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  • La casa de masajes

    La casa de masajes

    Soy Roxana (35), casada, 3 hijos, las cosas suceden sin estar previstas este es mi caso, que es lo que les relataré a continuación.

    Si bien nos llevamos bien con mi esposo, a veces como sucede en todo matrimonio surgen discusiones por lo general de poca importancia, aunque esta llevaba varios días. Esta vez fue algo más intensa, al punto que subí en mi auto, después de esa disputa, saliendo sin rumbo fijo, con la intensión de calmar mis nervios.

    Llegué hasta el mall más cercano, lo recorrí, compré unas cosas, tomé un café y me fui, realmente no tenía ganas de regresar a casa, los chicos no estaban y mi marido supongo que tampoco.

    La tarde estaba agradable, me detuve en la costa, pero todo no me conformaba, quería otra cosa pero no sabía que, pensé en buscar alguna amiga pero no me resultaba muy placentero. Después de casi dar vueltas más de 1 hora, leo un cartel de publicidad ofreciendo masajes, relajamiento, sauna etc., no le di demasiada importancia, pero quedó en mi subconsciente, continúe conduciendo, hasta que se me ocurrió que eso podía llegar a calmar mi estado anímico.

    Como no recordaba la dirección retorné al cartel publicitario para ubicar el lugar, no estaba demasiado cerca, pero a pesar de eso decidí ir.

    Llegué al lugar un edificio nuevo, estacioné, y entré al local, realmente me asombró lo bien puesto que estaba, todas instalaciones nuevas.

    Me atendió una chica y me preguntó si tenía turno.

    “No realmente vi la publicidad y vine, no sabía que se requería turno”

    “Si pero en este momento hay solo hombres desocupados, si desea alguno”

    “No, prefiero una mujer”

    Justo estaba por irme cuando en ese preciso momento, entraba una chica alta, muy bonita, que saluda y pasa.

    “Perdón esa chica trabaja acá?

    “Si, casualmente está libre, si espera un rato, puede llegar a atenderla”

    “Si, espero”

    “Como es el sistema?”

    “Bueno hay promociones, sauna, masajes, depende que desee hacer”

    Mientras me contesta, me ofrece un folleto con los precios, lo leo sin decidirme de inmediato.

    “Mire señora, le conviene hablar con la masajista y ella le va sugiriendo, puede quedarse más tiempo, pedirle algo extra, va viendo de acuerdo a lo que a lo que le parezca más a su gusto o necesidad”

    “Bueno está bien, me parece la mejor solución” Contesté, pensando que, que unos masajes no tienen mucha variante.

    Me hicieron pasar a un recinto, donde me saqué la ropa, y me coloqué una bata, realmente estaba algo nerviosa, cuando de golpe se abre la puerta y aparece la chica, con un guardapolvo corto blanco, aparentemente sin ropa interior, y dos hermosos senos que me llamaron la atención.

    “Hola soy Cintia, mucho gusto”

    “Encantada soy Roxana, es la primera vez que vengo, así que me irás indicando”

    “Si querida, no te preocupes, a medida que avanzamos vas viendo”

    Realmente desconocía bien que me iría ofreciendo, pero me resultaba muy simpática esta chica Cintia.

    “Quisieras tomar un baño de sauna, mientras preparo algunas cosas, te hará bien, no más de 15’”

    “Buena idea”

    Así que me dirigí al cubículo, en ropa interior, con una simpática sonrisa, me dice que debo entrar desnuda, adentro hay una toalla por si la necesitas. Algo abochornada por mi proceder, me quito la ropa y entro. Llegado los 15’, me hace salir, que lo hago envuelta en el toallón.

    “Acuéstate sobre la camilla y quítate la toalla”

    A pesar de lo que me dijo, me acosté boca abajo, pero cubrí mi culo con la toalla.

    “No estarías más cómoda sin nada” sonriendo mientras me lo decía.

    “Es que soy algo escrupulosa, para desnudarme frente a alguien”

    “No te preocupes, tranquilízate y descansa”

    Antes de que lo quitase, lo hizo ella, comenzando a secar mi sudor, de la espalda, los glúteos y las piernas.

    “Tienes un lindo cuerpo, no tendrías que ocultarlo”

    “Gracias, eres mi aduladora” le comento a la vez que me hace poner boca arriba.

    “Además tienes unos hermosos pechos”

    Con esas pocas cosas que me dijo, fui entrando en confianza, sintiéndome mucho más cómoda, comentándoselo.

    “Fantástico, me alegro que te sientas más tranquila, y puedas disfrutarlo ampliamente. A mucha gente le sucede lo mismo, así que trato de que se sienta cómoda”

    Previo a embardunarme con aceite de un rico aroma, toda la parte delantera y fundamentalmente mis pechos, me hizo girar para continuar con toda la parte trasera. Para que una vez finalizado, comenzó a masajear mis pies, sintiendo algo muy placentero, luego pasó a mis pantorrillas, para seguir con mis glúteos y entrepiernas, rozando mi vagina, desplazándose al cuello y espalda.

    Subiendo y bajando, repitiendo los lugares, pero al pasar por mi sexo, me producía una cierta estimulación, algo que comenzaba a agradarme, donde Cintia comenzó a darle mayor intensidad. Trataba de contener mis gemidos, que no escapaban a los oídos de esta chica, que muy sutilmente me dice:

    “Podemos intensificar en determinadas zonas”

    “Si está bien” Contesté algo perturbada.

    Poco a poco, fue acrecentando dichas zonas, donde mis gemidos no los contenía demasiado.

    Me había colocado boca arriba con mis piernas bien separadas, disfrutando cada vez que sus dedos rosaban mi sexo, aunque previo a eso comenzó a lamer entre los dedos del pie, algo que jamás lo había experimentado, y que no me imaginaba como me estaba alterando.

    Cada tanto acariciaba suavemente mi cuerpo para que me relajase, retornando a mis zonas más estimulantes, desde oprimir mis pezones estirándolos, hasta comenzar a meter sus dedos en mi vagina.

    Volviendo a repetirlo una y otra vez, cada vez que introducía con gran habilidad sus dedos en mi útero, mi cuerpo se arqueaba, los quitaba para estirar mis pezones, que estaban más que rígidos.

    Creo que estaba a punto de venirme, cuando, de golpe me levanto como para dar por finalizada la sesión,

    “Que sucede estas incómoda o estas excitada”?

    Con algo de pudor le comento lo que me pasa.

    “Está bien vamos a descansar unos minutos”

    “OK’’ le digo, mientras me tapaba con una sábana, entrecerré los ojos un poco, tratando de aplacar mi excitación.

    Pasado el tiempo, se acercó, para preguntarme como estaba.

    “Estoy muy bien gracias” le digo, mientras le toma la mano, y la acaricio, como sintiendo la necesidad de sentir su contacto.

    “Mira, si sientes algo no te contengas, déjate llevar, me alegra mucho llevarte a un estado de alteración, no te preocupes”

    Acaricia mi rostro, quita la sábana, reiniciando la sesión, pero esta vez con mayor vigor, donde mi cuerpo comienza a alterarse rápidamente. Su índice lo introduce en mi ano, y el resto, en mi vagina, comenzando a gemir de una manera incontenible, incitándola a aumentar sus masajes, cuando me dice:

    “Te incomoda si me quito el delantal?”

    “Por mí puedes desnudarte”

    Rápidamente se despoja de su prenda, quedando unas bellas tetas al aire, pero al sacarse el pantaloncito, veo una importante verga que cuelga de una manera muy sensual, si bien me sorprendió enormemente, no sentí rechazo. Pero por mi expresión, me dice:

    “Si te molesta me pongo algo”

    “No, para nada quédate así”

    Realmente quedé subyugada por esa gorda verga, que superaba bastante a la de mi esposo, sin querer menospreciarle, mientras sus masajes iban acrecentando mi libido, al ponerse sobre la cabecera de la camilla, su verga roza mis mejillas, donde sin pensarlo, la toco, y sin poder contenerme trato de besarla. Mirando a Cintia y disculpándome por mi accionar.

    “No te preocupes”

    Y en una actuación muy perspicaz, me desplaza un poco de la camilla, hacia ella, quedando mi cabeza colgando, y como algo sobreentendido abro mi boca, metiendo su verga en mi cavidad, que comienzo a chupar de una manera apasionada, mientras acaricia mi cara en demostración de aceptación, a la vez que aprisiona sus dedos en mis pezones estirando mis tetas.

    Mi alteración era incontenible, la verga de Cintia estaba bastante rígida, ambulando en mi boca, así que comencé a actuar de una manera desordenada, mientras Cintia intentaba apaciguarme, diciéndome:

    “Déjame manejar la situación, disfruta, yo haré el resto, es evidente que estabas necesitando algo más”

    “Si, tienes razón”

    “Ok, relájate” me dice, haciéndome colocar boca abajo, coloca una almohadilla bajo mi vientre, elevando mi traste, me monta sintiendo su aparato entre mis glúteos, acaricia mi espalda, y fricciona mis hombros, que al compás de sus movimientos, percibo su aparato deslizarse cerca de mis intimidades.

    Ante mis continuos gemidos, siento la punta de su glande ubicarse en mi vagina, que de una manera abrupta se introduce en mi útero, percibiendo a través de las membranas interiores, como se desplaza avivadamente.

    Siento sus testículos golpear contra mis labios vaginales, es algo alucinante, no tardo en venirme, pero a pesar de eso prosigue de una manera más exaltada, sin poder llegar a contener mis gemidos de placer.

    Después de varios minutos de ese alocado bombeo, me sentí desfallecer, donde percibiendo mi estado caótico, se retira de mi cuerpo, tapándome con una sábana.

    Al cabo de casi 10 minutos de relax, me senté en la camilla con el objeto de irme, y Cintia me pregunta:

    “Que haces”

    “No sé, me voy, supongo que ya terminó todo”

    “No tienes problemas en alargar la sesión, ahora si estas satisfecha, no veremos otro día”

    Realmente me había agradado, y Cintia era fabulosa, gentil, dulce y me llevó a algo que ni tenía la más remota idea que sucedería, no había nadie en casa, y aun era temprano para la cena.

    “Está bien me quedo un rato más, sorpréndeme con lo próximo”

    “No te vas a repetir Roxana”

    Me coloque la bata, e iniciamos una corta conversación, aunque como soy curiosa, le hice varias preguntas:

    “Te excitaste conmigo, a pesar de ser…”

    “Por supuesto, y más sabiendo que eras primeriza en esta nueva experiencia”

    “Pero no eyaculaste”

    “No tengo un gran control en eso, además lo reservo, para cuando el cliente lo desee” me responde.

    “Porque mi esposo, no aguanta demasiado. Pero, como sabias que seguiría, si ni lo comenté”

    ”Porque de no desearlo, te habrías ido apenas te dabas cuenta que era shemale”

    “Y qué otras cosas, hacen acá?”

    “Lo que se te ocurra, parejas, tríos, lésbico, dominación, sadomasoquismo, voyerismo, lo mío, juguetes y lógicamente sexo vaginal, anal y oral. Así que, ya sabes, pide tu turno, si alguna vez quieres al distinto”

    Después de esta breve charla, estaba preparada para otra nueva experiencia, que si bien algo me imaginaba, preferí que Cintia tomase la iniciativa.

    Me invitó a quitarme la bata, y ponerme boca abajo, en la camilla, al igual que la vez anterior comenzó a masajear mis glúteos, separándolos y rosando mi ano, diría que era más puntual, que por supuesto no dejaba de alterar mis hormonas.

    Así continuo, hasta que comenzó a pasar una gasa embebida posiblemente en un antiséptico, alrededor de mi esfínter, varias veces, hasta que separa mis nalgas, descubriendo mi ano, para lamerlo de una manera concisa y continua, introduciéndola en mi abertura, alterándome de una forma incontenible.

    Después de perturbar durante varios minutos, me giró para lamer lentamente mis labios vaginales, sin dejar de afectar con su dedo mi esfínter, era algo más que excitante, poniendo en un estado de total enajenación, cuando sentí que algo era incrustarlo de forma costosa en mi ano, sin dejar de lamer mi clítoris.

    La forma en que llegó a ponerme, era como para aceptar cualquier cosa, cuando me pone al borde de la camilla, oprimiendo y girando el botón anal, donde no podía contener mi estado de calentura, en el momento que bruscamente lo retira para sentir su glande ubicarlo en mi orificio liberado.

    Un leve empujón, hizo que se amoldase en la entrada, pegué un corto respingo, mientras me miraba, como dispuesta a proseguir, cerrando levemente mis ojos, como en espera de algo más. Fue suficiente ese dialogo corporal, para volver a pegar otro empellón algo más intenso, donde mande mi cabeza hacia atrás gestando una corta exclamación.

    Así en varios intentos, poco a poco su aparato fue depositado en mi canal rectal, supongo que bastante enrojecida la zona producto de ese gran trozo de carne. Era doloroso pero mi calentura, superaba cualquier sufrimiento, donde sus palpitaciones eran transmitidas por mi membrana intestinal, hasta que un nuevo empujón, hizo que sus huevos quedasen en contacto con mi piel.

    Cuando al fin terminó de entrar y la cabeza se alojó profundamente, era feroz sentir su falo metido hasta mis entrañas, dando la sensación de partirme. Le rogué, que no se moviera, quería disfrutar su aparato en mi interior, o por lo menos que mi conducto se fuese adaptando a ese extraño visitante.

    “Estas bien, mi querida?”

    “Perfectamente, Cintia”

    Mientras se inclinaba para besarnos, entrelazando nuestras lenguas, moviéndose suavemente, en un bombeo leve, cuando me toca la vagina, comentándome que está bastante mojada, que a pesar de lo sucedido hasta el momento, todavía seguía ruborizándome.

    Después de este breve preámbulo, comenzó a bombearme, de una manera muy frenética, donde su pistón rosaba arduamente las paredes de mi recto, a pesar de mi estrechez oprimía a esa masa de carne que vejaba mi privacidad. Mis tetas parecían explotar por la tensión, mientras mi vagina iba aumentando la secreción de mis flujos.

    Era algo enloquecedor, termine masturbándome mientras su bombeo se iba haciendo cada vez más intenso, que a pesar de haberme venido, continúo hasta que me llevo a un segundo y prolongado orgasmo. Quedando tendida en la camilla, transpirada y totalmente exhausta, mientras me abrazaba y acariciaba, tratando de contenerme, aplacando mi agitada respiración.

    “Estas bien?

    Asenté con la cabeza respondiendo a su pregunta, que apenas comencé a recuperarme le pregunto:

    “No eyaculaste?”

    “No me lo pediste”, que quieres hacer?

    Levanté los hombros, mientras hacia una trompita con mi boca, causándole gracia a Cintia por mi expresión.

    “Supongo que querrás que me masturbe, o que acabe en tu boca?”

    “Lo que más te agrade, siempre has decidido que hacer”

    “Ésta bien, lo segundo, te parece?”

    “Debo tragarlo?”

    “Queda a tu criterio”

    Cintia se paró, con su rígida verga, pronta a recibir con mi boca, me arrodille, lamiendo lentamente el largo de su aparato, lamiendo su glande, para hacerlo con su testículos, hasta llevarlos a mi boca, quedando por ultimo meterme su falo en mi boca, que si bien comenzó a producirme arcadas, logré introducirlo totalmente hasta que mis labios tocaban su pelvis.

    Mientras acariciaba mi cabeza, me sentía su esclava de este ser tan especial, esta arrodillada mamando la verga de un travesti, era algo inconcebible para mí, pero el destino nos conduce a lugares no previstos.

    Continúe mamándosela, mientras oprimía su ano con mi dedo, donde mi excitación comenzaba a acrecentarse, al estar pendiente de su convulsión, que comencé a succionar su glande, hasta que en escasos minutos un líquido cálido y copioso regó el interior de mi cavidad bucal, que no tardé en deglutir, limpiando asiduamente ese instrumento que me produjo mucha satisfacción.

    Cintia me agradeció, diciendo que había sido una de los mejores sexo oral que había tenido, no sé si sería verdad, pero traté de esmerarme lo mejor que pude.

    Me bañé, me vestí, le di un intenso beso a Cintia y una propina que no quiso aceptar, volví a besarlo diciéndole que lo había pasado bárbaro, y que trataría de regresar.

    Cuando llegué a la recepción, estaba lista la adicción, la leí y era bastante más a lo que había previsto, pero realmente creo que fue un dinero muy bien invertido.

    Regresé a casa como en una nube, sin pensar que había engañado a mi esposo, en realidad fue un regalito que me hice, cansada, pero totalmente relajada, feliz del momento que había pasado, y con ganas de regresar en otra oportunidad

  • Gemidos en el despacho

    Gemidos en el despacho

    Escuchando los gemidos de Diego

    El ambiente del cuarto estaba sobrecargado. Llevábamos horas preparando un proyecto para un simposio sobre el autismo, sentados uno junto al otro delante del ordenador. No me di cuenta hasta que salí del despacho para dirigirme al baño. Eran ya cerca de las once de la noche. Los demás compañeros del gabinete de psicopedagogía donde trabajábamos ya se habían ido a sus casas.

    ―Yo no puedo más ―le digo irguiéndome en la silla, masajeándome el cuello. ―¿Lo dejamos por hoy? Ya no sé ni lo que leo.

    ―Venga, mujer, sólo un par de horas más ―me dice frunciendo el ceño, mirándome como solía hacer, fijamente.

    ―¿Un par de horas más?, ¿pero tú qué es lo que tomas? ―le digo usando ese tonillo de indignada que no me creía ni yo misma y que solía emplear con él. Ya nos conocíamos demasiado bien. Al pronunciar la frase, su cara impostada de cascarrabias dio paso de inmediato a una amplia sonrisa. Le encantaba incordiarme. ―Quédate tú, si quieres. Me voy a hacer un pis y recojo.

    Al traspasar el umbral, noté el aire más fresco y limpio, libre de las emanaciones con que nuestros cuerpos tibios habían inundado el despacho durante horas. El contraste me dio en la cara.

    ―No dejes abierta la puerta del baño ―me dice―, como haces siempre, que no quiero oír tus chorritos de alivio.

    Me quedo parada en el pasillo. «¿Como hago siempre?» ―pienso para mí―. «¿Pero qué está diciendo este energúmeno?» Doy media vuelta y estoy a punto de regresar al despacho cuando caigo de nuevo en la cuenta de que ha puesto en modo «on» su maquinaria pesada para sacarme de quicio. Estoy a punto de soltar una carcajada, pero me reprimo. Me llevo la mano a la boca, sofocando la risa, y vuelvo a dar media vuelta para dirigirme al baño. Cuando logro recomponerme, le suelto mientras camino:

    ―Tranquilo, que ya la cierro. Es que yo pensaba que te gustaba oírme… ―le digo sin poder evitar reírme, mordiéndome el labio cuando hube terminado la frase.

    Dentro del baño, con las bragas en las rodillas y la falda remangada, no puedo evitar sentirme algo inquieta, para mi sorpresa, ante mi sospecha de que él pudiera estar oyendo «mis chorritos de alivio». Me cruzaban por la mente pensamientos absurdos. Diego tenía la habilidad de ponerme «nerviosa» con sus tonterías.

    A menudo, cuando yo trabajaba en el ordenador y los demás compañeros estaban en sus despachos enfrascados en sus trabajos, atendiendo a algún niño con problemas de dislexia o de atención, Diego aprovechaba para acercarse al mío y ponerse a observar por encima de mi hombro, muy serio, el texto que yo tenía a medio redactar. Sin decir una palabra, acercaba su dedo índice a la pantalla, tieso como una flecha, y me hacía notar el error de ortografía, de semántica, de puntuación o cualquier otra cosa que le sirviera para incordiarme. Yo soltaba un bufido, y a continuación le decía algo como:

    ―¿Por qué no te metes el dedito donde te quepa, guapo?

    ―Yo sólo intento ayudar ―seguía diciendo muy serio, haciéndose el agraviado.

    ―Sí, ya, claro, por supuesto. Anda, niño, métete en tus cositas ―le decía yo, empujándole, sin ninguna convicción. Él se quedaba allí, apoyado en el respaldo de mi sillón, mientras yo trataba de seguir escribiendo, cada vez más «nerviosa». Yo tenía mis razones para estarlo.

    ―Muy bonito ese color ―me soltaba. Yo me quedaba descuadrada un momento, hasta que lograba encajar el comentario.

    A mí sí que me subía el color y el calor hasta las orejas. Yo trataba de no despegar la mirada de la pantalla, ruborizada. Se refería a mi sujetador. Tenía la manía de mirarme el escote desde arriba y decirme estas tonterías.

    ―Me alegro tanto de que te guste ―le decía yo, aparentando hastío, como si estuviera de vuelta de todo, pero ¿a quién iba a engañar?

    ―Sí, sí, muy bonito ese azul pálido, por no hablar del encaje. ¿No crees que se te ve demasiado?

    «Me lo cargo», pensaba yo para mí, tirando instintivamente hacia arriba de la solapa de mi camisa de cuello, sin mangas, color salmón, que me había puesto ese día. Después, volvía a empujarle para que se fuera:

    ―Anda, bonito, vete a decirle a tu tía la ropa que tiene que ponerse ―y él se marchaba, partiéndose de risa.

    Por culpa de estas tonterías, me vi en más de una ocasión delante del espejo, antes de salir para el gabinete, por la mañana, pensando si se percataría de mi nuevo modelito. «¿Será posible?», pensaba yo para mí.

    En el baño, aún inquieta, y con las bragas en las rodillas, cojo un trozo de papel y me limpio. Tiro de la cadena, abro la puerta y me dirijo al despacho. Al traspasar el umbral, el ambiente cargado vuelve a invadirme: el cuarto huele a nosotros. Con paso perezoso, camino inconscientemente hacia la silla que había ocupado minutos antes, pero algo me detiene. Es su cara. Está mirando fijamente a la pantalla, con el rostro inmóvil, muy serio. Me quedo parada en medio de la sala.

    ―¿Qué te pasa?

    Él no se inmuta, y tampoco me contesta. Sigue mirando la pantalla, concentrado, los ojos muy abiertos.

    ―¡Eh, niño!, ¿qué te pasa? Estás muy serio.

    En vista de que no me contesta, avanzo unos pasos por el despacho y me asomo a la pantalla del ordenador. Quiero ver qué es eso que le tiene tan abstraído. ¿Y con qué me encuentro?

    ―¡Pero qué haces!, ¿estás loco? ―le digo con la boca abierta, echándome instintivamente hacia atrás, como alejándome de una fuente de infección.

    Estaba viendo una película porno, ¡en el despacho! Yo me llevo la mano a la boca y noto una ráfaga de calor invadiéndome el cuerpo. El corazón se me acelera por momentos. ¿Y qué hace él? Sonríe abiertamente, borrando de un tirón su expresión de seriedad, y me dice:

    ―¿No querías relajarte? Pues esta me parece una forma estupenda.

    Por un segundo, no sé cómo reaccionar, sigo con la boca abierta, bloqueada ante la escena. Aunque nunca sé si se me nota, sé perfectamente cuándo me sucede, y en ese preciso momento sentí cómo el rubor invadía mis mejillas. No supe dónde meterme. El corazón me batía con redobles.

    Decido irme al pasillo, sofocada. Mientras me alejo, veo que él no se mueve de la silla y sigue mirando la película, impasible. Ya en el pasillo, trato de respirar el aire limpio, hacerlo penetrar dentro de mí con la esperanza de recobrar la serenidad y «desintoxicarme» del ambiente viciado del despacho. Pero es en vano. La escena me atrae como un imán. Además, Diego no me facilita las cosas. Desde el pasillo, oigo que me dice:

    ―¿Quieres calmarte? No es más que un entretenimiento inofensivo.

    Yo sigo acelerada, caminando arriba y abajo. Le digo:

    ―Desde luego, vaya un entretenimiento para practicarlo en mi despacho ―le digo excitada. La acústica del pasillo hace que mi voz parezca como salida de una cámara de resonancia

    ―Pues yo no veo qué tiene de malo.

    Sigo nerviosa, dando pasitos inquietos adelante y atrás. Desde allí, creo escuchar lo que parecen ser jadeos, concretamente los de una mujer que parecía estar pasándoselo «muy bien». Ese sonido me enciende, espolea mi pulso y mi curiosidad morbosa, haciendo que me fuera aproximando cada vez más a la puerta. A medida que me acercaba, escuchaba cada vez con más claridad aquellos jadeos entrecortados, y mi excitación aumentaba a cada segundo. Finalmente, en un arrebato, sin saber muy bien qué estoy haciendo, asomo la cabeza por el umbral y veo que él sigue sin quitar el ojo de la pantalla. Y lo que es peor aún: tiene el pantalón desabrochado y veo que se ha sacado el pene.

    Me quedo petrificada, con la boca abierta de par en par, que tapo con la palma de mi mano. Por un segundo, no sé si darme la vuelta. La imagen me deja sobrecogida. Le observo tocarse su miembro erecto arriba y abajo, suavemente, el glande rojo e hinchado bien visible, como una enorme guinda ensartada en un palo. «Qué gruesa la tiene», me sorprendo pensando. De pronto, gira la cara y me mira fijamente. Le noto muy ruborizado, pero quiere aparentar tranquilidad. Me pilla mirándole el miembro y me pongo roja como un tomate. Retiro mi mirada, totalmente turbada, sin saber dónde posarla.

    ―¿Qué te pasa? ―me dice con tono impasible, sin dejar de tocarse. Yo no sé para dónde mirar, esquivo su sexo desviando los ojos, mirando a todas partes, con las manos temblorosas alrededor de mi boca. Vuelve a intervenir:

    ―¿Te quieres tranquilizar? ―me dice levantando la palma de su mano izquierda, mientras con la otra sigue acariciando su sexo.

    Yo no sé qué hacer, camino adelante y atrás, inquieta, dando pequeños saltitos, pero me resisto a salir del cuarto. Él no deja de mirarme, mis ojos viajan por toda la estancia, las paredes, el techo. Llevo mi mano a la frente, haciendo pantalla, pero la visión de su pene hinchado parece colarse allá dondequiera que miro.

    Él me obvia, sigue a lo suyo, y deja de prestarme atención. Gira la cara de nuevo al monitor, y me dice:

    ―Cálmate, anda.

    El ordenador sigue emitiendo fuertes jadeos. Sigo de pie, dando pasos alrededor del cuarto, acalorada, con el corazón bombeándome aprisa, excitada por aquellos gemidos perturbadores. Siento unas ganas tremendas de averiguar por qué esa mujer está disfrutando tanto. Así que rodeo la mesa y me asomo a ver qué está ocurriendo, haciendo enormes esfuerzos por esquivar la presencia de su pene, tan cerca de mí. Veo a una mujer morena, abierta sobre una mesa, descalza y con las piernas alzadas. Se sujeta con una mano la falda alrededor de la cintura, amontonada, y con la otra empuja la cabeza de un chico, desnudo de medio arriba, que está lamiéndole la vulva. Sus pechos están desnudos. Ella echa la cabeza hacia atrás, emitiendo gemidos entrecortados y moviendo instintivamente su pelvis, mientras la lengua puntiaguda del chico vibra sobre su clítoris.

    Diego se da cuenta de que estoy observando la escena, boquiabierta, y, sin mirarme ni un momento, estira el brazo y arrastra la silla vacía hacia sí, colocándola a su lado, para que yo me siente. Yo lo hago, nerviosa como la gelatina, y desplazo la silla hacia atrás, colocándome a diferente altura, más retrasada que la suya. Lo hice, quizás, motivada por mi vergüenza y mi pudor, pero enseguida me doy cuenta de que de esta forma lograba una perspectiva perfecta para observar su maniobra con su polla, que a estas alturas estaba completamente erecta, y de la escena tan caliente que estaba teniendo lugar en la pantalla.

    Yo no podía estar más colorada, más nerviosa y más acalorada. Gracias a Dios, él no podía verme, así que me daba igual. Verle tocándose la polla delante de mí sin ningún pudor y verle disfrutar de la escena pornográfica sin prestarme la más mínima atención me puso cardíaca, cachonda perdida. Comencé a sentir un cosquilleo en mi entrepierna, notaba cómo se me humedecía por momentos. Empecé a presionar mis muslos entre sí, buscando ese roce y activando los músculos de mi vagina.

    Haciendo el menor ruido posible, comencé a acariciarme un pecho sobre la camisa. Notaba cómo el pezón empezaba a erizarse. Llevé mi otra mano a mi entrepierna y comencé a frotarme por encima de la falda, conteniendo mis ganas de subírmela y acceder a mi sexo.

    Pronto me noté tan excitada, que en un acto de valentía o de inconsciencia ―en estas ocasiones debo confesar que se me nubla el entendimiento y no sé muy bien lo que hago―, me levanté la camisa, evitando hacer cualquier ruido que le hiciera sospechar, y empecé a tocarme los pezones sobre el sujetador de encaje, haciendo brincar mis ojos desde el ordenador hasta su polla y desde su polla al ordenador, excitada como una mona.

    Pero enseguida el contacto áspero del sujetador me resultó molesto y me lo subí también, despacio, sin hacer ningún ruido que pudiera invitarle a mirar, y dejé mis senos al descubierto. Me ardían las mejillas. No podía creer lo que estaba haciendo.

    El temor de que él girara la cabeza me hacía temblar, pero al mismo tiempo me ponía como una moto. No podría soportar que me viera de esa guisa, con los pechos desnudos, dejándome llevar de esa manera, sin ningún control sobre mi deseo. «Si me mira, me muero», pensaba para mí, aunque en el fondo deseaba que lo hiciera.

    Comencé a acariciarme los pechos y a pellizcarme los pezones con los dedos. Estaba cada vez más cachonda, y rezaba para que no volviera la cabeza y me viera así, tan «desordenada», como habría dicho mi madre. Pero no podía parar de tocarme, y, a medida que lo hacía, iba necesitando cada vez más.

    Confiada y un tanto tranquila de que él siguiera a lo suyo, me incorporé un poco para subirme la falda y poder acceder a mi entrepierna. Pero justo en ese momento él gira la cabeza y a mí se me sacude todo el cuerpo. Allí estaba yo, tratando de subirme la falda, con la camisa y el sujetador recogidos hasta el cuello, los pechos colgándome desnudos, y él observando todo el cuadro. Para más inri, me dice impasible, con una ligera sonrisa en la cara:

    ―¿Qué haces?

    Yo me quedo de piedra, ridícula en aquella postura y con aquella pinta, roja como una granada, y no se me ocurre otra cosa que decir:

    ―Lo mismo que tú ―y me siento muy despacio, continuando con mi propósito, que era remangarme la falda para tener libre acceso a mi sexo. Él me observa hacerlo, echando una ojeada tranquila a mis bragas expuestas y me dice:

    ―Pues me parece muy bien.

    Él gira su cabeza, se concentra de nuevo en la pantalla del ordenador y los dos continuamos tocándonos: él, su miembro enhiesto y yo, mi vulva húmeda sobre la tela de la ropa interior. Mis mejillas debían estar del color del ketchup, pero ya no me importaba. ¿Acaso podían «empeorar» más las cosas? Así que metí mi mano por debajo de las bragas y comencé a tocarme el sexo. Lo tenía empapado, y, para mi mayor vergüenza, comenzaba a notar mi propio olor flotando en el aire. «Dios mío, ¿lo notará él también?», pensaba. «Estás loca, Pilar», seguía diciéndome sin parar de tocarme.

    Yo estaba cada vez más cachonda. Después de unos minutos, algo se apodera de mí de nuevo y me veo arrastrando mi silla hacia delante, colocándome a su altura. Lanzo el brazo hacia su entrepierna, le agarro la polla y hago que retire la suya, cosa que él hace encantado, dejándola apoyada sobre su muslo mientras yo lo manipulo. Se la sujeto con el puño y siento el calor que desprende, su grosor, su dureza: ¡qué dura la tenía! Tengo el cuerpo electrizado de excitación. No puedo dejar de tocarme el sexo y los pechos mientras se la acaricio despacio, arriba y abajo, manchándome el borde de la mano con las lágrimas que brotan por la punta brillante.

    Casi de inmediato, él desliza su mano izquierda sobre mi muslo desnudo y me busca la raja, que yo le ofrezco abriendo un poco las piernas. Enseguida alcanza su objetivo y yo empiezo a notar sus dedos acariciarme sobre la tela húmeda.

    Entonces acudo en su ayuda y, con mi mano izquierda, retiro las bragas hacia un lado y se la ofrezco desnuda. La excitación me hace temblar. Él comienza a tocarme, primero acariciando abajo y arriba, suavemente, con la palma de la mano, y luego presionando sobre el clítoris, haciendo círculos, y metiendo poco a poco sus dedos en mi cavidad. Yo cierro los ojos por el placer que me produce, sorprendida y avergonzada al mismo tiempo por tener tan poco control sobre mí, entregada, sin creerme lo que está sucediendo.

    Sus dedos se introducen cada vez más en mi inte­rior, al tiempo que me roza el clítoris con la palma de la mano. Me encanta ese roce. Yo no puedo dejar de pajearle. Me encanta sentir su grosor y su dureza. Le miro a ratos la cara y le veo cerrar los ojos, deseoso de que yo siga tocándole, lo cual me excita todavía más. Los jadeos y los gemidos procedentes de la pantalla comenzaban a mezclarse con nuestras respiraciones, cada vez más agitadas. Aunque trato de controlarme, mi pelvis se agita ante el contacto habilidoso de sus dedos. No me reconozco, ahí abierta sobre la silla, ofreciéndole mi sexo, con mis pechos por fuera del sujetador y haciéndole una paja mientras vemos una escena porno.

    De pronto, a causa de las sacudidas de mi mano, su pelvis comienza a moverse más y más aprisa, como si estuviera penetrando una vagina. Los movimientos de mi brazo se acompasaban con los suyos, y, más que tocarle yo a él, se diría que él me penetra la mano. Los primeros chorros de semen comienzan a brotar, salpicando el borde de la mesa. Luego, el líquido perlado, espeso y caliente, empieza a derramarse sobre mi puño, que, como yo no dejara de moverlo por todo lo largo de su grueso mástil, comenzaba a hacer ruidos de chapoteo, como si se deslizara sobre un lubricante. Cuando terminó de correrse, retiré mi mano de su polla con cuidado, tratando de retener su corrida sin mancharle la ropa en lo posible.

    Sostuve mi mano en el aire, indecisa, sin saber qué hacer, porque él continuaba tocándome el sexo. Sus dedos, completamente húmedos de mi flujo, seguían acariciándome el clítoris y penetrándome la vagina, que ya comenzaba también a chapotear. Lo hacía de maravilla.

    Realmente habría deseado tener su polla dentro. Aturdida de nuevo por el placer, mi pelvis comenzó a entregarse a sus caricias obscenas moviéndose autónomamente, mientras yo me dedicaba, olvidada ya de todo, a acariciarme los senos y a pellizcarme los pezones, manchándolos del semen que había quedado adherido a mi mano. Sin yo darme cuenta, mis piernas se habían ido abriendo poco a poco por sus tocamientos, hasta que finalmente, ofrecida como estaba, me entregué a un brutal orgasmo que me dejó exhausta durante unos instantes.

    Mientras recupero el aliento, le veo a él, con el rabillo del ojo, sacar varias toallitas de una caja que tiene a su alcance y limpiarse el miembro. Me gusta ver su cara de tranquilidad, su impasividad. Luego, seca el chorro de semen que se extendía sobre la mesa, con parsimonia, saca tres toallitas más de la caja, me mira fijamente a los ojos, sonriendo, y me las ofrece. Su mirada fue como un bálsamo. Yo le sonrío a mi vez y siento que mi cuerpo se destensa, me relajo, y comienzo a secarme el sexo y los pechos, que brillaban en algunas zonas, manchados aún de su semen.

    El ordenador seguía emitiendo sonidos, pero ahora nos llegaban amortiguados, como una sintonía molesta que ha perdido todo el interés. Me recompuse las bragas, me bajé la falda, me bajé el sujetador y la camisa y me puse de pie. Las piernas me temblaban ligeramente. Me dirijo despacio hacia el baño sin decir una palabra.

    Ya dentro de él, con la puerta cerrada, me echo las manos a la boca, desconcertada, y las retiro enseguida, pues me llegan de inmediato todo tipo de olores, tanto suyos como míos. No doy crédito a lo que acabar de suceder. Me aseo despacio en un estado de conmoción, a ratos mordiéndome los labios y a ratos sonriendo maliciosamente. Me asaltan mil imágenes, una tras otra. Durante el tiempo que estoy acicalándome, sólo me preocupa una cosa: si seré capaz de salir del baño y de mirarle de nuevo a la cara sin morirme de la vergüenza. El corazón volvía a latirme con fuerza. Estaba de nuevo excitada y nerviosa, todo a la vez.

  • Fey, la mesera de un culo divino: Su primera vez

    Fey, la mesera de un culo divino: Su primera vez

    Conocí a Fey unos dos años antes de mi retiro. Yo cumplía 43 años y ella acababa de cumplir sus 21, pues el cliente que me invitó a almorzar a este restaurante enfatizó este hecho, pues ahora Fey era lo suficiente adulta para servir bebidas alcohólicas. Debo decir que desde el primer momento me atrajo esta chica y tuve la sensación de que esa energía era mutua. Sentí que esa tarde ella había coqueteado conmigo, hubo algunas miradas que me hicieron intuir que, a pesar de mi edad, le parecía a esta chica atractivo.

    La nota decepcionante me la dio mi cliente, pues al salir me hablaba de que todas esas chicas eran muy buenas para coquetear, eran parte del servicio, era la visión de este restaurante. La verdad de que todas las meseras oscilaban entre los 18 a 27 años y todas ellas con cuerpos esculturales y rostros atractivos. Como uniforme ocupaban pantalones cortos bien ajustados, o pantalones de licra o leggings bien ajustados a sus sensuales cuerpos y con una camiseta deportiva regularmente blanca con el logotipo del lugar donde se podía apreciar sus espectaculares bustos. Realmente era un desfile de lindas chicas para todos los gustos.

    Fey me llamó la atención más que todas por su físico exótico. Su madre era una bella mujer de descendencia africana quien había nacido en Brasil y su padre un coreano que radicaba en Panamá y Fey tenía la mezcla de estos dos mundos con su piel típica de la mujer latina y su rostro de una bella chica hawaiana. La verdad que era atractiva y su belleza se exponía aún más usando ese atuendo típico de uniforme donde sobresalían un espectacular trasero que, de solo mirarlo lo hacían a cualquiera fantasear. Fey es de esas chicas de rostro bello, bustos generosos y trasero espectacular. El día que la conocí, llevaba puesto un pantalón deportivo blanco, donde se lo podía notar la tanga que llevaba puesta y era una delicia contemplar tan bello monumento.

    El restaurante estaba cerca de mi oficina y me hice de la rutina de visitarlo al menos dos veces a la semana. Me tomó algunas semanas entablar cierta confianza entre las chicas y ya para la quinta, ellas me identificaban por mi nombre. Todas eran un perpetuo coqueteo, pero la que me interesaba no lograba intuir cuales eran las mesas que servía, hasta que llegué un buen día con suerte y me atendió Fey con esa dulce y coqueta sonrisa que tiene. Debo decir que todas ellas eran maestras de la coquetería, pero creo que la mayoría de los clientes saben que todo eso es parte del servicio. Desde mi mesa podía ver como algunas se sentaban en las piernas de sus clientes, se daban ese beso de despedida, esas murmuraciones al oído, o como friccionaban sus traseros en cualquier parte del cuerpo de ese cliente que podía redituar una buena propina.

    Con Fey al igual, me tomó algunas semanas lograr ese sentido de confianza para que ella fuera más libre y confortable con su coqueteo, pero poco a poco se fue acercando hacia mí, al punto que se sentaba y me daba bocadillos con sus manos. Pasamos esa etapa y luego estaba rozando su cuerpo contra el mío, llegaron esos besos cortos sobre sus labios de despedida y eventualmente se sentaba sobre mis piernas y le daba sorbos a mi bebida. Pasamos al coqueteo más erótico y no sé si todas lo hacían, pero a mí solo me pasó con Fey, pues obviamente iba buscándola a ella. Me comenzó a decir que sentía mi excitación cuando se sentaba en mis piernas, luego pasó a decirme que ese día no llevaba bragas y de esa manera esa confianza comenzó a escalar al punto de ser más directa con su sexualidad y llegó a ser más abierta con su vida.

    A pesar de tener este tipo de trabajo, que si no llegaba a la prostitución estaba a un borde de ella, pues ella misma me había hecho saber de todas las ofertas recibidas, yo nunca le insinué algo que pareciera ilegal, pues también supe que era estudiante de la universidad local, como la mayoría de las chicas que trabajaban en este lugar. Me mantuve conforme con su coquetería, la cual me costaba fácilmente $20.00 dólares de propina cada vez que la visitaba.

    Un día Fey me sorprendió con su invitación. Terminaba de comer y nos estábamos dando ese beso de despedida cuando escuché lo inesperado:

    -Tony, ¿tienes planes para la cena?

    -¡No… realmente no!

    -Te invito a cenar.

    -¿Me estás invitando a un restaurante?

    -¡No! Algo casero… te estoy invitando a mi apartamento.

    -¿Qué quieres que lleve?

    -¡Nada! Hambre… supongo.

    Me dio su domicilio y quedamos que llegaría a las seis de la tarde. Me fui ansioso, esperando que las horas pasaran volando y ver que me deparaba la noche junto a esta linda chica. Ya a la hora, pasé por una botella de vino y por si se daba, también me compré un paquete de condones, el cual traía tres profilácticos. Con cierto nerviosismo me fui en busca del domicilio y llegué a este edificio de apartamentos y el de Fey, era el que estaba al lado de atrás, con una vista paradisiaca a un tupido bosque y donde se podía ver el recorrido de un pequeño riachuelo. Abrió la puerta y me dio ese beso pequeño sobre mis labios y me invita a pasar y a tomar asiento.

    Es un apartamento estudio, los cuales no tienen habitaciones. Es un espacio compacto pero muy bien distribuido y cuenta con un mediano baño, una reducida cocina y cuenta con un pequeño patio cubierto para no ser víctima de los bichos del bosque. Realmente se respiraba un ambiente de buenas vibras y la música que puso Fey, complementaba sutilmente este ambiente. Primera vez que miraba a Fey sin el mínimo maquillaje que regularmente usa en su trabajo, pero la verdad que no lo necesitaba. Esta chica naturalmente es muy bella.

    Aquella tarde de verano Fey vestía uno de esos pantalones deportivos pegado a su cuerpo de color rojo, una blusa blanca con un escote para ponerle presencia a ese busto espectacular que tiene. Llevaba unos aretes de oro con rubíes que contrastaban estéticamente con su piel clara y unas sandalias abiertas donde se podían apreciar sus sensuales pies muy bien cuidados. Por alguna razón me comencé a interrogar internamente: ¿Realmente esta chica querrá coger conmigo? ¿Por qué yo y no un chico de su edad? – Realmente al principio me siento incomodo estando con una chica mucho menor que yo y con la posibilidad que algo así ocurra… no sé, siempre me ha incomodado.

    Tomamos una copa de vino y luego vinieron unos cocteles, pues Fey no es una chica de vinos. Comimos unos bistec asados a las brasas, en el cual fui de asistencia y la verdad que era un ambiente de buena vibra. Escuchamos música de mis buenos tiempos, algo que también Fey disfruta, pues prefiere esa música a la de este tiempo. Las horas volaron y la plática estaba muy buena que hasta la idea de tener sexo con esta chica había desaparecido. Entre todas las cosas que habíamos hablado, ella me hacía saber que solo viviría ahí hasta el final del semestre, pues debería buscar un lugar más accesible económicamente, pues anteriormente ella compartía los gastos con una amiga, pero ella se había ido a vivir a otro lugar cerca donde trabajaba.

    Llegaron las once de la noche y comencé a insinuar que me retiraría. Había tomado un poco más de lo que regularmente tomo y verdaderamente no tendría que manejar, pero planeaba ir a mi oficina que estaba a solo cinco minutos y dormitar ahí. Fey, mencionó lo obvio y me invitó a que me quedara, que por lo menos permitiera que me bajara los efectos del alcohol e incluso me invitó a que me bañara y que eso me iba a ayudar a aminorar los efectos. Me fui a bañar no pensando que eso me ayudaría, sino que pensé que eso me daría más tiempo de estar ahí y a la vez estar limpio por si algo pasaba. Me proveyó unas toallas y me metí al baño.

    Cuando salí, ella me dijo que tenía que esperar unos minutos, pues había puesto a lavar mi ropa interior. Ella había entrado, pues la puerta no tenía llave y había tomado mi ropa interior para lavarla. Sentí que aquello era una insinuación, pues ella me había visto desnudo a través del cristal corrugado de la bañera. Y con una sonrisa me señaló la cama diciendo: Acomódate en mi cama, relájate que solo tomará unos diez minutos.

    Estaba con una sola toalla cubriendo mi sexo y Fey solo me miraba con una sonrisa coqueta e insinuadora. También ella había tomado lo suficiente para hacer desaparecer el pudor de cualquiera y el hecho de haberse metido al baño cuando yo me bañaba, me corroboraba que algo se iba a dar. Me acomodé en su cama siempre escuchando música y miraba a Fey pasar de un lado al otro. Con los minutos apareció sosteniendo mis calcetines y mi bóxer de color rojo y me lo extendió diciendo: ¿Quieres que voltee hacia atrás para que te vistas? -La verdad que ni lo pensé y me levante frente de ella diciendo: Si te metiste al baño por mi ropa, creo que ya debes imaginar cómo me veo desnudo. -le dije.

    No reaccionó a mi acción y solo vi sus ojos oscuros inquietos. Poniéndome el pantalón estaba cuando escucho lo que esperaba me dijera o insinuara:

    -Tony, quédate a dormir conmigo…

    -¿A dormir o a algo más que dormir?

    -¡Lo que tú quieras!

    -¿De veras… lo que yo quiera?

    -Si… te prometo no decirte no en nada que tú quieras esta noche.

    -¿Debo ir por profilácticos?

    -No… no es necesario… yo me cuido.

    -Ok… pero recuerda… no me dirás no a todo lo que quiera de ti.

    -¡Te lo prometo! Déjame tomar una ducha mientras tu sigue en la cama relajado.

    Se tomó unos diez minutos en el baño y salió con un calzón cachetero que pronunciaba aún más el hermoso y escultural trasero de esta chica. Llevaba sus pechos cubiertos por una toalla, donde eventualmente descubriría algunos lunares en su clara piel. Se sentó a la orilla de la cama, se abalanzó para besarme y continuó llenándome de besos por toda la parte frontal de mi cuerpo, hasta llegar poco a poco a mi verga completamente erecta y la que ya llevaba produciendo ese líquido pre seminal y solo me dio una mirada diciendo: ¡Tienes una verga hermosa! Me la imaginaba grande, pero no así de hermosa.

    Me dio una felación exquisita, fue un sexo oral erótico. En nada brusco y donde Fey parecía disfrutarlo tomándose su tiempo. Me masajeaba los testículos mientras seguía mamando, llegó en esa posición a la zona del perineo para luego invadir mi ano con su lengua. Realmente era una delicia y cuando sentí que podría venirme al pasar de los minutos, la invité a retribuirle ese mismo placer que ella me había provocado.

    Al igual que ella comencé por su boca, pero a diferencia de ella, yo comencé esa invasión de su hermoso cuerpo volteándola boca abajo en la cama. Quería ver ese hermoso culo que tiene y que ese calzón cachetero le hacía verse mucho más voluminoso y me fui en busca de su cuello, besaba sus orejas donde le susurré al oído: Quiero que mi lengua se hunda en tu conchita y saborear tu rico culo con ella… ¿me dejas? -le pregunté. Ella me respondió: ¡Lo que tú quieras… haz lo que tú quieras!

    Le besé su cuello por largos minutos, lo que ponía erizo todo el cuerpo de Fey. Un cuerpo de un metro y unos 67 centímetros de altura, unas 130 libras de peso, y cuyo trasero tenía unas buenas libras de ello, pues creo que es lo que más se fijaría un hombre de esta linda y hermosa mujer. Un culo sólido, sin ninguna seña de celulitis… son de esos traseros que yo llamo perfectos.

    Me di el placer en removerle ese calzón cachetero y me sorprendí como se miraba de majestuoso cuando Fey encorvo su cuerpo para que pudiera removérselo y me lance hacia él como un loco maniático. Le besé cada milímetro de sus nalgas, hasta llegar a ese camino el cual abrí para contemplar tal divino monumento y no le vi ningún vello en esa zona, parecían las nalgas de una infante, con un ojete rosadito y tierno. Lo saboreé… le hundí mi lengua lo más que pude y Fey solo jadeaba de placer y en esa posición, pude ver como su conchita se derretía, dejando caer a la cama un manantial de sus jugos vaginales.

    Le puse unas almohadillas al nivel de su vientre y de esa manera me dejaba más elevado su precioso culo y a la vez podía llegar a su rica y jugosa conchita. Le masajeé por unos minutos su conchita llegando algunas veces con mi lengua a su clítoris y no lo resistió. Fey estaba tan caliente como un volcán a punto de la erupción y me pide que la penetre. Sin pensarlo mucho, tomo inmediatamente esa posición, comienzo con unos embates violentos y Fey gime de placer y me anuncia que se está corriendo.

    Yo continúo taladrando su concha violentamente en esa posición donde ella ha quedado boca abajo sobre las almohadillas y puedo ver su rico culo, el cual intento invadir con uno de mis dedos, pero tampoco aguanto para más y me llega una corrida descomunal. Sentí un choque violento recorriendo toda mi columna vertebral, y han sido pocas las experiencias donde he podido vivir con esa intensidad una eyaculación. Le lleno de esperma su conchita y la cual ha comenzado a salir a pesar de que mi verga sigue adentro de su vagina. ¡Fue una descomunal corrida!

    Salimos ambos para el baño a asearlos nuevamente, donde ambos hemos aprovechado la ocasión para seguirnos tocando he insinuado continuar fornicando toda la noche. En el baño, después de diez minutos de agua fría nos hemos recuperado. Fey me ha vuelto a mamar la verga y esta ha respondido con una nueva erección. Entre sus pechos comienzo a ver mi verga aparecer y desaparecer. Me he dado el gusto de mamar y mordisquear sus dos erectos y pronunciados pezones. Se ha ido en contra de la pared del baño y me deja expuesta su conchita con la cual masajeo con todos mis dedos. Beso su cuello mientras tanto y creo que estamos a ese nivel para volverlo a intentar.

    Esta vez lo intentamos parados y comienzo con unas embestidas que hacen cachetear esas dos hermosas nalgas. Ella se sostiene contra la pared y yo continúo por minutos con ese vaivén viendo mi verga entrar y salir de la concha de esta linda mujer. Con mi dedo pulgar comienzo a masajear su ojete hasta dilatarlo y penetrarlo. Al igual que mi verga entra y sale de su concha, mi dedo pulgar hace lo mismo con el mismo ritmo. De repente después de algunos minutos Fey rompe el silencio diciéndome: Tony, dame más fuerte, me vas hacer acabar otra vez.

    El ritmo había sido lento por cierto periodo, pues no es fácil o confortable en ciertas posiciones penetrar a una chica mientras se les invade el culo con alguno de los dedos. Todo depende el ángulo que le quede a uno. En esta ocasión le dejé mi pulgar ensartado y comencé a pompear con más violencia y velocidad su conchita. Me lo aprobó diciendo: Así Tony… así, me vas hacer acabar. Dos minutos después pude sentir las contracciones de su vagina y aunque Fey no la podría llamar una chica “squirt”, ella produce abundante jugo vaginal que le quedan colgando por su espesor entre su entrepierna. Escucho su voz como un chillido queriendo decir algo, pero su placer es tan intenso que solo se limita a jadear y finalmente me dice: ¡Que rico… no pares! – Continúo por un par de minutos más y me hace llegar a mi segundo polvo. Rico, pero no tan potente como el primero. Nos aseamos y regresamos a la cama donde tuvimos que cambiar las sabanas.

    Nos relajamos por unos treinta minutos y Fey se ha puesto una camisa que ocupa como piyama y se recuesta por sobre mi pecho. Tengo en la mente que me quiero coger este culo… no lo podía dejar escapar y más que todo que Fey me ha dicho que está dispuesta a todo… que no me dirá no a nada. Juego con mis dedos sobándole el clítoris y con sus mismos jugos vaginales también aprovecho para dilatar y lubricar su ano. Creo que intuyo lo que quiero, pero ella quiere escucharlo de mi y me lo pregunta: ¿Qué te pasa por esa mente?

    Se lo dije como lo pensé, pues ya para esta hora éramos el uno para el otro y se lo pedí: Quiero cogerme tu culo y darte de perrito afuera en el patio. – El patio está encerrado y había dos sillas elevadas como las que ponen en las cantinas o bares y también había una que se doblaba y se hacía como cama, como las que ponen en las piscinas y la cual tenía una especie de colchón. Me tomó de la mano y como quien dirige a un niño, me llevó hasta el patio, apagando la luz que lo iluminaba.

    Le pedí que se sentara en las sillas elevadas y ella intuyó mi intención, pues se sentó al contrario de cómo regularmente uno debe sentarse, dejando expuesto su rico culo casi en el aire. Ver esa curva es divino, especialmente cuando le subí esa camisa que le llegaba hasta las rodillas. Su ojete lo había dilatado con mis dedos y lubricado con sus jugos, pero yo también se lo lubricaba con mi líquido pre seminal.

    Estuve pasando mi verga de arriba abajo, algunas veces amenazaba con hundírselo y solo gemía quizá porque ella lo vivía ya en su imaginación y así juegue con ese culo por largos minutos. En un momento supo que se lo iba a penetrar, pues se acomodó e incluso con sus manos se abrió las nalgas y se quitó totalmente su camisa. Su ojete me rechazó la verga en innumerables ocasiones, pero en cada intento se sostenía un poco más hasta que al pasar de los minutos, mi cabeza quedaba clavada en su ano. Solo gimió y me dijo: ¡Ve despacio…esto no es lo usual para mí!

    Se la mantuve sin movimiento alguno para que su ojete asimilara el grosor de mi verga, pues por lo que me han dicho algunas mujeres que, si bien mi verga está bastante grande en lo largo, pero en anal hay que pensarlo, pues también es una de las más gruesas que las chicas que me he cogido han visto. Poco a poco y con mucha paciencia mis testículos chocaron con sus nalgas y ella me lo dijo: ¡Increíble! Pensé que no iba a poder con tu verga y mira la que me tocó para que me desvirgaras el culo.

    Realmente no creía que no hubiese tenido esa experiencia he imaginé que lo decía para hacerme sentir especial y que era una ocasión única… su primera vez. Se la mantuve insertada por largos minutos sin ningún movimiento mientras le besaba el cuello y poco a poco, lentamente comencé a sacarla y meterla. Pasamos así por unos quince minutos hasta que Fey me sugirió pasar mejor a la silla que estaba doblada en el patio y se hacía como cama.

    Se puso en la misma posición y por mi altura de casi un metro y noventa centímetros, el nivel me quedaba perfecto para esos embates que esperaba en darle. Me monté por sobre ella y mi verga se hundió en un ángulo de cómo las cuatro en las manecillas de un reloj y se me ocurrió masajear su clítoris, aunque era una posición algo incómoda para hacerlo. Aquello la hizo gemir y continué masajeando su concha al punto que prácticamente se la cacheteaba dejando escapar un sonido que llevaba ese vaivén que cualquiera sin vernos lo que hacíamos podría intuir que eran el compás de una cogida.

    Comenzó a mover su pelvis y yo seguía cacheteando su concha y mi verga continuaba adentro de ese precioso culo y de repente explotó con un orgasmo descomunal y quizá más fuerte que el primero. Se movió como pidiendo que le taladrara el culo, pero no quedó así, ella me lo dijo: Tony, ¡pompéame el culo mi amor! -Mis embates fueron violentos y solo se escuchaban esos cacheteos de sus nalgas interrumpiendo el silencio de las dos de la mañana. Pensé que los vecinos nos podrían escuchar, pues Fey gemía y comenzaba a dar gritos de placer. Esos gritos y gemidos y ver como mi verga salía y entraba a ese precioso culo hizo que mis testículos se fruncieran y me provocaran un enorme orgasmo igual de potente que el primero.

    Quizá no con la misma cantidad de esperma, pero si con el mismo nivel de placer que hasta sentí un leve dolor de cabeza cuando llegué a la cúspide. Mi esperma salió del divino culo de Fey y hemos dejado el colchón de esta silla empapada de nuestras secreciones. Nos fuimos a bañar una vez más y nos hemos ido para la cama con un coctel más.

    Aquella noche me cogí cinco veces a Fey. Me volvió a dar otra felación, y terminamos con sexo vaginal… y una vez más después de eso me la ha vuelto a mamar, pero esta vez acabe en ella en otra escena anal, donde en esta ocasión Fey me montó primero de enfrente y luego a la inversa. ¡Que rico es ver a esta mujer cabalgando! ¡Que delicioso es ver que mi verga salga y entre a ese rico culo!

    Como era fin de semana y ese fin de semana Fey no trabajaría y era de por si parte de su plan, me quedé con ella hasta el domingo donde nos dimos un maratón de sexo erótico, de sexo duro y donde con Fey hicimos todas las posiciones del Kama Sutra y quizás inventamos algunas más, pero la verdad que esta chica me dejó los testículos secos, pero con las ansias de volver a probarla. Creo que esto se dio porque nos gustábamos los dos y porque debíamos de vivir una larga experiencia. Fey ha sido una de las pocas que han vivido en mi casa por un largo tiempo como pareja.

    Le ofrecí que dejara de buscar un lugar para vivir y que se viniera a vivir conmigo a mi casa. Le proveí el vehículo que no usaba y la universidad y su trabajo solo quedaban a veinte minutos. Le dije que no necesitaba trabajar, pero ella no accedió a ello y su último año en la universidad, ella vivió conmigo hasta el día que se graduó y se tuvo que ir para Arizona, donde reside su familia.

    Definitivamente Fey es de esas chicas de cuerpos perfectos, de rostros bonitos y personalidad de buenas vibras. No me hubiese opuesto si nunca se iba de mi casa, pero creo que su intuición es la misma que yo tengo. Yo le llevaba 23 años, y quieras o no, los años pasan factura y llegará una edad donde eso es una enorme diferencia en una pareja y es por eso por lo que no me aferro ni rogué para que se quedara.

    Creo que un año fue suficiente para ambos y disfrutarnos el uno al otro. Lo que si extraño de ella era ese hábito de comenzar por las mañanas jugando con sus uñas con mis testículos, me los pellizcaba sutilmente causándome un placer divino y eventualmente llegaba la erección donde ella pasaba a la felación y terminábamos con un vaginal o anal. Fey al igual que yo, somos activamente sexuales por las mañanas.

    Dormíamos plácidamente por las noches, pero a las seis que despertábamos, eran por los menos dos palos que nos echábamos. ¡Qué recuerdo el de Fey y qué rico culo tenía! ¡Sí que lo extraño!

  • Se la chupo para que no me delate

    Se la chupo para que no me delate

    Él siempre me cayó mal, un morboso a leguas que la verdad en varias ocasiones estuve a punto de mandarlo al carajo.

    Ni siquiera sé cómo se llama, todos le dicen el “huevo” ¿por qué? no sé, pero es el tipo más desagradable para mí o lo era hasta ese día.

    Recuerdan que les conté sobre el trio que hice con Valente y Fernando, pues les conté que ellos me llevaron a mi casa y el “huevo” me vio cuando me despedí de ellos, lo cual hubiese sido normal, pero como me besé con los dos, no me di cuenta de su presencia y ahora él me estaba estafando.

    De alguna forma consiguió mi teléfono donde me mandaba mensajes de amenaza.

    – ¡Le diré a tu marido que te besaste con dos!

    Al principio lo ignore, ya que, para mí, él era una persona insignificante y confiada sabía que yo tendría más credibilidad con las personas y mi marido peor todo me dio vueltas y me quise caer cuando me mando las fotos donde me estaba besando con ellos, ¡incluso donde Valente me estaba acariciando las nalgas!

    H: ¿Ahora si me crees?

    K: ¡Pervertido, borra eso y deja de chantajearme!

    H: ¡Preciosa quien diría que eras tan golosa!

    K: ¡Estúpido!

    Yo estaba que echaba chispas, quería apretarle el cuello y borrarle su sonrisa, pero honestamente, el nervio me recorría, el coraje se convirtió en preocupación, ¡tristemente acepte que me tenía en sus manos!

    No me quedo de otra que tratar de negociar con él, el muy idiota ponía las reglas y yo solo tenía que llegar a un acuerdo.

    K: ¡Te daré 1000 pesos si las borras!

    H: 1000 peso vale tu matrimonio? ¡jajá!

    K: Te doy mi celular, es un Galaxy

    H: ¡No!! ¡Esto vale más que eso!

    K: ¿Entonces qué quieres?

    H: ¡Quiero que me la chupes hasta que me venga en tu boca!

    Debo de admitir que quería matarlo, me tenía enojadísima, el degenerado fue directo lo que quería, obviamente lo mande al carajo, de hecho, hasta pensé en decirle a mi marido yo primero, la sangre me hervía y hasta pensé que fanfarroneaba y de ahí no pasaría.

    Pero estaba equivocada, esa tarde mi marido llego extraño y me comento que un tipo le hablo diciéndole que sabía algo sobre mí, que estaba dispuesto decirle y aunque él lo tomo como chantaje, se veía una pisca de curiosidad en la cara.

    Esa noche mientras mi marido dormía le escribí al “huevo” para negociar nuevamente con él, pensé ingenuamente que podía darle algo que no fuera lo que pedía.

    K: ¿Ya en serio, que quieres por las fotos?

    H: ¡Ya te dije!

    K: ¡Eso no!

    H: Entonces no hay trato, ni modo, ¡no siempre se gana!

    K: ¡Pero que ganas con que te la chupe!

    H: ¿Que gano? Gano todo mi reina, me encanta tu boquita, me eh masturbado mucho imaginando que me la mamas y esta es una buena oportunidad para hacerlo real!

    Estaba acorralada, así que, con toda la resignación del mundo, acepte su trato.

    K: Ok, tu ganas, pero solo te la chupare!

    H: ¡Con eso tengo mi amor!

    K: ¡No me digas mi amor, donde te veo!

    H: ¡En el eje, casi legando a la plaza, ahí nos vemos!

    Esa noche no pude ni dormir, quería que el reloj fuera más lento, pero inevitablemente llego la hora, salí y llegue puntual al lugar, quería que esto acabara rápido, ¡en eso un claxon sonó y al voltear era el en una camioneta!

    H: ¡Sube, vamos a un lugar mejor!

    K: ¡Ni loca iré a un motel!

    H: Jajá, para una chupada no necesito un motel, ¡vamos a un lugar sin gente!

    Ya lo repudiaba, pero era buena idea, mientras más lejos mejor.

    Subí y el manejo hasta casi salir a la autopista, tuve que tolerar que me manoseara las piernas, sabía que no podía alterarme y le permití me toqueteara con tal de que ya acabara esto.

    Se detuvo en medio de la nada, solo árboles, creo que estábamos en la salida a Cuernavaca o Querétaro, no sé, pero ahí nos detuvimos, ¡el me miro sonriente y me dijo que era momento de mamar!

    Con todo el asco del mundo me dirigí a su bragueta la baje y metí mis manos a su ropa interior para sacar un pene muy feo, grueso pero feo, con olor a semen y a orines, la verdad casi me vómito, pero ni modo, ¡ahí pagaría mi traición a mi marido!

    H: ¡Eso nena, pruébalo uhm!

    Él se comenzó a endurecer, yo lo masturbaba tratando de no oler su fétido aroma, pero era inevitable, ¡cerré los ojos y sin respirar introduje la mitad de su pene en mi boca!

    El lanzo un gran quejido e inmediatamente me apretó la cabeza, yo trataba de zafarme, ¡pero él era más fuerte y me estaba ahogando con su verga gruesa!

    Sin alterarme preferí comenzar a mover mi lengua, eso lo hizo calmarse, ¡ya que el placer que le estaba yo dando lo clamaba!

    H: ¡Uhm, que rico, uhm, uf!

    El no cabía de la felicidad, comencé a lamer su cabeza, le recorría su mástil me metía sus bolas a mi boca, ¡le estaba dando un buen trabajo para que se viniera rápido!

    H: ¡Dios, uhm!!

    K. Te gusta?

    H: ¡Que rica puta eres, uhm!

    K: Disfruta, ¡que no se repetirá jamás!

    ¡Les confieso mis queridos lectores que comencé a excitarme al escucharlo gemir, en cómo me metía su tranca para ahogarme, como me insultaba, la verdad lo estaba disfrutando!

    K: ¿Ya borraste las fotos?

    H: ¡Ah!! ¡Cuando acabes lo hago!

    Empecé a mover mi boca como aspiradora, me tragaba su pene con potencia, quería que terminara ya, no me importaba que me llenara la boca de semen, ¡quería terminar con eso!

    H: ¡Así chiquita, uhm!

    K: ¡Que rica verga!

    H: ¡Si mi putita es tuya, uhm, cómetela, que rico, uhm!

    K: ¡Dame tu leche!

    H: ¡Que puta eres!!!!

    Me tomo de los cabellos y me follo la boca como bestia, me apretaba las nalgas, un líquido empezó a escurrir por mi vagina, estaba excitada, el seguía metiéndomela en la boca hasta ahogarme, ¡sentí como se inflaba y de pronto su semen caliente me ahogaba!

    H: ¡Ah!! ¡Que rico, no ames, que rico!!

    Mientras el exclamaba yo se lo mamaba y recibía hasta la última gota, lance unos gemidos de excitación, la verdad me gusto hacerlo venir.

    El quedo exhausto satisfecho en el asiento de su camioneta tome baje y camine por unos arbustos, para tomar aire y agua, ¡enjuagarme la boca y terminar el trato!

    ¡Pero en eso el me tomo una foto!

    H: Que rico, ¡ahora tengo más pruebas de que eres una puta!

    K: ¡Que carajos!

    H: Tranquila nena, es muy fácil, borrare todas estas fotos, ¡pero ahora quiero que me aflojes las nalgas nena!

    Estaba perdida, lejos de casa, chantajeada, llena de semen y ahora un nuevo problema, ya que si me negaba me podía dejar ahí y aparte las fotos llegarían a mi marido, ¡la verdad me sentí morir!

    Kali

  • Esposa inocente (Parte 1)

    Esposa inocente (Parte 1)

    Después de 5 años de casados y mucho intentarlo, mis esperanzas de que mis sucias fantasías se hicieran realidad se habían perdido. Mi esposa educada bajo estrictas reglas religiosas desde niña se enojaba demasiado conmigo cuando hacia algún simple comentario que indicara que mi idea de que esas lindas piernas blancas, esos senos medianos de pezón rosado, esos inocentes labios o esa abultada panocha peluda pudieran ser tocadas por otro hombre que no fuera yo, ella simplemente me juzgaba loco, depravado o enfermo de la cabeza por siquiera imaginar algo así.

    Mis únicos logros, si así se les puede llamar, habían sido poderla a veces llamar putita cuando hacíamos el amor, o que a veces accediera a mi petición de usar tangas, vestidos o faldas cuando salíamos pero siempre con el comentario de que a ella no le gustaba a andar así, que no le gustaba que los hombres la vieran así que hasta en eso ya casi no le insistía pues me había resignado a que simplemente ella no me daría lo que yo deseaba, pues tanto a mis insinuaciones, como a los piropos de amigos y compañeros de trabajo le hacían ella siempre se protegía con su escudo de fidelidad y valores morales que le habían inculcado.

    A veces con pretexto de hacer una llamada le pedía que desbloqueara su celular para revisar sus redes sociales con la esperanza de encontrar algo que me indicara que mi inocente esposa tuviera algún secreto oculto, pero más allá de uno o dos comentarios con alguna amiga respecto a algún actor que consideraban “guapo”, pero nada de la vida real así que dejé de revisarle su celular por varios meses ya que nunca encontraba nada interesante, no sabía si sentirme afortunado por tener una esposa tan fiel o desafortunado por no tener con quien cumplir lo que desde hace años deseaba y soñaba.

    La vida continuaba de manera normal, trabajo, escuela de los hijos, compras, pero todo cambio un día que ella volvió del trabajo, mientras ella servía la comida en la cocina colocó su celular en la mesa yo estaba acomodando los platos cuando vi que llegó un mensaje a su celular que decía “¡llegaste bien?, estuvo delicioso espero se repita”, al principio pensé que había leído mal pero esa ventanita que se abrió en las notificaciones del celular no mentía era tal cual lo que yo estaba leyendo, mi corazón se aceleró y tuve el impulso de agarrar el celular aunque estaba bloqueado, pero mi esposa venia regresando de la cocina así que me hice el disimulado como si no hubiera visto nada, seguí acomodando los platos y ella tomó su celular, no note ninguna sorpresa en su rostro solo lo levantó y se fue hacia a la cocina pretextando que se le habían olvidado las cucharas y escribiendo algo en celular. Para ese momento yo no sabía que hacer solo atiné a preguntar: ¿alguna novedad en el trabajo?, a lo cual contesto, “ninguna amor todo igual de aburrido solo papeles y papeles”.

    Yo no podía creer lo que pasaba no sabía si realmente ese mensaje era para mi esposa o seria de alguien que se había equivocado de número, pero el hecho de que ella tomara el celular y luego contestara me indicaba que si se lo escribieron a ella, sin notarlo en ese momento mi verga empezó a tener una mediana erección, mi mente daba vueltas tenía que averiguar más saber si era real lo que vi o solo una mala jugada de mi pervertida mente, la vi de arriba abajo esperando notar algo extraño. Se veía hermosa en ese pantalón ajustado que le hacía resaltar sus medianas pero bien formadas nalgas, su cabello suelto haciendo juego con sus lentes que le daban ese toque de inocencia que tanto me encantaba, su blusa pegada, pero que no dejaba notar lo lindo que eran sus senos, se veía todo normal ni una pista de que hubiera hecho algo diferente a trabajar así que seguí insistiendo: “te ves cansada amor ¿tuviste mucho trabajo?”, le dije, ella sin voltearme a ver solo comentó… “pues si la verdad estuvo pesado el día tal vez me bañe y duerma un poco”.

    Para ese momento mi media erección se convirtió en una erección completa, mi verga no es tan grande, pero en ese momento estaba dura como una piedra y mojada pues entre el mensaje que leí y el hecho que ella quisiera bañarse y dormir como casi nunca lo hacía llegando del trabajo me indicaban que algo estaba pasando, pero ¿qué?, tenía que averiguar más, tenía que saber el secreto de mi inocente mujer…

    Pero se los contaré en el siguiente relato.

  • Esa clase fue clave

    Esa clase fue clave

    Llevaba tiempo pensando en ella, observándola por las redes y siguiéndola con la mirada cuando coincidíamos en el gimnasio y porque no confesarlo: fantaseando con ella, con tener una relación y poder disfrutar ambos de nuestros cuerpos.

    Mi timidez me impedía hablarla, aunque si la dejaba algún comentario en sus redes sociales y ella se mostraba agradable conmigo. No recuerdo como conseguí su teléfono y empecé a mandarla mensajes de buenos días y buenas noches para que se diera cuenta que estaba ahí. Algún mensaje en sus estados parecía indicarme que no debía seguir con ese tonteo, pero no me di por aludido y continúe escribiéndola, ella, que de tonta no tiene un pelo, me contestaba a todos mis mensajes con algo de distancia y prudencia, pero creo que algo la atraía de mí.

    Mis fantasías con ella crecían a medida que íbamos iba descubriendo cosas de ella, tenía un punto muy interesante y erótico que hacía que me excitara con facilidad al pensar en ella.

    Todo cambio el día que coincidimos en una clase, ella se puso delante de mi y yo traté de evitar mirarla demasiado, pero era imposible, los ejercicios hacían que nos levantáramos de la bici y para mirar al profesor tenía que mirarla el culo, madre mía, toda la clase pensando en tenerlo entre mis manos y poder morderla. Tras la clase evitamos saludarnos, pero más tarde me escribió preguntándome si había estado en la clase, a lo que conteste que si pero que no me había atrevido a saludarla. Eso era verdad, pero lo que no la dije es que habría deseado cogerla y apretarla contra la pared para recorrerla entera con mis manos y mi lengua.

    Esa conversación dio pie a que ella dijera que un día podíamos tomar café. Me escapé de la propuesta con mi timidez y vergüenza, pero estaba deseando hacerlo, poder disfrutar de ella y quien sabe… quizá tener algo más que ese café.

    Ese día llegó y se presentó con un vestido negro cortito que hacía lucir sus trabajadas piernas y el resto de su torso, nos dimos los dos besos de rigor y tomamos un café, charlamos y sin darnos cuenta pasaron las horas. Decidimos irnos, pero yo deseaba besarla y no sabía cómo reaccionaría, pero lo deseaba tanto…

    Tuve la suerte de que ambos habíamos aparcado en el garaje del centro comercial e hicimos juntos el recorrido hasta los coches, una vez en el suyo me acerque a ella y busque su boca para besarla sin saber cómo reaccionarias y no solo se limitó a continuar el beso, sino que me abrazo y apretó contra ti.

    Terminamos apoyados en tu coche besándonos y acariciándonos sin preocuparnos de la gente que podía entrar o salir del parking. Paramos y nos miramos, y sin saber cómo te dije: “quieres continuar en mi casa?”, tu sonreíste y contestaste “ya te vale, toda la tarde esperando”. Nos montamos en mi coche y nos fuimos.

    Del parking a mi casa, te cogí la mano y tú me la llevaste a tu muslo y ese rato estuve acariciándote con ganas de parar y subir la mano haya tu ingle. Llegamos a casa y en el mismo portal ya nos estábamos comiendo la boca como si se acabara el mundo, entramos en casa y sin separar casi nuestros labios me desabrochaste el pantalón y yo te quite la chaqueta y trate de sacarte el vestido.

    Nos tiramos en la cama y recorrí con mi lengua todo tu cuerpo, desde el cuello hasta tu ombligo, haciendo especial hincapié en tus tetas y pezones que mordisquee con mis dientes mientras tú ponías cara de placer. Tras un rato de caricias y besos decidí bajar a tu entrepierna, jugué con mi lengua por tu pelvis y cada vez que podía rozaba tus labios por encima de tu braguita, tú hacías un movimiento cada vez que esto ocurría.

    Decidiste quitarte tú misma la braga y ofrecerme tu coño depilado para que mi boca le disfrutara y te hiciera disfrutar, pero ahí aguantaste poco y me pediste que tú también querías. Me deje manejar y cambiamos las tornas, ahora yo era el que estaba tumbado boca arriba y tú me quitaste el pantalón y el slip para masajearme la polla.

    Primero con tus manos y luego con tu boca, jugaste con tu lengua a recorrer mi polla de arriba abajo y luego te la metiste entera en la boca para saborearla, yo me limitaba a observar la situación con la que tantas y tantas veces había fantaseado y… como disfrutaba. Como me estabas excitando mucho y no quería terminar aun, te pedí que pararas y que me dejaras follarte.

    Accediste y te pusiste a cuatro encima de la cama para que yo te penetrara por detrás, primero de manera suave y lenta pero después de metértela varias veces decidí darte fuerte y que notaras todo mi ser dentro de ti. Comenzaste a gemir y tratar de moverte y todo eso me ponía más cachondo aún. Pare de nuevo, pero para volver a penetrarte lentamente y notar como mi polla se iba abriendo camino entre tus labios y tú te saliste para ponerte boca arriba y mostrarme todo tu coño.

    Me cogiste de mi polla y te la llevaste hacia la entrada de tu coño, mientras con tus piernas me atrapabas, una vez dentro de ti comenzaste a moverte hasta que ambos llegamos al orgasmo. Nos hicimos a un lado y nos abrazamos quedándonos un rato quietos mirándonos a los ojos.

  • Día de cervezas y atrevimiento

    Día de cervezas y atrevimiento

    Esta historia ocurrió hace ya unos años, un espléndido día ya bien entrada la primavera.

    Era el día de la comunidad autónoma, con lo que todos los amigos y amigas del grupo teníamos fiesta. Y como era tradición del pueblo, fuimos a comer al parque que hay al lado del río.

    Es un pueblo de tamaño medio, en el que todos más o menos nos conocemos, pero sin llegar a ser una gran familia.

    Ese año, para el día campestre que nos esperaba, estábamos bastante gente. Más de lo habitual. Unas veinte personas entre los amigos del grupo, algunas parejas de estos y el primo de una amiga. Este chico, no es la primera vez que se une a nuestras habituales quedadas. Es un poco callado, pero cuando se suelta es gracioso y vacilón. Como detalle, diré que es gay.

    El día que os voy a describir, básicamente se pasa comiendo y bebiendo, como es tradición estos días festivos.

    Por la mañana quedamos pronto para llevar todas las cosas que hacen falta, que nos son pocas. Mesas, sillas, neveras de camping, comida y bebida como para el doble de comensales… vamos lo de siempre.

    Y ya una vez todo montado e instalado se almuerza para coger fuerzas. Como es costumbre, unos buenos huevos fritos con longaniza.

    Y ya poco más que hacer hasta la hora de la comida. Beber cerveza bien fresquita y contar alguna batallita.

    Como ya os he dicho, el día era estupendo. El sol era radiante, y como es ya bien entrada la primavera, el cuerpo ya tiene ganas de salir del letargo invernal, por lo que todos llegamos a ese día con muchas ganas.

    -¿Alguien quiere otra cerveza? -Pregunto yo, a la vez que me levanto.

    Varios son los que me piden que les acerque una.

    Esta es mi cuarta cerveza por lo menos y aun no es ni medio día, la cosa se presenta peligrosa.

    Es uno de esos días que estas a gusto y quieres disfrutar.

    Después de la buena dosis de cerveza, era el momento de evacuarlas. Para lo que nos alejábamos un poco entre los árboles del parque que están más pegados al rio, donde la maleza ya es más espesa y nadie te ve.

    Algún bache en el camino casi hace darme contra el suelo, fruto también de que la dosis de alcohol en sangre era creciente.

    Cuando ya estaba un poco apartado, me baje el pantalón y comencé a soltar cerveza. ¡Qué liberación!

    Y cuando ya estaba casi a punto de acabar, oigo una voz que me dice:

    -Tanta cerveza quería salir, ¡eh! Menudo rato llevas

    Estaba tan concentrado, que no me había dado cuenta de la presencia junto a mí de nuestro invitado de hoy. El primo de mi amiga.

    -¡Sí! Casi no acabo. Jajaja.

    Y mientras le decía esto, a punto de terminar, vi como dirigía su mirada con poco disimulo hacia mi polla. Me quede un poco parado, aunque no le di mucha importancia, ya que a veces esas cosas salen innatas.

    -Voy a por otra cerveza. -Le dije mientras me subía el pantalón y volvía con el resto de amigos.

    Cuando este chico volvió, se acercó a por una cerveza, ofreciéndome solo a mí, pese a que había más gente al lado mío.

    Se lo agradecí levantándole el pulgar, pero le dije que la tenía casi entera. A lo que él me respondió guiñándome un ojo.

    Le acababa de decir que iba a cogerme otra y aun así me ofrecía y luego me guiñaba el ojo.

    ¿Era un ofrecimiento por cordialidad o era algo más? Eso sumado a la mirada tan descarada de antes, me dio que pensar…

    Yo soy totalmente hetero, pero sí que es verdad que algún día muy borracho, se te pasan cosas por la cabeza. Y hoy tenía pinta que iba a ser uno de esos.

    Desde ese guiño de ojo, ya estaba un poco inquieto, y por un par de veces nos cruzamos de manera “accidental” las miradas. Tras eso, el siempre agachaba su mirada hacia mi paquete.

    Qué situación más rara, no sabía cómo actuar.

    Como os decía antes, no me gustan los hombres, pero conforme pasaba le miraba con otros ojos.

    Es un chico delgado y guapete. Pese a que no me gustan los hombres, se reconocer que está bastante bien.

    Cuando de repente, volví a sentir ganas de ir al improvisado excusado.

    Justo era un momento en el que los más cocineros ya estaban preparando el menú, otros jugando con un balón de futbol y otros simplemente charlando.

    Así que me levanté y dije a media voz:

    -Maldita cerveza, tengo que ir a vaciarla otra vez.

    Lo dije con un cierto volumen, pero que solo me escuchara el primo de mi amiga.

    Si, le estaba invitando a venir. No sé para qué, pero ya estaba hecho.

    Con el corazón a mil por hora, me aleje a un paso muy lento.

    No quería ir muy rápido con la esperanza de que hubiese entendido mi proposición y pudiera seguirme.

    Miré ligeramente hacia atrás y vi que alguien me seguía, pero no podía asegurar que era él, pero quien iba a ser si no.

    Esta vez, no me quede en los primeros árboles, si no me que fui al fondo, donde la maleza era lo suficientemente espesa para no ver a más de dos metros.

    Me volví de nuevo, y efectivamente era quien estaba esperando, diciéndome él:

    -Qué lejos te has ido, ¿te estás escondiendo para algo?

    A lo que yo no supe que responder, y mientras tragaba saliva y me señalaba mí ya erecto rabo le dije:

    -No sé muy bien que estoy haciendo, pero voy borracho y cachondo. ¿Qué me propones?

    Echándose él una gran carcajada, me dijo que estaba muy sorprendido por mi invitación, y que como intuía que era mi primera vez, me dejaba elegir.

    No sabía que decir ni que hacer, nunca había estado tan bloqueado en una situación sexual.

    Así que me saqué mi húmeda polla y le dije:

    -¡No sé!

    No hizo falta decir más, se acercó y se agacho delante de mí agarrándome la polla y llevándosela a su boca.

    Se la metió entera, y comenzó a chupar.

    La suma de la excitación del momento y mi grado de alcoholismo, estaban haciendo que fuese algo increíble.

    Él seguía chupándomela sin parar, se la sacaba de la boca y pasaba suavemente la lengua por el capullo a la vez que me acariciaba los huevos.

    En ese momento cogí su cabeza y la apreté contra mí, quería que se la tragara entera. Que le llegase hasta la garganta. Note como se le caía la baba porque no podía ni tragar al tener la boca llena de mi polla.

    Poco más iba a aguantar, así que cuando estaba a punto de correrme, le pregunte que el que hacía.

    A lo que él no dijo nada, pero se la saco de la boca y siguió haciéndome una paja. Momento en el cual intuyó por mis gemidos que iba correrme y apoyo mi capullo en su lengua, descargándole toda mi corrida en su boca mientras me miraba a los ojos.

    Ojos que casi tenía en blanco, ya que me habían hecho seguramente la mejor mamada de mi vida.

    Alguna vez había escuchado, que nadie mejor que un hombre conoce a otro hombre.

    Pero realmente es cierto.

    Sin mediar más palabra, me subí el pantalón y deshice el camino andado.

    Un poco avergonzado, por si alguno de los presentes había notado algo, llegue hasta donde estaban los demás.

    Todos estaban como antes de marcharme, en sus historias o entretenimientos, por lo que respire bastante aliviado.

    No más de un minuto después, volvió el chico que me había brindado tan gustosa mamada, entrándome de nuevo un poco de nerviosismo ante el miedo de ser relacionado con él. Eché una discreta mirada alrededor a ver si alguien hacia algo raro, que delatase que podía intuir lo ocurrido.

    Todo en calma hacia un lado, pero cuando gire la cabeza hacia el otro, note una mirada directa a los ojos precedida de una sonrisa picarona. Tragué saliva, e hice como que no iba conmigo la cosa.

    Quien me estaba mirando, era la prima del chico sobre el que me acababa de lefar. Nunca me dijo nada, hasta un cierto día que saco el tema… pero eso es otra historia que algún día contare.

  • Maribelle

    Maribelle

    Mientras esperaba mis ojos se aclimataron a la media luz de aquel bar sentí una mano que me tocó en el hombro.  Al volverme vi una sonrisa que me recibía y a quien jamás pensé en encontrar ahí. Era una amiga de hacía mucho tiempo llamada Maribel. La había conocido hacía bastante tiempo en el negocio de un amigo común, ella y yo hicimos una bonita amistad y hasta me compró una pintura para su sala ya que soy pintor. Nos saludamos y ambos nos preguntamos que hacíamos allí? Mientras yo le confesé entré a tomar un trago ya que afuera había mucho calor y un a taponamiento de tránsito en mi camino, lo que me llevó al lugar a esperar. Ella por su parte me dijo acércate a la mesa vine con unas amigas al happy hour.

    Me acerqué a la mesa y Maribel compartía con tres mujeres más las tres muy atractivas, me las presentó y nos sentamos a charlar. Debo confesar que Maribel siempre me había gustado, es una mujer muy hermosa con unos ojos negros preciosos, algo gordita y unos pechos deliciosos. Mientras charlábamos una de las amigas de Maribel me miraba insinuadamente cosa que me gustó mucho, bromeamos y reímos y al despedirme de ellas su amiga me dio su número telefónico con la excusa de que deseaba ver algunos de mis trabajos de pintura.

    Me fui al parking y Maribelle me siguió diciéndome perdona mi amiga es una propasada que no respeta. A lo que le conteste paro porque dices eso? A lo que me contestó debió respetarme la que tiene una relación contigo soy yo. Yo la miré y le dije bueno si somos amigos pero a ella eso no le impide a lo que ella me respondió pero tú sabes que yo te gusto y tú a mi y ellas lo saben porque le dije.

    Me quedé asombrado por sus palabras e inmediatamente le dije bueno es la primera vez que me dices estoy si tú me fascinas. Mari elle me miro y me dijo voy a buscar mi cartera espérame en el puesto de gasolina por favor. La dejé atrás y manejé tres minutos hacia la gasolinera que estaba en la esquina, minutos más tarde Maribelle se estacionó al lado de mi auto y me pidió sígueme. Maneje diez minutos detrás de su auto hasta llegar a otro centro comercial, Maribelle estacionó su auto en el valet parking y se subió a mi vehículo diciéndome, vamos llévame a un motel quiero estar contigo.

    No hablamos nada camino al motel yo porque estaba un poco sorprendido y ella realmente no sé. Llegamos al motel y entre el auto al garage, diciéndole no te bajes espera aquí, revise el cuarto y una joven me cobro. Baje la puerta de garaje y le abrí la puerta a ella, que se bajó con un bolso, entramos al cuarto y ella me dijo voy al baño. Me senté en la cama y puse el televisor daban una película porno, cambié de canal hasta encontrar un canal de música suave. Mari elle se había metido en la ducha, mientras yo la imaginaba desnuda y bañada, estaba bien excitado. Ella salió del baño con solo una toalla alrededor de su cuerpo, aproveché para decirle voy a bañarme y ella accedió. Me bañe rápidamente y me sequé salí del baño totalmente desnudo con solo una pequeña toalla. Maribelle estaba acostada en la cama cubierta con la sábana y me acerqué mirándola con deseo. Ella me pidió apaga la luz quiero que no me veas soy tan gorda. Le respondí me gustas como eres y me acerque a ella removí las sábanas, la miré sus senos enormes y su piel suave y blanca abrí poco a poco sus piernas su sexo delicioso totalmente rasurado me invitaba a lamerlo me acerque y nuestros labios se juntaron suavemente le susurré a su boca, eres una maravilla de mujer, eres tan hermosa, su boca se abrió y nuestras lenguas se juntaron en un beso largo y apasionado.

    Baje mi mano y tome su sexo mientras mis besos bajaban de su cuello hacia sus senos deliciosos deteniéndome en aquellos persones deliciosos, chupe, lamí cada uno de ellos, mientras bajaba y me colocaba entre sus piernas sumergiendo mi boca en su chocha, lamia y chupaba mientras ella gemía de placer, pidiéndome más y más y más. De repente mientas chupaba su clítoris y agarraba cada una se aquellas tetas hermosas Maribelle me regaló su primer orgasmo, gritaba de placer u me arropaba con sus muslos mientras yo seguía chupando y comiendo sus jugos exquisitos.

    Entonces me pidió “por favor bebé, métemelo” retiré mi cara de su chocha y ella se viró poniéndose en cuatro invitándome a penetrarla, puse mi bicho un la entrada de su chocha y poco a poco fui penetrándola mientras ella gritaba de placer dámelo completo papi mételo sin miedo, regalándome varios orgasmos.

    Disfrutamos el sexo en diferentes posiciones, hasta que ella me pidió, vamos a bañarnos juntos quiero chuparte la pinga, fuimos a la ducha y nos empezamos a enjabonar yo estaba extasiado con aquellos senos deliciosos, Maribelle disfrutaba de mis manos en su chocha y comenzó a agacharse hasta tomar mi bicho en su boca lo chupaba y besaba, metiéndolo hasta su garganta y haciendo que me transportara a las nubes.

    Entonces agarró mi pinga con su mano apretándola mientras también agarraba mis testículos y usando sus labios sobre la cabeza de mi bicho comenzó a subir y bajar hasta que no aguante más y me vine en su boca. El chorro de leche la tomó por sorpresa y sus labios se llenaron de mi leche ella apuró y tragó completo mi orgasmo hasta dejarme seco.

  • Adorado hijo

    Adorado hijo

    Mi nombre es Raquel, tengo 39 años, muy cerquita de los 40, si bien me casé a fines del siglo XX, nuestras familias mantienen aún arraigadas, ciertas costumbres clásicas de nuestra comunidad, tenía 18 años y mi esposo 32, médico, muy buen hombre. Admito que no estaba muy enamorada de él, pero era una decisión entre familias, en donde mi decisión era nula, parece mentira, pero fue así, accedí con la esperanza que con el pasar del tiempo llegaría a amarlo.

    No tengo quejas hacia él, hemos tenido una buena convivencia, faltaba algo, nuestra relación sexual no era nada apasionada, donde nunca conocí un orgasmo, era algo metódico, en donde me impedía hacer ciertas cosas, como utilizar lencería sexy o tener sexo oral, por ejemplo. Con los años me fui acostumbrando o más bien lo fui soportando, por suerte la venida de dos hijos cambio mi vida, me dedicaba a ellos, hoy Benjamín de 19 y Laura de 15.

    Adoro a ambos, pero Benjamín, que llamamos Ben, es un chico muy comprador y galante, que con sus piropos y halagos, ha compensado lo que mi esposo no me ha brindado.

    No sé con exactitud, cuando comenzó todo, recuerdo que en una oportunidad llegue a verlo desnudo saliendo del baño, no sé si se percató de mi presencia, pero su sexo realmente me impacto. Ya no lo vi como mi hijo, sino como hombre, movilizándome por dentro al ver su sexo algo erguido. Traté de apaciguarme, intentando borrar de mi mente ese instante tan alterador, conteniéndome en ese aspecto como lo venía haciendo desde hacía mucho, que comprendía perfectamente que era algo indebido, trate de borrar ese instante profano, aunque un día llegue a masturbarme mientras mantenía ese recuerdo. No era mi costumbre hacerlo, sentía que traicionaba a mi esposo, aunque cada tanto necesitaba aplacar mi excitación.

    En el transcurso de un largo tiempo, se fueron originando una serie de hechos que si bien en un principio, no los tomé demasiado en cuenta, ni sospechaba o realmente trataba de negármelos.

    Una de ellas fue en un viaje con otros familiares, como los autos no eran suficiente para llevarnos a todos, opté por sentarme sobre las rodillas de mi hijo, tomándome del asiento delantero, el movimiento del auto sumado a mi trasero sobre las piernas de mi hijo, tuve la sensación o más bien la seguridad que ese contacto lo había alterado, lo miré como diciéndole, “Que te pasa?”, cuando note que sus cachetes se sonrojaban, me reí por dentro, continuando el viaje, tratando de olvidar el incidente, aunque creo que ese podría ser el punto de partida.

    De vez en cuando mientras elaboraba el desayuno, se acercaba por atrás, me abrazaba fuertemente notando su pene apoyarse en mi traste, que si bien en principio trataba de separarme, poco a poco comencé a deleitarme con ese contacto transgresivo e inmoral. Pensaba que estaba creciendo y que se estaba haciendo hombre.

    También en una oportunidad fuimos a una fiesta los tres, mi esposo tuvo que quedarse, no sé porque, y lo pasamos muy bien, hasta baile con mi hijo, sintiendo su sexo cerca de mi abdomen, dado que él es más alto. Habíamos bailado tan juntos que me encantaba estar unidos por esa melodía, algo que no había experimentado desde hacía mucho tiempo atrás, llegando a un punto dónde ya estábamos apretando nuestros cuerpos. Al regresar a la mesa mi hija dice”

    – “Vaya, parecían novios”, si bien me sonroje algo, me agrado su comentario.

    Atentamente mi hijo la invito a bailar la próxima pieza musical, como evitando posibles celos.

    También creo que a veces trataba de verme mientras me cambiaba o salía de darme una ducha, creo que no me molestaba esa actitud, aunque trataba de no mostrar mis partes más provocativas. No puedo decir que esos momentos me llevaron a excitar, creo que más que nada era sentir que a pesar de ser mi hijo todavía, alguien se interesaba en mi figura.

    Traté de vestirme más a la moda, haciendo resaltar parte de mi cuerpo, que por supuesto mi esposo lo censuro rápidamente, diciendo que era una señora con dos hijos grandes y no sé cuántas cosas más.

    Hubo, por parte de mi hijo intenciones de efectuarme algunos masajes o cosas similares, a lo que traté de evitar, aunque su atención hacia mí, esas flores, o los chocolates que eran mi preferencia, me fueron llevando a sentir que estaba tratando de conquistarme, cosa que si bien lo era, fui como aceptándolo con mucho agrado.

    Un domingo que tuvimos un almuerzo familiar, alrededor de 12 personas, Ben se sentó a mi lado, en un momento apoyó su mano en mi rodilla, jugando con su pulgar en parte de mi entrepierna, debo confesar que sentí una excitación, al punto de levantarme con la excusa de ir a buscar algo, traté de olvidar ese momento, aunque eran detalles que me iban inconscientemente llevando a algo más.

    En otra oportunidad, me dolían los pies, se ofreció a hacerme unos masajes, si bien me opuse en un principio, ante su grata insistencia, acepte su ofrecimiento. Fuimos a mi dormitorio, me senté en el borde de la cama y el arrodillado comenzó con unos suaves masajes, que me fueron agradando rápidamente al punto de acostarme, mientras iba disfrutando plácidamente de esas frotaciones. Creo que abrí las piernas un poco, no sé si llegaba a ver la unión de ellas, pero creo que me atraía saber que podría estar observando,

    Ese momento fue como una especie de fusible que me trajo a la realidad, o por lo menos reconocer que algo buscaba mi hijo, que yo lo estaba consintiendo, y que debía dar un corte antes de llegar a mayores, si bien me atraía todo eso creo que debería poner un límite.

    Después de pensarlo durante unos días, tome la decisión de aclarar todo eso, así que una noche apenas se durmió mi esposo y mi hija, silenciosamente fui a la habitación de mi hijo. Diciéndole:

    – “Hijo, quiero hablar contigo”

    – “Si, dime madre”

    – “No te asustes, es para aclarar ciertas cosas”, las que fui enumerando, lo del auto, esos abrazos matutinos, lo de ese almuerzo etc.

    Por supuesto se disculpó, reconociendo que le había sucedido cosas, pero después de una pausa, noté que le costaba decir algo, así que lo alenté para que lo expresase.

    Cuando comenzó a formular, una serie de cosas, que si bien me agradaban, por otra parte me estremecieron

    – “Madre eres lo más lindo que me tocado, me encanta tu belleza, tu manera de ser, me encanta mirarte, eres tan dulce, me atrae tocar tu cuerpo, tu cuello, sé que posiblemente no te agrade, pero siento una excitación cuando veo tu trasero, hasta te he visto a través de la transparencia de tu camisón”

    Así continuo diciéndome cosas, que jamás alguien me lo habría expresado, sentí que mi cuerpo se revolucionaba, como que eso que tenía retenido de golpe despertaba a una realidad, imposible de aceptar. Acaricie a mi hijo, le bese la mejilla, agradeciendo sus palabras.

    Me había confesado todos sus secretos, abrí los ojos viendo una mirada de amor y a su vez de deseo cuando bajé mi mirada hacia su entrepierna, observando su erección, no puedo negar que me excito, esa mezcla de morbo y de incertidumbre.

    Apoye mi mano sobre su miembro, bajando mi vista con algo de vergüenza, creo que sentía sus palpitaciones y su calidez producto de ese rigidez, mientras mi mano se mantenía posada en su sexo, le volví a repetir que nadie me había dicho tantas hermosas palabras.

    Mi mano se posó más firmemente en el pene de mi hijo, dando un pequeño brinco, sorprendido ante mi actitud.

    Noté su exaltación, ese deseo contenido en su rostro, oprimí su aparato agitándolo suavemente a través de la delgada tela de sus pants, diciéndole con voz susurrante

    – “No hagas nada”

    Me arrodille frente a mi hijo, lentamente le bajé los pans, tome sutilmente su sexo erguido, cerrando los ojos comencé a efectuar un sublime movimiento de sube y baja, oprimiendo a la vez su tronco, percibiendo sus palpitaciones, iniciando una leve masturbación.

    Mientras mi esposo dormía a unos metros y mi hija mucho más cerca, mis manos se deleitaban frotando el pene de mi querido hijo. Hasta que mi boca se tentó a lamer ese erótico trozo de carne, sintiendo que mi cuerpo se comenzaba a incitar, cuando mi ávida boca, lo comenzó a deglutir de una forma desesperada y voraz, disfrutando de su pene en mi cavidad bucal, lamiéndolo y succionándolo con total avidez.

    Todo se fue intensificando cuando mi cuerpo parecía alterarse con la venida de un orgasmo, algo que prácticamente nunca lo había experimentado de esta manera.

    Eso me trajo a la realidad, dándome cuenta que estaba obrando pesimamente, que eso no debía de ser. Me levanté rápidamente encerrándome en el baño, bajé mi pantaloncito notando lo mojada que estaba, me lave la cara, traté de calmarme aunque me era difícil. Después de varios minutos salí para dirigirme a mi dormitorio, mi hijo parado en la puerta de su aposento trató de detenerme, pero baje la cabeza, continuando mi camino, sin siguiera mirarlo o saludarlo. Estaba totalmente avergonzada por lo ocurrido, pero ya no había marcha atrás, lo hecho, hecho esta.

    Los días subsiguientes fueron un infierno, a pesar de que mi hijo me traía flores y obsequios, me era imposible mirarlo a los ojos, me dejaba notas a las que no contestaba, sabía que él no era el culpable sino yo, con ese deseo lascivo e indebido.

    Pasaron más de dos semanas donde trataba de tener el mínimo contacto con mi hijo, sé que estaba intentando preservar algo, no podía dejar de estimularme al recordar su pene erecto en mi boca, hasta llegue a masturbarme, algo que si bien no practicaba comencé a practicarlo más frecuentemente.

    Una noche sonó el teléfono, era una urgencia que requerían a mi marido, mientras se vestía, traté de levantarme para prepararle algo, pero me dice:

    – “Son las tres de la mañana sigue durmiendo”

    Permanecí en la cama, esperando a que se fuese, apenas lo hizo, me levante para dirigirme a la habitación de mi hijo. No sabía bien que le diría, lo desperté suavemente y me senté en su cama, quería aclarar lo sucedido aquella noche y mi forma de actuar ante él.

    Cuando se despierta, me mira asombrado, y le digo:

    – “No te asustes, quiero decirte algo, antes que nada lo que hice contigo, no es propio de una madre, he actuado así últimamente, porque estaba totalmente avergonzada de mi actuación de aquella noche”

    – “Quiero que esto termine sin perjudicarnos más, me lastima tanto hacerte daño de esta manera, me lastima ya no verte, cómo te alejas, me lastima mucho no hablarte, pero como te lo dije eso que pasó estuvo muy mal, fue una atrocidad lo que pasó, no tuvo que haber sucedido”,

    Y así continué hablando tratando de disculparme por lo de esa vez, cuando pone sus dedos en mi boca y me dice:

    – “Cállate madre, fue lo más hermoso que sentí en mi vida, no dejo de recordar ese momento, tus manos tocando mi sexo, y tu boca besándolo”

    – “Pero eso no es normal, eres mi hijo, mi propia sangre” le contesto algo avergonzada.

    Y así continuo la conversación, apoyando su mano en mis rodillas, acariciando parte de mi muslo, hasta que me dice:

    – “Me encantaría devolverte ese favor, hacerte sentir mujer, que te permitas romper esa prohibición que nos impone la sociedad”

    Realmente no sabía qué hacer, no niego que me agradaba esa proposición, sentí por vez primera como si mariposas aleteaban en mi estómago, a la vez que mis pulsaciones aumentaban, en el momento que me hace acostar sobre la cama, levantando levemente mi camisón, diciéndome:

    – “Déjate llevar, déjame hacerte gozar, y hacerte lo que nadie te ha dado”

    Sin decir nada traté de relajarme, mientras levantaba más mi camisón, y sus manos acariciaban mi abdomen, pasando por mi ingle, rosando mi vagina a través de mi calzoncito. Sus manos exploraban mi zona prohibida, excitando mi cuerpo, cuando sentí que mi prenda era desplazada suavemente. Sabía que eso no debía de ser, pero nunca había sentido algo así en mi vida, permitiendo que continuase con su objetivo.

    Al estar mi zona intima descubierta, sus dedos continuaron explorando el sector, rosando e introduciéndose levemente en mi vagina humedecida sus dedos, friccionando las paredes de mi interior..

    Cuando colocó un almohadón bajo mi traste, separo mis piernas arrodillándose para meter su cabeza entre ella, sintiendo su lengua humedecer mi sexo, no me podía detener en esa loca decisión, me fui entregando, disfrutando de ese regalo que mi hijo me ofrecía.

    Mientras su ávida lengua recorría mi raja hasta introducirse en ella, rozando mi clítoris, llevándome a un estado de total paroxismo, mi cuerpo parecía explotar, a la vez que mis hormonas estaban totalmente revolucionadas, me arqueaba, empujando mi pelvis contra su cara, contenía mis gemidos para evitar de despertar a mi hija.

    Mientras su boca succionaba mis labios vaginales sin dejar de acariciar mi abdomen, llevándome en pocos minutos a paroxismo total.

    Ben no cedía, hasta que me transporto a un conmovedor orgasmo, algo indescriptible, algo que nunca había sentido, sintiendo que mis tetillas se erguían.

    Traté de contener mi orgasmo que estaba alterando la totalidad de mi cuerpo, sabía que estábamos haciendo algo indebido, pero el placer que me estaba produciendo me impedía detenerlo.

    Mi mano tapó mi boca para contener mis gemidos, mientras la lengua de mi hijo no dejaba de acosar mi sexo. Después de venirme estuve varios minutos tratando de recuperar el aliento, mientras en mi mente no podía organizar mis pensamientos, abrace la cabeza de mi hijo, agradeciéndole lo que me había hecho, cuando sentimos el auto de mi esposo llegar, corrí a mi dormitorio, para meterme en la cama, tratando de dormirme sin dejar de pensar en lo sucedido.

    A la mañana siguiente fui la primera en levantarme, cada vez que recordaba lo de la noche anterior me motivaba, cuando sentí que mi hijo, me abrazaba besándome el cuello, me entregue ante esa cálido demostración de cariño.

    – “Puedo tocar tus pechos? Me pregunto susurrándome al oído”

    – “Si te agrada, hazlo” le contesté suavemente, sintiendo aflojarse mis piernas…

    Comenzó a levantar mi camisón, hasta que sus manos se apoyaron en mis senos, apretujándolos suavemente, tocando mis pezones erguidos por mi motivación, apretándolos dócilmente, llevándome a pegarme a su cuerpo, inclinando mi cabeza contra su hombro, mientras sus manos recorrían mi candente cuerpo, llegando a mi abdomen, hasta meterse entre mi calzoncito, accediendo a mi sexo. Sentí mojarme al percibir ese acercamiento, no podía contener mi excitación ante esas sutiles y penetrantes caricias de mi hijo.

    Sentí bajar mi prenda, sin llegar a impedirlo, hasta que sus manos tocaron mis glúteos, sintiendo su verga apoyarse entre mis cachetes, me sentía transportar, con el deseo de ser poseída por mi propio hijo.

    Continuo bajándola, sintiendo su mano recorrer mis nalgas, hasta llegar a mi vagina, transitando mis humedecidos labios inferiores.

    Cuando unos pasos en la escalera detuvo nuestro encuentro tan lascivo, arreglando mis prendas rápidamente mientras Ben se sentaba a la mesa, tras ella bajo mi esposo y desayunamos como lo hacíamos habitualmente, aunque mi estado era bastante alterado.

    Mis movimientos, llegaron a delatarme, dado que mi esposo de una manera algo grosera, me dice:

    – “Que te pasa mujer, pareces trastornada?”

    No dije nada y trate de calmarme, mientras mi cabeza no dejaba de pensar, aunque mi decisión estaba tomada, para bien o para mal. Mientras todos se preparaban para ir, mi esposo al consultorio y mis hijos a sus escuelas, me acerque a Ben y le dije:

    – “No vayas a la universidad”, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja, me dio un beso en la mejilla y se fue, comprendí cuál era su intención.

    Rato más tarde se fue mi esposo con mi hija para llevarla a su escuela, e ir a su consultorio, no solo sabía que contábamos con más de 5 horas para nosotros, sino que estaba dando un paso a algo prohibido, a un tabú, algo que no tenía explicación a un deseo que no podía reprimir más.

    Está bien, está mal, no sé, solo sé que lo deseaba, pero porque con mi hijo, podría haber sido otro, pero él me despertó de ese letargo, de ese mundo frio e irreal donde el sexo no existía. Sabia con qué podía encontrarme, podía destruir la familia, pero creo que lo que haríamos valdría correr el riesgo.

    Apenas quede sola arregle las camas rápidamente dándole prioridad a la de Ben, me duché, perfume, colocándome mi mejor y más transparente camisón, traté de aligerar mi vello vaginal, terminándome acostando en la cama de mi hijo a la espera de un infrecuente y prohibido encuentro nupcial.

  • Antes del café (Capítulo 2): Calentura y locura

    Antes del café (Capítulo 2): Calentura y locura

    Aquí en medio del suspenso y antes de tomar el café para leer este capítulo, la autora y su servidora, Lorena Padilla, me permito intervenir como narradora, ya que existen momentos en que, tanto la versión de Azucena como la de Braulio coinciden completamente, o son solo diálogos entre ellos.

    Aprovecho esta interrupción también para explicar algunos pequeños detalles: Los protagonistas son grandes amigos míos y cada uno me relató su versión de los hechos, por eso cada capítulo tiene ambas perspectivas. En su momento, redacté la historia como vivencia mía porque también fui partícipe, pero es mucho más interesante lo que pasa entre ellos. Lo mío lo compartiré posteriormente como una novela más corta.

    Por último, los personajes de esta novela tienen nombres distintos a los reales, incluyendo el mío. De esta manera, a lo largo de la novela se deja a la sabia intuición del lector adivinar qué personaje soy y a su fina imaginación cada fragmento erótico. Sin más que agregar, iniciaré narrando la siguiente conversación, cuando Braulio se acercó a Azucena después de que ella tuvo sexo con un tipo que no era su novio.

    -Hola, hermanita.

    Entre asustada y molesta, Azucena se dio la vuelta lentamente y con rostro serio, le respondió.

    -Nada de hermanita, mocoso. Soy mayor que tú, en cambio, tú pareces un adolescente. ¿Qué haces aquí? Se supone que deberías de estar en la universidad.

    A modo de aparentar seguridad, Braulio emitió una pequeña risa, se dirigió hacia la alacena, sacó su taza favorita y sirviéndose directo de la cafetera que previamente sus padres dejaron preparada desde temprano, contestó sonriente y astutamente.

    -Azu, somos adultos. Me dio flojera ir a la universidad. Y tú, mírate, teniendo más responsabilidades que yo, decidiste no ir a trabajar a escondidas de nuestros padres, estás en fachas de actriz porno y le acabas de dar el culo a un sujeto que no es tu novio, de lo cual tengo evidencia en mi celular.

    Boquiabierta por el desvergonzado vocabulario de su hermano, Azucena se dirigió a él, enojada y casi gritando.

    – ¡Ay! ¡Primero que nada tú no debías de estar aquí, borra todo lo que hayas capturado y ten cuidado con que me acuses con mis padres! ¡En segunda, ten más respeto hacia mí que soy mujer, yo hago lo que quiero con mi vida y mi cuerpo! ¡Además, Ernesto me fue infiel, así que tengo derecho de coger con quien quiera, es más, hoy mismo lo voy a mandar al diablo!

    Braulio permanecía sereno y pretendió terminar con la discusión antes de darle el primer trago a su café.

    -Es lo que estoy tratando de decirte. Somos adultos, hacemos lo que queremos, así que, no te preocupes, que yo no les diré nada a nuestros padres. Pero, así como somos adultos sabemos perfectamente lo que es un trato y quiero proponerte uno.

    Azucena puso una mirada de sospecha y ante la pausa de su hermano, quien comenzó a ingerir su café, pensó en posibles chantajes, pero el que más la intimidó fue el de tener sexo con él, por lo cual reaccionó intensamente.

    – ¡Ni se te ocurra! ¡Ni loca lo haría!

    De pronto, la supuesta seguridad de Braulio se esfumó. Le dio un trago más a su café, esta vez algo prolongado, para saber qué contestar, ya que estaba creyendo que su hermana dedujo cosas sucias entre ella y él. Así, procedió a hacerle la propuesta, trabándose entre tantas muletillas que me ahorraré escribir.

    – ¡Tranquila! ¿Pues en qué piensas, cochina? Escucha, anoche Isabel me terminó y desde que tuve mi primera pareja he querido saber qué se siente tener sexo. Viendo que tú estás disfrutando plenamente de tu sexualidad me dio, pues, mucha envidia, ¿me explico? Lo único que quiero es que, discretamente, le recomiendes a una de tus bellas amigas acerca de mí y consigas que folle conmigo. De lo contrario, las pruebas que tengo de tu cogida de hoy se las daré a conocer a nuestros padres ¿Trato hecho?

    Con las manos en la cintura y una sonrisa burlona, pareciera que Azucena atrapó la seguridad que a Braulio se le había escapado y sin demorarse, replicó de forma tenue.

    – ¡Hermanito de mi vida! Te crees inteligente, pero no lo eres. ¿En realidad crees que una mujer con estabilidad y una vida solucionada, como mis amigas, estaría interesada en coger con un escuincle como tú? Pídeme algo que sea posible, por favor.

    Desde aquella postura que adoptó Azucena, la mirada de Braulio se ancló en los muslos de su hermana y en el movimiento de su minifalda. Inevitablemente, su miembro tuvo una erección y él comenzó a sentirse incómodo. Azucena se dio cuenta, pero su prudencia fue superior para no delatarse, pues claramente observó el bulto en su ropa. Braulio, aún nervioso, se apresuró a acabar con la plática.

    -Lo lamento, pero esos son mis intereses. Piénsalo. Yo me retiro, todavía alcanzo a llegar a la clase de las once.

    Rápidamente, Braulio caminó hacia su cuarto, cargó su mochila, se dirigió hacia la puerta queriendo evadir la vista a su hermana y salió en camino a su universidad. Azucena mantuvo la misma posición hasta que su hermano se marchó. Lo que sucedió después corre por la cuenta de ambos, cada quién por su parte.

    VERSIÓN DE BRAULIO:

    Esperé un poco hasta alejarme lo suficiente de la casa para explotar el cúmulo de emociones que se originaron en mí. Estando a solas, hice un gesto de enfado mezclado con desesperación y regresé a mi propia conversación.

    – ¡Caray! ¿Qué fue eso? Creo que, si me hubiera quedado ahí, viéndola detenidamente, así como ella me veía a mí, hubiéramos terminado en el sofá después de varios orgasmos y una cogida muy rica. Se sentía una energía candente en su mirada y en su sexy pose. Me hubiera encantado acercarme a ella, empujarla hacia el sofá, agacharme y hacerle un sublime oral para comenzar y convencerla de que no interrumpa el momento con algún razonamiento moral.

    Notando que mi pene volvía a ponerse duro y sabiendo que estaba en público, traté de controlarme, aunque pronto caí en el desconsuelo.

    -Ya no sigas. Es más, ni te ilusiones. Eso nunca va a pasar. Sin duda alguna me habrá considerado como un idiota y continuó con su vida. Además, acerca de esa propuesta que le hice, sinceramente no seré capaz de delatarla. Es mi hermana y la quiero como tal. Solo que, cuando le dije que me dio mucha envidia de ver que disfrutaba de su sexualidad, en realidad quería decirle que me dio mucha calentura y quería que alguien me la quitara, sin importar que fuera ella.

    Quería estar solo. De tanta decepción, sentía que no iba a soportar a la gente que se me atravesara en el camino ni en el autobús. Decidí, por tanto, hacerle la parada a un taxi.

    Llegué a la entrada de la universidad. Estaba ansioso por comprar y fumarme un cigarro, sin embargo, dando unos pasos más me quedé inmóvil al ver a Isabel, vestida de manera tan impresionante, pero estaba siendo acariciada delicadamente por las manos del imbécil que provocó que mi hermana le entregara su cuerpo a un tipo cualquiera, sí, Ernesto.

    Lleno de frustración, volví hacia la calle y pedí otro taxi, esta vez, con destino a la zona hotelera de la ciudad para emprender el plan B.

    -Si mi hermana lo hizo ¿por qué yo no? Solo que a ella no le costó ni un peso. Pero yo haré que valga cada maldito centavo.

    Era casi el mediodía cuando me instalé en el penthouse suite de uno de los hoteles turísticos más famosos de Puerto Vallarta. De esta manera, me hallé solo, entre cuatro muros de lujo. Empecé a recorrer toda la habitación, incluso preparé la tina de jacuzzi, todo con el fin de idear los movimientos que realizaría a la hora de follar con la sexoservidora que contrataría. En cada paso, no pude controlar mis ganas de sacarme la verga y masturbarme. Realmente deseaba que el momento fuese perfecto.

    Al terminar de afinar detalles, me di un baño bastante minucioso, después me acosté en la deliciosa cama king size de la habitación y procedí a navegar en un sitio web de escorts a través de mi celular.

    Mi preferencia de búsqueda al principio fue VIP, no obstante, en los resultados siempre aparecían chicas de 19 a 23 años diciendo que se sabían todas las posiciones y eran perfectas para los hombres exigentes (a esas edades ni conocen bien su anatomía, comprobado). Mis gigantescas ganas de coger me solicitaban una hembra de mínimo 25 años, ¿acaso será porque me quedé intrigado por saber cómo hubiera follado con mi hermana si se hubiera dado la oportunidad?

    En fin, cambié el texto de búsqueda por “madura” y me arrojó varios perfiles de señoras no muy atractivas y algunos de adultas jóvenes muy sexys, de las cuales solo dos llamaron mucho mi atención.

    Comencé a ver la información de Crystal, una mujer morenaza de 27 años, venezolana, delgada, destacando sus enormes nalgas y sus 1.86 metros de estatura, lo cual fue el factor determinante para elegirla. Me parecía excitante la idea de coger con una mujer más alta que yo por quince centímetros.

    Sin pensarlo dos veces la llamé. La verdad, no sé si hice lo correcto al contarle todo lo que le haría, porque preguntó por mi nombre y mi edad y cuando le comenté que tenía 21 años me dijo que solo acepta a hombres mayores de 25 y me colgó. El karma en su máximo esplendor.

    Entonces me quedaba Itzel, la chica del otro anuncio, mujer de piel canela, de 28 años, mexicana, delgada, pechos prominentes y lindo atuendo de secretaria. Continué leyendo y me detuve en el apartado donde mencionaba: “Aplica promoción si deseas el trío con mi amiga Andrea”. Busqué si había una foto de esa tal Andrea dentro de la publicación y apareció una foto de ambas enseñando sus exquisitos culos.

    – ¡Uf! ¡Andrea tampoco está nada mal! ¡Un trío para ser mi primera vez sería espectacular!

    Inmediatamente llamé a Itzel, le dije todo lo que le haría a ella y a su amiga, además del champagne que habría al final. Ella sonó bastante sorprendida y excitada, aunque también preguntó por mi nombre y mi edad. Me tardé en responder falsamente que me llamo Bernardo y tengo 32 años, pero ella, demasiado contenta, me confirmó la cita acompañada de su amiga, a quien no se me dio por escucharla en la llamada.

    Minutos antes de que llegaran las chicas cerré las cortinas, apagué las luces y me desnudé. Después oí el golpeteo de la puerta, me asomé por la merilla y las vi con unas máscaras. A continuación, abrí y me escondí detrás de la puerta sin que me miraran. Esperé a que ingresaran a la habitación, cerré y lentamente me acerqué a arrimarle mi verga al trasero de la última que entró. Me fascinó su expresión, diciendo “¡Ay, papi!” Pero su voz se me hizo familiar.

    VERSIÓN DE AZUCENA:

    Después de que mi hermano se largó crucé los brazos y me acosté en el sofá. Me sentía apática, agotada, pero todavía bastante ganosa y tenía mi mano derecha introduciéndose bajo mi falda.

    – ¿En serio quise seducir a mi hermano con mi mirada y mi pose? ¿En serio me le quedé mirando el bulto? Es que, vaya que se veía grueso y largo lo que traía ahí adentro. No puede estar pasándome esto, ¡que alguien me diga que esto es un sueño!

    Mi mano pasó la barrera de mi pantaleta y en cuanto toqué mis labios vaginales, suspiré y experimenté vibraciones deliciosas.

    -En estos momentos, la persona indicada estaría pasando su lengua por toda mi concha, estimulando mi clítoris, provocando que me venga y después, metiendo toda su venosa pija hasta topar con mi cérvix. ¡Uf! Probar varias posiciones por un largo rato hasta que me diera aviso de que pronto eyacularía para mamársela y se viniera en mi boca. Si mi hermano pudiera hacer eso, de verdad lo hubiera permitido.

    Dentro de mi vagina se encontraban dos de mis dedos y con mi mano izquierda apretaba mis senos. Estuve a nada de entrar al punto de no retorno, pero mi moralidad me mortificó.

    – ¡No, Azucena! ¿En qué estás pensando? Tu hermano no debe hacerte lo que estás imaginando.

    Pronto paré de manosearme, tomé mi teléfono y llamé a Ingrid para que viniera a la casa y contarle lo sucedido, bueno, solo lo más importante. Entretanto se trasladaba hacia acá me duché y me vestí cómodamente.

    Mi amiga llegó a las 10 en punto e insistió en que lo que tenía que contarme era urgente. Le pedí de favor que primero me dejara hablar a mí y lo hice, aunque ella aceptó de mala gana.

    Durante mi charla motivacional agradeciéndole lo de Ernesto y platicándole lo de Ignacio, el celular de Ingrid sonó varias veces, pero ella me dijo que no me preocupara y siguiera hablando.

    Finalmente, terminé contándole lo que pasó con mi hermano, resaltando la propuesta que me hizo, es decir, insinuando que fuera ella quien accediera a sus términos. De pronto, Ingrid preguntó algo que tomé como broma.

    – ¿Y tu hermano estaría dispuesto a remunerarme económicamente si lo hago con él?

    Mi reacción consistió en llevar la palma de mi mano hacia mi frente y contesté sarcásticamente.

    -El que te estaría pagando es mi papá, porque él le deposita a su cuenta para sus gastos mensuales.

    Debo mencionar que Ingrid es una chica muy interesada, el dinero la hace muy feliz, sin importar a quién lastime. Acto seguido, ella comienza a contarme su chisme.

    -Aun así, los ahorros son de tu hermano. Y te pregunté lo anterior porque ¿qué crees? Anoche me anuncié en una página de sexoservidoras. Quiero intentar en ese ambiente.

    La miré a los ojos y le grité.

    – ¿¡Estás demente!?

    Sin embargo, ella defendió su punto de vista y, por si fuera poco, logró envolverme con su discurso, al fin y al cabo, yo ya lo había pensado desde antes.

    – ¿Y por qué no? ¡Haré lo que tanto me gusta y ganaré dinero por ello! Apuesto a que tú desearías un trabajo así, querida. ¿Por qué no lucrar con algo que casi todas hacen gratis? De hecho, quería saber si te animarías a promocionarte conmigo. Como te estás dando cuenta, me han estado llamando muchas veces, pero no he contestado y necesito saber tu respuesta. ¿Qué dices?

    No podía negar mis enormes ganas de volver a follar en el día, o más bien, de follar verdaderamente. Además, mi amiga sabe perfectamente que soy una perra y que soy muy buena en la cama, por lo que, para ella, cumplo con el perfil de una escort y por eso recurrió a mí.

    -Mi respuesta es, sí. Pero únicamente por hoy. Dependiendo de los resultados y las ganancias veré si me animo a continuar.

    Entonces, Ingrid se apresuró a crear un nuevo anuncio en la plataforma donde se publicó e incluyó una oferta por follar con las dos en un trío, sin revelar nuestras verdaderas identidades. Llenó unos requisitos, subió unas fotos suyas y me pidió que le enviara una imagen provocativa mía, pero le propuse tomarnos una juntas y así lo hicimos.

    El anuncio quedó listo, se publicó y en menos de dos minutos mi amiga recibió dos llamadas. Ella y yo concordamos en que los urgidos no cuentan. Sin embargo, parece que volvimos locos a los navegadores de la página web, porque las llamadas fueron constantes.

    Por lo tanto, Ingrid y yo acordamos que ella contestaría la primera llamada que le llegara después de quince minutos sin que suene el teléfono.

    Esperamos hasta que pasó el mediodía y prestamos atención cuando el teléfono dejó de sonar por quince minutos. No tardó mucho en llegar la llamada del elegido, Ingrid contestó, se puso cachonda en el teléfono, confirmó la cita, colgó y cuando me dijo el hotel donde estaba hospedado el varón de 32 años que nos esperaba yo no podía creerlo. ¡Pensé que sería un hombre rico!

    Las dos nos vestimos con ropa y lencería de secretaria, nos arreglamos, nos pusimos unas máscaras, ordenamos un vehículo de transporte privado y en menos de una hora, mi amiga y yo estábamos en la puerta del penthouse suite de uno de los hoteles más nombrados de la zona hotelera de Puerto Vallarta.

    Ingrid tocó la puerta. Por dentro, la habitación lucía oscura, lo cual nos extrañó. De pronto, la puerta se abrió e ingresamos. Escuché que la puerta se cerró, pero antes de voltear a ver, sentí lo dura y gruesa de una verga bien erecta justo en la línea entre mis glúteos. No pude hacer más que disfrutarlo y gritar: «¡Ay, papi!

    CONTINUARÁ…