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  • Cuando la calentura aprieta (05)

    Cuando la calentura aprieta (05)

    El verano acabó. Mis hijos volvieron al colegio y yo a la rutina.

    Nuevamente empezaba con mis investigaciones sexuales. Pasadas varias semanas, no encontraba nada interesante en los chats y mi calor lo saciaba yo solita en mi intimidad.

    Una mañana mientras tomaba café me di cuenta que los canales de la televisión no se veían bien, quedándose la imagen congelada casi siempre. Llame a mi hermana para ver si a ella le pasaba y me dijo que tenía que resintonizar los canales, ya que a ella le había pasado lo mismo.

    Mientras hacia las tareas de casa, el televisor buscaba las nuevas sintonías donde se alojaban los canales. Al terminar me dispuse a ordenarlos, mientras los ordenaba vi uno de esos canales de relleno, unas veces salen tarotistas, otras teletienda y cosas de esas. Me fije en que uno había una especie de chat, al leer me di cuenta que era de índole sexual. Me quede embobada leyendo mensajes durante un buen rato, pero al final pase y lo deje de lado.

    Pero mi necesidad de descubrir cosas nuevas hizo que durante varios días, todas las mañanas mientras me tomara el café, me entretuviera viendo ese canal. Poco a poco me fue llamando mas la atención cada día, el hecho de masturbarte con un desconocido, sin necesidad de vernos solo con las palabras me iba dando más morbo con el paso del tiempo.

    Un día decidí atreverme, aumente la temperatura de la calefacción, me desnude y me quede solamente con una bata fina para cubrir mi cuerpo, me senté en el sofá y empecé a ver el chat.

    Los mensajes iban pasando por la pantalla mientras poco a poco mi mano acariciaba el interior de mi entrepierna, haciendo que fuera cogiendo una cierta humedad y aumentando mi respiración. Me estaba excitando y aún no había decidido si haría o no la llamada. Al final me lanza y marque uno de los teléfonos que aparecían y cuyo mensaje me gusto. Tras unos pocos toques, contestaron, las primeras frases fueron de presentación, pero poco a poco él fue empezando a decirme guarradas que subieron mi lívido y poco a poco empecé a pedirle que me dijera más. Tras el orgasmo de ambos que fueron más o menos al mismo tiempo nos despedimos y se acabó. Me gustó y me propuse repetir algún día.

    A pesar de que me gustó, tardé unas semanas en volver a repetir, fue más o menos parecido a la primera vez, el sexo telefónico estaba bien para desahogarse de vez en cuando.

    Una semana más tarde, viendo nuevamente el chat, aunque sin pensamientos fijos en realizar nada aquel día, vi un mensaje que me gusto de un chico joven que buscaba una mujer madura, me dio morbo y le llame. Se llamaba Adolfo, 20 añitos, estudiante. Se le escuchaba que era un chico bastante tímido, fuimos calentándonos poco a poco hasta que terminemos masturbándonos y corriéndonos juntos. Tras acabar me pidió si podía seguir en contacto conmigo, me atreví y le dije que sí, pero que fuera por whatsapp por si no estaba sola y no podía contestarle, acepto y guarde su contacto. Así también pude ver una foto suya que tenía en el perfil, era un chico guapete, grandote, casi tirando a bastote, con gafas y barbita lampiña, me daba cierta ternura.

    Estuvimos en contacto durante más de un mes, si podíamos hablábamos por la mañanas, aunque no todas acabábamos tocándonos y algunas veces con cuidado nos escribíamos por whatsapp. Nos hicimos buenos amigos. Una tarde me dijo que ojala pudiéramos vernos un día y así materializar nuestras fantasías. Yo le dije que todo podía ser, a lo que me contesto que estaría difícil ya que él estaba en la universidad y estaba fuera. Le pregunte en que universidad estaba estudiando y resulto ser que era en mi provincia. Por lo cual nos separaban muy poco minutos ya que yo vivo en el área metropolitana. Él se sorprendió ya que creía que era de su provincia, equivocación que era normal ya que nunca nos habíamos dicho de donde éramos.

    Resultaba que mi 42 cumpleaños era en un par de días, por lo cual me propuse un auto regalo, de darme un placer para mi cuerpo. Quede con él en una cafetería en el centro para vernos en persona. Tímidamente me pregunto que si tenía alguna posibilidad de que pasara algo, le dije que no lo sabía ya que si queríamos consumar el acto sexual nos tendríamos que desplazar a mi casa y podría vernos alguien. Él me dijo que cerca de donde habíamos quedado él estaba alojado en un piso estudiantes, que estaría vacío ya que sus compañeros estarían en clase.

    Con cierta vergüenza ya me había contado con anterioridad que solo había estado con dos mujeres debido a su timidez. Le di ciertas esperanzas, a la vez que yo también me las daba.

    Llego el día, en vez de ir en coche, decidí irme en metro. Más rápido y menos coñazo para aparcar. Entre en la cafetería y allí estaba el esperándome. Desayunemos y decidimos de irnos rápidamente a su piso, ya que yo solo disponía de un par de horas, para darme tiempo a volver para recoger a mis hijos del colegio.

    Llegamos a su piso y nos dirigimos a su dormitorio, allí me adelante yo y comencé a besarle el poco a poco se fue soltando y empezó a sobar mi cuerpo, primero con cierta vergüenza para más tarde ir soltándose y no dejar ni un rincón si tocar. Nos separemos y comencemos a desnudarnos, yo no tarde en estar en cueros y cuando el acabo, me asuste de lo que vi. Su polla era enorme, no podía creer lo que estaba viendo, era una monstruosidad, me quede fascinada, aunque mi curiosidad y mi calentura pudo más. Agarre aquel pene de otra dimensión que mi mano apenas llegaba a rodear. Se sentó en la cama y yo de rodillas empecé a intentar chuparla, trabajo imposible ya que apenas podía meterme el capullo en la boca. Tras unos intentos vi que aquello no cabría en mi boca nunca.

    El haberme en aquel apuro me levanto y me tumbo en la cama, abrió bien mis piernas y no tarde en sentir su lengua en mi coño, tenía arte para los cunnilingus el chaval, pese a su juventud. Tras un rato comiendo mi coño para y me lo dejo a punto de caramelo. Vi que se incorporaba para penetrarme, le pare y le dije que prefería yo encima ya que para poder meterme ese pollo tendría yo que llevar el ritmo. Se puso un preservativo, que supongo seria talla XXXL, porque no sé cómo pudo ponérselo y se tumbó en la cama. Me acerque y arrimando su polla en mi boca la babee bastante para lubricarla. Me subí encima de él y sin tener ni que guiarla la introduje poco a poco en mi coño. Sentía como aquel tremendo pollon me abría y tensaba mi coño al máximo, jamás pensé que podría entrar esa salvajada de carne dentro de mí. Tarde un rato en poder metérmela entera. Cuando entro me di cuenta que no podía ni moverme todo mi interior estaba lleno de polla. Sentía como apretaba hasta mis ovarios y mi útero, aunque un poco doloroso, el placer de encontrarme llena era increíble. Casi sin moverme me corrí.

    Debido a los líquidos generados por mi corrida poco a poco pude empezar a cabalgar, Adolfo no paraba de repetir el placer de sentir mi coño tan estrecho, a la vez que yo sentía una mezcla de dolor y placer que hasta ese momento nunca había sentido. En esa posición me corrí otra vez. No podía más, me baje de su polla y el aprovecho para echarse encima, estaba encerado por el sexo y sin preámbulos me embistió, sentí que su polla iba a reventarme por dentro, el siguió acelerando sus embestidas y yo no podía resistir ese dolor, mis gritos deberían de escucharse por todo el bloque de pisos antiguos. Incomprensiblemente pese al dolor que estaba produciéndome, me corrí por tercera vez.

    Él estaba a punto de correrse y me pido si podía hacerlo en mi cara, con tal de que sacara su polla dentro de mi le dije que se corriera donde quisiera. Se quitó el preservativo y se subió hacia mi cara, hay comenzó a meneársela, yo no podía apartar la mirada de ese pedazo de carne. De repente su polla comenzó a escupir leche, parecía que no se acababa nunca, mi cara se llenó totalmente de ese líquido blanco a la vez que mis pechos. Acabo rendido, igual que yo. Me sentía reventada por aquel joven que me había dado raciones de placer a partir del dolor causado por su enorme instrumento. Le pedí ducharme, me acompaño al baño, me duche y me vestí. Nos despedimos, con la intención de seguir manteniendo el contacto.

    Durante el viaje de retorno, notaba como mi entrepierna seguía abierta, debido al ensanchamiento producido. Por la tarde fue a peor, me dolía todo mi interior y así estuve varios días. Pero el que aquella enorme polla me hubiera poseído había merecido la pena.

  • Por fin me estrenaron

    Por fin me estrenaron

    Soy caballero de 54 años, soy bisexual desde hace 3 años, me animé a dar ese paso por diferentes razones, entre las principales para volverme bisex es que tengo ya un divorcio y no quería volver a divorciarme por andar con otras mujeres, me divorcié después de 18 años de matrimonio, dure 4 años solo y me volví a casar, con mi ex esposa tuve una sexualidad bastante amplia, quizás ella por que estuviese yo contento en el plano sexual accedió a tríos hicimos unos 3 o 4 con diferentes hombres, una vez en un club swinger participamos en el cuarto obscuro con varias parejas y la cereza del pastel fue cuando por mas curiosidad de ella que mía porque su amiga ya lo había hecho tuvimos unas 3 experiencias de zoofilia, pero desafortunadamente ella se fue metiendo al mundo del esoterismo y poco a poco comenzó a cambiar conmigo, con los hijos y al final pues el grupo al que se unió nos la quito, me entere después por una persona que frecuentaba ese grupo que como ceremonia de aceptación e iniciación se la cogieron entre varios… Fue su decisión.

    Estuve solo 4 años y realmente no me intereso involucrarme con ninguna mujer y en la soledad de mi departamento comencé a sentir la cosquilla de jugar con mi ano, no sé si era por la falta de sexo pero andaba siempre muy caliente y comencé a notar que cada vez que tenía algún roce con algo en mi ano me excitaba, así que comencé a jugar con zanahorias de diferentes tamaños, la rugosidad de la zanahoria frotaba rico mi ano y me excitaba, después compre una funda de látex que venden en los sex-shops, son unas fundas que se colocan en el pene y que tiene bolitas son flexibles así que lo que hacía era primero abrir camino con las zanahorias normales, solo aplicaba gel a mi culo por dentro y por fuera, gel a la zanahoria y a disfrutar, ya dilatado mi ano le colocaba la funda a la zanahoria mas grande, volvía a colocar gel y desde la primera vez fue un gran placer sentir como se abría mi ano y se comía toda la funda, luego las bolitas que tiene la funda me frotaban delicioso, en ese mete y saca de mi ano hasta que eyaculaba, llegue a jugar también con pepinos que me dejaban totalmente abierto y satisfecho.

    Las zanahorias y pepinos ya no me llenaba así que conseguí 2 consoladores de diferentes grosores cada uno, el más delgado era para abrir camino y ya cuando ya estaba yo muy excitado y mi culo lubricado utilizaba el segundo que me llenaba a tope, sentía delicioso entregar mi culo a ese consolador, varias veces lo pegue en la pared y me ensartaba hasta el fondo chocando mis nalgas contra la pared, lo metía y lo sacaba pero pues ya no era esto suficiente quería yo algo real.

    Mi actual esposa es muy guapa pero en el plano sexual nada que ver con la bomba de lujuria que era mi ex esposa al irnos conociendo pues entendí que ella nunca iba a aceptar a hacer lo que hice con mi ex esposa y menos el aceptar que me gustaba que me penetraran con juguetes fue por eso que cada vez se me fue haciendo más la idea de que me penetrara una verga de verdad pero ese sería mi secreto.

    Se dio el caso que por cuestiones de trabajo tuve que salir a Guadalajara, estaría trabajando por 4 meses de lunes a viernes allá, ya había yo trabajado anteriormente ahí, cuando decidí dar el gran paso fue un jueves, me fui a tomar unos tragos a unos los antros que están antes de llegar al aeropuerto.

    Llegue a diferencia de todas la gente que iba solo pedían cubetas de cerveza, a mi me gusta tomar 1 o 2 pero no para emborracharme, así que pedí una botella de whisky, de inmediato 2 o 3 mujeres se acercaron a la mesa pero ninguna era de mi agrado, había una de cara muy bonita, alta, morena de pelo largo rizado, muy guapa pero estaba en otra mesa con otros clientes, le dije al mesero que le dijera que en cuanto tuviera chance fuera a mi mesa, paso el tiempo y pues los de la mesa no se iban y yo ya llevaba casi media botella, ya me comenzaba a sentir medio pedon, así que pensé pues espero un par de tragos mas si no se desocupa pues ahí será para la otra… Fui al baño, me tarde un poco y al regresar… sorpresa¡!

    Ahí estaba Sandra, muy agradable, muy guapa, de inmediato le invite lo que quisiera tomar y comenzamos a platicar, el alcohol nos fue desinhibiendo y comenzamos a platicar de sexo, ella me platico sus experiencias más locas, pero cuando le platique lo que viví con mi ex esposa se quedaba con la boca abierta de la apertura sexual como pareja tuvimos y me dice:

    “Pues prácticamente has hecho de todo”

    Y le dije “Aun no”

    Y me pregunto… “Que más te falta de hacer”

    Y comencé a platicarle todo referente a mis autosatisfacciones y el deseo que tenia de poder sentir una verga real penetrándome, ella no me interrumpió y se me quedaba mirando, cuando termine me pregunta “Y qué tal si hoy es el gran día?“ yo le dije “Porque no, podría ser pero que tienes en mente” y me respondió:

    “Tengo esta amiga” y comenzó a mostrarme fotos de espaldas, de a perrito, de costado, era muy guapa muy parecida a Sandra, de repente al avanzar a otra foto de frente, tenía una verga muy rica, unos 20 cm, pero algo gruesa… me pregunto Sandra: “ Te animarías?” Ella mirándome retadoramente y le respondí “bueno si después de que me estrene tu amiga… Podríamos hacerte un sándwich? Y solo contesto “Eres un loco.. Ya veremos, me dijo “Pide una botella que la fiesta va a estar buena” Pedí la cuenta, pedí una botella para llevar y pague la salida de Sandra, la espere en el estacionamiento, llevaba unos mayones que resaltaban más su culo y sus tetas, llegamos a un Motel muy bonito y nos acomodamos, entramos a bañarnos, terminábamos de bañarnos cuando llego Karen, la verdad en persona era más guapa que en foto, saludo y dijo “ ya se están adelantando verdad, voy a bañarme”.

    En lo que se metió a bañar Sandra y yo comenzamos a cachondearnos, cayeron las batas y comenzamos a hacer 69, yo acostado y ella encima de mi, sentía riquísimo como se pegaba su boca a mi verga y como su vagina comenzaba a lubricarse, en esas estábamos cuando salió Karen del baño, a propósito me había quedado en la orilla de la cama para que cuando saliera Karen las nalgas de Sandra estuvieran expuestas y así como llego metió su cara en medio de las nalgas de Sandra, Karen se encargaba del ano de Sandra y yo de su vagina, de cuando en cuando nuestras lenguas se encontraban, estuvimos un buen rato hasta que Sandra se vino, fue entonces que Karen se colocó detrás de Sandra y coloco su verga en la entrada de la vagina de Karen, ufff¡!!

    Tenía a unos centímetros de mi cara, de mi boca la verga que me iba a estrenar, fue que Karen comenzó a penetrar a Sandra yo me dedicaba a lamer el clítoris de Sandra… Karen comenzó a acelerar sus movimientos fue cuando Sandra dejo de mamarme mi verga y se fue lamerme los testículos.,. Luego el perineo y llego a mi ano… La primera lengüetada que le dio fue electricidad pura ¡!! Sentí riquísimo… Poco comenzó a pasar su lengua en mi ano, dejaba caer saliva y comenzó a meter 1 dedo… luego 2… mi verga estaba que estallaba…

    Fue entonces que dijo Karen “Cambiemos el 69” y entonces Sandra quedo abajo y yo arriba de ella con mis nalgas expuestas a la verga de Karen, Karen comenzó a besar mis nalgas. A morderlas despacito, con sus manos frotaba mi ano y metía despacio 1 dedo… Lo sacaba, después tomo lubricante que llevaba en su bolsa y lo coloco en mi ano y después tomo bastante con 1 dedo y lo introdujo en mi culo… no sé qué tipo de lubricante era pero sentía caliente caliente mi culo por dentro, y Karen dando toquecitos con la lengua en mi culo…

    Sandra comenzó chupar mi verga, fue cuando Karen coloco su verga en la entrada de mi culo y despacio comenzó a meterla, al principio sentí dolor como se iba abriendo paso la cabeza en mi ano, pero como ya estaba yo acostumbrado a complacerme con los consoladores fue cuestión de minutos que mi culo se adaptó al tamaño de la verga de Karen y la recibía toda, recuerdo como chocaban los testículos de Karen en mis nalgas, llego el momento en que pare mi culo lo más que pude y lo deje a merced de Karen, ella embestía con fuerza, apretaba mis nalgas… Las arañaba mientras Sandra me estaba dando una mamada riquísima… llego el momento en que Karen comenzó a embestir con mas fuerza, sabía que iba a eyacular, yo pare lo mas que pude mi culo para que la penetración fuera profunda y la mamada de Sandra se sintió mas rica¡!! Cada chorro de semen que me aventaba Karen era el mismo que yo le aventaba en la garganta a Sandra y ella, no sé cuánto tiempo estuvimos así eyaculando hasta que Karen se fue al baño y yo me quite de encima de Sandra, fui a beber un poco y Sandra acostada en la cama me pregunto “que tal? “ y le acerque una bebida y me recosté junto a ella y le dije “ es lo mejor que he sentido” y le dije mira que la primera vez que hice un trio con mi ex sentí un cosquilleo en el estómago y me vino muy rico o cuando fue nuestra primera experiencia zoo igual… pero ahora fue diferente… fue mas fuerte, mas intenso, el saber que puedo dar y recibir placer así es algo… Delicioso “salió Karen del baño y me da un beso y me dice “ que rico culo tienes.. Apretadito” ahorita te voy a volver a dar.

    Ahora fue Sandra la que se fue a asear al baño y me quede con Karen, me pregunto “Que mas quieres hacer” y le dije, “Que te parece si le hacemos un sándwich a Sandra y ya para finalizar me dejas que te la chupe y me vuelves a coger” y me responde “Yo soy materia dispuesta” así que me metí rápidamente a bañar.

    Sandra ya iba terminando, al estarme enjabonando sentía como salía el semen de mi culo, la verdad me sentía feliz de que por fin había sentido lo que es que te penetren, te dominen y sentir como te echan el semen, termine de bañarme y Sandra y Karen ya estaban en pleno agasajo, Sandra acostada con sus piernas abiertas, Karen chupándole la vagina, Sandra retorciéndose de placer, me acerque y coloque mi verga cerca de la boca de Sandra y comenzó chupármela , en la medida que iba sintiendo mas placer en su vagina mas rico lo chupaba, en eso Karen me dice que me recueste así que me recuesto y toma de la cintura a Sandra y la monta encima de mí, Sandra comienza a cabalgar y a moverse lentamente, que rica vagina tenia Sandra, apretada, caliente, fue entonces que Karen se colocó detrás de ella, yo abrace a Sandra para que bajara su espalda y se levantara las caderas.

    Karen fue metiendo poco a poco su verga en el culo de Sara hasta que estuvo totalmente adentro, Sandra comenzó a moverse disfrutando de la doble penetración, yo sentía por la fina tela que separa el ano de la vagina como chocaba mi pene con el Karen, llego el momento en que Sandra comenzó a moverse fuertemente y sentí como me bañaba con sus jugos mis testículos y Karen se aferraba a su culo eyaculando nuevamente… Los 3 quedamos estáticos unos momentos y Karen se quitó detrás de Sandra y Sandra se desmonto de mi y se dejó caer en la cama, Sandra fue la primera en quedarse dormida, Karen se metió a lavar y yo le seguí, regresamos y el motel tenía unos sillones así que nos servimos unos tragos y comenzamos a platicar que de si de mi trabajo que si desde cuando era Trans, que desde cuando a mi me gustaba que me cogieran…

    Pasaron como unos 20 minutos y vi que la verga de Karen se movía y le dije “creo que me está retando” y me responde “ es lo que quiere” así que me arrodille frente de él y comencé a mamárselo, despacio, suave, sin prisa, recorriendo con mi lengua desde los testículos hasta la punta del glande.. El ver como poco a poco se iba poniendo duro me excito, fue que le dije “yo quiero colocarme el gel en mi culo porque quiero entregártelo” así que me puse en pose de a perrito y me coloque gel por dentro y por fuera, coloque mi pecho pegado a la cama y pare mis nalgas lo más que pude, Karen se acercó y despacio comenzó a penetrarme, me encantaba sentir como iba entrando poco a poco hasta chocar sus huevos contra mis nalgas, el clásico sonido plaf, plaf, plaf y sentir como mi ano pedía mas y más, sentí como Karen su verga se comenzó a poner mas dura.. Iba a eyacular así que me abrí lo mas pude para que me penetrara lo más profundo y así fue, sentía como sus chorros me llenaban… fue delicioso el sentir como se iba bajando la erección hasta que salió de mi culo.

    Simplemente me deje caer en la cama y el sueño me venció, supongo que eran como las 4 o 5 am, a las 7 am a lo lejos escuchaba como sonaba la alarma de mi celular… fue cuando abrí los ojos, Sandra ya no estaba, me había dejado una nota que tenía que llevar a sus hijos a la escuela pero que le llamara, Karen seguía dormida, traje unas toallas y comencé a limpiarle el pene, después con toallas de esas para limpiar a los bebes , estaba limpio su pene así que comencé a chupárselo despacio… No me iba a ir si disfrutar de su leche, así que me esmere en chupárselo, aunque estaba dormida poco a poco se fue despertando y solo decía. “Así… así… uhmm que rico… Sigue… sigue…“.

    Sentí como se ponía duro como un palo y sabía que ya iba a eyacular así que cuando salió su primer chorro me aplique a frotar con mi lengua su glande por la parte de abajo y frotar su verga con la mano, no sé de donde le salió tanta leche pero eyaculo delicioso, medio despierta me dijo que ella se quedaría un rato mas, le pague y me dio su número de teléfono… este fue el primer jueves de 5 que pase en Guadalajara con Karen y Sandra… ya vienen los otros 4 jueves fantásticos que pase con ellas, comentarios al correo:

    [email protected]

    Ahí les dejo la incógnita, quien creen que es Karen o Sandra? No tengo forma de subir foto al relato, pero se las envío.

  • Ni en sueños la imaginé mía

    Ni en sueños la imaginé mía

    Decidido a no seguir estudios universitarios después de haber probado un año y medio, y las pocas posibilidades de trabajo que ofrecía el pueblo, aproveche la invitación de un hermano de mamá, José, para probar suerte en la ciudad, alojándome en su casa.  Él tiene un puesto importante en la empresa del padre de su señora, Lucía. Mi tío, con 40 años y su esposa, una hermosa mujer, de 24. Llevan 3 de casados, previo noviazgo de 1.

    Todo lo que me brindaban y la buena disposición con que lo hacían eran la motivación para ayudar al máximo en la casa. Y dado que José, por sus ocupaciones, estaba prácticamente todo el día fuera, me fui transformando en el acompañante habitual de Lucía en las compras, en el hogar, en el médico y hasta en algunas salidas al cine. Por eso es que alguna vez medio en serio, medio en broma, me dijo que yo parecía más marido que su marido. Si bien yo, Pablo soy dos años menor ella, aparento ser mayor. A que pudiera acompañarla contribuía el hecho de que los trabajos conseguidos eran reemplazos ocasionales y de corta duración.

    En esos meses conocí a la familia de mi tía política con la cual me relacioné bien en un ambiente de cordialidad. Su papá Rubén con alrededor de 65 años, empresario en muy buena posición económica, su mamá Carla llegando a los 50, y su hermana Irene con 18. Mi tío y su suegro compartían dos pasiones, la pesca y los autos.

    Un sábado, en que los padres de Lucía organizaban una fiesta en su domicilio, nosotros fuimos a media mañana para quedarnos todo el fin de semana, pues en esa casa sobran comodidades. La noche de la reunión estaba de espaldas a un grupo de hombres maduros que no conocía, cuando escucho a uno de ellos.

    -“Mirá con qué cara de mal cogida viene esa putita. Parece buscando verga.”

    Por supuesto busqué a quien se refería ese comentario. La que caminaba en nuestra dirección era mi tía política, que los saludó como conociéndolos, y fue a sentarse con otras señoras enfrente nuestro. Francamente la esposa de José estaba deslumbrante, con un vestido suelto, en tonos naranja, sostenido por dos tiras en los hombros, y con el ruedo apenas arriba de las rodillas. Ella puede darse el gusto de no esforzarse en su arreglo, simplemente debe cuidarse de no atenuar su natural belleza. Me doy vuelta para salir a fumar cuando escucho algo más.

    – “Qué hermosa bombachita amarilla, y parece que no se depila pues nos labios no se marcan.”

    En ese momento Lucía cerraba las piernas que habían estado levemente abiertas y al ver que salía vino conmigo a la terraza. Si bien no fuma, de vez en cuando le gusta dar una pitada. Encendí uno y nos sentamos en la escalera que baja al jardín.

    – “Quienes son esos que saludaste?”

    – “Trabajan en la empresa y son amigos de tu tío.”

    – “Habría que felicitarlo por los amigos que tiene.”

    – “Por qué?”

    – “Cuando venías caminando hacia donde estaban, uno de ellos dijo ‘Mirá con qué cara de mal cogida viene esa putita, parece buscando verga’ y luego, estando sentada con las otras mujeres, ‘Qué hermosa bombachita amarilla, y parece que no se depila pues nos labios no se marcan’. ¿Parecen buenos amigos de tu esposo?”

    – “Qué basuras. ¿Qué quieren decir con mal cogida?”

    – “Puede ser que no tenés sexo con la frecuencia deseada. O que teniendo sexo cuando lo deseas, no llegas a gozar. Y lo peor, cuando se juntan las dos.”

    – “Y cómo lo saben”

    – “Para decir si estás bien o mal cogida nada necesitan saber, es simple apreciación. Ahora, para decir que tenés bombacha amarilla y no se marcan los labios vaginales, vos tenés que mostrarles.”

    – “Pero no les mostré nada.”

    – “Entonces no hay problema, la bombacha es de otro color y tus labios se marcan que es un encanto.”

    – “La bombacha es amarilla y no me depilo, pero no lo hice intencional.”

    – “Tengo que felicitar a esos espectadores. Han tenido más suerte que yo.”

    – “¡Basta Luis, soy tu tía!”

    Fue un baño de agua helada. La seriedad de su cara denotando incomodidad, y el tono de voz seco y cortante fueron seña evidente de haber entrado en terreno ajeno. Me moví dejando más espacio entre ambos.

    – “Perdón, perdón, se me fue la lengua.”

    El silencio que siguió fue elocuente. Ella lo rompió.

    – “Estás enojado?”

    – “Sí y mucho, pero no con vos sino conmigo mismo.”

    – “Pero por qué.”

    – “Por haber hecho el ridículo. No me explico qué mecanismo me llevó a creerme con derechos sobre vos. El haberte reclamado que mostraras a un extraño algo íntimo, es una reacción de celos. Algo totalmente injustificado, pues nada hiciste para hacerme pensar que fueras un poquito mía. Quizá hayan influido las veces que me agradeciste por acompañarte, por ayudarte en la casa, por escuchar tus confidencias y compartir momentos de distracción. Voy a caminar un rato a ver si se me pasa la bronca.”

    Esa noche dormí mal. Estaba claro que mis celos tenían origen en algo sencillo, paulatinamente me había enamorado, y permanecer cerca de ella no solo era un suplicio, sino también ocasión para otro episodio similar. La solución era alejarme, y para vivir en otro lado necesitaba recursos.

    Los días siguientes hice un gran esfuerzo tratando de regresar a la normalidad, algo imposible pues la espontánea cercanía se había deteriorado, y parte del tiempo lo ocupaba buscando trabajo. Cuando conseguí algo para salir del paso hablé con Lucía.

    – “Lamento volver al episodio que alteró la cercana relación que teníamos pero no hay más remedio. Nuevamente te pido perdón por lo sucedido que te obligó a frenarme en esa pretensión fuera de lugar, más aun teniendo en cuenta lo buenos que fueron conmigo tanto José como vos. Una verdadera lástima que no pueda retroceder en el tiempo. Después de pensarlo con detenimiento no encontré otra solución efectiva, para evitar cualquier contratiempo, que irme. Estuve buscando un trabajo que solvente mis gastos y hoy me aceptaron en uno. Empiezo en quince días, y cuando cobre mi primer sueldo me iré. Ya idearé alguna excusa creíble para tu esposo.”

    Ella, sin decir una palabra, se levantó con la mirada baja y se fue a su dormitorio. Cuando pasé yendo hacia el mío la escuché llorar. Días atrás hubiera entrado para interesarme por lo que le pasara, pero no me animé. Se cumplía el dicho popular que reza: “El que se quema con zapallo hasta la sandía sopla.”

    Un rato después me llamó Carla, su madre, diciéndome que necesitaba hablar conmigo. Naturalmente accedí y quedamos en reunirnos en veinte minutos en la entrada de casa. Al verla llegar subí a su auto y fuimos a una confitería.

    – “Sentémonos fuera así podés fumar. Te parecerá raro que quiera hablar con vos lejos de otros oídos. Lucía me contó lo que pasó la noche de fiesta en casa y que tenés pensado irte a vivir en otro lado. Para una mejor comprensión conviene retroceder un poco. Cuando tu tío y Lucía se pusieron de novios yo me opuse porque estaba visto que pocas cosas compartían, y en una pareja, no basta con que ambos sean buenas personas, también deben ser buenos compañeros. Yo lo sé por experiencia propia. Y pasó lo esperable, ambos viven su vida acompañándose en casi nada, aunque a ninguno se le pueda reprochar algo malo. Mi hija se transformó en una sombra de lo que era de soltera hasta que llegaste vos. Y de pronto una frase solemnemente estúpida arruina todo. Podés perdonarla?”

    – “Ojalá fuera posible, pero no es tan sencillo. No me insultó, no me maltrató, no fue despectiva, no me hizo a menos, no fue altanera. No hay ofensa que deba ser perdonada. Simplemente, con toda educación, pero de manera firme y cortante, me puso en mi lugar, haciéndome saber que había pisado un terreno vedado, que ningún derecho me asistía para sentirme celoso. Más aún, en cierto modo estuvo suave. En lugar de decirme ‘Soy tu tía’ podría haberme dicho ‘Soy tu tía política’, dando a entender que ni siquiera tenemos un mínimo de sangre en común. Y sabe qué es lo más importante, lo que más vergüenza me dio?, que tenía razón.”

    – “No puedo creer tamaña tontería en boca de ella. Quizá el tiempo cicatrice la herida y la cubra de nueva piel. Conviene que sepas que yo deseo el bien de los dos. Quiero pedirte algunas cosas. En primer lugar que no te vayas de la casa, eso va a destruir a Lucía. El segundo pedido es que nos acompañes los dos meses que vamos a estar en la casa de veraneo; nos vamos en unos días. En tercer lugar no busques trabajo; al regreso de vacaciones yo te voy a conseguir una buena ocupación bien remunerada. Por último te ruego, no que te acerques, sino que aceptes la acción curativa del tiempo. Por favor, no te alejes más.”

    Su abrazo y beso de despedida fue una genuina muestra de cariño.

    Según lo previsto nos fuimos los tres a la casa fin de semana. José y Rubén estarían solo quince días pues debían volver al trabajo, regresando los fines de semana.

    Agotados los quince días de vacaciones los hombres grandes reanudaron su trabajo. El jueves siguiente después de almuerzo, Lucía se ubicó a mi lado cuando, sentado en el cordón de la galería, estaba fumando. Me llamó la atención pues, desde aquella noche para el olvido, ambos evitábamos la cercanía.

    – “Hace mucho que no salgo, me acompañarías al cine esta noche?”

    Cuando la miré con cara de extrañeza siguió.

    – “Por favor.”

    Cuando empezaba a oscurecer salimos hacia el centro. Ella se había puesto el mismo vestido usado en la maldita fiesta. No quise tomar un automóvil de alquiler así que subimos a un micro con parada en la esquina de casa. No iba lleno pero todos los asientos estaban ocupados. La hice tomarse de un barrote y me ubiqué detrás. Al pegarme a sus nalgas se dio vuelta interrogándome con la mirada. Viendo mi cara inexpresiva mientras sostenía su vista, se corrió el poco espacio disponible pero no logró separarme y así seguimos hasta llegar a destino.

    – “Por qué me hiciste eso?”

    – “Porque tenía ganas”.

    – “Creo que tenemos que hablar. Vamos a aquel café.”

    – “Por favor, contame por qué hiciste eso.”

    – “Después de pensar y buscar razones de mi actual estado creo haber encontrado algo que lo explicaría. Espero poder describirlo claramente. Nuestro desencuentro fue precedido, de mi lado, por un proceso de enamoramiento lento y paulatino, y por eso no del todo presente a la conciencia. Ese afecto hacía que, mientras aumentaba mi entrega, disminuyeran mis defensas ante un revés. Y en un estado de gran indefensión vos frenaste mi avance de manera terminante. En ese momento pensé que moriría de dolor y vergüenza. Entiendo que no fue tu intención, pero ocurrió. La solución del problema, no sé si la mejor, pero sí rápida y efectiva, se puede enunciar así: ‘Si el amor causó tamaño dolor, en adelante, y por ahora, no amar’. Después veremos.”

    – “O sea que he creado un monstruo.”

    – “Puede ser. El consuelo es saber que no lo hiciste adrede. Ahora me manejo según las ganas. Si me aceptan bien, si no soy aceptado simplemente me retiro.”

    – “O sea que si en el micro me negaba a tus avances me dejabas sola.”

    – “Exactamente. En la siguiente parada, sin decirte adiós, me bajaba.”

    Ya en el cine, con poca gente en la sala, apenas comenzó la proyección, sin una palabra de por medio, tomé el bretel del vestido y se lo bajé junto con el corpiño dejando una preciosa tetita a la vista. Acerqué mi boca al pezón y me dediqué a saborear mientras ella permanecía inmóvil con la vista en la pantalla. Debo reconocer que mi actitud era digna de reproche, la traté como si fuera una cosa, como si nada importara fuera de mi placer. Casi en seguida escuché un hipido que me hizo mirarla y ver que sus lágrimas corrían por las mejillas. Ahí tomé conciencia de mi proceder y me sentí una mierda. Volví los breteles a su lugar y la tomé de la mano.

    – “Regresemos a casa, otro día vendremos a ver la película.”

    Salimos del cine, subimos a un taxi, y ya en casa, la llevé a la galería frente de la pileta si haber soltado su mano en ningún momento, ella se había dejado llevar sin poner resistencia ni pronunciar una palabra.

    – “Por favor, escuchá con atención. Creo que estamos en el momento justo para intentar regresar a la relación cercana que teníamos. Querés hacerlo?”

    – “Sí. Por favor dame unos minutos, dejá que me desahogue. No encuentro explicación, no me entra en la cabeza que te haya dicho esas palabras que nos distanciaron. Y no creas que invento. Ese mismo día después de comer en casa de mis padres, mi mamá llevándome aparte me dijo ´Desde hace un tiempo has vuelto a ser la hija que se fue, tu cara muestra optimismo, sonreís con facilidad, mostrás ganas de vivir, y eso es producido por un hombre; cuídense’. Y ese hombre sos vos. No puedo creer que horas más tarde hiciera algo que te apartó de mi lado. Con la última palabra estúpida comenzó mi calvario, progresando a la par de tu alejamiento. Calvario que se convirtió súbitamente en infierno cuando me dijiste que te ibas. Es incompleta tu creencia de que en parte soy tuya, te pertenezco íntegramente, soy más tuya que de mi esposo. Qué querés que hagamos.”

    – “Simplemente repetir la última parte de la conversación, y cuando llegue el momento crucial, en lugar de decir lo que nos separó, cambiás por algo que nos una más. Empecemos sentándonos en los escalones, vos en el de más arriba y yo en el siguiente. Lista?”

    – “Lista.”

    – “Para decir si estás bien o mal cogida nada necesitan saber, es simple apreciación. Ahora, para decir que tenés bombacha amarilla y no se marcan los labios vaginales, vos tenés que mostrarles.”

    – “Pero no les mostré nada.”

    – “Entonces no hay problema, la bombacha es de otro color y tus labios se marcan que es un encanto.”

    – “La bombacha es amarilla y no me depilo, pero no lo hice intencional.”

    – “Tengo que felicitar a esos espectadores. Han tenido más suerte que yo.”

    – “Ellos han tenido una visión parcial, fugaz y fuera de mi intención. Vos vas a ver todo, sin límite de tiempo y porque yo lo deseo, sólo para vos mi amor.”

    Dicho eso giró en mi dirección, retiró el vestido hacia la cintura y abrió las piernas. Sin duda fui un espectador privilegiado. La bombachita amarilla se ofrecía en plenitud a mi vista ya que los muslos separados al máximo favorecían la muestra sin restricciones.

    – “Todo es tuyo, querido.”

    Después de tamaño deleite la tomé de las manos subiendo a la galería, me senté en el piso, apoyé mi espalda en la pared y la hice cabalgar mis piernas dándome frente. Ambos en silencio, serios, diciéndonos con la mirada una multitud de cosas. Cuando llevé mis brazos a su espalda ella entrelazó los suyos en mi cuello y simultáneamente sepultamos nuestras caras en el hombro del otro. Durante unos minutos solo movimos las manos en amorosa caricia mientras las lágrimas hablaban con elocuencia. El movimiento facial para el encuentro de los labios fue impulsado por dos corazones, que latiendo en sintonía, deseaban manifestar su sentir, con labios saboreando lenguas, lenguas recorriendo labios y bocas comiéndose. Y en esa progresión el vaivén pasó a las pelvis, frotando los sexos separados por la ropa hasta que, tomándola de la cintura la retiré lo suficiente para sacar la pija y, trayéndola hacia mí, le corrí apenas la bombacha para tener libre el camino de la penetración. Que mi glande había llegado al fondo de su vagina fue confirmado cuando exclamó.

    – “Al fin te tengo bien dentro mío”

    Después de orgasmos casi simultáneos decidimos continuar la noche en mi dormitorio, donde era menos probable que nos interrumpieran. Parece que Carla lo hubiera adivinado porque sobre mi cama encontramos una hoja escrita en letras grandes “Estoy feliz, sabiéndolos felices. Mañana hay desayuno en la cama. No traben la puerta”

  • Viernes tranquilo (Parte II)

    Viernes tranquilo (Parte II)

    Alicia se corrió con mi lengua en su clítoris y noté como algo de su interior salía y humedecía más aun su entrepierna. Ella bajó sus dos manos para apretar fuertemente mi cabeza a su coño, quizás creyera que me iba a ir, pero no tenía ninguna intención.

    Tras esto, unos cuantos suspiros para coger aire y que me soltara la cabeza, Alicia se sonrió y me dijo que ella también quería.

    Mi entrepierna estaba a reventar y cambiamos las posiciones. Ahora era yo el que estaba sentado en el sofá y ella la que jugaba con mi sexo que quería salir del slip. Ella me acariciaba y besaba en diferentes zonas, pero jugueteaba con rozar con sus labios mi erecto miembro hasta que decidió sacarlo de su encierro y comenzó a lamer. Primero su lengua recorrió toda mi polla dura y mis huevos hasta que se la metió en la boca.

    No paraba de subir bajar, sus labios apretaban todo lo que entraba en su boca y su lengua jugueteaba con mi prepucio. Sus manos no paraban de acariciar mis huevos y me estaba poniendo a mil.

    Ella paro y me dijo que no me preocupara porque quería que me corriera en su boca y que, mientras, ella se iba a masturbar con sus dedos porque estaba muy cachonda.

    Así lo hizo, tras un rato mamando consiguió que me corriera dentro de su boca y relamió lo que quedo fuera. Ella no había conseguido correrse y decidió levantarse y sentarse encima de mi, pero antes cogió mi polla, que de nuevo, estaba levantada y la oriento para qué entrara en su cueva… Ooooh!!

    Que placer notar como se hacía camino entre sus labios y ver la cara de ella según entraba. Una vez ahí, ella se apoyó con sus manos en mi pecho y comenzó a mover la pelvis de adelante hacia atrás, yo la cogí de la cintura y ayudaba en el ritmo que ella marcaba al cabalgar encima de mi, ambos gemíamos y a medida que variaba el ritmo nuestros jadeos eran más acompasados hasta q ambos conseguimos tener ese orgasmo tan deseado.

    Ella paró y se dejó caer encima de mi hasta que nos quedamos dormidos.

  • Primera vez y en público

    Primera vez y en público

    Mi primera vez fue con un chico, si debuté con un chico y me gustó, por eso soy Bi.

    Bueno la experiencia comienza un día que le dije a un amigo que era gay que quería probar y él aceptó al toque. Quedamos en vernos primero en el centro, después de ahí nos fuimos a un supermercado que estaba cerca y nos ubicamos en el patio de juegos y comidas.

    Estuvimos hablando como amigos, hasta que fuimos al baño (aclarar que era tipo 15:00 h de la tarde en Argentina y a esa hora no hay nadie ahí) y me meto en un baño y al minuto se mete él (no había nadie el baño). Yo estaba sentado en la tapa del inodoro, con la verga al aire y él me la empieza a chupar muy rico. Así por unos 5/8 minutos y me dice “ahora vos”. Se bajó los pantalones y cuando vi su verga me impresioné, era más grande que la mía y por mucho (unos 17/18 le medía) y se la empecé a chupar con timidez y él al ver eso, me agarró con sus dos manos y empujó mí cabeza para que me la trague toda y ahí perdí la timidez y estaba como una zorra chupando por 5/8 minutos también y él acabó y me lo tragué todo.

    Después de esto me dice: «Estás listo para ser penetrado» y me muestra un condón, se lo puso y me dice: «Vení sentate arriba de mí verga» y yo con todo el miedo me senté de a poco y él me penetraba lento y me estaba gustando, hasta que empezó a darle duro y duro y yo quería gemir, pero me tapaba la boca para no dar sospechas, duramos 10 minutos así y lo dimos por terminado.

    Si esto es muy apoyado cuento la segunda vez que me encontré con él, en su casa.

    Recuerden que soy Eduardo 200 y escribo desde esta. Muchas gracias, los quiero.

  • ¡Feliz Navidad!

    ¡Feliz Navidad!

    Mi mujer, Lucy, con la que estamos juntos desde hace veinte años, había tenido un matrimonio anterior y del mismo había concebido cinco hijas, ya grandes ellas solían venir a las fiestas a nuestra casa o nosotros íbamos a las de ellas. Todo dependía de quién se hacía cargo de invitar al resto.

    Faltaba una semana para que fuera 24 de diciembre, no iba a ser una navidad más, Lucy llegó del supermercado y me dijo:

    -Tito el 24 las chicas se van con las familias de sus parejas, la única que va a estar sola es Daniela, porque sus hijos se van con sus padres.

    -Bueno -le digo- decile que venga, no se va a quedar sola en su casa, incluso invítala a que se quede a dormir acá y almorzamos el 25 también los tres. ¿Qué te parece?

    -Me parece muy bien -me dijo.

    Igual, le comenté con un susurro al oído:

    -me vas a hacer la fiestita… ¿no?

    -Claro -me contestó- de eso no te quepa duda, tengo ropa interior nueva para ese día, mi amor.

    -¡Qué bueno! -digo yo.

    Y llegó el 24, Lucy se duchó a eso de las seis de la tarde y yo lo hice inmediatamente después.

    Le pregunté:

    -¿a qué hora viene tu hija?

    -A eso de las nueve -me dijo-. Le pedí que se ponga pollera porque a vos te gusta. Viste que Daniela es muy del jean.

    -¿Y lo va a hacer? -le pregunté incrédulo.

    Ella me contestó:

    -sí, eso me dijo.

    Mi mujer se había puesto un vestido muy liviano, con breteles muy finos, con lo cual no llevaba corpiño, se podían ver a través de esa tela tan fina, la erección de sus pezones, cosa que me excitaba mucho.

    Yo me había puesto un pantalón liviano de color negro, soy de usar colores tradicionales y una camisa, celeste con unas pequeñas rayas, muy delicadas, por cierto.

    A eso de las nueve y quince llaman a la puerta. Era Daniela, vestida con una remera blanca y con una pollera de color rojo y por arriba de las rodillas. La verdad estaba muy linda.

    Nos saludamos los tres y yo propuse hacer un brindis, a Lucy como a su hija le gusta la cerveza, entonces fue a buscar tres vasos y brindamos por nosotros.

    Tipo diez de la noche fuimos a la mesa, Daniela pasó primero, luego mi mujer, que llevaba unos platos con algunas exquisiteces y le metí una mano en ese culo grande que tiene, se dio vuelta y me regaló una sonrisa.

    Nos sentamos a la mesa, Lucy y yo en uno de los laterales y enfrente de nosotros Daniela, cenamos frugalmente, yo tomo siempre agua, pero las mujeres no dejaron a la cerveza tranquila, tomaron en una buena medida. Conversamos y nos reímos bastante. Yo siempre con mis chistes con doble sentido que me eran festejados tanto por mi mujer como por su hija. Entre otras cosas, le comenté a Daniela que su madre me iba a hacer la fiesta esta noche.

    En algún momento Daniela propuso poner una cumbias para escuchar y a mí se me ocurrió sacar a bailar a mi esposa, mientras ello ocurría le toqué de nuevo el culo y ella me respondió con un hermoso beso de lengua. Eso hizo que se me parara la verga. Daniela, a todo esto, miraba de soslayo mientras sonreía cada vez que yo la miraba.

    Más tarde la saqué a bailar a ella y accedió, mientras mi mujer se sentaba a la mesa, la tomé de la cintura y le apoyé en su entre pierna mi verga semi rígida, me miró y no me dijo nada, corrió la vista y siguió bailando conmigo sin separase de mi cuerpo.

    Y llegaron las 12 de la noche y brindamos con sidra y otras bebidas. Lucy estaba algo más que alegre, Daniela también, pero algo menos.

    A eso de la una y media de la mañana me fui al baño. Cuando volví, Lucy estaba sentada, pero muy dormida en un sillón doble que tenemos en comedor, Daniela llevaba a la cocina unos platos para lavarlos recién por la mañana, y me dijo de paso: me parece que hoy no vas a tener fiestita.

    Esperé que volviera de la cocina, me puse con ella parado delante de su madre que estaba en el sillón, pasé mi brazo por sobre su hombre y le dije con voz muy suave:

    -no vayas a creer.

    -¿En serio, me lo decís?

    -Por supuesto -le respondí-. ¿Querés pasar una Navidad como nunca has pasado antes ni como volverás a pasar en tu vida?

    -¿Qué me decís lico? -me dijo.

    -Eso. Si querés pasar una navidad distinta. -Le repliqué.

    -¿Y cómo sería eso? -Me dijo con asombro.

    -Bueno, mirá, hace muchos años que estoy con tu madre, cuando ella se duerme, las primeras dos o tres horas no se da cuenta de nada y no hay nada que la despierte. -Le conté.

    -¿Y, seguís sin decirme nada? -Me dijo.

    -Bueno -le seguí contando- si vos me acompañás y la llevamos a la cama, le sacamos la ropa, solo tiene esta solera y una mínima tanga, la recostamos boca arriba… hice un silencio…

    -¿Qué pasa entonces? -Me dijo con ansiedad.

    -Te muestro como me la cojo -le dije-. Vos te acostás del otro lado de la cama y mirás, vas a tener una vista privilegiada.

    -¡¡¡Estas muy loco, mirá si se despierta!!! -Me dijo casi azorada.

    -No, le contesté, no va a ocurrir eso, ya la he cogido varias veces dormida y solo se da cuenta de ello si le digo por la mañana siguiente o si va al baño y se le cae la leche de la concha cuando va a mear. Así que no te hagas problema.

    -¿Me lo asegurás? -Me dijo con ojos saltones y con morbo en su rostro.

    -Te lo aseguro, querida -le dijo con una sonrisa.

    -Bueno -me dijo.

    Llevamos a Lucy a la cama, la desnudamos y la recostamos boca arriba, estaba hermosa con sus bellas tetas y su concha peluda, tal como me gusta.

    Daniela rodeó la cama, y se sentó del otro lado de la misma.

    Yo me puse de espalda, me saqué la camisa, los zapatos y las medias, desabroché mi cinturón y me saque los pantalones, luego me quité el slip blanco que tenía puesto, me di vuelta frente a ella con mi verga erecta. La miré con una leve sonrisa y en voz muy baja le dije señalando mi pija:

    -¿te gusta? -Me miró y me devolvió la sonrisa.

    Yo me dirigí hacia la parte izquierda de la cama, separé suavemente las piernas de Lucy, y apunté mi verga hacia su concha, entró con un mínimo de esfuerzo, y comencé a cogerla lentamente mientras Daniela miraba con asombro y libidinosamente. Yo seguía con mi faena de entrar y salir de la concha de mi mujer. Estimo que Daniela estaba un poco caliente. Me detuve. Ella estaba muy cerca de nosotros. Y comencé a acariciar su rodilla hasta deslizar mi mano sobre su muslo… llegué a su bombacha, la corrí con los dedos de mi mano izquierda y le introduje dos dedos en la concha. Estaba mojada.

    Salí del cuerpo de Lucy, me paré al lado de la cama, la rodeé y me llegué hasta el otro lado donde estaba Daniela, ella estaba sentada y yo parado con lo cual mi verga estaba a la altura de su boca. En voz muy baja le dije:

    -chupame.

    Me miró y comenzó a succionar mi verga y a acariciarla con su mano. Yo comencé a tocarle las tetas, luego la levanté, le di un beso de lengua y le toqué el culo y la concha por sobre la pollera. Le dije:

    -vamos a la pieza de al lado que te quiero coger.

    -¡¡¡Estás loco, mirá si se despierta mi vieja, nos mata a los dos!!! -Me dijo, casi por compromiso de decir algo.

    -no, ni tengas en cuenta eso, te dije que no pasa nada, nena. -Le dije.

    Fuimos a la pieza de al lado, le saqué la remera e inmediatamente el sostén, tenía unas tetas enormes, con enormes pezones muy marrones, me excitó más de lo que estaba, al tiempo que chupaba sus tetas, le saqué la pollera, la tumbé sobre la cama de una plaza y le quité la bombacha, quedó ante mis ojos su bella concha, abrí sus pernas y comencé a pasar la lengua por su hendija. La di vuelta y le besé el cuello y recorrí su espalda hasta llegar a su culo, abrí sus cantos y le pasé la lengua por su dilatado agujero, le pedí, casi le imploré, que me dejara meter mi verga en su culo y me dijo que sí.

    Luego la puse boca arriba y entré en su concha… era un placer enorme estaba mojada y muy caliente… instantes nomás y no pude contenerme y exploté dentro de ella derramando toda mi leche en su interior. Me quedé recostado sobre Daniela hasta que pudiera recuperarme de esa noche turbulenta.

    -Viste -le dije- que no pasó nada, tu madre duerme y no se ha despertado, por tanto no tenés que preocuparte de nada.

    -Está bien, pero ahora ándate con ella. -Me dijo casi como un reto.

    Despaciosamente me dirigí a la habitación en donde estaba Lucy y me acosté al lado de ella.

    El sol había salido hacía un par de horas, mi mujer dormía producto de los vapores de la cerveza, la vi desnuda y me calenté mucho, abrí sus piernas y empecé a lamer su concha, ronroneó, como una gata, y me dijo:

    -hola amor.

    -cómo estás mi vida –le digo yo y en ese momento subí y le metí la pija en la concha.

    -Feliz Navidad… -me dijo.

    Yo le dije:

    -Feliz navidad, bichi, tengo que contarte algo…

  • Que putas son la mamá de mi esposa y su cuñada

    Que putas son la mamá de mi esposa y su cuñada

    Una tarde por orden de mi esposa debía ir a la casa de mi cuñado, obvio que también mi suegra estaría allá, ya que estaba cuidando de su nuera porque había tenido un virus de gripe algo fuerte y ayudaba a cuidarla mientras su hijo trabajaba.

    Inmediatamente al llegar a la residencia fui recibido por mi suegra, ella sin perder tiempo me agarra por la mano y me lleva hasta la habitación que ocupaba, me dijo que la esposa de su hijo estaba bien dormida gracias a unos medicamentos ingeridos para su malestar, que no me preocupe que teníamos como mínimo dos horas para coger, bajó el mono y el bóxer dejando a la vista mi pene el cual engulló con gusto, rápidamente estaba bastante erecto al colocarse de manera cómoda para que yo la pudiera penetrar por el culito, algo que ella adoraba, hizo un sonido feo, era su nuera que no estaba dormida un carajo, se nos vino el mundo encima, pensé yo. Pero todo tiene solución.

    Mi suegra no articulaba palabra alguna, hasta que la cuñada de mi esposa nos preguntó de manera relajada que se debía todo eso, lo cual de forma franca le respondí, cojo a tu suegra desde hace algún tiempo, ese era nuestro secreto, estaba a punto de cogerla por el culo, que a ella le encantaba, mi suegra permanecía muda, a lo que mi interlocutora me dice con eso tan grande entra por algo tan pequeño, ver para creer.

    Sin pensar mucho le abrí las nalgas a mi suegra y apunté la cabeza al estrecho orificio de su ano, la metí no tan duro, pero tampoco tan suave, la mujer gimió con fuerza y me decía que era mi puta, que la cogiera las veces que yo deseara, la nuera ante ese espectáculo y al no reconocer la señora recatada que ella había conocido años atrás y viendo lo puta y zorra en que se había convertido, hizo que se calentara brutalmente.

    Yo embestía con fuerza el ano de mi puta, mientras la otra se tocaba sin pena ni vergüenza, con una de mis manos la empecé a acariciar, estaba bastante mojada, con un dedo lubricado por sus jugos, hurgué dentro de su esfínter, cediendo este poco a poco, sin esperar mucho saqué mi pene del culo de mi zorra y bajándole las pantaletas a mi concuñada, pude ver el tremendo culo que se gastaba, antes de que viniesen los arrepentimientos la coloqué algo inclinada con el culo apuntando a un lateral de la habitación, besé las nalgas y penetro con mi lengua ese culo virgen.

    Ella se dejaba hacer, estaba sumisa, le fui introduciendo mi pene despacio hasta que el esfínter cedió, fui acelerando de a poco y en cada embestida chillaba y gemía hasta que obtuvo un orgasmo, se la retiré y continué con mi suegra. Cambiamos de posición, ya la mujer de mi cuñado algo recuperada se acostó en la cama con las piernas abiertas invitándome a que la cogiera, no me hice de rogar y la empalé, aceleraba y ella gemía como una perra, mi suegra metiéndose mano, eso me excitaba, cuando me iba a correr, la nuera de mi suegra me dijo que quería que le acabara en el culo, me dio la espalda, quedamos en cucharita y así la clavé, esta vez hasta el fondo, gritó y empecé las embestidas fuertes hasta que le llené el culo de leche.

    Los tres ya bastante descansados y reposados, hablamos de lo sucedido y que lo repetiríamos, pero si era posible en un hotel o sitio más tranquilo, también me dijo que quería que el día siguiente la cogiera a ella sola porque quería disfrutar más y mejor, que le había desvirgado el culo y le había gustado y disfrutado bastante. Mi suegra estuvo de acuerdo mientras no la descuidara a ella.

  • Final feliz (o no)

    Final feliz (o no)

    Desde pequeño, desde que vivía con mis padres. Todos los sábados por la mañana, a las 9 en punto era despertado para ayudar a limpiar la casa. Era una chorrada, 1 hora a lo sumo pero tenía que hacerse en ese justo momento. Cada vez que me levantaba me juraba a mí mismo que cuando fuese un ente independiente limpiaría cuando me diese la gana. Y así fue, durante un breve espacio de tiempo la suciedad y el desorden dominaron felizmente en mi vida.

    Pero llego ella. Es guapa, lista, dulce, me hace reír y no sé aún por qué razón extraña le gusto. Pero entre todas las virtudes tiene un gran inconveniente, tiene la manía de limpiar a todas horas.

    De nuevo me veo trasladado a mi juventud, madrugando para frotar, con ese ruido de aspiradora que tanto odio. Ella parece no darse cuenta de mi profundo sufrimiento y me manipula llevándome de un sitio a otro de la casa con la fregona, el trapo y reprendiéndome por no limpiar el baño con una gran sonrisa en mi cara.

    Pero este sábado iba a ser distinto. Desperté con la firme determinación de que hoy no iba a limpiar los cristales, de que no me doblaría a quitar el polvo de los rodapiés, que no retorcería la fregona, en fin de que hoy sería un guarrillo.

    Al principio la gané remoloneando en la cama y no haciendo de los toques alarma que me hacía mi pareja. Cuando vi que lo estiraba demasiado y que se avecinaba bronca me levanté y me dirigí a la cocina para desayunar. Me tomé mi tiempo, para cuando terminamos eran las once de la mañana.

    -Venga, hay que ir limpiarlo todo antes de ir a comer a casa de mi madre, así que levanta el culo de la silla.

    Yo me levanto y la sigo dócilmente hasta la habitación. La ventana ya está abierta y el aire fresco de la mañana despeja un poco mi cabeza.

    -Saca las sábanas limpias que hay que cambiarlas. –ordenó ella mientras coge el edredón para sacudirlo.

    Yo, me dirijo al armario y saco las sábanas limpias y dejándolas encima de la cama me largo al baño aprovechando que ella está de espaldas.

    -Pero ¿Qué haces? ¿A dónde coño vas? Vuelve aquí ahora mismo. –me grita con las sábanas en la mano.

    Yo la ignoro y me pongo a afeitarme. Cuando vuelvo a la habitación ella me está esperando con la sábana bajera en la mano, y con cara de disgusto. Yo ensayo una sonrisa inocente intentando que se relaje y no se enfade demasiado. El truco está en mantener el nivel de cabreo bajo y hacer que todo sea casual.

    Me pongo al otro lado de la cama dispuesto a ayudarla a hacer la cama. Ella me lanza la sábana y yo la agarro sólo durante un instante para luego soltarla haciendo que el tejido vuelva revotado y arrugado a las manos de ella.

    -Deja de hacer el tonto.

    Yo sonrió pícaramente Ella resopla y pone morros, sabe que va ser una mañana dura.

    -Cómo lo sueltes esta vez verás tú.

    Yo sin decir nada recojo la sábana fingiendo estirarla para encajarla en mi esquina, tiro de ella con fuerza consiguiendo que se le escape de las manos y quedando esta vez la sabana arrugada en mi lado.

    Si las miradas matasen, en estos momentos me estaría friendo el cerebelo como su amado Darth Vader, pero yo la ignoro y haciendo un leve gesto de contrariedad, vuelvo a coger la sábana. Esta vez se la lanzo yo a ella pero se me escapa, y voy a darle en la cara con ella.

    Ahora es cuando empieza lo divertido. Arruga esos exquisitos labios y me grita diciéndome que ya está bien, que deje de hacer el jilipollas. Yo no la hago ni caso y me dedico a hacerle cosquillas intentando que sonría. Gano el duelo y en pocos segundos está apretando los labios para no sonreír. El resultado es una media sonrisa y unos morritos que me ponen a cien.

    Finalmente la sábana bajera está colocada. Mientras ella va a por la otra sábana, yo finjo quitar imaginarias motas de polvo de la sábana ya colocada.

    -¿Qué tal por ahí?

    -Cuelga –respondo escuetamente

    -Ya lo sé que cuelga idiota, –responde –te pregunto si cuelga mucho.

    -No sé, no he visto como está por ahí. –digo con toda la lógica del mundo.

    Ella me ignora (voy ganando) y coloca la sábana sin hacerme más preguntas, yo la estiro por mi lado y me quedo quieto de pie viendo como ella la remete por su lado debajo del colchón.

    -Mete la sábana por debajo del colchón, ¿Que tengo que decírtelo todo?

    Obedezco y la meto de cualquier manera, ella lo ve y apartándome con un empujón lo hace ella misma agachándose y mostrando todo el esplendor de su trasero.

    Cuando se da la vuelta, me pilla observándola y pone los ojos en blanco y va por el edredón.

    -Una pregunta ¿Por qué, si tenemos edredón, ponemos sábana?

    -Para no mancharlo –responde ella soplándose el flequillo.

    -Tenemos tres fundas para el edredón, sigo sin ver cuál es la diferencia entre lavar las sábanas y lavar el edredón.

    -La diferencia es que lo digo yo y punto. –responde ella lanzándome el edredón.

    Esta vez pasa de darme indicaciones. Cuando se pone de mi lado y se da la vuelta satisfecha por el trabajo realizado, la empujo con un leve golpe de mi barriga y desequilibrada cae sobre la cama arrugando el edredón.

    Se levanta como un resorte y con la bata entreabierta pone cara de enfadado. Yo la abrazo divertido y espero a que se calme. Con rapidez meto mis manos dentro de la bata tocando su piel desnuda y provocándole un escalofrío.

    -Cabrón tienes las manos frías –es lo único que logra decir antes de que le tape la boca con un beso.

    Sin dejar de besarla recorro su espalda con mis manos, continúo por sus hombros y sus brazos aprovechando para quitarle la bata y dejarla totalmente desnuda a excepción de un minúsculo tanga que tanto me gusta.

    El aire fresco que entra por la ventana acaricia su cuerpo poniéndole la carne de gallina y endureciéndole los pezones. La abrazo de nuevo y la beso mientras sus pezones se clavan en mi torso.

    Un nuevo empujón y ella se deja caer sobre la cama sin ningún gesto de lucha. Aparto su pelo y le beso la oreja, la mandíbula, el cuello y sus hombros hasta llegar a sus pechos. Los recorro con la lengua, los chupo y los mordisqueo con suavidad arrancándole los primeros gemidos.

    Mis manos acarician con suavidad el interior de sus piernas.

    Mi boca va bajando poco a poco por su vientre, le beso el ombligo haciéndole cosquillas y acabo en sus piernas. Le beso los muslos que cuelgan del borde de la cama y me arrodillo separándole las piernas con suavidad. Aparto el tanga y acerco mi boca a su sexo. Ella responde con un respingo apretando mi cabeza entre sus piernas. Su sexo se hincha y enrojece casi instantáneamente al contacto con mi lengua. Con mi mano tiro de la piel con suavidad dejando su clítoris a la vista, lo chupo y lo golpeo con mi lengua, ella gime y abre las piernas instintivamente para hacer su sexo más accesible para mí.

    Me levanto y me quito la ropa, ella observa con detenimiento mi erección sin decir nada. Me inclino y le levanto las piernas para quitarle el tanga. Le beso los pies mientras meto mi miembro entre sus muslos. Gime y mueve sus piernas con suavidad acariciándome el miembro con sus muslos y excitándome aún más.

    Sin previo aviso separo sus piernas y penetro en su sexo sediento y húmedo de un solo golpe hasta el fondo. Ella gime y me rodea con sus piernas. Durante unos segundos no lo muevo disfrutando del calor de su sexo y de la hermosura de su cuerpo desnudo. Poco a poco mis caderas empiezan a moverse lentamente en su interior. Mi miembro entra y sale casi por completo con cada movimiento, dejando solo el capullo dentro y volviendo a entrar hasta que mis huevos hacen de tope, cada vez un poco más rápido. Ella gime y me pide más, me abraza y clava sus uñas en mi espalda.

    A punto de correrme saco mi miembro duro y venoso y cogiéndola por las piernas le doy la vuelta y tiro de ella hasta que su culo está en el borde de la cama otra vez. Acaricio su espalda y la beso dejando que mi pene roce su culo y sus piernas. Poco a poco voy bajando con mi lengua por el hueco de su columna hasta su culo. No puedo evitar morderlo con fuerza, blanco y redondo. Ella grita de dolor y me insulta pero al instante lo está moviendo y agitando sensualmente para incitarme. Le pego otro mordisco y separo los cachetes para tener una visión de su sexo caliente y rebosante de jugos que me atraen con su aroma como el néctar de una flor. Primero los pruebo con la punta de la lengua, luego los chupo ruidosa y golosamente. Aparto mi cara y acaricio sus labios hipersensibles con mis dedos, ella gime y se revuelve, yo adelanto los dedos, sujeto su clítoris entre ellos y lo masajeo consiguiendo que se le escape un grito. Sin darle cuartel la penetro con dos de mis dedos tan hondo y tan rápido de lo que soy capaz. Con cada empujón ella levanta la cabeza y ambos podemos ver su expresión de placer en el reflejo del espejo del armario.

    Unos segundos después se corre, su cuerpo se pone rígido y mis dedos notan como su vagina vibra y se inunda de fluidos pero yo apenas me doy cuenta disfrutando de la visión de sus mejillas sonrosadas y un gesto de profundo placer en su cara con los ojos cerrados y sus pequeños dientes blancos mordiéndose el labio inferior.

    Excitado por la imagen reflejada del espejo la vuelvo a penetrar, ella me recibe separando las piernas y bajando el torso. Me vuelvo loco y agarrándola por la cintura la embisto con violencia.

    Ella gime y me insulta volviendo la cabeza para mirarme a los ojos mientras nos corremos los dos prácticamente a la vez. Incapaz de parar de golpe sigo penetrándola con mi miembro aún dura alargando su orgasmo.

    Aún estamos sobre la cama tumbados y jadeantes cuando llaman al teléfono.

    Es el suegro, sabía que llamaría, aunque lo esperaba un pelín más tarde:

    -Hola, Carlos ¿Qué tal? –respondo al teléfono con la respiración aún acelerada.

    -Bien, algo aburrido. ¿Qué tal si vamos a tomar un vermut antes de comer?

    -Por mi perfecto –respondo con una sonrisa de oreja a oreja. –Nos vestimos y estamos ahí en veinte minutos.

    -¿Se puede saber qué coño hacéis desnudos a las doce del mediodía? No me lo digas, prefiero no saberlo. –Dice mi suegro -De acuerdo, en media hora en el bar de la esquina.

    Me levanto y me dirijo al baño. Antes de entrar, me giro y veo el cuerpo desnudo de ella sudoroso y espléndido, enmarcada en un cuadro de ropa de cama sucia y arrugada. Yo sonrío y ella me contesta con una peineta:

    -¡Que te den! En cuanto volvamos te voy a hacer limpiar toda la casa con el cepillo de dientes. Y no voy a volver a chupártela en tres semanas. –grita mientras yo tarareo una canción en la ducha y simulo que no la oigo.

  • Horacio, el mejor amigo de papá

    Horacio, el mejor amigo de papá

    Horacio es amigo de papá desde que tengo uso de razón. 

    Hace muchos años habían sido socios en un emprendimiento gastronómico, pero luego se hicieron camino cada uno por su lado, tal es así que Horacio se fue a vivir allá por el año 2002 al sur de nuestro país, más precisamente a El Calafate, donde continuó con la explotación de negocios del ámbito gastronómico.

    Debe estar rozando los 60 años -supongo porque por ahí anda papá-, y es de esos típicos bon vivant, de gustos refinados, de una posición económica acomodada, siempre rodeado de buenas mujeres, etc.

    Hace un par de años que regresó a vivir a Capital Federal con su novia del momento, y se instalaron en Núñez, y ambos se dedican a administrar dos restaurantes que se ubican en ese barrio.

    El maneja uno que se encuentra ubicado sobre Avenida del Libertador, y ella una franquicia reconocida de una casa de café.

    Si bien siempre estuvo en contacto con papá, cuando regresó a Buenos Aires obvio que se hizo en casa una gran cena de recibimiento.

    Siendo que para el 2002 yo tenía alrededor de 8 o 9 años, la realidad es que sólo tenía recuerdos vagos de Horacio.

    Había vistos fotos por intermedio de mis viejos, pero no más que eso, sumado a que jamás le di mucha importancia ya que no me acordaba mucho de él y para mi apenas era un amigo a la distancia de mi viejo.

    Ese día de la cena, concurrió con su pareja -Gabriela-, una mujer de alrededor de 40 años, súper copada, divina diría. Se notaba que era una mujer súper refinada, bellísima, de hermosas curvas.

    Si bien Gabriela era “nueva” para todos nosotros, la verdad es que se ganó enseguida la simpatía de mi familia y la mía.

    Así esas reuniones o cenas se empezaron a realizar con bastante habitualidad, al menos una vez cada 15 días.

    Jamás vi que Gabriela haya repetido su look. Para mí, ella era la mujer que yo deseaba ser. No sólo porque era hermosa y con curvas despampanantes, sino que además se notaba que era súper inteligente, simpática. Sin dudas que Horacio era afortunado en tenerla.

    En esas cenas -que eran todas en casa-, jamás advertí nada raro, que me hiciera pensar que Horacio me mirara raro, o pensara cosas raras sobre mí.

    Yo ya para ese momento tenía 22 años aproximadamente (les estoy hablando de año 2015), me vestía de nena ya desde los 17 y desde esa edad venía probando machos por doquier.

    Siempre los dos se mostraron de manera increíble conmigo, me divertía mucho con sus anécdotas, me gustaba verlos juntos, hacían re linda pareja.

    Lo único que me molestaba -y se fue profundizando-, era que siempre me preguntaban si tenía novias y ese tipo de cosas.

    Me hacían sentir incómoda y me ponían en una situación jodida para mí, porque si bien mi vieja no les daba bola, mi papá me miraba como obligándome a contestar algo… como para dejar en clara mi supuesta masculinidad, y no dejarlo mal parado.

    Cuando este tipo de preguntas empezó a ser moneda corriente en las reuniones, empecé a inventar excusas para dejar de ser parte.

    En una de las últimas -donde creo que Horacio sintió mi incomodidad-, se dio una situación algo rara, distinta a todas las anteriores oportunidades.

    Terminada la comida, me ofrecí para hacer café para toda la mesa.

    Él argumentando sobre sus conocimientos al respecto, me quiso acompañar a la cocina para colaborar con la preparación de la infusión, a lo cual accedí con gusto.

    Fue en ese momento en que mientras que yo me encontraba preparando las tazas y cucharitas, que Horacio pasó por detrás de mí con claras intenciones de rozar su bulto con mi parte trasera.

    En primer roce fue muy sutil, pero no por ello dejé de notar sus intenciones. Mis nervios hicieron que me sonrojara y me subiera la temperatura.

    Pero que no sea mal entendido. La situación me resultó incómoda por demás. En el living estaba mi mamá, papá y Gabriela. Jamás me esperaba esto de Horacio.

    El tema es que no quedó ahí.

    Él se siguió manejando como si nada. Era una persona que evidentemente estaba acostumbrada a estar con las mejores mujeres, lo que como mínimo no sólo indica sobre su belleza física, sino que además habla de una persona muy segura, de esas que va al frente siempre y no conocen la palabra vergüenza.

    Tal es así que pasó de ser un simple roce, a una tremenda apoyada de verga en mis nalgas. Me paralicé. Juro que no sabía que decir o hacer.

    Se quedó detrás de mí y sin dejar de apoyarme, me ayudó a preparar el café para todos.

    La situación no duró más de 30 segundos, y en ese breve lapso entre dientes me susurró “… sé que te gusta mucho la pija… lo sé…”.

    Sin dudas que me paralicé aún más. No sólo por la situación en sí, sino además de sólo pensar que el mejor amigo de papá de toda la vida, se había metido en mi cabeza y había descubierto mi gusto por los hombres y sentirme una nena.

    Lo primero que pensé es que en algún momento le iba a hacer algún tipo de comentario a mi viejo, o a Gabriela. Eso me perturbaba y me hacía morir de miedo.

    Demás está decir que en casa no saben nada sobre mis gustos, con lo cual que Horacio hablara, significaba tener que enfrentar una situación que creía no estar preparada.

    Esa misma noche, luego de terminar con los cafés, me fue a mi habitación a prepararme. Había quedado con Fernando -un chongo que me hacía la cola en ese tiempo-, en verme por la noche. En casa había dicho que me juntaba con amigos.

    Terminada la velada, tanto Horacio como Gabriela se prepararon para marcharse, y siendo que estaban en auto, mi papá -metiendo la pata como siempre-, me dice que aproveche y me vaya con ellos a la casa de mis “amigos”. No me quedó otra que aceptar.

    Fue así que emprendimos regreso a sus domicilios, y el departamento de mi macho quedaba a mitad de camino.

    En ese breve viaje no paré de dialogar con Gabriela. Ella me cautivaba. Y creo que en el fondo ella también sospechaba algo de mí, por la conexión que logramos.

    Horacio obviamente participaba de la charla, y ante cada palabra, me miraba fijo a los ojos a través del espejo retrovisor de la camioneta, como diciéndome “…sé que te encanta la verga putita…”.

    Esa noche me dejaron en la casa de Fernando pensando que me dejaban con amigos, y ellos siguieron con destino a su casa.

    Recuerdo qué a los 15 días de ese episodio, volvieron a juntarse con mis viejos, pero decidí no participar para no estar incómoda.

    Luego esas reuniones dejaron de celebrarse. Eso me llamó la atención, y le pregunté a mamá si había pasado algo.

    Por un momento sentí que yo podía llegar a tener algo que ver con la ausencia de Horacio, pero mamá me contó que estaba atravesando una crisis con Gabriela, noticia que la verdad me afectó, porque más allá de la situación vivida con Horacio -apoyada de pija de por medio-, los dos me agradaban mucho, ya sea de manera individual tanto como pareja.

    Debo ser sincera. El hecho de que Horacio me haya apoyado la verga mientras preparaba el café en casa esa noche, sumado a que supiera de mis gustos, no fue algo que me molestara en sí.

    Es que sólo despertó mucho miedo en mí, de que le contara a mi papá o le hiciera algún comentario a Gabriela, y eso me aterrorizara.

    Pasaron un par de semanas, hasta que un día llego a casa y observo preparativos por parte de mamá. Venía Horacio a cenar, y esta vez venía sólo.

    Creo que mi reacción fue empalidecer, para luego reaccionar. No podía creer que eso iba a suceder, y me ponía realmente nerviosa.

    Por un momento pensé en no participar de la cena, pero mi curiosidad pudo más.

    No sólo quería saber que actitud iba a tomar el machazo de Horacio conmigo, sino que además sabía que iba a ser tema de conversación su separación con Gabriela, y yo quería saber todo.

    Es así que la cena transcurrió con cierta normalidad, pero el cruce de miradas entre Horacio y yo fue intenso toda la noche.

    Creo que ambos hablamos a través de nuestras miradas, o al menos eso yo fantaseaba en ese momento.

    Sentía que él me decía que era una putita hermosa, quizás aún más que Gabriela. Y yo por mi parte, con mi mirada tímida e inocente, me negaba a acceder a sus más bajos instintos, aunque internamente lo deseaba con locura.

    En definitiva, fue una cena con intenciones espurias de parte de ambos, donde contó algunos pormenores de su separación con Gaby. Evidentemente él es un tipo que jamás va a estar con una sola persona, más allá de lo linda, inteligente y agradable que fuera esa persona. Es un soltero garchador empedernido.

    Casi finalizando la comida me dirigí a preparar mi mochila con mis cosas de nena, porque esa noche dormía en la casa de mi macho Fernando, al igual que lo había hecho aquella noche en la que me habían acercado en su camioneta la última vez Horacio y Gaby.

    Y tal como esa noche, la secuencia se repitió. Pedido mediante de papá, le solicitó a Horacio a que me acerque a la casa de mis “amigos”, a lo que su amigo accedió con mirada cómplice y perversa.

    La rutina iba a ser la misma que aquella noche, pero en esta oportunidad, sin Gaby de por medio.

    Saludos de buenas noches de por medio con mamá y papá, nos dirigimos al estacionamiento donde había dejado la camioneta el amigo de papá, y quien iba a ocupar el lugar de acompañante era yo, y no su anterior hembra. Eso me hizo sentir sensaciones muy fuertes. Una mezcla de morbo y deseo.

    Morbo porque era el mejor amigo de mi viejo, y deseo porque en ese instante me sentía yo su hembra, como lo había sido Gabriela en su momento.

    Obvio que desde el comienzo del viaje Horacio sospechaba -o tenía prácticamente confirmado-, que no existía visita a mis “amigo”, sino que sabía que estaba dirigiéndome a la casa de un macho mío que me iba a romper el culo como tanto me gusta.

    Él lo tenía confirmado, sin necesidad de habérmelo preguntado. Y fue así que la charla desde el comienzo tuvo tintes sexuales. Él sabía manejar perfectamente la situación, sin necesidad de hacerme sentir nerviosa o incómoda, todo lo contrario.

    No habíamos recorrido ni diez cuadras cuando prácticamente me acorraló con sus palabras.

    Me dijo: “Conmigo no hace falta que ocultes nada. A pesar de mi edad soy un tipo re liberal, quedate tranquilo que jamás le contaría nada a tus viejos”

    Si bien intenté hacerme la tonta, creo que él había creado el ámbito para que me sincere.

    Brevemente le conté algo de mí, y mientras le contaba, su mirada y su actitud era una mezcla entre cariñosa como entendiendo mi elección, y perversa por sentir que me deseaba tanto.

    Le confié que me vestía de nena desde mis 17 años, sin perjuicio de que desde más pequeña me gustaba, pero no me animaba a hacerlo.

    Le confesé que también desde esa edad empecé a estar con hombres íntimamente, y que desde ese momento no había dejado de hacerlo, y era algo que me gustaba demasiado, al punto de preocuparme que me guste tanto ser poseía por hombres.

    Horacio sólo se limitó a guardar silencio y a escucharme con absoluto respeto. El me transmitió seguridad, hizo que me libere en todo sentido, ya no tenía miedo o vergüenza por la situación y el riesgo de que se enteraran mis papás.

    En un momento que guardé silencio, me dijo: “No me mientas…ahora no vas a la casa de amigos, no?”. Creo que contesté con mi mirada.

    “Vas a ver un noviecito?”, me preguntó.

    Le conté que no era un noviecito, pero que efectivamente me iba a ver con alguien.

    “Si tenés 5 minutos me gustaría que vayamos juntos a ver algo. Quiero mostrarte unas chicas que te van a gustar y a inspirar”, me dijo.

    En un principio dudé, pero creí que un tipo tan vivido como Horacio podía ayudarme a explorar y conocer nuevas cosas, con lo cual accedí al convite.

    Puso el guiñe en el auto y giramos con destino a la zona del Lawn Tennis, la zona de Palermo donde trabajan las travestis callejeras, la zona roja.

    Si bien soy fanática de las travestis activas, la realidad es que siempre las contacté por intermedio de páginas web, nunca había ido a verlas a la zona roja.

    Hicimos juntos en su camioneta la típica vuelta al predio, a muy baja velocidad, logrando ver con precisión a cada una de las “chicas” de la zona, todas ellas con diminutas prendas de vestir.

    “Te gusta”, me indagó Horacio, mientras apoyó su mano derecha sobre mi pierna izquierda, comenzando a acariciarme.

    Habíamos completado una vuelta cuando me pregunto si yo me vestía igual que ellas, si podría llegar a ser tan puta como ellas, y si era bancadora de pijas como esas chicas.

    La situación subía de temperatura, y me agradaba, a pesar de que dudaba de hacer algo. Era el mejor amigo de papá.

    La culpa y la vergüenza me carcomían. Pero el hecho de ser tan puta me ayuda a tomar decisiones rápido, priorizando siempre la verga de un macho por sobre toda otra cosa.

    Horacio dobló en una de las pequeñas calles internas de la zona roja, dirigiéndose a un lugar un poco más alejado de las luces, para poder estacionar y apagar el motor de la camioneta.

    En ese momento sí que me morí de miedo. Yo no quería hacer nada por varios motivos.

    Primero y principal porque era Horacio, el mejor amigo de papá, el tipo que iba cada 15 días a cenar a casa, la ex pareja de Gabriela, esa mujer que tanto yo admiraba y deseaba ser.

    Además, en el caso de hacer algo, no podía perder de vista que después de ahí, me tenía que ir a la casa de Fernando, mi macho que me iba a estar esperando en su departamento como habíamos quedado.

    Sin mediar palabras, Horacio se bajó de la camioneta y se subió nuevamente, pero esta vez, al asiento trasero. Miré por sobre mi hombro izquierdo, como intentando entender cual iba a ser el siguiente paso.

    “No me vas a acompañar?”, me preguntó, mientras comenzó a desabrochar su pantalón, y bajárselo hasta sus rodillas, mientras abría sus piernas sentado en el medio del asiento trasero de la camioneta.

    Por encima de su bóxer se frotaba la chota, la que ya para ese momento estaba algo más que gomosa, pero en ningún momento me la exhibió, como desafiándome a que si la quería ver en plenitud, debía ir al asiento trasero.

    Les va a sonar tonto, pero no quise bajarme de la camioneta por miedo a que me vea alguien, no se quien, pero no quería que me vea nadie, por más que no hubiese gente conocida en la zona en ese preciso momento.

    Entonces, pasé entre las butacas delanteras hacia atrás, donde estaba Horacio para sostenerme con sus fuertes brazos recibiéndome.

    Me senté a su lado, y con una vos muy baja, casi entrecortada, le dije que sólo quería ver, tocarlo, no más. Su respuesta me derritió: “Si bebé, la vas a ver, y vas a desear tocarla”.

    Aprovechó ese momento para bajar totalmente sus pantalones hasta sus tobillos, abrir más aún sus piernas como relajándose y poniéndose más cómodo, para finalmente poner sus manos por detrás de su nunca, y pedirme a mí que continúe.

    Esa indicación implícita la acepté con gusto, y sin demorarme más que un segundo, hizo lo que tanto estaba deseando, que era descubrir ese pedazo de verga que lucía Horacio por debajo de su bóxer, y tener en mis manos el falo duro del amigo de papá.

    Una vez que logré con algo de esfuerzo bajar su ropa interior, pude ver a media luz su poronga firme como un hierro, erecta, orgullosa de su potencia y esplendor.

    Debo reconocer que desde mis 17 años a esos jóvenes 22 que tenía cuando tuve ese encuentro con Horacio, había visto pijas de todo tipo, tamaño, color, forma, y quizás ya a esa altura si bien tenía preferencias por unas u otras, la realidad es que no me sorprendían, sólo las disfrutaba.

    Y digo esto porque no siempre he tenido la suerte de estar con machos de super vergas. He tenido de tamaños más bien humildes, pero que logré disfrutarlas también.

    Dicho esto, debo confesar que la pija de Horacio llamó mi atención. Me generó ganas de verla, observarla, inspeccionarla. Y esto debido a una particularidad, su cabeza.

    Como tamaño era algo normal en cuanto a su largo, no distaba de lo que podemos llamar algo general promedio, pero párrafo aparte merece la cabeza de su chota, la que era acompañado por el tamaño del tronco de la verga.

    No aguanté más y prendí la luz de cortesía de la camioneta que tiene en la parte trasera, quería ver bien si era tal cual lo estaba palpando y viendo a pesar de la oscuridad que reinaba esa noche.

    Esa pequeña luz de la camioneta ayudó a confirmar lo que presentía.

    Hermoso abdomen en un tipo que pisa casi los 60 años, huevos bien grandes, cayendo fuertemente en esa bolsa llamada escroto, y su verga dejaba verse desde abajo, apuntando la punta claramente hacia el ombligo.

    Fue en ese momento que con mi mano derecha tomé sus huevos e hice fuerza, como queriendo arrancarlos, para que me dejen ver en plenitud tanto el tronco como la cabeza de la poronga.

    Horacio sólo se limitaba a mirarme fijo, desprendiéndose una sonrisa pícara de su rostro, como sospechando que no podía creer lo que veía.

    Empecé a mover la verga para poder observarla desde todos los ángulos, hasta que la agarré fuerte del tronco y la apreté, al punto de ver cierta sensación de dolor en este macho.

    Confirmé que esa cabezota no era broma. Sin dudas lo más grande que vi, lo más parecido a un hongo si es que tuviera que describirla contra algo.

    Un hongo, sin dudas un champiñón. Y quería tener ese hongo en mi boca, y urgente.

    Horacio leyó mis pensamientos, y creo que, en menos de un segundo, tenía sus manos en mi nuca, llevándome violentamente hacia su miembro, para que empezara a chuparlo, a comenzar con la degustación de ese champiñón de carne que me ofrecía el mejor amigo de papá.

    Empecé a tragar pija y pija, y Horacio me ayudaba con los movimientos de sus manos por detrás de mi cabeza, como haciendo un movimiento de penetración constante y violenta. Me estaba cogiendo la boca, y yo lo estaba disfrutando.

    En ese momento no sólo tenía en mi cabeza el placer de tener semejante verga cabezona en la boca, sino además se le sumaba el morbo de que se trataba del mejor amigo de mi papá que me estaba dando la mamadera, y que esa pija había sido seguramente sobada por Gabriela, y ahora era yo quien la estaba degustando.

    Los quejidos de Horacio eran constantes con cada embate de su verga en mi boca, haciéndome atragantar con cada empujón de carne, mientras que el único sonido que yo emitía era el de ahogamiento y el de mis arcadas.

    Con cada empujón de pija, una arcada. Con cada arcada, una lágrima mía. Con cada lágrima, mayor sabor a líquido preseminal. Era el comienzo del fin para Horacio y su calentura.

    Tal es así que aceleró con sus manos los movimientos de mi cabeza contra su abdomen, sin darse cuenta que en esa aceleración me hacía tragar aún más la poronga sin darme posibilidad casi a respirar o a que mi mamada sea más suave.

    Una chupada intensa, violenta, similar a una penetración, literalmente me cogió la boca.

    Supongo que no habrían pasado más de 10 minutos de mamada, cuando comencé a escuchar cada vez más fuerte los quejidos de placer de Horacio, y las señales del sabor que sentía en mi boca eran cada vez más evidentes.

    No me dio tiempo a alejarme, o sacarme que pija de la boca como para pajearlo y evitar quizás lo inevitable. La lechita en mi boca.

    Horacio explotó. No fueron menos de 5 los escupitajos de ese hongo que tenía como pija.

    Pasé de tener la boca totalmente llena de carne dura, a sumársele el semen, un plato sin dudas de primer nivel que tuve el placer de degustar.

    Desde el punto de vista gastronómico -el metié de Horacio-, podríamos decir que tuve como plato principal champiñones con crema. Y me encargue de no dejar nada en el plato.

    Tal es así que, si bien Horacio retiró sus manos de mi nuca, jamás me saque la verga de la boca. Seguí chupando, como intentando sacar más crema de ese hongo, o llevar al límite de la sensibilidad a mi macho luego de semejante atragantada que me había hecho sentir.

    Horacio alejó sus manos de mí. Si bien no lo veía, intuyo que volvió a poner sus brazos en la misma posición que había tenido cuando me invito a descubrir su miembro, es decir, como tirado hacia atrás, con sus manos por detrás de su nuca, relajado.

    Yo por mi parte no me quede quieta. Seguí chupando esa verga, como intentando demostrar el placer que había sentido en conocerla y poder disfrutarla, inconscientemente tratando de conquistar a Horacio, demostrarle que era mejor que Gabriela.

    Seguí y seguí. Chupé y chupé. Tragué y tragué. No deje nada. Me tomé toda la lechita de Horacio.

    Sumado a ello, una vez que logré desalojar ese pedazo de pija de mi boca, comencé a chupar el entorno de la base de la poronga, para terminar de limpiar todo resquicio de semen o baba que podría haber quedado, algo que sin dudas le gustó a Horacio, porque no pudo evitar hacer un comentario al respecto, mientras reía socarronamente mientras lo decía.

    “Noooo!!! Jajajaj!!! Que hija de puta! No podés!!! Mirame… me vas a limpiar la verga?”

    Guardando el silencio respectivo, me limité a seguir chupando/limpiando su verga, para no dejar rastro de nada de lechita ni de mis propias babas, las que también me tragaba con cada chupón.

    Si bien me concentré en la cabeza con forma de hongo de esa hermosa poronga, no desatendí el tronco, mucho menos los huevos, dejando ante cada lamida algún que otro pendejo en mi boca como señal de mi gran trabajo.

    Horacio me miraba y no podía creerlo. Creo que lo sorprendí no solo con la mamada de verga que le di, sino también con mi actitud. Y así me lo hizo saber, sellando el acto con un hermoso beso de lengua que me transmitió no solo sexualidad, sino lo sentí como un premio al trabajo realizado, como algo cariñoso.

    Mientras se acomodaba su ropa, yo volví al asiento delantero para retomar viaje al departamento de Fernando.

    Una vez con sus pantalones puestos y la verga ya casi dormida, Horacio me miró, y me dijo: “Te juro que en mi vida sentí la sensación que acabo de sentir. Quiero volver a verte, porque siento que estoy en deuda con vos. No quiero que pienses que soy un egoísta”.

    Esa deuda pendiente era darme esa verga con cabeza en forma de champiñón por la cola, y era algo que no sólo él quería, sin dudas era una deuda pendiente de ambos.

    Pensé que el trayecto a la casa de Fernando iba a ser tenso, pero nada que ver. Continuamos camino como si nos conociéramos de toda la vida.

    Le facilité mi celular para coordinar un encuentro con más tiempo y para saldar las deudas pendientes, pero eso ya será motivo de otro relato en otro momento, donde les contaré mi segundo encuentro con Horacio.

    Al llegar al domicilio de mi chongo, charlamos unos últimos cinco minutos en la puerta del edificio, me dijo que realmente envidiaba a la persona que iba a ver -aún sin conocerlo-, y que hubiese querido que sigamos lo nuestro en su departamento.

    Pero no pudo ser porque soy una persona de palabra. No podía fallarle a Fernando, como tampoco le fallaría a Horacio si el compromiso lo hubiese asumido con él.

    Volvimos a besarnos apasionadamente antes de que me bajara de la camioneta, un beso extenso, de esos que piden que sigamos juntos. Pero yo no podía demorarme más.

    Esa noche con Fernando fue rara, porque si bien disfruté cada vez que estuve con él, no pude dejar de pensar en Horacio.

    En esa poronga con cabeza con forma de champiñón, en el sabor de su leche, en la limpiada de verga que le pegué luego de que me hiciera tragar todo su semen de una manera tan intensa, no podía sacarme de la mente esa cogida de boca que me dio, de que me había comido la verga que hasta hace poco era de Gabriela, la mujer que yo tanto deseaba ser.

    Tampoco iba a poder borrarme que era aquella persona que me conocía de pequeño, y que ahora él sabía de mis gustos por ser una nena, mi devoción por los machos.

    Y no era cualquier persona, era el mejor amigo de papá. Era Horacio, ese hombre de buen vivir, de gustos refinados, elegante, tan lindo hombre, mujeriego, pero que esa noche me había elegido a mí.

    No fue la última vez que nos vimos. Si bien las cenas en mi casa continuaron con intermitencias, y en algunas de ellas yo ya no participaba, lo volví a ver una vez más en una quinta que él tenía el Parque Leloir, pero eso será motivo de otra historia que más adelante les contaré.

    Ese fue mi primer encuentro mano a mano con Horacio, el mejor amigo de papá, el hombre que de pequeño me vio tomar la mamadera de la mano de mi mamá cuando yo era bebé, y a mis 22 años finalmente me terminó dado su mamadera de carne, y como buen bebito que soy, no le dejé nada de lechita.

    NATY.-

  • Cuando la calentura aprieta (06)

    Cuando la calentura aprieta (06)

    Después de mi última aventura, decidí no volver a jugármela, ya que estuve unos días bastante mal. Aparte del dolor causado por el enorme falo que me penetró, se sumó el hecho de que cuando tuve relaciones con mi marido, creía que él se daría cuenta al notarme yo todavía abierta de más. Algo que solo estaba en mi mente, tuve que fingir esa semana con él, ya que mi coño estaba literalmente destrozado, aun así pude pasar ese mal trago y que él no notara nada.

    Fueron pasando los meses y aunque seguía tocándome en mi intimidad, lo de las aventuras extramatrimoniales se fue yendo de mi cabeza. Me convencí a mi misma que había sido solo un pequeño paréntesis en mi vida, donde necesitaba experimentar con otros hombres, algo que no había hecho de joven, al ser mi marido el primero y único, hasta que comencé esa locura de aventuras sexuales.

    Cuando quise darme cuenta ya estábamos de nuevo en verano.

    Como ya sabéis uno de mis hijos juega en un equipo de futbol. Ese año se habían proclamado campeones de liga, por lo que podían jugar un torneo con los campeones de otras provincias. Dicho torneo se jugaba en otra provincia, por lo cual deberían de viajar y estar allí 3 días, viernes, sábado y domingo. Mi marido dijo que fuéramos a acompañarlo, yo le propuse que fuera él con mi otro hijo, ya que no me gustaba ir a los torneos. Y así lo hizo. Me quede sola durante 3 días.

    La primera noche decidí que la tendría para mí y mi alivio sexual.

    Por la tarde me depilé completamente entera.

    Cené algo ligero y me subí a mi dormitorio con una botella fresquita de Lambrusco. Preparé un consolador que me había comprado, para quitarme el mono de los hombres que no fueran mi marido. El cual escondía porque mi marido es muy clásico. Y me tumbé completamente desnuda en la cama. Busqué a través de internet una película porno y la puse en la televisión. Lentamente y a la vez que el vino se me iba subiendo, fui masturbándome primero con mis manos y luego con el consolador, con mucha suavidad. Casi termine de ver la película, ya que cada vez que intuía el orgasmo, me relajaba y dejaba que se enfriara. Así conseguí un orgasmo brutal.

    Fue tal el placer conseguido que me quede dormida casi en la misma posición que había acabado. Dormí placenteramente y me desperté increíblemente animada. Decidí que esa noche tendría otra ración de esparcimiento.

    Y así fue, aunque debido a lo bien que me lo había pasado la noche anterior, estaba aún más cachonda. Empecé a calcar las andanzas de la noche anterior, pero con la excitación que tenía no me bastaba. Encendí la Tablet y entré al chat de sexo. Había pasado más de un año desde que entrara por última vez. Viendo los mensajes, a la vez que las imágenes de la película seguían en el televisor, me producía un éxtasis máximo.

    Mientras se reproducía una escena donde un hombre follaba con una mujer en un sofá mientras otra en una silla se tocaba, vi que en el chat salía el mensaje «Pareja joven de *****, busca mujer madura para esta noche», debido a que cuando estoy excitada pienso poco las cosas se me ocurrió contestarles para ver qué pasaba.

    Empecé a hablar supongo que con la chica, me informo que eran un matrimonio joven el 29 y ella 28 y que eran una pareja liberal, estaban buscando una mujer madura para su esposo, le conteste que si es que ella le gustaba mirar, me dijo que ella participa, tocando y follando con él, pero que si yo no quería, a mi ni me tocaba, solo me haría cosas el esposo.

    Estaba muy cachonda y ya se me había olvidado mi intención de desengancharme del sexo fuera del matrimonio. Le pregunte que si a ella no le molestaba que él se acostara con otras mujeres y me confesó que ella se follaba a otros hombres delante de su marido. Se iban turnando las fantasías y esa noche le tocaba a él. Tras seguir la conversación me pregunto mi edad, les gusto que tuviera 42 años y me dijo si podía quedar esa noche, les pregunte donde Vivian y resulto que estaban a unos 15 minutos de mi pueblo, en una urbanización. Me envalentone y dije que sí. Me pidió hacer una video llamada para vernos, para evitar que luego no nos gustáramos y fuera chocante. Así lo hice. Yo a ellos les guste y ellos a mí. El guapísimo, rubio, ojos verdes, cuerpo de gima. Ella rubia también, ojos azules, delgada. Dijimos de quedar y allí fui.

    Me puse un vestido negro corto de tirantes, solamente con las bragas de ropa interior, cogí mi coche y me fui a la casa de ellos.

    Llegue y me invitaron a entrar. Me ofrecieron tomarnos una copa, mientras me tomaba un gin-tonic, fuimos hablando y calentándonos. El a la vez no paraba de acariciarme por todos lados, diciéndome los buena que estaba y las ganas que tenia de follarme. Aquello me estaba poniendo a mil. Casi me corro con la situación sin tocarme siquiera.

    Sentados en el sofá, cuando quise darme cuenta él estaba completamente desnudo, yo con una teta por fuera del vestido que el chupaba con ansia y su esposa de rodillas comiendo su polla. Ella me dijo que si no le apetecía comérsela, yo ni corta ni perezosa me puse a su lado y empecé a tragarme esa polla que ya estaba chorreando tras la mamada de ella. Mientras yo comía su polla, ella se levantó y comenzó a besarle apasionadamente. Notaba como mi coño no paraba de lubricar, creo que nunca había estado así, sentía mis bragas mojadas de tal manera que no podían retener todos los líquidos que salían y resbalaban ya por la parte interna de mis muslos.

    Tras un rato me pidió que me subiera encima para follarme, mientras me quitaba las bragas, ella le puso el condón, me subí y su polla entro sin resistencia en mi coño, empecé a subir y bajar, a la vez que no tardaba en correrme, debido a toda la excitación que llevaba. Mientras yo y el follabamos vi como su mujer estaba sentada en un lado, mirándonos fijamente. No hacía nada solo mirarnos. Aquello me estaba volviendo loca, era un morbazo del diez.

    Cuando quise acordarme me estaba corriendo otra vez. Me levante y él me tumbo en el sofá, levanto mis piernas, las abrió y comenzó a comer mi coño que debido al último orgasmo estaba súper sensible. Estuvo comiéndomelo y cuando estaba a punto de correrme, paro, se puso mis piernas sobre sus hombros y me embistió fuertemente, no tarde en correrme por tercera vez. Mis tiemblas temblaban de placer, no podía mas estaba agotada. Y ellos me dijeron de subir al dormitorio, no me lo creía, subí las escaleras, como si estuviera drogada, mi mente me decía que parara, que no podía aguantar más placer, pero mi coño pedía subir al dormitorio.

    Al llegar él se tumbó en la cama y ella se quitó el vestido que llevaba, quedándose completamente desnuda, se subió y empezó a comerle la polla nuevamente. Yo de pie junto a la puerta los veía, mientras intentaba no caerme por el tembleque de mis piernas. Ella se subió encima y empezó a follarle, yo solo miraba y ellos como si yo no estuviera. No tardo en subir sus gemidos y clamar fuertemente que se corría.

    Él me dijo que me desnudara y me metiera en la cama con ellos, así lo hice, me tumbe y el empezó a lamer todo mi cuerpo. Se puso otro condón y allí tumbada empezó a follarme. Pese a que estaba agotada me volví a correr. El saco su polla y se dirigió a su mujer que se encontraba ya a cuatro patas, junto a mí, esperándole. Se quitó el preservativo y vi cómo le salivaba el agujero de su culo, guio su polla hacia él y sin apenas resistencia desapareció dentro de ella.

    Ella se volvió loca, empezó a gemir de placer casi gritando, pidiendo más, que la partiera, diciendo cabrón e insultándole de una manera que era superexcitante. Yo estaba como en una nube, tumbada mirándolos y sin poder ni moverme, ella volvió a correrse, pero el siguió follando su culo. De pronto sentí como su cara se dirigía hacia mí, comenzó a besarme, aunque ya habíamos hablado de que no quería ninguna experiencia con ella, debido a mi cansancio, no me opuse. No solo eso, sino que me gusto. Sentir como ella me besaba dulcemente, me gustaba muchísimo. Viendo que no oponía resistencia, fue acariciando mis pechos y poco a poco sentí su mano en mi entrepierna, me estaba poniendo muy cachonda nuevamente.

    El paro de embestir su culo y ella al sentirse liberada, se dirigió hacia mi coño y empezó a comérmelo, en mi mente yo daba gritos diciendo que parara que no quería, pero no decía nada, solo daba gemidos de placer, nunca me lo habían comido de esa manera. Mientras me dejaba llevar por ese nuevo éxtasis, su marido se puso a mi lado, me levanto la cabeza y metió su polla en mi boca. Estaba sintiendo placer por todo mi cuerpo, creía que no podía tener más orgasmos esa noche y nuevamente tuve uno en la boca de ella.

    Mientras terminaba de lamer mis últimos jugos que salían de mi coño, el empezó a gritar ya, ya, ya, saco su polla de mi boca y rápidamente la dirigió a la de su esposa que no tardo en metérsela, se estaba corriendo dentro, ella no podía tragársela toda a la vez, por lo que un pequeño hilo blanco empezó a salir por el lado de su boca. Al final se tragó toda su ración de leche y terminaron besándose para que el sintiera también el sabor de ella. Como pude me vestí, ellos me invitaron a quedarme a dormir si podía, rehusé la invitación. Nos despedimos reiterando lo bien que lo habíamos pasado y me fui hacia mi casa.

    Tarde casi el doble que en la ida. Mi cuerpo no podía más. Llegué a casa, me di una ducha larguísima. Y me tumbe en la cama, rendida por todo el placer que mi cuerpo había recibido. Empecé a pensar en lo débil que había sido, ya que me había convencido a mi misma que nunca más iba a ser infiel. Pero me acababa de dar cuenta que yo era así, que el placer era mi droga, el ser muy puta mi excitación y que por mucho que me masturbara siempre necesitaría una polla real y experimentar cosas nuevas.

    Me quede dormida y desperté pasadas 12 horas, como nueva, con una energía y vitalidad fresca. Me desperté más puta que nunca.