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  • La chica tanga

    La chica tanga

    Son las seis de la mañana, lo sé porque al mirar hacia la ventana veo como los rayos del sol se asoman a través de las nubes: está nublado y eso significa que el amanecer está perfecto para mis intenciones, si bien me choca despertar antes de que suene mi alarma. Pero bueno, alguien necesita hacer un poco de ejercicio y no tengo escapatoria.

    Lo olvidaba, mi nombre es Ana, mido 1.65, soy de complexión delgada, no en los huesos, aclaro, pero el par de redondas y paradas nalgas y unas tetas 32B que se ajustan perfecto a mi figura hacen que me defienda, la naturaleza me brindó un buen cuerpo y no lo puedo negar. Tengo 18 años, y a pesar de lo anterior es sorprendente que no sea como las demás chicas de mi edad que andan en busca del amor y un príncipe azul. Yo soy más honesta y reconozco que le doy preferencia al sexo: simplemente me fascina, tanto que creo sentir una especie de adicción por las vergas, tan es así que ya llevo probadas como 10 jajaja ¿me pasó, no? Sin embargo, no piensen mal: lo hago por ese cierto placer que se vuelve indescriptible, no por fácil.

    Y retomando el tema, me gustaría contarles lo que me pasó ese día nublado. Era un sábado concretamente, y me levanté con pocas ganas de correr, la verdad. Ante ello, y a manera de motivación, me di una breve ducha y posteriormente me dispuse a vestirme de manera cómoda, porque no tenía la intención de ver a nadie en ese rato: Ya estaba por salir de mi casa, cuando me llegó un mensaje de Tony, un chico de la Uni al cual me había estado acercando desde hacía unas semanas, porque honestamente está que se cae de bueno, con su 1.85 de estatura, músculos definidos, cabello negro corto, y unos ojos que te derriten. Era una de las presas que me faltaba por comer jajaja y solo esperaba el momento adecuado para convertirlo en el número once. En fin.

    La razón de su mensaje era saber qué haría ese día, a lo que contesté que iría a correr, explicándole mi ruta: bajaría por el camino empedrado del cerro cercano a mi casa, hasta llegar a la playa; y él, como vive cerca de aquí y obviamente es aficionado al ejercicio, se apresuró a ofrecerse como acompañante, diciendo que era un lugar solitario y que era mejor que no anduviera sola. Gustosa le dije que sí. Sentía que era la oportunidad que esperaba.

    En consecuencia, decidí modificar mi atuendo para llamar su atención: opté por un mini short de color negro que enmarcaba mis piernas torneadas y mis labios vaginales, además de resaltar mis bien formados glúteos, y por debajo de este una tanga de hilo, para que se volviera más notoria la separación entre mis pompas; acompañado de un sostén deportivo que, al correr y sentir el roce del viento, suele producir que mis pezones se pongan duritos, situación que robaba las miradas de algunos chicos que pasaban cerca de mí. Estaba confiada en que este outfit no pasaría desapercibido para Tony.

    Quince minutos después, él llegó a mi casa, vestido con un pantalón deportivo y una playera de resaque, gracias a la cual pude admirarlo: por una parte, me recreé con sus grandes músculos; y por otra, discretamente dirigí mi vista hacía el paquete que se le notaba quizá más de lo debido en ese pants; situación que me hizo sonreír e imaginar cositas ricas. Para no verme más obvia, le hice la plática y luego le dije que nos fuéramos, porque se nos haría tarde.

    Una vez estuvimos en el principio del tramo que recorreríamos, me coloqué mis audífonos y luego estiré un poco mis piernas y espalda tocando las puntas de mis pies con mis dedos, y ahí pude notar a Tony viendo mis nalgas, tensas por el calentamiento que hacía. Y a su vez, verlo desde abajo hizo que cruzara por mi mente que podríamos hacer un 69 perfecto: su cara hundida entre mis nalgas, degustando con su lengua los fluidos de mi húmeda panocha, a la par que me metería un dedo por mi agujerito de atrás; y a su vez yo me comería la cabeza de esa reata mientras que con una de mis manitas le haría una puñeta, y con la otra sobaría esos huevos cargados de tibia leche. Qué rico sería eso. Cuando me percaté que otra vez soñaba despierta, le sugerí que se estirara igual, y él rápidamente se volteó y comenzó a estirar sus largas piernas.

    Tras el calentamiento, empezamos a trotar por algunos metros, cada quien en lo suyo, y de repente me detuve al escuchar el estruendoso ladrido de un perro que estaba en una de las casas que acabábamos de cruzar, y eso nos desconcentró, y antes de comenzar a trotar nuevamente pudimos notar que del otro lado de la acera, y como si nos hubiese dicho a ambos «hey, aquí estoy», venía una chica, la cual podría ser descrita como gordibuena: medía alrededor de 1.60, piernas torneadas, aunque no tanto como las mías, grandes tetas, quizás una copa 34C, pero lo más extraordinario era por mucho su formidable culo.

    Era imposible no voltear a ver ese leggings azul tan ajustado que portaba, ya que parecía que de un momento a otro se iba a romper por tanta carne: sus nalgas eran enormes, considerablemente más grandes que las mías, incluso más paraditas y redondas, tanto que debo admitir que provocaban darles una buena nalgada jajaja y para acabarla, la prenda era semitransparente, tanto que era posible ver la minúscula tanga del mismo color, supongo para no desentonar. Vaya que fue impresionante, deberían haberla visto. Se notaba con total claridad cómo semejante culote devoraba la tanga como si tuviera hambre. Digo, no me gustan las chicas, pero negar que era atractiva hubiera sido una mentira, debo reconocerlo.

    En ese momento me dije «si tú estás pensando esto, ¿qué podría estar pensando Tony?» e inmediatamente volteé a verlo y sí, su mirada estaba fija en ese par de carnosos glúteos, y al mirar debajo observé su verga, estaba totalmente erecta abultando su pants como si una carpa de circo se tratara. Ante tal visión, mi mente me hizo una mala jugada, ya que por un motivo que ignoro, imaginé a Tony desnudo cogiéndose a la Chica Tanga: en mi fantasía él la tenía de perrito, bien sujeta de esas caderas tan anchas que tiene, abriendo lo posible ese par de nalgotas de infarto para ver cómo le dejaba ir sus 20 centímetros de gruesa, cabezona y erecta reata, por la estrecha y cremosa panocha de la muchacha. Juraría que escuchaba el golpeteo de sus huevos contra el enorme trasero de la joven, aunado a los gemidos de placer ahogados de ella y el sonido, más parecido a un gruñido, de él. ¿Por qué mi mente recreó esa escena entre ellos en lugar de nosotros? es un misterio.

    De pronto, Tony volvió en sí y me preguntó si todo estaba bien, a lo que contesté con un escueto «sí», y lejos de evitar el tema, en automático le comenté: «¿viste que nalgona está la muchacha? Hasta le rebotan de lo grandotas que las tiene, y creo haberle visto la tanguita también. Apuesto a que se te antojó, ¿no? Jajaja», a lo que él respondió con risas nada más. Supongo que quiso aparentar que no vio, pero su bultote lo contradecía. Pasado ese momento, decidimos proseguir con la rutina, ya que aún nos faltaba un gran tramo para llegar a la playa.

    Como nos detuvimos por ese instante, ella nos rebasó, así que por unos minutos fuimos tras de ella, y el casi hipnótico movimiento de esos glúteos siguieron siendo un distractor para ambos: él mantuvo, descaradamente, un paso más lento del que suele hacer, ni siquiera disimuló; y a su vez, yo me preguntaba «¿qué tengo que hacer para aprovechar su calentura y que me coja de una vez por todas?». Y así continuamos hasta que ella se quedó en un mirador, descansando y estirándose un poco, y nosotros nos enfilamos, ya a velocidad normal, hacía nuestro destino, la playa.

    Llegando ahí, ambos estábamos sudados. Podía notar el brillo en sus músculos, y mientras hablábamos de cosas irrelevantes, me fui acercando cada vez más a él y ya no pude resistir más y me le abalancé para besarlo. Él no titubeó y me tomó de la cintura con gran fuerza, y bajó poco a poco sus manos hasta apretar con gran deseo mi culo. Yo sentí cómo mi panocha se mojaba aún más, porque lo admito, desde aquella visión había empezado a lubricar, de manera que ya estaba lista para ser penetrada. Por tal motivo, lo tomé de la mano y lo llevé a los baños, pues esa playa es un balneario, y por ser un sábado temprano supuse estaría vacío, y una vez dentro del baño, por la adrenalina de la ocasión omití cerrar la puerta con seguro.

    Y sin dilación, y muchas ansias, me giró para darle la espalda, y me inclinó un poco hacia el frente, en el lavabo, donde recargué mis manos, para posteriormente bajar mi minúsculo short, hacer de lado mi tanga y acomodar el hilo en mi nalga derecha, y enseguida abrió mis nalgas y metió su lengua en mi chiquito, cosa que me hizo soltar un sonoro gemido, me valió que fuera un lugar público: era mi objeto de deseo y como niña caprichosa que soy, lo que quiero lo obtengo. Él sólo se despegó de mi orificio trasero para decirme lo rico que le supo y que tenía ganas de hacerme eso desde que me vio en la Uni el día que me conoció, dado que ese día traía yo unos jeans untados y él se quedó prendado de mis bien formadas pompas.

    Su beso negro y la posterior confesión me excitó tanto, que me giré para regresarle el favor, así que él ya sabía lo que seguía, y se dejó bajar el pants, tras lo cual su verga fue liberada de su encierro, tal como si de un resorte se hubiese tratado. Esa reatota era una maravilla: estaba tan gruesa, erecta y cabezona cómo me la imaginé, o probablemente más, y ya no pude contenerme y procedí a consentirle ese palo: lo lamí con suavidad desde los testículos, y los apreté un poco, sintiéndolos bien llenos de mecos, así que con mi lengua y labios recorrí desde las bolas hasta la gruesa cabeza, misma que me metí entera a la boca, para succionar sus deliciosos jugos, a lo que él reaccionó con un gemido intenso, sin duda le estaba gustando aquello.

    Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que él me levantara y pusiera sobre el lavamanos, para abrirme las piernas, y meter su lengua en mi panocha y beber de mis calientes jugos. Yo estaba que reventaba de placer, podía sentir como mi piel se erizaba con una descarga de energía que nunca antes había experimentado, sentí como mi clítoris sobresalía esperando que lo tocara con su lengua, cosa que sucedió, mientras metía su dedo medio en mi vagina, situación que me puso a punto y no resistí más, le solté los jugos de mi venida y él los bebió todos.

    Ni siquiera pasó un minuto cuando le pedí que ya la metiera, «quiero sentirte dentro de mí, papi» le dije con voz mimada, así que él se quitó su playera, la puso el suelo, y yo entendí qué quería: a mí de perrito, cosa que no le iba a negar, y me acomodé como debía, a gatas y con la espalda arqueada resaltando mi culo, y él se puso detrás de mí, y con su verga dio unos golpecitos a mis nalgas, para luego meter ese palo en medio y apretar mis cachetes alrededor de él, sentí delicioso el frote aquel, pero ya quería sentirlo dentro, así que le pedí que lo hiciera. Y obvio me hizo caso.

    Solo sentí como la cabezota de esa verga se abría paso entre mis labios vaginales, y no paró hasta que esos 20 centímetros de verga se perdieron en mi interior. Yo solo gozaba al sentir cómo entraba y salía ese pistón de carne de mi panocha, y él me decía que lo ponía muy mal el ver cómo mi panocha le dejaba toda cremosa su reata, y luego de unos minutos de intenso mete y saca, donde no parábamos de gemir, porque literalmente se la estaba exprimiendo con mis paredes vaginales, me dijo «ya me voy a venir, ¿dónde quieres la leche, mami?» y yo le dije como pude «adentro, echa todo dentro, mmm» y así con un gemido fuerte de su parte dejó salir varios chorros potentes de mecos en mi útero, y yo también me uní al concierto de gemidos por eso.

    Una vez que entramos en razón de que al ser un lugar público cualquiera podía entrar, nos preocupamos por vestirnos rápido, y en el momento en que íbamos a recoger la ropa del suelo, se abrió la puerta, y mis ojos no daban crédito: era la Chica Tanga. Era obvio, llevábamos la misma ruta, solo que no nos detuvimos a pensarlo, y se quedó en shock parada en la puerta, y juraría que le vi una breve sonrisa perversa al momento de verle la verga a Tony, que aún estaba parada y llena de mis jugos.

    Después de ese vistazo ella se sonrojó y dijo «disculpen, no sabía que estaba ocupado», con un tono que sonó algo cómplice, y Tony le guiñó el ojo y puso su dedo índice sobre su boca, a la vez que sacudía un poco su palo, creo que se lo presumía, porque definitivamente se tuvo que dar cuenta que la chica se impactó al ver semejante ejemplar jajaja y yo me limité a tomar mis cosas, y pasé al lado de ella diciendo «gracias por no armar un escándalo», a lo que ella no contestó más que con otra sonrisa, en parte creo que entendía lo que estaba pasando mejor de lo que esperaba. Todavía me pregunto si habrá escuchado o visto más.

    En fin, esa fue mi experiencia. La Chica Tanga no supo que la usé para saciar mis más bajos instintos, dado que fue así como cumplí mi fantasía de coger con Tony, y superando mis expectativas: me cogió de perrito en el baño de un balneario jajaja. Para ser honesta nunca había tenido una experiencia tan excitante, y todo gracias a una desconocida, la Chica Tanga.

  • Me porté como una putita

    Me porté como una putita

    Fue un día jueves, me llamó un amigo, se llama Andrés, con el que tengo relaciones sexuales, para ir al hotel por la tarde, un par de horas, nos quedamos de ver en una plaza del sur de la ciudad. Después de comer me metí al baño y me puse unas tanguitas muy coquetas, color rojo y chiquitas, a Armando le gustan, le dije a mi esposa que vería a un posible cliente y regresaba en tres horas más o menos.

    Llegué a la plaza y llegando me llama Armando para decirme que no podría salir, tenía mucho trabajo de última hora, para entonces ya estaba muy caliente, fui a esperar el camión para regresar a la casa. Esperando el camión llego un joven como de 30 años, con pants, pero me di cuenta que venía con la verga parada y no traía calzones, se le notaba muy bien la verga, no muy grande, pero de buen tamaño, se dio cuenta que le estaba viendo la verga y nos sonreímos, yo me chupé los labios, en señal de que me gustaba.

    Nos subimos al camión, me senté y él se paró al lado mío, poniéndome la verga sobre el hombro derecho, yo la recibí con agrado, arrimándole más el hombro, en un instante mientras subían más pasajeros, con la mano izquierda la puse sobre mi hombro, en donde tenía la verga, y se la agarre por un instante, le dio más confianza y me la pego más, el camión venia completamente lleno, lo que permitió que me pegara su verga por completo en el hombro y brazo, cuando se la agarre me di cuenta que no traía calzones, más me calenté.

    Más adelante se paró una señora junto a donde venía yo, me levante y le di el asiento, y me pare adelante del amigo, al que llamare Luis, nunca supe su nombre, le arrime las nalgas a su verga, luego me la puso entre las nalgas y comenzó a menearse como si me la metiera, yo le arrimaba y meneaba las nalgas para sentir su verga entre ellas, cuando me la ponía entre el canal, apretaba y soltaba las nalgas, el me apretaba más. Le dije que lo invitaba al cine, acepto y más adelante nos bajamos para ir al cine porno.

    Entramos y nos fuimos hasta atrás y aun lado del cine, me senté y Luis a mi lado, de pie se sacó la verga y me la ofreció, le di una muy rica mamada, me la metía tanto que la sentía en el tope de la garganta, estaba muy caliente, después de un rato me dijo si quería que me la metiera, yo acepte, le puse un condón, siempre cargo uno cuando salgo de “putita”, me levante, me pare delante de él, me baje los pantalones, me hiso a un lado la tanga y me beso las nalgas, me dio de besos y lengüetazos en el ano, metiendo su lengua y dos o tres dedos en mi ano, cuando vio que estaba listo, me la metió muy despacio, hasta el tope, ya que la tenía toda adentro, me cargo de las nalgas levantado mis pies del piso, yo me apoye con los brazos en el barandal que esta al final de la sala y ahí me dio la cogida más fenomenal de mi vida, me meneaba las nalgas como quería, yo solo apretaba el ano y las nalgas para darle placer a él, después de un rato sentí que se venía intensamente dentro de mí, lo sentí porque se hincha la verga y el condón.

    Pensé que ya terminaría ahí, ya estaba cansado de estar sobre mis brazos, pero no me la saco, se le puso un poco suave, y me besaba el cuello y la espalda, pero después de dos o tres minutos sentí que su verga se ponía nuevamente muy dura, san sacarla me inicio otro rico palo, yo con las piernas colgando, el me cargaba mientras me penetraba, me besaba la espalda, el cuello.

    En ese instante no sé cómo inicio con su verga a rosar mi próstata, y realmente me calenté sobre manera, se me paro la verga y sentía muy rico tener su verga dentro de mí, no quería que terminara, me anuncio otra venida y me pidió que nos viniéramos juntos, yo me acomode más a su verga para sentir esa sensación tan rica y cuando inicio su venida yo inicie la mía.

    Nos venimos juntos, muy rico, nunca había sentido eso, ya que no me toque para nada mi verga, solo con el rose de Luis dentro de mí, muy rico, único, se quedó un rato sobre mi espalda, su verga se calmó y se salió del condón y de mi ano, me dijo si quería que me quitara el condón, le dije que no, quería seguir disfrutando de la cogida tan rica, se sentó y yo me para junto a él, le puse mi verga todavía parada, sobre a su hombro, la agarro y se la metió a la boca, me inicio una rica mamada, en eso otro amigo, se paró junto a mí, yo estaba con las nalgas de fuera, los pantalones hasta el piso y mi tanga de lado, este otro amigo inicio a tocarme las nalgas, después me puso el dedo sobre el ano, creo que quería meterme el dedo, sintió que tenía el condón, solo me acaricio el ano y las nalgas, mientras Luis me la seguía mamando, cundo sentí la verga del otro amigo sobre mis nalgas, sobre el canal que forman ellas, subía y bajaba su verga, solo me rosaba el ano con su verga y me agarraba de la cintura, cuando sentí que me venía en la boca de Luis, el de atrás inicio su venida, me dejo el canal de las nalgas y la espalda llenas de semen, yo estaba feliz.

    El que estaba sentado se levantó, me dijo que tenía unas nalgas como de mujer, muy ricas, bien formadas y muy meneadoras, se despidió de mi sin saber su nombre ni nada de él, me senté, con los pantalones hasta el piso y la verga parada, el que se vino en mis nalgas se fue y cuando sentí ya tenía otra verga sobre el hombre, me la metí y le di una buena mamada hasta que se vino, me mancho todo el pecho y las piernas.

    Fue mi estreno como “putita”, tres de un solo jalón. Muy rico.

    Me gusta estar con dos hombres al mismo tiempo, con uno haciendo un rico 69 y el otro entre mis nalgas.

    Gustas???

    Atte.

    Nalguita caliente.

  • Mi prima Karla, nuestra primera vez

    Mi prima Karla, nuestra primera vez

    Creo algunos o si no es que la mayoría de nosotros vamos a llevar por siempre el bello recuerdo de nuestra primera vez, en mi caso fue una experiencia única y grandiosa en ese momento. Les describiré parte de esa historia como fue el despertar sexual en mi caso.

    Como a algunos nos ha pasado tuvimos la oportunidad de haber iniciado viendo revistas sexosas que estaban “secretamente escondidas” por nuestro padre, en mi caso me tocó encontrar revistas del conejito, o había unas del tipo “fotonovelas” donde la trama era como una novela pero con fotos y desnudos de los actores porno, también encontramos películas en formato BETA aquellas que eran rentadas por mi padre en el videoclub de la sección de adultos, conociendo a las estrellas porno de la época y de películas de culto como Sylvia Kristel, Linda Lovelace, fuimos fans de Ron Jeremy que hacía gemir a las estrellas porno de la época de los 80s chicas delgadas y de preferencia rubias. Y qué decir de nuestro cine de oro de Ficheras, vaya que si le dedicamos las primera des-lechada a Sasha Montenegro, Angelica Chain, o Maribel Guardia, quienes en galardonaron con poca ropa en las secciones de los periódicos y revistas de circulación nacional.

    Ese material nos ponían como torito de lidia, ya habíamos experimentamos los primeros tocamientos, la mayoría de amigos de juegos andábamos casi en la misma edad. Habíamos experimentado alguno que otro escarceo con las vecinas de la colonia entre juegos nocturnos o las excursiones que hacíamos por el bosque de la zona montañosa, ya sabíamos más o menos lo que buscábamos de aquellas vecinas para más tarde hacer el recuento entre primos varones de nuestros avances con las vecinas y de lo que habíamos logrado con alguna de ellas, dando el parte de aquellos romances juveniles.

    Como parte de nuestra educación aparte de todo el material pornográfico que encontrábamos, recuerdo un libro muy especial en mi formación, era de educación sexual, no tenía fotos, más bien era como un libro de medicina y mostraba dibujos y gráficas de los órganos sexuales, algunas posiciones sexuales, etc., era como la biblia entre nosotros los varones de la familia, como chamacos pen-tontos nos los préstamos, o hacíamos referencia en nuestras pláticas de tal práctica y el libro decía tal cosa etc…

    Fue un material excelente para para nuestra formación sexual.

    Crecimos varios primas y primos unidos ya que en nuestra casa habíamos hasta 4 familias de hermanos, de ahí mis primas y primos. Aunque hasta ese momento mis primas no entraban en el menú de nuestros experimentos sexuales, yo no tuve hermanas, pero si varias primas. Es especial y lo que paso en esta experiencia, fue con mi prima Karla (*Nombre Ficticio para resguardo de su integridad*) que era un año menor a mi, y recuerdo que ella iba concluyendo la secundaria a sus 18 años, por el uniforme que algunas veces tenía puesto cuando sucedió lo que les confiare en este relato. No sé en qué momento sucedió, tal vez de aquellos juegos que habíamos ejecutado en las noches que salimos a divertirnos, algo despertó entre ella y yo, ella era de complexión delgada casi nunca engordo de más, tenía bonito cuerpo, morena clara su piel, sus facciones finas nunca sufrió de acné por lo que su rostro era terso y con su nariz respingada, la verdad Karla era como una afrodita morena.

    Anteriormente en nuestros juegos de escondidas hubo algunos roces o tocamientos con ella, pero nunca más allá precisamente por el vínculo familiar tan estrecho. Casi como de hermanos. Por eso a esa alturas de la vida estaba uno más enfocado en las vecinitas y claro a veces en las comidas familiares salían las bromas del “noviazgo” con x o y vecinita, y mis primas pues entre recelo solo hablaban mal de aquellas vecinas que eran una especie de “zorritas” en fin, no sabía si había otro interés en esas “discusiones” por demostrar los cascos ligeros de algunas vecinas con las que nos reunimos en las tardes-noches para “jugar”.

    Algo sucedió en alguna ocasión que recuerdo que estábamos una tarde ella y yo solos en casa de la abuela. Ella empezamos a bromear al respecto de las “Zorritas” a las que pretendíamos los varones y empezó a molestarme mientras yo estaba sentado en un sofá en la sala, recuerdo que esa tarde ella llevaba puesto aún su uniforme de la escuela, falda cuadros gris arriba de la rodilla, blusa blanca, suéter y con sus blancas calcetas casi a la rodilla, empezó a hacerme burla con aquella vecinita que no se me había hecho con ella pero su reputación entre los del barrio no era muy respetada. Intentaba no hacer caso a sus burlas ella se vio obligada a hacerme cosquillas entre burlas y reclamos, ella estaba sobre de mi en ese jugueteo y en algún momento las cosas se salieron de control ya que por defenderme de sus piquetes, yo había tocado algunas partes de su cuerpo. Era la primera vez que tocaba y pensaba así a mi prima, o tal vez en alguna de las tantas chaquetas que me hice de joven viendo alguna revista o película porno si salió ella como la protagonista de esa caricia tan íntima.

    Pero tener así a Karla en ese momento había movido nuestras fibras. Había sentido sus formas por encima de su uniforme. Se sentían unos piernas muy bien torneadas y sus pechos pequeños, pero lo suficiente como para caber en mi mano. Había sido un juego torpe como mis movimientos. Sí nos habíamos calentado demasiado hasta llegar a probar nuestros labios. Ella estaba aún sobre de mi, mientras experimentamos los placeres de esos primeros besos.

    De repente ella se apartó inmediatamente de mí, se acomodó el uniforme y se fue al cuarto de una tía en común. Por un momento me dejó perplejo el cambio de actitud de ella. No sabía si algo había salido mal o que pasaba, pero me había dejado con tremenda erección. Ya sabía reconocer ese líquido preseminal brotando de mi joven verga como las veces que las vecinitas me dejaron caliente, pero esta vez era Karla quien había provocado esa reacción en mi. Aún desconcertado por la reacción de ella, no pasó mucho tiempo y la seguí hasta aquel cuarto. La encontré acostada boca abajo y en silencio. Parecía que dormía, pero como podría ser eso después de lo que acababa de pasar en la sala. Le hablé sin respuesta de ella, así que eso no se iba a quedar así. Después de lo que había provocado en mí, supuse que ahora era mi turno de torturarla con aquellos sentimientos encontrados.

    Me acerqué a ella y le hacía cosquillas pero su umbral a esas sensaciones era más alto, por lo que apenas y emite algún movimiento de rechazo, le seguí buscando tocar lo que antes habíamos hecho en la sala y su respiración se escuchaba agitada mis manos ya recorrían el cuerpo de Karla en especial sus piernas por debajo de la falda. Tímidamente acaricié sus piernas mientras me acomodaba a su lado en la cama, por primera vez palpa su paraditas y suculentas nalgas mientras hacía eso, ella salió de su letargo y empezó a amasar mi virginal verga que hasta ese momento no había probado las delicias de una hembra.

    Seguimos nuestro juego de principiantes en la cama de la tía, hasta que le bajé su calzón y comprobé la humedad que ella ya tenía en su panochita, digamos que era la primera vez que tenía una papayita para mi solo. Pero gracias a toda la “capacitación autodidacta” que había tenido conocía un poco más de lo que tenía enfrente de mí. Es decir sabía que puntos tocar en Karla, ya había acariciado sus bubis y sus pezoncitos con buenos resultados mientras ella apretaba mi verga.

    Que rica sensación estábamos experimentando ambos. Me cambié de posición porque al tenerla a ella con la falda subida sin pataletas a mi merced algo me hizo acercarme. Mi instinto animal me decía que debía ir a ese punto y lo primero que hice fue besar su vientre plano, estaba en modo exploración veía sus pocos vellos púbicos de Karla que cubrían aquella rica y virginal papayita. No tenía ningún olor desagradable, en mi mente repasaba aquel libro de sexualidad donde indicaba cada parte de los órganos sexuales de las mujeres y de ahí pasaba a los puntos erógenos, tratando de tocar las fibras de esos puntos que me había enseñado el libro. Todo conjugando con las experiencias vistas en las películas y revistas que tantas puñetas habían recibido de mi parte para mitigar toda la calentura de la pubertad.

    Claro aún con temor pues era mi primera vez que hacia eso y no conocía aún el alcance de aquellas caricias sobre Karla, me atreví a besarle los labios que rodeaban la entrada de su vagina y se percibía su humedad con hilitos como los que me salían a mi cuando estaba caliente antes de eyacular.

    Algo que me incentivó a continuar más allá y que no quedara sólo en caricias, fue que Karla en ese momento que tenía mi cara cerca de su vulva ella me atrajo hacia su intimidad, no había palabras que delatara nuestra presencia en el cuarto, solo jalo mi cabeza y la sumergió en su panochita virginal casi obligándome a que le metiera mi lengua, lo cual gracias a las enseñanzas empíricas y autodidactas creo que no fue una mala experiencia para ambos.

    Casi me obligó a mamar muy rico su papayita hasta que se vino, ya que quedo desfallecida, causando un temor dentro de mí. Quizá algo había hecho mal o le había lastimado o ya se había arrepentido. Me arreglé y me fui a mi casa con temor y varios pensamientos en mi mente.

    Obviamente me había quedado con las ganas de mojar mi brocha, pero lo primero que hice fue irme a mi cama y recordar lo que previamente había sucedido con Karla, cada segundo estaba en mi mente. Pensando en ella y lo que había sucedido en la habitación de nuestra tía. Había tenido mi contacto muy cercano con el sexo opuesto, casi un encuentro del tercer tipo. Así que en la soledad de mi recámara tuve que sacar a mi amigo que estaba inundado de jugos, mientras en mi mente el recuerdo de Karla y su panochita casi sin pelos y como me hizo mamársela, bastaron unos pocos movimientos para que un blanco chisguete de mecos salieran por los aires en honor a mi prima Karla, vaya cabrona me había puesto bien caliente.

    Pero ya habría tiempo para más, los días siguientes pensé que ella estaría cabreada o no quisiera contacto conmigo, pero no fue así de nuevo continuó con sus juegos conmigo cuando estaba solo, y a veces iba a mi casa con algún pretexto, eso me dio luz verde a que realmente ella lo deseaba era la de la iniciativa y eso no podía desperdiciarlo. Además ese iba a ser nuestro estreno en la sexualidad, y vaya que si fue rico, cachondo, excitante y lleno de adrenalina, esa parte se las contaré después, como fue que por fin pude mojar mi brocha con mi rica prima Karla.

    Agradezco sus valoraciones a mi relato así como son bienvenidos sus comentarios aquí mismo o a mi correo que trato de responder lo más pronto posible: [email protected].

  • Las hermanas de Camilo (Capítulo 3)

    Las hermanas de Camilo (Capítulo 3)

    Capítulo 3: un porro, un polvo y mil orgasmos.

    De hecho, yo no planeaba dejar de culear con Alexandra más allá de la monotonía del sexo con ella, pues para ese momento era lo único que tenía a la mano, y era ella o nada. Pero cuando Katherine apareció las cosas cambiaron. Yo en un comienzo no imaginé que algo fuera a suceder con ella, ya que era la menor de las hermanas de Camilo y me daba cierto remordimiento meterme con alguien tan menor.

    Claro que eso fue un error de apreciación mío, pues yo tenía 21 años, y pensándolo bien no había nada de malo en entablar una relación, amorosa o sexual, con alguien apenas tres años menor que yo. Pero en un comienzo no fue así.

    En lo que no escatimé en ningún momento fue en contemplar su belleza de pies a cabeza, o como decimos acá en Colombia: pegarle una buena morboseada.

    Katherine era una chica hermosa. Su rostro era angelical, de facciones muy finas; una nariz pequeña y sin imperfecciones; ojos oscuros, grandes y muy expresivos, decorados además por unas largas pestañas; sus labios rosas, de un grosor ideal, ni muy grandes ni muy pequeños, invitaban a la fantasía, a imaginar tiernos o apasionados besos, de estos que vienen con mordisco incluido. Su pelo era negro, largo, liso, sedoso, parecía de comercial de champú, cortaba a la perfección con la palidez de su piel, que a la vez la hacía ver más delicada e inocente. Como casi toda chica de esta edad, Katherine era delgada, o más bien esbelta. Sus piernas eran largas, bien torneadas, quizá un poco carentes de carne o grosor, pero sin llegar a producir lástima por la extrema delgadez. De hecho, eran unas piernas que invitaban al pecado, más que todo porque a Katherine le encantaba usar faldas o los muy conocidos “pantaloncitos calientes”, que permitían contemplar y admirar sus piernas como se debe. Su culo era más bien pequeño, muy lejos del prominente par de nalgas de Alexandra.

    Pero no nos vamos a mentir, el culo de una chica al desnudo siempre será excitante, por más pequeño que este sea. Además, el culo de Katherine era pequeñito pero bien formado, muy redondito y muy en su sitio. Su abdomen era completamente plano, y al recorrerlo con la mirada invitaba a seguir mirándola, ya fuera hacia abajo o hacia arriba, pero no tenía pierde. Su cintura no era muy pronunciada, quizá esa era su mayor falencia física, pues es bien sabido que una cinturita es extremadamente sexy ante los ojos de cualquier hombre. Sus senos tampoco eran grandes, pero estaban acorde a las dimensiones de su cuerpo, pues se trataba de una mujer esbelta. Katherine cumplía a la perfección con las características físicas con las que idealizo a una mujer: era delgada, de lindas piernas, de apariencia delicada, de cuerpo pequeño, de esos tan fáciles de manejar a la hora del sexo; era toda una tentación.

    El día que la conocí, evidentemente me encontraba en el apartamento de Camilo. Estaba sentado en la sala, concentrado mientras rascaba unos cogollos de marihuana para armar unos porros que pretendíamos fumar con Camilo.

    Katherine llegó acompañada de Diana. Estaba en la ciudad presentando exámenes y entrevistas para ingreso a la universidad.

    Cuando entraron al apartamento me sorprendieron ahí sentado, muy concentrado en la labor de armar un buen porro. Diana sabía que Camilo y yo consumíamos hierba, no se oponía, pero ella no lo hacía. Sin embargo, esa tarde me reprendió porque su pequeña hermana lo había visto todo. Yo permanecí en silencio inicialmente, y luego le pedí perdón por la imprudencia.

    Al rato apareció Camilo y me tranquilizó haciéndome saber que no pasaba nada, que era una reacción normal en su hermana, que además era la mayor de todos y ese día estaba a cargo de la “pequeña e inocente” Katherine.

    Camilo y yo nos fumamos un par de porros, cenamos, charlamos un rato y luego él se fue a dormir. En su apartamento habían tres cuartos, el suyo, el de Alexandra y el de Diana; y esa noche tenían previsto que Katherine dormiría con Diana. Yo, cada vez que iba a casa de Camilo tenía dos opciones, dormir en una colchoneta tendida en el piso en el cuarto de Camilo, o en un sofacama que había en la sala. Yo prefería la segunda opción, pues me quedaba muy cerca el balcón, y como en ese entonces tenía una gran adicción al tabaco, era más cómo salir a fumar desde allí.

    Esa noche cuando Camilo se fue a dormir, decidí armar y fumar un porro más antes de hacer lo mismo. Estaba en el balcón fumándolo cuando de repente escuché una voz que me dijo “¿me compartes un poco?”. Se trataba de Katherine, que había llegado al balcón sin hacer ruido, yo por lo menos no noté cuando llegó.

    En un comienzo me negué a compartirle, no por tacañería sino por los inconvenientes que podría traerme ofrecerle marihuana, más teniendo en cuenta el regaño que me había dado Diana horas atrás.

    Ella insistió en que no se iría de allí hasta que yo le compartiera un poco, “aunque sea un plon (calada)”

    -¿Has fumado alguna vez?, le pregunté

    -Nunca. Pero justo hoy he sentido mucha curiosidad por probar, respondió

    -No quiero que sea por mí que empieces a fumar hierba

    -Si no es contigo igual la voy a probar porque la curiosidad ya la tengo y amigos mariguaneros también

    -Deberías pensártelo bien, pues tampoco es un juego de niños

    -Lo sé, lo he pensado un montón de veces, pues en varias ocasiones me han ofrecido y me he negado, pero hoy tengo curiosidad. Dame un poco que no me voy a poder dormir por la curiosidad

    -Quizá no duermes, quizá te da una sensación de pánico que no puedes controlar

    -No creo, pero si pasa, tú me tranquilizarás

    -No es algo que yo pueda controlar

    -Dame un poco de una buena vez, que no me voy a ir hasta que me dejes probar

    -Bueno, pero entonces alista un vaso o una botella de agua porque te va a dar mucha sed, y no dormirás si tienes que pararte cada rato para ir por agua. La pruebas y te vas a dormir ¿Estamos?

    -Me quedo acá mientras lo fumamos. Luego me voy.

    La extensa negociación del porro provocó que el que yo tenía encendido se consumiera, así que tuve que armar uno nuevo. Katherine se sentó en el suelo. En ese momento estaba vestida con un buzo de rapero que le hacía como camisón. Supongo que no era suyo, ni de sus hermanas; seguramente era de Camilo. Esa prenda cubría lo suficiente para no hacerla pasar por indecente pero permitía ver sus piernas en todo su esplendor.

    Cuando empezamos a fumar el porro yo no podía dejar de mirarle sus piernas. Ella parecía haber sufrido los efectos del THC rápidamente, lucía dispersa y desconcentrada. Sin embargo, tras un par de minutos notó que yo la miraba con deseo.

    -¿Te gusto?, preguntó

    -Eres una mujer hermosa sin duda alguna, contesté en medio de titubeos

    -Pero no te gusto…

    Negué cualquier fijación o atracción por ella, solo le repetí que era una chica hermosa. Al escuchar mi respuesta negativa, se paró, se dio vuelta y trató de irse, pero justo ahí la agarré de la mano. Le pedí que no se fuera. Mantuve silencio por un par de segundos y luego le admití que sí me atraía.

    -Claro que me gustas. No solo eso, me despiertas todo tipo de deseos. Me vuelves loco. Pero eres la hermana de mi amigo, y uno no se mete con las hermanas de los amigos, menos si es la más pequeña y consentida

    -Pues que idea tan tonta. Como si mi hermano se fuera a dar cuenta

    -Son códigos entre amigos

    -Pues quédate con tus códigos, yo me voy a dormir. Gracias por el porro

    Nuevamente trató de emprender su camino y de nuevo la volví a agarrar del brazo.

    -¿Guardarías el secreto?

    -Claro. No veo por qué ir contándolo por ahí

    La besé. La tome de la cabeza con suavidad y uní mis labios con los suyos por unos cuantos segundos. Ella agarró mi otra mano, la que estaba libre, y la condujo hacia su pubis. A pesar de tener las bragas puestas, se sentía el ardor de su vagina. Le dije que teníamos que ser absolutamente silenciosos, pues Camilo y sus hermanas estaban en el apartamento, y cualquier ruido podía dejarnos en evidencia. Ella solo respondió con un “sí, ya tranquilo, que no nos sorprenderán, relájate”.

    Abandonamos el balcón, entramos de nuevo al living del apartamento y seguimos besándonos. La agarraba de sus nalgas mientras la besaba, mientras que ella entrecruzaba sus brazos tras mi espalda. Frotábamos nuestros cuerpos aún vestidos, como emulando los movimientos y la penetración que ocurriría unos minutos después.

    Empecé a acariciar su torso aún con el buzo puesto. Su abdomen era perfecto, muy plano y con una piel muy suave. Fui subiendo lentamente con mis manos por su espalda, notando que bajó ese buzo no había más que su humanidad, no llevaba sostén, lo que me hizo apresurar a sentir sus senos en mis manos. Eran pequeños, tal y como lo había podido apreciar con solo mirarlos. Sus pezones también lo eran, pero eso no era obstáculo para jugar con ellos entre mis dedos.

    Ella desabrochó mi pantalón y yo empecé a moverme para dejarlo caer. Una vez sin pantalón, ella empezó a frotarse cada vez con más intensidad. Era evidente que anhelaba ser follada, su calentura era más que evidente.

    Yo interrumpí la escena preguntándole si se trataba de su primera vez, a lo que ella respondió con un “jajaja si sigues preguntando tonterías, voy a tener que dejarte aquí con la calentura”. Así que decidí callarme y disfrutar del momento.

    Le quité el buzo tratando de ser muy delicado. Ella quedó ahí parada, apenas vistiendo las bragas; con sus tetitas al aire, mirándome e invitándome a cogerlas, a besarlas, a jugar con ellas. Así lo hice.

    Pero no eran solo sus senos los que me invitaban a la lujuria, era todo su cuerpo; delgado, frágil y a mi completa disposición. De nuevo la acaricié por el torso, le agarraba su tierno culito, y pasaba suavemente mis manos por su entrepierna.

    Deslicé una de mis manos lentamente hasta introducirla debajo de su calzón. Su humedad delataba su alto estado de excitación. La palpé y en ningún momento me apresuré a introducir uno de mis dedos, más bien jugué a acariciarla superficialmente. Para ese entonces su calzón estaba empapado. Ella ya no me besaba sino que reclinaba su cabeza hacia atrás, dejándose llevar por el placer. Yo la besaba por el cuello mientras seguía jugando con la superficie de su vagina.

    Me detuve y la hice recostar en el sofacama. Corrí sus bragas hacia un costado y empecé a deslizar mi lengua sobre su vagina. Hasta ese entonces y en medio de la oscuridad no había podido apreciarla, pero ahora estábamos cara a cara, o cara a vagina mejor dicho. Estaba completamente rasurada, y lucía tan tierna como todo el resto de su ser.

    Jugaba con mi lengua por sobre sus labios vaginales. A la vez acariciaba la cara interior de sus muslos con mis manos. Ella me agarraba del pelo y ocasionalmente hundía mi cara contra su vagina, ocasionalmente levantaba su pubis para juntarlo contra mi cara. Era evidente que la estaba pasando bien.

    Luego me animé a introducir mi dedo índice, a hundirlo poco a poco y lentamente, y jugar con él en su interior. Acompañaba esto aún con las caricias de mi lengua.

    A esa altura de la faena, Katherine me pedía que la penetrara. Yo estaba muy tentado a hacerlo, pero a la vez quería continuar con mi juego de darle placer. Ella empezaba a soltar unos ligeros gemidos. Lo que desató mi preocupación, pues podía alertar a los demás y hacer que nuestro encuentro terminara en escándalo.

    Me detuve, y con mi dedo, aún empapado por sus fluidos, le hice el habitual gesto de guardar silencio, posándolo en mis labios. Volví a posar mi cara frente a su vagina y a deslizar mi lengua sobre ella, pero esta vez seguí de largo deslizándola hacia arriba, de modo que poco a poco fui subiendo por su abdomen, por sus senos, por sus hombros y su cuello, hasta de nuevo volver a besarla.

    Agarré mi pene con una mano y empecé a frotarlo contra su vagina, sin penetrarla; solo pasándolo por allí para sentir su humedad con mi miembro. Pero no aguanté mucho tiempo haciendo esto, pues era inminente mi deseo por follarla.

    Empecé haciéndolo suavemente, pero ella me agarraba por las nalgas y me empujaba, como tratando de controlar mis movimientos.

    Yo seguía contemplándola como una pequeña y dulce chica, por lo que no quería ser agresivo ni brusco con mis movimientos. Pero ella no quería que le hicieran el amor, ella quería ser follada. Tuvo que decirme que la follara duro para que yo lo comprendiera. Así lo hice.

    Ella me agarraba por el pelo, con su mano tras mi cabeza, mientras yo la penetraba a profundidad y con rapidez. Nos mirábamos fijamente a los ojos mientras nos hacíamos gestos de deseo.

    Sus suspiros rápidamente se convirtieron en gemidos. Yo buscaba silenciarlos con besos y ocasionalmente poniendo mi mano sobre su boca. Lo que era imposible de reprimir era el sonido que hacían nuestros cuerpos al chocar, por lo que decidí que había que bajar la intensidad de los movimientos, a menos de que buscáramos ser descubiertos.

    Ella se cansó de asumir el rol sumiso en la relación, así que me pidió cambiar de posición. Ella me montaba, cara a cara, mientras yo permanecía sentado. Apenas mi pene se deslizo por entre su vagina, sus movimientos se hicieron rápidos y agresivos. Era evidente la calentura de esta chica. Yo no sabía si siempre era así o si es que andaba mucho tiempo sin culear; el caso es que era más que notoria su fogosidad.

    Mientras ella me cabalgaba, yo besaba sus pequeños senos, que justo había quedado situados frente a mi cara. Los amasaba, los apretaba, los besaba y los chupaba; me daba un completo festín con ellos.

    Ella interrumpió dicho festín tomándome del pelo y levantando mi rostro para poder besarme. Seguía meneándose sobre mí como si no hubiera mañana. Yo sentí que iba a terminar, y como no llevábamos protección puesta se lo dije. Por lo que ella se levantó, luego se agachó y me masturbó hasta hacerme venir sobre su cara.

    Instantes después del orgasmo yo seguía estupefacto por el voltaje de esta chica. Incluso llegué a pensar que no había dado la talla, que no había correspondido al tremendo polvo que era Katherine. Le propuse darme un par de minutos para recuperar el aliento y echar otro polvo. Pero ella dijo estar satisfecha, me dio un largo beso, se puso su buzo y se fue a dormir.

    Al otro día, muy temprano, cuando apenas se aprecian los primeros destellos del sol al amanecer, desperté con una maravillosa sorpresa. Sentí un ligero cosquilleo en el cuello, se trataba de Katherine que estaba besándome allí. Le pregunté y le reproché por lo que hacía, no porque me molestara, sino por el enorme riesgo de ser descubiertos.

    Me dijo que ese iba a ser su última día en Bogotá, presentaría pruebas en un par de universidades donde había realizado preinscripción, y luego partiría de nuevo a su casa, por lo que quería despedirse de mí dejándome el mejor de los recuerdos. “Me has dado un rato inigualable por lo que me siento obligada a recompensártelo”.

    A continuación se dirigió hacia mi entrepierna, sacó mi pene, lo tomó entre sus manos y lo introdujo en su boca para darme una felación, un poco precaria y carente de técnica, pero inolvidable para mí.

    Yo permanecía acostado en el sofacama, vigilando de reojo cualquier movimiento, que pudiera interrumpir este hermoso momento. Esto no ocurrió a pesar de que la mamada se extendió por un largo rato.

    Todo terminó con mi descarga en la boca de Katherine. Era evidente que esta era la primera vez que hacía una mamada, o por lo menos que alguien le terminaba en la boca, pues apenas lo hice, corrió desesperada a escupir el semen. Era notorio el asco que le dio, por lo que tuve que pedirle disculpas.

    Ella no hizo mayor drama, me dijo que no me preocupara, que entendía lo ocurrido.

    Luego intercambiamos números telefónicos para no perder el contacto, aunque yo no sabía qué tanto podía hablar con esta chica, con la que más allá del sexo, no había cruzado palabras por más de 15 minutos en la vida. Como último gesto de contacto en esa ocasión, Katherine se sacó sus calzones, me los tiró encima y dijo que me los dejaba como recuerdo. Según ella porque los había mojado tanto, que emanaban un fuerte olor a coño, que seguramente no le convenía llevar consigo en un día de entrevistas en universidades.

    ****************************

    Capítulo 4: Volviendo al origen

    El encuentro sexual con Katherine fue un punto de quiebre en mi vida. Me llenó de la confianza de la que carecí por tanto tiempo. Luego de varios años fui capaz de nuevo de encarar mujeres y tener relaciones con algunas. Sin embargo, ninguna logró generarme lo que sí logró Katherine, pero a ella no le vería, por lo menos, hasta el siguiente año.

    Twitter: @felodel2016

  • El vecino sin nombre al rescate

    El vecino sin nombre al rescate

    Nunca supe cómo se llamaba, ni a qué se dedicaba, ni de dónde era, ni exactamente en qué edificio cercano vivía. Nos conocimos por una App de citas para gays. Su número de teléfono era de un estado del medio oeste americano, pero los dos vivíamos en Nueva York, en la misma calle, en la misma esquina.

    Y ese número que empezaba con 651 se convirtió en una especie de teléfono SOS para emergencias sexuales, especialmente mías. Durante esos dos años, yo estuve soltero y también en una relación abierta a distancia (venga, todo junto); él tenía pareja.

    Sus mensajes eran cortos: hey?, what’s up?, are you horny? Y me ofrecía sexo instantáneo, al cabo de minutos del primer mensaje.

    En la App se presentaba como activo y abierto a todo, pero en nuestras emergencias el juego era casi siempre el mismo: venía a chupármela.

    Tenía algunos requisitos, pero pocos.

    El primero: siempre me preguntaba por mensaje de texto cuánto tiempo llevaba sin eyacular. Yo siempre sumaba uno o dos días para aumentar la expectativa y el morbo. Tengo tendencia a correrme de forma explosiva y abundante.

    El segundo: tenía que dejar la puerta del apartamento sin candar, ya fueran las doce de la noche o estuviera nevando o pasara lo que pasara. Me intranquilizaba, pero al mismo tiempo me daba un morbo que me ponía colorado solo de pensarlo.

    El tercer requisito: tenía que esperarlo completamente desnudo. La mayoría de veces, nuestra quedada era anunciada con tan poco tiempo que yo tenía que tocármela un poco, o pensar en mis mejores polvos, o ver treinta segundos de porno desde el móvil, para que al menos la verga se me prendiera.

    Y el cuarto: si yo volvía de correr, hacer bici o del gym, tenía prohibido ducharme antes de que el llegara. Le gustaba el olor a entrepierna sudada para lamer mis huevos e inspirar fuerte entre mi vello púbico.

    Él necesitaba inspirar popper. Las pocas veces que lo he probado, me ha descolocado o incluso me ha relajado demasiado, así que yo no jugaba a eso. Yo solo me ponía cómodo mientras él llegaba.

    Se quitaba toda la ropa en la entrada de casa, toda, mientras yo oía sus pasos desde la habitación. Me recuerdo ahí: echado en la cama, con dos almohadas en la cabeza, las piernas abiertas, y la polla dura.

    Cuando entraba en la habitación, desnudo, y con el popper en la mano, decía “hey». Yo le contestaba “hey”. Nos sonreíamos. Y se abalanzaba sobre mi verga como si la hubiera estado deseando todo el día, pensando en ella en el trabajo que nunca super cuál era, o en el baño de su apartamento que nunca conocí.

    Era rubio, con el pelo casi rapado, con la piel blanca nuclear, que se le ponía roja por la excitación del momento. Su era cuerpo deportivo pero con barriga de finales de los treinta. Sin casi bello en el cuerpo, y con un pene pequeño y circuncidado.

    El mío es más grande, pero nada del otro mundo. Circuncidado, bastante grueso. Pero en esa perspectiva y con ese chico dedicado a ella, mi polla me parecía la más fuerte y grande del barrio. En esa época hacía bastante deporte y, sin ser un tío atlético, mis brazos y pecho contorneaban mi masculinidad y le ponían a cien.

    Al principio, yo dudaba de su técnica practicando sexo oral, repetitiva y metódica, que no acababa de estimular mi glande. Pero mientras se excitaba más y más, la velocidad aumentaba, se la metía hasta la garganta, y la lubricaba con su saliva. A veces se atragantaba.

    Yo gemía, y sé que eso le gustaba mucho aunque nunca lo dijera. Se me encorvaban los dedos de los pies de placer, y mis caderas daban espasmos como si le quisiera follar la boca.

    De hecho, muchas veces él se quedaba quieto y se masturbaba, y yo movía mi pene hacia arriba y hacia abajo, adentro y afuera de su boca.

    Cerraba los ojos, consciente de que me excitaba la situación, el morbo, el servicio a domicilio para liberar tensiones, más que puramente él.

    Siempre le avisa de que me estaba acercando al orgasmo y él se la frotaba todavía más rápido.

    Hasta que yo me corría, la mayoría de veces en su boca, y mucho. Porque siempre saco tres o cuatro lechadas, y porque siempre que lo avisaba llevaba días sin eyacular.

    Yo soltaba una carcajada después de venirme, exhausto, liberado, ligero como si hubiera quitado una carga de dentro. Y automáticamente –ya era una rutina para nosotros– daba un salto al armario y le daba una toalla pequeña de la colección de toallas –algunas robadas de hoteles– listas para las visitas sexuales.

    Él se iba al baño a asearse un poco, y yo me quedaba esperando y limpiándome la polla roja, gastada y pringosa de restos de semen.

    Mientas se vestía, yo lo miraba con la toalla atada a la cintura. Le ofrecía un vaso de agua. Nunca quiso, nunca decía nada, apenas conocía su timbre de voz, y eso que me visitó al menos una veintena de veces.

    Hasta que un día me preguntó algo antes de irse.

    – Este fin de semana, ¿te animas a divertirte también con mi novio?

  • Fiona, La Gata y sus cinco amantes

    Fiona, La Gata y sus cinco amantes

    Algunas mujeres tenemos deseos ocultos, fantasías, ¿quién no las tiene?, que muchas veces podemos compartir o no para hacerlas realidad.  La mía se venía reprimiendo porque mi pareja es muy conservadora en su forma de pensar, era imposible plantearle lo que yo deseaba, no lo hubiese permitido, era poco probable que pudiese expresar todo ese deseo oculto que lo venía reprimiendo.

    En silencio y a solas, generalmente bajo la ducha del baño o debajo de las sábanas, cerraba los ojos e imaginaba cada situación de esa fantasía, paso a paso, mientras un enorme dildo que sostenía en mi mano le daba más realismo a esos momentos.

    Un tiempo pasó hasta que un día me levanté con esos deseos incontenibles y decidida comencé a pergeñar y dar forma a esa fantasía.

    Entré a salas de chat, buscaba perfiles adecuados, y una vez que daba con la persona indicada le confesaba mis deseos y juntos íbamos preparando los detalles para el día que me decida. Elegí cinco personas que solo conocía por chat, todos ellos de distintas edades y muy morbosas, con ganas de follar a una mujer casada e insatisfecha.

    Esa mañana me preparé como si iría a concursar por miss mundo, traté de estar a la altura de las circunstancias, mi aspecto no era el de una señora sino el de una verdadera puta, mi cabello, el maquillaje, el labial, y por supuesto la lingerie y el perfume, eran la clave para estar sexy y provocativa de los pies a la cabeza.

    Momentos antes de salir de casa me paré delante del espejo y me di cuenta que había logrado el efecto deseado, tener la imagen de una puta ninfómana. Un corset negro de encaje apretaba mis tetas que parecían explotar, una diminuta tanga hilo dental negra con un pequeño triangulo adelante que tapaba mi panocha delicadamente depilada metiéndose en la raja de mi vagina, un liguero sostenía las medias caladas y zapatos de tacos muy altos le daban el toque final. Me detuve a observarme y me di cuenta que estaba preparada para cumplir ese deseo tan reprimido que no me había animado a realizar antes. Arriba de esa lingerie un impermeable hasta las rodillas.

    Era erotizante transitar parte de la ciudad entre la gente llevando esa indumentaria sexy debajo del impermeable, nadie se percató de ello.

    Llegué agitada, pedí las llaves al portero del aquel edificio y subí por el ascensor al piso 7, mi corazón latía más fuerte, abrí la puerta y allí estaba en el lugar soñado, una cama de 2 plazas rodeada de vidrios en las paredes, enormes vidrios, inclusive lo había en el techo, un sahumerio prendido y unas velas rojas iluminaban tenuemente la habitación.

    Me saqué el impermeable, mi figura sexy se reflejaba en cada espejo, había música suave de fondo, los invitados estarían por llegar. Sonó el portero, aquellos 5 hombres, bien puestos, perfumados, bien dotados y dispuestos estaban detrás de la puerta, entre ellos no se conocían, abro y saludo uno por uno dándoles un corto beso en la boca.

    Desnudé con mis manos a cada uno de ellos prodigándoles besos y mimos con mi lengua, tocándolos en distintas partes del cuerpo para motivarlos, explorando sus pectorales, espaldas, muslos, genitales, enseguida sus enormes pijas se fueron levantando, poniéndose duras y rojas, principalmente la del más joven, sus apenas 18 años le daban esa posibilidad de reaccionar con el pene rápidamente.

    Ordené que uno de ellos se recueste en la cama, me subí sobre él y comencé a chuparle el pene y los testículos suavemente para ponerlo duro, era grande, me costaba meterlo en la boca y me ahogaba, a su vez el me corrió la tanga y lamía mi raja. Los otros cuatro observaban parados alrededor de la cama masturbándose, ya estaba mojada, caliente, excitada, le hice señas a los otros indicando que posición deberían tomar, dos a mis flancos a quienes comencé a masturbar, otro tomó posición detrás de mí y el más joven expectante acariciaba mi cuerpo. Cinco hombres viriles y con sus vergas dispuestas estaban entrando en calor y excitándome para lo que viniera.

    Tomé con mi mano la verga del que estaba acostado y me la fui metiendo despacio en la panocha, gozando cada centímetro de carne dentro de mi cuerpo, el que estaba detrás me comenzó a dar besos negros preparando para penetrar mi culo mientras el joven seguía acariciándome, mimándome como si fuese su novia, y a los otros dos los seguía masturbando.

    Mi culo estaba listo y dilatado, giré la cabeza y le hice señas al tipo que estaba detrás, me tomó de las caderas y comenzó a meter su pija lentamente mientras yo gritaba de dolor y placer al mismo tiempo. Nunca había sido doblemente penetrada, lo estaba gozando rico entre gemidos y gritos de placer.

    La verga del más joven se metió en mi boca y ya no quedaba agujero de mi cuerpo que quedara libre, penetrada por delante y por detrás por dos sementales que me follaban sin parar y la deliciosa verga del joven que atoraba mi garganta, sin dejar de soltar esas dos hermosas vergas que pajeaba con mis manos, y yo lo estaba observando todo por los espejos de la habitación, llegó el primer orgasmo en medio de un frenesí de pijas que entraban y salían de mi culo, la panocha y mi boca.

    Pero debía seguir, tenía motivos de sobra para seguir teniendo orgasmos, había pijas duras y prestas. Entre ellos se iban alternando de posición, pero era yo la única que seguía estática recibiendo dosis de placer y pijas por doquier. Mi culo parecía una flor, al igual que mi vagina que habían sido penetrados por cinco vergas duras y enormes desde hacía 20 minutos, fue que llegó mi segundo orgasmo y un tercero luego que por más de 40 minutos estos desconocidos me dieron duro sin parar. Estaba extenuada, mi mandíbula estaba como acalambrada de tanto mamar pijas.

    A mi señal los 5 se posicionaron parados a mi alrededor, y yo arrodillada comencé a cerrar la faena, la orgía sexual, le mamé la pija alternadamente a cada uno haciéndolos correr leche en mi boca y sobre las tetas. El semen de los cinco hombres para mi sola!!! Luego limpié con mi lengua hasta la última gota de leche de cada pija.

    Finalmente los cinco me abrazaron y nos besamos en la boca por un largo rato. Les pregunté quien se anotaba para llevarme al baño, enjabonarme y ducharse junto a mí. Nadie se negó, los cinco me acompañaron al yacuzzi y allí otra vez me follaron sin compasión hasta correrse sobre mi cuerpo mojado. Mientras ellos se retiraban yo permanecí una hora más sola en el yacuzzi fumando un cigarrillo y tratando de recordar cada momento de esta fantasía que ya había dejado de serla porque la había cumplido. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro mientras el último cerró la puerta.

    Esta iba a ser la primera de una serie de infidelidades de iba a cometer de allí en adelante.

    Soy Fiona y mis amantes me conocen como La Gata.

    Si deseas contactarte puedes hacerlo buscándome en Messenger como: Fiona Walsh

  • Mi primera vez con Dani en Cancún

    Mi primera vez con Dani en Cancún

    Manu y Dani eran muy buenos amigos desde que se conocieron a mitad de la prepa, los dos eran muy guapos y tenían mucho pegue con las chicas, hacían todo juntos, llegaban en el mismo autobús a la escuela, entrenaban juntos, hacían trabajos en casa de uno o de otro, se quedaban a dormir juntos cuando se hacía tarde y estaban en casa del otro.

    Al terminar la preparatoria con los de su grupo organizan un viaje a Cancún…

    Yo soy Manu, esta historia ocurrió cuando yo tenía 19 años, Daniel mi mejor amigo tiene un año menos que yo, los dos somos altos tipo 1.80 y de complexión media, Dani tiene una sonrisa hermosa, unas nalgas perfectas y después descubriría que tiene un gran amigo bajo el pantalón.

    Acabando la preparatoria nos fuimos de viaje a Cancún éramos 10 en total, los cuartos en el hotel los dividimos en 5 habitaciones, en cada una nos quedábamos 2 personas, Dani era mi compañero de cuarto, los dos teníamos novia en ese entonces pero su novia no iba en nuestra escuela y la mía no estaba esos días en el país.

    Habíamos ido a fiestas y bebíamos, varias veces nos quedamos en mi casa y pasaron acercamientos un tanto extraños, yo soy mucho de abrazar almohadas y cuando se quedaba Dani en mi casa terminaba abrazándolo a él, pero siempre fue en plan de amigos, yo quería experimentar algo más pero nunca me animé, nunca pasó más de darnos una nalgada o un arrimón pero solo de juego.

    En Cancún todo fue muy distinto, el primer día de viaje fuimos a la playa y empezamos a beber, poco a poco terminamos muy borrachos, el resto del grupo quería ir a coco bongo, Dani y yo conocimos unas chicas y accedieron a ir con nosotros al hotel, llegamos y después de un rato a una de ellas le llamaron y decidieron irse, la verdad nos habían dejado súper calientes, como broma Dani me dijo: – Estoy súper caliente tanto que si te apendejas voy a terminar cogiéndote a ti.

    Los dos nos echamos a reír pero en ese momento nos quedamos viendo y se sintió una vibra muy distinta entre nosotros, nos empezamos a acercar y cuando menos lo sentí ya nos estábamos besando, estábamos muy tomados y caímos en la cama, yo tenía curiosidad pues nunca había visto otro pene más que el mío en mi vida y los besos de Dani me pusieron súper caliente, fui bajando poco a poco hasta tirar de sus pantalones que baje con todo y boxers, sin pensarlo me lleve su pene a la boca y lo empecé a mamar, era de unos 20 cm.

    Dani solo gemía, me detuvo y me dijo que era su turno, me quitó la Bermuda e hizo lo mismo que yo solo que además de hacerme sexo oral se escupió en los dedos y empezó a jugar con mi ano, en un inicio me molesto un poco cuando metió su dedo índice, poco a poco metió otro dedo y yo iba sintiendo mejor cada vez…

    Yo estaba súper caliente y lo acosté boca arriba , me quité completamente los boxers y con mi propia saliva lubriqué mi ano, poco a poco lo fui montando hasta sentir la punta de su verga en la entrada de mi ano, yo estaba arriba y eso me permitió controlar el ritmo, poco a poco entró el glande, sentí dolor pero supongo que la borrachera me inhibió un poco el dolor, al cabo de pocos segundos ya la tenía toda adentro, fue una sensación mágica, le pedí que me cogiera fuerte, lo besé y abracé entonces el empezó a controlar el ritmo, nunca dejamos de besarnos, cada vez sentía más calor en mi interior, él me abrazaba fuerte y me daba nalgadas, me mordía la oreja y me decía cosas guarras como: – te voy a preñar putita, que rico culito tienes!

    De pronto empecé a sentir como se iba hinchando su verga, me abrazo mucho más fuerte y comencé a sentir como se estaba viniendo, me lleno con su leche, fueron tal vez 6 o 7 trallazos de semen, ni siquiera tuve que tocarme y ya me estaba corriendo, acabamos los dos al mismo tiempo, nos quedamos abrazados de cucharita, y así despertamos…

    Nos sacamos un poco de onda al vernos desnudos, yo aún tenía restos de su lechita en mis nalgas y en mi interior, me metí a bañar un poco apenado, Dani me alcanzó en la regadera me tomó por detrás abrazándome de la cintura y pegando su pene a mis nalgas, yo volteé rápido, tenía ganas de volver a sentir esa verga dentro de mí, pero la verdad es que me dolía mucho con trabajos podía caminar y también tenía curiosidad de mamársela hasta que se viniera en mi boca entonces al voltear lo besé y fui bajando directo a su pene, le di la mamada de su vida, hice un esfuerzo por meterla toda en mi boca, subía y bajaba con gran ritmo, le acariciaba los huevos, después los chupaba y simultáneamente lo masturbaba con la mano, al cabo de un ratito sentí hincharse de nuevo su verga y lejos de separarme me quedé con todo lo que pude adentro, me llenó la boca de lechita y no me desagradó el sabor, me tomé hasta la última gota, lo dejé totalmente limpio, subió de nuevo y le di otro beso, en eso sonó el timbre del cuarto eran las chicas de un día antes, nos vestimos rápido y salimos con ellas, ese día seguimos la fiesta y volvimos en la noche al cuarto ahora con las 2 chicas, pero esa historia será en el siguiente relato…

  • Los placeres del sexo con mi vecina

    Los placeres del sexo con mi vecina

    Me llamo Steve y hoy vengo a relatarles algo que si no es porque me ocurrió y yo fui el protagonista no me lo creería. Este relato sucedió la semana pasada y aun me tiene con la boca abierta ja, ja, ja.

    En estos días me encuentro en mi casa ya que como estoy en tiempo de exámenes finales de rotación nos dan un par de semanas para estudio y consolidar conocimientos lejos del ajetreo del hospital, y yo para no perder mi rutina hago ejercicios todas las tardes en el patio de mi casa, ahí no es un gimnasio profesional, pero un par de flexiones en barra fija y lagartijas puedo hacer, es solo para no perder la costumbre.

    Era miércoles y como de costumbre yo empiezo a las 3 para terminar a las 5 más o menos y así ocurrió, de ahí siempre voy para el baño y al entrar al baño me doy cuenta que había dejado fuera el pomo termo de los ejercicios y mis muelles (aquí la delincuencia no es alta, pero por si acaso me dispuse a buscarlos).

    Salí del baño ya desnudo y fui directo a la terraza, estaban justo donde los había dejado, pero en ese momento siento la extraña sensación de que alguien me observa. Al girarme no encuentro a nadie, y le echo la culpa al stress que en tiempo de pruebas es algo que me pasa a menudo, en fin que me regreso al baño.

    Al día siguiente, concluyo mi rutina diaria de ejercicios y para que no ocurriera lo mismo, lo primero que recojo es el pomo y los muelles, y siento un “NO” confundido, me giro y pregunto:

    Yo: ¿quién anda ahí?

    Thalía: soy yo Thalía. De nada me vale esconderme si ya hablé. -Me dice, Thalía, vecina mía vivía en el edificio de al frente de mi casa.

    La verdad solo la conocía de nombre o de intercambiar uno que otro saludo. Era una chica de estatura baja medía 155 cm como ven un Hobbit, de cara dulce y rasgos de niña, se veía realmente como una niña que no había crecido, y su cuerpo así lo expresaba tiene unos senos pequeños que se veían redonditos, pero parecían más ajustados que otra cosa, y tiene unas nalgas pequeñas aunque respingonas, las piernas eran delgadas, pero bien torneadas, tez clara, de esas pieles que te das cuenta que apenas cogen sol (lógico, la verdad es una chica de su casa que apenas sale), pelo trigueño oscuro y ojos negros que hacían contraste con su piel clara, unas pequitas sobre la nariz y pómulos que parecían dibujadas y unos labios rosaditos que en su cara lucían hermosos, no puedo decir que sea una mujer modelo, pero se ve muy bella la verdad.

    Yo: ¿y por qué te escondes?

    Thalía: es que esperaba ver un show como el de ayer.

    Yo: ¿como el de ayer?

    Thalía: si esperaba que olvidaras algo y salieras desnudo a buscarlo.

    Yo: así que tú eras quien me espiaba ayer, sabes eso no me gusta.

    Thalía: ni a ti, ni a nadie por eso se llama espiar, se supone lo hagas sin que el otro se dé cuenta, pero de esa manera puedo verte desnudo.

    Yo: no me refiero a eso, a mí no me importa que me vean desnudo (como he dicho en otros relatos soy nudista) lo que no me gusta es que lo hagan a escondidas.

    Thalía: en serio a nadie le gusta que lo vean desnudo.

    Yo: pues yo no soy nadie, a mí me gusta el nudismo, por lo tanto, para mi mostrar mi cuerpo no es la gran cosa.

    Thalía: en serio y por qué no me lo enseñas así puedo disfrutar de verte desnudo de nuevo, y me imagino cosas esta noche.

    Yo: pues no señorita acaso usted no se ve muy chiquita para esas cosas. Además, llevo mucho tiempo sin afeitarme y en estos momentos no estoy presentable.

    Thalía: perdón, una: no soy una niña, tengo 20 años, dos: ayer no te importó no estar presentable para salir.

    Yo: si, pero ayer no sabía que me observaban.

    Thalía: pues eso es fácil, aféitate y muéstrame. (Ahí me decidí a seguir el juego a ver qué pasaba)

    Yo: así y que obtengo yo a cambio.

    Thalía: pues nada, me acabas de decir que eres nudista que no te importa estar desnudo.

    Yo: exacto soy nudista no exhibicionista, por lo tanto, no me importa estar desnudo, pero si me están vacilando ya es otra cosa.

    Thalía: entonces quieres un pago a cambio, pues podría enseñarte mis senos.

    Yo: los senos son todos iguales, quiero más ley del intercambio equivalente, mi sexo por el tuyo.

    Thalía: ¿no y si se me antoja comerme el tuyo o que me lo metas? (en este momento la calentura ya me mataba tenía una erección que debía notárseme)

    Yo: pos si se te antoja lo haces y más nada.

    En ese momento se me acercó me estrechó la mano y me dijo “trato, ahora no puedes retractarte”. Y sorprendentemente nos quedamos hablando.

    Ella es una de esos vecinos que a pesar de vivir a tu lado no lo conoces más que por el nombre, así que aprovechamos para ponernos al día. Me enteré que ella es nacida en una familia cristiana, y que sus padres la habían criado bajo esas doctrinas, pero como siempre pasa mientras más tratas de prohibirle cosas a tus hijos más ellos lo quieren hacer y cómo en su casa el sexo era un tema prohibido ella había pasado su adolescencia aprendiendo sobre eso, pero no tenía mucha practica según me dijo, solo había tenido un novio y llevaban un año separados. Su novio también cristiano apenas y tenían sexo y la posición siempre eran la misma el misionero, casi nunca hacían el oral y absolutamente nunca el anal.

    La verdad sentí un poco de pena por ella verse privada de tales privilegios, pero bueno cada uno a su manera. Me contó que en este tiempo que llevaba sin novio que había aprendido a masturbarse y que eso lo disfrutaba mucho, y ya incluía algún objeto para hacerlo. Después de conversar tanto me pareció una chica muy agradable, y maja.

    Cuando nos dimos cuenta ya eran las 6 pm, y decidió marcharse y yo entrar al baño, y antes de irse me pidió que esto quedara como un secreto, me dejó su número de móvil y se fue. Ese día en la noche, se comunicó conmigo vía Whatsapp y seguimos conversando ya está vez de cosas sin importancia. Pero seguíamos ahondando nuestra recién descubierta amistad. Aunque si me hizo preguntas sobre el nudismo y me pidió consejos puesto que le había gustado la idea. Yo quedé incluso de llevarla en algún momento a que disfrutara de una experiencia nudista conmigo. Y así concluyó nuestra noche se despidió de mi diciéndome que ya se había afeitado, su sexo que ella nunca se le había ocurrido hacerlo, pero al parecer a mí me gustaba y lo había hecho con esa intención.

    Bueno llegó el día tan esperado, hacía tiempo no me sentía nervioso por algo así, pero en el fondo sabía que la cosa no quedaría solo en mostrarnos nuestros cuerpos.

    Ese día hice ejercicios antes de mi horario habitual, y me di un baño ya saben después de los ejercicios nos quedamos hinchados un rato y quería dar esa impresión. Y a las 3 pm me llega su mensaje que rezaba: ya terminé mis clases voy directo para tu casa. Llegó 15 minutos después tocó a mi puerta le abrí y no pude disimular quedarme con la boca abierta, simplemente lucía hermosa, estaba maquillada, que normalmente no la veía así sus ojos lucían oscuros en su cara pálida, y sus labios pintados de rojo fuerte se me metían por mis ojos, recuerdo que lo primero que pensé fue: con esta mujer me caso, ja, ja, ja, entonces sus palabras me sacaron de mi ensimismamiento:

    Thalía: que no piensas invitarme a entrar, si sigo aquí alguien nos va a ver.

    Yo: eh si perdón, pasa, pasa, lo siento es que me quedé atónito ante tu belleza, estas impresionante, magnífica, de hecho, no encuentro palabras para expresarlo. (Se sonrojó ante mi comentario)

    Thalía: gracias (dijo tímidamente).

    Yo: siéntate, te puedo invitar algo, ¿agua, café, refresco, un vino?

    Thalía: vino estaría bien, estoy algo nerviosa y supongo que el alcohol ayudaría.

    Preparé dos copas (ante todo soy un caballero) y le llevé una, brindamos y comenzamos a charlar de cosas sin importancia, sobre su día y el mío. Y así pasó la primera hora y 3 copas, estábamos muy gratos en nuestra compañía, es como esas personas que conoces de toda la vida, a pesar que solo lleváramos un día hablando. Ya se le veían sus mejillas coloreadas por lo que supuse que el alcohol ya había hecho efecto, además que se mostraba más contenta, en eso me pregunta:

    Thalía: ¿y bien cuando piensas mostrarme tu cuerpo?

    Yo: estaba dándote un poco de confianza.

    Thalía: pues ya me diste suficiente, vamos déjame verte desnudo.

    Me desnudé, no había mucho que quitar solo un short y el bóxer, vi que se quedó mirándome fijamente la entrepierna, como si fuera la primera vez que veía un miembro, yo aún no la tenía dura, pero su expresión me excitó un poco, así que le dije:

    Yo: bueno ahora es tu turno.

    Sin protestar se desvistió se quitó el pescador que llevaba y el blúmer que para mi sorpresa era un hilo, y la verdad se veía espléndida, tenía unos labios mayores carnosos que cubrían en su totalidad a los menores, que se veían como una fina línea rosadita y en el pubis había, una pequeña línea de vello negro como su cabello y hecha a conciencia.

    Vi que se sonrojó un poco, la verdad en ese momento tenía una mirada lujuriosa, y me preguntó:

    Thalía: ¿te gusta? La verdad se me hacía difícil deshacerme de todo mi vello y decidí dejar un poco.

    Le sujeté el mentón levantando su mirada y la miré a los ojos, y lo único que pude decir fue:

    Yo: es hermoso, como tú.

    Y me tomó por sorpresa cuando se me abalanzó y me besó, no fue un beso sencillo, sino fue un beso profundo, un beso que le das a la persona de la que estás enamorado, así estuvimos unos 5 minutos ella jugaba con mis labios los sorbía y los mordía y por ese momento le dejé llevar las riendas de la situación, y la verdad me besó como toda una profesional, hasta que se detuvo, la veía agitada, jadeando, estaba súper ruborizada, y se me abalanzó de nuevo pero esta vez no a mi boca sino a mi miembro que ya para este momento estaba súper duro, y empezó a mamarlo, comenzó chupando mi glande, y de vez en cuando chupaba un poquito más, mientras con una mano lo sujetaba, no puedo decir que me pajeara solo lo sujetaba, la verdad no era la mejor mamada del mundo solo era una mamada, pero me gustaba, supongo que la situación lo había condicionado, la dejé que me llevara al orgasmo, para darle confianza, pero no se la eché en la boca, no quiso, solo la cogí y la boté, me lavé un poco y cuando regresé ya se estaba poniendo el hilo de nuevo, la detuve y lo único que hice fue sentarla en el sofá y le dije:

    Yo: ahora me toca a mí darte placer.

    Intentó decir algo, pero la calle con un dedo, la miré a los ojos y le dije:

    Yo: relájate, déjate llevar y disfruta.

    Le retiré el hilo nuevamente, y le di un beso en su clítoris, rápidamente pasé mi lengua como me gusta hacerlo tratando de abarcar toda la rajita desde abajo hasta terminar en el clítoris, y rápidamente se lo agarré entre mis labios y lo succioné, aprovechando para jugar con él con mi lengua, haciéndola llegar a su primer orgasmo, la verdad me sorprendió que fuera tan rápido, pero ella me dijo, no pares es la falta sigue dame más orgasmos, y si la jefa quiere tu no preguntas solo sigues las ordenes, así que seguí comencé dando círculos con mi lengua alrededor de su clítoris, ella temblaba aún no se recuperaba del orgasmo, pero yo en lo mío seguía moviendo mi lengua, paré de hacer círculos, y entonces comencé a mover mi lengua de arriba abajo y alternaba moviéndola de un lado a otro, entonces atrapé su clítoris con mi labio superior haciéndoles fuerza con mis dientes y por debajo con mi lengua y comencé a restregar mi lengua sacándola y metiéndola en mi boca. Entonces llegó a su segundo orgasmo, sus jugos inundaban mi boca, pero no me detenía, y ella no hacía nada por detenerme.

    Así que yo seguía entonces bajé un poquito y metí mi lengua en su vagina, la metía y sacaba rápidamente mientras con mi dedo pulgar jugaba con su clítoris, ella no paraba de temblar y con la otra mano mía tenía que sujetarla para que no se me alejara, pero como no hacía nada por detenerme yo seguía, y llegó el tercer orgasmo, y esta vez ya me separó con una mano, no paraba de jadear y respiraba entrecortadamente, no podía hablar casi, así que me acerque para besarla y quien me besó fue ella, se pegó a mis labios como una ventosa, y mordió mi labio inferior, bastante fuerte la verdad.

    Yo aproveché ese momento y desabroché la blusa que llevaba puesta y se la quité y también le quite el sostén, dejando al descubierto unos bellos senos con areolas y pezones pequeños, y rosaditos, que la verdad se me antojaron pero ella no me soltaba los labios, así que seguimos con nuestro beso, y en eso ella me agarró con sus pies por mi cintura apretándome más contra ella lo que hizo que sintiera en mi polla su sexo todo húmedo y caliente sobre todo caliente, entonces llevé una mano me agarré mi miembro y lo restregué por toda la entrada, esto hizo que gimiera y me soltó entonces aproveché para comerme esos pezones, fui directo hasta ahí y me lo metí completo en la boca aprovechando para restregarlo con mi lengua, haciendo círculos, y seguí haciendo vibrar la punta de mi lengua, ella soltaba pequeños gemidos y me abrazó fuerte mi cabeza apretándola contra su pecho mientras yo seguía en los mío, hasta que sentí sus labios cerca de mi oreja y me dijo, métemela ya.

    Me separé solo para ver su expresión, tenía una expresión, de no puedo más lo necesito, pero mis gustos por el BDSM siempre se me salen así que decidí torturarla un poquito más, así que volví con mi boca a buscar sus pezones esta vez fui para el otro, y con una mano puse glande en la entrada de su vagina de nuevo pero no lo metí solo lo restregué por la rajita, de arriba abajo y de abajo hacia arriba, la sentía desesperar mientras me comía su seno, entonces hizo algo que no esperé y cuando estaba pasando mi glande exactamente por encima de su rajita, echó su cadera hacia adelante, pero saqué rápido mi miembro y no pudo metérselo, entonces me miró con cara seria, y tratando de poner una expresión de enojo que no le salía por la calentura:

    Thalía: pero ¿por qué? acaba de metérmela.

    Yo: cálmate déjame actuar.

    Le dije haciendo una sonrisa de burla a la vez que, de suficiencia, esto no la convenció del todo, pero yo no le di tiempo a explicaciones volví a devorar sus senos mientras volvía a restregar mi glande contra su conchita, sentía como iba creciendo de nuevo su excitación, pero no paraba, ni cedía, y ella solo atinaba a decirme:

    Thalía: métemela, métemela no aguanto mas no me tortures, métemela.

    Diría que le hice caso, pero no soy así, tenía la situación bajo mi control ella estaba gozando y a mí me encanta que me rueguen (hábitos de dominante) entonces ya cuando podía ver su excitación a flor de piel, que estaba erizada casi completa, me decidí la embestí de una y metiéndola completa, y la verdad fue espectacular, yo solo la metí y la dejé ahí sentía como las paredes de su vagina me apretaban la verga, y de repente se vino otra vez, pero no fue una venida como las anteriores, no sus contracciones y convulsiones eran enormes, no podía estar quieta en el sofá, se abrazó a mí y aun así los movimientos involuntarios no paraban, entonces aproveché que estábamos bien pegados y comencé un vaivén, al principio sus convulsiones aumentaron, pero se fue calmando hasta el punto que enroscó sus pies en mi cintura y me apretaba más cada vez que se la metía, entonces decidí levantarla del sofá así a horcajadas sobre mí la abracé fuerte, y la levanté de esta forma solo había una manera de metérsela y era hasta el fondo, mientras la sostenía con mis manos yo movía mis caderas para metérsela y ella seguía apretando con sus piernas para que fuera hasta el fondo, mientras a la vez nos fundíamos en un beso que aprovechó más para morder mis labios que otra cosa.

    La verdad me dolía y con cada embestida mía me mordía más duro, pero el placer también era tremendo, así que no paraba entonces me clavó sus uñas en mi espalda ya esto si me dolió así que la embestí con toda la fuerza de la que fui capaz, no creo que le doliera pero la hizo gemir y me soltó mis labios entonces aproveché para cambiar mis manos de posición y la sujeté por las nalgas una mano en cada nalga así podía darle mejor aún, por lo que ella no paraba de gemir con mi vaivén, hasta que se volvió a venir al unísono conmigo, yo se la saqué rápido para no venirme adentro, y mi esperma cayó en el suelo, mientras sentía sus juguitos que embarraban mi verga y corrían también hacia el piso, le dije:

    Yo: esto no puede desaprovecharse.

    Me miró con cara de no comprender, pero sin darle tiempo a nada, la giré haciéndola quedar de cabeza (si algo bueno tienen las mujeres que son de estatura compacta es eso que las puedes manipular como si fueran muñecas) y que su sexo hinchado, caliente, ya no era rosa ahora estaba rojo y muy mojado chorreando de hecho, quedara frente a mi cara, y comencé a mamarlo de nuevo lamí hasta la última gota de jugo, que se derramó y después lo seguí lamiendo a él.

    Al principio ella no podía controlarse aún, pero cuando pudo cogió mi verga y comenzó a mamarla también supongo que la excitación la hizo olvidar el semen, ella también la limpió hasta tragar hasta la última gota de semen que aún quedaba adherido en mi verga, esto hizo que no perdiera toda la erección, así que aproveché el momento y la puse en cuatro a mí me encanta la posición, y en vista que ella no la había probado había que enseñarle, presenté mi glande en la entrada de su cuevita, y le sujeté ambos senos entonces tiré de ellos y de esta manera se la clavé hasta lo último de nuevo, ya no era igual pues no tenía toda la erección pero la hizo gemir igual, entonces mientras jalaba por los senos fui cambiando mis manos para sujetar ambos pezones entonces con cada tirón era un pellizco en sus pezones esto la hizo gritar pero no intentó alejarme ni nada, por lo que seguí cada vez más duro, hasta que se soltó de mí y cayó al suelo dejando su culito levantado y en pompa, no lo niego al momento pensé en cogérselo, pero en vista que nunca lo había disfrutado decidí esperar, ella no se había venido pero jadeaba como si lo hubiese hecho, entonces, me acosté yo esta vez y le dije:

    Yo: te permito cabalgarme un rato.

    Sus ojos se iluminaron cuando escuchó estas palabras, y sin pensarlo subió encima de mí y con una sonrisa pícara me dijo:

    Thalía: sabes esto nunca lo he hecho así que no te burles.

    Ella misma dirigió mi verga hasta su agujerito, y una vez ahí fue dejándose caer lentamente, ya en este momento mi verga otra vez estaba al máximo, entonces torpemente, empezó a hacer sentadillas sobre mi verga, pero cada vez que se iba excitando las hacía más alto y rápido se salía, entonces, a la tercera va la vencida cuando iba a empezar nuevamente, la detuve, le bajé las piernas de manera que quedaran totalmente en el suelo y le moví la cadera de adelante hacia atrás, con mis manos a la vez que yo movía la mía para que entrara más aun mi miembro.

    Ella enseguida entendió el propósito de lo que hacía y empezó a hacerlo por ella misma, cada vez más rápido, y más, y más hasta que se vino de nuevo, yo aún no me venía así que la sujeté fuerte haciéndole un abrazo con mis dos manos acomodé mis pies de manera que su culito quedara, en pompa de nuevo acomodé mi verga y empecé a embestirla entonces la tenía acostada sobre mí, sujeta por un abrazo mío, su culito paradito pues se encontraba de rodillas y yo embistiéndola y embistiéndola sin parar aceleré a todo lo que mis pies podían ayudados por mi cadera.

    Ella cuando hice esto empezó a gemir como loca, soltando pequeños gemidos entre los gritos que pegaba, yo supongo que todos los vecinos nos hayan oído pero no paré, hasta que me vine, se la saqué rápido, y dejé esta vez que mi semen cayera sobre su culito, bueno casi no cayó nada ya era la tercera, y cuando dejé de soltar, entonces ella misma agarró mi verga y se la volvió a meter, diciéndome:

    Thalía: déjala ahí que se siente bien.

    Mi verga ya se iba relajando aun estando dentro de su vagina acariciada por esas paredes, envueltas en humedad y calor, y nosotros nos comíamos a besos, así estuvimos un rato, hasta que ella pudo levantarse, entonces nos bañamos juntos, ella con la excusa de que necesitaba ayuda con su espalda y yo la verdad no me iba a quejar yo también la necesitaba ja, ja, ja. Después, nos despedimos, y ella se marchó para su casa. En la noche nos comunicamos por el Whatsapp de nuevo, y me dijo que había sido genial que quería probar más cosas conmigo, claro si yo estaba de acuerdo, y como yo iba a decir no sexo fácil, y bueno. Entonces quedamos en encontrarnos al miércoles siguiente para no levantar sospecha, así que mañana me toca divertirme, además que me pidió que me lleve su virginidad anal, ya les contaré como me fue.

  • Cogiendo clandestinamente (Primer capítulo)

    Cogiendo clandestinamente (Primer capítulo)

    Hola a todos mis lectores muy buenas las tengan. Para el día de hoy les voy a contar otra de mis aventuras esta sucedió ya hace unos treinta años, época en que todavía mi esposo no había dimensionado lo que a mi me gusta tanto. La verga. Hasta ese momento no tenía ni idea de lo puta que yo soy a pesar que ya me había visto tener relaciones sexuales con otros hombres y que él pensaba que lo hacía por complacerlo.

    Viajamos de paseo a Chinauta que es un sitio de tierra caliente que queda a una hora larga de Bogotá, a unas cabañas. Alquilamos una llegamos muy de mañana. El sol estaba en todo su esplendor yo me coloque un vestido de baño de dos piezas quería broncearme un poco. David si se metió a la piscina a nadar un poco, pedimos cervezas paso la mañana y almorzamos. Nos fuimos a recostarnos un poco dormir la siesta y luego volvimos a la piscina. Ya había más gente que llegaba de Bogotá a pasar el fin de semana en las cabañas. Al rato de estar bronceándome me dieron ganas de ir al baño, me levante y me fui para la cabaña, por el camino un par de caballeros que acababan de llegar estaban descargando el carro me ven venir y se me quedan mirando como fieras a su presa, me causo fue risa el verlos con la boca abierta mirándome caminar, se desbordaron en elogios a mi cuerpo, apenas los salude y pensando que ojala vengan solos.

    Me fui para la cabaña y regrese a la piscina, los caballeros no se veían por ningún lado. Ya abra tiempo para conocerlos. Al rato mi esposo me aplicaba el bronceador y los vi llegar a la piscina con sus gafas de sol empantanoletados, chanclas, cerveza en las manos y toallas, la piscina estaba bastante concurrida, muchas parejitas y la bulla de los niños jugando en el agua. Se hicieron cerca de nosotros, pude observarlos sin ser pillada al también tener mis lentes de sol mientras mi esposo me aplicaba el bronceador. Uno de los caballeros era velludo sus pechos bien torneados el otro más bien delgado y más joven de mi edad por esa entonces.

    Mi esposo nadaba y yo seguía observándolos, vi que tenían cigarrillos y guarde los míos, me levante, me les acerque y les dije.

    –Hola muñecos me podrían regalar un cigarrillo.

    –Claro preciosa con mucho gusto.

    Me lo dan y me lo pongo en la boca, el mayorcito me lo prende y preciso en ese momento pasaron corriendo dos muchachos que jugaban en la piscina que aunque no me tocaron yo si hice el ademan de que lo hicieron quedando abrazada de la cintura de él.

    –Ahí que muchacho por favor. Discúlpame por empujarte.

    –No te preocupes que no fue nada.

    Yo seguí con mi brazo izquierdo rodeándole la cintura y fumando con el derecho.

    –¿Y cómo te llamas muñeco?

    –Alejandro preciosa ¿y tú?

    –Dianita para ti muñeco.

    –Encantado de conocerte Dianita ¿y con quién estas?

    –Con mi esposo.

    –¿Y dónde está?

    –Míralo es el que está nadando en lo hondo.

    Me le coloco en frente, colocando mis dos manos en la cintura.

    –¿Y no se molesta si te ve hablando con alguien?

    –Pues la verdad me importa un carajo.

    –¿Y es que están peleados o qué?

    –No para nada venimos a distraernos descansar, broncearme a él le gusta nadar a mi me gustan otra diversiones.

    –¿Y cómo cuales diversiones te gustan?

    –Pues si me llevas a tu cabaña te las puedo mostrar.

    Mis manos recorrieron su cintura acercándomele al oído le dije.

    –Vamos y nos divertimos los dos.

    Le doy un beso en la boca, en ese momento llego el mas joven que venia del bar con cervezas me ofreció una la abrí nos tomamos un sorbo y volvimos a besarnos ahí delante de todo el mundo no se si mi esposo me vio no me importo ya que lo que quería era llevármelo a la cama.

    Con Alejandro nos fuimos para la cabaña abrazados, dándonos picos, llegamos, entramos, nos besamos apasionadamente desnudándonos de una, le agarro la verga, lo masturbo y me agacho a mamársela, la lambo, le chupo los huevos le hago una rusa, me detuve al sentir que se venía, me levanto y me le acuesto boca arriba, levanto las piernas y dejo que me lamba la cuquita y el trasero, me vengo rápidamente, se detiene y me pone su verga en la entrada de mi cuquita, me penetra hasta el fondo, siento sus huevas tocar mi trasero, comienza a cogerme brutalmente, le pido mas candela, mis sensaciones me inundan, todo mi cuerpo tiembla de emoción me sigue cogiendo hasta hacerme venir, me levanto lo acuesto boca arriba y vuelvo a mamársela por unos minutos, me le acomodo encima agarro su verga y me la meto en mi cuquita, me lo cogí por otros minutos, cambiamos de pose, colocándome en cuatro me posee como a una perra, su verga me penetra mi cuquita dejándome sensaciones excitantes nos venimos al tiempo terminando en un abrazo fuerte y prolongado.

    Nos recostamos un poco, nos metimos a la ducha, nos vestimos y salimos nuevamente a la piscina. Mi esposo seguía nadando, ni cuenta se dio que yo no estaba, me volví a aplicar el bronceador y me acosté a broncearme. La tarde paso rápido bebíamos cerveza con mi esposo llego la noche y en el bar que también hace las veces de restaurante colocaron música un quiosco grande rodeado de matas yo me coloque un short nalguero y sin botones y una cinta tela que cubría mis tetas, sandalias de amarrar y mis pulseras. Pedimos roncito cigarrillos y agua, la música era interpretada por un equipo de sonido jejeje puro long play y cassettes todavía. Bailamos varias piezas con mi esposo y también con aquellos dos empecé a servirle trago a mi esposo haciéndoselo tomar de una y yo no, ya que pensaba repetir esa noche con Alejandro y había que dejar a mi esposo bien dormidito en la cabaña.

    Así fue como las nueve ya mi amado esposo estaba embriagado y me lo lleve para la cabaña nos tomamos los últimos tragos en ella y él se recostó en la cama mientras yo me bañaba hasta el trasero, para irme a la cabaña de Alejandro me quite la ropa y me coloque una bata y mis sandalias de amarrar. Cuando termine mi esposo estaba profundo. Me miro al espejo.

    –Bueno chica aprovechar que el cornudo de tu marido se quedó dormido, llego la hora de divertirme con lo que más me gusta.

    Me le acerco.

    –Bueno papi yo ya vengo, me voy a pasarla bien rico, espero y no te me despiertes, hasta mañana.

    Le doy un beso en la trompa y me voy, llego a la cabaña golpeo y me abro la batica dejando ver mi cuerpo desnudo. El que abrió fue Mauricio, quien quedo sorprendido al verme.

    –Hola muñeco vengo a pasar la noche con ustedes dos, ¿no sé si quieran hospedarme en su cama?

    Alejandro salía del cuarto en ese momento se acerca y yo entro encontrándonos en un abrazo apasionado.

    –Ho Dianita que delicia tenerte nuevamente.

    Nos soltamos y atraigo a Mauricio.

    –Acabo de dejar a mi esposo dormidito así es que los tres podemos divertirnos hasta tarde esta noche.

    Mauricio me miraba mis tetas las que acarició y lo beso, bajo mi mano y le acaricio su verga sobre su pantaloneta, siento que se para rápidamente, volteo a mirar a Alejandro y mi mano derecha le agarra el mentón mientras que con la izquierda apretó la verga de Mauricio, quien me quita la bata dejándome completamente desnuda, se bajan las pantalonetas dejándome ver sus dos vergas que rápidamente se ponen duras me agacho a mamárselas, se las lambo, les acaricio las huevas, se las chupo, los masturbo, las escupo me las restriego por la cara y vuelvo a mamárselas, me levanto, le agarro la verga de Mauricio y me la pongo en la entrada de mi cuca, me penetra, volteo mirar a Alejandro.

    –Vamos muñeco métemela en mi trasero. Alejandro se nos acerca y me penetra el trasero me sostengo de sus hombros y brinco con la ayuda de ambos, al rato me bajan y nos vamos para el cuarto a seguirla en la cama Mauricio se acuesta boca arriba, me le monto encima de su verga dejándome rodar y Alejandro se arrodilla detrás mío penetrándome el trasero. Al rato cambiamos de pose y me voltee dándole la espalda a Mauricio quien me penetra el trasero y Alejandro la cuca, cosa de diez minutos en que Alejandro descansa unos minutos y vuelve a penetrarme el trasero dándome con todo su fortaleza aumentando el ritmo con cada envestida.

    Me vengo en un prolongado orgasmo que me estremece mis entrañas haciéndome gemir de la dicha tan hijueputa que sentía, de pronto el Alejandro me la saca y termina masturbándose viniéndose encima de mío, Mauricio aprovecha que ya no está Alejandro encima de mí y acelera el ritmo viniéndose dentro de mi inundando mi trasero con su semen. Terminamos todos acostados en la cama me ofrecen cerveza y nos fumamos un cigarrillo.

    –Qué bueno estuvo esto muñeca, Valla si eres sorprendente.

    –Como te abras dado cuenta esta es la diversión que me encanta.

    –¿Y tu esposo que no te dijo nada de lo de esta tarde?

    –Ni cuenta se dio que me le perdí de la piscina y ahorita está profundamente dormido, me podre quedar esta noche con ustedes y él ni por enterado de lo rico que la estoy pasando. Me fui para la cabaña Mi esposo dormía plácidamente y me acosté. Al otro día me despertó el celular, uno de mis clientes haba sido arrestado, salimos a desayunar y luego para Bogotá terminando anticipadamente un buen fin de semana.

    Espero sus comentarios al correo [email protected].

    Con amor

    Diana lucia Saavedra

  • La necesidad de una revisión médica

    La necesidad de una revisión médica

    Cuando llegué había dos personas esperando y una que estaba en consulta, después llego una pareja. 

    El consultorio es pequeño y tiene una salita de espera angosta y las sillas están pegadas a la pared que da ya al consultorio en sí, debe ser tabla roca, porque se escucha todo lo que dicen.

    Por el frío y la lluvia llevaba un abrigo corto, cuando pasó quedaba solo la pareja.

    El médico me preguntó mi nombre completo y me dice que le platicara que me sucedía; le contesté que iba por dos motivos, la primera era porque había tenido una caída en la semana y sentía dolores en la espalda; lo segundo era porque tenía variaciones en mi periodo y me dolían mis nenas, que estaban sensibles y sentía molestia en mi vientre.

    Al tomar la presión, me dijo que descubriera el brazo, para esto, yo había dejado el primer botón desabrochado y al momento de quitarme el abrigo, queda al descubierto la mitad de la nena y el bra qué raro muy delgado y transparente por lo que no dudó que desde allí haya visto mi pezoncito porque inmediatamente se turbó un poco y yo solo le mencionó que se desabrochó. Al colocar el baumanómetro noto que roza con el dorso de su mano la nena izquierda y la mueve como ajustando, yo hago como que no me doy cuenta.

    Termina y pide que me ponga de pie y empieza a tocar primero el cuello, reaccionó estremeciéndome y pregunta si me duele, le contesto que estoy muy sensible, levanta mis brazos y hace la misma pregunta, la espalda la va tocando y los costados; toca a la altura de las nenas y aprieta, al retirar su mano la desplaza un poco hacia mi nena por la parte de abajo, emito un gemido débil y él hace lo mismo del otro; me pide que me acueste en la mesa boca abajo con las manos en los costados y presiona la columna del cuello hasta la cintura, las caderas y las nalgas, siempre preguntado si duele, mientras lo hace yo me siento cada vez más nerviosa al sentir sus manos sobre mi, de repente toca mis nalgas y sin pensarlo gimo y las levanto (mis nalgas reaccionan solas sin preguntar qué hacer, es una reacción natural).

    Me dice que me gire, me levanta una a una las piernas y toca desde el tobillo, la pantorrilla, las rodillas, yo empiezo a inquietarme, se me queda viendo y desplaza su mano por la pierna, bajando hasta las nalgas y las presiona haciendo la misma pregunta, el vestido al hacer esto se desplaza y deja ver mis bragas, hace lo mismo con la otra pierna y aprieta la otra nalga, toca la entrepierna muy pegado a mi panochita y roza los labios que están expuestos, me sobresalto un poco, me siento húmeda y más nerviosa, mueve su mano y recorre por la parte de atrás de la pierna ya no presionando, más bien como acariciando (lleva guantes así que no puedo sentir su piel en directo).

    Dice que me levante, que me siente de frente a él y me descubra el pecho, quitándome el bra, para que pueda revisar los senos, me desabotono bajo de la mesa de exploración y me quito el vestido y el bra, él está frente a mi y ve cómo hago todo observándome. He de decirles que nunca uso fondo y que mi vestido se transparentaba un poco y es de botones al frente; además me puse una tanga pequeña blanca y mi bra transparente; el médico trae la bata cerrada, así que no veo cómo esté su verga, quiero pensar que le gusta lo que ve porque me observa mucho, se acerca y va palpando, me acuesto bocarriba por indicación de él y va revisando las nenas, Al principio cierro los ojos, y después los abro y lo veo directamente para mientras toma mis pezones ya muy erectos entre sus dedos, me pide que me levante y me siente frente a él, las palpa y las vuelve a presionar, apretando con una sola mano y yo abro las piernas para hacer espacio, invitando a que se acerque, pero en ese momento tocan la puerta (su asistente) y me dice que ya me vista (no me dio bata o algo semejante) me da la receta y fue todo Amo.

    Me sentí decepcionada pues yo esperaba que se atreviera a hacer más. Soy demasiado temperamental y me hubiera gustado que me revisara completamente. Ojalá me hubiera tocado un médico más atrevido porque por eso fui a revisión.