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  • La tía necesitada y el sobrino complaciente

    La tía necesitada y el sobrino complaciente

    Había jurado bandera y le dieran un permiso en el cuartel. En el pueblo no había mucho con que divertirse y cómo le gustaba la pesca fluvial, solía ir a pescar al río. ¡Tiempos aquellos en que los ríos eran ríos con aguas cristalinas y estaban repletos de truchas, anguilas…!, pero volvamos al río. Enrique, un tocayo mío, siempre pescaba en un recodo donde solían picar las truchas.

    Y como de costumbre paso a escribir el relato en primera persona.

    -Caíste, cabrona -dije al sacar una trucha del agua.

    Estaba tan enfrascado quitando el anzuelo de la boca de la trucha para meterla en la cesta con las otras que no la sentí llegar, pero oí su voz a mis espaldas.

    -Para cabrón tú.

    Me giré y le pregunté:

    -¿Qué pasó, Albina?

    -¡Y aún me lo preguntas!

    Me cogió los huevos con la mano derecha, y me dio dos bofetadas con la mano izquierda, una mano grande con dedos gordos: «Plas, plas», y me dijo:

    -Si te vuelves a tocar a mi hija te los arranco.

    Me tenía los huevos agarrados y podía apretar, le dije:

    -Vale, vale, lo que tú digas, tía.

    Me dio otras dos bofetadas de banda a banda: «Plas, plas.»

    -¡Es que si no lo haces te quedas sin huevos!

    -Suelta mis cojones y aclaremos este mal entendido.

    -¡¿Me vas a decir que no te pasaste por la piedra a tu prima?!

    Me miraba con ojos de loca. No podía negarlo. Tenía que ser sutil con ella.

    -No la pasé por la piedra, hicimos del amor, tía.

    Apretó un poquito y me estremecí.

    -¡A darle por culo le llamas tú hacer el amor!

    -¿Te lo contó todo?

    -Todo, con pelos y señales.

    -Entonces también te diría que fue ella la que se metió en mi habitación desnuda y más mojada que el mar Mediterráneo.

    -¡Pero es tu prima!

    -Y mayor de edad. Suéltame los cojones que si se te va la mano va a ocurrir una desgracia.

    -¡Desgracia lo eres tú, una desgracia humana.

    Al soltar mis huevos le hice una llave, la puse boca abajo sobre la hierba, sujete sus brazos en paralelo a su cuerpo con mis rodillas y le puse un brazo en la espalda. Jalé su cabello y le puse mi boca junto a su boca, Albina, revolviéndose y rabiosa quería morderme en los labios. Me dijo:

    -¡Falso!

    Su cabello olía a colonia y sus sobacos a desodorante Rexona. Albina se arreglara bien para darme cuatro bofetadas y cogerme los cojones. Le dije:

    -Marta es mayor de edad y vamos a follar cada vez que tenga ganas. ¿Entendido, Albina? Y ahora te voy follar a ti, ya me cansé de hacer pajas a tu salud.

    -¡Mal nacido! ¿Me vas a violar?

    -Te vas a dejar. Sé que tienes ganas.

    -¡Cabrón! Llevo dos años viuda y quieres ver si flaqueó.

    -Flaquearás. -hable con voz melosa-. Imagina mi polla gorda y jugosa en tu boca…

    -¡Te la arrancaría de un mordisco, cerdo!

    Le lamí una oreja.

    -Tu lengua lamiendo…

    -Sí, tu culo.

    -No lo descarto… Tu boca chupando mis cojones llenos de leche,

    -¡Te los arrancaría!

    Le lamí la otra oreja.

    -Los cojones yendo de un lado al otro dentro de la bolsa…

    -¡Desparramados sobre la hierba iban a quedar!

    Albina tenía 44 años, era robusta, de estatura mediana, tenía el cabello corto, los ojos azules, un culazo… Estaba muy buena, pero yo tampoco estaba mal, un metro setenta de estatura, buenos pectorales, cuidados deltoides, bíceps y tríceps, ancho de espalda, cintura estrecha, culo redondo y prieto, pelo cortito, ojos negros… No, no estaba nada mal, por eso sabía que le gustaba, por eso y por otras cosa que no revelaré ahora, le dije:

    -Te voy a calentar hasta que te dejes.

    -¡Suéltame, desgraciado!

    La besé el lado izquierdo del cuello.

    -Te voy a follar hasta que no puedas más, Albina? Te voy a bañar de leche y me vas a dar de beber los jugos de tus corridas.

    -¡Te voy a matar!

    Le chupé el lado derecho del cuello, y después le dije:

    -¿A polvos?

    -¡A hostias!

    La besé en los labios y casi me da un mordisco.

    -Acabarás dejando que te lo coma todo.

    -¡A una perra se lo vas a comer todo, perro!

    Volví a hablarle con voz melosa.

    -Mi lengua yendo de abajo arriba de tu coño mojado…

    -Sueña.

    -Entrando y saliendo de tu vagina…

    Le mordí el lóbulo de una oreja.

    -¡Serás cerdo!

    -Lamiendo tu pepita, de abajo a arriba, de un lado al otro…

    Le mordí el lóbulo de la otra oreja.

    -No me vas a calentar.

    -Acabarás corriéndote en mi boca.

    -Correr te voy a correr yo a ti, a palos.

    Ya no se revolvía, pero yo no le soltaba el cabello y no separaba más de cinco centímetros mi boca de su boca más que para besar, lamer y chupar su cuello y morder los lóbulos de sus orejas, le dije:

    -Ya estoy empalmado. ¿Tienes el coño mojado?

    Ella seguía lo suyo.

    -Lo que estás es muerto y no lo sabes.

    Ya ni ella misma se creía lo que decía

    -No te resistas, deja que te lleve al cielo.

    -Al infierno iríamos los dos.

    Le lamí y chupé los dos lados del cuello le lamí las orejas, le mordí los lóbulos, y después le dije:

    -¿Te dejarías si supieras que nadie se iba a enterar, Albina?

    -No digas tonterías, eres mi sobrino.

    -¿Y qué? No sería la primera tía que folla con su sobrino.

    -Se enterase mi cuñada me mataría.

    Ya se empezaba a dejar llevar por la calentura.

    -¿Te comieron el culo alguna vez?

    -¡Eres un guarro!

    Poniendo voz melosa de nuevo, le dije:

    -¿Mi lengua lamiendo tu ojete, dándole besos negros…?

    -Cochino.

    -¿No te gustaría que me corriera en tus tetas y que después te las mamara?

    -Estás loco.

    -¿No te gustaría que te comiera el coño después de correrme dentro!

    -Enfermo.

    -Si Marta te contó todo con pelos y señales también te diría que le encantó que le comiera el coño pringado con mi leche y que se corrió cómo una perra. No sé a qué viene lo de cerdo, lo de loco ni lo de enfermo.

    -No la creí.

    -¿Te calentaste cuando te dijo todo lo que le hice?

    -Me dio asco.

    Ya se había hecho de noche. La luna estaba llena y los grillos y las cigarras estaban de fiesta. En los chopos ya se refugiaran toda clase de pájaros para escapar del calor y descansar. Le bajé un poco las bragas. Estaban para tirar de tantas babas. Metí mi mano entre sus nalgas, con dos dedos toque su coño. Me salieron llenos de babas.

    Albina se quedó quieta, y me dijo:

    -Para, Enrique, para ahora y de esto no se entera nadie.

    -Tienes el coño cómo si hubieran llovido babas por él. ¿Me dejas ahora que te lo coma?

    -No. Sería una indecencia por mi parte, y yo soy muy decente.

    Le puse los dedos mojado de babas en los labios y cerró la boca. Volví a jalar su cabello, se los pasé por debajo de la nariz y después los chupé yo. Le besé el cuello… Saqué la polla, me eché encima de ella y la metí hacia abajo entre sus nalgas. Al tener las piernas cerradas rocé su coño y mojé la polla. Me dijo:

    -No sigas.

    Le cogí las nalgas con las dos manos y le pase la polla entre ellas cómo si fueran tetas.

    -Para, Enrique, para.

    Le pasé los cojones entre las nalgas y después froté la polla en el coño mojado y en el ojete y luego le lamí el ojete y le metí y saque la punta de la lengua. Albina ya tenía las manos libres y se podía dar la vuelta, pero seguía quieta con la cara apoyada en la hierba. Con voz dulce, me dijo:

    -Para, hombre, para.

    -¿De verdad quieres que pare, tía?

    -Sí.

    Sabía que no quería que parara porque echaba el culo hacia atrás cuando le entraba la punta de la lengua en el culo. Le pregunté:

    -¿Me dejas que te la meta en el culo?

    -No estaría bien.

    Le froté la polla en el ojete y le di dos cachetes en las nalgas.

    -¿Meto?

    -No.

    Le di otros dos cachetes y metí la punta.

    -Quita, quita.

    La quité, le di otros dos cachetes y se la volví a frotar en el ojete.

    -Meto.

    Ya se puso la soga al cuello

    -Solo un poquito, cómo antes.

    Le di dos cachetes más y metí la puntita otra vez.

    -¿Sigo metiendo, Albina?

    Ya se ahorcó.

    -Mete, pero despacito.

    Giré su cabeza con mimo. Besé sus labios, ella metió su lengua en mi boca, se la chupé y nos dimos un beso tan largo cómo húmedo, después del beso se quedó quieta cómo una muerta. Le metí el glande, repitió:

    -Despacito.

    Agarrando sus manos con las mías le follé el culo despacito al principio y a romper, sin piedad, cuando se puso a cuatro patas. Pasados unos minutos de «toma pirola, Manola», no pudo evitar comenzar a gemir, y no lo pudo evitar porque se estaba corriendo. Lo noté en que su ojete no paraba de abrirse y de cerrarse. Al cesar el tic-tac del culo, se la saqué y me corrí en la entrada de su coño. Luego le dije:

    -Quiero comer tu coño.

    -Come, cómelo hasta que me corra en tu boca.

    Me aparté y se dio la vuelta. Le subí la falda y le bajé las bragas hasta los tobillos. Le olí el coño profundamente un coño con una mata de pelo rizado que parecía un capo de helechos negros, y le dije:

    -Hueles a pecado, Albina.

    -Es que estamos pecando, Enrique.

    Me cogió la cabeza con una mano y me llevó la boca a su coño.

    -Huele bien.

    Flexionó las rodillas y se abrió de piernas. Besé el interior de sus muslos y lamí la humedad que había en ellos al lado del coño, lamí el coño, un coño lleno de leche y jugos, que más que coño parecía un bebedero de patos, y me preguntó:

    -¿A qué te huele?

    Me salió del alma.

    -¡A puta!

    -Pues cómelo, putero.

    Le metí el dedo pulgar en el coño, lo saqué pringado de jugos y con la yema le acaricié el ojete. Mi lengua le dio una lamida de abajo a arriba y salió cubierta de jugos que me tragué.

    -¿Vas a correrte en mi boca?

    -Para eso tienes que hacer que me corra.

    Le lamí un labio, le lamí el otro. Luego los separé con dos dedos y se los chupé, para acto seguido meter mitad de mi lengua dentro de su coño. Me dijo:

    -Vas bien.

    Le lamí el clítoris con suavidad, de abajo a arriba, lateralmente y alrededor.

    -Vas bien.

    Le eché con dos dedos el capuchón del clítoris hacia atrás, lamí el glande erecto varias vece y se lo chupé.

    -¡Vas muy bien!

    Le puse la lengua sobre su clítoris y presioné. Albina movió la pelvis en todos los sentidos. La mujer tardó muy poco en decir:

    -¡Me corro, Enrique!

    Le metí la lengua dentro de la vagina y ella, retorciéndose y gimiendo, me dio los jugos de su corrida.

    Al acabar, le bajé las copas de su sujetador negro y vi sus grandes tetas con areolas rosadas y pezones gorditos. Las cogí con las dos manos, metí la polla en medio de ellas, las apreté y se las follé. Albina cerró los ojos.

    -¿Y ahora que me vas a hacer?

    -Quiero correrme en tus tetas y después comerlas.

    -Lo estaba esperando con impaciencia.

    Me ayudó. Juntaba las tetas con mi polla dentro, las separaba, me mamaba la polla, las volvía a juntar… No tardé mucho en correrme… Con veinte años se tiene leche para descarrilar un tren. Le cubrí los pezones y las areolas con ella y aún eche algún chorrito de la leche por los lados de las tetas. Lamí la leche de sus pezones, y lamí y después mamé sus areolas y para acabar lamí la de los lados de las tetas, después, le pregunté

    -¿Qué hacemos, subes las bragas o te las acabo de quitar?

    Se sentó, se comenzó a desnudar, y me respondió:

    -Desnúdate

    Me bajé los pantalones, me quité las zapatillas, quite la camisa, y al estar en pelotas, me dijo:

    -¡Qué bueno estás, cabrón! ¡¡Te voy a dejar seco!!

    Al estar desnuda se arrodilló delante de mí y me masturbó. Escupió en su mamo callosa de trabajar el campo y me la meneó, aún con saliva se sentía áspera. Me lamió y chupó los cojones y sintió cómo se iba uno para un lado y otro para el otro nadando entre la leche. Lamió la polla de abajo a arriba y de arriba a abajo. Me lamió la cabeza, la chupó, chupó la polla casi entera… Se hartó de polla. Al sentir que me iba a venir, le dije:

    -¿Quieres leche calentita en tu boca?

    Me respondió.

    -La quiero en otro sitio.

    Al correrme la sacó de la boca y la frotó en sus tetas, después se levantó y me dijo:

    -Mama mis tetas.

    Le gustara lo que le hiciera, ya que quería una repetición, y la tuvo, lamí y mamé hasta dejar sus grandes tetas limpias, después me agaché y le lamí el coño mojado. Me dijo:

    -Haz que me corra otra vez, Enrique.

    La saludé poniendo la mano en mi sien derecha y le dije:

    -¡A sus órdenes, mi capitana!

    Le hice otra mamada de coño. Al rato, la capitana comenzó a dar órdenes.

    -Chupa más fuerte mi pepita -le chupé el clítoris cómo me dijo-. Lame… chupa… lame… lame… chupa… lame… más aprisa, mas… ¡¡Toma!! -dijo echando la pelvis hacia delante y corriéndose en mi boca.

    Me tragué sus jugos y me relamí. Después se puso a cuatro patas.

    -Dentro de mi chocho no te corras, pero para correrte dentro del otro sitio tienes mi permiso.

    Me acababa de decir que se la podía volver a meter en el culo, no, insinuó que le gustaba por el culo, fuera cómo fuera la cogí por la cintura y pasé mi lengua entre sus nalgas varias veces, después moví puntita alrededor de su ojete, que comenzó a abrirse y a cerrarse esperado que entrara dentro de él, y entró, y la quiso apretar y se le escapó, volvió a entrar y se le volvió a escapar…, y así estuvo el ojete largo rato queriendo comer cada vez con más ganas. Albina se puso tan cachonda, se folló el coño con dos dedos, Al ver lo que hacía le puse la polla junto a los dedos, la cogió la metió hasta el fondo, y me dijo:

    -Dame duro.

    La follé a romper. Sus dedos volaron sobré el clítoris y poco después, con sus piernas sacudiéndose y jadeando cómo una perra, se vino diciendo:

    -¡Pedazo de corrida!

    Baño mi polla y bailó con ella ritmos acompasados. Ahora te aprieto, ahora te suelto, ahora te aprieto… A duras penas pude aguantar. Nada más acabó le metí el glande en el culo y me corrí mientras mi polla iba entrando en él.

    Al acabar de correrme, y mientras nos vestíamos, me dijo:

    -Gocé cómo nunca, Enrique.

    Cogió tres billetes de mil pesetas que tenía doblados dentro de un zapato y me los dio.

    -Para que te sea más llevadera la mili.

    -El trato eran mil, Albina. ¿No echara en falta tu marido tanto dinero?

    -Ese anda borracho día y noche, no se entera de nada.

    -¿Y tus hijos?

    -Marta y Enrique no saben lo que tengo.

    Quique.

  • Una velada inesperada

    Una velada inesperada

    Pasadas dos semanas desde que mi esposa se atrevió a tener sexo con un desconocido, en un pequeño bar swinger, volvimos a considerar la posibilidad de repetir la experiencia, quizá con un poco más de conocimiento sobre cómo abordar las situaciones y cómo comportarnos a la hora de que se nos presentara la oportunidad.  En general, no teníamos idea de cómo anunciar que estábamos disponibles para tener una experiencia sexual con quien estuviera interesado. Hasta ahora estábamos aprendiendo y éramos inexpertos.

    Así que volvimos a visitar el bar swinger. No había muchas parejas aquella noche, pero sí varios hombres solos. Imaginé que sería cuestión de tiempo que ellos nos abordaran, porque nos miraban y conversaban entre ellos una y otra vez. Nelly, la mujer exhibicionista que habíamos visto la vez anterior, también estaba allí. En su mesa se la veía a ella, acompañada de su esposo y otras dos parejas. Como esperábamos, con el paso del tiempo, ella se levantó de la mesa y se dirigió al centro de la pista de baile donde, al compás de la música, realizó un entretenido y atrevido striptease. En desarrollo de su acto, ella se paseaba por todas las mesas, arrimando su vagina a la cara de los caballeros que allí estaban, frente a sus parejas, quienes reían y aplaudían las ocurrencias de ésta desenvuelta mujer. Al final, cuando la música estaba próxima a concluir, ella se sentaba en una silla, levantando y abriendo sus piernas, exponiendo su sexo a la vista de todos.

    No pasó mucho tiempo para que se nos acercara un muchacho e invitara a bailar a mi esposa. Ella aceptó y ambos se dirigieron al centro de la pista de baile. Las tandas de música se sucedieron una tras otra, pero, la verdad, aparte de bailar de manera normal, no percibí que aquel muchacho hiciera algo que la calentara a ella y más bien se veía que bailaban y conversaban animadamente. Al rato, sin embargo, al terminar una de las tandas, ellos, en lugar de regresar a la mesa, se dirigieron a la sala de fantasías. Él iba adelante y la halaba a ella, que iba cogida de su mano, ligeramente atrás. Ni siquiera voltearon a mirarme, así que me levanté y les seguí, quedándome a la entrada de la sala, mirando lo qué iba a suceder.

    El, en ese escenario, de inmediato mandó sus manos a los senos de mi mujer y trató de besarla, pero ella, por alguna razón lo evitó, aunque dejó que le acariciara sus senos. Estaban abrazados y, al parecer, la situación iba tornándose más caliente. El muchacho, hábilmente, desabotonó la falda de mi mujer, de modo que esta cayó al piso, quedando ella vestida únicamente con sus pantimedias, pero, por alguna razón, ella se separó de él. Algo le decía mientras recogía su falda y se la acomodaba de nuevo. Puedo decir, que se arrepintió. Y sin más, salió de allí dirigiéndose a nuestra mesa, sin darse cuenta que yo estaba a un lado de la puerta.

    De modo que llegue a la mesa cuando ella ya estaba sentándose. Y ¿ya se cansaron de bailar? pregunté. Creo que sí, me respondió. ¿Qué se hizo el muchacho? Insistí. Me dijo, no sé. Pasaron unos minutos y el joven volvió a aparecer. Me dijo que lamentaba que él no fuera del agrado de ella y que quizá en otra ocasión se pudiera lograr algo, porque no había sido el momento aquella noche. Bueno, le dije yo, en este caso no puedo decir nada, porque es ella quien decide si lo hace o no, y no hay ninguna obligación ni compromiso con nadie. Entiendo, le dije, que uno puede sentirse un poco frustrado y hasta engañado, pero si la mujer dice que no es no, y no hay nada que hacer. Yo no la puedo convencer. Si, lo entiendo; esto es así, dijo. Solo venía a despedirme y a decirles que me encantó conocerlos y que quizá en otra oportunidad se pueden dar las cosas. Y no siendo más, se retiró.

    Quedamos mi esposa y yo ahí, solos, y comentamos acerca de lo sucedido. Me dijo que ciertamente se había excitado y que había sentido miedo, de manera que no quiso seguir adelante. Hablamos sobre esa percepción y cómo manejarla, pues resultaba ambiguo que nosotros buscáramos esas experiencias si no estábamos seguros sobre lo que realmente queríamos. Comentamos que tal vez lo que queríamos era ver cómo funcionaban las cosas y no necesariamente ser partícipe de ellas. Sin embargo, para ello, teníamos que compartir situaciones y experiencias.

    Estábamos ahí, dedicados a conversar, cuando una mujer me invitó a bailar. Yo acepté. Se trataba de una de las acompañantes de Nelly, aquella mujer que hizo el show y que aún estaba en el lugar. El marido de ella, simultáneamente, sacó a bailar a mi mujer. Ella también aceptó. Entre baile y baile, aquella mujer me invitó a acompañarlos, a su residencia, manifestando que podíamos conocernos mejor y pasar un rato agradable. Le dije que iba a consultar con mi esposa, pero ella se me adelantó pues ya le habían hecho la misma propuesta y sin decirme nada, había aceptado. Me indicó que le llamaba la atención ir allí…

    Bueno… Estando los dos de acuerdo, pronto nos vimos metidos en un taxi, acompañados por otras dos parejas, yendo quién sabe a dónde. Y lo cierto es que la naturaleza de la propuesta y la presencia de los acompañantes nos causaban cierto temor, pero aun así seguimos adelante.

    El sitio estaba bastante retirado de donde nos encontrábamos. En el trayecto paramos en una droguería. Ellos estaban buscando reservativos, pero no los consiguieron. Y poco después llegamos a un taller de mecánica. A mí me entró cierta desconfianza, pero ya estábamos metidos en el cuento, así que seguimos la corriente. Entramos al lugar y nos dirigimos a un segundo piso donde, para nuestra tranquilidad, había una vivienda; un apartamento modesto, pero cómodo y bien dispuesto.

    No más llegar nos acomodamos en la sala. Ellos empezaron a preguntarnos sobre lo que había sucedido en aquel lugar swinger, así que les contamos la experiencia. Ellos estaban intrigados sobre por qué yo no participaba y solo miraba. Les indicamos que éramos nuevos en aquello y que realmente teníamos dudas sobre cómo debíamos comportarnos, pues no había confianza con las personas que recién conocíamos.

    Las dos mujeres se miraron pícaramente y empezaron a decirle a mi mujer, que si lo que quería era aventura, ellas se lo podían proporcionar. Y así, diciendo y haciendo, en aquella misma sala, en frente de tres hombres, donde yo me incluía, empezaron a desnudarla y a manifestarle que le iban a chupar el coño para que gimiera hasta más no poder, que iban a acariciarle la cuca para que aprendiera lo que era gozar el sexo y cada una de ellas se ufanaba de todas las conquistas que habían hecho.

    Ellas también, poco a poco, se fueron desnudando. De modo que bien pronto los hombres que estábamos ahí pudimos ver a tres mujeres que se besaban y acariciaban frenéticamente. Ellas ocupaban sus manos en cada espacio del cuerpo de mi esposa, una la besaba y le acariciaba los senos mientras la otra chupaba con fascinación su sexo y le acariciaba sus nalgas y piernas. Después, cada una de ellas se montaba en su cara para que ella le chupara sus sexos, lo cual hizo sin decir una palabra.

    Debo decir que aquella imagen era bien excitante. Mientras lo hacían, aquellas mujeres proferían frases de todo tipo, lo cual calentaba aún más el ambiente. Uno de los hombres se desnudó y empezó a masturbarse viendo aquella escena. Y el otro, al poco tiempo, hizo lo mismo. De modo que ahora eran cinco personas desnudas, en un cruce de cuerpos, que se rozaban uno a otro.

    Los hombres empezaron a acariciar a sus mujeres, quienes no dejaban de prestar atención a mi mujer, quien se estaba preocupando un poco pues pensaba que aquellos dos animales la iban a penetrar y eso nunca lo había considerado, además que se encontraba muy a gusto con la atención de aquellas dos damas.

    De pronto, y sin decir una palabra, ellas dieron espacio para que sus maridos atendieran a mi mujer. Uno de ellos se dedicó a chupar su sexo mientras que el otro puso su miembro en la boca de ella para que le deleitara con una delicada mamada, lo cual hizo de manera por demás obediente. Luego, aquellos dos cambiaban de posición, así que la señora pudo deleitar dos miembros, uno a uno…

    Nelly, se quedó mirando la escena, y la otra mujer vino a mí para mamar mi miembro, que estaba erecto ante tanta excitación. Ella jugueteó conmigo y yo traté de penetrarla, pero me dijo que sin condón era mejor evitarlo. Me sentí cortado, pero acepté su punto de vista. Y dejé que me lo mamara, todo lo que quisiera, hasta que, ya no aguanté, y me vine en su boca. Ella siguió en su tarea, trago mi semen y me dejó limpiecito. Y al final, con una sonrisa picarona, me dio un beso, que me supo un tanto salado.

    Mi mujer, que seguía en manos de aquellos, se mostraba un tanto preocupada porque el contacto de aquellos era bastante cercano y en cualquier momento podía ser penetrada. Sin embargo, aquellos prometieron que no lo harían, porque no tenían preservativos, y se dedicaron a besarla, acariciarla, a frotar sus sexos contra el de ella, todo dentro de un respeto que causaba admiración y también mucha excitación.

    Uno de los hombres volteó a mirar a una de las mujeres y dijo, comadre, con usted si tengo confianza, y sin decirse nada más la fue penetrando. Tanto mi esposa, como yo, vimos como aquel penetraba a esa mujer. Había mucha familiaridad. Nelly, la esposa de aquel hombre, tan solo miraba, sin decir palabra. El dispuso de ella en varias posiciones y así estuvieron un rato. Pero, de pronto, el volvió a dirigir la mirada a mi mujer, que estaba siendo atendida por su compadre, el esposo de la mujer a la que acababa de penetrar.

    Ahora, los dos hombres, nuevamente se dedicaron a atender a mi esposa. Ella, para nada, rehusaba lo que estaba sucediendo, y les permitía que la tocasen e hicieran con ella lo que fuera. Parecía que disfrutaba el momento tal como se estaba presentando. Los dos machos se la turnaban, la volteaban como si la fueran a penetrar por su culo, pero lo único que hacían era frotar sus miembros contra su piel, por delante, por detrás, a brindárselo para que ella lo mamara hasta que, en un momento dado, aquellos hicieron explotar sus vergas en chasquidos simultáneos. Prácticamente se masturbaron con ella. Pasado esto se quedaron allí, reposando un rato y, pasados unos minutos, nos invitaron a que les dejáramos, pues podíamos gozar mucho más en el futuro, fue lo que dijeron.

    Para mi fue extraño, pues nunca había tenido la oportunidad de ver a mi mujer sumergida en un bacanal como ese y percibir como disfrutaba. Para nada le importó que se tratara de extraños. Su cuerpo respondió a las caricias de todos ellos y gozó lo que en su momento sintió. Poco después y pasado el agite de todo aquello, nos despedimos. Ellos, desnudos, como estaban, nos acompañaron hasta la puerta, no sin antes darle a mi mujer un último apretón en las nalgas y un beso de despedida. Ella, casi que decide quedarse nuevamente…

    Después, ya en nuestro hogar, conversamos sobre lo que había pasado. Me pasó por la mente pensar que ellos, vengando al muchacho que había rechazado mi mujer en aquel lugar, y que a lo mejor era conocido, hicieron todo lo que él no pudo hacer. De todos modos, quedó pendiente que la penetraran, no sé si por la excusa de la falta de condones o, a propósito, para que ella se sintiera también un tanto rechazada, y frustrada ante lo que pudo ser y no fue. Lo cierto es que aquello fue una velada inesperada.

  • Me gusta verte y te gusta que te vea

    Me gusta verte y te gusta que te vea

    Era posiblemente tu última noche de vacaciones en esa casa rural con vistas a la montaña y a los bosques que rodeaban la casa donde habías pasado tu última semana.

    Así que decidiste tomarte un tiempo para ti, para gozar de aquella tranquilidad y aquel aire puro que tanto anhelabas, una noche con una gran luna blanca que alumbraba aquel porche donde estabas y con aquellas estrellas que tanto te gusta ver.

    Cogiste un café solo, te echaste unos hielos y decidiste sentarte en aquella hamaca cubierta por una toalla. Era ya muy tarde, de madrugada y estabas con tu cafecito, tus hielos y aquella brisa tan refrescante.

    Acabado el café, te tumbaste en la hamaca y estando sola te entraron ganas de relajarte un poco más, estabas solo con un tanga, así cogiste un hielo y lo pasaste por tus labios carnosos, por tu cuello, notabas como se te ponía la piel de gallina.

    Bajaste un poco más, a tus pechos, poniendo esos pezones duros, jugando por las areolas, metiéndolo entre ellos por tu canalillo.

    De repente miraste hacia un lado y entre los matorrales vistes algo conocido, era yo, que te estaba espiando mientras tú jugabas con aquel hielo derretido casi por completo, no te asustaste, es más te gustó que te mirara. Así que cogiste otro hielo y seguiste jugando mirándome.

    Dejabas caer las gotas de agua por tu cuerpo, notando como bajaban por tu abdomen y mojaban el elástico de tu tanga, y así bajabas con el hielo entre tus dedos por tus muslos entre algún que otro suspiro de satisfacción.

    Era una visión tan sexi para mi como para tu morbosa.

    Inesperadamente se escuchó la puerta que daba desde la cocina al porche, era tu chico que también bajó a despejarse un poco y a gozar de aquellas vistas una última noche, al verte volvió a la cocina a por unas copas de vino y ese tinto que tanto te gusta.

    -Te apetece -dijo él.

    A lo que tú con una leve inclinación de cabeza dijiste que sí.

    Sentados los dos, bebiendo aquel vino, el fresco de la noche estrellada, tú chico te miró y os besasteis, aunque tú estabas algo cortada y él lo notó.

    -Qué te pasa, no te apetece una última noche al aire libre sentirnos más a gusto?

    -Sí, pero nos pueden ver, contestaste.

    Con una muesca de risa en la cara él dijo que no había nadie, que la única que iba a sentir envidia era la luna viendo a juntar vuestros labios.

    Tu sabias que no era solo la luna, que allí, tras los matorrales estaba yo mirando. Así que entre tu chico y aquella situación tan morbosa seguiste besándole, acariciándole, notando como de su bañador crecía su miembro lenta, pero firmemente.

    Le pediste que se pusiera de pie y se bajara el bañador, a lo que él encantado accedió.

    Tus labios empezaron a ponerse frente a su capullo, tu lengua recorría si miembro hasta metértelo en la boca, escupiendo en él empezaste a menearlo, a pajearle con ritmo y suavidad, mientras él acariciaba unos de tus pechos, jugando con sus dedos en tu pezón.

    Te acomodaste poniéndote de rodillas para que yo, desde la distancia viera como le hacías aquella felación, se notaba desde la distancia la excitación que teníais, tanto era que cogió y te tumbó de nuevo en la hamaca para empezar a lamer y chupar tus pechos mientras sus dedos jugaban con tu sexo entrando y saliendo de él. Tú solo suspirabas y gozabas mirándome.

    Empezó a penetrarte encima de ti, besándoos, acariciados, sintiendo como con vuestras manos y con aquella brisa os acariciaba, gemíais, gritabas de placer…

    Cambiasteis de posturas, él tumbado en la hamaca y tú encima de él, cabalgándolo mientras sus manos no dejaban tus pechos y tus ojos se clavaban en mí.

    Tal era la excitación que te corriste encima de él, llenando sus huevos con tus fluidos.

    Poco después te pusiste a 4 patas, de cara a mí, para que él entrara agarrando tu cintura.

    Hay recodaste dos cosas que me encantaban, empezaste a morderte los labios y a decirle que no parara.

    -Sigue, cabrón. Dame más. -Le decías a gritos como poseída por la luna, mientras tus pechos rozaban la toalla ya húmeda de ti.

    Él lo hacía con más ganas, más ansias, agarrándote de los hombros para hacer más fuerzas y que le sintieras más dentro, aunque tu cabeza y yo sabíamos que le que en ese momento te estaba penetrando era yo.

    Te volviste a correr y él iba hacer los propios. Así que la sacó y dándote la vuelta se corrió sobre tus pechos llenándolos de leche caliente que caía por ellos.

    Él se fue a la ducha, mientras tú te quedaste un poco más tumbada en la hamaca mirándome.

    Cuando, ya más que relajada, te levantaste, te limpiaste con la toalla, tu mano acarició tu sexo y me tiraste un beso de buenas noches.

    Así fue tu última noche de vacaciones antes de volver a tu casa.

    Espero que te guste un cachito.

  • Medicamentos milagrosos

    Medicamentos milagrosos

    Mi nombre es Alejandro, tengo actualmente 22 años y tengo una hermana de 19 Danna. Vivimos con mi madre llamada Ivette, la cual se ha encargado de nosotros desde que ella y mi padre se divorciaron. Mi padre hizo vida con otra mujer y vive en otra ciudad. Mi madre siempre ha tenido puestos altos en el servicio público. Todos los días ella se levantaba temprano para arreglarse e ir impecable al trabajo. Ella es bajita, piel no tan morenita, un busto normal, pero donde ella daba cátedra era de la cintura hacia abajo. Tenía un trasero que para mi desgracia todo el mundo volteaba a ver.

    Al ser una persona muy curiosa, navegando por la red empecé a encontrar relatos de amor filial y de ahí fue donde mi locura empezó a nacer. Desde ese momento aprovechaba cualquier momento para quedarme solo en la casa y empezar a buscar en los cajones de ella, en el cesto de la ropa. Sus pantys, sus medias y sobre todo el oler todos sus tacones y calzado. Lo mismo hacía con mi hermana, pero no me llamaba tanto la atención como mi madre. Lamentablemente era algo que nunca podría pasar.

    Llegaron las vacaciones largas y me fui a trabajar al pueblo de donde son los padres de mi papá. Él es dueño de la veterinaria más grande de la región y por ende de la farmacia. Todos los ganaderos de la región van y buscan sus productos. Era todo un mes el que iba a estar ahí.

    Empezaron mis primeras dos semanas sin novedad. Un día llegó un ganadero y me pidió unas pastillas las cuales son para calentar al animal hembra. En ese momento me pasó por la mente y me puse a investigar en un libro que tiene mi abuelo y encontré otro medicamento el cual tenía el mismo efecto, pero era para animales más pequeños. Me fui al inventario y vi que había tres frascos existentes. Me gasté casi lo que había ganado con mi trabajo. No sé el porqué los compré los tres y sin un fin específico más que el morbo y la calentura.

    Seguí investigando y me encontré un medicamento el cual era un sedante. Chequé en el internet y ese mismo medicamento se utilizaba para que una persona pueda dormir (somnolienta). Fui a checar el inventario y que compro los frascos que tenía. Eran dos frascos con 60 cápsulas cada uno en presentación de 2 mg. Como quien dice adiós mi sueldo de ese mes. Hasta este momento no sabía que iba hacer con ellos, pero si sabía que era la puerta para que algo pudiera suceder, como quien dice compré las armas por si iba a la guerra.

    Regresé a mi casa y al llegar todos los medicamentos los escondí en un saco viejo que tenía y me olvidé de él. Como dije, si tenía la oportunidad y el valor algún día lo utilizaría. Pasó el tiempo y me olvidé de ese tesoro que tenía ahí.

    En el mes de diciembre cumplió mi hermana años. El día es específico fue muy ocupado desde temprano. Desde las 5 de la mañana se levantaron mi mamá y mi hermana. Tomamos un café y empezaron todas nuestras actividades. Para mediodía ya había acabado todas mis actividades que mi madre ya me había asignado. Por lo que fui a casa de mi tía y le pedí de favor que si podría descansar un rato ya que si llegaba a mi casa me asignarían más tareas. Dormí cerca de 4 horas y me despertó el celular. Cuando contesté mi madre estaba molesta y me preguntó qué donde estaba. Le dije que estaba por llegar. Cuando llegué me vestí y estaba justo a tiempo para llevarlas a la sesión de fotos.

    Con las carreras no me había percatado de mi mamá ni de mi hermana. Ya en la sesión fue cuando las empecé a ver detalladamente sobre todo a mi madre. En ese momento me perdí, no dejaba de verla. De ver cómo se le veía el vestido y esté reflejaba su cuerpo espectacular. Saqué mi celular y empecé a sacarle fotos, me imagino que ella pensó que estaba fotografiando a la cumpleañera, pero la verdad era que el centro de atención era ella.

    Se terminó la sesión y nos fuimos en el carro y volteaba de reojo a verla desde los pues hasta su escote. Era toda una muñequita. Llegamos a la iglesia. Aprovechando que ahí nadie me veía me fui a la casa por el frasco de las gotas estaba decidido que este día iba a probar ese medicamento. Cuando estaba el saco, saqué el frasco y vi también el de las pastillas. Lo abrí y saqué 5 pastillas.

    Me fui a la iglesia y de ahí nos pasamos a la fiesta, en el camino, la primera levantada de verga me la dio mi hermana con un simple comentario. “Mamá vamos acabar muertas estamos desde las 5 despiertos”.

    Ya en la fiesta los brindis y las fotos no se hicieron esperar, como a las dos horas me percaté que mi mamá andaba un poco alegre en la cuestión del alcohol y desde ese momento no le perdí la vista. Cuando era pasada de medianoche fui por una copa de champagne y le puse tres gotas y se la lleve a mi mamá. Ahí fue mi segunda levantada de verga, cuando se la di y le dije salud se la tomó de un solo golpe, acto seguido me tomó de la mano y nos fuimos a la pista. El evento se terminaba a las 2 de la mañana. Tengo lujo de detalle porque a partir de las 11 yo tenía sentido en todo referente a mi madre y mi hermana.

    A la 1 pasada, pusieron música regional y todos agarraron sus parejas y yo ni tarde ni perezoso (no sé si por la calentura que traía o por la reacción de mi madre) la jalé de la mano hacia mí, la agarré de la cintura y ella entre gemido y quejido por la fuerza hizo un sonido. Y lo que salió de mi boca fue un “Shhhh… no te quejes y disfruta”, ella solo atinó a sacar un pequeño y diminuto gemido (cómo asintiendo). En voz autoritaria le dije “No te escuché, que dijiste…” y ella devuelta en voz baja dijo “Está bien”. Seguimos bailando y veía como mi madre sudaba y cuando se hizo una pausa, fuimos a la mesa y ahí se tomó un vaso de wisky (me imagino que era el calor). Empezó la música y sin pregúntarle volvimos a bailar, cuando la música terminó y se dio por finalizado el evento, mi madre me dijo que quería ir al baño. Le dije que mejor fuera a la casa que ya mero nos íbamos, no me quería despegar de ella en ningún momento y lo mejor de todo que ella no se oponía a nada.

    Juntamos las cosas y mi madre casi no ayudaba en mucho y se veía muy incómoda. La llevé al carro y le dije que se subiera y la subí un poco brusco (en ese momento la veía como mi muñequita) y ella no decía nada eso me tenía muy excitado. Le dije “no te vayas a dormir” y ella nada más asintió. Le pregunté que si tenía sed y me dijo que sí. Le dije que le iba atraer algo de tomar.

    Fui a la cajuela y saqué tres termos. En uno preparé una bebida energética para mí, el segundo prepare un wisky con Red Bull y le puse dos pastillas molidas y tres gotitas y por último otro muy cargado de wisky y dos gotitas más. Me subo al carro y ya casi todos se habían ido ya mi hermana estaba despidiendo a las últimas de sus amigas. Le entregué su termo a mi madre y le digo que se lo tome y ella sin decir ni pío se lo tomó de un trago (insisto traía un calor interno que no podía con el).

    Cuando mi hermana se subió al carro le di el termo y se empezó a reír. Me dijo “tiene alcohol” y le dije que sí y terminé con un feliz cumpleaños. “Y mi mamá no me va a decir nada, no claro que no, ella ya está dormida” (claro que no estaba dormida) ella tenía los ojos abiertos y la boca también. Ahí mi madre hizo que se me parara la verga al verla como su baba le escurría.

    Mi hermana le dio el primer trago y me dijo “que amargo sabe”. “Así es hermanita así es el primer trago ya después le agarras el sabor”. Me imagino que era por el medicamento. Seguimos el camino y cuando llegamos a la casa mi hermana ya se había terminado su vaso. Metí el carro al garaje y le empecé a sacar plática que como se la había pasado. Que si le había gustado su cumpleaños, etc. Ella contestaba incoherentemente y un poco perdida yo aprovechaba para tocarle las piernas a mi madre, que con cada toque de piernas se estremecía. Me bajé y ayudé a mi hermana a bajar la cual también la empecé a tratar como una muñeca. La llevé a su cuarto y la tiré a su cama como trapo, ella nada más se quejó y le dije “cállate y duérmete”. Ella no dijo nada, el cuarto se quedó en silencio.

    Pues llegó la hora de la verdad, fui al carro por mi madre y le hablé por su nombre. “Ivette bájate ya llegamos” y ella no hacía nada. Con mi dedo índice lo llevé a su mejilla la cual estaba complemente babeada y empecé a meter el dedo en su boca. Ella no oponía resistencia al contrario abría más la boca. Le meto otro dedo a la boca y jugaba con su lengua. Estuve jugando un poco con su boca y la ayudé a bajar. Ella estaba fuera de sí. La llevé a mi cuarto y la acosté boca abajo. La contemplé un momento y por fin esa mujer a la que tanto había visto y fantaseado con ella iba hacer mía.

    Lo siguiente me dejó loco, cuando le quité los zapatos de tacón traía los pies mojados. “Mira nada más como sudaste ehhh…” le subí el vestido y las piernas igual y el olor era un olor embriagante.

    Cuando llegué a la parte de la panty que era de color beige, estaba completamente empapada. Se lo empecé a bajar y por lo empapada y lo pegajoso no quería ceder. Estaba excitada y fuera de sí. Me metí entre sus nalgas y empecé a lamer todo lo que podía, mi madre empezó a gemir y de repente se contorsionaba.

    Le empecé a lamer de arriba abajo y estaba como loco. Ya no pude más con mi palo y me puse en posición para penetrarla. No batallé en lo absoluto. El sonido que hacía mi pene entrando con toda esa humedad yo creo que cualquiera que estuviera cerca sabría lo que estaba pasando en ese cuarto.

    Así estuve muy buen tiempo, la volteé y le bajé el escote y le empecé a chupar esos senos, esos pezones los succionaba de una manera brutal, ella no paraba de gemir y yo ya con todo lo que estaba viviendo no iba aguantar mucho más. Puse mi pene cerca de si boca y le dije “chúpamelo”, me valía si estaba dormida o despierta.

    Lo que si es que su boca se abrió y le daba duro el mete y saca, escuchaba como hacía pecarás pero eso no me importaba, como dije no aguanté mucho y me vine dentro de su boca. Me aseguré de que todo quedara dentro de ella.

    Cuando estaba completamente vacío, saqué mi pene y le cerré la boca, se la tapé y le dije “trágate todo”, ella no dijo nada. Yo pensé que no había escuchado, cuando escucho ese sonido de cuando estás tomada de un solo trago un refresco. No me lo podía creer se lo había tragado todo.

    Me quedé acostado a lado de ella un momento y seguí jugando con su coño. La desnudé completamente y me llevé toda la ropa que le quité a su cuarto. Le saqué un panty similar del mismo color y su piyama y la limpié completamente bien. La sequé completamente y la vestí.

    Me la llevé a su cuarto no sin antes quedarme con el regalo de su panty para el día siguiente. La dejé en su cama no sin antes darle una nalgada fuerte a mi nueva muñeca.

    Lógico que ese día todavía no terminaba.

  • Mi propia esclava sexual

    Mi propia esclava sexual

    Les contaré la historia de cómo obtuve a una esclava haitiana, por privacidad cambiaré los nombres reales en esta historia, y para empezar quiero dejar en claro que no soy racista, ni xenófobo, ni nada por el estilo.  Esto solo sucedió sin que me lo esperara.

    Mi nombre es Thomas y vivo en un terreno en el sur bastante grande, donde tengo mi casa, donde hay un pequeño bosque y pasa el cauce de un rio por el lugar, así que cerca del bosque construí unas cabañas que arriendo y vivo de eso, junto con actividades que organizo en temporadas de invierno y verano, mi casa está bastante lejos del lugar así que siempre tengo mi privacidad. En mi casa tengo una piscina, un gimnasio personal, entre otras cosas.

    Heredé el terreno de mi padre a los 18 años, junto con una buena suma de dinero.

    Tengo 25 años, soy de pelo castaño oscuro, mido 1,66, me mantengo en forma y mi pene es tamaño promedio, alrededor de los 17 cm, pero es un poco más grueso de lo normal.

    Cuando tenía 20 años llegó una familia de haitianos buscando trabajo, me pareció extraño, ya que donde vivo está a unos kilómetros de la ciudad, en verdad se veían súper mal, estaban flacos y con la ropa sucia. Eran una familia de tres, el esposo Jack, la esposa Linda, y la hija Tatiana, de los tres solamente Linda hablaba un poco de español, el esposo y la niña solo hablaban creol (creo que así se escribe, el idioma nativo de ellos) y francés.

    Entonces me entendí con Linda. Me pidieron que, si podía darles trabajo, al menos por el día para que pudieran comer y seguir buscando trabajo, les pregunté que si tenían donde quedarse, y ella me dice que no, entonces vuelve a preguntarme si podía darles trabajo, que harían cualquier cosa.

    Entonces los invité a pasar a mi casa, les di de comer y hablamos un buen rato para conocerlos y ver que podía hacer por ellos. En realidad, necesitaba un par de manos que me ayudaran a cuidar el lugar, pero sus documentos están vencidos ya bastante tiempo, así que no puedo ofrecerles un trabajo legalmente con contrato y todo lo que ello implica. Entonces les digo que puedo ofrecerles trabajo, pero no podré hacerles contrato ni ayudarlos a que no estén de ilegales, les digo que pueden quedarse conmigo, les daré de comer y algo de dinero por el trabajo que hagan, y si después quieren juntar ese dinero y buscar algo que les dé estabilidad en el país pues que así sea.

    Ellos aceptan la propuesta. Entonces le digo a Linda que Jack puede ayudarme a mantener el terreno, y las cabañas, y ella me puede ayudar con los deberes de la casa, ellos aceptan y me quedan mirando, y les pregunto si pasa algo, entonces Linda me dice que no le he dicho a Tatiana sus deberes, entonces les digo que ella es solo una niña (resulta que tiene solo 13 años en ese momento), pero Linda insiste en que ella también debe trabajar, entonces le digo que la puede ayudar con los deberes de la casa.

    Entonces terminamos de comer, le digo a Jack que me acompañe para enseñarle las cosas que debe hacer, y Linda y su hija se quedan en la casa limpiando la mesa. El día acaba y nos ponemos a cenar. Entonces les digo que pueden ocupar el baño que está en el primer piso para bañarse y pueden lavar esa ropa, entonces a Jack le regalo ropa vieja que tenía pensado tirar, y le dije a Linda que sé que no es mucho, pero ellas también podían usar esa ropa y mañana iremos a la ciudad para comprarles algo de ropa a ella y Tatiana.

    Y así pasan los años y ellos se quedan conmigo en mi casa ayudándome con el trabajo a cambio de comida, donde dormir y algo de dinero. Tatiana va creciendo y se vuelve una chica bien bonita, tiene unos ojos hermosos y va adoptando un cuerpazo que hace que siempre la quede mirando, tiene unos pechos grandes y hermosos, un culo respingón y una piel como chocolate brillante.

    Tatiana y Jack ya saben hablar español y nos entendemos todos mucho mejor, han tomado bastante confianza conmigo, casi parecemos una familia. El problema es que Tatiana es demasiado desinhibida y no se da cuenta de que ya no es esa niña de 13 años que conocí, ahora tiene 18 años y a veces la veo solo en ropa interior por la casa o cuando está lavando los platos se salpica con agua y no lleva ropa interior y se traslucen sus grandes pechos, y la verdad eso me pone incómodo. Es bastante cariñosa conmigo, se sienta en mis piernas, me abraza y me besa en la mejilla, y al parecer a sus padres no les molesta, porque a pesar de que la ven caminando en ropa interior por la casa o con la polera mojada mostrando sus pechos no dicen nada, al menos nunca los he escuchado hablar sobre eso.

    Un día las cosas se empiezan a poner extrañas, ya que cuando están frente a mí me miran, pero no dicen nada, a veces voy a buscar a Linda o a Tatiana para que vayan a hacer las compras al supermercado y los veo a los tres hablando, pero en su idioma y no entiendo lo que dicen. Pasan varias semanas así, entonces un día en la cena les pregunto qué ocurre, llevan varias semanas actuando extraño y quiero saber qué pasa. Entonces entre los tres se miran, hablan en su idioma y yo sin entender nada, entonces después Jack me dice, que quieren decirme algo, algo que es importante, y les digo que me lo cuente. Jack me dice que quieren venderme a Tatiana por una cantidad considerable de dinero, yo quedo con la boca abierta en tono WTF!!

    Entonces Linda dice, que Jack y ella deben irse pronto de Chile, pero no tienen el dinero que necesitan para irse, y que Tatiana tampoco puede ir con ellos a donde van, Jack me dice que Tatiana está al tanto de la situación y que ella me obedecerá en todo lo que yo quiera hacer con ella.

    En este punto yo estoy más sorprendido con lo que acabo de oír y no sé porque, pero tenía mi pene duro como roca, en el fondo me excitaba la idea y tenía curiosidad en saber si en realidad podía hacer cualquier cosa con ella. Pero sabía que eso estaba mal así que me negué, la discusión siguió un buen rato, pero insistí que no haría eso.

    Entonces me voy a acostar, y ahí estoy en la cama dando vueltas preguntando que mierda había pasado, y no podía quedarme dormido, veo la hora y ya eran las 3 de la mañana y yo seguía sin poder dormir, entonces siento que se abre la puerta de mi habitación, enciendo la luz y era Tatiana en ropa interior, ella se acerca a mi cama y yo la quedo mirando, comiéndola con mis ojos de pies a cabeza y le pregunto que hace en mi habitación y casi desnuda, Tatiana se tira sobre mí y me besa en la boca, intento apartarla y le pregunto qué demonios está haciendo, entonces ella me pide que acepte la oferta de sus padres “ellos en verdad deben irse y yo no puedo ir con ellos ni tampoco quiero ir” me dice, y yo le pregunto que a donde van y por qué, entonces ella me dice que no me puede responder a eso, pero que por favor acepte su oferta.

    Yo me quedo callado y ella me dice que está enamorada de mí, y quiere quedarse conmigo. Y me dice que, si acepto, será mi esclava y podré hacer todo lo que yo quiera con ella, y ella obedecerá sin preguntar, mientras dice eso empieza a tocar mi pecho bajando sus manos hasta mi pene, yo duermo desnudo así que no tiene problemas en llegar a él y comienza a hacerme una paja con su mano. A mí no me cabe palabra en la boca y ella comienza a chupar mi pene, nunca nadie me lo chupó de esa manera, se lo tragaba todo y soltaba unas arcadas, se lo sacaba de la boca y mi pene quedaba cubierto de saliva espesa, y ella volvía a metérselo, lo hacía lento, después lo hacía rápido, mientras me lo chupaba me hacía una paja y mi pene estaba tan lubricado que yo ya estaba con los ojos blancos.

    Le pido que pare, que no es correcto hacer eso. Ella me interrumpe y me dice que me ama, quiere ser mi esclava y que me lo va a demostrar, me llama amo y se quita la ropa interior quedando completamente desnuda, y ahí puedo ver sus enormes pechos, firmes y redondos oscuros y duros, una vagina sin ningún pelo, hinchada, se ve exquisita, se pone arriba mío y guía mi pene a su culo, y me dice “amo, por favor, métemela por atrás, no tengas compasión y dame duro”.

    Ella baja de un golpe metiéndose todo mi pene en su culo, soltando un grito de placer y de dolor muy fuerte, le digo que se calle que sus padres la pueden escuchar, y ella me dice “ellos saben lo que estoy haciendo, por favor amo, déjame ser tu esclava y culéame”.

    Yo estoy que no me creo lo que está pasando, ella salta como poseída sobre mi pene, sus tetas saltan y chocan entre ellas, yo estoy que ardo de lo caliente que estoy. Ella lleva mis manos a sus tetas, para que la toque, me dice entre gemidos “por favor amo, tócame, toca a tu esclava”.

    Ya es evidente que me rendí ante la situación y empiezo a tocar las tetas de Tatiana, mientras ella sigue saltando como loca sobre mi pene, yo la agarro y acerco sus tetas a mi boca, para chuparlas y morderlas, y ella me dice “Ay si amo, culéame soy tuya, soy tu esclava, tu puta, haz lo que quieras conmigo, por favor trátame como tu esclava y pégame”. Yo digo “¿Qué?”, Y ella repite “por favor pégame”, poniendo sus manos de una manera brusca en mi pecho mientras la sigo penetrando por ese culo magnifico y apretado entonces, yo tímidamente abofeteo sus pechos, ella sigue gimiendo y me dice “pégame más fuerte amo por favor”, entonces le pego un poco más fuerte, ella gime y me dice “ay amo más fuerte, pégame, pégame por favor”.

    Entonces le empiezo a dar unos manotazos bien fuertes en las tetas, haciendo que suenen y dejándoselas coloradas, y ella gime como perra en celo, y grita “ay amo me voy a correr, dame permiso de correrme te lo suplico”, y le digo “si córrete”, y toma mi mano y se la lleva a la cara y me dice “amo por favor pégame”, y yo le doy una cachetada, ella empieza a gemir más fuerte diciendo “así amo pégame más por favor”, entonces yo la empiezo a culear con furia, dándole cachetadas y jadeo como loco, y ella grita “¡¡ay me corro haa haaaa!!!”.

    Ella cae sobre mí, exhausta, sudada, y entre jadeos me pregunta. “¿he convencido a mi amo para que me acepte como su esclava?”.

    Entonces a mí me golpea la realidad sobre lo que ha pasado y antes de que diga una palabra ella vuelve a chupar mi pene y empieza a llorar, suplicándome que la haga mi esclava, ella me la chupa, me hace una paja rusa y mi pene está a punto de estallar, entonces ella se sube de nuevo a mí y me dice “amo te daré mi virginidad por favor déjame ser tu esclava” y ella va e introduce mi pene en su vagina.

    Yo en realidad ya por todo lo que ha pasado no aguanto mucho más y a los minutos me corro dentro de ella. Ella saca mi pene y efectivamente veo que sale con un poco de sangre. Tatiana me dice “por favor amo, déjame limpiar tu pene”, y vuele a chupar mi pene flácido ya y yo me retuerzo del placer mientras ella me chupa y me deja el pene reluciente.

    Ella se acuesta a mi lado desnuda y posa su cabeza en mi pecho dándome tiernos besos.

    “Por favor amo, yo te amo y no quiero que me separen de ti, déjame ser tu esclava, como ves puedes hacer lo que quieras conmigo, me encargaré de la casa de mi amo y las compras y de todo lo que mi amo me pida, por favor déjame quedarme contigo” me dice Tatiana.

    Yo en ese punto estoy sin energías y me quedo dormido con Tatiana a mi lado, hasta que amanece, y alrededor de las 12 de la tarde despierto, con Tatiana a mi lado desnuda, y la veo con luz de día y ¡wow! que bella mujer se ha vuelto. Entonces, dentro de mi comienzo a sentir cosas por ella, tomo la decisión de aceptar la propuesta de sus padres. Entonces me levanto y me visto, Tatiana se despierta y cuando me ve me dice.

    -¿Amo quieres usar a tu esclava de nuevo? ¿Su esclava puede chuparle el pene otra vez?

    Eso me pone el pene duro de nuevo, pero le digo que no, que se vista e iremos a hablar los cuatro abajo al comedor.

    -Como usted mande amo. -Me responde Tatiana.

    Entonces nos reunimos los cuatro abajo en el comedor. Y les digo a Linda y Jack que acepto la propuesta, “pero con la condición de que, si toman el dinero, no vuelvan nunca más a Chile y que no me busquen ni a Tatiana tampoco, desde el momento en que tomen el dinero dejan de ser sus padres y pasan a ser unos desconocidos para nosotros. Ya que esto es algo demasiado peligroso e ilegal, me están vendiendo a su hija como una esclava, y si la policía se entera, yo negaré todo, les diré que ustedes me robaron el dinero y se fueron dejando a su hija conmigo y haré que se vayan a la cárcel”.

    Ellos aceptan, y nos dirigimos al banco a retirar el dinero, nos devolvemos a mi casa y se los entrego. Linda se despide de Tatiana entre lágrimas y le dice algo en su idioma nativo, Jack me da las gracias y me pide que la cuide. A lo que encuentro un poco cínico después de vendérmela como una esclava.

    Jack y Linda se van sin mirar atrás y yo me quedo con Tatiana en la casa, mientras ella me toma de la mano y pone su cabeza en mi hombro.

    Espero que les haya gustado la historia, y si quieren que escriba una segunda parte espero leer sus comentarios sobre este relato.

  • Mi curioso amigo el repartidor

    Mi curioso amigo el repartidor

    Mi nombre en estar historia es Alex, esta historia es 100% real, cabe aclarar que esta es la primera vez que hago un relato, soy fan de esta página y cada vez que leo una historia me calienta mucho y me surgió la idea de que más personas conocieran mi historia. Tengo muchas historias que contar, pero en esta ocasión quiero empezar con esta historia ya que se me hace algo caliente y morbosa a la vez.

    Todo empezó cuando entré a trabajar en una empresa de reparto, una empresa muy grande aquí en México de pan, la del osito. En mi primer día nos dieron una pequeña introducción de las políticas de la empresa y sus diferentes grupos dentro de la empresa, mi puesto al que había aplicado era la de ayudante de repartidor. Ya al segundo día me asignaron a una unidad donde por supuesto era el ayudante, iba como copiloto del encargado del reparto. Toda esa semana el encargado me enseño todos los puntos de venta y como cerrar cada venta en cada tienda donde se dejaba el producto así como la toma de pedidos según la necesidad de cada locatario.

    Ya pasando unas dos semanas, el encargado entró más en confianza y pues nuestras pláticas eran de más confianza, que cual fue mi último trabajo, que si era casado, cosas así, y ya casi para cumplir el mes, ya hablábamos mas y las penas se habían ido, así que me empezaba a contar de había algunas clientas que le gustaban mucho, yo ya casi sabía quiénes eran porque ya me había fijado que en ocasiones se quedaba a platicar con ellas en sus tiendas, pero me insistía en una en especial. Una señora como de 50 años y de verdad si estaba muy guapa, era de piel blanca, pelo chino largo, ojos muy coquetos y sobre su cuerpo era muy bella, era alta y siempre andaba con pantalón de mezclilla de esos que son muy ajustados, tenía unos pechos no muy grandes, pero de la cintura para abajo era una delicia, unas piernas bien torneadas y su culo súper rico. No sé si hacia ejercicio o su físico era así, sus nalgas se marcaban perfectamente y muy ricos movimientos que hacia al caminar. Esa era la mujer que le gustaba a mi compañero, y cada vez que nos íbamos de ahí me decía, “que rica señora, como quiera cogérmela”, yo con una sonrisa le decía que pues se aventara, total si le decía que no pues ya no tenía nada que perder, pero el por temor a que lo reportaran y lo cambiaran de ruta decía que no, que mejor se aguantaba las ganas y que después se las quitaba solo, yo solo reí y le dije “bueno haya tú”.

    Ya había notado que mi compañero era muy caliente, porque cada vez que veía a una mujer nalgona o chichona me decía “mira que rica está esa vieja”, a lo cual le respondía que si, y es que teníamos los mismos gustos por las mujeres nalgonas solo que yo no le había dicho nada aun.

    Los días pasaban y así las cosas se daban, hasta que un día en un trayecto vio a una chica y me dijo “mira que rica está”, y lo que más me sorprendió fue que me haya dicho “hasta ganas de jalármela quiero”. Eso me calentó y hasta yo también quería jalármela.

    En eso en mi teléfono busqué rápidamente en internet unas fotos de mujeres nalgonas y se las enseñé, le dije “mira, así como estas”, el cual creo que se calentó mas y me dijo “si pudiera ahorita me la jalaría” y le dije “pues hazlo, por mí no te preocupes”.

    Se estacionó en una zona sola y se metió a la cabina de la camioneta. Debo aclarar que la unidad que nos asignaron era de esas grandes donde llevan el pan atrás y hasta tienen un pasillo para caminar y así poder surtir mejor las charolas de pan, pues bueno se metió atrás y se bajó su pantalón a media rodilla y se empezó a masturbar mientras yo vigilaba que nadie pasara. Cuando de repente me dijo “haz tu lo mismo si quieres, solo vigila que no te vean” y así lo hice. Me la estaba jalando y él atrás también me veía y yo lo veía, en eso recordé a la señora de 50 años y le dije “imagínate a la señora estando aquí”, eso lo hizo ponerse más caliente y se vino a chorros. Después de limpiarse tomó de nuevo el volante y me dijo “ahora tú ve atrás y termina de masturbarte”. Así lo hice y viendo las fotos de mi celular también me vine bien rico.

    Así era ya nuestra rutina diaria, se nos hizo una costumbre masturbarnos detrás de la camioneta, cada día nos intercambiamos imágenes o fotos para hacerlo.

    Un día se le ocurrió hacerlo con algún producto, abrió un pan y como juguete sexual se masturbaba fingiendo que era una vagina. Ese día me dijo “vente para acá atrás y prueba igual que yo”. Así que me metí también atrás y también escogí un producto, el clásico negrito relleno de chocolate. Él estaba sentado en un banco y yo me masturbaba delante de él, hasta que me dijo “alguna vez te ha mamado la verga un hombre”, a lo cual le dije que no, y me dijo que tampoco él lo había hecho y que si lo dejaba que me diera unas mamadas, de hecho me dijo, “se me antoja ese negrito…”.

    Me acerqué a él y como él estaba sentado me empezó a mamar la verga despacio. Creo que él ya lo había hecho alguna otra ocasión porque la mamaba súper rico, como si tuviera ya experiencia en chupar vergas, solo me dijo que cuando me fuera a venir le avisara para que se saliera, y así fue, le avisé antes de venirme y ese día fue muy placentero mi día de trabajo.

    Así pasaron varios meses hasta que lo cambiaron de ruta y ya solo lo veía al entrar al trabajo y en ocasiones a la salida ya que los horarios de salida no eran los mismos.

    Ese era mi secreto del trabajo de repartidor. Más adelante publicaré más experiencias que me han pasado. Saludos.

  • Segunda vez: La confirmación

    Segunda vez: La confirmación

    El encuentro con él, se había dado, más como un hecho del destino en aquel bar, que por una casualidad; un sitio que yo, frecuentaba muy seguido, me sorprendió encontrarlo en el lugar; era el último sitio en el que podría hallarlo; después de platicar un rato, su propuesta de irnos a su departamento resonó en mi conciencia como una campana repicando; mi curiosidad por aquello, aún estaba latente y alertó la indecisión; aunque habían pasado algunas semanas, el recuerdo del encuentro anterior palpitaba con frescura; unas cuantas cervezas no eran suficiente aliciente para ceder a su pretensión (en realidad, no las necesitaba); la primera vez, fue causa de la curiosidad y, a que el sabor del alcohol (causa y efecto), había hecho su labor; la resaca moral aún hacia estragos (no tanto como en los días siguientes a aquella primera vez), podría lidiar con ella, estaba lo suficientemente sobrio, para tomar la decisión a plenitud.

    Por fin accedí, bajo la falsa consigna de que todo dependía de mí, «no pasaría nada que yo no permitiera» y esa era la cuestión, mi curiosidad no estaba del todo satisfecha, mi raciocinio se enaltecía anárquicamente, mi estado de conciencia, era un equilibrista, caminando en la cuerda floja, era una plena invitación a experimentar del acto en mis cinco sentidos; la promesa de una noche impredecible y prometedora emergió, persiguiéndome una turbación, el pulso acelerado más de lo debido, muy en el fondo, quería que sucediera, entregarme a conciencia al deseo de la carne, ya no era una fantasía, sino una confirmación.

    Ya estando en el departamento la perspectiva cambio, éramos solo él y yo, y lo que estuviese dispuesto a permitir (que era todo). La intimidad te cambia el panorama, la sensación de estar en una fortaleza en la que nadie mira, te da otro tipo de actitud, me excitaba pensar en ello, la balanza inclinó su peso al deseo y a la lujuria; la indecisión dejo de punzar, la adicción hacia aquello que nos resulta sino prohibido, al menos no correcto en el papel, abundó (un deseo culposo, dirían algunos), como una droga, disparó su irresistible efecto; la adicción no entiende de lo que esta bien o no, al menos no, mientras navegamos en su cause; los besos no estaban en el guión, bajo ninguna circunstancia, por lo que negué su insistencia; me empujo hacia el sofá y antes de que se viniese encima, lo detuve, me senté en la orilla y parado frente a mí, le desabroché el cinturón, prescindí del botón de su pantalón y baje el cierre, deslice mis manos por sus caderas y le baje el pantalón junto con la ropa interior, hasta las rodillas; su verga emergió de un salto, apuntaba hacia a mí, dura, grande, bella; la acaricié con delicadeza, lleve mi boca hacia ella y chupe su glande suavemente unas cuantas veces, me incorporé, lo tome por las nalgas y lo arrojé al sofá; le saque las camiseta y los pantalones, verlo desnudo era un estado de lujuria universal.

    Me hinqué entre sus piernas y tome su verga llevándola hacia su abdomen, lamí y chupe su contraído escroto, su cuerpo reaccionó; agitaba sus caderas en un estado de convulsión; deslice mi lengua del pirineo, hasta la punta de su pene, roce el frenillo y circunvalé su glande, su mirada voraz suplicaba; besaba a partes su miembro, lo apresaba con mis labios por los costados, lo dibujaba con mi lengua; «estas listo?» lo mire fijamente y hundí mi boca en su glande y hasta donde pude dar alcance; chupe suavemente, succionando al salir, deslizándome de arriba a abajo; sentía los latidos de su miembro enrojecido, palpitante de vida propia, por toda mi boca, aumente el ritmo, mis manos ascendían de sus piernas a su pecho, acariciándolo, luego descendían; luche por mantener sus manos quietas, esto era asunto de su verga y mi boca, y mi lengua…

    Deslizar su pene por mi boca resultó una acción tenaz, mis labios se tornaban en su glande y se abrían a su anchura, introduciendo sigilosa y ágilmente su miembro en mi boca, amoldándose a su forma, con destreza trazaba sus contornos, sus fluidos me invadían, su sabor a sexo; el sabor de su verga, llenó mi lengua y mi boca; chupe con mayor rapidez, succionaba al salir. Me gustaba escucharlo gemir; sentir y ver su cuerpo excitado, agitándose, por cada lamida que le daba, era adicción; Para! Dijo intentando recuperar el aliento; intuí que de seguir, hubiese acabado en mi boca (algo que deseaba), pero le obedecí, lo quería adentro de mí, que me hiciera suyo y lo hiciera mío. Lo mejor estaba al acecho, me quito la ropa y me recosto boca arriba sobre el pasamano del sofá, que era ancho y acolchonado, la altura era ideal para su cometido; se puso frente a mi, me abrió y levanto las piernas, me chupo la verga, lamió mi escroto y del pirineo bajo a mi esfínter.

    Mi culo se contraía, lo rodeo con su lengua, lo lamió y mordisqueo, se hundió en él; sentí el goce, su lengua me recorría en todas direcciones, su textura me elevaba a un placer indescriptible con palabras; perdí el control; cógeme papi! Cógeme por favor! Supliqué… Asintió a mi petición; de nuevo le estaba entregando las nalgas! Le entregaba el culo, sin ninguna objeción, sin pretexto o razón, más que sucumbir a su hermoso miembro y al efecto que producía en mí. Dispuso del lubricante en mi esfínter e introdujo un dedo, lo metía y lo sacaba, lubricándome completo; más lubricante y ahora insertó dos dedos, después de un lapso, dio por sentado que aquello era suficiente y justo se preparaba para lo siguiente, tomó un condón. No! Dije, quiero sentirte, natural… Titubeó, luego prescindió del preservativo y derramo lubricante en su verga, lo extendió por lo largo y por todo su miembro, y en la misma posición en la que nos encontrábamos, me tomo de los talones, los alzó y separó, dejándome expuesto a su voluntad; separo un poco sus piernas, hasta que su pene estuvo al nivel de mi esfínter, dirigió su verga hacía mi palpitante culo, intentó encausarla sin mucho éxito, tome su falo con mi mano y lo dirigí hacia el centro de mi dilatado culo; métela! Empujó; despacio por favor! Le supliqué de nuevo.

    Poco a poco su verga se fue abriendo paso; entró el glande; gemí… Para! La saco, aplicó mas lubricante y volvió a meterla, está vez mi culo cedió y se trago la mitad de su verga, era alucinante el estímulo de su miembro dentro de mí, el sentirlo entrar y salir, se movía lento, con mis manos limitaba el movimiento de sus caderas; lento! Susurré… Tenía el culo adolorido, a causa del grosor de su hermosa verga. Con cada empujón, entraba un poco más; su cuerpo danzaba…

    Me debatía entre el goce y el ardor, ardor de placer, cerré los ojos y lo imaginaba, moviéndose con gracia, con ritmo lento, me rendí a él y él, agradecía mi entrega, entraba suave y salía, se hundía profundo, como la espada al costado, apuntaba y acertaba, como la flecha en el blanco, era un hierro caliente, me quemaba por dentro, con un fuego lascivo, que lejos de lacerar, encendía mi apetito por su sexo… Este culo es tuyo! Haz lo que quieras con él! Para entonces su verga entraba completa dentro de mi, mis jadeos, eran su triunfo; cada vez más intensos, más precisos; Sigue, sigue! Te quiero todo adentro! Apoyo la planta de mis pies en sus pechos, casi al ancho de sus hombros, mis rodillas flexionadas a causa de su peso reclinado sobre de mi, sujeto mis caderas, de un empujón me la metió hasta el fondo, se movía con mayor velocidad, sus caderas ondulaban, su cuerpo hacía figuras en el aire, sus trazos se esparcían por la habitación, el roce de su pene por dentro, eran un sin fin de sensaciones, me transportaban a su dimensión, el volaba, bailaba, yo me deleitaba, lo disfrutaba; nuestros rostros matizaban el deseo, el placer, el sexo.

    Era un artista, encumbrando su obra, pintando su lienzo; su piel blanda, su pelvis fuerte; su sexo era mi cumbre; mis nalgas lo acogían, lo devoraban; estaba en un estado de trance, recibiendo su mejor cogida; él, dando lo mejor de sí, yo, correspondiendo a su esfuerzo; nos hacíamos merecedores de lo que cada uno entregaba. Gemí intensamente, Ay que rico! Que rico papi! Que rico coges! Estaba en la plenitud de mi excitación, mi éxtasis encumbrado; él, se movía con una fuerte dulzura, seguía dándome lo que quería y quería su verga adentro, siempre adentro.

    Se salió repentinamente y me hizo señas para bajarme del pasamanos del sofá, me incorporé y con un movimiento de su mano me indujo a arrodillarme; abre la boca!

    El primer chorro, cruzó de mi ceja izquierda a mi mejilla derecha, el segundo fue de mi nariz a mi labio superior; lo demás encajo en mi boca, su eyaculación fue abundante y tibia, su textura espesa, la esparcí por toda mi boca, antes de tragar su semen, luego lo arrojé de nuevo al sofá y le chupe la verga, hasta limpiarla, disfruté lo que quedaba de su venida, me levante, mi erección era manifiesta y sin decir nada me masturbó, puso mi eyaculación en su pecho y abdomen, nos bañamos. Ese noche me quede a dormir.

  • Mi mujer con otro

    Mi mujer con otro

    Angela ha sido mi compañera de la vida, y la verdad es que somos una pareja normal del sur de Chile, ella de 45, yo de 48 años. No somos feos, pero ya a esta altura, atlético no soy, mi señora si se cuida harto y se mantiene bien. En la cama todo anda perfecto, pero creo que la costumbre nos llevó a tener que reinventarnos un poco y fue cuando empezamos a decirnos cosas cochinas y a fantasear un poco.

    Ella un día me pregunta que cual era mi fantasía erótica y le contesto que siempre me habría gustado verla con otro o hacer un trio y le preguntaba si ella lo haría y me contestaba que sí, yo le preguntaba si se lo chuparía o que se dejaría hacer y esas cosas… En medio del jaleo del sexo eso nos hacía explotar.

    Fue tanto lo que nos calentaba que de hecho lo conversamos más de una vez tomando desayuno en la cocina o viajando en auto, y de veras que se sentía rico tener esa libertad que antes no nos dábamos. De repente me sentía un poco sucio y hasta avergonzado de llevar a mi señora a esos niveles de perversión, pero ella lo aceptaba así que creo que estaba bien.

    Ella trabaja en una oficina de contabilidad y obviamente tiene contacto con mucha gente, todo normal, pero un día Ángela llega de su trabajo un poco extraña como preocupada y le pregunto qué pasa y ella me contesta que nada, pero si andaba extraña y al rato se sienta al lado mío y se pone a llorar, pensé que estaba enferma o que pasaba algo grave en la familia, pero ella muy valiente como siempre quería hacerme frente y contar algo que le estaba pasando en su trabajo.

    Empezó por decirme que me amaba y que eso nunca cambiaría, la verdad que ese tono me dejó un poco preocupado y ella siguió contándome. Me dijo que ella estaba a cargo de unas cuentas y de pagos de unas platas, que no eran pocas y que había cometido un error y que eso le había costado caro. “Que tan caro?” Le pregunté yo. Y ella me dijo que me quería contar tal como fueron las cosas, que la escuche hasta el final y después tome las decisiones que yo quisiera, accedí a escuchar y esto fue lo que me conto:

    «Estaba tan nerviosa por el problema en que me había metido y no sabía qué hacer para arreglarlo, si bien es cierto se trataba solo de más de un millón y medio de pesos, pero uno no puede poner ese dinero para pagar un error así como así. El cliente Marcos me llamó y me dijo que venía en camino a la oficina para arreglar el asunto, más nerviosa me puse. Traté de tener los papeles que requeriría para mostrárselos y que entienda que fue un error mío y no se lo estaba robando. Cuando él llegó me tiritaban las piernas, ese caballero de 50 años y su barba frondosa metía un poco de miedo. Y de verdad no llegó de buen ánimo, se notaba que estaba enojado y lo gentil que había sido siempre ya no lo era, le expliqué todo y luego de eso él quedo en silencio como buscando la respuesta a todo esto y me dice “está claro, me debes pagar el monto perdido y solucionado todo”. Yo le dije que eso era imposible que no tenía dinero para pagar eso, fue cuando por primera vez cambió su rostro y me dice que podría haber otra forma de pagar, me subió un calor en la cara y medio tartamudeando le pregunté que otra forma era esa, ya con una cara como más picarona me dice “¿no lo entendiste aún?” Y yo no la verdad que no, aunque ya sabía a qué se refería»

    Yo escuchaba atento, pero cuando llegó a esta parte me latió el corazón más fuerte y tragué un poco de saliva, porque no podía creer lo que me decía mi esposa, pero a la vez inconscientemente mi mente quería que hubiera pasado de todo y a la vez me preocupaba… Seguí escuchando.

    «Don Marcos me dijo que podía pagarle en carne y en cómodas cuotas, primero me pareció gracioso, pero me pasó la vida por delante, me acordaba de ti y de mis hijos, que nunca te he engañado, en fin todo eso. Le dije que estaba loco y él me dijo “bueno piénsalo y me contestas lo más pronto que puedas y le ponemos fin a este problema”. Yo creo que él solo se aprovechó del momento porque mi jefa y la secretaria que trabajan conmigo no estaban, estaba sola. Así pasaron unos días y un día entra a la oficina Don Marcos otra vez, habló con mi jefa y después de pasada me dijo “Y… Lo pensaste?”. Quedé muda y roja, no le dije nada y él siguió su camino.

    Al otro día volvió a la oficina, pero yo creo que él tenía calculado nuestros horarios, justo me encontró sola y fue derecho al grano “vengo a cobrar algo de lo que me debes” y yo tiesa. Yo estaba sentada y él se para al lado mío, muy cerca y sin mediar una conversación lleva al mano al cinturón de su pantalón y luego se baja el cierre de su pantalón, lentamente como esperando mi reacción y yo seguía sin moverme, no sabía qué hacer, por un momento vi el teléfono y pensé en llamar a los carabineros, pero cuando mi vista volvió a él ya estaba empezando a ver su bóxer, acercó un poco esa parte de su cuerpo hacia mí como chocando mi hombro, dejó caer un poco sus pantalones y vi como su pene estaba creciendo debajo de ese bóxer gris.

    Me seguía mirando hacia abajo y como veía que yo no hacía nada siguió un poco más, su cintura llegaba a la altura de mis ojos así que todo estaba ahí cerca de la mano, se bajó los bóxer y pude ver su pene, de unos 20 cm, que ya estaba duro y en un acto casi inconsciente levanté mi mano y se lo toqué… Tragué saliva y me acerqué un poco.

    Sentía que don Marcos me había como embrujado con la mirada, tímidamente le di un beso en el glande y seguí despacito hacia abajo dando pequeños besitos a ese tronco, le bajé un poco más su ropa y me acomodé un poco mejor sin salirme de la silla. De a poco empecé a meterme el tronco en la boca como un perro que come un hueso y rocé con mi nariz sus testículos, y que bien olía ese hombre, un aroma a macho que me empezó a dejar tonta…

    Volví hacia arriba y de a poco me metí ese pene rico y duro en mi boca y cerré los ojos y empecé a succionar con más fuerza, sentía como él suspiraba, jadeaba, se retorcía y me agarraba de la cabeza para que parara un poco. Yo creo que debo haber estado unos 5 minutos chupándole el pene, pero sintiéndome culpable o no, estaba muy rico.

    De pronto a él lo llaman por teléfono y como que nos desconcentramos y como que toda la vida volvió a la normalidad. Él atendió su llamado y justo la señora que hace el aseo entra al recibidor de gente. Él se acomodó su ropa y yo me limpié un poco la boca, aunque él no acabó, me puse un dulce en la boca porque me parecía que de mi aliento solo salía olor a pene. Don Marcos se retiró sin hacer mayores comentarios, solo dijo que me llamaría.»

    Yo estaba casi en estado catatónico solo escuchaba y no daba crédito a lo que me contaba mi mujer, sentía la garganta seca y la verdad es que no me sentía enojado ni engañado, esta historia como que me revolucionó un poco, debo decir que esto se dio también porque yo trabajo fuera de la ciudad y llego cada 15 días a mi casa. Le hice unas preguntas a mi señora y ella siguió su relato.

    «Ese día me vine a la casa con la sensación de estar sucia, pero a la vez sentía un cosquilleo en la guata, nunca había hecho algo así, nunca se lo había chupado a nadie que no fueras tú. Pensaba si eso habría sido todo o hasta donde llegaría, pero la verdad es que de solo pensarlo no me daba el cuero para pensar en tener sexo con ese caballero.

    Un día me envió un mensaje por whatsapp, me pregunto a qué hora salía del trabajo, no le respondí, pero al rato me llamó y me dijo que quería terminar lo que había quedado inconcluso y yo le dije que no tenía tiempo, porque me tenía que ir a la casa a la hora del almuerzo y volver después y me dice… “a las 12 y media te paso a buscar”. Como que no me dio más opciones y cortó.

    Así fue que a las 12 y media salí de mi trabajo y él no llegó, pero si me estaba esperando dos calles más arriba, él sabía cuál era mi camino diario al parecer, me dice que me suba a su camioneta y que íbamos a ir a un lado para estar solos. Ese hombre tenía un poder sobre mi porque él decía algo y yo solo como que obedecía, en el camino me dijo que le había gustado mucho lo del otro día y que había que terminar eso, y así manejando y conversando me metió las manos entre las piernas, me quede tranquilita y le decía que esto estaba mal que no estaba segura y el con su voz grave, pero agradable como que me fue tranquilizando.

    Me llevó a una casa que él tenía en construcción, pero se notaba que algo la había preparado, sabía que me traería aquí, yo obediente entré como cordero al matadero. Solo cerró la puerta y me agarra de la cintura y me aprieta fuerte que llegue a sentir su miembro chocando con mi cuerpo, solo atiné a decirle que eso sería solo sexo y que no tenía que pasar más, que sea rápido porque me tenía que ir etc. Etc.

    Me sacó la chaqueta, me desabrochó la blusa y sin sacármela me agarró de la cintura poniendo sus manos fuertes en mi piel y yo sin moverme solo entregada a que me lo meta y nada más, pero ese hombre me tocó suavemente casi con cariño, me desabrochó el sostén, me lo sacó y me empezó a tocar las tetas, yo siempre sin moverme, acercó su boca a la mía, pero no lo quise besar. Él siguió su camino hacia mi cuello y de a poco empezó tocarme por todos lados, desabrochó mi pantalón, puso sus manos por mis caderas y siguió hacia mis nalgas, de esa manera me bajó los pantalones, o sea hasta ese momento yo estaba con los pantalones abajo, sin sostenes y la blusa desabrochada la cual me sacó enseguida. Se abalanzó hacia mis tetas, que aunque una parte de mi no quería la otra deseaba que las mordisquearan y succionaran, eso lo hizo a la perfección.

    Me empecé a sentir caliente y deseada, me calentaba que Don Marcos no se estaba apurando y no quería solo metérmela, él quería calentarme y prepararme para tener sexo, y yo empecé a reaccionar, le desabroché la camisa y pasé mis manos por su velludo pecho, lo cual no sabía hasta ese momento que me causaba una excitación provocada por no sé qué. El hombre era muy peludo y eso me hacía sentir como si estuviera con una bestia… era rica la sensación.

    Él se sacó los pantalones y yo le baje los bóxer y pude ver ese pene en toda su expresión, me abalancé sobre ese rico pedazo de carne y se lo chupé como si hubiera quedado en pausa de la otra vez que tuve ese pene en mi boca. Que rico se sentía me faltaba el aliento y sentía que estaba como descontrolada. Él me tomó de los hombros, me levantó y me hizo caer suavemente encima de la cama, él cayó encima de mi y sentir ese cuerpo peludo y grande me hacía sentir tan pequeña y dominada, no sé cómo decirlo.

    Él llevó su boca hacia la mía y esta vez la abrí todo lo que pude y entrelazamos nuestras lenguas y nos besamos ardientemente. Yo pensaba que ahí mismo me penetraría, pero él tenía otros planes, primero se puso un condón, regresó a su lugar y empezó a besar y bajar por mi cuello, tetas, estómago, hasta que llegó a mi peludita vagina, ese hombre me chupo como nunca me lo habían hecho, disculpa amor que te lo diga así, pero eso sentía. Me hizo acabar a punta de lengüetazos, ooh estaba loca, lo único que quería era que me lo metiera y pasado unos minutos eso hizo. Llevó su pene hacia mi vagina que era un rio de fluidos y saliva, me la metió, primero despacito, como pidiendo permiso, solo la mitad y de repente me la dejó ir toda, y empezó un mete y saca tremendo. Estaba gozando tanto que pensé que me desmayaría o que me daría un infarto, me di cuenta que yo no estaba gimiendo, estaba gritando como loca. Él acabó y sentí esa fiebre que se siente después de tener un sexo tan intenso, estaba rendida, había sido muy rico todo, pero nos teníamos que ir.»

    Cuando mi señora llegó a esta parte me miró por fin a los ojos y me preguntó que pasaba por mi mente, solo atiné a decir, que estaba sin palabras, y como dije antes, una parte de mi moría de celos y la otra sentía un placer inmenso, un total empate. Le pregunté si eso había sido todo y ella me dijo que no…

    CONTINUARÁ…

    Siempre y cuando quieran que siga contando esta historia.

  • Merecía la pena

    Merecía la pena

    De repente y sin saber cómo, surgió tu foto y sentí la necesidad de hablarte, de tratar de conocerte porque algo me decía que merecía la pena.

    Tú, confiaste en mi y pasamos a charlar largas horas a través del teléfono. Charlas divertidas y entretenidas, pero que en mi caso provocaban mucho más interés en ti.

    Todo fue a su ritmo, un día nos conocimos y tomamos algo para ver que ocurría y todo salió bien. Decidimos organizar como vernos, pero era mucho tiempo de espera y finalmente decidimos que podía ir a pasar el día con ella y así nos veíamos algo más.

    Cogí el bus y allí estaba, ansioso por verte, había planeado darte un abrazo enorme y un mejor beso, pero todo no es como se programa y mucho menos si eres tímido.

    Ella surgió entre la gente y yo no podía mirar a ningún otro lado. Nos dimos un abrazo y dos castos besos, charlamos y decidimos ir a dar una vuelta. Tu habías organizado una visita a tus sitios favoritos, pero antes de montar en el metro, mientras esperábamos, tu decidiste besarme y allí estuvimos comiéndonos como dos jóvenes que hacía tiempo que se deseaban.

    Pasamos la mañana caminando, charlando, riendo y terminamos en un parque que a ti te gustaba. Tirados en el verde, nos dedicábamos abrazos, besos, mimos y caricias. Maravilloso día, pero, se acercaba la despedida. El temía ese momento y ella parecía que también, así que me ofreciste me quedara allí y ya veríamos que ocurría mañana.

    El día pasó rápido, nos dedicábamos miradas, gestos, caricias y besos, pero llegaba la hora de ir a casa.

    Una vez allí yo hice intención de apropiarme del sofá, pero tú tenías otros planes. Vimos un poco la tele y nos mantuvimos cariñosos, pero la pasión fue subiendo y los besos y caricias dieron paso al deseo. En el sofá nos recorrimos enteros con nuestras manos y lengua y no sé si hubo alguna zona que dejamos sin acariciar o besar. Ambos estábamos muy excitados, pero cuando mis manos notaron su humedad, mi polla no aguantaba más en su sitio.

    Tras esto, pasamos a la cama y allí nos dimos sexo oral mutuamente. Ella tuvo sus orgasmos y él también. Tanto él como ella se dedicaron en dar placer al otro: su boca, labios y lengua dieron placer y recorrieron toda mi polla hasta que consiguieron su objetivo: que me corriera y no se derramara nada de mi semen.

    Yo, la dediqué mis dedos y mi lengua a su coño, precioso donde los haya. Jugueteé con sus labios y dediqué especial atención a su clítoris, que crecía según subía su excitación hasta que empapó las sabanas.

  • La cuarentena con mi sobrino

    La cuarentena con mi sobrino

    El anuncio de la cuarentena nos puso paranoicos, empezamos con los llamados con mi esposo.

    Él por negocios había viajado a Europa, un negocio que venía tratando de cerrar durante meses, al fin se le había dado cuando estalla lo de la pandemia mundial.

    Si cerraba nos salvábamos de por vida, era un salto de calidad en nuestras vidas.

    Las medidas sanitarias de todos los países comenzaron a debilitar el acuerdo.

    Yo no quería que estuviera expuesto al virus, pero él decía que sería un fracaso personal y motivo de depresión si se caía todo.

    Peleamos por teléfono, él decidió quedarse en Europa a pesar de las recomendaciones de volver.

    Cada tanto nos llamábamos para saber cómo estábamos en cada lado del continente, acá en Buenos Aires todavía no había arrancado nada, pero ya estaba todo cerrado, nos pedían que nos quedemos en casa.

    Mi hermana me llama desesperada porque su hijo, mi sobrino estaba en una pensión con muchos estudiantes de diversos países, compartiendo cuarto, espacios comunes.

    Mi sobrino había venido justo este año a estudiar profesorado de educación física a Buenos Aires.

    Tenía algunas universidades más cerca de su pueblo, pero como todo adolescente estaba obnubilado por las luces de la gran ciudad.

    La mamá quería que volviese a su casa, que estudiaría el próximo año, no quería que estuviera en riesgo de contagio su hijo mayor.

    Aunque había terminado la escuela secundaria, para la madre siempre es un niño, su bebé.

    Él quería quedarse en Buenos Aires, seguir estudiando, no perder tiempo en su pueblo.

    Hablando con mi hermana sale lo de mi esposo, hizo los mismos planteos. Terminamos dándonos la razón de que los hombres son cabezas dura, que no piensan mucho y cuando se les mete algo en la cabeza no paran.

    Mi hermana me pide que pueda aceptar a mi sobrino en nuestra casa, ya que estaría más seguro, sin tanta exposición de gente de otros lugares que vienen y van.

    Acepto. Así que comienza la odisea de poder trasladarlo. No sabíamos cuánto tiempo duraría la cuarentena así que trae un pequeño bolso con algo de ropa, su compu y sus efectos personales.

    Hacía mucho tiempo que no lo veía, ahora estaba más grande, con un cuerpo de hombre, pero con cara de adolescente.

    Con mi esposo habíamos comprado una casa mediante una hipoteca, teníamos un pequeño jardín con una pileta. Además de nuestra habitación tenía dos más, una la usaba mi esposo de oficina, la otra la usaba yo para mis cosas, estaba lleno de chucherías, de mis cursos fallidos de pintura, y otras artes plásticas.

    Tenía un trabajo part time de oficina, así que me indicaron que debería trabajar desde casa.

    Ese cuarto me deprimía, ver todas mis cosas truncas, mis hobbies no realizados, mis libros y apuntes de una carrera universitaria abandonada, e incluso papeles de un emprendimiento de pastelería que quebró años atrás.

    Por lo general todo lo hacía en el living de casa, leer, trabajar, distenderme. Incluso hacer gym.

    Ahora con la llegada de mi sobrino tan de repente no tuve tiempo de preparar su cuarto.

    No teníamos más camas. Él al vivir en pensión, tampoco tenía una propia.

    Las primeras noches debería dormir en el sofá, hasta que consigamos una.

    Deja su bolsito y sus pertenencias en el cuarto olvidado de mis cosas.

    Comenzamos a hablar y a ponernos al día de todas nuestras vidas. Recordamos anécdotas de cuando era más chico, de sus travesuras.

    No era muy buena cocinando, pero trato de hacer algo rico para mi sobrino.

    Él me dice que había aprendido a cocinarse en la pensión y que él cocinaría en casa ya que lo estaba alojando.

    Me dio risa esa actitud de madurez impostada de parte de mi sobrino, pero lo dejé ser.

    Llamé a mi esposo para avisarle de esta nueva situación. Además le dije que deberíamos comprar un colchón para las visitas, no le gustó eso. Me dijo que acaso se quedaría para siempre el sobrino, que ya era grande, que se vuelva con sus padres, que porque hay que gastar dinero en otra persona.

    Discutí en voz baja para que no se escuche por fuera de mi cuarto. Estuvo áspera toda la conversación y le dije que haríamos lo mismo si fueran sobrinos de parte de su lado. Termine diciéndole que igual compraría la cama y el colchón, le guste o no. Enfureció peor. Así que así terminamos esa noche.

    Mastiqué mucha bronca toda la noche, ensayaba argumentos en una pelea imaginaria, hasta que me quedé dormida. A la mañana siguiente suena mi despertador, sentí que no había dormido nada, estaba muy cansada.

    Me lavo la cara, me arreglo un poco. Me visto, ahora tenía gente en casa, no podía ya salir a desayunar en ropa interior.

    Mi sobrino ya estaba levantado, le pregunto que quería desayunar y me dice que él ya había desayunado, que había hecho sus rutinas de ejercicios matutinos y estaba esperando que me despierte.

    Me sorprendió esa actitud, pero mejor que sea así y no un adolescente que se levante al mediodía.

    Estaba yendo a la cocina y me dijo que me sentara, que él me haría el desayuno.

    Me reí, pero acepté. Le dije que quería y lo hizo, me sirvió y me atendió como una reina.

    Se lo agradecí y luego de eso me dijo que quería darse una ducha en el baño de la casa, pero que no salía agua.

    Era un baño que no usábamos, porque teníamos el de nuestro cuarto, solo se usaba para alguna visita, pero no la ducha ni la pileta.

    Yo no sabía cómo arreglar nada de la casa, de eso se encargaba mi esposo. Mi sobrino le ponía voluntad, pero se ve que no era muy listo para esas cosas.

    No sabíamos porque no salía agua.

    Llamé a plomeros, pero ninguno podía salir, la cuarentena era estricta.

    Mientras le dije que puede bañarse en el de mi cuarto.

    Yo me preparo para trabajar en el living de casa, enciendo la computadora, comienzo con lo mío.

    Mi sobrino sale de mi cuarto ya bañado. Me agradece y va al cuarto donde tiene sus cosas para dejar la ropa sucia.

    Le digo que ponga toda la ropa en el lavadero. Que cuando se junte la lavaríamos.

    Me pregunta si podía acomodar el cuarto para poder estudiar más cómodo, se lo permito. Yo casi no tocaba ese lugar, me deprimía revolver entre todos mis fracasos.

    Me acomodo en el sofá para realizar mis tareas, al correr un almohadón me doy con un short. Se ve que era el que usaba mi sobrino para dormir. Tal vez él dormía en ropa interior y ahora ensayo un short muy chico y trasparentoso para guardar algo de pudor por las dudas.

    Tan ensimismada en mi rutina no me di cuenta que estaba sentada donde mi sobrino durmió y dormiría por varias noches, ya que el envío de la cama para el tardaría unos 15 días sin confirmar debido a las restricciones sanitarias.

    Acomodo donde estaba ese minúsculo short y me levanto para ir a trabajar al estudio de mi esposo.

    Llega la hora de almorzar y cuando estoy yendo a preparar el almuerzo mi sobrino me ofrece su ayuda, dice que le diga que hacer que lo haría con gusto.

    Almorzamos, hablamos de muchas cosas, no miramos la televisión que está encendida, pero no es necesaria porque seguimos hablando de la situación actual, de su carrera, de sus planes.

    Me cuenta que quiere ser personal trainer, tener una cadena de gimnasios, y muchos sueños, como todos los tuvimos alguna vez. Yo lo aliento a seguir adelante, no le cuento acerca de mis frustraciones.

    Al finalizar mi trabajo, luego me dedico a dormir una siesta, después de eso hago mis rutinas de gym, pero con mi sobrino en casa me daba vergüenza, así que este primer día no lo hice, me quedé en mi cuarto mirando televisión.

    Pasa el primer día, cenamos, algo parecido a lo del mediodía. Al finalizar el mismo levanta la mesa y se dispone a lavar los platos.

    Desde atrás uno no se da cuenta que es tan joven, tiene su espalda formada, sus brazos están trabajados, su cola se mueve firme al fregar.

    Ese segundo de más que me quedé mirando la cola de mi sobrino me llenó de culpa. Inmediatamente me levanté y le dije que descansara bien que me iría a acostar.

    Comencé a argumentar en mi cabeza porque había pasado lo que pasó, me decía a mi misma que era producto del encierro, de tanto tiempo que no estaba con mi esposo, hasta me mentí a mi misma pensando de que solo había sido una mirada como cualquiera que uno hace a alguno de la televisión o de una película.

    Fui a darme una ducha, para cambiar mi cabeza de pensamientos, mientras me duchaba pude notar que mis pezones estaban erectos. Verlos así hizo que se pongan más erectos, la piel se me puso de gallina, a pesar del agua caliente que caía en mi cuerpo.

    Sentía escalofríos cuando la esponja pasaba por ciertas partes de mi cuerpo, mis piernas, mis muslos, mi cola, cuando lo pasé por mi conchita sentí electricidad casi, de esas que una chica siente cuando el cuerpo se está por encender.

    Terminé de bañarme y salí a secarme. Me miré al espejo. Vi lo que soy, una mujer de 35 años que pelea contra el paso del tiempo.

    Compito en el trabajo con chicas de 20 años que tienen todo en su lugar y un rostro angelical sin arrugas. Nos llaman en secreto «las tías» a las que somos mayores de 30, tenemos que hacer mas gym, mas rutinas, mas dietas, mas maquillaje, mas tratamientos para competir en el mundo machista que nos excluye cuando no somos más atractivas.

    Tengo algo de tetas, no mucho, ayuda el pushup. Mi cintura y mi cola eran mi fuerte de más joven, ahora a la cintura la debo ayudar con ropa elastizada, la cola también debe ser ayudada por el pantalón adecuado o las medias de nylon.

    Me pongo crema en el cuerpo, al llegar a mis muslos observo mi celulitis, es poco por mis cuidados, pero ahí están, en una foto uno puede editar, puede posar para que no se vea, pero en el día a día, una no puede andar posando, una se agacha, se para de cierta manera que queda expuesta.

    Luego de la crema, me pongo la ropa interior, y un baby doll a tono.

    Me acuesto recordando a mi esposo, pensando en los días que nos conocimos, en como yo eliminé a su novia, porque mi cola lo atrapó.

    Mi esposo me llama putita en la intimidad, por cómo me propuse conquistarlo a pesar de que tenía novia, él dijo que no podía resistirse a una cola como la mía, pero esa cola de 19 años no era la misma que la de 35 que ostentaba ahora.

    Recodando me vi pasando mis dedos arriba de mi tanga, masajeando mi vulva.

    Con los ojos cerrados seguí recordando, de cómo había sido nuestra primera vez en una pileta, mientras mis suegros dormían la siesta.

    Ese recuerdo de como dentro de la pileta mirando a la ventana del cuarto de mis suegros para verificar que no se despertaran avivaba el calor de mi interior.

    En la pileta, apoyados en el borde estaba yo y quien es mi esposo por detrás, comenzó a meterme dedos corriendo la bikini. Con la otra mano trataba de masajear mis tetas sin ser brusco para que no me saliera la parte de arriba de la bikini.

    Sus dedos hurgaron por la raya de mi cola, jugo con mi ano y se perdió entre mis labios vaginales.

    Nos reíamos cómplices mientras pasaba eso, para que nadie en ningún lugar del mundo sospeche lo que hacíamos.

    Me calenté tanto en ese momento que no me importo que ocurra, solo quería hacerlo, y fue cuando mi esposo, novio en ese momento, sacó su pija y comenzó a tantear entre mis piernas hasta encontrar el lugar adecuado para entrar.

    Yo con mi mano lo ayudé, como estábamos en la pileta más la excitación, no costó mucho que entre. Sentí todo el calor de mi novio, toda su fuerza, toda la pasión de dos novios que lo hacían por primera vez.

    Fue nuestra primera vez y nuestro primer susto, porque me acabó adentro.

    El salió, primero de la pileta, mientras yo me acomodaba el bikini.

    Lo miro subir las escaleras de la pileta y veo su maya transparentándose, una maya corta, se podía ver la cola dura de mi novio, en ese entonces, bien formada.

    Una cola de un chico de 20 años.

    En ese instante del recuerdo, abro los ojos y me doy con mis dedos entrando y saliendo de mi vagina, dedos húmedos, lleno de fluidos.

    Un instante más y mi mente deriva ese pensamiento en la cola de mi sobrino moviéndose al fregar los platos.

    Al querer sacar los dedos de mi vagina siento un torrencial de placer eléctrico que va desde arriba hasta mi panza llegando a mi vagina. Exploto de placer, chorreando más fluidos, caen, entre mis dedos, manchan mi tanga y las sabanas.

    El olor de mis fluidos son fuertísimos, inundan la habitación.

    Saco mis dedos temblorosos, mis piernas abiertas también tiemblan e intentan cerrarse culposas.

    No sé qué hacer con mis dedos mojados, quiero pensar en mi esposo nuevamente y cierro los ojos con fuerza. Me llevo los dedos a la boca, siento mis propios jugos, mi olor. Chupo mis dedos como tratando de agregar otras ideas a mi cabeza retorcida.

    Así me quedo recordando a mi esposo y me quedo dormida, con las sabanas mojadas, mi tanga manchada, y mis dedos en mi boca.

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    Comenten que les parece hasta ahora, todo es bienvenido.