Blog

  • El día que me desvirgaron analmente

    El día que me desvirgaron analmente

    Mi nombre es Erika, mido 1,57 m, 18 años, pelo oscuro, no tengo tetas muy grandes, pero a pesar de no estar muy conforme con mi cuerpo, varios me han dicho que es muy sensual.

    Después de haberme recibido en la secundaria con muy buenas notas, mis padres como premio me llevaron como un mes a Europa, recorrimos varios países, pero en el que más estuvimos fue en España, siendo Barcelona una de las ultimas ciudades recorridas.

    Cuando estuve en esa ciudad, unas chicas que conocí en la playa me invitaron a una fiesta con sus amigos.

    Como hacía mucho calor, me puse con bastante trabajo un vestido corto de tela muy delgada que al salir al sol, me di cuenta que transparentaba bastante, que me veía casi desnuda.

    Después de casi media hora de viaje, llegamos a un salón que ellos llaman «pub», que es una especie de cantina, con música estridente semejante a la una discoteca de mi país, con una pequeña pista para bailar y muchas mesas pequeñitas distribuidas por todo el salón. También había unas mesas más grandes pegadas a las paredes que tienen una especie de redondel en donde caben sentadas unas ocho personas, nosotras nos sentamos en unas de esas en la que ya estaban algunos amigos de ellas.

    Me presentaron con ellos y empezamos a tomar unas bebidas. Yo pedí una Coca Cola y todos empezaron a reír como si hubiera dicho algo gracioso, me dijeron que estaba loca, que solo había bebidas alcohólicas. Yo no tomo alcohol, así es que pedí una cerveza y la entretuve fingiendo que la tomaba.

    A partir de cierta hora se cerró el lugar bajando la iluminación, me llamó la atención y pregunté inocentemente que sucedía.

    “Ya veras, querida, empieza la diversión.” Al cabo del tiempo, comencé a ver que las parejas que estaban bailando se cachondeaban sin importar que los demás los vieran, las niñas bailaban completamente pegadas a los muchachos y ellos les toqueteaban las nalgas levantándoles el vestido o por metiéndoles la mano por la cintura y por debajo de los pantalones. Hasta vi sumamente sorprendida, a un par de niñas quitarse descaradamente sus bragas.

    A los de mi mesa no les importaba, ni siquiera los miraban, estaban enfrascados en una plática que yo entendía poco, pero con muchas groserías que yo no entendía el porqué las decían frente a mis amigas. Sin embargo, ellas también les respondían de la misma manera.

    Me sentía un poco incómoda porque yo no acostumbro a estar en situaciones como esa, pero decidí adaptarme a las circunstancias para no quedar mal. Así es que empecé a tomar mi cerveza, que tenía un rico sabor a miel, y de una siguió otra, y otra más. Después me dieron unas copas de no sé qué que me pusieron muy mareada, pero muy alegre. Sentí la mano de una de las amigas que se metía por debajo de mi falda acariciándome las piernas. Me le quedé mirando con cara de estúpida y ella me dio un beso en los labios. Después, el muchacho que estaba a mi lado me empezó a besar el cuello y a acariciarme los pechos, tratando de meter su mano por debajo del escote.

    Los demás nos veían y continuaban con su plática sin importar lo que me estaban haciendo. La niña que me acariciaba las piernas, ahora me toqueteaba la vagina por encima de las bragas, pero cuando intentó meterme un dedo, se lo impedí cerrando las piernas.

    Como respuesta, ella me tomó por las mejillas y me estampó un beso enorme en la boca, forzándome a abrir los labios metiendo su lengua dentro de mi boca. No sé porqué, pero me gustó su sabor, me gustó su beso. Traté de corresponderle metiendo mi lengua en su boca lamiendo sus labios. No sentí cuando el muchacho que estaba a mi lado, me había bajado un tirante del vestido y había dejado al aire uno de mis pechos, lo acariciaba dulcemente frotando con sus dedos mi pezón que en ese momento se encontraba duro y completamente parado. No supe qué hacer, viendo que los demás no nos hacían caso, opté por quedarme inmóvil dejando que me hicieran libremente lo que me estaban haciendo.

    No sé qué me pasaba, pero el efecto del alcohol, sumado a ese toqueteo, si bien mi mente no lo aceptaba, mi cuerpo parecía admitirlo, dejándome llevar por esa “influencia”.

    Después de un rato, el muchacho que me acariciaba me sacó a la pequeña pista y empezamos a bailar. Él me apretaba fuertemente metiendo sus piernas entre las mías tratando de hacerme sentir su erección, ¡y vaya que la sentía!, estaba completamente dura y se sentía enorme. Me apretó aún más contra él y me levantó la falda por detrás para manosear mis nalgas; como había mucha gente en la pista, ni siquiera se veía lo que me estaba haciendo. Nos apretujábamos tanto unos contra otros de manera que no había forma de que se dieran cuenta de lo que me estaba haciendo.

    No sé porqué, pero no le quité la mano, dejé que me acariciara lo que quisiera y tampoco le impedí que la metiera bajo mis calzones hasta meterme el dedo en el ano. En ese momento ya no me importaba. Era tal mi grado de excitación que no me importaba que su dedo entrara y saliera de mi culo frente a otras personas, me sentía en las nubes, comenzando a alterarse mi adrenalina.

    Después, nos fuimos nuevamente a la mesa quedando sentados en medio del grupo. Yo estaba muy excitada y medio alcoholizada, pero los demás lo estaban más que yo. No me importó que la chica que estaba a mi lado me volviera a meter la mano y tampoco le impedí que me metiera el dedo en la vagina. Me dejé llevar sintiendo cada vez con mayor intensidad el placer del morbo que me invadía. El muchacho que me había sacado a bailar continuaba acariciando mis pechos y besándome el cuello, dándome unos besitos deliciosos que hacían que el cuerpo se estremeciese.

    En eso estaba, disfrutando esas delicadas caricias, cuando el muchacho tomó mi mano y la dirigió hacia su sexo. Me quedé atónita cuando colocó mi mano sobre su miembro y vi que se la había sacado del pantalón!!!

    Estaba enorme y húmedo, hizo que mis dedos la rodearan y me obligó a que la empezara a masajear de arriba hacia abajo. Con mi dedo gordo, toqué la punta de su verga y esparcí el líquido que tenía impregnado por su enorme cabeza; luego lo empecé a masajear, poco a poco y lentamente. Él se retorcía apretándome los pechos y cerrando los ojos por lo que yo le estaba haciendo. Me di cuenta que los demás muchachos que nos rodeaban, se agachaban por debajo de la mesa para observar lo que me estaban haciendo y lo que yo le estaba efectuando, festejando por el espectáculo que le ofrecíamos.

    Ya no me importaba, seguí masturbando a aquél muchacho cada vez con mayor intensidad, hasta que por fin se vino. Un chorro de leche salió de su verga llenando mi mano completamente con su semen, mientras él se retorcía y se quejaba como si estuviera agonizante. En ese momento, todos sus amigos, muchachos y muchachas empezaron a aplaudir celebrando la eyaculación de su compañero. No me esperaba eso, con la cara roja de vergüenza pedí que me dejaran salir para dirigirme al baño a lavarme. Una de mis amigas, la que me estaba pasando el dedo, se levantó también y me acompañó.

    Cuando entramos al baño, empecé a lavarme y ella (no supe nunca cómo se llamaba) me abrazó por detrás y levantándome el vestido, empezó a sobarme la vagina. Me levanté y dándome la vuelta quedé frente a ella. Quise decirle que ya no lo hiciera, pero antes de lograrlo, se aferró de mi cara y empezó a besarme desesperadamente. Me dio miedo, sus ímpetus me alarmaron, no tenía dudas que además estaba drogada.

    Traté de disuadirla, pero a pesar de eso insistía, así que opté por salir del sanitario para retornar a la mesa, ahí decidí cambiar de lugar sentándome, al lado de otra chica creo que se llamaba Carla, muy atractiva con grandes pechos, que rápidamente entablamos una conversación, no prestando atención al resto.

    Después de un rato su mano quedó apoyada en mi muslo, si bien no presté atención en un principio, poco a poco fue tomando terreno, hasta acercase a mi ingle, oprimiendo ese lugar e intentando separar mis piernas. No tardé demasiado en abrirme, hasta que sus dedos, buscaron mi sexo, me atraía la sutileza con que me tocaba, comenzando a mojarme levemente. También hice lo mismo con ella, aunque era algo difícil por la posición.

    “Tengo ganas de ir al baño, me acompañas?” me lo dijo susurrando al oído, nos levantamos para dirigirnos a los sanitarios.

    Apenas entramos, nos besamos con desesperación, mientras levantaba mi corta falda para meter sus dedos en mi cavidad. Uno de mis breteles se cayó quedando una teta al aire, era tal mi excitación que no presté demasiada atención, hasta que su boca se apodero de ella, succionando mi pezón hasta morderlo, haciéndome desprender un gritito de dolor.

    Abrí su camisa retribuyendo con mi boca en sus atractivas tetas, mientras su mano se introducía en mi calzón, buscando mi grieta más que húmeda por la estimulación. Mientras manteníamos ese loco acercamiento, me fue llevando hasta uno de los retretes, algo sucio y estrecho, cerrando la puerta para mayor intimidad. Me hizo inclinar apoyando mis manos sobre la pared, frente al inodoro, mientras levantaba mi falda, toqueteando mi culo.

    Mi adrenalina se elevaba, mientras sus manos iban desplazando mi calzón, que con mi estado de alteración permitía cualquier cosa. Apenas quitó mi prenda, como pudo se arrodillo en el piso, llevando mi corto vestido hasta mi cintura, quedando mi trasero al descubierto para su entera disposición.

    Me lo tocaba asiduamente, oprimiendo con su dedo mi ano, hasta que su lengua lamia los bordes de mi esfínter, alterándome de tal forma, que me abría todo lo que podía para sentir ese contacto tan excitante.

    Nunca había tenido una experiencia de ese tipo, al que me entregue inmediatamente, hasta que sentí uno de sus dedos, introducirlo hábilmente en mi orificio. Mis gemidos se fueron acentuando mientras un segundo dedo acompañaba al primero, para iniciar un acompasado movimiento. Sin quitar sus dedos de mi conducto, intentó quitar mi vestido, colaborando en su intento, hasta quedar sin él.

    Dada la corta dimensión del retrete estaba en una posición bastante contenida, cuando se abrió la puerta del mismo, entrando en el cubículo otro de los muchachos que nos acompañaban, diferente al que yo había masturbado.

    Intenté detenerla en lo que estaba haciendo. Cuando Carla me dice, “Tranquila es mi hermano.” La miré sorprendida, como si su parentesco lo eximia de estar ahí.

    Intenté salir aunque esta chica me lo impidió, mientras seguía manoseando mi cuerpo, sin más, sacó su verga, uniéndose a nosotras, hurgando mi cuerpo desnudo, hasta que en determinado momento me inclinaron más sobre el retrete, con las piernas bien abiertas. Él se colocó atrás de mí mientras ella me abría las nalgas para que él friccionase su verga entre la unión de mis posaderas. Estaba temblando de miedo y sentía mi cuerpo adolorido y repleto de adrenalina, no sé si sentía excitación, o si lo deseaba, aunque intentaba impedir lo que se avecinaba.

    Nunca pensé que me sucedería algo así, pero no hice demasiado por impedirlo, aunque mi posición y lo chico del recinto impedía moverme, no sé si para no parecer una mojigata, o porque quería que realmente pasase, pero a pesar de eso traté de levantarme pero me empujó nuevamente por la espalda y me obligó a apoyar mi cuerpo sobre el excusado.

    Al hacer esto, mis orificios quedaron bien expuestos para lo que él quisiera hacerme. Entonces empecé a llorisquear, pero él no me hizo caso. Yo le rogaba que no lo hiciera pero me mantenía pegada contra el artefacto, obligándome a permanecer inmóvil. La chica acariciaba mis tetas, apretando mis tetillas, ese estado de victima parecía estimularme más, solo decía:

    “No, por favor” pero dejaba mi cuerpo, a sus intenciones. Sentía que su verga se paseaba entre mis nalgas, toqueteando mis orificios. Oh Dios mío, eso me excitaba, me volvía loca. Con cierto alivio sentí que la punta de su miembro se colocaba en mi ano y empezaba a empujar una y otra vez, pero mi esfínter no cedía y yo sin fuerzas para dilatarlo. Entonces colocó su verga a la entrada de mi vagina, yo di un salto para que no se metiera pero él me dio una fuerte nalgada y me obligó recostarme nuevamente. La chica tomo su verga para colocarla de nuevo a la entrada de mi ano, quedándome a la expectativa de lo que vendría.

    Grité al tratar de transgredir mi acceso, mientras la chica escupía sobre mí culo, intentando lubricarlo. Cada vez que se introducía algo, me dolía bastante, pero poco a poco mi propia lubricación hizo que me penetrara hasta el fondo. Sentía que me salía por la garganta, estaba enorme. Cada vez que salía me succionaba las entrañas y cuando entraba me empujaba todos mis órganos internos.

    Pero lo empecé a disfrutar… dejó de apretarme contra el artefacto y tomó mis pechos en sus manos, acariciando mis pezones, sopesando mis pechos como queriendo juguetear con ellos, mientras su verga dominaba mi interior. Cuando sus embestidas pronto se volvieron más fuertes, más violentas, percibiendo la fricción de su verga en mi membrana intestinal, que después de una serie de empellones rápidos y penetrantes supuse que estaba cerca de eyacular, y así fue… su verga tocó fondo en mí y sentí claramente cómo sus tibios jugos, iban regando mis intestinos. Él temblaba, se retorcía apretando mis pechos y pellizcando mis pezones, se convulsionaba y temblaba como un poseído, gruñendo con cada disparo que salía de su verga, y de pronto se desplomó sobre mi espalda, abrazándome exhausto y sudoroso, pero sin sacar su verga de mi adolorida funda.

    En ese momento me sentí bastante ridícula, desnuda habiendo sido desvirgada analmente, con dos personas desconocidas, que no volvería a ver en mi vida, en ese espacio tan poco higiénico.

    Apenas finalizamos, ambos acomodaron sus prendas, mientras me cuadraba para buscar las mías, aun desparramadas, me vestí mientras me contuve para no largarme a llorar, creo que, por la frialdad en que termino todo. Me sentí usada, deseaba estar en casa con mis padres.

    Retorné a la mesa, al sentarme sentí un dolor en mi ano, le pregunté a mi amiga cuando regresábamos.

    “Estas cansada?” me preguntó

    “Si algo” contesté

    “Tomate esto” dándome una copa de no sé qué bebida, algo fuerte, pero rica, a partir de ese momento no recuerdo nada más, solo que cuando desperté llegábamos al hotel, alegrándome de estar con mis padres.

    Llegué a la habitación, ellos dormían, sentí la necesidad de darme una ducha. Cuando me saqué el vestido, descargué un llanto al ver alarmada que carecía de mi prenda íntima, me llené de ira hacia todos ellos, pensando en lo que me habrían hecho.

  • El día que le fui infiel y de manera consentida

    El día que le fui infiel y de manera consentida

    Mi nombre es Xavier. Ya hace tiempo con mi futura esposa Vivi y yo estamos variando en el sexo. Llevamos 4 años de noviazgo. Ella es muy preciosa, flaca pero no tanto, piel blanca, cabello castaño (a veces se tiñe negro e igual se ve buena), buenas tetas no muy grandes ni muy chicas, una cola perfecta, piernas torneadas y suaves, labios gruesos, unos muy bonitos pies que combinado con sus tacos altos se ve mejor que una modelo.

    Desde que nos conocimos ella siempre le gusto impresionarme con su manera de vestir, incluso llegando a vestirse de diferentes personajes… enfermera, colegiala o lo más zorra posible y a veces saliendo a la calle así para que todos la deseen. Obvio que siempre acompañada conmigo.

    Nos gusta mucho hacerlo en diferentes circunstancias y lugares. Hasta alguna vez; ella me chupaba la pija cerca de un barrio muy acomodado dentro del jeep y apareció un auto con dos señoritas buscando una dirección, se dieron cuenta que pasaba y se fueron muy rápido jajajaja. Luego ella volvió a lo suyo y termine dentro de su boca como es costumbre tragándose todita la leche sin derramar ¡¡ella sabe hacer la mejores chupadas de pija del mundo!! Por supuesto que a ella también le encanta el semen dentro de su boca, conchita y cola.

    Bueno basta de introducción, contare una de las experiencias que nos pasó alguna vez:

    Un día era fiesta de aniversario de la ciudad y decidimos ir justo al centro. Nosotros todavía no vivimos juntos y cuando pase en taxi su casa quede impresionado…era toda una hembra hermosa y lista para hacerle todo:

    Ella como siempre se vistió espectacular, un vestido negro entero apretado muy corto, prácticamente dos centímetros más y se le ve la cola, tacos altos que mostraban sus pies, sin sostén y el cabello suelto.

    Mientras íbamos en el taxi le decía al oído lo buena que esta y acariciaba sus suaves piernas… a tal punto que sobaba su conchita sobre su tanga, pero ella me sacaba la mano por vergüenza al taxista. En fin, llegamos al centro y nos bajamos a una cuadra del boliche que en realidad era la misma calle pero cerrada por los festejos. Mientras caminábamos ese trecho no dejaban de acosarla silbándole o diciendo cosas como: mi amor vení conmigo, hola cuñado, que linda, etc. Yo tratando de apurarnos y ver quienes eran los que hablaban porque me estaba cabreando. Bueno llegamos al lugar y nos pillamos con nuestros amigos. Era una pareja y una amiga llamada Susan, que debía estar con su novio pero no pudo venir por razones de trabajo o cosas así. Ella estaba vestida con una falda a medio muslo y escote que mostraba sus grandes tetas, ella es un poco mas gruesa pero igual muy linda y cogible.

    Los cinco nos pusimos a tomar en una mesa VIP que teníamos reservada. Mi mujer, Susan y yo siempre nos gustó la cerveza así que empezamos con una botella cada uno.

    Era temprano como las 8 pm, ya estábamos por nuestra 3 o 4 botella y la música a full reggaetón. Empezamos a bailar y en el poco espacio que teníamos prácticamente yo bailaba con Vivi y Susan al mismo tiempo. Como el espacio era reducido por mesa y sillas, los tres estábamos muy juntos y a ratos rozaba mi brazo o cuerpo con las tetas de Susan o mi paquete con mi pija dura a su cola, ella no decía nada ni tampoco Vivi porque era parte del baile y el poco espacio. Cada vez mas la situación empezó a repetirse y yo estaba con la verga muy dura porque también a ratos abrazaba a Vivi y me estrujaba en su cola una que otra vez, mientras hacía eso me agarraba la pija dura disimuladamente y se reía como zorra.

    Todo seguía así hasta que yo fui muy descarado de bailar “hasta abajo” con Susan y al subir me la apegue y sin querer agarre un poco sus tetas para no caer. Esto puso molesta a Vivi y con cara de encabronada. La hicimos reír y le explico Susan que fue un accidente, etc. Ya hasta eso les dieron ganas de ir al baño que por suerte no había mucha gente por ser temprano, las acompañe y primero entro Susan. Mientras esperábamos abrace a Vivi, le di un gran beso, bajando a su cuello, mientras agarraba su cintura y me la apegaba. Ella gimió un poco y me separo gentilmente diciéndome que calme. Le dije que en un rato más nos teníamos que ir porque quería cogerla lo antes posible y mi verga ya no aguantaba más.

    Como Vivi es muy perra, me dijo: ¿porque esperar tanto (con carita de perra picara)? La mire con cara de asombro porque no entendía, ese mismo rato salió Susan del baño y de un empujón Vivi me metió al baño. Le dijo a Susan que cuide la puerta… ni bien entre se dio la vuelta apoyo sus manos en lavadero, puso cola en pompa facilitada por sus tacos altos, yo no tarde en bajarme el pantalón y bóxer, subir su minivestido, hice a un lado su tanguita… me acomode la pija en su conchita que ya estaba húmeda y se la fui metiendo de a poco hasta el fondo, estuve bombeándola supongo que un minuto al ritmo de la música mientras Vivi gemía como lo puta que es… hasta que Susan empezó a tocar la puerta diciendo que venía gente… se asustó Vivi y me dijo que salga pero yo no quería irme hasta acabar, prácticamente se dio la vuelta y me empujo para que me calme y salga del baño… no tuve otra opción que salirme. Ya afuera esperando que salga Vivi, mi amiga Susan empezó a preguntar:

    Susan: ¿y que hacían ahí adentro? (mientras se reía)

    Yo: Nada, pasa que se le atoro el cierre y la estaba ayudando jajaja

    Susan: Seraaa… yo escuche otra cosa jajaja. No coman delante de los pobres jajaja

    Yo: noo tranquila Susan seguro mas tarde llegando a casa tu novio te va dar lo que te gusta

    Susan: te cuento que no vino por que nos peleamos, estaré solita en casa hasta que nos volvamos a hablar.

    Yo: Pucha que pena ni modo… ya va pasar Uds. siempre son así.

    Susan: Si puede ser, pero hoy quiero divertirme y hacer lo que quiera… si aparece uno que me guste no me importa y me lo llevo jajaja

    Yo: jajaja tampoco así… los tres estamos pasándola bien, si querés nos quedamos mas tiempo para que no estés solita porque no vamos a dejar que una señorita tan linda y con ese escote ande sola…

    Susa: ay que tierno… sabes qué; si quieren luego vamos a mi casa a seguir tomando más tranquilos porque la zona VIP es muy chica y no es lo que esperábamos.

    Yo: ah puede ser ya te aviso, le diré a Vivi… (yo pensando que no era buena idea ya que quería coger con Vivi toda la noche)

    En eso salió Vivi del baño y nos fuimos a la mesa VIP. Le comente de ir a casa de Susan y como estaba media ebria se animó bastante… cosa que me pareció raro. Yo estaba ebrio, Vivi bailaba muy descarada y gritaba los coros de las canciones junto con Susan.

    A los 30 minutos nos despedimos de la otra pareja y nos fuimos los tres a casa de Susan. En el taxi yo estaba al medio y a ratos me besaba con Vivi… en una de esas sentí la mano de Susan en mi muslo muy cerca de mi verga y me tomo por sorpresa. Vivi me pregunto ¿qué paso? Y le dije que nada todo tranquilo.

    Llegamos a casa de Susan, puse música en la tv y abrí más cervezas, mientras miraba a las dos bellezas de Vivi y Susan. Las dos empezaron a bailar, hablar boludeces y gritar los coros de las canciones que sonaban. Me di cuenta que las dos ya estaban muy ebrias y obviamente yo ya me sentía igual. Ese rato Susan nos hizo secar nuestro vaso y nos dijo que podíamos quedarnos a dormir en su casa, porque mi casa quedaba al otro lado de la ciudad. Entonces Vivi dijo que si, pero con la condición de que podremos coger en su sofá mas grande, ya que solo había una habitación. Susan se rio y dijo que no había problema.

    Luego me pidieron que sacara fotos para subir al Facebook e Instagram… siempre fui buen fotógrafo y buscaba el mejor ángulo, también acercaba mis manos y las acomodaba para que salgan mejor. Ahí aproveche de tocarle la cola a Susan para que se vea mejor su cintura y también hice lo mismo con Vivi. Todo muy natural, seguí con las fotos y luego una última… yo con las dos abrazadas y mis manos en sus cinturas, ahí aproveche de darle una palmada a cada una al mismo tiempo y se rieron. Eso me puso a mil porque Vivi no se enojó y Susan volteo a mirarme con cara de zorra.

    Nos pusimos a bailar los tres y le hicimos “sándwich” a Susan, yo estaba en frente de ella…Vivi como estaba atrás agarro y apretó sus tetas, mientras yo apretaba de su cintura a Susan, sin querer Vivi le bajo el escote y vi en primer plano sus grandes tetas de Susan… se rieron las dos perras y Vivi me dijo amputándome: Vos no viste nada!! Jajaja

    Luego Susan fue al baño y me quede en la sala con Vivi…no la pensé dos veces, empecé a besarla y baje su vestido para chuparle las tetas porque no quería quedarme con ganas. Mientras se las chupaba y ella jadeaba empezó a preguntarme:

    Vivi: ¿te gustan las tetas de Susan… no? ¿Te gustaría tocarlas y ahogarte en sus tetas como haces con las mías? ¿Subir su faldita y metérsela hasta el fondo como lo haces conmigo?

    Yo: Son bonitas pero me gustan más las tuyas (mientras intercalaba chupar y lamer sus ricas tetas)

    Vivi: pero decime… querés o no?

    Yo: si si las lamerías y chuparía con ganas!!! Eso querías escuchar!! Y también se la metería hasta el fondo una y otra vez hasta llenarla de leche!!

    Vivi: … entonces si ella quiere yo se las chupare mientras vos miras. Pero vos no haces nada porque si no terminamos!!

    Yo: no hay problema pero vas agarrar y chupar esas tetas como yo te diga!

    Vivi: si… hare lo que digas. Solo si ella quiere.

    Yo: ya amor… no hay problema. Ahora chúpamela

    Vivi empezó a chupármela y yo estaba en la gloria… no se cuanto tiempo paso y apareció Susan con un camisón que cubría todo el cuerpo hasta la mitad de su cola. Se sentó al lado mío como si nada pasara y miraba como Vivi me chupaba la pija frenéticamente mientras acariciaba mis huevos. Susan se inclinó para chupármela pero Vivi la levanto y empezó a besar… eso me gustó mucho pero esperaba que también Susan me la chupe.

    Mientras las dos se besaban en frente de mi, Vivi empezó a manosear las tetas de Susan sobre el camisón, se notaba la excitación de las dos y como Susan le agarraba a la cola Vivi.

    Luego Vivi quito el camisón de Susan y quedo casi desnuda con su tanguita color azul… Susan hizo lo mismo con el vestido de Vivi quedando con su tanga negra. Yo estaba muy arrecho y quería cogerlas.

    Vivi: mmmm que rico besas Susan y me gusta como me tocas la cola

    Susan: Lo mismo digo pero tu novio nos tiene que coger

    Vivi: no porque me sentiría mal y el seria infiel

    Susan: no pasa nada amiga, solo será por hoy (mientras gemía)

    Yo: Amor tranquila, puedo coger con a las dos sin problema…

    Vivi: Solo yo estaré con Susan!! Vos solo limítate a mirar (con voz seria).

    Yo: ya amor lo que digas no se me enoje…

    Ese momento mientras se seguían besando, aproveche de sacarle la tanguita a Vivi, me pidió que me recueste en el sofá y se montó encima mío… de a poco fue acomodando mi verga en su conchita bastante mojada por sus líquidos y de a poco empezó a cabalgarme muy fácilmente porque su conchita estaba muuuy mojada… ella disfrutaba de estar arriba y se olvidó de Susan.

    Al poco tiempo Susan empezó a besarme mientras Vivi estaba encima recibiendo pija, eso molesto a Vivi y medio que paro su movimiento, para reclamar porque me besaba Susan.

    Por suerte Susan dejo de besarme y empezó a besar a Vivi mientras seguía cabalgándome. Tocaba sus tetas y empezó a besarle el cuello… eso puso a Vivi mas loca y cuando me di cuenta Susan puso son concha encima mío!

    Prácticamente se sentó en mi cara para que le chupe la concha mientras ella besaba a mi mujer… eso me volvió loco y lamia esa deliciosa concha mientras Vivi me montaba. Seguía lamiendo su concha y ella se movía como una puta. Vivi seguía montándome con mas ganas y sus gemidos eran callados por los besos de Susan hasta que… Vivi no aguanto mas y empezó a terminar gimiendo cada vez mas y mas fuerte (se nota porque se moja bastante y sus líquidos chorrean).

    Susa: oye amiga tu novio sabe lamer concha… que suerte tenés (mientras gemía sentada encima de boca)

    Estuvimos así un buen rato hasta que Vivi se dio cuenta de que yo estaba por terminar, paro el movimiento y se desmonto. Empezó a chuparme la pija mientras junto con Susan al mismo tiempo…hasta que ya a ratos no sabía cual me la estaba chupando y empecé a llegar al orgasmo…

    Yo: chicas estoy por terminaaar… ooh sigaaan asii

    Susan, vivi: dale termina, vamos a tragar toda la leche.

    Yo: estoy terminando… uuuff ahí va putas estoy terminando tomen ahí vaaa aaagg tomen lechee aaaggghh

    Empecé a eyacular por montones y las dos recibían el chorro de semen como podían con sus bocas… se regaron en toda la cara, boca y tragaban lo que podían porque me descargue demasiado. Mi verga seguía botando semen, ellas se turnaban para seguir chupando y succionarme hasta la última gota de semen.

    Después de eso se reían y fueron las dos al baño. Yo no podía creer lo que paso y me limpie lo poco de semen que faltaba con el camisón de Susan para que le quede de recuerdo.

    Cuando volvieron las dos, sirvieron mas cerveza y bebimos un poco mas. Estábamos desnudos y seguíamos bailando… en un rato de esos Susan se me apego mucho y la empecé a besar. Vivi nos separó y nos empezamos a besar los tres turnándonos… mientras ellas se besaban sosteniendo sus cervezas me acomode en por atrás de Susan con la verga dura y se la puse entre sus labios mayores, sin penetrar. Susan se excito mucho y con su mano acomodo mi verga directo en su rajita para que se la meta, no me opuse y cuando acorde ya la tenía adentro de ella.

    Vivi se dio cuenta y nos separó diciendo que no se valía… entonces agarre a Vivi y la puse en el sofá en posición de misionero para empezar a penetrarla, se la metí de una! seguía bombeando a Vivi y Susan se abrió esperando que también se la meta, me separe de Vivi y empecé a coger a Susan, fue fácil mi entrada a su concha porque ya estaba lubricado con los jugos vaginales de Vivi. Empecé a bombear a Susan con todo y la muy puta gemía pidiéndome mas y mas!! Me agache y chupe sus hermosas tetas que se movían por cada embestida que le daba… muuuy bellas tetas y deliciosas!! Lamia esas tetas con todas mis ganas ahogándome….

    Mientras hacía todo eso, note a Vivi muy celosa y frustrada, así que le dije Susan que se ponga en cuatro para que bese la concha de Vivi mientras le daba en esa pose… hicieron caso las dos y así fue…

    Le daba a Susan en cuatro mientras ella lamia la concha de mi mujer, al mismo tiempo de mis embestidas…

    Estuvimos así un buen tiempo y pude escuchar a mi mujer orgasmear por la lamida de concha de Susan… esa fue mi inspiración para terminar adentro de Susan en esa pose. No pude más y le avise a Susan que iba acabar adentro… ella dijo:

    Susan: no hay problema hermoso terminame adentro… quiero tu semen por favor terminaaa yaaa

    Vivi: llenaaalaa amor!! Quiero que termines adentro de ellaaa terminaaa en su conchaaa dalee aagggh aahhhg

    Yo: oooh estoy terminandooo voy a llenaar de semeen tu conchaaa uuuggg ahí va uuuhg tomaaa tomaaaaaa aaahgggg…

    Termine adentro de la concha de Susan en cuatro. Era harto semen porque se chorreaba la concha de Susan.

    Nos separamos y Vivi fue al baño. Susan me dijo que se sentía mal por nuestra relación y no quería interponerse. Nos sentamos juntos, me pidió su ropa y para no manchar el sofá con semen se puso el camisón. Aproveche de tocar sus tetas y explicar que yo solo amo a Vivi y esto fue un experimento.

    Susan muy amable lo acepto, me dio un beso muy tierno mientras me acariciaba la verga y limpiaba con su boca los rastros de semen. Pude notar que por su muslo chorreaba mi corrida y al parecer eso le gustaba.

    Hasta eso salió Vivi y le dije que yo la amo y esto fue un experimento. Vivi entendió, empezó a chuparme la pija, comento del sabor a la concha de Susan y empezamos a coger en el sofá… estuvimos así hasta que yo empecé a montarla de misionero un buen rato hasta que:

    Yo: oooh mi amor estoy terminando adentrooo ahí vooyyy tomaaa

    Vivi: siiii terminame adentrooo aagghh daleee terminameee…

    Yo: ahí vaaa tomaaaa tomaaaa putaa

    Después de llenar de semen a mi mujer nos abrazamos y nos echamos a dormir en el sofá.

    Luego de eso me desperté porque sentí algo raro y era Susan…estaba chupándome la pija mientras dormía con mi novia!!!

    No pude negarme y me llevo de la mano a su cuarto muy sigilosamente. Allí empezamos a hacer el 69 y podía sentir el sabor de mi leche de hace unas horas. Estuvimos así hasta que se subió encima y empezamos a coger, de a poco empecé a terminar adentro de ella otra vez… oh ahí va estoy terminandooo aaagg

    Susan: sii daleee yo también estoy terminando uuufff daleee terminame daleee quiero tu lecheee

    Basto que termine adentro de ella otra vez para decidir que debíamos tomarnos las cosas con calma.

    Susan: espero que Vivi no se moleste

    Yo: … por supuesto que si! Jjajjaja

    Sin darme cuenta Vivi estaba en la puerta con los brazos cruzados mirando cómo me la cogí a Susan y dijo:

    Vivi: luego a mi me toca elegir que hacer y con quienes… así que las consecuencias serán lo que mereces!!!

    Yo: que? Nada que ver!!! Yo solo te amo a vos Vivi!!

    Vivi:… ya veremos qué pasa. Ahora solo quiero que te vayas y quedarme a solas con Susan.

    Yo: está bien amor… te amo… no te enojes. Me iré a casa…

    Esperen la segunda parte.

    Espero que hayan gustado de mi relato. Saludos!

  • Nuestra entrada al mundo open minded

    Nuestra entrada al mundo open minded

    Este es mi primer relato, y quiero confesar el cómo mi esposa y yo empezamos a hacer más abiertos en nuestra sexualidad.

    Antes de empezar el relato, me gustaría hacer una pequeña descripción de nosotros, somos una pareja joven y con una vida sexual muy activa desde que éramos novios, aprovechábamos cualquier momento a solas para coger. En cuanto a nuestro físico, ella se caracteriza por tener unos pechos hermosos y bastante grandes, los cuales le gusta lucir con blusas escotadas y atraer una que otra mirada en la calle. Siguiendo por mi, soy un hombre alto y de buen ver y con un miembro bastante notable.

    Todo comenzó una noche cuando mi esposa y yo estábamos mirando algunos vídeos pornográficos para entrar en calor antes de una buena noche de sexo, y miramos que dentro de los vídeos principales, había algunos vídeos de Threesome. Ella decidió poner un vídeo de un trío MHM, y mientras avanzaba el vídeo, ella empezó a masturbarme y besarme, mientras me confesaba lo mucho que se le antojaba que entre los dos nos cogiéramos a otra mujer.

    Debo admitir que su confesión me prendió bastante, al grado de que mi pene se puso bastante erecto, y ella enseguida lo noto, a lo cual, no desaprovecho el momento para realizarme una mamada deliciosa como nunca lo había hecho.

    Aquí me gustaría enfatizar en un punto muy importante, mi esposa es una diosa haciendo sexo oral, sabe usar cada parte de su boca para hacerme estallar de placer.

    Después de la mamada deliciosa que me dio, prosiguió a montarme y menear sus caderas hacia delante y hacia atrás y hacerme sentir su sumiso. Posteriormente, llevo mis manos a sus pezones y me pidió que los apretara con mis dedos fuertemente, mientras ella se movía cada vez mas rápido y a gemir, gritando lo mucho que deseaba que otra mujer estuviera mamándole las tetas en ese momento mientras estallaba de placer en un orgasmo, que hizo que se corriera sobre mi.

    Posteriormente, proseguí a acostarla sobre nuestra cama y puse sus piernas en mis hombros y de un golpe, metí mi verga hasta adentro, lo cual hizo que ella gimiera fuertemente. Ya estando en esa pose, empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás de una manera bastante ruda, como se que a ella le gusta y sin pensarlo mucho, gimió bastante fuerte mientras se corría de nuevo en mi verga.

    Después me pidió que me quitara y se puso en 4, y yo volví a penetrarla, y mientras estaba cogiéndola, ella no paraba de decir que se le antojaba mirarme follar a otra mujer, mientras ella estaba recibiendo una mamada de ella, lo cual a mi me encendió, e hizo que estallara dentro de ella mientras se venia conmigo una vez mas.

    Una vez que terminamos, charlamos de la idea de hacer realidad esa nueva fantasía, y empezamos a buscar mujeres para llevarlo a cabo.

    En el próximo relato, platicaremos el cómo lo planeamos y de que manera lo llevamos a cabo, y por supuesto, platicaremos cada detalle de ese momento.

    Hasta la próxima aventura…

  • Mi prima Valeria (VI)

    Mi prima Valeria (VI)

    El año ya estaba llegando a su final. Diciembre era un mes súper activo para nuestra familia, entre mi cumpleaños, el de mi prima, navidad y año nuevo, este era el mes cuando más nos solíamos reunir. Desperté y ya era 23 de diciembre, estábamos a 2 días de navidad, lo que también indicaba que dentro de un día íbamos a estar todos reunidos para cenar en la casa de mis viejos como solíamos hacer los últimos años. Ellos dos, mis tíos y mis primos, todos, incluida mi primita Vale. La primita que me había comido la boca la noche anterior. La misma que me dejo la cabeza dando vueltas y me hizo difícil conciliar el sueño.

    Solo nos habíamos besado, pero eso desencadenó un sinfín de emociones dentro de mí. Estuve buena parte de la noche, pensando en cuál iba a ser el próximo paso. Incluso malgasté mi tiempo pensando en lo pésima que fue la decisión de llevarla hasta su casa, sin decir nada en el camino. Deberíamos haber hablado antes, quizás así el beso hubiera pasado en otro lado y podríamos haber terminado la noche en otro lugar.

    Esa mañana me desperté totalmente desorientado, confundido y lleno de sudor. Había tenido un sueño que se sintió demasiado real. Aunque supongo que la mayoría de los sueños se sienten así. Sin embargo, hacía mucho tiempo que no tenía un sueño como ese. Tan fuerte, tan real, tan excitante.

    Una ducha fría de 20 minutos fue necesaria para sacarme del estado en el que me había dejado esa situación.

    En el sueño, yo estaba acostado, tirado en mi cama desnudo y tapado solo con una sábana, como muchas veces solía dormir. Pero no estaba solo. Alguien estaba en la cama conmigo, alguien me estaba despertando de una manera muy particular. Podía sentir su boca rodeando mi miembro. Podía sentir su mano sosteniendo mis huevos y su cuerpo de costado, sobre una de mis piernas. Podía sentir su pelo rozar la cara interna de mis muslos y mi cintura cada vez que subía y bajaba la cabeza. Lo estaba pasando espectacular. El único problema es que no sabía quién era la que estaba debajo de la sábana, quién era la que estaba dándome todo ese placer.

    Dude unos segundos entre si apartaba la sábana o no. Después de todo, si estaba en la cama conmigo yo tenía que saber quién era. ¿Cómo puede ser que no recuerde quién es? ¿Qué pasó anoche? Todas esas preguntas inundaban mi cabeza.

    Finalmente me decidí y corrí la sábana.

    No la podía ver. Solo veía la parte de arriba de su cabeza, su pelo, hasta que de repente, levantó la miraba. Esos ojos eran inconfundibles. El corazón me dio un salto.

    – Vale! – grité.

    Ese fue el momento cuando me desperté. Totalmente confundido y excitado. Pero esa imagen, mi primita mirándome a los ojos mientras subía la cabeza despegándose de mi cuerpo y sonriéndome. Estaba con ropa interior, lencería azul que le quedaba bien ajustada al cuerpo y levantaba sus pechos. Ahí estaba ella, tirada de costado en mi cama, con su mano en mi entre pierna. Esa imagen solo duró un segundo en mi sueño hasta el momento en que desperté, pero se me quedó grabada en la cabeza para siempre.

    Era lunes y tenía que ir a trabajar. Algo que no tuve muy en cuenta a la hora de desvelarme el día anterior, así que llegué a la oficina hecho un zombie. Todo el día me lo pasé de reunión en reunión, sin prestar demasiada atención a las cosas que me decían.

    Cada segundo libre miraba mi celular para ver si recibía algún mensaje de mi prima. Incluso entré como 20 veces a Instagram para estar atento a sus posteos.

    No había nada nuevo. Pero eso no me impidió volver a revisar por milésima vez, las fotos de su feed. Iba directo a las fotos en las que ella estaba en bikini. Era increíble lo precisa que había sido mi fantasía. Sus piernas, sus pechos, la forma de su cinturita y hasta su ombligo. Era perfecta.

    Desgraciadamente el trabajo no era el mejor lugar para ver las imágenes y recordar el sueño, así que después de mirar por un par de minutos cerraba las ventanas y volvía a intentar concentrarme en mis tareas. Eso se hizo casi imposible a lo largo del día.

    No fue hasta que llegué a casa que recibí un mensaje de Vale.

    – Hola primito!

    – Ey! Todo bien?

    – Si, vos? Como viene tu día?

    – Aburrido. Casi ni dormí. Estoy que me caigo.

    – Yo estoy igual. Hoy fui a la facu y me quedaba dormida.

    – Que bajon!

    La charla parecía lo más común del mundo entre dos amigos y nada más. Hasta que me llegó el siguiente mensaje.

    – Anoche nos interrumpieron en el mejor momento.

    Me tomó un poco por sorpresa. Pero mi prima en realidad era así. Directa. Quizás daba un par de vueltas al principio, pero después encaraba y decía lo que quería decir. Era algo que me encantaba de ella.

    – Si – Fue todo lo que se me ocurrió escribir.

    – Mañana igual nos vemos

    – Si. Mañana a la noche nos vemos.

    – Donde empezó todo.

    Me volvió a descolocar. No estaba seguro antes, no sabía si ese día en mi cumpleaños, había empezado todo para mí o para ella también. Había sido un día distinto y ese encuentro en el pasillo del primer piso ciertamente es el que me había volado la cabeza, pero hasta ahora seguía debatiendo si había sido todo mi imaginación o ese día en particular mi prima se me estaba insinuando abiertamente. Preferí hacerme el tonto.

    – Donde empezó todo?

    – Dale tarado. Te pensas que no me di cuenta ese día como me mirabas en la pileta.

    ¡Mierda! Y yo que pensaba que lo había podido disimular aunque sea un poco.

    – No me acuerdo – mentí de nuevo.

    – Enserio? Y yo que me había comprado ese bikini solo para vos 🙁

    ¡Hija de puta! Iba de madura y directa a nenita caprichosa en un abrir y cerrar de ojos. O de un mensaje a otro para ser más preciso. Pero me encantaba.

    – Claro. Te compraste un bikini para mostrárselo a tu primo?

    – No era el bikini lo que quería que vieras.

    – Y qué querías que viera? – no iba a ser yo el que diera el primer paso en este jueguito.

    – Contestame vos primero otra cosa.

    – Qué?

    – Te parece que tengo buena cola primito?

    Eso ya era crueldad pura. Era una pregunta con una sola respuesta sin importar si sos hombre, mujer, si te gustan los hombres o las mujeres. Nadie, pero nadie en el mundo podía ver la cola de mi prima y decir que no era una cola perfecta. Decir que no, era mentir, porque era sin lugar a duda, hermosa. Pero decir que si era darle lo que ella quería.

    – Supongo que si.

    – Supones? No sabes?

    – No creo haberle prestado tanta atención como para poder juzgar. – mentira. Creo que nadie conocía esa cola como yo. En las últimas semanas había visto todas las fotos de mi prima en bikini o con su calza de ejercicio incontables veces.

    – Seguro?

    – Si, por?

    – Que raro! Porque me parece que visitaste mis fotos de Instagram un montón de veces, la debes conocer de memoria.

    Pánico. Eso me recorrió el cuerpo en ese instante. ¿Cómo sabía eso? ¿Tenía una de esas aplicaciones donde te dicen cuando alguien ve tus fotos? ¿Era eso? Tenía que ser eso, no podía ser otra cosa.

    – ??? – Esa fue toda mi respuesta, necesitaba ganar tiempo y saber si se la estaba jugando o enserio me había descubierto.

    – Me llegan las notificaciones primito. Los últimos meses viste muchas veces mis fotos. Sobre todo las de la playa. Pero capaz es porque te gustan los trajes de baño, por eso me compre un bikini nuevo, para que mi primito que sabe tanto me pudiera decir si me quedaba bien o no.

    ¡Guau! Me tenía completamente atrapado. No tenía excusa válida. No había forma de zafar.

    – No me acuerdo haber entrado a tu perfil tanto. Viste que esas aplicaciones no funcionan tan bien, son medio chamuyo.

    – Si? Esta funciona bastante bien. La probamos un montón con mis amigas. Pero si, quizás funciona mal. Mi primo no es un pervertido que anda mirando las fotos de su primita. – Tenía que admitir algo. Valeria sabía perfectamente donde apretar cuando jugaba estos juegos.

    – Obvio que no – mentí. Sí, mentí, porque si lo analizaba, era eso, el primo pervertido viendo y fantaseando con las fotos de su primita mucho más chica.

    – Bueno. Lo dejamos ahí y te veo mañana primito.

    – Dale. Descansa y te veo mañana. Un beso

    – Otro.

    Había perdido esa partida. Mi prima sin lugar a dudas, había ganado. Había controlado toda la situación y me había dejado descolocado, pero no podía reconocérselo. Al menos no de forma directa, no ahora.

    Se me ocurrió otra forma de demostrarle que había ganado. Que había logrado lo que quería.

    Entré a su perfil de Instagram y busqué una de las fotos del verano pasado. Había una en particular que me encantaba. Ella estaba en una pileta, sobre un inflable de esos que parecen una cama, para usar sobre el agua. Era una foto de primer plano, estaba boca abajo, con su codo apoyado sobre el inflable y su mano en su cara, con el dedo meñique ligeramente apoyado sobre el borde su labio inferior, apenas abriendo la boca. Con los ojos fijos en la cámara y de fondo, un poco más desenfocada pero perfectamente visible, su cola, solo cubierta por un bikini que parecía más bien un hilo rosa que solo adornaba esa circunferencia perfecta. Me encantaba esa foto. Me perdía en esa foto cada vez que la veía. En sus ojos, en la sombra de su pecho que se adivinaba entre su cara y el inflable.

    No solía dar me gusta a las fotos de mi prima cuando eran como esa. No quería ser el “pervertido” que le da like a las fotos en bikini de su primita. Esta no había sido la excepción, por más que me encantaba.

    Esa era la forma de decirle a mi primita que había ganado.

    Lo pensé dos segundos y lo hice, le di “me gusta” a esa foto que tenía ya casi un año. Una foto que para encontrarla tenías que estar viendo las fotos viejas de ella. Tenías que estar si o si revisando su perfil un poco. El mensaje iba a ser muy claro y no había vuelta atrás. Ya vería al día siguiente cual era la reacción. Listo.

    ———————-

    Finalmente llegó el 24 de diciembre. La primera mitad del día fue un descanso para mi cabeza, me olvidé por un rato del constante interrogante de cómo iban a ser las cosas con mi prima cuando nos volviéramos a ver. Estuve de un lado a otro comprando cosas para la noche. El pan, regalos de último momento para mis viejos y la carne que había encargado.

    Este año me tocaba a mí hacer el asado. Siempre había sido algo de lo que se encargaba mi viejo, pero esta vez le había dicho que me iba a encargar yo. La verdad había dos razones. La primera era para sacarle un peso de encima. El pobre tanto en navidad como en año nuevo se lo pasaba laburando toda la noche y no podía disfrutar con la familia. Siempre en la parrilla haciendo el asado perfecto para todos. Y la segunda razón, un poco más egoísta, era que me molestaba un poco como servía la comida. Siempre lo mismo, desde que era chico, porciones chiquitas y bien cocidas. No era feo, para nada, pero a mi me gustaba la carne un poco más jugosa y no solamente tirada a la parrilla. Me gustaba marinar la carne, armar alguna salsa o mezcla que le diera un saborcito extra.

    Para poder lograr todo esto tenía que dedicarle tiempo, así que después de una mañana de hacer compras y correr de un lado a otro, llegué tipo tres de la tarde a la casa de mis viejos. Despacio y a mi ritmo, fui preparando todo lo que necesitaba. El resto de la familia no llegaba hasta las 8 o 9 de la noche, y con el calor que hacía, decidí dejar mi mochila en el cuarto de arriba, el que usaba cuando me quedaba a dormir ahí. Bajé solo con mis ojotas, un pantalón corto y una musculosa. Había traído una muda de ropa y una maya para cambiarme después de preparar el asado. Quería poder estar en condiciones a la hora de brindar. Con este clima además, era seguro que después de brindar íbamos a terminar en la pileta.

    Me dediqué a lo mío mientras charlaba un poco con mi viejo. Se lo veía relajado. Por primera vez en mucho tiempo no tenía nada a cargo. Yo me ocupaba de la carne y mi mamá de las ensaladas y el vitel toné. Le costaba desligarse pero le puse una copa de vino en la mano y dejé que el alcohol haga lo suyo.

    Charla va, charla viene, la carne ya estaba en la parrilla, eran las ocho de la noche y el timbre sonó por primera vez.

    Hasta ese momento todo mi ser estaba seguro de que era una navidad como cualquier otra, tranquila en familia, sin nada particular. Pero el sonido de ese timbre, me hizo salir del universo paralelo en el que había estado durante todo el día. Ese ruido significaba que del otro lado podía esta mi primita, la misma con la que había estado intercambiando mensajes la noche anterior. La misma que dos noches antes, había besado en mi auto, al dejarla en la puerta de su casa. La casa de sus padres. Padres que quizás vieron que fui yo el que la dejó esa noche. El que estuvo en el auto con ella por un tiempo largo, antes de que entrara a su casa.

    Como me odiaba a mi mismo algunas veces. Era de pensar rápido e imaginarme escenarios todo el tiempo en mi cabeza. En muchas situaciones era algo positivo, pero desgraciadamente también lo hacía en momentos como este. El timbre acababa de sonar y todavía nadie había ido hasta la puerta, pero en esos segundos yo ya me había vuelto a imaginar a mi familia en gritos al enterarse de lo que había hecho con Valeria. Las mil y una formas de cómo mi tío me iba a ahorcar o ahogar en la pileta.

    Mi papá era el que no estaba haciendo nada. Ya estaba cambiado y listo para recibir a las visitas, así que fue el que se encargó de ir a la puerta y recibir a los invitados.

    Mi corazón latía fuerte mientras trataba de hacerme el que no miraba por la ventana para ver quién había llegado.

    Las voces que escuche me calmaron. Eran mis primos, Pablo y David que habían venido juntos.

    Estaba un poco aliviado de que fueran ellos. Eso iba a hacer la situación más fácil para cuando llegara el resto, porque ya no iba a estar solo en la parrilla a merced de mi prima y lo que sea que se le ocurriera hacer o decirme, con tal de ponerme nervioso y divertirse a expensas mías.

    Unos 15 minutos después, el timbre volvió a sonar. Esta vez mi vieja fue la que se ocupó de ir a abrir la puerta y también me facilitó la tarea de investigar quién había llegado.

    – ¡Llegaron todos juntos! – gritó desde la entrada de la casa y escucharon hasta los vecinos. Claramente mi viejo no era el único que ya había empezado con el vino.

    Si bien me reí junto a mis primos por lo ruidosa que había sido, me alegré por que podía dedicarme a no mirar por la ventana, concentrarme en la conversación con mis primos y actuar de lo más natural cuando viera a Vale salir al patio para saludarnos. Que equivocado estaba.

    Los primeros en salir fueron mis tíos, tanto los padres de mis primos como los padres de Vale y Sofi. Nos saludamos con un abrazo y un beso, pispiaron la carne y volvieron a entrar en la casa. Después salió Sofía. Saludando al aire, tirando un beso para todos y como siempre con su celular en la mano. Se ve que saludar con un beso a tres personas era mucho trabajo para ella.

    Enseguida se sentó al lado de David y siguió escribiendo como si nosotros no estuviésemos ahí. Estaba en su propio planeta.

    Yo de lo seguro y tranquilo que estaba, empecé a ponerme nervioso. Ya había saludado y visto a todos, pero la que no aparecía era Valeria. Era raro que no haya venido a saludar. Le quería preguntar a Sofía pero no quería ser el que preguntara. Seguro alguien más lo iba a hacer.

    – ¿Y Vale? – dijo finalmente Pablo a mis espaldas mientras yo me ocupaba de revisar el calor de la parrilla. Y sonreía por dentro.

    – ¡Acá estoy! – escuché atrás mío y sentí un escalofrió por todo el cuerpo.

    – No te des vuelta, hacete el desinteresado – pensé.

    Escuchaba atrás mío como mis primos saludaban a Vale y le preguntaban como estaba. Sabía que se estaba acercando a mí, pero yo seguía jugándola de tranquilo.

    – ¡Hola primito! – escuche justo a mis espaldas.

    Cuando me di vuelta casi me infarto.

    Vale estaba a un metro mío, con la pollerita de jean súper corta que tanto le gustaba usar y una camisa blanca manga corta arriba, ajustada pero desabotonada en la parte superior. Lo suficiente como para que se pudiera ver muy fácilmente el bikini que llevaba abajo.

    Un bikini rosa. Pero no cualquier bikini rosa. Era el mismo bikini rosa de la foto que yo había likeado la noche anterior. Era inconfundible. Lo conocía de memoria y lo reconocí a simple vista. Me quedé congelado.

    Vale, con todo el resto de mis primos a sus espaldas, no hizo más que sonreírme triunfante. Había conseguido lo que quería, otra vez había ganado la partida. Todo mi esfuerzo, toda mi calma y serenidad para “jugarla de tranquilo” habían sido para nada.

    – Pendeja de mierda – pensé mientras volvía a poder utilizar mi cerebro.

    – Hola ¿no? – me dijo empujándome a que dijera algo.

    – ¡Hola! – dije torpe y efusivamente – perdón, me quedé colgado pensando en algo de la carne – si, eso fue lo que dije, así de lento estaba funcionando mi cabeza que ni una respuesta coherente pude pronunciar.

    Vale contuvo una carcajada y decidió apretar un poco más.

    – ¿La carne? ¡Guau! Tiene una pinta eso. ¿Decís que falta mucho para que esté al punto? – siempre sonriendo y mirándome a los ojos. La hija de puta no había siquiera mirado la parrilla.

    – Recién lo estoy por dar vuelta. Le falta un rato todavía – dije tranquilizándome y sinceramente llevando la conversación hacia la comida para la cena.

    – No hay problema, para todo lo bueno siempre hay que esperar un poco.

    Ese fue su punto final. Me regaló una sonrisa mordiéndose el labio inferior, se dio media vuelta y se sentó con mis primos a charlar. Yo no podía dejar de pensar en lo que había debajo de esa pollerita. Si trajo ese bikini, significaba que la parte baja era ese hilo rosa que había visto en la foto la noche anterior.

    El resto de la noche, hasta la cena inclusive, fue como si Vale y yo nos hubiésemos dado una tregua. Nada de dobles sentidos, nada de miradas demasiado especiales. Creo que los dos asumimos lo mismo. Lo mejor era actuar como siempre y disfrutar ese momento en familia. Eso me hizo apreciar mucho más a mi prima. Me hizo confirmar lo que pensaba de ella, que era una chica madura para su edad. Que sabía cuándo presionar y cuando no. Que no solo se dejaba llevar por sus impulsos sin importar el resto. Ella sabía que lo que teníamos era algo especial, pero también sabía que éramos primos y que nuestra familia estaba de por medio. Una familia integrada, compañera y feliz. Ninguno de los dos quería romper eso, simplemente para poder saciar los deseos que se habían despertado en nosotros.

    Después de cenar y antes de que empezaran a traer las cosas dulces a la mesa junto con los espumantes, decidí irme a dar una ducha rápida. Cambiarme la ropa con la que había estado haciendo el asado y volver a bajar para brindar a las 12.

    Subí a la habitación donde había dejado la mochila y agarré una toalla del mueble que había en el cuarto. Mi vieja siempre procuraba que yo tuviera un juego de sábanas y toallas listo en caso de necesitarlo. Por más que no vivía ahí con ellos, siempre me hacía sentir que esa casa era tanto mía como de ellos.

    Fui al baño, me di una ducha rápida y al terminar me puse la toalla alrededor de la cintura. Agarré la ropa que me había sacado y abrí la puerta del pasillo.

    Ahí estaba de nuevo, al igual que hace tan solo unas semanas en mi cumpleaños. Mi primita en el pasillo, contra la pared y mirándome con una sonrisa. Era casi un dejavú.

    – Te traje un regalo de navidad – me dijo sin dejar de sonreír, llevando la mano a su cara y apoyando su dedo anular sobre el borde de sus labios. Todo esto mientras me miraba de arriba abajo.

    – ¿Si? – le dije desde el marco de la puerta pero empezando a caminar por el pasillo.

    – Si. Y sé que te va a gustar.

    – ¿Qué es? – le pregunté al ponerme justo delante de ella.

    – Tenes que esperar hasta las doce – me dijo inclinando un poco la cabeza hacia el costado. No me había dado cuenta pero inconsciente mente había acercado mi cara a la suya un poco. Me había inclinado sobre ella.

    – ¿No me podés dar una pista?

    – Me parece que la pista ya te la di – me respondió mientras con la mano izquierda agarraba el cuello de su camina y lo tiraba hacia el costado, para que se viera aún más el corpiño del bikini que llevaba puesto ¡Qué bien que le quedaba y como resaltaba sus pechos!

    No pude aguantar, ni siquiera me di cuenta cuando fue que me acerqué tanto a ella. Pero mis labios ya estaban sobre los suyos.

    Correspondió el beso, nuestras lenguas se encontraron nuevamente como hace un par de noches, pero esta vez no era una sensación nueva. Era una sensación familiar así que fue otro tipo de electricidad la que sentí. La que sentimos.

    Mi mano izquierda se posó suavemente sobre el costado de su cara, sosteniéndola y demostrando que no quería dejarla ir. Mi mano derecha se posó sobre su cintura, trayendo su cuerpo hacia mí. Nuestros pechos se encontraron. Tan abierta tenía la camisa que podía sentir el roce de su bikini contra mi piel. Su mano se posó al costado de mi cuerpo, justo encima de la toalla. Recién ahí fue cuando caí en cuenta del contexto. Estaba casi desnudo en el pasillo de la casa de mis padres. Gentilmente terminé el beso y la miré a los ojos.

    – Están todos abajo – le dije apoyando mi brazo contra la pared detrás de ella y bajando un poco la cabeza en clara muestra de frustración.

    – Si, tenés razón – me dijo mordiéndose el labio y suspirando fuerte.

    – Me tengo que vestir.

    – ¿Seguro? – me dijo sorprendiéndome y haciendo que la vuelva a mirar a la cara.

    Estaba sonriéndome y mirándome a los ojos, desafiándome. Era ahora o nunca.

    – ¿Querés…?

    – ¡CHICOS! – se escuchó por la escalera – ¡Ya son casi las doce!

    Era mi vieja, como siempre tan oportuna.

    – ¡AHÍ BAJO! ¡Primo! ¡¿Ya estas vos?! – gritó Vale enseguida para responderle a su tía y dejar claro que ella no estaba conmigo.

    Le sonreí por la ocurrencia y me enderecé. Me dispuse a encarar rumbo al cuarto para poder cambiarme, pero Vale me agarró el brazo y me frenó. Me tiró hacia ella y me besó fuerte, como había hecho al despedirnos hace un par de noches. De nuevo, solo me sonrió y empezó a caminar por el pasillo.

    Yo caminé hacia el cuarto y abrí la puerta, me di vuelta para ver a mi primita mientras entraba en la habitación. Ella estaba al final del pasillo, iba a bajar las escaleras cuando también se dio vuelta para verme.

    No lo pensé, solo lo hice. Agarré el nudo de la toalla y lo solté. Empecé a sacarme la toalla, teniendo cuidado de no mostrarme entero frente a ella, que solo viera claramente que me había sacado la toalla y que sostenía la misma en la mano, justo delante mío, mientras agarraba la puerta con la otra y la comenzaba a cerrar.

    Su cara era para una foto. Los ojos bien abiertos y el labio inferior de su boca se separó del superior, haciendo juego con sus ojos. Sorpresa total. Eso era lo que mostraba su cara.

    Terminé de cerrar la puerta, dejando a mi primita al borde de las escaleras, congelada. Me quedé apoyado contra la puerta unos segundos. No sabía si ella se iba a ir o de golpe iba a abrir la puerta del cuarto. La verdad no tenía un plan, fue un acto de instinto puro. No escuchaba nada del otro lado. El silencio me ponía más nervioso. Hasta que por fin escuche los pasos bajar la escalera. Se había quedado al menos 5 segundos ahí, sin saber que hacer o decir, la había dejado totalmente congelada.

    Mientras me cambiaba vi la pantalla del celular iluminarse sobre la cama. Lo agarré antes de salir del cuarto y vi que tenía un mensaje. Un mensaje de Valeria. Era claro y directo. “Sos un hijo de puta”. Sonreí al leerlo y supe lo que significaba. Esa mano la había ganado yo y mi primita me lo estaba haciendo saber.

    Ya eran casi las doce. El día estaba terminando. Pero por suerte para mí, esto recién empezaba y esa no iba a ser la última mano que jugaríamos esa noche.

  • Esposa religiosa

    Esposa religiosa

    Mi nombre es Juan, estoy casado felizmente hace 5 años con Bárbara, a quien todo el mundo de modo cariñoso suele decirle Barbi. Vivimos en un nuevo y lujoso edificio del centro de la ciudad. Ambos somos muy creyentes y devotos. Llegamos a contraer matrimonio sin tener relaciones sexuales luego de dos años de noviazgo. Ella fue mi primer mujer y yo su primer hombre, ya que consideramos que las relaciones sexuales prematrimoniales no son lo adecuado. Casándonos en la iglesia de nuestra ciudad a la cual concurrimos todas las semanas desde niños. A la edad de 22 y 19 años fue cuando realizamos nuestra boda.

    Los sábados por las mañanas somos de aquellos que salen a tocar timbre molestando con mucha tenacidad a toda la vecindad. Con el fin de dar a conocer nuestras creencias. Acción que realizamos en compañía de varias personas de nuestra misma denominación. Ambos somos muy recatados en todos los órdenes de nuestra vida. Siendo la vestimenta un claro ejemplo de esto. Por lo general nuestros atuendos son poco llamativos y ostentosos, sin salir de la normalidad. Pantalones de vestir, camisas, algunas corbatas y zapatos son lo habitual de mi guardarropa. Mientras que el de mi esposa es de polleras hasta debajo de las rodillas, poleras, jeans, camisas y zapatos de tacón no muy altos. Primando el recato sin dejar que algo marque por demás, ni se insinúe sobre su cuerpo.

    Teniendo esta una figura muy sexy con pechos medianos y redondos cómo si fueran 2 limones. Una cola chiquita pero floreciente de su cadera, la cual solo guarda para nuestra intimidad, sin andar exhibiéndola como una descarada inmoral. No vamos a lugares, nocturnos tampoco tomamos alcohol, ni hacemos vida de trasnoche, ya que creemos que esa vida lujuriosa y licenciosa no es para personas de bien. Los domingos a primera hora vamos a misa lugar al que no faltamos bajo ninguna condición. Sin contar que una vez por semana tenemos una cita en el confesionario para ser perdonados por nuestro líder. Claro está que también damos el diezmo de todo aquello que ganamos sin excepción. También tenemos otro tipo de actividad eclesiástica, como por ejemplo: Barbi canta en el coro y yo ayudo en el mantenimiento del templo.

    Mi esposa es empleada administrativa en una empresa de telecomunicaciones. Yo atiendo una mueblería en el centro de la ciudad la cual fundó mi padre. Siendo estos los modos en que ambos nos ganamos la vida.

    El edificio donde vivimos es un lugar hermoso y amplio. Situado en un lugar estratégico el cual nos queda cómodo a ambos para ir a nuestros empleos. Mi esposa es una gran ama de casa ocupándose de casi toda las tareas hogareñas con mucho empeño y esmero, sin hacerme faltar nunca nada.

    Pero hace unos meses hemos tenido la mala suerte de lidiar con un vecino de características viles e inmorales que se mudó junto a nuestro departamento, el cual es de lo peor. Ruidos molestos, una vida de vicios, problemas con todo el mundo, disturbios, groserías y problemas con la ley.

    Tiene fama de ser un ex convicto, se hace llamar Alex, morocho de 1,90 cm, cuarenta años, cuerpo de mucho gimnasio, abdominales marcados brazos hinchados, tatuajes por doquier, ropa de moda, piercings, auto de nivel ejecutivo que en mi vida podría comprar, de aspecto gañanezco y extremadamente soberbio. Lejos de tener respeto por su casa, la familia y los buenos valores que rigen en la vida cotidiana.

    Lujos y ostentaciones que una persona no puede darse sin trabajar.

    La mecánica de las noches del fin de semana de este, eran siempre las mismas, imposibilitándonos dormir debido a los ruidos que provocaba. Trayendo alguna de esas tantas zorras que lo frecuentaban. Mujeres con tacones altos y vestidos cortos que regalaban su cuerpo a este criminal recién salido de la correccional. Mujerzuelas de gran busto, poca vergüenza y extrema cadera que por migajas copulaban con este. Quienes se regalaban cómo perfume barato por el exterior ostentoso de su ser. El modo era siempre el mismo ponían música fuerte, tomaban unos tragos y luego tenían sexo desenfrenado por horas.

    Durante casi 2 horas este ex convicto estaba arriba de estas rameras de cóctel de poca monta. Desde veinteañeras jóvenes que abrían las piernas hasta madres maduras que se entregaban en su cama. Las había conocido en algún bailadero, para sacudirse dentro de ellas con total impunidad. Haciendo rebotar la cama contra la pared durante todo el vertiginoso acto sexual. Está misma pared da a mi habitación donde compartimos el lecho matrimonial con Barbi e intentamos dormir. Ruidos insoportables de golpes del respaldo de la cama contra la pared sumado al chillido insoportable y molesto del colchón, más los gritos que este les hace emitir a estas mujeres, multiplicado por las groserías imposibles de reproducir para no ser tildado de sátiro sexual en este texto, nos da el resultado de que es imposible dormir.

    Una madrugada de un sábado fue completamente distinto. Barbi se encontraba profundamente dormida. Extrañamente no había ruidos provenientes de la casa del vecino hasta que de repente empezaron a oírse unos gemidos de una mujer que iban en aumento a lo que se adjuntó el agudo tronar del colchón mientras se oía claramente una voz

    -Qué lindo que fue inaugurarte el culito Bárbara, a las santitas y putitas como vos, les dejo el ojete bien abierto. ¿Te gusto ser mi putita? ¡Cómo lo corneaste a tu marido!

    ¡Toma puta! ¡Toma putita!, ¡bien que te tronaba el orto!, parecía decirme Alex pared mediante.

    Mientras la frecuencia del ruido emitida por el colchón iba en aumento y esta mujer gritaba como desesperada por la tanda sexual que este le estaba regalando. Los sonidos de la cama contra mi pared eran casi terribles.

    Lo último que llegue a oír es:

    – Santurrona te regalaste como una callejera y te desvirgue por el orto. Mañana le mando los vídeos al cornudo de tu marido así se da cuenta la terrible puta que tiene como mujer.

    Y luego más de los sonidos que retumbaban en mi habitación por la sesión de sexo duro que este le estaba imprimiendo a esta pobre mujer. Inmediatamente mi esposa se despierta sobresaltada de su sueño nocturno.

    – ¿Qué pasa? ¿Otra vez ruidos?

    – Si mi amor, dormí no pasa nada, es lo de siempre. Es este miserable del vecino. Respondí

    A lo cual Barbi procedió a darse la vuelta y seguir con su plácido sueño nocturno. Yo estaba muy cansado debido a la jornada laboral, pero todos esos dichos de este ser despreciable emitidos con total descaro y sin respeto sobre una persona llamada igual que mi mujer me generaban una gran perturbación. Era raro, pero era solo una coincidencia nefasta a la cual no le di mucha más importancia quedándome dormido por completo, ya que el día había comenzado a primera hora.

    La mañana siguiente transcurrió con normalidad hasta que rondando el medio día recibí un mensaje de Whatsapp de un teléfono anónimo.

    -¡Hola bro, muy rica la zorrita de tu esposa, la hice mi perra por esas nalgas grandes que tiene!

    Decía el mensaje a lo cual respondo:

    -Ni yo ni mi señora nos dirigimos en esos términos carentes de respeto ¡te pido que no me molestes! ¡Sino vamos a tener un pleito!

    -¡Soy tu vecino, Alex cabrón!, tu hembra fue mi amante gratuita. Una putita más, en mi lista que brincó sobre mi enorme verga.

    Inmediatamente llega un vídeo de 1 minuto dónde podía verse a mi esposa en el ascensor. Alex la filmaba por detrás. Acercándose con planos casi al ras de la cola de Barbi y enfocando directamente su falda color negra que suele usar frecuentemente. Tan alevoso y descarado era el zoom o acercamiento que este hacía que podía verse en detalle tanto la cremallera de la falda como el relieve que genera la ropa interior debajo de esta prenda.

    -¡Basta Alex! ¡Te voy a hacer una denuncia por acoso! ¿Te piensas que mi esposa es como esas zorras con las que te acostás? Respondo en un mensaje rápidamente.

    A lo cual este me responde con otro video de otro minuto.

    La mano tatuada de este mal viviente con anillos se acercaba a la cola de mi amada esposa hasta posarse entre sus dos nalgas y de ahí zanjarla con la punta de los dedos con un movimiento hacia arriba. Haciendo que mi esposa quede petrificada ante él abalanzo de este descarado. Lejos de detenerse volvió a manosear con gusto la cola de mi mujer, pero esta vez de modo transversal.

    -¡Para Alex! Soy una mujer casada. Se le escuchó decir a Barbi.

    Levantando este el plano de la filmación y por el espejo enfocar la cara de mi esposa. La cual tenía una de sus manos en su boca mientras contenía el aire y abría sus ojos en forma descomunal en una mezcla de asombro con impotencia al sentir como esta mano intrusa palpaba sus nalgas.

    – ¡Para Alex, por favor! ¡Por favor detenté, respétame! -le decía en forma de ruego.

    Este bandido no dejaba de tocarle las nalgas de manera soez con todos los dedos de su mano una y otra vez a bárbara ante la actitud de desconcierto de mi esposa por lo que estaba ocurriendo.

    El muy desgraciado llegaba a tocar con sus dedos la zona de la hendidura interglutea, metiéndole la mano sin descaro por debajo de la falda a mi señora.

    Tomaba como si fuera un pasamanos cada una de las dos nalgas de bárbara lo cual hacia aumentar la frecuencia de su respiración. La actitud pasiva de bárbara sin mirar hacia atrás y dejando que esté la toque de la forma más vil y barata regalándose me dejaba atónito.

    Este ratero me mostraba como humillaba más y más a mi esposa con cada apretada de nalgas que producía con sus sucias manos.

    Ya habían llegado al 5.º piso y tenían que descender. Barbi estaba como una estatua mientras Alex seguía metiendo mano bajo su falda. Aprovechando la habilidad de sus dedos introdujo un poco más su mano hasta llegar a tocar la zona íntima de mi esposa.

    – ¿Ya estás mojadita, putita? Parece que si… Preguntó y se respondió.

    Maldito desgraciado se había cansado de tocarle la cola a mi mujer. La cual creía que me era fiel, pero se estaba dejando hurgar por dedos que no eran los míos sino los de un pseudo criminal. No podía creer lo que ocurría, mi asombro era descomunal al ver esto.

    Mi esposa estaba perdiendo su dignidad, suicidando su santidad a causa de este miserable que me mostraba sin perder detalle como la deshonraba.

    Luego de unos minutos llegó otro video mucho más largo. Dónde filmaba a mi esposa la cual estaba contra la puerta del lado de afuera de nuestro hogar. Seguramente interceptada por este reo luego de hacer el pequeño trayecto que hay que realizar para llegar desde el ascensor dónde se encontraban en el vídeo anterior.

    La ropa interior de mi cónyuge estaba a la altura de sus tobillos y su falda arremangada por sobre su cintura. Su frente casi pegada contra la puerta y su cadera mucho más alejada de esta, como floreciendo. Con sus hermosas piernas semi abiertas y un tanto flexionadas. En una de sus manos tenía las llaves como si hubiese estado a punto de entrar. Manos que estaban apoyadas en cada uno de los pilares de la puerta de entrada.

    El maldito tenía a mi esposa lista para hacer la adúltera, regalada contra esa puerta para hacer lo que se le antoje con su cuerpo. Yo rogaba e imploraba que el vídeo termine, pero aún quedaban 4 largos minutos. Y que no ocurra el desenlace más previsible. Que esté mal parido no use el cuerpo de mi mujer, mancillando su honor y la santidad de nuestro matrimonio. Ruegos que no fueron escuchados, ya que el vídeo continuaba hacia un agónico desenlace. Posicionándose Alex por detrás de mi esposa, para mostrarnos el terrible sable que tenía.

    Dotado de un pene inmenso, largo y venoso que floreció desde su entre pierna para esconderse entre las nalgas de mi señora la cual al sentir tan terrible pedazo empezó a mover las caderas de un lado a otro como para que esté se pusiera bien duro con ese roce. De un lado a otro sacudía a mi señora rozándole está vara por toda su cola, dejándola lista para estaquearla. En un parpadeo y sin pedir permiso, ese enorme y duro glande se había introducido en la cola de Barbi, la cual gemía como loca como nunca antes la había escuchado.

    El sexo anal estaba prohibido estrictamente en nuestro credo, por tanto mi esposa nunca en su vida había recibido una penetración por este medio. Alex tomándola de la cadera con ambas manos, hundió todo su enorme trozo en el recto de mi mujer, desvirgando su ano y sodomizándola cómo la prostituta más barata.

    – ¡no, no por ahí no! ¡oh, no la cola no! ¡no, la cola es sagrada, no! ¡por favor no, Alex! Suplicaba mi mujer ante la gran decidía de Alex.

    El maldito bastardo me mostraba cómo quitaba la dignidad de mi mujer para que esta nunca más vuelva a ser igual. Su colón ya no era casto, debido a esta bestial penetración.

    Mi mujer golpeaba la puerta con la palma de su mano en reiteradas ocasiones, cómo pidiendo compasión. Mientras que de su cara ya se mostraban algunos gestos de dolor, cerrando sus ojos fuertemente mientras este le metía todo su grueso rabo por la cola. Haciendo de a poco fondo anal a fuerza de los empujones de su pelvis. Sin dejar de hacerla emitir quejidos de placer desenfrenados.

    – ¡me estás rompiendo toda la colita! -decía mi esposa entre quejidos y gemidos

    – ¡me arde, me arde, pará! ¡pará! ¡me quema! ¡por favor para! Suplicaba para que esté gañán detuviera su marcha. Verdaderamente rompía el culo de mi mujer, actuando con total deshonestidad sobre ella. Humillándome como su marido mientras podía ver cómo este maduro copulaba desvirgando analmente a mi veinteañera esposa sin ningún tipo de remordimiento.

    Este no se detuvo hasta que todo su largo pene se perdió dentro del esfínter de mi esposa a fuerza de empujones. Mi mujer era mujer de un preso que la fornicaba contra la puerta de nuestro hogar. Los últimos centímetros los hizo de un solo empujón lo cual provocó que a Barbi se le aflojaran las piernas. Como un boxeador que recibe un golpe de knockout. Alex sin importarle siguió con su accionar lujurioso tomándola de los senos los cuales cabían por completos entre sus grandes manos. Como si fueran sendas manijas la sacudía sin piedad y con mayor dureza para que mi señora deguste con la cola todo el rudo mástil que recorría de ida y vuelta por el interior de su recto haciéndola su hembra. Mi mujer rebotaba como una pelota de básquet en un partido de la NBA sobre este desgraciado.

    El pubis de Alex chocaba contra sus nalgas haciéndolas temblar como una gelatina. Haciendo añicos el ojete de mí esposa quien sabía tener una vida casta y pura para ser arruinada por este, que pene mediante la llenaba de placer.

    Con frases como:

    «te estoy peinando para adentro mi putita», «hoy le vas a decir a tu marido que tú macho te deshonró por el orto» o preguntas tales como:

    “¿te gusta como te relleno el caquero?” “¿te gusta cagar para adentro?”, esas y otras eran frases con las cuales sometía a un terrible desprecio a la santidad y castidad de mi esposa.

    Con las piernas completamente flojas este la estaqueaba contra la puerta despedazando el recto virgen de mi amada. Mientras con su pelvis empujaba, como un camión hacia adentro y hacia afuera, siendo un verdadero macho alfa. Se la estaba empinando con toda la lujuria posible. Su ano era ensanchado de manera descomunal por este que no dejaba de bombear en ella mientras mi señora rasguñaba la puerta como rogándole que se detenga. Su culo no aguantaba tan placentero castigo llevándolo a los límites de la fisura. Él parecía divertirse mientras le daba rosca por el trasero con cada sacudida. Esgrimiendo Un duro galope para que mi mujer coma carne magra por su culo.

    Apretaba sus pezones firmemente con una mano como si fueran los de una cualquiera. Hacía que mi religiosa esposa fuese una vil prostituta por el modo rudo y salvaje en que la cogía. La sacudía como mantel navideño luego de la cena. Cómo si esto fuera poco, Alex empezó a meter sus dedos dentro de su vagina sin contemplación. Le colaba los dedos sin dejar de propinarle sexo anal. Mientras sus falanges abrían la vulva entrando y saliendo sin freno de dentro de ella para luego retirarlos y empezar a darles chirlos secos sobre su mojado clítoris lo cual le hacía ver las estrellas de tanto placer. Hasta que llegó a un terrible orgasmo dejándome ver cómo retiraba sus dedos llenos de un jugo blancuzco provenientes de dentro de mí señora. Cada empujón desfondaba más y más el cerrado culo de mi esposa como maldiciendo mi matrimonio en cada minuto extra de sexo anal que parecía no tener fin. La fricción era tanta que lágrimas de doloroso placer brotaban de los ojos de Barbi enfocándola en primer plano.

    – ¡Dile algo a tu marido!

    ¡Que te vea cómo te sodomizo! ¡Que aprenda como hay que reventarte el orto! ¿Me vas a decir que no me movías el culo cuando pasabas por enfrente mío? ¡dale puta habla! Mientras la velocidad en que se sacudía era bestial.

    – ¡ay ay ay! Si si hijo de puta te movía el orto! ¡para que me lo uses! ¡úsame, úsame toda! ¡rómpeme bien el culo! ¡quería ser bien adultera, fornicando con vos! ¡rómpeme bien el culo! Confesaba casi a los gritos.

    – ¡Qué culo cerrado que tienes!, me vas a dejar la verga como una berenjena. Después de hoy no se te vuelve a cerrar. Decía Alex con una sonrisa sobradora.

    Mi esposa yacía con el ano completamente devastado por este evasor de la ley, la cual quedando sin fuerzas soltó su cuerpo invadida por la terrible presión de la vara de Alex para que este haga lo que quiera sobre su inanimado cuerpo. Rogando que este se detuviera un instante de esta colosal tanda de sexo anal, marcando a fuego el esfínter de mi mujer. Sentando un precedente de que era el primer hombre en desflorarla, mancillando nuestros votos matrimoniales y nuestro juramento de fidelidad. Tomándola del cabello con una mano y dándole terribles nalgadas con la otra que hacía retumbar en el ambiente. Este no dejaba de explorar y de deformar a la medida de su verga el colón de mi mujer sin importar siquiera, que esta comience a cagarse encima por el placer de su gorda verga que surcaba sus profundidades rectales.

    Mientras el pene de Alex iba tomando cada vez más un color marrón oscuro al ritmo que mi señora pedía que le diera más y más de esa rica tripa a la cual se estaba haciendo adicta. El pene de Alex limpiaba el intestino grueso de mi mujer la cual ya no iba a tener problemas de constipación. Barbi era la meretriz gratuita de Alex el cual ni siquiera pagaba el servicio anal que mi mujer le estaba brindando.

    – ¡que placer es que me cagues en la punta! Solía decirle.

    – ¡ahora va toda la leche adentro! Amenazaba.

    – ¡este culo no te va a servir más, tu marido te va a tener que ayudar a cagar! Mientras se mataba de risa. Llevando al máximo la severidad con que jalaba de su cabello y llenaba de chirlos las nalgas de mi esposa dejándolas completamente coloradas.

    No sé cuánto tiempo la cogió con esa dureza solo sé que el vídeo estaba pronto a finalizar lo cual me daba un respiro. Usada por todos los orificios por este corneador. En los últimos instantes retiró su miembro erecto de dentro de mi mujer para mostrarme cuan estirado y colorado le dejaba el orto en este adulterio. Para llenarla de placer anal que era el pago que recibía la mujerzuela con la que me casé por andar moviendo el culo como una zorra a este reo.

    Se podía ver claramente el tamaño de la circunferencia anal de mi esposa que era semejante al círculo que cada uno puede hacer con su mano si une su dedo pulgar e índice.

    Barbi intentaba recuperar el aliento y así empezar a cerrar su abierto culo sin éxito. Solo que no esperaba que este comenzara a acabar sobre su cola en varias oleadas de terribles ráfagas de semen que pintaban las nalgas de mi amada. Alex agitaba su miembro con ligeras notas marrones provenientes del trasero de mi mujer para así exprimirse en un tsunami seminal en el culo desvirgado de Barbi la cual disfrutaba de tener el acabado caliente de este fulano. Hasta la última gota escupió sobre su culo dejándolo todo chorreado por esta leche de color blanco con tintes marrones. Mientras toda esta crema se escurría por entre las nalgas de mi señora. Alex se alejó para poder contemplar la firma lechosa que había dejado sobre mi señora soltándola definitivamente y dejándola caer de rodillas sobre el piso. Barbi apoyó sus manos sobre la pared, como buscando aire. Desde allí miraba la verga de Alex que aún goteaba esperma la cual empezó a limpiar con su lengua tragando los últimos restos de semen que había en su miembro.

    – cuando quieras más, me tocas el timbre… -Le dijo despidiéndose.

  • La otra Marta, la historia continúa (V)

    La otra Marta, la historia continúa (V)

    Me desperté con un dolor de cabeza horrible y con la certeza de que no ha sido un sueño, que todo había sido real. Los recuerdos pasaban dentro de mi cabeza, ellas, Marta y Flora. Me incorporé de golpe al oír pasos por la habitación, Marta vestida al pie de la cama.

    -Buenos días, no quería despertarte.

    -No pasa nada ya era hora -dije mirándola mientras me desperezaba.

    -Tengo que irme.

    -Bien me visto y me voy yo también -Saltando de la cama, desnuda.

    -Tranquila, no te estoy echando, tomate tu tiempo.

    -¿Querrás que nos volvamos a ver? -.Me preguntó, supongo que sabiendo de antemano la respuesta.

    -Sí, me encantaría -contesté.

    Con pocas palabras, me comentó que estaría un cierto tiempo fuera, no sabía realmente cuando volvería, que me diera una buena ducha y me preparase un buen desayuno, más tarde una persona de su confianza pasaría a recogerme para llevarme a casa y que le dejase anotado mi mail y teléfono para poder contactar conmigo. Tiró de mí y me besó apasionadamente, casi sin respiración, jadeé cuando ella corto el beso de golpe y me dio una palmada en el trasero de despedida.

    Cuando entre en el baño, me paré a pensar de nuevo en todo lo que había sucedido, estaba fascinada y a la vez atrapada. Estaba segura de que si había un futuro encuentro sería más fuerte, más morboso, más excitante. ¿Esperaría ansiosa el mail o la llamada?

    Me estremecí cuando comprobé que aún tenía restos de cera sobre la piel de mis pechos y escozor en la piel de las nalgas, la temperatura del agua fue perfecta para relajar mis doloridos músculos. Seguro que el dolor me lo había provocado yo misma al luchar inútilmente por deshacerme de las ataduras. Tal vez ésa fuese una lección, para que otra vez no resistirme, simplemente dejar que pasase. Cerré los ojos y visualicé todo lo que había pasado mientras me enjabonaba. Di vueltas bajo el chorro de agua para que me llegase a todos los rincones de mi cuerpo. ¿Quién hubiese pensado que una sesión de sexo pudiese ser tan agotadora? No tenía respuesta pero dentro de mí alguna cosa había cambiado, algo se estaba despertando.

    Salí de la ducha, busque en el armario de Marta y me apeteció ponerme una camiseta larga y una de sus braguitas. Apunto de empezar con el desayuno, sonó el interfono, en la pantalla un hombre de color, venía a recogerme de parte de Marta y pulse abrir.

    Ante mis ojos, un hombre, alto, fornido, rapado de cabeza, de labios gruesos, de piel brillante, se identificó como Damm. Nada más entrar en la cocina y tenerlo enfrente, mi cuerpo reaccionó tensándose y poniéndose más caliente que la taza del desayuno que humeaba frente a mí. Como mujer amante del sexo, lo había hecho de todas formas tanto con hombres, como con mujeres alguna de ellas de color, pero nunca con un hombre de color y dentro de mis fantasías estaba con llegar a tenerlo, con uno alto, fornido, de labios gruesos y piel brillante.

    Mientras ingería el desayuno lo miraba de reojo, él semisentado en un taburete, me observaba. Yo pensando para mis adentros que no me importaría ser su objeto sexual para satisfacer sus instintos animales.

    -Parece que tienes hambre.

    -Si.

    -¿Siempre lo haces con tanta ansia? -.La manera como lo dijo, pasando a la vez sus manos por encima de su paquete, hizo que algo en mi interior se retorciese.

    -Sí, siempre que hay algo que me apetece de verdad -.Contesté nerviosa.

    -¿Hay algo que te apetezca más ahora que un simple desayuno?

    No tuve palabras para responder aquella pregunta. Sentí una sed arrolladora y fue el tiempo justo para desabrocharle el cinturón y flexionar las piernas, tirar de los jeans, seguir con sus boxers. Y movido como un resorte, golpeó en mi cara una polla enorme y gruesa, altiva como un mástil. Me arrodillé y sin asirla siquiera, mi lengua la recorrió entera, desde la base hasta la punta. Tiré de la piel, haciendo emerger un rojizo capullo, poco a poco fui sumando dedos, hasta que con la consistencia suficiente para agarrarla con toda la mano.

    Él se dejaba hacer, solo su magnífica polla, parecía tener vida mientras iba subiendo en tamaño, tras el pasar de mi lengua. Lo torturé, partía de sus huevos, recorría lentamente toda la longitud de su miembro y remataba con un chupetón a su capullo. Empecé con las manos a masturbarlo rítmicamente, con el glande preso entre mis labios. El calor de aquel pedazo de carne hizo que mis braguitas se mojasen en unos segundos. Resistía mis acelerones, las pausas, el filo de mis dientes mortificándole, le di un par de furiosos meneos, para que aquella estupenda polla se pusiese aún más dura.

    Sin dudar empecé a introducírmela en la boca, abriendo los labios al máximo. Dado su calibre, me resultó difícil, pero pronto ya notaba su roce en mi paladar. Su mano me agarró del pelo y me castigó hundiéndomela hasta la arcada. Su polla saqueaba mi garganta una y otra vez, cortándome el suministro de aire. Enérgico y dominante, no se detuvo. Sin embargo, con cada empuje, con cada jadeo que pasaba, con cada nuevo lagrimeo de mis ojos, sentía más excitación, placer y deleite. Me gustaba tomar su polla, me encantaba que él estuviera disfrutando de mi boca. Podía sentir mi clítoris latiendo, el calor entre mis piernas cada vez más voraz.

    Sus manos en mi nuca trataban de controlar el ritmo y la profundidad. En silencio, solo el sonido de su polla entrando y saliendo, respiraciones pesadas. De golpe hizo que parase y me aferré a sus piernas. Me apartó y empezó a masturbarse con prisas. Me senté sobre mis talones, cerré los ojos, abrí la boca y saqué la lengua, era consciente de lo que seguiría a continuación. Resopló y asistí al disparo del semen. El primer chorro siguió el surco de mi boca abierta, chorreando por mis labios mientras otras gotas sueltas mojaron la nariz, los párpados y mi frente. Volviendo hacia él, la introduje en mi boca, tragando desesperadamente todo lo que él me daba.

    Me ayudó a levantarme y acercándose, me desprendió de la camiseta y agarrándome un pecho se puso a alternar, pellizcándome el pezón con chupaditas, besos o mordiéndolo. Yo de pie y quieta. Sin dejar de mamarme los pechos una de sus manos tomó una de la mías y la llevo hasta su miembro. Una bocanada de calor corrió mi cuerpo al notarle el miembro de nuevo duro y erguido.

    -Buenas tetas tienes, perra. Ahora quítate las bragas -.Me ordenó con una voz fuerte.

    Sumisa, me las quité y quedé completamente desnuda bajo su ardiente mirada. Él se giró y dirigiéndose al frigorífico sacó un pote de helado. Y, mirándome a los ojos.

    -¿Dónde prefiere tomártelo?

    -Sobre tu cuerpo -.Dudé de mi respuesta pero se lo solté.

    -Sígueme -.Conocía el camino pues caminamos rápidos hacia el dormitorio

    Tumbado en la cama empezó el juego, tomé en mis dedos una parte del helado y lo puse en sus pezones, noté que el frío se los excitaba y me decidí a lamerlos antes no se derritiera, después hice lo mismo, en su ombligo y en su pubis rasurado. Cogí entre mis dedos más helado y lo puse sobre su miembro, que a pesar del frio siguió activo, lamí glotonamente. Hasta aquí llegué, porque se levantó de la cama, me hizo un gesto invitándome a ocupar su lugar y una vez tumbada repartió otra parte del helado en mi cuerpo, puso el resto que quedaba entre mis piernas, sentí frío en el momento en que introdujo sus dedos en mi vagina colocando bien adentro el helado, se fundió con celeridad y no tardó en aparecer entre los labios vaginales. Apenas empezó a salir noté su lengua dura pero suave que tomaba el exquisito postre mezclado con espesos jugos, la lengua no se conformaba con lamer lo exterior sino que se introducía en el interior lamiendo las paredes vaginales, siguiendo después la línea que une la piel sensible que rodea el ano.

    Sin reprimir los gritos, me corrí espectacularmente, temblaron las piernas, mis caderas y mi vientre se agitaron. Quedé desmadejada en la cama sin saber en qué posición estaba. Unos dedos me penetraban y hurgaban en mi interior, después esos mismos dedos tocaron mis labios dándome a saborear el mejor helado que había probado en mi vida.

    -¿Quieres más, verdad?

    -Si.

    No sé lo que puedo y no puedo hacer. No sé qué te gustará.

    -Simplemente hazlo. Haz lo que quieras -le dije, mirándole a los ojos.

    Me hizo colocarme tumbada bocarriba en la cama. Una vez tendida, con la ropa de las almohadas me ató las muñecas a los postes del dosel, tras eso, me amordazó la boca con mis bragas mojadas. Se colocó a horcajadas entre mis piernas, me las abrió y metió su polla en mi coño. A pesar de su tamaño no le costó trabajo, estaba chorreante. Sus palabras soeces e insultantes me volvían loca, me habría completamente de piernas y que hiciera en mi sexo lo que quisiese. Me folló con fuerza y caí presa de un orgasmo feroz y aún con mi sexo palpitando, la sacó de golpe.

    -Ahora viene lo mejor, te lo mereces.

    Un estremecimiento me recorrió cuando alzó mis piernas por encima de sus hombros y apuntó a la entrada de mi culo, con sus manos jugaba con mis pechos. Yo quería sentir su pene adentro mío, pero me daba miedo ya que era enorme y muy ancha. Sus dos manos me sujetaron de las caderas. Empezó a entrar primero con delicadeza como si quisiera acostumbrarlo poco a poco, cuando la mitad estaba adentro, tuve una mezcla de sensaciones que iban desde el terror al dolor hasta la curiosidad de tenerla dentro.

    Me daba la impresión que me estaba partiendo en dos, lo que me permitía la mordaza, intenté suplicarle y entre los gritos ahogados me la introducía lentamente. No era la primera vez que me lo follaban pero no con el tamaño y la dureza, él siguió penetrándome, hasta que sus testículos se pegaron a mis nalgas. Estaba todo dentro, no lo podía creer, se retiraba despacio, la sacaba entera, dejando sólo la punta caliente manteniendo abierto el esfínter, en mi interior se producía un vacío que cuando volvía a penetrar la succionaba para devolverla al lugar que la alojaba.

    Sus manos se afianzaban en torno a las caderas y empujaba de nuevo, el dolor era manejable y el placer aumentaba. Cuando la sacó, con lágrimas en los ojos, me libró de la mordaza y las muñecas, con los ojos cerrados, grité y mi cabeza cayó hacia atrás. Estaba empezando a volverme loca, cuando su mano me palmeó rítmicamente los labios abiertos de mi coño. Me agarró de los tobillos y me arrastró hasta él, puse cierta resistencia, con mis puños cerrados golpeé sus hombros pero consiguió abrirme las piernas para follarme por el coño otra vez. Empezó a moverse con una furia que me infundía terror pero a la vez placer y excitada por aquella situación mi sexo emanaba abundante flujo lubrificando sus acometidas. Me hizo llegar como tres veces hasta que bramando como un toro, acabo sobre mi vientre y mis pechos dejándolos totalmente mojados.

    La combinación de pasión, deseo, placer y dolor se habían combinado para llenar y vaciar mi mente, sucumbir a sus manos, su boca, absorbiendo la sensación de su polla empujando repetidamente dentro y fuera, inundándome por todas partes. Cerré los ojos y creí dormirme un poco, pues me despertó cuando me dijo que teníamos que marchar él ya estaba vestido.

    Salimos de la casa, las calles estaban cubiertas por una ligera lluvia. Durante el trayecto no cruzamos palabra. Hice que me dejase pasadas unas manzanas de mi apartamento, seguía la lluvia, me gustaba y me sigue gustando caminar bajo la lluvia.

    -¿Te pasa algo? -Me preguntó, aparentemente preocupado.

    -Nada en absoluto -.Negué moviendo la cabeza. No estaba molesta, ni siquiera confundida, deseaba estar sola para procesar todo lo que acababa de suceder aquel fin de semana.

    Entré en mi apartamento y me sorprendí al ver lo mojada que estaba. Me quité la ropa empapada y me apresuré a meterme en la ducha. Cerré los ojos y mientras me enjabonaba, se me hacía difícil imaginarme a mí misma entre tanta lujuria, pero los hechos ocurridos no me engañaba y pasaban frente a mis ojos cerrados como una película a cámara rápida. Dios, me estaba poniendo cachonda de nuevo, me sentía mojada y no precisamente por el agua. Consideré la posibilidad de satisfacer aquella urgencia yo misma, deslizarme una mano entre las piernas y acariciarme. Un simple roce y sólo necesitaría unos segundos para alcanzar el clímax. Pero me recreé con una mano pellizcándome un pezón y con la otra frotándome el clítoris entre los dedos. Me senté dentro de la bañera con el chorro de agua caliente, justo entre los muslos.

    Tengo que añadir que durante una semana no pude sentarme cómodamente.

  • Cuando me deseas me dejo llevar

    Cuando me deseas me dejo llevar

    Era tarde, regresaba de un día duro con intención de pasar la noche contigo. 

    Al llegar a tu casa la puerta estaba abierta, entré y no había nadie, me dirigí a tu habitación y allí pude verte. Estabas tumbada en la cama completamente desnuda. Me acerqué a ti y pude observarte detenidamente. Tus labios… Tu cuello… Tus hermosos pechos… duros como rocas… Tus torneadas y hermosas piernas… No resistí la tentación y tarde muy poco en desnudarme… me tumbé a tu lado y comencé a acariciar todo tu cuerpo.

    Pronto una de mis manos se dirigió a unos de tus pechos. Lo agarré con ganas y la verdad, no me cabía en mi mano, acerqué mi lengua en tu pezón y comencé a lamerlo como un lobo hambriento. Tú reaccionaste rápidamente, abriste tus hermosos ojos y al ver el estado en que me encontraba llevaste una de tus manos a mi entrepierna agarrando mi miembro, el cual ya estaba duro y dispuesto para la acción.

    Mi lengua saltaba de un pecho al otro sin cesar. Poco a poco fui deslizándome hasta tu sexo, tu detuviste mi acción, te incorporaste y te sentaste en mi cara ofreciéndome todas tus intimidades a la altura de mi lengua. Poco a poco fui metiendo mi lengua en tu preciado botoncito rosado, ese dulce clítoris que me fascina mordisquearlo, se podía apreciar claramente como estabas disfrutando al máximo en esos instantes, el olor de tu sexo inundaba todo el cuarto, provocando que mi verga se pusiese más dura todavía.

    Cuando la observaste en ese estado te lanzaste como una tigresa en busca de su más preciada presa, lamías y mordías con gran dedicación la humedecida punta roja de mi miembro, mientras yo seguía humectándome con el exquisito jugo de tu preciado sexo, tus gemidos cada vez se hicieron más intensos, mi lengua entraba y salía de ti hasta que comenzaste a temblar enérgicamente como si una descarga eléctrica hubiese recorrido por todo tu cuerpo, pronto un chorro de tu flujo inundó mi cara a la vez que cerrabas tus piernas con intención de no soltar mi lengua pues querías dejar de disfrutar la espectacular sensación que te estaba ofreciendo.

    Tus nalgas se pusieron muy duras y ya no aguanté más y cuando te percataste que estaba a punto de vaciarme sacaste mi miembro de tu boca y con unos de tus dedos presionaste la punta con intención de que mi descarga no saliese, pero la presión del semen saltó a presión como cuando revienta una tubería, la corrida fue tan impresionante que saltó a la altura de tu cara, lejos de importarte te lo comiste todo dejándomela reluciente y bien ensalivada, no sé cómo lo hiciste, pero no necesite limpiarme y con voz dulce me dijiste:

    «Bien, ahora deseo tenerte dentro de mi»

    Al instante te abriste tus piernas ofreciéndome el tesoro más preciado: tu rasurado bollito, agarraste mi endurecido pene y de un solo empujón te lo introdujiste sin pena ni gloria, ahí estábamos los dos, bombeando hasta la locura, aproveché el instante para mordisquear tus endurecidos senos y puse énfasis en tus maravillosos pezones rosas, y me pedías más y más que no parara, y yo estaba dispuesto a complacerte.

    De repente saque mi miembro y con mis dedos llenos de saliva empecé a jugar entre tus nalgas mientras te susurraba al oído:

    «¿Puedo correrme aquí?”

    Con una sonrisa lasciva contestaste que sí, te acomodé a cuatro patas y luego introduje la punta de mi verga entre tus nalgas y sentí como resbalaba, mi ardiente lingote en tu apretado agujerito, cuando te lo metí hasta el fondo ya no pude aguantar más y después de un adecena de bombeos empecé a soltarte la leche de una manera exagerada, corriéndote igual conmigo en un espectacular orgasmo, luego de unos minutos caímos agotados en la cama, y quedamos en los brazos de Morfeo rendidos del cansancio, para recuperar fuerzas y sobrellevar el siguiente día.

    Uno cortito, pero deseando que te guste un cachito.

  • Las habilidades ocultas de mi cuñada

    Las habilidades ocultas de mi cuñada

    Me llamo José (Pepe para los conocidos), esto que les quiero contar me paso hace unos años con la hermana de mi esposa, Roxana (Ro). Soy de Argentina y vivo en la capital.

    No voy a describirme porque creo que nos les va a interesar, simplemente soy un tipo normal de unos 40 (cuando esto ocurrió tenía alrededor de 35). En su lugar voy a describir a Ro, ella es una mujer menudita, de 1.6 metros de altura, flaca, cuerpo trabajado y tonificado en el gym, morocha, ojos oscuros, una boquita chiquita pero carnosa, cabello negro y largo, bastante ondulado.

    Desde que conocí a mi mujer y éramos novios que siempre he tenido una relación excelente con mi cuñada, sobre todo su inteligencia me llamo siempre la atención, además de sus virtudes físicas. También siempre sentí una atracción especial hacia Ro ya que es verdaderamente sexi y muy reservada, diría que hasta misteriosa.

    Ro nunca nos presentó a sus parejas, ella trata siempre de mantener todo en absoluta reserva, llegué a pensar que tal vez fuera gay y por eso su reserva, pero nada es lo que parece.

    Un día me envió un mensaje por whatsapp y así comenzó esta historia que les voy a relatar:

    Ro: Hola Pepe, cómo estás? Sabes que necesito de tu ayuda.

    Yo: dime Ro, sabes que no hay nada que pueda negarle a mi cuñada favorita!

    Ro: Hay cosas que si me negarías pero no viene al caso…, te molesto porque tengo problemas con mi conexión de internet y nadie mejor que vos para solucionarlo, cuando puedes venir? Este maldito router no quiere funcionar.

    Yo: dame unas horas y pasare por allí, por las dudas llevare otro router.

    Ro vive cerca de casa, a unas 10 cuadras y en ese tiempo hacia muy poco que se había mudado y estaba con problemas en su router que no la dejaba conectarse correctamente…

    A eso de las 6 de la tarde, habiendo terminado las cosas de mi trabajo (soy developer de apps), pase por un negocio que vendía routers y compre uno que pensaba que era de los mejores. Pague y fui directo a casa de Ro.

    Al llegar Ro estaba alterada con todo el lío de la mudanza y además no había podido trabajar ya que no tenía conexión a internet en su PC, ella trabaja de forma remota para algunos clientes de su estudio contable.

    Le comenté que el router que ella tenía suele dar problemas y que había aprovechado y le había comprado uno nuevo para que no tuviese más problemas. Ro me contestó que hiciera lo que fuera necesario pero que por favor le solucione el problema.

    Ro: con esta te voy a deber una grande… anda pensando en que me pedirás a cambio.

    Comencé a instalar el nuevo router y ella me trajo algo de tomar, estaba realmente caluroso en su departamento ya que aún no le habían colocado el A/C. Yo soy de transpirar bastante con lo cual le pedí permiso para sacarme la camisa a lo cual accedió.

    Ro: que pena me da que haga tanto calor, si no te molesta yo también voy a ponerme más cómoda, ya vengo…

    Ro se fue a cambiar a su cuarto mientras yo intentaba que el maldito router funcionara.

    Al regresar, la mire de reojo y tuve una oleada de sensaciones, se había puesto muy cómoda a decir verdad, vestía un par de calzas deportivas cortas, que dejaba ver sus hermosas piernas y un top también deportivo que apenas si le tapaba sus pechos (tenia pechos pequeños pero se los notaba muy firmes).

    Yo: vas a ir al gym con este calor?

    Ro: no Pepe, perdona que me haya vestido así pero no aguanto el calor que hace.

    Yo: no te hagas problema, ojala tuviese un par de calzas o un short para estar cómodo como vos.

    Ro: si quieras sácate el pantalón, no me molesta que te quedes en ropa interior.

    Yo: estás segura, no quiero incomodarte.

    Ro: segurísima, sácate eso que voy a preparar algo más fresco para tomar.

    La verdad me dio un poco de no sé qué… Pero termine sacándome zapatos y pantalón y quede solo con un calzoncillo tipo bóxer de algodón.

    El trabajo que estaba haciendo ya casi estaba terminado, estaba realizando las ultimas configuraciones cuando regresó Ro con una jarra de margarita (era su especialidad), me ofreció un vaso y ella tomo otro.

    Yo: sabes que con estas margaritas que haces me pongo como loco, sos la mejor preparando este elixir!

    Ro: si, lo sé, solo ten cuidado porque creo que le puse más alcohol del normal.

    Y si que estaban fuertes… Al ser una bebida dulce uno no se da cuenta, pero cuando intente pararme sentí un ligero mareo, apure lo que quedaba del vaso y pedí otro, ella también se sirvió el segundo.

    Yo: bueno, el router está listo pero debo reconectar tus dispositivos, con cual quieres que comience?

    Ro: puedes comenzar por mi habitación, allí está mi notebook y también el televisor inteligente, si tienes algún problema me avisas, por cierto, que bien te quedan esos bóxer que llevas…

    Yo: ok Ro, pero no digas pavadas que me haces reír…

    Pase a su habitación y configure primero el televisor, para probarlo ingrese al navegador que trae integrado y presione en el primer link que vi, era algo que tenía en sus favoritos… Y gran sorpresa al ver que se trataba de un sitio porno de sado… para mis adentros pensé: esta si que la pasa bien solita viendo porno y que gustitos que tiene…

    Luego continué con su portátil, no sabía la contraseña por lo que se la solicite.

    Ro: la clave es efe, e, eme, de, o, eme todo en minúsculas.

    Luego de haber visto el porno en su TV lo primero que hice al ingresar fue ir a sus favoritos, de nuevo… Esta muchacha solo veía porno… quien hubiera imaginado. En ese momento ingreso Ro a la habitación.

    Ro: veo que encontraste mis favoritos y también veo que ya tengo internet, no sé cómo poder pagarte semejante favor que me has hecho.

    Yo: Ro, perdón que haya husmeado… Solo me dio curiosidad

    Ro: no te hagas problemas, solo espero que guardes mi secreto.

    Yo: claro, si vieras el porno que veo yo pues… Quizás no te asombrarías tanto ahora que lo pienso… Jaja

    Traía en su mano otra tanda de margaritas.

    Ro apuro su trago y me dio el mío, luego se tiró a la cama y prendió nuevamente el TV, puso una película y me hizo señas con su mano para que me sentara junto a ella.

    Apure mi trago y me tendí a su lado.

    Yo: se me está ocurriendo la forma de cobrarte el favor…

    Ro: a ver dime..-

    Yo: puedo darte un beso?

    Ro: Pepe…

    Su silencio fue seguido de un beso súper apasionado, en ese momento mi pene tomo la iniciativa y salió de su letargo, lo sentía por explotar… Me estaba por comer a mi cuñada…

    Ro: que rico beso, pero ahora es mi turno, solo quiero devolverte el favor y es como hacerlo mejor que nadie.

    Ro saco de su mesa de noche una venda y me tapo los ojos, yo solo la dejaba hacer, a continuación sentí que ato mis manos al respaldar de la cama. De repente sentí que se iba a buscar algo… Regreso en un minuto y lo que hizo me lleno de placer, Ro había tomado un gran trozo de hielo del refrigerador y me lo estaba pasando por todo el cuerpo, la sensación era muy rica… luego me saco el bóxer y quede totalmente desnudo… El hielo fue a parar a mi pelvis, luego al tronco del pene y finalmente en mis huevos, tenía la zona congelada.

    Y luego sentí sus labios sobre el glande, me estaba dando el mejor sexo oral que haya tenido en mi vida, sentía que no podría aguantar mucho así… Le dije: mira que estoy por acabar…

    Y luego sentí sus labios sobre el glande, me estaba dando el mejor sexo oral que haya tenido en mi vida, sentía que no podría aguantar mucho así.. Le dije: mira que estoy por acabar…

    En este instante Ro dejo de chupármela y me puso una banda elástica que apretaba considerablemente mis huevos y mi pene todo y me dijo al oído

    Ro: no creas que vas a terminar tan rápido aún falta mucho para eso…

    Ro me dio un beso y mordió mi labio inferior produciendo un dolor muy rico que no había sentido nunca, creo que quizás saco unas gotas de sangre (luego lo comprobaría).

    Ro: ahora voy a sacarte la venda porque necesitare que puedas ver lo que sigue…

    Me saco la venda y lo que vi fue tremendo, Ro estaba completamente desnuda a no ser por un arnés que traía sujeto con unas bandas de cuero finas a la cintura, comprobé lo que siempre pensé, que buen cuerpo tenia esta mujer!

    Ro abrió un cajón de la cómoda y saco un pequeño bolso, como un neceser donde guardan sus maquillajes, pero allí no había nada de eso…

    Ro: siempre pensé que te gustaría probar mis artes, mi hermana es una nalgona aburrida, es hora de que pruebes lo bueno de la familia…

    Era la pura verdad, con su hermana teníamos excelente sexo, pero siempre dentro del estándar… Si saben de lo que hablo, misionero, alguna chupada, mucho beso y hasta ahí llegamos…

    Veo que empieza a sacar cosas de su bolsito, un dildo de unos 18 cm (un poco mas grande que mi pene pues no soy un semental que digamos), saco unas bolitas de las que van unidas unas con otras, un poco de aceite o crema intima, mi cara debe haber sido de sorpresa porque ella me dijo

    Ro: relájate que vas a disfrutar mucho más…

    Engancho el dildo en el arnés y vaya que si era una imagen para guardar en la memoria, aquello estaba tomando un tinte inesperado pero me ansioso por lo que seguiría.

    Se paró delante de mí y me pidió que le chupe «la verga», la mire como pidiendo explicaciones…

    Ro: dale cabrón, abrí la boca y chupala y me propino una cachetada

    Abrí mi boca y ella introdujo su «verga» dentro de mi boca y comenzó a hacer los movimientos típicos de vaivén… Me agarro de la nuca y con una leve presión hizo que entrara casi todo, tenía un poco de náuseas y la saliva comenzaba a salir por la comisura de mis labios pues no podía tragar con todo eso en mi garganta, estuvo así unos minutos y por fin la saco…

    Ro: si que sabes chuparla cuñadito…

    Me dijo riéndose… yo no podía más de la excitación aunque ya no pensaba en acabar, aun así sentía que mi pija daba saltos y sentía como latía por la presión de la sangre y la banda elástica haciendo su trabajo, esto también producía un dolor placentero en mi.

    Ro se puso en 4 y me pidió que me quedase quieto… Tomo las bolitas, las unto con el aceite y se las fue introduciendo una por una en el culo. No tengo mucha experiencia pero diría que su culito estaba más que habituado a todo ese trajín ya que las bolitas desaparecían en su cuerpo como si nada…

    Ro: ahora agarra el hilo y comenzar a sacarlas de a poco, no te apresures, hazlo lentamente…

    Comencé a tirar del hilo que unía las bolitas y veía como su culito iba abriéndose poco a poco mientras salían, al terminar me pidió que se las introdujera de nuevo, también lentamente lo que hice sin ningún tapujo, y de nuevo a tirar hacia afuera… no podía más de las ganas de meter mi pija ahí dentro… Pero para eso faltaba…

    Ro se dio vuelta, puso aceite en su mano y me dio vuelta, ahora yo era el que estaba en 4… tomo mi pene y comenzó a masajearlo con el aceite, luego mis huevos adoloridos, y finalmente comenzó a darme un beso en el ano, que placer… No podía más… Pero tampoco podía acabar…

    Primero introdujo un dedo en mi ano, era la primera vez que alguien hacia eso… Y no estaba nada mal… Comenzó a darme un masaje prostático muy placentero, al cabo de unos minutos empecé a notar que mi agujerito ya no ofrecía resistencia… Ella también lo noto

    Ro: ahora te voy a culear como nadie lo hizo… (Soltó una risita picarona)

    Puso su dildo a la entrada de mi culito y con un poco de presión comenzó a meterlo, nuevamente, sentía un dolor y placer que nunca pensé que podía sentir… Al cabo de unos minutos ya lo tenía adentro un poco más de la mitad y comenzó con un rítmico mete y saca… los dos estábamos sudorosos, aceitados, y nos fundimos en un frenesí de lujuria… Me dio vuelta y comenzó a culearme de frente, con mis piernas sobre sus hombros. Mientras agarraba mi pene y me pajeaba lentamente. Seguía sin poder acabar.

    Estuvimos así unos 15 minutos, yo ya no sentía tanto dolor, solo había quedado el placer. Me estaba haciendo culear por mi cuñada. Ella seguía con 4 o 5 bolitas metidas en su culito.

    Yo: por favor, necesito culearte y acabar o mis bolas van a explotar.

    Ro: tienes razón, ahora es tu turno… pero deberás intentar que experimente algo de dolor. Ya has visto lo placentero que es.

    La tome por la cintura y la di vueltas, ahora ella estaba abajo mío, introduje mi pene en su boca lo más profundo que pude, solo mis bolas quedaban afuera. Y comenzó a ahogarse, su saliva comenzaba a chorrear por la comisura de sus labios, ahora era mi turno. Me di vuelta y sin sacar el pene de su boca comencé a hacerle una paja con mis dedos, 2 dentro de su vagina y uno atendiendo su clítoris, emanaba fluidos que chorreaban por su culito.

    Le saque el pene de la boca y dio una gran bocanada de aire. Estaba agitada.

    Me puse sobre ella y comencé a penetrar su vagina. Era estrecha. Pero ella quería sentir algo de dolor entonces tome su dildo y lo introduje también en su vagina, tenía mi pija, el dildo y en su culito las bolitas. Comenzó a gemir y tomarme de mis caderas para que lo hiciera más fuerte.

    Tome el hilo de las bolitas y las saque de un tirón… pego un grito y luego gimió… era eso lo que necesitaba.

    La di vueltas y ahora ella estaba en 4, inserte el dildo en su vagina y apoye mi pene en su ano, y comencé a penetrarla, su ano era mucho menos estrecho que su vagina. Aquello comenzó a gustarle, con mi mano metía y sacaba el dildo de su concha toda mojada y mientras metía y sacaba mi pene de su culito, de vez en cuando sacaba mi pene totalmente y su culo demoraba unos segundos en cerrarse. Aquello que había visto en tantas pelis porno. Ahora era mi propia peli.

    Ro: haceme acabar hijo de puta! No doy mas!

    Me saque la banda elástica del pene y se lo introduje en su conchita, donde aún estaba el dildo, tenía poco espacio, realmente era estrecha, pero le gustaba mucho, y comencé a bombear con todas mis fuerzas, sentí que su vagina se hinchaba. Ella comenzó a frotarse el clítoris. Y… por dios… esta mujer estaba haciendo un squirt exquisito… no pude más. Y también explote dentro de ella…

    Nuestros cuerpos eran una mezcla de transpiración, aceites, semen, saliva, y todos sus fluidos con los cuales literalmente me había bañado.

    Nos fundimos en un beso largo y apasionado… y comenzamos a reírnos como locos.

    Ro: debo ponerle menos alcohol a las margaritas…

    Yo: debo visitarte mas seguido.

    Ro: no le contaras a nadie mis secretos.

    Yo: tú tampoco. Me has roto el culo y encima lo disfrute.

    Ro: prepárate. Tengo unas amigas loquisimas que estarán encantadas de conocerte…

    Continuará…

  • Cumpliendo fantasías con mi novia

    Cumpliendo fantasías con mi novia

    Para empezar mi primer relato les voy a contar un poco de nosotros, mi nombre es Martin el de mi novia Valentina, somos una pareja joven tenemos 28 y 25 años, y somos de Argentina. Para describir a mi novia solo falta decir que es una chica petisa, pero de muy lindas curvas.

    El comienzo de este relato se da un día que estando besándonos y tocándonos desnudos, yo jugando con su clítoris y un dedo dentro de la concha le pregunté:

    -¿Cuál es tu mayor fantasía?

    A lo que ella respondió:

    -No sé, ni idea.

    Moviendo un poco más los dedos y haciéndola gemir y aumentando su respiración le dije

    -Pensá bien algo te debe calentar.

    -Un trío -dijo rápidamente.

    Algo sorprendido pregunté:

    -¿Con otro hombre o una mujer?

    Extasiada por la masturbación contestaba entre cortada:

    -Me gusta de las dos formas, pero ahora quisiera dos pijas para mí.

    En ese momento al escuchar esas palabras entró en mi una calentura que nunca había sentido, así que rápidamente me introduje en ella, la penetré rápidamente y nos paramos. Ella me abrazaba con sus piernas y yo la movía rápidamente, los dos logramos un orgasmo rápidamente dejando toda su vagina llena de leche.

    Al pasar los días yo le seguía preguntando si le gustaría cumplir esa fantasía, ella primero decía que no se animaba, que le daba cosa, pero logré convencerla a que lo intentemos, cosa que tampoco me parecía fácil porque no conocemos gente del ambiente.

    Un día acostados en la cama le pregunté si tenía alguien en mente, ella rio y me dijo que sí. Eso me excitó de sobremanera porque sabía que valen había estado pensando en eso. Le dije “mostrámelo”. Lo buscó en Facebook y me dijo “¿qué te parece?”, era un chico lindo buen físico. Le dije “si te gusta a vos perfecto.”

    Esa noche Valen le empezó a hablar, ella lo conocía así que no fue difícil la charla. Luego de un rato la conversación se puso hot, cuando pasó eso yo empecé a darle sexo oral a Vale mientras hablaba, sentía como aumentaba sus flujos mientras mi lengua jugaba y aumentaba el calor de su conversación, hasta llegar a un orgasmo increíble mientras mi lengua recorría su clítoris y mis dedos estaban dentro de ella.

    Al acabar con eso pregunté en que habían quedado, me dijo que le comentó del trío y que aceptó que el finde semana nos íbamos a vez, yo no lo podía creer quedé estupefacto.

    Transcurrieron los días lentamente por la ansiedad, pero todos los días cogíamos delicioso por la calentura, hasta que llegó ese día de vernos.

    El chico golpea la puerta, Vale lo recibió con un beso en la mejilla y le dijo “pasa Lucas estás en tu casa”.

    Al comienzo la reunión era rara tensa, pero al pasar de los minutos y con el fragor del vino que estábamos tomando la cosa se puso más interesante.

    Luego de comer y tomarnos una botella de vino propuse un juego esos que se usan para tomar y que son picantes, la primera prenda que le tocó a mi novia fue darme un beso a mí, en dónde me dio un beso con mucha lengua pasando su mano por mi entrepierna. Mi prenda fue sacarme la remera, el turno de Lucas fue besar el cuello de Vale, eso puso las cosas bien calientes.

    Luego de un par de prendas más estábamos todos bien calientes nos fuimos a la pieza. Los tres estábamos parados Vale en el medio, yo comencé a besarle el cuello por detrás mientras ella besaba a Lucas, yo bajaba por su espalda, poco a poco, desde atrás veía como tocaba la pija de Lucas por arriba del pantalón. En ese momento nos desnudamos los tres, quedamos en la misma posición, pero los tres desnudos, esa imagen cada vez que la recuerdo me excita, los tres cuerpos entrelazándose, ella agarrándosela a Lucas, yo bajando por su espalda hasta sus nalgas.

    Valen tiro a Lucas a la cama y le empezó a chupar la pija mientras me tocaba a mi. Luego de unos minutos no di más de la calentura y la penetré mientras ella seguía dándole sexo oral. Yo me salí de ella y Valentina subió arriba de Lucas el cual tenía la pija dura y grande y empezó a cabalgar sobre él, mientras miraba esa imagen me tocaba con un placer increíble.

    Lucas pasaba las manos por las tetas y cola de Valentina lo que producía grandes gemidos de ella. Decido volver a la acción, puse lubricante en el pene recosté a mi novia sobre Lucas y se la metí lentamente por detrás mientras Lucas la penetraba por la vagina. Vale gimió de placer, fuimos aumentando la velocidad hasta que ella tuvo el orgasmo más grande y largo que le haya sentido.

    Luego nos pusimos frente de ella, nos hacía la paja a los dos uno con cada mano, y nos las chupaba intercaladamente.

    Luego de unos minutos yo llegué sobre su boca y Lucas le acabó todas las tetas.

  • Improvisando con mi compañera de piso

    Improvisando con mi compañera de piso

    Llevaba ya dos meses en esta ciudad y empezaba a pensar que no había sido buena idea venir. Apenas había hecho amigos y aunque mi compañera de piso parecía maja, no habíamos hablado mucho. Ella se pasaba el día de aquí para allá, trayendo chicos a casa noche si y noche también. Yo, sin embargo, no salía mucho.

    Era viernes y de nuevo no tenía un gran plan. Unos compañeros del trabajo, aún empeñados en integrarme, me habían invitado a tomar algo, pero yo lo había rechazado. Realmente era culpa mía no socializar, creo que me auto-boicoteaba para tener una excusa para volver a casa.

    Me puse un jersey viejo, me tumbe en mi cama y encendí el portátil dispuesta a encontrar alguna peli que ver. No encontré nada de mi gusto y la estampa no podía ser más triste. Ahí estaba yo, sola, un viernes, en la cama aburrida. Mi compañera había salido con unos amigos, así que tenía el piso para mí, y decidí darme un capricho. Cerré la tapa del portátil y lo deje en el suelo. Apagué la luz del techo y dejé encendida una pequeña lamparita situada en mi mesilla de noche. Me deslicé por la cama para tumbarme y metí el brazo derecho por las sábanas, bajando lentamente por mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna. Hacía mucho tiempo que no estaba con nadie, rompí con mi novio mucho antes de mudarme, y aquí no había tenido ningún tipo de acción, así que no tardé nada en ponerme a tono.

    Pase mi mano acariciando mi sexo de arriba a abajo varias veces, hasta que me vi lista para meter la mano por la braga y comencé a acariciar los labios. Mi respiración comenzó a entrecortarse, lo cual me animaba a jugar más con mis dedos. Prácticamente mojada sabía que no podía tardar mucho más en introducirlos en mi vagina. 

    La puerta entonces se abrió y vi a mi compañera de piso allí, inmóvil, mirándome. Claramente yo me había equivocado y no había salido, pues llevaba puesta una camiseta negra, sin pantalones, solo acompañada de unas finas bragas blancas. Al verla sentí una enorme vergüenza porque me hubiese encontrado en esa situación, pero estaba demasiado encendida como para parar. Sin embargo ella no parecía incómoda ni sorprendida, se acercó a mi, levantó la sábana y me susurró que continuase. Aquello logró excitarme aún más, y sin dudarlo introduje dos dedos en mi vagina y comencé a moverlos en círculos dentro de mí. Eso provocó unos leves gemidos que parecieron provocar a mi compañera. 

    El deseo se veía reflejado en su cara, y mientras me veía masturbarme se mordía el labio inferior con intensidad. No entendía muy bien que estaba pasando, pero su gesto solo provocarme. Cada vez más mojada, mis dedos se movían a una gran velocidad, jugando con mis labios, saliendo y entrando de manera apresurada. 

    Sin aguantar más, mi compañera me apartó la mano y metió ella misma sus dedos en mí, rozando suavemente el clítoris. Dentro y fuera de manera lenta pero intensa, conseguían sacar de mí unos gemidos nada discretos. Por fin decidió que era hora de introducir su lengua. Separó bien mis piernas y comenzó a besarme desde la rodilla hasta el muslo hasta llegar a mi sexo ya bien empapado. Saboreó el exterior con su lengua primero para pasar a jugar con el clítoris, que alternaba con jueguecitos por los labios. De vez en cuando subía un poco la cabeza para mirarme fijamente, excitándome mucho más. Su lengua se deslizaba por todo mi sexo mientras sus dedos se movían en círculos cerca del clítoris, consiguiendo sacar de mi un grito ahogado. 

    Subió mi cabeza hasta ponerse en frente mía, me beso, y se alzó colocando sus pechos sobre mi cara. No dude y enseguida empecé a chuparlos. Los acariciaba con mis manos, pasaba mi lengua por ellos, mordisqueaba sus pezones. Aquello era un manjar y no quería parar.

    Excitada al máximo, me incorporé y la tumbe en mi cama, abrí sus piernas, agarré aquellas braguitas blancas y las bajé hasta la altura de los tobillos, y metí mi cabeza en su entrepierna. Saqué la lengua y empecé a rozar su sexo con mucha delicadeza. Nunca había estado tan cerca de las partes íntimas de otra mujer, ni siquiera me lo había planteado, pero aquello me estaba poniendo a mil. Paseaba mi lengua de arriba a abajo, con suavidad, alargando el momento todo lo posible. Ella estaba empapada, e introduje mi dedo índice en ella, lentamente. Sus jadeos me provocaban y comencé a estimular su clítoris. Los jadeos dieron paso a unos gemidos desmedidos, que solo lograron excitarme aún más. Me centré en su clítoris, succionando hasta que logre que se corriese.

    Levanté la cabeza para ver el espectáculo. Me incorporé y fui directa a su boca. Bese sus labios mientras ella acariciaba mi pelo. 

    Se levantó, se puso la camiseta negra y las bragas blancas, y con una sonrisa pícara de marchó de la habitación.

    No sabía si aquello se volvería a repetir, pero tenía claro que mi estancia allí había mejorado considerablemente.