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  • No lo mires a los ojos

    No lo mires a los ojos

    Era tarde en Santiago de Chile, miro su reloj y comprobó que en 15 minutos más cerrarían las puertas del metro. Iba a tomar el metro en la Estación Baquedano para llegar hasta Estación Central, sector donde era la fiesta que lo habían invitado por termino del semestre y sus compañeros de carrera habían preparado algo en grande, según le habían dicho.

    Entro rápido a la estación, casi corriendo. Uso su tarjeta Bip, paso al sector de trenes y descendió por la escalera hasta llegar al andén. En un par de minutos pasaría el último tren. Fue cuando los vio. Era una pareja joven, en un rincón del metro casi al final del andén, casi al llegar a la entrada del túnel. Él estaba a mitad de camino de su ubicación y en el andén al frente de ellos.

    Estaban excitados. Se pudo dar cuenta rápidamente por los sonidos que empezaron a llegarle a sus oídos, en el lugar que había elegido para esperar el tren. Se había sentado, mirando al frente, al otro andén, donde estaban ellos. Pero no lo miraba. Su visión periférica apenas lograba visualizar sombras en movimientos de esa pareja que se besaba y tocaba de una manera muy excitante y que lo hacían poner muy incómodo. Se sintió así cuando empezó a sentir los gemidos de la mujer, que iban subiendo cada momento más de tono y ya casi parecían gritos de placer que anunciaban la llegada de un orgasmo gigantesco.

    No pudo resistirse y desvió levemente la vista y vio a la pareja. Él le daba la espalda y podía ver una de las piernas de la chica enrollada a la cadera del hombre y uno de los brazo de él, el derecho, moviéndose de una manera que hacía suponer que estaba tocando el sexo de la chica. Se seguían besando muy intensamente, tanto como con la rapidez que el movía su brazo y sus dedos en el interior de ella. Ella ya estaba al borde del paroxismo. Y cuando llego el clímax, el clavo sus labios en el cuello de ella, mientras la mujer se ponía rígida y emitía estertores guturales. Y empezó a mirarlos abiertamente hechizado por la excitación de la escena que le había hecho romper todo recato y simplemente empezó a disfrutar el también de la excitación reinante en el ambiente. El hombre que tenía sus labios en el cuello de la mujer detuvo su movimiento un segundo y pareció que su pabellón auricular se agrando y se movió un poco. Se giró de inmediato y se encontró con los ojos del mirón en el otro anden.

    Cuando su instinto lo despertó de su ensueño placentero en que se había imbuido, no pudo más que ver un solo cuadro. El hombre, con sus ojos inyectados en sangre al igual que los colmillos superiores que le sobresalían de una manera increíble, lo miraba con una rabia que se acercaba al odio puro. Acto seguido sus ojos se nublaron, pareció que se apagaron las luces en el metro y cuando volvió a pestañar y mirar, vio algo que lo paralizo de horror. Iluminada con un foco solo para ella, se veía la chica elevada en el aire y sostenida desde el tórax, por la potente y musculosa mano del hombre vampiro, con todo su cuerpo abierto desde la vagina hasta los senos y con todas sus vísceras colgando, mientras sus piernas aún se agitaban violentamente al igual que su cabeza que giraba de un lado a otro descontroladamente, mientras un hilo de sangre continuaba saliendo de los orificios de su cuello.

    Otro instante en que se corta la luz, oscuridad completa. Pasa un siglo en un par de segundo. Escucha, presiente, lo sabe. Cuando vuelve la luz lo tiene a unos centímetros cerca suyo, con su vampiresca y maligna faz mirándolo con un odio inmensurable y su mano derecha elevada con sus garras de 15 centímetros en cada dedo. Es el fin. Él acerca su rostro y su nauseabundo aliento lo tortura más aun, cuando lo escucha decir – No te enseñaron que no debes mirar a los ojos a las personas – y acto seguido sintió como clavaba esas garras en su bajo vientre y reventaba su vejiga de manera explosiva, con la fuerza de la introducción, para sentir después, como si fuera en cámara lenta, como sus tejidos iban cediendo a esas manos asesina que lo abría de par en par.

    Mientras la luz se apagaba lentamente pensó cuanto tiempo pasaría para que lo echaran de menos en la fiesta a la cual iba en el sector de Estación Central.

  • Me cogí a la hermana de mi esposa (Parte 3)

    Me cogí a la hermana de mi esposa (Parte 3)

    Mi cuñada salió, salió algo mareada, con cara de felicidad.

    -Hermanita, ¿Qué tienes? – le dijo mi esposa tomándola de los brazos.

    -Nada hermana, es que me probé algo que nunca había visto y de tanto cambiarme cosas, me siento agotada, ¿vamos a la casa?

    Yo solo las miraba y sonreía, sabía lo que se venía esa noche, sabía que perfectamente, podía estar a la vez, con tres increíbles mujeres, a mi servicio.

    Nos fuimos a casa, al llegar pasé directo a la ducha, y no podía dejar de pensar, en lo rica que estaba mi cuñada, en sus deliciosas tetas y su increíble boca, de solo pensarlo, se me ponía todo de punta, tanto, que me daban ganas de jalármela, estas tres mujeres, me habían vuelto un insaciable.

    Terminé de ducharme esa noche, y al entrar a la habitación, estaba mi cuñada desnuda en la cama, con las piernas lo más abierta posible que había visto en una mujer, parecía de gimnasia, algo que siempre me había atraído, el pensar en abrir de piernas a una chica totalmente y cogérmela, y ver a mi cuñada en la cama de esa manera, masajeando sus senos, con sus dedos, rodeaba sus pezones y no dejaba de mirarme insistentemente, pero no dejaba de estar nervioso y asombrado.

    -¿qué haces aquí? – le dije en voz baja.

    -¿por qué susurras amor mío? – me dijo mi esposa llegando por atrás, tomándome fuerte de las nalgas, algo que le gustaba hacer mucho y mordiéndome la espalda. Mis ojos se abrieron de lo sorprendido que estaba.

    -Es que… -no terminé de hablar.

    -Es que nada amorcito, he visto cómo te comportas y creo que es momento de castigo – me dijo mi esposa tomándome fuerte de mis bolas, haciendo que mi pene se pusiera más tieso.

    -Pero amor… -no me dejaba hablar, y por alguna razón, no era capaz de refutarle lo que me decía, era verdad lo que decía, pero siempre sabía responderle.

    -Te quedarás ahí parado, no te tocaras, no harás nada, solo te quedarás ahí quietecito – me dijo mientras se subía a la cama sin dejar de verme, caminaba de espalda, apoyaba sus brazos y se iba hacia atrás hasta quedar en medio de las piernas de mi cuñada, la cual tomó de los grandes senos de mi esposa y lo que hacía e ella misma, se lo hacía a mi esposa y le besaba el cuello.

    Mi esposa sonrió al ver como mi pene pegó un pequeño salto, mostrando mi excitación al ver tal escena.

    -Vaya que eres un pervertido – me dijo mi esposa, llevando una de las manos de mi cuñada a su boca para comenzar a lamerla, sacaba uno de sus dedos de la boca y luego sacaba su lengua y con la punta, le lamía la mano, desde la muñeca hasta la punta del dedo, lo cual me hacía abrir mi boca y pasar saliva.

    Mi cuñada llevó la mano hasta los senos de mi esposa y le pellizco los pezones, le hacía todo lo que me gustaba, comenzó a bajar hasta llegar a la vagina de mi esposa, que abrió bien las piernas y mi cuñada puso sus piernas delante de las de mi esposa para que no las cerrara, abriéndolas más y en un momento de calentura extrema, comenzó a masturbar a mi esposa, a su hermana, lo que me excitó demasiado, veía como el clítoris de mi esposa se salía más, se volvía más grande, se hinchaba y enrojecía a medida que mi cuñada, movía sus dedos de arriba abajo.

    -Acércate – me dijo gimiendo y si haber pasado un minuto, soltó un rico orgasmo en mi cuerpo, bañándome completamente, gimiendo y gritando tanto, que no podía evitar disfrutar tal momento, salió tanto liquido de su vagina que mi pecho quedó lleno y la cama un pequeño charco, y mi cuñada con sus manos, metía cuatro dedos en su vagina y al salir, le golpeaba le vagina, haciendo que sus chorros fueran extensos y fuertes, en un momento cerré mis ojos, si estuvieran ahí, sabría lo delicioso que fue ver a mi esposa ser masturbada por su hermana.

    No podía más, necesitaba hacer algo, quería correrme también, mientras veía que mi esposa giraba su cara y en un beso largo, sacando la lengua, besaba a su hermana, mientras esta, con líquidos en la mano de su hermana, le masajeaba las tetas, dejándoselas brillantes.

    Así que llevé mi mano a mi pene.

    -No señor, así no son las reglas esta noche – me dijo mi suegra tomándome de las manos. ¡Lo que faltaba! Me decía mentalmente, mi sueño hasta cierto punto se hacía realidad, tenía a las tres mujeres más ricas y calientes que había conocido, en mi cuarto y desnudas.

    Mi suegra traía unas corbatas e las manos.

    -Suegrita, para que las corbatas.

    -Ya veras, me dijo, amarrándolas en mis manos y pies.

    -No, no, no – les decía – no me dejaré amarrar, quiero ser yo quien disfrute.

    -Si no te dejas, no nos vas a disfrutar y nos salimos – me dijo mi suegra, a lo que mi cuñada y mi esposa, se acercaron, gateando en la cama, viendo en cuatro a las dos, con cara de perritas y con sus brazos acercaban más sus senos, haciéndolos más inmensos.

    -No nos quieres coger – me dijeron prácticamente en coro, así que no tuve otra opción.

    -Has lo que desees suegrita – le dije muy excitado, sin dejar de verlas y saborear, era un momento tan increíble, que parecía que me fuera a venir en ese momento y cada vez que lo recuerdo.

    -Falta una – me dijo mi suegra.

    -Pero donde si ya tengo mis manos, mis pies y una rodeando el cuello, que no sé si es para mis ojos luego o para mi cuello – estaba terminando de hablar, cuando mi suegra me puso una corbata en mi pene, me enrolló una corbata en mi pene, apretándolo lo justo para no lastimarme y no soltarse, y jaló de él un poco.

    -Tenemos a la bestia para nosotras esta noche – le dijo mi suegra a sus hijas, las cuales se miraron y se bajaron de la cama y mi suegra jalándome hacia ella de mi pene, me hizo acostar en la cama.

    Mi esposa y mi cuñada, cada uno por un lado, comenzaron a amarrarme a la cama, mientras mi suegra me mordía mi pecho y arañaba las costillas, cuando ya me amarraron, llevaron la que estaba en mi cuello a los ojos, no podía ver nada.

    -No vas a vernos por ahora, pero vas a sentir – me dijeron, mientras sentía como por mis piernas, mi pecho y mi pene, colocaban sus senos, sentía sus pezones tiesos recorrer mi cuerpo, tenía las más grandes y ricas tetas que había probado, recorriendo mi cuerpo.

    Una de las tres puso su vagina bruscamente en mi cara y yo sin chistar, saqué mi lengua y la lamía, oía como gemía de rico mientras movía sus caderas de arriba abajo, las movía violentamente, lastimándome un poco la cara pero no podía quejarme, era delicioso sentir como sus jugos bajaban por mi cara, mientras chupaba la vagina de una de las tres, las otras dos, lamían mi verga, oía como se besaba entre ellas, pero en medio estaba mi verga.

    -¡dios! ¿Pero qué es esto? – decía deteniéndome un poco, era demasiado lo que sentía, dos legua en mi pene, mientras las manos de ellas me apretaban las bolas.

    -Shhhh –me dijo la que estaba encima de mí, cacheteándome y aplastando más su vagina en mi rostro, sentía como me podía ahogar, pero me movía hacia los lados de la tremenda estocada que me daban las otras dos en mi pene.

    Sentí como dejaron de mamarme mi pene, cuando una de ellas lo agarró fuerte y podía sentir como estaba penetrando a una de ellas por el ano, se sentía estrecho, debía ser el de mi cuñada.

    -Ahhh – dije al sentir tremendo culo caer en mi pelvis.

    -Ahhhh siiii, suéltale la venda –dijo mi cuñada– hermanita, que pene tan rico disfrutas todas las noches –efectivamente era mi cuñada, pude verle la espalda, estaba hacia el otro lado y veía como brincaba en mi pene.

    -Mi madre también disfruta, dijo mientras mi suegra se volteó dando la espalda y poniendo su vagina en mi boca, y mi esposa se hizo en frente de mi cuñada, mientras le besaba las tetas.

    Era una imagen espectacular, que ya se aproximaba mi primera venida.

    -Me vengo, me vengo! -les grité.

    Mi cuñada se bajó, sacando su culo de mi pene, mi suegra bajo una de sus piernas agarrándome la verga, era la madre de ellas dos, la que dirigía esta orquesta esa noche, y no dejándome perder la excitación me la comenzó a jalar fuerte, mientras mi cuñada y mi esposa se hicieron en frente, abriendo sus bocas, y agarrándose las tetas y sonriendo para mi.

    -Ahhh, ahhhh –gemía y gritaba, jadeaba y jalaba de mis manos ante tal venida tan espectacular, haciendo que la cama sonara como si la madera se estuviera partiendo ante la fuerza que hacía– siiii, mas suegrita, maaas, quiero darle mi leche a estas perras –y en un chorro como hasta ese momento no había tenido, me vine en su caras y pecho, me salía demasiada leche, salía tanta que sus cabellos, lengua, cara y tetas, les escurría leche.

    -Mas mami, maaas –le decía mi cuñada y mi esposa a su mamá, pidiéndole más lechita– me ordeñaban prácticamente, era jodidamente delicioso e indescriptible, mies piernas temblaban, mi corazón estaba a mil, y ellas sonriendo.

    -Ven –le dijo mi suegra a mi cuñada, mi esposa se acercó igual a lo que mi suegra la cacheteó– tu no perrita, deja a tu hermana primero –mi verga palpitó ante tal cosa que no había visto, fue demasiado rico ver como alguien dominaba a mi esposa, mi esposa se agachó un poco sonriendo, excitada por tal golpe.

    -Límpialo bien –le dijo mi suegra a mi cuñada, la cual comenzó a limpiar el semen que escurría de mi pene, no pasaba un segundo sin disfrutar.

    Entre tantas vueltas que daba mi cabeza, vi como en el armario, estaba una cámara que o había visto en la casa.

    -¿Me están grabando? –dije asombrado.

    -Shhh –me dijo mi suegra jalando de la corbata, apretando más mi pene, callándome al instante– es un regalito para tu cuñada que se va en unos días.

    Continuará…

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  • Una exalumna me la mama en la prepa

    Una exalumna me la mama en la prepa

    Soy profesor de preparatoria en la Cd de México, tengo 47 años pero estoy muy bien conservado: soy delgado, hago ejercicio, mido 1.83 cm por lo que la mayoría de la gente me calcula 38 o 39 años.  En la preparatoria donde doy clase los estudiantes hacen un trabajo final, por lo que tienen un asesor a lo largo del semestre que los dirige en el desarrollo de su trabajo. En algún semestre dirigí a una mujer, llamémosle J, un poco más grande que sus compañeros ya que concluyó de 27 años la prepa. Era alta, 1.70-1.75, de piel clara y cabello castaño a la altura del hombro, con senos de tamaño normal y un culo bien redondo y paradito, y que, durante su estancia en la prepa era objeto de comentarios, tanto de los profesores como de los estudiantes.

    A lo largo de las asesorías nos fuimos conociendo, me fue teniendo confianza y me platico cosas íntimas, como que le encantaba mamar verga, y que se las había mamado a un par de “amigos” de la prepa. Después de que se graduó fue a visitarme algunas veces y acabamos yendo al motel, pero esa es parte de otras historias. Un día me insistió para que fuéramos al motel pero yo no tenía mucho tiempo pues algún compromiso se interponía, ahora ya no recuerdo ni que era.

    Ese día tuve que quedarme hasta el turno de la tarde. Todos los maestros de la prepa tenemos una oficina, con puerta y ventanas por ambos lados. Sin embargo mi oficina estaba en una esquina por lo que la única ventana daba hacia el patio de la prepa, y estaba en el primer piso por lo que, desde abajo no se alcanzaba a ver hacia adentro de mi oficina.

    Fue a verme y desde lejos mientras caminaba cruzando el patio de la prepa para dirigirse a mi oficina pude observarla con detenimiento: recuerdo que traía una blusita blanca que mostraba su abdomen y unos leggings (mallones) negros con una tanga de licra rosa, (le encantaba usar leggings ya que se pegaban muy bien al culo y, supongo además prácticos para que le metan mano sin ningún problema.

    Salí de mi oficina, bajé las escaleras y fui a su encuentro, cuando ya casi llegaba al edificio donde se encuentra mi oficina.

    Yo: “Hola amor, te ves súper rica, me encanta cuando te vistes así.”

    J: “¡Qué bueno que te guste amor! Sé que no tienes tiempo y no podemos ir a donde podamos estar un ratito a solas, pero te puedo sacar toda la leche.”

    Yo: “Si amor, todo el día la he traído bien dura por tu culpa, ya me urge disfrutar a mi putita…”

    J: “Traigo la tanga que tanto te gusta si me convences te la puedes llevar a tu casa.”

    A mi una de las cosas que más me gusta es un cuerpo femenino cubierto con ropa interior delicada, de encaje, tangas, ligueros… no hay nada más sexy que una mujer hermosa vestida así. Caminamos mientras platicábamos rumbo a mi oficina. A esa hora, cerca de las 19:00 h ya casi no había nadie en la prepa pues era un viernes y a unos cuantos días de que se cerrara la escuela por vacaciones.

    Subimos las escaleras y caminamos el largo pasillo hacia la esquina del edificio. Mientras caminábamos la iba abrazando por atrás para que pudiera sentir mi rica verga tiesa y parada en su culo, porque desde la mañana y cuando insistió en ir al motel, me puso muy caliente. Al entrar a mi oficina cerró la puerta tras de sí y le puso llave.

    Al cerciorarnos de que en efecto ya no había casi nadie en todo el piso, la puse contra la pared y empezamos a besarnos y recorrer todas nuestras lenguas con tanta desesperación como si nuestra vida dependiera de ello. Sólo se escuchaban pequeños gemidos y los chasquidos de nuestras lenguas al rozarse fuerte y rápidamente.

    Yo tenía una mano en su pecho mientras que ella tenía una de las suyas frotándome la verga, por encima del pantalón. La frotaba de arriba a abajo y de vez en cuando le daba unos pequeños apretones que me hacían gemir más fuerte.

    Yo para ese entonces ya subía y bajaba con mis manos por toda su cadera y cintura, alternadamente con una subía a sus senos y los apretaba y jugaba con ellos mientras que con la otra bajaba a su culo y lo recorría todo, le daba nalgadas y apretaba tan duro que ella gemía sin parar pidiendo que se la metiera.

    En cierto momento gire sobre mi con lo que ella quedo encima de mí y yo ahora era el que estaba recargado contra la pared. Con mayor libertad ya, con una de mis manos la acaricié por encima de los leggings hasta que, en un momento la metí bajo los leggings, acaricié todo su culo y luego tomé su tanga y la jalé lentamente hacia arriba mientras me pegaba más a su cuerpo. Sé que le encantaba sentir como la tanga se metía por en medio de su culo y sentir cómo al ser jalada se metía entre sus labios vaginales. ¡Aquello era delicioso! Mi verga palpitaba debajo del pantalón. J había dejado de tocarme por estar tan excitada y que bueno que lo hizo porque estaba a punto de correrme.

    J no aguanto más, se separó un poco de mi y me desabrochó el pantalón, me sacó la verga y al momento se hincó y comenzó a devorarme la verga. Se la metía toda en la boca, entraba y salía tan rápido que hilos de saliva escurrían por sus labios, se mojó un poco su blusa por lo que al irnos tuve que prestarle un suéter para que no se notará.

    Yo: “J amor, la chupas como toda una puta, ¡qué suerte tengo!”

    Ella no podía hablar, solo emitía sonidos por lo que le dije: “si puta sácame toda la leche que bien que te encanta.”

    Comenzó a meterse la verga más y más profundamente, hasta la garganta. Pude sentir como la verga se me tensaba, señal de que ahí venía esa lechita que tanto le gustaba comer. La tomé por la cabeza haciéndole una cola de caballo con las manos y empecé a disparar toda la leche en su boca. La llené toda pues todo el día había estado muy caliente y como la buena “novia” que siempre fue, se la pasó toda y se levantó… Me dio un beso largo, húmedo con lo que pude aún sentir mi propio sabor en su boca. Sonreímos, nos separamos.

    Nos acomodamos la ropa y nos fuimos para la salida de la prepa, no sin antes pasar al baño que se quitara la tanga y me la diera toda empapada con sus fluidos para que me divirtiera como quisiera. La vi algunas otras veces pero eso es parte de otras historias.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 12)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 12)

    La cantidad de comida que ofrecía el crucero, era impresionante. Parecía un tenedor libre de los más caros y en sus mejores épocas. Incluso con tanta variedad para elegir, preferí llenarme el plato con frutas. Julia en cambio optó por la pizza. Los dos estábamos más interesados en volver rápidamente al cuarto y comenzar la fiestita que nos habíamos auto organizado. No queríamos perder ni un minuto decidiendo que menú probar. Lo clásico nos ahorró tiempo.

    -¿Vas a comer postre, Rodri? – me preguntó, sin prestar atención a que casi casi había comido una ensalada de frutas.

    Le dije que no. Ella me contestó que era un amargo de mierda y se fue a buscar uno. Volvió al rato, sosteniendo un vasito con una bocha de helado de frutillas. En vez de sentarse enfrente, en su lugar, me corrió del mío y se sentó a mi lado. Lo hizo de una manera tan brusca que prácticamente quedé con la ventana que daba al océano pegada a mi hombro.

    Me quedé mirándola, esperando aunque sea una disculpa. Pero otra vez su mirada picarona me cautivó por completo. Puso su mano sobre mi pija y encima de la maya que llevaba puesta, comenzó a masajearme. Me estaba haciendo una paja con la ropa puesta, debajo de la mesa, rodeados de gente y mirándome a los ojos de costado. Era la mejor disculpa del mundo que alguna vez alguien me había dado.

    -¿Ya la tenés paradita de nuevo? Se ve que te gusta que tu prima te toque el pito.

    Le dije que sí, intentando disimular mis gestos de placer y acomodándome mejor, con las piernas un poco más abiertas, para que tenga mejor acceso.

    Los masajes que me hacía en la poronga ya estaban comenzando a hacerse más brucos. Hasta podía notar que la mesa incluso se movía.

    Con la otra mano llevó una cucharadita de helado a su boca y comenzó a comerlo.

    -Esta riquísimo. ¿Seguro que no querés? – preguntó, como si nada. Lamiendo la cuchara como una petera insaciable.

    Estaba por decirle que no. Que siga disfrutando su helado ella, que yo también lo estaba haciendo, pero no me dejó ni mover los labios para comenzar a hablar. Se sirvió otro bocado y como si se le hubiese caído algo, se agachó. Sincronizadamente dejó mi pija al aire y se la puso en la boca. Otra sensación hermosa era sentir su lengua, esta vez fría. Tal vez no tan perfecta como sentirla caliente por el café pero, sin dudas, me dejó sin respirar.

    -Vos cuida que no nos vea nadie. – me dijo, todavía con la verga adentro.

    ¡Era prácticamente imposible! Estábamos rodeados de gente. Incluso Fabián estaba en el mismo barco y por qué no iría a estar en el comedor a la hora del almuerzo. Pero no me importó. También era prácticamente imposible que pudiese importarme.

    Mi prima tampoco quiso arriesgarse más y volvió a enderezar su columna para quedar sentada a mi lado. Me sonrió con cara de excitada y suspiró para recomponerse.

    -No puedo parar de chuparte la pija primo. En serio. No puedo parar. – gimió suavecito en mi oído. -¿Sabes que quiero? Quiero crema en el helado de frutilla.

    Y todavía con la poronga al aire siguió masturbándome, con la cabeza del pito apuntando a su vasito. La mano de Julia se movía y me apretaba la chota mejor que si me estuviese pajeando yo.

    -¿Estás contento que le vas a ver las bombachas a tu prima?

    Oírla hablar competía seriamente con sus técnicas manuales de trola.

    -Mirá que la putita de tu prima usa bombachitas muy chiquitas. El pito parece que lo tenés contento.

    Parecía elegir las palabras que milésimas de segundos después estarían en mi mente.

    -¿Te queda crema? Decime que te queda crema para tu prima, “la comeleche”.-continuó susurrándome.

    A esa altura del partido, no era una mala pregunta. Pero le mentí diciéndole que sí. Que me quedaba y muchísima como para llenarle la pancita de semen.

    -Pone leche en el vasito entonces, Rodri. Ponele la chele al helado de tu prima. ¡Quiero helado con leche! ¡Frutilla con crema! Dame crema.

    Y aunque pensé que ya no me quedaba más nada, el vasito recibió dos o tres lechazos bien espesos de semen. Julia los revolvió bien con su cuchara y me acomodó la pija nuevamente dentro de la maya.

    -¡Qué cantidad de comida que hay! Mañana podemos probar el pescado, que debe ser re fresco. – dijo mirando hacia la cocina, como si nada habría pasado, mientras comía su helado con carita de nena caprichosa. Aún recién pajeado no podía dejar de calentarme mirando los hilitos blancos mezclados en el rojo fuego de la frutilla que se llevaba cada tanto a la boca.

    Cuando lo terminó, me dijo que vayamos a pedir cervezas para la fiestita y así lo hicimos. Era claro que si bien teníamos bebidas libres, no nos iban a dar todo lo que quisiéramos. Sólo nos daban de a una latita. Mi prima se apoyó sobre la barra y mostrándole a medias las tetas logró que el pibe, al menos, le dé dos. Eran tres sumada a la mía. Todavía eran muy pocas.

    Había llegado el momento de sacar al argento de adentro y planificar cómo hacer para conseguir más. Recordé una táctica que usábamos en la adolescencia con mis amigos. Si el lugar tenía al menos tres barras, jamás pagábamos por un trago. Uno iba a la primera barra y pedía un poco de gaseosa, para un amigo que no se sentía bien. Generalmente te daban medio vaso, o menos, pero no te hacían tanto lío. Por un poquito de gaseosa, ningún local se iba a arriesgar a que haya un problema dentro mucho peor. Otro, en la segunda barra, pedía hielo para la gaseosa. Tampoco era un problema. Te daban dos cubitos y el vaso ya quedaba, más o menos, tres cuartos lleno. El más caradura sería el encargado del último paso: ir a otra barra diferente y quejarse de que el Fernet (si la gaseosa era coca) o el Gancia (si era Seven up) se lo habían preparado muy livianito. Que por favor le echen un poco más. Y listo. Como dije: jamás pagamos un trago. No lo hacíamos de ratas, lo hacíamos porque realmente a veces no teníamos dinero. Ni tampoco creíamos justo el precio que le ponían.

    En esos parámetros se movía mi cabeza para solucionar el problema. Mi prima, en cambio, fue mucho más sencilla. Mucho más argentina.

    -Vamos al camarote, agarramos dos mochilas y recorremos las barras. Hay como 8 en todo el barco. Nos separamos y nos encontramos en media hora en la pieza – me dijo.

    Y así lo hicimos. A los treinta minutos volví con 10 latitas. Orgulloso, porque conseguí más de ocho. Incluso yendo a pedir a una barra menos. En el mismo lugar donde lo habíamos dejado comiéndose mi leche, estaba sentado Fabián. Con la misma ropa, como ni no se hubiese ni movido de esa silla en todo este tiempo. Esa latita preferí resignarla con tal de no me vea.

    De todas formas ese orgullo me duró poco.

    Mi prima había conseguido veintitrés gracias a la calza metida en el orto que llevaba puesta y la remera escotada, sin el corpiño que se había quitado sin que ni siquiera yo me haya enterado cuando.

    ¿Saben que me preguntó la hija de puta cuando me vio?

    ¿Cómo mierda hice para conseguir diez?

    Le ofrecí una carcajada irónica como respuesta y le gustó. Después nos acostamos en la cama a tomar unas cervezas y meternos mano desesperados. Los minutos siguientes fueron sólo lengua, manoseos y tragos a las latas que se iban vaciando, cayendo al suelo y siendo reemplazadas por otra llena.

    Tener el culo de mi prima en mis manos hacía que la cerveza pareciese tener más graduación alcohólica que el vodka puro. El culito bajo la calza era una verdadera obra de arte. Apretarle las nalgas bajo la ropa, toquetearle la concha de vez en cuando, chuparle una teta, se sentía muchísimo más lujoso que el propio barco. El roce constante de su lengua contra la mía, mis caricias sobre la suavidad de su piel juvenil, sus manos en mis mejillas, todo, absolutamente todo se sentía ser parte de un plan monstruoso con el objetivo de jamás dejar descansar al morbo del incesto del que ambos éramos presos.

    Cuando en el suelo pude contar ocho latas vacías, Julia se puso de pie y de un cajón, que ni sabía que el camarote tenía, sacó todas las bombachas que había traído y las tiró sobre la cama, a mi lado.

    -¿Con cuál me querés empezar a coger? – me preguntó.

    Serían alrededor de doce, o quince. La mayoría, tal cual me había anticipado, eran sumamente chicas. Recuerdo haber pensado que con la tela de una de mis remeras, alcanzaba para fabricarlas a todas. Apoyé la espalda en la pared de atrás de la cama y comencé a tocarlas, imaginando cosas que si se las cuento podría ir preso.

    Había muchas tangas, varios culotes y hasta una especie de bóxer. De diferentes colores y estampados. Algunas de algodón y otras de encaje.

    Si un pirata lograba ser fotografiado en el momento justo de abrir un cofre con monedas de oro, seguramente tendría el mismo gesto de satisfacción que yo tenía en ese momento.

    -Esta va a ser la primera. – le dije, dándole un culote rosa con un corazón blanco en la concha. Tenía una especie de inocencia en su diseño que me pareció ser la indicada para comenzar la fiesta. – Así te chupo la conchita y el corazón.

    Julia prendió la tele y encontró un canal donde pasaban música. Todo nos salía bien. Era el único canal que andaba. En realidad sólo ese y otro con publicidades del barco. Comenzó entonces a sacarse la calza como una prostituta en un club barato. Se la bajó hasta las rodillas, agachándose para mostrarme bien el culo, y se la volvió a subir. Se dio vuelta y se quedó en tetas.

    -No podemos empezar la fiesta sin un brindis, Rodrigo. – protestó.

    Le seguí la corriente y le tiré una latita de cerveza cerrada. La agarró al boleo y mordiéndose el labio inferior me dijo que no. Que quería brindar con otra cosa.

    -Quiero pis – me dijo tímidamente. Mirando al piso, pero espiando con sus ojos cuál sería mi reacción.

    Al ver que me había dejado sin palabras, se tiró a la cama encima de mí. Una mano volvió a tocarme la pija y su lengua repartía el tiempo entre lamerme el cuello y susurrarme.

    -Brindamos en la ducha con tu verga y mi boca. Y el pichín de bebida. ¿Querés? – y un lengüetazo me volvió a poner en mis cabales.

    -Mirá que tomé mucha birra, va a salir mucho. – la amenacé.

    Mi prima suspiró otra vez, como ya sabía yo que hacía cada vez que se excitaba de más.

    -Si te portas bien te dejo mearme acá – me dijo llevando una mano a su cola. – Te dejo mearle el culito a tu prima. Y la conchita también. -Agregó luego. – ¿Querés mancharle de pichin la concha y la cola a tu prima? Pero eso sí: si de verdad hay mucha, porque tengo mucha sed. – aclaró. Tan seria, que logró hacerme dudar si era cierto que tenía semejante sed.

    Se desnudó en un segundo, yo hice lo mismo y nos fuimos al baño. El alcohol ahora le daba mucho más brillo a toda la situación. Julia llenaba la boca una y otra vez con mi meada y se la tragaba sin abrir los ojos. Relamiéndose y disfrutando de ser humillada por su primo. Esa sensación de sumisión parecía, esta vez, excitarla más a ella que a mí. Sentirse mi puta personal le generaba una morbosidad mayor a lo que jamás se habría imaginado. Tenerla tan regalada, tan fácil, tan trolita, me llenaba el cerebro de locura. Pero a ella se lo llenaba más. Estaba seguro.

    Cuando se puso de pie para que le mee el orto, ya me quedaba poco pis en la vejiga. Ella lo supo de inmediato y se agachó abriéndose los cachetes, para que su ano rosado y apretado reciba aunque sea unas gotas. Mi prima respiraba en esa posición, recibiendo las punteadas que mi pija le daba en el culo, como si estuviese teniendo un orgasmo inesperado.

    Al notar que ya no me quedaba nada, abrió la ducha y empezó a enjabonarse de una forma extraña. Como si estuviese ausente.

    “Ya que estábamos ahí, podría aprovechar y cogerla bajo la ducha”, pensé.

    La abracé de la cintura y cuando el shampoo le permitió abrir sus ojos, en vez de besarme puso su cabeza en mi pecho, haciendo puchero.

    -Te juro, Rodri, que no soy tan puta. – me dijo casi llorando – No quiero que pienses que soy siempre así. No lo soy. Ni cerca.

    Era obvio y esperable que en algún momento sienta algo de culpa. El incesto no era de esas cosas que uno puede tomarse a la ligera.

    -Ni tan puta, ni tan nada. Siempre vas a ser perfecta para mí. – le respondí. Quería dejarle bien en claro que no tenía que preocuparse más por esas pavadas. – Y es más. Conmigo podes ser todo lo putita que quieras, que me vas a gustar más todavía, si es que eso es posible.

    Ella sonrió ante mis palabras, porque sabía que eran ciertas. El momento reflexivo se terminó segundo después, bajo un fuerte abrazo con nuestros cuerpos desnudos y la lluvia de la ducha, que parecía comenzar a enfriarse. No era lo único. También el momento de calentura estaba amenazando con terminar y no podía permitirlo.

    -Vamos, que quiero verle las bombachas a mi prima. – le indiqué.

    Julia volvió a sonreír de forma perversa. Ya sin culpa. Tiro un sonido parecido a un “si” y comenzamos entonces la fiesta de las bombachas.

    Y era una fiesta con todas las letras. La música, la cerveza, las tetas de Julia como si fuesen los globos y el baile de trolita que hacía para cambiarse la bombacha, era diversión absoluta. Deseosa y morbosamente, diversión entre primos.

    Vestida solamente con el culote que había elegido se tiró, nuevamente, encima de mí. Yo puse mis manos de lleno en su cola y una la corrí hacia debajo de la tela, para tocarle una nalga desnuda.

    -¿Te gusta esta bombachita primo? ¿Me queda bien? ¿Me hace linda cola?

    Mi cabeza se movía de arriba abajo como si estuviese dando un examen.

    Entonces se giró como para hacer un sesenta y nueve, y de lleno mi lengua fue a recorrerle el corazoncito que tenía dibujado. La bombacha quedaba mojada desde adentro por sus flujos y desde afuera por mi saliva. Cada vez que se mojaba más, más rica se sentía. Otra vez, sin descanso, mi pija estaba como un fierro.

    Volvió a darse vuelta, pero esta vez ella sola se corrió la prenda y dejó caerse sobre mi poronga, que entro facilísimo.

    Julia sabía que no tenía por qué apurarse y cumplió con la regla. A las dos o tres penetradas profundas se puso de pie, y sonriendo me dijo que ahora le tocaba a otra bombacha. Que solo era “coger un poquito con cada una”. Yo estaba delirando del deseo. Pero también tenía la relajación de dejarla a ella que decida qué hacer, cómo hacer, cuánto y hasta cuándo. Todo me gustaba.

    Me la coji y le chupé la concha con una tanga roja, un culote de lencería rosa, otra tanga de leopardo, otra tanga fucsia, dos negras, una de ella con lunares blancos, y muchas más. Muchas, muchas más. Todas quedaron empapadas por sus flujos, mi baba y hasta mis líquidos pre seminales.

    Cuando terminamos las cervezas y las bombachas, pensé en acabar de una buena vez. Cogerla por horas sin eyacular comenzaba también a dolerme en las pelotas. Pero como era de sospechar, mi prima tenía algo más que acotar.

    -Tengo una sorpresa. – me dijo.

    Le pregunté cuál sería. Y me dijo que tenía una bombacha especial.

    -Genial. – le contesté. – Con esa especial te rompo el culo. Tralela.

    Sonrió nuevamente nerviosa. Le gustaba que insista, le gustaba que le guste que insista, le gustaba la idea y le gustaba, también, que ella misma sabía que me iba a entregar la cola, tarde o temprano. Ya ni se gastaba en ponerle negativas mediante palabras.

    -Si me prometes que no vas a decir, nada te la muestro.

    Le dije que no. ¿A quién le iba a decir? O qué. “No sabes la bombachita que pelo mi prima en la fiesta de las bombachas. Se tragó una meada y cuando estábamos terminando, pelo esta tanga que no sabes lo que era…” O cómo.

    Se puso de pie y se cambió la bombacha. Otro culote que no me había mostrado antes. Este era negro, con rayitas grises. No le veía nada de extraño, por lo que me costaba encontrar una explicación al por qué tanto misterio. Estaba a punto de preguntarle por qué tanto lio, pero no fue necesario.

    -Esta bombacha es de la prima de Fabián. – me dijo – el hijo de puta me hizo robársela, porque me quería coger con la bombacha de su prima.

    Me quedé sorprendidísimo. Como si la situación me habría tocado una fibra de excitación sensible, la empuje para que quede, esta vez, ella abajo. Y me dejé llevar. En una especie de misionero a la fuerza, se me la metí desenfrenadamente. Cuando quería decir algo le tapaba la boca y mi prima más caliente se ponía. Al segundo escuché su orgasmo y al otro segundo volví a llenarle la conchita de semen.

    -Te dije que era especial – me dijo sonriendo. Sorprendida por la bestia que me había sacado de adentro un simple pedazo de tela. Yo no le respondí.

    Dos minutos en silencio y mirando al techo me hicieron dar cuenta de que el estúpido de Fabián me había ayudado a cogerme a su futura esposa.

    Tal vez no haya sido tan claro en ese momento, pero al pedirle la bombacha de su prima, Julia automáticamente había entrado al mundo del incesto. Indirectamente. Es cierto. Pero una vez que alguien da el primer paso, es muy difícil volver. El solo hecho de tener un pie adentro hace prácticamente imposible retirarlo en lugar de meter el otro. Aun cuando delante nuestro hay algo que nos asusta. Un espejo que nos muestra nuestra imagen tan deformada, que nos produce rechazo, al principio. Pero nos ilumina, después.

    Y es que finalmente, no somos todos tan diferentes.

    Después de tanto alcohol y tanto ejercicio entre el pito y la almeja, nos empezó a ganar el cansancio. Acomodé la cabeza sobre el culo de mi prima y me comencé a dormir. La cola de Julia era la mejor almohada que podía uno desear tener.

    -¿Rodro, estas despierto? – me preguntó con voz apagada, como si ella también estaría por dormirse. Le respondí que sí y entonces continuó hablando. – Mañana me toca elegir la fiesta a mí.

    Y nos invadió el silencio. Me gustaba la idea de las fiestas. Era una excusa perfecta para disfrazar los deseos más ocultos que teníamos el uno hacia el otro.

    -Mañana hacemos la fiesta del culo. – le dije en broma. Bueno: mitad en broma.

    Julia sonrió, pero no dijo que no. En cambio me dijo que mañana elegía ella.

    -Mañana hacemos la fiesta de la leche. – dijo.

    Me encantaba la idea. No sabía todavía en que estaba pensando. Tal vez comerse mi semen en una torta, que se yo. Pero sonaba lindo.

    Y cuando estaba por desenchufarme nuevamente del mundo, la sentí hablar una vez más.

    -Para la del culo, tengo también una bombacha especial. – dijo. Y se durmió.

    Al oírla, la pija me latió dos veces, incluso muerta. Y me dormí yo también.

    Continuará…

  • El policía y su moto

    El policía y su moto

    Me llamo Aldair tengo 22 años, esto me pasó unos años atrás.

    Yo tengo amigos muy conociendo en el ambiente de mi ciudad entre ellos tenía un amigo bastante lanzado y coqueto Samir era un mes mayor que yo. Solíamos ir a una cancha de vóley todos los martes con otros amigos similares.

    Estaba a punto de cumplir 21 cuando Samir y yo planeábamos una fiesta en la discoteca. Samir dijo que conocerá a una persona nueva y que lo acompañaría esa noche, lo conocimos ala ves .era un joven alto delgado y simpático a simple viste me gusto físicamente pero él estaba interesado más en mi amigo.

    Pasando la noche nos divertíamos y terminando y esperando el amanecer cada uno se iba por su camino Samir se fue con el joven (se llamaba Joshua) y paso lo cometido por mi amigo.

    Más tarde ese día domingo nos reunimos en la cancha de vóley Joshua fue en su moto a recoger a mi amigo Samir pero yo ya establecí más amistad con él.

    Pasando los días Samir no lo tomaba en serio a Joshua y esto que el si estaba interesado en mi amigo, cuando nos reuníamos mis amigos y yo junto con Samir, él hablaba de como se lo había fornicado, que solo fue un sexo pasajero y ya, Samir había conseguido una pareja pero Joshua seguía insistiendo hasta que la pareja los descubrió y hubo muchos mal entendidos. Así que Samir lo saco de su vida con odio

    Joshua era mi amigo y se apegaba más a mi como queriendo que lo consuele y yo lo hice,

    Pasamos mucho tiempo juntos.

    Y un día a la media noche vino en su moto a recogerme para ir a un parque a conversar y me dijo

    Jh: no había notado lo amable que eres como para juntarte con gente como Samir

    Ald: pues yo también suelo ser como el pero yo soy más sincero al iniciar algo si quisiera solo sexo te lo diría de frente 

    Jh: jajaja es lo que note y me gusta de ti tú crees que puedas llegar mañana a tu casa 

    Ald: no tengo que trabajar además sé a dónde quieres llegar 

    Jh: jajaja ok lo entiendo

    Así pasamos días y llegamos a tener más confianza, el llego a invitarme a su casa obvio yo me negué no quise nada comprometido así que yo le invite a la mía y el acepto.

    Llego en su moto con y lo invite a mi cuarto empezamos a hablar y bebimos un poco… pero no pasó nada él se fue y así estuvimos un tiempo más jugando a la casita o a la familia, el venia de trabajar de turno y yo lo esperaba con la comida que cocinaba después de eso se iba a su casa 

    Una noche quiso venir de improviso yo le dije que no porque estaba con otra persona y el insistía quería hablar estaba con problemas de familia y yo lo negué porque ya estaba acompañado.

    Al día siguiente me llama.

    Jh: Oye ahora si podemos vernos 

    Ald: si claro dónde quieres que nos veamos

    Jh: vamos a la cancha romero paso a recogerte 

    Ald: vale te espero

    Llegando a la cancha estaban mis amigos ya reunidos bebiendo como siempre él y yo nos unimos y bebimos con ellos. Nos fuimos antes porque Joshua tenía la moto y no podía manejarla ebrio en eso note en su teléfono que tenia de fondo de pantalla a un chico que conocía. Yo en ese momento me reí.

    Jh: de que te ríes 

    Ald: Jesús es en serio?

    Jh: lo conoces?

    Ald: claro es un chico que busca acción de vez en cuando

    Jh: así recién lo voy conociendo

    Ald: porque lo tienes de portada? Te gusta o algo

    Jh: el día que necesitaba verte y me dijiste que no él me contacto y me hizo compañía esa noche creo que le gusto

    (Yo estaba un poco celoso) 

    Ald: así entiendo 

    Jh: creo que ya no debemos vernos más

    En eso con ganas de que me vuelva a buscar le tome su pasaporte sí que se diera cuenta y me llevo a casa

    Ala mañana siguiente recibo una llamada era Jesús (como dije él y yo nos conocíamos)

    Jesús: Aldair tu tomaste el pasaporte de Joshua!!! 

    Ald: si creo porque

    Jesús: no sabes lo necesita para su trabajo!!!

    Ald: ok cuando lo vea se lo devuelvo 

    Colgué estaba disfrutando ser el problema 

    Joshua vino esa noche en su moto a mi casa por el pasaporte yo lo recibí y lo deje pasar. Ahí empecé a hacer mi estrategia. Le dije

    Ald: oye te parece bien si vamos por ultima ves a la discoteca solo tú y yo 

    Jh: no lose no le dije nada a Jesús. Donde dejaría mi moto? 

    Ald: aquí puedes dejarla vienes aquí descansas y te vas 

    Jh: está bien pero que sea nuestro secreto entiendes 

    Ald: si 

    En eso fuimos al paradero, tomamos un bus y no llevo ala disco .bebimos y bailamos felizmente no había nadie conocido pero si uno que otro señor aprovechador y Joshua no me soltaba de sus brazos dando a entender que estaba solo yo para él.

    Eran casi las 4 am y ya nos regresábamos a casa yo pague el taxi Joshua había gastado mucho dinero así que era lo mínimo. Llegando a casa nos metimos a mi cuarto a descansar para que después se fuese en eso.

    Jh: oye no puedo dormí

    Ald: porque debes dormir para que manejes tranquilo

    Jh: quisiera pero algo me lo impide

    En eso el me besa y yo le correspondo .nos besamos y abrazados en la cama le empiezo a manosear 

    Ald: oye tú me amas? Le dije

    Jh: hmmmm un poquito 

    En eso proseguí él es activo así que quiso dominarme pero yo volteé los papeles y era yo quien empecé a dominarlo y él se dejó.

    Empecé a hacerle el sexo oral y anal en eso lo penetre y estuvimos intimidando con besos y abrazos y después nos dormimos 

    Joshua se levantó se vistió y me dijo que lo que hizo estaba mal 

    Yo en el fondo me reí y le dije

    Ald: no te sientas mal eres una persona cometes errores .simplemente no lo vuelvas a hacer

    Jh: pero yo en verdad quiero estar contigo

    Ald: y Jesús?

    Jh: puedo hablar con el después que dices me das una oportunidad

    Ald: sabes yo no estaría con alguien que le fue infiel a su pareja 

    Jh: así entiendo

    Se vistió y se fue ni siquiera se despidió .no llego a terminar con Jesús pero al menos ya no me sentía mal porque fui sincero con él pues la verdad no lo amaba pero si me atraía mucho físicamente y cuando me dijo que me amaba poquito también creo que llegue a sentir lo mismo por él amarlo solo un poquito.

  • Una fantasía hecha realidad (Cap. 1): Una paja inolvidable

    Una fantasía hecha realidad (Cap. 1): Una paja inolvidable

    Mi nombre es Jorge y lo que vengo a relatarles es algunas de mis experiencias sexuales relacionadas a mi fantasía sexual preferida: el de masturbarme y eyacular sobre las bragas de una chica.

    Desde siempre me han atraído las chicas que usan braguitas diminutas, si son transparentes mucho mejor, que dejen ver su rajita depilada o un pequeño mechón de vello de su vulva; verlas en vivo, foto o vídeo me excita mucho, me provoca una incontenible erección, con deseo de masturbarse y fantasear eyacular sobre esa diminuta prenda de la chica, dejarla empapada en semen mientras ella gime de placer. Lo que voy a relatar a continuación es cómo inició en mi esa fantasía-fetiche sexual.

    Todo empezó cuando un día mientras revisaba algunos periódicos y revistas que teníamos guardados en un pequeño cuarto que teníamos en mi antigua casa, entre uno de los periódicos encuentro un afiche de papel couche doblado, al abrirlo me doy con la sorpresa que era la imagen era de una chica prácticamente desnuda, eran de esos afiches (póster, encarte o como lo llamen en su país) de tamaño A3 de chicas desnudas o en bikini que venían en un diario sensacionalista de esos años. La imagen del afiche era de una chica rubia de senos deliciosos cuya única prenda era una tanga blanca transparente, mis ojos se clavaron en esa zona de la imagen, ver cada detalle de esa tanga, los elásticos de sus caderas contorneadas, las costuras y en especial el pequeño pedazo de tela de encaje transparente que dejaban ver los vellos de su vulva, bastaron para que un hormigueo cual corriente recorrió desde mi cabeza hasta mi pene que empezó a endurecerse, engrosar y duplicar su tamaño, acababa de tener una erección.

    Sin pensarlo dos veces, cerré la puerta del almacén con llave, regresé al sitio donde tenía el afiche, me bajé la bragueta del pantalón y saqué mi pene erecto del que ya estaba saliendo gotas de pre semen.  Lo primero que hice fue lamer la tanguita de la imagen para luego frotar mi glande en esa zona del afiche, no paraba hasta dejarla mojada, sentía una extraña sensación de placer indescriptible al ver cómo había humedecido ese afiche, eso me motivó nuevamente a repetir lo que había hecho, esperar unos minutos a que de mi pene saliera pre semen para nuevamente frotar mi glande en la tanga de la chica rubia del afiche. Llegó un momento que sentí algo que hacía estremecer mi cuerpo y bajaba con rapidez hacia mi pene que empezaba a contraerse, pensé que me iba a orinar y me detuve pues no quería arruinar ese preciado afiche, así que lo volví a doblar y esconder entre las hojas de una revista, con dificultad metí mi pene erecto dentro del pantalón y sin que nadie me viera me llevé el afiche a mi habitación.

    Casi a diario por las noches, me quedaba viendo por largos minutos ese afiche, concentrando mis ojos en su diminuta tanga y con la otra mano sujetaba firme mi pene erecto, más no me masturbaba, esperaba que empezará a salir las gotas de pre semen para luego frotar mi glande en la zona de la tanguita de la chica rubia del afiche y dejarla mojada en pre semen, lo seguí haciendo como un mes hasta que llegó ese día.

    Un día regresé a casa temprano de los estudios, me encerré directamente en mi habitación pues quería descansar tras los agotadores exámenes de medio ciclo. Me sentí en ese momento inquieto, con ganas de desahogarme del estrés de esos días, tuve nuevamente las ansias de frotar mi pene en el afiche de la chica rubia que tenía aún guardado y no lo hacía desde hacía dos semanas.  Así que nuevamente saqué el afiche de donde lo tenía escondido, abrí el afiche y lo puse sobre la cama mientras me sacaba mi pene que ya estaba erecto y empecé nuevamente a frotar mi glande en la zona del afiche sobre la zona impresa de la tanguita blanca, nuevamente empecé a sentir un intenso placer, pero esa sensación era diferente a los días anteriores.

    Mientras más frotaba mi pene sobre el afiche, deseaba con todas mis fuerzas que esa chica rubia se saliera del afiche y así yo poseerla, en ese momento dejé de frotar mi pene para empezar a estimularlo con mi mano de arriba a abajo, primero despacio y luego muy rápido para luego repetir el ciclo varias veces, mis ojos me concentraba en la tanga de la rubia mientras mi mano no paraba de estimular mi pene, ya no sólo esperaba que saliera pre semen para esparcirlo en el afiche, sino quería saber que había más allá de ese intenso hormigueo que parecía que iba a orinar y así mientras me concentraba mirando nuevamente cada detalle de la tanguita (la tela transparente de encaje que dejaba ver los vellos de su vulva). Sentí en ese momento que ya podía aguantar más, tenía que expulsar ese algo que estaba dentro de mi pene, de mi glande no paraba de gotear y nuevamente sentir ese hormigueo, pero con más intensidad que empecé a respirar más fuerte, entonces froté con más rapidez mi pene con mi mano derecha hasta sentir como se contraía e iba a salir expulsado eso, así que apunté mi pene hacia la tanga de la rubia y empecé a eyacular, de mi pene salía expulsados con fuerza chorros y chorros de semen que iban directo hacia el afiche, hacia la tanga de la chica, dejando el póster enlechado. Me quedé quieto, respirando profundamente con una sensación de placer intenso, esa paja que me hice con el afiche de esa chica rubia fue inolvidable.

     

    Después de haberme masturbado, limpié el afiche y lo guardé nuevamente en un rincón de mi habitación para que nadie lo encontrara. Dentro de mí decía que no volvería a hacerlo, pero me volví a masturbar con ese afiche en la noche, en los días y semanas siguientes hasta que terminé por estropear el afiche. Me tuve que conseguir otro para continuar con mi extraño fetiche sexual.

    Pasarían meses y años realizando esa práctica con otros afiches, revistas o viendo vídeos o fotos por internet donde aparecían chicas con bragas o tangas diminutas transparentes, con los que me masturbaba terminaba eyaculando con la fantasía de algún día hacerlo con una chica, eyacular sobre sus bragas y que a ella le guste o comparta mis fantasías, pero a la vez me inundaba la cabeza si ese tipo de chicas existirán.

    Para mi suerte, dicha fantasía/ fetiche sexual se haría realidad años después, pero esa historia lo contaré en la segunda parte de mi relato.

    Espero les haya gustado mi relato.

  • Isla paraíso

    Isla paraíso

    El día había sido cansado y jodido, y lo único que quería era llegar a casa y por fortuna faltaba poco para llegar a su hogar. Le apetecía una buena cena y cervezas.

    Le metió el dedo en el coño húmedo de su chófer, una alta rubia rusa, ojos azules como zafiros cuerpo tonificado, pernas largas y tetas jugosas y grandes, aquella rusa iba desnuda y solo vestía su gorra de chófer, guantes de cuero y tacones negros y altos.

    —ya llegamos mi señor. — anuncio mientras daban vuelta a la calle de su residencia.

    —Bien —respondió aquel hombre mientras su dedo entraba y salía del coño de su perra rusa, la mujer se mordía los dedos y apretaba con fuerza el volante pero ningún sonido salió de su boca.

    —Bien entrenada estas ¿verdad?— observó Gabriel.

    Las puertas de la cochera se abrieron para darles paso a la cochera y después de haber entrado cerraron.

    — ¡aaah! Dulce hogar — cantó mientras bajaba de la camioneta bien polarizada.

    Subió los escalones de su entrada y entro a su hogar, dos bella mujeres esperaban su llegada; una era morena clara y de baja estatura, la otra blanca y tan alta como el, Tisha y han, ambas desnudas y con sus enormes tetas brincaban con alegría y lo recibieron con besos.

    — ¿Cómo le fue a nuestro amo?— preguntaron enérgicas.

    —bien mis hermosas perras— dijo al fin en su sofá favorito frente a la tv- un día cansado, los asuntos que me hicieron venir se han resuelto, pero claro, son cosas que mujeres estúpidas como ustedes no entenderían.

    —¡Entonces! ¿Ya regresaremos a la isla paraíso? —pregunto la mujer morena, moviendo sus tetas de un lado a otro.

    —sí.

    Las mujeres se mostraron contentas, tanto las perras que lo habían recibido como las dos que se encontraban en el sillón de alado que están follando entre ellas.

    —pero lo que más quiero es unas mamadas, así que dejen de preguntar y hagan su trabajo.

    Ya desnudo en su sillón y con la tv prendida en el partido de la noche las cuatro mujeres se aseguraban de atenderlo como se debía atender a un hombre; una le daba placer con la boca, otras dos le masajeaban los pies y la cuarta el cuello, agarro a la zorra que le daba masaje en el cuello por el cabello y le ordenó una cerveza, después de unos instantes la mujer llegó con su pedido.

    —mierda, esto es vida. — Suspiro con comodidad- cerveza, futbol y unas putas haciendo de su amo un hombre feliz.

    La mujer que le daba placer con la boca de estúpida le hacía gemir de placer, le agarro el cabello y comenzó a bajar su cabeza de arriba abajo con más fuerza y comenzó a excitarse aún más, la húmeda boca bañaba en saliva su verga de 19 cm, su mayor orgullo, eso y sus pelotas llenas de leche.

    La mujer le lamía los huevos con ternura y amor o así el creía, después de un rato la poya le explotó de placer y lleno la boca de la mujer con su deliciosa leche (o eso decían sus perras, que su leche era tan rica que eran adictas a ella), de cualquier caso él amaba las mamadas de sus golfas.

    La cena llegó y el hombre apetitoso la devoró de manera rápida. El partido término y todos se dispusieron a irse a dormir, mañana sería un día ocupado para todos.

    Ya estando en la cama, una de sus mujeres llegó al lecho.

    — ¿cómo fue su día, mi león?— pregunto mientras le acariciaba su poya.

    —¡Ufff! — Exclamó mirándola a los ojos con atención- fue un día pesado y activo, algo cansado, ¿y el tuyo, mi leona?

    —hoy fuimos de compras las chicas y yo, compramos unos bikinis para cuando regresemos a casa.

    La mujer se sentó en las piernas de su hombre para poder masturbarlo como él lo merecía; una mano subía y bajaba sujetando la venuda verga mientras que la otra acariciaba la barriga pronunciada de su macho alfa la cual era otro de sus orgullos, en un tiempo atrás esa barriga no era más que músculos.

    La mujer lamió la poya, Gabriel la disfrutaba con delicia, los labios húmedos mamaban con experiencia y lo hacía excitarse más y más hasta que se corrió en la boca de su mujer, su esposa.

    Se acercó al rostro de su mujer la beso y con un violento movimiento la puso boca abajo, su esposa gimió de placer.

    —Ponte violento mi león- ordenó Haylie.

    Para Gabriel ser violento no le era difícil y menos estando borracho. La monto con violencia y Haylie sentía la dura poya en su ciñó, la embistió con más fuerza y sentía su poya entrar y salir, era el paraíso en la tierra, sus gritos no se hicieron esperar, una fusión de gritos y placer llenaron la habitación.

    Gabriel le golpeó las enormes nalgas, le tomó el rizado cabello y la jalo hacia él, el cuerpo quedó curvado y la mujer sólo se éxito más. Una tras otra envestida con suma violencia. Gabriel gruñir con más fuerza hasta que se corrió en el coño la perra, sintió tanto placer que sentía como si sus huevos se quedará secos, sacó la verga y el semen salió a chorros del coño de su esposa, la tomó del cabello y la cintura y la hizo a un lado con fuerza como si de una cosa se tratase, se dejó caer sobre la cama y se quedó profundamente dormido.

    Haylie lo miraba mientras dormía, ella esperaba un poco más de Gabriel, pero ella sabía que no importaba lo que ella quería sino lo que él deseaba, sabía que solo era un objeto de un ebrio barrigón, un juguete de un hombre que solo veía objetos en las mujeres, un hombre que no tenía el mínimo respeto por ellas pero… a pesar de ello… a ella eso le hacía excitarse, ser tratada como una más de sus golfas… le encantaba.

    Se puso en pie y sintió como le salía la leche de entre sus piernas.

    —¡Vaya que eres una bestia mi amor! — le dijo a su hombre mientras dormía.

    Paso sus dedos por el semen que escurría entre sus piernas y se los llevo a la boca y los saboreo. No era una sorpresa que Gabriel tenía una potencia sexual descomunal, él tenía el «súper poder de los dioses», durar mucho pero mucho tiempo erecto, el sufría, si eso era sufrir… una condición poco común, su cuerpo producía el triple de semen de lo normal, algo que a ojos de expertos era poco inusual, los médicos dijeron que debía eyacular constantemente de lo contrario sus huevos se hincharían y su tamaño sería el doble. Pero para Gabriel era una bendición, eso sumado con su apetito bestial de sexo era de lo mejor.

    Salió de la habitación después de un refrescante baño y fue a la sala, bajo totalmente desnuda y húmeda del cuerpo, el aire acondicionado escupía un viento cálido. Cuando llego a la sala la chica rusa estaba acostada en el sillón más largo; con el cabello rubio sobre sus pechos y la luz de la luna que entraba de pequeño pedazo de techo de vidrio le bañaba el cuerpo.

    —Ya llegaste — suspiro pasándose los dedos por el coño — no me hagas espera.

    —ya sabes cómo es el, después de usarnos el queda muerto— explico Haylie mientras se sentaba encima de la chica rusa.

    Maylie se llevó los dedos de su amante al coño y gimió mientras se besaban con pasión. La rusa bajo hasta las grandes y firmes tetas de Haylie y las mordió y más gimió. Los besos recorrían los cuerpos de ambas mujeres y sus dedos y bocas se humedecían más y más al igual que los bien rasurados coños.

    Haylie bajo hasta el coño, era rosado y liso, la piel de aquella mujer era blanca y hermosa. Lamio los labios de la vagina con mucho entusiasmo y comenzó a hacer círculos con la lengua, a medida que lamia aquella rubia mujer más se estremecía, la miro a los ojos y sus miradas cruzaron, en ellos vio la mirada de la perversión, la tetona rubia tiro vino de la copa de la que tomaba, el líquido bajo hasta su sexo, y Haylie aferro su boca con más pasión en la concha de la mujer rusa, eso solo hizo que ambas se excitasen más.

    La rusa ahora se estaba comiendo la panocha de Haylie, lamia el clítoris con habilidad y las piernas le temblaban de tanta excitación. Metió dos dedos en el coño y acariciaba el clítoris con rudeza, Haylie solo gritaba y sus ojos blancos se pusieron, los dedos salían y bajaban hasta que… el clímax llego y de la entre pierna de Haylie salía un perfecto squirt, la mujer grito de placer y su espalda se curveo.

    Haylie y la muchacha se divirtieron esa noche como ninguna otra…

    Continuará…

  • Así descubrí lo putita que soy

    Así descubrí lo putita que soy

    Soy una mujer de 30 años, de estatura media, con tetas normales, piernas bien torneadas y un culo que llama la atención por donde quiera que paso, especialmente cuando uso zapatillas, que por cierto me encantan. A esta edad ya he conocido muchas vergas y he disfrutado mucho del sexo. Mi panocha se moja con mucha facilidad con el roce accidental de otro cuerpo, ya sea en las piernas, en las nalgas, en los brazos o cuando me tocan las manos. Pero incluso es suficiente con que me miren con picardía directamente a los ojos. Cuando eso pasa, no puedo pensar en otra cosa que no sea coger. Así que cualquier hombre que se lo proponga y que me guste, puede llevarme fácilmente a la cama. Y ni siquiera necesita haber cama, pues me gusta coger en cualquier parte.

    La historia que voy a contar me pasó cuando tenía 18 años y había comenzado a ir a la Universidad. A esa edad mis tetas ya se habían desarrollado por completo y aunque su tamaño era normal, sin duda le gustaban a mi novio pues siempre me las mamaba muy rico. Mi panochita estaba todavía muy cerradita y apretada pues todavía no había probado ninguna verga.

    Mi mejor amiga y yo teníamos novios, que coincidentemente eran amigos entre sí y 3 años mayores que nosotras. Una tarde nos pusimos de acuerdo para salir los 4. Nos pareció buena idea vernos en la cancha de futbol de nuestra antigua escuela preparatoria, que por ser fin de semana estaba vacía y convenientemente se ubicaba a la orilla del pueblo.

    Para esa ocasión elegí mi ropa más atrevida: una minifalda de mezclilla con tablones y una blusita de tirantes. Pensando en que algo rico podría pasar, me depilé la panocha y me puse un calzón sexy liso de color blanco. Me puse un poco de brillo en los labios y me fui por mi mejor amiga.

    Estábamos en la cancha esperando a nuestros noviecitos y cuando vi que ya se acercaban, mis manos empezaron a sudar y mis pies a temblar. Sentía una humedad en la vagina que nunca había experimentado, pero que no me incomodaba. Mi piel se erizó. Cuando llegó mi novio, que era el más alto de los dos y el más fortachón, me dio un tierno beso que terminó de elevar mis emociones.

    Recuerdo que era época de lluvia y la cancha estaba cubierta con verde pasto. Nos tumbamos los 4 en el pasto buscando formas a las nubes y cuando me di cuenta ya nos estábamos besuqueando y tocando. Volteé a ver a mi amiga y me di cuenta de que ellos nos llevaban ventaja pues ya estaban casi completamente desnudos. Así que me despreocupé y me dediqué a lo mío con él.

    Mi novio tenía una mano bajo mi calzón y la otra sobre una de mis chiches. Pasaba de besar mi boca a chuparme el cuello y después las tetas. Recuerdo que el ambiente olía mucho a saliva y pasto. Me quitó los calzones y se los puso en la cara, los olió y luego los tiró en el pasto. Me sacó la blusa y luego se quitó el pantalón y la camisa. Su pecho era casi lampiño y muy blanquito. Me llevó la mano a su verga y me pido que se la tocara. Luego me levantó la falda, puso la cabeza de su verga en la entrada de mi vagina y comenzó a moverla de arriba hacia abajo, lo que hizo que me mojara más abundantemente de lo que ya estaba.

    Después de estar un rato jugueteando, de improviso y sin advertencia me clavó su verga en la panocha lo que me hizo dar un fuerte gemido que no supe si fue de dolor o de placer. Aquella verga entro y salió con fuerza. Me la metió lo más profundo que se puede penetrar que el pasto de repente se manchó de sangre. Me asusté un poco, pero como él ya tenía experiencia, me dijo que era normal, que no me preocupara. Así que después del susto inicial, me la volvió a meter y yo me relajé y me dediqué a disfrutar de esa rica verga. Durante todo el tiempo que estuvimos cogiendo, siempre estuve debajo de él, por lo que pude ver el momento exacto en que se vino y me llenó el ombligo con su semen.

    Así fue mi inicio en este delicioso mundo del sexo, en el que ya he conocido vergas de todos los tamaños, colores y sabores. Después de esa primera experiencia, mi novio me dio también por el culito y me enseñó a mamarle la verga, pero esas serán otras historias. Me trató tan rico que me hizo darme cuenta de lo putita que soy y de lo mucho que me gusta la verga. Y creo que apenas es el comienzo.

  • Revisión del coche

    Revisión del coche

    El otro día se te ocurrió hacer una travesurita. Tenías que ir a para la ITV del coche así que dijiste: ¿por qué no hacerlo más morboso e ir sin ropa interior? Pensaste que sería un juego muy excitante y divertido. Te pusiste ese sujetador negro, esa camiseta y unos vaqueros.

    Eres una mujer tremendamente satisfecha con tus relaciones sexuales, pero ese día, te dio por buscar algo de morbo. El lunes quisiste ponerle un poquito de sabor ya que el domingo no duró la diversión todo lo que querías y quedaste un poco picada y caliente. Lo que sucedió el domingo se los debes a tu imaginación y a leer otros de mis relatos.

    Entonces tomaste tu desayuno, y saliste con tu coche para pasar la revisión. En cada semáforo donde parabas notabas como los otros conductores y conductoras te miraban. Esto te calentaba bastante y te preguntaste si lo podías hacer más excitante. Desabrochaste el botón del pantalón con disimulo, suficiente para con tu mano ir acariciándote cuando te apeteciera. Era delicioso, casi inmediatamente comenzaste a acariciar tus muslos, a notar como te iba excitando más la situación. Los únicos que podían ver el show gratuito eran los pasajeros de los autobuses ya que están lo suficientemente alto para ver dentro del coche. Cada vez que parabas en los semáforos te calentabas más cuando ibas a la par del autobús.

    La emoción era fuerte, pero tú querías más. Subiste tu mano por la camiseta para que ligeramente pudieras tocar uno de tus senos. La sensación era similar a la de estar completamente desnuda, pero con cautela para que no te viera un policía. Obviamente no querías tener una multa por indecencia, aunque ya calientita ya no te estaba importando mucho.

    Al salir a la autopista una mujer en un BMW iba a la misma dirección que tú y notó como tenías la camiseta algo mal puesta, algo subida. Te tocó el claxon para avisarme y solo sonreíste. Ella te sonrió también y levantó su blusa para enseñarte sus pechos. Te hizo gracia.

    Al llegar al estacionamiento te arreglaste un poco la camiseta y abrochaste el pantalón y fuiste a mirar lo que te quedaba, la gente que había, justo cuando empezaban a caer unas gotas de lluvia.

    Estupendo, te quedaba casi 40 minutos de espera y encima empezaba a llover cada vez más fuerte.

    Volviste corriendo a tu coche, tus cabellos y tu camiseta estaban mojados, la lluvia era tremenda ya y tú pensabas que valla día te esperaba.

    Mientras esperabas a que te tocara empezaste a mensajearte con un amigo, qué a su vez iba por la calle y te mando un video de él en plena calle diciéndote que eso no era nada, que esa lluvia para vosotros no era nada.

    Así que pusiste la música de tu coche un poco más alta, pero dejando que se escucharan las gotas de agua golpeando tu luna delantera y las ventanas laterales, no se veía nada.

    Toda la gente estaba metida en sus coches esperando, nadie salía de ellos y entre la música, ese olor a tierra mojada, el video de tu amigo mojado por la lluvia y la sensación de ir sin ropa interior, hizo que tu imaginación se despertara.

    Empezaste acariciando la palanca de las marchas como si tu amigo estuviera al lado tuyo, la sensación de acariciarlo te recordaba al día que estuvo montado en tu coche en un descampado. Tú mente ya iba a mil y tu cuerpo también.

    Con la otra mano empezasteis a subirla por tu cintura hasta llegar a tus pechos, sacándolos fuera de tu sujetador, los pezones eran ya dos pequeñas piedras que se metían entre tus dedos jugueteando con ellos. Dejaste de acariciar la palanca y desabrochaste tu pantalón, acomodándote bajándolo un poquito para descubrir tu sexo húmedo y resbaladizo, donde ibas a disfrutar de ese momento.

    ¡En ese momento tu dedo era una delicia! tu calentura era tan fuerte que tuviste que subir el volumen de la radio para que no te escucharan los coches de al lado. Tú sexo pedía más así que metiste dos dedos dentro para satisfacerte más aún. Notabas como tus dedos entraban y salían mientras otro jugaba con tu clítoris, esa sensación era indescriptible.

    Acabaste por llegar al orgasmo, el asiento del coche estaba algo mojado y pensantes que en la ITV se iban a dar cuenta de que en la espera paso algo raro, así que con unos pañuelos de papel te apresuraste a limpiarlo.

    Ya la lluvia caía con menos intensidad, abrochaste tu pantalón, volviste a colocar tu sujetador y tu camiseta. Ya estabas lista para pasar la revisión.

    Espero que te guste un cachito.

  • Cuerdas sobre mí

    Cuerdas sobre mí

    Desde la ventana podía observar como del otro lado de la bahía las luces de la ciudad comenzaban a cobrar vida.

    Los árboles del Golden Gate Park parecían una mancha verde oscura en medio de la ciudad, seguí mi recorrido hasta toparme con el famoso puente rojo que tantos visitantes atraía a la ciudad, me sorprendió que la neblina no lo hubiera ocultado. Rápidamente se empezó a transformar ante mi vista, el rojo característico comenzó a ceder volviéndose cada vez más oscuro y lúgubre, solo las luces rojas de los automóviles ayudaban a notar sus límites.

    Mi vista fue más allá de los altos edificios del centro de negocios de la ciudad, ahí no parecía llegar la noche pues los edificios se iluminaban mucho antes de que el sol se pusiera por el horizonte, desafiando a la luna.

    Mis ojos siguieron viajando por el perímetro del agua, recorriendo todo el contorno visible de la ciudad que todavía hace unos minutos se podía apreciar a plenitud.

    Con los últimos rayos que se negaban a morir alcance a ver la torre de la hermosa y antigua catedral de Santa María, desde donde estaba no podía ver los detalles de su escultura solo su silueta que ante la oscuridad se tornaba tenebrosa. Quien la viera así no podría pensar que de día su belleza era única por el arte tallado en su arquitectura. Y por los miles de detalles dentro de ella.

    Miré no sé cuánto tiempo las luces parpadeantes de los barcos entrar al puerto eran en su mayoría barcos turísticos que llevaban a miles de turistas a recorrer la bahía o la famosa isla que en años pasados era la prisión más segura del país y que ahora era un museo.

    Algunos barcos apenas comenzaban su viaje zarpan por la noche. Son yates donde las personas más adineradas realizan todo tipo de fiestas temáticas que muy pocas personas tienen la oportunidad de disfrutar, no regresan sino hasta ya entrada la madrugada luego de la bacanal fiesta a bordo de ellos.

    No hace mucho había invitado a mi profesor favorito a una de esas fiestas ahora él estaba dormido en mi cama.

    Vi el reflejo de mi cuerpo en el vidrio de la ventana y su contorno apareció en él.

    El vidrio me regresó una imagen perfecta de mi figura, el sudor ya había desaparecido hace rato pero mis cabellos aún estaban alborotados eso provocó una sonrisa, aún estaba completamente desnuda, la ropa que había escogido con tanto cuidado para la cita estaba aún bien doblada junto a la puerta tal como él me lo había ordenado, solo unas bragas rotas estaban tiradas justo al borde de la cama —tal vez las guarde como un pequeño recuerdo de ese día.

    Me descubrí mirando mi cuerpo embelesada y traté de acomodar mis cabellos en la imagen. Luego como si mi dedo índice me acariciara baje cuidadosamente por mi largo cuello de cisne jugué un poco con el hoyuelo que tengo entre mi clavícula y el hombro, acaricie por completo mi brazo y subí traviesamente por el frío reflejo.

    Mis dedos jugaron un poco con la pequeña cadenita que cuelga de mi cuello y enseguida bajaron hasta mis senos, pude notar como el rosado de mis pezones se reflejaba en el vidrio casi como si fuera un espejo, casi como un capullo, mi mano se pegó aún más al frío vidrio buscando tocarlos, casi pude notar su textura y un escalofrío me puso la piel de gallina, ya no estaban rojos, pero no pude evitar sentir un agradable hormigueo en la parte baja de mi abdomen.

    Aún estaban doloridos por las cuerdas que los aprisionaron hace algunas horas como su fueran parte de un regalo, nunca había llevado cuerdas en esa zona, nunca había llevado cuerdas en ninguna parte de mí cuerpo, sentí como mis labios palpitaban de nuevo al notar el placer que sentía cada que mi profesor daba un pequeño tirón, fue una experiencia nueva y excitante para mí, como todo lo que estaba viviendo con mi profesor Ford.

    Mi dedo siguió su camino por mi cuerpo pase lentamente por mis cosillas tal como primero una suave pluma él lo había hecho, pero fueron sus dedos los que sentí como fuego viajando por esa zona.

    Me detuve en el ombligo, ahí donde él se había detenido solo para depositar el más lento de sus besos provocando en mí un pequeño gemido.

    Mi mano continuó, traté de aferrarme fuerte al reflejo de mis caderas como él lo hizo, roce suavemente mi trasero, aún dolía, pero extrañamente eso también me hizo sonreír -tal vez estoy loca-, busque las marcas de sus manos, pero estas ya no estaban, aun así yo las sentía sobre mi piel, el escozor que causó su mano firme y fuerte cayendo sobre mi trasero, la primer nalgada me provocó un pequeño grito de sorpresa, no la esperaba, pero la ame.

    —¿Te gustó?

    —¡Sí!

    —Yo sé que si

    Luego otra, otra y otra y varias más, hasta dejar mi culo rojo, alternaba cada nalga para azotarla y alternaba sus caricias con ellas, luego del escozor una suave caricia, creo que no podré sentarme mañana sin evitar recordarlo. Creo que esa era su intención. Creo que mi sonrisa vendrá cada vez que me siente.

    Nunca pensé que unas nalgadas en el momento justo pudieran arrancarle un orgasmo a alguien, pero yo era prueba de que puede suceder. O tal vez fueran sus rítmicas y firmes embestidas combinadas con las nalgadas y sus susurros en mi oído lo que me lo provocaron, o tal vez el por fin estar entre sus brazos.

    Sea como sea lo hicieron.

    Vi como las polillas se empezaban a acumular abajo en la calle ya volaban alrededor de un farol justo frente a mí, eran atraídas por cientos hacia su luz. En ese momento yo me sitia así con Oswaldo, como una polilla atraída a su luz esperando no quemarse.

    Deje de mirar mi reflejo ahora mi cuerpo ardía de nuevo, me gire y quede de frente a la cama, ahí estaba mi profesor, ahora mis ojos paseaban por su cuerpo tenía treinta y ocho años.

    Él está en muy buena forma, su cabello empezaba a ponerse blanco en ciertas zonas lo que le daba un aspecto sexi, siempre llevaba el rostro rasurado impecablemente —en lo personal me muero por verlo con su barba un poco crecida.

    Me encantaba perderme y reencontrarme en el negro de sus ojos. Su ancha nariz al igual que su mentón sobresale en su rostro, su boca es fina en comparación de su nariz, pero siempre me provoca el besarlo.

    Mide cerca del uno ochenta, yo apenas superó el uno sesenta así que es una gran diferencia.

    Ahí estaba mi adonis con las sábanas revueltas bajo sus piernas, totalmente desnudo y yo con mis ganas creciendo cada vez más, mire su fuerte pecho subir y bajar rítmicamente, tenía un brazo detrás de su cabeza y el otro el izquierdo descansaba sobre su pierna con su tatuaje en el antebrazo a la vista, cuatro fechas estaban escritas para siempre sobre su piel, cuatro fechas que me recordaron su significado, un significado que causó una punzada de celos, unos celos enfermizos que yo debería soportar si es que quiero permanecer a su lado.

    Su miembro ahora flácido descansaba en su muslo derecho, así dormido parecía un angelito descansando.

    Pero de ángel no tiene mucho, es un hombre fantástico lleno de muchas sorpresas.

    Camine de puntillas los pocos pasos que nos separaban dudé un poco al llegar a su lado.

    Se había quedado dormido desde hacía un rato, se abrazó a mí luego de nuestro encuentro, sentí sus suaves caricias por mi cuerpo mientras nuestros latidos volvían a su normalidad, luego hasta que se quedó inconsciente.

    Yo a pesar de estar cansada no podía dormir, mi cuerpo estaba en éxtasis total así que luego de unos minutos acostada me zafé de su brazo con cuidado y salí de la cama.

    Ahora estaba de nuevo en ella. Mi lengua buscó por instinto a su piel, estaba un poco salada por el sudor que le provocó el encuentro eso no me importo me hacía desearlo aún más, su aroma de hombre me hipnotizaba. Aspire su olor una vez más, creo que nunca me cansaré de eso. Mi boca tenía antojo, así que se lo cumplí. Busque sus labios y lo bese.

    Él abrió los ojos y sonrió.

    —Mi niña, eres insaciable…

    —Shhhh no digas nada, solo siente.

    Él que por lo regular es quien dicta las órdenes ahora me complació y guardó silencio.

    Mi ávida lengua disfruto de su piel, avance pausadamente por su mejilla en dirección de su oreja, pude notar como su piel reaccionaba cuando lamí perversamente su lóbulo, en ese instante él dejó escapar un leve gemido ese sonido me alentó seguir, ahora soy yo quien provoca que de sus labios escapen esos ruidos, mientras su cuello se encogió involuntariamente, eso me excito mucho.

    Seguí bajando por las líneas de su cuerpo buscando cualquier indicio de que lo disfrutaba, llegue al cóncavo de su pecho y mordí un poco. Luego en su ombligo, hice exactamente lo que él había hecho, lo bese lentamente, mi beso fue más fuerte, lo mordí con tal fuerza, que sus caderas se elevaron del colchón, sus manos cayeron sobre mi piel. De nuevo ese escozor, de nuevo esa sensación de calor sobre mi cuerpo los latidos de mi corazón se intensificaron.

    Lo solté y mi lengua siguió su camino, ya estaba cerca, ya no podía detenerme solo faltaba un poco más, yo estaba hambrienta pero me fui con calma, dibujé su nombre con mi lengua sobre la base de su hombría…

    En ese momento ya no tenía los nervios que sentí hace tres días, desde que mi profesor me dijo:

    —Te veo el lunes después del almuerzo.

    Anhelaba esa cita, desde hacía un tiempo deseaba lo que hoy tal vez ocurriría

    Me desperté temprano ese día, salí a correr para calmar los nervios, solo corrí un poco alrededor de mi calle disfrutando el canto de las aves y sintiendo una pequeña brisa sobre mi rostro. A esa hora no hay mucha gente en la calle salude a Mr. Adams es un viejo gruñón al que no le gustan las fiestas ni el ruido.

    Volví a casa cuando sentí flaquear mis piernas, dejé los tenis al cruzar la puerta de mi departamento y en ese entonces era muy desordenada y los dejé regados al igual que mis calcetines —vaya que esa pequeña conducta me costaría varios castigos rigurosos.

    Entre en la ducha y rápidamente me saqué las mayas y la blusa deportiva las bragas quedaron sobre la tapa del inodoro.

    Quería estar bella para él, así que aplique crema sobre mi piel después del baño, salí de ahí envuelta sólo con la toalla, fui directo a la cocina a preparar mi almuerzo un par de sándwich de panela con un poco de mayonesa, el café le dio calor a mi cuerpo y ánimo a mi espíritu.

    Ya con mi hambre saciada fui a mi cuarto a buscar mi atuendo.

    Primero mis bragas, esa prenda íntima que la mayoría de la gente no ve y que solo unos pocos elegidos pueden llegar a quitar.

    Las elegí a conciencia sabiendo lo que quería causar en él cuando las viera, quería que sintiera el más puro y salvaje deseo que le dieran ganas de arrancarlas de mi cuerpo, eran unas finas bragas que había comprado a juego con el sujetador solo para esa ocasión, eran de un encaje de seda fina semi transparente solo cubría lo más necesario, estaban ribeteadas en la orilla por un bordado suave como una pluma. El sujetador sin tirantes también era semi transparente dejando ver un poco más de lo necesario.

    Revisé mi guardarropa unas diez veces, probando diferentes atuendos sin poder elegir uno en específico.

    Al final me decidí por una blusa tipo corset que realza mi figura va pegada al cuerpo, llega justo a la cadera lo que hace que una pequeña franja de piel quede expuesta. Es de un rosa pálido con vivos en negro, fue un verdadero suplicio poder abrochar los hilos por detrás, tuve que pedir la ayuda de mi vecina quien apretó lo más fuerte que pudo dejándome por momentos sin poder respirar cada que apretaba un nuevo ojal.

    El pantalón elegido era de cuero negro, tenía una costura al frente que a cada lado llevaba remaches de estoperol color plata que subían por todo lo largo de la tela, desde los tobillos hasta la parte de las caderas donde se abría hacia atrás en un círculo que rodeaba toda mi cadera dando a mi trasero una figura de corazón que llamaba la atención.

    Encima una chamarra de piel con un par de cierres muy vistosos, unos botines al tobillo con tacón de aguja.

    El cabello lo ate con un pequeño lazo rojo en una cola alta que caía sobre mi espalda.

    Me puse el perfume solo cuando ya iba hacia la puerta de salida, una fragancia que era una invitación por si misma.

    Lo primero que vi al salir por la puerta de mi edificio fue a él, estaba recargado sobre su motocicleta. Así no se notaba su uno ochenta de estatura, pero en cambio pude ver su pelo entre cano bien peinado, sus lentes negros cubrían el oscuro de sus ojos, unos ojos negros como el ónix. Aun así pude sentir su penetrante mirada sobre mí, siempre me pone nerviosa y al mismo tiempo me da una seguridad, con la forma en que me ve me siento la mujer más hermosa del mundo su ancha mandíbula se relajó y hasta se dio el permiso de sonreír cuando me vio salir.

    Pude notar sus botas cuando se acercó a mí, un pantalón de mezclilla y una playera negra era un atuendo sencillo pero lo hacían ver sensual.

    Era raro verlo así, por lo regular siempre va vestido de traje de diseñador.

    Camino hasta mi lado, sus manos se aferraron a mi cintura justo en la parte donde la blusa termina, sentir sus manos sobre mi piel tiene un efecto tóxico en mí.

    Pude percibir su aroma siempre huele delicioso, me acerco a él hasta que nuestras caderas estuvieron juntas. Sentí su respiración en mi rostro, sonrió de nuevo antes de acercar su boca a mi boca, me dio un beso que sacó el aire de mis pulmones robándome el aliento.

    —Te ves hermosa, seductora y me dan ganas de entrar a tu departamento y desnudarte de inmediato.

    —Me encantaría eso —dije pícaramente.

    —Creo que todo es a su tiempo —Luego, jalando mi mano caminamos hasta su moto.

    Me dejó un poco decepcionada de que no haya querido entrar.

    Me aventó un casco que atrape no sin antes malabarear un poco. Enseguida me ayudó a ponerlo sobre mi cabeza, metió mi pelo con mucha calma y lo abrocho con gran cuidado en mi barbilla.

    Al notar el nuevo color rojo que traía en las puntas acercó su boca a mi oído y susurro:

    —Me gusta tu pelo, parece que llevas el fuego dentro.

    Luego él se ajustó su casco y partimos rumbo al muelle.

    Recorrimos las calles rápidamente, pasamos por el Oakland Bay Bridge dejando a los autos atrapados en el tráfico luego tomó la Av. The Embarcadero hasta llegar al muelle 39 estacionó la moto y bajamos dejando en ella los cascos.

    Caminamos un poco hasta llegar al área de las focas estuvimos entretenidos un tiempo viendo cómo subían y bajaban de los muelles, vimos un show de magia en uno de los distintos escenarios dispuestos a lo largo del muelle él fue voluntario en un truco de magia donde el mago le cambió uno de cien por uno de cinco, entramos al barco museo y al submarino de la segunda Guerra mundial, caminamos entre antiguas armas de guerra y donde cientos de hombres murieron.

    También vimos por los binoculares la famosa isla de Alcatraz donde los turistas caminaban sin saber que desde el otro lado del muelle alguien los estaba observando, nos topamos con un puesto de frutas, tenían las fresas más grandes y rojas que yo había visto. Se miraban apetitosas, más tarde en su departamento pude probar su acidez.

    Comimos una deliciosa sopa de almeja servida sobre un pan de ajo.

    Llegamos a su departamento cerca de las dos y treinta. Su departamento estaba impecable todo en orden, en nada se parecía a mi hogar, aquí todo tenía un lugar para cada cosa.

    No parecía el departamento de un hombre soltero, el lugar era sencillo como él.

    Junto a la puerta estaba un taburete, unas hojas membretadas con sus datos de contacto para sus clientes.

    1580 Cerezos st.

    San Francisco. 34657

    Tel. 572904218

    [email protected]

    Enfrente, al fondo del lugar estaba la cocina un lugar diseñado para un chef, una sala con un par de muebles y un sillón, encima de la chimenea una repisa con algunas fotos y un televisor, luego una pared con estantes llenos de libros desde el suelo hasta el cielo raso. A la izquierda de la puerta un pequeño pasillo con dos puertas de un lado y otra enfrente luego un pequeño balcón con vista a la ciudad —debe ser un lugar ideal para una velada romántica.

    Tenía algunas pinturas propias colgadas de la pared, enseguida reconocí su estilo, me sorprendió una en especial era una adolescente flacucha de pecas sobre sus mejillas, sus ojos verdes como las esmeraldas eran como un par de joyas.

    —¡Esa soy yo! -Dije poniendo una mano en mi boca.

    —Sí. Ya desde la secundaria eras hermosa, hoy ya convertida en mujer, eres mucho más.

    Nunca me espere eso, sí ya antes de saber eso deseaba entregarme a él, con esa nueva información era suya para siempre.

    —Bueno Leonora si estás aquí es por algo, ya sabes cómo me gustan las relaciones. Ya lo hemos platicado. Vamos a empezar de a poco. Pero la exigencia será dura.

    ¿Estás dispuesta?

    —Sí

    —SI QUE!?

    —Sí, mi señor —la primera vez que le dije: mi señor. Fue en un café, luego de algunas citas. Vi como sus ojos brillaban cuando lo dije. Supe que él lo anhelaba tanto como yo.

    Se acercó a mí poniéndose a mi espalda, sentí como deslizaba la chamarra por mis brazos hasta sacarla por completo de mi cuerpo. Besó mis hombros causando una sensación de calor por todo mi ser. No se detuvo ahí…

    Sus dedos comenzaron a desatar el cordón de mi corset, uno a uno fue abriendo los ojales de mi blusa, sentía arder mi piel ahí donde sus dedos rozaban mi piel desnuda. Al llegar a mi cintura y liberar el último ojal, deposito un suave beso en lo cóncavo de mi espalda baja. La sensación que causó eso fue mágica, me robo un suspiro, sentí su sonrisa sobre mi piel.

    —Me moría por hacer eso.

    El escuchar su voz en ese tono tan seductor fue maravilloso. Luego rodeó mi cuerpo hasta quedar frente a mí.

    —Lo que falta de tu ropa lo quitarás tú.

    Fue a sentarse en el único sillón y se quedó en silencio mirándome, esperando que yo cumpliera su orden.

    Mis manos temblaban cuando desabroche el botón de mi pantalón, di la vuelta para mostrar mi trasero baje un poco el pantalón solo para darle a conocer mi ropa interior.

    Luego como había visto en infinidad de películas me agaché con las piernas estiradas de la manera más sutil que pude hasta sacar las botas de mis pies, las aventé por el piso una por aquí y la otra por allá. Quedé descalza bajando algunos centímetros de mi estatura.

    Luego mis pantalones, solo faltaba el sujetador y mis bragas.

    Mis manos fueron a mi espalda, fácilmente lo desabroche y tapando mis senos con una mano le aventé el sujetador a mi profesor, que me miraba con la pupila dilatada.

    —Deja las bragas, y quita tus manos de tus senos.

    Así lo hice, deje a la vista mis grandes pechos su mirada era de aprobación y deseo, le gustaba lo que yo tenía para ofrecerle —de nuevo me hizo sentir hermosa con tan solo una mirada.

    Se levantó y tomó un par de copas sirvió un poco de vino tinto —no es mi favorito pero no lo negué.

    Dio un trago y se acercó para ofrecerme la otra copa.

    Tomó mi cabello, acarició por la nuca hundiendo sus dedos entre el, lo enredó en su mano y tiró fuerte, provocando que mi cabeza mirara sus ojos, casi tiré el contenido de mi copa.

    —Me gusta el orden mi niña -su tono era severo y firme-. Vas a juntar tu tiradero. Luego vas a doblar muy bien tu ropa y la pondrás detrás de la primera puerta a tu mano izquierda por el pasillo.

    Di un trago al contenido de mi copa y la vacíe de golpe, solo para inmediatamente ponerme a recoger mi tiradero.

    Mi profesor me miraba mientras buscaba en la cocina un tazón para las fresas.

    El cuarto no era distinto al resto del lugar, también era simple y ordenado a mano derecha una enorme ventana con una vista majestuosa a la bahía, al fondo una gran cama de sábanas de seda en color gris, con un buro negro a cada lado. Al pie de la cama un banco otomano forrado de un terciopelo color rojo sangre, era del mismo ancho de la cama, unas pequeñas repisas sobre la pared con más libros -tal vez los que estaba leyendo o los que más le han gustado.

    Un espejo gigante enfrente a la cama, del lado derecho solo un guardarropa.

    Tal como él me ordenó, deje mi ropa a un lado de la puerta. Puse con cuidado los botines, encima deje mi sujetador el cual tape con mi pantalón, por último acomode mi corsé y mi chamarra.

    Me quedé de pie sin saber bien qué hacer.

    En el cuarto había velas repartidas por todos lados, en el piso lo bastante retiradas de cualquier cosa que se pudiera encender, sobre el par de buros y en la repisa de la ventana.

    Mi profesor entró, me dio un cerillo y me ordenó prender todas las velas.

    Abrí los ojos, sería imposible prender cada una de esas velas solo con un cerillo.

    —¡Hazlo!

    Empuje con rabia el cerillo sobre la lija para encenderlo me di prisa cuidando que no se apagará, tomaba una vela y la prendí luego otra y otra más. Cuando iba por la cuarta el fuego ya estaba sobre mis dedos intente en vano conseguirlo pero tuve que aventar lo cuando el calor de la flama fue insoportable.

    Esperaba un reproche en lugar de eso él se acercó tomó mi mano y depositó un tierno besó, chupó mis dedos heridos, sacó una crema de uno de los cajones y la unto por la zona.

    —Era una misión imposible, sólo quería probar tu obediencia. En un futuro no debes obedecer las órdenes que te pongan en peligro. Aunque un poco de fuego no hace tanto daño, ya verás cuando use la cera de esas velas sobre tu cuerpo.

    Enseguida él tomó la caja de cerillos, encendió uno y terminó e hizo lo mismo que yo intente hacer, necesito de otros dos para poder encender todas las velas.

    Dejó los cerillos dentro de uno de los cajones, sacó una delgada y fina cuerda.

    —Tus manos detrás de tu espalda mi cachorrita.

    Mis manos lo obedecieron al instante que la orden salió de su boca. Se acercó a mí, hizo un círculo pequeño con la cuerda frente a mis ojos. Lo ajusto un poco haciéndolo cada vez más pequeño, por último lo puso sobre mi pezón derecho y estiró los extremos de la fina cuerda.

    Sentí dolor cuando apretó el nudo, un suave beso lo calmó, hizo el mismo proceso del otro lado.

    Cuando estuvieron tal como él quería jalo la cuerda arrancando pequeñas punzadas en mis pezones. Un calor se extendía desde ellos y viajaba por todo mi cuerpo.

    Fue y se sentó en la banca junto a la cama. Yo permanecía de pie tal como él me había dejado. Trataba de no moverme. Él me miraba y con esa sola mirada me hacía desearlo.

    No me importaba el dolor punzante en los pezones. En ese momento yo era su lienzo y estaba dispuesta a dejar que hiciera una obra de arte en mí.

    No sé de donde saco la pluma, solo sentí lo suave que estaba cuando empezó a acariciar mi cuerpo con ella, mis cosillas, mi abdomen, mis piernas, la espalda, mi culo…

    Luego el contraste de sus manos, esos dedos expertos que hacían arder mi piel a su paso. Deposito varios besos sobre mi cuerpo pero el que más recuerdo fue el del ombligo.

    Tomó el tazón con las fresas, escogió la más roja, la más madura, la más grande de todas, se veía exquisita y se antojaba morderla.

    Cuando se acercó a mí boca, lo hice instintivamente, estaba dulce y jugosa, un poco de su jugo resbaló por mi mentón.

    Él se dio cuenta y lo limpio con su lengua.

    Solo me dejo darle una mordida, el resto se lo comió él mirando mis ojos.

    Sentí envidia de esa fresa, yo deseaba en ese momento ser una fresa para disfrutar de sus labios.

    Pareciera que me leyó el pensamiento.

    Me enseñó que los besos tienen un lenguaje propio y que las caricias siguen sus propias veredas.

    Su lengua reconoció casi por completo cada centímetro de mi piel, por más que yo deseaba su boca entre mis piernas no tocó para nada esa zona dejando mis bragas en su lugar, dejando mis ansias crecer, jalaba la cuerda de vez en vez provocando un instante de dolor que se fundía con la suavidad de sus labios sobre ellos.

    Estaban tan sensibles cuando terminó que cualquier roce de su lengua o dedos me hacían reaccionar.

    —Quiero que me desnudes.

    Comencé por sus botas me hinque a sus pies y comencé a desatar las cuerdas, jale con fuerza para poder sacarlas, cuando sus pies quedaron libres saque sus calcetines, mi boca beso por instinto sus pies, lamí cada uno de sus dedos.

    Cuando levanté la vista vi su satisfacción en sus ojos, luego su playera, la saqué de su cuerpo llenando de caricias su torso, poniendo mi lengua sobre sus tetillas, ahora era mi turno de viajar por su cuerpo.

    Desabroche con ansias su pantalón podía notar su miembro a través de la mezclilla.

    No llevaba ropa interior, su erección quedó brincando frente a mis ojos cuando baje un poco su pantalón.

    Lo tomé entre mis manos y jugué con él sin notarlo ya estaba de rodillas nuevamente ante él pero ahora mi boca estaba hambrienta, me moría por hacer eso, soltó un leve suspiro cuando por fin la tuve en mis labios.

    Sentí como sus manos me jalaban hasta ponerme de pie. Tomó mis bragas entre sus dedos y jalo de ellas hasta romperlas en ese momento no me importo el elevado precio que pague por ellas. Me sentí como una pluma cuando me levanto en peso, mi boca se abrió de golpe, cuando me dejó caer sobre su gruesa daga.

    Tenía su rostro pegado al mío.

    —Quería ver tus ojos cuando finalmente te hiciera mía.

    Fue un momento sublime, sutil, etéreo. Sus palabras provocaron mi humedad, me dejó ahí, con sus manos sosteniendo mis caderas y mis piernas abrazadas a su cintura, nos comimos la boca. Fue un momento único, sentirlo dentro, sentirme plena, llena de él.

    Luego comenzó sus movimientos, él me subía y bajaba a su antojo sobre su polla.

    Arriba y abajo una vez tras otra, su boca no dejaba de estar quieta, atrapaba mi boca acompasado en sus movimientos.

    Cuando me aferre a su cuello sintiendo lo que venía, siguió bombeando mientras se expandía por mi cuerpo una ola de sensaciones cada vez más intensas que brotaban de lo más profundo de mi ser, me aferre a él en el momento de la explosión, ese momento tan efímero que te hace perder el control, ese pequeño instante donde el cerebro se desconecta causando la más sublime de las sensaciones.

    Después sentí que volaba, no, no era por el gran orgasmo que me había provocado. Me aventó de espaldas sobre la cama, tomó otra gran fresa.

    —Abre tus piernas.

    Su orden fue seca pero a mi me mojó aún más.

    Abrí mis piernas dejando que me observará, me sentía como una diosa.

    Con sus manos la exprimió sobre mi monte de venus y mis labios, dejando que los jugos de la fresa se mezclaran con los míos y al final dejo caer unas gotas por la parte interna de mis muslos, después con sus firmes manos abrió aún más mis piernas dejando libre mi sexo para él. Por fin lo que tanto deseaba, puso su boca entre mis piernas justo en el lugar donde mi deseo palpitaba por su atención, su lengua era experta subía y bajaba por mis húmedos labios, abrió con ella mi capullo intentando follarme con ella, subía hasta mi rugoso botón y lo aprisionaba entre sus dientes mordiendo y succionando, mis manos de nuevo se aferraron a él, esta vez a su cabeza, esta vez jalando de su pelo.

    Se incorporó con una sonrisa en su rostro, sus oscuros ojos brillaban.

    Sentí como su peso me atrapó entre las suaves sábanas y él.

    El beso que me dio mientras volvía a entrar en mí era una mezcla de mi sabor dulzón, con la acidez de la fresa y lo salado de su esencia. Sabía a nosotros.

    Que fácil iba a ser para mí acostumbrarme a recibirlo de esa manera, a mirar sus oscuros ojos mientras la sensación de sentirme llena me hacía abrir la boca y dejarme llevar.

    Luego su boca fue a mi cuello lamia al tiempo que comenzaba a moverse encima de mí.

    No dejó de besarme, la boca, el cuello, mis senos tiraba fuerte de la cuerda haciendo que mi boca protestará, pero sus arremetidas calmaban cualquier intento de queja.

    Cuando subió mis piernas a sus hombros toco ese lugar mágico, solo hicieron falta dos embestidas así para sentir cómo las piernas me temblaban, para saborear de nuevo las mieles de la muerte chiquita.

    Sentí cuando salió de mi dejando mi cuerpo.

    —Voltéate.

    Quedé acostada ofreciendo mi espalda. Su mano cayó con furia sobre mí, un ardor se apoderó de mí nalga luego una caricia, después la nalgadas cayó sobre la otra nalga, hubo varias antes de sentir como su daga me invadía de nuevo.

    Esta vez fuerte, de un solo empujón llegó hasta lo más profundo de mí.

    Pronto la sensación de escozor de las nalgadas fue reemplazada por su miembro entrando y saliendo, no sólo entraba y salía de mí. No, él sabía el ángulo correcto, ese donde al entrar me hacía vibrar, ese donde antes entrar rozaba toda la exención de mis labios causando mis gemidos.

    Cuando terminamos estábamos sudando y agotados.

    Me acurruque en su pecho mientras los desacompasados latidos de nuestros corazones se normalizaron, mientras nuestras aceleradas respiraciones volvían a la normalidad.