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  • Antes del café (Capítulo 15): Demasiado sexo

    Antes del café (Capítulo 15): Demasiado sexo

    Versión de Azucena:

    Mi padre, hablando alteradamente por el teléfono, me exigió darle mi ubicación para que contactara a la embajada del lugar y me repatriara junto con Ingrid. Parecí una insolente al decirle que seguía de vacaciones, como si no me importara el trabajo que había perdido y, en efecto, así era. El regaño era de esperarse, pero llamó mi atención que entre sus reprimendas mencionara que mi hermano también fue despedido por motivos denigrantes. Sin duda, no era el día correcto para ser reprendida de esa forma, por lo que, al desquiciarme, lo escupí todo y le confesé que estaba trabajando como prostituta en Ibiza. De pronto, la llamada finalizó, mi padre no contestó nada al respecto.

    A los pocos minutos, Braulio me llamó y me comentó que nuestro padre estaba con él minutos antes y decidió que no contactaría a la embajada, pero se sintió muy avergonzado de los dos y dijo saber demasiado. Además, me explicó porqué fue despedido y le pedí cada detalle, así como yo le conté mis aventuras con Ingrid como escorts, pidiéndole que guardara el secreto de Erick. Somos unos cínicos hermanos.

    Los días que nos bajó la regla a Ingrid y a mí fueron pesados, sobre todo por el declive de nuestro capital. Fue severa la situación, tanto que pensábamos en resignarnos y pedirle el favor a Braulio o a Erick de pagarnos un viaje de vuelta a Puerto Vallarta. Sin embargo, decidimos hacer el último intento, una vez que terminaran los días de sangrado.

    Durante el periodo, mi amiga invirtió lo poco que nos restaba para abrir una nueva cuenta bancaria y comprar un nuevo celular y así aceptar pagos con tarjeta al ofrecer por separado o juntas los servicios de paquetes de fotos y videos, chat, llamadas y videollamadas eróticas. Resultó ser una buena fuente económica, ya que no enfocamos el anuncio solamente en Ibiza o España, sino también en todo el continente americano y otros países europeos como Portugal, Francia e Italia.

    No obstante, los que residían o visitaban la isla Balear solicitaban encuentros sexuales y tuvimos que decirles amablemente que no estábamos disponibles. Algunos hombres eran tercos e insistentes. No faltó el tipo que ofendió verbalmente a Ingrid, quien devolvió el insulto categóricamente. Pero ¡qué lindo es cuando un varón se da cuenta de tus situaciones! ¡Esos que nos tienen muy bien estudiadas y se fijan con atención en nosotras merecen la insignia de caballeros! También le sucedió a mi amiga: Un señor soltero le hizo la plática y dedujo que Ingrid estaba menstruando, por lo que le pidió un servicio con oral únicamente y le inspiró a tener confianza en él. Ella acudió a su domicilio y volvió con el dinero de un servicio normal de una hora más propina, ya que se animó a que el cliente también le practicara un anal. Mi amiga no dejaba de elogiarlo y decir que era todo un macho de falo enorme.

    Sonaría repetitivo narrar cada encuentro sexual que sostuvimos desde el término de nuestra regla en adelante. En resumen, hubo de todo: Nacionales, extranjeros, interraciales, jóvenes, adultos, ancianos, tríos HMH y MHM con Ingrid y yo o con otra mujer, más penes chicos y delgados que vergas largas y gruesas, una orgía que no duró ni una hora y muchas fantasías masculinas cumplidas.

    Hubo servicios que requirieron nuestro desplazamiento a otras regiones de España, como Mallorca, Gandía, Valencia, Barcelona, Sevilla e inclusive, Madrid. Al estar de visita, publicamos anuncios en cada sitio para no desperdiciar el viaje y conseguir clientes en el lugar.

    A manera de paréntesis, Ingrid tenía el gran sueño de follar con el famoso actor porno español Nacho Vidal, pero no se le hizo realidad, pues él nunca vio sus mensajes que según ella le envió.

    Vivimos momentos graciosos y especiales, por ejemplo, un hombre nos solicitó para exhibirle un show lésbico. Aceptamos el servicio y acudimos a su hotel, el cual era muy lujoso. Entramos a su habitación tomadas de la cintura una de la otra, el amable cliente nos recibió con cervezas para entrar en calor y procedimos al acto. Sinceramente, Ingrid y yo no sabíamos exactamente qué hacer y no podíamos evitar reírnos durante el previo, pero una vez desnudas y excitadas nos mamamos las conchas y las tetas la una a la otra, simulamos los tijerazos y nos corrimos a chorros, de forma que hicimos que el varón, quien estaba como espectador masturbándose, se viniera en nuestras caras y nos tragamos su leche. No gustó penetrarnos, pero cada quién sus gustos.

    Otra experiencia curiosa fue cuando nos tomó por sorpresa la llamada de una mujer costarricense que se encontraba de vacaciones e igual que nosotras se promocionó como escort, pero su deseo era que le concediéramos un trío lésbico. Fue increíble armonizar con su sensualidad. Incluso, yo ya estaba dudando de mi heterosexualidad ante ese monumento de curvas en piel bronceada, senos y glúteos grandes y redondos y un bellísimo rostro adornado por su cabello pelirrojo. Ella solo estaba de paso y se fue pocos días después de nuestro libidinoso encuentro.

    En promedio, yo brindé alrededor de cinco servicios al día e Ingrid poco más de siete, incluyendo en los que participábamos ambas. Esto sumado a nuestro negocio de packs, chat, llamadas y videollamadas eróticas, nos llevó a que el 24 de febrero llegáramos a la meta establecida de 60,000 euros, equivalente a más de millón y medio de pesos mexicanos. Ese día, Ingrid y yo nos despedimos de Ibiza y tomamos un vuelo a Londres, con el fin de pasar unas verdaderas vacaciones.

    Siendo las 2 de la tarde arribamos a la capital británica, conseguimos una fascinante habitación de hotel, nos duchamos en el jacuzzi y alrededor de las 5 de la tarde nos quedamos dormidas hasta las 9 de la mañana del día siguiente. Sin duda, fue exhaustivo el trabajo de sexosevidora, debido a que no dormíamos más de cuatro horas al día durante ese lapso, pero valió totalmente la pena.

    Mi amiga y yo salimos a dar el rol, nos tomamos fotos con el Big Ben y The Tower Bridge de fondo, nos subimos al London Eye y como siempre, visitamos los bares nocturnos.

    En particular, disfruté demasiado el polvo que me eché con un hombre que ligué, pues luego de mucho sexo con sujetos donde me esforcé por complacerlos al prostituirme y no a la inversa, aquel inglés buscó mi placer sobre el suyo, explorando cada rincón de mi piel con sus labios, erizando mis bellos, degustando mis néctares vaginales y haciéndome suya con movimientos impresionantes, de ese modo, experimenté de los mejores orgasmos de mi vida. En agradecimiento, después de que se vino delicioso en mi concha, lo acosté y le regalé un exquisito y minucioso francés, en el que me metí a la boca sus testículos, los chupé cada uno y mamé su vergota por un largo rato hasta que lo ordeñé completo. Nunca había provocado que un hombre eyaculara tres veces seguidas. Toda su lechita calientita fue a parar a mi boca.

    El 1 de marzo, Ingrid y yo abandonamos Londres y volvimos a Puerto Vallarta. Fuimos recibidas calurosamente por Braulio, Erick, Lizbeth, Leilany, Iván y Héctor, quienes prepararon una fiesta en el departamento de mi hermano.

    Versión de Braulio:

    Mi padre colgó el teléfono y luego de mostrar una vez más su decepción de mí y de mi hermana, se fue callado, evidentemente frustrado. Enseguida llamé a Azucena, le conté lo sucedido y también le expliqué porqué me despidieron. Por su parte, me confesó que el motivo por el que ella e Ingrid continuaban en Europa era por cuestiones de trabajo como escorts en Ibiza. La noticia me sorprendió, pero lo vi como una salida a sus problemas y le prometí no contarle el secreto a su marido.

    La siguiente semana conseguí un nuevo empleo matutino. De este modo, tendría las tardes libres y estaría con Lizbeth solo en las noches. Eso me daba la oportunidad de tener tiempo para estar con Leilany.

    Inició el mes de febrero. Parecía un adolescente embobado, cursi, atento y meloso con Leilany. Inevitablemente me estaba gustando demasiado y ella ya se había dado cuenta.

    La ocasión perfecta para tener una cita romántica fue el 14 de febrero. Era viernes por la tarde. Llegué al cine donde quedamos de vernos y la vi sentada en una silla con su codo recargado en la mesa, tan inocentemente fogosa con su sombrero beret color morado, sus típicos lentes de armazón redondo, sombra, labial y uñas en púrpura metálico discreto, un top corto de un solo hombro color blanco, su minifalda tipo burbuja color morado, sus medias largas blancas con franjas horizontales moradas y sus botas afelpadas también moradas. Enamorado estaba yo de su sexy look, notando que era el centro de atención de varios chicos que iban con sus novias.

    Me acerqué a ella, nervioso por mirar semejante obra de arte ante mí. Ella me sonrió, sabiendo que con el simple gesto de mi profundo suspiro le externé lo preciosa que me parecía. La función que reservamos estaba a una hora de comenzar, por lo que decidimos comprar palomitas, bebidas y sentarnos a platicar.

    -No dejo de pensar que tu imagen de hoy se me quedará grabada por demasiado tiempo -expresé-. Te ves muy bella, Leilany.

    -Tú siempre tan encantador, Braulio -respondió con emoción, recargando su cabeza en mi hombro y entrelazando su brazo con el mío.

    -Yo opino que deberíamos ser novios -solté valientemente la propuesta.

    -Yo secundo esa moción -contestó, robándome un beso en la mejilla y acariciando mi mano.

    ¿Por qué ser novios? Era una pregunta que me planteé desde la primera vez que pensé en declarármele. Sin ser novios podía probar sus labios cuando quisiera, follarla sin pedirle permiso y sobre todo, no sentirme afectado por la toxicidad que las mujeres desprenden en una relación de noviazgo. Esto me llevó a recordar cuando Lizbeth me propuso juntarme o casarme con ella en un futuro, pero siendo una pareja liberal. Ahora pensaba que Lizbeth y yo actuamos por instinto aquella vez y debía aclararle mi cambio de opinión. cuanto antes. Entretanto, el momento al lado de Leilany era tan lindo y conmovedor como un cielo nocturno alumbrado por el estallido de pirotecnia multicolor.

    Lo empalagosos que estábamos duró hasta el momento en que comenzó la película. Al apagarse las luces en la sala de cine, Leilany y yo empezamos a hacer a lo que realmente fuimos. Los tiernos besos que nos dábamos subían poco a poco de matiz. Una mano mía en su rodilla y una suya en mi tórax abrieron el telón. Ella metió su mano a través de mi camisa y yo escalé la piel de sus muslos debajo de su falda. Parecían ser solo suaves caricias, pero sus efectos podían ser devastadores.

    Ella fue recostándose a lo largo de los asientos mientras que nuestros besos pasaban al siguiente nivel, nuestras lenguas se peleaban y nuestros dientes atrincheraban los labios contrarios. Mis manos se deslizaron dentro de su blusa, cruzando su abdomen y ascendiendo hacia sus prominentes pechos, mientras que sus manos desabrochaban desesperadamente mi cinturón.

    Ella logró bajar mi pantalón con todo y bóxer para acariciar mi pene, pero impedí que continuara al descender besando su cuerpo hasta llegar a su concha. Luego de bajar su pantaleta a mordidas, le di unos lengüetazos a su húmeda vagina al mismo tiempo que mis manos jugaban con sus pezones y apretaban sus tetas. Me esforcé por hacer que se corriera y lo conseguí, aunque eso me tomó algo de tiempo.

    Después, nuestros simularon respiración de boca a boca. En medio de esa intensidad, ella sujetó mi verga y frotó su clítoris con mi glande. Enseguida, la colocó en posición y yo simplemente la dejé ir toda en su coño.

    Sus agudos gemidos provocaban que yo acelerara y ella levantó mi camisa por detrás para rasguñar mi espalda. Sus ojos casi siempre estaban cerrados, pero algo estaba pasando porque, de repente, se le estaban yendo hacia atrás. Fue entonces cuando alzó sus piernas, sujetó mis nalgas hacia ella de modo que mi pija quedara completamente enterrada y de pronto, un chapuzón empapó nuestros genitales. Leilany se vino por segunda vez y no dudó en incitar que yo fuera el siguiente. Así que, rodeándome con sus piernas y empujando con sus manos mis glúteos para meter y sacar rápidamente mi pija de su chocha, pronunció gemidos sexys en mis oídos.

    – ¡Ah, qué sabroso me coges, amor! ¡Tu verga bien gruesa me rompe el coño! ¡Mmm, sí! ¡Ouch, qué larga la tienes! ¡Embísteme más duro, papi! ¿Te quieres correr en mí concha? ¡Tss! ¡Ay, no pares! ¡Sí, sí, sí! ¡Dame toda tu lechita! ¡La quiero toda calientita dentro de mí! ¡Uf, no puede ser! ¡Voy a venirme otra vez!

    Rápidamente bajé una de mis manos hacia su clítoris y lo estimulé para que se corriera de nuevo y eso sucedió simultáneamente a mi eyaculación. Qué suerte que la película tuviera alto volumen. Indiscutiblemente, la película en vivo que Leilany y yo protagonizamos en la última fila era digna de un Oscar. El orgasmo mutuo nos dejó escurriendo, gimiendo y jadeando inconteniblemente. Nuestra primera vez como novios fue un deleite que continuó en mi departamento y tenía el enorme deseo de que ella fuera quien durmiera conmigo.

    Transcurrieron unos días. Tuve una demora en mi nuevo trabajo y el jefe no me permitió la entrada. Regresé a mi apartamento y para sorpresa mía, Lizbeth estaba follando en la habitación. Rato después, al escuchar que ella salía de la recámara con su invitado, me escondí detrás de la barra y una vez que el sujeto se fue, interrogué a la muchacha. Lizbeth fue franca conmigo y admitió que se vio tentada por trabajar como sexoservidora, era su tercer día y su objetivo a corto plazo era rentar un departamento, por lo que fui comprensible y le permití el uso del mío por mientras. A su vez, le conté la nueva de que Leilany era mi novia y ella no lo tomó a mal, sino que me felicitó y me deseó lo mejor.

    El 29 de febrero fue un día bipolar. Azucena e Ingrid nos alegraban al informar que volvían a Puerto Vallarta al siguiente día. Pero, muy angustioso fue saber que Leilany tenía problemas familiares que atender con urgencia en su natal Tequisquiapan, Querétaro.

    Al siguiente día, Erick, Lizbeth, Leilany, Iván, Héctor y yo recibimos en mi departamento a Azucena e Ingrid con una fiesta sorpresa.

    Intervención de la narradora:

    La fiesta quedaría para el recuerdo. Los brindis fueron en honor al regreso de Azucena e Ingrid, al noviazgo recién iniciado entre Braulio y Leilany y al viaje que emprendería Leilany, deseándole la mejor de las suertes y un pronto retorno.

    Los tragos fueron en aumento, al mismo tiempo que la calentura de todos. Ingrid comenzó a quitarse la ropa y las demás le seguían. La alfombra se convirtió en pista de baile nudista por parte de las chicas y posteriormente se armó una competencia de seducciones. Al poco rato se dio un intercambio de tremendas mamadas, mientras que ciertas parejas ya comenzaban a follar. El escándalo de gemidos y gritos era eclipsado por la música a alto volumen.

    A las 3 de la madrugada ya se habían dado casi todos los dúos posibles, solo faltaba que entre Azucena y Braulio se diera el polvo. Los hermanos sorprendieron a todos los presentes y les brindaron el delicioso espectáculo, cambiando de posición según las sugerencias de los demás. La noche terminó con las cuatro mujeres de rodillas y los cuatro hombres de pie masturbándose o recibiendo un oral por parte de las chicas. El baño de semen para culminar la orgía fue fenomenal.

    Al amanecer, Braulio y Leilany tomaron una ducha juntos, se vistieron y fueron a la terminal de autobuses, donde ha sido la última vez que se vieron en persona.

    Tiempo después, los novios se mantenían en contacto y probaban lo que se conoce como sexo telefónico o por videollamada. Además, Leilany, por su poca capacidad de abstinencia, frecuentaba con un viejo amigo de su pueblo para follar y le transmitía en vivo a su novio, quien disfrutaba las escenas pornográficas.

    A los hermanos les quedó la espina de mantener relaciones sexuales, por lo que, siempre que Erick se retiraba a trabajar desde muy temprano, ellos pasaban ratos excitantes y luego disfrutaban su acostumbrado café matutino.

    Por último, Lizbeth juntó bastante dinero en poco tiempo trabajando como escort (motivada por su ninfomanía al igual que Azucena, Ingrid y Leilany en su momento). Ella consiguió vivir aparte y decidió unir sus fondos a los de Azucena e Ingrid para poseer en conjunto una fortuna que les vendría muy bien ante la inminente crisis, efecto de la pandemia.

    FIN (No por mucho).

  • Ojalá mi vecina fueras tú

    Ojalá mi vecina fueras tú

    Ocurrió una noche de abril. Me encontraba sólo. Así que me dispuse a pasar una noche aburrido, viendo un poco la tele. La verdad que no me atraía nada de lo que emitían esa noche, y me metí en internet.

    Mientras, me asomé a la terraza. Hacía una noche espléndida.

    Nuestro piso se encuentra unido al de unos amigos, más bien mi amiga y su chico, tiene una parte techada y otra más amplia con el cielo al descubierto, con un balcón donde tenemos plantadas flores en un arríate, pues, aunque nuestros pisos están juntos, no coinciden las escaleras de entrada. Por ese arríate, asomándose un poco se ve aparte de su terraza, las cristaleras y parte del salón. Pensé en pedirle alguna película, y me asomé a ver si estaban allí. Se veía luz en el salón, pero no había nadie, así que cogí el teléfono inalámbrico y llamé por teléfono. Sonaba cerca, pensé que el teléfono lo tendrían en la terraza y volví a mirar. Mi amiga salía en ese momento, llevaba una camiseta de tirantes blanca que no llegaba a cubrir su tanga, también blanco.

    Pegué un respingo hacia atrás, pues temí que me hubiese visto asomado por entre las ramas del jazmín que separa nuestras casas. Me contestó dulcemente, con un dígame que entrecortó mi respiración… Tengo que reconocer que me puso nervioso aquella visión, pues siempre pensé que mi amiga estaba muy buena, es una morena, y unas curvas insinuantes que le sienta muy bien lo que se pone.

    Pregunté por mi amigo y me dijo que esa noche quedó con los amigos del trabajo y llegaría tarde. Me excusé diciendo que no llamaba para nada importante, tan solo para preguntar si tenían alguna película para dejarme. Lamentándolo mucho, no tenía nada y que pensaba ver cualquier cosa de la tele. No me atreví a pedirle ver juntos la tele, pues me pudo más el pudor que el deseo. Así que le dije que no importaba y que me metería en internet.

    La noche avanzaba lentamente y el recuerdo de la visión en tanga de mi amiga no se alejaba de mi pensamiento, así que volví a mirar, asomando la cabeza por entre las plantas. Por fortuna, delante de nuestro edificio se extiende una frondosa hilera de árboles frutales y de hortalizas, por lo que no temí que otros vecinos me estuvieran observando.

    Asomado, con un poco de temor por si estuviera en la terraza. Vi que estaba sentada en el sofá mirando la tele mientras comía una ensalada. Seguía con la camiseta, pero solo le podía ver las piernas hasta las rodillas. Así que cogí la escalera de cuatros peldaños que tenemos para la despensa, y la coloqué en la terraza para asomarme mejor sobre la pared que separan nuestras terrazas, en la parte no techada que tiene. Desde allí, la visión era mucho mejor. Ella, comiendo, y la camiseta que dejaba entre ver sus pechos sin sujetador, con unos pezones que pinchaba la tela de algodón como queriendo traspasarla. Debajo, se veía las piernas que se juntaba para formar un pequeño triángulo con el tanga. Me desengañé; no veía mucho, sinceramente yo esperaba más. Y esperé un rato por si había algún cambio, pero dejó de comer y se sentó con un cojín en los brazos, cómodamente. ¡Esto es lo único que verás! me dije y supuse que sería mejor dejarlo.

    De repente se levantó, recogió los cubiertos de la cena, y los llevó, supuse que a la cocina. Bueno, por fin conseguí ver a mi amiga en tanga; me estaba alegrado más la vista.

    Volvió con algunas frutas en una fuente, comió unas fresas y se dejó caer en el sofá y se tendió reclinada hacía atrás con la cabeza apoyada al cojín, aquello era muy erótico para mí, ahora si tenía buena perspectiva y por primera vez envidié lo que cada noche tiene su chico. Continué mirando algún rato más.

    Ahora tenía las piernas un poco más abiertas, y el tanga había cogido la forma de su sexo. ¡Bien! pensé, esto se pone más interesante que cualquier película. De reojo miré para el televisor. Justo en el momento en que mi amiga se llevaba una mano a su tanga y los dedos se introdujeron debajo. Pregunte para mí en plan jocoso «¿te pica?». Aquello era algo más que un picor, pues se frotaba insistentemente. Esto sí que no me lo esperaba. Iba ser una noche fantástica, mi amiga se estaba masturbado delante de mis narices

    Empezó con suavidad, los dedos se clareaban a través de la fina tela y se notaba como buscaba por la separación de su raja, el clítoris. Yo la animaba mentalmente. Yo para entonces estaba tan empalmado que mi capullo iba a reventar, todo encendido, rozando la pared de la cual tenía que despegarme para no hacerme daño. Mi mano buscó mi verga empalmada y dura y la deslice por ella suavemente, ayudado con un poco de saliva, para que corriera mejor.

    Mi amiga paró, sacó la mano de su tanga y temí que hubiera terminado su masturbación, pero para mí satisfacción, levantando un poco el cuerpo, se quitó el tanga y me dejó ver toda la hermosura de su sexo, lucía los labios mayores bien afeitados, bien almohadillados que formaba como dos pequeñas lomas, pues no eran nada planos sino curvos y carnosos. De entre ellos sobresalía el hermoso botón de su clítoris, que adornaba como si de un broche se tratara.

    Se abrió de piernas y el clítoris se transformó en alero de tejado de la entrada de esa cueva cóncava que me invitaba a entrar y descubrir los más recónditos de sus secretos. Ahora la mano de mi amiga, se movía con más rapidez y su culo se movía en círculos, su cuerpo se levantaba de vez en cuando y otras veces, sus manos se ocultaban, apretadas por las piernas. Mi amiga se levantó y se fue a buscar algo. Imaginé que era mi mano y aumente la velocidad del masajeo de mi miembro, sube… baja… sube… baja.

    Cuando se sentó otra vez, vi había ido a la cocina y se trajo un helado. Esa manera de lamer ese helado de nata, como del mismo calor caían gotas blancas por su barbilla, lo estaba haciendo aposta, dejándolas caer hasta sus pechos, los cual cogía con una mano y lamia sus pezones. Ella suspiraba y se dedicaba a su sexo con la mano introduciendo hasta tres de sus dedos, que los introducía con una exquisita agilidad. De vez en cuando miraba hacía donde yo estaba, pero le era imposible verme pues mi terraza estaba oscura, aunque ya no me importaba.

    Le vino un vigoroso y prolongado orgasmo, que debió escuchar media barriada. Lo intensificó con unos quejidos intensos y fuertes. Yo no pude aguantar más y derramé mi leche sobre la pared de la terraza.

    Descansó unos instantes y volvió a mirar hacia donde yo estaba, cogió el tanga, limpió cada rincón de su sexo y salió a la terraza. Yo me oculté rápidamente. La escuché llamarme por mi nombre y asomándose entre las ramas del jazmín, me había pillado, me vio desnudo subido en las escaleras, me lanzó su tanga, para que lo oliera. Me preguntó si me había corrido; y no le pude mentir. Entonces me pidió que limpiara los restos de mi semen con su tanga y se lo pasara.

    Dicho y hecho. Estaba oliendo su tanga empapado con mi semen cuando llegó su chico, la besó. Los vi hablar, él de espalda a mí, no se extrañaba que mi amiga estuviera con el tanga en las manos y le lanzó un piropo, insinuándole que se iba a acostar, y desapareciendo por el salón. Mi amiga le siguió, apagando las luces, mientras levantaba un poco la camiseta para enseñarme en su plenitud, su culito respingón.

  • El ginecólogo, el hijo y la nuera

    El ginecólogo, el hijo y la nuera

    Carolina es una mujer sensual, tiene 32 años y hace tres que conoció a mi hijo en la oficina. Venía de un matrimonio largo y desgastado con un hombre de mi edad, 54 años, que se fue deteriorando en la medida en la que pasaban los años y los hijos no llegaban. Morena, con unas piernas esculturales y una cintura bien marcada que hace que sea imposible mirarle el culo cada vez que nos juntamos en los asados familiares de los domingos, en los cumpleaños y en las fiestas. De tetas redondas y pezones bien marcados, siempre se vestía con blusas escotadas. Las veces que la vi con tacos y minifalda la pija se me puso dura instantáneamente.

    Era la mujer de mi hijo así que eso también me permitía ser muy cortés con ella, acariciarle los hombros por detrás o darle un abrazo para sentir el calor de sus tetas en mi pecho. Ella también siempre fue muy cariñosa conmigo. Era una hermosura por donde se la mirara y siempre tenía salidas pícaras para cualquier circunstancia. “Si tu hijo heredara algunas cosas tuyas que me han contado, mi matrimonio sería mucho más divertido y placentero”, me dijo una vez medio borracha después de un cumpleaños de mi esposa. Solía ocurrir que en la mayoría de las reuniones siempre terminábamos en el sillón tomando unos wiskis y escuchando música clásica, en la sala preferida de la casa, las que todos consideraban mi lugar en el mundo. “Vos te debés cansar de tocar conchas”, me disparó esa noche muy borracha. “Yo estoy medio cansada de que nadie me toque la mía”. Se notaba que el alcohol la había excitado al mango. Yo sentí el impacto de sus palabras porque no pude evitar una erección. “Miralo vos al doctorcito de mujeres”, me dijo con una sonrisa. Yo me quedé sin palabras. O preferí no decir nada. Me estaba calentando con la mujer de mi hijo y eso me ponía algo incómodo. Asentí su comentario con una sonrisa y una palmada en el hombro.

    Por suerte mi hijo llegó y la situación se descomprimió. Yo crucé las piernas para evitar que se notara que Carolina me había calentado con apenas tres palabras. Por momentos sentí que me miraba la entrepierna mientras mi hijo comenzaba con la despedida. Algo había cambiado en mi relación con mi nuera. Y sólo restaba saber si había sido una calentura momentánea o este hembrón me había puesto en la mira para saciar sus deseos.

    Los días fueron pasando y la cosa se fue enfriando. Al menos con ella porque yo había quedado con una calentura de novela. Me acordaba de esas piernas, de estas tetas y de esa provocación y la pija se me ponía tiesa. Alguna que otra vez tuve que hacerme una paja, pensando en lo durito que debería tener el culo y lo que le debía gustar que se lo rompieran. Tenía que ponerla urgente. Y sucedió eso que a veces nos pasa a los ginecólogos cuando estamos calientes: me llamó la paciente más puta y menos peligrosa: Lorena, la hija de mi mujer.

    Tengo un departamento privado, con una camilla que disimula bien ser un consultorio. Atrás tengo un regio cuarto con una cama inmensa para enfiestarme con las pacientes que vienen por algo más que una consulta. La experiencia me enseñó a que nunca debo ser yo el que tome la iniciativa. Y para evitar problemas de otra índole, tengo instalado un sistema de cámaras donde ante la primera duda, nada mejor que la realidad.

    He descubierto también en todos estos años de profesión, que aunque no lo confiesen, a la mayoría de las mujeres le da cierta intriga la mano del ginecólogo y que cuanto más confianza les generás, mejor se relajan cuando tenemos que meter dedos o instrumentos.

    Después de las excelentes experiencias con la hija de mi esposa y con una sobrina, traté de no cerrarle más las puertas a potenciales pacientes “por códigos familiares”, todo lo contrario porque gracias a Dios ellas me hicieron buena prensa y crecieron sustancialmente en el último año las visitas de orden familiar o sus conocidos.

    Con Lorena, desde aquella primera vez cuando llegó muy cachonda de Australia, tengo relaciones regularmente. Al menos una o dos veces por mes me pide un turno por whatsapp para que le haga un chequeo. No sé si es que le gusta mucho mi pija o que simplemente encontró la excusa perfecta para tener la libido al día sin hacerse problemas o bancarse relaciones que no llevan a nada.

    “Me hiciste adicta al culo, doctor papi”, me dijo la última vez, en cuatro en la camilla y abriéndose bien los cachetes con las dos manos para que entrara más profundo.

    “No me ponés el instrumento de carne, necesito sentir esa pija caliente hasta el fondo de mi orto”, me imploraba mientras se retorcía como una perra esperando ser penetrada. “Haceme doler doctor papi, rompémelo para ver si está todo en orden”, me pedía mientras con una de las manos me acariciaba los huevos y con la otra se llevaba una de las tetas hasta la boca para morderse los pezones. “Llenámelo de leche, necesito sentir como me chorrea por las piernas esa lechita tan rica”.

    No aguanté, le descargué todo me semen con la pija hasta el fondo y la saqué lentamente para que sintiera cómo se le llenaba el culo de leche tibia. Con una de sus manos se metió dos dedos y los sacó llenos de esperma. “Algo voy a probar, tan caliente y espesa”, me dijo y se metió los dos dedos en la boca hasta dejarlos limpios. Se la volví a clavar en el culo y la embestí un par de veces más hasta que sentí que mi miembro estaba lleno de leche. Cuando la volví a sacar la agarré de los pelos y la arrodillé adelante mío. “Ahora la vas a dejar limpia putita, no quiero que quede una sola gota”, y obedeció con maestría dándome una mamada que casi me hace acabar de nuevo.

    Pasaron dos meses más y no había tenido ninguna novedad de Carolina, hasta que recibí una llamada de mi hijo.

    “Hola viejo, yo sé que a vos te incomoda atender a mujeres de la familia, pero te quería pedir si por favor podías atender a Carolina. Yo se lo propuse, a ella no le pareció mal, pero que de ningún modo se animaría a pedir algo semejante”.

    “Dejámelo pensar, no tengo ningún problema en atender a Caro, también le puedo pasar el teléfono de alguna colega, para que no se incomode”, dije fingiendo convicción, pero convencido de que iba a tener a esa potra abierta de gambas en mi consultorio. “En todo que me escriba un mensaje y la veo en el consultorio privado”.

    “Gracias viejo, sabía que no me ibas a fallar”.

    Carolina no tenía la cara de putona de mi hijastra pero escondía una sensualidad detrás de esa postura de mujer pendiente de mi hijo. Sabía, por comentarios de mi hijo, que estaban buscando hijos desde hacía unos cuantos meses y no pasaba nada. Y que por eso habían decidido hacerse estudios. Llegó puntual a mi consultorio. Yo había desordenado un poco el armario del instrumental para que diera la sensación de movimiento. La realidad era que en el último año sólo había atendido a dos mujeres en ese consultorio. A la hija de mi esposa y a una sobrina. Y ambas con resultados excitantes.

    Hablamos un poco para poder llenar la historia clínica. Había venido con una calza diminuta y una blusa que le dejaba a la vista los lados internos de sus tetas, que parecían más grandes y redondas por la presión del corpiño. Se había atado el pelo y por primera vez pude ver un cuello delgado en sus hombros erguidos. Tenía la piel morena y humectada.

    Mientras ella hablaba yo fingía tomar nota. Me contó que tenían la idea de buscar un hijo pero que se les estaba haciendo difícil. Fue la primera vez que sentí un poco de pena por ella en una situación que realmente la avergonzaba, a pesar de aquel comentario subido de tono en una borrachera. “A veces unos meses no es nada cuando uno está obsesionado con la búsqueda”, le dije para tranquilizarla. “Ojalá fuera eso, pero prefiero que se lo cuente su hijo”, me dijo con una voz que se fue apagando sensualmente como para no inhibirme. Sabía que si hacía bien las cosas me iba a coger a la mujer de mi hijo, en mi consultorio privado y con una visita pedida por él.

    Primero le di órdenes para análisis de rutina, sangre, orina, mamografías, ecografías, etc., como para justificar lo que tenía pensado hacer acto seguido. Y para que además me pagaran la visita. “Te voy a pedir que te saques la ropa y te sientes en la camilla”. Yo la había preparado con inclinación perfecta como para que su vagina me quedara a centímetros de la cara. “Puede ser que te incomode un poco, y lo entiendo, pero como me dijiste alguna vez “yo me canso de tocar conchas, ja ja”.

    Mi comentario descomprimió una situación difícil y vi como instantáneamente sus pezones se pusieron duros y puntiagudos. Tenía unas tetas perfectas, naturales, ni grandes ni pequeñas, pero redondas y firmes y con unos pezones rosados y carnosos. Tenía las piernas largas y las nalgas firmes y los abdominales marcados. Una piel suave y recién bañada en crema.

    Carolina se sentó en la camilla y abrió las piernas para colocarlas en cada uno de los soportes que los ginecólogos usamos. Tenía una vagina rosada, recién depilada y con labios finos de un rojo más intenso.

    “Vas a sentir un poco de frío”, le advertí cuando con uno de mis dedos le pase suavemente un poco de gel para lubricarla bien. Con la mínima presión de mi dedo sus labios se humedecieron y pude notar como su clítoris se ponía duro. Se lo froté lentamente y coloqué el espéculo, que tiene forma de pinza y nos sirve a nosotros para poder ver bien en el interior de la vagina. Cuando lo tenía adentró, separé las manijas para que se abriera del todo y volví a frotarle el clítoris a la pasada. Por primera vez lanzó un gemido que me hizo efecto directo en el pene y se me puso tan tieso que sobresalía por el delantal.

    Le dije que no se veía ningún problema a simple vista y que se quedara tranquila porque todo parecía normal, la viscosidad y el color de su flujo también era perfecto, le mostré separando dos dedos en su vagina para que viera cómo se pegaba en el guante. Cuando saqué el espéculo estaba chorreando y retorciéndose de la calentura.

    Acomodé la camilla para que se acostara boca arriba. Le dije que le iba a tener que hacer tacto en la zona abdominal y en los pechos. Mi pene quedó a centímetros de una de sus manos y traté de que lo notara rozándola intencionalmente. Abrió instintivamente las piernas. Y yo estaba listo para hacerle un estudio profundo.

    Le aclaré que para esto era mejor no usar los guantes de látex. “Nada mejor que unas buenas manos”, me alentó para que viera que estábamos en la misma sintonía. Faltaba solamente que uno diera el paso inevitable hacia el placer.

    Comencé a tocarle las tetas suavemente, con todos los años de profesión encima. Toqué en los lugares habituales y se las apreté todo lo que pude. Cuando le tocaba los pezones soltaba gritos de placer. Fui bajando con una de las manos hasta llegar a la zona ovárica. Tenía la piel suave y se le ponía la piel de gallina y le explotaban los pezones.

    “Con su hijo me cuesta calentarme. No se me humedece”.

    “Pensá en algo que te la ponga húmeda”, le dije apretándole uno de sus pezones y ella deslizó su mano hasta mi pija y me la apretó con fuerza. “Esta me la está poniendo húmeda desde hace meses”, me dijo y me apretó el pene con más fuerza. Estaba dura y gruesa y ella lo había notado porque cuando le introduje dos dedos en la vagina mientras se frotaba el clítoris con la otra mano.

    Sin dejarla de apretar me obligó a que me acercara cerca de donde estaba su cara con sus dos manos liberó mi miembro del pantalón y se lo metió en la boca. “Es rica, es gruesa, está hirviendo doctor”, me dijo y la hizo desaparecer en su boca hasta tocarme el pubis con su nariz. Le oprimí la cabeza cuando trató de soltarla la primera vez y pegó un grito que se escuchó en todo el consultorio. “Ahogame otra vez, ahogame otra vez con esa pija”, me imploró y de un empujón volví a meterle la pija hasta que se la tragó toda y la oprimí varios segundos. Con la otra mano ya le había metido tres dedos en la vagina y con un cuarto jugaba con su diminuto agujero del culo, que instintivamente se le dilató cuando con una de las yemas le acaricié el ano. Tuve que contenerme para no llenarle la boca de leche porque seguía prendida a mi pija y sin ninguna intención de soltarla. Le pellizqué los pezones y cuando la soltó para gritar aproveché para sacarla y volver a la posición inicial.

    Le volví a colocar las piernas en los soportes para que quedaran abiertas y le hundí la lengua hasta el fondo. Con sus uñas me arañaba el cuero cabelludo y me tiraba levemente del pelo para que mi nariz también se hundiera en esa rajita húmeda y perfumada. Ella misma ahora se pellizcaba los pezones y pude notar cómo acababa cuando le enterré el dedo índice hasta después del nudillo. Temblaba como una hoja y chorreaba un flujo tibio y dulce.

    “El culo es mi debilidad doctor. Estaría bien que también me lo revises”. Y con una de sus manos hundió hasta el fondo mi dedo y presionaba con las caderas para metérselo más y más. No pude resistir su pedido. Y cuando ella pensaba que la iba a penetrar por adelante, corrí un poco hacia abajo mi pija para que se deslizara por su culo. Era estrecho y se dilataba mientras mi cabeza se hundía y desaparecía adentro de su culo. Con la otra mano no dejé de acariciarle el clítoris hasta que en un par de embestidas mi pija de metió hasta el fondo. La tenía ancha y venosa. Me quedé quieto unos segundos para que se dilatara un poco más, pero ella misma empezó a menearse contra mi miembro que estaba rígido y a punto de eyacular.

    “Llenamelo de leche” me suplicó y empezó a moverse más y más fuerte, sentándose sobre mi pija que a la cuarta embestida le descargó toda la leche. Por la posición en la que estábamos, mi miembro enseguida quedó prácticamente blanco y allí noté lo mucho que le gustaba el esperma a esta hermosura. De un saltito se arrodilló en el piso y me la empezó a mamar con maestría. “Cuanta leche tenías, siento el culo lleno”, me decía mientras iba y venía con su lengua desde la base a la cabeza y se la metía en la boca para succionar y succionar. “Te la voy a dejar seca”, me dijo y logró que siguiera dura a pesar de haberle descargado todo en el culo.

    “Ahora quiero el último chequeo”, me dijo apoyando la cara en la camilla y abriéndose las nalgas se acomodó la cabeza de mi miembro en los labios de su vagina, que seguía empapada y chorreando jugos. “Cogeme, te lo suplico, necesito sentirla toda adentro” Me dijo y se la metí de un empujón. Tenía la cueva caliente y empezó gemir como una loca mientras con ambas manos me apretaba los cachetes del culo para que mi pija se le metiera un poco más. “No pares, seguí así, me está volviendo loca esa pija”, gritó y noté como se le aflojaron las piernas cuando llegó al orgasmo y se apretó contra mi pija. Tenía un culo perfecto. De pronto sentí ganas de cogérselo así de parado y lo hice. Saqué la pija y sin que dejara de tener contacto con su cuerpo se la enterré otra vez en el culo, que esta vez no ofreció la más mínima resistencia.

    La empujé contra la pared para que sus tetas quedaran apretadas mientras bombeaba con fuerza y es lo abría con ambas manos.

    “La quiero en la boca”, me dijo y se agachó para quedar a la altura de mi miembro. La agarré de la nuca y seguí bombeando como cuando la tenía en su culo. “Damela doctor, la quiero toda”, me dijo mientras con una mano me pajeaba y con la otra se hundía los dedos en su vagina acariciándose el clítoris. Cuando sintió mi lechazo en su lengua, ella acabo también y empezó a chupármela suavemente, hasta que sintió que por fin aflojaba la erección.

    No hizo falta hacer ninguna aclaración ni decir ninguna estupidez después de tremendo polvo. Los dos estábamos satisfechos. Le había echado dos polvazos a la mujer de mi hijo y no sentía ninguna culpa. Al parecer ella tampoco porque sabía muy bien a qué había venido a mi consultorio.

    “Me hago los estudios y te vuelvo a ver”, me dijo con un chupón y metiéndome la lengua hasta la garganta. “Creo que tengo ginecólogo para rato”, bromeó mientras se ponía la calza diminuta y me paraba el culo para que se lo volviera a mirar.

    Esta hembra podía hacer lo que quisiera conmigo. Y yo estoy dispuesto a satisfacerla.

  • Mi suerte no es la de todo el mundo

    Mi suerte no es la de todo el mundo

    Yo me la pasaba lujuriándolo, viendo sus nalgas menearse cada vez que se fajaba trabajando. Un joven, acabado de cumplir los 18, de piernas gruesas de futbolista, lampiño y con un culote que daba era hambre. Cabello negro, parado y abundante. Ojos café con unas pestañotas cada vez que tenía la oportunidad lo grababa en mi celular, le buscaba conversación y averiguaba todo de su vida. Ya le conocía la novia, su casa, el teléfono, la madre, lo que le gustaba, todo… Cuando sudaba, me le acercaba disimuladamente y sentía su sudorcito cachondo, un olor que me tenía como un perro en celo.

    Le di seguimiento con cuidado, chisteando y acercándome poco a poco. Ya teníamos como dos meses de chatear por horas, echar chistes y cuentos verdes y hablar de todas las cosas ricas que se nos ocurrieran, viendo porno juntos y tomando cervecitas. Cada vez me le acercaba más y él lo sentía. En varias ocasiones tonteamos y le agarraba el paquete de broma y dos veces me quedé con sus calzoncillos sudados, con un olor a verga que me mareaba y con los cuales me hice 10 pajas.

    Llegó el día, o la noche mejor dicho. Nos tomamos un par de cervezas cada uno y comenzamos a hablar de su última aventura con su novia. Sacó su celular y me mostró las fotos de ella encuera, con la chucha abierta, otro video bailándole y pude ver como la pinga se le iba parando en el pantaloncito que cargaba. Le dije todo lo que se me ocurrió para se arrechara. Sin pensarlo mucho le agarré la verga y comencé a sobársela con fuerza. Él se quedó como estático, concentrado en ver mi mano pajeandolo. Una cachimba gorda, peluda con unos huevos pequeño,s pero gorditos.

    Se le marcaba la piel donde estaba bronceado, justo después de sus nalguitas. Yo solo miraba y me lo comía con la mirada, pensando que era un sueño lo que veía. Los pelitos de la nalga eran doraditos, apenas visibles. Los dedos de los pies se me antojaban para lamerlos y chuparlos y eso fue justo lo que hice por unos momentitos.

    Me le acerqué de nuevo y le lamí la oreja y comencé a decirle todas las cochinadas que se me ocurrieron, que me gustaba esa pinga, que ese nalgón me lo iba a comer, que le tenía ganas desde hacía rato. Se dejó llevar y comencé a besarlo, como si fuera una niña calenturienta. Le babee la boca, le metí la lengua, lo lamia y mordisqueaba con ansias y él se quedaba quietecito, con los ojos entornados. Con los pantaloncillos abajo bajé un dedo hacia su huequito, apretadito y con unos vellitos que casi no se sentían. Nos tiramos en el piso y comenzamos a fajarnos, tocándonos y rozándonos las vergas.

    Le di vuelta y contemplé sus muslotes musculosos, su par de nalgas duras y metí la cara entre ellas para llegar al huequito, aspirando el olorcito a jabón y a un culo virgen. Eso era justo lo que había soñado durante meses, lamiendo, apretando con las dos manos y escuchando los gemidos de placer del hijueputa éste. Volteaba a verme y los ojitos se le ponían en blanco, abriéndose con las manos el culo para que yo llegara hasta sus pliegues rosados.

    Lo puse de perrito, de ladito. Me acosté detrás de él y lamí ese culo cono si fuera un cono de helado. Lo lamí completo, su pecho, mordí sus tetillas, le metí la cara en los sobacos, era como si fuera un cerdo revolcándome en un barrizal. Días después me hacia la paja recordando el olor de esas axilas.

    Cuando ya lo tenía bien ensalivado le puse la punta de mi verga en todo el asterisco. Parecía una estrellita y ahí fui metiendo la pinga. Metía un poquito y regresaba a mamarlo. Otro poquito más y la saliva estaba más espesa. Así me fui metiendo hasta que el culo se le fue abriendo. Y lo mejor es que solo se oían los quejidos suavecito y se fue dejando culear cada vez más duro. La verdad es que yo estaba tan arrecho y caliente que tratando de meterle la verga se me salió la leche de un solo golpe. Le bañé el culo y las nalgas con leche.

    A pesar de que ya el calor y la culeada me tenía cansado le di la vuelta y comencé a pajearlo y a mamarle la pinga. La apretaba con ganas para exprimirla hasta que comenzó a chorrear leche. Una leche espesa, amarillosa, que no corría, una leche de joven que no pude dejar de tragarme un poquito y me supo a gloria.

  • Franciséis: Damián y su hermano

    Franciséis: Damián y su hermano

    La luz de las lámparas se atenúa. La sala de estar con sus paredes de color verde botella en la que estamos entrando no es muy grande. Dos sofás de tela de color aceitunado llenan la esquina, una lámpara de pie con una pantalla beige complementa el escenario de la esquina. La ventana de la pared derecha, encima del primer sofá, está abierta. Las cortinas están corridas. En la pared opuesta hay una puerta de madera totalmente cerrada. En el suelo, una gran alfombra cubre el linóleo a cuadros blanco y burdeos. Hay una mesa de café en el centro, sumergida en botellas y vasos de alcohol. Nada, aparte de estos muebles, encaja en la habitación. El tocador —era uno de ellos— tenía encanto sólo en su simplicidad. Mi anfitrión me siguió, acariciando mi columna vertebral al pasar, y se sentó en el sofá de enfrente. Casi se queda allí, como un pasha, con ancha sonrisa en su cara.

    — ¿Estás dudando?

    — No, estoy observando.

    — ¿Qué estás observando?

    — El lío al que me estás llevando.

    — Mi desorden parece molestarte.

    — No, no es así.

    Estoy sentado en el sofá de la ventana. Me está mirando, con los ojos entrecerrados, agarrado a su cigarrillo. La puerta de madera se abre, y dos chicas desnudas me miran.

    — Lolita, la pelirroja, y Nuria, la rubia.

    Al presentarme, mi anfitrión abre una botella. Saca cinco copas de debajo de la mesa y nos sirve un vino tinto.

    Las dos tímidas chicas miran fijamente el linóleo. Probablemente no más de diecinueve o veinte años, parecen frágiles e inexpertas.

    — Lolita y Nuria están en mi casa desde hace dos días. No hablan mucho, pero creo que la vista que me dan cada día es suficiente para mí. Acércate, no tengas miedo de mi joven amigo.

    — ¿Es a quien quieres follarte?

    — No sólo eso.

    Conocí a Damián en un club gay en Niza. Sólo fui allí para satisfacer a mis amigos gays. No tenía intención de experimentar con nada nuevo. Me gustaba el sonido, siempre me reía mucho en esos lugares. Esa noche, un joven de no más de treinta años, alto, moreno, guapo, me miraba insistentemente en un rincón del club. Cuando tomé un trago en el bar, vino a hablar conmigo. Un tipo de fuera de la ciudad, que estaba aquí para sus vacaciones. No era gay como yo, pero no confirmó que sólo le gustaban las mujeres. Hablamos bastante. Estaba aquí para descomprimirse, según me dijo. Sus padres tenían una casa en el distrito de la música, no lejos del club. Después de unos tragos más, me rozó las nalgas con la mano, me la puso en la espalda y susurró en mi oreja para invitarme a fumar un cigarrillo afuera. No fumo, pero lo hago. Afuera, me ofreció algo. Un trío en su apartamento esa noche.

    —Seremos cinco —dijo—, Habrá chicas y nosotros.

    Un tipo que me ofrece eso, saliendo de un club gay, es sospechoso. Pero el tipo es agradable, guapo, bien hecho y me imagino fácilmente en una orgía con él.

    Así que aquí estoy en su casa, y estas dos lindas chicas frente a él, avergonzadas como todas. Cada una se sienta junto a Damián y toma una copa. Finalmente Nuria me habla:

    — ¿De dónde eres?

    — A partir de aquí, soy un niçois, ¿y tú?

    — ¿Eres soltero?

    — No, estoy comprometido.

    — Basta de charla de chicas —dice Damián, siempre con un cigarrillo en la boca.

    Se abre la bragueta, saca de sus vaqueros un pene medio blando que ya es bastante grueso. La vista de esta polla no me deja indiferente. Agarra a la pelirroja de su izquierda por el cuello y le lleva la cara entre las piernas, sin ningún tipo de restricción.

    — Ahí, chúpalo, eso es bueno. Nuria, cuida de nuestro amigo.

    Nuria se levanta y se pone de pie delante de mí. La miro de abajo a arriba, disfruto de la vista de su hermoso coño rubio, metido en un billete de metro, de frente a mí. Mi polla reacciona inmediatamente, empiezo a tener una buena erección. Se pone en cuclillas entre mis piernas, me abre la bragueta, me saca la polla y la lleva directamente a la boca. Los sonidos de la succión están acompañados por los gemidos de Damián, que de vez en cuando me envía miradas cómplices. Al mismo tiempo que me molesta, la situación me excita… la situación o él mismo. Después de un tiempo Damián me pregunta:

    — ¿Y? ¿Te gusta?

    — Bueno, sí, totalmente.

    — ¿Vamos al siguiente paso?

    — ¿Qué es lo siguiente?

    Damián se levanta, desaparece completamente. Empuja la mesa de café contra la pared junto a la puerta principal y pone a Lolita en el sofá con las piernas separadas. Se le cae el cigarrillo, se agacha y le lame el coño mientras le acaricia el clítoris. Cuando Nuria se levanta, se une a la pareja y besa a la pelirroja en la boca, amasando sus pequeñas tetas. En cuanto a mí, me pongo sobrio, me quito la ropa no muy lejos de la mesa y empiezo a excitarme seriamente mientras la miro. Estas dos lesbianas andando a tientas y comiéndose la boca, y también el mismo Damián, por detrás, agachado, con su cara enterrada entre los muslos de una chica, su espalda arqueada, sus nalgas redondeadas; no sé qué es lo que más me excita.

    Las llaves giran en la cerradura de la puerta principal. Me sorprende tanto que me pongo muy rápido la camisa sobre los hombros. El trío parece no haber escuchado, y sigue y sigue. Allí, entra un adolescente. Un joven, probablemente de diecisiete años, dice que tiene dieciocho. Más pequeño que yo, delgado, pareciéndose extrañamente a Damián.

    — Te estábamos esperando ya, —dice Damián, dirigiéndose al adolescente.

    — Damián, ¡¿qué coño estás haciendo?! ¡Te dije que no quería eso en mi casa!

    — Oh, está bien, cállate y únete a nosotros, hermanito. Mira el regalo que te he traído, —dijo, señalándome.

    El adolescente me mira, medio enfadado, medio intrigado. Luego se va a la otra puerta, desaparece. En ese momento Damián comenzó a meter su mierda en el coño de la pelirroja. Ella gemía, mientras él susurraba insultos como:

    — Toma, mi bella puta, date el gusto. Aquí, perra, sé que te gusta que te pateen la verga, ¿no?

    En cuanto a Nuria, se acariciaba a sí misma, atrapada en el sofá, con los ojos cerrados.

    — Oye, hombre, no estés solo. Mira esta hermosa perra que te espera. Cuídala.

    Sus palabras no me importaban mucho. Me levanté, me puse de pie y puse mi polla directamente sobre la boca de Nuria. Sorprendida, abrió los ojos e intentó por reflejo quitarse, pero yo le agarré la cara con las dos manos y le metí la polla entre los labios. Ya no se negó. Me cogió la polla en la garganta y empezó a moverse hacia atrás y adelante a lo largo de mi eje, como una reina. Ella bombeó frenéticamente, como una puta, me miró con envidia. Me excité, le agarré el pelo con una mano, y con la otra a veces me sacaba la polla y me daba una palmadita en la cara.

    En ese momento, el adolescente llegó. Estaba desnudo, inmóvil en la puerta, me miraba fijamente. Era muy joven pero tenía el cuerpo de un atleta, musculoso, seco, con una polla medio blanda, impresionante, descansando sobre un pesado par de pelotas. Se acercó a mí, no sabía qué hacer. Estaba preocupado, me había convencido de que no había caído en una trampa gay. Empezó a acariciarme los hombros, pero le quité la mano, retrocedí y me tropecé con el sofá.

    — Tranquilo, hombre, sólo intenta divertirse contigo, —dice Damián.

    — Lo siento chicos, pero no soy gay. Si sigue en bi, será sin mí, —dije.

    Damián se levanta, con la polla cubierta por el prepucio y en alto, unos buenos 18 centímetros majestuosos, y se sienta a mi lado en el sofá.

    — Te diré algo, el joven que tienes delante es sin duda el mejor sexo que podrás probar si te decides. Créeme, chico, eso tampoco era lo mío. Hasta que un día la zorra de mi hermano quiso mi polla. Te lo digo, nunca he tenido tal sensación como la de estar metido en su boca, y lo demás ni siquiera te lo cuento.

    Mientras hablaba, me acarició el muslo. Terminó de convencerme de que este es un experimento que debe hacerse. Las dos chicas guapas habían aprovechado la oportunidad de recoger la poca ropa que tenían y luego salieron, cerrando la puerta tras ellas. Me encontré con mi polla levantada ante dos tipos, dos hermanos muy espeluznantes que me miraban con ansias. Así que no sé si fue el perfume de Damián el que despertó mis sentidos o si fueron las miradas de su hermano, brillando con ojos azules iluminados por el tamiz de las lámparas lo que me hizo quebrar, pero me dejé llevar por sus caricias y desde entonces me dejé guiar completamente por los dos chicos.

    Máximo, el joven hermano se instaló a mis pies y comenzó una felación real. Su hermano tenía una mano en el pelo y me besó el cuello y me lamió los lóbulos de las orejas. No sabía qué hacer, así que acompañé la mano de Damián en la cabeza de Máximo y con la otra mano acaricié la espalda y las nalgas de mi anfitrión.

    Me quedé sentado, completamente abrumado por sus caricias y lo incongruente de la escena. Máximo me estaba chupando la polla como nunca antes me la había chupado nadie. A veces algunos de mis compañeros lo intentaban, pero yo nunca había encontrado tanto placer. Puso mucha delicadeza y gula en ello. Me lamía la polla, luego me lamía el tronco con la punta de la lengua, ponía mis pelotas en su boca, luego me chupaba toda la polla, se tragaba mi polla gruesa sin ningún problema, acariciaba mi tronco con sus manos, y al mismo tiempo me excitaba el ano… No me atrevía a decir nada, parecía congelado, bajo sus empresas calientes, y bajo las caricias electrizantes de su hermano. Tuve como mini-espasmo de genes, un tic nervioso. Así que Damián se levantó y se sentó en la parte de atrás del sofá, una pierna a cada lado de mi cuerpo. Su polla estaba golpeando contra la parte posterior de mi cuello. Me masajeaba los hombros, la nuca, y a veces se tocaba a sí mismo golpeando descuidadamente su glande en mi cabeza. Luego se inclinó y me susurró al oído:

    — ¿No crees que mi hermano es hermoso? Mira esa mirada lujuriosa en su cara de inocente…

    No se equivocó. El chico me miraba con sensualidad y se masturbaba con mi mirada. Había detenido su felación para observarnos. No podía soportar estar tan bloqueado por la experiencia, mis nervios se disparaban en mis brazos y piernas y me sentía como si estuviera paralizado.

    — Intenta relajarte —me dijo Máximo—. Si lo haces, prometo tener la noche más emotiva que puedas imaginar.

    Damián se quitó de mi espalda y se arrodilló junto a su hermano, tomándolo por el hombro.

    — Observa atentamente, —me dijo Damián.

    Puso sus labios contra los labios de su hermano delante de mí. Los dos efebos incestuosos se besaban sin vergüenza. Sus lenguas se mezclaban con la pasión, las manos de Damián caminaban sobre la espalda de su hermano pequeño, mientras que las manos de Máximo, acariciando la dulce cara, el cuello, se precipitaban sobre el cabello del hermano mayor. Nunca se separaban. Y yo, hipnotizado, los miraba, anhelaba unirme a ellos y al mismo tiempo, estaba perturbado, petrificado por la escena. Una escena así, una escena que sólo se sueña con el autodesprecio… Era consciente del contenido glacial y prohibido de la cosa y me petrificó. Finalmente, cuando los dos hombres se miraron, con una sonrisa en sus rostros, se volvieron hacia mí y me dieron una maravillosa mamada. Sus bocas lamieron mi polla de abajo a arriba, sus lenguas la envolvieron, se besaron apasionadamente, incluyendo mi polla en su beso. Damián se levantó, se subió al sofá y lentamente se acercó a mi cara. Me besó. Sus labios y su lengua sabían a mi polla, y probablemente a la saliva de su hermano. No podía soportarlo más, estaba muy excitado. Pensé que podría venirme en los próximos segundos, pero las caricias más lentas y suaves de Máximo me hicieron sentir menos presión. Mis nervios se estaban descomponiendo gradualmente. Los calambres que había sentido se suavizaron y sentí un nuevo calor en mis miembros. Ya no estaba temblando, incluso me estaba calmando, calmado por los besos de Damián. Máximo reanudó la felación, alternando entre mi polla y la de su hermano. Lo miré con envidia, y luego me levanté del sofá para unirme a Máximo. Lo besé en el cuello, en la nuca, le lamí los hombros, le lamí bajando por su columna. Se había puesto a cuatro patas, con el culo bien arqueado, y le acaricié insistentemente, me permití un ligero azote que inmediatamente le hizo gemir más bonito, mientras mamaba a su hermano. Damián me miró con una sonrisa, diciendo:

    — Vamos, creo que le gusta.

    Así que le di otro, un poco más fuerte, y empezó a gemir más bonito. Le abrí las nalgas y le metí la cara. ¡Besé su roseta, lo lamí por el borde, le penetré el culo con mi lengua, y gimió lánguidamente! No pude soportarlo más, me levanté y apunté mi cola a su agujero. No quería ser tierno, quería poseerlo lo antes posible. Así que me la puse como un estúpido. Gritó mucho, pero no me dejó salir. Me quedé un tiempo para que se acostumbrara.

    — ¡¿A qué estás esperando?! ¡Patéame el culo! ¡Fóllame, quiero que me folles como a una perra, como a una perra!

    — Ok, nena, vas a probarlo!

    Voy a limar su culo tan fuerte y rápido como pueda. Quería romperle el culo delante de su hermano. ¡Estaba gimiendo fuertemente, gritando con placer! En un momento en que me estaba ablandando, Damián me sonrió y se levantó. Se paró frente a mí y me presentó su hermosa polla.

    — Se puede probar.

    Estaba un poco aprensivo, todavía follando con su hermano, entonces sin pensar, puse mis labios en el glande de Damián. Tomó mi cara en sus manos, y comenzó a ir de un lado a otro de mi boca. Me dejé llevar y me pareció emocionante. Estaba sudando por mi jugueteo con Máximo y por el calor que puede haber emanado de nuestros cuerpos. Estaba empezando a disfrutar de esta masa de carne en mi boca, podía sentir su líquido, lo estaba probando con emoción. Entonces, de repente, se volvió más violento, literalmente me tomó la boca, me la cogió como un agujero de jugo. Se masturbó en mi boca con total frenesí. Mantuve el ritmo del puto Máximo y pronto no pude soportarlo más, me sentí venir al mismo tiempo que sentí el pito de Damián moverse en mi boca, y en el mismo grito de placer nos chorreamos el uno al otro al mismo tiempo. Me inundó la boca y la cara con su esperma. Me lo echó por toda la cara refunfuñando, justo cuando me estaba sacando todo de las pelotas en el culo del hermanito que había contraído su culo en el momento oportuno. Le llenaría la barriga con todo mi esperma.

    Los tres, agotados, nos derrumbamos juntos sobre la alfombra. El esperma de Máximo estaba pegado a nuestras espaldas. Se corrió al mismo tiempo que nosotros. Estábamos respirando con dificultad…

    Después de unos momentos, Máximo puso su cabeza en mi pecho. Ya no me sorprendía ninguna prueba de afecto entre hombres, y aceptaba felizmente su cuerpo contra el mío. Su hermano se calmó y nos acostamos…

  • Esclavo de mi fantasía, mi primera vez

    Esclavo de mi fantasía, mi primera vez

    Soy Martin y esta historia comenzó cuando estaba en primer semestre de publicidad, 18 años, virgen, y temeroso de afrontar mi sexualidad públicamente. En el instituto pero en otra carrera estaba Samir, de 19 años un chico que conozco desde el último año de bachillerato, hermoso, varonil, con carisma y por supuesto con gran éxito entre las mujeres.

    El despertaba mis más oscuros deseos y ciertamente son incontables las veces que me masturbe pensando en él. Sin embargo, yo me las arreglaba para disimular lo mucho que me gustaba.

    Siempre me las ingenié para estar en su grupo de amigos, para hablarle, ver su sonrisa, sentir su aroma y así alimentar las fantasías donde él me deseaba tanto como yo a él.

    Un viernes en la tarde nuestro grupo se reuniría para hacer una fiesta en casa de uno de nuestros amigos en común, fin de semana y rumba! Justo antes de salir del instituto lo vi en el pasillo y me pregunto si yo iría a la reunión, le dije que sí y se ofreció para llevarme, pero me aclaro que primero pasaríamos por su casa para cambiarse de ropa.

    En el camino (siempre con su actitud de varón y seguro de sí mismo) me estaba contando que se vería en la fiesta con Inés, (una de las chicas más hermosas del instituto con fama de fácil pero sólo con galanes como Samir) y que la había invitado a pasar la noche en su casa ya que estaría solo. (el vivía con su papá que era médico y esa noche estaba de guardia) Yo lo escuchaba y le seguía el juego de macho pero sentía una envidia tremenda hacia Inés.

    Al llegar a su casa entramos a su cuarto donde me dijo con voz alegre y pícara:

    «Si quieres prendes el TV o la computadora mientras me baño porque este de aquí culea hoy»

    Tristemente se metió al baño vestido y cerró la puerta, pero aún tenía esperanzas de verlo sin camisa al salir de la ducha.

    Mientras esperaba prendí el TV pero estaba embriagado por el aroma de su habitación y veía su cama imaginando cuantas putas se lo habían gozado allí.

    En el último año de secundaria Samir embarazo a una chica, cuyo bebé al nacer murió por complicaciones, esa historia unido a su carisma y físico quizás por morbosidad o no sé qué cosa, lo convertían en un hombre muy deseado!

    Finalmente llegó el momento… cierra la ducha, pasan unos minutos y luego abre la puerta, y fue entonces cuando ese monumento de piel dorada salió con una toalla azul a la cintura, su torso mojado y su cabello castaño aun goteando con esa sonrisa que me desarmaba.

    Podía ver un bulto en su entrepierna, una sutil línea de vellos recorrer su marcado abdomen y al pasar frente a mi caminando hacia el closet pude apreciar su gran espalda en forma de V y su hermoso trasero formado por dos trozos de carne firmes que me invitaban a morderlo.

    No podía creerlo! Tenía más de dos años conociéndolo y nunca la había visto sin camisa y ahora lo tengo en toalla frente a mi!. Ni en mis fantasías lo había imaginado tan delicioso y atlético, me tenía muy excitado!

    Cuando salió de mi rango visual, me quede viendo el TV para disimular el deseo en mis ojos, o eso intentaba. Y me decía a mi mismo «hoy me masturbo riquísimo» luego de terminar de arreglarse y quedar como un muñeco me dice:

    «Disculpa la demora, ahora si ya vámonos de rumba!»

    Ya en la fiesta todo transcurría normal, todos hablando, riendo y bebiendo. Al pasar un buen rato, Inés la chica de Samir nos dice que se tiene que ir, se despide y ambos salen a la entrada de la casa, pero luego entra nuevamente Samir, con una cara de molestia y decepción. Inés por alguna razón no podía quedarse con él y adiós a los planes de Samir.

    Pasó un tiempo para que se repusiera y se integrara a la fiesta nuevamente, pero lo hizo y todos seguimos en la rumba. Yo me repetía en la mente «como esa mujer le hizo esto a semejante ejemplar masculino”

    Ya muy tarde cada uno se fue despidiendo y Samir que estaba bastante ebrio dijo que se iría caminando a lo que yo me ofrecí a acompañarlo ya que para mi suerte mi casa estaba en la misma ruta. En el camino casi no hablamos.

    Al llegar a su casa me dice que si quiero me puedo quedar a dormir ya que era muy tarde y caminar solo a esa hora era peligroso, y yo le respondí;

    – «gracias pero no quiero molestarte y tendría que avisar a mi familia.»

    Samir: no eres molestia, tú eres un verdadero amigo además sabes que estoy solo, (con voz triste) puedes llamar desde mi casa para que sepan donde estás.

    – «Ok, tienes razón» le respondí.

    Cuando entramos me señala el teléfono y se va a su habitación, yo aviso a mis padres ya que aún vivía con ellos, y al colgar me dirijo a su cuarto.

    Al entrar a su habitación me sorprendió verlo acostado en la cama, boca arriba con un brazo detrás del cuello y el otro parcialmente en su abdomen, con solo unos bóxer negros y medias blancas tobilleras; quede sin aire! y me dice:

    Samir: «Acuéstate de una vez»

    Yo: dónde?… Tienes una colchoneta o en el sofá de la sala? (Con voz nerviosa)

    Samir: No seas pendejo! Aquí en mi cama!

    Yo: y hay espacio para los dos?…

    (Idiotizado y nervioso, ya que su cama era individual y estaba pegada a la pared)

    Samir: Si!!!… Termina de acostarte que no te voy a violar!!! (Con voz fuerte e indicándome que mi lado es el de la pared.)

    Yo: que bueno porque soy virgen… (Respondí con voz nerviosa y a modo de chiste)

    Apague la luz para que no se notara mi erección y me quite la camisa y el pantalón. Me subí a la cama quedando de espalda a él y frente a la pared, ambos estábamos sin arropar debido al calor de la caminata.

    Alumbrados solo por la tenue luz que entraba por la ventana yo estaba nervioso, excitado y asustado, no quería dañar la noche cometiendo una imprudencia. Y me decía a mi mismo «espera a que esté bien dormido y lo podrás mirar, oler y quizás tocar, calma».

    De pronto Samir se movió cambiando de posición, no podía verlo debido a yo que estaba de espaldas (paralizado y tenso me decía a mi mismo “cálmate, cálmate que pronto se dormirá”) y sin querer… suspire… acto seguido escuchó:

    Samir: …tienes un culo grande… (en voz baja)

    Yo: que…? (En voz baja, pero sorprendido)

    Samir: Tienes un culo grande! (Con voz fuerte y clara)

    Yo: y eso es bueno o malo? (Fue lo único que se ocurrió decir, pensando que quizás era una broma)

    Samir: depende…

    Yo: de qué?

    Samir: de si me lo das!!! (Susurrándomelo al oído mientras me tomaba de la cintura y me recostaba su paquete erecto en el culo)

    Yo no dije nada, cerré los ojos y levantando y empujando mi culo contra su pene acepte su propuesta:

    Samir: Así me gustan las putas… sumisas!!! pero primero me lo vas a mamar”

    Yo me levante y por primera vez lo pude ver sin disimular desde sus pies y fuertes piernas hasta sus ojos color ámbar cuya mirada sádica me invitaba a bajar a su bóxer y concretar su petición.

    Al bajar su bóxer quedó al descubierto un colosal pene cuya cabeza húmeda me hacía agua la boca, lo tome y lo pegue a mis labios, lamiéndolo, chupándolo hasta meterlo casi todo en mi boca mientras mis manos acariciaban sus piernas y su marcado abdomen. (Era mi primer hombre! Pero gracias a las películas porno tenía una idea de que debía hacer)

    Samir estaba gozando y de pronto me tomo del cabello fuertemente y empezó a marca un movimiento pélvico mientras me decía:

    “Ninguna puta me lo había mamado así!”

    Esto me enloqueció, me transformo, yo solo quería darle placer!!! Y le dije en un respiro:

    “A un macho como tú hay que complacerlo”

    Él me tomo con sus fuertes brazos y me levanto para luego arrojarme a la cama boca abajo, saco de una gaveta cerca de la cama una botella de lubricante y me la puso en el culo, (se sentía muy caliente) se colocó en posición para embestirme y puso su pito frente a mi ano, que ya estaba dilatado y me lo metió despacio pero en el primer intento.

    Mi culo ya no era Virgen y me dolía mucho pero quería que siguiera, y le dije “me duele, me duele, espera…, espera… pero a la vez gemía de placer…

    Samir: aguanta porque ahora eres mi puta y te voy a partir ese culo!!! (Mientras me daba nalgadas)

    Yo: Cógeme papi, cógeme… sigue… sigue… cógeme!!! (mientras gemía como mujer y me entregaba a su fuerza física, yo estaba allí para darle lo que me pidiera)

    Me tomo del cabello mientras me cogia con gran fuerza, me tenía dominado, yo era su esclavo y el mi amo. Podía sentir que me estaba castigando, casi con odio me decía:

    “Esto es lo que querías…” (mientras seguía nalgueándome y tratándome como puta)

    Entonces sentí cuando su dulce néctar lleno mi culo acompañado de un gran gemido masculino… se quedó unos segundos sin moverse dentro de mi, pero luego cayó a mi lado exhausto.

    Yo aún con mi pene duro y muy caliente, vi su rostro relajado y sus ricos labios rosados entre abiertos; me acerque a besarlo pero me empujó y me dijo que solo besaba a mujeres!

    Estaba en shock, No sabía que pensar, qué pasó?… Él se quedó dormido casi al instante, y yo con la calentura me masturbe admirando cada centímetro de su cuerpo, sus pectorales, brazos y piernas aún tensos por la gran cogida que me dio me hicieron acabar y caer dormido también a su lado.

    Al despertar, Samir ya no estaba en la cama. Me levante, fui al baño a ducharme, me dolía el culo por dentro y por fuera, pero estaba feliz me cogió mi gran fantasía.

    Al salir de la habitación conseguí a Samir en la cocina preparando el desayuno, (estaba con pantalones cortos negros, sin camisa y las medias blancas tobilleras y me encantaba verlo así! Ya no tenía que disimular)

    Samir: buenos días! Aquí tienes tú desayuno. (Con su sonrisa y mirada de conquistador)

    Yo: Gracias, (y le pregunté) cómo dormiste? (yo sólo esperaba una señal para chuparle el pito o darle el culo nuevamente)

    Samir: muy bien. (Mientras comía)

    Estuvimos en silencio, era como si nada hubiera pasado, yo estaba confundido. Escuchamos un ruido afuera y era su papá que estaba llegando, nos saludó y dijo:

    “Buenos días, disculpen que no los acompañe pero estoy muerto me voy a duchar y a dormir”

    Samir estaba lavando los platos y yo sentí que debía irme y le dije:

    “Me voy para que no tengas problemas, gracias por la comida, hablamos en la tarde?”

    Samir: Ok, pero no creo que podamos hablar porque saldré con Inés.

    Yo sorprendido y levantando mi dignidad del suelo le dije:

    “pásala bien, adiós.” (Me sentía Indignado, molesto y frustrado. Frustrado porque quería más de él y al parecer yo no era suficiente)

    Samir abrió la puerta y me dijo “adiós!”

    Pasaron los días y me enteré que Samir e Inés se hicieron novios, a veces nos cruzábamos en el instituto y nos saludábamos de forma distante.

    Me dolía, no esperaba que fuese mi pareja, pero quería estar cerca de él. Al menos antes de aquella noche era su amigo ahora nada. Aunque sinceramente no me arrepiento de haber sido el esclavo de mi fantasía por una noche, tenía la esperanza de volver algún día a sentir su piel sobre mi.

    El día menos pensado lo que tanto espere ocurrió! un mes y medio después un sábado en la noche me llega un mensaje de Samir:

    “Te espero en mi casa en una hora”

    Lo que ocurrió después lo sabrás en “Esclavo de mi fantasía, II parte.”

  • Sofía y los vecinos

    Sofía y los vecinos

    Era de tarde, llovía mucho, hacía frío afuera.

    Sofía llegó de la facultad a su departamento, se ducho, se preparó un café y envolvió su cuerpo desnudo en su manta preferida.

    Se tiró en su sillón, aburrida, a buscar algo que atrajera su atención en la tele.

    Se acordó de aquel novio que tuvo en su adolescencia, al que tanto había amado y que extrañaba en los días de lluvia.

    Y pensando en él, se paró frente a la ventana, envuelta en su manta, y miro hacia la lluvia, con la vista perdida.

    Cerró sus ojos recordando los buenos momentos vividos, recordando los besos, caricias… mientras empezaba a tocar su entrepierna.

    Al abrir los ojos pudo ver en el edificio vecino a una joven pareja, al parecer en plena mudanza ya que veía, además, varias cajas, cosas desparramadas por doquier y como único mueble un sillón blanco.

    La imagen la invitó a seguir mirando, atenta, la excito la idea de pensar en tener sexo con ellos.

    Los observó un tiempo, mientras ellos abrían cajas y sacaban objetos de ellas.

    La pareja se movía libremente por el departamento, con la libertad que les daba la intimidad de su hogar, sin sospechar que desde una ventana vecina una mujer excitada los miraba ansiosa de ver más.

    En aquel momento observa como el joven toma desde atrás, por la cintura a su pareja y caen juntos al sillón.

    Ese sillón blanco, con almohadones mullidos, hacía que los cuerpos entrelazados como un nudo se hundieran en él.

    Rápidamente se quitaron la ropa y se podía observar su desnudez, el miembro grande y erecto rozando la vagina de la muchacha, los besos, los ojos cerrados de placer, hasta que el joven acariciando a su pareja, apoyado sobre sus rodillas, la besa en el cuello, mira por sobre el sillón y ve a Sofía desnuda frente a su ventana tocándose mientras los miraba.

    Susurró en el oído un «NOS ESTÁN MIRANDO» mientras sujetaba del pelo a la mujer llevándole la mirada hacia el ventanal.

    Las mujeres se miraron y se gustaron.

    Sofía ve ahora, que la joven toma de la mano a su pareja y lo lleva frente a la ventana.

    Así podía verse a Sofía desnuda y tocándose en su ventana y la joven pareja frente a ella desnudos mirándola mientras se cogían.

    Sofía explotada de placer por haber sido descubierta pide más y decide sumar a la fiesta a su vibrador.

    Era lo más erótico que habían visto, los tres estaban muy calientes, haciendo un trio con una ventana que los separaba.

    El vibrador y ver como un hombre se cogia a una mujer parada desnuda, con la piernas abiertas, los pechos contra el vidrio y la boca jadeante hizo que la joven gimiera de placer con un orgasmo largo.

    El joven al ver a Sofía explotando de placer llega al clímax llenando de semen la boca de su compañera que mira a su vecina con mirada cómplice.

    Esa fue la primera vez de los tres. Ahí empezó todo…

  • La dueña

    La dueña

    Hola! Mi nombre es Cata y esto pasó hace 12 años cuando tenía 18. Había llegado a Buenos Aires, capital a estudiar. Me había anotado en la UVA en el CBC. Vivía con mis 2 hermanas y mi mama. Mis hermanas ya habían llegado antes y mi mama solo un par de meses porque recién se había separado. Entre todas manteníamos la casa así que tenía que buscar laburo y conseguí en un local de ropa por recoleta. Me hice amiga de una compañera Paris, que tenía un año más que yo. Era mucho más desinhibida que yo, más pulposo.

    Con ella salíamos después del laburo a tomar algo a un bar que estaba cerca del trabajo y a las mujeres les daban cerveza gratis hasta las 00hs. Así que varias salidas divertidas tuvimos. Pero la historia que les quiero contar y que da un poco de morbo tiene que ver con la dueña del local. Era (no sé si seguirá estando) el típico lugar de ropa de recoleta que traían la ropa de avellaneda le cambiaban la etiqueta y te cobraban 5 veces más lo que valía en realidad. Y cada tanto aparecía la dueña que era una mujer de unos 40 y tantos media paquete pero operada las lolas, la boca y siempre con polleras y saquitos muy al cuerpo.

    Y cuando iba por lo general llegaba tipo 18hs y se quedaba después que nosotras nos íbamos pero le gustaba que nos pusiéramos la ropa, quizás para ver la calidad o qué onda. Y Paris que era re libre, suelta, no tenía ningún problema en probarse la ropa. Yo era más tímida. Y en ocasiones me quedaba y la veía y nos reíamos. Pero ese día la mina había llevado bikinis y Paris se re copo! Me dijo que no fuera boluda que me probara. Y en ese momento sentí como había algo perverso en la dueña que se sentaba en una silla que había en el sótano, deposito debajo del local. Muchas cajas, ropa y un espejo finito pero alto.

    Entonces Paris se puso en bolas detrás de unas cajas y se puso la bikini. Yo hice lo mismo y salí. Mientras nos mirábamos al espejo la dueña se acercaba y nos ajustaba las tiras de la bikini. En un momento sentí como me toco el muslo, como acariciándome la piel directamente mientras subía y desataba la parte de uno de los costados para volver a atarla. Sentí como me apoyo esas tetas firmes y enormes que tenía en la espalda. Yo era mucho más chiquita, rubia, flaquita pero con una cola pulposa y unas tetas aceptables. Pero claro no usaba tangas. Entonces cuando termino de atar la parte de abajo siguió por mi cintura y me calo la bikini adentro de la cola. Te queda mucho mejor así, me dijo.

    Mientras con las manos me sujeto de los hombros para luego bajar y terminar de acariciar mi cola. Paris que estaba en la suya no vio nada de la situación. Yo me sentí un poco excitada mientras me miraba como me quedaba y ella volvía a sentarse en una silla que había en el lugar. Caminen un poquito, dijo, hagan como que desfilan. Paris obviamente se hacía toda la sensual, desfilaba pero en un momento le sonó el celular y era el novio que la pasaba a buscar.

    Se fue detrás de las cajas para cambiarse y desde lejos saludo. Fue todo muy rápido, en el apuro podría haberme también ido pero no me di cuenta o quizás quería quedarme para ver qué pasaba. Entonces, después de mirarme un minuto más le dije que ya se estaba haciendo tarde y que prefería ir yendo. Pero ella me dijo sino podía probarme uno más, el ultimo. Que ella también se lo iba a probar.

    Mientras iba detrás de las cajas sentí una excitación que nunca había tenido. Igualmente con 18 años tampoco era que había estado con mucha gente pero en ese momento mientras me ponía la bikini solo podía pensar en lo duras que estaban en esas tetas y en cómo me había acariciado la cola, muy suavemente hacia unos minutos. Quería volver a sentir eso. Y tan compenetrada estaba en ese pensamiento que no me di cuenta lo que me estaba poniendo.

    Cuando sali a mirarme al espejo tenia un mini bikini. Apenas me tapaba los pezones y la parte de abajo era prácticamente un hilo dental. No, es un montón esto le dije mientras me daba vuelta y ella salía detrás de las cajas con la misma bikini ¿Te parece? me dijo mientras se daba vuelta a mirarse la cola en el espejo. La verdad que tenía un cuerpo increíble. Me quede congelada mirándola. Puede ser que sea mucho, casi que se me están escapando las tetas, dijo riéndose, mientras se acercó y me acaricio nuevamente los muslos poniéndose detrás de mío y diciéndome a vos te queda perfecta, encima con la piel que tenés. Y vos tenés unas tetas perfectas le dije sin pensar. Ahí en ese momento me di cuenta que algo había cambiado en su cara.

    Me miro fijo a través del espejo y mientras se corría lentamente la parte de arriba y se las agarraba me dijo: ¿Estas decís vos? ¿Te gustan? Ya no estaba pensando con claridad y le dije: ¿Puedo tocarlas? Si obvio, toca lo que quieras dijo, aunque quizás eso lo escuche yo. Las agarre primero como si fueran dos pelotas de handball, las apreté. Y después ella se sacó directamente la parte de arriba. Las tenés increíblemente paradas le dije. Si, la verdad que me quedaron muy bien, todavía no necesitan mantenimiento me dijo. Me hicieron un re buen trabajo, tengo sensibilidad en los pezones también que era mi mayor miedo. Y cuando dijo eso comenzó me agarro los dedos la mano y los llevo hacia sus pezones. Se los estaba haciendo parar con mis manos.

    En ese momento ya no podía más, tenía muchas ganas de chuparlos, no sé porque. Entonces en ese momento acerque mi boca y pase la lengua como si fuera una pequeña lamida a un helado. Ella soltó un pequeño gemido de placer. Levante la vista para ver su reacción y había cerrado los ojos. La agarre con la mano y comencé a pasar la lengua con más intensidad. Recuerdo que me dijo: Como te voy a chupar yo a vos en unos segundos pendeja. Eso me excito más todavía. Me puso de espalda contra una de las cajas y me bajo la bikini. Me dijo saca ese culito para afuera y sentí algo que nunca había sentido, una lengua en el agujero de mi cola.

    Mientras con los dedos me pajeaba el clítoris. Y me tuvo así como 4, 5 minutos diciéndome de todo obviamente, se ve que me tenía ganas desde hacía un par de meses porque tampoco hacia mucho que laburaba ahí. Al rato me hizo acabar. Y después se sentó en las cajas y mientras yo le chupaba la concha ella se pajeaba y acabo también al toque. Y así fue. Terminamos entre las cajas, chupándonos, pajeándonos, no habrá sido mucho, 15, 20 minutos como una locura. Después nos cambiamos.

    La salude de lejos y me fui. Después de ese episodio seguí trabajando 2 meses más. Si les interesa les cuento después que paso en los otros encuentros que tuvimos que fueron tres más.

  • Mi ahijado (Parte I)

    Mi ahijado (Parte I)

    Es una larga historia desde hace muchos años.  Yo llegué a la ciudad como una mesera y tuve muchos trabajos pues no tenía estudios, en la costa donde crecí mi familia muy humilde no me pudo dar estudios, sin embargo con apenas terminar la secundaria decidí ir a la capital y bueno empezar algo a quedarme en el pueblo. En uno de mis trabajos como cajera de una panadería me casé con mi esposo Augusto. Siempre nos llevamos muy bien pero nunca pudimos tener un hijo, resulto que él no tenía suficiente fertilidad, esto lo descubrimos después de algunas pruebas que nos hicimos al intentar mucho.

    Al no poder tener hijos me hice madrina de uno de los hijos de la hermana de augusto. En especial a ese hijo que mayor de sus hermanos lo queremos como nuestro hijo, pues mi cuñada nos lo dejaba encargado porque tenía que trabajar y yo bueno me quedaba en casa pues Augusto ya me mantenía.

    Vivimos en una casita que él ya tenía construida en un terreno en conjunto con su hermana, ese terreno se los habían dejado sus padres que en paz descansen. Así que nunca tuvimos vecinos molestos ni nada pero sí una gran familia.

    Pues todo empezó cuando mi ahijado ya crecido, ya con 18 años empezó a tener novia. En especial un día que yo regresaba del pan y entrando en zaguán en un rincón donde tenemos varias cosas, que a esa hora ya está oscuro y casi no se ve nada lo vi, unas siluetas de él besando a su novia. Todo normal, estaba creciendo y la hormona al máximo. Me subí a mi casa pues en el segundo piso tenemos los cuartos y desde ahí pude ver mejor, quizá por morbo que mi ahijado estaba agasajando a esa muchacha de una forma deliciosa que me recordó a mi juventud, yo ahora tengo 43, así que ya hace tiempo no me metían una manoseada de aquellas. Lo vi a él como le metía mano a los senos de la chica, después a las nalgas, mientras se besaban de una forma alocada.

    Ella igual le agarraba las nalgas, después el pecho, después creo que le llevo la mano a la entrepierna por que no se veían ya sus brazos por encima de su cuerpo. De pronto a contra luz vi a la chica arrodillarse, y desabrocharle el pantalón a mi ahijado y empezar a comerla, debía ser una buena tranca porque se veía que había aún un espacio entre su rostro y el pantalón de mi ahijado. Yo estaba muy caliente por recordar y verlos ahí a pleno fuego comerse, debieron durar unos tres o cuatro minutos hasta que ella pareció limpiarse la cara, él se guardó aquello y se fueron hacia el zaguán, yo me estaba tocando encima de mi ropa interior, estaba empapada, me sentía muy caliente hace meses que no cogía con Augusto.

    Quizá ya no le era atractiva, es cierto tengo mis senos un poco caídos pero son grandes, y mis nalgas igual, soy caderona y algo llenita pero sé que aún en la calle varias miradas se desvían a mí.

    Después de eso pasaron días y ya no los veía fajarse por ahí y eso que los estuve espiando.

    Lo que si era que me encontraba a mi ahijado y platicábamos mucho, como muy buenos amigos siempre y así pasaron varias semanas y yo le miraba el bulto pero se veía normal, no había comprobado si lo que miré era cierto. Pero si se me antojaba que me cogieran así y Augusto, no me tocaba o a veces empezábamos pero no sentía el mismo deseo ni tampoco me tocaba mucho.

    Después de varias semanas llego mi ahijado Marco en shorts, playera y me pidió que si se podía bañar porque no tenían agua, que la bomba de su cisterna se había descompuesto, por supuesto le dije que sí.

    Yo estaba en leggings y una blusa que debajo ver mis senos y note cómo me miraba, se le iban los ojos a mis tetas o cuando me volteaba me miraba las nalgas, me ponía caliente saber que le llamo la atención y empecé a jugar con fuego provocándolo.

    Después de platicar un poco se metió a bañar y por mi morbo lo espié desde el piso de arriba donde había una ventanilla pequeña para que se fuera el vapor desde ahí lo mire, pero primero use un espejo para ver que no mirará hacía arriba aunque es normal que nadie mire hacia arriba cuando se baña, entonces me asome y pude verlo ahí, con su cuerpo joven, son sus hombros, sus brazos pero sobre todo con ese miembro que no sé cómo no se le marcaba o no del todo pues nunca lo vi muy atenta, un pene grueso, algo largo, debería ser unos 14 cm, moviéndose deliciosa mientras él se tallaba, se pasaba el zacate, me metí la mano en mis leggings y empecé a acariciar mi vagina ya húmeda, ver esa verga moverse así como péndulo, era una delicia quería verla parada pero no paso. Yo me masturbe delicioso solo de mirarlo, estaba muy mojada, frenéticamente me frote el clítoris delicioso hasta que me corrí y con un grito ahogado termine ahí en el piso con mis piernas temblando un poco, hace mucho que no descargaba, tuve que cambiarme de ropa interior y leggings.

    Salí y escuche a mi sobrino salir con una pijama donde se me marcaba el tremendo pollo que tenía a lo largo de su entrepierna, lo mire porque de perfil mientras se veía al espejo de fuera del baño se le resaltaba delicioso, quería ir y apretarla para saber que sentía.

    Al día siguiente regreso, aún no arreglaban su cisterna. Pero esta vez le dije que iba a ir al baño primero y le deje una sorpresa, unos calzones míos, cacheteros de encaje rico, no sé bien por qué pero quería que los viera.

    En el baño lo espié de nuevo esperando que se masturbará pero no lo hizo. Me decepcioné un poco pero aun así me toque, no tanto como la primera vez. Platicamos un poco al salir y todo paso.

    Un rato después me metí al baño y mi sorpresa fue que vi mis calzones ahí mojados, sin duda los había limpiado pero tenían residuos blanquecinos, sin duda era flechita de mi ahijado.

    Pues el tercer día no regreso pero seguíamos hablando. Decidí distraerme e ir a cortarme el cabello y hacerme las uñas. Estuve platicando con Ana, me contó que la señora Susana cacho a su sobrina con un jovencito en su casa y que le estaba haciendo sexo oral pero que lo sorprendente es que su sobrina no podía comerse semejante tranca que la tenía sostenida con sus dos manos y aun así le sobraba verga, Ana le dijo que le presentara al chico, ambas nos reímos aunque yo por dentro sabía que Susana salía con mi ahijado porque los había visto en la calle platicando muy juntitos.

    Entonces se avivaron mis sentimientos y me quede callada. ¿Pasa algo?, pregunto Ana, le dije que no que me quede sorprendida, ella respondió que igual que quería saber quién de la colonia era para ver si se le hacía tener una, que así marido solo le media 9 cm ya parada, le dije que no podía ser y Ana dijo que hacia un oral increíble. Bueno si Ana puede vivir con eso supongo cada quién.

    Pues yo termine súper caliente y más morbosa que nunca. Ahora comprendía por qué ya no los había visto juntos.

    Bueno pues días después mi sobrino regreso con el mismo pretexto, después me enteré que no era cierto. Y platicamos pero esta vez más caliente.

    -Oye y cómo vas con la novia?

    -Pues ya no salimos madrina tuvimos problemas y pues mejor nos dimos un tiempo. Y usted con el tío? -Esa pregunta me tomo por sorpresa.

    -Pues vamos bien

    -Puede decirme tía si pasa algo, digo igual no puedo hacer mucho

    -No nada ahijado, solo cosas de la edad ya sabes

    -Pero si usted es bien joven madrina, no me diga que el tío ya no puede haha

    -Bueno si puede pero ya no es lo mismo que antes como a tu edad

    -Haha si ya entiendo, no quiero que es me pase por eso aprovecho ahora que puedo varias veces haha

    -Si debes de aprovechar

    -Oye y sigues siendo virgen?

    -Oiga madrina que pregunta esa esa -Me puse roja no sabía porque lo pregunte.

    -Pues dices que ya has aprovechado supongo ya no lo eres

    -Bueno…

    -Puedes decirme no dices que tenemos confianza -yo empezaba a ponerme caliente.

    -Pues si soy virgen pero ya me la han chupado, es que cuando lo he intentado con un par de mi escuela, no podemos, no se me dan las vírgenes supongo, es que bueno, me cuesta metérselas

    -Que presumido he -Yo sabía que o porque lo decía como decepcionado

    -No en serio, creo que tendré un problema así.

    -Pues como lo tienes ahijado, no puede ser que no les quepa, además déjame decirte que eso es algo bueno

    -No madrina no me ha resultado tan bien

    -Ya verás que a las mujeres les gusta eso

    -No lo sé madrina, cómo puedo saber qué así será?

    -A ver pues enséñame

    -Cómo cree madrina! Qué pena

    -Oye si eres mi ahijado no tiene nada de malo yo te bañaba, además no se lo diré a nadie y es para ayudarte mal agradecido

    -No se enoje madrina

    Ahí empezó a bajarse los pantalones y mi corazón empezó a latir fuertísimo hasta se me cortaba la respiración, lo bueno que mi marido está trabajando y sus papás igual.

    Apareció esa tranca riquísima, morena, gordita colgando con esos huevos pesados que se veía tenía mucha leche. Intente no sorprenderme mucho.

    -Ahijado pero qué cosa si estas grande! pero y parada como esta?

    -Es que bueno, estoy nervioso madrina

    -A ver te ayudo con eso

    Me acerque, el retroceso un poco pero no más y me agache y empecé a jalarla, lo miré desde abajo y me veía las tetas, su pene empezó a levantarse poco a poco más y más y yo sentía ese palo crecer en mi mano más y más, ebria mi mano poco a poco, se ponía venudo, gordo, grandote, yo estaba mojadísima y estaba que babeaba y lo seguía masturbando y su polla creció mucho. A ver espera, corrí por un metro que tenía de cuando arreglaba ropa y la condenada cosa esa media 25 cm, no lo podía creer, me olvide de mi ahijado y toda mi atención estaba en esa tremenda verga palpitante, la tome con mis dos manos y empecé a jalarla, sólo ahí me percate de sus gemidos, su cara estaba perdida y yo seguía jalando y jalando se la apreté, quería metérmela a la boca pero no lo conseguía, yo también está muy nerviosa.

    -Pues si ahijado la tienes muy grande pero eso es muy rico, seguro cabe con mujeres ya más experimentadas…

    En eso soltó un gemido fuerte, un gruñido y empezaron a salir lechazos gruesos que fueron a mi cara, a mis senos, a mi cabello, fueron como 4 o 5 fuertes y después hilos, me espante porque nunca había recibido leche así, solo en mi boca directo, el gemía y yo recibía leche muy rica, caliente la sentía resbalarse en mi rostro, muy belicosa.

    Cruzamos miradas ambos satisfechos por unos instantes pero con ganas de mucho más. Nadie dijo nada, se guardó esa verga medio erecta, mojada, y se fue temeroso por lo que paso, incluso que mi ahijado ya era mayor de edad se apeno de esa forma. Bueno yo esta igual, me debí quedar ahí con la leche cayendo de mi cara hasta mis tetas y al suelo un par de minutos.

    Fue delicioso, me fui al cuarto y me masturbe hasta mas no poder, termine exhausta, no me limpie, me lamia la cara, las tetas, probando ese néctar de hombre y tocándome, me metí el mango de un peine que tenía pero era más chico que su verga de mi ahijado, las piernas me quedaron echas polvo y mis sabanas mojadas de la corrida que me di solo de recibir esa leche. Creo que pase como 3 o 4 horas masturbándome, hasta que me recupere e hice la comida para la cena de mi marido.

    Después la relación con mi ahijado no sería igual.

    Si les ha gustado o han tenido una experiencia igual déjenme comentario para leerlos y seguir con la segunda parte.

  • Isla paraíso (Parte II)

    Isla paraíso (Parte II)

    Impaciente por la espera comencé a caminar por la habitación del lujoso hotel, mi cabeza no dejaba de pensar en aquella exótica isla, cálida y hermosa isla y ni mucho menos podía saca de mi mente a aquella mujer hermosa con bronceado hermoso. 

    -Haylie- dijo saboreando aquel nombre.

    Semanas atrás había recibido un mensaje de aquella mujer; yo había anunciado mis servicios de compañera sexual en un foro de internet en donde te permitía anunciarte a todo aquel o aquella que estuviera interesado en buscar compañera sexual, aquel foro era estricto con las mujeres que se anunciaban. Nuestro registro debía pasar por rigurosos filtros de seguridad de; confidencialidad, condiciones, examen médicos… en fin…una organización muy bien organizada, con tan solo una cuota de 400 euros tu anuncio era publicado en el foro, era un foro muy exclusivo, solo para millonarios, de ahí por qué tan estricto.

    Mi celular sonó y rápidamente corrí a la cama para contesta.

    — !Si! Era ella.

    — ¿Si?—conteste tratando de calmar mi emoción.

    —Hola hermosa, ¿te encuentras bien?— pregunto la voz que salía del celular.

    —Sí, algo excitada—conteste mordiéndome los labios.

    —Te llamo para avisarte que un auto llegará por ti en cualquier momento, es para ti— me aviso la voz de mi interlocutora— ¿Vale?

    —Sí, yo lo esperare, gracias— respondí — ¿A qué hora llegarán al aeropuerto?

    —En media hora aterrizamos, por eso te aviso, para que llegues a tiempo y de ahí irnos.

    —Muy bien entonces… ¿sabes? estoy muy emocionada.

    —Deja que veas la isla… te morirás de un paro cardíaco— Me advirtió Haylie entre risitas— Te dejo, no ha de tardar en llegar el auto… asique… Hasta más al rato.

    —Sí, nos vemos— y colgué el celular.

    —¡Siii!— exclame— mi sueño será realizado.

    Mi sueño siempre fue tener una vida de libertinaje y por fin comenzaba. Mi entre pierna sentía un cosquilleo de excitación «¿Tendré tiempo de jugar un rato con mis dedos?», mi mente se deshizo de esa posibilidad, el auto llegaría en cualquier momento.

    Me levanté de la cama y busque en las maletas y saque un vibrador a control remoto. Podría utilizarlo en el auto.

    Me levante la falda, por fortuna yo nunca utilizaba pantis, me metí aquel vibrador rosa que estimulaba tanto coño como clítoris. Sentí como se estimuló mi coño con tan solo meterlo.

    Llamaron a la puerta de mi habitación, seguro era el chofer.

    Abrí enseguida y una mujer esperaba en la entrada, era linda, bronceado perfecto, labios rojos y gruesos y lucía un lindo cabello rubio deslavado recogido por una cola de caballo.

    — ¿Es usted Kahely? —me pregunto amablemente.

    —Sí.

    —Un gusto— me contesto mientras me se hacía a un lado para que entrase un empleado del hotel por mis maletas.

    Salimos de la habitación hacia las afueras del hotel. No pude deja de ver el vestido de la chófer; escote tanto de espalda como de pecho, éste último muy bien pronunciado, una falda entallada que muy apenas estaba a tres dedos del firme trasero y por último, unas calzas de lencería negras que transparentaban las hermosas piernas.

    Mientras hacíamos nuestro recorrido en automóvil, me comencé a tocar discretamente, la chófer me miraba a los ojos, por su mirada comprendí que sabía loyo que quería.

    —Toma— le tendí el pequeño control— juega conmigo.

    La bronceada mujer lo tomo con una sonrisa y comenzó a manipular el vibrador.

    Mi coño sentía un enorme cosquilleo, aquel juguete seguía un patrón; primero vibraba con intensidad y después con tranquilidad, esa montaña rusa de placer me hacía poner en blanco los ojos. Mis jadeos se oían tan fuerte que la conductora subió el volumen de la música. Mis piernas temblaban más y más, me agarre las tetas y las apreté, me mordía los labios.

    — ¡Aaaah… si!… ¡Siii!

    Apreté las piernas y mis manos se aferraron a las tetas y la mujer sólo me veía por el espejo…con sus ojos llenos de lujuria me envolvió con su mirada…

    Las piernas me temblaban demasiado… ya mero llegaría mi clímax…

    — ¡Aaaah!—mi gemido sonó dulce de placer, mi corazón se aceleró mucho y mi cuerpo quería que parase pero… aquella perra no dejaba de jugar conmigo…

    —Aaaah… p-para… aah… deten… —no pude terminar la última palabra, mi cuerpo no me dejo.

    Mire como la mujer bajaba el auto y se subía al parte de atrás junto conmigo, me extraño que hiciese eso, le pregunte porque se vino a la parte trasera del auto y le respondió que ya habíamos llegado al Aeropuerto, yo no me di cuenta de lo rápido que aviamos llegado.

    —Aún nos quedan minutos… —me susurro al oído, sentí como lo mordía.

    — ¿Pero…?

    Me comenzó a besar sin que me dejara terminar mi pregunta. Le pase las manos por las tetas, le apreté los pezones duros y ella solo suspiraba. Su mano llego debajo de mi falda y me caco el juguete y comenzó a jugar con mi coño con sus avilés manos. Me estremecí más, sentía como ella estaba dentro de mí, con su otra mano me acariciaba las piernas… las tetas… todo el cuerpo.

    —Alguien ya está húmeda…

    Le calle la dulce boca con un rico mordisco a su labio inferior… esta perra es un encanto, ¿Cómo puedo resistirme a ella?, no podía, simplemente… no podía…

    Continuará…