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  • El culo de mi novia hay que compartirlo (1)

    El culo de mi novia hay que compartirlo (1)

    Mi nombre es Arturo, tengo 28 años y estoy terminando la universidad. Pololeo (de novio) hace 8 años con Valentina, una hermosa morena de ojos azules de 22 años. En estos años, hemos sido como cualquier pareja, con altos y bajos, pero unidos de forma intensa por nuestros mutuos intereses, lo que formo una relación basada en la amistad, aunque, por otra parte, el destino se encargaba siempre de separarnos, en donde el principal punto de quiebre fue en 2015, cuando se fue a estudiar a la capital, a 900 kilómetros de la ciudad donde yo vivo. Pese a eso seguimos juntos y bastante unidos.

    En 2017 le fui infiel y, por tanto, terminamos, 10 meses aproximadamente. Durante ese tiempo mi vida fue bastante solitaria, perdido en mis letras, mis poemas y mi música. Ella por otro lado, tuvo una vida bastante activa, de fiesta en fiesta todos los fines de semana y desatándose a los placeres de la soltería, cabe mencionar que yo había sido su única pareja sexual. Valentina es una chica alta de 1.70, piel morena color canela, cuerpo atlético por su pasado y presente como deportista semi profesional. Es inteligente, sociable y muy elocuente, lo cual genera gran atención en ella. Pero lo que mas destaca en ella es unos ojos color calipso que hacen juego con una carita hermosa y un culo de infarto que corona unas largas piernas y que se roba todas las miradas donde sea que vaya. En su tiempo de soltera dio rienda suelta a su sexualidad, probando nuevas experiencias, incluso con otras chicas. Lo que es yo, solo me daba satisfacción verla a través de unas fotos hot que fui recopilando durante todos los años juntos.

    Hace un tiempo, volvimos a estar juntos, pero sin ataduras, dejándonos ser libres para estar con quien queramos. Ante lo cual, yo me imaginaba un futuro mas prometedor respecto al sexo, pero la verdad, solo me limite a estar con Valentina. Un par de veces incursione en relaciones homosexuales, pero no me gusto del todo, solo me gustaba el morbo, pero sentía que hacía falta algo. En alguna de las conversaciones post sexo, en donde damos rienda suelta a nuestra sinceridad e imaginación, le propuse la idea de un trío.

    Yo había participado en uno solo anteriormente, pero nunca con mi pareja, ni menos con el amor de mi vida. Ella se mostró receptiva ante la idea y poco a poco se mostraba más entusiasmada. Este mes que paso, yo fui de viaje con mi familia Republica Dominicana, y no podía evitar imaginar estar ahí con ella. Yo siempre he sido muy observador, y me di cuenta que, ya sea en la playa o en la discoteca, a muchas parejas turistas jóvenes, se le acercaba algún colombiano mostrándose bastante amistoso, sobre todo con las chicas, llegando a pasar toda la tarde o la noche con ellos.

    Esa escena se fue introduciendo en mi mente y me imaginaba que, si estuviese con Valentina allá, en la playa, tomando el sol con su traje de baño que deja ver todas esas nalgas perfectas, muchos se habrían acercados amablemente. Y me llamo la atención que mi reacción ante tal pensamiento no era de rechazo ni de celos, sino que era excitación, pura y total, de esa que solo las fantasías y las cosas prohibidas pueden provocar. Al llegar a mi país, Valentina estaba con casa sola, así que me quede unos días.

    Llegue el sábado en la mañana, cansado del viaje de todo el día, por lo que llegue a acostarme con mi bella mujer y dormir plácidamente en sus brazos. Cuando desperté, me sentía revitalizado, lleno de energía y lujuria. Empecé a tocar su cuerpo, sintiendo como poco a poco se iba abriendo al placer y dando paso a que termináramos sin ropa masturbándonos y lamiéndonos mutuamente. Cuando quiso montarme, delicadamente le dije que mejor esperáramos, y le propuse que guardáramos la calentura para mas tarde.

    Ella muy caliente me pregunta que quiero hacer, porque no quería penetrarla. No niego que fue demasiado difícil evitar el instinto de un sexo que era, a veces, difícil de conseguir. Al pasar los minutos, el dialogo comenzó a soltarse y le dije que si estaba de acuerdo con hacer un trio. Ella lo pensó, no más de 10 segundos, y sensualmente me dio a elegir si quería hacerlo MHM o HMH. El corazón empezó a latir rápido, pensando en que, si bien, el sueño del pibe es follarse a dos minas juntas, encima que la mía ya se declaraba bisexual, lo que me dejó en una extraña perspectiva, porque el único trio que me imaginaba con lujo de detalles y que me generaba más excitación era el HMH, decidiendo este último.

    Nunca lo habíamos hecho, no sabíamos cómo ni cuándo ni con quien, pensamos en varios conocidos, pero al final siempre había una traba, algo que nos limitaba a hacerlo, puramente prejuicios sociales. Al final decidimos hacerlo con alguien desconocido. Empezamos a chatear con un venezolano en una página de citas, que vendía marihuana y cocaína. Él se mostró siempre muy respetuoso, incluso cuando le enviamos una foto de Valentina, “para que la reconociera” al momento de hacer la transacción. La foto no era muy sugerente, pero mostraba su barriguita plana color canela y un escote bastante lindo. Nos quedamos de juntar en X dirección, a lo cual él no sabía que era la puerta de la casa de la Vale.

    Él llego y yo salí a su encuentro, le dije que venía a buscar “lo de Valentina”, ante lo cual, él se mostró bastante sereno, me entrego el paquete y se fue. Yo lo llamé, y le dije que si quería fumar con nosotros. Él me dijo que no era necesario, pero yo insistí. Al final accedió con una sonrisa. El tipo era bastante alto, yo mido 1.82, pero él me superaba por 10 cm fácilmente. Era moreno, bastante guapo y con gran espalda, ojos verdes y una gran sonrisa blanca.

    Llegamos al departamento y le dije que fumáramos en la pieza, entramos y ahí estaba mi nena, hermosa en todo su esplendor, sentada en la silla de escritorio vestida solo con una polera mía blanca y bastante grande que cubría su culo y parte de sus piernas, abajo traía una tanga roja que usaba siempre que iba a tener sexo y el cual se trasparentaba a través de la polera blanca, dejando ver sus nalgotas despampanantes. Y estaba sin sostén, mostrando sus pezones morenos que se reflejaban erectos a través de la polera.

    Nuestro invitado se puso muy nervioso, pero entre los dos lo introducimos a una agradable conversación para romper el hielo. Yo saqué la hierba y comencé a enrolar, “muy concentrado” en mi misión. Vale se acerca un poco más a él y empieza a conversarle y a mostrarse muy risueña y abierta con nuestro invitado, parándose más de alguna vez a “buscar algo”, en donde yo de reojo podía ver como Gabriel, se notaba cada vez más suelto y seguía con la mirada el culo de mi novia, cada vez más relajadamente.

    Hasta que la Vale se agacho a buscar un parlante en la parte baja del closet, poniéndose en 4 y dejando ver ese culazo solo tapado por una tanga diminuta, que ya casi no cumplía la función de tapar algo. Gabriel miro impresionado y yo lo mire a él, cuando me mira de vuelta, hago un gesto de lujuria para ponerlo en sintonía. El me responde la mirada mordiéndose el labio inferior. Valentina estuvo 1 minuto tirada buscando el parlante hasta que al fin lo encontró.

    Puso música, reggaetón del sucio y se puso a bailar, yo prendí el caño y lo pasé a Gabriel, el fumaba mirando como mi novia le movía todo ese culazo. Al cabo de unos minutos lo saca a bailar. El bailaba muy bien y mi novia lo movía como de costumbre, riquísimo. Ella le movía el culo en el paquete y yo notaba como este comenzaba a crecer. El la agarraba de la cintura subiendo por su barriguita hasta la parte baja de los pechos, subiendo de a poco la polera. Cuando la polera estuvo bastante arriba, poso sus grandes manos en su barriguita y moviendo el paquete entre las nalgas de mi novia, así durante unos 10 minutos, de a poco se incluían besos en el cuello y la temperatura ya estaba a full.

    Valentina se giraba de frente a él dejando que Gabriel agarrara sus nalgas y metiera mano dentro, de lleno gatillando el culo y vagina de mi noviecita. Yo miraba extasiado, nunca había tenido tanta adrenalina y calentura al mismo tiempo, sentía que la verga se me iba a salir del pantalón. Valentina de a poco empieza a desnudar a Gabriel, siempre bailando muy sensualmente y cuando le saco la polera, Gabriel dejo ver un torso musculoso increíble, digno de un deportista de elite. Valentina empezó a besar su torso y a bajar por el hasta terminar arrodillada frente al paquete de Gabriel.

    Él se suelta el cinturón y ella le desabrocha el botón, le baja el cierre y le baja simultáneamente el pantalón y el bóxer, cayendo literalmente sobre su cara una gran polla de 23 cm y muy gruesa. Valentina sin pensarlo se la mete a la boca, pero solo cabe la cabeza y algo del tronco. Ella se veía atragantada con ese pedazo metido en su boquita. Ahí fue cuando yo saque mi verga, la cual también es de buen tamaño, pero ni parecida a la de Gabriel. Él le hacia lamerle todo el pene hasta abajo y las bolas, escena que era extasiante de ver ya que esa tremenda verga caía sobre los ojitos azules del amor de mi vida.

    Al cabo de 5 minutos Gabriel la toma con fuerza, la tira de espalda sobre la cama le saca la polera, dejando ver las tetas redondas e hinchadas de excitación de mi novia, con su pezón moreno, el cual estaba a punto de estallar de placer. Ya desnuda con las piernas abiertas, Gabriel empieza a comer su vagina morena y jugosa como un loco, y Valentina comienza a gemir como una perra. Por mi parte, comencé a chupar sus tetas y masajearlas como a ella le gusta. De hecho, varias veces la había hecho acabar solo excitándola a través de ellas. Ella no paraba de gemir como una loca, a lo que aproveche para meter mi verga en su boca y a penetrarla oralmente. Después de unos 5 minutos, Vale estalló en un orgasmo en la boca de Gabriel, llenándole la boca de sus jugos y contorsionando su cuerpo por al menos un minuto.

    La dejamos respirar y le dije a Gabriel que nos recostáramos boca arriba los dos, a lo que Valentina comenzó a mamarnos la verga a los dos, reponiéndose del intenso orgasmo vivido hace unos minutos. Gabriel le dijo de forma bastante autoritaria que se diera vuelta y que quedara mirando nuestros pies, dejando su culo en 4 a nuestra vista. Yo aproveché de sacar mi celular que tenía al lado sobre el velador y comencé a grabar la escena, Vale nunca se dio cuenta. Le pase el celular a Gabriel para que hiciera lo mismo. Le grabamos su culo moreno en primer plano abierto para nosotros.

    Luego de a poco Gabriel empezó a masturbar a mi novia, mientras yo seguía grabando y ella seguía mamando. Luego de masturbar un rato su vagina, siguió con su ano, el cual estaba virgen y muy apretado. Le metió lengua unos minutos, haciendo un 69 con ella, y después 1 dedo, el cual entro con mucha dificultad para ella, quien lanzo un grito a bajo volumen con la tremenda verga de Gabriel en la boca. Yo le dije con gestos a Gabriel que sacara el dedo para poner el mío y sentir como apretaba el culo virgen de mi novia. Se sentía muy caliente y como si te lo estuvieran triturando. Lo deje unos minutos, sintiendo como ese orto palpitaba de placer, el cual comenzó a ceder muy lentamente.

    Gabriel le dijo que se pusiera en 4 para meterle la verga, a lo que mi novia, ya sumisa totalmente a él, obedeció, y se puso en 4 pero frente mío y a mi verga, mirándome fijamente con sus ojos azules. Gabriel aprovecho de sacar unas fotos a mi novia en 4, dejo el celular, se escupió la mano y la paso por la vagina de mi novia que se estremeció al contacto poco sutil, y luego se mojó la verga para introducirla lentamente en su vagina, Vale empezó a poner cara de asombro. A lo que iba la mitad dentro, la segunda mitad la metió de golpe, metiéndole todo el pollón a Valentina, quien abrió la boca y lanzo un gemido casi mudo y se quedó con la boca abierta y la cabeza hacia atrás mientras Gabriel la envestía con fuerza, como pidiendo que la tomaran del cuello y del pelo, a lo que Gabriel capto la señal y lo hizo. Sus penetradas ya no eran solo fuertes, sino que comenzó a abrirla a un ritmo brutal, ahorcándola, tirándole el pelo, dándole nalgadas con sus grandes manos. Valentina había pasado de tener ojos azules a tenerlos completamente blancos y la boca abierta de par en par, ante lo cual aproveche de meter mi verga.

    A los 5 minutos, Gabriel se tira en la cama y la sube arriba para que lo monte, ella tuvo otro orgasmo casi inmediatamente al subirse arriba de esa verga. Yo mirando desde atrás el culo de mi novia y su conchita penetrada por un tremendo tubo. Comencé a grabar toda la escena, unos 5 minutos, para después dar paso a mi fetiche más oscuro, lamerle el culo a victoria mientras Gabriel la penetraba, y cuando él le sacaba la verga yo le lamia la vagina, así de a poco me empecé a animar a lamer la polla de Gabriel también y de a poco sus bolas, hasta que después lamia todo el mix de culo, vagina, bolas, verga que tenían ellos dos. Gabriel la embestía 1 minuto fuerte y después me tocaba lamer 1 minuto, así hasta que Valentina estalló en un tercer orgasmo, chorreando todo, incluida mi cara.

    Ya con las bolas llenas, Gabriel le dice a victoria que se ponga en 4, para penetrarle el culo. Ella puso cara de terror al imaginar esa tremenda verga dentro de su culo virgen. Yo por otro lado, no podía más con la excitación. Le dije que lo hiciera lento y que partiera con los dedos. El empezó a lamerle el ano y a meter dedo. Pero solo cabía uno, así que fui a buscar lubricante y se lo eché en el ano a victoria por fuera y hacia dentro, lo cual fue bastante asertivo ya que recién ahí Gabriel pudo meter 2 dedos más libremente. Al cabo de 5 minutos, empieza a meter su verga lentamente, pero tan solo con la cabeza, Valentina no podía más de dolor. Yo, como ya había penetrado analmente a varias mujeres y hombres le aporte mi experiencia y le dije que pujara hacia afuera y le dije a Gabriel que él no se moviera, que lo hiciera ella. A los 5 minutos ya había entrado la mitad, Gabriel lo dejo ahí reposando, sintiendo el culo palpitante de mi novia y disfrutando ver como ella estaba agitada y su respiración entrecortada mientras perdía su virginidad anal. Yo grabe toda esa escena, incluida la cara de Valentina, quien nunca se dio cuenta de los videos.

    De a poco Gabriel fue abriéndose paso en el estrecho agujero, abriendo al amor de mi vida de forma bestial. Al cabo de un rato, Gabriel comenzó a embestir el culo de Valentina brutalmente, a lo que ella respondía gritando a mas no poder, pero de a poco, esos gritos ya no parecían de dolor, y ya se transformaban en gritos de placer, emitiendo las más oscuras obscenidades que se alojaban en la mente de Valentina. Gabriel bombeo el culo de mi novia durante 10 minutos, dentro de los cuales Vale tuvo 2 orgasmos más. En el segundo orgasmo de ella, Gabriel lanza un grito de animal y se corre dentro del culo de mi novia. Estuvo un minuto dentro de ella bramando de placer y lentamente saco su verga. Yo por mi parte grabe todo ese preciado momento, en donde cuando termina de salir ese tremendo palo del culo de Valentina, se aprecia ese hermoso culo abierto y usado a mas no poder, alojando mucha leche caliente en su interior que de a poco salía del ano y bajaba en chorros por la concha. Yo comencé a lamer ese néctar del culo de mi novia hasta dejarlo casi limpio.

    Victoria exhausta se acostó en posición fetal y se quedó ahí, con el culo destrozado. Gabriel se limpió, se vistió, se acercó a ella, le dio un beso en la boca y le dio una nalgada fuerte, se despidió de mí y se fue. Ella quedo tirada en la cama gimiendo despacio, con el culo abierto que aun botaba leche de Gabriel. Yo me tire con ella, nos tapamos y dormimos.

  • La novia de mi amigo y su secreto (1) -interactivo al final

    La novia de mi amigo y su secreto (1) -interactivo al final

    Llegó el verano, y como cada año, todos los de la oficina decidimos salir a cenar y de fiesta, durante la cena todos bebimos y nos lo pasamos muy bien, lo chicos y chicas de mi oficina no son mis amigos, pero tenemos muy buen rollo y siempre nos reímos cuando salimos en navidad y verano. Tras una cena en la que bebimos de más, y aprovechando que las chicas de la oficina decidieron irse, a David se le ocurrió una idea.

    -¿Que os parece si vamos a un club de striptease?

    Todos nos reímos.

    -¿Tu qué opinas Hugo? ¿Nos animamos? -Me preguntó

    -Venga va, pero vayamos a alguno lejos, no vaya a ser que alguna de vuestras mujeres os pillen -Dije

    -Olé, mira que eres listo -Dijo David besándome la cabeza- Si no hay objeciones, ¡en marcha!

    Nos montamos en dos taxis y nos dirigimos a un local de las afueras. Al llegar entramos y el local estaba muy bien, estaba decorado con tonos rojos, había una larga barra y sillones por toda la sala, unos reservados al fondo y un escenario con una barra de pol. En la puerta una mujer mayor, nos comentó que a las chicas no se les puede tocar, pero que si queríamos algún servicio especial, todo sería mirarlo.

    Nada más entrar pasaron dos chicas que nos sonrieron, los chicos se volvieron locos y se fueron tras ellas, David y yo nos sentamos en unos sillones, pero yo aproveche para ir al baño, al volver una chica estaba bailándole a David. Negrita, morena, delgadita, y con un buen culo.

    -Ven Hugo, siéntate aquí a mi lado y disfruta. -Dijo señalando el sillón de enfrente, me senté y tenía una visión perfecta de su culo, se giró y empezó a restregar su culo con David, cuando le vi la cara.

    Era Samira, la novia de un amigo mío, de Roberto, que aunque no era mi amigo como tal, salía con el grupo de mis amigos y habíamos coincidido muchas veces, ella me miró y tras un segundo de duda, supo perfectamente quien era, sus ojos cambiaron, y paró de bailar, yo le sonreí y le guiñe el ojo.

    -¿Porque paras? Bueno báilale a mi colega, yo voy al baño ahora. – Se levantó y se fue, momento que aprovechó Samira para acercarse.

    -¿Hugo? ¿Qué haces aqui?

    -¿Yo? ¿Y tú? Roberto sabe ¿Esto?

    -No, verás me despidieron y aquí se gana mucho dinero y no trabajo tanto, pero Roberto no sabe nada – Pasó otra chica cerca mía, y Samira se puso a bailar delante de mí, contoneándose, para no levantar sospechas creo. – Que vergüenza madre mía.

    -Yo he venido con los del trabajo, pues cuando se entere Roberto le va a dar algo -Roberto era muy celoso, casi parecía el karma que Samira trabajará ahí.

    -No, no puede enterarse, por favor. -Dijo apoyando su mano en mi pierna.

    -Ya estoy aquí -Dijo David- ¿Te gusta esta chica? ¿Cuánto por un baile privado para nosotros dos?

    Yo asentí tanto para Samira como para David. Samira se acercó al oído de David, dejando su culo en mi vista.

    -No, pero mi colega también viene, no puedo dejarlo solo – La muy cabrona quería dejarme sin el baile privado, y estaba intentando convencer a David de irse solos.

    Tras mucho insistir llegaron a un acuerdo, y nos pidió que la acompañásemos a un reservado, al entrar corrió las cortinas, dándonos privacidad y nos hizo sentar en unos sillones. Casi en la penumbra, se puso a moverse sensualmente, y se desabrochó el sujetador, dejándolo caer poco a poco, mientras se tapaba las tetas, de vez en cuando me miraba a los ojos, y veía que le daba vergüenza hacerlo delante de mí.

    -Joder como me pones tía, con esa carita de niña buena -Dijo mientras se metía la mano en el pantalón -Hugo a ti no te gusta ¿o qué?

    -Si… me encanta -Dije mirándola a los ojos, mientras dejaba sus tetas morenas al aire, tenía unas areolas rosadas y un pezón grande, ella sonrió.

    Se acercó a nosotros y puso su culo encima de David, las manos cogiendo el sillón y empezó a refregarse sensualmente al ritmo de la música, desabroché mi pantalón y metí mi mano en el pantalón, empecé a movérmela por bajo del pantalón y la puse recta, para que Samira notara mis 21 cm de polla en su culo cuando se restregara. Se acercó a mi y vio mi pantalón abierto y el bulto que se marcaba en mi calzoncillo blanco, luego me miró sorprendida, y se giró para refregarse, mientras lo hacía yo notaba como se recreaba en el roce, no lo hacía con la música, si no por el placer, me acerqué a su oído y le dije.

    -¿Te gusta no? ¿Esto es por lo que trabajas aquí? ¿Porque te gusta refregarte con pollas de desconocidos? -Le susurré.

    -Te equivocas, es un trabajo como cualquier otro, pero con pollas así se hace mas llevadero la verdad -Dijo sin parar de rozarse.

    -A mi me estas poniendo mucho, siempre imaginé que tenías unas tetas bonitas, pero la verdad supera a la imaginación.

    -Yo nunca imaginé que guardabas ese secreto en los pantalones.

    -¡Eh chicos que habláis que no me entero! -Dijo bastante contento por el alcohol David, mientras se sobaba la polla que ya tenía al aire- ¿No te molestará que me toque mientras le bailas a mi amigo no?

    -No, mientras te la guardes cuando yo vaya -Dijo Samira, mientras se giraba dejándome las tetas en la cara y subiendo las rodillas al reposa manos.

    Empezó a refregar sus tetas por mi cuerpo, a tocarme el pelo, los brazos y bajarlos por mi cuerpo, estaba disfrutando y yo estaba a mil. Se levantó y fue hacía David, y repitió el proceso subiéndose encima de él con las tetas en su cara.

    -¿Qué servicios especiales ofreces? -Le dijo.

    -Emm, ninguno -Dijo ella cortándose de repente. Una cosa es bailarme y otra follar pensaría.

    -¿Como que no? -Añadí- A mi me has dicho que ofreces mamada.

    -¿que yo que? -Dijo asustada.

    -Bueno, siempre podemos decírselo al jefe de club, como se llamaba ¿Roberto? -Dije sonriendo.

    -No, no está bien, las mamadas son a… -y le susurró a David.

    -Hecho – Dijo sacando el dinero y dejándolo en la mesa de al lado suya.

    Samira se acercó a mi oído y dijo:

    -Eres un cabronazo, que sepas…

    -Cállate y chupa, estás deseando, se te nota en la cara, y no voy a pagar la mamada, como premio a mi fidelidad contigo -Le dije mientras sacaba mi polla.

    Se quedó sin palabras, y miró mi polla, me dedicó una mirada de odio, y la cogió con una mano, mientras David se acercaba y le ponía la otra cerca, para que pudiera coger una con cada mano, y luego se metió la polla de David en la boca, mientras me pajeaba fuertemente.

    -Tranquila fiera – Le dijo David – Que son todas para ti.

    Ella le sonrió.

    -Dedícate a él ahora mismo, no te preocupes – Dije yo soltándole mi polla de su mano, y recostándome para ver el espectáculo.

    Allí estaba Samira, la novia de mi conocido haciéndole una mamada a un compañero con las tetas al aire, esas perfectas y redondas tetas, sacaba la boca y lamía las pelotas de David mientras lo pajeaba fuerte, mientras lo hacía me dedicó una mirada de odio, a lo que yo le contesté mandándole un beso.

    -Oh joder, sigue -David no paraba de jadear- Eres una profesional me voy a correr ya.

    -Por correrte en mi hay suplemento.

    -Toma -Dejo caer un billete de 100- déjame correrme en tus tetas, venga joder, mastúrbame.

    Samira cogió su polla con las dos manos y empezó a masturbarlo fuertemente hasta que una corrida enorme la manchó entera las tetas, en cuanto paró de salir, ella se levantó y cogió pañuelos de la mesita para limpiarse bien.

    -Te toca amigo -Dijo David sentándose.

    -Eso, me toca – Dije sonriendo.

    Samira, miró a David como la observaba, y se acercó a mi que estaba sentado en el sillón, se arrodilló y cogió mi polla con una mano, asombrándose de su tamaño dijo con despreció:

    -No te mereces este pedazo de polla.

    -Pero tu si, no mientas, tienes ganas, desde el primer momento que nos vimos aquí sabías que ibas a acabar en esta posición, ¿A que sí?

    Ella calló y se empezó a lamer mi polla de arriba a abajo mientras con la otra mano tocaba mis huevos.

    -Um, lo haces muy bien, disculpa si te molesta, pero hace mucho que me había fijado en ti.

    Su cara cambió y dijo:

    -¿De verdad?

    -Si, no entendía que hacía un bombón como tu con Roberto.

    -Bueno, me trata bien, pero sexualmente… -Dijo mientras me masturbaba suavemente.

    -¿No te complace?

    -No, no tiene mala polla pero… -Dijo mientras hundía su boca en mi polla, sin llegar ni a la mitad. – Además no me folla casi ya, hace mucho que no tengo un orgasmo.

    -¿Que habláis tanto? -Dijo David.

    -¡Nada que le he dicho que me gustaría que se tocara si quiere mientras me la chupa! -Le dije guiñando el ojo.

    Ella sonrió y metió su mano en su tanga mientras empezó a chupármela, arriba y abajo, yo empecé a ponerme a mil, y ella jadeaba mientras me la chupaba. Miré a David, y se había quedado dormido en el sillón, pero decidí no decirle nada a Samira, por si paraba de chupármela.

    -Joder, menuda polla -Dijo mientras seguía tocándose

    -¿Te pone? Córrete para mi -Le dije mientras le quité la mano, me levanté y empecé a masturbarme cerca de cara y a poner la punta de mi polla en sus labios.

    -No me queda mucho – empezó a tocarse más rápido mientras que con la otra mano se metía los dedos – Me voy a correr. Joderrr -Dijo mientras sus ojos se ponían blancos, se quedó tirada en el suelo, con cara de satisfacción, se giró hacía David y dijo- ¿Estaba durmiendo? Creí que se enfadaría. ¿Quieres correrte en mi cara? Es lo más caro, ya que estas invitado.

    Cogió mi polla y empezó a masturbarme fuerte mientras me escupía en la polla, con mucha dedicación, era una experta, me hizo la mejor paja de mi vida con las dos manos.

    -Me corro -Y puso mi polla en su cara, donde la bañe de semen entera.

    -Menuda corrida -Dijo mientras se limpiaba- Deberías despertar a tu amigo, ¿Estamos en paz entonces?

    Sonreí y ella entendió que aquello era solo el principio.

    -No, y de ahora en adelante, vas a ser mi puta particular, eso si, te prometo que siempre te vas a correr.

    Puso al principio cara de miedo y terror, pero cuando acabé la frase, sonrió y dijo:

    -Pero será nuestro secreto ¿no?

    -Siempre que te portes bien, si -Le dije mientras me iba.

    Unos días después de mi encuentro con Samira, de vacaciones ya, quedé con mis amigos, Roberto entre ellos, no le había escrito a Samira, porque por una parte no quería joderle la vida, pero por otra me ponía mucho y sabía que en el fondo seguro que ella esperaba que le escribiera.

    Nos sentamos en una terraza al lado de la playa todos mis amigos y yo, éramos cinco contando a Roberto, que es más amigo de Jesús que del resto, pero como es un tío simpático, pues siempre se apunta a todo. Aproveche para escribirle a Samira, que estaba en línea.

    «-Hola guapa, ¿cómo estás?

    -Hola, bien.

    -¿No me preguntas como estoy?

    -¿Qué quieres Hugo?

    -Espera»

    Aprovechando la reunión nos hicimos todos una foto y automáticamente se la pase a ella.

    «-Mira, así estoy, tomando algo.

    -¿No le habrás dicho…?

    -No, no, simplemente era para que vieras como estoy hoy, ¿tu no me vas a enviar una foto tuya?

    -Hugo, yo… lo del otro día no…

    -Tranquila cariño, sé que no quieres que le diga nada a Roberto, y que en parte te gustó.

    -No…

    -¿No te gustó?

    -Si, si que me gustó pero…

    -¿Recuerdas que te prometí que tendrías más orgasmos verdad?

    -Si.

    -Muy bien ahora quiero que me seas sincera, ¿crees que mi polla podría darte mas orgasmos?»

    No contestó, y nosotros seguimos hablando de nuestras cosas. Vi como Roberto cogía el móvil y empezaba a contestar mensajes.

    -¿Te reclama la novia Roberto? -Le pregunté, ya que de los cinco era el único con novia formal, los demás tenían rolletes o eran solteros.

    -Jajaja, no solo me preguntaba que como me iba. -mientras seguía escribiendo

    -Dale un saludo de mi parte -Le dije.

    -Claro.

    -¿Y cómo te va con novia? -Le preguntó Ivan

    -Muy bien, la verdad.

    -¿Follarás mucho no? – Dijo Juan

    -Bueno, no me quejo la verdad, Samira es increíble en la cama -Y todos no reímos- Y hace unas mamadas… -«No hace falta que lo jures» pensé.- Samira que saludos para ti también Hugo.

    Me vibró el móvil.

    «-¿Le acabas de pedir que me mande saludos de tu parte?

    -Si, pero espérate que Roberto está fardando de las mamadas que haces

    -¿¿¿Como???

    -Si, dice que eres increíble en la cama.

    -¿Le has preguntado tú?

    -No, Juan creo, pero es curioso que diga que te tiene muy satisfecha, ¿es eso verdad?

    -Menudo cara dura, hace meses que no tengo un orgasmo, salvo el del otro día…

    -Me parece de mal gusto estar hablando de ti así, delante nuestra, ¿sabes que yo no hablaría de lo del otro día verdad?

    -Si, espera.»

    Volví a la charla de la mesa, seguían aún con el tema.

    -¿Anal? No, ya se queda suficiente satisfecha con lo que le doy por delante – Y empezó a reírse.

    -Ah vale, pensaba que a las morenitas les gustaba… -Dijo Iván.

    -Eso es el porno que te tiene machacada la cabeza -Añadió Roberto.

    -Pues la chica con la que estoy quedando le encanta -Dijo Juan- Siempre me lo pide.

    Móvil, agachó la cabeza, es una foto de la cara de Samira, sonriendo con un café.

    «-¿No querías saber cómo estaba? Así estoy.

    -¿Y una de tu cuerpo no tienes?

    -Tampoco te pases.

    -Roberto sigue hablando de intimidades vuestras, como que no te gusta el anal.

    -¿Que no? Él que no aguanta, ni le gusta hacer cosas diferentes…

    -Pues mándame una foto de esas tetas preciosas, si no quieres que le diga que según tengo entendido si que te gusta, aparte de chupar otras pollas.

    -No, por favor, eres un cabrón.

    -Si, pero recuerda que soy un cabrón muy discreto.

    -Espera.»

    Los chicos habían cambiado de tema, pero Samira no tenía por qué saberlo, quería recordar esas tetas negras con el pezón rosado.

    -¿Y tu Hugo? ¿No hay ninguna tía por ahí? -Me preguntó Jesús.

    -Bueno algo hay.

    -Va cuenta – Dijo Iván

    -Un caballero no cuenta sus conquistas, pero estoy hablando con una.

    -¿Pero esta soltera?

    -No, pero como si lo estuviese, el novio ni la toca.

    -¿Y esta buena? -Preguntó Roberto

    -Mucho -Le dije sonriendo.- Pero no voy a contar nada, cambiemos de tema, ¿nos pedimos otra ronda?

    -No cambies de tema -Dijo Jesús

    -Yo invito

    Todos gritaron y cambiamos de tema, mi móvil vibró.

    «-¿Esto querías? -Una foto en la que solo se veía sus tetas y la camiseta subida.

    -Bueno, de momento me vale, ¿Te he dicho que son preciosas?

    -Gracias.

    -Me quedé con ganas de chuparlas, ¿Te gusta?

    -Si, me pone mucho que me las chupen.

    -Yo te lo haré como te gusta.

    -(icono del mono tapándose la cara) No vas a hacerlo.

    -Pasaré mi lengua por tus pezones, mientras bajo poco a poco, a comerme ese coñito tan rico que vi el otro día, ¿Te gustaría? -Samira empezaba a olvidarse del tema.

    -Puede, en teoría me lo debes -Ya había picado.

    -Pues quizás te lo pague la próxima vez que nos veamos.

    -¿La próxima vez?

    -Claro, que no te quedó claro el otro día, vamos a divertirnos juntos.

    -Pero Roberto…

    -No se enterará será nuestro secreto, mientras te portes bien (icono del diablo)

    -Me portaré bien. (icono del angelito) Uff que calor me ha entrado de repente.

    -Sería un buen momento para que viera todo lo que me voy a comer ¿no?

    -No

    -Así puedo ir haciéndome una idea de cómo voy a comerte entera hasta que te corras.

    -Uff, bueno espera.»

    Ya la tenía pescada, tendría que utilizar el chantaje para conseguir todo lo que quisiera, pero pienso que ella le gusta ya que así no se ve otra opción.

    Me vibró el móvil, y al abrir la foto, pude ver una foto de cuerpo entero de Samira frente al espejo, desnuda, su cuerpo moreno, sus grandes tetas rosadas y su coñito, que esta vez se lo había depilado dejando una fina franja de pelito moreno, pese a tener las piernas cerradas sus labios vaginales sobresalían un poco, y con el móvil se tapaba la cara.

    «-¿Así bien? -Dijo

    -Perfecto, con esto ya tengo con que masturbarme hoy.

    -¿Te vas a masturbar con mis fotos?

    -¿Indignada o cachonda?

    -mmmm

    -Lo tomaré como ambas, ya sabes que si quieres una mía, solo tienes que pedirlo.

    -¡No!, Yo solo te la he mandado porque me chantajeas.

    -Bueno, yo te dejo esa opción, con que me digas «mándamela» te la enviaré cuando sea.

    -No hace falta, bueno voy a irme que he quedado con mi familia.

    -Vale cielo, un beso donde tu quieras.

    -Un beso.»

    Estuvimos un rato más en el chiringuito, y luego cada uno a su casa, por la tarde fui al gimnasio, y cuando salí de la ducha leí un mensaje en el móvil. «mándamela». Sonreí me abrí la toalla y me hice una foto en el espejo, tapándome la cara, aunque no me importaba que se viera. Se la mande sin ningún texto, ella se puso a escribir, lo borró todo y se desconectó.

    Al día siguiente tuve ganas de hablarle, pero no sabía si estaría Roberto cerca y eso me coartaba bastante, me llene de valor y al medio día, le escribí un mensaje de Samira.

    «-Hola, no me dijiste que te pareció la foto.

    -Hola, si, emmm no sé porque te la pedí la verdad.

    -¿Te lo digo? Estabas cachonda y querías verme desnudo

    -Si claro, con la cantidad de porno que hay, voy a necesitar una foto para eso.

    -La diferencia es que sabes que esto te lo vas a comer. -No contestó- ¿Te apetece que sea hoy?

    -Hoy he quedado con una amiga, y luego por la tarde me voy con Roberto de compras.

    -Pues ya tienes la excusa, dile a tu amiga que no puedes.

    -No, ya si eso otro día…

    -No te estoy preguntando, dile a tu amiga que no puedes quedar.

    -Eres un idiota

    -Eso dímelo cuando estés sobre mi polla cabalgando

    -Alé ya le he dicho que no puedo quedar, ¿Que vamos a hacer?

    -Tomamos algo, ¿paso a recogerte?

    -No, no quedamos en otro sitio, te mando ubicación y me recoges ahí.

    -Vale en una hora»

    Pasó una hora y fui a recogerla al sitio que me mando, un descampado, sin nadie cerca, ahí estaba ella con un vestidito de tirantes al parar el coche, y al verla acercándose, supe que pese a que esto no estaba bien, ella era preciosa

    -Hola cielo. -Se subió sin darme dos besos.

    -Arranca.

    -Por favor

    -Por favor, ¿a dónde vamos, no será cerca?

    -No tranquila, vamos a una cafetería cerca de mi casa

    -¿Tu casa? No sé dónde está, no he ido nunca a una

    -¿Y te apetece?

    -No… -Después de decirlo me miró de arriba a abajo.- Pero prefiero ir a tu casa que a algún sitio público la verdad.

    -¿De verdad? -Sonreí

    -Pero solo a charlar, no te equivoques no voy a desnudarme hoy.

    -Sabes que si, que solo lo dices para que te obligue. -Le dije mientras puse mi mano en su pierna, ella la apartó.

    -No voy a hacerlo, no es no

    -Samira, mírame -Le dije y mirándole fijamente y sonriendo le dije- Quiero que te quites ya el sujetador, que como llevas el vestido no pasa nada.

    -Pero…

    -¿Pero? y las bragas también.

    -Vale, vale me quitó la de arriba. -Y con la elegancia que tienen las mujeres se quitó la parte de arriba, sin enseñar nada de nada, pero aquellas tetazas no se podían disimular, eran espectaculares, trató de echarse el pelo sobre los hombros para tapar un poco el escote y las tetas, pero era imposible con aquellos dos melones.

    -Muy bien, sabes que quieres hacerlo, pero si ordenándotelo va a ser más fácil para ti, lo haré

    -¿Contento?

    -Y tanto mira – Y le señale la erección que crecía en mi pantalón.

    -Madre mía, es imposible que ya te hayas puesto.

    -Samira, estas buenísima, cualquiera se pondría cachondo contigo.

    -Eres un zalamero, seguro que no estas cachondo, y solo me estas tomando el pelo -Yo sé lo que quería.

    -Adelante, tócala, compruébalo.

    -No, que va.

    La miré fijamente y ella accedió, tocándola por encima del pantalón.

    -Eres un guarro, ¿Como la tienes ya dura?

    -Pues de imaginarme esas tetas de nuevo.

    Eso le sentó como un halago.

    -¿Ah si? Pues quédate con eso que es lo único que vas a tener hoy -Dijo con voz juguetona.

    Aparqué en mi garaje y subimos a mi casa, nos sentamos en el sofá y serví dos copas de vino, después de eso empezamos a conversar, se había quitado los nervios iniciales y estuvimos hablando de que le iba mal con Roberto pero se querían, que habían comprado la casa y ahora eso les unía; no quise decirle que si tanto le quería porque estaba en mi casa conmigo, que iba a dejar el trabajo de stripper porque ya tenía entrevista en otro sitio.

    -¿Y por qué trabajabas ahí?

    -Me encanta sentirme deseada, nunca se lo había dicho a nadie siempre mentía, y decía que por el dinero, ¿es raro?

    -Para nada, la sensación de sentirse deseado es muy fuerte, y si no te sientes así con Roberto, ¿Y conmigo?

    -Jajaja, tu eres un cerdo, que solo me usas porque me tienes pillada.

    -Para nada, desde el primer momento que te vi, sabía que eras un bombón y pensé que estabas buenísima.

    -¿De verdad? y contestando a tu pregunta, contigo me siento deseada, por eso estoy rara…

    -Porque sabes que está mal, y que te guste es peor todavía.

    -Exacto

    -Pues no te martirices, si te hace sentir mejor, la culpa es mía que soy un cerdo que se pone a mil cada vez que te ve desnuda.

    -Es que es culpa tuya -dijo sonriendo, y se quitó la parte de abajo del vestido, sin enseñar nada, me la enseñó y la guardó en su bolso- Seguro que hacer esto ya te ha puesto.

    Y volvió a tocarme la polla por encima del pantalón.

    -¿Lo ves? Morcillona ya, no puede ser contigo -Los dos nos reímos.

    -Ahora dime la verdad, porque me pediste la foto.

    -Desde que trabajo allí, me siento deseada, pero como un objeto sexual, no como persona, pero cuando te vi el otro día fue distinto, me sentí deseada de verdad, y pensándolo ayer… necesitaba una foto tuya, para recordármelo.

    -Y dime, ¿te tocaste? -Mi mano se puso en su pierna, pero esta vez no la quitó.

    -Si -Dijo avergonzada- Llevaba meses sin tener un orgasmo, Roberto es muy egoísta en el sexo, no cede, y no me da el placer que necesito, y por tu culpa me he corrido dos veces seguidas, eso me hace sentir mal.

    -Y bien

    -Y bien, pero yo quiero seguir con Roberto, pero desde la otra noche, solo pienso en ti, en tu cuerpo… y en tu chantaje

    -Y yo en ti -Mi mano fue subiendo por su pierna topándose con su vestido – Cada parte de mi te desea, quiere poseerte -la mano llegó a su pantorrilla.- Pero no quiero sentirme como que abuso de ti, por eso solo te tocaré y te follaré si tú me lo pides.

    Quité mi mano, ella dio un suspiro, pero no de alivio, si no como esperará deseosa algo que no había pasado.

    -¿De verdad?

    -Si, así que expláyate, y cuéntame ¿Qué quieres de mi? ¿Que deseas?

    -Nada, estoy aquí solo porque si no se lo dirás a Roberto.

    -¿De verdad? -Me levanté y abrí la puerta.- Entonces vete.

    Samira, sorprendida llegó a la puerta, y dijo cerrando la puerta:

    -¡Chantajéame! -Dijo indignada

    -¿Cómo dices?

    Me miró a los ojos, y lo supe, ella me deseaba con todo su cuerpo, pero no podía decirlo, aquel gesto era lo máximo que iba a tener de ella, sin ordenárselo.

    -Vale -Le dije sentándome en el sofá – Quiero un baile, esta vez personal, para mi.

    Me dedicó una mirada de odio, y se puso delante de mi.

    -¿No tienes música?

    -Toma pon lo que quieras en mi móvil, se encenderá en los altavoces.

    Puso música sensual y me tiró el móvil, luego comenzó a menearse sensualmente, dejando caer un tirante, poniéndose a cuatro patas y gateando hacía mi, me desabrochó el pantalón y me lo quitó, mi enorme bulto hizo que me mirará y se mordiera el labio, se giró y bajó el otro tirante dejando caer su vestido al suelo y chutándolo con sus tacones, contoneándose se tapó los pechos, me quité la camiseta y ella se acercó, y sin bajarme los calzoncillos se giró poniéndose de espalda y se sentó sobre mi, refregándose con mi polla, arriba y abajo.

    -Joder como me pones.

    Se giró, me sonrió y me tapó la boca con un dedo, pude ver sus tetas morenas con esos pezones rosados preciosos, sus manos sobre mis hombros y siguió contoneándose, acercando sus tetas a mi, lo suficiente para poder lamerlas, puse mi lengua en su pezón y empecé a jugar con él, un ligero gemido salió de Samira, que aceleró su movimiento pélvico sobre mi polla, cambié a la otra teta y repetí el juego, un gemido mas potente, su respiración comenzó a acelerarse.

    -¡Oh si, joder!

    -¿Estás cachonda?

    -Si, idiota, dios, estoy mojadísima, como siga así…

    -No pares.

    -¿Aguantarás? -Dijo mientras gemía.

    -Si todavía no he empezado.

    Empezó a moverse más rápido, estaba disfrutando, sin follar, solo sintiéndose poderosa, sintiéndose que ahí estaba yo para hacerla correrse como si fuera un juguete.

    -Me corro.

    -Córrete para mi.

    -¡Sii, joder!!! -Sus ojos volvieron a ponerse en blanco como en el club, le dieron convulsiones y se abrazó a mi.

    -¿Bien?

    -Si -Y me dio un beso en la mejilla.- ¿Ahora querrás follarme no?

    -No, no voy a follarte hasta que me lo pidas, hasta que cada parte de ti quiera hacerlo.

    -Ya sabes, que yo solo voy a hacer lo que me obligues tú.

    -Bueno, yo creo que no, porque te ha encantado este orgasmo solo refregándote con mi polla, imagínate con ella dentro.

    -Ufff -Se había puesto de pie delante de mi- Joder, pues tiene que ser mejor.

    -Ahora te toca -Dije sacando mi polla de mi calzoncillo.- Déjamela seca.

    Se mordió el labio, y se arrodilló ante mi, yo tenía unas ganas increíbles de follármela, pero no quería obligarla, quería que ella me lo pidiese y lo conseguiría. Su lengua repasó mi polla de arriba a abajo antes de metérsela en la boca, y sus dos pequeñas manos empezaron a masturbarme.

    -Lo quiero en la boca -Dijo mientras aceleraba el movimiento.

    -Sonríe -Dije mientras le hacía una foto chupándomela.- Es para el recuerdo.

    Ella miró al objetivo y siguió chupándomela, aproveché para hacer un pequeño video del momento.

    -¿Me vas a chantajear con esa foto?

    -Claro, no pienses ni un momento que voy a dejar que ese cuerpazo se me escape.

    Aquello le encantó, y vi como una mano se dirigía a su coño, yo lo vi y decidí recostarme en el sofá.

    -Tráeme ese coñito a mi boca mientras me la chupas. -Le ordené.

    Sus ojos brillaron, y rápidamente me plantó su coño en mi boca, comencé a jugar con mi lengua con velocidad, mientras ella se restregaba con mi cara. Sus chupadas eran increíbles, escuché como me escupía y con las dos manos me masturbaba fuertemente.

    -Joder Samira, si sigues así me voy a correr en tu carita muy rápido, como la chupas y ufff tu coño me encanta.

    -Tu no pares -Dijo mientras se restregaba y mi lengua no paraba – No hables y chupa que ufff…

    Seguimos un momento y noté que Samira se corría otra vez, las convulsiones, sacó su boca de mi polla.

    -Me corro otra vez joder, córrete ya diooosss

    Aquello fue la guinda, notarla correrse mientras me la chupaba fue suficiente para que me corriera en su boca, la sacó y la pasó por sus labios, se levantó y llena de semen me dijo:

    -Necesito darme una ducha, ¿dónde está? -mientras rechupeteaba el semen.

    Se lo señalé, y mientras se duchaba me vestí.

    -Llévame a casa -me dijo sin mirarme a la cara.

    -¿Qué te pasa? – e pregunté intrigado

    -¿Me puedes llevar o no?

    -Si claro, ¿estás bien?

    -Si -dijo mientras iba hacia la puerta.

    Durante el camino traté de hablar con ella pero se negó. Llegamos al sitio donde la recogí y se bajó sin mediar palabra. Repasé mentalmente lo sucedido y no quise darle vueltas.

    Pasaron un par de días y no tuve ningún mensaje con ella.

    ************************

    ¿Cómo debe continuar la historia?

    A) Hugo llama a Samira para ver si está bien.

    B) Espera al cumpleaños de Jesús que es en dos semanas y ahí se verán

  • Ceremonia lasciva

    Ceremonia lasciva

    Soy Michelle (21) cuando cumplimos los dos años de casados, mi esposo Freddy, me vino con la sorpresa de que había sacado unos quince días de estadía en unos hoteles en el Caribe, son esos all inclusive.

    El lugar era paradisiaco, un mar verde cálido y sus arenas blancas, con una gran vegetación y una serie de cabañas, realmente un complejo fabuloso.

    Hicimos el chek-in el conserje nos recomendó, que no nos alejáramos demasiado del complejo, que contaban con seguridad, pero pasado determinada zona no se hacían responsables.

    Por supuesto que el lugar tenia de todo, así que no era para aburrirse demasiado.

    Había un sector donde había una cantina pegado a la piscina, donde entablamos cierta amistad con el barman, un chico de 22 años, llamado Josh, muy apuesto y agradable.

    Después de casi 5 días mi esposo me dice que tiene que regresar por trabajo, que le pagan todo, pero debía ir de ir si o sí. Por supuesto que me puse de mal humor, pero no había escapatoria. Así que decidí quedarme y él, regresaría en 4 o 5 días.

    Antes de partir me comenta:

    “Por favor no salgas del complejo, recuerda que comentó el conserje, te lo digo porque eres bastante imprudente, Ok?”

    “Si mi amor, de acá no me muevo” Le respondí.

    Si bien traté de hacer alguna amistad, la gran mayoría eran parejas, hablaba un rato alguna conversación superficial.

    Con el que hablaba era con Josh, nuestro barman, que me contaba de las costumbres del lugar, que en general era un pueblo muy pobre. Pero todo esto era para un momento, dado que tenía que trabajar y además le tenían prohibido relacionarse con los que se hospedaban en el hotel.

    Pero a pesar de eso y tratar de entretenerme un poco, le dije si podías caminar fuera de las instalaciones, en sus horas libres, así que dada esa posibilidad esa noche salí con él, a pesar de las recomendaciones de mi esposo y del conserje.

    Había un poblado cerca, 100 o 150 personas, lo habitaban, que apenas llegamos, todos saludaban a Josh atentamente, fuimos a un bar cercano, tomamos unas cervezas, y realmente lo estábamos pasando bárbaro. Con eso llegue a la conclusión que había buena gente, que se exageraba respecto al peligro que podría existir.

    Mientras regresábamos, me comenta:

    “Me informaron que mañana habrá un ritual en la aldea, que si quisiéramos concurrir”

    Sin llegar a esperar mucho le digo:”

    “Si me interesa, a qué hora es?

    “Es a la media noche, pero está un poco más adentro de donde estuvimos’

    “Pero no es peligroso?”

    ‘”Para nada, son familias, además voy con Ud. eso sí, debe ir con un vestido blanco y algún pañuelo igual para envolver la cabeza”

    “Y de que se trata el ritual?” pregunto más que entusiasmada.

    “En realidad es una iniciación, algo que han traído sus ancestros de

    África y se practica para esta fecha, el primer día de luna llena de este mes. ”

    “Que interesante, pero Iniciación en qué?”

    “Prefiero que lo vea, así no pierde tanto interés” Me contesta Josh.

    ‘Ésta bien, pero cuánto dura?”

    “Depende, entre dos a tres horas” me contesta Josh.

    A la mañana siguiente, me fui hasta la cantina a ver a Josh, tratando de que me contase algo más, pero me reiteró, que iba a perder interés, si me lo relatase.

    Estaba bastante impaciente para ver esa ceremonia, así que me puse una camisola larga blanca, mi trusa, y unas sandalias, me envolví mi cabeza con un paño del mismo color.

    Esa noche nos encontramos fuera del complejo y me dijo que tendríamos unos 30 minutos de caminata, le dije que sí, que estaba dispuesta a efectuarlas.

    Caminamos por la playa, y parte por una espesa vegetación, con una luna espectacular, hasta que llegamos al lugar, se trataba de una cabaña muy grande, de paja y madera, en su gran mayoría, piso de tierra, iluminada por antorchas y velas. Sobre el entro de ese lugar había una especie de tarima alta, donde observaba como una espacie de altar con grilletes, aunque más bien se parecía a esos cepos, para meter la cabeza, y cuatro abrazaderas de hierro, adosadas a los costados de ese aparato, vasijas con alguna especie de ungüento, juntos a un objeto fálico y una serie adminículos difícil de determinar su uso.

    Realmente no me convencía demasiado, sumado a que no había nadie de raza blanca, era la única, cosa que me llamó poderosamente la atención, comencé a sentirme algo inquieta, a pesar que no notaba algo de temer.

    Mientras accedíamos al recinto todos lo saludaron a Josh, muy amigablemente mientras me iba presentando a cada uno de ellos, eso me ayudó a entrar un poco más en confianza. Además me comentó que estaba el jefe de policía, que por su aspecto no daba demasiada confianza, aunque no parecía gente mala.

    Nos sentamos en una mesa, pegada a ese especia de altar, que sería donde se efectuaría esa ceremonia tan misteriosa, que mi amigo me mencionaba sin llegar a dar detalles, observando que todas las miradas se dirigían a mi persona, me sentí importante, aunque algo avergonzada.

    Me sirvieron una bebida, algo similar a la que me tomaba en el complejo, aunque esta tenía un sabor distinto pero muy agradable y a su vez bastante adictiva. A pesar de rechazarla un par de veces, terminé tomando tres o cuatro no recuerdo, que al cabo de un tiempo, me produzco un extraño efecto.

    Un gran calor, comenzó a invadirme, desabrochando inconscientemente mi camisola, las cosas me giraban y una especie de fuerte excitación, me asaltaba. Me apoyé en Josh, diciéndole que estaba muy mareada, que algo me pasaba. Respondiéndome:

    “Tranquila, tranquila ya se va a pasar” me decía, mientras intentaba hacerme tomar otro vaso, aceptándolo aumentando mi estado de euforia.

    Mientras permanecía semiinconsciente, aparecen en ese lugar ceremonial, tres muchachos de 18 años, con un taparrabos, circulando alrededor de esa pista, mientras el público presente aplaude frenéticamente, mi escasa lucidez me alejaba de ese espectáculo.

    Se apagan las velas quedando solo las del sector ceremonial, mi estado continuaba, al punto de volcarme sobre mi acompañante, que trata de sostenerme aprovechando a tocar mis tetas, que como consecuencia de mi estado no hice objeción.

    Cuando cuatro hombres de color me levantan en vilo, para llevarme hasta la pista, que sin fuerza trataba de impedir, y balbuceando pedía auxilio a Josh. Pero todo fue en vano, cuando me depositan sobre una tarima de madera, quitando mi prenda, para colocarme boca abajo, mientras dos mujeres comienzan a lavarme girándome para proseguir con el resto del cuerpo, afeitando mi escaso vello, y cortando bastante mi cabello, finalizando con el secado de mi piel.

    Posteriormente aplican uno de esos ungüentos, que a pesar de mi escasa resistencia, logran embardunar todo mi cuerpo, que en escasos minutos me producen un gran calor y hasta una extraña excitación.

    Apenas puedo reaccionar ante esta usurpación, consciente de lo que me hacen pero incapaz de negarme a ese abuso, solo proferir una serie de balbuceos incoherentes y lentos.

    Hasta que nuevamente me alzan para depositarme sobre ese extraño artefacto, en una posición cuadrúpeda, metiendo mi cabeza en ese cepo, engrillando mis cuatro extremidades, in tentando impedirlo con mis escasas fuerzas.

    Quedando desnuda y engrillada, ante un público expectante, que dada mi posición, mis intimidades estaban expuestas abiertamente.

    Era difícil de determinar mi estado, donde por un lado el miedo me invadía, sin entender que estaba sucediendo, por otro ese adormecimiento, el engrilletado que me impedía escapar, la adrenalina que mi cuerpo producía, pero mi excitación aumentaba y el sudor se mezclaba con ese ungüento.

    Cuando ya parecía que estas mujeres, habían finalizado su tarea, una tercera sube a la tarima con una bandeja que trae depositado un elemento, al tomarlo una de ellas, intenta metérmelo por el recto, era un simple dilatador anal, en madera, lubricado que a pesar de mis balbuceantes maldiciones y escasos movimientos, sin otro impedimento, lo introduce hábilmente, sin importarle mi posible sufrimiento, quedando insertando mi abertura.

    Me sentía totalmente sola y desprotegida, además de abochornada, rabiosa, pero más que nada asustadísima por el destino a correr, por todos esos fanáticos que me observaba, por ser evidentemente una ofrenda sexual a esos jóvenes, entregando mi libidinoso cuerpo, a esos posibles debutantes o lo que sea.

    En ese momento de leve lucidez, comprendí que sucedería, por otra parte maldecía a Josh, por haberme dejado caer en esa ruin trampa, cuando recordé las palabras que dijo “Depende, entre dos a tres horas” también la de mi esposo y el conserje.

    La ofrenda ya estaba preparada, mis lloriqueos de nada servían, los jóvenes ya desnudos , circularon a mi alrededor, a fin de actuar, hasta que se arrodillaron a mi lado, iniciando leves caricias en mi cuerpo, tocándolo sin mi autorización, cediéndome impotente, a ese vil manoseo, que solo me llevó a orinarme.

    Siendo castigado con una varilla de mimbre, en mis glúteos hasta hacerme gritar, para después limpiar el orín, entre mis piernas, cuando apareció un negro algo voluminoso, de un aspecto algo siniestro, y hasta repulsivo, tocando mi cuerpo, introduciendo sus dedos en mis intimas aberturas, como inspeccionando la ofrendo o esclava, no sé qué era realmente.

    Continuo hurgado mi cuerpo, con esas manos ásperas y de dedos largos, comenzando a exhalar una serie de gemidos, al sentir tocar mis tetas, oprimir tácitamente mis pezones, que reaccionaron ante ese impulso, acariciando mi pelvis, donde mis separadas piernas desprotegían mis intimidades.

    Los dedos comenzaron a hurgar esa zona, introduciendo sus extremidades, en mi útero, abriendo bien mis labios inferiores, descubriendo la totalidad de mi matriz, oprimiendo ese cono que obturaba mi conducto.

    Los maldecía mientras no podía dejar de gemir, entregándome cada vez más a esa ceremonia diabólica, sin dejar de ultrajar mi cuerpo, con pellizcos, introducción de dedos, hasta convertirse en un prolongado rito, que con total habilidad me fueron llevando a un estado de total éxtasis y lujuria, en donde mi vagina comenzó a supurar mi flujo producto de esa serie de incitaciones, indicando mi estado.

    En ese momento donde estaba empezando a tomar conciencia, me estaba despertando de ese estado adormecido, cuando veo a uno de los chicos estar desnudo, mientras una mujer, posiblemente su madre, estimulaba su miembro hasta que quedó bien erecto, besándoselo, para luego dirigirse tras de mí. Hasta que sentí sus manos tomar mi cintura, mientras introducía su miembro en mi cavidad, moviéndose pausadamente.

    Si bien no aceptaba esta violación, debo confesar que me fue excitando, a pesar de contenerme y profesar una seria de maldiciones, cuando trajeron un recipiente que arrojaba un humo, mezcla de incienso y no sé qué más, que volvió a dejarme en un estado de adormecimiento.

    Apenas acabo en mi útero me limpiaron, quitaron el tapón para introducir otro algo mayor, se repitió lo mismo con el segundo, y luego con el último.

    Mi temor era que sucedería a continuación, pensaba que no saldría viva de ahí, suplique, diciendo que no diría nada, y una serie de cosas más. Hasta que se acercó ese brujo o lo que fuese, y en un dificultoso español, me dice

    “Soy tu amo, y te mostraré nuestro poder sobre ti, mujer blanca”

    “Yo no tengo amo, basura de mierda”

    No acabe de decir todo cuando nuevamente mis glúteos fueron castigados hasta hacerme gritar, hasta que terminé diciendo que era mi amo, y que aceptaba su decisión.

    El temor y la rabia lo seguía manteniendo, pensando mi fatal error de estar en ese lugar, cuando las manos ásperas comenzaron a recorrer mi cuerpo, que se deslizaban suavemente como consecuencia de la lubricación que lo cubría. Apretando mis glúteos, y mis tetas, oprimiendo mis pezones, aprovechando mi inmovilidad. Mi gran sorpresa fue cuando se quitó su taparrabo dejando al descubierto un poderoso miembro, algo que nunca había visto. Si bien me atemorizo sentí una sensación de excitación, hasta que después de una serie exhibición de su ostentoso miembro ante mi y el público, se acercó por atrás jugando con su extremo en mi sexo.

    Que después de un corto periodo lo puso en la entrada de mi vagina, introduciendo una parte comenzando un lento movimiento, que a pesar de mi contención, debo confesar, que comencé a tener una gran estimulación. Ese lento y prolongado movimiento, rozando mi membrana interna fue aumentando mi excitación, sintiendo a su vez que ese trozo de carne se iba incursionando cada vez más en mi interior. Que a pesar del dolor, mis hormonas se iban alterando, sabiéndome poner en un estado cada vez más intenso de exaltación.

    Poco a poco su paquete quedo empotrado en mi vulva, sus palpitar me alteraba, gemía abiertamente, donde se fusionaba, el dolor con una desesperante calentura, hasta que comenzó a moverse más rápidamente, penetrándome ferozmente con movimientos rápidos y continuos. Alterando mi cuerpo, moviéndose mis tetas al unísono de sus violentos empellones, llevándome a un estadio de total paroxismo.

    Mi cuerpo lleno de transpiración no dejaba de ser castigado arduamente hasta llevarme a un delirante orgasmo, en ese momento me sentí su esclava, era algo incoherente, pero así lo percibía.

    Apenas quitó su miembro de mi interior, quitó mi tapón anal, apoyando el extremo de su pene, en mi dilatada grieta anal, su glande comenzó a introducirse unos centímetros, invadiéndome un fuerte dolor, pero a pesar de ese malestar permanecí inmutable, para no demostrar mi dolencia, a la espera de su penetración. Cuando su glande se oprimía contra mi orificio con la finalidad de enterrarlo, mi esfínter parecía dilatarse, ante esa propuesta, exhale un grito de dolencia, no se detuvo, para continuar después de un rato. Inmediatamente percibí su punta enterrarse algo más rápido, tomándome de la cintura, empujó, sintiendo un fuerte malestar nuevamente, al que trate de no anunciarlo.

    Lo sentí entrar dolorosamente, usurpando poco a poco la intimidad de mi recto, supongo que cada vez más irritado por ese tronco penetrador, hasta que el orificio parecía latir, tolerando mejor la incursión. Sentía las pulsaciones de su miembro a través de la membrana de mi recto, sus manos apretaban mis senos, hasta que después de un fuerte empellón su pelvis se pegó a mis glúteos, quedándose estático, como demostrando su predominio sobre mi cuerpo.

    Oí una cierta exclamación del público, como aprobando esa inserción anal, al fin terminó de entrar y la cabeza se alojó en la profundidad de mi canal, dejando sus genitales pegados a mi raja, advirtiendo que la totalidad se cobijaban en mi recto.

    Esa sodomizada anal, me perturbaba, gritando y gimiendo como un animal en celo, que parecía provocarlo, acelerando sus empellones, sintiendo sus dedos oprimir mi esbelta cintura, y mis castigados glúteos era algo enardecido y delirante, sentirme ensartada, mientras mi agitación se pronunciaba, complacida con su falo en mí recto, metido hasta mis entrañas, dando la sensación de partirme.

    Mi conducto parecía haberse dilatado bastante, al punto que lo sacaba íntegramente para introducirlo en toda su dimensión. Creo que una cierta morbosidad me envolvía en ese momento, estar desnuda mientras profanaban mi recto delante de toda esa gente, en donde mi agravio, se fusionaba con mi excitación. Llegue a la conclusión que ser observada en esos momentos, me agradaba, era extraño, pero esa morbosidad no me dejaba de cautivar.

    Dejé que me siguiese follándome analmente, estrechando mi ano, para aprisionar su verga, hasta que súbitamente empezaba nuevamente su impetuoso bombeo, fue fabuloso, lo hacía de una manera algo feroz, al punto de hacerme sentir una prostituta. No era como otra veces, era algo irracional, como si en ese contacto anal estuviese descargando su voracidad, en parte me asustó pero a su vez me activaba esa comunión anti natura, donde cada intromisión me hacía gemir y mover lo que podía mi cabeza.

    El dolor y el goce se mezclaban, haciendo ese empalme en algo impresionante, hasta sentir como mis pezones estaban cada vez más rígidos, era todo tan voluptuoso, que si bien mi actitud era pasiva, recibía constantemente el frenesí de su dinamismo, manteniendo mi cuerpo en un estremecimiento continúo. Duró bastante disfrutando de mi conducto, hasta que sentí como su esperma evacuaba en mi maltratado recto.

    Cuando vinieron las mujeres me desataron y me limpiaron, mientras mi amo, me observa apaciblemente, apoyo su cabeza sobre mi cabeza, e intuitivamente me arrodillé frente a él, a pesar de mi odio que le profesaba en un principio, sentí la necesidad de venerarlo, evidentemente continuaba drogada, no entendía como había llegado a ese estado.

    Besé su verga, y hasta se lo mamé de una manera apasionante, notando un sabor extraño, pero continúe haciéndolo a quien en ese momento era mi amo, cuando después de un rato me hicieron aspirar un humo, que me llevó a un estado de total letargo.

    No sé qué sucedió después, perdí el conocimiento, cuando desperté, no sabía dónde estaba, veía amanecer, mientras trataba de conformar mis ideas, vi mi ropa y el resto de mis pertenencias, por una parte feliz de estar viva, me puse como pude esos despojos y caminé hacia el complejo que no estaba muy lejos, por suerte nadie me vio y llegué a la cabaña, me bañé y me acosté, sin poder dormirme enseguida, llena de bronca hacia Josh, que no volví a ver después de ese rito.

    A la mañana siguiente al levantarme, me dolía la cabeza al igual que mi ano, pero mi ansia de denunciarlo era eminente, aunque debía contar lo que me habían hecho, que al enterarse mi esposo por lo que había pasado y por no obedecerlo era factible llegar a una separación.

    Al llegar a la cantina, no estaba Josh, nadie sabía nada, fui a ver al conserje, pregunte por él, diciéndome:

    “Ya no trabaja más, renuncio ayer”

    La sangre se me subió a la cabeza, traté de relajarme, y le pregunto:

    “Ud. sabe de un ritual que se hace por acá?”

    “Por qué le interesa?”

    “Alguien me comentó, pero no sabía bien como era”

    “En realidad, nunca lo vi, lo hacen los nativos del lugar, por eso recomendamos no andar fuera de la instalaciones, parece ser que es una especie de ceremonia de iniciación sexual, de jóvenes, con mujeres blancas. Sé que hace unos años, desaparecieron dos, pero nunca hubo denuncia por eso”

    “Bueno gracias,

    Sin acotar palabras me retiré del lugar.

  • Paseo para tres (Parte 1): Jacuzzi

    Paseo para tres (Parte 1): Jacuzzi

    Para cambiar la monotonía decidimos dar un paseo con mi novia Diana y sus amigas. La amiga de Diana, Elena tenía un novio mientras que Moni iría sola. Sin embargo, a última hora el novio de Elena no pudo ir y de igual manera Moni también se ausentó. Elena dijo que no había salido a pasear y que de todas formas iría, entonces a la final nos embarcamos en el viaje mi novia Diana, su amiga Elena y yo.

    Encontramos unas cabañas no muy lejos de la ciudad, y una señora se encargó de mostrarnos el lugar. Dentro de la cabaña había un pequeña sala y dos cuartos; en el primero dormiría Elena y el otro Diana y yo. Decidimos alistarnos para ir a tomar un baño en un jacuzzi que había en el jardín. Me adelanté al jacuzzi mientras Elena y Diana se quedaron conversando. Estaba ya en el jacuzzi cuando Elena y Diana se acercan conversando, no puede evitar mirar el cuerpo de Elena e intenté disimular viendo a otro lado, pero luego Diana se quitó la bata y nuevamente mi vista cambio hacia ella, se veía muy sensual con su hermoso abdomen y grandiosas caderas, ambas llevaban ternos de baño de doble pieza. Diana de repente haló de un lado el sujetador de Elena, dejando expuesto un momento su seno a lo que se cubrió rápidamente y de igual forma Elena hizo lo mismo con Diana pero ella no se avergonzó tanto y Elena entre risas le decía que es una tonta. Ellas se reían y decía que cierre la boca o se va a inundar el jacuzzi, entraron sin más en él y nos quedamos ahí conversando entre nosotros.

    Poco a poco la conversación fue subiendo de tono incluyendo cosas más calientes como que pose sexual te gusta, una fantasía que quieras cumplir, quien tenía pechos más grandes o si harías un trio. En un momento Elena se levantó a tomar un coctel y puede observar frente a mí todo su trasero, lo cual me emocionó. Diana se dio cuenta de inmediato y cogiéndome del pene me dijo: te gusta no? Yo no sabía qué hacer, Elena en cualquier momento podría darse la vuelta y ver como Diana me estaba acariciando, luego de un momento de rápida masturbación me soltó velozmente y Elena se dio vuelta, yo estaba rojo y excitado, pero por las burbujas del jacuzzi no se lograba observar mi erección.

    Más tarde Elena salió del jacuzzi, regresando con un pequeño tablero en sus manos, en él había una flecha giratoria. La idea era que dependiendo a donde apunte la flecha tendrías que bailar un poco atrevido o sacarte una prenda. La primera en jugar fue Elena y le tocó realizar un baile, ella se movió de arriba abajo de una manera muy sensual, luego me tocó a mí y de igual manera deslicé el culo de manera circular lentamente frente a las chicas, finalmente el turno de Diana quien además de realizar un movimiento muy sensual de caderas, también agitó su culo frente a mi cara; sin embargo, además se sacó la parte superior de su terno de baño, dejando expuestos sus ricos senos que me encantan lamer. Posterior a ello, fue el turno de Elena quien de igual manera para igualar la situación dejó al aire sus senos que de igual manera se veían muy bien. Para mi turno me saqué el terno de baño por debajo del agua e imité tener sexo, moviendo mi cadera de delante hacia atrás a lo que las chicas me apoyaban con gritos.

    Diana deseó cambiar el juego y dijo que ahora además de prendas podríamos empezar a jugar con penitencias y dependiendo del color que indique la flecha tendrías que hacer la penitencia a la persona de la izquierda o derecha tuya. Con esta nueva modalidad nadie se opuso. Diana giró la flecha y tuvo que hacer una penitencia. La penitencia la puso Elena, y Diana tuvo que acariciarme abajo, lo cual lo sentí más romántico que lujurioso. Luego me tocó poner una penitencia para Elena y le pedí que le chupe un seno a Diana pero no se atrevió por lo que se tuvo que sacar su última prenda su parte inferior, ahora solo Diana era quien llevaba puesta su terno de baño o por lo menos su tanga. Nuevamente Elena tuvo que poner una penitencia y me dijo que le masturbara a Diana, yo muy encantado lo acepté y por debajo de las burbujas introduje mi mano en dirección al terno de baño de Diana, haciéndolo a un lado lo empecé a acariciar sus labios por un momento a lo que Diana soltó un ahh y Elena se sonrojó. Nuevamente la flecha deseó otra penitencia para mí pero esta vez quien la puso fue Diana y dijo: bien te voy a mostrar como Ricardo sabe masturbar y me retó a que le hiciera lo mismo a Elena. Elena no opuso resistencia y se quedó sentada mientras me acercaba a ella. Empecé tocándole su estómago y fui bajando mi mano, como ya se encontraba desnuda no demoré en tocar sus bellos púbicos, característica de la cual carecía Diana pues nos excitaba más al poder apreciar mejor su sexo. Las burbujas no dejaban ver nada pero lo que sentía hacía pasar por mi mente su monte de venus que pasé solo de visita hasta llegar a sus labios que de igual manera acaricie pero un poco más rápido a lo que Elena soltó un doble gemido y bajó sus manos porque se estaba emocionando, lo que no sabía ella era que mi pene también estaba muy erecto y al momento de que descendió su mano me rozó el pene a lo que levantó rápidamente su mano y dijo alguien ya está emocionado y yo dije que quemas esperaban y les dije además ustedes también tienen los senos excitados, pues se encontraban con sus pezones firmes y puntiagudos a lo que ambas se miraron y rieron.

    Entonces el turno fue de Diana y pidió a Elena que me chupe el pene por un momento, a pesar de lo excitados que estábamos todos, Elena dijo que no lo haría Diana acercándose sensualmente hacia mí, y tomándome del pene dijo: muéstrale tu pene amor de seguro le da ganas de chuparlo después de verlo, en ese momento soló deseaba que en lugar de sus manos sea su vagina rica quien este en contacto conmigo, pero sin negarme me apoye de un filo del jacuzzi y teniendo mis piernas aún en el agua, saqué pero no en su totalidad a mi amigo a flote a lo que Elena miró a otro lado y luego de nuevo a mi pene. Diana se acercó donde Elena y le dijo: adelante chúpalo. Elena se quedó viendo mi pene pero nuevamente dijo hazlo tú si tienes tantas ganas, a lo que Diana dijo bueno en lugar de chuparlo que tal si le das un beso y las dos se acercaron a mi pene, el ambiente no podía mejorar dos chicas con sus senos al aire se estaban acercando hacia mi pene, una de ellas también descubierto su sexo semi-peludo; entonces sin más Elena se agachó y le dio un pico a la cabeza de mi pene a lo que se alargó un poco más. Ya no aguanto, no sabes lo que te pierdes dijo Diana, y agachó su cabeza hacía mi pene, el cual no podía estar más caliente. Sentir su saliva y su lengua juguetona en mi miembro nunca fue tan placentero como esta vez, se lo metía y sacaba con una sensualidad y ver como Elena se quedaba mirando calentaba más la situación. Ahora te toca, dijo Diana mirando a Elena. Elena se acercó y esta vez en lugar de un pico le dio un beso de unos 5 segundos, se lo metió y sacó a la boca y luego dijo bueno mucho por hoy ya cumplí con mi penitencia, ahora les dejo a los dos.

    Nota: Este es mi segundo relato que publico, les agradecería leer sus opiniones y comentarios al respecto. Estoy trabajando en la continuación de este último, espero les guste.

    Un saludo, Rey David.

  • Profesor… soy suya

    Profesor… soy suya

    Otro día, otro día que tengo que ir a la escuela, otro día que llego cruda a la universidad y para hacerlo más llevadero llevo mi tradicional café en una mano, la mochila al hombro y el portafolio en la otra, mis audífonos reposan en mis hombros y suena la música que venía escuchando en el metro.

    Hoy no tenía ganas de venir; así que solo me decidí por un short blanco, una playera una o dos tallas más grande la cual me cubría por completo, si no fuera porque metí una pedazo de esta a nivel del botón pensarían que solo iba en playera aunque si me veían de espaldas seguro sería el primer pensamiento que pasaría por su mente, para complementar mi modo “cruda” llevaba unos tenis tipo converse y un moño/chongo echo con un pincel, el cual sostenía la mayoría de mi cabello dejando ciertos mechones rebeldes salir de mi improvisado peinado.

    —Buenos días —me dijo mi Profesor al momento de que entre al salón como si fuera mi casa.

    —¿Qué tienen de buenos? —le dije con mi humor de princesa; estaba cansada y aun mareada.

    —Sabes que no me puedes contestar así ¿verdad? —me dijo con un toque de advertencia.

    —Sí, lo se… lo siento… ¿Contento? —no era mi mejor mañana, pero sabía que la había regado.

    —No, sal de salón y entra como se debe —me dijo señalando la puerta.

    —Ahggg —fue lo único a atinar a gruñir, tome mis cosas de nuevo y me salí del salón, cerrando la puerta detrás de mí, escuchando las risas de mis compañeros.

    —Esto no se quedara así —fue lo que pensé al dejar mis cosas en el piso, si quería un saludo en “forma” lo tendría; me solté el cabello dando un toque de rebeldía, aproveche el ancho de la camiseta y mande el cuello de lado para que se notara por completo el tirante de mi sostén negro que contrastaba con mi piel blanca, me puse un poco de labial sabor cereza, ya que estaba lista tome de nuevo mis cosas y me pare enfrente de la puerta, toque esperando una respuesta.

    —Adelante —me dijeron al otro lado.

    —Se puede pasar Profe —le dije con un tono meloso.

    —Si pasa —me dijo sin girarme a ver.

    Lo único que veía de él, era su espalda ancha, siempre me daba un escalofrió, hoy había optado por un traje color negro con una camisa blanca sin corbata, su saco ya reposaba en su silla y se había arremangado las mangas por el calor que ya se había producido en el salón.

    —Buenos días Profe —le dije mientras me acerva por detrás de él, asegurándome que sintiera las dos montañas que ocultaba mi vestimenta, mientras plantaba un beso en su mejilla vi cómo se sonrojaba y se incomodaba en su lugar.

     —¿Ya puedo sentarme Profe? —le dije restregándome en su espalda y haciéndome a la “niña buena”

    —Sí —fue lo único que me dijo.

    —Pero aquí enfrente —me dijo con su sonrisa de triunfo, ya que él sabía que prefería estar al final del salón para poder dormir.

    —Okey —le dije frunciendo el lugar.

    —Daniel ¿le puede ceder el lugar a su compañera? —le dijo al más nerd del salón.

     —¡Claro! —me dijo levantándose del lugar con todas sus cosas que milagrosamente una de ellas se atoro en mi playera levantándomela hasta llegar a mi ombligo.

     —¿Qué pensabas? ¿Verme la tanga? —le dije a un aturdido Daniel.

    —No claro que no —me dijo casi gritando.

    —Mejor vete —le dije gruñendo, la mayoría sabe que cuando estoy de este humor no soy buena compañía a menos que no tengan un café como oferta de paz.

     —¿Podemos seguir la clase? —me dijo el Profesor detrás de mí.

    —Si claro —le dije dejándome caer las cosas en el asiento que me cedieron.

    —Bueno como les comentaba… —empezó a platicar sobre el proyecto final, que teníamos que hacer y muchas cosas que no prestaba atención, me estaba quedando dormida.

     —¿Señorita sigue con nosotros? —me dijo en el oído y fue cuando brinque en mi lugar.

     —¿En qué momento se acercó tanto? —fue lo primero que pensé, pero mi concentración se desvió al ver sus labios tan cerca, tenía una mirada muy demandante y un exquisito olor llego a mis fosas nasales que hiso que cierta parte sufriera un despertar.

    —Sí, Profesor sigo aquí ¿Dónde más quisiera que este? —le dije desafiándolo, mientras alzaba mi ceja.

    —Pues no se nota ¡he! —me dijo mientras seguía diciendo las características de lo que necesitaríamos.

    Mi mente se volvió a cerrar al entorno que me rodeaba, pero ahora no pensaba sobre los síntomas de la cruda si no por sus labios, por su mirada pero sobre todo por esa loción que hizo que cruzara las piernas para poder rosar mis labios que empezaron a mojarse.

    —Quiero que apunten lo del pizarrón ya que lo borrare en 10 minutos —nos dijo revisando su reloj de pulsera.

     —¡Pero profe! ¡Es muy poco tiempo!… —fueron algunas quejas que se oyeron al darse cuenta que en si ambos pizarrones estaban llenos de letras.

     —El tiempo sigue marchando —nos dijo mientras subía una pierna al escritorio para sentarse en él.

    Yo como “buena estudiante” empezar a copiar lo que había escrito, pero pronto mi atención se desvió a él, era alto, con un cuerpo bien compensado, tenía una pequeña pansa que disimulaba muy bien con cualquier cosa que se pusiera, sus brazos eran fuertes y tonificados, el tono de su piel era caramelo, siempre estaba vestido formal lo cual lo hacía más atractivo; sin darme cuenta estaba repasándolo con la mirada, mejor dicho comiéndomelo en la cama.

     —¿Cómo será en la cama? —me entretuve en ese pensamiento, mientras tomaba un trago a mi café, él me miro sobre este y me sonrió.

    Él sabía que mis pensamientos en ese momento no eran nada puros o al menos eso dio a entender, por lo cual le regrese el gesto.

     —¿Con que quieres jugar? —pensé mientras abría mis piernas y suavemente metía mi mano para pasarla por dentro de mi muslo lo más despacio que podía; mientras la otra recorría entre mis pechos. Él no esperaba eso y solo recibí como respuesta su cara de asombro, pero como no veía que se opusiera al juego seguí tocándome la cara interna de mis muslos mientras que con la otra pasaba de un ceno a otro; la situación me estaba poniendo de lo más caliente, estar en un salón con mis compañeros de clase y estar tocándome lo más discreto…  —¡Que morbo!  —fue lo que brillaba en ese momento. Él no pudo contener por más tiempo la postura así que disimuladamente acomodo su verga sobre el pantalón para darle un poco más de espacio, no deje pasar ningún momento para observar su verga que iniciaba a hacer acto de presencia; yo solo me relamí los labios mientras me imaginaba como debería ser, ya que el pantalón marcaba un verga gruesa y larga  —¡Que rico ha de ser que me rompa el coñito con eso! —pensé mientras frotaba sobre el sujetado el pezón que quedaba oculto a la mirada de mis compañeros, lo encontré muy fácil ya que estaban como rocas y necesitaba un alivio así que lo seguí tocando con el mayor disimulo que podía, él no dejaba de hacer como que “no miraba” ya que su miraba pasaba por mis compañeros para darse cuenta de que nadie estaba poniendo atención a la situación y se preocupaban más por lo escrito en el pizarrón. La situación me tenía sentada en primera fila con las piernas abiertas y con unos pezones que ya traspasaban mi sostén de lo duro que estaba.

     —¡¿Profe?! —le dije llamando su atención ya que me estaba levantando de mi asiento y avanzaba los dos metros que nos separaban.

     —¿Necesito que me explique algo? —le dije enseñando mi libreta mientras la colocaba en su escritorio.

    —Si claro —me dijo, al pararse tuvo un poco de problemas al pararse y que no se dieran cuenta que estaba duro en plena clase.

    —Necesito que me explique esto —le señale un tema que me había explicado mil veces, pero en esta ocasión había algo escrito.

    “Le gusta lo que ve ¿Sigo? O ¿Me detengo?”

    Él no supo que decir a lo cual yo recurrí a empinarme en su escritorio, le señalaba el tema de nuevo y le preguntaba mis “dudas”, cuando reacciono me empezó a contestar todas mis dudas muy vagamente viendo un punto en especial el cual en cierto momento seguí con mi mirada, la amplitud de la blusa permitía que se abriera la blusa y que se vieran mis senos colgando dentro de mi sujetador negro lo cual estaba distrayendo al profe. No nos habíamos dado cuenta que la mayoría del salón empezaba a tomar sus actividades normales de chisme.

     —¿Podrías quitar tu horrendo culo? Tapas el pizarrón —me dijo Diana.

     —¿Ahora así le llamas? Porque yo que recuerde eso no me dijes aquel día —le dije sonriendo, al recordar cuando trato de coquetearme. Todo el salón se quedó callado ya que era la primera que la enfrentaba, regrese a mi lugar y me senté como si nada hubiera pasado.

    —Bueno ¿Ya terminaron? —dijo el profesor con una evidente incomodidad en su pantalón. La mayoría dijo que sí, yo no copie nada así que me las arreglaría para pedir copia.

    —Entonces se pueden retirar por el día de hoy hemos terminado —dijo mientras empezábamos a recoger todo de nuestros lugares, mucho empezaban a ver qué harían y yo no era la excepción.

     —¡Oye! —me dijo Daniela.

    —Mande —le conteste antes de dar el último trago a mi café ya frio.

    —Vamos a desayunar ¿Va? o ¿tienes otros planes? —me dijo señalando al Profe que estaba recogiendo sus cosas.

    —Vamos, ya que no creo que se haga otra cosa —le dije como si nada.

    —No te hagas si ve como estas —me dijo señalando mi playera a lo cual baje mi vista y aun se notaban mis pezones duros.

    —Ja, ja, ja solo hace un poco de frio ¿no crees? —le dije lo más inocente que pude.

    —Sí como no y yo soy virgen ¿Cuál mentira creemos más? —me dijo soltando una carcajada.

    —Pues yo no he cerciorado eso así que no se —le dije guiñándole el ojo, lo cual nos hiso reír a amabas como locas.

    —Elizabeth ¿Te puedes quedar unos momentos? —me dijo el profesor antes de que cruzara la puerta del salón.

    —Bueno nos vemos —me dijo Daniela mientras que salía hacia como si mamara una verga a lo cual yo solo sonreí.

    —Mande Profesor —le dije lo más dócil posible.

    —Siéntate —me ordeno, a lo cual yo accedí y deje todas mis cosas en el asiento de alado.

     —¿Hice algo mal? —le dije como niña buena, mientras él se acercaba a la puerta y ponía seguro a esta.

     —¿Te parece correcto lo que estabas haciendo? —me dije rojo de enojo, bueno eso pensaba.

     —Pero no hice nada, bueno solo llegar cruda —empecé a pensar que había hecho que lo había hecho molestar tanto.

     —¿Se te hace poco tocarte enfrente del salón? Y para colmo lo que escribiste en tu cuaderno —me dijo casi en un grito; por un momento pensé que no lo había tomado tan “bien” como pensé, pero baje la mirada y vi que se había puesto aún más duro de cómo estaba en plena clase. Me levante de mi lugar y fui asía él.

     —¿No le gusto que lo hiciera? ¿No quiere que siga? Por qué me puedo detener —le decía mientras me hincaba enfrente de su entrepierna y lo veía con mis grandes ojos pidiendo verga, mis manos con cautela se acercaron a su cinturón mientras él me veía como en un tipo de trance.

     —¿Pero qué te pasa en la cabeza? —me dijo tomándome del cabello con rudeza y haciendo que lo mirara con sorpresa, lo único que pensaba es que me había equivocado y había entendido mal la señales.

     —¿En qué momento te dije que te hincaras? Pídelo como se debe —me dijo con sus ojos brillando de poder.

     —¿Puedo chuparlo? —le dije mientras la posición ya hacia mella a mi cuello.

     —Sácalo sin dejarme de mirar —me dijo por fin soltando mi pelo para que pudiera acatar su orden.

    Me dedique a ver su verga que se marcaba por completo ya en su pantalón, fui desabrochando su cinturón, su pantalón para dar paso a un bóxer negro que se notaba mojado ya; poco a poco fui sacando su hermosa verga de esa jaula que lo tenía aprisionado.

     —¡Te dije que me miraras! —me dijo jalándome de nuevo del cabello, al sentir el tirón solo gemí por la impresión y lo miré a los ojos mientras él me guiaba a su caliente trozo de carne mientras yo no despegaba mi mirada de sus ojos.

     —¡Chupa! —me ordenó, a lo cual yo acaté sin decir nada.

    Le comencé a chupar la cabeza que brillaba por su excitación, yo deguste golosa, probando su sabor a verga, seguí dándole besitos en la punta pero poco a poco me empecé a meter más y más esa verga en mi boca, mientras con una mano empezaba a masturbar el tronco y con la otra a tocar sus testículos.

    —Trágatela como se debe —me dijo tomando de nuevo el mando y clavándomela hasta la campanilla, lo cual me hizo tener arcadas y que un par de lágrimas escapara de mis ojos.

     —¡Así!, hasta el fondo, quiero ver que la dejas mojada de tus babas —me decía mientras me seguía follando mi boca, por momentos no podía respirar y yo hacía presión con mis manos para poder tomar aunque sea un poco de oxígeno.

     —¿No es lo que estabas buscando? —me decía mientras aumentaba su ritmo.

     —Te voy a llenar la garganta de lo que has provocado —me decía mientras sentía como su verga empezaba a expulsar chorros de semen en mi garganta, los cuales trague sin ningún problema; cuando estaba engolosinada con su leche saco su verga y el ultimo chorro hizo que callera en mi cara y parte de mi blusa manchando esta última.

     —¡Límpiala! —me dijo en un gruñido, a lo cual yo sin que me hubiera dicho lo haría; empezó lambiendo su punta con un goloso antojo, pase mi lengua por todo su tronco limpiado cualquier resto de su leche, después de haber dejado limpio aquel tronco pase a lamber sus huevos mientras que con una mano lo empezaba a masturbar, mi asombro fue grande al ver que no menguaba su erección; él venía por todo y con todo.

    —Párate y empínate —me dijo levantándome por el cabello y aventándome contra el escritorio, lo cual yo hice sin ningún problema.

    —Vamos a ver que hay aquí abajo —me dijo mientras bajaba mis short y queda en una tanga de encaje frente a tus ojos.

     —Abre la piernas —me dijo al momento de meter una de sus piernas entre las mías haciendo que las abriera aún más.

     —Mira si estás bien mojada —solo atine a gemir, ya que sus dedos pasaron por mi inflamado clítoris y lo masturbo por unos segundos.

     —¡Cállate! A menos que quieras que se entere toda la escuela que estas toda abierta en pleno salón —me dijo dándome una nalgada que resonó por todo el lugar, pero la idea en vez de cohibirme provoco que me excitara aún más.

     —Pero mira que tenemos aquí —me decía mientras hacía aun lado mi tanga y metía dos dedos de sopetón en mi coñito húmedo, empezó un mete saca que sacaría de quicio a cualquiera; yo solo movía mis caderas para poder conseguir más de su toque lo cual él entendió y empezó a masturbar mi adolorido clítoris que desde hace rato pedía atención.

     —Vamos a ver si tu coñito es tragón —no entendí a lo que se refería hasta que sentí como metía su verga de sopetón y yo me sentía tan llegan que con ese solo movimiento me vine en un orgasmo que hizo que ordeñara su verga.

    —Pero sí que eres una puta en forma —me dijo empezando un vaivén que solo hacía que el escritorio crujiera por sus brutales movimientos; mientras me cogía me masturbaba mi clítoris con el fin de volverme loca y él lo sabía.

     —¡Dame tu celular! —me dijo, a lo cual como pude se lo alcance y se lo di, escuche varios “Click” dándome a entender que estaba tomándome fotos y en cierto momento se escuchó como tomaba video; él quería recordar cómo me estaba ensartando su verga en pleno salón, como me comía su verga con mi coño, como entraba y salía.

    —Me vengo —fue lo que atino a decir antes de sentir como me llenaba el coño de leche calientita y en abundancia lo cual hizo que tuviera un orgasmo y terminara de ordeñársela. Él la saco y me la empezó a restregar en mis nalgas y mi culito limpiándosela.

     —¡No! —me dijo al momento que yo me baje de la mesa para dejársela limpia de nuevo.

     —¡Quiero traer tu olor de mi hembra en mi verga! Así como tú lo traerás —me dijo mientras me levantaba y me tocaba mi clítoris.

     —Eso significa que quiero que traigas mi leche, mínimo hasta que termine la escuela ¿Entendiste? —me dijo aventándome mi short y haciendo que me vista.

     —Si —le dije mientras me arreglaba mi ropa.

     —¡Ten! —me dio mi celular, después de que su celular sonara varias veces.

     —¿Qué hiciste?  —le dije mientras revisaba mi celular y notaba que se había mandado las fotos y los videos que había hecho y se había agendado con el nombre de “AMO”.

     —¿Qué te importa? De ahora en adelante cumplirás todo lo que yo te diga —me dijo mientras ponía play en su teléfono donde se oían mis gemidos de puta y se veía como me clavaba su verga.

    —Entendido —le dije mientras guardaba mi celular.

    —Buena putita —me dijo mientras me daba como regalo un beso que hizo mojarme más de lo que ya estaba.

     —¡Lárgate! Que no tarda en empezar la siguiente clase —me dijo dándome una nalga mientras me sacaba del salón.

    Yo salí del salón directo al baño, donde mi cuenta que mi blusa aun tenia fresco el semen que me había echado hace unos momentos, lo único que atine fue quitarme la playera y ponerla debajo del secador de manos lo cual funciono y no hizo que se notara tanto la mancha; me retoque el poco maquillaje para que no se notara el semen que estaba seco en mis mejillas ya que no quería lavarme quería seguir oliendo al él.

     —¡Oye ten! —me dijo Daniela alcanzándome y regalándome otro café.

     —Gracias —atine a decir aun esta en shock.

    —Supuse bien —me dijo mientras recogía una gota de semen de mi cabello y se lo llevo a la boca.

    —Oye, que zorra eres —le dije riéndome antes de tomar un trago a la hermosura que traía en la mano.

     —¡Cállate que tú eres peor! —me dijo dándome un codazo.

     —Pues la verdad si —nos reíamos mientras regresamos al salón, el cual olía a una fragancia de vainilla como si hubiera sido recién limpiado, no quedaban restos de que me hubieran tenido empinada en pleno salón.

     —¡Elizabeth! ¿A dónde piensa que va? —me dijo el profe con una nota de diversión.

     —Pues a sentarme ¿no? —le dije yendo al final del salón.

     —¿Usted cree que acabo su castigo? —me dijo elevando una ceja mientras me señalaba el lugar donde me senté cuando llegue.

     —Mmmmm creo que por lo visto no —le dije mientras me giraba a ver a Daniela y esta reía.

    Poco a poco el salón de nuevo fue llenándose y todos tomaban sus respectivos lugares.

    —La última vez nos quedamos en… —él empezó a dar su catedra sobre la materia.

    Daniela

    —Te tendrá checadita ¡he! —me dijo atreves de un mensaje de whats.

    Elizabeth

     —Creo que si —le conteste sin saber cómo eso me hacía sentir.

    Daniela

    —Pues ten cuidado porque no se ve de buen humor —me dijo antes de desconectarse a lo cual yo voltee y tenía razón, no se veía de buen humor.

    —Así que respondan las siguientes preguntas en silencio —es lo único que atine a entender ya que no había puesto atención.

    Amo

     —¿No entiendes verdad? —volteé a ver mi celular y después a él ya que me había mandado un mensaje.

    —Abre esas piernitas que quiero ver cómo se va mojando tu short con toda la leche que te deje dentro.

    Fue ahí cuando me di cuenta que esto no se quedaría en solo eso…

    Continuará…

    *************

    Hola querido lectores, ¿Qué les pareció?

    ¿Quieren que se haga una segunda parte donde sigan pasando cosas súper ricas?

    Si quieren ponerse en contacto con esta autora y quieren que escriba sobre alguna fantasía en especial les dejo un correíto para que lo hagan:

    [email protected].

    Besos húmedos en sus vergas deliciosas. Hasta la próxima. Déjenme sus comentarios.

  • La semana que disfruté a mi cuñada (III)

    La semana que disfruté a mi cuñada (III)

    Como lo mencioné en el relato anterior, en el primer día de mi llegada a Guadalajara, tuve sexo con mi cuñada Zandra en su departamento, aprovechando la ausencia de Javier su esposo, y por la tarde nos fuimos a pasar unos días a un hotel, momentos que aproveché para saborear a tan rico manjar que es mi cuñada.

    Por la mañana del día siguiente, despertamos aproximadamente a las 7 horas y como todo niño con juguete nuevo, no desperdiciamos para iniciar con un mañanero donde casi todo el trabajo lo hizo Zandra al cabalgarme, posición de volví aprovechar para saborear sus ricas tetas y manosear sus duras nalgas, y besarnos a total antojo, hasta que llegó el momento de que me fui en su rica almeja, por lo que una vez descansados, me pidió que fuéramos a correr al parque que le había prometido, motivo por el cual nos cambiamos, yo me puse un pants con su respectiva chamarra, mientras ella se calzaba un short que le hacían lucir sus lindas piernas y una playera del mismo conjunto en color verde agua.

    Al subirnos a mi carro, agarré las bolas chinas y le pedí que al llegar al parque conocido como los Colomos, abriera la bolsa que las contenía, ella no sabía que había adentro, comentándome si la podía abrir, a lo cual yo le dije que hasta que estuviéramos en el estacionamiento, ya arribando al mismo, abrió la bolsa, y al sacar el tubo que las contenía, pensó que era un consolador, a lo cual yo le dije que abriera el tubo, y fue sacando primero una bola y posteriormente la otra, las cuales estaban unidas por un hilo, pidiéndole que las moviera, porque adentro de cada una había otra bola más pequeña, por lo que al realizar tal movimiento, sintió que hacían una vibración en su mano, diciéndome que no sabía que eran las mismas, a lo cual yo le comenté que se llamaban bolas chinas y que quería durante el recorrido de vuelta se las pusiera, diciéndome “Paco, no me van a caber, están muy grandes, son del tamaño de pelotas de ping pong”, “Verás que si cuñada, claro que te van a caber a la perfección” yo le contesté.

    Por sus comentarios noté que no sabía para que servían tales bolas, ni el efecto que iba a hacer en su cuerpo, por ello no quise decirle nada, así que cuando veníamos a mitad del circuito, nos paramos y nos metimos dentro del bosque donde nadie nos viera, y aproveche para bajarle sus shorts y le dije “Zandrita, ahora sí quiero que te metas las bolas por tu vagina”, “Está bien Paco, solo que ocupo que me lubriques”, por lo que yo de inmediato me hinque y le empecé a besar su rica almeja, aprovechando para meter mis dedos hasta que noté que empezaba a respirar más profundamente y viendo que sus líquidos ya empezaban a mojar bien su raja, y tomó con la palma de su mano derecha la primera bola y la metió sin tanto problema, siguiendo con la segunda y dejando afuera una tirita para en su momento facilitar su extracción.

    Ya puestas se subió su short y le dije vamos a terminar el circuito, y ella me preguntó “¿Que me vas a hacer?”, “Tú solo empieza a correr y no digas nada, yo correré un poco atrás de Ti” le contesté; Así que empezamos a correr, así que de inmediato noté como el efecto de las bolas se hacían sentir por su cuerpo, quizás no corrimos más de 300 metros cuando me dijo, “Paco, que son esas bolas, cada que doy un paso siento que me vibra mi vagina hasta el clítoris, me estoy mojando de tantos líquidos que fluyen, la gente me va a ver” a lo que yo le insistí que yo se los iba a retirar hasta que llegáramos al hotel, respondiéndome “Eres un cabrón vas a hacer que tenga orgasmo tras orgasmo”, a lo cual asentí con la cabeza, me gustaba verla correr y como se contorsionaba a momentos, así que en cuanto llegamos al carro, me dijo “Paco, cógeme, estoy toda mojada, me escurren líquidos por todas las piernas, ve mi short todo empapado”, aprovechando su calentura, ya subidos al carro, ella seguía masturbándose con sud dedos, así que aproveché para moverle el calzón y le empecé a meter mano a su rica raja.

    Al sentir la humedad que ella traía, lo cual me puso tan caliente, que me acomodé en el asiento del copiloto y le dije “Cabroncita, aquí mismo te voy a coger”, así que aprovechando que el vehículo estaba estacionado algo lejos de otro vehículo, la subí arriba de mí, le quité el short y la blusa y la puse a cabalgar, no sin antes quitarle las bolas, las cuales salieron todas empapadas de sus fluidos vaginales, así que aproveche el tenerla arriba de mi para estrujar sus ricas nalgas y besar sus bubis a mi total disposición, “uff, mm, que rico, estoy muy caliente” me decía Zandra, yo también me excité demasiado y empezaba a nalguearla sin importarme si le dejara alguna marca, besando sus tetas y chupándoselas fuertemente, así estaríamos unos 5 cinco minutos, así que le dije “Me voy cuñadita, te los voy a dejar ir en su puchita, uff, ahh”, hasta que sentí como un chorro caliente salió de me verga que inundó a mi cuñada en su cueva, diciendo “Tu semen está muy caliente, dámelos todos, ahh, mmm, me tienes loquita”, acabando de irme dentro, salimos del estacionamiento rumbo al hotel.

    Previo a llegar al hotel compramos unos jugos y fruta con yogurt, diciéndome mi cuñada “Paco, quiero que me vuelvas a coger”, yo al verla como caminaba y las contorciones que hizo cuando traía esas lindas bolas chinas, le dije “Nos bañamos primero, porque quiero romperte el culo”, ya saliendo del baño, me frote mi falo con el engrosador de pene y el retardante sin que ella viera, así que nos empezamos a besar y a darnos un buen agasaje, cuando noté, como mi verga crecía y le dije “Zandrita, quiero cogerte por el culo, pero primero quiero darte por tu almeja”, por lo que ella sin problema abrió sus piernas y le dije, “Agarra mi verga, métela por su raja”, “Paco, está súper dura y bien grande y gruesa, me vas a partir” me dijo, “Tu tranquila, vas a ver que tu culito va a pegar con mis huevos”, le respondí.

    Así que opte por tomar mi verga toda grande y gruesa y la coloqué al ingreso de su puchita, y poco a poco empezó a entrar, ella de inmediato notó la diferencia, puesto que me decía “Paco, se te puso muy grande, me vas a matar”, yo sin hacer caso de sus suplicas, y al sentir sus fluidos ya bastantes, de golpe le metí la mitad de golpe, “Ahh, Uff, me partes en dos” gemía, así que tan caliente que estaba empecé a darle duro y constante, hasta que empecé a sentir como mi falo entraba completamente y entraba a la pared donde topaba –matriz- y ella solo alcanzaba a seguir gimiendo “ohm, para, me abres, agg, mmm”, así que después de estar dándole así unos 10 minutos, sentía como escurrían sus líquidos vaginales, la acomodé de perrito, y posesioné bien mis manos sobre sus caderas y empecé a meter primero un dedo, después el segundo, y ya estaba tan caliente que no esperé en meterle el tercero, para acomodar la punta de mi verga en la entrada de su ano, y empecé por penetrarla poco a poco hasta que sentí como la mitad ya la tenía adentro, solamente ella alcanzaba a decir “ahh, uff, me estas rompiendo el culo, por favor hasta ahí nomás”.

    Ante tal suplica, yo me excité como nunca y en cada empuje iba metiendo más y más mi falo, ella trataba de quitarse, pero la tenía bien sujeta, así que después de varios intentos mis huevos pegaban con sus nalgas, ya para ese momento ella me pedía que me quitara y gemía “Para por favor, me duele, tu verga está bien gruesa, uff, mmm, ayy, me matas”, a lo cual yo quizás así la tuve alrededor de unos 20 minutos, ambos sudábamos al por mayor, hasta que durante ese lapso, me dijo “Paco, que rico me estas cogiendo, dámelos todos en mi culo”, así que después de un rato más yo exclamaba, “”Uff, Zandrita estas hecha una diosa, ahh, me voy” así que solo empecé a sentir como borbotones de semen salía de mi verga que inundaba su rico ano.

    Estas intimidades las tuvimos no solo esa semana que estuve en Guadalajara, sino con posterioridad, cuando por azar del destino o porque ella lo quería se fue a vivir por un año a Colima y de lunes a viernes durante ese año, mientras Javier estaba en Guadalajara y solo iba a verla los fines de semana, de hecho cuando escribo esta historia, fui hace algunos días a Guadalajara con mi familia, sin embargo nos ingeniamos para volver a coger, pero eso será parte de otro relato.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 16)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 16)

    Cuando formé un puño con mi mano y una verdadera masacre con mi mente, Fabián volvió a golpearme. Esta vez casi sin fuerza, como un suave roce algo molesto. Y aunque no lo hizo sobre mi ojo, sino más bien sobre mi mentón, volví a percibir la sensación de otro flash en la retina. Pero esta vez me invadió un recuerdo algo diferente.

    Sintiendo el sabor de un poco de sangre entre los dientes, me vi, como si fuese una película en cámara rápida, corriendo alrededor de una mesa, con una torta en el medio. Habían pasado más de quince años de aquel cumpleaños, pero en ese momento lo recordé con total claridad.

    Mi prima había venido especialmente y de regalo me había traído dos paquetes de figuritas de un álbum de futbol que tenía en aquel entonces. De esos que al llenarlos los cambiabas por una pelota.

    Recuerdo haber pensado que era una amarreta. Que sólo dos paquetes de figuritas me regalaba. Hasta que abrí el primero. Una figurita de Boca. Luego otra. Y aunque el sobre decía que traían cinco, vinieron siete. Todas, absolutamente todas de jugadores de Boca. Y de tanta alegría comencé a correr alrededor de la mesa. Lo abrazaba a mi viejo y no podía dejar de repetirle: “Todas de Boca. ¡Todas de Boca, papá!”.

    Eso que sentía, queridos amigos y amigas, entiendo hoy, que también era felicidad.

    Y cuando abrí el segundo, ni se imaginan. Otra de Boca. Y otra. Y otra. Esta vez sí eran cinco. Y la última: la del Bati. No sé si era la “difícil”. Pero era la de mi ídolo, y hasta ese instante no la tenía.

    Mis amiguitos aplaudían, sin tampoco poder creerlo. Ahora correr alrededor de la mesa era poco festejo para la sensación que recorría en mi cuerpo. Me subí a la mesa y empecé a patear todo, como si Batistuta fuese yo. Mi vieja, que estaba contentísima por verme así, me dejó hacer el quilombo que quisiera. Era mi cumpleaños y mi prima me había dado el regalo más importante de mi vida. Pero al ratito me quiso bajar.

    Otra vez Julia salió en mi defensa y se subió a la mesa conmigo. Nos abrazábamos, saltábamos y hasta gritábamos goles imaginarios. Uno de los pibes del colegio que había invitado se quiso subir también a festejar y mi prima lo bajó de un empujón que lo dejó tirado, llorando, agarrándose la cabeza, en el suelo entre dos sillas.

    Le costó muchos años a mi inocencia de pibito entender que no había sido suerte. Que Julia se había gastado todos sus ahorros para comprar tantas figuritas como fuesen necesarias para completar los sobres, que con mucho cuidado había abierto para volver a llenarlos y cerrarlos prolijamente, sólo con las de Boca. Y la del Bati.

    Y entonces desarmé el puño. Fabián lo vio. Lo notó al instante y cayó rendido, llorando, sobre mi pecho.

    -Perdoname. –me dijo dos veces. O tres.– Estoy desesperado –aclaró luego, aunque no hacía falta.

    Con paciencia lo saqué del bar. Le indiqué con un ademán a Julia que me deje a mí. Que yo lo sacaba de allí. Que yo me encargaba.

    -¿La querés recuperar? –le pregunté en la puerta.

    El flaco no paraba de llorar, ni de pedirme disculpas. Pero aunque la pregunta que le había hecho era retórica, necesitaba que me preste atención. Esta vez puse mis manos en sus mejillas y le levanté la cabeza para que me mire a los ojos, y como para que reaccione, lo cachetee apenas.

    -¿La querés recuperar? –insistí.

    Ahora me dijo que “si”. Había querido decir más cosas, pero no lo dejé.

    -Haceme caso. Hace exactamente lo que te digo, si la querés recuperar – le ordené, volviendo a cachetearlo cuando quería bajar la cabeza. – Exactamente. ¿Me escuchaste? Exactamente.

    Fabián no necesitó ningún estímulo aparte. Su atención estaba enfocada totalmente en mis palabras.

    -Anda a tu habitación. Bañate. Ponete la mejor ropa que tengas. Y nunca, pero nunca más vengas a hablarle. Que piense que ya la superaste.

    De reojo vi que Julia caminaba hacia nuestro lado, por lo que tuve que apurar el consejo.

    -Y si te vas a quedar en la barra todo el día, hacelo con una sonrisa. Que Julia crea que te estas sintiendo mejor, incluso sin ella.

    Fabián solo afirmaba con la cabeza. Y cuando mi prima estaba sólo a unos pasos de alcanzarnos, supe que tenía tiempo para solamente un consejo más. Y que debía aprovecharlo.

    -Y no hables con el pibe que sirve los tragos. Habla con la piba. – le dije.

    Le di una cachetada amistosa, un poco más fuerte que las anteriores y le dije que se vaya. Cuando mi prima me tocó el hombro, el pelotudo que no me invito a su fiesta la saludo con la mirada y se fue. Julia ni le respondió. Metió uno de sus dedos en la boca y lo sacó para frotármelo en la comisura de mis labios, para tratar de sacarme una mancha de sangre seca. Cuando hablé para que se tranquilizara, vio también que tenía sangre en las encías.

    -¡Mirá lo que te hizo este hijo de puta! –exclamó.

    Yo simplemente la tomé de las manos y le dije que no importaba. Que ya estaba todo solucionado. Cuando me estaba por preguntar que le había dicho, o que había sucedido, exigí que volvamos al cuarto, que ya no aguantaba ni un minuto más sin chuparle la concha. Ella sonrío a medias y la curiosidad se le esfumó del rostro producto del deseo.

    En el ascensor tuvimos compañía. Una vieja con mirada juzgona nos impidió meternos mano o besarnos con las ganas que teníamos. Nuestra respiración agitada no hacía otra cosa que calentarnos aún más perversamente. La campanilla que indicaba que estábamos en nuestro piso, parecía no sonar nunca. La rajita de la conchita marcándose bajo el jean de mi prima llamaba a mis dedos de manera desesperada. Hasta que sonó. Casi corriendo llegamos a nuestro cuarto y apenas se cerró la puerta, tal cual estaba pactado, Julia volvió ser mi putita.

    Sin importarle nada más, me besó para limpiarme los dientes, esta vez con su lengua. Veloz y torpemente, mientras le desabroché el pantalón y le metí la mano debajo de la bombacha para acariciarle la empanada que estaba hecha sopa de las ganas de tener mi pija adentro. La campera, la musculosa y el corpiño le volaron del cuerpo en dos patadas y así como estaba, en tetas y el jean desabrochado, se arrodilló para dejarme la verga también en libertad y ponérsela sin pensar, toda adentro de la boca.

    -Gaag. Aagg. Agg. Empujame más. –dijo al ratito– Cogeme la boca. Cojele la boca a la chupapito de tu prima. Gag. Gagg. Aggg.

    La tomé del pelo y cumplí su orden. Julia abrió la boca lo más grande que pudo y a la fuerza se la llevé hasta el fondo de su garganta. Los chorros de saliva caían al suelo. Yo sólo la soltaba cuando me golpeaba las piernas, para darme a entender que necesitaba respirar. Tomaba aire, tosía un poco y abría nuevamente la boca bien grande, para comerme la pija entera. Cuando comenzaba a atragantarse, tal cual me había dicho, la empujaba tirándole del pelo para que le entre un poco más.

    Cogiendole la boquita de esa forma, a mi ritmo, a lo bestia, me sentía el gran macho argentino, mientras ella, en cambio, se sentía la más putita del planeta entero. Y los dos nos saludábamos en la puerta del paraíso.

    Todavía tomándola del pelo, la hice ponerse pie. Me moría de ganas de besarla. Como nunca. Era mi lengua ahora la que recorría todo su paladar, jugando a enroscarse con la de ella. Liberé una mano de su cabeza para desabrocharle el pantalón completamente y comencé a bajárselo, hasta dejárselo por las rodillas. De vez en cuando mi prima amagaba con agacharse porque quería tener más gusto a pija, pero de un tirón de cabello la devolvía a su lugar, que era, esta vez, mi boca. Y aunque la pasión que me despertaba esa situación, aquel beso, me carcomía la mente de lujuria, la empujé sobre el colchón, para que quede a mi merced. Muerto de ganas de chuparle la concha, de embadurnarme los labios y toda la cara con los fluidos de mi prima.

    Terminé de quitarle el pantalón y al verle la bombachita tan mojada, toda manchada por el jugo de su almeja, decidí dejarse la puesta. Llevé mi cabeza entre sus piernas abiertas, le hice la tanga a un lado y me dispuse a disfrutar de ese manjar que estaba comenzando a extrañar. A las dos lengüeteadas que recibió en el clítoris mi prima acabó, dejándome la cara completamente sucia por su concha. Pero no me dejó salir de allí, ni siquiera cuando su orgasmo terminó del todo.

    -Chupame más. Chupamela toda. – me pidió.- Comeme toda la concha de nuevo.

    Y así lo hice. Por un largo rato me dediqué a explorar cada centímetro de su vagina con mi lengua. Tanto por fuera, como por dentro. Metersela y dejarla un ratito para sentir el sabor de su interior, nos hacía retorcer del placer a ambos. De vez en tanto me salía darle un suave beso antes de lamerla con fuerza, de recorrerla con mis labios, de penetrarla con la boca lo más profundo que podía o succionarle el clítoris para dejárselo bien, pero bien mamado. El olor concentrado que venía de su bombachita sucia, me incitaba a no parar. A seguir por siempre, de ser necesario.

    Su segundo orgasmo, tampoco le fue suficiente. Esta vez se acomodó para hacer un sesenta y nueve y la electricidad que recorría por mi mente me pareció un relámpago de deseo golpeándome justo en el cerebro.

    Chuparle la conchita mientras me mamaba la pija era de esas cosas que sin dudas podríamos haber estado haciendo días y días, semanas y semanas enteras, sin frenar. Ni por hambre, ni por sed. Sólo comiendo y bebiendo nuestros sexos, por días y días. Sentir la presión de sus labios rodearme la poronga, para bajar y subir, a veces suave y otras más violentas, mientras mi boca se llenaba cada vez más de su sabor más íntimo, era sencillamente hermoso. Era disfrutar de una verdadera paja sólo con su boquita y el intenso sabor de su almeja en la mía.

    No sé cómo tuve la frialdad para sacársela de la boca, pero lo hice. Estaban ahora desbordándome las ganas de cogerla. Me puse encima de Julia y cuando le apoyé la cabeza del pene en su concha, cerró las piernas y se dio vuelta.

    -La cola. – me dijo – Haceme la colita un poco, antes de cogerme.

    Sin decirle nada, le abrí las nalgas con una mano y con la otra acomodé el glande en la entrada del orto. Tire un escupitajo que cayó en el centro de su ano y le presioné la cabeza del pito, de a poco, para que se vaya dilatando.

    -Levanta el culito, que te la meto entera- le indiqué.

    Julia lo hizo y cuando la punta abrió su esfínter, con mayor facilidad que las veces anteriores, aunque ahora tenía las piernas cerradas, me dejé caer sobre su espalda, para que le entre toda.

    -Ahh. – dijo esta vez. Luego sólo gemidos acompañaron a mi pija mientras le entraba y salía, lentamente, del culo.

    Acomodé mi cabeza para poder besarla. Me encantaba besarla mientras le hacía la cola. Aunque la penetraba despacio, sintiendo el calorcito y las apretadas que me daba el orto de mi prima, sentía que iba a acabar en cualquier momento. Hasta ya podía visualizarle otra vez las piernas chorreando el semen que escapaba de su colita recién cogida.

    -Que domadita me dejaste – soltó entre suspiros. – Yo solita pido la chota en la cola ahora. – acotó después, al mismo tiempo que me quedaba quieto con la verga en el fondo de su intestino, para no eyacular y dejarle tiempo a mi excitación para que me espere. Teniendo en mente el objetivo de cogerla por todos sus orificios en la misma garchada, y para lograrlo me faltaba todavía su conchita.

    Le bombeé el orto unas cuantas veces más y lo retiré, para que se dé vuelta.

    Finalmente le quité la bombacha y sin más preámbulos le puse el pito en la concha. Ahora los gemidos nos salían a los dos sin pensarlos. Nos encontramos disfrutando nuevamente del morbo de un incesto que ya nos parecía tan habitual, tan maravillosamente común. Tan, valga la redundancia, familiar.

    El éxtasis me invadió al notar que la conchita de mi prima ya estaba tan ajustada al grosor de mi pija, siempre tan lubricada por cualquier fluido que salía de nuestros cuerpos. Y al segundo de que ella tenga otro orgasmo más, ya no pude contener el mío. La explosión de leche le llenó esta vez el útero. Julia me abrazó con fuerza, para que no me salga de su interior. Le encantaba sentirse penetrada por su primo. Sentirme la pija achicarse, todavía dentro de su cuerpo.

    Seguía diciéndome en el oído lo bien cogida que se sentía. Preguntándome una vez tras otra si me gustaba cogerse a la puta petera culoroto chupapija tragaleche de mi prima. Y dejándome como respuesta posible, una síntesis de todo el diccionario de la real academia española en una sola palabra: sí.

    Cuando se fue a bañar, me detuve otra vez para mirarla caminar desnuda. También me hacía delirar la mente el verla buscar su ropa, la toalla, elegir a penas la bombacha y el corpiño para cambiarse. La excitación que me provocaba verla en ese tipo de situaciones tan “de entrecasa”, de golpe se sintieron más profundas. Incluso ver su bombacha de encaje blanco secarse, colgando en la llave del agua caliente de la ducha, tras haberla lavado a mano para quitar las manchas que había dejado la desvirgada de su ano. Sin dudas me comenzaba a tentar cada vez más la idea de que sea así por siempre.

    Si Julia volvía a vivir conmigo, esta vez pondría una regla de que solo se podía andar en bombacha por la casa. Cocinar, lavar la ropa, mirar la tele, trabajar con la computadora. Todo se haría con la cola al aire. Pensaba que sería tan hermoso tenerla siempre entangada para manosearle el culo cuando quisiese, que hasta la idea me asustaba un poco.

    Pero al rato cambié la calentura por unas líneas de tristeza, porque por más tentador que sonase, ese plan parecía ser imposible. No sabía si tendría las agallas necesarias para convencerla de eso y hacerle perder al amor de su vida. Por primera vez mi mente se encontró en una terrible paradoja que no tenía solución. Horrorosa, más que tenebrosa.

    Mientras elegía un pantalón deportivo para ponerse al salir de la ducha, pensé en que tal vez podríamos ser amantes. Que su vida entera disfrute del amor, y que su conchita disfrute de mi pija. Pero era más imposible aún. Julia era la mina más fiel que podía existir sobre el planeta Tierra. Eso era otra ley. Irrompible. Me dolía saberlo.

    Pero la mezcla entre la presión de semejante decisión que debía tomar en unos días, cuando el viaje se termine, y la conciencia tranquila, no pudo contra el llamado desde la ducha que recibí, porque mi prima quería pis en el culo.

    Me levanté y me la fui a coger bajo el agua, sin dudar. Otra vez por sus tres agujeros. Con el agregado de la orina, que fue a parar a su estómago. La leche la quiso las tetas. Y aunque la lluvia la diluyó rápidamente, me fascinó.

    Nos quedamos un rato más con las gotas golpeándonos el cuerpo desnudo, mientras nos besábamos, lamiamos y manoseábamos todo lo que teníamos a mano.

    -¿No tenés ganas de mear más? – preguntó luego.

    Le dije que recién le había vaciado la vejiga en la boca, que no sabía si podría mearla de nuevo. Que me espere un rato.

    Julia sonrió de la forma que más me excitaba y todavía con el agua de la ducha cayendo sobre su pelo, se agachó y se puso en cuatro sobre el suelo. Se abrió los cachetes de la cola y me hizo arrodillar para penetrarla.

    -Ponela en la cola mientras esperamos. – dijo, con la vocecita de nena inocente que le quedaba tan bien al pedirme que le rompa el culo.-Y cuando te den ganas de hacer pis, no la saques. Meame adentro. – agregó, cuando sintió el glande ingresar por su ano.

    La idea me cautivó por completo. Me quedé entonces haciéndole la cola una vez más y cuando sentí que ya podría dejarle una buena cantidad de meo, me dispuse a hacerlo.

    Y si la idea me había cautivado, la realidad, directamente, me había esclavizado. La sensación de mi pija hincharse para soltar chorro tras chorro de pis adentro del culito de mi prima, merecería un capítulo aparte. O un tomo entero.

    Cuando la saqué, casi sintiendo un orgasmo sin eyacular, gran parte de mi meada se escurrió entre sus nalgas. Julia se puso de pie, se abrazó con sus piernas a mi cintura y la verga se deslizo solita hacia su útero. Ella también se sentía una perra. Mi putita personal, mi prima degenerada, mi juguete saca-leche. Mi perversa esclava sexual.

    Tuvo un orgasmo más cuando sintió el lechazo golpearle la conchita desde adentro. Ni sabía ya cuántos orgasmos nos habíamos dado, mutuamente, en poco menos de una hora. Ni cuántos más tendríamos a la siguiente.

    Lo que sí sabíamos era que en un par de días ya no tendríamos más, y el terror ahora parecía invadirnos a ambos, no sólo a mí. Era sin dudas un tema que debíamos solucionar, dejar la vida entera para solucionarlo, porque ninguno de los dos sabía cómo podríamos tener una vida normal y a la vez cogernos cada vez que quisiésemos. Eran dos cosas que no podían ir de la mano. Sí o sí teníamos que resignar una de las dos opciones. No podíamos vivir sin una vida normal. Pero tampoco íbamos a poder vivir ignorando el deseo y el morbo que sentíamos el uno por el otro.

    Julia se puso la bombacha, el corpiño y el pantalón que le había visto elegir, agregó una remerita y la misma campera de cuero que había llevado a la fiesta. Cuando ya estaba completamente vestida, me dijo que haga lo mismo. Que vayamos a recorrer los bares para conseguir bebidas. Aunque la ropa no le hacía mucho juego esta vez, me era imposible dejar de mirarle el orto con los elásticos de la tanga marcándoseles bajo el jogging.

    En la misma barra, pero en diferente silla, ya saben a quién encontré. Otra vez lo miré de lejos y resigné la latita de cerveza, para que él no me vea a mí. Se había bañado, afeitado y vestía un traje negro, una camisa blanca y la corbata azul. Parecía recién salido de Wall Street. Y tal como le había indicado, ahora estaba del otro lado de la barra, hablando con la mina que servía los tragos. Fabián había exagerado un poco con la elegancia, pero me había entendido, por lo que me fui sin decirle nada.

    Al volver al cuarto y reencontrarme con mi prima, lo primero que me dijo fue que Fabián estaba “distinto”. Le dije que sí. Que yo también lo había visto.

    Luego se desvistió para quedar solamente entangada sobre la cama, y me llamó. Me abrí una latita, le abrí una a ella y me fui a acostar a su lado. Me asombró cuando rechazó la cerveza, pero no tuve ni ganas de preguntarle para qué carajos, entonces, había propuesto ir a buscarlas.

    Como ya sabía que me quería chupar la pija, me la saqué del bóxer y chasqueé los dedos para señalarle luego en donde debía poner la boca. Obediente como ella sola, me comenzó a mamar la verga un segundo después.

    Esta vez lo hacía con cariño. Se la tragaba hasta donde podía, cabeceaba apretándomela un poco con sus labios, luego la lamía, lamía los testículos un buen rato y la besaba. Repetía el esquema, aunque alternaba el orden a su antojo. Pero en una de esas veces que la quitó de su boca, comenzó a charlar.

    -Pensé que lo ibas a matar cuando te golpeó. –dijo, esperando una respuesta para intentar develar, aunque sea un poco, el misterio que había generado Fabián con su cambio de look y de actitud. Luego volvió a mamar como si nada.

    Le respondí que yo también. Y aunque sabía que lo que en realidad estaba haciendo, además de petearle el pito a su primo, era intentar “chequearlo”, le amplié la respuesta diciéndole que no lo maté porque se había ganado mi respeto. Que sin duda alguna, Fabián, había tenido que tener mucho coraje para golpearme, sobretodo siendo el cagón que era. Y el coraje merece respeto.

    Esta vez fue ella quien me hizo el gesto de “más o menos” con la mano, todavía con la pija en la boca.

    -¿Qué le dijiste para que nos deje tranquilos? – preguntó un segundo antes de volver con el pete.

    -Que te dé por perdida. Que ya estaba. Que haga su vida, porque él que ya no tenía chances con vos. – le mentí.

    Julia terminó la conversación con un “Y… sí”, simulando una mirada pensativa. Al rato se puso de pie y me pidió que vaya a buscarle algo de comer.

    Me quejé un poco sobre cómo podía ser tan cruel de mandarme al comedor con la pija así de parada y me dijo que vaya, que así era mejor, que me vendría bien acumular ganas para cogerla a la vuelta. Algo de razón tenía.

    Volví con cuatro sanguches que yo mismo había armado, pero casi se me caen al piso cuando entre al cuarto y vi a mi prima acomodando su celular sobre una especie de trípode, apuntando a la cama.

    -Nada de fotos en una fiesta privada, July. Es una regla. Nada de fotos.

    Julia me sonrió y me pidió que no hable más al pedo. Que era para filmar una cosa especial. Que después de ver el video lo borrábamos y punto, si estaba tan ofendido.

    Luego se acostó y con una palmadita sobre el colchón me indicó que vaya a su lado.

    -Me tome dos pastillas para dormir. – me dijo – Tranquilo que las uso siempre. Voy a quedar completamente dormida para que me hagas lo que quieras. No dejes ni una perversidad sin hacerme, ni que yo haga.

    Agregó, con palabras apagadas, que filme todo. Que al otro día quería ver el video entero mientras me peteaba el pito. Me repitió que valía todo y que sólo había una regla: que la cuide. Luego remarcó que cualquier morbosidad que surja de mi mente, la lleve a cabo con su cuerpo inconsciente.

    Lo repitió una vez más, esta vez haciendo mucho énfasis en la palabra “cualquier”.

    Y se durmió profundamente.

    Enfrente tenía el cuerpo de Julia todo para mí, para mis deseos, para todo lo que quisiese.

    Las dos o tres primeras ideas que vinieron a mi imaginación para hacer esa noche, llegaron a asustarme incluso a mí.

    Y aunque algunas rozarían el límite de la legalidad, estaba decidido a hacerlas.

    Sintiendo otra vez al monstruo apoderarse de mi piel, dejé los sanguches en la mesita de luz y comencé.

    Me acosté a su lado a hacerle el culo abrazándola desde atrás. Al instante me puse de pie para metérsela en la boca. Y luego me dispuse a acomodarla de perfil a la cámara, para que ella se vea mejor al otro día. Al correrla la noté pesadísima. Realmente estaba dormida tan profundamente, que parecía estar moviendo un cadáver. Le apoyé el pecho en el borde de la cama que daba al balcón y las rodillas en el suelo, puse una almohada bajo su vientre para levantarle la colita y volví a meterle el pito hasta el fondo. Y a pesar de que se la metí con fuerza y en seco, Julia ni chistó.

    Al rato de estar bombeándole el orto, recordé sus palabras: “Que un extraño me coja dormida. Me meta mano y se aproveche”. Y sentí otro escalofrío bajando desde mi mente hasta la punta de los pies.

    Volví a ponerme de pie y antes de ponerle “pausa” a la cámara de su celular, solté unas palabras, con mi rostro en primer plano.

    Necesitaba ahorrar espacio y no sabría cuánto tiempo podría estar filmando el cuarto sin movimiento alguno.

    “Es hora de compartir”, dije.

    Y me fui a ver si en el casino del barco encontraba a alguno de esos viejitos verdes de la pileta. Sonreí pensando que el tipo todavía no sabía que mientras la ruleta giraba y giraba, en unos minutos se sentiría haber metido cien plenos seguidos.

    Pero no fue el único ganador. El primer hombre al que se lo propuse estaba con un amigo, y luego se acercó uno que me había escuchado sin querer. Y otro más, con otro amigo. Y así.

    A la hora volví al cuarto con siete machos, de entre 50 y 60 años, desesperados por cogerse a mi prima dormida. Todos casados, viajando con su familia, quienes hasta ese momento creían que solo en el casino podrían tener su momento masculino en tranquilidad.

    Al prender la cámara, volví a hablar en primer plano.

    “Bienvenida a la fiesta del sueño” dije esta vez. Y sonreí con mi mejor cara de diablo.

    Continuará…

  • Mi primera vez en una playa nudista

    Mi primera vez en una playa nudista

    Era un día soleado, de esos que no te puedes quedar en casa y me imaginé estando en una playa en el norte.

    Preparé las cosas y me dirigí a la playa, estaba vacía, era un lunes cualquiera, así que no me extrañó ser el único que se podía permitir pasar la mañana en la playa.

    Además, siempre había tenido ganas de ir a una playa nudista, pero me avergonzaba tener que desnudarme delante de la gente.

    Me desnudé y me tumbé en la toalla, me esparcí crema por todo el cuerpo y disfruté del sol. Al poco rato sentí ruido de pisadas en la arena, abrí los ojos y vi a una chica pasar por mi lado.

    Parecía que no era el único que ese día no trabajaba y podía permitirse el lujo de disfrutar de la playa.

    Se paró a unos metros y dejó sus cosas, me dio mucha vergüenza que me viera desnudo, pero pensé que ya estaría acostumbrada si era habitual de las playas nudistas.

    Así que me relajé y la observé. Llevaba un vestido largo, que con la brisa del mar no dejaba de moverse, el sol por detrás de ella hacía que se le transparentaban sus largas piernas.

    Un pañuelo en la cabeza y unas gafas de sol impedían que pudiera ver bien su rostro. Pero eso duró muy poco, porque se quitó las gafas y el pañuelo dejándome ver sus preciosos ojos y su larga melena negra que ondeaba con el viento. Pasó sus dedos por los cabellos para desenredarlos, la imagen me pareció ir a cámara lenta, como en los anuncios de champú.

    Después se quitó el vestido y descubrí que no llevaba nada debajo, sus pechos y su sexo quedaron expuestos a los rayos de sol.

    Era algo más baja que yo, con curvas, con pechos firmes que apuntaban a las pocas nubes que había en el cielo.

    Dejó el vestido junto a su bolsa y se sentó en la toalla, sacó una botella de crema solar y se esparció un poco en las manos.

    De las manos se lo esparció por los pechos, veía como se movían con el roce de sus manos, untándolos de crema sin dejarse un centímetro de piel.

    Después se puso por el vientre, por los hombros y los brazos. Volvió a coger la botella y se esparció un poco más en las manos. Ahora se untaba los muslos, recorriéndose las piernas desde los pies a las caderas. Por último, pasó sus manos entre sus muslos, abriéndolos para abarcar todos los rincones hasta llegar cerca de su sexo, el cual no podía ver desde mi perspectiva, pero podía imaginármelo abrasado por el calor y refrescado momentáneamente por la sensación de la crema.

    Con un poco de crema en la cara terminó la acción y guardó la botella en la bolsa. Se tumbó boca arriba dejando sus pechos y su vello púbico enmarcados en mis retinas para la eternidad.

    Mi excitación era tan evidente que tuve que darme la vuelta para que la chica no la notara. Seguí observándola disimuladamente.

    A los pocos minutos se incorporó y fue hacia el agua, la seguí con la mirada observando el roce de sus muslos al caminar, sus pechos moviéndose a cada paso.

    Cuando me dio la espalda vi sus glúteos, sus caderas contoneándose, quise poseerla en ese preciso instante. Llegó hasta el agua, mojándose los pies hasta los tobillos entonces se inclinaron para mojarse las manos, al inclinarse me mostró aún más su culo, cogía un poco de agua con las manos y se lo echaba por sus pechos.

    El agua resbalaba por su cuerpo refrescándola, por su vientre y por su sexo, hasta terminar en el agua recurriendo sus largas piernas.

    Una vez que su cuerpo disminuía de calor se incorporó despacio en el agua. Paso a paso veía como su cuerpo desaparecía en el agua.

    Nadaba como una sirena, moviendo sus piernas para no hundirse, se sumergía mojando sus cabellos, los cuales quedaban pegados a su cuerpo cuando volvía a subir.

    Nadaba de espaldas dejando salir sus pechos a la superficie, sus pezones erizados por el frescor del agua sobresalían endurecidos.

    Así durante unos minutos apasionantes.

    Después salió del agua, el pelo mojado brillaba con los rayos del sol, caían gotas de todo su cuerpo, deseé ser agua y meterme entre su piel.

    Aquel lunes disfruté de mi día de fiesta, de la playa, del sol, y de una visión que, aunque ha pasado mucho tiempo sigo guardando en mi memoria.

    Así que ya sabéis, si tenéis un día soleado y podéis imaginaros ir a una playa nudista no os lo penséis, quizás tengáis tanta suerte como yo.

  • Primera experiencia lésbica

    Primera experiencia lésbica

    Mi anterior relación duró 1 año, era mi primera relación amorosa, con ese chico perdí mi virginidad. Durante ese corto periodo de tiempo, tuve mucho sexo, prácticamente nuestra pololeo (noviazgo), se basaba en el sexo. Pero nada más allá de lo común, ninguna fantasía, nada morboso, solo sexo tradicional.

    Dejé de sentir una atracción hacia él, ahora estaba más cerca de un sentimiento de amistad, como lo era antes de que comenzáramos a salir. Eso causó que decidiera terminar con él, obvio que le dolió porque según sus propias palabras, estaba muy enamorado de mí. Si bien extrañaba pasar tiempo con él, me sentía bien sola.

    Estuve 5 meses sin nada, ni amoroso ni sexual, solo salía con amigos/as. Hasta que conocí a una chica por Facebook, me llamó mucho la atención, sin duda que me sentía atraída por ella.

    Al tiempo de haber entablado una especie de amistad, había una tensión sexual de ambas, aunque era difícil de asumir, al menos para mí, ya que ella era lesbiana declarada.

    Un día me invitó a salir, recuerdo que fuimos a beber a un bar. Comimos, conversamos y bebimos alcohol. Luego de eso nos fuimos a bailar a una disco. Ahí fue donde después de tanto baile, di mi primer beso a una mujer, se sintió muy extraño, tenía mucho nervio, y ella lo percibió, pero me tranquilizó, lo cual me hizo sentir muy segura. Disfrutamos toda la noche, solo fue ese beso en ese momento. Ya eran pasadas las 5 de la mañana y ella me dice que unos amigos la habían invitado a su casa, ya que uno de ellos estaba de cumpleaños. Me preguntó si quería ir, a lo que contesté que sí.

    Al llegar ya estaban todos ya sentados bebiendo con música de fondo, me presenté, todo bien, el ambiente era muy agradable, seguí bebiendo y fumando un poco. Ya a eso de las 8 a.m. ella se fue a acostar, yo la seguí, nos pasaron una pieza y nos acostamos juntas. Durante un instante nos miramos, yo estaba nerviosa por la situación, ella me gustaba. Mi respiración estaba cada vez más cerca de la suya, podía sentirla, casi podía tocar sus labios con los míos. Y pasó, nos volvimos a besar, pero esta vez, ella comenzó a tocar mi cuerpo y me gustó, dejé que continuara. Llegó un momento en donde siento su mano pasar a dentro de mi pantalón y sus dedos cada vez más cerca de mi vagina. Mi reacción fue decirle que se detuviera que me sentía incomoda… Ella lo entendió, me volvió a tranquilizar, le pedí disculpas porque sentía que de alguna forma estaba siendo algo esquiva pero no podía evitarlo, aunque ella me gustaba, no pude seguir en ese momento. Nos besamos por última vez esa noche y nos dormimos.

    Después de ese episodio, seguimos en contacto y una semana después la invité a mi casa, la casa de mis padres en ese entonces. Dado que estaba sola en ese momento, pensaba que podía ser la ocasión idónea para quizás concretar lo que había evitado esa noche.

    Ella llega, nos saludamos de beso en la boca, fue instintivo, nos reímos, había mucha tensión sexual en ese momento, la invito a pasar al living donde anteriormente había puesto platos con comida, ya que tenía la intención de primero ver una película con ella.

    Mientras veíamos esa película, ya casi al final de esta, la quedo mirando, ella estaba concentrada mirando la pantalla, veía su rostro, su cabello, sus pechos, y sin pensarlo, me lanzo a besarla, ella sorprendida me sonríe, está vez me sentía preparada. Nos besábamos de forma casi desesperada, ella tocaba mi cuerpo, mis pechos, besaba mi cuello, mientras yo disfrutaba del momento.

    Ella estaba sentada en el sofá, yo me subo arriba de ella y me saco la parte superior, ella mira mis pechos y comienza a besarlos y chuparlo. Era una sensación muy grata, sentir su lengua pasar por mis pezones, sentir como con delicadeza los chupaba, me excitaba mucho y ella lo notaba.

    Intento quitarle la ropa lo más rápido posible, estaba muy caliente, quería verla desnuda. Sus pechos eran hermosos, más grandes que los míos, tenía los pezones duros, los cuales comienzo a tocar con mis dedos, acerco mi boca y con mi lengua recorro uno de sus pezones, mientras con mi mano, toco y aprieto su otro pecho.

    Fueron instantes muy excitantes, podría haber estado toda esa noche besando y chupando sus pechos, pero ella me toma y me mueve hacía un lado del sofá, yo me recuesto de espalda y comienzo a quitarme la parte inferior de la ropa. Ella me ayuda con los pantalones y mi ropa interior.

    Completamente desnuda, comienza a besarme los muslos, acercándose a mi vagina. Una vez ahí nota cuan mojada me tenía y siento que introduce un dedo y al mismo tiempo su lengua recorría mi clítoris y mis labios. Yo gemía de placer, me encantaba como me lo estaba haciendo. Sentía como metía dos dedos esta vez y chupaba mi clítoris. La sensación era tan excitante que me cubría la boca para que mis gemidos no se oyeran tan fuerte.

    Le dije que nos fuéramos a mi habitación para estar más cómodas. Tomamos nuestra ropa y subimos, una vez allí, ella se desnuda y me pregunta si quería hacerle sexo oral a ella… Claro que quería, estaba acostada con las piernas abiertas, yo me puse de frente a su vagina y comencé primero, a tocarla con mis dedos, metí uno de mis dedos a su mojada vagina, y no aguantaba más, tenía que chupársela. Me indicaba dónde y cómo tenía que hacerlo, no lo hacía mal, ella gemía cada vez que me pedía que le hiciera algo.

    Nos levantamos y nos besamos, a lo que me dice, juntémonos… Cruzamos nuestras piernas hasta tener nuestras vaginas casi unidas, ese momento era tan excitante, caliente, que me hacía mojar mucho. Ella comienza a moverse, nuestras húmedas vaginas se frotan una contra la otra, no podía evitar gemir de placer, me estaba encantando. Debo decir que ya con su sexo oral, me había hecho acabar, y ahora con frotar nuestras vaginas, estaba cada vez más cerca de hacerlo nuevamente.

    Muy sudadas y mojadas las dos, seguíamos frotando nuestras vaginas, tocándonos nuestros pechos, besándolos y claro, besándonos nosotras. Ella comienza a moverse más y más rápido, lo cual hacer que mi vagina explote de placer y me hace acabar, grité en ese instante y me tumbé de espalda, había sido un orgasmo exquisito.

    Mi primer sexo lésbico había sido espectacular, me había encantado chupar su vagina, me había encantado frotar la mía con la suya, fueron dos orgasmos inigualables.

  • Mi primera vez con 18 años

    Mi primera vez con 18 años

    Antes de comenzar este relato, quiero dejar en claro que lo que contaré de ahora en adelante, son experiencias completamente reales, nada es inventado. 

    Antes había comenzado a experimentar mi sexualidad, llámese masturbación, sin embargo, hasta los 18 años no había tenido sexo con nadie, aunque durante todo ese tiempo me había besado con chicos y chicas. Hasta ese momento de mi vida, el haber besado a hombres y mujeres, era parte de mi despertar sexual, actualmente, me considero bisexual.

    Soy una mujer muy tímida, y en esos años aún más. Con un limitado grupo de amigos, uno de ellos de mi edad. Nos conocíamos de antes, pero nunca había pasado nada entre nosotros, de hecho, él me contaba que andaba con tal o tal chica. Compartíamos gustos musicales, y al igual que yo, este chico era bastante tímido.

    Uno de esos días de verano, él me invita a salir, salida que yo acepto, era un día de semana, un día muy caluroso. Fuimos a un parque, en donde podíamos estar tranquilos, conversamos bastante de la vida, de lo que habíamos hecho años pasados y qué cosas haríamos en el futuro.

    Cuando ya era tiempo de irnos, él me mira y me dice que hace tiempo venía sintiendo cosas por mi… Yo quedé muda, sentí cosas, no puedo negarlo, sentía vergüenza, era una especie de calor en mi cuerpo, la cual se reflejaba en la tonalidad rojiza de mi rostro. Me dice que no le responda nada ahora, que lo piense y le diga mi parecer cuando me sienta preparada. La verdad, tampoco tenía mucho que decir, había quedado sin palabras.

    Ya en casa, me había quedado con sus palabras durante todo el viaje, estaba confundida, desde ese instante no podía dejar de pensar en él como un simple amigo, ahora lo veía como alguien de mi gusto, cosa que nunca lo había sentido durante los años que lo conocía.

    A los días de su confesión, decidí hablarle… No tenía idea qué decir, pero al mismo tiempo, tenía muchas dudas e interrogantes. Lo llamé y le dije que había pensado lo que me había dicho y quería que se explicara mejor, que me dijera más detalladamente que sentía por mí. Sin mucho titubeo, él me dice que desde que nos conocíamos me encontraba atractiva, pero ese último tiempo, comenzó a sentirse enamorado.

    Sus palabras me volvieron a descolocar, tal como lo había hecho aquel día que me lo confesó. Le respondí que sus palabras me hacían sentir cosas, pero no tenía claro qué.

    Después de esa segunda conversación, decidí afrontar mis miedos y confusiones y le dije que me atraía, pero aún no sabía si eso era enamoramiento, pero quería intentarlo…

    Comenzamos a salir oficialmente, y cada vez él me gustaba más. Aún no teníamos sexo, yo lo evitaba, llevábamos juntos a penas 1 mes, así que siempre decía que no me sentía preparada. Él no era virgen, ya había tenido dos parejas sexuales.

    Deben haber pasado 2 meses más, cuando una noche estábamos en su casa viendo una película. Él comienza a tocarme, su mano se paseaba por mi muslo, desde arriba llegando hasta casi mi cadera y luego la bajaba casi hasta la rodilla. Nos besábamos y acariciábamos, hasta que comenzó a tocar mis pechos. En mi cabeza, sentía que ya era momento de dar el paso, tenía ganas y era la ocasión ideal. Después de las caricias, él me pregunta si me sentía preparada, a lo que yo respondo que sí. Me sentía preparada para el momento, aunque con los nervios normales de tal situación.

    Fuimos a su habitación, nos tumbamos en su cama y seguimos besándonos y tocándonos. Él toma mi mano y la dirige hacia su pene, aún estábamos con ropa, por primera vez sentía su pene por arriba de la ropa, se sentía duro. Mientras nos besábamos, yo seguía acariciando su pene por encima, al mismo tiempo, el tocaba mis pechos y mi vagina. Sentía un calor por mi cuerpo, sentía como mi vagina se humedecía cada vez que el pasaba su mano por encima de ella.

    Llegó el momento que el comienza a sacarse la ropa, mientras yo estaba sentada, con una mezcla de sensaciones, estaba nerviosa y caliente. Veo que él se quita su polera y solo queda en ropa interior. Mi mirada inevitablemente se fue hacía esa zona, tenía su pene erecto, casi saliéndose del bóxer. Él se acerca a mí y con algo de duda me pide que le chupe el pene…

    Nunca lo había hecho, nunca había tenido un pene tan cerca de mí. Le digo que recuerde que nunca lo había hecho antes y que quizás no le iba a gustar. No le importaba, solo quería que lo hiciera. Yo sentada a la orilla de la cama, el se pone frente a mí, lo miro y le bajo la ropa interior. Su pene erecto estaba frente a mí, no sabía qué hacer, solo lo tomé y comencé a masturbarlo y tocar sus testículos.

    Acerqué mi boca a su pene y me lo metí, intentaba realizar lo que había visto en más de una película porno. Besaba y chupaba el glande, luego pasaba mi lengua por el tronco hasta llegar a sus bolas, besaba sus bolas mientras lo masturbaba. Oía como gemía de placer, eso me hacía sentir bien y al mismo tiempo me calentaba. Me gustó chuparle el pene, su sabor, sentir como palpitaba y como él lo movía, me estaba calentando demasiado.

    De un momento a otro, me levanta de la cama y me besa, comienza a sacarme la ropa. Yo en ese momento, ya estaba entregada, me quedaban pocos nervios, todo se había transformado en calentura.

    Yo completamente desnuda al igual que él, me tumbé en la cama, mientras él se ponía un condón, por primera vez iba a tener un pene dentro de mí. Mientras hacía su ritual con el condón, yo tocaba mi vagina para asegurarme que todo estuviera en orden de alguna forma. No iba a ser de otra manera, mi vagina estaba muy mojada.

    Tenía a mi pololo (novio) arriba, mi corazón se aceleraba, sentía su piel junto a la mía. Me besa y pregunta si estaba preparada… Le señalo que si lo estaba. Miro hacia abajo y veo como toma su pene y comienza a introducirlo poco a poco. Costó al principio, a pesar de estar completamente lubricada, sentía como su pene abría mi vagina intentando entrar. No sentía dolor, ni placer, era incomodo de momento.

    Después de algunos intentos, sentí su pene completamente dentro de mí, como sus bolas me golpeaban mientras su pene entraba y salía. Ya era una sensación entre placer e incomodidad.

    Ya pasados varios minutos en esa posición, él se recuesta en la cama, yo me siento arriba suyo. Me inclino un poco y tomo su pene y comienzo a introducirlo lentamente en mi vagina. Esta vez, entra sin mayor problema. Ahora si estaba su pene completamente dentro de mí, apoyé mis manos en su torso y comencé a moverme.

    La primera posición me gustó, pero en esta, donde estaba completamente a cargo, sentía mucho más placer. Podía moverme de acuerdo a lo que me iba gustando y lo que iba sintiendo, eso me hacía soltar uno que otro gemido. Fue el momento de mayor placer, movía mi cintura de un lado a otro, hacia adelante y atrás, daba algunos saltos arriba de su pene. Hasta que él toma mi cintura y la aprieta, suelta un gemido, supe que había acabado.

    Me sentí muy bien haberlo hecho acabar. Me quito de encima y me recuesto a su lado, no nos dijimos nada. Todo lo que se oía, era una respiración acelerada por parte de los dos. Mi mente volaba, había sido mi primera vez, y aunque no tuve un orgasmo, si lo sentí placentero, quería volver a hacerlo una y otra vez.