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  • Las hermanas de Camilo (Capítulo 6): infragantis

    Las hermanas de Camilo (Capítulo 6): infragantis

    Era evidente el interés de ella por mí y el mío por ella, así que nuestros encuentros sexuales se iban a repetir en más de una ocasión. Pero siempre íbamos a contar con la dificultad del dónde: en su apartamento existía el peligro de ser descubiertos por sus hermanas o su hermano, en mi casa estaban mis padres, con lo incómodo que puede ser follar teniéndolos en el cuarto del lado.

    Agotamos rápidamente la opción de los moteles, pues como universitarios carecíamos de unos ingresos que nos permitieran ir de motel en motel. Además de la exposición que implica ir a estos sitios. También agotamos la posibilidad de hacerlo en sitios públicos, pues para ese entonces nos ganaba el pánico de ser descubiertos, luego eso iba a cambiar, iba a ser ponderante el deseo y el morbo de hacerlo en un lugar público por sobre cualquier otra cosa.

    No nos quedaba más opción que seguir buscando los momentos indicados para hacerlo en su apartamento. De todas formas no es que se tratara de algo tortuoso, pues tanto a ella como a mí nos generaba adrenalina el hecho de poder ser descubiertos por su familia, y siempre salir airosos.

    Aunque tanta dicha iba a llegar a su fin algún día. Ocurrió una mañana de sábado. Yo había llegado en la noche del viernes a su apartamento para compartir unas cervezas con Camilo. Para el día siguiente Camilo y Diana tenían previsto ir a un concesionario para elegir un auto que sus padres habían prometido les iban a regalar. El plan de Camilo era que yo le acompañara y le diera mi opinión sobre cuál elegir, pero al día siguiente yo fingiría sufrir un fuerte dolor de estómago para no ir con él. Alexandra tampoco estaba, pues había ido a pasar el fin de semana casa de su novio.

    Todo estaba servido para pasar una mañana de placer con Katherine, a quien tampoco le resultaría muy difícil esquivar el compromiso de ir al concesionario. Su pretexto fue un fuerte dolor abdominal a causa de su periodo, razón que Diana comprendió por completo.

    Yo permanecía sentado en la sala, agarrando mi estómago por el supuesto dolor, cuando Camilo y Diana salieron del apartamento. Una vez que la puerta se cerró, salí al balcón a fumar un cigarro y a esperar para verlos salir del edificio y dar por hecho que el camino estaba despejado.

    Terminé el cigarro y me dirigí al cuarto de Katherine, que para ese momento seguía durmiendo. Empecé a deslizar hacia abajo y muy despacito el pantaloncito corto que usaba como pijama.

    A pesar de que su vagina quedó expuesta ante mis ojos, no me dirigí directamente a esta sino que empecé a besar y acariciar sus piernas. No tenía apuro alguno, ya que era prácticamente imposible que Camilo y Diana regresaran antes del mediodía. Pasé mis dedos por sobre su coño estableciendo el contacto apenas necesario para sentirlo.

    Uno de mis grandes placeres era darle sexo oral a Katherine. Me excitaba sobremanera lo bien cuidada que tenía su vagina, siempre suave, siempre depilada, prácticamente al ras, sintiéndose apenas esos pelitos nacientes tan característicos de las zonas íntimas. Pero lo que más me ponía de darle sexo oral a Katherine era la facilidad con que su vagina se humedecía.

    Empecé a pasear mi lengua sobre sus labios vaginales, y ella, aún entre sueños disfrutaba de lo que sentía, por momentos se retorcía, por momentos dejaba escapar suspiros y murmuraba mi nombre en medio de la inconsciencia onírica. Su coño delataba su alto estado de excitación, pues ardía a pesar de no haber pasado más que unos minutos de mi sesión de sexo oral.

    Cuando despertó se vio sorprendida de encontrarme ahí, con mi cara metida en medio de sus piernas. No porque no se lo esperara, pues era algo que habíamos charlado, sino porque no esperaba que nuestro encuentro fuera a empezar tan temprano.

    No cruzamos palabra. Yo alcancé a levantar un poco la mirada y a verla sonreír antes de que me enroscara con sus piernas, metiendo de lleno mi rostro contra su coño.

    Yo seguí jugando con mi lengua en su vagina, pero ahora me ayudaba de mis manos para acariciar su torso. Para ese momento ella no hacía algo diferente a disfrutar. Su vagina ya no ardía únicamente, sino que se había convertido en un pozo. La mitad de mi cara y parte de mi cuello estaban empapados con sus fluidos.

    Pero nuestra sesión de placer se vio interrumpida de repente. Alexandra estaba parada bajo el marco de la puerta de la habitación, estaba viendo todo, quién sabe desde hace cuánto, pues había permanecido en silencio. Nos interrumpió a la vez que nos pegó un susto absurdo. “¿Qué es lo que está pasando aquí?”, dijo.

    Ambos dirigimos la mirada hacia la puerta y la vimos allí parada, sin saber qué hacer o qué explicación darle. ¿Pero qué explicación podíamos dar? Era más que evidente lo que hacíamos.

    Katherine, arrinconada por la situación, empezó a contarle toda la verdad a Alexandra. Le contó desde nuestro primer encuentro sexual hasta lo que estábamos haciendo esa mañana. Le pidió guardar el secreto, pues sabía que Camilo se molestaría conmigo en caso de enterarse. También creía que Diana no vería con buenos ojos que yo fornicara con su pequeña hermana.

    Alexandra tranquilizó a Katherine, accedió a guardar silencio pero bajo una condición: Me miro y dijo “quiero que me hagas lo que le estabas haciendo a ella”.

    Quedé helado, me parecía absurda la petición de Alexandra. Pero Katherine aceptó de inmediato. Me miró y sin decir palabra alguna, solo con sus gestos, me envió a cumplir la misión de satisfacer a su hermana para comprar su silencio.

    Debo admitir que dar sexo oral es uno de mis pasatiempos favoritos, tanto así que mis amigos más cercanos me habían bautizado como “el lamechochas profesional”. El hecho de poder excitar tanto a una mujer con mi lengua y mis manos me parecía algo espectacular.

    El coño de Alexandra no era una novedad para mí, pero si lo iba a ser el sexo oral con este. Nunca le había dado sexo oral a ella porque me parecía el polo opuesto a Katherine: no le daba la atención suficiente a su zona íntima, ni siquiera se tomaba el trabajo de depilarla.

    Pero no tenía otra opción. Era un acuerdo establecido entre los tres para conservar el perfil bajo de nuestra relación con Katherine. Tampoco se trataba de una tortura, así que me puse manos a la obra para cumplir con lo pactado.

    Alexandra se sacó el pantalón y luego sus calzones, que en esa ocasión eran unos cacheteros con encaje. Su vagina estaba tal y como la recordaba, oculta bajo una densa capa de bello.

    La acosté en la cama y procedí a consentirla con la lengua mientras Katherine veía todo. Supongo que para ella fue incómodo, para mí no dejó de ser supremamente excitante.

    Claro que esa sensación de calentura se disipaba al sentir el sabor del coño de Alexandra, pues era bastante fuerte; impedía concentrarse en dar un buen sexo oral.

    Aunque poco a poco me fui acostumbrando y pude tolerarlo. De todas formas no tenía otra opción, pues romper el acuerdo implicaba no poder contar con su silencio.

    Alexandra disfrutaba bastante de la sesión de sexo oral. Su vagina estaba lejos de producir la cantidad fluidos que lograba la de su hermana menor, pero su aumento de temperatura la dejaba en evidencia.

    También el accionar de sus manos, que poco a poco fueron ejerciendo más presión sobre mi cabeza contra su pelvis.

    Teniendo mi rostro hundido entre su humanidad, me era imposible ver la reacción de Katherine, que todavía seguía a un costado, observándolo todo.

    Alexandra gozó tanto de la situación que se dejó llevar y empezó a pedirme que la follara. Cuando eso ocurrió, Katherine reaccionó diciendo: “No más, ha sido suficiente”.

    Yo levanté mi cabeza, anonadado aún por lo que había escuchado. Ella siguió hablando, “prefiero contarles yo a permitirte que te tires a mi novio”. Luego me tomó de la mano, me hizo poner en pie, y empezó a besarme; sin importar el inminente sabor a coño impregnado en mis labios y en general en mi cara.

    Yo sabía que no había alternativa, o se destapaba todo porque Alexandra lo contaba, o porque nosotros lo hacíamos, pero no había escapatoria, había llegado el momento de confesar a Camilo que me estaba tirando a una de sus hermanas.

    – Cálmate, que no me interesa tu novio. Solo quería saber por qué disfrutabas tanto, dijo Alexandra tratando de tranquilizar a Katherine

    – ¡Vete a la mierda!, respondió Katherine a su aprovechada hermana

    Sin soltarme la mano, Katherine me llevó hacia uno de los baños para rematar la faena que su hermana había interrumpido. Sería el último polvo que echaríamos con el desconocimiento de su familia. Seguramente sería el último que tendríamos de forma clandestina, escondidos, como si hiciéramos algo malo, aunque eso dependía de la reacción que tuvieran Camilo y Diana una vez que se enteraran de lo nuestro.

    Katherine se sacó la camiseta que cubría su torso y rápidamente entró a la ducha. Yo tardé un poco más, pues entre lengüetazo y lengüetazo no me había dado tiempo de quitarme la ropa.

    Una vez que me desvestí e ingresé, la encontré allí tirada en el suelo, recostada contra una de las paredes, con sus piernas abiertas y haciéndome señas de que rematara el cunnilingus que había empezado minutos atrás.

    Lo hice con gusto. Para mí la vagina de Katherine era como un delicioso postre, no por su sabor, que también podía llegar a ser desagradable como el de cualquier vagina, sino por el efecto placer que producía a Katherine. Aunque a esa altura de la mañana ya era más que justo y necesario penetrarla. Me lo había ganado, había hecho méritos suficientes, y ella lo entendió así.

    Salimos de la ducha y nos sentamos sobre el inodoro. Bueno, ella no, ella se sentó encima de mí y empezó a darme una cabalgata brutal, utilizando mi miembro erecto como su consolador ideal. Yo la dejé moverse a su gusto, no utilicé mis manos para guiar su movimiento en ningún momento. Lo que si hice fue jugar con sus pequeños y tiernos senos entre mis manos y entre mi boca. También le metí un dedo por el ojete, más concretamente el índice de la mano derecha, era algo que venía anhelando y que hasta ahora no me había dado el gusto de cumplir.

    Lo hice sin ser muy intrusivo, con mucha delicadeza y sin apuro. Ella no me reprochó en ningún momento. Solo clavaba sus ojos en mi rostro, abriendo y cerrando su boquita al mismo ritmo que gemía. Ocasionalmente me besaba y ocasionalmente me enterraba las uñas en la espalda.

    Cuando mi excitación llegó a su cúspide, se lo hice saber, pues ya era una costumbre descargar mis orgasmos en su rostro.

    Ella tuvo que volver a bañarse, pues el coito le había puesto a sudar su coñito, además que su rostro había quedado cubierto de semen.

    Mientras ella estaba en la ducha, yo permanecí sentado en el váter, pensando cómo le iba a explicar a Camilo que me estaba follando a su hermana, a la menor de todas.

    *******************

    Capítulo 7: Entrando por el garaje

    La excitación del polvo mañanero y sabatino había pasado. Ahora caminaba de lado a lado en ese apartamento, pensando en la reacción que iba a tener mi mejor amigo. También entendiendo que si Katherine estaba dispuesta a revelar esto a su familia, era porque consideraba que yo era su pareja. Ella y yo veníamos follando desde hace unos meses, pero nunca charlamos acerca de nosotros, ni salimos en plan de novios, ni nada parecido, hasta ahora se había tratado de sexo ocasional…

    Twitter: felodel2016

  • Dos amantes virtuales se encuentran por primera vez

    Dos amantes virtuales se encuentran por primera vez

    «Llego al aeropuerto de Madrid y te busco. Estoy nerviosa, pero a la vez muy excitada. Sé cómo eres porque he visto tu foto, y de repente te veo. Tú aún no me has visto, y te contemplo por un instante. He estado esperando este momento por mucho tiempo, y por fin ha llegado. Te tengo dentro de mi vista, y eres real. Entonces tus ojos se fijan en mí, y siento que salta mi corazón en mi pecho. Empiezas a acercarte a mí y me envuelves en un abrazo muy fuerte y cálido.

    «No puedo creer que realmente estas aquí. Es como un sueño,» me dices al oído. Entonces me alejas de ti un poco para mirarme. Me miras profundamente en los ojos y sonríes. En este momento siento el deseo que tengo por ti y te vuelvo a abrazar. Siento tu cuerpo duro junto al mío, y mi vagina empieza a mojar. Me doy cuenta de que el aeropuerto no es el lugar correcto para seguir contigo así, y empezamos a caminar. Tomas mi mano en la tuya y la aprietas. Estoy alegre.

    Salimos del aeropuerto y hablamos de mi viaje, de lo alegre que estamos por estar juntos por fin, de todo y de nada. Aún tienes mi mano en la tuya, y no puedo dejar de mirarte. Eres tan guapo y siento tanto por ti. Me preguntas si quiero dar un paseo por el parque, y digo que sí. Llegamos a un parque muy bonito. Empezamos a caminar, disfrutando del sol, de estar juntos, de poder mirarnos. Hay mucha gente alrededor de nosotros. Nos sentamos cerca de un lago, y nos empezamos a besar, suavemente al principio, y luego con más y más fervor y pasión. Siento tu lengua recorrer mis labios y entrar en mi boca. Chupo tu labio inferior y te escucho gemir muy bajo. Estamos abrazados y los deseos están aumentando. Hemos estado tan absortos en nuestros mismos que no nos dimos cuenta de que toda la gente ya se ha ido, y unas nubes oscuras han llenado el cielo anteriormente completamente azul. No nos damos cuenta hasta que sentamos las primeras gotas frías en nuestros cuerpos. Nos ponemos de pie, y corremos hasta el auto. Entramos en el carro completamente empapados y estoy temblando del frío. Decidimos ir a un hotel para secarnos.

    Entramos en la habitación y te pregunto si puedo tomar una ducha caliente. Puedes ver a través de mi camisa hasta mis pezones duros por el frío. «Claro que sí, pero…»

    «Pero que???»

    «Pero solo si puedo entrar contigo.» Y me guiñas un ojo.

    Sonrío y te beso nuevamente, sintiendo la pasión aumentando entre mis piernas. Siento tu pecho contra el mío. Me diriges hasta la ducha, nos desnudamos de prisa, y entramos. Ya estás muy duro, y puedo ver pulsar tu pene erecto. Se me hace la boca agua imaginar tenerlo entre mis labios. El agua caliente siente muy bien cayendo sobre mi cuerpo. Vuelves a besarme y mi cuerpo está quemando por tu toque. Siento tu erección contra mi estómago y lo mueves contra mí cuerpo. Tu boca ahora está en mi cuello, chupándolo ligeramente, lamiéndolo, y volviéndome loca. Ves mis pezones erectos, esperando tu atención. Susurras, «Eres increíble.» Yo veo el deseo en tus ojos, y me hace aún más caliente por tenerte. Tu boca cierra sobre mi pezón izquierdo y siento tu lengua caliente por todas partes de mi pecho. Manipulas mi otro pezón entre tus dedos y siento que mi vagina está muy mojada.

    Tomas el jabón y empiezas a lavarme. Lavas mis pechos, recorriendo tus manos sobre mis pezones. Lavas mi estómago y bajas hasta llegar a mi vagina. Mientras besas mi abdomen, siento tu dedo entrando en mi vagina, rozando mi clítoris y cuando entra por dentro, se me corta la respiración. Siento que te necesito más que nunca. Te pones de rodillas enfrente de mí y de repente tu boca está cerrando sobre mi vagina. Gimo y tomo tu cabeza en mis manos, agarrando tu pelo. Tu lengua está por todas partes de mí, en mis labios mayores y menores, mi clítoris, entrando por dentro, y siento el orgasmo acercando rápidamente. Chupas mi gallito en tu boca, moviendo tu lengua sobre él.

    La combinación del agua acariciando mi cuerpo y de ti acariciando mi vagina me estoy haciendo explotar, pero cuando estoy al punto de venir, te levantas y me besas otra vez. Tu boca sabe a mí y me excita aún más. Ahora es mi turno, y bajo tu cuerpo, besándolo. Lamo tus pezones duros y te escucho respirar hondo. Alcanzo tu pene y lo tomo en mi mano. Lo siento pulsar. Tomo un testículo en mi boca, recorriéndolo con mi lengua y te escucho gemir, un ruido que me hace temblar con deseo. Te miro en los ojos mientras te tomo en mi boca. Veo puro placer cuando cierro mis labios alrededor de ti. Sientes lo caliente y húmeda que está mi boca, y empiezo a chuparte de verdad. Subo y bajo mi cabeza sobre ti, usando mi mano para jugar con tus bolitas. Tus manos están en mi pelo, y estas moviendo tus caderas para culear mi boca.

    Uso mi lengua en la parte sensible de tu pene bajo la cabeza, consiguiendo más gemidos de ti. Mis labios siguen deslizando sobre tu pene, y te siento crecer aún más en mi boca. Por fin, me subes de tu pene, y me dices que quieres ir a la cama. Esa es buena idea debido a que el agua de la ducha se ha puesto frío.

    Tomas mi mano y vamos a la cama, completamente mojados. Otra vez, tu boca está poseyendo el mío y tu lengua está tocando mi lengua. Con nuestras manos nos recorremos el cuerpo del otro.

    «Te necesito por dentro de mí,» te ruego.

    Después de haber hablado de este momento, imaginado como sería, y masturbado tantas veces pensando en estar penetrada por ti, ya es la realidad. Mueves tu pene sobre mi vagina, sintiendo cuán húmeda que estoy. Lo mueves sobre mi clítoris y me sientes temblar con excitación. Entonces, siento tu pene entrando en mi vagina lentamente, estirándome. Cuando por fin estas completamente por dentro, pausas un instante para gozar del sentido de estar tan cerca, de estar una parte de mi cuerpo. Mi vagina involuntariamente contracta sobre ti y al oído me dices que me amas. Te miro profundamente en los ojos y te digo, «Te quiero que jode, Amor.» Con eso, empiezas a mover lentamente y pongo mis piernas alrededor de tu cuerpo. Cada vez que entras, siento tu pene contra mi cosita, y aprieto mis músculos sobre ti. Estamos respirando muy hondo, y gimiendo mucho. Besamos locamente, y empiezas a mover más rápidamente, más fuertemente penetrándome. Te digo que quiero hacerlo en otra posición, y con eso movemos y me presento a tí en cuatro, tu perrita en celo.

    Al mirar mi trasero te escucho gemir, y me lo acaricias. Yo pienso que vas a entrarme inmediatamente, pero me sorprendo a sentir tu boca otra vez en mi vagina. Me lames hasta que me sienta que no puedo aguantar más.

    Me penetras con una emoción fuerte que me hace jadear. De repente, las olas de mi orgasmo empiezan a consumirme y mi vagina está contractando muy rápidamente. Otra vez, estas entrando y saliendo muy rápidamente.

    Siento tu pene crecer y ponerse aún más duro dentro de mí y tú también empiezas a venir, la pasión consumiéndonos a la misma vez. Es el orgasmo más grande de mi vida. Por fin, las olas nos pasan, y nos quedamos con los corazones latiendo muy fuertemente y rápidamente. Aún sientes las contracciones de mi vagina sobre ti. A la misma vez, nos decimos «Te amo.» Siento que tengo la mejor suerte del mundo por haberte encontrado y por tenerte a mi lado por fin. Nos acostamos abrazados en la cama deseando que el momento no se termine jamás…»

    Repetimos el amor varias veces más antes de atrevernos a salir del hotel. Y lo hicimos en muchas partes más… Pero esa es otra historia…

  • Encajado y más encajado

    Encajado y más encajado

    Estaba construyendo una pequeña cabaña en un campo propiedad de mi tía. Ese sábado al mediodía estábamos viendo unos planos con el arquitecto. Los obreros ya se habían marchado y no regresaban hasta el lunes. Al rato también se fue el arquitecto y yo quedé a solas en la vieja casona. Como no tenía apuro, decidí quedarme un par de horas allí. Bajé la notebook del auto y después de prepararme una taza de café, me puse a ver una película.

    Pasaron un par de horas y me pareció escuchar el ruido del motor de un vehículo. Después de un par de minutos volví a escucharlo. Me acerqué al ventanal y observé hacia afuera. A unos diez metros de la casa, había una camioneta con las ruedas traseras patinando en el barro. El vehículo era del corralón de materiales, que había traído unas planchas de telgopor. Se había metido marcha atrás y ahora le costaba salir. Cuando bajó el vidrio de la ventanilla, vi que era un chico rubiecito, de no más de 20 años, y con una expresión de contrariedad en el rostro.

    Como no podía salir hacia adelante, le dio marcha atrás, y fue lo peor que podía hacer. Ahí el terreno era más blando y se quedó encajado. Con cierta desesperación bajó a ver en qué situación estaba, y yo me llevé la sorpresa de mi vida. De la cintura haca abajo estaba… ¡Vestido de mujer!

    Llevaba unos jeans elastizados tremendamente ajustados, medias de lycra color negras, y unos increíbles zapatos negros de altísimos tacos aguja. Cuando vio las ruedas traseras semi hundidas se puso furioso, y le dio un golpe al costado de la camioneta. En el movimiento se le enterró uno de los tacos, y estuvo a punto de dejar un zapato en el barro. Volvió a duras penas al asiento del vehículo en el momento que yo estaba dirigiéndome hacia el lugar. Al divisarme su expresión pasó de la furia la pánico.

    Puso en marcha la camioneta y comenzó a acelerar a full. Era indudable que quería marcharse rápidamente para que yo no lo viera. Pero el resultado fue nefasto. Las ruedas patinaban y cada vez se encajaba más. Cuando llegué al lado del vehículo, el terror estaba pintado en su rostro, que ya se estaba cubriendo de lágrimas. Yo le dije:

    -Es inútil que sigas acelerando. Vas a lograr que se hunda más todavía. ¿Cómo fue que te encajaste así’.

    -N… no me di cuenta, señor, que estaba tan blando. Cuando quise salir, me encajé. -dijo y se largó a llorar.

    -No te pongas así. No es la primera vez que alguien se encaja en esta quinta. Vení, baja y tranquilizate. Yo te voy a ayudar. Vamos a la casa, te tomás un café bien caliente y después vemos como sacamos la camioneta.

    -No… no puedo. -contestó el chico.

    -¿Por qué? ¿Porque estás vestido de mujer? -le dije.

    -¿Me vio?… ¡Me quiero morir!…

    -Dejá de llorar y bajá. No seas tonto. No pasa nada. Además acá ya no podés hacer nada. Como esta encajada la camioneta y vos con esos tacos, es imposible que puedas sacarla. Vení, después que te tranquilicés vemos que hacemos.

    El chico bajó y emprendimos la marcha haca la casona. Lo tuve que sostener de un brazo para poder avanzar. Le temblaban las piernas por el nerviosismo, y si a eso le sumamos que los finos tacos se le hundían a cada paso, sin mi ayuda no hubiera podido dar dos pasos seguidos. Entramos a la casa, le dije que se acomodara en una silla de la cocina y fui a buscar dos tazas de café. Mientras bebía, se iba tranquilizando un poco. Yo tomé un trapo de limpiar y acercándome a él le pedí uno de los zapatos. Le quité un poco de barro y pasto que tenía adherido al alto y fino taco, y se lo entregué. Volví a repetir lo mismo con el otro zapato. Al dárselo le comenté:

    -Son hermosos estos zapatos, y que bien te quedan. Bah, todo el look te queda bien.

    -¿Le parece, señor?

    -Por supuesto. Y decime, siempre andás así?

    -No, no. A veces me visto así, pero estando solo. Hoy creí que no iba a haber nadie acá. Los sábados a la tarde cuando traigo algo del corralón nunca hay nadie. Y… hoy está usted. Y encima me quede «encajada»… perdón, encajado.

    Mientras tomaba el café, volvió a ponerse los zapatos. Se notaba que le gustaba bastante estar de tacos altos. Yo me dirigí a la sala y me acomodé en un amplio sillón. Desde allí le dije que se acercara. Él se paró y vino hacia donde yo estaba. Verlo caminar sobre esos tacos era algo excitante. Sabía hacerlo y también mover las caderas al mismo ritmo. Se me estaba parando la pija. Se sentó a mi lado y le pregunté:

    -¿Cuándo te vestís así, te sentís minita, no? Lo pregunto porque hoy dijiste encajada en lugar de encajado. ¿Es así?

    -Si… si señor, ay me da vergüenza.

    -Nada de vergüenza. Si te queda bárbaro. Estás muy linda.

    No supo que decir, pero se le iluminó la mirada. Y no tuvo tiempo de más. Le tomé el rostro con ambas manos y le di un largo y caliente beso en la boca. El respondió con la respiración entrecortada. Comencé a acariciarle las piernas y el culito. Él se entregaba a las caricias, y cuando llevé su mano a mi entrepierna, empezó a tocar mi verga con ansias. Yo me quité el pantalón y el bóxer, y el chico se sacó el ajustado jean. Debajo tenía una tanguita negra bien diminuta. Se volvió a poner los tacos, y se arrodilló buscando mi pija. Estuvo más de 10 minutos chupándome la verga. Y bien que sabía hacerlo.

    Yo veía que estaba por acabar, pero quería cogérmelo. Me retiré y lo hice arrodillar sobre el sillón. Comencé a introducirle la cabeza de la pija, y notaba como se estremecía. Lanzaba unos grititos, que más me hacían calentar. Cuanto más avanzaba mi verga dentro de su culo, más se retorcía de placer. Dejando a un lado su timidez inicial me decía:

    -Ay, así, si así. Cogeme, cogeme bien cogida. Si damela toda, papi. Ay, como la siento. Seguí, seguí. Cogete a tu perrita. sii.

    Con la calentutra que yo tenía, no tarde en acabar, llenándole el culito de leche. Cuando la saqué de adentro suyo, él se acomodó y comenzó a limpiarme la cabeza de la pija con su lengua. Y se iba tragando el semen. Resultó «una guachita divina». Después de higienizarnos y vestirnos, yo llamé a un vecino de otra quinta, y vino con el tractor a ayudarme a sacar la camioneta. En un solo tirón estuvo fuera del barro. Obviamente el chico esperaba adentro de la casa. Antes de marcharse, el chico me dio una franeleada terrible, que me dejó nuevamente al palo. Me dijo:

    -Así me recuerda. ¿Puedo volver alguna vez?

    -Por supuesto, linda. Cuando yo esté solo acá, llamo al corralón y pido que te envíen con alguna boludez. Decime. Si llueve vienen igual?

    -Si es para usted, seguro que vengo. Y si llueve mejor, así me quedo «encajada» enseguida, ja, ja.

    Y tenía razón. Se quedó encajada dos veces. Con la camioneta y en mi verga.

  • Engañando a mi marido con mi ex compañero de clases

    Engañando a mi marido con mi ex compañero de clases

    Ahora les hablaré de Valente, un ex compañero de secundaria y de trabajo, que siempre quiso conmigo y aprovechando la situación vulnerable en la que estaba, finalmente decidí darle un taco.

    Me invitaron a una reunión de ex alumnos de la secundaria, así que acepté ir con mi esposo para pasar un rato agradable y olvidarme de mi infidelidad con Fernando.

    La reunión era en una casa que prestan para fiestas, ahí estaban todos los antiguos compañeros, algunos casados otros solteros, de todo, la verdad un poco melancólica el rencuentro.

    Ahí me encontré con Valente, mi antiguo pretendiente, él se veía muy bien, era alto, de cabello largo, esos ojos verdes que siempre me gustaron brillaron al verme, yo creo que me veía muy bien ya que llame la atención de todos con aquel vestido negro entallado, incluso incomodando un poco a mi marido.

    No voy a negar que no pude evitar coquetear un poco con él, él se acercó a convivir con mi esposo y conmigo, pero eso a mí marido le daban celos, pero al ver que yo estaba tranquila, el decidió apartarse un poco y convivir con algunos esposos, mientras yo estaba en un grupo de algunos con quienes me juntaba entre ellos Valente.

    Ya más noche y con la mayoría de los invitados alcoholizado y el baile a todo lo que da, yo bailaba en grupo con mis amigas y Valente estaba ahí, me coqueteaba y yo a él, la verdad ya estaba pasadita de copas, mi marido estaba sentado hablando con un invitado que no se percataba de como Valente me tomaba la cintura y bailaba conmigo.

    Al sentir que la adrenalina subía, fui al baño y de ahí a la concina, para poder beber y comer algo, ¡la verdad quería distraer mi mente que al ver a Valente ya pensaba cosas que no eran correctas!

    V: ¿Hola, que haces aquí?

    K: Eh, hola Valente, ¡pues tomando un poco jeja!

    V: ¡Creí que huías de mí!

    K: Así, ¡jajá!

    La verdad la forma en como me miraba Valente me piso un poco nerviosa así que quise salir de ahí, pero él me tomó del brazo y me dijo:

    V: Que buena te ves, ¡te pusiste más sabrosa!

    K: ¡Oye! ¡No digas eso, mi marido está aquí!

    V: Lo sé, pero sé que te pongo tensa, ¡por eso huyes!

    K: ¡Yo no huyo de nada jajá!

    Él me tomó de la cintura y me dio un beso, un rico beso francés, yo lo recibí metiendo mi lengua en su boca, ¡la adrenalina me domaba y no me importó donde estábamos!

    V: Haya arria hay unos cuartos, ¡si gustas te ayudo a relajarte!

    K: ¡No mames mi marido está aquí!

    V: Míralo, está ebrio y metidísimo en la plática con aquel, jajá, ¡ven vamos!

    K: Pero, dios mío, ¡no está bien!

    La verdad a quien quería engañar, estaba caliente y deseo de tenerlo encima de mí no lo voy a negar y aunque me hice un poco del rogar, mientras mi esposo seguía charlando con el marido de una compañera acepte subir con Valente ¡a una habitación!

    Entramos a la más alejada, ahí casi no se oía el ruido, al entrar nos besamos con pasión, sus manos acariciaban mis nalgas y mi espalda yo me arrimaba para sentir como su pen se endurecía, ¡que puta me había vuelto!

    Me quito el vestido y me acostó en su cama, yo me mordía el dedo en lo que se desvestía mostrando un cuerpo agradable, trabajado, no como el de mi esposo, mi sorpresa fue mayor al ver su enorme pene, era de unos 21 cm, nunca había visto una así de grande, ¡que hasta trague saliva!

    K: ¡Por dios! Eso es tuyo?

    V: Si, eso que aún no está al máximo, ¡pero tú puedes ponerlo bebe!

    Sin decir más, me arrodillé en la cama y el subió dejándome su duro amigo en mi cara, yo lentamente empecé a darle lengua, recorría de sus testículos hasta su glande, le daba ligeras mordidas, lo sobaba con mis manos, era un verdadero manjar para mí.

    Empecé a meterlo a mi boca, uf, apenas si me cabía, pero ahí estaba chupándosela como loca, le me acariciaba la cara y el cabello, a veces me empujaba su verga hasta ahogarme, nunca había sentido esa sensación.

    V: Que rico lo chupas, ¡uhm!

    K: ¡Me estas ahogando!

    Yo continuaba con la felación, que adrenalina, mi marido estaba abajo y yo metida en ese cuarto con Valente.

    Después de mamar su gran pene, me acosté y el me desnudo totalmente, me acostó y se fue directo a lamer mi vagina la cual ese día había depilado completamente, como si presintiera algo.

    Valente me lamia riquísimo la vagina, su lengua entra y succionaba todo por dentro, sus dientes rasgaban fenomenal mi clítoris, yo me retorcía y gemía, no podía evitarlo era una sensación de lo más rica, un verdadero sexo oral!

    V: Me encanta como te retuerces, ¡uhm!

    F: ¡Ah, uhm, ah!

    Ahí estaba abierta de piernas recibiendo sus ricas chupadas, yo le atrapaba la cabeza para que no se despejara, el movía su lengua en círculos, incluso aprecia que, hacia trompetillas, el cosquilleo y satisfacción estaban al límite que no lo tolere más y expulse una venida en su cara, la cual el probo gustoso.

    K: ¡Ah, que rico, ah!!

    V: Si, así nena, ¡uhm!

    Apenas si me sobreponía del espasmo causados por mi orgasmo cuando él me puso en cuatro y comenzó metérmela muy rico.

    Se movía rápido y lento, su verga era grande para mi estrecho coño, eso me tenía gimiendo y babeando, ¡nunca me había entrado una de ese tamaño!

    K: Ah!!! Que rico, uhm, ah!

    V: Si, uhm, que rico coño, uhm, ¡como aprieta!

    K: ¡Ah!!! Que grande, que grande ella tienes, ¡uf!

    El me apretaba las nalgas y se empujaba con fuerza, su verga ya estaba toda a dentro, yo me movía también, quería aumentar el placer.

    Luego el me soltó y yo solita me movía, de adelante para atrás, ensartándome en su rico camote, él se veía espectacular sonriendo y gimiendo al verme trabajar solita.

    K: ¿Ah, te gusta papi?

    V: ¡Oh!! ¡Si nena que rico te mueves, uhm!

    Me acostó boca arriba y levanto mis piernas, besándome los pies comenzó a metérmela con fuerza, me sentía en el cielo, sus movimientos eran fenomenales, me movía todo por dentro, se agachaba y me besaba la boca, el cuello y mordía mis pezones, ¡yo lo abrazaba con fuerza y uno que otro arañazo le daba!

    El “misionero” lo sentí como nuca antes, tal vez por el tamaño de su verga, ¡la verdad era otra sensación!

    K: ¡Ah, si así, que rico, ah, dame, dame más!

    V: Uhm, siempre supe que eras caliente, ¡que lastima que apenas te esté cogiendo!

    K: ¡Más vale tarde, ah!!

    V: ¡Que ricura eres, oh!!

    Se empujaba delicioso, e besaba toda, estaba extasiada, me olvide por completo de que era casada y que mi esposo estaba ahí, ¡la verdad Valente me estaba cogiendo mejor que muchos otros!

    Él se sentó en la cama y me pido me diera mis sentones, yo lo obedecí, y colocándome su puntita empecé a dejarme caer, una y otra vez, lento y luego rápido, movía mi cadera en círculos, me encantaba solo meter la puntita y luego ensartármela toda, ¡eso a él lo tenía jadeante y feliz!

    V: Nena, te mueves riquísimo, que nalgotas, que rica estas, ¡ah!

    K: ¡Que duro, uhm, que rica verga, uhm, riquísima!

    Sin sacármela me puso de pie y me pego a la pared, ahí yo me recargue y me empine un poco, Valente me la metía con desenfreno, ¡la fricción me tenía a tope que saque nuevamente una descarga de fluido y otro orgasmo nació en ese momento!

    K: ¡Dios!!! Que rico, uhm, que rico, métemela papi, métemela, ¡ah!!

    V: Sí, eso, gime, pídemela nena, uhm, toma, toma esta verga, ¡uhm!

    K: Si, agh, dame tu elche, ¡la quiero!

    V: ¿La quieres? ¡Ven súbete!

    ¡Se acostó en la cama y yo como buena amante subí en mi macho!

    Comencé con movimientos circulares, me dejaba caer lento, el me acariciaba, las piernas, mis nalgas y mis tetas, le tomé la mano y le lamia los dedos, eso lo puso más caliente y él se empezó a mover también, aumentando el pacer para ambos.

    K: Que rica, uhm, ah, cógeme papi, ¡cógeme!

    V: Uhm, muévete nena, ah, que rico, ¡ah!!

    No sé cuánto tiempo llevábamos cogiendo, solo sé que mi marido ni sus luces y yo continuaba moviéndome como loca encima de mi ex compañero.

    V: Así ricura, muévete, que nalgas, que piernas, ah, ¡no puedo creer que finamente así te tengo!

    K: Si, cógeme, que rica verga, agh, uhm, ¡ah!!

    La cama se movía fuerte, nuestros movimientos veloces nos tenían a tope, ¡nunca me sentí tan perra como ese día!

    Me di vuelta y ahora lo cabalgaba invertida, dándole la espalda, el me la acariciaba y me jalaba el cabello, yo me movía como loca, sentía como su pene empezaba a inflarse, yo me agachaba para sentir solo su puntita y luego de golpe meterme todita su verga, el me nalgueaba, me apretaba los muslos y el cabello, ¡estábamos a mil por hora!

    V: Así nena, así, que rico, ¡ah!

    K: Uhm, mas, más, papi, ah, sí, ¡ah!

    V: ¡Me vas hacer venir nena ah, que rico, no mames, que placer!

    K. Oh!! Si, sácala, uhm, ¡dámela ah!!

    Entones él se endureció y comenzó a sacar su leche expulsando choros dentro de mí, ¡mientras yo continuaba moviendo y logrando un tercer orgasmo en mí!

    K: ¡Si!! ¡Qué rica leche ah, que rica!

    V: ¡Ah, uhm, ah, que rico, que rico!

    El orgasmo fue fenomenal, él se retorcía y yo también, nos besamos como locos hasta que pasó la sensación.

    Luego de reposar y besarnos unos minutos, nos vestimos y nos limpiamos, yo la verdad ya estaba tensa, pensé que me metería en un problema, pero al volver a la fiesta mi marido ya estaba casi dormido en una silla y aunque me dio coraje verlo así, admito que me relajo ya que al parecer no se percató de nada.

    Llame un taxi e incluso Valente me ayudo a treparlo justo antes de subirme me acaricio mi nalga y en el odio me dijo que me llamaría que quería más, yo lo mire sonriente y le guiñe el ojo.

    En ese momento supe que ya era una mujer nueva, que buscaría el placer que no tenía en casa precisamente para mantener su matrimonio y aunque admito que desde que engaño mi esposo nuestra relación es mejor en todos los aspectos, me da miedo lo que sucederá cuando me descubra, pero mientras decidí seguir viviendo y cogiendo.

    Kali

  • Entre cortinas con el hijo de los nuevos vecinos

    Entre cortinas con el hijo de los nuevos vecinos

    Ya llevaba un tiempo viviendo sola en un complejo departamental en las afueras de la metrópoli, un poco acongojada, pero ciertamente más cómoda, desde que me hubiese separado de mi novio casi cinco meses atrás. 

    A su vez, habrían pasado unos dos meses que mis vecinos habrían emigrado a otros terrenos, dejando abandonada la casa de enfrente colindante a la mía.

    Acostumbrada a la privacidad que me ofrecía el aislamiento en aquel rincón del vecindario, me asomaba tranquila por mi venta. Era una bella tarde soleada, acaba de regresar del trabajo, cuando observaba a una familia desde la ventana de mi dormitorio arribando justamente a aquella casa, cuales seguramente se convertirían en mis nuevos vecinos.

    Era una pareja clásica con dos hijos; una pequeña quien no debía tener más de tres años y un adolecente de unos veinte años. Y ya saben, me he quedado embobada mirando el laborioso y extenuante trabajo que conlleva descargar las cajas, muebles y de más domésticos, que, cuando se mira sin tener que hacerlo, resulta ser pecaminosamente satisfactorio.

    A primera vista

    Un día llegaba tarde del trabajo, era ya de noche. Debían ser cerca de las once cuando entraba a mi recamara muerta de cansancio, apenas encendí la luz, me saqué los zapatos altos y comencé a desvestirme. Me quité el abrigo y me desabotoné la blusa hasta quitármela, enseguida me bajé la cremallera de mi falda dejando que se deslizara hasta desembocar en mis desnudos pies, cuando me percaté de que mis cortinas estaban completamente abiertas. Entonces me detuve y me acerqué a la ventana para cerrar los telares.

    Esa fue la primera vez que lo pillé. Se trataba del hijo mayor de los vecinos, quienes habían terminado de asentarse en su nuevo hogar semanas atrás. Dejando su sala en la parte izquierda de la casa en la planta baja, junto con la cocina. Un estudio en el segundo piso y a la derecha del mismo, la recamara del muchacho, quien me espiaba desde su ventana, atónito ante el espontaneo espectáculo que le habría expuesto inconscientemente.

    Me dio un mucho coraje, de inmediato le cerré las cortinas del show llena de enfado, lamentando con impotencia mi estúpido descuido. Aunque no le habría mostrado más que mi torso aún con mi sostén puesto, me sentía colérica por el simple hecho de haberme exhibido sin saberlo.

    Me sentía acosada, ahora me pasaba las tardes en penumbras, con las cortinas cerradas la mayor parte del tiempo. Sin embargo, aún lo veía, sí, a aquel adolescente. No lo sé, algo en él me atraía. Un poco por su apariencia, era bastante guapo, pero también por su forma de ser. Parecía un chico responsable, siempre cuidaba de su hermana pequeña y cuando no estaba estudiando se la pasaba ayudando a su madre en las labores de la casa.

    Eso me hizo pensar mucho en mi exnovio y lo inmaduro que era, también provoco que me juzgara a mí misma, pasando la mayor parte del tiempo jugando videojuegos. No podía creer que un chico de apenas veinte, fuese más responsable que mi anterior novio, más que el tipo que presumía de títulos y galardones en escuelas de paga, supuestamente en puestos importantes de grandes empresas. Irresponsable, mujeriego y mentiroso, es lo que era.

    Pensaba en lo que sería de aquel joven muchacho al crecer, mientras le veía desde mi cocina asando la comida en la estufa, espiándole hasta el otro lado de la acera en su casa conviviendo con su papá, quien era un hombre muy serio, de porte estricto, seguramente de ahí la actitud sumisa de su hijo.

    No fue sino hasta días después cuando lo vería nuevamente. Era un domingo, único día en el que descansaba y podía despertarme tarde. Sin embargo, en aquella ocasión separaba los parpados por eso de las siete de la mañana, cuando normalmente lo hacía ya casi tocando las once.

    El sol aún no terminaba de posarse sobre el tejado de la casa vecina y yo ya me disponía a iniciar mi día, con toda la apática actitud que un domingo pudiese ofrecer. Me vestí la parte de arriba del pijama, pues suelo dormir solo con el pequeño short del conjunto, y abrí las cortinas de mi recamara para ahorrarme el bombillo con la luz de la mañana.

    Con toda normalidad miré el piso del vecino. Ahí estaba el joven, igualmente con su ropa de dormir. Recordé mi involuntario exhibicionismo al casi desvestirme frente a él, pero no le presté mayor importancia y rápidamente continué con mis deberes matutinos para no arruinarme la mañana yo sola con malos recuerdos.

    Así, arreglé mi recamara, aseando solo un poco la sala y la cocina en el primer piso, pues me paso la mayor parte del tiempo arriba, en el cuarto de entretenimiento contiguo a mi recamara, donde me dispuse a pasar la aspiradora entre el sofá y el love seat frente a la tv.

    Al terminar, regresé a mi alcoba para cambiarme de ropa. Me puse frente a mi closet, el cual quedaba a un lado de la ventana, y ahí, mientras buscaba ropa cómoda que vestirme, no pude evitar espiar un poco a la casa de al lado discretamente.

    En uno de esos vistazos apareció el hijo de los vecinos en su habitación. Parecía que regresaba de bañarse, tan solo se cubría su cuerpo desnudo con una toalla enrollada en su cintura. Y no pude quitarle la vista. No le había mirado con atención, sin duda es un chico muy guapo. Tenía un buen cuerpo, no era demasiado musculoso pero se le macaba el abdomen aún desde lejos, y tenía un rostro hermoso e inocente. Era de tez blanca, cabello lacio un poco largo, castaño claro y unos bonitos ojos claros.

    No hace falta decir que me cautivó el chico, no pude evitarlo. Quería apartar la mirada, pero en ese momento el tío se despojaba de su toalla, quedando completamente desnudo, dejándome ver toda su polla que, aunque aún flácida se veía pulcra y suculenta.

    Seguramente lo había hecho adrede, no lo sé, pero me gustó, mucho. No es lo mismo ver a una persona desnuda de primeras, como si fuese tu pareja. El verlo desde lejos, en modo espía, resulta muy excitante. Aquel desinhibido momento hacía que mi ritmo cardiaco aumentase como si estuviese por cometer un delito. Sentía que me faltaba el aire. Quería dejar de ver, y no parecer una pervertida, pero no podía despegar la mirada de aquel joven adolecente andando en pelotas antes de vestirse, espiando su espalda, sus redondas nalgas, sus piernas y claro, su miembro balanceándose cual trompa de elefante.

    Fue una experiencia muy intensa, pese a la brevedad de la misma. Hasta ese día creía que el voyerismo era una actividad exclusiva de gente perdida y depravada. No podía creer que me llegase a gustar y excitarme tanto.

    Juego de dos

    Desde ese día cambié mucho. Creo que había encontrado una faceta en mi sexualidad que no conocía. Me había enamorado de aquella complicidad a distancia no escrita que nos libraba de cualquier compromiso, y que sin embargo nos daría vía libre para experimentar y jugar con nuestros cuerpos y miradas entre cortinas.

    Días pasaron desde ese encuentro que tanto anhelaba repetir, pero era muy complicado coincidir en horarios, solo tenía oportunidad en domingo y días festivos, por desgracia no suelo ser de esas mujeres que madrugan muy temprano.

    Sin embargo, todo cambió en una tarde entre semana. Era un día soleado y muy hermoso, perfecto pasa salir a correr un poco como tanto disfruto hacerlo. Así que me puse mis licras deportivas, una blusa delgada, los zapatos para correr y salí a dar una vuelta en el boscoso paraje alrededor del vecindario.

    Un par de horas más tarde regresé a casa un poco cansada pero no lo suficiente como para no hacer un poco de yoga para terminar de relajar mi cuerpo. Entonces puse mi tapete en la estancia principal en la segunda planta, justo detrás del centro de entretenimiento y comencé con los estiramientos y posturas clásicas de la disciplina.

    En esas estaba cuando sentí una mirada. De reojo miré a la casa de enfrente y enseguida me percaté que el vecino conversaba con su hijo en la sala de estudio. Le mostraba unos documentos y gráficas en su ordenador de escritorio, seguramente de su trabajo, quizá comenzando a formarle un hábito del negocio que algún día le heredaría.

    Sin embargo el monitor no era lo único que observaban mis vecinos. Bien sabía que ambos desviaban la mirada a mí. Me incomodó un poco pero no lo suficiente como para detenerme o cerrar las cortinas, el día era muy hermoso y no le negaría la entrada a mi hogar, aunque estuviese acompañado de miradas indiscretas.

    Tampoco era para tanto, es decir, estaba justo enfrente de ellos haciendo mi rutina, con todos los ademanes y ajetreos que conlleva. Era natural que le arrebátese la mirada a cualquiera aunque fuese solo por un instante. Vestida en esa holgada blusa rosa que dejaría ver mis senos debajo, aprisionados en mi sujetador deportivo color lila, y mis ajustadas mallas del mismo color metiéndose entre mis muslos y mis nalgas por los movimientos que realizaba.

    No pasó a mayores, aunque sé que ambos, padre e hijo, disfrutaron de aquella pequeña obra teatral.

    Todo subiría al siguiente nivel un par de semanas más tarde cuando llegaba un poco más temprano del trabajo. Ese día había salido de las oficinas a una conferencia en un lugar cerca de donde vivo, la cual, por fortuna, habría terminado pronto, dándome más tiempo de llegar a casa.

    De inmediato me dirigí a mi recamara con toda intención de ponerme el pijama. Me acerqué a la ventana para cerrar las cortinas, pero me detuve. No puede evitar espiar un poco, estaba toda la familia; el padre estaba en el estudio, concentrado en su ordenador, a la mamá se le podía ver en la sala en el piso de abajo jugado con su hija quien corría de arriba abajo molestando a su padre insistentemente, aunque a él no parecía molestarle. Y el hijo, aquel muchacho estaba en su alcoba, perdido en su ordenador portátil anotando con desesperación en su cuaderno.

    Me quede un rato mirando embelesada con la hogareña escena, hasta recobrar la motricidad de mi cuerpo para reanudar mi cometido inicial. Entonces, me acerqué a mi guarda ropa y de él saqué mi ropa de dormir tirándola sobre mi cama sin cuidado alguno. Ahí me posé frente a ella y comencé a desvestirme. Me quité el saco y lo colgué sobre el respaldo de una silla cerca de la puerta, enseguida me saqué la delgada blusa de tirantes que vestía debajo y no me resistí a mirar por la ventana.

    Ahí caché mi vecino y fiel confidente espiando tras su cortina. El muy ingenuo debía creer que no se veía, pero su silueta se delineaba perfectamente entre los pliegas de la tela colgante recorrida a la izquierda de su ventana.

    Estaba fastidiada, me sentía harta de tener que lidiar con los vecinos, suplicando por un poco de privacidad. Ese era el momento para cerrar el telón, pero al acercarme a mi ventana, algo me detuvo. Ya con la cortina en la mano, me percaté que el chico se estaba zanjando el pene como depravado. Era obvio, sus ajetreos lo delataban.

    Primero me dio un poco de asco, creía que se trataba de un tipo con serios problemas, pero enseguida recordé que yo misma también le había espiado. Y no supe que pensar.

    Dejé la cortina entrecerrada y regrese a mi armario. Estaba confundida, tenía sentimientos encontrados que trataba de comprender, mirando discretamente la larga polla del vecino siendo complacida por todo lo largo con su mano izquierda, ahora fuera de su escondite de telas.

    Frente a mi espejo, comencé a peinarme mi larga cabellera, recordando la escena donde le veía desnudo, recreando aquellos sentimientos que me embriagaron al no poderle quitar los ojos de encima. Y ahí lo comprendí todo.

    Se trataba de ese amor a distancia, de esa fruta prohibida, del pecado convertido en placer, alejándose un poco de lo correcto para desinhibirse y darse ese gusto culposo de mirar, como yo misma lo hacía ese día en que arribaron, viendo como desempacaban sin que se percataran de mi presencia, solo que ahora, tomaba un sentido más erótico, sensual y voyerista.

    Y de nuevo me dejé seducir por la excitación del momento. Sin saberlo, ya estaba enredada y me había acongojado con aquel sentimiento mutuo de espiar y ser observada. Me encanta esa sensación de ser querida, amada y sobre todo deseada con lujuria y perversión a distancia. Me hace sentirme más sensual y femenina. Me empodera tener el control absoluto de la situación y poder excitar a placer.

    Entonces caminé cerca de la ventana, fingiendo distracción, acomodando mi cabello en una coleta, Ahí, sin voltear a ver, me llevé las manos a la espalda y me desabroché mi sostén. Enseguida lo dejé caer desnudando mi torso y exponiendo mis senos balanceándose a la intemperie y a ese chico, a ese afortunado muchacho quien espiaba mal escondido desde su cuarto, masturbándose con el espectáculo, delatado por el inequívoco movimiento de sus cortinas, al paso de su mano estrujando su miembro excitado por mí. Gracias a mí.

    Show de medianoche

    Era adicta ya a esa sensación, me hacía sentir realmente bien, me enaltecía el ego, y sin duda me excitaba mucho. Tanto, que llegué a tocarme en la noche, fantaseando con las miradas del joven y guapo vecino, hasta hacerme venir en mi cama imaginando su pene eyaculando al verme exhibiéndome para él. Realmente me encanta seducir de esa manera.

    En otras ocasiones me dejé ver a través de la ventana. De hecho lo hacía cada vez que podía, siempre con discreción y en medida de lo posible con recato, buscando no verme tan obvia ni descarada, alimentando el roll de voyerista.

    Casi siempre lo hacía al regresar del trabajo y cambiarme de ropa, pero a veces también lo hacía en las mañanas después de bañarme, o en aquellas rutinas de yoga aún enfrente de su padre. A ambos les gustaba verme, y a mí me gustaba que me vieran. Sabía cuánto lo gozaban, ahora que también conocía esos sentimientos de perversión. Ahora comprendía lo sumamente adictivo que era observar, y lo irresistiblemente excitante que debía hacerlo con una chica como yo.

    Por ello me dedicaba a alentar aquellas sensaciones, vistiendo con mis conjuntos deportivos más entallados, que realzaban mis atributos, algunas veces incluso sin ropa interior, para despertar las fantasías más oscuras y perversas de mis vecinos, a quienes les exhibía mis pezones erectos bajo mis blusas, mis nalgas entalladas y mi depilada vagina marcando raya en mis leggings.

    En una ocasión, salía de bañarme muy temprano en un día lluvioso y nublado. Entonces me atreví a quitarme la toalla y pasarme desde el baño hasta mi recamara, por todo el cuarto de entretenimiento frente al ventanal de dos por dos y medio metros, que les dejaría a mis vecinos la vista clara para admirarme de cuerpo entero.

    No sé si me habrían visto, las ventanas estaban un poco empañadas por el contraste de temperaturas, pero segura estoy de haber visto al más joven un par de veces espiándome desde su escondite favorito tras las cortinas de su recamara. Se levantaba desde muy temprano solo para verme. Eso me gustaba mucho, y se lo agradecía dejándole verme mientras me vestía y arreglaba antes de salir al trabajo.

    Sin censura

    Finalmente en una de esas noches de ocio, me encontraba jugando con la consola de videojuegos que había dejado mi ex novio, sentada frente a la pantalla a las afueras de mi recamara. Eran ya como las once, pero era sábado y las partidas en línea se ponían buenas.

    Entonces noté movimientos detrás de la cortina en el cuarto del vecino. Sonreí sabiendo de quién se trataba. No había mucho que ver, vestía ropa cómoda y holgada, no tenía planeado nada, pero el saber que estaba ahí, espiando, me haría cambiar de idea.

    En un principio solo lo ignoraba, tampoco se trataba de hacerlo diario ni de complacerlo todo el tiempo, pero pronto no me resistí, era mi adicción. Casi sin pensarlo me acomodé de tal manera que pudiese verme mejor; subiendo mis pies al sillón y recostándome en torno a su ventana.

    Seguía jugando, pero entre partida y partida me le insinuaba jugueteando con mi blusa delgada y suelta, como si estuviese a punto de rebelarle mis senos en cualquier momento. Hasta que lo hice. Siendo la única prenda que vestía en la parte superior, justamente en medio de una partida, al calor del momento, en un brusco movimiento, mi blusa se deslizó por uno de mis hombros dejado al descubierto uno de mis senos, debelando mi pezón rosado claro.

    Me di cuenta enseguida, pero no le presté atención al detalle, ya me habría visto el torso desnudo en otras ocasiones, aunque seguramente no tan claramente ni por tanto tiempo como ahora, aunado a la forma tan descuidada y espontanea en que se había presentado el momento. Seguramente le daría más material y tiempo para complacerse con la visión que su bella y exhibicionista vecina le presentaba frente a su ventana.

    -Eso es cariño. ¿Te gusta? Demuéstramelo complaciéndote para mí. –Poco a poco, aquel chico comenzaba a robarme la atención. Imaginaba como estaría gozando de la vista, de mi cuerpo, de mis senos desprotegidos asomándose entre el holgado escote de mi blusa, mientras intentaba concentrarme por matar y sobrevivir un poco más en la partida virtual. Cuando otro enemigo aparecía, y la confrontación se daba, aguerrida e intensa; intentado encestarle un disparo, evitando su ofensa, esquivando sus balas, saltando y apuntando. Mi corazón bombeaba con fuerza, la adrenalina fluía y finalmente lo derroté. Salía vencedora de aquel mano a mano, y lo festejé con efusión, lo grité a todo pulmón, levanté las manos en señal de victoria y entonces, llena de felicidad y éxtasis, me saqué la blusa de un veloz movimiento, quedando en topless con los pechos al aire, antes de retomar la calma y continuar la partida.

    Estaba vuelta loca, sentía mi cuerpo desfallecer ante la excitación del momento. Mis redondas y libres tetas se me endurecían aprisionadas por el helado frío al ser expuestas. Temblaba y sudaba pese a la poca ropa que vestía. Continuaba mi camino hacia la victoria, mientras sentía los ojos de mi vecino sobre mi cuerpo, deleitándose con mis pechos ahora balanceándose elegantemente con toda explicites, como esperando a una traviesa mano para que jugasen con ellas, probando su textura, su suavidad y cuán calientes estaban. –Seguro que te encantaría ¿no? ¿Quieres palparme los senos? Suavemente y sin prisa, como me gusta. Con ambas manos. Pruébalas, su textura, su temperatura. Recorre tus dedos delicadamente alrededor de mi pezón rosado y pellízcalo, solo un poco.

    Sin darme cuenta, ya me estaba excitando al imaginar todo lo que debía estar sintiendo el vecino al verme, recordando lo que yo sentía al verlo, desnudo, sus duras nalgas blancas y su largo falo endurecido siendo estrujado al verme, satisfaciendo sus bajos instintos con mi cuerpo, demostrándome de esa manera cuanto lo excitaba y cuanto me deseaba.

    Al final de esa misma partida, me sentía diferente, nerviosa, ansiosa, quería continuar con el juego, pero no el virtual sino el real, el juego de miradas, ese que tanto nos gustaba, sacando a flor de piel nuestros fetiches reprimidos. Entonces me despeiné el cabello, me acomodé plácidamente, me abrí de piernas, y mientras esperaba ingresar a un nuevo duelo me masajeaba un poco mi clítoris sobre mi ropa interior y mi pantalón deportivo con todo placer, intentando apaciguar mis nervios alterados y de paso exhibirme para mi vecino.

    Sabía que el chico me estaba viendo escondido tras su cortina. No lo podía ver, pero los movimientos lo delataban. Comenzaba la nueva partida, y los disparos, y corría, me escondía, pero yo ya no estaba concentrada, por lo que morí casi enseguida. Y ahí me rendí por completo.

    Estaba realmente caliente; sudaba y temblaba de excitación. Entonces dejé el mando por un momento, me puse de pie, estiré mis brazos relajando mi cuerpo, suspiré profundamente, y de un solo movimiento me bajé el pantalón con todo y bragas para terminar de desnudarme por completo antes de regresar a mi asiento.

    Enseguida me abrí de piernas con todo descaro directo hacía la ventana del chico y comencé a tocarme. Ya no aguantaba un minuto más, me había puesto bien caliente. Me llevé las manos a mi vagina y la encontré receptiva, mojada y ardiente como una buena taza de café por las mañanas desbordando su tibio contenido esgrimida para darle un buen sorbo sabroso.

    Lentamente me perdía en mis caricias. Pese a la distancia, me sentía entregada a él. Era suya y aquel espectáculo era todo para él. Era nuestro íntimo y privado secreto. Sabía que le encantaba, podía imaginármelo zanjándose con fuerza su miembro de adolecente precoz, gozando como nunca en su vida al ver una mujer como yo, desnuda, masturbándose al otro lado de la ventana.

    Y eso me encantaba. Es la mejor sensación de todas. Sentirse deseada, anhelada y dueña de todos sus impúdicos pensamientos sexuales, me provoca a raudales, haciendo que se me estremezca todo el cuerpo. –Disfrútame cariño. Gózame como su fuese la única mujer en tu vida. Complácete mirando mi cuerpo; mis pies enrojecidos por el calor en mi cuerpo, mis piernas blancas entumecidas por el impulso orgásmico congregándose en medio de ellas. Sé cuánto te excitan mis senos en forma de gota, balanceándose libres pero firmes, endurecidos por todo ese placer dentro de mi cuerpo.

    Agradecida, me acariciaba con seducción toda la piel de mi cuerpo, expresándole toda mi fogosidad con sensuales movimientos, relamiéndome los labios, exhalando excitantes gemidos sin censura, mostrándole explícitamente toda mi conchita mojada para que pudiese contemplar lo ardiente y mojada que estaba. –Seguro que te gustaría probarla. Beber de mi dulce contenido acuoso emanando de mi depilada vagina. Saboréalo. Es todo para ti.

    Me encantan sus miradas, casi podía palparlas sobre mi cuerpo, sabía cuánto me deseaba follar en ese instante, seguramente fantaseando con ponerme las manos encima, tocarme, estimularme, besarme, saborearme, masturbarme, meterme los dedos en mi mojado coño y beber de los néctares mi vagina para después penetrarme duro y profundo, sin piedad, ahí, en ese mismo sillón, en el que me retorcía de placer a punto de hacerme venir.

    Él me veía, lo sabía, se estaría complaciendo, viendo a su vez como mis dedos me complacían, entrando y saliendo con desdén en mi rosada y apretada conchita, empapada mis tibios fluidos íntimos. Extasiado con lo que sus ojos se apresuraban a captar en su memoria con desesperación, mientras su mano amiga juguetea con mi clítoris, estrujándolo entre espasmos que me excitaban más y más. –Sí, sí. Gózame, imagina que me tienes y hazme tuya. Complácete con mi cuerpo, sírvete a placer y déjame complacerte. Imagina que tu mano es la mía y estimúlame hasta hacerme venir. Sí, sí, así cariño. Estrújate tu largo pene, claro y pulcro hasta hacerlo estallar para mí.

    Enloquecía fantaseando con mi vecino, provocándome un placer insoportable, enaltecida con mis caricias y las miradas voyeristas de mi vecino, expresándome a distancia todo lo que me quería, y cuánto realmente me deseaba. Entonces, de pronto, finalmente me arrancaba el profundo orgasmo que tanto añoraba, llevándome al cielo, arqueando mi espalda, gritando con fogosidad y pasión, expresándole a mi vecino todo lo que disfrutaba. Así como festejaba las victorias en el videojuego, mientras sentía mi vagina viniéndose espasmódicamente, escurriendo toda mi trasparente eyaculación entre mis dedos en cada espasmo de mis músculos internos expulsando todo mi blanquecina y tibia lechita. Toda para él.

    Entonces lo miré. Le clavé firmemente mis delineados ojos cafés y le sonreí. Mirando como gozaba al verme terminar, disfrutando de su propio orgasmo en ese mismo instante, haciéndose eyacular a su largo pene hinchado, secretando todo su contenido hasta hacerlo caer al suelo de su alcoba.

    –Así. Disfrútalo, soy toda tuya. Aquí estoy para ti. Mírame. Concéntrate en mis ojos cafés brillantes. Todo está bien. Suéltalo, relájate y hazte venir pensando en mí. Imagina mi cuerpo desnudo y escúrrelo donde más te guste. En mis pies rositas, en mis torneadas piernas, en mi colita, en mi mojado y recién exprimido coño brillando con mi propio orgasmo, en mi abdomen plano, en mis tetas calientes y suaves, en mis pezones rodados, mi cuello, mis mejillas o en mi boca. Mmm. Me encanta. Ese semen se ve delicioso.

    Finalmente le giñé el ojo con extrema seducción y le dediqué un coqueto beso a la distancia, relamiéndome mis jugos embarrados en mis dedos, limpiando con mi lengua el espeso contenido de mi vagina fresco entre mis uñas largas. Sin parar de reír, disfrutando de mi impúdica travesura, de mi mejor victoria magistral de la vida real, cual pasaría impunemente por la casa de mis vecinos.

    Si te ha gustado el relato, te invito a ver más historias así, visitando mi perfil Erothic.

    Te agradezco por haber llegado hasta aquí.

    Me encantaría que me confesaras tus exhibiciones.

    Dime en qué parte de mi cuerpo te habrías venido.

    No olvides calificar.

    Te deseo Felices Fantasías.

  • Encuentro con amiga de colegio, mi amante furtiva

    Encuentro con amiga de colegio, mi amante furtiva

    Esto sucedió por el año 2008, resulta que hubo un gran encuentro de promoción de colegio en la casa de un amigo el cual todos asistimos, nos rencontrábamos con las chicas en la mayoría estaban solteras y muy guapas después de 8 años, ves que tan desarrolladas están algunas.

    Centrándome en el tema, ahí estaba ella Vania, blanquita de ojos caramelos con pecas y cabello teñido de rubio -una amiga de otra sección, pero del mismo año de promoción- que aún recuerdo firmo mi camisa dejándome un dulce deseo y su teléfono fijo al cual llamar, así lo hice en ese tiempo, pero nunca daba con ella en una oportunidad la vi de lejos x la calle, pensé en acercarme, pero vi que se acercó un auto al cual ella subió y se fueron raudamente, era tremenda la muchacha ya tenía su fama en el colegio. Así paso el tiempo y la volví a ver.

    Grande fue mi sorpresa pues se encontraba algo solloza y deprimida, problemas con el papa de su hija que me comento, motivo por el cual aproveche en hablar con ella en aconsejarla bien que buscaba la manera de poder llevármela a la cama, una mujer sensible es una mujer en potencia de sexo; además de que nos encontrábamos con copas ya varios amigos fastidiaban… así paso un rato me aleje y ella hablaba con otro compañero de promo y dije este ya me quiere atrasar. Volví a ella y pues seguimos hablando. Procediendo a ser más directo con ella.

    -Oye ya te veo cansada ya son más de las 5 de la madrugada, ¿te llevo a tu casa si quieres?

    -A mi casa no, no quiero regresar ahí para nada.

    -Bueno, solo decía, pero igual necesitas descansar… ¡tú vives creo cerca a mi casa?

    -Si, algo cerca si quieres nos vamos –nos despedimos y la gente la murmuraba

    Al despedirnos de todos, mis amigos decían, bien bandido campeonaste, solo ponía cara que hablan la voy a llevar a su casa camino a la mía que mal pensados, igual me hicieron barra;

    Ya camino en el taxi a mi casa se apoyaba en mi hombro y yo la tomaba de la mano tiernamente consolándola. Y me decía

    -Quiero olvidarme de este mal momento que estoy pasando de tristeza, no merezco que sea así conmigo, estoy con el solo por mi hija me siento infeliz.

    -No deberías estar atada solo por una hija a un hombre que no quieres

    -Lo sé, pero mi hija es pequeña y necesita a su papa y él me tiene amarrada por eso

    -Deben ver la manera de solucionarlo, sobre todo tu eres joven y el mucho mayor a ti, yo no estaría atado a una mujer que amase y menos hacer el amor con ella, solo lo haría por quien tuviera deseas de poseerla.

    -¿Y, tu?, -con voz suave cerca de mi oído -¿yo te gusto tú me deseas? –riendo picara

    -Ja, bueno si claro que me atraes, siempre desde el colegio… y le conté la historia que un inicio relaté de ella cuando la vi en la calle y se fue en el carro.

    -Bueno en ese tiempo si salía con muchos de mis pretendientes, era otra mujer más segura de mi misma.

    -y tú, ¡estas segura que quieres ir a mi casa solo a descansar?

    -No, quiero hacer otra cosa –mientras reía picara y tocaba mis pechos jugando con los botones de mi camisa.

    Este capítulo lo llamo, mujer dolida mujer hambrienta de sexo

    Así llegamos a mi departamento y entre besos que ya habíamos empezado en el taxi, iba llevándola apresuradamente por el pasadizo mientras nuestros cuerpos se friccionaban

    Ya en el interior de mi habitación con la excitación de nuestros cuerpos tuve un imprevisto

    -Espérame -le dije- voy al baño quiero orinar

    -Ok, ve rápido que estoy ardiendo

    Mientras terminé y regresaba ya sin camisa y si zapatos, vi que ya se había quitado toda su ropa solo quedándose con un hilo rojito sexy de esos modelos que no usan las mujeres santas. ¡Reí nervioso a la vez que iba quitándome la correa, y la visión fue perfecta! oh my god! Tenía tetas pequeñitas con pezones marrones semi claros, piel blanca nada de estrías, piernas esbeltas para su físico y eso que ya tenía una hija; y ay saben rubia teñida, muy atlética para el sexo pensé y así fue.

    -Ven acércate –me tomo del cuello y me beso posterior a ello bajo sus manos buscando desabrocharme y quitarme el pantalón.

    -Qué quieres hacerme ah? -Pregunte todo pícaro

    -Qué crees, voy a recuperar el tiempo perdido, desde aquella vez que me atrias y nunca se dio nada

    Oh my god! Quedé paralizado y dije esta me va matar. Bajo hasta quedar frente a mi bragueta y raudamente me bajo el pantalón y el bóxer, del cual salió mi verga ya con erección disparada

    -Uhmm, que rica verga y las bolas que rica se ven… te lo lavaste –mirándome a los ojos

    -Si, algo –respondí nervioso, se acercó y lo olio a los cual dijo.

    -Huele algo a orines –paso la lengua por el glande segura de averiguar si sabía o no a orines

    -Uuhmmm, esta algo con sabor a orines pero también salado, seguro del sudor de la fiesta, pero percatándose que ya eran las gotas de mi liquido pre seminal -mientras pasaba su lengua por su labios y mirándome empezó a metérselo rápidamente a la boca ya segura de lo que buscaba.

    -Slup, slup, ahhh, ahhh, oh, slup slup… que rico uhmm –decía toda excitada

    -Ohh, en serio me he perdido de esto todos estos años, por no buscarte

    -slup sluppp ohh oh, claro pues tu que no insististe -haciendo una pausa y volviendo a chuparlo mientras bajaba todo mi bóxer y pantalón.

    -Ohh Vania, vaya que eres toda una experta mamando me vuelves loco

    -ahora vas a saber de todo lo que te perdiste

    Saco la verga de su boca mientras se levantó y me ordeno echarme sobre la cama, estaba dominándome y yo atacaba todo lo que me decía. Se bajó su hilito rojo, giro mirando hacia el espejo, viendo yo blanquita colita a punto de devorármela, se iba sentando mientras ibas introduciéndose mi verga ya toda mojada, mientras abría su vagina para que se introdujera raudamente soltando un grito de placer.

    -Ayyy, no estaba tan mojada espera

    Se levantó y le dio un escupitajo quedando anonadado, que tremenda es Vania, iba frotando mi verga en todo el glande y rápidamente volvió a embestirme y esta vez sentí toda su vulva arder mientras ella misma daba rienda a sus propias embestidas una y otra vez, mientras se miraba en el espejo y me miraba de reojo con mi reflejo con mi rostro en lujuria total, no había palabras ella me dominaba, paro un poco el ritmo seguro pensaba que posé hacer ahora

    -Te cansaste? –mencione

    -Vas a ver que no idiota –mientras se paraba y subía sobre la cama mientras admiraba toda su figura desde sus piernas mirando su concha pasando sus pequeños pezones y con la cara de que me iba a devorar , bajo colocándose en cuclillas sobre mi verga introduciéndola, estaba mudo, fascinado.

    -¡Ahora vas a ver que no estoy cansada, lo que quiero es tu verga siga firme!

    Y… oh por dios! Tenía sus embestidas una tras otra, sube y baja, sube y baja; veía como en el reflejo del espejo como su pequeña cola subía y baja y se empalmaba entera de la verga que le ofrecía, estaba tan excitado… creo que me vengo, creo que me vengo

    -Nooo! Espera -me ordeno deteniéndose y bajándose de la cama

    Estaba tan sumiso y derrotado, que mujer, ella era la que me follaba y yo solo obedecía.

    -Entonces quieres seguir o me voy?

    -No! Como te vas a ir y me vas a dejar así, con mis huevos llenos de leche serías mala solo que me tienes sorprendido, ahora ya entiendo porque te cela ese viejo de tu marido, suertudo ahí.

    -Jaja, pero ni mi marido me va hacer lo que tu quiero que me hagas ahora.

    -Qué cosa?

    -Me la vas a meter por el culo! –mirándome desafiante

    -Vas a ver ahora Vania, hiciste muy mal en desafiarme –mientras me levantaba y rodeaba mi mano por sus nalgas y sobando su ano de forma circular-este culo es el que me comeré ya verás.

    Me arme de valor, los roles cambiaron, la gire y arrodillándola en el piso, hacia el filo de la cama solo apoyada con sus brazos; subí sobre ella empezando a apuntar firmemente mi verga hacia su culo mientras bajaba mi verga intentando introducirla estaba algo frígido su ano, sometiéndola sin que pudiera escapar.

    Espera, velozmente también le di un escupitajo en mi verga y otro poco en su ano mientras sobaba e introducía un dedo y luego dos, mientras trata que dilatara mientras veía como su cara iba tornándose extasiada, vamos vamos ya métemela decía a lo cual procedí

    -Toma! ¡ahí tiene mi verga, toma!! –mientras le hablada rudamente la embestí despacio al inicio y dándole cada vez embestidas más profundas en su culo

    -Ahhh ahhhh, me duele me duele… pero sigue sigue ahhhh ahhh uhmm que rico!

    -Eso querías verdad verga en tu culo, ahora no lo voy a sacar hasta que te de toda mi leche en tu culo y me lo guardes en tu culo ok,

    -Dale, sigue… sigue dame tu leche, dame tu leche quiero sentirla, quiero sentirla ahhh ohh

    -Eres una golosa, que rica hembra eres

    Al escuchar eso parece que el excito más y cayo ya rendida sobre la cama ya no hacia fuerza se dejó dominar por completo, mientras sudábamos de placer y le gire su cabeza para que viera reflejada en el espejo como embestía su culo una y otra vez, Miraba y ponía sus ojos en blancos por ratos, sentí venirme y expresé

    -Ohh, ohhhh ah… ya me vengo ya te voy a llenar ese culo de leche!

    -Si, si, dame dámelo dámelo todoooo uhmmmm ahhh!!

    -Ya oh ohh oh ohhhh ahhh! Por dios me vengo a chorros

    Al minuto sentí venirme a chorros mientras presionada mi verga dentro de su culo para no dejar que escapase nada de mi leche de tan rico rabo, mientras quedaba en posición de embestida levantando ella su cabeza como buscando mirarme mi cara de excitación y sí que lo estaba.

    -Está caliente tu leche! ahhh creo que me entraron hasta las tripas, me dan ganas de ir baño

    Me decía mientras suavemente retiraba mi verga ya queriendo morir; de su ano salió un poco de leche ella tratando de expulsarla, cayendo en el suelo porque veía fricción de pujo que palpitaba en su ano, pero también me di cuenta que se había venido ya que sus piernas se notaban con chorros al parecer de la arrechura tuvo un pequeño orgasmo cuando cayó rendida, sumisa y toda muda.

    -Ah no! ¡No que te ordene que me guardaras mi leche!

    -Ay, me arde, me arde… voy al baño –con cara de dolor y arrechura a la vez

    -Entonces que ¿gane esta batalla! -se rio algo exhausta mirándome

    -No idiota vas a ver que cuando este con más fuerzas y no desvelada yo te voy a dejar muerto que ya verás-mientras se levantaba y se reflejaba en el espejo tremenda escena de embestida con sus nalgas blancas enrojecidas con marcas de mis dedos sobre su piel de tanta fricción que hice al apretar y palmotear su cola de cuanto en cuanto.

    Se fue al baño y me quede parado frente al espejo tratando de sacar la última gota de leche mientras presionaba mi verga ya algo moribunda sacudiéndola para ver si es que quizás tornaba pararse, pero ya estaba muerto, entre tanta desvelada trago y baile estaba ya muerto con ojeras y sudado. Sentí que abrió la ducha y al acercarme vi que estaba parada en la dentro de la ducha recibiendo toda el agua en su culo mientras ella lo lavada con jabón teniendo cuidado de no mojarse el cabello, pidiéndome una toalla al cual procedí a traérsela.

    -Ya me tengo que ir, ya es tarde seguro mi marido va estar furioso de celos

    -Ok alistémonos que te acompaño a tomar un taxi.

    Al rato ya cambiados y con semblantes de cansados tuvimos una charla rápida antes de salir a que tome tu taxi.

    -Entonces que Vania, ¿será la única ves que nos veremos?

    -No tontito, no será la última te lo prometo me gusto todo lo que hicimos incluso quede maravillada con esa postura encima mío mientras me dabas por el culo… de donde habrás aprendido eso pues? No parecías que fueras tan atrevido y ardiente, pensé que yo te iba domar todo el rato, pero me sorprendiste -reímos picaros ambos

    -Para que veas, tú me armaste de valor y no es que lo aprendí con nadie ah, tu eres la primera lo aprendí solo viendo porno así que dije esa pose lo hare con alguna de mis parejas que tenga a futuro.

    -Bueno entonces sigue mirando porno para que aprendas nuevas posturas que podrías hacer conmigo -mientras la abrazaba por la cintura y la besaba en el cuello tiernamente

    -No ya para para, me tengo que ir y mi marido seguro es capaz de olerme toda

    Salimos a la calle, y me dijo traviesamente.

    -Ahora que ya sé que vives solo, voy a visitarte a menudo estate atento a que te llame porque me puedo aparecer en cualquier momento, así que cuidado en que vayas a meter a cualquier perra en esa cama, ahora esa cama es mía y no lo vas a compartir con nadie ok, ¡promételo!

    -Ok, ok prometido te voy a esperar todas las veces que quieras y dispuesto a hacerte cada pose de porno que investigue –reímos

    -Ok, eso espero la próxima ves yo te dejare muerto.

    Paro un taxi y mientras nos despedíamos

    Volviendo a entrar a mi casa, fui a tomar agua estaba deshidratado, fui a tomar una ducha estaba muy sudoso ya de tanto ajetreo para irme a dormir y vi en la ducha parte de mi semen sobre el piso a lo cual pensé, nos dejaron igual a ti que a mí por este día, pero para la próxima la voy a hacer lamer toda mi leche regada del piso o de cualquier lado, no va despreciar mi néctar, ya va a ver.

    Volví a mi habitación y antes de caer rendido noté que se había olvidado un anillo de plata en mi velador, bueno aquí está mi trofeo al menos seré el segundo, el amante, pero el primero en que va darle siempre su culo antes que, a su marido, reí y caí profundamente dormido.

    Y así nos convertimos en amantes furtivos, encuentros sexuales de noche mientras ella decía asistir a sus clases de ciertos cursos que llevaba, incluso contestaba las llamadas de su marido mientras ella estaba sobre mí con mi verga dentro de su concha ,yo tratando de no respirar y mudo ,escuchando por el celular la voz de su marido diciéndole, donde estas donde estas, Ya vienes no… si ya voy estoy con mi grupo de amigas de estudio en el laboratorio ya no molestes, que desconfiado eres, colgándole y prosiguiendo a seguir fallándomela, era una atrevida, una descarada una hembra sedienta de mucho sexo.

  • Mi propia esclava sexual (Segunda parte)

    Mi propia esclava sexual (Segunda parte)

    Después de que los padres de Tatiana se marcharon, pasó una semana en la que yo estaba asimilando lo que estaba pasando, le pregunté a Tatiana si en verdad era lo que ella quería, que no tuviera miedo de decirme la verdad. Pero ella insistió en que quería ser mi esclava. Le pregunté el porqué de esa decisión. Y si ella era virgen como sabia todas esas cosas que me hizo la primera noche. Entonces me confesó que hacía unos años, una vez me pidió mi computador para jugar un rato y a mí se me quedaron abiertas unas páginas porno en el computador, una de relatos porno, un video de una chica negra con un tipo blanco, y otro video donde la chica era sometida por el chico. Ella vio los videos y se excitó demasiado, y desde entonces fantasea conmigo y ve esas cosas.

    Resulta que ella se volvió masoquista viendo porno como sometían a las mujeres, mientras se masturbaba se pegaba en la cara y en los pechos. Con toda su explicación yo tenía el pene durísimo. Si he visto y leído porno variado, pero nunca me imaginé estar así en una situación real. Tatiana era mía, podía hacer lo que yo quisiera. Estaba dispuesta a cumplir todas mis fantasías y órdenes. De solo pensarlo estaba demasiado caliente y Tatiana nota mi pene, ella se arrodilla y me suplica por chuparlo así que le digo, que esperas puta, chúpamelo y déjamelo reluciente.

    Mientras Tatiana me hacía sexo oral veía en su cara la felicidad, y me lo chupa con tantas ganas haciendo sonidos de placer y mi pene burbujea entre su saliva y mi pre semen. Entonces le doy una cachetada y ella se ríe y se desespera chupándome ahora haciendo sonidos suplicantes de que le de otra mientras se traga todo mi pene soltando una gran arcada. Mientras seguimos en esa faena yo estoy extasiado, pensando en todo lo que podré hacer con Tatiana, puedo sacar a relucir mis más perversos y oscuros deseos con ella y Tatiana estará más que dispuesta a cumplir todos mis deseos y fantasías. Llega un momento en que ya estoy a punto de correrme y la agarro fuerte del pelo y la empujo violentamente hacia delante y hacia atrás y al verla ahí con toda la boca lubricada con los ojos blancos esperando su premio, la empujo lo más fuerte que puedo hacia mi pene llenando su garganta de semen. Tatiana me mira sonriente, satisfecha, mordiéndose sus labios que no son ni delgados ni gruesos, pero son un poco más carnosos de lo normal y veo el brillo en sus ojos cafés claro, y le digo levántate esclava ven a la ducha con tu amo, Tatiana se para de un salto me agarra del brazo y nos vamos juntos a la ducha.

    Ya los dos desnudos en la ducha, le digo que se ha ganado un premio, y mientras nos cae el agua yo me pongo detrás de Tatiana y comienzo a acariciar todo su cuerpo apasionadamente, mientras hago que incline su cabeza hacia atrás para besarla. Tatiana está en éxtasis y gime dando me las gracias. Enjabono todo el cuerpo de Tatiana, mientras paso mis manos por sus partes sensibles ella se muerde los labios del placer. Termino de enjabonarla y le digo que ahora le toca a ella enjabonar a su amo. Me responde, “si amo”, y me enjabona todo el cuerpo para terminar de bañarnos.

    Luego de salir de la ducha le digo que vaya a hacer la cena mientras yo prendo mi computador, para hacer unas cuantas compras.

    Compré disfraces eróticos para Tatiana, disfraces, de policía, diabla, ángel, enfermera, colegiala y mucama, mucha lencería erótica negra, roja y blanca, que creo que le vendrá bien con su color de piel, compre juguetes y cuerda para sodomizarla, unos tacones de prostituta de tacones altos, le compre demasiados pares, trasparentes, negros, rojos, blancos y para terminar le compre ropa que la hagan ver sexy y resaltar su figura, varios vestidos, mini faldas, poleras ajustadas y escotadas y jeans ajustados también.

    Pasaron unos días y llegó el pedido, un camión con varias cajas y bolsas. Le dije a Tatiana que todo eso eran regalos para ella, que se probara todo y cuando termine le dije, quiero que bajes desnuda a cuatro patas y te quiero aquí a mis pies para darte órdenes. Tatiana estaba maravillada con todas las cosas, que se fue corriendo a probarse todo.

    Después de casi dos horas, Tatiana baja gateando y se coloca a mis pies.

    -Estoy lista amo

    -Pone atención esclava. Mientras estemos los dos solos en casa, de lunes a miércoles andarás solamente con la lencería que te compré, ahí tú eliges que ponerte para complacer a tu amo, de jueves a sábado te pondrás el disfraz que yo te diga y andarás todo el día con el puesto, los domingos andarás totalmente desnuda. Cuando haya gente aquí o cuando salgamos te pondrás la ropa que te compré, quiero que te vistas de forma provocativa y solo saldrás conmigo y luciré por toda la ciudad a la bella esclava que tengo. Si tienes que salir sola, de compras iras vestida normal.

    -Como usted mande amo.

    -Otra cosa más, cuando estemos solos me dirás amo, cuando haya gente aquí o andemos en la calle me trataras como a tu novio, de hoy en adelante eres mi novia, pero en la intimidad serás mi esclava.

    Tatiana lloraba de alegría al decirle que ahora somos novios, se sentó sobre mí y comenzó a besarme repitiendo gracias, gracias, gracias entre cada beso.

    La separé de mí y le dije, quiero que te encargues de la casa, quiero todo limpio y ordenado, te encargaras de hacer las compras y pagar las facturas, si fallas en algo o no estoy satisfecho con tu trabajo te castigaré, ¿entendiste?, “si amo”, dice Tatiana, “entonces ahora complace a tu amo, acuéstate en el sofá y abre bien las piernas. Entonces Tatiana obedece y yo me planto entre sus piernas a lamer su deliciosa vagina, hinchadita, sin ningún pelo, suave, por fuera el color de su piel, por dentro rosadita y jugosa, mi lengua comienza a jugar en su clítoris, haciendo círculos, lo chupo y lo succiono, acaricio sus labios vaginales, para después recorrerlos con la punta de mi lengua. Tatiana gemía como loca arqueando su espalda. Apretando sus pechos y me decía, “ay amo que rico”. Mientras continuaba saboreando a mi negrita, comencé a meter mis dedos dentro de ella, haciendo que gima más fuerte, terminando en un orgasmo de su parte.

    -Ahora chúpamelo y déjamelo bien lubricado, que después te lo meteré por el culo sin compasión. Tatiana comienza a chuparlo desesperada, hasta que siento que está lo suficientemente lubricado como para profanar ese hermoso culo durito, firme y respingón. Siéntate sobre mí y quiero que te lo metas todo de un solo golpe, Tatiana me hace caso y mi pene desaparece dentro de su culo en menos de un segundo y Tatiana da un grito desgarrador.

    -¿te dolió?

    -Si amo, me dolió.

    -Qué bueno, ahora quiero que tú misma te violes el culo con mi pene, lo más fuerte que puedas.

    Tatiana comienza a subir y bajar sobre mi pene, gritando y gimiendo de una manera descomunal, mientras se masturba y agarra uno de sus pechos, el otro pecho libre salta bruscamente por los movimientos de Tatiana, mientras le grito. “así complace a tu amo maldita puta”. Tatiana coloca sus pies en el sofá y comienza a dar sentones más fuertes aun, su culo choca en mis caderas y se escucha por toda la sala. plas, plas plas, junto con los gemidos de Tatiana.

    -¿Te duele esclava?

    -¡Si amo, me duele mucho AH!

    -¿Quieres parar?

    -¡ay no amo, esta rico me voy a correr AHH!

    -Sigue así puta, reviéntate el culo tu misma, no pares hasta que me corra,

    -Si amo, no parare hasta dejarte satisfecho.

    -Así me gusta mi negrita, compláceme.

    Tatiana sigue con las arremetidas a su propio culo, mientras ella se corre en un rico squirt. Eso me pone tan caliente que tomo a Tatiana de la cadera, la tomo con fuerza y hago que de tres sentones tan fuertes que mientras sale un grito gutural de su boca yo le lleno los intestinos de semen.

    Mientras me corro Tatiana se queda quieta, recuperando el aliento aun con mi pene dentro, después ella se levanta lentamente con el culo destrozado y totalmente dilatado. Al parecer se nos pasó la mano, le digo a Tatiana, si amo, pero me encantó, dice ella. ¿Estás bien? Le pregunto, me duele, dice ella, ve a darte una ducha, saldré a comprarte una pomada para que te pongas.

    Tatiana se va a la ducha y yo tomo las llaves de mi auto para ir a la farmacia a la ciudad. Cuando vuelvo veo a Tatiana acostada sobre mi cama de espalda hacia el techo. Le aplico la pomada en la zona con delicadeza y ella me da las gracias. Le pido disculpas por haber sido tan brusco, pero ella me dice que no debo disculparme con su esclava, una vez que se recupere con gusto lo haría de nuevo, así que me acuesto con ella y la acaricio y comienzo a besarla. Así nos quedamos dormidos.

    Es martes y cuando despierto, Tatiana ya no está en la cama, me levanto para darme una ducha y cuando termino me dirijo a la cocina, ahí estaba Tatiana preparando el desayuno con unos tacones de plataforma rojos y brillantes, unas calzas de malla rojas una diminuta tanga roja traslucida y un corsé rojo traslucido dejando ver su hermosa figura a través de todo ese conjunto. Solo de verla tuve la primera erección del día.

    Y se me ocurrió una idea, que me daba demasiado morbo. Le di los buenos días a Tatiana con un jugoso beso en la boca y le pedí que me sirviera el desayuno y mientras tomo mi café le pedí que se arrodille bajo la mesa y me haga un oral. Y ahí estaba yo desayunando mientras Tatiana de bajo de la mesa me hacía un oral de maratón. Llega un momento en el que ya no puedo seguir tomando desayuno de lo caliente que estoy, le pregunto a Tatiana si quiere leche para el desayuno en un tono sarcástico.

    -Si amo, quiero tu leche calentita en mi boca, dámela por favor.

    -¿Estas segura? ¿Has sido buena perrita?

    -Ay si amo segura, soy tu perrita obediente, por favor dame leche amo.

    -Ay mi negrita hermosa como negarme si te portas así, chúpamela y te daré tu premio.

    Tatiana acelera el paso y comienza a masturbarme mientras me la chupa, yo ya no aguanto y me corro en su boca, salpicando un poco en su cara, Tatiana degusta mi semen para tragárselo y llevarse a la boca los restos que quedaron en su cara, después ella se para y terminamos de tomar desayuno.

    Creo que ya va siendo tiempo de que pasemos de ser amo y esclava a salir y tener un día normal de novios, así que le digo a Tatiana que vaya a colocarse un bonito vestido y se arregle, que iremos a comer a fuera.

    Entonces Tatiana limpia las cosas que ocupamos, me da un beso en la boca y sube a cambiarse.

    Luego de un rato ella baja y no puedo creer lo hermosa que se ve, con un vestido azul oscuro, con un prominente escote y ajustado al cuerpo, el vestido le llega hasta los tobillos, pero una pierna de ella queda expuesta en la apertura de este que llega casi hasta su cadera, unos tacones que hacen juego con el vestido dejando ver sus hermosos pies, y el maquillaje en su cara la hacen ver sublime, toda una diva, un labial color negro mate, sus pestañas encrespadas y delineador en sus ojos. Su cabello ondulado que casi cubren sus pechos, veo a Tatiana con ojos de búho, pensando en si en verdad es necesario salir o llevarla a la cama y tener sexo desenfrenado con semejante belleza. Pero aterrizo de mi lujuria y recuerdo que no hemos salido en semanas y Tatiana también merece que además de ser su amo, sea un caballero con ella y la lleve a comer algo rico y pasear con ella.

    Entonces nos dirigimos a mi auto, le abro la puerta cortes mente a mi dama para que se siente y luego me subo yo, para desplazarnos a la ciudad.

    Espero les haya gustado esta segunda parte, si veo que ha gustado tanto como la primera subiré una tercera parte.

  • La falsa inocencia de mi amante (Segunda parte)

    La falsa inocencia de mi amante (Segunda parte)

    Esa noche, “Irina” mi falsa inocente amante, sabía perfectamente que por fin iba a recibir una buena dotación de verga, una andanada de caricias, un torrente de besos, un cúmulo de chupadas, porque su joven cuerpo de 26 añitos, sus pechos blancos firmes y jugosos, sus perfectas caderas en forma de pera, sus nalgas en forma de corazón, divinas y firmes, su caliente, apretadito, rugoso y hermoso orificio anal, su provocativa, armoniosa y esponjosa vulva, su caliente, su húmeda, olorosa, joven y ansiosa vagina, porque todo su bello cuerpo hacía ya más de dos años y medio que no recibía caricias sexuales por doquier.

    Se casó a sus 20 tiernos inocentes y virginales años, sin más experiencia sexual previa que la de un par de agasajos a sus carnes temerosas le habían proporcionado sendos estúpidos e inexpertos noviecitos que solo apretaron y estrujaron sus carnes trémulas, sus blancas nalgas vírgenes y sus inocentes senitos, tiernos como capullos, como si de bolas de papel se tratara, un bestial e insensible agarrón a su temeroso, sellado como un botón de rosa, tierno, tembloroso y núbil capullo, sin cuidado, que solo le produjeron una sensación de suciedad más que de excitación, y de cómo no debe tratarse a una dama virgen que ansía su primera experiencia sexual con miedo, con curiosidad pero con deseo impetuoso.

    Sus senos ya padecían frío y soledad crónicos, ansiaban unas manos que los acariciaran, una boca que los succionara y una lengua que pusieran sus pezones como rocas mientras sus ojos se pondrían en blanco, sus tiernos genitales femeninos extrañaban una larguísima sesión de candente y delicada mamada de labios y clítoris, de una colosal chupada de vulva, sus labios, pétalos de flor, también anhelaban sentir un miembro duro y caliente en su interior, su lengua quería otra vez sentir lamer y chupar la cabeza roja y caliente de una verga por unos buenos, largos y placenteros minutos, degustar el líquido seminal, su boquita añoraba llenarse de una pieza sexual de carne venosa y dura y no solo una mamadita furtiva y llena de miedo como la que me dio la noche previa, pero ante todo, necesitada de una buena dosis de miembro de macho viril erecto en sus entrañas, en su interior sexual, de bañar y envolver en sus ardientes jugos una buena verga que le diera placer y que provocara esas electrizantes sensaciones sexuales que ya conocía su cuerpecito joven, porque al casarse, descubrió los placeres carnales, se dio cuenta que había un mundo de gozo que su piel le podía proporcionar.

    Al principio su esposo, loco de excitación por su doncella no paró de poseerla y enseñarle todos los secretos de la vida sexual, desde los más tiernos hasta los más sucios, pero en unos meses se aburrió de ella, abandonando sus curvas, dejándola en orfandad de los placeres sexuales y carnales a los que ella se había acostumbrado. Me confesó que de solo imaginar en la posibilidad de coger de nuevo, días antes ya se había masturbado pensando en mí en un par de ocasiones, en la cama al lado de su esposo, para finalmente provocar que él se la cogiera como antaño y así ahorrarse la infidelidad y la monserga de establecerse con un amante, pero el muy imbécil ni caso hacía de sus súplicas, aunque fueran adornadas con gemidos, ni con los movimientos sexuales de su cadera, ni al sonido embrujante y excitante de los jugos en su vulvita que le brotaban desde sus entrañas femeninas, ella jalaba aire con su boquita semiabierta mientras con su manita derecha se pellizcaba sus pezones, los jalaba, se manoseaba sus senos para excitarse, con su manita izquierda delicadamente se acariciaba su clítoris y los labiecitos menores rosaditos repartiendo por toda su vainita sus juguitos con su dedito medio de su blanca y delgada manita a toda su vulvita pulposa para satisfacer lo que su joven y pulsante cuerpo le exigía: placer. Y esta noche ella se preparó para tal evento, para excitar al máximo al macho que había elegido para tal fin, uno que por fin le diera su ansiada mega-cogida porque su cuerpecito no podía esperar una noche más.

    Así que no tuve más remedio que complacerla, es muy difícil resistirse a tal ofrecimiento, una joven bella, con cuerpecito de diosa, firme y torneado y carente de sexo, no caer en las garras de la falsa inocencia de mi amante Irina era prácticamente imposible.

    Porque su carita ovalada, su negro pelo ondulado, sus labios delgados, su pequeño mentón, sus expresiones faciales, su sonrisa juguetona, sus coqueteos de niña, sus ademanes, su vocecita, su comportamiento, eran de una mujercita inocente, tímida, introvertida, incapaz de engañar a su esposo, (Ella misma lo presumía).

    -Nunca le pondría el cuerno a mi esposo- afirmaba con la convicción devota de una santa.

    Pero la falta de respeto hacia su cónyuge, su nulo temor a las consecuencias, el pensar que nunca la descubrirían, pero sobre todo su carencia de control físico y dominio a la ansiedad, a la tensión sexual de su cuerpo perfecto y las necesidades de sus carnes jóvenes y faltos de los placeres sexuales que cada día le suplicaban y exigían satisfacción obligándola a ella a masturbarse todas las noches para complacer las ansias juveniles de su hermoso cuerpecito. Todo, las carencias de afecto, de sexo y ese cuerpecito candente agobiado y dominado por sus necesidades sexuales hicieron que pronto olvidara todo prejuicio y barrera moral.

    Ya en su interior, bajo esa fachada de carita de ángel inmaculado, con esa apariencia celestial etérea, en el fondo de esa personalidad virginal, se escondía una mujer deseosa de ser cogida, muy muy bien cogida, como su cuerpo se lo merecía, como ella lo deseaba y las noches previas que me visitó presagiaban el volcán que entre sus piernas escondía, el fuego que su vagina contenía, la lava transparente y saladita que de su interior fluiría, los movimientos telúricos y trepidatorios de sus caderas y los terremotos que sus blancas y redondas nalgas provocarían, sus sísmicos orgasmos vaginales y las réplicas palpitaciones del pequeño orificio de su ano, abriéndose y cerrándose de forma lepera y vulgar, intermitente e involuntaria.

    Llegó a mi departamento, hermosa como siempre, sus labios brillantes con gloss que invitaban a morderlos, un collar de ojo de venado que llegaba al pecho para reposar atrapado justo entre sus generosas tetas, con cinco pulseras de colores en su muñeca derecha, algunas tejidas, otras de plástico y pequeños muñecos colgando de ellas, una blusita blanca, ajustada, sus pequeños hombros femeninos resaltaban como dos bolitas de hermosa carne cubiertos apenas por pequeñas mangas con olanes, sus perfectos senos brillaban con luz propia y con la palabra «bebe» formada con letras grandes de brillos metálicos sobre sus pechos, sus pezones, preparados para mi lengua y labios se mostraban ya paraditos, para quebrarse de manera bellísima la curva bajo sus pechos y comenzar su abdomen plano y sin gota de grasa, hasta dejar cinco centímetros libres de su piel mostrando su cintura y su perfecto y ovalado ombligo similar a su vulvita pero depilada.

    El pantalón de mezclilla azul cielo justo cubrían sus lustrados y brillantes botines negros, ajustado a la perfección de sus formas femeninas, mostraba desde sus tobillos el contorno inicial de su silueta que continuaba con las pantorrillas firmes, sus rodillas en proporción ideal daban comienzo a la zona por la que tenemos pasiones, luchas y sueños húmedos: las piernas, esas poderosas y perturbadoras columnas de carne firme, torneada, conforme sube en su anatomía se hacen más anchas y que son la entrada, la garita al reino de los cielos: la cadera, donde en su conjunto se albergan casi todos los orificios, protuberancias, pliegues, glándulas, pieles claras y obscuras, vellosas y lampiñas, rugosas y suaves, dulces y saladas que producen los mejores placeres sexuales, la entrepierna, el camel toe, la vulva, la entrada vaginal, las nalgas, el ano, el perineo, su monte de Venus etc. etc.

    Todo ese conjunto de placer envuelto en su pantalón, escondido en su cadera, todo eso ahí, bajo su ropa exterior e interior, todo eso ahí, el potencial sexual y erótico contenido en esa pequeña área de su cuerpo, preparada para dar placer y darse ella misma el anhelado gozo carnal que tanto extraña y viene con tal disposición de recibir verga y de darse verga, que ella siente que merece porque su bello, ardiente y torneado cuerpo se lo exige.

    La imagen es perturbadora, se quita sus botines y luego levanta sus bracitos para quitarse la blusa, al despojarse de la prenda sus pechos saltan a mi vista, son bellísimos, blancos y duros naturales, su sostén es de lo más femenino, con encaje y media copa que muestra la protuberancia de sus senos, como pequeñas montañas de suave nieve rosada, se agacha y provoca que caigan de una manera excitante y atisbo sus pezones negros, se lleva sus manitas al centro de su cintura para despojarse del pantalón, se desabotona y sus manitas bajan poco a poco sus pantalones hasta quedar frente a mí solo con ropa interior, excelente su elegancia y elección de sus pantaletas cacheteras colombianas casi me provocan un infarto, de encaje rosita y matices blancos, hasta su puentecito de algodón tiene encaje; a cada lado de las caderas, las dos partes, frente y trasera de la prenda están unidas por un zig zag de un dulce y suave listón rosa delgado rematado en la parte superior con un coqueto moñito, al tacto su piel de la cadera, abdomen y sobre todo sus bellísimas nalgas se siente calientita y firme y aspiro un olor sexual que comienza a fluir de su intimidad, aprovecho su calentura y bajo a su entrepierna, coloco mi lengua bajo su puentecito de algodón y alcanzo a probar y oler un poco ese elixir que fluye ya entre sus piernas y que está reservado para los placeres sexuales más íntimos mientras ella gime suavemente me aprieta mi cabeza contra su vulva.

    Se sienta sobre mi pierna derecha mirándome a la cara y acerca sus labios a los míos para fundirnos en un largo y apasionado beso, coloca a cada lado una pierna y siento el calor único que solo produce una entrepierna femenina acompañada de su tierna blandidez, pulposidad, de ese sonido celestial que se produce cuando sus labios vulvares se frotan entre sí y contra mi pierna al compás de sus movimientos lentos de cadera para excitarse y excitarme, le desabrocho por atrás su sostén, sus pechos ya calientes, inflamados, ansiosos por la excitación, sus pezones están erectos, duritos, se los chupo con ternura y ella cubre mi cabeza con ambos brazos para sentir el calor y la caricia largamente anhelada, así durante minutos.

    Hasta que ella decide acostarse en la cama boca abajo y me regala la imagen más bella (hasta ese momento) con sus bellas pantys, espalda piernas, pantorrillas, bracitos desnudos y su precioso culo femenino sus bellas y altaneras nalgas redondas, ese arco redondo de la silueta de sus nalgas paradas y partidas en la mitad por ese canal de piel más oscura que resto de su cuerpo que en su parte más profunda, cubre y esconde con celo su hermoso y cálido ano, esa silueta excitante frente a mis ojos me provocan una erección de proporciones descomunales, una ansiedad sexual y un calor en el vientre por el deseo de penetrarla en esa posición y en ese instante, me acerco a su trasero, coloco mi cara justo entre sus nalgas y sus piernas, la punta de mi nariz toca su anito, y da un pequeño sobresalto y gritito por la sorpresiva intromisión en ese espacio prohibido, donde ella no había permitido que un varón le pusiera su cara, en ese pequeño lugar donde convergen el límite de sus nalgas, comienzan su ano, su vulva y sus piernas, justo bajo su anito, ella levanta su culito de forma instintiva al sentir mi cara y lo huelo, aspiro su evidente olor sexual.

     

    La despojo de sus pantaletas poco a poco porque la protuberancia y dureza de sus nalgas dificultan la maniobra, levanta su hermoso trasero femenino, voy descubriendo sus nalgas, al fin quedan a mi vista las dos montañas más bellas del universo, protuberancias de carne femenina de la mujer amada, blancas, duras, desnudas que resguardan su anito, y sin pudor me deja que las vea, que las admire, que las adore, son grandes, son dos nalgas, son las nalgas de ella y las tengo a mi disposición sexual, le doy pequeñas mordidas en la parte más redonda de sus nalgas, en los hermosos cachetitos de la parte baja y final de sus nalgas, donde la curva es más redonda y donde en un quiebre natural de la figura femenina las nalgas se convierten en piernas, ahí en el ágora donde convergen en un espacio reducido el olimpo sexual, sus nalgas su ano y el inicio de su herida vulvar, sus piernas, adornado todo por delgados vellos, recorro con mi lengua toda el área de sus enormes nalgas, ella gime y mueve en círculos su cadera, recorro el canal entre sus nalgas con mi lengua, hasta llegar a su ano donde me detengo para sentir las arrugas de su orificio anal, mientras se le pone de gallina la piel de sus nalgas, al morder con mis labios y dientes su nalguita derecha, provoca que sus genitales ya con fluidos al separarse hagan ese sonido fino de los pliegues vulvares al abrirse, le arranco un gemido largo y profundo producto de su larga y obligada abstinencia sexual.

    Ella se coloca boca arriba completamente desnuda y entregada, le abro sus piernas, al separarlas lentamente y descubrir su babeante tesoro, admiro boquiabierto su fruto rosado, adornado de vellos de durazno, expuesto, le abro toda la herida sexual, aprecio los rojos y húmedos labios del coño de la linda jovencita llena de jugos íntimos y mi boca y lengua arremeten su sexo, ella gime profundamente, la caricia es atrevida y caliente, abarco con mi lengua toda la vaina, el clítoris el canal que parte en dos sus labios mayores que resguarda su clítoris, ese pequeño canal que abre como un vado de piel brillante con la protuberancia de su clítoris erecto que emula un pequeño topecito vertical, hasta su monte de venus y más a abajo el orificio por donde ella orina, tiene un sabor saladito, lengüeteo sus ninfas menores, introduciendo mi lengua en su vagina mientras ella loca de placer grita sin control al sentir su gruta lengüeteada.

    Gira de nuevo su bello cuerpecito, boca a abajo, admiro el canal entre sus enormes nalgas, le veo su ano, que atrae poderosamente mi atención, no alcanzo a entender en mi mente como puedo estar apreciando esa parte tan íntima de ella, como puede tener su belleza facial y corporal perturbadoras y además tener esa parte de su cuerpecito que rompe el molde, porque el culo es culo, aunque sea de una bella dama, y que hace que su bellezonismo no sea perfecto, sino excitantemente imperfecto, sucio, y arrastra sin remedio su aura divina a simple mortal, para llevarlo al pequeño orificio situado entre el par de deliciosas nalgas tiene su orificio entre sus nalgas, pero eso es lo que excita, acceder con libertad al espacio más íntimo y sucio de ella, abro mi boca y lentamente saco mi lengua que se dirige decidida a acariciarle, a lamerle su anito, negro, brilloso, con vellos al rededor, pero su ojetito es calvo, lampiño, suave, caliente y apretado, ocho son los pliegues de su piel, las líneas que convergen en fondo de su culito, mismas que acaricio en círculos con mi lengua sintiendo las arrugas de su ojete, se le escapa de su garganta un -Aaahh- agudo y femenino, al centro de su orificio hay una estrella irregular cinco picos lineales de piel negra que sellan con ajuste geométrico la entrada o salida (según se desee) y que descansa al fondo de una cavidad (cutis promiserat), con sus delgadas manitas blancas separa, abre sus nalgas, su ojetito se deforma, pero ella quiere sentir mi apéndice más profundo en su recto y le abre el camino, meto el extremo de mi lengua, la pongo dura como la punta de una lanza para poder pistonear y entrar en su ano, el orificio es pequeño y apretado pero cede a las caricias, ella lo libera y abre su orificio anal para sentir más adentro mi lengua que apenas entra doce milímetros al interior de su recto se aprecian los colores de la parte final de su recto, rojo encendido, pliegues anales oscuros, vellos finos rodeando su culete y el interior de su recto palpitando, el tramo final de sus intestinos, pero suficiente para ella que con los ojos cerrados, sus pestañas largas, una sonrisa de satisfacción en su virginal rostro, piernas temblorosas y entregada a la caricia la agradezca con gemidos y con pulsiones de su ano que complacido y satisfecho aprieta mi lengua con el músculo circular que se aprecia como una pequeña dona palpitante de su culo femenino que ella abre y cierra a voluntad, su orificio anal me hace guiños.

    -Aahh, nadie me había hecho eso antes, sentí riquísima tu lengua en mi ano- me confesó excitada pero sobretodo agradecida por la nueva sensación sexual que le proporcione.

    Todo lo anterior provoca que los jugos en su vulva desde el inicio de la caricia comiencen a destilar, en este momento su vulva es un bollito saturado de jugos, el gran momento para ella y sobre todo para mí, se acerca, se agacha todo lo que puede, su posición hace que su cadera y nalgas se vean enormes, más grandes de los que son, separa las piernas y su vulva aparece, deseosa, mojada, excitada, con la necesidad imperiosa de ser cogida, muy muy bien cogida, porque ella así lo desea, así siente que se lo merece, darle ese gusto y placer a su cuerpecito.

    Yo, desnudo desde ya, preparo mi verga que ya presenta una larga gota de líquido seminal transparente en la punta de la cabeza, saliendo de su rajita roja y brillante para dirigirla a su cavidad tierna y delicada pero a la vez ansiosa y caliente deseosa de verga, mis testículos son dos grandes bolas esféricas y brillantes repletas de semen, ansiosas de descargar su blanca semilla, la falsa inocencia de mi amante espera recibirme ya en su interior para lo que me ofrece su gran trasero, la trampa de su enorme par de nalgas, su excitante cadera, todo su poder femenino de atracción sexual lo pone a su propio beneficio para la obtención de su sucio deseo, ser cogida, ser penetrada, ser poseída, ser muy muy bien cogida, por alguien que no es su esposo, le acerco mi tiesa verga, se la muestro para que admire todo lo que se va a engullir de un solo golpe y bocado.

    -¡¡Wooow que grande es! ¿Porque lo tienes tan grande?- me pregunta.

    Mi verga roja y dura cuelga y tiembla al compás de los latidos de mi corazón, moviendo como un péndulo de arriba hacia abajo mi arma babosa.

    La sorprendo y en vez de clavarle mi verga en su vagina se la meto en la boca, sin contemplaciones, sin avisarle, lo recibe con ansia desbordada, lo llena de saliva y mientras está en cuatro recibe sin tocarlo las arremetidas de verga en su tierna boquita, en su carita de niña bien portada, en sus delicadas facciones y su boquita ahora ya deformada por el tamaño de mi verga, en la falsa inocencia de mi amante, su pelo ya ensortijado por la humedad del sudor se mece al compás de la mamada, su boca apenas logra envolver una parte de mi miembro, la saliva goteando se le escapa entre la comisura de sus labios, su lengua aprisiona mi verga, se aprecia su órgano rosado lamiendo la parte baja de mi tronco, la tomo del pelo para controlar la chupada, ella se somete a mis deseos y desacelera sus mamadas, lenta y suavemente llevo de arriba hacia abajo su carita cogida, su boquita caliente y mojada, ella clava su mirada en la carne caliente y dura que se está engullendo, voltea hacia arriba y me mira a los ojos, admira a su macho, al dueño de esa verga que le está llenando la boca y cogiendo su carita, entre tanto, su vulvita ya gotea sus líquidos calientes, su puchita saturada de jugos suelta sus íntimos líquidos, ella satisfecha de ser violada en su boquita, de saber que su hermoso e inocente rostro ha sido humillado, libera sus babeantes labios de semejante verga.

    -No me cabe todo- afirma jadeando.

    Y la tomo de la cadera, dirijo mi verga a la entrada de su tierna vagina que ansiosa palpita suplicando por una buena verga erecta, su vaina ya gotea líquido lubricante, froto la cabeza babeante en su vulva, mojo con sus jugos mi verga y se los reparto por su vulvita, ella ansiosa me pide que se lo meta de una buena vez, pues hace mucho tiempo que ese cuerpecito desea ser ensartado por una pieza bestial, justo lo que deseaba, que me la pidiera, que me rogara por verga, su larga espera ha terminado.

    La aprisiono fuerte de la cadera para que no se mueva, desde mi perspectiva se aprecia su cinturita, hacia arriba su pelo largo y sus hombros delicados, el canal que corre por la mitad de su espalda y que llega hasta su cadera, más abajo aparecen sus nalgas en forma de corazón y en el vértice de ambas aparece su bellísimo ano, negrito, con vellos, pongo la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, todo el glande, la dejo unos segundos con sólo la cabeza penetrándola, ella incapaz de esperar más arroja sus nalgas y cadera hacia mi vientre para que al fin ella reciba toda mi verga, entra como una trucha, fácil por lo lubricada que ya estaba, apretada mi verga por su carne joven, la joven criatura comienza a moverse rápido en un vaivén interminable acompañado de sus gritos y gemidos mientras sus manitas se aferran a las blancas sábanas, jala mucho aire por su boca, porque el de su nariz no alcanza para cubrir su demanda de oxígeno, al no poder avanzar más a través de su cuerpo, sus grandes y blancas nalgas detienen mi ímpetu temblando con cada arremetida de verga que le proporciono, veo como mi enorme pito entra y sale de su hambrienta vagina, de esa cueva caliente que se abre como una vaina para alojar una verga, los pelos de su sexo y los míos se entretejen, entre sus nalgas, su culito me mira con su único ojito, aprecia con placer como me estoy cogiendo a su dueña porque el también recibe placer al cogérmela, desde su lugar entre sus nalgas.

    Mi pene está lleno de su leche femenina que lubrica mi fierro para placer de ambos, es tanta la humedad que libera que la cuenca que rodea su anito pronto se llena de ese líquido mientras ella se inclina más para recibir una mejor penetración, abro con mi manos sus nalgas, las separo para admirar en todo su esplendor su ano palpitando, su músculo anal me hace coquetos guiños orgásmicos, ella no para de gritar por la fuerza de mi verga y cadera que la arremeten salvajemente por lo que toma una almohada para ahogar sus gritos que en estos momentos deben estar escandalizando a no pocos vecinos, jadeando los dos por la violencia y rapidez de nuestro encuentro sexual, ella me ruega porque se lo haga en el suelo, igual en cuatro, antes coloco un toalla para que no se lastimen sus rodillas y procedo a empujarla y clavarle sin piedad mi verga en su vagina ya abierta al máximo por su posición, arrancándole mayores alaridos al sentir semejante intromisión en su vagina, con sus ojos en blanco goza de una colosal cogida, aúlla, gime, grita, mueve su cadera en círculos al ser poseída por una verga, así durante varios minutos al fin satisface su bajo deseo de ser cogida, muy muy bien cogida, ya agotada me pide que le arroje mi semen.

    -Échame tu semen en mi espalda -suplica.

  • En busca del paraíso

    En busca del paraíso

    La plaza de toros estaba llena de hombres con pantalones vaqueros ajustados y camisas a cuadros. Yo no paraba de repasar de arriba abajo a todos con sus vergas apretaditas y abultadas bajo el pantalón. De pronto mi mirada se cruzó con un desconocido de 1.70 o 1.75 metros de estatura, de labios gruesos cubiertos por un bigote alborotado y una verga que se marcaba sobre su pantalón. Ni siquiera sabía de dónde venía ni como se llamaba, lo único que sabía era que mi vagina lo pedía a gritos húmedos. Después de que juegan la mitad de los toros hacen una pausa para que caporales, jinetes y espectadores vayan a darle gracias al Santo patrono del pueblo por un año más de fiesta y luego regresan a seguir la jugada.

    Mientras todos estaban elevando sus oraciones y agradecimientos al cielo, yo corrí a mi casa a prepararme para ir en busca del paraíso. Busqué mi tanga roja de encaje y mi brasier que hacía juego con la tanga. Me puse loción en las tetas, incluso me rocié las nalgas y la tanga, me solté el cabello y me regresé dispuesta a lo que se viniera. Para mi buena suerte, allí estaba aquel hombre misterioso buscando desesperado con la mirada algo entre la multitud, hasta que me puse frente a él a propósito para que me encontrara y así lo hizo. Noté la calma que le dio verme y siguió en lo suyo mientras me regalaba una miradita de vez en cuando, que hacía que mi vagina suspirara y se enloqueciera más.

    Cuando todas las jugadas de toros acabaron, el desconocido y yo nos miramos y me hizo una pequeña señal con los ojos que yo entendí perfecto, por lo que estuve atenta y lo seguí cuando se empezó a mover. Yo iba caminando algunos metros atrás de él, siguiéndolo entre la gente. Se alejó de la plaza de toros y se metió a un estacionamiento. Yo entré detrás de él sin dudarlo y vi que estaba parado a medio camino. Me tomó de la mano y me llevó a una camioneta. Nos subimos a los asientos de atrás y se quitó la camisa. Tenía la espalda ancha y los brazos fuertes y velludos. Me quité la ropa y las botas y él también. Su verga era muy gorda, aunque no tan larga, era más bien un pito chaparrito y gordito.

    En la camioneta no había mucho espacio, pero nos las ingeniamos; yo acostada con las piernas abiertas y dobladas y él hincado en medio. Primero me empezó a meter los dedos y después se puso una gota de saliva en la cabeza de su verga y sin más, me la dejó caer completa. Sentí como me penetró súper ajustada. Apenas y cabía en mi panocha de tan gorda que la tenía. Sentía sus huevos golpeando mi culo, que también ya estaba caliente. Después de estar cogiendo rico durante un buen tiempo, sin avisarme me sacó su verga, me jaló de los cabellos y me puso en cuatro, como una perra. Sentí que una gota de saliva cayó en mi culo y luego talló la cabeza de su verga contra él para calentarlo más. Me escupió el culo un par de veces más hasta que por fin pudo metérmela. Sentí como si el culo se me hubiera desgarrado, pero al mismo tiempo sentía mucho placer así que no me quejé. Me estuvo dando bien duro por unos 10 minutos mientras me jalaba el cabello y me golpeaba las nalgas sin piedad, hasta que se vino dentro. Mi culo quedó como una dona glaseada y su leche me escurría entre las nalgas.

  • El sobrino de mi esposo

    El sobrino de mi esposo

    Me llamo Catalina, tengo 26 años, estoy casada hace 4 con Remo, de nacionalidad italiana, nacido en un pequeño pueblo de Sicilia, que vino a la argentina con sus padres cuando tenía 10 meses, hace casi 30 años.

    Después de hablarlo durante bastante tiempo, tomamos la decisión de hacer un viaje a su pueblo de origen y de paso recorrer algunos lugares de ese país.

    Llegamos a Roma un 12 de mayo, de ahí en avión a Palermo y por último en un colectivo no demasiado moderno a su pueblo, bastante pequeño con 1500 o 2000 habitantes, muy pintoresco sobre una gran meseta frente al Mediterráneo.

    Apenas bajamos del bus, estaba medio pueblo esperándonos, como si habría llegado el presidente del país, era muy emocionante ese recibimiento, abrazos y tratando de invitarnos a un lado u otro.

    Por último fuimos a hospedarnos a la casa de una tía materna, que vivía con un sobrino de mi esposo, verdaderamente me sentía muy cómoda por todos esos agasajos, todo era muy ameno, hasta el segundo o tercer día. Que por supuesto no había mucho más para ver, solo tener que tomar el bus para ir algún otro lugar, sumado que por su dialecto me era bastante difícil entenderlos, salvo a su sobrino Gino, un chico de 18 años, delgado alto de un buen porte, que sabía algo de español y podía de alguna manera mantener una conversación.

    Pero no era solo eso, al mediodía comíamos en casa de alguien y por la noche, mi esposo salía con sus amigos, y parte de sus primos, que por supuesto hacia mucho que no veía, algo que entendía, pero sentía que los días pasaban y ya ese pueblo me empezaba a saturar. Para peor llegaba bastante tomado así que apenas se acostaba se dormía hasta el otro día.

    Otra de las cosas fue que mi esposo me comentó que evitara de usar short, porque las mujeres lo verían mal, algo que me molestó bastante, deseando irme cuanto antes.

    Una noche me levanté para ir al baño, no me puse bata dado que todos dormían, así que con mi corto camisón bastante transparente me dirigía al lugar, Gino sale de la habitación, quedándose perplejo al verme con esa escasa vestimenta, lo saludé con un movimiento de cabeza y regresé a mi cuarto. No sé si por motivo de ese encuentro, se fue creando una cierta amistad, que fue muy positiva, donde ante la ausencia de mi esposo comenzó a acompañarme en bicicleta llevándome a ver lugares muy pintorescos.

    Un día me dijo que había una gruta, pero estaba algo lejos, que era muy hermosa y que me encantaría, salimos temprano mientras mi esposo dormía, y después de más de una hora en bici, arribamos al sitio, algo espectacular. Una gran gruta, donde el mar entraba habiendo creado con los años una laguna en su interior que en el momento de crecida se hacía algo difícil acceder.

    Totalmente emocionada por ese expectante lugar me saqué las sandalias introduciéndome en esa laguna, donde el agua era cálida, algo indescriptible. Lamenté no haber llevado mi malla, comentándoselo a Gino. Que me dice:

    “Señora, métase que yo me voy y Ud., se baña tranquila.”

    No me desagradó su idea, pero me pareció mal tener que esperarme fuera de esa gruta, además me había advertido que en una hora comenzaba a crecer. Entonces le digo:

    “Vamos a hacer una cosa, yo me meto en el agua y posteriormente entras y te metes, te parece?”

    Le gustó la idea así que me metí en ropa interior y después apareció Gino en calzoncillos, cuando después de un buen rato disfrutando esa templada agua, me dice que estaba empezando a crecer el mar.

    Si bien había tenido reparos en que me viese en ropa interior, salí igual, donde al tener mojada mis prendas interiores, transparentaba mis pechos remarcando mi sexo, algo que Gino observó inmediatamente, más intensamente que la primera vez.

    De cualquier manera quería secarme algo al sol, así que me tiré sobre la cálida arena, imitándome el joven colocándose a mi lado. Hablamos algo, le pregunté si tenía novia o le gustaba alguna chica del pueblo, pero me respondía que por el momento no tenía a nadie.

    Cuando nos levantamos para vestirnos noté un buen bulto que ocultaba en sus calzoncillos. Me sonreí para adentro, sintiéndome halagada que aun atraía a los hombres y más a este joven. La siguiente vez de ir a ese lugar me puse mi bikini más sintética que tenía, a lo que mi amiguito no despegaba los ojos de mi figura, que si bien mi esposo me celaba por los short, de alguna manera me desquitaba mostrándome ante este joven.

    Si bien no era mi objetivo conquistarlo, en el fondo me atraía llegar a alterarlo, cosa que no fue muy difícil, hasta llegué a tener algunas fantasías aunque sabía que no pasaría de ahí.

    Pero todo se fue incrementando levemente, si bien manteníamos nuestras reservas, siempre había algo que nos iba motivando, lo dejaba ponerme crema en la espalda y piernas, mientras nos bañábamos nos tocábamos o empujarnos sin llegar a mayores.

    Pero una noche en una cena donde había algunos invitados por mi esposo, Gino estaba sentado a mi lado a la vez de traducirme algunas cosas que me preguntaban, hablaba con él.

    Cuando en un momento de la charla, sentí su mano en mi rodilla, algo sorprendida, y con una sonrisa algo capciosa lo miré, como diciéndole, que haces? Me miró sonriente, sin quitar la mano de mi pierna, debo aclarar que me gustaba esa leve caricia, por supuesto que no quería provocar un incidente. Continúe comiendo mientras su mano comenzó a subir por mi pierna, provocándome un cosquilleo muy provocativo.

    Esperaba aplacar esta calentura, que me estimuló bastante, con mi marido, pero iba a reunirse con sus amigos, eso me sublevó al punto que estuve a punto de buscar a Gino a su habitación, pero a pesar de eso, me contuve.

    Por la mañana siguiente Gino me comenta que algo más alejado, había otra gruta, que tenía unas aguas que eran como termales, que había ido un par de veces y le había encantado, si quería ir a conocerlo. Le pregunté si había algún colectivo que nos llevase, respondiéndome que no, solo en auto o bicicleta como lo hacíamos.

    Le comenté a mi esposo la invitación de su sobrino, pero era algo lejos, y me interesaba ir con él a verlas.

    Solo me contestó que tenía sueño, que fuese con Gino, diciéndome:

    “Me parece muy buena idea, pero que le diga al primo que le preste la moto así van más rápido”.

    Le comenté a Gino lo que haríamos, que rápidamente la fue a buscar, previo a eso preparé una serie de cosas, que cargué apenas arribó.

    En cuanto salimos del pueblo por esa ruta polvorienta y desértica, lo abracé, apoyando mi cabeza sobre su espalda, metiendo mis manos a través de su camisa, mientras tocaba sus tetillas, le preguntaba:

    “Que me hacías anoche en la mesa, se te había perdido algo? Sabías que estaba mal lo que me hacías, mira si le decía a mi marido, te mataba ahí mismo”

    “Si señora, perdóneme, no lo hare más”

    Sin dejar de tocar sus tetillas, le digo:

    “Te voy a castigar, eso no se hace a una mujer casada”

    Apretándoselas y acariciando su abdomen, dándome la impresión de que se lo había tomado en serio, continúe reprochándole su proceder, tratando de contener la risa, pues parecía al mortificado por su actuación.

    Al llegar al lugar, bajamos todo, notando que estaba algo tenso, posiblemente por mis supuestos reproches. Me quité la ropa y me quedé en malla, Gino hizo lo mismo.

    Cuando me dice:

    “Estas aguas son algo sulfurosas, y disgregan la ropa, es conveniente meterse desnudo”

    Lo miré sorprendida, no pensaba meterme con mi malla que era nueva y además me había costado bastante. Así que en un tono de ofendida le digo:

    “Ahora me lo dices, pretendes que me desnude frente a ti, anoche mi rodilla y hoy verme sin ropa, Está bien, mira para otro lado, mientras me la quito y entro, y después lo haces tú”

    Así lo hice, aunque me quedé con la trusa, total, no me importaba tanto si se arruinase, al introducirme en el agua fue un deleite algo densa, posiblemente por las sales o los sulfuros no sé, pero parecía que se me abrían los poros, a su vez era relajante produciéndome un placer.

    Mientras le grito a Gino que se metiese, cuando se bajaba sus bermudas, vi su traste y al girarse, percibí una atrayente verga, a pesar de tapársela al introducirse en las aguas, era digna de seguir observándola.

    Estuvimos un buen rato en esa agua termal, jugamos nos tocábamos, a veces Gino me abrazaba y toqueteaba levemente mis tetas. Después de un buen rato, me sentí algo mareada, con un gran calor y hasta una especia de excitación, una mezcla de sensaciones entre agradables y perturbadoras. Salí lentamente de esas aguas sin importaba que Gino viese mis pechos, me tiré sobre la arena para tratar de que se me fuese esa sensación de vahído.

    Gino algo asustado por mi estado, no sabía cómo reaccionar, me tapó con una toalla, me dio agua para beber, me apantalló, creo que dentro de ese estado solo observé su miembro algo erecto, trató de levantarse para ponerse sus bermudas, pero la dije que se quedase a mi lado, lo abracé, sintiendo el contacto de ese cuerpo caliente aun por esas aguas tórridas, además percibía su pene que comenzaba a erguirse por el contacto de mi piel.

    Se sentó y me apoyé sobre su cuerpo, me acarició la cabeza, y continuó abanicándome, que me ayudó a ir poco a poco reponiéndome de esa bajada de presión, en ese momento reaccioné que estaba prácticamente desnuda, apoyada sobre Gino que carecía de ropa.

    Pensé que esa situación y en ese estado podía ser peligroso para mi moral, pero decidí mantener esa posición, por un lado me agradaba, y con los reproches que le dije a Gino, se comportaría como un caballero.

    Me agradaba sentir su cuerpo ardiente y con una excesiva excitación, deseaba que me tocase, aunque sabía que eso traería aparejada algo más, nunca había engañado a mi esposo y hacerlo con su sobrino me parecía demasiado deshonesto.

    Traté de acomodarme mejor, pero al moverme, la toalla que tapaba mis pechos se cayó, Gino trato de ponerla nuevamente, pero le dije que me producía algo de calor. Al rato sus manos rodearon mi cintura, percibiendo unas leves caricias. Por supuesto que eso se fue amplificando, tocando la parte inferior de mis senos, me recosté más sobre su pecho, como disfrutando de esa leves mimos, dispuesta a no traspasar ciertos límites.

    Hasta que tocó mis pechos levemente, pensé en no superar esa etapa, cuando sus manos se apoderaron más liberadamente de ellos, apretándolos, ante mi silencio, fue acrecentando ese contacto, mientras mi cara estaba pegada a la suya, el jugueteo con mis pezones me fueron perdiendo, llevándome a un estado de arrobamiento difícil de evitarlo, percibiendo como nuestra respiración se iba agitando cada vez más.

    Sus dedos oprimían mis rígidos pezones, duros e empinados, donde me iba entregando a ese divino acoso, sin querer evitarlo mis leves jadeos revelaban mi estado, mientras su mano más confiada, comenzaba a desplazarse por mi ávido cuerpo, llegando a mi abdomen, luego al monte de Venus para comenzar a introducirse a través de mis bragas.

    Lo detuve, un par de veces no quería tener relaciones, pero me era imposible negarme a esas excitantes caricias, su insistencia fue fracturando mi veto, pero al meter su mano bajo mi prenda, rápidamente comenzó a disgregarse, por efecto de esas aguas termales.

    Eso estimulo más, a mi joven “sobrino”, cuando sus dedos buscaron la abertura de mi sexo, abriendo mis piernas para tener un mejor acceso, sus manos terminaron de desgarrar mi estropeada prenda, quedando desnuda ante Gino. No sé qué me sucedía, si era el efecto de esas aguas, el calor, sentirme acosada por un adolescente, o realmente que me aplacaran esa excitación que me embriagaba.

    Nos besamos abrazándonos apasionadamente, cuando trató de introducirme su apetitoso falo, lo detuve, diciéndole:

    “No Gino, tócame, bésame, mete tus dedos por donde gustes, pero no copularemos.”

    “Disculpe señora, no sé qué me sucedió, pero Ud., es muy bella y así desnuda me ha enardecido”

    “Sé que he sido la que ha provocado este momento, pero por favor no me digas señora. Además no te dejaré calentito”

    Retomamos ese juego voluptuoso, metiéndome sus dedos en mi vagina, alterándome cada vez más, frenándolo en algún momento por la forma enardecida que me provocaba, cuando su boca comenzó a besar, lamer y hasta morder mi vagina, arqueándome, separando más mis piernas, cuando sus dedos toman mis labios inferiores, metiendo su lengua en mi abertura, mientras mis gemidos iban en aumento, para hostigar a mi clítoris alterándolo al sentir sus dientes oprimirlo algo fuerte, donde un grito de dolor y placer alterando el silencio del lugar.

    Me giró acariciando mi espalda, mi cintura, oprimiendo mis glúteos para separarlos descubriendo mi íntimo esfínter, algo que me dio algo de retraimiento, pero por otra parte sentí que era su juguete que intentaba conocerlo. Su dedo hurgaba con total desenvoltura, hasta que sentí su verga implantarse entre mis nalgas, hasta rozar mi orificio, pero aparentemente recordando mi condicionamiento, solo fue un simple roce…

    Su dedo índice reemplazó a su miembro, recorriendo mi raya trasera, hasta que bordeó mi ano, para luego presionar en mi abertura, introduciendo en mi recto, oprimiendo mi delicada membrana, hasta llevarme a un abrumador orgasmo, quedando extendida sobre la arena, que sin darme respiro fue transportándome abruptamente a una segunda espasmódica compulsión.

    Tardé un rato en recomponerme, pero sin hacerme esperar tomé su erecta verga, besándola con total devoción, llevando mi lengua a su tiento, enviándole como puntadas hasta deglutirla totalmente, succionándola con toda mi energía, hasta que su esperma eyaculó en mi receptáculo bucal, besándonos de una manera apasionada, devolviéndole parte de sus flujos.

    Nos metimos desnudos en el mar, me sentía una adolescente, jugamos, nos besamos e hicimos una serie de locuras, al regresar a la playa volvimos a tener sexo, pero en un loco 69, donde nos comimos nuestros sexos hasta llegar a un éxtasis total.

    Dada la hora optamos por regresar mientras nos transportábamos en la moto, metí mi mano en sus bermudas hasta oprimir su miembro, masturbándolo sutilmente, que para evitar un accidente paró en costado de esa inhóspita ruta, y mientras el sol se iba escondiendo, le bajé los bermudas cuando me dice:

    “Desnúdate”

    Lo miré sonriente, agradándome la manera imperiosa en decírmelo y sin titubear me quité todo hasta las ojotas, me arrodillé frente a Gino, y lentamente mamé su verga, hasta hacerlo acabar en mi boca, que con parte de su semen, lo besé. Nunca había hecho algo similar quitarme la ropa en el medio de una carretera, que si bien era bastante inhóspita alguien podría vernos con el peligro de que nos reconociese, pero fue algo que me agradó, por esa adrenalina que produce esas situaciones límites.

    Montamos en la moto y a pesar de ir rápido, llegamos casi a la hora de la cena, me bañé y vestí, pero me saqué la trusa, y por supuesto me senté al lado de Gino, que me miraba totalmente apasionadamente.

    Por supuesto que no tardó su mano a introducirse bajo mi falda, desplazándose por mi entrepierna, hasta descubrir que carecía de prenda interior, mi excitación fue inmediata, mientras su mano intentaba tocar mi sexo. Abrí bien mis piernas, acercándome con la silla más cerca de Gino, hasta que su mano comenzó a friccionar mi vagina, comenzando al punto de percibir una serie de convulsiones, que trataba de disimular. Aunque mi esposo me preguntó si me sucedía algo, solo le dije que el calor me había bajado la presión. Mientras me levantaba de la mesa para dirigirme al baño, mientras pensaba que esa noche visitaría a Gino…

    La sobremesa se hizo algo larga a pesar que éramos menos que la noche anterior, cuando mi esposo dice:

    “Mañana temprano nos vamos a recorrer otros lugares de la región, donde mi esposa guste, ya que la he tenido bastante abandonada y no me lo ha reprochado en absoluto”

    Hice un esfuerzo en sonreír, apretando la mano de Gino, pero lo peor fue que esa noche mi esposo no se fue con sus amigos, en el primer momento pensé que eso sería lo apropiado, aplacar mi calentura que a pesar de haber disfrutado, deseaba algo más. Lamentablemente mi esposo después de desahogar su necesidad fisiológica, se durmió de inmediato en donde mi orgasmo quedó frustrado, me arrepentí en ese momento no haberle permitido a Gino que me cogiese bien cogida, pero ya era tarde.

    Por la mañana siguiente nos levantamos temprano montamos en el auto que había rentado, despidiéndonos de todo, notando los ojos vidriosos de Gino, le di un cálido beso muy cerca de su boca partiendo hacia otro lugar.