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  • Un pequeño anticipo de lo que te espera al volver a casa

    Un pequeño anticipo de lo que te espera al volver a casa

    La empresa para la que trabajo se dedica a la auditoría de cuentas, esta semana se me ha encomendado la revisión de cuentas de una empresa cuya sede central se encuentra muy lejos de mi casa. Hoy es mi cumpleaños y me siento melancólica, me han enviado mensajes de felicitación, pero no es lo mismo, tampoco me apetece irme al hotel sola, así que aunque es tarde y no hay nadie en la oficina, yo estoy trabajando, pienso que si adelanto el trabajo y termino antes, podré irme a mi casa y celebrarlo con mi pareja, le echo de menos.

    Suena el teléfono interno, descuelgo es el vigilante de seguridad del edificio, me comunica que han traído un paquete para mí y que lo han dejado en recepción, bajo en el ascensor, estoy en la planta 16 de un edificio que tiene 60 plantas, una botina torre de cristal que sirve de oficinas a muchas empresas, saludo al vigilante, me entrega el paquete y me dice que lo han traído de una mensajería con órdenes de entregármelo a esta hora, que raro pienso, le pregunto si hay más gente trabajando, me dice que en mi planta no, que queda alguien más pero que se marchará en breve, me pregunta si me quedaré mucho tiempo, yo le digo que seguiré unas horas más que quiero terminar la auditoria cuanto antes para marcharme a mi casa.

    Cuando estoy de vuelta en la oficina, sentada en la sala de juntas que es mi despacho improvisado, abro el paquete y me encuentro una caja envuelta en papel de regalo, lo rasgo, son unos bonitos zapatos negros con un tacón de negro de vértigo (16 cm en forma de aguja) sonrió solo a él se le habría ocurrido comprarme esos zapatos que tantas veces he mirado en el escaparate de ese diseñador tan de moda, cuando los tengo en mi mano veo una tarjeta en el fondo de la caja, contiene un mensaje “Feliz Cumpleaños, peque. Aunque estemos lejos, te sigo deseando, póntelos para mí y conéctate al MSN”.

    Cogí mi ordenador portátil personal, siempre va conmigo, conecte la Cam y le busque en el MSN.

    -He recibido tu regalo y me ha encantado.

    -Sabía que te gustaría y cuando los compre tuve unas fantasías muy calientes.

    -¿Cómo de calientes?

    -Mucho. ¿Estás en la oficina?

    -Sí, estoy sola a ver si termino el trabajo y me marcho pronto contigo…

    -Ummmm, quiero verte con los zapatos puestos.

    -Ahora me los pongo.

    -Quiero verte en ropa interior y con los zapatos puestos, como en mis fantasías, no puedo esperar a que vengas y además es tú cumple, vamos a intentar hacer algo especial…

    -Tengo que terminar el trabajo, y puede venir alguien.

    -Conociéndote estarás sola en la oficina y anda porfi solo será un ratito, no estás y tengo un calentón de la ostia…

    -Vale, yo también me estoy poniendo caliente y qué demonios es mi cumpleaños…

    Me desnudé poco a poco, me quede con las braguitas y el sujetador, negros como los zapatos, me los puse y situé bien la Cam para que pudiera verme completamente. Conecte el altavoz, empezó a silbar, me encanto y me puso más cachonda.

    -Sabes, como me gustaría que estuvieras aquí, ahora mismo estoy muy mojada…

    -Quiero verlo, quiero ver cómo estas de mojada…

    -Yo también quiero verte a ti, en ropa interior, notando como tu polla me echa de menos…

    Él se desnudó completamente, dejándome ver como su miembro me enviaba un saludo, era gracioso ver como se movía al compás de mi mano cuando la pasaba por la pantalla.

    -Quiero que quites el sujetador y las bragas y te quedes con los zapatos, quiero ver cómo estas de húmeda para mí.

    Obedecí y me quede con los zapatos, me senté en la silla, enfoque la Cam a mi coñito y con los dedos lo abrí para que viera como estaba de mojada, empezó acariciarse la polla, que estaba tiesa y dura como a mí me gusta.

    -Quiero que te toques, que pienses que estoy ahí y que soy yo, el que te acaricia.

    Empecé por mis pechos, que tenían los pezones duros como pequeños botoncitos, los eleve un poco y comencé a lamerlos, el empezó a pajearse un poco más deprisa, yo mientras baje mis manos hacia mi coño, con los dedos abrí mis labios y le enseñé como estaba de mojada.

    -Te necesito aquí dentro…

    Metí uno de mis dedos dentro de mi vagina, comencé a meterlo y a sacarlo, no estaba mal pero necesitaba algo más, se me ocurrió algo que decidí poner en práctica, mientras miraba como se pajeaba, me quite uno de los zapatos, me lleve a la boca el tacón y comencé a lamerlo como si fuera su polla, escuche como se le cortaba su respiración y algo más pero no le di importancia, con mi lengua lamia el talón del principio al final, lo ensalivaba bien, creo que el intuyo mis intenciones.

    -No te vas a atrever, siempre has sido…

    Cogí el zapato y lleve la punta del talón a la entrada de mi coño y me lo introduje, despacio, muy despacio, mientras miraba como él seguía meneando su polla, que estaba de un color más oscuro y a punto de estallar, de repente con el rabillo del ojo te localice, estabas sentado en el despacho del director, me pare en seco un poco asustada.

    -¿Por qué paras?

    No contesté, en el momento, te observé con detenimiento y vi como tenías en tu mano una gran polla y como te estabas pajeando a mi costa.

    -Creí haber escuchado un ruido, pero no era nada…

    Mentí y decidí continuar masturbándome con el tacón de los zapatos. Comencé a suspirar y a jadear en voz más alta para provocarte un poco más. Os veía a los dos masturbándoos para mí, a través de la pantalla del portátil estaba él apunto, tu aún no…

    -Estoy a punto de correrme, ¿cómo estás tú?

    -Apunto como tú.

    El morbo era tan grande que solo de veros a los dos me hacía estremecer de placer… comencé a correrme…

    -Abre tu boca y ponla en la Cam, quiero correrme dentro de tu boca.

    Volví a obedecer, el empezó a descargar toda la leche encima de la mesa…

    -Es una pena que no estemos juntos, pero por lo menos ha sido un pequeño anticipo de lo que te espera al volver a casa, porque voy a lamer todo tu cuerpo…

    -Yo también lo estoy deseando.

    Nos despedimos y cortamos la comunicación.

    Me dirigí hacia a ti. Te di el zapato y comenzaste a lamer el talón donde aún estaban los líquidos derramados de mi corrida, me volví a excitar. Me agaché y me metí tu polla en mi boca, primero la punta, luego todo el tronco, era grande y me tocaba la campanilla, me la saque comencé a besar la punta y a lamer el tronco, tu emitías pequeños jadeos, con la mano a compasaba los movimientos de mi boca.

    Me levanté y me senté encima de ti con las piernas abiertas y tu polla en la entrada de mi coño, me empale, te sentía llena, me llegaba muy adentro, subía y bajaba lentamente, tú me acompañabas con pequeños movimientos empujando hacia arriba y abajo, mientras me chupabas los pechos.

    Me di la vuelta, tú me la metías desde atrás, mientras yo apoyaba mis pechos en la mesa, tus embestidas eran lentas y acompasadas, en un momento sentí como metías algo por mi ano, me gire y vi que estabas introduciendo el talón del zapato, al principio era raro, pero luego empezó un placer indescriptible siendo penetrada por tu polla y por el tacón, comenzaste a embestirme más rápido, más fuerte, tuve que agarrarme a la mesa para no perder el equilibrio, más fuerte, más duro, duro y rápido, comencé a correrme… caí agotada encima de la mesa, tu aún me penetrabas, pero más lento, te paraste, me levante y me metí tu polla en mi boca, ahora su sabor era distinto, más intenso, notaba el gusto de mis fluidos, comenzaste a descargar dentro de mi boca, tu leche tenía un pequeño gusto salado, me llenaste la boca con tu leche, me la trague toda y continúe dejándotela limpia, me levanté y pensé que bonito cumpleaños…

  • Mi hija me pone la polla al borde del orgasmo

    Mi hija me pone la polla al borde del orgasmo

    Mi mujer hacía ya casi tres años que había muerto, y la verdad es que aquello afectó mucho mi vida. La quería mucho, y teníamos una vida realmente feliz, en todos los aspectos, principalmente en el sexual. Desde siempre habíamos tenido una vida sexual realmente activa e imaginativa, los dos éramos bastante apasionados, yo diría que más que eso.

    Durante esos tres años, no había estado con ninguna mujer, únicamente me había ocupado de sacar adelante la casa y a mi hija. Cuando murió su madre tendría unos catorce años, y no fue nada fácil.

    La cuestión es que en aquel entonces mi hija se había convertido en una mujer terriblemente atractiva, rondaba los dieciocho, y aunque se parecía bastante a su madre, tenía cosas que a esta le faltaban, como una tremenda delantera, lo cual la convertía en una mujer increíblemente sensual.

    No sé muy bien cómo empezó todo, llevaba casi tres años sin estar con ninguna mujer, y eso para mí era algo terrible, y en aquellos días mi hija estaba especialmente, como digamos provocativa. Siempre salía de la ducha con solo la toalla, nunca dejaba cerrada la puerta de su cuarto, en fin, parecía como si estuviera constantemente provocándome. Un día no pude evitar al pasar por su cuarto mirar dentro, ella se estaba secando, mirándose en el espejo, completamente desnuda, no puedo negar que aquella imagen de mi hija en el espejo me excitó tremendamente, no sé si ella me vio, pero desde luego se estaba recreando delante del espejo.

    A los pocos días me descubrí en el baño, masturbándome, y la verdad, es que me imaginé haciendo el amor con mi hija, aquello me horrorizó, pero tuve un increíble orgasmo. La verdad es que tengo un más que buen aparato, mi mujer estaba como loca por él.

    Todo ocurrió una noche de verano. Yo estaba viendo la tele, cuando hoy la puerta, era mi hija que volvía. Como siempre que salía por la noche, iba en minifalda y un increíble top que la hacía marcar sus preciosos pechos.

    Llego al salón, me besó y se sentó a mi lado, me pidió si podía hablar conmigo, no puse problema, apagué la televisión y ella empezó a hablarme de un chico con el que salía. Aquello no parecía más que una conversación padre hija de lo más habitual. Pero poco a poco ella empezó a entrar en temas que a mí me parecían cada vez más escabrosos.

    Pude enterarme que mi hija ya no solo no era virgen, sino que según parece le gustaba todo tipo de sexo, oral, anal, en fin, aquello me puso los pelos de punta, al final terminó diciendo que aunque sentía algo por ese chico, sexualmente no era feliz con él, que no había llegado a tener un auténtico orgasmo.

    Para entonces, no puedo negar que estaba bastante excitado, mi miembro empezaba a destacarse debajo del pantalón del pijama, y no sabía cómo ocultarlo, ya que mi hija no paraba de mirarlo.

    Al final me dijo que me había visto algún día en la ducha, y que le encantaba mi miembro, aquello me dejó helado, pero ella se acercó a mí, acercó su boca a la mía y comenzó a besarme, a la vez que sentía su mano en mi entrepierna tocando mi excitadísimo pene. Al principio no respondía a su beso, pero el sentir su lengua dentro de mi boca, y sus manos manejando mi pene, me hizo perder la cabeza. Le respondí a su beso, igual de apasionado, lo que ocurrió después fue la noche más caliente de mi vida.

    Allí en el sofá, mi hija entre mis piernas empezó a hacerme una mamada que me recordó las que hacia su madre, no tenía nada que desmerecer, y me puso la polla al borde del orgasmo, le dije que parase, así que la tumbé en la alfombra, para desnudarla, pude de nuevo verla completamente desnuda, pero ahora serían sus pechos eran preciosos, estuve un buen rato chupándolos, lamiéndolos y estrujándolos, era lo que siempre había echado de menos en mi mujer, una buenas tetas, y por fin, tenía unas para mi solito.

    Mi hija empezó a jadear como una perra en celo, me gritaba que la follase con mi pollaza, pero yo la hice esperar, era igual que su madre. Así que me metí entre sus piernas y empecé a comerla su chochito, para entonces bastante húmedo. Ella se volvió como loca al sentir mi lengua dentro de su sexo, buscando como un perro de caza, tocando y alejándose de su clítoris una y otra vez, allí no pudo reprimirse y la pobrecita se corrió en mi boca entre alaridos.

    Aquel era el momento, así que la abrí de piernas y empecé a follarla. Hacia más de tres años que no lo hacía, así que la empujé con todas mis fuerzas, estábamos como locos, follando como dos animales, padre e hija, ella se retorcía entre mis manos, yo no dejaba de tocar y besar todo su cuerpo mientras la perforaba demencialmente. No pude aguantar más y me corrí como un loco inundando todo su chochito. Me dijo que no había problema, ya que tomaba la pastilla.

    Al sacar mi polla de su conejito, la muy puta empezó a chupármela para succionar todo el semen que me quedaba, y no pude resistir el volver a empalmarme, la zorra se dio cuenta y comenzó una mamada como no recuerdo. Al poco estaba otra vez completamente excitado.

    Me dijo que quería recibir esa polla en su culito, así que la puse a cuatro patas. Lo cierto es que tenía un trasero precioso, con un pequeño orificio como culito, mi polla abarcaba aquel agujero y mucho más, empecé a perforar su culito después de excitarlo y lubricarlo un poco, ella gritaba como loca, quería que se la metiera hasta el fondo, la verdad es que me costó horrores el poder enchufársela toda.

    Ella se masturbaba como una loca mientras que iba de un orgasmo a otro hasta que por fin pude meterle toda mi pollaza en su culito. Estaba con enajenada, y eso me enloqueció a mí también, así que empecé a cabalgarla y a tratarla como una vulgar perra, lo cual pareció excitarla todavía más. La cabalgué por toda la casa, sodomizando su culito por todas las habitaciones, al final acabé llenándolo otra vez de semen mientras que ella no paraba de correrse.

    Aquella noche, ella dejó a su novio, y desde entonces, no sale con más chicos, como su madre, solo quiere de mi polla, y estos últimos años han sido increíblemente lujuriosos.

  • ¡Qué carita más tierna!

    ¡Qué carita más tierna!

    —Hola…

    —Hola

    —Cómo va tu día?

    —Bien, bien y el tuyo?

    —Tranquilo! acá en el trabajo esperando que termine luego la jornada, estos chicos me tienen enfermo. Pero lo bueno es que ya queda poco para verte, me muero por conocerte en persona por fin.

    —Si yo igual me muero de ganas de conocerte, total ya llevamos harto conversando por acá. Ya no somos unos extraños jajaja

    —Claro jajaja, mañana será el día… igual estoy impaciente y nervioso al mismo tiempo

    —yo igual, pero estoy decidida… no me puedes dejar plantada eh!!

    —No, nunca lo haré… Ya Ale voy a terminar unas cosas acá… y te recuerdo que viajaré temprano para que aprovechemos el día.

    —Si a las 10:00 como acordamos, te esperaré fuera del terminal de buses, iré vestida completamente de negro y mis zapatillas rosadas, para que me distingas… será muy entretenido esto jajaja

    —Si mi nenita será muy entretenido, nos vemos mañana.

    Salí lo más rápido que pude de mi trabajo y me fui al departamento emocionado porque por fin conocería a la Ale en persona, ya llevábamos cerca de 3 meses hablando por redes sociales, pero aun no nos conocíamos y le tengo unas ganas increíbles y ella lo sabe muy bien, le he dicho lo ardiente que soy y me ha comentado que quiere ver si es verdad. Ufff con lo que me encanta que me provoquen! Me dormí pensando en ella.

    Oh! Me quede dormido!! Me levanto de un salto, me meto a la ducha, lo hago todo en un minuto y logro salir del departamento casi corriendo, me subo al auto y logro ya estar en marcha hacia nuestra cita. Subo la música para escuchar el punk que me alegra cada día y mientras voy cantando, trato de hacer memoria si llevo todo lo necesario, los preservativos si!, la dirección del motel, si!, cargador del celular, chaqueta, otro bóxer, la billetera, documentos… si llevo todo.

    Suena el celular y veo que me empieza a escribir la Ale que ya llegó, que no me ve y que donde estoy. Le respondo que estoy estacionándome, cosa que era verdad, ya estaba llegando a la plaza para estacionarme. Ya muy ansioso la llamo.

    —Hola Ale, donde estas…?

    —Hola Anto, estoy fuera del terminal de buses.

    —Yo igual, pero no te veo…

    —Date vuelta… acá estoy

    Woww!!! Era hermosa, cabello largo liso de color castaño claro, tez blanca, mejillas rosadas, ojitos almendrados de color café, pestañas muy largas y una mirada muy profunda, labios delicados pintados sutilmente. No podía parar de mirarla, tenía una carita muy tierna.

    —Hola Anto… por fin te conozco.

    —Ale… sabía que eras muy bella por las fotos que había visto, pero eres más linda de lo que pensaba.

    —Gracias, tampoco estas nada de mal… aunque tú si eres igual a las fotos que me enviaste jajaja.

    No sé si quiso decirme algo bueno o malo, solo sonreí y la miraba continuamente ya quería besarla, pero me contuve, no podía parecer un inadecuado.

    —Ya Anto y dónde iremos?

    —No sé… tienes hambre?

    —Si

    —mmm… te tengo dos propuestas, tú eliges… una es, vamos a tomar un café por ahí para conocernos y conversar en un lugar neutro… o dos, vamos a comprar algo para comer y tomar y nos encerramos en un motel a conocernos mejor mmm.

    —Voy por la segunda… compremos sushi, un jugo, un pisco sour o cervezas y nos encerramos… Ahh y una barra de chocolates con almendras.

    Esta chica cada vez me gusta más y tiene esa carita de niña buena e inocente, pero es muy decidida y eso me gusta mucho más.

    —Ya súper!!! Qué buena respuesta, vamos a comprar sushi y los bebestibles, porque del motel me encargo yo.

    Fuimos hacia un local de sushi que estaba frente a la plaza y mientras caminábamos yo la miraba por todos lados, no sé si se daba cuenta, pero me enloquecía verla, su cinturita, su colita redondita, tus piernas largas, ver su caminar sensual me tenía ya deseándola.

    —Oye que me estas mirando haa!! morboso… me doy cuenta como me miras, además muchas veces me dejas irme delante solo para mirarme la cola… y pones esa cara de degenerado… pero no te impacientes… que todo esto será tuyo amor… y me lanza un beso en el aire.

    Compramos el sushi, unas cervezas, un jugo, el chocolate y un pisco sour y nos dirigimos al auto.

    —Ale allá está el auto, ese rojo…

    —Ya… y tienes la dirección?

    —Sí, toma, búscala en el celular para que me vayas diciendo como llegar…

    —Ok… pero vámonos rápido que tengo mucha hambre… me lo quiero comer todo mmm… Anto dobla por esta esquina, según el mapa derecho por esa calle está el motel.

    Por fin llegamos; arrendamos una cabaña, la cual era bien acogedora, un dormitorio no muy grande, una cama amplia con luces y cortinas por todos lados, ella colocó música, mientras yo servía el pisco sour, la tomo de la mano le entrego su copa y le digo que nos merecemos un brindis. Haciendo sonar las copas, ambos nos tomamos de una sola vez todo el licor, nos miramos y sin esperar más nos besamos apasionadamente…

    No parábamos de besarnos, le agarro el cabello la jalo hacia atrás y le beso el cuello, respiro muy agitado en su oído y ella se mueve apoyándose en la muralla, yo continuo besando tu cuello, mientras la otra mano la deslizo hasta su trasero, tocándolo suavemente y siento como ella ahora se agita mucho más, le vuelvo a tirar el cabello y paso mi lengua por sus labios, ella saca su lengua y busca la mía, yo le coloco mi mano en la cara y le acerco un dedo a la boca y ella toma mi mano empujando mi pulgar hacia el interior de su boca y me succiona el dedo muchas veces y en ocasiones se le escapan pequeños gemidos, yo la tomo fuertemente y la doy vuelta, colocándola pegada a la muralla, la tomo del cuello, mientras acerco fuertemente mi cuerpo al de ella y responde tirándome su culo para atrás y me rosa el pene, menea constantemente su culito y me hace jadear de emoción. Acerco mi mano a su boca y me succiona nuevamente el dedo, le coloco dos dedos y ambos los chupa incansablemente.

    Le desabrocho la blusa y la toco, me enloquece, le saco los sostenes y ahora le acaricio sus bubis hermosas con mi dos manos, mientras ella me tira cada vez más el culo hacia atrás y me rosa fuertemente el pene el cual ya tenía totalmente erecto, impaciente por salir del jeans.

    Me gusta mucho jugar con sus bubis y sentir como me masajea el pene con su culo, yo me pongo saliva en mi mano y se la coloco en el pezón izquierdo, acariciando la puntita, ahora hago lo mismo con el pezón derecho y en un minuto, la tengo agarrada de ambos pezones y se los apretó con mayor presión lo que le provoca un gemido y la suelto, lo vuelvo a hacer y vuelve gemir, ahora le vuelvo a agarrar los pezones y no la suelto y le pregunto al oído… “serás mi perrita?”… “si mi amo, seré tu perrita, hazme lo que quieras”… y le suelto lo pezones, por lo que vuelve a gemir.

    Le tomo la cara y se la vuelvo hacia mí y nos besamos, pero siempre ella estando hacia la muralla y yo detrás, mientras nos besamos yo comienzo a desbrochar su pantalón, saco el botón, bajo el cierre y ella se menea cada vez más, le meto la mano entre sus calzones y toco su vagina, calientita, suave, exquisitamente depilada, la acaricio, está tan húmeda que su pantalón esta mojado, la comienzo a masturbar y se retuerce y gime más fuerte, yo no me detengo y mientras la masturbo le meto mi mano en la boca y ella mantiene toda mi mano en su boca. Me muerde y yo la masturbo cada vez más, le froto intensamente el clítoris, retuerce las piernas, con una de sus manos me toma del trasero y me intenta empujar hacia ella con más fuerza, cosa que hago y le doy unos puntazos muy fuertes y grita, me dice “ya para por favor… no me hagas acabar aun…”.

    Paramos un poco y abrimos las cervezas, ella seguía muy agitada y tenía sus mejillas muy rojas.

    —porque razón yo estoy con las bubis al aire y tu todo tapado haaa??? Yo también quiero ver…

    —ven y sácame la ropa si quieres amor

    Le da un tragó a su cerveza y se acerca a mí, me toma de la polera y me la saca tirándola al suelo, luego desbrocha mi jeans, baja el cierre y comienza a bajar mi pantalón y al mismo tiempo ella baja, se coloca de rodillas y saca mi pene, lo toma con ambas manos, me frota suavemente para adelante y para atrás y de la punta me salen gotitas, ella acerca su lengua y lame toda la cabeza, esparciendo ese líquido, comienza a chupar la cabecita y me mira… “te gusta amor??”. Me pregunta y solo puedo asentir con la cabeza, ni siquiera podía hablar, me toma con una mano de los testículos, acariciándolos mientras con la otra me frotaba para delante y par atrás, dejando solo la cabecita en su boca, no aguanto más y le agarro la cabeza y le meto todo el pene en su boca generándole un arcada, pero rápidamente se reintegra y lo vuelvo hacer y suena otra arcada. lo saco…

    —Estas bien?

    —Si amo… no pares!!

    Le tomo la cabeza y le paso la puntita de mi pene por sus labios, ella saca la lengua y se le golpeo con mi pene varias veces, le tomo firme la cabeza y le introduzco todo en la boca, hasta más no poder, sintiendo como traspaso su garganta y como con sus labios golpea mis bolas, se lo saco nuevamente la dejo respirar unos segundos y vuelvo a metérselo y una y otra vez y ahora más fuerte, mis bolas chocan constantemente con sus labios le va corrido saliva por su mentón y sus ojos están llenos de lágrimas, pero yo no paro y sigo, ella coloca sus mano hacia atrás y se mantiene totalmente entregada a mi y con más ganas le penetro la garganta, lo saco y me mira con los ojos húmedos y su pintura corrida y me dice “quiero probar tu leche amo… dámela por favor” y abre su boca y saca la lengua y yo me preparo para darle mi leche, me masturbo muy rápido le agarro la cabeza, se lo meto en la garganta nuevamente y lo saco y me continuo masturbando y se la tiro, el primer chorro le cae en la frente, el otro en la mejilla y el tercero en la boca, ella me lo agarra y lo chupa sin parar sacándome hasta la última gota de semen, se saborea y con sus manos corre la leche que está en su carita, para meterla en su boca y tragársela toda.

    La Ale se va al baño, así que abro una cerveza y solo pensaba en lo ardiente que me lo había hecho.

    —Deben estar más fríos los sushis… aunque tengo ganas de comer chocolate, donde lo dejamos Anto.

    —Está sobre la chaqueta.

    —Hay que recargar fuerzas jajaja

    —Hagamos un brindis… por nuestra cita Ale.

    —Si, me encanto conocerte Anto, no pensé que fueras así.

    —Así como?

    —Tan ardiente, me gustan los hombres así… mira traje algo.

    —mmm que es?

    —Sorpresa! Sorpresa! Ven… siéntate en la cama, te mostrare lo que traje para que juguemos… mmm

    Ella saca un pequeño bolso negro, me lo entrega y me dice al oído.

    —Quiero ver si eres capaz de usar esto conmigo…

    Abro el bolso y saco un frasco de vaselina sólida, un dilatador anal de 8 cm aproximadamente, no muy grueso y otro dilatador mucho más grande de 15 cm, con una cabeza muy gruesa.

    Gateando sobre la cama se aproxima a mí y me dice muy coquetamente.

    —Sabe cómo usar esas cositas conmigo? Quiero ver si te atreves mi Amo.

    Esto me tenía muy excitado, tener frente a mí una chica tan hermosa y con una carita tan inocente pero en el fondo era tan perversa en la cama, era algo que me pillaba por sorpresa y me tenía muy excitado.

    Me doy vuelta y la abrazo, nos besamos apasionadamente. Ambos estábamos solo con ropa interior, con su mano me agarra del pene, mientras yo la beso, me lo saca y me lo chupa profundamente, me succiona una y otra vez, pero necesitaba que parara un poco o me haría acabar nuevamente, así que logro sacarla y la coloco para atrás le saco los calzones y beso sus piernas y subo con mi lengua lentamente, ella se entrega y voy jugando con mi lengua hasta llegar a su vagina, se la froto con mi pulgar, está absolutamente mojada, le chorrea liquido por sus muslo y mi legua recorre toda su vagina, incursionando en todo los rincones hasta lamer suavemente su clítoris, mientras escucho como gime, cada vez más y yo no me detengo, pero llega un momento en que con mucha violencia me agarra de la cabeza y frota toda su vagina en mi cara, varias veces, me deja respirar y vuelve a masturbarse con mi cara, me frota efusivamente y gime muchas veces, yo me separo de allí y le levando las piernas y con la mano derecha saco un poco de vaselina y se la unto en el culo, masajeando su hoyito y siento como hierve de excitación, su mejillas están muy rojas, sus ojos cerrados y sus puños firmes sujetando el cubre cama, le introduzco un dedo y grita, pero no lo saco, por el contrario, se lo dejo dentro mientras me acomodo a lamer su vagina, le paso efusivamente mi legua, mientras muevo mi dedo en su culo. Lo saco y ahora coloco vaselina en dos dedos y le masajeo el hoyito, le meto lentamente los dedos hasta que le entran completamente en el culo, así que sigo lamiendo su vagina y escucho como empieza a gemir cada vez más, le saco los dedos y sin preguntarle nada la levanto y la coloco en 4.

    —Nenita ese hoyito te lo abriré con los juguetitos que me entregaste, prepárate!!

    —Mi amo haz lo que quieras con este culito, es tuyo y ojala lo trates muy mal, me he portado mal necesito que me castigues muy fuerte!!!

    Ufff escucho eso y me pongo muy hot, le coloco vaselina en el hoyito metiendo nuevamente dos dedos, pero ahora le entran más fácil, así que tomo el juguete más pequeño, le pongo vaselina, pero encuentro que es muy pequeño y quiero que sienta como le abro el culo, así que agarro el dilatador más grande, le coloco vaselina, le presiono el ano con el juguete, pero este no entra, está muy apretada.

    —Me estas metiendo el grande?

    —Si nena, tienes un culito muy ardiente que debe ser castigado.

    —Ooh si trátalo mal, muy mal!!!

    Le empujo con más presión y no, no puede entrar, le abro con mis manos sus nalgas y le escupo el hoyito y lo vuelvo a intentar y no dejo de presionar, si siento como entra un poco pero aún falta, le doy una nalgada y grita, le coloco más vaselina y continuo mi labor, debo abrir su culito vuelvo a presionar y se empieza a meter en su ano, pero no del todo, ella gime y aprieta el cubrecamas

    —Anto por favor no pares… quiero sentirlo todo!!

    Y yo obedezco y le presiono con más fuerza el dilatador y de golpe entra todo y ella grita y se aferra a la almohada, se lo saco y cuesta bastante su ano se cerró, pero se lo tiro con mayor fuerza y sale, se lo vuelvo a meter, pero ya no cuesta tanto, ella comienza a masturbarse, se lo saco y se lo meto con mayor fuerza y gime sin detenerse, su ano ahora abierto quedando con la forma del dilatador suelto el dilatador y me coloco yo detrás…

    —Aguanta mi amor!!!

    Y le meto todo mi pene en el culo, sin detenerme hasta que no puede entrar más, ella lanza un grito y comienza a tirar su culo hacia atrás, se siente muy rico, siento como palpita mi pene dentro de su ano, le garro las caderas y comienzo a penetrarla más fuerte, dando embestidas sin compasión, una y otra vez, ella comienza nuevamente masturbarse, yo no me detengo, ella gime cada vez más fuerte, agacha la cabeza apoyándola en la cama al igual que sus hombros, dejándome el culo más parado para penetrarla, sigue masturbándose, le doy tan fuerte como puedo…

    —Dale, dale no lo saques… rómpeme el culo, ahh… ohhhh… más fuerte porfa… dale ohhh… ohhh…

    Y mientras se masturba, se retuerce mojando toda la cama con su gran chorro incontrolable, le dan espasmos y gime muy fuere, al ver ese hermoso squirt, le doy mis últimas estocadas muy fuertes y rápidas, hasta que le lleno todo el culo de leche y ella tirándose hacia atrás sin dejarme sacar el pene.

    —Ohhh que rico!! Mi amo me dejaste llenita

    Y ambos caímos rendidos en la cama.

    —Ufff nena, eres fantástica, no me imaginaba que fueras así… tu carita esconde toda tu perversión.

    —Ese es un alago? Jajaja

    —Si jajaja eres muy bella Ale.

    —Gracias… pero no me hagas sonrojar… mejor pásame el chocolate… queda un poco o no?

    —Sí, lo iré a buscar.

    —Anto y si nos bañamos juntos? Además si ocupaste tanto mi cola, mínimo que le des un masajito jajaja

  • Me cogí a la hermana de mi esposa

    Me cogí a la hermana de mi esposa

    Ese día fui de visita con mi esposa a la casa de mis suegros, al entrar saludé a mi suegro y pasé a la cocina donde estaba mi suegra, así que la saludé y como saben hemos tenido varios encuentros, así que la vi directo a los ojos y mandándole un beso en la mejilla que rozaba más los labios y dándole un abrazo, rodeando con mi mano su cintura que rodeaba más sus nalgas y apretándola fuerte, le dije:

    —Hola suegrita, tiempo sin verla —sentí como en mi oído gimió suave y delicadamente.

    —Te extraño —me dijo suave al oído y sacando su lengua me lamió un poco.

    En ese momento entró mi esposa y saludó a su mamá, yo fui directo a la sala cuando oí un grito.

    —Hermana, hermana —gritaba mi cuñada que hacía mucho tiempo no veía, ya que estaba estudiando en el extranjero. Tenía unos 19 años, estaba haciendo un intercambio para aprender inglés y lo primero que noté, fue lo rica que estaba, tenía un buen cuerpo, unos senos hermosos y bien levantados, más grandes que los de su hermana y suegra, y ya que había probado ambos senos, esto era mucho que decir. Sus nalgas eran prominentes, grandes y redondas, estaba muy bien dotada mi cuñada.

    Me levanté a saludarla y ella sin más.

    —¡Cuñadito! tiempo sin verte, mira cómo has cambiado —me dijo.

    —Cuñadita —le dije dándole un abrazo, para sentir sus senos en mi pecho, ¡qué maravilla! de una vez sentí como mi pene se levantó, miré hacia un lado y vi como mi suegra me miraba la entrepierna y me miraba a mí y sonreía.

    Ese día almorzamos todos juntos en el comedor, y no dejaba de mirar a mi cuñada.

    —Deja de mirarla así, luego te la podrás comer —me dijo mi suegra pasando junto a mí, mientras recogía los platos y esas palabras me desconcertaban, a mi suegra no le importaba que me comiera a otra de sus hijas, siempre y cuando mi pene no dejara de penetrarla a ella también y esa idea me ponía muy duro.

    Yo solo sonreí y comencé a actuar más razonable, me hacía cerca de mi esposa y trataba de encajar en la conversación y así no distraerme y generar alguna sospecha.

    Ya en la tarde salimos todos al centro comercial, a mi esposa y mi suegra le gustaba por ahí andar mirando cosas y yo me iba con mi suegro a tomar algo y esperarlas sentados mientras hablábamos de todo, pero esta vez era diferente, yo quería ir y estar cerca de mi cuñada.

    Entraron a un sitio de ropa y comenzaron a medirse cosas y no podía evitar ver a mi cuñada cuando se probaba una minifalda o un jean, ver sus piernas descubiertas o su culo bien levantado me hacía babear prácticamente, mi suegra y mi esposa salieron del vestier y también se veían muy ricas ambas, de pasar a hacer un trío con ellas e imaginar agregando a mi cuñada a ese trío y comernos todos, me ponía muy caliente, no podía dejar de evitar pensar en ellas tres desnudas frente a mí.

    Estábamos esperando a mi cuñada y demoraba en salir, así que mi esposa y mi suegra salieron

    —Espérala, dile que vamos a estar en la tienda de junto viendo unas cosas para mi mamá —me dijo mi esposa mientras mi suegra con su boca, y yo tratando de leer sus labios entendí que decía “aprovecha”.

    Estaba esperando y nada que salía, y me desesperaba esperar mucho tiempo, así que me acerqué a un vestier y cuando iba a tocar en la puerta que era algo pequeña, vi a mi cuñada cambiándose, vi como estaba su torso desnudo, vi sus inmensas tetas muy paradas y hermosas, con unos pezones paraditos y rosaditos que hicieron que abriera mis ojos hasta mas no poder. Ella solo se miraba en el espejo, parecía estarse detallando su cuerpo, se daba media vuelta y se miraba su precioso culo, paradito también y sonreía al verse.

    Toqué en la puerta antes de que ella se diera cuenta de que la espiaba.

    —¿Cuñadita?

    —Dime —me dijo ella con voz sensual.

    —¿Te demoras? Es que ya tu mamá y hermana se fueron a la tienda de junto, que allá te esperamos.

    —Mmmmm, quiero probarme algo más, ¿me esperas? —me dijo y por supuesto que iba a aceptar.

    —Claro, no hay problema —así que esperé ahí junto a la puerta.

    Al interior, oía como forcejeaba, como si algo no le quedara.

    —¿Te pasa algo?

    —¿Me puedes ayudar? —me quedé mudo— anda, entra, es solo acomodar algo en mi espalda, tranquilo que no estoy desnuda —aunque quería verla desnuda, entré a ayudarla, tenía enredado el brasier con un saco que se estaba poniendo, así que intentaba desajustarlo hasta que lo logré.

    —Espera te quito el saco y así te ayudo y podemos ir con tu familia —le quité el saco, ella se tenía el brasier por delante para que no la viera desnuda y tomé el brasier para ajustarlo por atrás y mientras colocaba los ganchos, ella se volteó.

    —Dime que no deseas chupármelas —me dijo tomándome de la cabeza.

    —eeee… mmm —no podía decir nada, sus grandes tetas me enmudecían y el que estuviéramos en una tienda me ponía nervioso y muy caliente.

    —He visto como me miras y mi madre ya me dijo lo que tienen los dos, nosotras nos contamos todo —me dijo dejándome impactado y feliz a la vez, sabiendo que no les importaba que me las comiera.

    Así que me acerqué a sus tetas y bajando su brasier, comencé a chuparle los pezones, intentaba meter lo que más podía en mi boca, quería llenar mi boca de tan preciosa carne que tenía en sus tetas, sacaba mi lengua y lamía sus senos, con mis manos los apretaba en medio de mi cara, no había tenido unas tetas tan grandes frente a mí, era demasiado excitante.

    Ella me separó y comenzó a bajar, sentía sus pezones por mi cuerpo, me desabrochó el pantalón y lo bajó.

    —Quiero ver por qué traes tan locas a mi madre y mi hermana —y al bajar mi ropa interior, salió mi pene que estaba muy tieso y la golpeó en los cachetes, algo que me excitó mucho y a ella también.

    Ella abrió su boca sorprendida, como si no hubiera visto un pene tan grande y grueso, se notaba como babeaba.

    —Debo tenerte dentro de mí —me dijo llevando su lengua a mi pene y la pasaba por mis venas que estaban a punto de estallar.

    Era un experta chupándolo, no debía decirle nada de lo que me gustaba, como si supiera todo de mí, me mordía mi pene mientras lo succionaba, algo que me encantaba, sus manos en mis bolas las acariciaban haciéndome sentir más placer y no siendo el momento más espectacular, por primera vez mi verga cabía en la boca de una mujer, ella me miró y yo empujando y entrando la metí toda en su boca.

    —Yaya garganta tienes —le dije impresionado.

    Ella se atragantaba un poco y se tocaba sus tetas y eran tan grandes que se las podía acercar a su boca y con ellas acariciaba mis bolas ¡que delicia!

    Continuará…

  • Feliz aniversario, mi amor

    Feliz aniversario, mi amor

    Me encontraba en casa, preparándome para la noche que él me había prometido.  Me puse un vestido negro ajustado, corto, ese que tanto le gustaba y que por cierto él mismo me había regalado. En los pies llevaba unas sandalias negras con un poquito de taco que me hacían ver más estilizada y una cartera.

    Estaba en la puerta esperando a ser atendida por él, pensaba en todo lo que íbamos a divertirnos juntos esa noche.

    -Hola, que hermosa que estás -me dijo y me dio un beso dulce y tierno.

    -Feliz aniversario mi amor -le contesté y le extendí la mano para darle un vino espumante que llevaba para brindar.

    Sonaba la música de fondo luego de haber comido unos tacos hechos por él (ya saben que dicen que cuanto mejor cocina, mejor te sabe hacer el amor). Bailamos en el living y bebimos bastante vino, ya estábamos un tanto borrachos.

    Comenzamos a besarnos y metió lentamente su mano por debajo de mi vestido, me agarró fuerte del culo y me pegó contra él. Pude sentir su verga dura, me excitaba. Aun así, rápidamente se apartó de mí y tomó su teléfono para llamar al Uber.

    Estábamos en el auto, perdidos porque el chofer había tomado un camino equivocado. Eso nos aburría un poco y yo comenzaba a sentir un calor producto de tanto alcohol. Estaba excitada.

    Lo besé a Julio apasionadamente y toqué despacio por debajo de su pantalón. Su verga seguía estando dura tal como la sentí estando en casa. Moría de ganas de que me cogiera.

    -¿Pasa algo ahí atrás? -dijo el chofer, mirando con cara de curiosidad por el espejo retrovisor.

    -Nada -le contesté con una mirada picarona y riéndome. Estaba prendida fuego, quería sentir placer a toda costa.

    -Es lindo -le susurré al oído, haciendo referencia al bombón que nos llevaba al bar.

    -Unite a nosotros -le contestó Julio con una risa burlona como intentando ver la reacción del tipo.

    El auto se había estacionado en un lugar oscuro y quien nos estaba llevando de camino, ahora estaba al lado mío en la parte trasera del asiento.

    Quedé justo entre medio de ellos dos. Besé a Julio tan apasionadamente, jugaba con mi lengua, exploraba su boca y comenzaba a gemir. Extendí mi mano y comencé a tocar el miembro del chofer mientras él hacía masajes a mi vulva en forma circular. Metía sus dedos a un ritmo perfecto, me volvía loca. Era tan sexy, podía oír su respiración y escucharlo dar pequeños gritos de placer.

    Ya no importaba nada. Estaba cabalgando al dueño del auto, un chico sexy y bastante joven. Sentía su verga dentro de mi vagina mojada, era una explosión de placer.

    Mientras me cogía, Julio me besaba el cuerpo. Podía verlo, disfrutaba tanto como yo.

    El asiento era amplio y había espacio suficiente para poder volvernos locos los tres.

    Ahora Julio era quien tenía las riendas. Me tomaba fuerte del pelo mientras me penetraba en cuatro, era su perrita. Su putita, como le gusta llamarme. Mientras esto ocurría, yo le chupaba la verga tan dura al conductor designado.

    Debo decir que este acto no duro más de quince minutos, pero fue como si hubiese durado toda la noche. Tan sexy, tan placentero que no logro poder definirlo en palabras.

    Acabamos, los tres.

    Estaba exhausta, húmeda y sentía que me temblaban las piernas. Sentía como mi vagina ardía en llamas.

    Acomodé mi ropa y ví como Julio se arreglaba el pantalón. El chofer volvió al lugar que le correspondía, como si nada hubiese pasado.

    Llegamos al bar y nos dirigimos a la barra, pedimos un trago y brindamos.

    -Feliz aniversario mi amor -me dijo Julio con una sonrisa burlona y me besó.

    La noche recién comenzaba a brillar.

    Septiembre.

  • Mi crush de universidad (3): En la playa

    Mi crush de universidad (3): En la playa

    Para mí fue una grata sorpresa aquel viaje. Una semana antes de que empezáramos el semestre (y justo antes de que empezara la pandemia) Clara me había dicho que quería viajar a la playa. Yo llevaba tiempo sin ir y la verdad me hacía falta volver a ver el mar. Gracias a que había comenzado a trabajar en lo que empezaba el semestre había conseguido un poco de dinero para hacer el viaje. Desde luego que no iba a ser fácil convencer a mi jefe de dejarme ir a tan pocos meses de haber comenzado a trabajar, pero con la promesa de que iba a recuperar el tiempo perdido, accedió. Pensaba pagarle las horas debidas en la primera semana de clases, ya que nadie solía tomar esos días en serio y pues tenía esa ventaja.

    Con lo de mi trabajo solucionado, le dije a Clara si quería ir conmigo a la playa y accedió. Decidimos irnos en avión para evitar perder tiempo en carretera, el viaje había sido un poco problemático para mí. Mi trabajo requería que estuviera sentado frente a la computadora todo el tiempo por lo que mi espalda estaba algo destrozada, así que había comprado uno de esos pequeños masajeadores que vibran y no me lo quite durante todo el camino

    En cuanto llegamos pedimos un Uber que nos llevaría al Airbnb que habíamos alquilado. Fue una enorme ventaja que lo hiciéramos, ya que el lugar que alquilamos era una casa que estaba cerca de la playa.

    Pronto y dispuestos, dejamos nuestras cosas en la vivienda y fuimos a comer a uno de esos restaurantes de mariscos que estaban en la playa.

    No falta decir que Clara se veía demasiado sexy en bikini. Sus pechos sobresalían ligeramente de él y desde luego que no podía dejar de mirarlos. De vez en cuando debía acomodar mi ligera erección. Verla ahí, sudando, tan radiante, tan sexy, me encantaba. Su piel morenita me había vuelto loco desde la primera vez que lo habíamos hecho, realmente era hermosa y sobre todo era excelente en la cama. Aún no podía creer que había logrado hacerlo con mi crush de universidad y sobre había hecho un viaje solo con ella.

    —Oye, Clara —dije una vez terminado nuestra comida y mientras esperábamos la cuenta—. Estaba pensando, ¿qué te parece si… ya sabes, nos volvemos pareja?

    —¿En serio? —me preguntó ella.

    —Sí, digo ya llevamos tiempo haciendo cosas juntos, estamos aquí solos. ¿Por qué no?

    Clara desvió la mirada hacia el océano y se mordió el labio de forma dubitativa.

    —En realidad pensaba pedirle a alguien más que fuera mi pareja.

    Me quedé sorprendido por su respuesta y me incliné sobre el asiento.

    —¿Has estado viendo a alguien más? —pregunté algo celoso.

    —Sí, no sé si te conté, pero soy bi y pues he estado saliendo con Daniela y… creo que me gusta mucho.

    Regresé a mi asiento y asentí. Daniela era la persona que nos había presentado y la amiga con la que había tenido sexo antes de que empezara a hacerlo con Clara. Podía entender porque ella quería tener una relación con Daniela, era una chica bastante bonita y súper amigable. Suponía que Clara se había hecho muy cercano a ella en el semestre que no había hablado con ella.

    —Ya veo, entonces ¿todo lo que hemos hecho…?

    —Digamos que fue mi forma de decirle adiós a mi parte heterosexual por un momento —me dijo—. Digo, realmente me gusta mucho y quiero que dure.

    —Bueno siempre podemos tener un trío —dije entre bromeando y diciéndolo en serio.

    Clara rio, pero negó la cabeza.

    —Quiero que funcione y no estoy muy seguro que a ella le pueda agradar mucho esa idea.

    Abrí la boca para responder, pero me detuve. Estuve a punto de decirle que ya había cogido con Daniela, pero no estaba seguro qué podría hacerle esa confesión a nuestra amistad. A pesar de todo, Clara seguía siendo mi amiga y realmente se notaba que quería intentar algo con Daniela. Recordé mi relación con Ori y todo lo malo que había pasado, cómo ella me había separado de mis amigos por celos, quizá podría pasarle algo como eso.

    —De acuerdo, lo entiendo —dije intentando que mi decepción no se oyera en mi voz.

    —Oye, pero quiero agradecerte —me dijo tomando mi mano—. Estuviste increíble y creo que no pude escoger a alguien mejor para ayudarme. Espero que no te moleste que te diga todo esto.

    En realidad no lo estaba, prefería que me dijeran las cosas de frente en vez de mentirme, además de que el sexo con ella había sido increíble las dos ocasiones. Le dije que estaba todo bien y ella sonrió.

    Pagamos la cuenta y decidimos meternos al mar unas cuantas horas. Durante este tiempo, estuvimos jugueteando y lanzándonos agua entre nosotros. Me acercaba a ella para poder meterla al agua, pero ella se defendía y me obligaba a abrazarla mientras pataleaba entre risas. Cuando lo hacía, sentía como su cuerpo rozaba el mío. En más de una ocasión, mis manos tocaron sus perfectos pechos, pero su confesión había hecho que no me pudiera concentrar mucho en eso. Había tenido la esperanza que en este viaje pudiéramos volver a tener sexo, pero ahora dudaba si eso era posible, pues lo que me había dicho prácticamente era una forma de decir “este es un viaje sólo de amigos”

    Cerca de las 3 de la tarde, regresamos a la casa para poder comer y recuperar algo de fuerza ya que en la noche planeábamos ir a cenar a un lounge en donde iban a celebrar una noche hawaiana.

    Terminando de comer, Clara decidió ir a tomar un poco el sol mientras yo decidí descansar en uno de los sillones de la casa mientras leía un libro.

    Así que ahí estaba yo, disfrutando de una excelente lectura acostado, cuando Clara entró en la sala, completamente empapada.

    —¿Volviste a nadar? —le pregunté.

    —Sí, es que realmente me gusta mucho el mar.

    —Te entiendo, yo ya lo extrañaba.

    En ese momento, Clara pasó justo por donde estaba yo y pude ver que la parte inferior de su bikini se había metido un poco en su entrepierna, dejándome un excelente vistazo de su trasero. Las palabras en el libro se perdieron y mis ojos no podían despegarse que aquella gloriosa visión del trasero de Clara mientras se secaba el agua.

    —Así que… ¿vas a bañarte?

    —Quizá, aunque quiero comer algo primero —Clara me estaba dando la espalda, quizá sospechaba que seguía leyendo, pues vi cómo le quitaba el nudo a su bikini y lo lanzaba al suelo. Me quedé de piedra al ver su espalda desnuda y comencé a sentir aún más calor del que hacía. Mi mirada se desvió al sillón frente al mío, había dejado una muda de ropa ahí, cuando ella se acercó me atrapo mirándola y desvié la mirada rápidamente a mi libro.

    —Así que te gusta mirar ¿eh? —me dijo con una sonrisa.

    Volví a desviar la mirada. Sus pechos estaban completamente desnudos, aun brillando por el agua que caía de ellos. Se veía tan increíble.

    —No —dije colocando el libro sobre mi entrepierna para ocultar la erección que estaba creciendo.

    —¿En serio? Qué lástima, iba a hacer algo —me dijo comenzando a tomar su muda de ropa.

    —Por pura curiosidad —le dije nervioso y ella se detuvo—. ¿A qué te refieres con eso?

    Clara me miró, sonrió y soltó la ropa sobre la mesa que separaba ambos sillones.

    —Nada importante —dijo pero sus manos se dirigieron al borde de su bikini—. Sólo algo que quizá podría gustarte.

    —¿Cómo qué?

    —¿Por qué no sólo ves? —me dijo sentándose en el sillón y quitándose la parte inferior para luego lanzarlo a mi cara.

    Con rapidez me lo quite para poder verla mientras abría sus piernas y me dejaba ver por completo su coño.

    —Ya veo que si te gusta —me dijo mirando mi erección. Volteé a mirarla también, había crecido tanto que levantaba ligeramente el libro—. Entonces esto te va a encantar.

    Clara metió su dedo índice y medio a la boca para humedecerlos y luego comenzó a masturbarse lentamente.

    —¿Sabes? —Me dijo casi como susurro y entrecortado mientras continuaba acariciando su coño—. En el agua, me estaba gustando como me agarrabas.

    Me senté aun con el libro encima de mi erección, mis ojos no se despegaban de su mano mientras continuaba su movimiento circular sobre sus labios vaginales.

    —Me hizo recordar —hizo una pausa para soltar un ligero gemido— como me cogías en tu casa.

    —¿La primera vez o en la fiesta? —pregunté como un idiota.

    —Ambas.

    Clara continuó masturbándose, mientras yo la veía completamente hipnotizado. Introdujo su dedo medio y anular mientras su otra mano apretaba uno de sus pechos y gemidos salían de su garganta. Quite mi libro y lo dejé sobre la mesa para empezar a tocarme sobre mi pantalón. Podía sentir lo dura que estaba mi verga sobre el pantalón. Al verme, Clara me pidió con una sonrisa y con su dedo índice que me acercara.

    Me levanté del sillón y me arrodille frente a ella mientras no dejaba de castigar su coñito que ya estaba más que empapado.

    —¿Vas a ayudarme o sólo vas a quedarte viendo? —me dijo acercando un poco más su cintura hacia mí.

    —Creí que querías tener una relación —comenté mientras acariciaba sus torneadas piernas y las tomaba con fuerza para dejar la marca de mis dedos en ella.

    —Sí, pero lo haré hasta que regrese —me dijo con una sonrisa—. Ahora quiero que me hagas tuya de nuevo.

    Y así lo iba a hacer.

    Acerque mi rostro para comenzar a comerle el coño, pero me detuve.

    —Tengo una idea —le dije y fui rápido a mi mochila que estaba a la mano gracias a que de ahí saqué el libro que estaba leyendo.

    Busque rápidamente y saque el pequeño masajeador de espalda que había usado en el avión y regresé con ella. Sin darle tiempo de reaccionar, abrí sus piernas lo más que pude y prendí el masajeador para ponerlo en su coño.

    —¡Oh dios! —dijo entre grito y gemido.

    Su coño se empapó de inmediato, mojando también el masajeador. Clara comenzó a retorcerse y a morderse el labio para evitar que sus gemidos se convirtieran en gritos de placer, pero en ocasiones no lo lograba. Estiraba las manos para poder aferrarse lo mejor posible al sillón mientras movía el masajeador de arriba a abajo sobre sus labios vaginales. Su clítoris decidió que también quería un poco de la diversión así que en cuanto salió, desvíe el masajeador directo hacia él.

    Estaba vez Clara no pudo evitar pegar el grito.

    —¡Sí, sí, sí! ¡Sigue! —me decía sin poder evitar que su cuerpo se retorciera.

    Yo miraba maravillado todas sus reacciones, la cara que ponía y sobre todo cómo se mojaba su coño. Unos minutos, ella empujó mi mano y soltó un grito que casi me rompía los tímpanos. Su coño comenzó a fluir como una hermosa fuente y yo no pude evitar acerca mi boca para beber de ella. Tenía un sabor dulce con ligero toque salado debido al agua de mar, pero me encantaba.

    —Wow —me dijo intentando recuperar el aliento después de su orgasmo—. Eso estuvo increíble. Ahora te toca a ti.

    Sin darme tregua, Clara me tomó de la playera y me lanzó contra el sillón para que ahora fuera yo quien estuviera sentado. Sin quitarme la playera ni nada, fue directamente a mi pantalón y lo abrió para sacar mi pene de su encierro y comenzarlo a chupar. Lo metió directo hasta el fondo, lo cual me hizo soltar un gruñido de placer.

    Comenzó a comer mi verga como una hambrienta, se ayudaba con una mano, recorría todo el tronco con su lengua y luego volvía a metérsela hasta lo más profundo que podía antes de repetir el proceso.

    —¡Mierda! Vas a hacer que me… —no pude terminar pues la corrida y el orgasmo llegaron, pero era lo que ella quería.

    No separó sus labios de mi falo mientras llegaba al orgasmo, lo cual hizo que durara más. Cuando termine de correrme, ella se separó y abrió la boca para mostrar que se la había tragado toda.

    —Wow —dije entre cortado.

    —Oh no —me dijo con una sonrisa y colocando mi miembro entre sus pechos—. Aún no hemos acabado.

    Con sus pechos comenzó a acariciar mi falo para evitar que perdiera la erección, pero honestamente no lo necesitaba. Estaba demasiado excitado para eso, así que sólo disfrute lo que estaba haciendo.

    Unos momentos después, Clara tomó mi pantalón y me lo quitó para poder subirse en mí. Me acomode en el sillón para estar más cómodo en lo que ella se empalaba con mi dura verga. Comenzó a montarme como sólo ella sabía hacerlo: con maestría y viéndose como una diosa. Sus pechos rebotaban para mi deleite y ella se tocaba el cuerpo mientras gemía.

    Tome su trasero para intentar controlar sus subidas y bajadas, pero ella tenía el completo control de la velocidad, me dominaba por completo, así que sólo me quedo darle un par de nalgadas mientras dejaba que ella me montara a su gusto.

    Un segundo grito de placer salió de su garganta, su cuerpo se retorció y cayó unos momentos después sobre mi pecho.

    —Está muy sensible, dios —me dijo refiriéndose a su coño.

    —Perfecto —le dije levantándome para ponerla ahora ella sobre el sillón.

    Abrí sus piernas lo más que pude e introduje mi miembro en su entrada para comenzar a penetrarla. Sus gemidos no esperaron. Sin detener mis embestidas, me quite la playera y ella acercó su mano para arañarme ligeramente el pecho. Sus pechos rebotaban al ritmo de mis embestidas y sus gemidos cambiaban de decibeles poco a poco.

    —¡Así! ¡Así! Dame, quiero sentirte hasta el fondo.

    Gruñía de placer al sentir como su coño se apretaba contra mi miembro y hacía que me esforzara más. Su orgasmo no tardó en llegar. De nuevo me empujó para poder disfrutar su orgasmo.

    —Aún quiero más —me dijo en cuanto su respiración regresó a la normalidad.

    —Con mucho gusto —le dije tomando su cintura para darle la vuelta—. Recárgate en el reposabrazos.

    Ella obedeció y arqueó ligeramente la espalda; sin embargo, en vez de penetrarla acerque mi rostro y comencé a comerle de nuevo el coño.

    —¡Oh por dios! ¡Sí! Que rico, que rico.

    Introduje mi lengua dentro de ella y Clara tomó mi cabello para acariciarlo. Me separe de ella y apunte mi miembro en su entrada pero aun sin entrar.

    —¿Qué esperas? Dámelo —me dijo ella volviendo a arquear la espalda.

    —Quiero que me lo pidas.

    —¡Cógeme por favor!

    Gritó en cuanto mi verga entró de repente en ella. No sólo su trasero chocando contra mi pelvis lo que hacía ruido, sino también su mojado coñito al ser golpeado por mis testículos. Agarre el cabello de Clara y lo jale ligeramente para hacer que se arqueara hacia arriba.

    —Así, así. Dame, dame. Me corro.

    Un cuarto grito inundó la casa. Por un momento creí que iba a caerse del sillón de los fuertes espasmos que su cuerpo tenía, pero al bajo un pie para estabilizarse.

    —¡Que rico!

    Volví a meter mi miembro en su irritado coño, estaba a punto de llegar al orgasmo yo también.

    —¡Dame! ¡Dame! Así. Me encanta —sus palabras me infundían ánimos.

    Casi como sus orgasmos, el mío llegó casi de imprevisto y apenas tuve tiempo para poder salirme de ella y correrme en su trasero y parte de su espalda mientras soltaba un gruñido de placer.

    Caí de espaldas en el sillón, intentando que mi respiración se recuperara y Clara movía su trasero de un lado a otro mientras me volteaba a ver con una sonrisa.

    —Wow —me dijo.

    —Sí, wow.

    —Y pensar que apenas llevamos un día aquí —me dijo riendo ligeramente.

    Yo también reí, pues tenía razón. Aún nos quedaba una semana por delante.

    Esa noche fuimos al lounge pero no nos quedamos mucho tiempo pues ambos estábamos cansados por el ejercicio de la tarde.

    Los siguientes días paseamos en los parques turísticos, fuimos a la playa y desde luego que tuvimos mucho sexo.

    Lo hicimos en la cocina, en la ducha, en el cuarto y en unas ocasiones lo hicimos en la playa en la noche frente a una fogata y en otra ocasión hicimos un 69 en una hamaca (lo cual recomiendo mucho).

    Cuando regresamos a la ciudad, Clara comenzó a andar con Daniela y hasta ahora siguen siendo novias.

    Hablo con ambas y pregunto cómo van con su relación, ambas parecen felices y me alegraba por ellas.

    Ahora que empezó la cuarentena no se habían podido ver a lo cual ambas se quejaban por la situación, sobre todo porque ambas ya habían cogido y necesitaban verse.

    Hace unos días volvía a hablar con Clara y mientras hablábamos de un tema y de otro, recordé aquella sugerencia que le había hecho en nuestro viaje. Llevado un poco por mi calentura, decidí preguntarle:

    —Sabes, me gustaría en alguna ocasión ver como lo hacen tú y Daniela.

    —No serías el único jajaja, pero no sé me animaría a tener un trío. Esta cuarentena me ha puesto demasiado caliente y como que se me ha antojado.

    —¿Entonces qué dices si lo hacemos terminando la cuarentena? Yo estoy dispuesto.

    —Bueno, veremos qué tal está tu suerte para entonces.

    Estaba casi seguro que me lo decía de broma, o quizá realmente era la calentura en el encierro la que hablaba, pero pensar que la posibilidad de tener un trío con ambas.

    Ya veremos que sucede…

  • Mi tío sexagenario, la vecina y yo

    Mi tío sexagenario, la vecina y yo

    Ese domingo se celebraba la fiesta del barrio. El plato fuerte de la mañana era el tradicional partido de solteros contra casados siempre muy disputado. Yo asistía de espectador debido a una lesión en el tobillo que me había impedido jugar. El partido acababa de iniciar la segunda parte cuando detrás de mí sentí una cálida voz femenina.

    —Hola vecino, no juegas hoy?

    Era mi vecina Marta, iba acompañada de una amiga y estaba espléndida con un ligero vestido de tirantes sin apenas escote, pero marcando toda su espléndida figura y su ya prominente barriguita.

    —Ya me gustaría, pero me torcí el tobillo y no puedo jugar…

    —Qué pena, por cierto… —Dijo sacando su móvil del bolso.

    —Podrías darme tu móvil profesional.

    —Eh, si, si claro. Es el 678…

    Su amiga se quedó un poco parada, pero ella enseguida dijo sonriente:

    —Siempre va bien tener a mano el teléfono de un buen abogado. Verdad vecino?

    —Cierto, nunca se sabe…

    —Ya sabéis, siempre a vuestra disposición… —Dije con la mejor de mis sonrisas.

    Y despidiéndose se alejaron hacia la salida.

    Yo las seguí con la mirada y contemplando su redondeado trasero no pude evitar recordar la última imagen de su culo abierto rezumando semen después de la gran follada que tuvimos dos semanas atrás.

    Finalmente volví la vista al partido y a los 5 minutos me interrumpe un inesperado SMS:

    “Te espero en los lavabos junto a los vestuarios. Te necesito. Marta.”

    Joder, para eso quería el móvil la muy zorra. Miro mi reloj quedaban 30 minutos para que acabe el partido.

    Los vestuarios se encuentran en el sótano del polideportivo ahora vacíos puesto que se estaba disputando el partido. Así que me apresuré a bajar.

    Entré y no vi a nadie, iba a volverme cuando desde atrás unas manos taparon mis ojos y sentí la tibia dureza de unos pezones en mi espalda.

    —¡Sorpresa! ¿Quién soy?

    —Estás loca vecina… ¿qué quieres?

    Con su lengua rozando mi oreja me susurró…

    —Quiero tu polla… desde que me follaste nadie me ha tocado y estoy que ardo…

    Y con su mano masajeó mi entrepierna notando como mi verga se endurecía casi instantáneamente.

    —Aquí nos pueden pillar, vamos a otro lugar… —dije sin mucho convencimiento.

    —No, necesito sentirla ahora, venga fóllame maricón…

    Eso ya me puso a cien… Se va a enterar la muy viciosa.

    —Quítate las bragas —le dije al tiempo que me la sacaba por la abertura de la bragueta.

    Ella obedeciendo se sacó las bragas y las metió en su bolso. Yo aproveché para bajarle los tirantes y liberando sus estupendos pechos le chupe sus endurecidos pezones.

    —Arrodíllate y pónmela a tono… venga putita que te voy a dar lo que tanto pides.

    Ella complaciente se arrodilló y me regaló una breve mamada ya que en cuanto la tuve bien dura la apoye contra el lavabo y sin contemplaciones se la metí desde atrás. Se la metía profundamente con rudeza y la sacaba del todo para volver a enfundarla, me daba igual su embarazo. Al tiempo le masajeaba los pechos apretando sus erguidos pezones y le susurraba lo zorra y viciosa que era al dejarse follar en cualquier sitio engañando a su marido.

    No tardé en sentir las convulsiones de su orgasmo y aprovechando ese momento lubriqué con sus flujos su rosado ano y sin más dilación se la metí lentamente, pero sin parar hasta el fondo. Sacándole un estremecimiento y leve suspiro no sé si de dolor o placer.

    —Cabrón, como te aprovechas… ahhh…

    La tía era una verdadera puta, le gustaba hasta por el culo.

    En eso estaba gozando de las estrecheces de su recto cuando oímos unos pasos provenientes del pasillo.

    —Viene alguien, escondámonos en una letrina —le dije sacando la polla de su ano.

    Nos dirigimos a la letrina más próxima y sentándome en la taza le dije:

    —Cierra y no hagas ruido.

    Ella cerró la puerta y poniéndose de cuclillas recogió mi polla, todavía fuera del pantalón y se la metió en la boca iniciando una experta mamada alternando profundas succiones con suaves lamidas a lo largo del tronco y capullo. Yo en silencio lo único que podía hacer era disfrutar de la faena y aprovechar su posición para acariciar sus pechos desnudos.

    La persona que entró en una letrina cerca de nosotros orinó y se fue enseguida sin percatarse de nuestra presencia.

    Pero Marta seguía degustando mi polla y de vez en cuando me pajeaba al tiempo que su lengua rozaba mi capullo, estaba ya apunto de venirme cuando de pronto…

    —Marta, estas por aquí… —la voz de su amiga provenía del pasillo.

    —Mierda…

    —Es Elena mi amiga, que ha vuelto de un recado y me busca. —Dijo Marta dejando de mamar.

    —Estoy en el lavabo, ya voy Elena.

    —Vale, pues te espero fuera…

    Y acomodándose el vestido se puso las bragas.

    —Siento dejarte así, pero si no me voy sospechará… uff yo tampoco he tenido bastante, necesito más polla.

    —Ya, al menos tú te has corrido, a mi mira como me has dejado. Mi polla todavía apuntaba al cielo.

    —Líbrate de tu amiga y acabamos lo que hemos empezado.

    —Mejor esta tarde, sino mi amiga al final se imaginará algo. Esta tarde a las 3 mi marido tiene comida con sus amigos ¿dónde quedamos que no sea en mi piso?

    Pensé rápido, en mi piso estaba mi tío de visita unos días, pero a esa hora dormía la siesta, así que le dije.

    —Ven a mi piso te estaré esperando. Ah! y no lleves nada debajo del vestido no quiero perder tiempo —le dije seriamente.

    No contestó. Me espetó un morreo de lengua bien profundo que casi me deja sin respiración antes de irse corriendo para arriba.

    Esperé un par de minutos y salí con tiempo para ver los últimos 10 minutos de partido. En el otro lateral ella modosita estuvo hablando con su amiga hasta que al finalizar el encuentro sus maridos las saludaron con un breve beso y partieron juntos al vestuario.

    Yo me fui a casa a comer y adecentar un poco el piso. Me preocupaba que mi tío estuviera en casa, pero al final pensé que si se despertaba no me importaría en absoluto compartir a mi vecina con él. Conociendo a mi tío seguro que no le haría ascos a una embarazada sedienta de polla. Además el pobre a sus 61 años a saber el tiempo que no mojaba con una mujer ‘decente’.

    Un par de horas después. Ding… dong…

    Abrí la puerta y allí estaba ella con su cara angelical de siempre.

    La hice pasar y cerrando la puerta tras ella le dije:

    —Espera, quiero comprobar si me has obedecido.

    Y apoyándola en la puerta introduje mi mano por debajo del vestido, lentamente recorrí el corto camino hasta encontrar su sexo desnudo y mojado. Marta suspiro al empezar a pajearla mientras chupeteaba su cuello y nuca.

    —Ahhh… cabrón, follame ya… ahhh… nooo

    Mi dedo índice invadía ahora su recto bien untado de flujos y Marta empezaba a temblar al sentir mis dedos en su recto y vagina simultáneamente.

    Yo también me estaba calentando.

    Con mi otra mano bajé el cierre posterior de su vestido y le bajé la parte superior liberando sus pechos pasando a besarlos y lamerlos con auténtica devoción.

    El trabajo de mis dedos en su clítoris y agujeros junto con el chupeteo de sus pezones hizo que se viniera de forma suave deshaciéndose en gemidos.

    —Ahhhh… dios… me estoy corriendo…

    Era demasiado sus jugos rebosaban empapando mi mano.

    —Así venga… córrete zorra…

    Esperé que cesaran sus temblores y la lleve al buff del sofá, allí la tumbé y le acerqué mi polla a su boca.

    —Vamos, trabájame un poco la polla antes de follarte como te mereces.

    Ella complaciente empezó a lamerla con pasión y al momento me la puso bien dura.

    —Venga maricón, fóllame ya de una vez… Necesito sentir una buena polla.

    Dicho eso se puso en cuatro encima del buff y recogiendo su vestido dejo a la vista sus dos agujeros.

    Viéndola así con el vestido enrollado en su cintura dejando ver sus hermosos senos colgando y su culo abierto, no pude más y se la metí de una estocada hasta el fondo del coño.

    —Ahhhh… cabrón, siii… dame más.

    Marta jadeaba como una loca a cada embestida hasta que se corrió de nuevo entre gemidos de placer.

    Yo ya más controlado paré y le dije:

    —¿Quieres más?

    —No pares, sigue… necesito más polla.

    —¿A si? ¿y por aquí también?

    Y diciendo eso se la empecé a introducir por el culo aunque solo la punta, para tantear.

    —Ahh… cabrón… que haces, sigue métela todaaa…

    —No, vecinita quiero que sea tu culo quien se trague mi polla así que empuja.

    Ella excitada más que nunca obedeció y con suaves vaivenes de su culo fue engullendo por su ojete la totalidad de mi polla.

    Y entonces, de pronto, se paró en seco. Enseguida vi el porqué, a pocos metros mi tío estaba contemplando la escena.

    Estaba semidesnudo solo cubierto por unos calzoncillos que marcaban un tremendo bulto lo que junto con su mirada babeante denotaba su excitación por la escena que estaba viendo.

    Ella hizo intención de salirse, pero yo sujetándola le dije:

    —Quieta, parece que vas a tener doble ración hoy.

    —Tío venga acércate y siéntate en el sofá que nuestra vecinita te quiere dar la bienvenida.

    —Pero esto, yo no… —Dijo ella sin mucha convicción.

    —Tu harás lo que te diga o tu marido sabrá lo puta que eres… venga levanta.

    Y diciendo esto me salí de su hermoso culo y la acompañe al sofá.

    —Vamos, arrodíllate y chúpasela… —Le dije al tiempo que la empujaba hacia abajo.

    La imagen era de vicio, mi tío un sesentón, barrigudo y desaliñado sentado con su polla pugnado por liberarse de la prisión de sus mugrientos calzoncillos y Marta arrodillada ante el a punto de complacer a un viejo al que acaba de conocer.

    —Venga muévete, a qué esperas para sacarla —dije ante la indecisión de Marta— bájale los calzoncillos vamos.

    Ella excitada obedeció y al bajar los calzoncillos, llenos de manchones amarillentos, la gruesa polla le golpeo en la mejilla al tiempo que un olor fuerte y agrio casi me tumba de espaldas.

    Ella al sentir el fuerte olor que desprendía la polla del viejo intento separar la cabeza, pero mi tío agarrándola por la nuca se lo impidió.

    —Lámela toda —ordenó— de arriba a abajo… —haciendo fuerza en su nuca.

    Sin otra opción, Marta empezó a lamer primero el enrojecido glande y después todo el mástil limpiando todo rastro de orines secos y finalmente se introdujo a duras penas el glande dentro de su boca debido a la extrema anchura que tenía.

    Yo hasta ahora quieto y muy excitado viendo la excelente felación aproveche que Marta estaba con el culo en pompa para volver a metérsela por el culo.

    El trabajo oral a mi tío seguía ahora junto a mis acometidas y de nuevo Marta empezó a dar muestras de llegar al clímax dejando por un momento la mamada.

    —Esta zorra la chupa de primera, me tiene el caramelo a punto.

    —No, no te corras aun, ven fóllatela tu ahora por el culo —le dije. Y saliéndome intercambié posiciones con mi tío que aunque la tenía más gruesa, le acabó de ensanchar el ano.

    Marta con algo de dolor acabó encajando la gruesa polla en su recto y ya parecía disfrutar del suave meneo de mi tío, que gozaba como un chaval conquistando el culo de la vecinita.

    —Chupámela venga… —le dije acercándole la polla a sus labios.

    Marta se retuvo al ver mi polla algo sucia de su culo, pero ayudado por las embestidas de mi tío se la metí en su boca y no tuvo más remedio que degustar todos los fluidos.

    Al poco de nuevo vi como mi tío aceleraba sus embestidas y Marta ponía los ojos en blanco. La muy puta se corría de nuevo al tiempo que yo sin poder evitarlo explotaba llenando su boca de leche que apenas podía tragar bajo los efectos de su nuevo orgasmo.

    —Así putita ahora abre la boca que ahora voy yo…

    Todavía sin reponerse de mi corrida mi tío se salió de su culo y metiéndosela en la boca también se corrió de inmediato en su garganta obligándola a tragar la mayor parte del semen.

    Así arrodillada la dejamos mientras se relamía el semen que todavía escurría por sus labios.

    Mi tío que se acomodó junto a mí en el sofá dijo:

    —Joder como chinga la puta esta, solo de ver lo golfa que es me la pone dura de nuevo.

    —Que pasa no me vais a follar más, cabrones?

    —Claro zorrita, pero primero vas a hacerme una limpieza de bajos como hace tiempo que ninguna me la ha hecho.

    Y Marta ya débil y entregada por la calentura que la invadía se apresuró a comérsela de nuevo a mi tío.

    —He dicho de bajos zorra, así que a chuparme los huevos…

    Increíblemente Marta sumisa obedecía y su húmeda lengua exploraba los peludos huevos de mi tío.

    —Venga ahora sigue más abajo, quiero sentir tu lengua bien adentro —y diciendo esto se recostó levantando sus piernas para permitir el acceso la lengua hasta su negro y maloliente agujero.

    Esta vez Marta ante la propuesta y la visión del negro y sucio agujero pareció dudar, pero enseguida complaciente su lengua se deslizó huevos abajo haciendo gemir y gozar al viejo de mi tío que ya estaba con la polla bien dura de nuevo.

    Y a mí también se me había puesto bien dura al ver como de guarra podía llegar a ser la zorra de mi vecina.

    Cuando ya Marta había saboreado todos los oscuros rincones del viejo.

    —Venga sobrino túmbate en la alfombra que esta putita se merece el plato fuerte. Y tú ponte putita ponte encima…

    Marta se sentó a horcajadas encima de mí calzándose mi polla hasta el fondo de su vagina. En esa posición aproveché para comer de nuevo sus erguidos pezones.

    Al momento mi tío se situó detrás y noté como su gruesa polla se enfundaba por su abierto ojete y como ella jadeaba como una loca sintiendo sus dos agujeros llenos de polla.

    Tanta follada simultánea la venció nuevamente y un sonoro orgasmo le puso los ojos en blanco.

    —Ahhhh… dios… ahhhh

    Mi tío aumentó el ritmo buscando correrse, pero ella con la voz temblando dijo:

    —Nooo es… espera, la quiero en la bo… bocaaa…

    Mi tío la sacó de su culo y se la dio a chupar, cosa que ella irguiéndose empezó a hacer con devoción al tiempo que le pajeaba el tronco.

    Yo aproveché su cambio de postura para sacarla del coño y metérsela por el culo y disfrutar más de su estrecho conducto.

    Al poco mi tío se corrió nuevamente en su garganta y ella de nuevo tragó todo el semen que pudo escurriendo y limpiando todo la polla de mi tío que finalmente exhausto y satisfecho se recostó en el sofá.

    Ella de todas formas seguía cabalgando con mi polla en su culo y acelerando volvió a gritar de nuevo al sentir la llegada de un nuevo orgasmo ayudada por mi dedo en su clítoris.

    —Ahora me toca a mi correrme zorrita… —le dije al ver que paraban sus temblores.

    Obediente se salió y acuclillándose se puso a pajearme al tiempo que me chupaba de forma magistral mi henchido glande alternando lamidas y succiones. No pude aguantar más que unos segundos y en un momento que su lengua golpeaba mi glande disparé todo el semen que me quedaba y aunque al momento se apresuró a engullirla no pudo evitar que su angelical rostro se impregnara de goterones de semen. De nuevo acabó la faena exprimiendo y lamiendo hasta la última gota de semen incluso el de su rostro que yo con mis dedos le iba pasando hacia sus labios.

    Agotado me recosté también en el sofá diciéndole:

    —Mejor ves y aséate un poco que hueles a semen a kilómetros y tu marido se dará cuenta enseguida.

    Al volver del aseo ya con el vestido bien colocado y los labios pintados de rojo parecía la Marta angelical de siempre aunque se notaba en su cara aun un cierto enrojecimiento.

    —Debo irme… —anunció.

    —Espera antes debes pasar revista…

    —Que?

    —Enséñanos tus pechos de nuevo…

    Se bajó los tirantes y sus pechos saltaron erguidos.

    —Acércate…

    Se acercó y le di dos suaves besos en cada uno y se los volví a cubrir. Ella suspiró.

    —Ahora enséñanos el culo…

    Se giró y levantó el vestido mostrando su hermoso culo y recientemente profanado culo.

    —Ven aquí… —le dijo mi tío.

    Y hundió la lengua en su ojete dándole un profundo beso. Ella suspiró.

    —Date la vuelta…

    Y ahora le tocó el turno a su suave coñito. Ella suspiro aún más.

    —Esto es para mostrarte nuestro agradecimiento, ahora ya puedes irte.

    Ella iba a irse cuando…

    —Es que no vas a despedirte, como se debe?

    —Cómo?

    —Como lo que eres, una ramera! bésanos la polla …

    Enrojecida se agachó y nos besó la polla a ambos dejándonos sus rojos marcados en el glande.

    Acto seguido desapareció por la puerta y hasta ahora yo no he vuelto a tener relación con ella aunque sé que mi tío un día la pilló por la tarde en el ascensor y se la hizo mamar en el ascensor hasta venirse en su boca.

    Atzar

  • Me comí las tetas de mi cuñada que tanto había deseado

    Me comí las tetas de mi cuñada que tanto había deseado

    Era un día de verano, un verano de esos calurosos como suelen ser en esta zona de España. Yo era un chico de 28 años, casado desde hacía ya cuatro, pero sin hijos todavía.

    Mi mujer era una chica con un cuerpo fabuloso, una larga cabellera negra y unos ojos marrones profundos como el océano. Su trabajo hacía que muchas veces se tuviese que ir todo un día desde la mañana hasta cerca de las diez o las once de la noche.

    Ese día se había ido de buena mañana y yo que estaba de vacaciones estaba tirado en la cama cuando sonó el teléfono, me levanté de un salto y me dirigí hacia el mismo, cuál fue mi sorpresa al descolgar y sentir la voz de mi linda cuñada al otro lado:

    —Hola…

    —quien es…

    —Soy yo Luis ¿dígame?

    —Hola Luis ¿no está Laura?

    —No, no, esta vez se ha ido temprano esta mañana y no creo que llegue hasta la noche ¿por qué?

    —Era para ver si queríais venir un rato a la playa.

    —Pues no está.

    —Y tu ¿qué vas a hacer?

    —Pues, la verdad no lo sé, no había pensado nada para hoy.

    —¿por qué no te bajas tú con nosotros un rato?

    —Uhmmm…

    —Venga no te hagas tanto de rogar y ven, no acepto un no por respuesta así que te espero en veinte minutos.

    Después de decirme esto me colgó el teléfono con lo cual no tuve más remedio que ponerme mi bañador y prepararme para ir.

    He de decir que mi cuñada pese a ser mayor que mi mujer está muy bien, es una de esas mujeres que parece que los años no pasen para ella. Es alta, medirá cerca de 1.80 m, con una melena castaña y con mechas de color rojo, unos pechos bien proporcionados, unas piernas que parece que no se acaben nunca y una cintura de avispa, vamos una mujer de bandera pese a haber tenido ya un hijo. Mi cuñado era un tipo grotesco con una prominente barriga y siempre de mala leche. La verdad no sé cómo la pudo conquistar con esa manera de ser, pero bueno eso no lo sabría nunca.

    Sin más preámbulos me dirigí a su chalet con mi coche si es que se le puede llamar coche, era un Ford Fiesta que ya tenía ocho años y estaba para nada, justo a principios de verano se me había estropeado el aire acondicionado y no encontraba recambio para él. Así que llegué con toda la camisa sudada. Nada más llegar advertí que el coche de mi cuñado no estaba, aparqué y me dirigí hacia la puerta y antes de que pudiese llamar me abrió mi sobrino.

    —Hola tío, como estas ¿y la tía ?

    —Está trabajando, Quique, así que no podrá venir.

    Al momento salió mi cuñada de la cocina

    —Hola Luis ya estás aquí?

    Marga que así se llama mi cuñada vestía siempre de sport por lo que siempre escondía algo su estupenda figura, pero ese día se había puesto un lindo bikini azul y un pareo blanco con lo que pude admirarla en todo su esplendor durante unos segundos hasta que ella misma me dijo:

    —Que miras parece que no hubieses visto nunca una mujer con bikini.

    Dicho esto se rio y me miró de una forma un tanto pícara.

    En ese momento sonó el timbre de la puerta y como siempre mi sobrino que en ese momento estaba como la mayoría de los niños de hoy en día liado con uno de esos juegos de no sé qué consola de un salto abrió la puerta, era un amigo suyo sugiriéndole ir a jugar al fútbol en vez de ir a la playa a lo que él accedió después de haberle pedido permiso a su madre y se marchó.

    Así que nos habíamos quedado solos yo y mi cuñada. Nada más cerrar la puerta ella me dijo que se iba a cambiar el bikini pues este decía que no le gustaba como le quedaba y se fue a su cuarto dejando la puerta entreabierta. Yo que después de la visión estupenda de un momento antes al verla salir de la cocina me había empalmado y trataba de disimularlo con la camisa.

    No pude aguantar la tentación de mirar a su cuarto y entonces fue cuando me acabó de subir la calentura, tenía unos pechos lindos y firmes con unos pezones grandes y rosados, después se quitó la braguita del bikini y le pude ver un estupendo coñito afeitado y rosadito.

    En ese momento de repente se dio la vuelta y me pillo in fraganti tapándose como pudo sus partes que de pudendas no tenían nada:

    —¿Qué haces Luis? ¡Me estabas mirando! ¡Eres un cerdo!

    Yo no sabía que decir…

    —Veras… es que yo… quería decirte… bueno que…

    —Sí, sí, ya veo. —respondió ella.— ¡Sal de aquí ahora mismo!

    Y me dirigí al salón pensando en lo que le podía decir para disculparme cuando salió ella de la habitación diciéndome:

    —Pero si estás casado con mi propia hermana como te has atrevido a espiarme. Cómo vamos a arreglar esto.

    —No se lo digas a tu hermana por favor. —dije yo.

    —Bueno, pero me tienes que explicar por qué me mirabas a mí. Cuando mi hermana es mucho más guapa y linda que yo, no lo entiendo. Y yo ya soy casi una vieja a su lado.

    —No, eso no es cierto. —respondí yo—. Tú eres una mujer espléndida y con un cuerpo de ensueño por cierto.

    —Bueno vamos a olvidar el tema. —Me dijo ella.— Anda ayúdame a abrocharme el sujetador del bikini que sola no puedo.

    Me dirigí hacia ella con una vergüenza terrible para ayudarla y una vez detrás de ella le abroche el bikini, cuando ya lo había abrochado y me iba a apartar de su lado me cogió las manos y se las puso en sus maravillosas tetas diciéndome:

    —Mira las tengo aun bien duritas tócalas, ya que las has visto.

    En ese momento me volví a empalmar aún más que antes y supongo que ella lo notó inmediatamente porque estaba pegado a su culo.

    —Que te gustan mis tetas, te las querrías comer verdad?

    —Si por supuesto que sí. —dije yo.

    —Pues comételas y aprovéchate porque no lo volverás a hacer. —dijo ella.

    Sin pensármelo dos veces le levanté el sostén y me comí esas tetas que tantas veces había deseado, tirando a mi cuñada en el sofá, le comí las tetas y sus lindos pezones. No pude aguantarme más y le quité la braguita y le comí su lindo coño haciendo que se contonease de placer, hasta hacer que sus jugos saliesen de su cuerpo como un río de lava ardiente.

    Hice que se corriera dos veces solo con mi lengua y después le puse mi polla en la boca para que me hiciese una buena mamada como así fue me dio, una mamada como nunca me habían dado en la vida metiéndose mi polla hasta lo más hondo de su boca y mordisqueándome el capullo suavemente con sus dientes con lo que no tardé en correrme en su boca.

    Quedando los dos extasiados de placer en el sofá nos fumamos un Marlboro para disfrutar de ese momento y nada más acabarnos el cigarro me volvió a coger la polla y se la comió de nuevo diciéndome:

    —ahora quiero que me folles y que me folles bien.

    Me senté en el sofá y la senté a ella encima de mi metiéndole mi polla en su caliente coño, primero de cara y luego de espaldas a mí se puso a cabalgar sin descanso hasta que nos corrimos de nuevo, pero no tenía bastante y me pidió que me la follase por el culo me dijo que a su marido le daba asco, decía él. Así que la puse a cuatro patas y fui metiéndole poco a poco mi polla, al principio gritó de dolor, pero una vez dentro solo me pedía más y más, así que yo le di más y más sin descanso.

    Cuando acabamos nos dimos una estupenda y refrescante ducha los dos juntos. Nos secamos y decidimos tomar un refresco en la terraza. Al poco tiempo llegó mi sobrino chillando de contento:

    —Mamá, he metido un gol! He metido un gol!

    Y yo miré a mi cuñada riéndome y pensado que yo también había metido un par de buenos goles…

    FIN

  • Aquel hombre quince años menor que yo (Final)

    Aquel hombre quince años menor que yo (Final)

    Fue entonces que aquel hombre joven y yo nos encontrábamos ya en el cuarto de un hotel a las orillas de nuestro pueblo, llegamos en automóvil, la luz de la tarde comenzaba a esfumarse. Recuerdo con claridad haber hecho un par de llamadas para decirles a mis hijos que al rato pasaría por ellos, mi esposo se encontraba en un evento de trabajo y no le llamé, tampoco él lo hizo.

    Una vez que colgué, comencé a desvestirme para mostrarle la ropa sexy a mi príncipe, que nutriera su mirada con el atuendo erótico que me había puesto para él. Él empezó a quitarse sus zapatos y pantalón, y yo no dejaba de lucirle mi ropa interior, eso me encantaba, me excitaba ver cómo era deseada por este hombre, me levantaba el ánimo.

    Me puse un corsette, medias obscuras, tanga de encaje, en verdad me puse muy sensual y aquel hombre joven con mus mirada me devoraba, eso me encantaba.

    No había marcha atrás, recuerdo que nos abrazamos y empezamos a comernos a besos, nos metíamos la lengua intensamente, el con sus manos me tocaba distintas partes de mi cuerpo, se agasajaba con mis nalgas, con mis senos, mis piernas, en fin, era un festín de caricias que hizo que abriéramos la puerta a quitarnos la ropa que nos faltaba, estábamos desnudos completamente, y mi príncipe, el calor aumentaba después de los besos y arrumacos, yo comenzaba a sentirme poco mojada, y pude notar que en la punta de su miembro viril se acumulaba un indicio de semen, como líquido pre seminal, la cabeza de su pene estaba algo mojada y eso me prendía aún más.

    Entonces empezó la jornada de aquella tarde, recuerdo que aquel hombre quince años menor que yo me pidió que me inclinara sobre la cama en la posición de «perrito» para desde ahí perpetrarme, y yo ansiosa de sentir su pene, lo complací inmediatamente. Recuerdo haber colocado mis rodillas y manos sobre la cama e inclinarme en tal posición para esperar sus embestidas. Si mi vagina se le ofrecía a este hombre joven desde ese ángulo, estaba exhibiendo la mercancía más íntima y preciada a un hombre que no era mi esposo, y lo hacía sin remordimiento alguno, lo añoraba, lo necesitaba, quería sentirlo nuevamente, quería que me tomara, que me hiciera suya, que me penetrara.

    Mi piel blanca estaba lista para recibirlo, y fue cuando se acercó con su miembro viril completamente erguido y la encaminó a mi parte más sagrada, lentamente me la empezó a meter, que rico sentía!, cada centímetro que me recorría me hacía feliz, sentí como sus manos sujetaban mi cintura y su cuerpo se impulsaba para que su pene estuviera dentro de mí. Si, este hombre joven me estaba metiendo su vara de carne, su miembro viril, sentí como su pene finalmente se internaba todo en mí, era una sensación única, mágica, maravillosa.

    Comenzó a darme macanazos de su pene en mi interior, me restregaba su vara en mi parte muy sagrada, recuerdo que yo emitía sonidos de gran excitación por lo que estaba sintiendo, era placentero y maravilloso. Me la estaba metiendo un hombre que no era mi esposo, me entregaba a él sin culpas, sin miedos, sin remordimientos.

    Cada embestida que me daba me acercaba a un primer orgasmo, me gustaba mucho sentirlo, sentirlo dentro de mí, y en un instante me recostó y se subió arriba de mí para ahora penetrarme en la posición de «misionero», ese cambio repentino y esa brusquedad me gustó mucho, sentí su fuerza de hombre y yo me sentía sumisa ante lo que me hacía, esa bravura me excitaba.

    Ya me estaba «cogiendo» en esa posición, me tenía loca en este mar de emociones, no dejábamos de besarnos mientras me restregaba su tranca, mientras me poseía. Su pene entraba y salía rápido, que rico sentirlo. Llegó el primer orgasmo para los dos, casi al mismo tiempo nos venimos, permití que me echara su semen, que me depositara su esperma, fue una sensación indescriptible.

    Terminamos recostados y no dejábamos de besarnos, una risa de regocijo por lo acontecido me invadía y me atreví a decirle de lo emocionada que estaba: «que loca estoy» él se reía de mis ocurrencias. En ese momento comprendí que estaba muy enamorada, demasiado, y lo que me hacía sentir este joven hombre era único, me había devuelto la vida después de una rutina agobiante, después de los problemas con mi marido, era una bocanada de aire fresco a mi vida.

    Descansamos un poco, y en ese lapso recordé alguna de las pláticas candentes que tuvimos por el chat, recuerdo cuando se mencionó lo del sexo anal y eso me excitó mucho, estaba tan loca y ansiosa por él, quería complacerlo y que él se sintiera lo mejor posible, y le propuse que me penetrara por mi ano.

    Quería darle un regalo muy especial a mi príncipe, algo que a nadie más se lo había dado. Me casé joven y virgen, pero nunca tuve sexo anal con mi marido, y ahora algo en mi interior me pedía que le entregara este regalo al hombre joven que yo llamaba «mi príncipe».

    Sí, yo una mujer casada, estaba a punto de entregar una parte muy íntima a este hombre joven, una parte que nunca le había permitido tener acceso a mi esposo y hoy me nacía dársela a mi príncipe. Entonces le dije, me gustaría que me penetraras por mi ano, quiero sentirte por atrás, y él aceptó.

    Recuerdo que nos pusimos de pie, y yo me incliné un poco, y con mis dos manos tomé mis glúteos y los extendí para recibir su pene desde ese ángulo, recuerdo que me abrí un poco para sentir su miembro viril en mi ano.

    Él tenía su pene erecto, y con su mano derecha lo encaminó a la entrada de mi ano, y entonces comenzó a meterlo, me sentí excitada, me encantaba sentir como su vara de carne se abría paso poco a poco en ese lugar estrecho, me dolía un poco no lo niego, pero era más mi excitación que me gustaba.

    Si, le estaba entregando la virginidad de mi ano a un hombre que no era mi marido, literalmente le estaba dando «las nalgas» como dicen muchos, y él tomaba este regalo y me penetraba.

    Me la estaría metiendo en el ano por un lapso de 3 a 4 minutos, pero mi príncipe no quería lastimarme y aunque los dos estábamos muy excitados decidimos parar porque si me dolía cada embestida.

    No me arrepiento de haberle dado más de lo que imaginé a este hombre menor, lo hice por amor. Después de eso recuerdo que el tiempo voló y nos retiramos del hotel, finalmente lo dejé en un lugar acordado y yo fui a recoger a mis hijos, camino a casa venía pensando en lo acontecido, me sentí soñada.

    Ya en mi hogar, instalé a mis hijos y nos disponíamos a cenar, mi esposo aún no llegaba y yo sentí en mi ano un poco de ardor, fui al baño y mi calzón tenía un pequeño rastro de sangre, era poquita sangre, no me asusté, pero tenía claro que pudo mi príncipe haberme lastimado más si seguíamos teniendo relaciones anales.

    Esa noche fue la segunda vez que me entregué a mi príncipe, le di la virginidad de mi ano, le di mi cuerpo con creces como lo hice en la tercera ocasión.

    Hoy mi matrimonio marcha bien, en esta segunda oportunidad entre mi esposo y yo, en este segundo aire, hemos levantado lo que construimos desde hace años. Pero nunca me olvido de aquel hombre, quisiera algún día verlo y saludarle, preguntar que cómo está, le deseo que le vaya bien en la vida, me hizo muy feliz, y nunca me olvidaré de él.

  • ¡Gracias, sobrino!

    ¡Gracias, sobrino!

    Llevaba más de diez minutos hablando por teléfono con Gisela. La señal del celular no era muy buena, y a cada rato la voz de mi hermana se escuchaba entrecortada. El bamboleo del bote y lo alejado de la costa, hacían más difícil la comunicación entre las dos. En este país, nada funcionaba bien.

    —Sí, hermanita, te escucho. No te preocupes, mándame a Ricardo mañana que yo lo espero —Del otro lado del móvil, mi querida hermana se extendía en explicaciones y recomendaciones de cómo debía atender a mi joven sobrino. Mi novio, desde la popa, me hacía señas de todo tipo para que cortara la llamada, decía que le alejaba los peces.

    Junio era un mes espectacular para salir de pesca y disfrutar el paisaje de ensueño que ofrecían los islotes del parque nacional. La cava de plástico blanco, estaba llena de pargos y atunes, sin embargo Alex, mi novio, y Jesús su eterno acompañante, nunca estaban satisfechos.

    Todos los fines de semana, religiosamente, Alex embarcaba seis u ocho turistas y los llevaba a pescar en las maravillosas aguas del Parque Natural. Claro, esto ocurría en tiempos normales, ahora con la pandemia, hacía varios meses que no percibía ingresos por ese concepto. Los domingos, aprovechaban para salir a pescar y yo los acompañaba para tomar el sol y salir del asfixiante encierro.

    Tirada en la proa, sobre una toalla que colocaba encima del pequeño camarote del bote de 35 pies, pasaba horas exponiéndome al sol y viendo las discusiones acaloradas entre mis dos acompañantes, debido al tamaño de sus pescados. Cada hora me zambullía en las cristalinas aguas y volvía a mi rutina bajo el abrasante sol.

    Generalmente, llevábamos una caja de cervezas y unos aperitivos para pasar el día. La dosis de sol dominical, era suficiente para mantener mi envidiable bronceado. Disfrutaba mucho de las miradas furtivas de Jesús cada vez que Alex se entretenía con sus capturas. Eso me gustaba. Ya, a las cinco de la tarde, regresamos a tierra firme a reposar del cansancio acumulado en la deliciosa pero agotadora jornada.

    Alex, me dejó en el apartamento. Me di una relajante ducha fría y me tumbé en la cama a descansar una hora para reparar mi agotado cuerpo. Ya entrada la noche, me preparé una ensalada y me senté a organizar mi agenda para el inusual lunes que me esperaba. En mi móvil anoté:

    -Llamar al señor del gas

    -Buscar veinte litros de gasolina en la estación de servicio

    -Salir a comprar alimentos y bebidas.

    -A las 3:00 pm, buscar a mi sobrino al terminal de pasajeros.

    -Cambiar 150 dólares.

    Como ven, una agenda nada normal. Ah, me olvidaba:

    -Llenar el depósito de agua a las 6:00 am.

    -Recorrer varías farmacias para comprarle medicinas a mamá y enviárselas a Caracas.

    Vivir en este país es un desastre, sobrevivir en esta pandemia, casi imposible.

    “Por suerte”, vivo en una pequeña ciudad que es considerada una Burbuja. Es un territorio aislado y relativamente blindado, hasta ahora, de la inefable peste roja.

    Bueno, no los fastidio más con mis carencias, aunque agregaría que vivo relativamente bien, gracias a la remesa que me envía mi papá desde Canadá. Mi padre, trabajó hace treinta y tantos años en las petroleras y se casó con mi vieja, con quien tuvo dos hijas: Mi hermana Gisela de treinta y ocho y yo de treinta y dos. Se marchó a su tierra luego de separarse de mi madre, pero gracias a Dios me ha metido la mano en esta larga cuarentena.

    Desde hace cuatro meses no produzco un centavo. Me dedico a administrar dos restaurantes y se podrán imaginar cómo está ese negocio hoy día.

    Luego de comer, caí rendida.

    Temprano en la mañana, llené el depósito de agua y me di una ducha para salir a guerrear. Aprovechaba esa hora con el vital líquido y me relajaba por varios minutos bajo el agua tibia. Me gustaba tocarme. Acariciaba todo mi cuerpo con el suave jabón de almendras y Romero que nunca faltaba en mi tocador. Me consideraba una mujer ardiente pero fiel. Llevaba 6 años de novia con Alex y se puede decir que felizmente. Era un bohemio empedernido que no tenía entre sus prioridades el matrimonio.

    A veces me preguntaba si disfrutaba el sexo como yo. Cumplía con sus obligaciones, pero últimamente lo sentía distante y con poco fuego en su relación conmigo. En el último año, nuestros encuentros eran cada vez menos frecuentes y yo sentía que no se entregaba como otrora. Muchas veces, luego de estar con él, recurría a mi consolador para aplacar mis fuegos internos. Hasta me cuestiono yo misma: ¿Será que soy insaciable? Todos los días lo utilizo para vivir mis frecuentes e insólitas fantasías. He adquirido varios modelos de diferentes tamaños, por eso creo, que tal vez, el problema no sea Alex sino yo, pero gracias a mis aparatos nunca había sentido la necesidad de buscar el placer fuera de nuestra relación.

    A mis treinta y dos años, soy la envidia de mis amigas. No soy, lo que se pueda llamar una belleza, pero mi cuerpo hace suspirar a todo el que me ve en la playa con mis diminutos bikinis. Me encanta ser auscultada por las miradas de hombres y mujeres. Siento un insano placer al ser desnudada por la vista de quienes me miran. Soy una mujer alta con piernas largas y caderas pronunciadas. Mi abdomen está bien conservado por los arduos trabajos en el gym. Mis senos son de tamaño normal, pero bien erguidos y bronceados como todo mi cuerpo. Mi piel hace tiempo que dejó de ser blanca. Mis amigas me dicen que tengo un parecido a Katerinne Fullop. Yo no me creo nada de eso, pero si sé que estoy bien buena, como dicen por acá.

    Luego de hacer mis diligencias y prepararme un rápido y cetogénico almuerzo, descansé un poco y me fui a buscar a mi sobrino a la terminal de pasajeros. Su autobús tenía estipulado llegar a las 2:45 de la tarde.

    Mi sobrino Ricardo, un muchachón de 18 años, era el orgullo de la familia. Había sido fichado por un equipo europeo y tenía vuelo para irse en marzo de este año, pero por las causas conocidas, estaba esperando se reabrieran para marcharse. Yo tenía como tres años que no lo veía personalmente, pero su papá me subía sus videos en YouTube, de sus juegos y ahí podía apreciar su buen físico y sus excelentes atributos para el futbol.

    Las condiciones estrictas de confinamiento en la capital, le habían impedido entrenarse con comodidad. Mi cuñado estaba preocupado porque estaba ganando peso y decidió enviarlo a donde yo vivo. Aquí existe un centro de alto rendimiento que, gracias a Dios, todavía está operativo a pesar de la pandemia. Aquí estaría conmigo hasta que todo se normalice.

    Lo reconocí inmediatamente. Se acercó a mi vehículo con dos bolsos deportivos a reventar. Le di un efusivo abrazo y le abrí el portaequipajes.

    —Estás inmenso sobrino! Dios te bendiga! —Le dije.

    —¡Hola, tía, tú estás preciosa! —me respondió apretándome fuertemente contra su desarrollado pecho.

    En el trayecto al apartamento nos pusimos al día. Ricardo es un joven muy extrovertido y simpático. Platicamos sobre su plan de radicarse en España y de cómo debía intensificar su preparación física para llegar en forma al campamento. Me contó que era defensa central por su habilidad para parar todo lo que llegaba al área y por su nada despreciable altura de 1.90. De verdad, yo no le noté ningún sobrepeso, como decía mi cuñado, pero yo no era muy conocedora de las cualidades físicas que se necesitaban para ese deporte.

    Mi apartamento, no es muy grande pero he tenido la suerte de decorarlo a mi gusto. Tenía dos habitaciones, dos baños, un espacioso salón integrado a la cocina, y lo que más me agradaba, un balcón –terraza, en donde tenía una parrillera portátil, una mesa de cuatro puestos y dos sillones en donde me deleitaba con la hermosa vista que dominaba la espectacular bahía. Frente al edificio de 15 pisos, se ubicaba la marina que albergaba decenas de embarcaciones de diferentes esloras. Lanchas deportivas, pequeños yates y motos de agua, descansaban apareadas en el muelle de madera, esperando el regreso del próximo fin de semana. Desde el piso 14, tenía el dominio completo del mar y los distintos islotes que parecían flotar en lontananza.

    Lo instalé cómodamente en la habitación destinada para él. Le mostré el baño que utilizaría en sus días en mi casa y le serví un refrescante jugo verde para que se repotenciara. Conversamos un largo rato y luego me sumergí en una conversación telefónica con mi hermana, quien no dejaba de agobiarme con sus instrucciones sobre cómo cuidar a su “pequeño” muchacho. Antes de irme a descansar, le expliqué el engorroso mecanismo para ducharse con el balde de agua ubicado en mi baño. Solo para las duchas vespertinas podría usar el mío, mientras compraba otro balde para colocarlo en su ducha. Lo anoté en mi agenda.

    En mi habitación, me puse cómoda con el pijama de algodón azul que me había regalado Alex y me tumbé unos minutos para reponer fuerzas para luego calentar la cena. Ya no prepararía cualquier cosa, como solía suceder, Gisela me encomendó enormemente que el niño comía como un desesperado. Lo necesitaba.

    Pocos minutos habían transcurrido y estaba absorta en mis pensamientos, cuando escuché el toc, toc, en la puerta de mi habitación.

    —Tía, tía, disculpa. ¿Estás despierta? —Se escuchó del otro lado.

    —Sí, sí, pasa —Le dije con voz perezosa.

     —Perdona, tía, quiero tomar una ducha, me siento sucio luego del viaje.

    —Seguro, Ricardo. Pasa con toda confianza —Agregué.

    Mi sobrino caminó lentamente al baño en suite de mi cuarto. Llevaba una toalla sobre su espalda y un diminuto short que permitía ver su abultado instrumento y sus desarrolladas y musculosas piernas. Parecía un gladiador romano. Cerró la puerta del baño y yo proseguí con mi leve descanso sin poder quitarme la imagen de mi sobrino de la cabeza. El ruido del agua que chorreaba desde la taza de plástico que tenía destinada para tal fin, me hacía pensar como era su recorrido por tan espectacular y juvenil cuerpo. Me estaba calentando, cosa que no era muy difícil en mí. Alex no estaba disponible para esta noche, tendría que recurrir a alguno de mis inseparables amigos que guardaba celosamente dentro de mi closet.

    Más tarde, calenté una abundante cena para mi sobrino y retorné a mi cuarto a ducharme y prepararme para el nuevo día que se avecinaba. Bajo la incomodidad de la ducha nocturna, las imágenes de mi sobrino me pusieron cachonda. Ya en la cama, acompañado del último consolador que había comprado en Amazon, y el cual prometía un gran desempeño, me sumergí en mi ritual íntimo de auto complacencia.

    Fui desenfundando el dildo azabache, cual armamento cuidadosamente guardado en su funda de gamuza. No era muy exagerado, media 8 pulgadas y estaba construido con una silicona de última generación que tenía cuatro velocidades y tres modos de vibración. Dentro de la caja, dos pequeños frascos con aceites aromáticos que facilitaban la penetración y el pequeño control remoto en forma de anillo. No necesitaba de ese aditamento rojizo, las ganas de que Alex me estuviera poseyendo y la imagen vaga de mi sobrino en su diminuto pantaloncillo, me tenían la vagina más que lubricada.

    Apenas encendí el consolador, lo coloqué en mi depilada y ansiosa concha y comencé a entregarme en las fantasías más increíbles de mi fértil imaginación. Puse la velocidad al máximo, e introduje con frenesí aquel polímero imponente. Mi juego erótico duró muy poco, esa noche, me sentía más caliente que nunca. Alcancé el orgasmo rápidamente, con la escena impúdica de ser penetrada por Alex y mi sobrino. Quedé extenuada, no hubo tiempo para reprocharme el haber incluido a Ricardo en tan irreal escena.

    Desde joven, descubrí que tocarme mis zonas intimas, me producía un placer inimaginable. Con el tiempo, mis fantasías fueron cada vez menos recatadas. La magia de mi imaginación, era capaz de recrear los guiones más osados e inverosímiles que puedan pensar. Mi creatividad sexual era infinita. Sin embargo, esto no desarrolló en mí, alguna conducta promiscua, que me llevara a entregarme al primero que me lo pidiera. En mi actividad sexual me considero bastante reservada y exigente. Suena contradictorio pero mi mente va por un lado y yo por otro. Antes de Alex, tuve solo tres novios que duraron muy poco en la relación. A veces pienso que debía ser más atrevida, darle un poco más de cabida a complacer mis deseos ocultos.

    Esa mañana, martes, mi agenda no estaba tan llena como el día anterior. Llevé a Ricardo al Centro de Alto Rendimiento luego de prepararle un suculento desayuno. Seguidamente, fui a comprar unas botellas de vino y algunas cervezas para la velada de la noche. Había convenido con Alex, preparar una paella y tomarnos unas copas, para que conociera a Ricardo, además, tenía unas ganas enormes de follar con mi novio. Tenía anotado comprar un balde para el baño de Ricardo pero a última hora, lo borré de mis planes. Que siguiera utilizando mi ducha para su aseo vespertino.

    A las 7:00 pm, se apareció Alex con su inseparable amigo Jesús. No quisiera extenderme en la calentura que agarré al verlo cruzar por la puerta. Lo menos que imaginaba era su presencia esa noche. Mis planes incluían disfrutar una buena cena con el exquisito vino que había comprado, compartir un rato con Ricardo y luego meterme bajo las sábanas con Alex, pero el pendejo no soltaba al llavero de Jesús.

    La velada transcurrió sin contratiempos pero mi molestia no fue fácil ocultarla. Todo el mundo para su casa y yo a mi cuarto a consolarme con mis juguetes. ¡Qué inútil se estaba poniendo el bobo de mi novio!

    Entre la rabia y la frustración, esa noche, Alex no había protagonizado mi fantasía, el personaje principal había sido otro.

    La mañana del miércoles, pasé largo rato en el restaurant principal, supervisando la instalación de un sistema de seguridad, con cámaras de última tecnología, en las partes más vulnerables de las instalaciones. Mi jefe aprovechó estos meses de cierre para hacer correctivos importantes ya que le estaban robando muchos insumos de la cocina y el almacén. El circuito cerrado, imperceptible, podía mostrar todos los ángulos visuales y ser manejado desde la App en los teléfonos asignados. Las cámaras, simulaban lámparas modernas y con una visual de 360 grados, visión nocturna y una resolución y zoom excepcionales. El técnico me entregó el manual y me dio una inducción rápida de cómo manejar el sistema. Muy sencillo, además de nada costoso.

    Mientras conversaba con él, una idea loca cruzó por mi cabeza. Le pregunté dónde podía adquirir un par de cámaras de esas y me dijo que en su carro tenía varios kits con esas características. No lo dude, enseguida le pedí me vendiera, con descuento, un kit similar para mi descabellada idea.

    Antes del mediodía, ya estaba en casa. El día anterior, habíamos cuadrado con el centro de entrenamiento para incluir en el paquete de Ricardo, el desayuno, el almuerzo y el transporte. Mi cuñado aceptó complacido. Así me libraba de tanto trajín con mi sobrino.

    Sin perder tiempo, destapé la caja. Retiré la cinta que cubría la parte trasera de las cámaras y dejé libre su parte adhesiva. Busqué una silla, y con la destreza de quien lo motiva una fechoría, coloqué perfectamente una sobre el techo de su cama y otra encima de la ducha de mi baño. Lamenté no haber comprado una más. Bajé la aplicación en mi móvil y comprobé que funcionaba con precisión.

    Es indescriptible la sensación que se siente con la sola idea de espiar a mi sobrino y de verlo en el esplendor de su cuerpo desnudo. Me sorprendí al no sentir culpa alguna ni algún sentimiento de reproche por lo que estaba a punto de hacer. El solo hecho de pensarlo, me producía un enorme placer, que se reflejaba en la ingente cantidad de fluidos que destilaba mi ansioso coño. Total, de imaginármelo a observarlo, no supondría mucha diferencia. En mi patrón de conducta sexual, mientras no sobrepasara la raya de lo material, no constituiría ningún pecado ni nada por el estilo.

    Esperé tumbada en mi cama su llegada. La ansiedad me estaba matando. Pasada una hora y en vista que no llegaba, me distraje leyendo y viendo a cada instante las imágenes congeladas de los dos dispositivos. Probaba el zoom, el sonido, el giro, los filtros de luz, todo. Me quedé dormida.

    Me desperté, casi una hora y media después. Prendí la tele y enseguida sentí los pasos de Ricardo acercarse a la puerta entreabierta de mi habitación.

    —Hola, tía —Me dijo desde el borde de la puerta.

    —¿Hola, Ricardo, cuándo llegaste? —le pregunté desde mi posición tirada en la cama.

    —Hace un rato, tía. No te quise despertar.

    Lamentablemente, llegó ya aseado del complejo. Mi sesión de voyerismo tendría que posponerla para más tarde, al final de la noche cuando se fuera a dormir. No presagiaba mucha emoción, pero serviría para calibrar bien las cámaras y la App.

    Lo invité a sentarse en la cama para que me contara sobre su día. Charlamos un rato. Para mi sorpresa, y eso me puso cachonda, yo no era la única que metía el ojo, él tampoco desaprovechaba el momento para mirar mis piernas con cierto brillo en sus pupilas. Instintivamente movía su cara de la tele a mis piernas. Aproveché sus furtivas y nerviosas miradas, para mostrarle, descuidadamente, algo más para sus escurridizos ojos. Cruzaba mi pierna y le dejaba ver, sutilmente, parte de mis bronceadas nalgas. Disfruté mucho ese momento. Sentía sus ojos, deseando quedarse más tiempo quemándome mis glúteos que luchaban por quedarse escondidos bajo mi pequeña pijama de algodón. Lo puse nervioso. Me encantó ver su abultamiento y como trataba de disimularlo con sus manos. Estaba completamente mojada.

    Ya en la noche, le preparé, la ya habitual cena, y me puse a ordenar la despensa que la tenía echa un desastre. Me tomé par de cervezas mientras conversaba con mi hermana y con Alex. Se disculpó conmigo por lo de la noche anterior y me dijo que no pensaba que me iba a caer tan mal que hubiese invitado a su amigo Jesús. Discutimos un rato y nos despedimos en no muy buenos términos. Deseaba que estuviera aquí conmigo esta noche, pero como casi siempre, tenía una reunión con sus amigotes.

    Ya en mi cuarto, conecté la aplicación de las cámaras y me dispuse a observar a mi sobrino. Decepción absoluta. Cuando enfoqué directo sobre su cama, Ricardo estaba profundamente dormido. El entrenamiento fuerte a que era sometido, pasaba factura en su imponente humanidad. Estaba frustrada. Les cuento que no tuve ánimos ni para buscar a mis amigos del closet. Caí rendida hasta la mañana siguiente.

    Mi plan tuvo que esperar hasta el sábado. Los fines de semana, el racionamiento del agua no entraba en vigor. Mi mente ya se había adelantado y cambié la cámara que estaba en mi baño y la coloqué sobre la ducha de mi sobrino. Sin el baño obligado en el complejo deportivo, necesariamente tendría que hacerlo en el apartamento. En su baño, con la regadera, como Dios manda.

    El juego de querer ver a mi sobrino desnudo, bajo el agua cayendo sobre su cuerpo, había avivado mis sentidos y mi cinismo. Busqué entre mis viejos trapos, un beibidol negro que había comprado hace tiempo y lo tenía en desuso. Era una prenda con encajes rojos y que mostraba con mucha picardía mis atributos. Nada vulgar ni excesivamente imprudente. Tampoco quería causar una mala impresión en mi sobrino. Se trataba de un conjunto de brasier con un blúmer que era cubierto por una túnica transparente, que le daba características de dormilona. Ciertamente, era un pijama, despierta maridos. Me lo puse la noche del viernes para despertar con la prenda, la mañana del sábado.

    Quería ser observada por mi sobrino y deseaba con toda mi alma verlo bajo la ducha. En eso consistía mi desquiciado plan. Planifiqué darme la más caliente de mis caricias intimas con esas imágenes libidinosas. Dejé mi puerta a medio abrir y esperaría la mañana para llamarlo y preguntarle cualquier tontería. Puse el despertador, más temprano de lo habitual y estaría pendiente hasta que se parara y antes de que se metiera al baño a ducharse.

    Así fue. A las ocho sonó la alarma anunciando con su estruendo, que el plan había comenzado. Me aseé y me senté en la cama a ver la tele y a esperar que mi sobrino se despertara. Ensayé varías posiciones sobre el edredón que atestiguaba mis insólitas fantasías. Quería que se embelesara con mis atributos pero con naturalidad. Nada vulgar ni que no pareciera casual. A las nueve y media, escuche la puerta de su cuarto sonar.

    —Buenos días, Ricardo —Le saludé desde mi cama.

    Escuché sus pasos acercándose y desde la puerta me respondió:

    —Buenos días, tía. ¿Cómo dormiste? —agregó.

    —Muy bien, sobrino. Dormí como una leona —Le dije.

    Estaba aún somnoliento. Bajo su diminuto short de dormir, se le notaba una polla nada despreciable. Su abdomen, finamente esculpido por el rigor de los ejercicios y sus piernas como dos columnas góticas, parecían sostener el dintel de la puerta.

    —Pasa, pasa. ¿Qué quieres desayunar? —Le pregunté cariñosamente.

    —Nada, tía, lo que tú quieras —respondió.

    Lo invité a sentarse en la cama para que viera el programa que yo estaba viendo. Conociendo su afición a los deportes, le pregunté:

    —¿Quieres ver algún programa deportivo?

    Con tono ensimismado me respondió:

    —Bueno, tía, sí. Si quieres me pones Futbol Español en el 606 de Directv.

    Se tumbó en la cama y recostó su espalda emocionado por el programa que iba a ver. Lo que no sabía era que yo tenía otros planes que frustrarían los suyos. Le entregué el control remoto y lo dejé que buscara su canal.

    Uno al lado del otro, comenzamos a ver a dos tipos hablando de futbol. Movía mis piernas, me sentaba, me movía de un lado a otro, y así, poco a poco fui desconectándolo de la tele. Hurgaba mi teléfono y ponía en escena mis poses ya ensayadas y que mostraban, con mayor atrevimiento mis atributos. Pillé sus ojos escrutando toda mi humanidad. Me tumbé frente a él, dándole la espalda y lo deje que mirara sin restricciones. Me inclinaba de vez en cuando, para que mis nalgas, sutilmente cubiertas y amenazantes, le apuntaran como un par de melones rozagantes. Aquel juego me tenía más que cachonda. Olvidé el libreto y creo que le estaba mostrando más de lo acordado con mi mente perversa. Sentía mi vagina palpitar al ritmo de mis latidos cardiacos.

    Me volteé de nuevo hacía él y me recosté paralelo a su espalda. Me tocaba a mí ver a mi sobrino. Desde esa posición logré ver como su polla amenazaba con desgarrar su diminuto short. Creo que se sintió observado porque tapó disimuladamente su entrepierna con la almohada que tenía a su lado. Me imaginé esa descomunal polla y un escalofrío recorrió mi vulnerable cuerpo. Así pasó media hora aproximadamente. Ya alterada por el macabro juego, decidí darme una ducha para calmar la calentura que tenía.

    Me paré de la cama y le dije:

    —Ya debes tener hambre, sobrino. Tomo un baño y te preparo unas arepas.

    —gracias, tía. Está bien, si quieres te ayudo, pero antes me voy a duchar también —Agregó.

    Pronunciadas estas palabras, mi sobrino abandonó la habitación con su bulto arremangado pero que no podía esconder la erección que tenía. Todo salía a la perfección. Cerré la puerta y enseguida me aferré al teléfono para ver a Ricardo bajo el agua de su ducha. Ya había descartado que lo vería esa mañana, pero la cachondez de exhibirme y ahora de mirarlo desnudo por el móvil, no tenían precio.

    Lo vi perfectamente entrar al baño. La imagen que reflejaba la cámara era nítida y surrealista. Me felicité por ser tan atrevida. Definitivamente, había descubierto, que además de disfrutar ser mirada con deseo por los hombres, existía dentro de mí, un placer mayor que era fisgar a través de una cámara.

    Cuando se retiró su prenda, mis ojos no daban crédito a lo que veían. La espada erguida que se asomaba en su entrepierna, era un pollón parecido al más grande de mis consoladores. El móvil temblaba entre mis manos. Con dificultad logré manipular los comandos del zoom para acercar la imagen y ver más de cerca el desarrollado aparato que colgaba de aquellas piernas quemadas por el sol.

    Colocó su paño en el aro toallero y se metió cual gigante dorado dentro de la ducha. Mientras el agua caía por su escultural cuerpo, pasé el seguro a la puerta y saqué del closet el primer dildo que encontré. Me tumbé sobre el edredón y me quité la pequeña prenda que cubría mis partes íntimas. El blúmer estaba empapado con mis jugos. Con una mano comencé a frotarme suavemente y con la otra, manipulaba torpemente los comandos del teléfono.

    Mi sobrino se extasiaba con el agua y el jabón que cubría todo su cuerpo. Cuando se detuvo en su polla, su mano comenzó a juguetear rítmicamente sin soltarla. Estábamos en una masturbación simultánea, si se puede llamar así. Mi consolador entró en mi vagina sin ningún rechazo. Mi fuente de lubricación, estaba trabajando al máximo. Lo metía y lo sacaba, lo metía y lo sacaba, mientras miraba aquella polla resbaladiza escurrirse entre los dedos de Ricardo.

    Me corrí rápidamente. Mi cuerpo se retorcía ante el espectáculo que estaba viendo. Sin dejar descansar mi juguete, seguí penetrándome con más furia. Quería más. No me reconocí. Mi cuerpo temblaba y con él, el móvil que tenía en mi mano cerca de mi ojos. Ricardo aumentaba su ritmo y se empinaba sobre sus pies, presagiando la pronta erupción de su volcán.

    Sus nalgas se contrajeron y un torrente de miel lechosa salió expedido de su cañón. “¡Tía, tía, que rico!” Logré escuchar en el celular. Mis oídos no podían creer lo que oían. ¡Dios, mi sobrino se estaba pajeando conmigo! Ese clamor de Ricardo me elevó a niveles nunca antes vividos. Mi cuerpo se sacudió como impulsado por electricidad y luego empuje fuertemente mi dildo hasta donde se colocan las baterías. Me corrí dos veces seguidas mientras presenciaba, temblorosa, a mi sobrino escurriendo su hermosa polla. Caí extasiada.

    Lo que les comenté hasta ahora, no había creado en mí ningún sentimiento de culpa en mi consciencia. Lo que podría ocurrir en los próximos días, sino controlaba mis desenfrenadas fantasías, era harina de otro costal.

    El sábado terminó de transcurrir con normalidad. Llamé a Alex para cuadrar la salida a pescar el domingo. Lamentablemente, la lancha la había metido a la marina para el mantenimiento de rigor pero no estuvo a tiempo por lo difícil de la situación actual. El muy bobo, ya había cuadrado irse de pesca en otro bote con sus amigos en una jornada para puros hombres, como decían ellos.

    No me molesté. Ya se estaban haciendo rutinarios los desplantes de Alex. No soy mujer de achicarme por eso, la mañana del domingo compré unas cervezas, metí en mi maletera dos sillas playeras y me llevé a Ricardo a la playa que estaba ubicada a diez minutos de mi apartamento.

    Me puse la más atrevida de mis tangas, una prenda negra con escasa tela que se ajustaba perfectamente a mis contornos. Llegamos cerca de las 11:00 am y alquilamos un toldo frente a la exquisita playa, de aguas color turquesa y arenas blancas como el marfil. Había llevado mi bolso térmico con las cervezas, unas gaseosas y unas tapas frías para picar mientras pasábamos unas cuatro horas bajo el inclemente pero acariciante sol caribeño.

    Me tumbé sobre la toalla con mi cerveza a la mano, exponiendo a la vista de todos los bañistas que transitaban, mis dos brillantes glúteos escasamente cubiertos por la tanguita. Comencé Con naturalidad le pedí a Ricardito que me regara el bronceador sobre mi parte trasera, espalda y piernas.

    Las frías gotas del líquido aceitoso me erizaron la piel. Las manos temblorosas de mi sobrino, recorrían tímidamente cada centímetro de mi cuerpo. Apenas si sentía sus dedos. Lo animé a imprimirle más presión para que el aceite de coco penetrara en mi dermis, o por lo menos eso le inventé. Me imaginaba lo que estaría pasando por su mente y como estaría su polla en este momento.

    Al llegar al final de mi espalda, se quedó paralizado por unos segundos.

    —Ponme en las piernas, por favor —Le dije.

    Enseguida reanudó su manoseo cada vez menos taimado. Cuando llegó a mis tobillos, abrí levemente las piernas, invitándolo a que retornara por la parte interna de mis piernas. Así lo hizo. Su fuerte mano se entretuvo juguetona a la altura de mis rodillas, como pidiendo permiso para seguir subiendo hasta mi entre pierna. El lenguaje corporal no falla. Abrí un poco más mis piernas en señal inequívoca de querer ser manoseada más arriba. Entendió el código instintivo de los animales y subió peligrosamente hasta pocos centímetros de mi humedecida concha.

    Estuve a punto de levantar mis nalgas para que conquistara su victoria bien ganada. Por momentos me olvidé que estaba tirada sobre una toalla ante las miradas de los bañistas.

    —Gracias, Ricardo —Le dije.

    No sé hasta donde sería capaz de llegar mi sobrino ante el ataque despiadado que le había montado. Me sentí remordida. Si el muchacho metía su mano en mi coño, habría sido culpa mía. De eso no tengo dudas.

    Pasé dos horas, tomándome las cervezas y aprovechando el sol. Mi sobrino estuvo sentado a mi lado como perro fiel cuidando a su amo.

    —Vamos a bañarnos —le dije.

    Saltó como disparado por dos resortes y me extendió su mano para ayudarme a parar. Nos metimos en las aguas tranquilas como una piscina y él comenzó a nadar como el muchacho que era. Así estuvimos algún rato, nadando y jugueteando. No había mucha gente. Yo me colgaba a su espalda y lo conminaba a nadar conmigo encima. Le gustaba el juego y a mí también. Para mala suerte mía, o tal vez no tan mala, pisé un saliente de coral y sentí un dolor terrible en la planta de mi pie.

    —¡Ay, ay, pisé algo filoso! —Grité.

     —¡Para ver, tía, donde!

    —Aquí, aquí —Le dije mostrándole mi talón que se resentía del dolor causado por el coral. Me sujetó por la espalda y revisó sutilmente mi pie. El dolor fue muy intenso, pero gracias a Dios, no tuve rotura y se fue mitigando rápidamente. Me colgué de su cuello, fingiendo un dolor mayor y cerré mis ojos.

    Mi sobrino me sostuvo cariñosamente y yo me pegué como una babosa a su huésped. Lo abracé de frente contra su abdomen de hierro, exclamando dolor cada instante que lo apretaba contra mí.

    —¿Te duele mucho, tía?

    —Sí, sí, me duele. Ay, ay…

    A medida que lo apretaba, fui sintiendo como su polla se endurecía e intentaba atravesar mi pelvis. Se puso muy nervioso y se desbordaba en palabras de aliento por mi dolor. Allí permanecí unos minutos, paralizada por aquel revolver que intentaba asesinarme. Tuve que controlarme para no sumergirme y meterme ese pollón dentro de mi boca. Frotándome de esa manera pecaminosa, y fingidamente natural y casual, logré esconder mis gritos de placer orgásmicos, con el ya desaparecido dolor de mi pie.

    Salí del agua apresuradamente, tratando de que Ricardo se quedara un poco más de tiempo para que su erección pudiera disimularla. Me di por desentendida, mientras comencé a recoger mis cosas para regresar al apartamento.

    Llegamos directamente a sacarnos el agua salada. Mientras mi sobrino se metió a ducharse, yo me quedé organizando las cosas que había traído de la playa. No había querido observarlo, estaba cavilando profundamente sobre lo ocurrido los últimos días. Aquello me estaba volviendo loca. El encierro obligado y mis fantasías eróticas con mi sobrino me tenían los nervios de punta. Disfrutaba mucho todo aquello, pero mis necesidades carnales estaban necesitando ser complacidas, más allá de los escarceos juguetones con Ricardo. Alex, cada día más distante y menos interesado en cogerme como yo exigía. Estaba al borde de cometer una locura. No, ni pensarlo.

    Con mi tanga y el pareo que la cubría, me dirigí a mi cuarto a desprenderme de la arenilla y el agua salada impregnada en mi cuerpo. No había traspasado la puerta cuando escuché un golpe seco y un quejido de dolor proveniente del baño donde estaba mi sobrino duchándose.

    Corrí hasta la puerta del baño y toqué la misma preguntándole alarmada:

    —Qué pasó, sobrino, qué pasó?

    —Ay, tía, ay… Nada, nada, solo fue un resbalón —me respondió del otro lado de la puerta. Sus alaridos seguían escuchándose, a pesar de que me decía que no era nada.

    —¡Cómo que nada! Voy a pasar para ver que te sucedió. —Estaba asustada. Si le pasaba algo grave a mi sobrino, eso podría afectar su plan de entrenamientos y eso me haría meter en problemas con mi cuñado. ¡Qué sé yo! No tuve nada que ver con su accidente pero me sentía responsable por lo que pudiera ocurrirle.— Voy a pasar a ver que te pasó —Le dije.

    —No, tía, no… ay, no es necesario —me respondió aun adolorido.

    Hice caso omiso a su negativa y moví lentamente la manilla de la puerta para que el escuchara y se cubriera sus partes íntimas.

    Cuando abrí la puerta, mi sobrino estaba tirado en el piso de la ducha, tapándose su polla con una pequeña toalla de secar la cara y sus manos agarrándose con dolor su pantorrilla.

    —Ay, tía me duele mucho, me golpee la espinilla con el borde del piso.

    Tenía su pierna marcada con una leve hendidura en donde había chocado con el borde filoso. Enseguida me di cuenta que no era nada grave pero si una zona que produce mucho dolor al ser impactada. Le extendí mis manos para ayudarlo a incorporarse desde aquella posición tan incómoda en la que estaba. Hice un gran esfuerzo para tratar de levantar sus 90 kilos del piso, resbaloso aun por el jabón que permanecía en la superficie.

    Mi sobrino, con una mano, cubría su polla con el diminuto paño, y con la otra se aferró a mi buscando levantarse completamente del piso. En cuestión de segundos, todo se derrumbó, como dice la canción.

    Por un lado resbalándome yo, y por el otro cayendo los dos como un árbol al que lo cortan desde su tallo. Ricardo, instintivamente soltó la pequeña toalla y me sostuvo para evitar que cayera largo a largo sobre las baldosas de la ducha. Lo que a continuación les voy a narrar, lo hago con lujo de detalles porque lo reviví varías veces observando lo que quedó grabado en la cámara que nos apuntaba desde arriba.

    Luego de la caída, mi cuerpo quedó atrapado encima de mi sobrino a escasos centímetros de su polla. Previamente, en su primera caída, Ricardo estuvo masturbándose desaforadamente antes de caer. A cada rato, exclamaba mi nombre y sus manotazos se hacían cada vez más acelerados. Cuando estaba a punto de correrse, y con mi nombre escapando de sus labios, se inclinó exageradamente sobre sus tobillos y la mano que lo sostenía de la pared la soltó para exprimir su polla con ambas manos. En ese momento, resbaló y golpeó su pierna con el borde del piso.

    Eso había pasado minutos antes. Ahora, ya encima de él, desnudo y empollado, la situación se hizo incomoda. A mí, me dio por reírme pero sin quitarle de encima los ojos sobre su cañón desafiante. Ricardo, buscaba afanosamente la toalla que había volado hacía el área del WC. Mi pierna rozaba se espadón y me quemaba todo el cuerpo. Estuvimos varios segundos en esa posición absurda y fortuita.

    —Tía, perdón, tía —me decía todo apenado. Riéndome de aquello le pregunté:

    —¿Perdón por qué sobrino, yo fui la culpable de que nos cayéramos?

    —No, tía. Me avergüenza que me veas así en estas condiciones —agregó.

    ¿Cuáles condiciones? —le pregunté haciéndome la desentendida.

    —Así, tía, desnudo y así… tú sabes —Dijo eso señalándome su mano cubriendo a duras penas su polla a reventar.

    Yo estaba cachondísima. Estar encima de él en esa posición tan extraña y sintiendo su nerviosismo que no lograba bajar su erección, estaban minando las pocas fuerzas que me impedían saltar sobre aquel miembro imponente que amenazaba con echar por tierra el poco freno que me quedaba.

    —Déjame pararme, tía —dijo casi en un susurro.

    Nos intentamos parar simultáneamente y al hacerlo quedamos abrazados, con mi pequeña tanga como única barrera que me separaba de su bastón. Verlo así, sumado al recuerdo de sus pajas hechas en mi nombre, me alentaron a tomarlo fuertemente por su torso y adherirme a él como una ventosa. Su polla desnuda me apuntaba a quemarropa y eso terminó de flaquear mí ya débil fortaleza.

    Instintivamente, el animal que llevaba dentro y con varios días de inanición y sometido a pruebas extremas, afloró irremediablemente de mi interior.

    —No sientas pena, Ricardo. Sé que esto le ocurre a los jóvenes cuando están en el baño. Que tengas una erección es completamente normal —Le dije cariñosamente esa frase y mi mano bajó lentamente y se posó sobre su verga que palpitaba como un corazón fuera de sí.

    —No sientas pena —repetí.

    —Ay, tía, que haces… Me da mucha vergüenza todo esto. —Agregó tembloroso.

    Me aferré a su cuello con mi boca y comencé a besarlo tiernamente mientras que con mi mano iniciaba un rítmico movimiento sobre su polla.

    —¡Tía, que haces, no, no!

    Sus palabras, apenas audibles, alimentaban mi pasión más que amainarla. Sabía que estaba quebrantando no sé qué ley natural, pero mi deseo desbocado por aferrarme a esa polla impetuosa y juvenil, me hizo deshacerme de cualquier resquicio moral que pudiera quedar en mí. Sus manos, hasta ese momento, habían permanecido quietas arropando mi cuello. Tímidamente, sentí como mi sobrino las bajaba lentamente y se posaron sobre mis nalgas. Sentir aquellos dedos tratando de hurgar dentro de mi diminuta tanga, descargó en mí un torrente eléctrico que me recorrió todo el cuerpo.

    —Tócame, Ricardo, tócame —Le susurré empinándome sobre mis pies. Sus manos, dóciles a mis encantos y a mi mandato, levantaban torpemente la liguilla que sujetaba mi pequeña prenda. Mientras, seguía masturbándolo con fiereza. Sentía su polla crecer aún más de lo que había visto.

    Su mano se posó sobre mi culito húmedo y empezó a juguetear haciendo círculos sobre él.

    Mi sobrino estaba jadeando. Nunca imaginó que sus últimas fantasías con su tía hubiesen llegado tan lejos. Se fue soltando lentamente y se estaba transformando en el hombrón que era. Me apretaba con sus fuertes brazos y seguía hurgando en mis partes íntimas sin ninguna pena. Me estremecí cuando uno de sus dedos logró posarse juguetón sobre mi concha babeada de mis jugos.

    —¡Llévame a la cama! —Exclamé suplicándole.

    Me levantó fácilmente y me colocó suavemente sobre mi cama. La misma cama que había sido testigo de mis últimas caricias en su nombre. Los dos estábamos cumpliendo nuestras fantasías.

    Lo halé por una mano y cayó cuan largo a mi lado. Iba a cumplir paso a paso todas las escenas que cincelaron mi mente noches atrás. La polla que apuntaba hacía el techo fue blanco de mi próxima incursión. Agarré su inmenso cañón y lo fui metiendo lentamente en mi boca. Succionaba rítmicamente y con mi lengua lamia el cabezón que coronaba ese pollón.

    Mientras, Ricardo con sus manos retiró desesperado las escasas prendas que cubrían mi espectacular cuerpo. Yo estaba ya poseída por la lujuria y el placer desmedido. Sacando mi boca de su polla, le dije:

    —¿Te gusto, sobrino, te gusto?

    —Claro, tía… Estás buenísima —respondió.

    Me paré sobre el colchón para que me contemplara a plenitud. Giraba sobre mis piernas y le enseñé todo mi cuerpo. Me tumbé sobre él y comenzó a succionar mis pezones con lujuria. Con sus dedos, jugueteaba animoso con mi coño. Metió uno, luego dos y hasta tres dedos en mi concha resbalosa. Sentir aquellos dedos y su lengua lamer mis pezones, me hicieron venir en un orgasmo increíble.

    Ya quería todo. Había estado soñando con esa polla dentro de mí.

    —¿Quieres metérmela, Ricardo, quieres que tu polla me penetré hasta lo último?

    —¡Sí, tía, claro que quiero!

    —¿Dime, tú no te has estado pajeando en mi nombre?

    Le solté aquella pregunta sin pensarlo. Me salió de adentro.

    —Sí, tía, sí. Desde el primer día que te vi. —Respondió fuera de sí.

    —Cumple tu sueño, anda, métemela con fuerzas. Cógeme.

    —Sí, tía, te voy a coger con todo… Estás buenísima. Me encantan tus tetas y tu culo. Esto parece un sueño —Susurraba.

    Agarré su lubricada polla cada vez más imponente y grande y la coloqué desafiante sobre mi coño desesperado. Aquel pollón era dos veces el de Alex. Nunca habría soñado con meterme semejante miembro. Su cabezota respingada comenzó a abrirse camino sobre mi deseosa cueva. Fui ejerciendo presión lentamente, deslizando todo su cañón hasta mis adentros. Era increíble. Esa sensación inefable de ser penetrada por mi sobrino, con ese descomunal pistolón, era primera vez que lo sentía. Me movía desenfrenada, queriendo ser envainada por esa espada de mis deseos. Quedaba bien ajustada en mi apretada vagina. Trataba de succionar con mi músculo del amor, tratando de exprimir sus jugos.

    Ricardo estaba aferrado a mi culo. Mientras me ensartaba con su miembro, dejó deslizar un dedo dentro de mi resbaloso orificio anal. A cada embate de su polla, hundía toda su falange hasta adentro. Sentirme penetrada por ambas partes, me electrificaban cada centímetro de mi piel.

    —Acábame adentro, sobrino. Échame toda tu leche caliente, yo ya me vengoo…

    Ah, ah… Sentí toda su esperma dentro de mí y me corrí como nunca. Quedé desmayada. Ricardo se corrió como un semental. Cuando sacó su polla, quedé sorprendida del tamaño y de lo erguida que seguía. Cuando Alex terminaba, su polla salía medio flácida y pidiendo descanso.

    Aquello me reanimó. Su dedo jugueteando y hurgando mi culo, había despertado en mí, unas ganas locas de ser poseída por detrás. Imaginar su pollón, doblegar mi estrecho culito me subieron la temperatura nuevamente.

    —Fóllame por detrás, sobrino. Quiero sentir tu polla violándome mi culito. —Le imploré.

    —Sí, tía, sí, lo que tú quieras.

    Me puse en cuatro y deje que mis nalgas quedaran expuestas a él. Al verlas, sucumbió a sus encantos y metió su lengua en mi trasero. Sentí varios corrientazos recorrer mi cuerpo cada vez que su lengua se introducía en mi culo. Me agarraba con fuerzas mis nalgas. Estaba desesperado ante la tarea que le había encomendado. Sacó su lengua e introdujo su norme dedo medio en mi orificio. Mientras, yo me frotaba incesantemente mi capullo.

    —Métela, no esperes más, por favor —Le imploré.

    Escupió mi culo y su polla, y colocó la cabeza de su armamento justo en la entrada de mi gruta inexplorada. No sé cómo haría para meterme semejante miembro, las pocas veces que Alex se entusiasmó a cogerme por detrás no tuve problemas, pero con esto…

    —Dale, sobrino, poco a poco —Le susurré.

    Lentamente, sentí como ese mastodonte iba conquistando espacios dentro de mi apretado culo. Entre el dolor y el placer, me armé de fuerzas y relajé mi esfínter para que entrara más fácilmente. Ya sin vestigios de dolor, sentí cuando su pelvis chocó contra mis nalgas. Lo tenía todo adentro. Me acoplé a sus movimientos y la polla salía hasta la mitad, presumo yo, y volvía a perderse en las profundidades de mi culo. A medida que sucedía esa sodomización, mi dedo aceleraba sus movimientos sobre mi abultado clítoris. Es indescriptible la corrida que tuve. No una, dos, tal vez tres. Los espasmos de mi cuerpo no eran normales. En cada uno de ellos, mi culo se contraía, apretando con furia la polla de mi sobrino. Sentí claramente cuando su torrente me llenó por dentro. Jamás había tenido un encuentro sexual como este. Las piernas me temblaban sin control.

    Había dominado a la bestia. Su polla salió derrotada, o victoriosa, de mis entrañas, pero no impetuosa como otrora.

    ¿Que más les puedo contar? Todavía estamos en cuarentena. Los vuelos ni remotamente dan muestras de abrirse. Ricardo cumpliendo con sus obligaciones deportivas y complaciéndome todas las noches como un verdadero macho. Debo estar preparada para cuando parta. Si me preguntan por Alex, no he querido saber más nada de él. Ah, y mi hermana, llamando todas las noches para saber de su muchachito.

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    Alphy Estevens.