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  • Las aventuras de mi esposa (VII)

    Las aventuras de mi esposa (VII)

    Bueno voy a continuar contando las aventuras de mi esposa y de cómo me gusta verla tener relaciones con otros para después unirme a ellos.

    Era una tarde en nuestra casa como siempre y yo le llamo a mi esposa que, si puede venir a mi lugar de trabajo que es una fábrica, ella llega y me saluda y yo la abrazo y la beso le dije es que se me ha olvidado algo y lo ocupo gracias por traerlo, ella me entrega lo que le pedí y se va.

    Un compañero me dice: “tu esposa es la más linda quisiera una así”, y yo le contesto: “si bueno podemos hacer algo al respecto”. Le comento acerca de nuestra vida sexual y de cómo me gusta verla con otros hombres, entonces él me dice que estaría encantado de estar con ella.

    En la noche le comento a mi esposa sobre eso y me pregunta que, si le gustaría estar con él pero que, si no habla problema porque era compañero del trabajo, le digo que no que él estaba de acuerdo en mantener el secreto.

    Unos días después mi esposa llegó a la fábrica era la hora del descanso y en eso la vimos mi compañero y yo, los presenté y los tres nos fuimos a unos baños que a esa hora están solos, mi esposa comenzó a desnudarse y mi compañero se puso muy excitado, sacó su pene y ella empezó a chuparlo, él no lo podía creer, él terminó muy rápido y ella se tragó hasta la última gota.

    Después mi esposa se puso contra la pared y yo le di la protección a él, se la puso y empezó a penetrar a mi esposa por detrás mientras ella solo gemía como siempre, después el me pregunto que, si se podía correr dentro yo le die que sí que no había problema, entonces él se corrió y ella soltó un gemido. Después yo le pasé otra protección y él se puso y entonces tomo a mi esposa, la sentó en el suelo y empezó a penetrarla otra vez, pero esta vez más salvaje y lo mejor es que podía ver como la penetraba si compasión y escuchar los gemidos de ella, después se volvió a correr dentro y mi esposa grito: estoy muy satisfecha.

    Entonces la campana sonó y los dos se pusieron la ropa muy rápido los tres salimos de ahí y mi esposa se despidió de nosotros.

    Al día siguiente mi compañero me dijo que no podía dejar de pensar en ella que incluso se había masturbado pensando en ella y que estaría encantado de hacerlo de nuevo.

  • Enamorada de mi prima

    Enamorada de mi prima

    Me llamo Brenda, tengo 22 años y estoy enamorada de mi prima. Siempre supe que era gay, independientemente de toda esa difusión y apertura que se le ha dado a la homosexualidad, en realidad a mí no me ha ayudado en mucho, jamás eliminé el miedo a salir del closet, la sociedad limita la expresión por las buenas costumbres, más en la familia en la que crecí. Emma tiene 20 y tiene una figura envidiable, cabello negro lacio, no tiene el busto muy grande, mide 1.58, es muy bajita lo que hace que su culo se vea mas grande pues tiene caderas grandes, es divina, desde muy pequeña comenzó a practicar gimnasia así que hacía resaltar sus bien torneadas piernas.

    Cuando vamos caminando veo como los hombres la ven, pero no me molesta, es guapa y obviamente llama la atención, yo mido 1.65 y mis medidas son 94, 59, 88, si lo sé, tengo mucho busto y los hombres me persiguen, pero yo solo tengo ojos para Emma.

    Cuando éramos mucho más jóvenes encontramos en unas cajas viejas unas películas porno, cuando estábamos solas las pusimos, la primera escena era un hombre con una gran pija encima de una rubia con un busto enorme, la embestía por el ano como un toro mientras ella aullaba de placer. Para serles sinceros no me gusto, ni sentí cosquillas, pero volteé a ver a Emma y tenía los ojos muy abiertos y su boca ladeada por el gusto de ver, se veía que se le antojaba.

    Quitamos las películas y las escondimos, en mi cuarto nos quedábamos las dos cuando ella venia de visita.

    Unos días después nos levantamos casi a media noche y las pusimos desde el principio. Lo que vi nunca lo olvidare. En pantalla aparecieron dos mujeres hermosas acariciándose y besándose, se nalgueaban y jugueteaban sus lenguas con deseo, chupaban sus pezones y mordían, se bajaban las tangas y comenzaban a acariciar sus clítoris. Succionaban sus labios con dulzura, arriba y abajo con la lengua, en toda su extensión de la vulva, yo estaba excitadísima.

    -Emma, ¿te has masturbado alguna vez?

    -Solo una vez en la regadera, pero casi no me gusto.

    Recuerdo que tenía yo tenía un pantalón holgado, y una playera de dormir, me las quite argumentando que tenía calor, quede desnuda (no era la primera vez que Emma me veía así).

    – ¿te molestaría si me masturbo aquí?

    -No Brenda, supongo que es algo natural, algo que se disfruta, si no, mira esas chicas, están gozando de lo lindo jajaja.

    Me acosté de lado y comencé a sobar mi pubis, jugueteaba mi vello púbico, las yemas de los dedos rozaban mis labios vaginales y yo suspiraba. Comencé a sobar la parte de arriba de mi vulva y sentía como me iba humedeciendo cada vez más, ¡Mmm! ¡hhhaaa! yo tenía una sábana encima, pero Emma sabía lo que estaba haciendo, ella estaba atenta a como las actrices se penetraban la una a la otra con un consolador transparente. De repente dijo algo sin quitar la vista de la pantalla, algo que me saco de mi delirio.

    -Si quieres puedes besarme

    Quede estupefacta de su afirmación, sin embargo, rechace la oferta ya que me dio miedo que solo fuera una afirmación dicha sin pensar. Seguí masajeando mi clítoris y en cuanto logré meterme dos dedos tuve un orgasmo. Me quede exhausta pero feliz. El sueño me venció.

    Un par de años después nos encontramos en una fiesta, tomamos mucho y bailamos, no podía dejar de verla y ella correspondía mis miradas, bailamos con hombres, nos divertimos mucho pero el alcohol me hizo que comenzara a provocarla, a acercarme a ella y rozar su cuerpo al bailar, ella solo sonreía y se sonrojaba.

    Esa noche como esperaba se quedó a dormir conmigo, yo estaba muy ebria así que solo recuerdo que le dije que la quería mucho y que de mi podía obtener lo que quisiera, todo.

    Meses después nos reunimos los primos, estuvimos tomando y bailando, pero no podía cometer el mismo error, me mantuve sobria, al final nos quedamos solas platicando, me platicaba de sus amigos y aventuras compitiendo en gimnasia.

    -quieres ver algo que aprendí, lo estuve practicando.

    Se recostó en la alfombra, después levanto sus piernas y las puso junto a su cabeza, sacando las manos por enfrente, sus piernas quedaron atrás de sus orejas y cabeza mostrando terrible chocho, tenía una licra ajustada así que se marcaban sus labios vaginales, una pata de camello deliciosa. Al ver mi expresión comenzó a reír, pero yo no soporte más.

    En esa posición la tome de las cienes y la bese, ella correspondió mi beso, la posición era ideal para chuparle hasta la sombra. Nos besamos larga y cálidamente, jugueteaba con su lengua y se la metía hasta adentro, la acaricie suavemente, ella se inclinó y perdió la posición, la levante y tome de la mano, la dirigí hacia mi recamara.

    La seguí besando y tocando sus pechos, le pusimos seguro a la puerta, seguí jugando con sus pezones y lamiendo su cuello, besaba tan rico que yo ya estaba húmeda, quería devorarla, quería succionar sus jugos. -Ahora sí, haz la posición, pero desnuda.

    Sin decir una palabra se sentó en la orilla de la cama y subió sus piernas por detrás de su cabeza, tenía un cachetero rosa el cual se veía hermoso, lo hice a un lado y comencé a deleitarme con su jugosa panocha, lamia de arriba abajo su vulva, con la yema de los dedos jugueteaba su clítoris haciendo que se pusiera duro para luego chuparlo, jugaba con él y no dejaba que bajara su densidad, Emma gemía de placer, ¡Mmm!, ¡hhhaaa! yo estaba extasiada, succionaba sus labios vaginales y mordía su clítoris. Mi lengua vibraba sobre su vulva, a veces metía mi lengua en su agujerito y volvía a atrapar su clítoris con mis dientes alternando movimientos.

    ¡Ahhhhh!, ¡voy a terminaaaarrr!- No contuvo el gemido, lo soltó como si no hubiera nadie en casa, pero todos estaban vencidos por el alcohol, yo me desnude completamente, saque un vibrador de un cajón, ella me vio con temor pero a la vez con deseo. ¡Mmm!! mmmételo, métemelo aquí, fóllame! Me decía sobando su agujero con lubricante.

    Chupé el pene de plástico para lubricarlo, después le di una lamida rápida a su conchita. Lo iba metiendo poco a poco. Cuando entro todo lo movía con ritmo, yo me masturbaba viéndola mientras la penetraba con el vibrador. ¡Aah!, ¡Aah!

    Tuvo otro orgasmo brutal, yo al verla estaba extasiada, tenía a mi merced a la mujer que amo, cambiamos de posición y yo la puse arriba de mi en un sesenta y nueve, le comencé a chupar la puchita de nuevo, sobaba sus nalgas y su culo, metía el dedo por su ano, le lamia el clítoris y su agujerito mientras metía y sacaba el consolador, yo al sentir sus labios también tuve un orgasmo, le pedí que me metiera el consolador a mí y me succionara el clítoris, al sentir sus húmeda lengua sentí un placer indescriptible.

    Terminamos cuando tuvimos un orgasmo al mismo tiempo. Nos quedamos dormidas desnudas solo tapándonos con una sábana.

    Después de ese día se fue y no la volví a ver hasta hace poco, que me dijo que venía nuevamente a vivir a mi ciudad.

    Acabo de recibir un mensaje de Emma.

    -Hola Brenda, ¿cómo estás?, ¿te puedo enviar una foto de que tan flexible soy ya?

    Espero contar con su opinión y puntos de vista o lo que sea que me quieras contar, también si queréis platicar y contarme sus fantasías, deseos o encuentros, no importa género o preferencia sexual. Mi correo es [email protected]. Saludos.

  • De mujeriego a bisexual: Confesiones de Samir (2)

    De mujeriego a bisexual: Confesiones de Samir (2)

    Holaaa… cachondos! Espero que sus cuerpos estén listo para otra confesión.

    Después de mi experiencia con David (el fisgón de mi equipo de fútbol) comencé a disfrutar el hecho de provocar el deseo en los hombres.

    Cuando veo el deseo hacia mi en la mirada de algún chico (generalmente los que ocultan sus preferencias pero son traicionado por sus ojos) les hago saber con algún gesto sexy en mi rostro que me di cuenta y les sonrió!

    Normalmente estos hombres reaccionan ruborizados, tartamudeando e incluso con erecciones espontáneas! Y Recordando el consejo de Dalia (mi prima perversa) “no seas un simple hombre en la cama, conviértete en una fantasía hecha realidad”, les dejo volar su imaginación.

    Me calienta excitar, provocar lujuria y orgasmos tanto en mujeres como hombres! Y de aquí en adelante soy más flexible.

    Paso casi un año desde David y comienzo en la uni, allí conozco a Inés, una diosa! Pelirroja, 1.70 de alto, piel clara y rosada como porcelana, cuerpo perfecto (senos paraditos y culo para irse de boca), labios provocadores y ojos verdes! Desde que la vi me encanto!

    De inmediato note el deseo hacia mi cuerpo en sus ojos, pero también algo más! Ella también era experta en seducción me recordaba a Dalia. Era dueña de su belleza y sabía cómo utilizarla. Así que decidí dejar que ella fuera la cazadora y yo la presa. Inmediatamente comenzamos el juego.

    Un día la veo entrando a un cubículo en la biblioteca para estudiar con su amiga Isabel (espacios pequeños cuyas paredes son mitad cristal y mitad madera con una mesa y 4 sillas con el fin de estudiar en grupo sin molestar a las demás personas).

    Ella me ve y con la mano me dice que entre. Al llegar, ellas están riendo en complicidad e Isabel saluda y dice:

    “Qué bueno que estás aquí, me tengo que ir y no quería dejar sola a Inés”

    Yo: tranquila se quedará en buenas manos!

    Isabel: eso veo! (Escaneando mi cuerpo de arriba abajo mientras se va)

    Inés: siéntate aquí a mi lado y préstame tu chaqueta que tengo frío!

    Yo me la quito lentamente para que mi playera marque mis pectorales y se levante un poco mostrando mis abdominales.

    Los ojos de Inés se abren y me dice mientras me siento a su lado:

    “Cómo haces para que no te muerdan”

    Yo: pues… yo muerdo primero! (Con voz baja a su oído)

    Debido a la visibilidad del lugar y las normas no podía ni besarla, para mi era una batalla perdida, pero ella tenía otra cosa en mente.

    Después de colocarse mi chaqueta sobre sus hombros abrió un libro en la mesa y con la mano que estaba entre ella y yo apretó mi pierna subiendo lentamente hacia mi paquete que ya estaba expandiéndose por la sorpresa.

    Yo la miro con picardía, pero ella finge estar leyendo como si nada, al tiempo de estar masajeando mi erección sobre el pantalón, el pene comienza a molestarme exigiendo espacio y yo trato de mejorar mi posición pero no puedo. Entonces Inés dice al pasar una página:

    “Sácalo…”

    Ella quería probar si yo era capaz de seguir el juego, Y mirándola… con una mano solté el botón del jeans, baje el cierre y libere a la bestia a través del bóxer quedando oculta debajo de la mesa. Inés sin pestañear y “concentrada” en su libro toma mi pene y dice:

    “Estás muy bien equipado… cuánto aguantarás?”

    Yo: más de lo que necesites amor!

    Inés sonríe sutilmente y comienza a mover su mano de arriba abajo lentamente, subiendo y bajando por completo la piel que recubre mi glande. Era muy placentero pero no había espacio, así que me estiro hacia atrás levantando mis brazos mientras bostezo reubicando mi cintura y dándole más movilidad.

    Ella aprovechó este instante dándole jalones rápidos a mi pene que me tomaron por sorpresa. Me incorpore nuevamente a la mesa pero esta vez quedando a la vista como si estuviera semi acostado en la silla por el aburrimiento.

    Seguidamente tomo el celular y lo sostengo encima de la mesa cubriendo con mi brazo parte de los movimientos de Inés y el otro brazo lo coloco por detrás de ella simulando un tierno abrazo.

    Ahora Inés puede masturbarme con más libertad pero los movimientos son más visibles. Era muy excitante, por dentro quería tomarla y cogerla en la mesa pero estaba a merced de su mano únicamente para desahogar mi hombría.

    Estuvimos así unos 15 minutos con ritmos irregulares y yo aún sin señal de acabar pero disfrutando muchísimo! Ella se estaba cansando por la posición y me dice al oído

    “Tú ganas… quieres acabar o no?”

    Le doy una sonrisa victoriosa y me reubicó nuevamente en la silla acercándome más a Inés ocultando casi por completo su brazo y mano entre los dos (aun masturbándome, pero más despacio).

    Abro un poco más las piernas ya extendidas bajo la mesa, estaba muy lubricado con el líquido preseminal, ella sutilmente levanta la mirada para ver a su alrededor y de pronto…

    Comienza a masturbarme a una velocidad sorprendentemente rápida recorriendo por completo mi pene de arriba abajo (esto gracias a que apoyaba su brazo de mí clavándome el codo en el abdomen) y de un minuto a otro comienzo a bombear con mucha fuerza todo mi acumulado semen caliente debajo de la mesa!!!

    Fue fantástico! Inés al darse cuenta que ya expulse todo, me suelta el pene, limpia su mano con mi playera y se levanta no sin antes decir:

    “Creo que yo gané!” (Se va con mi chaqueta, dejándome sentado con el jeans y playera húmedos por el desastre que acababa de hacer.)

    Yo al mirarme tuve que esperar un rato a que no hubiesen personas cercanas para salir directo a mi carro e ir a casa a cambiarme.

    Ese día perdí dos clases y un examen importante, las clases no eran problema pero el examen ponía en riesgo la aprobación de esa materia, así que al siguiente día fui a suplicarle al profesor una oportunidad la cual me negó rotundamente.

    Manuel (el profesor) era gay declarado y muy afeminado de 30 años aproximadamente, un tipo normal algo pasado de peso y yo sabía que le gustaba ya que siempre que tenía oportunidad miraba mi entrepierna.

    En su oficina luego de negarse a darme la oportunidad, decidí crear una nueva opción, muy arriesgada, si…! pero si confío en algo es en mi habilidad de seducción. Cuando me disponía a salir cerré la puerta con seguro, regrese a su escritorio y le dije con voz dominante:

    “Manuel… (tuteándolo) tú tienes algo que quiero y yo algo que quieres, vamos a resolver esto de una manera más creativa”

    Manuel sorprendido por mi actitud seductora y nervioso, se ajusta en su silla tratando de recobrar la compostura, y yo continúo:

    “Todos tenemos necesidades y yo sé que es injusto pedirte un favor tan especial sin ofrecerte algo especial… yo no te pido que me regales la calificación, solo la oportunidad de entregarte un proyecto extra y algo más…”

    Me coloco al lado de su silla recostándome del escritorio con las piernas cruzadas (yo vestía jeans negros, playera amarilla y zapatos blancos), mientras coloco una mano cercana a mi entrepierna y con la otra me arreglo el cabello

    Podía ver el deseo dominar los ojos de Manuel y su cuerpo temblar (ya estaba en mis manos) entonces el responde con voz nerviosa:

    “Algo más..? (Tratando de ponerse serio y continúa) Si estás ofreciéndome dinero…”

    Interrumpiéndolo, tomo su mano y llevándola a mi entrepierna le digo:

    “Por favor Manuel… estamos en confianza!… Lo quieres chupar?”

    Con mi otra mano bajo el cierre de mi jeans y llevo su mano adentro (mi pene se está comenzando endurecer)

    Manuel asiente con su cabeza confirmando su deseo y abre la boca humedeciendo sus labios.

    Me quito el cinturón y el botón del jeans bajándolo con el bóxer a la vez. Me siento en el escritorio frente a él con mi pene completamente erecto y me saco la playera con ambas manos y le digo:

    “Vamos Manuel… mira cómo me tienes”

    Y él se abalanza a chupar desenfrenadamente acariciando mis fuertes muslos de futbolista. Me inclino hacia atrás apoyado en mis manos y le digo:

    “Oh… sigue así! …Vamos Manuel… cométela!!!

    El me veía detallando cada músculo, tocaba mi torso, saboreaba y observaba mi pene me tuvo hay sentado casi 30 minutos; por momentos yo le decía:

    “Espera… me tienes a punto de acabar!”

    Hasta que por fin me dijo:

    “Lléname la boca de leche… me la quiero tragar…

    Lo tome por su cabeza y marque el ritmo enterrando su cara contra mi pene, podía sentir como me olía. Manuel estaba deseando con todas sus fuerzas tragar mi semen así que acelere lo necesario para acabar y fue así como entre:

    “Voy… voy… voy… ohh… profe… ahhh

    Fui llenado su boca con mi néctar. Tengo que reconocer que no se desperdició nada, lo trago todo y dejo mi pene limpio. Y dijo “sabe divino!”

    Me levanto, comienzo a vestirme y le pregunto

    “cuál es mi proyecto extra?”

    Él toma una hoja, escribe la asignación y dice:

    “Te has ganado la oportunidad, aquí tienes”

    Yo: pero Manuel esto es muy largo!

    Manuel: me dijiste que no te regalara la nota, pero si quieres negociar otra vez me avisas.

    Yo sonrío y le digo:

    “ok, tienes razón…! (Cuando estoy saliendo le sonrió nuevamente y digo) … ah que tengas buenas noches!”

    Voy caminando buscando información en el teléfono relacionada el proyecto, estoy confundido y preocupado también por otros exámenes en puerta. Y aparece Martin!

    Le muestro lo que estoy investigando mientras le cuento lo mucho que tengo que hacer y me dice:

    “No te preocupes Samir deja eso proyecto en mis manos”

    Martin como ya les conté es mi amigo desde la secundaria, sé que le gusto pero el trata de ocultarlo. Y aquí está él estudiando otra carrera ofreciéndose hacer un proyecto que no tiene nada que ver con sus estudios.

    Samir: de verdad harías eso por mi! Cuanto me cobraras?

    Martin: Nada! Para eso son los amigos!

    Samir: muchísimas gracias (y le doy un abrazo espontáneo).

    Al separarnos pude ver por un instante ese deseo reprimido en sus ojos, se sonrojó y se despido rápidamente.

    Si… lo sé! Me estoy aprovechando de él, pero como siempre veré la manera de recompensarlo… te espero en mi próxima confesión!

  • Jason y sus amigas lesbianas

    Jason y sus amigas lesbianas

    Jason llegó a su apartamento, sintiendo un inútil, su novio acababa de dejarle. Tres años duraron juntos, pero desde que comenzaron las discusiones sobre el futuro y el matrimonio, Jason sintió que Michael se había vuelto tan distante que parecían amigos más que novios. Durante un tiempo trató de ignorarlo, pero en el fondo sabía que la ruptura era algo inevitable, ambos tenían distintas prioridades y distinta visión de futuro.

    Colapsado en el sofá, Jason hizo lo único que podía hacer para dejar de pensar en Jason, encendió su consola y comenzó a jugar al Mortal Kombat. De adolescente creía que su amor por los videojuegos desaparecería según creciera pero no fue así. Era un experto en videojuegos y en tecnología, desde pequeño lo sabía y estudio para ser mejor hasta acabar en una gran empresa de seguridad cibernética. Mientras jugaba trataba de luchar contra su frustración por su relación rota usando al personaje Kitana, tras algunas batallas su móvil vibró, era un mensaje de alguien de quien no tenía noticias desde hace bastante tiempo.

    MEG: ’’Hola desaparecido!! Sé que ha pasado una eternidad, pero me vuelvo a la ciudad! Quiero estar más cerca de mi abuela, y he encontrado un trabajo de enfermera en el hospital. Ah… y me he casado! Jajajaja encontré a una maravillosa mujer llamada Tara, trabaja en medicina deportiva. Llegaremos en unas semanas, ¡Nos encantaría verte!’’

    Jaso leyó el mensaje y respondió que, por supuesto, quería verlas. Meg era una querida y vieja amiga de la escuela de bachillerato que se había ido die años atrás. De vez en cuando hablaban y se veían cuando ella visitaba la ciudad para ver a su familia, pero con los años se distanciaron. ‘’Al menos tendré una amiga aquí’’ pensó Jason. A lo largo de los años, parecía que todas las personas a él se mudaban y se distanciaba, se sentía solo.

    Los días pasaron y Meg con su no novia Tara se instalaron en la ciudad e invitaron a Jason a su casa.

    —¡Jason!— gritó Meg emocionado al abrir la puerta y ver a u viejo amigo, inmediatamente saltó a sus brazos para abrazarle. Era una mujer más baja que él, con el pelo corto y negro, con un estilo moderno y llevaba mucho maquillaje en su blanco rostro. Le invitó a pasar y fueron hacía la sala de esta. Tara entró y dio dos besos a Jason a modo de saludo informal. —Así que este es Jason— dijo mientras sonreía.

    Tara era alta, casi tanto como Jason. Tenía una constitución muy atlética y era más delgada que Meg.

    Los tres se sentaron en la sala de estar y empezaron a beber vino mientras charlaban. Tras unas cuantas copas, o tal vez botellas, los tres estaban borrachos y Jason tuvo que ir a orinar. En el baño, Jason se miró al espejo y pensó: ‘’Al menos a alguien le caigo bien’’, aunque se seguía sintiendo mal por haber sido abandonado por Michael. Miró con desdén hacia abajo, observando su ligero sobrepeso, empujando su estómago a través de su camiseta de Legend of Zelda. ‘’Es hora de ir al gimnasio’’, pensó, y volvió con las chicas.

    Después de varias copas más, los tres siguieron charlando.

    —¿Cuánto lleváis juntas?

    —Llevamos cinco años, y nos casamos el verano pasado. Sé que te lo debería haber dicho, pero decidimos hacer algo súper intimo sin ninguna parafernalia — contestó Meg.

    —No te preocupes!

    —Eres adorable, como un pequeño friki adorable— dijo Tara, y besó a Jason en la mejilla, y prosiguió: —Esa carita de niño bueno…esos hoyuelos, y esa risa nerviosa— Jason, borracho y nervioso estaba sentado justo en medio de las dos.

    De repente la conversación pasó a algo más serio:

    —Queremos hijos— dijo Meg —cuando era más joven quería, pero cuanto más mayor me hago, más los quiero—

    Tara estaba de acuerdo y Jason respondió: —¡Es genial! A mi también me gustaría tener hijos, pero ya sabéis que no me gustan mucho los coños— y los tres rieron.

    —¿Vais a adoptar? —Preguntó Jason. Tara respondió: —Lo discutimos, pero creo que queremos llegar hasta el final con este asunto de la maternidad. Si las mujeres heterosexuales pueden dar a luz, nosotras también podemos—. Jason reflexionó un poco —Ah, entonces vais por la ruta tradicional. ¿Supongo que un banco de esperma? —Meg lo miró y dijo: —también hemos pensado en eso, pero creo que queremos conocer a la persona. Eso hace las cosas aún más fáciles.

    Tara bromeó, —bueno, tu tienes esperma—, y todos empezaron a reír de nuevo. —Sí, lo haría. Sabes, consideraría la idea—, dijo Jason, y ambas mujeres se miraron, sonriendo. —¿Lo harías?” —Dijo Meg, y Jason asintió. Pensó que era ahora o nunca, y aunque si tenía que ser “tío” o algo así, la idea lo hacía feliz. En ese punto se estaban desmayando y las chicas dejaron a Jason en el sofá y se fueron a dormir. Jason tuvo que irse temprano al trabajo, así que salió mientras Meg y Tara todavía dormían.

    Unos días después, Jason recibió otro mensaje de texto de Meg:

    MEG

    Sé que la otra noche estábamos muy borrachos, pero ¿estás considerando seriamente ayudarnos a quedarnos embarazadas?

    JASON

    ¿Por qué no?

    MEG

    ¡Genial! No sé cómo hacer esto, pero Tara quiere hacerlo cuanto antes, sus días fértiles son en unos pocos días. ¿Puedes venir y probamos?

    JASON

    Supongo que sí.

    MEG

    Muchas gracias Jason

    Parecía pronto, pero Jason comenzó a sentir que su vida tenía un propósito y comenzó a emocionarse. Investigó cómo se podía hacer este tipo de cosas en casa, y cuando llegó a su casa el día que habían programado, al menos se sintió más informado sobre el proceso.

    —Entonces, ¿supongo que necesito una taza o algo? Para guardar el semen ¿no?— Jason preguntó y Meg dijo: —Bueno, ¿cómo te sientes acerca de hacerlo natural?— La pregunta no se la tomó en serio Jason al principio, y luego dijo: —¿Hablas en serio? Nunca antes había estado con una chica. Vaya, no lo sé.

    —Bueno—, dijo Meg, —te di una mamada una vez. Sé que estábamos borrachos entonces, pero recuerdo que terminó bien—. Ella rió. —Y en mi ojo.

    Tara se rió esta vez y dijo: —Podemos encargarnos de eso. Meg y yo hemos estado con hombres antes. Solo recuéstate y déjanos cuidar de ti—. Jason pensó de nuevo, y no estaba exactamente excitado con la idea, pero tampoco se acobardó. —Bueno, creo que podemos intentarlo—, dijo, y fueron al dormitorio.

    Para Tara y Meg todo fue un negocio, y se quitaron la ropa en dos segundos. —Vamos, no seas tímido —Dijo Meg, y antes de que se diera cuenta Jason estaba parado allí en sus bóxers Starwars. —ACUÉSTATE— le ordenaron.

    Jason hizo lo que le dijo y se sintió un poco intimidado al mirar a las dos mujeres frente a él. —¿Y si esto va mal?— Pensó, pero ahuyentó el pensamiento cuando empezaron a tocar su polla.

    —Bueno, al menos se está poniendo dura—, se rió Tara, y se sentó junto a Jason mientras Meg comenzaba a devorarla. —Vamos a hacer que Tara te monte, y voy a tratar de ayudarla a correrse. Leí que ayuda a que los espermatozoides suban allí cuando la mujer tiene orgasmos—, dijo Meg, y aunque estaban a punto de tener sexo, los tres se rieron. La sensación de todo comenzó a volverse más informal, y Jason se sentía bien.

    —Ok, creo que estamos listos para entrar—, dijo Tara, y soltó su polla. —Esta cosa mide aproximadamente 16 centímetros, lo cual es perfecto. Tenía miedo de que tuvieras un monstruo—, dijo, y nuevamente los tres se rieron y Tara colocó la polla de Jason en la entrada de su coño. Jason sintió una sensación húmeda pero apretada, como un abrazo cálido y húmedo, y cuando Tara comenzó a subir y bajar.

    —Recuerdo que eres sensible aquí—, dijo Meg, introduciendo un dedo en su orificio anal, y todo lo que Jason pudo hacer fue gritar y gemir de placer. Meg puso su otra mano sobre el clítoris de Tara, frotando de una manera que sabía que le gustaba. —Solo dime cuando estés lista para correrte—, dijo Meg. Tara comenzó a mover sus caderas, y Jason pensó que parecía que estaba haciendo ejercicio, con una mirada determinada en su rostro. Ella estaba muy en forma con senos más pequeños, pero podía admirar su belleza y convicción. Y para su sorpresa, esto resultó ser divertido, a pesar de que se estaba imaginando que le metían una polla en la cara. —¿No estaría caliente ahora?— Pensó, y pudo sentir que su polla se endurecía.

    —¡Oh Está durísima!— gritó Tara , y Meg comenzó su estimulación en el escroto de Jason y continuó con el clítoris de Tara. Probablemente ocho minutos después, Jason se dio cuenta de que se iba a correr. —Creo que ya…—, dijo, y Tara comenzó a montar más rápido, obviamente tratando de tener un orgasmo con él. Jason pudo sentir que la mano de Meg comenzaba a apretar su saco de nueces y soltó un grito. —¡¡Me corro!! — y dejó escapar varios días de semen acumulado en el coño de Tara. Tara comenzó a temblar y Jason se dio cuenta de que ella también se estaba corriendo.

    —Bueno, lo hiciste —dijo Meg, y Jason respondió: —¿Chocamos los cinco? —Y se rieron, y Tara se la chocó. Se quedaron así por un rato, con la polla de Jason todavía dentro del coño de Tara.

    —Espero que estés de acuerdo con esto, pero tendremos que hacerlo las próximas dos noches, y si es necesario, ¿estarías dispuesto a intentarlo de nuevo el próximo mes?— Preguntó Meg, y Jason respondió: —Bueno, supongo que ya estamos metidos en esto— dijo, lo que provocó la risa de las chicas. —Sí, supongo que tienes razón. —Dijo Tara.

    Tomó otro mes, pero Tara quedó embarazada… de gemelas. Después de que nacieron las niñas, Meg y Tara decidieron que dos eran suficiente, pero Jason siguió muy involucrado. Tara y Meg decidieron encontrar a Jason un hombre, al menos para ayudarlas a convertirse en madres, y finalmente tuvo éxito.

    Un enfermero practicante caliente, un friki de corazón y diez veces más hombre que Michael. Jason nunca volvió a tener un coño (le gustaba demasiado la polla) pero nunca se arrepintió de su decisión de ayudar a su amiga.

  • Me visto como puta para mi novia (3): Marti toma el control

    Me visto como puta para mi novia (3): Marti toma el control

    Marti nunca volvió a venir a casa, yo y Sofi no nos poníamos de acuerdo en qué hacer con ella, sabíamos que a los dos nos encantaba, y ambos teníamos miedo de que nos reemplazaran.  Sin embargo yo la había visitado en más de una ocasión, y sospechaba que Sofi la había visitado también. En aquellos encuentros secretos con Marti habíamos probado muchas cosas, cosas que con Sofi no había probado jamás. Se sentía sorprendentemente bien serle infiel a Sofi, me sentía liberado y engañoso, a pesar de asumir que ella hacía exactamente lo mismo que yo, además, yo nunca visitaba a Marti sin llevar una tanga puesta, que ya estaba por convertirse en mi ropa interior diaria, me calentaba poder ser descubierto por cualquiera, incluso a veces me bajaba un poco el pantalón, para que los extraños pudiesen ver la tanga asomar y dejar volar su imaginación, eso me llevó a tener nuevas experiencias, pero eso es cuento para otro relato.

    Marti me había invitado a su casa por segunda vez esta semana, era la primera vez que lo hacía un jueves, y me generó curiosidad. Justo cuando estaba por darle alguna tonta excusa para irme a Sofi, ella llegó y me dijo – iré al supermercado por un par de cosas, vuelvo en un rato- y se marchó sin esperar respuesta.

    Me dirigí a mi cuarto y me vestí con una tanga rosa que había comprado para mostrarle a Marti, decidí usar una falda corta, aunque haría evidente mi propósito a la gente que me viese, no me importaba, me termine de arreglar y antes de salir tome un plug anal de nuestro cajón de juguetes sexuales, el cual exploramos profundamente con Sofi, pero eso también pertenece a otro relato, lo ensalive metiéndomelo entero en la boca durante un par de segundos y lo inserte en mi culo, para empezar a prepararlo para lo que sea, y así partí, con el plug en el ano.

    En camino a lo de Marti me pararon dos hombres a preguntarme cuánto costaba, esto me puso muy caliente, ellos pensaban que yo era una prostituta y querían mis servicios, yo les dije que no estaba de servicio en ese momento, pero les di mi número, por si en algún momento decidía divertirme con ellos. Subí el ascensor mirándome al espejo, viendo en lo que me había convertido, en cuestión de meses había pasado de ser un hombre heterosexual promedio, a un hombre confundido, que le gustaba denigrar y ser denigrado, que a pesar de no sentir atracción por los hombres, deseaba tener aventuras con ellos, que engañaba a su novia y que estaba dispuesto a ofrecer servicio sexual. Las puertas del ascensor se abrieron.

    Salí apurado, quería ver a Marti, pero en su lugar me encontré algo totalmente inesperado, Sofi estaba golpeando la puerta, me miró, su cara mostró confusión un par de segundos y luego ira, empezó a caminar hacia mí y yo me quede totalmente congelado.

    -Con que te estás viendo a escondidas con Marti.

    -Al igual que tú – dije aterrorizado.

    -Mira cómo estás vestido, eres una puta barata y sin clase – acto seguido agarró mi verga y la apretó al punto en el que me dolía, pero también la endurecía.

    -Ella me dijo que venga aquí.

    -A mi igual – dijo claramente confusa, pero sin soltar mi verga.

    La puerta del apartamento de Marti se abrió y salió por ella una mujer vestida como una de esas policías típicas de las porno. Marti se acercó hacia nosotros, que la mirábamos atónitos, nos tomó a los dos por los hombros y nos obligó a besarnos, luego, beso primero a Sofi y luego a mí.

    Una vez dentro del apartamento Marti nos tiró a ambos en su cama, que era ancha y tenía espacio para todos, y luego empezó su discurso.

    -Ambos de ustedes se han portado mal últimamente, Sofía, tú te has dejado coger por mi como si no hubiese un mañana, como si ya no disfrutases una verga de verdad, y tu putito, que acaso ya no disfrutas follarte una buena hembra, ahora ambos deberán corregir sus errores, desnúdense.

    Ambos habíamos quedado impresionados por la decisión de Marti, nunca pensamos que ella sería capaz de hacer algo así, por lo que le obedecimos. Ambos nos desnudamos, dejándose así a la vista mi plug anal.

    .Quiero que le rompas el culo – dijo Marti sin chistar.

    Luego agarró a Sofi por el cuello y la obligó a ponerse en cuatro.

    .Follate su culo.

    Sofi estaba obedeciendo sin chistar, y yo tampoco quería discutir, por lo que me acerque preparando mi verga para introducirla en el ano, Marti escupió en el culo de Sofi y restregó sus dedos para ensalivarlo correctamente. Era la primera vez que yo le hacía anal a Sofi, ella empezó a gemir, le encantaba mi verga entrando y saliendo de su culo, pero Marti quería ser la protagonista, así que se ató un arnés, con un dildo considerablemente más grande que mi verga, y se acomodó debajo de Sofi, le abrió las piernas lo suficiente para que queden pegadas, y, sin esperar a que yo saque mi verga, introdujo la suya en la vagina de Sofi.

    Nunca había visto a Sofi gemir tan fuerte, estaba gritando, las dos vergas entraban y salían a velocidades y potencias distintas, yo era cuidadoso y lento porque estaba en su ano, pero Marti fue cada vez más rápido, y cada vez más profundo. Mientras la penetramos doblemente, Marti la besa de forma apasionada, tirándole del cabello de vez en cuando y escupiéndole en la boca, Sofi tiene los ojos llorosos, salidos de órbita, y sus caderas no paran de moverse, intentando ajustarse a la constante penetración, yo empiezo a cachetearle las nalgas, lo que causa que suelte gemidos más graves cada tanto, finalmente Marti sacó su dildo de Sofi, y se acostó estirada en la cama, me señalo y me dijo – quítate esa mariconada y ven a cabalgar una buena verga – a lo cual yo obedecí.

    Ella repitió el proceso de la saliva en el ano pero conmigo, y lentamente, me introduje todo su dildo en mi culo, me dolía mucho, creo que nunca había tenido algo tan grande dentro de mi. Empezó a subir la velocidad y a aumentar la profundidad de la penetración, el dildo se ensanchaba hasta la base, por lo que nunca deje de sentir dolor, un dolor y un placer hermosos que van de la mano, amos deliciosos y anhelados por mi alma, mientras tanto, Sofi lamia mis huevos, los dos a la vez, metidos enteramente en su boca, intercalaba entre los huevos y la verga, la cual se comía hasta la base, se notaba que había estado practicando, probablemente con Marti, porque antes no era capaz de hacer eso.

    Me encontré a mi mismo gritando descontroladamente, respirando agitadamente y al borde del llanto, las emociones de placer me desbordaban y mi ano ya estaba prácticamente en estado líquido.

    Marti no disminuía, no le interesaba si me lastimaba o no, ella hacía lo que deseaba, sin consultarnos, mientras tanto, Sofi tragaba toda mi verga mirándome a los ojos, ambos casi llorando. Lancé toda mi leche dentro de su boca, ella pareció tragarla sin más y siguió lamiendo, yo sentía que me iba a desmayar, ninguna de las dos estaba ajustando el paso y yo estaba a punto de desvanecer, hasta que así fue, todo se volvió negro y de la nada, solo quedaba placer, nada más en mi universo existía en ese momento, éramos solo yo, y el placer más puro que jamás había experimentado.

    Cuando desperté me encontré en la cama de Marti, solo, intente levantarme pero no pude, mire a mi alrededor y note finalmente que estaba esposado a la cama, de manos y piernas.

    Continuará…

  • Me cogieron en un cine (Parte I)

    Me cogieron en un cine (Parte I)

    La semana ha sido muy ajetreada, lo único que quiero es poder salir del trabajo e irme y poder hacer algo relajante con mi novio.

    Llamada telefónica.

    —Hola cariño ¿Qué pasó? —le digo mientras descuelgo la llamada.

    —Oye amor hoy no podremos vernos, ya que saldré tarde del trabajo —es lo primero que dice.

    —Pero cariño, íbamos a ir al hotel —le digo enojada, ya que llevo un mes y las ganas me carcomen por dentro.

    —Lo siento, pero tengo que quedarme —me dice como si nada.

    —Olvídalo, veré que hago yo sola —le digo a punto de colgarle el teléfono.

    —Te amo —es lo último que alcanzo a escuchar.

    Fin de la llamada.

    Llevo meses sin que mi novio me de mi ración de verga y siendo sinceros no es que la tenga muy grande o gruesa, ni tampoco que de los mejores orgasmos pero lo amo; pero siendo sincera mi puchita pide guerra y que una verga la destroce pero a este paso me volveré virgen.

    Tomo mis cosas y decido ir a dar una vuelta porque no quiero llegar a casa; voy caminando sin rumbo hasta a lo lejos alcanzo a ver un espectacular donde hay varias letras supongo que anunciando algo, entre más me voy acercando me empiezo a dar cuenta que es un cine.

    —No sabía que se encontrara uno por estos rumbos.

    —Ja, ja, ja claro como si supiera donde estoy —me da risa porque estoy hablando sola.

    “Las chicas súper poderosas”, “Hagamos tu sueño realidad”, “Una rubia en Paris”, “Encuéntrame”, voy leyendo cada titular.

    —Se ven interesantes —pienso, la verdad no sé por cual decidirme; miro mi reloj y me doy cuenta de que tengo tiempo, al fin no habrá algo más interesante en mi casa ni un novio que me coja.

     —¿Aun no te decides por cual ver? —me dice alguien muy cerca de mi oído.

     —¡Joder! —es lo único que atino a decir después del susto que me dio

     —Disculpa no fue mi intención, pero te vi muy concentrada —me dice el chico desconocido sonriendo.

    —Mmm pues en eso estoy —le digo mientras me alejo poco a poco de él.

    —No te preocupes, no muerdo —me dice mientras me muestra sus manos, dando a entender que no es peligroso— Bueno al menos que tú quieras —lo escucho susurrar.

     —¿Qué dijiste? —le pregunto porque no estoy segura de lo que escuche.

     —¿Cómo te llamas?, yo me llamo Iván —me dice para esquivar más mi pregunta.

    —Ah, mucho gusto —le digo mientras evito darle mi nombre.

    —No me dirás cómo te llamas verdad —me dice mientras yo niego con la cabeza.

    —Y bueno ¿Cuál planeas ver? —me dice señalando la cartelera.

    —La verdad aún no se, ninguna me convence.

    —Adentro hay más títulos por si esos no te interesan, si gustas puedes entrar a ver si alguno te convence —.Como ninguno aun me ha llamado la atención hago caso a lo que dice Iván y entro para ver la cartelera más tranquila; el lugar huele mucho a desinfectante.

     —¡Iugh! —es lo único que atino a decir antes de hacer un gesto con la nariz.

     —¿No te gusta el olor? —me dice.

     —¿No tienes a otra chica a quien molestar? —le digo mientras sigo leyendo los títulos; son muy raros y hay muchas funciones— ¿Cuántas salas serán? —es lo único que atino a pensar.

    —Pues siendo sincero no, y como yo también vengo al cine pensé que podríamos entrar juntos —me dice observando ya a mi lado la cartelera.

    —Siéndote sincera, aun no me animo por alguna en especial —le digo.

    —Por qué no escoges una al azar —me dice como si fuera tan fácil.

    —No creo que funcione —le digo mientras veo de nuevo los títulos, esto se está tornando estresante.

    —Mira, que te parece yo escojo la función y así evitas elegir —me dice arreglando la situación.

    —Okey, sorpréndeme —es lo único que atino a decir.

    —No te muevas de aquí ¡He! —me dice antes de irse a la taquilla.

    —Entendido —me quedo parada cerca de donde está la lista de los titulares y cuando caigo en cuenta que este cine no es como los que suelo acostumbrar, es más sencillo, tiene muchos banquillos para sentarse y sobre todo apesta a desinfectante parece como si en vez de estar en un cine estoy en un hospital.

     —¡¿Pero qué putas estoy haciendo!? —es lo que pienso al darme cuenta de que veré una película con un total desconocido, no solo se su nombre, ni me he fijado como es, complétame estoy en blanco; entro en un ataque de pánico y es cuando reacciono, me doy vuelta para irme por donde llegue cuando choco con un pecho y tropiezo al grado de estar a punto de besar el piso con mi culo, si no fuera por un brazo que me sostiene.

    —No pensabas irte ¿verdad? —me dice mientras busca una respuesta de mi parte.

    —Mmm, no, no es lo que piensas —es lo único que atino a decir.

    Me doy cuenta de que en este momento el espacio vital no existe entre nosotros, estoy muy cerca de él más de lo que me gustaría; tiene unas facciones marcadas, me lleva más de una cabeza y media de altura, tiene un cuerpo marcado por el gimnasio, unos ojos claros, una piel morena que me hace ver que realmente es muy guapo y para rematar una manzana de Adán que me hace querer tocarla, como siempre mi subconsciente me traiciona, lo único que siento debajo de mis dedos es el movimiento que hace al momento de tragar saliva; levanto la vista y es cuando veo sus labios entre abiertos invitándome a que los bese.

     —¿Entramos? —me dice acercándome más de lo que ya estábamos.

    —… Si… —es lo único que mi cerebro alcanzo a responder.

    —Por cierto ¿Qué película escogiste? —le digo después de recomponerme.

     —¿No me dijiste que te sorprendiera? —me pregunta mientras toma mi mano.

    —Si —le digo mientras veo nuestras manos unidas con un poco de incredulidad, no sé por qué lo sigo como buen cordero si hace unos minutos quería huir.

    —Entonces sígueme, primero dejaremos tus cosas para que no te estorben ni se pierdan y después iremos a la sala —me dice mientras señala mi bolso y mi chaqueta.

    Vamos a un espacio donde dice “Guarda ropa” nos atiende una chica que para mi gusto está enseñando mucho, ya que lleva un body completamente de encaje negro, debajo no lleva nada solamente las pezoneras en forma de corazón, no dudo en observarla y siendo sincera se ve realmente sexy; nos sonríe y le doy mis cosas.

    —No te preocupes princesa, te cuidare tus cosas muy bien —me dice al momento de tomar mis pertenencias.

    —Gracias señorita —le digo un poco extrañada por la actitud de la chica.

    —Wow eres la primera que me dice así —me dice un poco sonrojada.

    —Mmm, de nada, creo —le digo ante su rara contestación.

     —¿Cuál vas a ver?  —me dice.

    —No lo sé, él la escogió; espero que valga la pena —le digo mientras señalo a Iván y encojo los hombros.

    —Haber las entradas —le extiende la mano a Iván; él se las muestras y la chica sonríe a más no poder, creo que el gato de Alicia sonríe menos.

    —Sé que la vas a disfrutar, yo ya la he visto y vale la pena cada segundo —me dice como si hubiera sido una ensoñación.

    —Okey, confiare en ti —es lo último que alcanzo a decir antes de sentir como alguien me jala de la muñeca para que lo siga.

     —¡Oye que te pasa! No me dio algo para que pueda recoger mis cosas —le digo molesta y tratando de zafarme de su agarre.

    —No te preocupes te aseguro que no olvidara cuáles son tus cosas —me dice con un tono de enojo sin dejarme de jalar.

     —¿Qué te pasa Iván? No tienes por qué ponerte así, ni siquiera te conozco ¡No abuses! —le digo mientras empiezo a poner resistencia con mis pies en el piso.

    —Calladita te vez mejor —me dice antes de jalarme con un poco más de fuerza haciendo que avance algunos pasos para evitar caerme.

     —¿Quién te cre…? —no alcanzo a decir cuando me dice.

    —Te dije que te callaras —me dice en un casi grito y me pega contra la pared de la sala.

     —Deja de darme ordenes —le digo tratando de sonar valiente, al darme cuenta de que me ha acorralado con sus brazos.

    —Te dije que te callaras putita —me dice mientras se lambe los labios y ve los míos.

     —¡De qué demonios hab…! —no pude terminar cuando siento un beso brusco, el cual me cuesta un poco seguir el ritmo; siento como me toma de la cintura y me pega su anatomía todo lo que puede.

    —Solo a mí se me ocurre ponerme mallon —es lo único que pienso pero esto es remplazado al sentir su verga restregándose entre mis piernas.

    Mete su lengua sin pedir permiso lo cual hace que suelte un gemido por la impresión.

    —Que rico besas putita, hice una muy buena elección cuando te invite —me susurra mientras ciento como sigue restregando su verga ya semi dura; su mano va bajando hasta encontrar mi nalga y así poder magrearla a su gusto.

    Yo sigo en shock, no digo nada y solo me dejo llevar por él dentro de la sala; cada paso que doy me estoy dando cuenta que solo con ese beso me he mojado por completo, siento en cada paso que doy como me voy mojando un poco más, la situación me está poniendo cada vez más mojada.

    —Ven, nos sentaremos en medio para ver bien la película —me dice señalando la fila que ha escogido.

    En la sala no hay mucha gente aún, pero lo único que alcanzo a ubicar entre la oscuridad es que son puros hombres y solo un par de chicas desperdigadas por toda la sala.

     —¿Que numero de asiento nos tocó? —pregunto al momento que veo que los asientos no están enumerados.

    —Aquí te sientas donde tú quieras —me dice tomando asiendo, a lo cual yo me siento al lado de él.

    Aparecen unos cortos de unas películas que en mi vida había visto, pero lo que me sorprende es que en todos las chicas salen súper sensuales o disfrazadas.

    —Oh por dios —digo llevándome las manos a la boca, esto no es un cine “normal” a ¿Dónde carajos me fui a meter?

     —¿Qué pasa princesa? No te gustaron los cortos —me dice con una sonrisa ladina.

    —No es eso… solo que pensé que era un cine normal, no un cine…

     —¿Porno? —me dice con un tono de cinismo.

     —¡Exacto! —hago el intento de levantarme cuando él me jala para que no me pueda mover.

     —A ¿Dónde princesa? ¿No quieres gozas como la putita que eres? Porque ella quiere guerra o ¿no? —me dice mientras mete su mano entre las piernas, sintiendo como estoy de mojada. Por el movimiento tan repentino y la sensación tan rica que me está dando solo gimo aceptando lo que mi cuerpo quiere pero mi mente niega.

    —Huy putita; pero si estas mojada solo con un beso, no me imagino como te pondrás cuando te des cuenta de que tenemos público —es cuando me doy cuenta de que he cerrado los ojos y tenemos publico viendo como me meten mano, la situación es lo más bizarra que en mi vida me imagine pero en vez de tomar mis cosas y largarme, solo atino a abrir un poco más las piernas.

    —Si putita abre esas piernitas para que vean que tan mojada estas —como la pantalla está justo enfrente de nosotros la luz permite que vean todo con claridad mientras y yo solo cierre los ojos por las luces de la pantalla.

     —¡Pero mira que zorra es! Ya se mojó —dice una voz proveniente del público que nos rodea.

     —Yo sabía que eras bien puta —me dice otra voz que reconozco al instante

     —¡No puede ser que en toda esta ciudad este él aquí! —es lo primero que pienso

     —¿Así que te gustan las vergas zorra? —Él me dice cerca de mi oído: sigo en shock, no me muevo, no respiro solo quiero que sea un sueño.

    —Ándale putita abre más esas piernitas para que vean que tan mojadas estas —me lo dice mientras empieza a lamber mi cuello.

    —Putita, hazle caso al caballero —me dice Iván mientras intenta abrirme más las piernas.

    —No puedo por el mallon —le digo susurrándole la verdad.

    —No te preocupes perrita eso tiene arreglo —me dice Él acercando la navaja con la que tantos años jugué; rompe mi mallon, haciendo que se rasgue y lo único que se vea sean mis labios hinchados y mi tanga mojada.

    —Mira se acaba de mojar más la putita —me dijo una voz extraña.

    Mi cuello sigue siendo atormentado Él y sus labios, estoy segura que me está marcando como suya, ya que siempre lo he sido aunque nunca se lo he dicho.

    —Putita, quiero que te hinques en el asiento para que dejes tu culito al aire y le chupes la verga al caballero, ya que se nota que quieres una verga en esa boquita —me dice Iván, el cual que no ha dejado de tocarme mi tanga mojada.

    Yo solo atinó a decir que si con la cabeza; me paro y hago lo que él me dijo; paro mi culito lo más que puedo mientras me concentro en sacarle la verga a Él, siempre me he imaginado como ha de ser: ¿peluda?, ¿larga?, ¿ancha?, ¿venuda?, mi desesperación por saber cómo es se nota porque no tardo ni un segundo en tenerla enfrente de mí; es larga, con una cabeza súper marcada, no es gorda pero es curva asía arriba, se me hace agua la boca.

    —Ándale putita, si bien que la quieres, ¡Tragátela! —me dice metiéndomela hasta al fondo provocándome arcadas.

    —Así te quería tener, pinche puta calienta pollas —no me estaba dejando respirar.

    —Siempre me la jalaba después de que te veía —mis ojos lloraban por la fuerza que tenía.

    —Como si no me calentaras cada que te empinabas enfrente de mí por cualquier pretexto —por fin me dejo respirar, pero no fue por mucho tiempo, ya que me la volvió a meter.

    —Putita sácamela la leche como la guarra que eres, tengo los huevos llenos para ti —me decía mientras me follaba la boca.

    —Oye tú, ábrele ese culito que los demás quieren ver que tan mojada esta —le dijo a Iván que estaba atrás de mí.

     —¡Mira no más! Esta más que empapada, esto tiene que desaparecer —dijo mientras jalaba mi tanga y la rompía con bastante fuera, por el movimiento logro sacarme la verga de Él y soltar un grito, ya que me dolió.

     —¡Sigue mamando! No te hagas pendeja —me dice Él mientras me coge mi boquita al ritmo que impone con su mano en mi cabello.

     —¡Que rico sabes putita! —me dice Iván después de darle una lamida a mi puchita que está escurriendo por toda la situación. Sigue comiéndome el coño, primero chupa mi botón que está súper inflamado y pidiendo guerra, lo muerde, lo jala, lo presiona, me está volviendo loca; siento como estoy a punto de venirme cuando se detiene, yo solo lloriqueo en protesta a que me dejado a punto, muevo mi colita en busca de su lengua para poder venirme.

    —Tranquila perrita, te vendrás cuando nosotros lo queramos —me dice mientras mete dos dedos en mi vagina, los cuales aprieto sin darme cuenta.

    —Esta perrita quiere que le partamos el coño a puro vergazo —dice a quién nos rodea.

    —Cabrón métele más a esa pucha come vergas —le dice él mientras me hace chuparle los huevos. De un momento a otro siento que me llenan mi coño pero no es con una verga es con algo parecido; una fuerte vibración hace que explote en un orgasmo mojando la butaca en la que estoy inclinada.

    —Miren como la pendeja se vino con un consolador —dicen Él riéndose, mientras yo no puedo hilar una idea en mi cabeza, ha sido brutal y aún sigo sintiendo los espasmos en mi vagina del orgasmo de hace unos segundos, que hace que el consolador se meta más y más.

    —Perrita chúpale la verga a tu amigo y muéstrame ese culito que te voy a partir a puro vergazo —como puedo cambio de posición para chuparle la verga a Iván que ya la tiene afuera de su pantalón, no es como la de Él, pero será suficiente para lo que quiero. Comienzo a chuparle la cabeza, haciendo que sienta el pircing de la lengua que llevo ese día, sigo chupando todo su tronco mientras hago presión en la punta con mi mano y siento como sale un poco de lechita y decido jugar con ella mientras lo veo a los ojos con mi mejor cara de puta que pueda tener.

     —¡Oh por dios! ¡Como la chupas! Sigue así que tendrás lo que buscas —me dice mientras toma mi cabello y hace una coleta.

    —Trágatela hasta el fondo —me dice cogiendo mi boca, sacándome puras babas.

    —Abre esa boquita, no te hagas a la mojigata aquí —me dice dándome una cacheta que más que me llegue a doler, me prende más.

    —Me entendiste —me dice jalándome del cabello y así sacándome su verga de la boca.

    —Si —lo digo entre un gemido.

    —Entonces sigue mamando pinche puta —me vuelve a meter su verga.

    Me enfoco en lo que se me da mejor, mamar una verga; empiezo a sentir que de nuevo se está formando un orgasmo en mi pucha.

    —Vamos a romperte a puro vergazo ¿Qué te parece putita? —me dice él mientras me empieza a restregar su pene regando todos mis jugos desde mi culito hasta mi pucha, me encanta que hagan eso ya que lo único que provocan es que desee ser partida en dos.

    —Miren la putita ya quiere verga ¡Pues vamos a hacer que se corra! —es cuando me doy cuenta de que mis senos están fuera del sujetador y se ven aún más grandes de lo que son, alguien está jalando mis pezones con fuerzas; de un momento a otro siento una lengua chupándolos y mordiéndolos. Mientras tanto siento como Él me deja ir su verga hasta el fondo lo cual hace que deje de mamar y me arque por la sensación de estar ensartada, quien chupaba mis pezones no se detuvo y me mordió con más ahínco haciendo que llegara a un orgasmo el cual solo me hacía querer ordeñar la verga que tenía hasta el fondo.

    —La putita de nuevo se vino, que guarrilla nos conseguimos —dijo el extraño que me está mamando los pezones como si fuera lo mejor de este mundo.

     —¡Ten pendejo ponle esto! Esas chichotas se verán mejor —le dice él mientras le entrega algo a Iván que no alcance a ver.

    —Ven putita quiero que me montes con esa puchita tragona que tienes pero quiero que ellos te vean como rebotan esas chichotas que te cargas —me dice él mientras se sale de mi puchita que pide guerra.

    Se sienta en una de las butacas mientras yo me voy acomodando él se agarra su verga y la mueve suavemente, como puedo aun con las piernas temblorosas me subo dándole la espalda y me voy ensartando en su verga poco a poco, mi idea es disfrutar cada centímetro pero él tiene otra idea y me hace sentarme de golpe asiendo que yo chille de placer.

    —Tócate perrita mientras te miran —me dice él mientras inicia un vaivén que mi vagina acepta gustosa con mojándose aún más. Chupo un par de dedos y los llevo a mi botón que está pidiendo atención desde hace rato; lo empiezo a tocar en círculos sin darle tregua quiero venirme de nuevo con ese trozo de carne rompiéndome la pucha, me llevo la otra mano a mis pezones que igual piden que los masacre.

    —Deja eso putita, de ellos me encargo yo —me dice Iván dándome un beso y haciendo que me masturbe más rápido y con fuerza, yo solo sigo su ritmo que me ha impuesto, esto es el paraíso Él me está cogiendo tan profundo que me llena por completo e Iván está mordiendo uno de mis pezones mientras el otro me lo jala con su mano; lo único que me queda hacer es dejar caer la cabeza en el hombro de él haciendo que quede aún más expuesta.

    Siento que un dolor placentero me recorre toda la espalda, algo está torturando mi pezón, levanto mi cabeza y veo una pequeña pinza en este con unas cuantas piedras adornando al final de un pequeño hilos.

     —¿Qué te parece putita? ¿Te gustan? —me dice él mientras me jala la que tengo puesta, yo solo gimo de placer y dolor combinado.

    —Mira que si es guarrilla le gusta que le duela —le dice él a Iván que está mirando como estoy ensartándome una verga, me masturbo sin piedad y tengo una pinza para pezones moviéndose con cada cogida que me dan.

    —Se ve perfecta —es lo único que me dice antes de empezarme a morder mi otro pezón, mientras jala los hilos y hace que empiece a contraer mi vagina alrededor del pedazo de carne que tengo adentro; no tardo en sentir el mismo dolorcito de la pinza en mi otro pezón…

    Continuará…

    *******************

    Hola querido lectores, me encanta recibir sus mensajes [email protected].

    Y como vi que muchos quieren más, decidí crear un Twitter y un Facebook en ambos estoy como Escritora DK.

    Me pueden mandar regalitos, fotitos, videítos, lo que ustedes gusten.

    Besos húmedos en sus vergas deliciosas.

    Hasta la próxima.

    Déjenme sus comentarios.

  • Autobiografía sexual (Parte 3): Mi tío pervertido

    Autobiografía sexual (Parte 3): Mi tío pervertido

    Mi tío Marco me estaba llamando. Me ofreció dormir en su casa, luego de saber que mi padre me echó de la casa y acepté.

    Me cayó una tormenta en el camino, llegué empapada y mi tío me recibió con una toalla, agua caliente para bañarme y comida, pero solo acepté la comida por pena, además de que siempre me dio miedo su casa y más terror me daría al saber que dormiría en la habitación de su difunta esposa, prefería dormir en la sala.

    En la noche, armándome de valor, me preparé para dormir. Durante la madrugada, se escuchaba el rechinido de la puerta, como si se abriera y cerrara despacio. No quería voltear a ver, yo simplemente quería volver a casa o estar en otro lugar.

    Al amanecer, sabiendo que mi padre se encontraría en el trabajo, falté a la escuela y fui a mi casa por mis cosas. Para sorpresa mía, encontré la puerta principal entreabierta, atravesé el patio y llegué a la sala, donde se hallaba mi mamá, recargada en la pared y siendo follada por un hombre desconocido. Ellos se detuvieron con espanto al verme.

    – ¡Hija! No esperaba que vinieras.

    -Tranquilos, sigan en lo suyo, yo solo vine a mi recámara por mis cosas, no tardo en retirarme.

    Así sin vergüenza, el hombre la siguió penetrando en lo que yo entré a mi habitación y comencé a guardar cosas en mi maleta. Sin embargo, ver y escuchar la cogida que le estaba dando ese sujeto a mi mamá me excitó muchísimo. Instintivamente, me cambié de ropa por algo más sexy: una falda corta y un bolerito; y salí con mi maleta ya hecha.

    Al pasar por la sala no evité lucirme y el tipo que estaba con mi madre lo notó. Mi mamá estaba dándole unos sentones en el sofá y pegando unos gritos enormes mientras yo me detuve a verlos. De repente, él empezó a gemir fuerte, mi mamá se bajó de él y se hincó, de esta manera, él se levantó y comenzó a masturbarse con la verga en la boca de mi madre, quien sacó la lengua y se tragó toda la leche del sujeto. Fue demasiada leche que, al no saber su nombre, lo apodé «el lechero» y ahora era una fantasía mía echarme un polvo con él.

    Mi madre me pidió disculpas por haber yo presenciado aquel encuentro, pero le respondí que no tuviera cuidado, nos despedimos y me fui.

    Iba caminando por la calle hacia la casa de mi tío, cuando de pronto, alguien metió la mano bajo mi minifalda y volteé rápidamente a ver quién era. Me había seguido todo ese tramo «el lechero» y trató de cortejarme, pero me hice del rogar y solo le proporcioné mi número telefónico.

    Más tarde, regresé a casa de mi tío. Entré a mi recámara provisional y me acosté un rato. Pasé horas dormida hasta llegar casi la noche cuando de pronto, se presentó ante mí mi tío, desnudo y con el pene erecto. Mi reacción fue de asombro, pero me resultó atractivo ese falo largo. En cuanto abrí los ojos él se hizo hacia atrás, nervioso y queriendo huir.

    – ¿Por qué está así, tío?

    Él solo tartamudeaba y no daba una explicación coherente. Respiró profundo, se tranquilizó y me respondió.

    -Discúlpame sobrina, seré honesto aunque me odies, pero me hace falta una hembra, desde que murió mi esposa no he tenido nada con nadie y verte acostadita, así semidesnuda me prende.

    -No se preocupe, tío. Volveré a dormir.

    -Eso no es todo. Siempre he imaginado que me la chupas después de haberte visto por el picaporte cuando se la estabas mamando a tu amigo, el día que te celebramos tus 19.

    -No sé si me atreva.

    -Pues no se trata de si quieres o no, esa va a ser la forma en que vas a pagarme el hospedaje, te guste o no.

    Mi tío se aproximó hacia mí y llevó su pene hacia mi boca. Yo hice como que no quería, pero terminé saboreándola y tragándomela.

    -Mejor que una puta es tener a una sobrina así de fogosa. Tu padre tenía razón, eres una zorra.

    Esas palabras (puta, zorra, perra, gata, etc.) me estaban gustando para ser descrita, incluso me causaban placer. Mi tío me pidió que me pusiera en cuatro, lo obedecí y él me dejó ir toda su larga verga en mi coño, embistiéndome salvajemente. Las nalgadas que me propinaba me prendían mucho, al grado de azotarme contra él.

    – ¿Te gusta, Lorena? ¿Qué se siente coger con un hombre de verdad?

    – ¡Ahhh! ¡Me encanta su verga, tío!

    -Eres toda una mujercita rica y bien esculpida. Mereces que te follen así. Desde ahora eres mi putita.

    – ¡Mmm! ¡Soy su puta! ¡Uhhh!

    Pasaron apenas cinco minutos cuando mi tío sacó su verga de mi concha, jaló mi cabello para poner mi boca en su glande y echarme todo su semen. Dejé limpio su pito y me tragué toda su leche para causarle mucha excitación, pero él la manifestaba grotescamente, dándome cachetadas y jalones de cabello duros.

    Acabamos y él se fue a la sala, entretanto yo me quedé en el cuarto, pensando que no aguantaría por mucho estar ahí y vivir así. Comencé a pensar en la forma de desaparecer de mi pueblo, pero el escaso dinero me limitaba. Entonces, se me ocurrió tener una cita con «el lechero».

    Al contactarlo le pedí amablemente que solo me diera $500 a cambio. Por primera vez prostituía mi cuerpo.

    Al siguiente día nos vimos en su casa. Él me llevó a su cama y me acostó de forma que mi cabeza estuviera en el filo de la cama para que él metiera su enorme herramienta en mi boca. Él no paraba de meterla hasta al fondo y sacarla, causando que yo sintiera que me ahogaba, pero debí ser complaciente si quería ese dinero.

    Luego de la mamada profunda, «el lechero» me abrió de piernas y me la enterró completa, comenzando a darme duro y rápido.

    -Tú y tu mamá están bien buenas. Las dos son mis putas, ¿verdad muñeca?

    – ¡Oh, sí! ¡Soy tu puta, papi! ¡Mmm!

    Después de un rato, me puso de perrito y me folló durísimo, como nadie antes lo había hecho. Mis pensamientos siempre llegaban a la conclusión de que a los hombres les fascinan los culos de las mujeres y tenernos en esa posición, aunque, siendo sincera, yo lo muevo exquisito.

    La última posición que intentamos me encantó. Él me cargó sosteniendo mis piernas con sus brazos y yo sujetándome de su cuello. Yo deseaba que la follada no se terminara porque sentía su enorme verga llegando a lo profundo de mi vagina y disfrutándolo demasiado. Me deshacía en gritos y pidiéndole que no parara mientras él hacía sonar el golpe de mis glúteos con sus muslos.

    Minutos después me acostó y continuó embistiéndome hasta que gimió de placer, me sacó su pene y eyaculó a mares. Su semen salió disparado hasta mi frente, bañando mi cara, mi cuello, mis pechos, mi abdomen, mi entrepierna y mis muslos. ¡Era demasiada leche! Por eso y más le quedaba el apodo de «lechero». Yo pasaba mis dedos por mis pechos para recoger su rico semen y llevarlo a mi boca. Entonces él metió sus dedos a mi vagina y los sacó, dejándome una sensación incómoda. Luego me ofreció su baño para ducharme.

    Una vez más, se comprueba que a muchos hombres se les olvida el pequeño detalle del clítoris. En estos casos con mi tío y «el lechero» nunca mostraron algo de interés por buscar el orgasmo femenino, solo el suyo.

    En medio de la ducha, me quise asear la zona íntima que sentía aún incómoda, metí mis dedos y saqué un billete de $500. Al terminar, me despedí de él reclamándole lo del billete, pero asegurándole que volvería a hacerlo con él.

    Salí de su casa pero no me dirigí a la casa de mi tío. Era poco más de mediodía, así que decidí ir a San Juan del Río a buscar trabajo.

    Parecía no tener éxito en mi viaje. Iba cayendo la noche y pensé en regresar a casa de mi tío. No obstante, caminé frente a una casa donde leí un letrero en el que se leía: «se solicita sirvienta». No lo pensé dos veces y decidí tocar a la puerta.

  • El Martín Rivas

    El Martín Rivas

    “El Martin Rivas” en ese momento recordaba a su abuela. Si esa misma mujer que lo había bautizado con ese apodo, según supo el un día, por el gran amor sublime que ella llegó a sentir por el protagonista, cuando leyó la novela de Alberto Blest Gana, quien fue un gran diplomático chileno y considerado el padre de la Novela Chilena.

    En ese momento recordaba también que lo que haría pronto, tenía que ver con su lema de “Vivir libre y sin ningún tipo de opresión”, es decir hacer lo que él quería sin importar nada más. Y su abuela tenía que ver con eso de manera directa.

    “El Martin Rivas”, tenía 19 años, era un muchacho mal vestido, con rostro duro, casi maligno. No media más de 1,60 metro y tenía una tendencia a la obesidad. Seria obeso en poco tiempo más a pesar de todo el ejercicio que el hacía, en especial la natación. Le gustaba mucho nadar, decía que lo liberaba mucho.

    -¿Sabes? -Me contaba un día– Cuando estoy en el agua nadando siento que nada importa, que somos solo el agua y yo, el universo y yo y esa sensación me hace sentir feliz. Es uno de los pocos momentos que siento felicidad.

    -¿Y porque has tenido pocos momentos de felicidad le pregunte al “Martin Rivas”?, a lo que él contestó.

    -Porque han sido más los de sufrimiento y dolor que prefiero no recordar ni menos hablarlos.

    “El Martin Rivas”, era violento, lo habían hecho así, lenta pero metódicamente. Y en ese momento recordaba a su querida abuela, como la causante de todas esas barbaridades físicas y sicológicas que lo convirtieron en lo que era en ese momento. Lo que era ahora. Un sicópata a punto de iniciar su escalada de asesinatos para castigar a todos los culpables de sus desgracias. Tenían que hacer pagar todos aquellos que eran felices por lo que nunca lo fue ni lo seria y se esforzaría al máximo en hacerlo, pensaba él.

    Su madre era una maldita. Una desgraciada desquiciada que desde siempre lo maltrato, castigo, humillo y vejo. Pero si podía decir algo en defensa de su madre es que era así, porque su madre, es decir mi abuela, la había llevado a esos extremos del dolor físico y del alma, era el proceder de esa enferma y loca mujer. Su querida abuela.

    Su abuela instigó a su madre a que lo castigara fracturándome dedos de sus manos por faltas que según el “Martin Rivas” en su memoria recordaba que eran situaciones de juegos de niños. Fue ella la que le dijo a su madre que lo quemara con cigarrillos, fue ella la que lo azotaba siempre con ropa mojada, lo golpearan con manguera de gomas pues no dejaban marcas externas y finalmente para no seguir recordando más barbaridades de esa sádica mujer, fue ella quien instigo y planifico paso a paso la prostitución del Martin Rivas a la edad de 18 años, momento que se inició con el día de su cumpleaños, cuando fue subastado al mejor postor, entre los 10 más famosos sexópatas asistente a la reunión negocio que había organizado.

    A él lo prepararon para ese día. Le contaron todo lo que pasaría. Le dieron muchas indicaciones de lo que tenía que hacer para que no fuera a sufrir lesiones graves. Igual, al finalizar la jornada, el sexópata llamado “Mandinga”, que fue el ganador de la subasta, provoco tales lesiones al “Martin Rivas”, que fue necesario hacer venir el cirujano amigo de la abuela a reparar lo que se había destruido con tanto salvajismo.

    Él me contaba que cuando jugaba y hacia travesuras era amenazado de la siguiente manera:

    -¡No sigas molestando cabro e moledera o si no, le diré a tu madre! –Decía mi abuela.

    A lo que el Martin replicaba:

    -¡No por favor abuela, que ella me hará mucho daño y me dolerá! – Mientras empezaba simultáneamente a temblar de una manera incontrolable

    Por esos que sus miedos no eran los típicos de los demás niños a los que jugaban y él no podía entender: El hombre de barba y del saco de papas. Ese hombre para él, cuando lo veía en la calle le parecía un hombre bueno, triste pero bueno y se alegraba cada vez que lo veía mientras sus amigos huían despavoridos de su presencia.

    En ese momento lo supo el “Martin Rivas”. Su madre sufrió lo mismo con su madre y se desquito con él. Cuando tuvo esa certeza la maldijo y la odio más aun, por no haberlo protegido y haberse convertido en su victimaria.

    Y su abuela postrada en cama ahora, cuando él tenía 19 años, le deseaba las penas del infierno en ese último tiempo de vida. Deseaba que sus enfermedades fueran muy dolorosas y lentas, para que lo que le restara de vida fuera un eterno sufrir.

    Ahora ella. Se concentró en ella “El Martin Rivas”. La vio por primera vez al escuchar su acento extranjero. Como no sabía hablar otros idiomas nunca supo que esa jovencita bella y tierna de 18 años era Francesa. Le dolió tanta hermosura e inocencia. Por eso la tenía ahí en esas dunas, en las de Reñaca, a esa hora del atardecer con su navaja puesta en el cuello. La tenia de espalda a él en 4 patas y ambos semidesnudos.

    Sonrió placenteramente cuando entro en ella y simultáneamente clavó su navaja en la garganta de esa virgen extranjera.

  • Experimentando entre amigas

    Experimentando entre amigas

    Habíamos regresado de la universidad a descansar un poco por fin de semestre y fue cuestión de tiempo el decidir volvernos a ver con mis amigas y hablar de todo lo que nos ha pasado. Tomé el teléfono y haciendo burla de todo decidimos topar en una bar cercano y conversar mejor de frente entre todas. Mis amigas muy arregladas y de espíritu aventurero estuvieron muy puntuales en el bar. Para empezar la noche pedimos una pecera con un sabor muy delicioso y al poner nuestra canción favorita en el bar decidimos bailar entre nosotras, luego sólo conversábamos entre nosotras mientras el trago iba llegando a nuestras mesas.

    Como ya no teníamos dinero decidimos ir a mi casa a seguir conversando, esa noche mi madre tenía una reunión de igual manera así que teníamos casa sola. Encontramos una botella de vodka en la casa, Lucía preparó el trago para todas y decidimos jugar verdad o desafío. Al inicio las preguntas y retos era algo sencillas como beber un vaso o cambiar el estado del whatsapp por algo gracioso o absurdo, pero poco a poco el ambiente se iba animando y siendo más emocionante. Cuando los desafíos no eran aceptados debías beber un vaso y retirarte alguna prenda.

    Marcia fue la primera en no realizar un desafío del lamer mi cuello, así que bebió un trago y se sacó los zapatos. Todas poco a poco íbamos sacándonos los zapatos seguida por las medias. Las preguntas y desafíos ya eran más candentes, así me toco preguntar a Lucía si alguna vez le habían masturbado en algún lugar público y ella acento y que solo el recordarlo le emocionaba, dijo que le habían masturbado una vez en un ascensor. Y todas nos empezamos a reír. Marcia eligió desafío y Lucía le dijo que debía gemir enfrente de nosotras pero no deseo hacerlo por lo que se sacó el brasier por debajo de la camisa y sus senos eran muy visibles. Al momento que yo escogí verdad me preguntaron si alguna vez se la he chupado a mi novio en algún lugar público y dije que sí pero no me atreví a decirles en qué lugar, así que de igual forma me dijeron que debía sacarme una prenda, como no quise decirles donde, yo ya me encontraba sentada en tanga.

    Le rete a Lucía que le susurrara algo caliente en el oído a Marcia, y Lucía le dijo que se tenía unos senos con pezones muy ricos y reímos. Así pasó el tiempo hasta que estábamos una enfrente de otra solo con tangas muy pegadas y sexis. Y los retos seguían llegando. En una de las rondas Lucía tuvo que acariciar el seno de Marcia, Marcia tuvo acariciarse su vagina sobre su panty y yo fingir un orgasmo. De repente Marcia dice que tiene una sorpresa para nosotras y saca una película porno y decidimos ir a mi cuarto a verla juntas.

    El cuarto ya se encontraba caliente por nuestros cuerpos candentes y semi desnudos. Al iniciar la peli nos empezamos a reír de algunas escenas pero poco a poco el silencio fue invadiendo el cuarto. Lucía fue la primera en que se empezó a tocar los senos mientras el actor se masturbaba en la película, y le dijimos que si desea la dejamos a solas y nos reímos, pero ella nos dijo, claro finjan que no están mojadas. Era verdad por tantas tonterías que se nos había ocurrido en el juego anterior y ver ese pene rico en la pantalla si emocionaba bastante, así que no tardamos mucho en estar una enfrente de otra masturbándonos muy rico. Podía ver como Marcia se acariciaba con una mano el seno izquierdo mientras que con la otra mano estaban debajo de su ropa interior.

    Por otro lado, ambas manos mías se encontraban jugando en mi vagina, una acariciando mi clítoris y con la otra me metía poco a poco los dedos por dentro. Lucía no aguantaba el calor, nadie lo hacía y dijo a la cuenta de tres que tal si nos sacamos todas las prendas y así en menos de 10 segundos todas estábamos totalmente desnudas, viendo ese video porno y masturbándonos.

    De repente Lucía me estaba tocando los senos y como se sentía muy delicioso no le dije nada y de igual manera yo hice lo mismo con los pezones de Marcia y esta a su vez le estaba sobando a Lucía. Los gritos iban y venían por parte de todas nuestras vaginas ya no podían estar más húmedas tanto así que cuando alguien cambiaba de mano se podía sentir esos fluidos en nuestros senos, la sensación era tan rico y poco a poco todas fuimos acabando en un orgasmo una a una. La peli aún no había terminado pero nosotras ya estábamos riendo y criticando en buen plan el cuerpo desnudo de cada una y viéndonos nuestras vaginas como terminaban después de tan buen trato.

    De pronto se oyó que la puerta de entra se había abierto y empezamos a buscar nuestras prendas cuando mi madre entró por el cuarto Lucía se estaba poniendo la camisa a lo que mi madre pregunta que estamos haciendo y le dijimos que Lucía deseaba probarse una ropa. Terminamos muy cansadas esa noche de apuros y dijimos que lo guardaríamos en un secreto.

  • Nos conocimos en una taberna

    Nos conocimos en una taberna

    Necesitaba escribir este sueño que he tenido esta noche.

    Era una noche en la que coincidimos en una taberna, una pequeña cantina, la única de la aldea. Nos presentaron, y te sentaste en la mesa que compartía con dos amigos.

    Cómo esta esa chica pensé, te miraba descaradamente, quería que me dieras una señal, solo una. Desde el momento en que te vi, supe que tenía que besarte, supe que tenía que acariciar la curva de sus caderas, supe tenía que abrazar su cintura, besar sus pechos. Supe que sus pezones tenían que estar entre mis dedos. Nos habíamos visto alguna vez por la aldea, pero el deseo era mutuo, aunque esto lo supe días después.

    Unos cuernos de cervezas y alguno que otro de hidromiel, tu seguías allí, jugando conmigo, yo me encendía. Nunca me había pasado. No sabía qué hacer, mi cabeza decía que te estuvieras quieta, pero mi pie rozó tus piernas, estaban cruzadas, me sorprendí al comprender que esas piernas bronceadas perfectas no eran una ilusión. Tus manos descansaron encima de la mesa. Te levantaste y fuiste al baño.

    Creí morirme, pensé que te habías molestado. Al volver, te sentaste junto a mí. Respire hondo al notar tu mano en mis muslos. Empezaste a hablar con los dos chicos, queriendo disimular. Apartas tu mano de mi muslo y mirabas hacia otro lado mientras descruzabas las piernas. No hace falta que nadie me indique el camino. Mis dedos rozan la parte interna de tus piernas, me demoro antes de llegar a mi destino, tu hablabas con ellos, yo finjo estar mirando un punto fijo.

    Mi mano va subiendo por ti, tú has cedido y yo gozo de este momento. Tu sexo me espera. Sigo subiendo, ahora noto la suavidad de tu sexo, sigo subiendo, tu sigues hablando.

    De repente bajo mi mano hasta tu rodilla, te quedas callada, como extrañada por mi gesto, inmediatamente vuelvo a subir. Noto tu tanga algo húmedo. Puedo sentir tu palpitar, tu sexo palpita contra mi mano, subo aún más, y toco tu clítoris.

    Vuelvo a la conversación. Te levantas y me coges de la mano, vamos a la barra, pagamos esto y me acompañas a casa me dijiste. Ni siquiera hemos dicho adiós.

    En la calle, me dices que antes de ir a casa nos marchemos a un lugar apartado. Así que nos dirigimos a una playa cercana, pones tu dedo encima de mis labios. Apoyas tus labios en él. Silencio, silencio. Repites. Yo siento el alboroto de mi corazón. Palpitó de deseo. Siento en tu suave aliento el olor a deseo. Me besas, te beso. Mis manos te buscan, te acarician. Destapas tu camisa y me dejas disfrutar de tus pechos, los acaricio, los beso, los muerdo, mientras suspiras con pasión y me pides más. Me dices, mi sexo se estremece, sabes y quiero sentirte dentro de mí.

    Agarras mi perilla y me llevas y me dejo llevar. Tengo tus piernas a la altura de mis ojos. Puedo adivinar tanga sobre tus nalgas. Siento tus pechos, tu vientre, tu sexo. Te tomo por la cintura, te abrazo, tus pechos se apoyan contra los míos, mi cuerpo busca el tuyo. Te aparto el cabello y te beso en el cuello, tú buscas mi boca. Nuestros labios se abren para dar paso a nuestras lenguas, húmedas.

    Vuelves a besarme. Adoro esa sensación. No me canso de sentir tu lengua. La siento entre mis labios, buscas mi pene y lo saboreas, te beso entre tus pechos, tus pezones, bajo hacia tu cintura, tu pubis, saboreo tu clítoris, adoro tu tesoro y disfruto de él. Me quemas, poco a poco, trozo a trozo, mi piel se abre ante ti. Dominas mi cuerpo, arrancas suspiros, gemidos, orgasmo. Creo enloquecer.

    Me dices llévame a tu casa, quiero disfrutar más de ti. Llegamos a mis aposentos, salimos a mi terraza, se divisa el mar, nadie nos ve.

    Ahora estoy relajado, te miro, pareces ausente, quiero tenerte una vez más hoy, quiero volver a saborear tu carmín.

    Quiero saborear el carmín de tus labios. Te llevo hasta el rincón más apartado de la terraza, descuelgo las ropas que hay apoyadas en la hamaca. Tus bronceadas piernas se abren para que entren las mías. Nos besamos suavemente primero, pronto nos quitamos la ropa, con brusquedad, casi con urgencia.

    Es un orgasmo largo, que arde por dentro de nuestros cuerpos, nos abrasa y nos une. Me tumbo hacia arriba mirando el cielo, me apoyo en tu hombro, huelo tu piel, me gusta tu olor, tu piel sabe dulce.

    Te levantas y andando muy despacio vas hacia la cocina, no has dicho nada, te sirves una copa de vino y te sientas en el comedor, mirándome, desnuda. Estoy relajado, pero sigo teniendo ganas de ti, quiero que te acerques a mí, quiero que vuelvas a besarme, quiero tu cuerpo. Te tomo de la mano y te llevo a mi dormitorio, dejando ver nuestros cuerpos, nos acariciamos mutuamente, suavemente, queremos sentir nuestra piel. Nos besamos, mordisqueándonos los labios, te deseo y tú a mí. Me abrazas y nos dejamos caer sobre la cama, tú de espaldas sobre el lecho abres tus piernas, yo busco tu sexo, me deseas y me dices -follame, te penetro, suspiras con, pasión y balanceamos nuestros cuerpos rítmicamente, cada vez con más fuerza.

    En un momento cambiamos de postura, quedando yo de espaldas al lecho y tu sentada sobre mí. Que visión más hermosa, mientras cabalgas, tu cabello suelto alborotado, tus ojos perdidos mirando al cielo, que rostro de deseo, tus labios húmedos los mordisqueas de placer. Tu cuerpo palpita, tus pechos saltan sobre mí y tus pezones duros y excitados me llaman. Los acaricio con pasión, los pellizco y eso te hace suspirar con más deseo, y me tomas del cabello, acercando mi rostro hacia ellos con pasión mientras saltas sobre mí con furia, los mordisqueo y gritas de placer. Tu cuerpo palpita de deseo y en un momento brazos en alto, levantas tu cabeza hacia el cielo, cabalgas con furia sobre mí y juntos tenemos el orgasmo más intenso y deseado jamás.

    Quedamos abrazados juntos, sintiendo el palpitar de nuestros cuerpos, el deseo de saborear el momento, nuestros labios se buscan y así abrazados nos dejamos caer en un sueño suave y aterciopelado.

    Al amanecer mientras dormías, boca abajo, las sabanas cubriendo solo una parte de ti, tu espalda, tu fina espalda al descubierto, mi dedo te rozaba, mis labios perfilando tu figura, tus nalgas redondas, perfectas al tacto, perfectas a la vista, deliciosas, tapadas con la sabana, levanté la sabana para poder contemplarlas, la piel blanca y tersa. No me contuve, te acaricié hasta que te despertaste, sonreías, y aún con los ojos medio cerrado, me besabas.