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  • Mi querida alumna Dulce

    Mi querida alumna Dulce

    A lo largo de mi vida laboral he tenido una gran diversidad de empleos, y uno de ellos fue de maestro en una preparatoria privada.

    Fueron tres años los que estuve en esa institución y la verdad me hubiera gustado estar más tiempo, ahí es un agasajo para la vista al tener acceso a las jóvenes más hermosas y bien formadas de la comunidad, verdaderos monumentos vivientes, y lo mejor de todo de mentes muy abiertas, sin todas las inhibiciones ni tabúes que cargamos los mayores, ellas viven su libertad, y lo transforman en libertinaje, que a fin de cuentas me beneficio y me trajo muchas buenas tardes y noches, acompañado por alguna jovencita que no quería reprobar mí materia, y que estaban dispuestas a dar lo que fuera por sacar adelante su certificado.

    Una de ellas fue Dulce, una joven que aunque no era la más bella, si llamaba mucho la atención, y es que era una curvi en todo su esplendor, para nada la típica niña delgada y súper cuidada que no sube un gramo, al contrario Dulce era rellenita, con un trasero espectacular y unas tetas impresionantes, su cintura aunque no era la de una avispa marcaba ese lindo trasero y sus piernas tan bien torneadas, su cara no era la más bonita, pero sabía sacarle provecho con el maquillaje y su peinado, y esos ojos color miel que me hipnotizaban cada que me veían.

    Navegaba con bandera de inocente, pero cuando la descubrí en la cama era una verdadera zorra, una perra en celo, hicimos hasta lo inimaginable.

    Todo empezó cuando por faltar a clases y no presentar tareas, se fue a examen extraordinario, pero tampoco presentó el trabajo que debería, aunque lo pagó y se presentó en la fecha de aplicación del examen, como era de esperar no quería reprobar la materia y como ya sabía que yo era buena onda, me pidió apoyo.

    DL: ándele profe échele la mano diga que si le traje el proyecto y páseme una buena calificación, yo lo sabré recompensar, siii?

    Yo: y de qué manera me recompensarías? Que gano yo? qué tal que paso tu calificación y ya no me das nada?

    DL: como cree profe, yo soy materia dispuesta, si quiere nos vamos juntos y pues ya le doy su recompensa, donde usted me diga, en su departamento, en mi casa, o en un hotel, usted disponga.

    Se me acercó tanto que pude sentir sus pechos duros y sus pezones erectos en mi pecho, la tome por los hombros y la aleje un poco, por precaución, para que no fuera a vernos alguno de los otros maestros o alumnos.

    Yo: ok estas segura que puedes irte conmigo en este momento? Yo ya salí, ya termine mis exámenes y tengo libre la tarde, vamos a mi departamento y vemos que se puede hacer que te parece?

    Obviamente ella aceptó y le puse su calificación y salimos, cada quien por su lado para no levantar sospechas y nos vimos en una plaza que está a unas calles delante escuela.

    Cuando subió al carro procuró subir su falda lo más posible, para llamar mi atención, y vaya que lo logró, no podía dejar de ver esas hermosas piernas, y ella me tomó la mano y la puso ahí, en su entrepierna, yo arranque el carro y en el camino no deje de acariciar sus piernas, y disfrutar su rica conchita, que estaba súper húmeda por la fricción de mis dedos en su interior, ella jadeaba y se retorcía del placer que le provocaba, yo me apresure a llegar a mi departamento para poder disfrutar de ese cuerpecito mágico que tanto deseaba, ella me tomaba y me frotaba mi verga que ya pedía a gritos salir para poder ensartar esa colita y esa panochita tan rica, tan joven, tan bien depilada.

    Cuando llegamos al estacionamiento de mi edificio, ya no me pude contener y al estacionarme me abalancé sobre ella la besé y acaricié sus tetas sin ningún reparo, no me importaba si alguien nos veía, quería disfrutar de ese manjar llamado Dulce.

    Le arranqué la tanga e introduje mis dedos lo más profundo posible mientras nos besábamos, la verdad no sé cómo lo hice, pero de un solo movimiento recline su aliento y el mío, la atraje hacia mí y la ensarte con mi verga que ya estaba a punto de explotar pero aun así la hice mía en el coche hasta que se corrió y yo explote en un torrente de semen que inundó su vagina, ella disfrutaba y gemía mientras se dejaba caer sobre mi cansada y satisfecha, yo la acariciaba.

    Era imposible dejar de disfrutar ese lindo trasero, apretaba sus nalgas y chupaba sus tetas, y no quería que acabara ese momento, quería hacerla mía hasta que quedara agotada, exhausta, hasta que me dijera que ya no podía más, y así lo hice, nos arreglamos la ropa y subimos a mi departamento, y ahí la volví a hacer mía, una y otra vez.

    Ella era una joven de 18 años, yo un adulto de 35, pero los complementamos tan bien que disfrutamos cada minuto, cada momento, hasta que llegó la hora de ir a dejarla cerca de su casa, para que sus papás no se dieran cuenta que estuvo conmigo, pero aunque ella se graduó ese año, no fue la última vez que estuvimos juntos, hubo más y mucho más, ese culito no se podía salvar por supuesto y se lo reventó, pero esa es otra historia.

  • Disputándonos a papá (Parte 3)

    Disputándonos a papá (Parte 3)

    Después del encuentro que tuvimos con papá, mi hermana seguía distante conmigo, no me dirigía la palabra.

    Una noche me quede viendo televisión hasta tarde, cuando me dirigía a mi cuarto pase por el cuarto de papa y estaba dormido de costado, no estaba tapado y estaba vestido solo con bóxer, sin playera, veía su pecho fuerte y velludo, me excitaba tanto verlo así. Me acerque silenciosamente y me hinque junto a la orilla de la cama, baje un poco su bóxer por la parte de enfrente y su miembro al igual que todo su cuerpo estaba dormido. Baje un poco su ropa interior cuidando de no despertarlo, trataba de hacer el menor ruido posible.

    Con mi lengua recorrí la extensión relajada de su pene, no reaccionaba. Sin usar las manos sobaba con la punta de la lengua su prepucio, lo hacía de arriba hacia abajo y la verga de papá seguía sin reaccionar, trataba de hacerlo sin ruido.

    Seguía lamiendo su glande y su pene seguía sin reaccionar, mi padre dormía como bebe. Mi padre no despertó.

    Dos días después la escena se repitió, me quede hasta tarde viendo el televisor y todos se fueron a dormir, me levante y fui hacia la habitación de papa, estaba exactamente en la misma posición de costado, completamente dormido.

    Tomé un cojín y me senté a la orilla de la cama, baje su bóxer como la vez anterior y salto ante mi cara su suculenta verga, tan relajada y rugosa. Comencé lamiendo su prepucio, metía a mi boca la punta de su pija, ensalivaba su glande y lo succionaba. Me parecía increíble que papa se mantuviera dormido con semejantes chupadas que le estaba dando, me parecía muy morboso.

    Me levanté y fui a la cama de Jazmín, la moví sin hacer ruido, despertó y me vio, le hice una seña con el dedo en los labios de silencio y le dije con la mano que me siguiera.

    Entramos en el cuarto de papá y él seguía en la misma posición, Jazmín me miro con una mirada pícara y me siguió, se sentó a un lado de mi y tomo la verga de papa, la dirigió hacia mi boca y yo seguí lamiendo y chupando, se escuchaban unos ronquidos ahogados de papá, pero nosotros seguíamos en lo nuestro.

    Jazmín me la sacó de la boca y ella comenzó a chupársela, mamando como si fuera una cabra, lamiendo y escurriendo baba por los costados, la verga de papa comenzó a llenarse poco a poco con el flujo sanguíneo para ponerse erecta, sentí celos de que Jazmín si pudo poner erecta la verga de papa y yo no, pero seguimos lamiendo como gatas sobre un plátano.

    Mi papa seguía sin despertar cuando su polla estaba ya erecta, que aguante tiene mi papi que ni se inmuta con las embestidas de baba que le dábamos mi hermana y yo.

    Se me ocurrió pasarle la lengua por los testículos mientras mi hermana mamaba la punta, mi padre entreabrió los ojos como de sorpresa al ver la escena de dos gatitas lamiendo dibujo una sonrisa en su cara y se bajó el bóxer a las rodillas sin cambiar de posición, mi hermana y yo seguimos lengüeteando la rica pija de papá.

    Alternábamos lamiendo la polla de papa, una de nosotras lamia sus peludos testículos mientras la otra chupaba la puntita de su verga. ¡Mmm!, ¡hhhaaa! A veces alguna la metía hasta el fondo de la garganta, aghg, agh, ¡mmm!

    Mi papi sin abrir los ojos acelero su respiración y puso el cuerpo tenso, comenzó a disparar borbotones de crema dulce sobre la lengua de mi hermana y la mía, juntamos las lenguas y la leche cayó sobre ellas, deliciosa, caliente. La succionamos hasta dejarla sin una gota, limpiamos la verga de papa hasta dejarla brillante.

    Jugueteamos un poco compartiendo y saboreando la leche de papá.

    Si deseáis conocer que pasó después con Lucia y Jazmín mi correo es [email protected]. Espero contar con su opinión y puntos de vista o lo que sea que me quieras contarme, también si queréis platicar y contarme sus fantasías, deseos o encuentros, no importa género o preferencia sexual. Saludos.

  • Me cogieron en un cine (Parte II)

    Me cogieron en un cine (Parte II)

    —No puedo más— es lo que atino a decir antes de venirme con un fuerte chorro que alcanza a mojar a los que estaban frente de nosotros viendo el espectáculo.

    —Me estás ordeñando pinche puta —me dice antes de empezármela a clavar sin compasión.

    —No, papito, espera un poco —le digo, ya que no me puedo aun recuperarme de este orgasmo.

    —Ni te quejes putita, querías verga ¿no? Pues tendrás toda la verga que queramos darte —me toma de las caderas y hace que con las pocas energías que me queda me la clave yo sola.

    No puedo más, las piernas me tiemblan e Iván se ha unido a la fiesta jalándome mis lindas pinzas, mis pezones me duelen pero se siente tan rico; Él decide que debo de seguir montándolo para que vean como rebotan mis senos con cada sentón que doy.

    —Mira princesa que encontré —me dice Él mientras pasa sus dedos muy cerca de mi anito.

     —¡No! ¡Por ahí no! —le digo tratando de quitarme de encima, a lo cual el responde dándome un sentón que ha hecho que su verga entre hasta al fondo causándome dolor.

     —Ja, ja, ja ¿no me digas que eres virgencita de ese hoyito? —me dice burlándose.

    —… —no pienso contestar su pregunta.

     —¡Contéstale puta! —me dice Iván mientras me jala las pinzas y mis pezones se ponen aún más rojos.

     —¡Ah! ¡Duele! —lo digo más como gemido que como reclamo.

     —¿No te enseñaron a contestar a tus mayores? ¡Contesta! —me sigue insistiendo Iván.

     —Elizabeth ¿No me vas a contestar? Tú no eres una niña mala o ¿sí? —me dice Él; hace que todos se queden en blanco ya que nadie sabía cómo me llamaba, ni siquiera Iván se lo había dicho.

     —¿Con que así te llamas pequeña putita? —me dice Iván mientras me sonríe burlón.

    —Ándale putita contéstame —me dice Él mientras me empieza a masturbar con rudeza.

    —Me voy a venir papi —le digo a punto de tener otro orgasmo.

    —Primero dime ¿eres virgen de este hoyito o no? —me dice Él dejando de masturbarme y presionando mi clítoris con fuerza, mientras su otra mano está hurgando mi culito. La fuerza que está poniendo en mi clítoris me está llevando al cielo y su dedo me está dando una sensación que no había conocido antes.

    —Quiero venirme ¿por favor? —le digo suplicándole; pero lo único que logro es que detenga todo lo que me estaba diciendo.

    —Sí, soy virgen… pero ¡Tócame! ¡Hazme correrme! ¡Por favor! —le digo casi llorando, ya que se detuvo cuando estaba a punto de correrme.

    —Ya vez que no era tan difícil—me dice Él lambiendo mi oreja.

    —Miren cabrones como dejo preñadita a la putita —les dice mientras de nuevo me empieza a coger con un ritmo que me está haciendo gemir como loca, cuando estoy a punto de venirme me mete un dedo en mi culito y presiona mi clítoris que hace que me venga con un chorro.

     —¡Miren como se corre la zorrita! —dice uno de los del público.

    —Te voy a dejar llenita de leche —me dice Él y es cuando ciento como su verga se descarga hasta el fondo de mi coño haciendo que se alargue mi venida.

     —¡Oh por dios! —es lo único que atino a decir cuando Él sale de mí y siento como van saliendo combinados mis jugos con su lechita.

     —No quiero que desperdicies nada, así que aprieta y siéntate en la butaca con las piernas bien abiertas —como puedo me levanto sin tirar nada, bueno eso creí.

    —Te dijo que no soltaras nada —me dice Iván dándome una nalgada que me ha excitado aun de lo cansada que estoy.

    —Haber putita quiero que te comas toda tu lechita como la gatita que eres —me dijo Él.

    —… —no digo nada y solo me dedico a sentarme en la buta que hace que mi cuerpo tenga un escalofrió ya que están frías; cuando estoy en posición abro mis piernas todo lo que puedo y dejo que una poca de su leche salga de mi pucha, la recojo con mis dedos y me los llevo a la boca mientras con la otra mano puedo por fin tocar esas pinzas que han estado torturado mi pezones todo este tiempo. Me dedico a abrir mi puchita para que salga un poco de leche y yo poder tragármela, mientras, vuelvo a hacer presión para que no salga nada mientras disgusto con mis dedos con la mayor gula que me puedo imaginar.

    La situación es de lo más excitante y morbosa; estar abiertas de piernas en medio de desconocidos, haberme corrido como una perra, estar desnuda enfrente de todos y para colmo que Él me haya podido coger.

     —¿Qué más puedo pedir?

    Mientras sigo con la labor de chupar toda la leche que me ha dejado Él, me doy cuenta que todos han sacado su vergas de sus lugares de origen y es cuando a lo lejos escucho que no soy la única que está disfrutando como perra en celo, se me hace agua la boca y el coño al darme cuenta que todas esas vergas son para mi solita, para poderlas mamar, sacarles todos sus mocos y tragármelos, podérmelas meter todas las veces que sean necesarias, que todas me pueden preñar, que me harán como ellos quieran. Sin darme cuenta me estoy empezando a masturbar metiéndome los dedos mientras me froto mi clítoris.

    —Creo que la perrita esta lista para lo siguiente —me dice Iván.

    —Ven perrita siéntate aquí y dame esas chichotas que quiero mamarlas —me dice mientras se masturba su verga.

    Me acerco y me voy ensartando en su verga poco a poco, haciendo que sienta cada pliegue de mi vagina al momento de que valla entrando.

     —¡Oh por dio esto es el cielo! —dice Iván mientras se va adentrando más y más.

    —Cabálgalo preciosa —me dice Él detrás de mí, yo solo afirmo y empiezo a hacer lo que me pidió, Iván se prensa de mis senos y empieza a moverlos, chuparlos y a márcalos como suyos, jala las pinzas, me está torturando y sabe que todo eso me gusta.

    Siento como alguien empieza a jugar con mi culito, pero ya no me importa que hagan conmigo, solo quiero disfrutar, empiezan a meter un dedo hurgando mi culito, hurgando mis paredes, hurgando dentro de mí; de un momento a otro ese dedo es sustituido por algo húmedo y es cuando me tenso.

    —Zorrita, no te preocupes te va a gustar —me dice una voz que no reconozco. Empiezo a sentir algo húmedo en mi culito y es cuando me doy cuenta que me está dando un beso negro, en mi vida había experimentado uno ya que a mi novio la simple idea le daba asco.

     —¡Ahhhh! —es lo único que sale de mi garganta; gemidos y gemidos es lo único que puede mi cerebro hacerme decir.

     —¡MÍRAME PUTITA! —me grita Él, ahí es cuando me doy cuenta que ha estado masturbándose viéndome como me cogen y con ese simple hecho, me hace gozar.

    —Quiero oírte decir que eres una puta —me demanda mientras yo me he hipnotizado con el movimiento de su mano en su verga, me éxito ver como se toca, se toca por y para mí.

     —¡Dilo! —me vuelve a decir, me dice parando su movimiento.

     —¡Soy tu puta! —le digo mientras siento como una lengua entra en mi culito.

     —¿Eres mi puta? —me pregunta al mismo tiempo que Ivan jala las pinzas.

     —¡Siii! Soy tu puta —le digo casi llorando de la excitación mientras lo veo, no me importa nadie más solo Él.

     —Te voy a coger donde yo quiera ¿entendiste? —me dice mientras vuelve a masturbarse.

     —¡Si! Lo que tú quieras yo lo hare —le digo ya ensartándome yo sola en la verga de Iván que me ha estado taladrando todo este tiempo.

    —Córrete para mi putita —con esas simples palabras y sin anunciarlo me vengo como una loca, gritando y llorando por el placer que me causo seguir su orden.

    —Oh por dios, te voy a dejar llena de toda mi leche —me dice Iván mientras me deja lleno mi coño de su corrida.

    —Así perrita, ordéñale la verga como solo tú lo sabes hacer —me dice Él, mientras yo empiezo a succionar con mi coñito tragón la verga de Iván, lo suelto y lo succiono, así estoy por un rato.

    —Sigue así putita, déjame seco —me dice Iván mientras siento como palpita su verga dentro de mí.

    —Sácate esa verga de tu coñito y ven con papi —me dice Él mientras me llama con un dedo; yo como buena gatita me muevo ronroneando a su lugar. Cuando llego a Él, estira su mano y lo único que atino a hacer es restregar mi cabello en su mano pidiendo sus mimos.

    —Que linda gatita, ensalívame la verga que te voy a estrenar ese culito tuyo —me dice Él, mientras me toca con cariño la cara.

    —Miau —es lo único que digo antes de meterme su verga en mi boca y chuparla como si fuera el fin del mundo.

    Él sigue metiendo sus dedos en mis cabellos, me acomoda mechones detrás de mis orejas, me está consintiendo.

    —Mírame —me dice, yo solo levanto la mirada, pero no dejo de mamarla.

    —Te voy a estrenar ese culito así que quiero que dejes esta verga escurriendo, si no te va a doler —yo solo afirmo y sigo con lo que me encargo. Siento como empiezan a jugar con mis hoyitos mientras sigo mamando verga.

    —Ven súbete princesa que vas a gozar como nunca —me voy a sentar cuando me dice que le dé la espalda de nuevo, hago lo que me dice y me quedo dando le espalda.

    —Tranquila mi princesa va a doler —me dice mientras acomoda su verga en mi culito; va metiéndolo muy suave pero sin detenerse.

     —¡Sácalo! ¡Duele! —le digo intentando moverme pero Él me detiene.

    —No puedo princesa están tan estrecho —me dice con una voz totalmente ronca.

     —¡Me duele mucho! ¡Sácalo por favor! —le digo con lágrimas corriendo mis mejillas.

     —Relate, ya casi está adentro —y tenía razón, solo unos centímetros más y sentí sus huevos chocar con mi puchita. Me dolía pero me sentía llena, era una sensación difícil de explicar.

     —Te voy a coger como la puta que eres y vas a gritar —me dijo diciéndome que haría y lo último lo tome como una orden.

    —Si papito, pero se amable con tu putita —le dije recargándome en él buscando un poco de soporte.

    —Siempre, mi putita —me dijo cuándo empezó a hacer un vaivén suave en lo que yo me acoplaba a semejante verga, sentía como entraba y lo sacaba hasta casi la punta y lo volvía a meter.

    —Estas tan apretada —me decía en medio de gruñidos.

     —¡Ahhh! —ya no gritaba de dolor si no de placer, lo cual me impulso a tocarme para sentir más placer.

    —La perrita esta lista para lo siguiente ¿Verdad? —me dijo al oído.

    —Si —fue lo único que atine a decir, ya que yo estaba disfrutando a lo máximo.

    —Haber cabrones quien quiere romperle el coñito —dijo Él mientras empezaba a empotrarme más fuerte. El primero en tomar turno fue Iván que me la metió sin piedad, mis dos hoyitos estaban al máximo, llenos por dos vergas que me daban duro y sin miramientos.

     —¿Esto es lo que querías? ¿Verdad putita?, desde que te vi en la calle viendo la cartelera sabía que te rompería el coñito a puto vergazo —me decía mientras me la metía sin piedad.

     —¿Te gusta cómo te está cogiendo ese desconocido? —me decía Él mientras se movía al par que Iván.

    —Sí y mucho ¡Mas por favor! —les suplicaba llena de placer, estaba a punto de venirme.

     —¡Huy! La zorrita se va a venir siento como me succiona la verga —dice Ivan al aire y aumenta su arremetidas, estoy a punto de venirme cuando él lo hace primero, me saca su verga y siento como va saliendo su lechita de mi coñito.

    —Nooo —es lo único que digo casi llorando, no puede ser posible que me deje así, como consuelo me muevo más rápido en la verga que tengo en mi culito, pero no es lo mismo.

    —Que cruel eres, mira como la putita busca verga —le dice Él a Iván, lo cual le hace reír.

    —Ni te quejes preciosura tienes aún muchas vergas que comer putita —me dice mientras se sube el pantalón.

    —Eres toda un putita, espero volverte a ver de nuevo —me da un beso, el cual me mete su lengua hasta la garganta lo cual yo aprovecho para mamársela como si fuera una verga, enserio necesito venirme y solo me están haciendo sufrir; solo salen lloriqueos de mi boca, Iván se separa y solo ahora nos une un hilo de saliva.

    —Hasta luego putita —me da un beso en la frente, hace un además y se despide de Él.

    —Sírvanse caballeros yo me retiro. Adiós Ely —es lo último que dijo antes de marcharse.

    —Ya lo escucharon ¿Quién sigue? —dijo Él aun si salirse de mi culito.

    Después de que se fuera Iván, me metieron la verga, me llenaron el coño de lechita al grado que se derramaba cada vez que me empotraban, me dieron a mamar verga mientras tenia mis dos hoyos llenos de ricas vergas, venosas, gruesas, largas y grandes, mi coñito trago todo lo que le ponían enfrente.

    Me hicieron tragarme más de una corrida, cuando otros preferían magrearme los senos o disfrutar haciéndome sufrir con las pinzas en mis pezones, otros me hicieron una comida de coño que les deje empapada la cara de mis jugos los cuales se tragaron como si fuera el mejor elixir del mundo. En todo el tiempo que estuve ensartada Él no salió de mi culito; no sé en qué momento había caído en la inconciencia, estaba relajada, llena de vergas que me hacían llegar a lo máximo, Él me sostenía para no caerme y en varias ocasiones corregía mi postura para que entrara cualquier verga hasta el fondo y que me hiciera gritar.

    —Preciosa despierta —me Él al oído.

    —No quiero estoy cansada —note que solo quedaba su verga dentro de mí y había sustituido su alojo a mi coño.

    —Princesa, ándale despierta quiero terminar en tu culito mientras te como esas tetas que siempre he querido tener en mi boca —me dijo todo meloso.

     —¿En serio? —le dije asombrada, ya que yo pensaba que nunca se había fijado en mí.

    —Claro princesa, si cada que te las veía siempre quería tenerlas en mi boca —me decía mientras me acomodaba para quedar cara contra cara.

     —¡Pero nunca me miraste! Siempre me ignorabas —le decía mientras hacia un pucherito.

     —Eso es lo que tú piensas, siempre miraba tus piernas, tus senos; me volvías loco cada que usabas short y se te veían estos enormes muslos, siempre terminaba masturbándome en tu honor cada que te visitaba —me decía mientras recorría cada parte de que mencionaba.

    Me levante muy suave, su verga salió y en esa posición se la masturbe un poco antes de dirigirla a mi culito que estaba deseoso por volverlo a tener.

     —¿En serio le dedicabas tu lechita a tu putita? —le decía toda mimosa mientras yo sola me ensartaba su verga en mi culito.

     —¿Serás mi putita? —me decía ilusionado.

    —Siempre lo fui, siempre lo seré, siempre seré tu putita —le dije mientras me sentaba de golpe y Él emitía un gruñido.

    —Ándale putita, demuéstrale a tu amo que tanto lo quieres —me dijo con un brillo de lujuria que nunca me imaginaria de él.

    —Nunca te vas a arrepentir de tu decisión —le di un por fin un beso que solo me hizo mojarme más, mientras empezaba a cabalgar más rápido, si seguía este ritmo terminaría mojándolo todo.

    —Tócate perrita para mí —sin dudas lo hice mientras subía y baja en su tranca, me masturbaba y perdía varios dedos en mi coñito, mientras Él mordía mis pezones aun con pinzas, me dejaba chupetones, me lambia el cuello, me hacía vibrar, me dejaba su marca por donde pasara su lengua.

    —Me vengo puta —me dijo y me jalo del pelo inmovilizándome y con la otra mano me sostuvo de la cadera haciendo que me entrara hasta el fondo.

    —Yo igual papi ¿Puedo venirme por favor? —quería venirme pero le estaba pidiendo permiso, no quería ser una mala putita y mas no quería ser una mala putita para Él.

    —Yo te diré cuándo, cabálgame, sostente de mi hombros —me dijo lo cual yo seguí sus órdenes, me sostuve de sus hombros y nos mirábamos directamente a los ojos, mis tetas rebotaban en cada empotrada que me daba, caía sudor por toda mi espina dorsal, mi pelo era una maraña sin sentido, mi ropa hace mucho que no supe de su paradero, lo único que me importaba era Él.

     —¡Ahora! —me quito las pinzas de un tirón y metió el consolador por el coñito, que por un momento ya hasta había olvidado.

     —¡Ahhh! —lo único que pude hacer fue gritar y venirme a chorros, me estaban llenando el culito con leche, mi coñito tenía el consolador prendido al máximo, mis pezones están adoloridos porque me quitaron los pinzas de jalón y mi clítoris lo estaba siendo masturbando muy rápido; no podía hilar una idea, yo seguía viniéndome a chorros sin poderlo evitar, Él lo sabía, sabia el efecto que había hecho en mí, la venida era brutal y el sabia como encadenar más orgasmos a la lista sin que yo pudiera descansar.

     —¡Basta por favor! —le dije llorando de placer.

     —¡Por favor!—yo le suplicaba.

    De tantos orgasmos caí en la inconciencia de nuevo, no sé si fueron minutos, segundo u horas, pero algo no me dejaba seguir en ella como yo quería.

    —No te muevas —le dije perezosa.

    —Princesa tenemos que irnos —me dijo acariciando mi pelo.

    —No quiero —le dije soñolienta.

    —Cariño tenemos que, a menos que quieras que te tomen fotos —me dijo con una pequeña risita.

     —¡Noooo! —dije en un casi grito levantándome y sintiéndome vacía al momento, aún seguía montada a su verga. Dándome cuenta que estaba la chica del guarda ropa enfrente de mí, con uno de sus compañeros y este se notaba que estaba más que duro ya que se marcaba atreves de su uniforme.

    —Wow princesa nunca pensé que fuera a disfrutar tanto ver esta película —me dijo ella mientras iba acercándose hacia mí.

    —Levanta tus manos princesa, creo que esto es tu talla —me dijo mientras yo le hacía caso como robot, con sumo cuidado me empezó a poner una sudadera negra súper suavecita que hizo enseguida me diera un escalofrió, esta se atoro en mis senos lo cual hizo que ella les diera unos besos súper suaves y su lengua aliviara un poco el dolor yo solo gemí ante el acto, ella solo sonrió por mi respuesta y bajo la sudadera que me tapaba hasta el inicio de mis labios vaginales.

    —Ahora princesa sigue esto —me señalo unos leggings exactamente iguales a los míos, pero estos no están rotos.

    —Okey —fue lo único que atine a decir, yo solo me dedique a ser consentida por esta chica, mi sorpresa fue grande al darme cuenta que usaría una pantaleta también.

    —Después de todo lo que paso, debes de mimarla también —me dijo como leyendo mi asombro por la pantaleta, hizo que levantara una pierna y metió un lado, repetí lo mismo con la otra pierna y me agache para yo subirla pero ella no me dejo.

    La fue subiendo al par que sus labios subían por mis piernas hasta el momento de lamer aun mi clítoris inflamado por tanta excitación, lo único que salió de mis labios fue un suspiro lleno de placer, sabia como relajar mis zonas que fueron usadas sin compasión; termino subiendo por completo la pantaleta por lo cual siguió con el leggings con el mismo proceso, cuando me vio vestida me entrego mis zapatos.

    —Dame tu pie princesa —yo solo se lo extendí y con el mayor amor del mundo beso cada dedo a lo cual yo me reír suavecito.

    —Perdón, haces cosquillas —le dije roja de la pena.

    —No te preocupes ya mero acabo —me dijo ella ya abrochando mis agujetas y pidiendo el otro zapato el cual se lo di sin rechistar.

    —Listo princesa, estas lista para salir ¿Bueno solo falta una cosa? —y me señalo mi cabello.

     —¿Tienes alguna dona? o ¿algo para amarrarme el cabello? —le pregunte ya que en mi muñeca no estaba mi liga.

     —Ammmm, no, te quedo mal princesa —me dice buscándose en los bolsillo de su pantalón.

    —Oye, me puedes regalar tu pluma —le dije a su compañero que estaba parado y tocándose encima del pantalón su verga ya marcada.

    —Si claro, ¿para que la quieres? —me dijo él a lo cual no respondí.

    —No necesitas saber para que —le dije, mientras armaba un moño improvisado en mi pelo y me peinaba y me veía aún más presentable de como llegue.

    —Se te ve mejor el pelo suelto —me dijo ella mientras quitaba la pluma, caía de nuevo mi pelo en cascada y ella aprovechaba para darme un beso que no pude negar.

    —Llámame cuando vuelvas por aquí —me decía mientras anotaba su número en mi antebrazo, se llamaba Layla.

    —Bueno chicas es hora de irnos —nos dijo Él mientras me tomaba de la cintura y me acurrucaba por mi parte en su pecho.

    —Ten tus cosas —me dijo Layla, dándome todas mis cosas.

    —Gracias señorita Layla —le dije amablemente.

    —Awww siempre serás mi favorita Ely —me dijo mientras me besaba de nuevo.

    —Señoritas si siguen así tendrán que respondernos a ambos por su acciones —nos dijo Él mientras señalaba que ya estaba duro como una roca y señalo al compañero de Layla que esta igual o peor.

    —Sera en otra ocasión, porque la princesa se divirtió en exceso, así que hoy no será chicos —le dio un beso a Él y le metió mano a su pantalón.

     —¡Oye Layla! Es mío suéltalo —le dije enojada.

    —Está bien perrita sé que es solo tuyo tranquila —me dijo dándome otro pico en los labios.

    —Nos vemos después, estaré esperando tu llamada Ely —me dijo antes de desaparecer por el corredor con su compañero y lanzarme un beso al aire.

    —Tú haces amigos donde sea ¿verdad? —me dijo Él cómicamente.

    —Se podría decir que si, creo —le dije toda ruborizada.

    —Entonces princesa te llevo a tu casa —me dijo acercándome a él para vernos a los ojos.

    —No te preocupes, puedo irme en el trasporte público—ya que sabía que Él día de hoy no le tocaba hacernos visita en la casa.

    —No te preocupes, ya tu abuela sabe que iré para haya al igual que tu madre y que tú estás conmigo —cuando lo dijo, yo me quede en shock.

     —¿Qué les dijiste? —le dije al borde del colapso.

    —Nada fuera de lo normal que tú no tenías batería, que por eso no habías avisado pero que estabas conmigo; ya que no encontrábamos por casualidad y te invite a cenar, simple y sencillo —me dijo mientras me sacaba del cine.

     —¿Y qué te dijeron? —le pregunte mientras subía a su camioneta.

    —Nada que no te diera mucho café porque te pones imperativa —yo solo fruncí el ceño porque siempre me limitaban mí amado café.

    —Odio que no me dejen tomar café, no me pongo imperativa… bueno un poco —le dije mientras encendía el celular.

    20 llamadas pérdidas de mi “amado novio”, 2 de mi madre, 2 de mi padre y varios mensajes de whatsapp. Entre a las funciones y marque al número de mi mama, le dije que estaba bien y en camino hacia la casa, ella no dudo en preguntarme si en realidad estaba con él.

    Llamada telefónica…

    —Sí mama, si estoy con mi TÍO no te preocupes.

    —————-

    Hola querido lectores, me encanta recibir sus mensajes en:

    [email protected].

    Y como vi que muchos quieren más, decidí crear un Twitter y un Facebook en ambos estoy como Escritora DK.

    Me pueden mandar regalitos, fotitos, videítos, lo que ustedes gusten.

    Yo con gusto les daré el mejor uso que se puedan imaginar.

    Besos húmedos en sus vergas deliciosas.

    Hasta la próxima. Déjenme sus comentarios.

  • Perverso

    Perverso

    Te ha vuelto a llamar la atención el nombre del relato, y por eso has abierto esta pestaña. No estabas muy segura de sí hacerlo o no, sabes que cuantos más relatos leas, más te vas dando cuenta de lo que realmente eres, de lo que realmente necesitas, y eso a pesar de que te produce un cierto miedo, te excita completamente, porque empieza a aflorar en ti, esa parte que llevas tantos años enterrando.

    Quizás ahora estás leyendo, porque te gustó mucho el relato anterior, y quieres seguir explorándote, pero tranquila, que al final verás un cambio en ti, en tu mentalidad, en la necesidad de vivir como has descubierto que necesitas, en que te necesitas mostrarte como realmente eres, ser tú misma. Sé que vuelves a estar sentada en frente del ordenador, esperando a ver cuál es mi siguiente paso, ansiosa por saber lo que te deparará este encuentro entre tú y yo, pero quiero que dejes de leer, y traigas lo que te voy a pedir. Traerás cuerdas o cordones de zapatos, al menos cuatro, cinco pinzas, ya sabes que pueden ser de la ropa, un espejo que al menos refleje tu cara, si puede ser más grande mejor, dos cosas para meterte, un yogur removido y deja el móvil cerca. ¡Ve perra!

    Vuelves a luchar contigo misma, no consientes que nadie te humille, y sin embargo aquí estás, con la respiración agitada, por haber corrido para seguir mi orden, y por la excitación que empieza a dejar entrever tu coño. Quieres que te humille, que te degrade, quieres que te lleve al límite, y eso es lo que poco a poco iré haciendo. Ya sabes lo que quiero ahora, quiero que te desnudes frente al ordenador, quiero que me hagas un baile mientras te quitas toda la ropa, quiero ver bien a mi perra, y que se me ponga la polla dura. No te sorprendas tanto, sabes que te gustaría tenerla frente a tu cara, y poder disfrutar de ella, pero eso es un gran premio que has de merecerte. ¡Desnúdate ahora puta!

    Me ha gustado tu pequeño baile perra, me la has puesto dura, y eso tendrá su recompensa. Sé que ahora mismo estás un poco confusa, pensando cómo puedes estar delante del ordenador, desnuda para alguien que todavía no conoces, y excitada, con ese coño brillando para mí. Siéntate en la silla, saca esa lengua de zorra y pínzala con una pinza, quiero ver como tu saliva sale de tu boca y empieza a mojarte entera, a bañar todas tus preciosas curvas de perra, mi perra. Seguro que ya ha empezado a caer saliva por tu cuerpo, así que extiéndetela por la cara y tus tetas, quiero que quede bien embadurnado todo, siente como te mojas, estás contenta por cumplir mis órdenes y quieres más.

    Ata esas tetas que tienes, las quiero de un buen color morado, ya sabes que tienes que apretar, y aunque te duela, sé que puedes aguantarlo perra, y encima te mojaras como la puta que eres. Veo que cada vez te gusta más esto, que cada vez lo disfrutas más, estás descubriéndote a ti misma, y me gustas así, humillada, degradada, y sirviéndome como es debido. Bien, me gusta ese color morado que te ha quedado en las tetas, jaja menuda guarra estás hecha, así que ahora pinza esos pezones sensibles, y mueve las pinzas de arriba abajo y tira de ellas. ¿Duele verdad? ¡Bien! Tu amo está disfrutando mucho contigo perra, continuemos.

    Levanta esas piernas, apóyalas sobre el escritorio, y quiero que queden bien abiertas, así que ábrelas más, no te cortes zorra, ábrelas más, así mucho mejor. Coge las dos pinzas que te quedan, y pon una en cada labio del coño, ¡vamos! No te quejes, que sé lo mucho que te estás mojando y disfrutando puta. Ahora coge las cuerdas restantes, y ata cada muslo a una pinza, que ese coño de guarra quedé bien abierto. Hoy estás muy complaciente, y eso me gusta, ¿qué pensaría tu familia si te viese así? Seguro que te criticarían, ¿pero sabes qué? A tu Amo le encantas, y eso es lo único que ha de importarte.

    Coge la pala, y azótele diez veces en cada muslo, y cinco en el clítoris, y quiero que me des las gracias por cada uno de los azotes guarra. Ahora acaricia las partes rojas fuerte, y vuelve a dar cinco azotes en cada muslo y dos en el coño, y vuelve a darme las gracias zorra. Me encanta educarte perra, lo estás haciendo muy bien, conseguirás ser una buena puta, solo tienes que dejar salir lo que llevas dentro. Tus babas estarán por todo tu pecho, quiero que te las vuelvas a extender por la cara, y por las tetas, y que te hagas una foto, y sonríe perra, que lo estás gozando.

    Di lo guarra que eres, dilo fuerte, no quiero que te contengas, quiero oírlo bien desde aquí, que todo el mundo sepa lo que realmente eres, interior ízalo, disfrútalo, porque esta eres tú a partir de ahora.

    Moja los dos objetos que te vas a meter, con tu saliva, seguro que estás ansiosa por meterlos, ¿quieres qué te folle? ¿Cuánto lo deseas? Grábate un pequeño vídeo, en el que digas cuánto deseas mi polla, y que te folle como la puta que eres, que lo haga como realmente te mereces. Mira al espejo, mírate en él, que veas la zorra, la puta, la guarra, la cerda, la perra que se refleja en él, porque esa eres tú, disfrutando de esto, de ser mía, de servirme, y quiero que no dejes de mirarlo, mientras sigues conmigo. Quiero que metas uno de los objetos en tu culo, y no lo repito, sin quejas zorra, y cuando lo hayas metido, meterás el otro en el coño, y más te vale que no se te salga ninguno, porque si no recibirás un buen castigo cerda.

    Mmm que te haya llamado cerda te ha vuelto a descolocar ¿verdad? Pero mírate, estás llena de tus babas, con dos cosas metidas en tus agujeros, la lengua pinzada, y tus tetas moradas, con los pezones pintados, eres una completa cerda y eso te encanta. Mastúrbate el clítoris y alterna los movimientos de los botes, primero el culo y luego el coño, y así hasta que te corras. Ahora es mi turno guarra, ¿lista para recibir mi semen? Quiero llenarte la cara y las tetas, quítate la pinza de la lengua, y échate el yogur por toda la cara y las tetas, ten la boca bien abierta y la lengua fuera, que caiga bien todo mientras yo me corro sobre ti.

    Hazte una foto así, con todo mi semen por tu cuerpo y sonriendo, y haz un pequeño vídeo donde me agradezcas lo mucho que has disfrutado y dándome las gracias por sacar lo que llevas dentro perra. Guarda todo con el resto de fotos del otro día, y quiero que con la lengua y ayudándote de los dedos, te comas todo mi semen, quiero que te dejes bien limpia, y si algo ha caído fuera, que lo limpies con la boca, como la perra guarra que eres. Quítate las pinzas y las cuerdas de los labios del coño, y también las pinzas de los pezones. Coge la pala, y date dos azotes en las tetas, o o recompensa de tu buen comportamiento, y si se te salió alguno de los botes, quiero que te des diez azotes fuertes en cada teta, eso no es de una buena perra.

    Quítate todo, ve y límpiate en el baño. Cuando vuelvas, quiero que hoy duermas sin ropa interior, y si es desnuda mejor, así duermen las buenas perritas. Espero verte pronto en nuestro próximo encuentro perra, felices sueños.

  • Mi primo Izan (Tercera parte): Noche de sexo y orgasmos

    Mi primo Izan (Tercera parte): Noche de sexo y orgasmos

    Aunque seguía enfadada con Izan y no podía ni mirarle a la cara en esos momentos, todavía teníamos que compartir la habitación aquella noche, decidimos bajar el colchón al suelo, ya que en la cama los dos estábamos muy incómodos, Izan me dio las buenas noches y sin más uno mirando a cada lado nos disponíamos a dormir.

    -María

    -Perdóname, no quiero que estés enfada conmigo, te pido perdón por todo lo de esta tarde, en ningún momento quise hacerte daño y siento haberme corrido dentro de ti.

    -Y meterla, ¡¡eso si no!! eso sí que querías.

    -Sinceramente María.

    -Lo deseaba.

    En ese momento y sabiendo que él no había tenido toda la culpase me saco una sonrisa.

    -No te preocupes más Izan, no pasa nada ya está todo olvidado, se me pasara ya sabes como soy, además yo también tuve algo de culpa, además…

    -Yo también lo deseaba.

    -Me alegra saberlo María

    Izan se dio la vuelta y me besó cariñosamente en la mejilla diciéndome, “buenas noches María, te quiero”, estaba contenta, muy contenta, acabábamos de hacer las paces y todo estaba igual que antes, pero que decía, estaba mucho mejor que antes, Izan me follado dos veces y me había dicho que me quería, se había despertado en mí algo que todavía no sabía que era.

    -María

    -Dime

    -Pero te gané

    -¡¡Perdón!!

    -Si María, te gane, tú te separaste antes.

    Me levanté con los ojos inyectados en sangre queriendo matarle, me puse de rodillas mirándole a los ojos, hubiese querido pegarle allí mismos, quería… quería hacerle el amor otra vez.

    -¡¡Perdona!! Serás capucho.

    -Pues a ver quién gana ahora, quiero mi revancha y la quiero ahora primito a ver quién se separa antes.

    En esos momentos y sin que Izan pudiera hacer nada por evitarlo, me abalance contra su bóxer, busque su polla y me la metí en la boca.

    Joder, sin haberlo planeado estaba otra vez con el pene de mi primo dentro de mí, pero esta vez en mi boca, se la empecé a chupar, a salivar, metiéndomela hasta la garganta, ese pene que paso de nada a estar tan grande, tan dura y tan gorda que casi no me cabía en la boca, esta vez sí cogí a Izan desprevenido, lo tenía a mi merced.

    Izan estaba disfrutando y sin saber muy bien lo que había pasado me tenía encima de él, no sé cómo con un movimiento rápido me giro y quitándome las bragas de un tirón, me decía que aceptaba él desafió, empezó a lamerme el coño, acariciándome los labios con sus dedos, chupando y succionando mi clítoris, metiendo su lengua en mi abertura, empezaba a mojarme, succionaba el clítoris y metía los dedos hasta el fondo de mi vagina, cada vez que lo hacía me estremecía y paraba un momento de chuparle la polla, a joder, quería más, quería otra vez su polla dentro de mí.

    -Izan, quiero que me hagas el amor, por favor, haz eso por mí

    -No quiero que la saques aunque te corras, quiero saborear el momento hasta el final.

    -Seguro María.

    -Si por favor, quiero sentirte dentro, quiero tu semen dentro de mí.

    Me levanto y se puso detrás de mí, estábamos los dos de rodillas en la colchón, me abrazaba por detrás, me cogía los pechos, pellizcaba mis pezones, me besaba el cuello, sentía escalofrío, mi cabeza se echó hacia tras buscando sus besos, notaba su pene entre mis piernas, dura pero inmóvil.

    Me abrí un copo de piernas, su pene tenía vía libre, ahora buscando mi coño, fui a sujetarla para guiarla pero no hizo falta, como esta tarde encontró el camino sola, estaba tan dura y yo tan mojada.

    Nunca me había ocurrido, nunca un chico me había mojado tanto y tan rápido, me encanto ver que lo de la tarde no había sido un sueño, allí estaba mi primo haciéndome el amor otra vez con su enorme pene, entrando y saliendo de mí, me había puesto con el culo en pompa para mejorar la entrada, los huevos me golpeaban por detrás mientras que me estrujaba con sus manos los pechos, gemía de placer y cada embestida era aún mejor.

    Tenía que taparme la boca, tenía que ahogar mis gemidos y mis gritos, en la planta de abajo dormía toda la familia, quería correrme pero también quería ganar, no me iba a separar aunque se corriese dentro de mi vagina ya había tomado una decisión y también las medidas para ello.

    Me sujeto por la cintura y con un giro rápido sin sacar la polla me puso debajo de él, mi primo estaba de rodillas, me subió las piernas, las sujetaba con el antebrazo mientras que sus manos me cogía de la cintura y empezó nuevamente a penetrarme una y otra vez.

    En esa postura sentía todo el pene dentro de mí hasta la raíz, en lo más profundo de mi vagina, se movía suavemente poco a poco y aumentando el ritmo, cada vez más rápido y más y más, hasta parar, sacándola casi por completo.

    Le gustaba jugaba con mis labios y mi clítoris, metiendo la punta y sacándola despacito, a mí me encantaba y a la vez sentía la necesidad de tenerla dentro, cerraba los ojos y los volvía abrir para ver su cara, sus movimientos, veía mis pechos botar arriba y abajo con cada estocada ¡¡uuhh!! ¡¡aaahhh!!! Mis manos apretaban con fuerza las sabanas e Izan me tenía que tapar la boca para no acallar mis gemidos.

    -Más, más, más, Izan no pares ahora, por favor no pares, ¡¡¡aaahh!!!

    Le miraba y sabía que al igual que yo se quería correr.

    -Izan, me corro, me corro, quiero que te corras conmigo, quiero que te corras dentro de mí, sigue, sigue, así, así, no pares ahora, no pares, no pares, no pares, mmmm.

    Empecé a mover las caderas arriba y abajo, él hacía lo mismo y al final, nos empezamos a correr juntos, me había llenado de su semen, él seguía sacado y metiendo su polla, me di cuenta de que no iba a parar, la seguía teniendo tan dura que siguió con su movimiento, en un momento de lucidez pensé que no la iba a sacar, quería ganarme así que había que seguir, había que ganar.

    Con un impulso rodé hacia delante y sin levantarnos, ahora yo estaba encima, era la que mandaba, la tenía tan grande todavía y tan metida dentro de mí que ni sé salió de mi vagina con aquel movimiento, me di la vuelta sin sacar la polla y empezaba a moverme arriba y abajo, era algo que había esperado ver todo el día, como el pene de Izan se metía dentro de mi vagina, como me la metía entera hasta los huevos, como me llenaba y me hinchaba mi coño.

    Me echaba hacia atrás sujetándome mi primo por las caderas, notaba mis muslos empapados de nuestros fluidos, quería mirarle a los ojos, quería ver su cara de placer, así que me volví a dar la vuelta, girándome otra vez sin sacarla, quería ver como disfrutaba de mí, como disfrutaba haciéndome el amor.

    Empecé a cabalgar sobre él, como si estuviera poseída, me quite la camiseta que todavía llevaba puesta e Izan empezó acariciar los pechos luego agarraba mis caderas y acompañaba mis movimientos, llego un momento de relax, me recosté sobre su cuerpo y le empecé a besarle, estábamos empapados en sudor, mis pechos resbalaban por su cuerpo, ahora no solo era su pene el que estaba dentro de mí, también sus labios y su lengua.

    Aumento el ritmo ahora era el quien mandaba, elevo un poco su pelvis y empezó a entrar y salir de mí a gran velocidad muy profundamente y fuerte, no podía ni moverme, gemía y gritaba de placer mientras le besaba en la boca, para acallar los gritos hasta que otra vez nos corrimos los dos juntos, en ese momento mi cuerpo no me respondía e incorporándome echando el cuerpo hacia atrás y chillé de placer, unos gritos que de seguro se oyeron en toda la casa.

    Yo pensé que pararía, pero siguió follándome, a pesar de tenerla deshinchada él seguía moviéndose, estábamos los dos empapados, era una mezcla entre sudor, semen y fluidos vaginales, estábamos literalmente bañados en ellos, pero ninguno de los dos quería separarse ni parar, seguimos hasta que una vez más su pene empezó a engordar, seguíamos besándonos, gritando y gimiendo.

    Nunca en mi vida había tenido tantos orgasmos seguidos y jamás había tenido un pene metido en mi vagina tanto tiempo, hicimos el amor toda la noche sin parar, mi primo paraba un rato para descansar sin sacarla y luego volvía a darme placer.

    -Izan

    -Dime

    -Sabes que al final te voy a ganar verdad.

    -Si lo sé.

    Aquel fin de semana fue para los dos el inicio de algo, una noche maravillosa en la que descubrí el amor de mi vida, ese domingo por la mañana y tras tener una gran bronca en casa con toda la familia, debido a que todo el mundo nos había oído, Izan y yo nos fuimos las dos semanas de vacaciones que todavía le quedaban, donde seguimos descubriéndonos, disfrutando de nuestro amor y de nuestros cuerpos.

    Ya no peleamos por tonterías, ahora y no tras muchos disgustos con la familia, Izan y yo seguimos juntos, vivimos felices fuera de España, tenemos dos niñas maravillosas y no paramos…

    De amarnos.

  • Los secretos de mi sobrina

    Los secretos de mi sobrina

    Desde que me divorcié, todas las temporadas me reservo una semana para ir a la casa de mi hermana, en Córdoba, una provincia que se destaca por sus hermosos paisajes, su aire puro y la belleza de sus mujeres. Yo soy cordobés de nacimiento, pero la ginecología me mudó a Buenos Aires y sólo regresé a mi provincia después de la separación.

    Esa semana era siempre la esperaba durante todo el verano para relajar de verdad, sin los chicos y sin mi ex pidiéndome cosas todo el tiempo. Si no fuera porque no me gustaría para nada perder el contacto directo con mis hijos, me hubiese vuelto para poner mi consultorio de ginecología para allá, lejos de todo y cerca de mis afectos y de mi infancia.

    Mi hermana estaba juntada hacía diez años con su pareja, que tenía una hija de un matrimonio anterior, y además tuvieron a las mellizas hace tres años. Nuria, así se llama la hija de mi cuñado me conoció cuando tenía 12 años y recién volví a verla el verano pasado, ya con 22 y convertida en una hembra monumental.

    Nuria es grandota por su descendencia alemana y tiene unas caderas anchas que le marcan un culo espectacular y redondo. También tiene tetas grandes, ya desde que era chicha se notaba que le iban a crecer a full. Cuando mi cuñado se separó de su ex, Nuria prefirió quedarse en la Argentina y no irse a vivir a Alemania. Pero mantenía el contacto con su madre y viajaba siempre que podía a visitarla.

    Para no invadir la intimidad de la familia de mi hermana, siempre elegía alguna de las semanas en la que Nuria se iba de vacaciones con su madre a Alemania, pero este año coincidimos porque decidió no viajar para poder adelantar sus estudios de arquitectura para poder viajar más tiempo una vez recibida.

    La casa de mi hermana en Córdoba era ideal para mi tranquilidad porque me mandaban siempre a la habitación que estaba detrás de la pileta. Que mi hermana utiliza de consultorio para sus pacientes. Y cuando llegué el impacto fue total.

    Mientras mi hermana me llevaba para la habitación a guardar las cosas, me encontré con Nuria tirada al borde de la pileta con una diminuta tanga que apenas le cubría el culo con una tirita color flúo. La pendeja estaba con los auriculares al taco así que no escuchó cuando mi hermana habló.

    “Nuria, llegó el tío Raúl, no sé si te acordás de él”. Nuria se levantó rápido, tenía el bretel desabrochado y no pudo taparse bien las tetas porque con una de sus manos corrió el auricular para que su mamá le repitiera.

    “Que llegó el tío Raúl”, le gritó cuando ya no hacía falta. Yo no podía dejar de espiarle el culo, no había dejado las cosas en mi cuarto que esta rubia de 22 años me la había puesto dura con su culo al aire, apenitas decorado con las gotitas del chapuzón que seguramente se había dado un rato antes.

    Cuando me vio me dio la sensación de que se puso un poco más tímida. Se abrochó como pudo el diminuto bikini que apenas le tapaba la zona de los pezones de sus enormes tetas. Se incorporó y noté que era apenas un poco más alta que yo y me dio un abrazo tierno.

    “Hola tío, tantos años, qué lindas que te quedan esas canas. Estás intacto para cumplir 55”. Me dijo con gran sensatez porque dos días más tarde llegaría mi cumpleaños y por eso había elegido pasarlo en familia y en mi tierra.

    Nuria olía a bronceador y destilaba calor por sus poros. No sé por qué, pero también me pareció notar que algo la había mojado mi presencia. Yo me tapé la erección con la chaqueta y me dejé abrazar por Nuria que me dio un beso con sus labios en la mejilla y eso me la endureció un poco más. Pensé que iba a estar difícil la temporada de pileta porque ese culo me la iba a poner al palo siempre.

    A diferencia de los otros viajes, este ya tenía esa adrenalina que es indispensable para que sean divertidos. Una pendeja tan sensual, con un cuerpo escultural y nada menos que al hablarme me dijera Tío, me provocaba erecciones permanentes y eso también es saludable en vacaciones.

    El culo de esta pendeja me la había puesto tiesa. Así que, con la excusa del cansancio del viaje, me pegué un baño gratificante y me hice una regia paja para para calmar un poco la calentura. La imagen de ese cuerpazo apenas tapado por una rajita en el culo me había puesto a mil.

    Las temperaturas en Córdoba son altas en el verano, así que prácticamente andábamos todos en traje de baño y apenas nos poníamos una remera encima para almorzar o cenar. Nuria se la pasaba buena parte de la tarde estudiando en su dormitorio y recién aparecía a la tardecita para darse un chapuzón en la pileta y escuchar música con sus auriculares. Era una mujer silenciosa, eso la hacía un poco más deseable, destilaba sensualidad en cada movimiento y tenía un cuerpazo escultural. No teníamos mucho diálogo, salvo algunas intervenciones casuales durante los momentos familiares.

    “Yo tendría que ir al ginecólogo alguna vez. Pero como no tengo ni novio por ahora no hace falta”, dijo una noche luego de que mi hermana le contara que yo era un profesional prestigioso en Buenos Aires.

    “Siempre es conveniente hacerse chequeos, sobre todo si empezás a tu edad que cualquier cosa que no esté bien la agarrás a tiempo”, respondí por cortesía, pero sin dejar de imaginar lo lindo que sería inspeccionar esa conchita joven.

    “Acá hay un montón de excelentes ginecólogos o ginecólogas que te puedo recomendar”. Insistí como para que notara que no había sido un dato menor su inquietud ginecológica y que yo estaba dispuesto a darle una mano.

    La imagen de Nuria con las piernas abiertas en la camilla de mi consultorio me empezó a perturbar más y más. Hacía un calor insoportable y no me podía dormir, un poco porque había tomado mucho y otro poco porque seguía caliente. Me tiré en una de las reposeras con los auriculares y la música clásica al mango. Y me quedé dormido.

    Había tomado mucho y mezclado y estaba confundido. Sentí la voz de Nuria que me decía algo de Tío, pero no reaccioné. No sé cuánto tiempo había pasado pero al cabo de un rato sentí una sensación inconfundible que me despabiló enseguida y me dejó sin palabras.

    Nuria estaba prendida a mi pija que asomaba erecta e hinchada por el orificio del calzoncillo. Fingí seguir dormido para darle a esa pendeja su merecida leche. Se había inclinado en la reposera y podía ver como se la comía hasta la raíz mientras gemía y me succionaba el glande con sus labios carnosos. Con su lengua recorría todo el tronco hasta llegar a los huevos. Gemía como una perra y su culo era un espectáculo. Yo seguía fingiendo la inconsciencia de la borrachera y sin movimiento o aviso alguno le descargué toda la leche en la boca cuando la tenía metida hasta los huevos.

    Nuria tosió con la descarga esperma tibia, pero empezó a succionarla con desesperación. Gemía y se tocaba, pero no quería dejar rastros. Siguió chupándola hasta que vio que no quedaba ningún resto de esperma. Y yo amagué una respiración más profunda, como las de los que están dormidos para no tener que dar ni recibir explicaciones. Y lo sobreactué con un par de ronquidos más profundos. Ella acomodó mi miembro dentro del calzoncillo, le dio un besito por encima y se fue casi en puntas de pie, como tratando de no hacer ruido. Mi sobrina tenía un secreto que no sabía que yo sabía. Y eso iba a jugar en mi favor.

    Ese domingo, previo a mi cumpleaños, mi hermana y su marido se habían ido a pasar el día a lo de unos amigos así que la casa quedó enteramente libre para mis intenciones con Nuria. Seguía haciendo un calor insoportable así que la pileta, donde esa pendeja se había puesto caliente y me había comido sin mi consentimiento la pija, podría ser un gran lugar para intentar una revancha. Y no hizo falta que pensara en ningún plan para acercarme a Nuria porque a la media hora de que se fue mi hermana, apareció en la pileta con un bikini que apenas le tapaba el culo y las tetas y un bronceador en la mano.

    “Tío, ¿me podrías ayudar con la crema que mamá se fue y no llego en la espalda?”, me preguntó sin darme mucha opción a la respuesta porque se acostó boca abajo en la reposera y se desabrochó el nudo de la parte de arriba para dejar al descubierto toda la espalda. Mi pija reaccionó al instante y mi erección, imposible de disimular. En algún punto ella había abusado de mi inconsciencia, así que putita era y le gustaba la pija.

    Tenía una piel suave y se corrió el pelo por encima de los hombros para dejarlos al descubierto. Estaba un poco nervioso por la situación. Pero caliente con esa pendeja. Le pasé el bronceador como con descuido. Como quien no está muy interesado en la situación, froté más fuerte en la parte de la cintura y me detuve justo antes del culo. Tenía ganas de apretárselo, comérselo, era perfecto, la tirita dejaba asomar una concha también con labios carnosos y depilados a ambos costados del bikini.

    Para hacer que la crema desapareciera en su fiel la frotaba con firmeza en la zona del cuello y los omóplatos y eso le gustaba porque le erizaba la piel. Oprimía las yemas de mis dedos para que sintiera mis manos en su espalda y en la cintura. Nuria era toda juventud. Tenía bien marcados los músculos de la espalda, las gotas de crema caían hacia el hueco que dejaba entre su cintura y el comienzo de sus pronunciadas y perfectas nalgas.

    “Listo”, le avisé antes de quitar las manos. Seguía nervioso y caliente. Y tenía la pija hinchada y latiendo debajo de mi short. “Gracias Tío, se nota que esas manos saben. Son muy suaves”, me dijo mientras se volvía a atar el corpiño y sus dos enormes globos se bamboleaban con una telita que apenas le cubría los pezones.

    El día había empezado bien con una impresionante chupada de pija. Pero no quería incomodarla con ningún comentario, así que me fui a la heladera a buscar unas cervezas y me tiré a tomar sol con ella. Era un espectáculo verla tirarse en la pileta, se ponía en puntitas de pie y el orto se le paraba más aún. Se inclinaba hasta que parecía que el propio peso de las tetas la metía de cabeza en la piscina.

    Yo me tomé varias birras, estaba medio borrachito mirando y deseando que ese bomboncito rubio tomara la iniciativa. Me pidió mi celular y me avisó que se iba al pueblo a comprar cosas porque mi hermana seguía sin dar señales y no había nada para la cena.

    “Cualquier cosa te escribo”, me dijo con su celular en la mano. Nuria se agachó de tal forma que sus dos enormes tetas quedaron casi a centímetros de mi cara. No pude dejar de mirarlas. Y ella lo notó. Se las hubiera chupado todas pero me contuve. “Decime el número tío, así te agendo”. Me recordó todavía con los dos pechos casi pegados a mi cara. “Dale ahí te paso”, y le repetí el número para que lo guardara. “Cualquier cosa te mando un whatsapp”. Me dijo y se incorporó con sus tetas casi al aire.

    Mi hermana avisó que llegaría tarde o que se quedarían a dormir allá si es que tomaban mucho en la cena. Que ya tenían todo para el asado de mi cumpleaños “Avisale a Nuria, que no responde nunca”, me pidió antes de cortar la breve llamada.

    Yo estaba medio picado por las birra y al palo por esta pendeja porque sabía que se me iba a dar. Me adelanté y le mandé un mensaje

    “Me avisaron que no vienen a comer tus viejos así que no te preocupes con la cena. Traete unas cervezas. Yo me arreglo con cualquier cosa para comer, lo que a vos te guste está bien”, le escribí escuetamente, no esperando respuesta alguna.

    Pero al rato me sorprendió otra vez.

    “Hola tío, perfecto” decía el primer mensaje.

    “Con respecto a lo que a mi me guste… te cuento un secreto: “me encantan tus canas, me excitan. Y pensarte pasando tu lengua por todos mis orificios y mis pechos me tiene como loca. Muero por coger con vos y sentirte adentro. Y que me digas todas las chanchadas que se te ocurran para hacerme mojar cada vez más y que me chorreen por las piernas mucho líquido de mi interior”.

    Me puso al palo. Mal. “Tengo otro secreto: me encanta tu pija parada. No sabes cómo me la comería otra vez. Y que me la des en la garganta. Es algo que me enloquece y me tiene caliente desde anoche. Quiero que me domines y ser tu putita. Me vas a comer toda? Hasta hace unos meses tenía 21 así que soy una nena, una pendeja que quiere que vos te la cojas y le des la sacudida de su vida”.

    Empecé a tocarme, seguía tomando cerveza en la pileta leyendo sus mensajes calientes. “A los jovatos como vos me gusta montármelos y que me agarren la cola fuerte hasta dejarme los cachetes colorados. Es como que me desespera… Y que me pasen la lengua por el ano me de ayuda para predisponer mi cuerpo y que se abra esa puerta, a lo mejor con vos se abre”…

    Mi pija estaba a punto de explotar pero evite hacerme una paja por miedo a que Nuria regresara y no se me volviera a parar. No respondí nada.

    “Me ponen cachonda los maduros como vos tío, que hace latir la conchita saber que sos ginecólogo y con esas manos podes hacer enloquecer a cualquiera. Pero necesito sentir tu pene en mi boca, en mi concha, en mi cola. Me encanta que seas jobato. Es lo que más me excita”.

    Y me mandó una foto de sus labios de la vagina bien abiertos, chorreando un líquido viscoso. “Me pusiste putita, tío, te la mando para que estés bien al palo y me rompas la colita… Y me cojas por la cola en diferentes posiciones me encanta cambiar de posición cuando me cogen por la cola. Sentada encima. De frente, de espalda arriba. Boca abajo, y que besen el cuello los bombos mientras me rompen la cola… De costado pero por la cola también me encanta… Creo que me gusta más el sexo anal que en la vaginal”

    El calor estaba insoportable, yo me di una ducha con agua fría para bajar un poco la calentura pero me puse un bóxer en lugar de la malla para que sacar la pija fuera mucho más fácil y no se me apretara contra el sujetador.

    Nuria estacionó el auto y vino directo para el sector de la pileta y antes que de que me dijera nada la atraje con mis brazos y quedó acostaba arriba a mío con las tetas de un lado y el culo del otro.

    Mi erección era tremenda, ella rozó la pija varias veces con el brazo hasta que le apreté uno de los cachetes y le pegué una fuerte nalgada. Ella dio un gemido fuerte y sensual. Le dio otra un poco más fuerte y le quedó bien colorada. “Te gusta putita no? ahora vas a ver lo que es que te coja tu tío”, le dije mientras le di una nalgada más fuerte y con la otra le pellizque uno de los pezones.

    “Haceme lo que quieras tío, soy tu sobrina puta”.

    De los pelos la puse frente a mi pija. “Cométela hasta que te diga” y la hundí con fuerza desde la nuca. Nuria trataba de zafarse pero se la hundía un poco más. Me acosté en la reposera y la giré como para que su concha quedara arriba de mi cara y le hundí la lengua hasta donde pude. Con las dos manos le metía dedos en el culo. Los alternaba entre el culo y la concha para que estuvieran más húmedos y no su ano apretado no se resintiera. La reacción era instantánea. Apoyaba las yemas cerca de su orificio y ella empujaba para que el dedo se deslizara hacia adentro. Hacía presión también contra mi cara. “Mordeme el clítoris, que me duela”, me pedía y se retorcía como una yegua.

    Tenía una voz dulce y sus gemidos eran excitantes. Gritaba y pedía. “Tío, haceme gozar y se fue acomodando de tal manera que mi miembro quedó apoyado en su culo. De un empujón la dejé clavada en mi pija. Lo tenía dilatado pero mi verga es ancha cuando está bien al palo y quedó inmóvil. “Ay, Ay, enterrala más, hacé sufrir a tu sobrinita puta” y con un meneo de su cintura se la clavó hasta que los huevos rozaron con su vagina.

    Mi pija se perdió en su culo y ella se inclinó para adelante agarrándose de mis tobillos y en cuclillas para que mi pija se le enterrara más y más en su culo. Yo le apretaba las nalgas y se las abría para que la penetración fuera más profunda. “Tío rómpeme el culo, hasta que me duela”. Me imploró mientras se chupaba las tetas y se mordía los pezones gritando y gimiendo mientras subía y bajaba por mi verga. Cabalgaba arriba de mi pija hasta que sentía que sus huevos le rozaban el clítoris y empezaba a frotarse más y más con la pija hasta el fondo.

    Sentí como llegaba al orgasmo porque el chorro de su conchita hirviendo me llegó casi hasta los pies y porque se retorcía y se apretaba más y más contra mi pelvis para enterrarse un poco más la pija en ese culo perfecto y redondo, todo colorado por las palmadas que le había dado.

    Nuria se había relajado un poco pero mi verga seguía muy hinchada y caliente. Así que la puse en cuatro y volví a enterrársela hasta el fondo. “Abrite las nalgas así te entra más”, le pedí y quedó con las dos tetas aplastando la colchoneta de la reposera como el día en que la conocí.

    Nuria se abría todo lo que podía las nalgas y me decía que la cogiera más fuerte. “Tío tenés una pija hermosa, enterrala más”, y se estiraba los cachetes con los dedos para que su culo se abriera más y más.

    “Llenalo de leche, déjame las piernas chorreando con tu lechita, dale Tío hace feliz a tu sobrinita puta”, me decía con voz sensual y gimiendo ante cada una de mis embestidas.

    No pude aguantar mucho más, ella seguía abriéndose las nalgas con sus dos manos y pidiéndome que la embistiera con fuerza. La hundí lo más que pude la verga y descargué toda mi calentura acumulada con un orgasmo que duró una eternidad. Me temblaban las piernas mientras sentía que mi miembro seguía escupiendo leche en ese exquisito, joven y prohibido culo. Veía mi esperma chorreando en las piernas de mi sobrina, que seguía masturbándose y retorciéndose con pequeños chorritos de sus jugos ardientes.

    Se incorporó apenas y se metió la pija en la boca que ya estaba más blanda pero chorreando mi leche y sus jugos.

    “Es muy rica tu leche tío, pero la otra noche cuando estabas borracho, te la tomé toda, que ese sea siempre nuestro secreto de familia”.

  • Mi primer trío MHM

    Mi primer trío MHM

    Creo que una de las fantasías recurrentes de nosotros, los hombres, es el ansiado trío MHM. Y la realización del sueño no suele ser tan fácil como pareciera. Al menos no lo fue para mí y por eso quiero compartir la experiencia.

    En aquellos días éramos una pareja madura, quienes, ya entrados en los cuarenta empezamos a despertar nuestra curiosidad por explorar a fondo nuestra sexualidad y compartir aventuras que nos ayudarán a conocernos mejor y a superar perjuicios a la hora de vernos involucrados en potenciales y excitantes situaciones sexuales con otras personas.

    En esa búsqueda, mi esposa había tenido la oportunidad de experimentar con otros hombres, pero especialmente con uno que incluso al día de hoy aún le excita su recuerdo y es su patrón erótico. Cuando él aparecía, ella se dejaba llevar de la imaginación y abría las piernas enseguida.

    La realización de mis fantasías, por el contrario, siempre habían quedado aplazadas, pues no encontrábamos una mujer de confianza que nos permitiera llegar a realizar el tan ansiado trío MHM, como si lo tuvo mi esposa (HMH), sin llegarlo a concretar, porque siempre quería tener a su moreno, sólo para ella.

    No obstante, fue la relación con ese muchacho la que nos llevó a encontrar la cómplice de nuestras fechorías, pues aquel pidió permiso a mi esposa para mostrarle a una de sus parejas sexuales las fotografías que yo les había tomado a ellos en desarrollo de sus encuentros y piruetas amorosas. Aquella mujer, admirada, al verlas, quiso conocerle en persona. Tomó contacto con mi esposa y establecieron un vínculo de amistad que a la larga me favoreció en mis propósitos.

    Mi esposa quería insistentemente que yo conociese a Maritza, pues ese es su nombre; pero yo, la verdad, no mostré mucho entusiasmo. Entendía que era una persona nueva en su círculo de amistades, no me había comentado mucho acerca de ella, así que no tenía motivos para conocerle. Me parecía que era atender un compromiso más, sin mucha expectativa y, por lo tanto, siempre me mostré indiferente al respecto.

    Días después el tema de conversación volvió a ser la posibilidad de verse con su amante de planta, Andrés. Fue en ese momento en que me relató las circunstancias en que se había conocido con Maritza, quien había visto las fotografías que yo les había tomado a mi esposa y Andrés mientras hacían el amor. Me proporcionó más detalles sobre la manera como se conocieron, algo novelesco por el interés de ambas por el mismo hombre, lo cual ameritaría otro relato bastante extenso.

    El caso es que ella sugirió que saliéramos con Maritza y Andrés el fin de semana. Supuse que ella estaba buscando la oportunidad para verse con su corneador regular, aunque la invitación sugería que Andrés sería la pareja de Maritza. También llegué a pensar que mi esposa había fantaseado compartir con Maritza a su moreno dotado. En principio, sin embargo, la idea era asistir al evento programado en un bar swinger con motivo del día de la madre. Maritza no titubeó en aceptar, pero Andrés manifestó que no podía acompañarnos en esta ocasión en razón a un compromiso familiar adquirido previamente. Al saberlo, Maritza se mostró un tanto frustrada, pero dijo que nos acompañaría de todos modos porque quería conocer el lugar.

    El día del evento, un sábado, Maritza llegó muy puntual a nuestro apartamento. Dejó su automóvil parqueado frente a nuestra unidad residencial, porque los tres íbamos a acudir en nuestro vehículo a la cita. Yo era el conductor elegido. Ellas tenían plena libertad para pasarse de copas, si así lo quisieran. Nos presentamos y nos saludamos cordialmente. Era la primera vez que la veía, pero muy pronto entramos en confianza y hablamos como si nos conociéramos de tiempo atrás. Pensé que las cosas iban a ir bien y estuve bastante relajado.

    Llegamos algo temprano al lugar elegido, de manera que tuvimos que esperar para poder entrar. Así que nos dirigimos a una whiskeria para tomarnos unos tragos, y charlar de todo un poco, de esto y de aquello, de todo y de nada, hasta que llegamos al tema de cómo cada una de ellas había dado con el moreno aquel, objeto de sus más bajas e intensas pasiones y, al parecer, tema obligado de conversación por aquellos días. Y fue precisamente esa charla, los detalles, las comparaciones y todo lo que emanaba de allí lo que nos fue calentando, poco a poco, de manera que cuando nos dirigimos al sitio escogido, creo que ya teníamos una idea clara sobre nuestras personales expectativas.

    Ninguno había insinuado nada sobre lo que esperábamos de aquella noche, pero estaba dicho entre líneas lo que cada uno quería que pasara en esa velada. Y así fue… Para suerte mía, aquel lugar exigía que ellas se vistieran de “sexy piratas”, con unas pequeñas prendas que les suministraban, de modo que al entrar ya tenían que desnudarse… Entonces la incertidumbre y la excitación empezaron a aflorar, tanto en ellas como en mí…

    Una vez adentro y al ritmo de la música, pronto saqué a bailar a Maritza. Mi esposa me miró algo sorprendida, pero no dijo nada y se quedó mirando cómo nos dirigíamos a la pista de baile. Maritza tomó la iniciativa para que juntáramos nuestros cuerpos, nos acariciáramos y nos besáramos, allí mismo, en la pista de baile, en medio de espejos y a la vista de todos, incluida mi esposa. Ella, al parecer, había decidido mantenerse al margen del juego para darme oportunidad de entrar en confianza con su amiga.

    Pero, poco después, yo le dije que nos acompañara y bailáramos los tres. Y, no sé, progresivamente fuimos entrando en ambiente y en muy poco tiempo nos encontrábamos bailando los tres, tocándonos aquí y allá, como parte del juego. Maritza tiene un busto prominente, muy parecido al de mi esposa, algo que me llamaba tremendamente la atención y hacía que le clavara permanentemente la mirada. No sé si se pusieron de acuerdo, pero entre ambas se encargaron de entusiasmarme y excitarme. Se turnaban para menear sus pompis contra mi miembro erecto, al son acompasado de la música, situación que yo aprovechaba para acariciar sus caderas y pechos desde atrás. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que me estaban masturbando con sus traseros. Y eso me tenía disparado y ansioso por algo más…

    Sin decirse nada, en medio del baile, ellas desnudaron sus pechos, juntaron sus cuerpos y bailaron, abrazándose y besándose apasionadamente en frente de mí. Y esa vista tan sensual, me excitó aún más. Mientras lo hacían, ambas frotaban mi miembro con sus manos y la diferencia de texturas de su piel y tacto me hacían ver estrellas. Era una experiencia curiosamente rara. El juego duró un largo rato y, al son del baile, nos fuimos desnudando. Ellas, coquetas, empezaron a turnarse para chupar mi sexo, una después de la otra.

    No podía creer que eso estuviera pasando, porque mi esposa no gusta de exhibirse en público. Pero lo estábamos haciendo. No nos importó que hubiera otras parejas pendientes de nosotros alrededor. Desinhibición total. Era toda una experiencia.

    El juego fue interrumpido por la realización de un show de medianoche, propio de esos lugares, pero la verdad es que el show lo estábamos haciendo nosotros y ya habíamos captado todas las miradas de los asistentes. Yo me sentía algo especial, pues creo que más de uno de los hombres que allí se encontraban envidiaban mi situación.

    No más terminar aquel show, nosotros, que ya estábamos totalmente desnudos y expuestos, nos dirigimos a la sala de fantasías. Fuimos los primeros en dirigirnos allí. Maritza se tendió en una de las colchonetas y abrió sus piernas. Yo no supe qué hacer, porque mi esposa estaba conmigo, pero para sorpresa mía, y antes de que algo se me ocurriera, ella se abalanzó a lamer la cuca de su amiga, con un gusto y entusiasmo que para mí era desconocido. Eso me excitó y me cogió desprevenido, porque jamás pensé que ese fuera su comportamiento con otra hembra. Maritza empezó a moverse rítmicamente y a lanzar unos tímidos gemidos. Y yo, mientras tanto, me dediqué a chuparle esas tetas, blancas y grandes, que me tenían fascinado. Creo que era una delicia ver a aquella mujer atendida por una pareja…

    Ella, de un momento a otro, se levantó y cambió de posición con mi esposa, que ahora le devolvía favores, lamiendo también con entusiasmo su sexo. Me coloqué, entonces, a un lado de la cabeza de mi mujer y ella, espontáneamente, tomó mi verga entre su boca y empezó a chupármela, creo que al ritmo de las sensaciones que Maritza le estaba proporcionando. Después de unos instantes, yo me tendí de costado, a un lado de ellas, y me quedé contemplándolas. Ahora, sin decirse nada, se acomodaron para chuparse mutuamente sus sexos. Esa imagen no se me va a olvidar. Y yo, simplemente, como otros tantos que nos miraban, me limité a contemplarlas mientras acariciaba la espalda de Maritza, que cabalgaba a mi mujer.

    De repente se levantaron; Maritza me empujo de espaldas para que quedara boca arriba y se sentó sobre mi miembro, invitando a mi esposa a que hiciera lo mismo, pero sentándose sobre mi cara, ofreciéndome así su sexo para chupárselo, una y otra vez. Tenía ligeras imágenes de ellas a través de los espejos y alcancé a verlas abrazándose y besándose, pues estaban frente a frente; una contoneándose sobre mi pene y la otra gozando de mis chupadas en su cuca.

    Éramos el centro de atención en esa sala y el punto a superar en aquella reunión. Había varias parejas a nuestro alrededor, que trataban de hacer lo suyo, cada uno a su manera, mientras nos miraban. Después mi esposa me contó que había sentido que le acariciaban las nalgas. Yo nunca me di cuenta de eso.

    Después de un rato, Maritza cambió de posición con mi esposa. Ella ahora disfrutaba mis chupadas y mi esposa hacía de las suyas, clavándose mi pene en su vagina. Temí que todo fuera a acabar rápido, pues tenía mi verga a punto de estallar, así que me concentré en tratar mirar a los demás y pensar en otras cosas, tratando de desviar mi atención a lo que estaba sintiendo. Me dedique a chupar el sexo de Maritza y a masajear sus nalgas.

    Maritza se retiró y mi esposa se puso ahora en posición de perrito y me ofreció su sexo para que la penetrara desde atrás, cosa que hice de inmediato, sin dudarlo un instante. Maritza, en tanto, se colocó debajo de ella y le ofreció su sexo para que lo chupase nuevamente. Así que, yo empujaba detrás del culo de mi mujer y ella chupaba el sexo de Maritza. En esa posición pude ver como todos posaban sus miradas sobre nosotros y creo que más de uno, hombres y mujeres, hubiese querido participar, pero nos dejaron hacer nuestra faena sin interrupciones.

    Mi esposa empezó a menear sus caderas, a empujar adelante y atrás, de modo que ya no me pude contener y me vine dentro de ella. Yo me retire y Maritza, para nuestra sorpresa, quiso chupar de nuevo el sexo de mi mujer, quizá para probar algo del semen que yo había descargado dentro de su cálida y palpitante concha. Creo que fue un espectáculo para ambos. Y así duró un largo rato, lamiéndola por completo.

    De pronto Maritza dejó a mi mujer tendida en el suelo y se abalanzó a besarme. Sentí un sabor especial en ese beso y creo que me devolvió algo del semen que yo había descargado en mi mujer. Me pareció una sensación extraña, pero de profunda excitación, porque Maritza lo hacía con mucha propiedad y sin reparos. Fue toda una experiencia. Nunca me lo esperé y creo que tampoco mi esposa. Las cosas fueron surgiendo de acuerdo a las circunstancias y a lo que pasaba por la cabeza de cada uno. Fue algo genial…

    Después de aquello, lo de siempre, volvimos a nuestros lugares, comentamos lo bien que nos habíamos sentido, agradecimos a Maritza por habernos ayudado a hacer realidad esa fantasía, bromeamos un poco con respecto a su desinhibición y soltura para expresar su sexualidad, y brindamos porque la experiencia se volviera a repetir. Al menos eso es lo que yo siempre esperé. Andrés se fue a vivir a otro país y perdimos el contacto con Maritza. Jamás volvimos a propiciar una noche como aquella. Fue una noche inolvidable.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 15)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 15)

    Así fue que me dispuse a dormir con la pija metida en el culito recién desvirgado de mi prima.

    Todavía con la bombacha que estaba destinada a su noche de bodas corrida hacia un costado. Sin siquiera limpiarle los restos de sangre seca que recorrían sus muslos formando diferentes caminos hacia el colchón. No eran ni tenebrosos, ni impactantes, ni mucho menos causaban esa impresión capaz de bajarle la presión a cualquier persona que no quiera ni mirarla, ni saber nada con esa clase de fluidos. A mí me resultaban sumamente sexy, con esa sensualidad que dejan las huellas de un momento inolvidable. Eran la marca de una colita por primera vez hecha. Las marcas perversamente prohibidas del culo roto de mi prima.

    Todavía sintiendo el calor de su ano reconciliándose con el grosor de mi verga que, hasta ese momento e incluso luego de haberme dado el orgasmo más largo y placentero que jamás había sentido, seguía sin querer achicarse del todo, volví a sentirme completo.

    Los únicos movimientos eran los de nuestra respiración y algún que otro espasmo que me daba el esfínter de Julia, para intentar sanarse después de la semejante rotura que había sufrido. Apenas mis recuerdos y pensamientos me hacían crecer la pija un poco, ya mi prima sentía el dolor ante una nueva dilatación. Aunque su reacción estaba seriamente comprometida por el poder del alcohol y la pesadez de su sueño, sólo podía disfrutar de sentirla adentro. Inmóvil. Intentando no quitarla, ni que crezca de golpe. Sólo recibiendo el abrazo apretado del culo y como propina alguna que otra contracción involuntaria.

    Cuando el sol comenzó a molestarme, me estiré con cuidado para alcanzar la cortina y cerrarla de un manotazo.

    -Rojo, rojo -dijo mi prima, casi inconsciente, como hablando dormida, cuando sin querer la chota avanzo más profundo debido a aquel movimiento. Luego se quedó dormida otra vez, sin llegar siquiera a pronunciar la última “o”.

    Ya con la habitación completamente a oscuras, decidí que era momento de dormirme yo también. Sabiendo que al despertar, la cola de Julia recibiría una segunda vuelta. Y una tercera. Y una cuarta y todas las vueltas que quisiese.

    Esa sensación de plenitud, de confort inagotable, me acompañó toda la velada. Dormir abrazado a mi prima de esa forma, era realmente tan maravilloso como un cuento de hadas. Rodearle la cintura con el brazo, mi codo en su cadera y el resto de mi miembro superior acariciando su piel hasta apretarle una teta con la mano, fue por lejos mi posición favorita. Súmenle la pija adentro del culo, achicándose y agrandándose conforme pasaban los minutos y las ideas en mi mente y entenderán mejor si les digo que era mejor que poder volar, o tener cualquier poder de cualquier superhéroe. Eso era, y en ese momento la tuve en toda el alma, la felicidad.

    Cada tanto me despertaba y si se había salido, volvía a metérsela. Incluso dormida mi prima empinaba la colita cuando sentía el glande salirse de su ano. O querer entrar. Incluso en sus sueños no paraba de ser mi putita. Corría el culo hacia mi cuerpo y luego lo meneaba para hacerme más fácil el culearla toda la noche. Todo el día. Felicidad. Sin dudas, era felicidad extrema. Tan extrema que hasta me sentía un verdadero ignorante recordando cuando me creía tan inteligente al afirmar que eso no existía.

    Supe ahí mismo que esas cosas no existen, hasta que lo hacen. Ahora mismo puedo animarlos a nunca dudar de esto. Créanme si les digo que no importa si nunca antes fueron felices. Jamás cometan el error que cometí yo al creer que si algo nunca había ocurrido, directamente no era real, nunca iba a suceder.

    Como aquella vieja historia del niño que se asombraba al ver que el elefante, el animal más grande que había en el circo, solo tenía una pata atada a un cordón sujeta a un palo clavado en el piso. Tan sólo eso lo separaba de su libertad. Ni una jaula, ni una gruesa cadena. Sólo un simple cordón. El niño entonces preguntó al cuidador, por qué carajos no se iba. Por qué mierda no pateaba todo y se liberaba de una buena vez.

    Bueno, no lo habrá hecho con esas palabras, pero más o menos esa era la idea.

    Lo importante fue la respuesta que recibió. “El elefante es un animal de excelente memoria” dijo el tipo “Y está en este circo desde chiquito” continuó luego, ya medio hinchado las pelotas porque quería entrar a Cuento Relatos para leer una buena historia de sexo prohibido, pero en vez de eso debía estar respondiendo pelotudeces.

    “Está aquí desde tan chiquito que cuando le pusimos el cordón, era suficiente. Por supuesto que intentó e intentó quitárselo, romperlo y escaparse; pero en aquel entonces no tenía la fuerza suficiente, hasta que se cansó”.

    En una de las tantas veces que me desperté para volver a ponerle el pito en el culo, pensé en todas aquellas veces que fui como el elefante. Ojala ustedes, queridos lectores y lectoras, no sean nunca, pero nunca como el elefante. Que luego creció, pero su mente le decía que intentar liberarse sería en vano. Que como ya había intentado tantas veces, volver a hacerlo sería al pedo.

    Ojala sepan que ya crecieron. Que ahora son más fuertes, aunque tal vez ni lo noten o ni lo sientan. Pero lo son. Esta es la magia de la humanidad, que no necesito ni siquiera conocerlos. Porque todos, aunque no lo sepamos, somos más fuertes que cuando lo intentamos antes.

    Y que sepan también que siempre vale la pena pelear para liberarse, crecer, mejorar. No solo para romperle la cola a Julia. En el trabajo, en las relaciones habituales, en una carrera: llegará un momento en el que, a pesar de haberlo intentado mil veces antes y fracasado, alguna vez lo lograrán. Que eso que no existía, ahora sí. Y no importa el tiempo invertido: habrán conocido la felicidad real. No solo vale la pena. ¡Vale la vida!

    Pero no quiero que me recuerden como el usuario que pensaba en elefantes mientras le hacia la cola a su prima, por lo que continuaré, sin más interrupciones, con el relato que nos compete.

    Dormirme, despertarme, penetrarla, dormirme, despertarme, bombearle el orto un par de veces, dormirme. Era una rutina fantástica. Que terminó cuando evidentemente me quedé dormido con mayor profundidad porque a la próxima vez que me desperté ya ni estaba en la misma posición. Ahora me encontraba boca arriba y al segundó de esta nueva vigilia sentí los labios de mi prima chupándome la pija.

    Simplemente me relajé. Respiré y suspiré tranquilamente, pero cuando la verga se me puso dura completamente, Julia se dio cuenta que ya estaba despierto.

    La quitó de su boca y como si la habría pescado haciendo algo indebido, escondió su cara entre mis testículos. Como esta vez estaba arrodillada al pie de la cama, pudo ocultarse entre mis piernas con más facilidad.

    -No rompí ninguna regla. No rompí ninguna regla. –dijo como anticipándose a algún posible reto de mi parte.– Tiene gusto a cola, así que técnicamente es parte de la fiesta del culo. –Agregó luego, simulando un tono de inocente que le dio un escalofrío extra a mi excitación.– Te la estoy limpiando nomás.

    Le sonreí como respuesta y le hice un gesto de “más o menos” con la mano que entendió de inmediato.

    Julia se puso de pie y se tiró encima de mí. Como si ya estaría completamente renovada de su cansancio y su borrachera anterior.

    -Vos tenés la culpa. ¿Cómo vas a dormir boca arriba y con el pito tan cerca de mi boquita? -me preguntó sin esperar respuesta– ¡Si ya te dije que no puedo dejar de chupártelo!

    Me apretó los cachetes y me dio un beso, con el entusiasmo que a esta altura sospechaba que sólo ella era capaz de demostrar con el culito recién roto. Después abrió sus piernas y tras un segundo de dudar entre si ponérsela en la concha de una buena vez por todas o seguir con la fiesta al pie de la letra, se acomodó mi verga entre sus labios vaginales y se empezó a mover suavecito.

    -¿La fiesta del culo es solo por el culo? –preguntó cuándo ya no podía aguantarse más las ganas de tenerla adentro.

    Era lógico. Hacía ya dos días que no la sentía adentro de su almeja. Se la había pasado peteando y entregando la colita, casi ignorando su vagina por completo. Se sentía hasta en su aliento que no podía aguantarse más. Pero le dije que sí. Que era sólo por el culo. Aguantándome las ganas yo también de rozarle el útero con la cabeza del pito. Al fin y al cabo, era sólo cuestión de tiempo.

    Se dedicó entonces a disfrutar del suave roce de mi glande con su clítoris, gimiendo y agradeciéndome cada tanto con un nuevo beso el hecho de que le permita aunque sea hacer eso.

    Aunque había decidido para mis adentros dejarla que tenga su orgasmo tranquila, mi prima me sorprendió cuando interrumpió el acto antes de lograrlo. A penas se separaron nuestros genitales, sentí que iba yo a tener el mío al sentir sus flujos empapándome la chota. Hasta pude percibir cómo un par de puentes creados por sus fluidos pegajosos se formaban, se estiraban y se rompían entre su concha y mi pija, por las lentas apoyadas que me seguía dando.

    Pero Julia, como ya les dije, parecía estar siempre atenta y antes de que le manche la empanadita con leche, dejó de moverse.

    Haciendo palanca con sus brazos sobre mis hombros, deslizó su cuerpo más hacia arriba. Luego llevó una mano hacia atrás, me agarro la poronga y ella sola la llevó hacia su ano.

    -Ay. Ayy… –gritó cuando se dejó caer para que le entrara la cabeza del pene.- Ahh.

    Al sentirla por la mitad, volvió a sentir el dolor de un desgarro. Apoyó sus tetas en mi pecho y se quedó quieta, para ver si lograba bancársela.

    -¿Te gusta cómo se sienta tu prima en el pelado? –preguntó fuera de sí, lamiéndome la oreja y gimiendo a penas.– La putita de tu prima se sienta en el pito. Se rompe el culo sola, la culoroto de tu prima. ¿Te gusta?

    Le dije que sí, entrando a ese maravilloso lugar que ya conocía con absoluta nitidez. La tomé de las caderas y comencé a bombearle el orto una vez más. Pero no pude ni empezar a darle rienda suelta a mi deseo, que se quejó nuevamente del dolor.

    Ya sabía cómo era, no se iba a rendir tan fácil.

    -Le falta lubricación –y como solución volvió a acomodarse para darme una flor de chupada ensalivada. Otra vez se la metía hasta el fondo de la garganta y dejaba caer su saliva para desparramármela por toda la pija con la mano.– Tiene gusto a concha y culo, ahora. Está riquísima. –dijo en cuanto pudo usar la boca para hablar.

    Le dije que cualquier excusa le venía bien para petear y petear. Que no podía ser tan chupapija. Que no podía creer lo puta que era. Lo desesperada que estaba por mamarme la verga a cada rato.

    Julia interrumpió el pete poniendo cara de ofendida.

    -¿Te parece bien, a vos, decir esas cosas de tu prima? –me retó.– Ya te dije que es tu culpa. Te quedaste sin pete ahora. –y volvió a sentarse encima de mí, dejándome la pija entre sus labios vaginales.

    “El boludo se quedó sin pete”, “La prima le quería comer la pija y por boludo se lo perdió”, “Hasta la garganta quería pija, la prima, pero el tarado la insultó”. Repetía dándome suaves cachetazos en la cara. De vez en cuando dejaba de reírse para poner cara de enojada. Me estaba volviendo loco de la ternura y de la calentura que me provocaba.

    -Es tu culpa –dijo una vez más.– ¡Habrase visto! ¡Dormir boca arriba y con el pito parado! Y la culpa es mía si me la mando a la boca… –soltó al aire, como explicándole otra vez a alguien que no estaba.– ¡Date vuelta entonces!

    Me lo repitió varias veces, pero la última vez que lo hizo me dio un cachetazo que retumbo en toda la habitación. Al darse cuenta que se le había ido la mano con la brutalidad, se llevó la mano a la boca, pensando si pedirme disculpas o no. Se ve que decidió que no, porque me dio otro. Y luego otro más.

    -¡Date vuelta te dije! –me ordenó.

    Era evidente que el personaje de sumisa le salía mejor que el de dominante. Pero aunque su actuación daba lástima de lo mala que era, la obedecí para escuchar su risa una vez más.

    -La boluda se quedó sin pija ahora. –dije al aire cuando sentí el colchón en la poronga, rotando mi cuerpo todavía entre sus piernas.

    Pero no me contestó. Julia salió de arriba mío y se quedó en silencio. Estaba por recomendarle que para dar órdenes, primero tenía que pensarlas, pero no me dejó.

    Nuevamente fui preso de un escalofrío indescriptible recorriéndome el cuerpo al sentir las manos de mi prima abrirme los cachetes del culo, para poner su lengua sobre mi ano y comenzar a lamerlo.

    No me lo esperaba. Jamás me habían hecho un beso negro, y este parecía ser el mejor de todos. Disculpen que les insista, pero incluso sin poder respirar del todo bien, confirmé que eso era “Felicidad”.

    Julia recorría la raya del orto con su lengua de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba. Se detenía en el esfínter y presionaba como queriendo penetrarme. Podía escuchar los sonidos que emitía su boca casi sin querer, como si deglutiese o estuviese comiendo velozmente todo lo que tenía a su paso. A veces lograba meter la punta, para sacarla y volver a meterla de golpe. Varias veces. Algunas rápido, otras lento, para volver a lamerme el ano en forma circular. Hasta el calorcito que tenía su saliva me hacía ver las estrellas. Era una sensación completamente nueva, cargada tan hermosamente de morbosidad que creí llegar a otro nivel de relajación. Y ella, mientras yo disfrutaba, seguía chupándome el culo como si nada. Sabiendo que me estaba volviendo loco. Volviéndose ella también una esclava de la perversión del incesto y los sabores nuevos.

    -¡Mirá las cosas que me haces hacer! –me recriminó, suspirando antes de continuar con su trabajo.

    Sentir la pija creciendo incómodamente sobre el colchón me regalaba una especie de dolor que me excitaba aún más. Mi prima se mantuvo con la cara pegada al culo por lo menos quince o veinte minutos. Solo retiraba la lengua para escupirme el agujero del ano y luego volver a lamerlo, jugar a penetrarlo con su boca, dejarme la punta lo más profundo que podía para volver a escupirlo, todo al unísono con los sonidos que producían su saliva, sus gemidos y los míos.

    Volvió a treparse por mi cuerpo hasta apoyarme las tetas en la espalda y la concha en el culo, moviéndose como si me estuviese montando dado vuelta. Esta vez sus fluidos vaginales los sentí recorrerme las nalgas y cuando con sus manos me separaba los cachetes y me apoyaba con fuerza, los sentí entibiándome hasta el orto. Otra vez los puentes pegajosos que se rompían e incluso sin poder verla supe que la almeja de mi prima estaba que chorreaba de tanta calentura. Sus gemidos en mi oído apoyaban esa teoría y una vez más sentí que iba a acabar, sin siquiera poder acariciarme un poco la verga.

    -¿No habrás pensado que tu culito no estaba invitado a la fiesta? –Me preguntó, esta vez con una actuación mucho más convincente.- ¿Te parece lindo a vos? ¡Hacerle la cola a tu prima toda la noche mientras duerme! –Continuó retándome, como hacían los grandes cuando nuestras travesuras de niños eran descubiertas- ¡Pendejo pajero! –agregó al final.

    Llevó una mano hacia su conchita e introdujo un poquito de su dedo índice adentro de mi ano, el pulgar se lo metió dentro de su concha y así, penetrados ambos por sus dedos, nuevamente volvió a moverse como si estuviese ella cogiéndome a mí. Pero se detuvo antes de llegar al orgasmo.

    Al sentir su respiración, que se detenía y suspiraba con esfuerzo, pensé en que ya no podría aguantar ni un minuto más sin volver a romperle el culo. Allí mismo, ahí nomás, deseaba con toda el alma sentir de nuevo el culo de mi prima rodeándome la pija hasta la raíz.

    Julia lo presintió de inmediato, se puso de pie para dejarme parar también a mí y cuando lo hice, ella misma se puso en cuatro sobre la cama, esta vez de forma más exagerada, entregándome el culo, ahora desnudo y un poco menos apretado que aquella primera vez.

    Sin poder resistirme, ignoré las suplicas de la pija por entrar hasta el fondo de aquel hermoso orificio y me dediqué yo también a probarlo con la boca. Era una exquisitez. Comerle el culo a mi propia prima, era una nueva adicción. Recorrerlo con los labios y mi lengua, darle un tierno beso cada tanto justo en el centro del orto, escuchar sus gemidos incrementarse cada vez más. Una zarpada adicción perversa. Muy zarpada. Muy, pero muy perversa.

    Otra vez sentí a mi poronga latir sin ningún contacto cercano. Y otra vez más, antes de eyacular definitivamente, se la metí de golpe hasta el fondo del orto. Ahora el ardor la volvía loca a ella. Aunque estaba más abierto y lubricado que la noche anterior, mi prima no paraba de mezclar sus gemidos de placer con sus gritos de dolor.

    A los pocos minutos, estallé dentro del ojete de mi prima. Tantas veces, tantos lechazos creí dejarle en el intestino que hasta a mí me sorprendía cuando venía otro. Era acabar, llenar la pija, acabar y acabar y acabar. Y cuando pensaba que ya tenía los testículos vacíos, aparecía el lugar para otro lechazo más. Y otro. Y otro. Esta vez realmente sentí que le había llenado el orto de leche, literalmente. Y ella también.

    Cayó rendida sobre la cama recién cuando el pito comenzó a achicarse y pareció soltarse del culo.

    Charlamos unos minutos abrazados, todavía traspirados de tanto morbo. Me dijo que nunca le habían dado un beso negro, ni mucho menos lo había hecho ella. Le dije que yo tampoco. Cuando me aclaró que nunca jamás se lo haría a otro hombre, que sería sólo un regalo para mí, ya presentía que la chota volvería a despertarse en cualquier momento.

    Finalmente se puso como un fierro al escucharla decir que tampoco iba a entregarle el culo a otro tipo. Que también sería solo para mí. No tuve otra cosa más que decirle que entonces había que aprovechar el tiempo.

    Volví a romperle el culo en cuatro, boca abajo, ella montándome a mí. Me encantó hacerle la cola de parado. O sentado y ella encima de mí. Cada vez el orto parecía más abierto, es cierto, pero me encantaba también no dejar de sentir su reciente virginidad perderse del todo. Su dolor y el verlo cerrarse lentamente al retirar mi pija, me incentivaba a volver a culearla. Sabiendo, ambos, que luego de cada eyaculación, la rotura de cola sería más larga que la anterior.

    La mente se resignaba a ser invadida por la perversión, una vez tras otra, al ver a mi prima caminando con cierta dificultad, desnuda por la habitación. Todo era incentivo para volver a meterle la pija en la cola. Y así lo hicimos.

    El último lechazo me lo pidió en la boca. Y aunque verla relamerse con el poquito semen que salió del pito, que a su vez recién salía de su culo, era un incentivo enorme para cogérmela por el orto una vez más, Julia supo que ya eran las doce de la noche y se fue a bañar para ponerle punto final a la fiesta del culo. Una fiesta que jamás olvidaríamos ninguno de los dos. No importaba lo que pasase, tanto ella como yo sabíamos que no existía forma alguna de olvidarnos de ese día.

    Sabíamos, también, que volver a la normalidad, al pisar nuestra amada tierra Argentina, sería muchísimo más difícil de lo que habíamos imaginado. Dudando incluso, si queríamos realmente esa normalidad. Estoy seguro que si en ese momento alguno de los dos proponía mudarnos de país, abandonar todo. Amigos, familiares, trabajo. Todo. Para vivir por siempre en nuestro pecado, al menos lo habríamos pensado. Pero ninguno lo hizo. No porque no nos animamos, ni por falta de coraje. Ninguno de los dos lo propuso, porque no queríamos pensar.

    Al salir de la ducha, se agachó para mostrarme el culo una vez más, antes de ponerse la bombacha. O al menos eso creí.

    -Parece que me dejaste sorda de tanto romperme el orto, pendejito. –me dijo y tiró con cierta violencia dos tarjetitas sobre la cama que cayeron en mi pecho.

    -O dejaste sordo al chinito de tanto gritar como putita –respondí. Sorprendido porque si en verdad había golpeado la puerta, no estuve ni cerca de haberlo escuchado.

    Julia sonrió de esa forma que me volvía loco, busco un shortcito y todavía en tetas y rengueando un poco, se sentó a mi lado.

    -Nos invitaron a otra fiesta, pero seguro que no querés ir. –dijo algo resignada mientras se peinaba.

    Pero le dije que sí. Que vayamos. Que deberíamos comer algo antes, pero que vayamos a disfrutar un poco del barco. Unas horas no harían la diferencia, ni tampoco le devolverían la virginidad al culo. Además nos vendría bien salir de la melancolía que había comenzado a sentirse en la habitación.

    Cuando se quitó el shortcito para vestirse mejor, me fui a bañar. Le di una nalgueadita al paso y le aconsejé que se vista bien trola, que había viejitos que la estaban esperando para la paja.

    Esta vez comimos como dos verdaderos muertos de hambre, mucho pero rápido. A los pocos minutos nos sentamos en una mesa del bar donde se hacía la fiesta. Julia se había puesto una musculosa, una camperita de cuero y un jean ajustado que le marcaba más la concha que la cola. Le quedaba pintado. Cuando se sentó a mi lado y no enfrente, yo solo abrí las piernas porque ya entendía lo que iba a hacer.

    -Me encantó que me cojas dormida. –Me dijo cuando su mano ya había abierto la bragueta de mi pantalón y estaba bien cómoda para acariciarme la pija sobre el bóxer.– Iba a elegir la fiesta del clonazepam. –continúo, recordándome que, si había fiesta después de la del culo, le tocaba elegir a ella.

    Aunque me estaba comiendo la cabeza pensar en tenerla drogada a mi merced, para hacerle lo que quisiese mientras estaba inconsciente, le dije que me daba un poco de miedo dormirla con pastillas. Pero ella me ignoró por completo.

    -Ya sé que fiesta quiero. La de la concha. –aunque su mirada estaba perdida en la pista del baile, pude ver que me guiñaba un ojo como buscando complicidad.– Eso quiero. La fiesta de la concha. –y me quitó la mano de la verga para estirarla sobre el aire, como imaginándose un cartel con sus palabras.

    Le respondí que me parecía perfecto. Que cuando quiera volver al camarote, que simplemente me avise y la comenzábamos. Y soltó una risa malvada al escucharme decir que me estaba muriendo de ganas de chuparle la concha todo el día.

    -No de esta concha, boludo –dijo señalándose la entrepierna.– Aquella concha. –Y con la cabeza me señalo a una rubiecita que bailaba en pollerita, con el papá.– Quiero comerme aquella concha.

    La miré fijo para saber si hablaba en serio. Y si, lo hacía. La miré luego como diciéndole que no quería ir preso. Ni que ella caiga en cana. Julia me captó el gesto en el acto.

    -La vi en la barra. Le pidieron documento para darle un trago, es mayor de edad. Tranqui.

    Todavía con curiosidad, volví a mirarla. La verdad que mi prima tenía un muy buen gusto. La pendeja se partía sola. Rubia, flaquita, con una carita tímida y una pollera tableada que amenazaba a mostrar el orto en cada vueltita que daba. Parecía recién salida del colegio o la facultad.

    Pero estaba con el papá. Y tenía una pinta bárbara de brasilera. ¿Y se suponía que me la tenía que ir a encarar yo, en otro idioma y para que se enfieste conmigo y con mi prima? Era complicado. Muy.

    “Pero por mi prima, lo que sea” pensé, mientras le afirmaba con la cabeza que lo iba a intentar.

    A penas me levanté, apareció Fabián. Todavía vestido de la misma manera. Desalineado como si habría estado naufragando. La barba y el pelo le habían crecido increíblemente en solo unos días. Llevaba una postura que cualquiera hubiese dicho que era por estar completamente borracho, aunque no lo estaba. Era más bien parecido a un indigente. O un loco.

    -July, por favor, tenemos que hablar. –Le dijo, ignorándome.– Por favor, hablemos que no aguanto más, amor. –suplicó luego.

    Con una crueldad que nunca le había visto antes, mi prima le respondió que ya le había dicho que hablaban en Buenos Aires. Sin siquiera mirarlo. Siguiendo con la vista solamente los movimientos de la rubiecita a la que quería chuparle la almeja.

    -Amor. Por favor, te lo pido. Hablemos, nada más. Tengo el corazón roto. –insistió el pelotudo. Sin saber que, Julia, tenía otros planes en la cabeza en ese momento. Ni que su novia lo que tenía roto, era el culito.

    Cuando volvió a repetírselo, le toqué el hombro y le dije que se vaya. Que no joda. Que no me haga enojar al pedo. Que no arme quilombo y que ni se le ocurra volver a molestar a mi prima. Hice énfasis al explicarle que si no se iba, esto iba a terminar muy mal.

    -¡Dejame, Rodrigo! Dejame que estoy hablando con mi novia, no con vos. –me respondió, esnifando aire y sin mirarme, como un completo esquizofrénico. O un flaco abandonado, perdiendo al amor de su vida.– No te metas, que no te interesa.

    Pero si me interesaba. La felicidad de Julia me interesaba más que cualquier cosa en la vida. Una vez más, ya perdiendo la paciencia, le insistí para que se vaya, para que deje de romper las pelotas.

    Pero no pude terminar ni siquiera la primera oración. Fabián me dio un puñetazo en la cara, con la mala suerte de que uno de sus nudillos me llegó a golpear el ojo.

    Mientras tenía la percepción de un flash en la pupila, recordé un viejo pensamiento que tenía en la adolescencia: si alguien, alguna vez me golpeaba primero, ojalá que me deje tumbado, inconsciente, o directamente muerto. Porque sabía bien que si lograba levantarme y recuperarme del golpe, el que terminaría muerto sería él. Me conocía demasiado bien a mí mismo cómo para saber que sería imposible contenerme de molerlo a trompadas, de no frenar hasta, al menos, desfigurarle la cara.

    Luego sentí que todo el bar se quedaba quieto, incluso hasta tuve la sensación de que la música había sido apagada de repente. Que todos estaban mirando lo que ocurría y Julia no podía cerrar la boca del asombro. A veces, cuando me devoraba un monstruo negro, una locura homicida, sentía lo mismo.

    El puñetazo de Fabián me dolió, no puedo negárselos. Pero no me noqueó.

    Es más: no tardé ni dos segundos en recuperarme.

    Continuará…

  • Venezuela

    Venezuela

    Bellísima y maltratada Venezuela.

    Golpeada y escupida.

    Insultada, pateada y despreciada Venezuela.

    Nación malnutrida

    por la ignorancia y el fanatismo ideológico,

    y salvajemente torturada

    por la avaricia de poder.

    Las lágrimas que derramaron y derraman

    tus actuales desterrados y exiliados

    llegaron a superar

    toda la superficie de cuenca del Río Orinoco.

    Estoy perdidamente enamorado

    de una de tus hijas Venezuela.

    Tanto,

    que quisiera besarla

    hasta desgastarme los labios,

    abrazarla

    hasta que me duelan los brazos,

    y sostener fuertemente su mano con las mías

    como si mi existencia pendiera de ello.

    Acostar mi cabeza en uno de sus hombros,

    haciendo un gesto como intentando rogarle

    que sea parte de mi vida.

    Colocar uno de mis oídos

    en su pecho,

    escuchando cómo le retumba.

    Poner mis labios en su frente,

    o en su preciosa y alargada nariz,

    o en una de sus mullidas mejillas,

    o en su cálido cuello,

    además de ponerlos en su boca,

    mientras estoy haciendo el amor con ella

    como un poseído,

    no por una maldición o un hechizo,

    sino por la gran ilusión que me hace sentir,

    tenerla cerca mío.

    La quiero tanto,

    que he soñado y me he emocionado

    con la sola idea

    de convertirla en mi mujer,

    deseando ayudarla, en consecuencia,

    a cerrar todas sus heridas emocionales de la infancia

    con mis mejores recursos.

    Quiero cuidarla,

    hacer aquello que por razones de causa mayor

    tú no puedes hacer,

    aunque te mueras de ganas

    y estés sufriendo mucho

    la distancia entre ella y tú,

    querida Venezuela.

    En estos momentos,

    siento que lo peor que podría pasarme en la vida,

    es que ella me tuviera a mí

    dentro de sus peores deseos,

    de sus disgustos

    y de sus resentimientos,

    por más que esa posibilidad

    se vea más lejana que el suelo

    y el punto más alto del pico Bolívar.

  • Su amigo (Segunda y tercera parte)

    Su amigo (Segunda y tercera parte)

    Llegamos a la suite. Lo primero que llamaba la atención era, sin duda, el gran ventanal del fondo, que abarcaba toda esa pared y que daba al balcón. La vista era un espectáculo, no hacía falta encender una luz, con la iluminación natural que entraba de él era toda la que se necesitaba. Las paredes blancas, el piso de parqué. A unos pasos de la entrada se encontraba una mesa redonda con cuatro sillas. A la izquierda de esta había un equipo de sonido sobre un mueble de baja estatura con anchos cajones y detrás, se hallaba una amplia ventana cubierta con unas cortinas de madera. En el medio de esta gran habitación rectangular se encontraban dos entradas a ambos lados del lugar. Luego estaba, al fondo, la sala con sus sofisticados sillones de cuero y la tv.

    Mi novia se puso a recorrer el lugar, toqueteando todo, como un crío, de manera que nos daba gracia: ¿y esto qué es?, ¿qué tenés acá?, ¡oh wow!… Al dueño, lejos de molestarle, se estaba descojonando de la risa. Más allá del humor de ella, de seguro estaba impresionada, por lo menos con el paisaje del ventanal. Me acomode en la silla, mi novia al lado y, seguido de ella, el colega.

    -¿No tenías ganas de ir al baño vos? -Me recuerda.

    -Cierto, cierto…

    -Por este pasillo -apunta a la entrada de la derecha el tío. -La primera puerta.

    Al levantarme, ellos se sonreían con complicidad. Ya me estaba acostumbrando a eso. Estaba oscuro el pasillo, entro al baño, enciendo la luz y me pongo a lo mío. Ni siquiera cierro la puerta.

    Escuché un sonido que provenía desde allá, como el de un chupón. Hostias… lo relacioné al instante con escenas de peli porno, cuando la actriz está succionando el pene, lo presiona por el cachete hasta salirse y hace “paf”. Menos mal pasó cuando terminé porque se me empezó a poner tiesa. Tiro la cadena. Al salir, lo veo al colega de espaldas, dirigiéndose hacia la otra entrada. Gira a la derecha perdiéndose, dándome a entender que ese pasillo era como en “L”.

    Vuelvo a mi asiento y la observo. Se estaba soltando el pelo, ese cabello negro, lacio, sedoso, con un intenso brillo que me volvía loco. Al verme se ríe de mi cara de pasmarote, me abraza y nos damos otro morreo. Siento sus gemidos, estaba cachonda. Su mano baja por mi hasta notar mi empalme. Se me acerca al oído:

    -No sabes las ganas que tengo de que me comas la concha. No voy a aguantar hasta llegar a casa.

    La miro pensativo.

    -¿Y cómo hacemos?

    Ella me hace un gesto de afirmación y se aleja. No entendí por qué, o qué fue lo que creyó a lo que me refería, pero bueno.

    Llega el tío con un vaso de agua para mi novia.

    -Negri, poné música -le dice luego de tomar un sorbo.

    -Pero cómo no, florcita.

    Estira el brazo desde su asiento y toma del modular un control remoto, presiona el botón y pip: “pero si le ponen la canción, le da una depresión…” se escuchaba del equipo.

    -¡Wuuu! ¡Esooo! -se puso ella a bailar en la silla. -Cari, te cuento que Marcos sabe bailar muy bien.

    -¿Ah sí?, tengo que aprender…

    -Mirá, te vamos a enseñar.

    Se levantan los dos, apartándose un poco y comienzan a bailar allí mismo. Era como una especie de salsa o merengue -la verdad no sé ni lo que digo, -lo que hacían, muy pegaditos, mucho rose. Ella hace un “hasta abajo”; es decir -os explico por si no lo conocéis, -se agacha repentinamente, quedando las piernas abiertas, y luego sube despacito, restregando todo su cuerpo por el de EL. ¡Coño de su madre!, echaban fuego. Las manos del colega, bien agarradas de su cintura. Me quedé embobado mirándole ese espectacular trasero que se cargaba mi novia, sacudiéndolo de un lado al otro. Se dio la vuelta y ahora esa cola se sacudía pero pegadita por su bulto.

    Me quedo todo tontaco mirándole su conejito…

    -¿Estás tomando nota? -Me dice haciéndome salir del trance.

    Las manos de EL iban subiendo, lentamente, de sus caderas hacia su cintura. Ella subió los brazos, cerró los ojos y respiró hondo. Siguieron subiendo esas manos hasta llegar a sus senos. Los acarició sin pudor; no se cortó un pelo. Ella recostó su cabeza en su hombro y dio un suspiro, más intenso, ¡y todo eso sin perder el ritmo, joder!

    Luego ella toma las manos del tío y las vuelve a acomodar en la cintura. Comienzan a hacer un movimiento de caderas que iba de adelante para atrás, continuamente. Me empezó a inquietar el vaivén que hacían. EL, moviendo su pelvis para adelante, y ella, acompañaba. Luego era mi novia la que empujaba, siendo su amigo el que acompañaba esta vez. Cuando iba para adelante me quedaba mirando fijo como se marcaba su chochito en ese pantalón. Luego empezó a acelerar el movimiento; de tal forma que parecía un folleteo con ropa eso. Estaba alta la música pero puedo jurar que escuché unos gemiditos.

    Mi novia para de golpe, justo antes de que me empiece a perturbar, y va por el vaso de agua, dándole unos buenos tragos.

    -¿Viste amor? Así se tiene que bailar -me explicaba. -Tiene que ser como hacer el amor; así, no sólo lo hacemos en la cama, sino también en la pista de baile.

    -¿Quieren un chupito? -Ofreció el amigo.

    -¡Siii! -Dice ella.

    Yo le digo que pasó y luego se van los dos para la entrada de la izquierda -calculo que es la cocina; -es decir, se perdieron de mi vista. Al cabo de un rato escucho ese “wuju” que lanza uno luego de tragar el vodka. No podían faltar los sonidos de los vasitos al apoyarlos enérgicamente luego. Se quedaron ahí un rato, escuché algunas risas y murmullos. Ya habían pasado dos temas, de esos lentos, y no volvían. Me levanto y voy para allá. Apenas pasó por el umbral los veo bailando abrazados como se hace en las baladas. Ella estaba de espaldas a mi, quien me ve es EL; le indica a ella, que luego se gira y me abraza ahora a mi.

    -¿Qué pasa mi amor? -Le digo con tono cariñoso.

    Apoya su carita en mi cuello y nos vamos desplazando a pasos lentos. Termina la música y nos sentamos.

    La noto un tanto risueña con la mirada perdida. De la nada, y como quien no quiere la cosa, dice:

    -¡Qué ganas de meterme una línea!

    Me sobresalté. Su amigo se echaba una carcajada. La conocía mucho más que yo, estaba claro.

    -¿Quieres? -Le dice.

    -¿Tenes posta?

    Se levanta, abre un cajón y saca una bolsita hermética, de esas transparentes, con cocaína.

    -¡Que negro culeao! -Dice entre risas. -Venis preparado; yo dije por decir nomas. ¿Querés probar amor? -me dice.

    -No me apetece, vida.

    -Dale amor -me insiste, -si vos le entras yo también.

    -¿Y por qué quieres tú si estás a tope, cari?

    -¿Vos decís? Negri, vos si le metes ¿No?

    -Yo tengo ganas pero sólo si es desde tu abdomen -dice haciéndole cosquillas con la punta del dedo.

    -Y bueno… -Se inclina en la silla tratando de ponerse en forma horizontal.

    -Acá en la mesa, mi amor -le sugiero.

    Ni corta, ni perezosa, tomó mi sugerencia. Estaba recostada en la mesa aguantándose la risa. Su amigo echa un poco a un costado, cerca del ombligo, y va dándole forma. El proceso le hacía cosquillas a ella, por lo que trataba de aguantarse, aún más, la risa. Se la mete toda y al instante le da un beso en esa zona. Ahora si se hecha con ganas unas risas; estaba muy tentada. Se incorporan y regresan a bailar, sólo que esta vez me agarra de la mano y bailamos los tres.

    “Hasta bajo, hasta bajo papi, hasta abajo…” se escuchaba la música. Nuevamente, ella en medio, se iba alternando entre los dos. Cuando quedaba de frente a ÉL, le rodeaba el cuello con los brazos y, pegada esa cola a mi, la subía y bajaba, ¡madre mía, que se me ha puesto dura!. Mi pene, recto, pasaba por esa raja como tarjeta de crédito. Luego se daba la vuelta, apoyaba sus manos en mis hombros y se inclinaba. Su amigo, con las manos en la cintura y la mirada abajo, sin perderse ese espectáculo. “Dame duro, dame duro, dame duro papi dame duro…” Me iba haciendo la mímica de forma seductora, provocativa. Luego ÉL empujaba. Parecía bombearla, haciendo que su carita se acercara y se alejara de mí. Con los ojitos entreabiertos y mordiéndose el labio inferior hacia “hms, hum, hms…” con cada embestida.

    Acabó… La música, y nos separamos todos. Estábamos parados allí, tomando aire. Mi novia se abanicaba con las manos.

    -Que sed que me dio -dice acalorada.

    -Tengo un champagne en la heladera.

    -De una, ¡por favor!

    ¡Pof!, se escuchó y al rato apareció con tres copas cargadas. Se había desprendido varios botones de su camisa, ¡vaya físico se cargaba el notas este!, todo musculoso. Nos pusimos a tomar y a mi novia se le cae, de la comisura de los labios, un poco en el topcito. Su amigo hace ademán de limpiarla con la lengua. Ella se ríe y se echa un poco, adrede, en el abdomen. ÉL se arrodilla y se lo lame todo, pero esta vez, no fue un amago. El contacto hizo hacerla reír más.

    -Ahora yo -murmuró ella mientras ÉL se levantaba.

    La mira y se echa un poco en el pecho. Ahora era la señorita quien lamía. Después se toma lo último que le quedaba en el vaso y lo deja en la mesa. Luego va y se abraza a su amigo. Mira para donde estoy y estira la mano agarrándome para acercarme. Yo apoyo mis manos a su cintura y me le pego un poco. Nos íbamos moviendo lentamente, al ritmo. Ella le iba desabrochando los botones restantes de la camisa hasta quedar enteramente abierta. Lo siguiente que hace es pasarle la mano por el físico. Le acariciaba el pecho, los abdominales…

    -No nos mostraste la habitación -dice despacito.

    -Cierto -le responde.

    Nos separamos y ÉL se dirigió por el pasillo. Ella no lo siguió, por lo que no me moví tampoco. Se quedó parado en una puerta y nos esperó.

    -Ya vamos -le dice. Él asiente y entra.

    Mi novia se acerca a la mesa y agarra la bolsita, la abre y saca un poco haciendo, con la uña del dedo meñique, como si fuese una pala. Se tapa un lado de la nariz y aspira lo que le había cabido. Luego me tomó de la mano y vamos para allá.

    -No sabía que te metías eso -le digo.

    -Muy raras veces…

    ******************

    El balcón y esa “pared de vidrio” de la sala se extendían hasta el cuarto. Al estar en una habitación alta, ya se imaginarán la vista de la ciudad que se cargaba. La cama estaba a la derecha. Era de dos plazas y media aproximadamente. Tenía respaldo sólo en la cabecera y estaba cubierto por una gran colcha blanca, todo muy ordenadito, muy fino.

    Pensaba que sólo le daríamos un vistazo y ya, por lo que me quedé de pie cerca de la puerta. Los dos salieron un rato al balcón. Al volver, mi novia apoya las manos en la cama y dice:

    -¡Oh wow!, ¿cómo debe de sonar esta cama cuando estás con una?

    -Vos fijate… -le contesta

    Ella le mira con picardía, se quita las sandalias, toma carrera y brinca encima. Quedó a cuatro patas encima de la cama. Su amigo se mataba de risa pero yo al verla pensé joder que sexy.

    Comienza a mecerse en esa posición, con movimientos compulsivos, tratando de lograr que se escuchen los resortes, al tiempo que clamaba con voz cachonda:

    -¡Ay si, dame papi, dame! ¿Así te dicen? -Le pregunta con cara de vicio.

    -Sin comentarios -responde sobrado.

    Se sentó y mirando hacia mi me dice con una expresión caricaturesca de disgusto:

    -¡Aish!, no se escucha. Tengo que coger para averiguarlo parece…

    Se recuesta poniéndose cómoda, estira la mano buscando una almohada, y allí se quedó, con las piernas flexionadas. Cierra los ojos, suspira y baja una manito por su cuerpo hasta llegar a su chochito. Comienza a acariciarse por encima del pantalón.

    EL, se sube a la cama también

    -¿Querés que te haga un masajito?

    -Mmm, si por favor.

    Se sienta, con las piernas dobladas, a cada lado de su cara. Posiciona sus manos y le hace el masaje en el cuello a los hombros.

    Estaba expectante observando todo eso y al rato me mira ÉL, y dice:

    -Que tu novio te haga en las piernas.

    -Uy sí, vení amor, mmm…

    Me siento en el borde, ella abre más las piernas y comienzo a acariciar esos muslos carnosos que tanto me apetecían. Mientras estaba en ello, entre gemidos y expresiones de placer, quería observar lo que ocurría allí arriba pero mi vista se pegaba como imán hacia su conejito encuerado.

    -Mmm… Que ricooo…

    Hostias, se me estaba entrecortando la respiración. EL, parecía todo un profesional.

    -Me está dando calor. Bebé, ¿me sacas el pantalón?

    Joder macho, me estaba poniendo palote. Le desprendo el botoncito, bajo el cierre, pongo mis dedos a ambos lados y se lo voy quitando con suavidad. Ella me ayudaba arqueándose, ¡oh dios, esa tanguita negra! Ahora mi masaje era piel con piel.

    -Sáquense ustedes los jeans -dice pasados unos minutos, -así no soy la única.

    Dicho y hecho, jeans abajo. Volví a mi posición y seguí el masajito. EL, avanzaba su masaje hacia su cintura, quedando su gran bulto a un palmo del rostro de mi chica.

    -Mmm… Que olor a pijas -dice con voz sensual. -¡Yo también! -Agregó levantando las manos para acariciar los muslos de su amigo a ambos lados de su cabeza.

    Apenas podía ver lo que sucedía porque, si antes estaba atraído, ahora, con esa tanguita negra, me costaba mogollón resistirme las ganas de enterrar la cara ahí. No aguanté más, estaba temblando, me meti a probar ese chochito. Ella gime…

    -¡Opaa! -oigo decir a ÉL. -No se pudo resistir.

    Levanto un poco la vista y pude ver como ella le estrujaba la polla por encima del bóxer. Bajo la mirada y me pierdo en esos aromas, hasta que ella nos corta. Se estira en la cama, me mira y, otra vez con esa carita, me pide:

    -Mi amor, ¿me vas a servir un poco de champagne?

    -Ahm… Estem… Okey.

    Voy a las prisas, tomo un vaso de la mesa y me meto en el fondo. Hostias ¿dónde está? Busco por el fregadero, la mesada… ¡La heladera joder! La abro, madre mía todo lo que había, ¿dónde coño está?, “apa-pa-pap… ¡Allí!”. Saco el corcho y sirvo de golpe, ¡coño, la espuma joder! Espero a que se baje y termino de servir. Voy a pasos apretados. Cuando me adentro al pasillo, escucho unos gemidos que me dejan helado.

    Llego temblando, y me quedé con los ojos como platos. EL, desnudo, con la cabeza de mi chica en uno de sus muslos haciendo de almohada; y ella, recorriendo con los labios toda esa polla. Con una mano le agarraba firme y con la otra se masturbaba. Le miraba a los ojos mientras lo hacía. Esos ojos azules que brillan, su boquita y esa tranca que salía y entraba.

    -Ahjj… -suspira ÉL, levantando la cabeza. Me ve. -Ahí llegó tu bebida.

    Paf… otra vez ese sonido:

    -¡Al fin! Te tardaste eh.

    Se sienta en el borde y le paso la copa.

    -Mmm… Que cosa más rica -dice después de darle unos sorbos.

    Deja la copa en la mesita de luz y vuelve para seguir con la felación, sólo que ahora a cuatro patas, dejando esas nalgas en pompa.

    -Mmm.. Esto también.

    -¿Queres echarle un poco de champagne? -Le sugiere

    -Pff -se ríe, -¿posta? -EL asiente. Ella me hace señas para que le alcance el vaso.

    El tío se baja de la cama y ella se ubica en frente, al pie de la cama. Así sentadita, con la espalda erguida, parecía ante mis ojos una obra de arte erótico. Las curvas de la columna, esos cachetotes con esa tanguita en medio, su cabello deslizándose de los hombros hasta cubrir su espalda, era una postal que se me va a quedar grabada.

    EL, se acerca pene en mano. Le tira ella unos chorros bañándolo y se pone a chuparlo con ansias. El cachas le hace un ponytail con la mano. Ella acelera más el ritmo. No aguanté; me quité el bóxer para hacerme una pallaringa. Quería que fuera frenética como cuando de chaval, pero me contuve para no correrme ahí mismo.

    -¡Muaaak! -Dice ella al sacarla de la boca. Se gira y al verme, me sonríe, se levanta y se me acerca. Me quita la camiseta -Estás todo sudado.

    Luego ella se da la vuelta, se saca el top y el tanga, y retoma su lugar en el borde. Yo la sigo. Se recuesta, toma una almohada, se abre de piernas y se pone a acariciarse su conejito todo encharcado.

    Ambos varones meneándose la polla ante tal espectáculo. Estaba en ello hasta que subí la vista, y me encuentro con una seria mirada suya.

    -Cari, ¿no querés ir al baño? -Me dice. Me quedo con el ceño fruncido. -Andá, te conozco, te van a dar ganas en el medio.

    -Pasa acá -me señala EL, una puerta al costado.

    ¡Vaya!, tiene un baño en la recamara, cuando al cruzar el pasillo hay otro (?). Le hago caso porque, al fin y al cabo, con la erección no podía notar bien si tenía ganas o no. Entro al baño, me siento en el inodoro, porque así duro como estaba, de parado salpicaría por todos lados. Dejé la puerta abierta pero no podía verlos igual porque el retrete estaba muy al fondo. Con dificultad empiezo a orinar. Escucho los jadeos de ella. Joder, me la sostengo más fuerte.

    -Ay así… Metelo todo, así ahh ahhhh…

    ¡Coño, ahora sí que se escuchaba la cama! Y yo que no paraba de orinar.

    -Hijo de puta, si ¡Que rico! Mmm, mmm…

    Por fin termino con los últimos chorros, me seco y salgo. Los veo en pleno apogeo, con ella en posición de pollo rostizado, y EL encima entrando y saliendo. Se hundía el borde de la cama cada vez que penetraba. Mi novia gemía de placer, con los ojitos cerraditos, las piernas enroscadas alrededor de quien la penetraba, y las manos arañándole la espalda. Me acerco despacito y me siento al costado.

    -Mmh, ¡ay!, uhmm…

    Él se levanta un poco, extiende los brazos y cambia el ritmo de la penetrada. Veo lentamente como cada centímetro de su pene se revela, para luego, ir desapareciendo dentro del chochito.

    -Ay así negro, dale.

    Empieza a acelerar…

    -Eso, así… Dale, dale.

    Al ir aumentando la marcha, ya no podía mantener los brazos extendidos. Los flexiona y le da caña. Ella extiende las manos hacia sus nalgas y las aprieta.

    -Metelo papi ¡Así!, dame duro -le daba sonoros cachetes en las nalgas.

    -Ahh… ¡Ahh! -Sus rugidos… el tío estaba por correrse. -¡Ahh…!

    El tío se sale completamente de ella, se quita el preservativo y se la empieza a menear con furia. Apunta a su chochito y le acierta unos cuantos lefazos en la distancia. ¡Joder! parecía tiro al blanco.

    -¡Ahh!, siempre me haces acabar así -le dice ÉL, tras recobrar el aliento.

    Se da la vuelta y va derecho al baño. Al ratito se escucha la ducha.

    -Mi amor -me dice toda cariñosa, -ahora quiero esa comida de concha.

    Me arrodillo frente a ella.

    -Hermosa… De verdad quiero, pero…

    -¡Aish! -Se incorpora, sacude un poco con los dedos y las gotas más grandes caen al suelo. El resto que quedaba, se las frotó como si fuera una crema. -Listo mi amor, comeme.

    -Ahmm… Sabes que me encanta tu conejito amor, ejem… Es el más lindo de todos pero…

    -¡Comeme!

    -Y también es el más rico y apretadito…

    -Amor, comeme en tres…

    -No es que no quiera…

    -Dos…

    -Ay santo cielo.

    -Uno.

    Con sus dos manos empuja mi cabeza hacia su chochito bello.

    Walk out into velvet

    Nothing more to say

    You’re my favourite moment

    You’re my Saturday

    Cos you’re my Number 1

    I’m like a dog to get you

    I want it up and on

    I’m like a dog to get you

    NUMBER 1 — GOLDFRAPP