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  • Viagra fem a mi mamá (2-2)

    Viagra fem a mi mamá (2-2)

    Desde aquel día estaba muy arrepentido y apenado. Realmente me sentía mal por lo que había provocado. Debía haber sido una simple broma, pero se había salido de control, y jamás tendría cara para confesarle a mi madre, que quien la había puesto de esa forma aquella noche, había sido yo. Por lo que no dije nada.

    Quería olvidarlo todo, fingir que nunca había pasado, pero mi mamá no me lo permitía. Cada vez que la miraba la recordaba desnuda, tocándose con extremo placer sobre su cama, y masturbándose con ese maldito juguete. Ya nunca pude verla con los mismos ojos.

    A ella parecía no importarle, lo tomaba bastante bien y con toda normalidad. Claro, no sospechaba ni un poco que la había espiado durante todo ese momento privado en su habitación. De hecho, se le notaba mucho mejor, ahora se le miraba más feliz, alegre y relajada. Seguro que lo había disfrutado, era algo que necesitaba para ella misma.

    Lo sabía porque me lo había confesado, incluso se había tomado su tiempo para escribirme una reseña impresa en papel, de una hoja completa. Me sentí todavía peor. Era en ese momento cuando debía confesarle todo, pero no pude. Se le veía tan feliz y entusiasmada que mejor me decidí por tomarlo de un modo meramente profesional. De alguna manera quería redimir ese oscuro sentimiento de arrepentimiento que cargaba dentro de mí, por lo que le entregué la reseña a mi superior, cual sería completamente anónima, por supuesto, así al menos valoraría el momento y tiempo de mi madre.

    Pero no sé, seguía teniendo esa tristeza atorada. No me sentía mal por haberle dado aquellas pastillas. Me sentía terrible por haberla espiado, por haber invadido su intimidad, pero sobre todo porque me había gustado, y demasiado.

    Aquel momento tan extremo me había marcado tan profundo que no podía pensar en otra cosa. Las imágenes de mi madre desnuda rodaban en mi mente todo el tiempo, y me excitaba, mucho. Me tocaba en las noches pensando en ella. Me hacía venir dedicándole todo mi placer y al final eso me hacía sentir todavía peor.

    La caja

    Los días pasaban mientras intentaba dejar mis errores atrás. Las cosas se normalizaban poco a poco en mi trabajo, y mi madre más feliz que nunca con su regalo nuevo. Así hasta que un día llega mi jefe con una gran caja hasta el almacén en donde acomodaba la mercancía antes de iniciar la venta del día.

    Se me hizo extraño verlo ahí, pues no es parte de su trabajo. Enseguida me apresuré a ayudarle quitándosela de las manos. -¿Dónde la quiere señor? –Le pregunte abochornado, creyendo que me reprendería por tener que hacer mi trabajo. Pero nada. Me sonrío y me dijo: -Es tuya.

    No supe que decir. No estaba seguro si me la estaba regalando o me estaba dando a entender que ahora era mi problema. Creí que serían desperdicios o algo así. Entonces la puse sobre una mesa y la abrí, mientras mi jefe esperaba.

    Dentro de la caja había un coctel de productos nuevos; vibradores, dildos, lubricantes y todas esas cosas que vendíamos. Sin pensarlo, sabía que eran cosas que debía registrar, catalogar, etiquetar y clocarlas en el mostrador.

    Pero mi jefe tenía otros planes. –Ahora tienes un nuevo trabajo. Me ha encantado tu idea. –Me decía. –He leído la reseña que me has entregado y me pareció tan buena que se la he mostrado también a nuestro proveedor, quien como sabes también es nuestro más importante socio. Lo platicamos en la junta y nos pareció excelente idea hacer pruebas de mercado como la que has realizado. Así podremos posicionar mejor el producto en nuestras tiendas y servirá para desarrollar nuevos productos.

    Fue así como me convertí en la presa de mi propio éxito. Aquella broma me había estallado en la cara, y ahora no podía ni salir de ella. No podía negarme a su propuesta, viniendo de la propia voz del gerente. Era como negarme a un acenso, traicionando su confianza además. No habíamos hablado de la paga, pero seguro que debía incluir algún incentivo.

    Sin más opciones acepté y le agradecí por la confianza, llevándome aquel cubo de cartón a casa ese mismo día.

    Al llegar al complejo, saqué la gran caja del auto y la subí al departamento. Enseguida la coloqué sobre la mesa del comedor mientras mi madre me cuestionaba sobre el contenido, viéndome hacer esfuerzos graciosos desde la cocina.

    -¿Qué llevas ahí? -Se me acercó replicando la pregunta. Y ahí sudé en frío. Por una parte quería decirle, pero eso implicaría que ella quizá se prestara a ayudarme y con ello se repetiría todo de nuevo. Pero por otra parte, necesitaba de su ayuda pues yo no podría con todo y no sabría escribir reseña tan buena como la suya. A demás, tarde o temprano se tendría que enterar.

    Pensando todo eso en pocos segundos, habría la caja buscando las palabras adecuadas. Así, comencé a sacar los artículos uno a uno, poniéndolos sobre la mesa sin decir nada. Mi madre solo miraba.

    Del interior saqué un dildo en forma de pene con base de succión, de unos veinticinco centímetros. Un vibrador clásico, Hitachi, de esos con forma de helado. Bolas chinas. Un plug anal con vibración, muy novedoso en esos días. Un consolador de doble penetración. Lubricantes, preservativos, aceites para masaje, y por último, la estrella de todo el contenido. Un exclusivo anillo vibrador para enfundarlo en la base del pene, lo último en juguetes sexuales.

    -¿Te los dieron a guardar? ¿Acaso ya no tienen espacio en el almacén de tu trabajo? –Me preguntaba en tono de burla al casi llenar la mesa con juguetes sexuales. –Me los han dado para probarlos. A mí jefe le ha gustado tanto la reseña que escribiste, que ahora me ha encomendado que promocione estos artículos, a cambio de más reseñas.

    -¿Tu jefe? ¿En serio? –Se burlaba de mí, creyendo que fanfarroneaba, ahora que en verdad no lo hacía. Por suerte tenía cómo respaldar mi palabra, pues mi jefe me había dado un documento con el listado del contenido de la caja firmado por ambos al pie de la página. El cual le mostré.

    -Huy sí, y como tienes muchas amigas que te ayuden ¿verdad? –Bromeaba humillantemente, haciéndome la vida más difícil. Pero bien sabía que lo hacía para que le rogara, todo era parte de nuestra forma de ser.

    -Pues ni modo que te diga a ti. Son juguetes para adulto, no de niño. –Respondía el sarcasmo haciendo alusión a su figura juvenil y baja estatura. –Ja-ja, que gracioso. Entonces ve a pedírselo a tu novia. Hay perdón, no tienes. –Finalizaba, cerrándome la boca.

    Lo haría, no tenía duda, sin embargo esa tarde no tomó ningún artículo. No le insistiría, ni un poco, si no quería, ya estaba, no pasaría nada. Ni siquiera estaba seguro de querer hacerlo, después de todo, es mi madre.

    Dejé pasar los días y aquella caja seguía esperando en un rincón entre la sala y la cocina, como tentando a quien pasara a su lado. Sin embargo cada vez se le miraba un poco más vacía. Aquel dildo con succión había sido el primero en desaparecer, a las bolas chinas no se les miraba por ningún lado, junto con el vibrador Hitachi en forma de helado.

    Sabía que mi madre se pasaba su tiempo libre reconfortándose y divirtiéndose con aquellos artículos, explorando su sexualidad. Pero prefería no pensar mucho en ello, me ponía muy mal; me sentía culpable, como si estuviese haciendo algo indebido. Aunque al mismo tiempo me excitaba muchísimo, imaginarla disfrutando de los productos. En una ocasión la llegué a escuchar en la ducha gimiendo placenteramente y me quedé oyendo todo, hasta que terminó. No me hizo falta mirar, con el cambio de ritmo en sus quejidos pude saber perfectamente lo que hacía dentro.

    Se montaba en un consolador, se podía escuchar como vibraba entre el torrente de la regadera, sus gemidos me explicaban cuanto lo estaba gozando, aumentando la intensidad hasta hacerse venir en un profundo grito ahogado de placer.

    Ese día, cuando terminó, me encontró en la sala al salir del baño. Escondido su toalla pude ver el vibrador y el dildo con succión. –Quería comprobar si era a prueba de agua. –Me dijo con una sonrisa de total satisfacción y extrema coquetería.

    Me tenía vuelto loco. No dormía. Apenas comía. El estrés me estaba matando. No había día en el que no pensara en ella, en los juguetes y en sexo. En su sexo.

    Aguas turbias

    Habrían pasado un par de semanas cuando se acercaba mi madre a entregarme una carpeta, seguramente con las reseñas de los productos que había probado. No dije nada. No pude bromear, no pude romper el hielo, ya no podía soportarlo más.

    Antes de entregar el reporte de mi madre, lo leí, y me toqué. Imaginar cómo los había probado me excitaba mucho. Describía cada detalle explícitamente, sin pudor ni recato. Frases como “Su textura se siente muy real dentro de mi vagina” “tiene el tamaño justo para complacerme” “Se puede dilatar el ano lentamente” o “Sirve muy bien para estimular el clítoris y la vulva al mismo tiempo” me volvían completamente loco.

    Como nuestros horarios casi no coincidían, no podía saber cuáles artículos ya había probado, pues lo hacía siempre cuando yo no estaba en casa. La única pista que tenía para saberlo era la caja. Esta vez había desaparecido el consolador de doble penetración. Solo quedaba el anillo, los lubricantes, aceites y el plug anal vibrador.

    Semanas después me entregaba otra carpeta más. Leí su resumen, me ha dejado tan caliente con este último que me masturbé un par de veces. “Me dolió un poco, pero al final logré metérmelo por completo, en ambos orificios” escribía. “Me ha hecho correrme intensamente” “La sensación es increíblemente excitante” “Me gustó mucho estimularme por el culito al mismo tiempo” Fantasear todos los días con aquellas frases.

    Una pequeña ayuda

    Intentaba olvidarme de ello, pero no podía, el departamento se había convertido en una cabina de sexualidad. Me encontraba los juguetes sexuales por todas partes; en el baño, en la sala y en su recamara. Y a ella se le veía muy alegre, risueña. Le gustaba no había duda.

    Pero de pronto, un día todo cambió. Simplemente dejó de entusiasmarse. Ya no me entregaba los escritos de sus experiencias. Se veía cabizbaja, cansada, como melancólica o decaída. Creí que se le pasaría, pero las semanas pasaban y su ánimo no realzaba.

    Entonces supe que debía actuar, era momento de entrar en acción y darle un pequeño empujón. No quería presionarla, pero el compromiso con mi jefe estaba ahí, y ese mes no había entregado mi reporte.

    Primero traté de reanimarla invitándola a cenar, la llevé al cine, al parque, al centro comercial y esas cosas, pero aunque logré alegrarla un poco, aún se mostraba con recelo.

    Ya comenzaba a preocuparme, mi futuro laboral estaba en juego, ya no podía dejarlo así nada más después de llegar tan lejos. Mi jefe estaba encantado, los accionistas estaban más accesibles que nunca e incluso ya se negociaban con nuevos socios. Si desistía ahora les quedaría muy mal.

    Por lo que me vi obligado a implementar medidas drásticas. Recurriría de nuevo a aquellas pastillas mágicas. Sí, compré más Viagra Fem y me dispuse a dárselo a mamá, ahora por un motivo meramente profesional.

    Me sentía terrible, pero en parte sabía que ella también lo necesitaba. La edad ya no era lo mismo, y aquella pequeña ayuda le regresaría de nuevo esa vitalidad y entusiasmo que había perdido.

    Convencido con aquel chantaje, le serví un par de pastillas en su té y se lo di a beber. Fue en un viernes, cuando ya descansábamos los dos de una larga semana. Estábamos en las sala, ella sorbía lentamente saboreando su té de frutos, mientras yo aguardada en calma.

    Ya no esperaba nada, solo quería que funcionara una última vez para que mi madre probase los artículos faltantes y así cumplir con mi compromiso, entregando los ensayos e intentar salir de ese maldito problema de una vez por todas. Pensaba, cuando mi madre se terminaba su bebida caliente

    Enseguida, entré a mi recamara intentando no imaginarme nada pecaminoso antes de dormir. Sin embargo, justo cuando había tomado aquella decisión escucho a mi madre gritándome para que saliera un momento. Armándome de valor, salí de mi habitación para encontrarla en el comedor sumergida en la caja dispuesta sobre la mesa.

    -¿Para qué es esto? –Me preguntaba, con los lubricantes y aceites en mano. Enseguida le expliqué un poco lo que decía en el empaque, pues estaba en japonés y pocas palabras en inglés. -¿Entonces sirven para dar masajes? –Cuestionaba de manera sugerente mientras se encaminaba a su habitación, para enseguida salir con su ropa de baño en mano. –No me caería mal un masaje en este momento ¿sabes? –Terminaba de insinuarme antes de meterse a bañar.

    Lluvia de mi madre

    Estaba perdido. Justo cuando menos quería estar con ella, me invitaba a acompañarla, y no solo a verla, sino a participar en su momento privado. Quería salir huyendo, pero no podía negarme, sería muy déspota de mi parte, lo veía más como una forma de agradecerle por la ayuda, pagándole con un buen masaje.

    Dudaba, estaba sudando y temblando de nervios, caminaba en círculos como fiera encerrada. La espera era insoportable; mis piernas no me soportaban, se me doblaban las rodillas del miedo, mi corazón se agitaba y la boca se me resecaba, cuando mamá salía del baño.

    Al verme me sonrió pidiéndome que la acompañara a su cuarto. –Trae los aceites para el masaje. Me dijo, dejándome sin salida. No tenía excusa, y tuve que entrar a su recamara.

    Enseguida, mi madre se bajó su bata hasta la cintura y se tumbó sobre su cama, con la espalda descubierta hacía a mí. Nervioso, tomé el aceite para masaje, lo destapé y comencé a frotarlo en su delicada piel suave, aún tibia por el vapor del baño.

    Lentamente masajeaba sus hombros, brazos, espalda y cintura. Ella me agradecía relajando su cuerpo y expresando sutiles gemidos a medida que aquellas pastillas surgían efecto.

    Mi plan era darle un rápido masaje y largarme cuanto antes para dejarla sola. Pero ella tenía otras ideas. Mientras mis manos aún recorrían su espalda ella sacaba de entre sus piernas un artefacto sujeto a un cable, y de inmediato supe lo que era.

    Se trataba del Plug anal con vibración a distancia, por cable, pues aún no se perfeccionaba la tecnología Bluetooth. Y sin decir nada, lo encendió. En seguida todo su culito comenzó a vibrar. No podía creerlo, pero lo comprendía. Sabía que estaba pasando por un momento de extrema excitación que no podía controlar.

    Continué masajeando a mi madre, escuchado aquel sutil zumbido del juguete complaciéndola dentro de sus nalgas, jugando con las vibraciones del Plug, aumentándolas y bajando su intensidad por momentos, mientras yo seguía relajándola.

    Mis manos temblaban incontrolables, mi corazón latía fuerte y veloz amotinando la sangre en pene, inflamándolo lentamente a pocos centímetros del trasero de mi madre. Mis manos cobraban conciencia propia, deslizándose cada vez más lejos de su espalda, rozando sus suaves nalgas.

    Y mamá no decía dada, tan solo se dejaba llevar por los placeres estimulando su cuerpo, en su espalda, glúteos y su cavidad anal con ese juguete sexual dentro de ella. Sabiendo que no se opondría, liberé mis manos, dejándolas ir junto con su goce, deslizándolas bajo su bata, posándolas ahora con todo descaro sobre sus suaves bombones esponjosos, agasajándome sin recato con su dulce colita caliente bajo mis palmas.

    Ella lo agradecía, seguro que le gustaba. Lentamente le quitaba su bata, exponiéndola, deleitándome con la imagen de su culito empotrado en el vibrador y su vagina mojada bajo él.

    Y mi pene reventó. Lo sentía al cien, también mojado por las eyaculaciones previas involuntarias. Sentía que se me iba el aliento, temblaba con gran ansiedad. No sabía ni que pensar. Mi madre se regocijaba de placer en mis manos y a mí me gustaba mucho verla así. Feliz, relajada, alegre y tremendamente excitada.

    Entonces miré el Hitachi sobre su buró de noche; aquel vibrador en forma de helado. Hice una pausa, lo tomé, lo encendí y comencé a recorrerlo por toda su espalda. Ella se conmocionaba soltando pequeños gemidos extremadamente sensuales que me decían lo mucho que le gustaba.

    Continuaba recorriendo, sus hombros, su cintura, espalda baja y sus glúteos. Al llegar a ellos, noté como también subía la intensidad de su propio vibrador con el control alambico en su mano derecha. No queriendo quedarme atrás, subí la intensidad del Hitachi y seguí recorriéndolo por sus nalgas, pasando por sus piernas hasta llegar sus pies. Ahí me asombré con la vista de su vagina brillando por sus jugos escurriendo de ella. No podía quitarme esa imagen de la mente, ni la idea de masajearla en ese lugar.

    Sabía que no se negaría, estaba demasiado estimulada para poder medirse a esas alturas. Entonces regresé el vibrador por el mismo camino, subiendo desde sus pies, pantorrillas, hasta llegar a su entrepierna y comenzar a inmiscuirme entre sus muslos. Enseguida mi madre separó sus piernas, abriéndole camino al Hitachi para dejarlo llegar tan lejos como quisiese. No desperdiciando la oportunidad, lo acerqué a su vagina húmeda hasta rozarlo sobre sus labios sutilmente. De inmediato soltó un pequeño grito de placer, seguido de un profundo y largo gemido intentándolo resguardar dentro de su boca inútilmente. -¡Haa! Mmmm.

    Seguí deslizando el juguete, chapoteando con sus jugos estampados en su vagina, produciendo un sonido acuoso, resonando con las vibraciones del Plug anal haciendo eco dentro de su cuerpo. Pero deseaba más, ambos queríamos más. Entonces tomé el lubricante, lo abrí y lo unté sobre la redonda base del cono vibrador.

    Era plan con maña. Sabía que aquel líquido a su vez, tenía un activo estimulante, que sumado al producto en sus venas la haría gozar como nunca en su vida. Posé el lubricado juguete, restregándolo en su vulva, haciéndola estremecerse entre gemidos y contoneos de su cadera, masturbándose a su vez con su toalla debajo, ahora completamente mojada con sus jugos que no dejaban de escurrir lánguidamente, mientras el aceite poco a poco comenzaba a surtir su efecto.

    Yo temblaba incontrolablemente, aquello era demasiado intenso para mí, nunca me hubiese imaginado a mi madre de esa forma, y además participar. Era por mí que estaba así, y eso me confundía mucho. Por una parte me sentía mal, pero por otro lado estaba tan excitado como ella; sentía mi pene tan inflamado que me dolía, necesitaba tacarme, masturbarme viendo a mi madre gozando intensamente hasta vaciarme los testículos, aunque fuese solo para desinflarlos un poco.

    Ella estaba a punto de venirse, gemía y sollozaba, su respiración estaba incontrolable, subía y bajaba su cintura embarrándose el vibrador en su dilatada y brillante conchita velluda, jugosa y deliciosa. El vibrador no se separaba un segundo de su vagina, haciendo palpitar su clítoris hasta lo más profundo de su ser, obligándose a jadear y regocijarse entre espasmos compulsivos en todo su cuerpo ante el inhumano y cruel orgasmo que se amotinaba en las húmedas cavidades de su acalorada feminidad.

    Gemía, vibraba, se conmocionaba, se lubricaba y estimulaba, hasta que finalmente explotó en un doloroso grito que intentaba ahogar dentro de las sabanas de su cama embarrando la cabeza del Hitachi con su cremosa eyaculación profusa que se escurría hasta mojar por completo su toalla bajo su estimulado cuerpo.

    La vista era de ensueño, toda esa humedad, esa mezcla de líquidos, el olor, los sonidos, el calor que se había encerrado en la habitación y su enrojecida vagina; sudorosa, estimulada hasta hacerla venirse a chorros.

    Pero aún no terminaba, mi madre seguía igual de excitada y deseosa de más placer, yo mismo estaba igual, ya no podía soportarlo más. Entonces me saqué el pene de mis pantaloncillos, estaba ya completamente mojado, lo acerqué a la vagina de mi mamá, y sin poderme contener se la dejé ir con firmeza.

    Increíblemente ella no dijo nada, estaba tan perdida en su placer que no pensaba en lo que sucedía. Y me aproveché de ello, se sentía tan bien mi falo dentro de su hirviente y excesivamente mojada vagina madura, entre el sudor de su cuerpo, el lubricante estimulante y su recién orgasmo escurriendo alrededor, que goce como nunca.

    Lentamente metía mi tranca por completo hasta llegar las hirvientes profundidades de mi madre, pude sentir la piel caliente de su colita bajo de mí, y mi pene bañándose de sus eyaculaciones. Lo metía y sacaba completamente empapado, cada vez más rápido. Aquel, se deslizaba con toda libertad en tan lubricada cavidad, mientras mis ojos se embellecían con sus redondas nalguitas y su culito abusado por el Plug anal vibrando en el último nivel de su poderío, estimulando a su vez la cabeza mi pene con aquellos terremotos dentro de ella.

    Sabía que me vendría en cualquier momento, estaba tan excitado que no podría aguantar mucho. Sentía mi pene demasiado sensible, pulsando a punto de explotar y escupir todo su contenido. Entonces se lo saqué, y ya sin poderme contener, le quité el Plug de su culito y me dejé venir sobre su ano completamente dilatado. Sin perder la prisa, boté los juguetes a un lado y con mi pene todavía eyaculando se lo metí en por su pequeño hoyito haciéndola gozar ahora por un pene de verdad. 

    Creo que le dolió un poco, quizá fui demasiado brusco, pero es que estaba tan caliente que no pude contenerme. Y comencé a cogérmela con desenfreno. Ya no medía nada, ahora daba rienda suelta a mis instintos inhumanos y prohibidos ante el incesto, estacándole mi falo enrojecido sin piedad, sacándolo y metiéndolo por completo, una y otra vez, provocando que mis muslos aplaudiesen al estrellarse violentamente en sus nalgas con brusquedad, una tras otra, más y más, mientras mi madre deslizaba su mano derecha por debajo de su cuerpo para masturbarse el clítoris con sus largos dedos, gimiendo como actriz porno, disfrutando y gozando de todo ese placer.

    Mientras me la empotraba por el culo, ella me lo restregaba en las piernas, como agradeciéndome por todo ese goce que le provocaba. Cuando aquellos deliciosos ajetreos poco a poco aumentaban, dejándome ensartarle su hoyito más profundo, con sus pliegues anales completamente dilatadas, bailando al menear sus caderas de arriba abajo, masturbándome con sus nalgas, jugando en su coño con sus dedos, estimulándose tan embriagante, hasta que de pronto, me paró la cola para que la penetrase por completo, y así, mientras se masturbaba y me la cogía por el culo, se hacía venir por segunda vez, gritando agudos alaridos, engalanados con los hermosos acordes de sus dedos chapoteando entre los jugos de su vagina eyaculando en sus manos una vez más.

    Mi madre gozaba, derrumbándose sobre la cama, derrotada por su segundo orgasmo, con sus brazos y piernas desfalleciendo, incapaces de continuar soportando su cuerpo, dejando mi pene colgando y escurriendo sobre ella. Pero quería más, así que la alcancé agachándome un poco para penetrarla de nuevo en su babeante vagina, sin dejarla rendirse.

    -Espera, el anillo. –Me decía, casi sin poder respirar. -¿Qué? –Le preguntaba con la mirada perdida en su trasero, sin dejar de follármela tan delicioso. –Quiero probar el anillo vibrador. –Insistía mi madre intentando apararme.

    Tras recobrar la cordura un momento, supe lo que me quería decir. Me estaba pidiendo que me la follara con aquel anillo aún guardado en su empaque, afuera, dentro de la caja. Sin pensármelo, salí a por él, lo abrí con desesperación y me lo puse en mi inflamado pene.

    Rápidamente regresé con mi madre y me la encontré boca arriba con las piernas abiertas para mí, totalmente sumisa para que abusara de ella como más me placiera. Me puse encima, le besé un poco sus hermosos y grandes senos, le chupé sus pezones, mamando un poco de ellos como solía hacerlo hacía mucho tiempo, le besé el cuello y lentamente comencé a meterle mi pene, en su empapada vagina, hasta el fondo, para que pudiese disfrutar del anillo enfundado en la base de mi escroto.

    Las vibraciones de aquel artículo eran increíbles, estimulando su clítoris y mi pene al mismo tiempo. Era tan placentero que no hacía falta hacer más, era seguro que nos haríamos venir otra vez rápidamente. Sentía mi pene enfundado dentro de los suaves pliegues ardientes de las acuosas cavidades de mi madre, mientras la base de mi escroto temblaba sobre su clítoris haciéndonos gozar como nunca.

    Poco a poco, escuchaba los clamores de mamá aumentando su frecuencia y volumen, gimiendo cerca de mi oreja en cada arremetida que le estacaba, fuerte y profundo, mojándola más y más, embarrando mi polla y mis muslos con sus lubricaciones cremosas, haciéndola gozar como nunca, arrebatándole un sensual quejido de pacer en cada estocada. Cuando en un momento mi madre cerraba los ojos, rindiéndose al momento, sometiéndose al placer que le estaba otorgando, yo, mi pene, y aquel anillo entre nuestras partes íntimas. Estiró sus manos, relajo sus piernas doblando un poco sus rodillas y se dejó venir por completo.

    Ahí supe que era mi oportunidad, era mi llamado. Entonces anuente mi intensidad, mi prontitud y ferocidad. Descargando toda mi frustración, mis ganas de una mujer, y mi estrés acumulado de tanto tiempo. No pensé en nada más que mi placer, solo quería correrme dentro de ella, sin importarme que fuera mi madre. Ahora me la cogía como si fuera una cualquiera, sin piedad, con desdén y brutalidad inhumana. Mi pene se deslizaba fácilmente con tanta lubricación, entrando profundamente y sacándolo casi por completo antes de regresarlo bruscamente, estrellándolo en lo más recóndito de su abierto coño.

    Y así, finalmente sentí como mi escroto sucumbía al vibrante anillo abrazado a él, y al delicioso coño de mi madre restregándose en mi glande. Estallando en un intenso orgasmo, que me estremecía desde mi fastidiado pene hasta cada parte de mi cuerpo, llenándole de leche su ya de por sí calada vagina, vaciando todos mis testículos en ella, desahogándome de tanta ansiedad y deseo en un incontenible espasmo que me obligaba a penetrarla profundamente para eyacular hasta lo más adentro en su intimidad, provocando que el anillo se afianzara fastidioso en su sensible clítoris. Y entonces, mientras mi pene aún convulsionaba dentro de ella, sentí como los músculos de su pelvis se contraían estrujándolo fuertemente, exprimiéndole hasta la última gota, al tiempo que ella eyaculaba protagonizando su propio orgasmo, gimoteando de placer con gran sensualidad, sacudiendo sus caderas como si me estuviese ordeñando el pito con su vagina.

    Fue simplemente extremo, muy intenso, desmedidamente placentero, nunca me había venido así, sentía mi pene ardiendo, inflamado y morado, como si le hubiesen puesto una buena paliza. Se me acalambraba el escroto, me dolía, mucho. Y no era para menos, con tremendo follón que le había puesto.

    Sin embargo ella quería más, estaba extasiada, fascinaba y encantada. Realmente lo estaba disfrutando y no quería que terminara. Yo estaba completamente satisfecho, pero mi madre, ella estaba drogada con todos esos estimulantes en su cuerpo, haciéndola multiorgásmica. Era como si ya no fuese ella misma, se había convertido en una zorra, en una ninfómana irreconocible, y no podía dejar de follar.

    Cuando creí que todo había terminado, mi madre se daba media vuelta poniéndose en cuatro para mí, levantándome todo su culo empapado para que la acoplara de nuevo. Pero yo ya no quería más, ya no podía seguir, estaba vacío y sin fuerzas. Sin embargo debía continuar, era mi penitencia por mi osadía, por esa estúpida broma que nunca debí haber comenzado.

    Acerqué mi pene reavivándolo con bruscos ajetreos para evitar que desfalleciese. Realmente me dolía, aquel anillo aun vibraba en la base de mi escroto sobre estimulado, torturándome con la prolongada agonía. En verdad necesitaba esperar un momento antes de continuar, pero no podía, en cambio le deje ir toda mi polla una vez más, deslizándola hasta el fondo y con todo el sufrimiento comencé a metérselo y sacárselo tan fuerte como podía, con las fuerzas que aún me quedaban. Haciendo esfuerzos sobrehumanos.

    Ella, ella estaba en otro lugar, perdida en su propia complacencia, concentrada en gozar, sin importarle que fuese con el pene de su hijo, meneándose de adelante hacia atrás para compensar mis decadentes embestidas, restregándome sus nalgas en mis muslos, empujándose con sus manos sobre la cama hasta venirse de nuevo.

    Está ves fue pronto, por fortuna. Fue un pequeño y rápido orgasmo, pero igual de intenso, obligándola a sacarse mi falo para terminar de exprimirse su chorreante coño con la mano, mientras yo terminaba de sucumbir al extenuante trabajo, desfalleciendo de espaldas sobre la cama.

    Me quité el anillo, lo apagué y lo boté junto a los otros dos artefactos oscilantes en el borde de la cama. Intentaba recuperar el aliento, sentía mi pene adolorido, rosado y fastidiado, sin embargo aún levantado al cien, al tiempo que mi madre termina de venirse a un costado de mi. Mi mente me daba vueltas, tenía sentimientos encontrados, estaba hecho un mar de emociones. Me sentía mareado como si me fuese a desmallar. Me dolía todo, especialmente los músculos de mi entrepierna.

    Reflexionaba como presidiario tras las rejas, mirando el techo, arrepintiéndome de mis pecados recién cometidos. Cuando mi madre se daba vuelta a mí. Me sonrió, como siempre lo hace, como si no estuviese pasando nada malo. De alguna manera lo tenía todo controlado. No como yo, que ya no sabía ni quién era.

    Entonces se me acercó con una mirada malévola y una sonrisa psicópata, deslizándose hacia abajo, hasta mi polla que ya comenzaba a desinflamarse, aliviándome un poco el sufrimiento. Pero entonces mi madre se lo llevó a la boca y comenzó a chupármela sin piedad, levantándola de nuevo, provocándome de paso la peor tortura sexual que he experimentado en mi vida.

    Era el pago que debería de pagar por mi estúpida travesura. Sentía su caliente boca succionándome el falo, llenándolo de sangre nuevamente, mamando con desesperación y extrema crueldad. Quizá ella no lo sabía, pero yo no podía soportarlo un segundo más, aunque no se lo dije. En cambio resistí, incapaz de quitarle su chupete de los labios mientras lo recorría por todo lo largo, morado ya, a punto de explotar o caérseme a pedazos.

    Por fin se lo sacó de la boca, se colocó encima de mí y con una sonrisa de oreja a oreja se dejó clavar nuevamente sentada en mis piernas y encastrada por mi pobre y sensible polla.

    Era terrible, pero mi madre lo gozaba como nunca, estaba delirando, alegre y extasiada. Me miraba fijamente, con una sincera sonrisa, lo estaba tomando muy bien. O había perdido la cordura o ya nada le importaba. Parecía como si estuviésemos jugando tan solo, como aquellos tiempos en los que peleábamos en la cama haciéndonos cosquillas el uno al otro. Solo que ahora lo que hacíamos era el amor, placer pecaminoso. Incesto.

    De alguna forma había logrado tomar mi trampa y estampármela en la cara, o en mi pene, una y otra vez en cada dolorosa sentada, cabalgándome como su juguete, como otro más del cual escribir una reseña, sin importarle lo que yo sintiese, sin importarle nada más que su propio placer. Un placer que no cesaba, potenciado por los activos recorriendo sus venas, sensibilizando hasta sus más íntimas partes, haciéndola perder la cordura, masturbándose con migo, con su propio hijo, como si fuese un artículo más de aquella caja, empalmándose con mi desamparado pene cruelmente, una y otra vez a punta de sentones, penetrándose profundamente sin ficción alguna por todas esas torrenciales secreciones que habían empapado nuestros cuerpos, produciendo un excitante chapuceo en nuestros sexos.

    Y me miraba, y me sonreía. Se divertía como infante montada en un juego mecánico, nada le importaba, ni le preocupaba, no había remordimiento en su mirada, solo placer, lujuria y ferocidad, hambre de más, de hacerse venir una y otra vez. Persiguiendo con desesperación que mi pene llegara a su punto de placer dentro de ella, acomodándolo dentro de su escurridiza cavidad para complacerse en donde más le gustaba, meneando las caderas, estampándome sus nalgas, aferrada a mi pecho con ambas manos y sacudiéndome la polla dentro de ella. Y esa maldita sonrisa en su rostro, diablos como lo estaba disfrutando.

    Se divertía con mi sufrimiento, con mi hinchado y sobreestimulado pene dentro de ella, aumentando el ritmo de su infame baile caribeño sobre mi tranca, regocijada por toda la mezcla de emociones naturales y artificiales dentro de su cuerpo hasta que finalmente y por última vez, se dejaba venir sobre mí, exprimiendo de su vagina hasta el último rocío de aquel liquido femenino escurriendo de ella al sacarme mi pene, aliviando mi sufrir, y consolándolo con las tibias gotas blanquecinas de su más íntimo placer al caer sobre él, cubriéndolo con su perfumada escancia natural, mientras me gemía sensual y profundamente mente, totalmente satisfecha, como agradeciéndome por aquella estúpida e infantil broma que me habría costado muy caro, y sin embargo lo había disfrutado casi tanto como ella. Así hasta caer completamente exhaustos, casi perdiendo la consciencia, inertes, sin poder hacer más, quedando profundamente dormidos.

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  • Pide ayuda a su madre para satisfacer a su novia

    Pide ayuda a su madre para satisfacer a su novia

    Gonzalo no era muy alto, no era muy guapo y era gordo. Desde niño había sufrido las burlas de los otros niños. Lo pasara muy mal. Su único consuelo desde una edad muy temprana fuera Charlie, una niña que se llegara pelear con otras niñas cuando se metían con él. Era su única amiga. Ahora con dieciocho años ella era una joven de estatura mediana, morena, de ojos azules, media melena negra, delgada, con tetas culo y caderas muy generosas, era guapa y trabajaba de cajera en un súper. Él era de su estatura, rubio, de ojos claros, gordo y trabajaba de fontanero. Ya eran más que amigos, eran novios.

    Un domingo, sentados en un banco del parque, le decía Charlie:

    -…Voy tener que pedírtelo yo, Gonzalo.

    -No, mujer, nunca te lo propuse porque si quedas embarazada nos meteríamos en un problema. Tu padre quiere algo mejor para ti y a tu madre no le gusto porque soy gordo. Dirían que te dejé embarazada a propósito.

    Charlie le dio un pico.

    -A quien le tienes que gustar es a mí y me gustaría quedar embarazada de ti.

    -¿Por qué no hablamos de otra cosa, cariño?

    Charlie, se enfadó.

    -¡Siempre igual! Sin pedírtelo te lo pedí y te vuelves a escaquear. ¿Me tienes miedo, Gonzalo?

    -Lo que te tengo es cariño, amor y respeto.

    Y miedo, mucho miedo, Gonzalo era virgen y tenía miedo de no dar la talla y perder al amor de su vida. Charlie, le dijo:

    -Eso no es suficiente. Tengo mis necesidades. ¿Tú no las tienes?

    -Claro que las tengo.

    -¿Entonces porque nos tenemos que dar placer a solas pudiendo darlo entre nosotros?

    Gonzalo no podía retrasar más lo inevitable.

    -Pide el sábado libre en el súper que nos vamos el próximo fin de semana a un hotel.

    A Charlie le picaba el coño, le dijo:

    -Y si nos internamos en el bosque y…

    La cortó.

    -No seas impaciente. Quiero que sea algo inolvidable.

    Gonzalo se levantó, la cogió de la mano y la acompañó a casa. Mientras lo hizo Charlie siguió hablando de sexo.

    Al llegar a su casa, estando sentados en dos sofás su madre y él, la madre le vio cara de preocupación, y le preguntó:

    -¿Te fue mal con Carmen?

    -Quiere que hagamos el amor.

    Antonia, una mujer de 39 años, morena, con el cabello castaño y corto, baja de estatura, rellena y separada, exultante, le dijo:

    -¡Pero eso es maravilloso, Gordi!

    Gonzalo, cabizbajo y tristón, le dijo:

    -Si supiera hacerlo lo sería, pero no sé cómo se hace, Antonia.

    -Entiendo. ¿Es que nunca miraste porno?

    -Una vez, Antonia, en un cibercafé, pero me pareció que las chicas fingían sus orgasmos.

    Antonia asintió con la cabeza.

    -Eso es cierto. Algunas se corren en posiciones en las que sería imposible que se corriera una mujer. ¿Y por qué no lo miraste más veces? Hay videos con orgasmos femeninos reales.

    -Ese día me vio Pedro, se rio de mí y no volví al sitio.

    -¡Hijo de puta!

    Gonzalo no le preguntó a su madre si miraba porno porque con lo que le había dicho era obvio que lo hacía. Le preguntó.

    -¿Me enseñarías cómo hacer que disfrute una mujer? Si no hago que Charlie disfrute puedo perderla.

    -¡Qué manía de llamarle Charlie si Carmen es más bonito! A ver, hijo. ¿Me estás pidiendo que folle contigo?

    -Te estoy pidiendo un favor muy grande, Antonia.

    Antonia respiró hondo, y le dijo:

    -No te puedo hacer ese favor, cariño.

    Casi llorando, le dijo:

    -Mi vida sería un infierno sin ella, Antonia.

    -Soy tu madre cielo. No te puedo ayudar. Sería un pecado mortal… Cómo máximo te lo podía explicar hablando.

    -Eso no me vale, Antonia.

    Gonzalo se retiró a su habitación.

    Los tres días siguientes, al llegar a casa del trabajo, comía, cenaba y casi no hablaba con su madre. Antonia lo veía deprimido y le daba pena. El viernes por la noche, justo antes de la cita, Antonia ya no soportó más ver a su hijo más triste que un alma en pena.

    Gonzalo llegó a casa, ceno, se duchó y cuando se iba para cama, Antonia, lo llamó.

    -Ven un momento, cariño.

    Gonzalo fue junto a su madre. Antonia llevaba puesta una blusa blanca, una falda marrón y calzaba unas zapatillas.

    -¿Qué quieres, Antonia?

    -¿Aún quieres que te aprender a hacer el amor?

    -Sí.

    -Sé que me condeno al fuego eterno, pero una madre para que un hijo sea feliz debe hacer cualquier cosa -se levantó del sillón-. Bésame con lengua, dulcemente, luego mírame, al quitar un botón del ojal vuelve a besarme, y sigue haciéndolo después de cada botón hasta quitarme la blusa.

    Gonzalo hizo lo que le dijo su madre y pilló un empalme bestial. Al quitarle la blusa, le dijo:

    -Bésame de nuevo mientras me quitas el sujetador.

    El beso duró una eternidad, ya que Gonzalo no daba abierto el dichoso sujetador. Lo tuvo que quitar su madre, que sonriendo le dijo:

    -Suele pasar cuando el hombre es primerizo. No te preocupes, si te pasa con ella lo entenderá.

    Gonzalo vio las tetas de su madre, unas tetas esponjosas, medianas, con areolas rosadas y gorditos pezones y esperó instrucciones.

    -Bésame y amasa mis tetas cogiéndolas de abajo a arriba.

    Antonia le echó la mano al paquete a su hijo y sintió cómo le latía la polla.

    -Lame mis pezones sin dejar de amasar las tetas y después chúpalas, muérdelas y muerde mis pezones.

    Gonzalo lamió, chupó, mordió los pezones, y fruto de su inexperiencia, mordió de más.

    -No muerdas tan fuerte que me haces daño, cielo. Dale mordiscos suaves a los pezones, o sea, amaga con morder, pero no hinques el diente -Gonzalo mordió con suavidad- Así vida mía, así.

    Gonzalo, excitado, bajó una mano y sacó la tralla de su cueva. Antonia, al tenerla en la mano, se separó de su hijo, la miró, y le dijo:

    -¡Parece una morcilla de Burgos!

    Antonia se había calentado y no pudo contenerse. Se puso en cuclillas, mirándola, la meneó, metió la cabeza en la boca, mamó y Gonzalo descargó cómo un burro. Una corrida tan grande que Antonia se tragaba gimiendo. Luego se levantó, y con leche en la boca besó a su hijo, y le dijo:

    -Si te corres en sus tetas, lame tu leche y trágala, si te corres en su coño, lame tu leche y trágala, y si te corres en su boca…

    -Lamo mi leche y la trago. ¿Por qué debo hacer eso, Antonia?

    -Una, porque a las mujeres les gusta verlo, y dos porque así ella también se la tragará. Bésame mientras abres el botón y bajas la cremallera de mi falda.

    Hizo lo que le dijo y la falda cayó al piso.

    -Baja mis medias muy lentamente, besando y lamiendo el interior de los muslos y déjalas sobre las zapatillas y después baja mis bragas y déjalas junto a las medias.

    Gonzalo vio un lamparón de humedad en las bragas, y le dijo:

    -Tienes las bragas mojadas, madre.

    -¿Ya no soy Antonia?

    -Me excita más llamarte madre.

    -Si te excita llamarme madre hazlo, hijo.

    Le bajó las medias y las ligas besando y lamiendo el interior de sus muslos, después le bajó las bragas. De su coño peludo colgó una especie de moco. Antonia se pasó un dedo por el coño y lo chupó, después lo abrió con dos dedos, y le preguntó:

    -¿Sabes dónde está el clítoris?

    -No, madre.

    Se lo señaló con un dedo.

    -Este es el clítoris y si se sabe acariciar con los dedos o con la lengua la mujer llega al orgasmo con facilidad.

    -¿Qué hago?

    -Coge mi culo, aprieta tu lengua contra el clítoris y lame hacia los lados cómo si no hubiera mañana.

    Gonzalo lamió a toda hostia de un lado al otro y Antonia, en dos o tres minutos se corrió en su boca mientras sus piernas temblaban. Cuando dejó de gemir, se levantó y la besó con jugos de la corrida en la boca. Después del beso le dijo la madre:

    -Aprendes rápido, cariño. Ahora vamos para la habitación.

    Antonia, con los pies, se deshizo de las ligas, las medias, las bragas y las zapatillas. Cogió a su hijo de la mano y fueron a su habitación, allí se echó sobre la cama, y de lado, le dijo:

    -Desnúdate.

    Gonzalo se desnudó en un plis plas. Antonia se echó boca arriba.

    -Ven y sube encima de mí, cariño.

    Gonzalo subió encima de su madre. Su polla ya estaba tiesa de nuevo. Le bajó la piel y le metió el capullo. Antonia, llena cómo nunca había estado, le dijo:

    -¡Qué bueno! La vas a hacer muy feliz.

    Le echó las manos al culo, lo apretó contra ella y metió la tralla hasta el fondo.

    -¡Diosss, que maravilla! Bésame y fóllame haciendo palanca con el culo, despacito, muy despacito.

    Poco después Gonzalo ya no aguantaba.

    -¡Me voy a correr, madre!

    -Para, para. Eso es lo que tienes que evitar. Deja de besarme y piensa en un hombre feo.

    -Ya pienso.

    -Sigue.

    Al rato…

    -¡Me voy a correr en el culo del feo, madre!

    -Para, para, y piensa en tu abuela.

    -Ya pienso.

    Gonzalo pensaba en su abuela, Pero la tralla deslizándose por aquel apretado y húmedo túnel le daba lo mismo de quien fuera, por eso un tiempo después, le dijo:

    -¡Me voy a correr en el coño de la abuela, madre!

    -Cuenta ovejas, cariño, cuenta ovejas.

    Gonzalo era obediente.

    -Ya las estoy contando.

    Al ratito.

    -¡Me voy a correr en el coño de una oveja, madre!

    Antonia sintió que se venía. Entre jadeos, le dijo:

    -Piensa en tu novia.

    -Ya, pienso, yaaaa. ¡Me corro en el coño de Charlie, madre!

    Antonia comenzó a correrse sintiendo cómo la leche de su hijo inundaba su coño. Le comió la boca y lo apretó contra ella con tanta fuerza que si no llega a estar tan gordo lo rompe.

    Al acabar, Gonzalo, metió la cabeza entre sus piernas y le comió el coño, lamiendo y tragando su propia leche cómo su madre le había dicho, bueno, su leche y los jugos de la corrida de su madre, que le dijo:

    -No pares hijo, que ella no querría que parases. Lame de abajo arriba. Pon atención a mi respiración y a mis gemidos y cuando veas que me voy a correr acelera las lamidas de coño.

    Gonzalo era un buen alumno. Diez o doce minutos más tarde, Antonia, le dijo:

    -Vais a ser muy feli… muyyy ¡Uyyyy! ¡¡Me corro!!

    Llegó el sábado. Charlie llevaba puesta una blusa y una falda cómo le había dicho Gonzalo y calzaba zapatos negros con tacón de aguja, lo que la hacía un poquito más alto que el. En medio de la habitación, la besó con lengua. La miró y vio que tenía los cachetes colorados, le abrió un botón, la volvió a besar, la volvió a mirar, quitó otro botón y siguió así hasta que le quitó la blusa. Luego, besándola quiso quitarle el negro sujetador. La puta presilla no se daba abierto. Al final fue Charlie quien lo quitó sonriendo, con la cabeza gacha, sin decir palabra y con una sola mano. La volvió a besar, cogió las tetas de abajo a arriba con sus manoplas, unas tetas grandes, redondas y duras, con areolas marrones y grandes pezones y las amasó, después su lengua jugo con los pezones, los lamió y los mordió suavemente, lamió sus areolas y luego mamó sus tetas, volvió a jugar con los pezones. Charlie comenzó a gemir.

    Poco después le volvió a comer la boca, después le bajó la falda. Se agacho y se encontró con unas bragas negras tan pequeñas que junto al coño todo era humedad, pero no estaban solas, las medias estaban sujetas con un liguero. Al tun tun lo cogió por la parte de arriba y tiró de él. Se bajó. A medida que le iba bajando las medias le fue besando y lamiendo el interior de sus muslos. Dejó medias y liguero sobre los zapatos y le bajó las bragas. Vio su coño. Estaba rasurado totalmente y su raja era pequeñita. Se lo abrió con dos dedos, vio que lo tenía encharcada de jugos y los lamió, luego apretó su lengua al clítoris, lo lamió transversalmente y a toda pastilla.

    Charlie juntó las piernas, le comenzaron a temblar y se desplomó. Acabó con su culo en el piso, sus manos en el coño y mirando hacia un imaginario cielo que no podía ver porque sus pupilas se habían perdido bajo sus párpados y diciendo:

    -¡¡Bru, u, u, u… toooo!!

    Cuando acabó de correrse, quiso levantarse, y no pudo, las piernas le fallaban. Gonzalo la cogió en brazos, la echó sobre la cama y se desnudó. Cuando Charlie le vio la polla se persignó, y dijo:

    -¡Dios me coja confesada!

    Gonzalo le quitó las medias, el liguero y las bragas y le dejó los zapatos puestos. Después subió encima de Charlie. Le puso la polla en la entrada del coño, empujó y no había manera, no entraba.

    Charlie, le dijo:

    -Déjame a mí.

    Cogió la tralla y la frotó en su coño, coño que estaba empapado… En una de estas, se metió la punta dentro del coño, y le dijo:

    -¡Empuja con fuerza!

    Gonzalo le dio un trallazo y la cabeza entró en el coño. Charlie, con los ojos llorosos, chilló:

    -¡¡Ayyyy!!

    Gonzalo no pudo aguantar. La besó dulcemente y comenzó a correrse dentro de ella. Charlie mirando su cara de placer, le preguntó:

    -¿Quieres dejarme preñada, amor?

    -Si, te quiero para mí y para siempre.

    Charlie le agarró el culo, lo apretó contra ella y metió la polla hasta el fondo.

    Cuando Gonzalo se acabó de correr, Charlie, estaba apretando los dientes y de sus ojos caían unos lagrimones. Se la quitó despacito, se metió entre sus piernas y le comió el coño cómo su madre le había enseñado, trabajando labios y vagina sin olvidarse de lamer y chupar el clítoris.

    Pasado un tiempo, cuando Charlie sintió que se iba a correr, le dijo:

    -Vuelve a meterla en mi coño.

    Gonzalo se la volvió a meter, aún le molestaba, pero no era aquella cosa que la hizo llorar. Cuando la tenía toda dentro, agarró a Gonzalo, le dio la vuelta y poniendo las manos sobre su pecho lo folló con mucho cuidado. Gonzalo le agarró las tetas, y le dijo:

    -Te quiero, Carmen.

    -Y yo a ti, Gordi.

    Al rato, Gonzalo, se volvió a correr dentro de ella, Charlie le puso una teta en la boca, y le dijo:

    -Vas a ser un buen padre.

    Al terminar de correrse la polla se le puso blanda, pero cómo se deslizaba por el coño con suavidad, a Charlie le encantó. Comenzó a follarlo moviendo el culo hacia delante y hacia atrás cada vez más aprisa… Cuando la tralla se puso dura de nuevo ya le producía solo placer. Charlie sintió cómo una corriente le subía de los pies a la cabeza y le dijo:

    -¡¡Me voy a correr, Gordi!!

    Dicho y hecho. Charlie echándose hacia atrás y, temblado, se corrió salvajemente.

    Al acabar quedó con la cabeza colgando hacia atrás. Gonzalo se asustó. Pensó que le pasara algo. La cogió por la cintura, se incorporó, le cogió la cabeza, Charlie abrió los ojos, sonrió y le dijo:

    -Te quiero, Gordi.

    Gonzalo la echó sobre la cama, volvió a meter la cabeza entre sus piernas, hizo que flexionara las rodillas y que abriera las piernas. Metió todo el coño en la boca y después lo lamió. Charlie, le dijo:

    -Dame a probar, Gonzalo.

    Gonzalo con la lengua y los labios pringados de jugos y de leche besó a Charlie. La chavala se puso perra, perra, perra.

    -¡Métemela otra vez!

    Gonzalo se la metió. La folló haciendo palanca. Charlie, minutos después, comiéndole la boca y clavando las uñas en su culo, se volvió a correr, diciendo:

    -¡Sabía que eras mi hombre! ¡¡¡Aaaaah…!

    Siete meses más tarde a Charlie la habían echado los padres de casa y estaba viviendo con Gonzalo y con su madre. Ya tenía un barrigón. No estaban casados porque ella no quería, pero todo se andaría.

    Quique.

  • Hago lo que me pides

    Hago lo que me pides

    Otra vez por aquí. Esta es la historia de una amiga que podríamos llamar folla amiga. Siempre tuvimos una buena relación como amigos o algo más.

    Después de varios años sin vernos coincidimos en algún lugar. Después de hablar un rato quedamos para otro día y hablar tomando algo. Después de varias horas hablando entramos en modo picante y ella me preguntó: si quedáramos para cenar como me gustaría que fuera.

    Como me encanta el voyerismo y exhibicionismo le propuse una blusa sin nada debajo y unos vaqueros sin nada más. Quedamos para cenar otro día. Mi sorpresa: vino tal como le había dicho!

    Fuimos a un restaurante pequeño, coqueto, y nos sentaron en una zona para dos mesas. Estábamos solos. Vino el camarero a tomar la comanda y se dio cuenta que ella ya llevaba la blusa con un botón desabrochado, su vaquero ya estaba desabrochado y mi mano entre sus piernas. Decidió dejarnos solos…

    ¿Cómo acabamos la cena? Imaginarlo.

    De allí nos fuimos tomar unas copas y en la mitad de la noche decidimos ir a follar… ¿A dónde? Le propuse ir a una zona donde sabía que había voyeurs, hacerlo en el coche.

    Lo que más me sorprendió es que en ningún momento me dijo NO. Estando en el coche hasta me decía, los dos desnudos, “esperar a ver si alguien estaba mirando”. Como así fue. Nunca la he visto así de cachonda y nunca me he puesto tan cachondo como aquel día.

    Espero que os guste.

  • Seducida por un padre de familia

    Seducida por un padre de familia

    Cómo les comenté anteriormente, vivo al norte del Perú; donde hay sol todo el año y es común en mí, andar con ropa ligera (shorcitos o minifaldas y blusas muy ceñidas a mi cuerpo), No me considero una top model, pero sí que mi cuerpo hacer desviar miradas tanto de hombres como mujeres. Soy delgada, 1.65 de estatura piel bronceada por el sol, pelo largo ondulado. Hermosos senos duros y firmes y un pompis que es el sueño de muchos.

    Esto sucedió hace 12 años más o menos; mi hijo menor cursaba el primer año de primaria y era inevitable las reuniones de padres de familia, comités de aula, preparación de festividades y eventos deportivos que todo padre de familia está obligado a participar (las que son madres sabrán de lo que hablo). Por lo general mi esposo casi nunca para en casa los días de semana por motivos de trabajo, así que yo soy quien está al frente de todos los menesteres educativos de mis hijos… Salvo haya deporte, ahí sí que mi esposo dice presente, porque sabe que después de un fulbito, viene el ful… vaso.

    En uno de esos campeonatos inter aulas, mi esposo hizo amistad con el papá de un compañero de mi hijo. Era un señor de 55 años, mucho mayor que yo, de mirada seria y penetrante, y que para su edad, se mantenía bastante en forma, le gustaba el deporte. A su esposa ya la conocía, no éramos tan amigas que digamos, pero nos llevábamos bien. Nos presentamos, dándonos la mano, sentí un escalofrío cuando apretó mi mano fuerte, pero a la vez delicadamente.

    La verdad, no lo sé, pero yo me quedé impresionada; una, por su mirada y dos, por la forma en cómo me saludó al darme la mano y sentir el roce de su dedo en la palma de mi mano, creo que lo más normal hubiese sido quitar mi mano en ese momento, pero no, no lo hice, me quedé impávida. Creo que fue cómo abrirle la puerta para que tome una confianza y ser zalamero de su parte. Su esposa me advirtió en tono de broma que no le de confianza porque después nadie lo para, sólo atiné a reírme.

    Pero me empezó a llamar la atención porque era muy chistoso y buena gente, era sociable, amable y siempre coqueteando (dicho sea de paso yo también soy media coqueta). Empezamos a coincidir en pareja a compromisos del colegio y a veces nos invitaban a cumpleaños o algún compromiso familiar, o si querían darse alguna perdida o juerga nos llamaban a su casa o nosotros los invitamos para juerguear a nuestra casa.

    Su esposa me tenía bastante confianza y a veces me contaba del comportamiento de su esposo, sus aventuras y que no era feliz, que ya era por costumbre, yo sólo la escuchaba y le daba mi apoyo como mujer. Y por otro lado el esposo le contaba a mi marido su triste historia con su mujer. Les decíamos que era problema de ellos, que nosotros éramos amigos de los dos y no sacaríamos la cara por ninguno de ellos.

    En una de esas reuniones en su casa, tomando cerveza y bailando, dicho sea de paso, Rafael (así se llamaba el esposo) era muy buen bailarín y se movía riquísimo bailando, yo me defiendo, pero este tío parecía un profesional bailando salsa y merengue.

    Juro que me excitó su manera de moverse y cómo me agarraba, me abrazaba, me rozaba, pero con él no era, como si nada. Acabamos de bailar y yo tenía que ir al baño a refrescarme. A las finales nos quedamos solos en parejas. Y a Rafael se le ocurre sacar ron, este trago a mi esposo lo mata en primera, un par de vasos y cae. Yo sabía que en cualquier momento caía y no se levantaba, por otro lado la esposa ya estaba ebria, Se fue a dormir, la acompañé a su cuarto y estuvimos conversando un buen rato hasta que se quedó dormida.

    Salí a la sala, y dicho y hecho, mi esposo ya estaba nulo, y Rafael estaba esperando, y me dijo, me dejaron solo, y ¿ahora con quien tomo?, yo le dije que era malo, con ron mi esposo es pollito tomando, no aguanta un par de tragos… Me quedó mirando y me preguntó ¿Y tú, si aguantas?, le dije que no, que no tomaba ron.

    Sacó una botella de vino y me dijo que al menos lo acompañara con un par de vasos, mi esposo de vez en cuando se despertaba y Rafael aprovechaba y le daba de tomar y más, y el pobre más se emborrachaba. Por favor ya no le des de tomar que no vamos a poder irnos le dije. Por eso ni te preocupes me dijo, hay cuarto libre para que pasemos la noche ahí.

    En eso suena una salsa, de Mark Antony, «Hasta ayer» recontra lenta, y me pregunta si bailaba o le tenía miedo…

    -¿Qué? le dije, miedo yo? a usted, jamás,

    -entonces no sabes bailar, me dijo.

    Este maldito estaba jugando con mi ego… y pisé el palito:

    -¡Yo no le tengo miedo a nadie! le dije,

    -Yo creo que sí, me dijo.

    -A mí no me rete porque pierde le dije.

    Se rio a carcajadas provocándome, así que me paré, y le dije, a ver qué tan bueno es bailando, y me coge de la cintura y me jala a su lado y empezamos a bailar. De rato en rato miraba a mi marido a ver si despertaba, yo le decía no te preocupes por él, preocúpate por mí que voy a lustrar el piso contigo bailando, jajaja me mataba de risa y al ritmo de la música más me pegaba a su cuerpo y ya no tocaba mi cintura, su mano bajaba de a poquitos, y cuando me daba la vuelta me ponía de espalda me pegaba su pelvis, y peor que yo estaba con un pantalón suelto de esos tipo harlan de tela delgada y podía sentir todo su miembro sobre mi, y así hacía que me moviera rozándole, mas parecía que era un baile de perreo que salsa. Movía mis caderas sobre su miembro, él me presionaba más para poder sentir sus brazos que rodeaban mi cintura.

    Se imaginan ese morbo que sentía, mi esposo totalmente dormido en el mueble, su esposa dormida en su cuarto, y así bailando empezó a tocarme a acariciarme, primero tímidamente, de ahí poco a poco ya metía mano, yo de espaldas hacia a él que me movía contorneando mis nalgas en su pelvis mientras él me acariciaba, me besaba el cuello, las orejas, bajaba sus manos por mi cintura, me acariciaba las nalgas por fuera de mi pantalón, yo sólo cerraba mis ojos y me dejaba hacer. Aprovechó lo elástico de mi pantalón y metió sus dedos a mi vagina que ya estaba húmeda, y así bailando me llevaba a su baño, yo intentaba resistirme, pero fue en vano, me metió a su baño, y ahí estuvo sobando mi vagina con sus dedos un buen rato, hacía que le acariciara la verga que ya se la había sacado (era grande y gruesa, me gustaba), Gracias a Dios mi esposo hizo algo de ruido al botar un vaso que estaba a su lado y se rompió, ¡Qué susto por Dios!, salí corriendo y para mi buena suerte estaba durmiendo.

    Ya nos vamos le dije, Me dijo que no, que a esa hora ya no había taxis y era peligroso por el estado de mi esposo. Quédense a dormir en el cuarto, yo lo llevo me dijo para que descansen, lo alzó como si nada y cargado lo llevó al cuarto que tenían en el primer piso, pasando un patio, lo acostó en la cama y yo por detrás muerta de miedo y excitación. Le dije que por favor se vaya, está bien me dijo pero seguía tocándome mi vagina por fuera, le rogaba que por favor se vaya, su esposa podría despertarse, sin decir nada puso sus dedos en mi boca e hizo que los lamiera. Me voy me dijo, ojalá y puedas descansar.

    Ya acostada pensando y excitada me tocaba la vagina, pero por cansancio me quedé dormida al lado de mi esposo. No recuerdo cuanto tiempo pasó, pero sentí una mano tapándome la boca y la otra mano acariciando mi vientre; quizá mi primera reacción debió ser de sobresalto o de susto, pero no, en el fondo imaginaba que eso pasaría, y para ser sincera, lo esperaba, deseaba sentir esas manos recorriendo mi cuerpo, tocando mis senos, pellizcándolos, sentir su aliento sobre mi piel, sus labios besando mis senos, y si, se estaba cumpliendo.

    A lo único que atiné fue mirar de reojo a mi esposo, que estaba profundamente dormido. El miedo y mi excitación tenían su batalla en mi cabeza, que combinado con el alcohol, el miedo fue perdiendo terreno frente a la excitación que sentía en esos momento. Me quedé mirándolo, dormido cómo un niñito cansado sin preocupaciones, sin imaginar que su esposa, si, dulce esposa que amaba con locura a ese hombre fiel y abnegado, que sabía que ese hombre daba la vida por mí, caía rendida ante ese intruso que no le costaba trabajo manosearme y que al sentir mi mano acariciándolo supo que ya tenía dominada.

    Ya rendida ante mi intruso, se dedicó a besarme, primero suavemente con delicadeza, para después bajar por mi cuello besándolo, mordisqueando y poco a poco desabrochar mi blusa dejando expuestos mis senitos que se erizaban a cada lengüetazo que daba por encima de mi brasier, sacó mis senos por encima y se dedicó a morderlos, que desesperación no poder gritar, tener que morderme los labios para acallar mi placer y dolor.

    Bajó lentamente con sus labios, se esforzó en besar mi ombligo, me cosquilleaba, mientras yo con una mano sujetaba la mano de mi esposo dormido, mi otra mano empujaba la cabeza del intruso para que siga su trabajo más abajo, ya quería sentir su aliento en mi vagina, que para ese momento estaba totalmente mojada. Bajó mi pantalón hasta la mitad de mis rodillas (menos mal que era flojo y delgado).

    Fue bajando con sus labios hasta mi vagina que ansiosa esperaba sentir su lengua y hacerme retozar de placer, mordía mi clítoris, mis labios, introducía su lengua haciéndome suspirar, gemir, quería gritar de placer pero no podía, él se daba cuenta de mi agonía, me ponía su mano en la boca para acallarme, tuve que morder su mano para poder ahogar mi orgasmo.

    Se arrodilló ante mi, puso mis pies en sus hombro y sin quitarme el pantalón me penetró de uno solo, por suerte la mía estaba mojada por mi orgasmo previo y no me hizo mucho daño, pero lo sentía dura y gruesa, metía y sacaba con fuerza, la dejaba en la entrada de mi vagina, me hacía sufrir el desgraciado, se dio cuenta lo mucho que yo disfrutaba ese pedazo de carne penetrándome muy adentro de mi. Me tapaba la boca, le mordía los dedos para acallar el placer que me estaba dando, no me importaba que mi marido estaba a mi lado durmiendo, me tuvo así como 10 minutos, metiendo y sacando, me vino un orgasmo que tuve que ponerme una almohada en la cara para no gritar, a su vez él se vaciaba dentro de mi. Se quedó quieto por un momento, pude sentir cómo latía dentro mi interior tan bella verga que poco a poco iba perdiendo su fuerza.

    Se puso de pie y puso su verga en mi cara e hizo que se la limpie, que acepté gustosa, por fin pude sentir en mi boca tremendo tronco, fue rico tenerlo en mi boca, ya no estaba firme y grande, y pude disfrutarla a plenitud, llenaba toda mi boca con esa verga ya medio dormida, me imaginé que no hubiese podido metérmela entera si la tenía en su total erección. Se lo limpié bien, retiré hasta la última gota de semen, me dio una palmadita en mi mejilla, me dijo que yo era buen polvo, pero no me pudo gozar bien, y que habría que desquitarse y se fue.

    Me subí mi calzoncito y pantalón, me quedé dormida por un par de horas, a las 5 am, me desperté, desperté a mi marido, llamé al celular de mi amiga para que me abriera la puerta de la calle para poder irnos, me pidió disculpas por dejarnos solos, yo le dije que no se preocupe que al contrario, nos disculpe a nosotros, salimos, caminamos un par de cuadras, tomamos un taxi, y los quince minutos estábamos en casa, a seguir durmiendo.

    Ya tendida en nuestra cama, me puse a pensar en todo lo vivido, cuestioné mi integridad como esposa, cómo pude haber sido capaz de haberle sido infiel a mi esposo, y lo que es peor, de esa manera, él estando a mi lado, dormido sin sentir nada mientras otro hombre tomaba lo que por derecho le pertenece a mi esposo, mi cabeza era un remolino de pensamientos y remordimientos, de tanto meditar me quedé dormida y no me saqué el pantalón, aún lo tenía mojado de tanto semen que me había dejado…

    Pasaron como tres meses que los perdimos de vista. Tuvieron que dejar la ciudad por motivos de trabajo, se habían mudado a Cajamarca, yo me comunicaba de vez en cuando con su esposa, por una parte fue mejor que se hayan alejado, no quería tener a la tentación cerca de mi… hasta que mi esposo recibió la invitación para pasar unos días de vacaciones en Cajamarca en casa de ellos… Estamos comprando ropa de invierno porque por allá hace mucho frio…

    Espero sus comentarios y críticas a mi correo [email protected], no sean malos con sus críticas y sepan comprender.

  • Engaño mutuo (Partes 1, 2 y 3)

    Engaño mutuo (Partes 1, 2 y 3)

    Soy un hombre de 25 años de edad. Esta historia comienza así. Trabajo en la empresa de un pariente mío, pero tengo tiempo de sobra para hacer más cosas, por eso tengo tiempo para estar en un equipo de fútbol amateur de mi ciudad.

    Tengo una novia que me lleva 8 años de diferencia, la cual siempre me va a ver mis partidos. En uno de mis partidos también fue a verme mi papá que tiene 52 años, pero al igual que yo está bien conservado porque va al gimnasio todos los días. Y se sentó junto a mi novia y empezó a platicar con ella, yo metía goles y ninguno de los dos volteaba, ni lo celebraban, no le di mucha importancia.

    Terminó el partido y me convertía en campeón de ese torneo y pues estaba feliz, en eso vi como mi papá le ayudaba a bajar de las gradas a mi novia, ya frente a mi, mi papá me dijo que me habían decidido conceder mi solicitud de vacaciones, yo estaba feliz por todo eso y quería pasar tiempo con mi novia pero ella sospechosamente dijo que creía estar sola. Por mi no hubo problema pero le tuve que avisar que me iba a aprender mecánica con mi padrino de confirmación en un pueblo lejano.

    Lo que no sabía es que mi papá y mi novia se empezaron a ver desde ese mismo día. Cuando yo llegué a la casa de mi padrino, salió su esposa y mi madrina con un vestido entallado en el que se podía ver su muy buen cuerpo. Que hizo que me excitara, ella era mi fantasía desde adolescente, pasaban los días y seguía vistiendo muy sensual. Ella tenía 42 años, yo la ayudaba en las cosas del hogar y de vez en cuando veíamos la televisión solos. Mientras eso pasaba mi papá seguía viéndose con mi novia.

    Parte 2:

    Un día viernes de atardecer magnífico, mi padrino tuvo que irse a comprar partes para el auto que estábamos arreglando, dejándome solo a cargo de la casa. Entonces entré a la casa y vi que estaba lavando los trastes mi madrina. Y me ofrecí a ayudarla, es ahí la gota que derramó el vaso, ya que ella me dio un beso en la boca, el cuál haciéndome el ofendido le reproche.

    Después de un rato, vi cómo se metía a bañar, no me provocó ningún deseo sexual. Hasta que cómo a los dos minutos me dieron ganas de ir al sanitario, el cual estaba enfrente de la regadera donde ella se iba a meter a bañar.

    Sigilosamente entre sin que me escuchará y pude apreciar cómo se quitaba la bata que cubría su bello cuerpo, sin pensarlo, me abalance sobre ella besándola apasionadamente, ella sin poner resistencia solo procedió a chuparme el pene y a hacer una paja con sus fabulosas tetas, hicimos todas las posiciones sexuales habidas y por haber, mientras la tomaba del cabello y el agua caía sobre nuestros cuerpos.

    Parte 3:

    Mi madrina y yo, continuamos con la acción en el dormitorio principal, hasta que vimos que había llegado mi padrino y obviamente no nos podía ver así. Nos vestimos y no le contamos nada a mi padrino.

    Exactamente 2 días después de lo sucedido con mi madrina, mi papá y mi novia tuvieron sexo sin que yo lo supiera.

    Así pasaban los días y yo seguía besando y teniendo sexo con mi madrina, y mi papá con mi novia. Llegó un día en el que su hija de mis padrinos iba a regresar por unas semanas desde Cancún. Y mi madrina (a partir de este momento le llamaremos Madrina Lupe) se puso un vestido rojo todavía más sensual que los que antes se había puesto, y yo ayudé a la preparación de la comida y celebración del festejo.

    Su hija era igual de bella y sensual que ella (la llamaremos May) se fijó en mí y mientras me saludaba me alcanzó a tocar un poco mis pompas, mi padrino no vio nada, pero mi madrina si vio y en un ataque de celos me quitó su mano de mi trasero.

  • El piercing de su verga se sentía increíble

    El piercing de su verga se sentía increíble

    Desde que nos conocimos hemos sido muy buenos amigos, pero la segunda de nuestras salidas terminó con una de mis mejores experiencias sexuales.

    Nos quedamos de ver en su casa para tomar unas cervezas y platicar y después nos recostamos a ver una película. 

    Él me abrazaba y yo recargué mi cabeza en su pecho, de repente sentí su mano sutilmente bajar hacía uno de mis senos y empezó a acariciarlo, primero despacio, luego más evidente mientras yo permanecía quieta.

    Hasta que decidí tomar acción y me puse sobre él y empecé a mover con ritmo mi cadera mientras lo besaba y él acariciaba mis tetas e iba bajando por mi cintura hasta llegar a mis nalgas y las apretó.

    Me quité la blusa y seguí frotándome sobre su pene mientras notaba su erección crecer. Él me quitó el brasserie y disfrutó de lamer y chupar mis pezones.

    Luego me jaló hacia abajo, se puso sobre mí, quitó su pantalón y su ropa interior y yo pude ver algo que me maravilló y asustó al mismo tiempo, además de tener la verga enorme, tenía un gran piercing atravesando la cabeza de su pene.

    Vio mi sobresalto y me dijo que no me preocupara que lo iba a gozar. Y yo ya moría de curiosidad por esa nueva sensación.

    Él también moría de ganas por cogerme porque sólo levantó mi falda, hizo a un lado mis bragas y me fue introduciendo primero la mera punta, luego un poco más, hasta llegar al piercing y sentí como el frío metal acariciaba mis labios mayores y se iba abriendo paso lentamente por mi vagina. Ese frío me iba recorriendo todaaa por dentro y sentía un pequeño ardor que de no haber sido por lo mojada que estaba, hubiera sido mayor.

    Ya tenía toda esa verga adentro, ahora venía lo bueno; él, completamente extasiado por los gemidos que emití cuando me iba metiendo su verga, empezó a cogerme con brutalidad, me embestía rápido y con mucha fuerza y yo sentía la fricción del metal contra mis paredes vaginales y como llegaba hasta el fondo de mí.

    Me ordenó ponerme de a perrito, me jaló a la orilla de la cama, el subió una pierna en ella y me dejó ir su verga adentro de golpe, me dio aún más duro que en la posición del misionero tanto así que mis gemidos se convirtieron en gritos y por un momento creí que el piercing me había lastimado y estaba sangrando, pero no, toda esa humedad era sólo mi vagina chorreando fluido para recibir esa rica verga con su delicioso y peculiar adorno.

    Me cogió sin piedad hasta que apenas alcanzó a sacarla para correrse delicioso sobre mi espalda y nalgas.

    Después yo le di un rico oral jugando ese piercing con mi lengua y llenando su sabroso pedazo de carne de mucha de mi saliva.

    Luego le supliqué que me la metiera de nuevo, así que me puso en cuatro, me metió su verga completita de golpe y poco a poco me fue poniendo boca abajo, y empezó a castigar mi pussy con la misma rudeza con la que lo había hecho antes, yo sólo podía hundir mi cabeza en la almohada para ahogar mis gritos.

    Rápidamente cambió de posición y me puso de lado y él detrás de mí. Ahora me cogió más lento, y yo disfrutaba de esa vergota y el piercing entrando y saliendo casi completamente de mi chorreante y ya en este punto adolorida pussy.

    Cuando se iba a venir, me puso de nuevo boca abajo, juntó mis piernas abrió mis nalgas con una sus manos y vacío su rica leche encima de mi culito.

    Cuando llegó el momento de irme a casa, lo hice un delicioso dolor entre mis piernas que apenas y me dejaba caminar pero que sería un recuerdo de esta experiencia.

    Después les contaré otro par de cogidas únicas que me dio este chico.

    Por último, me gustaría agregar que muero por conocer a otro chico con un piercing en la verga para revivir esas sensaciones. Porque lamentablemente mi coprotagonista de esta historia ya está casado.

  • Mi humillación total frente a mi esposa y amigos

    Mi humillación total frente a mi esposa y amigos

    Todos los participantes son mayores de 18. Es una historia ficticia, es solo una fantasía, aunque todos los personajes existen en la realidad. Todos los nombres han sido cambiados menos el de mi Amo, el mío y el de mi esposa.

    Walter, mi amo y yo estamos en la habitación de un motel donde acabamos de tener una estupenda velada de placer sado-maso, durante varias horas mi Amo descargo varias veces sus ricos néctares en lo más hondo de mis entrañas y mi garganta (semen y pis), mientras me mantenía atado e inmóvil a los pies de la cama en el piso de la habitación. Un esclavo tan poca cosa como yo no merecía que lo amarraran a un colchón, ni siquiera a los pies de un mueble, solo me merezco estar en el piso, por lo que mi amo me ato formando una X en el piso atando mis muñecas a las patas de la cama y mis tobillos a las patas del mueble que servía de cómoda. Así pase mis últimas horas siendo humillado por mi amo.

    Cuando mi amo decidió que era el momento, nos aseamos, él se vistió y nos dispusimos salir. Mi Amo está correctamente vestido, con sus mocasines marineros marrones sin medias, sus jeans oscuros y una franela tipo chemise color cielo que le marca los abdominales y que le queda estupenda, se ve grandioso. Mi Amo mide 1 metro y 85 centímetros y pesa unos 75 Kg. Con sus 30 años, entrena regularmente y su cuerpo atlético, su piel canela y sus ojazos negros lo hacen ver como un verdadero Dios Griego. Todo eso sin contar con el estupendo bulto que se forma en su entrepierna por hermoso su pene de casi 20 cm y muy grueso, es el amante perfecto.

    Yo por mi parte, tengo 58 años, soy blanco y canoso, bastante lampiño, mido 1 metro 80 centímetros y peso un poco más de cien Kg y tengo un poco de sobrepeso. Mi pobre pene (el cual mantengo totalmente afeitado por órdenes de mi amo) que mide en estado de flacidez solo unos cinco centímetros y ya no consigue tener una erección seria desde hace varios años sin ayuda (necesita una pildorita).

    Este es uno de esos moteles para parejas donde las habitaciones son parecidas a unas cabañas y el auto se puede estacionar dentro en una especie de garaje. Al salir de la habitación como tal y bajar las escaleras al sitio donde está el auto, yo voy totalmente desnudo. Todas mis cosas excepto mi cartera están en un bolso que colocamos en el maletero de mi auto.

    Yo le doy mi cartera con mis tarjetas de crédito y mi identificación a mi Amo para que él la guarde por si nos detienen las autoridades. La idea es que yo esté todo el tiempo desnudo para que mi amo pueda exhibirme y humillarme en cualquier momento y sitio público que él desee y eso siempre tiene su riesgo. Pero a mí me encanta sentirme totalmente a merced de mi Amo.

    Coloco el bolso en el maletero, nos montamos en el auto y abandonamos el motel. Mi amo es el que maneja siempre, a menos que desee que yo le sirva de chofer. Siempre que estamos juntos yo solo soy un objeto exclusivamente para su uso y placer y a él le encanta recordármelo.

    Al salir mi Amo toma una ruta hacia la zona industrial de la ciudad. En el primer semáforo que nos encontramos en rojo, mi Amo nota que un taxi con las ventanas abiertas se detiene al lado nuestro e inmediatamente abre la puerta del chofer y sale hacia el maletero dejando a propósito la puerta del auto abierta de par en par, el chofer del auto de al lado al sentir el movimiento, se voltea y me ve completamente desnudo. Yo lo saludo y trato de abrir mis piernas y mostrarle mi pene lo más posible para que se dé cuenta de que lo estoy viendo y que yo sé que él me está viendo.

    En ese momento mi Amo antes de entrar al auto, nota que el chofer del auto de al lado me está viendo y se voltea hacia él y le dice:

    -Tranquilo hermano, él es solo un juguete, es mi esclavo sexual. ¿Quieres jugar con él? ¿Quieres cogértelo?».

    La luz del semáforo cambia en eses momento y el otro carro acelera y se va. Mi Amo entonces entra y cierra la puerta y como ya el semáforo está en verde… arrancamos.

    -Qué lástima que no quiso nada contigo, pero ya todo está listo, -dice mi Amo – tu bolso con todas tus cosas ya está en un basurero donde debe estar. Las boté todas, ya no tienes nada para ponerte, nada de nada. Ahora si estas totalmente desnudo e indefenso y así t vas a quedar hasta llegar a tu casa, para que tu esposa te vea y se dé cuenta de lo que en realidad eres ¡JaJaJa! Y lo que es peor, no tienes nada que ponerte en caso de que la policía o alguien nos detenga. Lo único que te queda es tu cartera y la tengo yo en mi bolsillo.

    Mi Amo notando mi respiración se acelera y que me estoy acariciando mi pequeña verga me pregunta:

    – ¿Esto te gusta y te excita mucho, verdad y además te gustó que ese tipo te viera desnudo?

    -Si mi Amo, me excita muchísimo estar totalmente desnudo e indefenso y a su merced. Me encantó que me viera desnudo, yo hasta le abrí más las piernas para que viera que si estaba completamente desnudo, lástima que se fue y no quiso nada conmigo. Me dio mucha vergüenza, pero me encantó exhibirme. Gracias por decirle que soy su esclavo, gracias por ofrecerme a él y gracias por botar mis cosas y dejarme totalmente indefenso.

    Mi Amo arranca el auto y me lleva hacia un sitio un poco alejado, cerca de una zona donde antes funcionaban muchas fábricas y por ser domingo no debe haber mucha gente. En efecto hay muy poco tráfico y ya tenemos rato sin ver a nadie. Mi amo tenía una idea bastante clara de lo que quería hacerme.

    Mientras paseábamos vimos a un hombre muy sucio y harapiento hurgando en la basura, iba descalzo con unos pantalones todos rotos, con un gran hueco en su entrepierna por donde se notaba claramente una enorme y sucia verga. Llevaba además una camisa manga corta que en algún momento fue blanca y tuvo botones, pero ahora se ve amarillenta sin botones rota en varias partes y solo anudada en la cintura. Mi Amo detuvo el auto de inmediato gritando:

    -Bien… Bien… Eso es… Algo así es exactamente lo que buscaba»

    Mi Amo me dice:

    -Sal inmediatamente del auto y acércate, llámalo, ofrécele lo que sea pero que te vea y se te acerque…».

    Rápidamente, salgo del carro, estamos en medio una vía pública cerca de unos terrenos baldíos y no me importa para nada si alguien me ve. Comienzo a hacerle señas al hombre, este me ve y con mucha curiosidad se acerca hacia mí.

    -Tranquilo, todo está bien. ¿Me puedes ayudar en algo… Te voy a pagar? -le digo.

    Desnudo como estoy comienzo a acariciarlo y el empieza a mirarme por todos lados.

    -Mira… mira que maricon más blanquito tenemos aquí -me dice mientras de tocarle su verga con mi mano.

    -Y estas desnudito… te cogería aquí mismo… hace mucho tiempo que solo me hago la paja y este culito se siente rico…» -dice colocándose detrás de mí y metiendo su mano por mi culo.

    -Soy un maricon y puta perdida… y estoy aquí para ser tuyo y si quieres cogerme… adelante…» le digo yo mientras suelto su verga y le tomo su sucia mano para acercarla a mi boca y se la beso. Huele muy mal y sus dedos están bastante negros por el sucio y por qué no se las ha lavado en mucho tiempo, pero comienzo a besárselos y a lamérselos uno por uno.

    Mi Amo se acerca a él con un paquete con dinero en la mano y le dice… “Este maricon desnudo es mi esclavo y si te lo coges bien duro, te daré todo este dinero debes cogértelo y cubrirlo con tu leche, mientras yo lo grabo todo en video. No te preocupes tu cara no saldrá en el video. Él se llama Julio y se pondrá de cuatro patas en el piso como la puta que es, para ti… para que tú te lo cojas…”

    Al oír las palabras de mi Amo, de inmediato me arrodillo en el piso apoyándome también en mis manos ofreciéndole el culo al desconocido y diciéndole:

    -Vamos cógeme lo más fuerte que puedas, méteme esa sucia verga tuya por el culo… párteme en dos.

    De inmediato él suelta todo lo que tiene y se me lanza encima y empieza a meterme mano por todos lados y a lamerme.

    -Sabes muy rico y hueles mejor –dice mientras me besa en la boca. Comienza a meter su lengua en mi boca y yo siento el horrible olor de su aliento, pero le devuelvo el beso apasionadamente lamiendo y saboreando su lengua.

    Cuan él se cansa de besarme, se para atrás de mí, y comienza a lamerme incansablemente el ano metiendo su cara entre mis nalgas y siento que su lengua logra entrar en mi culo (Que rico… se siente rico), me la mete y me la saca varias veces.

    Entonces de repente deja de lamerme el culo, se levanta, se quita la camisa y los pantalones viejos que llevaba y como no tenía nada más puesto, queda totalmente desnudo y me doy cuenta que su verga es enorme y está muy dura, mi Amo también lo nota, se le acerca diciéndole algo al oído, lo que hace que el hombre me penetre de un solo empujón… siento con mucho dolor como esa cosa sucia, enorme y húmeda empieza a meterse rápidamente dentro de mí… me lo saca y me lo mete de nuevo… siempre hasta el fondo y con mucha violencia, el hombre me está cogiendo bien duro… y lo peor es que me gusta mucho, muchísimo como se siente.

    Entonces mi Amo agarra su teléfono móvil y empieza a grabarme en video… Primero hace una toma donde se ve toda la escena completa… se me ve a mi desnudo arrodillado en la calle en cuatro patas, al lado se ve mi auto, y se ve perfectamente que es mi auto, cualquier persona que me conozca sabría claramente que soy yo.

    No contento con eso me grita:

    -Julio… Como eres mi esclavo sexual y personal… quiero que seas muy amable, preséntate y dile a la cámara y a todos los que verán este video lo que está pasando»

    -Hola a todos… como ya oyeron a mi Amo, me llamo Julio, como pueden ver estoy desnudo en cuatro patas en plena vía pública y me estoy dejando coger por un extraño con una verga inmensa que acabo de encontrar hace unos minutos.

    – ¿Y eso te gusta? pregunta mi Amo.

    -Si… me encanta, soy la puta perdida de mi Amo y este sucio desconocido me está dando mi merecido y bien duro, me está cogiendo rico.

    – ¿Y por qué haces esto? ¿Porque dejas que te coja un desconocido?

    -Porque es su deseo Amo, y como a Usted le gusta humillarme, y a mí me excita que me humillen, yo gustosamente lo estoy haciendo. Siempre hare todo lo que Usted me pida… pero después de este ratito y de sentir esa enorme y sucia verga dentro de mí… le puedo decir que también lo estoy haciendo porque me gusta mucho cómo me está cogiendooo… Ahhhhh…»

    – ¿Y sabes que te estoy grabando en un video?

    – Si Amo y eso me excita mucho más… Hmmm… Hmmm… Ahh… perdón Amo, pero me la está metiendo más adentroooo… me la saca y me la mete muy durooo… Me parte el culo en doooos… Ahhhh… Que ricooo…

    -Y se oye que lo estas gozando… Jajaja… además tu imagen se ve muy bien, se ve claramente que eres tú, le estas dando la cara a la cámara como toda una profesional, una verdadera artista porno. ¿Sabes que todos te reconocerán y aun así me sigues respondiendo tan alegremente? ¿No te importa o preocupa que alguien que te conoce vea este video?

    -Amo claro que me preocupa, pero me encanta… no sé cómo explicarlo… estoy poniendo mi vida en sus manos, mi deseo de obedecerlo y complacerlo es superior a mi miedo. Y sé que cuando lo desee se lo va a mostrar a quien quiera.

    – ¿Y a tu esposa… a Carla… quieres que le muestre el video a Carla?

    -Amo, ella es especial y la amo mucho, pero yo soy suyo y si Usted así lo decide… pues claro que, si Amo, muéstreselo.

    – ¿Y qué crees que piensen todos tus amigos y conocidos cuando vean este video… en especial Carla… tu bella esposa?

    -Pensaran que me volví loco o Usted me drogo o algo así, no creo que nadie sospeche lo que en realidad está pasando… que soy una puta perdida, una puta bisexual, un sumiso depravado y su juguete personal, mi Amo. Estoy seguro de que, si este video lo ven mis amigos y conocidos, mi vida como la conozco se acabaría, será un verdadero desastre y todos me humillarán o algo peor, pero me lo mereceré por ser tan depravado y pervertido. Que piensen de mi lo que quieran y hagan conmigo lo deseen. Si Usted así lo quiere Amo, que el mundo se entere de quien soy y que pase lo que tenga que pasar.

    -¿En serio quieres eso, que todos conozcan tu lado oscuro, que sepan que eres un pervertido, un aberrado sexual y además una puta inútil e impotente?

    -Amo, no… no quiero… yo no quiero eso… pero lo que sí quiero es complacerlo a Usted, y si Usted siente algún placer por esto, que así sea… ya no quiero más secretos, esto en muy humillante, pero me excita mucho.

    -¿Estás seguro?

    -Si mi amo, estoy seguro de que yo quiero que Usted haga lo que quiera.

    -¿Y tu esposa Carla… que pensara ella?

    -Amo, ella conoce mi sumisión sexual, hace años me domina en la cama, pero nunca se imaginaria algo como esto.

    -¿En serio Julio no te importa que lo vea?

    -No mi Amo, no me importa, yo nunca me negare a complacerlo y si su deseo es humillarme y destruirme la vida… Humílleme y destrúyame, que la humillación sea total y completa. Mi vida entera se la pongo en sus manos.

    -Entonces dedícaselo a ella… a Carla… a tu esposa… o a la que hasta hoy era tu esposa.

    Entonces mientras el desconocido sigue partiéndome el culo, lo que está aumentando cada vez más mis niveles de excitación, mi Amo se coloca en una posición de frente a mí que le permite hacer un close-up, donde se ven claramente mi cara y solo el pecho del hombre que me está cogiendo, su cara no se ve y sería imposible reconocerlo, y dice:

    -Ahora mi esclavo, empieza a hablar.

    -Hola Carla, estoy haciendo esto por órdenes de mi Amo, para que tú lo veas, y te enteres de una vez de en qué me he convertido, te lo dedico especialmente a ti. Hoy es domingo y son pasadas las dos de la tarde, tu piensas que desde ayer estaba en una reunión con algunos amigos de mi antiguo trabajo, pero no… pasé todo el sábado y la mañana del domingo siendo sometido y humillado sexualmente, este video lo está grabando mi amigo Walter, tú lo conoces, te lo presente antes, el morenazo ese que sé que te gusta. Como puedes ver ahora estoy desnudo en plena vía pública y me está cogiendo un sucio desconocido en plena calle. Y déjame decirte que se siente muy rico. Para tu información Walter no solo es mi amigo, ni si quiera es mi amante, ES MI AMO, y YO SOY SU ESCLAVO, sé que te vas a molestar mucho, pero es así. Perdóname. Tú ya sabes que soy muy sumiso… bastante que me has amarrado y me has cogido estos años.

    Pero desde hace un tiempo conocí a mi Amo Walter y desde el primer momento me entregue a él y soy su esclavo. Luego lo lleve a la casa y te lo presente. ¿Te acuerdas? Bueno él quiere acabar con mis mentiras y mostrarte este video a ti y al mundo entero, para que todos los que lo vean conozcan mi más oscuro secreto y que mi humillación sea máxima, pero como te dije antes… SOY SU ESCLAVO, SOY SU PROPIEDAD y él es MI DUEÑO y como tal mi cuerpo y mi vida le pertenecen a él. Hasta mi relación contigo depende de él… solo de él. Debes saber que te amo mucho, pero debes entender que tengo que obedecer a mi Amo y ojalá me puedas perdonar… Si puedes… Gracias… Muchas Gracias… Si no lo siento de verdad, pero si tú así lo decides… hasta aquí llego lo nuestro… Adiós.

    -Muy bien perra, estoy muy orgulloso de ti, todo eso está ya grabado y ahora solo falta completar la información legal Jajaja.» -y mientras sigue grabando saca mi ID de su bolsillo y me lo da diciendo:

    -Colócatelo al lado de la cara y que se vea -se mueve un poco y ahora en la toma se ven perfectamente mi cara, el pecho del hombre (que sigue dándome durísimo… para mi placer… este pobre hombre ha tenido que pasar mucho tiempo sin sexo pues no acaba nunca) y mi ID donde se pueden leer claramente todos mis datos, se ve mi foto, se lee mi dirección y todo lo demás.

    Se aleja de nuevo y ahora en la toma del video se me ve de nuevo de cuerpo entero con el sucio desconocido atrás totalmente irreconocible y dice:

    -Preséntate ahora al mundo entero, da todos tus datos exactos para todos sepan que no hay errores, que eres tú y dedícale ahora este video a todo el mundo, en especial a tus compañeros de trabajo o excompañeros porque después de esto… seguro te despiden… o algo peor… Jajaja»

    Empiezo mi presentación:

    -Hola a todos. A los que me conocen y a los que no. Como ya oyeron antes en el video por todo lo dicho por mi Amo y por mí y como pueden leer en mi ID me llamo Julio Cesar Delgado Salazar, mi número de ID es 99.999.999 para que nadie se equivoque y además trabajo o trabajaba como asesor en SEGUROS AAAAA… -mientras estoy hablando, siento que al desconocido le pasa algo, cambia el ritmo, de repente me está cogiendo más y más rápido, con más y más fuerza… (¡Coño!… Que ricooo…) y comienza a gemir y me da fuertes empujones…

    El hombre por fin está acabando, está a punto de eyacular toda su leche dentro de mí… de pronto me lo entierra por completo (Hmmm… Ahhhhh…) y siento su leche dentro de mi culo, varias descargas de su leche corren por dentro de mí… Que rico… de verdad se siente rico (parecen litros de leche… este hombre tenía un buen tiempo si tirar… Jajaja).

    Entonces mi Amo se aleja más para grabar bien todo el espectáculo… al hombre se le sale la verga de mi culo y empieza a juguetear conmigo y a besarme de nuevo, veo su verga bañada en leche y muy roja, todavía se ve grande (deliciosa).

    Mi Amo me grita:

    -Límpiale rápido la verga al Señor, mira que acaba de salir de tu culo y puedes habérsela ensuciado», y yo me muevo hacia él y agarrándole la verga me la meto en la boca y se la chupo, y se la chupo… Hmmm… empiezo a saborear su leche junto a mis propios fluidos anales… que rico…

    Le limpio la verga por completo y mi Amo me grita:

    – ¡Ok! Esclavo o mejor dicho perra, ya puedes pararte, pero no le quites la vista a la cámara, que todo el mundo te vea saboreando la leche de ese desconocido que te acaba de coger -y así lo hago, mientras tanto el pobre hombre termina de vestirse, toma el dinero y se empieza a alejar. Nunca supe su nombre… Jajajaja.

    Mi amo que sigue grabando todo me dice:

    -Ok, Julio… ¿cómo te sientes ahora?

    -Muy bien Amo, fue muy rápido, pero muy excitante y esa verga me llenó por completo, fue muy rico… gracias, pero… ¿por qué ahora usa mi nombre en vez de decirme esclavo? -le contesto y pregunto.

    -Julio uso tu nombre porque quiero humillarte aún más, estamos en plena calle, plena vía pública y tú estás desnudo con el culo y la boca chorreando la leche mejor dicho el semen de un desconocido que te acaba de partir el culo. Y quiero que todo el que vea este video, sepa que fuiste tú, Julio Delgado el que hizo todo esto… Te vuelvo a preguntar… ¿Acaso eso no te preocupa?

    -Gracias Amo. No Amo. Eso ya no me preocupa. Me acaba de coger un desconocido de la calle y me gustó, me gustó mucho. Que más puede pasarme. Que alguien venga y me vea… que venga la policía, que me arresten por indecencia. Que me metan desnudo en una cárcel con un poco de maleantes. Lo peor o mejor dicho… lo mejor sería que ese grupo de presos también me cojan o peor que me golpeen y me humillen también… y si a Usted le da eso placer, pues a mí me gusta.

    -Ok… tienes razón… ven siéntate en el capo del carro con las piernas bien abiertas y continúa presentándote para que todos puedan ver ese patético pene de mierda que tienes que no se para por nada. Y no te toques.

    Yo me acerco me siento en el capo, se siente rico el calorcito en el culo, abro las piernas lo más que puedo y comienzo a hablar:

    -Ok que fue lo último que dije… ahh si… trabajo o trabajaba en SEGUROS AAAAA, todo depende de si mi jefa ve este video. Como habrán visto todos, me acaba de partir el culo un desconocido, un hombre de la calle que no había visto nunca, y no solo me cogió, lo bese, le mame su verga y se la limpie recién salida de mi culo y lamiendo toda la leche y mi propia suciedad que lo cubría… y les digo algo… me gustó, me gustó mucho. Mi amo está grabando esto, SI MI AMO, se llama Walter y algunos de ustedes lo conocen, en especial Usted jefa, es el chamo bello que me fue a buscar el otro día a la oficina. Bello, morboso y dominante… la combinación perfecta. De él fue la idea del todo esto y como yo soy su juguete simplemente lo complací. Yo siempre haré todo lo que él me pida… TODO.

    Entonces mi Amo enfoca la cámara en mi cara y dice:

    -Gracias Julio mi esclavo personal, mi perra puta perdida. Ustedes lo oyeron… Julio lo hizo porque yo se lo pedí y él quería complacerme, yo no lo obligue a nada, solo se lo pedí y él cumplió mis órdenes. Les comento que es el esclavo perfecto, óyelo bien, Carla… es el esclavo perfecto, no te lo imaginas y Usted… a su Jefa… si Usted es de mente abierta y un poco morbosa se puede divertir muchísimo con Julio pues yo le daré permiso para que la obedezca en el trabajo. Mi consejo es que al menos lo pruebe.

    -Amo… puedo decir algo…»

    -Adelante Julio… la cámara es toda tuya… Jajajaja

    -Sí, lo que dijo mi amo es cierto, toda, TODA la responsabilidad es mía. Yo lo hice porque quise, porque quería complacerlo y porque me encanta ser dominado y que me humillen, y que mayor humillación que ser cogido en cámara frente a todos por un desconocido de la calle. Hmmm… estoy excitadísimo. Para terminar, Jefa… Carla… ojala puedan perdonarme y usarme para su placer

    -Gracias Julio.

    Entonces apaga la cámara del teléfono y me dice:

    -Muy bien Julio… te adoro… eres toda una puta y me encanta humillarte, pero ni te beso ni toco más hasta que te limpies bien.

    -Gracias Amo, si claro lo entiendo soy una sucia perra de la calle.

    -Ok Julio, le voy a enviar el video a tu esposa Carla ahora. ¿Quieres?

    -Amo, como Usted desee. Mi vida está y estará siempre en sus manos.

    – ¿No prefieres llamarla y decirle algo antes?

    -Amo si Usted así me lo ordena yo lo hago.

    – ¿Y qué le contrarias?

    -Lo que Usted me ordene decirle.

    -Hmmm… me gusta… me gusta puta… déjame pensarlo -y guarda su teléfono en el bolsillo.

    Entonces abre la maleta del auto, saca un paquete de toallitas húmedas y una bolsa plástica, me los tira y me dice:

    -Toma, límpiate un poco y pon la bolsa en el asiento del auto para que no lo ensucies. Nos vamos.

    Al rato de estar manejando vemos que ya hay mucha más gente a nuestro alrededor y mi amo decide abrir todos los cristales del auto. Todo aquel que este lo suficientemente cerca puede verme. Pasamos así un buen rato, y algunas personas me ven y gritan cosas. Entonces mi Amo sube los cristales y entra al estacionamiento de un local de comida rápida. Gracias al cielo los vidrios son oscuros porque hay mucha gente y mucho movimiento afuera del auto.

    Mi amo me dice:

    -Julio vamos a terminar esto de una vez, llama a tu esposa y dile que vamos para tu casa, no le cuentes nada por teléfono solo dile que yo voy contigo, que nos encontramos esta mañana y al llegar, le muestras el video en persona así desnudo como estas.

    -Si mi Amo como Usted ordene -le contesto, el me da su teléfono y yo marco el número de mi esposa.

    Se oyen los repiques… uno… dos… y por fin Carla contesta:

    -Si. ¿Quién es? Walter… Julio no está, salió esta mañana.

    -No Carla soy yo Julio, estoy con Walter.

    – ¿Y eso… cuando se encontraron?

    -Esta mañana, estamos comprando unas hamburguesas, y queremos ir para allá… ¿Quieres una?

    -Si claro, buenísimo, pero trae dos más… aquí están Roberto y Anabela que vinieron a pasar la tarde con nosotros.

    -Ahh… Ok… yo las llevo, te llamo en un rato.

    Me volteo y con cara de susto le digo a mi Amo:

    -Amo hoy no podemos, en mi casa hay visita. ¿Y cómo voy a hacer para llegar así?

    – ¿Y quiénes son?, me pregunta.

    -Roberto y Anabela, son una pareja de vecinos jóvenes muy amigos nuestros, pero sobre todo de Carla. Anabela y Carla van al gimnasio juntas- le contesto.

    – ¿Yo los conozco?

    – No mi Amo aún no se los he presentado

    – ¿Y cómo son?

    -Roberto tiene treinta y dos años y conociendo sus gustos le va a encantar es muy atlético y Anabela es una belleza rubia de 26 años igualita a una modelo de revistas porno… preciosa. Solo tienen tres años de casados y viven en la calle de al lado.

    – ¿Y son muy amigos de tu esposa?

    -Si Amo.

    -Ok… Y le íbamos a mostrar el video a Carla si estaba sola… ¿Verdad?

    -Si Amo.

    – ¿Y ella se lo iba contar a ellos?

    -Si Amo… estoy seguro de que si lo haría.

    – ¿Entonces… cuál es el problema? Ellos se van a enterar de todos modos y es más excitante y humillante si se lo dices tú mismo… así desnudo como estas.

    Me quedo pensando un rato en sus palabras y digo: “Tiene razón Amo. Vamos para mi casa, de todos modos, se van a enterar, pero esto será mucho más difícil de lo que me imaginaba.

    Mi amo me dice:

    -Ok… esto es lo que vamos a hacer. Primero yo me saldré del auto, tú mientras tanto te pasas por dentro para el lado del conductor. Yo me meto de nuevo y me siento atrás de ti, así es posible que nadie me vea. Vamos a la taquilla de los autos, haces el pedido y tú, así como estas, totalmente desnudo, recibes la orden y la pagas. Luego nos vamos a tu casa, contigo manejando. Llegamos y metes el auto en el estacionamiento de tu casa. Yo me bajo, les digo cualquier cosa y nos sentamos los cuatro a esperarte en la sala… y cuando estés listo, sales del auto… entras en tu casa y dices lo que quieras… y de ahí en adelante veremos cómo se desarrollan las cosas. Lo importante es que vas a decir toda la verdad y le mostraremos el video a los tres, como tu televisor es inteligente veremos tu video porno-humillante en unas maravillosas 44 pulgadas HD.

    – ¿De verdad Amo, lo vamos a hacer así…? ¿No sé si lo soporte?

    -Julio es así o lo envió de una vez… acuérdate que es mi decisión, igual lo van a ver, pero tú no vas a estar para decir nada.

    -No… no… si no me estoy negando a eso. Es que estoy demasiado nervioso… pero… Ok amo. Será como Usted ordena. Usted manda.

    -Deme el teléfono para llamarla y explicarle -le pido a mi amo.

    -Ok” -mi amo me entrega su teléfono, yo de nuevo llamo a Carla.

    – Si -contesta Carla -dime Julio.

    -Carla voy a comprar las hamburguesas y salimos para allá. Debemos llegar en una media hora. Al llegar quiero que los tres me esperen con Walter en la sala, les tengo un GRAN SORPRESA a todos ustedes en especial a ti.

    -Perfecto, los esperamos. Me muero por saber cuál es la sorpresa -y diciendo eso colgó.

    -Muy bien Esclavo… ¿y ahora cómo te sientes?

    -De verdad Amo… muy, muy excitado… mi corazón se me va a salir por la boca. Estoy a millón. No sé cómo termine esto, pero por cómo me siento ahora solo puedo darle las gracias a Usted, mi Amo… el amo perfecto. Nunca me había sentido así.

    Comparado con lo que iba a pasar en mi casa en unos minutos, pedir la comida y pagarla desnudo era una tontería. Mi amo salió del auto y se sentó detrás de mi tratando de ocultarse. Me pasé al lado del conductor, encendí el auto y con una seguridad rara en mi me dispuse a comprar las hamburguesas. Al ver mi actitud, mi amo también lo entendió así y me ordenó:

    -Mientras estemos aquí, baja el cristal de tu ventana, que quien quiera te vea.

    Lo hice de inmediato, solo algunas personas se dieron cuenta de mi estado y algunos tomaron fotos y videos. Logramos comprar la comida sin mayores contratiempos, la muchacha que me entregó la orden era muy bella y simpática, no tendría más de 20 añitos y mientras esperábamos me pregunto:

    -Dígame… ¿siempre compra su comida estando desnudo?

    -Solo cuando mi amo me lo ordena.

    -Ahhh. ¿Es usted sumiso? Me encanta.

    Entonces le conté algo de mi relación con mi Amo. Ella al entregarme la orden me dijo:

    -Me encanta la gente como Usted, además es muy bello, su piel es muy blanca y déjeme decirle yo también soy sumisa, me encantaría conversar más tiempo con Usted. -y me anoto su teléfono en la bolsa del pedido, se llamaba Susana.

    Tomamos el camino a mi casa y mientras manejaba iba pensando cómo les iba a dar la SORPRESA.

    En el camino mi Amo me dijo:

    -Julio… es tu vida… es tu esposa y son tus amigos. Tu les dices lo que quieras, recuerda que el video dice y muestra bastante. Te digo que el video dura 23 minutos. Yo solo me voy a sentar a oírte como ellos. Solo responderé preguntas al final del video y pondré el video solo cuando tú me lo pidas por favor. ¿Ok?… Una vez terminado el video, tú te arrodillas frente al TV, bajas la mirada, no emites sonido, y colocas las manos sobre tus rodillas en posición de presentación y no te mueves ni contestas, pase lo que pase. Ni que digan lo que digan, ni que hagan lo que hagan, en especial Carla. Si por alguna razón pierdes la posición, lo único que puedes hacer es tratar de volver a ponerte como estabas lo mejor posible. De ahí en adelante me encargo yo. ¿Ok?

    -Si mi Amo… gracias

    -Ahora concéntrate en lo que vas a decir -me dijo mi amo y nos quedamos en silencio el resto del trayecto.

    Llegamos a mi casa, hicimos todo el viaje con el cristal de mi puerta abajo. Sentimos varios cornetazos y gritos, pero el viaje fue relativamente tranquilo. Estaba detenido frente al portón de mi estacionamiento. Activo el control y comienza a abrirse el portón. Mientras se abre el portón mi amo sale del auto. Mi vida entera está a punto de cambiar por completo y para siempre. Mi corazón late a mil por hora. Al terminar de abrirse el portón veo el auto de Roberto y mi corazón se acelera aún más. Al sentir el portón, los tres Carla, Anabela y Roberto salen a la puerta y vienen hacia el auto. Mi Amo con la bolsa de las hamburguesas se acerca a ellos y los detiene… veo como Walter besa y abraza a Carla y ésta le presenta a la pareja de amigos. Hablan algo entre ellos y mientras los tres se dirigen de nuevo hacia dentro de la casa, mi Amo me da una señal indicando que todo está bien… ahora todo depende de mí.

    -Ok… es ahora o nunca… -me digo a mí mismo, y segundos después que ellos entran, apago el auto, abro la puerta y salgo. Me paro desnudo al lado del auto, todavía siento el sabor de la leche del mendigo en mi boca y siento algo húmedo mi culo, y ese sentimiento me recuerda el video, a mi Amo y me da nuevas fuerzas. Camino lentamente hacia la puerta y los oigo conversar dentro. Mi corazón se acelera. Me paro justo antes de la puerta y digo en voz alta:

    – ¿Están listos?

    Se oye claramente la voz de Carla decir:

    -Si estamos listos.

    Continúo diciendo en voz alta:

    -Sin importar lo que vean, quiero que permanezcan sentados, no se levanten por nada y permanezcan callados mientras explico la sorpresa. ¿Lo prometen?

    De nuevo la voz de Carla:

    -Si Julio lo prometemos, y apúrate me estas volviendo loca.

    Entonces digo:

    -Ok… Aquí vamos -y comienzo a caminar, ya estoy en el portal y los puedo ver y ellos me ven a mi… desnudo y caminado hacia el centro de la sala.

    Carla trata de pararse y decir algo, pero Walter que está a su lado le agarra el brazo y le dice:

    -Recuerda que lo prometiste.

    Solo entonces Carla se vuelve a sentar y con los ojos casi salidos por la sorpresa no aparta su mirada de mí. Por un momento doy un vistazo general y veo a Anabela, esta preciosa… en unos diminutos shorts blancos casi transparentes, el top de un bikini también blanco por el que se pueden distinguir sus ahora erectos pezones y aunque debe haber venido con algún calzado en este momento estaba descalza, con sus diminutos y preciosos pies desnudos frente a ella, es toda una Diosa. Tiene las manos en la boca con una expresión extraña de sorpresa y solidaridad mientras me mira fijamente. Roberto empieza a reírse disimuladamente y mueve su cabeza de lado a lado como diciendo: «Yo sabía que Julio era sumiso» y me sonríe amigablemente. Mi Amo me mira, también me sonríe y me lanza un beso tratando de darme ánimo.

    Me paro justo enfrente de ellos y comienzo a decir:

    -Este es solo el principio de la sorpresa, les pido perdón si los ofendo, pero les prometo que será una gran sorpresa. Tan grande que a partir de este momento mi vida cambiara para siempre. Primero voy a tratar de responder algunas preguntas sencillas que, conociendo a Carla, se está haciendo en estos momentos. Si Carla, sí, yo venía desnudo en el auto con Walter desde que te llame. Es más, estoy desnudo con Walter desde ayer al mediodía, pero eso es solo la parte más sencilla.

    Anabela y Roberto intercambiaron sonrisas cómplices y yo continúe hablando:

    -Anabela y Roberto, no se suponía que ustedes estuvieran aquí, la sorpresa era para Carla, pero conociendo a Carla los primeros en enterarse después de ella iban a ser Ustedes, así que bienvenidos… claro si así lo desean son libres de irse en cualquier momento y seguro que Carla les contará todo más tarde. Aunque suene raro, en ningún momento mi intención era ofenderlos y pido de nuevo escusas si se sienten ofendidos… el único que debe sufrir por esto soy yo… y lamentablemente Carla, ojala pudiera evitarle el sufrimiento. Si desean retirarse pueden hacerlo.” e hice un silencio viendo fijamente a Anabela esperando su respuesta.

    -No Julio, nos quedamos hasta el final, no te imaginas la suerte que tienes de que yo esté aquí ahora. -contesto Anabela con su hermosa y sensual voz sonriéndome y lanzándome un beso. Y por instante sentí que se pasaba la punta de la lengua por los labios como saboreando algo.

    -Gracias Anabela… déjame decirte que estas bellísima y de nuevo disculpen. No todos los días se para uno desnudo frente a su esposa y sus amigos. Y Carla, para contestarte otra pregunta que sé que estás haciendo. Si, Edwin y yo tenemos hemos tenido sexo, pero no somos amantes o no como tú te lo imaginas y el sexo que tenemos no es solo convencional, aunque déjame explicarte que la hembra por decirlo de alguna forma, en nuestra relación soy yo, para que quede más claro, al que penetran es a mí. “

    Carla se trata de levantar otra vez y Walter la detiene.

    -Tranquilos, tranquilos… Ya se los voy a explicar. Lo que si tienen que dar por seguro que una vez que esta SORPRESA termine no voy a tener ningún secreto ni con Carla ni con ustedes dos ni con el resto del mundo, y ya verán por qué. Carla tiene una idea de adónde va esto y sí, Carla, tiene que ver con mi sumisión, con mi lado sumiso y bisexual. Lo que Roberto y Anabela no saben, pero los demás sí, es que soy impotente, mi pene no logra mantener una erección. Eso lo saben muy bien tanto Carla como Walter, y cuando tenemos sexo, son ellos los que me penetran a mí, lo que me cogen y eso me encanta, desde la primera que me penetro mi querida Carla, me gusta más y más que me cojan, que metan cualquier cosa.

    La cara de todos era un poema en especial Carla y Anabela quien no paraba de sonreírme.

    -Mientras más me cogen, más me gusta y eso es lo que conseguí con Walter, pues mientras Carla me coge, sé que lo hace por obligación y no porque le guste. Lo hace por complacerme a mí y eso se lo agradezco, pero no es suficiente para mi, quiero que lo disfrute, no que sea una carga. A mí me gusta que me cojan. Y si soy una carga por eso, prefiero dejarla y que busque alguien más que si la satisfaga. Walter por el contrario se muere por cogerme por penetrarme y como sabe que me gusta, se muere por humillarme y busca escenarios cada vez más humillantes para mí porque sabe que me encanta. Mientras más humillante mejor. Y de eso básicamente es que basa el resto de esta SORPRESA” al decir esto me acerco al TV lo enciendo y digo:

    -Walter por favor… te lo suplico muéstrales el video a Carla, Anabela y Roberto -y me aparto a un lado de la pantalla.

    Mi Amo manipula su teléfono y se empiezan a ver imágenes de unos terrenos baldíos y de repente se ve mi automóvil y aparezco yo desnudo en cuatro patas en la calle… El resto del video ya lo conocen.

    Transcurren los 23 minutos del video y cuando este termina. Me coloco frente a la pantalla, me arrodillo y me coloco en la posición que mi Amo me ordeno.

    Todos Carla, Anabela y Roberto están en shock, Carla llora mientras Anabela la abraza y Roberto se acerca a mí, pero Walter le pide que se siente que él va a hablar. Roberto se sienta al otro lado de Carla y cada uno de ellos la toma por un brazo.

    Walter se pone al lado mío y dice:

    -Carla, es tu turno de hablar.

    Carla entre sollozos dice:

    -Algo así me imaginé cuando te vi desnudo, pero con un desconocido tan sucio y en plena calle… que cochino y depravado eres, no te quiero más ni en mi cama ni en mi casa.

    Yo ni me muevo, pasa un rato y Carla continua:

    -Julio no vas a decir nada -dice Carla y yo ni me muevo

    -Julio responde” -continua ella y yo sigo sin moverme.

    Entonces Walter dice:

    -Carla él no se va a mover hasta que yo se lo ordene. No te ha quedado claro. Él es mi esclavo, mi propiedad y si tu no lo quieres yo me lo llevo a mi casa. Cosa que me encantaría.

    Carla dice:

    -De verdad Julio, no me vas a responder -y yo sigo sin moverme.

    Walter dice:

    -Has tus preguntas Carla.

    – ¿De verdad te cogió ese sucio mendigo?

    Mi amo al ver a Carla más tranquila dice:

    -Julio. A partir de ahora respóndele todas las preguntas que Carla o cualquier de ellos te haga.

    -Si Carla me cogió el mendigo y no solo me cogió, yo le pedí que me cogiera. -le respondí.

    – ¿Y si tu amo no te hubiera dado permiso tu no me responderías? -me dice.

    -Así es Carla, si mi amo no me da permiso no te respondo.

    -Esto no puede ser así, que no me respetes para nada

    -Tranquila Carla, claro que te respeta y más de lo que crees -dice mi Amo -él se muere por responderte y por pedirte perdón Carla. Julio te ama, pero su deseo de sumisión es mayor que él mismo y tiene que obedecerme.

    -Yo lo entiendo muy bien… -dice Anabela -lo entiendo mejor de lo que creen. Yo también soy sumisa. Carla, esto es un estilo de vida superior a nosotros mismos. Como amiga te pido que te des a ti misma la oportunidad de entenderlo y perdonarlo. Te puedo asegurar que lo vas a disfrutar mucho.

    Carla se voltea sorprendida hacia Anabela y luego le dice a Roberto:

    – ¿y tú eres su amo?

    -No -contesta Roberto con una gran sonrisa en su rostro -Su amo es su jefe en la oficina yo solo soy su esposo y la acepto y también te lo repito Carla, lo vas a disfrutar mucho, abre tu mente y escúchanos.

    Y volteándose hacia Anabela le pregunta:

    -Y si te ordenan que te dejes coger por un desconocido ¿lo harías?.

    -Claro que si Carla, ya lo he hecho, pero no tan sucio y después de ver el video de Julio y de ver la actitud de Julio ahora mismo, te digo que con toda seguridad que SI LO VOLVERÍA A HACER”

    – ¿En serio Anabela?

    -Si, Carla en serio

    -PERO ES UN EXTRAÑO SUCIO DE LA CALLE -grita Carla.

    Walter dice:

    – ¿Carla que es lo que más te molesta del video?

    – Que se lo coja un sucio desconocido.

    – ¿Te molesta mucho que haya estado desnudo conmigo y que sea mi juguete?

    -No… no tanto”

    – ¿Te molesta mucho que este desnudo en la calle?”

    -No… a él le gusta desnudarse y eso lo sé y lo entiendo un poco, no mucho, pero se lo acepto.

    – ¿Te molesta el mendigo?

    – SI… el mendigo si me molesta.

    – ¿Porque te molesta? ¿Por qué puede estar enfermo el mendigo?

    -NOOO… POR QUE ES UN SUCIO MENDIGO Y ESO NO SE HACE… ADEMÁS SE LO MAMO Y TODO.

    – ¿El verdadero problema para ti es que es una cochinada?

    – SIII… POR FIN ALGUIEN ME ENTIENDE -grita Carla y todos la abrazan menos Julio que sigue arrodillado sin moverse.

    Y dime Carla:

    ¿Te gustaría tener control total sobre Julio? -pregunta Walter.

    -Eso es imposible, ya él es tuyo -le dice Carla a Walter… y comienza a llorar de nuevo.

    -Con Julio, todo es posible… no ves que está pasando todo esto y él ni se mueve.

    -Si eso es verdad” dice Carla.

    – ¿Lo quieres dominar? Eso es lo que él quiere… que lo dominen… que lo humillen -dice Walter.

    En eso Walter se voltea Julio y le dice:

    -Julio, párate de inmediato. Voltéate, inclínate hacia adelante y abre bien tus nalgas con tus manos para que podamos verte el agujero del culo.

    – Si mi Amo -y me coloco exactamente como me lo ordeno.

    -Ves Carla -dice Walter, el hace lo que yo le pida y si le ordeno que te obedezca en todo… te obedecerá en todo.

    – ¿En serio Walter? -pregunta Carla ya con otro tono y con otra cara.

    -Claro, pero yo también quiero a Julio -dice Walter -no creas que es fácil encontrar ese nivel de sumisión en una persona. Seria de los dos, tuyo y mío.

    -Contigo si lo comparto, siempre cuando me cojas a mí también -dice Carla y agradecida abraza a Walter. Mientras todos se ríen.

    -Carla, siempre te he dicho lo bella que eres claro que pienso cogerte y mucho más… ¿pero lo perdonaras? -pregunta Walter.

    -Si Walter lo perdonare.” Y de nuevo todos abrazan a Carla.

    Walter dice:

    -Julio, párate derecho con las piernas abiertas y las manos en la espalda. -de inmediato me levanto y me coloco en la posición ordenada.

    Walter dice:

    -Ok Carla… ¿tenemos un trato?

    -Si Walter, tenemos un trato. – y ambos se besan apasionadamente como sellando el trato.

    -Entonces Julio… a partir de ahora tendrás dos amos, es decir un Amo y una Ama, yo Amo Walter y tu esposa Ama Carla, ambos estaremos al mismo nivel, debes cumplir con TODO lo que te mandemos sin dudar ni un momento.

    -Si mi Amo Walter y gracias mi Ama Carla por perdonarme -digo.

    En eso Carla se acerca a Julio y le pega una fuerte cachetada. Tan fuerte que Julio cae al piso.

    -Eso por engañarme con Walter -Julio se para y Carla le pega otra más fuerte con la otra mano y Julio vuelve a caer.

    -Y eso por dejarte coger por el mendigo.

    Julio se levanta de nuevo y se coloca en la misma posición, esta vez Carla lo toma por el pene y dice:

    -Y pensar que todo esto es culpa de este pene tan chiquito -se agacha un poco y besa la punta del pene de Julio. Todos estallan en carcajadas.

    -Carla, pon a prueba a Julio, ordénale algo – dice Anabela.

    En eso Carla se acerca a ella y llaman a Roberto hablan algo en secreto. Carla vuelve con Julio y le dice:

    -Esclavo, quiero que subas a nuestra habitación y traigas el strap-on que yo uso para cogerte. Cuando bajes debes desnudar a Anabela y ponerle el strap-on, luego desnudaras a Roberto, y te pondrás de rodillas frente a él y le mamaras el pene como toda la puta que eres y entonces le ofrecerás el culo a Anabela, quien te cojera mientras se lo mamas a Roberto. Walter y yo nos vamos a desnudar y nos sentaremos juntos a verlos a Ustedes y disfrutar de nosotros mismos… (Carla se voltea hacia Walter lo mira sonriendo y le lanza un beso)… Ahh y para no perder la costumbre te vamos a grabar en video.

    -Ahh y tranquilo Julio -dice Walter -nadie más verá el video anterior.

    Julio sale casi corriendo a la habitación y sube las escaleras…

    Continuará…

  • Las hermanas de Camilo (2) Mi reino por el culo de Alexandra

    Las hermanas de Camilo (2) Mi reino por el culo de Alexandra

    Desconocía que esto era el inicio de una serie de polvos que íbamos a echar Alexandra y yo, aunque debo reconocer que entre más lo repetíamos, más iba perdiendo el misticismo, el encanto de esa noche de primer encuentro entre ambos. Al comienzo fue difícil comprender que se iba a repetir. En primera medida porque ella no iba a buscarme de nuevo, era yo quien debía tomar la iniciativa.

    Algunas noches de trasnocho y estudio en su apartamento, le miraba de reojo, le sonreía de forma pícara y ella parecía corresponder. Pero luego se despedía, me deseaba una feliz noche y se iba a dormir. Yo me quedaba allí solo, tratando de retomar mi estudio en medio del calentón por lo que imaginaba que podía ocurrir.

    Para coquetear con ella tenía que encontrar los momentos adecuados, pues no podía hacerlo en presencia de Camilo o Diana, y mucho menos cuando estaba su novio. Pero más allá de las dificultades, siempre encontraba momentos para hacerlo; para expresarle deseo con mi mirada y mi sonrisa. Debo aclarar que no se trató nunca de enamoramiento, no había ninguna clase de sentimiento, eran sencillas ganas de echar un polvo, quizá se trataba de un exceso de admiración por ese culazo.

    La primera vez que lo hicimos, sin efectos de alcohol, drogas o cualquier otro tipo de pretexto; teniendo plena consciencia de lo que hacíamos, fue una mañana en la que desperté en su apartamento. Camilo había salido, no sé a dónde, solo sabía que no estaba. Tampoco Diana, aunque en ella esto era más habitual, pues casi nunca estaba en casa.

    Fui a la cocina para hacerme algo de desayunar y ahí la encontré. Alexandra estaba allí también preparando algo para desayunar. Se notaba que había despertado hace poco, pues su cabello estaba muy desordenado, no llevaba maquillaje, estaba en pijama y con una actitud levemente somnolienta.

    Apenas cruzamos un saludo y luego se extendió un prolongado silencio. Yo aprovechaba para apreciar su culo de reojo, pues nada mejor que empezar el día con tan espectacular vista.

    Alexandra empezó a hablarme, pero antes de que terminara la primera oración me lancé a besarla. Ella no opuso resistencia, de hecho se dejó llevar. El beso se prolongó, dando tiempo al inicio de caricias y manoseos.

    Como es apenas obvio, dirigí mis manos hacia su culo, lo palpé, lo apreté y reviví ese sentir tan maravilloso que implica tener esas nalgas entre las manos. Una vez que el beso terminó, Alexandra apagó los fogones de la estufa para dar rienda suelta a la lujuria. Estábamos solos en su apartamento, pero en cualquier momento podía llegar Camilo o Diana, así que decidí tomarla de la mano para llevarla a su cuarto, encerrarnos y allí fornicar sin contemplaciones.

    Cerramos la puerta de la habitación y continuamos besándonos. Esta vez me di la oportunidad de ver y tener sus senos entre mis manos. Levanté su camisa y allí estaban, pequeños y sin mucha gracia, pero al fin y al cabo, para mi disfrute exclusivo en ese instante. Los besé un poco y los sostuve entre mis manos, pero realmente no les di mayor importancia, pues no era el mejor de sus atributos.

    Esta vez, con el apartamento solo para nosotros no debíamos reprimirnos como aquella noche de la primera ocasión, no había necesidad de discreción; éramos libres para jadear, decirnos guarradas, gemir y hacer todo el ruido que quisiéramos. Yo anhelaba follarla con brutalidad, sin mayor delicadeza.

    La giré, la apoyé contra una pared, bajé su pantalón y su tanga, y la penetré sin contemplación alguna. No hubo tiempo para juegos previos, ni caricias, ni para el sexo oral, ni para algo diferente a follar salvajemente.

    La penetré a fondo y con agilidad desde un comienzo, aunque sabiendo que todavía podía incrementar un poco más el ritmo. Ella también lo pedía, quería embestidas fuertes, quería ser follada duro, deseaba sentirse sumisa y sometida, y fue algo de lo que le di. Tanto así que hubo un momento en que los empellones eran tan fuertes, que se golpeó la cabeza contra la pared, aunque fue algo que no tuvo mayor trascendencia dado el alto grado de excitación de ambos.

    Lamentablemente para mí, ver ese culo rebotar y temblar sin control, sumado a su particular forma de gemir, con seseo incluido; era motivo suficiente para hacerme alcanzar el orgasmo rápidamente. Por lo menos en esa época, pues a medida que se hizo más frecuente el sexo entre nosotros, fui perdiendo interés en ella, y follarla se me fue volviendo algo casual y monótono.

    De nuevo terminé descargándome sobre sus nalgas y su espalda. Pero ella no estaba conformé, así que se encargó de no dejarme salir de su habitación. Me hizo una mamada y al cabo de unos minutos estábamos culeando una vez más. Para nuestra fortuna ni Camilo ni Diana iban a llegar en toda la mañana.

    Estos encuentros clandestinos y fugaces poco a poco iban a perder su encanto. A pesar de ser algo prohibido y ocasional, se nos estaban convirtiendo en monotonía. Además debo decir que el coño de Alexandra emanaba un fuerte olor, aspecto que jugaba en contra mía y en contra suya; pues debo confesar que me encanta dar sexo oral, pues le considero la vía ideal para excitar a una mujer, siempre y cuando lo sepas hacer. Pero en este caso me era imposible, pues no considero humanamente posible soportar ese olor por un tiempo prolongado. Pero no iba a ser ni la monotonía ni ese particular aroma lo que me iba a hacer perder interés en Alexandra, se trató más bien de la aparición en escena de Katherine, la hermana menor de Camilo. Aunque sobre ella ahondaré más adelante, pues considero que con Alexandra aún hay encuentro memorable por contar.

    Se dio una mañana luego de una noche de juerga en el apartamento de Camilo. En esa ocasión bebimos bastante, pero para sorpresa mía, a la mañana siguiente me levanté como si nada. Apenas con un ligero dolor de cabeza, pero para nada tortuoso. Otra fue la situación de Camilo que durmió durante toda una mañana que para mí resultó más que provechosa.

    Recuerdo que ese día desperté y me dirigí a la cocina para prepararme un café, aunque de camino a allí escuché que alguien se estaba bañando. Había solo dos opciones: Diana o Alexandra, y yo estaba dispuesto a arriesgar mi integridad con tal de averiguarlo.

    ¿Cómo no hacerlo? Si se trataba de Diana podría contemplar y memorizar su encantadora silueta, y de ser descubierto podía explicar que se trataba de una confusión, que había entrado sin darme cuenta de que había alguien allí. Si se trataba de Alexandra no habría mayor problema, siempre y cuando Camilo siguiera durmiendo.

    Con mucha discreción entré y cerré la puerta. Pasando el pestillo (seguro) justamente para que nadie más pudiera hacer lo que yo: entrar por sorpresa. Rápidamente me di cuenta de que quien estaba en la ducha era Alexandra. Esta ducha tenía una cortina a modo de separador del resto del baño, y a través de ella se observaba la silueta de Alexandra, que para ese entonces yo conocía de sobra.

    Ella no notó cuando yo entré, seguramente el ruido del agua al caer superó el que yo pude hacer al entrar, posiblemente estaba relajada, con los ojos cerrados sintiendo el agua caer y recorrer su cuerpo.

    Lo cierto es que me desvestí también de forma silenciosa. Me acerqué discretamente, corrí un poco la cortina de la ducha y entré, me situé tras Alexandra. Ella seguía sin notar mi presencia, pero esto iba a cambiar pronto, pues una vez en la ducha, dirigí mi mano hacia su vagina, que en ese momento tenía un aspecto completamente nuevo para mí, pues el matojo de pelo que la acompañaba estaba uniforme en un solo mechón por acción del agua.

    La palpé con suavidad, pero ella se sorprendió; más bien diría que se asustó, pues jamás se imaginó que alguien fuera entrar. Casi grita apenas me vio, pero sabía que no era conveniente hacerlo, así que ahogó el grito. Me preguntó que hacía allí, pero yo solo respondí besándola.

    Ella no se opuso, más bien se relajó y se dejó llevar. Yo bajé lentamente con mis labios por su torso hasta llegar a su vagina. La acción del agua, el champú y el jabón hizo que esos fueran los olores predominantes en la ducha, por lo que en esa ocasión no tuve problemas para jugar un poco con su vagina entre mi boca. Alexandra no tardó mucho en calentarse, y con el recorrido de mi lengua por su coño, empezó a soltar unos gemidos que poco a poco fueron incrementando su intensidad.

    Tuve que detenerme, salir de la ducha y buscar mi celular entre mi pantalón para poner música que pudiera tapar cualquier ruido delator.

    Claro que cuando entré de nuevo a la ducha, no hubo más tiempo para sexo oral, era tiempo del folleteo. Apoyé a Alexandra contra las frías baldosas que recubrían la pared de la ducha y la penetré. Como ya era habitual, teniendo su culo entre mis manos mientras lo veía y sentía rebotar contra mí.

    La penetré con fortaleza y a un ritmo acelerado, pues tenerla mojada y enjabonada para mí era un lujo ante los ojos. Además que sentía que luego de la buena sesión de sexo oral, el turno de gozar ahora era para mí. A ella tampoco le disgustaba que la follara con algo de brutalidad, o por lo menos nunca me lo hizo saber.

    La penetración se hizo cada vez más fuerte, más animal, si es que se puede calificar de tal manera; la fui empujando cada vez más sobre la pared, viendo cómo se aplastaban sus senos contra las baldosas. Luego la tome del pelo, con las dos manos, mientras seguía moviendo mi pene entre su vagina. Ella solo se dejaba llevar, pues al parecer estaba tan caliente como yo. Y cuando no aguanté más, retiré mi pene de ella, la di vuelta y con algo de presión de mis manos sobre su cabeza, la hice agachar para correrme en su cara. Ella no lo esperaba, y claramente se molestó, pues consideraba que eso era algo humillante y denigrante, por lo que asumí que era la primera vez que alguien le hacía tal cosa.

    De todas formas su molestia no duró más allá de unos minutos, ya que antes de que saliéramos del baño estábamos besándonos de nuevo.

    Después de ese encuentro íbamos a follar un par de veces más, pero nuestros coitos clandestinos iban a verse interrumpidos con la aparición de Katherine, aunque no se trató de algo premeditado o planeado.

    ************************

    Capítulo 3: un porro, un polvo y mil orgasmos

    De hecho, yo no planeaba dejar de culear con Alexandra más allá de la monotonía del sexo con ella, pues para ese momento era lo único que tenía a la mano, y era ella o nada. Pero cuando Katherine apareció las cosas cambiaron. Yo en un comienzo no imaginé que algo fuera a suceder con ella, ya que era la menor de las hermanas de Camilo y me daba cierto remordimiento meterme con alguien tan menor.

  • Trío con el ayudante de albañil

    Trío con el ayudante de albañil

    Pasado un tiempo de la remodelación de nuestro hogar, decidimos empezar con un nuevo proyecto de construcción en un predio que heredamos mi esposa y yo, así que de nueva cuenta contratamos a las personas que nos habían ayudado en nuestra casa, una tarde de sábado después de pagar el trabajo realizado en la semana le pedí al maestro albañil me prestara al joven que mi esposa había elegido para hacer un trio con nosotros, con el pretexto de hacer limpieza en nuestro patio y detalles que arreglar y como no era demasiado el trabajo ni batalloso no necesitábamos la ayuda del maestro, él accedió inmediatamente y le ordeno al joven acompañarnos y nos ayude en lo que solicitemos.

    Cuando subimos al coche para dirigirnos a la casa cogí el teléfono y llame a mi esposa, la puse en altavoz para que el joven pudiera escuchar y ella contesta: «hola amor ya vienen en camino», volteé a ver al joven y le pedí que el fuera el que contestara, titubeante dijo «si señora vamos en camino», ella: «que bien estoy esperándolos y lista para divertirnos toda la tarde; les mando un beso a cada uno en donde quieran ponérselo, mua». Cuando colgué el teléfono el joven bajo la mirada y solo atine a decirle que se relajara, que éramos adultos y que llevemos la situación como tales, divertirnos y disfrutar de la tarde y mi esposa. Dicho esto el joven solo sonrió pero siguió con su mirada al suelo y pensativo.

    Una vez llegamos a la casa y cerrar tras de nosotros el portón de la cochera, se abre la puerta de la casa y sale mi esposa vestida súper sexy, traía puesto un vestido negro súper corto, con un escote en V sin llegar a exagerado pero si mostraba el canal de sus pechos, y de tirantes, en sus piernas unas medias negras y zapatos de tacón, su pelo arreglado y su boquita pintada de rojo, me saludo con un beso de pico medio cachondo y yo agarrándole una nalga, cuando se acerca al joven lo hace de la misma forma un beso de pico solo que a él le dice te invito a pasar y lo abraza para caminar junto a él al tiempo que con la otra mano le toma la mano y la hace poner en sus caderas, así pasaron por la puerta de nuestro hogar abrazados y el muchacho aferrado a las caderas de mi esposa.

    Tenía preparada la comida y arreglada la mesa, nos mandó a asearnos las manos para comer, una vez sentados sirvió la comida, mientras tanto platicábamos de la obra que estaba en proceso, de cómo se llevaba con su jefe, el salario, la pandemia y temas para distraernos y coger confianza, mi esposa por demás atenta a sus comentarios y ofreciendo más comida o si necesitaba más bebida. Cuando terminamos le ayudamos a recoger los platos y dejar limpio el comedor, cuando de repente ella le dice al muchacho, te acuerdas que me hiciste en esta esquina de la mesa, el joven solo abrió los ojos y no supo que decir, nosotros lo tranquilizamos y le comentamos que eso sería nada con lo que íbamos a hacer después.

    Reímos y el también lo hizo pero con nervios, mi esposa me pide que vaya a bañarme y ponerme guapo para salir, y mientras ellos esperarían en la sala viendo tele, cuando yo salgo me visto formal sin llegar a ponerme saco y corbata solo unos pantalones de vestir y una camisa, zapatos y el perfume que a ella le gusta, llego a la sala y ellos estaban uno frente a otro acomodados en la sala, y ella le pregunta al muchacho, traes ropa para darte un baño, él contesta que sí, que la trae en su mochila, entonces le dice dónde está el baño y le entrega una toalla, una nalgadita le da al momento de cerrar la puerta del baño y le guiñe un ojo, te esperamos en la sala no te tardes, cuando llega mi esposa a la sala y me ve sentado me dice que no aguanta la calentura que quiere que estemos dentro de ella y me dice que cuando me fui a bañar ella se sentó frente al joven y que descaradamente le enseño por debajo del vestido sus calzones. El titubeaba porque no quería verlos descaradamente, pero ella le dijo que con confianza viera lo que quisiera, y que platicaron de cosas triviales para pasar el tiempo.

    Sale el joven arreglado y oliendo a limpio, y ella con una sonrisa por demás coqueta se va a donde él y le da un morreo de campeonato, con todo y pierna levantada, se voltea y nos dice a los dos que les parece si me llevan a ver los avances de la obra, al cabo por la hora que era ya no habría nadie trabajando no descubrirían sus intenciones, así que subimos al coche, mi esposa y yo en los asientos delanteros y el joven en el asiento trasero, en el camino pidió comprar unas cervezas para el calor, cuando llegamos a la obra el primero en bajarse fue el joven y asegurarse que no abría nadie, nos hizo señas y nos bajamos de coche, ella fue viendo los avances y empezó a platicarnos como quería o más bien como veía el lugar cuando estuviera terminado, en una de esas le pide al joven que vaya al carro por la cerveza que había dejado en él, y otra para nosotros, cuando el joven se fue me pidió esperarla en donde iba a ser la recamara principal y ella se fue a donde iba a ser el baño, cuando Edy (el joven) regresa me extiende la mano para darme una cerveza y dimos un sorbo por el calor que hacía, cuando sale mi esposa del baño solamente en ropa interior, las medias negras y los zapatos de tacón, el calzoncito negro de encaje que por enfrente se dibujaba una fina línea de vellos y por detrás el canal de sus nalgas, su bra igualmente negro de encaje que dejaba ver sus pezones.

    Nos quedamos bobos viéndola se acerca a mí, se agacha para recoger la cerveza del suelo pero sin doblar las piernas y enseñando su trasero a Edy, se pone de espaldas a mí me coge la mano que tengo libre y la pasa por su estómago, sus chichis y después la baja a la altura de su vientre para ahí dejarla, y ella como si no pasara nada nos dice como acomodara la cama, y los colores y todo, mientras nosotros solo poníamos atención a su cuerpo.

    Ella pone su carita triste y nos dice que no le ponemos atención, que somos malos y que nos va a castigar, se aleja de mí y se va con Edy cuando llega con él hace lo mismo pero este muy hábil deja la cerveza en el suelo, en cuanto llega le pasa las manos por su cuello y lo comienza a besar y él la abraza y toca sus nalgas con descaro, ella separa sus labios y le dice con voz coqueta, como eres malo porque no me pones atención, y cuando él iba a contestar ella le tapa la boca con sus labios y lo besa cachondamente por unos minutos, después se da la vuelta dejando la espalda pegada al pecho de Edy, ella le agarra las manos y las posa en sus pechos para que juegue con ellos, después agarra una y la baja por su pancita para meterla entre su piel y la ropa interior, y le pide que juegue con sus pelitos, después ella se voltea hacia mí y me dice: me gusta mucho como va quedando el trabajo, estoy segura que aquí vamos a disfrutar de muchas noches de placer juntos y en cuanto ella termina de decirlo se voltea hacia Edy sin cambiar de posición y le da un morreo mientras él la manosea.

    Cuando ella voltea a verme ve que me estoy sacando mi pene del encierro y me dice acércate quiero tenerlo entre mis manos y cuando llego a donde están ellos hábilmente ella se agacha y en lugar de sus manos es su boca la que intercepta mi pene, a lo que el trasero de ella se queda sobando el pene de Edy, pero no dejo que la penetrara, así estuvo un rato y luego cambio de posición, era ahora yo el dueño de su trasero que de igual forma no permitió que me abriera camino entre su ropa interior solo me dejo sobarla con mi pene, después nos pidió que acomodáramos un poco y que nos sentáramos en una tabla que estaba ahí e improvisamos una banca para poder estar, ella puso música en su celular y comenzó a bailarnos de una manera cachonda y rica, se agachaba, jugaba con su pelo, se tocaba sus nalgas, sus pechos y después se quitó el bra y me lo aventó a mí, jugaba con sus pechos, y seguía bailando en ocasiones cercas y en otras lejos, después se fue bajando el calzoncito, despacito y dejándonos ver sus hermosas nalgas y lo rosita que había dentro de ellas, levanta una pierna y luego la otra para terminar de quitárselas, las puso entre sus manos y las llevo a su nariz, y dijo mmmm huele a que necesito hombre, se acerca a Edy y le dice mira huélelas mientras las acerca a su nariz, este las huele y le dice si huele a que necesitas guerra mamacita.

    Ella se voltea y se sienta sobre de el con las piernas abiertas y frota sus nalgas con la panza de él y su bragueta, las manos de él estaban en sus pechos, como yo ya tenía mi pene de fuera, estaba jugando yo con él, ella me ve y me dice que no lo haga que ahorita sigue conmigo, camina hasta donde yo y hace lo mismo con una mano me agarra el pene y lo frota en su empapadisima panocha. Ella le habla a Edy y le pide que se saque el pantalón y se ponga de frente a ella, y en cuanto llega ella lo devora con ansia, y en eso apunta mi pene a su entrada y de un solo sentón se deja caer, meneaba su cola para todos lados, izquierda, derecha y sentones a ratos mientras seguía mamando el pene de Edy, nos cambia y le pide a Edy que se siente y esta se sienta sobre de él pero de frente y comienza a cabalgarlo, pidiéndole que le agarre las nalgas, que le chupe sus pechos, y así logran llegar juntos al orgasmo, se levanta y camina a donde estoy y me pide que la coja de perrito, se pone sobre la banca improvisada y sin más empiezo a bombearla fuerte y agarrado de sus hombros, hasta explotar de nuevo juntos en el orgasmo, un poco recompuestos ella se quita las medias y los zapatos, llega hasta donde hay agua y se asea el cuerpo para quitar los residuos de nuestras venidas y lo acalorado del día y situación.

    Ya vestidos de nuevo salimos de la construcción y nos pide que la llevemos a un bar, para quitarse el calor con un trago, llegamos a un bar que es pura cantina y como era temprano aunque empezaba a oscurecer no había casi gente en el lugar, bebimos los tres y platicando de trivialidades y después cachonderias, que si Edy tenía novia, que cogia rico, que le había gustado su pene, que si nosotros con cuantas personas más habíamos hecho lo mismo y así estuvimos hasta que los tres empezamos a marearnos de tanta bebida, decidimos irnos a casa antes que las autoridades pusieran sus retenes de alcoholismo, por el camino íbamos cantando y haciendo bromas, riendo de cuanta cosa por los efectos del alcohol, y en cuanto cruzamos por la puerta ella comenzó a desvestirse mientras nos decía, vengan que tengo ganas de ustedes.

    Yo me puse detrás y besando su cuello y agarrando sus nalgas, mientras me desvestía y ella también, Edy por enfrente y besándola en sus labios y sobando sus chichis y su panocha ella con una mano agarrando mi pene y la otra en él. cambiaba de posición ahora frente a mí, yo la besaba con fuerza y ella con sus movimientos le pedía a Edy que la cogiera, llegamos como pudimos a nuestra habitación, tirados besándola por todos lados después ella se baja para hacerme oral y él se pone tras de ella para hacer lo mismo, ella gemía de placer y yo disfrutaba de su mamada, Edy la hace llegar al orgasmo con su lengua y después sin piedad le mete de una sola el pene y ella comienza a gritar y disfrutar de la cogida, a ratos me mamaba y en ratos me jalaba la verga, después fui yo el que pidió cambio, Edy se acostó para dejar que ella se lo mamara y yo aproveché la humedad de su panocha para metérsela, así estuvimos hasta las 4 de la mañana, cambiando de posiciones y cogiéndola en todas posiciones. Nos venció el sueño después de tan ajetreada noche, y nos quedamos dormidos los tres en la cama.

    Alrededor de las 10 de la mañana, me despierto y me veo solo en la cama, salgo del cuarto a buscarlos oigo ruidos en el baño y en la cocina, bajo y esta ella que en cuanto me ve me regala una sonrisa y unos buenos días, camina hacia mí y la observo, su única prenda era una bata de encaje transparente, no llevaba calzones ni bra ni nada, es más ni zapatos, dijo que se había despertado y que se había metido a bañar y que tenía calor por eso solo llevaba la bata, en eso sale Edy también recién bañado y en calzoncillos, ella lo recibe igual que a mí, y con un pico le da los buenos días, nos pide sentarnos a desayunar, y yo le comento que voy a darme un baño para refrescarme.

    Cuando regreso lo hago también en calzoncillos y que sorpresa verla a ella hincada mamándole a Edy su miembro mientras él desayuna, cuando sienten mi presencia, ella me dice que está servido mi desayuno y de la misma manera en cuanto me siento, ella se cambia conmigo para darme el mismo tratamiento, mientras desayunábamos ambos recibíamos el mismo trato, mamaba a uno y se cambiaba a el otro, una vez terminamos ella sin decir nada le dice a Edy mientras se acuesta ella sobre la mesa, cógeme como el día que entraste por primera vez en mí, y este de una se deja ir contra ella, los deje solos para que se disfrutaran mientras yo los veía desde la sala, después ella se cambió de posición, se acostó con sus tetas sobre la mesa, los pies en el suelo y ella sola se abrió las nalgas para que la pudiera sentir más adentro, él la agarro de los cabellos y la jalaba hacia el mientras la penetraba con fuerza.

    Cuando terminaron ella le dijo que se metiera a bañar de nuevo que ya era hora de que nos dejara solos, y así lo hizo, se fue a bañar con una sonrisa en la cara, en cuanto él se fue, Maricruz se acerca conmigo y me enseña su vagina, hinchada y enrojecida de tanta cogida, pero aun así se pone sobre mí y me pide que la coja, y cuando sale el joven de bañarse y ya vestido, se acerca a nosotros para despedirse, y cuando lo hace ella le dice que si quiere una mamada de despedida, y antes que diga si, ella ya le comía la verga cuando estaba a punto de venirse ella sintió las contracciones en su pene y se la jalo para que el semen callera entre sus pechos, cuando este termina ella se quita de mi para acompañarlo a la puerta, desnuda lo despide sin importarle que al abrir la puerta algún vecino la pudiera ver, ella le dice que si quiere más fiesta tiene que ser discreto y esos encuentros se repetirían frecuentemente.

    Llega conmigo y me hace acabar en su boca, para después agradecerme el tiempo, la dedicación y la mentalidad tan abierta que teníamos para dejarnos llevar por nuestros gustos.

    Mi Maricruz y yo les agradecemos su tiempo de lectura, y disfruten al igual que nosotros de sus cuerpos y gustos, es difícil llegar a compaginar tanto con una persona, donde los tabúes y moral pueden quedar a un lado y disfrutar de uno mismo.

    Saludos.

  • Sussy, mi princesa

    Sussy, mi princesa

    Quince días llevaba rondando por aquella vereda. En mi condición de vagabundo, me considero un sujeto afortunado. Tenía un buen refugió, detrás del mugriento callejón que bordeaba aquel restaurant. Tenía techo y comida suficiente para estar agradecido, pero lo más importante, estaba prendido de una dama hermosa que paseaba todos los días cual reina de belleza.

    Esa tarde, como todas las que viví en aquel paraje, iba adornada con un bello lazo rosado que pendía de su bien peinada cabellera. Era una diosa que solo se dignaba a cruzar leves miradas conmigo. Tal vez sentía lastima de mi, o peor aún, desprecio por ser un desafortunado callejero.

    La seguí muchas veces buscando su amistad y compañía. Solo desmanes y rechazos recibía de aquella dama presumida. La casa donde vivía era una mansión adornada de una verde y espesa vegetación y rodeada por una verja de madera, que era testigo de mis múltiples desvelos oteando en su interior buscando su mirada. La olía a cientos de metros, era un olor exquisito desconocido para mi. Pude haber saltado sin problemas aquella cerca de listones para encontrarme con ella, pero el solo hecho de pensar en su negativa de aceptarme como su amigo, me impidieron hacerlo.

    Hoy, todo cambió. Me desperté con algo inquietante en el ambiente. Un indescriptible olor se impregnó en mi agudizado olfato. Era un aroma inconfundible que aceleró todo mi sistema sensorial. Lo había percibido antes y fue el causante de mis múltiples heridas. Como impulsado por un instinto ancestral, caminé como un autómata al borde de la verja en donde se encontraba la dama de mis desvelos.

    Mis pulsaciones se incrementaban paulatinamente al acercarme, cada vez más, al origen de aquella fragancia celestial. ¡Sorpresa! Allí estaba ella con una actitud totalmente diferente hacia mí. Intercambiamos miradas, sus movimientos acompasados y desbordando deseos me incitaban a acercarme más. Los listones de madera mohosos ya no eran impedimento para atrevernos a tocarnos.

    -¿Cómo hacemos, quiero que pases?- Me dijo con una expresión que parecía más una súplica que una pregunta. Ya yo sabía que saltar esa cerca era solo un trámite que podía ejecutar sin problemas.

    -¡No sé qué me está pasando pero quiero que saltes y te vengas a mi lado.

    -¡Claro princesa, no habrá nada que me impida hacerlo- Respondí extasiado.

    Incitado por su olor y por la inesperada invitación, tomé impulso y salté fácilmente aquella barrera. Al verme a su lado, como poseída por un espíritu alucinante, se desbordó en besos y caricias que no dudé en corresponderles.

    -Estoy avergonzada. Todos estos días te he visto, pero he sido indiferente contigo. Ruego me perdones, pero hoy he sentido la necesidad endemoniada de estar acompañada por alguien como tú.- Me dijo.

    -No te avergüences, princesa. He acudido a tu llamado y me siento honrado en complacerte.- Respondí.

    Mis hormonas accionaron la llave que abre las puertas de la felicidad. Experimenté la más grandiosa de mis erecciones. Tenía dos semanas mendingando la amistad de esa preciosa criatura.

    -Quiero estar contigo. Penétrame con todo tu arsenal- exclamó.

    Sin pensarlo dos veces, metí mi nariz en la fuente que emanaba la exquisita fragancia que me había despertado. Metí mi lengua en sus dos orificios, extasiado por el escatol que inundaba todos mis sentidos. Ella temblaba de deseos y de pasión. No lo podía creer, un vagabundo sumergido en aquella reina, protagonista de sus sueños y fantasías.

    -Quiero que me hagas tuya. Lléname toda, pero trátame con sutileza que es la primera vez que estoy con un macho- Susurró.

    Su suave voz y la vehemencia con que me pidió aquello, elevaron mi erección a niveles nunca vistos. Saqué mi cara de su mojada gruta y me dispuse a conquistar con mi espada ese reducto virginal.

    Me subí torpemente sobre ella y coloqué mi armamento en su entrada para comenzar el ritual muchas veces anhelado. Mi miembro se fue deslizando lentamente en su interior y ella exclamaba extasiada que la penetrara toda.

    Con mis manos acaricié su espalda y me sumergí en una danza acoplada con mi princesa. Quería más y más. Mi miembro se expandió como inflado por arte de magia. Si quisiera sacarlo me sería imposible debido a su descomunal tamaño. Sus gritos se escuchaban a cientos de metros de nosotros. Ella era mucho más pequeña que yo, pero tenía una fortaleza indescriptible. Sus deseos de ser dominada, le daban fuerzas para soportar el cañón que tenía adentro.

    Se movía a mi ritmo. Quería más y yo no sabía de donde darle más. Sin embargo, le tenía una sorpresa que la haría explotar. Como impulsado por dos resortes, le apliqué un movimiento instintivo y me di vueltas quedando en un plano opuesto a ella. Vi las estrellas. En esa posición supe que no faltaba mucho para derramar mis mieles dentro de ella. Así, no podía disfrutar de sus elegantes piernas y su bella cabellera blanca y solo su aroma me empujaba a querer exprimir mi instrumento.

    Así permanecimos largo rato, extasiados por la succión involuntaria de su músculo vaginal que luchaba por extraer mis jugos. Era una experta en esos menesteres mágicos. Faltaba poco para venirme.

    -Inúndame toda, por favor, lo necesito- Exclamó.

    Un torrente de líquido viscoso manó de mi fuente palpitante y los latidos de mi corazón alcanzaron dimensiones desconocidas y ella gritaba agradecida por la infusión nutritiva que le había derramado en sus entrañas.

    Mi miembro se fue achicando por la ingente descarga. Mi princesa aflojó su presión y logré sacarlo fácilmente.

    Nos besamos y acariciamos prometiéndonos futuros encuentros.

    Nuestras muestras de cariño y afecto, fueron sorprendidas por una voz desafiante que se escuchó desde el interior de la casona:

    -¡Sussy, Sussy, donde andas! Vente para adentro. Ten cuidado con ese perro callejero.

    Mi princesa obedeció dócilmente el llamado de su amo. Su fragancia quedó flotando en el aire e impregnaba mi hocico como un elixir embriagante. Nos volveríamos a ver…