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  • La tarotista: Baño de florecimiento (Parte 1)

    La tarotista: Baño de florecimiento (Parte 1)

    Era el año 2010, y tenía unas buenas amigas llamada Lina y Kaori, teníamos ambos 27 años y Lina 22, congeniamos mucho incluso repasábamos en mi departamento las exposiciones de inglés que solíamos tener al finalizar cada módulo; Kaori de rasgos tipo orientales, 1.60 m. le gustaba vestirse en ocasiones con blusas muy ceñidas exhibiendo sus pechos aunque de figura llenita, sobresalía sus buenas tetas, aunque no muchas carderas, y lo que me gustaba de ella es que solía usar muchos brazaletes y anillos ,bisutería de fantasía, típico quizás de las tarotistas, pues si, ella trabajaba leyendo tarots y haciendo limpias para la buena suerte, baños de florecimiento para el amor, negocios, etc.

    A menudo terminábamos bebiendo cerveza o vinos, éramos íntimos. Incluso teníamos conversaciones privadas confesando lo que hacíamos sutilmente entre todos, en una ocasión entre copa y copa salió de Kaori dijo toda decepcionada.

    -Pucha nada pues con Raúl, mi esposo… nada.

    -Que nada de que, acaso no te tira bien –riéndonos los 3

    -Peor que eso –dijo Lina

    -Que podría ser peor seguro no te haces nada de poses, es clásico

    -Uhmmmm –Se lamentaba Kaori, mirando ahí el techo

    -¡Nada pues, nada de nada… no se le para! –exclamo Lina

    -What, que!-abriendo mis ojos y girando viendo a Kaori

    -Si, pues y la verdad no lo juzgo, pero estamos tratando de buscar ayuda, pero el todo orgulloso dice que no, que es por el stress del trabajo que ya va comprar viagra, pero a las finales cambiamos de tema y lo dejamos pasar.

    -Oh, ya me imagino, pero seguro que es por el stress lo entiendo

    En mi pensamiento replicaba pesado de idiota como no se te va parar con tremenda mujer que tienes, con sus rasgos orientales misma estrella de película porno, mientras bebía.

    Bueno a todo eso ya habíamos acabado de pasar la noche de copas Lina tomo un taxi y Kaori dijo:

    -Voy a tomar el metropolitano aún son las 9 pm si llego a lima norte

    -Kaori, aparte de los baños de florecimientos haces baños de…

    -Que para el amor –sonrió, a todo esto íbamos caminando rumbo al metropolitano

    -No, Aunque también necesito de eso -reímos. ¿Pero aparte de eso baño para la buena suerte, florecimiento personal así es no?

    -Si, si normal tu dime cuando quieres que te lo prepare, y te traigo el baño ya listo

    -Ok, pero no podría ser un día camino a clases de inglés que podrías hacerlo, como que matas 2 pájaros de un tiro.

    -Pero esos baños te tumban! O sea es tanta la relajación que tienes que quedarte reposando.

    -Ok, bueno no problem, ya no iría a clases y cualquier cosa de la clase ya me lo dices

    -¿Bueno si, seria cuando el viernes? –le pregunte a Kaori

    -Uhmmm ya bueno está bien, así tengo 2 días para comprar las plantas hierbas todo lo que necesito.

    -Genial.

    Así quedamos y entro a la estación y la va partir, no me había dicho cuanto sería, pero deduje que sería algo de 100 o 200 soles, así pasaron los días de clases de inglés durante la semana y el jueves en la noche cuando nos despedimos nos dijimos

    -ya ¿mañana plan 3 pm, cierto Kaori?

    -Ok, si está bien esa hora –ya que las clases empezaban 5.35 pm

    Y llego el día en que Kaori, se volvió mi diosa oriental, mi dueña.

    Al día siguiente, llego un poco más temprano de lo habitual, cargando sus hierbas y en un bolso grande tenía sus frascos aromas y esencias que después constaté, así ella empezó a utilizar una olla grande que me pidió para poner a hervir todas las hierbas y demás menjunjes que se necesitaba para el baño de florecimiento. Para esto, haciendo una pausa, me olvide de contar que vino con unas sandalias veraniegas y un vestido típico gitano de falda ancha blanca y con pliegues, y para no olvidarme toda su bisutería que me prendía, y aparte trajo una muda de ropa, ya que con el olor que emanaba el baño de florecimiento debía quizás de bañarse y cambiarse para luego salir a clases, yo no me hacía problemas que lleve deje cosas, total era una buena amiga de confianza, y ya se imaginan que imaginaciones pasaron por mi mente.

    -Prepárate para el baño, aparte traje flores y voy a rezarte como parte del baño –hablándome desde la cocina.

    -Ok, ya voy, ya voy -Replique

    Fue el momento en el que sentí que me excitaba, ya tenía puesto una trusa ceñida amarilla que me quedo del año nuevo, dije aquí se va ver el bulto cuando me caiga el agua; Salí de mi habitación de frente al baño solo con la trusa ceñida a mi verga y huevos.

    -Ok ahí voy metete a la ducha.

    Estaba ya parado dentro de la ducha esperando que entre en eso entro y abrió los ojos mirándote de frente la diminuta prende que me ceñía y desviando la mirada viendo el piso para poner la olla y mezclarla con agua fría, ya no tenía puesta todos sus brazaletes y joyas.

    -Ok, jaja –te pasas pensé que tendrías un short al menos

    -Es que es para que entre bien el baño por todo mi cuerpo pues.

    Prosiguió a mesclar todo en un balde con agua fría solo un poco para que no me quemará, aunque aún seguía caliente; mesclo más esencias y con un pequeño jarro procedió a echármelo de pies a cabeza diciendo oraciones mientras tiraba pétalos con la otra mano libre.

    Veía como estaba sin sandalias, en cada echada del jarrón del baño a mi cuerpo, al alzar los brazos veía como sus pechos meneaban libremente, no tenía brazier por dentro seguro se lo saco disimuladamente en la cocina mientras yo me alistaba.

    -Gira, gira mientras te hecho el baño -olía muy fuerte sentía calor y con los ojos cerrados me decía

    -Visiona, piensa lo que quieres el éxito laboral, tus metas pide al universo, a los ángeles

    Mientras rezaba sentía que mi verga empezó a levantarse sentía toda esa trusa pequeña mojada ciñéndose mas a mi bulto, en un momento abrí los ojos y ahí estaba ella mirando mi bulto diciendo seguro ¿qué pasa acá?

    -Uy, creo esto parece más un baño de levanta muertos que de florecimiento –sonriendo pícaramente

    -Ya, cállate -seguía rezando mientras desviaba la mirada al vacío para disimular

    Pero también vi como parte del agua empapo parte de su vestido y parte de su busto que al movimiento se reflejaba la forma de sus pezones, eso me puso más caliente.

    -Ya ahora espera que se seque el baño en tu cuerpo y vas a reposar a tu cama porque como te dije este baño te va tumbar

    -Ok gracias, Kaori ¿y cuánto es entonces? No me dijiste

    -Ah, 120 soles

    -Ok, deje en el cajón de mi velador dinero, cuenta ahí y agarra el dinero para que te cobres.

    Esa fue una táctica y al salir del baño me fue diciendo

    -Me prestas tu otro baño para cambiarme también me cayó parte del baño y huele fuerte

    -Si claro no te preocupes,

    Salió rumbo a mi habitación caminando descalza manchando con algo del baño los pisos y flores que cayeron sobre su vestido también, abrió mi cajón y no encontraría nada de dinero, solo tenía varios condones y un lubricante en frasco que deje para que lo viera, a lo cual asevero.

    -Ehhh, dijo mi nombre, aquí no hay dinero hay de todo menos dinero.

    -Si, a ver levanta las cosas por ahí deje billetes doblados –oía que movía suavemente las cosas de mi cajón

    Mientras aproveché en sacarme rápidamente la trusa amarilla muy mojada y, salí raudamente con dirección a mi cuarto previamente habiendo sacado el dinero, que lo tenía escondido atrás del espejo baño, iba camino a embestirla con mi pene ya casi erecto dejando más chorros camino a mi habitación, todo olía a aroma de baños turcos que fue lo que me excitó mas.

    -No, nada no hay din…

    Volteado y mirándome la verga sorprendida por la escena que estaba viendo.

    -Aquí esta Kaori, lo tenía dentro toma -mientras estiraba el billete de 100 soles.

    -Sí, son 120 –su rostro se tornó enfadado

    -Que pasa, todo bien?-dije

    -Te pasas, está bien que tengamos confianza, pero no tanto tapate por favor o déjame salir

    A lo que atine a hacerle una broma subida de tono

    -bueno agárralos pues –colocándonos rápidamente debajo de mis huevos casi introducido entre mis piernas

    Su cara se tornó más furiosa y con un rápido movimiento agarro con una de sus manos mi verga erecta apretándola produciéndome dolor, y gritándome muy molesta.

    -¡Mira, dijo mi nombre, no me gusta que te juegues así y menos con mi trabajo, así que si sigues déjate de tonteras idiota! ¡Así mejor es que te vayas olvidando de nuestra amistad!

    A la vez que presionaba mi verga y empujándome hacia la pared que estaba fría, me dejo desconcertado y excitado a la vez. Pero a la vez sentí retarme, por lo que; con la otra mano la metió debajo de mis huevos buscando sacar el dinero y yo haciendo fricción para no ponérsela fácil.

    -Ya idiota! Abre las piernas-mientras me samaqueaba la verga pero que a la vez sentía que me empujaba hacia la pared y hacia ella medio como masturbándome, me excitaba más y mas

    -Ya, ya dámelo si, ya –tornándose su vos nerviosa y a la ves molesta

    -Lo que te quiero dar es verga Kaori –repliqué arrecho

    -Estúpido! -tirándome una cachetada con la mano que intentaba sacar los billetes y pero jamás soltando mi verga erecta y magullada por sus apretadas.

    Sentí que estaba excitándose y su enfado se tornaba nerviosa y solo atino a darme golpes de puño en el pecho pero muy suaves.

    -Enfadada y todo Kaori, pero no sueltas mi verga, ¡te gusta verdad, se ve que lo disfrutas? seguro es porque hace tiempo a tu marido no se le para y extrañabas esa sensación

    La soltó nerviosa, como expuesta al darme cuenta que estaba excitándose, todo y magullado me embestí sobre ella tomándola por debajo de esa suelta falda y levantándola en peso tumbándola a mi cama.

    -Que haces? ¡Qué haces, suéltame… que me quieres violar idiota, que te pasa!

    Mis manos recorrían sus muslos apretándolos y tratando se bajarle su calzón, aunque no podía ver tus tetas que solo se veían a medias traslucir, ya que ella me empujaba tratando de que no la besara, estaba ardiendo. Me sentía quemar por poseerla

    -Eres un idiota! ¡Crees acaso que yo estoy necesitada, y por eso crees, que porque tengo confianza vas a querer tirarme, estas equivocado!

    Mientras veía que su fuerza la abandonaba y poco a poco iba pegando más mi cuerpo desnudo sobre ella haciendo fricción con mi verga en su concha y rosando el interior de sus piernas, estaba hecho un toro nada me podía detener quería poseerla tenerla desnuda a mi lado, quería saborear su cuerpo, sus enormes tetas, su pequeño trasero y suave piel.

    -Basta, ya basta por favor, no sigas, no sigas ahhh uhh no sigas –sentía que iba ganando la batalla

    -Ves que si tenía razón tu si querías verga, la extrañas verdad, extrañas que te claven, que te follen

    A la vez que iba besando su cuello, y por encima de su vestido ya manoseaba sus grandes tetas, y en eso sentí marearme de un momento a otro, que me pasaba iba perdiendo fuerza me sentía muy relajado, a lo que ella atino a decirme

    -Ves te dije que te iba a tumbar, ya está haciendo efecto, déjame ahora

    -Diablos, tenías razón ya perdí esta batalla, tu ganas, además así no te imagine… que fueras tan ruda, pensé que serías más cariñosa, pero diste batalla.

    Me recosté en mi cama boca arriba, con mi verga erecta pero muy cansado a punto de relajarme y caer en sueño. A los cual ella aprovecho para pararse y salir, acomodándose el calzón y su vestido, que está todo revoloteado, estaba mismo ebrio, pero era el bendito baño de florecimiento que hizo efecto, con los ojos cerrados sentí la llave de la ducha abierta, me imagine oh por dios debe estar ahí desnuda bañándose y yo aquí tirada maldita sea.

    Así pasaron unos minutos y ya habiendo bajado el brillo de la tarde mi habitación se tornaba menos iluminada, tuve un breve sueño el cual desapareció al oír el rechinar de mi puerta abriéndose.

    ¡Y, oh dios!!! Ahí estaba ella entrando a mi habitación totalmente desnuda, con sus despampanantes tetas que caían por su peso, de cuerpo llenito, sus piernas con algo de celulitis pero con una cadera no tan anchas y su vagina oh… depilada en tu totalidad, era toda una hembra expuesta a mi mirada y lujuria, su cabello recién mojado cayendo de sus hombros y algunos posándose sobre tus tetas, era toda una diosa oriental.

    -Kaori! –wao que sorpresa ven, acércate no puedo pararme aun, que estoy cansado, ¿eres tú? O eres un sueño –mientras estiraba mi brazo, como diciéndolo ven ven

    -Shiii, Ya silencia descansa

    Mientras subía lentamente a gatas por mi cama, posando su cuerpo y sus deliciosas tetas sobre mi pecho, con sus cabellos negros y mojados refrescándome el ardor de mi cuerpo.

    -Entonces no es un sueño, me hace muy feliz que te hayas quedado, no sé qué decirte –mientras con una de mis manos tocaba sus pezones y presionaba ligeramente tus pechos.

    -Lo único que te voy a decir es que, aquí acabo nuestra amistad después de este día no quiero que me vuelvas a dirigir la palabra, esto se terminó acá.

    Al oír todo lo que me decía, lamentaba y sentía cada palabra con dolor punzante.

    -No, porque me dices eso, tú me gustas, me atrajiste siempre y sería cruel de tu parte que me dejes así, sé que fui un estúpido en mi actuar, pero solo pensaba en poder besarte, poseerte.

    -Ya calla tonto, ya lo decidí, y así que disfrutemos de este momento porque no se repetirá.

    -No Kaori, no me digas eso, -mientras me acercaba tratando de besarla, pero presionando cada vez más fuerte sus tetas, mi verga volvió estar nuevamente dura.

    -Shii shii, ya, pareces un niño rogando, yo quiero un hombre no un niño

    Esa palabra hizo que tornara en mí una fuerza y agarrándola de las nalgas y vociferándole.

    -Y yo a una mujer, a ti, una mujer riquísima una hembra como tú, que a cualquier hombre lo vuelve loco, siempre me atrajiste me gustaba tu figura cuando bailábamos en alguna reunión tus tetas a medio mostrar me volvían loco, por eso me ponía celoso cuando te hablaba cualquiera menos yo.

    Mientras ella solo cerraba los ojos y dejaba que le digiera todo eso en el odio, acto seguido empecé a besar su cuello, lamerlo y morderlo, sentí que estaba excitándose. Atreviéndose ella a masturbarme con una de sus manos, entre en éxtasis total.

    -Si, vamos sigue, pajeándome pero esta vez con cariño si –a lo cual reí y ella también.

    -A ver niño, entonces Ud. quiere solo que lo pajee o quiere algo mas

    -Quiero todo contigo, hazme todo tu quieras… eres mi dueña y yo obedeceré

    -Sonrió pícaramente, ok entonces voy a cabalgar esa verga que ya la tienes paradota

    -Si, hazlo, hazlo cabálgame

    En un rápido movimiento bajo hacia mi verga y dándome suaves besos, seguro por el daño que me hizo antes; procedió a morderme suavemente como queriendo llevar el tronco de un mordisco, pero fue tierna empezó a subir y bajar su boca recorriendo por unos segundos mi verga, mientras acariciaba mis bolas y empezó a metérsela en mi boca haciendo sonidos desesperantes

    -Slup, slup, ahhh ,ohhh uhmmmm

    -Ya veo que te gusta, sigue así lo haces muy bien

    -Sssshii, ya cállate -siguió devorando desesperadamente mi verga mientras sentía que sus tetas rozaban mis piernas al compás de cada mamada.

    -uhmm uhmm –mientras cerraba los ojos, estaba excitadísimo

    -¿y ahora que ya veo mojada tu verga, creo que si me la podre empalmar, crees tú?

    -Si, hazlo, súbete y cabálgame! Con voz de excitación, no me lo podía creer

    Vi subir su rellenadita figura sobre mi pelvis con sus enormes tetas, las cuales aproveché en darles pequeñas succiones y mordidas en esos pezones con aureolas marrones marcadas. Ya con la verga dentro de su concha sentí como estaba mojada; fue una cabalgata monumental. Se movía tan fuerte que mi cama sonaba chillante una y otra vez, rápidamente y lentamente en intervalos mientras sujetaba sus pequeñas caderas y al mando me ordeno repetir.

    -Soy tu dueña, Kaori, soy tu dueña repite

    -Kaori, sí, mi dueña, eres mi dueña -mientras se retorcía de placer y echaba su cabeza para atrás buscando un orgasmo que seguro añoraba

    -Sigue, repite

    -Mi dueña, eres mi dueña -sentía que su cuerpo empezaba a vibrar presionando mis pectorales y casi arañándome, sentí mucho placer

    -Me vengo ohhh me vengo ay ay ayyay ayyyy ahhh

    A lo cual solo atine a tocar tus tetas presionándolas hacia ella y sosteniendo su espalda por debajo de sus brazos dándole la seguridad, de que yo su hombre la iba a sostener. Fue mágico ese momento con la luz ya casi a oscuras en la habitación.

    Se dejó caer sobre mi mientras yo le daba suaves besos en sus mejillas y frotaba su espalda hasta sus muslos, como afirmándole, bien bien, lo hiciste muy bien. Pero faltaba yo así que con miedo procedí a decirle.

    -Kaori, y yo? ¿o sea también quiero darte tu leche de florecimiento? -a los cual sonrió y dijo

    -Tarado, haber pues que tienes para darme

    -Toda mi leche para que te alimente -a lo cual ella me miro diciendo

    -Ah ah no, no me los voy a tragar ok, solo dime dónde quieres darme esa leche de florecimiento que dices.

    ¡Y sin dudarlo exclame –Pues en tus lindas tetas Kaori!

    Bajando empezó a masturbarme suavemente, a lo cual yo procedí a pararme en la cama y ella de rodillas empezó con más fuerza a agitar mi verga, demoraba en venirme ese baño de florecimiento floreció todo al parecer, además estaba en una edad perfecta para el sexo, a mis 27 años me sentía un potro, seguía dale y dale, me miraba como diciendo ya pues a qué hora.

    -¿Ya, ya te vienes?, apúrate que estoy sintiendo frio

    -Pero al menos antes sóbalo con tus tetas! Anda no seas mala, trágate mi verga con tus tetas

    Accediendo a colocarlas sobre mi verga ya enrojecida por tanta acción y maltrato previo, me sentía en el cielo; wao, ella presionando sus tetas con mi verga al medio, dándome placer; subía y bajaba tratando de que pudiera venirme, hasta que sentí estar a mil

    -Ya ¡ya ahora si ya creo!, déjame acabar a mí

    Agarrando mi verga y empezándola a pajear desenfrenadamente para que recibiera toda mi leche en sus exuberantes senos

    -Si sii ohh ohhhh toma toma ahí va ahí va -mientras apuntaba directamente sobre sus tetas.

    Ella audazmente paso uno de sus brazos por debajo de ambas tetas presionándolas entre si a la vez que se sujetaba a su otro brazo a la altura del codo haciendo una perfecta auto presión, y para que no dejase caer tan pesadas y voluminosas tetazas.

    Ohh por dios! Fue una escena maravillosa, digna de porno oriental donde su rostro quedaba mirándome a los ojos, mientras sometida se disponía a recibir mis chorros de leche, con el mentón hacia arriba y recibiendo toda mi descarga en sus tetas chorreando hacia sus pezones, en su cuello, incluso llegando hasta sus hombros, a la vez que con una de sus manos libres me sujetaba de unas de mis piernas para no caer de la cama, a la vez que yo me sujetaba de las cortinas que estaban pegadas cerca a la cama.

    -Waooo, ahora si después de esto volveré a tumbarme, te di la mejor leche de florecimiento solo para ti, veras y como se ponen firmes y fuertes esas tetas cuando las frotes.

    -Estas seguro, jajaja riéndonos pícaramente.

    Mientras frotaba esparciendo mi leche en la inmensidad de sus pechos, uniéndose junto con mis manos entrelazadas y frotando enérgicamente, ambos disfrutábamos de tal épica escena; el olor de la habitación se tornó a sauna, a sudor, a aromas purificantes, a la vez que mi habitación poco a poco se tornaba en la oscuridad con los últimos rayos del sol de aquel maravilloso día.

  • La cuarentena con mi sobrino (IV)

    La cuarentena con mi sobrino (IV)

    Anteriormente: Mi sobrino que está en casa por la cuarentena mientras mi marido está en Europa varado me ayuda a hacer bien mis ejercicios físicos.

    Tras sentir sus manos en mi cuerpo para guiarme y hacerme transpirar, nos vamos a bañar, cada uno por turno, primero él.

    Lo veo masturbarse mientras se ducha porque ha dejado la puerta entreabierta del único baño disponible en la casa, el de mi cuarto.

    Luego me toca a mi bañarme, esta vez me masturbo pensando en todo lo que vi de mi sobrino, en la pija iluminada por la luna de la noche anterior, en la silueta borrosa de la pija que se veía tras la mampara condensada por el vapor del agua caliente que caía sobre su cuerpo.

    Termino masturbándome sin excusas, pensando solo en el cuerpo de mi adolescente sobrino, en sus brazos musculosos, en sus pectorales, en sus abdominales, imaginándome como seria ver esa pija sin filtros.

    Exploto de placer, se me doblan las piernas, me desvanezco en el piso de la ducha, tratando de reponerme físicamente.

    Estoy apoyada en la pared mientras el agua de la ducha cae sobre mi cara y mi cuerpo, sacos mis dedos de mi conchita y veo como el agua comienza a limpiar todos mis pecados líquidos.

    Siento un ruido, algo se cae en mi cuarto. Enfoco mi vista mas allá de la mampara, limpio la condensación, veo la puerta entreabierta del baño.

    Me reincorporo y cierro la ducha, abro la mampara, busco la toalla y me la ato por sobre mis pechos sin secarme nada del cuerpo.

    Me acerco a la puerta y veo si esta mi sobrino en mi cuarto. No hay nadie.

    La puerta de mi cuarto esta entreabierta también. Recuerdo muy bien haberla cerrado cuando fui a bañarme, ya tenía en mi mente masturbarme como una pervertida sin que nada me moleste.

    ¿Se habría abierto la puerta sola? reviso que es lo que podría haberse caído en mi cuarto.

    Al lado de la puerta del baño había un mueble para los equipos de audio y televisión, también cabían libros y porta retratos.

    Uno de esos porta retratos esta diferente.

    Cuando me acerco veo que la foto esta chueca, parece ser el porta retratos que se cayó.

    Mi adolescente sobrino no parece ser muy listo, era mucho mejor dejar el cuadro en el piso esperando creer que se cayó por si solo, o la fuerza de gravedad.

    Ahora yo sé que él estuvo en mi cuarto, algo se cayó y algo intentó volver a su lugar.

    Mi pregunta es si, solo entro y apenas vio que estaba en el baño, salió disparado hacia afuera llevándose el mueble por delante.

    O si estuvo observando desde el primer minuto, hasta que acabe y su torpeza de cuerpo grande y adolescente lo llevo a mover el mueble en su retirada.

    ¿Sería tan pervertido de mirar a su tía bañándose? ¿y mas aun mirarla cuando se masturbaba?

    Deje la puerta de mi cuarto entreabierta, no la toque, debía pensar muy bien que paso seguir, ¿le recriminaría algo a mi sobrino? y si el me vio cuando hice lo mismo al bañarse? quedaría expuesta.

    Él tiene todo para ganar si se devela todo, es un adolescente, tal vez aun es virgen. Es normal que quiera ver mujeres desnudas, y en este caso su tía. Solo está mirando. Es pervertido pero no como yo.

    Yo soy mucho mayor, tengo esposo, soy una mujer hecha y derecha. Sería una vergüenza que se sepa que mire a mi sobrino mientras se masturbaba.

    Mientras me visto trazo alternativas, me cepillo el cabello mirándome al espejo esperando que se me caiga una idea de cómo mirar a la cara a mi sobrino, si decirle algo o no.

    Finalmente llega la hora de la cena, él es quien cocina y me avisa que ya estaba lista y servida en la mesa.

    Salgo y me cuesta mirarlo a los ojos, trato de mirar otra cosa, enciendo la tele tratando de mirar algo que me saque un tema de conversación.

    Casi no cruzamos palabras en esa cena, el levanta la mesa y lava como cada noche. Le doy las buenas noches y me voy a acostar.

    Amanece el sexto día. Me levanto y está todo demasiado calmo.

    Veo hacia el jardín y no está mi sobrino, miro en el sofá y mi sobrino está durmiendo.

    Tiene su frazada en el suelo. Esta boca arriba, vestido solo por un pequeño short que no es al cuerpo.

    Me acerco para saber si está bien, lo llamo por su nombre tímidamente para constatar que este despierto o dormido. No responde.

    Estoy a un metro de donde duerme y sigo llamándolo muy despacio.

    Miro mientras su pecho trabajado, sus abdominales marcados, Se puede ver cierto reflejo de un líquido seco. Parece que esa noche también tuvo su sesión de masturbación.

    Como todo joven de su edad estaba con toda la potencia para alcanzar varias masturbaciones en una sola jornada. Lo estaba aprovechando.

    En su ombligo parece haber quedado algo de su semen, hay como una gota, Eso no se ha secado.

    Con la excusa de que se despierte toco sus abdominales marcados, y uno de mis dedos va directo hacia el ombligo.

    Esta húmedo, esta líquido, es semen.

    Al levantar el dedo un hilo de semen se desprende uniendo ese ombligo con mi dedo.

    Mirando su cara, asegurándome que duerme me llevo el dedo a la nariz, luego a mi boca.

    Mis ojos bajan por todo su cuerpo y se detienen en su diminuto short, que es corto pero holgado.

    Me pongo de rodillas para poder hablarle más de cerca y poder despertarlo.

    En mi nueva posición, puedo ver más profundo lo que hay entre la tela del short y su piel.

    No parece ser suficiente lo que veo, y mi sobrino no se despierta. Así que procedo a tocarlo en el muslo, en sus duros cuádriceps. En ese movimiento mis dedos juegan con su short levantándolo un poco.

    Entonces en la oscuridad se ve algo, se ve un bulto de carne. No puedo distinguir que estoy viendo, si son sus testículos o alguna parte de su pene o la cabeza, solo sé que es algo de carne, y grande.

    En eso se mueve mi sobrino y trato de sacar la mano pero ya es tarde para sacarla del todo, queda mi mano en sus cuádriceps.

    Me hago la que es normal, aprieto más fuerte mientras me mira. Le digo cariñosamente que es hora de despertarse, que no sea dormilón. Como una tía cariñosa para con su sobrino.

    Me repongo, ya puesta en pie, le digo que yo le haría el desayuno, que aproveche para lavarse la cara y cepillarse los dientes.

    Mi sobrino me pide perdón por quedarse dormido. Dice que la doble sesión de ejercicios de ayer lo dejo exhausto. Que haría solo por la tarde conmigo si no me molestaba, para no cansarse y además para bañarse una sola vez al día.

    Transcurre el día y llega la hora del gym.

    Hacemos las rutinas como dice mi sobrino, cada tanto sus manos van a mis piernas, caderas, espalda, brazos hombros para indicarme como hacerlos.

    En un momento llega la hora de las abdominales, así que me sostiene las piernas mientras las hago. Sus manos fuertes en mis tobillos me causan un cosquilleo indescriptible.

    En mi cabeza pensaba en usar un minishort y no esa calza, que por mas que daba figura a mis piernas y cola, no le permitan a mi sobrino observarme como quisiera.

    Llega el turno de él, ahora yo sostengo sus tobillos, y como necesito mas fuerza apoyo mis rodillas en sus pies.

    Mi cuerpo se apoya en sus piernas, en sus rodillas abiertas. Mis tetas rozan esas rodillas en cada subida y bajada de sus abdominales.

    Trato de concentrarme mirándole la cara, pero el se le van los ojos a mis tetas. Me mira con disimulo.

    Yo por mi parte, comienzo a bajar la mirada hasta su short de ejercicio. no es tan corto como el que usa para dormir, pero también es holgado.

    Lamentablemente solo puedo ver su ropa interior, un slip gris que contrasta con el fluorescente de su ropa deportiva. Lo que si se puede distinguir es el tamaño del bulto, es bastante considerable, no sé si así sea en realidad o por la estimulación de ver mis tetas o el roce de ellas con sus piernas.

    Terminamos y llega el momento crítico, el de la ducha.

    «empiezo yo?» dice mi sobrino sonriéndome.

    No creo que haya sido en doble sentido, pero mi mente retorcida todo lo hace sexual.

    Va a bañarse, la puerta de mi cuarto no la cierra totalmente, escucho abrirse el agua.

    Le escribo decenas de mensajes a mi esposo, pero el sonido del agua de la ducha me taladra los oídos.

    No aguanto mas la curiosidad y después de unos minutos luchando con mi conciencia pierde y me levanto a mi cuarto.

    Camino con sigilo, y desde lejos puedo ver que la puerta del baño esta entreabierta.

    Cuando llego hasta allí nuevamente veo a mi sobrino masturbándose, pero esta vez la mampara no está cerrada del todo. Así que en ciertos movimientos puedo ver sus brazos con más claridad, también sus piernas y espero cierto movimiento para poder ver algo mas.

    Noto que empieza a acercarse hacia la parte abierta de la mampara a la vez que se masturba con mas entusiasmo.

    Mis ojos se abren como nunca tratando de captar todo, en el instante que estoy por ver esa pija adolescente suena mi teléfono rompiendo el momento.

    Notificaciones de mi esposo a mis mensajes, de los nervios se me cae el teléfono al suelo.

    «tía, estas ahí?» dice mi sobrino desde el baño cerrando la mampara totalmente.

    Me había descubierto, estaba muerta. Siento que me baja la presión. Todo se arruinaría por no saber moderar mi perversión.

    Desde el otro lado de la puerta le digo que, si estaba todo bien, pero que había venido para ver si se terminó de bañar porque necesitaba pasar al baño, porque en el otro no había papel.

    Esa excusa fue la mas estúpida que se me ocurrió pero la única que se me vino a la mente.

    Me dice mi sobrino que pase, que él no vería nada, me daría la espalda.

    Entro al baño con el celular en la mano. Me tiemblan las piernas. Estoy en el mismo baño con mi sobrino bañándose a un metro.

    Me siento en el inodoro, me bajo la calza y la tanga hasta los tobillos. Intento hacer pis para justificar que estaba ahí.

    Tan cerca se podía ver la silueta desnuda de mi sobrino con mayor claridad. Estaba de espaldas así que podía notarse bien el culo redondo y musculoso que tenía. Hasta casi se notaba cada nalga, el inicio de una y de la otra.

    Termino de hacer algo de pis y me levanto al bidet, para lavarme un poco y sacarme la calentura.

    Allí abro el agua tibia y empieza a limpiarme la cola y la conchita.

    Mi sobrino sigue bañándose. Yo sigo lavándome y pasándome los dedos entre los labios vaginales.

    Mirando el cuerpo de mi sobrino e imaginando lo que hay al frente, mis dedos se tientan a abrir los labios y a meterse en mi interior.

    Estoy masturbándome con la excusa de la higiene del bidet, a un metro de mi sobrino. Él no se da vuelta, sigue dándome la espalda.

    Me habla de lo lindo que está el agua, de cómo le duelen los músculos por el ejercicio. Me pregunta si le gusta lo que hacemos.

    «me encanta lo que hacemos» le digo casi ronroneando

    Pasa unos largos 60 segundos en silencio, solo el agua cayendo en el cuerpo de mi sobrino y el agua del bidet disimulando el ruido del chapoteo de mis dedos en mi concha húmeda.

    Cuando siento que me estoy pasando de tiempo, decido darle un final al momento sin haber acabado.

    Con un poco de papel me seco, veo mi tanga húmeda en mis tobillos, decido sacármela junto con la calza.

    A la tanga celeste húmeda la dejo sobre la tapa del inodoro y mientras me voy dándola espalda le digo a mi sobrino que ya termine.

    «deje mi tanga arriba de la tapa del inodoro, espero no te moleste, ahora cuando me bañe la lavo»

    Cierro la puerta del baño pero no del todo, queda un poco abierta. Ahora con el teléfono en silencio me dispongo a observar.

    Tímidamente mi sobrino se acerca a la mampara, la abre, mira hacia afuera, casi me ve, tengo que correrme un poco mientras el corazón me explota.

    Unos segundos mas y me vuelvo a asomar, mi tanga ya no está en la tapa del inodoro.

    La mampara está totalmente cerrada, esta vez no puedo ver mas que su silueta, pero tiene mi tanga en su mano. La observa, la huele, y se masturba con ella.

    Ver eso me pone caliente, solo vestida con la calza y la remera de ejercicio me toco los pechos y me pongo una mano por dentro de la calza alcanzando mi vulva que hierve.

    Mientras mi sobrino explota de leche los azulejos yo exploto de flujos mis dedos y mi calza deportiva.

    Lo veo exhausto temblando en el baño, yo también estoy sentada en la alfombra temblando.

    Como puedo me salgo casi gateando de allí, hasta el living, donde me desmayo prácticamente en el sofá donde duerme mi sobrino.

    Unos minutos más tarde, sale mi sobrino ya bañado, peinado y perfumado y me dice:

    «tía, ya es todo tuyo el baño»

    Cuando entro al cuarto me invade la culpa por todo lo que hice. Estoy pervirtiendo a mi sobrino. Siendo infiel a mi esposo. y lo peor de todo es que es familia, Hasta hace pocos años era chico que me pedía que le comprara golosinas cuando íbamos a visitar a mi hermana.

    Me quedo helada mirando la nada, cuando me doy cuenta que el porta retrato que se cayó ayer era de una foto de novios con mi esposo. La foto estaba corrida por el golpe. Fue como una señal de cordura.

    La acomodé y cerré la puerta de mi cuarto, cerré bien la puerta del baño y vi mi tanga húmeda pero acomodada casi en la misma forma que la deje sobre la tapa del inodoro. La pared no tenía manchas de semen, mi sobrino se encargó de limpiarlo todo.

    Me puse a ducharme mientras lloraba en silencio por todo lo que estaba haciendo.

    Me jure que no haría mas nada, es mas hablaría esa misma noche con mi hermana para gestionar que se fuera a su casa o a otro lugar. Hablaría con mi esposo y lo apoyaría en todo lo que hace, está jugándose la vida por nosotros y yo solo pensando en una pija, y encima de mi sobrino.

    Me decía a mi misma que era una estúpida, me sentía culpable por todo.

    Mientras estoy pensando que palabras decirle a mi hermana siento que golpean la puerta del baño.

    «tía? quiero pasar al baño, en el otro baño no hay papel» escucho desde el otro lado.

    «pasa, sobrino» digo casi sin pensarlo

    «tía, acá esta tu tanga sobre la tapa del inodoro, donde la puedo dejar?» pregunta mi sobrino.

    «alcánzamela, sobrino, la lavo acá mientras me ducho» digo temblorosa.

    Sé que desde su punto de vista podía ver con claridad mis tetas y mi conchita, mas tan cerca. Aun así me acerco a abrir la mampara tapándome las tetas con un brazo.

    Me alcanza la tanga y lo miro a los ojos detrás de la mampara.

    Escucho como se baja el cierre de su pantalón, se baja el pantalón y su slip hasta los tobillos y comienza a hacer pis.

    Él está de espaldas, yo mirándolo. Limpio la condensación en la mampara, lo veo clarito, y desde ese ángulo puedo ver la punta de esa pija adolescente largando orina.

    Es una cabeza grande, ancha. No esta erecta, esta algo flácida, producto de la reciente descarga de semen que tuvo minutos atrás.

    Es la primera vez que puedo ver algo con nitidez. Su culo es perfecto, musculoso, de piernas fuertes. Unas nalgas suaves pero masculinas. Muy poco vello en sus piernas.

    Para que de espaldas a 45 grados pueda ver la cabeza de su pija es porque debe ser grande, mucho más que la de mi esposo. Aun con flacidez.

    Si hubiera un espectador vería a mi sobrino haciendo pis con la ropa en los tobillos, a mi pegada a la mampara desnuda, con mis pechos tocando el vidrio tratando de ver algo mas.

    Termina de orinar, yo inmediatamente me doy vuelta y hago que me lavo el cabello. El me agradece por permitirle entrar al baño.

    Me enojo conmigo misma, porque basto con que entre mi sobrino como para olvidarme de todas las cosas que me había prometido no hacer.

    Apenas me termine de duchar, me vestiría y hablaría con mi hermana para que mi sobrino se vaya de mi casa.

    ¿Qué les parece cómo va la historia? Gracias por todos sus comentarios, alientan para seguir escribiendo.

  • Sorpresa a mi esposa hermosa

    Sorpresa a mi esposa hermosa

    Me llamo C y mi esposa es D. Somos una pareja muy caliente y activa, nos gusta hacer deportes y mantenernos saludables.

    D es una chica muy guapa, mide 1.65 es atlética y con curvas sexys un culo muy hermoso, grande, pero todo redondito y parado, unas piernas fuertes de tanto jugar básquet y unos senos duritos con pezones rosaditos. Ella tiene un rostro y sonrisa hermosa que lo aparenta ser mucho más joven, parece más en los 20’s que para los 30’s que tenemos.

    Eran 7 de la noche, estábamos cenando, mi celular pitó, miré de lejos y vi un mensaje, seguí comiendo, y disimulado dije a D que tendríamos una noche muy especial.

    Ella no me entendió bien y continuamos comiendo. Cuando terminamos yo dije en su oreja que yo iba poner los niños a dormir y que ella se calentara porque tendría una fantasía muy especial para ella.

    Los niños estaban bien cansados y si durmieran antes de terminar la primera historia. Me voy a la sala recorrer mi teléfono aunque escucho el ruido de la ducha. Mi esposa le gusta ponerse bien sexy y perfumada, ya hacía unos 2 días que no hacíamos el amor y ella estaba muy caliente como yo.

    Respondí los mensajes en el teléfono, y fue al baño mirarla, ella estaba bañándose con los pezones paraditos, creo que ya imaginaba algo, le di un beso de lengua y la dice que iba ser una noche muy muy especial. Me bañé rapidito y resistiendo la tentación de comerla todita ahí mismo y dice que tendría de trabajar en la compu por 30 minutos, pedí si ella podría arreglarse y buscar algo caliente para mirarnos en este tiempo. Expliqué que iba dejar una cajita al lado del cajón de la cama y que no lo abrirá pues era una sorpresa para esta noche especial. Puse una música en el sonos del cuarto y prendí las candelas.

    Seguí a mi oficina y respondí los mensajes, algunos minutos después me fue a la puerta y recibí nuestro amigo que vamos llamarlo de “A.” el que yo escribía los mensajes. Antes de adentrar, le explique que iba ser una sorpresa, que a mucho tendremos esa fantasía y que hoy sería muy especial para ella. Íbamos sorpréndela despacito y que íbamos suave y con cariño. Adentramos y pedí a el que esperase en mi oficina.

    Me fui a el cuarto y ella estaba muy hermosa y perfumada con un camisón negro semi transparente, se vía los senos paraditos por detrás, y con una tanguita negra bien pequeñina y apretada que mal tapaba su conchita y dejaba su culo perfecto casi todo a fuera.

    Le dice gracias por no abrir la caja. Ella preguntó si yo escuchado voces, yo dice que no era nada, que estaba mirando un video en la compu.

    Ella me preguntó si tendría un juguete nuevo en la caja y que quería luego experimentar que estaba toda mojada y con muchas ganas.

    Abrí la caja y saqué un tapa ojos negros, ella un poco triste dice que esperaba un consolo grande y chocolate que ya hacía mucho que la fantaseaba.

    Yo puse la tapa ojos en ella y pedí que se posicionara poniendo las manos en el cajón dejando el culito grande y redondito para arriba, ella estaba con unos tacos que ponía el culo todavía más arriba, empecé a besar su cuello y orejitas y acariciar a su culo. Dice a ella que no sacara los tapa ojos que yo iba buscar una pieza de la fantasía que no estaba en la caja.

    Fue a mi oficina y dice a A que ella estaba lista, que estaba con tapa ojos y pedí que él no hablase.

    Despacito lo llevé a nuestro cuarto, ella estaba con los tapa ojos y sus manos en el cajón, el culito arriba, su camisón no tapaba el culon grande y hermoso que tiene, “A” se la podía mirar las piernas fuertes y a el culo hermoso con una tanguita negra que casi no cubría su conchita, esta que se parecía muy mojada y caliente.

    Yo dice a D que se quedase así paradita que la sorpresa iba empezar y que no sacara los tapaojos para ganar la sorpresa, y sin ella sospechar apunte a A que la tocara su culo. Ya se lo podía notar por el volumen en el pantalón que él estaba con muchas ganas.

    A empezó a tocarle a el culo y se bajó en rodillas, empezó a acariciar las piernas de D y a dar besitos en el culito de ella. Ella gemía y movía el culo, estaba con mucho deseo. El empezó a darle lengüitas y besos en su conchita por arriba de su tanguita y pasar la lengua por el ladito de la tanguita, sintiendo la cosita mojada de ella. D traía su trasero a la lengua de él cada vez más, y agitaba su culo aun el abría sus nalgas para poner la lengua más cerca de la conchita mojada. Ella estaba muy excitada y con muchas ganas de ser penetrada. A por fin puso la tanguita de ella para el lado y empezó a lamer a la conchita, metió la lengua en su clítoris, su cosita estaba toda melada y mojada, el penetro la lengua a el fondo de su conchita, seguro a D por las caderas y fue subiendo la lengua hasta lamer todo su culito, entonces empezó a jugar con el culito de ella metiendo la lengua en cuanto ella agitaba y tentaba zafarse.

    Ella le encanta una lengüita en el culo y se lo veía que tenía muchas ganas de más.

    Un rato después y ella todavía ella con los tapaojos, A se aleja un poco y saca su camisa y pantalones. Vuelve a acercarse, saca el camisón de D y corre la mano de D y la pone por arriba de sus boxers donde ella empieza coger con la mano y siente una verga bien grande y corpulenta. Muy sexy la cena de mirar mi esposa caliente y mojada en tanguita y tapa ojos saciándose con esta verga grande en sus manos.

    Con muchas ganas ella baja los boxers y empieza a mamar esta verga con muchas ganas, lo mete en la boca y después vuelve a lamer el cabezón y de nuevo lo mete todo en la boca, como se tuviera ganado el helado de chocolate más sabroso que ya tuviera.

    Ella estaba descubriendo la sorpresa pues la verga chocolate tenía otro sabor y otra forma pero todavía no tenía sacado los tapa ojos. Seguía mamando y disfrutando en cuanto la otra manito tocaba su conchita.

    D saco la boca de su paleta y dije que quisiera sentir esa verga toda adentro de ella, que tenía muchas ganas.

    A sin decir una palabra posiciono D en cuatro, puso la tanguita negra de ella para el ladito y empezó a pasar la cabeza de su verga por la conchita mojada de ella. Ella agitaba su culo y pedía que la meterá, que quería sentir todo adentro de ella.

    A empezó poner la cabeza y bien despacito su polla deslizaba en esta conchita que estaba empapada y caliente. Empezó moviéndose despacito hasta que la conchita de D se acostumbrara con esta verga nueva, entonces A empezó moverse más y más rápido en cuanto ella gemía y pedía mas y mas.

    Yo ya no podía mas aguantarme, me desnude y puso mi verga gruesa y caliente en la boca de ella. Ella dio dos lamiditas, sonrió y metió mi verga de nuevo en la boca. Cuanto mas fuerte A la cogía por detrás, mas ella tenía mi verga en su boquita.

    Hago señal a A para cambiarnos las posiciones y me pongo por detrás de D. A viene por adelante de D y le regala la verga bien dura y caliente para que ella vuelva a mamar. En cuanto yo empezó a meter mi polla en esta conchita que esta mojada y muy caliente.

    D sigue mamando a él y después de un momento el viene a mi lado y empezamos a turnarse cogiéndola por detrás, una verga y después la otra, cogiendo a sus nalgas y cadera uno y otro, metiendo bien fuerte uno y otro, la conchita apretada estaba muy húmeda que nuestras vergas deslizaban muy rico, ella mordía la almohada y pedía más y más, ella quería tener un orgasmo pero cambiábamos de turno y empezábamos despacito de nuevo poniéndola a casi explotar de placer.

    Después de algunos minutos así, ella no aguantaba más, se viro, saco los tapa ojos y casi sin aire sorpresa con descubrir que la verga nueva que disfrutaba era la de A del gimnasio. Había mucho que ella fantaseaba en experimentar esta verga y pensaba que fuera casi imposible tenerla.

    Ella seguro mi verga y la de A y dijo que esta sorpresa estaba muy buena. Con su lengüita caliente empezó a lamer mi verga y la de A. Afirmo que se nos gustaba turnarse que ella también.

    Empezó a turnarse mamando mi verga y la de él. Cogía una en cada mano, lamia una y chupaba otra, después lamia otra y chupaba una. Con las manos ponía las dos vergas cada vez mas cerca hasta que empezó jugar con las cabecitas y poner las dos en su lengua y lamer sus dos paletas calientes, chupaba una y pegaba sus cachetes con la otra, jugaba de pelea de espadas con sus dos vergas calientes y duras. Estaba eufórica y contenta con su nuevo juguete.

    Ella paro un ratito sonrió y puso su boquita hasta el fondo en la verga de A, chupo todita. Saco de su boquita y dijo que tenía muchas ganas de joder esta verga hacía mucho.

    D pedio a A que se acostara, y D se puso por arriba de él, D ahora quería tener el control de esta verga adentro de ella, yo lo sé, pues así ella tiene orgasmos bien fuertes. Empezó a meter la verga chocolate bien grande en su conchita. Y despacito fue deslizando hasta que sentía todo a dentro de ella. Despacio D empezó subir y bajar con esta conchita mojada cogiendo toda la verga de A y después cada vez más rápido.

    A estaba muy contento y decía que a mucho que tenía ganas de coger esta milf putita, dicho que ella iba a el gimnasio con pantalones apretados mostrar este culo enorme y que ella era una tentación con su cuerpo sexy.

    Yo estaba feliz en ver mi esposa complacerse y ver que ella estaba cerca de tener muchos orgasmos, la bese fuerte con nuestras lenguas peleando. Sonriamos y besamanos como dos adolescentes en fuego. Saque mi lengua de su boquita, chupe sus pezones y me puso por arriba, para que ella chupase mi polla en cuanto agitaba su culo contra la verga de A. No tardo mucho y ella se echó satisfecha en un orgasmo fuerte que casi despertó a todos los vecinos del bloque.

    A decía que D tenía una conchita muy caliente y un culo hermoso que no aguantaba mas que quería darle leche, ella se puso por adelante y empezó a mamar a la polla de él nuevamente, en cuanto yo me puso por detrás de ella y coger-la por detrás. Ella estaba muy caliente y agitaba ese culo en dirección de mi verga. De tanta ganas yo ya estaba por venir y A también. D gemía y estaba a tener otro orgasmo, en cuanto ella tenía su orgasmo yo saque mi polla de su conchita y me puso adelante, y con sus manos ella empezó una paja a los dos vergas, alternando, laminitas a uno y el otro, esta boquita estaba muy rica, no tardo mucho y empezó a sacar leche de sus dos pollas, D puso la lengüita afuera y empezó a ganar lechecita de nosotros dos en su boquita hermosa. Ella metió la boca en la verga de él y tomo toda la leche bien picara y se acostó en la cama exhausta.

    A agradeció por participar de la sorpresa, dijo que tuviera una noche muy especial, si despidió y dijo que podría volver hacerlo otra vez si ella tiene ganas de nuevo solo llamar.

    A se fue y yo y D nos besamos y nos fuimos a el baño tomar una ducha donde reíamos y besábamos y se calentando nuevamente recordando lo que se tenía sucedido.

  • Te comería el culo y te cagarías de gusto

    Te comería el culo y te cagarías de gusto

    Hace un par de años.

    Ya era casi de noche. Iba en mi auto cruzando el puente de la isla de Arosa cuando la vi haciendo dedo.  Era una joven morena, de estatura mediana, ojos negros, con coletas, vestía unos shorts negros, una camiseta blanca de tiras, llevaba un bolso negro en bandolera y calzaba unas zapatillas de deporte blancas sin calcetines. Con el bronceado que tenía parecía mulata. Paré el auto a su lado. Me miró, abrió la puerta del auto y se metió dentro.

    -Hizo un día de perros -me dijo después de acomodarse en el asiento.

    -Si que lo hizo. ¿Vienes caminando desde muy lejos?

    -No, apenas caminé 300 metros. Un cabrón acaba de dejarme tirada por una discusión que tuvimos.

    -¿Quería tema y le dijiste que no?

    -Sí, no era mi tipo.

    -¿Y cuál es tu tipo?

    -Alto, rubio, de ojos azules, con un Ferrari, un chalet, joven y con un millón de euros en el banco.

    -Y dos huevos duros.

    -Y lo otro también.

    Íbamos cruzando el puente iluminado por farolas. Por mi ventanilla abierta llegaban el aire fresco con olor a algas y los graznidos de las gaviotas. Miré para sus largas y bronceadas piernas y después para los pezones de sus gordas tetas que se marcaban en la camiseta.

    -Parece que me quisiera desnudar con la mirada -dijo sin cortarse un pelo.

    -Me gusta admirar la belleza. No trato de adivinar que hay debajo de tus ropas. ¿Y a dónde te diriges ahora?

    -A casa.

    -¿Eres isleña?

    -No, okupa.

    -Eres del movimiento okupa.

    -Más bien del movimiento, hoy ocupo aquí, mañana ocupo allá…

    -Entiendo, por joder a la gente, vas ocupando lo que no es tuyo.

    Se puso altiva, cómo si lo que hacía estuviera bien.

    -Si le molesta mi presencia me bajo que el coche es suyo y el camino es de todos.

    -No me molestas, ahora ocupas lo que te dejaron ocupar. ¿Llevas mucho tiempo en la isla?

    -¿Por qué me lo pregunta? -dijo mirándome raro.

    -Por si me puedes indicar un restaurante donde se coma bien?

    -Comer bien se come en todos los restaurantes si se tiene dinero, pero tengo oído que en A Meca preparan un pulpo sabrosísimo, unas almejas a la marinera divinas, por no hablar de las centollas y del resto. Pescados, carnes, y dicen que la tarta de queso está para chuparse los dedos.

    -Pues ahí iré. ¿Me acompañas?

    -Sí, claro, puedo indicarle el sitio.

    -Digo si me acompañas en la cena.

    Se puso de decente para arriba.

    -¡Ah no! Eso tiene un precio y no estoy dispuesta a pagarlo.

    -El precio que tiene es el de hacerme compañía, lo otro, ni loco lo haría.

    Cambió de opinión.

    -Si es así, hace años que no voy a un restaurante.

    -Así es, para lo otro una muchacha cómo tú me mataría.

    -¿Padece del corazón?

    -Padezco otra enfermedad.

    -¿Cuál?

    -La madurez.

    -¿Ya no es sexualmente activo?

    -Estoy en paro.

    De repente pasó a tutearme.

    -¿Ya no haces nada?

    -Algo hago, pero en la economía sumergida.

    -¿Cómo qué?

    -Cómo trabajos manuales.

    -Ya, la próxima a la izquierda.

    -No, volverá a ser con la mano derecha.

    -Que tienes que torcer en la próxima calle a la izquierda para ir al restaurante.

    Después de dos tapas de pulpo a la feria, dos platos de almejas a la marinera, dos centollas, pan, vino tinto, tarta de queso, café, un ponche, un coñac, de una larga e interesante conversación y de pagar la cuenta, le pregunté al camarero:

    -¿Sabes de una buena pensión para pasar la noche?

    -Pensión Rey. Queda a dos minutos de aquí.

    -Gracias.

    Salimos del restaurante y en la acera llegó el momento del adiós.

    -Bueno, bonita, aquí nos despedimos. Fue un placer conocerte, y a ver si encuentras al rubio ese.

    -María, mi nombre es María.

    -El mío José, pero mis nietos que llaman Yayo, mis amigos Pepe, mis hijos papá y mi mujer no me llama ni para comer.

    -¿Separado?

    -Sí, ella está en casa y yo estoy aquí.

    -Muy gracioso -dijo estirando la camiseta.

    Usé la típica retranca gallega.

    -Siempre lo fui, por eso me apodan el Soso.

    Cambió de tema, y me dijo:

    -No creo que te matara si lo hicieras conmigo.

    -Ni yo, pero no soy alto, ni rubio, ni joven… Y en el caso de que te volvieras loca y quisieras hacerlo conmigo no sabría que hacer contigo.

    -Se ve que tienes las cosas claras.

    -Eso sí. Sé quién soy, de donde vengo y a donde voy.

    -Eso no lo puede decir todo el mundo. ¿Y quién eres, de dónde vienes y a dónde vas?

    -Pues vengo de A Meca, soy José y voy a la pensión Rey.

    -Vuelve el gracioso. ¿Vas a dormir solo?

    -Alguna mosca habrá por allí, en este tiempo siempre hay. ¿Te gustaría oír cómo zumban?

    -¿No decías que no sabrías qué hacer conmigo?

    -Mentí.

    -¿Qué me harías?

    -Sonaría muy fuerte en tus delicados oídos.

    -Mis oídos ya no se escandalizan por nada. ¿Qué me harías?

    -Te comería el culo y te cagarías de gusto.

    -Es no es fuerte, es guarro.

    -Es que puedo llegar a ser muy guarro en la cama.

    -¿Cómo de guarro?

    -Acompáñame y lo sabrás.

    Pensé que me iba a mandar a paseo, pero no fue así.

    -¿Vamos antes a una tienda para llevar algo de comer y de beber? La noche parece que va a ser larga.

    -Es algo tarde. ¿No estará cerrada?

    Echó a andar.

    -Se de una que no, sígueme

    Había pillado, no sabía cómo, pero había pillado.

    Unos quince o veinte minutos más tarde estábamos en una habitación de la pensión Rey. Era una habitación sencilla, tenía una cama, una mesita, un armario, un lavabo, una ventana con las cortinas rojas y estaba pintada de blanco. La cogí por la cintura y le besé el cuello.

    -¿Qué modales son esos? A una señorita se invita a tomar algo, se le da conversación, y después se le hace el amor como si fuese una princesa -dijo sonriendo y quitándome las manos de su cuerpo.

    -¿Abro el vino o le doy antes conversación? -le pregunté.

    -Ya estás tardando en abrirlo, gracioso.

    María, como si llevara follando conmigo años, se quitó la camiseta mientras yo abría el vino. Tenía tatuado un halcón peregrino en el vientre con las alas abiertas y la cabeza entre sus tetas, unas tetas gordas y redondas, con areolas marrones y cojonudos pezones. Pisó una zapatilla de deporte con la otra y se las quitó, después abrió el botón del short, bajó la cremallera y lo sacó. Tenía el coño gordo, totalmente rasurado y con la raja pequeña. Se dio la vuelta y vi su hermoso culo y su espalda con la bandera de Galicia tatuada en ella.

    -¿Te gusta? Soy nacionalista.

    -¿Y qué más?

    Se volvió a dar la vuelta.

    -Okupa, atea y bisexual. ¿Qué tienes qué decir a eso?

    -Que habrá que echarle un polvo a la nacionalista, otro a la okupa, otro a la atea y un par de ellos a la bisexual -le dije mientras abría la botella de rioja con un saca corchos de los de los chinos que regalaban al comprar un pack de tres botellas.

    -Eso es darle conversación a una chica. No me dijiste si te gustaba mi tatuaje -dijo.

    Llené dos vasos de plástico con vino.

    -¿Quieres que te diga la verdad? -Le pregunté ofreciéndole uno de los vasos de vino.

    -Aunque duela.

    -No me gustan los tatuajes, quien me gustas eres tú. Eres la mujer perfecta.

    -¿Cuánto te gusto?

    -¡Ni te lo podrías imaginar!

    Me dejó con el vaso en la mano. Me desató los cordones de los zapatos, me quitó los zapatos y los calcetines. Se levantó, me quitó los vasos de la mano, los posó encima de la mesita, me sacó la camiseta, los pantalones grises de tergal y los slips. En cuclillas cogió en la mano mi polla morcillona y lamió el glande y chupó la cabeza hasta que se puso dura.

    -Vamos para cama -dijo.

    Me eché sobre la cama. María subió encima de mí y me puso el culo en la boca.

    -Dale besitos a mi ojete.

    Le di besos negros, besos con lengua. Después me puso el coño en la boca.

    -Dale besitos a mi clítoris -dijo.

    Se lo besé. Quise meterle mano en las tetas y me dio con las palmas de sus manos en los nudillos.

    -Lámelo.

    Se lo lamí tantas veces cómo quiso.

    -Mete y saca tu lengua dentro de mi vagina.

    Le follé el coño con mi lengua hasta que me lo quitó de la boca.

    -Más, quiero más -le dije.

    -Calla, bobo, calla que esta noche te vas a hartar de coño.

    Me puso un pezón en los labios.

    -Lame y muerde suavemente.

    Mi lengua lo lamió, lo mordió, lo aplastó y después chupé su areola y la mamé mientras sentía su coño mojado aplastando mi polla y deslizándose desde los cojones a la cabeza y de la cabeza a los cojones…

    -Mamas bien -dijo poniendo el otro pezón entre mis labios.

    Seguí lamiendo, chupando y mamando hasta que necesitó polla.

    -Preparado para ver cómo me corro -me preguntó al incorporarse.

    -Sí.

    Cogió en la bolsa de la tienda la margarina, la abrió y me untó la polla con ella usando las dos manos.

    -¿No irás a hacer un bocadillo con mi polla? -bromeé.

    -El chorizo no lleva margarina.

    Cuando vi que clavaba un dedo en la margarina y después se lo metía en el culo supe lo que iba a hacer. Me encantó la idea. María, después de quitar el dedo del culo, cogió mi polla, la frotó en el ojete y clavó la cabeza en su culo y con su culo.

    -¿Te gusta por el culo? -me preguntó magreándose las tetas con las manos pringadas de margarina.

    -Mucho. ¿Y a ti?

    -Lo sabrás en muy poco tiempo.

    ¡Vaya si lo supe! Metió toda la polla dentro del culo de un tirón y después me folló duro y frotando su clítoris contra mi vientre… Tiempo después paró de mover el culo y de gemir.

    -Me voy a correr -dijo.

    Me besó con los ojos entornados. Se corrió, y sacudiéndose y jadeando dejó mi monte de Venus perdido con los jugos de su corrida.

    Al acabar se sentó en el borde de la cama, cogió los vasos de vino, me dio uno, y lo mandó de una sentada. Yo hice lo mismo. Devolvió los vasos a donde estaban, después volvió a la cama, me cogió la polla y la olió.

    -Me gusta este olor fuerte.

    Había dado con la horma de mi zapato, María, en la cama, era tan guarra cómo yo. La polla se había bajado un poco, la lamió por los cuatro costados y después a mamada limpia me la volvió a poner dura.

    -Quiero sentir tu polla entre mis tetas -dijo echándose boca arriba en la cama.

    Me puse encima de ella, le metí la polla entre las tetas, las apreté y se las follé.

    -Quiero que el primer chorro de tu leche lo eches en mi cara -dijo poniendo las manos en la nuca.

    Mi polla se deslizó entre sus tetas pringadas de margarina cómo en un coño engrasado. A María le gustaba, sonreía sin decir nada esperando a que saliese de mi polla la leche que la bañase. Cuando ya no pude más, apreté el glande con las tetas, lo solté y me corrí. María recibió en la cara el chorro que quería, un chorro de semen que le iba de la boca a la frente… El resto lo repartí por sus tetas.

    Al acabar de correrme le lamí la leche de la frente. Cuando le lamí el de la boca me dio un beso con lengua lleno de lujuria. Al dejar su boca, lamí la leche de sus pezones, de sus areolas y lamí y mamé sus tetas hasta dejarlas limpias. María acariciaba con sus manos mis cabellos. Luego lamí su vientre, su ombligo y lamí su clítoris. Flexionó las rodillas, se abrió de piernas y empujó mi cabeza hasta que mi lengua se clavó en su coño.

    -¡Dame otro orgasmo! -dijo.

    Mi lengua, plana, lentamente, lamió de abajo a arriba su coño, metiéndose en la vagina, saliendo y lamiendo de abajo a arriba y a través y alrededor al llegar al clítoris… Mis subidas por su coño eran cómo si se desplazase por él un caracol aunque las babas las ponía ella, las babas y los gemidos… Llegó un momento en que María levantó la pelvis y comenzó a moverla alrededor. Presioné mi lengua contra su clítoris y dejé que la sacara ella. Movió la pelvis de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor.

    -¿La quieres ya? -me preguntó.

    -Dámela.

    Siguió frotando su coño con mi lengua hasta que me la dio.

    -¡Me corro! -dijo temblando y retorciéndose con el placer.

    Sentí sus jugos calentitos bailar en mi lengua. Daba gusto ver cómo disfrutaba.

    Al acabar de correrse me eché a su lado. Me dio un pico.

    -No hay cómo un maduro para satisfacer plenamente a una mujer. ¿Hago unos sandwiches de queso y margarina?

    Acabábamos de cenar y María ya tenía hambre. Mejor para mí, así me daba tiempo a que la polla volviese a coger cuerpo.

    -Hazlos – le dije.

    Mientras untaba la margarina con la tapa de la tarrina en el pan de molde, le pregunté:

    -¿Trabajas en algo, María?

    -En la economía sumergida más veces de las que me gustaría.

    -¿Y qué haces?

    -Trabajos manuales cómo tú. Hay mucho maricón de Dios. Levantas una piedra y te salen dos, cuando no salen tres.

    Me había dado de mi propia medicina.

    -Me refiero a un trabajo de verdad.

    -Trabajo de camarera cuando se me acaba el dinero, pero quiero ser otra cosa.

    -Espero que un día lo consigas, sea lo que sea.

    Vino para cama con cuatro sandwiches, se sentó con las piernas cruzadas enfrente de mi y partiendo un trozo de sándwich me lo dio en la boca. No tenía hambre, pero por acompañarla, comí, después cogí la botella de vino, le eché un trago y luego se la puse en la boca. Se echó un buen trago.

    -¿Quiere emborracharme para hacerme cosas malas, señor? -dijo con voz melosa, poniendo morritos y enredando una trenza en un dedo.

    Le seguí la corriente.

    -¿Eres virgen?

    -Casi, me llamo María.

    Me gustó el juego.

    -Te follaré con mucho cuidado, María.

    El último trozo de sándwich lo pasó por el coño, hizo una sopa y después lo metió en mi boca.

    -No quiero que me haga nada. Me haría daño, señor grandote, tengo el coñito muy estrechito.

    Le hablé cómo si fuera un chulo de playa.

    -¿Y qué vas a hacer para impedirlo, muñequita?

    -¡¡Arrancarte los cojones a mordiscos si me tocas!! -dijo con voz de niña del exorcista y poniendo cara de asesina.

    -¿Te dio un aire? -le pregunté algo acojonado.

    -Esto es lo que quiero ser -dijo volviendo a hablar normal.

    -¡¿Capadora?!

    -Actriz, bobo, actriz.

    -Pues tienes cualidades para serlo. Fuiste muy convincente con lo de los cojones.

    Se echó boca abajo.

    -Hazme cosas guarras -me dijo.

    Abrí sus nalgas con mis grandes manos y le lamí su periné y su ojete cómo si estuviera lamiendo su coño, después lo lamí y lo follé con la lengua, una, cinco, diez, veinte, cuarenta veces… Levantó el culo y le metí tres dedos dentro del coño. Al follarle el culo y el coño con la lengua y los dedos, sus gemidos, que antes eran sensuales, ahora se volvieron sensualmente escandalosos. Minutos después vi que ya no aguantaba más. Le metí la polla en el coño y le quise dar caña de la buena, pero estaba tan madura que lo que le di fue cañita, ya que se corrió al meter y sacar unas diez veces.

    -¡Me vas a matar! -exclamó al comenzar a correrse.

    No sé qué le pasa a mi polla, pero al sentir que una mujer se corre y la aprieta el coño, suelta una lechada brutal, y fue lo que hizo, llenar aquel coño de leche.

    Al acabar de corrernos María se echó boca arriba.

    -¡Jesús, qué corrida! En mi vida me había corrido así! -dijo poniendo un brazo en la frente.

    -Me alegra oírlo.

    -¿Echamos otro trago de vino, José?

    Mi respuesta fue meterme entre sus piernas y pasar la lengua por su coño corrido.

    -El vino puede esperar -dijo acariciando mi cabello con las dos manos, flexionando las rodillas y abriéndose de piernas.

    Abrí el coño con dos dedos. Su vagina se cerró y se abrió. Vi cómo salía mi leche mezclada con sus jugos. Lamí suavemente y con la lengua pringada de leche y jugos cubrí sus gordos labios mayores, después metí todo el coño en la boca y mi lengua dentro de su vagina, para después lamer de abajo a arriba y acabar chupando su clítoris mientras mis manos amasaban sus tetas. María, con los ojos cerrados gemía dulcemente. Subí a sus tetas. Le besé y lamí los pezones y después lamí chupé sus tetas, por debajo, por arriba, por los lados y acabé mamándolas metiendo sus areolas y pezones en mi boca, después subí a su boca. Me recibió metiendo su lengua en la mía. Con sus manos en mi cuello nuestras lenguas se lamieron y se chuparon, después me eché a su lado y le metí dos dedos en el coño. Desde el segundo uno acaricié su punto G. María cogió mi polla y me la masturbó. No paramos de besarnos y eso me dejó saber cómo iba la paja que le estaba haciendo, ya que me chupaba la lengua con más fuerza a medida que se iba acercando al orgasmo y sus músculos vaginales apretaban mis dedos, María también sabía cómo iba porque su mano se fue pringando de aguadilla.

    -¿La quieres en tu boca? -me preguntó cuando ya estaba madura.

    -Quiero.

    -Yo también quiero la tuya.

    Se dio la vuelta, subió encima de mí, me puso el coño en la boca, me cogió la polla y comenzó a masturbarme y a mamarla. Yo, con mi lengua lamiendo su clítoris le acaricié el ojete con la yema de mi dedo pulgar. Me copió y acarició mi ojete con la yema de uno de sus dedos. Poco tardo en meterlo dentro de mi culo y yo aún menos en metérselo a ella… Estaba lamiendo cuando sus piernas y su cuerpo comenzaron a temblar. Dejó de masturbarme y chupó mi polla con tanta fuerza que parecía que la estaba mordiendo. De su coño cayó una plasta de jugos en mi cara. Se incorporó y gimiendo acabó de correrse en mi boca. Estrangulando mi polla con su mano volvió a masturbarme. El resultado fue que me corrí cómo un perro y que ella se tragó la corrida.

    Acabamos medio muertos.

    -Necesito ese vino -dijo dándome un pico y acariciando mi mejilla derecha.

    Quedaban más de dos botellas de vino, casi todo el pan de molde, queso, pistachos y margarina. ¡Ay la margarina que buen juego seguiría dando!

    Quique.

  • En mi casa con mi amante

    En mi casa con mi amante

    Parecía que aquella tarde fuera a ser como cualquier otra.

    Sentada frente a mi computador miraba la pantalla sin verla, los números y las letras bailaban en ella, no me decían nada… definitivamente el trabajo no me rendiría si seguía así, no estaba al cien.

    Por eso decidí envolverme en un grueso abrigo y salir a caminar sin rumbo fijo bajo las negras nubes que amenazaban romperse en cualquier momento.

    No había caminado más de veinte cuadras cuando comenzó a lloviznar y no llevaba paraguas así que decidí entrar en un café para resguardarme.

    Pedí un café grande, me quité los guantes y me calenté las manos con la taza, después de un par de sorbos me dediqué a mirar la gente en el lugar.

    Desde donde estaba sentada no alcanzaba a ver mucho, solo unas cuantas parejas aquí y allá…

    De repente escuché detrás de mí una voz bastante conocida pero que en un primer momento no logré ubicar, la cual me decía hola.

    Mi cabeza giró 180 grados y mi mirada comenzó a recorrer a esta persona de abajo hacia arriba; parecía una de esas escenas de película romántica en las cuales los personajes se encuentran frente a frente después de haber tenido un encuentro.

    Era Valente, protagonista de mi relato anterior y por consiguiente de buenos momentos placenteros de un pasado no muy lejano.

    Por unos minutos no atiné a contestarle el saludo, solo lo miré a los ojos completamente incrédula, ya que pensé que aquel acostón de la fiesta se había quedado ahí, ¡en solo un acostón!

    V: ¿No vas a saludarme?

    K: Si, Valente, lo siento, es que me tomas por sorpresa. ¿Cómo has estado?

    V: ¿Bien y tú?

    K: Bien, bien, pero por favor siéntate, ¿quieres tomar algo? ¿Estas con alguien?

    V: No, estoy solo al parecer igual que tú… que coincidencia encontrarnos en este lugar.

    K: No creo en coincidencias, pero esta es una de las buenas, ¡me alegro mucho de volver a verte después de ese día de fiesta jajá!

    Yo solo de acordándome de ese día me sonrojé a pesar del frío y fue inevitable bajar la mirada.

    La verdad Valente me había cogido muy rico y aunque ese día no planeaba nada, ¡un buen ratito con el me caería muy bien!

    V: Como olvidar ese día, ¡no puedo creer que haya sido capaz de tenerte en una cama!

    K: Si, ¡y disculpa por no responder el teléfono la verdad pensé que todo quedaría ahí!

    V: No pasa nada, sé que eres casada, acabo de regresar hace unos días y me estoy quedando en casa de un hermano antes de regresar a mi ciudad.

    K: ¿Y qué haces justo por este sector el día de hoy?

    V: La casa de mi hermano queda allí al frente.

    K: Tan cerca y no lo sabíamos, yo vivo desde hace un año cerca de acá.

    La conversación se quedó en uno de esos incómodos silencios por unos segundos los cuales fueron suficientes para que nuestros ojos se cruzaran y se dijeran mil cosas.

    Estaba supremamente guapo, tal vez más que la última vez que lo había visto, sus dedos jugaban en el borde de la taza… admiré sus manos fuertes y deseé que se posaran sobre mí para darme calor.

    En mi mente solo venía a la cabeza la imagen siendo penetrada por él y de su grande y rico pene.

    V: ¿En qué piensas nena?

    K: ¡La verdad en lo rico que la pasamos en la fiesta!

    V: ¡Supongo que tu marido aun no es pieza para ti!

    K: No digas eso, él no es tema ahorita

    Decidí que lo mejor era regresar a mi casa, mi marido llegaría tarde y los niños estaban con mis padres, así que quería relajarme un poco, me despedí de Valente, ¡pero él se ofreció a acompañarme a mi casa!

    Dejé de sentir frío cuando comenzamos a caminar uno al lado del otro, dentro de mí un fuego muy poderoso me quemaba, el fuego de un deseo que creía olvidado pero que resurgía con más fuerza.

    Abrí la puerta y lo invité a pasar, nos sentamos en la alfombra junto a la ventana y continuamos con nuestra trivial conversación sobre el clima y lo que habíamos hecho aquella fiesta de ex compañeros.

    De un momento a otro me besó en la mejilla y yo sin demora giré mi rostro hacia el suyo y nuestros labios quedaron pegados varios minutos.

    Nos miramos fijamente y cual, si estuviéramos conectados, empezamos a besarnos con más deseo a pasar nuestras manos por el cuerpo del otro, no importaba que estuviéramos en mi casa, ¡ahora mi deseo era incontenible!

    Comenzamos a despojarnos de nuestra ropa rápidamente, acariciándonos sin demora, ¡como para recuperar el tiempo perdido!

    V: ¡Mmm!!… como extrañaba tu piel, tu aroma…

    K: ¡te deseo tanto!

    Y diciendo esto me coloco en cuatro patas como una perrita deseosa de sentirlo de inmediato y levanto mi trasero hacia su cara, hizo mis bragas húmedas las cuales son la única prenda que aún conservo puesta y separando mis nalgas comienza a pasar sus dedos por la vagina primero y por el culo después impregnándolo por completo con mis flujos para así introducir un dedito suavemente por allí.

    El siguiente paso, la lengua, tanteando apenas con la punta para comprobar el efecto que producía en mí, la pasa tímidamente de la conchita hasta el ano, tan delicadamente que me sentí morir.

    Me baja las bragas por completo dejándolas a la altura de mis rodillas, el termina de desnudarse también, yo lo observo por encima del hombro.

    V: Como me gusta tu espalda, ¡y ese culo tan rico, que banquete tan inesperado voy a darme!

    K: ¡Cómetelo entero… que esperas…!

    El ni corto ni perezoso arremete contra mis nalgas lamiéndolas, mordisqueándolas y separándolas con sus grandes manos, masajeándolas en círculos, encendiéndome aún más, haciéndome gemir y jadear de manera incontrolable para lo cual él es un completo experto.

    Mi culo está completamente dilatado por sus caricias y lametones.

    Estoy tan excitada que mi vagina parece a punto de explotar de tan hinchada y húmeda que se encuentra, gotas de sudor descienden por todo mi cuerpo y siento que el momento del orgasmo se aproxima, pero él se detiene y se separa un poco de mi cuerpo, ¿que espera? me pregunto y pego mi trasero a su verga para frotarme contra ella.

    V: ¡Quieres que te al clave en el culo!

    K: ¡Si!! ¡Ya la quiero!

    V: ¡Prepárate entonces para una nueva embestida!

    Me da escalofríos recordar lo doloroso que es al principio, ¡pero el deseo le puede al miedo y me coloco en posición de recibir su verga curva de nuevo dentro de mí!

    Comienza a introducir la punta poco a poco y luego el resto, ¡siento que todo da vueltas y quedo apoyada en los codos debido al dolor a pesar que él ha sido tan cuidadoso!

    Empiezo a gemir, pero poco a poco me voy acostumbrando de nuevo a este intruso tan bien conocido y querido hasta el punto que yo misma comienzo a moverme hacia delante y atrás pegando mis nalgas contra la parte baja de su abdomen.

    Siento sus bolas chocar contra mi vagina y el dolor se torna poco a poco en placer, me apoyo en mis manos nuevamente para darle más firmeza a mis movimientos, ¡moviendo mis caderas en círculos y de vez en cuando acariciando sus testículos para agradecerle por todo lo que me está haciendo gozar!

    V: ¡Que rico culo, uhm!

    K: Ah, si, ah, mas, ¡dame más!

    Jamás pensé en estar en mi casa con otro hombre y haciendo anal, que rico sentía sus embestidas, me tenía toda empalada y jadeante.

    Se sentó en la cama y me pido subiera, yo subí de frente ensartándome sola y dejándome caer en su verga grande, me dolía, ¡pero con el paso de los movimientos me acostumbre a todo y ahora lo cabalgaba con mucha fiereza!

    V: ¡Si, así que rico te mueves nena!

    K: ¡Ah, si nene, uhm, que rico, ah!

    Sus gemidos se van haciendo más y más fuertes, me apretaba las nalgas moviéndome más rápido, nos besábamos me mordía las tetas, ¡la verdad me culeaba riquísimo!

    Me acostó boca arriba y levanto mis piernas, ¡yo las abrace dejando mi culo abierto para el!

    Tomo vuelo y me la metió haciéndome sacar un grito de loca, sentía que no podía respiras, me dolía muchísimo, sentía que me sacaría la comida, pero no quería que me la sacara.

    K: Que rico, uhm, ah, si así, me duele, ¡uhm!

    V: Nena, eres la mejor, uhm, ¡que rico culo!

    El me embestía muy fuerte, yo escurría de mi vagina, ¡sus gemidos eran fenomenales anunciándome que él está a punto de correrse!

    Así fue, me inundó los intestinos por completo con chorros de espesa leche que parecía que no fueran a terminar, que sensación más deliciosa, sentí una oleada de calor como no había sentido en mucho tiempo.

    Supliqué en silencio por sentirlo unos segundos más y como a buen entendedor pocas palabras apretaron aún más mis caderas pegándose más a mi sin dejar de moverse hasta hacerme estallar.

    K: Que rico, uhm, ¡que rica leche!

    V: ¡Ah!! Nena que rica, uhm, ¡que rico culo!

    Desde ese memorable día nos encontramos el primer viernes de cada mes en su casa o en la mía para repetir y probar cosas nuevas.

    Kai

  • Dormida entre mi esposo y su amigo

    Dormida entre mi esposo y su amigo

    Mi esposo y yo llevamos 3 años de casados, sumándole un noviazgo de 5 años antes del matrimonio, tengo 24 años, él 27…

    Él había sido el único hombre con el que he estado, hasta que hace aproximadamente 5 meses sucedió esto: Mi esposo y sus 4 amigos acostumbraban a reunirse cada sábado en casa de alguno de ellos, para hacer algún asado, beber cerveza, charlar, jugar cartas y juegos de apuestas, y para ver algún partido, yo no tenía ningún problema con ello, cuando lo hacían en casa de alguno de sus amigos mi esposo responsablemente llegaba en temprano y no tan alcoholizado, pero cuando nuestro hogar era punto de reunión acostumbraba a alcoholizarse demasiado, en fin, estaba en su casa, no corría ningún tipo de peligro.

    Un día le tocó ser el anfitrión, a las 6 de la tarde comenzaba su reunión a la cual todos asistieron puntualmente, hicieron lo habitual, para las 10 de la noche mi esposo ya empezaba a mostrar que cargaba con altos grados alcohol en su cuerpo, sus amigos amagaban con irse, mientras algún comentario los envolvía en otra plática de 30 minutos como mínimo.

    Yo veía una serie en Netflix y los observaba de vez en cuando desde la sala de estar, la cual tenía un ventanal con visión al jardín donde llevaban a cabo dice reunión. Cayó la media noche y con ella la definitiva despedida de 3 de sus amigos, se retiraron del lugar, dejando solo a mi esposo y un amigo más en el jardín, estaban riendo y tomando mucho, desconocía de que hablaban…

    Un momento después volteé nuevamente al jardín y los vi parcialmente tirados, pensé que ya era suficiente y debía llevarlo a dormir, me acerqué para comentarles que ya era suficiente y algo tarde, al hacer el comentario de que su amigo tenía que retirarse mi esposo con voz cortada y poco entendible me dice que su amigo se quedaría esa noche, que estaba remodelando su casa y era todo un caos, acepté sin problemas, la casa cuenta con 4 habitaciones, podría usar una de esas.

    En fin, aceptaron irse a dormir, ambos sabían que estaban en malas condiciones, aunque el amigo de mi esposo un poco más consciente, por lo que le pedí que me ayudara a llevar a mi esposo a nuestra habitación, por qué el pobre no se podía ni levantar.

    Así lo hizo, lo llevó a la habitación y en el meneo por acostarlo en la cama ambos cayeron en ella (es una cama King, cabían sin problema), y como por arte de magia ambos quedaron totalmente inconscientes, se durmieron. Pff.

    Pensé en irme a cambiar para ponerme más cómoda y posteriormente levantar al amigo de mi esposo y llevarlo a su habitación, así que me puse un blusón me quité el sostén y sólo dejé debajo un pequeño calzón cachetero, muy delgado. Intenté levantar al amigo de mi esposo, pero mis intentos fueron vanos, creí que me tocaría dormir en otra habitación, pero observé que aún había espacio en la cama, justamente en medio de ambos, temía que por su estado me vomitaran o algo así, pero mi cama es mi cama y en ninguna otra tendría esa comodidad. Así que quedé ahí, entre dos hombres.

    Ya dormía cuando empecé a sentir entre mis nalgas algo muy duro que se acercaba con delicadeza pero al mismo tiempo con rudeza, abrí los ojos y me di cuenta que frente a mí se encontraba mi esposo de espaldas navegando en el quinto sueño, quise creer que quizá fue algún roce involuntario así que dejé que pasara todo, cuando nuevamente sentí algo que se esforzaba por terminar entre mis nalgas, me puse muy nerviosa, pero comencé a excitarme.

    Sabía que el amigo de mi esposo estaba recargando su miembro o alguna extremidad en mí, pues mi espalda quedaba en su dirección, seguí inmóvil, comencé a sentir más esos roces, tal vez creía que estaba dormida o se dio cuenta de mi nula oposición, de pronto sentí una mano tímida subiendo de mi rodilla a mí pelvis, pasando por mi rajita y subiendo hasta mis tetas, por debajo del blusón, comenzó a acariciar mi pezón, dando círculos en la aureola con uno de sus dedos, quise negarme, pero los nervios y la excitación me lo impedían, con movimientos supuestamente involuntarios me fui acercando a su cuerpo, para sentir más su miembro entre mis nalgas, él solo paraba durante mis movimientos, pero una vez estaba quiera continuaba tocándome el pezón.

    Hasta que decidió bajar su mano, llevarla entre mis piernas y meter sus dedos gordos entre mis bragas, supongo que notó lo mojada que estaba, por qué sin temor introdujo uno de sus dedos en mi vagina, ya no lo pude evitar, emití unos pequeños gemidos, bajé mi mano hasta su miembro, me di cuenta que ya había bajado su pantalón, retiré el bóxer y comencé a masturbarlo, ambos estábamos extasiados, nos masturbábamos mutuamente, hasta que decidí, con mi otra mano bajé mis bragas me acerqué a él y metí su miembro totalmente efecto en mi vagina, comenzó a penetrarme con intensidad, intentando que mi esposo no se levantase con tanto movimiento, su miembro era más grande y más grueso que el de mi esposo, sin duda lo disfrutaba demasiado, nunca pensé que llegara a algo así.

    Él metía su pulgar en mi boca para reducir los gemidos, yo lo chupaba como si se tratara de un pene, quería el miembro de mi esposo en mi boca, en ese momento deseaba que despertara, me viera y me follara también, pero sé que nunca pasaría algo así, seguía penetrándome, sólo paraba cuando mi esposo hacía algún movimiento, pero no era muy seguido, me encantaba.

    Le dije ‘espera’ deteniendo su cadera con mi mano, me saqué su miembro para incorporarme encima de él y comencé a chuparlo, en posición se 69 él empezó a lamerme la vagina hasta hacerme correr en su cara.

    Nos levantamos, me puso en cuatro y puso su miembro entre mis nalgas, la frotaba, yo moría por qué me penetrara y así lo hizo, pero esta vez analmente, ufff, me encantó y estaba tan excitada que no me di cuenta en que momento bajé la bragueta del pantalón de mi esposo y saqué su miembro, cuando menos pensé ya estaba siendo penetrada mientras se la chupaba a mi esposo, el miedo y la excitación eran incomparables.

    Finalmente sentí un chorro de líquido dentro de mi ano y sentí como retiraba su miembro. Me levanté, nos dimos un par de besos, él me dijo «dormiré en el sillón» y yo me acosté a lado de mi marido…

    Al día siguiente, desperté, mi marido no estaba en la cama, salí de la habitación y estaba desayunando, pero ya no había nadie más…

    Esto fue algo que no se ha repetido, a pesar de que sus amigos han venido en algunas ocasiones, mi esposo no sabe de esto y espero nunca se entere, no me gustó serle infiel, pero tampoco la pasé mal.

  • Anel (Parte 1)

    Anel (Parte 1)

    Anel estaba en el centro comercial, viendo unas tiendas, de repente le sonó el whatsapp, era su AMO que les separaba cientos de kilómetros.

    -Hola zorrona que haces?

    -Estoy en el centro comercial buscando unas blusas.

    -Me las enseñaras.

    -Claro que si, ahora cuando las elija te las enseño.

    Entró en la tienda y mientras seguía hablando eligió dos blusas.

    -Ya las tengo seleccionadas, ahora le hago unas fotos cuando las tengas puestas, si Ud. estuviera aquí me las podías probar.

    -No seas puta, cuidado con ese culo no te lo toquen por el camino.

    -Señor quien me lo va a tocar, si nadie se fija en mí.

    -Tu ten cuidado, y no protestes cuando te lo toquen.

    Se acercó a un expositor para ver otras blusas.

    Y recibe otro whatsapp.

    -ten cuidado con ese culo que te lo van a tocar.

    -No señor.

    En ese momento sintió una mano en su cacha izquierda que se la sobó y pasó a la derecha.

    Se volvió y tropezó con un pecho y subió la mirada hacia arriba y escuchó una voz que le decía:

    -ya te advertí que te tocaba el culo.

    Anel no sabía qué hacer, su AMO estaba ahí delante de ella, le dio dos besos sin poder hablar.

    Él la dijo “vamos a probar las blusas”.

    Entraron en el probador y él la puso mirando hacia el espejo.

    El empezó a besarla el cuello, cerró los ojos y se le puso la carne de gallina.

    Sintió como botón a botón los iba desabrochando, sintió sus manos como la quitaba la blusa.

    En esos momentos ya le temblaban las piernas, y a continuación la empezó a quitar el sujetador mientras la decía lo guarra y puta que era por dejarse hacer en el probador.

    Al quitarla el sujetador aparecieron sus grandes pechos y los pezones en punta.

    Él la decía que le encantaba lo zorra que era con él, y empezó a tirarla de los pezones.

    La dejó de tirar de los pezones y bajó lentamente las manos a su pantalón y se lo bajó con las bragas, y empezó a tocarla lentamente hasta llegar a su coño, sintió como esas manos se lo abrían y comprobaban lo húmeda que estaba, y la comentó lo zorra que era al estar tan mojada.

    La puso con las manos apoyadas en el taburete del probador y con el culo en pompa, y notó su mano como jugaba con su coño y su culo, estaba temblando.

    Estuvo un rato jugando con su coño y su clítoris, y cuando estaba llegando para correrse, paró y la empezó a pellizcar los pezones.

    Y de repente la puso la polla en la boca, y la cogió por la cabeza y la empezó a meter hasta el fondo, sentía que se ahogaba, pero él seguía entrando y saliendo de su boca.

    A la vez sintió que con una de sus manos la empezaba a tocar el culo y a introducirla un dedo, después dos, hasta que entraban y salían suavemente.

    La sacó la polla de la boca y se puso detrás de ella, sintió como la introducía la cabeza en su culo, la movía hacia dentro y hacia fuera para que dilatara bien, después él la cogió por las cadera y por el pelo y tiró de ella y la clavó toda la polla por el culo, no pudo evitar un grito ante la entrada tan potente de la polla en su culo, él empezó a follarla fuerte tirándola del pelo y con otra mano llegando a su clítoris.

    La siguió dando duro, y la soltó del pelo y la cogió del cuello asfixiándola un poco y follándosela, ella ya no podía más y suplicaba “AMO déjeme correr”.

    Él la dio permiso para correrse y explotó en una corrida brutal.

    Él a la vez sacó la polla y se corrió en sus pechos llenándolos.

    Cuando se recuperaron se arreglaron y él la dijo que no se limpiara y que fuera todo el día con su leche como recuerdo.

  • La vi crecer

    La vi crecer

    I

    Si tuviese que atribuirle a algo en concreto, lo que me está sucediendo en la cabeza desde hace algunas semanas, probablemente elegiría como culpable a la maldita cuarentena. Tanto tiempo libre me obligan a pensar en estupideces. O quizás mi mujer tiene razón. Me está agarrando el viejazo. En mi cabeza aparecen cada vez más canas, y mi cuerpo ya no reacciona con la agilidad de antes.

    No es que siempre haya sido un deportista, ni mucho menos. Pero no suelo extralimitarme con la comida, ni tampoco con el alcohol. No fumo, y sólo tomo gaseosa muy de vez en cuando. Sin embargo, como dicen, los años no vienen solos. Cuando tengo que realizar alguna tarea pesada en casa, mi cuerpo se agota enseguida. Hasta hace unos meses mi barriga había aumentado, casi sin que me diera cuenta, hasta el punto en que mis camisas y remeras comenzaban a sentirse incómodas. A esto último pude revertirlo, ya que salía a trotar dos o tres veces por semana. Pero los otros signos de vejez, se mantienen ahí, implacables.

    Hasta el momento había podido calmar a mis demonios internos. Incluso por momentos me convencía de que no existían. Esas criaturas perversas que te susurran al oído, y te instan a actuar por instinto, antes que con la cabeza, parecían haber desaparecido.

    Pero ahora me doy cuenta de que había pecado de optimista.

    Mi nombre es Ezequiel, tengo cuarenta y dos años, y decidí contar esta historia, a pesar de que, por el momento, la mayor parte de ella, sólo sucede en mi imaginación. Iré largando algunas páginas cada semana, relatándoles los avances de esta trama incierta. Quizá publicar esta historia sirva de catarsis, y me impida hacer alguna idiotez que tire por la borda ocho años de matrimonio.

    Toda historia tiene un comienzo, y digamos que la de esta en particular fue el viernes a la noche. Yo ya estaba en la cama, a punto de dormir. Mi mujer estaba en el hospital, trabajando. Como es médica, la cuarentena no corre para ella. Yo, en cambio, al ser un electricista cuentapropista, vi mi trabajo reducido a la nada. Me dio sed, así que bajé a tomar un vaso de agua.

    En el living estaba Lelu, desparramada sobre el sofá, sacándose una selfie.

    Luciana, o como le decimos nosotros, Lelu, es la hija de Carmen, mi mujer. Es decir, es mi hijastra —Ya se dan cuenta de por dónde viene la cosa, ¿cierto?

    Si yo estaba sufriendo un deterioro físico irreparable, Lelu había experimentado un cambio drástico en su fisionomía, pero en sentido inverso al mío.

    Desde que me Junté con Carmen, a los tiernos diez años de Lelu, y hasta hace poco más de medio año, ella era una linda y regordeta niña. Su piel blanca, expresivos ojos marrones, y pelo castaño larguísimo y brilloso, la hacían resaltar por sobre las demás chicas de su edad. Sin embargo, su sobrepeso le impedía sentirse segura de sí misma, y le había costado el rechazo y el acoso por parte de muchos de sus compañeros.

    Pero en su último año de escuela empezó su metamorfosis, casi imperceptible si se la observaba día a día. Su prominente panza, de a poco, se fue achatando. Sus tiernos cachetes, que tanto me gustaban pellizcar cuando aún era una niña, se fueron desinflando. Sus pechos, antes opacados por tanta grasa que le sobraba, ahora eran imponentes. Sus piernas se tornearon. Sus nalgas habían conservado algo de su gordura. Eran grandes y redondas, pero ahora contaban con una firmeza rayana a la perfección.

    —¿No podés dormir? —Me preguntó, cambiando de perfil para sacarse otra foto.

    Su cambio físico vino acompañado de una seguridad y una vanidad antes inexistentes. Si bien aún conservaba algo del pudor de la chica poco agraciada que solía ser, de a poquito se iba desinhibiendo. Ahora su guardarropa estaba lleno de prendas diminutas y ajustadas.

    —No, es que me agarró sed —dije, intentando no mirar fijamente su voluptuoso cuerpo—. ¿Y vos qué hacés acá?

    Lelu vestía un top negro, y un diminuto short blanco. Hacía poco había empezado a subir fotos sugerentes a su cuenta de Instagram, ganando miles de seguidores en cuestión de semanas. Marcas de ropa le enviaban sus prendas para que pose con ellas. Seguramente eso era lo que estaba haciendo. Pensé en decirle que me parecía demasiado exagerado su atuendo. Pero preferí no comentar nada. En mi matrimonio había un pacto implícito que estipulaba que Carmen era la encargada de la crianza de Lelu. Después de todo, ella era la madre. Yo sólo la acompañaba, y le hacía sugerencias. Hasta el momento, no habíamos tenido problemas al respecto.

    —Nada, me saco fotos —dijo ella.

    Fui hasta la heladera. Me serví un vaso de agua. A estas alturas de mi vida, ya había aprendido a disimular la mirada lasciva, y ciertamente soy muy hábil en ello. Nunca me doy vuelta a mirar a mujeres por la calle. Es un gesto muy feo, y hoy en día, incluso muchos hombres me tacharían de “pajero” si hiciera eso. Pero me era extremadamente difícil no revolear los ojos, aunque sea durante unos instantes, hacía el tremendo culo de mi hijastra.

    —¿Me hacés un favor, Eze? —Me preguntó Lelu, cuando estaba a punto de volver a mi cuarto.

    —Sí, ¿Qué necesitás?

    —¿Me sacarías una foto?

    —¿No te las estás sacando vos acaso? —Pregunté, desconcertado.

    —Sí, pero me quiero sacar una parada, de cuerpo entero, y me da mucha paja acomodar el celular para sacármela bien. ¿Me ayudás? Porfa.

    Lelu siempre fue una chica sumisa y obediente. Incluso ahora, habiendo sufrido tantos cambios en su persona, conservaba su personalidad de niña buena. Así que nunca pude decirle que no a nada, y mucho menos ahora. Además ¿Qué excusas iba a poner? No podía decirle que si estaba cierto tiempo viendo su sinuoso cuerpo, seguramente tendría una erección.

    —Sí, dale —dije, fingiendo total naturalidad—. ¿Dónde te la querés sacar?

    Se paró y se puso contra la pared, en una parte donde estaba completamente lisa. Sólo se vería un fondo blanco.

    —Pará que me acomodo. —Dijo.

    Se puso de perfil. Flexionó la pierna derecha, sacando cola. Miró a la cámara con una expresión provocadora. Sentí cómo el calor me subía al rostro. Tenía que controlarme. Lelu no podía saber que sentía vergüenza e incomodidad al verla con tan poca ropa. Seguramente confiaba en mí. Tal vez era el único hombre en el mundo al que le pediría que le saque una foto en esas condiciones. Se suponía que yo era lo más parecido que tenía a un padre. No podía perder esa confianza.

    Le saqué cuatro o cinco fotos.

    —Bueno, voy a subir, que me dieron ganas de ir al baño. —Mentí.

    Le entregué el celular y hui.

    Cuando llegué a mi cuarto, mi sexo ya se había empinado, formando una carpa en el pijama. Puse la televisión, como para distraerme. Pero no me podía sacar de la cabeza a Lelu posando, tan cerquita de mí, para que yo refleje en una foto, la terrible hermosura de la que hacía gala desde hacía tan poco tiempo.

    Traté de ordenar mis ideas. Esa chica que estaba abajo, era la misma que, años atrás, se sentaba en mi regazo para que yo le contara historias.

    Desde que me junté con Carmen, temí que convivir con mi esposa y con una niña de ocho años, sería difícil. Sin embargo, ni en su niñez ni en su adolescencia, Lelu trajo problemas a casa. Era una excelente alumna, obediente y educada. Cierto que de vez en cuando se ponía terriblemente caprichosa con alguna cosa. Pero nada de otro mundo.

    Tomé el celular, y le envié un mensaje a Carmen “¿Todo bien por allá?”, le puse.

    Carmen no contestaba. Mientras esperaba su respuesta chequeé mis e-mails, mi Facebook y mi Instagram. En este último apareció la foto que le acababa de sacar a Lelu. Ya acumulaba ciento treinta likes, y más de veinte comentarios. La mayoría de ellos eran de hombres que le decían piropos. Los leí uno por uno. No había nada demasiado agresivo. “Sos una bomba”, “Qué linda bebota”, y otros de ese estilo. De todas formas, era raro ver a mi hijastra como un objeto sexual, que se exponía ante todos. Debía hablar con Carmen, no me terminaba de decidir si estaba bien que permitamos eso. Aunque también era cierto que ya contaba con dieciocho años. Debería poder hacer lo que quisiera con su vida.

    Seguí chequeando sus fotos. Sólo tenía unas cuantas decenas. Casi todas en una pose similar a la que yo le acababa de sacar. La mayoría con diferentes culotes, los cuales dejaban parte de sus nalgas desnudas. Las fotos solían estar sacadas desde abajo, por lo que sus piernas y glúteos parecían a punto de traspasar la pantalla. Mi erección volvió con más fuerza que nunca. Sentía cómo mi sexo tiraba del elástico del bóxer.

    Me toqué. Lelu estaría ya en su cuarto. Tal vez hablando con alguno de todos los pajeros que le habían mandado un mensaje privado con la esperanza de llevársela a la cama. Quizás charlando con sus amigas, perversamente jóvenes, y casi tan bellas como ella. Mi verga ya estaba chorreando presemen, que manchó la ropa interior. Me llegó un mensaje. Pensé que sería de mi esposa. Pero era de Lelu. Me había mandado un audio. Su voz, todavía aniñada, aterciopelada, y un poco melosa, salió del parlante del celular. “Salieron muy bien las fotos Eze”. “Qué bueno”, le escribí con mi mano libre, empezando a acariciarme frenéticamente. Puse el audio una y otra vez. El tono de su voz, por sí sólo, me excitaba. Pero además me traía la imagen de su cuerpo perfecto, cubierto apenas por prendas diminutas y ceñidas.

    Eyaculé. Mi leche cayó en mi ombligo, y en mis vellos púbicos. Fui al baño a limpiarme.

    Estaba perdido. Siendo ya un hombre maduro, me estaba dejando llevar por fantasías, como si fuese un adolescente. Tenía que ponerle fin a esta locura.

    II

    Carmen llegó a las ocho de la mañana. Yo le había preparado el desayuno. Cuando se sentó, le hice masajes en el hombro. Me arrimé para darle un beso. Pero ella sacó la cara.

    —Basta Eze. Ya hablamos de esto. Nada de besos.

    Si había alguien que podía matar las mariposas que revoloteaban por mi cabeza, esa era Carmen. A sus treinta y ocho años todavía se mantenía como la mujer sensual que conocí. Lelu sólo se parecía a ella en algunos gestos que se le habían pegado. Pero si no fuera por eso, sería difícil afirmar que son madre e hija. Carmen es alta, delgada, de pelo rubio, con una contextura física estilo modelito; sin muchas voluptuosidades, pero armónica. A diferencia de su hija, que tenía el físico más tipo vedette, lleno de curvas, además de ser bastante más bajita que su progenitora.

    Pero desde que empezó la cuarentena, Carmen se había puesto muy rígida con todo lo referente al contacto físico. Supongo que mantener la distancia es lo correcto. Pero hacía un mes que no habíamos tenido relaciones de manera convencional. Me tenía que conformar con una rápida mamada, o con una copulación donde nuestros cuerpos se unían lo justo y necesario. Carmen no quería saber nada de besos, cuerpos pegados, mezclando fluidos y transpiración. Al ser médica, y tratar todos los días con muchos pacientes, sabía que no sería difícil que eventualmente resultara contagiada de Covid.

    Como dije más arriba, probablemente debo atribuirle mi estado mental inestable a la maldita cuarentena. O para ser más justos, a la maldita pandemia.

    Carmen tomó el desayuno que yo le había preparado, y fue a bañarse. Puso la ropa que había traído de la calle en el lavarropas.

    —¿Cómo la ves a Lelu? —Me preguntó antes de irse a dormir.

    —¿Que cómo la veo? —dije, absurdamente paranoico—. ¿A qué te referís?

    —Y no sé, en general te digo. —Estábamos en el cuatro. Carmen se quedó en ropa interior. El pelo rubio estaba húmedo—. Viste cómo son las chicas de esa edad. Quieren salir todo el tiempo. Y la pobre de Lelu recién ahora empezaba a gozar de su adolescencia. La agarró en el peor momento la pandemia.

    —¿Que empezó a gozar? —pregunté, intrigado.

    —No seas tonto Eze ¿Te pensás que no tiene pretendientes? Igual no me refería a eso. Justo empezaba a hacerse amigas, y ahora no puede salir con ellas, ya no va a la escuela, ni a zumba. Su vida social casi desaparece.

    —Los chicos llevan mejor estas cosas. —le contesté. Me acerqué y apoyé mis manos en sus caderas—. Se relacionan mejor que los adultos con la tecnología. Puede hacer cualquier curso por internet. —Tiré del elástico de la bombacha, sin poder sacarme a Lelu de la cabeza—. Seguro que lleva la cuarentena mejor que nosotros.

    Le bajé la ropa interior. Carmen se inclinó y frotó sus nalgas con mi pelvis.

    —Cómo estamos. —Exclamó, sintiendo mi erección—. Vení, uno rapidito antes de dormir.

    Se colocó boca abajo, con las piernas abiertas. Flexionó las rodillas. Apoyé mis manos en sus nalgas. Las pellizqué. Aún se sentían tersas. No necesitaba más que eso: mi mujer en cuatro, dispuesta a complacerme. Cualquier tontería que cruzara por mi imaginación en relación con Lelu, no eran más que fantasías. ¿Qué hombre no tenía fantasías? ¿Qué hombre no deseaba a otras mujeres? Yo sólo tenía la mala suerte de que mi objeto de deseo era una adolescente despampanante que convivía conmigo.

    Penetré a mi mujer. Carmen gimió. ¿Cómo sería penetrar a Lelu? Sus nalgas eran mucho más carnosas. Mis manos no darían abasto con semejante orto. Su cuerpo era más compacto que el de su madre, y también más maleable. Penetré con más intensidad.

    —Despacito —susurró Carmen.

    Apenas la escuché. ¿Lelu sería virgen? ¿Qué cosas sabría sobre el sexo? Si la tuviese en cuatro a mi merced, su cuerpo se movería con más agilidad. No le haría asco a cambiar de poses —supongo—, ni a saborear nuestras lenguas, ni a sentir nuestro sudor. Las adolescentes no suelen hacerse problemas por nada.

    —¡Despacio Ezequiel!

    Había hecho un movimiento pélvico con el que enterré mi sexo por completo.

    —Perdón, mi amor. —Me disculpé.

    —Acabá rápido y dejame dormir —dijo, irritada.

    Eyaculé, con dos pobres chorros de semen. Carmen, por supuesto, se quedó con las ganas.

    —¿Qué te pasa? Estás hecho un bruto.

    Besé sus muslos, pero cuando estuve a punto de llegar a su sexo, se apartó.

    —Dejá, quiero dormir.

    —Pero mi amor…

    —No estoy enojada, pero ya no tengo ganas. Dejame dormir por favor.

    III

    De todas formas, si bien convivimos, no es que pase todo el día con Lelu. Lo cierto es que ella duerme en horarios intempestivos. Se queda hasta altas horas de madrugada mirando series de Netflix, y subiendo fotos a su Instagram, o bien, revisando los likes y comentarios que suscitaban las mismas.

    Yo, por el contrario, no podía seguir durmiendo más allá de las ocho de la mañana, horario en el que mi mujer volvía a casa. Lelu dormía hasta las tres o cuatro de la tarde. Se levantaba a comer algo de lo que yo le había dejado, generalmente junto a Carmen que se levantaba a esa misma hora, y luego volvía a lo suyo.

    Sin embargo, de vez en cuando compartimos algunos momentos.

    Carmen se estaba preparando para irse a trabajar.

    —¿Le decís a Lelu que me devuelva el perfume que le presté a fin de año? Se debe pensar que me olvidé. —Comentó.

    —No creo que lo haga a propósito. Se habrá olvidado.

    Golpeé la puerta de la habitación de Lelu.

    —Adelante —gritó ella.

    Entré. Lelu estaba vestida con un short azul y una remera musculosa blanca. Estaba boca abajo, sobre la cama. Como siempre, con el celular en la mano.

    —Ay, pensé que era mami.

    Se arrodilló sobre el colchón. Me miró con una expresión que si me la hiciera cualquier otra mujer, juraría que era provocadora —Imaginaciones mías seguramente—, y se mantuvo un rato en esa pose extraña, arrodillada sobre el colchón, acariciando su cabello despeinado, mirándome de espaldas, hasta que finalmente se acomodó en una postura normal, sentándose al borde de la cama.

    —Tu mamá quiere que le devuelvas el perfume que te prestó para fin de año.

    —Ah, cierto, pobre mami, soy una colgada.

    Pegó un salto de la cama, mostrando una agilidad admirable. En el mueble del espejo había frascos, aerosoles, y un montón de cosas que tienen las mujeres, sabrá dios por qué. Estaba de espaldas, pero tuve mucho cuidado de no revolear los ojos de más, ya que podría descubrirme a través del espejo.

    —¿Cómo estás llevando el encierro Lelu? —Le pregunté, recordando la preocupación de Carmen.

    —Qué se yo… es un embole. —Resopló—. Extraño a Prisci y a las chicas. Encima dicen que va para mucho.

    —Bueno, me imagino que tendrás tus cosas. Hablarás con tus amigas, y eso de las redes sociales te tiene muy ocupada…

    —Sí, siempre hacemos un zoom con las chicas. Y lo las redes sociales… no sé, es raro, pero me divierte.

    —Mientras a vos te haga bien, y no le des datos de más a ningún degenerado…

    —No soy tonta Eze.

    —Ya lo sé, pero no está de más aclararlo. Perdón si la ofendí señorita.

    Lelu rio.

    —No me ofendí, además me gusta cuando te hacés el papá responsable.

    Vaya golpe bajo, pensé para mí. Aunque sabía que no lo había dicho con malas intenciones. Más bien ese comentario debería hacerme entender que para ella soy una imagen paterna y nuca sería otra cosa.

    —¿Vemos una peli hoy? —Me preguntó después.

    —Sí, claro. —le respondí ¿Y cómo iba a negarme?

    Le llevé el perfume a mi mujer. Noté que estaba más linda que de costumbre. Se había puesto un pantalón de jean muy ceñido y una blusa blanca que se adhería a su esbelta figura, y le marcaba sus pequeños pero erguidos pechos. Se fue al trabajo, dejando una estela de perfume importado en la sala.

    A las nueve Lelu bajó al living. No pude dejar de notar cómo la calza gris que llevaba puesta resaltaba su despampanante físico. Era casi como verla desnuda. Me estaba costando acostumbrarme a su renovada e intimidante figura. Y mucho más me costaba desviar la mirada de ella.

    —¿Pedimos una pizza? —preguntó.

    Así lo hicimos, y mientras esperábamos a que llegara el pedido, buscamos qué mirar.

    Finalmente le di el gusto —como siempre—, y nos decidimos por una comedia romántica, a pesar de que es el género que más detesto.

    Lelu se sentó a mi lado, a pesar de tener varios lugares para elegir. Cenamos y miramos la que para mí, era una pésima película para adolescentes. En principio me sentí algo incómodo. Los sentimientos encontrados no me dejaban en paz. La fuerte atracción que sentía últimamente hacia mi hijastra, el cariño fraternal que ella sentía por mí, la culpa de serle infiel, en mi imaginación, a Carmen, con la persona menos indicada para traicionarla. La lujuria, el cargo de conciencia, la hombría, la moral. Un torbellino de sentimientos que me hacían retorcer el estómago.

    Pero la actitud amena de Lelu, totalmente ajena a los retorcidos secretos que albergaba en los rincones más oscuros de mi mente, me relajaron. Pronto estábamos bromeando sobre los personajes y la trama de la película. Su sonrisa estridente era todo lo bello que había en el mundo. Sus rodillas tocaban a cada rato mi pierna. Cuando se levantaba para agarrar un pedazo de pizza o para tomar un trago de refresco, sus turgentes glúteos quedaban a centímetros de mi rostro. Qué no daría por mordérselos y comerlos a besos. Pero apenas los miraba de reojo, fiel a mi filosofía de no acosar con la mirada.

    En un momento, muy cerca del final de la bochornosa película, los protagonistas tuvieron una escena subida de tono. La pareja —quienes no eran mucho mayores que Lelu—, se había desnudado. Las cámaras los enfocaban de perfil, mientras el muchacho, delgado y de músculos marcados, hacía movimientos pélvicos sobre la chica, una rubiecita carilinda que gemía exageradamente.

    Me preguntaba si no era oportuno adelantar esa escena. Pero pensé que si lo hacía pondría en evidencia mi mente podrida. Lelu ya estaba grande, y la escena culminaría en cuestión de minutos. Qué más daba mirarla.

    Escuché la respiración agitada de Lelu. Yo estaba con el torso recostado sobre el respaldo del sofá, así que podía verla de perfil sin que ella lo notase. Su pecho se inflaba y desinflaba, cada vez que aspiraba y exhalaba por la nariz. Sus manos estaban apretadas entre sus piernas, como si tuviese frío. En un momento, en un gesto instintivo, se mordió el labio inferior. Observé su remera, y noté, tan maravillado como escandalizado, que sus pezones estaban duros y se marcaban debajo de la tela. Sus labios carnosos, se movían lentamente, como susurrando algo, sin darse cuenta. Sus muslos apretaban con fuerza las manos. Lelu se inclinó hacia atrás. Giró su cabeza. Me miró y sonrió, un tanto avergonzada. Pero fingió que no había pasado nada. En ese momento se estableció un pacto tácito entre nosotros. Acordamos hacer de cuenta que ella no estaba excitada y que yo no lo había notado.

    —Uf, no termina más esto. —Dijo Lelu.

    La escena finalmente terminó. Y la película finalizó diez minutos después. Lelu me dio un beso en la mejilla y volvió a su cuarto. Me quedé con una duda. No estaba seguro de si ella había notado mi erección.

    Continuará

  • Mi hermana disfruta en el campo

    Mi hermana disfruta en el campo

    Llevo trabajando de camionero desde los 18 años, ahora tengo 35. Llevo haciendo la ruta Zaragoza la Coruña 9 años y he estado en todos los clubs y áreas de descanso haciendo dogging.

    De adolescente siempre compraba y cambiaba revistas porno con los amigos o película en VHS.

    Mi primera vez fue con mi hermana que es dos años menor y sin saber que era el incesto entramos en ese mundo del sexo liberal.

    Antes de que nos confinaran por la pandemia mi hermana me dijo que si quería me acompañaba en el viaje porque se aburría (lleva desde enero en paro).

    Yo le dije que por mi perfecto, que así se haría más ameno el viaje.

    Gracias a diferentes webs y aplicaciones en un área de descanso que está cerca de la Coruña organicé una quedada para dogging.

    Mi hermana estaba conmigo cuando lo organicé y esa noche en el jardín de mi casa me hizo que la grabara con el móvil mientras me hacía un striptease y se masturbaba con un consolador como mi brazo que se había comprado hace poco.

    El domingo bien de madrugada nos subimos al camión, yo siempre llevo lo justo, una ropa de repuesto y dos calzoncillos más y mi hermana solo se llevó lo puesto (un minivestido de tirantes blanco) y un mimitanga de hilo color rojo. Durante el viaje aprovechábamos las paradas de descanso del camión para disfrutar de ese cuerpo que tiene mi hermana. Cuando estamos llegando al área de descanso donde habíamos montado el encuentro mi hermana hablo con ellos por un grupo de Whatsapp y les paso una foto desnuda dentro del camión para que estuvieran listos.

    Cuando llegamos había sentados en una de las mesas un grupo de chicos entre 25-40 años hablando y bebiendo cerveza. Cuando entraba toqué la bocina y les dije que ya llegaba su puta.

    Bajé yo primero y me acerqué a ellos para presentarme mientras mi hermana se subía el tanga y ponía las sandalias. Les dije que menos lluvia dorada ella se dejaba todo. Yo solamente llevaba un pantalón corto de deporte sin ropa interior y unas deportivas. Pasados unos diez minutos bajó mi hermana del camión y se acercó a nosotros, se presentó y empezó a pasar las manos por encima de los pantalones y diciéndoles si estaban listos para darle placer. Que llevaba muchos kilómetros deseando estar rodeada de penes.

    Uno de los chicos que estaba detrás de mi hermana se desabrochó el pantalón y le puso el pene frente a ella y mi hermana en un momento yo le estaba lamiendo la punta mientras me cogia del pene a mi y otro.

    Los otros se quitaron los pantalones y los dejaron en el suelo mientras veía como hacia una mamada y nos pajeaba a los otros dos se empezaron a masturbar. Mientras me pajeaba con mucho interés le halé hasta la cintura el vestido para acariciar y mostrar los enormes senos. Después de su segundo embarazo se las operó y se puso 120. Además que lleva mucho tatos y piercing en los pezones y uno en el clítoris.

    Después de unos veinte minutos de estar haciendo un delicioso oral a todos dijo que quería que le cubriéramos entera con nuestra leche y fuimos descargando en sus tetas y cara. Yo fui el único que acabé en su boca para que se lo tragara.

    Después de unos minutos de frotarse los pechos con toda esa lefada se puso de pie y dejar caer su vestido al suelo y se quedó con el minitanga rojo. Yo estaba excitadísimo de ver a mi hermana como disfrutaba y los demás también pues no paraban de decirle cosas mientras nos la chupaba.

    El más joven del grupo (tenia 25) años fue el primero en volver a estar listo para la acción y puso mi hermana tumbada en la mesa con las piernas levantadas y abiertas. Él me dijo que quería probar ese delicioso culo y se la metió de un golpe hasta el fondo. Mi hermana está loca con el sexo anal y le dijo que quería que le diera duro. El chico empezó a darle a un ritmo como si fuera una carrera y los demás nos pusimos alrededor para que mi hermana fuera jugando con los demás.

    El chico tenía a mi hermana en estado salvaje, gemía casi gritando y tuvo varios orgasmos de película. Se veía charco en el suelo. El chico estaba disfrutando como un loco y le decía a mi hermana “ojalá mi novia fuera tan puta como tú”, y mi hermana no para de decirle que no parase y que se corriese en su culo.

    Para su edad el chico aguantó como un campeón pues estuvo casi 30 minutos dándole sin parar a mi hermana mientras veía como chupaba y pajeaba varios penes.

    Uno de ellos se acercó al coche y saca una sábana para ponerla en suelo y se llevó de la mano a mi hermana, se tumbó en el suelo y le dijo que se sentara encima. El resto nos pusimos alrededor de mi hermana y ella empezó a cabalgarlo despacio mientras se acariciaba las tetas que aun tenían semen, el hombre tenía 41 años y un pene como si fuera negro. Mi hermana enseguida empezó a gemir y los jugos se le escurrían por los muslos. Yo estaba excitadísimo viendo a mi hermana rodeada de hombres y dando placer a todos.

    Después de unos minutos viendo mi hermana cabalgar como loca ese aparato me puse detrás suyo para que se tumbara sobre el pecho del hombre y así tener ante mi el culo de mi hermana, y después de frotar el pene por su culo se la metí de golpe hasta el fondo provocando que se le escapara un grito. Le excitaba mucho a mi hermana la doble penetración. El chico le preguntó a mi hermana si podía grabarla con el móvil para enseñárselo a los amigos y ella le dijo que sí. Mi hermana estaba desatada, sus gemidos se debían oír en la gasolinera que estaba a un kilómetro del área de descanso, mientras cambiábamos de postura nos íbamos cambiando y le dábamos placer a la zorrita de mi hermana

    Espero les guste y que me acompañe más mi hermana porque así trabajo más a gusto.

  • El sobrino de mi esposo (Parte 2)

    El sobrino de mi esposo (Parte 2)

    Pasaron casi dos años, y quedé embarazada, algo que veníamos intentando hasta que se hizo realidad, mi esposo me propuso ir nuevamente a su pueblo natal, aprovechando que aún estaba en los seis meses de embarazo y podía efectuar un viaje en avión. Me dice además:

    “Sé que te aburres un poco en ese pueblo, pero no sé, cuando regresare, una vez que nos vayamos de ahí, dime que parte de Europa quieres visitar, y te llevare”

    La propuesta era apetecible, así que acepte, sin reproches, trataría de pasarla lo mejor posible, vino a mi mente Gino, no me arrepiento de no haber pasado algo más con él, pero de vez en cuando ciertas fantasías poblaban mi mente.

    El día que llegamos al pueblo, fue igual o superior a la primera vez, pero al verme embarazada los agasajos se incrementaron, de almorzar a una casa a cenar a otra, por supuesto que mi esposo repetía lo de la vez anterior salir a la noche con sus amigos, quedaba sola, por suerte al tercer día apareció Gino, que había estado en Roma, había crecido, alto y hermoso porte y no con esa cara de adolescente parecía mayor de la edad que tenía.

    Al verme se alegró, pero me dio la impresión que mi embarazo no le hacía demasiado feliz, posiblemente algo celoso, no sé, ya no lo notaba tan apegado como hacía 2 años atrás, el hecho, que por la noche tampoco estaba. Mis cortos paseos por el pueblo se fueron haciendo bastante tediosos, pero mis esperanzas estaban en recorrer algunas ciudades importantes de Europa.

    Traté de cautivar a Gino, no con una finalidad sexual, sino intentar retomar esa amistad que habías tenido, por supuesto no lo que habíamos hecho, que si bien lo conservaba como un hermoso momento, no quería volver a repetirlo.

    Como resultado logré que hiciésemos una excursión a las famosas grutas, no había traído ropa de baño, así que me fui al pueblo a comprar una, que fue algo dificultoso, teniendo que utilizar la que había llevado.

    Me puse mi bikini, que me quedaba bastante chica, tanto el sostén como la tanga, pero era lo único que contaba, así que opté por dejármela, no quería bañarme desnuda en esas aguas, delante de Gino, sumado a mi cuerpo algo alterado por mi estado. y además quería evitar de provocarlo.

    Ante mi sorpresa me vino a buscar en un pequeño auto de fabricación Italiana, cargamos todo y nos dirigimos hasta las termas. Que según me contó Gino, pretendieron explotar ese lugar pero no tuvieron demasiado éxito.

    Llegamos la gruta, que no había cambiado demasiado, salvo unos tinglados de madera, que se notaban deteriorados por el abandono, a lo que me alegre que mantuviese la imagen que conocí.

    Cuando me quité el vestido, me sentí algo ridícula con esa malla acotada, a lo que Gino comenta:

    “Realmente estas hermosa con esa pancita, pero verte desnuda debe ser algo mucho más seductor, Bella!!!”

    Si bien me encanto ese alago, solo le sonreí, diciéndole:

    “Ya me has visto desnuda, mucho más delgada, así que guarda ese recuerdo”

    Lo tome de la mano, y nos introducimos en las aguas, cálidas y relajantes como la primera vez que estuvimos, cuando salimos me acosté en la reposera, que habíamos traído, pero como el sostén me quedaba bastante ajustado opté por desatarlo, cubriendo mis gorditas tetas, evitando que las viera.

    Me dormité un buen rato, los rayos del sol calentaban tanto mi cuerpo como mis estímulos, lo que me llevó a recordar los últimos acontecimientos con Gino, sin poder controlar mis hormonas que hicieron humedecer mi vagina. En un momento me levante de golpe desplazando mi sostén quedando mis pechos al descubierto a lo que Gino comenta:

    ”Catalina, que hermosas están tus tetas, se te han desarrollado, por tu preñez, ideales para amamantar más de un bebe”

    “Si, si, vamos al mar, a refrescarnos un poco” comento, mientras me ato el sostén, tratando de darle un corte a esas insinuaciones.

    Nos metimos en el mar, durante un rato, retornamos a la playa, me sequé y me propuso ponerme protector solar, me sonreí, me quité el toallón que me cubría, tirándome boca abajo sobre la reposera, se arrodillo a mi lado e inmediatamente desato en cordón del sostén, para pasar el protector, sobre mi espalda, cuello, continuando con el resto de mi cuerpo. Entreteniéndose con mis glúteos, para separarlos llegando hasta mi ano, diciéndole que era suficiente, a pesar que comenzaba a provocarme.

    Por ahí vimos a lo lejos una pareja, que aparentaban estar haciendo el amor, Gino me miro con una sonrisa, como para copiar a esas personas, pero hice una mueca como, sin darle demasiada importancia.

    Me coloque boca arriba, sintiendo su mano en mi abdomen, cuando la criatura pareció moverse, continuo acariciando mi panza suavemente, tocando la parte inferior de mis pechos, su contacto me perturbaba bastante, intentando contenerme, cosa algo difícil.

    Hasta que me quitó el sostén tirándolo lejos de mi alcance, le grite enojada, pero me dice:

    “Déjame tocarlas y besarlas, por favor”

    Lo dijo de una manera que no me pude negar, respondiéndole:

    “Está bien, pero solo eso, se a dónde apuntas”

    Sin hacerse esperar, sus caricias me fueron transportándome, para convertirse en succiones en mis pezones, que no tardaron en sublevarse, cada tanto pretendía meter su mano entre mi tanga, deteniéndolo una y otra vez, hasta que refregó su mano a través de ella, mientras sus chupadas eran cada vez más provocadoras e incitantes..

    Hasta que después de tanto insistir, logró su objetivo, metió su mano, percibiendo sus dedos meterse en mi sexo, entre sus chupadas y ese toqueteo vaginal, comencé a arquearme gimiendo de placer, intento quitar mi tanga, pero con gran esfuerzo lo impedí, cuando vi que se había quitado la malla.

    ”Gino, por favor, no, te lo ruego” Levantándome, con la intención de irme.

    Pareció entenderlo, o por lo menos se contuvo, se colocó a mi lado como un chico, al que acabas de retar, vi su verga erecta, lo que me dio pena por su estado hasta que se lo abrace,

    Riéndole:

    “Gino métetelo en la cabeza, no vamos a coger, está claro, pero no quiero dejarte así?’

    “Que deseas, te gustaría ponerlas entre mis tetas y acabar entre ellas?

    Me miró con una sonrisa, como cuando a un niño, le obsequias una bolsa de dulces. Cuando me dice:

    “Puedes quitarte la tanga?”

    “No crees que estas pidiendo demasiado?”

    Lo miré, y si bien me contenía de tener relaciones, me la quité, que inmediatamente comenzó a besarme, tocar mi sexo, deteniéndolo de inmediato, aclarándole:

    “Gino, por última vez, o hacemos lo que te dije o me levanto y me regreso”

    Si bien regresar dependía de él, se montó pegado a mis tetas depositando su miembro entre ellas, me miró sonriente, oprimí mis pechos cobijando su verga, hasta que suavemente empezó a moverse, una y otra vez, sin quitarle sus ojos de los míos, que después de un buen rato, finalizo eyaculando entre ellas, algo que nunca lo había permitido, pero este pendejo, terminaba haciendo su “capricho”, admito que es difícil negarse a un jovencito.

    No me quite su semen, solo lo abrace y nos quedamos un rato así, cuando nos levantamos, limpie su flujo con mi boca, notándolo más sosegado.

    Unas gotas comenzaron a caer, por suerte o no, no sé, hasta que se largó a llover, Gino pretendió ir a la gruta, pero insistí en que era preferible regresar a casa.

    Esa noche mi esposo me dijo que nos íbamos a Paris, realmente me puso contenta, me había mantenido sin llegar a copular con Gino, no sé si arrepentida o no, pero creo que fue la mejor decisión.

    Recorrimos en esos quince días, casi seis o siete ciudades importantes, cuando me comenta que regresaríamos unos días al pueblo, algo que no sé si me alegró o no, pero en mi interior creo que lo deseaba.

    Antes de ese regreso imprevisto, decidí comprarme una malla, acorde con mi estado, divisando en esa tienda, una bata blanca de baño, no sé pero me atrajo, hasta inconscientemente me hice una leve fantasía, así que sin pensarlo demasiado, también la adquirí.

    Apenas llegamos al pueblo el recibimiento fue similar a los anteriores, con cierta sonrisa forzada, saludaba a esa gente, entre ellos vi a Gino, que me observaba más que contento. Le había traído un obsequio, al igual que a la tía, que lo aceptaron más que gustosos.

    Nos quedaríamos unos días, para regresar luego a nuestro hogar, sabía que me esperaba en ese pueblo, o aburrirme totalmente, tratar de evitar a Gino, Oh!!! Ya se imaginan.

    Se me ocurrió decirle a mi esposo, que alquilase un auto recorrer la región, ir a que viese la Gruta, traté de disuadirlo de que no se reuniese tanto con sus amigos y aprovechar de conocer algo más.

    “Amor, ya paseamos bastante, conozco muy bien esta región desde que era chico, no lo tomes a mal, pero no sé cuándo los volveré a ver a mis primo y amigos, Ve con Gino se llevan bien”

    Eso fue como entregarme al lobo, no sé si me agrado, pero traté de evitar a este joven, que por supuesto continuaba con sus indirectas, sabía que deseaba, lo pensé bastante, en definitiva habíamos estado en un tris de llegar a copular.

    Esa noche cerca de las 9 pm después de cenar salió nuevamente con sus amigos, me acosté temprano algo malhumorada, ni la tía de mi esposo, ni Gino estaban.

    Cerca de la medianoche me desperté con ganas de ir al baño, mi esposo aún no había llegado, al salir del recinto me tenté de pasar por la habitación de Gino, hablar con él, o quien sabe que más, pero tampoco estaba. Me fui a acostar maldiciendo que estaba haciendo en ese pueblo de mierda.

    Me desperté temprano a la mañana siguiente, mi esposo dormía, la tía había preparado el desayuno, como pude, hable con ella, hasta que se levantó Gino, me alegró verlo, aproveche para darle un beso de Buenos días. Después de merendar le pregunto:

    “Que tienes que hacer después?”

    “Algunas cosas en el pueblo, por qué?”

    “Si tienes ganas de ir a la gruta?”

    “Prepara todo, en una hora quedo libre” lo dijo de una manera entusiasta, era lógico lo que debía de estar pensando.

    Así lo hice, le comenté a mi esposo, y con voz de dormido, me dice está bien, disfruta. Mientras preparaba lo necesario, tomé la bata blanca, y la guarde en el bolso, con otras cosas más.

    Cuando llegamos al lugar me quite la ropa a escondida de Gino, y me puse la bata, así nos dirigimos a la gruta, apenas llegamos se metió en el agua, yo me quité mi prenda quedando solo con la tanga, que apenas me cubría, la mirada de mi “sobrino” fue cómica, por su expresión de asombro.

    Salimos del agua, rápidamente me la puse y nos fuimos hacia la playa, recostándome sobre la reposera, no cabían dudas el estado de Gino, observe disimuladamente, notando su bulto bajo su bermuda.

    Era obvio su estado, sabiendo que solo una bata cubría mi piel, tenía un deseo de volcarme sobre este joven, hacía varios días que carecía de relaciones sexuales, mi estado aumentaba mi libido, y las aguas termales se sumaban a ese apetito sexual.

    No quería ser la que iniciase ese posible encuentro, sacarme la bata era demasiado evidente, aunque me estaba acalorando bastante, por el sol reinante. Gino me pregunto si tenía calor, le comente que sí, mientras abría un poco la bata sin llegar a mostrar algo indecoroso. No sé si por el calor la criatura comenzó a moverse, llamándole la atención a Gino.

    Momento adecuado para decirme:

    “Puedo tocar tu panza para sentirlo?”

    “Si te atrae, hazlo”

    Al sentir su mano desplazarse por mi abdomen, sentí mojarme, cerré mis piernas, mientras su mano recorría mi piel.

    Confirmé que cautelosamente iba abriendo mi prenda, tratando de contenerlo en esa sutil estrategia, que después de varios minutos intenté relajarme, donde mi panza había quedado totalmente al descubierto, notándose gran parte de mis senos. Todo se fue desarrollando de una manera muy tenue, hasta que uno de mis pechos quedó al descubierto, que obviamente acarició suavemente, para iniciar algo más, al percibir que no oponía rechazo.

    Lentamente fue avanzando en su intento, notando que su bulto parecía hincharse, hasta que comenzó a lamer los dedos de mis pies, metiendo su lengua entre el intersticio de mis extremidades, para luego continuar con mi pierna, desplazándose por mi muslo hasta finalizar en mi abertura, pasando su mano a través de mi tanga.

    Con esa manera de incitar, era imposible de contener, ese juego era de lo más excitante, su avance se iba extendiendo, cuando abre totalmente la bata para dejar al manifiesto mis pechos, y ya era imposible contenerme, lo bese en la boca desesperadamente, mientras comienza a intentar sacar la tanga, levantando mi culo para permitir su retiro, termina de despojármela, comenzando a mordisquear mis regordetes labios vaginales, transportándome a un éxtasis imposible de regresar…

    De una manera incontenible, permaneció succionando mis pezones, ya bastantes perturbados y rígidos, donde parecía que mis pechos se enardecían por ese abrupto acometimiento bucal. A la vez que su mano se incrustaba en mi pelvis en la búsqueda de mi abertura, era algo incontenible, humedeciendo sus dedos con mis flujos, para incrustarlos en mi boca, disfrutando de mis propios jugos.

    Me quité la bata, mientras Gino lo hacía con su pantalón, descubriendo su rígida verga, pronta a entrar en acción, notando que carecía del vello que lo cercaba.

    Nuestros desnudos cuerpos se adosaron de una manera infernal, cuando sentí abruptamente introducir su candente miembro en mi cavidad vaginal, entrando y saliendo de una manera arrolladora. Mis gemidos eran incontenibles, arañaba su espalda ante cada vertiginosa embestida, mientras nuestros cuerpos, entremezclaban el sudor que desprendían nuestros poros.

    Su verga entraba y salía de mi útero de una manera presurosa, sintiendo como se perdía con total impunidad en mi claustro, gemía ante ese impulso incontrolable, mis pensamiento estaban concentrado en ese acto libertino e indebido.

    Cuando no tardé, en sentí su esperma, regar mi seno, gritando ese advenimiento con un fuerte orgasmo, besándonos desenfrenadamente, mientras mi cuerpo vibraba por lo acontecido. Me bajé de la reposera y abrazados nos quedamos tendidos.