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  • La mujer de mi hermano

    La mujer de mi hermano

    Mi nombre es Mariela, tengo 29 años, soltera aun, Doctora en economía, no he tenido parejas mucho tiempo, pero confieso que me atraen las mujeres, hoy en día no es ya sorpresa para nadie.

    Alguien que me cautiva muchísimo, es mi cuñada Florencia, casada con mi único hermano Julián, tres años mayor que yo, a quien adoro,.

    Mi cuñada tiene 22 años, es muy linda chica, diría que es un bomboncito, y ahora con su embarazo de 6 o 7 meses, creo que está a punto, tiene esa sensualidad características de las preñadas, lo único que es bastante recatada, pero siempre he intentado romper con esa candidez, que con el tiempo lo voy logrando, empezando a ser bastante compinches.

    Por supuesto que nunca he intentado algo, a pesar que me encantaría hacerlo, por mi hermano y fundamentalmente evitar un posible escándalo familiar.

    Nos vemos relativa poco, aunque todos los fines de semana nos reunimos a almorzar en casa de mis padres o en los de la suya, ese ritual en donde nos juntamos 8 o 10 personas, siendo un encuentro muy placentero.

    El domingo anterior pasó algo inusual, Flor cada tanto me observaba, o me sonreía, algo no común en ella, debo dejar aclarado que ese día estaba especial, no sé, tenía un atractivo fuera de lo habitual, distinto o si era yo, que me imaginaba, pero emanaba una cierta sensualidad, si era su vestido, su estado de fecundidad, si estaba tratando de atraerme, no sé.

    Solo me acerque, y me tenté de decirle:

    “Estás para comerte”

    “Estúpida” me contesta, con una sonrisa muy pecaminosa, al punto que mi hermano captó algo, diciendo

    “Pasa algo entre Uds.”

    “No seas pelotudo “le contesto, aclaro que soy bastante zafada en algunos momentos.

    “Nunca se te puede decir nada” me contesta de mal talante.

    No pasó más nada, solo en un momento de la reunión le toqué el culo a mi cuñada, dándose vuelta para tirarme un beso, muy cálidamente, no puedo negar mi atracción hacia ella, percibía algo, al punto de que cuando nos sentamos a almorzar, le toqué su pierna, hasta su entrepierna, a pesar de tener pantalones, pero no hizo ademán de molestarle.

    En un momento la digo:

    “La verdad es que estas buenísima, si te agarro te hago mear leche”’

    “Sos una loca!!!” me contesta, sonriente por mi ocurrencia o piropo, por supuesto sabe mi tendencia, pero siempre ha sido un juego de palabras, y de ahí no ha pasado. Casi cuando ya nos íbamos, me comenta que tiene, un pequeño problema, que le gustaría conversarlo conmigo, en algún momento. A pesar de preocuparme, traté de indagar, de que se trataba, si era algo grave, pero solo me contestó con monosílabos, pero que no era nada problemático, más que nada, una opinión. Me quedé con esa intriga, aunque no parecía nada demasiado importante.

    Días después me llama para decirme si podía venir a casa, le confirme y cerca de las 6:30 pm. el timbre de casa anunciaba su presencia. Nos sentamos en la sala, charlamos sin entrar de lleno, en su desconocida problemática, inconveniente, que después de estar indagando, logró decirme algo, que dio vueltas con titubeos hasta que me comenta:

    “Pasa, que, Julián no me quiere hacer el amor”

    “Porque, tiene otra mujer, pasa algo entre Uds.” Le respondo algo alborotada pensando en lo peor.

    “No, no, no es nada de eso, a contrario, solo que por precaución, por el bebe”

    “Bueno, pero que dice el médico, hay otras posiciones, no sé, creo que es ridículo lo que hace”

    “Si, lo sé, pero sabes lo estructurado y estricto que es tu hermano”

    “Si, ya sé, quieres que hable con él?”

    “No, no para nada, que quede entre nosotras”

    En ese momento mi loca cabeza, me hizo pensar que yo podría apaciguar sus necesidades, pero opté por seguir mi indagatoria:

    “Pero has pensado en algún hombre”

    “No, por dios, como piensas eso?”

    Me quedaba preguntarle si se masturbaba, pero lo descarté, dada sus particularidades, podría caerle mal, creo que lo mejor sería llevarla de a poco, a lo que suponía que querría.

    Me senté a su lado, la acaricie la cabeza, pregunte por su embarazo, notando como que se iba relajando, apoyando su cabeza en mi hombro, coloqué mi mano en su rodilla, sintiendo la calidez de su piel y esa tersura de su juventud… Así permanecimos un buen rato, aunque mantuve mi postura de no adelantarme para nada.

    Noté sus mejillas bastante encendidas, con el dorso de mi mano rocé disimuladamente su pezón que se advertía perfectamente, a través de su blusa, notando una leve alteración.

    En determinado momento, comentó que era tarde, que debía hacer la comida, que mi hermano estaba por llegar, dándome la sensación que trataba de cortar con ese lapso de “intimidad”, como evitando el paso siguiente.

    Cuando se fue, me quede pensando, como actuar, si era eso lo que quería, no me molestaba un desplante de su parte, solo no tenía interés en mortificarla.

    No sucedió más nada, solo volvimos a encontrarnos en nuestra habitual reunión familiar, si la semana anterior me había impactado, esta vez al verla creo que llegue a humedecerme, con un vestido corto, que reflejaba perfectamente sus abultadas tetas y su sensual panza, hizo que no podía quitarle los ojos de encima.

    Nunca me había sucedido algo así, traté de apaciguarme, distrayéndome con otra cosa, en el momento de sentarnos a la mesa, se colocó a mi lado lejos de mi hermano, mirándome de una manera risueña, pero extraña

    Durante el almuerzo a pesar de las charlas, mi pensamiento estaba en ella, hasta que apoye mi mano en su rodilla, giró su cabeza mientras que con una sonrisa me ofrecía la fuente de ensalada.

    Saqué mi mano para servirme, y la coloqué nuevamente sobre su muslo, efectuándole unas leves caricias, cada tanto repetía esa instigación, evitando de ser descubierta, por supuesto que mis hormonas comenzaron a conmocionarse.

    Tenía ganas de tomarla de la mano y llevármela al dormitorio, pero continúe con ese alterador jueguito, hasta colocarla entre sus dos piernas, que las oprimió sobre mi mano, cuando se levantó de golpe:

    “Te pasa algo?” atine a decirle

    “No, solo tengo ganas de orinar”

    Como tardaba en regresar, fui hasta el baño, preguntándole si estaba bien, en el momento que salía, diciéndome:

    “Si, gracias, muy bien” mientras me daba un leve beso en los labios. No le quise preguntarle, pero no tenía dudas de que se había excitado, y sin querer ser demasiada mal pensada, creo que se habría masturbado.

    No pasaron 24 h., cuando me llama, sobre ese tema, le comento que me diga que piensa hacer, que la escucho, que no tengo problemas a ayudarla en lo que pueda, me agradeció y colgó. Soy bastante paciente pero a veces me saca de las casillas, así que decidí esperar, tratando de provocar algo.

    Dos días después, vino a casa, estaba algo alterada por su forma de comportarse, no se la notaba extraña, pero traté de ir directo al grano, le digo:

    “Flor, mi amor, sabes que te quiero, eres una divina chica, quiero ayudarte y no sé cómo, así que si requiere de mis habilidades, acá estoy”

    Me escuchaba atentamente, mientras mi mano, tomaba su rodilla, mientras continuaba argumentando cosas, mi mano continuó abriéndose camino bajo su amplia falda, en ningún momento trató de impedir esa sutil trayectoria, hasta que llegue a su ingle.

    Noté como que su rostro se contraía y su mirada algo perdida, aumentando el ritmo de su respiración, incluyendo que mi estimulación se iba acrecentando.

    Traté de acostarla en el sofá pero no quiso, mantuve mi mano entre sus piernas hasta que llegué a su sexo, percibiendo la húmeda en su prenda interior, donde su agitación era cada vez más intensa.

    Intente nuevamente recostarla, pero no volvió a negarse, solo me abrazo, fuertemente, mientras mis dedos jugueteaban con su sexo después de haber separado sus piernas. Proseguí más intensamente hasta que a pesar de su contención gimió con bastante intensidad, Me abrazo fuertemente, cerrando sus piernas contra mi mano, me quedé quieta conteniéndola, un rato largo.

    Después de eso parecía abochornada, la sujeté acariciando su cabeza, preguntándole si se sentía bien, besando su mejilla

    “Flor, te aclaro que me encanto llevarte a ese momento, a pesar que no era algo cómodo”

    Solo se levantó rápidamente, se despidió, algo avergonzada aun, me beso en los labios, y sin tiempo a abrazarla, se fue.

    Habría deseado que se quedase pero, creo que dentro de todo fue un gran paso, no sé qué sucedería más adelánteme, inconscientemente olí mis dedos, desfrutando de ese aroma tan provocativo.

    Nos hablamos cada tanto, pero tuve una idea, mi hermano se iba unos días de viaje, así que le propuse a Flor, que se quedase en casa, podíamos salir una noche y divertirnos un poco…

    “Mama, me pidió que me quedase con ella, no sé” me contesta

    Sin darle demasiada importancia le comento, de una manera socarrona:

    “Haz como quieras, posiblemente te diviertas más conmigo”

    Me contesto como riéndose,

    “Todo se puede arreglar”

    Conclusión, dos semanas después vino a casa con una valija, esa misma noche salimos a cenar, en una cantina italiana, disfrutando ampliamente de esa improvisada velada.

    Cuando llegamos a casa, le pregunto, donde quería dormir, me contesta:

    “En tu dormitorio, te parece?” me pregunta tímidamente.

    “OK, está bien”

    Hasta acá todo iba perfectamente, como no era demasiado tarde, le propongo mirar televisión, oscurecí la sala, con solo la luz del aparato, le dije que quería tomar, prefiero seguir con vino.

    Una vez que prepare todo nos sentamos juntas a ver algo interesante, nos rodeaba una atmosfera de tensión, seguro con lo que podría llegar a suceder, nunca me había ocurrido de esta manera, por lo general cuando encontraba a alguien, era enseguida, no había demasiado preámbulos para tener sexo.

    Tomé como meta inicial, acariciar su abdomen, apoyando posteriormente mi cabeza, cuando sus dedos comenzaron a entrelazarse con mis cabellos, lentamente fueron surgiendo esos mimos previos, para incrementarse en algo más intenso.

    Así que continúe, acariciándola, desprendiendo un par de botones, poniéndome en contacto con su piel, abarcando cada vez, mayor superficie, estaba excitada, y Flor supongo que igual, seguí desabrochando botones hasta abrir totalmente su blusa, viendo su sostén, cubriendo sus voluminosos pechos. Besé su panza, permaneciendo su mano jugueteando mi lacio cabello, sin poder contenerme, la besé, respondiéndome rápidamente, hasta que nuestra lenguas se fueron entrelazando introduciéndose en ambas cavidades, eran unos besos prolongados, llenos de una sensualidad excitante.

    Ahí, todo se fue desplegando más aceleradamente, cuando levante su sostén surgiendo sus bellas tetas, con ese erizado pezón circundado por una aureola rosada, que contrastada con sus pálidos senos.

    Comencé a acariciar esos apetecibles pechos, besar sus puntas, que parecían reaccionar a cada una de mis provocativas lamidas.

    Continúe acosándola lentamente, besándonos cada vez con más pasión y desesperación, comenzando a transformar ese retraimiento en un ardor irrefrenable.

    Me llamo la atención como esa chica tan contenida se estaba convirtiendo en una ninfa abrumadora, no podía creer tener a esta hermosura entre mis brazos, que se iba entregando a mis besos como a mis caricias.

    Fui bajando el cierre a su falda, hasta quitársela, sus bragas marcaban su sexo, que una aureola oscura delataba su estado, trató de taparse, pero rápidamente comencé a introducir mis dedos dentro de sus bragas, sin abrir sus ojos, se fue entregando a mis caricias, hasta que mis dedos tocaron su mojada vagina.

    Cuando inesperadamente, me cortó en lo mejor de ese toqueteo, sorprendiéndome por ese extraño comportamiento, levantándose para comenzar a vestirse, totalmente sorprendida le digo:

    “Que pasa, te estás vistiendo?

    “Si, me voy, disculpa, pero quiero irme a mi casa”

    “He hecho algo que te molesto?”

    “Para nada, te agradezco mucho, pero quiero irme”

    Sabía que a veces actuaba algo extraño, pero esto me desconcentro, volví a repetirle:

    “Te he ofendido, discúlpame”

    Dándome un leve beso en los labios, me contestó:

    “No tengo nada contigo, todo lo contrario, lo disfruté muchísimo, pero quiero irme”

    No entendía bien esa extraña actuación, pero no seguí insistiendo, le pedí un taxi, y dándome un nuevo beso, me abrazo y se fue.

    Dejé pasar ese momento, y a pesar de que no dejaba de intrigarme ese comportamiento, terminé olvidándolo. Dos días después, regresó mi hermano, que a pesar de lo sucedido con su esposa, no sentía remordimiento.

    No solo me atraía mi cuñadita sino que la quería verdaderamente, así que la encaré para aclarar su ida de mi departamento, tan inesperada. Aquel domingo nos reunimos en casa de mis padres, era algo difícil hablar en ese día, con todos los presentes, pero no quería pasar más tiempo sin saberlo, así que propuse traer helado y la obligué a Flor que me acompañase.

    Sin tardar nada, una vez en el auto le dije que me explicase su ida de mi casa. Se mantuvo un rato callada, pero insistí hasta que comenzó a contar

    “Recuerdas el día que me tocaste el culo, y después pusiste tu mano en mi pierna?”

    “Si recuerdo, que paso?”

    “Bueno me es difícil de decir, pero… sentí algo”

    “Que algo?”

    “Como un escalofrió”

    “Te excito esa caricia?” No tardó en que sus mejillas se enrojecían,

    En realidad me quedé sin palabras, no era el momento no sabía que decir, me daban ganas de besarla y sacarle la ropa, pero solo atiné a estacionar en la calzada, tratando de aclarar ese intríngulis.

    :”Y porque te fuiste de mi casa?”

    “Me asuste”

    “De que te asustaste?”

    “Es que nunca sentí algo así, me encanto, pero a su vez temí que me estaba haciendo… “

    “Lesbiana” le completo la frase

    “Bueno si, algo así, por tu hermano, yo creo que…”

    “No nos etiquetemos tu eres Flor y yo Mariela. Ok?”

    Sin saber bien que decirme, y ese balbuceo algo infantil, y su rostro tan cándido, no pude contenerme y la bese, prendiéndose de una manera enardecida, en escasos segundos parecía una gata en celo, y a pesar de estar en el auto en pleno día, mi mano se metió entre sus piernas en búsqueda de su vagina, incrustándolos en su raja, sin dejar de besarnos, hasta que la lleve a un estado de suma excitación, haciéndola venir con todo.

    Conclusión, quedamos en encontrarnos en casa el martes.

    Esa tarde la esperaba, así que me puse una bata, y solo mis bragas, estaba nerviosa, la deseaba, sin tener claro que le haría, pero no se me escaparía, eso estaba segura, Cuando el sonido del timbre disipó mis pensamientos, al abrirle, la vi como una chiquilla tímida, la hice pasar, cerré con llave y la guarde, y apenas la tuve cerca, y sin hablarnos, levanté sus brazos tomándolas de las muñecas, implantándole un fuerte beso, donde nuestras lenguas se entrelazaban ávidamente,

    Sin dejar de besuquearnos, fui desabrochando su blusa hasta abrirla, levantando su sostén, surgiendo sus apetitosas tetas, que emanaban un dulce olor a perfume, sin pérdida de tiempo bajé el cierre de su pollera, que no tardó en desplazarse entre sus piernas.

    Devoraba sus pechos, mordisqueando esos pezones que alteraban a cualquier ser, los gemidos de Flor era enloquecedores, metí mi mano a través de sus bragas, hasta desplazarlas sin tregua, terminando de quitar su blusa, y por ultimo sus sandalias.

    Su cuerpo se agitaba como una hoja, mientras que sin reparos iba aplicando mi experiencia con mujeres, sin dejar de deleitarme de su cuerpo con esa panza, que no dejaba de mostrar su sensualidad, algo realmente exquisito.

    Antes que se arrepintiese, la tomé de la mano y apresuradamente la llevé a mi alcoba, prácticamente la empuje en la cama, para quitar lentamente el resto de su ropa, deleitándome de su apetecible cuerpo, que observaba detenidamente. Sin dejar de besarla y acariciar esa blanca y tersa piel.

    Mi cuñadita mantenía sus ojos cerrados, mientras sus pómulos se iban enrojeciendo, producto de su estado, mientras que sus pezones se iban rigidizándose, ideales para ser chupados e hincarles suavemente los dientes hasta hacerla gemir, algo que no tardé en efectuárselo hasta llevarla a una serie de gemidos, muy sensuales.

    Con suma prisa, me quité la bata y me volqué nuevamente a ese cuerpo lleno voluptuosidad, para comenzar a besarlo hasta arribar en esa exquisita vagina, rodeada por esos enrojecidos pliegues, esos labios carnosos, desprovistos de vello, y su puntudo clítoris, sumamente sensible, mientras lo friccionaba con la yema de mi dedo sobre su superficie. Produciéndole una serie de gemidos a mi deliciosa cuñada moviendo y arqueándose ante el leve contacto que le estaba suministrando. Separé esos labios pulposos disfrutando de esa abertura tan seductora, mi boca atraída por esa jovial hendidura, implante la cara entre la unión de sus piernas, para agasajarla con mi lengua, bordeando su perímetro, contactándome con su sensitivo clítoris, produciéndole un sin número de efectos en ese hermoso cuerpo, que se convulsionaba cada vez más intensamente, ante mi voraz acosamiento.

    Mi lengua absorbía los flujos que emanaba de una manera constante, gimiendo apasionadamente, mientras que me enfrascaba con todo mi ser a llenarla de motivación, percibiendo como su cuerpo se alteraba como si descargar eléctricas se iban aplicando en él. Toqué mi sexo, sin dejar de hostigar a Flor, que parecía salida de sí misma, aceleré mis estímulos hasta llegar a tener nuestros orgasmos casi paralelos.

    Percibiendo como empujaba su pelvis contra mi rostro como intentando ser penetrada.

    Sus gritos evidenciaban su estado de total éxtasis, era una delicia hacer vibrar a ese candente cuerpo, mi alteración se iba acrecentando, al detectar esa manera en que mi querida Flor se iba entregando abiertamente a mis ávidas caricias.

    Hasta que después de un buen rato nuestros cuerpos, comenzaron a descargar una serie de estimulaciones, producto de ese apasionado y delirante encuentro, para quedar abrazadas, y besándonos mientras intentábamos recuperar las energías prodigadas.

    Noté a mi cuñada algo abochornada, así que la bese suavemente, acariciando su bello rostro, cuando me dice:

    “Me has matado, nunca me había sentido así, me encantó”

    “La próxima trataré de superarme”

    Era temprano aun, así que después de un rato en la cama, le digo:

    “Quieres que comamos algo?

    “Buenísimo, me has hecho abrir el apetito”

    Cenamos, algo fugas, miramos algo de televisión, y retornamos a la cama, volví a desnudarla, acariciando hábilmente ese delicioso y voluptuoso cuerpo, que ya más relajada y experimentada, no tardó en alterarse.

    Esta vez intensifique mis conocimientos en su vagina, humedeciéndose inmediatamente, recorriendo con mi lengua esos carnosos labios, introduciéndola en esa mojada grieta, mientras que sus gemidos no dejaban de cesar. Así la mantuve un buen rato, retorciéndose por la intensidad de mis mimos, le pregunto:

    ‘Que quieres que te haga?”

    Que si bien en ese momento, sabes que responderá, ayuda a ingresar algo más a ese juego, contestándome:

    “Haz lo que te venga en mente”

    Sin perder tiempo, me dirigí donde tengo los “juguetes”, para asir varias cosas entre ellas, las bolitas anales, no fueron las de mayor diámetro, dado que no sabía bien como llegaría consentirlas.

    Así que una vez junto a ella, continúe con mis juegos, jugando con mi dedo en su ano, que después de unos minutos, viendo que no oponía resistencia, intenté ir introduciéndole lentamente, las bolitas, donde reacciono, diciéndome:

    “Que haces?”

    “Nada malo, tranquila, si no te agrada me lo dices, pero déjate llevar”

    “Está bien”, me responde de una manera agradable

    “Relájate, amor” le digo.

    Aceptando mi sugerencia, mientras la acaricio y comienzo a introducirle la primera bolita, mientras producía una exclamación de placer, continuando implantando lentamente cada una de esas bolitas, que eran aceptadas con cada exclamación de placer, hasta quedar solamente el aro para retirarlas.

    Las numerosas terminaciones nerviosas del esfínter de mi cuñadita, permitían producirle una serie de sensaciones de excitación, tanto cuando se la iba insertando, como cuando posteriormente eran extraídas, donde las bolitas mayores iban presionando el interior de su recto. Percibiendo como su desnudo cuerpo se iba crispando, sus pezones se erizaban y su abertura no dejaba de supurar ese flujo vaginal, producto de este juego anal.

    Convirtiendo ese cuerpo embarazado, en una serie de convulsiones, que me excitaban enormemente, nunca supuse que mi adorada cuñadita, llegase a ese estado de éxtasis, era un paroxismo subyugante.

    Durante un buen rato la fui poniendo en un estado de envidiable exaltación, moviéndose, arqueando su cuerpo, y contrayendo sus pies, con gemidos que se fueron acrecentando hasta producir gritos entrecortados.

    Estiré mi mano para coger mi arnés, sin dejar de estimularla, quería satisfacerla al máximo, hasta que la hice colocar en cuatro, y sin sacarle las bolas le introduje mi aparato, comenzando a efectuar una serie de empellones, que no tenías dudas que los estaba disfrutando ampliamente.

    Continúe, avasallándola, era una escena llena de erotismo y sexualidad, gimiendo como gata en celo, mientras introducía la totalidad del aparato en su vagina, donde mi pelvis si topaba con sus glúteos. A la vez que comencé a sacarle e introducirle las bolitas simultáneamente.

    Durante varios minutos intensifique ese ritmo hasta llevarla a un estado de enajenación, terminando en una fuerte convulsión, con el arribo de un fuerte orgasmo, quedando tendida sobre la alfombra.

    La ayudé a levantarse para acostarla sobra la cama, la acaricie dulcemente, besando sus tiernos labios, mientras su rostro no dejaba de reflejar la felicidad que la embargaba.

    Mientras acariciaba su sensual cuerpo, noté que sus tetillas estaban bastante húmedas, que si bien me extraño en el primer momento, me di cuenta que había expulsado algo de su leche materna.

  • Postre de fin de año

    Postre de fin de año

    Después de la locura sexual en la que se había convertido mi vida y la de mi esposa hubo un lapso sorprendentemente largo en que la rutina azoto nuestro matrimonio, pasaron varios meses en los que las cosas se pusieron raras, no estábamos bien, nos distanciamos mucho y aunque no me faltaba a que atribuirlo, la verdad es que no sabía lo que realmente estaba pasando, Lan (Laura) estaba distante la mayor parte del tiempo, distraída, irritable en ocasiones y en otras muy sensible, hablaba muy poco conmigo y eran escasos los momentos en que lo pasábamos bien, ese comportamiento no era exclusivo para mí aun que si más notorio, pero en general así era con todo mundo, no se debía a un estado emocional derivado de su periodo o incluso algún embarazo (ya no puede embarazarse) y de una en una fui descartando opciones hasta que en mi cabeza solo tenía la duda de si mi esposa se había enamorado del vecino que ya hacía mucho tiempo que no sabía de él (eso me consta) y tal vez eso era la causa de su comportamiento.

    Las cosas empeoraban cada día, se metió mucho en su trabajo, en casa dormía todo el tiempo, empezó a salir más con sus amigas, tomaba demasiado y llegaba muy tarde, aunque quisiera pensar que tenía un amante tenía la certeza de que no era así pues siempre sabía dónde estaba y con quienes, a pesar de eso si hubo algunas sorpresas, por ejemplo está aquella ocasión en que saliendo del trabajo se fue a comer con sus compañeras de oficina y regreso a casa en la madrugada casi al amanecer cayéndose de borracha al grado que tuve que salir por ella porque no podía abrir la puerta, no habíamos tenido contacto desde las 11:30 de la noche aproximadamente, después de esa hora ya no entraron las llamadas y supuse que se quedó sin pila su celular así que tuve que esperar a que llegara, el punto es que la tome por la cintura y pase su brazo por mi cuello, deje su bolso en el sillón de la sala y la lleve prácticamente cargada hasta la habitación, la acosté en la cama y le quite los zapatos, regrese a la sala a inspeccionar su bolso y revisar su celular el cual si tenía pila pero lo había apagado intencionalmente, de cualquier forma no encontré nada, regrese a la habitación y antes de acostarme pensé en quitarle la ropa para que durmiera cómodamente.

    Ese día llevaba un vestido color capuchino que le llega a medio muslo, algo entallado de manga larga, recto de la parte de arriba dejando descubiertos sus hombros y la parte superior de su pecho y cuello, obviamente sin tirantes, al levantarle el vestido me encontré con la sorpresa de que no traía nada de bajo (siempre usa tanga o calzones sin excepciones), a pesar de que yo sabía que podía pasar algo en algún momento después de todo lo que hemos vivido, honestamente me sorprendió mucho, termine de quitarle completamente el vestido para comprobar mis sospechas y si, tampoco traía sujetador, comencé a imaginar muchas cosas viéndola ahí desnuda y no pude evitar una erección, sabía que no traía su ropa interior guardada pues acababa de revisar su bolso así que era obvio lo que sucedió, acerque mi cara a su cuerpo para olerlo y enseguida metí mi nariz entre sus piernas, sentí como si una braza se encendiera dentro de mí erizándome la piel, el olor a sexo me llego hasta el cerebro alimentando las fantasías que ocupaban completamente mí cabeza, delicadamente le fui metiendo un dedo hasta el fondo de su conchita húmeda y sentí venirme cuando palpe el semen dentro de ella así que le saque el dedo y seguí olfateando el aroma de todo su cuerpo hasta sus pechos mientras le repagaba mi duro miembro en su pierna, después la acomode de lado tome una toalla y la puse debajo y en seguida me acomode de manera que pude poner mi verga entre sus deliciosas tetas y empecé a moverlo lentamente disfrutando de su calidez y suavidad, mientras tanto no dejaba de pensar quien y como se la había cogido toda la noche, con lo que ya había visto de ella hasta entonces la podía imaginaba bien cachonda retorciéndose de placer en cualquier posición ensartada en la verga de alguien, gimiendo mientras se le venían dentro una y otra vez, finalmente y al poco tiempo me chorree entre sus tetas, cuello, cara y pelo dejándola bien llena de lechita… después de desahogarme la limpie con la misma toalla que puse debajo de nosotros y tuve que vestirla nuevamente, no quería que supiera que me di cuenta que llego bien cogida y así ninguno de los dos tendría que hacer preguntas ni responderlas, no quería empeorar las cosas por mucho que esa situación me deprimiera.

    Después de eso los días siguieron su curso sin novedad, en muchas ocasiones trate de cambiar mi actitud para con ella pensando que tal vez ese era el problema, no voy a sumergirme en detalles porque esto sería interminable pero intente muchas cosas que al final no funcionaron, nuestra relación seguía deteriorándose, hacía meses que no tenía sexo con mi esposa gracias a que siempre tenía excusas o simplemente me mandaba al diablo y eso me tenía muy confundido y deprimido incluso molesto, a Lucy no la he vuelto a ver, con Mony no podía esperar nada pues a pesar de que hablamos con regularidad y nos vimos casualmente un par de ocasiones ahora tenía nueva pareja y estaba muy feliz en su relación, yo estaba ya de vacaciones ya que mi trabajo no exigía mi presencia, Lan seguía trabajando pero de cualquier forma no podríamos salir de viaje por la remodelación de la casa que nos dejó sin dinero y nos recuperaríamos tal vez en dos años, así que no esperaba mucho.

    Lan llego una tarde después del trabajo como de costumbre, el resto del día paso sin detalles importantes pero ya en la noche estando en la cama me comento casi por casualidad que la fiesta de fin de año de su trabajo ya tenía fecha y estaba a escasas 2 semanas, que no tenía muchas ganas de ir porque sería en otra ciudad a unas 3 horas de la nuestra pero se les exigió la asistencia, normalmente yo no la acompaño a estas fiestas pero en esta ocasión me pidió que fuera con ella, yo sabía que es por que odia manejar en carretera y no por que quisiera mi compañía, pero igual podría ser una buena oportunidad para cambiar las cosas.

    Tenía muchas expectativas y el firme convencimiento de que todo se solucionaría, para ser muy honesto les diré que sin importar todos las locuras morbosas y degeneradas que ya había presenciado, nunca me espere lo que venía y que les contaré en la segunda parte de este relato.

  • Poesía sobre mi cuerpo

    Poesía sobre mi cuerpo

    Mi cuerpo es tu bien más preciado

    Es capaz de dar vida

    Engendrar a tus hijos

    Cobijarlos, acurrucarlos

    Alimentarlos

    Mi cuerpo ya no es tan mío

    Te genera placer

    Me genera placer

    Mi cuerpo era puro

    Virgen, frágil, liso,

    Terso, joven

    Sólo era mío

    Solo yo lo miraba

    Solo yo lo tocaba.

    Y lo viste…y lo miraste

    Y te gustó..y lo probaste

    Y te gustó…y lo robaste

    Lo tocaste, lo acariciaste

    Lo besaste, y te gustó

    Te gusto tanto que no paraste

    Y te enamoraste.

    Mi cuerpo ya no es más puro

    Ni virgen, ni liso,

    Ni terso, ni frágil.

    Mi cuerpo es fuerte

    Caliente, sensual

    Con curvas que te llevan al placer.

    Vos…que logras

    Que mi cuerpo

    Se retuerza y se acalore

    Se contraiga y se relaje

    En respuesta a tu placer

    A tu cuerpo, a tu aliento,

    A tu mirada, a tu lengua

    Que lo recorre, que lo humedece

    Tus labios que lo succionan,

    Que lo besan

    A tus dedos que lo rozan,

    Suavemente, que lo aprietan,

    A tu pene que lo penetra

    Fuerte y lento

    Haciéndole el amor,

    Tierno y suave.

    Mi cuerpo es tu tesoro

    Y vos el pirata que lo encontró.

  • Tres parejas viven una orgía espectacular sin pensarlo

    Tres parejas viven una orgía espectacular sin pensarlo

    Este relato sucedió hace tiempo, cuando dos amigos y yo uníamos nuestros despachos y compartíamos clientes y otras cosas.

    Un viernes nos reunimos con «la prima», el Lic. con «la Newton» y yo con «Gaby», como se dan cuenta utilizo nombres ficticios porque ahora las tres son señoras casadas y con hijos.

    Todos nos fuimos a comer a un restaurante en la Zona Rosa en Cd de México y aunque no habíamos planeado lo que pasó era una fantasía que los tres queríamos realizar, aunque sabíamos que era imposible.

    La comida fue normal pero los tragos fluían con inesperada abundancia, ellas estaban muy alegres pues era casi fin de año y no paraban de pedir copas, así fueron pasando las horas y las copas se fueron acumulando.

    Cuando los seis ya sentíamos los efectos del alcohol Al propuso irnos a su oficina, que para esa hora ya estaba vacía, con la promesa de compartir con nosotros una cava completa de vinos, licores y aguardientes.

    Las mujeres querían fiesta pero era esa hora en que es muy tarde para un restaurante y muy temprano para un antro, así que aceptaron ir a tomarse unas copas a la oficina que tenían en Polanco Al y el Lic.

    En el camino hacia los carros Gaby me besó en la boca frente a todos muy apasionadamente y cuando vio que me desconcerté me dijo que ya era tiempo que mis amigos supieran lo que hacíamos, Al fue en su carro con «la Prima», el Lic. se llevó a «la Newton» y yo me fui en mi carro con Gaby.

    Llegamos a la oficina y Al abrió dos botellas de champaña que tenía enfriando en el refrigerador de su oficina para cuando tuviera un evento importante y este lo era.

    Nos sentamos en una salita muy cómoda que tenía y entre copas y chistes la plática se fue poniendo caliente, lancé la idea de cambiar de pareja, primero como una broma y al ver que a nadie disgustó la idea, luego propuse que nos cambiáramos de lugares para que nadie quedara junto a su pareja, para mi asombro las mujeres tomaron la iniciativa y así lo hicimos.

    Todos reímos pero se había sembrado la propuesta de hacer otras cosas y la que tomó la iniciativa fue Gaby que sin esperar a nada dio un trago a su copa y beso a mi amigo Al con una cachondez que no solo me sorprendió sino que me enceló pero para mi sorpresa me calentó muchísimo.

    La prima, que estaba medio tomada, agarró la mano del Lic. y lo jaló para besarlo y prácticamente comérselo, no paraba de besarlo y bajaba la mano para acariciar el bulto que se le iba formando en el pantalón, así que no tuve más remedio que hacer lo mismo con la Newton que me correspondió metiendo su lengua en mi boca con una calentura deliciosa, su lengua se enredaba en la mía y besaba como una experta.

    Todos nos reímos pero Gaby estaba totalmente decidida a que fuera una noche inolvidable para todos, después de besar a Al con mucha cachondez lo dejó sentado, fue hacia mí y me metió a la oficina de Al. Ahí comenzó quitándome la camisa sin dejar de acariciarme, besándome, me tocaba todo mostrándome que estaba muy caliente, desabrochó mi camisa y me la quitó, se hincó me quito los zapatos y los calcetines, me desabrochó y quitó el pantalón y sin darme cuenta me tenía totalmente desnudo, ella dejó caer su vestido y me di cuenta que antes de que empezáramos la fiesta en la oficina, fue al baño y se quitó la ropa interior (eso me lo platicó después), solo se quedó con unas zapatillas muy altas y así desnuda como quedó me empujó para sentarme en un sillón y se metió mi verga a la boca dándome una mamada increíble, era una maravilla mamando, estaba yo disfrutando cuando vi como entraba la prima solo en tanga y mi amigo Al con la verga parada, solo traía la camisa, de inmediato entró el Lic. con la Newton desnudos los dos besándose y acariciándose desenfrenadamente.

    Era un coro de gemidos y todos estábamos haciendo lo que queríamos con la que nos tocaba, Al penetraba a la prima en cuatro, el Lic. en misionero se cogía a la Newton y yo disfrutaba la mamada monumental que me proporcionaba Gaby que lamía mi verga con la lengua comiéndose con gusto el líquido preseminal y luego pasaba su lengua por todo el tronco de mi verga parada y llegaba hasta el ano tratando de introducir su lengua. Me estaba volviendo loco de excitación así que saqué mi verga de su boca, la recosté en la alfombra y sin mediar palabra la penetré de un solo empujón, ella gimió fuerte y movía sus caderas al mismo ritmo que yo la penetraba, su cara quedó muy cerca de la cara de «la prima» así que las podía ver a las dos, eso me excitaba mas todavía, se oían los gemidos de las dos al unísono.

    De repente mi amigo Al avisó a la prima:

    A- Me voy a venir

    La prima que estaba muy excitada le dijo que no se viniera adentro porque no se había cuidado y Al le sacó la verga y se vino sobre sus tetas, el primer chorro se semen cayó también en la cara de Gaby y en lugar de otra cosa tomó con un dedo el semen y se lo comió, eso me excitó muchísimo más y no pude aguantar y me vine dentro de Gaby jalándola de las caderas y metiéndole la verga profundamente, mientras ella se seguía moviendo, no paraba y no lo hizo hasta que tuvo un orgasmo y gemía viniéndose cuando todos oímos el grito de la Newton que comenzó a gemir viniéndose, parecía que estaban sincronizadas, las dos gritaban y gemían a la vez. El Lic. seguía bombeando a la Newton y ella gritaba y parecía que su orgasmo no iba a terminar pero no pudo más y aflojó todo el cuerpo disfrutando lo que acababa de pasar.

    Los seis tomamos un descanso tirados en la alfombra, solo se oían las respiraciones de todos, algunas agitadas, otras lentas y acompasadas y solo se veían seis cuerpos desnudos acostados cuando la Newton se levantó, sin aviso se metió en medio de mis piernas y me comenzó a mamar la verga, solo dejaba de mamar para decirme:

    N- Ya vi como te gusta que te la mamen pero yo te voy a hacer llegar al cielo y te voy a llevar luego al infierno.

    Mi verga respondió y creció dentro de su boca y cuando estaba bien parada y gorda la Newton se levantó y me montó empezando un vaivén frenético, ella estaba muy caliente no paraba de moverse, ella sola se cogía y yo solo era un juguete que utilizaba para darse placer, iba y venía, se sacaba la verga y se la metía dando sentones, estaba excitadísima y su calentura se iba incrementando.

    Al ver esto, Gaby a la que siempre le había gustado mi amigo Al, lo tomó de la mano, lo sentó en uno de los sillones y se introdujo la verga parada de Al, a ella le fascinaba mamar y se la mamaba con delicadeza, le succionaba la cabeza y le lamia los güevos y subía por el tronco hasta volver a la cabeza y succionarla nuevamente, lo volteaba a ver a los ojos, le gustaba tener el control y ver hasta donde excitaba a mi amigo y él estaba en éxtasis, solo echaba la cabeza para atrás disfrutando el momento.

    Aunque no los veía porque quedaron a mi espalda oía como el coño de la prima chapoteaba mientras el Lic. le proporcionaba una cogida, que a juzgar por los gemidos era espectacular.

    La Newton no aguantó más y se vino sobre mi verga en un squirt que mojó mis piernas y la alfombra pero en lugar de parar siguió moviéndose, montándome como si fuera un rodeo. Yo veía a mi «novia» mamándole la verga a mi amigo hasta que vi como él cerraba los ojos, le detuvo la cabeza metiéndole la verga hasta la garganta y gimió mientras se venía. Gaby seguía mamándole la verga y él le pedía que parara pero ella no cedió y siguió mamándosela, lo exprimía hasta sacarle la última gota de semen comiéndoselo todo, La Newton que seguía muy excitada, al ver esto se volvió a venir, me di cuenta que es multiorgásmica, me moví con más fuerza, clavándole la verga lo más profundamente que podía y no habían pasado ni 3 minutos cuando me vine otra vez y ella increíblemente también. Oí como la prima gemía, gritaba y al mismo tiempo que el Lic., se venían simultáneamente.

    El momento era increíblemente excitante, cuando sin esperarlo y sin que hubiera pasado un minuto de que la oí venirse, la prima se acercó a mí y me besó en la boca, todavía tenía a la Newton ensartada pero la prima estaba que ardía de excitación, la Newton se sacó mi verga del coño y se levantó y la prima aprovechó para con mi semierección meterse mi verga en el coño húmedo y todavía lleno del semen del Lic.

    En ese momento ya no sabíamos ninguno de los seis de quien comíamos los flujos o el semen, solo vi a Gaby y a la Newton que se besaban y estaban fajándose dándonos un espectáculo lésbico digno de una película porno. Yo comencé un mete saca a la prima pero ya me faltaba energía y quería descansar un poco antes de seguir, pero para la prima no era una opción.

    Vi como Al y el Lic. se sentaron en un sofá a ver la escena.

    La prima estaba tan caliente que se vino en un minuto y se tendió en la alfombra a descansar y yo aproveché para sentarme y ver la escena lésbica que estaban dando Gaby y la Newton, ellas seguían muy excitadas y comenzaron unas tijeras uniendo sus coños, los dos con vello pero muy bien recortado, el de la Newton en forma triangular y el de Gaby vertical y delgado, hacían ruido excitante al rasparse y la posición hacia que gimieran como locas, la Newton fue la primera en venirse nuevamente y un segundo después Gaby tuvo un squirt que mojó a la Newton y la alfombra y se dejaron caer una al lado de la otra.

    Todos estábamos exhaustos, habían pasado casi cuatro horas de sexo y una orgía que nadie preparó pero que resultó en uno de los eventos que más recuerdo en toda mi vida.

    Con calma fuimos pasando al baño todos a asearnos y cuando estábamos vestidos nos despedimos y nos fuimos cada quien con su cada cual.

    Gaby y yo no dijimos una sola palabra mientras la llevaba a su casa y cuando llegamos, solamente me dio un beso muy rico en la boca, nos despedimos y esperé a que entrara a su casa y me fui a la mía.

  • Mis dos esposas

    Mis dos esposas

    Después de que me casé mi suegra nos ofreció vivir en su casa ya que tiene una casa grande ella es divorciada de hace varios años con dos hijas mi esposa y su hija mayor que ya no vivía en su casa.

    Siempre me trataron muy bien cuando visitaba a mi esposa de novios fueron muy atentos conmigo.

    Después que nació nuestro niño pues tuvimos que recurrir a mi suegra para que nos ayudara a cuidarlo ya que mi esposa trabajaba de noche cuatro días a la semana y yo trabajaba de día.

    Cada tarde que mi esposa se iba a trabajar yo cuidaba a el niño hasta en la mañana que yo iba a trabajar se lo dejaba a mi suegra mientras mi esposa llegara.

    Mi suegra constantemente me procuraba si estaba bien, me faltaba algo, haciendo de comer para los dos cuando mi esposa no estaba, la verdad me sentía apenado por tanta atención no quería que pensara que abusaba de su confianza, yo igual trataba de ayudarle en algo que ocupara, haciendo pequeñas reparaciones en casa y pues apoyando en los gastos de la casa.

    Una noche me pidió que la acompañara a cenar acepté y bajé a cenar con ella, aproveché para agradecerle todas sus atenciones y lo apenado que me sentía -no te preocupes me da gusto que estés aquí, es bueno tener un hombre en casa.

    (Supuse que lo decía por el hecho de que ya tenían varios años de divorcio y pues ya no volvió a casarse y pues mi esposa y ellas estuvieron solas mucho tiempo)

    -gracias también me gusta estar aquí y cualquier cosa que necesite no dude en pedirlo.

    Pues terminamos de cenar y fuimos a dormir.

    Así una noche que mi esposa fue a trabajar ya noche el niño se había dormida mi suegra ya hacía rato que había ido a dormir así que bajé a la sala me recosté a ver televisión.

    Después de un rato ya me había sentido algo excitado pero pues mi esposa no estaba, se me antojó masturbarme, pensé porque no! Aproveche que estaba solo apagué la televisión fui por algunas toallas de papel y bajé mi shorts un poco y ahí recostado empecé a masturbarme tan rico momento dándose placer uno mismo ya cuando termine fui a darme un baño y después a dormir.

    Después de unos días estaba sentado afuera fumando un cigarro acababa de despedir a mi esposa que fue a el trabajo después salió mi suegra mi pidió un cigarro y se sentó conmigo.

    -quiero hablar contigo (me dijo)

    -si dígame que paso

    -me da pena pero tengo que hacerlo, porque te estabas masturbando la otra noche

    Yo me puse muy nervioso.

    -nombre cuándo? (le contesté)

    -si yo te vi en el sillón yo iba a bajar y te vi por las escaleras.

    (Con mucha pena le conteste)

    -es que tenía ganas de hacerlo pero como estaba solo por eso me masturbe, discúlpeme.

    Se me quedo viendo y no decía nada yo sentía mucha vergüenza y miedo que fuera contarle a mi esposa.

    Cuando de repente me dijo:

    -no me gustó que estuvieras masturbándote.

    Me sentí tan avergonzado y creía que tendría problemas, cuando me dice.

    -los hombres deben tener sexo con su mujer

    -si señora discúlpeme es que como su hija no estaba pues se me hizo fácil masturbarme

    -pero estaba yo

    (Eso me desorienta un poco y no sabía que decir acaso era una broma)

    -como creo señora mi respetos para usted

    -te voy a explicar yo ya soy una señora después de mi divorcio decidí ya no tener una pareja pero de igual manera tengo necesidades y deseos igual que tú, yo podría ser como otra esposa para ti así podrías complacerte y complacerme a mi también.

    (Tomé otro cigarro después de lo nervioso que eso me puso no creía lo que acababa de escuchar)

    -piénsalo (me dijo)

    Así pasaron los días y mi suegra actuaba normal con las mismas atenciones de siempre.

    Así que un día me puse a pensar en su propuesta, mi suegra es una señora de 46 años muy guapa, esta gordita con grandes caderas y de pechos igualmente grandes.

    Espere una noche a que el niño durmiera y le dije he pensado en su propuesta así que he decidido aceptar, me tomo de la mano y me llevo a su cuarto, empezó a besarme fuertemente para ese momento ya tenía la verga bien parada y ella se me pegaba más sintiéndola tras mi ropa empezó a desvestirse mientras yo hacía lo mismo, metí mi mano en su entrepierna sintiendo lo mojada que ya estaba de pronto se recostó sobre la cama abriendo sus piernas para recibirme me subí sobre ella, tenía la verga tan dura y erecta.

    Que la penetre de una solo empujón, me tomo de la cabeza y me acerco para besarme mientras la cogia así seguimos hasta que termine por venirme dentro de ella.

    Desde entonces mi suegra siguió con sus atenciones con migo y mi esposa ni por entrada que cada noche su madre se convierte en una esposa para mi atendiendo sus necesidades sexuales tanto de ella como las mías.

  • El mejor reconocimiento médico de mi vida

    El mejor reconocimiento médico de mi vida

    Creo que ha llegado el momento de contar esta historia, nunca he sido capaz de hacerlo, pero han pasado varios años y, sinceramente, ha sido uno de los mejores orgasmos de mi vida…

    Tengo 30 años y aunque vivo ahora en Madrid, soy de un pueblo de Cuidad Real bastante pequeño. Soy un chico normal, ni muy alto ni muy bajo, con un cuerpo normal, que me encanta salir con mis amigos a tomar unas cañas de vez en cuando. He tenido varias parejas, pero ahora mismo estoy soltero, que también es necesario.

    Estoy trabajando en una empresa de productos químicos y lo que os voy a contar sucedió cuando me contrataron. Como es habitual, me citaron para un reconocimiento médico es una clínica del centro de Madrid.

    Acudí en ayunas para un análisis de sangre y después de la analítica y el desayuno me hicieron esperar en una sala a que me viera el médico.

    -Francisco Martínez. –Sonó, una voz femenina.

    -Sí, soy yo. –Giré la cabeza y me encontré con una doctora muy guapa, morena y juraría que más joven que yo.

    -¿Me acompañas por favor?

    -Por supuesto.

    La seguí por un largo pasillo y aproveché para echar un ojo… Aunque llevaba la bata blanca hasta las rodillas se intuía un cuerpo bastante interesante.

    Entramos a una consulta, pequeña, con lo habitual: escritorio, camilla, y poco más. Me hizo las preguntas de rigor en un reconocimiento. ¿Fumas? ¿Bebes? ¿Haces deporte? En fin, lo típico. Me revisó la vista, la espalda y el estómago. Tenía unas manos pequeñas pero muy bonitas, sabían cómo moverse.

    -Perfecto Francisco, ya estamos acabando. –Tecleaba el informe en el ordenador, pero de repente se dio cuenta de algo y cambió la cara.

    -¿Ocurre algo?

    -No, tranquilo. Has comenzado a trabajar en una empresa de productos químicos, ¿verdad?

    -Sí, por eso estoy aquí, empecé la semana pasada. –Contesté despreocupado.

    -Verás, es que tú empresa nos solicita un reconocimiento adicional para alguien que empieza en vuestra empresa.

    -Qué raro, no me han dicho nada, ¿de qué se trata?

    -Te cuento: la empresa quiere asegurarse de que los productos químicos no afectan a los espermatozoides, por lo que nos solicitan un análisis de esperma y un chequeo completo de tus genitales.

    Mi cara cambió por completo. Me quedé boquiabierto. No sabía que contestar, nunca me habían hecho un análisis de semen ni una revisión de ese tipo. Me puse rojo como un tomate, ella lo notó.

    -Tranquilo, -dijo sonriendo– no tardaremos demasiado. ¿Cuándo fue la última vez que eyaculaste?

    Estaba incómodo, empecé a moverme en la silla sin saber cómo ponerme.

    -Hace 4 días. –Vi una película con varios desnudos y…

    -Perfecto. Es suficiente. Déjame hacer una llamada, ¿de acuerdo? ¿Me esperas en la sala de antes? Nos tenemos que cambiar de consulta. Aprovecha para ir al baño, vamos a necesitar que tu vejiga esté vacía.

    Asentí con la cabeza y salí a la sala de espera. No era capaz de articular palabra, me temblaban las piernas. Los minutos se me hicieron eternos. ¿Por qué no me habían dicho nada? ¿” Vamos a necesitar”? ¿Va a haber más gente? Nunca me habían revisado las pelotas, ¿qué me iban a hacer? Me sudaban las manos, tenía el pulso a mil.

    Estaba con la mirada perdida cuando la doctora se acercó. No la vi hasta que no estaba delante.

    -Francisco, vamos.

    Caminó por varios pasillos hasta acercarse a la puerta de una consulta: Ginecología 1. Tragué saliva… La doctora llamó a la puerta y asomó la cabeza. “Ya estamos aquí”, escuché decir. Definitivamente, había alguien más.

    Entró ella y me hizo un gesto para que pasara yo. El pulso volvió a subir… Esta consulta era muy distinta. En lo primero que me fijé fue en la camilla típica del ginecólogo, la había visto en películas, pero la primera vez en persona. Vi que había otra camilla normal y distintos aparatos por la sala, pero no podía dejar de mirar el potro con los soportes para las piernas… ¿Me iba a tener que subir allí? Volví a tragar saliva.

    -Francisco, soy la doctora Hernández. –Del escritorio se levantó una mujer algo más mayor que yo, pero con una apariencia estupenda.– Me ha comentado mi compañera que vamos a echarte un vistazo, ¿verdad?

    -No esperaba esto, -balbuceé– estoy un poco nervioso…

    -Tranquilo. Te explicaré lo que vamos a hacer. Primero vamos a revisar tus genitales para asegurarnos que está todo bien y después vamos a hacer una extracción de esperma para analizarlo.

    ¿Vamos? Será que lo voy a hacer… Debió ser una forma de hablar…

    -Solo tienes que estar relajado, -continuó– verás como en nada hemos terminado. ¿De acuerdo?

    -De acuerdo. –Asentí.

    -Muy bien. Estaremos ambas presentes, pero tranquilo, somos dos profesionales que sabemos lo que hacemos. ¿Prefieres que intenté llamar a un compañero? –Me preguntó tras verme mi gesto de asombro.

    -No no, así está bien. Es solo que no esperaba esta situación.

    -Ya verás como cuando empecemos estás más relajado. Mira, pasa detrás del biombo y te desnudas por completo. Tienes una bata y unas pantuflas de plástico para ponerte.

    Detrás del biombo intenté tranquilizarme, pero era imposible. Estaba a punto de salir desnudo delante de dos mujeres espectaculares a que me exploraran aquello. Hacía mucho que una mujer me tocaba, mejor no digo cuánto hacía que no lo hacían dos… Eso, unido a mi timidez, era una suma que podía ser explosiva. “Déjate llevar, disfruta”, pensé. Pues allá vamos.

    Me desnudé por completo y cogí la bata que había doblada encima de un taburete. No tenía ni idea de cómo se ponía, pero la entré y la abroché por atrás como pude. Luego me coloqué una especie de fundas para los pies y salí del biombo. Sería un buen comienzo para una escena de una peli porno…

    Las dos doctoras hablaban entre ellas y cuando me vieron se acercaron a la camilla.

    -Súbete aquí Francisco. Esto es un potro de ginecólogo que usamos para las mujeres, pero también nos ayudará contigo.

    Me senté en la camilla y subí los pies a los estribos. Mientras, una de las doctoras subía mi bata por encima de la cintura. El pene y los testículos quedaron a la vista de las dos, pero no lo suficientemente accesible. Noté que la camilla se movía, estaba subiendo y reclinándose hacia atrás. Después de unos segundos, mis genitales estaban a su disposición, a la altura de sus caras, y yo no veía nada, estaba totalmente tumbado.

    La doctora Hernández se acercó para que pudiera verla y me puso la mano en el hombro mientras me hablaba.

    -Te contaré lo que vamos a hacer. Primero, mi compañera y yo exploraremos tu pene y tus testículos. Buscaremos si hay algún bulto o algo que no deba estar, ¿de acuerdo? No sentirás nada más que algunas manos trasteando por allí abajo… -Sonrió. Tenía una cara preciosa, rubia, con el pelo liso.

    -Lo que tengáis que hacer. –Contesté más relajado.

    -Cuando terminemos con esto te contaré lo que vamos a hacer a continuación.

    ¿A continuación? ¿Había más? Me daba un morbo espectacular que dos mujeres estuvieran tocando mis huevos sin que pudiera verlas. Empecé a notar que la sangre bajaba…

    Se acercaron a una mesa y cada una cogió dos guantes de látex blancos que se enfundaron con facilidad. Mi excitación seguía creciendo…

    De repente, sin avisar, noté las manos de una de ellas bajando mi prepucio y dejando la cabeza del pene totalmente descubierta. Estaba empalmado a tope, sabía que aquello debía estar lleno de líquido preseminal…

    -¿Tienes pareja estable, Francisco?

    -No.

    -¿Cuánto hace que no practicas sexo?

    -Emm… varios meses… -¿Me estarían preguntando por mi excitación?– Siento la erección, no esperaba “esto”.

    -Tranquilo, -escuché entre alguna risa tímida– es normal. Tú relájate que pronto acabaremos con esta parte.

    “Esta parte”. ¿Qué es lo siguiente…? Durante varios minutos noté sus dedos expertos recorriendo mi pene, mis testículos, palpando, apretando. Diferenciaba las manos: unas, más finas, las otras más fuertes… Hablaban entre ellas en susurros, pero no entendía lo que decían. Era una sensación bastante agradable. Seguía empalmado a tope, pero mantenía el orgasmo lejos, no quería darles un baño inesperado…

    -Muy bien. Esto está perfecto. Tienes unos genitales muy sanos. –Dijo la doctora Hernández mientras me incorporaba la camilla. -Puedes bajar los pies de los estribos.

    Bajé los pies y me quedé sentado en la camilla. No sabía si vestirme o no, pero la doctora se adelantó a mis movimientos.

    -Francisco, te diré lo que vamos a hacer a continuación. Como te hemos comentado, necesitamos una muestra tuya de semen para analizarla.

    -No hay problema, ¿dónde puedo pasar? –Miré a mi alrededor. Con la excitación que llevaba no iba a tardar ni un minuto en masturbarme.

    -No, verás, necesitamos que la muestra no se contamine. Además, queremos ver el flujo de tu eyaculación. –Mi gesto cambió, otra vez volvía a estar rojo…- Vamos a estimular tu próstata con un aparatito que da una pequeña descarga eléctrica para provocarte la eyaculación.

    -¿Cómo? –Estaba boquiabierto, no me lo podía creer- ¿Esto es necesario?

    -Es un procedimiento habitual, no sentirás ningún dolor, pero primero vamos a revisar tu próstata.

    Mis piernas estaban temblando, ¿qué me iban a hacer? No iba a olvidar este día en la vida…

    -¿Has ido al baño esta mañana?

    -Sí. –Contesté

    -Doctora García, prepare el enema por favor. –Se giró hacia mí– Vamos a ponerte un enema para limpiar tu intestino, ¿de acuerdo?

    Estaba en shock, ya no sabía qué responder ni cómo. Obedecí, sumiso, sin saber qué vendría después…

    Vi a la primera doctora preparar un recipiente de agua y colgarlo de un soporte. Mientras, su compañera lubricaba una especie de dispensador. ¿Todo esto va a entrar en mi culo? Esto no puede estar pasando. Seguía con el pulso a mil, pero había una parte de mi que estaba descubriendo sensaciones que hasta ahora no había sentido…

    Intenté cambiar otra vez el chip. “Vamos a relajarnos”, me repetía.

    -Francisco, túmbate en aquella camilla y ponte a cuatro patas por favor.

    Obedecí, me levanté, la bata volvió a cubrirme y muy despacio me acerqué a la otra camilla. En lo que llegaba, la doctora había puesto una sábana para cubrirla y se estaba cambiando de guantes. En el momento que me relajé, la sangre volvió a bajar… A este le está gustando esto, pensé.

    Me puse a cuatro patas en la camilla y las dos doctoras se acercaron a mi trasero. Levantaron la bata dejando mi culo al descubierto.

    -Notarás el dedo un poco frío, es por el lubricante.

    De repente noté como un dedo entraba en mí. Era una sensación muy extraña, diría que me gustó, pero mis sentidos estaban apagados por los nervios. Todavía…

    El dedo salió poco después de mi orificio, pero a los segundos noté el aplicador del enema, mucho más grueso. Arqueé mi espalda. Noté una mano de la doctora, que me acariciaba, para relajarme. Mi excitación volvió a subir…

    El enema me llenaba por dentro, notaba el agua fluir en mi intestino, necesitaba ir al baño…

    -Necesito ir al baño.

    -Un poco más, aguanta. –Me respondieron a mi espalda. La postura era humillante, estaba desnudo a merced de las manos de las doctoras.

    Unos minutos después noté que el agua dejaba de entrar. Mi vientre estaba lleno de agua, hinchado.

    -Muy bien Francisco, lo has hecho muy bien. Levántate despacio y ve al baño en aquella puerta. –Me dijo la doctora mientras retiraba el aplicador. Me costó mucho aguantar, estaba a punto de estallar.

    Fui al baño como pude y vacié mi intestino. Notaba como había quedado totalmente limpio. Salí y volví con las doctoras, estaban hablando entre ellas, esperándome, con sus manos enguatadas. Me sentí dominado por ellas, me tenían bajo su control, pero me di cuenta que me gustaba. ¿Y si todo esto había sido cosa suya? ¿Y si era su esclavo, un juguete para pasar el día?

    Cuando me vieron salir, una de ellas hizo un gesto con la mano hacia la camilla.

    -Vuelve aquí campeón, ahora viene lo mejor…

    Notaba en sus gestos que estaban disfrutando de aquello. Yo también empezaba a hacerlo. Instintivamente, volví a ponerme a cuatro patas en la camilla.

    -Vamos a revisar tu próstata. Doctora García, ¿quieres empezar tú?

    -Por supuesto.

    En mi posición no podía ver nada, solo escuchaba sus voces y los ruidos que hacían. Escuché el bote de lubricante y segundos después… Esta vez fue distinto, no entraba un dedo, sino dos, además llegaban al fondo, buscando la próstata. Sentí como sus dedos la tocaban, provocándome un enorme placer, se movían en mi interior, ya con mi culo relajado era una sensación brutal. Los sacó. ¡Yo quería más!

    -Creo que está todo bien doctora Hernández, pero deberías comprobarlo tú también. –Esas palabras me excitaron aún más.

    Los dedos de la doctora me penetraron buscando la próstata, mucho más decididos, pero con la misma precisión y delicadeza. Era un espectáculo, ya no había nervios, solo placer. Lo notaron.

    -Está todo bien. Se nota además que nuestro paciente está más relajado, yo diría que lo está disfrutando… -Comentó con ironía mientras miraba mi erección.– Pues Francisco, vamos a proceder la extracción. ¿Cómo estás?

    -Mejor, más relajado.

    -Así tienes que seguir, ahora sobre todo. Siéntate en la camilla y te enseño lo que vamos a hacer.

    Abandoné la posición en la que estaba y me senté. Intenté bajar mi erección con la mano, era inútil… Mientras, la doctora sacó de un armario dos aparatos: uno de ellos parecía un consolador y el otro una especie de cápsula con el tamaño y forma del pene.

    -Te explicaré lo que vamos a hacer, tú solo tienes que estar lo más quieto posible y disfrutar. Va ser una experiencia única. –Me dijo sonriendo. Qué morbo me daba aquello…

    -Lo intentaré. –Dije, abrumado por sus palabras.

    -Vamos a colocarte esta especie de cápsula en tu pene, será la encargada de recoger tu semen. Para producir la salida, vamos a introducir este pequeño aparato por tu recto para que dé una pequeña descarga eléctrica en tu próstata. Eso desencadenará la eyaculación.

    -¿No será doloroso?

    -Notarás como un pinchazo, pero creo que las consecuencias van a ser agradables… Vuelve a ponerte como estabas.

    Volví a la posición anterior. La doctora García me desabrochó y quitó la bata, quedé totalmente desnudo en la camilla. Luego cogió la cápsula y la introdujo en pene erecto. Mientras tanto, veía a la doctora Hernández lubricar la sonda y dirigirse a mi trasero.

    Sentí como entraba. Estaba tan excitado que no me molestó. Avanzaba por mi recto hasta que tocó con la punta la próstata. Estaba todo preparado. Yo estaba a mil.

    -¿Todo listo doctora?

    -Todo listo. Vamos allá.

    Noté una punzada en mi interior que me hizo alcanzar el mayor orgasmo de mi vida. No pude evitar lanzar varios gemidos de placer, me retorcía sobre mis codos intentando no moverme, arqueando la espalda, mientras salían de mi pene borbotones de semen.

    Al borde del mareo, las doctoras me retiraron despacio los aparatos y sin poder aguantarlo más caí rendido bocabajo en la camilla, jadeando, intentando recuperar la respiración. Había sido espectacular.

    Las miré. Me miraron. Sonreían, disfrutaban lo mismo que yo. Seguí unos minutos tumbado sin poder moverme. Cuando mi respiración se normalizó escuché la voz de una de ellas que dijo:

    -Ya puedes vestirte, hemos terminado.

  • Quiero que me hagas correr, papá

    Quiero que me hagas correr, papá

    Paco había alquilado un Toyota Yaris e iba por una carretera gallega cualquiera camino a la casa de su hijo Fermín acompañado por su hija Graciela. A la joven se le subiera la falda y enseñaba parte de los muslos de sus largas y moldeadas piernas. Le dijo su padre:

    -Si vas con esa falda en el coche con algún muchacho podrías acabar muy mal.

    La muchacha, que era vergonzosa cómo ella sola, bajando la falda por quincuagésima vez y colorada cómo una grana, le respondió:

    -No diga eso que me violenta, padre.

    -¿Qué crees que sucede cuando una mujer le enseña las piernas a un hombre?

    -Supongo que nada bueno.

    -Supones bien. Cuando volvamos a casa quemas esa falda.

    -Sí, padre, pero no debía preocuparse, iré virgen al matrimonio.

    El motor del coche se paró. Paco, dando golpes con sus manos en el volante, dijo:

    -¡No me dejes tirado, hijo puta!

    A Graciela no le gustaban las palabras soeces.

    -Modere su lenguaje, padre.

    Paco tenía un cabreo criminal.

    -¡Tú te callas! ¡¡Y baja la falda, coño!!

    A unos diez o doce metros a mano derecha había un aparcamiento y en él acabó de morirse el motor.

    Paco era un cuarentón, moreno, de estatura mediana…, un tipo del montón.

    Graciela era algo más alto que él e iba sin maquillar. Era rubia y su cabello lo llevaba corto, sus ojos eran azules y tenía un cuerpo divino.

    El aparcamiento era el de un bar de carretera situado en medio de ninguna parte. Estaba anocheciendo. Miraron para el bar. Era una casa pintada de ocre con tres pisos y un luminoso que ponía: El tornado. Entraron a llamar por teléfono para pedir que les mandasen otro coche. Allí no había un alma, exceptuando, la camarera, su hija Graciela y él, se entiende.

    El sitio era raro. Tenía una docena de mesas con cuatro sillas cada una que parecían de los años cincuenta, una máquina de discos del año de María Castaña, una mesa de billar de las antiguas, la barra y poco más. Tras la barra estaba una chica morena, alta, de ojos negros, media melena de cabello color negro azabache. Sus ojos y sus labios los tenía pintados de negro. Llevaba puesta una falda corta, también negra y un top con muy poca tela del mismo color que dejaba ver el canalillo y gran parte de sus grandes tetas y calzaba unos zapatos también negros de tacón alto. Le preguntó:

    -¿Podría usar el teléfono?

    -Claro -lo quitó de detrás de la barra y se lo dio-. ¿Qué os pongo?

    -Un tinto del país. ¿Tú qué vas a tomar, hija?

    -Lo mismo que tú, si no te importa.

    Paco era muy estricto en todo, pero debido a las circunstancias abrió un poco la manga.

    -No debías beber alcohol, pero supongo que un vino no te hará daño.

    Echando el vino en dos tazas, le dijo:

    -Me gusta el color del vino tinto gallego, tiene el color de la sangre.

    -A mí me gusta el vino, ver sangre me da yuyu.

    -No sabe lo que se pierde.

    La camarera estaba buena, pero algo no le iba bien en el coco. Le respondió:

    -Ni quiero saberlo.

    Paco llamó al número que le había dado el muchacho que le alquiló el coche y en el que supuestamente alguien estaba a disposición del cliente las 24 horas. Nadie cogió el teléfono. Se cabreó, y dijo:

    -¡Mal nacido!

    La muchacha le preguntó:

    -¿Qué le pasó?

    Se lo explicó y después de charlar largo y tendido acabó ofreciéndoles dos habitaciones. Las rechazó al instante. ¿Habéis visto Abierto Hasta el Amanecer?, pues a Paco le olía que en cualquier momento aquello se iba llenar de vampiros. Y dirás tú: «¡Vampiros en Galicia! Anda, no me toques los huevos, o en tu caso dirías que no te tocase el coño, si a ti te lo digo, bonita, a ti que estás leyendo esto.» Ya, pero a ti no te había dicho la morena que era rumana, más concretamente de Transilvania, ni te contara cómo era el castillo de Bran, sí, ese, el castillo de Drácula, ni viste cómo casi no abría la boca para hablar ni para sonreír ni te dijera que le gustaba beber sangre.

    Paco terminó el quinto vino y le dijo a su hija:

    -Vamos, hoy dormimos en el coche, Graciela.

    Graciela no veía peligro por ninguna parte.

    -¿Por qué? Este sitio es igual que cualquier otro para pasar la noche.

    -Te lo cuento en el coche.

    -¿Te asusta dormir en un bar de carretera, papá?

    -Esto es otra cosa.

    La rumana le echaba unas miraditas a Graciela que la desnudaba con ellas, y a Graciela parecía que le gustaba que la mirara así. Mirándola a las tetas, dijo:

    -Yo de mí a vosotros no dormía en el coche, a partir de las doce se van a mover las cosas, y vuestras vidas no valdrán un céntimo.

    Graciela se asustó.

    -¡¿Qué nos podría pasar?!

    -De todo, y nada bueno, bonita.

    -Coge una habitación con dos camas, papá.

    A Paco solo le quedaba la esperanza de que viniera alguien y los sacara de allí. La rumana le preguntó:

    -¿Otro tinto del país?

    -Ponme una botella.

    Se la puso delante y lo tuteó:

    -Te juego la botella de vino y una habitación a una partida de billar.

    El billar siempre fuera el fuerte de Paco. Sabía que le iba a ganar, le preguntó:

    -¿De cuánto dinero estamos hablando?

    -De cien euros.

    -¿Las habitaciones tienen cerrojo por dentro?

    -La nuestra no.

    Claro, los ataúdes no tienen cerrojo por dentro quiso decir, pero le dijo:

    -Juego por esos cien euros.

    Colocaron las bolas en el triángulo y la bola blanca en el suyo. Rompía ella. Por no haberle echado tiza al taco y por la manera de apoyar la mano sobre la mesa creyó que no tenía ni pajolera idea.

    Poco después de tener su hermoso culo a centímetros de su polla y de ver casi la totalidad de sus tetas al agacharse para tirar, la rumana metía la bola negra y Paco tenía todas las bolas sobre la mesa. Las había metido una tras otra sin dejar que él tirara. Ya no le cabía duda, la ayudara el diablo, era una vampira.

    La rumana extendió un brazo y con la mano abierta le dijo:

    -Mi dinero.

    Le dio los cien euros, la rumana le dijo:

    -Soy muy buena -volvió a mirar para Graciela-, y no solo en el billar.

    Paco, al lado de la mesa, vio cómo la rumana le echaba tiza al taco, le soplaba y lo echaba sobre el tapete. Le dijo:

    -Visto lo visto, no lo dudo.

    -¿Sois padre e hija o fingís que lo sois?

    Le respondió Graciela.

    -Somos hija y padre.

    La rumana le preguntó a Paco:

    -¿Estás felizmente casado?

    -Estoy felizmente divorciado.

    La rumana se acercó a Paco, le dio un pico y le tocó el culo. Con sus tetas pegadas a él y con y el contacto de su mano, Pepito se le levantó.

    -Lo podíamos pasar muy bien -miró de nuevo a Graciela- y si no es tu hija, aún mejor.

    -Pero lo es.

    Sintió el aliento de su boca en su cuello. Iba meterle una hostia, coger a su hija de la mano y salir corriendo de aquel antro cuando entró por una puerta que había detrás de la barra otra joven. Tenía ojos verdes de gata pintados de negro, lo mismo que su boquita de piñón. Vestía, calzaba y tenía el mismo acento que Raluca y era alta y morena cómo ella. El cabello negro lo tenía largo, suelto y rizado. Vino junto a su amiga, le dio un largo beso con lengua, y echándole a Graciela una mirada sensual de esas que te erizan la piel, le dijo a su amiga:

    -Perdona por la tardanza, Raluca.

    -No pasa nada, Lonela.

    Pasado un tiempo, antes de retirarse a dormir, Graciela le preguntó a Raluca:

    -¿Dónde está el aseo?

    -La última puerta al fondo a la derecha.

    Graciela fue al aseo. Estaba lavando las manos cuando llegó Raluca. Se puso detrás de ella y le echó una mano al culo, la besó en el cuello, y le dijo:

    -Me gustas. Hueles a virgen.

    -Y lo soy.

    Graciela siguió lavando las manos, Raluca le giró la cara con una mano, la besó con lengua, le magreó las tetas, le metió una mano dentro de las bragas y la masturbó. Graciela se puso tan perra que le comía la lengua a Raluca con voracidad. Raluca, sonriendo, le dijo:

    -Te mojas con facilidad, bomboncito. ¿Quieres que te coma el coño esta noche?

    Graciela no se lo tuvo que pensar.

    -Sí.

    A Paco le tardaba su hija y fue a buscarla. Llamó a la puerta del aseo con los nudillos de su mano derecha, y preguntó:

    -¿Estás bien, hija?

    Del otro lado de la puerta le llegó la voz de su hija.

    -Sí, padre.

    Al salir del aseo, le dijo Paco:

    -¡Qué colorada estás!

    -Ahí dentro hace mucho calor.

    Paco y su hija llegaron a una habitación donde había de todo, y entre ese todo dos camas gemelas de 1.35 de ancho por 2 de largo que estaban separadas por una mesita de noche.

    Raluca había dejado cachonda a Graciela, pero de un cachondo subido, tan subido que nada más entrar en la habitación y cerrar a puerta apoyó la cabeza en la espalda de su padre, rodeó su cintura con los brazos, y le dijo:

    -Tengo muchas ganas, padre.

    -¿De qué, cariño?

    -De correrme.

    La joven vergonzosa había desaparecido y apareciera la puta que llevaba dentro. A Paco lo cogió con el pie cambiado.

    -¡Quita, Graciela, quita! Es lo que me faltaba, que mi hija quisiera acostarse conmigo.

    -Tengo el coñito muy mojado.

    -Suéltame.

    -Quíteme las ganas, padre.

    -Estás bajo el influjo del Mal.

    -Lo que estoy es con las bragas empapadas.

    -¿Te sugestionaron esas vampiras?

    -Siniestras, padre, son siniestras.

    -¡Y tanto! ¿No viste cómo me quiso comer Raluca?

    -Es una puta, padre.

    -Es una vampira, y la amiga es otra vampira.

    -Y usted es el conde Drácula, si quiere serlo, pero sea el primero.

    -¡Quita!

    -Necesito correrme.

    Paco perdió la paciencia.

    -¡Quieres soltarme de una puñetera vez, Graciela!

    Lo soltó. Poniendo morritos, le dijo:

    -Tendré que ir al baño a desahogarme.

    -¡No digas tonterías!

    No era ninguna tontería. Graciela fue al baño, bajó las bragas, se sentó en la taza y se tocó el coño, lo tenía empapado, metió dos dedos dentro y con el pensamiento volvió al baño. Raluca la besaba, después le bajaba las bragas. Vio cómo lamía su coño, vio su lengua llena de flujos. Sus dedos aceleraron el mete y saca, después salieron, acariciaron su clítoris con celeridad y al poco se derretía diciendo:

    -¡Me corro!

    Paco, que estaba en calzoncillos bajo las sábanas y el edredón, al oír a su hija se persigno. Estaba seguro de que el Mal estaba en aquella habitación, si no fuera así no se habría empalmado.

    Cuando Graciela salió del aseo fue hasta la primera cama y se quitó el vestido gris que le daba por encima de las rodillas. Se iba a quitar el sujetador y Paco le dijo:

    -No te quites nada más.

    Graciela ya iba a su bola. Tanto que tuteó a su padre.

    -Si no me quieres ver desnuda mira para otro lado.

    Al quitar el sujetador, vio sus tetas medianas, redondas y firmes con areolas marrones y pequeños pezones y al quitar las bragas su coño peludo. Por último se quitó los zapatos y los calcetines y quedó totalmente desnuda. Su cintura era estrecha, sus caderas anchas y tenía un culo redondito. Se metió en la cama y le dijo a su padre:

    -Me acabo de correr y tengo más ganas que antes.

    -No quiero oírte. Estás poseída por algún espíritu maligno.

    Graciela comenzó a tocarse de nuevo.

    -Si supieras cómo tengo el coño…

    Paco seguía en sus trece.

    -¡Es el Mal, es el Mal!

    -Es mi coño, papá, es mi coño que necesita tu polla dentro.

    -¿No te das cuenta de qué no eres tú la que habla? Has perdido los modales. Pareces una cualquiera, peor que una cualquiera, una cualquiera no querría acostarse con su padre.

    -Me da igual lo que sea. ¿Me vas a follar o no?

    -¡Jamás!

    Graciela iba a piñón fijo.

    -Tendré que volver a hacerlo yo sola.

    Cerró los ojos y se comenzó a masturbar. Paco quedó boquiabierto. Su polla le latía. Graciela se destapó, sacó los dedos del coño, los chupó, y después le dijo a su padre:

    -Ven, papá, ven y cómeme el coño, por favor.

    -No.

    -Sé el primero en conocer el sabor de mis jugos.

    Paco viendo cómo su hija se tocaba las tetas y se masturbaba el coño, le dijo:

    -Debía levantarme y darte una paliza.

    La que se levantó fue Graciela. Se metió en la cama de su padre, y le dijo:

    -Quiero que me hagas correr, papá.

    -¡Sal de mi cama!

    Graciela se abrazó a su padre. Paco al sentir el calor corporal de su hija vio que se iba a perder y reaccionó mal.

    -¡Eres más puta que tu madre!

    Graciela le echó la mano a la polla y vio que estaba empalmado.

    -Sí, papá, soy puta, muy puta, tómame.

    Paco perdió los papeles. Quitó los calzoncillos Se arrodilló. Cogió a su hija por la cintura, la levantó y le iba a meterle la polla hasta las trancas, pero al ponerla en la entrada de la vagina vio que no entraba. No le había mentido, su hija estaba sin estrenar. Se la metió muy despacito y hasta el fondo. Después la folló sin prisa pero sin pausa… Poco más tarde Graciela sintió que le venía y le anunció el orgasmo.

    -¡Me voy a correr, papá!

    La folló a mil por hora y Graciela se corrió cómo un angelito, sin ruidos, con gemidos casi inaudibles y pequeños temblores. Acabó de correrse y la siguió clavando con la misma intensidad hasta que no aguanto más y le llenó el coño de leche. Al quitar la polla, Graciela, le dijo:

    -Dame un poquito más, papá, dame un poquito más que me corro otra vez.

    Paco no le dio más. Metió la cabeza entre las piernas de su hija y su lengua se clavó en la vagina, luego lamió varias veces de abajo a arriba su coño encharcado de jugos y leche, después apretó la lengua contra el clítoris y aplastó el glande erecto, y para terminar lo envolvió en un remolino. Graciela, le dijo:

    -¡Me corro, papá!

    Graciela se corrió otra vez cómo un angelito.

    A las doce y cuarto de la madrugada, bajo la lluvia, sintieron llegar al aparcamiento cantidad de vehículos. La habitación tenía dos ventanas con persianas, Paco subió un poquito la que daba al aparcamiento y vieron dos furgonetas y cantidad de coches. De una de las furgonetas sacaron a tipo ensangrentado y lo llevaron entre dos para el bar. Raluca tenía razón, si los ven durmiendo en el coche los hacen desaparecer. Graciela le dijo a su padre:

    -¿Quiénes serán?

    -Vampiros.

    -¡Qué fijación con los vampiros! A mí me parecen contrabandistas.

    -¡Qué ingenua eres!

    Al ratito sintieron chillar a un hombre y después se quedó el bar en silencio, por poco tiempo, ya que a continuación sintieron música y risas de hombres y mujeres. En su vida había estado Paco tan acojonado.

    -Este antro es la Titty Twister gallega, hija.

    Graciela se rio de su padre.

    -Este antro es una casa de putas, Tarantino.

    -Ríete, ríete, ya verás cómo está abierto hasta el amanecer.

    -Sigue follando y déjate de tonterías.

    Un par de horas más tarde se fueron todos y el bar quedó en silencio. Por suerte no estaba abierto hasta el amanecer. Gabriela le dijo a su padre, que en ese momento estaba sacando agua del pilón:

    -¿Qué? ¿Está abierto hasta el amanecer?

    -El silencio aún se hace más duro que el bullicio.

    Gabriela ya hablaba soltando tacos.

    -Joder, si llueve por que llueve, si hace sol por que hace sol, el caso es quejarse. Sigue que ya estoy llegando.

    Siguió y Graciela se corrió por sexta vez.

    Tiempo después se abrió la puerta del ático y entraron en él las dos rumanas. Paco con el calentón de su hija ni mirara si la puerta tenía cerrojo interior. Pasaron junto a la cama del padre y de la hija y se fueron hasta el mueble bar. Al abrir la puerta se encendió una luz verde. Oyeron cómo decían en bajito:

    -Se equivocaron de habitación, Raluca.

    -Les dije la 14.

    -Y la 14 es la nuestra.

    -Vaya, me equivoqué yo. Tendremos que dormir juntas.

    -Me late que te equivocaste a posta. ¿Crees que son padre e hija?

    -Lo que sé es que aquí huele a coño que alimenta. Debieron follar hasta quedar rendidos.

    Paco y Graciela vieron cómo llenaban dos copas grandes, de lo que Paco creyó que era sangre, y cómo se las mandaban de un solo trago. A Paco el culo le andaba para dentro y para fuera. Las rumanas cerraron el mueble bar y vinieron para la cama. Raluca encendió la lámpara de su mesita de noche, lámpara que daba una luz roja. Se hicieron los dormidos. Desnudas se metieron en la cama. Se taparon con una sábana. En bajito, le dijo Raluca a Lonela:

    -Estoy hasta el coño de este sitio. Esas tres cabronas ganan más en un momento que nosotras en un mes.

    -Mujer, una es doctora y las otras dos enfermeras, si no es por ellas se muere Adriano.

    -Eso también es cierto. El tiro que le pegó el guardia civil estaba cerca del corazón. Casi se muere. ¿No te entraron ganas de sangre?

    -La de ellas más que ninguna.

    -Yo también le tengo ganas a las tres. Las mataría de gusto.

    -Mátame a mí. Me muero por echar un polvo

    -¿Despertamos a esos dos?

    -Están cansados de follar. ¿Follamos tú y yo?

    -Mejor follamos por la mañana.

    -No sé si podré aguantar las ganas.

    -Falta poco.

    Paco sumó una y dos y le salieron tres, tres cosas, una, que aquel bar era una tapadera, dos, que los que él creía vampiros eran lo que dijera su hija, contrabandistas, y tres, que no sabían que las que atendían el bar eran vampiras.

    Cinco o seis minutos más tarde, sobre las tres de la madrugada, Graciela, que estaba de lado mirando hacia la otra cama, vio cómo se movía la sábana de la cama de Raluca, la vio ella, la vio Paco y Raluca vio cómo la miraban, ya que la distancia que separaba las camas no llegaba a un metro. Poco después le veían una pierna y algo más tarde ya estaba destapada con una mano entre las piernas y la otra acariciando las tetas. Paco estaba pegado a su hija y empalmado cómo un burro. Al estar desnuda la polla se metió entre sus piernas rozando su coño, Graciela cogió la polla de su padre y la metió en el coño. Lonela, sintiendo gemir a su amiga, se metió entre sus piernas y le comió el coño. Lamía cómo una perra y miraba con sus ojos de gata cómo follaban el padre y la hija, que ya se habían destapado. Lamió, lamió y lamió hasta que Raluca, jadeando y retorciéndose, se corrió cómo una perra, Sus gemidos hicieron que Paco se corriera dentro del coño de su hija.

    Luego le dijo Lonela a Raluca:

    -Necesito polla. ¿Vienes?

    Fueron para la otra cama. Paco ya había quitado la polla del coño de su hija. Lonela la vio morcillona y mojada. Sin meterse en cama se inclinó, la cogió y la metió en la boca. Raluca se subió a la cama y metió su cabeza entre las piernas de Graciela. Al lamer su coño se encontró con la leche de la corrida de Paco y exclamó:

    -¡Qué coño más rico!

    A Graciela le pasó lo que nuca le había pasado, se corrió en un par de minutos.

    Paco sintió los dientes de Lonela morder el tronco de su polla. Aquel no era el sitio en el que esperaba que le clavara los colmillos, y no se los clavó. Lo siguiente que hizo fue masturbar y mamar. Paco debía estar temblando, pero la excitación lo evitaba. Lonela se metió en cama, volvió a coger la polla y la metió en el coño. Paco, que ya iba con su segunda viagra, se tiró a la piscina de cabeza. Le echó las manos a las tetas y se las amasó y se las mamó sintiendo la polla entrar y salir del coño empapado. Lonela lo cabalgaba suavemente. Sus manos las tenía sobre su pecho y su cabello rizado caía sobre su vientre. Era preciosa. Se le había olvidado que era una vampira, solo veía su belleza facial y corporal. Antes de correrse las tetas de Lonela hicieron un tornado sobre su cara. La lengua de Paco no daba abasto, poco después sintió cómo descargaba sobre su polla. Luego se echó sobre él y su boca se posó en su cuello. Sintió sus labios chuparle el cuello, pero no le mordió. Después le puso el coño en la boca para que se lo comiera. Sacó a lengua y comenzó a lamer saboreando los jugos de su corrida. Raluca subió encima de él.

    Sintió cómo su polla entraba en el coño mojado. Con un coño embadurnando su cara y otro follando su polla no pudo aguantar más, le llenó el coño de leche. Lonela al sentir cómo se corría Paco le puso el culo en la boca. Le lamió periné y ojete cómo si fueran caramelos. Al acabar de correrme le folló el ojete con la lengua. Después sintió cómo se besaban las tres. No veía que más hacían, pero sentía el ruido de dedos entrando y saliendo de los coños. Sentía sus gemidos. Sintió cómo su polla se volvía a poner dura dentro del coño de Raluca, y al final sintió el coño anegando su polla con los jugos de una inmensa corrida. Lonela puso su coño en la boca de Graciela y haciendo un 69 se la acabó llenando con los jugos de su corrida.

    Al acabar de correrse cambiaron de sitio, Raluca puso su coño en la boca de Paco, y Graciela en la boca de Lonela. Con los jugos y su leche saliendo del coño de Raluca y cayendo sobre su cara y dentro de su boca pensó que era hora de decir algo, y lo dijo:

    -¿Todas las vampiras sois así de cerdas?

    Le respondió Raluca.

    -Siniestras, Paco, y no rompas las baladas de gemidos y jadeos si no es con algo que las mejore, o sea, come y calla.

    Calló y comió… Lo follaron Las tres y se follaron entre ellas hasta que se hartaron de correrse.

    A la mañana siguiente se fueron las rumanas a comprar a la ciudad y Graciela a avisar a un mecánico, y cómo las vampiras no salen a la luz del día, Paco, fue a ver que era aquello que había al lado de las copas por donde bebieran la sangre y lo que se encontró fueron dos latas de jugo de tomate.

    Os parecerá raro, pero se llevó una desilusión, en el fondo deseaba que fueran vampiras.

    Quique.

  • Cogiendo con su madre con su consentimiento

    Cogiendo con su madre con su consentimiento

    Hola como están, antes que nada, quiero decirles que yo me dedico a ser corneador, así es, pero de una manera diferente, me dicen Corneador Anónimo y opero de la siguiente manera, soy contactado por alguien que tiene una fantasía por lo general hombres casados que desean ver a su mujer siendo cogidas por otro, pero también hay algunos casos de hermanos o hijos que desean ver a sus madres o hermanas gozando de una buena verga gruesa y grande, este es el caso de Julio.

    Me contactó por correo “Estimado Corneador, te escribo porque me gustaría te cogieras a mi madre, ella es una veterana que te encantará, pierndua, de nalga parada, un poco llenita, pero es bien caliente, mi padre la engaño y mi deseo es que alguien le ayude a cobrársela”

    La verdad eso me intereso mucho, ya que el chico me mando la foto de una mujer madura de ojos oscuros, tetas medianas, buena pierna y nalgoncilla, una milf que todo hombre desearía.

    Le di instrucciones al chico que las siguió al pie de la letra de tal manera que tenía el número de su madre a quien empecé a contactar por mensajes.

    CA: Hola linda, eres un sol”

    Fue el primer mensaje que le mande, ella me respondió inmediatamente, me quedo claro que era abierta, ya que le empecé a chulear su cuerpo y ella se mostraba contenta y le encantaba, hasta fotos me mandaba, vaya el chico tenía razón, su madre era una caliente.

    Entre mensaje y mensaje me dijo que se llama Aurora, tiene 46 años, tres hijos y casada desde los 18, por lo que ya estaba cansada de lo mismo, me conto de los problemas que tiene con su esposo, ya que no solo la maltrata si no que sexualmente no le da lo que ella necesita, fue entonces que comencé a ser más directo, le mande una foto de mi cuerpo atlético y moreno y obviamente de mi verga de 24 cm de largo.

    A: ¡Guau!! Eso es tuyo?

    CA: ¿Te gusta? ¡Como ves te puedo ayudar a lo que gustes!

    A: ¡Papacito, estas riquísimo!

    CA: ¡Me gustaría poder metértela!

    A: ¡Me excitas!

    CA: Veámonos mañana en un hotel, ¿puedes?

    A: ¿A qué hora?

    CA: Como a las 10 de la mañana, ¿te parece?

    A: ¡Escapare de mi marido y nos vemos!, ¡la verdad quiero estar contigo!

    Le pase la dirección del hotel, llegue 5 minutos antes y le mande un mensaje con el número del cuarto asignado, 10 minutos después ella toco la puerta.

    La verdad la señora estaba muy bien, en persona se veía mejor que en las fotos, llevaba un pantalón entallado que resaltaba sus piernas y sus nalgas, su blusa color amarillo mostraba un rico escote en forma de v.

    A: ¡Hola!! ¡Estás más guapo en vivo!

    CA: Y tu estas buenísima, que rico cuerpo, pasa, ¡tomemos un poco de vino!

    Brindamos por el encuentro, ella se mostraba risueña, me coqueteaba muy rico, la verdad la señora me prendió, fue entonces que ella entro al baño y yo preare unas cámaras que uso para comprobar que mi trabajo fue realizado.

    Me desnudé totalmente, me acosté en la cama y puse un poco de música clásica, en eso ella salió del baño, ¡solo con tanga y brasear!

    CA: ¡Que ricas estas nenas!

    A: ¡Dios mío! ¡Mira el tamaño de esa verga!

    Aurora comenzó a acercarse lentamente besándome de mis pies a mi cabeza, sus manos masajeaban mi verga que cada vez se endurecía más y más, yo le acariciaba las nalgas, tenía un poco de piel de naranja, pero aun así estaba deliciosa, mis dedos desabotonaron el brasear y sus tetas cayeron con un rico pezón grande y de color claro.

    ¡La tomé de su cadera y la subí encima mío para besarnos delicioso!

    CA: ¡Chúpame la verga!

    A: Uhm, ¡no creo que me quepa en la boca!

    CA: Vamos, aprovéchala, uhm, ¡ahora esta durísima!

    La sensual ama de casa y madre, bajo lamiendo mi abdomen y comenzó a besarme las entre piernas muy rico, sus manos apretaban mi verga que estaba súper dura, comenzó a lamer mis testículos, su lengua se sentía muy rico, subió por mi mástil el cual lamia como si fuese una paleta, ¡llego a la cabecita y comenzó a meterla en su boca besándola y chupando delicioso!

    Abría su boca como si fuese una anaconda y comenzó a succionar mi verga, yo le apretaba la cabeza para introducirlo lo más que podía, ella sacaba los ojos, parecía que se ahogaría, ¡pero comenzó a acostumbrase y me dio una muy deliciosa mamada de casada insatisfecha!

    CA: ¡Que rico!!

    A: ¡Mmm!!

    Una y otra vez mi verga era succionada, a veces se la sacaba para llevar su lengua a mi ano y lamer desde ahí a mi glande, que mujer tan caliente, estaba desatado, con sus tetas me hacia una rica “rusa” y mientras su boca se comía los líquidos pre seminales que brotaban de mí.

    Después de esa deliciosa mamada que me dio esa madre, la acosté en la cama y le abrí las piernas para comenzar a comerme su rica panocha.

    A: ¡Ah!!!! ¡Que rico, uhm, que rico!!!

    La tenía peludita y mojada, era grande con un buen clítoris, mi boca no dejaba de probar su sabor, mis dedos acompañaban mi chupada, mi lengua se deslizaba como serpiente dentro de ella, la hermosa madre se retorcía como gusano y no paraba de gemir, se notaba que tenía tiempo sin que la trabajaran bien.

    A: ¡Ah!! ¡Que rico, uhm!

    CA: ¡Me encanta tu peluda vagina!

    A: ¡Ah!! ¡No pares bebe, que rico!

    CA: ¡Que mujer tan maravillosa eres!

    Aurora no pudo contenerse más, el oral que le daba la tenía toda eufórica, sudaba y gritaba, su vagina escurría como si fuese un rio bravo, ¡fue entonces que la madura logro tener un orgasmo expulsado una buena cantidad de fluidos en mi boca!

    A: ¡Que rico, uhm, ah!!!

    CA: Que rico te viniste, ¡pero prepárate viene lo bueno!

    ¡Sin darle tiempo a nada la cargué de su cintura y yo de rodillas en la cama empecé a ensartarla hasta el fondo!

    Mi verga de deslizaba hasta lo más profundo de su vagina, la bella Aurora solo gemía y gritaba, me daba de besos me arañaba la espalda, yo la levantaba y la dejaba caer rápido y fuerte, de hecho, el ruido que hacíamos me excitaba más y a ella ni se diga.

    La acosté en la cama y se lo empujaba rápido, ella me abrazaba con sus piernas, le mordía sus tetas, el cuello, ¡le jalaba el cabello y me empujaba con toda mi fuerza!

    A: ¡Que rico, ah, uhm, uf!

    CA: Que rico aprietas, ¿te gusta mi verga?

    A: Es fantástica, jamás me había metido una así, ¡mi marido la tiene chiquita y no me dura!

    CA: ¡Pues aquí tienes una verga de macho!

    La cama se movía a nuestro ritmo, ella movía muy rico sus caderas, ¡me acosté y subió a mí y me comenzó a cabalgar desesperadamente sus uñas se enterraban en mi pecho me lamia los pezones y yo masajeaba sus ricas nalgas!

    La tomaba de su cintura y llevaba el ritmo de sus movimientos, la sensual madre de Julio gemía y gritaba, se levantaba ay se daba de sentones, que rico placer, ¡se comía mis 24 cm enteritos!

    A: ¡Que rico, uhm, ah!!

    CA: Eres una come verga de lo mejor, uhm, muévete, ¡uhm!!

    A: Que suerte concerté, no sé cómo conseguiste mi número, ¡pero gracias a quien te lo dio!

    Si supiera que su propio hijo fue quien me pidió me la culeara, pero bueno nosotros continuábamos con nuestro acto, ahora ella se dio vuelta y se dejaba caer de sentón delicioso, ¡me besaba los pies mientras yo tomaba sus nalgas y con desenfreno las subía y bajaba haciendo que mi verga le moviera todo por dentro!

    La señora comenzó a venirse nuevamente moviéndose como loca, ¡eso logro acelerarme y como toro en brama comencé a venirme dentro de su coño!

    CA: Que rico, uhm, ¡no mames!

    A: Si, dame tu leche, uhm, ¡dámela!

    Se la saque y la puse a que me al chupara, ¡mi semen aun escurría y la ama de casa lo disfrutaba en su lengua!

    Ahora estaba más desatada y se metía mi verga flácida como un espagueti, lo hacía como loca, me sentía en la gloria, ¡la señora era muy buena amante y su estúpido esposo no sabía tratarla!

    Aurora me la mamaba riquísimo, de mi ano a mis huevos y a mi cabeza, que manera de tragar poco a poco empezó a endurecérmela nuevamente.

    A: Que rico, ¡ya esta dura!

    CA: ¡Bien, pues ahí voy de nuevo!

    A: ¡La quiero en mi culo!

    CA: ¡Deje, mamacita, que puta!

    La puse en cuatro patas y abierta a más no poder, ¡mi lengua le daba un tremando beso negro y luego mis dedos comenzaban a estimular su rosado ano!

    Coloque mi cabecita mientras le daba de nalgadas, ¡ella respiraba agitadamente y se erizaba solo con sentirme ahí!

    CA: Prepárate nena, ¡te destrozare el culo!

    A: ¡No seas tan tosco!

    Empecé a empujársela con suavidad, ¡apenas entro la cabeza ay Aurora ya lloraba y me pedía la sacara!

    A: ¡Agh!!! ¡Me duele, sácala, uhm!

    CA: No, mejor relájate o muerde algo, ¡porque te la meteré enterita!

    A: ¿Qué??? ¿Apenas está entrando?

    Empecé a empujársela y su culo poco a poco se empezó a abrir, sentía como se desgarraba, Aurora gritaba como loca, yo le tomé las manos y las puse detrás de ella como si al fuera a esposar, ella chillaba, poco a poco entraba, ¡sentía como rompía algo por dentro!

    Finalmente terminé de empalar a la madre insatisfecha, mis 24 cm estaban dentro, ella ya ni se quejaba a parecer estaba desmayada, pero consiente, fue entonces que empecé a sacarla lentamente y ella empezó a gritar y antes de que se la sacar por completo al empuje y así empecé a embestirla.

    Su culo apretaba magnifico, le tomaba la cintura y la embestía con velocidad, aurora solo gritaba, pero empezó a mover la cadera, eso me dio a entender que empezó a gozar mi verga en su ano.

    CA: ¡Que rico culo, uhm, uhm!

    A: ¡Ah!!! ¡Me duele, uhm, me duele!!

    CA: Si, ¡pero te gusta perra, toma, toma!!

    A: ¡Ay!!!! ¡Eres un cabrón!

    CA: Pídemela, ¡dime que la quieres!

    A: ¡Ah!! uhm, la quiero!!

    CA: ¡Con más entusiasmo!

    A: ¡Ah!! Dámela, métemela rico, no pares, aunque grite, métemela, destrózame el culo, méteme tu verga hasta el fondo, uhm, ay, vomito, uhm, ¡vomito!!

    Esas palabras me pusieron más caliente, la tomaba del cabello y se la metía tan rápido, ella gritaba y se movía también, mi verga era apretada como nunca, esa madre sabia mover el culo.

    CA: Que rico culo, se come mi verga de 10, ¿ya te había cogido por aquí?

    A: Si, pero no tan rico como tú, ¡uhm!!

    No pude tolerar más, la señora se movía rico y su culo apretaba tan rico que empezó a hacerme venir, ella también se corría, el orgasmo fue maravilloso, mi leche salía con fuerza, sentía como el escurría por su coño, su vagina también expulsaba fluido ¡qué momento!

    A: ¡Ah!!! ¡Si papacito, uhm, que rico!

    CA: ¡Aurora, que puta eres, uhm!!!

    Una vez que terminamos ella entro al baño a asearse y se fue, me dijo que cuando nos veríamos otra vez, yo le dije que pronto, una vez que ella se fue, comencé a revisar mis cámaras para ver las tomas y mandarlas a su hijo.

    Esa misma noche se las hice llegar a Julio, que me felicito por cogerme tan rico a su madre, estoy seguro que tenía un deseo por ella, pero bueno, eso a mí no me concierne, me agradeció el video y por haberme cogido tan rico a su madre.

    “Muchas gracias por cogerte a mi mamá, se ve que te hizo gozar y cuando se la diste en el culo fue fenomenal, te confieso que me masturbo cada que veo los videos, mi madre está más feliz y ahora se viste más provocativa, como deseo cogérmela como tú, pero bueno, ¡muchas gracias por cumplir”

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • Los secretos de mi sobrina (II)

    Los secretos de mi sobrina (II)

    La mamada espectacular que me había dado mientras estaba borracho y la cogida con la que me había agasajado Nuria en la previa de mi cumpleaños eran más que suficientes para dar por terminadas las vacaciones y ponerlas en el podio de las grandes alegrías sorpresivas que te puede dar una pendeja caliente. Pocas veces había visto a una mujer ponerse tan puta con apenas rozarle el agujero del culo. Evidentemente era una viciosa y a mí todavía me quedaban cuatro noches de vacaciones en lo de mi hermana.

    A la mañana siguiente Nuria decoró el jardín y la zona de la pileta con globos y me trajo el desayuno a la cabaña. Estaba vestida con un camisolín casi transparente con el que se podían ver casi a la perfección sus dos enormes tetas y la tirita que llevaba siempre en el culo que le levantaba los cachetes y le dejaba el culo redondo y parado.

    Yo todavía sentía las piernas cansadas del polvo de la noche anterior y se me volvió a parar un poco la pija apenas recordé como se abría los cachetes con las manos para que mi pene se incrustara bien al fondo de su culo. La pendeja estaba que explotaba. Tenía los cachetes rojos de la excitación y se había pintado los labios con un rojo intenso, que la hacían más cautivante todavía. La pija se me puso como un fierro, seguía caliente porque sabía que no me iba a coger a una pendeja así en años. Se inclinó sobre las sábanas. Se metió el pene en la boca y apenas le pasó varias veces la lengua para dejarlo otra vez dentro del calzoncillo.

    “Tío, la pija se te pone muy linda cuando estás caliente. Se le marcan todas las venas y parece que va a explotar”, me dijo mientras seguía acariciándola por arriba del calzoncillo.

    “El tío Raúl tiene que recuperar fuerzas porque su sobrinita Nuria piensa en alguna sorpresa para su cumpleaños”, me dijo mientras con una sonrisa pícara me dio unas palmaditas en la zona del pene que asomaba entre las sábanas por la erección matutina.

    “Sabés porque tu sobrinita se pone tan putita con tu pija? Me pregunto mientras seguía ahí parada con las tetas casi al aire. “A los 18 visité la psicóloga por mi libido sexual y mis conflictos constantes con mi novio. Me dijo que el no entraba en mis horizontes que empiece a buscar hombres de otra edad quizá eso haría que me sintiera satisfecha. Ella no cree que a un caso de Edipo no resuelto. Simplemente me ponen cachonda que sean maduros, con experiencia y que sepan tratarme. Vos lograste hacerme sentir cómoda y satisfecha. Pero necesito sentir tu pene en mi boca, en mi concha, en mi cola. Que seas jovato es lo que más me calienta. Me late la conchita, muchísimo”, me aclaró antes de darse una nalgadita en el culo al cerrar la puerta.

    La pendeja, además de puta, era muy calienta pijas. Seguía con intenciones de jugar conmigo y yo con ganas de satisfacerla.

    Esta pendeja seguía con intenciones de devorarme la pija y yo con toda la predisposición para complacerla. Eso sí, había que actuar con inteligencia porque cualquier sospecha de mi hermana o mi cuñado de que me estaba cogiendo a la borrega en sus narices hubiese significado el fin de esa relación familiar.

    Me pegué una ducha con la pija al mango, seguía obsesionado con mi sobrina que encima cada día se ponía un poco más cachonda. Sabía que me tenía a su merced y la calentaban los maduros. Tenía ganas de hacerle una turca en esas tetas grandes y duras con pezones que parecían botones apenas se ponía un poco caliente. Y me la volví a cruzar en la pileta cuando pasé para la casa de mi hermana a desayunar con todos por mi cumple.

    Nuria estaba parada en la zona onda y apenas asomaban sus dos enormes tetas que estaban sin corpiño. Eran un espectáculo todo para mí.

    “¿Te gustan mis pechos?”, me preguntó mientras de los agarraba con las dos manos y los recorría suavemente. “Me encanta que me besen los pezones y se metan todo mi seno en la boca mientras que me meten los dedos a la boca o en la vagina para lubricarme”.

    Mi pija reaccionó al instante y de no ser porque mi hermana estaba dando vueltas por ahí, me la hubiese cepillado ahí mismo en la pileta con la calentura que esta pendeja me había provocado. Yo estaba cumpliendo 55 años y me sentía mejor que nunca con los halagos de mi sobrina que exhalaba calentura en cada una de sus palabras y sus movimientos.

    “Te chuparía todo. Desde el prepucio, pasando mi lengua por el tronco… Y luego la metería toda en mi boca para succionarte moviendo la cabeza mientras me agarras del pelo y me decís que estas por eyacular en mi boca y que me la coma toda… O en mis pechos. De igual manera me pasaría los dedos y me los metería en mi boca para tragarme toda tu leche calentita. Me encanta sentir la suavidad del glande rozando mi garganta y los espasmos del pene cuando acaban dentro de mí. Me encanta. Soy un poco bizarra, me excito más si soy así”, me siguió contando ya con una de sus manos metida en su entrepierna y dando suaves gemidos: “De más está decirte que mientras te la como me toco para estar más sedienta”.

    Me senté en la reposera para esperar a que se me pasara un poquito la calentura. Mi erección era indisimulable y Nuria seguía haciendo todo lo posible para que no aflojara. Mientras seguía tocándose los pechos se masturbó frotándose el clítoris hasta llegar al orgasmo. Tuvo unos pequeños espasmos en el agua hasta que se relajó, y así con las tetas al aire, se puso a hacer la plancha.

    “Sabés en qué pensaba mientras me tocaba la conchita, en qué esa pija tiene mucho para darme. Feliz cumpleaños para el tío ginecólogo con la pija más dura y gruesa de toda la familia”. En la familia pocos conocían esa faceta de Nuria, al contrario, tanto mi hermana como su marido la consideraban una mujer rescatada. En más de una comida familiar la cargaban con que tenía que conseguirse un novio para divertirse un poco más.

    Eso la ponía un poco de mal humor, pero le agradaba que la pensaran como una chica inocente cuando en realidad siempre estaba esperando el momento adecuado para poder meterse algo por la concha o por el culo. Era su secreto y le sacaba provecho a la perfección. A tal punto que ni el más mal pensado de los mal pensados podría imaginar que este bomboncito rubio de 22 años se estuviera tirando a su tío cincuentón en sus propias narices.

    El día transcurrió con normalidad, comimos un asado al mediodía y después nos tomamos la tarde para descansar. Yo seguía caliente, pero me distrajeron las llamadas de mis amigos por el cumple y pude aplacarla con una siesta reconfortante. Esa noche otra vez íbamos a tener la casa para nosotros solos, porque mi hermana y mi cuñado iban a llevar a las mellizas al cine después a comer algo.

    El calor seguía en las temperaturas ideales, la cerveza bajaba como si fuera agua y estuve todo el día bebiendo. Feliz de cumplir los años tan bien tratados y con Nuria revelándome sus secretos para darle una dosis de alto voltaje sexual. A esta altura con Nuria no estábamos para ningún rodeo, tanto ella como yo estábamos esperando el ruido de mi hermana alejándose de la casa para comenzar la acción. Y sucedió lo que esperaba, apenas se dejó de escuchar el ruido del motor Nuria se vino para el sector de la pileta con el mismo camisolín transparente con el que me había despertado, pero sin bombacha, con esa conchita rosa y depilada apenas tapada por el volado del camisolín. Se sentó en una de las sillas y colocó cada una de sus piernas sobre los apoyabrazos, en una posición parecida a la que atiendo a las mujeres en m consultorio

    “Qué te calienta más, que sea tu sobrina o que sea tan joven”, me preguntó con las piernas abiertas y con sus manos tocándose esa rajita carnosa. “Me parece que lo que te calienta es que sea tan puta”, me dijo y se inclinó más sobre su espalda para que pudiera ver el juguete que tenía metido en el culo. “Hasta tu pija sólo me había consolado con mi “amiguito” me dijo y empezó a frotarse más y más el clítoris hasta que lanzó un pequeño chorrito y se desplomó sobre su espalda.

    Aproveché esa posición para hundirle la lengua en su cueva. Estaba chorreando un néctar dulce que se perdía en su culo perforado por esos chiches con forma de hongo que se ensanchan de pronto y parece que les va a explotar el culo. “No es tan ancho y caliente como tu pija”, me dijo cuando empecé a moverlo para adentro y afuera como si me la estuviera cogiendo. Seguía con mi boca hundida en su vagina y jugaba con su clítoris hasta que me apretaba la cabeza haciendo presión en mi nuca y tirándome del pelo para que mi lengua se hundiera más en rajita perfumada.

    A Nuria le gustaba que le apretaran el clítoris y no pudo evitar el orgasmo cuando de un solo tirón le saque el juguete del culo y le pase la lengua mientras se contraía. Esta vez el chorro de su vagina fue más fuerte y su gemido también. Le pedí que se pusiera en cuatro con las tetas aplastadas contra el respaldo de la silla y le apoyé la cabeza de la pija en el punto donde se juntan con el culo.

    “Por dónde quiere que se la meta mi sobrina putita”, le pregunté tirándole de pelo y con el miembro haciendo presión entre sus dos orificios.

    “Por los dos lados, tío. Métemelo por los dos agujeros”, me imploró y de un pequeño movimiento de sus piernas se lo acomodó en la entrada adelante y pegó el empujón para que se metiera toda. Con su otra mano agarró el juguete y mientras seguía dándome pequeños golpes en la pelvis con sus nalgas, lo rodeó con su lengua, se lo metió en la boca y cuando vio que estaba bien lubricado se lo acomodó en el culo para seguir cabalgando ahora perforada por los dos agujeros.

    “Cógeme hijo de puta, hace gozar a tu sobrina pendeja. Me calienta que puedas ser mi papá, papito, tenés una pija hirviendo hijo de puta”, me decía mientras iba y venía por mi miembro con el juguete enterrado en el culo.

    Empecé a pellizcarle los pezones agarrándole las tetas desde atrás y ella se inclinó hasta quedar con su espalda pegada en mi pecho. Empecé a comerle la nuca y meterle la lengua en los oídos y se iba poniendo más puta. Le metí dos dedos en la boca y empezó a chuparlos como si fueran una pija, los recorría con su lengua hasta que se los metía como cuando me la comía. Le pellizqué los dos pezones con ambas manos y empecé a bombear con fuerza, pera que sintiera las embestidas de mi pija. “Es gruesa tío, me encanta, me llenas toda la concha”, me dijo y empezó a moverse y masturbarse para acabar con un grito fuerte y prolongado, pero siempre haciendo presión contra mi pija que estaba chorreante por sus jugos tibios.

    Yo estaba exhausto pero caliente. Sentía que los huevos me iban a explotar si no le descargaba toda mi leche. Le saqué el chiche del culo y le enterré la pija. Nuria reaccionó y empezó a gritar. “Rompémelo tío, por favor te lo pido, haceme doler con esa verga hermosa. Qué rico papi, enterrámela más por favor, ay ay, me arde el culo, necesito sentir tus huevos rozándome el clítoris, necesito que me la entierres hasta el fondo, ay ay” dijo y se quedó inmóvil. Tenía el culo al rojo vivo por la violencia de las nalgadas que le había dado y mi pija seguía tiesa y al borde del orgasmo.

    Nuria se acomodó en la silla y me acercó para me metiera la pija entre las tetas. Empezó a oprimirla con sus manos a ambos lados de los senos y cuando llegaban a la altura de su boca se la metía lo más que podía con los labios rodeándome el glande y jugando con su lengua.

    “Donde quiere la lechita mi sobrinita más puta”, le dije apretándole las tetas para que no aflojara con la turca que me estaba haciendo y antes de que me respondiera le llené ambos pechos de leche espesa y caliente. El blanco de mi esperma sobresalía con su bronceado veraniego. Ella siguió chupándomela un poco más, hasta que notó que estaba más relajado. Y con sus manos empezó a pasar los dedos en los lugares de sus tetas y su cuello en los que encontraba rastros de mi esperma.

    “Me gusta mucho tu leche, tío ginecólogo. Me vuelve loca desde que te la tomé toda mientras dormías borracho. Me gusta mucho ser tu sobrina puta y que me dejes así, bien cogida. Feliz cumpleaños”, me dijo y empezó a levantar sus cosas para irse a su cuarto.

    Yo seguía disfrutando del orgasmo, tenía un cosquilleo a la altura de mi pelvis que me hacía sentir el hombre más feliz del mundo. No sabía si la calentura de este bombón de 22 años era conmigo o tuve la suerte de estar en el momento justo en el lugar indicado. Nos pasaron otras cosas, pero por ahora, los secretos de mi sobrina seguirán bien guardados.

  • Yo quería que entre

    Yo quería que entre

    Todo pasó muy rápido pero a pesar de todo, pude prepararme un poco. Antes de que él llegue, me calce una tanga roja y un vestidito transparente… Salí a atenderlo, con un jean y una campera por posibles miradas de los vecinos, nos saludos de rigor y agarrándolo de la mano lo llevé a mi cuarto. Le dije que prenda la tv, el cual ya estaba sintonizado en un canal de porno gay, mientras yo iba al baño.

    Cuando salí, luciendo mi atuendo de puta, me acerque a la cama. Él estaba recostado con una mano en su bulto generoso, me tiré de cabeza entre sus piernas y sin perder tiempo le bajé el pantalón para liberar una enorme verga, cabezona y venosa… Me entraron las dudas, pues era muy grande y no sabía si me la bancaria. Me devore esa preciosura, los huevos enormes y cargados de leche, todita para mi.

    Luego de algunos minutos, me agarra de la cara y me lleva a su boca para comer la mía, wow qué beso!!! Me pregunto si estaba listo y le dije que tenía un poco de miedo. Me tranquilizó con caricias por todo mi cuerpo, yo hervía y ya no me importaba nada. Se paró detrás de mi y apuntó su instrumento en mi anito, sentí un calor y piel de gallina. Su presión hacia que vaya entrando la cabeza, me dolía pero era placentero, la sacó, me lubrico bastante y ésta vez, pudo meterla, todavía faltaba mucho pero fue muy tierno y con ayuda de los movimientos que yo hacía con mi cadera, entró todo… Cuando comienza el mete y saca, pensé que me moría de placer, fue algo indescriptible.

    Me cogió como loco por unos minutos inolvidables, acabó dentro de mí.

    Me dijo que lo había hecho muy bien y que creía que no me lo bancaria y le contesté

    Entró porque yo quería que entre!!!