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  • Franciquatro: El estudiante guapo

    Franciquatro: El estudiante guapo

    Esta aventura tuvo lugar en la universidad hace unos meses. Estaba en la sala de estudiantes, sentado junto a una mesa, releyendo una conferencia. El lugar está lleno de gente, muy ruidoso y con humo. Un joven, que probablemente acaba de entrar, se disculpa y me pregunta si puede sentarse frente a mí. Acepto educadamente. Me sonríe, se sienta y se sumerge en la lectura de un libro. Es un chico guapo, de unos 21 años como yo. Lo detallo por un momento. Lleva una camisa blanca de manga corta, vaqueros azul claro, zapatillas grises. Su pelo castaño enmarca un hermoso rostro sombreado por una barba de dos días. Ojos de avellana. Una boca carnosa y bien definida. Me seduce inmediatamente. Se dio cuenta de que lo estaba mirando. Bajo mi cabeza y pretendo leer mi conferencia. Me está mirando ahora.

    — ¿No tienes un cigarrillo, por favor?, —me pregunta.

    — Sí, aquí.

    Le entrego mi mochila, temblando un poco. Nuestros ojos se encuentran. Sonríe y me da las gracias. Enciende su cigarrillo, y comienza a fumar mientras continúa mirándome.

    Levanto la cabeza, tomo un cigarrillo y fumo mientras miro al vacío. Nuestros ojos se encuentran de nuevo, pero esta vez nos miramos a los ojos. Se dedica a conversar sobre banalidades: clases, universidad, exámenes que acaban de terminar. Entonces muy rápidamente nos conocemos. Alexandre (así se llama), rápidamente dirige la conversación y me hace preguntas sobre mí. Le respondo. Obviamente, está interesado en mí. Estoy sorprendido. Es la primera vez que he coqueteado tan abiertamente, es más, en la universidad. Hablamos así durante 20 minutos. Hay un silencio. Me da una sonrisa. Finalmente le sonrío. Estoy convencido.

    — ¡Te quiero!, —me dice.

    — Con mucho gusto, —le respondo. Pero, no en los baños de la universidad, ¡es demasiado espeluznante!

    — Bien, como quieras. Nuestras manos se están tocando. Se pone la lengua en los labios y me mira con fervor. Mira su reloj, garabatea algunas palabras en un papel.

    — ¡Disculpa, tengo que correr, tengo clase!

    — ¡Ya!, —le digo.

    No responde, se levanta: es duro como un ciervo. Me levanto a despedirle. Me mira la bragueta: yo también traiciono mi emoción. Sus ojos se abren de par en par. Pero tiene que ser discreto. Me da la mano y pone el papel en la palma de mi mano. Lo desdoblé y leí: «rdv 2 callejón sin salida La Merced, en el primero». Levanto la cabeza, pero él ya ha desaparecido. Emocionado, decido ir a su cita.

    Son las seis, estoy en la entrada del callejón sin salida. El lugar está desierto. Llego a la altura del edificio 2. Empujo la puerta. Ahí está, a la sombra del pasillo que lleva a la escalera del edificio. Nos estamos besando, pegados. Ni una palabra, nuestras manos van directamente a las cremalleras.

    — ¡Qué guapo eres! —le digo.

    — ¡No te quedes ahí parado, sígueme! —Me golpea entre dos besos.

    Me lleva a los sótanos, empuja la puerta de su cubículo y la cierra detrás de mí. Empezamos a besarnos de nuevo. Nuestras piernas se abrazan, mi sexo erecto se frota contra el suyo no menos duro. Nos acariciamos las nalgas. Nuestras pollas se frotan entre sí. Ya siento gotas de líquido seminal goteando de mis genitales. Mientras seguimos mezclando nuestros labios con creciente avaricia, él abre mi camisa y acaricia mi pecho. Pero su mano no se detiene, va más abajo y se detiene sobre mi bragueta: está hinchada como la suya. Mi cola dibuja una barra a través de la tela de los pantalones. Masajea mis genitales por un momento con movimientos verticales, luego abre mis jeans, me desabrocha la bragueta y desliza su mano dentro. Ahora me masturba sobre mis calzoncillos. Sigo su ejemplo, y me encuentro acariciando sus calzoncillos y luego su polla, que fui a buscar dentro.

    Deja mi boca y se arrodilla. Expande el elástico de mis calzoncillos para liberar mi polla y los baja hasta mis muslos. Ahora estoy medio desnudo delante de él.

    — ¡Oh, qué hermosa polla! —exclama.

    Me hace una paja por un momento. Entonces, sin esperar, empieza a chuparme la polla con avidez. Lo hace muy bien, tocando su lengua y sus labios con asombro. Después de dos o tres minutos, estoy a punto de llegar, pero al sentirlo, se detiene y se levanta de nuevo.

    — Tu turno, —dice.

    Me arrodillo. Está dura como el hierro. Le bajo los pantalones, que se pegan a su piel y hacen que su culo se vea tan bien y su bragueta tan rebotante. La tela blanca de sus calzoncillos está apretada y húmeda a la altura de su glande. Esta vista me excita aún más. Miro un momento distorsionado por la barra de su erección.

    Beso la tela y empiezo a chuparla, primero a través de su ropa interior, luego directamente en su polla. Esta es hermosa y de tamaño medio. Su glande, por otro lado, es un enorme capullo hinchado de excitación, grande, redondo y abundantemente mojado con líquido seminal, emite un olor embriagador. Lamo sus ingles, luego el tronco, antes de esperar el maravilloso final. Veo las gotas como de rocío que salen de su glande, antes de meterlo en el horno de mi boca. Su cola tiene un sabor dulce. Alex empieza a menearse como un loco y se da un empuje forzando su zona renal. Empiezo a ir rápido, más rápido, hasta que me quedo sin aliento. Entonces se vuelve completamente pasivo. Tengo mi nariz en el vellón de su pubis y mis manos se aferran a sus caderas. Mi boca está sola. El olor a sexo de su entrepierna aumenta mi ardor diez veces. Literalmente le chupo el sexo.

    — ¡Basta, basta! No puedo soportarlo más… No puedo soportarlo.

    Soy sordo a sus súplicas. Intenta apartar mi cabeza para hacerme parar, pero aprieto su polla más fuerte con mis labios y lengua; mis movimientos se aceleran; lo siento al borde de la agonía; un escalofrío recorre todo su cuerpo; su polla se hincha un poco más y un chorro de líquido caliente, viscoso y acre llena mi boca. El sabor es fuerte, quiero escupirlo, pero otro chorro, luego sigue otro. Entonces me lo trago todo. Observo por un momento como su sexo se vuelve flácido de nuevo.

    Aunque cansado, Alex, sin embargo, se inclina para hacer que me corra a la vez. Obviamente quiere vengarse. Se traga mi sexo en su boca. Rápidamente recupero mi erección. Siento mi pene tocando su paladar, sus dientes masticándome suavemente, su lengua haciéndome cosquillas en el freno y su succión se hace más fuerte. Siento que me desmayo. El placer es insoportable. Mis piernas se debilitan, pero la eyaculación no viene. Se detiene para hacerme una paja con todo el conocimiento de un hombre: me hace una paja en el eje, luego en el glande y finalmente en las bolas. Pero el placer todavía se me escapa. Y aún así, lo quiero.

    Así que, sin duda abrumado por mi resistencia, Alex decide hacer el truco. Su mano izquierda, que ha estado acariciando mis testículos durante un tiempo, la desliza por debajo de mis nalgas, su dedo medio penetra en mi ano y me hace cosquillas en la próstata. La sensación es demasiado agradable. Estoy apoyado en la pared y me permito hacerlo mientras lo animo. Es demasiado, mi orgasmo se desata, no tengo tiempo para evitarlo: descargo mi esperma en violentos tirones en su boca. Yo me caigo al suelo y él también. Después de unos minutos de recuperación. Dejamos el lugar exhaustos. Me ofrece ir a su casa. Acepto. Su apartamento está en el tercer piso, tiene unos 60 m2. Tan pronto como entro sigo su ejemplo y me pongo mis calzoncillos. Lentamente, mi sexo recupera su vigor. Sentados en el sofá, tomamos una cerveza. Me quedo mirando a Alex por un momento. Su cuerpo es finamente musculoso y su piel es de color blanco perlado.

    Se pone duro otra vez y me mira. Se arrodilla entre mis piernas, me quita los calzoncillos y empieza a lamerme el ano. Primero su lengua se queda en la entrada, luego la lleva dentro; entiendo lo que quiere. Me arrastra a su habitación. Nos instalamos en su cama. Se pone un condón, se aplica un poco de saliva en el glande, pone mis piernas sobre sus hombros y presenta su sexo delante de mi ano. Da un primer golpe, pero su polla se desliza hacia un lado. Luego aprieta suavemente su glande y finalmente penetra en mi orificio.

    — Oh, eso es bueno, adelante, —le digo.

    En una serie de pequeños golpes, su polla se entierra en mi culo. Se detiene un momento.

    — ¿Estás listo?

    — Sí, adelante, —dije.

    Está empezando a darme un furioso golpe en las tripas. Sus manos, colocadas bajo mis nalgas, me elevan a la altura correcta. Pronto me da placer. Su cara está roja, y ya parece cansado. Estamos empapados de sudor. Nos besamos salvajemente. Su polla estimula mi próstata y me hace sentir bien. Se me pone dura y empiezo a masturbarme. Cambiamos de posición: me pongo a cuatro patas. Reanuda sus ataques. Pero no quiero correrme ahora, quiero que se venga antes que yo, así que me aprieto el culo. Pronto deja de moverse, mis entrañas están muy apretadas. Se detiene de repente, hace un sonido de gemido y se viene, tras lo cual se derrumba encima de mí. Su semilla me quema el culo, aún estando dentro del condón.

    Está descansando, acostado sobre su estómago. Contemplo su espalda, sus nalgas y sus piernas. Su trasero es hermoso: rebotante y dibujado como el de una antiguo efebo griego. No tengo ganas de sodomizarlo. Pero, me acuesto sobre él y froto mi polla entre los dos lóbulos musculares de sus nalgas. Su cuerpo casi inerte me excita. Lo pongo de lado y me aprieto contra él. Me sonríe. Su sexo no se pone difícil. Cuelga exhausto de la parte baja del abdomen. Deslizo mi polla entre sus muslos y empiezo a moverme de un lado a otro. Esto me hace sentir como si me estuviera cogiendo a una mujer. Le beso. Mi clímax se está acercando. Puse a Alex de espaldas mirándome y me senté en sus muslos. Me masturbo y me corro en sus genitales. Cansado, me desplomo a su lado. Nos dormimos rápidamente. Por la mañana temprano, lo dejo mientras aún está dormido.

  • Buenos amigos

    Buenos amigos

    Cuando estaba en secundaria nos hicimos amigos con un flaco macanudo que cursaba un año adelante del mío. «Flaco» es un decir porque no era flaco, tenía un físico más bien normal.

    En fin que me daba una mano con los trabajos, a veces algún partido de fútbol, playa, televisión, algunos juegos y novias eran parte de nuestros tiempos.

    A veces pasaban 2 o 3 semanas sin encontrarnos y entonces pasábamos horas contándonos las novedades.

    Por ese entonces teníamos alrededor de 21 años o poco más, no recuerdo.

    Uno de nuestros pasatiempos adquiridos hacía algunos meses cuando no estaban nuestros padres en casa (en la de él o en la mía) era mirar porno y pajearnos como locos 2 o 3 veces seguidas.

    En plena paja una tarde de sábado que estábamos solos hasta el lunes me dice Ricardo (así se llama mi amigo):

    – ¿Y si me pajeas tú y yo a vos?

    Me quedé pensando sorprendido sin decir palabra cuando me insiste:

    – Dale, nadie se va a enterar y no es ser marica. Seguro que será mucho mejor.

    Y sin decir palabra me agarra la pija que casi ya se estaba bajando totalmente distraído, y me empieza con el sube y baja lo que me pone al palo sin darme cuenta ni tiempo.

    Lo dejo hacer totalmente enajenado por el placer, toma mi mano y la coloca encima de su pija que era un poquito más gruesa que la mía. Siento la carne caliente y suave y lo empiezo a pajear pero solo para que el no interrumpa su trabajo que venía de buenísimo de placentero.

    No demoramos ni 5 minutos en avisar que estábamos a punto de largar lechita. Ninguno dijo nada y seguimos con la paja que hizo saltar chorros de leche y quejidos. Ninguno sacó la mano que quedó embardunada de lechita blanquita y caliente.

    Miró hacia mi pija exprimiéndola y cuando ya no salía nada la soltó, yo quedé exhausto y el igual.

    Así seguimos los siguientes 2 días y nos acostumbramos a pajearnos cada vez que podíamos incluso manejando.

    Pasaron 3 meses y sus padres se fueron de vacaciones aprovechando un feriado largo de 4 días. Me llama para ver si quería acompañarlo y confirmar a sus padres que yo quedaría acompañado, a mamá no le gustaba que yo quedara solo.

    En plena paja y video porno como de costumbre estábamos el primer día solos en casa de Ricardo cuando me dice:

    – ¿Vamos hacer un 69?

    – ¿Vos estás loco? eso es de putos

    – ¿Porqué? -me dice-. Nadie te va a coger el culito y tampoco nadie se va a enterar además, ¿vistes como gozan en la peli? ¡debe ser buenísimo! -termina diciendo entusiasmado-

    Me quedo pensando y sospechando que ciertamente debe ser de otro mundo la sensación, así que le digo:

    – Bueno, una vez para ver como es pero antes nos duchamos no creo que me gustara el olor a huevos y quien sabe que más.

    – jajajaja dale, buena idea vamos al baño de mi dormitorio.

    Entramos en su dormitorio y él ya estaba casi en bolas, sin esperas entro a la ducha y abrió los grifos esperando se templara el agua.

    Me quité ropa sin apuro dudando un poco cuando su voz me apura diciendo que el agua caliente podría terminarse.

    En bolas entro a la ducha y me pide que le enjabone la espalda mientras se da vuelta mostrándome su blanco culito redondito que sin poder evitarlo me deja la pija dura.

    De pronto se da vuelta me dice déjame a mi tomando el jabón y enjabonándome el pecho y bajando hasta mi pija que está a tope.

    Me la lava con dedicación tal que cualquiera diría me está pajeando, cosa que me ponía reloco.

    De pronto se agachó, corrió el forro de la pija, dejó caer agua encima y me la empezó a mamar.

    Casi me desmayo de placer, ¡que goce indescriptible!

    Siguió mamando mientras su mano subía y bajaba el forro hasta que no aguanté más y le aviso que me viene la leche. Su mano izquierda me toma de los huevos haciendo una especia de anillo, la derecha aprieta el tronco y siento que la leche me sale a borbotones sin poder evitarlo. Miro abajo y veo la lechita saliendo por la comisura de su boca mientras me exprime la pija.

    Casi me desmayo en la ducha. Se levantó, lavó mi verga y huevos para luego subir hasta mi pecho y me susurra en el oído:

    – Te toca, te aseguro que no es desagradable para nada.

    Me agacho con el jabón, le lavo la pija, la enjuago y me la meto en la boca y comienzo a mamar. No me desagradó así que me esmeré dándole buenas chupadas en la cabeza de la pija como a mi me gustaba sentirle hace unos momentos.

    Ni 3 minutos demoró en avisarme que ya no aguantaba más.

    Sentí un fuerte chorro de leche espesa en mi paladar, en seguida otro y no pude evitar que algo siguiera por mi garganta.

    Mi mano en el tronco de la pija hacía de tope para que sus empujones no me ahogara. Impresionante la leche que soltó, ni en mis tiempos de larga sequía me salía tanto. Evidentemente estaba recaliente.

    Quedamos en silencio, terminamos de bañarnos ya casi agua templada tirando a fría y en pelotas nos secamos y como estábamos nos fuimos a su cama que era de plaza y media.

    Encendimos el tv y comentamos:

    – Impresionante, tremendamente bueno ¿verdad? -me dice-

    – Totalmente increíble -le respondo aún un poco agitado y cansado-

    – Me salió leche como nunca sentí -agrega-

    – Y a mi….

    Callamos y nos dispusimos a ver la peli que pasaban (no era porno)

    Como a la hora más o menos Ricardo se coloca de costado, coloca su cabeza en mi abdomen y juega con mi verga corriendo el forro arriba y abajo.

    2 minutos tardó en quedar la pija como un fierro. Me hace una lenta y profunda chupada de pija que me deja flipando.

    A continuación se da vuelta y su pija queda frente a un costado de mi cara. Me giro a un costado y se la agarro pajeandolo lentamente.

    Su verga estaba como un fierro, gotas de «juguito» de la previa le salían casi de continuo..

    Esta vez nos mamamos más despacio, sin tanta fuerza y más lento. Tardamos al menos 10 o 12 minutos mamando al final ni siquiera nos avisamos que «venía lechita». Se la tragó toda y estoy seguro la disfrutó. Yo un poco dentro y otro fuera para que disfrutara como yo.

    Con el tiempo nos hacíamos una mamada en cualquier parte y me entero porqué siempre estaba dispuesto a chupar mi pija aunque el no obtuviera retribución.

    A los 2 meses más o menos de estas terrible mamadas a veces diarias, estando en la ducha del gimnasio y teniendo poquísimo tiempo antes que llegara gente le digo que ganas de echar un polvo y sin esperar se agacha y empieza a mamármela con fuerza y profundo.

    Yo estaba en bolas y el con el boxer pero con la pija fuera y al palo.

    Estaba ya largando gotitas la previa a la lechada, apura la paja y solo me chupa la cabeza para apurar el polvo.

    Empiezo a acabarme cuando me da por mirarle y veo que su verga dejaba un charco de leche en el piso sin que ninguna de sus manos le tocara (estaban ocupadas con mi verga).

    Ahí me di cuenta porque siempre estaba dispuesto a mamarmela aunque yo no le retribuyera y le pregunto desde cuando le pasa eso.

    Me dice que desde las primeras mamadas se dio cuenta que le excitaba enormemente cuando sentía que me venía y cuando mi leche llegaba a su boca se acababa sin tocarse.

    Esto sin contar que le gustaba y disfrutaba mucho mamar mi pija así que cuando salíamos algún lado y había alguna probabilidad de echar un polvo se colocaba unos paños entre su verga y el calzoncillo para no manchar el pantalón.

    Me gustó muchísimo el saber que disfrutaba tanto como yo así sin culpa le dejaba mamar donde quisiera y se pudiera, todo fue más divertido porque no me quedaba con la culpa de no retribuirle el placer que me provocaba a mi.

    Han pasado muchos años desde entonces, nos hemos casado y escribimos muchas historias que si queréis conocer, votad o comentad.

  • Fantasía de amor (2)

    Fantasía de amor (2)

    Devoras mi boca con furia con intensidad, yo allí tumbada abierta para ti, debajo tuyo, en el sentimiento máximo de placer, donde fijo mis ojos en ti y tu me miras con una dura mirada, en un solo movimiento, con tú miembro viril poco a poco con delicadeza atesorando ese momento vas entrando en mi, suspendes tú mirada en la mía y con un solo movimiento…

    Me penetras, me invades, no te permites cerrar los ojos quieres ver como mi mirada de placer te guía te estimula a hacer con más eficacia cada movimiento, entras y sales una y otra vez robándome los suspiros y el poco aire que me sobra, me acerco a ti, te apoderas de mi boca y con tú lengua imitas las embestidas que haces con tú pene así sé que me haces doble penetración, entras con tú lengua sales con tú pene y así me posees una y otra vez luego con tú mano quieres jugar y la repasas suavemente en tú pene quieres tocarlo mientras estás dentro de mi, con mis fluidos humedeces tú dedo y lo vas acercando lentamente a mi ano no te detienes sigues penetrándome con tú lengua y con tú pene, ahora tú dedo empieza a hacer una leve presión sobre mi ano, mis movimientos te hacen saber que es lo que quiero y lo haces, empiezas a meter y sacar tú dedo de mi culo y sin darte cuenta estás acariciando tú pene, con tú dedo en mi culo…

    Te gusta sabes que eres tú, sabes que soy yo, he tenido una triple penetración y me la has hecho tú sin más ayuda que tú pasión y mi deseo pero decides dejar de jugar y te concentras, sacas el dedo y empiezas a hacer estocadas descomunales yo con mis manos y uñas me aferró a ti y te indico que no pares…

    Me abrazas y me vuelves a besar con ternura con desenfreno con algo de furia pues sabes que se acerca el momento…

    Nuestro momento y es allí donde nos fundimos en uno solo, yo tiemblo al llegar y mi gemido te antoja y tú gemido hace que yo quiera más de ti y quiera volverte a amar.

  • Siendo infiel en la oficina

    Siendo infiel en la oficina

    Necesitaba un cambio total a mi vida, los últimos 5 meses llenos de infidelidad, pleitos y de un cambio total en mi forma de ser que ni yo misma lo creía.

    Traté de alejarme de lo prohibido, así que me puse a buscar trabajo y lo conseguí en una empresa de paquetería, como secretaria de un ejecutivo.

    La verdad era una buena manera de cambiar y olvidarme de lo que venía pasando.

    Al principio me costó la adaptación, pero poco a poco todo fue tomando su rumbo, me iba yo muy bien arreglada, con minifaldas o ropa entallada, muchos compañeros se me acercaban, pero nada serio o grave, a veces con salir a comer con ellos me los quitaba de encima y con mi marido todo mejoraba constantemente, no sé si por el hecho de irme superando día a día o por el cargo de conciencia, pero todo iba viento en popa.

    Así pasaron 3 meses, era víspera de navidad y fui anunciada que mi jefe, Don Arturo se retiraba y su lugar seria ocupado por Gerardo, un hombre con experiencia que venía de la competencia.

    El lunes que Gerardo llegaría, yo estaba muy tensa, no sabía que pasaría, limpie mi lugar, estaba lista con mi minifalda negra, saco y tacones para recibirlo, finamente el llego.

    Un hombre de piel blanca, maduro, de ojos obscuros, alto y con mirada de degenerado, que al verme me miro de arriba abajo en repetidas ocasiones, se presentó conmigo de forma cortante y luego de platicar con el señor de recursos humanos me llamo.

    G: Bien, necesito que seas eficiente llevas poco aquí, ¡pero necesitare tu experiencia para dirigir esta área!

    Su manera de hablar me cautivo, seguro de sí mismo, sin bromear, directo al grano, un hombre que le estaba haciendo honor a su fama, duro, seco y trabajador.

    Paso un mes más y todo iba muy bien, me acople perfecto a su forma de trabajo y poco a poco comenzamos a tener una relación más de amistad, tomábamos café por las mañanas mientras hacíamos la planeación, a veces me pedía comer con él en un restaurant cerca de la oficina, notaba que de pronto sus miradas se perdían en mi cadera o piernas, pero eso no me incomodaba, había desarrollado una estima alta ¡por el!

    Se acercaba la junta de fin de año y teníamos que entregar un balance de los últimos 3 meses, así que trabajábamos como locos, ese viernes jamás lo olvidare.

    Ya eran las 10:30 de la noche, estaba cansadísima, de hecho, estaba descalza, los tacones me mataban, continuaba archivando y capturando los datos faltantes, fue entonces que oí su voz

    G: ¡Puedes venir por favor!

    K: ¡Que pasa!

    G: ¡Necesitamos cenar, pide comida por favor!

    K: ¡Enseguida!

    G: Ah y una cosa más, ¡que hermosos pies tienes!

    K: ¡Perdón! ¡Es que me canse y se me olvido que no los traía!

    G. ¡Por mí no hay problema!

    Una sonrisa diferente salió de su boca, esa jamás se la había visto, una de conquistador, incluso un poco morbosa, solo sonreí y pedí la comida.

    Después de cenar y un café me decidía a regresar para terminar ya que eran las 11:30 de la noche y estaba cansadísima, pero el me detuvo haciéndome la plática.

    Me conto un poco de su vida, que ya tenía dos divorcios, que tenía un hijo con cada una, que actualmente salía con una ejecutiva pero que no le veía futuro, que le gustaban las fiestas y sin fin de cosas que me pareció interesante.

    Yo también le conté sobre mí, sobre mi matrimonio y sobre mi familia y algo de mi pasado, que el tomo como si le estuviera dando un tipo de señal.

    G: Sabes, te me haces una mujer interesante, ¡si no estuvieras casada te invitaría a salir!

    K: Que halagada me siento, ¡pero no sé qué tan bien se vería que mi jefe me corteje!

    G: Una mujer como tú, ¡es imposible no cortejarla!

    Su declaración me acelero el corazón a mil, les juro que inmediatamente me moje en mi tanga, el me miraba diferente directo a las piernas y mi escote, yo estaba roja no sabía qué hacer.

    Gerardo se puso de pie y se dirigió a cerrar la puerta y comenzó a acariciarme mi espalda dándome un rico masaje que me saco un par de gemidos, gemidos que me confundieron totalmente y me humedecieron más!

    G: Eres muy trabajadora, ¡déjame relajarte un poco!

    K: ¡Señor…!

    Sus caricias eran magistrales, me sobaba tan rico como nadie lo había hecho, sus manos lentamente bajaban por mis hombros y subían desde mi espalda baja a mi cuello, erectandome los pezones como nunca antes.

    Fue entonces que sentí su boca en mi cuello, sus besos fueron suaves, yo cerraba los ojos, no hacía más que gemir, el comenzó a acariciarme las piernas y mi cadera, sin dejar también de masajearme la espalda.

    G: Me encanta tu cuerpo, ¡desde que te vi te deseo!

    Su declaración me hizo ceder totalmente, él me puso de pie y empezamos a besarnos, yo me aferraba a su cuello apretándolo mientras nuestras lenguas se entrelazaban intercambiando saliva.

    Sus manos acariciaban suave y duro mi trasero, parecía un niño con juguete nuevo, tocando todo mi cuerpo, metió su mano debajo de mi falda y con sus dedos palpo mi vagina por encima de mi húmeda tanga.

    G: Que húmeda, ¿estas caliente?

    K: ¡Así me puso!

    Me quito el saco y sin detenerse también mi blusa, su lengua recorría mis pechos, mi cuello y mi abdomen, yo recargada en el escritorio movía mi pierna acariciándole su bulto que se sentía duro y grande.

    Me despojo del brasear mientras él se quitaba la camisa mostrando un torso duro y torneado, con brazos fuertes, me quito la falda y él se bajó el pantalón, ¡estaba decidido a hacerme suya!

    G: Ahora serás una buena asistente, ¡necesito tu boca acá abajo!

    Sin decir más, me arrodille y comencé a bajarle su bóxer, ¡una verga peluda, grande y circuncidada esperaba húmeda que la llevara a la boca!

    K: Señor, esto no está bien, ¡ambos tenemos pareja!

    G: Vamos, nadie se enterará, ¡no lo diré y tu menos!

    Comencé a chupar su cabeza, su dureza me encantaba, el respiraba acelerado mientras acariciaba mi cabello, lentamente la introduje a mi boca, era grande, de unos 19 o 20 cm, y un poco gruesa, comencé a tragarla como desesperada, ¡estaba tan caliente que no me detuve en nada y decidí devorar su suculenta verga!

    G: Si, que rico, ¡uhm!!

    Estaba regresando a las andadas, nuevamente como puta mamando la verga de mi jefe, pero no podía dejar de probarlo el de verdad me gustaba mucho y esto tal vez yo lo quería en lo más profundo de mi ser.

    Continúe comiendo su verga, mordiéndola, besándole los testículos, lamiéndola como paleta, dejándome follar la boca con fuerza, quería ser la mejor asístete y complacer en todo a mi jefecito.

    Gerardo me puso de pie y besándome me llevo a su silla reclinable, ahí él se sentó y cargándome de frente empezó a metérmela deliciosamente.

    Apoyándome en su escritorio, comencé a cabalgarlo muy rico, en movimientos circulares, mientras el me lamia las tetas y me miraba desafiante.

    K: ¡Que rico, ah!!

    G: ¡Tu vagina es deliciosa nena!

    Sentía como entraba toda, su verga estaba durísima y me daba riquísimo placer, ¡ahora apoyada en su cuello me daba suaves sentones mientras mi jefe me acariciaba las nalgas y los muslos!

    G: ¡Esta buenísima, que rico, uhm!

    K: ¡Rica verga, uhm, ah!

    G: Eso, así nena, uhm, ¡cómo te mueves!

    K: ¡Me encantas!! Cógeme, uhm!

    Me acostó en su escritorio y levanto mis piernas, lamia mis pies, al parecer le había gustado verme descalza, mientras tanto me al empujaba con delicadeza subiendo poco a poco su ritmo.

    Que rico era estar así, no pensé que sería la puta de mi jefe, ¡pero ahí estaba en su escritorio suplicándole me la metiera con fuerza mientras el lamia mis pantorrillas, piernas y pies!

    K: Que rico, cógeme, así, ¡que rico!

    G: ¡Carajo, que rico!

    No sé si había alguien am saya afuera escuchando, solo gemía y recibía su rica verga.

    Me puse en cuatro arriba de su escritorio, él se acomodó y empezó a dármela con fuerza, me la metía hasta el fondo, escuchaba mis nalgas chocar con su pelvis, más rápido y fuerte se empujaba, me tenía loquísima disfrutando es apose.

    G; Que ricas nalgas, ¡uhm ah!

    K: ¡Ah, si, que rico, ah!

    G: Muévete nena, uhm, ¡que rico!

    K: Es el mejor, cójame, ¡deme su verga!

    Me bajo del escritorio y me empino totalmente, mis pechos se mojaban con los fluidos que escurrieron mientras estábamos encima del escritorio, ¡me tomo de la cintura y me penetro con fuerza!

    Lanzaba gemidos, babeaba, estaba toda poseída, me movía también para hacerlo gozar, el me nalgueaba, me jalaba el cabello, me arañaba los muslos, me cogía riquísimo.

    G: Toma nena, uhm, ah, que rico, ¡que rico!

    K: No pares, más duro, así, soy tuya, ¡uhm!

    G: ¡A partir de hoy eres mía nena!

    K: Si papi, cógeme rico, uhm, que rica verga, ¡ah!!

    Movíamos el escritorio de tanta pasión que soltábamos, me sentía venir, no iba aguantar más, sus embestidas eran magistrales, sabía cómo hacerlo, también sentí sus precipitaciones y como se endurecía pronto terminaría y le dejaría terminar dentro.

    G: Me vengo, ah, ¡me vengo!

    K: ¡Si, dame tu leche, ah!

    G: Ahí viene nena, ¡ahí viene!

    K: ¡Yo también me vengo, agh!!

    Su leche caliente empezó a inundar mi vaina, yo también me viene mojándolo todo, salpicábamos todo el piso, el orgasmo era maravilloso, me jalaba el cabello cada que expulsaba su semen dentro, yo gritaba, que rico me había cogido.

    Una vez que terminamos, el me beso apasionadamente, diciéndome que nunca había cogido con alguien como yo, que era la mejor.

    Tomé mi ropa y me fui al baño para limpiarme su leche y quitarme su aroma a macho dominante, una vez más fresca reflexionaba lo sucedido, esto estaba ml y sabía que le había dado puerta a quererlo hacer muchas veces y así fue.

    Durante su estancia como mi jefe, cada que podía me metía a su oficina a darle oral, a veces estaba atendiendo clientes y yo debajo de su escritorio mamándosela riquísimo, o luego a la hora de la comida me empinaba en su sofá y me la metía con desenfreno, llenándome una y otra vez de semen, hasta que fue enviado a Torreón para dirigir la división de esa ciudad, unos meses después decidí renunciar, ya que no quería involucrarme con nadie más ahí.

    Pero yo ya era infiel y aun saliéndome de ahí nuevas vergas llegaron a mi vida y no podía detenerme, me había vuelto adicta al sexo y a la infidelidad.

    Kali

  • Me cogí a la hermana de mi esposa (Parte 2)

    Me cogí a la hermana de mi esposa (Parte 2)

    Era un experta chupándolo, no debía decirle nada de lo que me gustaba, como si supiera todo de mí, me mordía mi pene mientras lo succionaba, algo que me encantaba, sus manos en mis bolas las acariciaban haciéndome sentir más placer y no siendo el momento más espectacular, por primera vez mi verga cabía en la boca de una mujer, ella me miró y yo empujando y entrando la metí toda en su boca.

    —Vaya garganta tienes —le dije impresionado.

    Ella se atragantaba un poco y se tocaba sus tetas y eran tan grandes que se las podía acercar a su boca y con ellas acariciaba mis bolas ¡que delicia!

    Sus increíbles tetas acariciaban mis bolas, las apretaba haciéndome sentir cierto dolor, pero me gustaba, ella no dejaba de mirarme con deseo y ver su boca llena con mi verga, me excitaba más, si es que se podía estar mas excitado. En un momento hizo algo que me volvió loco, puso sus manos en sus cachetes y apretándolos fuertes, sentía como mi verga se presionaba más y ella comenzó a darme jalones con su boca, se sentía espectacular, era como tener mi verga metida en la vagina de mi esposa o de mi suegra, pero ver que era en su boca, con esos labios carnosos, me hicieron levantar mi cabeza para disfrutar mas y de un jalón fuerte que ella hizo con su boca, me comencé a venir a chorros, sentía como salía seme de mi verga por montones, mis contracciones e las piernas era increíble, sentía un ardor en todo el cuerpo que pocas veces he sentido, era como si fuera a desvanecer de la mamada tan increíble que ella me estaba dando, mi orgasmo duró mucho comparado con otras veces, al bajar mi cabeza, vi como ella tenía la boca llena con mi semen y sacaba su lengua y se lo restregaba en sus labios, mas de mi semen goteaba e sus tetas y ella con sus manos, lo tomaba y se lo acercaba al pezón, haciendo círculos en el y empujado hacia su pecho fuertemente con sus dedos, hundiendo el pezón e sus propias tetas ¡qué maravilla!

    Ella terminó de limpiar muy bien mi pene con su lengua y comenzó a subir, lamiéndome la pelvis, pasando por el ombligo y pecho, hasta llegar a mi cuello y darme una mordida que me puso tiesa la verga nuevamente

    – Wow! ya sé porque mi hermana y mi madre te adoran – me dijo mientras abria sus piernas para que mi verga quedara en medio de ella tocando su rica vagina

    – Es mi turno – le dije tomándola de los brazos fuerte y levantándola e mi pelvis

    – Nos oirán – me dijo jadeando

    – Solo serán unas cuantas, una probadita de lo que te espera cuñadita

    Y levantando su culo, su increíble culo, le metí mi verga en su vagina de un jalón, a lo que ella gritó y se tapó la boca, haciendo una cara de dolor y sacudiendo su mano, sintiendo mi verga muy adentro, volví a darle una estocada, haciendo que el choque de su culo con mi pelvis, sonará delicioso, a lo que ella me tomó con sus dos manos de mi cara y acercando su boca, sacó la lengua, lamiendo mi boca y luego mordiéndola.

    Ella estaba tan excitada, que abria mucho su boca, como si mi verga estuviera a punto de salir por ella, trataba de pasar saliva, pero era tanto placer y dolor el que le provocaba, que babeaba, era algo que no había visto, era tan rico como ver cuando mi esposa o mi suegra se venían y les goteaba la vagina, pero esta vez era su boca, y no pude evitar, sacar mi lengua y lamer toda su saliva, era deliciosa.

    Ya había pasado un tiempo largo solos, así que saqué mi verga de su vagina, la bajé de pelvis y sus piernas temblaban, sus manos estaban engarrotadas de tanto placer, tanto que se desvaneció, quedando en el suelo del vestidor, con sus tetas al aire, con su mirada perdida, como en estado fetal. Le di una nalgada, despertándola de tal trance, aunque excitándola mas porque gimió.

    – Dame mas por favor – me dijo

    – Cállate cuñadita, vístete, te espero afuera

    – Como ordenes – que maravilla es escuchar esas palabras, se siente un dominio sexual total que me vuelve loco, yo me puse mi ropa y salí

    Al salir estaba entrando a la tienda mi suegra y mi esposa

    – ¿Por qué tanta demora?

    – Ya debes saber cómo son ustedes las mujeres, se prueba y prueban, y hasta que no les guste no salen – le dije a mi esposa, saludándola de beso en la boca, con saliva que de seguro aún tenía de su hermana

    Mi cuñada salió, salió algo mareada, con cara de felicidad

    – Hermanita, ¿Qué tienes? – le dijo mi esposa tomándola de los brazos

    – Nada hermana, es que me probé algo que nunca había visto y de tanto cambiarme cosas, me siento agotada, ¿vamos a la casa?

    Yo solo las miraba y sonreía, sabía lo que se venía esa noche, sabía que perfectamente, podía estar a la vez, con tres increíbles mujeres, a mi servicio.

    Continuará…

  • Dos vergas para mí en el metro

    Dos vergas para mí en el metro

    Como cualquier día de trabajo me dispongo a tomar el metro de la CDMX pero este día amanecí muy caliente y mi novio no ha hecho nada por solucionarlo; me vestí con una falda con mucho vuelo una blusa discreta pero que se cierra con botones por la parte de enfrente; voy llegando tarde por lo cual si pensarlo me subo a uno de los vagones que son específicos para hombres, la verdad siempre trato de ir con las mujeres pero siendo sincera llegan a ser más agresivas que así que no le tomo mucha importancia; me tomo de uno de los tubos para no caerme cuando avance, que pueda salir rápido en mi parada y no me quede atascada entre tanta gente.

    Saco un libro de mi mochila y me coloco mis audífonos, ya que no me gusta ir oyendo quien se pelean con quien, o si van hablando con la novia cosas comunes de un día en el metro. Mientras encuentro como acomodarme sin que nadie se ofenda y que yo pueda leer alguien, escucho que alguien me habla…

    —Disculpa, si gustas puedes pasarte para acá, para que vayas más cómoda— me giro porque escuche que me hablaban.

    — ¿Mande?— le digo mientras me quito un audífono.

    —Que si gustas te puedes hacer para acá para que vayas mejor—me dice con una sonrisa; hasta ese momento me doy cuenta de que es un hombre más alto que yo, con barba de candado, un traje de oficina y una loción que me hace mojarme al instante.

    —Claro que si no quieres no hay problema— me dice, y es ahí cuando caigo en cuenta que me quede embobada viéndolo por mucho tiempo.

    —Sí, disculpa; me perdí en mis pensamientos— él solo sonríe sabiendo que me lo comía con la mirada.

    Me muevo hacia donde me indica, tenía razón tengo más espacio y no molesto a nadie, es cuando me doy cuenta de que él está soportando todo el peso de los demás pasajeros para que yo vaya bien; el metro frenó sin aviso y yo caigo literalmente sobre él.

    —Discúlpeme— le digo sonrojada y tratando de regresar a mi lugar

    —No te preocupes— con el percance noto que hay alguien que está tratando de sobar mi puchita sobre la falda que traigo, me muevo para que el susodicho se dé cuenta de cuan mojada estoy.

    — ¿Te encuentras bien?— me dice, creo que se dio cuenta por lo cual se movió para evitar que me siguieran tocando.

    —Sí, ¿Por qué?— le digo haciéndome a la desentendida.

    —Es que te vi incomoda de un momento a otro y aquí nunca falta el mano larga— me dice usando su cuerpo como escudo para protegerme.

    «Por fallas en las instalaciones el sistema se reanudara a la brevedad»

    — ¡No puede ser!— es lo único que alcanzo a decir después de escuchar por los altavoces que hay problemas, ya que esto significara llegar tarde al trabajo.

    — ¿Llegaras tarde?— me pregunta con una sonrisa.

    —Sí, voy con el tiempo justo y ¿Usted?— no sé cómo tratarlo, ya que ha de rondar los 45 años muy bien conservados.

    —Tengo una junta, pero por lo visto tendrán que esperar, pero no me gusta que me hables de usted— me dice posando una de sus manos en su cintura y jalándome hacia él.

    —Okey, ¿Y no tendrás problemas si llegas tarde?— le digo mientras me acomodo mejor y nuestros rostros quedan muy cerca.

    —No, es lo bueno de ser supervisor— me dice mientras va bajando su mano a mi nalga y hace una presión suave como tanteando el terreno, pero lo que él no sabe es que yo ya estoy mojada y escurriendo por la situación

    —Qué suerte tienen algunos— le digo mientras me acerco a él, si eso es posible, ambos estamos muy cerca y de un momento a otro se van las luces del vagón, lo cual no me importa, ya que él rosa sus labios con los míos.

    —Pero miren que zorrita me encontré hoy, ha de ser mi día de suerte— lo único que provocan sus palabras es que gima suavecito para que solo él lo escuchara. Todo paso muy rápido y cuando me doy cuenta me encuentro besando a un total desconocido; que lo único que hace es que me moje más. Siento su mano que va subiendo la falda para posarla directamente en mi nalga y nos separamos de aquel beso.

    —Huy perrita traes tanga, hummm, vamos a disfrutar mucho— lo único que atino a contestar es con un débil gemidito, ya que ya se dio cuenta de que soy una putita en busca de verga. Bajo mi mano cómo puedo y me aventuro a tocar su polla la cual es larga y gruesa, cuanto no daría por tenerla dentro y llenarla con mis jugos.

    —La quieres tener dentro ¿Verdad putita?— es cuando siento que su mano va hacia enfrente y encuentra mi tanga toda mojada

    —Huy, mira a la putita pide a gritos que le revienten la pucha a pura cogidota—, lo único que hago es restregarme en sus dedos para que pueda sentir que tan mojada esto; él no duda, jala la tanga y hace que se me metan en los labios

    — ¿Te gusta?— yo solo digo que sí. Nos seguimos tocando pero yo quiero más, le abro el cierre de su pantalón y cuelo mi mano en su bóxer para tocar esa verga que me trae loca.

    —Tranquila mi zorrita, que como va la cosa te partiré en dos aquí enfrente de todos estos— yo sigo masajeando su verga, como me encantaría hincarme y chuparla hasta que se venga en mi boquita.

    —Princesa, tócate para mí— me llevo un par de dedos a la boca para probar el sabor de su verga y bajo mi mano para tocar mi inflamado botón que pide guerra; una mano se une a la fiesta por lo cual pego un brinco en mi lugar y él se da cuenta.

    — ¿Quieres que él se una a la fiesta?— me dice.

    —Lo que tú quieras amor— solo atino a seguir tocándome porque quiero venirme.

    —Pero mí que la zorrita esta urgida— es cuando siento una mano levantar mi falta y jugar con mis nalgas, jala la tanga la cual hace un rico cosquilleó; mientras yo me sigo tocando, es cuando él se une, pone su mano para seguirme tocando.

    —Quiero ver como chupas eso juguitos tuyos—me dice al oído a lo cual yo levanto mi mano y empiezo a lamber mis dedos con deseo y lujuria.

    —Pero sí que eres descarada— y me da un beso de lengua que me está llevando a las nubes.

    —Que rico sabes putita— no puedo seguir más en esta posición por lo cual dejo caer mi cabeza en su pecho mientras él sigue torturando mi clítoris y yo sobo su verga dentro del pantalón, el otro tipo ya no le basta solo magrearme las nalgas sino que ahora se aventurado a hacerme la tanga a un lado y está jugando con mis hoyitos.

    —Oye esta putita quiere verga, me está empapando la mano— me dice mientras me mete dos dedos en mi vagina y yo lo único que atino es a gemir contra su pecho.

    — ¿Quieres que él te coja?— me pregunta en el oído.

    —No, quiero que tú me cojas, quiero que cojas a tu putita— le digo toda melosa por que la única polla que quiero es la de él.

    —Eso tiene solución, abre tus piernitas pequeña y no hagas movimientos bruscos— es cuando me toma de las piernas y me levanta como una pluma, me sostengo de su cuello para no caerme.

    — ¡Acomódate!— le dice al otro tipo y este se pone detrás de mí y siento rosas su polla mi anito, respingo por la sensación.

    —No te preocupes princesa, todos aquí son discretos— y es cuando me doy cuenta de que se ha hecho un círculo alrededor de nosotros y como la luz no ha decidido regresar algunos se están masturbando sin descaro.

    —Abre esa puchita para mí— me dice cuando siento como me la ensarta y yo trato de callar el gemido que se forma en mi garganta.

    —Huy perrita, como aprietas mi verga— me dice mientras empieza el vaivén.

    —Te toca, métala— es cuando empiezo a sentir que alguien mete un dedo en mi ano y lo va mojando con mis propios jugos.

    —Mira como esta perra se está mojando— es cuando me mete tres dedos de sopetón y yo no puedo contener un grito.

    —Ya está lista esta zorra— él deja su verga adentro sin movimiento, el otro tipo se acomoda y me la va metiendo. Nunca en mi vida me he sentido tan llena solo con tener la punta me vengo en un gran orgasmo.

    —Mira la puta solo con la puntita se vino, deberías sentir como aprieta mi verga— quien me está sosteniendo solo sonríe.

    —A mí me la está llenando de jugos, anda métela que quiero dejar preñadita a esta princesita— de un solo movimiento estaba ensartada por dos vergas venudas, calientes y dispuestas a dejarme todo su semen dentro. Se empiezan a mover al par y yo no sé cómo ocultar los gemidos que me están provocando.

    —No puedo más, si siguen así me voy a venir amor— le digo mientras lo beso y por el rabillo del ojo veo que el circulo se ha hecho más chico y algunos tocan mis piernas o rosan sus pollas con ellas.

    —Yo tampoco cariño ¿Quieres quedarte preñadita de tu macho?— me dice cuando empiezo a sentir espasmos de las dos vergas que me tienen ensartada.

    —Sí, amor quiero que te vengas y me dejes tu lechita— mi orgasmo está muy cerca y el de ellos igual. De repente siento como me empiezo a venir y parece que me estoy orinando.

    —Mira la putita se está viniendo por tener dos vergas adentro— no se quien lo haya dicho pero no es ninguno de los que me están cogiendo.

    —Siente como te lleno tu anito de mi leche, aprieta tu anito no quiero que salga nada— hago lo que me dice él tipo de atrás.

    —Princesa me estas ordeñando, no puedo más así; toma tu lechita, ordena esta verga que te está cogiendo— es cuando siento que ambos explotan y siento como me están llenando con su leche y yo estallo en otro orgasmo haciendo que los ordeñe y los deje secos.

    Tardamos un poco en recuperarnos y es cuando alguien le toca el hombro a quien me cargaba —Ya vamos a llegar a la siguiente estación— es cuando me doy cuenta de que el servicio regreso a su funcionamiento y habíamos avanzado.

    —Aprieta bien que no quiero ver que se te escurre nada— yo solo siento y sale de mi anito, acomoda la tanga y baja mi falda.

    —Has estado estupenda putita— se acomoda su pantalón y nos da la espalda para él seguir con su vida.

    —Zorrita ve bajando las piernas y déjame salir de ti me estas ordeñando— suelto un poco la presión y es cuando él sale, me acomoda igual la tanga por delante y me baja la falda.

    —Has estado fabulosa, hace mucho tiempo que no cogía así— me dice con las mejillas rojas por lo que acaba de suceder.

    —Gracias, creo— es el primero que atino a decir después de todo.

    —Zorrita quiero que nada de la leche que tienes dentro se escurra y se desperdicie ¿Entendiste?— me dice acomodándose su verga en el pantalón.

    —Sí— para cerrar con broche de oro quiero probar su lechita así que llevo mis dedos a mi pucha y los meto, los cuales enseguida se mojan, siento su leche espesa y no puedo resistirme llevármelos a la boca y provocarlos como si fuera el mejor dulce del mundo.

    —Si serás zorra— me dice mientras frota de nuevo mi clítoris aun inflamado.

    Me acomodo toda mi ropa con su atenta mirada posada en mí, para que no noten lo que ha ocurrido en este vagón.

    —En la siguiente estación, me bajo yo— le digo mientras le robo un beso y el me lo da como se debe

    —Vale, princesa; luego nos veremos— se despide de mí, yo me acomodo para poder bajar y quedo de espaldas hacia él lo único que siento es su torso en mi espalda y que está jugando con mi anito.

    —La próxima yo entrare aquí— me dice mientras mete su dedo en mi ano y hace que la tanga se meta, me acomoda la falda pero la tanga la deja adentro. Lo único que hago es ronronearle como una gatita, pegarle mi culo a su paquete y sentir su verga en la línea de mis nalgas. Me da un beso en el cuello y me dejar ir.

    Como puedo voy corriendo a los sanitarios de la estación, pago y me meto a un cubículo; me levanto la falda, me bajo mi tanga y me siento en el inodoro y es cuando siento como va saliendo toda la leche y no dudo en tragármela con mis dedos…

    Ya después de como 10 minutos regreso a la normalidad y trato de salir lo más presentables, es cuando me doy cuenta de que en mi tanga hay algo enrollado es un billete de $500, creo que fue quien me cogió por mi anito quien lo dejo, lo tomo y lo meto a mi cartera; salgo del cubículo he tenido que voltear la falda ya que esta manchada de semen a la altura de mi culito así que me dispongo a lavarla en el lavamanos…

    —Verdad que en el metro hay cada enfermo— me dice una señora ya entrada en años.

    —Sí, pero no queda más que arreglarlo— le digo mientras sigo «lavando» mi falda.

    —Hay mi niña, lo bueno es que solo te toca eso, hubieras visto en el vago que venía creo que alguien estaba haciendo cochinadas, ya que olía a puro sexo— me dice persignándose.

    — ¿En serio?, pues a mí solo me mancharon mi falda, pero bueno que tenga un lindo día— me despido de ella, sabiendo que yo fui quien provoco el olor a sexo en ese vagón.

    Tomo mi camino común hacia mi trabajo y en la primera farmacia que encuentro me compro una pastilla del día siguiente, me la tomo con el café que acabo de comprar y me dispongo a dejar el que traigo en la otra mano en el escritorio de mi jefe cuando me doy cuenta que traigo un par de botones de la blusa abierto y él está viendo por completo mi sujetador.

    —Movidita mañana ¿verdad?— me dice recibiendo el café y sonriendo ladinamente.

    —Algo por el estilo— salgo de su oficina mientras voy abrochando los botones, llego a mi lugar y me siento, es cuando siento dolor en mis hoyos lo cual me recuerda como hace un par de horas estaba siendo cogida por dos vergas.

    ————————

    Pues hasta aquí mi primer fantasía; espero que les haya gustado y me den su sincera opinión.

    Si quieren ponerse en contacto con esta autora y quieren que escriba sobre alguna fantasía en especial les dejo un correíto para que lo hagan [email protected]; me pueden mandar regalitos, fotitos, videítos, lo que ustedes gusten.

    Besos mojados

    EscritoraDK

    Hasta la próxima.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 4)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 4)

    Cuando se calmó un poco, tomé la bolsa que había dejado en el suelo y la invité a pasar. La dejé luego sobre la mesa y volví a abrazarla. Detrás de ella y sobre el respaldo de una silla, había quedado su bombacha ensuciada completamente con mi semen. A pesar de los nervios que me generó imaginar la posibilidad de que la haya visto, pude actuar con rapidez: estiré un brazo, sin dejar de empujarla hacia mí con la otra mano que tenía en su espalda, tomé la tanga y la puse en su bolsa. Podría quitarla luego de allí, ahora lo importante era que no la viese.

    -Contáme que pasó, Ju. – le dije al ratito.

    Ella estaba destrozada, no recordaba haberla visto alguna vez así en toda nuestra vida. Me soltó y se sentó tapándose la cara, como queriendo ocultar su vergüenza. Un gesto habitual, cuando dar la cara no es algo tan simple.

    -Fabián me cagó. – dijo con esfuerzo, como buscando letra por letra entre su respiración. – Se cogió a una pendeja en su fiesta de despedida.

    La mente se me puso en blanco. No encontré ninguna palabra de aliento, nada que pudiera calmarla. Reaccioné unos segundos después. Fui hasta mi habitación, abrí el placard y busqué por todos lados algo que ya ni recuerdo qué era, pero que igual no encontré. Fui al baño, a la cocina y hasta abrí la heladera. Nada. Abrí las persianas del balcón y ahí si tuve suerte: tomé la escoba, la palita y el secador del piso y los miré. Descarte la escoba y la palita, tome el palo del secador y como si fuese un karateca en una película de los años 50, lo partí en dos con la rodilla.

    -Lo mato. – Le dije, agarrando las llaves y sosteniendo en mi axila las dos mitades del palo de madera que ya no servía para nada. – Esperáme un rato. Vos no te muevas de esa silla.

    Ella destapó su cara y me sonrió. Le di un beso en la frente y aunque me temblaban un poco las manos, logré acariciarla. Al abrir la puerta, mi prima me frenó.

    -¡Vení para acá, Rodrigo! – me gritó, poniéndose de pie. Me abrazó y volvió a sonreír tímidamente. – Pareces una lavandera recién despedida. – Finalizó, tocando la goma donde se pone el trapo, que había quedado enroscada todavía en una de las mitades.

    Me llevó de la mano hacia su silla, acercó otra y nos sentamos un poco más tranquilos. Estaba por preguntarle cómo lo sabía, cómo se había enterado, si él mismo se lo había contado, pero como por arte de magia, ella rompió el silencio primero.

    -Por eso te adoro, primo. – Volver a hablar la hizo, también, volver a llorar -Porque no necesitaste saber ni por qué, ni cómo, ni si estaba segura. Me creíste sin dudar ni un segundo.

    Me pidió la notebook y se la traje. Abrió su e mail y me mostró un mensaje.

    “Usualmente pido 15 mil dólares en Bitcoins por este tipo de información, pero me desperté amigable. Adjunto igual mi dirección por si cree conveniente realizar una donación”, decía.

    Debajo del texto tenía un link que llevaba a un post de Poringa y que contenía dos videos. En el primero, se lo veía claramente a Fabián, notablemente borracho, recibiendo sexo oral de una pibita, vestido como lo habían traído sus amigos unas horas atrás. En el segundo, Fabián le rompía el culo a la misma chica.

    Me mostró a penas la mitad, cerró la notebook y volvió a apoyarse en mi pecho. Julia estaba destruida. Verla así me estaba destruyendo también a mí.

    “El pelotudo me debería haber invitado a su fiesta”, volví a pensar. No porque habría podido evitarlo. Entre todos sus amigos, ponerme en pesado hubiese sido en vano. Irían a hacer lo que ya tenían planeado, de una forma u otra. Debería haberme invitado porque habría hecho cumplir la regla básica de cualquier fiesta: Nada de celulares. Nada de cámaras.

    De ese modo, al menos, no existía la posibilidad de que mi prima se enterase de esa forma y en ese momento.

    Volví a abrir la notebook, el mail, el post y me puse a investigar. Creía que si tal vez encontraba algún detalle extra, alguna prueba de vaya a saber qué cosa, ella dejaría al menos de taparse la cara para llorar. Sé que puede parecerles una estupidez, pero me dolía mucho sentirla tener vergüenza de ella misma.

    “Tuvo que ser alguien de la fiesta”. Un amigo celoso, uno de esos invitados de último momento, o la propia mina, que al otro día se quiso vengar por haberla dejado rengueando…

    Fui a ver el perfil del dueño del post. Tenía el mismo nombre que figuraba en el mail que había recibido: usuario_PsyExA. Y nada más. Recuerdo ahora que lo único que me llamaba la atención eran las tres primeras letras. “Psy” podría relacionarse con la carrera de Julia. Le pregunté si había allí algún psicólogo o psiquiatra, pero me dijo que no. Resignado, cerré una vez más la notebook y me quedé en silencio, acariciando la cara de mi prima que, como siempre, terminaba en mi pecho.

    -Dejame aunque sea ir a hablarle – le pedí cuando pasaron unos minutos.-Te prometo que no llevo los palos… -Acoté mitad en serio y mitad sabiendo que mi berrinche anterior le había quitado una sonrisa.

    -En serio, Ro. Yo ya le hablé – respondió haciendo comillas con los dedos al pronunciar la última palabra – Le partí la guitarra al medio. – aclaró al instante.

    En ese momento la solté, estiré mi espalda hacia atrás y lleve mis manos a la cabeza.

    -¿Estás loca, pelotuda? Te fuiste a la mierda. ¡Con eso no se jode! – le dije, simulando un enojo.

    Julia soltó una carcajada que me hizo otra vez sentir en el paraíso. Esta vez sólo por escucharla reír, con mi mente y mi pija bien lejos de su cola.

    -Estaba como nueva – agregué. Si Fabián conocía la posición de los dedos para los acordes mayores y menores, al menos, era mucho.

    Ya más relajados, le pregunté qué quería cenar. Me dijo que nada, que prefería bañarse e irse a dormir. A los minutos entró a ducharse y me quedé sentado solo. Tuve tiempo para reflexionar sobre aquellos deseos que habían despertado en mí. En el animal salvaje que me había convertido. En el monstruo que quería coger con su prima. Y me propuse seriamente liquidarlo. En este momento no podía existir otra cosa en mi mente más que volver a ver sonreír a Julia. En eso debía enfocarme. Absolutamente nada más.

    Cuando mi prima salió del baño recordé la tanga con leche que había puesto en su bolsa. No fue del todo mío el mérito de haberlo hecho: la recordé porque la tenía puesta. La reconocí de inmediato.

    “Mi prima tiene mi semen en la conchita”. El monstruo se cagaba de risa de mi ingenuidad.

    Había salido todavía secándose el pelo, con una musculosa blanca ajustada, esta vez no era larga. A simple vista se le veía la bombacha, también blanca, con mi leche secándose en la parte de la concha.

    -¿Venís a la cama conmigo? – me preguntó, cómo invitándome al infierno.

    Me puse de pie y la seguí hasta mi habitación. Me quité las zapatillas, el pantalón, la remera, las medias y estuve a punto de quitarme también el bóxer. Me acosté boca arriba, a su lado. Julia puso una vez más su cabeza en mi pecho y su mano en mi abdomen. Rodee su cuello con mi brazo y me dispuse a jugar con su pelo. Mis dedos lo sentían suave, todavía húmedo, mientras que disfrutaba del olor a shampoo que llegaba a mi olfato.

    -No puedo creer que Fabián se haya cogido a otra – me dijo.

    Intensifiqué a penas el masaje que le estaba dando a su cabeza como respuesta y ella me besó el pecho, como agradecimiento.

    -Le hizo el orto a una pendeja de mierda. – continuó. – Fui tan pelotuda cuando me lo quería hacer a mí y yo me negaba…

    -Nada de esto fue tu culpa, Ju. – la interrumpí de inmediato.

    Ella pareció calmarse con mi comentario, pero sólo por unos minutos.

    -Ni siquiera pensó en cuidarme usando forro.

    -El único forro es él. Quedate tranquila que no se la va a llevar de arriba.

    Volvió a calmarse. Yo entendía que todo esto le resultaba muy difícil. Necesitaba descargarse pero, sobre todas las cosas, necesitaba que alguien le dijese que todo iba a estar bien.

    -Le puso la pija en el culo a una pendeja cualquiera, sin forro– repitió haciendo fuerzas para no largarse nuevamente a llorar – Y yo se la chupé. – dijo un segundo después.

    Me tomé un momento para pensar que hacer, que decir, cómo ayudarla, hasta que detecté que mi mente se estaba yendo por las ramas pensando en otras cosas.

    -Ya sé. – Le respondí.

    Nos quedamos en silencio. Sólo nuestras respiraciones y mis dedos entrelazados en su pelo ponían movimiento a esa noche en mi cuarto.

    -Ya me estoy quedando dormida, Rodri.

    Se sentía en el ambiente una melancolía muy especial. Había tristeza, es cierto, pero también había una sensual complicidad dando vueltas.

    -Si querés tócame la cola… -añadió casi susurrando.

    No fui ni lento, ni perezoso. Quité la mano de su cabeza y la metí de lleno bajo su tanga, agarrándole una nalga. Julia me la sopapeó con cariño, como si estuviese haciendo algo indebido.

    -Por arriba de la bombacha, degenerado. Que somos primos.

    Seguí su orden, pero no le respondí. Al otro día era lunes y tenía que ir a trabajar. Miré el techo hasta que cerré los ojos.

    En unas horas comenzaba una nueva semana laboral, pero me dormí sabiendo que, en verdad, lo que comenzaba, era otra vida.

    Continuará…

  • Mi novia la fea

    Mi novia la fea

    Mi relación con Nancy era mala, por trabajo nos distanciamos hasta terminar nuestra relación, y pasaron meses sin nada de sexo, estaba acostumbrado a tener relaciones a diario así que esta situación me tenía desesperado, un día de aburrimiento husmeando en redes sociales me encontré a Katy mi primer novia, ella es morena, chaparrita, de dientes salidos, plana sin nalgas ni tetas, piernas marcadas parece que asía ejercicio, pero madamas, solo fue mi novia por una semana, la verdad solo quería acostarme con ella pero como no quiso la deje; platicamos de cosas sin importancia hasta que llegamos a temas sexuales:

    Celso: sigues siendo virgen?

    Katy: la verdad no después de que terminamos un amigo me llevó a su departamento y fui suya, me hubiera encantado que tú fueras el primero.

    Celso: me hubieras buscado hubiera sido fantástico

    Katy: lo sé no he estado con nadie desde entonces

    Celso: tú me sigues gustando (mentira) deberíamos hacerlo

    Katy: me encantaría tu dime cuando

    Su respuesta fue rápido y sin dudar le propuse que ese mismo día lo hiciéramos, nos pusimos de acuerdo para vernos cerca de la iglesia en 30 minutos, todo era tan rápido que no pude dudar.

    Salí de inmediato a nuestro encuentro, y la vi toda tapada y sin chiste, me acerque la salude de mano y le propuse abordar de inmediato un taxi, tenía mucha pena de que me vieran con ella, no cruzamos palabra alguna en el camino hasta llegar al hotel; subimos a la habitación ella se fue a una esquina, yo me acerque la tome de la cintura y la bese, ella respondió con un beso muy apasionado su respiración era muy fuerte y eso me excitaba, poco a poco la fui desnudando y la lleve a la cama, descubrí sus pequeños pechos y los empecé a chupar, eran deliciosos ya desnuda ella cama la observaba y no estaba tan mal, baje sus calzones y se la metí poco a poco, estaba apretadita, ella se quejaba de dolor pero a las tres envestidas calmo su dolor y se convirtió en placer, estaba muy mojada y caliente, mientras más me movía encima, ella besaba mi pecho mis hombros y mi cuello con pasión.

    Katy: así mi amor te amo me encanta ser tuya, dame mas (mientras besaba mi cuerpo como loca)

    Después le pedí que se subiera sus movimientos no eran buenos trataba de hacerlo al ritmo de la música de afuera pero algo faltaba, me avía acostumbrado a los movimientos de mi ex novia esos si eran perfectos, por tal motivo me avía vuelto exigente, después de un rato volvimos a cambiar puse sus piernas en mis hombre y le di con fuerza, su sonrisa era de oreja a oreja, pero yo solo quería saciar mis ganas y lo conseguí, eyacule gran cantidad de semen que se quedó en el condón, y ella era feliz se acercó a mí a besarme y abrazarme, pero ya más desaojado la vi y me arrepentí ya no quería estar con ella.

    Katy: me encanto quiero hacerlo otra vez por favor

    Celso: será en otra ocasión me tengo que ir

    Pedí un taxi y de inmediato salí de ahí nos bajamos en diferentes lugares como dos desconocidos para que nos vieran juntos; paso un mes donde me escribía a diario, pero yo la evitaba ya no quería nada con ella, hasta que un día:

    Katy: Que te gustaría experimentar en la cama

    Celso: pues he hecho de todo aunque mi novia nunca dejo que lo hiciéramos anal

    Katy: estoy dispuesta a lo que quieras con tal de ser tuya otra vez, vamos mañana

    Celso: no tengo para el hotel

    Katy: no te preocupes yo pago pero hazme el amor, si quieres te doy $200

    La propuesta era buena, además de que me sentía alagado de que me rogara así que accedí a verla temprano para que no hubiera tanta gente, nos vimos cerca de un hotel escondido, pago y entramos a la habitación, de inmediato se me fue encima me desnudo y se desnudó ella sola, sus besos eran riquísimos como si me quisiera devorar, se sentó en la cama para acomodarse y recibir a su hombre, pero antes la tome del cabello y la puse a mamármela lo así tan bien, la trate de recostar pero ella hizo lo mismo tomo mi cara y la dirigió a su vagina.

    Katy: ahora es tu turno…

    Me puso hacérselo oral tenía la cara llena de sus jugos y ella se retorcía del placer, levante sus piernas y la envestí con furia sin condón, después la voltio de a perrito, le daba duro y le puse unas nalgadas muy fuertes, su pues estaba muy roja, y ella gritaba de dolor y placer pero no pidió que parara, era el momento preciso me puse el condón de inmediato metí un dedo por su culo para prepararlo y se la metí poco a poco, apenas iba la cabeza cuando me dijo:

    Katy: ya no por favor me duele

    Celso: a esto venias perra así que aguántate

    Se la metí toda ella gritaba de dolor y tenía su cara llena de lágrimas así que decidí pararme quite el condón y la puse a chupar nuevamente en lo que se recuperaba.

    Katy: papi quiero que me lo hagas tú de pie cargándome

    Celso: está bien perrita

    La cargue y la penetre yo mido 1.80 y ella 1.50 y al ser delgadísima lo hicimos sin problemas, su cara de felicidad volvió y era el momento de darle duro otra vez, volvimos a la posición de a perrito, la nalgueaba con fuerza y ella gritaba pero no podía parar la cogía y la nalgueaba cada vez mas fuerte hasta que me vine, de inmediato lo saque y lo puse en su espalda para llenarla de leche Katy se bañó me dio mi dinero y se fue, caminaba adolorida pero era feliz.

    Me mandó un mensaje en la noche dándome las gracias y diciéndome que me amaba, pasaron varios días para nuestro próximo encuentro que les contaré más adelante.

  • Verano en casa de los primos (2): Sumisa de dos hombres

    Verano en casa de los primos (2): Sumisa de dos hombres

    Aún sentía el culo destrozado, como es lógico, pues era la primera vez que me penetraban por atrás. Además, hacia cinco meses desde que había tenido sexo con alguien y mi coño también estaba dolorido después de la brutal follada de mi primo, el que consideraba educado. También lo había hecho con mi tío, la persona a la que más odio, y lo peor de todo es que había disfrutado… Bueno, la verdad es que también lo obedecí por miedo a que les enseñara la grabación a mis padres.

    ¿Qué pensarían si me vieran follando y disfrutando como una loca? Creo que me echarían de casa y con lo estúpido que es mi tío, el vídeo se haría viral… No podía permitir manchar mi nombre, soy Lina, una chica responsable, estudiosa, tímida y virgen, o eso pensaban mis padres. De todas formas, solo había tenido relaciones sexuales con un chico, hasta que llegué a casa de mis primos, y ahora lo iba a hacer con dos hombres. Mi tío, que es un pervertido, fue a llamar a mi primo, que se encontraba en el salón y nos había escuchado follar.

    Mis pensamientos se volvieron bastante negativos cuando escuché los pasos de mi tío y mi primo, que se acercaban a la habitación. Nunca lo había hecho con dos hombres a la vez y sentía una mezcla de emociones. El miedo y los nervios se apoderaban de mí, no quería hacerlo, no sabía si iba a ser capaz de aguantar a los dos, eran bastante brutos conmigo y me iban a tratar como una perra, aunque eso último me excitaba demasiado, cada vez que me imaginaba la situación, sentía como mis partes íntimas se humedecían, me gustaba la idea de ser utilizada, y mucho más si eran dos hombres.

    Cuando llegaron a la puerta estaban desnudos y me quedé embobada mirándolos, o más bien mirando sus pollas firmes, eso me hacía sentir aún más deseada. No me dio tiempo a pronunciar ni una palabra, cuando mi tío me puso la mordaza en la boca.

    – Así calladita estás muy guapa, sobrina. Ahora ponte a cuatro patas, vamos a castigar a la perrita -me ordenó mi tío.

    Me parecía extraño, pero escuchar sus órdenes me excitaba aún más, aunque sabía que me iban a hacer daño. Mi tío me dejó marcadas su mano de un solo azote.

    – Mmmm… -contesté.

    Con la mordaza no podía expresar todo lo que me gustaría, me había dolido mucho, sentía como mi culo ardía, aunque eso humedecía mi coño aún más, sentía que con sus manos marcaba su territorio y me hacía suya.

    Mi tío pasó la mano por mi culo, acariciándome con suavidad y llegó hasta mi vagina, moviendo sus dedos en círculos y haciéndome disfrutar, me gustaba el contraste que existía entre sus golpes y sus caricias, estaba tan sensible y excitada que se me erizó la piel después de sentir el dulce y reconfortador roce de sus manos…

    – Sobrina, pero si estás chorreando. Está bien, te quitaré la mordaza, pero te voy a dar con este cinturón en el culo cada vez que grites, porque veo que eres una chica muy expresiva…

    Mi tío me colocó encima de él y me metió la polla de una vez en mi húmeda vagina. Empezó a follarme bastante duro y cuando la metía hasta el fondo se me escapaban fuertes gemidos, pues, aunque sentía algo de dolor, experimentaba una sensación placentera.

    – ¡AH! Uhmmm…

    – Ya veo como te gusta mi polla, eres una zorra.

    Cogió el cinturón del pantalón y me dio con él en el culo.

    – ¡Ahhhh! -grité de dolor-.

    – ¿Te gusta que te dé en el culo? Eres una chica muy traviesa…

    Volvió a golpearme con el cinturón, está vez más fuerte.

    – ¡Ahhhh! -grité con más fuerza.

    Repitió el golpe en la misma nalga del culo, pero esta vez con fuerza y aumentó el ritmo, follándome violentamente.

    – ¡Ahhhh! Por favor, tío, no puedo aguantar más…

    – Mi perrita, tienes que aprender.

    Esta vez me dio en la otra nalga dejándome el culo completamente rojo. No quería que volviera a hacerlo, dolía demasiado, y además no podría aguantar mucho más sin correrme si seguía follándome con esa intensidad… Decidí evitar gritar y me mordí los labios con fuerza esta vez.

    Mientras tanto, me percaté de que mi primo estaba embobado mirándome con ojos de deseo. La verdad es que yo los tenía brillantes, a punto de derramar una lágrima, pues la sensación era bastante intensa… Se notaba que mi primo tenía ganas de follarme, sentía como me estaba comiendo solo con los ojos y fue entonces cuando se acercó y me empezó a besar mientras me pellizcaba los pezones con fuerza.

    – Métesela a tu prima por detrás, quiero que sienta cómo es tener dos pollas dentro a la vez -dijo mi tío.

    Mi primo tenía la polla mucho más grande que mi tío, y si había costado meter la suya por detrás, no me imaginaba cómo podría ser tener dentro la de mi primo… Ni siquiera utilizó lubricante, me metió la mano dentro de la boca y me dijo que se la chupara. Después metió su polla en mi boca, y fui humedeciéndola con mi saliva. Seguidamente se colocó a mis espaldas y empezó a empujar su polla contra mí, cada vez más fuerte. Con cada empujón la conseguía meter un poco más profundo hasta que la conseguí tener prácticamente dentro de mi culo.

    En ese momento me sentía completamente satisfecha, mi tío me estaba follando por delante y mi primo me estaba abriendo el culo. No necesitaba nada más, tener dos pollas dentro de mí era demasiado… Empezaron a aumentar el ritmo y no pude evitar soltar un fuerte gemido.

    – ¡Ahh! Me encanta

    -¿No has escuchado al tío? Nada de gritar… -dijo mi primo con un tono agresivo.

    Mi primo me dio un fuerte azote en una de mis nalgas y mi tío me golpeo con la correa en la otra… Me mordí los labios y evité gritar de nuevo porque ya sabía lo que pasaba cuando no obedecía, aunque la verdad es que me gustaba ser una chica mala porque después del dolor, me follaban como nunca me habían follado, de manera violenta pero muy satisfactoria. Además, evitar gritar era para mí como un reto y me excitaba demasiado la idea de tener algo prohibido porque me daban más ganas aún de hacerlo, pero también me gustaba satisfacer sus órdenes.

    Tras el castigo, aumentaron el ritmo y me encontraba en un momento de éxtasis, sabía que pronto me iba a correr porque me empezaron a temblar las piernas…

    – ¿No pensarás correrte sin nuestro permiso? -dijo mi primo.

    Pero ya era tarde, tras pronunciar esa frase experimenté un fuerte orgasmo y mi vagina empezó a contraerse.

    – Oh vaya, veo que lo estás disfrutando más que yo -dijo mi tío.

    Y tras pronunciar esas palabras me folló violentamente el coño hasta que empecé a notar varios chorros de líquido que salían de su polla con cada estocada, fue demasiado satisfactorio sentir como su semen caliente se derramaba en mi interior…

    Seguidamente, mi tío, con la polla aún firme, me colocó a cuatro patas y me metió su polla en la boca. Sentía que me iba a atragantar, pues nunca me había tragado una polla al completo, pero pronto me fui adaptando y dejé que me follara la boca.

    – Así putita, déjala bien limpia. ¿No querrás dejarme la polla llena de tus fluidos? -decía mientras me la dejaba en el fondo atragantándome-.

    Mientras tanto, mi primo me empezó a follar el culo de nuevo…

    – Tienes el culo muy apretado, Lina -decía mientras me lo agarraba fuerte y me daba un azote.

    – ¡Ahh! -grité dolorida.

    – He dicho que no grites, ya veo que te gusta que te deje el culo rojo…

    Sacó su polla un momento, cogió el cinturón y me golpeó. Sentí como mi vagina ardía dolorida con el golpe del cinturón.

    – Espero que no me vuelvan a follar el coño esta noche -pensé mientras mi primo me la volvía a meter en el culo.

    Mi tío dejó de follarme la boca y me besó apasionadamente…

    – Muy bien Lina, ahora dile a tu primo lo que quieres -me ordenó mi tío.

    La verdad es que me sentía demasiado excitada en aquel momento, con mi primo follándome por detrás y mi tío besándome de esa manera. Así que contesté sin pensar demasiado…

    – Quiero que mi primo se corra dentro de mí.

    Tras escuchar mis palabras mi primo enloqueció y me dejó el culo bastante rojo con sus violentos azotes.

    – Así que quieres que me corra dentro, eh perrita.

    Sentí como mi culo ardía por fuera y por dentro, con el gran chorro de semen que mi primo derramó en su interior. No podía más, caí rendida en la cama. Mi tío me volvió a besar los labios como despedida…

    – Será mejor que nos vayamos a descansar -dijo mi tío mientras salía de la habitación.

    Tras escuchar aquellas palabras me sentí más tranquila, así que pensé que sería mejor ir al baño a limpiarme, necesitaba una ducha…

    – ¿Vas a ducharte? -dijo mi primo.

    – Sí… -pronuncié algo cortada.

    – Bien, iré contigo.

    Ahora tenía que ducharme con mi primo… Bueno, al menos ya se ha corrido una vez, no creo que se haya quedado con ganas de más.

    Cuando entramos en la ducha y encendí el agua cerré los ojos un momento y fue mágico. Mi primo sabía que estaba demasiado cansada y se acercó a mí acariciándome la espalda. Todo en silencio, con los ojos cerrados, como si nada importase, solo pensaba en descansar, disfrutar, sentir el agua recorriendo mi cuerpo, y él, limpiando y acariciando cada parte de mí con sus manos, rozando su cara con la mía, acariciando mi pelo y rozándome los labios, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, nos quedamos así un rato y fue bastante excitante sentir como poco a poco sus labios se mezclaban con los míos y su lengua juguetona se empezaba a introducir buscando la mía tras varios besos lentos.

    Después de ese cálido momento, me empujó con intensidad hacia la pared de la ducha mientras me besaba y me acercaba su polla, firme de nuevo. Me empezó a introducir sus dedos en mi húmeda vagina y no tardé ni un instante en soltar un gemido…

    – ¡Ahh!

    – Nada de gritos -dijo con un tono serio mientras me dejaba sus manos marcadas de nuevo, esta vez en mi muslo…-.

    – ¡Ahh!

    – ¿Sigues? Te tendré que castigar un poco más…

    La verdad es que me encantaba el contraste que había entre sus caricias y sus azotes me parecía demasiado agridulce, era una mezcla de sensaciones demasiado intensa, me gustaba su forma de sentir, de vivir el deseo en cada momento.

    Me colocó a cuatro patas contra la pared y me empezó a follar, esta vez el coño. Me mordí los labios, evitando soltar un gemido demasiado fuerte, ya que tampoco quería volver a ver a mi tío esa noche, ya que se había decidido ir a dormir… No eran horas para volver a hacer un trío.

    Disminuyó la velocidad y me siguió follando despacito a la vez que me pellizcaba los pezones. Eso me gustaba demasiado, tenía los pezones demasiado sensibles y sentía q iba a tener un orgasmo en ese mismo momento, y eso que los estaba pellizcando con bastante fuerza…

    Seguía mordiéndome los labios, apretando fuerte y aguantándome para no volver a correrme. Me empezaron a temblar las piernas y entonces… Mi primo paró y me dejó con la cara de embobada cuando estaba a punto de correrme.

    – Ya te has corrido antes, vamos a dejar un poco para mañana, ¿no?

    Lo miré diciéndole “quiero un poco más” y él me dio un beso en los labios.

    – Que cara más inocente y dulce pones cuando quieres… Bueno, vamos a la cama, ya estás limpita…

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    Gracias por su lectura, si tienen alguna duda o sugerencia pueden contactar conmigo en el siguiente correo: [email protected].

  • Mi novia Yesica (confesión)

    Mi novia Yesica (confesión)

    Conocí a Yésica por medio de una red social. Una sola foto suya bastó para enamorarme perdidamente. Con sus 160 cm de altura y sus poses sexis fue conquistándome fácilmente. Caprichosa, aniñada, mal criada y con sus jóvenes 23 años era una mini reina dotada de una cola casi perfecta. Con una cara digna de una muñeca rendía a sus pies a cualquier hombre. Extremadamente sexy podía extraerte de tu ser todo lo que ella quisiera. Con su pelo largo, su cintura pequeña y su abdomen que era digno de poner en un cuadro arrasaba con la hinchada masculina. Con su busto pequeño, unas caderas para el infarto y unos muslos súper fibrosos iba haciéndose desear cada vez más. Comenzamos a hablar de modo inocente como buscándonos pero a medida que más la conocía más me gustaba. Sabía cómo manejar a un hombre llevando la delantera en todo. Marcaba el ritmo de las charlas a todo calor. Mientras jugaba con los tiempos del encanto, mostrando siempre un poco de más para dejarme duro como un roble.

    Sabía jugar de forma sensual al ritmo del deseo mismo que ella producía hasta hacerte acabar sin tocarte.

    Más allá de no hacer caso a las evidencias ni a los testimonios que se daban en este grupo virtual a través de la red sobre Jésica. Decidí jugar mi carta siguiendo los designios de mi corazón y negar todo aquello que estaba en su contra actuando ciegamente como un tonto. Dando marcha hacia adelante en nuestra relación.

    Hoy con el diario de mañana puedo enumerar algunas cuestiones que no eran las más alentadoras en una mujer de la cual uno se tiende a enamorar.

    Decidí creer en sus palabras y hoy en esta confesión voy a desenmascarar todos sus dichos.

    1- La única figura familiar que respetaba era la de su padre, ya que de su madre hablaba pestes culpándola de meter hombres a su casa que en varias ocasiones habían intentado propasarse con ella. Sin tener mucho respeto por su familia.

    Madre la cual también solía acostarse con muchos hombres sin importarle absolutamente nada. De tal palo tal astilla dice el dicho o muchas veces para una muestra solo alcanza un botón.

    2- ¿qué decían sobre ella en la red?

    Los rumores la tildaban de muy puta a terriblemente puta. Según decían se había comido varios plátanos machos por la cola. Hasta en algún momento recibí un mensaje que decía:

    -¿vos andas con Yésica?

    Es bastante zorra ten cuidado amigo, te lo digo de buena onda en este grupo se la culearon todos.

    Haciendo caso omiso a todas estas advertencias seguí adelante con mi testarudez de Romeo enamorado.

    Los rumores eran fuertes e iban de boca en boca y se regaban cómo pólvora por los pasillos virtuales. Según decían en una juntada se la habían culeado ente dos en un baño. Pero preferí creer en ella y sus palabras. Que esto solo era una mala jugada de personas envidiosas siendo Yésica una víctima de bullying o algo similar.

    Fue así como con fotos de ropa muy sensual, pequeños videos y otras fotos bastante ligeras de ropa terminé de enamorarme completa y perdidamente de Jessy.

    Pero el corazón es tonto, la razón del enamoramiento es idiota y el amor es ciego. Muchos amigos me decían grandes verdades en cuanto a ella. Y viendo la situación hacia atrás tenían razón no era por lejos la mujer más conveniente.

    Jésica era madre de 3 niños de 3 hombres diferentes. Había sido madre a los 16, a los 19 y a los 22.

    -“Juancito tiene 3 chicos es más puta que las gallinas, deja de gastar plata no seas bobo” me dijo una vez un gran amigo y lamento no haberle hecho caso.

    3-Durante los primeros meses de nuestra relación Yésica trabajaba de noche.

    Haciendo como ella lo llamaba presencias en un bar. Atendiendo la barra y organizando algunas cuestiones. Con el tiempo fui descubriendo que ella se prostituía en este antro de poca monta ante hombres de más de 50 años. Viejos pajeros cómo les decía que les gustaban las pendejas que por unos pocos dólares se las terminaban culeando en el sucio baño de ese mugriento bar. Claro está que ella esto siempre lo negó. Pero no hay que ser muy inteligente para saber cómo funcionaba el asunto. Antro el cual le daba barra libre donde quizá el abuso de algunas cuestiones etílicas, le daban más valor para entregarse a distintos hombres. Demás está decir que también solía correr por esos bares algo muy parecido a la harina que consumía por la nariz. Realmente yo creía que su trabajo era el de una camarera pero luego de meses de sumar evidencia era claro que no y lejos estaba de serlo.

    Vestida con tacos altísimos o botas negras, faldas cortas y sensuales y su boca pintada de rojo extremo iba a trabajar. Su ausencia excesiva de un sostén dejaba ver todos los relieves de sus senos. Todos estos síntomas de la noche no me alcanzaron para notar todas estas desventajas. ¿Pero quién va a trabajar con tacos, una falda de 25 cm y un corpiño rojo?

    Todas sus fotos posaba cómo si estuviera en un book de fotos donde se elige a una escort.

    4- Una vez por semana Jessy me decía que iba a limpiar la casa del patrón. Que no era ni más ni menos que el dueño del bar que se la cogía a ella y a todas las pendejas como ella gratis que trabajaban ahí sin poner un dólar.

    5-También me decía que el padre de uno de sus hijos siempre le escribía y la acosaba. Mentira se escribían y de vez en cuando le pegaba una buena cogida arriba del auto.

    6-También decía que sus primos eran muy queridos y que la cuidaban. Estos eran gente de mala calaña que andaban en prácticas no santas. Con los que se echaba abriendo sus piernas gratuitamente.

    7- Las veces que decía que un taxista se propasaba con ella. Se debía un estado de intoxicación que poseía dónde solía chuparles la pija a los choferes para que la lleven a su lugar de destino.

    Todo esto no me importó y si logré identificarlo pensé que podía cambiarla. Si soy bastante imbécil.

    Cogía muy bien era una máquina, tenía mucha experiencia a pesar de ser más chica en edad que yo.

    Los excesos de la noche hicieron que dejara ese bar de mala muerte para seguir su negocio personal de meretriz en un boliche de los más grandes de la ciudad. Al ser una ciudad pequeña todo tarde o temprano se sabe.

    Una vez alguien muy conocido me envió un vídeo donde se la veía a Jessy bailar por dinero para algunos hombres. Moviéndose de forma sensual obviamente para luego copular por dinero con cada uno de ellos.

    Tomé valor y me juré que nunca más esto me pasaría, que la dejaría. Que con el tiempo reharía mi vida con alguien que no tenga este tipo de prácticas, ni vicios, ni nada parecido.

    Pero esa noche ocurrió lo peor.

    Esa mañana Jessy llegó a eso de las 9 am luego de una dura y larga jornada laboral. Realmente arruinada, ojerosa no sabía dónde estaba, alcoholizada a tope. Bajo de un auto último modelo con vidrios oscuros. Con su maquillaje totalmente corrido en una evidencia más de una noche difícil. Con sus tacos en una mano y su pequeña cartera en la otra. Su vestido que tapaba muy poco, casi nada de su cuerpo maximizaba lo zorra que también era a plena luz del día. Entro a la habitación donde me encontraba despierto y recostado sobre la cama preocupado por su tardanza.

    Ella se subió encima de mí, me pidió disculpas y al mismo tiempo comenzó a besarme.

    – No tengo ganas de tener sexo Jésica quiero que hablemos. Le dije

    – ¡Yo si quiero tener sexo!

    – Ni la pija me parás en este estado. Mientras se frotaba sobre mi fláccido pene.

    – ¡Yo tengo un truco para eso!

    Esta levantó un poco su vestido dejándome ver con total claridad que no tenía ropa interior. No es que se haya ido de aquí sin ropa interior sino que la perdió en el transcurso de la noche vaya a saber con qué hombre.

    Comenzó a tocarse la vagina de modo suave mientras se agitaba sobre mí. Quitándose el vestido para que en ese preciso momento sintiese toda su mojada vulva posándose en mi blando pene para querer entrar en ella. Sentí como su tremendo calor vaginal abrazaba el comienzo de mi erección la cual crecía a medida que esta comenzaba a saltar sobre mí de manera asombrosa. Para luego de unos instantes estar cogiéndola con la pija bien dura mientras rebotaba sobre mí cómo lo hacen las callejeras. Realmente me hizo acabar como un volcán adentro suyo. El tiempo pasó y ella siguió en el mismo negocio

    ¿Qué ocurrió?

    A meses de esto me anunció que iba a tener un bebé que supuestamente era mío. Había preñado a la ramera de Yésica. Hasta el séptimo mes de embarazo siguió prostituyéndose con mi supuesto hijo en su vientre. Pasando de mano en mano y de verga en verga. Había embarazado a una putita barata y le había hecho el cuarto hijo de 4 padres distintos.

    8- Ella decía que necesitaba el dinero. Si es cierto pero en el mercado de las putas, una prostituta embarazada es más cara o pagan más que una que no tenga el crío adentro. Por esta razón ella siguió complaciendo a hombres mayores que rentaban su cuerpo.

    Hoy vivo a casi 2000 km de ese pueblo, nunca más supe de Yesi, ni de nada de ella, ni nada nuestro, solo espero que sea feliz…