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  • Antes del café (Capítulo 3): Escándalo en el penthouse

    Antes del café (Capítulo 3): Escándalo en el penthouse

    Versión de Azucena:

    El corazón me palpitaba velozmente al sentir tremenda verga rozando mi trasero. Dejé caer mi bolso, poco a poco me empiné y restregaba lentamente mi cola en su pija haciendo movimientos en círculo. Era de esperarse que la voz de Ingrid se escuchara, perdida en medio de la oscuridad.

    – ¿Amiga?

    Quise hablarle, pero en ese momento, el caballero colocó sus manos en mi cintura y me dio unos arrimones con movimientos muy calientes y duros. Después, sentí una de sus manos subiendo delicadamente mi faldita de secretaria, tallando desde mi muslo hacia arriba y, con un solo dedo, deslizó mi tanga hacia abajo, pasándolo en medio de mis nalgas. En cuestión de segundos, sentí su boca besando mi cuca. No pude evitar gemir.

    – ¡Mmmm!

    Nunca en mi vida de más de un cuarto de siglo de innumerables experiencias sexuales me habían dado una sorpresa que me prendiera en llamas como la que estaba empezando a vivir en ese momento. Sentí que sería imprudente pedir que se encendiera las luces o que desplegara las cortinas, solo para saber dónde se encontraba mi amiga. No obstante, creía que era buena idea, por si acaso era alguien conocido de mis padres o de la empresa y quisiera quitarme el antifaz.

    Mientras disfrutaba el oral, dejé estirada mi mano hacia el frente por si Ingrid pasaba frente a mí y en cuanto toqué su mano la jalé levemente, pero al instante, el hombre dejó de mamar mi concha. También sentí que Ingrid soltó mi mano de manera brusca y oí que gritó fuerte y sensualmente justo a un lado de mí.

    – ¡Ay!

    Mi cuerpo y el de Ingrid chocaron el uno con el otro. El varón había empinado a mi amiga de forma ruda pero excitante y la colocó a mi derecha. De pronto, sentí que uno de sus dedos se introducía en mi vagina y me frotaba por dentro, por lo cual gemí suavemente, mientras que mi amiga dio voces implorantes.

    – ¡Qué rico chupas mi coño! ¡Así, mi vida! ¡No pares!

    Deduje que le hizo lo mismo que a mí, sin duda afirmé que era todo un macho experimentado. Minutos después, sacó su dedo dentro de mí y tomó mi cintura con una sola mano. De este modo, me llevó pegada a su cuerpo y al de Ingrid, caminando despacio hasta que sentí la comodidad de una cama.

    Rápidamente, busqué su pija con mi mano y la sostuve, él hizo todo lo posible por echarse a la cama, a pesar de que mi acción se lo estaba impidiendo. Al notar que se había acostado boca arriba, comencé a masturbarlo. Emití un gemido por el simple hecho de palpar lo muy larga que la tenía. Entonces, Ingrid, quien ya se había separado de mí, volvió a suplicar cosas lascivas.

    – ¡Uy, amor! ¡Me encanta como te comes mi pucha! ¡Sigue, sigue! ¡Más, más!

    Supuse que mi amiga había puesto su vagina sobre la cara de nuestro cliente. No era la primera vez que hacía un trío con mi amiga, pero nunca la había escuchado tan impetuosa. Motivada al escuchar las expresiones de placer de Ingrid, comencé a lamer la enorme víbora del muchacho, ¡Sí que era colosal!

    Sin demorarme más, metí la punta de su sable en mi boca para succionarla, meterla y sacarla. No evitaba gemir al mismo tiempo que se la pulía, imaginando que después la introduciría en mi vagina. Me puse mucho más cachonda, empecé a tocarme el clítoris y procuraba que se escuchará fuerte el ruido producido por la succión de su herramientota.

    Deseaba meter toda su verga en mi boca y no dejé de intentarlo hasta lograrlo. Quería saber que estaba disfrutando de mi garganta profunda y mi manera de mamarla, sin embargo, él no producía ningún sonido.

    Pasó un rato considerable, estaba haciéndole una rusa y al mismo tiempo le besaba y chupaba el glande, pero yo ya estaba bien caliente y me preparé para sentarme en sus piernas y meter su pene en mi concha, pero después de tantos gritos intensos, mi amiga me dirigió la palabra.

    – ¡Amiguita! Te cambio el lugar ¿sí?

    Ingrid quería tragar verga y no me quise oponer, así que intercambiamos la estafeta. Me aproximé a la cara del vergón, me saqué una teta de la blusa y se la puse en su boca. Normalmente, no siento gran excitación cuando intentan estimularme a través de mis pechos, pero él los trató sabroso, erizó la piel de mis clavículas con un rico chupetón y succionó deliciosamente mis pezones, en pocas palabras, supo calentar más la fogata.

    Luego me despojé de mi falda y me senté en su cara, dándole la espalda a Ingrid. Sentí su lengua como de seda recorriendo mis paredes vaginales internas, lo cual hizo que gritara de placer, agarrara su cabello y le pidiera más. Pero después, él dejó de mover su lengua, así que comencé a prensar su cabeza con mis muslos.

    De pronto, él volvió a mover su lengua más rápido y me propinó unas fuertes nalgadas. Además, con su otra mano acarició mi clítoris. Esto sumado a mis ligeros saltos y tallones en su boca, provocó que me viniera.

    Salían manantiales de mi vagina directo a la boca del hombre. Amé que no se quitara y recibiera mis fluidos. Tomándome de la cintura, comenzó a lamer mis labios vaginales que, para entonces, estaban ardiendo. Me estaba deshaciendo en suspiros y gemidos acompañados de temblores corporales y exclamé a gran voz.

    – ¡Me hiciste correrme muy rico, papi!

    Momentos después, la luz se encendió y miré hacia abajo.

    Versión de Braulio:

    El corazón me palpitaba velozmente al sentir tremendo culo tocando mi pene. Ella se empinó y restregó su trasero hacia mi verga, dándome unas suculentas sobadas. Sus gemidos me prendían poco a poco, pero me recordaban extrañamente a los de mi hermana que escuché en la mañana, quise ignorarlo, pero no pude.

    Coloqué mis manos en su cintura para seguir intimidándola al rozar su cola con mi pene y darle arrimones cada vez más duros. Noté que ambas traían un sexy atuendo de secretaria cuando las observé por la merilla, por lo que comencé a subirle la falda y quitarle la tanga a la dama que tenía dispuesta a mi pelvis y, a continuación, me agaché para darle besos a su rica vagina.

    Simultáneamente, la otra chica, perdida en la oscuridad, llamó a su amiga y escuché que estaba aproximándose. En cuanto percibí su presencia cerca de mí gracias al sonido de sus zapatillas, interrumpí el oral que le estaba practicando a la primera chica, tomé con alevosía a la otra jalándole el cabello y la empiné de forma ruda para repetir con ella el procedimiento que apliqué con la primera.

    Para no descuidar a la primera chica mientras me ocupaba con la segunda, le introduje el dedo medio de mi mano izquierda y lo froté dentro de ella. Los gemidos y frases guarras de ambas me enloquecían.

    Era increíble para mí lo que estaba sucediendo, ¡tenía dos chicas sumisas a mi gusto! Supongo que una escort profesional como ellas complace en todo a sus clientes, pero algo me decía que a ellas les fascinó mi bienvenida y, por supuesto, mi gran espada y mi creatividad. Estaba ansioso por penetrarlas, pero debía tomarme el tiempo necesario para que disfrutaran de un previo muy exquisito.

    Con el propósito de hacer sentir más cómodas a mis invitadas, tomé a ambas de la cintura y las conduje a la cama. Quise posicionarme boca arriba, pero una de ellas sujetó mi pene y me estorbó un poco en la maniobra, supongo que deseaba ser la primera en comérselo y no quise negárselo.

    Quedando acostado, empleé fuerza para levantar a la otra chica que seguía sosteniendo de la cintura y la dejé caer con sus nalgas golpeando mi cara. Ella comenzó a moverse en círculos y muy rápido, gritando de harto placer porque había metido mi lengua en su concha.

    Al mismo tiempo, la otra chica me hacía una chaqueta con sus manos y no tardó tanto en comenzar a lamer y chupar mi pija desenfrenadamente, metiéndola toda en su boca. Después, sentí mi verga siendo frotada en medio de dos masas redonditas, ¡una rusa muy placentera! Se sentía bastante bien, pero resistí que mis gemidos salieran, ya que mi boca se encontraba ocupada en otro asunto lujurioso.

    La chica que tenía sobre mí le indicó a la otra que cambiaran de lugar. Seguramente también quería tragarse mi herramienta. Llevaron a cabo el trueque, la jovencita que tenía su cuca en mi cara se apresuró a hincarse y meterse mi pito en su boca y de pronto sentí en mis labios una pequeña bola de carne, que era el pezón erecto de la otra lindura de mujer.

    Con toda seguridad, procedí a lamer y besar sus esféricos melones, dejando uno que otro leve chupetón en ellos y también succioné sus pezones con bastante dedicación. Después, erguí mi cuello para que mi lengua traviesa lamiera en medio de ambos senos, dirigiéndola lentamente hacia sus clavículas, donde me detuve a rozar su piel con mis labios y dejé mi sello con un chupetón bien marcado.

    Ella jadeaba aceleradamente y siguió pareciéndome similar su tono de habla al de mi hermana, lo cual me puso a sospechar. Enseguida, me restregó en la boca su vagina, posicionándose de frente y noté que se había quitado la falda. Introduje mi lengua y lamí con calma por dentro, estaba muy mojada y caliente.

    Escuché una vez más sus gemidos. Me percaté de que estaba demasiado excitada con mis mamadas, tanto que agarró mi cabello y me pidió más. Mi conjetura acerca de que se trataba de mi hermana se hizo más fuerte entre más me sonaba semejante su voz.

    Automáticamente dejé de mover mi lengua y comencé a asustarme. Prontamente, me atormentaron las posibles consecuencias de que resultara ser mi hermana y que me reconociera, pero, siendo descomunal mi impudicia y mi cinismo, plasmé en mi imaginación a mi hermana.

    Así, viéndola en mi mente sin el antifaz, pero con esa blusa y ese bolero sexy, esa falda de secretaria que traía puesta, su tanga y sus zapatillas, me sumergí en el fetiche de estar con ella y me planteé el objetivo de llevarla al orgasmo, por lo que proseguí lengüeteando el interior de su coño con mayor rapidez.

    Sentí que ella enloquecía, pues se daba sentones leves y tallones intensos en mi boca, además de que estrujó más fuerte mi cabello. Con mi mano derecha le propiné unas duras nalgadas y con mi mano izquierda masajeé su clítoris.

    Después de un rato, brotó un delicioso líquido de su concha que fue a parar directo a mi boca y con mi lengua recogí los remanentes que se adhirieron a sus labios vaginales mientras la asía de la cintura. Estuve satisfecho de obtener lo que quería. Ella, temblando ineludiblemente, expresó su deleite.

    – ¡Me hiciste correrme muy rico, papi!

    Me paralicé. Confirmé que la voz era la de mi hermana. Además, dejé de sentir el oral que la otra chica me estaba haciendo. Mis ojos estaban muy abiertos del miedo y, casualmente, la luz se encendió.

    Intervención de la narradora:

    Lamento mucho haberte cortado la inspiración y las ganas. Al escribir este capítulo, créeme que no pude evitar tocarme, pero debía continuar con la historia original. Así es la vida. Te aseguro que se te recompensará en el próximo capítulo, por lo pronto, relataré lo que pasó después.

    Azucena se levantó velozmente habiendo reconocido a su hermano. Atónita y enfurecida, gritaba de manera prolongada.

    – ¿¡Qué!? ¡No puede ser, Braulio! ¡No!

    El joven, por su parte, se llevó las manos a la cara, inundado en un sentimiento de vergüenza. Permaneció callado por un minuto y posteriormente se levantó para explicar lo inexplicable. La discusión inició.

    – ¿Qué te digo, hermana? Esto es solo mera coincidencia -se excusó Braulio.

    – ¿En esto derrochas el dinero que te deposita mi papá, cierto? -cuestionó Azucena, mientras se acercó a la cama por su falda-. ¡Ingrid, vístete!

    -Es la primera vez que recurro a esto, ¿tú te dedicas a cobrar por sexo cuando no vas a trabajar? -devolvió la pregunta el muchacho.

    – ¡No pienses cosas que no! -gritó Azucena y después tartajeó-. Solo quise experimentar algo nuevo. Tú mismo lo dijiste en la mañana, estoy disfrutando de mi vida sexual plenamente. Pero esta fue la primera y última vez que hice esto.

    -Yo también quise probar algo nuevo -se defendió Braulio-. Como te mencioné, somos adultos y tomamos nuestras propias decisiones.

    -Y supongo que me acusarás con mis padres por lo que hice en la mañana -dijo la muy molesta joven.

    – ¡No, Azu! -respondió Braulio-. Eres mi hermana y te quiero por esa enorme razón.

    -Pero seguramente me estás viendo como una puta. Tu hermana la puta, a mí no me engañas -se quejó Azucena-. Ahora usarás esto como chantaje. ¿Qué vas a querer? ¿Cogerme cuando haya oportunidad? ¿Tanta es tu urgencia por tener tu primera vez?

    -Mira, hermana, estamos empezando a caer en contradicciones. Aquí ninguno de los dos tendrá la razón jamás -empezó a discurrir el angustiado de Braulio-. Primero hay que aceptar que esto fue casualidad. Pude haber contratado a cualquier otra escort. También pude haberme quedado en la universidad, pero vi a tu peor es nada con la mía.

    -Sí, ya lo sabía -interrumpió Azucena-. Iba a comentártelo en la mañana, pero me dijiste que ya te había terminado. Solo te vio la cara de estúpido y a mí me quiso ver la cara.

    -Por esa razón decidí hacer esto -continuó Braulio-. Pero ¿es necesario que los dos lleguemos a estos extremos? Debemos de reflexionar sobre el perjuicio que esto puede ocasionarnos, más que nada por lo influyentes que son nuestros padres en nuestras vidas y la vida que nos espera sin sus favores.

    -Tú serías el más perjudicado -contestó Azucena-. Ya no pagarían tu escuela y no tendrías una profesión que ejercer. Yo sería despedida, pero cuento con experiencia para ser contratada en otro lugar. Pero claro, ¿qué más se puede esperar de ti? Cuando el error es tuyo no te atreves a recapacitar, necesitas que alguien más se equivoque igual que tú para no sentirte solo. Además, no sabes lo sucia que me siento en estos momentos. Te lo advierto, esto nunca pasó. ¿Ok?

    Azucena terminó de arreglarse, tomó de la mano a Ingrid, quien ya estaba vestida y dejaron solo a Braulio, abandonando el hotel.

    -Pediré un vehículo exclusivo para ti -dijo Azucena con el nudo en la garganta-. Quiero estar sola. Perdóname. Me siento como una desgraciada.

    -Sin preocuparte, amiga -trató Ingrid de tranquilizarla-. Esto también me impactó. Quiero dar una vuelta por la playa para distraerme. Ve con cuidado a casa y llámame cuando lo requieras.

    -Gracias -concluyó Azucena con un abrazo y un beso en la mejilla a su comadre.

    En cuestión de minutos, arribó el automóvil que solicitó Azucena para trasladarse a casa. En cuanto llegó, corrió hacia la entrada, luego hacia su recámara y se desahogó.

    Entretanto, Ingrid, viendo que su amiga se retiró, ingresó de nuevo al hotel y asomó la cabeza en el penthouse que se quedó entreabierto y donde todavía permanecía Braulio. Se vieron y de forma inminente, comenzó una conversación íntima.

    -Hola, ¿quieres platicar? -inició Ingrid.

    – ¡Claro! ¡Adelante! -exclamó Braulio con una sonrisa y a medio vestirse-. Sigo sin explicarme ¿cómo encontraste el interruptor para prender las luces?

    -Fácil -respondió Ingrid, tomando asiento en el sofá-. Cuando me llevabas hacia la cama todavía traía conmigo mi bolso, pero me lo quité en el filo. Luego, cuando bajé de la cama para hacerte el oral encontré mi bolso, saqué mi celular, activé la linterna y fui a encender las luces.

    -No se me ocurrió que eso pudo haber pasado -dio la razón Braulio y se sentó junto a Ingrid-. Sigo procesando todo lo que acaba de acontecer, además de que me siento mal por otros motivos.

    -Soy toda oídos -consintió Ingrid.

    -Quería que hoy fuera mi primera vez teniendo sexo -dio rienda suelta Braulio a su relato-. He tenido muchas novias, pero con ninguna conseguí acostarme. Deseé tanto este momento que me concedí lo mejor, lo planeé todo con esmero. Pero no me esperaba este resultado.

    -Me imagino, estamos igual -dijo Ingrid.

    -Y ¿por qué quisiste que hubiera iluminación, si estábamos pasándola increíble así en la oscuridad? -cuestionó Braulio.

    -Quería que te hiciéramos un baile -remató Ingrid.

    -Ya veo. ¿Así o más triste mi suerte? -ironizó Braulio.

    Ingrid se paró frente a Braulio. Lentamente, llevó su mano izquierda a su cintura y la derecha hacia su pecho. Atrapó completamente la atención de Braulio y le habló con tono muy sensual.

    – ¿Y todavía te sientes dispuesto para coger?

    CONTINUARÁ…

  • Sin poder moverme

    Sin poder moverme

    Hay días que las ganas están en el aire y amaneces con más ganas de jugar rudo que otros y hoy es uno de ellos…

    Desde que desperté tenía ganas de jugar y someter a mi Leonora. Ella es mi cómplice, compañera de aventuras, es mi amiga, amante, mi niña, mi puta, mi mujer, mi esposa…

    Ella lo es todo para mí es mi mayor tesoro y como tal cuido de ella.

    Nuestros juegos son muy variados pero hoy tenia uno en mente.

    Hoy sería mi sumisa y deberá atender todas y cada una de mis necesidades y peticiones…

    El primer mensaje que le mandé fue temprano apenas llegando a la oficina en el decía:

    Ayer tenías el privilegio de la

    vista y lo disfrutaste

    Hoy serán otras sensaciones.

    Hoy… no podrás ver nada

    9:30 am.

    En el mensaje incluí una imagen a blanco y negro, en ella se podía ver a una mujer de pie frente a una cama. La mujer en la foto estaba desnuda, solo tenía puestas unas bragas, unos tacones y una venda que cubría sus ojos, con los senos libres sus pezones rosados apuntaban hacia el frente, su cabeza estaba erguida parecía que estaba esperando alguna instrucción. Sus manos estaban detrás de su cuerpo y sus piernas estaban juntas. Detrás de ella un enorme espejo reflejaba su trasero cubierto en parte por sus manos entrelazadas. En la cama se podían apreciar las piernas de un hombre que disfrutaba de la vista.

    Ok

    9:32 am.

    ¿Te gusta la idea?

    9:35 am.

    Que rico!!!

    9:36 am.

    Deje la conversación por el momento tenía tantas cosas en mente, me venían ideas de lo que podríamos hacer y lo que ella debería de cumplir para mí.

    Sus tareas serían fáciles nada del otro mundo, pero el morbo que me generaba era enorme. Y de la. Misma manera deseaba que a Leonora le provocará lo mismo.

    Le estaría mandando instrucciones por el resto de la mañana.

    Eran las diez y media cuando le mande la primera instrucción por medio de un audio con una voz firme y clara le fui diciendo lo que esperaba que ella hiciera.

    En el audio solo escucho:

    Mi niña quiero que tengas el

    micrófono cargado lo vas

    a necesitar.

    10:31 am.

    Jajaja

    10:32 am.

    Esa risa le costaría más tarde un par de nalgadas aunque ella todavía no lo sabía. Las siguientes instrucciones salieron como un susurro.

    Mi niña quiero que busques

    en el cajón las bragas de

    encaje que te compre la

    semana pasada

    10:45 am.

    Ok

    10:46 am.

    Quiero que busques también

    los tacones negros.

    10:48 am.

    Le mande una pequeña carta en forma de mensaje con cosas que quería hacer

    Hoy me voy a correr

    en tu boca…

    Pero antes de vaciar

    Mi blancura en ti

    Voy a follarte…

    Voy a jugar contigo

    como me dé la gana

    Voy a entrar en

    ti cuando lo

    supliques…

    Cuando sientas que

    no puedes esperar más.

    Voy a jalar de tu pelo

    Mientras algún gemido

    Sale por tu boca

    Voy a recorrer tu piel

    Inventando nuevas

    rutas en ella. Buscando

    Con mis manos un nuevo

    camino para enaltecer

    tus pezones…

    Lamere a mi antojo,

    para mi placer

    que será al mismo tiempo

    tuyo.

    Pondré en alto tus tetas

    con ansias

    aumentando tu sed de mí

    Vas a rogar que te folle

    Mojare mi lengua en ti

    Me beberé tu exilir

    a placer lamiendo

    de arriba a abajo. mordiendo

    Mordiendo…

    Iré sin prisa a tus piernas

    puede que al principio

    no sea violento, incluso

    puede ser

    agonizantemente lento.

    Mi furia vendrá de a poco

    Sin obedecer a la razón

    Mi falo será quien mande

    Él llevara el control

    Él…

    Mientras mi falo

    esta dentro

    mis dedos penetraran

    Tu boca.

    Seguiré el ritmo que tu

    Cuerpo me imponga

    Tus temblores me

    Guiarán.

    Moveré fuerte mis muslos

    Contra tus nalgas.

    Escuchas…

    Es el sonido de nuestros

    Cuerpos en constante

    Colision.

    Seré el depravado

    que te gusta

    El que tanto quieres.

    La dejaré ir completa

    Se que así te gusta

    Se que así disfrutas

    Mientras gimes.

    Se que así gritas

    mi nombre al momento

    de la muerte pequeña.

    Rogando que no salga.

    Es ahí donde te vuelves loca

    Donde aflora tu verdadero

    Instinto…

    Donde puedes entre

    gemidos y respiraciones

    entrecortadas exigir

    que no me detenga.

    Es ahí donde gritas mi nombre

    Siento como resbaló

    Cada vez más fácil

    Tu humedad es notoria.

    Disfruta mi niña

    Que ya casi llega mi turno

    En breve me correré en tu boca

    Pero antes seguiré moviendome

    En ti alimentando cada vez

    Más mi deseo con tus gemidos

    Con tus reacciones

    Con tu respiración entrecortada

    Siento como te tiemblas

    El temblor te invade

    el cuerpo por dentro…

    Te escucho reír mientras

    tus músculos se relajan

    Este es mi momento

    Salgo de ti y tomo mi

    dureza entre mis manos

    Por algunos segundos

    La muevo frenéticamente

    Ante tus ojos

    Tu rostro es perfecto

    Es un rostro bien follado

    El brillo de tus ojos

    me lo indica.

    Tu boca abierta

    y tu lengua esperando

    lo confirman.

    Me enloquece este momento

    Verte ardiendo

    esperando por mí esencia.

    Estoy a punto una rigidez

    se apodera de mi falo.

    Ahora te veo marcas

    Perladas cubren por tu rostro

    Se esparcen hasta tu pelo

    Y algunas viajan

    hasta tus pechos.

    Tu lengua entra

    cargada de lefa

    Mi lefa…

    Y tragas

    La traigas con orgullo.

    Dejas un poco en

    ella para compartir.

    En ese beso

    Nos reconocemos

    como nuestros…

    Eres mía

    Pero yo soy tuyo.

    Descansaremos un poco

    solo mientras vuelve

    mi dureza… *

    10:59 am.

    Me encanta

    11:00 am.

    Te quiero bañada y limpia

    Quiero que te pintes las

    uñas de los pies.

    Y quiero que estés

    completamente depilada

    de todo el cuerpo.

    Este es el último

    mensaje por hoy.

    11:49 am.

    Bien estaré lista para ti

    11:50 am.

    Ya no la interrumpí. Le dejé un par de horas para que cumpliera con todos los pequeños detalles que le pedí.

    Leonora estaba en mi mente y era difícil concentrarme en lo que estaba haciendo. Esperaba que yo también estuviera en su mente. La imaginaba haciendo sus pequeñas tareas y apurando se por cumplir con ellas.

    Antes de ir a casa fui a comprar algunas cosas que necesitaba. Compré algunas frutas. Fresas, durazno; uvas y frambuesas. También un poco de chocolate y algunas nueces y almendras. En casa había café y había hielo, con eso era suficiente para jugar a la comidita.

    Cuando llegué a casa la vi envuelta en un abrigo blanco marfil que solo cubría hasta la parte alta de los muslos, era de una tela ligera y sus pezones se marcaban a través de ella. Eso me gustó, ella no se puso nada arriba.

    Estaba recién bañada su pelo aún estaba húmedo. No se que tiene el cabello mojado pero me resulta atractivo. Se había puesto un perfume. El aroma me invadió el olfato.

    Después me di cuenta que también se había exfoliado la piel con limón y miel por eso se sentía tan tersa

    —¿Que traes en esa bolsa?

    —Solo son cosas que pienso utizar contigo.

    Luego vacíe el contenido sobre la encimera. Le mostré solo algunas cosas que ella probaría más tarde. Aunque no le mostré todo, tenía que dejar alguna sorpresa para ella.

    La comida fue ligera solo un poco de pechuga de pollo con ensalada de frutas y verduras acompañada de una cerveza. Durante la comida le conté mis planes:

    Leonora hoy quiero que seas mi sumisa. Yo te voy a dar pequeñas tareas que tu deberás realizar.

    Las harás con los ojos cubiertos por un antifaz de modo que no verás lo que estás haciendo.

    No te preocupes son cosas sencillas. Por ejemplo te diré que pruebes algunas cosas, todo es comestible, también puedo pedirte que dibuje algo así con los ojos cubiertos.

    Si adivinas tendrás un premio, si cumples las cosas que te pido de modo satisfactorio te premiare. Sino tendrás un castigo.

    Los premios serán un par de minutos de placer.

    Puede ser que te deje usar el juguete.

    Puede ser que te ordene masturbarte.

    Puede ser que yo te masturbe.

    Los castigos serán cinco nalgadas en cada nalga un total de diez. También podría jugar un poco con tu entrada trasera.

    Seré enérgico al cumplir los castigos así que dolerá.

    Si algo no te gusta o no estás de acuerdo podemos parar en cualquier momento.

    ¿Estas de acuerdo?

    Ella me escuchaba callada y atenta no lo dudo ni un momento.

    Muchas veces ya hemos jugado a esto pero siempre nos recordamos las reglas.

    Pará entonces ya estábamos de pie uno frente al otro en nuestro pequeño cuarto de juego. Saque el antifaz de una de las bolsas de mi pantalón y su primer orden fue ponérselo.

    Ella jugando lo tomó y se lo puso sin tapar bien sus ojos. Luego los tapó, sonreía un poco esperando la siguiente orden. Pará su sorpresa en cuanto ya no veía nada mi mano cayó fuerte sobre su nalga.

    Ella contó:

    Uno

    Dos

    Tres

    Cuatro

    Cinco

    Seis

    Siete

    Ocho

    Nueve

    Diez…

    Mis manos estaban estampadas en sus nalgas

    Nada como ver ese color que empiezan a tomar luego de algunas buenas palmadas.

    —¿Sabes por qué fue eso?

    —¡No!

    —Fue por poner mal el antifaz.

    Su sonrisa se borro ahora el juego iba en serio.

    —Quiero que te quedes en bragas.

    Con suaves movimientos desabrocho uno a uno los botones de su ligero abrigo, su piel fue quedando al descubierto uno de sus senos se asomo travieso antes de que se quitara por completo la prenda.

    Luego ahí la tenía desnuda casi por completo con sus grandes tetas ante mi vista, se miraba hermosa como siempre lo está. Su boca pintada y sus sugerentes labios entreabiertos invitándome a besarla.

    Así lo hice…

    Luego le pedí su mano izquierda pero me puse a su derecha. Leonora cayó en mi trampa y levantó la mano derecha.

    —LA IZQUIERDA!!!

    Zaz

    Uno…

    De nuevo contó hasta diez.

    Me dio la mano izquierda de nuevo y está vez si levanto esa mano. La ajuste con cuidado en la muñequera, repetí el proceso con la otra mano. Cuando estaba bien sujeta como yo quería mi mano le dio su premio por ser obediente.

    Acaricie sus labios por encima del fino encaje. Pude sentir como ya estaba empezando a humedecer la tela.

    Prendí el juguete en forma de micrófono que yo le había elegido, Leonora brinco un poco cuando la vibración llegó a sus pezones.

    Lo puse dentro de sus bragas, y lo dejé justo en el lugar que más placer le causa.

    —Voy por algunas cosas.

    NO TE VAYAS A CORRER!!!

    —Eso depende de usted…

    Jajaja estaba en lo cierto si me tardaba de más su orgasmo sería algo imposible de evitar.

    Baje por las cosas que pensaba usar en ella, me entretuve un poco lavando las frutas, tomando el hielo del congelador; también busque el chocolate, un poco de café y miel de abeja, por último tomé un vaso de vidrio y subí.

    Cuando llegué al cuarto del placer Leonora ya movía sus piernas de un lugar a otro tratando de contener las vibraciones.

    —Eres una niña buena.

    Me dirigí a ella y saqué el juguete de entre sus piernas. Luego le di a probar su esencia directo del juguete.

    —Abre la boca.

    Después de sacar el juguete de su boca metí una fresa.

    La mordió y me dijo:

    —Es una fresa.

    —Muy bien mi niña.

    Volví a poner el micrófono en sus bragas por un par de minutos y lo retire.

    Estuvimos jugado así por un tiempo dándole en la boca diferentes frutas.

    Entre los premios y castigos mis manos y boca gozaban de su cuerpo.

    De repente araña a su espalda mientras la mía alguno de sus pezones.

    De pronto ponía un poco de hielo en su busto o rozaba con el su vagina.

    Su orgasmo no llegaba, no la dejaba llegar quitaba el juguete un poco antes de que empezará a notar como lo deseaba, con cada acierto era menor el tiempo en que ella llegaba a ese punto. .

    Sus errores también fueron varios y sus nalgas estaban rojas.

    Por fin quite sus bragas. La abrace por la cintura dejando mi cabeza entre sus estirados brazos.

    —¿Te quieres correr?

    —Sí.

    —Abrazate de mí.

    Como pudo trato de juntar sus brazos detrás de mí cuello.

    Fue fácil llevarla al final a ese pequeño nirvana momentáneo y fugaz.

    Luego de eso quite sus bragas, las deslicé por la tersa piel de sus piernas con facilidad.

    Tengo una imagen grabada en mi cabeza es el momento justo en que abrí un poco de tus piernas ya sin bragas y un fino hilo transparente brotó de tu interior buscando un camino al suelo. Viajó libremente hasta que mi mano lo detuvo. Simplemente no podía desperdiciar nada tuyo y lo tomé con mis dedos para llevarlo a mi boca…

    Sus manos ya estaban cansadas cuando por fin quite las cuerdas de ellas.

    —Tienes una última orden antes de que te penetre.

    Quiero que te masturbes tú sola con el micrófono.

    Tome el vaso y serví unos hielos luego agregue un trago de mi tequila -quisiera decir que era whisky porque se escucha más sofisticado o está de moda, pero yo soy mas de tequila- favorito.

    Mientras me tomaba con tranquilidad el contenido del vaso observe a Leonora se másturbarse hasta correrse en medio de un jadeo con mi nombre en el.

    Cuando terminó la tome por la cintura y la cargue hasta la cama, la deje caer en ella…

    Separe sus piernas con mis manos y me hundi en ella furiosamente.

    —————————————————————————

    *adaptación de un poema encontrado en Internet

  • ¿Te gustan mis tetas, papá?

    ¿Te gustan mis tetas, papá?

    Eduardo, un maduro moreno, de 1.80 de estatura, cachas y con debilidad por su hija, ya que la cuidaba cómo a una princesa, se había casado en segundas nupcias con Elvira, una joven rubia, de 1.75 de estatura,  de ojos azules,  con un cuerpo de infarto y quince años menor que el.   A Julia, la hija de Eduardo, una joven morena de 1.65 de estatura, cabello negro y largo, delgada y muy guapa, le había sentado cómo un tiro tener una madrastra poco mayor que ella, por eso fue a por su enemiga desde la primera hora.

    En la semana que llevaba Elvira en el pazo hasta siete veces intentó seducirla. La primera fue en la piscina. Echada a su lado en la toalla y en topless, se tocó las tetas y le dijo:

    -¿Nos hacemos un dedo a ver quién llega antes?

    -No digas tonterías, Julia.

    Julia comenzó a tocarse el coño.

    -Pues me lo hago yo sola.

    Ese día Elvira se fue y después miró desde la ventana de su habitación cómo Julia se hacía un dedo. Se acabó masturbando también ella y se corrieron a la vez.

    La segunda fue yendo juntas en su Lexus LC azul, Julia, conduciendo, le puso una mano en una rodilla, y le dijo:

    -¿Cuándo me vas a dejar que te coma el coño?

    Elvira le quitó la mano de la rodilla y se puso brava.

    -¡Voy a tener que hablar con tu padre!

    Julia se sabía guapa y deseable.

    -No creo que lo hagas, tienes tantas ganas de que te lo coma cómo yo de comértelo. ¿Me meto hacia el monte?

    -¡Estás loca, Julia!

    -Algún día caerás.

    Esa tarde, Elvira se volvió a masturbar pensando en su hijastra y se corrió cómo una bendita.

    La tercera fue estando Elvira en la bañera. Julia entró en el cuarto, y con sarcasmo le preguntó:

    -¿Quieres que te enjabone la espalda, mamá?

    Elvira puso el grito en el cielo.

    -¡Sal de aquí, Julia!

    Julia, sonriendo, se fue, Elvira salió del baño, le puso el pasador a la puerta, volvió al baño y se hizo un dedo sublime, de esos que al correrse la corrida parece interminable.

    La quinta fue en la cocina una noche de mucho calor que se levantaran para beber algo. La besó en el cuello, y al darse la vuelta la besó en los labios. Esa noche Elvira le echó un polvo a Eduardo que lo dejó para allá. La sexta la arrinconó contra una pared, la comió a besos y Elvira casi entrega la cuchara. La séptima fue cenando en casa. Se descalzó y cómo Elvira estaba enfrente de ella le puso un pie en una rodilla, Elvira abrió las piernas y con el dedo gordo le acarició el coño por encima de las bragas. Elvira acabó yendo al servicio a desahogarse. Julia supo que ya la tenía madura.

    Le tocaba el turno a su padre. Los besos fueron acompañados de tocamientos en el cabello, luego en el pecho, y por último en el paquete. Eduardo adoraba a su hija, pero el día que tocó donde no debía, le dio una bofetada:

    -¡No se te ocurra volver a hacer eso!

    Si se había de echar a llorar, le dijo:

    -Quiero que me desvirgues, papa.

    Lo que consiguió fue otra bofetada.

    -¡Tira para tu habitación y no salgas de ella hasta mañana!

    Julia saliera torcida y ya era tarde para enderezarla. Dejó enfriar la cosa durante el verano, el otoño y parte del invierno… Hasta que se le presentó la ocasión.

    Una noche en la que cayeron más rayos y se oyeron más truenos que en todo el invierno junto, al sentir el ruido de un trueno que parecía que iba a tira el pazo abajo, Julia salió corriendo y se metió en la cama entre su padre y su madrastra. Tapando la cabeza con la manta, les dijo:

    -Tengo miedo.

    Su padre la acogió con cariño.

    -Quédate hasta que se aleje la tormenta.

    Hablaron de la tormenta y después se quedaron los tres en silencio y boca arriba. Julia le echó la mano a la polla a su padre y vio que estaba empalmado. Debían estar follando y pararon al sentir sus pasos. Eduardo apartó su mano sin decir nada. Julia puso la otra mano en el coño de su madrastra y vio que no llevaba bragas. Ya no había duda de que estaban follando y los había interrumpido. Hasta tres veces apartó su padre la mano de su polla sin poder recriminárselo, ya que se enteraría su mujer, ninguna la apartó su madrastra por el mismo motivo.

    Sus dos manos comenzaron a moverse muy lentamente, una de arriba a abajo y de abajo a arriba se desplazaba por la polla, la otra tenía un dedo sobre el clítoris y subía y bajaba, se movía hacia los lados y alrededor. Seguía diluviando, más el ruido de los truenos se iba alejando y el resplandor de los rayos era menor cuando la cama se comenzó a mover, era Elvira que se estaba corriendo sin emitir ni un solo gemido. Eduardo no era tonto, sabía que su mujer se estaba corriendo. Su hija la había estado masturbando. El morbo hizo que de su polla saliese, leche para hacer un queso, leche que fue a parar a la mano cerrada de su hija.

    Al acabar su trastada, Julia, limpió la leche de su mano a la manta, y les dijo:

    -Vuelvo a mi cama, la tormenta ya se ha ido.

    Al día siguiente Julia se levantó para desayunar, cómo siempre que estaba a solas con Elvira venía en bata de casa y sin ropa interior. Riéndose de ella, le preguntó:

    -¿Qué tal dormiste, mamá?

    Elvira le echó una mirada de las que matan.

    -Sinvergüenza.

    -¿Sabías que también le hice una paja a mi padre?

    -Me lo imaginaba. ¿Sabías qué después de irte me echó un polvo brutal?

    Julia era una cara lavada de mucho cuidado.

    -Seguro que los dos estabais follado conmigo. ¿Jugamos?

    Elvira se abalanzó sobre ella, y le dijo:

    -¿Quieres jugar, niñata? ¡Vamos a jugar!

    La cogió por el cuello le quitó el cinto de la bata, se la bajó hasta atrapar sus brazos con ella, la arrimó a la pared y le comió sus redondas y duras tetas con areolas color carne y pequeños pezones. Julia no esperaba esa reacción y se asustó. La sobrada no era más que una cagada.

    -¡Se lo voy a decir a mi padre!

    Elvira le dio una bofetada en la cara, le apretó el cuello y después, cuando quiso hablar, le metió la lengua hasta la campanilla.

    Cuando le soltó el cuello y le volvió a comer las tetas, Julia, con voz temblorosa, le dijo:

    -No me hagas daño, aún soy virgen.

    Elvira pensó que la estaba engañando.

    -¡En las orejas tienes tú el virgo!

    -No te miento, soy virgen.

    Elvira se agachó, le abrió el coño y vio que sí, que era virgen. Le lamió el coño seis o siete veces y Julia comenzó a gemir. Se levantó, le dio un pico en los labios, y le dijo:

    -Eras todo apariencia, todo pantalla. ¿Por qué la emprendiste conmigo?

    -Me robaste a mi padre.

    -Quieres a tu padre para ti sola.

    -¡Es mío!

    -Mía vas a ser tú.

    Le quitó la bata y la besó con dulzura, Julia no le devolvió los besos. Volvió a jugar con sus tetas, pero esta vez lamió los pezones y las chupó con delicadeza al tiempo que se las amasaba aún con más dulzura.

    -Cuando se entere mi padre de esto serás historia.

    -Lo sé -dijo después de besar su ombligo-. Sabes, te deseé desde el primer momento en que te vi.

    -Mientes.

    Besó el interior de sus muslos, y antes de lamer su coño, le dijo:

    -Antes de conocer a tu padre tuve una novia que se parecía mucho a ti.

    -¿Sabe mi padre que te gustan las chicas?

    Lamió su coño cogiéndole las nalgas, y antes de lamer su clítoris, le respondió:

    -No.

    La curiosidad de Julia le hizo preguntar:

    -¡¿Qué se siente al comer el coño de otra mujer?!

    Entre lamida y lamida, le dijo:

    -Se siente cómo se va mojando más, y más, y más, y cuando se corre, es maravilloso sentir cómo se derrite.

    -¿Cómo era tu novia?

    -Dulce -lamió el coño de abajo a arriba seis veces-, bonita -lamió ocho veces-, sensual-, lamió diez veces-, apasionada- lamió doce veces de abajo a arriba.

    -Vas a hacer que me corra, Elvira.

    -Se corría en mi boca cómo un ángel -lamió ocho veces.

    -¡Me corro!

    A Julia le comenzaron a temblar las piernas y corriéndose acabo sentada en el piso de la cocina.

    Elvira le dijo:

    -Ver y sentir cómo te corres es algo muy dulce.

    Elvira se sentó en una silla y se dispuso a terminar sus corn flakes. Julia, cuando se repuso del tremendo placer que había sentido, le dijo:

    -Quiero conocer el sabor del sexo de otra mujer.

    -Eso quiere decir que ya probaste tus jugos.

    -¿Acaso tú no lo probaste al masturbarte?

    Elvira volvió al tema.

    -Si quieres comerme el coño lo tienes fácil, no llevo ropa interior.

    Julia, a gatas, se metió debajo de la mesa, le abrió las piernas a su madrastra, luego le abrió el coño con dos dedos y vio que lo tenía lleno de babas, las lamió y después dijo:

    -Está rico.

    Le clavó la lengua en el coño. Elvira se echó hacia atrás en la silla. La lengua de Julia lamió sus labios, y después a cada lamida de coño le lamía el clítoris diez o doce veces. Elvira estaba tan cachonda de hacer que se corriera su hijastra que la lengua hizo estragos en su coño. Julia al oír sus gemidos se puso tan mala que se acarició su clítoris. Al rato, le decía Elvira:

    -Sigue, sigue, sigue, que me corro.

    Julia no siguió, no pudo, ya que se corrió ella y se encogió cómo un acordeón. Elvira metió dos dedos en el coño y se corrieron juntas.

    Al acabar Julia salió de debajo de la mesa y se puso la bata, Elvira, le preguntó:

    -¿Y ahora qué?

    Julia fue a su lado, le dio un pico, y le respondió:

    -Ahora quiero ser tu nueva novia.

    -Serías mi amante y nos acabará pillando tu padre.

    -Si tenemos cuidado, no.

    Eduardo al llegar a casa quería hablar con su hija de lo que pasara la noche anterior. Lo hizo cuando Elvira se fue a duchar. Sentados en dos sofás de la sala, le dijo:

    -La próxima vez que te pases te echo de casa y duermes debajo de un puente.

    -Ya me puedes echar porque sigo queriendo que seas el primero.

    Eduardo desesperaba con el comportamiento de su hija.

    -¡Qué voy a hacer contigo, Julia!

    -Follarme, papá, follarme, no quiero darle mi virginidad a nadie que no seas tú.

    Se levantó de sillón y alzó una mano.

    -¡Quítate de mi vista!

    Julia se fue para su habitación.

    Tres días después, Elvira tuvo que ir a casa de sus padres porque su madre se había roto una pierna en un accidente de tráfico. Eduardo llegó a casa y vio a su hija sentada en el tresillo de la sala. Se había hecho dos trenzas. Llevaba puesta una camisa anudada al más puro estilo gitano, una minifalda blanca de tablas y estaba descalza y con el celular en la mano. Eduardo le preguntó:

    -¿Cómo te fue el día, hija?

    Con su boquita de piñón y una sonrisa angelical, le respondió:

    -Bien, me acabo de dar una ducha y me lo pasé genial.

    -No me digas que hiciste.

    -Me…

    Le cogió un pie y le hizo cosquillas en la planta. Julia se retorció con la risa y le cayó el teléfono móvil en la alfombra.

    -Te dije que no me lo dijeras.

    Eduardo cogió el teléfono móvil y se dispuso a examinarlo. Julia le hizo cosquillas a su padre al tiempo que se lo quería quitar.

    -¡No mires mis cosas!

    Eduardo también tenía cosquillas y más en las pelotas que en otras partes. Soltó el teléfono móvil y le hizo cosquillas en las costillas y en las tetas… Julia ya se había sentado sobre su padre y su coño se movía encima de la polla, que se había puesto morcillona. Julia se echó un poco para atrás y le bajó la cremallera del pantalón.

    -No lo hagas, hija.

    Julia vio que no la apartaba y supo que era la suya. Le quitó la polla, se bajó del sillón y frotándola con las palmas de las dos manos, le dijo:

    -Nunca chupé una polla.

    Eduardo ya se echó al monte.

    -Hacia arriba y hacia abajo.

    Hizo lo que le dijo y la polla se puso tiesa.

    -¡Qué dura!

    -Ahora agárrala con una mano cómo si fuera un helado, sube y baja la mano, lame y chupa.

    Lo masturbó, lamió y chupó, y sonriendo y mirando para su padre, le preguntó:

    -¿Te gusta?

    -Mucho.

    Sin parar de sonreír, le dijo:

    -Soy una chica mala.

    Eduardo le desanudó la camisa y le acaricio sus duras y redondas tetas con areolas rosadas y pezones cómo lentejas.

    -¿Te gustan mis tetas, papá?

    -Son maravillosas.

    Se sentó encima de él y le dio las tetas a mamar. El coño mojado de Julia besó la polla, Eduardo quiso meter, pero la polla no entraba. Siguió lamiendo pezones y areolas y mamando y magreando tetas mientras Julia frotaba el coño con el glande que ya no paraba de echar aguadilla… En una de estas frotaciones empujó con el culo y metió la mitad del glande. Le dolió.

    -¡Ayyyy! Es muy gorda.

    Besó a su padre y metió el glande entero. No se quejó. Lo que hizo fue meterle un mordisco a su padre en los labios que le hizo sangre. Le hizo más sangre de lo que sangró ella.

    -Ya está, ya no soy virgen.

    -Y a mí casi me arrancas un labio.

    Lamió la sangre del labio, lo besó y le dijo:

    -Pobrecito.

    Le volvió a poner las tetas en la boca, besándolo y dándole las tetas a mamar metió toda la polla en el coño, la metió despacito y mientras Eduardo le daba azotes en las nalgas con las palmas de las manos después de cada centímetro que metía. Al tenerla toda dentro, Julia, le preguntó a su padre:

    -¿Te gustó haberme desvirgado, papa?

    -Te desvirgaste tu solita, cariño.

    Comenzó a follarlo tan despacito cómo la había metido, al ratito más aprisa y cuando sintió que le iba a venir a toda hostia, hasta que dijo:

    -¡Me corro, papa!

    Eduardo sintió en su polla las contracciones del coño de su hija y cómo la bañaba con sus jugos.

    Al acabar de correrse su hija, la echó en el tresillo y se corrió en su boca. Julia se tragó la corrida, y la que quedó en su mentón la lamió Eduardo antes de besarla en la boca. Julia recordó las palabras de Elvira, y le preguntó:

    -¿Y ahora qué, papá?

    -La vida sigue, hija, la vida sigue.

    Quique.

  • Infiel en el terreno baldío

    Infiel en el terreno baldío

    Siempre estuvo detrás de mí, yo la verdad le daba entrada y es que me encantaban sus ojos y admito que su forma de ser me llamaba la atención.

    Obviamente a mis 26 años era muy tonta, él era un bueno para nada, andaba en malos pasos y aunque una vez salí con él a una feria y aunque la pase muy bien, sabía que no era conveniente para mí.

    El tiempo paso y el por andar con malas personas y ser un tipo tonto termino en prisión, pero mi sorpresa fue casi 7 años después que, caminando por la calle, luego de que el “huevo” me obligara a aflojarle para no delatarme con mi esposo, me lo encontré.

    Q: ¡Hola, mira nada más!

    K: ¿Enrique? ¡Que haces aquí!

    Q: ¡Pues ya vez, regresando a mi hogar!

    K. Órale, que no estabas en prisión?

    Q: ¡Sí, pero ya salí! ¡Y tu estas de lujo!

    K: ¡Gracias! ¡Bueno nos vemos!

    El verlo me puso tensa, sabía que me buscaría y no quería más problemas de los que tenía.

    El resto de la semana me la pase nerviosa, a que él se paraba afuera de mi casa a fumar y observar, a mí me dio miedo, sentía que me quería hacer algo malo, pero solo estaba ahí fuera, fumando observándome.

    Las fiestas de la colonia llegaron y con ello el baile donde me gusta ir a tomar una miche lada y a bailar un poco.

    Ese día me puse mis medias color negro, una minifalda negra entallada y mi blusa roja, me arreglé bien coqueta para ir y pasar un rato con mi marido y tratar de borrar un poco lo que había vivido las semanas anteriores.

    El ambiente era muy agradable, la música era buena, no había muchos tipos imprudentes, me la estaba pasando muy bien con mi marido, hacía tiempo que no salíamos y ese día estaba saliendo a la perfección.

    Pero casi a las 11 de la noche después de la quema del castillo, apareció Jesús un amigo de ambos y con él, venia Enrique, al verlo me quise morir, quería irme, pero mi marido estaba contento de verlos, él y ellos tenían sus aventuras de borrachos y por esa razón les invito un trago a ambos, yo por mi parte traté de ignorarlos, Quique me miraba de arriba abajo, me sentí acosada así que fui a comprar un dulce.

    Cuando regrese ya había más cervezas y mi marido me dijo que nos invitaron unas, eso me enojo mucho y aunque no lo demostré me quería ir, tomaba las cervezas más de fuerza que de ganas, quique con su sonrisa sabía que su presencia me incomodaba y más se daba a lucir.

    Trate de evadirlo, pero no podía incluso consiguió que mi marido me dejara bailar con él, en el baile él me decía que me veía muy rica, que tenía ganas de mí, yo no le contestaba y no lo veía a los ojos, pero en un movimiento su mano toco mi tarsero y eso me molesto así que lo encare, disimuladamente, pero lo hice.

    K: ¡Que te pasa, ya tranquilo!

    Q: ¡Perdón nena, pero estas buenísima!

    K: Ya, ¡mi marido está aquí no te pases!

    Q: ¡Ni cuenta se da, está tomando, ni se fija en ti!

    Las palabras que me dijo me molestaron muchísimo, pero era la verdad, mi marido estaba sumergido con sus amigos y se había olvidado de mí, así que tome la decisión de irme a mi casa y dejarlo.

    Un poco molesta le dije que ya me iba, él no quería que me fuera, pero yo no quise quedarme, fue entonces que él me dijo que me acompañaría, pero quique le dijo que me llevaría, que él tenía su moto y me podía dar un rite.

    Mi marido sin dudarlo le dijo que sí, yo no sabía que decir, solo asentí con la cabeza y me fui con Enrique.

    Su moto estaba en la parte más lejana del lugar así que tuve que tolerar como me arrimaba su miembro mientras pasábamos a la multitud. Cuando llegamos en la moto el me tomo por atrás y me beso el cuello, con sus manos apretó mis muslos, esa acción me molesto, pero al mismo tiempo me excito un poco.

    Q: ¡Estas buenísima!

    K: ¡Basta, nos van a ver!

    Q: ¡Y que! ¡No me importa, te quiero coger!

    K: Ya, no se pude, ¡además antes no cogimos ahorita menos!

    Q: ¡Ándale, sé que tú quieres!

    K: ¡Ni loca voy a un motel ahorita!

    Mientras charlábamos, ¡su boca estaba en mi cuello y sus manos debajo de mi falda acariciándome mi vagina que se empezaba a humedecer!

    K: ¡Ya!! ¡Por favor!

    Q: Lo ves, ¡te mueres por esto!

    Confiado de sí mismo me tomó de las nalgas y me beso en la boca, el beso fue emocionante, mi corazón se aceleraba y mi vagina se mojaba más, Enrique me arrimaba su verga que también se endurecía y se sentía bien.

    Q: ¡Vamos, se dónde ir!

    No dije nada y sin decir más, me subí en la moto y fuimos hasta un terreno baldío cerca del metro.

    K: ¿Aquí? ¿Qué hacemos aquí?

    Temerosa le pregunte, mientras el metía la moto y caminaba hasta lo más oscuro del lugar.

    Q: No quisiste un hotel, aquí nadie pasa, ¡además no nos molestaran!

    K: ¿Pero…? Esto es denigrante!

    Q: ¡Ya, ven, solo cogeremos, no necesitamos una cama, ven amor, ven!

    Me tomo de la mano y me comenzó a besar con fiereza, nuestras lenguas intercambiaban saliva, sus manos apretaban mis tetas, piernas y nalgas, me subió la falda y con sus dedos jugaba con mi vagina, yo le besaba el cuello, ¡me tenía muy caliente!

    ¡Me pego a la moto y subió mi falda e hizo a un lado mi trusa y empezó a chupármela de forma deliciosa!

    Solo podía gemir y disfrutar de su lengua que sabía moverse, sus manos subían por mis piernas hasta mis tetas, me acariciaba las nalgas, yo escurría, le decía su nombre, ¡me tenía en el cielo!

    K: ¡Uhm, quique, que rico!

    Q: ¡Siempre quise tu pepita!

    K: ¡Uhm, de saber qué hacías esto, uhm!

    Q: ¡Ni digas nada uhm!

    Sus dedos apoyaban la fenomenal amaba, me retorcía como gusano, su lengua entraba y salía con rapidez, sus dedos tallaban mi clítoris, ¡no pude resistir más y comencé a venirme y tener un orgasmo!

    K: ¡Ah! ¡Qué rico!

    Q: ¡Eso mi amor, uhm!!

    No pude reposar de mi orgasmo ya que él me arrodillo y se sacó su verga, dura, blanca como canelo, gruesa y jugosa, sin decir más la llevé a mi boca y comencé a mamársela con delicadeza.

    Chupaba de sus bolas a su cabeza, la cual lamia en repetidas ocasiones para luego meter la puntita en la boca y succionar sus fluidos, me había vuelto una mamadora, ¡una puta infiel!

    Q: Mamacita que rico, ¡uhm!

    K: ¡Uhm, que rica, sabe riquísimo!

    No podía creer que de mi boca salían esas palabras, pero ni hablar, ya estaba ahí y solo quería gozar.

    Enrique disfrutaba de mis chupadas y yo de su verga, le mordía el mástil, la tragaba enterita, me encantaba los fluidos que expulsaba, mi marido no hubiese aguantado tanto placer.

    Me levanto del cabello y me beso de lengua, ¡luego me levanto una pierna y lentamente me comenzó a penetrar!

    Q: ¡Uhm, quería hacer esto hace años, uhm!

    K: ¡Ah!! ¡Dios, ah!!

    Se movía suave, tomándome de las nalgas para apoyarse y moverse rápido, nos besábamos, me mordía las tetas, yo lo mordía aquel, ¡que rico momento!

    Luego me dio vuelta y yo me empiné lo más que pude, casi tocando el suelo con mis manos, el me tomo de la cadera y me penetro con fuerza, sus embestidas me tenían gimiendo, ¡en un terreno abandonado como una puta!

    K: Así api, uhm, que rica, que rica verga, ¡ah!

    Q: ¡Si, toma nena, toma esta verga, uhm!

    K: No pares, me tienes loca, cógeme, ¡cógeme!

    Q: ¡Que rico, ah, como soñaba con darte pito!

    Ahora yo solita me movía mientras él estaba en su moto apoyado, movía mi cadera me hacía para adelante y luego rápido para atrás, el gemía me daba de nalgadas, gritaba, no sé si nos escuchaban, ¡pero que rico cogíamos!

    Me pidió me apoyara en la moto y quedara lista para él, me abrió las nalgas y me envistió con fuerza.

    K: ¡Así, dámela toda, uhm!

    Q: ¡Nena, que rico, me sacas la leche!

    K: ¡Si, uhm, que rico, ah!

    Ambos nos movíamos como locos, las embestidas subían de velocidad, sentí como se inflaba y sin aguantar más, ¡me comenzó a llenar de semen!

    K: ¡Así, que rico, ah, ah!

    Q: ¡Ah, uhm, esto es lo mejor, ah!

    El orgasmo fue fenomenal, quedamos pegados como perros mientras pasaba el orgasmo, después inmediatamente me vestí y el sonriendo decía que acabábamos de empezar algo nuevo.

    Sin decir más le pedí me llevara a casa, por suerte mi marido no estaba, el regreso con ellos y yo me metí a bañar, pensando en sus caricias, besos, en su verga y en cómo me cogió, ¡ya me había vuelto toda una puta!

    Kali

  • Mi amiga Carolina y sus amigos Carlos y Gerardo

    Mi amiga Carolina y sus amigos Carlos y Gerardo

    Antes de que mis hijos vivieran conmigo, contacte a Carolina, aquella chica que conocía desde la gasera, a ella le conté mi gusto por vestir de Fernanda, se extrañó mucho ya que no pensó que yo tuviera ese gusto, le aclare que no era homosexual, solo el gusto de vestir de mujer y nada más. Ella me comento que también luego le daban ganas de vestirse de hombre.

    Nos veíamos cuando ella llevaba a sus hijas con su papá, pues también está separada. Igualmente mis hijos se iban con su mamá y pasábamos el fin de semana en su casa, yo vistiendo de Fernanda y ella haciéndose pasar por el hombre de aquella extraña relación que llevábamos.

    Un fin de semana, después que salió de trabajar Carolina, yo pasé por ella y fuimos a su casa en casas Geo, detrás de Chedraui, vestía un pantalón de mezclilla y zapatillas negras, una blusa negra de tirantes, se le veían algo sus senos, esa vez yo use una minifalda de mezclilla, mis piernas estaban recién depiladas con una blusa escotada de los hombros color rosa, usaba yo peluca y ella me ayudo a maquillar, use lentes con armazón negro y casi sin aumento.

    Esa ocasión fuimos a Zumpango a comprar algo de ropa, si más ropa, ya que ese día saldríamos a tomar una copa al antro que está a un lado de interlingua, saldríamos con unos amigos de ella, Carlos que era con quien carolina andaba y Gerardo que sabía de mi condición y quería conocerme.

    Salimos de su casa y subimos a mi camioneta, ella manejo, yo iba de copilota y sintiéndome sensacional sentada con esa minifalda, recibiendo los rayos del sol en mis piernas, fuimos hasta Zumpango y buscamos lugares para comprar un vestido negro que yo quería y Carolina también quería uno pero rojo. Llegamos a un lugar y nos estacionamos y bajamos las dos muy sensuales. No faltó quien nos viera y como carolina se le veían unas pompas muy sexys y yo de minifalda, pues éramos la sensación. No nos veían raro, pues parecíamos dos lindas chicas, Carolina me ayudaba a no verme mal, pues en parte las dos llamábamos la atención. Lo dijo porque ella al ser mujer biológica pues nos veíamos natural.

    Al entrar a una tienda sobre la calle de Elektra ella vio un vestido tipo strappless rosa y rojo, me dijo mira ese me gusta, vamos a que me lo pruebe. Pregunto si podía probárselo y como si se pudo lo hizo, yo entre con ella a ayudarla a cambiarse se le veía realmente sensacional, de hecho me gustaba como se le veía y hasta creo que tuve un erección, no se me notaba pues con la falda de mezclilla solo disimule un poco, mientras ella se cambiaba yo busque uno para mí, encontré uno negro como de licra pegadito y con escote tipo strapples pero con tela trasparente negro cubriendo hasta los hombros, se acercó la muchacha que le preguntamos si Carolina podía probárselo y me dijo: te lo quieres probar ?, le dije que sí, no puso ninguna objeción pues no me veía como hombre si no como realmente una chica, como Fernanda. Para entonces carolina me alcanzo y me ayudo a probármelo. Me quedo excelente y yo me sentía muy acelerada con deseos de masturbarme y carolina solo me toco mi entrepierna y me beso en la boca, me dice cálmate al rato nos divertiremos, calma, pero su beso me excito más y poco falto para venirme, me calme respire profundamente y volví a la calma, solo que me quite el vestido muy rápido pues estaba muy agitada todavía y temía venirme así como estaba.

    Logre calmarme y pues ya tomamos la ropa pasamos a pagar y salimos de ahí. Fuimos a la camioneta y fuimos a El Portón de plaza Tecámac a cenar, fue muy emocionante llegar al restaurante y ver como se te quedan viendo, sobre todo los hombres, te quieren comer con la mirada, jajaja.

    Cuando cenamos tuve que arreglarme el maquillaje pues con el calor ya me hacía falta, pedimos de cenar y yo me sentía muy acelerada, no sé si quería acostarme con Carolina o que alguien se acostara conmigo, ser hombre o mujer, andaba indecisa.

    Fuimos a su casa después de cenar a prepararnos para la gran noche, llegamos a bañarnos, primero yo me metí y me asegure estuviera bien depilada, al salir con la toalla puesta cubriéndome debajo de mis hombros y hasta arriba de mis rodillas vi a Carolina, ella estaba solo en ropa interior recostada en la cama, se me antojo en ese momento darle con todo, abrió los ojos y me vio, sonrió y me dijo, acuéstate a mi lado anda, no quiero bañarme aun, así lo hice y se voltea y se sube en mi viéndome de frente

    Querías venirte cuando te probaste el vestido verdad?, me pregunto, asentí con mi cabeza tomándole sus senos con mis manos, se acerca a mi boca y me empieza a besar, empiezo a tener una erección y ella se da cuenta, se levanta un poco y mueve mi toalla, toca mi pene y se hace a un lado su bóxer y mete mi pene en ella, vuelve a besarme y metí y saque varias veces, de repente ella se incorpora se baja de la cama y busca un condón, me lo pone y vuelve a subirse y vuelve a tomar mi pene para volvérselo a meter, para eso yo me levanto y la acuesto boca arriba y entonces vuelvo a penetrarla fuertemente y ella empieza a gemir de dolor o placer, me detiene pide me detenga se baja de la cama y se inca frente a mí y me la empieza a mamar, me siento grande me gustaba toda ella y la forma en que me lo hacía, fue excelente, tarde en venirme pero al fin lo logro, se levantó me beso y me abrazo.

    Me quite el condón y lo tire, después que ella se metió a bañar. Me quede de a seis, sentado en la cama, pensando quiero ser hombre o no, de rato ella salió y yo me volví a meter a bañar ya rápido. Surgió el siguiente dialogo:

    Carolina: Sabes, tú sabes lo que es estar conmigo y la relación que tenemos, si te animas a estar con Gerardo yo no tengo problemas si tú no tienes problemas de que yo este con Carlos. Realmente no quiero nada con Carlos, empecé a andar con él, pero sabes que es casado y así no llegare a nada, yo quiero que tú y yo estemos juntos así como nuestros hijos en una familia.

    Esta forma de vestirnos cuando no estén ellos y salir con estos tipos, solo será entre nosotros y te pido que esto no altere nuestra relación, será solo para salir de la rutina y no muy seguido, ¿estás de acuerdo?

    Fernanda: Ok. Si entiendo, ¿pero también deberías hablar con Carlos no?

    Carolina: él sabe de nuestra relación y así me acepto, él sabe muy bien que esto es solo para pasar el tiempo, lo que no sabía era de tu gusto y vestir de Fernanda, pero lo acepta sin problemas, hasta quiere salir contigo, bueno eso me dijo igual y le gustas más que yo

    Fernanda: aaaa como crees, tampoco te lo voy a bajar jajajaja.

    Carolina: nooo para eso el quedo de llevar a Gerardo, dice que a él también le gusta eso de vestir de dama, pero hoy ira de niño solo por ti va.

    Fernanda: guau, veremos que sucede, bueno ya me cambio entonces

    Nos empezamos a cambiar, ella ya se había secado el cabello y se había puesto su ropa interior, yo termine de secarme y saque mi ropa interior que guardo y el vestido nuevo, todo lo puse en la cama y empecé a ponerme medias, pero después me las quite,

    Caro: te ves mejor sin medias, creo hasta mejor que yo, mejor no las uses, así me gustan como se te ven tus piernas.

    Fernanda: gracias amor, también me siento más sexy al no usarlas, siento me veo mal, pero ya que me dices, no las uso.

    Caro: yo si usare medias, para no opacarte, ja jajá

    Fernanda: cálmate jajajá

    Carolina se puso su vestido rosa con rojo, se le veía excelente ya que tiene unas pompas, yo uso una faja que simula darme volumen en mis pompis y adelgazar mi cintura, me puse el vestido y me sentí hermosa, luego me puse diurex en mi pecho para simular mis senos, como siempre hago. Después me maquille pero Caro me ayudo al final.

    Carolina: debemos apurarnos Carlos y Gerardo pasaran a las 10:00 pm por nosotras.

    Fernanda: sip ya solo la peluca, mis zapatillas y mi chamarra.

    Carolina: ¿que sientes?, ¿emoción?, ¿nervios?

    Fernanda: si, siento nervios, emoción, nunca había salido con alguien y menos en parejas, gracias Caro

    Carolina: no hay de que, pues creo ya estás lista, ponte los zapatos y quítate los tenis jajaja

    Fernanda: Jajaja, claro, ya estoy lista, ya pasan de las 10:00 pm, ¿y si no vienen?

    Caro: claro que vienen,

    Fernanda: oye ¿llevamos dinero por si acaso va?

    Caro: si por si acaso, pero obvio dejaremos que paguen ellos va, a menos que algo surja y nos boten jajaja

    Fernanda: hoy creo ya llegaron suena un claxon, ¿qué coche traen?

    Caro: creo un Jeta negro

    Fernanda: entonces si son ellos, huy que emoción.

    Caro: ya estás de babas en la ventana, aguas no te vayan a ver.

    Fernanda: calma, lo hice con cuidado, oye que feo es el amigo de Carlos, jajaja ya se bajaron

    Caro: jajajaja, voy a abrirles, ya tocaron

    Fernanda: huy que nervios

    Caro: Hola, pásense

    Carlos: hola linda, gracias, él es Gerardo

    Caro: hola Gerardo, mucho gusto, ella es Fernanda

    Gerardo: guau que guapa

    Fernanda: hola mucho gusto, gracias

    Carlos: que guapa es tu amiga.

    Se me queda viendo con una mirada que me excitaba, tanto Carlos como Gerardo, me veían como queriendo… no sé.

    Caro: ya se les van a salir los ojos, vámonos ya va

    Carlos: este sí, si vámonos

    Salimos yo usando mi vestido negro y una chamarra de piel negra, me sentía fabulosa, Caro, llevo su vestido rosa con rojo y se veía estupenda, hasta sentí celos cuando Carlos la tomo de la mano. Caminaron hacia su coche, Gerardo puso su brazo para que lo tomara y caminara junto con él, bueno ya no me sentí tan celosa, jijiji.

    Subimos al coche y Gerardo empezó a platicar, ni recuerdo que, nos sentamos atrás yo atrás de Carlos y Caro a un lado de él, Gerardo empezó a rosarme mis piernas con su mano, no dije nada, pero él siguió insistiendo, solo tome su mano para que no siguiera tocándome, claro si me gustaba lo hiciera pero no tenía que ser tan fácil según yo. El me pregunto si yo tomaba, le conteste que algo, él me dijo que tenía que tomarme con él un caballito de tequila a lo cual asentí diciendo va, siempre y cuando los cuatro lo hagamos.

    Caro en seguida dijo: ha y yo porque a la que celebramos es a ti

    Fernanda: a mí y ¿por qué me celebran a mí?, dije muy extrañada.

    Caro: es tu primera cita y pues quien sabe que pase hoy ¿verdad Gerardo?

    Gerardo: jajaja oye calma.

    Pero Gerardo siguió tocándome mis piernas pero más insistentemente, solo dije:

    Fernanda: solo un caballito, pero todos juntos

    Todos comentaron que sí, y fuimos al antro que está a un lado de interlingua. Llegamos y bajo Caro primero del auto ya que Carlos le abrió la puerta, Gerardo bajo, luego me arrime al asiento de el para salir por la puerta, el vestido se me subió bastante y el solo me miraba las piernas dándome la mano para salir. Baje completamente del auto y me acomode el vestido bajándomelo.

    Carlos: llegamos chicas, en que área nos sentamos, ¿te gusta bailar Fernanda?, porque a Gerardo casi no.

    Fernanda: si me gusta pero pues no tengo problema si a Gerardo no le gusta, dirigiendo mi miranda a Gerardo.

    Gerardo: si no te preocupes, si bailo, tú me dices cuando quieras va

    Fernanda: va

    Carlos: pues a mí sí me gusta te puedo sacar a bailar ¿verdad?

    Fernanda: si claro, si a Gerardo ni a Caro le molesta

    Carolina: no para nada, también puedo bailar con Gerardo o ¿no Carlos?

    Carlos: por supuesto, nos sentamos cerca de la pista para cuando se dé lo del baile va!!!

    Todos: está bien

    Tanto a Caro y a mí, nos abren la silla para sentarnos y ellos también se sientan, llega el mesero y nos pide que tomaremos, Carlos pide una botella de tequila con refresco de toronja.

    Gerardo pide cuatro vasos para el tequila.

    Carolina: y bueno chicos no me han dicho que les parece mi amiga

    Gerardo: muy guapa, ¿dónde estabas escondida?

    Fernanda: jajaja por ahí, gracias por lo de guapa

    Carlos: haber Fernanda tú vas primero con el caballito. Sirve el tequila, yo le pongo limón y me lo tomo

    Fernanda: mmmmm guauuu que rico, vas Caro

    Sirve el tequila para caro y ella lo toma igual de rápido con limón

    Fernanda: van ustedes, veo a Caro como que no le cayó muy bien

    Carolina: si van ustedes, ese tequila está muy fuerte.

    Carlos: lo sirvo va, vamos a ver quién cae primero, jajajaja

    Lo sirve y se lo toma, sin limón, hace una cara rara y sirve el de Gerardo, Gerardo se lo toma e igual hace su cara rara.

    Carlos empieza a tocar la pierna de Caro acercándose a su cara, con intensión de besarla, Caro me voltea a ver con cara de ups, deja que Carlos la bese y le da un beso a lo cual ella accede sin problemas, cierran los ojos y se besan intensamente.

    Gerardo me platica de su trabajo tocando mis piernas pero acercándose a mí, como intentando escucharme pues con el ruido no se escuchaba muy bien. Siento su respiración muy de cerca y me llega su olor, me recuerda a como olía el amigo de mi papa, que intento abusar de mí, sin embargo en ese momento no me sentí mal, al contrario, el tocando mis piernas y acercándose a mí fue genial esa sensación, voltee a ver a Caro y Carlos, seguían besándose, además de que Caro le tocaba las piernas a Carlos, pues ya no lo abrazaba, cuando voltee a donde estaba Gerardo ya estaba muy cerca e intento besarme, me voltee y solo me beso mi mejilla, en eso me abraza y me toca mi espalda como masajeándome, aunque su mano bajaba demasiado a mis pompis. Intento nuevamente acercarse a mí e intento besarme, a lo cual ya no puse resistencia y accedí, solo fue tocándonos los labios mutuamente, ya que me hice hacia atrás.

    Gerardo: ¿estás bien?

    Fernanda: si claro, solo que nunca había besado a un hombre

    Gerardo: ha ya, está bien, perdón si soy muy atrevido.

    Fernanda: no te preocupes, está bien

    Gerardo: va, como te veo tan linda me dan ganas de besarte y abrazarte.

    Fernanda: gracias por lo de linda, ¿tienes novia?, ¿estas casado?

    Gerardo: estoy separado ya de hace mucho tiempo, como 5 años, y pues no en este momento no tengo novia, a menos que tú quieras serlo, ¿como ves?

    Fernanda: jajajaja o sea como, ¿me pides sea tu novia?, tenemos como media hora de conocernos

    Gerardo: bueno es que me gustas mucho y además de novios podemos conocernos mejor

    Fernanda: no lo sé, dame tiempo va

    Gerardo: claro ¿Te sirvo una copa?

    Fernanda: si Gerardo, por favor.

    Gerardo: ya me hablas por mi nombre, eso es bueno

    Fernanda: si verdad, me caes bien

    Carolina: que paso chicos ya salgan a bailar

    Gerardo: espera aun no, primero nos tomamos una copa, les sirvo va

    Carolina: si gracias

    Carlos: ¿bailamos?

    Me dice y dándome la mano para bailar

    Fernanda: espera aun no y la primera pieza la bailare con Gerardo, perdón siiii

    Carlos: está bien, creo que ya están empezando a conectarse, jajaja

    Fernanda: pues como venimos en parejas, lo más normal es que baile con quien venga, es más si ya vamos a bailar Gerardo ¿sí?

    Gerardo: si va

    Durante el baile, Gerardo me abrazaba a hacia a él y aún seguía con intensión de acercarse a mi boca, yo cuidaba no me viera Caro, pero si tenía ganas de besarlo, así como ella beso a Carlos. Al sentir su cuerpo junto al mío, sentía algo que me recorría todo el cuerpo principalmente en mis pompis, como algo caliente. Bailamos una música muy tranquila y me abrazaba a él ya que él me jalaba. De repente me sentía un poco mareada, obvio por el tequila. Me recargue un poco en su hombro y el empezó a masajearme la espalda y un poco más abajo, reaccione y subí disimuladamente su mano. Termino la canción y nos sentamos.

    Carolina y Carlos, seguían platicando, al sentarnos yo quede a lado de Carlos y Gerardo del otro, tenía a carolina frente a mí, casi al mismo tiempo sentí una mano en cada pierna, por debajo de la mesa cada uno empezó a tocar mi pierna. Me sentí muy emocionada, feliz pero preocupada de que carolina se diera cuenta de lo que hacía Carlos, que viera a Gerardo no.

    En ese momento nadie se dio cuenta, Gerardo continúo pero Carlos retiro su mano, Gerardo se acercaba a mí con intensión de besarme, a lo cual Carolina dijo:

    Hay Fernanda ya, si tú también quieres besarlo, porque te detienes

    Esas palabras me dieron valor, ya que por dentro me moría por hacerlo, además que tenía ganas de agarrar su pierna al igual que él lo hacía.

    Lo mire de frente y lo bese, el también correspondió y sentí la gloria, sentí mucho calor en todo mi cuerpo, mucha adrenalina y placer al besarlo, al mismo tiempo puse mi mano en su rodilla y acariciaba con ganas de avanzar hacia su cintura. Continúe haciéndolo mientras sentía las miradas de Caro y Carlos en nosotros. Se levantaron a bailar y seguían platicando, caro se veía un tanto molesta.

    Mientras seguía besándolo, el me agarraba más mis piernas y más hacia mis pompis, estábamos casi de frente sentados y también le tome de más de su pierna pero casi llegando a la cintura, quería tocarle su parte.

    Dejamos de besarnos y me abrazo, solo recargue mi cabeza en su hombro, mientras el me tocaba las piernas y mi cintura, también me tocaba los senos, mmm sentía tan rico, que casi me venía, tuve que levantarme para ir al baño, pero espere a que Caro regresara de bailar para pedir me acompañara.

    Llego caro y le pedí fuéramos al baño, fuimos y dentro del baño, me platicaba que le guste mucho a Carlos y que quería conmigo.

    Fernanda: en serio, como crees, no inventes ¡!!!, ¿qué es lo que quiere conmigo? le pregunte

    Carolina: pues acostarse contigo

    Fernanda: quede de a seis, pero tú ¿qué le dijiste?

    Carolina: pues al principio me molesto, pero pues me calme, no tiene nada de malo.

    Fernanda: ¿no tiene nada de malo quiera acostarse conmigo?

    Carolina: bueno eso sí, pero que le gustes no tiene nada de malo, de acostarse contigo pues sí, pero estas con Gerardo. Quedo muy formal que no te buscaría después, me avisas cualquier cosa ¿estás de acuerdo?

    Fernanda: si claro, cualquier cosa te aviso, oye

    Carolina: que paso

    Fernanda: me emociona verme vestida así, y que Gerardo quiera abrazarme, tocarme y claro besarlo me gusto bastante.

    Carolina: haaa que Fernanda, está bien, pues diviértete y pásala genial

    Fernanda: si eso haré, oye pero si quiere que me vaya con él, ¿supongo para acostarme con él verdad?

    Carolina: está bien, ya sea que nos vayamos juntos o cada quien por su lado, o ¿a qué te refieres?, ¿no quieres estar con él?

    Fernanda: eso es lo que no estoy segura aún, me sentí mareada por el tequila y me anime mucho, pero no estoy segura.

    Carolina: bueno relájate, toma poco y despacio para que no se te suba y luego no te diviertas.

    Fernanda: si eso haré, bueno vamos para fuera a seguir la fiesta.

    Carolina: si vamos

    Fernanda: hola chicos, ¿siguen tomando sin nosotras?

    Carlos: te estamos esperando, yo principalmente para bailar, ¿bailamos?

    Fernanda: si, va, ¿puedo Gerardo?

    Gerardo: claro corazón

    Fernanda: guau me dijo corazón.

    Carolina: jajaja, cálmate corazón.

    Fernanda: los dejo, vamos a bailar

    El bailar con Carlos, también me dejo inquieta, pues me abrazaba mucho y sentía su cuerpo completamente, su parte obvio, me dijo al oído, si quería salir con él alguna vez, le dije: espera ¿y Carolina?, me dijo que ella no tenía por qué enterarse, somos adultos y podemos divertirnos.

    Fernanda: pues no lo sé, no me gustaría engañar a Carolina.

    Carlos: si yo sé que andan juntos y que esto es solo un pasatiempo para pasarla bien, Caro entenderá, por cierto Gerardo anda muy emocionado, me dijo cuando fueron al baño, que ya casi eras su novia. ¿Es cierto?

    Fernanda: ¿en serio anda emocionado?, bueno la verdad es que yo también y si me acepta como soy, veremos qué pasa

    Carlos: bueno pero si andas con él, ya no saldrás conmigo ¿o sí?

    Fernanda: bueno podemos salir todos como amigos no?

    Carlos: amigos con derechos jajaja, recuerda solo pasarla bien.

    Fernanda: bueno, esa es la intensión salir de la rutina y pasarla bien, ya veremos pero que esto quede entre nos va.

    Carlos: va, nadie lo sabrá.

    Regresamos a nuestro lugar y Gerardo platicaba con carolina, me abre la silla para sentarme e inmediatamente pone su mano en mi pierna, se acerca a mí y me besa en los labios, carolina me ve con una sonrisa pícara.

    Carlos se sienta a lado de carolina y la besa agarrándole la pierna cerca a la cintura. Carolina, lo besa igual y le pone su mano en su pierna pero poco a poco la va subiendo hasta su entrepierna, siguen besándose

    Nos cambiamos de lugar a donde es una banca redonda donde estamos los cuatro sentados y una mesa en el centro, Gerardo quedo en el pasillo, yo a un lado de él y caro a lado mío y Carlos a la orilla.

    Carlos y Gerardo seguían sirviendo de tomar y yo ya me sentía algo mareada más de lo normal, de repente carolina se voltea con Carlos y lo besa, luego se sube de frente a él y se siguen besando, Carlos le agarra sus pompis y sus piernas, pues todo el vestido se le subió.

    Gerardo me dice: anda hagamos lo mismo

    Fernanda: si me gustaría, deja voy al patio a tomar un poco de aire, me siento acalorada y mareada

    Gerardo: vamos te acompaño.

    Salimos y había varias parejas y varias personas solas, platicamos de mí, quien era, con quien había salido y porque me vestía así, no juzgándome al contrario tratando de alagarme, le gustaba como iba vestida, le conté que tuve una novia que no usaba ni falda ni vestido y por eso la corte, jajaja

    Gerardo: en serio? pues tal vez era hombre que no le gustara usar falda o vestido jajaja, estoy seguro que si te viera así como estas ni te reconocería

    Fernanda: si seguro, es bien babas jajaja

    Me abrazo junto a él y sentí su parte, pues estaba muy excitado y también me excito a mí, no aguante las ganas y baje mi mano a su cintura como queriendo tocarlo, para eso el me beso y tomo mi mano y la bajo hasta su parte, la toque y la sentí en mis manos, todo mi cuerpo tembló estremeciéndome toda.

    Gerardo: ¿te gusta?

    Fernanda: si, me encantas

    Gerardo: mete la mano y tócala si

    (Me acorde del amigo de mi papa) pero en esta ocasión fue algo excitante y me gusto, voltee que no nos viera nadie y si metí mi mano, sentí caliente dentro de él y más su pene, me gusto

    Gerardo: hazme una

    Fernanda: he, ha ya, no hay mucha gente nos pueden ver

    Gerardo: vamos a un hotel, ¿entonces?

    Fernanda: si, pero más al rato va, igual cuando Caro y Carlos digan que nos vamos

    Gerardo: ok. Muero por estar contigo a solas

    Fernanda: ¿sabes que sería mi primera vez?

    Gerardo: ¿en serio?, pues qué bueno sea yo el afortunado

    Fernanda: si en serio

    Gerardo: sabes, a mí también me da por vestir como tú, a veces lo hago

    Fernanda: ¿en serio?, guau que bien, ¿y eres gay?

    Gerardo: no, no me considero como tal, pues no me gustaría estar con un hombre, pero alguien así como tú, si claro.

    Fernanda: ha ok. Así pensaba yo, pero apareciste tú con tu cosa jajajaja.

    Gerardo: jajajaja, cosota que te vas a comer.

    Fernanda: gulp

    Gerardo: pero si, no lo soy, de eso estoy seguro.

    Fernanda: ok. Te creo, yo soy lo que llaman pasiva.

    Gerardo: pues no te veo muy pasiva con mi cosota.

    Ambos: jajaja

    Fernanda: está bien ya vamos a dentro, ya se extrañaran de nuestra ausencia.

    Gerardo: vamos

    Carolina: donde andan chicos

    Fernanda: salimos a tomar aire, me sentía mareada, pero ya estoy mejor

    Carolina: si te ves mejor, con una sonrisa de oreja a oreja, jajaja

    Fernanda: que quieres decir

    Carolina: nada, jajaja, anda salud, tómale ándale

    Ya dentro, platique con Gerardo de que le gusta vestir, igual que yo, faldas y vestidos, pero ya estando conmigo yo sería siempre la mujer de la relación. Gerardo me seguía manoseando, ya metía su mano debajo de mi vestido e intentaba acariciarme por debajo de mis piernas cerca a mis pompis. Yo no me quedaba atrás también le tocaba sus piernas y su entrepierna, pues quería seguir sintiendo su pene.

    Caro me dijo que saliéramos pues se sentía mareada. Ya en el patio me comento que se sentía a gusto, preguntándome como estaba yo.

    Fernanda: estoy a gusto, realmente me hacía falta salir un rato y hacer lo que hago con Gerardo, creo si me animare a estar con él.

    Carolina: si Fernanda, anímate, no pasa que luego no puedas sentarte jajaja, ya hablando en serio, esto es para divertirnos y relajarnos va.

    Fernanda: si lo sé, ¿qué crees?, ya se la agarre a Gerardo.

    Carolina: en serio woraleee y ¿qué tal?

    Fernanda: me gustó mucho, me excito bastante.

    Carolina: me da gusto corazón, jiji

    Fernanda: gracias, aquí no se puede hacer mucho verdad, bueno lo que haces con Carlos, creo es lo más que se puede hacer

    Carolina: jajaja, no para nada si quieres estar con Gerardo puedes hacerlo en la misma mesa donde estamos, créeme nadie nos cuida ni nos dicen nada de lo que hacemos, con tal de seguir consumiendo y recuerda nos invitaron

    Fernanda: eso es lo mejor de todo esto, jajaja

    Carolina: ¿a poco ya quieres estar con Gerardo?

    Fernanda: no aun no, pero estar cerca me emociona y excita, pero ya que me dices tú has con Carlos lo más que se pueda y yo te sigo igual con Gerardo va

    Carolina: ¿en serio? Me sigues y si no haces lo que yo, que te hago

    Fernanda: si lo hago, solo no te dejes penetrar aquí en el antro

    Carolina: ¿mmmm y sexo oral?

    Fernanda: eee, en serio serias capaz de hacerlo aquí

    Carolina: si claro, ya lo he hecho

    Fernanda: haaaa, bueno no sé si llegue a hacerlo aquí, mejor no te sigo jajajaja

    Carolina: naaa ahora me sigues, anda vamos de regreso

    Fernanda: no espera

    Carolina: anda vamos ya

    Fernanda: bueno ok.

    Cuando llegamos a sentarnos, las dos quedamos en medio de ellos, carolina se volteó con Carlos y lo beso, pero le tocaba con insistencia su entrepierna pero ahora ya tocando su pene.

    Ha pues yo hice lo mismo, Gerardo se extrañó, pero luego disfruto, me subí un poco el vestido para entonces tomar su mano y meterla detrás de mí, en seguida toco mis piernas y siguió hasta mis pompis. Carolina seguía besándolo, se detuvo, pidió le sirviera una copa de puro tequila.

    Carolina: ha ha ha pero también sírveles a ellos

    Fernanda: si sírvenos por favor Carlos

    Gerardo fue el primero en tomársela, luego Carlos, carolina y al último yo. Carolina inmediatamente volvió a besar a Carlos, pero estaba bajándose, como queriéndose sentar en el suelo, yo no la seguí, pero si me senté encima de Gerardo restregando su pene en mis pompis y muy suavemente sentí su pene en mis pompis, carolina se detuvo en cuclillas a abrir el pantalón de Carlos, yo seguía meciéndome y moviendo mis pompis en el pene de Gerardo, luego me levanto abrió su cierre del pantalón y saco su pene, yo lo sentí en mis pompis encima de mi ropa interior, me sentí muy pero muy excitada, luego me levanto, pidió me agachara hasta quedar en la misma posición de Carolina, me agarraba mi cara metiendo su dedo en mi boca, lo saboree tanto que no me detuve, tome su pene y lo roce suavemente en mi boca. Carolina ya lo sobaba pues ya la tenía en sus manos el pene de Carlos, note que si Carlos tenía más grande que Gerardo.

    Gerardo agarro su pene y lo acerco nuevamente a mi boca, empecé a tocarlo con mi lengua, pero Gerardo lo metió en mi boca de golpe, bueno pues yo excitada lo saboreaba pero apretaba con mis labios para provocar que se viniera, como succionándoselo. Carolina ya estaba igual mamándoselo a Carlos, como yo a Gerardo. Esa escena fue realmente sensacional, como de película.

    De repente llega un mesero a limpiar la mesa recoger la basura del cenicero, pregunta si queremos algo, Carlos solo hace señas de la cuenta y le pide a Carolina se levante, para irnos.

    Ya era hora de seguir con lo demás, dijo Carolina, me voltea a ver y me dice:

    Carolina: ya corazón ya vámonos, ¿vamos a mi casa Carlos? , si vamos

    Fernanda: ¿en tu casa? segura

    Carolina: mmm no verdad, no Carlos en mi casa no, ahí viven mis hijas, no están ahorita, pero no mejor a otro lado va

    Carlos: si amor, donde gustes.

    Gerardo: nos llevamos la botella para seguir va

    Fernanda: si va

    Nos fuimos de ahí, caro y yo quedamos atrás, ellos iban adelante en el carro.

    Carolina se acercó mí, me beso en la boca y más estaba excitada, me puso sus manos en mis senos, luego los muchachos voltean a vernos y solo se emocionan

    Gerardo: pasamos a comprar unos refrescos y condones

    Todos reímos.

    Llegamos un hotel obviamente y piden un cuarto

    Al entrar vamos a conocer el cuarto y Gerardo me sirve una copa de tequila y ponen música, carolina y Carlos empiezan a besarse y ella se quita ya el vestido, queda en ropa interior, su piel blanca se ve hermosa en esa habitación, Carlos empezó a tocarla de forma muy obscena, pero a Caro parece que le gusta.

    Yo sentada en un sillón, tomo mi copa y Gerardo se sienta junto a mí, me abraza y me besa, ya no aguantaba más, ya quería sentir su pene otra vez en mi boca, deja de besarme, aprovecho para agacharme hacia su pantalón, le desabrocho su cierre y le pido se ponga de pie, me pongo de rodillas y bajo sus pantalones y su bóxer, toco su pene con mi cara y lo meto a mi boca pero muy suave, veo a Gerardo como me ve con ojos de placer, le mamo su pene como desesperada, mientras el gime de placer, Carolina, ya está encima de Carlos, desnuda y siendo penetrada fuertemente por Carlos.

    Sigo en esa posición saboreando a Gerardo y acariciándole sus piernas, mientras veo a Carolina arriba de Carlos sube y baja, realmente fue sensacional, no sentí celos, solo excitación, lujuria. De repente Carlos se incorpora, se levanta, pide a Carolina un momento y se acerca a Gerardo, pero mostrándome su pene, Carolina se queda seria pero se acerca también, esperando que yo mame el pene de Carlos, me quedo de a seis, mientras Gerardo toma los senos de Carolina y la besa en la boca pues se puso de su lado.

    Carolina toma el pene de Carlos y me pide se lo mame, saco el pene de Gerardo y beso el de Carlos luego le pongo condón y empiezo a mamar como desesperada, mientras Gerardo voltea a Carolina y así de pie la penetra muy fuertemente, Carolina grita y gime de placer, de repente Carolina grita de tal forma que se viene pues se retuerce pero no se sale del pene de Gerardo, mientras tanto Carlos me levanta me besa, sentí raro, pues sentía algo especial por Gerardo, pero en ese momento sentí más lujuria y lo bese desesperadamente, luego Carlos me voltea me tiene de espaldas, siento su pene en mis pompas, pero Gerardo se detiene con Carolina y le dice a Carlos que él será el primero en estar conmigo, a lo cual Carlos me hace a un lado, como si fuera un trapo y ahora Gerardo me toma de mi cintura.

    Gerardo: ¿verdad que yo tengo que ser el primero?

    Me dice al oído pues él está detrás de mí, tomando mi cintura

    Fernanda: si corazón, tu primero

    Gerardo: espera tomare un poco de lubricante, no te muevas

    Yo me sentía muy excitada, mi vestido solo me lo subió hasta mi cintura me pidió me hincara en la cama y luego me agacho de mi cabeza, mientras metía su dedo en mi pompa, sentí algo inimaginable, para lo cual Carolina que después ya se había venido estaba aún excitada y seguía empinada a un costado mío y Carlos detrás de ella, salvajemente la penetraba y ella solo gemía, pujaba y gritaba de placer, yo sentía delicioso mis pompas y más el dedo de Gerardo en mí, voltee a ver a Carolina y al verme se acerca a mí y me besa.

    Gerardo de rato de estar jugando con mi ano, se detiene y ciento su pene en la entrada de mi ano, luego me levante, Gerardo me agarra de mi cintura y me jala hacia él, me empieza a penetrar muy lentamente y siento un dolor inmenso, como si quisiera reventar, luego siento que entra hasta mis entrañas debido al lubricante, siento una sensación hermosa, sensacional, Gerardo mete y saca varias veces, yo estoy gimiendo, a la vez de dolor, pero también de placer y satisfacción, Carlos grita que va a venirse y Carolina no se mueve, veo como que aprieta, tal vez para sentir más placer y darle más placer a Carlos, Carlos grita de placer, Carolina que seguía algo excitada, me voltea a ver y solo ve mi cara de placer saboreando el gran pene de Gerardo, Carlos se hace a un lado y carolina empieza a abrazar a Gerardo y abriéndome mis pompis para que pudiera entrar más su pene, Gerardo la voltea y la besa, mientras yo sigo ahí ensartada.

    Carolina: dale más Gerardo, mira le gusta, dale duro a mi amiga

    Gerardo: si corazón, ¿te gusta Fernanda?

    Fernanda: si corazón, haaa es grandiosa, fabulosa

    Carolina va con Carlos y lo besa, Carlos empieza nuevamente a besarla y el vuelve a besar su vagina, ella se acuesta a un lado mío y Carlos la hace venir nuevamente con su boca.

    Gerardo, ya voy a venirme grita

    Yo me detengo ya que estaba muy movida jaja, le pido se venga dentro de mí, sentí su semen dentro de mí, más caliente que su pene, fue grandioso. Estuve un rato pegada al pene de Gerardo y luego se sale, me levanta y me besa pero tomando mi pene, el cual estaba más excitado que nada, lo acaricia y me masturba, para lo cual Carolina se voltea y nos mira, pero ella sigue tocándose su vagina, mi pene se para más por verla, que por lo que me acariciaba Gerardo, Carolina me dice ven y me acerco a ella y se lo meto, Gerardo se hizo a un lado y metió su pene en la boca de Carolina, después de haberse limpiado y puesto otro condón. Esa escena no se me borrara, yo penetrando a Carolina mientras ella mama el pene de Gerardo, Carlos se limpia y se pone condón nuevamente, y se me acerca a mí, y me besa, fue algo tan excitante.

    Después de un rato logre venirme en Carolina, y ella logro hacer venir a Gerardo, los cuatro quedamos acabados y recostados en la cama. Yo después de un rato me metí a bañar, ellos se quedaron en el cuarto, y siguieron tomando, recordaba que después de masturbarme siempre me arrepentía de haberme vestido y obvio masturbarme, en esa ocasión fue tanta la emoción que no lo sentí, al contrario me sentí tan plena, tan mujer, que me sentí muy a gusto, ya no me preocupaba nada, como cuando uno logra lo que se propone, feliz.

    Salí de bañarme y volví a vestirme antes de salir al cuarto, me maquille y salí.

    Carolina se metió a bañar y salió muy rápido, se cambió en el mismo cuarto con todos.

    Carolina: ¿qué tal Fernanda, Gerardo?

    Gerardo: estuvo excelente y feliz por ser el primero, va hasta mí y me besa tomándome de mi pompa.

    Fernanda: que bueno que estuve excelente.

    Carolina: y a ti Carlos, ¿Qué te pareció?

    Carlos: excelente, tu boquita estuvo excelente

    Fernanda: haces que me ponga roja

    Carlos: Bueno por lo pronto vayamos a cenar o ¿ya se quieren ir?

    Carolina: si vamos a cenar, ¿por lo pronto hoy ya estuvo no?

    Lo dijo como no queriendo siguiéramos con esa platica o que volviéramos a tener relaciones, yo no tenía problema, ahora quería probar el de Carlos, pero también tenía hambre y confirme lo que dijo Caro.

    Fernanda: si vamos a cenar, oye ¿así me veo bien?, le pregunte a Gerardo

    Gerardo: si corazón así te ves estupenda.

    Salimos a cenar

    Igualmente me subí en el asiento de atrás ahora con Gerardo, lo note distante, ahora entiendo que solo buscaba acostarse conmigo, pero me daba igual, veía un mundo lleno de posibilidades, de repente se acerca a mi y pasa su brazo por detrás de mi y vuelve a tocar mis piernas con su otra mano.

    Gerardo: entonces que Fernanda, ¿quieres ser mi novia?

    Carolina: woraleee, anda di que si, hacen bonita pareja

    Carlos se me queda viendo por el espejo retrovisor, pongo mi mirada en Gerardo y le dijo ok va

    Gerardo, se acerca y me besa

    Carolina: heee yuppi, ahora podremos salir mas seguido los cuatro

    Carlos: que bien, si ahora ya vamos a cenar, bajemos, ya llegamos

    Me dejo de besar y bajamos, pasamos al restaurant que no era mas que un puesto de tacos, jajaja.

    Yo solo pedí 3 de pastor, carolina igual que yo.

    Carolina: bueno chavos ¿pues nos llevan de regreso a mi casa por fa?

    Carlos: ¿cómo ya se quieren ir?

    Gerardo: no esperen vamos a Zumpango conozco un lugar para ir a tomar unas cervezas, algo ya más leve cómo ven?

    Fernanda: ¿a qué parte de Zumpango?

    Gerardo: por la calle de Elektra

    Carolina: por ahí estuvimos en la tarde, ¿verdad Fernanda?

    Fernanda: si, por ahí mismo, creo saber dónde es, pues si quieres Caro vamos

    Carolina: bueno solo un par de cervezas y regresamos va

    Después de cenar fuimos rumbo a Zumpango, yo sabía que en ese lugar había ido con Graciela, la chica con la que salí y que mande a volar, porque nunca quiso usar falda ni vestido.

    Gerardo: corazón, ¿qué tienes te veo pensativa?

    Fernanda: nada le dije y lo bese, bueno si, ¿recuerdas tuve una novia que no usaba vestido ni falda?

    Gerardo: ¿si me acuerdo por?

    Fernanda: ella va mucho a ese lugar, espero no encontrármela, me daría mucha pena me vea como vengo vestida.

    Gerardo: ha no te preocupes, no creo te conozca

    Carolina: si me platicaste de ella, pues ojala la veamos ahí y te vea, de seguro tu estas más bonita que ella.

    Fernanda: pues si verdad, ella nunca quiso usar falda ni vestidos, nunca me dijo por qué, pero pues ahora quien los usa soy yo.

    Todos reímos. Llegamos a Zumpango y nos dirigimos al antro, nos estacionamos a un costado de la entrada y no se veía mucha gente dentro, pues en el segundo piso tiene un balcón y se veían lugares disponibles.

    Entramos, subimos y nos sentamos, llego el mesero y cada quien pidió lo que tomaría, yo pedí una cerveza obscura.

    Estábamos los 4 sentados alrededor de una mesa y me acerco a Gerardo, ¿me veo bonita?, le pregunte.

    Gerardo: si corazón te ves linda y me besa.

    Carolina le dice a Carlos, oye estos se me hace que quedaron muy flechados no crees

    Carlos: si pareciera que así es, Fernanda se ve muy sensible y pues al estar con Gerardo íntimamente pues inmediatamente quedo flechada.

    Carolina: bueno espero eso no nos afecte después

    Carlos: ¿por qué lo dices?

    Carolina: pues sí, tu sabes que esto es para salir de la rutina, solo para divertirnos, espero quiera seguir conmigo o que se comporte indiferente por sentir algo por Gerardo.

    Carlos: ¿si lo quieres realmente verdad?

    Carolina, se queda callada, Carlos solo se le queda viendo.

    Carlos: entiendo, hablare con Gerardo, para que no se enganche también, tu tranquila

    Carolina: ok, me avisas va

    Carlos: si está bien.

    Algo tan incoherente después de escucharlos hablar, porque si los escuche, Carolina besa a Carlos.

    De repente dos parejas vienen subiendo las escaleras, si efectivamente una de ellas era Graciela y supongo su novio, pues la traía de la mano.

    Como si quisieran estar viéndonos, se sentaron en una mesa frente a nosotros.

    Fernanda: oye, ¿oye corazón ves a la chica que acaba de entrar de negro?

    Gerardo: si la veo, ¿por?

    Fernanda: es ella, que casualidad, no quería encontrármela y va llegando con esos mugrosos.

    Gerardo: ¿en serio?, woralee, ya que te vea le dará envidia ya verás.

    Fernanda: mejor vámonos. Le dije a Carolina

    Carolina: ¿Por qué?, ¿ahora qué pasa?

    Fernanda: ¿recuerdas de quien hablábamos antes de venir?

    Carolina: si, ¿por?, ha no me digas ¿es esa flaca verdad?

    Fernanda: si es ella

    Carolina: con razón casi te metes debajo de la mesa, cuando entraron, debí suponerlo. Pero no te preocupes, se morirá de envidia ya verás.

    Continuará

  • Harry Botter: El mago dotado

    Harry Botter: El mago dotado

    Harry Botter era el mejor estudiante de la escuela de magia y hechicería, con su talento y su varita mágica podía lograr cualquier hechizo, y lo utilizaba además para ayudar a sus amigos.

    El año había empezado muy bien para Harry y sus amigos, que se habían reunido en la gran mesa para la tradicional cena de inicio del año escolar. Todos se encontraban contando sus anécdotas sobre las vacaciones de verano. De repente Harry se distrajo y olvido la charla con sus amigos. Vio a una estudiante que nunca antes había visto en la escuela, entrar por la entrada principal, ella lo miro por unos instantes y sonrió mordiéndose el labio para luego sentarse junto a sus compañeros.

    Harry sintió un cosquilleo en su entrepierna y un calor recorrió su pecho prendiéndolo fuego. Ella era bajita y rubia, tenía el pelo sujetado en una coleta y vestía con su uniforme, luego se enteró que su nombre era Kelly y era nueva en el colegio.

    El director de la escuela dio inicio a la cena de apertura del año después de un aburrido discurso y todos comenzaron a probar las delicias que había servidas sobre la mesa y a tomar del vino añejo que Edmon, el gigante había traído desde la bodega. Harry seguía pensando en Kelly y sus curvas que lo habían dejado hipnotizado

    Con el paso del tiempo Kelly se hizo amiga de Catherine, la amiga de Harry. En una de sus charlas Kelly le contó a Caty que no podía tener orgasmos cuando se masturbaba, lo había intentando todo, pero parecía que era simplemente imposible.

    Cathy le conto que le podría pedir ayuda a Harry, que era un experto en hechizos sexuales entre otros. Pero Kelly sentía vergüenza de contarle a otros sus problemas. Así que una lluviosa tarde Catherine acompaño a Kelly al cuarto de Harry, la tormenta era muy fuerte afuera y Harry aprovecho esto para tomar una siesta. Cuando Harry se despertó por los golpes en su puerta las atendió con su pijama puesto, Kelly y Catherine rieron al verlo vestido así.

    Harry al ver a Kelly con su pijama, y sus short diminutos tuvo una erección que no pasó desapercibida. Una vez más las chicas rieron al ver su pija parada a punto de reventar el pijama. Harry se puso rojo como un tomate. Finalmente las chicas le contaron su problema a Harry, y el saco su varita mágica y un viejo y polvoriento libro de su armario. Kelly se recostó sobre la cama mientras Catherine se sentó junto a la estufa.

    Después de algunos intentos Harry se sorprendió al ver que ningún hechizo lograba efecto en Kelly que estaba ansiosa por sentir un increíble orgasmo.

    Hartas de esperar, ambas se habían aburrido. Entonces Catherine tuvo una idea.

    —Porque no dejan de dar tantas vueltas y se acuestan juntos? Estoy segura que Harry, con esa herramienta puede lograr hacerte acabar.

    Kelly sonrió y se acomodó en cuclillas sobre la cama.

    —Tú crees eso? — le pregunto a Catherine.

    —Harry no tienes problemas con eso, no?

    —No, cla cla claro que no —Harry estaba algo nervioso pero con muchas ganas de clavar a Kelly, y ya tenía una erección haciendo presión contra su pijama de nuevo.

    Kelly comenzó a desnudarse, y Harry se acercó a ella, quedando de pie justo al borde de la cama. Libero su pija hinchada de su ropa interior dejando impresionadas a las dos amigas. Su tamaño era increíble, ninguna pensaría que el nerd de la clase tendría semejante pija, capaz de satisfacer a cualquier hembra sedienta de sexo y mucha leche.

    Kelly sin esperar demasiado se acercó comenzó a chuparla con desesperación demostrando que ya tenía experiencia en dar sexo oral. Catherine miraba excitada y hasta deseo también chuparle la verga a su amigo.

    Los ojitos verdes de Kelly miraban con deseo a Harry mientras se metía la cabeza entera de la verga dentro de la boca. El joven mago la sujeto de la cabeza y le empujaba su herramienta más adentro con furia haciéndole una garganta profunda.

    Edmon el gigante se había trepado por la escalera que había en la pared para espiar por la pequeña ventana a los jóvenes. Harry se recostó sobre Kelly y apunto su verga dura para meterse dentro de ella, lentamente atravesó la suave carne interna de su compañera deslizándose para comenzar a taladrarla con fuerza.

    La chica emitió un gemido y comenzó sentir como la pija venosa e hinchada de Harry la llenaba por completo y le estiraba la vagina placenteramente. A medida que se lubricaban el joven mago empezó a acelerar sus movimientos, mientras Kelly le pedía que no se detuviera y le diera aún más fuerte.

    —¡Harry por favor no pares! ¡Así, así!

    Era la primera vez de Harry y sabía que no podría aguantar demasiado. Finalmente termino por derramar su carga dentro de la preciosa estudiante nueva de la escuela. Un hilito de semen se derramo fuera del interior de Kelly cuando Harry salió dentro de ella.

    —Que torpe eres Harry —Catherine le reprochó a su amigo.

    —No estuvo tan mal, la próxima será. —Dijo Kelly que tocaba su vagina recogiendo el semen de Harry y jugando con sus dedos.

    Harry había fallado en su primer intento de darle un orgasmo a su nueva amiga. Pero tendría más oportunidades de lograrlo en el futuro.

  • Sexo en la P27

    Sexo en la P27

    Me dejé llevar dentro del parking.

     Me dice que no es por mí, que en realidad yo le transmito bastante confianza, pero que no puede arriesgarse a cometer ningún error. Le es imposible darme el nº de móvil. De modo que acordamos comunicarnos exclusivamente a través del correo electrónico. No es ningún problema. Es tan solo algo más lento. Podemos entendernos perfectamente.

    Pero sigo sin saber quién es, no he visto su cara, no he visto su cuerpo, al menos no por completo. Tengo una cita con una cuasi desconocida. Me dirijo en coche hacia el lugar del encuentro. La excitación es tremenda, los nervios me hacen sujetar el volante con más fuerza de lo habitual. Han pasado semanas desde que entré en contacto con ella.

    La conocí en un portal de contactos en internet. Nada más ingresar, me doy cuenta de que es un lugar diferente, la discreción es máxima. Apenas hay perfiles con fotos, nada de frases vulgares ni reclamos absurdos. Encuentro una nota común en la mayoría de los perfiles: se trata de mujeres comprometidas, casadas o con relaciones estables. Comienzo a excitarme. Mi mente morbosa me envía este mensaje directo: «Se palpa el deseo».

    Como un resorte que de repente queda liberado, mi imaginación se dispara y comienza a hacer elucubraciones. Pienso en mujeres atrapadas en un matrimonio aburrido, monótono, quizás compartiendo su cama con un marido igual de aburrido, viviendo una vida sin chispa cargada de responsabilidades: hijos, compromisos sociales, trabajo, facturas, viajes programados… Un futuro plano, descorazonador.

    Las imagino buscando una salida, escabulléndose furtivamente por la puerta de atrás de su matrimonio y accediendo a los recovecos excitantes de la red, sintiendo la punzada morbosa de lo prohibido, de lo desconocido, buscando nuevas fuentes de excitación, de algo que las haga sentir de nuevo: un flirteo, una noche de pasión, un romance clandestino… un hombre.

    En su perfil tampoco había foto, ni datos personales, más allá de su edad (32), su color de ojos (verdes), su estatura (1’68) y su complexión física (unos kilos de más). En el motor de búsqueda, había escogido la opción «Busco hombres para relaciones sexuales sin compromiso». Estado civil: casada, con hijos. Mi excitación crecía por momentos. ¿Por qué la escogí a ella? No lo sé.

    Durante las pocas semanas que me paseaba por el portal web, comprendí que podía haber «usuarios reclamo», perfiles falsos preparados por los administradores para captar la atención de los hombres e inducirles así a gastar sus créditos. De hecho, me llegaban algunos mensajes, pero mi intuición me decía que había algo extraño en ellos, que eran demasiado desenfadados, demasiado directos. No se correspondían con el tono de discreción que emanaba de la página. Tuve que olvidarme de responder a esos mensajes. Escogí perfiles sencillos, claros, nada ostentosos, como el suyo.

    Pero debía andarme con cuidado. Antes de contactar con nadie, tuve que reflexionar acerca de cómo debía mostrarme yo. No me convenía ser un hombre soltero (lo era). Estas chicas no querían problemas, debían ir con pies de plomo, tenían una vida que proteger. Solución: tenía que mentir, pero escogí una opción que pudiera resolver más tarde: «Estado civil: comprometido, relación estable».

    Observé sus movimientos en la web durante un tiempo, antes de decidirme a contactar con ella. Entraba al portal desde un teléfono móvil, generalmente por las tardes, y no todos los días. Quizás no estaba decidida al 100% acerca de lo que estaba haciendo.

    Mientras paseaba el ratón por la pantalla, leyendo las características de nuevos perfiles, un piloto verde capta mi atención: «Solyluna, usuario online». Era ella. Doy un brinco en la silla, el corazón se me acelera, me excito. «Ha llegado el momento», pienso, «pero, ¿qué coño le digo? No me puedo permitir el lujo de intimidarla, o de resultarle un gracioso, o demasiado directo».

    Finalmente, me decido por un mensaje totalmente aséptico, pero claro y sincero. Sólo me queda una duda: ¿uso el «tú» o el «usted»? Es una chica joven. Me arriesgo, escribo:

    MrSmith: Buenas tardes, me ha gustado tu perfil. Me gustaría conocerte.

    La suerte estaba echada. Pasan los minutos… Algo después de media hora, se enciende un icono en mi bandeja de entrada, un «1» de color blanco sobre fondo verde, y una leyenda a su lado: «Solyluna le ha enviado un mensaje».

    Solyluna: Buenas tardes, MrSmith. Me parece bien.

    Estoy llegando al aparcamiento. Hemos escogido el parking subterráneo de un área comercial. Son las tres de la tarde, viernes.

    Después de aquel primer contacto en el portal web, nos enviamos correos diariamente desde el móvil durante algunas semanas. Enseguida me di cuenta de que sobraban algunas preguntas. No era conveniente indagar sobre la vida del otro. Su discreción era total. En varias ocasiones, hizo algún amago de abandonar. Pero logramos sortear sus temores.

    Al principio, sus textos eran muy cortos, pero me gustaba cómo se expresaba. Era clara, aunque a veces resultaba un tanto cortante. Con el paso de los días, nos fuimos sintiendo algo más cómodos, y empezó a surgir algo. Dimos paso con cierta rapidez a las conversaciones picantes, a nuestras preferencias sexuales.

    Solyluna: Cuéntame alguna fantasía.

    Yo le enviaba unos pocos renglones con alguna escena que se me ocurría. Me gustaba hacerlo. Quería humedecerla. Pero nada más empezar, me paró en seco:

    Solyluna: Eres un cursi.

    Me jodió reconocerlo, pero tenía razón. Estaba demasiado preocupado por no resultar grosero. Me gustaba esta chica.

    MrSmith: Pues ahora te vas a enterar.

    Le envié otras pocas líneas, esta vez sin cortarme un pelo.

    Solyluna: Me has puesto a mil. Me gustas mucho más cuando eres un cerdo.

    Yo estaba encantado de la vida, y ella me ponía a mí igual de cachondo con sus comentarios.

    Bajo este clima de complicidad, y olvidándonos definitivamente de hacer preguntas indiscretas, le propuse resolver una cuestión que para mí era importante: quería ver alguna foto suya.

    Solyluna: Lo siento, pero no puedo hacer eso, no puedo arriesgarme.

    No quise forzar las cosas, así que le propuse hacer un juego: yo le enviaría algunas fotos de mi cara, y ella me enviaría otras donde mostrara algunas partes de su cuerpo.

    MrSmith: Puedes reducir el plano todo lo que tú quieras, de modo que no sientas que se te puede reconocer.

    Solyluna: Vale.

    Me envía dos fotos y me pone duro de inmediato. En una de ellas me muestra el hombro izquierdo, con su clavícula bien dibujada, parcialmente desnudo, sobre el que resbala una rebeca negra de punto, con amplios agujeritos, que deja entrever claramente un pecho grande y un pezón moreno con su botón erizado.

    En la otra, aparece un plano muy pequeño donde se ve un ombligo, una mano que se introduce bajo la tela rosada de unas bragas de encaje, una vulva oculta bajo esas bragas y el comienzo de los muslos.

    «La madre que la parió», digo yo en voz alta al ver las fotos, en la soledad de mi cuarto. Y, una vez más, mi mente me ofrece una nueva guinda jugosa: pienso en ella, allí, en su casa, buscando el momento adecuado para ponerse esa rebeca, a escondidas, y sacarse la foto para mí. Puedo sentir su propia excitación. Me pongo como una moto. Definitivamente me gusta esta chica.

    Mientras conduzco, ya dentro del parking, recibo un nuevo mensaje de correo:

    Solyluna: Estoy llegando.

    MrSmith: Yo ya estoy aquí. Pero, ¡joder, cuánta luz hay! Voy a merodear un poco, a ver qué encuentro.

    Doy algunas vueltas con el coche por el amplio aparcamiento hasta que doy con una zona bastante más oscura y apartada. Le envío un nuevo mensaje:

    MrSmith: Estoy en la P27.

    Los nervios me tienen cardíaco. Espero dentro del coche. No sé qué carajo hacer para matar estos minutos. Al poco rato, se acerca un coche con las luces encendidas, avanza muy despacio. Es un coche familiar, voluminoso. Aparca a mi lado, en el espacio que le he dejado entre mi coche y la pared. Apaga el motor. Dentro de nada, voy a encontrarme con una mujer a la que sólo he visto como un collage, a trocitos, y no sé cómo es su cara.

    Desciende del coche. Desde el mío observo dos pies desnudos calzados con sandalias de tiras de tacón corto, las uñas color vino. Bajo del mío y me acerco a ella. No me ha mentido: viste de modo informal: vaqueros deslavados, camisola suelta con motivos hawaianos, pendientes de bisutería, amplios, pelo lacio castaño cobrizo, unos kilos de más. Me gusta. Me acerco, le doy dos besos, huele de maravilla. «¡Hostias!», me digo para mí al verle la cara. La chica es muy guapa.

    Estamos nerviosos, cortados. Nos miramos a hurtadillas. Pronunciamos algunas frases de rigor y a los pocos minutos le propongo seguir hablando en su coche. Nos seguimos mirando de tanto en tanto. Tiene los ojos enormes, me gusta cómo me mira. Su boca es carnosa, el mentón algo prominente, los dientes bonitos. No lleva pintura de labios.

    Pero la noto triste, casi diría que cansada. Tras una pequeña conversación, se gira hacia atrás y me invita con su mirada a echar un vistazo. Me señala con la cabeza las dos sillas de bebé que están colocadas en el asiento de atrás. Hay algún juguete por el suelo del coche, algún sonajero. Levanta las cejas, hace una mueca con los labios y un gesto con las manos, un gesto de resignación. «Mira lo que se me vino encima», interpreto. Deduzco de inmediato que su vida matrimonial no es lo que esperaba. No sólo por las responsabilidades a las que ha de hacer frente, sino porque su marido no le satisface. No existe chispa entre ellos, no hay pasión. ¿Por qué, si no, aventurarse en una página de contactos? Es sólo mi impresión, pero creo que no me equivoco.

    Seguimos hablando de tonterías durante unos minutos y nos vamos relajando. En cierto momento, sin abandonar su expresión melancólica, baja su mirada hacia el suelo y, con una media sonrisa nerviosa en sus labios, dice: «no sé por qué hago todo esto». Para aumentar algo más la complicidad, que ya existe, entre broma y broma apoyo mi mano en su muslo. Ella, poco a poco, aproxima su mano a la mía y empezamos a enredar los dedos. «Cojones…», pienso para mí.

    Tiene las manos bonitas. No se las pinta. El ambiente se caldea a pasos agigantados. Nuestras miradas se vuelven mucho más indiscretas, hablamos menos. Nos miramos la boca. «Aquí va a pasar algo, pero ya», pienso.

    Me acomodo mejor en el asiento, ladeando mi cuerpo. Me aproximo un poco a ella. Ella se aproxima a mí. Me lanzo: llevo mi mano a su vientre, sobre la camisa, y acerco mi cara a la suya, pero no nos besamos, sino que apoyamos nuestras frentes. Respiramos con fuerza. Finalmente, nos besamos en la boca, las lenguas salen enseguida en busca de la otra.

    Le palpo el cuerpo. Tras este beso, sucede algo que me deja completamente atrapado: yo llevo mi boca ya húmeda a su cuello, la abro ampliamente y finjo morderla, pasando mi lengua húmeda sobre la piel y cerrando mi boca despacio, arrastrando suavemente los dientes, y en ese momento observo que ella estira su rostro hacia atrás, los ojos cerrados hacia el techo, y suelta un monumental suspiro que hincha y deshincha su pecho. El gesto me deja paralizado medio segundo, mientras le beso el cuello. «Me cago en la hostia», pienso para mí, y siento que ella estaba deseando algo así desde hace mucho tiempo. «Yo sí sé por qué haces esto», me digo en silencio.

    A partir de aquí, la escena es fuego. Le como el cuello mientras mi mano derecha empieza a tocar bajo su camisa. Mi boca es un detector de metales, solo que las piedras preciosas son su carne, que recorro sin despegarme. La mojo con mi saliva por todas partes, le busco la boca, la lengua. Le recorro la cara, mi aliento caliente le humedece la piel.

    Mi mano avanza por su cuenta y encuentra sus pechos. No deja de soltar suspiros, de respirar con fuerza. Ella también registra mi carne con su mano izquierda. La mete bajo mi camisa y me aprieta, me acaricia con firmeza. Le subo la camisa y dejo su sujetador de encaje negro al descubierto. Le agarro los pechos sobre la tela incómoda. Los masajeo mientras le como la boca.

    Me distancio un momento, quiero ver lo que hago. Miro su sujetador y decido sacarle un pecho por encima. Aparece el pecho blando y grande y el pezón moreno, amenazándome. Llevo mis dedos a mi boca y los empapo de saliva. Le impregno el pezón con la saliva, se lo acaricio, lo rozo con la punta del dedo, quiero que crezca, que se ponga tieso. Cuando lo veo como a mí me gusta, me lo como, me lo meto en la boca y succiono. Ella me pone la mano en el pelo de la nuca y me aprieta, me empuja para que la mame. Hago lo mismo con el otro pecho.

    Al cabo de unos minutos, mi mano desciende a su entrepierna. Está muy caliente. La masajeo con fuerza por encima de la ropa y noto cómo ella me acompaña con su pelvis. Pero quiero más. Trato de introducir mis dedos bajo el pantalón. Es imposible. «Espera», me dice. Se desabrocha el botón, la cremallera, y me abre el acceso a sus bragas blancas, que quedan al descubierto.

    Primero paso mi mano sobre las bragas. Están hirviendo, mi polla se pone más y más dura. Le acaricio la vulva sobre las bragas, presionando un poco mientras sigo comiéndole la boca y los pezones. Mi mano autónoma se introduce bajo las bragas y busca su raja. «Hostia puta», me digo, «está empapada». Hundo un poco los dedos en la raja blanda y los empapo de su flujo. Hago algo que la impresiona: llevo los dedos a mi nariz y huelo con fuerza, y luego me los meto en la boca. «Dios, qué rico hueles», le digo. Ella no se cree lo que oye y niega con la cabeza, mordiéndose el labio. Dice que no, pero sabe que sí, que su olor me pone a mil.

    Vuelvo a buscarle la raja y me entretengo. Es una fuente. «Joder, cómo lo tienes», le digo. La masajeo sin arrastrar los dedos, sólo presionando, en círculos, y luego introduzco los dedos. Está hirviendo por dentro. Continúo así un buen rato y no sé qué sucede dentro de ella, pero se retuerce y mueve su pelvis, que anima los movimientos de mi mano. No sé si se ha corrido, pero me pone durísimo verla.

    De repente noto su mano en mi pantalón. Me recorre el bulto y lo aprieta. «Pero… me cago en la leche», me digo. Yo también me retuerzo, abro los muslos y le ofrezco el paquete. Me acaricia con fuerza. Le miro la cara y veo que se muerde los labios, mirando fijamente mi bulto. Ahora soy yo el que no se cree lo que está pasando: se ha inclinado sobre mí y me está desabrochando el cinturón con las dos manos. Mientras lo hace, miro al exterior del aparcamiento. No hay nadie, apenas algún coche aparcado a lo lejos.

    Me desabrocha el botón y la cremallera, me saca la polla hinchada y la veo decir que no con la cabeza. Esta chica me pone cardíaco. No quiero perderme nada de lo que va a suceder, así que, con mi mano izquierda, retiro su pelo lacio y dejo su cuello y su cara al descubierto. Saca la lengua y me roza el glande mocoso. Un hilo de líquido seminal transparente queda colgando entre su lengua y mi polla. Lo recoge y se lo bebe. Yo sigo diciendo que no con la cabeza y creyendo en Cristo.

    Se mete la cabeza roja en su boca y suelta un quejido. Se separa un poco y cuelgan nuevos hilos desde su boca hasta mi polla. Lo repite varias veces hasta que comienza a mamarme, haciendo ruiditos y soltando pequeños gemidos. Mi mano está en contacto con su cuello y su pelo, mientras la veo subir y bajar la cabeza contra mi miembro. Ahora soy yo el que levanta la cara hacia el techo del coche, con los ojos cerrados: «La madre que me parió», suelto para mí.

    La acaricio con fuerza el cuello y la cabeza mientras me mama. Voy a reventar de un momento a otro. «Oye, oye, para, si sigues me voy a correr», le digo preocupado, mirando el interior del coche, que está impecable, temiendo manchar el asiento. «Tranquilo, no pasa nada», me dice. Entonces abre la guantera y coge una toallita de una caja abierta. La guarda en el puño, vuelve a agarrarme la polla con la otra mano y se la mete de nuevo en la boca.

    Me dejo hacer, se me mueve la pelvis, se la ofrezco todo lo que puedo, hasta que no aguanto más y jadeo cuando siento que sale el primer chorro de semen, y luego el segundo, y el tercero… La tengo sujeta por la cabeza, contrayéndome, mientras ella se bebe mi semen. Jadeo con fuerza, me contraigo, resoplo, «me cago en la puta», me digo por dentro. Me recupero mientras ella me limpia algún resto de semen que queda en mi polla, seca la saliva del tronco, seca sus labios. Se retira a su asiento y yo me abrocho los pantalones. Respiramos, cogemos aliento.

    Estoy conduciendo de vuelta a mi casa. Trato de asimilar lo que ha sucedido. No acabo de creérmelo, ha sido tremendo. En el aparcamiento, nos hemos despedido con las sonrisas en los labios. Nos hemos tocado y besado despacio después del zafarrancho. Estábamos a gusto, contentos, apenas hablábamos.

    Mientras conduzco, llega un correo a mi móvil. Es ella, Solyluna. Cuando encuentro una salida al arcén, detengo el coche y abro el mensaje: «Ha sido una pasada. Me ha encantado». La sonrisa me llega a las orejas. Escribo: «Lo mismo te digo, ha sido increíble, y tú eres la pera. Me encantó ver tu cara de deseo, me pone muchísimo. Tengo tu perfume en mi ropa, y tu olor en los dedos, y no pienso quitármelo hasta dentro de un buen rato. Quiero verte de nuevo». Le doy a «enviar» y me incorporo al tráfico, feliz.

  • La cuarentena con mi sobrino (VI)

    La cuarentena con mi sobrino (VI)

    Anteriormente: llegamos al sexto día, con la idea de llamar a mi hermana para que mi sobrino vuelva a su casa.

    Ese sábado me acompaña de compras, una chica lo ubica por estas aplicaciones de citas, eso me pone celosa.

    Una tormenta llega, se corta la luz, y con mi sobrino tenemos el primer acercamiento sexual.

    Se masturba al lado de mi cama, parado. Yo acostada desnuda. Me acaba en la panza, los pechos y la cara.

    Le digo que se retire, y luego sola en mi cuarto me masturbo después de probar su leche adolescente tibia.

    Cuando acabó, la luz vuelve, mi hermana llama a casa y me pregunta para que quería comunicarme con ella.

    Le digo que no se preocupe, que quería decirle que su hijo, mi sobrino, podía quedarse todo el tiempo que quiera en casa.

    Me voy a bañar, mientras el agua cae por mi cuerpo recuerdo lo que pasó hace unas pocas horas atrás. Sonrío, me pongo seria, vuelvo a sonreír, miro mi anillo de casada, me vuelvo a poner seria.

    Me entra un poco de culpa por lo que estoy haciendo, igualmente no ha pasado nada más que ver a mi sobrino masturbarse, y pedirle que lo haga delante de mí.

    No lo toque, no me tocó. Se podría decir que sigo siendo fiel.

    Salgo de la ducha, me pongo crema, me pongo ropa interior limpia.

    Cuando terminó no quiero salir al comedor, no sé con qué cara voy a mirar a mi sobrino.

    Siento como que me aproveche de su debilidad, de sus hormonas alborotadas, de que aún es joven y puedo manipularlo como quiera.

    Esa noche me quedé en mi cuarto, no fui a cenar. Y casi no pude dormir en toda la noche.

    Amanece el séptimo día. Domingo.

    Me levanto muy tarde, me lavo la cara, me cepillo los dientes.

    Voy hacia el comedor, mi sobrino está despierto preparando el almuerzo incluso. Me pregunta si quiero almorzar o desayunar.

    Como si no hubiera pasado nada el día anterior hablamos, sobre cómo dormimos, sobre la tormenta, la luz, el almuerzo.

    Termino diciéndole que almorzaremos directamente.

    En esa mesa parecía que el silencio era mortal, inventábamos temas de conversación para no dejar lugar a que alguno hable sobre lo que hicimos.

    Al finalizar levanta la mesa y va a lavar los platos, pero antes me dice que cuando termine quiere ir a bañarse, que desde ayer cuando se cortó la luz quedó sucio y transpirado y para no molestarme no me dijo nada, pero necesita darse una ducha.

    Me puse roja como un tomate, que me diga la causa de porque quiere bañarse sin decir nada aunque sabíamos porque estaba en esas condiciones me hizo avergonzar como pocas veces.

    Le dije que no había problema que solo pase y se bañe.

    Yo me quede en el living mirando televisión mientras mi sobrino se bañaba. Esta vez no fui a espiarlo. Necesitaba algo de recato supongo. Pensar muy bien que estaba haciendo.

    Mi sobrino sale del baño, viene al sofá donde estoy sentada, sofá donde duerme.

    Se pone al lado mío a mirar la película.

    En un corte, hablamos de varias cosas de la semana.

    En un momento le digo, que lo que ocurrió el día anterior fue producto de la tormenta, el calor, el miedo y la misma situación de encierro.

    Espero que no piense nada malo de su tía, que no soy una pervertida, le digo que no va a volver a ocurrir. Que lo tome solo como un adelanto de lo que vendrá en su vida con tantas mujeres.

    Me responde que estaba todo bien, y que fue algo extraño, pero que fue lo más excitante que vivió en su vida. Nunca había visto a una chica desnuda.

    Por lo tanto es virgen.

    Más culpable me sentí. Más sucia, más pervertida. Si se entera de esto mi familia, mis amigos, mi esposo es el fin de mis días.

    Decidí salirme de esa situación incómoda yéndome a mi cuarto. Así hasta la cena y luego a dormir.

    Los días de la semana transcurren normalmente, con la rutina del desayuno, mi trabajo, sus estudios, el gym, las duchas, las cenas.

    Esta vez lo noto más desinhibido, me doy cuenta que me mira las tetas, el culo. Sabemos las mujeres cuando nos están mirando el culo, y yo sentía los ojos de mi sobrino cada vez que le daba la espalda.

    Las clases de gym él las hace sin remera, me pregunta si me molesta, le digo que no. Así que cada tarde lo tengo con su torso desnudo, mostrando sus abdominales y sus pectorales trabajados.

    Así llega el día 11, jueves por la tarde nos encontramos haciendo gym.

    En un esfuerzo, termina tirado en el suelo, con una cara de sufrimiento, al parecer un principio de desgarro o calambre muy fuerte en el muslo interior de su pierna derecha.

    Apenas se puede poner de pie, le duele mucho al apoyar, al dar pasos, me usa de muleta para poder caminar. Con mucho esfuerzo llegamos al interior de casa, le digo que se dé una ducha caliente para relajar.

    Es muy pesado para mi, evidentemente le duele, porque se apoya en mi para dar cada paso y siento todo su cuerpo haciendo presión en mi.

    Llegamos al baño, y lo dejo que se duche, le dije que dejaría la puerta abierta para que me diga cuando termine así lo ayudo a salir.

    Desde mi cama había una vista directa al baño, a la ducha.

    Estaba yo acostada mirando a mi sobrino bañarse con total impunidad, cubierto solo por la mampara condensada.

    En cada movimiento se escuchan sus quejas. Cuando termina, cierra el agua y me avisa que está por salir. Abro un poco la mampara para pasarle el toallón.

    Se lo ata a la cintura y sale finalmente con mi ayuda.

    Damos pequeños pasos, y con grandes gestos de dolor me dice que esperemos un poco antes de seguir caminando.

    Le digo que se acueste en mi cama. Llegamos hasta ahí y con quejas se acuesta.

    «creo que necesitas masajes en la zona sobrino» le digo.

    Sin preguntarle voy en busca de unos aceites que usábamos con mi esposo para ocasiones especiales.

    Busco una toalla de manos, le digo a mi sobrino que con ese toallón no podría trabajar, que debería ponérselo por debajo para no manchar la cama y taparse con la diminuta toalla de manos que le alcancé.

    Me doy vuelta y espero, tras unos minutos me dice que ya está listo.

    Ese jueves por primera vez me había puesto un minishort y un top para hacer gym, para estar a tono con mi sobrino que le gustaba presumir lo que tenía.

    La toalla apenas tapaba su desnudez, mejor para trabajar sobre la zona afectada.

    Comencé a masajear sus piernas, desde abajo, subiendo a sus rodillas. En ese ángulo mis ojos alternaban entre lo que se pudiera ver debajo de la toalla y la cara de mi sobrino que miraba al techo.

    Voy subiendo por la pierna derecha, aquella que le dolía, buscando el muslo interno. Con mucha suavidad pongo el aceite y subo hasta donde le duele.

    Mis manos se pierden por dentro de la toalla, no veo donde estoy tocando. En un momento mi sobrino pega un grito y realiza un movimiento que sacude la toalla, dejando ver la enorme pija en modo de reposo.

    Era evidente que no estaba inventando, para él no era una escena erótica, su pija no acusaba recibo de mis masajes en su pierna.

    Eso me desalentó un poco, creí que algo provocaba en él. En eso mi sobrino toma la toalla y vuelve a taparse pidiendo perdón. Eso me destrozó. Casi me pongo a llorar ahí nomás. Ni siquiera accidentalmente mi sobrino me daba el pie para seguir el momento erótico.

    Saque mis manos de la zona, volví con el aceite, me puse nuevamente en las manos y le dije que para que se relaje haría masajes en su cuerpo para después llegar a donde le dolía.

    Así que estando mi sobrino acostado en mi cama y yo de pie al costado me puse a masajear sus hombros, sus pectorales, sus brazos, y cuando llegue a sus abdominales lo hice muy lento.

    En cada cuadradito me detuve, en detalle los tallé, en cada unión roce con mis uñas. Allí noté que se le erizaba la piel a mi adolescente sobrino.

    Jugué con su ombligo con la excusa del masaje, seguí bajando hasta el borde de la toalla, algunos pequeños pendejos salían, se mezclaron con el aceite y mis dedos se enredaron con él.

    La toalla parecía haber cobrado vida, algo por debajo estaba despertando.

    Volví entonces por debajo a la zona afectada, muy suave, muy despacio, mirando a la cara a mi sobrino que se tapaba con las manos.

    La pija de mi sobrino crece de tal manera que como un mástil levanta la toalla, dejándome a la vista sus enormes bolas y su majestuoso tamaño erguido.

    Mi sobrino vuelve con su mano a taparse con la toalla, esta vez se lo impido. Tomo su mano negándole el acceso a la toalla.

    Me subo a la cama, le abro las piernas, estoy arrodillada entre sus piernas de hombre.

    Se destapa la cara y me mira. En ese momento algo perverso me vuelve a poseer. Con mirada lujuriosa obligándolo a mirarme me saco el top dejando mis pechos a la vista de él.

    Está inmóvil mirándome, aprovecho para reincorporarme lo suficiente como para mostrarle como me saco el mini short que miraba muy atento cada vez que me agachaba.

    Tirando la toalla al suelo acerco mis manos desde sus muslos, hasta tocar sus huevos y la base del tronco de esa pija hermosa.

    Me mira tembloroso mientras comienzo a subir y bajar mi mano en esa pija enorme. Apenas caben mis femeninas manos en ese falo. Con una mano juego con sus bolas arañando suavemente, con la otra lo masturbo.

    La vista de mi sobrino es su pija siendo masturbada por su tía, y de fondo su tía desnuda mostrando los pechos y su concha húmeda entre sus piernas abiertas.

    No me apresuré, disfrute cada movimiento, cada subir y bajar por esa pija era la gloria. Sentía el calor en mis manos, sentía que todo el poder y fuerza de ese hombre que era mi sobrino estaba controlado por mis femeninas y delicadas manos.

    Paso como 20 minutos jugando con ese falo, cuando comienzo a sentir su contracción, alarma de que se vendría.

    Acerco entonces mi cara muy cerca del glande. Con mis labios rojos llenos de lujuria soplo aire caliente sobre esa cabeza que revienta leche en cantidades únicas.

    El golpe se siente en mi cara, mi boca, mi cabello, mis ojos. Abro mi boca sorprendida y unos rezagos de leche saltan hacia dentro.

    Mi sobrino jadea, intenta recuperar el aire. Yo limpio con mis dedos la punta de la cabeza de esa pija que sigue latiendo.

    Me llevo los dedos a mi boca, y me paso la lengua por donde queda algo de leche en mis labios.

    Con unos dedos busco algo de leche y me la como ante la mirada de mi sobrino que no puede creer lo que está pasando.

    Con la otra mano comienzo a masturbarme delante de él.

    Lo miro a los ojos caliente, todavía tengo leche en la cara y en el pelo.

    Mi sobrino sigue inmóvil solo siento espectador, ve cómo su tía se masturba para él.

    Unos minutos más tarde, de frenético entrar y salir de mis dedos exploto largando mis fluidos sobre la toalla de mi sobrino y mojándose la parte afectada por la lesión y cayendo también sobre su pija en reposo.

    Mientras acabo pego unos gritos de desahogo sexual que seguro se escuchó entre mis vecinos.

    Quedo recuperando el aire mirando a los ojos a mi sobrino, ninguno dice nada.

    Me levanto en silencio y me voy al baño a darme una ducha.

    Al salir de la ducha mi sobrino ya no está en mi cama.

    Gracias por cada comentario, sirven para seguir escribiendo. Espero los de esta edición.

  • El sobrino de mi esposo (Parte 3)

    El sobrino de mi esposo (Parte 3)

    Después de ese encuentro con Gino, su frenesí fue eminente, pretendió volver a tener sexo, al que contuve, diciéndole, algo terminante:

    “Ya ha sido suficiente, me agrado, pero creo que debemos contenernos, no soy tu novia, solo hemos disfrutado de un momento de sexo y punto”

    Por supuesto que mis palabras no fueron de su agrado, me dio un beso y regresamos a la casa, prácticamente sin cruzar palabras, me dolía haberle hablado así, pero esto ya se estaba acrecentado demasiado.

    Esa noche apenas terminamos de cenar, mi esposo se levantó para reunirse con sus amigos, la tía levanto la mesa y la ayude tratando de comprender que me decía. Gino siguió los pasos de su tío, nuevamente otra noche de mierda, solo podía escuchar radio, además nada para poder. leer, fui a ducharme para hacer algo, cuando me miré en espejo, noté un moretón bastante evidente en una de mis tetas, producto de los chupones de Gino, me acosté, transportando mi mente a lo sucedido esa tarde, alterándose mis hormonas, hasta que me dormí.

    Como a la una me despertó un ruido, me levante y vi Gino, le ofrecí si quería tomar un café, así que lo preparé, charlando mientras lo tomábamos.

    Comencé a levantar todo, con la intención de ir a dormir, cuando sus manos se meten bajo mi camisón, tomando mis pechos, traté de disuadirlo, pero su insistencia me venció, mientras con una mano abrazaba mis pechos con la otra bajaba mis bragas, hasta quitarlas, metiendo sus dedos en mi intimidad, incitándome, sumado a los succiones en mi cuello, comenzó a causar estragos en mi cuerpo, que segundo a segundo alteraba mi sexualidad.

    Despojo mí camisón, quedando mi piel a su merced, sin darme respiro, en el instante en que me alza depositándome en la mesa, para abrir mis piernas e iniciar una alocadas lamidas en mi vagina, que no dejaba de segregar. Un ruido detuvo ese contacto, nos quedamos en silencio, mientras trataba de ponerme la camisola, y mis bragas, a pesar de que Gino trataba de impedírmelo. Con mi cabeza le dije que no, era muy riesgoso, me metí en el baño, al salir vi a la tía, la saludé y me fui a mi habitación.

    A pesar que traté de evitarlo durante casi un par de días, una noche le propuse ir a la gruta nuevamente

    “Está bien, pero iremos a otro sitio, eso sí, no quiero que me impidas cosas, quisiese que nos comportásemos como si fuésemos una pareja, estás de acuerdo?”

    Sonriéndole le digo:

    “La última vez no me opuse, a que viene eso?

    “No, tienes razón, pero ha había varias frenadas, y me encantaría que te olvides de que estas casada, por un día, pronto te irás y lo que no se hizo, puede hacer que nos arrepiéntanos.

    “Aja, quieres que seamos libres, tú lo puedes, para mi es más difícil.

    ”Si lo sé, aunque ya has roto con tu fidelidad, pero está bien no quiero presionarte, si mañana estas decidida, prepara todo y salimos temprano”

    “Está bien, lo pensaré”

    Por supuesto que lo pensé, pero antes de tomar la decisión, volví a comentarle a mi esposo esa noche, que si bien tuvimos sexo, nada que ver como con Gino. Después de acabar con ese coito algo mecánico, le dije nuevamente de ir a conocer algo por la región. Me dice:

    “Amor, mañana pensábamos ir de caza con mis amigos, ve con mi sobrino él sabe entretenerte”

    Por una parte me cayó pésima esa contestación, fue como que me entrega a Gino, y sentí como que se hacía merecedor de volverle a meter los cuernos. Estaba dispuesta a pasar lo mejor posible ese día, era como un regalito que me hacía, dejaría que mi “sobrino político”, manejase la situación.

    Cuando me desperté, mi esposo ya se había ido, me levanté, prepare todo, desperté a Gino, desayunamos, lo que nos preparó la tía, traté de no demostrar mi entusiasmo, solo comenté que mi esposo, nunca me llevaba a conocer la zona. La tía asentó con un movimiento aunque me daba la sensación, que no terminaba de agradarle nuestra salida.

    Cargamos todo en el autito emprendiendo el viaje, algo más largo de lo acostumbrado, pasamos las Grutas, en un viaje muy ameno, casi veinte minutos más tardamos para llegar al sitio, un lugar muy pintoresco, unas pocas casa sobre un peñasco, y una entrada algo estrecha, como un desfiladero, para acceder a la playa.

    Pero mi sorpresa mayor, fue al descubrir que se trataba de una playa nudista, algo exclusiva, poquísima gente, intente no entrar, pero Gino me recordó mi promesa, si bien no estaba demasiado convencida, lo sentí como un desafío, además nunca había estado en un sitio similar.

    Había unas casillas y duchas para dejar la ropa, para luego acceder a la playa, lugar cercado con arbustos, que limitaba el ingreso, a los posibles curiosos.

    Apenas salimos de la casilla, si bien sentí algo de recato, al estar desnuda, percibí un estado de liberación, como algo natural, caminamos por el lugar, observando a gente de distinta edad, que apenas nos observaban. El agua del mediterráneo estaba apropiada, entrar y salir sin malla era una delicia.

    Después de un par de chapuzones, me tiré al sol, al rato note que mis tetas se estaban, poniendo rojas, era evidente que las parte que no exponía al sol, estaban más sensibles a los rayos,

    “Quieres pasarme el protector solar” se lo dije sabiendo que no se negaría.

    Untó sus dedos en la crema, pasándolo por mi espalda, lentamente, recorriendo hasta la cintura, para aplicar sobre mis glúteos, la unión de estos fue lo último, tocando mi ano, una y otra vez, apoye mi cabeza sobre mis brazos entrecruzados, disfrutando ese excitante recorrido, separé mis piernas, para que ese ungüento no dejase de ser aplicado en toda mi piel.

    Por supuesto que hubo sectores en que se fue prolongando, jugueteando con mis subjetivas hendiduras, no conformándose con los bordes externos, sino con su interior, donde esos dedos comenzaron a socavar esas aberturas, una y otra vez hasta comenzar a transportarme a un estado de total motivación.

    Comencé a gemir mientras mis piernas se separaban más, lo del impedimento de la noche anterior me tenía bastante motivada, así que si bien había poca gente, no tenía dudas que podían determinar que estábamos haciendo, pero eso no solo me atraía, sino que no me inhibía ser vistos, estire mi brazo y comprobé el estado de Gino, que se fue sumando a mi estado de embelesamiento

    Lentamente Gino se fue recostando contra mi espalda hasta quedar acostado sobre mí, sintiendo como su erecto aparato buscaba penetrar mi útero, hasta que con cierta sutileza lo fue introduciendo, hasta quedar depositado en mi matriz. Iniciando un lento bombeo, que me enloquecía, y más al notar que una pareja observaba atentamente, Gino continuo, reduciendo mis gemidos ante cada una de esas profundas penetraciones, ese roce contra la membrana de mi claustro era algo enajenante, esa comunión sexual, duró bastante llegando a tener un par de orgasmos hasta finalmente ser irrigada por el esperma de mi joven pareja.

    Después de este especial encuentro nos abrazamos, haciéndolo acostar sobre la arena, arrastrándome sobre él, colocando mi rostro sobre su pelvis, para mamar su algo flácida verga, hasta limpiarla totalmente de su reciente flujo.

    Nos quedamos quietos y nos dormitamos, cuando despertamos noté que mis pachos estaban bastante más enrojecidos, con la reciente motivación, no los protegí suficientemente, y los efectos del sol fueron drásticos, cosa que podía llamar la atención a mi esposo de haber tomado sol sin breteles, y delante de su sobrino.

    Cuando repentina apareció una mujer, de unos 50 años, lindo físico, apenas la vi me cubrí con los brazos, cuando me dice:

    “Hola, veo que tienes muy rojos tus pechos, además no te cubras tienes un lindo cuerpo, y esa preñez te hace muy sensual” como no le comprendía demasiado, Gino me traducía.

    “Si, gracias, es que no me puse protección”

    “Mira, soy médica, ponte esto que te va ayudar a calmar ese ardor”

    “Oh, muchas gracias, es Ud. muy amable”

    “Tu esposo entiende muy bien el italiano”

    “Oh, sí, si sin saber que contestar

    “Hacen una linda pareja, y por lo que vi, muy enamorados. Felicitaciones por su próximo bebé”

    Se me encendió la cara, había visto nuestra relación, una cosa, que lo supongas y otra que indirectamente te lo “comenten” pero a pesar de eso me agradó el comentario de esta mujer.

    Traté de cortar rápidamente, hasta que por suerte se fue, Gino quiso pasarme ese líquido pero preferí hacerlo yo, me sentía mal, como si todos nos estuviesen mirando, nos duchamos e insistí en irnos. Aun me ardían bastante los pechos, así que me puse una remera sin sostén.

    “Que quieres hacer?

    “No sé, no tengo ganas de volver a ese pueblo, me deprime”

    “Quieres ir a las grutas, total nos queda de paso”

    “Donde digas, me da igual”

    Llegamos y nos acomodamos a la sombra, me quité la remera donde Gino, inicio una serie de tocadas, que traté de evitar porque estaba de mal humor, no sé si fue esa mujer, o que.

    Noté a Gino, que se molestó, como cuando retan a un chico, me tiré sobre la lona y dormí un rato, me desperté con ardor en mis pezones, producto del sol que había tomado. Así que lo llamé a Gino, si deseaba pasarme el líquido que nos dio esa mujer. Como un relámpago estaba a mi lado para hacerlo, así que volcó un poco sobre mis pechos, friccionando suavemente con sus dedos.

    “Por favor se suave, me arden”

    Así que empezó a lamer mis pezones, con una delicadeza, que no solo calmaban el ardor, sino que comenzaba a alterarme, ese “inocente” bálsamo, fue aumentando mi libido, cada vez que me llevaba a alguna situación de ese tipo, apenas sentía su contacto, mi cuerpo se convulsionaba, era algo incontenible, sus besos, sus chupadas, la introducción de sus dedos, todo me alteraba dejándole dar rienda suelta a ese acometimiento sexual, admitiendo que era Amo y Señor de mi cuerpo, al que lo entregaba sin ningún tipo de reservas, y hasta en lugares nada íntimos.

    Esa lamida, y el bálsamo que me aplicaba, rápidamente fueron adquiriendo otra derivación, cuando comenzó a desatar mi tanga, le digo:

    “Por favor Gino, espera, no estoy como siempre, no sé qué me sucede”

    Se contuvo en su objetivo, solo me dijo:

    “Gírate, y apoya tus ricas tetas, sobre la arena húmeda”

    Acate su idea, sintiendo que se refrescaban, mejor que el bálsamo y las lamidas de mi amante, me coloco un toallón, para apoyar la cabeza, y se fue a dar un chapuzón al mar. No sé qué tiempo habrá transcurrido, me adormecí un poco, sintiendo que mis pechos parecían aplacar ese ardor.

    Cuando me despabile al sentir una mano fría y húmeda, acariciando mi espalda, recorriendo desde los hombros hasta la cintura, varias veces, me fui relajando, ante esos deliciosos mimos, hasta que comenzó a desatar el nudo de mi tanga, quitándola, aflorando mi culo.

    Cuando después de recorrer bastante mis glúteos, comenzó a oprimirlos separándolos, para descubrir mi intimo orificio, introduciendo sus dedos, a pesar de mis gemidos de molestia, que me dolía los aceptaba, era mi pareja por ese día, entregándome sin excusas previas, es difícil de explicar, no sé si su juventud, ese dominio que me había estado infundiendo, pero cada vez más, me prodigaba a sus locas pretensiones.

    Sutilmente me fue arrodillando con mi rostro contra la arena, mientras sus dedos se iban incrustando en mi recto, esperaba cualquier cosa, mientras el índice y el del medio, entraban y salían de mi conducto, mis gemidos se hacían evidentes ante ese movimiento patético.

    Hasta sentirme aliviada al ser retirarlos del cauce, para recorrer con su verga la raya que forman mis glúteos, como demostrando su atribución, hasta que después de varios movimientos se detuvo, para tantear alrededor de mi ano, me relaje dispuesta a satisfacer su intención. Su glande comenzó a introducirse unos centímetros, invadiéndome un fuerte dolor, pero a pesar de ese malestar permanecí inmutable a la espera de su penetración, a pesar de conocer el tamaño de su aparato, y habiéndolo practicado pocas veces con algo de menor calibre, me prepare a esta intromisión.

    Su glande se oprimía contra mi orificio con la finalidad de enterrarlo, mi esfínter parecía dilatarse, ante esa propuesta, exhale un grito de dolencia, se detuvo, para continuar después de un rato. Inmediatamente percibí su punta enterrarse algo más rápido, tomándome de la cintura, empujo, sintiendo un fuerte malestar nuevamente, al que trate de no anunciarlo.

    Lo sentí entrar dolorosamente centímetro a centímetro, usurpando poco a poco la intimidad de mi recto. Supongo que cada vez más irritado por ese aparato penetrador, hasta que el orificio parecía latir, tolerando mejor la incursión. Sentía las pulsaciones de su miembro a través de la membrana de mi recto, sus manos apretaban mis senos, hasta que después de un fuerte empellón su pelvis se pegó a mis glúteos, quedándose estático, como demostrando su predominio sobre mi cuerpo.

    Al fin terminó de entrar y la cabeza se alojó profundamente, dejando sus genitales pegados a mi ano, anunciando que la totalidad se cobijaban en mi recto. Mis gritos y gemidos parecía que lo provocaba, porque sus empellones comenzaron a acentuarse, para detenerse y disfrutar al verme ensartada, mientras mi agitación se pronunciaba, disfrutando a su falo en mí recto, metido hasta mis entrañas, dando la sensación de partirme.

    Mi conducto parecía haberse dilatado bastante, al punto que lo sacaba íntegramente para introducirlo en toda su dimensión, en ese ínterin vi una pareja algo alejada de nosotros, lo que me produjo una cierta morbosidad, saber que nos estaban observando, algo que me altero bastante, donde mi desnudes como mi embarazo se hacían evidente desde esa distancia. Llegue a la conclusión que ser observada en esos momentos, me excitaban, era extraño, pero esa morbosidad me alteraba muchísimo…

    Dejé que Gino me siguiese fornicando analmente, estrechando mi ano, para aprisionar su verga, hasta que súbitamente empezaba nuevamente su impetuoso bombeo, fue fabuloso, lo hacía de una manera algo feroz, al punto de hacerme sentir una prostituta. No era como otra veces, era algo irracional, como si en ese contacto anal estuviese descargando su voracidad, en parte me asusto pero a su vez me activaba esa comunión anti natura, donde cada intromisión me hacía elevar mi cabeza.

    El dolor y el goce se mezclaban, haciendo ese contacto en algo impresionante, hasta percatarme que mis pechos goteaban algo de mí leche Era todo tan voluptuoso, que si bien mi actitud era pasiva, recibía constantemente el ímpetu de su dinamismo, manteniendo mi cuerpo en un estremecimiento continuo. Duró bastante disfrutando de mi conducto, hasta que sentí como su esperma evacuaba en mi maltratado recto.

    Gino disfrutaba viendo como evacuaba su semen de mí cauce, a la vez que me besaba asiduamente. Después de esa amena copulación, me dieron ganas de orinar, le comente que me pasaba, que buscaría un lugar más privado.

    “Hazlo acá, quiero verte como lo haces

    “Pero, nunca lo he hecho delante de nadie, me da cosa”

    “Vamos, muéstrame”

    No sé porque, pero me coloque en cuclillas, como desafiando su proposición, comenzando a evacuar libremente mis aguas, a lo que Gino no perdió detalle de lo que estaba haciendo, hasta se le irguió su verga, que si bien me sentí algo abrumada, algo que nunca hice delante de alguien, solo cuando chica ante mi madre, me producía una sensación de exaltación, un morboso placer, al sentirme observada en una de mis intimidades, mientras mis líquidos iban abriendo un curso sobre la arena.

    Descanse un rato, hasta que comenzó a anochecer, no entiendo que me sucedía, pero no le daba importancia a los posibles reproches de mi esposo, pero no dejaba de subyugarme la adrenalina que me producía en esos momentos que practicábamos sexo. Cuando estábamos cargando las cosas, comencé a vestirme, pero me dice:

    “Ponte la bata solamente”

    “Pero no voy a aparecer así, con solo la bata”

    “Por supuesto que no”

    Obedecí sumisamente, me puse la bata, puse la ropa en el asiento trasero, subí al auto, y cuando llegamos a ese paraje de la vez anterior, paró a un costado del camino, me hizo bajar y quitar la bata, solo moví la cabeza, como entendiendo el motivo. Se bajó los bermudas, me arrodillé, iniciando un felatio en medio de ese inhóspito camino, cuando vi unas luces a lo lejos, trate de disuadirlo, pero me dijo que continuase.

    A medida que el vehículo se acercaba, mi adrenalina aumentaba, traté de acelerar el acto, pero Gino, acariciando mi cabeza, me dice, tranquila, sigue.

    Continúe, con mi mamada, pero al notar esas luces más cercanas, mi excitación se acrecentaba, y un sudor bañaba mi cuerpo, al punto de que comencé a tocarme, al notar que el vehículo disminuía la velocidad mi libido aumentaba, introduje la totalidad de su falo en la boca, mientras que con la punta de la lengua friccionaba la extremidad de su tronco, clavando mis dedos en sus glúteos. El auto disminuía su velocidad, sin duda para observar el espectáculo, cuando la verga de Gino descargó su leche en mi boca, quitando mi mano de sus nalgas, para masturbarme de una manera precipitada, sintiendo como mi cuerpo se convulsionaba. En segundos me levanté notando que las luces del auto me alumbraban, al notar mi preñez y parte de la esperma que afloraba de mi boca, pareció dar fin al entretenimiento, acelerando, perdiéndose a la distancia.

    No sé qué me sucedía pero estaba satisfecha por lo sucedido, estaba feliz con Gino y todas esas locuras que experimentamos, lamentablemente regresábamos a la realidad. A pocas cuadras de la casa me coloque sola la remera, y los shorts.

    Cuando llegamos a la casa, mi esposo estaba preocupado por la tardanza, le dije que Gino no podía hacer arrancar el auto que gracias a uno que pasó, pudimos llegar.

    Al entrar a la casa había 3 amigos de mi esposo, que esperaban para cenar, al verme con esa remera que marcaba perfectamente mis pezones, mi panza al aire en esos cortos shorts, esas miradas lascivas me devoraban, me sentí totalmente abochornada, peor que cuando tuvimos sexo con Gino en esa playa, o lo reciente en la ruta, solo atiné a correr a la habitación y después ir a bañarme.

    Cenamos con sus amigos, aunque sus miradas persistían, después de comer, apenas hubo una sobremesa por suerte, que como final de estas vacaciones mi esposo se fue al bar con sus amigos, con la promesa que regresaría temprano dado que nos íbamos al día siguiente.

    Gino me propuso, ir a su cuarto, como despedida, le dije que no, ya habíamos tenido un día bastante intenso, mientras que con el dorso de su mano rozaba mi pezón derecho, insistiendo en que fuese, que a pesar de desearlo, me negué.

    Me fui a preparar las valijas y me acosté, no podía dormirme, cerca de la una de la mañana llegó mi esposo, mejor dicho lo trajeron porque ni se mantenía en pie, apenas se tiró en la cama se quedó dormido.

    Traté de conciliar el sueño, pero me era imposible, me levante, fui al baño, al pasar por la cocina estaba Gino, desnudo esperándome, moví la cabeza como en ademan de “era de esperar” y como un imán, me acerque a abrazarlo, nos besamos, tocándonos como si hiciese tiempo que no lo hacíamos.

    Me giró elevando mi camisón metiendo las manos para apretar mis senos, jugueteando con ellos, tirando de mis pezones, apoyando su falo erecto entre mis glúteos, cuando empezó a fluir mi adrenalina, cuando comienza a bajar mis bragas,

    Su mano jugueteo con mis aberturas repetidas veces, hasta lograr humedecer mi sexo, apoyando su miembro entre mis nalgas, a la vez que me susurra:

    “Me encanta penetrar nuevamente ese hermoso culito, la forma que te pones, sentir como se dilata al metértela y sacar, esos gemidos de mujer caliente.”

    No solo me sorprendieron sus palabras, sino que se elevó mi excitación, cuando me quita el camisón, me hace separar mis piernas, recorriendo con su miembro mi raya hasta depositarlo en mi abertura anal, besando mi cuello, tratando de llevarme a un estado de total exaltación.

    Hizo flexionar mi cuerpo sobre la mesa, comenzando a besar mi espalda bajando suavemente, mientras sus dedos oprimían mi recto, besando mis glúteos, una y otra vez separándolos, desplazando mis bragas, hasta dejar al descubierto mi ano, y comenzar a besarlo pasando su lengua sobre su borde, incrustándola en mi cavidad.

    No tardé en entregarme a ese alterador acoso, gimiendo como gata en celo, en el momento que baja mi prenda, Su lengua me producía un sin número de estimulaciones, erizando mis pezones, alterando mis pulsaciones, humedeciendo mi sexo, irguiendo mi clítoris, con desesperación al pensar en ser nuevamente penetrada analmente.

    Clamando cada vez más, aumentando los decibeles de mis gemidos, cuando su dedo lo introdujo entre mis cachetes desplazándolo en mi ano, una y otra vez, como indicándome el paso a seguir.

    Mientras mantenía oprimiendo mi cabeza sobre la mesa, su glande buscaba activamente mi ano, hasta que inició una leve incrustación en mi conducto, bordeando las paredes del mismo, hasta introducirlo totalmente, produciéndome una exclamación de dolor.

    Haciendo caso omiso a mi gemido, continuo hasta que lo oprimió contra mi abertura, forzando a penetrarlo un poco, percibiendo como esa zona tendía a dilatarse

    Lo mantuvo oprimiendo mi esfínter, empujando suavemente hasta sentir su glande abrirse camino por mi conducto anal, notaba que con cierto esfuerzo se iba empotrando por mi desflorado ano.

    Comenzó a efectuarme unos chirlos en mis nalgas, en donde cada vez que los reciba levantaba mi culo, comprobando que se iba introduciendo poco a poco, las palmadas se fueron haciendo más fuerte, comprobado que entre mi calentura, el dolor de la penetración y esos chirlos, mi excitación iba en constante aumento.

    Todo se fue intensificando, hasta mis gemidos, cuando comprobé que el miembro de Gino se había hecho dueño de mi interior, sintiendo sus palpitaciones, amoldándose a mi membrana, para luego comenzó a agitarse con entradas y salidas más intensas y rápidas.

    Nuestros cuerpos comenzaron a transpirar, fruto de ese intenso vaivén, mis gemidos eran imposibles de dominar, y las manos a Gino se adherían con fuerza a mi cintura, era algo patético y salvaje, algo que jamás lo habría llegado a suponer.

    Cuando sorpresivamente lo quito, para girarme, elevar mis piernas apoyándolas sobre su pecho, volviendo a introducir su miembro, agitándose de una manera alocada, en donde al introducirlo totalmente parecía regocijarse su rostro. Tomando mi mano para depositarla sobre mi sexo, con el fin de masturbarme, que sin oponerme comencé a tocarme sin dejar de mirarlo a los ojos.

    Varios minutos duró este copulación anal, que a pesar de dolerme, la disfrutaba considerablemente, hasta sentir su fluido regar mi conducto rectal. En menos de 24 h., había experimentado una serie de estímulos sexuales, que jamás los había practicado en mi vida. Sumado a esa adrenalina que producía, sabiendo que a unos metros estaba la tía, y más cerca mi esposo, que a pesar de eso y haber tenido sexo anal en escasas oportunidades, estas dos fueron las mejores.

    Gino me insistió que fuese a su cama, pero le dije que lamentablemente esta seria posiblemente la última vez.

  • Antes del café (Capítulo 4): El hermano y la mejor amiga

    Antes del café (Capítulo 4): El hermano y la mejor amiga

    Versión de Braulio: 

    Estaba consciente de que lo que acababa de suscitarse fue terrible, pero, viendo semejante monumento frente a mí, insinuando pasar un excelente rato, no pude evitar prenderme de nuevo.

    Ingrid se aproximó más a mí, puso un pie sobre el sofá y se agachó de forma que pudiera apreciar sus grandes pechos colgando, viéndose muy atractivos en su traje de secretaria.

    De esa manera, comenzó a bailar eróticamente, flexionando sus rodillas de modo que su entrepierna chocase con la mía una y otra vez suavemente y procurando golpear mi cara con sus pechos. Yo me apuré a extraerlos de su empaque, retirando el bolero y la blusa, dejando el brasier para disfrutar de la vista.

    Ella se dio la vuelta, tomó asiento en mis piernas y con movimientos sexys me restregó su culo. Cabe aclarar que yo seguía con el pantalón puesto. Mi verga de por sí ya estaba bien levantada, así que tomé a Ingrid de su cintura y ayudé a que sintiera mi poderosa presionando su cola.

    Simulando la penetración, pero aún con ropa, Ingrid aceleró sus meneos y yo la impulsaba para que rebotara contra mi pene. Sus gemidos eran de esperarse. Inmediatamente después, ella se puso en pie, me empujó con sus manos para acostarme en el sofá y se colocó sobre mí, piel con piel, creando un 69.

    Mientras ella desabrochaba mi pantalón en busca de mi pene, levanté su falda, bajé su tanguita y me comí su coño a besos y lengüetazos. Ingrid desenfundó mi espada y se la metió toda a la boca varias veces, casi ahogándose. Después de su blowjob, no resistió confesarme su gusto y me hizo saber la hora.

    -Me fascina tu pija, está perfecta, como me gustan. Es momento de follar.

    Entonces ella quitó su trasero de mi cara y lo llevó hacia mi pelvis, dándome la espalda. Tomó mi pene, golpeó con él su clítoris repetidamente, lo frotó con sus labios vaginales y, finalmente, metió mi glande en su cavidad vaginal.

    Ambos gritamos. Poco a poco, mi verga fue entrando totalmente en su concha. Ingrid disfrutaba el dolor.

    – ¡Ay, ay, ay! ¡Está bien grande! ¡Mmmm!

    Con mi pene en su interior, colocó sus pies sobre el sofá para dar inicio a una serie de leves sentones. Su coño estaba bastante apretadito, o tal vez eso se debía a lo gruesa de mi herramienta.

    Excitado por ver cómo Ingrid se esforzaba por darse duro contra mi ingle, le di cortésmente unas fuertes nalgadas que la prendieron más. Amé los movimientos tan calientes de sus caderas y su rizado cabello ondeándose. Ella se detuvo para quitarse toda la ropa y desnudarme por completo para seguir montándome.

    Cada vez más aumentaba la velocidad y la intensidad con la que se ensartaba mi verga en su coño, mientras frotaba arduamente su clítoris. Manteniéndose constante durante unos minutos logró chorrearse.

    Ingrid gritaba y jadeaba de placer y cansancio, el sudor le escurría por la espalda. Entonces me enderecé y le hablé al oído.

    -Excelente orgasmo, preciosa. Ahora me toca premiarte más.

    Afirmé mis pies en el suelo y la cargué sin dejar de penetrarla por atrás, con sus piernas abiertas. Cuidadosamente, la llevé hacia la piscina de jacuzzi. Estando mis pies dentro del agua, bajé los de ella y así, parados, empecé a cogérmela, impactando mis muslos contra sus glúteos. Ingrid inclinó la espalda y me hizo saber lo fantástico que sentía.

    – ¡Sí, papi! ¡Ay sí, sí, sí! ¡Me encanta tu rica verga en mi coño!

    Le di duro por algunos minutos. Ella se hincó y volvió a chuparme el miembro. El agua le llegaba a los hombros y me excité de forma exorbitante al ver sus ojos mirándome. Colaboré sujetando su cabello y desplazando mi verga hacia adentro y afuera de su boca. Después se levantó, pegó su cuerpo al mío de frente, acarició mi pecho de arriba hacia abajo y me serenó.

    – No vayas tan rápido, corazón. Hay que gozarlo.

    Caminé de reversa pegado a ella, tomé asiento y sumergí un poco mi cabeza. Cuando la saqué del agua, Ingrid se acercó y me besó en la boca al mismo tiempo que adosó su cuerpo al mío y trató de introducirse mi pija.

    Entramos en un momento de relajación, aunque seguía un poco sorprendido de que me haya besado. Ingrid seguía intentando meterse mi pene dando leves brincos y no aguantó el querer averiguar lo que yo estaba sintiendo.

    – ¿Te está gustando, cariño? -preguntó.

    -La que me está gustando eres tú -respondí con un suspiro.

    – ¡Ay, ya se me clavó! -exclamó al encajarse mi herramienta y siguió hablando entre ligeros sentones, gemidos y jadeos-. Papi, solo no inventes cosas que no. No soy más que tu pareja sexual en estos momentos. A menos de que quieras que lo sea de ahora en adelante.

    – ¿Te gustaría que así fuera? -dije a modo de propuesta.

    – ¡Uh, sí! -gimió y aceptó-. Pero no quiero nada amoroso.

    – ¿Y por qué me besaste? -externé mi duda.

    – ¿Acaso no puedo hacerlo? -cuestionó-. Fue para calmar un poco tu energía. Si eso te confunde no lo haré otra vez.

    -Puede que haya sido eso -comenté-, pero si vamos a ser pareja sexual necesito no involucrar mi corazón y verte como un objeto sexual. ¿Eso te gustaría?

    -No necesariamente -contestó-. Yo me estoy enamorando de la forma en que me coges. Esta experiencia está siendo como ninguna para mí desde el primer instante en que pisé esta habitación. No significa que me estoy enamorando de ti. Podemos tenernos toda la confianza del mundo, pero debemos de ponerle límites a nuestros corazones. ¿Comprendes?

    -Sí, pero necesito tu ayuda para esto -insistí.

    -Cuentas con ella -expresó y puso una teta en mi boca para callarme.

    Ese tiempo fue de plena relajación y vibraciones corporales tenues, como cuando se disfruta una taza de café bien caliente, bebiéndolo lentamente. Así era como estábamos follando en esa posición. Después de varios minutos en ese ambiente, dejó mi sable dentro de su cuca y se puso complaciente.

    – ¿Tienes alguna fantasía en particular que quieras realizar? -preguntó.

    -Ya has cumplido varias, hermosa -contesté-. Permíteme cumplir las tuyas.

    -Las mías se están llevando a cabo en este preciso momento -reveló-. Hacerlo con el hermano de una de mis amigas y qué mejor que con el de mi mejor amiga. También coger con un vergón de más de veinte centímetros.

    -Veintidós para ser exactos -presumí.

    – ¿¡Cómo ninguna de tus novias se dio el lujo!? -respondió asombrada-. ¡Qué desperdicio!

    -Pienso lo mismo -enuncié

    -La tienes fenomenal -expresó halagándome-. Aparte aún no te has venido y quiero conseguirlo, pero tú indícame cómo se te apetece que lo haga.

    -De eso me encargo, mami -dije entretanto la tomé de la cintura para zafarle mi pene-. Lo que deseo es tener un recuerdo visual de esta primera vez ¿me lo concederías?

    -Por supuesto, papi -consintió-. Hay que grabar hasta que eyacules, te presto mi teléfono.

    Luego de un chapuzón, Ingrid se puso su falda, fue por su celular, me lo prestó y se sentó en la cama. Entonces, comencé a grabar la escena. Ingrid hizo gestos de antojo al morder sus labios mientras caminaba hacia ella.

    Estando de pie, coloqué mi pene en sus labios, ella lo besó y comenzó a succionarlo demasiado rico, provocando mis gemidos.

    Ella no quitaba la mirada de la cámara, aunque la moviera para captar distintos ángulos. Eso me hizo creer que ya tenía experiencia en la pornografía y, sin duda, sabía que disfrutaría tanto de ver el video una y mil veces.

    Posteriormente, Ingrid se colocó en cuatro. Primero deslicé mi pito por fuera de su faldita, luego alcé su prenda y froté mi miembro entre sus nalgas. Sin esperar más, la dejé ir toda dentro de su pucha.

    La velocidad subió de moderada a rápida. Los aplausos sonaban fuertes, así como sus gritos y gemidos. Tuve que quitarme debido a la incomodidad de sostener el celular. Encontré un buró dónde apoyarlo y volví rápido a penetrarla de perrito, ahora los dos arriba de la cama.

    Quería que el video durara mucho más, pero la posición, la vista de su culo, sus gemidos y sus movimientos para ensartarse mi pija me metieron en apuros. Pronto, le indiqué que me iba a venir. Ingrid se hincó rápidamente y, chupando desenfrenadamente mi pene, se tragó demasiados mililitros de mi leche calientita.

    Después de seguir mamando, Ingrid retiró mi falo de la boca. Amé haber observado cómo le escurría mi leche por la barbilla y más cuando ella, con una sonrisa en su rostro, sacó su lengua para recoger las sobras de sus labios y de mi glande.

    Fue espectacular. Pero no pude evitar disculparme y comenzó una charla muy interesante.

    -Perdona que el video no pudiera durar ni diez minutos -me excusé-. Te movías tan rico y mi placer llegó a su punto máximo con tus ruidos y movimientos. Quería probar más posiciones y hacerte un anal.

    – ¡Tranquilo! -replicó Ingrid-. De hecho, fue suficiente por hoy ¿no crees? Llevamos como tres horas desde que llegué con Azucena.

    -Sí, pero quisiera haberte mostrado más -contesté.

    – Ya habrá otra ocasión. Además, ¡eres excelente a la hora de follar! -juzgó ella-. Tu defecto es que dices muchos peros. Puedo ayudarte a cambiar muchas cosas para que te conviertas en un hombre con una personalidad sexualmente atractiva. Después no seré solo yo, sino varias parejas sexuales las que tendrás, sin recurrir a contratar sexoservidoras.

    -Encantado de recibir tu apoyo, Ingrid -agradecí-. Te ofrezco una ducha juntos en la regadera ¿gustas?

    – ¡Así me gusta! -exclamó-. Estás iniciando muy bien.

    -Tengo mucha curiosidad por saber de ti -le declaré mientras caminábamos hacia el baño.

    -Adelante, interrógame -consintió.

    – ¿Por qué decidiste trabajar de escort? -pregunté.

    -Aunque no lo creas, también es mi primera vez -respondió mientras se quitaba la falda-. Soy adicta al sexo y cada vez busco nuevas experiencias. Aparte, soy amante del dinero, aunque eso no significa que sea descortés.

    – Espera, ¿qué no trabajabas con mi hermana? -volví a cuestionar.

    -Sigo con ella en la empresa, pero soy ambiciosa en todos los sentidos -contestó.

    -Sí se nota -dije admirado y continué con la entrevista después de abrir la llave del agua caliente-. Háblame de ti. Mi hermana apenas me hace saber de tu existencia.

    -Pues tengo veintiocho años, soy queretana -comenzó a presentarse mientras se duchaba conmigo-, licenciada en derecho, maestra en derecho laboral, independizada desde los dieciocho, desvirgada desde los catorce, soltera, sin hijos. ¿Algo que me falte?

    – ¡Qué interesante! Y ¿qué te trajo a Puerto Vallarta? -pregunté.

    -La calentura -inició su anécdota mientras se atrevió a enjabonarme-. A mis veintidós años, recién egresada, trabajé en un buffet de abogados. Uno de ellos me coqueteó, cogimos y me ofreció vivir en su casa que tenía aquí. Acepté con la condición de que me recomendara laboralmente. Fue generoso conmigo, pero eso sí, era su esclava sexual cada que venía a visitarme, ya que tenía esposa e hijos en Querétaro. Luego generé ingresos, pagué mi maestría y hace tres años le compré su casa. Eso significó el fin de nuestra relación de amantes para él.

    – ¡Impresionante! -admití-. Desearía seguir tus pasos, pero no creo que exista una mujer realizada que busque aventuras sexuales con un joven.

    – ¿Y yo estoy pintada o qué? -presumió-. Ya te dije que no pongas peros, querido. Con esa herramientota y tu creatividad puedes tener a tus pies a las que quieras. Maduras, extranjeras, modelos, actrices porno, celebridades. Solo date a conocer con mucha seguridad.

    -Tendrás que ayudarme mucho -reiteré en lo que Ingrid cerró la llave del agua. Luego de secarnos, fuimos hacia la cama para vestirnos. Destapé la botella de champagne, bebimos un poco y continué con la plática-. Ahora dime, ¿quién era Itzel y quién Andrea?

    – ¡Jaja! ¿No es obvio por las iniciales? -dijo Ingrid en medio de risas.

    -Lo supuse, jaja -contesté riendo-. Y ¿quién fue la de la idea?

    -Si conoces bien a tu hermana sabrás la respuesta -trató de darme la pista.

    – ¿Te digo algo? Ya la desconozco -me sinceré-. Seguro te contó todo. Hoy conocí su lado pervertido. No sabía que era así y ¡mira! Coincidimos sin quererlo, le hice un oral, ella me lo hizo a mí y por poco la penetraba sin saber quiénes éramos.

    – ¿Y a ti te hubiera gustado follarla? -cuestionó de manera insinuante-. Yo guardo muy bien los secretos de los demás.

    -Siéndote honesto, me hubiera encantado -reconocí-. Desde la mañana, cuando la descubrí en fachas de colegiala, se me antojó tener un polvo con ella. Ahora es mi fetiche.

    – ¡Eso sí que es extraordinario! -dijo asombrada mientras tomaba su bolso-. Respondiendo a tu pregunta, yo fui la de la idea. Tu hermana no tiene iniciativa y eso sí debes conocerlo de ella. Mira, por ahora, permite que ella medite en lo que pasó, deja que se tome su tiempo y después, le propones coger. Yo te ayudaré, lindo. ¿Dónde está mi teléfono? Tengo que retirarme.

    -Gracias. ¡Cierto! Se quedó donde lo coloqué -fui por su celular, que seguía filmando y detuve la grabación-. Cuando puedas me envías el video, reina.

    Le entregué su celular junto con unos billetes por su agradable atención. Ella los aceptó contenta y se retiró del hotel. Minutos después, siendo las 5 de la tarde, tomé mi mochila y procedí a abandonar el hotel.

    Llegué a las 6 a casa y desde ese momento, Azucena no quitó los ojos de mí y me apenaba, pues parecían ojos acusadores, así que esquivé sus miradas. Después de comer, me encerré en mi recámara.

    Al día siguiente, mi hermana y yo coincidimos en la cocina a temprana hora, pero decidí mejor no tomar el café y salí hacia la universidad con tal de evitar que se incomodara con mi presencia.

    Versión de Azucena:

    Me encontraba en la cama de mi cuarto, sollozando, pero sin que llegaran a aparecer las lágrimas. Mi voz sonaba quebrada al hablar conmigo misma. No obstante, no se debía a tristeza, o como dije, al sentimiento de culpa o suciedad, sino que era por coraje. Sin dejar pasar más tiempo, comencé a autocriticarme.

    – ¡Eres una estúpida, Azucena! ¿No dijiste que si tu hermano era capaz de hacerte sentir increíble se lo permitirías? ¿Acaso no te produjo un orgasmo? ¿Por qué te comportaste así? ¿Por qué?

    Mis lamentos se basaban en múltiples repeticiones de la pregunta “¿por qué?”. Creía que lo hice porque estaba muy enojada con él o porque no era el lugar ni el momento adecuados. Sin embargo, eran mentiras. La verdad es que, inconscientemente, hice lo que cualquier hermana común y corriente hubiera hecho en esa situación.

    Instantes después, eché a un lado la ira y comencé a recordar los momentos previos, sus manos erizando mis vellos, sus revoltosos labios y su pícara lengua, su trozo de carne gigante poniéndome la piel de gallina y sus movimientos quemándome viva. Tan rápido como pude introduje mi mano bajo mi falda y comencé a tocarme. La tanga no era ningún estorbo, era como hilo. Mis gemidos lo declaraban todo.

    – ¡Ay, Braulio! ¡Sigue así, hermanito! ¡Me encanta tu grandísima verga! ¡Métela toda!

    Me estaba masturbando intensamente para obtener un orgasmo, sin embargo, se me ocurrió una mejor idea.

    -No te apresures. Hazlo despacio. Espero que dentro de no muy poco entre Braulio a la casa y me encuentre así para incitarlo.

    Transcurrieron las horas y lo único que obtuve fue cansancio. Me preguntaba si mi hermano habrá llamado a otra prostituta, sin haberse preocupado por mí. Mis padres estaban por llegar, así que me puse ropa cómoda y guardé el atuendo de secretaria.

    Siendo las 5, el ruido de unas llaves abriendo el cerrojo de la puerta principal me levantó enseguida. Pero me desilusioné al ver que eran mis padres. Creí que realmente a mi hermano no le importé, o simplemente comenzó a sentir desprecio por mí.

    Me senté con ellos a la mesa para comer y me preguntaron cómo me fue en el trabajo, les mentí diciéndoles que me fue muy bien. Daba a notar mi desánimo, pero por obvias razones, no les comentaría el motivo, mi excusa fue un dolor de cabeza.

    El reloj marcó las 6 y mi hermano entró por la puerta mientras seguía comiendo con mis papás. Braulio se sentó a comer. Yo no dejaba de mirarlo escondidamente, pero él evadió todos mis vistazos. Terminando la comida, se encerró en su cuarto y me quitó la oportunidad de espiarlo. Ineludiblemente, se había convertido en mi parafilia.

    Me desperté a las 7 como siempre y estaba impaciente por encontrarme sola con mi hermano, pero antes de tomar el café, él se retiró.

    Así fue como eludimos el tema durante un año.

    CONTINUARÁ…