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  • Una fantasía hecha realidad (Cap. 2): La tanga de Andrea

    Una fantasía hecha realidad (Cap. 2): La tanga de Andrea

    Soy Jorge nuevamente y en esta ocasión les voy a relatar la segunda parte de mi relato.

    Habían pasado varios años, durante los cuales seguí masturbándome viendo fotos y videos de mujeres desnudas o con una tanga como única prenda, seguí haciéndolo a pesar de tener una enamorada por un breve tiempo y haber tenido relaciones sexuales, los motivos por que seguía masturbándome era porque ella nunca accedió a cumplir dicha fantasía, pues lo consideraba algo aberrante y fuera de lo normal, sumado a nunca se dejó que terminara eyaculando sobre o dentro de su vagina, las pocas veces que habíamos tenido relaciones fueron con preservativo. Nuestra relación se volvió algo monótona y a los pocos meses rompimos y cada uno tomó su camino.

    Hace unos ocho años (2012) estaba trabajando en una estación de autoservicio cerca de mi nuevo domicilio en turno de la mañana. Tenía ya laborando ahí unos dos años, durante esos años era muy frecuente la llegada de nuevo personal que iniciaba sus prácticas laborales quienes después de terminar su semana eran enviados a otras estaciones de autoservicio y muy pocos se quedaban allí trabajando. Éste sería el caso de una nueva compañera llamada Andrea, ella era una chica de unos veinticuatro años, de estatura regular, se notaba que tenía una buena figura, pero era algo reservada con su vestimenta pues siempre llegaba con una chompa (suéter, jersey o cómo lo llamen en diferentes países de habla hispana) y unos jeans algo ajustados de me hacían resaltar sus caderas.

    Los primeros días, Andrea mantendría un semblante algo reservado, pero de a pocos empezamos a congeniar y conversar de muchas cosas, mayormente de las ocurrencias del día o cómo nos habíamos llevado con los clientes de turno.

    De esa forma pasó rápidamente un año y volviendo al contexto del relato, tras el arduo día de trabajo me fui al área de descanso del personal laboral a almorzar. Después de almorzar, tenía que marcar mi salida y retirarme pero que quedé unas horas apoyando a Andrea a sacar las cuentas para que cuadren con el arqueo (ella trabajaba en el área de tienda) y debía entregar el informe al turno siguiente. Después de terminar el arqueo, Andrea salió un momento del cuarto de descanso, yo en ese momento me puse a revisar mi celular las fotos de muchas chicas en bragas, de más está decir que empecé a tener una erección que trataba de disimular.

    Para mi mala suerte sin que me haya dado cuenta, Andrea estaba mi espalda y me estaba mirando todo lo que estaba haciendo en ese momento:

    -Jorge ¿qué estás mirando en tu celular?

    -Yo, nada – me hacía el desentendido.

    De un momento a otro, Andrea me quita el celular de las manos y empieza a revisar las fotos, yo estaba totalmente avergonzado y con la mirada hacia abajo, pero al levantar mi mirada vi que Andrea estaba sonrojada:

    -No te avergüences, es normal que un chico tenga fotos de chicas desnudas en su celular, mi hermano también tiene su celular así.

    -Andrea ¿no te incomoda o fastidia para nada? No vayas a pensar que soy un pervertido o cosas por el estilo.

    -Para nada, al contrario, me gusta.

    Me quedé sorprendido con su respuesta que no atinaba qué responder:

    -Por lo que veo, tu amiguito se está calentando

    Andrea se había dado cuenta de mi erección, ella empezó a reírse por mi reacción que ya no podía ocultar más. Es entonces que Andrea dirige su mano hacia mi pene y empieza a frotar su mano sobre mi pantalón que estaba hinchado por la notoria erección:

    -¿Te calentó ver las fotos de las chicas de tu celular?

    -No, para nada… ¿¡cómo vas a creer eso!?

    -Estás todo erguido, no me lo vas a negar ¿verdad?

    -No puedo negarlo, Andrea – fue mi breve respuesta.

    -¿Qué es lo que calienta de una chica en la intimidad?

    -¿Quieres que te lo diga?

    -Dímelo, no me voy a molestar así sea lo más raro de tus fantasías.

    -Ver a mujeres que usen una braguita pequeña y transparente.

    Mis respuestas ante la notoria insinuación de Andrea, revelaban de a pocos mis deseos y fantasías, pero me abstuve de decirle que mi mayor deseo era de eyacular sobre las braguitas puestas de una chica. Eran como las cuatro de la tarde, Andrea mira su celular y me dice que se tiene que ir a su casa pues se le hacía tarde, le propuse a acompañarla (como lo hacía desde hace meses) hasta el paradero del bus que estaba a unas cuadras del autoservicio. Mientras caminábamos hacia el paradero ella me pregunta:

    -Tienes que hacer algo el sábado.

    -No, nada que hacer el sábado.

    -Qué te parece si salimos juntos ese día.

    ¡Era una cita a todas luces! Antes había invitado a mi ex enamorada a una cita, pero nunca me había pasado esa situación. Ni corto ni perezoso acepté salir con ella el sábado.

    Llegó el día sábado, era como el mediodía cuando ambos nos encontramos en el Parque Central de Miraflores. Andrea tenía una bonita blusa de color melón y una falda blanca plisada que llegaban a la altura de sus rodillas, sus cabellos castaños oscuros y unos labios carmesí completaban tal belleza, estaba algo nervioso, creo que ella lo notó pues me preguntó si estaba bien:

    -Si estoy bien, no te preocupes Andrea, es que tú me has puesto algo nervioso por tu belleza.

    Ella se sonrojó, dándome las gracias por el cumplido. La tomé de la mano y empezamos a pasear juntos por el malecón de Miraflores, mientras nos contábamos nuestras anécdotas personales.

    Tras almorzar en un restaurante cercano al Parque Central, nos fuimos a hacer algunas compras en una tienda por departamentos y después terminamos viendo una película en el cine. Mientras más avanzaba las horas, más notaba que Andrea se ponía nerviosa:

    -Andrea ¿te sientes mal?

    -No, no me siento mal – responde nerviosa y sonrojada.

    -Si, te sientes mal, lo he notado desde que salimos de la tienda por departamentos.

    -Pues… verás que sí estoy algo nerviosa.

    -Tienes algún problema…

    -No, no tengo problema alguno. Es que estoy nerviosa por…

    Ella se queda muda y no termina de completar la frase. Tras unos breves segundos, Andrea mirándome fijamente a los ojos y tomándome de las manos me dice:

    -Jorge, me puedes acompañar a mi departamento. Te tengo una pequeña sorpresa.

    Me ofrecí entonces a llevarla a su departamento. Ella vivía sola desde hacía buen tiempo, sus padres eran naturales de Trujillo y se comunicaba muy a menudo con ellos mediante teléfono o correo.

    Llegamos a su departamento como a las 9 de la noche, Andrea me invita a pasar a su departamento que era pequeño, pero de agradable ambiente. Ella me invita a sentarme en uno de los confortables de la sala, se va un momento a la cocina, regresa con dos vasos de jugo de naranja y un plato con unas galletas, me entrega un vaso y nos ponemos a conversar de muchas cosas.

    Pasado casi una hora, noto que Andrea se pone un poco inquieta y recuesta su cabeza contra mi regazo:

    -Y dime ¿qué te pareció nuestra pequeña cita?

    -Me gustó mucho, Andrea.

    -Pues esto te va a gustar más…

    Andrea tomo un suspiro profundo, se pone de pie delante de mí y para mi más grande sorpresa, se levanta la totalmente la falda blanca y me enseña su diminuta tanga, era un pequeño pedazo de tela de encaje negro transparente, claramente podía ver los pequeños labios de su coñito depilado y ese pequeño trozo de tela era sujetado por delgadas correas que contorneaban sus caderas:

    -Jorge ¿Te gusta mi sorpresa?

    -Me gusta mucho, la verdad no me lo esperaba – fue lo que le respondí entrecortado.

    Eso era la razón por lo que Andrea estaba nerviosa, saqué mi cuenta que ella tenía puesta esa tanguita todo el día y mientras más llegaba la hora de enseñármela, más se ponía inquieta y nerviosa. Quería preguntarle si la llevaba puesta durante todo el día, pero no podía gesticular palabra alguna, al contrario, mis ojos (tal cual había pasado con mi fetiche por los afiches, imágenes o videos de chicas anteriormente contado) se clavaban directamente hacia su diminuta tanga, no pude contenerme más y empecé a tener una erección incontrolable, Andrea lo notó y dirigió su mano hacia mi pene que empezó a masajearlo sobre mi pantalón:

    -Tu amiguito se ha despertado, me dejas verlo.

    -Pues claro que sí ¿Quién no se excitaría por semejante sorpresa? – le decía estas palabras mientras empezaba a bajarme la bragueta del pantalón.

    Estaba por sacar mi pene erecto cuando le dije que, si podía tocar su coñito, Andrea me dijo que podía tocarla todo lo que quisiera. No perdí el tiempo y empecé a frotar mis dedos sobre su tanga, sin apartársela, acariciaba suavemente los labios de su vulva para luego meter mi dedo medio en su rajita hasta sentir su palpitante clítoris y llegar a su vagina que empezaba a mojarse, Andrea se estremeció rápidamente y al mismo tiempo brotaban de sus labios un breve gemido.

    Mientras empezaba a jadear de a pocos, desabrochó el cierre de su falda que cayó al suelo. Acercó su rostro hacía mí y empezamos a besarnos apasionadamente mientras ella metía su mano dentro de mi bragueta y sacaba mi pene erecto del que ya salían gotas de pre semen de mi glande. Después de besarnos por un largo rato, dirigí mi rostro hacia su entrepierna y empecé a lamer su coñito por encima de la tanga, mi lengua recorría los labios de su vulva hasta llegar a su rajita y clítoris, pero esta vez aparte tu tanga para poderla sentir mejor, Andrea empezaba a jadear más y más.

    Estuve lamiendo su coñito por varios minutos, miré mi pene y éste goteaba abundante pre semen, así que volví a poner en su sitio la tanguita y tomando mi pene por la parte de arriba, empecé a frotarlo frenéticamente sobre la tanguita de Andrea, no paré hasta dejarla empapada de pre semen. La respiración de Andrea empezó a acelerarse, me besó nuevamente en la boca y nos quedamos así por largo rato, hasta que ella se arrodilló delante mío y tomando mi pene erecto con la mano izquierda, comenzó a pajearlo suavemente hasta que salieron de mi glande más pre semen, ella empezó a lamer mi glande en forma circular, absorbiendo todo el pre semen con su lengua, luego lo metió dentro de su boca y de a pocos fue introduciendo mi pene dentro de su boca, la sacón de su boca suavemente y la volvió en engullir y así lo repitió varias veces, fueron largos minutos de una mamada increíble.

    La lengua de Andrea recorría todo mi pene, desde el glande hasta mis testículos y viceversa para luego volverlo a meter dentro de su boca a mamármela nuevamente, mientras su mano derecha acariciaba su clítoris. Yo me estaba retorciendo de placer, tratando por todos los medios de no eyacular dentro de su boca. Fue entonces que, sin dudarlo le solté mi fantasía sexual:

    -A… Andrea, quiero terminar sobre tu tanguita…

    -¿Eh? ¿Cómo dices, Jorge?

    -Sabes Andrea, esa es mi fantasía sexual, permíteme eyacular sobre tu tanguita que me tiene loco.

    Intuía que la intención de Andrea era que no la penetrara, pero si quería que me corra dentro de su boca, por su prolongada mamada. Estaba al límite y esa tanguita lujuriosa me nublada por completo la cabeza, pero tras revelarle mi fantasía sexual a Andrea, me quedé algo aturdido pues no sabía cómo iba a tomarlo, si lo rechazaría como lo hizo mi ex enamorada, si aceptaba o no tal proposición. Tras unos segundos, Andrea me mira de forma lujuriosa y me responde:

    -Claro que sí, Jorge… puedes correrte en mi tanguita.

    Andrea se pone de pie y se sienta a mi lado, mientras se desabrocha la blusa y deja expuestos sus hermosos senos que no llevaban sujetador ¿Se lo habría sacado mientras iba a la cocina? No tenía tiempo para ponerme a pensar en eso, tenía que estar concentrado en cumplir al fin mi fantasía sexual. Abrió sus piernas, dejando a la vista su coñito en todo su esplendor, yo me puse en medio de ella y empecé a frotar mi glande sobre su tanguita de forma frenética hasta dejarla nuevamente empapada de pre semen.

    Aparté la tanguita a un lado, dejando su coñito descubierto que ya estaba muy mojado por los fluidos que brotaban de su vagina, es así que empecé a penetrarla despacio, Andrea lanza un gemido largo mientras su hermoso cuerpo se retuerce de placer sobre el confortable. Mi pene llega hasta el fondo de su vagina, lo mantuve unos segundos ahí y empecé a embestirla primero suavemente y luego muy rápido, su vagina se sentía muy apretada y húmeda.

    En ese ínterin, tomé una de las manos de Andrea, ambos entrecruzamos nuestros dedos, ver cómo Andrea se excitaba mucho y el movimiento de sus senos con cada embestida que le daba fueron suficientes para llegar al límite, saque mi pene de su vagina y empecé a masturbarme sobre su tanguita, Andrea con sus manos temblorosas acomoda su la diminuta prenda a su sitio, mientras yo fijaba mis ojos en cada detalle de la tanguita negra, Andrea lame sus dedos y con los dedos ensalivados los frota sobre su tanguita hasta dejar marcados los labios de su vulva… eso fue el detonante final, empecé a eyacular como loco, chorros y chorros de semen fueron directos hacia la tanguita de Andrea hasta dejarla casi sin espacio visible, ella dio un fuerte y largo gemido de placer como aceptando mi tributo a cambio de su sensual sorpresa.

    Tras eyacular sobre Andrea, estaba por limpiar mi glande en uno de sus muslos, pero ella toma mi pene aún erecto con su mano derecha y lo mete en su boca, limpiando y tragándose todo rastro de semen mientras con los dedos de su otra mano frotan su tanguita enlechada y esparce mi corrida por todo su coñito, toma un poco de semen con los dedos y los chupa de uno en uno, yo estaba totalmente excitado, sorprendido ante aquella escena de lujuria total pero estaba satisfecho de al fin hecho realidad mi fantasía sexual.

    Nos quedamos sentados en el confortable, Andrea recostada a mi lado derecho miraba y estiraba de vez en cuando su tanguita que tenía aún rastros de semen, me pregunta sobre mi fantasía sexual y por qué le pedí que eyaculara sobre ella, yo le cuento toda mi historia y el cómo se inició mi fantasía sexual por las bragas, tangas; del cómo me masturbaba con afiches de chicas en bragas y mi deseo de correrme sobre ellas. Andrea simplemente se sonríe y veo que le causa morbo mi relato:

    -Me encantan tus fantasías ¡qué guardadito te lo tenías! – me responde Andrea, mientras se ríe.

    -Gracias por cumplir mi fantasía – le respondo algo agitado.

    -¡Qué malita era tu ex! ¿Por qué no te dejaba hacerlo?

    -Déjalo, eso es cosa del pasado.

    -Si deseas, puedes contar conmigo cuando lo necesites, solo pídemelo.

    -Está bien – No había terminado de hablar, cuando Andrea se sube sobre mi cuerpo.

    -Para empezar, quisiera que te volvieras a masturbas sobre mi tanguita nuevamente.

    -¿Lo dices en serio?

    -Claro que sí, Jorge. Si quieres me puedo poner otra y te corres sobre ellas.

    Andrea me toma de la mano y me lleva a su dormitorio, mientras caminaba con dirección a su dormitorio empecé a tener una erección que, tras cruzar el umbral de la puerta, mi pene ya estaba totalmente erguido. Me invita a sentarme sobre su cama, mientras se quita la tanguita negra de forma sensual, abre uno de los cajones de su velador y de ahí extraen una tanguita blanca sin transparencia, pero con estampados de flores. Ella acerca su ingle a mi rostro mientras se pone la tanguita de forma lasciva, que tras ponérsela me excitaron un montón, tanto por lo diminuta que era y cómo se le marcaban los labios de su vulva.

    De ahí fue casi igual a como lo habíamos hecho minutos antes, eché a Andrea sobre su cama, le hice sexo oral lamiendo cada rincón de su tanguita y coñito, para luego penetrarla con fuertes embestidas hasta que ella llegó al orgasmo con un fuerte espasmo que recorrió su cuerpo acompañado de un largo gemido y su corrida que empapó la tanga, aproveché ese momento para sacar mi pene de su vagina, frotar intensamente mi glande sobre la tanguita hasta eyacular nuevamente dejando la diminuta prenda enlechada.

    Nos quedamos los dos echados en la cama abrazados, yo estaba desnudo y Andrea se había quedado dormida con la tanguita empapada de semen. Por momentos no podía conciliar el sueño y me quedaba mirando el techo del dormitorio por largo rato como si fueran el antídoto para poder dormir, pero había una sola idea recorriendo mi cabeza, mi fantasía al fin estaba cumplida y si existían mujeres a quienes les excita la idea de que alguien termine en sus bragas.

    Días después en el autoservicio, tras terminar nuestra labor diaria y apoyar a Andrea con las cuentas de su tienda, se acerca hacia mí y me susurra al oído:

    -Jorgito, te tengo otra sorpresa.

    Andrea desabrocha el cierre de su jean ajustado y me enseña que lleva debajo una tanguita blanca de encaje:

    -¿Las quieres estrenar hoy?

    FIN

    (Por el momento)

     

    Muchas gracias por leer mi relato.

    ¿Qué les pareció las dos partes de mi relato?

    Espero les haya gustado la segunda parte de mi relato, les prometo que vienen más relatos y estoy a la espera de vuestros comentarios.

  • Francisiete: El novio de mi madre

    Francisiete: El novio de mi madre

    Son las 9:00 a.m., es sábado por la mañana y me despierto lentamente saliendo de un sueño súper duro y «sucio». Las imágenes aún están en mi cabeza, se me ponía dura como una bestia. Por supuesto que quería orinar, pero creo que las escenas pornográficas que experimenté en mi sueño y que aún están presentes en mi mente fueron las principales responsables de la «erección» que tuve en ese momento. Mi polla estaba tan tiesa y apretada que me dolía. La idea de masturbarme pasó por mi mente, pero no quería desperdiciar mi esperma de esa manera. Podría guardarlo todo para una buena sesión de sexo con uno o dos o incluso tres tipos, bien construidos como me gustan.

    Tenía 22 años, soy del norte de Francia, moreno, con ojos marrones claros, alto, más bien musculoso por la práctica del judo y encima soy gay, muy gay, super gay.

    Por supuesto, mi familia y mis amigos heterosexuales no sabían nada de mi homosexualidad, pero tampoco les importaba; la verdad es que yo vivía mi homosexualidad perfectamente. No tenía ningún problema con ello, especialmente en lo que se refiere al sexo. De hecho, me encantaba follar y siempre que tenía la oportunidad de drogarme, no lo dudaba, con o sin condón, yo iría por él. Es cierto que no es lo único en la vida, pero fue una decisión que tomé para vivir así. Quería aprovechar al máximo cada polla posible e imaginable que pudiera conseguir hasta que estuviera lleno a reventar.

    Algunos amigos gays me aprecian mucho por mi codicia por el sexo, mi audacia, mi forma de tomar las cosas como vienen, mi determinación y sobre todo mi lado emprendedor. Porque, si me gustaba un chico, no tenía miedo de hacérselo entender, especialmente si sabía que era gay. Cuando era un tipo del que no estaba seguro, entonces hacía las cosas de manera diferente.

    En primer lugar, apunté a mi objetivo detallándolo físicamente y sobre todo tratando discretamente de captar sus ojos e interpretarlo, luego, si veía que la «presa» seguía mirándome, bajando los ojos cada vez que mi mirada se posaba sobre él o incluso mejor, si las señales enviadas por ambos eran comprendidas finalmente trataba de idear un plan en un lugar discreto o simplemente lejos de la multitud. Porque déjame decirte una cosa, ya sea en el metro, en el autobús, en un lugar de encuentro, en un supermercado, en una tienda o donde sea, si un hombre te mira e insiste, es que te interesa. A un «puro heterosexual» no le importaría una mierda, lo que le excita son los «coños».

    Hablando de eso y sin ser vulgar, vivo con mi madre en un gran dúplex en París, más precisamente en los suburbios de París, en Villejuif, la parte sur. Hace dos meses, conocí a un tipo. Lo encuentro bastante macho y bastante rudo. En fin, es un tipo al que le gusta jugar a ser el gran tipo duro y demuestra que le gusta comer mejillones (1).

    Es un tipo negro de origen caribeño, bastante alto, más o menos robusto y musculoso, de unos cuarenta años, con una pequeña inclinación por el alcohol y una grande por comer hierbas. No vive con nosotros, pero de vez en cuando viene a tener sexo con mi madre. Creo que debe estar bien montado porque al oírla gritar cuando se droga, debe ser muy grande. A menos que esté fingiendo, pero eso me sorprende mucho.

    Hay que admitir que siempre le ha atraído este tipo de chico, como «chico malo», brutal, sin vergüenza y sobre todo de piel muy oscura. Sin embargo, mi madre es bastante elegante y se gana bien la vida, pero este tipo de hombre la mató de un tirón. Además, me pregunto si este hombre se queda con ella por la buena vida que puede llevar en su compañía. De todos modos, es su vida, y con su cuerpo, puede hacer lo que quiera.

    Físicamente, este hombre negro me atrajo y yo quería hacerlo. Pero, nunca tuve la oportunidad de estar a solas con él, porque la mayoría de las veces, viene tarde en la noche y a esa hora, duermo o no he vuelto a casa todavía. Sin embargo, tal vez hoy las cosas iban a cambiar ya que mi madre, que sigue diciéndome que tengo que acercarme a él para conocerlo mejor, ha decidido invitarlo a cenar y seguramente se quedará a dormir. Así que esta noche es la noche en la que intentaría atacar.

    Puedes pensar que soy un canalla por hacerle esto a mi madre. Pero mi principio es simple, si estás casado o tienes una novia y te hago un pase, o aceptas o dices que no. Si es positivo, iré a por ello. Si es negativo, lo respeto y me voy de aquí. Sin embargo, incluso si dices que no y realmente quiero hacerlo, encontraré la manera de hacerte ceder. Ese es mi lado sádico.

    Incapaz de aguantar, fui al baño a «orinar» para aliviarme. Luego fui a la cocina a hacer el desayuno.

    Encontré esta mañana bastante soleada, de hecho, era el mes de mayo y la temperatura era más o menos agradable, alrededor de 20°C. De hecho, el pronóstico del tiempo había predicho buen tiempo para este fin de semana.

    Así que abrí la nevera, cogí tres huevos, queso rallado, seis rebanadas de pan para mis tostadas, saqué la mantequilla que ya estaba lista para ser preparada.

    Después de comer, me di una buena ducha, me vestí y salí a pasear con unos amigos para disfrutar del sol del fin de semana. Así que iba a pasar el día relajándome y divirtiéndome con mis compañeros, pero sobre todo pensando en cómo me acercaría al novio de mi madre, con la esperanza de que se presentara una oportunidad durante la noche.

    Además, podría haber tenido una pequeña idea de cómo iba a operar esta noche dependiendo de cómo fuera. Gracias a algunos contactos, y especialmente a uno en particular, creo que puedo encontrar «la cosa» que me permitirá salirme con la mía.

    Después de un agradable día pasado de forma provechosa, me fui a casa alrededor de las 7:30 pm. Al abrir la puerta, olí un maravilloso olor a pierna de cordero asada, patatas fritas y otros sabores deliciosos. Mi madre estaba, por supuesto, en la cocina mientras Henry se sentaba en el sofá a ver la televisión.

    — Aquí estoy, —dije mientras cerraba la puerta.

    — Genial, tú eras lo único que faltaba. Pronto llegaremos a la mesa. ¿Qué es lo que haces? ¿Quieres ducharte o… tirarme de la cocina.

    — Prefiero tomar un baño, —grité casi sin darle tiempo a terminar.

    Antes de ir a saludar a Henry, a quien podía ver por detrás desde el vestíbulo, primero me ocupé de esconder un paquete que estaba metiendo en mi chaqueta, luego me quité las zapatillas y entré en la sala de estar.

    — ¿Cómo estás Henry? —le dije, dándole un fuerte apretón de manos.

    — ¿Cómo estás? —me preguntó, estrechando mi mano más con la suya, que era enorme.

    — Oh, genial, genial, —respondí sin más, dejando que mi mirada se desviara hacia el gran bulto que tenía entre sus piernas, que estaban muy separadas.

    «No hay nada que decir, este tipo debe tenerla muy grande», pensé mientras me dirigía arriba.

    — Así que William, eso es todo, estoy acabando, —gritó mi madre desde las escaleras que conducían al piso de arriba.

    — Ya voy, —dije.

    Terminé de ponerme la camisa antes de bajar. Me había tomado mucho más tiempo en el baño que en mi habitación para vestirme porque había perdido algo de tiempo con mi enema. Esto fue en caso de que llegara a algún tipo de conclusión con Henry.

    Cuando llegué al comedor, estaba encantado de ver una mesa bien puesta y bien surtida. Como siempre, por cierto. Porque mi madre era un verdadero «cordon bleu» (2). Ella sabía que me gustaba comer. Así que siempre preparaba una gran cantidad de comida para asegurarse de que yo estuviera bien alimentado.

    La noche iba bastante bien, la conversación iba bien, y me tomé el tiempo de analizar a Henry desde la parte de enfrente. Llevaba una camisa roja con la abertura de los músculos pectorales cubierta de pelo. Pensé que sus manos y dedos eran grandes y gruesos. No era malo como hombre, pero quería acelerar las cosas. Porque me estaba poniendo muy impaciente. Ya estaba teniendo una erección con sólo mirarlo en la mesa. Así que mejor te digo que no quería aburrirme de hablar con él una y otra vez.

    Entonces, quizás la oportunidad surgió cuando al final de la comida mi madre empezó a babear. De hecho, mirando el despertador que está colgado en la habitación, no había notado que ya era medianoche. Así que mi madre se levantó y limpió la mesa. Henry y yo la ayudamos con esta tarea, pero yo fui el único que la ayudó con los platos.

    Luego nos reunimos todos en la sala de estar, para oír a mi madre decir finalmente:

    — Lo siento, chicos, si queréis quedaros a ver la televisión o hablar entre vosotros, adelante, pero me voy a la cama, —dijo cansada y medio dormida, dirigiéndose a las escaleras para subir.

    Feliz de estar finalmente a solas con Henry, empecé mi acercamiento sin esperar un segundo más. Sabiendo con certeza que mi madre no iba a volver a bajar.

    — Si quieres algo de beber…, —le pregunté.

    — Sí.

    — ¿Qué puedo ofrecerte? Vino, cerveza, ron, ponche, licor de… —le ofrecí.

    — Dame una cerveza, —dijo sin un por favor.

    Fui a buscarle una cerveza de la nevera y me tomé una lata de Coca-Cola.

    En la sala de estar, me senté junto a él en el sofá. Lo suficientemente cerca para que mi rodilla izquierda toque su rodilla derecha. Pensé que habría evitado el contacto, pero nuestras rodillas se mantuvieron juntas.

    Aparentemente las cosas empezaron bien. Pero mejoraron cuando pasó por varios canales de cable y se detuvo en seco en XXX.

    — ¿Te molesta que estemos viendo una película de sexo?, —dijo.

    — No, no es mi primera vez, —respondí.

    Luego se hundió en el sofá para ponerse más cómodo.

    Después de media hora de verlo, tuve una erección en mi ropa interior. Y no podía dejar de admirar el enorme bulto que Henry tenía entre sus piernas. Cada vez que miraba su bulto, mi sexo reaccionaba. Entonces, al no poder aguantar más, le puse la mano encima, feliz de poder evaluar el tamaño de la máquina y sintiéndolo tieso en los vaqueros.

    Desafortunadamente, sorprendido por mi gesto, empujó su mano violentamente y de repente se levantó del sofá:

    — Pero espera… Estás enfermo, hombre, —me soltó.

    — Vale… lo siento… me disculpo, —dije.

    Se sentó en el sofá otra vez.

    Tengo que admitir que no esperaba que reaccionara de esta manera. Pensé que su intención era la misma que la mía, ya que estábamos viendo una película porno y ambos teníamos una erección. Es cierto que había cometido un error de juicio y las cosas serían más complicadas de lo que había imaginado.

    — No, pero dónde crees que… Te permites meter la mano… Espera, no lo creo… ¿Crees que soy marica?

    — Cálmate… Ok… Genial, —dije, no queriendo que levante la voz más alto.

    — Y además, quieres que me calme. No… te diré algo, hombre, nunca me vuelvas a tocar así, ¡lo entiendes? Te lo advierto… Si lo haces de nuevo, te daré una paliza. Y luego lárgate de aquí.

    — He de decirte que yo estoy en mi casa, —le solté.

    — Sí… no voy a jugar en el patio de maricones sucios como tú, imbécil, me espetó.

    — Vale… ¡Idiota!… Maricón, quiero hacerlo, sí, pero ahora estás empezando a insultarme.

    — ¿Qué? Te permites poner tu «maldita» mano en mi bragueta y crees que me voy a quedar aquí sin decir nada. No… mira, tu disculpa no es lo suficientemente buena, hombre. ¿Sabes lo que va a pasar? Voy a contarle todo a tu madre, —me amenazó.

    Si hay algo que me molesta, es la gente que piensa que haciendo ese tipo de amenaza, todo lo que nos rodea se desmoronará.

    — ¿Lo vas a hacer? Y luego qué… ¿qué pasaría después? ¿Crees que me va a echar?

    — O le cuento todo a tu madre, o te pones de rodillas y me pides disculpas.

    — Me estás jodiendo ahora mismo, —dije sorprendido de oír eso.

    — Bien, voy a subir a decírselo a tu madre y tú me dirás si te estoy jodiendo, —dijo mientras subía las escaleras.

    — Vale, lo entiendo.

    Se detuvo muerto. Luego volvió a mí.

    — Escucha, maricón, no quiero jugar, ¿vale?

    — Yo tampoco tengo ganas de jugar. Pero verás, por un tiempo he notado que has estado temblando y parece que estás pasando por un síndrome de abstinencia.

    — ¿De qué estás hablando?

    — ¡Tu disfrute!… Me parece que has pasado en blanco esta noche.

    — ¿Crees que te tengo miedo? —Lo dice acercándose a mí.

    — Escucha, no me jodas… puedo ser un puto maricón pero puedo cuidarme solo. ¿De acuerdo? Estoy hablando de una dosis. Y sé que fumas hierba y a veces te pones un poco de polvo. Y como ves, a mi madre no le gustaría saber eso en absoluto.

    Henry sabía acerca de mí menos que yo de él. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento en mi cara. Sin moverme, lo miré. Su rostro estaba distorsionado por el desprecio y la ira.

    Esta situación me excitó hasta la médula. Ver a este hombre negro tan enojado y sentir que podía manipularlo, me convirtió en un sucio pervertido.

    — Te propongo un trato, —empecé a decir.

    — Estoy escuchando, —dijo.

    — Tengo una buena cantidad de hierbas y cocaína en mi habitación. Te daré todo eso con una condición.

    — Qué condición, —se apresuró a preguntar.

    — Me dejas chuparte la polla y me la metes bien adentro del culo, —dije, mirándolo fijamente a los ojos.

    Para ser honesto, sabía que Henry estaba consiguiendo marihuana, heroína, cocaína o lo que sea de unos pocos traficantes. Y cuando se acabó el dinero, me enteré de que no dudó en pagar por su cuenta para conseguir un poco de droga.

    Porque el tipo del que recibí el paquete me había hablado de un tipo que solía acudir a él cuando no tenía dinero para pagar a los otros traficantes que eran mucho más exigentes.

    Joseph, el amigo en cuestión, le pidió que pagara en especie que Henry no tenía «pasta». Para él, su gran polla era más que suficiente porque la mayoría de las veces, venía a casa de Joe a por provisiones y cada vez, era un placer para Joe pedirle sólo un poco de dinero y completar el resto con una buena cogida. Y así, mi amigo se permitió hacer un poco de lo que quería con Henry, ya que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir algunas drogas.

    Fue así como me contó las hazañas sexuales de este querido Henry y que al final, era sólo un macho que quería jugar limpio sin saber ni poder.

    Sé lo suficiente sobre él para hacer que rompa con mi madre e incluso destruir su reputación.

    — Mira, tu amenaza de que le dirías mi madre que soy gay no me asusta. Realmente me importa una mierda. Por otro lado, sé lo suficiente sobre ti para destruir tu pequeña notoriedad como un tipo duro. Por ejemplo, ¿qué pasaría si te dijera las muchas veces que te has tirado a mi amigo Joseph? ¿No te parece que sería mi turno?

    Henry me miró tan mal como lo hizo antes. Su mandíbula se apretó debido a la rabia que ciertamente estaba hirviendo dentro de él.

    — A partir de ahora, cuando no puedas pagar los suministros, ya no pasarás por Joe, sino sólo por mí. Además, en lo que respecta al dinero, sé que pagas tu mercancía con el dinero que te da mi madre, supuestamente para resolver tus problemas imaginarios, —continué.

    «¿Qué se siente al ser dominado y agarrado por las bolas ahora?», —pensé mientras lo miraba.

    — Bien, bueno… Subimos a tu habitación, hacemos lo que tenemos que hacer, me das las cosas y luego me voy de aquí, —respondió finalmente.

    Sin esperar más, apagué el televisor que aún estaba encendido y subí las escaleras seguido de cerca por Henry.

    Una vez en mi habitación, inmediatamente empezó a desabrocharse la camisa sin quitársela, luego tomó la silla de mi escritorio y se sentó en ella. Se desabrochó los pantalones y se abrió la bragueta para ver un par de calzoncillos amarillos que estaban muy deformados por su cola, que aún no estaba erguida. Entonces finalmente sacó el codiciado objeto. Un magnífico, ancho y suave pene de al menos 19 cm de largo que termina en una enorme capullo sin capucha.

    Luego me arrodillé frente a este gran «pino» y empecé a chuparlo. Me llenó la boca. Lo empujé hasta el fondo de mi garganta y luego lo saqué, cubierto de saliva. Repetía esto varias veces mientras su polla crecía. Pronto su glande comenzó a endurecerse muy rápidamente e innumerables venas corrían a través de esa formidable verga dura y gruesa, de al menos 24 cm de espesor, que ahora sostenía en mis manos.

    Sus pelotas peludas eran pesadas y bien rellenas. Las lamí, las engullí y las chupé, cubriendo sus «joyas» con baba.

    Después de unos 15 minutos de felación, le presenté mi trasero.

    — Adelante y cógeme, —dije, quitándome los vaqueros y poniéndome a cuatro patas en la cama.

    Lubrico vivamente mi agujero íntimo con mi propia saliva, presionado varias veces para tener tiempo de ir a buscar el gel lubricante. Mientras tanto Henry añadió algunos sopapos de los suyos para facilitar la penetración.

    — Te lo hago a tope o me pongo suave, —preguntó secamente después de haberse bajado los vaqueros a los tobillos.

    — Prefiero que me folles como a una puta, —le dije, sabiendo que eso le aliviaría el estrés.

    Se tomó el tiempo de frotar su glande en mi ano por un buen minuto y empujó su polla por mi agujero hasta que entró sin ceremonias y con enojo. Un grito terrible se escapó de mi boca que afortunadamente lo ahogué con la almohada que había colocado sobre mi cara, anticipando exactamente lo que iba a suceder.

    Sabía que Henry había hecho esto por despecho. Pero a pesar del dolor, quería mostrarle que podía mantenerme caliente.

    Como yo había exigido, me infligió violentos y duros golpes, haciéndome el duro como un burro y gimiendo como un perro. Su polla me dolía, pero el placer estaba ahí. Sus enormes testículos que se rompían en mi trasero con cada penetración me daban una intensa excitación. Además, me hizo arquear más mi cintura.

    — Ve más fuerte y golpéame en las nalgas, —se lo ordené.

    Lo hizo, abofeteando cada uno de los músculos de mis nalgas con sus grandes, pesadas y poderosas manos. Para estar más cómodo en la acción, se quitó los vaqueros y se subió a mi cama. Posicionado entonces en sus dos soportes, volvió a poner su bastón en mi nalga y comenzó la penetración de nuevo más violentamente y más brutalmente. Esta posición tensó los músculos de sus muslos y los de sus nalgas que tuvieron que ser amansados en ese momento.

    Me encantaba ver a un tipo en esta posición, porque podías ver su pequeño trasero revelado por la distancia entre sus nalgas. Pero también, sus pelotas y su vara entrando y saliendo. Era realmente una gran posición para ver la acción mejor.

    Quince minutos más tarde, las nalgas enrojecidas por las bofetadas y el «trasero» ciertamente bien dilatado por la gran vara de Henry, escuché su respiración acelerada y sentí sus manos apretando mis nalgas cada vez más fuerte. Así que entendí que pronto se vendría. Me retiré, mientras aún me penetraba, y rápidamente le agarré la polla para chuparla.

    Sin esperar y soltando un gemido que retenía apretando los dientes, y con la cara deformada por el efecto de la eyaculación, escupió en mi cara de 3 a 5 chorros de semen que fluían abundantemente en mi cuello y hacia mi pecho.

    Puse su cola de nuevo en mi boca para obtener unas gotas de su salsa sin tragarla. Su pene ya empezaba a perder su vigor pero yo seguía chupándolo, agarrándolo como un maníaco. Una vez que su pene fue bien limpiado por mí, me hice a un lado, dejando que se enganchara fuertemente entre sus musculosas piernas.

    Sin demora, Henry se volvió a vestir. Yo, por mi parte, sólo me había puesto los pantalones cortos.

    — Bueno, dame la mercancía, —se apresuró a reclamar.

    Me agaché junto a la cama y recogí el paquete que estaba debajo. Rompí el papel de envolver para mostrarle las cosas.

    — Aquí… Como puedes ver, la cantidad de marihuana es razonable y tienes suficiente para aguantar pero para el polvo, es sólo un pequeño tubo, dije mientras se lo entregaba.

    — Ok, —dijo sin más mientras toma las drogas.

    Luego me miró a los ojos; todavía pude ver un poco de ira. Luego se fue a la puerta de mi habitación sin apartar la vista de mí, como para hacerme entender que me hará pagar por lo que le hice, luego la abrió y desapareció. Menos de dos minutos después, oí el portazo.

    Me senté en mi cama, una pequeña sonrisa apareció en mis labios, feliz de haber sido capaz de conseguir lo que quería. Desvirgado por el amigo de mi madre.

    Esto solo era el comienzo, en otro libro relato lo consiguiente.

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    NOTAS

    (1) Mejillones, vagina, conchas, coños, vulvas, chocho, chucha, cuca, chocha, pochala, panocha, fandango, chichi, mico, panocha, pucha, pussy, gigina, la coneja, El sapo, la araña, mono, moñoñongo, verija, pepa, bollo, La quesadilla, Papaya, El ojo de thundera, trompuda, la chimuela, la bistezuda, Rajada, el mejor amigo del hombre, hoyo, paloma, peluche, la selva, la jamona, ejotito, bizcocho, Yoni, cucurucho, raja, primordio, mi virtud, el higo, La sacachispas, la coladera, la buki, la choka, quelite. la chiquitiada, a yaya, el yo-yo, moño de cochino, la siempre tibia, el ojo, la herida, la vaina, la cucaracha, la barbona, la molleja, el buche, la mantaraya del amor, el budin bizcoso, los labios de la negra. el triangulito, Cola, la tarantula, la espumosa, el tamal, la bigotona. la india cochina, la punketa, la buchaca, La pata de gallo, la osa, el oso negro, la borrega, la chiclosa, el turron, la berengena, la tomahawk, la tigresa, al taquito, la mona peluda, el túnel del amor, la zarigüeya, la chilindrina, la ciega, la tuerta, el jicamon, el tlacoyo, la piraña, La sardinita, la tuzita, galletita, frijol, etc.

    (2) La expresión ‘ser un cordón bleu’ en francés designa un buen cocinero.

  • Mi primera experiencia con mi mejor amiga

    Mi primera experiencia con mi mejor amiga

    Mi nombre es Karla y actualmente tengo 33 años. Siempre me gustó buscar porno y masturbarme, aun así mi primera experiencia sexual fue con mi entonces mejor amiga a los 18 años. Ella se llama Alba y tiene muchos años que no se de ella. Nos vimos crecer y desarrollarnos, ella no sabía que me gustaba ver porno o que me moría por tener sexo, a pesar de que estábamos casi todo el tiempo juntas e incluso practicábamos Natación. Ahí fue donde todo comenzó.

    Para apurarnos al salir de nadar, nos duchábamos en la misma regadera, al principio nos daba pena y nos dábamos la vuelta o solo lo hacíamos con el traje de baño puesto, pero después por la premura, comenzamos a desnudarnos y a bañarnos más rápido.

    Los espacios eran reducidos así que para movernos dentro de la regadera, siempre había terminamos rozando nuestros cuerpos y ahí fue cuando comencé a sentir morbo y poner atención en el cuerpo de Alba.

    Ambas teníamos cuerpos delgados y de la misma altura, ella con senos pequeños y unas caderas muy pronunciadas; yo tenía senos grandes y un culo pequeño pero bien formado. Ambas morenas y con cabello largo a media espalda.

    Después de prácticamente memorizar su cuerpo, comencé con roces en sus nalgas o restregar mis pechos con los suyos y en su espalda. Si ella se percataba, no decía nada, pero después de un tiempo comenzó a responder. Ahora ella me restregaba el culo en mi cadera o sus senos con los míos.

    Un día, en el que ya estaba muy caliente y desesperada por los roces, cuando puso sus senos cerca de los míos, me animé y con mi mano derecha la detuve y con la izquierda le comencé a tocar el seno derecho. Ella se quedó quieta mirándome, pero no me detuvo, así que me acerqué y la besé con todas las ganas que había acumulado, inmediatamente me respondió y colocó sus manos en mi cintura, mientras yo le acariciaba los senos. Estuvimos así por unos 10 minutos y al darnos cuenta que era tarde, tuvimos que terminar y salir de la ducha.

    Estos encuentros se repitieron muchas veces y cada vez yo quería más pues en cada ocasión quedaba muy caliente y con mi vagina muy húmeda, así que un día saliendo de la ducha, le dije que si quería ir a mi casa, porque mis padres no estarían. Ella de inmediato aceptó y al salir nos dirigimos a mi casa.

    Al llegar, inmediatamente la tomé de la cintura y comencé a besarla, ella me tomó por la nuca y seguimos besándonos y restregando nuestros cuerpos. En un momento, la detuve, la tomé de la mano y la llevé a mi recamara, en dónde cerré y puse seguro, pues no quería que nos descubrieran.

    Ya en la habitación, seguí besándola y comencé a quitarle su blusa, Alba respondía muy bien, pero se notaba muy nerviosa, por lo que le pregunté si quería seguir y dijo que sí. Decidí desnudarme frente a ella y al ver esto, Alba se quitó el resto de la ropa. Una vez ambas desnudas, seguimos besándonos y comencé a acariciar sus senos, su cintura, su cadera, sus nalgas y ella torpemente me devolvía las caricias.

    En cierto momento la detuve y la jale para que se recostara en la cama, una vez ahí la besé de nuevo, pero está ocasión comencé a bajar con besos en su cuello y su clavícula. Al llegar a sus senos comencé a besar alrededor de sus pezones, primero uno y luego otro. Después me metí su seno derecho a la boca y comencé a succionar un poco, para este punto Alba estaba gimiendo bajito, así que proseguí con mi tarea en el seno izquierdo y así continúe por un tiempo.

    Cuando me percaté que alba se rozaba las piernas, comencé a bajar por su estómago hasta su ombligo, el cual acaricie con mi lengua y besé. Seguí con mi descenso y me puse entre sus piernas para bajar a su monte de Venus, besarlo y chuparlo. Ella seguía gimiendo y me tomaba la cabeza, le pregunté qué quería y ella me pidió que le chupara la vagina.

    Así que separé sus labios y encontré su delicioso clítoris, el cual comencé a lamer poco a poco y después chupe. Así seguí por unos minutos hasta que sentí que ella ya estaba muy húmeda, además que cada vez gemía más alto. Para ese momento yo también lo estaba, así que decidí separar un poco más sus piernas, acomodarme sobre ella y comenzar a frotar nuestros clítoris.

    Ella se veía tan sexi abajo de mi retorciéndose que a cada minuto frotaba más y más duro, hasta que sentí como se tensaba y soltaba un gemido tan alto acompañado de mi nombre, eso desencadenó mi orgasmo el cual me hizo flaquear y caer sobre ella, inmediatamente me besó y nos quedamos así un largo rato.

    Una vez recuperadas le pregunté si la podía limpiar y dijo que sí, pero que ella también quería hacerlo, así que nos acomode en un rico 69, dejándola a ella arriba y nos probamos mutuamente e incluso ella metió sus dedos en mi vagina, a lo cual hice lo mismo y ambas terminamos de nuevo con otro rico orgasmo.

    Después de eso, nos acostamos una junto a la otra y nos quedamos besándonos y tocándonos hasta que escuchamos el carro de mis padres. Nos vestimos rápidamente y ella se fue a su casa.

    Después de esto nos hicimos novias y lo fuimos hasta que ella se mudó de ciudad. Durante todo ese tiempo, experimentamos con muchas cosas, pero eso será para otra ocasión.

    Espero que les guste mi primer relato y me dejen sus comentarios. Saludos.

  • Visitando a mi tía (2)

    Visitando a mi tía (2)

    Después de haber visto las nalgotas de mi tía a través de sus mallas súper transparentes ella no pudo dejar de ver el bulto palpitante bajo mi shorts se acercó, lo tomó con su mano a la vez que me lo apretaba con fuerza.

    – vi lo que hacías anoche.

    Yo no podía creer lo que estaba pasando a la vez que mi tía no me soltaba en mi shorts se dibujó una pequeña mancha de humedad, ella metió su mano y con su dedo empezó a acariciar la cabeza de mi pene.

    Frente a mi llevo su dedo a sus labios y lambio el néctar que consiguió.

    En voz baja dijo -espera a la noche que todos duerman.

    Se retiró dejándome tan excitado y a la vez sin palabras que no me quedó otra opción que esperar ansiosamente la noche.

    Todo el día no podía sacar su imagen de mi mente solo podía pensar en mi tía todo el día fue una tortura viéndola constantemente por la casa pasándose moviéndome esas ricas nalgotas.

    Por fin llego la noche fui a mi cuarto esperando el momento ya más noche la puerta de mi cuarto se abrió asomándose mi tía haciendo una señal que la siguiera deprisa me levante a seguirla y la seguí hasta su cuarto cerró la puerta y sin ninguna palabra empezó a tocarme a la vez que yo ponía mis manos sobre aquellas ricas nalgotas que tantas ganas tenía por acariciar.

    Mi tía me desnudó me recostó sobre la cama para después darme unas mamadas la imagen de ella devorando mi pene hacía que sintiera ganas de explotar, en eso subió a la cama medio bajo su ropa y me dijo -hijo lambe mi culo.

    Mi corazón se aceleró tanto que obedientemente fui a pasar mi lengua sobre ese culo tan rico sin más yo poder contener las ganas tomo mi pene y empecé a introducirlo sobre aquel rico ano cada que empujaba mi pene sobre su ano ella lo apretaba por un momento y después soltando para que yo pudiera introducir un poco más así hasta tenerla toda adentro.

    Ella empezó a moverse adelante y hacia atrás rebotando sus nalgotas contra mi yo sentía en cada movimiento como se abría su ano así estuvo un momento hasta que sentí una gran presión en mi pene explotando en leche dentro del culo a mi tía, me regaló la vista de su enorme culo escurriendo mi leche de su interior.

    Después de tan rico momento regresé a mi cuarto me recosté y sin saber me quedé dormido, a la mañana siguiente encuentro a mi tía me mira y se sonríe recordando la gran aventura que tuvimos en la noche así seguimos por el resto de las vacaciones mi tía no desaprovechaba momento para mostrarme sus ricas nalgotas y por algunas noches más siguió yendo a mi cuarto a buscarme para llevarme a su cama.

  • Vuelve doña Mary mi vecina

    Vuelve doña Mary mi vecina

    Doña Mary y yo seguimos viéndonos de vez en cuando los fines de semana que es cuando su marido no está, pero en esta ocasión les cuento lo que pasó un día entre semana.

    Estaba yo muy despreocupado en mi departamento, era un martes por la mañana, serían las 7:30 más o menos, había despertado y después de bañarme preparaba algo de desayunar para salir a mi negocio.

    Cuando de repente sonó el timbre de la entrada, la verdad me saqué de onda porque era muy temprano, mire por la cámara y vi que era doña Mary, fui rápido a abrir la puerta y cuando entró le pregunté qué pasaba si estaba bien todo.

    DM: si no te preocupes todo está bien, bueno no tan bien para mi, anoche mi marido me dejo con las ganas, me puse súper caliente porque estuvimos jugueteando y cuando empezamos a coger no tardó ni 5 minutos en correrse, vaya con el tipo me dejo con todas las ganas y ni modo me tuve que aguantar hasta ahorita, vengo a que me quites esta calentura que me dejo ese idiota de mi marido.

    Yo: claro con todo gusto pero no se dio cuenta el que salió de su casa?

    DM: claro que sí, le dije que iba a correr al parque para que no sospeche nada, por favor ya hazme tuya que ya no aguanto.

    Ni tardo ni perezoso, empecé a besarla y a acariciarla, la verdad para mi es una fortuna tenerla como vecina, podemos tener sexo cuando queramos sin compromiso y sin celos tontos, ella llevaba un short súper pequeño no sé cómo su marido no se fijó en eso y su blusa era de tirantes casi transparente así que dejaba muy poco a la imaginación.

    La tome de sus nalgas la cargué y ella rodeó mi cintura con sus piernas, así nos fuimos a mi recámara, ya ahí la desnude, le quite su blusa y vi esos pechos tan hermosos y tan bien cuidados, y sus pezones erectos por la excitación que me provocaron mordisquearlos y culparlos con frenetismo mientras le quitaba ese diminuto short y lo arrojaba fuera de nuestro alcance no me importaba donde cayera lo que quería era sentir esa vagina perfectamente depilada y húmeda que me extasiada casa que la veía.

    La arremetida con fuerza por la excitación que me provocó el momento y ella solo gimió de placer, ese placer que le provocaba sentirse mujer por las embestidas que le daba sin parar y que ella necesitaba para desahogar toda esa pasión que había acumulado durante la noche, todas esas ganas que le dejaron sin satisfacer, se vieron compensadas por la cogida que le estaba dando en ese momento, ella jadeaba y gritaba sin reparo, me pedía más y más y yo me excitaba con sus palabras.

    DM: soy tu puta mi niño, soy tu puta, haz de mi lo que tú quieras.

    La volteé y la puse en cuatro y la volví a embestir con tal fuerza que no tardó en correrse, en explotar en un orgasmo tan fuerte y tan intenso que me salpicó con sus jugos vaginales, ya estaba preparada para darle por el culo y así lo hice, le introduje mi verga hasta el fondo y sin avisar, no se quejó lo disfruto tanto que me gritaba «soy tu puta mi amor, soy tu puta»

    Y así era se había convertido en mi puta por la calentura contenida, por la insatisfacción que le dejó su marido, seguí cogiéndola durante unos minutos más el mete y saca se hizo tan intenso y tan fuerte que me corrí con un chorro que inundó sus entrañas a tal grado que empezó a escurrir por su vagina y sus piernas ella también llegó al orgasmo nuevamente, nos tiramos en la cama y nos besamos nuevamente nos acariciamos mientras nuestros latidos volvían a la normalidad, éramos dos amantes satisfechos y llenos de placer, ella me agradeció y terminó con una mamada excelsa, que me volvió a sacar lo último que me quedaba de semen y se lo tragó sin reparo, lo disfrutó, se limpió y se despidió con un beso cachondísimo, regreso con su marido el precoz, yo me volví a bañar y salí satisfecho a cumplir con mis obligaciones.

    Espero que les haya gustado el relato.

  • Adicta a la intimidad (Parte 2)

    Adicta a la intimidad (Parte 2)

    Arañando su espalda… Pasamos a estar en la pose del misionero el sobre mí y yo abajo así estuvimos y descendió de mi boca a mi cuello dando suaves lengüetazos hasta bajar a mis pechos manoseándolos con sus manos y lengua, después las agarro como manijas de una puerta de base a punta y daba suaves mordidas estaba toda babeada, pero explotaba de placer sentía abajo grande húmedo y caliente…

    ¡¡Fue una sensación que no puedo explicar, pero me volvía loca!! Descendió su mano bajo mi pantalón le pedí que lo hiciera por encima porque, aunque estaba excitada también consciente de lo que hacía… y temía. Empezó a frotar su dedo medio con intensidad en mi chochita despacio de abajo hacia arriba sentía como rozaba mi clítoris después aumento la velocidad y me aferraba con mis largas uñas a su espalda y la rasgaba podía sentir como se estremecía y como se erizaba toda su piel, me besaba delicioso mordía mis labios suaves entonces mi yo masoquista y el salvaje dijo: ¡más recio! Y así lo hizo…

    Wooow decía mi mente; era un dolor lleno de placer, pasamos a quitarnos los pantalones y ambos quedamos en ropa interior de pronto a lo agresivo me volteé y me puse sobre del él en la pose de vaquerita… Así es me gusta dominar empecé a rozar su verga con mi chochita veía su cara de excitación y eso me hacía feliz puedes me daba la señal de que lo que hacía lo estaba haciendo bien.

    Yo gritaba su nombre y gemía de placer no podía controlar mis emociones. Entonces Sentí como metió sus dedos de bajo de mi braguita húmeda y dio uno que otro rosón y debo admitir que me gusto, pero pedí que dejara de hacerlo así, pues no soy muy segura de si misma y continuo sobre mi braguita.

    Cerraba mis ojos y sentía la brisa de los árboles y el aire fresco que erizaba mis pechos él seguía masturbándome me hacía tocar el cielo. ¡Era lo más rico yo ya me masturbaba, pero ahora sentir que alguien lo hacía por mí y que era el hombre por la cual me derretía era genial!…

    Creo que ya estábamos agotados de tanto manoseo, aunque sentíamos por dentro el gran deseo de seguir, pero entonces me baje y me recosté a su lado bese su mejilla y le dije que lo amaba y que era lo mejor que me había pasado y quería pasar el resto de mis días a su lado me abrazo y me dijo que jamás se iría de mi lado que me amaba y cuidaría de mí.

    Sentí tanta tranquilizad placer y amor todo dentro de mí estaba revuelto, pero me sentía feliz todo era un ambiente positivo. Nos vestimos y volvimos a besarnos recorrió mi cintura y me dio un apretón fuerte en mi nalga y me sonrió entonces me dio su mano y íbamos de nuevo hacia casa los problemas se resolvieron y estábamos felices ahora yo quería que fuese así por mucho más tiempo, por lo que siempre que tenía la oportunidad me escapaba con él y así me volví adicta a la intimidad después de probar el placer y tocar el cielo con arañazos, besos y caricias candentes no hay vuelta atrás.

    FIN

  • Gina y su marido me cogen muy rico

    Gina y su marido me cogen muy rico

    Manolo manejaba a toda prisa, mi blusa estaba levantada y mi brasier también y Gina me chupaba los pezones de una forma tan rica, obvio, ella era mujer y sabía lo que nos gusta, sus leves mordidas y jalones me los ponían más duro, su marido observaba por el retrovisor.

    G: ¡Que ricas tetitas tienes!

    K: ¡Uhm!! ¡Ah!!

    Su mano se deslizaba por debajo de mi falda, sus dedos con sus uñas largas acariciaban mi coño por encima de mi tanga, la cual, estaba húmeda a más no poder.

    K: ¿Qué haces? uhm!

    G: ¡Ayudándote a olvidar amiga!

    Seguía besándome, lamiéndome, metiendo sus dedos en mi vagina, me tenía en el asiento trasero disfrutando de los placeres de la vida.

    Finalmente, llegamos a un departamento ahí por al Obrera, al parecer era de ellos y lo usaban cuando andaban de fiesta y esa noche era el lugar apropiado para dar rienda suelta a la pasión.

    Al entrar solo había una cama, un estéreo y una bocina, inmediatamente Gina me aventó a la cama.

    G: ¡Así que te andabas comiendo a mi marido!

    K: ¡Perdón…!!

    M: Jajá, esto es fabuloso, ¡hazla tuya mi amor!

    Gina me comenzó a despojar de la ropa, mi blusa, mi falda, mi brasear y mi tanga, dejándome solo en medias.

    G: Que rica estás, ¡siempre me gustaste!

    K: ¿Eres bi?

    G: Nena, ¡somos!

    Lentamente dejo caer su vestido y su marido el quito la tanga y el brasear, lentamente se acercó a mí y me abrió las piernas, yo nerviosa cerraba los ojos, ¡solo oía la voz de Manolo que la animaba a darme un buen oral!

    M: Vamos Gina, chúpasela rico, ¡límpiale mi semen que le quedo dentro!

    G: Que esperas, ¡su boca esta libre!

    K: ¿Qué???

    Sentí la lengua de Gina entrar y salir con Velocidad de mi coño, un tremando grito de placer salía de mí, no podía hacer más que retorcerme como loca, siempre me imagine estar con una mujer, pero pensé que solo eran fantasías.

    Escuche caer la ropa de Manolo, que a pesar de ya haberse venido dos veces seguía duro como fierro, lentamente comenzó a subió a la cama hasta colocar su verga en mi boca.

    M: Ábrela nena, una vez más, ¡ahí está tu comida!

    Sin decir anda obedecí su solicitud, comencé a chupársela con pasión, lamiendo su cabeza, succionándola, tragándola de un solo golpe, él estaba gustoso, Gina continuaba dándome un rico oral que me tenía en el verdadero cielo.

    Mis piernas estaban levantadas, la lengua de mi amiga iba de mi ano a mi clítoris mientras Manolo me follaba la boca con demasiada fuerza, doble placer jamás sentido.

    G: ¡Estas riquísimas amigas!!

    K: ¡Ah!! ¡Qué rico, uhm, agh!!

    M: ¡Dios!! ¡Qué rica boca, uhm!!

    Ella se levantó y Manolo me la saco de la boca, fue a mis piernas las levanto y me comenzó coger riquísimo, se movía rápido y fuerte, su verga me movía todo por dentro, se besaba con Gina mientras las manos de ella estaban pellizcando mis pezones.

    Gina subió en mí y me comenzó a besar, su marido le metía los dedos en su vagina, mientras nuestras lenguas intercambiaban saliva.

    Manolo me la saco y ellas e puso en cuatro me empujo de forma que mi vagina quedar en su cara y volvió a chupármela y meter sus dedos, mientras tanto Manolo la embestía con fuerza, la montaba delicioso, ¡me excitaba verlo darle con todo a su mujer!

    M: ¡Si, chúpasela mi amor, uhm!

    K: Que rico, uhm, ah, ¡esto es el cielo!!

    K: ¡Amiga, eso, uhm, ah, goza, goza mucho!!

    Me agaché a la mera acción, comencé a lamer la vagina de mi amiga, lo que nunca antes había hecho en mi vida, su sabor agrio y a semen me encantaba, con mi lengua también le chupaba la verga Manolo, ¡los dos estaban encantados con mi boca!

    G: Ah, sí que rico, uhm, ¡que rico!

    M: Esto es fantástico, ¡uhm!!

    Manolo se la saco a Gina y ella se agacho junto conmigo, ambas devorábamos la rica verga de su esposo, el disfrutaba de las lenguas de ambas, a veces el mismo movimiento nos hacía besarnos rico, me al tragaba yo y ella me empujaba la cabeza y después será al revés, le mordía los testículos mientras mi amiga la succionaba, ¡era una verdadera mamada de ensueño para Manolo!

    M: Esto es lo mejor, uhm, coman, uhm, ¡que rico!!

    G: Amiga, uhm, ¡eres una madora!!!

    K: Tú no te quedas atrás, ¡me sorprendiste!

    Ahora yo me puse en cuatro y Gina subió a la cama, se abrió de piernas y empecé a lamerle su concha, ¡mientras tanto Manolo tomaba mis nalgas y masajeaba su pene con ellas!

    G: ¡Uhm, que rico chupas, uhm!

    K: ¡Nunca se lo hice a una mujer antes, erres al primera!!

    G: ¡Que suerte!!

    M: El de la suerte soy yo, ¡uhm!!

    K: ¡Tú ya métemela, uhm!!

    Manolo empezó a metérmela suave, me daba de nalgadas y se movía con suavidad pidiéndome que moviere mi cadera, ¡yo lo obedecí a tiempo que mi boca ya devoraba totalmente la vagina de mi amiga!

    Introduje mis dedos y con mi lengua le daba ligeras mordidas a su clítoris, ella se dio vuelta empinándose dejándome sus nalguitas y su ano para mí, comencé a lamerlo, que rica experiencia, mientras tanto manolo seguía embistiéndome, ¡pero esta vez más rico y fuerte!

    K: ¡Mmm!! ¡Mas, así que rico, uhm!

    G: ¡Oh!!! No pares uhm, méteme los dedos, así mami, que rico, ¡uhm!!

    M: Uhm, me cae que aprietas riquísimo, que nalgas, piernas, vagina, me enloqueces, latina que tu marido sea anticuado, ¡ahorita estaría en el cielo!

    Esas palabras me excitaron más y ahora le metía tres dedos en su vagina a Gina y dos en su ano, mi amiga gritaba se retorcía, yo movía mi cadera en círculos como nunca antes, ¡tanto que Manolo comenzó a venirse nuevamente dentro de mí!!

    G: ¡Ah!!! ¡Riquísimo, uhm, ah!!

    M: ¡Ah!!! Dios mío, uhm, ¡me dejas seco!!

    Manolo me al saco y se quedó acostado mientras yo continuaba gozando de Gina, quien tuvo un orgasmo sacando una riquísima explosión de fluidos que me salpicaron toda, ¡eso me puso más caliente y nos acomodamos en un 69!

    Manolo nos miraba acariciándose la verga, mi lengua entraba en su coño y ano, ella hacia lo mismo, jamás había gozado tanto un oral como el que me daba mi amiga Gina.

    G: Que rica la tienes, depiladita, escurre, jamás me había comido una así y tu culito, ¡rosita uhm!

    K: Uhm, yo nunca había estado con otra mujer, que rico se siente en mi boca todas tus partes.

    Sus dedos exploraban mi coño, su lengua se devoraba mi clítoris, ¡de re ojo observaba a Manolo que se la jalaba para endurecerla de nuevo!

    G: Empínate, ¡déjame verte en cuatro!

    K: ¿Así nena?

    G: Que cuerpazo, uhm, riquísima, ¡toma!!

    Unas nalgadas y arañazos recibí de Gina, ¡mientras dos dedos de ella empezaban a entrar en mi ano!

    M: Así mi amor, dale en su culito, ¡dilátalo para mí!

    G: ¡Si, que rico culito!!

    K: ¡Ah!! Esto es maravilloso!

    Gina me dedeo tan rico mi ano que consiguió que tuviera un rico orgasmo, el cual grite y me retorcí como loca, mientras Manolo y Gina preparaban lo siguiente.

    Gina me abrió las nalgas y tomo la verga de su esposo y empezó a metérmela en mi ano, que rico, ella lo empujaba, yo gritaba, Manolo también, que rico momento.

    G: ¡Si, dásela mi amor!

    M: ¡Gina!! Que rico esta su culito, uhm, ¡aprieta genial!!

    K: ¡Ah!!! ¡Si, uhm!!

    Gina estaba debajo de mi coño lamiéndolo e introduciendo sus dedos, mientras tanto Manolo me empalaba riquísimo, su verga se sentía tan bien en mi ano que solo podía pedirle más!

    K: ¡Que rico, ah!! ¡Si, uhm!

    M: ¡Que amiga tan putita tienes amor!

    G: ¡Muy putita, uhm, la mejor!

    K: Si, soy muy puta, vamos, háganme gritar, ¡cójanme rico!

    M: ¡Como digas nena, uhm!

    Manolo me embista riquísimo, sentía sus huevos rebotando, ya estaba toda dentro, sentía que me sacaba la comida, sentí que vomitaba, pero las ricas lamidas y dedazo de mi amiga me elevaban al cielo.

    Ya no podía más, el placer era inmenso, me movía rápido, me movía en círculos, Gina metía ya cuatro dedos en mi coño y Manolo me embestía brutalmente que inevitablemente me vine, ¡llenado a mi amiga con mis fluidos!

    K: ¡Ah! ¡Dios mío!

    G: Si, sabes riquísimo, ¡uhm!!

    M: Si, uhm, que rico nena, ¡ahí voy también ahí voy!

    Manolo se aceleró, sentía como mi ano ya estaba todo abierto, Gina lo empujaba más a mí, sentía como se inflaba, ¡se endurecía y como me retorcía todo por dentro hasta que empezó a venirse!

    Gina me lo saco y recibió en la cara el semen caliente de su marido!

    G: ¡Sí que rico, uhm!!

    M: ¡Comete mi leche amor, si!!

    K: Si, dame, ¡no seas envidiosa uhm!!

    Gina se levantó y me empezó a besar me pasaba el semen de su boca a la mía y viceversa, el solo miraba gustoso la escena, ambas estábamos llenas de su lechita, que rica noche, pero algo más faltaba!

    G: ¿Te gusto amiga?

    K: ¡Riquísima experiencia!

    M: ¡Pues tenemos una sorpresa!

    ¡Manolo abrió una puerta que estaba en la esquina y de ahí salió mi marido!

    Yo me quede muda, él estaba desnudo y escurría semen de su pene, ¡había observado todo! Gina y Manolo lo habían convencido de mirar!

    E: ¡Ahora entiendo que eres dinamita y quiero estar contigo en todo!

    K: ¡Pero, eso significa que nos ere fiel jamás!

    E: ¡Permíteme ser infiel contigo!!

    A partir de ese día salvamos nuestro matrimonio, comenzamos a experimentar juntos, con Gina y Manolo y con más amigos, mi vida cambio y solo esperamos que pase la cuarentena para continuar gozando.

    Kali

  • Excitante

    Excitante

    Tienes curiosidad por saber de qué va este relato, el título te ha llamado la atención, pero te puedo decir que no va a ser un relato cualquiera, va a ser un relato diferente, que quizás pueda crear un cambio en ti, y que veas cuáles son tus verdaderas necesidades. Sabes que no voy a presentarme, ese halo de misterio, hará que por ahora te quedes, intentado descubrir quién soy realmente, pero quizás, a medida que avanza el relato, tus motivos para quedarte sean otros, y al final, descubras algo nuevo de ti.

    Seguro que estás sentada en la silla pegada a tu ordenador, con este relato delante de ti, creándote poco a poco la necesidad de seguir leyéndolo, pero antes de continuar, me gustaría que me hicieras un favor, y es que cojas unas cosillas de tu casa, para que esto te resulte más… interesante. Coge una cuerda larga o unos cordones de zapatillas, unas pinzas que pueden ser de la ropa, y algún objeto alargado que meterás dentro de ti. Mm eso ya te gusta más ¿no? Pues corre, ¡ve!, tenemos todavía mucho por delante.

    ¿Ya estás de vuelta? ¿Has corrido mucho a por los objetos? Bueno tu respiración levemente agitada me lo está diciendo, pero tranquila, que esto no ha hecho más que empezar. Quiero que te desnudes ahí mismo, frente al ordenador, no te vayas a ningún sitio, quiero ver bien ese cuerpo que tienes, con sus bonitas curvas, estarás preciosa desnuda, y dispuesta para mi, sin tanta ropa de por medio. Hazlo ahora.

    Me gusta lo servicial que eres, ya te has desnudado para mi, con la ropa interior incluida, y quizás sientes un poco de vergüenza, al quitarte todo para un desconocido, que poco a poco se está metiendo dentro de ti. Siéntate de nuevo, y acaricia tu pecho, lo has hecho bien y esa es tu recompensa. Apoya las piernas encima de la mesa y ábrelas bien para mi, que yo disfrute de esa vista tan preciosa que me estás proporcionando, y toca la parte interior de tus muslos, con leves caricias, disfruta de esa sensación, de ese preámbulo. Da diez azotes a tus muslos, ¡ahora! Parece que te ha gustado, veo que tú coño empieza a brillar un poco más, lo estás disfrutando, pero quiero que disfrutes un poco más. Acaricia levemente tu clítoris, que está empezando a hincharse, y requiere nuestra atención, haz círculos sobre él, un poco más, un poco más, un poco más… ¡Para! Espero que no te hayas corrido perra, porque si no me harías enfadar.

    Seguro que ahora tienes una lucha interna pensando ¿pero quién es este, quien se cree que es para llamarme perra? Soy a quien te estás entregando, y por mucho que luches, tu cuerpo no miente, y el que te haya llamado perra, solo te ha calentado más, y quieres que continúe por ese camino, que explore tu humillación. Ahora vas a atarte las tetas, no me importa si están por separado o juntas, pero quiero que las ates fuerte, que cojan ese tono moradito que tanto me gusta, y si no quedan así, repítelo hasta que lo hagan, más te vale no defraudarme, tengo mis esperanzas puestas en ti.

    Ese tono me gusta, veo como poco a poco ya van cogiendo color, pero ahora tus pezones estarán muy sensibles, y no queremos que tengan envidia de tus tetas, así que coge esas pinzas que preparaste antes, y pinza tus pezones. ¿Te duele perra? Sé que puedes aguantar, y que ese coño se está mojando más, lo estás disfrutando como la perra que eres, pero no te preocupes, que vas a seguir disfrutando. Vuelve a acariciar ese coño de zorra que tienes, que sea despacio, todavía no tienes permiso para correrte. ¿Quién quién soy para decirte eso? ¿Para controlar tu orgasmo? Pues soy quien te tiene en una silla, con las tetas atadas, los pezones pinzados, las piernas abiertas, y pidiendo que continúe.

    Quien te diría que estarías así, mojada, y enganchada a mí, ¿qué pensaría la gente si te vieran así? Pero eso no importa mi perra, porque a mí me gustas más ahora, entregada. Bájate de la silla perra, y pon lo que hayas cogido para meterte en el coño en ella, da un beso a la pantalla, en respeto hacia mí, y siéntate de golpe, quiero que te entre hasta el fondo, y que comiences a saltar como una puta, que sé que te encanta. Abre esa boca y saca la lengua como las perras buenas. No pares de saltar, quiero oírte gemir para mí, que supliques que te dé más, dilo en voz alta, ¡Más alto!

    Ahora quiero que cojas tu móvil y te hagas una foto, que salga bien tu cara de perra, para que así recuerdes este momento. Siéntate en la silla, apoya las piernas en la mesa, bien abiertas, y vuelve a metértelo en el coño si te lo has sacado, y hazte otra foto, donde se te vea bien, quiero que las guardes, para recordarte siempre este momento, y todo lo que lo has disfrutado.

    Di en voz alta lo que eres, di lo perra y lo necesitada que estás, más fuerte, que te oiga todo el mundo. Ahora fóllate ese coño de puta que tienes, y a la vez te dad pequeños azotes en el clítoris, y cuando lleves cinco, lo masturbes también hasta que te corras como la guarra que eres.

    Ahora tienes la respiración bien agitada, el sudor del esfuerzo recorre tu precioso cuerpo, y tu coño lo has empapado con tus flujos de perra. Mmm que sucia eres, pero me encantas así. Hazte una pequeña foto para tu colección, donde se vea tu cara y como te has corrido, y que esto te encanta. Quita eso de tu coño, las pinzas y las cuerdas. Quiero que me des las gracias por el placer que te he dado perra.

    Por ahora me despido de ti, pero nos volveremos a ver, espero que lo hayas disfrutado mi perra, hasta pronto.

  • Primer beso, sexo y orgasmo

    Primer beso, sexo y orgasmo

    Cuando recibí su solicitud de amistad hace algunos días no lograba reconocerla. Ha pasado tanto tiempo y muchas de esas memorias se van borrando paulatinamente. Y mi experiencia con Ximena, fue una que creo mi consciente con ese sentimiento de culpabilidad de alguna manera siempre intentó bloquear.

    Ximena era esa chica recatada de la escuela, muy aplicada en sus estudios que inclusive pertenecía al grupo de los que muchos llaman “nerds”. En la escuela solo coincidí con ella en dos clases y es como también conocí a la China, así le llamábamos a su amiga quien era de nacionalidad taiwanesa, chica flaca y con unos lentes de una gruesa graduación. En cambio, Ximena era muy atractiva, de un semblante deportivo pues incluso representaba a la escuela en el deporte del tenis. Tenía un rostro ovalado, cabello y ojos oscuros, de una altura de aproximadamente un metro y sesenta y cinco. No tenía mucho busto, pero si una bonita y redondita cola. Le lucían muy bien los pantalones vaqueros que vestía bien ceñidos a su atlético cuerpo. Era de esas chicas populares de la escuela y muchos querían con ella, pero no recuerdo haberla visto con novio o con muchos amigos del sexo opuesto. Sé que muchos querían con ella, pero Ximena de alguna manera procuraba estar alejada de chicos como yo.

    Mi caso era diferente. Aunque fui aplicado para mis estudios que inclusive me gané algunas becas, la mayoría me conocía por promiscuo, por andar como dicen por ahí: de pica flor. No lo podía negar y aunque esto me causaba mucha estima por ser aceptado por muchas chicas, también me afectaba en llegar a chicas que no solamente me gustaban por su belleza física, pero también por la manera que eran. Y Ximena era esa chica que me gustaba mucho y sabía que yo le gustaba, pero se imponía mi reputación y cuando nos conocimos la chica más extrovertida de la escuela de nombre Gabriela, procuraba a toda costa hacerle saber a todo el mundo que ella era mi novia; inclusive cuando realmente ya no teníamos nada entre sí.

    Cuando ya no la miraba muy seguido a Ximena fue porque ya no coincidimos en ninguna clase y las veces que le miraba era siempre en los recreos con su grupo de “nerds”. No recuerdo las circunstancias, pero un día la China me invitó a un asado en su piscina. Sé que yo le caía bien a la China, pero estoy seguro de que ella debía de intuir que ella no era el tipo de chica que me atraía. Me fui con mi amigo en el vehículo que mi madre me permitía conducir, pues él verdaderamente estaba obsesionado con Ximena y sabía que estaría ahí esa tarde.

    Cuando llegamos ya había un buen grupo y se oía la algarabía alrededor de la piscina. Resulta que los padres de la China se habían ido desde el viernes a Las Vegas y llegarían hasta el domingo por la tarde. La fiesta o el asado se extendió hasta horas bien entrada la noche y ahora que Ximena me contacta por medio de estos medios sociales me llegó el recuerdo de esta íntima experiencia.

    Ese día Ximena vestía un traje de baño de dos piezas de color verde olivo. Con su altura y semblante atlético se miraba espectacular, era la que atraía la mirada de los muchachos que estábamos ahí, especialmente que era bien conocido que ella no tenía novio. Su cabello espeso quebrado y oscuro siempre lo lució corto y tenía un cuello delgado y de tez clara donde siempre se le veía una cadena de oro y como medalla una rosa. Se le miraba sensual. Era muy bonita, pero lo que más me gustaba de esta chica era esa sonrisa dulce y coqueta. Sus labios eran simétricamente gruesos y usaba este color rojo en sus labios que siempre me dieron los deseos de besarla.

    Aquella tarde después de haber pasado nadando en la piscina, ya para eso de las siete de la noche y que nos preparábamos para hacer un baile en la sala, salió Ximena vistiendo un pantalón corto color blanco, donde se le miraban esas piernas sedosas y atléticas que tenía, una blusa color negra que le caía sin llegar a cubrirle el ombligo, calzaba zapatos tenis y todos nos pusimos a bailar el uno con el otro. No era cuestión de parejas, todos bailábamos con todos, pero sin la intención de presumir, éramos Ximena, mi amigo y yo, los que por tener esa sangre latina sobresalíamos en el baile.

    A eso de las diez de la noche salí a refrescarme a solas cerca de la piscina, pues con ese ambiente y el ponche alcoholizado se sentía mucho calor. No sé si me siguió, pero segundos después la veo aparecer a Ximena. Hice como que no la había visto y caminé a paso lento hacia un lado de la casa por donde estaba realmente oscuro pues había dos árboles de naranjos o de cítricos. También se podía salir por ahí, había un portón, pero la mayoría habíamos entrado al otro costado de la casa. Ximena se acercó por la entrada del camino y me preguntó:

    – ¿Qué haces allí?

    – ¡Refrescándome… meditando! -le respondí.

    – ¿Te puedo hacer compañía? -me preguntó.

    – ¡Si no le temes a la oscuridad… ven!

    La verdad que estaba muy oscuro, que apenas uno se podía ver sus propias manos. La vi caminar con desconfianza y me le acerqué y la tomé de las manos. Esos ponches si estaban bien cargados; yo que estaba acostumbrado a tomar alcohol sentí que me habían hecho efecto y creo que lo mismo sentía Ximena. Cuando la tomé de la mano sentí su nerviosismo, quizá pensaba de qué diablos hacía ahí conmigo. No la dejé pensar mucho y la besé en sus labios y ella había correspondido. Nos besamos como cuando se besan unos jóvenes… eso éramos. Besándola intentaba tomarla de sus nalgas y algunas veces bajé hacia sus piernas pues usaba pantalones cortos y quería sentir su piel. Ella cada vez que lo intentaba me llevaba mis manos a su cintura y recuerdo que me dijo: ¡Pareces un pulpo!

    Nos besamos apasionadamente por largos minutos y a la vez le besaba el cuello. Quería llegar a sus pequeños pechos, pero ella no me lo permitió y no sé cómo pasó, pero posteriormente estaba frente de mí y la tenía por sus espaldas. Le continuaba besando el cuello mientras que con mis manos frotaba sus pechos por sobre su blusa. Sabía que sentía mi paquete bien erecto friccionando su pronunciado trasero y creo que eso le excitó y en esa posición besándole el cuello desde atrás logré desabrocharle su pantalón corto. Pensé que me lo iba a impedir, pero mi mano se deslizó hasta encontrar su monte venus.

    De alguna manera su pantalón corto se bajó y se sostenía al nivel de sus rodillas. Mi mano acarició el calor de esa abertura de su conchita cálida y húmeda. Con mis dedos comencé a sobar su clítoris. Mi mano derecha en su vulva y mi izquierda en uno de sus pechos y seguía besando su cuello. Ximena suspiraba, gemía y sentía un temblor en sus gemidos y en su cuerpo. Con los minutos, mis dedos no solo masajeaban el exterior de su sexo, mis dedos se hundían a ese fuego exquisito de su vagina juvenil. Pude sentir su orgasmo, pues sus piernas temblaron por esa excitación y Ximena hizo un pequeño grito que supe que era de placer. Le he bajado su panti hasta su rodilla y de alguna manera en esa posición sobre su espalda le asomo mi glande a la entrada de su paraíso. Ella me quiso gritar un “no”, pero ya era tarde. Mi glande se hizo camino y le abrí esas reducidas paredes y ella solo exclamó: “No Tony”. Hice caso omiso y la seguí pompeando por unos cuantos minutos hasta que eyaculé en su deliciosa y húmeda vagina.

    En ese momento se calló todo… la oscuridad quedó en silencio y recuerdo que Ximena se subió su panti y su pantalón corto de color blanco y yo hice lo propio y salté ese portón… subí a mi automóvil y me quedé unos cuantos minutos a pensar. De repente mi amigo se aparece, entra al coche y me dice antes que cierre la puerta: ¡Hueles como si te acabaras de comer una panocha! – Nos fuimos y al llegar a mi casa, solo podía vivir repitiendo lo que había vivido esa noche con Ximena.

    No la vería hasta un mes después. Era el último baile de despedida para terminar aquel ciclo escolar de nuestra juventud. Me incomodaba verla… no sabía cómo responder y no sabía en realidad si ella querría acercarse a mí de nuevo. No estaba al tanto de las actividades de la escuela, pero esa noche Ximena sería coronada como la reina de ese año. Como dije… había muchos admiradores y yo apenas pude acercarme para felicitarla. Me vio y con su agraciada magia sensual recibió mi beso en la mejía y un abrazo. No intenté ni a sacarla a bailar en aquella noche… me sentía una basura ante ella. No recuerdo que palabras usó la China para decirme y me insinuaba que Ximena dormiría esa noche en su casa. No sé si era algo planeado, pero me encontré con Ximena en ese mismo lugar. Nos besamos apasionadamente e hicimos lo mismo de un mes atrás. La única diferencia que esta noche yo llevaba un par de condones. En esa oscuridad y parados hemos hecho el amor y Ximena se ha ido dos veces y las mismas me fui yo.

    Esta noche había más luz, la luna iluminaba mucho más. Llevaba ese vestido de color marfil de superficie rustica. Esta vez me permitió desabrocharle el vestido y por primera vez saborear sus pequeños pechos. No se lo removí completamente, pero si le removí su panti el que quedó en un bolso de mi pantalón. Aquella noche en esa acera dura Ximena se ha recostado y me abrió sus piernas para sacarle un orgasmo oral. Me quiso bloquear, pues creo que no se lo esperaba, pero tampoco ella quería hacer mucho ruido y tuvo que ceder. Le hundí la lengua en su rica y húmeda rajadura y ella cedió al placer que le provocaba. Como cualquier joven inexperto, después de verla disfrutar de su orgasmo fácilmente me fui con una eyaculación que dejó con ese olor a cloro que neutralizo el aroma de los cítricos.

    El segundo palo lo hicimos parados y Ximena solo apoyó sus brazos en contra de la pared. Al principio comenzamos con unos embates violentos por nuestra ansiedad de hacernos sentir el uno al otro, pero en el silencio de aquella oscuridad se oían los cacheteos de sus nalgas chocando con mi pelvis. La penetración se volvió más lenta y delicada pero profunda. Con los minutos la vi experimentar su segundo orgasmo y aunque Ximena no me lo anunciaba, podía sentir su temblor en sus piernas y como su vagina vibraba. Suspiró tragándose sus propios gemidos y solo aceleró ese vaivén para saciar la excitación que vivía. Era mi segundo palo y lo habíamos iniciado después de terminar el primero (ventajas de la juventud). Me tomó otros cinco minutos después de oír acabar a Ximena que sentí de nuevo la explosión y no me importó como se oía ese cacheteo de sus nalgas, se las golpeé a placer hasta que me salió la última gota.

    De nuevo, Ximena se mostró un tanto inquieta y no sé por qué… no lo recuerdo; salte aquel portón y mi amigo que me esperaba en mi coche me vuelve a decir: – Hoy si sé, hueles a la panocha de la China. Nunca se lo rectifiqué, pues tampoco quería herir sus sentimientos, pues sabía que Ximena era su amor platónico. No me di cuenta hasta días después que lavaba mi ropa que encontré su bikini color oro en el bolsillo de mi pantalón. Me gustó mucho encontrarlo pues me hacía revivir ese momento cuando se los bajaba. Estaban secos y tostados donde sus jugos vaginales se habían secado. Los olía y me recordaba de la rica cogida que nos habíamos dado.

    Quizá hubiésemos empezado una relación pues ambos nos gustábamos, pero cerca de mí siempre había una chica que intentaba ligarse conmigo y eso de coger con chicas diferentes se me había hecho ya una adicción a temprana edad. Creo que Ximena lo intuía y la última vez que la vi de lejos fue cuando estuvimos en la ceremonia de graduación.

    Cuando Ximena me contactó y volvimos a recordar esas vivencias, realmente olvidaba detalles que ella dio a luz al recuerdo de esos días. Enfatizó con decirme que fui yo el primer hombre en su vida. Me dijo de una manera muy sentimental que yo había sido ese primer beso y que había perdido la virginidad y logrado su primer orgasmo ese mismo día. Hice el recuerdo y remonté esa primera noche en la piscina. Llegué a casa y en esos días usaba de esos calzoncillos blancos de algodón y recuerdo esa mancha rojiza en ellos. Vagamente pensé en que Ximena estaba en su menstruación, pero ella me aclaraba que ese día había perdido su virginidad. En esa plática me dijo algo que me alivió de ese sentimiento de culpa de esos años: – Nunca nadie me había besado… ese día ese muchacho que tanto me gustaba me besó y me hizo el amor… me hiciste sentir esa primera sensación que me mantuvo enamorada de ti hasta que un día conocí al que vendría a ser mi marido. Esa noche lo perdía todo, pero lo ganaba todo… me hiciste tu mujer y lo disfruté como toda una mujer y pensé… que quería sentirlo una segunda vez. -Yo le pregunté:

    – ¿Por qué dijiste “no”? Me sentí culpable tiempo después por lo que había pasado.

    – Creo que solo quería camuflar mis deseos y en verdad quería decir “si”. ¡Qué bueno que no me hiciste caso! En ese momento solo quería sentirte.

    También me contó lo afligida que se sentía esa primera vez que lo hicimos, pues cuando entró al baño a limpiarse de esa primera corrida que le deje ir, ella no se esperaba ver tanto liquido blancuzco con esa mancha rojiza. Me dijo que le quedó una sensación de ardor, pero también no entendía ese enorme placer que fue su primer orgasmo. Se lo contó a la China y pasaron hablando de lo mismo con ella sobre esa primera cogida que hasta cree que su amiga se masturbaba viviendo en su fantasía el relato de Ximena. Vivió esa semana con mucha incertidumbre hasta que se sintió aliviada de ver llegar otro ciclo menstrual ocho días después.

    Ximena tiene un doctorado en psicología al igual al que obtuvo mi madre. Hemos platicado y me ha liberado de esas culpas del pasado. En su última plática ella terminó diciendo algo que me hizo sentir muy bien:

    – No te sientas culpable Tony, pues yo lo quería. Desde que te conocí siempre soñé un momento como ese. Fuiste mi fantasía y mi realidad y goce de ambas. Sabes y siempre te lo quise decir: ¡Que hermosa verga tenías! Sueño de vez en cuando con ella.

    Sigue viviendo cerca de la misma vecindad de la escuela. Fue un secreto que ella junto con la China llevan en común, pues como también hacemos muchos de los varones en esa época, la China fue espectadora sin yo darme cuenta de esa segunda y última cogida que nos dimos con la hermosa Ximena.

  • Los tres mosqueteros

    Los tres mosqueteros

    Mi mejor amiga, Barby, y yo cumplimos años con pocos días de diferencia. Para nuestros 30 añitos decidimos hacer una fiesta de disfraces.

    Barby estaba disfrazada de Caperucita Roja con una pollera bien corta roja, una capa con capucha también roja, una camisola blanca, el mini delantal blanco, botas altas hasta la rodilla negras, boca roja, y en la canastita varios preservativos, algunos chicles y otras cosas.

    Mi disfraz era de Enfermera con un guardapolvo blanco muy cortito que dejaba traslucir por debajo un conjunto blanco, de encaje, Mis tetas hechas, tacos altos, cofia con cruz y labios rojos.

    Había 50 personas aproximadamente invitadas.

    Con Barby somos amigas desde los 13 años, desde la escuela.

    Con ella compartimos todo, nos contamos todo, no hay secretos entre nosotras.

    Nos contamos nuestras experiencias sexuales, todas…

    Barby sabía que Tomy, su hermano, me re- calentaba y yo sabía que a ella la volvía loca Lucas, el mejor amigo de Tomy.

    Entrada la madrugada y la fiesta, estábamos con Barby en la cocina, alcoholizadas, buscando más bebidas y cruza la puerta un muchachote vestido de Mosquetero.

    Para mi sorpresa era Tomy, que después de abrazar y besar a su hermana con el afecto de un hermano, fijó sus ojos en mí… completamente en mi.

    Nunca me había mirado así, con ojos de devorador.

    Se mordía los labios mientras caminaba hacía mi con los brazos abiertos. Cuando me abrazó, me levantó del piso mientras me decía: -que tremenda estás!! Sos una bomba!!!

    Yo, que estaba medio borracha aproveche la situación y le lancé un: -haceme explotar entonces.

    Barby nos vio y no quiso perderse semejante batalla. Abrazó a su hermano por atrás y le susurró: -cogetela! Mientras yo me subía a la mesa que estaba en medio de la cocina.

    En ese momento entraron a la cocina los otros dos Mosqueteros, que eran Lucas y otro amigo que no recuerdo su nombre pero le decían Toto que se sumaron a nosotros.

    Yo ya estaba entregada, sentada en la mesa, con las rodillas flexionadas, los pies apoyados en la mesa y las piernas abiertas esperando a ser cogida por el chico que me había calentado desde los 13 años.

    Al ver a los otros dos Mosqueteros que se sumaban a nuestra fiesta sexual, Barby se sentó al lado mío, en igual posición y empezamos a besarnos.

    En cuestión de segundos los Tres Mosqueteros quedaron desnudos.

    Tomy empezó a cogerme. Yo estaba como loca, siendo apretada por unos brazos musculosos, besada por unos labios carnosos y penetrada por un pene duro que empujaba hacia adentro mío con fuerza.

    A mi lado Barby se la chupaba a Toto mientras que Lucas la cogia por atrás.

    Pasó de todo.

    Barby me besa y siento que desde atrás Toto me aprieta las tetas y me muerde el cuello mientras Lucas y Barby se cogían cada vez más fuerte hasta llegar a ese punto donde es necesario parar, Barby se acomoda y le acaba en la boca.

    Yo estaba recostada sobre la mesa, apoyando mis pezones parados en ella, mientras un mosquetero me cogía y el otro me agarraba con fuerza la cabeza para acabar en mi boca.

    No recuerdo cuánto tiempo duró, ni qué más pasó. Solo recuerdo que esa noche terminamos todos desnudos y nos cogieron a mi amiga y a mi Los Tres Mosqueteros.