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  • Un día en la Universidad

    Un día en la Universidad

    Había tenido un día complejo y agotador. Iba de camino a la universidad cuando miré el reloj y pude darme cuenta que estaba llegando tarde, otra vez. Comencé a caminar más rápido, estaba a algunas cuadras y al llegar a la puerta la vi.

    Ahí estaba ella, Septiembre, sentada junto al escalón de la vereda fumando un cigarrillo. Tan seria y tan sensual que me parecía verla. Me gustaba mucho y yo sentía que le gustaba también. Siempre sentí cierta tensión entre nosotros.

    -Hola, ¿todo bien? ¿Qué haces acá afuera?- la saludé y me puse a hablar con ella.

    -Hola, bien un poco cansada ¿vos cómo estás? Hay una charla en el salón de actos, ya sabes, esas interminables que duran dos horas. Estaba aburrido ya y me vine para acá.

    -Ahhh, bueno menos mal. Venía apurado, creí que no llegaba para la clase. Estoy muy atrasado e incluso me faltan los últimos apuntes.- Le contesté y le sonreí para romper un poco el hielo.

    -Yo los tengo, ¿los querés? Acompañame al salón- me contestó devolviéndome la sonrisa y mordiéndose un poco el labio. Creí que me estaba intentando seducir un poco.

    Subimos a buscarlos mientras se escuchaba de fondo la asamblea, todos concentrados en lo suyo. Mientras caminaba no podía dejar de mirarla balancear sus caderas de lado a lado y como se marcaba su culo con una calza negra bien apretada. Me gustaba, en serio me gustaba mucho.

    Estábamos en el aula. Se puso a buscar entre sus cosas las hojas para darme y cuando se extendió sentí como me apoyo su culo muy cerca de mi, y tengo que admitir que me excitó un poco.

    -Perdón- me dijo ella con una cara picarona.

    -No pasa nada- le contesté. Le toqué la cintura para que se sintiera confiada de que no era nada malo. Le gustó, su cara la delataba.

    Quedamos en un silencio incómodo y nos acercamos despacio. Nos besamos jugueteando con nuestras lenguas suavemente como si no fuese a pasar el tiempo, pero lo que no sabíamos es que era muy probable que nos vieran.

    Me agarró de la cara y comenzó a besarme más rápido, mordía mis labios y eso me encantaba. Estaba pegada a mi cuerpo, podía sentir sus tetas contra mi pecho y comenzaba a sentir una erección, tenía la verga dura y no podía esconderlo.

    Bajo su mano hacia mi pantalón y comenzó a masturbarme, lo hacía despacio y podía escucharla gemir. Mientras que lo hacía, la toqué por debajo de la ropa, de esas calzas que le marcaban todo y pude sentir su tanga diminuta.

    La puse contra la puerta de espaldas, para que nadie pudiese entrar. La penetre despacio y pude sentir su vagina húmeda, mojada. Estaba excitada y eso hacía que me calentara mucho más.

    Escuchaba sus gemidos mientras la cogía, se volvía loca y yo no dejaba de sentir placer. Sentía como mi pene se ponía cada vez más erecto, me tenía como quería. Era suyo. Había piel, química y ganas de seguir haciéndolo.

    Escuchamos ruidos de afuera, como si alguien quisiera ir hacia el salón en el que estábamos. Era excitante la idea de que pudiesen encontrarnos. Cada vez más rápido, cogiéndonos como si no hubiese un mañana.

    Fue un viaje de ida sin vuelta, tocar las estrellas sin bajar. Un orgasmo placentero para ambos en menos de quince minutos.

    Rápidamente me abroché el pantalón mientras ella se acomodaba la ropa y se arreglaba su pelo despeinado.

    Estábamos sentados en las sillas, hablando y “estudiando”. Tocaron la puerta y entraron:

    -Buenas tardes alumnos, ¿estaba aburrida la charla?

    Nos sonreímos, solo nosotros sabíamos qué había pasado.

    Julio.

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    ●Instagram /julio.septiembr

  • Follada sin preservativo

    Follada sin preservativo

    Admito, estaba muy cachonda. Necesitaba sentir en mi interior el ajetreo de una polla bien dura, dispuesta a perforarme. Pero no alcanzaba con lo que venía haciendo con mi novio, todo muy tradicional, muy clásico y mecánico. Estaba en busca de una fantasía erótica muy particular. Quería que fuese un extraño, y que en algún sentido que me haga suya, me sometiese, me vejase.

    Por eso, ya había arreglado una cita con alguien a través de una página de citas. Sin peros, sin demases, “majo, ¿quieres follar?”. “Bueno, ¡claro!”. No se negó mi interlocutor cuando le mostré por foto mis “virtudes”, para tener ya casi 30 años la verdad que estaba en muy buena forma, conservando un juvenil aspecto que sabía hacía las delicias de muchos pervertidos de por ahí.

    En fin, lo que hice fue ponerme mis ropas más provocadoras, lo más sexy que podía ubicar en el closet. Por suerte era verano, podría ir con ropas bastante ligeras, particularmente sugerentes. Me puse en la cartera un preservativo de los que guardaba en el cajón, por sobre todas las cosas la seguridad.

    Salí a la calle, hacia la dirección donde vivía este sujeto. No sabía muy bien qué esperar, parecía un barrio bastante popular, cerca de mi hogar, pero en una zona definitivamente no tan pija como donde yo vivía. Tampoco había prestado mucha atención al aspecto de mi futuro “semental”, la calentura me podía más.

    Llegué al edificio en donde vivía el fulano. No tenía ascensor, era un lugar bastante venido a menos debo decir. Caminando por el lobby, con una alfombra gastada con marcas de quemadura de colillas de cigarrillo y olor a orines. Subí hasta el segundo piso y golpeé la puerta. No oí nada, ni siquiera un “quién es”, se abrió la puerta de golpe y me tiraron hacia dentro del departamento.

    Por cierto, ¡vaya departamento! Una pocilga en realidad, olía bastante mal, nunca pareció haber sido limpiado desde que se inauguró. A todo esto, sentí la puerta cerrarse de un golpe y finalmente pude ver la cara de mi “amado”. Dentro de todo no estaba tan mal, era afortunadamente de buen parecer, unos 40 años por ahí tal vez, con algunas cicatrices… Sus “heridas de combate”. Todo eso no hizo más que cachondearme aún más, una suerte de “macho alfa” estaba delante de mí.

    “Bueno, vale”, me dijo rudamente, “realmente estás buena tía. ¿Ya te desvistes?”

    “Este, ¡sí señor!” atiné a balbucear quedamente. Me saqué la blusa, las faldas y quedé delante de él en bombacha, como mi única prenda, con mis pechos al aire. Él seguía totalmente vestido.

    “Bueno señor” (¡ni el nombre me acordaba!), “traje protección”, dije tímidamente, sacando el preservativo de la cartera.

    “Hmmm… Mira, no sé… No me caben a mi esas cosas, la verdad que me la bajan”.

    Me agarró un poco de miedo, ahí sola, en el departamento de esta persona, un dejo de raciocinio se me vino a la mente en ese momento. ¿Qué estaba por hacer?

    “Escúchame”, me volvió a decir, “creo que estoy sano, y te prometo intentar no acabar dentro tuyo, ¿qué te parece, maja? ¿Te alcanza con eso?”

    ¿Intentar? ¿Sólo intentar? Esperemos que lo cumpla de verdad, pues no tomaba anticonceptivos. Pero un poco el morbo pudo más. Ya estaba ahí, no podía defraudarlo. Se le notaba la erección por debajo de su pantalón.

    “Bueno, está bien señor, trate de acabar fuera”.

    “Sí, sí, ¡pero ya termina de desvestirte!”.

    Me saqué la bombacha, estando completamente desnuda ante él. Sentí cómo me saboreaba con la vista, y en eso me agarró en andas y me arrojó a un sofá mugroso que había por ahí. Olía a semen, las cosas que debían haber pasado por ahí…

    Estando tirada en el sofá, se me pone él al lado, todavía completamente vestido. En eso me empieza con su mano a tocar la entrepierna. Es un poco tosco en su forma de actuar, pero me gusta, y me empieza a volver otra vez con renovadas fuerzas la calentura. Siento cómo se me va lubricando abajo, mojándose de a poco, ávida de la follada. Me pellizca un poco por esa zona y me viene un potente escalofrío. Me recorre con los dedos el vello púbico, de repente siento un pinchazo cuando me arranca algunos cabellos de la zona. El sujeto abre la bragueta de su pantalón y saca un pollón de órdago. Casi el doble de tamaño que el del pobre de mi novio. La idea de tener eso adentro me asusta un poco, pero a esta altura ya está uno entregada. Me abre las piernas con las manos, si coloca encima de mí y me embiste no sin cierta fuerza con su miembro. Todavía está completamente vestido, apenas con la bragueta abierta por donde se asoma su instrumento deseoso.

    Empieza el bombeo, al comienzo despacioso, lento, y un tanto doloroso debo decir por el grosor de su aparato. Lo siento bien adentro. Sin embargo, no paraba de ir calentándome aún más y notando cómo estaba empezando yo a segregar cada vez más líquidos ahí abajo. ¡Realmente espero que termine afuera, ya que además creo que estoy en fecha! Lo que faltaba, quedar preñada por un extraño…

    De a poco va aumentando la intensidad del bombeo, y a mí el miedo ya se me estaba yendo por completo. En un momento, no puedo evitar unos gemidos que salen de mi boca, suaves al inicio pero poco a poco cada vez más intensos. ¡La verdad es que este sí que sabe follar a sus hembras!

    “Oyyee…”, le digo jadeando, “acuérdate tu promesa…”

    “Sí, si, no estorbes”, me corta él de un saque.

    No sé porqué hago esto, pero en un momento me viene de vuelta un morbo espantoso, con mis manos empiezo a palparle sus testículos, que rebotaban contra mi entrepierna en medio de la follada espectacular que me estaba dando. Le empiezo a apretar los testículos, cosa que lo hace jadear aún más a él. ¿Qué estaba haciendo? Provocándole encima, quiero que acabe afuera pero lo estimulo…

    “Ah… Ah… ¡Ah!…” estoy yo, realmente no puedo parar.

    “¡Que zorra que habías resultado ser, eh!” me dice con desprecio, escupiéndome saliva mientras habla.

    “Soy tu zorrita… ah… ah… ¡Para ti lo que sea!”

    No puedo, necesito sentirlo en mi interior. Noto como se vuelve cada vez más intenso el empuje y los gritos del fulano, cuando de repente se detiene en seco, con su miembro dentro de mí y noto una descarga de fertilizante lefa en mi interior, calentita, llegándome hasta el útero. No puedo detenerme en ese momento, lanzo un potente gemido en el momento en que también me alcanza el orgasmo junto con él. La electricidad me recorre mi cuerpo.

    El fulano se levanta de encima, satisfecho mi semental. De mi conchita se derrama su leche, la verdad era que había llegado a disparar una gran cantidad. La sensación de sentirme rellena, y probablemente fertilizada, me pone a mil.

    Pero mi macho ya se descargó en mí y no está para más, me pega una fuerte nalgada y me insta a levantarme

    “¡Hala, menuda puta que resultaste ser!” me lanza con desprecio.

    “Disculpe, ¿podría pasar por el baño para asearme un poco?”, digo con timidez.

    “No, ya me cansé un poco de ti debo decir, quiero echarme a dormir. Mejor lárgate”.

    Sin decir nada, recojo como puedo mis ropas y me las pongo, mojando mi bombacha con su licor de hombre que sale de mi conchita.

    Sin otro más, salgo del departamento, como para volver a casa, contenta y rellena, con la cabeza elucubrando a mí. No estoy completa todavía, pienso.

    Así como estoy, decido probar suerte con el vecino de este fulano. Me encamino con una sonrisa a la puerta de al lado y golpeo con firmeza…

  • Lo descubrí fingiendo dormir

    Lo descubrí fingiendo dormir

    Llevo ya varios años de divorciada, pero incluso a pesar de eso me sigo llevando bien con la familia de mi esposo, de hecho me siguen invitando a sus fiestas.

    Nos divorciamos porque me fue infiel y su familia lo supo, no dudo que lo supieran desde antes, pero cuando llegó la hora se pusieron de mi lado. La verdad es que siempre fue una señora de casa y muy atenta con todos.

    Esto último quizá fue lo que me puso en una situación extraña. Yo tengo ya 43 años, no soy una top model ni me considero sexy, soy un poco gordita, tengo unos senos normales, medianos y me gusta lucirlos en escotes, mis caderas no son anchas pero tengo piernas largas.

    Bueno lo que pasó fue en una reunión familiar. Era cumpleaños de un sobrino que quiero mucho y casi vi crecer, le celebramos su cumpleaños 25, todo fue muy divertido y bueno normal. Poco a poco se fueron yendo todos y al final solo los sobrinos y algunos de sus amigos celebraban. Me pidieron permiso para quedarse y yo acepte, total nunca tenía invitados. Yo me quedé en la sala y me empezaba a dormir, según yo veía una película mientras ellos jugaban algo de trago o verdad creo que le llamaban. El juego es muy obvio.

    Yo sentí un morbo porque se hacían preguntas cada vez más subidas de tono y solo escuchaba.

    -Jessica te gusta el semen?

    -Si si me gusta aunque a veces sabe algo amargo

    -Tenía razón eso me ponía caliente

    -Carlos trago o verdad?

    -Yo prefiero trago

    Todos reían

    -A ver tu Marco (mi sobrino) trago o verdad?

    -Verdad

    Le tocó a una chica preguntarle que no sabía quién era.

    -Cuánto te mide?

    -Haha que preguntas son esas.

    -Responde!

    -Parada o así en frío?

    Todos rieron y le hicieron burla a la chica que preguntó y respondió tímidamente.

    -A ver, así sin estar parada

    -16 cm

    Todos rieron.

    Era verdad no una mentira.

    -Bueno que les puedo decir que haga la prueba hahaha

    Eso me puso cachonda pero pensé que estaban bromeando

    Como ya estaban tomados la chica aceptó y fueron al pasillo. Yo sentía mucho morbo y quería abrir los ojos pero me hacía la dormida, solo me puse un cojín en la cara porque sentía que hacía caras de caliente.

    Cuando regresaron le preguntaron a la chica si era cierto y ella dijo que si, se le cortó la voz y todos rieron.

    -Edgar te toca verdad ya estás muy ebrio. Dinos qué prefieres sexo rudo o tierno.

    -Me gusta romántico

    Todos se rieron, pero fue lindo.

    Así siguieron otra ronda más hasta que llegó Marco de nuevo.

    -Es cierto que te cogiste a la profesora Claudia?

    -Ohh eso no se dice

    -Vamos no saldrá de aquí

    -Bueno es que depende, no me la cogí en el sentido estricto

    -Entonces como?

    -Pues solo me hizo un oral

    -Oye y con ese pene te sale mucha leche? -pregunto Carla que era mi sobrina, me sorprendió que preguntara.

    -Pues es que no sé qué es mucho solo me vengo Haha

    -Si quieres Carla ve a ordeñar a tu primo hahaha

    -Que imbécil

    Todos rieron, yo estaba ya caliente y me sentía mojada de pronto me quedé dormida.

    Cuando desperté fue en mi cuarto, toda vestida solo sin zapatillas. Me levanté cansada y todos se habían ido menos Marco que estaba en el sofá.

    Me metí a bañar y me puse una blusa ligera y unos shorts, se me marcaban mis piernas y caderas, eso me provocaba un poco, exhibirme ahí con mi sobrino.

    Desperté a mi sobrino y le dije que se bañara mientras yo preparaba el desayuno.

    Había terminado y fui a mi cuarto para recoger mi ropa y meterla a lavar cuando desde el otro cuarto escuché que me llamaba Marco.

    -Oiga tía disculpe es que se me olvidó que no tengo ropa interior.

    -Vaya, es que oh espera creo que tengo unos bóxer nuevos.

    Fui a buscarlos y si tenía un paquete nuevo y se los di. Pude verlo delgado, algo marcado, y en la toalla se le marcaba su polla que se veía gruesa y larga como lo habían dicho.

    -Perdón hijo es que

    No termine la frase y me salí, pero regresé a los pocos segundos y abrí la puerta nerviosa.

    -Solo para decirte que te lleves a…

    No termine la frase pues lo agarré sin toalla y miré ese precioso trozo de carne, moreno, gordito, colgando entre sus piernas, cabezón, no podía creerlo era más grande que el de muchos hombres que había tenido y eso que no estaba erecto, me quedé como tonta y él reaccionó apenado y se tapó, yo me disculpé y salí del cuarto.

    Nos sentamos a la mesa y estábamos apenados los dos.

    -Oiga tía sobre…

    -No no te preocupes perdón debí tocar es que bueno hace tiempo que no veo a un hombre y pues creo que es normal.

    -No se preocupe tía, yo lo que quería decirle era que no usé los boxers, es que me apretaban mucho.

    -Y andas sin bóxer? Marco!

    -Perdone tía es que no uso de esos.

    -Pero es porque bueno tienes eso así todo ya sabes

    -Si es un problema, yo uso de los holgados

    -Oye hijo y si no es mucho, es que me da curiosidad, cuánto te mide parado

    -Tía, que pena, es que bueno no me la he medido así.

    -En serio? -se me hacía increíble que se la midiera flácida pero no erecta, a lo mejor no es una trampa y sospechaba que lo escuché anoche.

    -Pues deberías.

    -Pues si igual debería ser usted la que dé te y legalidad

    -Si verdad hahah pues a ver…

    Fui por una regla, estaba caliente.

    -Quiero ver, toma mídelo.

    Estaba apenado y caliente al mismo tiempo, yo también, se bajó el pantalón y vi ese animal colgando, pero no estaba parado, me sentí mal pero pensé que era porque estaba nervioso se puso la regla y madre mía! De la mitad del tamaño de la regla pero más grueso! No podía creerlo estaba yo toda caliente no estaba pensando bien.

    -Pues páralo para medirlo.

    Toda tonta yo diciendo esas cosas

    -Es que tía, me siento, apenado no se avergonzado mire.

    -A lo mejor esto te ayuda.

    Y me quité la blusa y me acerqué, le puse sus manos torpes y me empezó a masajear los senos. Yo te empecé a jalar ese mástil que sentí iba creciendo en mi mano, se ponía muy duro como piedra y palpitaba riquísimo yo veía cómo iba creciendo en mi mano con cada jalada que le daba, como plastilina, como una masa iba creciendo y creciendo y yo caliente sentía que me desmayaba solo de verle esa verga enorme, no lo creía!

    Nuestra respiración se cortaba y no nos salían palabras, yo tomé la regla de la mesa, me temblaba la mano, y le medí ese mástil erecto, 26c m qué diablos era eso, un animal, mi mano se veía diminuta. Caí de rodillas y solté la regla, con mis dos manos empecé a jalar esa vergota y mi boca comenzó a comerle esa cabeza riquísima, mi lengua lo rodeaba de un lado a otro, se metía en su glande, lo rodeaba, él gemía, repetía “tía, tía” y yo seguía jalando ese mástil con ambas manos, no podía creer que fuera real, me entregué a chuparla, a comerla, le pasaba la lengua desde sus huevos hasta su cabezota, le daba mordiscos y él gruñía y yo lo miraba fijamente a los ojos y él extasiado.

    Se la apretaba fuerte con ambas manos como si se me fuera a ir, hubo un momento en que lo tomé con una mano y me empecé a pegar en la cara con su pedazo de polla, sentía su peso en cada golpe, en mis mejillas, en mi frente en mi boca, en especial en la boca, no sé porque me producía tanto placer pegarme en la boca, quizá algún fetiche, mi nuevo fetiche y eso me provocó un profundo orgasmo que recorrió todo mi cuerpo.

    Se me vencieron las piernas, se me fue la fuerza de los muslos y solo pude caer frente a él apenas sosteniéndome con las manos en el piso, sentía como se convulsionaba mi vagina dentro de mi, tan delicioso tan rico, duré así varios segundos, cerré los ojos porque se me fue la vista un momento, como cuando te mareas o te levantas rápido, debieron pasar varios segundos. Cuando me recuperé, lo vi a él sentado frente a mi en una silla y monstruo negro, durísimo, mojado, escurriendo de mi saliva y sus fluidos cayendo por su tronco y sus huevos.

    -¿Esta bien tía? –agitado.

    -Sí, si hijo -apenas pude responder.

    Se puso de pie y me levantó de las manos, las puso sobre sus muslos para que me sostuviera, y metió su pollón lo más que pudo, yo no reaccionaba, solo sentía su cabeza intentando entrar en mi garganta con arremetidas, era una muñeca, no tenía fuerzas, solo sentía mi boca bien abierta y esa verga venosa follándome la boca, me sostenía del cabello fuerte y sus caderas empujaban, lo único que recuerdo es que mis manos apretaban sus muslos y después sus nalgas mientras se movían de atrás hacia delante cogiendo por la boca y yo daba arcadas y me dejaba respirar unos segundos y después seguía.

    En veces me pegaba fuerte con su verga en mi cara, en mi boca y regresaba a follarme la boca y mientras su tranca empezó a palpitar supe que venía mi leche y empecé con otro orgasmo.

    Quizá era sentirme rendida, de rodillas, sujeta del cabello, mis manos aferradas a sus nalgas, y ese tremendo miembro que me impedía gemir o gritar que tuve ese orgasmo, más lento pero intenso mientras sentía los lechazos en mi boca, intente tragar pero al tercero ya no pude y tuve arcadas, su carne salió de mi boca y sentí como dos o tres lechazos fuertes en mi cara mientras tenía las arcadas, estuve a punto de caer de nueva hacia enfrente pero me sostuvo y él se arrodilló frente a mi.

    -Siempre la quise ver así tía, llena de mi leche escurriendo, cayendo por su boca, hacia sus tetas.

    Yo asentí, creo que dije que sí.

    -Ahora quiero metérsela tía, quiero cogerla.

    Se me fue la vista hacia abajo y su verga seguía toda parada, dura, llena de leche escurriendo. No podía más. Me levantó y me llevó al sofá.

    Por favor si te ha gustado la historia y quieres la segunda parte deja un comentario, y si eres mujer dime si has sentido algo similar, me hará saber que no soy la única que siempre quiso esto.

  • Mi prima Valeria (IV)

    Mi prima Valeria (IV)

    Había pasado una semana desde la noche en el bar y esa salida con Laura. Habíamos estado intercambiando mensajes los primeros días de la semana, nada de otro mundo, solo que ambos lo pasamos bien y que estaría bueno repetirlo. En uno de sus mensajes me volvió a pedir que no le cuente nada a Valeria de lo nuestro.

    Me llamó mucho la atención ese punto. No terminaba de entender por qué no quería que se enterara ella de que nosotros estábamos saliendo, así que le consulté por ese tema.

    -Por qué tanta insistencia en que no le cuente?

    -No quiero que las cosas se pongan raras entre nosotras.

    -Pero, por qué se pondrían raras?

    -Es que vos viste como es ella. Es medio sobreprotectora con las personas que quiere.

    -Bueno, pero tampoco es que tenemos tantos años de diferencia vos y yo. Ya estás grande, te sabes cuidar y también me conoce. Me suena raro que de golpe no confíe en mí.

    -No entendés. No es por eso. Cuando te dije que es sobreprotectora, me refería a que es sobreprotectora con vos y no conmigo en este caso.

    -Conmigo? Por qué se pondría sobreprotectora conmigo?

    -No sé. Siempre me está hablando de vos. Siempre me decía que no le caía bien tu ex y que vos te merecías alguien mejor que ella. Como si nadie fuera suficiente.

    Eso me tomó un poco por sorpresa, porque Valeria siempre se llevó muy bien con Romina, mi ex. Siempre hablaban lo más bien y se interesaba por todo lo que le contaba en las reuniones familiares.

    -No creo que sea tan así -respondí.

    -Creeme, el otro día que estábamos los 4 en el bar me tiraba cada cara cuando me acercaba. Por eso prefiero no decirle nada por ahora.

    Recordé el pequeño jueguito o competencia que habíamos tenido con mi prima, pero preferí hacerme el boludo.

    -Qué raro, yo no noté nada raro –mentí.

    -Jaja ustedes los hombres nunca se dan cuenta de nada. Pero creeme, si no fueras su primo diría que estaba celosa.

    -Jaja

    Decidí terminar el tema ahí, porque en el fondo sabía que si no le iba a tener que seguir mintiendo. Yo sabía que Valeria se había comportado medio rara esa noche y sentía que nuestro juego no había sido una cosa inocente entre primos. Lo que Laura me decía, me estaba obligando a finalmente aceptarlo.

    Podría ser que todo lo que había pasado en mi cumpleaños no fuera un producto de mi imaginación y que a mi prima en realidad le pasaran cosas conmigo? Y más importante, si ese era el caso, qué iba a hacer yo al respecto?

    Tenía que destrabar todo este tema y sacarme las dudas que me estaban volviendo loco.

    —-

    Finalmente había llegado el sábado y era el cumpleaños de Valeria. Ella todavía vivía con sus padres, así que la celebración familiar iba a ser en la casa de ellos. Estaba un poco nervioso, había pasado los últimos dos días dándole vueltas a todo este asunto. No estaba seguro como encararla para aclarar toda esta situación.

    Por un lado, pensaba que lo mejor era hablar de frente. Decirle que la notaba rara conmigo y preguntarle si le pasaba algo. Por otro lado, me ponía muy incómodo esa situación, qué pasaba si yo había malinterpretado todo y quedaba como el pervertido de la familia que le tiene ganas a su primita? Y encima, si todo esto se daba en una reunión familiar, la situación se iba a tornar todavía más incómoda. Quizás lo mejor era tratar de probar un poco a ver como reaccionaba.

    Cuando llegué me recibió Sofía, claramente con algunos tragos ya encima.

    -Primitooo!! -me dijo mientras me abrazaba y daba un beso sonoro en el cachete- pasá, pasá, estamos todos en el fondo.

    Había tocado una noche bastante calurosa. Así que mis tíos decidieron poner las mesas afuera en el patio y cenar ahí. Seguí a Sofía por la casa, pasamos por el living, la cocina, hasta que llegamos a la puerta de atrás que nos conducía al patio. Mi prima estaba bastante alegre. Fue todo el camino bailando y moviendo el cuerpo al ritmo de la música que sonaba de fondo. Me divertía verla así. Por lo general era un poco más seria, pero cuando tomaba un poco, se solía desinhibir bastante.

    Si bien Sofi no tenía la cola de su hermana, no estaba nada mal para su edad y tomando en cuenta su falta de actividad física. Igualmente, lo que todos solían notar en ella cuando entraba a una habitación era su pecho, que se había operado hace ya algunos años. Al igual que la hermana, la naturaleza le había dado un pecho normal, no pequeño, pero ella siempre se sintió acomplejada, así que decidió operarse para superar esa situación. Después de todo, varias de sus amigas habían hecho lo mismo.

    De todos mis primos, Sofi era con la que tenía la relación más estrecha. Teníamos la misma edad, con una diferencia de apenas unos 5 meses. Nos habíamos criado juntos prácticamente. Había sido mi primer beso cuando todavía estábamos en jardín y no entendíamos qué significaba un beso. También es mi primer recuerdo de ver a una chica desnuda. Y no solo de cuando nos bañaban juntos en la bañera.

    Al ser los dos de la misma edad y pasar tanto tiempo juntos experimentamos muchas cosas. Solíamos jugar a interpretar partes de películas y también fuimos conociendo nuestros cuerpos juntos cuando éramos muy chicos.

    Todavía no entendíamos la diferencia real entre un varón y una mujer a esa edad, pero fuimos mostrándonos desnudos y permitiendo a uno tocar el cuerpo del otro. Típica cosa de chicos que no entienden y que están empezando a ver las diferencias entre sus cuerpos, algo inocente que según me había explicado una vez una ex, es súper común que pasé entre primas y primos o entre hermanos y hermanas.

    Recuerdo que incluso en nuestra adolescencia, cuando recién descubría la masturbación, el porno y eventualmente los relatos eróticos, Sofí era una de mis fantasías más frecuentes.

    En esa época Vale no era más que una nenita que jugaba con muñecas, pero Sofi y yo estábamos en pleno colegio secundario, saliendo a bailar por primera vez y teniendo nuestras primeras incursiones íntimas con el sexo opuesto.

    Mientras caminábamos por el pasillo, iba rememorando esas situaciones. Se me vino a la cabeza un verano, en el cual nuestras familias fueron juntas a la playa por una semana. Solíamos alquilar un departamento 4 ambientes. Dos de las habitaciones, se las dividían entre nuestros padres y en la tercera dormíamos nosotros 3 juntos, cada uno en su cama individual. Yo tenía las hormonas descontroladas y entre los videos porno y los relatos que había leído, una noche cuando ya estábamos todos en nuestras respectivas camas, empecé a fantasear con que Sofía se iba a levantar de su cama, caminar lentamente hacía la mía y se iba a meter bajo las sábanas sin decir nada. Me imaginé a mi prima besándome y acariciándome la cara, el pecho, el estómago hasta llegar a mi entrepierna. Todo intentando hacer el menor ruido posible al no estar solos en la habitación.

    Cabe destacar que en esa época todavía no había estado con una chica, por lo que el solo hecho de imaginarme esa situación, alcanzaba para provocar que mi cuerpo reaccione.

    Era de noche, las luces estaban apagadas, apenas entraba un leve reflejo por la cortina de la ventana, así que era casi imposible ver lo que pasaba a un metro de distancia. Casi sin darme cuenta empecé a acariciarme suavemente sobre el slip. Fue instinto puro, pero el corazón me latía a mil por hora y la sensación de sentir que en cualquier momento mi prima se podía levantar y hacer realidad mi fantasía me estaba volviendo loco. Para mi desahogo y desgracia a la vez, no tardé mucho en venirme. Llegué a apretarme de tal forma que todo había quedado dentro de la ropa interior, pero había hecho un enchastre.

    Siempre recuerdo ese momento porque podría jurar que cuando yo me vine, vi un reflejo en la cara de Sofía que solo podía indicar que tenía los ojos abiertos. Entre el pánico y el no saber qué hacer, decidí quedarme quieto hasta quedarme dormido. Uno de los momentos más patéticos de mi vida, pero hoy por hoy lo recordaba y me causaba mucha gracia. Siempre me quedó la duda, nunca pude confirmar si me había imaginado que Sofía estaba despierta o ella se había dado cuenta de lo que yo había hecho.

    Hoy por hoy, mi prima no me despertaba ningún tipo de morbo o deseo. A medida que fuimos creciendo nuestras formas de pensar y ver el mundo nos fueron separando cada vez más. Ella era una chica que se preocupaba demasiado por el “qué dirán”. Siempre hacía lo que las amigas hacían, compraba lo que las amigas compraban y nunca parecía tener un pensamiento propio sobre temas serios. Su atención estaba perdida en su celular incluso cuando estaba rodeada de gente y su actitud en los últimos años era la de una persona “seria” o aburrida. Ese tipo de forma de ser siempre me generó rechazo en el sexo femenino. Quizás era por eso que Valeria me llamaba tanto la atención ahora. Porque era lo opuesto de la hermana. Siempre interesándose por tener una conversación sobre temas nuevos, siempre sonriendo y súper activa. Todo lo que Sofía solía ser unos 10 años atrás.

    Una vez que llegamos al patio me encontré con que era el último en llegar. Ya estaban todos entre la mesa y la parrilla, cada uno con un trago en la mano. Me pareció raro, porque eran las 9 en punto y por lo general yo era de los primeros en llegar, si hay algo que me molestaba mucho era la impuntualidad.

    -Qué te paso que llegas tan tarde? Podías avisar! –me dijo mi viejo cuando me saludó al acercarme a él y a mi tío en la parrilla.

    -Tarde? Son las 9 en punto! –le respondí extrañado.

    -Si, pero habíamos quedado que nos juntábamos todos acá a las 8. Ya estamos sirviendo la carne!

    No entendía nada. Me habían avisado que esté a las 9. Valeria me había avisado.

    Miré a mi prima que estaba sentada en la otra punta de la mesa. Me tenía la mirada clavada de forma tal, que parecía quererme hacer desaparecer o explotar en el lugar. Enseguida la desvió y siguió prestándole atención a la charla que estaban teniendo mis primos.

    Me había mandado un mensaje el miércoles que decía claramente que tenía que estar a las 9 ahí. Por las dudas lo revisé:

    “SÁBADO 21 HS EN PUNTO EN LO DE MIS VIEJOS. BESO.”

    Era bastante claro el mensaje, no invitaba a mucha conversación así que solo le había respondido con un “OK. BESO”.

    Empecé a mirar los mensajes anteriores que tenía de ella. Solo tenía la seguidilla de mensajes que me había mandado después del bar. Nunca le había contestado esos mensajes! Honestamente me había colgado, ni siquiera me avive cuando me llegó el último mensaje con el horario para la reunión. Era por eso que estaba así? Se equivocó y me mando por error a las 21 en vez de a las 20? Era raro, el resto de mi familia estaba ahí, así que claramente era el único que pensó que la reunión era a las 9. Preferí no darle más importancia por el momento.

    Seguí con mi ronda de saludos. Mis tías estaban en la mesa bien cerquita de la parrilla, así podían estar atentas a cualquier comentario que mi viejo o mi tío quisieran hacer de ellas a sus espaldas. Todos mis primos estaban en la otra punta y los fui saludando uno por uno. Finalmente llegué a Valeria.

    -Feliz Cumple primita! –Le dije mientras le daba un abrazo, el cual apenas correspondió. Solo sentí que sus brazos rozaron ligeramente con los costados de mi camisa.

    -Gracias. –la mueca en la cara no podía siquiera clasificarse como una sonrisa.

    Lo dejé ahí, claramente las cosas no estaban bien.

    Como había llegado tarde, apenas me senté sirvieron la comida y toda la cena pasó como de costumbre. Conversaciones mundanas, sin nada muy relevante para mencionar.

    Cada cierta cantidad de tiempo miraba a Valeria que estaba sentada enfrente de mí. Ni una sola vez me miró a la cara, era como si intentara evitarlo a toda costa.

    Después de cenar, mientras mis padres y mis tíos tomaban un café y se relajaban cerca de la parrilla, totalmente perdidos en su propia conversación, mi primo Pablo sugirió que juguemos a algo.

    -Dale! trajiste el juego? –me preguntó Sofía.

    -No, me re olvidé la verdad, salí apurado y lo dejé en casa. –sinceramente me había olvidado por completo. Tenía la cabeza en cualquier lado hacía dos días, ni de casualidad se me había pasado por la cabeza que tenía que llevar el juego.

    -Te dije que lo traigas! –acotó con un tono un poco elevado Valeria. Primeras palabras que decía en un buen rato y primera vez que se dirigía a mi desde que llegué y la saludé.

    -Si, perdón. La verdad me re olvidé. Pasé por lo de un amigo antes de venir acá y ya no llegaba a volver hasta casa para buscarlo.

    -Amigo o amiga? –dijo Valeria casi cortando el aire con esa pregunta que pareció fuera de lugar.

    -Amigo. Por?

    Ni siquiera me contestó, solo bajó la mirada al celular e hizo de cuenta que nada había pasado. Lo cual hizo toda la situación mucho más incómoda para todos.

    -Tampoco es para tanto prima! Trae unas cartas y juguemos al póker o algo así que hace rato no jugamos –dijo David intentando bajar la tensión que se sentía en el ambiente.

    -Dale, yo voy! –dijo Sofía.

    Entró en la casa y volvió con el set de póker que solíamos usar de vez en cuando. Era de mi tío, pero él casi no lo usaba. Una de esas compras impulsivas que siempre le criticaban.

    Dividimos las fichas, pusimos 20 pesos cada uno para hacer el pozo con el que íbamos a apostar y empezamos a jugar.

    Cerveza va, cerveza viene, nos la pasamos bastante bien, riéndonos y conversando de temas sin importancia. Todos excepto Valeria. Ella parecía apagada, enojada. Jugaba pero no prestaba mucha atención.

    El par de veces que quedamos mano a mano casi no me dirigió la palabra, era como jugar contra un robot. Cero sentimientos.

    Era el único con el que hacía esto, porque al resto le contestaba bien, sonreía y seguía el juego. No era la misma de siempre llena de alegría, pero al menos a ellos no les clavaba puñales disparados de sus ojos.

    De golpe, después de una mano en la cual gané un cara a cara contra ella, levantó la vista, me miró a los ojos y se paró.

    -Tengo que cargar mi celular, se me está por quedar sin batería –dijo mientras se levantaba y se metía dentro de la casa.

    Todos nos miramos un poco sorprendidos y sin entender bien qué le pasaba. Yo sobre todo, ya no aguantaba más ese trato de su parte.

    -Paso al baño, no te tomes mi cerveza! –le dije a mi primo mientras me levantaba y encaraba hacia la casa.

    Cuando entré vi a mi prima al final del pasillo, estaba en el living que se encontraba a penas entrabas a la casa desde la calle. Ya estaba un poco cansado de toda esta situación, necesitaba hablar con ella y que me dijera que le pasaba, así que caminé por el pasillo hasta llegar a ese ambiente.

    Valeria estaba apoyada sobre el respaldo de uno de los sillones. Al verme entrar levantó la cabeza de su celular y se incorporó. Me corrió la vista y caminó hasta uno de los sillones que se encontraba a mi izquierda, más lejos del pasillo y más lejos de mí.

    -Me podés decir que te pasa? –le dije en un tono un poco fuerte

    -Nada! Qué me va a pasar? –Me dijo mirándome a los ojos desafiante

    -Vale, no me digas que no te pasa nada, desde que llegué que estás rara conmigo. Y que yo sepa no te hice nada como para que me trates de esa forma.

    No hubo respuesta.

    -Vale, por favor, si te dije o hice algo que te molesto decímelo.

    -Vos sabes lo que hiciste –me dijo, volviendo a correr la mirada y enfocándose perdida en su celular. No lo estaba realmente mirando, parecía que solo buscaba un punto fijo donde enfocar sus ojos.

    -No, no sé. Decime.

    -Me vas a decir la verdad? –me preguntó

    -Si! Pero decime que te pasa!

    -Estuviste con Laura? –me preguntó mientras levantaba la cabeza y me miraba, ya no con cara de enojada, si no como si estuviera a punto de llorar.

    Me quedé un poco sorprendido por la pregunta y por verla en esas condiciones. No fue intencional, simplemente me quedé colgado mirándola sin decirle nada.

    -Y? Me vas a contestar? –volvió a preguntar

    -Si, estuvimos tomando unas cervezas después de que ustedes se fueron y después nos fuimos juntos del bar. Nada más.

    -Nada más? No terminaron juntos en la casa de ella o en la tuya? –preguntó con un tono ya un poco más irónico y molesto.

    -No entiendo que tiene que ver eso con vos.

    -Contestame.

    -Si Vale, fuimos para mi casa. Cuál es el problema?

    De nuevo bajó la vista y no me contestó. Era raro verla así, tan apagada, sin decir ni hacer nada.

    Me acerqué a ella y puse mi mano en su mentón para levantarle la cara. Tenía los ojos llorosos y los cachetes un poco colorados. Su boca era hermosa, tan sugerente como siempre o quizás más.

    No sé qué se me pasó por la cabeza, pero estando tan cerca de ella, me incliné un poco más y acerqué mi cara a la suya, sin dejar de mirarla a los ojos.

    Mis labios se posaron suavemente sobre los suyos. No fue un beso con pasión, pero tampoco fue un roce y si bien fue solo una cuestión de dos segundos, fue de los momentos más intensos de mi vida.

    Cuando separé mi cara de la suya, Valeria me miraba fijo a los ojos totalmente confundida, o asustada, no lo podía distinguir en ese momento.

    Mi corazón empezó a latir fuerte, de golpe lo sentía en mi garganta. Qué había hecho?!

    Mi prima bajó la cabeza y se incorporó para inmediatamente caminar hacia el pasillo y salir de la habitación.

    -Sos un idiota! –pensé –Es tu prima imbécil! Tu prima más chica que vos!

    Mi cabeza me daba vueltas. En cualquier momento iban a aparecer por el marco de la puerta, saliendo del pasillo mi tío y mi viejo hechos una furia, acusándome de pervertido e intentando sacarme a patadas de la casa. Valeria iba a entrar llorando a la habitación, en los brazos de mi tía que me miraba con odio desde la entrada del living. Acababa de arruinar mi vida y provocar caos dentro mi familia.

    Estuve fácil 5 minutos apoyado contra el respaldo del sillón esperando que esa situación se concretara, pero eso nunca pasó.

    -Eu! Estás bien? –Me sacó de mi trance la voz de Sofía desde la entrada del living

    -Qué? Si. Por?

    -No volviste y me mandaron a buscarte a ver si te había pasado algo. Te toca a vos! Dale!

    No entendía nada. Si Valeria les contó lo que había pasado, Sofía no estaría en ese momento yéndome a buscar con esa actitud. Me hubiera agarrado de los pelos y molido a golpes. Claramente Vale no había dicho nada.

    Con miedo y lleno de dudas caminé por el pasillo atrás de mi prima, esta vez sin prestarle atención a su cola o rememorar viejas épocas. Mi corazón todavía latía en mi garganta y solo pensaba en qué escenario me iba a encontrar cuando saliera al patio.

    -Ya me tomé tu cerveza, si no se iba a calentar! –Me dijo mi primo riéndose.

    -Dale, te toca a vos! –insistió Sofía mientras se volvía a sentar al lado de su hermana.

    Vale estaba ahí, en el patio con todos, sentada con la mirada sobre la mesa. Me la quedé mirando unos segundos, todavía nervioso sin saber cómo actuar. Me senté en el mismo lugar que había estado antes, enfrente de Vale. Agarré las cartas y las miré sin prestar atención alguna a qué era cada una. Sencillamente no podía pensar. Mi cerebro estaba desconectado.

    Levanté la mirada de mis cartas y miré a mi primita. No parecía enojada, no parecía triste, solo parecía ida, igual que yo, con su mirada perdida en la mesa.

    Despacio, mientras aún la miraba, levantó la vista y sus ojos se encontraron con los míos. Debe haber durado 5 segundos, pero pareció una eternidad. Era como si nos estuviésemos hablando a través de los ojos. Ambos intentando incorporar lo que acabábamos de vivir y yo pensando en si me quedaba mucho tiempo de vida después de haber hecho lo que hice.

    De repente la cara de Valeria cambió. Poco a poco su boca empezó a dibujar una leve y tímida sonrisa. Me volvió el alma al cuerpo. Le correspondí la sonrisa lenta y disimuladamente, antes de volver a enfocarme en las cartas.

    Una mirada y una sonrisa, eso fue todo lo que necesité para saber que iba a estar todo bien. Estaba seguro. Lo que venía por delante iba a ser único, sin igual. Todavía podía sentir el sabor de los labios de mi prima en mi boca y eso solo hizo que quisiera volver a besarla una vez más. Sabía que no iba a pasar ese día, en ese lugar, pero también sabía que iba a pasar. Sabía que todo acababa de cambiar.

  • Entre la niebla del incienso

    Entre la niebla del incienso

    El aroma a almendras inunda la habitación, la espesa niebla del incienso apenas visible a la luz de las velas. Entre las sombras negras como cuervos distingo tu silueta a los pies de la cama y el tenue reflejo de la seda de tu sensual kimono.

    Surges de la oscuridad, el flechazo de tu mirada se clava directo en mi corazón acelerándolo en lugar de detenerlo. Te arrodillas sobre el colchón y desatas tu cinturón dejándolo caer a un lado, la seda se desliza por tu cuerpo descubriendo tu piel.

    Gateas y te estiras sobre mi para sumergimos al placer.

  • Soy la puta de mi ahijado (VII)

    Soy la puta de mi ahijado (VII)

    Cuando volvió mi marido, a las 2,30 de la madrugada, yo estaba dormida. Tenía todo mi cuerpo dolorido y estaba agotada, ni me enteré de cuando llego, me dijo él la hora al día siguiente, cuando a las 18,00 de la tarde volvió de trabajar. Por la mañana cuando se fue yo seguía dormida, estaba agotada y estuve durmiendo hasta las 10 de la mañana en que Raúl llamó a la puerta, me puse la bata de estar en casa encima de mi camisón y fui abrirle. Tras abrirle nos dirigimos al salón y se sentó en uno de los sillones, yo entonces le dije:

    “Raúl, espérame aquí o ven si quieres conmigo al baño, voy a lavarme la cara y asearme un poco, pues me has cogido en la cama cuando has llamado al timbre y no me has dado tiempo siquiera de lavarme”.

    Él opta por venir tras de mí al baño y al mirarme en el espejo, descubro la marca de toda una dentadura en mi cuello. Era la marca que Nacho me había quedado al morderme en mi cuello, ayer cuando follábamos y yo fuera de mi le pedí que me mordiera. Yo preocupada le dije a mi ahijado:

    “Raúl, mira la marca que me ha dejado Nacho en el cuello, es muy visible y no sé si mi marido me la habrá visto espero que no. Pero como podemos hacer para que no se dé cuenta si está en un lugar tan visible. Y si la ve que explicación le doy que sea convincente”.

    Entonces, mi ahijado haciéndome volver la cara hacía él y dándome un beso en la boca, me dice:

    “No te preocupes querida, a partir de ahora va a ser corriente que te queden marcas, aunque esta que te ha hecho Nacho es bastante pronunciada. Trata de darte un poco de maquillaje en ella y veremos si se tapa y no se nota, si no ya veremos qué podemos hacer para que tú marido no sospeche nada”

    Yo me acerco a la cómoda y cojo mi cajita de maquillaje y con cuidado (pues me duele) comienzo a extenderme un poco de maquillaje sobre la marca y gracias a Dios se va tapando poco a poco, cuando ya me he aplicado varias capas, prácticamente no se nota y menos sin saber (como esperaba que fuera el caso de mi marido) siquiera que tengo la marca. Cuando acabo, le digo a Raúl

    “¿Qué te parece? ¿Se nota….?”

    Contestándome él:

    “No prácticamente no se nota nada. Pero ya que tienes esa marca en el cuello, quítate la bata y quédate desnuda del todo, pues probablemente te hayamos dejado más marcas, aunque no sean tan pronunciadas como la del cuello. Pues con las folladas que te metimos yo y mis amigos y los azotes y golpes que te dimos y sobeteos por todo tu cuerpo, tetas, culos, etc., seguro que al menos alguna señal o moratón te ha salido”

    Yo haciéndole caso me desnudé por completo y comencé a mirar mi cuerpo, a la vez que Raúl, hacía lo mismo. Y en efecto tenía más señales en varias partes de mi cuerpo, en mis muslos en la parte de mis glúteos tenía dos pequeños moratones, como consecuencia de los golpes y palmadas que mis jóvenes amantes me dieron a la vez que me follaban. Pero donde más tenia era en mis pechos, tenía en ambos dos o tres chupones grandes que se habían convertido en moratones y después tenía otros cuatro o cinco más pequeños como consecuencia de los pellizcos que me habían dado en ellos. Yo al verme lo marcada que estaba me preocupe, pues no podía aparecer así desnuda delante de mi marido o sería declarar mi culpa solo estar delante de él. Entonces mi ahijado me tranquilizó diciendo:

    “Mira madrina, vamos a ir a la farmacia por separado mientras tú te duchas y te preparas voy yo y compro un tubo de Trombocil y cuando tú acabes a eso de la hora o así vas tú a por otro, de esta forma no sospechará la farmacéutica nada y más sin saber siquiera que somos medio parientes. Te darás por todas las zonas que tienes las señales con esa pomada y verás como poco a poco te van desapareciendo los moratones y en dos o tres días ya verás cómo no tienes ninguno. Como sé que tendrás que hacer el amor con tu marido para cargarle el hijo que yo te he engendrado, vas a procurar no quedarte desnuda en unos días delante de él y a ver si tienes suerte y puedes hacerlo con él desnuda. No obstante antes de irte a la cama, te pasas por el baño y en los moratones más grande haces lo mismo que has hecho con el mordisco del cuello, te aplicas varias capas de maquillaje, hasta que no se aprecie lo morado de los moratones. Tú verás como con el maquillaje y lo caliente que va a estar tu marido follándote no se da cuenta y dentro de dos o tres días que ya no los tengas si quieres lo haces con la luz encendida para que él te vea y no sospeche de que lo hagáis tantos días a oscura.”

    Yo me quedé duchándome y él marcho a la farmacia, al volver me cogió entre sus brazos y besándome dándome un buen morreo me dijo:

    “Te veo preocupada Maribel, no te preocupes, verá como todo va a salir bien y tú marido si tú tienes un poco de astucia no sospecha nada. Venga ven vamos a la cama que al verte desnuda hace un momento me han entrado ganas de follarte y además nuestro trato es que tengo que hacértelo todos los días y no quiero ser yo el que no cumpla el trato, ja, ja, ja…”

    Acabó diciendo, echando una carcajada para que yo me calmara. Estuvimos amándonos cerca de hora y media y en este transcurso él se corrió dentro de mí al menos dos veces y yo conseguí varios orgasmos, que no llegue a contar, pero que puedo asegurar que no bajaron de cinco. Al terminar me dio él mismo la pomada de Trombocil en mis moratones y después me dijo:

    “Vístete con algo rápido y ve a la farmacia a por el otro tubo de Trombocil. Mientras tú vas a por él yo voy a mirar en tu armario para ver que ropa tienes y te elijo la que quiero que te pongas hoy para salir a dar una vuelta y a comer conmigo”.

    Le hice caso me vestí con una falda y una blusa normal, que suelo usar para salir por el barrio cuando tengo que hacer alguna cosa rápida y me coloqué una chaquetita de punto encima, y me fui a la farmacia. Al volver, Raúl me estaba esperando en mi cuarto sentado en una butaca mecedora que tenemos en él y donde a mí me gusta de vez en cuando sentarme y columpiarme. Al entrar me saludo y me dijo:

    “¿Qué tal ha ido todo?, mira te he escogido esta ropa de tú armario, para que te la pongas para salir ahora conmigo. Pero me ha sido difícil encontrar esta y aún no es la que deseaba que llevaras hoy. Pero bueno póntela y tendremos que aprovechar e ir de compras para ir haciéndote un nuevo armario adecuado para la nueva Maribel que vas a empezar a ser a partir de ayer”.

    Yo le contesto:

    “Bien, sin problemas, pero hace hoy calor, fíjate me he puesto esta chaquetita de punto encima y vengo sudando, han subido bastante de ayer a hoy las temperaturas”.

    La ropa que me había preparado era ropa que hacía al menos tres o cuatro años que no me ponía pues al ir haciéndome mayor, me parecían las faldas demasiado cortas y la otra ropa atrevida para mi edad, aparte de que me quedaría estrecha. Lo que había elegido para ese día era una falda negra, un cinturón negro ancho y una camisa abierta blanca de un tejido fino semitransparente pero sin llegar a serlo y de ropa interior me había puesto unas bragas mías de tiro alto pero de puntillas caladas y un sujetador haciendo juego (pero al cogerlos del cajón del armario donde estaba toda la ropa que ya no uso (es decir la que él había elegido), seguramente fuera entre dos o tres tallas todo más pequeño que la ropa interior que actualmente uso. Yo entonces le dije:

    “Raúl, esta ropa me va a estar pequeña y muy ceñida si me entra, pues es la que tengo desechada desde hace al menos cuatro o cinco años. No la he tirado porque me da pena, pero cualquier día me ato la manta a la cabeza hago limpieza y tiro todo”

    Él me contesta:

    “Madrina, prueba, a ponértela, verá como no te queda tan pequeña como tú piensas. Anda hazlo por mí, que tengo el capricho de verte y pasear contigo con esta ropa. Así recuerdo como la lucias hace años atrás cuando me gustaba mirarte y verte sin poder decirte lo que te deseaba cuando te veía con ella puesta.”

    Yo entonces me quito la ropa que tengo puesta y una vez desnuda comienzo a colocarme la ropa interior que me ha elegido. Comienzo a ponerme las bragas y me entran muy justas (como yo pensaba me están pequeñas) y por tanto aunque son de tiro alto me quedan bastante más bajas que las que uso ahora, no llegan a ser mini braguitas pero son bastantes más cortas que si fueran mi talla. También me marcan toda la raja de mi chocha y los pelos de mi pubis me salen tanto por arriba del elástico de las mismas como por los lados. Cojo el sujetador, me lo pongo y me lo tengo que abrochar en la última fila de enganches y con mucha dificultad. Las copas también se han quedado pequeña pues en estos últimos años mis pechos han aumentado de tamaño, lo que hace que la mitad de mis pechos queden fuera del sujetador tanto por arriba, como por abajo y lados de sus copas, haciendo que prácticamente se me vean todos hasta donde comienzan las aureolas. Me miro al espejo y le digo:

    “Raúl esto me está muy pequeño, mira las bragas me quedan cortísimas y me marcan toda la raja de mi coño y el sujetador apenas puede tapar mis pechos. Yo creo que es mejor que me ponga un conjunto de los que uso ahora, aunque sea el más transparente y sexi que encuentre, pero con esto que me he puesto voy prácticamente enseñando todo”.

    Él me contesta:

    “Maribel, no seas estrecha, yo no veo que te quede tan mal, te tapa tu culo y sexo y los pechos también te los sujetas y tapa ¿no es para eso para lo que están hechas ambas prendas? Entonces para que te las vas a quitar, además a mi me excitas mucho el verte con ellas puestas, mi amor”

    Yo no quiero llevarle la contraria y le digo:

    “Bueno lo haré por ti, de todas formas es la ropa interior y como va debajo de la otra no se va a ver”.

    Luego me pongo unas medias negras de nailon de esas que llamamos de cristal acabadas en mis muslos en una blonda negra bordada, que suelo guardar para las ocasiones en que quiero calentar a mi marido. Me llegan un poco más arriba de medio muslo, prácticamente a unos 5 centímetros de mis ingles.

    Continuo vistiéndome, ahora cojo la camisa abierta y me la pongo, esta prenda aunque me queda estrecha no es tanto como la ropa interior. Recuerdo que cuando me la ponía me quedaba un poco holgada y sin embargo ahora me queda muy justa. A la altura de mis pechos no consigo mantener los botones abrochados, solo consigo abrocharla a partir del cuarto botón, con lo que se me ve perfectamente mis pechos apretados por el sujetador , como si estuvieran a punto de reventar, y el canalillo completo que forman. Sigo y me empiezo a poner la falda, la cual es de esas abiertas que se llevaban hace años que cerraban aun lado de mis muslos con un broche o alfiler. Me la abrocho a la cintura, con mucha dificultad y me aprieta bastante, tengo miedo que se pueda romper el botón y saltar. Al estarme estrecha me marca todos mis muslos y culo y en este las bragas. De larga me queda como a unos 25 centímetros de mis rodillas (la verdad que recuerdo que era un poco corta y por eso me la fui dejando de ponér). Luego me calzo unos zapatos negros de medio tacón y al acabar me miro al espejo y me veo reflejado en él. Me veo muy provocativa y sin enseñar nada me da la sensación que voy enseñando todo. No puedo salir así a la calle, pues es como si fuera pidiendo guerra y seguro que las personas que me vean van a tacharme de puta. Entonces le digo:

    “¿No pretenderás que salga así a la calle, con esta pinta de puta? Y más aquí en el barrio donde me conocen y respetan todos los vecinos?”

    Él acercándose a mi me agarra con las dos manos mi cara y acercando su boca a la mía me besa con pasión, introduciéndome su lengua hasta mi campanilla y con sus manos comienza a tocar mis pechos por encima de la ropa, haciendo hincapié en la zona de mis pezones, lo que hace que me comience a calentar. Tras unos minutos besándonos y sobándome, acaba de darme el beso, pero no así de tocar mis pezones y me dice:

    “Estas preciosa, quién dice que parezcas o tengas pinta de puta, a mi me pareces todo lo contrario con ese aire juvenil que te da esa ropa. Quizás por eso al ser ropa más juvenil que la que utilizas normalmente te veas rara o un poco atrevida. Pero mi amor no es así sino todo lo contrario estas guapísima. La verdad puedes hacer lo que quieras si te la quieres quitar quítatela, pero a mí me gustaría que me acompañaras hoy donde vayamos así vestida, me encantas como estas. Pero bueno si a ti no te parece bien, puedes… haz lo que tú creas conveniente, aunque te vuelvo a repetir que no pareces lo que tú dices parecer y que estas guapísima.”

    Yo por un lado me veo como he dicho, con una pinta de puta o fulana que no puedo. Pero con lo caliente que me ha puesto mi ahijado y con lo que él está diciendo, que es imaginación mía, que es porque me he puesto una ropa más juvenil, no sé qué hacer y así estando en esa duda, él me vuelve a decir:

    “Venga no seas tonta, deja de pensar como una vieja y mírate como lo que en realidad vas a ser a partir de ahora una mujer con el espíritu joven. Mi consejo es que no te lo quites, pues estás divina, es decir preciosa”.

    Yo, vanidosa de mí, me dejo embaucar por lo que me dice mi joven amante y decido salir a la calle como estoy, diciéndome a mi misma para auto convencerme, que mi ahijado tiene razón, que lo que a mí me parece atrevido es el aire juvenil que esta ropa me proporciona. Me voy a poner algo de abrigo encima de la ropa, más bien para taparme algo , pues aun con lo que me ha dicho siento aún un poco de vergüenza, y él me dice:

    “Que haces madrina, para que te vas a poner eso, si acabas de venir de la calle y dices que del calor has venido sudando y solo llevabas encima la chaquetita esa fina de punto. Fíjate si sales con ese abrigo, anda sal sin nada encima, yo tampoco me voy a llevar el abrigo, lo dejo aquí, voy a ir a cuerpo pues es verdad que hace calor”.

    Entre unas cosas y otras, cuando quisimos salir de casa era cerca de la una de la tarde, entonces me dijo, vamos a ir a comer a un lugar que igual conoces, me dijo el nombre y yo le contesté:

    “Pero eso está cerca de la oficina de mi marido, ¿no va a ser peligroso si nos ve él u otras personas que me conozcan, así vestida y con un chico joven”

    Él me contesta:

    “No veo el problema, Maribel, si el padrino nos ve no se sorprenderá de verte con tu ahijado y si alguien que no sea el padrino nos ve y después te pregunta que quien era el joven con el que estabas, con decirle la verdad que estabas conmigo no creo que pase nada. Y de cómo vas vestida no creo que aunque sea él el que te vea, como si es alguien que se conozca diga nada, pues la verdad es que estas guapísima y pareces aún más joven”

    Salimos de casa y cuando íbamos a coger el coche me dijo:

    “Hace un día espléndido, mejor vamos andando, tampoco esta tan lejos y así damos un paseo y mientras llegamos es la hora de la comida y entramos directo a comer. Por cierto mientras has ido a la farmacia he reservado una mesa y le he dicho que iba contigo y como el padrino es cliente les he pedido que nos den una buena mesa y que este bien situada en el comedor”.

    Yo no sé porque, me parece bien lo que dice, sin llegar a pensar que para ello tendría que pasar andando y como iba vestida por todo el barrio. Salimos y comenzamos andar camino del restaurante y me daba la sensación que mis vecinos nos miraban y sobre todo a mí. Comencé a sentir un poco de vergüenza. Me cruce con la mujer de Juan, mis vecinos, ella me miro extrañada pero me sonrió y yo la devolví la sonrisa. Como era de esperar Ezequiel el vecino mayor de la esquina (ya viudo) estaba en la entrada de su casa y no pudo quitar sus ojos de mi cuerpo durante todo el tiempo que pudo estar viéndome, pero esa vez no era capaz de articular palabras para piropearme, se quedaba atascado pareciendo al hablarme un tartamudo. Cuando dejamos el barrio, Raúl me dijo:

    “¿Te has dado cuenta lo guapa y juvenil que vas que todos tus vecinos han quedado sorprendidos al verte?”

    Yo le contesto:

    “Si se han quedado sorprendido al verme, pero yo pienso que es de lo escotada y provocativa que voy no de lo que tú dices. Pues la verdad Raúl es que después de ver como se me han quedado mirando la gente de mi barrio, estoy preocupada, porque pienso que me han tomado por una descarada y que he estropeado el concepto de mujer decente que tengo en el barrio. Espero que solo sean imaginaciones mías.”

    Así seguimos andando como veinte minutos más hasta que llegamos a la puerta del restaurante, eran la 1,40 h de la tarde y por consiguiente aún temprano para que hubiera muchos clientes. Entramos y solo había dos mesas ocupadas una en un rincón y la otra próxima a la puerta. Nos saludó el camarero, pues a mí me conocía de haber estado en más de alguna ocasión con mi marido allí. Le noté sorprendido al verme así vestida, pues siempre había ido con ropa elegante y vamos a llamarla decente, en vez de ropa tan corta y “juvenil” como decía que iba mi ahijado. Raúl le dijo que teníamos reservada una mesa a su nombre y nos puso prácticamente en el medio del comedor. Nos sentamos y tras pedir y servirnos comenzamos a comer. Todo transcurría normalmente cuando a eso de las 2,00 de la tarde entraron un grupo de 4 hombres, dos de ellos de la edad de mi marido otro de unos treinta y pocos años y el cuarto era un jovencito que no aparentaba tener más de 20 o 22 años, eran los compañeros de oficina de mi marido. Uno de ellos se acercó a nuestra mesa al vernos y me saludó dándome un beso en la mejilla y pude ver que al hacerlo no apartó sus ojos del canalillo de mis pechos y de mi escote, y después me dijo:

    “¿Qué sorpresa Maribel, no esperaba verte aquí? ¿Qué estas esperando a Pepe? Es que le hemos dicho que nos veníamos a comer y no nos ha dicho nada de que tú le estuvieras esperando. Es más nos ha dicho que él hoy no bajaría aquí, pues había quedado con un cliente un poco más tarde en Casa L… (Dijo el nombre de otro restaurante de la zona)”

    Entonces yo un poco cortada le digo:

    “Hola Fernando, no espero a Pepe, él no sabe nada de que estamos aquí, pues ha sido un imprevisto. Estábamos por la zona mi ahijado y yo, se nos ha hecho tarde para ir a comer a casa y hemos entrado aquí hacerlo. Mira este es Raúl, el ahijado nuestro de Pepe y mío”.

    Raúl se levanta dándole la mano y se sienta, entonces Fernando al despedirse de nosotros me dice:

    “Estas muy guapa, Maribel, bueno como siempre, pero hoy se te ve más juvenil y diría yo que incluso más guapa y joven. Qué suerte tiene Pepe con tenerte a ti de mujer.”

    Yo entonces sonriéndole, contesto:

    “Gracias Fernando, tú tan adulador como siempre, da recuerdo a Mercedes de mi parte y a ver si nos juntamos los cuatro pronto”

    Él se va a la mesa donde le esperan los otros tres compañeros de mi marido, los cuales no han perdido ojo de mi en todo el tiempo y observo que Fernando al sentarse, justo enfrente de mí, tampoco aparta los ojos de mi. Entonces me miro y observo que la faldita se me ha subido bastante y estoy enseñando todos mis muslos, la blonda donde acaba la media e incluso el comienzo de mis bragas. Yo me pongo colorada, me levanto un poco y trato de bajarme la falda todo lo que puedo. Pero al hacerlo no me doy cuenta de que a Fernando le estoy ofreciendo una visión completa de mi entrepierna en la que puede observar mis bragas ajustadas y notándoseme perfectamente la raja de mi coño y mis pelos que se escapan y salen alrededor de donde acaban mis bragas. Trato de taparme pero al no poder, me pongo la servilleta sobre mis piernas para impedir que él siga viendo tan excitante visión para él. Seguimos comiendo y entonces Raúl me pregunta:

    “Maribel, este Fernando es el compañero de tu marido y su mujer se llama Mercedes?

    Yo le contesto:

    ¿Si, por que lo dices?

    Me contesta:

    “Porque su mujer trabaja en mi negocio, igual que lo hace mi madre y tú comenzaste ayer. Ya te dije que te sorprenderías conocer algunas de las personas que trabajan con nosotros, por tanto no te preocupes, porque te haya visto lo que los dos sabemos que te ha visto, que seguro que cuando se lo cuente a su mujer le convencerá para que no diga nada ni se vaya de la lengua, de eso ya me ocupo yo”

    No lo podía creer Mercedes, tan recatada, tan tímida y que trabajara de prostituta en el nuevo negocio de Raúl, me sorprendió muchísimo y así se lo dije a Raúl, el cual me contestó:

    “Esta tarde, no porque tengo otros planes para nosotros, pues quiero que vayamos al cine solos, a ver una película. Pero otro día podrás verlo con tus propios ojos o por algún video que te he grabado de ella igual que tengo tuyos y de mi madre”.

    Comimos rápido, lo que nos quedaba y pedimos postre y café y después pagué y al marchar me despedí de Fernando. Al salir nos dirigimos a un cine, al que me llevo Raúl, que se encuentra cerca y que había visto las veces que había estado con mi marido por la zona, pero nunca había. Al estar en la puerta vi que lo que yo siempre creí que era un cine normal era un cine donde se proyectaban películas X o pornográficas, seguramente sería el único de este estilo que habría en la ciudad. Cuando él se iba acercar a la taquilla para sacar la entrada le dije:

    “Pero cariño, quieres entrar a ver una película de estas. Yo no he visto nunca ninguna, solo la que tú me hiciste y ya me pareció fuerte, contra más estas que sabe Dios lo que saldrá en ellas”.

    Entonces se me acercó y metiendo su mano bajo mi faldita y tocándome mis glúteos me dijo:

    “Por eso he querido traerte a que veas una película comercial de estas porno, para que sepas como son y para que si es posible aprendas algo, pues en tu nuevo trabajo de puta, vas a tener que hacer muchas de esas cosas y además seguro que tendrás que gravar más de una película de estas. Y también te he traído y con estas ropas porque el cine es un lugar ideal para meterte mano y yo quiero cumplir una de las fantasías que he tenido en sueño contigo que no es otra que esa (meterte mano en el cine) e incluso ya veremos hasta donde podemos llegar mi putita. Pues tengo la intención de pasarme toda la película haciéndolo”.

    Y al acabar de decir esto me dio un fuerte pellizco en mi culo. Se acercó de nuevo a la taquilla, compró dos entradas y nos metimos en la sala. Al entrar estuvimos parados un rato al comienzo del pasillo, hasta que se nos hicieron los ojos a la oscuridad y pudimos ver que no había mucha gente, dada la hora y ser un día de diario. Yo solo distinguí cuatro hombres y todos ellos muy separados unos de otros. Entonces Raúl me dijo:

    “Vamos a sentarnos en una de estas últimas filas, de esa forma vemos todo lo que pasa delante y no nos molestan ni nos ve nadie lo que nosotros hacemos”.

    Yo le dije:

    “Ya ha comenzado, no la vamos a poder ver entera”.

    Entonces él me contesta:

    “No te preocupes es sesión continua y ponen dos películas. Cuando acaba una ponen otra y luego vuelven a repetir la primera y así sucesivamente, de modo que si quieres y te apetece podemos ver las dos o irnos cuando queramos o te canses mi putita, que ya veo que estas interesada en ver como son estas películas”.

    En la pantalla aparecía una mujer de unos treinta o treinta y tantos años desnuda con unos pechos enormes y a la que la estaban follando dos hombres a la vez y un tercero la metía su polla en la boca. Uno de los que la estaba follando, el que la estaba dando por el culo, era un negro que de vez en cuando, al sacarla se le podía ver muy bien armado, con un instrumento gordo como de unos 7 u 8 centímetros y largo al menos de unos 25 a 28 centímetros. Al verla no me pude callar y le dije a Raúl:

    “Jo que gorda y larga que la tiene ese negro, no sé cómo puede cogerle eso tan enorme a la pobre chica en su culo”

    Entonces Raúl me dijo:

    “Si la tiene grande, aunque los otros dos tampoco parece que las tengan pequeña, fíjate el que se la mete en la boca y el del coño no se queda manco de tamaño. No te preocupes a medida que vayas entrando en este mundo te darás cuenta que dentro de una mujer puede entrar tamaños como esos y muchos más grandes. Hay medios para hacerlo, desde operaciones de ano, hasta dilatación haciendo llevar durante un tiempo dentro del orificio que se quiera dar de sí, diferentes tipos de consoladores o falos artificiales , llegando cambiando a tamaños mayores que el anterior que han tenido metido dentro hasta llegar a conseguir el diámetro de coño, culo o lo que sea que se desee”.

    El oír decir esto a mi ahijado y encontrarme en un cine porno con él, casi vacío, la película, mi ropa, todo influía para que en esos momentos, me sintiera muy excitada y caliente y me entraron unas ganas locas de que él comenzara a meterme mano. Por eso me alegré cuando no tardando mucho de esto Raúl se volvió sobre mí para besarme en la boca. Su mano se dirigió a la apertura de mi camisa dejada por los tres botones que no me abrochaban y comenzó a acariciarme los pechos y mis pezones, ya duros por la excitación, mientras nuestras lenguas se fundían en un beso apasionado. Le toqué el bulto que se formaba bajo su pantalón y pude comprobar que él también estaba muy excitado, le desabroché el pantalón y liberé su maravillosa polla. Él colocó su mano en mi nuca e hizo que yo dirigiera mi cabeza hacia su polla y metiéndomela en mi boca, se la chupé con ganas.

    Mientras se la chupaba él me dijo al oído:

    “Desnúdate, quítate la ropa, de esa forma podré tocarte mejor y será más cómodo para los dos”

    Yo entonces dejando de chupársela le digo:

    “Estás loco, aquí no, ¿y si nos ve alguien o viene el acomodador?

    Él me contesta:

    “No nos dirá nadie nada, es más todos los que están aquí, saben que muchas de las personas que vienen es para eso para follar a la vez que ven la película, y el primero que lo sabe es el acomodador, el cual si viene con darle una propina o dejando que participe no dirá nada y dejará que sigamos”.

    Yo no sé porque, si por lo caliente que estaba o porque, no pude negarme y le deje que me la quitara y la echara sobre la butaca que tenía a su lado. Solo le pedí:

    “Está bien quítamela, pero por favor déjame puesta la camisa aunque me la dejes abierta y me quites el sujetador, así el que entre al ver la camisa pensará que estoy vestida y no pensará, que a excepción de esa prenda y las bragas, el resto del cuerpo lo tengo desnudo”.

    Él a regañadientes me dice:

    “Está bien, puedes dejarte la camisa puesta, pues me parece un buen razonamiento el tuyo, pero las bragas también quítatelas e incluso los zapatos, si quieres puedes quedarte también con la medias puestas, así parecerás aún más sexi.”

    Le hice caso y tras quitarme los zapatos y quedarme como me había indicado, volví a agacharme para seguir chupándosela. Tan entusiasmada y tan excitada estaba en mi labor de chuparle la polla a mi querido amante, que no me di cuenta, que uno de los hombres que había visto que estaban en la sala sentados delante de nosotros, al oír el ruido de mi boca al chupar y los suspiros que emitía mi ahijado por el placer que le estaba proporcionando, se volvió para ver que era y entonces Raúl le hizo una señal para que se acercara donde estábamos nosotros.

    El hombre haciéndole caso se acercó colocándose al lado contrario de donde estaba mi ahijado, es decir detrás de mí. La verdad que yo estaba tan entusiasmada en mi labor de mamársela a mi amante que ni me enteré que había llegado. La visión que debía de tener delante de su cara, viendo mi culo desnudo mientras se la mamaba a Raúl debió de ser espectacular y seguro que hizo que se pusiera a cien de excitación. En esos momentos tenía delante de sí a una mujer madura, aún atractiva y con un cuerpo bien proporcionado para su edad mamándole la polla a un chaval joven y teniendo expuesto totalmente mi culo hacía la posición en que él estaba. Cuando con más interés yo estaba realizando la mamada a mi querido amante, me sorprendí al notar una mano, (que no era la de mi ahijado), áspera quizás por los trabajos que realizara con ella, tocándome y sobándome mi culo. Quise incorporarme para ver quién era y que ocurría, pero Raúl me sujetó la cabeza y le dijo al que me estaba tocando:

    “Fóllala el culo a esta puta, no ves que te lo está pidiendo a grito con ese culo que tiene”

    Entonces sentí como unas fuertes manos me agarraban de mis caderas y una cosa dura, que no era otra cosa que su enorme polla, empezaba a presionar sin siquiera prepararme, para introducirse dentro de mi culo. Quise protestar y decirle a Raúl que no le dejara:

    “Unnnm diiiggg que meeedegggjjjeee”.

    Contestándome él:

    “Que dices, no se te entiende nada. Cállate y comienza ya a ser lo que vas a ser desde ahora, una buena puta y déjate follar por este amigo desconocido sin protestar”.

    El muy bruto seguía empujando sin conseguir entrarla, hasta que dando un fuerte golpe de cadera empujando hacia delante, consiguió entrar casi toda su enorme polla dentro de mi culo. Provocándome con ello un inmenso dolor, pero me era imposible gritar al tener la polla de mi ahijado llenándome toda mi boca. Lo que si brotaron de mis ojos fue un reguero de lágrimas producidas por el fino e inmenso dolor que en esos momentos sentía en mi culito. Con el ruido que producíamos con nuestros gemidos, al oírlos los otros tres hombres que quedaban en la sala miraron hacía donde estábamos y viendo lo que pasaba se acercaron a nosotros. Al llegar y ver lo que pasaba, de la sorpresa se quedaron como hipnotizados, estaban presenciando una película como la que se estaba proyectando, pero en esta ocasión en vivo y en directo. Mi ahijado ya no aguantaba más y se comenzó a correr abundantemente en mi boca, llenándomela por completo con su semen, a la vez que le temblaban las piernas y me decía queriendo gritar pero sin poder:

    “Si, si así puta así madrina, sigue, sigue putaaaa como me gusta cómo me la chupas me corro, me corro, quiero que te la tragues toda tan golfa como eres que hasta lo haces en un cine publico aaahhh que diría el padrino si pudiera verte como estas en estos momentos pedazo de zorra… aaahhh”

    Cuando acabó y dejo de tener los temblores se levantó de su asiento y el muy sinvergüenza sin consultarme siquiera pregunto a uno de los tres hombres que nos miraban:

    “¿Quiere ocupar mi lugar, estoy seguro que ella te la querrá chupar con tanto entusiasmo como ha hecho conmigo, es una puta mamadora de campeonato y muy caliente y golfa, seguro que está deseando que digas que sí?”

    El hombre era un señor ya mayor de al menos unos sesenta años, de medía estatura, calvo y con un poco de barriga, no se lo pensó dos veces y se sentó en la butaca de donde se había levantado mi ahijado, pero antes de que lo hiciera, Raúl me dijo:

    “Maribel, estas bastante sofocada y ya no importa nada que te vean o no, pues las personas que hay en la sala los tienes aquí presente, yo creo que debías quitarte la camisa y dármela para ponerla con tu otra ropa, pues si no me parece a mí que al final te la vamos a poner perdida de semen y sabe Dios de que más”.

    Yo pensé que tenía razón y sin cambiar de posición para que el que me enculara no se saliera de mi culo, me la quite la camisa como pude y se la entregue a él. El hombre se sentó en la butaca que había dejado mi amante y tras sentarse se abrió la bragueta y se sacó su polla, que por aquel entonces ya la tenía bien dura y tiesa y sin decirme nada me cogió de la nuca (como antes había hecho mi ahijado) y me hizo llevar mi boca hasta su herramienta. Esta era también de buen tamaño, aunque no tan grande como la que tenía en esos momentos en mi culito ni como la de Raúl, pero si era considerable. Cuando mis labios tocaron la punta de su polla me empujo la cabeza hacía ella haciendo que me la metiera prácticamente hasta mi garganta, llenándome prácticamente toda mi boca. Yo comencé a chupársela con pasión, pues en esos momentos estaba excitadísima y me lleve también una de mis manos a mi clítoris y comencé a masturbarme y él me decía:

    “Eso es puta, abre bien esa boca sucia de guarra que tienes, mmmm tienes buena boca zorra, que bien me lo estas haciendooo…”

    El hombre acompañaba mi mamada con movimientos como si me estuviera follando por mi boca y a medida que se la mamaba empezó a emitir gemidos de placer producidos por la buena labor que yo le estaba haciendo. Me parecía mentira que hacía tampoco que había chupado mi primera polla, y que ahora fuera una de las cosas que más me gustaban y que me encantaba hacer a los hombres y sobre todo tragarme y saborear el semen que depositan en mi boca. Cuando más entusiasmada estaba mamando la polla noté que mi enculador aumenta sus envites a mi culo, ahora estos son salvajes, mueve toda la butaca de tal forma que parece que la va a desprender del suelo. El cabrón empuja como loco, fuera de sí, con el movimiento de dentro fuera como si fuera una sierra cortando, es brutal. Comienza a darme cachetes en mis nalgas y culo y suelta mis caderas llevando sus manos a mis pechos cogiéndome los pezones y pechos que me los pellizca con fuerza. Me está follando, casi partiendo mi culo, bien pero que bien, cuando me da con su pelvi en mi culo noto su sudor tocando mis carnes, está sudando como un cerdo. Noto como se tensa y apretando sus dientes siento como se comienza a correr dentro de mi culo llenándome todo su interior con su caliente y abundante leche a la vez, que como había hecho hacía unos momentos mi ahijado al no poder gritar, me decía a media voz:

    “¡Me corro puta, me corro! Oggg, me corro, ufff que bueno me corro, aggg… me estoy viniendo dentro de tu culo pedazo de golfa ohhh que culazo tienes perra…”

    Yo entonces metí mi mano entre mis piernas y las lleve hasta sus huevos y comencé a acariciárselos, se los arañaba con mis uñas, haciéndole unos cosquilleos que hicieron que él se corriera más rápidamente del gusto que le estaba dando, a la vez que a mí me llegaba también el orgasmo y le decía:

    -¡Mas! ¡Más! ¡Rómpeme el culo, Dios mío que placer! Me estoy corriendo como una burra, esto es increíble… Dios… Dios… Dame más cabrón, dame más, que rico es esto. La noto, mmmm, si noto toda tu leche, calentita llenándome toda mi culo…”

    Tras mi corrida seguí mamando por un momento la polla del hombre que me follaba por mi boca, con verdadera ansía, estaba súper excitada y quería que se corriera rápido, deseaba que se corriera igual que había hecho Raúl en mi boca, no sé lo que me pasaba en ese momento pero deseaba que me diera toda su leche y tragármela. No tardó mucho en hacerlo y muy abundantemente de tal forma que no fui capaz de tragarme todo y su esperma comenzó a correrme por mis labios y se deslizo por mis pechos, él al ver que no podía tragarme toda me la saca y los últimos chorros me caen en mi cara y mis pechos, a la vez que me decía:

    “¡Trágate toda la leche, puta, trágatela, trágatela, joder como me la has chupado eres toda una experta puta, pero que golfa y puta que eres y delante de su hijo!»

    Yo entonces con mi cara y todas mis tetas recubierta de semen, le dije:

    “No, no, él no es mi hijo es mi chulo y me ha traído a este cine porque le gusta ver como otros hombres me follan”

    Yo al oírme me sorprendí de lo que había sido capaz de decir. Pero luego pensándolo un poco, no había dicho nada más que la verdad. Después volví a meterme su polla en mi boca y se la chupe dejándosela lo más limpia que pude. Los dos hombres se apartaron de mí dejándome libre un momento y aproveché para sentarme y relamerme el semen que goteaba de mi boca.

    Delante de mí mientras me relamía la leche que resbalaba por mis labios podía ver a los otros dos hombres, que aún no habían intervenido, y que se masajeaban sus pollas fuera de sus pantalones, esperando aún su turno y por la cara que ponían yo enseguida supe que no pensaban irse sin antes disfrutar de mí. No habían pasado ni dos minutos que yo había acabado de chupar mi última polla, cuando mi ahijado invitó a los dos hombres que aún quedaban a que disfrutaran de mi cuerpo, pero no le pareció bien que lo hicieran en el mismo lugar que él y los otros dos me habían disfrutado, de modo que les dijo:

    “Amigos ayudarme entre todos a llevar a esta putilla hasta el pasillo, seguro que allí os la folláis más cómodamente que aquí entre las butacas”

    Los otros cuatro no dijeron nada, solo aceptaron la propuesta de Raúl y entre todos me cogieron, como estaba desnuda, y me llevaron a uno de los pasillos laterales de la sala, donde había más espacio y me tumbaron en el suelo. Primero uno y después el otro me fueron follando estos dos hombres por turno. Cuando estaban a punto de terminar, se presentó el acomodador y exigió follarme también si no queríamos que llamara a la policía y formar un escándalo. Yo toda nerviosa y por miedo al posible escándalo y a que mi marido se enterara, miraba a mi ahijado suplicándole que hiciera algo para evitar la amenaza del acomodador. Entonces Raúl le dijo:

    “De acuerdo, es normal que quieras participar y que tengas tu parte del pastel de esta puta, ahora cuando acabe este que se la está follando puedes hacerlo tú por el agujero de su cuerpo que desees pero me gustaría ocupar el lugar del agujero opuesto al que tú ocupes y que uno de estos amigos de los que aún no se la ha mamado ocupe su boca mientras tú y yo nos la follamos a la vez por su coño y culo, ¿te parece? ¿Estás de acuerdo?”.

    El acomodador con una sonrisa en su cara me dijo:

    “De acuerdo, yo prefiero follarla por el coño, nunca me ha gustado dar ni recibir por el culo, eso me parece de maricones y a mí me gustan demasiado las mujeres (y sobre todo si son como estas) como para dar por el culo”

    Él acomodador comenzó a quitarse los pantalones y la chaqueta y abrirse la camisa. Mientras entre dos de los hombres me levantaban del suelo para que se tumbara mi ahijado y luego me hicieron que yo con mis propias manos me abriera a tope mi culo y me fuera sentando sobre la tiesa polla de Raúl, que poco a poco me la fue metiendo en mi culito, luego hicieron que me tumbara de espalda sobre el pecho de mi ahijado y cuando ya estaba, me abrieron todo lo que pudieron mis piernas y el empleado del cine se colocó entre ellas y las de Raúl y cogiéndomelas por los tobillos colocó mis pies sobre sus hombros, aproximo tu polla, ya erecta a mi coño, y de un empujón me la metió por completo dentro de mi chocho, comenzando a moverse como un poseso, con muchas ganas, empujando salvajemente y haciéndome incluso daño. Raúl como pudo se fue acoplando a su ritmo y comenzó también su mete y saca en mi culo. Mientras uno de los hombres de los últimos que me habían follado me acerco su polla a mi boca para que comenzara a mamársela pero cuando en esto estaba otro de los mirones, el primero que me dio por el culo, me obligo abrir la boca al máximo para meter también su polla en mi boca obligándome a tragarme las dos pollas a la vez y haciendo que apenas pudiera entrarme aire para respirar.

    Se conoce que estaban todos muy calientes o yo era quizás la que estaba ardiendo, pues me pareció rapidísimo que comenzaran a correrse uno tras otro tanto en mi boca, chocha, como culo, inundándome mis tres agujeros con su esperma. Tras acabar, se levantaron todos los 5 y mi ahijado y agarrándome de mis axilas me hicieron poner de rodilla y ellos formaron un círculo a mí alrededor, comenzando a masturbarse los seis a la vez, hasta que uno tras otro se corrió de nuevo. Cuando le llegó al primero me dijeron que abriera lo más que pudiera mi boca y que procura mantener en ella todo el semen que me iban a comenzar a echar, pero que procurará no tragarlo ni escupirlo. Yo les hice caso y mientras ellos se masturbaban y comenzaban a correrse yo me acariciaba mis tetas, un poco por los nervios que tenía y un poco por la excitación que sentía. Era la primera vez que me follaban en un cine y lugar público y encima por cinco hombres completamente desconocidos que hacía medía hora o una hora no conocía de nada.

    También porque deseaba con todas mis ganas sentir placer y como ya sabes mis pechos son una de las zonas más erógenas y sensibles que tengo y que al tocármelo más placer y caliente me ponen. A ellos parecía gustarles y excitarles ver cómo me manoseaba y acariciaba mis grandes tetas, y uno a uno se fueron corriendo en mi boca y en la parte de mi cuerpo que mejor les cogía. Cuando uno terminaba otro le seguía, casi sin parar y poco a poco mi boca y mi cuerpo se fueron llenando de semen. Ya no solo tenía llena mi boca de su leche sino toda mi cara y mi pelo e incluso parte de mi espalda y de mis pechos. El que se me escapaba de mi boca, me goteaba por mi barbilla y caía sobre mis pechos que a su vez corría hasta mi barriga.

    Mi ahijado fue el último en correrse, y estoy por decir y asegurar que su cantidad fue la mayor de todas. Es lógico, pensé, es el más joven de todos, pues los demás todos eran hombres maduros y algunos rozando los 65 o 70 años, y su aspecto al menos de dos de ellos era bastante desagradable. Cuando terminaron los seis de correrse se quedaron jadeando y cansados contemplándome, asombrados de ver mi cara blanca de semen y mi boca abierta y también toda llena. Entonces mí ahijado delante de todos me dijo:

    “Maribel demuestra a nuestros amigos lo puta que eres, trágate todo lo que tienes en tu boca sin que se pierde ni una gota”.

    Yo haciéndole caso cerré mi boca y me lo trague todo por completo, y al acabar, abrí de nuevo la boca otra vez para que todos comprobaran que me lo había tragado.

    Entonces varios de ellos me dieron sus pañuelos para que me limpiara, se los cogí y me fui limpiando mi cara, pelo, pecho, coño, culo y resto de mi cuerpo y después les devolví los pañuelos para que tuvieran un recuerdo mío y de esa tarde.

    Tras esto me dirigí a la butaca donde tenía mi ropa, seguida por todos, me vestí y del brazo de Raúl salimos del cine. Me sentía toda pegajosa y notaba como mi estrecha y corta ropa se pegaba a los restos que aún había en mi cuerpo del semen de todos los hombres que me habían poseído esa tarde. Deseaba llegar a casa cuanto antes para poder darme un baño, me sentía muy sucia y ahora que todo había pasado, no solo físicamente sino también moralmente ¿Cómo era posible que yo una mujer casada y decente, me hubiera podido entregar a seis hombres en un lugar público y encima cercano a donde mi propio marido trabajaba? Pero a la vez que sentía y pensaba esto reconocía que la experiencia había sido muy excitante y morbosa y más hacerlo sin esperarlo, sino porque surgió, y encima con personas desconocidas totalmente.

    No llevaríamos ni quinientos metros andando de la salida del cine cuando oímos unas voces, parecía como que alguien nos llamaba, miramos hacia atrás y eran los cuatro hombres del cine que nos habían seguido. Esperamos a que llegaran donde estábamos nosotros y entonces uno de ellos, hablando en nombre de todos se acercó a Raúl y le dijo:

    “Mira, tu puta nos ha encantado, y nos gustaría seguir follando con ella, pero hoy y dada nuestra edad ya no tenemos fuerza, por eso queríamos proponerte si puede venir mañana, por ejemplo a las diez, otra vez para follárnosla los cuatro, pues esta tan buena y es tan caliente y puta que nos ha encantado, y hacía tiempo que no nos follábamos a una hembra como esta”.

    Mi ahijado, haciendo con que dudaba, como si no estuviera seguro de la decisión que iba a tomar, aunque yo si le notaba que en el fondo deseaba lo que esos cuatro hombres guarros y sucios, ya mayores le proponían. Yo sabía que lo aceptaría, viendo como estaba actuando últimamente y que ya había decidido emputecerme y convertirme en una prostituta o lo que es lo mismo en una puta de pago, les dijo:

    “No sé, no sé amigos, ella no se dedica a esto y por tanto no tiene experiencia, lo de hoy ha sido un calentón al ver las escenas de la película, pero bueno esperad que la pregunte a ella”

    Yo antes de que me preguntara mi ahijado, acercándome a su oído le dije:

    “Raúl, no quiero, como tú bien has dicho lo que ha pasado ahí dentro ha sido un calentón. Me he dejado llevar por lo caliente que estaba y porque veía que tú disfrutabas viéndome poseída por esos hombres y solo quiero que tú goces, pero míralos su aspecto asqueroso y guarro, son también mayores y de un físico no muy agraciado, sino más bien desagradable, y si te soy sincera me desagradan muchísimo, por favor dilos que no”

    Entonces uno de ellos, al ver que yo no quería, le ofreció dinero a Raúl a cambio de follarme diciéndole:

    “Mira chaval, ella antes nos ha dicho cuando nosotros creíamos que eras su hijo, que no lo eras , sino que eras su chulo, por eso como tal, danos un precio y nosotros te lo pagaremos , hoy te daremos la mitad y mañana el resto a ella antes de comenzar”

    Mi ahijado me miró primero a mí y luego a ellos y les dijo:

    “Está bien, tarde o temprano tenía pensado que empezara a trabajar de puta de modo que porque esperar más si encima se ha presentado la ocasión de hacerlo sola. Su precio por una hora para los cuatro y en la cual podéis hacer con ella todo lo que queráis y ella aceptara todo lo que vosotros queráis que haga, es de 500 euros y como bien has dicho tú, ahora nos pagáis la mitad y mañana antes de comenzar la dais a ella la otra mitad. La cama o el hotel es también como buena puta por vuestra cuenta.”

    El que llevaba la voz cantante le contestó:

    “Es mucho dinero, por una hora y encima para los cuatro, date cuenta que por matemáticas solo nos corresponde un cuarto de hora a cada uno y 125 euros por ese tiempo es muchísimo. Si quieres ese precio pero por dos horas, si lo aceptas aquí tienes el dinero, sino lo olvidamos y si alguno de nosotros quiere estar a solas con ella nos das la dirección donde va a ejercer de puta y el que quiera que vaya. Pero para hacerlo con todos como lo ha hecho en el cine, que es lo que nos ha excitado, tiene que ser si pagamos esa cantidad por dos horas”

    Raúl se agarra la barbilla como sopesando la propuesta, me mira y yo le doy de señas diciéndole que no acepte, y él entonces estirando la mano hacía su interlocutor le coge la suya y dándose un apretón de manos le dice:

    “De acuerdo, es un chollo, para ser su estreno como puta ese precio y por ese tiempo, pero me habéis caído bien y a ella parece que le habéis gustado (mintió el sinvergüenza) y desea estar de nuevo con vosotros. Entonces nos dais ahora 250 euros y los otros 250 se los entregáis a ella mañana antes de empezar y por esa cantidad podéis hacer lo que queráis con ella. Ella o vosotros os esperareis en ese aparcamiento que hay al lado del cine donde hemos estado, de esa forma ella podrá aparcar ahí su coche. Y después de que la paguéis si queréis para estar más cómodo al lado hay un hotel o pensión donde alquilan habitaciones por hora (precisamente para esto) se llama Med… yo conozco a la dueña y hablaré con ella para decir que entre las 10 o 10,30 iréis para que os tenga reservado el cuarto más grande, dado que soy cuatro y con ella cinco, para que estéis más cómodo. Si no os importa y como va a ser la primera vez que ella se va a prostituir (mintió pues ya me había hecho prostituirme el adía anterior con sus amigos en mi casa) me gustaría estar presente y mirar, de esa forma por si la da apuros o vergüenza yo podré hacer que se la pase y cumpla y haga su trabajo.”

    Ellos aceptaron excitadísimo, y pagaron a Raúl, la cantidad acordada. Yo entonces le dije acercándome de nuevo a su oído:

    “Por favor Raúl, no lo hagas, vámonos para casa y olvida esto, no me gustan y como te he dicho me desagradan muchísimo, no me hagas hacer esto, por favor”.

    Pero él con un tono dominante y hasta cruel me dijo:

    “Me dijiste que eras mi puta y qué harías todo lo que yo quisiera y ahora quiero que a partir de mañana te conviertas y trabajes de verdad de prostituta y eso es lo que vas hacer. Además ya han pagado y he cerrado el trato, de modo que por dos horas mañana serás de ellos y harás todo lo que ellos quieran y deseen sin tú negarte a nada de lo que te pidan. Y vete acostumbrado pues desde mañana comienzas a trabajar en mi negocio junto con mi madre y con Mercedes de puta”

    Yo por miedo a que se acabara mi relación con él y porque me volvía loca de placer cada rato que pasaba y era poseída por él, le dije:

    “De acuerdo, no es que me guste ni ellos ni la idea, pero si es lo que quieres así será. Joder Raúl quién me iba a mí a decir hace un mes y medio o dos meses que acabaría siendo una prostituta y que acabaría vendiendo mi cuerpo a cualquiera que quisiera pagar por él y todo esto por haberme enamorado y estar loca por ti. Por mi propio ahijado, un niño como aquel que dice, que podrías ser perfectamente mi hijo si lo hubiera tenido, por tu edad y la mía”.

    Él entonces se despidió de los hombres y dándome un buen beso en mi boca y apretándome contra él, de tal forma que al hacerlo, quedó levantada mi ropa por la parte de mi culo y cualquiera que pasara en esos momentos pudo ver perfectamente la totalidad del mismo. Tras esto pasó su mano por mi cintura y abrazados nos dirigimos hacía mi casa, donde llegamos cerca de las cinco de la tarde. Se despidió de mí y me dijo:

    “¿A qué hora viene el padrino?”

    Yo le contesté:

    “Mientras estábamos en el cine, como lo tenía silenciado y no he oído las llamadas que me ha hecho, me ha puesto un mensaje diciéndome que esta tarde se tiene que quedar a acabar un asunto y que llegara un poco más tarde, sobre las 8 de la tarde. ¿Por qué lo preguntas?”

    Me dice, entonces:

    “Dúchate, aséate y maquíllate con color carne las zonas donde tienes los moratones, pues además de los que mis amigos te hicieron esta tarde en el cine también te han hecho tus clientes de mañana unos cuantos más. Después si te apetece ponte unas bragas y sujetador o quédate desnuda, el caso es que te vistas cómodamente con una bata sobre tu cuerpo y vete al salón y ponte cómoda. Mientras yo voy a casa a por unos videos de mi madre y de Mercedes prostituyéndose y también traeré el tuyo con mis amigos, para que los veas y compares y aprendas como se hace y tienes que tratar a los clientes. Estaré aquí dentro de media hora poco más o menos. Te los dejo y los ves, yo no me podré quedar contigo a verlos, pues tengo cosas que hacer ya que tengo que acercarme al hotel a donde iréis para hablar con la dueña y preparar todo. Mañana antes de que lleguen los cuatro clientes los comentamos y te explico algunas cosas. Vas a tener al menos una hora u hora y media para verlos antes de que llegue tú marido”

    Hice lo que me decía y en efecto a los diez minutos de haber acabado de ducharme y ponerme cómoda llego mi ahijado con los tres DVD en uno ponía Mª Jesús, en otro Mercedes y en los dos a parte del nombre se añadía escrito: trabajando. En el tercero, que era el mío ponía: Maribel con mis amigos prostituyéndose. Me los dio y me dijo:

    “Ponlos ahora que no está el padrino y mira cómo trabaja mi madre y tú amiga Mercedes y aprende de ellas y después ve el que te hice ayer cuando te prostituiste con mis amigos y compara y aprende como se hace y lo que debes hacer mañana .¿A qué hora suele marchar el padrino a trabajar?”

    Yo le cojo los DVD y me dirijo al aparato reproductor que tenemos junto la televisión de pantalla plana y de 50 pulgadas en el salón lo pongo, lo enciendo y le contesto:

    “Mi marido suele marchar a las 7,30 o 7,45 de la mañana para el trabajo, pues le gusta esta temprano en él”

    Él me contesta:

    “Perfecto, pues cuando se vaya te vistes como normalmente lo haces, pues creo que a tus clientes les gustará que vayas vestida como una mujer o ama de casa normal en vez de como una puta. Estoy seguro que les dará morbo pensar que están con una casada , ama de casa decente (ante los conocidos) pero en realidad una buena golfa que a la espalda de estos y de su marido le pone unos buenos cuernos a este prostituyéndose, es decir siendo una Belle de Jour, como en la película de Buñuel. Yo vendré un poco antes de la hora que hemos quedado con tus clientes, para que comentemos los DVD y ver que enseñanzas has sacado y por si te tengo que dar algún consejo o decirte como debes actuar con los cuatro clientes”.

    Dicho esto, me dio un beso y marcho. Yo me senté en el sofá y comencé a ver el primer video, que era el de la madre de Raúl, mi amiga de toda la vida Mª Jesús. Comienza el video ella sola en el salón de su casa, llaman a la puerta se levanta y puedo ver que solo lleva sobre su cuerpo unas braguitas minúsculas negras y un sujetador que apenas pueden cubrirles sus también grandes tetas y encima de esto un salto de cama semitransparente también negro. Abre la puerta y entra un señor regordete de media estatura de unos 50 años, pasan al salón él se sienta en uno de los sillones y ella comienza a pasear y exhibirse ante él. Entonces el hombre la pregunta:

    “¿Cuánto cuesta pasar un rato contigo preciosa¿?”

    La madre de Raúl le contesta, dando varios precios según el tiempo que quiera pasar y lo que quiera hacer con el cuerpo de Mª Jesús. El hombre acepta uno de los precios y entonces mi amiga, le ofrece su mano, el hombre se la agarra y ella tira un poquito de él para que se levante y agarrados de la mano se dirigen hacía su cuarto. Una vez dentro ella cierra la puerta y le pide el dinero acordado. El cliente se lo da y entonces ella lo pone sobre la mesilla de noche y vuelve a darle la mano al hombre y se dirigen al cuarto de baño. Ya en él ella se quita las bragas y se sienta en el bidel y se lava su coño con agua y jabón líquido. Cuando acaba se vuelve a poner las bragas y cogiéndole a él le baja sus pantalones y calzoncillos y untándose su mano con gel le embadurna su ya medio erecta polla con el jabón, lo acerca al bidel y comienza a lavarle su sexo con suavidad, al acabar acerca su boca a él y le da un beso en su glande para acabar sacando su lengua y lamerle un poquito por encima toda la bola de su polla entreteniéndose unos momentos en su frenillo.

    Luego le sube de nuevo el calzoncillo y cuando le va a subir los pantalones él la sujeta la mano y él mismo se los baja y se quita también el calzoncillo y quedándose solo con su camisa puesta. Entonces mi amiga saca del armario del cuarto de baño una caja de preservativos, coge uno y se lo coloca al cliente en la punta de su polla. Luego acerca su boca y con ella empuja la goma hacía abajo hasta que la polla del hombre prácticamente la llega hasta su garganta, entonces se saca de su boca la polla del cliente con el preservativo ya colocado.

    Salen del cuarto de baño y se dirigen hacía la cama del dormitorio de Mª Jesús donde esta se entrega a todo lo que el cliente la pide que haga. Son escenas explicitas de sexo, pornografía pura, las cuales me excitan y hacen que me lleve mi mano a mi sexo y me acaricie. Mi amiga se la ve gozar y pone unas caras de vicio y lujuria que nunca antes se la había visto. Tras correrse el cliente, se queda tumbado sobre el cuerpo de mi amiga unos minutos, después se levanta, marcha al cuarto de baño se lava y se viste y al salir se acerca a mi amiga que esta sobre la cama, aún desnuda, la da un beso en la boca, esta se levanta y como esta le acompaña hasta la puerta donde se despiden con otro beso y él la dice:

    “Hasta dentro de poco, ha sido fantástico, volveré pronto”.

    Ella cierra la puerta y vuelve al cuarto de baño, se lava de nuevo su coño, va al dormitorio se viste muy despacio y de nuevo se va al salón, se sienta y la cámara se queda un rato fija en ella hasta que de nuevo suena el timbre de la casa, ella se levanta y se dirige hacia la puerta de nuevo y aquí acaba el video.

    Al terminar el video yo me he corrido varias veces acariciándome mi chocha, estoy totalmente empapada y muy caliente, tengo mis manos tan mojadas por mis jugos como tengo mi coño. Me levanto, quito el DVD que acabo de ver y coloco el de Mercedes y me voy de nuevo al sofá para verle. Le conecto y aparece Mercedes la cual está de rodillas a cuatro patas sobre la cama del dormitorio de Mª Jesús, completamente desnuda y dice sorprendiéndome:

    “Hola Maribel, no lo esperabas verdad, me ha pedido Raúl que haga este video para ti y de esta forma superes tus miedos a prostituirte. Si soy Mercedes, tú amiga la mujer de Fernando el compañero de tú marido y sin que él lo sepa me dedico a la prostitución porque me ha pasado hace ya dos años lo mismo que te está pasando ahora a ti con tu ahijado y él, igual que será tuyo y lo es de su madre, es mi chulo. Sé que ahora eres tú su favorita, pero me da igual , pues solo deseo que él me posea, pues este chico de 20 años, cuando me folla me hace vibrar de placer, por eso soy suya completamente. Y para complacerle y porque a mí también me gusta y me encanta soy su puta y una de las putas de su burdel. No me importa lo que vaya hacer con este video, aparte de dártele a ti. Ni tampoco si después quita esta presentación y pone la que le he grabado diciéndole que soy una mujer casada y que me prostituyo para poner los cuernos a mi marido, que lo haga y que lo venda o haga con él lo que quiera. Me da igual quien lo vea e incluso que lo llegue a ver mi marido y se entere que le pongo los cuernos y que me prostituyo.

    Porque yo solo deseo complacer en todo a mi chulo y que me emputezca él al máximo. Ahora vas a ver cómo me prostituyo entregándome a estos cinco hombres que están aquí. Como ves son de varias edades desde Javier de 18 años hasta Federico de 65 años, veras como hacen toda clase de cosas con mi cuerpo y yo gozo dejándome hacer todo lo que me piden. Aprende pues, eso es lo que quiere Raúl que tú hagas cuando te estés prostituyendo, porque para eso pagan los clientes, para hacer con nosotras todo los que les apetezca. Nosotras somos meramente una mercancía o una cosa que ellos han pagado y durante el tiempo que han pagado les pertenecemos y como dueños de esa mercancía, (nuestro cuerpo) y en ese tiempo ellos pueden hacer con él lo que realmente quieran. Hoy estos cinco hombres han pagado un buen precio para gozar de mi durante dos horas y veras cosas que me hacen y dejo que me lo hagan, que nunca te has podido imaginar. Y me veras gozar como la gran puta que soy y en la que tu ahijado ha conseguido convertirme y que estoy segura que dentro de poco tú te convertirás.”

    Dicho esto se acercan los cinco hombres y comienzan a tocarla y poseerla y hacer todo tipo de atrocidades sexuales con su cuerpo. Yo al verlo me excito muchísimo y de nuevo comienzo a tocarme y a enlazar un orgasmo cono otro, imaginándome que soy yo la que hace todo lo que estoy viendo con esos cinco hombres. Cuando acaba el video, yo estoy tendida en el suelo, con mi bata y piernas completamente abiertas y mis bragas en mis tobillos y con un gran charco de líquidos en el suelo y mi culo y sexo encima de él. Me quedo tendida descansando en esta posición un rato y después me levanto, voy a por un cubo y la fregona y recojo mis propios líquidos vaginales del suelo. Cuando acabo me arreglo un poco y me cambio de bragas y me pongo también un sujetador nuevo, pues con la excitación, no sé cómo he roto el que tenía puesto. Miro el reloj, son las 7,30 de la tarde, dudo si poner o no el tercer video, es decir el mío, pues mi marido no tardará en llegar y no quiero que me coja cuando lo estoy viendo y se lie una buena. Pero las ganas de verlo me pueden y cojo los otros dos videos y los meto en el cajón del mueble donde tenemos la televisión e introduzco en el reproductor el mío. Me voy de nuevo al sofá y le conecto para que empiece. Cuando comienzan a salir las primeras escenas, que es cuando llegan los amigos de Raúl a mi casa y este está haciendo las presentaciones, oigo que se abre la puerta de casa y a mi marido que dice:

    “Maribel ya estoy aquí, ¿dónde estás?”

    Yo nerviosa, apago el DVD y salta la televisión, en donde hay un programa de reporteros que van por todo el país. Rápidamente compruebo que el DVD no haya quedado, al apagarlo, fuera del reproductor. He tenido suerte está dentro y no se ve. Entonces contesto a mi marido:

    “Estoy en el salón viendo un rato la televisión”

    Antes de que yo acabe de decir esta frase, él ya está en el salón, (y me doy cuenta que por poco me pilla viendo el video) se me acerca me da un beso y se sienta a mi lado a ver también la televisión. Después me dice:

    “Me ha dicho Fernando que te ha visto en el restaurante y que estabas con un chaval, que le has dicho que era tu ahijado”

    Yo le contesto:

    “Si era Raúl, que ha venido por aquí a verme y me ha invitado a comer y después me ha llevado al cine a ver esa película, que llevo pidiéndote que me lleves a verla desde que se ha estrenado y no hemos ido y estaba deseando de verla. Por eso no te he podido coger el teléfono cuando has llamado, pues al entrar en el cine le puse en modo silencioso y al salir he visto tus mensajes. Al verlo me dijo Raúl, pues ya que no va a ir a la hora de costumbre el padrino, si quieres tomamos una Coca Cola ahora al salir. Y así hemos hecho, total que hace aproximadamente una hora que he vuelto a casa. Me he duchado y me he puesto cómoda a ver la televisión hasta ahora que has llegado tú, mi amor”.

    El resto de la jornada transcurrió como de costumbre, cenamos y después vimos un rato la televisión para a eso de las 11,00 de la noche acostarnos. Ya en la cama con lo caliente que me habían puesto los videos que había visto de mis dos amigas Mª Jesús y Mercedes y para seguir consiguiendo que creyera que la criatura que llevaba en mi vientre era suya, cuando le comunicara la noticia de que estaba preñada, comencé a ponerme mimosa hasta que conseguir que mi marido me follara. Cuando acabamos al poco tiempo se quedó completamente dormido, no debió de ver o notar ninguno de los moratones de mi cuerpo ni siquiera la señal del muerdo de Nacho en mi cuello. Yo tarde en dormirme pensando en lo que iba hacer al día siguiente con esos cuatro hombres, tenía un sentimiento de culpabilidad por engañar a mi marido, pero a la vez me excitaba mucho la idea de entregarme a ellos por dinero y prostituirme.

    Voy a cortar aquí, pues ya me he extendido bastante y continuare con la historia en otro relato

    Continuará…

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  • Me convertí en hotwife a petición de mi esposo: El inicio

    Me convertí en hotwife a petición de mi esposo: El inicio

    Qué tal, me llamo Lynda Angélica, pero mis amigos y conocidos me dicen Angie. A mis 33 años tengo el cuerpo delgado, soy de tez clara, mido 1.65, con el cabello por debajo de mis hombros y oscuro, bonitas facciones por lo cual me considero bonita. Tengo unos pechos medianos pero paraditos a pesar de haber tenido un hijo, con las areolas cafés que rodean mis pezones, mi mayor cualidad y lo que en realidad define mi figura son mis piernas torneadas con un trasero redondo y respingón sin llegar a exagerar, mis caderas son algo anchas debido a mi embarazo. Después de mi embarazo regrese al gym para tonificar piernas y moldear mis glúteos quedando redondos y duros. Soy originaria de Mérida, Yucatán, al sur de México, actualmente vivo en un grupo de fraccionamientos al norte de la ciudad con mi hijo de dos años y mi esposo con el que me case hace cinco años.

    Yo trabajo como contadora en un despacho contable desde hace dos años, mi esposo trabaja en una startup de programación de aplicaciones en el que le va bien, ya que ambos tenemos buenos trabajos nos ha permitido vivir cómodamente.

    Después de haberlos dejado en contexto, pasare a contarles lo que me paso hace aproximadamente año y medio, poco tiempo después de que entre a trabajar en el despacho. El horario de mi esposo es más cómodo, por su trabajo a veces no es necesario que asista a la oficina y de ser posible atiende a sus clientes o colaboradores mediante videollamadas, muy contrario a mi horario que si tengo un horario fijo y algunas veces he tenido que quedarme a trabajar hasta tarde en la oficina o incluso asistir a hacer revisiones de cuentas los fines de semana. Yo trabajó directamente con un contador que se llama Ricardo, que me delega las tareas contables, él es un hombre mayor de buen ver a pesar de su edad, elegante en su vestir y en cómo se expresa al hablar, todo una caballero como dirían, Arturo siempre se portó respetuoso conmigo, pero lo había sorprendido muchas veces viéndome el escore o el trasero, eso me provocaba algo de excitación.

    Siempre me adulaba en la oficina con piropos o haciendo comentarios de lo guapa que me veía y siempre me decía que el embarazo me había sentado bien, ya que se me había formado un cuerpo apetecible, como él bien decía, literalmente. A veces era muy común que él me llevara de regreso a la casa, me dejaba en la puerta y saludaba a mi esposo. Siempre me he dado a respetar en mi trabajo, incluso solía vestirme de modo formal, como si de una ejecutiva se tratara, con faldas o pantalones ceñidos a mi cuerpo, blusa blanca y un saco del mismo color a mi falda. Cada que Don Arturo me llevaba a la casa, mi esposo siempre hacía comentarios del porque Don Arturo me llevaba a la casa, que si yo le gustaba y por qué tenía tantas atenciones conmigo y cosas así, me sorprendía el hecho que los comentarios no eran en tono molesto o poniéndose celoso, al contrario, los comentarios los hacía como si de una amigo se tratase, es decir, como si fueran en forma de en broma, yo empecé a tomar más atención a eso, creo que por que esperaba que mi esposo se pusiera celoso y me hiciera un drama.

    También pude notar que cuando salíamos de compras o de paseo y si alguien se quedaba mirándome, me lo hacía notar y en ningún momento le molestaba, eso empezó a generarme molestia pensando que yo no le importaba pero también me di cuenta que cuando alguien me morboseaba en la calle o cuando mi jefe me llevaba a la casa, mi esposo se ponía más cachondo de lo normal, me hacía el amor de una forma diferente, se excitaba más de lo normal y cuando me penetraba en esas ocasiones era de una forma diferente, estaba completamente excitado más de lo normal y mientras me hacía el amor, me decía cosas como “Viste como te morboseaba el chico de la farmacia, no quitaba el ojo de tu escote mi amor. ¿Te gusta que traiga tu jefe verdad? Como si fuera tu noviecito y tú una adolescente que la llevan a su casa” y cosas por el estilo.

    En el acto yo no le decía nada, en varias ocasiones me quedé con la duda de por qué le prendía tanto que otros hombres se morbosearan a su esposa o incluso pensar que yo siendo su esposa, tendría algo con mi jefe. Cierto día, deje mi computadora en la oficina y necesitaba revisar el correo del trabajo por un contrato que me mandarían, entonces le pedí prestado su computadora mientras él se metía a ducharse, revise mi correo desde su computadora y de repente vi que en su historial de búsqueda había consultado un foro de internet sobre hombres que compartían a sus esposas y contaban sus experiencias, además había visitado un sitio de porno con un video que se titulaba “Compartiendo a mi esposa” y en el video se veía una escena de un hombre grabando con su celular a su esposa mientras un moreno con un pene grande se penetraba a su esposa en posición de en cuatro.

    Al ver eso, me sentí confundida, me sentía enojada, por un lado quería confrontar a mi esposo y por el otro pensaba que todas las reacciones que tenía cuando mi jefe me llevaba a la casa o alguien de la calle me morboseaba lo ponía muy cachondo, al pasar eso por mi cabeza lejos de enojarme me puse cachonda e hizo que se mojara mi entrepierna. Quería tener la certeza de que estaba pasando con mi esposo, entonces no le dije nada y espere hasta la noche para ponerle una prueba.

    Llegada la noche, ya en nuestra recamara le dije a mi esposo que se pusiera cómodo que le tendría una sorpresa. Entre al baño y me lleve un conjunto sexy para ponérmelo: una tanga roja diminuta que se perdía en mi par de nalgas con unas medías de malla y un bra con copa semi trasparente que levantaba mis senos, me puse unas zapatillas negras de tacón de aguja, me pinte los labios y un poco de maquillaje.

    Salí del baño y mi esposo nomás en verme se sentó sobre la cama, tome un pañuelo que tenía al alcance y le vende los ojos, le bese en la boca y note que mi esposo se prendía más, nunca le había vendado los ojos y el haberlo hecho lo tenía bien caliente, lo rodee del cuello con mis brazos pasando mis piernas sobre las suyas quedando mi esposo entre mis piernas nos besamos, ambos estábamos disfrutando la sensación, lleve mis labios a su oído y aproveche para morderle el lóbulo de la oreja al momento que le decía al oído “Mi amor, quiero que imagines que a tu esposita la toma su jefe sobre el escritorio de su oficina”. Pude notar que su verga quedaba más dura “¿Te gusta mi amor, te lo estás imaginando?”. Mi esposo me dijo «Que rico, mi amor, no sé, pero me prende mucho imaginarte que alguien más te la mete».

    Mis sospechas se estaban confirmando, al escuchar eso también se me mojo la entrepierna y mi nivel de cachondez subió al máximo, mi esposo estaba vestido solo con sus calzoncillos, le bese el cuello y fui bajando por su pecho, me puse de pie y le baje los calzoncillos y seguí diciéndole «Mi amor, ahora imagínate que la verga de mi jefe esta en mi boca». El nivel de excitación de mi esposo creció mientras tenía su verga en mi boca, le chupaba la verga bien rico “Mi amor, eres una puta, quiero que tu jefe te meta la verga, quiero que seas la puta de otro hombre”. Eso de alguna manera me puso más cachonda “si mi amor, quiero ser la puta de otro hombre, quiero hacerte cornudo mi amor”.

    Bastó eso para que mi esposo se venga suelte un chorro de semen dentro de mi boca, estaba bien caliente, se quitó el pañuelo de los ojos me tomo de las manos, hizo ponerme de pie y se postro detrás de mi, me empine sobre el colchón poniendo mis manos sobre el colchón de nuestra cama, mi esposo jaló mi tanga hacía un lado sin quitármela y me penetro, su verga entro fácilmente por lo humedecida que tenía mi coño, me daba arremetidas fuertes y me daba nalgadas, me estaba cogiendo de una manera riquísima e exquisita como nunca “Dame más mi amor, méteme tu verga papi, soy la que te hará cornudo”. Estaba bien cachonda que me vine enseguida en un rico orgasmo, tenía la verga de mi esposo dentro pero en la mente pensaba en la verga de mi jefe, mi esposo eyaculo por segunda vez casi al mismo tiempo que yo, llenándome mi interior de su semen.

    Caímos sobre la cama, nos abrazamos y estuvimos así unos minutos sin decir nada, yo tome la iniciativa y le dije:

    -En verdad aceptarías que intimide con otro hombre.

    -Lo que sí puedo asegurarte es que me prende mucho imaginarte con otro hombre, sé que suena raro pero si quieres, yo estaría de acuerdo.

    -Sé que te sonará raro esto que hice, pero tenía que comprobarlo, vi que has visitado un foro de hombres que comparten su esposa.

    -Si fíjate que he visto muchos testimonios de hombres Cuckold que disfrutan mucho sabiendo que sus esposas están con otros hombres y son conscientes de eso.

    -Pero yo te amo y te quiero mucho, si haría esto que me estas pidiendo solo lo haría para complacernos a los dos, nunca para serte infiel y solo si tú quieres.

    -Si nena, piénsalo bien no quiero presionarte, lo que si te puedo decir es que tienes mi completa autorización, solo con una condición que me lo hagas saber y me cuentes todo.

    -Está bien amor, lo haré.

    Ese día habíamos quedado en mutuo acuerdo que yo estaría con otros hombres para darle más pasión a nuestra relación.

    En mis siguientes relatos les contaré como fue mi primer encuentro con otro hombre con el consentimiento de mi amado esposo.

  • Preñada por mis hermanos

    Preñada por mis hermanos

    Hace tiempo que vengo cosechando esta fantasía que me revuelve la cabeza, poder sentirme tocada y disfrutada por mis hermanos. Tengo dos, uno mayor, Tomás, de veintiocho años y uno más chico que yo, Jacobo, de veintidós. Vivimos juntos en la casa de nuestra madre, separada.

    Siempre sospechaba que mis hermanos guardaban algún tipo de fetiche conmigo, las veces que me vieron en paños menores o en bikini notaba como me saboreaban con la vista. Y yo debo confesar que me impregnaban diversas sensaciones cuando eso pasaba, notando cómo de en algunas ocasiones la excitación me hacía mojar la entrepierna.

    Una noche ya supuse que era suficiente, tenía que resolver este asunto como fuese. Me daba la sensación de que mis hermanos me deseaban y yo no estaba pudiendo satisfacerles sus deseos. ¿Qué clase de mala hermana era acaso? Estaba tranquila en mi cuarto, tocándome mientras leía un relato pornográfico en Internet. Algo sobre incesto, que me puso a mil, acelerándome el pulso.

    Me detuve en un momento… Quizás era el momento de aprovechar la situación. Nuestra madre estaba en este momento haciendo una guardia extra en el bar. Estábamos nosotros tres solos en la casa. Salgo de mi cuarto y voy por el pasillo a lo de Tomás. Golpeo suavemente la puerta de su cuarto.

    —¡Oye Tomás! —susurro quedamente— ¿estás despierto?

    —Sí, ¿qué quieres?

    —Déjame pasar, ¿vale? Ya te cuento.

    —Bueno, pasa, pero que sea importante.

    Abro la puerta e ingreso al cuarto. Mi hermano Tomás era particularmente desordenado, sabía que tenía su colección de revistas traviesas debajo de la cama (¡todavía existen esas cosas!). No había nada particularmente interesante, salvo un ordenador que seguro debía usar para su pornografía y diversos trastos que no vale la pena mencionar.

    El cuarto está a oscuras, mi hermano está acostado en la cama, en calzones. Me acerco a la cama y me apoyo en ella con mis codos. Tengo la cara de mi hermano a pocos centímetros.

    —¿Qué quieres? ¡Mañana tengo que madrugar!

    No pierdo tiempo en explicaciones, era ahora o nunca. Le como la boca de un fuerte beso. Evidentemente lo tomo un poco por sorpresa, pero no me rechaza. Más al contrario, me agarra del cuello y me retiene en el beso. En un momento nos separamos la cara.

    —¡Ah, puta tenías que ser, Martina! ¿Qué carajos se supone que es esto?

    —¡No me vengas con recriminaciones ahora, Tomás! Bien que te gustó.

    No me responde, sino que directamente me vuelve a agarrar la cara para estamparme otro beso. Siento su lengua metiéndose en mi boca, y sus manos como me van magreando, tocándome los pechos, sintiéndome los pezones que ya están completamente duros por la excitación.

    La verdad, cuando pensé en esto inicialmente no sabía con cuál de mis dos hermanos debía acudir. Creo que he acertado, Jacobo es todavía demasiado inmaduro e inocente para entender una cosa así. O eso pensaba yo…

    —¡Jacobo! —grita Tomás— ¡Deja de manosearte tu polla y ven para acá!

    Abro los ojos con algo de alerta, mientras palpita mi corazón.

    —¿Jacobo? Pero él también…

    —Sí, ¿qué te pensabas tú, que nació ayer? Se merece parte de la faena.

    En eso, se abre otra vez la puerta del cuarto y veo a mi otro hermano, también en calzones.

    —¿Así que ya está lista? No esperaba que tardase tan poco tiempo —dijo Jacobo con picardía.

    ¿Qué ya está lista? ¿A qué se refieren? ¿Sabían acaso que me moría de ganas de este momento? Bueno, poco importa ahora, tengo a mis dos hermanos listos acá, ambos con una tremenda carpa en los calzones, evidentemente listos para lo que se viene. Tomás me agarra desde la espalda y me tira con algo de fuerza al piso, cara arriba. Podría ser algo medio violento pero admito que no he impuesto mucha resistencia, después de todo estaba ansiando este momento.

    —Tomás, espérate un segundo, tengo que ir un segundo al baño —dijo Jacobo.

    —Si serás tonto, ¿en qué otro lugar piensas que será mejor mear que no sea en la chochita de nuestra perra?

    —Momento, ¿cómo…? —medio que trato de interponer.

    —Te callas y te bajas ya mismo la bombacha, Jacobo necesita descargarse una buena meada.

    Mucho no me gustaba la idea, pero ya estaba aquí y el planteo era en el fondo justo, yo los busqué y ahora tenía que hacerme cargo de las consecuencias. Me bajé la bombacha y abrí la entrepierna, dejando a la vista mi chochita para que lo aprecie Jacobo.

    Jacobo se baja el calzón y libera su polla completamente al palo, que para ser un chaval es bastante impresionante. Siempre sospeché que mi hermano menor se estaba desarrollando muy bien. Acercó la misma a mi vagina, y haciendo un poco de fuerza (entiendo que a los machos les cuesta orinar cuando están excitados), libera su meo caliente encima de mi chochita.

    Recibir ese líquido caliente dentro de mi vulva me acelera aún más las palpitaciones. El meo me cosquillea adentro y ciertamente me excita. Después de unos diez segundos baja el caudal del chorro, liberando ya apenas unas gotas. Mi entrepierna ya era un asco de orina, tenía todo el pubis, la vulva y parte de la pierna mojada.

    —Bien hecho, Jacobo… Ahora me toca a mí —comenta Tomás.

    ¿Qué? ¿Él también tiene reservada una meada para mi conchita? En este momento, estaba tan excitada que no podía esperar menos. Sin embargo, Tomás tenía guardada una sorpresa para mí. Me levanta y me da vuelta, cara al piso. Me tantea las nalgas, separándomelas. Me imagino que debo en este momento tener el agujero del ano a la vista. Ahora entiendo lo que quiere hacer… Antes de poder reaccionar (si es que hubiese querido hacerlo), siento ahora otra vez un chorro, pero directamente dirigido a mi agujerito trasero. La orina no entra tan fácilmente pues debo decir que de ese lado soy bastante estrecha, aunque igual la sensación se me hace bastante deliciosa. Ya estaba sin palabras, olía a orina por todo el cuerpo prácticamente después de esta doble ducha amarilla.

    —Ya estamos listos, ¿no Jacobo?

    —Sí Tomás… ¿Quién empieza? ¿Sorteamos?

    —No digas bobadas, ¿quieres? Déjame empezar a mí ya que tu apenas tienes experiencia para hacer gozar a una perra.

    Sin mucho más preámbulo, Tomás me da vuelta para colocarme nuevamente de cara al techo. Estando yo con las piernas abiertas, hecha un asco, estaba lista para recibir la estocada. Mi hermano me muestra su polla, bastante grande también pero curiosamente no tanto como la de Jacobo, aunque su glande medio deforme me producía una cierta sensación de morbo. Sin esperar mucho más, introduce su pene en mi vagina, que ya estaba completamente lubricada por mis fluidos y por la orinada de mi hermano menor. El acceso a mi interior es sencillo, y mi hermano empieza a darme una follada que no tiene nombre.

    En poco rato, estaba gozando como una posesa, gimiendo fuertemente mientras Tomás me daba para que tuviese. Rodeo con mis piernas el torso de Tomás, como para evitar que se pudiese arrepentir en algún momento. Tarde pensé en las consecuencias de esto, el escándalo que podría suponer quedarse embarazada. ¿Qué diría mi madre? Nada de eso pasaba por mi mente, solamente el instinto animal de gozar y de poder recibir el simiente de mi hermano en mi interior.

    No tardó mucho, evidentemente su calentura era importante, pues antes que transcurriera apenas un minuto lo sentí como si estuviera convulsionando y noté como mi chochita se me llenaba de lechecita tibia, con un violento chorrón. Esto era más peligroso que la orina… Pero no estaba para pensar en esas cosas, no ahora, mi idea era disfrutar del ahora. Así y todo, no pude llegar al orgasmo, pero sentía que estaba muy cerca. Traté de retener a mi hermano dentro mío para que continuase con su trabajo pero no pude, él era fuerte y se sacó mis piernas de encima, retirando su polla de mi interior. ¡Hijo de puta! Me dejó al borde, totalmente caliente.

    —Bueno Jacobo, termina tu que esta perra aún necesita más polla me parece.

    Jacobo me levanta y me hace colocarme en cuatro, sintiendo cómo la lefa de Tomás se iba vertiendo fuera de mi chochita para mojar la alfombra. Mi hermano menor aparentemente quería ensartarme como si fuese alguna perrita, en la posición de perrito. Siento cómo se me monta encima.

    Sin que pase mucho tiempo, vuelvo a sentir otra polla adentro, pero esta vez mucho más gruesa y larga. ¡Qué bien dotado que resultaba estar mi hermano menor! Las sensaciones no tienen nombre, realmente ahora sí estoy sintiendo las estrellas entre una mezcla de dolor al comienzo pero qué rápidamente se fue convirtiendo en placer; no puedo parar de jadear y de a ratos gritar, cuando alguna encestada es particularmente efectiva. Sentir la polla de mi hermano chapoteando entre una mezcla de orina, semen de mi otro hermano y mis propios fluidos hizo que rápidamente llegara a un orgasmo yo, desgarrándome a los gritos. Creo que eso aceleró aún más las cosas, pues casi inmediatamente sentí cómo se me volvía a inundar la conchita de más leche, pero esta vez era un verdadero torrente que me cubrió todas las entrañas. Sentí cómo se retiraba la verga de mi hermano.

    Me caí al piso, agotada por toda la faena, con mi chochita absolutamente mojada con todos los fluidos que os podéis imaginar. Con un poco de suerte no llegaría a quedar preñada, pero preferí no pensar en eso ahora.

    —Martina, tuviste lo que querías. Vete a tu cuarto tranquila —dijo Tomás.

    Me levanté como pude, y estaba a punto de irme.

    —Sí, y mañana sabes que mamá está también de guardia nocturna, así que ya sabés… —concluyó pícaramente Jacobo con un guiño.

    Otro día os contaré cómo fue esa otra experiencia, había más recovecos de mi cuerpo para explorar…

  • La primera vez que tuve relaciones

    La primera vez que tuve relaciones

    Primero permítanme presentarme, soy una chica que tiene su recorrido, ahora tengo 25 años, pero que deseo compartir con ustedes mis experiencias sexuales, como dice el título comenzaré con mi primera vez.

    Yo vivo en la costa de mi país, un sitio caluroso, en la que mientras estaba en el colegio, nunca pude estar con ningún chico, ya sea por alguna circunstancia, en cambio mis amigas ya algunas de ellas ya no eran vírgenes, y es que por el clima o no sé, muchas pierden su virginidad antes de los 18, cuando acabé el colegio ya tenía 18 años y entré en la universidad.

    Comencé a sentir que los chicos me miraban, y no era para menos, no soy alta ni tampoco bajita estaba por el 1,65, sin embargo tenía unos senos grandes, una cintura de avispa, y un trasero bien puesto, unas piernas de una chica que hace ejercicio y es que gustaba el gym por eso me consideraba una chica fitness.

    Al cabo de seis meses tuve un novio, era un poco más alto que yo, de apariencia blanca, de talla normal, pero me gustaba su trato, yo sabía que él no era virgen, y yo tampoco se lo conté y en las ocasiones que hablamos lo evadía. Así que entre besos, abrazos y caricias, nos calentamos y era obvio, habían pasado seis meses, así que yo ya quería coger, sentir una verga dentro de mi, tenía ya los 19 años.

    Él y yo sabíamos que queríamos coger, solo que no queríamos un lugar improvisado. Un día él me dice que no va a ver nadie en su casa que para ir a estudiar, obvio yo sabía en qué iba a terminar, así que me puse mi vestido rojo que me llegaba hasta media pierna y un escote que dejaba ver mis grandes senos claramente, abajo tenía un cachetero negro y obvio sin sostén, llegué a casa, él apenas me ve entrar me da un beso apasionado, me da la vuelta y me dice:

    «Uuufff Vivi realmente estás buena… perdón jeje estás bellísima»…

    «Jajaja pues tú tampoco estás mal»

    Finalmente nos sentamos en el sillón y entre conversas nos acercamos más y más, cruzo mis piernas hacia él, él entiende mis movimientos así que pone su mano en mi pierna y la otra mano va atrás de mi cabeza y me acerca a besarlo, mientras ocurría el beso, el corazón se me aceleraba, y era porque sabía lo que iba a pasar. Mientras nos besábamos su mano comienza a subir más y más por mi pierna y la comienza acariciar, y después su mano sube hasta llegar a mis senos. En ese punto sentí un escalofrío, sentir por primera que un hombre me coja los senos. Él los aprieta con suavidad y comienzo a soltar pequeños suspiros mientras lo beso, de ahí su mano va hacia mi hombro y comienza a deslizar el vestido. Me alejo un poco y él me baja el vestido hasta que mis senos quedan al descubierto, sus ojos se iluminaron al ver esos grandes senos, parados y deseosos de ser de él…

    Mi cara era roja de la vergüenza, pero a la vez de excitación, en un abrir y cerrar de ojos él me comienza a tocar los senos a tocarlos, acariciarlos, yo pongo mi mano en su pierna y comienzo a subirla, él se pone más cómodo para que pueda subir mi mano sin problema. Cuando llego ahí, su verga estaba dura como si quisiera romper el pantalón… él me vuelve a besar, y poco a poco va bajando desde mi boca, por mi cuello, mis hombros, y llega hasta mis senos. Me encantaba la suavidad y paciencia que tenía, aunque yo quería que vaya más deprisa, pero le agradezco que fuera así ya que quería que fuera una experiencia que recordaría. Con su lengua comienza a lamer mis senos por los lados, los besaba, me mordía los pezones…

    Yo estaba excitada a mil, yo gemía, mi respiración era acelerada, así que abrí los ojos y lo vi como me chupaba los senos, era un deleite que no puedo describir, yo no quería quedarme atrás, lo retiré y le comencé a sacar la camisa y lo besé por el cuello, el pecho, y antes de desabrocharle el pantalón, le digo:

    «Oye amor, tienes una cama donde ir para estar más cómodos»

    «Claro bebé te llevaré a mi cama»

    Así que se puso de pie y me cargo hasta la habitación, al ver la cama era de unas dos plazas lo suficiente para todas las poses posibles decía entre mi. Me acostó en la cama, y me siguió besando el cuello, los senos y sus manos acariciaban mis piernas por debajo del vestido que todavía lo tenía. Después de un rato él se incorpora y sus manos van debajo de mi cadera y me saca el vestido, después de eso me siento en el filo de la cama y él de pie le bajo el pantalón y ahí vi su verga dentro de su bóxer que estaba que reventaba, así que se lo bajé despacio y cuando lo vi… uuufff era una verga de unos 19 cm, normal diríamos, pero que yo decía que para primera vez estaba bien. Él agarra mi mano y lleva hasta su verga para que la sienta y claro no sabía cómo masturbarle, estaba muy nerviosa, él me indica cómo hacerlo así que comienzo a masturbarle, él soltaba gemidos, entonces me dice:

    «Te gustaría chuparlo?…»

    «Noo nunca lo había hecho»

    «Te va a gustar amor en verdad»

    La verdad no me apetecía hacerlo, pero mis amigas me habían dicho lo rico que era así que me animé a hacerlo. Primero le pasé la lengua por la punta de su verga, le acariciaba las bolas, le besaba por el tronco le pasaba la lengua y me decidí a meterle en mi boca, así que despacio lo metí no cabía todo, no estaba acostumbrada, me dolían un poco las mandíbulas, él pone su mano atrás de mi cabeza y comienza a empujar de dentro para fuera y poco a poco iba en el mete y saca, me comenzó a gustar lo que hacía sentir esa rica verga dentro de mi boca, y más me excitaba preguntarme si se sentirá igual de rico estar dentro de mi vagina virgen. Comencé a acariciarme los senos y tocarme la vagina, él en cambio tenía la cabeza viendo hacia arriba con los ojos cerrados y diciendo:

    «Ooohhh Vivi que rico que lo haces para ser la primera vez me tiene a full… eso bebé no pares»

    Estuvimos así unos diez minutos, después él me acuesta boca arriba y me besa los pies, mis piernas y me saca el cachetero negro que tenía, después me abre las piernas y comienza a tocarla con los dedos y me di cuenta que quería meterme los dedos en la vagina, así que le digo que no…

    «Por fis no así, te digo algo soy virgen»»

    «En verdad bebé no te creo»

    «Siii no te quería decir, quería que todo fuera de a poco»

    «Ok bebé que delicia y gracias por dejarme ser el primero en comerte, lo haré despacio bebé»

    Después de eso me pasó la lengua por la vagina, el clítoris:

    «Aa ahhh bebé así así que ricooo»

    En realidad me chupaba súper rico sentía como me hacía venir, y en eso tuve mi orgasmo y él no se detuvo, seguía con más ganas comiéndome mi vagina. Después se incorpora y me abre las piernas y veo que pone su verga en la entrada de mi vagina y comienza a pasarla por la punta como pidiendo permiso, en eso comienza a meterme la punta, yo solo gemía, la verdad me dolía, pero era una sensación rica, así que poco a poco me lo me metió todo y comenzó con el bombeo, primero despacio, yo estaba ahí gemía como loca. Yo creo que se escuchaba hasta la calle, me tenía en el misionero, escuchaba como esa cama rechinaba por el movimiento, y mis gemidos y los de él llenaban la habitación, sentir esa verga dentro me hacía delirar, por fin estaba cogiendo…

    A su verga la vi toda roja por la sangre, de la virginidad que había perdido…

    Al rato el salió de ahí y se acostó y yo me subí dispuesta a cabalgarlo, cogí su verga y me la metí poco a poco en mi, sin dejar de sentir un poco de dolor, y me comencé a mover de cada vez más fuerte sentía como toda su verga entraba hasta el fondo, me movía tanto que la cama se movía de su sitio, luego el subía un poco sus piernas que comenzaba a bombear y yo ahí gritaba y gemía del placer. Después me dijo que me ponga en cuatro, así que lo hice, él me decía que tengo un culo delicioso y enseguida me penetró, y me daba duro las embestidas eran tremendas, yo solo ponía mi cara en el colchón para morder las sábanas por el dolor y la satisfacción que sentía, se escuchaba el sonido de su pelvis contra mis nalgas, así estuvo un buen rato, en ese instante me vino orgasmo de lo más delicioso, y casi también se vino él, así unos segundos antes de venirse lo saco y me boto toda esa lechita sobre mi culo y espalda, sentirla caliente sobre mi piel uf fue relajante…

    Finalmente él se acostó y yo a lado de él viendo como su verga se ponía más flácida cada vez, y ver las sábanas con rastros de sangre por la desvirgada que me dio. Y ahí nos quedamos charlando un rato hasta poder levantarme e irme, no sin antes darle un beso largo de agradecimiento por haberme hecho mujer ese día…

    Y claro no fue la última vez que cogimos después de eso cogimos ya muchas veces por los siguientes meses y claro todo se acaba…

    Más adelante tendría otro novio en la universidad y ahí probé mi primera fantasía el tener un trio HMH… pero eso será para el próximo relato…

    Si te gusto el relato no te olvides de hacérmelo saber y poder subir la siguiente experiencia. Gracias por leerlo.

  • Amor secreto con mi jefa (Parte 3)

    Amor secreto con mi jefa (Parte 3)

    Ya enamorados completamente, durante la jornada laboral nos lanzábamos miradas cómplices y solo era cuestión de salir del trabajo para irnos a su departamento o al mío, era lo me menos, lo importante era tener sexo, cada quien por su camino para que no sospecharan los compañeros y amarnos, mi jefecita “Mariela” y yo, en secreto.

    Esa noche, en su departamento, los dos sentados en el sofá viendo televisión, ella se había puesto cómoda con un pants deportivos color rosa con vivos blancos desde su cintura hasta sus tobillos, muy ajustado que mostraba su armoniosa caderita, resaltaba sus nalgas preciosas y sobre todo un pequeño y discreto bultito en su bajo vientre, señal de un vello púbico depilado y cuidado, vestía además una blusa sin mangas color blanco que apenas le cubría por completo sus senos pero que dejaba ver el contorno de sus pechos y sus bracitos, ahí mismo la recosté y la bese en el cuello, caricia que a ella le calentaban sobremanera, poco a poco la fui desnudando, le quite la blusita y le desabroche el sostén con una sola mano, acto que le causo una risita, le tome los pechos con ambas manos y alternando mi lengua con cada seno no desprecie ninguno, los dos pezones recibieron mis caricias, le quite sus pants con un poco de dificultad ya que su cadera y sus nalgas apretaban la prenda.

    —¿Te puedo dar un beso ahí abajito? —le pregunté

    —Sí —respondió con su vocecita.

    Esa maravillosa imagen de ella, acostada con sus piernas fuertes, solo con ropa interior y ese pequeño moñito blanco en la parte superior de su panty, en el vértice de sus piernas, ese hermosa protuberancia que hacen sus labios, quien adore el cuerpo femenino como yo sabe a qué me refiero, acerqué mi cara para ver y sobre todo oler el triángulo que forman sus piernas y bajo vientre y percibí ese olor natural previo, de los sudores normales, antes de descubrir ese espacio íntimo, su cintura se muestra en todo lo alto y la cadera se mueve al ritmo de la excitación y acompañado de sus tenues gemidos femeninos, sus piernas atrapan celosamente la parte central de su panty, que ya huele un poco más a sexo, mientras entrecierra sus ojos y abre su boca tratando de respirar con más facilidad con esa forma de su boca que solo se hace cuando se está excitada, arquea su espalda levantando el pecho y haciéndolos visualmente más grandes, coloco mi cara sobre su panty y jalo con mis dientes el moñito para bajársela un poco, froto mi nariz en su clítoris y mis labios juntos muerden con delicadeza su labios mayores, siempre sobre su panty entonces ella levanta su cadera hacia mi cara para sentir más mi caricia y me provoca pequeños pero sabrosos golpecitos de su pubis en mis labios, su olor se hace más fuerte y la humedad aparece en su tierna ropa interior.

    Mi legua arremete con más fuerza para sentir ese sabor reservado para el goce, con labios y dientes le bajo su panty hasta ver su pubis, depilado estilo brasileño, una pequeña pista rectangular, que parte del inicio de camel toe, se quita sus pantys, levanta sus piernitas y veo sus nalgas y la entrada su sexo con vellos, abierto, como una flor, jugoso de deseo, comencé posando mi lengua en sus labios menores, ya semiabiertos, húmedos, como probando un helado, con mi lengua plana y amplia, en su entrada, sentí al instante su sabor íntimo, sus jugos saladitos, ella se retorció de placer, gimió como nunca, le doy una larga mamada a su vulva, recorriendo todo su sexo deleitándome con sus olores, su sabor sexual, sus fluidos femeninos calientitos, sus vellos en los labios mayores, en su vulva, muy negros, mojados, atrape su clítoris entre mis labios, apretando suavemente y a la vez succionándole provocando que ella me sujetara fuerte de la cabeza para no interrumpir mi caricia.

    Finalmente le pedí de forma delicada que si podría corresponderme a las caricias que yo le hacía, para lo cual me había lavado perfectamente, para evitar cualquier mal olor, y ella se atreviera a ponerme su boquita, su lengua, sus labios en mi negra y horrorosa cabezona verga, me recosté boca arriba, ella me beso en la boca recorrió mi cuerpo hasta llegar a mi abdomen que lamió la línea de mis vellos que ya comenzaban a aparecer, llegó hasta mi pene, lo tomó con delicadeza, descubrió la cabeza que presentaba una larga y transparente gota de líquido mismo que se ella se encargó de lamer como si de miel se tratara, después de pequeñas mimaditas, sin atreverse a metérsela por completo en su boquita, la acomodé de manera que su vulvita quedara sobre mi boca y mi verga apuntando directo a su boca, mi lengua y labios y nariz se perdieron en sexo femenino, abierto por su posición, con sus piernas encajonando mi cabeza, recorrí todo su sexo, desde el clítoris hasta su zona cercana a su ano, deleitándome con la vista, con el olfato y con el gusto, sus nalgas se veían enormes redondas sobre mi cara, desde esa posición podía ver su ano, esa sexi mancha oscura, que se contraía a compás de su excitación al mamarle su bello sexo.

    En tanto ella al fin metió todo la parte que le cabía de mi trozo de carne negra y venosa en su suave boca y húmeda lengua, se apoyó en la cama con sus manitas, dejando solo su boquita para chupármela, llenó de saliva mi verga para solo bajar y subir sus labios, sentí llegar al cielo con semejante y experta caricia, el gozo era mutuo, ella gemía mientras le clavaba mi lengua en sus entrañas comiéndome su feminidad, me atreví a alargar mi lengua para lamer su ano por un instante, ese momento fui consciente de lo que le estaba haciendo a esa hermosa damita en sus candentes veintes, convertía mi sueño en realidad de poseer sentimental y físicamente a esa mujer que tanto amaba.

    Volteó su cuerpecito y se sentó en mi verga, con las piernas atrapando mi cadera, jugueteó conmigo.

    —Tienes cara de excitación —rio divertida.

    En ese momento le cambié su cara de risa cuando le introduje de golpe mi verga en su vagina.

    — Ahora tú tienes la carita de excitación —le dije sonriendo.

    Mientras le metía con ritmo rápido mi verga, ella solo atino a mover su caderita con rapidez para disfrutar de la penetración, alcanzando el clímax eyaculé fuera de ella, en su espalda, tomó con sus dedos parte de mi semen.

    —Mira tus bebes, me los dejaste en mi espalda —me sonrió.