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  • Autobiografía sexual (Parte 1): Mi primera vez

    Autobiografía sexual (Parte 1): Mi primera vez

    Tenía un novio llamado Rodrigo, contemporáneo mío, ambos teníamos 18 años.  Él era muy lindo, pero muy inocente. Me llevaba a su casa para presumirme con su familia, entre los que conocí a Leonel, su hermano mayor por tres años.

    Sus padres no tenían problema con que hiciéramos la tarea en su recámara, pero él echaba a la basura esas oportunidades de oro. Yo estaba ansiosa por tener mi primera vez y a mi consideración, mis insinuaciones eran obvias. ¿Por qué otra cosa exhibiría mi culo al colocarme a gatas en su cama? Simplemente, él aún era inmaduro para esas cosas y yo, si bien no era experta, al menos era muy estudiosa del arte de la seducción.

    Su romanticismo me gustaba, pero él quería que nuestra relación saliera a flote solo de esa manera y a mí me aburrió. Además, haber sabido que fui la primera que besó sus labios acabó con mis expectativas y al mes y medio de empezar a andar lo terminé. No supe darle una razón, lo único que se me ocurrió decirle fue «tú eres agua y yo soy fuego, no somos compatibles». Los siguientes días lo veía apartado de los demás y llorando, igual a mí me dolió herir sus nobles sentimientos pero no me iba a detener a sentir lástima por él.

    Días después, salí de la universidad y me dirigía a mi casa, pero en el camino se me interpuso Leonel. Pensé que me encararía por haber lastimado a su hermano, sin embargo, su declaración fue sorpresiva. Me halagó, me dijo algunas cosas sexys y me pidió ser su novia. Yo estaba demasiado emocionada, pero, como toda mujer, me hice como la que no quería y probé su resistencia.

    Las siguientes semanas, todos los días me lo topaba en mi regreso, nos perdíamos por las calles, me llevaba a la plaza principal, me invitaba la comida, todo menos a su casa para evitar abrirle más la herida a su hermano. A su vez, las primeras ocasiones partimos de besos suaves que con el transcurso de los días se intensificaban cada vez más. Llegamos al punto en que nuestro pasatiempo favorito era besarnos apasionadamente teniéndome sentada en sus piernas, sin importar la exhibición que dábamos al público.

    Llegó el día. Fui bastante arreglada a la universidad, los profesores no evitaban echarme la mirada y yo esperaba ansiosamente la hora de salida. Momentos más tarde, me encontraba en la casa de un amigo de Leonel. Para ese entonces, ya éramos novios. Leonel le habría pedido el favor a su amigo de prestarle su casa un día que no hubiera nadie en ella.

    Y ahí nos hallamos, solos y con todo el espacio necesario. Miraba cada parte de la casa y recordaba escenas pornográficas que podríamos imitar, pero al mismo tiempo solo quería dejarme llevar. Leonel tomó mi mano y me llevó a un cuarto que tenía una cama king size. Estábamos besándonos de pie y aproveché para mostrarle unos pasos de baile sensuales que estuve ensayando mucho el fin de semana anterior; entre ellos, le restregaba mi cola en su pelvis y hacía que sus manos acariciaran mis senos.

    La llama se encendió. Leonel me tomó de la cintura y se sentó en la cama conmigo encima y de espaldas. Mientras él besaba mi cuello yo me alzaba y dejaba caer sobre sus muslos, sentí tanto calor que le pedí que me despojara de mi blusa y así lo hizo. A su vista tenía mis redonditos senos adornados por mi sostén a rayas blancas y negras. Él sujetó mis tetas sin dejar de besar mi cuello y yo comencé a sentir un bulto bajo su pantalón. Fue mi oportunidad para darle unos roces a su entrepierna con mi trasero y empecé a gemir del deseo de ser cogida. Mi brasier salió volando y yo me di la vuelta para quitarle la camisa a Leonel. Luego le di besos a su cuello y acariciaba su pecho sin dejar de mover mis glúteos.

    De forma tajante, él me acostó boca abajo, se quitó el pantalón, bajó su calzón y también me quitó la falda y la pantaleta. En menos de un minuto, todo estaba listo para la penetración. Quería atreverme a preguntarle si quería que le chupara el pene, pero mejor dejé que continuara. Leonel inició golpeando mis pompas con su duro pito y luego sentí que lo puso a la entrada de mi concha. En ese instante, pronuncié las palabras que muchas dicen en esa circunstancia.

    -Sé cuidadoso, cariño. Es mi primera vez.

    Poco a poco, sentí su verga entrar en mi vagina. Jalé aire al sentir el dolor de mi primera penetración y fue delicioso que después él la sacara y metiera despacio. Mis paredes vaginales apretaban demasiado su polla, mis gemidos eran bastante agudos y a la vez se escuchaba que se me iba la respiración.

    – ¡Mmm! ¡Se siente rico! ¡Ahhh! ¡Mmm!

    Pasaron los minutos y sentí las ansias de levantar mi trasero y empujarlo hacia atrás y adelante para enterrármela más rápido. Mis deseos fueron órdenes para él, quien procedió a embestirme aumentando la velocidad y la fuerza. De esa manera, él me estaba dando conmigo en cuatro.

    – Así te quería tener, mami. ¿Te gusta mi pene?

    – ¡Ay, sí! ¡Me encanta, amor! ¡Mmm! ¡Me lo estás haciendo delicioso!

    Mis manos apretaban la colcha cuando él hacía cimbrar la cama al darme más duro y veloz y el sonido del impacto entre sus muslos y mi cola era como el de los aplausos. De pronto, sus gemidos se dejaron oír y entonces, sacó su verga de mí y sentí un líquido llover sobre mis nalgas, mi espalda y llegando hasta mi cabello. Me sentí exitosa por haber hecho venir a mi primera pareja sexual en menos de diez minutos.

    Yo seguía muy ganosa, sin embargo, él se sintió decepcionado. Sacó un pañuelo de su pantalón para limpiar mi cuerpo de su semen, se vistió y me expresó lo mal que se sentía por correrse rápido. No supe cómo reaccionar, repetí incansablemente la frase «estuviste de maravilla» sin mentirle, pero no quería rogarle para continuar follando. Me vestí a la par de él y luego nos fuimos a nuestros respectivos hogares.

    El estreno de mi coño, sin duda, fue lo que influyó en que él se sintiera sofocado de tanta excitación y se corriera muy rápido. Sinceramente, no fue su culpa y soy consciente de que muchos hombres tienen ese «problema». Las mujeres somos causantes de ello y me opongo a quienes critican a los hombres por eyacular prácticamente rápido, ¿acaso ellos no merecen tener tantos orgasmos como nosotras? Yo no los juzgo por ello, aunque lo único que pido es que continúen, no por haberse venido una vez ya se acabó, el deleite sigue hasta el cansancio y si se sienten cansados por venirse una vez es turno de que la mujer pierda calorías y lo cabalgue para provocarle una segunda corrida. Es mi forma de pensar, tal vez estoy equivocada.

    Después de esa ocasión, Leonel desapareció de mi vida. Ya no iba a buscarme a la salida de la uni y perdí contacto con él.

    Ese fue solo el comienzo de mi larga carrera sexual.

  • Me cogió el repartidor de pizza

    Me cogió el repartidor de pizza

    No puedo decir mi nombre pero vivo en Ecatepec, soy llenita en mi país nos dicen gordibuenas, tengo 30 años soy blanca de piel y muy nalgona y eso me dicen mis amigos, que por cierto tengo muchos.

    Esto sucedió un sábado por la noche, me habló mi novio para venir a mi casa, yo vivo sola en el eten como las 11 de la noche y me dijo que tenía ganas de verme. Yo estaba muy caliente porque sabía que vendría solo para tener sexo no podía esperar a que llegara así que decidí darle una sorpresa y me puse una faldita de colegiala para esperarlo, unos zapatos de tacón con una blusa trasparente sin sostén y para rematar no me puse calzones, si me agachaba se me veían las nalgas.

    Cuando hablamos por teléfono me dijo mi novio que no había comido, así que decidí pedir una pizza, ya era muy tarde, pero en la Pizzería de mi colonia aún tenían servicio, así que esperaría a mi novio con una pizza y con un disfraz de colegiala dispuesta a todo, pero todo cambió cuando a los 15 minutos después de pedir la pizza sonó mi celular. Era mi novio que me decía que no podría ir a verme, que su mamá se había sentido mal e iría a verla.

    Yo estaba muy enojada porque tenía todo listo para pasar una noche de sexo loco con él, estaba a punto de cambiarme y ponerme un pans, cuando llegó el repartidor. Del enojo ni me acordaba de la pizza, salí a recibirla era un señor moreno y muy flaco. Cuando me vio salir, se le votaron los ojos, me sentí un poco incomoda, pero al mismo tiempo me hubiera gustado que mi novio hubiera visto la escena de lo que se había perdido y otros quisieran tener.

    Le pague al repartidor, cabe mencionar que la puerta de mi casa es de media hoja o sea que se ve de le cintura para arriba y arriba esta descubierta. Abrí la puerta para recibir la pizza y el repartidor al verme de cerca se puso muy nervioso y me miraba como si me quisiera comer, me quiso hacer la plática, pero en verdad no era mi tipo, solo cruzamos un par de palabras y fue todo, le pague y cerré la puerta y vi cómo se dio la vuelta y se dirigió a su moto.

    Yo cerré la puerta y justo cuando volteo se me resbaló la caja de la pizza y se me cayó al suelo y no se salió la pizza de la caja, pero si las bolitas de la catsup y demás cosas, así que di unos pasos y me agache a recoger las cosas y la caja con la pizza, cuando me agache a recoger las cosas también se me cayó algo del cambio que me había dado el repartidor, pero se cayó debajo de mi coche, así que tuve que hincarme y recoger las monedas de debajo del coche.

    Imagínense yo hincada con tacones faldita y sin calzones, me tarde un buen rato en poder levantar todo el cambio, cuando al fin logré recogerlo todo y ponerme de pie volteo hacia atrás y oh sorpresa el repartidor estaba pegado en la puerta y había visto todo el espectáculo.

    Me puse muy apenada y a la vez enojada, el solo me dijo, “señorita es que le di mal su cambio, y cuando regrese pera decirle pues la vi así toda empinada y pues la verdad yo estaba muy a gusto viéndola y me emocione mucho”, le dije que porque no había tocado la puerta o que hubiera dicho algo para saber y no haberme agachado así, le pregunté que había visto y el respondió, “pues si usted no trae calzones y con una falda tan cortita, pues le vi todo”.

    Enojada y apenada abrí la puerta para que me diera mi cambio y al abrir la puerta él se metió la mano a la bolsa del pantalón y vi un súper bulto en su pantalón, al momento no supe que hacer, pero él me dijo, “mire como estoy solo de verla”, le dije “eso ha de ser una lámpara o algo que trae en el pantalón”, a lo que respondió “no, como cree mire”, se bajó el cierre del pantalón y se sacó su cosa, era la vera más grande que había visto jamás, me dio asco pero también mucho morbo, lo quería ver a la cara pero no podía dejar de mirar esa verga tan grande.

    Lo bueno es que era ya muy noche ya casi eran las 12 de la noche y la calle estaba muy sola, me dijo “no le gustaría pasar una noche inolvidable”, le respondí “no como cree”, “entonces por que anda tan provocativa, con su blusa trasparente, con esa faldita y sin calzones” a lo que le dije “que no mire ya mejor vayas, no quiero problemas ni tarda en llegar mi novio”. Obvio no vendría y la verdad yo estaba muy caliente, y el con la verga de fuera, le dije “ya váyase”, pero se acercó y me tomó por la cintura, sentí su verga entre mis piernas justo en mi papayita, me puse a mil nos sabía si gritar o pasarlo a mi casa, y justo cuando me iba a besar oí como se abrió la puerta de una de mis vecinas.

    Era una señora grande que había ida a cenar con mis vecinos, no supe que hacer, imagínense a las 12 de la noche yo vestida como putita y un desconocido con la verga de fuera, lo jale hacia adentro de mi casa se puso detrás de mi, le dije “agáchate y no digas nada ni hagas ruido”, o que gran error o acierto porque ahí empezó lo que sería una noche inolvidable.

    La vecina vio cuando cerré mi puerta, obvio el repartidor no se veía, se acercó la vecina a saludar, yo estaba muy nerviosa y caliente a la vez, “que andas haciendo despierta a esta hora muchachita”, “se acaba de ir mi novio doña Lila”, “ya enciérrate que es muy peligroso a esta hora”, “si ya cerraré con llave”, estábamos en plena platica, cuando siento el aliento del repartidor en mis nalgas, con mi faldita en tacones y sin calzones, pues se dio vuelo, me empezó a besar mis redondas y carnudas nalgas, ya no le estaba poniendo atención a doña Lila solo me concentraba en sentir placer y en disimularlo para que no se diera cuenta.

    Lo que hice fue parar más mis nalgas y el repartidor lo que hizo fue separarme las nalgas y meter su lengua en mi culito que rico me lo estaba chupando, yo cada vez paraba más las nalgas, me dijo doña Lila “que tienes?”. “Es que me anda de la pis” le respondí, pero no solo estaba teniendo la mejor mamada de culo que jamás me habían dado y menos un desconocido, me preguntó doña Lila “sabes de quien es esa moto” y me puse algo nerviosa, le respondí, “creo que es del vecino de enfrente”.

    Acto seguido el repartidor puso su dedo medio en mi culito y de un movimiento me lo metió todo, sentí un micro orgasmo porque ya lo tenía listo para ser penetrado después de esa chupadota que me estaba dando, gemí un poco y solté un suspiro, doña Lila me dijo “ya mejor ve al baño porque si no aquí te vas a mojar”, “si doña Lila que descanse”.

    Cuando se dio la media vuelta lo que yo hice fue con mis manos separarme mis enormes nalgas y para más el culo el repartidor metía y sacaba su dedo o creo que para ese punto ya eran dos dedos dentro de mi culito. Cuando ya estaba lo suficientemente lejos la viejita le dije al repartidor, “cógeme, por favor cógeme por el culo”. No quería coger por mi papayita quería que me penetrara por el culo después de esa súper mamada se lo había ganado.

    Se levantó y ni tarde ni perezoso puso la cabeza de su vergota en mi culito y empezó a empura despacio para no lastimarme yo creo, pero estaba tan caliente que me hice hacia atrás y de una sola mordida de mi culo y me lo trague todo, nos empezamos a mover como locos me desabrocho la blusa y salieron mis pechos rebotaban con mi cuerpo, volteaba para verlo y él me besaba sacábamos nuestra lenguas y jugueteábamos con ellas, “no que no querías coger putita”, “es que no sabía que la tuvieras tan grande, pero cógeme bien papi” le decía yo,

    Con mis manos agarraba mis nalgas y las separaba para que me pudiera penetrara más profundo y no tarde mucho cuando llego el primer orgasmo y fue por el culo! Fue muy intenso, seguía abriendo mis nalgas y el bombeaba muy duro y la sacaba de golpe para ver mi culo bien dilatado, me pones a mil gordita y con el culo bien abierto se agachaba y metía su lengua un mi culo dilatado, lo volvía a meter y bombeaba más rápido, yo le quería devolver el favor y me agachaba y le mamaba su verga el me agarraba del pelo y me cogí a por la boca sentía que me ahogaba, pero sabía tan rica su verga con los jugos de mi culo.

    Así estuvimos como 20 minutos, hasta que me dijo, “si nos ven qué harías”, “nada -le respondo- no me importa que me vean cogiendo estoy muy caliente no me importa”, “segura?”. “Claro”.

    Acto seguido abrió la puerta y me empujó hacia la banqueta, imagínense la escena cogiendo en la calle como perros pero me puso más caliente todavía, me empezó a sobar mi papayita y tuve otro orgasmo, y el empezó a moverse más rápido y sabía que se vendría, le dije “échamelos en la boca”, me agaché, solo de la cintura y me metí la verga en la boca, él me tomó por el pelo y empezó a dispararme sus mocos, yo me abría la cola con una mano y él se venía en mi boca.

    Fue una noche muy caliente, se metió la verga al pantalón y me dijo que si quería ser su perrita a lo que le respondí que sí, se subió a su moto y yo me quedé en la banqueta con la falda arriba, las tetas de fuera y la boca llena de mocos, jamás olvidaré esa noche, pero eso solo fue el comienzo de muchas noches así con él y después con sus amigos también, pero después les contaré esas historias.

  • Nos desnudamos en el balcón y follamos a la vista de todos

    Nos desnudamos en el balcón y follamos a la vista de todos

    Es una noche despejada cuando salimos al balcón a ver las estrellas. Te apoyas en la baranda vidriada desde la que se ve gran parte de la ciudad, una vista plena de la calle desde la altura y a su vez del cielo. Pero yo solo te miro a ti, como cae el tirante de tu vestido ajustado, como cae tu cabello largo y oscuro sobre la espalda que se deja ver, como se marcan tus nalgas apenas cubiertas por la tela.

    Me acerco por detrás, me apoyo en ti y te hago sentir mi erección en tu culo a través de las finas telas.

    —Parece que te gusta este vestido. —dices moviéndote un poco para frotarme.

    —Me gusta más lo que hay adentro. —te respondo.

    Te acaricio la espalda con una mano mientras te presiono contra mi de la cadera con la otra, para hacerte sentir mejor como haces crecer mi pene. Disfrutas provocarme un poco antes de darte vuelta para desabrochar mi cinturón.

    —¿Estás lista para ir adentro? —te pregunto.

    —¿Adentro? Este me parece un buen lugar.

    Continúas por desabrocharme el botón y bajar la cremallera, luego tiras de mi ropa para bajármela por completo, descubriendo mi pene erecto frente a tu rostro.

    —Mmmm pero que deliciosa se ve esta polla.

    Dices y te la metes muy lentamente en la boca, saboreando cada centímetro. Pasando la lengua por la punta, haces que se me endurezca más cuando me dejas ver como apenas te entra en la boca, como la sacas y la recorres con tus labios. Con una mano me acaricias los huevos y con la otra solo te sujetas, mientras que me tocas el miembro solo con tu lengua, humedeciéndome bien me haces sentir el calor.

    Cuando la tengo bien dura y mojada te incorporas y das unos pasos atrás.

    —Quítate todo. —me ordenas y te inclinas dejando caer el otro tirante de tu vestido, dejándome entrever tus tetas.

    Por debajo de la falda te quitas tus bragas y las arrojas a un lado, te recuestas contra la baranda subiéndote la falda y separando las piernas, me muestras tu vulva y me observas completamente desnudo en medio del balcón.

    —Agáchate y déjame bien mojada.

    Esa actitud dominante me calienta más, sin dudar me arrodillo ante ti y hundo mi rostro entre tus piernas. Saboreo todo tu sexo para llenarlo de mi saliva, estimulo tu clítoris con mi lengua repetidas veces, probando como te gusta más. Te cojo de las nalgas para enterrarme más en tu coño mientras no dejo de mirarte. Sacas tus tetas en señal de aprobación de lo que estoy haciendo y te agarras con fuerza de la baranda para levantar tus piernas sobre mis hombres. Ahora no sólo te excita el estar expuesta a cualquiera que nos observe sino también el riesgo de caer de tal altura.

    Continúo estimulándote cuando comienzas a gemir con fuerza, pronto puedo sentir el sabor de que te vienes en toda mi boca, trato de tomarme hasta la última gota chupando tu coño por completo.

    Te vuelves a para y dejas caer tu vestido, ahora estamos ambos en las mismas condiciones. Te vuelves a acomodar en la baranda pero esta vez dándome el culo, dejas colgar tus tetas hacia la calle.

    —¿Coño o culo? —te pregunto para ver que humor tienes hoy.

    —En ese orden. —me respondes para mi sorpresa.

    Comienzo a follarte tu coño bien mojado con fuerza, entre mi saliva y tu corrida estás tan húmeda que entra con facilidad hasta el fondo. Me calientas y disfrutas mostrando tu cara de placer y tus tetas sacudiéndose a la calle o los balcones de enfrente. Luego de varias veces metiéndola y sacándola con fuerza la saco del todo. Aprovecho que me la dejaste bien lubricada y te la meto por el culo. Pegas un grito cuando la sientes dentro pero pronto empiezas a sentir el gusto. Tu culito apretado me enloquece, no duro mucho ahí adentro sin venirme a chorros.

    —¡NO LA SAQUES!

    Gritas a los cuatro vientos, me la aprietas fuerte y todavía puedes sentirla bien dura. Te metes los dedos en el coño te das con fuerza, me retuerzo del gusto dentro tuyo y tu gritas al alcanzar el orgasmo.

    La saco y te das vuelta para cogerte de mi. Si alguien estaba mirando puede ver como mis jugos calientes caen por tus piernas.

  • La vecina de la playa descubre mis fetiches (Parte II)

    La vecina de la playa descubre mis fetiches (Parte II)

    A los días de mi aventura con la vecina, mi mujer por fin pudo coger vacaciones y vino a la playa… la vida transcurría tranquila, un rato de playa, corrillo con los vecinos de urbanización, siesta, y paseíto familiar.

    Uno de esos días, estábamos en la playa hablando en la orilla con mi suegro, vimos que las mujeres estaban en un corro y no paraban de reírse, estaba mi mujer y mi suegra, Marina nuestra vecina, y tres o cuatro vecinas más…

    ¿Cuándo se disolvió el corrillo nos fuimos a caminar con mi mujer y le pregunte porque se reían tanto??

    -De nada, ya sabes Marina y sus historias de sexo. Esa mujer es una salida y una fresca.

    -Qué os ha contado??

    -Ahora dice que tiene un amante, vamos seguro que se lo está inventado.

    -Bueno todavía está de buen ver no??

    -Sí, pero nos ha contado que es un chico más joven que ella y que le gusta unas cosas muy raras.

    -Qué cosas??? Le pregunté intentando disimular mi nerviosismo.

    -Guarradas esa mujer tiene mucha imaginación, que le pide chuparle el coño.

    -Hombre tampoco es tan raro.

    -No solo eso, también los pies y lo que es más fuerte el culo. Yo ya le he dicho que es imposible que haya nadie que le puedan gustar esas cosas. Pero María la del tercero ha dicho que hace unos años tuvo un novio, que una vez cuando estaban haciendo sexo oral le pidió que se hiciera pis encima. Vamos después de eso ya me creo cualquier cosa

    -Bueno ya sabes que hay gente con gusto muy raros.

    -Lo peor es que esa mujer ha sacado la conversación delante de mi madre y aun nos decía a las jóvenes que teníamos que probarlo todo, está muy muy loca.

    La conversación quedó así, desde luego Marina había tenido su momento de gloria con las vecinas, me imagino lo cachonda que debía estar mientras le contaba a mi suegra y mi mujer lo guarro que era su nuevo amante.

    No pude resistirme y le mandé un whatsapp, para que me contara. Y porque solo de recordar mi aventura con ella me había puesto como una moto.

    Me confirmó que se lo había pasado muy bien, que le encantaba ver como se incomodaban con el tema y se hacían las dignas. Yo le puse un par de emoticonos y le pregunté cuándo podríamos repetir lo del otro día, que no podía resistir todo el verano sin volver a probar su cuerpo.

    -Mañana creo que mi marido se va ir temprano a pescar, puedes decir que vas a correr o a pasear y me haces una visita.

    -OK avísame con un whatsapp cuando salga.

    A la mañana siguiente me levanté, y lo primero que hice fue mirar el móvil… a las 6:00 mi vecino ya se había ido, así que tenía vía libre me puse la ropa de runing y en lugar de salir a correr volví el pasillo y fui al piso de mi vecina. Era muy temprano las 7:30 y Marina se había vuelto dormir…

    -Que pronto vienes con el sueño que tengo, No me ha dado tiempo ni de desayunar, ni de ducharme.

    -Tranquila no hace falta. Le dije con una ligera sonrisa.

    -Igual te arrepientes de esas palabras, ven pasa un poco más a mi cama… que tengo mucha pereza y así jugamos un poco allí.

    Fuimos a su cama y ella se tumbó, dejando su cuerpo desnudo boca arriba, totalmente expuesto para mí. Yo me tumbé junto a ella la fui desnudando y empecé a lamerla, esta vez comencé por las tetas, y fui bajando poco a poco.

    Cuando llegue a su coño, abrí sus piernas y vi que estaba todo pegajoso, me pare unos segundos ya que, sin la excitación del otro día, me daba algo asco chuparlo, y enseguida Marina se dio cuenta.

    -Espera un momento, deja que me lave un poco. Llevo toda la noche sudada y esta mañana cuando se fue mi marido tuve que ir al baño.

    Yo no la deje terminar… y antes de que me lo impidiera había comenzado a lamer su raja. Esta vez en lugar de a sus flujos sabía algo más fuerte a pis y sudor, pero había soñado toda la semana con lamer aquel coño bien caliente y no me iba a echar atrás. Poco a poco, viendo que yo continuaba, Marina se relajó y comenzó a excitarse y a mojar. Yo ya había limpiado todo su sexo y ella empezó a animarme con sus frases.

    -Me encanta como lo haces, tu mujer no sabe lo que se pierde.

    -Veo que eres más guarro de lo que pensaba, estas hecho todo un perrito come coños.

    -Quieres ser mi perrito, puedo adoptarte

    Yo cada vez lamia más fuerte… e iba bajando y bajando, abrí bien sus piernas y con mi lengua casi alcanzaba su culo.

    -También quieres hoy lamer mi culo??? Pero mira que eres travieso… no te han dicho nunca que no hay que chuparlo todo.

    -Ufff no sé qué voy a hacer contigo, si es lo que quieres, espera un momento.

    Se acomodó en la cama y puso su almohada debajo de su culo de forma que su coño y su culo quedaban totalmente expuestos antes mí. Podía ver los dos agujeros relucientes ante mí, su culo estaba bastante limpio, aunque intuí algunos restos marrones entre sus pelos, pero a esas alturas yo ya llevaba un calentón de muerte.

    Así que no lo pensé y me lancé a por él, lamía su clítoris y de vez en cuando pasaba mi lengua por toda su raja saboreando sus flujos y llegaba hasta su culo, allí me recreaba con su agujero, lamia todo su contorno e incluso lo intentaba penetrar con mi lengua. Su sabor era fuerte, pero con la excitación que llevaba ahora ya no me importaba, lo limpie todo y lo lubrique con mi lengua.

    Cuando estaba lamiendo su culo ella metía sus dedos en su coño y se manejaba el clítoris… por los espasmos y los flujos que soltaba creo que tuvo dos o tres orgasmos.

    -Me encanta tenerte ahí abajo, mi coño necesitaba un perro como tú para bajar su calentura.

    -Te ha gustado hoy el sabor de mi coño?? Creo que mientras estés aquí no me voy a lavar más… guardare toda mi calentura para ti.

    Aquellas palabras me ponían al mil, me encantaba aquel sabor ahora mezclado con sus flujos vaginales y sobretodo que me humillará y me calentará con sus palabras.

    -No quieres parar eh?? Ayer María la vecina del tercero me dio una idea, para que no te creas que la única caliente del bloque soy yo o que tú eres el único perrito lame coños del universo. Ya verás cómo te gusta.

    La tarde anterior mi mujer me lo había contado y yo ya había fantaseado con aquello, aunque no sabía muy bien si me atrevería a hacerlo o a proponérselo, pero no hizo falta:

    -Ven vamos al baño, voy a hacer pis.

    Marina se sentó en la taza del wáter… y me dijo que me arrodillara ante ella, abrió sus piernas y soltó un chorrito de pis… me miro a los ojos y me dijo.

    -Vamos te atreves a chuparme el coño ahora que esta mojadito.

    Yo sin contestar acerque la cabeza y lamí su coño, estaba salado por los restos del pis, lo limpie bien y levanté la mirada hacia Marina.

    -Muy bien… así me gusta.

    Soltó otro chorrito y sin que me dijera nada volví a chuparlo. Marina se incorporó un poco se puso de pie ante mí y sonriendo me dijo:

    -Sabía que te iba a gustar… tranquilo que tengo más y es todo para ti. Vamos abre la boca.

    Yo estaba arrodillado ante ella, acerqué mi cara a aquel coño, y abrí mi boca, Marina entonces soltó un chorro directamente a mi boca, caía en mi boca y de ahí se derramaba por el suelo.

    -Vamos perrito traga un poco. O voy a pensar que no te gusta. ¡No te dará asco ahora, después de todo lo que has chupado hoy!!!

    Yo tragué un poco de aquel pis y lamí su raja, todavía mojada.

    -Vamos levante, sabía que te iba gustar, mira lo cachondo que te has puesto.

    Ella se sentó en la taza del wáter y comenzó a lamer mi polla, que estaba como un palo a punto de estallar. Me corrí en su boca y su cara… abrió su boca para que viera la cantidad de semen que tenía dentro, y mirándome a los ojos se lo trago todo y limpio todos los restos que había en mi polla. Fue para que viera que ella era tan guarra y cachonda como yo y que también disfrutaba con aquello.

    Se levantó y se puso ante mí, sin decir nada la besé, nuestras lenguas estuvieron jugando un buen rato, su boca todavía sabía a semen… sexualmente hablando había encontrado a mi media naranja.

    Antes de que se hiciera la hora de irme, todavía nos dio tiempo a desayunar y follar sobre la mesa de su cocina, desde la que se podía ver la ventana de mi habitación en el piso de enfrente. La folle en varias posturas, hasta que por la ventana vimos que se levantaba la persiana de mi habitación.

    -Vamos creo que tienes que irte, tu mujer se termina de levantar y seguro que quiere desayunar unas fresas y champán junto con su novio. Dile que el champán, aunque estaba un poco caliente, tú ya te lo has tomado.

    Marina disfrutaba con aquello y a mí me ponía muy caliente.

    Como siempre chicas si os gusta podéis escribirme a [email protected].

  • El hermano de mi mejor amigo (Parte II)

    El hermano de mi mejor amigo (Parte II)

    Pero volvamos unos meses atrás…

    Es octubre y, sin sabes cómo, Nacho y yo nos hemos aficionado a jugar al dominó. Nunca me había fijado en el juego hasta que empecé a jugar porqué él lo hacía. Últimamente, siempre que voy a casa de Roberto, me paso la tarde jugando con Nacho, y es entonces cuando empieza el ritual que me eleva el pulso, que hace que me tiemblen las manos y que me quede sin respiración.

    Nos sentamos en la pequeña mesa redonda que tiene, uno enfrente del otro. Él coge la caja del dominó y tira las fichas por la mesa. «Dios, ¿cómo puede ser tan guapo?» pienso mientras lo miro todo concentrado. Me retengo el impulso de morderme el labio, no sea que me vea… Empezamos a jugar y no puedo dejar de mirarlo, esos ojos verdes y brillantes, el pelo negro intenso que tiene y ese flequillo algo alocado que lleva me dejan sin respiración. Mientras coloca una ficha no me puedo resistir a mirarle los labios, húmedos y carnosos, «me muero por besarlos» pienso. Entonces un escalofrío me recorre todo el cuerpo y yo intento disimularlo como puedo.

    Terminamos la partida, giramos las fichas y empiezo a mezclar las fichas. Entonces, sin avisar, se pone él también a mezclar y no dejamos de rozarnos las manos. Cada vez que me toca noto como todo mi cuerpo se pone tenso, me vuelven loco los roces de esas manos algo ásperas pero calientes. Tras mezclar, empezamos una nueva partida.

    Yo tengo las piernas algo estiradas, me llegan los pies a la pata central de la mesa. Sin saber ni cómo ni por qué, de repente siento como su pie toca el mío, suave y disimuladamente. «No me lo puedo creer». Noto como el pulso se me acelera, incluso siento un pequeño pinchazo en el pecho. «No se habrá dado cuenta, será un accidente, no te emociones». Me lo repito una y otra vez, sin dejar de sentir su zapato junto al mío.

    Por más que lo intento, no puedo dejar de pensar que es algo intencionado, así que me levanto para ir al baño y cuando me vuelvo a sentar soy yo el que busca su pie. «Ay madre Adri, estás loco». Muevo el pie todo lo despacio que puedo, buscando un toque sutil con el suyo. Siento como todo mi cuerpo se mantiene en tensión. De repente, lo encuentro. Siento su pie y, por fin, descanso. «¿Se habrá dado cuenta?», me pregunto pensando en lo que podríamos llegar a tener algún día.

    Pasado un rato, Nacho se mueve un poco en la silla y al hacerlo mueve el pie. «Mierda». Pasan un par de segundos hasta que siento su pie de nuevo junto al mío. «¡Oh Dios! ¡Lo ha vuelto a hacer!», no me lo puedo creer, ¿de verdad es consciente de lo que está haciendo?

    Pasan unas cuantas partidas más llenas de roces, mis miradas furtivas y de toques debajo de la mesa y entonces llega el momento de cenar.

    Estamos los tres solos, sentados en la misma mesa donde hace un rato estábamos jugando. Como ya vengo haciendo desde hace un tiempo, intento sentarme a su lado y lo consigo. No puedo dejar de pensar en él, cada vez que le tengo que hablar me tiemblan la voz y las manos, pero intento disimularlo.

    Nos sentamos a cenar; se sienta a mi lado, «Bien, lo he conseguido».

    No puedo dejar de darle vueltas a lo que ha pasado mientras jugábamos. «¿Lo habrá hecho consciente? ¿Me lo habrá parecido a mí? ¿De verdad le puedo gustar, o es solo mi imaginación?». No puedo aguantar las dudas así que me decido a dar un paso más. Disimuladamente bajo la mirada hasta debajo de la mesa y veo que mi rodilla y la suya están bastante cerca. «Definitivamente, estoy loco», respiro hondo y me decido a mover lentamente mi pierna hasta rozar la suya. Intento seguir la conversación y disimular mientras me concentro en acercarme suavemente.

    Entonces, lo siento. El vello de su pierna empieza a rozar el de la mía y puedo sentir como se me para el mundo. Se me empieza a agitar la respiración. La adrenalina, el gusto de estar cerca suyo, el miedo… Se me mezcla todo y me produce una sensación indescriptible. Me ahogo y me derrito a partes iguales solo por ese simple roce. Hasta que, sin previo aviso, inclina su pierna y nuestras rodillas se tocan definitivamente. No puedo más. Necesito girarme y lanzarme a su boca, pero no puedo, su hermano está delante y si me precipito no solo podría perder su amistad, sino que supondría que toda mi familia y la suya se enteraran de que soy gay y eso me podría traer graves problemas.

    Respiro aliviado, ha acercado la pierna, y disfruto del resto de la cena.

    Al final llega el momento de irme a mi casa. Nos despedimos chocando la mano y yo se la aprieto todo lo que puedo, intentando alargar al máximo ese momento de contacto físico mientras no le quito la mirada a esos ojos verdes que me matan. Finalmente, me suelta y me voy a casa flotando en una nube.

    Pasó todo el invierno así pero, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el verano y, con la subida de temperaturas, se calentó la cosa.

    CONTINUARÁ.

  • Visitando a mi tía

    Visitando a mi tía

    Cada cierto tiempo íbamos de visita con mi tía comúnmente en vacaciones. Ella es soltera con 2 hijos nunca se casó. Al menos hasta donde yo entiendo la visitábamos por al menos un mes nos quedábamos con ella.

    Unas vacaciones mis papás no pudieron ir de visita entonces decidieron que si quería yo podría ir solo.

    La verdad la pasábamos muy bien en casa de mi tía aparte que con el tiempo ya tenía nuevas amistades, con gusto decidí ir.

    Llegué temprano a la Central, mi tía fue por mí, al encontrarla me abrazó.

    -que gusto verte estás tan grande -dijo.

    -Yo igual gracias tía es un gusto verla.

    Partimos a su casa, llegamos dijo:

    -ponte cómodo en uno de los cuartos de tus primos que te reservamos.

    Más tarde ese mismo día me hablan para cenar.

    -hijo en un rato más bajas para cenar.

    -si tía horita voy

    Pues bajé a cenar mi tía serbia la mesa.

    -toma asiento –dijo.

    Platicando con ella y al mismo tiempo mirándola noté que mi tía había cambiado un poco o quizás notaba cosas que tal vez antes no.

    Así terminamos la cena entre plática y risas recordando algunas historias.

    Ya más noche mi tía va a mi cuarto.

    -hijo necesitas algo estás bien.

    -no gracias tía.

    A la vez que me quedé sorprendido mirándola en su ropa de dormir pequeños short que transparentan su ropa interior quedé impresionado con semejante imagen.

    Con el paso de los días noté que mi tía acostumbraba vestir ropa muy clara casi transparente para mi eso al principio me apenaba, pero a ella parecía no incomodarle.

    Debo decir que conforme pasaban los días me acostumbré a verla paseándose por la casa y me era muy normal verla.

    Sentía que eso empezaba a gustarme conforme la veía, empezaba a sentir mi cuerpo acelerarse y sentir erecciones que eran obvias en ocasiones y trataba de ocultar con algo de pena, después de todo era mi tía.

    No sabía si vestía solo así por comodidad o tal vez su intención fuera otra, decidí jugar su juego a ver qué pasaba. Por las noches empecé a usar shorts cortos sin ropa interior para dormir, mi intención era que viera mis erecciones tras mi short. Me sentaba en algún sillón esperando a que pasara y viera mis erecciones, yo disimulaba, pero a la vez ponía atención que si se detenía un momento a mirar incluso paraba a preguntarme algo y siempre movía su mirada a mi short.

    Toda esa situación viendo a mi tía, yo con tantas erecciones constantemente me tenían tan excitado, una noche fui a «dormir» temprano. Dejé mi puerta un poco abierta, apagué todo y esperé con intención que mi tía pasara al baño a darse una ducha ya que eso era constantemente antes de dormir.

    Vi que pasó como acostumbraba todas las noches, entonces fui y abrí más la puerta hasta la mitad, esperé ya cuando escuché la puerta de regreso saqué mi pene de entre las sábanas y empecé a masturbarme. Ella pasó y se detuvo al ver la puerta abierta, yo hice como que no la veía y seguí masturbándome y ella se quedó entre la sombras mirándome, como ya cada vez más seguía y seguía hasta que no pude más y terminé en un gran chorro derramando todo, tan excitado y aliviado al mismo tiempo, mi tía solo se alejó sin decir nada, tomé la funda de mi almohada me limpié y la eché a la ropa sucia.

    Tardé un rato en poder dormir, no creía lo que había hecho enfrente de mi tía, ahora sentía miedo que pudiera tener algún regaño o incluso me delatara con mis padres.

    Al siguiente día me levanté queriendo esconder las evidencias por más que busqué no encontré la funda de almohada. Entonces salí al patio y mi tía ya lavaba algo de ropa. Al momento que salí a el patio me sorprendió que vi a mi tía en mallas súper transparentes con una tanga, inmediatamente bajo mi short se abulta una gran erección imposible de ocultar.

    -dormirse bien? -Me pregunta.

    -si tía, excelente!

    -entré a tu cuarto a sacar la ropa.

    A la vez sentí temor por la funda de la almohada le pregunté qué había sacado, me contesta…

    -no te preocupes ya la lavé es algo normal en los jóvenes.

    No podía creerlo a la vez que sentía una enorme palpitación de mi pene, mi tía no pudo dejar de mirar mi bulto sobre mi short.

    Continuará…

  • Manolo me coge en su carro

    Manolo me coge en su carro

    Después de ser descubierta por mi marido teniendo sexo con Manuel, mi matrimonio estaba en crisis, discusiones y agresiones eran el pan de cada día, ya no se podía vivir así, mi marido tomo la decisión de irse a vivir con sus padres y se llevó a nuestro hijo menor, yo me quede con mis tres chamacos y así en lo que tramitábamos el divorcio.

    Estaba mal, deprimida, era un fracaso más, me dolía que la carne me hubiese dominado y no pude controlarlo, eran momentos que no quiero volver a pasar.

    Mi amiga Gina, estaba ahí apoyándome moralmente, ella es delgada, buena pierna y es mayor que yo, además su piel lechosa la asemeja a una vampira, de hecho, así la apodábamos, está casada con Manolo, un ascendiente español, alto, pelirrojo y que siempre me piropeo no importándole la presencia de mi amiga o mi marido.

    G: Tranquila amiga, ¡tienes que superarlo!

    K: Es que no es fácil, el sexo estuvo fenomenal, ¡pero ahora me quede sin anda!

    G: Mira, arréglate, lleva a los niños con mi ama y nosotras nos iremos a bailar, para que olvides un poco esto.

    K: ¡Yo creo que esto nunca lo olvidare, pero igual tienes razón!

    Así que es día me arreglé, me puse una falda entallada azul, medias negras sin ligero, una blusa negra y mi saco, llegue a casa de Gina quien lucía un vestido color crema y su medias color carne, dejamos a mis hijos con los de ella cuidado por su mama y Manolo llego 15 minutos después y los tres salimos en el carro.

    Me sentía rara, jamás había salido yo sola con ellos dos, Manolo no dejaba de verme las piernas pro el retrovisor, pero bueno, no había de otra, ¡no podía reclamarle ya que mi amiga estaba a su lado maquillándose!

    M: ¡Las voy a llevar a un buen lugar cerca de la plaza!

    G: Llévanos a donde sea, ¡queremos bailar y tomar algo!

    M: ¿Estás de acuerdo hermosa?

    K: ¡Eh!! ¡Si no importa, yo voy donde ustedes vayan!

    Llegamos a la famosa “choperia” Manolo pidió una cubeta y empezamos a convivir.

    Al principio yo solo tomaba, no quería bailar, algunos chicos me invitaban a bailar, pero yo no quería, Gina y Manolo disfrutaban la noche, bailaban y tomaban y eso me deprimía más.

    G: ¡Vamos amiga! ¡Venimos a disfrutar!

    K: ¡Lo trato, pero, uhm!

    M: Ya guapa, ¡ven bailemos!

    Manolo me levanto de la silla y bailamos una salsa, la verdad se movía muy bien, el me rozaba cada que podía, era un mañoso, eso me despertó un poco, ¡ya que su enorme sonrisa y sus ojos claros me pusieron tensa!

    K: ¿Qué haces?

    M: ¡Bailándote!

    K: No me refiero a eso, ¡me estas arrimando todo!

    M: Jajá, ¡pues acúsame!!

    Y mientras charlábamos sus manos estaba entre mi cintura y cadera, cada vuelta me giraba de más para ver si s eme levantaba un poco la falda, yo estaba tensa, mi amiga estaba sentada y mirándonos, pero parecía no poner mucha atención.

    Manolo pidió dos cubetas más y la borrachera estaba a tope, yo bailaba con él, con Gina, con los dos, poco a poco me contagiaron su entusiasmo, de hecho varios hombres lo miraban con envidia cuando en el reggaetón le bailamos pegadito, sentí su miembro, pero en lugar de molestarme me comencé a calentar un poco más!

    En lo que platicábamos y me aconsejaban Gina fue al baño y yo me quede conversando con él.

    M: ¡Pues yo dijo que tu marido es bien tonto!

    K: ¿Por qué?

    M: Un mujeron como tú no se deja, ¡no importa lo que pase!

    K: ¿Tú perdonarías la infidelidad?

    M: ¡Mi amor!! Eso es parte de la vida de casado, es más, ¡Gina a conocido a algunas chicas con quien eh estado y yo a sus machos jajá!

    Su declaración me dejo anonadada, de él no me sorprendía pero que mi amiga era tipo swinger, eso sí me impactó.

    M: ¿Qué pasa? ¡Te quedaste muda!

    K: ¡No te puedo creer!

    M: Te complicas mucho, solo vive la vida, es más, te quiero coger, ¡vámonos de aquí!

    K: ¡Pero qué dices!!

    M: Ya, ¡deja presentarle un chico a Gina la dejamos ocupada y nos vamos!

    Este tipo estaba tan seguro de sí, sus manos acariciaban mis muslos, subían de mi rodilla hasta mi entre pierna, yo estaba tensa, Gina no regresaba y yo quería huir.

    Manolo sabia convencer, seguía insistiéndome que me fuera, me confeso que alginas amigas de su mujer ya habían estado con él, con y sin permiso de mi amiga, eso me ponía caliente, entre el alcohol, la depresión y la abstinencia, me tenían confundida.

    K: ¡Necesito un cigarro!

    Gina salió en ese momento y sin decir más me levanté de la mesa y me salí a fumar, estaba tensa y necesitaba aire fresco.

    Camine al estacionamiento donde Manolo dejo el carro, quería huir, fumaba y pensaba en las palabras de Manolo y no podía dejar de pensar en mi amiga Gina, pero en una forma sexual, ¡fue entonces que sentí que alguien me abrazo por atrás!

    M: ¡Que ricas nalgas!

    K: ¿Manolo?

    M: ¡Quien más, uhm!

    Sentía su miembro duro rosando en mis nalgas, yo quería huir, pero me tenía bien apretada.

    K: Déjame, ¡no mames y Gina?!

    M: Se quedó platicando con un tipo, ¡dejémosla ahí un rato!

    K: ¡No!! Suéltame, dios mío, no iré contigo a ningún lugar!

    M: ¡No vayas, aquí está bien!

    Sus manos entraron debajo de mi falda, su boca mordía mi oreja, yo estaba caliente, quería irme, pero la calentura me hacía moverme en círculos.

    Metió sus manos por debajo de mi blusa y me acariciaba las tetas de forma dura, apretando mis pezones mientras su boca ya estaba en mi cuello.

    M: Esta bien buena, ¡cómo te deseo!

    K: ¡Ah!! ¡Ya acaba con esto!

    Me dio vuelta y nos perdimos en un sensual beso, sus manos acariciaban mis nalgas tan rico como nunca antes alguien lo hizo, mi cuello era devorado por su forma tan rica de morder, no sé si alguien nos veía, pero Manolo abrió la puerta del chofer y la de atrás, la del chofer para cubrir y me sentó en el asiento trasero, y se bajó el pantalón y la trusa, mostrando una verga blanca, con circuncisión, dura y grande, ¡una deliciosa bestia!

    M: ¡Vamos nena chupa!

    Empecé a darle unas lamidas rápidas en la cabeza, el miraba a todos lados, metí su cabecilla a mi boca y le succionaba todo, sus gemidos me encantaban, ¡me tomo de la nunca y me empozó a follar la boca!

    M: ¡Uhm!! ¡Así! ¡Uhm, uf!!

    K: ¡La tienes sabrosa!

    M: ¡Así putita, uhm, si!!

    Sentía que tocaba mis anginas, su verga era sabrosa, no importaba estar en un estacionamiento mamándosela, ¡que rica verga!

    Me tomo las orejas y me follaba la boca con violencia, se me hacían los ojos en blanco, ya casi ni podía respirar, ¡fue entonces que comenzó a venirse den mi boca!

    M: ¡Ah!! Trágatelos uhm!!

    K: ¡Ah!!! ¡Dios mío!

    Me acostó en el asiento trasero, ¡subió mi falda con violencia y quito mi tanga para comenzar a mamarme mi conchita con desenfreno!

    Su lengua era una serpiente, se movía riquísimo, me apretaba el clítoris, lamia mis entre piernas, me apretaba las tetas ya que me levanto la blusa, ¡me tenía gimiendo de placer!

    M: ¡Que rica vagina, uhm!

    K: ¡Que rico lo haces uhm!!

    Sus dedos ya palpaban dentro, los movía rico, me los metía y sacaba con velocidad, ¡no podía creer que el esposo de una de mis mejores amigas me tuviera jadeando y gimiendo como perra!

    K: ¡Que rico, uhm, que rico!

    M: ¿Te hacía falta esto verdad? ¿Un buen macho?

    K: ¡Ah, que rico, me vengo, me vengo!!

    No tolere más y comencé a venirme en su boca, Manolo tragaba mi venida como si de agua se tratara, que orgasmo, ¡tenía tiempo sin sentirme así!

    Manolo me abrió las piernas y se acomodó metiéndomela de manera suave, sentía su dura verga entrar sobre mi húmeda vagina, una vez dentro sus movimientos eran suaves, ¡se apoyaba de la cabecera de los asientos para empujarse más a mí!

    M: ¡Que rica, uhm!

    K: ¡Ah!! ¡Uhm!! ¡Así dame, uhm!

    M: ¿Te gusta la verga?

    K: ¡Me encanta!!!

    Me la estaba dando de patitas al hombro, sentía sus huevos rebotar en mis nalgas, las tenía hasta dentro, ¡que placer!

    No sé si alguien nos veía, no sabía nada de Gina, solo estaba siendo penetrada por su marido en su carro a plena vista.

    K: ¡Que rico, uhm!

    M: Que patotas tienes, uhm, ¡la más buena de las amigas de mi mujer!

    K: ¡Coges fantástico, uhm!

    M: ¡Ponte en cuatro, como buena perrita!

    El salió del carro y yo me empine en el asiento sacando mis nalgas, el las acariciaba y lamía, ¡metía sus dedos en mi concha y se masajeaba la verga con mis nalgas!

    M: ¡Pídemela!

    K: ¡Dámela ya!

    M: Así no, ¡pídemela como lo que eres!

    K: Métemela, dame tu rica verga, ¡cógeme por favor!

    M: ¡Buena chica, aquí tienes tu premio!!

    Me tomo de las nalgas y me empezó a penetrar despacio, que rico sentía cada embestida de Manolo, me apretaba los muslos, me daba de nalgadas, ¡yo gemía y me empujaba en círculos a él!

    El carro se movía a nuestro ritmo, Manolo estaba en la gloria, me embestía rápido y con fuerza, el ruido que hacíamos estaba segura que se oía a kilómetros, ¡mis gemidos eran fuertes y además me tenía babeando como perra!

    K: ¡Ah!! ¡Uhm, que rico!

    M: Pinches nalgas, uhm, son enormes, que rico aprietas, ¡te entra todita!

    K: Uhm, más, dame más, ¡no pares!

    M: ¡Sí!!! Así me gusta nena, uhm, toma, ¡toma!!!

    Se movía bestialmente, subía una pierna en la orilla del carro para dármela mejor, me empujaba con fuerza, me jalaba el cabello, la verdad necesitaba una cogida, ¡así como la que él me estaba dando!

    K: ¡Me vengo, uhm, ah!!

    M: ¡Te voy a preñar perra!

    Jalándome los cabellos de forma bestial, Manolo me la metía con fuerza, yo gritaba ¡que rico! entonces no pude más y tuve un segundo orgasmo, viniéndome todita y salpicando el carro!

    M: ¡Si, uhm, así nena!

    K: ¡Ah!!!! ¡No mames que rico!!!

    M: SI, ahí voy nena, ¡ahí viene mi leche!

    K: Dámela, uhm, lléname de ti, ¡uhm!

    Me moví en círculos despernadamente, Manolo gemía y sentí como se precipitaba, entonces una rica explosión me lleno de su semen, que rico momento, ambos gritábamos y nos movíamos como locos, disfrutando el orgasmo al máximo.

    Quedamos exhausto y sudados, él estaba fuera y yo me acomodaba la ropa para salir, ¡fue entones que me lleve una gran sorpresa!

    G: ¡Con que aquí estaban los dos!

    Gina estaba afuera observando como su marido me había cogido, yo quedé muda no supe que decirle, Gina estaba seria no decía más!

    K: ¡Amiga, perdón, de verdad…!

    G: ¡Cállate! ¡Ya estás contento verdad cabrón!

    M: ¡Como no te imaginas!

    G: ¡Bien, pues entonces prepárate!

    Gina fue directamente a mí y empezó a besarme con pasión, que beso más rico, solo una ocasión una mujer me había besado y mi amiga me erizo la piel, que rico me besaba, ahora se venía algo más rico y mientras Manolo conducía, ella y yo nos agasajábamos en el asiento de atrás!

    Kali

  • Seguí prostituyéndome y dos amigos me contratan (Parte 2)

    Seguí prostituyéndome y dos amigos me contratan (Parte 2)

    Gracias por su apoyo en la primera parte. Te invito a leer la primera parte, para que entiendas mejor esta. Si ya lo hiciste disfruta.

    Después de ser usada para tremenda cogida entre esos tres sujetos. No me paré de la cama en todo el fin de semana, me dolía todo el cuerpo, además sentía como mi ano estaba roto y mi vagina hinchada. Realmente estaba pensado en dejar la idea de prostituirme. Lo único que me hacía sentir bien, era que había recibido un buen dinero para sobrevivir, aunque pensé que fue suerte. Pero si seguía podía ganar más dinero y tener mejores cosas en mi vida. Así que por el momento seguiré prostituyéndome.

    Llegó el lunes fui a la escuela, todavía con un poco de dolor, pero ya podía caminar bien. Faltaban 2 meses para acabar la escuela, a pesar de todo seguía siendo la chica más inteligente de la escuela, de piel clara, pelo largo, buen cuerpo, que irradiaba felicidad y que a pesar de mis 18 años cumplidos seguía teniendo cara de niña.

    Llegó el viernes, tenía planeado prostituirme todos los días. Pero por la suma de dinero que me dieron la primera vez, decidí salir hasta ese viernes. Para esta ocasión me puse jeans ajustados, una tanga y mi brassier negro. Esta vez no tenía tanto mi cuerpo al aire libre, pero me veía puta y estando parada ahí creo que la gente supondría a que me dedico.

    Salí a las 6 pm otra vez con mi bolso con todas mis cosas preparadas. Esta vez iba con miedo, miedo a que se aparecieran los tres sujetos o me tocara alguien igual.

    Me paré, otra vez en esa esquina. A las 7 pm ya estaba en hotel cogiendo con alguien que aceptó pagar los 3.000 pesos, era un adulto de 34 años, que realmente solo fue un “sexo casual”. Y así fueron todos mis clientes por un mes entero, nunca volví a ver a esos tres sujetos. Los que me contrataban solo me cogían “normal”, usaban condón, siempre nerviosos o con miedo. Realmente después de la experiencia con los tres sujetos, ya no sentía nada, mis gritos los fingía y decía cosa guarras para que mis clientes se vinieran rápido porque no lo disfrutaba.

    Al mes la gente de la zona en donde vivía ya sabían que me dedicaba a prostituirme, algunos me llegaron a contratar. Ya había perdido el miedo y los nervios al estar de puta en esa esquina, me gustaba. Mis amigos de la escuela no sabían nada, solo se sorprendían que siempre traía dinero, siendo que era huérfana. Muchos me preguntaba qué en que trabajaba, les decía que vendía cosas en internet.

    Hasta que llegó un día. Otra vez siendo puta en esta esquina, ese día iba bien puta. Me puse medias de reja, mi tanga roja y bassier rojo, una falda negra mini que hacía ver parte de mi culo y una camisa blanca que solo tapaba mis pechos y obvio mis tacones.

    Se paró un auto, me acerqué y cuál fue mi sorpresa ¡Era mi mejor amiga y su novio (que también era mi amigo)!

    -Con que a esto te dedicas Paola, por eso siempre tienes dinero. -Dijo mi amiga.

    Me puse nerviosa y no pude decir nada, a pesar de que ya se me había acostumbrado a esto, me daba mucha pena que algún amigo me viera prostituyéndome.

    Al no decir nada mi amiga dijo:

    -Muy bien pues si a esto te dedicas, te queremos contratar ¿Cuánto cobras puta?

    Las palabras que usó me dejaron sorprendida y si antes no había dicho nada, eso me dejó aturdida.

    -¡Contesta puta!

    No podía creer que mi mejor amiga quería contratarme y mucho menos que me hablará así. Después de eso reaccioné y le dije:

    -Cobro $3,000. Pero por los dos se los dejaré en $5000 y estoy dispuesta a todo -Con voz nerviosa.

    -Muy bien perra sube, vamos a ir a mi departamento -Dijo su novio.

    Nerviosa subí. No podía creer que dos personas cercanas a mí, de mi propia escuela me hayan contratado. Y al subir me dieron el dinero.

    -Bien puta, ahí tienes el dinero. No te preocupes tu secreto no lo sabrá nadie -Dijo su novio.

    Oír eso me alivió y fui más tranquila todo el camino. Me preguntaron muchas cosas ¿Cómo había terminado como prostituta? ¿Si me gustaba? ¿Que si no sentía pena? ¿Qué desde cuando hacia esto? etc. A lo cual a todo respondí sinceramente. A pesar de cómo me hablaron al principio, en todo el camino me hablaron como su amiga. Yo estaba apenada, porque exactamente ese día me había vestido bien puta.

    Llegamos al departamento y nos dirigimos a su cuarto.

    -Muy bien puta, se acabó el tratarte y hablarte como nuestra amiga. Te contratamos y ahora nos vas satisfacer a los dos ¡Vamos perra desnúdate! -Dijo mi amiga.

    Mientras me quitaba la ropa. Pensé “dijo satisfacer a los dos, pensé que iba a ser un tipo de trío en donde su novio nos iba a dar a las dos”.

    Al mismo tiempo ellos se besaban y denudaban.

    Quedamos los tres desnudos, me daba un poco de pena que me vieran desnuda y yo verlos a ellos ¡Por Dios eran mis amigos!

    Ellos se sentaron en la cama.

    -Bien puta vas a chupar la verga de mi novio y mi vagina -Dijo mi amiga.

    Chupar su vagina, nunca he tenido sexo con una mujer, mucho menos hacerle un oral. No podía creer que iba hacerles eso a mis amigos.

    Me agaché y le empecé a chupar la verga. La verga de mi amigo era de tamaño promedio, pero estaba muy rica. Mi amiga empuja mi cara para que me la comiera completa.

    -Eso perra cómetela toda, ahora los huevos.

    Mi amiga se masturbaba mientras veía eso. Ya me estaba excitando.

    -Ahora ven comete mi vagina.

    Estaba excitada que no pensé y lo hice. Su vagina estaba rica, recorrí cada centímetro de ella y mi amiga gritaba de placer.

    Y así fue, cambiado entre la verga y la vagina.

    -Bien puta. Ahora vas hacer algo que nos gusta, vas a lamer nuestros culos -Dijo mi amiga.

    Los dos se pusieron en posición para que les lamiera. Se me hacía algo asqueroso, pero morboso y que quiera hacerlo hacen mucho. Así que puse mi lengua en el ano de mi amiga y empecé a lamerlo. Después pasé con el de mi amigo. Me gustaba y ya estaba excitada. Me pasaba de un ano al otro mientras ellos se masturbaban y besaban. Después de eso me pusieron en cuatro y los dos lamieron mi ano y vagina el mismo tiempo. Cuando siento que los dos paran y mi amigo me la mete. A ese punto ya estaba muy excitada.

    -Te gusta mi verga puta.

    -Me encanta tu verga.

    -De seguro, te gusta prostituirte porque te gusta que te cojan.

    -¡Si! Me gusta ser usada, follada y sentir diferentes vergas dentro de mí.

    En eso llegó mi amiga con un arnés con una verga postiza puesta. Y aprovechando que estaba en cuatro, se colocó enfrente de su novio, metiéndomela en el ano. No lo podía creer mis dos amigos me estaban cogiendo.

    -Que rica estas. ¡Vamos grita puta! -Decía mi amiga, mientras me jalaba el cabello.

    -¡Aaah! Más por favor, rompan a esta sucia y pendeja puta -Decía excitada.

    Los dos cambiaron, ahora mi amiga me daba en la vagina y su novio en mi ano. Cambiamos a la posición del misionero, mientras su novio me daba. Yo le chupaba la verga postiza a mi amiga, que tenía el sabor a mi ano y vagina. Su novio a pesar de que tenía una verga promedio sabía usarla. Me cargó y me empezó a dar, mientras sentía como mi amiga me lamía el ano, estaba al punto máximo.

    Mi amiga le empezó a lamer los huevos, él me bajó y yo se la empecé a chupar. Mientras las dos chupábamos, nuestras bocas se besaban, estaba tan excitada que ya no me importaba que fuera una mujer y mucho menos mi amiga.

    -¡Me vengo! -Gritó mi amigo.

    Las dos abrimos la boca. Y así cayó todo su semen en nuestras bocas.

    -Ahora compártanlo -Digo mi amigo.

    Nos pasamos su semen de boca en boca, cada vez que nos pasamos su semen iba acompañado de nuestra saliva.

    -Bien. Ahora Paola trágatelo -Me ordenó mi amiga.

    Y me lo tragué. Pensé que con eso habíamos terminado, eran las 9 de la noche algo temprano. Pero todavía no había terminado. Mi amiga tenía todavía el arnés puesto. Me arrogó a la cama y me metió la verga postiza que tenía, me besó.

    -Cada vez que te veía en la escuela, tenía ganas te cogerte. Y vaya que eres una puta, una y estúpida puta.

    -Por favor dame más, usa a tu puta, a tu perra.

    -Eso zorra, pídeme más. Eres una pendeja por prostituirte.

    -Si toda una pendeja, no importa si es hombre o mujer, fui hecha solo para ser usada sexualmente.

    No creía lo que había dicho. Pero lo que me decía mi amiga, ver y sentir como me cogía, me habían excitado mucho. Mi amiga paró y se quitó el arnés.

    -Ahora ven puta, que nuestras vaginas choquen entre sí.

    Me acerqué y empezamos hacer las famosas tijeras. Las dos gritamos mucho por el placer, sentía como su vagina chocaba con la mía y además la posición era muy morbosa. Nos separamos.

    -Mastúrbame zorra, haz que tenga un squirt.

    Procedí a hacerlo, la masturbé lo mejor que pude, también le chupaba la vagina, hasta que me dijo:

    -Me vengo, quiero que te lo tomes todo y lo tragues, no importa su sabor.

    Abrí la boca y lo recibí, me llenó toda la cara de sus fluidos y lo que cayó en mi boca me lo tragué, en eso me dijo:

    -Que rico lo hiciste puta, ahora te toca.

    Me acostó en la cama, con la cara manchada de sus fluidos. Y me empezó a masturbar y chupar mi vagina, se sentía muy rico. Fue cuando lo sentí ahí venia.

    -¡Me vengo! ¡Me vengo!

    Me vine. Al final nos besamos. Mientras que su novio todo este rato había estado viendo.

    Cambiaron la colcha mojada por nuestros fluidos, me limpié y nos acostamos los tres juntos. Antes de quedarnos dormidos. Mi amigo confesó:

    -Estábamos buscando una prostituta para hacer esto. Pero qué suerte tuvimos que tú fueras una. Si nos sorprendimos al verte a lo lejos. Pero los dos teníamos la fantasía de hacerlo contigo. Por eso nos acercamos a ti. Y qué mejor que el dinero que gastamos fuese para ti, que lo necesitas. Y en verdad confía en nosotros no se lo diremos a nadie.

    -Qué lindo de su parte -Le contesté.

    Hicimos un beso de tres y procedimos a dormirnos.

    Al día siguiente teníamos escuela, así que me llevaron a donde vivía para arreglarme y tomar mis cosas.

    Todo siguió normal con ellos. Nos seguimos tratando como amigos y nadie comentaba lo que pasó y yo seguí prostituyéndome.

    CONTINUARÁ…

  • De mujeriego a bisexual: Confesiones de Samir (1)

    De mujeriego a bisexual: Confesiones de Samir (1)

    ¡Hola gente cachonda! Cómo ya saben me llamo Samir y estoy aquí para contarles cómo me gusta coger.  Acabo de cumplir 20 años y tengo unos genes maravillosos que el fútbol y algo de natación convirtieron en el delirio de muchos.

    Soy de piel bronceada, 1.80 de estatura, atlético, cabello castaño medio largo, ojos castaño claro o ámbar y un rostro de Dios griego! No quiero sonar narcisista, pero me la han dicho mucho, así que lo comparto con ustedes.

    Además soy muy lujurioso y me calienta provocar el deseo, esto último es algo que aprendí de Dalia.

    Dalia es mi “perversa” prima lejana, 5 años mayor que yo y mi “primera vez” durante unas vacaciones qué pasó en mi casa. Ella me descubrió espiándola una madrugada cuando se divertía sola y decidió entrenarme (en teoría y práctica) en el arte de la seducción.

    Ella me dijo que a través de los ojos podías ver el deseo y que si aprendía a identificarlo y explotarlo no habría culo que se me resistiera. Además que era tan importante aprender a provocar como una vez que tengas la presa en tus manos, saber cómo comerla (jugando y por partes).

    “Convierte en más que un hombre en la cama, se una fantasía hecha realidad” fue otro de sus consejos.

    Desde aquí, mujer que quería mujer que cogia! Aprendí y perfeccioné la táctica de ver y provocar el deseo a tal punto que comencé a notar el deseo que provocaba indirectamente en los hombres.

    Esto no me molestaba, me causaba cierta morbosidad. Desde el primer día que vi a Martin (autor de «Esclavo de mi fantasía») supe que yo le gustaba, para mi era muyyy evidente, pero a diferencia de otros chicos y chicas él se esforzaba mucho en ocultarlo.

    En este punto me agradaba tener a Martin cómo amigo, él estaba siempre para lo que necesitara y yo lo defendía de los bullying (siempre fue tímido y un poco nerd) y compartía mi popularidad con él.

    En ese entonces jamás vi a ningún chico con intensiones sexuales, estaba muy ocupado con las tetas!

    A los 18 años antes de comenzar a estudiar en la uni (yo pertenecía al equipo de fútbol de la localidad y teníamos a acceso a las canchas de este para practicar) estábamos entrenando para una competencia y todo el equipo incluyendo a las animadoras estaban allí.

    Había una chica de mi edad (Kelly), morena, cabello largo oscuro, con cierto parecido a Ariana Grande (actriz y cantante) pero Kelly es más alta y con más curvas!, unos senos prominentes y una mirada de chica mala. Para mi era riquísima y sus ojos me gritaban… te deseo! Ese culo sería mío!

    Después de la práctica yo siempre me quedaba más tiempo entrenando y ese día al terminar me fui a las duchas y por primera vez no había nadie. Me quite el sudado uniforme y la ropa interior, saco una toalla del casillero que pongo en uno de mis hombros y voy a las duchas totalmente desnudo.

    Comienza a caer el agua caliente llenando de vapor toda el área y me coloco debajo mojando todo mi cuerpo dejando que la fuerza y la temperatura del preciado líquido masajeé mis músculos cansados.

    De pronto siento dos suaves manos tocar mis hombros y al voltear era Kelly! Estaba con su uniforme de animadora y descalza, al mojarse se dejaron ver sus ricos pezones duros, su pequeña falsa se adhería a su cuerpo y me comenzó a besar!

    Mi pene se endureció al instante, la abracé tomándola y apretando su culo. La suelto, me arrodillo y le bajo la falda con todo y tanga, me acerco a su vagina totalmente depilada, le doy pequeños besos y suaves lamidas acercándome a los labios de su vagina.

    Ella queda contra la pared, sube una de sus piernas sobre mi hombro, mi cabeza queda atrapada y ella con una mano la guía al sentir que mi lengua entra más y más profundamente!

    Con su otra mano se levanta la diminuta blusa para acariciar y pellizcar sus pezones mientras comienza a gemir diciendo:

    “Me encantas… sigue… sigue… aah”

    Al abrir mis ojos miro arriba y la veo con los ojos cerrados disfrutando mi lengua, pero me doy cuenta al mirar al lado opuesto de la pierna que está en mi hombro, que hay alguien observando detrás de un estante (en donde se colocan las cosas de los atletas).

    Esto me excita aún más, pero tengo curiosidad en saber quién es. Entonces siguiendo el juego con Kelly, me voy levantando lamiendo desde su vagina pasando por su ombligo llegando a sus tetas hasta su boca.

    Y le digo a Kelly:

    “Ahora destácate” (indicándole que me mame el pene!)

    Quedo de pie recostado a la pared con las piernas ligeramente abiertas tomando mi cabello y cabeza con ambas manos haciendo lucir mis abdominales.

    Ella comienza a chupar y trata de meterse todo mi pene a la boca pero no le cabe y me masturba y chupa a la vez con su pequeña mano.

    Disimuladamente comienzo a observar a nuestro espía y logró reconocerlo, es David un chico del equipo… que al parecer se estaba masturbando con el espectáculo!

    Me encanta saber que nos ve y me propongo poner a Kelly a gozar para que David les cuente a todos cómo la cogí!

    Le digo a Kelly:

    “Mami levántate…”

    Le doy un beso muy apasionado y le digo al oído?

    “Mami me vas a dar culo?”

    Kelly responde:

    “Lo que tú pidas papi”

    La llevo hacia una banca cerca de la ducha que ofrecía una imagen completa a David. Ella coloca una pierna flexionada en la banca y la otra queda en pie levantando su culo a la altura de mi pene y ella ligeramente inclinada hacia abajo sosteniéndose con las manos como una perrita.

    Yo le beso el culo para luego darle una nalgada. Me pongo en posición colocando mi pene en la entrada de su culito rico y poco a poco se lo voy metiendo (me sentía estrella porno) y al parecer ella tenía experiencia porque solo gemía de placer como una gatica, nunca se quejó de dolor.

    Al entrar completamente ella me dice:

    “Cógeme Samir… Cógeme duro! Anda… dale más rápido… no me hagas sufrir!”

    Y la comencé a embestir durísimo, retumbando en las duchas el sonido de mi cuerpo al chocar con sus nalgas.

    Ella levantó su cuerpo quedando su espalda frente a mi pecho pasando su brazo atrás para tocar mi cara. Mientras yo con una mano le sostenía la cintura y con la otra la masturbaba.

    “Voy… voy…” decía Kelly mientras ahora se tocaba y apretaba las tetas y pezones. Comencé a mover mis dedos de forma circular en su muy húmeda vulva mientras la cogia con movimientos más rápidos y cortos.

    “Acaba en mi culo… Samir me encantas… me encantas… Cógeme…”

    Y entonces sentí salir con muchísima fuerza unos grandes chorros de semen como si me exprimieran el alma al tiempo que ella gemía de una manera más prolongada.

    En ese momento algo cayó al suelo y nos separamos rápidamente, ella me dio un beso tomó su ropa y corrió al otro vestidor. Yo me acerqué al lugar donde había visto a David y ya no estaba, pero dejó en el piso la huella de un gran orgasmo.

    Pasaron los días y ni David ni nadie hizo algún comentario, quizás David se quedó callado para no tener problemas. Y por supuesto me seguí cogiendo a Kelly, pero en lugares más privados.

    Algunas semanas más tarde estoy sólo duchándome después de la práctica y me doy cuenta que alguien me ve desde el mismo lugar donde se ocultaba David. Pero en esta oportunidad la persona al notarse descubierta trata de unir, corro desnudo y lo atrapo antes de que salga.

    Era nuevamente David!, él asustado, más bien aterrado, me suplica que no diga nada! (Se le notaba una gran erección y obviamente era por mi) Sonrió, lo suelto y le digo:

    “Lo tenías bien escondido… así espías a todos en la ducha?”

    El nervioso tratando de no ver mi pene dice:

    “No digas nada por favor… me sacarán del equipo! Haré lo que me pidas!!”

    Esa situación por alguna razón me estaba calentando y mi pene comenzó a crecer rápidamente, él lo nota y me dice:

    “Si quieres te lo puedo chupar, estoy seguro que te gustará”

    Lo pienso por un momento, y le digo:

    “Yo no soy gay…”

    David viendo fijamente mi ya completa erección dice:

    “Pero al parecer necesitas desahogarte (mientras se arrodilla frente a mi) déjame chuparlo como si fuera Kelly”

    Era mucha la tentación y sin decir nada tomo mi pene con mi mano y se lo pego a la cara y le digo:

    “Veamos qué sabes hacer”

    Él abre su boca y comienza a chuparlo pero no tenía mucha experiencia, estaba desesperado creo que pensaba que me arrepentiría. Yo estaba disfrutando aunque a veces sus dientes me lastimaban.

    Le dije: “apúrate antes de que llegue alguien”

    Tomó mi pene con su mano y comenzó a masturbarme rápido, mientras con la otra mano se sostenía de mi pierna. Mi respiración se aceleró avisando que el final estaba cerca.

    David abrió su boca y se acercó a mi pene a la espera de mi dulce leche… que finalmente salió disparando el primer chorro a su mejilla, el segundo y tercero a su boca y el resto lo lamió de su mano.

    Él se levanta emocionado y dice:

    “Ahora tú me…”

    Yo lo interrumpo diciendo:

    “Ahora yo nada… vete de aquí y mucho cuidado con lo que dices!”

    David: ok… ok… tú tampoco dirás nada verdad?

    Yo: No, pero si alguien te vuelve a descubrir de fisgón no tendrás tanta suerte!

    David salió corriendo del vestidor y yo fui a terminar de ducharme. No estuvo mal, pero por ese tiempo las mujeres me tenían más ocupado.

    Y así fue mi primera experiencia como bisex, espero estén bien calientes y esperando mi próxima confesión!

  • Autobiografía sexual (Parte 2): Corrida de casa por puta

    Autobiografía sexual (Parte 2): Corrida de casa por puta

    ¡Qué difícil era conseguir un novio que cumpliera con mis expectativas! ¿Cuáles? Bueno, la única condición que establecía era que fuera un pervertido y estuviera dispuesto a hacerme suya salvajemente.

    Parecía la chica promedio de redes sociales que publica cosas como: «nadie me quiere», «quisiera tener un novio pero nadie quiere conmigo», «ya estuvo que nunca me casaré» y detrás de ella tiene una larga fila de pretendientes. ¿Por qué somos así? Se preguntan muchos. En mi caso, eran demasiados hombres los que se me insinuaban, pero los descartaba por el hecho de no conocerlos. ¿Por qué no animarme a conocerlos? La forma en que me hacían la plática era aburrida, ridícula, o simplemente no me atraían. Espero haber aclarado sus dudas existenciales.

    Por otra parte, los que conocía eran muy buenos amigos y solo eso. No los veía como futuros novios y menos como pareja sexual, pero esa noción llegaría a su fin.

    Durante cuatro meses después de mi primera vez, mi mente se llenaba de los posibles escenarios que se hubieran suscitado si aquella ocasión mi exnovio hubiera continuado con mi desfloración. Me pregunté: «si él sabía que era mi primera vez ¿por qué se decepcionó por no durar mucho?», lo hubiera tomado como algo normal debido a que era inexperta. Mi teoría es que él ya había tenido una experiencia en la que una chica lo avergonzó por ese tema. En fin, mi punto es que las ganas de coger me carcomían.

    Días antes de mi cumpleaños 19 tuve una fiesta adelantada. A dos horas de comenzar, mis familiares seguían con los preparativos y se concentraban en el patio, mientras que yo, luego de ayudarle a mi mamá con la limpieza, permanecí en mi recámara. Previamente había realizado las invitaciones, pero especialmente a Alfonso, mi mejor amigo en ese entonces, lo invité más temprano. Él llegó, lo recibí, lo presenté a mi familia y desaparecimos de sus vistas.

    Nos encontrábamos en mi habitación, cerré la puerta y las cortinas y empujé a Alfonso hacia la cama. Apresuradamente, desabroché su cinturón y bajé su pantalón. Dejé su apretado bóxer para masajearlo hasta observar un bulto. Él me preguntaba una y otra vez: «¿qué estás haciendo, Lorena?». Me sentí como una violadora, haciéndole cosas sin consentimiento, pero él nunca me negó ninguna acción, así que todo fue permitido.

    Apenas con la yema de mis dedos acariciaba su pene por encima de su bóxer y logré levantarlo. De inmediato, lo expuse al aire, le planté besos suaves, lo recorrí con mi lengua y lo metí poco a poco a mi boca. Era el primer oral que practicaba en mi vida. Él solo hacía ruidos como “¡Ah! ¡Uf! ¡Tss!” y yo me sentía toda una sabionda mamándosela.

    Traté de apurarme por si mi familia se preguntaba por mí y fueran a buscarme, entonces bajé mi pantalón y mis pantis para sentarme en su verga, pero en cuanto escuché que alguien golpeó la puerta volví a vestirme, le pedí a Alfonso que se vistiera y abrí la puerta, se trataba de mi tío Marco, quien dijo estarme buscando porque mi madre me necesitaba. Ya no pude retomar el encuentro erótico con mi mejor amigo, pues él prefirió retirarse y luego de eso no me volvió a dirigir la palabra nunca en la vida. De lo que se perdió por apenado.

    Tiempo después, en ese mismo año, un joven de grados inferiores, llamado Jaime, de 18 años, me acosaba. Empezó buscándome a cualquier hora en el colegio para quedarse mirándome, luego me lanzaba piropos y de últimas me seguía a la salida hasta mi casa. Yo me sentía harta de ese muchacho precoz, pero, ¡adivinen! Yo tenía ganas de coger.

    Uno de esos días sabía que mis padres no se encontrarían en casa, así que aproveché la situación. Jaime me acompañó como siempre hasta la puerta de mi casa, lo invité a pasar hasta mi habitación y ahí le di clases de sexo. Me desnudé sensualmente frente a él, le indiqué que tocara mis pechos, que los apachurrara, que metiera un dedo en mi vagina y que masajeara mi clítoris, ese recóndito lugar que pocos hombres conocen.

    De pronto, él empezó a excitarse y quería quitarse el pantalón, pero lo detuve y lo hice por él, solo lo bajé hasta sus rodillas con todo y bóxer para empezar a chupar su pene que parecía un chupón, chiquito, delgadito pero cabezón. En esta ocasión, no me tarde en mamársela y procedí a sentarme e introducirla. Me di sentones duros que lo hacían gemir y decirme cosas guarras, pero a mí no me hacía gemir, sino que me daba cosquillas.

    Luego de diez minutos se vino dentro de mí y me quité y agaché para lamer su pizarrín, pero me pidió que me colocara en cuatro. Se lo concedí y no tardó ni tres minutos en esa posición para correrse de nuevo en mi panocha. Se sentía exhausto y ya no quiso más que seguir jugando con mis tetas. Tan pronto que acabamos, lo acompañé a la calle y en el camino me prometió que sería el mejor padre del mundo y que cuidaría al hijo que tendríamos. Ni loca iba a permitir embarazarme de él y al siguiente día tomé las medidas necesarias. Después de esa ocasión lo evité e ignoré hasta que se cansó de insistir.

    Los siguientes dos años me resigné. No tenía pareja ni quería tenerla, me sentía satisfecha conmigo misma, solo con mis revistas eróticas, mis dedos, uno que otro objeto como zanahorias o pepinos y mi creativa imaginación.

    Fue entonces cuando conocí a un chico guapo, popular y siempre limpio, luego de que reprobó un semestre y tuvo que recursarlo, quedando en el mismo grupo que yo, su nombre era Alfredo y era un año mayor que yo. Sin duda, llamaba la atención de muchas chicas y llegó a tener una novia de entre las compañeras del salón. Aun así, no quise dejar pasar la oportunidad y comencé a hablarle, pero por Facebook. Todas las noches le enviaba un saludo, él lo respondía y hasta ahí se quedaba cada conversación.

    De esa manera, cada día que íbamos a la escuela me miraba, causando los celos de su novia. Esa forma de provocar intriga tuvo sus frutos semanas después: Él rompió la tradición y empezó a mandarme emojis de besos que yo contestaba emocionada, pero manteniendo la calma al mismo tiempo. Siempre le negué acercarse a mí en la escuela para que no hubiera sospecha de nada y él acataba de forma madura mi recomendación. Poco a poco, nuestras charlas virtuales se volvían muy íntimas hasta que una noche le di fecha y hora para coger en mi casa.

    Todo fue premeditado. Mis padres no estaban y yo fui la primera en llegar a casa. Alfredo, luego de acompañar a su novia a su casa, llegó a la mía. Le abrí la puerta, lo quise llevar a mi recámara, pero él vio cómoda mi sala. Los besos intensos pronto llevaron a que él me acostara en el sofá y se apresurara a bajarme el pantalón. No creí que lo fuera a hacer, pero se atrevió. Antes de que yo tomara la batuta, él me desnudó totalmente de abajo y comenzó a hacerme un oral lamiendo mis labios vaginales y después lengüeteando mi coño por dentro. Era el primer oral que recibía en mi vida. Lo hizo muy bien y no digo maravilloso o espectacular, porque olvidó el clítoris.

    Minutos después se quitó el cinturón, bajó su pantalón y me acosté de lado para que pusiera su verga en mi boca. En esa posición él apoyaba sus manos en mi cabeza para introducir su pija hasta el fondo de mi boca, fue rico que tuviera esa mentalidad y esa herramienta no tan larga, pero sí gruesita.

    Después, él se colocó atrás de mí teniéndome acostada de lado y con la vista en mi trasero metió rápido su polla en mi concha. No dudó en pisar el acelerador de inmediato, follándome rápido y duro. Me encantó que tuviera iniciativa y creatividad, pues luego de hacerlo en esa posición me manipuló a su manera: me tuvo acostada boca abajo, abierta de piernas y finalmente de perrito, todo sobre la comodidad del sofá. La mezcla de sus embestidas y el frotamiento de mi clítoris con mi mano me llevaron al primer orgasmo de mi vida durante el sexo.

    Ya habían pasado cuarenta minutos y él no se venía, pero seguía dándome fuerte. Entonces, él tomó mi cabello y lo jalaba mientras me cogía, cosa que me fascinó y me hizo gemir demasiado.

    – ¡Mmm! ¡Qué rico me das, Alfredo! ¡Sigue! ¡No pares!

    Lamentablemente, justo cuando Alfredo avisaba con correrse, se abrió la puerta. Eran mis padres. Mi papá se alteró mucho, comenzó a gritarme: «¡eres una zorra! ¡Una puta! ¡No te quiero en mi casa! ¡Lárgate con este cabrón!». Alfredo y yo nos separamos, él eyaculó pero del miedo y ambos nos vestimos de prisa. Mi mamá lloraba, no por la decepción, sino por la actitud enfurecida de mi padre, quien para apurarnos, amenazó con mostrarnos su pistola. Quise tomar mis cosas, mi mochila o mi bolso, pero ni eso me permitió mi padre y remató pidiéndome que no volviera nunca.

    No tenía a dónde ir. Alfredo se disculpó de algo que no tenía culpa, pues no podía ofrecerme su casa para pasar la noche y lo entendí. Contacté con mi celular a mis amigos (no tenía amigas), pero ninguno podía recibirme. Esa noche iba a dormir en la calle, pero alguien lo impidió.