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  • El amigo de mi primo (Parte 2)

    El amigo de mi primo (Parte 2)

    Luego de mi aventura con Claudio, en el relato anterior terminé de ducharme y cambiarme, llegó Raúl mi primo que había salido un rato, compró algunas cosas para el almuerzo, y mientras degustamos los ricos manjares que trajo, hablamos de todos un poco, de cómo venían ellos con los exámenes en la facultad, Claudio no me miraba, solo comía, en eso mi primo dice, esta noche voy a salir con mis compañeros de la facu, así que no me esperen en la cena, ya con las materias vengo muy bien y calculo que la semana que viene estaremos volviendo a mi casa en el pueblo, me dirijo a Claudio que no decía ni una palabra, y dice no yo no salgo, tengo un examen el Lunes, vengo más o menos en las materias, tampoco tan mal, y si la semana que viene si tal vez esté en condiciones de volver al pueblo también.

    Yo digo, oye Claudio porque no sales esta noche así te distraes un poco, te va a venir bien, con lo que me responde, mejor no, prefiero adelantar con el estudio; y tomándolo por el brazo, okey vamos a comer una rica picada, tu y yo solos, le digo riéndome, a lo que Claudio quedó paralizado, y calculo pensando que se masturbo delante mío, tal vez pensando en algo más, y la cara de paralizado que puso, me dio mucha risa. La tarde del sábado paso tranquila los dos en sus estudios, hasta que mi primo me pidió permiso para irse a duchar temprano ya que iba a salir, “si anda, oye cuídate no hagas problemas y cuida con lo que tomas”, Raúl en tono de burla me dice “si mamá”, y le respondo, “oye estas en mi casa y si entras en problemas, tendré que responder, y tu madre que está en el pueblo ya sabes cómo se pondrá”, si prima no te preocupes, estará todo bien me responde.

    Luego que mi primo se terminó de duchar y cambiar, preparo un café y le llevo una taza a Claudio a su dormitorio, le pregunta cómo anda todo, y me dice que bien, le digo tomo el café y me voy a dar una ducha y si quieres luego preparamos algo para cenar te parece, sin insinuarle nada, si me responde Claudio; luego del rico café, me dispongo a ir al baño a darme una ducha, me preparo una tanga pues ya había pensado que le daría otra lección a Claudio, así que tome un vestido con breteles finos y abierto con botones adelante, sin sostén, en la ducha procedí a depilarme toda, de solo pensar me estaba mojando, así que no pude dejar de tocarme e introducir mis dedos en mi conchita. Me vestí y salí, por cierto deje un botón de la parte de mi pecho sin abrochar, y los dos últimos de parte baja, pase por el cuarto de Claudio, y de solo verme se puso colorado, “vamos a preparar algo para la cena”, y me responde si no hay problema, así luego vuelvo a estudiar, y tomándolo del brazo le digo ven, no te preocupes por el estudio, hoy es sábado y le rozo mis tetas con su brazo. Vamos a pasar una bella noche, vas a ver.

    Preparamos la cena, una picadita y unas cervezas, Claudio me miraba y para sondear le pregunto ¿te gusta el vestido?, si me responde, no dejas de quitar la mirada, si es muy lindo vestido; dirigiéndome a él le digo anda, pone alguna película en la tv, así que sentándose en el sillón, se entretuvo con el control, con la botella de cerveza que había quedado me dirigí al sillón y me senté a su lado, le ofrecí un trago y me pidió un vaso, le respondí, no nada de vasos mira, y tomando del pico me tomo un sorbo, con lo cual le extiendo la botella y toma un trago también, me siento a su lado y apoyo mi cabeza en su hombro, reconozco que Claudio se sorprendió, tomo su mano y la coloco sobre mi hombro, sus manos transpiran, y hablo suave al oído, “así debes tratar a la mujeres”, y se me queda mirando, me acerco y lo beso en la boca, el vestido se levantó y dejo mi pierna al descubierto, la película paso a segundo plano, lo atraigo hacia mí, tomándolo por la nuca mientras me recuesto sobre el respaldo del sillón y lo sigo besando, le susurro, abre tu boca, y en ese instante le introduzco la lengua, cosa que repitió también, le tome la otra mano e hice que la lleve a mi muslo, y le pedí acaríciame, y nos seguimos besando, acaricie su miembro por encima del pantalón y estaba que explotaba, despacio le fui aflojando el cinturón y bajando el cierre, y lo acaricie por encima de su slip, le susurre “te gusta”, y en un suspiro me dijo “si”, paramos de besarnos y mientras desabrochaba mi vestido le dije “anda, bájate el pantalón” sin dejar de mirarme mientras me quitaba el vestido, allí pudo ver que no tenia puesto sostén, me recosté en el sillón y le dije ven, lleve su cabeza a mis senos, los cuales mamo toco y acaricio sin dejar de chuparlos y besarlos, termino de desnudar a Claudio, y se recuesta sobre el sillón, me quito la tanga mi única prenda y acaricio su miembro que esta duro como piedra, lo recorro con la lengua de abajo hacia arriba, beso su glande y me lo devoró, sus ronquidos de placer invaden mis oídos, mientras mamo su pene lo masturbo un poco, y monto sobre él, rozo y siento su pene acariciar mi clítoris, hasta que lo tomo y lo llevo dentro de mi vagina, estamos frente a frente yo sobre él, y apoyo sus manos sobre mis pechos, y comienzo a moverme subo y bajo sintiéndolo profundamente, jadeo de pasión, y tengo mi orgasmo placentero al rato Claudio descarga su rica leche dentro de mí.

    Volvimos a coger nuevamente hasta que al terminar, me agradeció por lo que le enseñe, le dije que fuera a su dormitorio, ordene todo para que Raúl no se dé cuenta de lo que había pasado; pasaron los día y llego el momento que los chicos se fueran, sus exámenes terminaron de maravillas, Claudio me agradeció muchísimo lo que hice por él, ayudo a soltarse y que sus nervios ante una mujer no lo traicionen más.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Primera vez

    Primera vez

    Tenía 18 años, tenía algunos años sin ver a mi primo, mayor 3 años y compartimos los mismos deseos de explorar un nuevo mundo la sexualidad.

    Nunca me gustó ir de paseo con mi familia ya que es muy numerosa y tienen que alquilar un bus completo, pero ese verano fue diferente mi primo Joselito iba en el paseo, él era del norte del país, alto chele e iba al gym por lo que su cuerpo estaba muy bien formado.

    Todos nos montamos al bus y empezaron las pláticas y yo que me senté atrás podía ver a mi Joselito alto y algo callado en el primer asiento casi copiloto ya que su papa conducía.

    Desde el espejo retrovisor nos veíamos a los ojos de vez en cuando, de pequeños era el niño que me molestaba demasiado me llenaba de arena, mojaba con agua mis muñecas o tomaba un cangrejo y me lo ponía en el pelo por lo que no nos llevamos bien.

    Ese año fue distinto se veía más maduro e interesante, bastante serio e interesado en que el viaje sea lo más placentero para toda la familia.

    Al llegar a la playa todos se organizaban en hacer las casas de campaña, poner el fuego, barrer regar yo ordenada la cocina y él se apareció por atrás de mí ya se había quitado la camisa por lo que podía ver su abdomen muy bien marcado, y sus brazos fuertes y varoniles a pesar que era delgado sus brazos era como el grosor de mis piernas.

    Me dijo si necesitaba ayuda y yo al verlo tan guapo y tan cerca me sonrojé y le dije que no que tenía todo controlado con una vocecita toda chillona, mmmm me sentía trágame tierra porque me atraía así.

    En esos momentos yo era virgen solo había tenido novios de manita sudada y mi actual novio mis padres no permitieron que viajara con nosotros ya que mi papá era un hombre muy conservador.

    Se hizo el almuerzo y todos felices a las 2 pm los niños y mis tías me dijeron vamos a bañarnos entonces me aliste para zambullirme en el agua, me puse un short y debajo un pequeño biquini bastante revelador y que no podía usar por respeto a mis tíos y papá, arriba un traje de baño color negro y muy bonito pero sobre este una camisa verde para cubrir mis pechos que eran un poco grandes.

    Así me bañé en el mar por unas 2 horas jugamos, nadamos y todo muy felices, yo salí a secarme un poco y me senté en la arena, a los 5 minutos llegó mi primo y se sentó a mi lado, me empezó a sacar platica y fue muy amable como si fuéramos los mejores amigos

    Dieron las 5 de la tarde y ya me llevaba bien con el me conto de que ya trabajaba y que ganaba bastante, que era soltero y que tenía un apartamento en Managua la capital, yo era de Masaya y estudiaba en Managua por lo que podía visitarlo cuando él quisiera.

    En el camino hacia nuestro campamento había un motel con restaurante y café, entonces me invito a tomar un café, al entra al café nos dimos cuenta que no habían mesas libres por lo que el pidió una habitación para así echarnos agua y quitarnos la arena del cuerpo compramos unos chocolates calientes y entramos a la habitación todo era muy bonito la cama era grande y tenía un televisor con cable nunca había entrado a un Motel no era como me lo imaginaba.

    Él se dispuso a bañarse primero, yo lo espere sentada en la cama, al salir el solo llevaba la toalla, yo entre y abrí la regadera así estuve unos 5 minutos con agua caliente pero de repente me di cuenta que había dejado la puerta abierta del baño y Joselito aprovecho para entrar y desnudo se metió conmigo a la regadera.

    Yo me sentía nerviosa grite y le reclame que hacía, y el tomo mi mano y me hizo tocar su pecho, duro y húmedo por el agua que caía y con los ojos muy abierto pude ver su cuerpo magnifico, esos brazos tan fuertes su abdomen plano y bien formado como su fuera un adonis o un dios griego.

    El con sus manos me tomo del cuello acomodo mi cabello y me bezo su cuerpo se juntó al mío, de reojo podía ver su pene cada vez más duro y con una curva hacia arriba.

    Ya casi eran las 6 de la tarde me preocupara que mi familia se diera cuenta, a él no le importo siguió besándome por varios minutos mientras con sus manos toqueteaba mis pechos, mi cintura y mi espalda, luego se separó me tomo de la mano y me llevo a la cama del cuarto me acostó y me siguió besando, yo me deje llevar y por instinto abrí las piernas a lo que el acerco su pene duro como mármol, balbucee soy virgen y eso lo encendió más.

    Guio su pene por abajo y lentamente empezó a penetrarme, yo sentía la presión pero estaba muy húmeda y caliente por lo que al primer empujón entro toda de una, sentía como si me había partido en 2, cuando ya estaba adentro empezó a moverse lentamente y yo me sentía sonrojaba lo que empezó con un pequeño malestar y dolor lo estaba disfrutando se sentía tan bien sus movimientos, sus brazos tomando los míos , sus labios en mi cuello besándome toda, mis pechos duros por el frio del aire acondicionado del cuarto,

    Ya habiéndome acostumbrado empezó a meterla más al fondo oh, yo gemía con cada centímetro que entraba ufff mi mente volaba ante estas nuevas sensaciones que me marcarían de por vida , hasta que llego toda hasta el fondo se movía mucho sacándola toda y volviendo a entrar yo sentía contracciones cada vez más fuertes no sabía que era pero mi pelvis se movía sola al ritmo que Josué ponía, primero lo hacía lento luego subía la intensidad el intenso placer que me daba se elevaba cuando se movía rápido y decaía al bajar el ritmo y velocidad y volvía a empezar cuando empezaba a moverse.

    Definitivamente era la sensación más placentera que había tenido en la vida, hasta que el empezó a subir el ritmo con mayor intensidad hasta que acabo podía sentir lo caliente que era el semen dentro de mí me sentía en el cielo mientras daba sus últimos movimientos hasta que salió definitivamente, podía ver un pequeño rastro de sangre en su pene flácido mientras yo me acomodaba en su pecho él se acostó a mi lado y me abrazo y beso por unos momentos estábamos en el cielo, hasta que un pensamiento llego a nuestras mentes,

    No habíamos usado condón y yo no usaba anticonceptivos… Pero esa será historia para otro día.

    Continuará…

  • La casada mal follada y el enmascarado

    La casada mal follada y el enmascarado

    Después de desayunar y hacer las tareas en su casa, Gracia, una joven de 29 años, fue a tender la ropa a la terraza de su casa, una casa de tres pisos. El sol pegaba fuerte. Llevaba puestas unas gafas de sol con monturas azules para proteger sus ojos de él. Soplaba una ligera brisa que hacía que su vestido blanco se pegase a su cuerpo y se marcasen en él sus nalgas y sus piernas. Giró la cabeza, miró para el monte y vio a un enmascarado sentado con la espalda apoyada a un pino. Era moreno.

    Desde la distancia no podía apreciar el color de sus ojos ni si era guapo o feo, lo que podía ver es que era delgado y vestía unos vaqueros y una camiseta blanca en la que tenía algo así como un pequeño logotipo que tampoco podía distinguir. Ponía una pinza sobre el tendal para sujetar una sábana azul cuando volvió a girar la cabeza. Vio al enmascarado mirando para ella y tocándose el paquete. Se puso detrás de la sábana para verlo cómodamente mientras tendía la ropa.

    El enmascarado mirando para ella sacó la polla empalmada y comenzó a pelarla muy lentamente. Gracia, sin quitarle la vista de encima, tendía la ropa a la velocidad que la tendería una tortuga si se pudiese poner de pie y tuviese manos… La polla, desde la terraza, parecía normalita, luego se fijó y vio que, o el enmascarado tenía la mano enana, o tenía un pollón.

    Gracia, que se mataba a pajas porque era una mal follada, al meter la mano dentro de las bragas sintió un morbo tremendo, tal fue el morbo, que apartó la sábana para que el enmascarado viese su vestido levantado y donde tenía la mano, después se volvió a poner detrás de la sábana. Vio cómo el enmascarado se la pelaba más aprisa. Si lo tuviera allí le haría una mamada que lo dejaría con las piernas temblando y después lo follaría hasta dejarlo con los ojos en blanco.

    Mirando cómo se pajeaba el enmascarado y mientras dos de sus dedos frotaban el clítoris y entraban y salían de ella se le fue encharcando el coño. Deseaba aquella polla dentro. Se mordía el labio inferior, se tocaba las tetas, se metía un dedo en el culo…, se hizo de todo. Era su primera paja en público y su sexo lubricó una cosa mala… Sus dedos ya chapoteaban dentro del coño cuando se vino. Se corrió con tanta fuerza que tuvo que morder una sábana para no gritar. El enmascarado la vio y se corrió con ella.

    Acabara de correrse y vio una lagartija que parecía que también la miraba a ella. Salió corriendo sin acabar de tender la ropa, Gracia corrió hacia la casa y la lagartija, más asustada que ella, corrió en dirección contraria.

    A la hora de tomar la siesta, Gracia, antes de meterse en cama, se puso una camisa blanca por encima de sus bragas negras y de su sujetador a juego. Con sus pies sobre las frías baldosas de granito del piso se hizo una autofoto con su celular para mandársela a su marido al trabajo e ir calentado la cena.

    En la puerta de la habitación apareció el enmascarado, tendría unos 20, 21 o 22 años, era moreno, guapo, fuerte, muy alto, de ojos marrones, vestía el mismo pantalón vaquero, calzaba unas zapatillas de deporte blancas, y lo que le pareciera un pequeño logotipo en la camiseta blanca era el escudo del Real Madrid. Supo al momento quien era. El antifaz que llevaba no le valía de nada, cómo no le valdría a Antonio Banderas en el Zorro con la Z Jones si no fuera una película.

    Se quedaron mirando sin decir nada. El enmascarado se quitó la camiseta. Gracia vio su tableta. Contó las piezas que tenía debajo de sus impresionantes pectorales, y luego vio saliendo de debajo del cinto y tapando su ombligo el glande de una polla gorda. El enmascarado, que olía a varón dandy, se acercó a ella y quitándole el sujetador negro le dio un pico. Ya con el sujetador sobre el piso, le pasó la lengua entre los labios de un lado al otro, Gracia, sin pintura, sin carmín en los labios y oliendo a jabón de baño, sacó la punta de su lengua y esta se rozó con la del enmascarado. Echó sus brazos alrededor de su cuello y comenzó un juego de besos con lengua que acabó con la polla del enmascarado echando aguadilla por el meato y con su coño mojado.

    Después de los besos, Gracia, se agachó, le abrió el cinto, le bajo la cremallera, los pantalones y los boxers y vio la polla completa, la polla y los cojones, unos cojones acorde con el tamaño de la polla. Aquella cosa llenaba el coño de la mujer más exigente. La vio tan apetitosa que la chupó cómo un caramelo y la lamió cómo si fuese un helado, luego lamió y chupó los cojones y lo masturbó cómo solo ella sabía hacer, sin prisa, sin pausa y cada cosa a su debido tiempo… Lo masturbaba y lamía sus cojones cuando el enmascarado se comenzó a correr… Al correrse su leche espesa y caliente bajó por la polla abajo, al llegar a sus cojones Gracia la lamió y la tragó. Al acabar de correrse, Gracia se incorporó.

    El enmascarado volvió a besarla con lengua. La echó sobre la cama, se quitó las zapatillas de deporte, los pantalones, los boxers y los calcetines y se quedó en pelota picada. Gracia vio su polla, ahora colgaba, morcillona. El enmascarado le quitó las bragas negras. No había por dónde cogerlas, estaban mojadas por todas las partes, y no era de extrañar, ya que los jugos del coño de Gracia mojaran hasta su ojete y su periné.

    Gracia era una mujer completa, un mujerón. Sus ojos eran oscuros y grandes, su boca tenía unos labios gruesos y sensuales, su nariz era pequeña, sus tetas eran grandes, sus areolas y sus pezones eran marrones grandes y gordos, sus caderas anchas, su cintura poco marcada, su culo redondo y sus piernas fuertes y bien torneadas.

    El enmascarado se dijo a si mismo que la mejor cosa que hiciera en su vida fuera entrar por una ventana de aquella casa.

    Se echó a su lado sobré una sábana azul, que era lo único que cubría la cama. Le acarició el cabello cómo si fuese su enamorado, la besó en la frente en la nariz, le dio un pico en los labios, besó su mentón, y sin tocar sus tetas con las manos, las besó, las lamió y las chupó, luego las cogió con las dos manos, las amasó, las mamó bien mamadas y le mordió con suavidad los pezones. Gracia, con las manos detrás de la nuca y los ojos cerrados gemía cómo una gata en celo… Vio su coño depilado.

    La humedad brillaba sobre él. El enmascarado metió todo el coño en la boca, enterró la lengua en la vagina y acarició con ella su meato. Las manos de Gracia dejaron la nuca. La mano izquierda agarró la almohada y la llevó a su boca y la derecha cogió la cabeza del enmascarado. Su pelvis se movió de abajo a arriba, de arriba a abajo y en segundos le llenó la boca de jugos con una inmensa corrida mientras ahogaba sus gritos de placer en la almohada.

    Cuando dejó de mover la pelvis, el enmascarado sacó su lengua de la vagina, le echó las manos a las tetas. Lamió el coño y después lamió el glande del clítoris, muy suavecito y solo con la punta de la lengua, deteniéndose cada poco para lamer los jugos que salían del coño al tiempo que con sus manos magreaba las tetas y jugaba con sus pezones… Así estuvo hasta que Gracia comenzó a gemir y a mover la pelvis de nuevo. Era obvio que se iba a correr.

    El enmascarado quiso retardar el clímax, dejó de comerle el coño y la besó con sus labios pringados de jugos. Gracia, después del largo beso, le dio la vuelta. Lo besó en la frente, en la nariz, le dio un pico en los labios, besó su mentón, masajeó sus pectorales, le chupó, los pequeños pezones, subió encima de él, cogió la polla, la puso en la entrada y empujó con el culo. Entró, más entró tan apretada que a Gracia se le cerró el ojo del culo de golpe y después le empezó a latir. Apretó las nalgas y antes de que la polla llegase al fondo se corrió cómo una loca, y digo cómo una loca porque sus gemidos de placer, si el enmascarado no le tapa la boca, los oyen todos los vecinos.

    Al acabar de correrse lo siguió follando. La polla entraba y salía del coño perdida de jugos. A Gracia le encantaba sentir como se deslizaba la polla por él. No hacía más que darle placer. El enmascarado le comía las tetas y la nalgueaba. Cuando no lo se las acariciaba o mamaba Gracia cabalgaba con las tetas al viento, unas tetas que iban de atrás a delante y de delante a atrás. El enmascarado, por sus gemidos, sabía cuándo se iba a correr. Esta vez, cuando sintió que se venía, le tapó la boca y la nariz con una mano, le apretó el cuello con la otra y la folló cómo lo haría un perro, a toda mecha. Gracia se corrió como una bendita sintiendo cómo el enmascarado le llenaba el coño de leche.

    Al acabar de correrse la soltó. Gracia respiró hondo. No le dio tiempo a que se le bajara la polla. Comenzó a follarlo a toda hostia, a mil por hora, tan rápido lo folló que en segundos se vino ella, después le puso el coño en la boca y cogiéndole la cabeza y frotando su coño en su cara se la pringó de leche, diciéndole así que si él podía ser un cabrón abusón, ella aún lo podía ser más, pero estaba equivocada, el enmascarado le dio la vuelta y le limpió el coño de leche y jugos a lamida limpia…

    Después siguió follando su vagina con la lengua y lamiendo y chupando labios y clítoris hasta que volvió a sentir los jugos agridulces de su corrida entrar en su boca. Sin dejar que se recuperase del tremendo placer que sintió, la puso a cuatro patas, le jaló el cabello y la folló cómo si su polla fuese una ametralladora…

    Gracia, en nada, se volvió a correr, y se corrió con tanta fuerza que cuando le soltó el cabello se derrumbó sobre la cama. En vez de chillar, cómo era costumbre en ella, se reía sin parar y al reírse su coño se abría y se cerraba apretando la polla y bañándola de jugos. El enmascarado le volvió a llenar el coño de leche.

    Al acabar, vistiéndose, y poniendo voz que no era la suya, le preguntó el enmascarado:

    -¿Puedo volver a este templo del sexo?

    Gracia le contestó:

    -No creo que a tu hermano le gustase mucho, Adán.

    Quique.

  • Fui cornudo y aun no sé qué pasó

    Fui cornudo y aun no sé qué pasó

    Mi relación con Nancy era muy buena, hacíamos el amor a toda hora y donde se pudiera. Una noche platicamos sobre la posibilidad de salir con otras personas algo sin importancia al menos para mí. Ya entrada la madrugada como la mayoría de los jóvenes tuve una erección mientras dormía, pero la sorpresa fue despertar con mi novia arriba de mi cabalgando, gimiendo y súper mojada, me sorprendió esa actitud y me encantaba era una sensación diferente.

    Nancy: déjame salir con otros, solo quiero excitarlos sentirme deseada, ver su pene crecer, que fajen y venir a hacer el amor contigo.

    Yo no podía decir que no estaba calientísima y me tenía a su merced, al terminar de hacer el amor lo platicamos y le di un plazo de una semana para salir con quien quisiera con la condición de que de un faje no pasaría, me daba algo de celos pero el morbo y la el placer que me hizo sentir me orillaron a darle permiso, total eran solo fajes.

    Empezó la semana ella salía rumbo sus prácticas estudiábamos aun la universidad, se arreglaba bastante, se ponía lo más sexy posible y salió a buscar su presa el primer día conoció un joven de la empresa bimbo que le ofreció un aventón, platicaron y se quedaron de ver por la noche en el departamento de Nancy, solo estuvieron un rato juntos, pero no pasó nada y ella estaba molesta, Nancy es chaparrita de 1.55, morena, delgada, de buen cuerpo nalgas paraditas, piernas delgadas y estéticas, senos redondos no muy grandes pero bien formados y una carita hermosa, no lográbamos entender por qué no salía algún pretendiente, así que decidí intervenir me cree un Facebook falso para platicar con ella solo cortejarla y el último día del permiso dejarla plantada, me mandaba fotos sexys muy provocadoras, no sé si yo era muy buen seductor o ella realmente le urgía estar con otra persona.

    El cuarto día de nuestro pacto ella salió al gym además de estudiar era edecán y debía mantener ese lindo cuerpo y esto fue lo que me platico:

    Hoy trabaje con un nuevo instructor es de DF solo estará hasta hoy la verdad es muy guapo y musculoso, y pues estuvo casi todo el tiempo con migo la verdad le coquetee un poco y el cómo descuidadamente tocaba mis nalgas podía sentir su mirada cada que me agachaba y se acercan por un rato a mí para tallar su pene en ellas, lo sentía abultado la verdad me gusto la sensación, después me ofreció un masaje me comento quera experto y me encantaría, fuimos a un cuarto cerro muy bien para que no hubiera interrupciones, me pidió que me desnudara y lo hice solo me quede en tanga y me acostó boca abajo sin ninguna pena total tengo tu permiso, me empezó a masajear todo era normal cuando se acercó a mis nalgas sentí algo diferente las manoseaba muy fuerte empezó a jugar con mi tanga y a rosar con sus dedos mi vagina mis jugos empezaron a salir inclusive m saco unos gemidos, después se puso frente a mi pude ver su verga enorme y dura y eso que aún no se la sacaba, regreso a jugar con mis nalgas, yo estaba tan caliente que las levante un poco como invitándolo a penetrarme, pero solo me dio una nalgada y me dijo listo eso es todo.

    El coraje y la excitación me invadieron fue algo raro y salvaje solo la puse de a perrito la descubrí y la penetre con furia nunca la avía nalgueado hasta ese día la cogí por un rato hasta que me vine en sus nalgas fue tan placentero y ella tenía una carita de placer por la forma tan salvaje que la penetre.

    Parecía que el juego avía terminado ese fin de semana viaje a ver a mis papas y la deje sola, el día domingo me conecte al Facebook falso solo para pedirle disculpas por dejarla plantada y poner fin a todo, nuestra cita era a las 11 y yo me conecte a las 12, pero que gran sorpresa en el ciber donde cree el Facebook falso se avía guardado mi contraseña y un tipo aprovecho y platico con mi novia, al parecer su nombre era Roberto, y encontré lo siguiente:

    Nancy: hola si nos veremos hoy?

    Roberto: mmm mándame una foto para convencerme

    Ella mando una foto de su carita y una blusa muy escotada casi sus senos al iré

    Roberto: están ricos tus pechos te vistes como una puta así eres para todo?

    Nancy: hay que vernos y lo comprobaras

    Roberto: soy casado así que solo te puedo ver en un hotel

    Nancy: mmm eso no lo sabía mándame una foto tuya

    Roberto le mando una foto de él era alto bien parecido delgado ojo claro en fin un galán

    Nancy: estas guapísimo anda quiero conocerte

    Roberto: pero quiero que me esperes como una puta bien sexy

    Nancy: va eso te lo cumplo por la uni hay una gasolinera y aun lado un motel te espero por ahí va, pero iremos al hotel a platicar y si quieres te doy un beso

    Roberto: pero en mi verga y yo chupo tus pechos

    Nancy: vale en media hora te parece

    Roberto: ok

    No podía creer la trataba como una puta y ella aceptaba estaba impactado y además casado, ni si quiera lo conoce, debe ser una broma, de inmediato le marque y solo escuche esto:

    Nancy: discúlpame mi amor de verdad perdóname pero me están cogiéndome riquísimo enserio no creí que pasaría hay que rico esta perdóname pero no puedo deberme.

    Y me colgó…

    Estaba decepcionado e incrédulo después de un par de horas trato de marcarme pero no le conteste estaba furioso, fui a eliminar el face falso pero me volví a sorprender lo abrí y había unas fotos de mi novia, una esperando su hombre con una falda cortísima y su escote caso con los pechos de fuera otras 2 desnuda sonriendo sobre la cama, otra ella penetrada de a perrito, una más sobre su amante con una cara de placer, y las últimas dos y las que más me molestaron porque a mí no me lo así mamándosela y con la cara y los pechos llenos de leche, al final de las fotos decía lo siguiente:

    Perdóname bro estaba abierto tu fase y pues platique con la chava que te verías hoy, y pues es bien puta me la clave, pero hay te dejo las fotos para que veas lo que te perdiste, llegue y me estaba esperando bien sexy entramos al hotel y que se me va encima a besarme y a encuerarme y luego a mamar, luego que se encuera solita y que me pide que me la cogiera que la tratara como mi puta, y no pude decir que no la revolqué por toda la cama la nalgueé, la cacheteé, y pedía más, ya que me iba a venir que me dice que se los diera en la boca y que los traga lo poquito que le escurrió se los unto en las tetas, toda una zorra, es más te ice un favor no te convenía.

    Estuve furioso con ella durante unos días ella me rogo y convenció de regresar algo avía cambiado y esa mala experiencia nos llevó a experimentar otras cosas que más adelante les contare, gracias por llegar hasta el final.

  • Francitrés: Recuerdos de vacaciones

    Francitrés: Recuerdos de vacaciones

    Era a finales de septiembre. El verano aún resiste en esta parte del suroeste, aunque ya se siente la frescura de las tardes de otoño. Camino solo en este bosque que bordea el Océano, mi piel aún llena de sol y mis pulmones llenos del aroma de la savia de pino cuya resina perfuma como incienso la atmósfera. Un sonido de pasos amortiguados por la arena hace que mi cabeza dé vueltas. Allí, a través de un tragaluz natural creado por la vegetación, un joven desnudo, sin pelo en todo su cuerpo y de piel lechosa pasa suavemente, arrastrando una toalla de playa detrás de él. Apenas unos metros y se detiene, pone su toalla en la blanca arena, contra una pequeña duna bañada por la luz del sol. Se acuesta sobre su estómago y se detiene completamente desnudo, sólo con un par de gafas de sol.

    Yo también me paro a contemplar ese cuerpo desnudo, que contrasta con las pieles color miel o jengibre que se encuentran habitualmente en las playas.

    Pasan unos minutos antes de que otro personaje entre en escena, también desnudo, un hombre que debe haber pasado la edad de la jubilación, con la barriga llena de abundosa panza y una corona de pelo gris. Pasa al lado del joven que no se inmuta de su presencia, se da la vuelta y deja su toalla a su lado. El joven levanta la cabeza y comienza a retorcerse lascivamente en su toallón de baño. No hace falta mucho para que el hombre mayor se anime a acariciar la espalda del chico guapo tumbado.

    Mi sentimiento es entonces compartido: una cierta fascinación por el espectáculo que tiene lugar ante mis ojos, y una cierta vergüenza de ver a este chico en manos de un hombre que podría ser su abuelo. Pero la escena continúa, y estoy admirado cuando veo que este contacto no es casi nada sexual, más bien un gran momento de ternura entre un hombre y un pequeño animal confiado. Acaricia suavemente su espalda, sus preciosas y abultadas nalgas blancas, baja hasta sus tobillos y vuelve a subir, y aunque el joven se posiciona hábilmente para mostrarle todas las partes íntimas de su anatomía, los gestos son lentos y sensuales, realmente para dar placer. Además, el viejo no tiene una erección, y el joven está a medio camino.

    El contraste es sorprendente cuando llega un segundo tipo que también está esa etapa de la jubilación, vestido solo con pantalón. Se pone de pie frente al joven, inmediatamente saca su sexo turgente, se enreda mientras intenta desabrocharse el cinturón, se envuelve una cintura imponente y comienza una furiosa sesión de masturbación tan pronto como se baja los pantalones. Pero la pareja continúa como si nada estuviera pasando; el joven ondulando bajo las expertas caricias del hombre mayor, pero sin devolver el favor a su pareja. El recién llegado, sin duda pensando que puede aprovecharse de la ganancia, también comienza a tocar al joven, pero las reacciones no son para nada las mismas. Tocando abruptamente, sin pasión, demasiado enfocado en el sexo y la grieta de las nalgas, el hombre del bosque se excita con sus propios atributos al mismo tiempo. Pero todo lo que obtiene a cambio es el cese de los juegos del dúo y la inmovilización del joven. Comprende rápidamente, se ajusta febrilmente y se va con un paso rápido y frustrado.

    Durante todo este tiempo, permanecí clavado en el mismo lugar, como frente a la pantalla de un cine, mis manos en los bolsillos de mis jeans, la mochila en el hombro. Y es sólo un ligero ruido a mi izquierda lo que me llama la atención. Un hombre de unos cuarenta años, también vestido, ha venido a sentarse silenciosamente a unos diez metros de mí sin que yo lo notase. Con el sexo fuera de los pantalones, mira la escena, puliendo vigorosamente su miembro, ocasionalmente lanzando miradas ansiosas en mi dirección. Sonrío por dentro pero no me estremezco. Sus esfuerzos no duran mucho tiempo y desaparece muy rápidamente, y no sé si ha llegado al orgasmo o si es la incomodidad debida a otro espectador lo que le hace huir tan rápidamente…

    Hay que decir que la zona está cada vez menos desierta, a pesar de que el sol se pone en el horizonte. Uno bajito se nos unió, a mi derecha esta vez, a una distancia igual a la del anterior. Mucho más relajado, una mirada afeitada y suburbana, él también tiene que mirar a la pareja, con las manos en los bolsillos. Y los movimientos visibles de la parte delantera de su jogging me hacen creer que no permanece insensible a la imagen… De vez en cuando, él también me mira, y sin duda puesto en confianza por mi estoicismo, saca su sexo después de unos minutos, y comienza a acariciarse suavemente, al unísono con la pareja que parece vivir en una burbuja. Por primera vez desde mi llegada, siento que mi emoción baja de mi cerebro para crear una tensión creciente en mi slip.

    Una sensación de armonía me invade, entre estos actores al aire libre, entre mi pequeño voyeur sonriendo y masajeando tiernamente el paquete y yo. Pero permanezco allí, con la boca seca, el corazón acelerado, sin atreverme a moverme por temor a que el encanto de este momento se detenga repentinamente. Los últimos rayos de sol calientan mi cuerpo, y disfruto de este mágico momento en el que el tiempo parece haberse congelado. Y me voy como vine, sin mirar atrás, al coche que me llevará a mi vida cotidiana, con estrellas en la cabeza. Lástima para el pequeño que me acompañó en mi viaje, ciertamente me perdí algo, pero hay momentos demasiado mágicos para volver a la tierra de inmediato…

  • Mi exprofesor me enseña algo nuevo

    Mi exprofesor me enseña algo nuevo

    Estaba en la preparatoria cuando lo conocí, él era mi profesor de lógica, tenía 25 años, solo era nueve años mayor que yo y no sé si era por mi percepción adolescente pero encontraba fascinante que él era un tipo muy atento e inteligente, de cierta forma me gustaba pero nunca intente nada con él, solo trataba de ser buena en su clase para después poderle hacer platica y conocer sus intereses.

    Pasaron los años, yo ya tenía 21 años, ese día había una feria del libro y una autora que me gustaba mucho iba a hacer una lectura, llegue temprano y me senté en primera fila, la lectura fue de lo mejor, cuando me dirigí a la salida vi un rostro que me resultó familiar, me acerqué un poco más a él y descubrí que era aquel profesor con el que fantaseaba en mi adolescencia. Me acerqué a él.

    -Profesor Vázquez, que gusto verlo- le dije y lo salude aun un poco lejos de él.

    Volteo con una expresión extraña y al verme me sonrió con sorpresa, me recorrió de pies a cabeza con la mirada, yo había cambiado bastante desde la preparatoria, había crecido varios centímetros, mis senos y mi trasero eran más voluptuosos, ya no usaba braquets y era más confiada, lo único inconfundible de mi era mi largo cabello castaño casi rojizo y mis grandes ojos verdes.

    -¿Giselle, eres tú?- me preguntó sorprendido.

    -Sí, me volví fan de esta escritora desde que nos dejó de tarea leerla en la escuela.- le sonreí coqueta

    Seguimos hablando unos cuantos minutos, noté que él también había cambiado, ya no se veía como un recién egresado de la universidad, ahora parecía un hombre más centrado y maduro, se notaba que había embarnecido porque ya no era tan delgado, incluso parecía un poco fornido y se había dejado crecer un poco la barba. Ahora lo notaba más atractivo que en la escuela.

    -¿le gustaría ir por un café y podríamos seguir platicando?- le dije amablemente

    -No me hables de usted, me siento raro ahora que ya eres toda una mujer, dime Carlos- hizo una pausa y me tomo del hombro.-me encantaría seguir con esta plática pero voy a ver a unos amigos en un bar.

    -Está bien, otro día será- le dije y me di la vuelta

    -Hey, Giselle, ¿por qué no me acompañas? Podríamos seguir ahí nuestra conversación es un lugar tranquilo.

    Voltee y le sonreí, salimos de la feria del libro y tomamos un taxi, seguimos platicando durante el camino y llegamos a un bar bastante íntimo, sus amigos ya estaban en una mesa tomando cerveza y nos unimos al grupo, yo no tenía problema con estar con personas más grandes que yo, de hecho casi todos mis amigos tenían más o menos la edad de Carlos.

    Carlos y yo seguimos platicando, luego de un rato se levantó de la mesa a hacer una llamada.

    -Nunca trae chicas y menos tan guapas- me dijo uno de sus amigos

    Le sonreí y le pregunté si sabía la razón de eso, me dijo que hace unos meses había terminado con su novia con la que tenía planes de casarse. Me pareció un poco triste la situación pero sabía que si hacia las cosas bien, esa noche podría cumplir mi fantasía de adolescente con mi profesor.

    Carlos regresó a la mesa y empecé a coquetearle aún más, chocaba mis rodillas con las suyas, lo tomaba del brazo, me mordía el labio inferior mientras el hablaba, le sonreía y le hablaba muy cerca de su oído, pero parecía no rendir frutos, él seguía como si nada.

    Eran cerca de las dos de la mañana y todos estábamos muy borrachos, el bar estaba por cerrar, así que salimos y pedimos un par de taxis, la mayoría de los amigos de Carlos tenían coche y se fueron antes que nosotros.

    -¿Compartimos taxi?- le dije a Carlos

    -Si claro, así me aseguro que llegues bien a tu casa.

    Subimos al taxi y nos dirigimos hacia el departamento que compartía con un roomie que casi nunca estaba, cuando llegamos le pregunté si quería subir por una cerveza más, él acepto, subimos por las escaleras a mi departamento y estaba vacío. Nos sentamos en el sillón y nos quedamos en silencio tomando, me acerque un poco más él y lo besé, al principio me correspondió el beso pero conforme se volvía más apasionado el trataba de alejarse de mí, termine el besó y me dijo que no se sentía cómodo besándome porque acababa de salir de una relación y no se sentía listo para iniciar algo serio con otra persona, me levante del sillón y le deje en claro que no buscaba algo serio y que solo quería estar con él porque me gustaba desde que me daba clases.

    Se levantó, me tomo de la mano, me besó el cuello y me pidió que lo llevara a mi habitación, camine frente a él y le pedí que me diera un momento para limpiar un poco, mi habitación en realidad no estaba desordenada pero quería cambiarme la ropa interior porque la que traía no era sexy y quería sorprenderlo realmente. Saqué de mi cajón un coordinado de lencería negro de encaje, el brasier era solo de encaje sin copas por lo que se transparentaba un poco el pezón y la parte de abajo era un cachetero que me quedaba un poco justo de la parte de las nalgas, me volví a poner la ropa que traía y abrí la puerta, Carlos estaba recargado en la pared de enfrente esperando con paciencia, lo invité a pasar.

    Recorrió todo el lugar con la mirada y se sentó en la orilla de la cama, me pare enfrente de él y me incline a besarlo, él puso sus manos en mis mejillas y continuo besándome suavemente, aproveche para desabotonarle la camisa y la abrí dejándome ver su ligeramente trabajado torso, le quité la camisa y la lancé al piso, después lo empuje de los hombros para que se recostara, me subí en él y me saque la blusa, alcance a rozar mi pierna con su pene y noté que ya se estaba excitando, le quité el cinturón y me acaricié el pecho y el abdomen con él.

    Carlos solo sonreía con timidez, me quité los jeans ajustados que traía puestos, me acerque a su oído y le dije “puedes tocar lo que quieras”, lentamente postro sus manos en mis nalgas y las apretó pegándome a su miembro, esta vez pude sentir que estaba completamente duro, abrí las piernas y me senté encima de el a la atura de su pelvis, mis nalgas rosaban su pene aun cubierto por el pantalón, me quitó el brasier dejando mis prominentes senos al aire libre, curve la espalda y me deje caer sobre su pecho, dejándole mis senos prácticamente en la cara, bajo sus manos de mi trasero y se abrió el pantalón, después empezó a bajárselo junto con su bóxer, traté de moverme para ayudarlo pero me pidió que me quedara como estaba.

    Se tardó un poco pero libero su pene, que para ese momento estaba tieso, baje un poco más mi cadera e hice unos movimientos para que empezara a chocar su pene con mis nalgas, yo aún traía mi cachetero pero ya se sentía húmedo, cambiamos de posición, ahora yo estaba acostada boca arriba, él se acomodó en medio en mis piernas hincado, pasó sus manos por mis senos y los jalo un poco, después bajó sus manos casi arañándome el abdomen, llego a mi cachetero y me toco la vagina por encime de este, tomo de los lados mi ropa interior y yo levante la pelvis para ayudarle a quitármelos.

    Volvió a acercarse a mi pasó las manos por mis piernas y me las doblo, yo empecé a abrirlas sin quitarle los ojos de encima, su mirada había cambiado de ser dulce e inocente a una mirada llena de lujuria, me puso su glande en la entrada de la vagina y metió su pene un poco, con su dedo pulgar empezó a masajear mi clítoris, yo empezaba a sentir esa sensación de placer que te relaja, cerré los ojos y sin esperarlo Carlos me metió completo su pene y soltó un gemido, abrí los ojos y me mordí el labio con fuerza, sacó su pene y lo volvió a meter ahora con más fuerza, solté un gemido, notó que eso me gustaba y lo volvió a hacer.

    Me levanto un poco la cintura y siguió cogiéndome lento y con fuerza, empecé a sentir un orgasmo, él se dio cuenta y me penetro más rápido, con la misma fuerza que había estado haciéndolo, lo único que se escuchaba en el cuarto eran mis gemidos y como azotaban mis nalgas contra su cuerpo, conseguí mi orgasmo, me quería más, me levanté un poco de la cama y sin dejar que me sacara el pene logré ponerme arriba de él, deje que me cogiera a la velocidad que quisiera al principio me estaba dando muy rápido, luego bajo la velocidad pero aumento la fuerza, mis senos rebotaban a mas no poder.

    Se levantó un poco quedando casi sentado y llevo mis pernas a sus hombros, mi espalda quedo ligeramente reclinada en sus piernas que ahora me servían como respaldo, en esta posición su pene quedó mejor acomodado dentro de mí, mi vagina y senos quedaron completamente expuestos para su disfrute visual, nunca había hecho esa posición pero me gustaba, Carlos había dejado toda su pena y me estaba cogiendo justo como esperaba que lo hiciera.

    Bajó mis piernas de sus hombros y se enderezo por completo quedando sentado, bajo sus piernas y quede casi recostada, me tomo de la cintura y me empujo de adelante hacia atrás, metiendo y sacando su pene, cuando tuvimos un ritmo constante me soltó la cintura para postrarse en mis pechos, los tomo con fuerza, los juntó y los masajeo, después se concentró en mis pezones, los apretaba y jalaba, yo estaba llegando a mi segundo orgasmo, fue más fuerte y duradero que el primero, para alargarlo aún más Carlos aumento la velocidad de la penetración otra vez y me masturbó el clítoris, todo mi cuerpo se estremeció y libere mis jugos de una manera deliciosa, Carlos aun no terminaba, me pidió que me pusiera de perrito, nos acomodamos, me tomo de la cadera y metió su pene, me dio un ligero jalón hacia atrás y me lo metió más profundo, seguimos así un rato más y logré un tercer orgasmo.

    -recuéstate con él torso un poco levantado- me ordenó

    Me acomodé cerca dela cabecera y me ayude de mis brazos para mantener la posición que me había pedido, después de acercó a mí y me besó de una manera sexy, me mordió el labio y lo jaló, después se subió un poco más y se arrodillo de frente a mi dejando su pene a la altura de mi boca, bajo su mano y me metió el dedo medio a la boca, yo se lo lamí y voltee hacia arriba para verlo, me abrió más la boca y me metió su pene, él tenía completo control de sus movimientos y me metía su pene hasta la garganta, yo lo succionaba y le lamia la punta cada que podía, cuando estaba a punto de eyacular sacó su pene de mi boca, bajo un poco la pelvis y dejo caer su pene sobre mis pechos, los tomó y empezó a acariciar su glande con ellos, terminó sobre mis senos, yo seguía viéndolo desde la posición que me había dejado.

    Se levantó de la cama y fue al baño, regresó y me dio papel higiénico para que me limpiara el pecho, se volvió a recostar junto a mí, nos acomodamos de cucharita y nos quedamos dormidos.

    A las 7 de la mañana sonó mi celular y vi que Carlos se había ido en algún momento de la madrugada y me había dejado desnuda en la cama.

  • La mejor de todas

    La mejor de todas

    Aquella noche me tocó trabajar así que salí por la mañana, él ya se encontraba en el carro esperando a que yo saliera del trabajo, en el momento en que salí y lo vi todo dentro de mi comenzó a contraerse, sabía que ese día llegaba mi perdición con solo imaginar que él era solo mío.

    Me subí al vehículo, lo salude con un beso muy apasionado en el cual comenzó a viajar mi mente, nos fuimos a realizar un trabajo de él, la verdad no duramos mucho como dos horas aproximadamente pero en ese lapso de tiempo se sentía la llama, el deseo y la pasión en nuestra atmósfera, alcancé a dormir un momento en el vehículo para tomar fuerzas en ese momento mientras llegábamos a su apartamento, hicimos una parada anticipada para desayunar, pero ya estábamos al borde de encender bien la pasión y la lujuria.

    Así que al llegar a su apartamento ya estábamos ardiendo con tan solo los besos se encendió más el deseo y la pasión entre nosotros, continuamos con los besos largos y apasionados eso que te roban el aire, llenos de sabor y lujuria, así mismo comenzó a salir a volar la ropa mientras llegábamos a la habitación sin parar de besarme, allí nosotros ya estábamos solo con la ropa interior por decirlo así, yo tenía un conjunto de brasier y cacheteros y el ya solo con el bóxer, estábamos ardiendo de la pasión y el no dejaba de besarme y recorrer mi cuerpo con sus manos y su lengua esto hacía que sintiera una experiencia única y hermosa que sin pensarlo tanto estaba segura de entregarme a él.

    Yo ya estaba encima de la cama con mi respiración agitada al igual que él, me podía percatar que su amiguito ya estaba listo y yo ya estaba lista para recibirlo, comenzó con los besos más voraces queriendo comerme con cada uno, me despojó de mi brasier y colocándole atención a mis senos duros por la emoción sin dudarlo llevo una de sus mano a uno y comenzó a jugar con él y con su boca comenzó a culparlo, darle pequeños mordisquitos mientras a mi me pasaban pequeños corrientazos por todo mi cuerpo, poco a poco se fue bajando hasta llegar a pelvis, deslizó mis cacheteros y sin más comenzó a saborear mi ser, me sentía en el cielo, mis piernas comenzaron a temblar deseando queriendo ese hombre dentro de mi.

    Lo deseaba tanto que creo que me leyó mis pensamientos sin más saco un paquetito del cajón y se lo colocó mientras yo lo veía con ese deseo, se agachó para darme un beso lleno de pasión, amor y lujuria, mi cuerpo ya estaba listo ya lo quería dentro de mi, y el en un movimiento sin pensarlo tanto me penetró ufff por fin ya me estaba volviendo me loca por sentirlo, y aunque tenía dolor era más el placer que sentía, comenzó a moverse delicadamente y así mismo sus besos creo que se sintió por mi gesto de ese momento pero eso no importo por que poco a poco sus ritmo fue cambiando cada vez más rápido y más duros, mis jadeos hacían que él se evitara más y a él también se le escapaban unos jadeos con mi nombre hasta que sin más los dos llegamos a lo más hermoso al clímax.

    El quedo acostado un momento encima mío, se sentía tan bien que no quería que se saliera, porque fue y será una de mis mejores experiencias, él se levantó y se salió dentro de mi, nos limpiamos y nos acostamos un momento en la cama, queríamos descansar un momento sabiendo que íbamos por más…

  • Mi novia me presta a su prima

    Mi novia me presta a su prima

    Mi relación con Nancy después de su infidelidad avía mejorado, a su departamento llego a vivir Yesy su prima, en busca de trabajo, ella era joven muy tímida toda su vida avía vivido en un pequeño pueblo y la ciudad era algo nuevo, físicamente era llenita, morena ojos grandes cara inocente, no tenía curvas pronunciadas, pero a pesar de siempre estar bien tapada se notaban unos pechos grandes y redondos podría decirse ese era su mayor atractivo.

    Una tarde Nancy y yo hacíamos el amor durante el acto ella me propuso que me imaginara que ella era su prima Yesy, a lo que accedí por diversión, la verdad no se me antojaba pero me pareció divertido, Nancy se metió bien en su papel, me comento que era virgen, gemía y se mojaba de una forma diferente, me éxito mucho y me encanto como lo hicimos.

    Al terminar Nancy me confesó que había platicado con su prima y que yo le gustaba, además de que estaba dispuesta a entregarme su virginidad con su consentimiento, Nancy me hizo la propuesta de que me acostarme con su prima siempre y cuando ella observara todo, yo me sorprendí bastante, la verdad su prima no era atractiva pero el hecho de que mi novia me viera con otra eso si me encantaba, así que acepte.

    Tres días después ya estaba todo listo no sé cómo se pusieron de acuerdo pero sucedió, entre al cuarto, Nancy se quedó en la puerta y solo dijo ·hazlo con cuidado no seas muy brusco”, me acerque a la cama y hay estaba Yesy cubierta con una sábana toda nerviosa, al quitarle la sabana me di cuenta que estaba desnuda esperándome, de inmediato me quite la ropa y me acostó con ella le acaricie la pierna y le dije:

    Celso: estás segura

    Yesy: si ya lo platique con mi prima y no hay problema además me siento segura de que ella esté aquí, solo hágamelo con cuidado, confió en usted

    Voltee a ver a mi novia y movía la cabeza como diciendo hazlo ya, y así fue de inmediato me fui a sus pechos grandes y jugosos estaban riquísimos nunca bese sus labios no sé porque, pero eso si me parecía incomodo, puse mi pene entre sus pechos para hacerme una rusa, la tome del cabello y le dije que lo chupara, lo hacía bien su lengua era suave aunque solo chupaba la cabeza,

    Nancy: te dije que despacio, ya cógela

    Obedeciendo a mi novia abrí sus piernas y se la introduje despacito hasta que le entro toda, Yesy dio un gran quejido como de dolor.

    Celso: ¿te duele?

    Yesy: si

    Celso: te la saco

    Yesi: no, usted siga por favor

    Seguí moviéndome tratando de no hacerlo tan fuerte, un par de minutos después pude sentir un gran calor en su vagina me abrazo fuerte y enterró sus uñas en mi espalda, levanto sus piernas y rodio mi cadera como si por instinto hubiera despertado su lado sexual.

    Yesi: así que esto es un orgasmo, es lo mejor que he sentido, gracias señor

    El tema de que me hablara de usted su cara de inocencia, y mi novia viéndome era excitante al máximo, ya entrados en confianza la subí encima de mí, sus movimientos eran lentos y algo torpes, me gustaba ver sus pechos enormes rebotar, y a ella le encantaba, era muy seria así que hasta ese día la pude ver sonreír, después la puse de a perrito y ahora si le di duro y rápido, sus gemidos eran casi idénticos a su prima pero con toque de inocencia, ambas muy escandalosas, me empecé a calentar y le puse unas cuantas nalgadas, mis manos le quedaron marcadas,

    Yesy: así señor me gusta siga así

    Nancy: te dije que con cuidado (con su respiración acelerada de la excitación)

    Celso: pero a ella le gusta

    Nancy: si pero aún no está lista para tanto, Yesy avisas cuando te vengas otra vez para que ya pare

    Yesy: si prima

    3 minutos después

    Yesy: aa ya prima otro orgasmo gracias, y gracias a usted señor

    Nancy: ya Celso la sácasela

    Tuve que obedecer estaba a punto de venirme pero no quería tener problemas con mi novia, cuando voltee Nancy ya estaba desnuda y le pidió a Yesy que se fuera, sin decir nada Yesy salió de inmediato y Nancy se me subió encima a moverse como licuadora esos si eran movimientos ricos me saco la leche de inmediato y ambos tuvimos un orgasmo rápido y placentero.

    Una semana después Yesy regreso a su pueblo como si solo hubiera venido a eso, y nunca más la he vuelto a ver, y la verdad era inocente pero tengo mis dudas de que fuera virgen.

    Pocos días después Nancy me dijo ahora es mi turno de hacerlo mientras me miras, se los contare en el próximo relato.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 1)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 1)

    Lo cierto es que dudé mucho sobre si contar esta historia, o no. Aun aquí sentado y ya decidido a hacerlo, no puedo evitar sentir un poco de nervios. Leyendo mucho sobre estos temas logré encontrar el alivio, por decirlo de una manera, de que no soy el único que siente este tipo de deseo prohibido y morboso. Siento así, también, que a la culpa de haberlo convertido en realidad, se le dificulta vencer a la excitación por recordar lo vivido.

    Mi nombre es Rodrigo. No soy escritor y jamás pensé en serlo, por lo que es probable que esta redacción no sea perfecta. Pero eso sí: intentaré ser lo más prolijo, detallado y honesto, con todas las fuerzas posibles. Porque así lo merecen todos. Ustedes, la historia, mi prima Julia y creo que también yo.

    Comenzaré contándoles que si debería elegir un inicio para este relato sería, aunque con algunas dudas, aquella noche en el barrio de Caballito, en la Ciudad de Bueno Aires. Eran mediados de noviembre del año 2016 cuando luego de estar caminando bajo una lluvia torrencial toqué el timbre del departamento de mi prima, Julia, a quien puteé en silencio por tardar en abrirme.

    -¡Primo! –Gritó borrachísima, desde atrás de su amiga que me había atendido y a quién empujó para abrazarme con fuerza- ¡Que suerte que viniste!

    Era su despedida de soltera y allí estaba yo: el único hombre entre casi 20 mujeres. Cualquiera podría decir que era un afortunado, pero no, ni cerca: estaba completamente incómodo. “Pero por mi prima, lo que sea”, pensaba.

    La cuestión era que su novio y futuro esposo, Fabián, no me había invitado a la de él. Julia se enojó muchísimo y para que no se peleen de más, le dije que prefería venir a la suya. No quería que nada le arruine ni siquiera un segundo de esté momento de su vida, que bien sabía yo que lo deseaba con muchísimas ganas. “Lo que sea”, me repetía.

    Mi prima era mi mejor amiga, casi un alma gemela. Yo era la suya. No tenía dudas de eso. Desde chicos siempre fuimos muy unidos. Al ser dos años mayor que ella me sentía todo un referente, casi un adulto ante su mirada infantil. Sin hermanos en el medio vivíamos todas las travesuras juntos, cualquier juego o aventura tenían siempre dos cosas aseguradas con ella: la diversión y la complicidad de jamás mandarnos al frente el uno al otro. La única dificultad era la distancia. Yo vivía en Capital y ella en el interior y más que algún fin de semana aislado, las fiestas o las vacaciones, no nos veíamos. Pero como dije: sólo era una dificultad, no un impedimento para nada.

    Todo eso mejoró cuando hace ya unos años vino a estudiar Psicología acá. En ese entonces yo vivía solo, estudiaba Ingeniería y trabajaba arreglando computadoras. Jamás existió otra opción que no sea la de venirse a vivir conmigo, aunque sea por un tiempo, hasta que ella misma logre acostumbrarse a la ciudad.

    Nunca, nunca, pero nunca, hasta esa noche lluviosa de noviembre, me había fijado en ella de otra forma que no sea la normal entre primos.

    No porque no me parecía bella, ni nada por el estilo. Todo lo contrario, su atractivo físico nadie podía negarlo. ¡Si lo habré sufrido cuando mis amigos la conocieron! ¡Lo que habrán sufrido ellos, cuando intentaban chamullársela con frases como “esa colita me entra en una mano” o “si me prendo a esos chopes no me sacas más”! Nunca les dio ni la hora.

    La verdad es que su figura era perfecta. No de esas bombas sexuales que aparecen en la televisión o las revistas. Para nada. Ella era una morocha de ojos claros, flaquita, de piernas largas que invitaban a mirarle las curvas de la cola casi inevitablemente y unas tetas normales pero que, según la ropa que usaba, solían parecer más o menos grandes; la piel blanca todo el año, no importaba si era verano o invierno. Todo esto sumado a un rostro de gesto inocente y angelical, era lo que se estaba llevando el pelotudo que no me invitó a su fiesta.

    -¡Claro que vine, tonta! –Dije levantándola levemente de la cintura cuando puso sus brazos sobre mi cuello -¡Veo que ya arrancaste la fiesta! –Eran a penas las 8 de la noche.

    Ella sonrió y de la mano me llevó hacia adentro, tambaleándose un poco. Por suerte vivía en planta baja. Yo le regalé una sonrisa casi de lastima a la pibita que había quedado pagando en la puerta.

    Luego de saludar a las amigas, me sentí más a gusto. Me tomé un par de cervezas y aprovechando que Julia estaba en la suya, me aislé un poco de las minas. El departamento tenía una cocina pequeña y dos ambientes más: la habitación al fondo y el comedor donde todo se desarrollaba. La cocina era un ir y venir constante de pibas buscando bebidas. Pensé en irme a la pieza, pero me pareció exagerado. Opté por quedarme en una punta del comedor, cerca de la ventana que da a la calle, con el cenicero, mis puchos, una birra, el celular y listo. No era tan grave. Habían puesto buena música, mi prima estaba contenta y ahí en el rincón casi ni notaban mi presencia. No me podía quejar. Lo que me había imaginado que sería de esa fiesta era mucho peor a lo que en realidad estaba ocurriendo.

    Uno tiene la idea que las despedidas de soltera de las minas son un descontrol, con tipos musculosos en pelotas refregándole la verga en la cara de la futura novia o alguna amiga chupándosela en el centro de una ronda mientras las demás excitadas la alientan a tragarla más profundo, pero nada que ver. Al menos la de Julia era música y alcohol, risas entre ellas, algún que otro regalo zarpado, pero nada más. El único hombre era yo y parecía casi invisible.

    Fue así hasta la medianoche, cuando arrancaron a hacer juegos. Una rubia me vino a buscar para que me acerque a jugar, pero le dije sonriendo que no, que así estaba bien, que jueguen ellas, y sin insistir me dejó tranquilo. Me quedé mirándola dos segundos cuando se iba. “Lindo culo”. Realmente no me podía quejar.

    Apagaron las luces y la música, un leve murmullo por el silencio abrupto y en la oscuridad se escucha que alguien grita algo así como: “¡Se nos casa la flaca!” Y todas aplaudieron. “¡Pero primero… primero… tiene que demostrar que ya está preparada para vivir de una sola pija!” Y estalló el comedor como si Maradona la hubiese clavado al ángulo, a los 49 del segundo tiempo en la final del 90 que perdimos con Alemania.

    “Listo, basta para mí” me dije. “Ya cumplí. Julia está contenta, creo que va a divertirse más y mejor sin mi presencia”. Pero no llegué ni a levantarme. Pusieron otra vez música, esta vez al palo, rock sexy y encendieron las luces. En el centro del comedor Julia estaba disfrazada con un vestido de novia putita de no creer. Zapatos con tacos altos, medias de red, portaligas, una especie de vincha con un velo en la cabeza, una camisa desprendida hasta la mitad y una minifalda que no le llegaba a tapar la ni la mitad del orto. Toda de blanco salvo sus labios, la bombacha y el corpiño que eran rojos. Bailando de una forma tan sensual que me dejó perplejo.

    “No puede ser”, pensé. “No puede ser”, me repetí.

    Sentí nervios, como si estuviese siendo poseído por una emoción desconocida. Me sumé a los aplausos de las minas, intentando disimular algo que ni sabía bien lo que era. Terminó la canción, Julia se sentó sonriendo para sus amigas, la música volvió al volumen habitual. Hubo un par de minutos que las pibas que organizaron los juegos se tomaron para mover la mesa, acomodar las sillas, preparar tragos y demás cosas que me habrían sido más que suficientes para haberme ido a mi casa. Pero no lo hice. Todavía tenía en mi mente la imagen de mi prima tocándose las tetas, moviendo el culo mientras la tanga roja se le metía entre las nalgas. En el pequeño bulto que le formaba en la conchita con un poco de flujo, que no estaba seguro de haber visto, pero igual seguía imaginando.

    “No puede ser”

    No era la primera vez que la había visto en ropa interior. Habíamos convivido más de dos años y era casi común vernos así, sin querer. Una puerta que se abre cuando no se debe, una pollera o un vestido que a veces muestra de más al sentarse, alguna que otra vez olvidarse la ropa al ducharse y salir semidesnudos sin saber que estaba el otro o incluso el clásico “¿cómo me queda esto?” o “¿este me queda mejor que aquel?” que hacen las minas cuando se compran ropa nueva y se cambian enfrente de uno, con tal de tener una buena opinión.

    Pero esta vez lo sentí muy distinto.

    Reaccioné a los segundos y fui para el baño. Me mojé la cara sintiéndome un poco mareado y con dolor de panza.

    “Me tengo que ir, me tengo que ir”, me dije mentalmente varias veces hasta convencerme de que era extremadamente necesario. Y estaba decidido a hacerlo cuando salí del baño, pero no llegue ni a cerrar la puerta cuando escuché entre risas:

    -Primera pregunta del verdadero o falso –anunció una amiga. El primer juego había comenzado. -¿Es cierto que Fabián solo te chupa la concha con la bombacha puesta?

    Todas rieron. Yo cambié mis planes.

    Me abrí otra cerveza y volví a mi rincón. Me prendí un pucho y disfrute de mi enfermedad. El juego siguió así por muchas preguntas más. Estaba conociendo a Julia de una manera diferente.

    Cada tanto volvía a repetirme: “No puede ser”.

    Pero era: Por primera vez, en mis 25 años, sentí la imperiosa necesidad de cogerme a mi prima.

    Para cuando los juegos ya habían terminado, supe que mi prima parecía tener un fetiche por la leche. Que su futuro esposo había sido su único garche pero que había repartido petes por toda la facultad, las amigas la boludeaban con que podría identificar el semen de casi todos sus compañeros, por sólo el olor. Me enteré que Fabián se la había cogido en un boliche, en un micro, en una plaza, en un probador de ropa y hasta en un descampado; pero siempre por la concha. El culo lo tenía virgen.

    “Después de la noche de boda no sé si siga así”, bromeó cuando le preguntaron si se lo iba a entregar o no, dando a entender que sí.

    Su lugar preferido para tener sexo era la cama y su fantasía era que un extraño se la coja dormida. Nunca había sido infiel y nunca había estado con una mujer, pero a veces se calentaba pensando en que sabor tendría comerse la vagina de otra mina.

    A pesar de ser fanática de chupar vergas, la primera vez que le tiro la goma a Fabián no le gusto porque tenía mucho gusto a pis. Igual se la chupó y hasta hizo gárgaras con su leche antes de tragársela. También supe que lo más raro que le había pedido su novio fue que le robara una bombacha usada a una de sus amigas, porque se la quería coger con ella puesta. Su amiga podría estar allí presente y decidió, entonces, no revelar si lo había cumplido, o no.

    Ya la había visto bailar como una prostituta, besar a una chica, simular un orgasmo tocándose por encima de la tanga y meterse una banana entera hasta la garganta. ¡No daba más! El ser prácticamente invisible era más beneficioso de lo que imaginaba.

    A eso de las 4 de la mañana varios comenzaron a irse. Quedaban dos o tres pibitas que no podían dejar de escabiar. Aquella rubia que había venido a invitarme a jugar, todavía estaba en la fiesta y era la única que parecía haberse dado cuenta de que yo estaba allí. Lo supe por cómo me miraba. Yo estaba soltero, hacía un mes más o menos había terminado con mi última novia y entre la calentura que me habían generado estas últimas horas y el culito que se le marcaba debajo del short, me la fui a encarar.

    -¡Qué lindo encontrarse a otro sobreviviente en una fiesta! –le dije al oído, agarrándola de la cintura desde atrás.

    Quede cómo un gil. Ahí me di cuenta de que había tomado mucho. Pero la pendeja se ve que también, porque me siguió la corriente. Se corrió un poco para atrás y me apoyó la cola en la pija, que llevaba parada un buen rato ya. Al ratito se dio vuelta para mirarme a la cara. La verdad que lo sentí como un alivio: si me apoyaba un poco más le llenaba de guasca el pantaloncito.

    -Te la bancaste bien –bromeó. –Debe ser un poco duro escuchar todo eso de tu prima.

    “Fue una tortura”, pensé. Pero le dije que sí, que era difícil pero que me bancaría eso y mucho más, por el cariño que le tengo a mi prima.

    -Awww –suspiró con cara de trolita caprichosa –Sos re copado.

    -¡Siiii! ¡Es re copaaado mi primo! –Julia se metió entre los dos, todavía vestida de novia y un vaso lleno en la mano -¿Sabés quién no es tan copada como él? Yo. –le dijo, señalándose una teta -¡Volá de acá, putita!

    La pibita se cagó de risa y se fue a buscar a las otras chicas que quedaban.

    -Te la saqué de encima, Rodri.

    A los 5 minutos, ya se habían ido todas. La fiesta había terminado. Me puse a ordenar un poco el comedor cuando mi prima se metió en su pieza, para cambiarse. Al ratito salió corriendo para vomitar en el baño. Me metí con ella, me agaché y le sostuve el pelo para que no se lo manchase, pero llegué tarde. Había cambiado el disfraz por una remera larga. Allí tirada en el piso, abrazada al inodoro, pude verle claramente que ya no tenía el corpiño y que todavía tenía la misma bombachita.

    -July, ¿estás bien? –Le pregunté –Te preparo un café.

    -No, no… Estoy bien.

    Se puso de pie y cuando se lavó la cara, por el espejo vio como se había manchado con vómito.

    -¡Qué pelotuda que soy! ¡Mirá como me ensucié! -Se quejó un poco más. Intentó lavarse en el lavamanos, pero no le sirvió de nada. –Me voy a tener que bañar. Me va a venir bien igual –dijo finalmente, resignada.

    Se apoyó sobre mi pecho, hizo puchero y yo la abracé, como solía hacer siempre que pasaba algo que no le gustaba.

    -Sí. Te va a hacer bien. Tomaste mucho

    Nos quedamos un ratito en silencio, le acaricié la cara y le pedí si antes de bañarse podía abrirme la puerta. Que ya era tarde y estaba un poco cansado.

    -¿Estás loco? No me dejes sola, quédate a dormir acá. ¡Anda a saber a qué hora llega Fabián de su despedida!

    No me pude negar. Nunca me pude negar a los pedidos de Julia y no iba a arrancar a hacerlo esa misma noche. Le dije que estaba bien, que me quedaba. Aunque ya no llovía, la idea de salir a la calle y esperar una hora el colectivo tampoco me gustaba. Ella se metió a la ducha y yo me fui a la habitación, busque un juego de sábanas y las puse en el sillón que usualmente estaba en el comedor pero que con la fiesta había ido a parar al pie de la cama. Julia salió de la ducha y al verme se empezó a reír.

    -No vas a dormir ahí, no entrás ni doblado. No seas tarado. –me dijo desde la puerta y se fue a la heladera, a ver qué quedaba para tomar. –La cama es grande –gritó desde la cocina.

    Yo estaba en un trance. Entre el alcohol, lo que había visto y escuchado, sumado al cansancio y al stress que me provocaban todas esas sensaciones nuevas me costaba pensar con claridad. Fui yo también a buscar algo para tomar pero en vez de eso me prendí un pucho. En cambio mi prima seguía tomando vodka como si la fiesta estuviese por empezar. Se había puesto otra remera no tan larga como la anterior, tampoco traía corpiño y se le transparentaba una tanga blanca. No podía concentrarme en nada más.

    Habremos estado media hora charlando sobre cómo la habíamos pasado y cosas así, cuando volvió a sentirse mal. Salió corriendo al baño y vomitó otra vez, pero ahora quedó casi inconsciente, abrazada al inodoro.

    -Ya está July –le dije mientras la ayudaba a pararse –Te llevo a la cama.

    Lentamente la acosté y la tapé. Estaba por tirarme en el sillón cuando mi prima se levantó bruscamente.

    -¡Vení acá, Ro!-dijo casi llorando –Vení a dormir conmigo. –agregó al volver a apoyar su cabeza en la almohada.

    Me saqué la remera, abrí las sábanas y me acomodé a su lado. Boca arriba y con el pantalón todavía puesto. Julia se volteó hacia mi lado, tocó mi rostro y puso su mano en mi pecho. Yo tenía la cabeza funcionando a mil revoluciones por minuto. Realmente estaba viviendo una tortura. Psicológica y moral, pero, sobre todas las cosas, física.

    Me preguntaba si mi prima sentía lo mismo. Si había sido parte de su plan calentarme así. Pedirme que duerma con ella. Tocarme el pecho.

    “Mi fantasía es que me cojan dormida. Que un extraño y sin permiso me meta mano y se aproveche”.

    No podía ser simplemente una casualidad. ¿O sí?

    Sabía que dormirme así sería imposible. Traté una y otra vez de sacar todos esos pensamientos perversos que se me venían a la mente, pero fracasé en cada intento. Era una lucha desgastante entre el mal y el bien, que no paraba de perder.

    A los pocos minutos Julia se dio vuelta. Dándome la espalda y casi murmurando, me pidió que la abrace.

    -¡Abrazame, Rodri! –Insistió –Que me siento mal.

    Ese fue el momento en el que mandé todo al carajo. Me saqué el pantalón y me quedé sólo en bóxer. Junto al pantalón, parecía haberme despojado también de todo sentimiento de culpa. El mal había vencido.

    A penas la abracé por la espalda, mi prima tomó mi mano y la llevó hacia su rostro, al mismo tiempo que se pegó más a mi cuerpo, dejándome la pija completamente apoyada en su cola. Sólo mi bóxer, su remera y su bombacha blanca me separaban de estar dentro de ella. No recordaba una situación en donde me haya sentido tan excitado. Pensé en darla vuelta, besarla con fuerza y cogérmela ahí nomás, pero quería disfrutar de esa hermosa sensación de sentirle el culo en la verga, que estaba por explotar. Ella permanecía inmóvil y yo comencé a apoyarla con más fuerza. Decidí que había mucha ropa entre nosotros y quité la mano que tenía en su mejilla y la tomé suavemente por la cintura. En el camino había tenido el placer de manosearle un poco las tetas y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Julia seguía quieta, respirando normalmente, como si estuviese profundamente dormida, pero eso no me frenó. La destapé por completo y tampoco reaccionó.

    “Que me cojan dormida” pensé.

    Con la mano que tenía en su cintura ya podía palpar el elástico de su bombachita. La usé para ir subiéndole la remera, poco a poco, y finalmente pude descubrirle el culo en todo su esplendor. A centímetros de mi pija.

    No lo podía creer: ¡El orto de mi prima, entangado, a centímetros de mi pija y a mi merced! Era un sueño que se hacía realidad apenas había surgido.

    “Que me metan mano, sin permiso, y se aprovechen”. También era, ahora, mi mayor fantasía.

    Le apoyé la palma de la mano en una de sus nalgas y con los dedos fui palpándole la bombacha. La recorrí de arriba abajo, una vez tras otra. Y en cada caricia intentaba corrérsela para manosearla más adentro. Cuando conseguí hacerme lugar hasta tocar el agujero de su ano completamente depilado, otro escalofrío se apoderó de mí. Ahí me quedé unos cuantos segundos.

    “¡Mi dedo en ojete de Julia!” Esto debe sentir uno en el paraíso, pensé. Apretado, un poco pegajoso y sin un solo pelo: quién diría que así describiría al paraíso.

    Inmediatamente quise llegar hasta su conchita, pero por la posición en la que estaba me resultaba imposible. Intenté moverla un poco, pero no pude. Me desesperaba por saber si estaba mojada, si tendría la chance se sentir su humedad, juntar un poco de sus flujos con mis dedos para probarlos, comérmelos todos. Sentía que, si llegaba a lograrlo, nunca más en mi vida dejaría de desear chuparle la concha por horas y horas. La empuje un poco más, ya sin tanta sutileza como la vez anterior, pero tampoco pude moverla.

    Si ella solo estaba borracha, durmiendo profundamente y nada de esto era su deseo, tendría muchos problemas si se despertaba. Pero, para esas alturas, ni siquiera eso podía pensar con claridad.

    Quité la mano del culo de mi prima y la usé para quitarme el bóxer, para dejar mi pija en libertad. Al hacerlo, sentí un alivio tremendo. Realmente me estaba apretando mucho. Sin dudarlo, se la apoye entre las nalgas y la volví a tomar de la cintura. Otro escalofrío. Presentía que en cualquier momento iba a acabar, pero quería aguantar más, mucho más. Imaginar el orto de Julia enchastrado por mi semen, no ayudaba.

    Otra vez le toqué el culo. Le abría los cachetes, los apretaba, recorría su bombacha. Quería hacerle la cola con todas mis ganas.

    “La cola no me la hicieron nunca”, recordé, imaginando hasta su propia voz.

    Agarré mi verga desde el tronco y ahora todo el recorrido que había hecho con mis manos, se lo hacía con la pija. Sentir el contacto de mi glande con su piel, su tanga, era un éxtasis indescriptible, pero creí que moría cuando le hice la bombacha a un lado y la apoyé de lleno en la entrada del culo.

    ¡Mi pija apoyada en el ano de mi prima! Se sentía calentito, mojado por mi líquido pre seminal, casi lubricado, casi listo para ser desvirgado. La apoyé con más presión, la refregué por toda la raja del orto, la volví a apoyar. No podía parar. Al notarlo tan cerrado, tan apretado, me animé a presionar aún más.

    Ella seguía quieta. Inmóvil. O le estaba gustando o estaba realmente muy borracha. De todas formas, romperle el culo antes de la boda, me parecía mucho. Y aunque me faltaba sólo un empujón para hacerlo mío para siempre, me contuve.

    El orto estaba descartado. La concha inaccesible. O me hacía una paja y le dejaba una flor de lechazo en la bombacha o me paraba, me ponía al otro lado de la cama y se la metía en la boca. Decidí pensarlo un momento mientras seguía acariciando y empapándole las nalgas y la tanga con los fluidos que salían lentamente de mi chota. Finalmente opte por el lechazo. Seguir aguantando era prácticamente insalubre y si estaba dormida podría despertarse si se ahogaba con mi semen en la garganta.

    Otra vez le hice la bombacha a un costado y apoyé la punta de la pija en el culo virgen de mi prima. Hice presión, más presión. Más calentito se sentía, cuanto más la apretaba. Lo recorrí por la raya una vez más y comencé a masturbarme apuntando al centro del ojete.

    Con una mano me pajeaba y con la otra la manoseaba. De vez en cuando volvía a tocarle el ano con el glande, se lo mojaba, lo recorría y continuaba pajeándome. Ya no aguantaba más.

    “La leche en el orto”, pensaba. “La leche en el orto de mi primita”.

    Y cuando estaba a punto de venirme, un fuerte ruido me interrumpió y me dejó completamente paralizado.

    Alguien estaba abriendo la puerta del departamento. Fabián había vuelto de su fiesta.

    Toda la excitación se me fue de golpe cuando me di cuenta que no podría explicarle, nunca, por qué estaba desnudo, con la pija presionando el agujero del orto de su futura esposa, que dormía con la bombacha estirada a un costado y el culo todo manchado por los líquidos de su primo.

    Continuará…

  • Cuckold (1): Una experiencia humillante

    Cuckold (1): Una experiencia humillante

    Eran casi las doce de la noche. No sé por qué habíamos elegido ese horario, justo cuando termina un día y comienza otro. Quizá lo hicimos como una analogía de lo que nos pasaba como pareja: terminábamos con una etapa para empezar otra. Lo que no sabíamos era si esta nueva etapa serviría para afianzar nuestro vínculo o simplemente terminaría por romper el delgado hilo que todavía nos mantenía unidos.

    Camila estuvo encerrada en el baño durante una hora, y luego otro tanto en el cuarto. Yo me había dado una ducha y en cinco minutos estaba listo. Me calcé una camisa nueva, bien planchada, y un pantalón chupín de gabardina gris. La esperé, y en cierto punto creo que era mejor que se quedara en el cuarto hasta el último momento. Esperar junto a ella podría ser una tortura.

    Se vino para la sala de estar cuando faltaban cinco minutos para los doce. Llevaba un vestido floreado bastante casual, que dejaba ver lo justo y necesario. Sus mayores atributos estaban en sus piernas, que con los años de perseverante running fueron cobrando una forma digna de una modelo. El vestido le llegaba bastante por encima de las rodillas y dejaba ver parte de esas deliciosas gambas que tanto admiraba; y el escote era bastante humilde, sólo dejaba al desnudo parte de su piel. Los pechos estaban completamente cubiertos. De todas formas no eran muy grandes: dos manzanitas con botoncitos parados. Su cabello ondulado estaba recogido.

    Me sonrió con nerviosismo, mostrando sus perfectos dientes blancos.

    —Ay estoy nerviosa. —dijo.

    Camila tiene una belleza que puede resultar imposible de resistir, ya que es una belleza sutil, que en principio pasa desapercibida. De hecho, quien la viera en otra situación, no tan producida como en ese momento, no repararía en ella. Sin embargo es la clase de chicas que siempre tiene varios pretendientes al acecho. Su actitud amable y relajada, y el hecho de no ser extremadamente sensual, generan en los hombres la confianza suficiente como para creer que sería fácil seducirla.

    Durante mucho tiempo luché contra mis celos, pero, con tal de salvar nuestro noviazgo, desde hace tiempo que me trago mi orgullo y mi desconfianza.

    —Estás preciosa —le dije, con voz temblorosa.

    En su mirada pude ver la complicidad que nos mantuvo juntos los últimos meses.

    Me abrazó. Yo sentí cómo mi corazón se encogía al sentir el calor de su cuerpo pegado al mío. Su cuello despedía un olor a perfume delicioso. La miré atentamente. Su nariz prominente era, quizá, su único defecto físico. Pero lo cierto es que combina bien con su rostro de labios gruesos y ojos marrones de mirada profunda. Besé su boca. Nuestras miradas no se despegaban.

    —Acordate de todo lo que hablamos. Si no…

    —No me lo repitas. —La interrumpí—. En serio, no hace falta.

    Y era cierto. Habíamos hablado de ello muchas veces, y de manera detallada. No valía la pena volver a lo mismo.

    Camila me sonrió. Creo que había algo de lástima en su mirada.

    Entonces sonó el timbre.

    —Yo abro —dije, aferrándome a una de las pocas cosas sobre la que tenía control.

    Tomás y Santiago estaban al otro lado de la puerta. Los hice pasar.

    —Cómo andás chabón. —Saludó Tomás, exageradamente efusivo.

    Era un rubio de ojos azules, muy alto y bastante delgado. Llevaba el pelo corto. Creo que tiene veinticinco años o algo así. Yo sabía que era músico. Camila lo conocía de alguna página de internet y varias veces me había hablado de él, sin que yo le diera mucha importancia. Nunca me gustaron esos músicos indies que escriben cualquier cosa y se dicen artistas.

    El otro era amigo de Tomás. Tenía el pelo bastante largo y la barba frondosa. Era un poco mayor que Tomás, treinta años quizá.

    Camila se había mantenido atrás. Cuando los muchachos terminaron de saludarme, se acercaron a ella. Tomás le dio un beso en la mejilla, agarrándola de la cintura. Mi novia enrojeció levemente.

    —Mucho gusto —dijo después, cuando saludó a Santiago.

    —Bueno, por fin nos conocemos. —dijo este último, sosteniéndole la mirada.

    —¿Quieren tomar algo? —Preguntó ella.

    —Una cerveza estaría bien. —dijo Tomás—. Te ayudo —Agregó después, y fue detrás de mi novia a la cocina.

    Acompañé a Santiago al living. De la cocina escuché una carcajada de Camila que me heló la sangre.

    Al rato volvieron con una botella de cerveza artesanal y cuatro vasos.

    Camila se sentó a mi lado. Los visitantes quedaron en frente nuestro, en otro sofá.

    Tengo que reconocer que siempre tuve una faceta prejuiciosa. Nunca me cayeron bien los “chetos” de Capital. Camila también era de ahí, y mi condición de ciudadano del conurbano siempre causó cierta rispidez entre nosotros. Aunque nunca lo habíamos hablado, ser de una condición sociocultural diferente, a veces era un problema. Yo siempre me sentí inseguro con este tipo de personas, siempre tan cancheras y sofisticadas.

    Hubo unos cuantos segundos de tenso silencio. Hasta que Santiago rompió el hielo.

    —¿A qué te dedicás? —preguntó.

    Me pareció una pregunta tonta, pero al menos dijo algo.

    —Contratista. —contesté.

    —Qué copado —dijo.

    Me dieron ganas de preguntarle qué tenía de copado ser contratista, pero me contuve.

    Tomás llenó los vasos de cerveza, mientras cruzaba miradas con Cami.

    —Che creo que no te dije —comentó dirigiéndose a mi novia—, felicidades por tu nuevo trabajo. Creo que el otro día cuando me lo comentaste no te felicité, soy un colgado.

    —No pasá nada, todo bien. Gracias —contestó ella, mirándome a mí, como esperando que yo agregue algo.

    —¿Hace mucho que viven acá? Es un lindo barrio. —Preguntó Santiago.

    —En realidad acá vivo yo sola —aclaró Camila, bebiendo un trago de birra—. Aunque él viene muy seguido —. Agregó, dirigiéndose a mí.

    —Che, que buena colección de libros tienen. No sabía que te gustaba leer Cami —comentó Tomás, mirando el mueble que estaba contra la pared.

    —Sí, me encanta. Y a Marce también —contestó ella, intentando incluirme en la charla. Pero él no dio la menor importancia a ese detalle.

    —Mirá vos, tantas veces que hablamos y no sabía que también compartíamos el gusto por la literatura.

    —Una cosa más para que charlen —dijo Santiago, mirándome de reojo, como para ver mi reacción.

    Yo sólo atiné a tragar saliva.

    —Y ¿hace mucho que están de novios? —Preguntó.

    —Tres años ¿no? —dijo Tomás.

    —Sí, tres años. —dije yo.

    —Demasiado tiempo. —Acotó Santiago.

    La conversación siguió por un rato, siempre con cosas banales. Cami les recomendó ver “Dark” en Netflix. Tomás habló de su música, mientras mi novia lo miraba con ojos brillosos. Santiago observaba las piernas de Camila, sin disimular su admiración. De repente, este último dijo, hablándome a mí:

    —Tomy me dijo que no vas a participar Marcelo. ¿Todavía pensás así?

    Se hizo un silencio profundo y violento. Sentí cómo Camila daba una larga exhalación. La miré. Tenía la cabeza gacha.

    —Bueno, igual, si después cambiás de opinión, no pasa nada. —Aclaró Tomás.

    —Pero es mejor saberlo de antes —dijo Santiago.

    —No, no se preocupen, no voy a participar.

    —Joya, todo bien.

    —Voy a traer otra cerveza —dijo Camila.

    —Che así que conocieron Jujuy, es un hermoso lugar. —comentó Tomás— La quebrada de Humahuaca es una obra de arte.

    —Sí —contesté, con desgano.

                                                        

    Camila volvió con la cerveza. Pero en lugar de sentarse a mi lado, se puso en medio de ellos. Mi corazón empezó a latir aceleradamente. Me di cuenta que tenía mías manos cerradas en un puño, sobre mi regazo, y me transpiraban los dedos.

    —¿De qué hablaban? —preguntó Cami, tratando de disimular su creciente nerviosismo con una sonrisa forzada.

    —Del norte —dijo Tomás —yo fui hace un par de años y me enamoré —agregó, mirando fijamente a mi chica.

    —Ay sí, es increí…

    Camila no terminó la frase. Tomás arrimó su cara, con rapidez, y le comió la boca de un beso. Ella retrocedió por instinto. Su espalda quedó pegada contra el respaldo del sofá. Los miré, boquiabierto. Tomás redobló la apuesta. La agarró de la cintura y la besó de nuevo. Esta vez Cami cedió. Rodeó con sus brazos el cuello de Tomás y correspondió al beso con un hambre que hizo que el alma se me cayera al piso.

    Cuando la escena terminó, Cami me miró. Yo no podía articular palabra.

    —Marcelo ¿te gusta que te humillen? —preguntó Santiago.

    —Qué —dije, desconcertado.

    —A algunos les gusta que los humillen.

    —No sé. No. Creo que no.

    Santiago agarró de la barbilla a Camila. La hiso girar hacia él. Ella se acercó. Lo miraba con cierta incertidumbre. Santiago le susurró algo al oído y ella soltó una risa nerviosa.

    —¿Qué le dijiste? —reclamé saber.

    Santiago me miró, con desdén.

    —Le dije que es mucha mujer para un salame como vos.

    Sentí que mi sangre hervía.

    —Menti…—Cami quiso advertirme que lo que me dijo Santiago era una broma, pero este la acalló con un beso.

    Era demasiado extraño ver cómo los labios de mi novia se movían, apasionados, y su lengua salía y se tocaba con la de ese tipo barbudo. Lo hacía con una naturalidad que me espantaba.

    Santiago le susurró otra cosa al oído. Esta vez fue una frase muy larga. Mi novia me miró con vergüenza, y luego lo miró a él. No me molesté en preguntarle qué le dijo, seguramente sólo me ganaría otra de sus gastadas.

    —La tres —dijo Camila, contestando alguna pregunta quizás.

    —¿Escuchaste Tomy? —dijo Santiago a su amigo.

    —Perfecto —contestó este.

    Los dos se arrimaron a ella, quedando pegados a su cuerpo. Camila estaba atrapada entre los dos cuerpos. Tomás le dio un beso, mientras Santiago le daba un chupón en el cuello. Me sentí indignado al darme cuenta de que mi novia llevaría la marca de ese chupón por un par de días.

    Tomás empezó a masajear la pequeña teta de mi novia, haciendo movimientos circulares con la palma de la mano. Santiago deslizó la mano, lentamente, hasta la rodilla de Camila. Ella tenía los ojos cerrados. Una sonrisa se le dibujaba en la cara, ya que sentía algo de cosquillas en el cuello. Abrió los ojos y me miró, expectante.

    Traté de regalarle una sonrisa, pero mis labios temblaban tanto como el resto de mi cuerpo, y sólo pude hacer un gesto grotesco. Sin embargo, asentí con la cabeza, con vehemencia.

    Los dedos de Santiago se movían lentamente sobre los muslos de mi novia, con la paciencia que tiene el que sabe que no habrá nada que le impida llegar a su meta. De repente, ya se encontraban debajo de la tela floreada del vestido. Tomás la besaba con una ternura inmensa, como si fuese su verdadero novio. La mano de Santiago se perdió, al fin, en la entrepierna de Cami. Él me miró, mientras hacía movimientos ahí adentro. Después de un rato retiró la mano, pero con ella agarraba la bombacha rosa que hasta hace unos segundos llevaba puesta mi novia.

    Me sorprendió que haya elegido esa prenda para esa noche. Sólo usaba ese color en navidad. Supongo que lo hizo por tratarse de una noche especial.

    Santiago revoleó la bombacha y la tiró hacia donde yo estaba.

    —Guardatelo de recuerdo —dijo—. Un suvenir de tu debut como cornudo.

    Sin pensarlo, la agarré, la doblé en cuatro y me la metí en el bolsillo del pantalón.

    —¿Estás cómoda acá, o preferís ir al cuarto? —Preguntó Tomás.

    —Yo estoy bien —contestó ella, tal vez pensando más en mi comodidad que en la suya, ya que en el cuarto debería sentarme en una pequeña silla—. Pero como ustedes quieran —agregó.

    —Acá está bien —dijo Santiago. Le hizo un guiño a Tomás, y este asintió con la cabeza.

    Santiago se puso de pie, y se colocó en uno de los laterales del sofá.

    —Vení flaquita. Acá tenés lo que querías. —dijo, desabrochándose el cinturón.

    Pensé que Camila iba a mirarme, buscando mi aprobación nuevamente. Pero se acercó a donde estaba él.

    Tomás la agarró de las piernas, y ella acompañó el movimiento, extendiendo su cuerpo, el cual quedó boca abajo. Como el sofá no era tan grande, sus piernas quedaron apoyadas sobre el apoyabrazos y sus pies en el aire.

    Tomás se sacó la remera. A pesar de ser delgado, tenía un físico admirable, tipo nadador: su cintura delgada y sus hombros anchos hacían que la parte superior de su cuerpo fuera casi triangular, y su abdomen era plano y marcado.

    Se sentó en el borde del sofá, apoyó la mano sobre las piernas de mi chica, y frotó con vehemencia, hasta meterse debajo del vestido. Entonces vi cómo la mano se movía, masajeando el culo desnudo de Camila.

    Ella no esperó a que Santiago desabroche el pantalón, sino que lo hizo por él. Su boca se abrió, como asombrada, cuando vio el bulto enorme. Luego le bajó el bóxer. Una poderosa pija venosa quedó frente a ella, a centímetros de sus labios.

    Tomás le levantó el vestido. Las nalgas de Camila quedaron expuestas. Le dio un beso en el culo. Santiago apoyó una mano sobre la cabeza de ella, y empujó.

    Camila, al tiempo que se aferraba a ese tronco grueso, abrió la boca. La verga entró lentamente. Vi con claridad cómo la lengua de mi novia, hecha agua, daba el primer lengüetazo al glande. Santiago gimió. Camila lo masturbaba mientras se la chupaba. Él cerró los ojos y arqueó la espalda, embriagado de placer.

    No necesitaba verlo para saber que le estaba pasando bien. Si mi novia tenía un talento, era saber chupar una verga. Lo estaba haciendo igual a como me lo hacía a mí. Primero frotó con vehemencia la cabeza, llenándola de saliva. Luego se la tragó casi entera, y después de nuevo en la cabeza, generando ese placer tan intenso que es difícil de soportar por mucho tiempo. Santiago tenía los testículos tan frondosos como su rostro. Ella los masajeaba mientras se llevaba una y otra vez la verga de aquel tipo que acababa de conocer a la boca.

    Mientras tanto Tomás le comía el culo. Estaba en una posición en la que me permitía ver todo con lujo de detalle. Su lengua se metió entre las nalgas de Cami, y frotó el ano con ella. Por momentos Camila paraba de mamársela al otro, para girar y observar cómo el otro le devoraba el orto. Supongo que era una imagen que quería guardar de recuerdo.

    Pero Santiago enseguida la llamaba para que continúe con su tarea, a lo que ella acudía sin chistar.

    Tomás se desnudó por completo. Agarró un preservativo que guardaba en su pantalón. Se subió al sofá y se puso encima de ella.

    —No te la cojas hasta que te lo pida. —dijo Santiago.

    Tomás esperó con su larga y delgada verga. Camila me miró y luego susurró.

    —Cogeme.

    —Pedíselo por favor. —Ordenó Santiago.

    —Cogeme por favor. —Exclamó ella en voz alta.

    Tomás se acomodó y le enterró la verga. Cami gimió, y Santiago aprovechó para meterle de nuevo la pija en la boca.

    Me sorprendió lo hábil que era mi novia. Tomás la ensartaba con potencia, pero ella no se separaba de la pija del otro, y no paraba de estrujarla y lamerla. De apoco, su mirada de chica de clase media, bien educada, y de una familia chapada a la antigua, era reemplazada por una cara de viciosa adicta al semen.

    No sé cuánto tiempo estuvieron cogiendo frente a mis ojos. Media hora quizá. Pero no cabe duda de que duraron mucho más de lo que yo jamás duré. Camila acabó dos veces mientras su delgado cuerpo era sacudido por Tomás. Este, a su vez, explotó en un intenso orgasmo que exteriorizó con un grito salvaje.

    Al rato Santiago llegó a su límite.

    Cami abrió la boca, sacó la lengua y comenzó a moverla mientras él se masturbaba. Nunca la había visto hacer ese gesto, pero no era más que un detalle un poco grotesco en esa noche alocada.

    El visitante largó tres chorros de semen, pero muy poco fue a parar adentro de la boca. La mayoría quedó resbalándose sobre su pómulo, y otro tanto ensució su pelo.

    —Mostrale a tu novio cómo quedó tu cara. —dijo Santiago. Ella me miró con vergüenza luego negó con la cabeza.— Haceme caso —Agregó él—. A él le va a gustar. Acércate y mostrale.

    Camila me miró, interrogante. Yo no dije nada. Ni que sí, ni que no.

    Santiago la agarró de la muñeca. Me pareció notar que a Tomás no le gustaba la actitud de su secuaz, pero no dijo nada. El otro la acercó a mí.

    —Mirala de cerca —dijo. Apoyó su mano sobre el hombro de Camila e hiso presión. Ella se arrodilló.— Mirá como quedó la puerca. ¿Por qué no la ayudás a limpiarse?

    —Dale mi amor —dijo ella—. Hacé lo que vos quieras. Esto es por los dos.

    El semen que había quedado en su pómulo ahora colgaba de su barbilla. Hacía una sonrisa forzada que convertía la escena en más bizarra de lo que ya era.

    Saqué la bombacha que me había guardado en el bolsillo, y la froté en su rostro, hasta dejarlo limpio. Luego la volví a doblar y la guardé.

    Santiago acarició la cabeza de Cami con ternura.

    —¿Por qué no vas a buscar otra cerveza? —le dijo.

    Ella se acomodó el vestido y se fue a la cocina. Los hombres se sentaron. Quedamos un rato en silencio. Camila tardaba. Creo que antes de ir por la cerveza fue al baño.

    —¿Qué te pareció? —Preguntó Santiago.

    —¿Está todo bien? —inquirió Tomás, quien estaba aun completamente desnudo, aunque tuvo la delicadeza de apoyar su trasero en su pantalón, el cual había extendido en el sofá.

    —Fue muy intenso —contesté—. Es difícil decir otra cosa ahora.

    —Pero no te molesta que nos sigamos comiendo a tu mujer ¿no?

    —Mientras ella esté de acuerdo, hagan lo que quieran.

    Camila volvió con la cerveza. Me sorprendió, y un poco me indignó, que aceptase el papel de sumisa con tanta facilidad. Pero supongo que cuando a una mujer la hacen gozar, es capaz de hacer muchas concesiones.

    —Y a vos Cami ¿Qué te pareció la experiencia?

    —Qué se yo, es muy raro.

    —Así que Marcelo sabe que te habías chapado a Tomy.

    —Sí, me lo contó. —respondí yo por ella.

    —Me imagino que por ahí viene la mano —comentó Santiago— Una cosa es que te hagan cornudo por la espalda, y otra muy distinta es que vos lo consientas. La misma historia de siempre. Sentir que tenés el control sobre la infidelidad te hace sentir más seguro ¿no?

    Quedé pensativo un rato. Todo lo que decía Santiago parecía que era para sacarme de mis casillas. Pero no podía negar que algo de razón tenía.

    —No lo pensé tan intelectualmente, pero puede que estés en lo cierto.

    —No te preocupes Marcelo —dijo Tomás—. Si te va eso de ser cornudo, está todo bien. Además, esto queda acá, entre nosotros cuatro.

    —Obvio —afirmó Santiago, y luego, mirando a mi novia agregó—: Cami, ponente en bolas.

    Camila se había sentado a mi lado nuevamente. Sentir su olor a sudor y a semen me generaba una sensación indescriptiblemente morbosa.

    Se paró, se despojó del vestido y luego del corpiño.

    —Que rica piba. —comentó Santiago.

    —Gracias —dijo ella.

    —Vení. Marcelo no te va a coger hoy.

    Camila fue al encuentro de los corneadores. Se sentó entre ellos. Tomás acarició su rostro. Ella sonrió. Parecía haber una conexión que iba más allá de lo sexual entre ellos, y eso me molestaba mucho más que todo lo que le acababan de hacer frente a mis narices. Le dijo algo al oído. Nunca odié tanto los susurros como en esa noche. Pero aun así, ansiaba mirar cómo se cogían a mi novia nuevamente.

    Ella masajeó la verga de Tomás, la cual estaba toda pegoteada y largaba un olor que hasta yo sentía. Enseguida se puso dura. Camila se inclinó y comenzó a chuparla. Santiago le magreaba el culo. Luego ella dejó de mamarla, se paró, y caminó hasta la puerta. Tomás la siguió con la pija como mástil. Camila apoyó sus manos en la puerta y separó las piernas. Él se puso otro preservativo. La agarró de las caderas. Besó su hombro y se metió adentro suyo, con dulzura.

    Sus movimientos fueron de apoco, cada vez más intensos. Cami arañaba la madera y gemía como una posesa. Algunos de los vecinos podrían escucharla, y si habían visto entrar a los visitantes, sus mentes podridas los harían especular historias muy cercanas a la realidad.

    Cuando Tomás acabó, Santiago fue por su turno. Este último se la cogió con un salvajismo que solo vi en algunas películas pornográficas. Sus testículos chocaban con las nalgas de mi chica cuando su sexo se enterraba por completo. Ella quedó con el torso pegado a la puerta, largando gemidos incontrolables, apenas pudiendo mantenerse de pie. Estoy seguro de que alcanzó el orgasmo al menos dos veces más.

    Cuando Santiago acabó, eyaculó sobre la cola de Cami.

    Ellos todavía querían guerra. Pero mi novia ya no daba más. Había quedado totalmente exhausta.

    Los corneadores pasaron un rato al baño, se vistieron, y se despidieron.

    —La pasé increíble —dijo Tomás, dirigiéndose a Camila, quien se había puesto el arrugado vestido para despedirlos.

    —Cuando quieran cuenten conmigo. Una mina divina tu novia —dijo Santiago.

    Camila se metió en la ducha. Yo abrí el cierre de mi pantalón, y me encontré con mi verga fláccida y el calzoncillo empapado de semen. Había acabado sin siquiera tocarme.

    Me desnudé, dejando la ropa tirada en el suelo de ese living lleno de olor a sexo. Abrí la puerta del baño y me metí en la ducha, junto a Camila. Nos bañamos juntos, sin decir una palabra. Fuimos al cuarto y nos acostamos abrazados.

    —¿Qué te parece si la próxima vez elijo yo a los tipos? —pregunté.

    —Está bien —dijo después de un corto silencio—. Pero yo los tengo que aprobar.

    —Obvio —concedí.