo me llamó al celular a decirme que las había visto en una discoteca, a juntas, siendo manoseadas de lo lindo por algunos cuantos sujetos.

    Yo: ¡Bonitas horas de llegar las damas! ¿No?

    Mi madre y mi hermana, sin hacerme caso, reían eufóricamente mientras hablaban sobre unos hombres.

    Mamá: ¡Marce! ¿¡Si le viste el bulto tan tremendo que tenía el socio del Esteban?

    Marcela: ¡Uff! ¡Mami! ¡Lástima que ese viejito se fue tan rápido de la fiesta con la puta de la Andrea! ¡Ese man tiene mucho dinero! ¡Yo se lo mamaría con tal de que me compartiera alguito de su fortuna!

    Mamá: ¡Claro Marcela! ¡Yo también se lo mamaría a ese cuchito! ¡Hasta le daría cuquita!

    Marcela: ¡Y yo culito!

    Mamá: ¡Toca caerle a ese viejo y enredarlo con nuestros encantos femeninos antes de que le suelte su fortuna a esa imbécil de la Andrea que es bien puta!

    Yo estaba lleno de ira, mi madre y mi hermana siempre se tuvieron mucha confianza entre ellas, es más, las dos eran unas compinches inseparables, se alcahueteaban entre ellas y se tapaban cosas. Mi madre le ponía mucho los cachos a papá con diferentes hombres, esto lo ha estado haciendo desde hace tiempos, incitada y animada por mi hermana, y mi hermana metía sujetos a su cuarto para tener sexo con la complacencia de mamá. Decían ser una madre y una hija modernas.

    La verdad es que Marcela siempre había sido la preferida de mamá. Siempre había pensado que mi madre no me quería, pues constantemente le permitía hacer a Marcela lo que quisiera, y a mí me negaba muchas cosas. Todo lo mejor siempre se lo apartaba a ella. Obviamente eso me daba mal genio porque mi hermana era una vulgar puta desjuiciada, y eso lo sabía perfectamente mi mamá, y yo era muy decente, muy buen estudiante y magnifica persona como mi padre.

    Mi madre Mónica traía puesta una minifalda de tela de esas que se llaman de vuelo, una blusita blanca transparente donde se le veía el brasier, y más encima, un escote espectacular. Tenía medias veladas y zapatos de tacón alto. Ella es muy atractiva y hermosa, tiene 36 años de edad, es morenita y su cabello es negro y ondulado, sus ojos son negros y grandes, muy expresivos. Ella siempre es muy risueña con todo el mundo menos con mi padre y conmigo. Le da mucha confianza a cuanto hombre ve, incluso a los desconocidos, a quienes atrae haciéndoles sonrisitas.

    Mi madre se sentó con las piernas completamente abiertas en un sillón de la sala, frente al sofá donde yo estaba sentado leyendo mi biblia. Su faldita estaba muy subida. Yo apenado aparté mi vista y le dije:

    Yo: ¡Mamá!… ¡No me gustan esos cometarios! ¡Por favor cierra las piernas!

    Mamá: ¡Espera papi!… ¡Que me picó la raja! ¡Es que está bien caliente!

    Sin ningún disimulo, mi madre se subió la falda con una mano mientras con la otra se rascó su vagina sobre los cucos impúdicamente. Yo me tapé la cara con mi biblia, pero la curiosidad me ganaba y por ratos ojeaba un poco.

    Mamá: ¡Ahh! ¡Marce! ¡Quiero una verga aquí metida!

    Yo: ¡Mamá!…

    Mamá: ¡Cállate! ¡Estoy hablando con tu hermana! ¡Respeta!… ¡Oye Marce! ¡¿Te fijaste lo bueno que está el tonto del Guillermo?!

    Marcela: ¡Si mami! ¡Pero de tonto no tiene nada! ¡Apenas vio que yo le estaba lanzando a él unos piquitos al aire mientras Julián me manoseaba el culo, durante el baile, vino a ayudar a meterme mano, me sobó las tetas más rico ese papacito! ¡Por poco y entre los dos me violan en plena pista de baile!

    Mamá: ¡Qué rico!

    Marcela: ¡Habría sido épico, a no ser porque llegó la envidiosa de la Eugenia preciso en ese momento y le tomó la mano a mi Julián y se lo llevó para un sillón y no hizo más que echársele encima y besarlo, esa puta!

    Mamá: ¡Perra esa!

    Juntas se rieron.

    Mi hermana Marcela, tiene 20 años de edad y en ese momento tenía puesta una minifalda muy cortica de jean, que cuando se sentó en uno de los sillones de la sala y cruzó las piernas por poco se le ve la panocha. También tenía puesta una simple camisetica escotada y ombliguera. Tanto mamá como mi hermana son bien tetonas. Las tetas de mi hermana parecían querer salir saltando de esa camisetica, no llevaba brasier, y sus pezones se notaban maravillosamente en la camiseta. Su cabello es largo, liso y negro, pero se lo había tinturado en algunas partes quedándole rayitos anaranjados. Su piel es como la de mamá, un tanto trigueñita. Es muy bonita. Sus labios son parecidos a los de mamá también, gruesitos y hermosos, muy rojos. Juntas se maquillan de forma muy intensa. Mi hermana tenía puestos unos tenis y medias tobilleras.

    Mamá: ¡Cómo me gustaría follarme al Guillermo! ¿¡Ya le mamaste la verga?!

    Marcela: ¡La verdad es que me lo llevé al baño y allá se lo mamé como Dios manda! ¡En ese mismo baño había como dos parejas más haciendo lo mismo! ¡Sinvergüenzas esos! ¡El Guillermo se manda un miembro inmenso y hermoso! ¡Mira, aquí me alcanzó a caer algunos chorros de su leche!

    Mi hermana mostró su cabeza, en su cabello, lo tenía un poco pegado. seguidamente estiró su camisetita y se sacó un seno.

    Marcela: ¡Y aquí!…

    Apenas vi ese hermoso seno puse mi biblia frente a mis ojos y pasé saliva, mi hermana lo tuvo unos segundos por fuera mientras mamá lo observaba y luego se lo guardo nuevamente.

    Mamá: ¡Vaya! ¡Vaya! ¿Con que estuviste de puta!

    Marcela: ¡Esa era la idea mami! ¡A eso fuimos! ¡¿No?!

    Mamá: ¡Pues si! ¡Tienes razón, a eso fuimos! ¡Ay Dios! ¡Es que es tan rico putear! ¡Yo me le quiero entregar a ese hombre hermoso!

    Marcela: ¡Y yo al Jacinto! ¡La Andrea me contó que es todo un macho! ¡Dizque él tiene una verga muy inquieta y traviesa!

    Mamá: ¡Debe ser todo un semental ese macho! ¡Necesito un macho!

    Marcela: ¡Si mami, él es todo un macho, pero el man es un tanto abusivo! ¡Golpea a las mujeres cuando les hace el amor! ¡Les pega duro! ¡Me gusta que los hombres sean así! ¡Eso me excita!

    Mamá: ¡A mí no me importaría que me golpeara! ¡Desde que ese man me satisfaga sexualmente vale la pena que me deje un ojo negro! ¡Me gustaría conocer la pinga de ese hombre para mamársela bien rico!

    Marcela: ¡Qué rico es chupar una buena verga!

    Mamá: ¡Eres muy puta, Marce!

    Yo había ya escuchado conversaciones calientes entre ellas, pero no recordaba haberlas escuchado decir semejantes babosadas. Mi hermana se levantó de su sillón y se sentó junto a mí, olía a licor y a algo raro, tal vez había fumado marihuana o alguna porquería.

    Marcela: ¿Puede que yo sea algo puta, mamá, pero tú no te quedas atrás! ¡Te fuiste con un desconocido a su auto! ¡¿Si te lo gozaste?!

    Mamá: ¡Si te refieres a qué si me él me dio pipí, pues estás equivocada! ¡Solo nos besuqueamos y nos tocamos un buen rato! ¡Estaría encantada si él se hubiera propasado un poco más conmigo!¡Él se contentó solo con agarrarme las tetas! ¡El muy marica resultó ser pastor no sé de qué religión y se arrepintió de haberme besado y tocado! ¡Y yo con esas ganas que tenía de verga! ¡Me bajó del auto, me insultó y me dijo que yo era una puta vulgar, y se marchó! ¡A ti te fue bien, pero a mi no tanto, por eso tengo calentura, quiero mamar una buena verga!

    Marcela: ¡Qué puta eres mami!

    Mamá: ¡¿Puta?!… ¡Putísima, mamita!

    Juntas estallaron en risa.

    Yo: ¡Mamá! ¡Basta ya! ¡Exijo un poco de respeto! ¡Por si no te has dado cuenta yo estoy aquí, frente a ustedes, no estoy pintado, y aunque papá no esté por quedarse trabajando en la empresa es como si él estuviera aquí presente! ¡Mi abuela fue la que me sirvió la cena porque a ti no te importa dejarme sin cenar! ¡Deberías seguir su ejemplo! ¡Ella si es buena! ¡Hasta me regaló esta biblia y me habla de las bondades de Dios!

    Mamá: ¡Cállate! ¡Oye, ¿no puedes guardar silencio un tris?! ¿Estamos hablando tu hermana y yo de temas importantes, papi!… ¡Por favor! ¡Hombre!… ¡Puedes esperar un rato!… ¡Caramba!… ¡La que exige respeto soy yo!… ¡¿Ve…?! ¡Bonito está! ¡Este huevón qué se cree!… ¡Y no me nombres a esa vieja estúpida que me cae remal, a mala hora tu padre despidió a la Brenda y le pidió a la puta de mi madre vivir con nosotros! ¡Si es tan buena contigo pues cásate con ella!

    Marcela: ¡Sí! ¡Cásate con la abuela! ¡Harían buena pareja, un joven de 18 años y una veterana de 52! ¡La abuela está hasta buena! ¡Es buena y está buena! ¡Tiene aún buenas tetas y buen culo!

    Mamá: ¡Tu abuela debe tener sus años que no folla!

    Marcela: ¡Oye mamá! ¡Y a propósito de Brenda esa vieja si era una nota! ¡Me caía bien! ¡Esa sí que era reputa!… ¡Vicente, no te alteres! ¿Si quieres puedes hablar con nosotras, pero primero debes calmarte! ¿¡Ok!?

    Mamá: ¡Claro! ¡Dile a mi mamá que sea tu novia y vamos los cuatro a divertirnos! ¡Vamos a motelear los cuatro! ¡Bueno, los seis, yo con Guillermo, Marce con Jacinto y tú con la puta de tu abuela!

    Marcela: ¡Vicente ¿Brenda no te hizo nunca ni una mamada?!

    Yo: ¡No! ¿¡Cómo se te ocurre?! ¡Ella solo estaba aquí para desempeñarse como la muchacha doméstica!

    Mamá: ¡Cómo era bien puta! ¡Ufff! ¡Aquí sí está haciendo calor! ¿¡Si notan!?

    Marcela: ¡Yo me estoy asando! ¿Es por el licor y el trajín de esta noche!

    Mamá se fue quitando como si nada su blusita y quedó en brasier. Yo aparté la mirada de inmediato y la fijé en mi biblia. Mamá se dio cuenta de que siempre hacía lo mismo, no las miraba.

    Mamá: ¡Miren los chupones que me hizo aquel hombre hermoso dentro del auto!

    Volteé a mirar a mamá y ella estaba cogiéndose un seno y mostraba la parte visible de él, donde tenía algunas partes rojas. Inmediatamente retiré la mirada de su inmensa teta.

    Marcela: ¡Se nota que ese pastor desconocido disfrutó chupándote las tetas!

    Mamá: ¡Pero yo quería era motelear esta noche! ¿Me dejaron con las ganas y bien caliente! ¡Quiero un man! ¡Deseo un hombre! ¡Tengo hambre de macho! ¡Estaría dispuesta a venderle mi alma al diablo con tal de tener un hombre aquí que me dé rica verga esta noche por esta rajota caliente!

    Marcela: ¡Qué hija de puta eres, mamá!

    Mamá: ¡Es por joder un poco al religioso de tu hermano!

    Marcela: ¡Mira mamá, aquí alguien, no sé quién, me dio un pellizco mientras estaba bailando!

    Mi hermana se levantó, puso sus rodillas sobre el sofá sosteniéndose con una mano de mi hombro y con la otra levantándose la faldita. Mostró sus exquisitas nalgas, tenía puesta una tanguita roja la cual estaba metida entre la raya de su espléndido culo. Ella señalaba con mucho orgullo la nalga donde la pellizcaron. Al principio miré y después aparte mi mirada. Mi hermana se sentó y mi mamá dijo:

    Mamá: ¡Pero Vicente ¿Por qué apartas la mirada cada vez que mostramos algo?

    Marcela: ¡Eso no se vale! ¡Todo penoso ahí! ¡Está muy colorado!

    Mamá: ¡Lo que quiere es que lo consientan!

    Marcela: ¡Si! ¿Pobrecito! ¡Venga para acá papito! ¡Qué pecadito carajo!

    Mi hermana dijo lo anterior con voz como si estuviera consintiendo a un bebé y me abrazó atrayéndome a ella y me dio un beso en la mejilla. Sentí sus tetas sobre mi brazo. Yo me puse aún más apenado y ella me hizo ponerle una mano en su pierna, luego me recostó poniéndome la cabeza sobre sus senos y empezó a restregarme la cabeza entre sus suculentas tetas mientras me acariciaba la cara y el cabello. Mi mami se quitó la falda quedando en cucos y medias mientras observaba como mi hermana me hacía mimos. Obviamente yo volví a retirar la mirada de mamá, pero mi cara pasó a estar prácticamente entre el par de tetas de mi hermana.

    Mamá: ¡No sé! ¡Estoy recaliente! ¡Necesito un man que me calme! ¡Papito! ¡¿Cuándo vas a invitar a casa a uno de tus amigos?! ¡Quiero uno bien guapo para consentirle su verga!

    Me separé de mi hermana y cogí mi biblia, aunque no podía leer ya que no estaba concentrado me hice el que si estaba leyendo.

    Mamá: ¡Ehhh! ¡Pero este man qué! ¡Mírame!

    Mire y mi madre estaba de pie, en cucos, medias veladas, brasier y con los zapatos de tacón. Comenzó a bailar haciendo la música con su boca.

    Marcela: ¡Bravo mamá!

    Mamá: ¡Miren! ¡Soy una estriptisera de whiskería! ¡Wow!

    Marcela: ¡Una muy vulgar y zorra!

    Yo dejé de mirarla.

    Mamá: ¡Pero mira el show amor! ¡Te lo estás perdiendo Vicente! ¡¿No te gusta acaso?! ¡Lo estoy haciendo por ti y para ti, con mucho cariño!

    Mi mami se acercó y comenzó a bailar frente a mí, abría las piernas mientras se agachaba y se tomaba el cabello con las manos. Movía sus caderas y su culo muy rico, y las tetas entre el brasier se le veían deliciosas moviéndose también al compás de la música que ya mi hermana había puesto en el equipo de sonido. Se escuchó la voz de mi abuela pidiendo que dejaran dormir.

    Mamá: ¡Cállate vieja puta!… ¡Hasta cuando tendré que soportarte mamá!

    Mamá siguió bailando ahora dando un giro y mostrándome su suculento culazo, el cual movía sin ningún recato al son de ese horroroso, cochino, degradante y vulgar reggaetón, al cual Marcela le subió más volumen para molestar a mi abuela y sus oraciones.

    Marcela: ¡No! ¡Pero mi hermano no mira!

    Mamá: ¡Entra tú a bailar a ver si a ti si te mira!

    Mi hermana Marcela comenzó a bailar muy sensualmente, y yo estaba empecinado en no mirarla. Ella se quitó su faldita y me la tiró por la cara quedando ella en tanga y camisetica.

    Mamá: ¡Wow! ¡Sigue así mamita! ¡Mueve el culo! ¡Eso! ¡Qué rico! ¡Tu hermana tiene un buen culazo! ¡Mira como lo mueve la muy puta!

    Mi madre le daba nalgadas en el culo a mi hermana mientras ella movía su soberbio culazo. Mi mente hacía un gran esfuerzo para no mirar a mi hermana ni a mamá y concentrarme en mi biblia. Mi mami se acercó a mí y en el momento menos pensado cogió mi biblia, la miró, me dijo “maricón de mierda”, y la lanzó lejos de mí.

    Yo: ¡¿Qué haces mami?!

    Mi madre no me dejó ir a recoger mi biblia y con autoridad me dijo:

    Mamá: ¡Solo quiero que nos mires! ¡¿Ok?! ¡Pórtate como un adulto! ¡Pórtate como un hombre y no como un marica! ¡¿Quieres?!

    Yo me levanté para irme, pero mamá me empujo apenas se dio cuenta de mis intenciones.

    Yo: ¡La abuela me está llamando!

    Mamá: ¡No! ¡No! ¡Mamá no te está llamando, gran maricón! ¡Eres un mentiroso, y eso que te crees muy bueno y te la pasas leyendo la biblia!

    En un rápido movimiento mamá me lanzó la mano a la bragueta del pantalón de mi pijama y me apretó la verga.

    Mamá: ¡Wow! ¡Para ser un marica tienes como buena verga! ¡¿Me la muestras?!

    Yo: ¡Mamá!

    Mamá: ¡¿Te la mamo?! ¡¿Quieres que tu mamita te chupe la verga?!

    Yo: ¡Mamá! ¡No! ¡Por Dios!

    Mi madre me remedó con una mueca diciendo ¡Mamág! ¡Nog! ¡Pog Diog!… Y mi hermana soltó una risotada al darse cuenta del atrevimiento de mamá. La cual volvió a su baile.

    Mamá: ¡Este cabrón me tiene que mirar! ¡¿Es que no te gustan las hembras?! ¡Marica!

    Marcela: ¡Es que tienes mucha ropa mamá!

    Mamá: ¡Ups! ¡Si! ¡De razón!

    Mamá sin dudarlo ni un instante se soltó el brasier y se lo quitó lanzándolo sobre mí. Salió ese gran par de teta de una forma muy excitante. Me iba a ir, pero mi hermana me detuvo.

    Marcela: ¡Vaya mamá! ¡Qué tetas tan lindas!

    Mamá: ¡Gracias hija!… ¡Y tú, maricón, mírame las putas tetas, aunque sea has eso! ¡¿Es que no te gustan mis tetas?! ¡¿No te gustan las mujeres?!

    Comencé a forcejear con mi hermana para poderme liberar e irme a mi cuarto, pero mi hermana comenzó a tocarme la verga sobre mi pantalón de pijama.

    Marcela: ¡Papacito! ¡Qué verga tienes! ¡Mmmm!

    Mi mamá se acercó y entre juntas comenzaron a mandarme sus manos a mi verga sobre el pantalón, por delante y por atrás, me hicieron una encerrona, y trataban de bajarme el pantalón del pijama.

    Mamá: ¡Muéstranos tus huevas, papi!

    Marcela: ¡Queremos ver chimbos! ¿Ya te hicimos un striptease, ahora tu haznos uno!

    Para tratar de calmar a juntas mujeres las trate de asustar hablándoles de que las iban a asustar los fantasmas y de que se iban a ir al infierno.

    Yo: ¡No quiero irme para el infierno! ¡Creo que vi detrás de esas cortinas un demonio que viene por ustedes a llevárselas al infierno si siguen así de cansonas!

    Mamá: ¡Ridículo! ¡¿Dónde está ese demonio para que venga y me meta el chimbo por la chocha!

    Marcela: ¡Le quiero chupar las turmas a ese diablo porque estoy muy caliente!

    Mamá: ¡Quiero que me caliente el culo metiéndome su grueso tridente por el orto!

    La respuesta de ellas, a parte de las anteriores frases, fue casi bajarme los pantalones de mi pijama, yo forcejeaba y jalaba mi pantalón, pero ellas ganaron y me empujaron al sofá y me quitaron los pantalones, quedé en calzoncillos. Ellas reían como locas, y me lanzaban piropos groseros.

    Mamá: ¡Papito rico! ¡Muéstranos tu rico chimbo!

    Marcela: ¡Ya me huele a pipí! ¡Qué rico! ¡Por aquí le siento la verga a este papacito!

    Mi hermana me agarró la verga por encima del calzoncillo, y yo no podía quitar su mano de mi miembro por más fuerza que pudiera hacer. Al mismo tiempo sentí las tetas de mamá por todo lado rozándome. Juntas me estuvieron tocando la verga y el culo sobre los calzoncillos. Me puse de mal genio, y empujé a mi hermana sobre el sofá. Mi mamá cogió mi pantalón, lo llevó hacía atrás de su cuerpo y alzó sus tetas. Yo no podía mirarla directamente porque si lo hacía le vería las tetas al aire, pero en cierto momento si vi cuando levantó desafiantemente las tetas.

    Mamá: ¡Si quieres tu pantalón ve por él, papi! ¡Y te meto mis tetas a la boca!

    Marcela: ¡Ý que él te meta su verga en tu boca!

    Mamá metió mi pantalón en un acuario que tenemos en la sala y lo empapó completamente. Mientras yo estaba ahí parado vino mi hermana por detrás de mí sin darme cuenta, y me bajó los calzoncillos. Quedé con la verga y el culo al aire y el par de mujeres me chiflaron, se rieron y me lanzaron morbosos piropos. Yo me subí rápidamente mis calzoncillos y casi me muero de la pena.

    Marcela: ¡Vicente! ¡Está bien! ¡Si no nos quieres mirar pues no nos mires! ¡Uff! ¡Pero entonces déjanos mirarte a ti! ¡Déjanos verte ese buen pipisote!

    Yo: ¡Déjenme en paz!

    Marcela: ¡No te dejaremos en paz, y menos cuando ya mi mami se ha empelotado completamente! ¡Esa mami! ¡Es bien tremenda la mami! ¡Mírala!

    Era verdad, sin intención volteé a mirar y vi a mi mami sin sus cucos y estaba solo con sus medias y sus zapatos de tacón. Estaba rebuena. Quité la mirada de su peluda cuca y cuando volteé a mirar a mi hermana ella también se había quitado su tanga y le vi la rajita. Juntas se alegraron de que las había mirado y se acercaron nuevamente a mandarme mano. Yo me estaba excitando y mi pene se paró sin ningún control. Al mismo tiempo estaba yo apenado y asustado como nunca.

    Yo: ¡No! ¡Por favor paren! ¡Paren ya! ¡Se los suplico!

    Mamá: ¡Qué vergota! ¡Quítate los calzoncillos o te los quitamos nosotras!

    Cómo ellas vieron que no cedí volvieron a atacarme entre juntas, sin querer tocaba sus tetas con las manos al tratar de empujarlas, ellas estiraron mis calzoncillos por todos lados y por más que hice no pude evitar que los destrozaran. Mi mami me comenzó a masturbar y mi hermana a tocarme las huevas. Yo comencé a llorar.

    Mamá: ¡Ahhh! ¡Pero qué marica!

    Marcela: ¡Está llorando! ¡¿Será que se lo estás jalando muy duro, mami?!

    Mamá: ¡No! ¡Es que él es un marica chilletas! ¡No se le puede hacer nada porque comienza a chillar la magdalena esta!

    Marcela: ¡Pero está bien rico el cipote de mi hermanito! ¡¿Verdad?!

    Mamá: ¡Si! ¡Se lo quiero mamar!

    Marcela: ¡Si! ¡Pero ni modos! ¡Se puso a berrear!

    Mamá: ¡No sé, pero de que se lo mamo a Vicente esta noche se lo mamo!

    Ellas me dejaron por un rato, yo me senté en el sofá, me restregué bastante los ojos para quitarme las lágrimas, estaba asustado y avergonzado, y al no escuchar a mi hermana ni a mi mamá miré y las vi besándose en la boca, debo confesar que eso me arrechó y mi verga se paró como nunca. Mi hermana se separó de mamá y se subía y se bajaba su camisetita para mostrarme las tetas, mientras me lanzaba besos al aire. Yo en ese momento decidí ver a las mujeres desnudas mientras me tapaba la verga con las manos.

    Mamá: ¡Vamos papi! ¡Permite que tu mamita te haga la mamada de tu vida!

    Mi mami hizo un movimiento con la mano, la boca y la lengua en su mejilla, como si estuviera mamando una verga invisible.

    Mamá: ¡Esa verga me dejó un olorcito muy rico en mi mano!

    Mi mamá no dejaba de olerse la mano, le quedó olorosa a mi verga mientras me la pudo jalar, y se la dio a oler unos segundos a mi hermana, la cual le lamió la mano a mamá de forma muy indecente.

    Marcela: ¡Uff! ¡Le quiero mamar la verga a mi hermano! ¡Le sabe a rico! ¡Wow!

    Mamá: ¡Vamos a hacerte una mamada, Vicente! ¡Se acabó la pendejada!

    Las dos hembras se estaban acercando a mí lentamente, y de una manera amenazante… pusieron sus manos como cuando alguien va a atrapar a una presa, y sus miradas de putas dementes, golosas y depravadas me asustaron.

    Yo: ¡Mamá, soy tu hijo!

    Mamá: ¡Y yo tú madre! ¡Y qué!… ¡Tengo todo el derecho de mamarte la puta verga y de violarte como se me dé la puta gana!

    Yo: ¡Pues lo que estás haciendo está muy mal!

    Mamá: ¡Patrañas, putito!

    Yo: ¡La biblia dice que eso está mal y que es muy castigado!

    Mamá: ¡Jueputa! ¡Olvídate de las tonterías que te ha enseñado mi madre! ¡Pasemos una noche de placer! ¡Marce, violemos a este huevón!

    Marcela: ¡Siii! ¡Abusemos de este putito!

    Las dos mujeres me agarraron y mi mamá se agachó poniendo sus piernas sobre la alfombra, yo me mantuve sentado en el sofá, y mi hermana me aprisionó a él. Mi mami me separó las piernas y me quitó mis manos de encima de mi verga, con las cuales me la estaba tapando, dejando mi erecta verga al aire.

    Mamá: ¡Ahhh no! ¡Pero si este chicuelo ya está listo! ¡Severa parola la que ya tiene!

    Mientras yo lloraba mamá me comenzó a masturbar, la muy puta se relamía mirando mi verga, no le había visto nunca una cara de pervertida tan terrible a mamá hasta ese momento. Era increíble, nunca pensé que esto fuera a suceder algún día, mis pensamientos eran sanos, muy marcados por la religión y las buenas enseñanzas morales de mi abuela, la madre de mi madre, que estaba durmiendo en el segundo piso de la casa. Sobre nosotros precisamente estaba ubicado su cuarto.

    Mamá: ¡Eso! ¡Así! ¡Quédate tranquilito mientras la puta de tu mami te pajea!

    Marcela: ¡Qué puta eres mamá! ¡Le haces la paja hasta a tu propio hijo!

    Mamá: ¡Yo a este chico hasta le daría culo con tal de evitar que se vuelva marica! ¡Su puto padre no me satisface y este muchacho tiene que volverse hombre porque lo veo como muy marica! ¡De ser otro hijo bien macho ya se habría culeado a su mamita y a su hermanita, sin pensarlo, desde el momento que estas le hubieran mostrado las tetas! ¡Yo quiero un hijo machito y no un mariconcito! ¡Tengo que salvar a mi muchacho! ¡No quiero maricas en la casa!

    Marcela: ¡Eso sí es cierto mami! ¡Duro con este marica!

    Mi mamá al masturbarme me descapuchó el pene, sentí un dolorcito al haberlo hecho, pero me estaba comenzando a gustar mucho la paja que ella me estaba haciendo. Mamá me miro sonriente con cara de puta y comenzó a lamerme el glande, sentí un temblor que me recorrió toda la columna vertebral de abajo hacia arriba cuando la deliciosa y pervertida lengua de mi madre tocó el ojo de mi enorme vergota. Luego lamió toda su extensión, desde donde tenía pelitos pasando por el tallo hasta la punta de mi pipí. Luego me levantó la verga con la mano y me lamió las huevas mientras yo descansaba y me relajaba sobre el espaldar del sofá, de todas maneras, Marcela me estaba sosteniendo muy fuertemente. Yo si pensaba que mi mamá era puta, junto con mi hermana, pero no llegué a pensar que lo fueran tanto como para cometer incesto.

    Mamá: ¡Qué delicia amor! ¡Me fascina esta verga! ¡Siempre tuve ganas de mamársela a un maricón!

    Yo no perdía detalle, mi madre se metió una de mis huevas a la boca, la succionó, y pasó a repetir eso con la otra hueva para después meterse mis dos testículos al tiempo a la boca y chuparlos con devoción. Mi hermana, al ver que yo ya no me oponía, me soltó y se sentó en el sofá, se comenzó a masturbar frenéticamente mientras miraba a mi mamá hacerme esa buena felación. Claro, mamá no tardó en meterse mi pene a su boca y comenzó una buena mamada, primero de forma lenta y después un poco más rápida, pajeándome al mismo tiempo.

    Marcela: ¡¿Cómo te sientes, Vicente?!

    Yo: ¡No me hables!

    Marcela: ¡¿Cierto que mamá es una prosti…!?

    Yo: ¡¿Y tú qué?! ¡Deben arrepentirse para no ir a parar al infierno!

    Marcela: ¡Y tú también, mi querido!

    Yo: ¡Cállate, ramera de Babilonia!

    Marcela: Jajaja

    Mi madre me lo seguía mamando, la verdad es que se sentía delicioso, aunque mi mente se debatía en un sinfín de pensamientos. Me estaba acordando cuando yo era casi bebé y mi madre me mimaba, también cuando ya era un poco más grande y ella me bañaba. La mamada duró un buen rato, mi mamita duro chupándomelo así no sé por cuanto tiempo. Luego ya no usó sus manos para pajearme, sino que continuó su buena mamada sin manos. Después de otro rato mi putísima madre se sacó la verga de su boca y dijo:

    Mamá: ¡Para chuparse los dedos! ¡Está grande tu herramienta! ¡Uff! ¡Qué rico es ser tan puta! ¡Soy muy puta! ¡¿Cierto, papi?! ¡Soy una prosti! ¡¿Cierto que sí, mi amor?! ¡Soy una rica prostituta!

    No dije nada, ella volvió a chupármelo mientras me miraba con excitación. Su cara era de prostituta pervertida. Realmente, Brenda, la mucamita, y yo si habíamos tenido sexo, ella había sido la única mujer con la que yo había disfrutado del placer sexual. Obviamente no soy marica, ni lo seré.

    Marcela: ¡Mamá! ¿Quiero mamar verga!

    Mamá: ¡Ven por ella, putita!

    Marcela: ¡La dejaste bien baboseada como a mí me gusta!

    Mientras mi madre me estaba chupando nuevamente las huevas mi hermana Marcela vino a chuparme el pene, y sentir sus labios besarme mi longaniza casi me hace eyacular.

    Marcela: ¡Uy hermanito! ¡Hermosa tranca te mandas! ¡Con razón la prostituta de mamá está tan contenta!

    Mamá: ¡Si putita, esta verga está en su punto! ¡Qué rico! ¡Sabe y huele a bueno!

    Marcela lamió mi pepino gustosamente, y luego me lo mamo tomándolo con la mano. Yo ya no estaba llorando, estaba asustado, pero ya me estaba gustando mucho lo que estaba sucediendo. Este par de putas buenotas chupando mi verga era algo espectacular. Llegó un momento en que mi pene estaba pasando de boca en boca, alternadamente, y rápidamente, eché mi cabeza hacia atrás y hubo instantes en que no sabía en qué boca estaba mi pene metido. Mamá me puso su mano en mis ojos tapándomelos y dijo:

    Mamá: ¡Amor, adivina quién te lo está mamando!

    Comenzó una mamada y yo tenía que adivinar cuál de las dos prostitutas me lo estaba chupando.

    Yo: Mmm ¡Tú, mamá!

    Mamá: ¡Siii! ¡¿Y ahora?!

    Yo: ¡Nuevamente tú!

    Juntas mujeres rieron y dijeron un ¡si! muy animado.

    Mamá: ¡¿Y ahora?!

    Yo: Mmm ¡Marce!

    Mamá: ¡Correcto! ¡¿Y ahora?!

    Yo: ¿¡Tu mami?! ¿¡Tú me los estás mamando?!

    Mamá: ¡Siiii! ¡Veo que te está gustando!

    Yo: ¡Siii!

    Mamá: ¡Papi! ¡¿Cuál de las dos crees tú que es más puta?!

    Marcela: ¡Pues yo, mami!

    Mamá: ¡Le pregunté a Vicente!

    Yo: ¡No me pregunten eso, por favor!

    Mamá: ¡Responde papi! ¡¿Cierto que yo?!

    Esa pregunta me dejó perplejo y entre el gran colapso mental en el que me encontraba solo pude responder con un frío ¡Siii! Tal como contestaban ellas hacia un ratito.

    Mamá: ¡Ah! ¡¿Si ves, Marce?! ¡Es que la calidad no se improvisa! ¡Yo soy la más puta de las dos! ¡Qué dicha!

    Marcela: ¡¿¡Ah sí?! ¡Pues ya verás cómo yo te iré superando rápidamente! ¡Putaza de burdel barato!

    Marcela empezó a chuparme los testículos mientras mi madre Mónica se satisfacía mamando mi verga. Después mi madre empujó a mi hermana mandándola lejos y se subió sobre mi poniéndome las tetas en la cara.

    Mamá: ¡Chúpame las tetas, mijo!

    Comencé a chuparle esos duros y grandes pezones, me dio miedo, pero ya estaba muy excitado.

    Mamá: ¡Eso papito! ¡Así me gusta! ¡Qué seas todo un varoncito! ¡No me importa que me vuelva puta incestuosa con tal de que dejes de ser un mariconzuelo!

    Yo no soy marica, ni lo fui, a mí me gustan las hembras, solo que en ese entonces era decente y muy católico, como mi abuela.

    Marcela: ¡Agárrale duro las tetas a esa putona, hermanito!

    Le hice caso a mi hermana y le agarré las tetas a mamá. Era increíble, muy rico, esas tetas estaban suculentas, no pensé que fuera capaz de hacer lo que estaba haciendo, me estaba gustando mucho, aunque al mismo tiempo estaba sufriendo una especie de trauma. Mi psiquis estaba mal, me estaba volviendo loco, pues le estaba chupando y tocando las tetas a mi propia madre biológica. Mi mami, sin más, se metió mi falo en su vagina y comenzó a moverse muy rico. Casi quedo en schock, me estaba follando a mi madre y ella a mí, y frente a mi hermana, la putita. Mi madre inició una serie de sonoros gemidos y gritos, pronunciaba fuertes palabrotas, frases de excitación y soltaba tremendas carcajadas que se escuchaban por toda la casa.

    Mamá: ¡Ohh! ¡Que putería! ¡Cómo me folla este cabrón! ¡Ahh! ¡Jueputa! ¡Qué puta soy!

    Y mi hermana, aplaudiendo la follada, estaba animando a mamá.

    Marcela: ¡Duro mami! ¡Duro con él! ¡Tú puedes con ese putito! ¡Dale duro! ¡Hijueputa!

    Mamá: ¡Ahh! ¡Eso, mijo dale rico chimbo a la puta de tu mamita! ¡Dale a esta puta! ¡Ohh! ¡Dame por esta puta cuca, mi amor! ¡Ohh! ¡Qué rico miembro resultó tener este maricón!

    Marcela: ¡Destrózale la chocha a esa prostituta, hermanito! ¡Y tú, perra, salta duro sobre esa picha!

    Mamá: ¡Uff! ¡Wow! ¡Cómo salto sobre esta verga! ¡Cómo gozo! ¡Ohh! ¡Qué rico! ¡Ahhh!

    En esas fue cuando me quedé frío al escuchar la voz de mi abuela:

    Doña Sara: ¡A culear a otra parte, par de prostitutas!

    Al parecer, el cuerpo de mamá sobre mi evitó que mi abuela se diera cuenta que el que se estaba follando a mamá era yo. Además, sumergí mi rostro entre las gigantescas tetas de mamá para dificultar que me viera. Mamá sin dejar de dar saltarines sobre mi le dijo a su madre:

    Mamá: ¡Qué le importa vieja hijueputa! ¡Váyase a dormir!

    Alcancé a ver un poco a mi abuela y ella estaba en pijama, estaba muy rica la señora, muy buen cuerpo, para ser tan fanática religiosa su pijama vestido no estaba tan mal, era rosadita y medio cortica, le llegaba muy por encima de las rodillas, era de tirantitas, se le notaban unos buenos senos, y verle el canalillo de las tetas era muy morboso, pero eso sí, tenía una camándula en su cuello que le bajaba por el canalillo de las ricas tetas.

    Doña Sara: ¡La casa de mi nieto la respetan! ¡Par de zorras! ¡Respeten mi presencia en esta casa! par de putas!

    Mamá: ¡Ohhh! ¡Ahhh! ¡Dame verga, maricón! ¡Wow!… ¡Váyase a su cuarto, mamá, váyase y métase su puta camándula por el culo! ¡Déjeme culear en paz!

    Doña Sara: ¡Si quieren echen pa’ la calle si quieren seguir “culeando”, perras, pero la casa de mi yerno y mi nieto la respetan! ¡Ya que nunca me respetaron a mí al menos respétenlos a ellos!

    Marcela: ¡No es su casa! ¡No sea sapa! ¡Es nuestra casa!

    Doña Sara: ¡Si quieren repartir culo echen pa’ la calle, par de cochinas malditas! ¿Si quieren ser prostitutas allá ustedes, pero respeten! ¡Mónica, respete a su hijo que está durmiendo! ¡No meta desconocidos a la casa! ¡Qué peligro!

    Mamá: ¡Está muy profundo Vicentico!… ¡Eche pa’ la calle usted, vagabunda!

    Marcela: ¡Abuela, lo que te hace falta a usted es sexo! ¡Ven y follas con nosotras!

    Mi sexy abuela tomó su camándula con las manos y dijo:

    Doña Sara: ¡Arrepiéntanse malparidas!

    Mamá dio una fuerte carcajada y siguió follando conmigo, mi abuela no me veía sino las huevas, no pudo saber que su nieto no estaba durmiendo sino follando la cuca de su madre, o sea la hija de doña Sara. Mi mami siguió lanzando fuertes gemidos, palabrotas y risotadas, y mi hermana siguió masturbándose como si nada y burlándose de la abuela.

    Marcela: ¡Abuela, ven! ¡Sácate tus buenas tetazas y ven con nosotras a disfrutar de esta vergota! ¡Está de rechupete! ¡Te la recomendamos!

    Yo tenía una extraña sensación, estaba excitado, pero al mismo tiempo temeroso de que la abuela me descubriera.

    Doña Sara: ¡Par de poseídas! ¡Fuera Satanás! ¡Ya hablaré con mi yerno mañana cuando llegue! ¡Llamaré al sacerdote para que las exorcice, par de “demonias”!

    Mamá: ¡Haga lo que le dé la puta gana! ¡Malparida! ¡Métase a la cocina a hacer la comida, puta, vaya a hacer oficio! ¡A lavar baños, sirvienta hijueputa!

    Doña Sara: ¡Maldita, ya verás cómo te irás al infierno! ¡Zorra!

    Mamá: ¡Qué rico! ¡Pues allá me iré a mamárselo a don Satanás, ese pirobo está muy bueno, voy a aconsejarle que venga a violarla a usted por el puto culo, so puta!

    Mi abuela subió las escaleras mientras decía:

    Doña Sara: ¡Y dejen dormir! ¡Putas!

    Mamá: ¡Vaya métase un dedo por el culo, vieja malparida!

    Marcela: ¡La abuela es muy chistosa! ¡A lo bien!…

    Mamá: ¡Ella es un cuento! ¡Vieja loca!… ¡Mi mamá es muy fanática, pobrecita!…

    Marcela: ¡Deberíamos hacer que ella cambie! ¡Ella aguanta aún, está muy buena! ¡Tiene tan buen cuerpo como el de nosotras, si no es que más! ¡Deberíamos emputecerla!

    Mamá:¡A lo bien que sí!… ¡Dale hijo! ¡Sigue follándome y no te asustes por las palabras de esa perra!

    Casi me da un infarto, pero afortunadamente ese suceso no pasó a mayores, al menos esa noche. Cuando llegó mi abuela, mi verga se comenzó a desactivar, pero como mamá no dejó de moverse ésta nuevamente entró en poderosa erección. Lo extraño es que, a partir de ese momento, comencé a entrar en gran confianza, y le estrujé y le chupé las tetas de mamá con más agresividad y sin hacerme de rogar. Ella lanzaba gemidos y risas de placer a todo pulmón. Mi abuela tal vez se tapó los oídos porque a pesar de los gritos y palabrotas que lanzaba mamá ella no volvió a interrumpirnos. Mamá se incorporó, seguidamente se volvió a sentar sobre mí, pero dándome la espalda, y seguimos con la penetración mientras yo me atrevía a agarrarle las tetas y a estirarle los pezones.

    Mamá: ¡Uff! ¡Ahora si se volvió hombre mi hijo! ¡Marce, mira como el muy degeneradito me agarra las tetas! ¡Mira!

    Marcela: ¡Wow! ¡Así sí! ¡Voy a lamerles los genitales a juntos! ¡Mi hermano ya se volvió un varón!

    Mi hermana comenzó a lamer con locas ansias mis testículos mientras mi pene penetraba la colorada panocha de mi madre. Luego lamió hábilmente la gran rajota de mamá.

    Marcela: ¡Mami! ¡Déjame chuparle ese salchichón tan grande y sabroso a mi hermanito!

    Mamá: ¡Dale chica! ¡Qué zorrería tan terrible!

    Mamá se sacó la verga de la chocha y la boca de mi hermana se apoderó de mi picha. Me estaba haciendo una hermosa y babosa mamada.

    Mamá: ¡Qué puta tan golosa! ¡Vaya forma de mamar verga! ¡Despacio que nadie te a quitar, mija!

    Marcela: ¡Soy una experta mamadora! ¡Ahora quiero que me dé por la panocha a mí!

    Mamá: ¡¿Quieres montar este caballo?!

    Marcela: ¡Quiero cabalgar esa bestia por un rato, mami!

    Mamá se levantó y mi hermana tomó su lugar, yo estaba dominado, completamente poseído por el sexo, me estaba dejando hacer de todo por parte de este tremendo par de prostitutas. Mi hermana se quitó su camisetita y se sentó sobre mi dándome un beso de lengua al cuál yo le correspondí sin ningún problema. Ese beso fue delicioso, muy morboso y pecaminoso. Después de que me besó se metió mi pene en la vagina y comenzó a cabalgarme la muy zorra. Ella gemía y reía, y mi mami, animaba a mi hermana a follarme con fuerza.

    Mamá: ¡Eso mija! ¡Monta a esa bestia! ¡Vicente se manda un monstruo de verga! ¡Dale duro! ¡Y tú Vicente, taladra a esa puta! ¡Aprovecha que te está ofreciendo culo y te está dando rica cuca!

    Mi hermana siguió besándome mientras me estaba montando salvajemente. Mi verga estaba experimentando un delicioso dolor, no muy fuerte, más bien era placentero. ¡Dios mío! ¡Me estaba comiendo a mi propia hermana! ¡Me folle a mi propia madre y ahora me estoy tirando a la Marce! ¡Me estoy condenando al infierno eterno! ¡Me tengo que confesar ante el sacerdote mañana mismo! Esos eran algunos de mis pensamientos en esos momentos, pero otros pensamientos que me estaban llegando eran totalmente opuestos, eran pensamientos de pasión y morbo. ¡Qué rico se siente esto del incesto! ¡Me gusta culearme a mi madre y a mi hermana! Incluso estaba imaginando follando con mi abuela. Mi abuela no es tan vieja, tiene 52 años de edad y aparenta menos, no tiene canas aún, es muy bonita, ella es mona y blanca, de ojos claros, el que es bien moreno es mi abuelo, por eso mi mami nació morenita. Mi abuela tiene buen culo y grandes tetas. Casi siempre viste de negro, con una faldita que le llega un poco más arriba de las rodillas y un buzito delgado que le deja notar la hermosa forma de sus tetas. Pero bueno, en otra ocasión hablaré más de ella. Por lo pronto seguiré narrando lo que ocurrió esa noche en que mi mamá y mi hermana abusaron de mí.

    marcela: ¡Mamá! ¡Me estoy follando a mi hermano! ¡Y qué rico se siente!

    mamá: ¡Aprovecha esa buena vergota, putita!

    Mi hermana me puso sus senos en la cara y yo los lamí´, los besé, los “chupeteé” y con las manos los agarré y los estiré. Luego le cogí las nalgas. Después ella se incorporó y me dio la espalda y mis manos Se aferraron a sus tetas.

    Marcela: ¡Vicente, eres un papasote! ¡Qué verga tan deliciosa!

    Mamá: ¡Se quedó mudo el pobre de tanta excitación, pero lo importante es que ya está actuando como todo un hombre y no como el pendejo de su papá!

    Marcela estaba dando tremendos sentones, y mi mami me besó. Cuando vi que acercaba sus labios me dio un corrientazo por todo mi cuerpo, y cuando los depositó sobre los míos yo casi que quedo sin consciencia, y sobre todo cuando sentí su lengua buscando la mía y enroscándola sobre ella de una manera obscena. Se quedó mirándome unos segundos con sus grandes ojos negros, guiñó un ojo y seguidamente quitó a mi hermana de mi y se sentó ella, me tomó la cara y me dijo que se lo metiera por el culo. Quedé anonadado.

    Mamá: ¡Dame por el culo mi amor! ¡Vamos, culéame!

    Yo: ¡No sé cómo hacerlo mami!

    Mamá: ¡Déjame manejar eso!

    Mi madre me cogió una mano y se metió mis dedos en la boca, los chupó y los relamió y se los llevó a su ano, yo entendí y metí mis dedos en él y empecé a darle dedo por el culo de una manera maravillosa.

    Mamá: ¡Dame dedo, cariño! ¡Méteme los dedos por el culo!

    Yo: ¡Bacano!…

    Marcela: ¡Bacano! Este hermanito!… ¡Dedéale ese culazo a mamá! ¡Con confianza!

    Mi hermana se estaba pajeando, en el sillón del frente y en un momento alzó las piernas y las abrió bastante, la muy puta se metió un dedo por el culo, se estaba dedeando su espectacular ano. Mientras tato mi madre ayudó a mi pene a meterse dentro de su orto y comenzó la culeada más tremenda.

    Mamá: ¡Eso mijo! ¡Dale verga al culo de tu mamita! ¡Ohh! ¡Ahh! ¡No me cambio por nadie en estos momentos! ¡Wow! ¡Ohh! ¡Mi propio hijo me está dando por el culo! ¡Wow! ¡Ahh! ¡Qué rico!

    Mamá Mónica dijo eso gritando llena de éxtasis, no midió para nada sus palabras. De seguro mi abuela estaba escuchando todo y se estaría imaginando que yo me estaba culeando a mi propia madre y a mi propia hermana, a no ser que se hubiera colocado unos tapa oídos. Marcela también ayudó a animar la culeada.

    Marcela: ¡Muy bien hermanito! ¡Dale por el puto culo a esa perra! ¡Dale duro a esa hija de puta!

    Mamá: ¡Nalguéame, puto! ¡Nalguéame! ¡Ohh! ¡Jueputa! ¡Pégame duro! ¡Wow!

    Mis manos soltaron sus tetas e inicié una buena nalgueada a mamá, primero suavemente pero después por órdenes suya me tocó nalguear a esa puta con gran fuerza mientras ella me besaba con gran pasión, ese culo le quedó bien rojo.

    Mamá: ¡Eso mijo! ¡Maltrátame! ¡Me gusta cuando mis machos me golpean y me lastiman! ¡Eso papi! ¡Uff! ¡Así! ¡Asi! ¡Papi! ¡Así! ¡Con fuerza!

    Ella misma me motivó a jalarle el cabello y a pegarle bofetadas, la muy puta me exigió que le escupiera encima, en la cara, en el cabello, en las tetas, y me obligó a pegarle en las tetas y a darle puños en el vientre.

    Mamá: ¡Eso papi! ¡Así es como un macho trata a su puta! ¡Trátame como una basura mijo! ¡Trátame mal! ¡Ohhh! ¡Qué rico! ¡Ahh!

    Le pegué unas palmadas muy salvajes en las tetas y algunos golpes en el vientre.

    Yo: ¡¿Así mamá?! ¡¿Te gusta así?!

    Mamá: ¡Sí! ¡Dame más duro amor! ¡Ohh! ¡Ahh! ¡Jueputa! ¡Esto está muy bueno! ¡Qué rico! ¡Wow!

    Después se sacó la verga del culo y se incorporó y me dio la espalda y volvió a meterse mi verga por el culo. ¡Qué delicia de culo! La tome de las caderas y la hacía subir y bajar con fuerza, yo estaba mirando a través de un espejo de la sala y veía sus grandes tetas rebotar, se veían espectaculares, su cabello también se movía de forma muy excitante, subía y caía, subía y caía… Mis manos volvieron a agarrar sus tetotas. Ella me pidió que le estirara mucho las tetas por los pezones y así lo hice mientras esa hijueputa gritaba mi nombre a todo pulmón.

    Mamá: ¡Vicente, dale duro por el culo a tu mamita! ¡Vicente! ¡Ohh! ¡Vicente! ¡Ahh! ¡Cuánto me alegra ver que no eres marica! ¡Dame duro por este culote tragón! ¡Qué rico! ¡Carajo!… ¡Ahh! ¡Uff! ¡Ohh! ¡Papito rico! ¡Así mi amor! ¡Qué rico mi hijo Vicente me rompe el culo! ¡Ahh!

    Esos gritos se escuchaban por todo el barrio. Mi mamá es muy loca. Por intuición una de mis manos tocó su vulva, esos vellos púbicos se sentían muy bien y le metí los dedos por la concha. Luego con juntas manos le abrí la cuca aún más y mi hermana vino a lamerle la raja sin ningún tipo de remilgo.

    Mamá: ¡Así! ¡Así! ¡Mija, lámeme la chocha! ¡Marcelita, chúpame la cuca! ¡Dame lengua Marce! ¡Ohh! ¡Dios mío, qué puta soy!

    Mi mamá no aguantó más y se corrió sobre la cara de mi hermana. Su orgasmo estuvo épico, yo sentí cómo la puta gozó.

    Mamá: ¡Ahh, jueputa! ¡Qué sensación tan bacana! ¡Quiero drogarme nuevamente y seguir follando, jueputa!

    Marcela: ¡Ahora deja que mi hermano me folle el culo! ¡Déjame a mí, perra! ¡Ya!…

    Mi hermana tomó por el cabello a mamá y la tumbó al suelo con fuerza, en seguida se montó ella sobre mi en la misma posición en la cual había acabado de estar mi señora madre y sin mucho esfuerzo mi verga resultó perforando ese hermoso culo con muchas ganas.

    Mamá: ¡Maldita puta! ¡Goza esa verga! ¡Mijo, dale a tu hermanita por ese rotundo culazo! ¡Duro! ¡Duro! ¡Ohh! ¡Wow! ¡Qué putas somos!

    Mi hermana daba unos saltarines tremendos y mamá también le inició una buena lamida de cuca a la vez que yo le abría esa vagina con las manos.

    Marcela: ¡Buena esa mami! ¡Dame lengua putaca! ¡Lame mi cochina cuca como si fuera tapita de yogurt!

    Después de eso le cogí las tetas a Marcela y se las apreté bastante fuerte.

    Yo: ¡Toma puta! ¡Toma perra!

    Mamá sorprendida de escucharme decir eso, dijo:

    Mamá: ¡¿Cómo dijiste?! ¡¿Cómo le dijiste a tu hermana?!

    Marcela: ¡Me dijo puta y perra!

    Mamá: ¡Eso mijo! ¡Ya te volviste hombre! ¡Qué rico! ¡Puta! ¡Te dijo puta y perra! ¡Qué delicia! ¡Somos putas! ¡Somos unas perras! ¡Así se hace mijo! ¡Trátanos mal! ¡Dinos puta! ¡Dinos perra!

    Yo: ¡Malditas putas tan buenas y tan ricas! ¡Mamasotas! ¡Ohhh qué culo! ¡Ahh que tetas! ¡Toma por ese culo, hija de perra!

    Mamá: ¡Así se hace y así se dice, cariño! ¡Danos duro! ¡Mañana si quieres vas a la iglesia te confiesas haces la penitencia y así empatas!

    Con los brazos subí a mi hermana de tal forma que ella abriera las piernas totalmente y que mi mami tuviera acceso a mi verga para que la lamiera mientras le daba con fuerzas a Marcela por el ojal del culo. En efecto mamá pasó a lamerme y a chuparme tanto las huevas como el tallo del pene que salía y entraba con ímpetu por ese ojete tan terriblemente vicioso. A veces ella sacaba mi verga del culo de mi hermana para chupármelo.

    Yo: ¡Ahh! ¡Ohh! ¡Ahh! ¡Qué rico!

    Mamá: ¡Goza hijueputa! ¡Disfruta a estas putas! ¡Dale duro por ese culo a esta zorra!

    Mi hermana dio la vuelta y puso sus tetas en mi boca, y le metí la verga por la chocha. Marcela saltaba alegremente sobre mí, yo agarraba ese par de tetas y lo chupaba como si se tratara de helados. Mi mami le estaba metiendo los dedos y la lengua por el culo a mi hermana, hasta que yo mismo puse mi verga en el ano de la chica y se lo hundí con agresividad. Me estaba culeando a mi hermana a voluntad, mis ideas religiosas se habían quedado atrás en ese momento. Yo hacía ruidos con la boca entre esas espectaculares tetas, le daba unos chupones de maravilla. Llegó un momento de gran excitación que con fuerzas la levanté y la puse en el suelo mientras la cogía con las manos de los tobillos y le daba buena verga por ese reverendo culo.

    Marcela: ¡Wow! ¡Qué fuerzas! ¡Ahh! ¡Sabroso! ¡Ohh!

    Mamá: ¡Ohh! ¡Grandioso, hijo! ¡Dale duro a esa marrana!

    Le di un buen rato por ese ano a mi hermana en esa posición y luego la puse en cuatro y seguí con mi misión de clavarle la pija por ese recto. Mamá estaba encantada de verme tan decidido y agresivo sexualmente hablando, y mi hermana siguió gimiendo como una loca hasta que por fin se corrió. La muy perra comenzó a orgasmear expulsando un líquido como si se estuviera orinando en la alfombra.

    Marcela: ¡Ohh! ¡Caracoles! ¡Santos cielos! ¡Marica! ¡Cómo gocé con la verga de mi propio hermanito!

    Mamá: ¡Ese es mi hijo! ¡Hizo que la puta de su hermana se corriera!

    Mi mamá se puso en cuatro y me ofreció culito, lo movía de manera provocativa. Mi hermana quedó acostada en el suelo como inconsciente y me fui decidido a desahogarme con el culo de mamá.

    Mamá: ¡Culéame hijo! ¡Destrózame el puto culo! ¡Y dame mi leche!

    Yo: ¡Si, mami! ¡Ya verás la culeada que te voy a dar! ¡Perra hija de puta!

    Mamá: ¡Uff! ¡Qué tiernas y excitantes palabras para con tu dulce mamita! ¡Viólame el culo, pirobo!

    Cogía a mamá por las caderas y sin ningún remordimiento metí mi verga por ese inmenso y abierto ano, le di con muchas ganas por ese culo, le jalé el cabello a la puta y le hundí mi miembro con total violencia mientras le decía palabrotas y le daba nalgadas muy fuertes. Mi madre gimió y gritó, también lanzó groserías y risas. Estiré mi mano y tomé de la mesita de la sala el celular de mamá y el mío y sin dudarlo saqué mi verga y le metí el celular por el culo a mi madre, con el celular la penetré mientras ella gozaba, luego se lo introduje totalmente por el culo y le marqué con el mío, la perra no hallaba que hacer cuando sintió la vibración dentro de su recto. La dama se corrió y yo me masturbé sobre su cara eyaculando en ella grandes cantidades de esperma, mis chorros eran interminables, dejé a mamá llenita de semen desde la cabeza hasta sus piernas, la cara le quedó blanca, el cabello pegajoso y sus tetas cristalizadas. La hija de puta se llevaba el semen a su boca y se lo tomaba. Le volví a marcar a su celular, ella se lo sacó del culo y me contestó:

    Mamá: ¡Qué rica culeada, so hijueputa! ¡Estoy enamorada de ti, mi vicioso hijo!

    Yo: ¡Eres una puta! ¡Te odio!

    Tiré el celular sobre el sofá y me senté pensando en todo lo que hicimos, estaba traumado. Mi madre sacó de su bolso unos gramos de cocaína y preparó las rayas en la mesita, la muy puta inhaló el polvito con un tubito por la nariz, me miró, sonrió, y me pidió que siguiéramos cogiendo. Mi hermana quedó dormida exhausta sobre la alfombra. Al ver que ellas habían estado drogadas y que mi madre nuevamente estaba esnifando coca para no derrumbarse como mi hermana, a la cual ya se le había pasado el efecto y quedó molida, me levanté del sofá y quedé mirando a mi madre fijamente.

    Yo: ¡Mamá! ¡De razón llegaron ustedes así!… ¡¿De dónde sacaste eso?! ¡¿Desde cuándo han estado consumiendo esa porquería?! ¡Ese es un problema grave!

    Mamá: ¡Nosotras siempre con nuestros polvos! ¡Marce ya quedó “foquiada”! ¡Pero yo quiero seguir culeando! ¡No puedo cansarme! ¡¿Quieres un poco?!

    Mi madre me ofreció de su droga.

    Yo: ¡Eres una puta viciosa!

    Mamá: ¡Una legítima perra viciosa hijueputa es lo que soy! ¡Dame más por el culo, mijo!

    Yo: ¡No!

    Mamá: ¡Entonces te lo voy a mamar, mi vida!

    Mamá se acercó a mí, se agachó poniéndose de rodillas, me empezó a masturbar y cuando ya mi verga estaba nuevamente erecta puso sus manos sobre mis nalgas y me comenzó a hacer una fenomenal mamada, el movimiento de su cabeza adelante y atrás, sucesivamente, era tan excitante que me quedé quieto disfrutando de esa magnífica mamada. Mi madre empujaba mis nalgas con sus manos con el fin de que mi verga se metiera más profundamente a su succionadora boca de puta.

    Mamá: ¡¿Te gusta?!

    Yo: ¡Me encanta, mami!

    Mamá: ¡¿Cierto que me lo vas a meter nuevamente por el culo, mi cielo?!

    Yo: ¡Si tu insistes, está bien, mi puta viciosa!

    Mamá: ¡Así se habla, mi amor! mmm ¡Qué rica verga! Guag Guag Guag…. Mmm

    Mi madre me chupó la verga con gran habilidad, después de un rato yo tomé su cabeza con las manos y le comencé a meter la verga con rudeza, le estuve haciendo garganta profunda.

    Yo: ¡Toma puta! ¡Cómeme la verga, zorra!

    Mamá: Guag… Guag…

    Como ya está muy largo este relato lo dejaré hasta aquí por el momento. Dejen sus comentarios si quieren que escriba la segunda parte de este relato. Gracias.

  • Complaciendo a la señora casada

    Complaciendo a la señora casada

    No supimos en qué momento surgió la idea de incorporar a un tercero en nuestra relación matrimonial, pero estaba vivo el deseo de explorar posibilidades y llevar a la práctica lo que todavía en nuestras mentes era una fantasía. Habíamos asistido a bares swinger y compartido con algunas parejas, pero parecía que aquellas aventuras no eran suficientes y habían despertado deseos no conocidos en las expectativas que sobre su desempeño sexual tenía mi esposa. Esas aventuras fueron atractivas, excitantes y placenteras, pero todavía no llegaban al nivel que ella se había propuesto experimentar.

    Tiempo atrás ella había tenido sexo satisfactorio con un hombre de color y yo pensaba que esto era asunto del pasado, principalmente porque aquel hombre, que la fascinó por un tiempo, se había ido a vivir a otro país y se había perdido el contacto. Sin embargo, pasados los años, de repente se avivó el interés por buscar a algún muchacho de color para intentar reproducir lo ya vivido.

    Después de hablar con ella al respecto, sin precisar concretamente lo que deseaba, puse manos a la obra para conseguir alguien parecido a aquel que la había fascinado. Busqué en los avisos clasificados en el periódico y fui a un lugar donde había oferta de hombres disponibles para satisfacer las necesidades sexuales femeninas. Desfilaron ante mí una veintena de muchachos, pero, la verdad, no sentí que ninguno de ellos fuera del gusto de mi esposa, no obstante que exhibían sobrados atributos para procurarle placer.

    Decidí incursionar en internet y logré contactar a un muchacho, Wilson, que por alguna razón despertó mi curiosidad. Hablé con él varias veces a través de correos electrónicos y acordamos vernos en algún sitio para conocernos y ver si surgía la química necesaria para ir más allá en la aventura. Al fin y al cabo, por más que yo considerara que él pudiera ser un compañero ideal para hacerle el amor a mi mujer, era ella quien tenía la última palabra.

    Acordamos un encuentro virtual para que ella le conociera, pero no resultó como yo lo esperaba. Él se conectó desde un café internet, había muy poca luz y para colmo él, negro, de manera que no se generó el ambiente para que ella pudiera verlo bien y, de acuerdo a eso, acordar algo concreto. Decidimos que lo mejor era encontrarnos personalmente y ver, en ese momento, si se daba la situación para seguir adelante, de manera que acordamos vernos un día miércoles, entre semana, en una discoteca. No era el mejor día para eso, pero ambos, tanto él como yo, teníamos compromisos laborales adquiridos para el fin de semana, de modo que la única posibilidad para no darle más vueltas al asunto era ese día.

    La discoteca quedaba en frente de un pequeño hotel, que pensé podría ser el lugar para consumar el encuentro si las cosas se daban, pues yo tenía la expectativa de que así fuera, pero no podía predecir lo que mi esposa pudiera estar pensando sobe aquello. Lo cierto es que pasé a recogerla después de salir del trabajo y la encontré muy bien arreglada, muy elegante. Quizá, previendo la posibilidad de impresionar a este desconocido muchacho, con la expectativa de tener sexo con él, yo hubiese preferido que se hubiera vestido diferente para la ocasión, tal vez más provocativa e insinuante. Pero ella se sintió bien vistiéndose con una falda roja, una blusa negra ceñida al cuerpo, una chaqueta negra, medias negras, los consabidos zapatos de tacón alto, pendientes, collar y pulseras doradas complementaban el atuendo. Yo no puse obstáculo alguno. La verdad, parecía que fuéramos a un cóctel y no de farra a una discoteca.

    Cuando llegamos el lugar estaba casi que vacío. Solo había un hombre sentado en una mesa, y de inmediato supuse que se trataba de nuestra cita. Nos acercamos a él y le pregunté, ¿Wilson? Sí señor, yo soy, me respondió. Bueno, yo soy Enrique y ella es mi esposa Laura; gusto en conocerlo. Nos dimos la mano y él se levantó para saludarla a ella con un beso en la mejilla y tocando su brazo con la mano.

    No fue buena la impresión al principio, pues él estaba vestido de jean, tenis y una chaqueta deportiva. La verdad es que no hacíamos juego en cuanto a la vestimenta; nosotros muy elegantes y él, muy casual e informal. Además, una vez empezamos a hablar, la conversación no fluía fácilmente. El muchacho, no obstante, tenía porte y presencia. Era joven. Decidí, por lo tanto, no andar con rodeos y protocolos y hablar sin tapujos sobre el motivo que nos había llevado allí, así que le pregunté qué le había animado a acudir a la cita.

    El muchacho, de manera muy sencilla, contestó que la señora le parecía muy bonita y que para él era un sueño poder tener algo con una persona así. Y yo le pregunté, ¿cómo así que una persona así? Si, me dijo, una persona mayor, elegante, bien conservada, que huele a rico, bien vestida, no como cualquier muchacha; ¿me entiende? Si, claro, creo entenderle. Y ¿qué espera usted que pase esta noche? Bueno, si usted lo permite, me gustaría poder complacer a su esposa. Usted, ¿qué dice? Preguntó mirándola. Ella, de momento no le respondió, porque había centrado su atención en otras parejas que habían empezado a entrar al lugar.

    Bueno, intervine yo nuevamente, y ¿qué experiencia tiene complaciendo señoras casadas, como la aquí presente? He tenido contactos similares con otras parejas; solo dos. La pasamos bien, bailamos rico, nos acariciamos y terminamos haciendo el amor. O sea que, dije, si ella lo permite, esta sería su tercera aventura con una casada. Sí, nos respondió. Bien. Aquí el tema es que la señora se decida. ¿Estás de acuerdo? Le pregunté a ella. Si, me contesto. Entonces, cuéntame ¿qué hacemos? Me dijo que nos tomáramos algo e íbamos decidiendo. Pedimos algo de licor para calentarnos un poco más y le pedí a ella que le conversara al muchacho, porque hasta el momento quien había hablado era yo y pareciera que el interés fuera mío y no de ambos. Me dijo que le diera tiempo. Le dije sí, pero mira que ya es tarde y creería que no vinimos aquí para pasar toda la noche conversando. ¿No te parece?

    Me levanté de la mesa para dirigirme a la barra del bar, dejándolos solos. Me entretuve allí un rato, charlando con los dependientes, informándome sobre sitios donde pudiéramos ir a pasar un rato a solas después de bailar. Me dijeron que el hotel de enfrente era perfecto para eso, así que ya preveía que las cosas podrían darse como yo esperaba. Mientras regresaba a la mesa y los veía conversar, ya estaba imaginándome a aquel muchacho desvistiendo a mi mujer para hacerla suya.

    Cuando llegué hasta ellos, conversaban, estando él casi que hablándole al oído porque el volumen de la música no les permitía hablar normalmente. Les tocaba hablar muy fuerte para poder entenderse, así que aquello promovió que estuvieran más cerca el uno del otro. Mientras seguían hablando, yo me tomé unos tragos y estaba atento a lo que pasaba. Le serví a él y a mi esposa, pero ellos seguían aparentemente en lo suyo mientras transcurría el tiempo. Pasados unos minutos, le pregunté a ella, bueno ¿nos vamos? Y ella me dijo, sí. A ¿dónde quieres que vayamos? A la casa, contestó. ¿Y no que veníamos en plan de hacer algo con este? Creo que ya está muy tarde; mañana tienes que trabajar. De pronto cuadramos para el fin de semana, me contestó. Bueno, voy a pagar entonces, le dije.

    Todo lo que había imaginado se derrumbaba en un instante y me sentía un tanto decepcionado. Yo ya me veía presenciando una escena de sexo en vivo, donde la protagonista era mi esposa y había llegado a excitarme tanto con la idea, que aquello me cayó como un baldado de agua fría. Me dirigí a ella y le dije, pero por lo menos pégale una bailadita al muchacho para que no piense que perdió la noche. Y, cuando ya me estaba retirando le dije a él, bueno, haga algo para animarla, porque si no, nada de nada. Tranquilo, me dijo, vaya que yo la convenzo.

    Me fui hacia la barra y cuando los volví a ver comprobé que ya estaban bailando. Me quedé mirándolos mientras lo hacían. Al principio vi que bailaban normal, nada raro, pero con el paso de las melodías aquel empezó a apretar a mi mujer contra su cuerpo. Imaginé que estaba procurando que ella se diera cuenta de su dotación y también vi como la besaba en el cuello y lamía con su lengua sus oídos. Pensé que ya la debería tener algo excitada, aunque ella parecía estar dedicada al baile o haciéndose la difícil. En un momento dado también observé como él tomaba la mano derecha de ella, dirigiéndola hacia su miembro para que se lo acariciara. Y eso hizo, frotando su mano sobre este, por encima del pantalón.

    El muchacho me confesaría después que, al ritmo del baile, en ese momento, él bajo la mano de ella hacia su miembro diciéndole, ¡mira cómo me tienes! ¿Te gusta? Y ella le respondió, sí. ¿Cómo la ves? Le preguntó. Y ella le dijo, está bien. Me contó que en ese instante sintió que algo iba a pasar aquella noche, porque hasta ese momento la había notado un poco distante y apática.

    Volví a la mesa en el momento en que ellos se sentaban. Les dije, los vi muy animados. Y le pregunté a ella ¿Nos vamos para un motel? Me dijo, ¿no tienes que madrugar mañana? Bueno, dije, ¿quieres estar con él, sí o no? Sí, me respondió. No se diga más; vamos. El muchacho me dijo que iba al baño un momento, así que me quedé a solas con mi esposa y le pregunté, ¿Qué te decidió? Me dijo, lo toqué y eso me puso a full.

    Salimos del lugar y nos dirigimos al hotel de en frente. Y al ingresar, cuál no sería la sorpresa cuando nos dicen que no se permitía que ingresáramos los tres. Así que decidí que fuéramos a otro sitio, algo distante, por lo cual teníamos que viajar en nuestro automóvil. Pensando que tardaríamos en llegar y no queriendo que se perdiera la calentura del momento, le indiqué a mi esposa que se fuera atrás con el chico. Y ella así lo hizo.

    En el camino el joven no perdió el tiempo. Se acercó hacia ella, la abrazó, la besó, como cuando estaban bailando y acarició sus senos, que le llamaron la atención desde que la vio. En esos escarceos pasaban los minutos mientras yo conducía. Y, preso el de la excitación, sacó su verga del pantalón y la expuso a los ojos de mi esposa. Ella, en esa situación, no reaccionó. Tan sólo la contemplaba, así que siguieron tocándose y besándose hasta que llegamos al sitio, retomando la compostura mientras entrábamos a la habitación.

    Una vez allí, el siguió besándola, ahora parados, uno frente al otro, estrechándose en un fuerte y cálido abrazo. Él le quitó la chaqueta y ella se apresuró a soltar el cinturón y bajar el pantalón de él, exponiendo el miembro erecto que ahora si acariciaba con ansia y placer. Mientras lo hacía, siguió desvistiéndola. Primero soltó los botones de su falda roja, que cayó al piso al instante. Luego, levanto su blusa, sacándosela por encima de la cabeza, quedando ella expuesta frente a él, tan solo vestida por su brasier, sus panties, sus medias y sus zapatos, todo de color negro. Ella, sin embargo, había seguido acariciando aquel enorme y erecto pene negro, extasiada con la sensación que le producía y tal vez añorando tenerlo ya inserto en su vagina.

    Antes de quitar su brasier, él se retiró la chaqueta y la camiseta, dejando su pecho desnudo. Ahora la piel de ambos estuvo en contacto a través del abrazo en que se habían fundido y que parecía interminable. Poco a poco, mientras seguían parados, uno frente al otro, el chico fue dejando caer su pantalón y pantaloncillos, quedando tan sólo vestido con sus medias. Ella seguía acariciando su pene y el frotaba ágilmente su vagina. Era evidente que aquello le producía placer, porque se veía como su cuerpo se contorsionaba y cómo sus piernas parecían flaquear. En ese instante, él empezó a empujar a mi esposa hacia atrás, pasito a pasito mientras seguían acariciándose, hasta que las piernas de ella tocaron la cama, dejándose caer para quedar sentada en el borde.

    Al hacerlo, su cara quedo frente a aquel miembro erecto y no dudo en llevarlo a su boca para empezar a besarlo y chuparlo delicadamente, mientras sus manos seguían acariciando el tallo de su pene y sus testículos. El muchacho estaba extasiado con aquello y dejaba que ella siguiera haciendo su trabajo, porque realmente lo estaba disfrutando. Poco después, él tomo la iniciativa de empujarla para que quedara boca arriba sobre la cama. Se arrodilló frente a ella, retiró con mucho cuidado sus pantis y abrió sus piernas, empezando a besar su sexo. Se veía como pasaba su lengua de arriba abajo, percatándose de las contorsiones que experimentaba el cuerpo de mi esposa, quien tímidamente empezaba a emitir unos suaves gemidos. Y así duró unos minutos…

    Luego se incorporó, la acomodó a ella sobre la cama, se colocó un condón y se montó sobre ella para penetrarla. Empezó a introducir el pene en su vagina, de manera pausada y suave hasta que estuvo todo adentro, y una vez ahí empezó a empujar y retirarse rítmicamente, cada vez con mayor velocidad, haciendo que ella empezara a gemir cada vez más fuerte. Y, aunque trataba de contenerse, no lo conseguía. Su cabeza se movía para uno y otro lado y sus ojos parecían perderse hacia arriba entre sus párpados. Extendía sus brazos hacia atrás y proyectaba su pecho hacia él, como si quisiera salirse del cuerpo, entregándose al inmenso placer que le producía aquel momento.

    La escena es excitante; La luz tenue de la habitación, los cuadros con temas sexuales que decoran el lugar, el contraste del color de la piel blanca de ella con la piel negra de él, los gestos de placer de ella, cómo se mueve su cuerpo, cómo gime, cómo se mueve su amante.

    Él se retira, la invita a que se incorpore y se ponga en posición de perrito. Ella obedece sumisa y él, aparta un poco sus piernas a lado y lado, se acomoda y empieza a penetrarla desde atrás. Igual que antes, la penetra lentamente y despacio hasta que tiene todo su miembro dentro de su vagina y ahí sí, empieza a asaltarla empujando adelante y atrás, mientras hala de su cabellera. El rostro de ella enrojece y sus gestos indican que siente algo muy profundo, su respiración se siente entrecortada y empieza a gemir nuevamente. Así transcurren otros interminables minutos. Este muchacho tiene mucho vigor y resistencia, y parece no agotarse. Al rato, después de que ella gime y gime, se retira dejándola tomar aliento por unos instantes.

    Ella se tumba sobre la cama, boca arriba, para reposar un momento, mientras él se sienta en un sillón y espera. No nos decimos nada. Ella parece estar satisfecha, pero tal vez espera algo más; otros momentos de placer. Pasan los minutos y yo, al rato digo, bueno, lamento decirles que ya está bastante tarde y en un rato tengo que levantarme a trabajar, así que si quieren hacer algo más aprovechen, o si no, nos vamos ya.

    Él se incorpora nuevamente, se coloca un condón y se acerca a la cama donde yace mi mujer, boca arriba, con las piernas abiertas, esperándole. Él no tiene que esforzarse mucho. La monta nuevamente, sin ninguna resistencia y vuelve a penetrarla, empujando esta vez con mucho más vigor, más fuerte, más rápido. Mueve y desplaza su cuerpo sobre el de ella, lado a lado, adelante y atrás, mientras ella se contorsiona y gime. Su cuerpo forma ahora una cruz con el cuerpo de ella y sigue taladrando, penetrándole una y otra vez, generando en ella una reacción más intensa. Parece que en esa posición el estímulo que experimenta su sexo es más fuerte y gime cada vez con mayor intensidad.

    El muchacho se agita, saca su pene, se quita el condón y dispara su chorro de semen sobre el pecho de ella, mientras ella se sigue contorneando como si aquello no hubiese acabado. Él se retira poco a poco, mientras acaricia sus piernas, y la deja allí, tendida, recuperándose del ajetreo. Tras unos minutos de intervalo, todo vuelve a la normalidad. La aventura es historia. Ha sido un encuentro maravilloso que le ha dejado a ella gratas sensaciones en su cuerpo.

    Ella se levanta, agradece a aquel muchacho su dedicación y se entra a bañar, saliendo tiempo después, renovada, sintiendo aún las sensaciones que le procuró el pene de aquel muchacho en su vagina. Salimos de aquel lugar, nos despedimos de él y quedan en el aire sus palabras: Hasta mañana, la pasé muy rico; espero que se repita. Y ella, para sus adentros estará pensando, no lo dudes que así será.

  • Luz al final del túnel

    Luz al final del túnel

    Les contaré algo que no me gusta contar en público, pero aquí hago una excepción.

    4:00 pm me encontraba en casa de un amigo porque quedamos en vernos los 4 amigos allí, resulta y acontece que ese amigo no llegó porque estaba en una fiesta la cual no nos invitó. En realidad ni nos contó, solo llegó uno solo el cual apenas llegar ya se quería pirar, si él se quería ir imagínense yo. Ambos salimos a caminar un sábado a eso de las 5:30 en un pueblo en el que no conocemos casi nada. Nos conocemos casi nada, pero sabemos identificar un lugar donde vende bebidas y hay mujeres. Llegamos a una especie de licorería en la avenida principal (muy lujosa).

    Esa licorería se encuentran botellas de todo tipo, hombres fortachones, es raro ver uno que no estuviera así o gordo, pero de mujeres ninguna, solo habían como dos tipas parecen madre e hija pero estaban con dos o tres tipos. Mi amigo y yo lo único que logramos fue hablar con un viejo hay que nos explicaba cómo era esa licorería antes, como ligaba a las mujeres, y varios consejos que si fueron buenos ligar, en un momento ese viejo nos dice que hay que ir con todo con las chicas, pero tampoco chocar, hay que saber cuándo retirarse, y seguimos bebiendo unas dos rondas de cerveza.

    Noto que la chica, la hija de aquella señora ve hacia donde yo estoy en varias ocasiones, me sentí atractivo en ese momento jaja, no podía hacer más que lanzarle también miradas, no estoy en mi sitios normales así que no sé quién es ella ni mucho menos el tipo que está con ella. Se llega otro viejo ahí con nosotros y resulta ser un entrenador que es muy popular ahí sobre todo con las mujeres y el consejo que nos da es que vayamos, pero hay que saber frenar cuando liguemos a las mujeres. Es extraño que nos digan eso y dos veces, y, en el mismo sitio. Salimos como a eso de las 6:30 pm de allí, con solo consejos aunque estaba bien, yo tenía 19 años apenas empezaba.

    Y nos decidimos en llamar a nuestro amigo que estaba en una fiesta, él nos dice que podemos ir, lo que pasa es que él lo invitó el papa de un compañero de clases, pero nos dice que ya van a hablar con el tipo, nosotros vamos en seguida para el sitio, nos estaban diciendo la gente en la calle a las que le preguntábamos la dirección que eso queda como a unos dos kilómetros, cuando habíamos recorrido a unos dos kilómetros, las personas nos dicen que es mejor no ir para allá, primero porque cerca hay unos apartamentos que hay tiene a gente peligrosas, y luego está el camino que es más peligroso aun, ya no teníamos mucha opción, al parecer ese día no había muchas fiesta por ese pueblo.

    Fuimos a esos apartamentos y preguntamos si por ahí vendía algo de aguardiente, si había, compramos una botella en efectivo y nos fuimos por ese camino totalmente oscuro, no habían luces ni nada parecido, ni la luna alumbraba el camino, no es una buena idea le dije yo a mi amigo, y lo fastidie tanto que él ya estaba cambiando de parecer, el amigo que estaba en la fiesta nos llama y nos dice, que es mejor que nos regresemos, parece que hablaron con el dueño, pero el dueño los ignoró.

    Nos devolvimos y fuimos a una fiesta en un club también muy lejano pero en ese mismo pueblo, el alcohol en el cuerpo fue el culpable de esas decisiones, nuestro amigo que estaba en la fiesta nos dice que nos regresemos, que él va a fastidiar al dueño hasta que nos deje entrar, le dijimos que lo deje así, que íbamos al club x y listo, el club queda por tal lado, pero queda muy lejos y es peligroso es lo que nos decían, nosotros anteriormente ya fuimos para ese club pero en coche, ahora a pies y desde un lugar desconocido es diferente, por fin llegamos a dicho club que nos sorprendió en realidad, creímos que era más lejos no estábamos tan cansado, ¿será que el alcohol nos dio fuerza?

    Entramos a ese club recordando la gran fiesta con strippers de la vez anterior, pero al casi entrar por la puerta vimos alfombra blanca o roja no recuerdo, el punto es que no podíamos entrar con ropa civil, todo los que estaban dentro tenían ropa formal, ¡mierda!, pero una especie de cantina para las personas con estilo civil y entramos pero solo habían hombres con su pareja escuchando música de salsa. Que aburrimiento.

    Salimos de ahí súper desanimados y nos dirigimos a una vamos preguntando información sobre la casa de nuestro amigo, que quedaba por donde esta una cruz en una esquina, con eso siempre nos guiábamos, cuando estamos cerca del lugar vemos una cruz pero en el centro de la calle ¡Que rayos!

    O sea, es del mismo tamaño (del tamaño de una casa) pero en el centro, vamos y le preguntamos al bartender acerca de la dirección y dice que no sabe nada, cuando nos estamos retirando hay dos tipas de unos 30 años que se nos quedaban viendo pero con caras de que le gustamos jaja, y, al salir mi amigo me dice que le lleguemos y le preguntemos a ellas, no bebimos toda la botella y fuimos a hablar con ella le preguntamos la dirección y ellas nos dicen la dirección.

    Una de ellas nos dice que es que la queremos pegar, yo no entendí si se refería a follar o atracarlas, pero el punto es que no aplicamos en la conversación, una de ellas nos dice que nos sentemos, pero nos tuvimos que ir a las 1:30 am buscamos la dirección y si fue como nos los dijeron ellas, a lo que volvimos a ir y le brindamos unas cervezas, ellas nos comentan que el señor que esta atrás de ellas fue las que la invito allí, pero hicimos nos dio igual.

    Cuando mi amigo se retira porque lo están llamando, una de las chicas me dice que quiere con migo y que porque soy muy bonito, y formado y todas esas cosas, jaja lo que me di cuenta es que en un momento me estaba viendo el bulto, le pido su número de teléfono y ellas nos dicen el de ella, también nos da su dirección que es muy cerca de la dirección de nuestro amigo que estaba en la fiesta. Luego nos despedimos de ellas y nos retiramos, en el camino nos dimos cuenta de unas indirectas que nos lanzaron y básicamente nos dieron a conocer que quería que nos fuéramos con ellas a dormir en su casa.

    Mi amigo ya se retira pero yo quise ir a otra licorería que estaba cerca, no se tal vez porque quería saber si podía llegar a más. Esa licorería si tenía más mujeres y si habían chicas solas, le llegue a una hermosa chica que estaba sola casi en la puerta de salida, ella está un poco enojada porque me dice que su esposo la dejo plantada, y de seguro que está follando con otra tipa, la bombardeé enseguida y tal parece la situación, que hice que la chica se vengará de su esposo, nos besamos en esa licorería, luego la llevo para la casa de mi amigo y le digo a su papá que ella es una amiga de mi pueblo y que se quedó en la plaza, no sé si se lo creyó, pero nos dejó pasar a su casa. A las 2 pm en el porche de su casa ya la chica y yo estábamos follando tratando de hacer todo lo posible por no hacer mucho ruido, al día siguiente ella me susurra que lo quiere volver hacer pronto, nos cambiamos números de teléfono y dijimos nuestros caminos.

    [email protected]