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  • La cuarentena con mi sobrino (V)

    La cuarentena con mi sobrino (V)

    Anteriormente: llegamos al día quinto, último día hábil, parece haber pasado mucho más, pero en tan solo 5 días, terminé masturbándome en el bidet del baño con la excusa de que no había papel en el otro baño mientras mi sobrino se bañaba.

    Luego arrepentida, cuando me estoy duchando decido que llamaré a mi hermana para que mi sobrino se vuelva a su casa, en eso el con la misma excusa del papel pide permiso para orinar.

    Nada me duro mi entereza porque termine pegada a la mampara desnuda, con mis pechos pegados mirando lo que se podía, una cabeza gorda y flácida de pija de mi sobrino mientras expele orina.

    Cuando termina de hacerlo, me doy vuelta inmediatamente haciendo que lavo mi cabello. El me agradece por permitirle pasar.

    Me enojo conmigo misma porque bastó con que mi entre mi sobrino como para olvidarme de todas las cosas que me había prometido no hacer.

    Era viernes, mientras me seco en mi cuarto ensayo como voy a decirle a mi hermana que su hijo no podía quedarse en casa. Que ya era suficiente, que parecía que era mejor que lo cuide ella, que mi esposo va a volver y necesitamos privacidad etc.

    Le mando un mensaje para llamarla, me dice que en ese momento no puede hablar, está en una clase con su otra hija.

    Debería esperar.

    Cenamos normalmente hablando muy poco con mi sobrino, solo lo cortez.

    Me voy a dormir, jurando no tocarme, no tener pensamientos turbios. Miro un par de películas hasta que me quedo dormida.

    Comienza el sexto día, sábado.

    No tenemos responsabilidades, así que me levanto un poco más tarde, el desayuno ya está listo.

    Desayunamos juntos con mi sobrino. Hablamos de la bella mañana soleada de un fin de marzo porteño. Aún queda algo de calor a pesar de que comienza el otoño.

    Me habla de que la mamá le transfirió dinero para que aporte en la casa, de que iría a comprar alimento este sábado para stockear.

    Yo no sabía como decirle que no era necesario, en mi mente tenía la idea de que iba a irse, no le iba a permitir que encima gaste dinero.

    El insistía de tal manera que dije, que este sábado compraba yo y que el próximo lo haría él, sabiendo que no habría próximo.

    Tenemos que ensayar unos barbijos o tapabocas con lo que hay, y así nos disponemos a salir de compras, yo pagaría pero él cargaría las bolsas.

    Pasamos por el supermercado, luego vamos a la verdulería, y por último a la carnicería.

    En el último local, veo a mi vecina Cleotilde, la vieja chusma del barrio, apenas me saluda, me mira de arriba a abajo, lo mismo hace con mi sobrino que está afuera esperándome.

    No dice nada, yo tampoco quiero decir nada, pero la vieja seguro que ya está imaginando toda la novela.

    Apenas pago, y me despido la señora Cleotilde tira un:

    «saludos a tu marido»

    Solo sonreí y me fui masticando bronca. Cuando me encuentro con mi sobrino nos distribuimos las bolsas para cargar. En el interior la señora Cleotilde está hablando con otras señoras mientras mira hacia afuera. Seguro ya está imaginando que mi sobrino es un chico cualquiera, un amante que tengo en mi casa mientras mi esposo no está.

    Tengo ganas de ir a gritarle de todo, pero me contengo. Después de todo la que quedaría mal cuando todo el rumor salga es ella, porque se sabría que es mi sobrino y solo una mente retorcida podría pensar que pueda pasar algo con él.

    Mi sobrino mientras en la calle va robando miradas de adolescentes con ropa que tienen menos tela que los barbijos.

    Se ríen cuando pasamos al lado. Al pasar por la plaza, una grita luego de unos metros:

    «saludos suegra»

    Me da bronca, no solo por lo irrespetuosa, sino porque me trata de vieja. Mi sobrino se ríe y gira como recibiendo el piropo.

    Yo no quiero ser mala onda, pero me ofendió mucho que me traten de vieja, como si yo no estuviera a la altura de cualquier chica para estar con un joven, no tanto como mi sobrino pero algún joven de 25 tal vez.

    Esas adolescentes maleducadas ni siquiera saben lo que una mujer madura pueda lograr en un hombre. Ellas solo se quedaban mirándolo caminar por la plaza, yo lo tuve masturbándose en mi baño.

    Llegamos a casa, es hora de limpiar todo lo que compramos y acomodarlo.

    Cada movimiento parece sugerente, nos cruzamos, nos rozamos, en algunas idas y vueltas mis pechos rozan su espalda. En otros me pide permiso acompañando mis caderas con sus manos para no tener contacto al pasar.

    El ubica las cosas en los lugares altos, yo trato de acomodar lo que va más abajo.

    Desde abajo puedo contemplar sus piernas erguidas como torres, su cola bien formada dando forma a su clásico short.

    Por lo que a mi me toca supongo que al estar seleccionando productos en cuclillas queda expuesta la mejor forma de mi cola en un pantalón elastizado.

    Por los movimientos de agacharme y levantarme, las tiritas de mi tanga quedan a la luz de los ojos de mi sobrino.

    Sé que están ahí, incluso cuando estoy guardando cosas en la heladera, mi sobrino al pasar me pide permiso tocando mis caderas y uno de sus dedos toca un segundo esa tela de ropa interior.

    Todo pasa con normalidad, almorzamos tarde, nos decimos que dormiríamos una buena siesta. Él en su sillón y yo en mi cama.

    El día está muy pesado, hace mucho calor, mucho más de lo habitual para esta altura del año.

    Abro las ventanas y es peor, así que decido encender un poco el aire acondicionado, le aviso a mi sobrino que haga lo mismo en el living para que no sufra el calor.

    Me acuerdo del llamado a mi hermana, le pregunto si está disponible para hablar, en ese momento me responde que sí.

    Cuando estoy por llamarla, me cae una videollamada de mi esposo.

    No quiero decirle nada a mi esposo de mi decisión, quiero que piense que se fue solo o por consideración de mi hermana, no vaya a ser que meta la pata pensando que paso algo grave y se arme una pelea intrafamiliar.

    Hablo con mi esposo de cómo va todo allá en Europa, le cuento como van las cosas acá. Hablamos de pagos, de tarjetas, de trámites por hacer.

    En un momento pasamos a hablar de nosotros, le digo que lo extraño, él me responde lo mismo.

    Me dice que quedó pendiente algo del otro día, cuando nos vimos interrumpidos por mi sobrino cuando me di un cachetazo en mi nalga y creyó que me había pasado algo por el ruido.

    Mi esposo estaba caliente, quería jugar por videollamada.

    Le digo que me espere, debía producirme, me maquillo bien, me pongo una ropa interior más sexy, una roja furiosa de encaje.

    Pongo música ambiente, no muy fuerte ni muy obvia, ya sea porque mi sobrino estaba durmiendo siesta o porque no piense nada raro.

    Mi esposo no se produce nada, solo se baja los pantalones y se saca la camisa y me muestra su pija. Nada de previa, me dice que está muy caliente.

    Cuando era joven estaba bien físicamente, ahora los trabajos de oficina y el paso del tiempo le han quitado pelo, musculatura y color.

    Tiene las medias puestas, esta peludo, con una pancita prominente y brazos flacos donde se puede ver la diferencia de donde da el sol y donde no.

    Yo mientras pienso para mi que estoy igual, el cuantas chicas europeas tendría para mirar por la calle y yo ya no tengo el cuerpo de una veinteañera.

    Bailo sensualmente delante de la cámara, me sacó lentamente el corpiño, me aprieto los pezones, eso le calienta más.

    Me dice que sigo siendo una putita. Eso me calienta más a mi.

    Finalmente me saco lentamente la tanga de encaje, y me pide que le muestre todo, me pongo tan cerca de la cámara para que se deleite.

    Él se está masturbando, yo comienzo a hacer lo mismo.

    Juego con mis labios vaginales, juego con mi clítoris, me meto un dedo, luego dos y ensayo un tercero.

    El me pide que le muestre el culito, el ano. Me pide que me meta un dedito.

    Con mi esposo nunca pudimos tener sexo anal, me duele mucho apenas lo intenta, así que solo un dedo mío o uno de él como mucho.

    Le ofrezco entonces la imagen de mis dedos metiéndose en mi vulva y uno de la otra mano tratando de estimular mi ano para ingresar.

    «putita, cuando vuelva me tenés que entregar el culo» me dice mi esposo calentándome más y más.

    Me estoy por venir cuando de repente se escucha un estruendo en la calle e inmediatamente un corte de luz.

    Se escucha como todos los electrodomésticos se apagan. Y se escucha el silencio que provoca el apagado de los aires acondicionados de todo el barrio.

    Inmediatamente siento el calor ambiente.

    Mis dedos con parte de mi flujo los seco con unos pañuelos de la mesa de luz.

    Otra vez quedamos truncos con mi esposo. El cielo está oscuro a pesar de que falta para anochecer. Debe estar avecinándose una tormenta.

    Me pongo la ropa interior de encaje que use para el show de mi esposo, un vestido de algodón de entrecasa con vuelo y salgo de mi cuarto para ver cómo estaba todo.

    Mi sobrino estaba durmiendo, ni se había enterado del corte de luz.

    Estaba transpirado, se podía notar lo brilloso en su espalda.

    Me sirvo algo fresco de la heladera y me voy al cuarto, esperando que vuelva la luz pronto.

    Está por anochecer, pero ya está oscuro, el viento comienza a soplar más fuerte, se escucha el quejido de los árboles cuando las ramas empiezan a quebrarse y largar las hojas más débiles.

    Algunas pequeñas ramas vuelan hasta el techo de la casa, eso me asusta un poco.

    Las ventanas están abiertas para recibir algo de fresco, pero no refresca nada.

    Cada tanto se puede percibir un refucilo a lo lejos. Sin duda vendría una tormenta.

    Estaba pensando que hacer cuando siento un trueno terrible que hace vibrar toda la casa, me asusto y grito.

    En eso abre la puerta de mi cuarto mi sobrino, vestido solo con su diminuto short transparentoso.

    Me pregunta si estoy bien, trata de calmarme. Le digo que estoy asustada, no me gustan las tormentas. Él me dice que no me preocupe, sale corriendo a cerrar todas las ventanas, cuando la lluvia torrencial comienza a caer.

    Escucho como intenta cerrar las del living, las del comedor, y viene a mi cuarto a cerrar la mía, ya mojado por la lluvia.

    Me dice que todo está bien y me pregunta dónde están las velas. Luego de informarle donde están en poco tiempo viene con todas para ubicarlas en lugares estratégicos de la casa e iluminarla, dejando varias en mi cuarto.

    Me cuenta que en el pueblo donde vive casi siempre se corta la luz, y no les importa mucho, las calles son poco iluminadas y que cuando tenía que estar en el campo no había nada de luz, no le teme a la oscuridad. Yo como chica de ciudad veo fantasmas por todos lados cuando falta la luz.

    Se queda sentado en el borde de mi cama, mientras yo estoy acostada. En esa posición en la que estoy mis piernas se ven casi completas, por el vestido que uso cualquier movimiento le da vuelo y deja a la vista la ropa interior que uso.

    Ya más tranquila comienzo a hablar de cualquier cosa, no quiero que se sienta a gusto acá pero tampoco quiero que se vaya.

    En confianza me cuenta que la chica de la plaza lo contactó, mediante una aplicación que pueden encontrarse con aquellos que se cruzan y les gustan resulta que pudieron darse contacto.

    Me puso seria eso, el mientras me decía que la chica vivía a un par de casas de donde estábamos, que quería que pase algo. Que avise cuando iría de nuevo a comprar, etc.

    Me dijo que le mando fotos subidas de tono. Me muestra en su celular que la chica le mando fotos en ropa interior sin ningún pudor. Me dio mucha más bronca.

    «vos, le mandaste algo?» le pregunto a mi sobrino.

    Se pone colorado, me dice que no, pero insisto, sigue colorado y me confiesa que si le envió fotos.

    «en ropa interior solamente?» le pregunto

    Me dice que también le envió desnudo.

    Su celular aun con batería y datos seguía sonando con notificaciones de esa chica.

    Yo quería ver que le decía, trate de jugarla de tía amistosa solo para saber más de esa puta.

    Le dice cosas subidas de tono, que le va a chupar toda la pija, que lo quiere ordeñar, que quiere que se la meta por todos lados. Una desubicada.

    Mientras lee esos mensajes, veo que el bulto de mi sobrino está enorme. No sé cómo puede ese pequeño short contener todo eso.

    «tenés ropa interior» le digo a mi sobrino, pregunta estúpida que no sé porque se la hago.

    Me mira a los ojos sorprendido por la pregunta, ahora yo estaba toda colorada de vergüenza.

    «no tía, perdón, solo uso este short para dormir porque en realidad duermo sin ropa, pero como estas vos me pongo esto aunque sea para que no me veas si te levantas o algo» me responde culpable.

    En ese momento estaba el en la punta de la cama sentado, yo a su lado arrodillada en la cama, con mis rodillas rozando su pierna, en esa distancia que se siente el calor del otro, y la respiración suena más fuerte.

    «igual, no te preocupes, no va a ser la primera vez que vea una…» no sé qué estoy diciendo, me detuve ahí, sabiendo que por decir algo condescendiente lo había arruinado. Estaba quedando igual de trola que esa vecina pendeja.

    Él se ríe, y me contesta:

    «no puedo decir lo mismo, yo nunca vi a ninguna chica desnuda»

    Me estoy mordiendo los labios al escuchar eso, cuando llega una foto de la vecina puta, y desnuda.

    Él se tienta nervioso por la situación, mientras le escribe que es muy linda y que le gustaría ver su cuerpo en vivo. Me está permitiendo leer todo.

    Ella responde inmediatamente que cuando quiera el, ella vendría a donde está mi sobrino, o sea a mi casa. Esta loca si piensa que voy a dejar que esa pendeja entre a mi casa para cogerse a mi sobrino.

    «te gustaría ver a una mujer desnuda» lanzo sin pensar a mi sobrino

    Se pone serio, me mira a los ojos no pudiendo creer lo que digo. Su bulto está por explotar, mientras los mensajes siguen cayendo, la chica está preguntando la dirección exacta y si puede venir.

    Le arrebato el celular de sus manos, y lo apago, mientras me voy hacia atrás, dejándolo en mi mesa de luz.

    Me salgo de la cama, camino delante de mi sobrino como una gata.

    Mientras paso por delante de él, dejo caer mi vestido al suelo.

    Estoy vestida solo con la ropa interior de encaje que use para la videollamada de mi esposo.

    El color naranja del fuego de las velas realza el rojo furioso del encaje.

    La tanga se mete dentro de mi cola haciéndola más apetecible.

    Dándole la espalda me desabrocho el corpiño, y me giro sensualmente.

    De frente me cubro las tetas con mi brazo, lo miro a los ojos, el me mira de arriba a abajo sin moverse de ese rincón de la cama donde está sentado.

    Pasa lo inevitable, si pija enorme se sale de la prisión de ese pequeño short sobresaliendo por la parte de abajo del mismo y haciendo presión hacia arriba.

    A la luz de las velas puedo ver como esa cabeza enorme está humectada por su líquido preseminal. Mi sobrino está caliente y todavía no vio nada.

    Le muestro las tetas acercándome un poco, las contempla como un bobo. Mira una a una, ya no me mira a la cara, ya no soy su tía, soy una mujer que lo calienta mucho más que la instagrammer modelo de 26 años, y mucho más que la vecina puta que conoció hace unas horas.

    Doy unos pasos hasta estar a un metro de mi sobrino, giro dándole la cola, me inclino y comienzo a bajar de los lados la tanga roja que cubre mi desnudez.

    Me tomo todos los segundos posibles, esos segundos donde la tanga quiere hacer presión para quedarse pero la fuerza de mis manos la empujan hacia abajo.

    Mi culo está a centímetros de la cara de mi sobrino, sus ojos están viendo con la cálida luz de las velas mi desnudez.

    Dejo caer hasta mis tobillos la tanga, me giro nuevamente para verlo de frente, y con un pie levanto la tanga acercándosela como una ofrenda, la voy levantando rozando sus pantorrillas, sus rodillas, sus muslos, y llego a la cabeza de su pija enorme que explota.

    Ahí deposito mi tanga roja.

    Me voy a la cama y me acuesto desnuda y le digo:

    «sobrino, descárgate, mastúrbate, hace lo que siempre haces»

    Él se baja de un tirón el short y lo deja en el suelo y puedo ver por primera vez la monstruosidad que tenía entre las piernas.

    Eran unos 23 centímetros y unos 6 de ancho en todo su esplendor, una pija hermosa, joven, bien simétrica, nada de cosas raras, de esas dignas de admirar.

    Comenzó a masturbarse frotándose en mi tanga roja, además me miraba, miraba mis tetas, mis piernas, mi conchita caliente, húmeda y brillosa.

    Estaba parado al lado de mi cama, le pido que se acerque, que se masturbe más de cerca, que quiero mirar.

    Me obedece, y viene tan cerca que me asusta el tamaño de lo que tiene entre sus manos.

    Me quedo embobada mirando su angelical rostro, sus brazos fuertes, su pecho y sus abdominales contrayéndose en la frenética lucha de la masturbación.

    Sus piernas también están haciendo fuerza para llegar al clímax.

    Miro como sus bolas me hipnotizan, dos pelotas enormes, como buen semental, llenos de leche sacudiéndose de adelante hacia atrás con cada estocada que se da mi sobrino envuelta de mi tanga.

    Mirando eso veo que sus bolas se contraen y cuando quiero ver su pija veo como explota de leche.

    Salta a mis tetas, a mi panza, a mi cuello, y a mi cara.

    Tanta cantidad de leche tenía mi sobrino que le dio casi para cubrirme en todas partes.

    Él estaba agitado tratando de reponerse, se limpió la pija con mi tanga y me la dejo tímidamente en la cama.

    «Podés retirarte sobrino, ya viste a una mujer desnuda» le dije.

    En silencio, sin saber si había hecho algo malo o bueno se fue mi sobrino, lo vi retirarse desnudo, tomó su short del suelo y se fue cerrando la puerta de mi cuarto.

    Yo estaba extasiada, tenía toda la leche de mi sobrino en mi panza, en mis tetas, en mi cuello, algo en la barbilla, y en mi pelo.

    Mis dedos comenzaron a juntar esa leche y me la metí a la boca, estaba tibia aun, me encendió al máximo, me volví loca y tuve que masturbarme como nunca.

    Me metí 3 dedos con furia y me retorcí de todas las formas posibles, me metí dos dedos en el culo, trataba de buscar si quedo algo de leche en algún lado para seguir comiendo.

    Así estuve largos minutos hasta que acabe sola, gemí como puta, no me importo que mi sobrino escuche como gemía, lo había provocado el.

    En ese momento vuelve la luz, se encienden los aires acondicionados, e inmediatamente junto con la luz y el aire frío me consume la culpa, me tapo y busco apagar ese aire que me recordaba que estaba desnuda y llena de fluidos propios y de mi sobrino de sangre.

    Suena mi teléfono, es mi hermana, preguntándome para qué quería hablar con ella con tanta urgencia.

    «nada hermana, nada, solo quería decirte que tu hijo puede quedarse todo el tiempo que quiera en esta casa»

    *******************

    ¿Qué les pareció hasta ahora? Gracias por sus comentarios, me animan a seguir escribiendo todos los detalles.

  • Una discusión que terminó en un trío

    Una discusión que terminó en un trío

    V: ¡Bueno! Oye ven, tengo a en mi departamento a tu novia, apúrate, ¡anda un poco ebria!

    FC: ¿En serio? ¡Voy en chinga!

    Eso fue lo que le dijo Valente a Fernando, mi antiguo amante, aquel que me dio unas ricas cogidas y me hizo ser infiel por primera vez.

    Luego de que se fue y aprovechando que estaba teniendo buena química con Valente, él lo invito a abusar de mí, bueno entre comillas ya que yo estaba dispuesta a todo con él y con quien fuera.

    Había estado toda la semana chateando con él, mi marido no veía muy bien que Valente fuera mi amigo, ya que a él no le caía bien, ese día en la mañana discutimos fuerte por eso, tanto que él se fue a divertirse solo, yo enojada y un poco vengativa acepte la invitación de Valente.

    Quedamos de vernos en Balderas, me puse un vestidito café, unas medias a rayas color negro, un ligero suéter y mis botas, quería provocarlo, de hecho, ¡quería ir con todo!

    V: ¡Hola, hace tiempo! ¿Cómo te va?

    K: ¡Muy bien, jajá!

    V: ¡Pensé que ay no volveríamos a vernos?

    K: ¡Pues así soy yo, jajá!

    Subí a su moto y nos dirigimos a un bar un poco malandro, Valente pidió cerveza y comenzamos a beber y charlar, después de unas cuantas empezamos a bailar, yo me dejaba querer por él, ¡estaba tan molesta que mi mejor desquite era comportarme a si con el!

    Mientras bailábamos, le dejaba arrimarme su pene en mis nalgas, rozaba mi vagina con sus manos, ¡poco a poco empecé a calentarme de más!

    V: Oye, vamos a mi departamento, ¡ahí tengo más cerveza!

    K: ¡Uhm, jajá, no se!

    V: ¡Anda no dudes, te divertirás!

    K: ¡Mmm, bueno!

    Obviamente sabía que iríamos a coger y no lo vi mal, Valente tenía un pene que me encantaba y sabía cogerme rico, así que sin dudar acepté ir con él.

    Llegamos a donde vivía, entramos y puso música y me ofreció una cerveza yo ya dominada por el alcohol, andaba muy fácil, me sentaba en sus piernas le besaba el cuello, ¡él lo disfrutaba y me acariciaba las piernas y el tarsero!

    V: ¡Uhm, te deseo un chingo!

    K: Jajá, ¡lo sé!

    V: Estas buenísima, ¡quiero tener intimidad contigo!

    K: ¿Intimidad?, ¡eso se oye muy bonito jajá!

    V: Bueno, ¡te quiero coger!

    K: ¡Uhm, nene, jajá!

    Dicho eso, comenzamos a besarnos, nuestras lenguas chocaban y se probaban, mi salía ya estaba en su boca, el no dejaba de meterme la mano debajo de mi falda, sentía como poco a poco se endurecía, ¡eso me ponía más caliente!

    Le quite su camisa y le bese su pecho, le mordía su pezón y le acariciaba la verga, el me miraba gustoso, ¡en eso saco su celular y mientras yo le besaba su ombligo le llamo a Fernando!

    K: ¿Para qué le hablaste?

    V: ¡Es que siempre te quisimos coger los dos!

    K: Ay, eso no me lo dijiste, ¡tramposo!

    V: Tranquila, ¡lo disfrutaras!

    Fernando, Valente y yo coincidimos en un trabajo, por eso ellos se llevaban bien y ahora sabía que ambos ya habían echado su semilla dentro de mí.

    Valente se sacó su pantalón y me dejo lamer su verga, sin dudarlo empecé a lamérsela, su tamaño, aroma, color, todo me tenía loca!

    El gemía y me acariciaba la cabeza, poco a poco introduje su miembro en mi boca, me cabía a la perfección, ¡lo podía meter hasta mi garganta!

    V: ¡Mmm, que rico, agh!

    K: ¡Uhm, a qué hora llega Fer!

    V: Pronto, ¡le dije que le dejaba la puerta abierta!

    Más tarde en decir eso que en sentir como unas manos fuertes apretaban mis nalgas, al voltear era Fernando, ¡una enorme excitación me invadió!

    Fernando comenzó a quitarme las medias y las botas, lamia de mis pies hasta mi coño húmedo, ¡mientras continuaba devorando el miembro de Valente!

    FC: ¡Que rico la estas mamando amorcito!

    K: ¡Uhm, te extrañe!

    V: Hermano, tenías razón, ¡lo mama riquísimo!

    Al parecer Fernando le contó a Valente sobre nuestros encuentros sexuales, ya s eme hacia raro que una vez que Fernando se fue, apareciera el, ¡desgraciados cómplices!

    Valente me quito el vestido, yo en tanga y brasear me lance a besar a Fernando, la verdad me daba gusto verlo, en lo que nos besábamos, Valente besaba mi espalda y mis nalgas.

    Nos fuimos a su cama, ahí ya desnudos los tres, Fernando se acostó y yo me acomode para chupársela, extrañaba demasiado su dura verga, ¡no podía desaprovechar la oportunidad de meterla nuevamente en mi boca!

    Mientras comía mi comida favorita, Valente me lamia los pies y llevaba su lengua a en medio de mis nalgas, ¡se deleitaba con mis piernas y mis carnosas y grandes nalgas!

    Era la primera vez que estaba con dos hombres y la verdad el inicio me estaba gustando mucho.

    V: ¡Estas buenísima, uhm!

    FC: ¡Ah, extrañaba estas ricas chupadas!

    K: ¡Háganme suya chicos!

    Valente me empino, levanto mis nalgas y al estar toda húmeda su verga entro de un golpe, lance un quejido ya que, si me la metió toda, me tomaba de la cadera y me embestía, lo sentía acelerado, se estaba moviendo muy rápido.

    Fernando lo noto y le dijo que se relajara, ¡que nadie llevaba prisa y que me lo metiera despacio!

    Valente siguió su consejo y con más delicadeza empezó a penetrarme, mientras mi boca era follada por la verga rica de Fernando!

    La escena cambio, Valente estaba de pie abajo de la cama, yo en cuatro chupaba su dura verga y Fernando, ¡me la dejaba ir muy rico!

    Cada embestía que me daba me empujaba más a la verga de Valente, este último, estaba que no se la creía, ¡mi boca estaba empalada de su enorme verga y el solo gemía y disfrutaba tenerme así!

    V: ¡Uhm, dios, no mames, si eres una come vergas de lujo!

    K: Ah, mas, dame más, ¡empújamela toda!

    FC: Extrañaba tu cuerpo, ¡nadie coge como tú!

    Valente estaba acostado y yo lo cabalgaba mientras Fernando me tomaba de los hombros y me empujaba a la dura verga de Valente, eso me agrado muchísimo, nos besábamos y sentía los dedos de Fernando en mi clítoris, mi sensación aumento, la verga de Valente dentro lo hacía fenomenal y con los dedos en mi clítoris estaba toda extasiada!

    K: ¡Ah, así, que rico, uhm!

    FC: ¡Eso, goza nena y has que mi amigo goce!

    V: ¡Que rico te mueves, uhm!

    Ahora era al revés, Fernando me tenía dándome sentones en su verga, Valente me ponía su verga en la boca, yo la besaba, chupaba y mordía, mis tetas eran apretadas por los dos, me tenían como su puta, ¡sabía que en cualquier momento me penetrarían al mismo tiempo!

    V: ¡Quiero el culito!

    FC: Jajá, ok, te dejare primero, ¡sabaras lo que es bueno!

    K: ¡Métanmela háganme su puta!

    V: Dios mío, ¡de saber que eras así!

    FC: Te lo dije, ¡ella es muy buena en esto!

    K: ¡Menos charla y más acción por favor!

    Fernando se acostó, me dejó car en su rica verga, metí en mi coño el palo de Coronel, Valente me lamia mi culo y comenzó por ponerme su cabecita, yo me movía rápido, ¡y solita me ensartaba en su tranca!

    Finalmente tenía las dos vergas dentro, una en mi coño y otra en mi ano, estaba en la gloria, ambas me hacían sentir riquísimo, los dos se movían fuerte, me dolía, pero el placer predominaba más.

    V: ¡Ah, que rico culo, uhm!

    K: ¡Ah, dios, ah, uf!

    FC: ¡Que rico, uhm!

    Fernando se sentó, en la orilla de la cama, ahí me continuaba metiendo duro su verga en mi coño, Valente de pie, abrió mis nalgas y continúo dándome en mi ano, se sentía mejor, más rico entraban, yo ya estaba sudando como cerdo, ¡gemía como uno y aullaba como una perra en brama!

    Las duras vergas continuaban dándome placer, no podía evitar una satisfacción de venganza por el coraje que mi marido me hizo pasar, dos personas no gratas para él, me daban rico y me estaban destartalando toda.

    FC: ¡Ahora quiero su culo!

    V: ¡Uhm, si, déjame su rica vagina!

    K: ¡Rápido, agh, no paren!

    V: ¡Uhm, que puta eres!

    FC: ¡Mas respeto, sigue siendo nuestra amiga!

    K: ¡Déjense de modales, cójanme!!!

    Fernando se acostó en la cama, yo me senté dándole la espalda y me la ensarto en mi culo, Valente levanto mis piernas y esa sensación me hizo gritar, me acomodo para meter su verga en mi vagina, ¡pero al hacerlo me empalo más a Fernando!

    Valente la metió con éxito, ambos se movían riquísimo, me besaban, lamian y mordía, me trataban como su juguete, yo gritaba, la verga de Fernando era muy gruesa y mi ano recibía el castigo!

    M: ¡Ah, me duele, ah, más despacio!

    FC: ¡Lo siento, toma, toma!

    V: ¡Ah, mas, rico, ¡eres la mejor!

    De alguna forma me dieron la vuelta, ¡Valente acostado metía su verga en mi vagina y yo empinada recibía con fuerza las embestidas de Fernando!

    FC: ¡Ah, extrañaba esto, toma, ah!

    K: Ah, más, me duele, pero me encanta, ¡ah!

    V: ¡Eso, muévete, uhm!

    ¡Los tres nos movíamos rico, la sensación de placer era tanta, que sentía que me venía, estaba por venirme!

    Fue entonces que ambos exclamaron, ¡sus testículos empezaron a inflarse y me llenaban ambos al mismo tiempo mis dos orificios!

    V: ¡Ah, toma, uhm, que rico!!

    FC: ¡Toma leche, uhm, mami, tómala!

    K: Ah uhm, dios, que caliente, ¡uhm!

    Su semen inundo todas mis entrañas, el orgasmo fue de lo mejor, los dos se vinieron dentro, mi vagina y mi ano, ¡quedaron todos pegajosos de los líquidos que salieron de ellos!

    V: ¡Uhm, eres la numero uno!

    FC: ¡Mamita, que rico!

    K: Ah, me van a embarazar, ¡jajá!

    La noche no termino ahí, cogí con uno y después con el otro y luego volvieron a darme al mismo tiempo, llegue como a las 8:00 am a mi casa, toda llena de semen ajeno, mi marido me miro, pero me hice la enojada y me dormí.

    Pero el problema fue al día siguiente cuando fui a la tienda ya que el hijo del tendero se me acerco y me dijo.

    H: Se lo que hiciste ayer, te vi llegar, ¡se lo diré a tu marido!

    Lo que me faltaba, ahora un idiota me quería chantajear, pero esa historia viene más adelante.

    Kali

  • Reencuentro después de la pandemia

    Reencuentro después de la pandemia

    Después de tantos meses, pandemia incluida, por fin tenemos fecha para nuestro reencuentro.

    Hemos pasado estos meses excitándonos con videos nuestros y mirando porno, imaginándonos en cada historia y es que tantas cosas quedaron pendientes desde la última vez, tantas ganas, tantos juegos…

    Llega el día, son las 8:30 am de un miércoles, hace frío y pronto comenzará a llover, pleno invierno, más abrigados que de costumbre. Te subes y conduces mi auto y nos vamos al motel. Por fin ahí, esperamos que cobren, estamos desesperados, como la primera vez que estuvimos juntos…

    Pagas y ahí figuramos sacándolos la ropa, calientes, tú con tu pene muy erecto y duro y yo, muy húmeda, empapando el calzón blanco que llevo puesto…

    Ahí figuramos tú y yo, mientras me besas pasas tus dedos por mi vagina y se pierden en el charco que hay. Giramos y quedas de espalda, entonces bajo desde tu boca, pasando mi lengua hasta llegar a tu pico, con ese olor que me fascina y esas gotitas que me encanta saborear, me invitan a chupártelo, lo meto en mi boca, es exquisito, paso mi lengua por la cabeza y siento ese sabor del jugo que sale, sigo mientras con mis manos acaricio tus testículos suaves y duros…

    Mojo mis dedos y busco tu ano, mientras te sigo chupando…

    Te meto dos dedos y gimes, mueves tu cadera, estás muy caliente y yo goteo y mojo la cama mientras tú con tus dedos juegas con mi ano, abriéndolo de a poco…

    Me detengo, tomo un condón del velador y la vaselina, me giro y me pongo en 4, estoy lista, te pones el condón y comenzamos la travesía de a poco, me abres con tu pene, me duele, gimo, pero me encanta que me hagas tuya de esa manera. Ambos estamos muy calientes…

    Entras, de a poco, suavemente, me gusta y me tomas de las caderas y comienzas a moverte…

    Me dices que está apretado y que te gusta. Me aprietas, ya te mueves más rápido, un poco desesperado. Con mis dedos toco mi clítoris, el placer que siento es indescriptible, un placer que jamás antes había experimentado…

    De pronto me dices que ya vas a terminar, que ya no aguantas, entonces lo sacas, te sacas el condón y terminas ahí en mi ano abierto, lo llenas de semen y gimes mientras lo haces, es una delicia sentir como vacías todas tus ganas sobre mí…

    Yo no me muevo, espero que vuelvas en ti y que pases tu lengua para limpiarme y luego besarme larga y tiernamente…

    Descansamos. No paramos de tocarnos, conversamos un rato, nos besamos, nuestras manos están inquietas y volvemos a calentarnos…

    Lo único que quiero es que me metas el pico hasta el fondo, sentirte dentro, que entre y salga con fuerza y tiernamente. Tú ya estás listo de nuevo, nunca fallas ahí y tu pene otra vez listo y dispuesto para mí. Besas mis pezones y bajas y mientras vas llegando a mi vagina. Tocan la puerta de la pieza. Te enojas por la interrupción, preguntas quien es y es una mujer que pregunta por mí, te miro y te digo que abras y que ella pase…

    No entiendes nada, pero a los minutos te das cuenta que la próxima sesión que tendremos seremos 3…

    Ella está clara en lo que debe y no debe hacer, aquí todo es para que te deleites mirando…

    Continuamos en lo que estamos, mientras ella se prepara… Sumerges tu lengua en mi vagina… Juegas con mi clítoris y haces que mis piernas se descontrolen…. Se incorpora la sin rostro y mientras tu empapas tu cara con mis jugos, ella besa mis pezones… Su lengua juguetea y hace que se pongan duros y yo gimo de placer…

    Te pido que me penetres y lo haces enseguida, mientras esta chica moja sus dedos y juega con mi clítoris, te miro y tu cara me demuestra que estás muy caliente, nadie habla, solo nos dejamos llevar. Estoy disfrutando al máximo, tu pico y sus dedos…

    La miro y ella para, se acuesta boca arriba en la cama, me pongo sobre ella en 4 y te pido que me penetres

    Ahora aprietas mis caderas con tus manos mientras me das duro, mi vagina suena como si fuera un charco, la chica pasa su lengua por mi clítoris y por tus testículos… Mientras con sus dedos húmedos toca y juguetea con mis pezones…

    Estamos muy calientes, ambos gemimos mientras ella hace lo suyo con su lengua, que es muy buena…

    Hasta que sientes que mi vagina se contrae y mi respiración es más rápida y mis gemidos más fuertes. Sientes mi orgasmo y tú explotas dentro de mí, gimiendo, apretándome. Mientras ella recibe en su boca nuestros jugos sigue pasando la lengua por mi vagina. Tragándose lo que sale…

    Miras y le pides que se salga. Lo que queda de tu semen y de mi secreción lo sacas tú y luego. Lo compartimos en un beso caliente…

    Quedamos rendidos sobre la cama, mientras ella se viste y se va…

  • Las hermanas de Camilo (Cap. 7): Entrando por el garaje

    Las hermanas de Camilo (Cap. 7): Entrando por el garaje

    La excitación del polvo mañanero y sabatino había pasado. Ahora caminaba de lado a lado en ese apartamento, pensando en la reacción que iba a tener mi mejor amigo. También entendiendo que si Katherine estaba dispuesta a revelar esto a su familia, era porque consideraba que yo era su pareja. Ella y yo veníamos follando desde hace unos meses, pero nunca charlamos acerca de nosotros, ni salimos en plan de novios, ni nada parecido, hasta ahora se había tratado de sexo ocasional.

    Yo había quedado bastante golpeado de mis anteriores relaciones, y me había jurado a mí mismo permanecer solo de por vida. Claro que era un juramento que había hecho bajo el dolor que implica una traición, y habían pasado varios años desde ello. Amaba follar con Katherine, y sentía por ella una especie de ternura, quizá una necesidad por protegerle, así que tampoco me disgustaba la idea de salir con ella. Pero todo esto era, hasta ahora, un delirio mío. Quise despejar dudas y lo hablé con ella, pues solo ella podía ratificarme lo que éramos.

    -¿Qué crees que le vamos a contar a mis hermanos?…pues obvio que somos novios, me respondió con algo de ironía

    -¿Y desde cuándo? Yo me acabo de enterar

    -No nos van a pedir esos detalles. Tú asume que desde hoy, aunque déjame y hablo yo

    Pintaba un poco mal este inicio de relación para mí, pues desde un comienzo ella estaba dejando ver su posición dominante.

    Camilo y Diana regresaron al apartamento, y el momento de confesar mi amorío con la más pequeña de la casa había llegado. Estaba nervioso, me sudaban un poco las manos, se me aceleraban las palpitaciones y tragaba saliva. Me esperaba incluso una reacción agresiva por parte de Camilo, pues en cientos de ocasiones lo escuché decirme “el que haga sufrir a mis hermanas lo mato”. Yo no había hecho sufrir a Katherine, al contrario, pero cualquier cosa podía esperarme.

    Sin embargo, fue una sorpresa para mí el modo en que se lo tomó Camilo, pues en ningún momento demostró malestar por la noticia, quizá algo de sorpresa, pero no molestia. A la que no le cayó muy bien la noticia fue a Diana, pues seguramente me tenía en un concepto de vago, mariguanero, inútil y quién sabe qué más. Pero nada podía hacer. Conocía el carácter de su hermana y entendía que no había forma de hacerla cambiar de parecer.

    Habiéndome quitado el peso de ocultar la verdad, di rienda suelta a la relación que acabábamos de formalizar con Katherine. Esa misma noche la llevé a cenar a La Ventana, un afamado restaurante de la ciudad por su ambiente perfecto para el romanticismo.

    Aunque Katherine para esa época no estaba muy enfocada en el romanticismo, sino más bien en complacer sus instintos más básicos. Así que después de cenar nos fuimos para Amarte, un motel seguramente muy conocido para los que frecuentan estos sitios. Para los que no, solo basta decir que queda, o quedaba porque no sé si aún existe, en la zona de moteles baratos de la ciudad.

    Allí llegamos casi en medio del desespero, como si no lo hubiéramos hecho esa misma mañana; era una época en que ambos profesábamos un gran deseo por el otro.

    Fue nada más cerrar la puerta de la habitación para tumbar a Katherine en la cama, sacarle el pantalón y su tanga, y empezar una vez más a consentir su tierna vagina con mi boca. Era evidente que a ella le apetecía, pues polvo a polvo se había ido volviendo adicta al sexo oral que yo le daba.

    No sé en qué momento me volví tan hábil para complacer a una mujer con sexo oral, pues mi experiencia no era muy amplia. Con las dos novias que tuve anteriormente no lo practiqué tantas veces, y luego de ellas me experiencia se limitó a putas y Alexandra, y con ninguna de ellas lo hice.

    El caso es que Katherine deliraba con mi boca consintiendo su vagina, que además tenía esa particularidad de humedecerse en exceso; lo que a mí de paso me calentaba más y más.

    Claro que mi anhelo esa noche era completar lo que había empezado esa misma mañana. Esa exploración de mi dedo en su culo, pero ahora no quería que fuera simplemente con el dedo, sino que quería inaugurar su entrada trasera. Había llevado conmigo lubricante para facilitar la labor, estaba ansioso por llegar a ese momento. Pero sabía que antes debía hacer delirar a Katherine.

    La penetración, vaginal, no tardó en llegar, pues cuando Katherine alcanzó su primer clímax, empezó a pedirme que la follara. Sin mayores complicaciones o arandelas empezamos, allí, en la posee del misionero. Katherine me agarraba por las nalgas mientras que me pedía que la follara cada vez más duro.

    Así lo hice, la penetré a fondo y la sacudí fuertemente con cada uno de mis movimientos. La besaba por el cuello y ocasionalmente mordía sus labios. Ella se limitaba a dejarse llevar por mis movimientos mientras me arañaba la espalda.

    Luego le di vuelta, ella quedó boca abajo tendida sobre la cama. Volví a penetrarla por su hermosa y rosadita concha, que a esa altura de la noche lucía y se sentía totalmente empapada.

    En esa posición empezamos muy despacio y poco a poco fuimos incrementando el ritmo. Ella fue levantándose hasta quedar apoyada en sus rodillas y en sus manos, es decir, hasta quedar en la tradicional posición de perrito o en cuatro.

    A mí me encantaba follarla en esta posición, pues a pesar de que sus nalgas eran pequeñas, en esta posición se veían prominentes, espectaculares. También me encantaba ver en alta definición la forma en que mi pene entraba y salía por su tierna vagina. Pero lo que más me gustaba de follarla en esta posición era el hecho de poder ver su ojete, haciéndome “ojitos” para que lo penetrara.

    Se la saqué y dirigí mi pene hacia el agujero de su culo. Ella se sorprendió, apretó las nalgas y dio un par de pasitos hacia adelante; giro su cara y me miró con asombro, no soltó palabra.

    Yo busqué tranquilizarla, le pedí que se animara a hacerlo pues yo iría muy despacito, “incluso traje lubricante”, le dije tratando de convencerla.

    Ella cedió, aunque me dijo que si no le gustaba, yo debía parar. Acepté e inmediatamente empecé a echarle el lubricante. Luego le metí mi dedo índice y posteriormente se sumó el dedo corazón, es decir, el del medio. Viendo que no hubo mayor molestia, saqué mis dedos, tomé mi pene entre mi mano y lo dirigí a su ano. Empecé a enterrarlo lentamente. Al comienzo ella permaneció en silencio, no demostró gusto ni fastidio, solo agachó su cabeza y permaneció estática mientras mi pene se hundía lentamente en su ojete. Pero cuando ya iba adentro aproximadamente la mitad, soltó su primer gemido.

    Yo lo introducía gradualmente. A medida que ingresaba un poco más, lo sacaba y repetía el proceso hasta hundir un poco más. Finalmente llegó el momento en que lo tuvo todo adentro. Ella se agarraba fuertemente de las cobijas. Luego dejó caer la parte alta de su torso y su cabeza sobre la cama, de modo que su culo permanecía en alto, pero el resto de su cuerpo se apoyaba en el colchón.

    Poco a poco empecé a incrementar el ritmo. Noté como mi pene fue untándose un poco de mierd*, pero no me importó, mi excitación superaba cualquier sensación de asco.

    Ella mordía las cobijas y la almohada, y yo juraba para mis adentros que le encantaba. Así que decidí de nuevo incrementar un poco el ritmo, pero ahí fue cuando todo cambio.

    Vi cómo se le escurría una lágrima, así que decidí detenerme, con mi pene aún dentro de su culo, para preguntarle “¿Te gusta?’”. Ella, sin duda alguna dijo “no, sácamelo”.

    Así lo hice, limpie sus lágrimas y acaricie sus mejillas. Le pedí perdón, pues mi objetivo nunca fue ese. Ella lo entendió y no me hizo reproche alguno. Fue al baño, se lavó un poco y volvió para continuar la faena de sexo convencional.

    La besé y a modo de disculpa le ofrecí hacerle sexo oral de nuevo. Ella, ni corta ni perezosa accedió. Así que de nuevo hundí mi cara en su vagina y pasé otro rato con su clítoris entre mi boca.

    Ella lo disfrutaba, pero esta vez en silencio. Agarraba mi cabeza para hundirla y restregarla contra su vagina. Luego, al sentirse nuevamente al borde del orgasmo, me pidió que la penetrara.

    Cumplí sus deseos, cabalgué de nuevo entre sus piernas, frente a frente, cara a cara. También disfrutaba mucho de hacerlo así con ella, pues podía ver su hermoso rostro a la vez que la cogía. Y en ese polvo descubrí algo esencial para la relación de pareja que hasta ahora emprendíamos. Katherine disfrutaba más del sexo en silencio, pues siempre que era así, terminaba con alguna sorpresa. Primero fue con el charquito de fluidos en el piso. Esta vez fue con un espasmo incontrolable de sus piernas, pues con un nuevo orgasmo de su parte, llegó esta reacción.

    A mí me pareció bastante curioso, también excitante, debo aceptarlo, pues ver esa reacción involuntaria de su cuerpo solo revelaba su fragilidad y el disfrute inocultable.

    Pero a pesar de que este había sido un polvo largo, yo aún no había llegado al orgasmo, mientras que ella lo había alcanzado en varias ocasiones. Ella decidió que me lo iba a provocar con una buena mamada.

    Así fue, con sus ojitos seductores mirándome a medida que introducía mi pene con más vehemencia entre su boca, deslizando sus sensuales labios sobre mi miembro que sin control estalló de placer al interior de sus fauces. En ese entonces ella sentía un poco de asco por cosas como esta, pero luego fue afinando sus dotes de viciosilla y se convirtió en una tragaleche de tiempo completo.

    ***************

    Capítulo 8: Adrenalina de sábado

    Como casi todas las relaciones, la nuestra fue maravillosa en un comienzo. Pero el paso del tiempo es devastador. Empiezan los celos, los reproches, las pataletas, los intentos de dominación del uno sobre el otro. Bien decía Confucio “los años son escobas que nos van barriendo hacia la fosa”. Yo sabía que iba a ser así, y aún no entendía por qué había aceptado empezar un noviazgo con Katherine. Pero lo hecho, hecho está. Pensaba para mis adentros, “echaremos 50 polvos buenos y desaparecerá la magia”.

    Twitter: felodel2016

  • Le confieso a mi esposo que deseo dos hombres dentro de mí

    Le confieso a mi esposo que deseo dos hombres dentro de mí

    Después de mi infidelidad (primer relato), descubrí un aumento en mi apetito sexual, me masturbaba todos los días pensando en que me comía distintas vergas, me hacía doble penetración con mis dedos; o cuando lo hacía con mi esposo (que era prácticamente diario), me imaginaba a alguien más, cuando colocaba su pulgar en mi boca o en mi ano… Pfff, una gran cantidad de orgasmos…

    Durante esos días pensaba en que pasaría si el descubriera mis fantasías, ¿Cómo lo tomaría?, ¿Cómo me vería?, ¿Podría perderlo?, Eso reprimía cualquier intención de hacerlo realidad.

    Un día, salimos a un bar, bebimos bastante, la pasamos muy bien; regresábamos a casa y por las copas que traíamos encima empezamos a hablar de cosas serias, muchas cosas, hasta filosofábamos sobre la vida y la muerte, en fin, dentro de esa seriedad tocamos el tema que si conocíamos todo el uno del otro, nuestros gustos, miedos, etc… En eso mi esposo me hizo una pregunta contundente: ¿Hay algo que no sepa de ti?

    Hubo un silencio… Con labios temblorosos y voz quebrada, con la valentía que me daba el alcohol, contesté: mi fantasía sexual, no sabes cómo me gustaría estar con dos o más hombres a la vez

    Volvió el silencio, fueron unos segundos que parecían eternos, por mi mente pasaba el reclamo de haber cometido el peor error del mundo, sabía que me juzgaría; él, soltó una risa muda, me miró a los ojos y me dijo: No sabes cuántas veces te he imaginado siendo penetrada por cada uno de tus agujeros, creo que compartíamos el mismo secreto… Mi corazón se aceleró, mis panties se humedecieron y terminamos en un beso apasionado lleno de lujuria y candela. Entramos a casa, en cuanto la puerta azotó, mi esposo levantó mi falda con olanes, bajó mis panties cacheteros y de una metió tres de sus dedos en mi vagina, mientras esa mano se ocupaba de dedearme brutalmente haciendo escurrir mis jugos vaginales, la otra desabrochaba su pantalón y bajaba su ropa interior, para dejar su miembro al aire para posteriormente meterlo dentro de mi año. Me sentía como una puta, estaba siendo doblemente penetrada por un solo hombre, mismo que me preguntaba con dureza: ¿Quieres más vergas?, A lo que yo entre gemidos le gritaba que sí. Siguió penetrándome por el ano en el portón interior de la casa, supongo que nuestros vecinos escucharon tal espectáculo, hasta que terminó dentro de mí, sentí como sus semen corría por mí recto, se retiró de mi, me arrodilló y me hizo mamársela con todo y la mezcla de fluidos seminales y anales… Yo encantada con su sabor.

    Ya reincorporados llegamos al sofá de la sala central, nos registramos abrazados, y comenta: Me encanta que seas mi puta, jamás pensé que pasaría algo así, me encantas, espero pronto sí sean dos vergas las que te comas…

    ¿Qué creen? Ya pasó, pero eso será para otro relato…

  • Mi hermana Ana, su amiga y yo (Parte 2)

    Mi hermana Ana, su amiga y yo (Parte 2)

    Ana, mi hermana, se alejó por un momento, fue por un par de condones a su habitación, se desnudó por completo, igual que yo, y se me echó encima, su cuerpo se derretía como mantequilla sobre el mío.

    La puerta del departamento empezó a sonar en el peor momento posible.

    -¡Maldición! ve a ver quién es, no puedo dejar que nadie vea este volcán en mi cara -se levantó y se fue a su recamara.

    Corrí por mis pantalones, la puerta insistía demasiado.

    -¡Ahora voy! -grité mientras me abrochaba el pantalón.

    Abrí la puerta y para mi sorpresa del otro lado de la puerta se encontraba Natalia, no pude evitar notar sus apretados jeans que delataban su gran… trato de no pensar en eso, pero parece que mis sueño se hace realidad, sobre todo con ese revelador escote.

    -¿Está Ana? -me preguntó, lamentablemente estaba tan hipnotizado que le veía todo menos sus ojos, ella lo notó- Es decir, no la busco a ella, solo pasaba por aquí y tengo la boca muy seca- se relamió los labios -me regalarías un vaso de agua.

    No soy muy inteligente, pero era obvio lo que quería, es decir, probablemente venía por ella para ir a la fiesta, pero después ¿me dice que no viene por mí hermana?

    La dejé pasar y fui por un vaso con agua. Ella estaba sentada a un lado mío en el sofá, mientras yo veía sus húmedos labios tomar el agua, yo no entendía como esto podía estar sucediendo, hasta que por un segundo bajé mi vista y noté una gran erección, de la que por cierto, me enorgullece su tamaño, ¿era eso?¿por eso ya no se interesó en mi hermana?

    Inmediatamente me acomodo para disimular, pero me era imposible ocultarlo, de seguro ella disfrutaba mi vergüenza porque escuché una pequeña risa. Luego de un incómodo silencio, sentí su mano en mi muslo. Mi cara volteó en dirección a sus ojos, de un momento a otro la tenía sentada encima de mí, besándome como una loca, sentada sobre mí bulto. Ella lamía mis labios, jugaba con mi lengua mientras despeinaba, más, mi cabello. Puedo sentir sus pechos pegados a mí, su calor, su sudor. Ella bajo sus besos a mi cuello.

    -Natty -dije totalmente excitado- ¿aun duermo?

    -Prepárate perra, estoy a punto de cogerte, como nunca te lo han hecho -murmuró Natalia.

    Al parecer este era el sueño de cualquier pervertido, una sexy ninfómana, la diferencia es que, estoy despierto y no me considero pervertido… en público.

    Empecé a responder cada uno de sus besos con unos más salvajes, los dos luchábamos por el control, pero definitivamente perdí, perdí en cada intento, cada vez que estaba sobre ella, lograba estar sobre mí y hacer que cada movimiento sea aún más caliente que el anterior. Me rendí, ella empezó a acariciar mi pecho desnudo, incluso jugó con mis pezones, mientras su cadera bailaba para causar una sensacional fricción en nuestros juguetitos.

    -¿Estás listo, Marco? -me preguntó seductoramente, mientras su lengua paseaba por mi oreja derecha.

    Sus manos bajaron aún más y se encontraron con la punta, de mi pene, que sobresalía de mi pantalón empezó a dar vueltas, con uno de sus dedos, hasta llevar el precum a su boca, intente decir cualquier cosa, pero ella me callaba cada vez.

    -Las perritas no hablan -me dijo Natalia, juro que con solo escuchar esas palabras me estuve a punto de correrme.

    Desabrochó mi pantalón, se arrodilló frente a mí, e incluso en esa posición era más poderosa que yo, escupió con desprecio pero seductoramente sobre mi pene. Su mano empezó a subir y bajar por toda la extensión, desde la punta hasta presionar mis testículos casi dolorosamente.

    Ella colocó mis manos en su cabello, la razón era obvia, lo único que no entendía es como he podido resistir tanto calor. Empecé a empujar, hasta que entrara todo lo posible, una y otra y otra vez, por segundos quería parar porque sentí que la lastimaba pero ella lo evitaba, seguí y seguí, escuchando sus quejidos, el sonido de su saliva, mirando su rostro rojo, sus ojos llorosos, mirando como ella empezaba a dar un poco de placer metiendo su mano entre sus piernas, sintiendo como, a veces, estaba a punto de ahogarse, el cosquilleo de su largo cabello sobre mis piernas y un poco de sudor de ambos.

    Estaba a punto de explotar y ella lo sabía por lo que rápidamente se detuvo y dijo.

    -Ni lo pienses perra, no dejaré que manches mi ropa, tengo una fiesta -Natalia, tomó un vaso de agua y se marchó como si nada hubiese pasado.

    Casi inmediatamente que se fue la visita, salió mi hermana de su habitación, mirándome todo sudado, y con una erección súper dura.

    -Mierda, Marco, de verdad te dejé prendido, pero soy tu hermana imbécil, eres un cerdo, te dije que no fueras raro -dijo mi hermana mientras me abrochaba el pantalón y sudando, pero esta vez de vergüenza, obviamente no le contaría lo que hice con Natalia, o mejor dicho, lo que Natalia hizo conmigo- ¿Quién tocaba la puerta?

    -Nadie, unos vendedores -contesté para despistarla.

    -Qué raro se supone que Natty pasaría por mí, pero fue lo mejor, de lo contrario, probablemente me hubiera visto con la mascarilla que, por cierto ¡aun no me das! -me reprochó- de cualquier forma, decidí no ir a la fiesta, este grano crece con cada segundo -decía con desesperación, pero yo seguía sin poder verlo.

    Repentinamente, Ana, mi hermana, corrió hasta mí acerco su rostro a mi dolorido pene, desabrocho mi pantalón.

    -Mierda Marco, estás todo sudado.

    Sin aviso enredó su mano en mi pene y comenzó a agitarlo con tal rapidez e intensidad, totalmente concentrada en el acto, que llegué a mi limite, medio segundo antes de terminar ella se puso en dirección al semen y exploté sobre su rostro, mientras me desmoronaba de la satisfacción que sentía, ella se untaba todo sobre su rostro como si de protector solar se tratará, aunque, a decir verdad, estaba casi igual de espeso, sin saber que su “mascarilla natural” estaba contaminada por la saliva, la abundante saliva, de su amiga Natalia.

    Por mi mente pasó la idea de vender mi propio semen para esto, pero eso sería raro. Me pregunto cuando volveré a ver a Natalia, solo espero que no le cuente nada a mi hermana.

    FIN

    ***************

    Si tienes ideas para la historia o solo quieres darme tu opinión lo puedes dejar en los comentarios.

    También puedes seguirme en mi Twitter: @JessBarber011. Gracias por leer.

  • Historia de como el confinamiento cambió mi vida sexual

    Historia de como el confinamiento cambió mi vida sexual

    Este es el inicio de como una pandemia se convirtió en todo un descubrimiento sobre mi sexualidad. Antes de nada procederé a hablar un poco sobre mi, a contextualizar mi situación… Me llamo Ana, tengo 24 años y soy del sur de España. En el momento en el que cuento este relato me quedan 4 asignaturas para acabar la carrera de Medicina y me encontraba de vuelta en casa de mis padres debido al estado de alarma.

    Desde que empecé la carrera no vivo con ellos, ya que la Facultad está en otra ciudad. Normalmente vivo con 2 chicas que son compañeras de la carrera. Llevo con mi novio desde el verano de selectividad (Mala época para echarse novio si…). Él también estudia Medicina y como vive en la misma ciudad donde está la Facultad, siempre hemos tenido muy buena vida sexual, bueno… «buena», para lo que yo entendía que era disfrutar del sexo… No soy ninguna mojigata, follábamos casi a diario, hacíamos sexo oral, en fin… Disfrutábamos como jóvenes que éramos… Pero poco a poco ese ímpetu del principio se fue perdiendo y actualmente lo hacíamos más por rutina que por deseo…

    En estos momentos todos querréis saber cómo soy físicamente, detalles… Pues a ver, no voy a mentir. Nunca he sido la más ligona del grupo de mis amigas, siempre he sido una chica que ha pasado desapercibida, muy delgadita, castaña, con el pelo largo, liso, ojos marrones… En fin, una chica normal. Pero desde que empecé a darle caña al Crossfit, he de decir que donde antes había una chica delgada sin gracia, cada vez me veía más atlética, mejores muslos, mejores nalgas y aunque mis tetas seguías siendo igual de pequeñas, ahora me atrevía a lucir escotes vertiginosos sin sujetador, para lucir un abdomen definido y musculado.

    Acabada lo que me parece una buena composición de lugar sobre mí, pasaré a relatar la primera parte de mi historia. Llevaba ya más de un mes de confinamiento, a finales de abril, cuando decidí salir a la terraza a tomar el sol. Aquí en el sur por estas fechas si hace bueno ya se puede aprovechar para ir cogiendo buen color para el verano. Tengo que decir que me daba un poco de vergüenza, puesto que desde que salí de casa para ir a la Universidad no conozco demasiado a los vecinos de alrededor. Mis padres viven en una urbanización cerrada que es como una pequeña familia, así que bueno, tampoco tenía que ser dramática…

    Me coloqué un bikini azul marino de hacía varias temporadas, uno de esos que no tiras por pena, total, solo quería coger un poco de color. Hacía un tiempo perfecto, ya que podía notar como el sol calentaba mi piel al tiempo que una brisa fresca suavizaba el impacto de los rayos… En esas no pude evitar pensar en mi novio. Hacía ya más de un mes que no sentía sus manos recorrer mi cuerpo, su lengua acariciando mi entrepierna… Estaba tumbada boca arriba en una silla plegable, así que cerré los ojos y dejé mi mente volar…

    Me imaginé en mi azotea, cabalgando la polla de mi chico, tenía tantas ganas de sentir su pene atravesándome que empecé a sentir como la parte inferior del bikini se humedecía. Crucé un poco las piernas, apretando con mis muslos los labios de mi sexo. Y noté la tela de mi bikini rozando mis labios vaginales, hinchándose por momentos. Sentí placer. Quería más…

    No pensé, directamente me llevé una mano al interior de mis muslos y comencé a apretarme los muslos con mis dedos. Imaginaba que era la lengua de mi novio subiendo por mis piernas, lamiéndome cada poro de mi piel… En esas mis tetas estaban ya muy duras. Tengo unos pezones pequeños, morenos pero de bastante grosor… Sentía como mis pezones querían agujerear la tela, salirse de ellos. El roce era tremendo, y cuando más presión sentía, más me empapaba la entrepierna.

    No pude evitarlo, y subí mi mano izquierda hasta una de los tetas. Primero la izquierda. Metí mi pezón entre las falanges de mis dedos índice y corazón, y lo apreté… Joder, sentía como si un rayo me rompiera el pezón por dos… Apreté más y sí… Gemí… Gemí como si fuera una gatita en celo y supe que no podía parar.

    Dirigí mi mano derecha a mi coño, ya por esas chorreando y empecé surfeando mis labios con mis dedos, los rozaba por encima de la tela… Cada paso que cada sentía como la tela dejaba de poder absorber todo el flujo que salía de mí y mis muslos empezaban a manar ese liquido transparente y espeso que salía de mis entrañas… Apreté más, hasta que presioné con mi pulgar el botón del placer, mi clítoris, lo hundí con tantas fuerzas que la tela penetró dentro de mi… Me iba a correr, allí mismo. No había remedio, no había vuelta atrás…

    Y lo hice, agarré a la misma vez con ambas manos, uno de mis pezones y mi clítoris por encima del bikini con mis dedos índice y corazón… Los apretaba tanto que tuve que abrir la boca ahogando un grito… Abrí las piernas alrededor de la tumbona, completamente expuesta y en esas me corrí… Mi vagina se contrajo, mis tetas se endurecieron y sentí como mi cuerpo se desquebrajaba por el placer…. Suspiré, dejé salir todo lo que llevaba dentro. La tensión de los días de incertidumbre, la falta de sexo… todo. Y abrí los ojos…

    Allí estaba él. Alto, moreno, con una barba ya canosa, ojos negros, penetrantes, media sonrisa burlona, fornido, con una cerveza en la mano. Disfrutó del espectáculo… Nuestras miradas se cruzaron y me sentí desnuda. Veía como pasaba sus ojos desde mis piernas hasta los mis ojos. Me quedé paralizada. Algo dentro de mi quería huir… Pero esa mirada, esa boca, esa sonrisa…

    Me coloqué el bikini, como una niña que juega en la arena… subí las piernas a la tumbona. Lo miré, estaba diciendo algo… «Z…o…r…r…a». Y así, cerré los ojos y caí en el sueño más placentero que recuerdo en mi vida…

    Continuará, si os ha gustado…

  • Nuestro primer trío inició por casualidad

    Nuestro primer trío inició por casualidad

    Hola amable lector. Me presento soy Frances y tengo una esposa maravillosa que se lama Romina. Nos casamos cuando yo tenía 22 años y ella 20 y tenemos la fortuna de tener juntos muchos años casados. Tuvimos 2 hijas a los pocos años de matrimonio y decidimos que dos eran suficientes, por lo que Romina decidió operarse para no volver a embarazarse, ya que le caían mal los anticonceptivos y odia el látex de los condones.

    La vida sexual durante 8 años se volvió monótona y escasa, ya que las niñas estaban pequeñas y no queríamos hacer ruidos o que llegaran a entrar a la habitación y pudieran vernos.

    El mal humor de ambos cada vez era más frecuente, llego el momento en que hablamos al respecto y coincidimos que necesitábamos desfogarnos sexualmente, en la primera oportunidad hablamos con su mama y con gusto acepto quedarse con las niñas un fin de semana al mes.

    Nuestra espera para que llegara esa fecha se hacía eterna, pero nos calentaba en extremo saber lo que sucedería y cuanto lo disfrutaríamos, el gran fin de semana.

    Nuestra fiesta iniciaba los viernes por la noche y culminaba los domingos al amanecer, hacíamos y probábamos todo, en ese entonces no se conseguían películas XXX fácilmente y los canales de Playboy y Hustler eran demasiado ligth, pero era lo que había, así que hacíamos lo que se nos ocurría.

    Así pasaron varios meses y cada vez éramos más atrevidos, empecé a decirle palabras sucias y se excitaba de grata manera, de tal forma que dejaba de ser mi esposa y la trataba como a una esclava sexual que se dejaba dominar y también recibir algunas humillaciones al calor del éxtasis que experimentábamos en esos momentos.

    Todo eso sucedía cada mes sin falta, desechábamos cualquier invitación o pendiente que se presentara lo dejábamos para otra ocasión.

    Pues bien, nuestro primer trio nunca se preparó y nunca lo imaginábamos, sucedió con una persona con la que no me unía una gran amistad y que Romina no conocía, ni sabía de su existencia. Les platico teníamos un solo auto por lo que esos viernes el auto se quedaba en casa a fin de que Romina llevara a las niñas con su abuela después de que comían, yo utilizaba el servicio público. Ese viernes Romina me llamo para avisarme que ya estaba en casa después de haber dejado a mis hijas, terminamos la charla y con una voz muy cachonda me dijo “no tardes”.

    La edad, lo mucho que me gustaba Romina y lo bien que la pasábamos hacía que mis pensamientos no fueran muy claros, por lo que, al no estar bien concentrado con los asuntos del trabajo, decidí dejar unos asuntos pendientes para el siguiente lunes, llegaría más temprano y así no corría el riesgo de equivocarme.

    Ya eran cerca de las 8 P.M., todos los compañeros en el piso que yo trabajaba se habían retirado, espere un momento el elevador, al subir toque el botón que me dejaría en el estacionamiento.

    Me encaminé hasta el lugar que tenía asignado y al no ver mi auto me desconcerté, hasta que recordé que estaba en casa. Me regrese al elevador y al abrirse la puerta me encontré a un conocido que ya tenía un largo tiempo de no verlo, nos saludamos y me pregunto qué a que me regresaba si había olvidado algo, me reí y le conteste que olvide que el auto estaba en casa, nos reímos y me pregunto dónde vivía y resulto que su casa estaba en una colonia vecina a la mía.

    Como sucede con las personas que trabajan en la misma empresa, pero en áreas diferentes, la plática en el camino se enfocó en la empresa donde trabajamos, así que nada importante que decir, insistió en llevarme hasta la casa y por cortesía le invite a subir a tomar una copa.

    Subimos al segundo piso, ningún vecino en los pasillos, mi departamento se encontraba en un ala del edifico, lo recorrimos en pocos segundos llegamos hasta la puerta del departamento. Abrí y le hice la señal de que pasara, (antes de seguir les platico, había un pequeño pasillo para tener vista hacia el comedor, la sala y nuestra habitación, de frente se veía la recamara de mis hijas) enseguida entre yo y alzando el tono de voz dije que ya había llegado.

    Nos dirigíamos hacia la sala y justo cuando nos encontrábamos frente a la recamara, se abrió la puerta y Romina apareció cubierta con un corset, medias, liguero y zapatillas de color rojo. Los tres nos quedamos desconcertados, Romina fue la que primero reacciono, rápidamente cerró la puerta. German (Que así se llama o llamaba) y yo nos quedamos mudos y rojos como jitomates.

    Le dije no pasa nada y le platique que ese fin de semana era de descanso de hijas y que de vez en cuando me daba ese tipo de sorpresas, lo anime a que se quedara y serví las primeras copas, paso el tiempo y German se sentía incómodo por lo que apuro la segunda copa y al momento de que se puso de pie, salió Romina de la recamara, se había retirado el maquillaje y lucía un vestido rojo que se le entallaba bastante bien, por arriba de las rodillas, sin medias pero si sus zapatillas rojas con tacón de aguja (Romina es blanca con un tono rosado, el tono de su piel es bellísimo,( adjunto imagen).

    Después de presentarlos German nos dice que se marchaba, Romina de forma graciosa le dice, no se vaya, le prometo que no vuelvo aparecer semi desnuda, los tres nos reímos y creo que con ese comentario lo convenció de quedarse, Romina se sentó a mi lado en el Love Seat y German nos quedó de frente en el sillón individual, me levante a servir otra ronda de brandy y fui a la cocina a sacar del refrigerador el vino tinto para Romina, brindamos por el gusto de estar bebiendo y German enseguida hizo otro brindis, dijo lo siguiente “Por Romina que es la mujer más hermosa que he visto semi desnuda”, todos nos reímos por semejante brindis.

    Hablamos de muchas cosas sin importancia y llegamos a preguntar sobre su estado civil, eso lo pregunto Romina, sucede que tenía un año de divorciado, tenía un niño y una niña, cuyas edades eran muy parecidas a la de nuestras hijas y sus problemas habían sido exactamente como nos sucedido a nosotros, por lo que empezamos como psicólogos a platicarle como solucionamos nuestros problemas, el interesado en lo que le decíamos, las copas siguieron, en otro brindis German se levanta y dice, “qué bueno que existe la casualidad, de otra manera nunca hubiera conocido a tu bellísima y encantadora esposa, que hace que la lencería luzca tan bien”.

    Nuevamente nos reímos, las copas se vaciaron y en broma le pregunto a Romina, porque le había dado la noche libre al Barman, ella se levantó y dijo déjame llamarlo, no se sirvan esperen un momento, se metió a la recamara y cerró la puerta tras de sí. German aprovechando que estábamos solos me pidió disculpas por arruinar unas horas mi diversión y riendo le conteste, no te preocupes recuperare el tiempo, encendí el estéreo y puse música suave para que nos acompañara en nuestra velada.

    Se abrió la puerta y salió Romina, les platico que vestía, un chaleco de piel color rojo, sin nada abajo del chaleco, una falda tableada volada negra que apenas cubría sus nalgas, unas medias negras de malla, que se ajustaban con un liguero negro también y zapatillas de correas y tacón de aguja de 10 cm, para rematar su vestimenta en su cuello llevaba un listón color rojo que se lo arreglo como moño, lucia de infarto, sus senos se desbordaban del chaleco, sus nalgas se le veían más paradas por el tipo de falda y sus piernas perfectamente torneadas, toda ella era una invitación al pecado.

    Con una pícara sonrisa nos dice “no estuvo el barman, solo la girlbar”, deteniéndose remata, “me quedo o me voy”, al unísono contestamos “quédate”, que bueno que no estuvo el barman, empezaron los halagos y los chiflidos, se puso detrás de la barra y nos llenó las copas, nos la dio y dijo “ahora vengo, voy por otro vino, porque esa botella ya se acabó, no sé quién me esté ayudando”, todos reímos.

    La vimos salir de atrás de la barra y seguimos su súper sexi andar, la alfombra hacía que su caminar fuese lento, sabiendo que nos tenía babeando contoneaba sus caderas con un suave movimiento de su falda. Romina sola se había tomado una botella de vino tinto 750 ml, el vino para ella es un potenciador de su libido, por esa razón se había atrevido a exhibirse de esa forma.

    Yo estaba muy excitado y no me importaba que German estuviera admirándola. Regreso, se agacho a dejar su copa en la mesa lateral, agachándose un poco más para dejarse ver todo el culo, no se le notaba la tanga, ya que era un hilo dental que tenía encajado entre las nalgas German no pudo evitar verla y note que trataba en vano de ocultarse lo que le crecía bajo la bragueta del pantalón.

    Estaba la canción Conga de Miami Sound Machine, empezó a moverse y aplaudimos para animarla, su baile fue de lo más sensual que se puedan imaginar, nosotros iniciamos de pie, pero tuvimos que sentarnos para poder admirar sus piernas y sus exquisitas nalgas, termino la canción y la abrace dándole un fuerte beso, la calentura ya estaba al máximo, riendo camina hacia la barra diciendo les servirá otra copa para que sigan aplaudiendo, nos dejó las copas y se disculpó para ir a refrescarse.

    Al baño que acudió esta junto a la cocina, al salir se dirige hacia está haciendo una señal para que fuera, al llegar nos damos un beso súper cachondo y al separarnos le pregunte como se sentía, sin dudarlo contesto, si no lo corres, me tiro a los dos, poco me sorprendió su respuesta, en nuestros juegos habíamos fantaseado en incluir a un tercero, le respondí que por mí no había ningún problema, con una mirada sellamos el trato. Salí yo primero a los pocos segundos salió Romina y nos dice no me tardo y se metió a la recamara.

    Recuerdo que eran como las 2 de la mañana, German y yo, salimos a la terraza del departamento para refrescarnos un poco, se veía lo que ahora es el WTC en ese entonces Hotel de México, semi construido, solo se apreciaban las luces del Restaurant que estaba en la parte más alta de la construcción.

    Oímos su voz que dijo, “Pidieron un servicio” volvimos la vista hacia el interior de la casa y la vimos con una rodilla encima del brazo del sillón, una mano tocaba el muslo que reposaba y con la otra se tomaba el cabello, Romina se había puesto la lencería con la que nos recibió, corto el silencio diciendo que la girlbar se había tenido que ir y solo estaba ella, “¿Alguna objeción?”. German rápidamente contestó, “por mi parte encantado” y dije yo, “al contrario”, bajo la rodilla y camino hacia donde se encontraba el control de las luces, bajo la intensidad, después puso un cd con música lenta, se dirigió a German y extendió su brazo, él le tomo la mano y se incorporó a bailar con ella.

    Yo estaba sumido en el sillón, viendo a mi esposa vestida de una manera increíble bailando con otro hombre, ambos estaban bailando muy pegados, el inclinaba su cara hacia la cabeza de Romina que la tenía en su pecho, German acariciaba sus nalgas con una mano y con el otro brazo la apretaba hacia su cuerpo.

    Me percaté que ella le sobaba la verga por encima del pantalón, extrañamente en lugar de provocarme incomodidad, mi excitación se incrementaba a cada momento, estuvieron sobando sus cuerpos hasta que termino la pieza, ella se separó lo tomo de la mano, pasa donde yo me encuentro y me toma con la otra mano, nos lleva hasta la barra y nos pide que nos sentemos en los bancos, “Júntenlos” ordeno, ya sentados procedió a bajarnos el cierre del pantalón, ustedes desabrochen el cinturón, coge una verga con cada mano y nos empieza a masturbar, empezó dándome sexo oral a mí, para posteriormente hacerlo con German, se metía la verga lo más profundo que podía, apretando sus labios para poder disfrutar más del roce del miembro en su boca, al percatarme que disfrutaba mucho su juguete nuevo me bajé del banco y aprovechando su posición, que estaba de espaldas y agachada, hice a un lado su tanga note que su vagina estaba llena de fluidos por el grado de su excitación, le introduje la verga, era su primera vez disfrutando de dos vergas, de hecho, solo conocía la mía, ya que antes que yo no tuvo relaciones sexuales.

    Mientras la penetraba fui desabrochando el corset, se lo retiré y quedaron expuestos sus exuberantes y firmes senos, sus pezones tienen un color hermoso, de repente se endereza al sentir que German iba a eyacular le acerco rápidamente unas servilletas, él se retiró al baño y nosotros nos fuimos a la recamara, la puse en cuatro para penetrarla desde atrás, Romina no dejaba de susurrar gracias mi amor, es muy rico tener dos vergas a la vez, la lujuria se le notaba en su rostro, una mujer que disfruta hace los rostros más cachondos que te puedas imaginar. Continuamos por otros minutos cambiando de posición, le avise que estaba a punto de explotar, me pidió que acabare dentro, le gusta sentir sus entrañas inundadas. Al terminar deje su cuerpo de espaldas totalmente desfallecida, había tenido varios orgasmos.

    Cuando me incorpore ella tenía sus ojos cerrados respiraba suavemente con una cara tan linda, como recordando la travesura que había hecho. Al girar veo a German parado a un lado de la puerta de la habitación, había visto toda la acción, estaba impactado por lo que había sucedido y más que agradecido de haber podido intimar con mi mujer.

    Le pedí que la cuidara mientras entraba al baño, me asee y me vestí con lo que tenía a la mano para acompañarlo ya fuese a su auto o al taxi, al salir veo que estaba sentado junto a ella, acariciando suavemente su rostro, bromeando le dije, nada de enamorarte, ella ya es casada, reímos y su respuesta fue “que afortunado eres, tu esposa es bellísima” Le agradecí el comentario y lo invite a salir, nos tomamos la caminera y le pregunte como se sentía para manejar, me contesto que muy borracho yo me sentía igual así que pedimos un taxi, al día siguiente iría a recoger su auto.

    Continuará en la segunda parte.

  • Antes del café (Capítulo 1): El último fracaso

    Antes del café (Capítulo 1): El último fracaso

    Versión de Azucena: 

    -«Si no me crees es tu problema, amiga. Buenas noches.» ¿Por qué siempre tiene que decirme esas palabras cuando termina de contarme un chisme? Lo único que quiero es que me convenza de creerle. Pero bueno, esta vez no importa porque ahora sí le creo todo a mi amiga Ingrid. ¡Se acabó! Sabía que Ernesto me estaba siendo infiel con esa tal Isabel. ¡No sé qué le vio! Si es una mocosa de 21 años igual que mi hermano, ¡Ernesto y yo tenemos 27! Estamos grandes para esas babosadas. ¡Pero ya! No importa. Relájate, Azucena, él no era para ti, ni siquiera te satisfacía en la cama. Tantas veces que lo hicimos y nunca aprendió cómo provocarme un orgasmo. Me sorprende haber durado más de un año y medio en esa relación. En fin, este fue el último fracaso amoroso que me permito. Soy una campeona. Mañana le haré una escenita y terminaré con él para siempre.

    Disculpen mi dramatización, queridas amigas y amigos guapos, lo anterior fue una de tantas pláticas que hago conmigo misma, o pueden ser pláticas al aire, porque a veces solo me escucho, pero no me pongo atención. Cuando menos me lo espero ya estoy hablando conmigo misma de nuevo, así que no se sorprendan.

    -De verdad que estoy harta de pasarla mal en el amor. ¡Pero claro! Siempre me he recomendado no tener novios y mejor solamente parejas sexuales ¡Solo que el consejo me entra por un oído y me sale por el otro! Seguramente me he perdido de tantas experiencias por lo tonta que soy. Este estúpido solo me ponía en cuatro, solo me hacía practicarle sexo oral, pero nunca me sentí satisfecha ¿y resulta que me engaña? ¡Por favor! ¿Así o más idiotas tienen que ser los hombres? Bueno, no todos son así, hay unos que saben muy bien nuestra anatomía y tienen demasiada práctica, ¡quiero uno de esos! ¿Pero dónde lo encuentro?

    Sin preverlo, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo completo, acompañada de temblores y suspiros duraderos. Estoy consciente de que al sentir esas reacciones fisiológicas comienzo a perder la razón y digo tonterías. Irónico, ¿no?

    -Me he aconsejado, no sé si sabiamente o no, publicarme en una página web de escorts, si tengo suerte, ¡puedo pescar un robalo bien grande y jugoso! Aparte de recibir un dinerito muy fácil. Solo es cuestión de animarme, pero el temor a ser descubierta me aterra. A pesar de que sé que para eso debo publicarme con un nombre distinto, me da miedo que llegue a arreglar una cita con un socio de alguno de mis padres, que son muy conocidos en la ciudad, o con alguien que los conozca y me delate. Perderé mi reputación, harán que me despidan de la compañía y a ellos les perjudicará mucho, de por sí les costó tanto trabajo conseguirme un puesto en su empresa por mi bajísimo promedio en derecho.

    La excitación que tenía se me quitó. Efectivamente, ya estaba harta de relaciones amorosas sin sentido solo para coger y mis ideas trataban de llevarme a extremos a los que no tardaría en llegar, solamente a falta de la gota que derramase el vaso. Poco a poco me tranquilicé y pensé coherentemente, bueno, eso creo haber hecho.

    -¡Jaja! Ay, Azucena, hay tantos hombres que tienen intenciones sucias contigo ¿y dices que no encuentras ninguno? Solamente revisa tu cuenta de Facebook, tienes más de cien solicitudes de amistad sin responder y más de cincuenta mensajes no leídos, ¡tienes de dónde elegir! No te compliques más, simplemente dale la oportunidad a ese chico Ignacio que tanto te insistió antes de que iniciaras la relación con Ernesto, es más, responde su mensaje que no has ni leído.

    El sueño se me hizo demasiado corto. Mi alarma me despertó a las 7 de la mañana y aún no podía creer que estaba a una hora y media de recibir en casa a Ignacio. Tampoco podría creer que accedí a hacerlo con un muchacho de 21 años, pero es lo que hay. Claro que también no podía creer que en menos de cinco minutos le hablé, me respondió, le fui coqueta, me propuso sexo, acepté y le propuse lugar y hora. ¡Pero mucho menos puedo creer que tanta fue mi urgencia que le dije «8:30 de la mañana en mi casa»! A esa hora tengo que salir para ir a trabajar, pero, por lo visto, decidí no ir hoy, aunque puedo cambiar los planes, pero mis ganas de tener sexo son más grandes que mis ganas de trabajar, como siempre.

    Mis padres recién salieron hacia la empresa a las 6:30 y mi único hermano, Braulio, acababa de bañarse para irse a su universidad a las 7:45. Tiene tantas ventajas ser la última que se va y la primera en regresar a casa: Uno: Puedo disfrutar de mi café puntualmente justo antes de salir de casa, sin que nadie me moleste. Dos: Regresando a casa puedo invitar a quien sea, amigas, novio, etcétera y pasar un pequeño pero buen rato antes de que regresen mi hermano o mis padres. Tres: Mis padres no se enteran si fui o no a trabajar. Y por eso mismo, cuatro: Puedo disfrutar de un excelente día lleno de sexo con mi novio, aunque en este caso no sucedería.

    Mi cuarto pensamiento siempre es el más sucio de todos, pero en verdad, no podía creer que al fin me animé a tener sexo con alguien con quien no mantengo una relación amorosa. De por sí ya era un día extraño por varias razones: Uno: Afuera se apreciaba un cielo nublado. Dos: No tenía ganas de café. Tres: Mi hermano se veía triste paseando por el pasillo siendo ya su hora de salir. Y cuatro: Tenía unas ganas de tener sexo fuera de lo normal, ¡inmensas! Y no iba a permitir que mi hermano me arruinara el día, por lo que, literalmente, lo corrí de la casa a pesar de su evidente desánimo y procedí a darme un baño.

    Dieron las 8:20 y sonó el timbre, justo cuando me preparé forzadamente mi café que no pude ni quería degustar. Invité al muchacho a pasar y de inmediato se abalanzó hacia mí, empezó a besar mi boca, bajó rápido a mi cuello, me manoseó bajo mi falda escolar y antes de que continuara con sus ridiculeces le indiqué el camino a mi habitación.

    El sujeto me desnudó en cuestión de segundos, yo cooperé desnudándolo rápidamente y recordé que la razón por la que acepté su propuesta fue por sus sexys tatuajes en su pecho y abdomen, exhibidos en su foto de perfil y de portada de Facebook, nunca había estado con un chico con tatuajes y a mí en lo particular me atraen mucho. Así que comencé a succionar su pene, que en realidad estaba algo largo, pero no muy grueso. Repentinamente, me dijo «ponte en cuatro» y lo hice, aunque yo me quería dar unos buenos sentones sobre esa larga herramienta.

    Quince minutos, ni más ni menos, después de torturarme con sus escandalosos gemidos, Ignacio se corrió en mis glúteos, terminó exhausto y se acostó, pero me acerqué a él con una sonrisa más falsa que mis pechos en mi foto de perfil de Facebook.

    -Levántate campeón, tengo cosas que hacer.

    Pasaron muchas cosas por mi cabeza mientras limpiaba su leche de mis pompas. Todo se resume en una simple moraleja que la mayoría seguramente ha escuchado y es que de nada sirve que los hombres tengan tan largo o grueso el miembro si no lo saben usar. La tenía más grande que Ernesto y aun así solo me quiso de perrito. ¿Y mi placer dónde está? En realidad, fingí mis gemidos y me moví como diosa para que se viniera rápido. Ignacio se vistió y rumbo hacia la puerta me tocó las nalgas y me preguntó cuándo volveremos a vernos, a lo que contesté que lo contactaré después, otra vez con mi sonrisa más falsa que… Bueno, ya lo saben.

    Acompañé a Ignacio a la salida y habiendo estado él afuera, vigilé por la ventana hasta que se marchó en su vehículo. Lo siguiente que iba a hacer era llamarle a Ingrid para que viniera a la a casa a chismear. En eso, sentí un escalofrío enorme al escuchar detrás de mí unos pasos que por un momento aseguré que eran parte de mi imaginación, pero enseguida, mi desgracia comenzó.

    -Hola, hermanita…

    Versión de Braulio:

    -«De verdad, ya no me busques más, adiós.» Eran las palabras del último mensaje que me envió Isabel, quien por su cobardía, o más bien, por su evidente fastidio, decidió terminarme la noche anterior al inicio de mi último año de la universidad. La dejé en visto, sin palabras, prometiéndome arduamente que este sería mi último fracaso en el ¿amor? Ya no sé si mencionar esa palabra, ¿para qué me miento? Lo que yo realmente quería de ella eran sus ojos, ¡mirando los míos mientras me lustraba el pene con su boca! También puedo decir que realmente amaba sus caderas, ¡las hubiera amado más si las hubiera sostenido mientras le daba por atrás! Pero tranquilo, Braulio, sé que has fracasado mucho en tus ridículas relaciones de amor, así como en tus intentos de llevarte a la cama a tus novias.

    Lo que acaban de leer, amigos y amigas guapas, fue una de mis tantas conversaciones conmigo mismo, que terminan siempre en automotivaciones que al despertar fracasan.

    -Mañana comienzas a cursar el último año de la universidad. No pienses que la inteligencia te quita el atractivo sexual, ¡para nada es así! Tienes pegue, eres muy buena onda, no por nada has tenido más de veinte novias a tus 21 años, aunque repito, sigue siendo un enorme fracaso no llevar a ninguna a la cama. Te propongo algo: Después de clases instálate en un hotel del centro de la ciudad y contacta a una exuberante escort, la más elegante de todas y espérala con champagne, no importa si despilfarras más de mil dólares, ¡date el lujo! ¡Considéralo como un nuevo comienzo! Quizá así la próxima vez seas más malicioso, más atrevido y más exitoso. Pero duérmete ya.

    Luego de una noche llena de horrorosos y desalentadores sueños sin sentido, desperté sin ánimo alguno para asistir al primer día de mi antes ya mencionado último año de la universidad. Vaya que la falta de sexo sí que es un factor importante de depresión, más aún cuando nunca en mi vida lo he tenido, sino solo simples justicias por propia mano. En serio, ni la cita para tomar café a las 9 de la mañana como de costumbre con mis más grandes amigos de la universidad me motivaban a asistir. Me sentía devastado, exageradamente, claro está, parecían solo berrinches de mi parte.

    En fin, mis padres salieron a trabajar desde las 6:30 de la mañana, yo tendría que ser el siguiente en salir, a las 7:45 a más tardar para llegar a las 9 en punto. Después de un baño nada relajante tomé mi mochila y decidí pasear por el pasillo de la casa, pero la grosera de Azucena, mi hermana mayor y única, me apresuraba a retirarme. Enfadado con ella, como siempre, me salí a la calle, sabiendo que en cuestión de minutos arribaría uno de los tantos autobuses que me llevan a la universidad.

    La ansiedad recorría mi cuerpo desde las uñas de mis pies hasta la punta de mis cabellos, mi inteligencia comenzaba a fallarme, o, en otras palabras, estaba perdiendo la cordura debido a todos los pensamientos que aparecían en mi cabeza. En realidad, no me sentía bien para estar en un salón de clases, por lo que en cuestión de un santiamén me encontré de nuevo acostado en mi cama. Tomar la decisión me demoró más que en llevarla a cabo, de todos modos, mi hermana se había metido a bañar mientras yo volví a entrar a la casa y caminé hacia mi cuarto.

    No me enteré del momento en que cerré mis ojos, pero el sonido de la puerta principal azotándose interrumpió mi sueño post-nocturno. El reloj de mi celular indicaba las 8:20, por lo que supuse que mi hermana salió hacia su trabajo un poco más temprano de lo normal, entonces volví a cerrar mis ojos. Pero minutos después, el azote de una puerta más cercana me volvió a despertar. Mi hermana debió haber olvidado algo, como siempre. Regresó por ello y volverá a irse, pensé.

    Sin embargo, salí de mi cuarto para prepararme un café e inmediatamente escuché uno de los sonidos que nunca en mi vida me hubieran gustado haber escuchado… Los gemidos de mi hermana en pleno acto sexual, provenientes de su habitación, diciendo «¡Ay sí! ¡No pares, así me gusta!» Y también los gemidos de un varón. Entre las náuseas y el tener que ser silencioso, dejé la puerta de mi cuarto abierta y me asomé por la ventana. Para mi sorpresa, había un auto desconocido estacionado. Mi cabeza comenzaba a darme vueltas entre tantos pensamientos, de esta manera, inevitablemente tuve que hablar conmigo mismo otra vez.

    – ¿Qué tenemos aquí? Uno: Mi hermana está teniendo sexo, ¡creí que era la mujer más santa y virgen de todo el mundo! Dos: Ese no es el auto de su novio, Ernesto, además la voz del que está gimiendo con ella es más grave que la de Ernesto. Tres: Entonces debe estar con alguien más y poniéndole el cuerno a su novio.

    Por lo general, mis razonamientos no llegan al número cuatro, pero cuando lo hacen, es porque tenía una gran idea, seguramente sucia.

    -Cuatro: Puedo usar esto a mi favor.

    Rápidamente le tomé una fotografía al auto por la ventana y grabé un audio de un minuto de los gemidos de mi hermana y del corneador, aguantando las ganas de vomitar, por supuesto. Vuelto a encerrarme en mi cuarto, no soportaba las ganas de sorprender a mi hermana. De repente, mis palabras salieron sin poder evitarlo.

    -Aunque, para ser sinceros, mi hermana no gime nada mal, lo hace bastante rico. El idiota con el que está es muy escandaloso, pero cuando se calla y ella gime es sensacional, tal vez le está dando muy duro y delicioso.

    Todavía no sé cómo explicar lo que pasaba en mí en esos momentos. El pene se me paró y mi mano se dirigió hacia mi pantalón, bajo mi bóxer y procedí a jalármelo mientras escuchaba esos gemidos, pero a la vez pensaba que lo que iba a hacer estaba mal.

    – ¡Es mi hermana! ¿Cómo se me puede ocurrir semejante barbaridad? ¿En serio voy a masturbarme pensando que tengo sexo con mi hermana? Esto parece de película porno, ahora me arrepiento de no haber ido a la escuela. Pero tengo un plan y tengo que hacer que mi hermana pague por esto, porque ahora estoy bien ganoso y alguien me tiene que bajar la calentura. Y si no funciona, tengo el plan B que anoche determiné.

    Transcurrieron unos quince minutos y salieron de la habitación mi hermana y el sujeto con el que estaba, que, efectivamente, no era Ernesto. Dejé la puerta de mi habitación emparejada para asomar mi celular y tomarles una fotografía, después seleccioné la opción de grabar video y capté cómo caminaban hacia la puerta mientras él le manoseaba el trasero. Sentí raro al ver eso, con ganas de golpearlo, pero debía entender que mi hermana hace su vida como ella quiere y permite lo que ella quiere que pase con su cuerpo.

    -Ahora sé cuál es el motivo por el que tiene muy bajo promedio de su carrera, muy seguramente se la pasó todas esas noches de supuesto estudio brincando en diferentes camas. Pero claro, ella es mujer, ella simplemente dice “sí” y le puede abrir las piernas a quien sea. Ya quisiera que las mujeres nos insistieran a los hombres por sexo.

    De repente, mis pensamientos zarparon un vuelo demasiado alto y aterricé con una conclusión honesta y razonable.

    -Pero, la verdad, mi hermana sí que tiene un cuerpazo para andar luciéndose así, más con esa faldita de colegiala, exhibiendo sus brillantes piernas, alcanzándose a ver parte de sus glúteos, que no son grandes, pero sí redonditos. Si me fijo bien, su cintura es como me gustan, ancha gracias a que está un poco llenita, además de que eso le concede tener unas tetas voluminosas. Obviamente ¿quién no va querer coger con ella? ¿Cómo no lo había pensado antes? Es este vínculo de hermanos que me lo impide, pero la verdad es que como mujer está despampanante. Acepto esta atracción que estoy sintiendo por ella, pero niego querer follarla alguna vez.

    Mientras tanto, mi hermana despidió al chico en la puerta. Me acerqué hacia ella cuando estaba mirando por la ventana y, sin esperar mucho, mi fortuna comenzó.

    -Hola, hermanita.

    CONTINUARÁ…

  • La reunión

    La reunión

    Es otro día normal, estoy en mi escritorio, llevo un vestido negro, debajo un liguero con medias sin bragas, un bralette transparente súper sexy, me pides que te mande una foto alzándome el vestido, accedo, me excito al imaginar que me haces un oral encima de mi escritorio, sigo trabajando voy al baño no me quedo con las ganas y empiezo a masturbarme imaginando que me chupas las tetas y después me das por atrás, regreso a trabajar suena mi teléfono, es mi jefe dándome indicaciones de que alguien importante tendrá una reunión en la sala de juntas y yo debo encargarme, en eso llegas tú, no puedo evitar sentir un deseo que recorre todo mi cuerpo que termina en un cosquilleo en mi vagina.

    Entramos a la sala de juntas, me empino frente a ti con el pretexto de que debo revisar unos cables, siento tu erección y empiezo que imaginar miles de cosas pidiendo que nadie llegue a la reunión para que me cojas.

    Estás sentado revisando tu presentación, subo a la mesa para prender el cañón, tu mirada se desvía hacia mis nalgas, te das cuenta que no llevo bragas y siento como me metes tus dedos mojados, aprietas mis nalgas, pero en eso se escuchan pasos y bajo de la mesa, mi vagina está completamente mojada queriendo tener tu miembro dentro de mi, entra mi jefe diciendo que él debe irse pero te deja en buenas manos que yo estoy ahí para lo que necesites (solo pienso tooodo todo lo que el necesite se lo doy).

    Recibes una llamada y sin pensarlo más voy debajo de la mesa, bajo el cierre de tu pantalón te la empiezo a mamar, tu verga es tan enorme que sólo deseo que me des la cogida de mi vida.

    Te gusta tanto como te la chupo que no puedes evitar venirte en mi boca, descubro mis pechos y escupo tu semen encima de ellos me los embarro y muerdo mis labios.

    Me acomodo el vestido y salgo por un poco de café, cuando regreso hay una mujer súper sexy (tu amiga), nos presentas mientras pienso en esas tetas tan ricas, quisiera morderlas lleva una blusa escotada y no puedo evitar mirar sus increíbles pechos.

    Pregunto a qué hora comenzará la reunión, dices que ahora mismo, pones seguro a la puerta y tu amiga me besa, yo aún un poco tímida no me la creo, pero es tan sexy que me dejo llevar por el momento, ella huele tan rico y besa delicioso, tu solo nos observas y empiezas a grabar, empiezo a besar su cuello hasta que llego a sus tetas las aprieto, chupo y luego se las muerdo despacito mi lengua juguetea y hace que sus pezones se pongan duros a ella parece gustarle mucho y gime de placer (lleva un body de tiras rojo de encaje) beso su abdomen y sigo bajando hasta que llego a su vagina, está súper mojada que no dudo en hacerle un oral, tú decides unirte a nosotras y comienzan a besarse mientras yo de rodillas me como sus juguitos me levanto y te los paso a tu boca.

    Te sientas encima de la mesa y las dos te la empezamos a chupar la verga de vez en cuando nos besamos, cuando estas a punto de venirte ella se levanta y pide que se la metas, yo lamo tus testículos mientras ella está encima de ti, te acuestas sobre la mesa ella encima de ti, pongo mis nalgas sobre tu cara para que me hagas un oral, ella y yo nos besamos, me vengo sobre tu cara, tu estás por terminar, me bajo y nos llenas de semen ella me chupa las tetas para limpiarlas hago lo mismo pasamos tu semen a la boca de la otra, lo compartimos en un beso caliente…

    Tu amiga aún excitada desea poder terminar así que tú y yo la ayudamos le hago un oral mientras tu le das por atrás gime tan delicioso y por fin termina sobre mi, tu bebes lo que queda en mi abdomen.

    Todos estamos exhaustos pero complacidos, detienes el vídeo y lo guardas, llega la hora de despedirse, pero tú ya planeas nuestro próximo encuentro… en el que veremos juntos este increíble vídeo mientras hacemos nuestro trío de nuevo.