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  • Antonio, mi vecino favorito

    Antonio, mi vecino favorito

    Todo empezó cuando por fin conseguí el trabajo que quería, era perfecto; excelente sueldo, en una empresa reconocida, buen ambiente laboral, estable y con buenas prestaciones, solo que era en una ciudad lejana de donde estaban todos mis conocidos y a la cual nunca había ido, ni por equivocación.

    En ese entonces el cambio lo vi como una oportunidad para alejarme de ciertas personas, y por ciertas personas me refiero a mi ex, hacia un par de semanas que habíamos terminado cuando me llegó la noticia de mi trabajo soñado. Como se imaginarán, la dicha no fue completa gracias a él y a mi querida prima (casi mi hermana), que un buen día los encontré follando en MI cama, como si en toda la maldita ciudad no hubiera otro lugar para «hacer de las suyas». Claro, ese día hubo gritos, llantos, reclamos, reproches y también, la célebre frase: -No es lo que parece.

    -¿No es lo que parece? Tienes la verga en el culo de mi prima, bien en el fondo, y ella gime como perra en celo. Entonces, ¿Que mierda es?

    Gracias a Dios tuvieron la sensatez de quedarse callados y largarse de allí.

    Así que esa oportunidad era lo que estaba esperando, para poner la mayor distancia posible entre esos imbéciles y yo. Me necesitaban lo antes posible por lo que no los hice esperar, empaque un par de maletas con lo justo y mi mamá quedó de enviarme el resto de las cosas.

    Me alojé en un hotel cerca al trabajo, todos fueron muy amables e incluso varios me daban información de casas y departamentos para arrendar, mi jefe me dio el sábado libre para que pudiera buscar tranquilamente en donde vivir, encontré un departamento tranquilo, a 15 minutos del trabajo y a buen precio.

    La semana siguiente me dediqué a trabajar arduamente y finalizar el papeleo para poder irme a mi nueva casa. Cuando llego la noche del viernes ya me estaba mudando, solo fue hasta el sábado por la noche que pude terminar de organizar todo, así que decidí darme un baño bien merecido. Justo cuando salí de la ducha escuché que golpeaban mi puerta, así, en toalla como estaba fui a abrir, me encontré con un domiciliario desorientado y con las manos totalmente llenas de paquetes preguntándome por el Señor Antonio, naturalmente le dije que allí no vivía ningún Antonio, que estaba equivocado, a lo que respondió haciendo malabares con los paquetes para poder confirmar a que departamento tenía que ir. Me dijo que efectivamente se había equivocado, que era en el departamento de al lado, se disculpó y se retiró torpemente, dejando caer un paquete tras de si, y como yo soy buena gente y a veces tonta, salí al pasillo para recogerlo y entregárselo, dado que él ni siquiera se había fijado de que se había caído.

    Cuando me agache a recogerlo escucho como detrás de mí se cierra mi puerta. Lance una maldición que estoy segura se escuchó en todo el edificio, me pare rápidamente e intente, en vano, abrir la puerta. Mientras tanto, ya el domiciliario había tocado en la puerta del vecino, él había salido y estaba viendo mi entretenida escena. Resignada, me acerqué a los dos hombres que presenciaban mi desgracia e hice entrega del paquete culpable de todo. Quien supuse que era Antonio hacía todo lo posible por contener la risa y el domiciliario, reticente, tomo el paquete, me dio una sonrisa como de disculpas y se fue.

    Allí estaba yo, en medio del pasillo de lo que era mi nuevo hogar, prácticamente desnuda y solo con una toalla para cubrirme.

    -Así que tú eres la nueva vecina- dijo conteniendo una carcajada -mucho gusto, mi nombre es…

    -Antonio- le respondí, me miró extrañado y por fin se le quitó esa sonrisa de su rostro, ahora fui yo quien se río un poco con su expresión. Le expliqué lo que había sucedido y que por eso suponía que era su nombre -Mucho gusto Antonio, yo soy Adriana y no sé qué hacer ahora que mi puerta se cerró, no tengo llaves y tampoco mi teléfono.

    -Adriana, no te preocupes, yo tengo el número del encargado del edificio, a lo mejor tienes suerte y aún no se ha ido, sigue, puedes entrar a mi casa para que no estés allí sola y con frío-

    Claro, tuve a acceder a los ofrecimientos de mi vecino, era lo más sensato que podía hacer en ese momento.

    Le agradecí su hospitalidad y tome asiento, mientras él llamaba a él encargado. Como pueden intuir, lógicamente, ese no era mi día de suerte. -Adriana, lamentablemente, el encargado ya está en su casa, pero como es un buen amigo mío y una buena persona accedió a regresar y ayudarte, así que me debes una.-

    Mientras decía eso se me quedo viendo muy detenidamente, y es que en ese momento yo había cruzado las piernas, cosa que hizo que la toalla se encogiera un poco, mostrando mis piernas en todo su esplendor. Honestamente no lo hice para provocarlo ni mucho menos, eso era algo que hacía de manera automática, sin pensar. Entonces fui consciente de mi desnudez, por lo que automáticamente descruce las piernas, lo que fue peor, él clavó su mirada en mi entrepierna, no disimuló ni un poco y toda esta situación me estaba empezando a calentar.

    Él era un hombre muy bien parecido, tenía unos 45 años (aunque aparentaba menos) pero se notaba que le gustaba estar en forma, de hecho, al parecer cuando llego el domiciliario se estaba ejercitando, tenía una musculosa ceñida al cuerpo en la que se notaban sus músculos y un short que dejaba ver tanta pierna casi como mi toalla, una barba bien definida y cabello corto con algunas canas.

    Yo soy una mujer de 28 años, de piernas largas y gruesas, con buenas tetas y buen culo, de cabello largo y negro, tez trigueña y ojos marrones.

    Mientras me miraba de esa forma solo pude pensar en lo que ese hombre podría hacerme y eso solo hizo que me incomodara más. Le di las gracias mientras intentaba romper las leyes de la física para que esa toalla me tapara mas. Al parecer se dio cuenta de mi incomodidad lo que lo hizo sonrojar un poco, algo avergonzado me ofreció ropa para que estuviera más cómoda y con menos frío. La acepté totalmente agradecida, y comenzamos una charla trivial, sobre cuánto tiempo llevaba viviendo allí, en que trabajaba, si vivía solo…

    Procedí a ponerme la ropa que me ofreció, comencé con el pantalón que me dio pero fue imposible usarlo; se me caía. Como la camisa que me dio era lo suficientemente larga decidí ponérmela sola, estaba a punto de hacerlo cuando me fijé en el reflejo del espejo que tenía al lado, por el pude ver que dejé, sin darme cuenta, la puerta un poco abierta y que Antonio estaba allí, abriendo la un poco más, con cuidado, y tocándose la verga.

    Raramente, eso me excito, actué como si no supiera que él estaba allí, me quité la toalla y empecé, con mucho cuidado, a secarme un agua inexistente de mi cuerpo desnudo, puse un pie en la cama que tenía en frente y acaricie toda mi pierna, de igual forma hice con la otra pierna, abrí mis nalgas y pase la toalla muy lentamente. A estas alturas Antonio ya tenía la verga fuera y se pajeaba frenéticamente.

    Me puse la camisa, apenas me tapada el trasero, abrí bien las piernas y me incliné hacia adelante, asegurando me que tuviera una muy buena vista y me tome un tiempo eterno para enrollarme la toalla en el pelo, mientras hacía esto se escuchó que llamaban a la puerta, él como pudo se metió la verga en el short y fue a abrir; era el encargado. Antonio me llamó, cuando salí vi que intentaba, en vano, cubrir la erección enorme que tenía, me aguanté la risa y le agradecí al encargado por ir a ayudarme, también le agradecí a Antonio su hospitalidad y le dije que si había algo en lo que pudiera ayudarlo solo me lo tenía que decir.

    Por fin pude entrar a mi casa, el encargado me recomendó dar una de las copias de mis llaves a algún vecino por si me volvía a suceder algo así, Antonio se ofreció y pensé ¿por qué no?, aprovechando que tenía un par de copias le di una, les volví a agradecer y les deseé buenas noches.

    A esas alturas solo quería que se fueran para poder masturbarme tranquila, ese rato con el vecino me había dejado muy caliente.

    Ya eran las 3 a.m y yo seguía dando vueltas en mi cama, no me podía sacar de la cabeza el cuerpo de mi vecino, la imagen de Antonio tocándose, no podía dejar imaginar el sabor que tendría su verga, su leche… Cuando de repente escuché como se abría la puerta de la entrada, me asomé desde la puerta de mi dormitorio y para mi sorpresa era Antonio que entraba como un ladrón, a la luz de la luna pude ver que solo traía puesto su short, que se le marcaban los músculos del abdomen de manera deliciosa y que traía la verga dura o eso era lo que quería ver. Contra toda lógica cuando lo vi no grite, no llame a la policía, no hice ruido para espantarlo, lo único que hice fue quitarme lo que traía puesto (una tanga y la camisa de mi vecino) y meterme en la cama como si estuviera total y absolutamente dormida.

    Escuche como Antonio entraba a mi habitación silenciosamente, se paró a mi lado y con cuidado me quitó la sábana que me cubría, para su suerte nunca me gustó dormir en la total oscuridad por lo que siempre tenía una lámpara encendida y las cortinas recogidas, dio un suspiro al verme desnuda boca abajo, paso su mano delicadamente por espalda y como no hice ningún movimiento, bajo la mano con más seguridad hasta mi culo, con sus dos manos lo apretó cada vez con más fuerza, volvió a suspirar un poco mas fuerte. Abrió mis nalgas y soplo un poco entre ellas, casi gimo de placer, no me separaba que hiciera eso y esa situación me ponía cachonda a más no poder.

    Abrió tanto como pudo mis piernas y se metió entre ellas, respiró mis aromas y lamió todo lo que le permitía esa posición, tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no retorcerme ante su lengua para no meterle la cabeza en mis cavidades para no gemir como una perra. Cuando parecía que se había apiadado de mi, lo que hizo fue sacar su enorme, dura y gruesa verga para restregarla por toda mi raja, a esas alturas yo solo deseaba que me la metiera por donde el quisiera, pero solo eyaculo en mi culo, me limpió un poco y se fue. Cuando escuché que la puerta se cerró encendí la luz para ver con que me había limpiado, ya que yo no tenía papel en mi habitación, busque y busque pero no vi nada, luego me di cuenta que se había llevado mi tanga, seguramente me había limpiado con ella, me volví a acostar imaginando que se pajearía con ella pensando en mi.

    Al día siguiente me desperté muy tarde, me bañe y fui a hacer unas compras que me hacían falta, cuando regrese me encontré en el pasillo a mi nuevo vecino favorito. Nos saludamos normalmente.

    Luego me pregunto, con esa sonrisita que ya me iba pareciendo característica de él.

    -¿Dormiste bien anoche? Es que hice bastante ruido tarde en la noche y me apenaría mucho pensar que no dormiste bien por mi culpa.

    -No te preocupes, dormí perfectamente, no escuché nada, es que desde hace unos meses tomo pastillas para dormir y con ellas no me levanta ni un terremoto- le digo sonriendo -Hasta luego

    -Hasta la noche…

  • Compartiendo a Sofia (II)

    Compartiendo a Sofia (II)

    Nunca había pasado de darle una nalgada o hacerle un agarre ocasional sobre esas tetitas jóvenes y deliciosas, incluso de un roce de mi verga cuando la sentaba en mis piernas, pero esa tarde algo cambió y Sofía comenzó a ser para mí lo que era para los demás.  También, descubrí uno de los secretos de Sofía…

    «Noc, noc. ¿Ya decidiste qué vas a ponerte?» pregunté desde el otro lado de la puerta, esperé paciente a que bajara el volumen de la música, si es que se puede llamar música a ese mundana, del «pop». Abrió la puerta con un puchero pero no me permitió ver nada más que su rostro y su cabello: llevaba un labial con glitter rosa que hacía que su boquita se viese apetitosa, las pestañas más grandes de los normal, quizá algún implante o algo que se hizo durante la mañana, las mejillas rojitas, pero no por algún rubor sino por el coraje que hacía en ese momento, el cabello se caía, tan castaño y ondulado como siempre con un sencillo partido a la mitad de la cabeza. Sofía nunca necesitaba nada exuberante para ser sensual.

    «No sé qué bikini usar» se quejó. «¿Tú vas a usar eso nada más?»

    Cuando me señaló mostro cierto desdén que pudo haberme ofendido, pero no lo hizo, porque la conozco. Mis sandalias y mis bermudas blancas eran sencillas, junto con la camiseta blanca, debajo traía mi bañador; obviamente carecía de elegancia o estilo, para ella eso era imposible, siempre estaba perfecta. Me sonreí y empujé la puerta con la yema de mis dedos para que me dejase pasar.

    «¡No! No estoy lista.»

    «Sofi, Duncan y Daniel no tardan en llegar, también Catrina dijo que llegarían a las once» reprendí con un tono más firme, ella hizo otro puchero, en ese momento se escuchó el abrir del portón eléctrico, el mayordomo, Jimenez, debió darles la entrada a los Daring. «Deben ser ellos. Voy a recibirlos, date prisa».

    Yo bajé a recibir a mis socios y amigos, ellos traían también un look más casual que la noche anterior, y dos botellas de buena champaña que pronto puse a helar para que estuviesen a punto. Duncan traía unos caqui con una camiseta azul celeste que resaltaba el color de sus ojos, sus músculos siempre resaltaban sin importar qué usara, pero en esta ocasión se podían ver sus tatuajes cubriéndole hasta el cuello y las muñecas como una segunda capa interior, traía sus gafas de armazón negro. Daniel llevaba jeans, camisa de vestir blanca arremangada a los codos, gafas de sol negras marca Ray-Ban y cargaba los dos bolsos de mano de ambos ya que su hermano traía la champaña, siempre bien rasurado. El ama de llaves les asignó una pequeña habitación en la planta de abajo con baño para dejar sus maletas, lo primero que hicieron fue preguntar por Sofía.

    «No está lista» respondí resignado. «No sabe qué ponerse».

    «¡Ah, mi gatita!, pero si se ve hermosa con lo que sea» dijo Daniel, buscando algo de su bolso, una caja cubierta con terciopelo negro que cabía en sus dos manos.

    «Eso le he dicho, pero no escucha. ¿Y eso?» señalé a la caja.

    «Es su obsequio de París. ¿Dónde está? Vamos a verla»

    «En su habitación, pero no deja entrar a nadie».

    «Tonterías» terció Duncan, firme y contrayendo la mandíbula, por un momento él tenía más aspecto de padre enfadado por el retraso de su hija que yo. Los tres subimos las escaleras para llegar frente a la puerta de Sofía. Duncan y Daniel se pusieron al frente y tocaron, Sofía volvió a bajar el volumen de la música y se asomó, su carita entera se tornó roja de vergüenza.

    «¡Sorpresa, gatita! A ver, ¿por qué no has salido a recibirnos, eh?»

    «Déjanos entrar a darte un abrazo, princesita» secundó Duncan.

    «¡No! No sé qué ponerme» insistió, reteniendo la puerta y mostrándonos sólo su cuello.

    «Déjame ayudarte entonces» dijo Daniel con calma, haciendo un poco más de presión en su empuje, ella comenzó a ceder hasta que nos dejó entrar en su habitación olorosa a Channel n°5. Había al menos una docena de trajes de baño tendidos en la cama, y en el suelo el doble de faldas y blusitas y vestidos y shorts… Era un desastre. Cuando giré a verla estaba en su batita de seda color rose gold, se veía la caída de sus tetas y los pezones bien marcados, las piernas largas desnudas y sus piecitos pequeños y bien manicurados dentro de unas pantuflas de conejito. «¡Qué ricura! Por mi que te quedes así, ¿no, Duncan?»

    «Sí, princesa, estás preciosa, ven acá. Dame un abrazo» secundó el hermano mayor, ella se acercó tímida y puso sus manos alrededor de su torso, pegando la mejilla en el pecho de Duncan, éste dejó un beso en su coronilla y la apartó, dejándosela a su hermano. Daniel no fue tan tímido, y la hizo rodear sus hombros en lugar del torso, la tomó de la cintura y la levantó en vilo, debió haber sentido sus tetas aprisionársele. Le abrió las piernas y se rodeó las caderas con ellas, ella comenzó a reír de nuevo.

    «Te traje tu regalo, pero te lo daré después. Primero… Hay que elegir qué te vas a poner».

    «Pruébate estos» dijo Duncan, que llevaba todo ese rato hurgando entre los trajes de baño, ella bajó del regazo de Daniel pero pude ver en éste la erección que contenía debajo de los pantalones. A ese punto me di cuenta que no tardaríamos los tres en estar igual. Nos pusimos cómodos en la cama, ella se iba a retirar al baño para cambiarse. «Hazlo aquí» ordenó Duncan, con voz firme y rígida que hasta a mí me dio escalofríos, se cruzó de brazos y Sofía me miró.

    «Anda, cariño, rápido que tenemos hambre» dije. «Conoces a Duncan y Daniel desde hace mucho tiempo, no tengas pena. Será más rápido».

    Sofía asintió y se desató el nudo de la bata de seda, ésta se abrió dejándonos ver debajo el cuerpecito apretadito y duro de adolescente, la cinturita y el abdomen firme marcado con una ligera línea al medio, las tetitas estaban libres, mostrando sus pezones rosaditos y erectos, llevaba una tanguita negra debajo . Llevó los dedos a los elásticos de la tanga y la bajó lentamente, éste se fue enrollando hasta quedar en sus tobillos, Duncan fue el primero en acercarse y ayudarla a quitárselas.

    «¿Puedo quedármelas, princesa?» preguntó desenrollándolas y oliéndolas con una fuerte aspiración, Sofía asintió y Duncan volvió a su puesto, Sofía se inclinó de nuevo para colocarse la parte de abajo del bikini, sus tetas también cayeron por la gravedad. Daniel se reacomodó en la cama, yo hice lo mismo con mis entrepierna y Duncan se guardaba la tanga en el bolsillo del jean. El primer traje de baño era uno de dos piezas color mostaza, tenía unas pequeñas manguitas como revuelo en los hombros y unas cintitas en la cintura que le se ataban en la espalda y le daban el aspecto de un regalito, la parte de abajo era un bikini sencillo y aunque se entrometía en sus carnosas nalgas no las lucía muy bien.

    «¿Qué tal este?» dijo ella, girando frente a los tres y al mismo tiempo se veía sí misma en un espejo de cuerpo completo con foquitos que tenía junto a la cama con dosel.

    «Mmm… ven aquí.» Dije, colocando mis manos en sus cinturas cuando la tuve entre mis piernas. «¿Qué dicen, muchachos?» La hice girar y deslicé los dedos debajo del bikini y lo tiré haciendo que saliera de entre sus cachetes. «No me gusta».

    «A mí tampoco» secundó Daniel, extendiendo una mano que Sofía tomó, giró frente a él. «Hay que probar con uno que te resalte el culito, ¿sí, gatita?» explicó, inclinándose para darle un beso en la nalga derecha. Sofía volvió a bajarse el bikini y a quedar en pelotas para los tres, Duncan le pasó un segundo bañador de una pieza esta vez: Color vino, estilo tanga como quería Daniel, sus caderas se veían perfectas pero sus tetas quedaban escondidas. «No le va a gustar ni a Roberto ni a Catrina».

    «Estoy de acuerdo. Ven aquí, princesita. Tienes que lucir estar tetitas» decía Duncan sujetándoselas con ambas manos e inclinándose para dejar un besito en la punta de los pezones que se adivinaban debajo de la tela, me pareció ver que Sofía se mordía el labio inferior. «¿Te cala el coñito?» preguntó él al ver cómo se le marcaba el camello por lo ajustada de la tela en esa zona, le pasó el dedo medio en esa línea que se marcaba y Sofía se sonrió por reflejo y se estremeció, él comenzó a rozar la palma de la mano por completo. «Sí, creo que sí, estas sensible, ¿no te parece, Eze?»

    Estiré la mano y ella abrió más las piernas cuando me vio cerca, me tembló un poco la mano pero sentí su calorcito y como se le marcaban los labios en la tela, así como el clítoris durito como un chícharo, lo rocé con el pulgar y Sofía soltó un gemidito que los tres escuchamos, haciéndonos reír.

    «Anda ya, el otro que tengo hambre» apremié, dándole una palmadita en el coñito, soltándola Duncan también. «Cariño, ésta vez quítatelo de espaldas» sugerí.

    «Sí, gatita, date la vuelta para verte mejor desde ese ángulo también y poder ponernos de acuerdo los tres. ¿O no, señores?»

    «Claro» secundamos.

    Sofía se dio la vuelta y bajó los tirantes del bañador, lo bajó por su cintura y caderas, llegó a las piernas y se inclinó, abriendo para nosotros así su coñito y ese anito más obscurito y arrugado quedó a la vista de los tres, Sofía no dobló sus rodillas en ningún momento y permaneció así un segundo, subiendo lentamente hasta que volvió a estar erguida, se acomodó el pelo y tomó la parte superior del bikini. Éste era de apenas unas tiritas cuadradas de color platinado que le cubrían los pezones, y unas cintitas que se ataban a la espalda; iban de maravilla con su tono de piel. El bikini era tipo tanga como quería Daniel y se ataba a las caderas como un regalito también, así sí cumplía los requisitos de mis invitados,.

    «¡Éste, este es!» dijo Daniel, alegre. «¡Ven aquí!» Sofía se acercó a él y las manos gruesas y grandes le ajustaron la tanguita y aprovecharon para introducir un dedo en su rayita, rozándola ligeramente. «Inclínate, quiero ver que no te quede ajustado», dijo Daniel, apoyándola en su hombro le subió una pierna a la cama, quedando de espalda a nosotros y abiertita. «Sí, cree que ya no te aprieta de aquí, ¿verdad?» Daniel hacía a un lado la tanga platinada y le pasaba el dedo índice por la rayita del culo hasta la vagina, haciendo pequeños círculos en el anito arrugado de Sofía.

    «Sí, éste me gusta, ¿qué dices, Papi? ¿Duncan?» preguntó ella aún sobre el hombro de Daniel, éste apartó su dedo y en cambio le abrió las nalgas para nosotros, yo fui el primero el pasar mis dedos por esa rayita abierta y ese coñito expuesto, rosadito y comenzando a gotear juguitos que aromatizaban la habitación adolescente. Su anito estaba contrayéndose y relajándose».

    «Traviesa» dijo Duncan, dándole una nalgada que la hizo reír y sacudirse, pronto Sofía tenía dos manos rozando sus agujeros y un par de manos abriéndole las nalgas. «Éste es».

    «¿Y si abrimos tu obsequio y te lo pones? Te iría muy bien con éste bikini» sugirió Daniel, soltándola y dejándola ir, haciendo imposible para nosotros seguir explorándola. Ella se apartó pero Daniel volvió a tomarla de la cintura y la sentó en sus piernas, o mejor dicho sobre la erección tremenda que mostraba debajo de los caqui. Ella se abrió de piernas y puso la caja entre medio, Daniel no dejaba de tocar a mi nena en sus piernas o sus tetitas. Sofía abrió la caja y encontró un collar de diamantes y pequeñas perlitas que le quedaba muy adherido al cuello, los ojos le brillaron al verlo, también había algo más oculto en la caja. «Déjame ponértelo».

    «¿Y esto otro?» inquirió ella mientras Daniel le ponía el collar. Abrió el otro compartimiento de la caja negra y adentró había un juguete.

    «Para que juegues, gatita, con tu novio, o con quien quieras, te va a gustar, como nuestros juegos».

    «¿´Nuestro juegos´?» Intervine, mirando a Sofía y a Daniel de manera intermitente, ambos se sonrojaron, pero en ningún momento mostraron vergüenza y tampoco yo llegué a sentir ni celos ni molestia. «¿Con que por eso tan cariñosa con él? A ver ese juguete entonces».

    Cuando metí la mano en la caja ví que era un plug anal plateado. Como dijo Daniel, va perfectamente con el bikini.

    «Pero, ¿por qué tiene que jugar con el novio o contigo nada más? ¿Por qué no lo usamos hoy?» sugirió Duncan.

    Sofía me miró, sus ojitos estaban brillantes y se mordía el labio inferior, no sé si por las caricias de Daniel o porque me rogaba el permiso para ponerse un plug anal, pero sentí mi verga tan dura después de tanto verla exhibirse y ser toqueteada, que asentí. Los Daring, ni cortos ni tímidos, la hicieron acomodarse en la cama, sobre los trajes de baño aún esparcidos, le abrieron las nalguitas y le hicieron a un lado la tanga.

    «Deberíamos prepararla. Cariño, haremos lo posible porque no te duela» dije desde detrás, ella estaba apoyada sobre sus codos, lo que dejaba una vista magnífica de su melocotón blanco y carnoso. Pensé que la mejor forma de hacer que se relajara sería lamiéndole el culito, así que me acomodé en la orilla de la cama, con Daniel y Duncan sujetándole cada uno una nalga, y me incliné para oler su coño húmedo y su ano por primera vez, su olor me envió una fuerte punzada a las ingles, a hembrita caliente. Saqué la lengua primero la pasé en la raya divisoria de sus nalgas, luego me fui hasta lo más al frente que pude de su coño y saqué la lengua, lamiendo lentamente, sintiendo sus labios calientes y húmedos contra mi lengua, luego el perineo y por último el culito arrugado donde me detuve a escuchar a mi nena suspirar y gemir quedito mientras hacía mi mejor esfuerzo por lamer su hoyito juvenil e introducir la lengua. Mientras más lamía, más humedad brotaba de su vagina.

    «A ver, déjame a mí» pidió Daniel, aprovechando el cambio para dar una palmadita en las nalgas de mi nena. Ella sólo agitó sus caderas apropósito, haciendo un pequeño twerk para nosotros. «Hazlo otra vez», dijo él, dando otra palmada, «que tu papi vea lo que has aprendido conmigo, eh». Ella volvió a mover sus caderas.

    «¿En qué momento has…?»

    «Tengo mis trucos, ¿no, gatita?» continuó él mientras ella hacía su movimiento.

    «Sí, Dani» ronroneo como la gatita que parecía en ese momento. Daniel se inclinó y ésta vez no tuvo piedad de su coñito lamiéndolo y moviendo su lengua los tentáculos de un pulpo, intercambiando su culito y su panochita por igual.

    «¿Te unes, hermano?» dijo hacia Duncan, que no tardó en coordinarse y pronto mi Sofi tenía dos lenguas, una en cada uno de sus agujeritos. Mi nena ya gemía rico y quedito, casi como un ronroneo, rodee la cama para ver su carita: tenía las mejillas y el cuello rojo, los ojos cerrados y los labios entreabiertos, jadeaba con inquietud, me incliné hasta acercarme a su boquita y besarla por primera vez. Ella correspondió uniendo sus labios con los míos y permitiendo mi lengua entrar en ella, donde segundos antes estuvo en su ano, pude sentir el sabor a fresa de su gloss y ella el sabor de sus juguitos adolescentes.

    «Te amo, papi» gimió cuando me separé.

    «Está lista» dijo, Daniel, tomando el plug y lamiéndolo, Sofía me miró, agitada.

    «Tranquila, te gustará» le dije, tomando sus manos y mirando su preciosas facciones cambiar poquito a poco mientras Daniel le iba insertando el juguete en su orificio, ella me gemía en la boca, me llamaba «papi» y apretaba mis manos, pero cuando estuvo todo dentro relajó sus facciones, Daniel continuó acariciándole el clítoris en esa posición. «¿Qué tal?» pregunté, ayudándola a incorporarse. Ella se removió de pie frente a los tres y asintió.

    «Se siente rico. Gracias por mi regalo, Dani» dijo, acercándose para darle un beso en la mejilla.

    «No hay de qué, Gatita. Ahora vamos abajo que tengo mucha hambre».

    «Oh, no».

    «¿Qué pasa?» Los tres nos giramos hacia Duncan que analizaba algo en su iPhone.

    «Catrina tiene una emergencia de última hora, una alegría, no podrá venir».

    «Es una lástima pero… ¡Hey», más Sofía para nosotros, ¿no?

    ***

    Decidí dejar el capítulo hasta aquí porque se extendía demasiado. ¿Qué les ha parecido el rumbo que ha tomado estos juegos con Sofía? ¿Jugarían también?

    Un beso rico donde quieran,

    Emma.

  • Una noche muy especial (Parte I)

    Una noche muy especial (Parte I)

    Soy Emma y voy a contaros como fue mi primera noche con un amigo muy especial. Yo tenía 20 años y Nacho unos dos años más que yo. Hacia unas semanas que mi novio me había dejado y yo estaba de bajón. Últimamente quedaba más de lo habitual con un amigo del grupo con el que congeniaba bastante.

    Íbamos al cine, quedábamos juntos para estudiar, tomar unas cervezas. Nacho era alto rubio y no era excesivamente guapo, pero tenía un atractivo muy especial y una sonrisa arrebatadora.

    Poco a poco fue atrayéndome cada vez más, pero no esperaba demasiado llamar su atención. Había estado con chicas mucho más despampanantes que yo. Yo era menudita, morena con gafas y con pechos pequeños algo que me acomplejaba bastante.

    Estaba a gusto, me reía con él y me conformaba con tenerlo como amigo.

    Una noche Nacho me propuso ir a un pueblo cercano donde estaban unos amigos comunes, pasando el finde así que al final nos animamos.

    Yo me puse un vestido negro muy ceñido y ropa interior de encaje negra. Llevaba unos pantys color carnes y unos tacones de vértigo.

    Habíamos quedado a las diez. Cuando bajé del portal me esperaba junto al timbre y pude ver una pequeña mueca de asombro en su rostro.

    – Vaya hoy seguro que Antonio cae rendido a tus pies me dijo. Yo le sonreí y le dije no cariño, lo de Antonio es agua pasada.

    Eran fiestas y tras llamarles y no hacernos con ellos y dar unas vueltas por el pueblo sin encontrarlos me propuso irnos a tomar algo a otro lugar.

    Ya en el coche nos quedamos sentados y callados durante unos minutos.

    Nacho me miró con una expresión algo confusa y me confesó:

    – Emma llevo demasiado tiempo deseando hacer esto.

    En ese instante se abalanzó sobre mi dándome un ardiente beso. Era un beso desesperado y frenético. Nacho apretó su boca contra la mía y nuestras lenguas juguetearon largo y tendido.

    Tenía sus manos sobre mi cuello y poco a poco fue bajándolas hasta mis pechos, desde el mismo instante que me rozó mis pezones se pusieron duros como piedras.

    – ¡Ooohh! Me vuelven locos tus pechos, adoro los pechos que caben en mis manos, me susurró al oído.

    Mis bragas estaban mojadas como no lo habían estado nunca antes. Dirigí mi mano hasta su entrepierna y me sorprendí al notar su enorme polla dura entre mis manos.

    Todo mi cuerpo temblaba y solo deseaba que Nacho hiciera conmigo todo lo que deseara.

    Me besó en el cuello y me dijo al oído con una voz muy sensual:

    – Este coche se me queda pequeño para todo lo que deseo hacerte.

    Vámonos a la casa del pueblo.

    Nacho vivía con sus padres, pero ellos tenían una preciosa casa rural en un pueblo cercano que afortunadamente no estaba ocupada ese fin de semana.

    Llegamos en apenas diez minutos. Durante todo el camino me puse muy nerviosa. Nacho había estado con muchas chicas y yo solo me había acostado con mi ex y tenía miedo de no estar a la altura.

    Cuando llegamos me quede alucinada con la belleza de la casa, una casa rural típicamente valenciana con un precioso suelo hidráulico y una exquisita cerámica en sus paredes.

    En ese momento Nacho me besó y me dijo:

    -Luego te haré un tour privado por la casa, ahora lo que deseo es recorrer cada milímetro de tu piel.

    Me tumbó sobre el sofá y me quitó el vestido, mientras nos besábamos yo le quité torpemente la camiseta y le desabroché sus pantalones. No pude disimular mi asombro cuando vi el gran bulto bajo sus calzoncillos. Cogí su polla entre mis manos y no pude evitar asustarme un poco al verla. No era excesivamente larga, pero si asombrosamente gorda, tuve miedo de que me hiciera daño cuando folláramos.

    En ese momento Nacho me miró a los ojos y me dejé llevar haciendo desaparecer todos mis miedos e inseguridades.

    Nacho empezó a lamer lentamente mis pechos, me dio pequeños mordiscos en mis pezones y noté un gran calambre que bajó hasta mi entrepierna.

    Besando todo mi cuerpo llegó a mi sexo y no puedo describir el enorme placer que sentí a partir de ese momento. Notaba su lengua jugueteando entre mis labios y como su saliva se mezclaba con todos mis flujos. Toda mi vagina ardía en respuesta a sus caricias y lametones. Luego dibujó pequeños círculos sobre mi clítoris y metió primero un dedo y luego dos.

    – ¡Ooohh! Emma que mojada estas me dijo con una sonrisa maliciosa.

    Fue agitando sus dedos con gran rapidez hasta que yo sentía que ya no podía aguantar más.

    Siguió masturbándome con gran destreza hasta que noté como me convulsionaba y un gran chorro de placer salió disparado desde el interior de mi vagina.

    En apenas unos minutos quede totalmente desfallecida y asombrada ante lo que acababa de sentir y presenciar. Esa noche con Nacho prometía ser bastante, bastante especial…

  • La sorpresa

    La sorpresa

    Mi vida es una carrera por la aventura, a pesar de tener solamente 32 años, siempre he tenido un gran gusto por las mujeres en general, no soy de hacerle cuestión a algunas de ellas, no me interesa si son más chicas o si son más grandes, me gustan todas y cada una de ellas tiene algo que ofrecer. He tenido varias relaciones de variada intensidad, pero no he podido ser fiel más que un par de años, no porque me dejaran de gustar mis parejas, sino porque me tentaba la idea de tener otras mujeres al mismo tiempo.

    Debo reconocer que considero que en la variedad está el gusto. Pero he sido lo suficientemente amplio en mis relaciones, ya que cuando las iniciaba, siempre les decía a las mujeres que podían estar con otro hombre al mismo tiempo y que adelantaba ese comentario al inicio de la relación, para no tener problemas luego. Las reglas del juego eran para los dos por igual. En todos los casos ofrecí la misma posibilidad. De hecho una cantidad interesante de mujeres no aceptaron una relación conmigo, y las que lo hicieron nunca me enteré que usaran esa libertad sexual que les ofrecí.

    Pero sucedió que a los 28 años me encontré en una fiesta de cumpleaños de un amigo mío, Sebastián, nos conocíamos desde la escuela primaria y desde allí tuvimos una relación amical muy estrecha.

    En dicha reunión había una mujer realmente muy inquietante, sobre todo su vestimenta era impactante, tenía una vestido rojo, ajustado a su cuerpo, le llegaba arriba de las rodillas, realmente era fantástico, senos no muy grandes, una cintura perfecta, una caderas notables que terminaban en una nalgas pomposas. Tenía zapatos rojos brillosos, de taco muy alto, unos pendientes dorados al tono con una pulsera que llevaba en su muñeca de la mano izquierda.

    Su cabello negro azabache le llegaba hasta la mitad de la espalda, tenía pintados los labios al tono con el vestido y los zapatos, al igual que las uñas, mientras que sus párpados mostraban un leve color celeste.

    Mi amigo me la presentó, como a otros participantes en esa velada, yo me acerqué a ella un momento más tarde y le dije si me acompañaba a beber algo en el interior de la casa. Estábamos en un amplio patio. Su nombre es Alana.

    Accedió gentilmente. Conversamos toda la noche y le dije, casi a las cuatro de la mañana, que la llevaba a su casa en mi automóvil.

    Me dijo que sí. Fuimos a buscar el rodado y la llevé. Cuando llegamos a la vivienda, le dije que la invitaba a cenar cuando ella dispusiera. Me dijo que el jueves por la noche estaba libre.

    Nos encontramos ese jueves y comenzamos una relación. Ella me dijo que trabajaba en una casa de venta de perfumes y que solía ausentarse un par de días por semana porque realizaba pedidos y entregas en otras ciudades cercanas a la nuestra.

    Yo le comenté que trabajaba como directivo de una universidad privada, ubicada en el centro de la ciudad.

    Así estuvimos una par de años hasta que decidimos ir a vivir juntos. Siendo una mujer bastante apegada a ciertas normas sociales, le pregunté si deseaba contraer matrimonio, me dijo que no, que bastaba con vivir juntos, que conmigo se sentía muy plena y que le encantaba estar a mi lado.

    Durante los años de relación tuvimos varios encuentros sexuales, aunque no muchos, su trabajo impedía que pudiéramos vernos más seguido en la semana. Mi trabajo tampoco contribuía. Así fue que nunca tuvimos una vida social amplia, sino limitada a nuestras familias y algunas salidas esporádicas.

    Nos mudamos a un departamento ubicado en el centro de Las Barcas, una ciudad que mezcla lo nuevo con lo antiguo. La convivencia era muy buena, tuvimos relaciones íntimas con mayor asiduidad, Alana era una mujer abierta pero hasta cierto punto. Algunas cuestiones sexuales que me gustaban mucho, como por ejemplo, el sexo anal o terminar en su boca y que tomara mi semen, eran cosas que tenía vedada.

    El tiempo fue pasando, ya casi dos años, ambos seguíamos con nuestros trabajos y con nuestras rutinas.

    En cierta ocasión cuando llego a la universidad dos compañeros estaban charlando animadamente en el patio, cerca de la escalera que daba al gimnasio de la facultad. Me acerqué a ellos y me metí en la conversación.

    Juan estaba comentando que había ido hasta la ciudad de San Roque y había concurrido a Singapur, éste era una burlesque muy conocido por la zona, caro por cierto, donde solían ir de fiestas los turistas.

    Me fui con dos amigos, dijo Juan, estuvimos en la barra tomando unos tragos y a eso de la una de la mañana pasamos hacia el interior del ambiente Azul, llamado así porque todo era azul en su interior y allí entre luces tenues, desfilaban un conjunto de señoritas que eran elegidas por los clientes para mantener relaciones sexuales.

    Juan dijo que había una mujer impactante de unos 25 a 30 años, que le pareció maravillosa. Que no tenía palabras para poder describirla.

    Fuiste con ella. Le pregunté.

    No, me dijo, ella es muy cara.

    Cara, dije, cara, cuánto. Repliqué.

    Y me dijo Juan, como alrededor de veinte mil pesos.

    ¡¡¡Caramba!!! Dije, es algo así como un tercio de mi sueldo.

    Y cómo se llama, pregunté.

    Eros, como el dios griego del amor.

    Bueno, bueno, dije. Cuánta soberbia.

    Para nada, me dijo Alberto, mi otro compañero, es una diosa. Ni te imaginás.

    La probaste, pregunté. No, respondió, pero verla es un deleite.

    Bueno, parece que es hora de ir a trabajar, dijo Alberto. Y nos fuimos a nuestras oficinas los tres.

    Por horas, pensé, es como demasiado, que tanto de bueno puede tener una mujer para cobrar esa cifra.

    Pero la verdad es que me quedé bastante pensativo respecto de esa conversación. Ya que recordé que en cierta oportunidad el director académico de la facultad había hecho referencia al lugar y a una mujer altamente llamativa, mucho más que las otras damas.

    Mi interés se despertó dada la concordancia de los comentarios. Pero no podía sacar de un solo golpe ese dinero de mi sueldo ya que Alana se daría cuenta y no tendría manera de dar una explicación coherente.

    De modo tal que fui extrayendo una cierta cantidad de dinero durante tres meses y decidí un viernes visitar Singapur. Alana estaba fuera de la ciudad desde el día anterior, según me dijo, en la ciudad de Libas, a unos 50 kilómetros de Las Barcas, en donde iba a recoger algunos pedidos de perfumes y a entregar otros. No le dije que el viernes iba a salir. Era el momento oportuno para tener una aventura que según amigos y conocidos parecía valer la pena. Y que nunca había tenido hasta entonces. Había sido fiel a mi pareja.

    Recorrí unos 25 kilómetros en mi auto y llegue a Singapur. Eran las 22:00 horas, ingrese a la vieja casona, me aposté en la barra y pedí un vodka. Bebida que no tomo habitualmente.

    Un rato más tarde, pasé al interior del salón Azul, se acercó una mujer de unos cuarenta y cinco años, muy bella y eróticamente vestida y me dijo, con suavidad al oído, quiere ver de qué se trata, caballero.

    Sí, contesté, lacónicamente.

    Bien, me dijo, haré pasar a las señoritas.

    Gracias, respondí gentilmente.

    La penumbra era mucha, podía divisar los cuerpos casi desnudos de esas hermosas mujeres, pero no podía divisar sus rostros.

    La madama estaba a mi lado. Le pregunté si podía acercarme, me dijo: sí, pero no tanto. Me preguntó si tenía alguna preferencia específica. Le dije: si, Eros.

    Eros, me respondió llega a las doce de la noche. Faltan quince minutos.

    La espero a ella, le dije con una leve sonrisa.

    Ella me devolvió la sonrisa y me dijo que iba a avisarle al camarín.

    A las doce en punto apareció una mujer despampanante, todo su cuerpo brillaba en esa luz tenue de la estancia, tenía sobre su cuerpo una especie de glitter como única vestimenta. Era radiante.

    Me miró, sonrió, y se dirigió hacia el fondo de la habitación.

    La madame me dijo que la siguiera.

    La seguí.

    Ella iba bastante delante de mí. Ingresó a una habitación. Y cerró la puerta.

    Llegué, moví el picaporte para abrir y pasé a la habitación, la luz era casi nula.

    Ella me esperaba tirada sobre la cama, boca arriba, con las piernas semi abiertas, me desnudé rápidamente, tenía mi miembro erecto. Llegué a la zona de su vagina y comencé a lamerla, cuando dejé de hacerlo e intenté legar a su boca, me di cuenta, para mi asombro, que se traba de Alana, me quedé unos segundos atónito, mirándola, no dije nada. Ella tampoco.

    Ingresé con mi pene en su vagina húmeda y entré y salí de su cuerpo con mucha fuerza, luego la di vuelta y le coloqué en seco mi miembro en su orificio anal, me costó ingresar, pero forcé el ingreso hasta que pude llegar hasta el fondo. Hasta. Eros o Alana, ya no sabía bien lo que era cierto y lo que no, emitió un leve gemido, pero nada más.

    Salí de la parte posterior de su cuerpo y le dije que se diera vuelta, obedeció calladamente, se puso boca arriba, coloqué una rodilla a cada lado de su rostro y volqué mi semen sobre su boca y su cara. Me miró fijamente. Por unos instantes. Me sonrió. Esperó a que le dejara espacio para moverse, cuando ello ocurrió, se levantó de la cama y se retiró en silencio.

    Estaba aturdido. Fui a la toilette, me higienicé. Volví al salón Azul, me dirigí hacia la madame y aboné la cifra solicitada por Eros.

    Salí de Singapur a eso de las tres de la mañana. Encendí un cigarrillo y caminé lentamente hacia el auto. Abrí, me senté. No podía salir de mi asombro. Ese asombro no me permitía pensar. Me preguntaba qué podía decir cuando volviera a ver a Alana, cuando la tuviera frente a frente. Encendí el motor, y me volví a casa con la mente en blanco.

  • En la cocina con Diana

    En la cocina con Diana

    Me encontraba en un parque un poco solo a excepción de una chica a la que me atreví a hablarle pues se veía muy linda, empezamos a hablar hasta que me dijo que si quería ir a su apartamento a comer algo y no le vi problema y la acompañe. Llegamos a su apartamento y me dijo que la esperara mientras se ponía más cómoda yo espere sentado en la cocina al rato la veo salir de un cuarto con unos mini shorts y una blusa medio transparente y no llevaba nada debajo de esta, me dijo:

    D. Que quieres comer

    J. No sé lo que tengas a la mano

    Me hizo un gesto y me dio la espalda, yo no paraba de ver ese culo que tenía y yo creo que lo noto porque se notaba que me miraba de reojo después de un rato hablando y ella cocinando me sirvió unos espaguetis deliciosos, pero yo no podía dejar de fijarme en ese culo y sus persones que se marcaban en la camisa, terminamos de comer y ella levanto la mesa, yo no podía más me levanté y fui hasta donde estaba ella al sentirme detrás se da la vuelta y me dice:

    D. Que estás haciendo, con una sonrisa picara

    J. Lo que quise hacer desde que entramos acá

    D. Si y que cosa es

    No le contesté y se dio la vuelta, entonces le pegue una palmada en el culo y la tome de la cintura y la pegue a mi para que sintiera como estaba ella no me decía nada hasta que le di la vuelta y me dijo:

    D. Ya no quiero

    J. No ya no hay vuelta atrás tú me pusiste así

    D. Así cómo?

    J. Ya lo verás

    La tome del cuello y le di un beso de esos que la lengua trata de meterse en lo profundo de su boca la hice agacharse para que me desabroché el cinturón y me saque la verga ella no quiera pero le di una cachetada y sonrió mientras me la sacaba, al bajarme los boxers me dijo:

    D. Woo la verdad no creí que la tuvieras tan grande

    J. Sorpresa pequeña puta

    D. Me encanta que me trates de puta y que me pegues

    J. Ya deja de hablar y pinte a trabajar

    Empezó a darle besos en la cabeza y cuerpo después me chupó las bolas se sentía tan rico cada movimiento de su lengua por mi pene, lo empezó a meter de a poquito en la boca hasta que lo tenía a la mitad lo saco y dijo

    D. no me cabe más

    J. Como no te va a caber ven

    La tome de la nuca empezando con subes movimientos de mi verga en su boca luego un poquito más duro hasta que la hice hacerme un garganta profunda como por 30 segundos cuando se la saqué me grito que era un idiota y yo le dije ves que si te entraba toda, la agarre del pelo y la arrastré hasta su habitación donde le levanté y lancé a la cama para después ponerme encima y romper cada pieza de su ropa dejando la en una tanga y con las tetas de afuera se las empecé a chupar y apretar duro dejándole varios chupetones en ellas le bese en cuerpo hasta llegar a su tanga que de un solo jalón se la quite dejándome ver esa vagina rosadita que estaba toda húmeda me pegue a ella como si de eso me fuera la vida ella gemía se retorcía en un momento me dijo que no parará que se iba a venir yo no para hasta que sentí como se contrajo el interior de su vagina.

    Me pare y la puse a mamar mientras la dedeaba ya cansado de su boca decido meterme entre sus piernas y ensartarla pero antes de meterla me dice

    D. Hazlo despacio la de mi novio es mucho más pequeña

    J. Tienes novio

    D. Tenía amor, dijo con una sonrisa

    J, ok amor aquí voy

    Se la metí despacio y si estaba tan apretada que hasta me dolía un poco meterla le dije que me avisará cuando me podría mover sin problema y lo hizo me empecé a mover suave mientras ella gemía muy rico ,la puse boca abajo con una mano en la nuca y en la cadera haciendo presión quedando sometida le empecé dar más y más duro hasta casi venirme pero no quería terminar tan rápido para y le volví a hacer sexo oral alternando entre su vagina y el culo ella solo gemía muy rico, se la volví a meter mientras que con el dedo pulgar le empecé a dilatar el culo me dijo que ni lo pensara que ni me lo daría así de fácil, mi respuesta fue darle duro en esas nalgas hasta dejarlas rojas y cogerla del cabello mientras le decía, mira que puta saliste ,sentía que me venía y paraba de nuevo le escupo el culo pues ya estaba dilatado y podía introducir dos dedos sin problema se la saqué y atiné a su culo le acomode los brazos de tal manera que se pudiera resistir y se la mande por el culo despacio pues mi verga es grande para un culo virgen ella pego un grito ahogado por mis manos cuando llevaba la mitad de mi verga se desmayó.

    Yo seguí hasta tenerla toda metida y no me movía esperando que se despertara para que viera toda mi verga en su culo, después de 15 minutos se despertó y me pega una cachetada yo sé se la saco y la empiezo a besar como loco mientras le doy cachetadas se la volví a meter esta es entro más fácil, me la cogí por el culo un buen rato hasta que estaba por venirme se la saqué y la puse arrodillada para que me la mamara y darle mi leche me la mamo hasta hacerme acabar en su boca y se lo trago todo.

    Nos acostamos desnudos y nos quedamos dormidos cuando me levanté mire hacia la puerta y estaba un muchacho viéndome fijamente con lágrimas en los ojos al verme despierto se dio la vuelta yo la desperté y le dije me dijo que no fuese a pelear salimos y hablamos con el ella le dijo que ya no podían seguir siendo nada y se marchó yo miré mi celular y tenía un montón de mensaje y llamadas de mi hermana y mi madre les dije que me había quedado donde mi novia, al día de hoy seguimos en contacto pero no como una relación sino como amigos con derechos.

    Todo de este relato es la pura verdad, gracias.

  • Me masturbé en mi sala, ella me veía desde la ventana

    Me masturbé en mi sala, ella me veía desde la ventana

    Después de varios encuentros con mi vecina, teníamos una buena relación. No lo llamaría amistad, pero una conexión muy interesante.

    Por esto de la condenada pandemia, me ha tocado trabajar desde casa, y pues todo lo que implica. No vestirme del todo para ir a mi lap top, usar diferentes lugares de la casa, para variar un poco. Ese día decidí trabajar desde mi sala. Cabe mencionar que en mi sala tengo dos ventanas grandes que dan hacia la calle. Tienen su cortina, pero sin las muevo, fácil se ve hacia afuera y hacia adentro.

    Any estaba sacando su coche, se había propuesto a lavarlo. Ella traía un short de esos que me gustaba verle, sandalias y una blusa de tirantes, así que podía verle sus hermosas piernas y su par de tetas. Any es una chica chubby, es muy linda y tiene un cuerpo que me enciende. Aparte ella se sabe bella, y le gusta lucirse. Cuando escuché su música, abrí la ventana y nos saludamos. Con señas le invité a venirse conmigo, ella apenada decía que no, e igualmente con señas me decía que se ocuparía en poco tiempo.

    Dejé la cortina abierta, para poder estarla viendo, mientras yo trabajaba, pero no podía evitar excitarme mientas la observaba. Cada que ella volteaba a verme, yo estaba mirándola, y le hacía algunas señas «obscenas». Ella sonreía de pena jaja fue muy divertido. Unos minutos después, le dije que necesitaba una dosis de ella, que estaba muy caliente y que sería una genial idea que entrara a mi casa para poder coger con ella. Por ese mismo medio, ella solo me respondió «Convénceme», mientras me veía con una sonrisa lujuriosa.

    Así que acomodé las cortinas para ocultarme un poco, pero con la posibilidad que ella me viera, me senté en un mueble frente a la ventana y me saqué la verga. Comencé a masturbarme lentamente. Ella se sorprendió tanto, jajaja que me dio un poco de pena. Pero su reacción posterior me gustó, así que seguí en lo mío. Any comenzó a cerrar su coche y se acercó a mi puerta, yo me levanté en seguida y le abrí.

    Cuando cerré la puerta, nos dimos un gran beso, mi mano rápidamente se fue a sus nalgas y levantando su pierna, empecé a frotarla con tanto deseo, que sentía que mi líquido preseminal ya estaba saliendo. Me dijo, estoy muy sudada y no estoy lista, pero dime si puedo ayudarte con lo que estabas haciendo. Cerramos las ventanas, me sentó sobre el mueble donde estaba al principio, se arrodilló frente a mí, sacó sus tetas de su blusa, tomó mi pene y comenzó a chuparlo. Lo hacía con unas ganas tremendas, que parecía que quería arrancármelo. Usaba su mano al mismo tiempo que la boca, después me masturbaba con tanta rapidez, que yo sentía que no me faltaba nada para terminar, así que le pedía un poco de tiempo. Any me respondió que no había mucho tiempo, así que debíamos apresurarnos.

    Con sus senos fuera de la blusa, Any me hizo una paja rusa de locos, apretaba fuertemente sus pechos alrededor de mi verga y les escupía para que resbalaran, era una escena de locura. Le pedí a Any que se pusiera de rodillas, estaba seguro que pronto terminaría mi proeza. Así que Any tomó un cojín del mueble, lo puso en el suelo y se arrodilló. Yo estaba masturbándome para no perder el ritmo. Así que Any ya arrodillada, se metió la verga en la boca y siguió chupándomela. Tocaba suavemente mis testículos con sus manos, y después le daba unos buenos lengüetazos, Estaba al punto del éxtasis, cuando le dije que se preparara para yo terminar.

    Yo pensé que ella se alejaría para echarle el semen en su cara, pero al contrario, se llevó mi pene a su boca y comenzó a «cabecear» tan fuerte y a masturbarme al mismo tiempo, que no pude contenerme. Lancé todo mi esperma directo a su garganta! Ella siguió chupándome la verga, era una escena súper excitante, donde desde su boca salía una combinación de saliva con esperma. Any se tragó mis residuos que le quedaron en su boca, y limpió con detalle las partes de mi pene. Yo estaba muy satisfecho y agradecido por tan lindo detalle.

    Al terminar, me dio un beso en mi pelvis y se levantó. Se acomodó su ropa y me dijo. Me la debes para la próxima, se fue y siguió con sus actividades.

  • Un amigo llega de viaje y el matrimonio lo espera caliente

    Un amigo llega de viaje y el matrimonio lo espera caliente

    Ellos son un matrimonio que se conocen desde niños.

    Fueron juntos a la escuela, se hicieron amigos, en la adolescencia se enamoraron y luego se casaron.

    Vivieron un montón de aventuras juntos, viajes, fiestas, borracheras y más fiestas.

    Los dos son profesionales muy buenos en lo que hacen. El abogado, ella arquitecta. A él le gusta mirar, a ella que la miren.

    Son sexualmente muy activos. El sexo para ellos es algo cotidiano, lo practican a todas horas y en todos lados. En la oficina de él, en las obras de ella, en el baño de un restaurant, en los sillones de un boliche, en el auto, en la ducha. Se tocan, se besan, se acarician, se excitan mutuamente.

    Hoy al salir de la ducha matinal juntos, ella toma el teléfono mientras se mira desnuda y mojada en el espejo, y le dice a él, aun en la ducha lavando su pene con semen después de haber eyaculado recibiendo una buena mamada, -mira que buena noticia! Leo viene a cenar!!

    Leo es el tercero en esta historia.

    Amigo en común de la pareja desde la niñez.

    Es artista, bailarín, lo que hace que viaje mucho con sus espectáculos. Es sexi por naturaleza.

    La noticia de la visita de Leo los erotizo a los dos.

    Salieron más temprano de sus oficinas y pasaron a buscar a Leo por el hotel.

    Durante el camino se pusieron al día con chismes y anécdotas.

    Llegan al departamento.

    Ella va hasta la habitación y pide la cena por teléfono.

    Al salir de la habitación encuentra a Leo acariciando con su lengua la boca de su marido y a su marido con una tremenda erección.

    -Yo también quiero! -Les dice y se puso de rodillas en medio de los dos hombres, excitados.

    Tomó un miembro en cada mano y simplemente los lamió y succionó mientras los hombres liberaban sus manos, sus labios y su semen en pequeñas gotas que pedían que ella siga.

    Sabían que tenían poco tiempo. La comida estaba próxima a llegar.

    Fue Leo quien tomo la iniciativa y propuso que mientras a él su amiga le practicaba sexo oral, su amigo se cogiera y masturbara a la mujer.

    Los hombres se miraban fijamente. Leo con sus dos manos seguía el ritmo de la cabeza de su amiga mientras eyaculaba en su boca.

    Su amigo sujetando a la mujer de las caderas acompañando el movimiento hacia adelante y hacia atrás llega al orgasmo junto con él.

    Fue un momento de muchos gemidos, respiraciones jadeantes, fluidos, caricias, lamidas, erecciones, besos, mordiscos.

    Al terminar recibieron al chico de la comida que esperaba afuera con una sonrisa y una evidente erección…

  • La toma de muestras

    La toma de muestras

    Mi nombre es Juana, tengo 23 años y soy estudiante de enfermería. Recientemente en la universidad me dictaron una clase la cual implicaba práctica y acercamiento con los pacientes, hasta el momento he hecho curaciones y suturas de heridas profundas. Sin embargo, mis labores no se limitan a ciertas actividades, por lo que seguramente en próximas prácticas deba realizar algún procedimiento diferente.

    Era miércoles, como es de costumbre me preparé para la lección de práctica, esta vez me indicaron que debía estar en el consultorio donde de practican las citologías. Entré a dicho lugar, me recibió la ginecóloga encargada, con mucha paciencia y detalle comenzó a explicarme cómo se hacía el proceso de toma de muestra, luego de aprender toda la teoría, comenzamos la práctica; al cabo de unos minutos entró la primera paciente de la cual se encargó la ginecóloga, estuve muy atenta de cómo hacía el procedimiento, debo reconocer que a pesar de todo me sentí nerviosa y un poco avergonzada, pues era la primera vez que veía una vagina diferente a la mía y tan cerca de mí.

    Había llegado mi turno de práctica, entró la paciente, se quitó su ropa, se puso la bata y se recostó en la camilla, en ese mismo instante, miré a la ginecóloga y con un gesto de afirmación me dio a entender que debía hacerlo. Le pedí a la paciente que por favor abriera sus piernas, relajara sus músculos y respirara profundo cuando sintiera el espéculo entrando en su vagina. Mientras terminaba de decir mis palabras, por breves segundos me quedé mirando la vagina de la paciente perfectamente depilada, con labios menores que resaltaban por su tamaño, pues eran un poco largos y su clítoris sobresalía de manera notoria de sus labios mayores, extrañamente mientras hice esa rápida exploración visual sentí como mi vagina se puso húmeda, no le di mucha importancia al asunto y seguí con el procedimiento, debía ser lo más profesional posible. Aunque mi cuerpo no pudo contener las reacciones físicas, tanto así que justo cuando introducía el espéculo en la vagina de la mujer, sentía que mi entrepierna tenía fuego, ni la ginecóloga, ni la paciente se imaginaban que debajo de mi ropa interior tenía una inmensa humedad y un clítoris que sentía palpitar descontroladamente.

    Ese mismo día estando en mi casa, no podía dejar de pensar en lo que me había sucedido en el consultorio, si bien sentía curiosidad por las mujeres, jamás había sentido deseo sexual por alguna, el interactuar con el sexo femenino me hizo descubrir una forma fantástica de sentirme excitada, deseaba con ansias poder llevar a cabo otra práctica, pero debía esperar hasta mi siguiente clase de práctica.

    Por fin era miércoles nuevamente y estaba impaciente por llegar al consultorio para hacer mis prácticas, me encontré con la ginecóloga en el lugar, ella me manifestó que por motivos de fuerza mayor debía ausentarse toda la mañana así que me dejaría a cargo de la toma de muestras, confiaba en mi criterio y conocimientos, así que sin pensarlo mucho la doctora me dejó sola en su consultorio. Me sentía extraña, asustada, pero feliz de estar sola, así tendría más privacidad de disfrutar la variedad de vaginas que me esperaba. Pasó una paciente, era una mujer bellísima, era muy alta, tenía el cabello oscuro, trigueña y con cuerpo envidiable, cualquier mujer desearía tener tales curvas y atributos con los que contaba dicha paciente. Procedió a desvestirse, hasta finalmente estar en la camilla recostada, con las piernas abiertas dejando expuesto su sexo a toda mi vista, otra vez sentí esa excitación, todo gracias al ver su vulva con vello de más o menos 4 mm de largo, unos labios carnosos, bien definidos y un clítoris grande, quizá el más grande que había visto en el momento, me generó tanta curiosidad y a su vez tanta excitación que no pude parar de mirarlo por unos minutos. La paciente notó mi curiosidad y me dijo:

    – Es un poco grande, verdad?

    – Lo es, simplemente me generó curiosidad su tamaño, espero no se moleste! Respondí.

    – No se preocupe, noto que es muy joven, es estudiante?

    – Así es, llevo poco tomando muestras.

    – Entiendo, posiblemente no habías visto un clítoris como este.

    – Realmente no.

    – Puedes tocarlo, añadió la paciente.

    Al escuchar esas palabras sentí una gran excitación, no perdí oportunidad y con mis dedos cubiertos por guantes de látex empecé a tocarlo, se sentía tan grande entre mis dedos y a medida que más lo tocaba notaba que mi paciente respiraba agitadamente, su clítoris se puso duro y un poco erecto, no podía creer lo que veía, ese maravilloso clítoris excitado se asemejaba a un pene muy pequeño. Seguía tocándolo, lo masajeaba y la paciente ya jadeaba de excitación, me pidió que me quitara los guantes para sentirme mejor, accedí y al tocarlo sin guantes, sentí su caliente y resbaladizo clítoris entre mis dedos, no pude evitar tocarlo más rápido, las dos nos estábamos muriendo de excitación, en un momento de intensa locura olvidé por completo que era mi paciente y pegué mi boca en su clítoris y empecé a lamerlo rápidamente moviéndolo de lado a lado con mi lengua, también olvidé por completo la toma de muestras y dos de mis dedos entraron a su vagina húmeda, los metía, los sacaba. Una vez mis dedos adentro, los movía de manera circular y aquella mujer trigueña no podía contener su pasión, se retorcía como animal salvaje acompañado de los gemidos más sensuales que hubiese escuchado, de un momento a otro mi paciente llegó a un rico orgasmo acompañado de un chorro de líquido que calló en toda la sábana de la camilla. La mujer descansó unos segundos se vistió y se dirigió hacia mí, tocó mi sexo encima del pantalón y sintió que mi humedad traspasó toda mi ropa, ella me bajó el pantalón y metió su mano en mi ropa interior con el objetivo de masturbarme, estaba tan excitada que le dije que parara un instante, me quité el panty, me subí a la camilla y abrí mis piernas para que tuviera toda mi vagina a su disposición, ella se quedó mirándola unos minutos y sin decir nada pegó su boca a mi clítoris, empezó chuparlo y succionarlo tan rico, podía sentir como me lo estiraba levemente con sus labios y luego me lo presionaba con su lengua, siguió haciendo lo mismo hasta que no aguanté y alcancé el clímax con esa manera tan deliciosa de hacerme sexo oral.

    Fue una experiencia maravillosa, actualmente soy enfermera profesional y tengo novio, pero no puedo olvidar lo deliciosas que son las mujeres, de vez en cuando en medio de mi toma de muestras, me espera una amante para saciar mi necesidad.

  • En el estacionamiento de la plaza

    En el estacionamiento de la plaza

    Hola de nuevo, otro relato de las aventuras que nos gustaban vivir a mi ex y a mí.

    Durante toda la semana no la había podido ver, porque a su papá le dieron vacaciones en su trabajo y como era muy celoso con ella y no le gustaba mucho que yo saliera con ella, (tal vez por ser la mayor de sus hermanos) o no sé, pues solo le llamaba por teléfono y platicábamos un rato, así que los besos, manoseo y sexo que nos gustaba tanto, se fueron acumulando durante la semana.

    Como les había comentado, nos conocimos en las canchas de basketball donde yo jugaba, y después ella comenzó a ir a jugar ahí. Yo jugaba en un equipo que había formado con mis amigos y lo inscribimos en una liga, donde los partidos eran los sábados o domingos.

    El viernes por la noche al estar hablando por teléfono, ella me dijo que su papá pensaba ir a una reunión con sus compañeros de trabajo y que ella le había dicho que no tenía ganas de ir, que mejor la dejara acompañarme al partido del sábado, accedió pero no con mucho entusiasmo, así me dijo ella. Total que el sábado pase por ella, al ir llegando a su casa, me encontré con su familia que iba de salida a su reunión, su papá bajó la ventanilla de su carro y me preguntó a qué hora era mi partido, yo le dije que era dentro de 45 minutos, a lo que él me dijo, a penas y vas a llegar, nos despedimos y llegue a su casa, me estaba esperando en la puerta de su casa. Estaba vestida para la ocasión, de pants, playera y tenis, subió al carro y después de no estar juntos toda la semana, no perdimos tiempo y nos empezamos a besar de manera desesperada y a meter mano por donde podíamos, le tocaba sus tetas con ambas manos, mientras ella tocaba mi pene sobre mi pants:

    I: ya tenía muchas ganas de sentir tus besos y que trates de comerme aquí mismo.

    Yo: también yo, pero ya vez que tu papá no te dejó verme en toda la semana, así que te imaginas que tengo muchas ganas de sentir tu cuerpo y poder tocarte por todos lados.

    I: también te quiero sentir todito!! Pero a qué hora me dijiste que era el partido?

    Yo: ah sí!! Mejor vámonos o no llegamos.

    Así que nos dejamos de tocar y tomamos camino hacia el deportivo donde jugaba, durante el camino ya se imaginarán, con toda la tensión sexual de ambos acumulada, ella iba sobando mi pene sobre mi pants y yo iba con mi mano sobre su muslo y tocando su vulva sobre su pants, ella abría sus piernas y se acomodaba para que pudiera tocar mejor, nos estábamos excitando mucho:

    I: me gusta que me toques así, sobre mi pants, se siente muy bien y con estos días sin vernos, ya necesito tu pene dentro de mi.

    Yo: si quieres después del partido nos vamos a mi casa y o la tuya, al fin está sola.

    I: no creo que se pueda en mi casa, mi papá se llevó mis llaves y me dijo que después del partido me llevaras a casa de mi abuela y que le llamaba por teléfono para ver a qué hora llegaba, ya vez como me cela.

    Yo: ujule pues ya veremos que podemos resolver.

    Ella ya llevaba su mano dentro de mí pants, y jugaba con mi líquido pre seminal que hacía su presencia después de tanto manoseo, le costó trabajo meter su mano porque yo usaba licras debajo de mi short del uniforme del equipo, yo no perdía tampoco el tiempo y ya tenía mi mano dentro de su pants y le seguía tocando su vulva sobre su panty, que ya estaba mojada., se me facilitaba seguir tocando la porque el carro era automático y pues una mano en el volante y la otra sobre su cuerpo. Al llegar a las canchas donde sería el partido, uno de mis amigos nos vio cuando estacionaba él carro y se acercó, para decirnos que se había cancelado el partido porque el otro equipo aviso hace unos momentos que no llegaría, así que solo los salude desde lejos a los demás y cuando él se fue, le dije a ella:

    Yo: pues ni mandada a hacer esta cancelación, nos vamos a dónde? Tenemos que seguir con esto que empezamos.

    I: pues tú decide, ya me tienes muy húmeda y ya te quiero mamar tu pene y que me lo metas, anda arranca y vámonos, en el camino decidimos.

    Estarán pensando, pues al primer hotel que este en el camino, la verdad no íbamos a los hoteles, porque aprovechando que durante la mañana en mi casa no había nadie, pues la usábamos para coger ahí y cuando sabía que alguien estaría, pues íbamos al cine o a otros lugares para poder fajar rico y a veces hasta coger en donde nos dieran ganas, que luego les contaré.

    Yo: pues vamos a mi casa, espero que no estén mis hermanos.

    I: y si mejor me cumples una fantasía?

    Yo: cuál? Tenemos varias en mente, pero tú dime cual.

    I: vamos a coger en el carro, pero quiero que me lleves al estacionamiento de la plaza que esta por aquí cerca.

    Yo: ok, pero si de eso se trata, quiero que tú también me cumplas una, espero que digas que sí, porque no te gusta mucho la idea.

    I: ah, ya se cual, pero es sábado por la tarde y hay mucha gente en la calle, eso no se vale, me da pena.

    Yo: ándale, voy a buscar calles que estén más tranquilas para llegar a la plaza, mientras tú me lo vas mamando y yo te voy dedeando.

    I: ok, solo acepto hacer eso hoy porque ya te tengo muchas ganas.

    Antes de arrancar me bajé un poco el pants y ella acomodo su asiento para que pudiera acomodarse y poder mamarme el pene, así que tome camino hacia la plaza que estaba más o menos a 15 minutos de donde estábamos, con la plática ya se me había bajado la erección, así que le volví a meter la mano, ahora si debajo de su panty, y sentí de inmediato su humedad, lo que ayudó a que mi pene recobrara la erección casi de inmediato, ella se acomodó abriendo más sus piernas y comenzó a gemir ligeramente.

    I: ya viste que si estoy bien mojada, méteme los dedos.

    Yo: está bien, pero ya sabes, acomódate para que me lo mames.

    I: está bien, pero estoy nerviosa, nos van a ver los demás carros.

    Yo: pues yo creo varios ya vieron que te voy metiendo mano, además en la siguiente calle casi no va a ver gente, es la de la zona de oficinas, que hoy no vienen a trabajar.

    Era una zona de oficinas que por ser sábado, había muy poco movimiento, y era bastante larga, así que pasé por ahí, rápidamente ella se acomodó poniendo sus rodillas en el asiento y me sacó el pene, que ya estaba desesperado por salir debajo de mis licras.

    I: mmm… está muy duro y lubricado, como me gusta ponértelo.

    Yo: ándale que de todos modos no puedo ir muy lento en esta calle.

    Inmediatamente me comenzó a dar una rica mamada, me besaba la cabeza, se la metía toda, de arriba a abajo, con su mano la apretaba ligeramente y la soltaba, me la iba mamando como sabia ella que me gustaba, mientras yo le pasé la mano sobre su espalda y sus grandes nalgas, por debajo de su pants y su panty, para primero tocarle ligeramente su ano y después seguir hasta alcanzar su ya húmeda vagina, que por la posición en la iba pude meter fácilmente uno de mis dedos, ella solo suspiro y dio un ligero gemido. Iba manejando a baja velocidad aprovechando que no había mucha gente y la rica mamada que estaba recibiendo, ella aumentaba cada vez la velocidad de sus movimientos de boca y lengua, en un momento que saco mi pene de su boca, me dijo:

    I: nadie nos ve?

    Yo: no creo hay muy poca gente.

    En cuanto terminaba de decir eso, ella con una de sus manos se bajó el pants hasta sus rodillas, y se dejó su panty.

    I: para que no te estorbe tanto, y si alguien ve, pues que sea solo tu mano debajo de mi panty.

    La escena era muy excitante, su trasero estaba a la altura de la ventana del auto, ella lo subía y bajaba mientras mi dedo estaba dentro de su vagina.

    Yo: wow que rico se ve tu trasero así, ahora imagina que alguien te lo está viendo allá afuera.

    I: me están viendo?

    Yo: no, pero allá adelante hay un guardia de seguridad del edificio y está afuera.

    I: pasa más rápido entonces.

    Y así fue, acelere un poco y alcancé a ver que el guardia solo vio un poco de lo que iba pasando en el auto, ella me seguía mamando el pene y yo en lo mío, seguía dedeandola. Al estar cerca de terminar la calle, le dije que se detuviera.

    I: por que, si está muy excitante esto y más que ya estoy a punto de que hagas venir con tu dedo.

    Yo: yo también estoy a punto de venirme, pero se acaba la calle y ya casi legamos a la plaza.

    Así que se acomodó de nuevo en su asiento, pero no se subió el pants, eso me permitió seguir tocándola, pero ahora por encima de su panty, que ya estaba muy pero muy mojada.

    Llegamos a la entrada de plaza y tenía una parte que era techada, así que me dirigí a esa área en busca de un lugar donde no hubiera muchos carros o mucho movimiento de personas, por ser sábado había mucha gente, que casi llegó al último nivel del área techada. Encontré un lugar junto a una camioneta que estaba casi al final del área.

    I: ya estaciónate aquí, si no llegamos al final y esta descubierto.

    Yo: ok, pero primero reviso que no venga gente.

    I: no me importa, ya quiero que me lo metas.

    Me detuve, apague el carro e hice para atrás el asiento y ella inmediatamente se subió frente a mi, y comenzó a besarme y a sobar mi pene con su vulva, se movía de atrás hacia adelante y gemía muy rico:

    I: ya me tienes muy excitada, tenía muchas ganas de estar así contigo, toda la semana sin ti me acumuló mas mi deseo de sentirte dentro de mi.

    Yo: de verdad que si me hacía falta sentir tu cuerpo y tu humedad.

    Le hice a un lado su panty y con la humedad que ya tenía, se me hizo fácil que la penetrara, comenzó con los movimientos de cadera y de arriba a abajo, los dos estábamos extasiados de sentir nuestros cuerpos, yo la agarraba de sus nalgas y se las abría, ella gemía cada vez más fuerte y aumentaba la velocidad de sus movimientos, apretaba mi pene con su vagina y se vino muy rico, mojándome bastante y sentí como sus fluidos llegaban hasta mis testículos y mis nalgas, mientras yo le subía la playera que traía y le mamaba sus hermosas tetas; estuvimos así un rato, en esa posición hasta que me dijo:

    I: creo que alguien nos está viendo.

    Yo: en donde está, no alcanzo a ver quién o por donde está.

    I: en el carro que acaba de llegar, atrás de nosotros, no lo vi cuando llegó.

    Yo: pues ni yo lo vi, como vez le seguimos dando show o ya nos vamos.

    I: pues que se siga dando su taco de ojo. Es más acuesta por completo el asiento, para que pueda ver más.

    Y así lo hice, lo acosté por completo y seguimos cogiendo, cada vez más rápido y más fuerte, el carro se movía bastante y los vidrios laterales ya estaban comenzando a empañarse, así que le dije:

    Yo: bajamos la ventana, para que nos pueda ver mejor? Si no el vidrio de atrás se empañara y ya no va ver nada.

    I: ok pero solo un poco.

    Lo bajé un poco, y fue lo suficiente para que el que estuviera viendo, no se perdiera el show, seguimos cogiendo un rato en esa posición, hasta que ella me dijo:

    I: creo que me voy a venir otra vez, pero quiero gritar un poco más fuerte.

    La verdad que de tan excitados que estábamos, ni nos dábamos cuenta de nuestros gritos y jadeos.

    Yo: está bien, que sea show completo.

    Comenzó con movimientos más rápidos hasta que los dos nos venimos, casi al mismo tiempo, los dos estábamos sudando y el carro lleno de olor a sexo, se recostó sobre mi un ratito y se pasó a su asiento, se acomodó su ropa y volteó a ver quién nos estaba viendo desde su carro, yo me acomodé también la ropa y por el retrovisor trataba de ver quien estaba en ese carro que disfrutó del show, después de unos minutos, se bajó una muchacha del carro y nos volteó a ver, y desde ahí nos dijo, que bien se la pasan, y se fue hacia la plaza.

    I: yo pensé que era un hombre quien nos estaba viendo.

    Yo: también yo, pero vaya sorpresa, que ella se haya quedado viendo como cogíamos.

    I: eso sí, me gustó mucho cumplir estas dos fantasías que teníamos.

    Yo: a mi también, dos menos de la lista.

    Nos tomamos unos minutos para relajarnos, y salir de ahí, en el camino a casa de su abuela, ella recargo su cabeza en mi hombro e íbamos platicando de lo excitante y emocionante que había sido. Llegamos a la casa de su abuela y nos despedimos de un rico y húmedo beso.

    Gracias por su tiempo de leerlo, espero muy pronto poder relatarles otro más.

  • ¡Olvidé mi panti en su habitación!

    ¡Olvidé mi panti en su habitación!

    Lariza, es una mujer muy coqueta y por ahí algunas personas que se le han escapado algunas palabras la han señalado como una chica promiscua y algunas han dicho que es una típica trepadora. Ella de vez en cuando trabaja para la compañía de mi hermana, pues su hermana mayor es una de las mejores vendedoras de bienes raíces de su compañía y Lariza no se ha hecho de un puesto, pues parece que es un tanto irresponsable.

    Definitivamente sé que a esta chica no tiene que hacer mucho para atraer a cualquier macho, pues tiene un cuerpo espectacular donde le sobresale todo: Un rostro angelical, unos pechos que parecen dos medianos melones y un trasero de ensueño. La única vez que la he visto en traje de baño, realmente tiene una cintura como sí se la hubiese mandado a hacer. Pensé… es por eso por lo que le tienen envidia.

    La verdad que con el tiempo me di cuenta de lo que hablaban los demás en relación con esta chica. Mi hermana todos los años para el final del mes de octubre hace una fiesta para todos los empleados. Si no hace frío, algunos se meten a la piscina, hay música y comida… y por supuesto, mucha bebida. Ese día me estaba tomando unos tragos a solas mientras divisaba a todos, unas sesenta personas en el patio de mi casa desde la terraza de mi habitación. Desde abajo escucho que me dice: Don Antonio, ¿no me invita a un trago?

    La invité a que subiera y le indiqué desde arriba como llegar a mi habitación. Yo estaba con un pantalón deportivo y con una camiseta desmangada. Ella estaba con una minifalda blanca, una blusa color fucsia que la hacía ver juvenil y llevaba unas sandalias de cuero. La encontré subiendo las gradas, pues en el segundo nivel hay seis habitaciones. Me dio los cumplidos de rigor con referente a mi casa y pude ver esas bonitas piernas pues la dejé ir por delante de mí las últimas gradas donde nos habíamos encontrado. Entró a la habitación y le pregunté qué es lo que deseaba tomar.

    Esa tarde ya me había tomado cuatro whiskeys y le serví uno doble a Lariza. Creo que ella ya se había tomado un par de cervezas, pues la miré bastante entonada con los primeros sorbos al trago. Hablamos un poco de cosas triviales, pero luego pasó a lo que le caracteriza y por lo que ella es bien conocida.

    -Usted debe hacer mucho ejercicio… tiene buena tonalidad en sus músculos. Se le mira muy imponente con esos pectorales bien desarrollados. Don Antonio, ¿qué edad tiene?

    -Ya soy un hombre de edad… voy a cumplir 50. -le dije.

    -¡Increíble! Se mira usted tan joven que le juro que le iba a decir 40.

    -Tú no pasas de los 20. -le dije.

    -Tengo 25. – me respondió.

    La verdad que olvidaba que ese mismo año había asistido a su cumpleaños 21 y no me recordaba pues solo fui por unos 20 minutos. Estaba contemplando mi trago y también las bonitas piernas que esta mujer tiene, pues estaba sentada en el sofá con las piernas cruzadas y me hablaba de lo decorada de mi habitación y de repente me dijo:

    -¿Cómo me gustaría relajarme en esa yacusi?

    -¡Pues está a tu disposición!

    -¿No le molestaría verme desnuda? Imagino que no será la primera mujer que ve desnuda ¿verdad?

    -No… para nada. Si te sientes confortable, pues pásale.

    Pensé que lo pensaría mucho, pero en segundos se puso de pie, me pidió que le desabrochara el sostén, ella se bajó la minifalda y posteriormente vi caer su pequeña tanga color fucsia. Realmente me deslumbró, no me imaginaba que la iba a tener desnuda ante mi como un día lo imaginé cuando la vi en traje de baño un año atrás. Tiene una panocha pequeña estilo Barbi, y un culo redondo espectacular. Le ayudo a subir las gradas y ella se mete mientras yo sigo sentado en un sofá.

    -Don Antonio, ¿le puedo hacer una pregunta?

    -Dime…

    -¿Cuántas mujeres han pasado por este yacusi y han terminado gimiendo en esa cama?

    -Algunas… -le dije con una sonrisa.

    -Usted es un hombre muy guapo y no dudo que sean más que solo “algunas”. Por ahí alguien me contó que mi hermanita ha pasado por aquí.

    -Te han informado mal y en todo caso, dejaría de ser un caballero para hablar de esas experiencias íntimas contigo.

    -Dígame don Antonio, si yo le dijera que tiene un solo deseo que yo le voy a cumplir: ¿Cuál sería su deseo?

    -Te lo diría si supiera que me lo cumplirías.

    -Dígame… se lo prometo que se lo cumplo. Intuyo saber que es lo que usted quiere. Dígame.

    -La verdad, que me gustaría follarme ese precioso culo que tienes.

    Le di el último sorbo a mi whiskey y la vi directo a sus ojos y escuchar su respuesta. Sonrió y me dijo:

    -¿Literalmente me quiere follar el culo?

    -Si… me encantase cogerme tu culo.

    -Vengase… déjeme ver esa verga que quiere gozar de mi trasero.

    Me desvestí ante ella y me hundí en el yacusi. No tardó mucho para que me la comenzara a pajear. Me pidió que me sentara a la orilla y comenzó a mamármela. En una de esas breves pausas me decía: ¡Siempre me la imaginé así, grande y potente!

    Debo decir que Lariza con sus 21 años sabe mamar. No fue mucho la mamada, fue una mamada corta y deliciosa de unos cinco minutos y luego me pidió que nos saliéramos y me preguntó: ¿Dónde me quiere? – no le había contestado cuando ella me tomó de la mano diciendo: -Este sofá se mira apropiado.

    Mi verga estaba húmeda de su saliva y bastante líquido pre seminal vertía. Ella me lo enfatizó de nuevo diciendo: -Como se lo prometí, le voy a dar lo que usted desea, pero vaya con cuidado de que usted tiene una verga que a cualquiera puede hacer daño. – Se puso automáticamente en cuatro sobre el sillón, miré ese precioso culo que nunca imaginé follármelo ese día, le abrí las nalgas y le dejé ir una escupida al ojete para lubricarlo.

    Sabía que ella estaba un tanto ebria y yo a la vez estaba también un tanto entonado. Le abrí el ojete con mi pulgar y se lo dilaté por un par de minutos, le dejé ir la lengua a su ojete y le lamí todas las paredes de sus nalgas mientras divisaba como su concha se humedecía. Lariza solo gemía de placer diciendo: ¡Que rico… usted si sabe lo que hace! -Me puse en posición para la perforación y le dejé ir mi glande y me dijo: ¡Con cuidado, tienes una cabeza muy gruesa!

    No le hice tanto caso y comencé a abrir ese rico y apretado culo a mi antojo. Lariza es una de esas pocas mujeres que me han pedido que las nalguee con fuerza, algo de lo que no me conforta hacer, pero creo que para eso se hicieron los colores y los sabores y el tacto, no es muy diferente. Lariza asocia el dolor con el placer. Por mi estado con un nivel de alcohol de cuatro tragos sabía que no me iba ir a las primeras, así que ese taladreo fue constante, con embates violentos como los de una película porno de sexo duro. Mi verga salía y entraba a placer y algunas veces se la saqué toda para ver cómo le quedaba de abierto ese culo y le dejo ir otra escupida.

    Me pidió que nos fuéramos a la cama y se puso en posición del misionero y me pidió que la halara, para que sus nalgas quedaran a la orilla y pudiera seguir penetrándola analmente. Sus dos lindas piernas se abrían y podía ver como mi verga se hundía en este rico culo. Ella comenzó a masturbar su conchita frenéticamente y me pedía a gritos que no parara. Sabía que el bullicio de toda esa gente en la piscina camuflaría los gemidos y alaridos de Lariza, pero adentro de mi habitación sonaban escandalosos. Me gritaba diciéndome: ¡No pares, fóllame el culo, quiébrame el culo cariño que me vas a hacer venir! – era un grito constante y se corrió y sentí como su intestino se contraía, ella me pidió que le penetrara su conchita con los dedos y así lo hice. Gimió con tanto placer y aquello me encendió plenamente y con unos golpeteos más en contra de sus nalgas, me hizo venir y mis testículos se fruncieron de placer.

    Se fue a bañar, se vistió rápidamente, se compuso su cabello y salió campante sin decir mucho hacia el patio. De nuevo salí a la terraza y miré a Lariza entre toda esa gente. Solo me llegaron de nuevo esas imágenes que acaba de vivir quebrándole ese rico culo que nunca imaginé follármelo. En ese pensamiento estaba, cuando suena mi celular y contesto. Era mi amiga Diana, quien es una de las vendedoras que trabajan con mi hermana y a quien me vengo cogiendo por más de ocho o nueve años. Ella es casada y hemos tenido esta relación y ella y yo somos muy abiertos. Contesté y me dice:

    -¿Te la acabas de coger verdad?

    -¿De qué hablas?

    -Todos hemos escuchado los alaridos que le has sacado a Lariza.

    -¿No sé de lo que hablas?

    -Tony, tu hermana nos iba a decir unas palabras y todos hemos callado y se podía escuchar esa cogida que le estabas dando. Al menos los que estábamos cerca de la terraza los hemos escuchado.

    No me mentía, pues mi hermana me lo dijo riendo: -Callé a todo el mundo para agradecerles su participación y parecía que era una de esas bromas, todo el mundo escuchó cuando esa mujer aullaba. Desde entonces la comenzaron a identificar como la loba. Luego mi hermana también agregó, que la hermana de Lariza sintió tanta pena, pues diez minutos después se despidió de ella, sin hacerlo con todos los demás en una fiesta que apenas estaba en su término medio.

    Hace poco me encontré con Lariza y me contó lo que había acontecido alrededor de su hermana y literalmente esta fue su conversación cuando ella apareció después de la culeada que le había dado:

    -¿Dónde estabas? Todo el mundo va pensar que eras tú a la que el Sr. Zena se estaba cogiendo.

    -No se equivocarán… me acaba de dar una tremenda culeada.

    -Lariza… ¡realmente eres una puta! ¡Vámonos de aquí! Siento que toda esta gente nos estará mirando y criticando como siempre.

    -¡Esta bien! Solo dame tiempo de ir por mis pantis… las he olvidado en el baño de su habitación.

    -¡Realmente eres una puta!

    -Pues tú también has sido su puta… ¿crees que tus amigas no me lo han contado?

    La verdad que si había dejado su tanga a un lado de la tina del baño para que yo las encontrara. Cuando las vi, ya estaban sus jugos vaginales secos. Pero también era mentira que me había cogido a su hermana como muchos pensaban… nunca me la cogí. Estuvimos a punto de dar ese paso y esa noche con Yaneth nos besamos apasionadamente, su piel se erizó cuando le besaba y recorría el cuello con mi lengua… saboreé sus dos pezones y llegué a su monte venus. Sé cómo luce esa conchita, sé cómo se sienten esas sólidas nalgas de Yaneth, pero ella abruptamente paró todo diciendo: -No puedo Tony… Te mentiría diciendo que no quiero, pero jamás me lo perdonaría… ya de por sí le he fallado a mi marido.

    La dejé que se vistiera y Yaneth se fue apenada de esa misma fiesta que mi hermana celebraba dos años atrás. Le costó volverme a ver a mi cara y ahora con lo que pasó con su hermana, creo que vive esa pena ajena y no se ha ido de la compañía de mi hermana, pues por estos días está un tanto difícil aventurarse a dejar un trabajo.