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  • Un pequeño bonus

    Un pequeño bonus

    Les dejo un pequeño apartado de unos micro relatos para ustedes.

    Como ya muchos notaron me gusta ser muy detallada tanto en la ropa cómo en las situaciones. No les mentiría que cuando escribo las historias y recuerdo lo que he pasado siento un poco de humedad ahí abajo. Siempre es bueno recordar lo que una vive con responsabilidad.

    Me fascina usar tangas de cualquier modelo y se puede decir que me considero fan de la ropa muy chica y ajustada. Tengo varios desde los clásicos como el negro, blanco, rosa y azul como hilos pero generalmente las uso cuando uso vestido o en ocasiones formales. ¿A poco no les gusta ver a las chicas con prendas así? Recuerdo que al principio de universidad un maestro degenerado ya un poco pasado de años les veía el trasero a muchas alumnas así que en una clase decidir salir tarde y mientras estaba sentada con mis manos iba bajando un poco mi pantalón y me levanté un poquito la tanga para que pudiera observarla. Recuerdo que me agaché dándole la espalda a él para tomar mi mochila y solo escuché caer el lápiz que tenía en la mano y así sentir que me veía, al ponerme de pie me acomode el pantalón para que disfrutara un poco y salí del salón no sin antes despedirme de él con un “hasta luego profe” de ahí no pasó más jaja.

    Recuerdo que en una ocasión tenía que ir a casa de una compañera, pero el Uber demoró tanto que tuve que cancelarlo y decidí irme en el metro (cosa que no me gusta) eran como las 12 y algo así que mis amigos me orientaron por teléfono y decidí irme a la estación. Una vez ahí entré al vagón y para sorpresa tenía que ir de pie tomándome de los tubos cosa que no me gusta.

    Recuerdo que esa vez había mucho calor y tenía unos jeans pants que uso para estar cómoda. Creo que esa vez me había puesto una tanga de Calvin Klein (ya sabrán ustedes cuáles son) lo que marcaba un poco más mis nalguitas redondeadas así que mientras iba de pie y el amontonamiento de las personas al tratar de salir sentía cómo algunos hombres trataban de estar cerca mío así que de inmediato fui un poco alejándome hasta quedar atrás donde la multitud de personas estaban ya que la estación donde iba estaba muy lejos y también para evitar que robaran mi mochila que generalmente hacen en situaciones así.

    Poco a poco la gente iba bajando y otro poco entrando así que mientras esto pasaba yo iba tomando un buen lugar lejos de la puerta pero para esto ya tenía a varios hombres alrededor mío. En una de las tantas sacudidas del vagón sentí un ligero roce trasero de uno así que solo voltee y el tipo solo movía la cabeza a otro lado en señal de que no sabía qué onda y bueno ya que estaba ahí que aprovechara. En algunos trayectos notaba su miembro y cómo lo frotaba en gran parte de mis nalguitas hasta que bajó. Imaginé que eso era todo y al estar cerca de mi destino imaginé que ya no pasaría más pero estaba equivocada.

    Al parecer un tipo que venía hasta atrás vio la escena y a cómo pudo con tanta gente trato de ponerse detrás mío hasta que lo consiguió. Venía frotándose hasta que escuché un susurro “ven atrás” pero le hice señas que no, así que continuo en lo suyo hasta que terminé bajando, me divertí un poco ahí aunque nunca más lo volvería hacer.

    En una ocasión en una plaza decidí comprar nueva ropa íntima, a qué mujer no le gusta ir de compras, así que entré a una de mis favoritas y una vez adentro vi a un profesor con su esposa, decidí primero tomar las prendas que ya tenía en mente que eran tangas chicas, unos cacheteros y calzones ajustados así que cuando la esposa de mi profesor se alejara de él me acercaría a saludarlo. No pasó mucho y en cuanto se alejó me acerqué a él y lo saludé. “¿De compras Denisse?”, “si profesor usted cree que me quedarán bien…” y me fui sonriéndole mientras me dirigía a la caja y con eso me despedí supongo le dejé una erección.

    Son un poco de historias que he vivido y la verdad lo disfruto. Me gusta ser coqueta y a la vez dándome mi lugar como una chica difícil obvio soy una chica guapa y que sabe el potencial que tiene…

  • Alejandro, el blanquito

    Alejandro, el blanquito

    Tercera parte de una novela, que empezó con «Mamani el boliviano» y siguió con «Irina la rusa». Que voy desarrollando de a poco.

    Mamani, estaba fascinado por la estrafalaria apariencia de Alejandro –el blanquito–, desde que se lo cruzó por primera vez cuando estaba caminando con su hija Lesya, cerca del puente Nueve de Octubre un domingo húmedo y nublado de otoño. Era la primera persona con albinismo que había visto tan de cerca y le pareció algo muy curioso. Hasta se dio la vuelta para seguir viéndolo y su hija, que era un pequeño bicho de cabello rubio –mi luciérnaga de la vida–, había hecho lo mismo. Curiosidad innata. También se lo ha cruzado cerca del Palacio del Marqués de Dos Aguas un miércoles frío y soleado de invierno, mientras estaba con otros miembros de la comunidad boliviana yendo a un restaurante. En otra ocasión fue igual pero en los alrededores del Teatro Principal de Valencia, un viernes ventoso de primavera. Siempre que lo veía le producía la misma sensación. Le parecía alguien de apariencia simpática. Simpática, pero también triste, la mirada del muchacho era muy parecida a la triste mirada que apenas dejaba de dar el argentino Ernesto Sábato, en una entrevista que le hicieron en un programa llamado Hora Clave con Mariano Grondona, allí por la última década anterior al año dos mil.

    No lo quería admitir al principio, pero el chaval le inspiraba compasión. Una compasión que se comportaba como una bola de nieve de lenta caída, dentro de la conciencia del amerindio. El viejo de ojos pequeños y cejas arqueadas había llegado a una edad, y a un nivel de sensibilidad tal, en la que se fijaba mucho en ciertos detalles en las personas que veía al caminar, sobre todo los aquellos relacionados al estado de ánimo que expresaban, sin decirlo, en el tono de voz y en su forma de mirar.

    A partir de la cuarta coincidencia, durante un caluroso sábado veraniego a cuadras del complejo de Ciudad de las Artes y las Ciencias, empezó a toparse con él con más frecuencia, y casi siempre cerca de allí. El bisoño debió haber conseguido un trabajo en aquellos alrededores, pensó el hombre, que gustaba de vestir la mayoría de las veces una camisa blanca con las mangas arremangadas. Y hubo un día, en que a Mamani se le ocurrió seguirlo, solo y a dos metros de distancia él, sin que éste se diera cuenta. Quiera saber a dónde hacía sus paradas. El sólo hecho de verlo le daba nuevas ideas para escribir una nueva obra de ficción, justo cuando pensaba que ya estaba seco de ellas. Su intención era hacerle una entrevista, y estaba dispuesto a pagarle algo de dinero por ello.

    Una de las paradas del joven rioplatense era el edificio en donde vivía, pero Mamani no se quiso apurar en entrar y presentarse, no quería parecer un tipo raro o molesto como un testigo de Jehová, ni mucho menos intimidarlo. Pero quería conocerlo, y estuvo días pensando en alguna estrategia viable. Otra de las paradas del emblanquecido joven era precisamente el lugar en donde se iba a ganar el pan, lugar que el amerindio terminó eligiendo para pagar sus facturas, a pesar de que quedaba algo lejos de donde vivía. Y además de eso también buscó una forma simple de alargar y hacer más frecuentes sus cortos encuentros con él, yendo por cada factura que tenía que pagar, a pesar de que todas le llegaban más o menos en la misma fecha. Eso no le costó mucho esfuerzo, lo que sí le fue más difícil fue tratar de entablar una conversación fluida con éste, la gran brecha generacional no le ayudaba mucho. Pero al final se llevó una sorpresa. Una agradable sorpresa.

    Al albino le causaba algo de gracia, y de nostalgia, el peinado tipo copete miniatura que llevaba el amerindio. Le hacía acordar al peinado que tenía su abuelo adoptivo, que era dueño de una ferretería, y que ya no está en este mundo porque murió hace tiempo de un infarto agudo de miocardio, la misma semana en que Alejandro se fue del Sur hispano en un avión. Una de las principales razones por la que tenía un semblante tan melancólico, muy parecido al de Inés. Y aunque no era muy conversador, podía llegar a soltarse un poco si alguien le daba algunos empujones. A Mamani no le provocaba ninguna vergüenza decir algo fuera de lugar de vez en cuando para hacer reír. La incomodidad de quien se incomode, ese detalle a él no le quitaba el sueño y se le escurría como el agua.

    “Che pibe, sí que eres lindo vos, ¿eh?”, le dijo éste una vez, antes de lanzar una sonada carcajada, aprovechando que no había fila atrás suyo. “No, perdóname, es una pavada que a veces digo para romper un poco el Glaciar Perito Moreno. No me hagas caso. Cambiando de tema, ¿no me dices la hora? A mi reloj de mano se le acabaron las pilas”. Alejandro no pudo evitar reírse. “No es cierto, desde acá veo que la aguja se mueve. No subestime mi vista”, le responde.

    “No, ahora no la ves”, le suelta éste, escondiendo el reloj colocado en su muñeca derecha detrás de su espalda, y con una sonrisa traviesa colocada en su rostro. Alejandro se sigue riendo. “Qué personaje. Bueno, ahí le digo la hora. Son casi las cinco y cuarto de la tarde, le queda tiempo para hacerse una escapada por ahí antes de la cena”.

    “¿Y a dónde voy a ir yo?”, pregunta el amerindio, mencionando el “yo” como sólo lo haría otro compatriota nacido o naturalizado. “Mi mujer me va a esperar con la bazuca cargada si llego tarde. Es a mí a quien le toca cocinar esta noche. Tengo pensado hacer unas empanadas salteñas bolivianas”.

    Mentira. Pero fue una mentira que a éste le funcionó bien.

    Y ahí vino la pregunta, que Alejandro le hizo de forma tímida, casi avergonzado. “¿Es usted boliviano, señor?”. Curiosidad innata. “¡Un bolita! ¡Yo soy un bolita! O un boliguayo, como dicen algunos allá en tu país de origen”, le responde éste de forma irreverente. Demasiada confianza. Al albino el rostro se le puso rojo como un tomate de pera. “No quise decir eso”, musitó como queriendo disculparse. Bien que se notaba cuando éste se avergonzaba.

    “¡No! Ya sé que no. Estoy seguro que no, mirando cómo te pusiste. De acá a doscientos metros se nota que eres un pibe bueno”, le dice Mamani queriendo tranquilizarle la conciencia. “Te lo dice alguien sufrió en cuerpo y alma la espesa niebla contaminante del racismo, y el colmillo envenenado de la xenofobia”, terminando la oración haciéndose el poeta.

    Esa última frase lo despertó un poco a Alejandro, a quien le gustaba y estaba acostumbrado al lenguaje figurado, o a cualquier cosa que sonara a poesía, y quiso cerrar el tema que éste había tocado con broche de oro. Y lo hizo.

    “El odio es a la madurez social, lo mismo que el mazo y el cincel son al ladrillo”.

    “¡Exacto! ¡Exacto, muchachón!”, exclamó Mamani, reafirmando su postura moviendo la cabeza, sonriendo forzosamente para no querer aparentar estar demasiado serio por escuchar aquella frase. Y ese, es uno de los primeros ejemplos de cómo Mamani fue marcando territorio en el terreno de la confianza de Alejandro. Una cercanía por parte del amerindio que al principio fue interesada, pero el tiempo y las circunstancias terminaron haciendo que éste empiece a quererlo casi como otro de sus hijos.

    Era una realidad que el albino era, además de ser poco conversador, alguien también de sonrisa cansada, como la que solía expresar Irina normalmente, incluso estando en su mejor estado de ánimo, desde que quedó huérfana de madre por causas naturales, cuando ésta sólo era una criatura de seis años. A Mamani le era imposible evitar hacer esa comparación al principio. Era muy raro verlo reírse a las carcajadas. Su mirada, por la naturaleza que tenían sus ojos, también era llamativa, y su personalidad a simple vista, era serena la mayor parte de tiempo. Un aburrido, provocador de efectos somníferos, llegaba a opinar sobre sí mismo, y el amerindio le daba la razón pero a medias, haciendo una broma en referencia a su carencia de pigmentación en la piel. Otras veces le restaba importancia al asunto diciéndole “¡está bien!”.

    Habían pasado entre dos y tres meses desde su primer encuentro, entre charlas y conversaciones que algunas eran triviales pero otras eran más profundas. Había pasado un tiempo en que al hombre, cuya voz era sobria y atractiva en lo formal y hasta graciosa en lo informal, le fue más que suficiente para empezar a mostrarle al albino pequeñas fotografías de su primera familia que tenía en su billetera, y algunas fotos que tenía en su teléfono móvil de su actual familia, y de su hijo biológico, un profesor de literatura general, cuyo nombre completo era Luriel Yaguatí Guyrayú Mamani.

    Alejandro, ni bien observó las primeras imágenes, se sorprendió. Su vista estaba más abierta de lo normal, y sonriendo traviesamente, lanzó un comentario irónico. “Se parecen mucho a usted. Todos ellos están calcados salvo por el hombre más joven”, dijo justo antes de hacer su primera risa fuerte en mucho tiempo, achinando sus ojos. Mamani le siguió el juego. “¡Sí! Es más, siempre hay alguno que me pregunta, Mauricio, ¡¿estás seguro de que es tu hijo?! Yo les respondo que no sé, que no estoy del todo seguro”. Y el albino rio, rio y rio como nunca lo hizo desde que puso sus pies en su nuevo país. Ese comentario le causó tanta gracia, que su carcajada se escuchó por todo el local. Parecía un niño. Se escuchó a tal punto que el dueño del lugar, un anciano a quien no le gustaban los ruidos estridentes, se bajó del piso de arriba preguntando qué estaba pasando. El amerindio habló por él.

    “Tranquilo hombre, estamos entre amigos”.

    Como bien se dijo en un principio, Alejandro seguía teniendo presencia en la vida de Inés, pero no era una presencia comparable a una luz apenas perceptible, él y ella seguían en contacto casi a diario por correo electrónico o por mensajería móvil. Y no era que conversaban de asuntos solamente banales. Ésta le hablaba de sus problemas de convivencia con Sebastián, de las dificultades que todavía tiene para adaptarse a la vida en pareja, e incluso de sus a veces fuertes deseos de querer terminar su relación con él, y de mandarlo al diablo. No era inofensivo ni tampoco inocente lo que hacía, y lo sabía bien. Ella quería que el albino reaccionara. No quería sus condolencias, menos su condescendencia. Quería que le dijera lo que realmente pensaba de todo ello, y lo más importante, quería que le dijera lo que realmente pensaba de ella. Incluso no vacilaba nunca al decirle lo mucho que extrañaba su cercanía o las palabras bonitas que le decía delante de quien fue su amigo desde los seis años, y de lo mucho que ha llorado cuando se fue.

    “Te extraño, mi bicho”, es lo que solía decirle Inés por teléfono, durante sus quince minutos de descanso en la panadería, que casi siempre tiene clientela. Entre varias llamadas, hubo un día Alejandro fue más allá de sus propias líneas de auto-censura, hacia donde ésta quería que llegara, y le dijo, titubeante, algo mucho más contundente al otro lado del móvil, que ya venía días preparando en su cabeza:

    “No me gusta decirte que te extraño Inés. No me gusta nada, es una de las cosas que más detesto hacer. Porque extrañarte me duele, me duele mucho. En lugar de eso preferiría tenerte cerca de mío para juntar tu boca con mi boca, entrelazar tu lengua con mi lengua, que tiene ganas reales de pecar contigo, pensando que estoy haciendo uno de los mejores viajes de mi vida. Poner mi mejilla contra la tuya y coquetear con la idea de que estoy realizando uno de los viajes más lindos de mi vida. Recorrer tu tibio cuello con mis labios e imaginar que estoy haciendo uno de los viajes más inolvidables de mi vida. Meterme en tu cabello con mi nariz a ojos cerrados, usando la misma calma con que tarda en fundirse la miel en una taza de té de limón, y sentir que estoy realizando uno de los más hermosos viajes de mi vida. Explorar tus piernas rutilantes con mis besos, descubrir tu espalda a través de mis besos, y fantasear con la idea de que estoy haciendo uno de los viajes más memorables de mi vida”.

    Inés no dijo nada, su garganta parecía tapada, y al principio se quedó muda, pero después se escuchaba que su respiración se había acelerado más. La llamada terminó abruptamente con un sollozo de mujer. Inés empezó a dudar de si realmente eso era lo que quería escuchar. Le dijo a su empleadora que se sentía mal, y esa tarde se fue temprano a su casa de paredes interiores sin revocar.

    Después de haber pasado un tiempo desde aquella llamada, entre disculpas, reproches, silencios incómodos y otras conversaciones de naturaleza poética y romántica, Inés empezó a seguirle el juego, y fue ella quien después empezó a saltarse sus propios límites, enseñándole a éste el cobre de sus más hondos sentimientos y deseos por él, sobre todo en los días en los que acababa de tener alguno de los disgustos, que ya eran normales, de la convivencia con Sebastián.

    “Te quiero dentro de mí, Alejandrito, te quiero dentro de mí mientras mis piernas están igual que un abanico ocupando el mayor espacio posible, y encerrando también uno de mis hinchados pezones con tu boca húmeda y caliente, mimándome una de mis aureolas hasta hervirla”, era uno de sus mensajes escritos por celular. En otros hasta le mandaba por correo electrónico fotos suyas sugerentes, cuya contraseña guardaba celosamente. A veces, estando vestida solamente por el aire, con el acompañamiento de una angelical sonrisa y una dedicatoria.

    “Alejandrito, quiero que saborees mi mariposa, que está inquieta por recibir tu atención. Que tomes aire y la saborees de nuevo, repetidamente hasta que esté absorbida por el momento. Quiero que la alegres, la diviertas, la complazcas y la dejes contenta. Subiendo y bajando por su centro, subiendo y bajando. Sorprenderla enrollando tu lengua para entrar y salir de ella de forma majestuosa. Quiero que sea tu ambición encariñarla con tus delgados dedos dentro de ella, sacándolos y metiéndolos a un ritmo constante, suave y relajadamente al principio, y luego de manera frenética, enriqueciéndomela siempre de cosquillas, buscando mis gemidos y mis gritos. Con un dedo, dos, quizás sean tres, trabajando en ese pequeño valle. Todos esos dedos, queriendo unirse a su fiesta”, fue una de aquellas dedicatorias.

    Estuvieron los dos así durante la mayor parte del año anterior a la publicación del nuevo libro de Mamani. De ahí el gran porqué de lo furiosa que se puso cuando lo leyó. Una novela que, para dicha suya y desdicha del amerindio y sobre todo de su editor, no tuvo muy buenas ventas en España, a pesar de que pasaron ya varios meses.

    La mayor parte de la furia que tenía Inés era más para Alejandro que para el otro hombre que no tenía ni la más remota idea de quién se trataba y qué tipo de relación tenía con el albino. La jovencita de labios gruesos y caídos seguía amando al muchacho, y se había vuelto a enamorar de él, pero después de ello casi todas sus ilusiones se habían diluido como el café y la espuma, sintiéndose traicionada. Pero no le dijo nada al respecto sobre esa publicación, y definitivamente dejó de contestarle todos sus mensajes. Al menos así fue hasta que éste le dijo que era cuestión de semanas en que iba a volver a Mar del Plata a hacerle una visita, después de no haber pisado esa ciudad durante casi 4 años. “Cuando vengas quiero tener una larga y muy seria conversación contigo”, es lo único que le contestó después de un mes sin hablarle.

    Alejandro, que estaba algo inquieto por ello, más o menos sabía lo que estaba pasando con ella y por qué. “Ya debe saber de la existencia del libro”, pensó dentro de sí. Un libro del que Inés se opuso decididamente a su creación, más aún a su posible impresión y publicación. La sola idea de que un viejo extraño escriba sobre ella la espantaba, ya que era de personalidad tímida y retraída, y prefería el anonimato. Pero para el albino era imposible escribir sobre él sin hablar de ella o de Sebastián, como de su madre, una médica pediatra que fue una de las profesionales de salud que le salvó la vida el mismo día en que nació y fue abandonado en una bolsa de consorcio, y que incluso fue capaz de casarse por conveniencia para acelerar los trámites de su adopción. Cuando el amerindio le dijo de su propuesta, no sólo le gustó la idea sino que lo emocionó, y su posibilidad de concreción le quitó por varias noches el sueño. Su alma se removió como un cocinero remueve una sopera de caldo con una cuchara.

    “Tienes muchas cosas interesantes que contar, pibe. Todos los ingredientes para convertirte en un personaje entrañable a los ojos de los demás, y yo puedo ayudarte un poco en su magnificación”, le dijo el hombre de brazos altos y delgados al muchacho de hombros caídos, después de haber oído casi toda su historia de vida. Pero había un gran detalle. A diferencia de Inés, Alejandro no había leído la obra íntegramente sino hasta mucho después. No le vio la necesidad, era sobre él y no le causaría ninguna sorpresa, pensó.

    Pensó mal, aunque Mamani tampoco era tonto. Acostumbrado a trabajar más con la máquina de escribir que con la computadora, nunca tuvo la ingenuidad de mostrarle los borradores en los que se contaran detalles o cosas vergonzosas sobre él, Inés, Sebastián u otras personas que aparecen en tal novela. En lugar de eso le mostró los borradores que no podían llegar a serle censurables. El amerindio ya estaba decidido a publicar lo que sería uno de sus trabajos más ambiciosos, soñando con que sus posibles lectores y la crítica especializada le den la razón.

  • Berenice

    Berenice

    Soy una flor morada de otoño

    Y he estado buscando una pradera

    Verde y fresca de verano

    Para vivir el resto de mi vida

     

    En mi búsqueda he encontrado

    A otra flor, muy parecida a mí.

    Me he hecho amigo de ella

    Por simple coincidencia.

     

    Llevamos varios años de vernos,

    Cada día a los pétalos carcajearnos,

    A cada tormenta celebramos,

    Y cada calor lo desgraciamos.

     

    Nunca nos hemos juntado

    Raíz con raíz en la tierra

    Rodeado de jardines

    De los más hermosos y tiernos.

     

    No siento ese abono igual

    Cada mañana cuando la veo

    Me provoca algo en mi tallo

    Que me hace florecer más rápido.

  • El castigo del mujeriego

    El castigo del mujeriego

    Mike dormido no parecía el mujeriego empedernido que lastimaba los sentimientos de montones de muchachas. El que fuera guapo lo hacía apetecible para muchas. Le gustaba hacerse desear y tener un montón de pretendientes detrás, y no tenía problemas en jugar con todas las ilusas que lo buscaban creyéndolo el príncipe azul. Se daba el gusto de usarlas como recipiente de esperma, porque nunca le escaseaban oportunidades de sexo, y las desechaba, luego, sin apelar a grandes excusas. Las dejaba heridas y sufriendo enormemente por su causa, luego de enamorarlas, porque era un seductor que las tenía por un tiempo hasta que se cansaba y buscaba la satisfacción en otras, descartándolas siempre, sin titubeos, como si se cambiara de franela o zapatos, porque nunca se ataba. Las chicas que lo seguían no eran feas y sólo estaba con las más bonitas, pero ni las más hermosas lograban retenerlo; todas acababan sufriendo por él.

    Adriana lo miró dormido. Su lindo rostro se veía tan inocente y tierno con los pestañones ojos cerrados y los rojos labios entreabiertos dejando ver un poco su blanca y perfecta dentadura. El chico era todo un adonis con rostro de dios. Mike lucía impecablemente adorable dormido y casi cedió tentada a acariciarle el rostro, porque dormido era lindo, pero despierto era un sádico al que sólo tenía deseos de matar, después de torturarlo mucho, poquito a poco y aun así le harían falta vidas para sentirse satisfecha. Adriana lo miró con desprecio antes de sucumbir a su encanto. Era una de las cientos usadas y desechadas como una media sucia.

    -¿Dónde estoy? -susurró Mike aún aturdido por los rezagos del sueño. Había dormido por unas horas, con Adriana observándolo, esperando.

    Movió los brazos con desesperación al verse atado. Estaba boca abajo y tenía los robustos brazos detrás de la espalda. —¿Pero qué diablos…? -exclamó aterrado al agitar los pies y sentirlos atados por los tobillos… y también al percatarse de que estaba desnudo, como vino al mundo.

    Mike empezó a sudar. Estaba evidentemente nervioso. Por alguna razón no recordaba nada de la noche anterior. Sabía que había estado en una fiesta, había tenido sexo divino con una morena exótica de ondulado cabello oscuro y ojos despampanantemente grises. Recordaba que era hermosa y similar a una chica que tuvo y que descartó, pero estaba para entonces ya ebrio y no podía estar seguro de quien se trataba. Luego, después de una sabrosa y peculiar bebida que aquella diosa le ofreciera e insistiera en que consumiera toda no recordaba nada más… Un escalofrío le recorrió la espalda. -¿Por qué estoy así?… exclamó con la garganta hecha un nudo y la voz temblorosa.

    Adriana se sentó a su lado. Su mano buscó el cuerpo del chico.

    Mike se estremeció cuando sus finos dedos le recorrieron la planta del pie derecho. Adriana sonrió mientras jugueteaban sus bonitos dedos. Recordó como le gustaba hacerle cosquillas en los pies antes del sexo. Frunció el ceño cuando una imagen mental de Mike desnudo sobre ella portándose como un espléndido garañón hasta volverla loca de lujuria.

    Mike trató de apartar el pie, pero fue imposible por las ataduras. -¿Por qué estoy así? -reiteró su anterior pregunta. Adriana se levantó y le dio una nalgada, con fuerza. Mike tomado por sorpresa soltó un grito y luego se retorció mientras la piel bajo el golpe se le tornaba roja. -Serás castigado. -le dijo la chica hablando por primera vez.

    Mike reconoció a la bella morena de ojos verdes y de larga cabellera oscura con la que pasara buenos momentos de sexo casual. Pudiera haber sido su novia y hasta su esposa, porque era perfecta en muchos sentidos, pero como las demás salió de su vida porque un día no la buscó más ni la recibió cuando lo buscó. -Oh, Adriana… -exclamó con una risa nerviosa. -Eres tú…

    Adriana lo miró con desprecio a pesar de que no podía verla por la venda que le cubría los ojos. -Sí, soy yo… -le dijo con voz fría.

    Mike titubeó, sin saber que decir y luego habló -Menos mal que eres tú… dijo con voz apenas perceptible. -¿Cómo? -preguntó Adriana fingiendo no haber oído. Mike se sonrojó. -Qué me alegra que seas tú… Adriana frunció el ceño -¿Por qué? -preguntó con desdén. Mike se sonrojó aún más y titubeó antes de hablar. -Pensé que serías un secuestrador… Adriana sonrió con una sonora carcajada y después se sentó a su lado para acercarle la cara al oído y decirle con un susurro perverso: -Pero si te he secuestrado, bombón…

    Adriana, no fuiste tú, fui yo… -exclamó Mike implorante con los ojos húmedos -…fui yo el del problema: tú no tuviste la culpa de nuestra separación. Yo fallé… Adriana lo miró con desprecio. -Pero si no te lo estoy contradiciendo, bombón… -le dijo con ironía. -Por supuesto que fuiste tú el repugnante cerdo que jugó conmigo… -agregó sin dar manifestaciones de estar molesta. Luego sonrió -…pero no hay problema, estamos a mano porque ahora seré yo la que juegue y me divierta contigo…

    Mike se retorció adolorido, con los ojos llorosos, la cara roja y las arterias del cuello hinchadas, todavía con las manos atadas detrás de la espalda y los pies atados por los tobillos, pero ahora boca arriba, con la venda aún también sobre los ojos- ¡Basta, por favor! -suplicó entre sollozos con el pene rojo y lastimado entre los dedos de Adriana, que seguía masturbándolo aún mucho después de que eyaculara, no resultándole ya para nada placentera la estimulación que en un principio, a pesar de su condición ante la chica, había disfrutado bastante. El chorro abundante de esperma blanco que emergiera de su polla erecta cuando encogiera las piernas y curvara los dedos de los pies ante los intensos masajes sexuales que le prodigaba su ex lo confirmaba. Pero ahora el roce de sus dedos por su polla exhausta era una auténtica tortura. Mike no tuvo inconvenientes para reconocerlo: Adriana lo estaba torturando como venganza.

    FIN

  • Consentido

    Consentido

    Hace veinte años que estoy en pareja con Mary,  he tenido varias relaciones anteriores, bastante intensas, pero con mujeres que cuando les presentaba una situación hipotética tal como cambio de roles, me decían que era una situación en que el hombre era un puto reprimido, o que no tenía clara cuál era la sexualidad del sujeto de la situación hipotética.

    Propuse, por ejemplo, la lluvia dorada y fue negada por casi todas mis ex parejas, salvo por una de ellas, que por supuesto la llevó a cabo en una sola dirección: ella se paró delante de mí, abrió sus labios vaginales y me meó enterito. Pero se negó a que yo la meara.

    También en alguna ocasión, y de acuerdo a la persona que tenía delante de mí, por caso, si era o no extrovertida, me permitía plantear conjeturas sexuales más o menos atrevidas, en cierta oportunidad con una chica bastante libre de mente le planteé una sesión de sexo escatológico. Para mi asombro se puso muy mal y me dijo que nunca se le hubiera ocurrido hacer una cosa así.

    En cierto momento de mi vida me enamoré de una mujer que me llevada diez años y con la que teníamos unas relaciones sexuales muy abiertas y calientes, una vez terminada una relación sexual explosiva y con todos los condimentos, aclaración: me agrada el sexo completo y básicamente con penetración por el culo; le dije que podríamos hacer un trio, del modo en que ella quisiera, con dos mujeres o con dos hombres o ambos para que no se entendiera que yo quería sacar ventaja.

    Me miró fijo, cambió su semblante y me dijo que eso nunca iba a suceder, pero en el caso en que, ella se iba a dejar coger por el culo y por la concha y cuando termináramos la sesión sexual, me iba a abandonar, de modo tal que yo tuviera como la última imagen que ella fue penetrada por otro

    Me quedé estupefacto, no sabía qué pensar, empecé a considerar que yo estaba yendo por un camino de corrupción de mi persona y que mis pensamientos me estaban traicionando y hacían que yo tuviera fantasías alocadas que estaban dentro del ámbito de lo prohibido.

    De todos modos, debo confesar que estos pensamientos me venían de muy temprana edad, cuando yo fantaseaba con una tía solterona a la que había visto en bolas cuando ella no me vio a mí. Con ella solía hablar de sexo en mi adolescencia y ella fue la que me dio ciertos datos acerca de la sexualidad. Yo tenía un gran cariño por ella y de recordarla cuando la había visto desnuda me había hecho más de una paja.

    E incluso había fantaseado con ella todo lo que había solicitado a mis parejas y ante tantas negativas y comentarios acres de parte de ellas me llevaron a pensar que tenía serios problemas psicológicos.

    Hasta que un día me fui a bailar a Latino, una confitería bailable que ya ha cerrado sus puertas, allí cuando ya estaba entrada la noche pasé por una mesa en donde se encontraba sentada una mujer morocha, de cabellos largos, con un pantalón negro y una camisa blanca con voladitos en el cuello y en las mangas. Me llamó la atención y la saqué a bailar. Bailamos toda la noche y quedamos en encontrarnos la semana siguiente en el mismo lugar.

    Y así fue, nos encontramos y pasamos una noche muy agradable, charlamos de varios temas y así seguimos durante casi cinco meses, hasta que llegó el momento en que nos encontramos para ir a un motel.

    Era una noche muy esperada por mí, y luego me dijo que también por ella, entramos a la habitación y comenzamos a besarnos, la fui desvistiendo de a poco, tenía una tetas pequeñas con pezones muy grandes y asimétricos en más, eran encantadores y se erectaban con facilidad, metí la mano en su falda y dentro de la tanga y al tocar su concha estaba toda mojada, le saqué la pollera y la tiré sobre la cama, yo ya estaba en bolas y con la verga erecta, la tanga era muy pequeña y el triángulo no alcanzaba a tapar sus vellos, me subyugó que sus pelos no pudieran ser contenidos por la tela y salieran por los costados y por arriba de su tanga, se la saqué y comencé a chuparle la concha, vibró, se estremeció y con su mano comenzó a acariciarme la pija, luego la coloqué boca abajo, le pase la lengua por toda la espalda hasta que llegué a su hermoso culo enorme, tengo cierto fetiche por los culos grandes, le abrí los glúteos y comencé a lamer el agujero, le gustó, se movió, la puse de rodillas a la vera de la cama y comencé a chupar su concha y su culo en una sola acción. En esa posición le metí la pija en la concha, ella se movía con frenesí, luego le puse la cabeza en la puerta del culo y no me dijo nada, así que introduje toda mi verga en ese culazo insaciable.

    Ella también hizo lo suyo, era una gran chupadora de pija, me dio unos excelentes besos negros y me chupó las bolas como ninguna lo había hecho antes, me montó de un modo que me produjo un placer que no podría describir con palabras y me erotizó su subir y bajar con su concha mojada comiendo toda mi pija, en esa posición comencé a chuparles las tetas y a apretárselas de un modo que de sus pezones emanaron unas gotas de leche, lo cual me excitó aún más.

    Desde ese día llevamos una relación estable y muy fantasiosa por cierto. A media que fue pasando el tiempo le fui preguntando por ciertas cosas que ya había preguntado y me había ido muy mal, me acompañó de buena gana a una playa nudista, no tuvo problemas con la lluvia dorada, ni tampoco con el sexo escatológico, mucho menos cuando la planteé que me gustaba cambiar de roles, me dijo, sin duda, que a ella también le gustaba y la ponía muy caliente.

    Cuando teníamos sexo siempre cambiamos roles, a ella le gustaba que yo fuera su puta, me decía que en ocasiones cuando me cogía no podía dejar de tener orgasmos continuos, y a mí me gustaba que ella fuera mi chica-chico, me gusta que me metan una pija en el culo y ella lo hacía con una gran maestría que me causaba un enorme placer. Además, habíamos agregado una ocurrencia mía: disfrazarme de mujer, cosa que a ella la calentaba y mucho y a mí me empezó a gustar ser una fémina en determinados momentos de la relación sexual.

    Teníamos una vida sexual activa, entre cinco y siete veces por semana hacíamos el amor. Al finalizar las mismas fantaseábamos con otras formas de coger, por ejemplo, hacer ingresar a una tercera persona.

    En varias ocasiones estuvimos cerca de ello, pero nunca se dio, ella me confesó que nunca lo haría con una mujer, pero que sí podría hacerlo con otro hombre y yo le propuse que lo hiciera con varias al mismo tiempo, me miró y se sonrió, pero no me dijo nada. Ni sí, ni no.

    Hasta que un día al terminar de tener una noche de sexo alocado, es decir, con todo, cuando nos estábamos dando una ducha juntos y le pasaba el jabón por la concha me dijo una cosa que me dejó asombrado: “me gustaría verte con otro hombre”.

    -No -le dije con firmeza…- con otro hombre no, puede ser con una chica trans, si querés… ¿qué te parece?

    -Bueno… si a vos te gusta eso, a mí también, lo que quiero ver es como te coges a un chico-chica y como ella te pone la verga en el culo y que no sea un juguete como el que yo te pongo, sino una pija de verdad. ¿Te parece, amor? -me dijo.

    -Si –contesté- lo vemos, déjame buscar una chica trans que me guste.

    -Si -me dijo- hagámoslo con tiempo.

    -Bueno -le dije- pero voy a buscar a una trans joven. Porque me gustan las y los jóvenes.

    -¿y desde cuándo te gustan los jovencitos?, nunca me lo dijiste.

    -Bueno -le contesté- desde que iba a nadar al club cuando era apenas adolescente, cuando nos bañábamos para volvernos a casa me tentaba mirar las vergas de los otros muchachos.

    -Está bien -me dijo-. No tengo inconvenientes, sé que me amas mucho, no corro peligro alguno.

    -Eso es cierto -le repiqué.

    Cuando por la tarde volvía de mi trabajo a mi casa tenía que darle una sorpresa a Mary. Ya había encontrado a la trans que me gustaba y había concertado una cita en su departamento y le solicité a Vicky, así se llama, si podía ir mi esposa porque estaba muy interesada en ver nuestro revolcón.

    Vicky, me dijo que no tenía ningún problema con ello.

    Mary estaba como enloquecida, cuando llegó el día fuimos al departamento de Vicky, entramos, era muy cálido el lugar y estaba adornado sencillamente, pero era muy bonito, la luz era la suficiente como para ver muy bien lo que ocurriría en esa habitación.

    Apenas, la vi, le dí un beso de lengua y le toqué el culo, mientras todavía tenía abrazada a Mary, Vicky le dijo que se pusiera cómoda, ella se sentó en un sofá.

    Yo seguí besando a Vicky y a tocarla por todos lados, me fui quedando en bolas, Vicky estaba con un baby doll rojo, se lo saqué y comencé a chuparles las tetas, yo ya estaba listo, mi verga estaba muy parada, estaba muy caliente, le saqué la bombacha y empecé a chuparle la pija y los huevos, la puse en cuatro patas, le abrí los cantos y comencé a lamerle el agujero del culo.

    Luego Vicky, tomó mi verga y me dio un placer fenomenal, chupaba la pija extraordinariamente. Se puso boca abajo en la cama y le introduje la pija en el culo y la cogí durante casi quince minutos, luego, me paré a la vera de la cama, dejé caer la parte superior de mi cuerpo sobre ella y Vicky me metió su pija en mi culo. La verdad es que me gustó mucho.

    Luego, yo acabé sobre sus tetas y ella sobre mi pecho. Mary miró con grandes ojos cuando salía la leche de ambas pijas, yo la miraba de reojo, siempre estuvo muy atenta y callada ante cada situación.

    Cuando salimos le dije: -¿contenta? ¿Cumplida tu fantasía?

    No me contestó, me dijo -vamos a un hotel y cogeme ya.

    Estábamos en la zona de la estación de colectivos, hay por allí muchos hoteles, fuimos a uno de ellos. Mary continuaba en silencio.

    Pagué por la habitación, entramos a ella, nos desnudamos y empezamos a coger como dos desaforados. Nunca Mary me había cogido de esa forma.

    Estaba delante del espejo de toilette el hotel peinándome cuando escucho mi nombre: “Dani, Dani…”

    -¿Qué pasa? -dije.

    -Es hora que te levantes -me dijo Mary, con la dulzura que la caracteriza.

    ¿Estaba soñando?… no… eso había sucedido hacía algunas horas antes.

  • Le reviento el culo a Angélica mientras duerme

    Le reviento el culo a Angélica mientras duerme

    Angélica se había recostado y dormido presa de la fatiga de todo este ajetreo matutino. Verla así me provocó recostarme detrás de ella para abrazarla y descansar, también me quedé dormido.

    Probablemente transcurrieron una o dos horas, algo corto pero reparador, yo desperté antes y con una gran erección de por medio incitada, en gran parte, por la posición en la que me encontraba. Abrazaba a Angélica por la espalda y tenía sus nalgas justo a la altura de mi pene, y con cada respiración o cualquier movimiento, por pequeño que este fuere, sentía su gran trasero rozando contra mi pene. Además la tenía abrazada, mi mano estaba justo al alcance de sus pechos, no pude evitar empezar a jugar con sus redondas bubis y sus suaves pezones. Tenía mi nariz metida en su cuello, entre su larga cabellera, podía rozar su piel y sentir su aroma.

    Era una mezcla de sensaciones que provocaban que mi polla despertara rápido que yo mismo. Encima tenía la pelvis de Angélica muy cerca de mi, así que usé un poco de saliva como lubricante y dirigí la punta de mi polla al culo que me traía como loco. Hice un poco de presión y sorpresivamente mi polla superó su esfínter anal casi sin dificultades, resbaló lentamente hasta que mis testículos rozaron su piel.

    Es absurdo creer que puedes perdonarle el culo a alguien mientras duerme y esta nunca se va a dar cuenta.

    -Mmm, qué haces? -dijo Angélica al sentir cómo su culo se llenaba de carne caliente.

    -Nada, tú sigue durmiendo -contesté absurdamente, motivado por la calentura.

    Dicho eso, saqué mi pene lentamente hasta la mitad y volví a insertar lo no tan lentamente, fue una estocada ruda.

    -Mmm, espera, espera -Angélica no podía abrir los ojos, tenía esa pesadez que deja el sueño.

    -Relájate, sigue durmiendo -dije mientras continuaba penetrando su culo sin darle tregua.

    Inicié un vaivén suave pero constante, Angélica despertaba y ronroneaba, se dejaba hacer con pocas quejas, parece que los dos encuentros posteriores ya le pasaban factura, pero no cedía.

    -Sigue, pero hazlo lento un rato, yo te diré cuando esté lista -dijo Angélica empujando sus nalgas contra mi pelvis.

    -Sí, tú relájate y disfruta, sólo dame el culo bebé -dije sin hacer mucho caso de su aviso.

    -Suave, suave, no seas tan brusco –decía, pero no dejaba de gemir pese al dolor que supuestamente le causaba.

    -Necesito cogerte Angélica, es tu culpa por dejarme tu trasero tan a la mano.

    Estábamos en posición de cucharita, y eso facilitaba mucho la penetración, sentía como mi verga rozaba todos los pliegues de su esfínter. Con cada inserción su culo se dilataba y su respiración se agitaba, y yo sentía mi polla hincharse dentro de ella.

    Angélica me pedía que lo hiciera suave y lento, pero si me detenía un poco sentía mi polla palpitar obligándome a continuar.

    -Lo siento bebé, pero no puedo, te juro que no puedo parar, necesito cogerte duro.

    -Está bien, sigue, sigue, no pares, ya estoy dilatada, haz lo que quieras con mi culo.

    Seguí penetrándola, pero con su nueva indicación ahora aproveché para darme gusto, la penetré rápido, entraba y salía y ella gemía.

    -Mmm, mmm, que rico bebé, que rico -Angélica había despertado y ahora pedía caña- dame, dame, rómpeme el culo, es tuyo, rómpelo.

    Tomé su cuello con los labios lo besé y chupé a placer. Con la mano libre estrujaba sus pechos y jalaba sus pezones. Continúe las penetraciones, disfrutaba de cogerla en esa posición.

    -Me gusta tu culo bebé, me encanta, quería dejarte dormir, pero no pude evitar la tentación de cogerte.

    -No quiero que nunca te resistas a la tentación, me encanta tenerte dentro de mi, mi culo es tuyo para que hagas lo que quieras con él.

    -Entonces te voy a coger hasta que no podamos más, no quiero parar de penetrarte, toma bebé, tómala toda.

    Angélica se portaba muy receptiva, después de su negativa inicial ahora recibía gustosa mis embestidas e incluso separaba una de sus nalgas para dejarme más espacio para trabajar.

    El sudor se manifestaba en su frente, su cuerpo se sentía caliente, sus gemidos me excitaba e incitaban a seguir, la sala nuevamente se cargaba de un intenso aroma a sexo.

    Estaba cada vez más frenético, aumenté la velocidad y rudeza de mis embestidas, necesitaba descargar pronto, me ardía la polla por la poca lubricación previa pero no era impedimento para seguir cogiendo su culo.

    -Muévete, muévete, ya no aguanto -le dije cuando sentí cerca una nueva eyaculación.

    Angélica aún un poco torpe por el sueño sólo atinó a recostarse boca arriba, pero eso fue perfecto.

    -Abre la boca, traga, traga, traga.

    Dije, al sentarme encima de ella, acercar mi verga a su boca y empezar a descargar dentro. Pude haber descargado en sus entrañas, pero me ganó el morbo de eyacular dentro de su boca después de haber estado dentro de su culo. Le metí la cabeza dentro de la boca y desleché lo que pude, incluso le follé la boca por un rato y Angélica nunca se quejó, al contrario, agradeció que hubiera tenido esa atención con ella.

    -Pensé que te vendrías así como estabas, y estaba triste porque pensé que me quedaría sin biberón esta vez -dijo melosa mientras se relanza los labios.

    -Fue una decisión de último minuto, un segundo más y me hubiera venido dentro pero quería sentir tu lengua -contesté mientras le untaba la polla en sus labios.

    -Pues me da gusto que hayas cambiado de opinión, estaba triste porque pese a que estuvo todo muy rico no había probado tu rica verga esta vez, sabes que me encanta comérsela  respondió coqueta.

    Angélica siguió chupando mi verga mientras hablábamos, solo la soltaba para contestarme de vez en cuando.

    *****************

    Pido disculpas por el retraso en las publicaciones. Espero sus comentarios.

    Heathcliff

  • Jugada de equipo

    Jugada de equipo

    Les voy a contar un suceso ocurrido hace unos meses. Intentaré ser lo más gráfico y fidedigno posible a lo ocurrido.

    Mi nombre es Juan tengo 48 años. Trabajo en la industria del petróleo, empleo que me demanda estar lejos de mi casa y mi familia por varias semanas durante el año.

    Estoy casado con Malena, hace casi 20 años. Tenemos un hijo que se llama Matías quien juega al fútbol en un club con varios amigos de su escuela. Mi hijo tiene 18 años el cual lleva una vida de un adolescente común. Siendo el fútbol y los videojuegos sus pasiones principales.

    Malena tiene 43 años, es vicedirectora en un colegio católico. Físicamente es muy sensual, aunque nunca fue una mujer flaca. Ya que posee 105 cm de busto natural. Súper tetona de caderas anchas y cintura acorde a su cuerpo. A esto hay que sumarle 170 cm de altura. Una mujer grandota de curvas pronunciadas difíciles de ocultar.

    Vivimos en un barrio muy acomodado, ya que ambos ganamos lo suficiente para no estar ajustados y así poder darnos algunos gustos.

    Malena por lo general es quien lleva a Maty a los partidos, conoce a los chicos del equipo, los entrenadores, los fixtures etc. Yo realmente estoy alejado, pero siempre que puedo voy.

    El equipo de Maty jugaba una final zonal por el campeonato. A lo cual todos estaban muy expectantes. Ya que era la primera vez que estos chicos llegaban a estas instancias. Yo no pude asistir por que no me encontraba en la ciudad debido a mi trabajo. El partido terminó 2-1 siendo victoria para el equipo de mi hijo. Malena me iba informando de cómo iba el partido mediante mensajes de texto. Sabía que el partido terminaba a las 4:30 pm, entonces llamé a Maty 5:30 pm para felicitarlo.

    -¡hola hijo que bueno que ganaron! ¿Cómo fue el partido?

    -¡hola pa! ¡Si ganamos! ¡Hoy vamos a festejar a casa con los chicos a eso de las 8 pm! Me dice con una gran alegría.

    Solían venir 5 o 6 jóvenes amigos de Maty a jugar a la PlayStation o a comer. Luego de los partidos o entrenamientos. Reunión que era normal al menos una vez al mes. Los cuales tomaban mis latas de cerveza de la heladera como acto más osado.

    Más allá de ser un barrio muy acomodado en dónde vivimos, este último tiempo había mostrado algunas falencias en cuanto a la seguridad. Unos meses atrás, al irnos de vacaciones, unos rufianes entraron a nuestra casa sustrayendo unos pocos dólares y una notebook. Por tanto puse cámaras con audio y visión nocturna sumado a un sistema de alarmas. Para que cosas de este calibre no vuelvan a ocurrir.

    Desde cualquier lado del mundo podía ver lo que ocurría en casa con solo abrir una aplicación en mi teléfono móvil. Por supuesto que esto de las cámaras no lo sabían ni Matías ni Malena.

    Mi tarde siguió entre reunión y reunión para luego revisar unos planos por cuestiones laborales y terminar cenando rondando las 11 pm. Luego de una larga y fría medida de whisky decidí ver por las cámaras como iban las cosas en casa. Ya que no tenía mucho que hacer, me dije: ¿vamos a ver qué están haciendo?

    Abro la aplicación y puedo ver qué era una más de las tantas reuniones que estos jóvenes solían hacer en casa. Si, había unas botellas extras de cerveza, pero era entendible. Estaban festejando su tan ansiado campeonato.

    Tres estaban sentados con sus celulares en los sillones. Otros dos jugando con la PlayStation. Malena estaba en nuestra pieza mirando televisión. Mientras se cambiaba para ir a dormir. Lo extraño era que llevaba una remera tipo musculosa blanca muy ceñida al cuerpo. Que teniendo en cuenta las amplias curvas de sus senos, la tela cedía por la presión, dejando ver con claridad la circunferencia de sus enormes pezones. Y un pequeño short deportivo muy diminuto que se encajaba en su cadera el cual dejaba a la vista el comienzo de su gran culo. Es cierto, ella solía dormir así. Le era más cómodo. Pero había 6 hombres jóvenes en la casa. Mientras no ande mostrando las partes iba a estar todo bien, pensé.

    Como todo estaba tranquilo decidí irme a bañar, para luego descansar ya que a la mañana siguiente debía levantarme muy temprano.

    Luego de mi cita con el baño y al rato de no poder dormir decidí tomarme mi segunda medida de whisky. Ya que no podía conciliar el sueño opté por volver a ver las cámaras.

    Las cosas estaban iguales, salvo que Malena estaba en la cocina. Por tanto se había paseado por delante de estos 5 muchachos mostrando de manera muy atrevida y sensual su figura. Podía apreciarse sin ser una eminencia lo parado de sus pezones, mientras se hacía un café.

    ¿Dónde estaba mi hijo? fue mi pregunta a mi mismo. Debido al alcohol y por su poca experiencia en este menester, dormía en su cama como si estuviera knock out por una trompada de Mike Tyson.

    Inmediatamente pongo la cámara del comedor. Donde los muchachos estaba muy alborotados y murmurando entre ellos. Se los podía oír comentando sobre la pasada sensual y lasciva de mi mujer.

    -¡Vieron las terribles tetas que tiene, no podía dejar de mirarlas! -Comentaba uno.

    -¡Yo se las chupo todas! -decía otro

    -¡Cómo me gustaría meter la verga entre esas tetas y llenarla de leche! -Decía un tercero….

    -¡Me la re cojo en la cocina! ¿Vieron el culo enorme que tenía? ¡Tengo la pija re dura! -Decía el del fondo.

    Los jóvenes estaban súper cachondos por el contoneo ligero e insinuante de la silueta de mí señora por delante de ellos. La cual seguía en la cocina.

    Juan Manuel uno de los mejores amigos de mi hijo les dice al resto:

    -¡me voy a la cocina a ver más de cerca esas ricas tetas!

    Rápidamente partió desde el comedor hacia la cocina.

    Dónde se encontró con mi esposa y sus senos casi al aire. Ya que esa musculosa dejaba evidenciar toda su mercadería.

    -¡Hola Malena! -Dijo el muchacho sin quitar la vista de los erectos pezones de la señora de la casa-. ¿Siempre venís por acá? -preguntó a modo de chiste.

    -Siempre vengo por acá. -Respondió Malena con una sonrisa, sacando pecho y apuntándolos a él. Ante la atónita mirada del pendejo.

    El cual no pidió permiso y posó sus dos manos sobre los senos de mí exuberante esposa. Probando su textura y su peso. Pechos los cuales no entraban en su mano.

    Juan Martín manoseaba y jugueteaba sobre su abultado busto hasta comenzar a apretarlos desmedidamente. Cada vez con mayor afán debido a su calentura.

    -¡Pará! ¡Soy una mujer casada! -pareció decirle Malena.

    Rápidamente él levantó la remera de ella para llenar su boca con sus senos. El pendejo irrespetuoso no paraba de morderle los pezones a mi mujer en la cocina mientras con sus manos le bajaba su apretado short.

    Luego de sentarla sobre la mesada de la cocina, ella abrió sus piernas para que él comenzara a chuparle toda la vulva. Podía ver en vivo y casi en primer plano como mi señora era devorada oralmente por este veinteañero.

    Inmediatamente decido marcar a su móvil.

    El plano no tenía desperdicio. Ella gemía retorciéndose de placer con cada embestida de la lengua del joven sobre los genitales de esta.

    El teléfono suena y suena hasta que contesta:

    -Hola Malena ¿cómo estás? -Pregunté

    -Bien, acá acostada mirando una peli, ya con un poco de sueño -Respondió.

    A través de la cámara veía como ella posó firmemente su mano sobre la nuca del joven para hundirla en su clítoris, así este no dejara lugar sin succionar.

    -Yo no podía dormir y decidí llamarte. -Comenté Mientras veía como el pendejo paleteaba sin asco la caliente raja de Malena.

    -¡Sí!, te llamo en un rato que enganché una peli. ¡No te enojes!, por acá estamos todos bien. -Contestó cortando la llamada.

    Sin dejarle sacar la cara a Juan Martín de entre sus piernas.

    No podía creer lo que ocurría. Para acompañar estas imágenes me serví otra medida de whisky el cual me tomé de un trago.

    Luego de catar los fluidos vaginales de mi esposa, Juan Martín se incorporó y estando ya de pie, extrajo de entre su pantalón su pene duro como un mástil.

    Dotado de una pija fina pero muy cabezona, ordenó a mi señora que abriera bien las piernas. Para sin más contemplaciones penetrarla a tope. Cada movimiento pélvico de este hacía saltar las tetas de Malena. La cual estaba sentada sobre la mesada de la cocina. Mientras esta lo miraba a los ojos y lo besaba cómo haciéndole el amor. Minutos de largos sacudones con intensos jadeos. Juan Martín seguía aferrado a sus pechos. Luego la empujó por la espalda contra él para que todo el rabo de este mocoso entre dentro de mí señora, logrando hacerla gemir sin control.

    El joven usaba a mi esposa como una muñeca inflable. Hasta que después de casi 15 minutos de estar entre sus piernas, se vino en ella en una buena ordeñada producida por la sensualidad de Malena.

    Juan Martín retiró su tapón de carne de dentro de mí esposa. Dejándome ver como escurría su semen de dentro del canal vaginal de mi amada mujer. Haciendo un charco de fluidos de ambos, sobre la mesada de mi cocina semejante a helado derretido.

    Este subiéndose los pantalones, la tomó de la mano para llevarla semi desnuda al comedor donde estaban los otros 4 jóvenes. Estos comenzaron a desearla con la mirada sin salir de su asombro al ver su cuerpo semidesnudo. Y fue así como de a uno y hasta de a dos empezó a hacerles sexo oral a todos.

    Mi cónyuge de rodillas saboreaba cada una de las distintas vergas erectas de estos jóvenes. En lo que era una degustación peneana a cargo de Malena. Sus tetas revotaban al lamer con desesperación, en 4 patas la polla de uno mientras otros hacían fila para usar su boca. Un joven no logró contener el éxtasis generado por la lengua de Malena, corriéndose en su boca. Cosa que mi señora escupió inmediatamente.

    Un atrevido le puso su falo entre sus tetas para que le haga una buena turca. Otro la tomó del cabello mientras hundió su pija de manera brutal en su boca hasta llegar a su garganta. Un tercero al ver esto, no dejada de chuparle la argolla para así también chuparle el ano.

    -¡No, eso no! ¡No, el culo no! -se escuchó que dijo.

    -Tranquila Malenita solo te lo estoy lamiendo.

    Se escuchó un murmullo como respuesta ya que un atrevido no le sacaba su pene de la boca.

    -¡Vamos a cogerte Malena! -dice uno- ¡pero vamos a tu habitación! -le propone este mientras ella frotaba sus senos sobre su vara de carne.

    -¿A mí cama? ¿la que uso, con mi marido? ¿Ahí me van a coger?

    -En la cama de tu marido te vamos a hacer de todo. -Se escucha.

    -Está bien, ¡pero, pasan de a uno!

    Mientras se oían risas humillantes hacia mi persona.

    Rodrigo la tomó de la mano llevándola a nuestra habitación.

    Donde rápidamente la tiró en nuestro lecho matrimonial. Y en la pose del misionero la penetró sin piedad.

    Con esta cámara podía verse las piernas bien abiertas de Malena y a este joven sacudiéndose como un roto martillo dentro de ella. El cual extraía duros gemidos de placer de ella debido al grosor exagerado de su miembro el cual dilataba al límite de la rotura el canal vaginal de mi señora. Mientras succionaba sus duros pechos con bravura. Hacía que mi esposa fuera su hembra. Con movimientos muy rápidos este muchachito la hacía llegar a un clímax de placer. Rodrigo hizo gemir por más de 20 largos minutos a mi esposa como si fuera su vil mujerzuela. Para luego reventar su cartucho de crema masculina descaradamente dentro de ella. Inmediatamente este da la orden a otro que use el cuerpo de mi señora a su antojo.

    Malena estaba desparramada en la cama luego de la monumental garchada que le había pegado Rodrigo. Intentando recuperar sus energías. Pero al entrar este otro y verla, sabiendo que tenía vía libre comenzó a pasar la lengua por sus enormes areolas mientras le ordenó que se ponga como un perrito.

    Yo ya había tomado 3/4 de la botella de whisky y estaba entrando en una borrachera atroz.

    Una vez en esa posición y al ver el enorme culo de mi señora regalarse al joven, el cual sin más contemplaciones la penetró.

    Alex poseía un falo descomunal, largo, ancho y venoso. De allí llevaba el apodo de burro. Malena estaba con la cara sobre el colchón y el culo bien parado. Como esperando que este se la empine toda. Mientras este la tomaba de las caderas hundiendo sin piedad su enorme pene una y otra vez, con mayor dureza. Haciendo que mi señora se tomara fuerte con ambas manos de las sábanas. Se observaba como su culo revotaba sobre el joven. Su pelvis aplaudía contra la cola de Malena cada vez que hacía tope dentro de ella. Desgarradores gritos de dolor placentero inundaban nuestra habitación. Mi mujer se retorcía de gozo al sentir como en esa posición, toda la viril vara de este juvenil macho llenaba su coño completamente mojado.

    Durante un largo rato le propinó sexo bestial de esta manera. Hasta que ella le suplicó piedad, tomándose el vientre. Seguramente su largo trozo golpeaba en forma desmedida el útero de mi mujer inflamándolo. Este nunca se detuvo. Siguió haciendo que ella matara su erección con su caliente raja. Para luego si invertir la situación y hacer que ella se siente sobre su erguido miembro. Ya así y en medio de un cabalgue extremo mi señora llegaba a otro orgasmo bestial. Alex la sacudía tomándola de sus pezones en forma de pellizcos. Malena no dejaba de saltar sobre este macho el cual la tomaba de la cintura acompañando sus alocados movimientos. Mi esposa pone sus pechos en su cara para calentarlo aún más y así que este acabe. Cosa que resultó casi al instante. Sacudidas magistrales realizaba Malena para extraer todo el jugo de este muchacho. Dejando este, más líquido seminal dentro de mi esposa, rebalsándola por completo.

    -¡Seguí sacudiéndote! -le dice mientras acompaña el movimiento de ella tomándola de las nalgas. Y grita:- ¡Marcos! (a otro amigo) ¡vení!

    La pija que se estaba volviendo fláccida debido a su orgasmo líquido comenzaba a tener rigidez nuevamente, volviendo a su estado de máxima dureza.

    -¡Hijo de mil putas! ¿Me vas a echar dos seguidos?

    -¡si, te voy a coger toda la noche en la cama de tu marido! -responde Alex con un tono burlón.

    Mientras yo terminaba la botella de whisky tomándola del pico.

    -¡No de a dos, no! ¡Dijimos, que no! -dice Malena mientras Alex le estrujaba los senos.

    Marcos ya estaba atrás de ella con su sable listo, que no era de los más largos, pero de todas maneras intentaba penetrarla analmente.

    -¿No vas a ser tan atrevido Marcos de hacerme el orto no? -pregunta mi esposa con algún dejo de inocencia

    -no, nunca lo sería. -Responde Marcos mientras le apoya la puntita en su culo.

    -¡ay ay ay!, ¡qué hijo de puta! me la estás metiendo por el culo. ¡Marcos!

    -¡Alex, Alex! ¡Marcos me está haciendo la cola! -le dice a Alex mientras abría los ojos de par en par.

    -¡encima vos no dejás de cogerme! -el cual ya tenía su poderosa verga dentro del útero de mi mujer para otro round de amor.

    Marcos luego de un intento fallido logró penetrarla analmente sobre nuestra cama matrimonial. Esas dos estacas juveniles se clavaban a la par en Malena, la cual aullaba de placer y se sacudía frenéticamente. Gritaba como un chancho suplicando que no paren de hacerle los hoyos de esa manera ruda que tanto le estaba gustando. El culo de Malena era perforado por Marcos el cuál duro pocos minutos dentro de ella. Minutos que bastaron para que este joven se corra regalándole su gran dotación de esperma en forma de catarata saliente por su culo. Dejándole el recto ya dilatado para la próxima verga. Fue así como maxi, tomó esa Posta anal. El cual siguió esta doble penetración junto a Alex, ya que el otro joven no dejaba de bombear dentro de mi señora por delante. Maxi la tomó de los pelos y hundió su carne en el fondo de su delgado esfínter.

    -¡Este sí!, ¡sí que la tiene grande! -gritaba mi mujer.

    -¡La tengo más grande que tú marido seguro! y eso que te entró la mitad. -Dice desafiándola Maxi.

    -¿la mitad nada más? ¡Me van a desgarrar el culo! -Mientras este hundía la parte restante de su trozo empujando toda su carne dentro de su estrecho culo con más fuerza.

    -¡Si, es más grande que la de mi marido! ¡y más grande que la de Alex también! -gritaba como loca.

    Mientras este entraba como una locomotora por detrás de mi esposa haciendo que esta con la mano golpeé el pecho de Alex, dejándola casi a las puertas de una rotura anal.

    Más empujaban sus duros penes, más la hacían saltar de placer. Más la clavaban estos enormes falos, más se mojaba su vagina. Más se la cogían entre todos, más cornudo me hacían.

    Al ver esto Maxi y Alex más rápido bombeaban. Usando de manera perversa los completamente estirados orificios de mi señora.

    Maxi le daba sin piedad con su enorme miembro ensanchando aún más el ano que ya había roto con anterioridad de quién era mi mujer. A la cual le generaba un terrible placer. Esté apretaba los senos con severa brutalidad. Tan duro la cogieron que hicieron que se meara sobre nuestro lecho matrimonial. Alex durante esa noche, fue quién hizo más intentos pasivos por embarazar a mi esposa regando su útero en forma atroz. Ni Maxi ni Alex retiraron sus enormes miembros del cuerpo ardiente de Malena, humillando mis votos matrimoniales. La cogieron así, por horas rotándose para ver quién vertía más leche de macho dentro de mi amada esposa en nuestro santuario matrimonial el cual era mancillado con desprecio.

    Tanto vía anal como vaginal los cinco jóvenes se turnaban para llegar con sus disparos masculinos a los ovarios de mi esposa, y así rebalsar todas las cavidades con sus jugos. Los atrevidos dejaron mi cama y mi casa bajo la claridad del día. Mi señora fue al baño intentando limpiarse la vagina la cual escurría el semen de cinco hombres distintos en una cantidad incontable de eyaculaciones. Estando esta completamente inflamada y ardida. Sus senos marcados, colorados y mordisqueados sumado a su ano con rastros de sangre era la evidencia de los desgarros anales y de la dureza con que la habían cogido estos muchachos dejando en claro lo que había pasado esa salvaje noche.

  • Como inicio mi relación con la madre de mi novia (2)

    Como inicio mi relación con la madre de mi novia (2)

    Les recomiendo leer mi relato anterior para que entiendan un poco más este relato.

    Como se podrán imaginar a mis 20 años, la erección regresó inmediatamente, ver a la señora Paola parada frente a mi buscando ropa que ponerse para salir a recibir la pizza que pidió me excitó demasiado. Se puso una falda de mezclilla y una blusa negra sin brasier, yo me le acerqué y le arrimé mi verga y comencé a besarle el cuello.

    Me apartó y me comentó que teníamos que comer algo, yo solo pensaba en coger, pero ella me detuvo y comimos. Al terminar ella me dijo que se sentía muy llena, nos sentamos en la sala y nos pusimos a ver una película.

    Yo pensé en ese momento que ya no habría más acción esa noche y vimos una película. Mientras veíamos la película me puse a pensar en mi novia, en lo que estaba haciendo y hasta miedo me dio el pensar en mi suegro, que era un tipo mal encarado y de pocas palabras, pero esas ideas se disiparon cuando de pronto mi suegra me empezó a mamar la verga.

    La tomé de la cabeza y la empecé a guiar en cuanto al ritmo, pero nuevamente ella me detuvo, y me dijo que a las mujeres les gusta también recibir placer cuando ellas dan, por lo que guio mi mano a su vulva. En ese momento me di cuenta de que ella era la que mandaba y que lo que haríamos seria lo que ella quisiera.

    Mientras recibía una mamada espectacular, yo acariciaba su clítoris ya hinchado, realizaba movimientos en círculos de forma superficial y esporádicamente metía mis dedos en su vagina que estaba demasiado húmeda. Después de unos minutos ella se levantó y me pidió acostarme yo pensé que iba a montarme, pero no, nos pusimos a hacer un 69. Era muy rico sentir el sabor de sus fluidos, que resbalaban por mi boca con mi lengua jugueteaba con su clítoris y la entrada vaginal. Estuvimos así unos 10 minutos, cuando se me ocurrió meter un dedo en su vagina y con otro empezar a tocar su ano, ella solo suspiro y siguió con su trabajo oral.

    Poco a poco fui introduciendo mi dedo, cuando ya estaba más de la mitad del dedo dentro de su ano, se levantó, me dijo “espérame tantito” y se fue al baño, pensé que la había espantado, mi erección había disminuido pues me quedé en la sala sacado de onda lo único que hice fue ver la tele, pero después de unos minutos me habló, yo me acerqué a su habitación, ella estaba en el baño en la regadera. Cuando entré al baño ella estaba hermosa, imaginen su cuerpo mojado detrás de un vidrio que se veía empañado por el vapor, esas tetas copa b, esas nalgas más grandes que la de mi novia, esa cintura que tanto me había llamado la atención y más en los últimos días.

    Me quedé parado admirando su cuerpo, me dijo “pásate es que a mi me gusta mucho por mi culito y sé que lo tengo que vaciar y limpiar antes de que entres, porque si no es muy sucio”. Yo me fui a sus labios, mientras la besaba no desaproveché ni un solo momento para poder agarrar sus nalgas y sus tetas, se dio la vuelta y yo comencé a besar su cuello y su espalda, mientras el agua caliente recorría su cuerpo, yo besé sus nalgas y las mordí un poco, pero me levanté.

    Ella me dijo “si vas a entrar por mi culito debes prepararlo” y yo empecé a besarla y meter poco a poco mis dedos y ella me dijo “así no”. Yo hasta ese momento desconocía el ‘beso negro’, y ella me dijo “mira está limpio ya me aseguré de eso, ya no te puede salir una sorpresa y además sigue cayendo el agua que hace que sea más limpio”. Yo le pregunté “¿quieres que te coma el culo?”.

    Solo sonrió y me dijo “si, solo utiliza tu lengua como lo hiciste con mi vagina”. Me quedé pasmado un momento, pero dije si es la condición para poder usar ese culito lo haré, por lo que me acerqué a su cuello, la besé, volví a bajar por su espalda y ella me ayudó separando sus nalgas con las manos dejando a la vista aquel culito un poco más oscuro que sus labios vaginales. Esa imagen me prendió demasiado, así que me acerqué a probar por primera vez un culo.

    No sé cómo describir la sensación, pero es una sensación no muy diferente a mamar una vagina, solo que el culito no lubrica como lo hace la vagina, además no dilata como lo hace la vagina, es una sensación diferente, pero placentera estar entre dos nalgotas comiendo es muy excitante. Estuve así unos minutos mamando su culo, pero metiendo los dedos por su vagina. Ella me dijo que en lugar de su vagina los fuera metiendo poco a poco por su culito, cosa que hice sin pensar, primero entró un dedo sin problemas, luego dos, ya cuando intenté meter el tercer dedo me dijo que mejor intentara con mi pene, pero en la cama.

    Salimos de la regadera, nos secamos con unas toallas sin dejar de toquetear sus tetas, ella se puso una toalla en la cabeza y yo la dejé en el baño, se acostó boca a arriba y me dijo que con cuidado, no era la primera vez que hacia sexo anal, pero fui lo más cuidadoso posible. Primero, puse un poco de lubricante en su ano, metí dos dedos y sin problema entraron, luego unté mi pene con lubricante, puse la cabeza en su ano y poco a poco fui entrando, ella puso sus piernas en mis hombros y sus manos en mi piernas para detenerme cuando entrara muy rápido. Estuve entrando por partes, metía, un poco mi pene y ella me detenía, me quedaba detenido, eso fue hasta que estuvo todo mi pene dentro de ella.

    Cuando me dijo “empieza a moverte”, empezó el vaivén, cada vez más intenso, yo sentía cada vez más apretado. Con su hija solo lo había hecho vaginal, porque me decía que el anal no era de su agrado, pero al parecer su madre era una experta. Cambiamos de posición, yo sentado en la orilla de la cama y ella dándome sentones, poniéndola en 4 fue una sesión un poco larga, pero llegó el momento de poner su piernas de nuevo en mis hombros y después de unas embestidas más vi salir liquido de su vagina, empecé a sentir como el líquido caliente escurría sobre mi pene y empezó a hacer espuma con la entrada y salida de mi pene en su culito. Yo ya no puede más y me vine en su culito. Cuando me salí vi como escurría y para mi sorpresa mi pene salió limpio.

    Nos empezamos a besar, y nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente la vi dormida y la desperté con un rico sexo oral, ya era sábado 11 de la mañana.

    Lo que hice el sábado se los contaré en otro relato, espero que sean de su agrado, sé que no soy el mejor, pero voy empezando, espero recomendaciones para mejorar, les recuerdo que mis relatos serán 100% reales.

  • La clase de danza

    La clase de danza

    Estaba en clases de danza, la maestra, Vero era súper atractiva, su cabello largo, unas chichotas enooormes, cinturita y unas pompis paraditas, tenía un maravilloso cuerpo por el ejercicio y el baile. Se rumoraba que era lesbiana porque varios compañeros querían con ella, pero no les hacía caso. Yo no sabía si eso era verdad, pero rogaba que fuera cierto porque tenía ganas de mamar esas ricas tetas…

    Un sábado después de la clase, me tardé en cambiarme porque el cierre de mi mochila se atoró y tardé años en poder abrirla. Era de las últimas y me daba miedo estar solita en los vestidores, me apuré, cuando de pronto alguien apagó la luz, intentaban asustarme y yo corrí hacia la puerta, pero oí voces, y me tranquilicé. En otro salón vi luz y me acerqué, era la guapa maestra Vero, solo con un leotardo, hablaba con alguien, no alcancé a ver quién, cuando ella empezó a moverle las pompis provocativamente, se tocaba las tetas, y las sacudía bien rico.

    Ella jugaba y reía, y la otra persona le acariciaba el cabello, la cara, le agarraba la panocha y también reía. Vero empezó a desnudarse, por fin pude ver esas tetas enormes, las movía y se las acariciaba como bailando, subió una pierna a una silla y se movía como una puta caliente, por lo grandes y suaves de sus senos, alcanzaba a lamerse los pezones… en este punto yo estaba totalmente mojada, no podía creer lo que veía, estaba deleitándome con esa mujer, una perra que le bailaba desnuda a no sé quién.

    Al estarse mamando los pezones con tantas ganas, por fin pude ver quien era la otra persona: Una de las compañeras! Erika. Que igual de guapa, tenía unas tetas medianas y un lindo cuerpo moreno, ya se había quitado toda la ropa. Se arrodilló y le empezó a mamar la panocha, lo hacía con tantas ganas que yo deseaba que fuera yo a quien le daba semejante sexo oral. Se veía como le abría los labios para acariciarle el clítoris con la lengua. Vero empezó a decir: Qué rico nena, así, así, aaahhh…

    Se oía a Erika mamar y lengüetear -Mmm aaammmm.

    Vero se sentó y abrió las piernas para seguir recibiendo la lengua de Eri, después, arrodilladas se besaban y se tocabas las tetas, las puchitas mojadas y de pronto Eri se puso en 4, y Vero empezó a meterle los dedos por la vagina, yo estaba jadeando, me metí los dedos como sintiendo que era Vero. Eri empezó a gemir -Siii mami, cógeme rico. Vero se acercó y le lamía el ano, qué rico se oía su lengua y su saliva jugando con ese agujerito caliente -Sii sii dame placer nena, eres una diosa. Chupadas fuertes y metidas deliciosas hacían que Eri jadeara más y más hasta que empezó a tener un rico orgasmo -Vero me voy a venir mi amor.

    V: Si mami, mójame toda. Toma más. Y le daba más fuerte con los dedos, hasta que Eri se vino a chorros, Vero acercaba la cara y lamía desde las piernas hasta la vagina y el ano de Erika. Se secaron un poco con una camiseta y siguieron acariciándose.

    Eri se sentó en una silla y Vero sobre ella con las piernas abiertas, sus chichotas quedaron casi en la cara de Eri y ella las agarró y empezó a mamarlas, le mordía los pezones y Vero movía todo su rico cuerpo levantando su cabello, besaba a Eri y le tocaba las tetas. Erika le besaba el cuello, la boca, le tocaba las piernas, le daba nalgadas -Qué rica estas pinche Veronica. V-Soy tu puta, me tienes caliente, haz que me venga yo también. Y se acostó en el piso, con las piernas abiertas esperó a que Eri se acomodara, acariciándose el clítoris y las tetas.

    Eri se acercó y la besó en la boca, le metió los dedos en la vagina y Vero empezó a retorcerse de placer.

    Eri quedó de rodillas y Vero acostada sintiendo todo lo rico que le hacía, chupándose las tetas y diciéndole todo lo que quería V: mueve los dedos mi amor, méteme 4 dedos. Aaaahhh siiii, que rico me coges, házmelo asiii asiii siii nena.

    Wow yo estaba como en un sueño, dos nenas calientes ante mis ojos, dos verdaderas perritas haciéndose el amor. Aquello era deliciosa pornografía en vivo.

    Erika le sacudió el clítoris con una mano mientras con la otra le penetraba la pepa totalmente mojadita y caliente. Diciéndole: Te gusta putita? Te gusta todo lo que te hago.

    V: siii mamii, me vuelves locaa amor.

    Vero se sacudía esas enormes chichotas, sus pezones estaban tan duros y grandes que sentí unas ganas locas de salir a mamárselos, pero me contuve, en ese momento tuve un orgasmo por estarme dedeando, solté un suspiro ahogado. Y justo ahí Vero gritó de placer, estaba teniendo su orgasmo, sus pezones estaban por explotar, estaba sudando y de su rica pepita salió un chorro pequeño que mojó el vientre de Eri.

    Se besaron una vez más y empezaron a vestirse, yo me apuré y salí rápido para que no me vieran, pero justo a la salida me topé con Eri, me dijo -Taniah, qué haces aquí solita? Les expliqué lo de mi mochila y salimos las 3 juntas.

    Nos despedimos y yo sigo masturbándome al recordar a esas deliciosas nenas acariciándose.

  • La primera vez que me rompieron el orto

    La primera vez que me rompieron el orto

    Mi nombre es Daniel. Soy un tipo masculino, atlético, casado con una mujer y tengo hijos.

    Yo no tenía mucha experiencia con tipos. Y con los que había estado, no me habían podido romper el orto. O porque no la tenían muy dura (y yo no tenía experiencia ni el culo preparado), o porque como soy muy masculino y siempre tengo la pija bien dura cuando estoy caliente, terminaban entregándome el orto y me los terminaba cogiendo.

    Pero yo quería que me cojan. Un macho que me cogiera la boca y después me rompiera el orto.

    Un par de veces me habían cogido, pero eran tipos que tenían la pija mediana a chica, y la verdad es que no me había satisfecho mucho.

    Es que yo buscaba a un macho. Un macho que quisiera cogerse a un tipo macho. Que tuviera una linda y grande poronga. Que sea dominante, no que fuera puto y se desespere porque yo me lo coja a él.

    Yo estaba muy tapado, y no quería que nadie supiera que me gustaban los tipos. No me gustaban los besos, ni que me pidieran una foto del culo para ver cómo era mi agujero.

    Demás está decir que se me iban los ojos por los hetero. Esos hetero masculinos que no pueden dejar de mirarle el culo a una mina cuando pasa por su lado. Y si le dicen algo al pasar, chau, se me para la pija a mil. Esos tipos que no te miran ni te prestan la atención que vos querés, porque no les va estar con un tipo.

    Pero al final me decidí.

    En una página de encuentros, me crucé con Mario.

    Mario no mostraba ninguna foto de perfil. Y eso me intrigaba.

    Me dijo que medía 1.70 (me enloquecen los machitos petisos), que era casado (genial, porque así no iba a andar contando por ahí que yo me acostaba con tipos) y que solamente era activo.

    Le pregunté cómo venía de pija y me dijo que tenía una pija de unos 19 cm. ¿Qué más podía pedir?

    Me dijo que hacía deporte, que era un tipo fachero, rubio, de ojos claros, muy tapado. Hubiera preferido un morocho, pero todo bien.

    Me preguntó qué quería hacerle. Yo le dije que quería desvestirlo, tocar su cuerpo, manosear su pija por sobre la ropa interior. Que quería que me dirigiera porque yo no tenía experiencia. Que me haga arrodillar y tragarme su pija entera hasta la garganta.

    Me contestó que iba a cumplir con todos mis deseos. Y que también me iba a coger.

    Yo quería que me rompiera el culo. Pero tenía miedo. Y al mismo tiempo estaba totalmente excitado.

    Me dijo que me iba a preparar bien para que no me doliera y lo disfrutara. Que le iba a pedir que me la meta toda.

    Estaba sentado frente a la computadora con la pija que se me reventaba. Ya me imaginaba estar con ese tipo detrás de mí, apoyando su abdomen en mi espalda con la pija ensartada en el ojete, diciéndome que yo era su puto, y que me iba a llenar el culo de leche…

    Ni él me mandó una foto ni yo a él. Se ve que no le importaba. Que sólo quería coger. Más morbo me dio.

    Quedamos en encontrarnos esa misma tarde en una estación de servicio.

    Llegué al lugar. Estaba muy nervioso. Sólo sabía que tenía un auto gris oscuro. No veía a nadie. Fui a comprar forros al negocio que está en la estación y me volví a mi auto. Cuando me subo, un auto gris oscuro se estaciona a mi lado y abre la puerta del acompañante.

    «Subí», me dijo un tipo desde adentro que no alcanzaba a ver bien, ya que era polarizado y tenía lentes oscuros.

    Me subí a su auto, me habló muy poco, y nos fuimos al hotel.

    Yo estaba muy nervioso. No lo miré mucho, ni a la cara ni el cuerpo. No me atrajo de primera, esa es la verdad. Me dio un aspecto de que no se bañaba por el pelo, que lo llevaba un poco largo y parecía grasiento.

    Recorrió un camino que yo no conocía, poco transitado, y aparecimos en la entrada del Telo.

    Yo nunca había pisado un Telo, no sabía cómo era por dentro ni qué se hacía al llegar.

    «Agachate» me dijo, «que no te vean».

    Pidió una habitación (yo escuchaba, no veía nada porque estaba recostado en el asiento)

    Pasamos la administración. Estacionó el auto. «Listo», me dijo. Y se bajó.

    Entramos a la habitación… medio oscura, aspecto de lugar poco higiénico, el tipo que no me excitaba demasiado… Encima me quiere chantar un beso…

    «Sin besos» le dije.

    No sabía si irme al carajo o quedarme.

    Y bueno, me dije, si esto es lo que querías, acá está. Al menos era cierto lo del 1,70 m.

    Le pedí que me dejara desvestirlo. Porque yo quería tocarlo. Quería tocar el cuerpo de un macho, para ver qué se sentía, qué sentía él cuando yo lo disfrutara. Y lo comencé a desvestir. Tenía una espalda muy ancha, y una cintura pequeña. Pero estaba gordo. Medio fofo. Le saqué toda la parte de arriba, lo toqué, lo disfruté. Acaricié sus manos, excelentes manos, dedos gordos venosos. Toqué sus brazos, que mostraban que se ejercitaba pero no tanto. Le toqué la espalda y la cabeza, pero no me excitaba… Le tocaba la cola, linda cola, chiquita. Le pasaba la mano por la pija, por encima de la ropa. No mentía. Tenía una linda pija. A él le calentaba eso.

    En un momento lo puse de cara contra la pared y mientras lo tocaba le apoyaba mi pija en su culo. Y le gustaba. A mi me excitaba apoyar a un macho, mucho, pero no es lo que quería. Porque yo quería un macho. Y le pasaba mis manos por sus brazos hasta llegar a sus manos. Qué lindas manos, de macho, y con anillo de casado.

    Se dio vuelta, me agaché, le saqué el cinto, le bajé el cierre del pantalón. Me restregó la pija aún bajo su bóxer por la cara.

    No me hablaba. Yo hubiera esperado que me dijera «ahora te vas a comer una linda pija, te voy a meter la pija por la boca y te la voy a sacar por el culo». Pero no. Se la saqué. Y me encantó.

    Una pija sin la capucha, hermosa, gorda, de esos 19 cm que me había dicho, recta, venosa.

    No lo podía creer. La tenía ahí. Tanto desear una pija como esa durante tantos años. Y la comencé a chupar. Qué placer sentir en mis labios la textura de esa cabeza. De pasarle la lengua y sentir esa suavidad. No tenía olor a nada. Un tipo seguramente recién bañado. La quería tener toda adentro de la boca pero no podía. Le chupaba la cabeza, como si fuera un chupetín. Qué piel suave. Qué delicia. Intentaba meterla en mi boca pero hacía tope. En un momento me agarró de la cabeza y me la metió un poco más hondo. Me asusté un poco. Yo no lo conocía. No sabía qué podía llegar a hacer. Me ahogué un poco y me la saqué. El no dijo nada. Tampoco insistió. Yo seguí chupando.

    Pero a pesar de todo, estaba perdiendo el entusiasmo. Y no entendía por qué. Tenía en mi boca esa hermosa pija, la chupaba como yo quería, la disfrutaba. La babeaba toda, me la metía hasta donde yo quería. Probaba cómo hacer para que entre más. La disfrutaba…

    Mario se acostó en la cama, se puso los brazos detrás de la cabeza y se quedó ahí tirado. Pero no emitió palabras.

    Me puse en cuatro patas sobre sus piernas y se la volví a chupar- Intentaba meterla toda en mi boca. Disfrutaba esa cabeza tan suave. Me gustaba. Volvía a insistir de metérmela toda en la boca, pero no podía, me dolía la garganta cuando lo hacía.

    Y de pronto sentí que ya no me excitaba. Que mis expectativas iban más allá de lo que estaba pasando.

    Fue como «bueno, ya probaste, esto era. Y ahora qué?». Igual se la seguí chupando. Pero no era como al principio. Ya intentaba que él acabara para terminar con esto. Fantaseaba con que me llenara la boca de leche-

    Y lo que pasaba era muy claro. Yo quería un macho dominante. No simplemente un macho. Y no me refiero al macho violento si no al macho que disfruta que le den placer. A mi me hubiera gustado que este tipo me agarrara la cabeza, me metiera la pija en la boca y que me cogiera a su placer. Que decidiera por sí mismo cómo usar mi boca, hasta dónde meter su pija, sin importarle si yo me ahogaba o no. Que me hiciera saber que quien debe disfrutar es él, con su actitud y, por qué no, con sus palabras: «te gusta? te gusta cómo te entra mi pija en tu boca? vos querías una pija grande? ahora te la tragas entera». Porque el que tiene que disfrutar es él, el macho. No yo, su puto, su objeto de placer-

    Después de un rato me pidió que me acostara boca abajo. Me dio miedo de que me doliera. No quería pasar por el dolor, pero sí querías sentir un macho adentro mío. Y me comenzó a chupar el culo. Fue mi primera vez. Me daba asco pensar en su boca y mi culo. No quería. Tampoco hacía nada para que él dejara de hacerlo. Pero por otro lado me gustaba la sensación que sentía en mi ojete.

    Cada tanto me metía un dedo, y yo le pedía que no, porque me dolía.

    Quería irme. No quería sentir dolor cuando me la metiera.

    Él se daba cuenta de que algo pasaba.

    «Qué querés hacer?» me preguntó.

    «Seguí», le dije. «Ya está», pensé.

    Se puso un forro, me acomodó en cuatro, y me la empezó a meter.

    Por Dios! Qué dolor! Qué momento de mierda!

    Le pedía que parara a cada rato, que me dolía.

    Que la dejara adentro un poco pero que esperara.

    Pero el esperaba poco. El sí estaba excitado. Intentaba meterla en todo momento.

    «Ya falta poco» me decía. Pero no me importaba. Me dolía mucho.

    Él quería coger, quería que no me doliera, pero no sabía cómo hacer. Porque tampoco quería parar.

    Una vez que consideró que había entrado lo suficiente me empezó a coger. No puedo decir que lo disfruté porque mentiría.

    Todo el tiempo me dolía. Todo el tiempo sentía dolor en el culo. Solamente quería que eyaculara para terminar. No entendía por qué no me iba al carajo.

    El estaba muy excitado. Prácticamente no hablaba. Yo sufría.

    En un momento le pedí que parara y así lo hizo.

    Me puse boca arriba, llevé mis piernas al pecho y pensé: «¿esto es lo que querías?, ahora bancátela».

    «Te va a doler así», me dijo.

    «Vos dale», le dije. Y me la metió.

    Me odié a mi mismo. Qué dolor. Él quería besarme mientras me cogía. Estaba como loco de la calentura.

    Yo sólo quería que acabara. Todo el tiempo me repetía a mi mismo «esto es lo que querías? ahí tenés»

    Se me hizo eterno. Hasta que acabó. Yo no acabé. Tenía la pija parada. Pero no acabé.

    Cómo me hubiera gustado que me hablara. Pero no para saber cómo estaba ni cómo me sentía. Para que me dijera «Sentí mi pija en tu culo, sentí como te la meto toda, como te duele la pija de un macho. Te voy a coger hasta llenarte el culo de leche. Hoy sos mi puto. No te vas a olvidar de este día. El día que te partí el culo»

    Pero nada de eso sucedió.

    Ahí mismo me levanté y me empecé a cambiar. Me arrepentí. Y todo el tiempo me repetía lo mismo en mi cabeza «vos lo querías, jodete». Tenía el culo dolorido, hinchado. No sabía si me sangraba. El entendió que me quería ir. Y nos fuimos.

    Durante dos o tres semanas me sentí un estúpido.

    No entendía por qué no había podido disfrutar de un macho, activo, pijudo, petiso, sin olor. Todo lo que me gustaba!

    Y es que le faltaba algo. Le faltaba actitud. Actitud de macho. Del macho al que no le importa el otro. Solamente él y su pija. Solamente darse placer a sí mismo y eyacular. Una cuestión de actitud.

    Pasadas las semanas, Mario me volvió a llamar. Yo ya me estaba acordando de lo que pasó y me había hecho un par de pajas. Y no comprendía por qué quería volver con él. Por qué me excitaba pensar en ese momento de dolor.

    Y es que se mezclaban las ganas de lo que imaginaba que quería que pase, y el dolor que padecí. Y eso es como una marca que queda. Una mezcla de dolor y placer que te hace volver a querer lo mismo. Que te atrapa mentalmente. Yo sabía que me iba a doler si volvía a coger con él. Pensaba que iba a ser diferente, que me iba a llenar la boca de leche, que la segunda vez iba a doler menos. Que él era un macho activo…